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página roja

dos asesinatos treinta años después


[Sarah Schweitzer] Ex detective acusa a vecino de casos de asesinatos no resueltos.
Merrimack, New Hampshire. No tiene pruebas de ADN, no tiene testigos. Pero Joseph Horak dice que sabe el asesino de dos niñas de quince, de Merrimack, en 1973, está vivo y coleando, culpable pero nunca acusado, y todavía vecino de esta ciudad donde muchos le conocen.
Tan seguro está el jubilado detective de Merrimack que subió al proscenio de la biblioteca de la ciudad hace poco y, con el suave tono de Nueva Inglaterra, leyó fragmentos de su último libro, publicado por él mismo, en el que menciona, en la última página, al hombre que cree que es un asesino. Horak contó que ha sospechado del hombre desde que las niñas de secundaria desaparecieran y fueran encontradas muertas en el bosque 81 días después.
"Os diré algo: Si no estuviese seguro de que es el asesino, en el libro no lo habría mencionado nunca", dijo Horak, 78, a la absorta audiencia. "Me pongo yo mismo en peligro, pero cuando gastas 34 años en un caso, tienes la obligación de hacer lo que puedas para llevarlo a alguna conclusión".
La mención del sospechoso causó escándalo en esta ciudad del sur de New Hampshire, provocando un macabra curiosidad entre los vecinos más antiguos que recuerdan el terrible desconsuelo en la época de la muerte de las niñas, y las desenfrenadas especulaciones de que el asesino podía ser uno de ellos.
El libro ‘Pride and Honor' lleva semanas en la lista de espera en la biblioteca, y la sesión de autógrafos del mes pasado estuvo llena hasta los topes, con un público de más de ochenta personas, que ni tocaron las galletas y limonada mientras disparaban sus preguntas durante casi dos horas.
"¿Alguna vez le amenazan por teléfono?", preguntó una mujer.
"No", dijo Horak. "Pero a menudo he esperado una llamada así".
"¿Cree que su denuncia ha impedido que el sospechoso someta otros crímenes?", preguntó otro.
"Quizás", dijo Horak.
Para algunos, el libro confirmó viejas sospechas. "Hay un montón de gente que sabe quién lo hizo, pero tienen miedo de dar la cara", dijo Kevin Hieken, un obrero de la cervecería Anheuser- Busch Merrimack, que dijo que había conocido a las niñas.
Otros dicen que el libro sólo ha provocado más interrogantes. "Tiene que haber algo más detrás de todo esto", dijo Betty-Jo Overton, nativa de Merrimack.
El Globe no puede revelar la identidad del hombre mencionado en el libro de Horak, porque no ha sido nunca considerado sospechoso por la policía ni ha sido acusado en el caso.
En una breve entrevista telefónica, el hombre dijo: "Yo vivo en esta ciudad, hago negocios en esta ciudad, y he vivido en esta ciudad en los últimos 35 años y no he llegado a ninguna parte". Continuó: "Ese hombre ha hecho un chiste nombrándome en un libro que... está usando mi nombre".
Una mujer en la casa del hombre, que se identificó como su esposa, dijo que ella y su marido están pensando en consultar con abogados con respecto al libro.
Especialistas jurídicos dijeron que Horak se expone a una querella por acusar al hombre, así como la imprenta Airleaf Publishing, de Indiana.
Algunos vecinos dicen que Horak es un hombre obsesionado. Después de jubilarse del cuerpo policial por incapacidad tras un accidente de carretera en horas de servicio en 1977, ha invertido innumerables horas en el caso. Ha gastado más de dieciocho mil dólares en la publicación de tres libros sobre su carrera en la policía y el caso, mencionando al supuesto asesino solamente en su tercer libro, en lo que llama su último y desesperado esfuerzo de concluir el caso. Ha recuperado sólo una pequeña parte de su inversión, vendiendo sus libros donde quiera que va. Está ofreciendo, junto con un jefe de policía de Candia, una recompensa de cinco mil dólares por informaciones que conduzcan a la solución del caso. Se ha enajenado la voluntad de algunos familiares de las niñas asesinadas, que ahora dicen que preferirían que dejara tranquilo el asunto.
"Yo tenía trece años cuando ocurrió eso", dijo Mike Compagna, hermano de una de las niñas. "Cada vez que se recuerda, produce dolor. Se resuelva o no, seguirán muertas".
En una entrevista, Horak, viudo y padre de dos hijos maduros, dijo que está cumpliendo con la promesa que le hizo a las niñas. Ante sus tumbas hace mucos años, dijo, juró que atraparía al asesino.
"Prefiero jugarme el todo por el todo antes que retirarme", dijo.
Las niñas, Diane Compagna y Anne Psaradelis, fueron vistas vivas por última vez un día de julio de 1973 en Hampton Beach. Las chicas había dicho a sus padres que pasarían la noche en la casa de la otra. La policía buscó a las adolescentes durante casi tres meses.
El 29 de septiembre de ese año, un cazador encontró en los bosques cerca de Candia el cuerpo de una de las chicas. La policía descubrió pronto, no muy lejos de ahí, el cuerpo de la segunda niña. Nadie fue arrestado por el crimen.
Jeffery Strelzin, asistente del fiscal general y director de la brigada de homicidio del estado, dijo que el caso es uno de los 96 que no han sido resueltos en NewHampshire desde 1970 y no está archivado. Agregó que no se habían producido detenciones porque no había suficientes evidencias.
"Independientemente de lo que piense la gente, lo que importa es que el estado deben tener evidencias admisibles que podamos usar en tribunales para demostrar la culpabilidad de alguien más allá de una duda razonable", dijo Strelzin.
El pasaje del tiempo usualmente perjudica los casos más antiguos, pero también puede ser una ayuda, dijo. "Las lealtades cambian, y la gente que antes no quiso hablar, lo harán ahora".
Horak especula que los asesinatos ocurrieron de este modo: Compagna y Psaradelis conocían a su asesino. El 12 de julio, dice Horak, las dos niñas aceptaron que el hombre las llevara a casa desde Hampton Beach. En ruta, pararon en una gravera en Candia, y el hombre engañó a Compagna, haciéndola internarse cada vez más en el bosque, donde tuvieron sexo y la estranguló, dijo Horak.
Horak dijo que los motivos del hombre para matar a Compagna fue que ella le había contado que estaba embarazada de él. El hombre volvió a la gravera y dijo a la otra chica que a Compagna le estaba pasando algo. Cuando Psaradelis lo siguió, el hombre la estranguló a ella también, dijo Horak.
En el curso de los años, Horak ha tenido contactos intermitentes con el hombre al que acusa. Le ha enviado tarjetas navideñas y hace poco le envió un ejemplar de su libro, con la dedicatoria: "Lee sobre tu vida".
El hombre, dijo, le devolvió el libro sin la página autografiada.

schweitzer@globe.com

©boston globe
©traducción mQh
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fue violada y enterrada viva


China: Adolescente sobrevive enterrada 6 días tras haber sido violada.
Pekín, China. Una joven de 15 años fue violada y después enterrada en una mina de carbón abandonada donde sobrevivió durante seis días bajo las piedras, aunque se encuentra en situación grave, informó hoy el diario Beijing News.
La joven fue supuestamente violada por el socio de su padre en su negocio de taxis, un hombre de 50 años apellidado Gou, quien engatusó a la adolescente para que fuera con él en el auto a la mina abandonada en la municipalidad de Chongqing (suroeste de China) el pasado 8 de junio, cuando la joven salió de su escuela.
Allí fue violada y golpeada hasta quedar inconsciente por Gou, quien la ató y la enterró boca abajo entre las piedras, según el rotativo.
Gou regresó al día siguiente y la volvió a violar y a golpear con piedras, lo que causó muchas heridas a la joven, que entró en coma durante tres días.
El 13 de junio, la joven se despertó con la lluvia y pudo lamer algunas gotas que se filtraron en el pozo, según relató a sus padres tras ser rescatada.
"Podría perder la visión de su ojo izquierdo y su vida corre peligro debido a que las 21 heridas en su cuerpo son de gravedad," señalaron fuentes médicas.
La policía descubrió a la joven seis días más tarde, después de que sus padres denunciaran su desaparición.
La adolescente señaló al ser rescatada que al salir del coma le dolía tanto todo el cuerpo que no podía ni gritar.
El supuesto atacante se encuentra bajo custodia policial.

22 de junio de 2007
©emol
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desbaratan firma de homicidios


Nuevos arrestos en caso de ‘empresa' dedicada a ejecuciones en Brasil.
Autoridades de Brasil arrestaron hoy a otros cinco hombres acusados de integrar un ‘grupo de exterminio', que funcionaba con el mecanismo de una empresa especializada y habría asesinado a unas 1.000 personas por tarifas de hasta 2.500 dólares.
En una operación conjunta entre la Policía Federal, la Policía Militar y la Policía Civil fueron detenidos tres agentes policiales y dos civiles en el interior del estado de Pernambuco (noreste), acusados de integrar la banda de sicarios.
La policía cumple 20 nuevas órdenes de detención en seis ciudades de Pernambuco, como resultado de investigaciones bajo sigilo iniciadas en abril.
Las detenciones de este miércoles son resultado de confesiones de otros detenidos por el mismo caso. La operación, llevada a cabo por 350 policías provenientes de seis estados, detuvo desde el 12 de junio a 29 sospechosos.
Uno de los policías arrestado fue identificado como José Arruda Filho, acusado de participar en dos asesinatos y sospechoso de otros nueve, como parte de la banda encargada de ejecutar a empresarios, comerciantes y usureros por tarifas que variaban desde 526 y 2.631 dólar por trabajo, según la Policía Federal.
El delegado de la PF en Pernambuco, Jorge Pontes, llegó a calificar la organización criminal como "una sociedad anónima de homicidio" que durante los últimos cinco años mataba a un ritmo de cuatro personas por semana.
La organización incluía a pistoleros, financistas, conductores y encargados de la logística para suministrar y esconder armas para los sicarios. Como cabecilla fue indicado Rosemário Bezerra de Menezes, de 37 años.

21 de junio de 2007
©la nación
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gendarmes lo violaron y mataron


[Abelardo Caroca] Investigan muerte de joven por torturas en San Fernando. Denuncian brutal asesinato tras torturas y violaciones sodomíticas.
Madre de joven reo interpuso querella contra gendarmería por apremios ilegítimos, golpes de puño y pies y vejámenes de orden sexual que incluyen violación sodomítica y que habrían sido la causa de su deceso, cuando aún no cumplía veinte años. Gendarmería inició investigación.
La aplicación de tormentos y torturas a los detenidos está expresamente prohibida por tratados internacionales suscritos por Chile y el rechazo a esta práctica forma parte del proceso de reencuentro nacional una vez recuperada la democracia y que se concretó en el Informe Valech.
Sin embargo, lamentablemente, dicha práctica todavía tiene vigencia en maltratos denunciados esta vez por la madre de Luis Gerardo Romero Jara, quien -según su denuncia- recibió torturas de personal de Gendarmería en la Cárcel de San Fernando, que le habrían provocado la muerte.
El joven estuvo detenido entre el 31 de agosto de 2005 y el 28 de marzo de 2006. Falleció en febrero de 2007, cuando aún no cumplía veinte años.
Es precisamente las cárceles el lugar donde más desprotegidos se encontrarían los detenidos pues -sostiene- es a muy pocos a los que les preocupa qué pasa con los detenidos, si son castigados o no, no hay mecanismo de control y a muchos abogados se les impide el acceso de visita a un cliente, mediante cualquier pretexto emanado de la superioridad, todo amparado en la seguridad de la población penal. Ello da una libertad desmedida a los funcionarios para cometer actos que van contra los derechos humanos de los internos, como es este caso que -según la querella presentada en tribunales- murió producto de la brutal paliza que sufrió al interior de la cárcel.
La madre del joven Luis Gerardo Romero Jara peregrinó por varios servicios públicos pidiendo ayuda para salvar la vida de su hijo. Seis gendarmes -según indicó María Jara Farías-, le preparan ‘la bienvenida' a la unidad, por lo que fue brutalmente golpeado con golpes de puño y pies, apremios, violencia innecesaria y vejámenes de orden sexual como abuso y violación sodomítica.
"Mi hijo sufrió mucho. Cuando fui a verlo estaba lleno de hematomas y le costaba moverse. En todos los servicios denuncié este hecho, pero nadie me creyó. Le pedimos que mi hijo sea cambiado de unidad, pero no se nos hizo caso. A él lo golpearon mucho, y los gendarmes se rieron en mi cara cuando les fui a decir que los denunciaría. Ellos me echaron de la unidad y me dijeron: ‘Hace lo que querái, veremos quién gana'", sostiene.
La mujer añade que "ellos casi matan a mi hijo producto de los golpes". Al consultarle del porqué detienen a su hijo, indica que "fue una pelea de curados. Mi hijo y un grupo de amigos estaban medio curados, y se enfrentan y esta persona que iba era un gendarme y cuando huye denuncia el hecho a Carabineros indicando que fue un asalto, y ahí comienza nuestro calvario. Mi hijo es detenido y llevado a la misma cárcel donde trabajaba el gendarme".
"No tenían porqué pegarle tanto", dice y cuenta que su hijo, producto de esta golpiza, muere en febrero de 2007. "Cuando salió de la cárcel tenía que usar pañales porque no podía contener, le dañaron el colon con la introducción de bastones y la violación reiterada. Ni los animales son capaces de hacer tanto daño, y hoy por la memoria de mi hijo quiero justicia", enfatiza.
La mujer subraya que "espero que ahora que mi hijo ya murió estos asesinos paguen por lo que hicieron. Mi hijo no tenía antecedentes. Estudiaba de noche y trabajaba -comenta la afligida mujer entre sollozos-: no me escucharon, me arrodillé ante un fiscal para pedir que hiciera algo, pero no hizo nada. Nadie me creyó", reclama muy angustiada María Jara Farías.

Lo Torturaron en Democracia
En tanto el abogado patrocinador de la querella, Saturnino Muñoz Briceño, indica que el tribunal acogió a tramitación la querella el día 25 de mayo y "por el alevoso crimen contra una persona indefensa por parte de agentes del estado estamos pidiendo cuarenta años de reclusión. Ello se configura -indica el abogado- porque se cometieron delitos de lesiones gravísimas, apremios ilegítimos, violencia innecesaria, torturas, abuso sexual reiterado y violación sodomítica".
La víctima de este delito puede ser calificado -señala el abogado- como "torturado en democracia, sus tácticas recuerdan claramente actividades ilícitas de regímenes totalitarios y técnicas propias del desaparecimiento de personas, con el agravante que estas se han cometido en democracia". El abogado indica que existen certificados que señalan que al ingresar a la cárcel no presentaba lesión alguna, y sin embargo después presentaba lesiones internas certificadas mediante examen médico y clínico.
El querellante afirma que luego de la paliza y las torturas se dan cuenta de que se les pasó la mano, el detenido no reacciona y es sacado de la unidad y trasladado hasta el Hospital de San Fernando, lugar donde "con la complicidad de la funcionaria es ingresado como N.N. Este elemento de clandestinidad delata el accionar de Gendarmería", señala categórico el abogado Muñoz.
Las múltiples golpizas le produjeron hematomas y hematuria (orinar sangre), además de afectarle el oído interno medio, lo que lo dejo con secuelas de pérdida de sentido del equilibrio.
En tanto los abusos sexuales y violación sodomítica, que consistieron en golpes en la zona genital e introducción de bastones en el ano, le deformaron el colon y provocaron una fecalota (acumulación de excrementos sin poder evacuar) que a la postre le hizo fallecer. El abogado indica que "todas las instituciones fallaron miserablemente".
Muñoz Briceño agrega que Luis Romero Jara estuvo detenido desde el 31 de agosto de 2005 al 28 de marzo de 2006, época en que aún siendo condenado por el tribunal oral en lo penal de San Fernando queda en libertad, vale decir -indica el abogado- "el proceso resultó ser más gravoso que la sentencia misma".

Los Gendarmes Mandan Más Que el Juez
Otro hecho oscuro en el proceso -indica el abogado- es que el imputado preso alegó desde el primer momento malos tratos por parte de Gendarmería. Es por ello que el tribunal respectivo de garantía de San Fernando decretó su traslado a otra unidad el día 2 de septiembre de 2005, pero los gendarmes hicieron caso omiso a esta resolución de un tribunal y materialmente el traslado solo se realizó a fines del mes respectivo.
"¿Con qué objeto? Era para que llegara lo más sano posible a la otra unidad. El trasladó se dilató para minimizar las evidencias externas de las palizas y vejámenes y es por ello que vale la pena preguntarse: ¿quién manda, el tribunal o Gendarmería?", recalca el querellante.
"Ante un tribunal vamos a aportar las pruebas contra los gendarmes individualizados y a ellos como responsables directos les solicitamos cuarenta años de presidio, y luego estudiaremos acciones a seguir contra algunas instituciones del estado que fueron cómplices de este delito", sentenció finalmente el abogado querellante Saturnino Muñoz Briceño.

1 de junio de 2007
©el rancagüino
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decapitó a su madre


Y se entregó con la cabeza.
Fukushima, Japón. Un adolescente de 17 años que llevaba la cabeza de su madre en una bolsa se entregó hoy a la policía en una comisaría de la provincia de Fukushima (norte de Japón) y confesó a los agentes que la había matado, informó la agencia Kyodo.
Según esta misma fuente, el joven acudió solo hasta una comisaría de la localidad japonesa de Aizuwkamatsu, en la provincia de Fukushima, sobre las 07.00 de (22.00 de ayer GMT) y comentó a los agentes que dentro de la bolsa llevaba a su madre, a la que había matado durante la madrugada.
El joven, estudiante de último curso de secundaria en un instituto de la localidad, respondió con tranquilidad a las preguntas realizadas por la policía, que ha abierto una investigación para esclarecer lo sucedido.
Posteriormente, los agentes acudieron hasta la vivienda del adolescente en la misma ciudad y encontraron el cuerpo de la madre decapitado sobre un sofá-cama.
Al parecer, la cabeza de la mujer fue separada del resto de su cuerpo con un cuchillo que fue encontrado junto al cadáver de la mujer.
El adolescente fue detenido bajo la presunción de haber asesinado a su madre.
El diario Asahi afirmó en su edición digital que el joven, que recientemente había faltado a clase con frecuencia, dijo a la policía que se debe acabar con la guerra y con el terrorismo y que no le importaba matar a su madre para conseguirlo.
El joven, al que las autoridades van a someter a pruebas psicológicas para comprobar si tiene las facultades mentales mermadas, vivía con su hermano en la localidad de Aizuwakamatsu y su madre solía visitarlos los fines de semana.
Según Asahi, el hermano dormía en la casa cuando su madre fue asesinada, pero no se dio cuenta de lo que sucedía en la habitación de al lado.

15 de mayo de 2007
©la nación
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lapidan a adoradora del diablo


Apedreada hasta la muerte. Una adolescente de la secta yazidí, lapidada en Irak por querer casarse con un musulmán.
La lapidación de una chica de 17 años de la secta yazidí -una antigua minoría religiosa kurda que venera al Diablo- ha recrudecido la violencia en el norte de Irak. Doaa Aswad Dekhil se enamoró de un musulmán y se convirtió al islam con la intención de casarse con él. De vuelta a casa, 2.000 personas de su pueblo, Bashika, cerca de la localidad de Mosul, observaron cómo un grupo de ocho o nueve hombres, presuntamente de su familia, la apedrearon hasta la muerte mientras un vecino anónimo grabó la escena con el teléfono móvil.
Las imágenes no tardaron en colarse en Internet y lo que se ve en ellas pone los pelos de punta. Una chica morena vestida de rojo intenta evitar las piedras. Está cubierta por su propia sangre. La muchacha intenta levantarse, pero alguien la empuja y otra persona le machaca la cabeza con un trozo de hormigón. Todo indica que el asesinato tuvo lugar el 7 de abril pasado.
"Nunca habíamos visto en Irak un incidente de estas características, tan cruel y fuerte", confirmaba ayer en Madrid a este periódico la ministra de Derechos Humanos de Irak, Wijdan Mijail Salim. La ministra aseguró que varios hombres han sido detenidos por el asesinato de la joven, pero no concretó el número. La muerte de la joven ha sido condenada por Amnistía Internacional, que puntualiza que existen algunas dudas sobre qué pasó realmente: "Algunos informes afirman que se convirtió al islam, pero otros lo niegan". La organización asegura que la chica tardó 30 minutos en morir y que un líder religioso de la secta intentó acogerla en su casa.
Todo indica que la venganza llegó días después, cuando 21 seguidores de la secta yazidí murieron en una emboscada tendida por un grupo armado en la ciudad de Mosul.
La confesión de los yazidís (unos 300.000 fieles) venera a Satán, al que consideran el verdadero dominador del universo. Por eso son también conocidos como los Adoradores del Diablo. Los fieles pueden comer cerdo y beber alcohol, pero de ninguna forma pueden comer lechuga. Su religión -una mezcla de islam, judaísmo y cristianismo- tiene muchas reglas: los varones no deben arrancarse ni un solo pelo, ni lavarse, ni siquiera la cara, y las mujeres tienen que ir siempre de blanco, y no pueden aprender a leer ni a escribir. El azul es un color prohibido.
Mientras tanto, la violencia dejó ayer al menos 64 personas muertas en distintos ataques y enfrentamientos registrados en todo Irak, 23 de ellos en Ramadi, informa Efe. El periodista muerto el domingo pasado junto a seis soldados estadounidenses en un atentado es el fotógrafo ruso Dmitry Chebotayev.

8 de mayo de 2007
©el país
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su vida como fugitivo


[Michael Wilson] Fugitivo cuenta sobre su vida eludiendo el brazo de la ley.
Danemora, Nueva York, Estados Unidos. Verlo sentado en una silla de plástico al otro lado del plexiglass de la cárcel, es difícil para un visitante imaginar que Ralph J. Phillips, mejor conocido como Bucky, el año pasado eludió hasta su captura a cientos de agentes de la policía del estado en una cacería por ciudades y montes en el campo del oeste de Nueva York durante casi cinco meses.
Se ha declarado culpable de disparar contra tres policías del estado, uno de ellos herido mortalmente, cuando huía después de fugarse de la cárcel, y ha sido condenado a cadena perpetua. Antes del asesinato, Phillips tenía unos partidarios en el Southern Tier del estado, que llevaban camisetas con su nombre. Ahora, los visitantes a la penitenciaría del condado de Clinton deben saber el número del recluso, 06-B-3437, para poder verlo.
En su primera entrevista desde su captura el 8 de septiembre, Phillips, 44, habló en detalle sobre su vida como fugitivo, describiendo un montón de maniobras extraordinariamente afortunadas y temerarias, que le permitieron seguir en libertad. Aunque expresa pesar por el policía muerto, también hizo bromas y sonrió cuando recordó momentos de sus días y noches como fugitivo de la ley.
"Disfruté de esos pocos meses más de lo que he disfrutado toda mi vida", dijo.
Una vez, se dejó seguir por dos policías por una retorcida ruta en lo más profundo de un bosque y esperó, fumando un cigarrillo en la cima de una colina, a que apareciera un helicóptero buscándolos.
Varias veces, dijo, se disfrazó de policía con un uniforme que había conseguido con un conocido, llegando una vez a hablar con otro policía que no lo reconoció.
Robó coches y entró a casas sin cerrojo y en caravanas. Se movilizaba fundamentalmente de noche, y pasaba largos y solitarios períodos en el bosque, comiendo conejos y pescado y durmiendo en la tierra. Dijo que atacó a un cazador de recompensas que llevaba una fotografía de Phillips colgando de su espejo retrovisor.
Y ofreció nuevas indicaciones sobre las razones de su primera fuga, revelando que había sido injustamente condenado y que corría el riesgo de pasar no unos días sino varios años en prisión.
La entrevista duró cuatro horas; las reglas de la cárcel prohíben grabar o tomar apuntes de las entrevistas. Phillips, con su larga cabellera estirada hacia atrás y luciendo una delgada barba cenicienta, se puso serio cuando la conversación pasó a su familia y los tiroteos y tuvo estallidos de rabia cuando habló de cómo le trataban en la cárcel. Se levantó una vez con su amplio cuerpo para mostrarme cómo sostuvo el rifle la noche en que mató al policía.
Muchos de los detalles que ofreció Phillips no pudieron ser confirmados, pues no había nadie más con él, y, para no implicarlos, no mencionó ni a amigos ni familiares que puedan haberle ayudado.
El fiscal de distrito del condado de Chautauqua, David W. Foley, que lo procesó por el homicidio del policía, dijo ayer que no había oído nunca la historia de Phillips sobre el uniforme de policía, pero que sus descripciones de la vida en el bosque, robando y ocultándose con amigos, fueron corroboradas por declaraciones de testigos, evidencias físicas y las propias palabras de Phillips.
Un portavoz de la policía del estado dijo que el departamento no comentaría ni confirmaría ninguna de las afirmaciones de Phillips. Sin embargo, una crítica del sindicato de policías sobre cómo se manejó la cacería describe situaciones similares a las relatadas por Phillips.
Todo empezó el año pasado cuando Phillips se escapó de la penitenciaría del condado de Erie, en las cercanías de Buffalo, el 2 de abril, una hazaña que se hizo ampliamente conocida debido a que se dijo que había usado nada más que un abrelatas para escapar por el cielo raso, y que estaba por salir.
En la entrevista, Phillips dijo que el primer detalle no era cierto. Para penetrar el delgado cielo raso de una bodega y la capa de caucho por fuera, usó un destornillador, como cincel, y la parte superior de una lata de comida de tamaño industrial. Introdujo un palo por el boquete, con un pequeño espejo amarrado en su extremo, para mirar. Huyó, dijo, porque estaba convencido de que le revocarían para siempre la libertad condicional de que gozaba por una sentencia por drogas. "Tenía que volver a la cárcel de todos modos", dijo.
Se sorprendió cuando más tarde se enteró de que iba a ser dejado en libertad, y dice que si lo hubiera sabido, no se habría fugado. "No soy estúpido", dijo.
Phillips escapó hacia una zona boscosa, donde pasó los siguientes días, dijo. Pasó frío y hambre, y a veces comió gusanos y cangrejos de río, y a veces recogió comida de los tachos de basura. Una vez robó unas hamburguesas en una zona de parrilladas. Para no pasar frío, durmió sobre pilas de hojas y ramas, debajo de troncos podridos. Hacía fuego frotando palos.
"Caminé un buen montón", dijo. "Tenía ampollas debajo de las ampollas".
Finalmente buscó contacto con amigos y familiares del condado de Chautauqua, donde vivió de niño en pequeños pueblos y cerca de reservas indias. Su padre era un séneca de pura sangre, dijo.
La cacería no empezó en serio sino hasta después de que, el 10 de junio, Phillips atacara e hiriera al policía Sean M. Brown en una carretera frente a Elmira. Phillips se ha declarado culpable de ese tiroteo, pero se negó a comentarlo en la entrevista, diciendo que apelará esa condena. Policías de todo el estado de Nueva York convergieron sobre el condado de Chautauqua, dirigidos por el mayor Michael T. Manning, comandante de Troop A al oeste de Nueva York, conocido por sus francas declaraciones sobre el fugitivo.

Figura de Culto, por un Tiempo
Phillips dijo que estaba cocinando un salchichón de venado que había robado a un desconocido, en una caravana desocupada que había ocupado, cuando vio en la televisión al mayor Manning y se ofendió por sus observaciones. (No queda claro, en una revisión de las declaraciones del mayor Manning en varias ruedas de prensa, qué puede haber dicho exactamente que causara la indignación del fugitivo).
Desde entonces, dijo Phillips, se propuso humillar al mayor. "Lo que la gente no entendía era que yo quería dejar en ridículo a ese hombre", dijo.
Describió sus tácticas basadas en el juego del gato y el ratón: se dejaba ver a posta para que lo siguieran, y luego se escapaba a lugares lejanos como Ohio, Kentucky y West Virginia en coches que recogía en las reservas. Cuando estaba en la zona de Chautauqua, controlaba los movimientos de la policía con un escáner policial. Compraba celulares y se deshacía de ellos después de usarlos una vez.
Recuerda haber visto en un sendero a desconocidos que llevaban camisetas con el nombre ‘Bucky'. Se enteró de que había letreros y camisetas con los textos de ‘Corre, Bucky, Corre' y ‘¿Dónde está Bucky?' y que se había convertido en una suerte de personaje de culto.
Un restaurante llamado Grandma's Kitchen empezó a servir la Hamburguesa Bucky.
"Ridículo", dijo Phillips esta semana. Nunca comió una, dijo, porque la zona estaba "demasiado caliente" en esos momentos, pero visitó ese restaurante al menos una vez y estaba leyendo el diario cuando entraron los policías a almorzar. Otros en el restaurante lo reconocieron, pero hicieron la vista gorda, dijo.
Una vez, cuando salía del bosque, chocó sin darse cuenta con dos policías. "Salí y ¡bam!, ahí estaban ellos", dijo.
Huyó hacia el bosque y se dejó seguir en las profundidades del bosque, descansando y pretendiendo que estaba exhausto, para que ellos no abandonaran la persecución, antes de abandonarlos. La Asociación Policial de Beneficencia se explayó más tarde sobre el incidente en una carta escrita sobre la cacería: "Dos policías se perdieron en el bosque y se ha utilizado un helicóptero del estado para encontrarlos".
Phillips dijo que se había enterado de que un cazador de recompensas llamado Michael, había amenazado que mataría al fugitivo y lo sacaría "arrastrando" del bosque. Phillips se colocó el uniforme de policía y se enfrentó al cazador cuando este se encontraba en su coche, pegándole un puñetazo en la cara. Del espejo colgaba una foto de él. "Le dije: ‘Yo soy Buck Phillips'", le dijo, advirtiéndole que se alejara de la zona.
Foley dijo que Phillips había contado su versión a los detectives, pero que el cazador de recompensas no se había presentado nunca.
Phillips dijo que su proeza más extraordinaria -su larga conversación con un policía, mientras llevaba el uniforme- pasó en Fredonia. Dijo que se acercó al policía y le preguntó: "¿Has visto algo?" y "Bueno, ¿qué pasa con este tipo?", y que estuvieron charlando durante una hora.
Foley dijo que no conoce a ningún policía que haya sostenido esa conversación. Daniel de Federicis, presidente del sindicato de policías, dijo que no creía en esa historia, ya que Phillips no se había afeitado y tenía el pelo más largo de lo que suelen llevarlo los policías cuando fue capturado. El ex abogado de Phillips, Richard Rich Jr., dijo que nunca oyó nada sobre el uniforme.

Asesinato por Reflejo
A principios de agosto, la policía dijo que habían encontrado una gorra y una insignia de tela de la penitenciaría del estado, en un coche que Phillips había robado.
El 31 de agosto, Phillips disparó contra dos policías, Joseph A. Longobardo y Donald Baker Jr., entre los arbustos donde estaban apostados para vigilar la casa de su ex compañero en Stockton. El agente Longobardo murió tres días después. Phillips se declaró culpable pero más tarde trató, sin éxito, de retirar sus declaraciones. Ha presentado mociones de que piensa recurrir.
En la entrevista del martes, Phillips repitió lo que había contado a la policía después de su detención, que creía que los dos hombres eran cazadores de recompensa -llevaban uniformes de camuflaje- y que ellos dispararon primero. Defendió sus acciones esa noche, pero dijo que lamentaba que el policía hubiera muerto. "Nadie tenía que morir", dijo. "No teníamos que llegar a ese punto".
Phillips dijo que vio a los policías cuando ellos lo vieron a él. Dijo que les había apuntado con el rifle que llevaba al cinto y empezó a acercarse con la intención de desnudarlos, amarrarlos con cinta adhesiva de tela y llamar a las autoridades para ridiculizarlas. Pero los hombres le dispararon, dijo.
"Fue simple reflejo", dijo. "Disparé". Dijo que siguió disparando hasta que los hombres dejaron de hacerlo, y escapó corriendo. No fue sino al día siguiente que se enteró por un amigo de que eran policías, y dijo que las noticias lo habían consternado.
La policía dijo que Phillips se acercó a ellos por un lado, y que el policía Longobardo lo vio y le dijo a su compañero que se agachara. Entonces Baker oyó un disparo y sintió que una bala perforaba su chaleco antibalas y entraba en su abdomen, lo que sugiere que Phillips disparó primero. La bala lo atravesó y salió por su espalda, y es por eso que el policía pensó al principio que le habían disparado por la espalda, dijo Foley. Esa creencia persiste: en los tribunales, el padre del policía herido llamó a Phillips "un perro que dispara por la espalda".
A juzgar por los cartuchos del rifle, Phillips disparó once veces, casi la mitad de ellas mientras corría, dijo Foley. Le dio a Longobardo en una pierna, sin salida de proyectil. La herida finalmente fue fatal. El policía Longobardo disparó nueve veces. Baker no disparó nunca. Foley dijo que la premeditación de Phillips quedó en claro en la carta que escribió antes de la balacera, en la que dice que necesitaba mejores armas porque "no me gusta que los tipos sigan corriendo después de que yo les dispare".
En la entrevista, Phillips describió numerosos y pequeños dramas.
Dijo que se había alojado con amigos en un destartalado departamento encima de un viejo garaje al sur de Cassadaga. Se le acabaron los cigarrillos y se montó en su moto para ir a la tienda, donde un niño lo divisó, jaló de la mano a su padre y le dijo: "¡Papi, ese es el hombre de la tele!", dijo Phillips.
Un coche policial lo siguió hasta su casa, donde Phillips corrió hacia arriba y le pidió a su amigo que se cambiara de ropa y atendiera al agente. El amigo se negó, y Phillips escapó por la puerta trasera. El incidente fue también una fuente de críticas al sindicato de policías.
El día que capturaron a Phillips, el fugitivo había cruzado un río en Pensilvania, cerca de la frontera, y se puso pantalones secos, y estaba caminando por una acera cuando topó con un policía.
Phillips se echó a correr y estaba trepando a la orilla del otro lado del arroyo cuando el agente le empezó a disparar, y una bala impactó el polvo entre sus dedos estirados, dijo. Escapó y pasó el día corriendo en los bosques, ocultándose de los policías, perros y avionetas.
El plan de Phillips era esperar la noche, y luego escapar arrastrándose.
"Entonces sonó mi celular", dijo. Era su hija, y aunque no dijo qué le dijo ella, el hecho es que lo convenció de que se entregara. Se alejó de la vegetación con las manos en alto y los agentes lo metieron a una patrullera y se lo llevaron a Buffalo.

Hurras para la Policía
Las calles estaban llenas de gente aplaudiendo a los agentes. Algunos abuchearon a Phillips.
"Alguna gente no tiene vida propia", dijo. "Quieren decir que fueron parte de algo importante".
El mes pasado, el mayor Manning se jubiló de la policía del estado. El sindicato policial había criticado agudamente su liderazgo durante la cacería y mencionado informes sobre pataletas y estupideces, matoneo y bravuconerías.
El jueves en su casa al oeste de Nueva York, Manning rechazó las declaraciones de Manning. "No me voy a meter en un debate con Ralph Phillips. ¿Por qué te vas a poner a debatir con un criminal de carrera que es el asesino de un policía?", dijo. "Yo estaba orgulloso de mi carrera y de todo el éxito que teníamos. Mi jubilación no tiene nade que ver con el asunto de Phillips".
En cuanto a Phillips, pasa 23 horas al día en una celda y una hora en una jaula para hacer ejercicios. Cuando los gritos de los otros reclusos en el pabellón de confinamiento solitario se le hacen insoportables, se mete unos pedazos de papel higiénico en las orejas. Lo vigila permanentemente un gendarme.
Dijo que no tratará de escapar y, pensando sobre su apelación, dijo: "No tengo motivos".

David Staba contribuyó al reportaje para este artículo.

9 de abril de 2007
©new york times
©traducción mQh
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juicio con espeluznantes fotos


[John Spano] Pero todos se olvidaron del hombre que pasó 11 años en prisión, acusado de algunos de los mismos crímenes.
Mostrando espeluznantes fotografías de mujeres estranguladas con las caras hinchadas, un fiscal de Los Angeles dijo hoy a los miembros del jurado que probaría que Chester Dawayne Turner era uno de los más prolíficos asesinos en serie de Los Angeles.
"Estas son las víctimas de un asesino", dijo el fiscal segundo de distrito Bobby Grace, apuntando las fotos. "Hoy podemos decir el nombre de ese asesino: Chester Turner".
Turner, con una camisa azul pulcramente planchada, observó atentamente el inicio de un juicio que podría terminar en una sentencia de muerte. Se ha declarado inocente de los once homicidios cometidos en los años ochenta y noventa.
Los fiscales dijeron que están preparados para demostrar que el ADN lo vincula con las muertes. El abogado de Turner, John Tyre, reservó su declaración para el jurado. Los primeros cuatro testigos -incluyendo al techador que descubrió el primer cuerpo en 1987- declararon esta tarde.
Todas las víctimas encontradas habían sido estranguladas, dijo Grace. La mayoría de ellas tenían trazos de cocaína y fueron encontradas parcialmente desnudas, y muchas han sido identificadas como prostitutas. Turner, de 1.89 metros y 117 kilos, usó sus manos y una cuerda eléctrica para matar a sus primeras víctimas, dijo Grace.
Grace hizo una horrorosa descripción de una apabullante epidemia de crack en una época de "desempleo y desesperanza, que desesperó a los vecinos de Los Angeles Sur. Muchos vecinos querían escapar de lo que estaba pasando. Y para hacerlo, algunos se volvieron hacia las drogas".
Se espera que la defensa de Turner argumente que la razón por la que su ADN corresponde con las muestras de semen encontradas en los cuerpos de las víctimas, es porque era un vendedor de drogas cuyas clientes eran sobre todo prostitutas que a menudo pagaban con sexo.
Los jurados no sabrán nada de que la policía había arrestado antes y condenado a otro hombre por tres de los asesinatos que ahora se atribuyen a Turner.
David Allen Jones fue absuelto por los análisis de ADN y liberado de la cárcel en marzo de 2004, después de cumplir once años. Jones tiene un IQ de 60 y habla como un niño de tercero, de acuerdo a su abogado; sin embargo, confesó en el interrogatorio que era el asesino en serie que había eludido su captura durante años.
Jones recibió 720 mil dólares a modo de indemnización por su injusta condena y el tiempo pasado en la cárcel.
Grace usó un proyector para mostrar los sitios de los crímenes, más otros cuatro lugares donde vivió Turner, todos en Figueroa Street, al norte de la autopista Century. Las dos últimas víctimas murieron a varios kilómetros de distancia, en el centro de Los Angeles en Skid Row.
"Pero cuidado, es allá donde vivía y trabajaba Chester Turner en esa época en 1998, cuando murieron esas víctimas", dijo Grace.
Las víctimas, en el orden en que murieron, fueron Diane Johnson, 21; Annette Ernest, 26; Anita Fishman; Regina Washington, 27, y su hijo nonato; Andrea Tripplett; Desarae Jones, 29; Natalie Price, 31; Mildred Beasley, 45; Paula Vance, 38; y Brenda Bries, 37.
No hubo testigos de ninguno de estos asesinatos, pero una cámara de seguridad filmó el asesinato de Vance. El borroso video en blanco y negro, muestra a una mujer y un hombre en un callejón; la última toma muestra a la víctima tal como fue encontrada por la policía.
El caso de Turner fue utilizado para divulgar la Propuesta 69, una iniciativa aprobada en 2004 y que debía crear un banco de datos de ADN de gente arrestada.

john.spano@latimes.com

4 de abril de 2007
3 de abril de 2007
©los angeles times
©traducción mQh
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