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opinión

la capital mundial del crimen


¿Tenemos que seguir soportando que se prolongue la brutal guerra en el Congo? ¿Será suficiente cuando el número de víctimas llegue a los diez millones de personas?
[Nicholas D. Kristof] Bukavu, Congo. Es fácil asombrarse por la manera en que dirigentes políticos del mundo, periodistas, líderes religiosos y ciudadanos de a pie hicieron la vista gorda mientras, en el Holocausto, se asesinaba a seis millones de judíos. Incluso, es todavía más fácil asumir que nosotros nos comportaríamos mejor.
Pero de momento la brutal guerra que se libra aquí en el este del Congo no sólo ha durado más que el Holocausto, sino que además parece haber reclamado más vidas. Para abril del 2007, un estudio reseñado por colegas fijó el número de víctimas en el Congo en 5.4 millones de personas -unas 45 mil al mes. Hoy, el total después de una docena de años sería de 6.9 millones.
Lo que esas cifras no pueden revelar es la manera en que el Congo se ha convertido en la capital de la violación, la tortura y la mutilación, en modos que desgarran a sobrevivientes como Jeanne Mukuninwa, una guapa y alegre mujer de diecinueve que de alguna manera aún puede reunir el coraje para reír. Sus padres desaparecieron en el conflicto cuando acababa de cumplir catorce -quizás fueron masacrados, pero sus cuerpos no fueron encontrados nunca-, así que se fue a vivir con su tío.
Algunos meses después, la extremista milicia hutu asaltó su casa. Recuerda que era el día de su primera menstruación -la única que tuvo.
"Primero, amarraron a mi tío", cuenta Jeanne. "Le cortaron las manos, le sacaron los ojos, le cortaron sus pies, le cortaron sus órganos sexuales y lo abandonaron así. Él todavía estaba vivo.
"Su mujer y su hijo también estaban ahí. Nos llevaron a todos al bosque". Esa milicia es conocida por secuestrar a personas y esclavizarlas durante meses, incluso años. Los hombres deben trabajar como cargadores, las muchachas como esclavas sexuales.
Jeanne y las otras niñas eran regularmente amarradas con las piernas abiertas y violadas por grupos de milicianos. Pronto quedó embarazada. Las violaciones continuaron, a veces con palos que destrozaron su vientre y le causaron un derrame permanente. Milagrosamente el feto sobrevivió, pero su pelvis no estaba desarrollada como para dar a luz al bebé.
Una de las personas secuestradas por la milicia era un doctor que era obligado a tratar a los soldados. El doctor, viendo que Jeanne estaba cerca de la muerte a causa de la obstrucción del parto, la abrió con un cuchillo oxidado, sin anestesia, y sacó al bebé muerto. Jeanne estaba delirando y casi muerta. La milicia la abandonó a la vera de un camino.
"Estaba completamente destrozada por dentro", dijo otro doctor, Denis Mukwege, que le salvó la vida después de que fuera trasladada aquí a Bukavu. El doctor Mukwege, 54, dirige el Hospital Panzi, de cuatrocientas camas, financiado por la Unión Europea y organizaciones privadas como la Fundación Fístula. Ha sido mencionado algunas veces como candidato al Premio Nobel de la Paz por sus heroicos esfuerzos contra la guerra y para curar a las víctimas.
En tres años, Mukwege operó nueve veces a Jeanne para sanar las fístulas que causaban sus derrames. Finalmente lo logró y Jeanne volvió a su pueblo para vivir con su abuela.
"Me dijo que evitara a los hombres durante tres meses", recuerda Jeanne, para que su cuerpo pudiera recuperarse. Pero tres días después de que volviera a la aldea, la milicia volvió a atacar y la volvieron a violar. La fístula se volvió a abrir.
Jeanne, mantenida desnuda en el bosque y oliendo mal debido a sus lesiones internas, finalmente logró escapar y volvió al Hospital Panzi. Mukwege comenzó una segunda ronda de operaciones, pero queda tan poco tejido que no está claro que pueda curar las pérdidas.
Cerca del doce por ciento de las mujeres violadas tratadas por él contrajeron sífilis, y el seis por ciento es portadora de VIH. Hace lo que puede para curar sus lesiones y ayudarlas a sanar -hasta la próxima vez.
"A veces no sé que estoy haciendo aquí", dijo Mukwege, desesperado. "No hay soluciones médicas". La necesidad más importante, dice, no es más ayuda humanitaria para el Congo, sino un esfuerzo internacional mucho más decidido para poner fin a la guerra.
Eso significa presionar a la vecina Ruanda, un país tan ampliamente admirado por su buen gobierno en casa que se tiende a hacer la vista gorda sobre su posible papel en los crímenes de guerra que se cometen en los países vecinos. También tenemos que ejercer presión sobre el presidente congoleño, Joseph Kabila, para detener al general Jean Bosco Ntaganda, buscado por el Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra. Y, como recomienda una organización llamada el Enough Project, necesitamos un esfuerzo impulsado por Estados Unidos para supervisar el comercio de minerales del Congo de modo que los señores de la guerra ya no puedan comprar armas con los beneficios de la exportación de oro, estaño o coltán.
A menos que se imponga algún tipo de liderazgo, el conflicto en el Congo -alimentado por los beneficios de la exportación de minerales- continuará indefinidamente. Si no actuamos ahora, ¿cuándo lo haremos? ¿Cuando la cantidad de víctimas llegue a los diez millones? ¿Cuando Jeanne sea secuestrada y violada por tercera vez?

9 de marzo de 2010
7 de febrero de 2010
©new york times
©traducción mQh
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usando la ley contra el terrorismo


El gobierno de Obama no debería vacilar en su compromiso de brindar a los acusados de terrorismo un debido proceso.
Desde el principio, esta página editorial no ha creído nunca que fuera crucial que Khalid Shaikh Mohammed y sus cuatro cómplices fueran juzgados en un tribunal federal en Manhattan. Ahora parece que el gobierno de Obama también está de acuerdo. Después de un cambio radical de opinión del alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg -que dijo una vez que los presuntos arquitectos de los atentados del 11 de septiembre de 2001 debían enfrentarse a la justicia "ahí donde tantos neoyorquinos fueron asesinados"-, se dice que el gobierno está buscando una nueva ubicación.
Eso nos parece muy bien. Aunque en general los juicios deberían celebrarse donde han ocurrido los delitos, en este caso hay montones de razones para hacer una excepción. Sin embargo, el problema es que el cambio de opinión del presidente Obama podría envalentonar a aquellos en el Congreso que se oponen no solamente a un juicio en Nueva York, sino más ampliamente a la determinación del presidente de mostrar al mundo que incluso los acusados de terrorismo serán tratados de acuerdo a las normas del debido proceso en este país. Obama debe impedir que sus críticos exploten la reubicación del juicio para tratar de desmantelar su política más general de poner la guerra contra el terrorismo bajo el imperio de la ley.
Incluso antes de que se informara que Mohammed y los otros no pueden ser juzgados en Manhattan, el jefe de la minoría en el Senado, Mitch McConnell (republicano de Kentucky) y varios otros senadores republicanos estaban atacando brutalmente al gobierno de Obama por tratar a Umar Farouk Abdulmutallab, que está acusado de tratar de destruir un avión de pasajeros en Navidad, "como a un civil imputado -recordándole incluso el derecho establecido en la ley de no cooperar- antes que como un recurso de inteligencia que debía ser interrogado para obtener informaciones que pudieran eventualmente salvar vidas".
Así que lo que está bajo sitio no es solamente la política de juzgar a los sospechosos de terrorismo en un tribunal civil. McDonnell también alegó el domingo que los sospechosos de terrorismo deberían ser enviados a Guantánamo, y amenazó bloquear el financiamiento que se necesita para cerrar la prisión. Puesto a la defensiva, el gobierno ha insistido en que a Abdulmutallab no se le leyeron sus derechos sino después de que hubiera proporcionado informaciones valiosas y dejara de hablar. Funcionarios del estado también señalan que los terroristas acusados fueron juzgados en tribunales civiles durante el gobierno de George W. Bush.
Cerrar Guantánamo y juzgar a los detenidos en tribunales de justicia son rasgos distintivos del rechazo de Obama a las políticas antiterroristas de Bush. Sin embargo, el presidente ha socavado su propia posición flaqueando innecesariamente en su compromiso de juzgar a los terroristas acusados de acuerdo a la ley. Primero, decidió juzgar a algunos en comisiones militares, permitiendo que sus críticos preguntaran por qué ese mismo tratamiento no es suficiente para juzgar a los presuntos conspiradores de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Más recientemente, un grupo de trabajo nombrado por él sugirió retener a cerca de cincuenta detenidos sin someterlos a juicio, una recomendación que Obama debería rechazar. Será difícil para el presidente defender sus convicciones si no se aferra a ellas él mismo.

8 de marzo de 2010
3 de febrero de 2010
©los angeles times
©traducción mQh
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sobre la seducción del poder


Lo político es, sobre todo, una manera de urdir relaciones asimétricas. Es difícil encontrar algo, en el ámbito en el que se lo busque, que iguale la fascinación que el poder genera en quién lo detenta, que lo ejercita, que lo cuida de cualquier amenaza y que apunta siempre a hacerlo más efectivo.
[Andrés Cappelletti] Es preciso dejar de lado la idea de que lo político debe necesariamente vincularse a los "partidos", o peor aún, a los individuos o grupos a los que suele adjetivarse de tal modo. Lo político es mucho más importante que eso; se vincula con las formas en las que, en una sociedad determinada, se establecen, se favorecen o se niegan ciertas relaciones de poder.
Dos misteriosos enigmas recubren casi desde siempre los nexos entre los humanos y las relaciones políticas que ellos mismo crean. El primero de ellos atañe al carácter gregario de la vida comunitaria, y más específicamente a la desigual relación que se establece entre los pocos que gobiernan y las multitudes gobernadas. Lo esencial del asunto podría resumirse en las siguientes preguntas: ¿Cómo es posible que las personas procuren ser gobernadas, dominadas, dirigidas, controladas? ¿Por qué los hombres luchan por su servidumbre como si se tratara de su salvación? Estos interrogantes no son ni con mucho novedosos; con la mayor claridad imaginable fueron formulados por un ya lejano joven francés Etienne de la Boètie en la mitad del siglo XVI. El alcance de estas preguntas no se limita sin embargo a una situación de la época en las que fueron por primera vez formuladas; no fueron determinadas sólo por las circunstancias políticas y sociales de su época, sino que valen de igual modo para nuestro presente. Otra vez: ¿Cómo es posible que la mayoría no sólo obedezca a uno solo, sino que también le sirva, y no tan sólo le sirva sino que también desee servirle? Debe decirse que la sociedad en la que vivimos tiene por lo menos dos grandes fracturas: una es la división que se establece entre los propietarios de los medios de producción y lo que no lo son. La otra división, menos publicitada y más naturalizada, es la que se establece entre los que mandan y los que obedecen, división que como todo lo humano tiene su historia, su lugar en la historia, o por decirlo de otro modo, ha ocurrido en un momento, y antes de ese momento no existía. Se trata de la irrupción histórica del Estado, momento en el que comienza la sumisión voluntaria de todos a uno solo; momento también en el que lamentamos la aparición de un mutilado hombre nuevo, que ha perdido parte de sí mismo al perder su ser para la libertad. Paradoja de la historia: el único ser que posee la capacidad y los atributos para ser libre construye formas sociales en las que uno o unos pocos mandan y el resto, la inmensa mayoría, obedece voluntariamente, como si este hecho fuera lo más natural y agradable del mundo.
El otro enigma que sobrevuela las relaciones políticas que los hombres han construido es el que podemos mencionar como el "amor al poder", aunque tal vez la palabra "amor" no logre dar una idea lo suficientemente exacta del lazo que el hombre establece con el poder; es difícil encontrar algo, en el ámbito en el que se lo busque, que iguale a la seducción que el poder ejerce sobre el hombre que lo detenta, que lo ejercita, que lo cuida de cualquier amenaza, que imagina y cree ver peligros para ese poder en cualquier parte, que quiere siempre, si es posible, acrecentarlo y hacerlo más efectivo. Habría que preguntar, para entender tal vez un poco mejor todo esta cuestión, qué cosa es el poder. Reflexionado en la época moderna desde Maquiavelo hasta Foucault, el poder es en el sentido esencial de su existencia una forma de relación entre uno y los otros. Precisamente Foucault ha querido mostrar cómo las relaciones de poder no se establecen sólo entre el Estado y los gobernados, sino que se integran en todas las relaciones sociales y constituyen en buen grado las diferentes modalidades que esas relaciones asumen. La fascinación incomparable que el poder ejerce se produce sin embargo en cualquier nivel en el que éste se establezca, por el misterio del enigma, deberemos cifrar por el momento la oscuridad del asunto.

El autor es psicólogo y docente de psicología en UNR.

6 de marzo de 2010
4 de marzo de 2010
©rosario 12 
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padres de plaza de mayo


Día de la memoria por la verdad y la justicia. El gobierno reconocerá a cuatro ‘padres’ de Plaza de Mayo. El 24 de marzo, aniversario del último golpe militar, el Ejecutivo nacional le entregará el Premio Azucena Villaflor a cuatro padres cuyos hijos permanecen detenidos desaparecidos.
Argentina. La entrega se realizará en el Centro Cultural Haroldo Conti, que funciona en el Archivo Nacional de la Memoria, que tiene su sede donde funcionaba la Escuela de Mecánica de la Armada. En su edición 2009, el premio será entregado a Julio Morressi, Norberto Palermo, Mauricio Weinstein y a los familiares de Eduardo Fermín Mignone (fallecido), según se publica hoy el Boletín Oficial mediante el decreto 302/2010.
El reconocimiento, según se especifica, se otorga a cuatro representantes de "un conjunto numeroso de padres de detenidos-desaparecidos y asesinados por el terrorismo de Estado" por su "permanente actividad en la lucha contra la impunidad".
Morressi, cuyo hijo Norberto fue secuestrado el 23 de abril de 1976, a los 17 años, es miembro de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas y junto a su esposa acompaña desde hace 33 años a las Madres de Plaza de Mayo en su ronda semanal alrededor de la Pirámide.
Palermo es padre de Norberto, asesinado el 14 de octubre de 1975, mientras cumplía el servicio militar en Campo de Mayo y aunque reconoció el cadáver de su hijo en la morgue del cementerio de San Miguel, la Policía no le entregó el cuerpo porque le negó que se tratara de su hijo.
Weinstein, cuyo hijo Mauricio fue secuestrado el 19 de abril de 1978, a los 18 años y visto en el centro clandestino de detención El Vesubio, fue integrante de distintas organizaciones de derechos humanos.
En cuanto a Mignone, cuya hija Mónica María Candelaria fue secuestrada el 14 de mayo de 1976, el decreto señala que la distinción se efectúa a la familia "de quien en vida fuera protagonista singular de las luchas por los derechos humanos".

6 de marzo de 2010
4 de marzo de 2010
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subversivos


"El poder se ejerce más que se posee; no es privilegio adquirido sino efecto de estrategias, no se localiza en las relaciones del Estado con los ciudadanos o en la frontera de clases".
[Sonia Catela] Cuando Ambrose Bierce descorre el descubrimiento: "La guerra es el medio que usa Dios para enseñarle geografía a los Estados Unidos" ¿subvierte? En una primera ojeada, una frota una ironía 19 kilates, pero enfocando mejor, se advierte que Bierce gatilla contra Dios, voltea al maestro del bien que podría recurrir a otra pedagogía algo más edificante con que educar al imperio, y, al disparar, nos baña con las plumas ensangrentadas de tales aves gigantescas, intocables, sacras.
Como cada cual compila su canon privado de subversivos, tanto con los nombres que lo deslumbran como con los que le producen asco u horror, subjetiva y fragmentaria ha de ser esta recapitulación que proviene de las detonaciones con que determinados gestos, teorías o hechos penetraron en nuestra conciencia y la reordenaron.
Fue Roberto Arlt el que postuló para siempre jamás que "detrás de toda gran fortuna se esconde un crimen". Se lo escucha poco debido al almohadón que un gordo trasero oprime contra su boca. Si bien a Arlt lo precede una tumultuosa procesión con pancartas como "la propiedad privada es un robo", entre las que sobresale el cartel que alza Bakunin, "Los Estados poderosos sólo pueden sostenerse por el crimen", él logra la alquimia refulgente de transformar plomo en pólvora. Urde el a b c de un nuevo alfabeto con el que decodificar lo aparente. Y lleva a sospechar de esos nombres que relumbran bajo tanto oro.
"Actos subversivos tremendos, de rara génesis, se erigen en realidad, la confunden y desvían; esa marca estampó el fusilamiento del ex presidente argentino de facto, Aramburu, a manos de un tribunal del pueblo. Cuando Montoneros difundió la ejecución de Aramburu, el 1º de junio de 1970 y se hizo responsable de tal ejecución, estábamos dictando clases; los profesores que entraban en la escuela estatal de enseñanza media secundaria de Hersilia, se abrazaban, nos abrazábamos, celebrando ese acto de justicia proviniera de donde proviniera. Procedía del campo popular, de eso no quedaba duda. Años después tacharíamos a Firmenich de nuestra famélica lista de héroes. Pero no se invalidaría aquella legitimación general del ajusticiamiento de Aramburu, responsable de fusilamiento por decreto de once ciudadanos (el decreto número 10364, que da a conocer el nombre de cada uno de esos desdichados), de la institución de la pena de muerte por decreto (el número 10363), de los bombardeos a Plaza de Mayo más todos los fusilamientos de junio del 56, y según sus ejecutores, del robo, desaparición y mutilación del cadáver de Evita. Acompañando la celebración, acuñábamos una consigna también subversiva: "La violencia de arriba engendra la violencia de abajo".
Una salida momentánea de la política y, abriendo otra puerta, Anthony Burgess fue quien enunció que "La literatura es esencialmente subversiva. La primera vez que advertí esa capacidad subversiva que tiene incluso la subliteratura fue cuando mi padre echó al fuego de la cocina mi ejemplar del Boy`s Magazine, que acababa de iniciar la publicación de una serie sobre el fin del mundo". Y nos da un nombre: "DH Lawrence es un testigo, o un mártir, (que para el caso es lo mismo) de esa verdad".
En un campo ambiguo de esta lista se masturba el marqués de Sade, quien decapitó no unas cabezas sino las ideas que llenaban tales cabezas. Sade planteó que "según el ateísmo éste se liberó de Dios que no es nada, entonces, este pensamiento se liberó de ¿nada?". O "en un libertino ser ateo es provocar a un Dios ausente mediante el escándalo, para obligarlo a que manifieste su existencia". Para Sade, ateo, esa concepción del ateísmo no era sino un monoteísmo a la inversa.
Y dijo: "No se trata de amar a tus semejantes como a ti mismo, ello va contra las reglas de la naturaleza". Y dijo sobre la revolución: "ustedes se han rebelado contra la iniquidad, para ustedes la iniquidad consistía en estar excluidos de la práctica de la iniquidad; al rebelarse ustedes contra ella han replicado con ella, ya que han matado a sus amos como ellos habían matado. La justicia, para ustedes, (y han dado pruebas sangrientas de ello) consiste en la práctica común de la iniquidad individual". Un lugar ambiguo éste del sadismo porque al ser también la negación del otro, convoca y enrola a nazis y genocidas surtidos cuando aplican precisamente prácticas de expropiación del yo ajeno, torturando, secuestrando, desapareciendo gente.
En lo creativo, subversivos Henry Miller: "El arte consiste en llegar hasta las últimas consecuencias", y Alfonsina Storni. Subversivas las mujeres que participaron del asalto a Moncada, Cuba, en 1953, Melba Hernández y Haydeé Santamaría, (probablemente también Elda Pérez integró el grupo revolucionario), subversiva Julieta Lanteri, primera mujer en votar en Argentina, en 1911, cosa que logró mediante un pleito al Estado. Y Michel Foucault demostrando que el "poder se ejerce más que se posee; no es privilegio adquirido sino efecto de estrategias, no se localiza en las relaciones del Estado con los ciudadanos o en la frontera de clases", no opera sólo de arriba hacia abajo, se esparce y se toma de los cadillos que halla en los sucesivos estratos de la pirámide, asiéndose de las reproducciones que halla y de los reflejos que alimenta.
Hay subversivos en las dos trincheras; tanto en la que aloja todo lo que nos produce devoción, como en la franja de desviados que quieren tumbar nuestro mundo por medios arteros. Veámoslo.
Llevo anotada en la frente una maravillosa y volátil muestra de sublevación repentista. Es la del ignoto platense que se hizo meter preso porque se puso cantar a volumen máximo la Marchita, en tanto caminaba por alguna diagonal de la ciudad de Ameghino; regía el repugnante abominable decreto 4161 (de 1956), el que prohibía pronunciar "el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones "peronismo", "peronista", "justicialismo", "justicialista", "tercera posición", la abreviatura PP, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales ‘Marcha de los Muchachos Peronistas’ y ‘Evita Capitana’ o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa".
Lo imaginamos a Juan (llamémosle Juan) andando por la calle y desafiando a todo pulmón el subversivo intento de acallarle la boca. Porque el decreto 4161 es subversión pura, equivale a tachar del diccionario, de los diarios, libros, documentos, de la lengua argentina, determinadas palabras mediante un decreto. A Juan, protagonista de ese canto ilegal se le decretó prisión y 300 pesos de multa por haber devuelto la Marcha a la realidad a la que pertenecía.
¿Cómo respondió la prensa ante estas y otras subversiones contra la subversión? Uno de los diarios capitalinos más representativos del periodismo "independiente" publicó el 22 de febrero de 1956: "Nosotros que nos enrolamos patrióticamente en las filas de la Revolución Libertadora, nos sentimos orgullosos de lo que se ha calificado de tolerancia del gobierno con los perturbadores, transformados ahora en criminales. Pero basta ya de complacencias, basta ya de tolerancias con quienes, guiados por instintos primarios apelan a crímenes de lesa humanidad para quitar a sus hermanos la paz, la justicia y la libertad. Basta pues, que el gobierno proceda desde hoy con el máximo rigor". Rigor. Fusilamientos patrióticos. Penas de muerte. Toda una lección de ese periodismo por el que daríamos hasta digamos ¿la vida? ¿la camiseta? ¿cinco pesos? ¿cuánto demonios cuesta comprar uno de esos periódicos? ¿dos mangos? De últimas, en cualquier biblioteca lo ofrecen como lectura gratis. Y ahí nos plantamos en esta subasta.

5 de marzo de 2010
1 de marzo de 2010
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quién fue zapata tamayo


El suicidio de un ’disidente’.
[Atilio A. Boron] Haciendo una vez más gala de su proverbial falta de escrúpulos, El País de Madrid informó en su edición digital del 27 de febrero que "La disidencia cubana sigue movilizada por la muerte del prisionero de conciencia Orlando Zapata Tamayo". Afirmación tan rotunda como falsa.
Afortunadamente, una nota publicada por el prestigioso intelectual cubano Enrique Ubieta Gómez permite echar luz sobre este penoso episodio y desmontar la mentira urdida por el periódico madrileño. (http://www.cubadebate.cu/opinion/2010/02/26/orlandozapatatamayolamuerte utildelacontrarrevolucion/). En ella se demuestra que el supuesto "prisionero de conciencia" no era tal; por eso nunca figuró en la lista de "prisioneros políticos" elaborada por la ya disuelta Comisión de Derechos Humanos de la ONU en 2003, reemplazada a causa de sus serios vicios y su manifiesta arbitrariedad al servicio de los intereses de los Estados Unidos por el Consejo de Derechos Humanos.
Entonces, ¿quién era Zapata Tamayo? La respuesta es bien simple: era un preso común con una frondosa carrera delictiva. Procesado por "violación de domicilio" (1993), "lesiones menos graves" (2000), "estafa" (2000), "lesiones y tenencia de arma blanca" (2000) entre otras causas que, como puede observarse, nada tienen que ver con la protesta política y sí con delitos comunes. La justicia cubana le concedió la libertad bajo fianza el 9 de marzo de 2003, pero pocos días después reincidía en sus delitos. Fue detenido y condenado a tres años de prisión. Pero, en esta ocasión, su sentencia se fue extendiendo a causa de su agresiva conducta en la cárcel. Allí se produce su milagrosa metamorfosis: el maleante repetidamente encarcelado por la comisión de numerosos delitos comunes se convierte en un ardiente ciudadano que decide consagrar su vida a la promoción de la "libertad" y la "democracia" en Cuba. Astutamente reclutado por sectores de la "disidencia política" cubana, siempre deseosa de contar con un mártir en sus magras filas, se lo impulsó irresponsablemente y con total desprecio de su persona a llevar a cabo una huelga de hambre hasta el final, a cambio de quién sabe cuáles promesas o contrapartidas de todo tipo, que seguramente el paso del tiempo no tardará en aclarar.
El caso de esta víctima es aleccionador del talante moral de quienes pugnan por lograr el "cambio de régimen" en Cuba; también de la catadura moral de medios como El País, y otros similares, que ponen su inmenso poder mediático, formador y deformador de conciencias, al servicio de las más innobles causas. Nada dicen, por ejemplo, de que la desgraciada vida del suicida fue vilmente manipulada por la "disidencia" y sus mandantes, que pretenden hacer pasar por un "preso de conciencia" a quien no fue otra cosa que un delincuente común. También ocultan que la sedicente "disidencia política" es, en realidad, algo bien distinto: un grupo de individuos que fueron filmados mientras recibían importantes sumas de dinero en la Sección de Intereses de Estados Unidos en La Habana para financiar sus actividades subversivas de la constitución y las leyes de la república. Es decir, para trabajar conjuntamente con el gobierno de un país que hace medio siglo le ha declarado la guerra a Cuba, que mantiene contra esa isla un bloqueo criminal unánimemente condenado por la comunidad internacional y que ha hecho más de seiscientos intentos de asesinar al líder de la revolución cubana. ¿Cómo reaccionaría Washington si hoy sorprendiera a un grupo de sus ciudadanos recibiendo generosas sumas de dinero, equipos de comunicación y consejos prácticos acerca de cómo derrocar al gobierno de Estados Unidos en la embajada de Afganistán en Washington? ¿Hubiera considerado El País a esos subversivos como "disidentes políticos" o como traidores a su patria? Además, a diferencia de lo ocurrido con los mercenarios cubanos, lo más probable es que los estadounidenses hubieran sido inmediatamente ejecutados, acusados del delito de traición a la patria por su desembozada y antipatriótica colaboración con una potencia agresora.
Pero nada de eso ocurre en Cuba. Y nada de esto se informa a la opinión pública mundial. No hay en la isla cárceles secretas, ni legalización de la tortura, ni traslado de prisioneros para ser torturados en terceros países, ni desaparecidos, ni vuelos ilegales, ni detenciones arbitrarias sin plazos ni juicios y tantas otras prácticas que rutinariamente se llevan a cabo en las mazmorras estadounidenses y que son sistemáticamente silenciadas y ocultadas por la "prensa seria" cuya supuesta misión es informar. Para la prensa del imperio, como El País, todas estas son minucias sin importancia. Negocios son negocios y si hay que mentir se miente una y cien veces con la certeza que otorga la impunidad que le confiere la indefensión, la credulidad o la apatía de sus lectores, aletargados por la propaganda y cuidadosamente desinformados y embrutecidos por los grandes medios. En un luminoso pasaje de ‘El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte’ Marx decía que, ante su orfandad, la contrarrevolución bonapartista extraía sus cuadros y sus héroes del lumpenproletariado de París. Lo mismo ocurre en nuestros días con los autoproclamados adalides de las libertades y la democracia en Cuba y sus compinches en la "prensa seria" internacional. Por eso, si es necesario decir que Barrabás era Jesucristo, se dice. Y si hay que decir que Zapata Tamayo era un "prisionero de conciencia" se dice y sanseacabó.

5 de marzo de 2010
1 de marzo de 2010
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garzón no es un prevaricador


Los crímenes contra la humanidad cometidos por el fascismo español pueden y deben ser juzgados.
[Carlos Slepoy] La impiadosa e inaudita persecución judicial que está sufriendo el juez Garzón excede a su persona. Sin perjuicio del odio visceral que trasluce el dislate jurídico que contra él algunos magistrados han puesto en marcha –con el del Tribunal Supremo, Luciano Varela a la cabeza–, es el propósito de enterrar la posibilidad de juzgar los crímenes del franquismo y lanzar el mensaje urbi et orbi de que hay acabar con esas exóticas ideas de justicia universal y lucha judicial contra la impunidad, lo que explica el desafuero que están cometiendo para pasmo de aquellos que creían que la judicatura española estaba en primera línea en la persecución de genocidios y crímenes de lesa humanidad, a pesar de los enormes retrocesos que en la cuestión vienen produciéndose en los últimos tiempos.
Contraviniendo la Constitución, el Derecho Internacional, el Código Penal, la Ley de Enjuiciamiento Criminal y la doctrina de que un día supo hacer gala el propio Tribunal Supremo, miembros de este Tribunal se proponen inhabilitar a Garzón por cumplir lo que esas normas y esa doctrina establecen. Le imputan, nada más y nada menos, que el haber dictado a sabiendas resoluciones injustas por haber tenido la osadía de pretender investigar crímenes que sólo se justifica que aún no estén juzgados por el pacto de silencio e impunidad que impuso la Ley 46/1977 del 15 de octubre, de Amnistía, cuya declaración de nulidad ha sido instada por el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.
Centralmente es esta ley la que, sostienen estos jueces, impediría investigarlos. Garzón no podía ignorar su existencia, dicen. Lo que no pueden ignorar quienes desde la cúspide del Poder Judicial así opinan es que esta ley se opone a los arts. 10.2 de la Constitución, que establece que las normas relativas a los derechos fundamentales se interpretarán de conformidad con la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados y acuerdos internacionales ratificados por España y 96.1, que señala que dichos tratados formarán parte del ordenamiento jurídico interno; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que determina que serán juzgados y condenados quienes cometan actos delictivos según los principios generales del Derecho Internacional; la Convención de Viena sobre el Derecho de los Tratados, que establece que todo tratado obliga a las partes y debe ser cumplido por ellas de buena fe y que una parte no podrá invocar las disposiciones de su derecho interno como justificación del incumplimiento de un tratado; la Convención contra el Genocidio; la Convención contra la Tortura; la Convención sobre Desaparición Forzada de Personas, todos ellos firmados por España, y otros innumerables acuerdos, principios y normas imperativas del derecho internacional que establecen la imprescriptibilidad de estos crímenes y señalan que sus responsables no pueden en ningún caso beneficiarse de leyes de esta naturaleza. Con su sola cita se podría llenar el espacio de este artículo.
En el colmo del despropósito, el Tribunal Supremo juzgó y condenó al represor argentino Adolfo Scilingo por crímenes de lesa humanidad cometidos en Argentina sosteniendo que los mismos pueden y deben ser perseguidos por ofender a la comunidad internacional, siendo inhábiles cualesquiera leyes que los amparen, y ahora, cuando el mismo juez español que procesó a aquél pretendió investigar delitos del mismo tenor cometidos por españoles contra españoles en España, algunos de sus miembros lo tildan de prevaricador y pretenden juzgarlo.
La ley de amnistía y la negativa judicial a juzgar estos hechos ilícitos no sólo sumen en el descrédito y la vergüenza, nacional e internacional, a los políticos y a la administración de Justicia españoles, sino que también desamparan a los cientos de miles de víctimas que en su día lucharon por defender la legalidad republicana y por eso sufrieron muerte, desaparición y destierro y a sus familiares que, pasados ya casi setenta años del comienzo de la acción criminal, todavía deben seguir reclamando reparación y justicia.
En Alemania, Francia, Italia... se sigue juzgando a los responsables nazis por hechos cometidos aun antes de los que Garzón imputaba a los asesinos españoles. En Argentina, Chile, Uruguay... se juzga a criminales que pretendieron ser amparados con leyes como la ley de amnistía española.
No hay duda de la influencia que han tenido las actuaciones judiciales de Garzón en la lucha contra la impunidad en nuestros países. De ahí la perplejidad de tantos, que sintetizó Juan Gelman en su artículo ‘No se entiende’ publicado en este periódico el 11 de febrero de este año. Pero sí se entiende. Los procesos en España fueron posibles, fundamentalmente, gracias a una enorme movilización social y repercusión pública que, en circunstancias favorables, dobló la voluntad de la amplia mayoría de la judicatura española que se oponía a los mismos. La aparente paradoja no es tal, por consiguiente. Lo que ocurre es que ahora Garzón se metió en su propio patio y eso ya no lo pueden consentir.
Hasta el presidente de la Audiencia Nacional, tribunal en su día admirado mundialmente por declarar la competencia de la Justicia española para investigar y juzgar el genocidio cometido en el cono sur de América, se permite decir que lo de juzgar los crímenes franquistas es opinable y se escandaliza ante la sugerencia de que exista una conspiración para evitarlo y para eliminar a Garzón de la carrera judicial. Nada hay opinable en esta materia: los crímenes contra la humanidad cometidos por el fascismo español pueden y deben ser juzgados. Y si no hay una conspiración –que atraviesa a las más altas instancias del poder político y judicial–, la carga de la prueba les corresponde a quienes lo niegan, ante los inocultables indicios de su existencia.
Hay prevaricadores, pero Garzón no es uno de ellos.
Los prevaricadores son los que se han opuesto a la investigación de los crímenes de la dictadura y los que contra este juez vienen dictando resoluciones manifiestamente injustas. A ellos debe serles aplicada la sanción que el Código Penal español prevé para quienes lo hagan a sabiendas, lo que debe suponerse dadas sus altas investiduras: inhabilitación absoluta para todo empleo o cargo público de diez a veinte años.
A esta pena deberían enfrentarse cuando cese el desvarío y el derecho y la justicia sean restablecidos.

26 de febrero de 2010
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descaminado plan francés


Descaminado plan francés para prohibir el velo completo o burka. Los legisladores debieran guardarse de socavar la libertad religiosa.
Francia es un estado militantemente laico que está decidido a permanecer culturalmente homogéneo. Mientras defiende los valores de la igualdad y los derechos humanos, el país también adopta ampliamente la asimilación: la creencia de que para ser franceses, inmigrantes y nativos por igual deben adherir al idioma, costumbres, valores y modo de vida franceses. Es por eso que Francia prohibió en 2004 los pañuelos de cabeza usados por motivos religiosos en las escuelas públicas y es por eso que ahora los legisladores quieren prohibir que las mujeres lleven burkas o velos que cubren completamente el rostro en lugares públicos como ayuntamientos y oficinas de correos, y posiblemente incluso en parques y en el metro.
Aunque entendemos que Francia quiera proteger su identidad nacional secular, semejante prohibición socavaría la libertad religiosa protegida por su propia Constitución. Además, creemos que el último esfuerzo por restringir el vestido de las mujeres musulmanas es improbable que logre su objetivo, y podría en realidad ser contraproducente.
La semana pasada, tras seis meses de deliberaciones, una comisión parlamentaria de 32 miembros instó a la Asamblea Nacional a aprobar una resolución para condenar el velo completo y redactar una ley para prohibirlo. "Llevar el velo es un reto a nuestra república. Es inaceptable", dijo la comisión. Sugirió además que las mujeres musulmanas con velo no sean admitidas en servicios públicos, como autobuses. El presidente francés Nicolás Sarkozy y el primer ministro François Fillon apoyan la prohibición, que se presume se transformará en ley este año. Eso sería una vergüenza.
Otras justificaciones de la prohibición -como proteger a las mujeres de la opresión, hacer retroceder el extremismo religioso o facilitar la identificación por razones de seguridad- no nos convencen de que sea necesaria. Como el voto en Suiza en noviembre pasado para prohibir la construcción de minaretes, prohibir el velo demostraría una vez más la discriminación religiosa que sufrirían aquellos que creen que el Occidente es un enemigo del islam. De hecho, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Bernard Kouchner, definió la votación suiza como "intolerancia".
No se hace retroceder al extremismo religioso y la opresión con más represión sino fomentando la moderación y la tolerancia. Esta semana, la Iglesia Católica francesa condenó correctamente la prohibición propuesta, advirtiendo que sería percibida como un ataque directo contra los musulmanes franceses y haría más difícil exigir que los países islámicos respeten los derechos de sus minorías religiosas. Cerca del seis por ciento de los 64 millones de franceses son musulmanes, y sólo algunos miles de mujeres usan el burka o el velo completo.
Aunque creemos que el cubrimiento total de la cara es degradante para las mujeres -especialmente cuando el velo no es usado voluntariamente-, no es una violación de los derechos de otros ni una amenaza contra el estado laico. Creemos en la igualdad de género y en la protección de los derechos de las mujeres. Pero tememos que el modo más seguro de aumentar el número de mujeres con velo integral es decirles que no pueden llevarlo.

20 de febrero de 2010
3 de febrero de 2010
©los angeles times 
©traducción mQh
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