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se extiende fanatismo religioso


[Anthony Shadid] El conflicto sunní-chií convierte a la región en un problema peligroso.
El Cairo, Egipto. Egipto es el país musulmán sunní más grande del mundo árabe, pero, como bromeó una vez un escritor, tiene corazón chií y cabeza sunní. En su ecléctica cultura popular, los sunníes disfrutan de los dulces platos con uvas pasas y nueces en la celebración de ashura, el más sagrado festivo musulmán chií. Los ruidosos festivales sacan a los vecinos del Cairo a la calle para celebrar el nacimiento de santos chiíes, una práctica despreciada por los austeros sunníes. El barrio islámico de la ciudad se enmaraña como una enredadera en torno al santuario del imán Hussein, la figura más venerada del islam chií.
La fusión hace que las palabras de Mahmoud Ahmed, un vendedor de libros sentado en el paseo de granito y mármol del santuario, suenen todavía más asombrosas.
"Los chiíes están creciendo", dijo, arqueando sus cejas en una expresión que sugiere tanto temor como asombro.
La creciente división sunní-chií está irritando a un mundo árabe más inestable que nunca. Librado en discursos, columnas de periódicos, rumores que giran en las cafeterías y en internet, y ocasionales estallidos de violencia, el conflicto está siendo modelado predominantemente por los políticos: un Iraq en proceso de desintegración, un Irán en ascenso, la sensación árabe de impotencia y la persistente sospecha de que Estados Unidos tiene intenciones aviesas. Pero la división también ha empezado a filtrarse en el tejido social de la región. El cisma religioso ha existido desde hace mucho, y a veces ha estallado, pero quizás nunca se había revelado de manera tan dura y disruptiva.
Los diarios vienen repletos de informes, a veces apenas rumores incendiarios, sobre la agresividad chií. El diario jordano Ad-Dustour, que respalda al gobierno, escribió el mes pasado sobre una conspiración para difundir el chiísmo desde India a Egipto. Un punto del programa de los conspiradores: asesinar "a personajes sunníes prominentes". El mismo días, un diario argelino informó que los padres estaban llamando al gobierno a poner fin al proselitismo chií en las escuelas. Un columnista egipcio acusó a Irán de tratar de convertir a los sunníes al chiísmo en un intento de hacer renacer la dinastía persa safavid, que subió al poder en el siglo dieciséis.
En Madbuli, una librería de varios pisos en el centro del Cairo, cinco nuevo títulos se exhibían lado a lado en la vitrina: ‘Los chiíes', ‘Los chiíes en la historia', ‘Doce chiíes', etcétera. Un diario a la venta mostraba una advertencia de su editor de que el conflicto podría desembocar en un "holocausto religioso".
"Para nosotros, egipcios", dijo el escritor y analista Mohammed al-Sayid Said, la división religiosa es "completamente artificial. No resuena en nuestra cultura, no refleja nuestra vida diaria. No es parte de nuestra experiencia social o cultural o religiosa". Pero agregó: "Creo que esto puede destruir toda la región".
La violencia sigue confinada a Iraq y, en una escala mucho menor, al Líbano, pero para algunos, la entropía de Iraq de cuatro años ofrece una metáfora de las fuerzas que están emergiendo en toda la región: Allá la gente ha observado el surgimiento de la identidad religiosa, denostado contra ella, responsabilizado a Estados Unidos y otros de inflamarla, para mostrarse luego incapaces de impedir el descenso a la carnicería.
"En la región, esta tensión es el problema más peligroso del momento", dijo Ghassan Charbel, editor del diario árabe al-Hayat.
El cisma entre sunníes y chiíes se remonta al siglo siete, durante los primeros días del islam, cuando estalló una disputa sobre quién debía suceder al profeta Mahoma. Los chiíes creen que los descendientes de la hija de Mahoma, Fátima, y su yerno, Alí, fueron privados de una autoridad ordenada divinamente en una historia llena de martirios e injusticias que todavía influye en la interpretación chií de la fe.
Durante siglos, se desarrollaron diferencias en el ritual, la jurisprudencia y la teología, algunas de ellas nimias. Pero la comunidad chií -la mayoría en Iraq y Bahrain y una minoría considerable en el Líbano, Arabia Saudí y Kuwait- está mucho más marcada hoy por su estatus desprivilegiado que ha sufrido a menudo en el mundo árabe, predominantemente sunní. Durante décadas, el gobierno saudí prohibió los rituales chiíes; una minoría sunní gobierna a una inquieta mayoría chií en Bahrain; los chiíes libaneses, largo tiempo pobres y privados del derecho a voto, se enfrentan a menudo al nacionalismo que aún persiste.
Instancias de conflictos religiosos siembran la historia de la región: Los chiíes se rebelaron en el Bagdad medieval y pandillas rivales saquearon mutuamente sus tumbas y santuarios. El conflicto entre el imperio otomano sunní y la dinastía safavid chií en Persia fue a menudo presentado como una lucha religiosa. La revolución islámica de 1979 en Irán fue retratada en partes del mundo árabe como un resurgimiento chií.
Pero rara vez ha presenciado esta región tantos acontecimientos en tan breve tiempo, que hayan sido interpretados ampliamente bajo el prisma sectario: la formación del gobierno chií de Iraq y el derramamiento de sangre que arrasa con el país; la falta de apoyo de los aliados árabes sunníes de los norteamericanos -Egipto, Jordania y Arabia Saudí- para el movimiento chií Hezbollah en su lucha contra Israel el verano pasado; y más significativamente la percepción entre muchos árabes sunníes de que Saddam Hussein fue ahorcado por chiíes cegados por el ánimo de venganza. El telón de fondo es la creciente asertividad del Irán chií, mientras la influencia de otras potencias regionales, como Egipto y Arabia Saudí, disminuye.
En el Líbano, donde la oposición encabezada por Hezbollah se ha movilizado en un esfuerzo por provocar la renuncia del gobierno, la división sectaria tiñe incluso el espacio urbano. Algunos sunníes están enfadados por el hecho de que una sentada de chiíes en Beirut -una ocupación, a sus ojos- , provenientes de los miserables suburbios del sur, se realiza en un elegante centro reconstruido por el ex primer ministro sunní, Rafiq al-Hariri, que fue asesinado en 2005.
"La política gira en torno a percepciones", dice Jamil Mroue, un editor libanés cuyo padre es chií y su madre, sunní.
Los sentimientos de hoy le recuerdan el fanatismo tribal que marcó otro conflicto sectario: la guerra civil de quince años en el Líbano, que, entre otras divisiones, opuso a cristianos contra musulmanes antes de su fin en 1990.
"Ciertamente evoca los sentimientos de la guerra civil, cuando el Líbano empezó a desintegrarse", dice Mroue. Lo calificó de "espantoso, porque sé que existe la posibilidad de que vuelva a ocurrir".
"Al final de todo", agregó, "la gente lo a va a pensar y preguntar: ‘¿Por qué pasó todo esto?'"
En países predominantemente sunníes, como Egipto, donde la política fue durante mucho tiempo definida por el nacionalismo árabe o el islam político, las ideas viscerales de identidad religiosa siguen siendo, de algún modo, raras. No es inusual oír decir a algunos que sólo de adultos se dieron cuenta de que eran sunníes. Antes de eso, se identificaban simplemente como musulmanes. Incluso en el Líbano, pese a sus divisiones comunales, los matrimonios mixtos no son raros y hay una larga tradición de sunníes que se convierten en chiíes para que sus hijas puedan recibir una parte más equitativa de la herencia, según la ley chií.
En la región, Hezbollah y su líder, Hasan Nasrallah en particular, todavía ganan seguidores debido a su actuación en la guerra del verano pasado en el Líbano.
"Tienes que reconocer que ha luchado contra los israelíes", dice Abdel-Hamid Ibrahim sobre Nasrallah, parado en un desvencijado puesto en una acera del Cairo, hirviendo agua para el té. En la parte de arriba colgaban retratos de dos símbolos egipcios: los cantantes Um Kalthoum y Abdel-Halim Hafez. "Los llevo en el corazón", dice. Junto a ellos había un retrato de Nasrallah. "Un símbolo de la resistencia, el hombre que derrotó a Israel", dice el retrato.
"Hasan Nasrallah, hizo frente a los israelíes", dice Musin Mohammed, un cliente.
"¿Quién estaba con él?", pregunta Ibrahim, moviendo la cabeza. Apunta hacia el cielo. "Nuestro Señor".
Ambos se burlaron de las tensiones sectarias.
"Hay un proverbio que dice: ‘Divide y conquista'", dice Mohammed. "Sunníes y chiíes... ¿no son ambos musulmanes? ¿Qué es lo que los divide? ¿Quién quiere dividirlos? ¿A quién le interesa dividirlos?", preguntó.
"Le interesa a Occidente", se respondió. "Y quienes dirigen todo son Estados Unidos e Israel". Hizo una pausa. "Y Gran Bretaña".
Esa convicción sobre la manipulación occidental es a menudo manifestada por clérigos y activistas chiíes que dicen que Estados Unidos incita el sectarismo como un modo de reducir la influencia de Irán. En los últimos años, algunos de los comentarios más provocadores han provenido de aliados de Estados Unidos en la región: el presidente de Egipto cuestionó la lealtad de los chiíes a sus países, el rey de Jordania expresó su preocupación por el creciente chií de Irán al Líbano, y el mes pasado el rey Abdullah, de Arabia Saudí, denunció lo que llamó el proselitismo chií.
La acusación recibió una larga réplica de Nasrallah. "Francamente, el objetivo de decir esas cosas es el de fomentar el conflicto", dijo en un discurso. Desechó las acusaciones contra el proselitismo iraní o la emergencia de un creciente chií.
"La gente en la región se queja siempre sobre la influencia chií. Siempre oyes decir: ‘El creciente chií, el creciente chií'. Es solamente un creciente. ¿Qué me decís de una luna llena sunní?", dijo Nimr al-Nimr, un clérigo chií de Awamiya, una ciudad el este de Arabia Saudí, que pasó cinco días detenido por la policía por exigir que se enseñara en su región, que es predominantemente chií, un currículum chií.
Los chiíes forman menos del quince por ciento de la población de Arabia Saudí, muchos de ellos en la Provincia Oriental. La austera elite religiosa sunní los considera herejes. Un clérigo, Abdul Rahman al-Barak, considerado cercano a la familia real, llamó a los chiíes "infieles, apóstatas e hipócritas".
"En Palestina hay conflictos entre sectas sunníes -Hamas y Fatah-, hay en Somalia, en Darfur. Eso no es sectarismo", dice Hassan al-Saffar, el más importante clérigo chií de Arabia Saudí. "Hay una campaña contra los chiíes. ¿Por qué se inflaman los sentimientos anti-chiíes en momentos en que Estados Unidos está tratando de poner presión sobre Irán, por sus ambiciones nucleares?"
Hace poco, en El Cairo, Hassan Kamel tomaba un azucarado té en una cafetería junto al santuario del imán Hussein, el nieto del profeta, que murió en una batalla en 680 en lo que es ahora Iraq. Se cree que en el santuario se guarda su cabeza cercenada. Al otro lado de la calle está al-Azhar, una de las instituciones académicas más destacadas del islam sunní, fundada, irónicamente, por la dinastía chií fatimid que gobernó Egipto durante doscientos años, hasta 1169. En una pared del santuario hay un dicho atribuido al profeta y entonado a menudo durante celebraciones chiíes. "Hussein es mío, y yo soy de Hussein". Kamel me mostró las puertas, coronadas con una inscripción del Corán; chiíes y sunníes por igual lo veneraban en el santuario, juntos, dijo.
Unos gatos cruzaron corriendo el sucio suelo de la cafetería. Se preguntó en voz alta sobre guerras pasadas que han fragmentado a Oriente Medio.
"Durante toda su vida, los egipcios, sin excepción, han sufrido muchas crisis, catástrofes y problemas", dijo. Mencionó las guerras de 1948, 1956, 1967, 1973. "Pero tienen un don. Es un don de Dios. Es la capacidad de olvidar".
Luego habló sobre el resto de la región, y si este estallido de conflicto y tensión también pasaría.
"Pueden olvidar tanto como que no", dijo. "Ahora mismo, nadie sabe lo que va a pasar".

Faiza Saleh Ambah en Jiddah, Arabia Saudí, contribuyó a este reportaje.

11 de febrero de 2007
©washington post
©traducción mQh
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progresistas en el mundo árabe


[Neil MacFarquhar] Sentimientos antinorteamericanos aísla a reformistas árabes.
Damasco, Siria. Reformistas moderados en el mundo árabe dicen que el apoyo estadounidense a Israel en su guerra contra Hezbolah los pone a la defensiva, contaminándoles por asociación y reforzando a los partidos islámicos.
La misma gente a la que Estados Unidos quería alentar en su fomento de la democracia desde Bahrain a Casablanca se sienten, al contrario, atrapados por una política que ahora ridiculizan por "destruir la región, para salvarla".
En realidad, muchos de esos reformistas que han estado trabajando por los cambios en sus propias sociedades -a menudo aislados, acosados por la seguridad del estado, o marginados, para comenzar- dicen que la política estadounidense estrangula los nacientes movimientos reformistas y apuntala a los gobiernos represivos que siguen siendo los mejores aliados de Washington en la región.
"Tenemos miedo de este ‘nuevo Oriente Medio'", dice Ali Abdulemam, ingeniero informático de 28 años que fundó la página web política más popular de Bahrain. Se estaba refiriendo a la declaración, el mes pasado, de Condoleezza Rice, de que la situación en el Líbano representaba los dolores de parto de un "nuevo Oriente Medio".
"Hablan de cómo van a reorganizar la región, pero no hablan nunca de la gente", dijo Abdulemam. "Nunca mencionan lo que quiere la gente. Simplemente le están dando más poder al sistema que ya existe".
Su queja es compartida por reformistas en todo el mundo árabe.
Fawaziah al-Bakr, que promueve el cambio educacional y los derechos de las mujeres en Arabia Saudí, ayudó a las mujeres a protestar contra los ataques israelíes. "Nadie habla de reformas en Arabia Saudí", dijo. "Hablamos de la guerra, de qué hacer con la guerra. No se menciona siquiera que Estados Unidos ya perdió, moralmente hablando, debido a la guerra. Incluso si te gusta la gente y la cultura de Estados Unidos, es indefendible".
La declaración de Rice -durante una breve parada en Beirut el mes pasado- está siendo yuxtapuesta con la carnicería que está teniendo lugar para unir la oposición popular contra todo lo que suene a americano.
Israel continúa bombardeando el Líbano, a pesar del hecho de que la violencia podría desestabilizar al gobierno del primer ministro Fouad Siniora, elegido el año pasado en unas elecciones que Estados Unidos saludó como un ejemplo de democracia para Oriente Medio. El ejemplo previo había sido Iraq, observan los críticos mordazmente.
Abdulemam teme, en Bahrain, que una nueva propuesta de ley antiterrorista, pueda limitar severamente las discusiones espontáneas en BahrainOnline.org, su página web, o quizás cerrarla, debido entre otras cosas a la ley que prohíbe los ataques contra la constitución. Hace poco el gobierno cortó el acceso a Google Earth, dijo, debido probablemente a que muchos ciudadanos estaban enfocando los palacios reales.
Miembros de organizaciones políticas islámicas en particular, consideran las acciones estadounidenses un regalo del cielo, porque ponen en problemas a sus propios gobiernos represivos y alejan a sus capitales de Washington, dicen reformistas.
Los estadounidenses "querían empañar a la resistencia y los movimientos de oposición islámicos, pero en realidad les han hecho un favor", dijo Sobhe Salih, un abogado de 53 años de la Hermandad Musulmana, que se instaló en el parlamento egipcio en las elecciones de otoño pasado tras captar el 20 por ciento de los escaños. "La han convertido en más atractiva para el público, en un rayo de esperanza para todos los que rechazan las políticas estadounidenses".
Si se mira al azar alguna pantalla de televisión -y están en todas partes-, la pantalla estará probablemente mostrando el caos en el Líbano, Bagdad o Gaza. Usualmente toma un minuto descifrar qué ciudad es la que arde. Los canales de televisión por satélite más populares, como Al Yazira, dicen repetidas veces que la carnicería la causan las políticas y armas estadounidenses.
Antes de 2003, la fase más difícil para los movimientos islámicos era el reclutamiento, observó Mohamed Salah, experto en movimientos extremistas musulmanes que escribe para el diario pan-árabe Al Hayat de El Cairo. Para que alguien que era simplemente devoto se convirtiera en extremista se necesitaba bastante tiempo. Pero ahora no, dijo. Los gobiernos árabes moderados, que han buscado durante treinta años la paz con Israel, han visto cómo se socava esa política a ojos del público por la capacidad demostrada por Hezbolah en sus ataques contra Israel.
"El reclutamiento se ha convertido en una de las fases más fáciles debido a que la gente ya está predispuesta psicológicamente contra los estadounidenses, Occidente e Israel", dice Salah.
Los reformistas moderados dicen que son motivados por lo que consideran las inconsistencias de la política para Oriente Medio de Washington. En el Líbano, por ejemplo, vive un clérigo de turbante negro que dirige una milicia secreta cercana a Irán. Se llama el jeque Hasán Nasrallah y Washington aprueba la campaña de bombardeos de Israel para destruir su organización, Hezbolah.
Hay otro clérigo chií de turbante negro que dirige otra milicia clandestina cercana a Irán. Se llama Abdel Aziz al-Hakim y vive en Iraq. Es un amigo de los americanos.
"En Iraq el mismo tipo de grupo es un aliado de Estados Unidos, mientras que en el Líbano son enemigos a los que hay que combatir", dice Samir al-Qudah, ingeniero civil jordano. "No tiene nada que ver con las reformas, sino con los intereses de los norteamericanos".
La abrumadora conclusión que sacan los árabes es que los intereses de Washington residen con Israel, sin importar sus costes.
"Los que piden una reforma democrática en Egipto han descubierto que una vez que los intereses israelíes entran en conflicto con la reforma política en Oriente Medio, Estados Unidos favorece instantáneamente los intereses de Israel", dijo Ibrahim Issa, el editor del semanario Al Dustour, que corre el riesgo de recibir una sentencia de cárcel por insultar al presidente Hosni Mubarak de Egipto.
Los reformistas agregan invariablemente que un esfuerzo creíble de resolución del problema de los territorios árabes ocupados por Israel, que creen que es la fuente del extremismo, ni siquiera parece estar en el radar de Washington.
El jeque Nasrallah es particularmente apto a la hora de explotar la indignación del público por las muertes de civiles en el Líbano, destacando lo tornadizo que puede ser Estados Unidos como amigo.
"No olvidéis que este es el gobierno de Estados Unidos, amigo, aliado y amante del Líbano", se burló el jueves en un discurso. También emitió una mordaz advertencia a otros líderes árabes, de que si siguen gastando más tiempo en defender sus tronos antes que a los libaneses, podrían ser ellos mismos destronados.
Los reformistas también se preocupan de que el caos en Iraq haya nutrido la percepción del público de que un déspota puede al menos mantener a raya la violencia y las diferencias religiosas. En Siria, las noticias de la guerra apagaron la consternación por el encarcelamiento de activistas en una campaña represiva del gobierno sirio esta primavera.
Omar Amiralay, un director de documentales sirio, estaba en un taxi hace poco cuando oyó un boletín de noticias en la radio sobre un atentado suicida en Bagdad que costó la vida a 35 personas.
"Los americanos deberían sacar a Saddam de la cárcel durante una semana", dijo, citando al chofer, bromeando a medias. El dictador mataría a un millón de iraquíes y "todo volvería a estar en paz nuevamente".
Amiralay está convencido de que los cambios se producirán solamente con un estallido desde dentro, pero la gente no tiene tiempo de pensar sobre eso ahora. "La incertidumbre es la orden del día", dijo.
Existe la sensación general en la región de que el gobierno de Bush avinagró la causa de la democracia debido a los éxitos de los partidos islámicos en las últimas elecciones en Egipto y Palestina -la Hermandad Musulmana en Egipto y Hamas, un retoño de la hermandad, en los territorios palestinos.
Por primera vez durante mucho tiempo, los analistas políticos están de nuevo comparando a gobiernos como el de Mubarak en Egipto con el del último sha de Irán -un déspota aislado que ignoraba los amplios anhelos de la población mientras cortejaba los favores del gobierno estadounidense. Algunos gobernantes están claramente nerviosos.
El Rey Abdulá de Jordania criticó inicialmente a Hezbolah cuando estalló el conflicto hace casi un mes, pero en una entrevista con la BBC el jueves desdeñó los planes americanos en torno a un ‘nuevo Oriente Medio'. El monarca dijo que ya no podía "leer el mapa político" de la región debido a las negros nubarrones que lo cubrían desde Somalia hasta el Líbano.
Este tipo de actitud puede ser ventajosa, dicen los reformistas, permitiendo que haya más espacio para el debate público a medida que los líderes tratan de mitigar la indignación de la gente. Pero dudan que los moderados encuentren una plataforma parecida.
"No hay espacio en la calle para moderados como yo", dice Qudah, el ingeniero civil de Jordania. "Todos estamos contra los ataques israelíes del Líbano, pero yo también estoy contra los ataques contra ciudades en Israel donde también viven civiles. Si tratara de decir en público lo que le estoy diciendo a usted por teléfono, me golpearían. En una guerra como esta, los extremistas son los dueños de las calles".

Mona el-Naggar contribuyó al reportaje de este artículo desde El Cairo.

8 de agosto de 2006
©new york times
©traducción mQh
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la milicia de hezbolah


[Steven Erlanger y Richard A. Oppel Jr.] Una disciplinada Hezbolah sorprende a Israel por su adiestramiento, tácticas y armas.
Jerusalén, Israel. El 26 de diciembre de 2003, un fuerte terremoto echó por tierra la mayor parte de Bam, una ciudad al sudeste de Irán, matando a 35 mil personas. Los aviones de cargo transportando ayuda llegaron de todas partes, incluso de Siria.
De acuerdo a la inteligencia militar israelí, los aviones volvieron a Siria con armas sofisticadas, incluyendo misiles de rango medio Zelzal, que los sirios pasaron a Hezbolah, el grupo miliciano chií del sur del Líbano, creado por Irán y otros patrocinadores.
Mientras el ejército israelí entra en su cuarta semana de lucha para derrotar a Hezbolah antes de una tregua, los cargos son una indicación de cómo -con la ayuda de sus principales patrocinadores, Irán y Siria- la milicia ha mejorado significativamente su arsenal y estrategias en los seis años que han pasado desde que Israel pusiera abruptamente fin a su ocupación del sur del Líbano.
Hezbola es una milicia adiestrada como un ejército y equipado como un estado, y sus combatientes "no se parecen en nada a Hamas o a los palestinos", dijo un soldado que acababa de volver del Libano. "Están adiestrados y están altamente capacitados", dijo, y equipados con chalecos antibala, prismáticos infrarrojos, buenas comunicaciones y, a veces, uniformes y municiones israelíes. "Nos sorprendieron a todos".
Gran parte de la atención se ha concentrado en el asombroso almacenamiento de Hezbolah, de misiles hechos en Siria e Irán, de los cuales unos tres mil ya han caído en territorio israelí. En los ataques han muerto más de 48 israelíes -incluyendo 12 soldados de la reserva matados el domingo, que estaban reunidos en un kibutz en Kfar Giladi, al norte de Israel, cuando estallaron proyectiles, y tres que perecieron el domingo durante otra descarga de artillería en Haifa.
Pero Irán y Siria también utilizaron esos seis años para armar a Hezbolah con equipos de comunicación por satélite y algunas de las mejores armas de la infantería moderna, incluyendo armas antitanques modernas de fabricación rusa y explosivos plásticos Semtex, y los han preparado adecuadamente para usarlas efectivamente contra el blindaje israelí.
Ha sido el hábil uso de esas armas en manos de Hezbolah -en particular los misiles antitanques guiados por láser y por electroerosión, con ojivas dobles cargadas de explosivos y con un alcance de unos tres kilómetros de distancia- lo que ha causado la mayoría de las bajas entre las fuerzas israelíes.
Los misiles antitanque rusos de Hezbolah, diseñados para penetrar blindados, han dañado o destruido vehículos israelíes, incluyendo su tanque más moderno, el Merkava, en un veinte por ciento de los impactos, dijeron comandantes de tanques israelíes en el frente.
Hezbolah también ha utilizado misiles antitanque, incluyendo los menos modernos Sagger, para disparar desde una distancia contra casas en las que se cobijan tropas israelíes, con los que se produce una primera explosión que rompe las paredes de concreto y una segunda que estalla una vez en el interior.
"Los usan como artillería para atacar casas", dijo el general de división Yossi Kuperwasser, hasta hace poco director de análisis de inteligencia del ejército israelí. "Los pueden usar con precisión hasta tres kilómetros, y penetran tanto una pared de cemento de una casa como el blindaje de un tanque".
Los milicianos de Hezbolah usan túneles para emerger rápidamente en la superficie, disparar un misil antitanque desde sus hombros y volver a desaparecer, del mismo modo en que los rebeldes chechenos utilizaban las alcantarillas de Grozny para atacar las columnas de blindados rusos.
"Sabemos lo que tienen y cómo trabajan", dijo el general Kuperwasser. "Pero no sabemos dónde están los túneles. Así que pueden provocarnos sorpresas tácticas".
Los misiles antitanques son el "principal temor" de las tropas israelíes, dijo David Ben-Nun, 24, recluta de la brigada Nahal que acababa de volver tras una semana en el Libano. Las tropas no se cobijan ya en las casas, debido a las brigadas invisibles de misiles. "No siquiera los puedes ver", dijo.
Con comunicaciones modernas y una red de túneles, almacenes, barracas y bombas trampa escondidas debajo del terreno montañoso, el adiestramiento, tácticas y armamento moderno explican, dicen los israelíes, por qué están avanzando con tantas precauciones.
Los israelíes dicen que la milicia de Hezbolah cuenta con dos mil a cuatro mil combatientes, un pequeño ejército con el que colabora un círculo más grande de colaboradores ocasionales que proporcionan apoyo logístico y almacenan las armas en casas y en edificios civiles.
Hezbolah opera como una fuerza revolucionaria dentro de poblaciones civiles, haciendo difícil combatirla sin ocupar o bombardear zonas civiles. Tras recibir órdenes, algunos milicianos emergen para recoger lanzamisiles, dispararlos y volver a desaparecer. Sin embargo, sus contingentes son limitados cuando se los compara con el ejército israelí y son gruesamente del tamaño de una división siria.
Los Guardias Revolucionarios iraníes han enseñado a Hezbolah a organizarse como ejército, con unidades especiales de inteligencia, armas antitanque, explosivos, ingeniería, comunicaciones y lanzamiento de proyectiles.
También han enseñado a Hezbolah cómo apuntar misiles, fabricar ‘artefactos explosivos improvisados' -usados con devastadores efectos contra los blindados estadounidenses en Iraq- y, dicen los israelíes, incluso a disparar un C-802, un misil tierra-mar que Israel no sabía que estaba en manos de Hezbolah.
Oficiales de la Fuerza Aérea Iraní han hecho repetidos viajes al Líbano para enseñar a Hezbolah a apuntar y disparar misiles iraníes de alcance medio, como los Fajr-3 y Farj-5, de acuerdo a funcionarios de inteligencia en Wahington. Los estadounidenses dicen que creen que un pequeño número de operativos iraníes sigue en Beirut, pero no tienen pruebas de que estén dirigiendo los ataques de Hezbolah.
Pero, de momento, Irán no ha permitido que Hezbolah dispare sus misiles Zelzal, dicen los israelíes.
El ex presidente sirio Hafez al-Assad, fue cuidadoso al restringir los suministros de Hezbolah, pero su hijo Bashar, que asumió en 2000 -el año en que Israel se retiró del Líbano-, ha vuelto a abrir sus almacenes.
Siria ha dado a Hezbolah misiles de 220 y 302 milímetros, ambos equipados con grandes ojivas antipersonales. Siria también ha dado a Hezbolah sofisticadas armas antitanques, vendidas al ejército sirio por Rusia.
Esas armas, dijo el general Kuperwasser, incluyen las Metis rusas y los RPG-29. Los RPG-29 tienen proyectiles antitanque, que penetran los blindajes, y proyectiles antipersonales. Los Metis son todavía más modernos, son guiados por electroerosión, tienen alcance medio con altas velocidades, y pueden disparar hasta cuatro rondas en un minuto.
Algunos israelíes creen que Siria ha proporcionado a Hezbolah misiles rusos Kornet, guiados por láser, con un alcance de unos cinco kilómetros, que Hezbolah puede estar reteniendo, esperando que Israel avance más en el sur de Líbano y estire sus líneas de abastecimiento.
A pesar de las quejas de Israel ante Moscú, "Rusia decidió hacer la vista gorda", dijo un alto funcionario israelí.
En sus primeros años, Hezbolah se especializaba en atentados suicidas y secuestros. Estados Unidos la acusa de los atentados suicidas contra la embajada estadounidense en Beirut y las barracas de la marina en 1983. El grupo se hizo popular en el sur chií, donde estableció un mini-estado, reservándose además una porción del sur de Beirut, conocida como la Plaza de la Seguridad o Plaza de los Mártires.
Hasta 2003, Timur Goksel era un alto asesor político de Unifil, la Fuerza Interina de Naciones Unidas en el Líbano, que controla la frontera. Dice que conoce bien a Hezbolah y habla con admiración de su entrega y organización.
Después de pelear contra los israelíes durante dieciocho años, "ya no temen al ejército israelí", dijo en una conferencia telefónica desde Beirut. La capacidad de Hezbolah para hostigar a los israelíes y estudiar sus lados flacos, como la tendencia a montar patrullas periódicas y caravanas de tropas en vísperas del sábado judío, dieron a Hezbolah la certeza de que el ejército israelí "es un ejército humano normal, con vulnerabilidades y disparates normales", agregó.
Ahora, sin embargo, "Hezbolah tiene mejores armas que antes", dijo.
Goksel describe a Hezbolah del mismo modo que los israelíes: cuidadosa, paciente, dedicada al recabamiento de inteligencia, estudiosos de la guerra de guerrillas desde la Revolución Americana hasta Mao y el Vietcong, y respetuosa del poder de fuego y movilidad de los israelíes.
""Hezbolah ha estudiado las guerras asimétricas, y tienen la ventaje de pelear en su propio terreno, entre su gente, donde están preparados para lo que están haciendo los israelíes -entrar al territorio cobijados detrás de blindados", dijo Goksel.
"Tienen personal fijo y hacen planificaciones de largo plazo, algo que los palestinos no hacen nunca", dijo. "Observan durante dos meses y apuntan cualquier detalle del enemigo. Revisan sus operaciones -qué hicieron mal, cómo respondió el enemigo. Y tienen tácticas flexibles, sin una estructura de comando jerárquica demasiado abultada".
Eso los hace muy diferentes de los ejércitos árabes adiestrados por los soviéticos que los israelíes derrotaron en 1967 y en 1973, que tenían una estructura de comando que era muy poco disciplinada.
En 1992, cuando asumió el jeque Nasán Nasrallah, organizó a Hezbolah en tres comandos regionales con autonomía militar. Beirut y el consejo de Hezbolah determinaban la estrategia, pero no trataban de dirigir la guerra. El jeque Nasrallah -del que se dice que contaba con el asesoramiento del misterioso Imad Mugniyeh, un ingeniero buscado por Estados Unidos por cargos de terrorismo- mejoró de ese modo la seguridad de Hezbolah y limitó sus comunicaciones.
Levantó unidades separadas en gran parte autónomas que viven entre civiles, con fuerzas de reserva locales para aportar apoyo, suministros y logística. Los comandantes de Hezbolah viajan en viejos coches sin guardaespaldas o escoltas y no llevan ningún distintivo visible, dijo Goksel, con el fin de mantener ocultas sus identidades.
Hezbolah empezó colocando bombas en las calles, que hacía detonar por cables, que los israelíes aprendieron a neutralizar con accesorios de electroerosión amarrados a sus vehículos. Luego Hezbolah utilizó detonadores de radio, que los israelíes también neutralizaron, y luego celulares detonadores, y luego un doble sistema de celulares y luego un detonador fotocelular -como el rayo que abre las puertas automáticas. Ahora, dijo Goksel, Hezbolah está trabajando con detonadores de presión, enterrados en las calles, aunque los israelíes hayan soldado láminas de metal a la parte inferior de sus tanques.
Hezbolah, dice Goksel, tiene tácticas claras cuando trata de que Israel lleve más lejos en el Líbano a sus tropas. "No pueden ganarle a los israelíes en terreno abierto", dijo. "Así que lo que quieren es atraerlos hacia campos de batalla bien preparados", como Aita al Shaab, donde han habido feroces tiroteos.
Agregó: "Ellos saben que los israelíes dependen demasiado de los blindados, que son para ellos un blanco importante. Y quieren que los israelíes estiren sus líneas de aprovisionamiento, lo que las hace más fáciles de atacar".
Los tanques israelíes han recibido el impacto de bombas de carreteras plantadas con antelación, pensando que los blindados israelíes cruzarían la frontera, dijo un teniente de tanque, que, obedeciendo las normas militares, sólo entregó su nombre de pila, Ohad.
Al menos dos soldados de su unidad han sido heridos por francotiradores que disparan con precisión a 600 metros. Los combatientes de Hezbolah "no son simplemente campesinos que han recibido armas", dijo. "Son persistentes y bien preparados".
Otro comandante de compañía, un capitán que dijo que su nombre era Edan, dijo que un veinte por ciento de los misiles que han impactado tanques israelíes han penetrado los blindados Merkava y/o causado bajas de otro modo.
El coronel Mordechai Kahane, comandante de la unidad Egoz, de la brigada Golani, debió hacer frente a Hezbolah, dijo el diario israelí Yediot Aharonot sobre uno de los peores días de la guerra para Israel, cuando su unidad entró en Marun al Ras durante el día y perdió a un oficial de alto rango y a varios hombres.
"Hezbolah nos hizo bajar la guardia" para construir sus fortificaciones, dijo. "No sabíamos con qué nos íbamos a encontrar. Nos decíamos: ‘Seguro que tienen un bunker, una cueva', pero la preparación [de Hezbolah] nos sorprendió. Un depósito de armas de Hezbolah no es una cueva natural. Es un hoyo de concreto con escaleras de emergencia y rutas de escape. No sabíamos que estaban tan bien organizados".
El general Kuperwasser también respeta la habilidad de Hezbolah "para preparar el campo de batalla", pero dice: "Estamos haciendo progresos y hemos matado a un montón de ellos, y muchos de ellos se están entregando en los enfrentamientos y los hacemos prisioneros, y eso es un indicio muy importante".

Steven Erlanger informó desde Jerusalén y Richard A. Oppel Jr. desde Zarit, Israel. Mark Mazzetti contribuyó desde Washington.

[A la fecha, la aviación israelí ha matado a más de mil civiles libaneses].

6 de agosto de 2006
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identidad y guerra


[Edward Rothstein] En Oriente Medio, las lealtades son sobre todo religiosas.
Normalmente, la guerra exige absoluta claridad sobre la identidad. ¿Quién eres tú y de qué lado estás? ¿Amigo o enemigo? ¿Combatiente o transeúnte? ¿A quién debes lealtad, por quién estás dispuesto a morir y quién es responsable de tus acciones? Esta es una de las razones de la existencia de los uniformes militares: buscan establecer una identidad en medio de la densa neblina de la guerra. Con uniformes, las diferencias humanas se descartan. La lealtad se abstrae en uniformidad.
Pero las guerras que se están librando en el Líbano representan una forma más novedosa de guerra. Para Hezbolah, la confusión de la identidad no es un accidente, sino una táctica importante: no hay uniformes, ni separación entre ejército y población civil, ni claridad sobre la responsabilidad última. Para su rival hay siempre preguntas. ¿Qué se está atacando? ¿Un edificio de apartamentos o un depósito de armas? ¿El camión de una granja o un transporte de municiones? ¿Un combatiente o un civil? ¿Y quién es responsable por los actos de Hezbolah?
La guerra terrorista sacrifica deliberadamente a inocentes y confunde deliberadamente a los inocentes. Sabe que el enemigo tiene principios morales que se verá obligado a violar; las víctimas sirven a una causa mayor, confundiendo al enemigo e inspirando a los cuadros leales.
Los problemas de identidad también surgen bajo otras formas en estas guerras. A pesar de sus recurrentes enfrentamientos militares, desde 1973 que Israel no se ha visto implicado en una guerra de estados-naciones, cuando casi perdió una ese año tras el sorpresivo ataque de Egipto. Y aunque esas guerras todavía puedan ocurrir en Oriente Medio (como lo demuestran el millón o más de bajas de la guerra entre Irán e Iraq) y aunque Estados Unidos pensara, erróneamente, que iniciaba una tradicional guerra entre estados-naciones cuando invadió Iraq, la guerra terrorista, con su deliberada confusión de categorías e identidad, es ahora la norma antes que la excepción.
Esto puede tener que ver con la naturaleza misma de Oriente Medio. El historiador Bernard Lewis ha señalado que en Europa casi todos los países llevan un nombre asociado con un grupo étnico particular y una lengua particular, una antigua conjunción de "nomenclaturas étnicas, territoriales y lingüísticas". Este modo de pensar sobre el estado fue impuesto en Oriente Medio mediante el poderío imperial, pero como señala Lewis en su libro ‘The Multiple Identities of the Middle East', sólo tres países allá -Turquía, Arabia Saudí e Irán- se parecen en algo al modelo europeo. (Israel, con los orígenes diversos de sus poblaciones judías, es un caso más complicado).
Lewis sugiere que aunque muchas de las ideas que Occidente asocia con el estado-nación, incluyendo conceptos de ciudadanía (que evolucionaron de Grecia y Roma antiguas), encontraron finalmente su camino hacia Oriente Medio, donde arraigaron de manera muy diferente, en parte debido a las ramificaciones políticas del islam. Señala que en Occidente, la nación es la principal categoría de lealtad, bajo la cual se reúnen las afiliaciones religiosas; pero en Oriente Medio ocurre exactamente lo contrario. La religión es el principio unificador, y las naciones se asocian bajo su bandera. Como señala Lewis, es difícil imaginar a los líderes de los países budistas de Asia o las naciones luteranas del norte de Europa reunirse en cónclaves del modo en que lo hacen los líderes de países musulmanes: con poca cosa más que la religión que los une.
Las consecuencias son profundas, especialmente cuando estados-naciones como el Líbano se han debilitado por décadas de guerras en las que los principios de lealtad no se levantaron sobre identidades nacionales sino sobre identificaciones transnacionales de comunidades religiosas diversas. Todo tipo de identidades pueblan el tejido social, no solamente en un país sino en otros, cada uno reaccionando a influencias que se extienden bastante más allá de sus fronteras.
En algunos casos, esas tendencias pueden ser más poderosas que los nacionalismos más patrioteros. Puede incluso incorporar ‘escudos humanos' inocentes en un inútil sacrificio por la causa de la guerra terrorista.
La guerra terrorista también a menudo es una guerra por encargo, porque no tiene relación con un estado; se reclama de una autoridad mayor. Como en el caso de Hezbolah hoy, su apoyo puede provenir de una variedad de socios silenciosos y no tan silenciosos, desde organizaciones ‘de caridad' en Occidente a gobiernos en Oriente Medio. Lo que complica todavía más las cosas, y hace que estas guerras sean tan difíciles, es que las tendencias de creencias que crean las guerras terroristas también pueden orientarse de maneras muy peculiares, de modo que pueden coincidir con otras tendencias en algunos momentos, y apoyarlas o dejarlas de lado frenéticamente. Las alianzas cambian, pero sólo porque las tendencias no son siempre visibles.
Cuando Israel respondió primero a los ataques de Hezbolah, por ejemplo, recibió sorprendentes expresiones de apoyo de países que normalmente lo condenan. Los gobernantes en Arabia Saudí y otros países árabes temían la creciente fortaleza de Irán y del poder chií en Oriente Medio. La lealtad sunní -y la hostilidad hacia Hezbolah- triunfó, al menos por un tiempo, sobre la lealtad contra Israel.
Pero en el Líbano, las tendencias están más anudadas. En 1982, Israel invadió el Líbano para eliminar el mini-estado que había establecido allí la Organización para la Liberación de Palestina. (Apenas cinco meses después de esa devastadora y difícil guerra, el armamento de la OLP requisado por los israelíes llenó 4.330 camiones). Como señala Vali Nasr en su último libro, ‘The Shia Revival: How Conflicts Within Islam Will Shape the Future' (Norton), la ocupación del sur del Líbano fue tan traumática para los chiíes que "saludaron al ejército invasor israelí como libertadores, con flores, con los brazos abiertos".
Eventualmente los chiíes libaneses se volvieron contra Israel -algunos están peleando en Hezbolah ahora-, pero también retuvieron su indignación con los sunníes palestinos, incluso después de la retirada de Israel de áreas del Líbano. Durante tres años, observa Nasr, la milicia chií Amal realizó violentos ataques contra los campos de refugiados palestinos. Esa misma lealtad chií, sin embargo, no fue suficientemente fuerte como para soportar otras diferencias con Hezbolah. Los combates de 1988 entre las principales fuerzas chiíes en el Líbano -Amal y Hezbolah-dejaron miles de muertos e incluyeron muchas atrocidades.
Las tendencias de lealtades transnacionales, entonces, son tan difíciles de interpretar como las hojas de té, ya que hay muchos factores que influyen en sus cambiantes posiciones: mucho más que los estados-naciones, que tienden a ser más inertes y deben asumir mucho más responsabilidad en la escena internacional. Agréguese a esto la confusión de las identidades en tiempos de guerra y el deseo de los observadores de simplificar los acontecimientos con modelos conceptuales ajenos.
Pero una exigencia para hacer la guerra contra el terrorismo es tomar la declaración de principios del enemigo con absoluta seriedad, por más horrorosa y ominosa que sea, porque es aquí donde su identidad está más allá de discusión. Y a ese respecto, lamentablemente, Hezbolah no ha tenido nunca pelos en la lengua.

7 de agosto de 2006
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dinero y democracia en irán


[Akbar Ganji] Que Estados Unidos destine dineros para el movimiento democrático iraní perjudica terriblemente al movimiento.
Teherán, Iran. En febrero, la secretaria de estado Condoleezza Rice pidió 75 millones de dólares al Congreso para ayudar la oposición democrática en Irán. En Irán, su petición fue ampliamente comentada en la prensa y en círculos de oposición. Se hizo particularmente polémica después de que un artículo en el New Yorker del 6 de marzo, sugiriera que este dinero podría ser utilizado para un intento de derrocar al régimen de Teherán con la ayuda de los demócratas iraníes, especialmente los que están viviendo en el extranjero.
Salí de la cárcel en medio de esas discusiones. Estuve seis años tras las rejas por unos reportajes que había escrito sobre el asesinato de intelectuales disidentes. En numerosas ocasiones, mis interrogadores me acusaron, a mí y a toda la oposición al gobierno de los clérigos, de depender de Estados Unidos. Incluso dijeron que agentes de la CIA con maletas llenas de dólares llegaban rutinariamente a Teherán para repartir dinero entre los miembros de la oposición, incluyendo a los reformistas que apoyaron al ex presidente, Mohammad Khatami. Algunos de los interrogadores tomaban en serio esta propaganda y preguntaban a los prisioneros sobre la ubicación de estas maletas rebosantes de dólares.
Aunque la promesa de dinero estadounidense puede haber aumentado la ansiedad del régimen sobre su futuro, no ha hecho nada para ayudar al movimiento democrático. La guerra entre la libertad y el despotismo en Irán sigue sin resolución debido a profundas razones internas. Es, estoy convencido, un problema de profundas raíces históricas y culturales.
Hemos aprendido de nuestra historia que el despotismo puede ser importado, y que los gobernantes despóticos pueden sobrevivir con la ayuda de extranjeros. Pero también hemos aprendido que tenemos que conquistar esas libertades nosotros mismos y que sólo nosotros podemos nutrir esa libertad y crear un sistema político que pueda sostenerlo. La nuestra es una lucha difícil; incluso, puede ser larga. Cualquiera que diga que posee una fórmula mágica para traer libertad a Irán, y reclama que todo lo que necesita es dinero foráneo y ayuda extranjera para poner este plan en marcha, es un estafador.
Lo que necesitamos en nuestra lucha por la libertad no es ayuda extranjera, sino condiciones que nos permitan concentrar todas nuestras energías en la lucha interna y cerciorarnos de que nadie estimule la opresión del régimen. Tenemos que saber que nadie provea al régimen de nuevas tecnología para filtrar internet, y que nadie está cerrando tratos con el régimen para darle apoyo económico o soporte psicológico.
Ciertamente, necesitamos el apoyo moral y espiritual de todas las fuerzas que, en el mundo, luchan por la paz y la libertad. Esperamos que esas fuerzas sean implacables a la hora de criticar cualquier política que, bajo la excusa de poner fin a la crisis en la región, sólo avive sus llamas.
Estados Unidos podría gastar mejor esos 75 millones de dólares fundando centros de estudios iraníes en las universidades estadounidenses, fomentando así la comprensión del mundo de Irán y Oriente Medio, tanto de su pasado como de su presente. Por supuesto, las universidades estadounidenses tienen muchos investigadores de primera clase sobre Irán, el islam y el Oriente. El problema reside en la visión que impide el uso de ese conocimiento e insiste, al contrario, en resultados inmediatos.
Esa misma visión, y la búsqueda de resultados inmediatos, llevó a Estados Unidos a proporcionar grandes sumas de dinero a los fundamentalistas islámicos que convergieron de todas partes del planeta en Afganistán en los años ochenta para luchar contra la Unión Soviética, el principal rival de Estados Unidos en esa época. El resto es historia.
Los iraníes amantes de la libertad dentro y fuera del país rechazan una intervención militar estadounidense en Irán. Una guerra semejante no nos ayudaría para nada en nuestra lucha por la libertad; de hecho, sólo contribuiría a nuestra mayor servidumbre, pues el régimen utilizaría la guerra como excusa para eliminar toda oposición.
La política estadounidense de oponerse al aventurerismo nuclear del régimen iraní es correcta. Pero la razón por la que oponerse a este aventurerismo no debiese ser que los ulemas rechazan a Occidente y a Estados Unidos. La doble moral occidental sobre la no-proliferación no es defendible. Todo Oriente Medio debe ser declarada zona libre de armas nucleares. La oposición al peligroso proceso que empezó en la región -un proceso que la república islámica ayudó a convertir en crisis- debe basarse en un llamado más general, primero regional, y luego global, al desarme nuclear.
Viajé en julio a Estados Unidos para presentar una idea de Irán completamente diferente a la que ofrecen los ulemas. Muchos iraníes quieren libertad; peleamos por ella, y no tememos ni a la prisión ni a la opresión. Exigimos para Irán un sistema político democrático y laico. Muchos iraníes, que son, incidentalmente, profundamente devotos, apoyan esta demanda.
La mejor ayuda que nos puede ofrecer el mundo es oír a las diferentes voces de nuestra sociedad, y cuando se defina una política con respecto a Irán, o a una imagen de su pueblo, no reducir nuestro país al régimen que lo gobierna tan brutalmente.

Akbar Ganji, periodista, es autor de una antología de sus escritos sobre el movimiento democrático iraní, de próxima aparición.

1 de agosto de 2006
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democracia, ¿objetivo o método?


[Michael Slackman] Fundamentalistas musulmanes que son demócratas. ¿Cálculo?

El Cairo, Egipto. ¿Qué hace que una persona vaya a la cárcel por sus creencias y la mantenga firme en sus convicciones mientras otros momentos de la vida -bodas, nacimientos, muertes- pasan por su lado?
Essam el-Erian perdió seis años y medio de libertad debido a su trabajo político. Por esto tiene algo en común con los que aceptaron la prisión por pedir libertad de la opresión de la Unión Soviética. Comparte algo con Riad Seif, un ex prisionero en Siria, que fue liberado recientemente después de pasar más de cinco años en la cárcel debido a su trabajo por la democracia, y con Ayman Nour, sentenciado a cinco año de trabajo forzado en Egipto, después de desafiar el monopolio del poder por el partido gobernante.
Pero el llamado de Erian a la democracia no cae bien entre los occidentales, especialmente en Estados Unidos y Europa, porque aunque pide elecciones libres, libertad de expresión y proceso debido, admite voluntariamente que quiere esos cambios políticos para ayudar a introducir la ley islámica en Egipto. Sus críticos creen que las organizaciones basadas en la religión como la suya usan la mecánica de la democracia para llegar al poder, pero no tienen en realidad la intención de apoyar valores o prácticas democráticas.
"Es un deber, es un deber religioso", dijo Erian, 52, cuando se le preguntó por sus motivos. "Yo di mi primer paso de este modo hace más de 35 años, para salvarme a mí mismo. Por supuesto, puede ser difícil de entender, pero en segundo lugar es para salvar a nuestro pueblo. Nuestro pueblo se ve como esclavo de una dictadura, y el islam llegó a liberar a la gente de la esclavitud para que fueran solamente esclavos del único Dios".
Erian es una importante figura de la Hermandad Musulmana, una organización islámica fundamentalista que es técnicamente ilegal en Egipto pero oficialmente tolerada. Ha trabajado durante décadas para ayudar al grupo a surgir tras años de clandestinidad como la única oposición política real en Egipto. Fue liberado en octubre después de su último período en la cárcel, cinco meses y medio, y se puso a trabajar directamente, uniéndose a las filas de la Hermandad justo cuando sus miembros se hicieron con 88 escaños en el parlamento, un pequeño paso hacia la consecución de sus sueños.
Sin embargo, al hacer frente a un gobierno cada vez más intolerante, Erian opera con una cuerda corta, que puede romper en cualquier momento. El miércoles, por ejemplo, cuando trataba de abordar un avión para asistir a un congreso de Bahrain, fue detenido en el control de pasaportes y se le negó el permiso para salir del país. No le dieron explicaciones.
Si tiene éxito, la Hermandad debe seguir los pasos de Hamas, la organización militante palestina que ganó las elecciones parlamentarias en enero. Y ese, dicen los críticos, es precisamente el problema. La Hermandad, dicen, profesa una lealtad falsa a la democracia con el fin de hacerse con el poder, después de lo cual tiene la intención de desmantelar las prácticas democráticas.
Erian es claro sobre su programa: transformar a Egipto para que se adapte a su visión de un estado islámico, donde el Corán sea no solamente la base de la ley, como en Egipto hoy, sino donde sea la ley. Pero rechaza a los que dicen que él y la Hermandad sean antidemocráticos.
"El principal objetivo del islam es liberar a la gente", dijo durante una entrevista en la oficina de la Hermandad Musulmana en la ribera del Nilo aquí. "El modo en que puedes aplicar la libertad a tu vida ahora es la democracia. Todo está relacionado. Provienen de la misma fuente. Por supuesto, puedes descubrir que muchos, muchos musulmanes, o la mayoría de los musulmanes, no lo entienden, pero Hassan al-Bana, que es el fundador de la Hermandad Musulmana, dijo que la libertad, la libertad es uno de los elementos básicos del islam".

Erian nació en un pequeño pueblo en Giza, llamado Nahya, no muy lejos de las pirámides. Su padre era maestro, y como la mayoría de la gente de la aldea, fue criado como un musulmán observante, que oraba cinco veces al día y ayunaba durante el mes sagrado de Ramadán. Pero oyó el llamado -de la fe y de la política- después de un accidente. Dijo que tenía unos 15 años cuando casi murió electrocutado al tocar unos cables de una lámpara.
"Salí a la calle solo y me pregunté: ‘¿Para qué estoy viviendo?’"
Para un adolescente la respuesta la encontró en la Hermandad Musulmana. "Cuando encontré a los Hermanos Musulmanes, por supuesto, me ayudó mucho, porque así pude poner todos mis esfuerzos en una estrategia clara, con métodos claros, con tareas claras", dijo.
Erian, uno de los dos estudiantes más brillantes de la aldea, fue elegido para que estudiara medicina en El Cairo. Cuando estaba en la escuela se unió a todo un curso de gente que estaban trabajando para cambiar la Hermandad con ideas prácticas y una estrategia para introducir al grupo a la política. Alarmado, el gobierno golpeó, y Erian, como la vanguardia de esa nueva generación, a menudo sintió la presión personalmente. Finalmente sacó su título de maestría en patología clínica, pero nunca logró terminar su formación médica porque, dijo, fue enviado a la cárcel.
Erian fue diputado en el parlamento egipcio de 1987 a 1900 como político independiente, porque la Hermandad no podía, por ser un grupo ilegal, presentar candidatos. En 1995 fue sentenciado a cinco años de cárcel por pertenecer a un grupo prohibido con el fin de crear un estado islámico en Egipto. Esa condena le imposibilitó automáticamente que se volviera a presentar a cargos públicos.
La Hermandad tiene un pasado violento y fue prohibido después de que sus miembros trataran de asesinar a Gamal Abdel Nasser incluso antes de que fuera presidente. Ahora tiene que luchar contra la sospecha no demasiado sutil de que Erian y otros son oportunistas que están tratando de usar la democracia para llegar al poder -sin intención de volver a dejarlo. Los políticos estadounidenses han ido tan lejos como para negarse a hablar con la Hermandad debido a su status ilegal. Sin embargo, hace poco The New Statesman, una publicación británica, publicó documentos en su sitio en la red filtrados de la embajada británica de El Cairo en los que un analista dice que es hora de iniciar al menos un diálogo informal con la Hermandad.
Erian se irrita con la política de oponerse a la Hermandad por lo que podría hacer, diciendo que desvía la atención de temas más substantivos. "El problema es que nuestros gobernantes en esta región llevan medio siglo o más en el poder, apoyados por los estados, y no lo quieren soltar", dijo. "Tienes miedo de que alguien llegue al poder y no quiera irse. Fijemos garantías para que no ocurra. No impidas el cambio a la gente porque tienes miedo o porque eres débil. Sé fuerte, no debilites a los otros".
Erian ha buscado seguidores fuera de las filas islámicas. Saad Eddin Ibrahim, un pionero educado en Occidente que está presionando al gobierno egipcio para que rinda cuentas, que fue encarcelado hace algunos años por sus esfuerzos, dijo que confiaba en Erian. "Probablemente debido a su posición moderada y sus excelentes cualidades de liderazgo, el régimen de Mubarak puso a Essam el-Erian tras las rejas", escribió Ibrahim cuando estaba en la cárcel. "Así, dejemos que la gente libre de Egipto y del mundo se unan a él. ¡Mubarak, no toques a Essam el-Erian!"
Ese llamado no tuvo eco en Washington o Europa. Pero Erian dijo que no le importaba demasiado, porque toma riesgos por su fe. "Sólo obedezco a mi Dios", dijo.

25 de marzo de 2006
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escándalo crea conflictos entre musulmanes


[Michael Slackman] Periodistas musulmanes son encarcelados por publicar viñetas que muchos musulmanes encontraron ofensivas seis meses después de ser publicadas.
Amman, Jordania. En un reto directo al tumulto internacional sobre las viñetas satirizando al profeta Mahoma, el periodista jordano Jihad Momani escribió: "¿Qué causa más prejuicios contra el islam, estas caricaturas o las fotografías de un secuestrador cercenando la garganta de su víctima frente a las cámaras, o un terrorista suicida que se hace volar a sí mismo durante una boda?"
En Yemen, un editorial de Muhamad al-Assadi condenó las caricaturas pero también lamentó la reacción de muchos musulmanes. "Los musulmanes tuvieron la oportunidad de enseñar al mundo los méritos del profeta Mahoma y el carácter pacífico de la religión que legó", escribió Assadi. Y agregó: "Más que saber como usar una oportunidad, los musulmanes sí saben cómo perderla".
Para ilustrar sus aserciones, las dos redactores publicaron selecciones de las viñetas, y por eso fueron detenidos y amenazados con ser enviados a la cárcel.
Momani y Assadi son dos de los 11 periodistas en cinco países que serán enjuiciados por publicar las caricaturas. Sus casos ilustran otro lado del conflicto, el lado intra-musulmán, en lo que ha sido definido como una guerra entre el islam y Occidente.
El altercado sobre las caricaturas, publicadas primero en un diario danés, ha magnificado una falla que se extiende por todo Oriente Medio, entre los que quieren que sus comunidades inicien un diálogo introspectivo directo, y los que se concentran en los enemigos externos.
Pero también ha subrayado la lucha política entre movimientos islámicos emergentes, como Hamas en Gaza y la Hermandad Musulmana en Egipto, y gobiernos árabes inseguros de cómo contenerlos.
"Esto se ha convertido en un juego entre dos lados, los extremistas y el gobierno", dijo Tawakkul Karman, directora de Mujeres Periodistas Sin Restricciones en Sana, Yemen. "Han hecho todo de tal manera que si te levantas en esta marea, tienes que enfrentarte a 1.5 billones de musulmanes".
Las acaloradas discusiones, la violencia que acompaña las protestas y las detenciones han provocado escalofríos entre la gente, la mayoría escritores, que quieren expresar ideas contrarias a los sentimientos prevalecientes. Ha amenazado a los que sostienen que los grupos islámicos han manipulado al público para mostrar su fortaleza, y que los gobiernos han utilizado las caricaturas para mostrar sus credenciales religiosas.
"Oigo a menudo: ‘¿Por qué se quedan callados los liberales?’", dijo Said al-Ashmawy, un juez egipcio y autor de libros sobre el islam político. "¿Cómo podemos escribir? ¿Quién me va a proteger? ¿Y, en primer lugar, quién me va a publicar? Con la islamización de la sociedad, la lista de tabúes se hace cada vez más larga. Ya no se puede escribir sobre religión. No se puede escribir sobre política o sobre las mujeres. ¿Qué nos queda?"
Aunque las caricaturas han indignado a muchos musulmanes, la dinámica regional del conflicto subyacente ha estado en operación durante décadas, tiempo durante el cual los líderes han tratado de mantener a raya el desarrollo de las políticas musulmanas, tratando de ser identificados como guardianes de la fe.
A fin de cuentas, los analistas políticos de toda la región dicen que los gobiernos han recurrido a las mismas prácticas que contribuyeron al surgimiento de fuerzas políticas islámicas en primer lugar. Han aplacado a las voces más extremas, deteniendo y silenciando a las más moderadas.
Jihad Khazen, columnista del diario pan-árabe Al Hayat, dijo: "Los islámicos querían probar su fuerza. El gobierno replicó con la misma moneda, diciendo que todos somos musulmanes y nos preocupamos de nuestra religión, y creo que ese proceso aplastó a la verdad".
En Jordania, el Rey Abdullah II, que ha estado tratando de controlar a las fuerzas religiosas más extremistas de la región, emitió una fuerte condena de Shinan, el periódico que dirigía Momani, que incluso algunos de sus aliados se vieron sorprendidos.
El diario publicó tres viñetas sin censurarlas, incluyendo la que dibuja al profeta con un turbante en forma de bomba y una mecha encendida. Muchos de los partidarios del rey dijeron que él sentía la necesidad de responder tan firmemente como hizo debido al surgimiento de Hamas, que ganó las elecciones parlamentarias en Gaza, y privar a los islámicos en Jordania de un tema de convocatoria.
"Lo que hizo Shihan es corrupción, que no puede ser aceptada ni justificada bajo ninguna circunstancia", dijo en una declaración la Corte Real.
Pero ahora parece haber una creciente preocupación y en algunos círculos un grado de pesar por haber desencadenado una ola de indignación que se ha cobrado vidas. En Jordania, las autoridades se movilizaron rápidamente para liberar a los periodistas encarcelados. En Libia, donde no se conocen las manifestaciones espontáneas, permitir las protestas contra las caricaturas pareció a las autoridades una decisión segura -hasta que los manifestantes comenzaron a criticar al gobierno. Al menos 11 personas murieron en enfrentamientos con la policía.
Algunos de los líderes y académicos religiosos musulmanes más renombrados del planeta firmaron hace poco una declaración que, aunque criticaba agudamente los dibujos, trataba de poner coto a la violencia y advertía a los musulmanes contra convertirse en parias internacionales. Al hacer así, empezaron a repetir los sentimientos de los periodistas que hacen frente a cargos criminales.
"Llamamos a todos los musulmanes a controlarse en conformidad con las enseñanzas del islam", dice la declaración. Agregaba que las "reacciones violentas" pueden conducir a "nuestro aislamiento del diálogo global".
Para muchos periodistas, las pruebas de que Momani y Assadi son acusados debido a la dinámica política más amplia de la región -y no debido a la naturaleza de las caricaturas- se pueden encontrar en Egipto.
Después de todo, Ahmed Abdel Maksoud y Youssra Zahran están libres. Son periodistas del semanario egipcio Al Fajr, uno de los primeros diarios árabes en publicar las viñetas. Escribieron un artículo sobre las caricaturas y las volvieron a publicar en octubre -meses antes de que estallara el conflicto- para condenarlas.
"La sensación es que los musulmanes están siendo explotados por algún propósito", dijo Adel Hammoude, jefe de redacción de Al Fajr. "La religión es la cosa más fácil de usar a la hora de provocar a la gente. Los egipcios no saldrían nunca a protestar a la calle por lo que pasó en el caso de un ferry que se hundió ni contra la corrupción o contra esto y lo otro".
Esa idea está extendida en Yemen, donde tres periodistas languidecen en una miserable celda, escoltados hacia el tribunal por policías armados de ametralladoras. También ocurre en Jordania, donde dos periodistas están esperando sus juicios.
Momani comparece ante al tribunal el miércoles, mientras dos de los periodistas yemeníes fueron liberados el martes a la espera del juicio. El juicio de un tercer periodista empieza el miércoles.
Funcionarios de gobierno de los dos países dicen que los periodistas fueron arrestados por haber impreso las caricaturas injuriosas. En Jordania, un portavoz dijo que el rey se sentía especialmente obligado porque su familia desciende directamente del profeta.
"Si la libertad de expresión afecta la unidad nacional en un sistema tribal con altos niveles de analfabetismo, uno tiene que tomar en cuenta cuán lejos puede ir", dijo el ministro de asuntos exteriores de Yemen, el doctor Abu al-Qirbi. "Toda sociedad tiene sus áreas prohibidas".
Pero en Yemen, con elecciones presidenciales convocadas para septiembre, muchos perciben un motivo más político.
"Ahora han encontrado una buena razón para meternos aquí: ahora dicen que lo exigió la opinión pública", dijo Assadi en una entrevista en su celda en la cárcel. "El gobierno yemení tiene muchas razones para detener a periodistas yemeníes. Quiere mantener a la gente ocupada con este tema todo el tiempo posible, de modo que poder evitar la cobertura de temas como la corrupción".
Assadi, que trabajaba como corresponsal a tiempo parcial para el New York Times, es editor del The Yemen Observer, un diario de lengua inglesa de propiedad de un asesor del presidente yemení. Assadi ha estado compartiendo su celda con Abdulkarim Sabra, editor del semanario Al Hurriya, y Yehijay al-Abed, periodista de la revista.
Los tres están acusados de insultar su fe al publicar esas imágenes, un delito cercano a la herejía. En cada caso la intención era condenar las caricaturas, y The Observer censuró la imagen con una X negra. Un cuarto detenido, Kamal al-Aalafi, jefe de redacción del semanario Al Rai al Aam, se convirtió en fugitivo tras escapar antes de ser detenido por motivos similares.
"Cuando vimos todas las manifestaciones, pensé que los musulmanes deberían ser capaces de darse cuenta de qué se trataba todo", dijo Sabra durante una entrevista en la cárcel. "Yo condené las caricaturas; dije que no representan a nuestro profeta, que había que quemarlas".
El Yemen Observer había llamado a los musulmanes a aceptar las excusas de Jyllands-Posten, el diario danés que publicó primero las caricaturas, e instó a los musulmanes a evitar la violencia. Assadi dijo que el llamado fue especialmente impopular entre el gobierno y los extremistas. El Observer retiró la primera edición y sacó un nuevo número apenas dos días después de la publicación inicial, pero en vano.
"Cualquiera que insulte a nuestro profeta debe morir por la espada", dijo un imán en un reciente sermón de viernes en Yemen. Otro anunció: "El gobierno debe ejecutarlos".
En Jordania, Momani está nuevamente libre, pero sigue prisionero en su casa. No tiene trabajo, ni perspectivas inmediatas de tener uno, hay un juicio criminal en curso en su contra y un montón de amigos que apoyan en privado su mensaje pero dicen que no se atreven a apoyarlo públicamente.
Momani no fue el primero en publicar las caricaturas en Jordania. Hisham Khalidi, cuyo diario Al Mehwar publicó las caricaturas una semana antes con un artículo condenándolas, también está a la espera de su juicio.
Pero la ocasión fue para Momani excepcionalmente desafortunada: apenas una semana después de la victoria de Hamas en Gaza, dijeron analistas políticos. Funcionarios jordanos expulsaron a líderes de Hamas hace años y consideran su reciente victoria como una potencial amenaza a la estabilidad nacional.
Desde el principio Momani pensó que el tema de las caricaturas estaba siendo manipulado por grupos islámicos ansiosos de mostrar su poder, y ha pedido a sus lectores que piensen por qué empezaron las protestas tantos meses después de ser publicadas.
Dice que no espera un contragolpe, pero que retrospectivamente entiende porqué actuaron las autoridades como lo han hecho.
"Querían mostrar al movimiento musulmán que ellos son defensores del profeta", dijo Momani en una entrevista. "Me utilizaron".
Momani expresó exasperación cuándo se le preguntó por qué había publicado las caricaturas. Insistió en que informar era el trabajo de los periodistas, y que lo hizo después de hablar con mucha gente que se sentía ofendida sin haber visto nunca las caricaturas.
"Yo le digo a mis lectores: ‘Seamos racionales, pensemos antes de echarnos a la calle’", dice. "¿Qué perjudica más al islam? ¿El tío europeo que dibujó a Mahoma o el musulmán de carne y hueso que corta la garganta de un rehén dice: ‘Allah-u akbar?’ ¿Quién insulta nuestra religión, este tío o el europeo?"

Michael Slackman informó desde Amman para este artículo y Hassan M. Fattah desde Sana, Yemen. Mona el-Naggar contribuyó desde El Cairo.

22 de febrero de 2006

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no pueden parar la música


[Ali Akbar] Jóvenes iraníes frente a la prohibición de escuchar música occidental.
Teherán, Irán. Hace veinte años, durante el frenesí de la revolución islámica, una joven cruzó las calles de la capital iraní haciendo tronar ‘Hotel California’, de los Eagles, desde los altavoces de su coche. Hoy, ese acto podría implicar su detención por la policía.
Para Pari Mahmoudi, que creció en una época en que muchas de las restricciones de la revolución de 1979 habían sido dejadas de lado o eran ignoradas, la nueva prohibición de la música occidental decretada la semana pasada por el conservador presidente de Irán, es demasiado ridícula como para ser verdad. "No hay que tomar en serio a ese hombre", se burló el martes la chica de 25, refiriéndose al presidente Mahmoud Ahmadinejad.
Pero algunos temen que el decreto dictado por Ahmadinejad el 19 de diciembre augure más medidas semejantes. El decreto afecta sólo a la radio y televisión estatales. Sin embargo, algunos temen que sea sólo el primer paso para ampliar las restricciones impuestas después de la revolución, que prohibían toda la música popular -incluyendo la iraní- por considerarlas "poco islámicas". La represión afectó a tiendas de discos, músicos e incluso a la música que escuchaba la gente en sus casas o coches.
"Estamos preocupados sobre las políticas culturales de este gobierno", dijo Hamid Vafaei, director de una escuela de música en Teherán. "La historia ha demostrado que las políticas restrictivas no duran mucho tiempo. Una de las razones que explica la fuga de cerebros del país son las restricciones impuestas al país por el gobierno".
Ahmadinejad fue elegido en junio después de prometer que retornaría a los valores de la revolución del ayatollah Ruhollah Khomeini. De momento, sus posturas archiconservadoras se han reflejado más en su política exterior, adoptando una línea dura en las negociaciones nucleares con Europa y escandalizando a Occidente con una serie de comentarios anti-israelíes.
En Washington, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Sean McCormack, dijo que la prohibición demuestra que Ahmadinejad "está llevando a Irán a 180 grados de donde se encuentra el resto del mundo".
Ahmadinejad ha purgado los ministerios gubernamentales, remplazando a los pragmáticos del anterior gobierno reformista con antiguos comandantes militares y líderes religiosos conservadores.
Pero de momento, su gobierno no ha intentado de desmantelar las libertades que recuperaron los iraníes durante los siete años del gobierno reformista. Aunque llevar el velo es obligatorio y se ha prohibido el maquillaje pesado, las calles de Teherán se ven llenas de mujeres maquilladas con pañuelos transparentes que apenas si cubren su pelo.
La prohibición de vender música de cantantes femeninas no se ha implementado durante años.
Muchos piensan que es inconcebible que el gobierno esté tratando de imponer nuevamente esas restricciones.
"Este presidente habla como si estuviera viviendo en la Edad de Piedra. Tiene que entender que no puede decidir qué debe o no debe escuchar la gente", dijo Mohammed Reza Hosseinpour mientras revisaba una tienda de música en Teherán. El guitarrista iraní Babak Riahipour dijo que una restricción más amplia sobre la música no podía ser implementada debido a que el acceso de los iraníes al mundo exterior a través de internet y de la televisión por satélite es mucho más fácil que en los ochenta.
"Quizás Ahmadinejad no conoce suficientemente bien su propia sociedad... especialmente a los jóvenes", dijo Riahiapour. "Siempre podemos conseguir la música que queremos en algún lugar. La sacamos de internet, la conseguimos en el mercado negro en Teherán, en cualquier parte".
En Irán, la música, películas y ropa occidental se encuentran ampliamente disponibles. Los videos y DVDés de contrabando prohibidos por el estado, se pueden encontrar en el mercado negro. Las antenas parabólicas salpican los tejados de la capital, y la prohibición que pesa sobre ellos es rara vez implementada.
Todavía más popular que la música occidental es la música pop iraní, y muchos iraníes traen música de bandas y cantantes de Los Angeles y otros centros de exiliados iraníes. Hay algunas discotecas clandestinas en Teherán y la música es central en las bodas y fiestas, donde hombres y mujeres bailan juntos.
Todo eso estaba estrictamente prohibido durante el auge de la revolución, cuando la imposición de una "moral islámica" era parte clave del gobierno de Khomeini. La policía detenía los coches para registrarlos a la búsqueda de casetes musicales, destruir los que encontraban y a veces arrestar a los que eran sorprendidos escuchando música. Las estaciones de radio y televisión controladas por el estado, que empezaron a incluir poco a poco números del pop occidental en su programación, sólo emitieron música iraní el día después de la elección de Ahmadinejad.
Para algunos iraníes, las nuevas reglas sólo quieren decir que las emisoras nacionales serán aburridas.
"Los programas estaban empezando a mejorar, y ahora las autoridades están asustadas", dijo Akram Azizi, ama de casa de Teherán. "Si se impone la prohibición, las radios y televisión estatal se quedarán sin audiencia".
27 de diciembre de 2005

©http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/12/25/AR2005122500690.html

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