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[Ken Silverstein] La causa común contra los extremistas islámicos ha trenzado al contraespionaje americano con Libia, cuyo régimen laico todavía aparece en la lista de estados terroristas.
Londres, Gran Bretaña. Mientras lucha contra las redes terroristas islámicas, el gobierno de Bush ha construido discretamente una alianza de inteligencia con el presidente libio Moammar Kadafi, antiguamente un implacable enemigo al que Estados Unidos trató durante años de aislar, derrocar y matar.
Kadafi ha ayudado a Estados Unidos a perseguir a la red de Al Qaeda en África del Norte entregando a extremistas a gobiernos vecinos pro-occidentales. También ha entregado información a la CIA sobre nacionales libios con supuestos vínculos con terroristas internacionales.
A su vez, Estados Unidos ha entregado a Trípoli a algunos opositores de Kadafi capturados en su campaña antiterrorista. Y los agentes de Kadafi han sido autorizados a entrar al campo de detención de Bahía Guantánamo para interrogar a libios retenidos ahí.
Este acercamiento es parcialmente el resultado de una década de esfuerzos, de parte de Kadafi, por mejorar las relaciones con Estados Unidos y poner fin a las sanciones internacionales impuestas a Libia por el atentado contra el Vuelo 103 de Pan Am en Lockerbie, Escocia, en 1988. Pero también refleja el hecho de que Libia y Estados Unidos consideran al extremismo musulmán como un enemigo común. Incluso aunque apoyó causas radicales durante largo tiempo, Kadafi considera a los fanáticos religiosos como una amenaza para su régimen laico.
"Su colaboración ha sido genuina, aunque motivada en gran medida por la auto-preservación", dijo sobre los libios Bruce Hoffman, director de estudios de antiterrorismo y contrainsurgencia de la Rand Corp. "Hay que dar mérito a Kadafi por reconocer la amenaza existencial que plantea para su gobierno y la revolución de bin Laden y Al Qaeda".
Opositores han reprochado que la asociación con Libia, como con países como Sudán, Uzbekistán y Egipto, ilustra cómo Washington permite que su guerra contra el terrorismo desvirtúe sus esfuerzos por promover la democracia y los derechos humanos en el mundo árabe. Dicen que al cooperar con Kadafi, Estados Unidos han fortalecido al régimen petrolero y le ha permitido reprimir a los opositores políticos, algunos con credenciales democráticos mucho más convincentes que los suyos propios.
El puntero de Kadafi en Washington es su director de contraespionaje, al que se le prohibió la entrada a Estados Unidos debido a su supuesta vinculación en actos terroristas, incluyendo al atentado de Lockerbie. También es sospechoso de haber participado en un complot para asesinar al gobernante de Arabia Saudí.
Los disidentes libios, que han pensando durante años que podían contar con el apoyo americano, han sido profundamente decepcionados por el gobierno de Bush.
"Kadafi era considerado un dictador y un terrorista, y Libia era un régimen paria", dijo Ashur Shamis, un prominente exiliado de Londres y defensor de reformas democráticas durante largo tiempo. "De repente, todo cambió.
"Los americanos ya no quieren desestabilizar al régimen de Kadafi", dijo.
"Los opositores han descartado la posibilidad de recibir apoyo político tangible de parte de Estados Unidos".

Buscando Alianzas
La decisión de Libia en 1999 de entregar a los sospechosos del atentado del Pan Am, que mató a 270 personas, y, cuatro años después, de renunciar a sus programas de armas nucleares, biológicas y químicas, han sido los ejemplos más públicos de sus esfuerzos por mejorar las relaciones.
Pero expertos dicen que Kadafi se ha movido en esa dirección debido a que las sanciones han paralizado su economía, causando un enorme desempleo, escasez de artículos de consumo y descontento político.
Kadafi llegó al poder en 1969 a la edad de 27 años, cuando dirigió un golpe del ejército que derrocó a la monarquía libia pro-occidental. Una década después, el gobierno de Carter colocó a Libia en la lista de estados que auspician el terrorismo, en la que todavía sigue.
En abril de 1986, aviones de guerra norteamericanos atacaron a Libia en venganza por el atentado en una discoteca de Berlín que mató a tres personas, incluyendo a dos soldados norteamericanos. El ataque norteamericano mató a docenas de personas, incluyendo a una hija adoptiva de Kadafi, de 15 meses, y casi mató al presidente libio mismo.
Entretanto, la CIA canalizó millones de dólares en dinero y equipos hacia los rebeldes anti-Kadafi.
Kadafi empezó a buscar un acercamiento con Estados Unidos hacia mediados de los años noventa, cortando lazos con grupos radicales y expulsando a sus militantes del país. En abril de 1999 entregó a dos libios sospechosos del atentado del Pan Am. El gobierno de Clinton respondió lanzando conversaciones secretas con Trípoli.
El deshielo se aceleró en enero de 2001 con la instalación del presidente Bush y la condena de Abdel Basset Ali Megrahi por homicidio en el caso de Lockerbie. Un tribunal escocés dijo que Megrahi había actuado "para llevar a cabo los propósitos... del Servicio de Inteligencia libio", y absolvió al otro acusado. En 2003, Libia accedió a pagar una indemnización de 2.7 billones de dólares a los familiares de las víctimas de Lockerbie. Compañías petroleras americanas, ansiosas de invertir en Libia, presionaron al gobierno de Bush para mejorar las relaciones.
Las relaciones mejoraron marcadamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que Kadafi condenó inmediatamente.
El presidente libio dijo que Estados Unidos tenía el derecho de vengarse e instó a los libios a donar sangre para las víctimas americanas. Después dijo que Libia y Estados Unidos tenía intereses comunes en la lucha contra el extremismo.

Antecedentes en Derechos Humanos
Kadafi tenía fuertes razones para alistarse en la guerra del gobierno americano contra los extremistas islámicos y amplios recursos que ofrecer. Pero los antecedentes en derechos humanos del régimen siguen siendo una causa de seria preocupación en Washington.
A principio de los años noventa, el Grupo de Combate Islámico Libio fue fundado por un grupo de libios que venían de luchar contra las tropas soviéticas en Afganistán junto a bin Laden y miles de voluntarios. Miembros del grupo, que quieren remplazar al régimen de Kadafi por un gobierno regulado por leyes islámicas, trataron de asesinarlo en 1996, arrojando una bomba debajo de su coche.
En respuesta, el gobierno lanzó una campaña de represión, arrestando a cientos de personas, aumentando la vigilancia y la represión de los grupos islámicos e iniciando una importante campaña militar en regiones donde había apoyo para el Grupo de Combate Islámico Libio. A los pocos años, las fuerzas de seguridad de Kadafi habían eliminado en gran parte al grupo en Libia, pero sus cabecillas huyeron al exterior. Musa Kusa, jefe del servicio de inteligencia exterior de Libia, se jactó ante visitantes extranjeros de que su servicio vigilaba tan estrechamente a los extremistas islámicos nacionales que conocía el nombre de todos los libios que llevaban barba.
En 1998, Libia se convirtió en el primer país en transmitir una orden de detención de Interpol de bin Laden, acusando a al Qaeda de haber colaborado con radicales nacionales en el asesinato en 1994 de dos agentes antiterroristas alemanes en Libia.
En octubre de 2001, vice-ministro de Asuntos Exteriores norteamericano, William J. Burns, viajó a Londres para reunirse con una delegación encabezada por Kusa.
Kusa, que sacó un diploma de sociología en la Universidad del Estado de Michigan en 1978, escribió una servil biografía política de Kadafi para su tesis de doctorado. Al año siguiente, fue nombrado en Londres director de la embajada libia.
En febrero de 1980, Kadafi llamó a la "liquidación física" de sus opositores en el exilio. Dentro de meses, los partidarios del coronel en Londres habían matado a dos disidentes libios. Gran Bretaña expulsó a Kusa después de decir en una entrevista que apoyaba esos asesinatos y que otros exiliados también serían atacados.
Una investigación de la CIA sobre el atentado del Pan Am concluyó que Kusa participó en el atentado, de acuerdo a Vincent Cannistraro, un ex agente de la CIA que dirigió la pesquisa de la agencia. En una reunión con Burns, en Londres, Kusa entregó a la CIA información sobre militantes libios en el extranjero que supuestamente siguieron cursos de adiestramiento en campamentos de al Qaeda en Afganistán.
"Me rechinaron los dientes cuando me enteré de las conversaciones con Musa Kusa, porque él estuvo involucrado directamente en el atentado de Lockerbie, que costó vidas americanas", dijo Cannistraro. "Pero ese es el tipo de pragmatismo que se necesita en la inteligencia. A veces tienes que vértelas con gente que tiene las manos manchadas de sangre".El diputado Tom Lantons (demócrata de Burlingame), que ha fomentado un acercamiento con Libia, se reunió con Kusa en viajes a Libia y Argelia.
"Es extremadamente inteligente, bien informado, sofisticado y un fuerte partidario del mejoramiento de los lazos entre Estados Unidos y Libia", dijo Lantos, co-presidente del Caucus Parlamentario de Derechos Humanos. "Tengo escrúpulos de trabajar con gente mucho más simpática que él, pero lo considero un recurso valioso a la hora de forjar relaciones con un antiguo estado paria".
La asociación en inteligencia se ha desarrollado la mayor parte de las veces en secreto, pero los dos lados han reconocido públicamente su existencia. En un acuerdo alcanzado este año, la CIA accedió a ofrecer adiestramiento antiterrorista al personal de seguridad libio, dijeron a Los Angeles Times dos fuentes norteamericanas oficiales familiarizados con el acuerdo.
Un funcionario estadounidense, que habló a condición de conservar el anonimato, dijo que la cooperación antiterrorista libia era importante para Estados Unidos y la comparó con la relación que tenemos con aliados de larga data".
El funcionario reconoció que Kusa puede haber estado implicado en actos terroristas en el pasado, pero dijo que no estaba siendo acusado por Estados Unidos y había colaborado.
"Este es un régimen que ha tenido las manos sucias en el pasado. Tenemos que ser cuidadosos sobre cómo tratar con ellos. Lo más importante es asegurarnos de que no lo hagan en el futuro", dijo el funcionario.
"Estamos intercambiando información con Estados Unidos, lo que permite una mayor cooperación para luchar contra el terrorismo", dijo a Times Ali S. Aujali, el más importante diplomático libio, agregando que no podía proporcionar detalles debido a su sensibilidad.
Aunque Bush ha llamado a una mayor democratización en Oriente Medio, los antecedentes de Libia en cuanto a derechos humanos son pobres.
En marzo de 2003, Bush elogió a Libia por liberar al más prominente disidente del país, Fathi Jahmi. Dijo que Estados Unidos respaldaban a "reformadores con coraje", como Jahmi, y que su liberación de la cárcel marcaba una "medida alentadora" del régimen de Kadafi. Dos semanas después, Jahmi concedió entrevistas a dos estaciones de televisión en lengua árabe, en las que pidió mayor democracia para Libia. Las fuerzas de seguridad lo volvieron a meter en prisión, donde está ahora.
Kusa, el principal negociador de Libia con el gobierno de Bush sobre antiterrorismo y otros temas importantes, ha sido impedido de entrar a Estados Unidos debido a su supuesta participación en el atentado de Lockerbie. El año pasado fue mencionado en expedientes americanos como un planificador clave en una supuesta conspiración contra el Príncipe Heredero de Arabia Saudí, Abdullah, que se convirtió en rey el mes pasado tras la muerte del Rey Fahd.
De acuerdo a un informe del ministerio de Asuntos Exteriores este año, la agencia de Kusa formaba parte de un "extenso aparato de seguridad" que dirigía un "omnipresente sistema de vigilancia". Las fuerzas de seguridad han detenido a numerosas personas durante años, sin cargo ni juicio, y, según el informe, se aplicaba normalmente tortura a los enemigos políticos. Los métodos incluían supuestamente palizas, descargas eléctricas, estrujar zumo de limón en heridas abiertas, quebrar los dedos "y dejar que las articulaciones se curaran sin asistencia médica", sofocación con bolsas de plástico y ser colgado de las muñecas.

Luchando Contra los Extremistas
Libia se encuentra en el centro de una región que ha presenciado un explosivo crecimiento del extremismo musulmán. Marines norteamericanos y las Fuerzas Especiales del Ejército están adiestrando a los ejércitos de cuatro países de África del Norte para combatir a los grupos radicales.
Seif Islam Kadafi, el hijo del coronel y posible sucesor, escribió en la revista de Washington, ‘Middle East Policy Council', en 2003, que como estado árabe, "Libia ha sido mucho más apto que Occidente a la hora de infiltrar a grupos fanáticos que son responsables de gran parte de la violencia reciente. Las actividades en nuestro propio país de células vinculadas en términos de organización e ideológicamente con el extremismo, nos dan un terreno de interés compartido con Occidente para detenerlos".
Las capacidades de recabamiento de inteligencia de Trípoli se vieron reforzadas por su propio pasado de apoyo a grupos terroristas y movimientos insurgentes. Libia tuvo acceso especial e influencia en países como Chad y en áreas musulmanas de Nigeria, un importante abastecedor de petróleo para Estados Unidos.
Entre los cuadros dirigentes de Al Qaeda se encuentra también a libios, como Abu Anas Libi, que está en la lista de terroristas más buscados del FBI y fue supuestamente clave en la planificación de las atentados contra las embajadas americanas en Kenia y Tanzania. También se han alistado libios en la red de Abu Musab Zarqawi, vinculada a Al Qaeda en Iraq.
"Sus archivos son increíblemente útiles en la captura de Al Qaeda y otros grupos radicales, en parte debido a que tantos libios se han incorporado" a esas organizaciones, dijo Gary Gambill, que cubre el extremismo musulmán para el Monitor de Terrorismo, una publicación de la Fundación Jamestown, de Washington.
Las acciones de Kadadi han provocado amenazas de venganza. En mayo, un popular sitio islámico en internet publicó una declaración de un grupo que se reclamaba de representar a Al Qaeda en Libia, diciendo que "pronto comenzarán las operaciones con las fuerzas del tirano". Ese mismo mes, Abed Shahada Tahawi, un militante de Al Qaeda acusado de conspirar para atacar las embajadas de Estados Unidos e Israel en Jordania, criticó la cooperación de Kadafi con Estados Unidos. En una declaración en su juicio, dijo que el presidente libio "terminará en el polvo de la historia".
La decisión de Libia, procurada por Kusa, de renunciar a su programa nuclear, también ha redundado en una mina de información para Estados Unidos.
Además de entregar más de 24.000 kilos de equipos nucleares, Libia entrego a la CIA archivos con nombres de vendedores del mercado negro, desde compañías hasta transportistas.
"La información que nos dieron nos ha ayudado a identificar aspectos de la red de mercado negro y ha contribuido a cerrar partes de esa red en Malasia y los Emiratos Árabes Unidos", dijo Kenneth Katzman, un analista de terrorismo en el Servicio de Investigaciones del Congreso.
Otro funcionario norteamericano, que sigue las campañas antiterroristas de Libia, y un agente de inteligencia árabe, dijeron que Libia había extraditado a militantes islámicos a otros países árabes, entre ellos Egipto, Yemen y Jordania. Como otras personas entrevistadas para este artículo, hablaron a condición de conservar el anonimato, diciendo que de otro modo no podían comentar sobre esos asuntos.
A fines de 2003, un grupo rebelde del vecino Chad capturó a Amari Saifi, en número 2 del Grupo Salafista para la Oración y el Grupo Salafista de Predicación y Combate, que está peleando contra el gobierno secular argelino y es una importante fuente de reclutas y otros apoyos para las operaciones de Al Qaeda en Europa. Libia ayudó a cerrar un acuerdo mediante el cual el grupo rebelde lo entregó a Argelia.
"Libia facilitó el traslado", dijo un importante funcionario americano con conocimiento directo del caso. "Ayudaron a reunir a rebeldes y argelinos y en general han actuado como honestos mediadores en el acuerdo".
La cooperación en antiterrorismo tiene dos direcciones.
A principios de 2004, agentes de seguridad en Asia, trabajando en coordinación con Estados Unidos, detuvieron a dos importantes operativos del Grupo de Combate Islámico Libio, de acuerdo a Shamis, el exiliado libio, y dos conocidos de los hombres.
Dijeron que Abdullah Sadeq, que fue capturado en Tailandia, y Abu Munder Saadi, que fue detenido en Hong Kong, fueron interrogados por agentes americanos y luego enviados a Libia, son están encarcelados.
Shamis y Noman Benotman, ex miembro del Grupo de Combate Islámico Libio, que ahora vive en Londres y conoce a los hombres, dijo al Times que ellos se enteraron de las detenciones a través de familiares de los detenidos en Trípoli. Nasir Benisse, que también vive en Londres y es cuñado de Saadi, confirmó sus versiones.
Benotman peleó en Afganistán en los años ochenta y dijo que estaba agradecido del gobierno de Reagan por haberlos apoyado entonces. Pero agregó que la cooperación en inteligencia con Estados Unidos ha "fortalecido en un cien por cien a Kadafi".
"Ahora cualquiera que sea enemigo de Kadafi es también enemigo de Estados Unidos", dijo.
La CIA también permitió que los agentes de inteligencia de Kadafi interrogaran a prisioneros libios en Bahía Guantánamo, de acuerdo a Clive Stafford Smith, un abogado que representan a 39 detenidos allá. Entre sus clientes se encuentra Omar Deghayes, cuya familia huyó a Gran Bretaña en 1986, seis años después de que el padre de Deghayes, abogado y disidente, fuera detenido y ejecutado por el régimen de Kadafi.
Un musulmán devoto, Deghayes viajó a Afganistán en 2000 para vivir en un régimen islámico, dijo Stafford Smith. Él huyó a Pakistán después de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y fue detenido por fuerzas paquistaníes, que lo entregaron a los americanos. Fue enviado a Guantánamo en septiembre de 2002.Stafford Smith dijo que parecía que su cliente fue confundido por otro militante en un video de adiestramiento hecho por rebeldes chechenos.
Deghayes dijo a Stafford Smith que él y otros libios fueron interrogados por cuatro agentes de la inteligencia libia en septiembre de 2004. Dijo que cuando fue interrogado el 9 de septiembre sobre supuestas actividades contra Kadafi, en presencia de tres americanos de paisano, se encontraba esposado. Dos días después, los libios lo interrogaron nuevamente, esta vez sobre los exiliados anti-Kadafi en Gran Bretaña.
De acuerdo a Deghayes, los agentes de Kadafi le mostraron fotografías de detenidos libios malamente maltratados, y uno de los agentes le dijo: "Te vamos a llevar a juicio en Libia, y cuando te llevemos a Libia te voy a enseñar personalmente el significado de todo esto. Aquí no puedo hacer nada, pero cuando te vuelva a encontrar otra vez, te mataré".
A fines de 2004 el gobierno de Bush calificó al Grupo de Combate Islámico Libio como organización terrorista. Antes en ese año, durante el testimonio ante la comisión de investigación de los atentados del 11 de septiembre, el entonces director de la CIA, George J. Tenet, lo incluyó entre los pequeños grupos extremistas que representaban una amenaza potencial para Estados Unidos.
El Grupo de Combate Islámico Libio se ha concentrado durante largo tiempo exclusivamente en el derrocamiento de Kadafi y no apoya públicamente al terrorismo, pero el ministerio de Asuntos Exteriores dice que en los últimos años ha "hecho suyo el programa global yihadista [de Al Qaeda]".
Funcionarios antiterroristas europeos dicen que el grupo ha ayudado a Al Qaeda a contactarse con extremistas de África del Norte y colaborado en el adiestramiento y operaciones del Grupo Combatiente Islámico Marroquí, que estuvo implicado en los atentados en Casablanca, Marruecos, en 2003, y en Madrid, España, en 2004.
Clasificar al Grupo de Combate Islámico Libio como organización terrorista aumenta el riesgo de que sus miembros que viven en el extranjero puedan ser detenidos y devueltos a Libia, dijo Gambill, del Monitor de Terrorismo.
"Un montón de países no correrán el riesgo de dar cobijo a miembros del Grupo de Combate o de proporcionarles cualquier tipo de ayuda, porque podría causarles problemas con Estados Unidos", dijo.
Algunos expertos y observadores de la inteligencia dicen que Kadafi ha explotado la cooperación antiterrorista para alquitranar a sus enemigos políticos.
En octubre de 2001, el ministro de Justicia libio ofreció 1 millón de dólares por informaciones que condujeran a la detención de seis exiliados, incluyendo a Shamis, que fue acusado de canalizar dinero de un atraco de un banco en Libia, a Al Qaeda. Al año siguiente, Interpol emitió una nota de "se busca" para Shamis y varios otros enemigos de Kadafi sobre la base de una petición del gobierno libio. Shamis fue acusado de terrorismo y de posesión ilícita de armas de fuego.
Shamis, que ha sido un ruidoso crítico de Al Qaeda y ha vivido cerca de Londres durante la mayor parte de los últimos 30 años, fue detenido en el aeropuerto de Orlando, Florida, cuando llegó a Estados Unidos en 2002. Fue interrogado por las autoridades locales y el FBI, y reconoció, dijo, que fue interrogado sobre la base de informaciones proporcionadas por el gobierno libio. Shamis volvió a Gran Bretaña después de pasar una noche en el calabozo.
"Dije a las autoridades americanas que ‘Kadafi era el Enemigo Público Nº1 y ahora estáis deteniendo a gente sobre la base de sus informaciones'", dijo Shamis. "Desde el 11 de septiembre de 2001, los americanos están desesperados por obtener cualquier información y Kadafi está más que contento de poder sacar provecho de eso".
Aunque la CIA se negó a hacer comentarios para este artículo, un ex funcionario de la agencia familiarizado con la cooperación antiterrorista con Libia dijo que los funcionarios libios "están compartiendo todo lo posible para impresionarnos y salir del agujero en que se encuentran".
El ex funcionario dijo que la CIA estaba consciente de la posibilidad de que Kadafi buscara desacreditar a sus enemigos políticos y está tomando medidas de precaución "desde los más altos niveles hacia abajo".

Conspiración Contra el Rey
El principal obstáculo para las cálidas relaciones entre Estados Unidos y Libia es la acusación no resuelta de que el régimen de Kadafi trató de orquestar el asesinato del Príncipe Heredero Abdullah, de Arabia Saudí.
En julio de 2004, Abdulrahman M. Alamoudi, un ciudadano americano naturalizado y fundador del Consejo Musulmán Americano, se declaró culpable en un tribunal federal de tener tratos comerciales ilegales con Libia que se derivaban de su participación en la conspiración y fue condenado a 23 años de cárcel.
Dijo a los fiscales que había actuado a petición de funcionarios libios después de que Kadafi y Abdullah tuvieran una discusión sobre la conferencia de la Liga Árabe en marzo de 2003. La disputa terminó cuando Abdullah le dijo a Kadafi: "Vuestras mentiras os preceden por todas partes, pero por delante sólo tenéis la tumba", de acuerdo a documentos judiciales.
Alamoudi fue llamado a Trípoli, donde, en los próximos meses, dicen los expedientes, tuvo varias reuniones con seis importantes funcionarios libios que montaron el supuesto atentado contra Abdullah. Alamoudi, después, reclutó a exiliados saudíes en Londres y se ocupó de la transferencia hacia ellos de cientos de miles de dólares de Libia.
Los seis libios son mencionados con su nombre solamente en la sección confidencial de los expedientes, pero un funcionario policial norteamericano con conocimiento del caso dijo que Kusa, el jefe de la inteligencia libia en el extranjero, fue identificado por Alamoudi como el principal cerebro de la conspiración que le entregó personalmente 250.000 dólares que fueron canalizados hacia los exiliados saudíes. (Alamoudi también mencionó a Kadafi, que según la fuente policial fue identificado en documentos públicos solamente como el "Funcionario del Gobierno Libio número 5", un promotor de la conspiración).
Funcionarios policiales norteamericanos que investigan las transferencias de dinero de Libia a Alamoudi lo detuvieron en el aeropuerto de Dulles cerca de Washington en septiembre de 2003.
Posteriormente los saudíes detuvieron a 13 sospechosos, incluyendo a cuatro agentes de inteligencia libios, a los que acusaron de conspiración para asesinar a Abdullah. El gobierno saudí dijo inicialmente que los sospechosos serían juzgados públicamente, pero a principios del mes pasado perdonó a los cuatro libios.
Sin embargo, un funcionario saudí familiarizado con los casos, y que habló a condición de conservar el anonimato, dijo que el gobierno no consideraba el perdón como una exoneración. "Tenemos pruebas de su participación en el caso", dijo sobre los sospechosos libios.
El funcionario dijo que el régimen de Kadafi había estado haciendo una serie de aperturas hacia el reino, tales como enviar una delegación al funeral del Rey Fahd, y que los perdones fueron un reconocimiento de esos gestos.
Aujali, el representante libio en Washington, negó que Trípoli haya jugado algún papel en la conspiración contra Abdullah.
Funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores dicen que toman en serio las acusaciones de Alamoudi y que siguen evaluando la participación de Libia en el asunto.
A pesar del caso de Alamoudi, el acercamiento norteamericano a Libia parece estar ralentizándose en todos los frentes.
En abril de 2004, siete meses después de la detención de Alamoudi, Bush declaró que "Libia ha dado la espalda al terrorismo".
Dos meses después, el vice-ministro de Asuntos Exteriores, Burns, y J. Cofer Balck, entonces coordinador norteamericano antiterrorista, viajó a Libia y se reunión con Kadafi.
Durante la visita, Estados Unidos restableció formalmente lazos diplomáticos con Libia.
En septiembre, el gobierno levantó las sanciones que impedía la mayor parte del comercio norteamericano con Libia.
Cuatro meses después, empresas petroleras norteamericanas obtuvieron lucrativos derechos de explotación, derrotando a concurrentes europeos. Funcionarios del Pentágono dicen que si las relaciones continúan mejorando, Estados Unidos incluirá a Libia en un programa de 500 millones de dólares, junto con otros nueve países, que tiene el fin de contrarrestar la influencia de Al Qaeda en la región.
"Libia no es un modelo de democracia, pero lo sacamos del negocio [de las armas de destrucción masiva] y ya no juega ningún papel en el financiamiento del terrorismo", dijo Mark R. Parris, ex diplomático americano que ha trabajado para mejorar las relaciones con Libia a través del Corporate Council on Africa. "Están tratando de ser ciudadanos del mundo, y vale la pena experimentar para ver si lo logran. De momento, los resultados son positivos".
Pero críticos dicen que Washington está ayudando a Kadafi a permanecer en el poder.
"La naturaleza fundamental del gobierno libio no ha cambiado", dijo Thomas Donnelly, un especialista en seguridad nacional del American Enterprise Institute. "No deberíamos hacer la guerra contra el terrorismo para proteger a regímenes como el de Kadafi".
Datos sobre Libia:
Población: 5.8 millones (86.3 por ciento urbana)
Superficie: 679.363 millas cuadradas (cuatro veces el tamaño de California)
Edad media: 22.7
Esperanza de vida: 76.5
Grupos étnicos: 97 por ciento de árabes y bereberes.
Religión: 97 por ciento musulmanes (la mayoría, sunní)
Alfabetismo (mayores de 15): 82.6 por ciento
Tasa de desempleo: 30 por ciento (2004)
Principales industrias: petróleo, procesamiento de alimento, textiles, artesanías, cemento
Principales cosechas: trigo, cebada, aceitunas, dátiles, cítricos, verduras, cacahuetes, soja
Geografía: más del 90 por ciento desierto o semidesierto
Jefe de Estado: Moammar Kadafi desde 1969; no tiene un título oficial, pero es el gobernante de facto
Jefe del Gobierno: el primer ministro Shukri Mohammed Ghanim, desde junio de 2003

Fuente:: CIA Factbook; ESRI; 2005 World Almanac

Cronología:
1969: El teniente coronel Moammar Kadafi asume el poder a los 27 tras dirigir un golpe de estado contra la monarquía pro-occidental.
1979: El gobierno de Clinton coloca a Libia en una lista de estados que fomentan el terrorismo; todavía sigue en ella.
1981: Estados Unidos cierra la embajada libia en Washington y expulsa a sus diplomáticos. Bombarderos americanos F-14 derriban a aviones de guerra libios en el Golfo de Sidra.
1986: El gobierno de Reagan acusa a agentes libios de haber colocado una bomba en una discoteca de Berlín que mata a tres personas, incluyendo a dos soldados americanos. En respuesta, aviones norteamericanos bombardean blancos en Libia, matando a docenas de civiles, incluyendo a una hija adoptiva de Kadafi.
1988: Libia se convierte en sospechosa de haber preparado el atentado contra el vuelo 103 de Pan Am en Lockerbie, Escocia, que mató a 270 personas.
1992: Naciones Unidas impone sanciones a Libia después de que se negara a entregar a dos acusados del atentado de Lockerbie.
1998: Libia se convierte en el primer país en emitir una orden internacional de arresto de Osama bin Laden.
1999: Kadafi entrega a los dos sospechosos del atentado contra el Pan Am, y Naciones Unidas suspende las sanciones económicas.
2001: Un tribunal condena a Abdel Basset Ali Megrahi de homicidio en el caso de Lockerbie. El segundo acusado libio es absuelto. Kadafi condena fuertemente los atentados del 11 de septiembre de 2001, y llama a los libios a donar sangre para las víctimas.
2003: Naciones Unidas levanta su embargo de armas y restricciones de viaje contra Libia después de que el gobierno acepta responsabilidad por el atentado contra el avión de pasajeros en 1988.
2003: Libia renuncia a su programa nuclear y entrega documentos que ayudarán a la CIA y a las autoridades europeas a desenmascarar sospechosos en el mercado negro nuclear.
2004: El presidente Bush levanta las sanciones comerciales contra el país.

Datos compilados por Julie Sheer y John Jackson.

15 september 2005
©los angeles times
©traducción mQh


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no hay armas en irán


[Dafna Linzer] Restos de uranio pertenecían a equipos paquistaníes.
Restos de uranio enriquecido para armamento encontrados hace dos años en Irán provenía de equipos paquistaníes contaminados y no son evidencias de ningún programa clandestino de armas nucleares, determinó un grupo de expertos del gobierno norteamericano y otros científicos internacionales.
"Con esto se demuestra que la prueba irrefutable que estaba agitando todo el mundo, no existe", dijo un funcionario que comentó los hallazgos, todavía confidenciales, a condición de conservar el anonimato.
Científicos de Estados Unidos, Francia, Japón, Gran Bretaña y Rusia se reunieron en secreto durante los últimos nueve meses para estudiar datos recogidos por los inspectores de la Agencia Internacional de la Energía Atómica AIEA, de acuerdo a funcionarios norteamericanos y extranjeros. Hace poco el grupo, cuya existencia no era previamente conocida, comparó definitivamente muestras de uranio altamente enriquecido -un ingrediente clave de las armas nucleares- con equipos centrífugos entregados por el gobierno de Pakistán.
Irán ha afirmado durante largo tiempo que los restos de uranio eran el resultado de equipos contaminados comprados hace años a Pakistán. Pero el gobierno de Bush había caracterizado el material como prueba de que Irán estaba fabricando ingredientes para una bomba atómica.
Las conclusiones serán compartidas con el directorio de la AIEA en un informe que debe aparecer la primera semana de septiembre, de acuerdo a funcionarios norteamericanos y europeos que accedieron a comentar los detalles de la investigación a condición de mantener el anonimato. El informe "dirá que el problema de la contaminación ha sido resuelto", dijo un diplomático occidental.
Funcionarios estadounidenses reconocieron en privado durante meses que estaban perdiendo la esperanza de que los restos de uranio fueran una prueba de un programa de armas nucleares. Un reciente informe de la inteligencia norteamericana concluyó que Irán está todavía más lejos de la producción de una bomba de uranio enriquecido de lo que pensaban previamente, de acuerdo a funcionarios norteamericanos.
Los hallazgos de la AIEA se producen después de que fracasaran los esfuerzos europeos para negociar con Irán sobre el futuro de su programa nuclear y podría complicar el renovado intento del gobierno de Bush de aumentar la presión internacional sobre Teherán.
Funcionarios estadounidenses, ansiosos por presentar el tema de Irán al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas -que tiene la autoridad para imponer sanciones-, han comenzado una nueva ronda de reuniones informativas para los aliados con el objetivo de convencerlos de que la verdadera intención de Irán es usar su programa de energía nuclear como una fachada para fabricar bombas. Las reuniones se concentrarán en la creencia de la Casa Blanca de que un país con tanto petróleo como Irán no necesita un programa nuclear de la escala que está siendo contemplado, de acuerdo a dos funcionarios.
Francia, Gran Bretaña y Alemania han tratado durante dos años de convencer a Irán de que podría evitar las sanciones del Consejo de Seguridad si abandonara los aspectos delicados de su programa de energía nuclear que pudieran ser derivados para la producción de armas. Irán ha dicho que no tiene la intención de fabricar armas nucleares y no renunciará a su derecho a la energía nuclear. Irán ha ofrecido colocar todo el programa nuclear bajo supervisión de la AIEA como una manera de aliviar la preocupación internacional. Pero funcionarios europeos y norteamericanos han rechazado esa oferta porque todavía daría a Irán acceso a la capacidad de producir armas nucleares.
Irán ha construido su programa nuclear en secreto durante 18 años con la ayuda de Abdul Qadeer Khan, un importante funcionario paquistaní y científico nuclear que vendió piezas de recambio del programa de armas de su país a Irán, Libia y Corea del Norte. Las ventas de Khan en el mercado negro pasaron desapercibidas hasta 2003. Confesó por televisión nacional, fue expeditamente perdonado por el presidente paquistaní, el general Pervez Musharraf, y está ahora bajo arresto domiciliario.
Pakistán ha negado el acceso a Khan y a las plantas nucleares del país a los inspectores de la AIEA, pero a principios de año accedió a compartir datos y algunos equipos con los inspectores para acelerar la investigación en Irán. Entre los equipos había componentes desechados de las centrífugas que corresponden con los que vendió Khan a Irán.
John R. Bolton, ahora embajador norteamericano ante Naciones Unidas, sirvió de puntero del gobierno sobre temas nucleares durante el primer término del presidente Bush. Insinuó en una declaración ante el congreso en junio de 2004 que los iraníes estaban mintiendo sobre la contaminación.
"Otra indicio indiscutible de las intenciones de Irán es el patrón de repetidas mentiras y la entrega de informes falsos e incompletos a la AIEA", dijo Bolton. "Por ejemplo, Irán negó al principio que tuviera uranio enriquecido. Luego dijo que no había enriquecido el uranio más que en 1.2 por ciento. Más tarde, cuando se encontraron muestras de uranio enriquecido al 36 por ciento, lo atribuyeron a una contaminación de componente de una centrífuga importada".
La AIEA, en su tercer año de investigación en Irán, no ha encontrado evidencias de un programa de armas. Pero siguen sin responder preguntas serias relacionadas con la participación de Khan. Aunque la investigación está en camino, Irán y otros tres países europeos han estado tratando de llegar a un acuerdo diplomático. Sus negociaciones fueron interrumpidas este mes e Irán reanudó algunas actividades nucleares que había suspendido durante las negociaciones.
Entretanto, funcionarios europeos convocaron hace dos semanas una reunión del directorio de la AIEA para discutir las acciones de Irán y solicitar para esta semana un nuevo informe de sus programa. Pero el informe fue aplazado hasta el 3 de septiembre, de modo que los científicos, incluyendo a funcionarios del ministerio de Energía, pudieran redactar a tiempo un borrador de sus hallazgos, de acuerdo a funcionarios norteamericanos y europeos.
La AIEA había reunido a un grupo de expertos en un intento de fomentar la cooperación, y también para eliminar la posibilidad de que sus hallazgos pudieran ser puestos en duda por la Casa Blanca, dijeron funcionarios. En vísperas de la invasión de Iraq en marzo de 2003, la Casa Blanca rechazó los hallazgos de la AIEA que arrojaban dudas sobre las afirmaciones norteamericanas sobre el arsenal del entonces presidente Saddam Hussein. Los hallazgos de la AIEA resultaron ser correctos, y no se encontraron armas de destrucción masiva en Iraq.

Julie Tate contribuyó a este reportaje.

24 de agosto de 2005
©washington post
©traducción mQh


bomba de tiempo en egipto


[Daniel Williams] La indignación de los campesinos egipcios es considerada una silenciosa bomba de tiempo. Revuelta en el campo contra alquileres y desalojos.
Sarando, Egipto. Es raro ver tractores en el delta del Río Nilo, donde los campesinos arrendatarios todavía trabajan con mano y azada, así que la llegada de tres ruidosas máquinas a principios de marzo causó revuelo en una comunidad ya convulsionada.
Los campesinos de Sarando habían estado disputándose con un propietario por los alquileres y desalojos.
¿Habían enviado tractores para destruir los cultivos? ¿Para arar en las tierras en disputa? ¿Quiénes eran esos robustos extranjeros que dijeron que el propietario les había enviado? Nadie esperó la respuesta. Tras horas de pelear con puños y rifles, un visitante estaba muerto, los campesinos habían huido aterrados ante la ley y la policía puso a Sarando bajo sitio durante seis días.
En el campo o en la ciudad, en granjas y en fábricas, el descontento con el presidente Hosni Mubarak es palpable a medida que su gobierno de un cuarto de siglo se acerca a su fin, sea por el peso de políticas fracasadas, o por lógica de su edad, 77.
En El Cairo activistas políticos montan manifestaciones destinadas a sacarlo del poder. Movimientos laborales largo tiempo latentes, han empezado a protestar contra los despidos y los salarios bajos. Los jueces se oponen a propuestas del gobierno de utilizarlos como supervisores electorales en las elecciones presidenciales de septiembre, que dicen que es un fraude anunciado.
Acuciante pobreza, justicia arbitraria y chapuceros programas de gobierno que provocaron extendidas quejas en Egipto han contribuido a la explosión de Sarando. Cuando aquí estalló la violencia, abogados y activistas llegaron a toda prisa desde El Cairo para apoyar a los campesinos.
Si Egipto está despertando o solo dándose vueltas en el sueño, es un asunto pendiente. El gobierno de Mubarak está tratando de gestionar un cambio a través de reformas de mercado libre y convocando a elecciones presidenciales que están abiertas a una selección limitada de candidatos rivales. Los grupos de oposición, aunque ruidosos, han sido incapaces de movilizar en las calles a grandes contingentes de egipcios.
Un tercio de los 70 millones de egipcios viven de la tierra, y han permanecido durante largo tiempo al margen de la vida política. Sin embargo, los observadores ven en Sarando un conflicto rural en potencia, en una época de cambios. "Hay mucha rabia en las granjas. No hay desarrollo, ni programa económico ni poder político. Es una bomba de tiempo silenciosa", dijo Karem Saber, director del Centro Agrario de Derechos Humanos [Land Center for Human Rights], una organización no-gubernamental.
El grupo de derechos humanos ha observado un remonte general de la violencia rural, alguna de ella dirigida contra terratenientes, otra riñas entre campesinos, dijo Saber.
El terrateniente de Sarando, Salah Nawar, un patriarca de pelo blanco de una extensa familia de terratenientes, piensa que el conflicto es una señal de un peligro mayor. Si los campesinos se salen con la suya, estas cosas se propagarán por todas partes. Se rebelarán y atacarán a los propietarios", dijo en una entrevista en su apartamento en Alexandria.
Serando está ubicada en el amplio y verde delta a 20 minutos al este de la capital provincial de Damahour. A primera vista, los campos ofrecen una vista de un Egipto bucólico y eterno. En los canales que transportan las preciosas aguas del Nilo, las mujeres friegan cazuelas y lavan ropa, los hombres bañan a sus burros y niños desnudos chapotean felices.
Abuelos encorvados con turbantes cuidan de las vacas y cabras. Pájaros blancos con largas plumas decoran las parcelas de arroz y trigo. Palmeras de dátiles puntúan el horizonte. A excepción de las ocasionales casas de ladrillos de tres y cuatro pisos, y de una bomba diesel, un faraón no tendría dificultad en reconocer la escena.
Una mirada más próxima revela escuelas destartaladas, niños analfabetos, clínicas sub-equipadas y descontento con las nuevas políticas agrícolas. A partir de 1997, los alquileres para los campesinos inquilinos fueron liberados de la regulación oficial y subieron recientemente en picado del equivalente de 4 dólares un acre al año, a hasta 60 dólares, según calcula el Centro Agrario. En Egipto, esa suma son los ingresos de tres meses de un campesino.
La liberalización hizo parte de un intento de terminar con el control estatal de las actividades económicas, que databa del gobierno del presidente Gamal Abdel Nasser de los años cincuenta y sesenta. La medida revertió efectivamente el programa de reforma agraria de Nasser, que había despojado a los terratenientes del control de sus propiedades, dejándoles conservar sus títulos. Ahora, si los campesinos se niegan a pagar a precios de mercado, los terratenientes los pueden desalojar. Esta ha sido la fuente del conflicto en Sarando.
Nawar, el terrateniente de Sarando, dijo que media docena de campesinos se negaron a pagar el alquiler, que dijo que había fijado en 20 dólares por acre. Había empezado a arreglar los papeles para alquilar la tierra a otros y, a principios de enero, estalló la resistencia. La policía detuvo a varios de los campesinos por posesión de armas de fuego e intimidación, dijo.
"Nunca pensé que iba a pasar esto", dijo Nawar. "Me llamaron señor feudal. ¡Pachá! Yo doy trigo a las familias hambrientas. Los campesinos eran amables y virtuosos. Ahora son peores que la gente de la ciudad", dijo.
El 4 de marzo, Nawar envió los tractores con varios jornaleros y familiares para arar un nuevo campo. Llegaron a primeras horas de la mañana. Una falange de campesinos les salió al encuentro. Algunos habían acudido a Sarando desde aldeas circundantes a ayudar en la defensa del villorrio. Los gritos se convirtieron en empujones y hubo balazos. Un grupo de hombres golpeó hasta matar a un familiar de Nawar, Alaa Abdel Wahab Nawar. Quemaron los tractores y empujaron algunos coches a un canal.
Un sospechoso, Mohammed Ragab, ha sido detenido y acusado de homicidio. Seis hombres siguen fugitivos. También se detuvo a otros que supuestamente se volvieron violentos, pero recobraron su libertad tras pagar una fianza.
Nawar vive en un elegante barrio de Alexandria. Otorgó una entrevista en una salita decorada con cortinas bordadas y espejos dorados. Dijo que sólo poseía unos 30 acres pero que su familia extendida tenía cientos más en el área de Sarando. Hasta su jubilación hace algunos años, Nawar fue director de una compañía textil estatal. Uno de sus familiares es candidato al parlamento por el Partido Nacional Democrático, el grupo gobernante de Mubarak.
Nawar acusa de la revuelta campesina a extraños. "Viene gente del Cairo y les dicen que se pueden apropiar de la tierra. Los campesinos nunca hicieron antes nada parecido", dijo.
Las mujeres del villorrio cuentan una historia diferente. Dijeron que la tierra que Nawar está reclamando no es de él, legalmente. Era tierra que su familia había mantenido fuera de los registros cuando se entregaron las parcelas a los campesinos, dijeron, agregando que ahora no podía volver a reclamarlas.
Los hombres que se opusieron a Nawar en enero fueron acosados por la policía con acusaciones falsas de posesión de armas, dijeron las mujeres. El tumulto que empezó el 4 de marzo "fue duro, duro, duro", recordó Sabriya Abdulla, una viuda que no quiso entregar su acre a Nawar. "La policía entró a la aldea después de que los hombres habían huido. Se llevaron a las mujeres, como si no tuvieran niños pequeños a los que cuidar".
Abdulla contó su historia en su casa de ladrillos de adobe y estera, y piso de tierra. Tiene cinco hijos; una de sus hijas trabaja como criada en Alexandria y la ayuda económicamente.
Abdulla dijo que las mujeres detenidas fueron encerradas en una casa confiscada como cuartel policial. Una de las mujeres, Nafisa Zakaria Al-Marakbi, murió en un hospital el día que salió del encierro. Los campesinos dijeron que habían abusado de ella mientras estuvo detenida. "La policía se llevó nuestro trigo. Rompieron puertas. Nos insultaron y quitaron los velos", dijo Abdulla. El asedio policial duró hasta el 10 de marzo.
De momento, Sarando está en un limbo. Los cargos de violencia y homicidio siguen pendientes. Los hombres siguen desaparecidos del villorrio, y las mujeres se están encargando del pesado trabajo agrícola. Tanto Nawar como Abdulla usaron frases idénticas para describir la situación: "Sarando no volverá nunca a ser la misma".
Hace un año, la historia de Sarando probablemente no habría resonado más allá de los campos del delta. Pero una naciente red de grupos de derechos humanos ha empezado a incursionar en el campo. Cuando llegó la policía en grandes cantidades a Sarando, representantes del Centro Jurídico Hisham Mubarakm la Asociación Egipcia contra la Tortura, el Centro Nadim de Derechos Humanos y otras organizaciones viajaron aquí a investigar la violencia.
Mohammed Abdel Aziz, un joven abogado de Kifaya, una coalición de fuerzas anti-Mubarak de El Cairo, está defendiendo a los campesinos en los tribunales.
"Este es un problema legal y también una batalla contra el feudalismo", dijo Abdel Aziz, cuyo flexible cuerpo en un traje demasiado grande contrasta marcadamente con los rechonchos físicos de sus clientes profundamente bronceados en camisas andrajosas.
Abdel Azis ha sido formalmente acusado de incitar a los campesinos a la violencia, una acusación que se toma a risa. "Este es el precio por defender a la gente en Egipto. Es normal", dijo.

18 de julio de 2005
©washington post
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repensando irán


La elección de un conservador religioso preocupa a la opinión internacional. Un editorial del Washington Post.
En el pasado los iraníes han votado por los cambios en su autoritario y corrupto régimen islámico. Su elección de presidente, Mahmoud Ahmadinejad, difiere dramáticamente de los que votaron por el reformista liberal en las dos elecciones previas, pero no es más probable que Ahmadinejad, un conservador religioso, satisfaga mejor que su fracasado predecesor a los inquietos iraníes. En realidad, debería lograr que Occidente repensara su propia estrategia para promover la libertad dentro de Irán, y para contener el programa nuclear de Irán y su apoyo del terrorismo.
Ahmadinejad, 49, ex alcalde de Teherán, ofreció un mensaje de populismo económico e implícitamente un rechazo del régimen político iraní. Eso aparentemente le ganó un triunfo electoral aplastante entre los iraníes que optaron no votar -mientras una gran parte de la oposición apoyó el boicot- al ex presidente Ali Akbar Hashemi Rafsanjani, 70, el símbolo del desacreditado antiguo régimen. Pero aunque ha prometido un gobierno moderado, es más probable que el nuevo presidente restrinja más que tolere más libertades políticas y personales de los iraníes. También tiene considerable menos interés que Rafsanjani en tener mejores relaciones con inversores y gobiernos occidentales, incluyendo a Estados Unidos. Apoya decididamente el programa nuclear de Irán, y podría fomentar un auspicio más agresivo de actividades terroristas iraníes contra Israel o fuerzas norteamericanas en Iraq.
El gobierno de Bush y otros gobiernos occidentales querrán observar cuidadosamente los giros negativos de la política exterior iraní en los próximos meses. Pero la elección de Ahmadinejad también significa que Irán estará más que nunca en manos del clero chií y del jefe religioso supremo, el ayatollah Alí Khamenei. Khamenei puede todavía preferir la búsqueda de un acuerdo con los gobiernos europeos que podrían frenar el programa nuclear de Irán: De todos modos, esa es la esperanza a la que se aferrarán los gobiernos. En los últimos meses el gobierno de Bush ha respaldado sabiamente a la diplomacia europea, al mismo tiempo que mantiene su derecho a insistir en que Irán sea llevado ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por violar el Tratado de No-Proliferación nuclear. Aunque no hay razón para dar la bienvenida al nuevo presidente iraní ofreciéndole nuevas concesiones, tampoco hay un motivo inmediato para abandonar el enfoque actual, a menos que Irán rompa su moratoria para el procesamiento de combustibles que podría producir materiales para fabricar una bomba atómica.
Tanto el gobierno de Bush como los gobiernos europeos necesitan empezar a trabajar juntos, en un plan B mejor. Tal como está, parece improbable que con la intervención del Consejo de Seguridad se logre mucho, ya que tanto China como Rusia bloquean cualquier imposición de sanciones por parte de Estados Unidos. Se dice que el gobierno está trabajando en nuevos modos de parar la proliferación iraní desde fuera, penalizando a las compañías que proporcionen materiales claves. Aunque mejor que nada, esas medidas no serán efectivas a menos que sean apoyadas ampliamente por los europeos, con o sin resoluciones de Naciones Unidas. Sería incluso mejor una amenaza europea de impedir la mayor parte de las inversiones y comercio.
Quizás más importante, la eliminación de los liberales del gobierno iraní facilitarían la tarea de los gobiernos occidentales para ponerse explícitamente de lado del desmoralizado pero todavía importante movimiento pro-democracia de Irán, incluso si eso ofende a Ahmadinejad. Después de todo, el nuevo presidente no merece tanta atención. No ofrece soluciones reales a los problemas de su país; sus políticas populistas están condenadas al fracaso. Para mejor o peor, su elección no ha hecho más que agudizar los dos retos del régimen iraní: la revolución interna o el aislamiento internacional.

28 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh


¿es libia un país terrorista?


[Thomas Oliphant] Libia ya no es un país que apoya al terrorismo, pero sigue en la lista.
Tarde o temprano, las políticas de Bush tienen el feo hábito de infectar todas las demás, incluyendo políticas serias de Bush que no deberían tener nada que ver con la política.
Es el caso de Libia.

Han pasado casi dos años, pero el gran logro de Estados Unidos -el abandono de Libia de toda actividad relacionada con armas de destrucción masiva después de años de conversaciones secretas en las que participaron los dos gobiernos de Clinton y Bush- ha sido obstaculizado por un muro cuyos principales componentes con puramente políticos.
Y uno de los obstáculos más importantes para fomentar el progreso -la clasificación oficial de Libia como país que apoya al terrorismo- sigue en pie por razones que no tienen nada que ver con el terrorismo.
Todo bien considerado, el caso de Libia representa una apremiante cuestión para los partidarios de Bush: ¿Ustedes aceptan un Sí como respuesta? Es una pregunta importante, no sólo en términos de Libia, sino también para los casos más difíciles de Irán y Corea del Norte.
Han pasado dos años desde que el espantoso caso de la participación de Libia en el atentado contra el vuelo 103 de Pan American sobre Escocia en 1988 fuera resuelto con reparaciones monetarias y el reconocimiento de responsabilidad.
Han pasado 18 meses desde que Libia y Estados Unidos revelaran sus conversaciones secretas y Muamar Kadafi abandonara formalmente el largo coqueteo del país con los programas de armas no convencionales -un abandono que, desde entonces, ha sido verificado por Estados Unidos.
Sin embargo Libia continúa siendo oficialmente un aliado del terrorismo en opinión del gobierno norteamericano, una designación que acarrea consecuencias económicas que constituyen serios obstáculos para una mayor apertura de la sociedad libia que Estados Unidos supuestamente quiere que ocurra.
Sería diferente si la designación de terrorismo siguiera en su lugar porque Libia continuara apoyando al terrorismo en todo el mundo. Pero la verdad es que los funcionarios norteamericanos dicen que no hay pruebas de ello. En realidad, Libia sigue en la lista de terroristas por razones que no tienen nada que ver con la política.
La política exterior puede ser un juego complicado. La mera idea de aceptar un acuerdo con un gobierno que estuvo implicado en algo tan horrible como el atentado contra el Pan Am 103 es desagradable. También lo es la idea de cultivar relaciones con un gobierno dado el historial de Libia en derechos humanos y política exterior de los últimos 30 años. Pero Estados Unidos tiene intereses de seguridad y de política exterior, y en medio de la guerra contra el terrorismo, hacer tratos con países que están dispuestos a hacer tratos con Estados Unidos y a abandonar sus pasados, es uno de esos intereses.
Hoy diplomáticos norteamericanos trabajan en un hotel de Trípoli mientras sus contrapartes trabajan en un hotel en Washington. En privado, algunos funcionarios norteamericanos insinúan que a fines de año se eliminarán los obstáculos para una relación relativamente normal.
Entretanto, sin embargo, mantener a Libia en la misma categoría que países como Irán, Sudán y Corea del Norte sólo complica el asunto. Debido a la ley norteamericana, la designación de terrorismo tiene importantes consecuencias económicas. Incluyen la prohibición de las exportaciones norteamericanas que puedan tener una aplicación militar o "dual", incluyendo ordenadores, equipos de oficina, telecomunicaciones e incluso taladros para la industria del petróleo de Libia.
También incluyen acuerdos de crédito que facilitan el comercio, incluyendo préstamos del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, el Banco de Exportaciones e Importaciones norteamericano y la ayuda agrícola.
Por lo que puedo determinar, las razones por las que Libia sigue en la lista de países que apoyan al terrorismo no tienen nada que ver con el terrorismo. Por ejemplo, los funcionarios mencionan la prolongada disputa entre Libia y Arabia Saudí, que acusa de Kadafi de participar en una conspiración para asesinar a su príncipe heredero. La evidencia es discutible, al borde de lo espúreo. Una cosa es vigilar estrechamente lo que hace Libia, y otra muy diferente dejar que Arabia Saudí marque el paso de la normalización.
Más infame es la presencia entre bastidores del lobby cubano. Sacar a Libia de la lista, se ‘razona', llamaría la atención sobre Cuba como otro país con la designación oficial de terrorista mientras que en realidad no hay evidencias de ello. Decir que Cuba apoya el terrorismo por cobijar a unos envejecidos secuestradores de aviones de hace 30 años lo haría incluso más fácil para Libia.
Las relaciones con Libia se han complicado con las políticas de John Bolton como embajador ante Naciones Unidas. Hace casi dos semanas, la ministro de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice, celebró el segundo aniversario de la Iniciativa de Seguridad contra la Proliferación -un bebé de Bolton del primer término de Bush. Reivindicó varias interceptaciones exitosas de exportaciones de equipos nucleares, incluyendo los componentes para una centrífuga con destino a Libia hace dos años.
Sin embargo, no se proporcionaron más detalles, y un portavoz admitió más tarde que otros programas norteamericanos estaban implicados en la interceptación. Ese es un enorme subentendido.
El hecho es que los siguientes pasos para ayudar a llevar a Libia hacia una conducta responsable están enormemente retrasados. Las relaciones con Arabia Saudí, la política cubana y las de John Bolton no deberían tener nada que ver con el asunto. Los que se preocupan de que el gobierno puede no estar maduro para tratar con Irán y Corea del Norte están observando.

Al autor se le puede escribir a: oliphant@globe.com.

7 de junio de 2005
©boston globe
©traducción mQh
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los mamíferos también ríen


[Peter Gorner] Científicos dicen que los animales también se ríen.
Como empresa científica, hacerle cosquillas a las ratas para hacerlas chillar de placer puede parecer frívolo, pero entender la risa en los animales puede conducir a tratamientos revolucionarios de enfermedades emocionales, dicen investigadores.
El placer y la risa, dicen, no son rasgos únicamente humanos.

Cuando ríen, los chimpancés emiten típicos jadeos de excitación, su versión del ‘ja-ja-ja' limitada sólo por su anatomía y ausencia de control de la respiración, dicen investigadores.
Los perros tienen sus propios sonidos para espolear a otros perros a jugar, y grabaciones del sonido puede reducir drásticamente los niveles de estrés en refugios y perreras, de acuerdo al científico que lo constató.
Incluso ratas de laboratorio chillan de placer por encima del rango del oído humano cuando pelean entre sí o un celador les hace cosquillas -las mismas vocalizaciones que emiten antes de recibir morfina o tener sexo.
Estudiar los sonidos de placer puede ayudarnos a entender la evolución de las emociones humanas y la química del cerebro que subyace a problemas emocionales como el autismo y los desórdenes de déficit de atención e hiperactividad, dijo Jaak Panksepp, un pionero neurólogo que describió la risa de las ratas.
Panksepp, de la Universidad Bowling Green del Estado de Ohio, resume los últimos estudios, que califica de "espectaculares", en la edición de esta semana de la revista Science con la esperanza de alertar a colegas sobre los resultados. La investigación sugiere que el estudio de las emociones animales, en el pasado un tabú científico, está siendo rápidamente aceptado.
"Es muy, muy difícil encontrar un escéptico en estos días. El estudio de las emociones de los animales ha madurado. Las cosas han cambiado completamente desde hace cinco años", dijo Mark Bekoff, un experto en conducta de juegos de los perros y profesor de biología en la Universidad de Colorado, en Boulder.
Los biólogos sugieren que la naturaleza aparentemente considera los sonidos de bienestar lo suficientemente importantes como para haberlos conservado durante el proceso evolutivo.
"Los circuitos nerviosos de la risa existen en regiones muy antiguas del cerebro", dijo Panksepp, "y formas ancestrales de juego y risa existieron en otros animales eones antes de que llegáramos los humanos".
La investigación en el terreno "es sólo el inicio de una ola del futuro", dijo el etólogo comparativo Gordon Burghardt, de la Universidad de Tennessee, que estudia la evolución del juego. "Nos permitirá acortar la brecha con otras especies".
Nuevas técnicas de investigación a menudo descansan en brujería de alta tecnología, pero la herramienta más importante de los científicos en este campo es mucho más simple.
"Las cosquillas son la clave", dijo Panksepp. "Abren un mundo previamente oculto".
Panksepp ha estudiado durante años las vocalizaciones de juego en los animales años antes de que pensara que podría haber alguna forma ancestral de la risa.
"Luego me fui al laboratorio y le hice cosquillas a algunas ratas. Les hice cosquillas gentilmente en la nuca. ¡Guau!"
Las cosquillas hicieron que las ratas chillaran alegremente -"mientras al animal se muestre amistoso contigo", dijo. "Si no, no chillan, como un niño que desconfía de un adulto".
Las ratas a las que se les hizo cosquillas repetidas veces crearon vínculos sociales con los investigadores y buscaban las cosquillas. Los investigadores descubrieron también que a las ratas les gusta pasar el tiempo con ratas que chillan un montón.
Durante la risa humana, se encienden los circuitos de recompensa de dopamina. Cuando los investigadores provocaron cosquillas neuroquímicamente en esas mismas áreas en los cerebros de ratas, las ratas chillaron.
El humor de las ratas debe ser investigado todavía, pero si existe, un importante componente serán las payasadas, especuló Panksepp. "En especial las ratas jóvenes tienen un maravilloso sentido del humor".
Panksepp dijo que la risa, al menos en respuesta a estímulos físicos directos como las cosquillas, puede ser un rasgo común compartido por todos los mamíferos.El psicólogo y neurólogo Robert Provine, autor de ‘Laughter: A Scientific Investigation', hizo cosquillas y jugó con chimpancés en el Centro Primate Regional Yerkes en Atlanta mientras investigaba el origen de la risa humana.
Las risa en los chimpancés, nuestros parientes genéticos más cercanos, está asociada con juegos rudos y cosquillas, descubrió Provine. Eso no fue una sorpresa.
"Es como la conducta de los niños", dijo Provine, de la Universidad del Condado de Maryland Baltimore. "Unas cosquillas y risa son los primeros medios de comunicación entre una madre y su bebé, de modo que la risa aparece unos cuatro meses después del nacimiento".
La importancia de esa temprana conducta es evidente.
"Estamos hablando de vida y muerte, de los vínculos y supervivencia de los bebés", dijo Provine.
Cuando los chimpancés ríen, emiten jadeos característicos, desde los apenas audibles hasta fuertes gruñidos, con cada respiración.
"Los humanos reímos cuando expulsamos el aire. Cuando decimos ‘ja-ja-ja', cortamos la expulsión de aire", dijo Provine. "Los chimpancés no pueden hacer eso. Ellos hacen un sonido al tomar aire y al expulsarlo. No tiene control de la respiración... para producir la tradicional risa humana".
El gran paso adelante en el estudio de la risa de los perros lo dio la investigadora de la Universidad de Nevada, Reno, Patricia Simonet, mientras trabajaba con estudiantes en el Sierra Nevada College, en Lake Tahoe.
Después de realizar extensas investigaciones sobre los chimpancés, Simonet estaba abierta a la idea de las emociones animales, pero el sonido de la risa que descubrió en los perros fue inesperado: una "exhalación jadeante, pronunciada, forzada" que suena al oído no acostumbrado como el jadeo normal de un perro".
Pero una espectrógrafo mostró estallidos de frecuencias, algunas más allá del oído humano. El jadeo es más simple, y se limita a pocas frecuencias.
Al oír una grabación de la risa de un perro, los animales buscan sus juguetes y juegan solos, dijo Simonet. Nunca inició respuestas agresivas.
"Si quieres invitar a tu perro a jugar usando la risa canina, di "he, he, he", sin pronunciar la e", dijo Simontet. "Expulsa el aire en un estallido, como si estuvieras recibiendo la maniobra de Heimlich".
Cuando hizo escuchar la grabación de la risa de un perro en un refugio animal, Simonet descubrió que incluso los cachorros de 8 semanas reaccionaban empezando a jugar, algo que no habían hecho cuando fueron expuestos a otros sonidos caninos.
"Algunos sonidos, como los gruñidos, confundieron a los cachorros. Pero la risa de perro causó alegría y disminuyó inmediatamente los niveles de estrés en el refugio".

6 de junio de 2005
3 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
"

otro imperio del mal


[William Grimes] Donde el imperio del mal somos nosotros, y el velo, liberación.
Inmediatamente después del derrumbe del World Trade Center, el editor del Wall Street Journal encargó una importante misión a Yaroslav Trofimov: recorrer el mundo musulmán y medir su temperatura.
Durante los tres años siguientes, Trofimov, un ucraniano que estudió en Estados Unidos, habla fluidamente árabe y tiene un pasaporte italiano, viajó desde El Cairo a Kandahar, de Túnez a Timbuktu. Cuando las tropas de la coalición entraron en Iraq, se puso un chaleco antibalas y casco y las siguió en un Yukon GMC alquilado. Acompañó a los soldados norteamericanos y afganos en su cacería de los talibanes en la frontera afgano-paquistaní. Donde fuera se preocupaba de hablar con musulmanes corrientes, no sólo sobre los atentados contra el World Trade Center, sino sobre sus vidas, su religión y lo que muchos musulmanes ven, en términos apocalípticos, como una guerra religiosa global entre el islam y Occidente.
Los cables elegantemente escritos y delatando una fina observación que conforman ‘Faith at War' [Credos en Guerra], entregan en general malas noticias. Estados Unidos es considerado, en grandes secciones del mundo musulmán, con una mezcla de desconfianza y odio que la intervención militar en Afganistán e Iraq ha avivado a intensidades nunca vistas. Las voces musulmanas moderadas están siendo ahogadas por los gritos de los fanáticos.
Esto puede sonar a una vieja historia, pero Trofimov la hace parecer fresca. Proporciona detalles, con nombres y caras. Cuando Raghda Mahroughi, una mujer egipcia, comenta los atentados contra el World Trade Center diciendo: "Espero que haya habido un montón de judíos en ese edificio", los sentimientos parecen doblemente chocantes, debido a quién es (es una estudiante universitaria) y dónde está (en un McDonald's frecuentado por los yuppies de El Cairo).
"A menudo los que tienen ideas más sangrientas es gente próspera y privilegiada que han tenido alguna experiencia con Occidente -y no las "masas" oprimidas e ignorantes que son habitualmente descritas como la fuente de la furia anti-occidental", escribe Trofimov. "A veces los que nos conocen mejor, son los que más que nos odian".
El apoyo americano de regímenes opresivos es una de las quejas más graves en la lista de quejas musulmanas. Trofimov encuentra un fascinante caso de estudio en Túnez, una sociedad laica en la que las mujeres tienen derechos iguales, el aborto es legal y los judíos ultra-ortodoxos disfrutan de libertades que son denegadas a los fundamentalistas musulmanes. "Estamos mucho más cerca de los italianos y de los franceses", le dice un funcionario de gobierno.
Bueno, no es tan simple. Zine el-Abadine Ben Ali, el primer ministro de Túnez, ha impuesto el laicismo con mano de hierro, enviando al exilio o encarcelando a los disidentes, al tiempo que corteja el apoyo norteamericano adoptando una línea blanda hacia Israel y protegiendo a la diminuta comunidad judía de Túnez. Como en Irán durante el shah, los detractores liberales del régimen se encuentran aliados con los islamitas, y el velo, paradójicamente se ha transformado en un símbolo de liberación. Cuando entra a su hotel en Túnez no puede evitar darse cuenta de que alguien del personal ha sintonizado la televisión de tal manera que lo primero que se ve es el canal Al Manar, de Hezbollah.
Trofimov tiende a destacar cosas nimias como esta. ¿Quién sabía que los proyectiles Tomahawk huelen como los coches nuevos? En Afganistán la curiosidad de Trofimov por los detalles raros lo lleva a un taller en Kandahar donde los artistas callejeros, libres del régimen talibán, decoran bicitaxis motorizados con la versión afgana de arte heavy-metal: leones rugiendo, princesas a caballo o pataletas de Rambo, a veces los tres en la misma pintura.
Sin embargo, por coloridos que sean los detalles, no cristalizan nunca en una imagen general. Trofimov trata de descripciones vívidas, encuentros fortuitos y conversaciones espontáneas. El contexto puede sufrir. Cuando describe a un coche con hombres saudíes que se paran en una carretera del país y apedrean a una colonia de babuinos sólo para divertirse, el incidente se queda en su mente, pero no explica demasiado. Fanáticos brutos arrojan vasos de cerveza en el Yankee Stadium. ¿Qué dice esto, si acaso, sobre Estados Unidos?
Emergen algunos temas. Uno es el extraordinario éxito que ha tenido Arabia Saudí en fundar escuelas en todo el mundo musulmán para propagar su versión particular del islam. En Bosnia, para mencionar un alarmante ejemplo, las "renovaciones" financiadas por los saudíes de Begova Dzamina, una mezquita del siglo 16 de Sarajevo, implicaban retirar los azulejos decorativos, sacar los adornos y cubrir las paredes con yeso blanco... Jóvenes bosnios, enviados a Arabia Saudí e indoctrinados con la puritana versión wahhabi del islam, han retornado para predicar el apocalipsis y radicalizar a los musulmanes de Bosnia.
El segundo gran tema de Trofimov, desarrollado en los capítulos militares del libro, es el intento americano de exportar la democracia a Iraq y Afganistán. Aquí dobla la mano. Es severo con la política exterior norteamericana y tiende a despreciar a la gente que la realiza, militares y civiles que con pocas excepciones no tienen ni idea del país que han invadido y son insensibles ante la sensibilidad local. Todos los días, y de muchos modos, como cuenta Trofimov, Estados Unidos crea nuevos enemigos.
"¿Qué es esto: liberación u ocupación?", preguntó a menudo a los iraquíes en la calle durante las fases iniciales de la guerra. Obviamente, él ya sabía qué decir, incluso si los iraquíes no sabían qué responder. Después de un tiempo, ya no necesita preguntar. "Incluso si transformáis este país en un cielo, no lo queremos, porque lo habremos recibido de vosotros", le dice un jefe tribal a Bob Silverman, el administrador civil norteamericano de Tikrit. "Idos de Iraq y dejadnos en paz. Ya hemos tenido suficiente y no podemos seguir aguantando".
Justo cuando la imagen parece más sombría Trofimov se encamina hacia Mali. Uno de los países más pobres de África, más del 90 por ciento de la población de Mali es musulmana, y sin embargo allí florece la democracia (una feminista fue candidata a alcalde en Timbuktu), el estado y la iglesia están separados y la versión local del islam es optimista y suave. "Este es un país laico", le dice el clérigo más importante del país a Trofimov. "Si le gusta beber, hágalo. No me importa".
Es una idea alegre. Después de la desalentadora excursión de Trofimov, los lectores realmente necesitarán un cóctel.

3 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh
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clérigos en siria


[Anthony Shadid] Una fuerza imprevisible: el clero sancionado por el estado en Siria.
Damasco, Siria. Incluso antes de que el mensaje se diera a conocer en el sermón del viernes, el medio ya está zumbando con la eficiencia que hace de la mezquita de Abu Nour uno de los más asombrosos ejemplos del evangelismo musulmán.
En su edificio de granito blanco y mármol negro de nueve pisos, sus ventanas adornadas con un arabesco de piedra, dos pantallas como de cine exhiben un discurso de casi 20 años del difunto gran mufti de Siria ante los miles de fieles en las alfombras rojas que esperan en el templo las oraciones del viernes. Arriba, a lo largo de las cuatro columnas que sostienen el techo abovedado, cuatro televisores emiten las mismas imágenes. Una leyenda debajo de las imágenes dirige a los fieles a http://www.abunour.net/ y a otra página en la red. Los sitios reciben 200.000 visitas al mes.
Dentro de cubículos separados por cortinas, los intérpretes entregan versiones en inglés, ruso y francés de los sermones árabes. En la página web y en devedés, ese y otros sermones son ofrecidos en otros idiomas: español, japonés, turco y chino.
El sermón que oímos es manso, una homilía sobre la importancia del conocimiento en el islam. La comunicación es lo que cuenta, y ahora son impulsados por la creciente religiosidad de la sociedad siria, generosa y orientada hacia las donaciones, y tolerados por un gobierno ostensiblemente laico.
Como en prácticamente todos los países árabes, un renacimiento religioso que lleva ya una generación está remodelando Siria, largo tiempo conocida por ser el estado más secular de Oriente Medio. Durante décadas, la Hermandad Musulmana fue una de las caras más visibles del activismo musulmán, llevando al país al borde de la guerra civil a principios de los años ochenta antes de desencadenar una represión cuyo legado todavía arroja sombras sobre el país. La Hermandad sigue siendo una fuerza en Siria, pero en términos de instituciones, organización y seguidores, es la versión del islam aprobada por el estado -Abu Nour es un ejemplo- la que redunda en la mayor influencia y puede emerger como una de las tendencias más dinámicas en una época de cambios.
Sus instituciones están difundiendo su influencia en Siria, con acceso tanto a dinero como a los medios de comunicación. Aunque son cuidadosos a la hora de expresar críticas, sus predicadores tienen un mayor alcance que otros en su misión revitalizadora. El gobierno traza líneas rojas, pero ve en su mensaje moderado un contrapeso al islam más radical, y en su fuerza, un aliado en su enfrentamiento con Estados Unidos.
El espacio del que han empezado a disfrutar la transforma en una fuerza imprevisible en un país diverso de 18 millones de habitantes. Mientras es retratado a menudo como un estado que se bambolea entre la dictadura y la democracia, Siria es mucho más complicada, su destino mucho más opaco. Hay en operación luchas entre fuerzas seculares y religiosas, entre gobierno y figuras de la oposición y, en Abu Nour y otros lugares, entre el clero respaldado por el gobierno y una tendencia más radical mantenida a flote por la guerra de Iraq. Todos están dando forma a la identidad de un país cuyas perspectivas de cambio -todavía indefinidas y furiosamente debatidas- es un tema obligado.
El sentimiento de transición es tan fuerte que algunos predicadores aliados del gobierno ya han empezado a pensar en su reputación en el caso de que haya disturbios o que caiga el gobierno. Al otro lado de la frontera el ejemplo es Iraq, donde el clero, tanto chií como sunní, emergieron de las caóticas secuelas de la invasión norteamericana en 2003 como una de las pocas instituciones capaces de ejercer alguna influencia.

Haciendo Tiempo
"En esta fase están simplemente haciendo tiempo, sabiendo que las cosas les resultarán como quieren, que sus capacidades de organización les permitirán rellenar cualquier laguna", dijo Ammar Abdulhamid, un editor que dirige una organización no-gubernamental en Damasco que se concentra en la conciencia cívica. "No tienen prisa. Han estado haciendo tiempo durante décadas, y son muy pacientes".
Siria y en particular su capital sigue siendo mucho más secular que muchas otras ciudades árabes -El Cairo o Bagdad, por ejemplo. El empedrado Casco Viejo de Damasco ha sufrido un renacimiento. Sus características casas, con sus balcones suspendidos sobre sinuosos callejones, albergan alegres bares y elegantes restaurantes que atienden hasta bien entrada la noche a las clases adineradas de Siria.
Pero la lucha por la identidad de Siria a menudo se libra en esferas donde el estado tiene poco que decir. Los fieles están trazando fronteras entre ellos y el gobierno baazista que llegó al poder hace más de 40 años en nombre del nacionalismo árabe secular. El velo de las mujeres es la manifestación más común, y su dispersión en la década pasada sigue siendo asombrosa. Otras expresiones exteriores de devoción son también comunes: los hombres llevan barba y se privan de llevar anillos de oro, que se dice que el profeta Mahoma desalentó. Más y más sirios se acercan a las mezquitas, incluso en los más lujosos barrios de la capital.
Durante gran parte de la independencia siria, la Hermandad Musulmana atendió esos sentimientos religiosos, especialmente entre los sunníes, que constituyen la mayoría en Siria. (El presidente Bashar Assad y sus aliados más cercanos pertenecen a la minoría alauita, una versión del islam chií). Pero en un sangriento enfrentamiento con el gobierno a fines de los años setenta y principios de los ochenta, miles de partidarios de la Hermandad fueron matados o encarcelados, y sus dirigentes obligados a exiliarse.
El grupo sigue siendo un comodín en la política siria. Algunas figuras de la oposición -divididos y con el apoyo de varios miles- han llamado a acercarse a la Hermandad como un modo de fortalecer sus posiciones. Desde el exilio la Hermandad ha instado en abril a un diálogo nacional. El gobierno mismo ha coqueteado con la idea de la reconciliación, aunque sigue estando dividido.
"Nos preocupa la influencia de la Hermandad, dijo el ministro de Información Mehdi Dakhlallah, considero un reformista en el gobierno. "Personalmente estoy contra la coalición entre religión y política, especialmente en sociedad de religiones múltiples, como Siria y el Líbano".
Con más influencia hay toda una generación de clérigos apoyados por el gobierno, que gozan de libertad de predicación, aceptan estudiantes y hacen proselitismo como quieren. Apoyan la visión conservadora de la sociedad, pero con una mensaje políticamente apagado.
"No estoy hablando en nombre de Dios", dijo Mohammad Habash, un influyente clérigo. "Eso no conviene a nadie".

Mensaje de Pluralismo
Habash es un miembro independiente de inefectivo parlamento sirio y director del Centro de Estudios Islámicos. Delgado, con entradas prominentes y barba recortada, entrega un mensaje de pluralismo que evoca el impulso reformista del islam político que se observa entre algunos activistas en Egipto, Turquía y Jordania.
Con permiso del gobierno y financiamiento de la clase empresarial dominada por los sunníes en Damasco, Habash ha organizado foros y coordina grupos de estudios diariamente. Lee todos los días un sermón de una hora para una radio privada, y está planeando un programa de dos horas para un nuevo canal de televisión sirio. Evita todo programa político, pero trató -sin éxito, según dijo- de reconciliar al gobierno con la Hermandad.
Algunos de los colegas de Habash, especialmente los que esperan cambios fundamentales en Siria, le han instado a mantener su distancia del gobierno para conservar su reputación. Sigue siendo cuidadoso con sus críticas. Pero ha llamado al cambio, advirtiendo que el gobierno tendrá problemas si las reformas no son sinceras.
"Si pierden esta oportunidad", dijo, "el futuro de la vida política de Siria será muy difícil".
Casi desde el alba del islam en el siglo 7, el clero ha luchado con dónde trazar la línea entre su independencia y su autoridad. A menudo la ha trazado cerca de los gobernantes, cuyas órdenes eran absolutas, y algunos en Siria todavía utilizan un antiguo término para describir a la generación de hoy: mushayikh al-sultan, el clero está en deuda con el poder (y se hacen ricos en el camino).
Pero Siria está sufriendo los dolores de revisar lo que constituye la autoridad y la legitimidad que proporciona, mientras el gobierno lucha por justificar su poder, romper su aislamiento y derrotar los intentos norteamericanos de socavarlo. Incluso si el clero no representa una amenaza para su autoridad, tiene mucho que decir a la hora de definir las ideologías que subyacen en la identidad siria -sea el nacionalismo árabe, el patriotismo sirio, el liberalismo laico o el universalismo musulmán. Algunos dicen que es casi seguro que aumenta la influencia del clero en cualquiera transición que sufra Siria.
"En una democracia, estarían en el poder, pero no ahora", dijo Haitham Maleh, abogado y activista de la oposición que ha intentado defender a los detenidos de la Hermandad Musulmana. "Si se sintieran protegidos, dirían: ‘Aquí estamos'".
La lucha por la identidad se siente quizás más agudamente en Aleppo, una bonita ciudad de 2 millones de habitantes en el norte de Siria que ha estado tratando durante largo de tiempo compitiendo por influencia con Damasco y es considerada como una de las ciudades más religiosamente conservadoras del país.
En su Casco Viejo, entre tenderetes de cardamomo, jenjibre, comino, hibisco y limones secos, las en el pasado omnipresentes fotografías del presidente y de su difunto padre y predecesor, Hafez Assad, son ahora superadas por pancartas religiosas que celebran el día de nacimiento del profeta Mahoma. Pintadas en su barrio más viejo, dicen: "Dios" y "Mahoma".

Distancia de la Política
El principal clérigo de la ciudad es Ahmad Hassoun, 55, un carismático y antiguo miembro del parlamento. Se rumorea ampliamente que facilita el pasaje de combatientes a Iraq, una acusación que rechaza. Es partidario de un islam moderado, que evite la política y luche por la justicia. Al mismo tiempo, denuncia al nacionalismo árabe que apuntala al gobierno, aunque apoya lo que describe como el intento de Assad de reformar la dirigencia que "en 40 años se ha acostumbrado a tomar decisiones por sí misma".
En Damasco, se hace eco de sus palabras Salah Eddin Kuftaro, que supervisa la enorme infraestructura de la mezquita de Abu Nour. El nacionalismo árabe, dijo -un concepto usado por muchos para referirse al gobierno baazista- no ha significado más que "debilidad y derrota".
La oficina de Kuftaro, adornada con un retrato de su padre, el último gran mufti de Siria, y un retrato más pequeño del presidente, se encuentra en el cuarto piso de un edificio que atiende a 7.000 alumnos de 60 nacionalidades, de los 3.000 de hace 10 años. Su presupuesto anual es de casi 1.5 millones de dólares. Una habitación alberga 13 ordenadores, usados para poner al día las dos páginas en la red de la mezquita. Sus obras de caridad asisten a 1.500 huérfanos.
Kuftaro dijo que su padre le dio un consejo sabio: "Nuestro distanciamiento de la política nos procura éxitos". Sigue firmemente aliado con el gobierno. Pero agregó: "Es importante que hablemos de política, aunque no la ejercitemos".
"Lo que se pide al gobierno sirio es que acelere las reformas", dijo, con un traje oscuro de rayas diplomáticas. "La marea está llegando y será abrumadora. El tsunami de los halcones americanos no mostrará piedad para con nadie".
Este viernes, mientras miles de personas se dispersaban tras el sermón semanal, Kuftaro se reunía con el presidente del parlamento sirio, Mahmoud Abrash. Sentados en sillas, intercambiaron amenidades. Charlaron. Les hicieron fotografías. Entonces Kuftaro habló, reflexionando sobre la línea entre lo que se espera de él y lo que él esperaba.
"Dios bendiga al parlamento y al presidente", dijo a Abrash. "Usted está logrando que triunfe la religión".
"¡Viva la religión!", declaró entonces Kuftaro. "¡Viva el parlamento!"

27 de mayo de 2005
©washington post
©traducción mQh
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