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opinión

necesidad de la prisión perpetua


La única condena aceptable para los represores es la prisión perpetua.
[Ana Oberlin] ¿Por qué no cabe otra condena que la prisión perpetua para los cinco represores juzgados en el primer juicio oral de Rosario por crímenes de la última dictadura militar?
Desde el 31 de agosto del año pasado transcurrió en Rosario el primer juicio oral a represores por crímenes de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar. El jueves 15 al mediodía llegará a su fin cuando sea leído el veredicto de los jueces del Tribunal Oral Número 1 Otmar Paulucci, Beatriz Caballero y Jorge Venegas Echagüe.
Numerosos testigos participaron de este juicio aportando, con una valentía que nos llena de orgullo y nos emociona, su testimonio. Estos relatos le mostraron al tribunal y a los rosarinos la crudeza de los hechos que se están juzgando y las terribles consecuencias que tuvieron en la vida de todas las víctimas, quiénes a pesar de que pasaron 32 años pudieron reconstruir el calvario que vivieron durante su paso por los cinco centros clandestinos de detención investigados -los que fueron reconocidos judicialmente durante el proceso penal o en la búsqueda desesperada de sus seres queridos que fueron desaparecidos.
Además, incontables documentos provenientes de las más diversas fuentes -los más destacados sin dudas fueron los de las agencias de inteligencia mexicana, paraguaya y del Departamento de Estado Norteamericano, que probaron la existencia de lo que se llamó la Operación México, y los provenientes de la Conadep se sumaron al marco probatorio que tuvo una característica principal: coincidir exactamente como si se tratara de un rompecabezas cuyas piezas se ensamblan a la perfección.
A esto se sumaron elementos que diferenciaron este proceso de otros: uno de los imputados rompió el pacto de silencio que une a los represores desde hace más de 30 años y dio detalles de lo que fue el accionar represivo en una de las zonas más importantes del país. Eduardo Costanzo, ex personal civil de inteligencia del Destacamento de Inteligencia 121, dio detalles escalofriantes de su actuación y de la de sus compañeros de "la patota" que tuvieron cómo consecuencia, entre muchas otras, los 16 homicidios y las 29 privaciones ilegítimas de la libertad y aplicación de tormentos que se juzgaron. Y otro represor, Gustavo Bueno, también confesó cómo "operaron" los integrantes de este grupo de tareas que integró la maquinaria genocida puesta en marcha por la dictadura para aniquilar opositores e imponer un modelo económico en favor de los grandes capitales nacionales e internacionales, en perjuicio de las mayorías y los trabajadores argentinos.
Entre los delitos probados en este juicio están los secuestros, las torturas y los asesinatos de Eduardo Toniolli y Fernando Dussex, que estuvieron privados de su libertad en la Calamita, la Quinta de Funes, la Intermedia y la Magnasco, cuatro centros clandestinos que tuvieron como característica central el sometimiento a las condiciones más terribles e inimaginables a víctimas indefensas. En los tres últimos ccds mencionados, también estuvo prisionera Raquel Negro, quien pese a haber estado embarazada de casi siete meses de mellizos, padeció las más horribles vejaciones. Entre estos delitos, además, están incluidos la privación ilegítima de la libertad y los tormentos que sufrió Olga Regina Moyano mientras estuvo cautiva en el quinto centro clandestino de detención investigado en esta causa: la Fábrica Militar de Armas Domingo Matheu. Olga prestó uno de los testimonios más conmovedores que escucharon los jueces y fue la víctima sobreviviente de este juicio que más tiempo vivió en el infierno que montaron Guerrieri, Fariña, Amelong, Pagano y Costanzo, entre otros represores.
El resultado de estos meses fue impactante: el estado sólo jurídico de inocencia del que gozaban los imputados, previsto cómo una garantía en nuestro estado de derecho, fue aplastado por la fuerza y la contundencia de la verdad, transparentada en la prueba producida. No quedan dudas de que Guerrieri, Fariña, Amelong, Pagano y Costanzo, merecen que se les aplique la máxima pena establecida en nuestro código penal, la prisión perpetua. Tampoco hay margen para que los jueces permitan que esta prisión no sea efectiva y deberán pasarla en una cárcel común, cómo cualquier persona que es condenada por delitos de tanta gravedad en nuestro país.
Por lo abrumadora que fue la prueba en este juicio, estamos seguros de que está vez va a haber tenido sentido que los testigos hayan expuesto su dolor y transitado otra vez los espantos que fueron obligados a vivir. Estamos seguros de que a partir del jueves vamos a volver a creer en la Justicia, que tantas veces le garantizó impunidad a los represores y nos obligó a tener que verlos caminando libres por ahí como cualquiera de nosotros. También esta primera condena nos va a demostrar que esta pelea, que dimos junto a muchos otros, tuvo y tiene sentido.
Y esta vez, al fin la prisión nos va a gustar. Sin dudas.

La autora es integrante del equipo jurídico de H.I.J.O.S. Rosario.

12 de abril de 2010
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injusticia en españa


El delito en España no es la identificación de los restos de ciudadanos enterrados clandestinamente en fosas comunes durante la dictadura franquista, sino esas ejecuciones y desapariciones. Ediorial de The New York Times.
El más conocido juez instructor de España, Baltasar Garzón, está siendo procesado en un caso motivado políticamente que los tribunales no debieron haber aceptado.
El juez Garzón está acusado de ignorar una ley de amnistía de 1977 por haber decidido investigar la desaparición de más de cien mil personas durante la guerra civil española en los años treinta y la década de represión franquista que la siguió. Los cargos fueron presentados por dos organizaciones de extrema derecha que temen una investigación abierta de la época de Franco. Desgraciadamente, uno de los colegas de Garzón aceptó la querella y presentó esta semana cargos formales.
Como resultado, Garzón será suspendido de sus tareas mientras dure el juicio. Si se lo condena, podría ser inhabilitado por hasta veinte años, poniendo en realidad fin a la carrera que dedicó a perseguir a terroristas y dictadores. Eso satisfará a sus enemigos políticos, pero convertirá a la justicia [española] en una farsa.
Los verdaderos crímenes en este caso son las desapariciones, no la investigación de Garzón. Si, como parece probable, estos fueron crímenes contra la humanidad según el derecho internacional, la amnistía española de 1977 no puede ser utilizada para absolverlos. Los presuntos perpetradores están todos muertos y Garzón detuvo su investigación hace bastante tiempo, entregando la jurisdicción a tribunales españoles locales en las zonas donde fueron exhumadas las víctimas.
Garzón es un intrépido y polémico prosecutor que ha cosechado muchos enemigos en el curso de los años. Ha procesado a terroristas vascos y de al Qaeda, a poderosos políticos españoles, a dictadores latinoamericanos y a matones de la mafia rusa.
Le atraen casos prominentes, como su intento de juzgar al dictador chileno Augusto Pinochet, y a veces se extralimita. Pero su objetivo consistente ha sido negar impunidad a los poderosos y ampliar el alcance de las leyes internacionales sobre derechos humanos.
Garzón debería poder reanudar ese trabajo lo más pronto posible. España necesita una rendición de cuentas honesta sobre su atormentado pasado, no perseguir a aquellos que tienen el coraje de exigirla.

9 de abril de 2010
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mirar para otro lado


Se ha avanzado mucho, quizá más de lo que era imaginable hace diez años, pero también se ha avanzado menos de lo que era posible, y es allí donde debemos concentrarnos quienes tenemos una responsabilidad pública en la administración de Justicia.
[Pablo Parenti] Cada aniversario del golpe militar de 1976 es una ocasión propicia para discutir acerca de la memoria y la justicia. El pasado 24 de marzo no fue una excepción; hemos podido escuchar distintas voces que se refirieron a los avances y a las dificultades en materia de juzgamiento de los gravísimos crímenes de Estado cometidos en la década de 1970. Algunas de estas opiniones se refieren a una especie de reparto de culpas entre los diversos poderes del Estado por la falta de avance de muchas de las causas judiciales. Para quienes desempeñamos funciones vinculadas al trámite de los procesos judiciales abiertos, no puede dejar de sorprender cómo algunas voces calificadas tratan con excesiva benevolencia la actuación de la administración de Justicia, sin hacer las distinciones necesarias. Entre estas voces se encuentra la de quien fue el fiscal ante la Cámara Federal que juzgó a los integrantes de las tres primeras juntas militares, Julio César Strassera, y la de uno de los jueces de aquella Cámara, Ricardo Gil Lavedra. Aunque con diferentes tonos (creo que Gil Lavedra habla con mayor respeto por el proceso actual de juzgamiento), ambos parecen coincidir en que la principal responsabilidad por la lentitud de muchos procesos corresponde al gobierno, dado que no habría proporcionado las herramientas legales necesarias para que la Justicia pudiera actuar con celeridad. Una posición similar adoptó hace un tiempo uno de los miembros de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el juez Carlos Fayt.
Es indudable que el modelo de administración de Justicia que rige en el ámbito nacional no es eficaz y que las normas procesales vigentes son obsoletas. Lo son desde su propia sanción a principios de la década de 1990. Sin embargo, existen jueces, fiscales y personal judicial que, con esfuerzo y compromiso funcional, realizan correctamente su labor, sin escudarse en las deficiencias que la ley procesal pueda tener.
Bien lo deben saber Strassera y Gil Lavedra por experiencia propia, dado que fueron protagonistas de un proceso judicial memorable, realizado en cuestión de meses. Si ellos fueron capaces de organizar y concretar el juicio a las juntas militares no fue por las bondades de la legislación procesal que aplicaban, sino por el compromiso funcional demostrado por sus intervinientes.
En las actuales circunstancias se plantea algo similar, aunque en una proporción notablemente mayor dado que el proceso de juzgamiento en curso es mucho más extendido. Se trata de juzgar una cantidad muy numerosa de hechos y acusados en distintos lugares del país. Y aquí cabe formular una pregunta clave: ¿es posible realizar estos procesos de una manera eficaz con la actual legislación procesal? La respuesta que honestamente hay que dar es sí, es posible. Este código procesal es incongruente, formalista, en fin, desechable; sin embargo, no es cierto que impida concretar los juicios si los encargados de aplicarlo lo hacen con responsabilidad funcional. Entonces la pregunta cambia: ¿es posible realizar los juicios con los actuales operadores judiciales? Y aquí la respuesta no puede ser tan tajante pues el panorama es variopinto. Existen funcionarios judiciales que han asumido con responsabilidad la tarea de llevar a cabo estos juicios, han definido una estrategia y han organizado el trabajo en función del objeto que deben analizar: una trama de numerosos delitos vinculados entre sí por formar parte del mismo plan represivo. Otros parecen haber colocado estos hechos en la misma bolsa que los delitos habituales (hechos individuales con uno o muy pocos autores) y los tratan con los mismos criterios, sin una mínima cuota de planificación, de modo tal que ingresan tristemente en la aplastante rutina forense. Y también existen funcionarios que aplican criterios que se oponen al avance de los juicios o directamente los obstruyen.
Uno de los que mejor conoce esto es el fiscal general Jorge Auat, con quien tengo el honor de compartir esta experiencia en la Unidad Fiscal de Coordinación. Como fiscal en Chaco, tuvo que observar cómo los acusados en la causa Margarita Belén eran liberados por la Cámara Federal mediante un insólito trámite de hábeas corpus. Uno de los liberados se fugó del país, lo cual impidió que el juicio que está por realizarse en pocos meses lo tuviera en el banquillo de los acusados.
Esta es una verdad inocultable para todos aquellos que participamos en el actual proceso de juzgamiento desde adentro de las estructuras judiciales. La principal barrera para una organización racional de los procesos se encuentra en la propia administración de Justicia, ya sea por desidia, por falta de compromiso funcional o por razones ideológicas inconfesables para algunos y no tanto para otros.
Utilizando los propios mecanismos procesales que el Código Procesal establece es posible organizar los procesos de una manera adecuada, vinculando los hechos entre sí y evitando la dispersión de la prueba. Los criterios útiles para ello han sido mencionados en la instrucción 13/08 dictada por el procurador general de la Nación y se apoyan en la normativa procesal vigente. Sobre la base de esos criterios, desde la Unidad Fiscal de Coordinación se han definido estrategias para cada jurisdicción teniendo en cuenta la realidad de cada lugar, la dimensión del fenómeno y el avance ya registrado. Estos planes de trabajo están publicados desde hace tiempo (pueden verse en la página web del Ministerio Público Fiscal) y han sido impulsados mediante actos procesales concretos. En varias jurisdicciones han permitido reestructurar la organización de los procesos de una manera perceptible. Sin embargo, en muchos casos estos planes se han topado con negativas de jueces que, por su parte, no ofrecen ninguna alterativa razonable para planificar los procesos. Para comprender esto pueden ponerse sólo un par de ejemplos de una larga lista. Uno de ellos es el de las causas que tramitan en la jurisdicción de Mendoza, donde se registra una alarmante dispersión de las causas. Hace más de un año que la fiscalía ha solicitado la acumulación de las investigaciones, explicando las razones y demostrando la irrazonabilidad de la metodología actual. El juez Bento, a cargo de las causas, se ha negado a corregir esa metodología, sin dar razones valederas. La fiscalía, que cuenta con un numeroso grupo de empleados dedicados a estas causas y está a cargo del fiscal Omar Palermo, ha llegado a solicitar la delegación de las causas para concretar rápidamente los juicios, petición que también fue rechazada por el juez Walter Bento. Otro caso digno de mención es Córdoba, donde las causas correspondientes al centro clandestino La Perla se encuentran absolutamente fragmentadas. Hace casi dos años que la Unidad Fiscal ha señalado la necesidad de superar esta dispersión y de avanzar hacia un gran juicio que refleje la dimensión del fenómeno represivo. La jueza Cristina Garzón de Lascano, hasta el día de su renuncia, se negó a formar la causa La Perla, desoyendo incluso lo decidido por la Cámara Federal de Córdoba. Situaciones de este tipo no pueden atribuirse la falta de una legislación adecuada.
El tema de una posible reforma procesal tiene varias aristas. Por un lado, la cuestión de la oportunidad. Una cosa es plantear el tema al inicio del proceso de juzgamiento (años 2001 a 2005) y otra plantearlo cuando éste ya se encuentra en pleno desarrollo. En este sentido, algunas de las propuestas de reforma no eran descabelladas, sino más bien tardías. Así, por ejemplo, plantear una redistribución de la competencia en medio del proceso, con cientos de causas abiertas en todas las jurisdicciones, supondría más inconvenientes que ventajas. Por otra parte, no es un dato menor que la sanción de una legislación específica para estas causas hubiese dado un motivo para cuestionar la legitimidad de los procesos y hubiera conducido a innumerables planteos judiciales que probablemente habrían implicado más demoras.
Más que plantear reformas legislativas, es importante que las instituciones encargadas de administrar Justicia miren hacia adentro, donde podrán advertir todo lo bueno que se ha hecho para que los juicios estén en marcha y todo lo malo que también se ha hecho y se sigue haciendo. En los últimos tiempos se han registrado avances claros en muchas jurisdicciones (existen casi 650 procesados, más de 90 condenados y numerosos juicios en curso) y a nivel interinstitucional ha sido valiosa la creación de una unidad de superintendencia en la Corte y de una comisión inter-poderes que han acelerado la resolución de cuestiones administrativas o de superintendencia. Sin embargo, subsiste la necesidad de que el Poder Judicial establezca criterios o guías de actuación para los jueces que permitan corregir rápidamente metodologías inadecuadas y planificar racionalmente el trabajo antes de que se consagre un punto final biológico.
Más allá de estos aspectos metodológicos, no puede negarse también que existen en la administración de Justicia funcionarios que se desempeñaron durante la dictadura militar que no ofrecen garantías de imparcialidad y objetividad y otros que parecen compartir las bases ideológicas de la dictadura, rasgo que lejos de ser inocuo, tiene manifestaciones concretas dentro de los procesos judiciales. Las estructuras judiciales tienen que hacerse cargo de los lazos y continuidades que siguen existiendo entre la dictadura y el presente. Hay varios funcionarios judiciales sometidos a proceso y ya se ha dictado una condena a un ex secretario judicial en la dictadura que fue juez en la democracia.
Todas estas situaciones no pueden omitirse al momento de hacer un balance y plantear las perspectivas hacia el futuro.
Se ha avanzado mucho, quizá más de lo que era imaginable hace diez años, pero también se ha avanzado menos de lo que era posible, y es allí donde debemos concentrarnos quienes tenemos una responsabilidad pública en la administración de Justicia. Nuestra misión es mirar lo que falta hacer, la parte vacía del vaso y, sobre todo, no ser autocomplacientes ni asumir defensas corporativas (que injustamente igualan a todos los funcionarios). Los que participamos de este proceso "desde adentro" sabemos que la principal responsabilidad por lo que se haga o se deje de hacer es de las instituciones encargadas de administrar justicia. Por eso, no pueden compartirse las explicaciones que ponen el foco en otros poderes del Estado. No sólo equivocan en el diagnóstico, sino que, lo que es más grave, dejan servida en bandeja la excusa perfecta para que muchos operadores judiciales pretendan eludir la responsabilidad y miren tranquilos para otro lado.

El autor es Coordinador de la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las Causas por Violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el terrorismo de Estado.

4 de abril de 2010
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límites del secreto de estado


Un caso de interceptación sin orden judicial ilustra el riesgo de que se abuse del ‘privilegio del secreto de estado’. Editorial de LAT.
Cuatro y medio años después de que el gobierno de Bush fuera sorprendido espiando a ciudadanos estadounidenses sin una orden judicial, un juez federal en San Francisco ratificó la conclusión a la que llegaron hace tiempo muchos otros estadounidenses: que el gobierno se excedió en su autoridad legal en la guerra contra el terrorismo. Pero el fallo del juez de distrito Vaughn R. Walker hace mucho más que eso. También recuerda al gobierno de Obama, que a menudo replica posiciones de la era de Bush en cuestiones de seguridad nacional, que el ‘privilegio del secreto de estado’ puede cubrir una multitud de abusos.
El problema de Walker era si la Fundación Islámica Al-Haramain y dos de sus abogados, ambos ciudadanos estadounidenses, podían cobrar daños y perjuicios por la vigilancia electrónica realizada sin la orden que exige la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera, o FISA. Walker falló a favor de los demandantes, pese a los obstáculos levantados por el gobierno.
Al adoptar la postura del gobierno de Bush, el gobierno de Obama había argumentado que los demandantes no podían probar que sus teléfonos habían sido interceptados y que debido al privilegio del secreto de estado, no podían pedir que un tribunal examinara los documentos clasificados que pudieran corroborar esa acusación, incluyendo un documento que por descuido había sido publicado hace poco. Una corte de apelaciones falló a favor del gobierno en el tema del documento, pero otra informaciones reservadas presentadas por los demandantes permitieron que Walker concluyera que la fundación y sus abogados fueron espiados ilegalmente.
Además, Walker recriminó al gobierno por invocar el privilegio del secreto de estado de una manera que creaba una situación del tipo Catch-22: El gobierno argumentaba que no era necesario ni siquiera responder ante evidencias públicas de interceptaciones ilegales, debido a que todo caso de vigilancia simplemente era demasiado sensible y secreto como para que fuera discutido en la sala de un tribunal. "Según la teoría de los acusados", escribió, "los funcionarios de la oficina del Ejecutivo podrían tratar la FISA como optativa y emplear liberalmente el privilegio del secreto de estado para eludir la FISA, una ley promulgada específicamente para frenar y crear un control judicial para los abusos cometidos por el Ejecutivo en sus atribuciones para vigilar".
Gracias a las revelaciones del New York Times sobre las interceptaciones ilegales, el Congreso intensificó la aplicación de la FISA, aunque ello no impide los abusos del privilegio del secreto de estado según el cual ni siquiera los jueces pueden examinar documentos que pudieran fundamentar las faltas del gobierno.
El gobierno de Obama insiste en que está siendo más cauto que su predecesor al exigir el privilegio, invocándolo sólo cuando "es absolutamente necesario para proteger la seguridad nacional". Para el fiscal general Eric H. Holder, hay un modo fácil de cumplir con ese compromiso: No debería recurrir el fallo de Walker.

4 de abril de 2010
3 de abril de 2010
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cc traducción mQh
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el mundo al revés


Jueces de la dictadura acusan a defensores de derechos humanos. Los camaristas mendocinos que se dicen amenazados por los organismos de derechos humanos falsearon las fechas para simular una congruencia inexistente. El pedido de juicio político se presentó el 22 de diciembre y la apelación por la ley de medios recién la recibieron una semana después.
[Horacio Verbitsky] La declaración del camarista mendocino Otilio Romano de que se siente amenazado por los organismos de derechos humanos, que lo habrían presionado con denuncias en su contra para que falle a favor de la ley de servicios audiovisuales, invierte la secuencia real de los hechos. Fue Romano, y su compañero en la Cámara Federal de Mendoza, Luis Francisco Miret, quien intentó negociar su posición en una causa que interesaba al Poder Ejecutivo Nacional, a cambio de que no prosperara el juicio político en su contra por complicidad con los crímenes de lesa humanidad cometidos durante la dictadura militar. La misma táctica había seguido la jueza María José Sarmiento, cuando atribuyó a represalias oficiales por su fallo sobre las reservas del Banco Central la orden de detención de su padre, el coronel torturador Luis Alberto Sarmiento. La denuncia de los organismos de derechos humanos contra Romano fue presentada al Consejo de la Magistratura el 22 de diciembre de 2009, último día hábil de ese organismo en el año, y la apelación oficial al fallo de la jueza Olga Pura Arrabal que suspendió la ley de medios ingresó a la cámara mendocina una semana después, el 28 de diciembre, lo cual derrumba sin apelaciones la insólita pretensión del juez.

Un Hallazgo
La complicidad de esos jueces con las torturas, las violaciones y los saqueos de bienes durante la Triple A y la dictadura militar surgió a luz en forma casual cuando la Corte Suprema de Justicia envió un equipo de trabajo a digitalizar las causas del archivo de la justicia federal mendocina sobre violaciones a los derechos humanos. Allí aparecieron los nombres de Romano y Miret, por entonces fiscal y juez. Esto ocurrió entre agosto y octubre del año pasado, antes de que el Congreso sancionara la ley de medios audiovisuales. Cuando fue promulgada ya estaba avanzado y sometido a consulta con organismos nacionales el borrador con la denuncia al Consejo de la Magistratura contra Romano y Miret. El modus operandi era siempre el mismo: palizas, picana, una lapicera y una invitación a rezar al que se negara a empuñarla para firmar una declaración que no podía leer porque estaba con una capucha. Romano y Miret dictaron prisiones preventivas sobre la base de esas declaraciones obtenidas bajo tormentos, pese a las constancias médicas que obraban en las distintas causas, y no procedieron a denunciar ni investigar a quienes los aplicaron. Esto incluye la detención de la adolescente Luz Faingold Casenave, que Miret entregó a su madre como indicaba la ley vigente, pero media hora después revocó la orden y en vez de enviarla al "lugar de alojamiento apropiado", que era otra alternativa legal, la dejó detenida durante tres semanas e incomunicada durante cinco días en los calabozos policiales donde fue torturada y violada. En otra de esas causas, el defensor oficial de la detenida Alicia Morales de Galamba pidió informes a la policía mendocina y al Ejército sobre qué había ocurrido con los muebles de su casa y con su automóvil. Romano intervino, fuera de plazo, para oponerse. Invocó para ello que él era "principal custodio de los actos del procedimiento", pese a que no había participado en ninguna de las declaraciones indagatorias ni testimoniales. Con súbito celo profesional se opuso al pedido porque de otro modo "convertiríamos al Tribunal en una oficina de informes de cosas perdidas". Lo que sí es cierto y se informó aquí, es que Romano y Miret intentaron negociar con el asesor presidencial Juan Carlos Mazzón un pronunciamiento favorable a la ley de medios a cambio del cierre de las investigaciones en el Consejo de la Magistratura. Mazzón es un hombre influyente pero no todopoderoso, y la negociación no prosperó. El camino elegido fue entonces confirmar la medida cautelar de Pura Arrabal y deslegitimar a los denunciantes como si se tratara de operadores oficiales. Algunos de ellos, como Diego Lavado y Pablo Salinas, fueron funcionarios en el área de derechos humanos del gobierno de Celso Jaque, pero muy pronto debieron renunciar por la tenaz impugnación que sostuvieron contra el jefe de policía designado por el gobernador, Carlos Rico Tejeiro, quien era uno de los policías que ejecutaban las torturas que Romano y Miret encubrían.

Los Medios y los Fines
El fallo contra la ley de medios es endeble y entre las razones para conceder la medida solicitada por el diputado del peronismo cobista Enrique Thomas, menciona el discurso de CFK en el que anunció que excluiría del proyecto a las telefónicas, tal como reclamaba toda la oposición y buena parte de las ONG interesadas en la radiodifusión. El haberlo hecho sin consultar con la Cámara de Diputados violaría el artículo 125 de su reglamento. Si se trata de revisar el procedimiento parlamentario, la conferencia de prensa de la presidente es un injerto inadmisible en el análisis judicial. Tampoco explica cómo fue posible que si Thomas y sus colegas no tuvieron tiempo de leer el proyecto que se sometería a votación hubo cuatro dictámenes que llegaron al recinto. Con el criterio que fijó la Cámara, cualquier ley de las que ese y otros tribunales aplican a diario serían inconstitucionales, porque en su formación no se cumplió al pie de la letra con algún artículo del reglamento de alguna cámara. La resolución cautelar se adelanta a la sentencia de fondo al dar por probadas irregularidades irreparables. Para ello considera como pruebas irrebatibles las expresiones de los diputados de la oposición que constan en actas y las tiene por consentidas por la mayoría porque nadie, salvo el diputado Héctor Recalde, las contestó. Se ve ahora con nitidez que las veinte cuestiones de privilegio planteadas por la oposición procuraban preconstituir prueba para las acciones judiciales que constituían la estrategia de fondo. Llega ahora el turno de la Corte Suprema de Justicia de considerar una ley que el Relator Especial de las Naciones Unidas para la Libertad de Expresión acaba de proponer como un modelo para el mundo.

Mucho FRYO
La secuencia cronológica es similar en el caso de la jueza María José Sarmiento. Este diario publicó los antecedentes de su padre, el coronel torturador Luis Alberto Sarmiento, bautizado como "el mago de la picana" por los policías que lo acompañaron en el Comando represivo SAR (sigla de Sub Area Rosario, también mencionada como Sección Antiguerrillera Rosario). Algunos intelectuales vinculados con el Frente del Rechazo y el Odio reaccionaron con ira. Los pensadores del FRYO compararon esa investigación periodística con la pureza de sangre exigida por la Inquisición de la época ilustrada de Felipe II y por la dictadura argentina, con la persecución de la Gestapo a quien tuviera ancestros judíos por cuatro generaciones y con el envío al Gulag stalinista de todo aquel que proviniera de una familia aristocrática, aunque se hubiera vuelto un comunista ferviente. Cuando la justicia citó a declarar a Sarmiento, el ex senador Eduardo Duhalde y la jefa de la Coalición Cívica Libertadora, Elisa Carrió, lo atribuyeron a una represalia del gobierno por el fallo del verano. La buena lógica invita a considerar los hechos en su verdadera precedencia: la indagatoria de Sarmiento por crímenes de lesa humanidad que cometió en 1976 fue pedida por el fiscal Guillermo Mario Negro cuatro años antes, luego de la reapertura de las causas, y el gobierno nacional se presentó como querellante. El juez que ordenó su citación, Ramón Chávez, está en funciones desde 1992, es decir que no fue designado ni por Néstor Kirchner ni por CFK sino por Carlos Menem. Su protector fue Ramón Puerta, ahora operador del acercamiento entre sus amigos Duhalde y Maurizio Macrì. Esto nada tiene que ver con la sangre ni la raza, con las venganzas bíblicas ni las persecuciones totalitarias. La jueza Sarmiento tenía un excelente motivo para detestar al gobierno que impulsaba la persecución penal de su padre y éste no es el estado de ánimo que la Constitución y los tratados internacionales contemplan cuando hablan de jueces imparciales e independientes. Salvo que se pretenda, como es ostensible por parte de Romano y Miret, golpear a un gobierno al que se percibe debilitado para conseguir impunidad por sus propios actos.

Juan B. Justo & Hijos
La propuesta del ex senador Eduardo Duhalde de poner un nuevo punto final a los juicios por crímenes contra la humanidad es un intento por hegemonizar el proyecto del Grupo Ahhh... para que el gobierno nacional retorne a las políticas de ajuste y endeudamiento externo que rigieron durante las tres décadas corridas entre el rodrigazo de 1975 y la negociación con el Fondo Monetario Internacional de 2005. Estridente en su tosquedad, Duhalde hace evidente lo que otros preferirían mantener en discreto segundo plano, aun para sí mismos.
Por más que Carlos Pagni adule en La Nación a Claudio Lozano y Alfonso de Prat Gay comparándolos con el líder socialista de hace un siglo Juan B. Justo, porque según el columnista plantearían la "reconciliación entre progresismo social y corrección económica", la política que el Grupo Ahhh... adoptaría si pudiera sólo puede sustentarse con represión, como la que abrió el gobierno de Fernando De la Rúa en el puente de Corrientes y la que cerró el interinato de Duhalde al frente del Poder Ejecutivo en la estación de Avellaneda, pasando por las cuatro decenas de muertes que culminaron el mandato de la Alianza, con picos en la Capital Federal y la provincia de Santa Fe. Duhalde vuelve a pensar, como durante su interinato presidencial, en devolver a las Fuerzas Armadas el rol en seguridad interior del que la democracia argentina las salvó por acuerdo entre todos los partidos, en las leyes de defensa nacional, de seguridad interior y de Inteligencia nacional, sancionadas durante las presidencias respectivas de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando de la Rúa. Lejos de humillarlas, esto les ha devuelto un rol digno y estimado por la sociedad.

Quién Aisla a Quién
Si Duhalde pensó en aislar al kirchnerismo, el resultado fue paradojal. De derecha a izquierda sólo recibió rechazos. Uno de sus aliados extrapartidarios, el jefe de los Autonomistas porteños colocó un cartel amarillo en las pantallas publicitarias de la Ciudad con la consigna Nunca Más en negro y su jefe de diputados, Federico Pinedo dijo que no entendía el objetivo de volver sobre una cuestión ya zanjada por la Corte Suprema. Antes, Maurizio Macrì había desautorizado sobre el tema a su ex ministro de Educación y asesor de Duhalde en temas culturales, Abel Parentini Posse. Cuando el CELS le preguntó cuál era su opinión, Macrì respondió que debían continuar los juicios para que no hubiera impunidad. Consultado para esta nota el filántropo colombiano Francisco De Narváez dijo el viernes que no coincidía con Duhalde. "La justicia viene transitando un largo camino para no dejar impune los crímenes de lesa humanidad. Dejemos que este proceso avance y concluya cerrando una parte de la historia terrible de nuestra República, sin buscar revancha ni rédito político". En forma espontánea no había dicho una palabra antes de esta consulta. Lo mismo ocurrió con su compañero de fórmula el año pasado, el ex gobernador bonaerense Felipe Solá. Ante la pregunta de este diario, Solá respondió que su posición no había variado: "Memoria, Verdad y Justicia. Sin sobreactuaciones ni confrontaciones con los jueces". El Comité Nacional de la UCR contestó que ni el partido ni sus dirigentes se habían pronunciado y propusieron un contacto con Hipólito Solari Irigoyen, "que por supuesto le dará un palazo bárbaro". Lo que este diario quería no era la posición individual de quien fue víctima de la Triple A y de la dictadura y vivió en el exilio hasta el regreso de la democracia sino la opinión de las figuras centrales del partido, sus precandidatos presidenciales Ernesto Sánz, Ricardo Alfonsín y Julio Cobos, los jefes de sus bloques legislativos, Oscar Aguad y Gerardo Morales, sus juristas como Ricardo Gil Lavedra o sus ideólogos, como Rodolfo Terragno. Tampoco la líder de la Coalición Cívica Libertadora Elisa Carrió se había pronunciado. Varios lo hicieron en forma especial para esta nota. Gerardo Morales afirmó que "no sólo rechazamos la propuesta de Duhalde, sino que desde el radicalismo proponemos una profunda modificación del Código Procesal Penal de la Nación para evitar el colapso de los tribunales federales. El proyecto de ley para acelerar las causas lo presentamos en 2007 y volvimos a hacerlo días pasados, porque el kirchnerismo en el Senado no lo puso en debate. El proyecto tiene el propósito de establecer definitivamente lo ocurrido durante un período trágico sin tolerar que la impunidad o la sospecha infundada reemplace el esclarecimiento de la verdad. Además, busca otorgar reglas especiales de procedimiento que, salvaguardando los principios del debido proceso, permitan un trámite más pronto y ordenado, dotando a los tribunales de los recursos necesarios. El gobierno ha mostrado voluntad para que estos juicios terminen, pero no alcanza con gritar en las tribunas o retar a los jueces. Es necesario establecer normas serías, respetables, que las discutamos en el Congreso". También Ricardo Alfonsín objetó la propuesta de Duhalde. "No es lo que reclama la gente, dejaría a muchas víctimas, a la sociedad, sin saber qué pasó con el cuerpo de sus seres queridos. Tampoco encuentro razones de orden sociopolítico o institucional que justifiquen la medida. En la década del ’80 Raúl Alfonsín debió tomar decisiones contra su propia voluntad y los principios elementales de justicia para asegurar la continuidad democrática, pero hoy el contexto es distinto". La CCL contestó que no ha modificado la posición expresada en su carta orgánica: "Juicio, Verdad, Condena, Castigo". La diputada libertadora Elsa Quiroz ya había celebrado que Duhalde se manifestara de ese modo, "porque demuestra que es volver atrás en la historia". Pero antes de la declaración de Duhalde, la misma Quiroz había denunciado una "embestida sin límites del gobierno contra la justicia. Lo peor es manipular las causas de derechos humanos para extorsionar y desprestigiar jueces y fallos". En declaraciones separadas, Martín Sabbatella y Pino Solanas también habían descalificado el plebiscito. "Duhalde decidió mostrarse tal cual es: un lobbysta de derecha que quiere borrar los crímenes del pasado, que propone plebiscitar si tiene que funcionar o no la justicia o si se debe tapar el horror. Su propuesta es reaccionaria y antidemocrática", dijo el ex intendente de Morón. Solanas opinó que la justicia había funcionado de manera ejemplar y debe seguir haciéndolo para marcar un derrotero en América Latina. Eduardo Macaluse, del SI, agregó el enfoque jurídico que nadie había mencionado: la Constitución prohíbe en forma expresa un plebiscito sobre materia penal. "Duhalde lo sabe. Lo que hace no es una propuesta sino una señal a un determinado grupo. Y eso es jugar con fuego".

Entrevistas de Mercedes González y Ana Adelardi.

29 de marzo de 2010
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del horror a la memoria


Las Fuerzas Armadas han arrasado el poder democrático catorce veces en su historia terminando con los derechos de todos sus habitantes. La última vez culminó con uno de los métodos criminales más sádicos de la historia de la humanidad.
[Osvaldo Bayer] Regreso a las tierras que a uno lo vieron nacer. De allí al primer acto de nuestra realidad: en la ESMA, presentación del libro ‘Historia del Terrorismo de Estado en la Argentina’. La inesperada fantasía de la realidad. La historia de toda la crueldad presentada en el antro de la máxima y cobarde ignominia de nuestra historia. Que cometieron las denominadas Fuerzas Armadas. En este caso la marina de guerra, de uniforme azul, camisa blanca y manchas de sangre que nunca podrán borrar. Massera, Astiz y algunos apodados "tigres", sí, tigres que atacaron a Madres que llevaban como única arma pañuelos blancos en sus cabezas. La ESMA, un antro de perversión absoluta, donde se pisoteó la nobleza humana en todas sus ideas y generosidades. Antes de preguntar "¿Qué nos pasó a los argentinos desde aquellos generosos llamados del 25 de Mayo de 1810?", me paseo por esos patios. Auschwitz, ESMA. Pienso en esas tres primeras Madres: Azucena, Mary y Esther, tiradas en el suelo durante el invierno, en un calabozo para una sola persona, sin mantas para cubrirse. Y, después, llevadas a un avión de la "gloriosa" marina de guerra argentina y arrojadas con vida al mar. La máxima hazaña de nuestros marinos en su historia contemporánea.
La ESMA. Ahora un ámbito para la cultura, el debate de las ideas, el recuerdo de las acciones a fin de lograr el "Nunca Más" para nuestros hijos, nietos y todas las generaciones que habiten en una tierra que sea sede de la paz eterna y el respeto por la vida.
La lucha de las Madres ha convertido a la ESMA de la más siniestra mazmorra de nuestra historia en una casa del saber y la esperanza. Camino por sus patios. Me encuentro con el Walsh aquel de los fraternos abrazos. Pienso: aquí respiró su último aire de vida. Mataron la mente más clara, la mano más generosa. La esperanza con seis alas. Astiz (en ese nombre está todo dicho. No falta agregar nada a la infamia. Sólo basta pronunciarlo para darnos cuenta y poder definir lo que es la suciedad, lo sucio, la basura).
Dialogo en silencio con Rodolfo frente al casino de oficiales, el lugar maldito de los prisioneros. Me dice que está preparando un coro de ángeles que vendrán a la tierra criolla a devolverles las tierras comunitarias a los pueblos originarios. Le quiero advertir de los peligros, que modere un poco su idealismo, pero no me escucha y me dice que luego bajará con otro coro de ángeles negros que harán la reforma agraria en las pampas que Roca manchó de sangre para siempre... Me quedo mudo, lo veo alejarse, y desde lejos me convence: "Vendrán con música, danza y tambores", me dice. Espantados pasan en ese instante unos fantasmas con rostros asesinos y uniforme. Oigo que uno dice: "El tipo ése todavía no aprendió nada".
Me convenció, Rodolfo, sigue siendo el mismo, me digo. Pienso en aquellos que marcaron rumbos y cuyo recuerdo queda para siempre. Y en los destructores, los que quedan en el sótano del Mal, del egoísmo, los torturadores de la sonrisa.
El exilio. Me toca en Córdoba presentar el libro de Norberto Negro La vuelta al mundo en varias vidas. Los nietos de los inmigrantes vuelven a la tierra de los antepasados como exiliados. La melancolía. El comenzar todo de nuevo. O no. El resignar. O no.
Después aprovecho para recorrer las calles que caminó Tosco en el Cordobazo. Puro coraje civil. El honesto por excelencia que quería terminar con el juego de la politiquería y de la humillación. Agustín Tosco. Córdoba tiene para siempre a su Héroe del Pueblo. A su Hijo del Pueblo, como llamaban los libertarios a quienes daban todo por la solidaridad.
Sigo por las calles cordobesas. Me sale al encuentro un grupo de obreros de Fiat-Iveco. Están muy tristes y con bronca. Me relatan el caso del delegado Hernán Puddu. Me dan detalles: La empresa Iveco despidió el año pasado a la totalidad del personal "contratado", alrededor de 350 obreros. El delegado Puddu consideró que los obreros "contratados" tienen el mismo derecho que los obreros "efectivos". Comenzó entonces la lucha por la fuente de trabajo. Los despedidos fueron acompañados en las manifestaciones por sus mujeres, que jugaron un papel protagónico. La empresa reaccionó y suspendió a Puddu. La Justicia cordobesa falló a favor del delegado, pero la empresa no lo aceptó. Y no le permitió llevar a cabo sus tareas gremiales. Y aquí ocurre lo increíble. El sindicato no lo defiende a Puddu, lo deja solo. Realidades sindicales argentinas. "Internas", que le llaman. Y luego, lo impensado: en un congreso de San Luis, el sindicato Smata expulsa a Puddu. Se basan en que Puddu no había firmado la aceptación de los despidos de los "contratados", pero el sindicato, sí. Se habla de "relaciones carnales" entre el sindicato y la empresa. El secretario general de Smata Córdoba, Omar Dragún, acusa a Puddu de "volver a instalar el caos en la Argentina" y además de estar "vinculado con los derechos humanos". Los obreros que me hablan me dicen que muchos de los "señores dirigentes sindicales" hoy viven en countries.
Creo vivir una fantasía de la realidad. Que en Córdoba, la ciudad de Agustín Tosco, la ciudad del Cordobazo, ocurran estas cosas, no, no, y murmuro una vez más: "Pero ¿qué nos pasa a los argentinos?" (por otra parte, como detalle imperdible, la empresa apoya al campeonato mundial de fútbol, tal cual se hizo en la dictadura del ’78. Un detalle, apenas, pero para bajar la cabeza).
El delegado Puddu ha recurrido al Inadi (Instituto Nacional contra la Discriminación) y a la Justicia. Mientras tanto, Puddu es apoyado por organizaciones de derechos humanos y también por bibliotecas populares.
Nuevamente pienso: del Cordobazo, del gremio Sitrac-Sitram, a esto. Sí, fantasías de nuestra realidad. Pero realidad al fin. Nos ponemos tristes. La ética también tiene que ser respetada por el sindicalismo entronizado. Debe defender que hombres dignos como Puddu sean protagonistas en la vida gremial. Sólo así se logrará dignidad y no con los enjuagues y las jugarretas seudojudiciales destinadas a mantener las distancias en la sociedad.
Vuelvo a Buenos Aires y me toca ser uno de los oradores que va a defender el proyecto del intelectual argentino Marcelo Fabián Monges –que vive en México– acerca de una propuesta para penalizar el golpe de Estado como delito jurídico internacional y de una convención contra los golpes de Estado. Aquí se ha tenido como ejemplo el golpe de Estado en Honduras donde la OEA y la ONU condenaron ese golpe en una actitud sin precedentes. Y también que, tanto a los golpistas como a sus colaboradores se los detenga cuando salen al exterior y se les haga juicio por delito de lesa humanidad. Nunca más dar refugio a los autores de asesinatos políticos, prisiones por ideología, torturas, crímenes, desapariciones, todo eso engendrado en los golpes militares –casi siempre impulsados por los poderes económicos– que han llevado la tragedia a naciones que convivían en paz y democracia.
De llevarse a la realidad este proyecto de Monges las democracias adquirirían más seguridad en sus instituciones. Sería un primer paso. El ejemplo argentino es clásico. Las Fuerzas Armadas han arrasado el poder democrático catorce veces en su historia terminando con los derechos de todos sus habitantes. La última vez culminó con uno de los métodos criminales más sádicos de la historia de la humanidad. Claro está que golpe es todo aquello que se hace desde el poder militar o desde el poder económico y no las reacciones populares en pos de más justicia social. Aquellos golpes trajeron no sólo la muerte, cárcel o exilio para los que resistieron sino que también sirvieron para cancelar los derechos de reunión, de asociación, de información, de libre expresión y la quema de libros. Por supuesto que esto no quiere decir que el habitante de un país gobernado por una dictadura renuncie a la resistencia esperando la reacción del exterior. No, este proyecto les da más fuerza a todos aquellos que no aceptan órdenes dictatoriales.
Un proyecto que debería debatirse en todas las universidades del país, en los centros culturales y barriales, en organizaciones sindicales y, principalmente, en los partidos políticos, los cuales deberían designar a un responsable para que lo lleve adelante.
Se abre una esperanza para el coro de ángeles que nos prepara Rodolfo.

27 de marzo de 2010
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hambre en california


El estado ha impuesto barreras a los cupones de alimentos para gente con hambre, y su programa de desayunos escolares no satisface las necesidades de los estudiantes.
California es un pésimo lugar para pasar hambre. Mientras que la demanda de cupones de alimentos está aumentando en todo el país, la gente que tiene derecho al programa es la que menos probablemente recibirá la ayuda que en cualquier otro estado, excepto Wyoming. El porcentaje de niños de hogares de bajos ingresos que toman desayuno gratuitamente en la escuela es también más bajo que el promedio nacional.
Incluso si las personas económicamente arruinadas tuvieran que pagar por cupones de alimentos y los desayunos escolares, la incapacidad del programa para alimentar a los pobres debería ser una fuente de vergüenza. Nada es más importante para una sociedad que mantener a raya al hambre. Pero los cupones de alimentos y los desayunos subsidiados para los niños son programas federales; el estado es responsable solamente de algunos costes administrativos de los cupones de alimentos. En otras palabras, el estado y muchos de los distritos escolares están rechazando dinero para mitigar el hambre, dinero que podría aumentar el poder de compra de las familias pobres, mejorar la salud de los residentes y ayudar a los niños con la escuela -todo lo cual también mejoraría la economía del estado.
California ha impuesto barreras a los cupones de alimentos para gente con hambre, y en el proceso ha aumentado los costes administrativos del estado. No es que el ministerio de Agricultura de Estados Unidos (USDA), que supervisa los cupones de alimentos, valore que el estado ahorre en su nombre. Todo lo contrario. En noviembre pasado, Kevin Concannon, subsecretario de Alimentación, Nutrición y Servicios al Consumidor, escribió una carta reprochando agriamente a los estados por sus bajas tasas de participación. Concannon regaño a esos estados, los que no identificó, por crear "un proceso de inscripción más complejo y difícil" que no sirve ni a los hambrientos ni a los contribuyentes.
La carta fue enviada poco después de que el USDA emitiera un informe que muestra que en 2007 sólo el 48 por ciento de las personas con derecho a recibir cupones de alimentos en California, uno de los dos estados que no lograron inscribir ni a la mitad de los habitantes con derecho al programa. (Los inmigrantes ilegales no pueden aplicar al programa). Ocho estados inscribieron a más del ochenta por ciento; en Missouri, prácticamente todas las personas con derecho al programa recibieron ayuda alimentaria.
Debido a la recesión económica, el número de californianos que reciben cupones de alimentos ha crecido en un trece por ciento desde principios de año, a 2.9 millones de personas. Pero si modernizara su método, el estado podría recibir hasta 3.7 billones más en ayuda federal.

- Recertificación trimestral. California es el único estado que exige de sus beneficiarios que certifiquen cada tres meses su derecho al programa. Los otros estados lo exigen sólo dos veces al año. Con cada puesta al día existe la posibilidad de que algunas personas no puedan acceder al programa. Pueden olvidar la fecha límite o recibir tarde los documentos necesarios. Pueden tener trabajos esporádicos -como un trabajo temporal en el mercado de trabajos de tres meses que los descalifica como beneficiarios de cupones de alimentos, para luego estar desempleados durante varias semanas. Sólo un tercio de los trabajadores pobres del estado reúnen los requisitos para recibir cupones de alimentos. La (re)certificación trimestral también significa dos veces más trámites y tiempo administrativo.

El USDA ha conminado a California a adoptar un esquema semestral. Antes en el año el estado solicitó una extensión de cuatro años de su esquema trimestral, y le fue denegado -pero tiene todavía hasta septiembre de 2011 para implementar nuevas reglas. Debería ser más rápido que eso.

- Huellas digitales. Tomar las huellas digitales de los beneficiarios de cupones de alimentos tiene por objeto reducir el fraude, de modo que una persona no pueda recibir cupones de alimentación más que un solo condado. Pero para algunos -los enfermos, los trabajadores pobres- el solo hecho de tener que acercarse a una oficina local de la seguridad social para que les tomen las huellas digitales puede ser suficientemente pesado como para obstaculizar su inscripción.

California es uno de los cuatro estados que todavía exigen las huellas digitales, y los que han eliminado la exigencia no han observado ningún fraude desenfrenado. Un informe de 2005 del Centro de Presupuesto y Prioridades Programáticas [Center on Budget and Policy Priorities] constató que a nivel nacional, el fraude con los cupones de alimentos es extremadamente bajo. Con comidas de un dólar, es difícil enriquecerse con ellos. Un informe de noviembre de la contraloría del estado de California puso en duda la efectividad de la toma de huellas digitales.

- Entrevistas personales. En octubre, el estado dio a los condados la opción de realizar entrevistas por teléfono con los solicitantes, en lugar de cara a cara. Como con las huellas digitales, las entrevistas cara a cara demostraron ser difíciles para las personas que tienen problemas para salir del trabajo o para las que el transporte es un problema especial. El estado debería simplemente eliminar esas entrevistas, excepto en casos en los que haya razones para sospechar fraude.

California se desempeña mejor con niños que califican para desayunos gratuitos o desayunos escolares a precios reducidos, aunque según un nuevo informe de la organización sin fines de lucro Centro para el Estudio de los Alimentos y Acción [Food Research and Action Center], todavía ocupa el lugar 33 a nivel nacional -y gasta más de 97 millones de dólares al año de financiamiento federal para cubrir esas comidas. Todo niño con derecho a almuerzo gratis, tiene también derecho a un desayuno gratuito. Algunos estudios han mostrado que esos desayunos no sólo proporcionan una imprescindible nutrición, sino además mejoran el rendimiento en las aulas. Sin embargo, en California sólo el 42 por ciento de los niños en el programa de almuerzos reciben también desayunos escolares.
Los distritos escolares pueden elegir entre proporcionar desayunos financiados federalmente, y casi el veinte por ciento de las escuelas en California no participan en el programa. Algunas no tienen suficientes alumnos en esa situación como para preocuparse, pero en algunas otras funcionarios de la educación sostienen que las familias deberían tomar desayuno en casa. Esto asume neciamente que las familias tienen alimentos en casa para comer. En Texas y Virginia del Oeste, las escuelas que participan en el programa de almuerzos gratis también sirven desayuno.
El Distrito Escolar Unificado de Los Angeles ha estado orientando a California hacia un enfoque más inteligente, con un programa de desayunos de ‘segunda oportunidad’ adoptado en 2004 que deja que los niños de familias de bajos ingresos reciban alimento durante el primer recreo de la mañana. Los programas previos servían desayuno antes de que empezara la escuela, pero los buses escolares no llegaban a tiempo a la escuela. Ahora el 55 por ciento de los alumnos calificados del distrito toman el desayuno escolar, por encima del promedio del estado.
Por supuesto, hay espacio para mejoras, y la semana pasada el consejo escolar aprobó una resolución para buscar modos de elevar las tasas de participación en sus programas de almuerzo y desayuno. L.A. Unificado ha constatado que alimentar a los hambrientos no es solamente un acto humanitario. Es una política sólida que nutre la salud física, educativa y económica de nuestro estado.

25 de marzo de 2010
13 de diciembre de 2009
©los angeles times 
©traducción mQh
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honduras, caperucita de lobo


Si camina como un pato y dice cuac, debe ser un pato. Más allá de algunas formalidades importantes, el gobierno de Porfirio Lobo en Honduras se parece demasiado a una dictadura. O por lo menos a lo que muchos argentinos entendemos por dictadura.
[Santiago O’Donnell] Hace dos semanas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos publicó un informe lapidario. "Deplora asesinatos, secuestros y agresiones en Honduras" desde el título y cuenta cosas que suenan conocidas.
"La CIDH condena y lamenta los asesinatos de tres miembros activos de la resistencia al golpe de Estado, registrados el último mes en Honduras. Asimismo, la CIDH deplora los secuestros, detenciones arbitrarias, violaciones sexuales y allanamientos ilegales de que han sido víctimas personas de la resistencia contra el golpe de Estado y sus familiares. La CIDH expresa también su profunda preocupación ante la información obtenida de que hijos e hijas de activistas están siendo amenazados y hostigados, y que en dos casos han sido asesinados."
El informe pasó desapercibido en los grandes medios que entonces desplegaban la noticia de Orlando Zapata Tamayo, quien había muerto haciendo huelga de hambre en una cárcel de Cuba. Uno no puede defender que un recluso muera de inanición en su celda, ya sea prisionero de conciencia o delincuente común. Pero ésa es otra historia.
El caso es que al mismo tiempo, no muy lejos de Cuba y casi en silencio, un grupo de represores, escuadrones de la muerte activados por un golpe de Estado, inventaba una nueva metodología terrorista para suprimir la protesta social: usar a los hijos.
"La Comisión observa con consternación que se estaría asesinando, secuestrando, agrediendo y amenazando a los hijos de los líderes del Frente de Resistencia, como una estrategia para acallarlos. En este sentido, el 17 de febrero de 2010 apareció ahorcada Dara Gudiel, de 17 años de edad, en la ciudad de Danlí, departamento de Paraíso. Dara Gudiel era hija del comunicador social Enrique Gudiel, quien dirige un programa de radio llamado Siempre al Frente con el Frente, donde se transmiten informaciones sobre la resistencia. Días antes de aparecer ahorcada, Dara Gudiel había sido liberada, luego de permanecer secuestrada dos días, durante los cuales habría sido maltratada físicamente.
"Por otra parte, el 9 de febrero de 2010 fueron secuestrados cinco miembros de una familia que es activa en la resistencia, por siete hombres fuertemente armados que vestían uniforme militar y tenían el rostro cubierto con gorros pasamontañas. Una de las personas secuestradas era una joven que había denunciado en agosto de 2009 haber sido violada sexualmente por cuatro policías luego de haberla detenido en una manifestación contra el golpe de Estado perpetrado el 29 de junio. El 9 de febrero, los hombres armados interceptaron un vehículo en el cual viajaba la joven junto a su hermano, su hermana y otras dos personas, cuando les ofrecieron las llaves del auto, respondieron que lo que querían era a la joven, ‘a ver si esta vez los denunciaba’. Los cinco fueron obligados a caminar montaña adentro, donde dos de las mujeres fueron violadas sexualmente, la tercera fue víctima de robo y amenazas de muerte, y los dos hombres fueron sometidos a torturas físicas."
Quizá la denuncia no llamó la atención porque no fue nada a contracorriente de los últimos acontecimientos a nivel regional. En la cumbre de Cancún del mes pasado, Brasil dio luz verde para el regreso de Honduras a la Organización de los Estados Americanos. No es un dato menor. Además de ser el país más poderoso de Latinoamérica, Brasil había sido el que más se había comprometido con la continuidad democrática en Honduras, al punto de albergar durante varios meses en su embajada de Tegucigalpa al presidente derrocado, con la esperanza de que el golpe se pudiera revertir.
La semana pasada, bajo la atenta mirada de la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton, de gira por la región, los países de Centroamérica, incluida la Nicaragua sandinista, aceptaron el regreso de Honduras al organismo regional, SICA, y comprometieron su apoyo para su vuelta a la OEA. Horas más tarde, el flamante presidente salvadoreño y referente del frente Farabundo Martí, Mauricio Funes, fue recibido por Obama en el Salón Oval, un logro que líderes de países más importantes y gobiernos más afines todavía esperan concretar. Al salir de la reunión, Funes abogó por la reinserción de Honduras en la comunidad internacional.
El aislamiento ha terminado. Las elecciones hondureñas del 29 de noviembre promovidas por Estados Unidos fueron razonablemente participativas, aunque hasta el día de hoy no se conoce bien el nivel de abstención que tuvieron, ya que ningún organismo internacional de talla las monitoreó. Pasó el tiempo, Brasilia y Washington arreglaron sus cuitas y Manuel Zelaya, el presidente derrocado, quedó en el olvido. Salvo honrosas excepciones, claro está.
Pero como todo fruto de un árbol envenenado, el gobierno electo de Porfirio Lobo ha continuado ciertas prácticas de la dictadura que son mortales para la salud de cualquier democracia que se precie de tal.
La persistencia del terrorismo de Estado en Honduras no es casual. En este gobierno el dictador Goriletti ocupa una banca de diputado vitalicio y el general golpista Romeo Vázquez Velázquez ha sido premiado con un puesto gerencial en la telefónica estatal.
Para colmo, la seguridad está a cargo del sobrino y ladero del militar que introdujo a los represores argentinos de la dictadura que llegaron a Honduras en 1979 para enseñar su metodología terrorista.
En efecto, el secretario de Seguridad de Lobo es Óscar Álvarez. El funcionario es sobrino del general Gustavo Álvarez Martínez, graduado en el Colegio Militar de El Palomar en los años ’70, jefe de las fuerzas armadas hondureñas entre 1982 y 1984, el más notorio violador de derechos humanos de su país, confeso admirador de la dictadura argentina y huésped en Palmerola del destacamento del Batallón 601 enviado a Centroamérica para dictar cátedra sobre torturas y desapariciones.
El actual secretario de Seguridad es además el arquitecto de la política de súper mano dura contra las "maras" o pandillas, cuando ocupó el mismo cargo que tiene ahora durante la presidencia de Ricardo Maduro (2002-2006). A su cruzada contra la "delincuencia" de jóvenes sin futuro ahora le ha acoplado un nuevo enemigo, los "subversivos" sobrevivientes de la campaña de aniquilación del tío Gustavo.
Es bajo su política de seguridad que aparece una nueva forma de terrorismo de Estado. Ya no se ataca frontalmente a los blancos elegidos, sino que se hace a través de lo que esas personas más quieren, que son sus hijos. Para lograr mayor eficiencia se hace gradualmente, desde la amenaza de muerte a la violencia física y al asesinato liso y llano, buscando así quebrar a los padres para que desistan de sus activistas políticas.
Como suele pasar en estos casos, la represión persigue fines tanto políticos como económicos, ya que los líderes de la resistencia son también, en muchos casos, líderes comunales y sindicales, especialmente del gremio docente, el más activo de la resistencia. Y los mismos empresarios mediáticos y grupos económicos que apoyaron el golpe hoy se benefician con el clima de terror que siembran las patotas activadas por Romeo y Goriletti, que hoy actúan a la sombra del manto de legalidad que consiguieron Álvarez y Lobo.
Está bien. Lo hecho, hecho está. Los hondureños eligieron y es lógico que no quieran volver atrás. El tiempo pasó. Pero en el apuro de Washington y Brasilia por cerrar este desagradable capítulo, no estaría de más exigirles que en vez de preparar una fiesta de bienvenida le exijan a Honduras un mínimo respeto por los más elementales derechos humanos.
Porque un pato es un pato y ya sabemos lo que hacen los patos. Hacen lo que hacen porque no saben hacer otra cosa, y también lo hacen porque no pueden parar.

14 de marzo de 2010
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