las mató y ocultó en un congelador
Aaron C. Davis, Hamil R. Harris, Nelson Hernández, Philip Rucker y Paul Schwartzman, Meg Smith, contribuyeron a este reportaje. 2 de octubre de 2008
[Matt Zapotosky, Petula Dvorak y Paul Duggan] Washington, Estados Unidos. Phillip Garret estaba matando el tiempo frente a la casa de un vecino en el condado de Calvert, fumando un cigarrillo, cuando vio a una niña con chapes acercarse por la calle. Su camisón rosa estaba manchado de lodo, y su pequeño cuerpo estaba cubierto de moretones.
"¿Dónde está tu mamá?", preguntó. "¿De dónde eres?"
La niña le dijo que su madre la había echado de la casa, contó Garrett ayer, recordando el encuentro de la tarde del viernes. La niña dijo que hacía tres días que no comía. Y no era lo único: "Nos dijo que tenía dos hermanas y que ‘mi mamá las mató a golpes’".
El sábado temprano las autoridades de Calvert hicieron un espeluznante hallazgo: los cuerpos de dos niñas envueltos en hielo en un congelador en la casa de Renee D. Bowman, 43. Bowman estaba recibiendo un subsidio mensual de dos mil cuatrocientos dólares para que cuidara de sus tres niñas adoptadas: la niña de siete que Garrett encontró en la calle, y otras dos que se dio por desaparecidas.
"Siempre crees que ya lo has visto todo", dijo ayer el sheriff Mike Evans al anunciar el hallazgo. "Pero no es así".
Con Bowman en la cárcel, acusada de maltrato infantil, y los detectives trabajando para reconstruir lo que ocurrió, el caso volvió a llamar la atención sobre el Departamento de Servicios al Niño y la Familia del Distrito de Columbia que, en 2001 y 2004, recomendó a Bowman a un juez del Tribunal Superior del D.C. como una madre adoptiva apropiada. Las niñas estaban bajo la tutela del gobierno del Distrito de Columbia.
La agencia de bienestar infantil debió soportar fuertes críticas en enero después de que asistentes sociales no investigaran denuncias sobre abandono infantil cometido por Banita Jacks, una mujer del sudeste de Washington que ahora ha sido acusada del asesinato de sus cuatro hijas.
Ayer miles de preguntas sobre las adopciones de Bowman quedaron sin respuesta cuando el ayuntamiento y funcionarios judiciales del distrito, citando leyes de confidencialidad, se negaron a revelar detalles sobre los antecedentes de Bowman recabados por un detective privado. Dijeron que no sabían nada sobre su condena en 1999 por amenazar a alguien en el distrito.
"Sería prematuro e irresponsable, decir que alguien en la cadena jerárquica lo estropeó todo", dijo el alcalde Adrian M. Fenty en una rueda de prensa. Dijo que el caso era "desgarrador" y "un golpe al corazón y la mente de todos que hayamos perdido a esas dos niñas".
Sólo hoy, después de que se derrita el hielo, podrán las autoridades realizar las autopsias e identificar formalmente a las víctimas.
Las niñas desaparecidas tendrían nueve y once años, informaron funcionarios. Dijeron que la niña de siete es la hermana biológica de la de nueve. Las tres eran hijas adoptivas de Bowman. Adoptó a la mayor en 2001 y a las otras dos en 2004, informaron funcionarios policiales.
La oficina del sheriff dijo en una declaración que Bowman dijo a los detectives que los restos en el congelador eran de sus dos hijas adoptivas mayores. Dijo que envolvió a una de las niñas en una bolsa de plástico para la basura y a la otra en una alfombra, dijeron los funcionarios. Dijo que los restos estaban en el congelador desde febrero, cuando se mudó a Lusby a Rockville, declaró la oficina del sheriff.
Seis hombres sacaron el congelador de la casa para ser transportado a la oficina del forense del estado en Baltimore.
Muchos vecinos de la casa de estilo rústico de Bowman en Lusby y de su antigua casa en Rockville, dijeron que a las niñas no las habían visto nunca en su casa y no sabían que las tuviera. Las autoridades de los condados de Calvert y Montgomery -y en el condado de Prince George, donde vivió durante un tiempo- dijeron que no encontraron archivos de que las niñas hubiesen estado inscritas en alguna escuela pública.
El vecino John Baroniak, 59, dijo que Bowman le contó que se había mudado de Lusby para escapar de un marido agresivo. Dijo que alquilaba la casa y parecía feliz. Dijo que tenía la impresión de que un hombre alojaba con ella.
"Cuando hablé con ella, pensé: ‘Al fin tengo una vecina simpática’", dijo Baroniak. "Ahora estoy desconcertado y destruido".
Bowman fue imputada ayer por cargos de maltrato infantil en relación con las lesiones de la niña de siete. La niña escapó de su cuarto cerrado con llave el jueves, saltando por la ventana, dijo la policía.
Bowman admitió haber golpeado a la niña con ‘un zapato de taco duro", dijo la oficina del sheriff. La niña dijo a la policía que su madre la había golpeado con un zapato blanco, dejándola cubierta de sangre, informaron los agentes.
La niña tenía "grandes llagas abiertas e infectadas y lesiones", varias heridas en sus pies y rodillas y marcas de haber estado atada y cicatrices en su cuello, de acuerdo a documentos presentados al tribunal por la fiscalía.
Los detectives dijeron que creían que las otras niñas murieron en Rockville. Los cargos criminales por sus muertes se presentarán en Montgomery, no en Calvert, dijeron.
Ayer la policía de Montgomery dijo que habían allanado las pequeñas casas donde vivió Bowman en Rockville, en el bloque 13100 de Vandalia Drive.
Los vecinos dijeron que vivía con un hombre llamado Joe que a menudo levantaba pesas en el patio, cerca de un coche de niño de plástico rojo. No recuerdan haber visto a las niñas.
"Durante el día no había nadie en casa", dijo Rivelino Valdivia, 29.
Los vecinos dijeron que pensaban que Joe trabajaba como pintor de brocha gorda y de vez en cuando hacía trabajos de mantención y que Bowman trabajaba como secretaria. Unos meses antes de mudarse, Bowman se quejó de que le dolía la espalda y dijo que tenía cáncer, de acuerdo a la vecina Shirley Knapp.
Tras la mudanza de Bowman a Calvert, el casero se quejó ante Howard Knapp, el marido de Shirley, sobre el desorden que había dejado en la casa. "Eran unos cerdos", dijo el casero. "Destrozaron la casa y encontramos un gato muerto".
El Departamento de Recursos Humanos de Maryland presentará hoy una petición al tribunal solicitando la custodia de la niña de siete años.
30 de septiembre de 2008
©washington post
cc traducción mQh
Mount Vernon, Washington, Estados Unidos. "Maté por Dios. Yo escucho a Dios", dijo el viernes en una audiencia el hombre acusado de seis asesinatos al azar en el noroeste de Washington. En la audiencia fue acusado de seis homicidios en primer grado y por cuatro cargos de agresión.
Argentina. "Quiero saber si es mi hermano, quiero saber quién lo mató", gritó Jorge, uno de los hermanos mayores de Óscar Villalba, un adolescente de 16 años desaparecido desde el martes. Lo dijo cuando la Policía Científica bonaerense sacaba el cuerpo que había desenterrado del fondo de una casa, en Carlos Spegazzini, bajo 40 centímetros de tierra. Era la casa de Rodrigo, el chico de 15 años que, horas antes, acompañado por su tía y un abogado, había confesado ante una jueza que había matado al chico y lo había enterrado. En el Tribunal de Menores Nº 5 de Lomas de Zamora, a cargo de Marta Pascual, declaró que había matado al otro chico porque estaba "cansado de que le robe, le pegue y lo extorsione", contó una fuente vinculada con la causa. A partir de esa declaración, la fiscal ordenó la realización de excavaciones en los fondos de la casa. Horas más tarde, efectivos de la Jefatura Departamental Almirante Brown, bomberos y peritos de la Policía Científica bonaerense hallaron el cadáver.
[Rebecaa Boone] Boise, Idaho, Estados Unidos. Al final, el homicida pedófilo Joseph Edward Duncan III no pudo -o no quiso- ofrecer un motivo de por qué debería seguir viviendo.
[Jennifer Dobner] Salt Lake City, Utah, Estados Unidos. Una mujer que fue noticia en todo el mundo cuando hizo clonar a cinco cachorros de su adorado pit bull Booger, fue reconocida por alguien que vio su foto: Es la misma mujer que, hace 31 años, fue acusada de secuestrar, en Inglaterra, a un misionero mormón, para esposarlo a una cama y convertirlo en su esclavo sexual.
Argentina. Quedó confirmado ayer lo que se sospechaba desde el principio: el empresario Ariel Vilán, que el domingo murió luego de caer desde un noveno piso, estaba relacionado comercialmente con al menos una de las víctimas del triple homicidio de General Rodríguez. Ayer, como un mensaje más de quienes parecen mover desde las sombras los hilos del trágico episodio, muy cerca de la sede de Unifarma, la empresa de Vilán, y también del lugar donde apareció la camioneta incendiada de Damián Ferrón, uno de los tres hombres asesinados en General Rodríguez, la policía encontró tiradas 165 chequeras de la droguería. Algunos de los talonarios de los cheques señalaban que habían sido emitidos a nombre de "una de las víctimas del triple crimen" –se trataría de Sebastián Forza–, según corroboró una fuente policial consultada por Página 12. Otra prueba de la relación entre Vilán y Forza apareció en un allanamiento realizado en el domicilio del primero. En la casa de Vilán encontraron la documentación de un auto Mini Cooper a nombre de Forza.
[Eduardo Videla] La muerte sigue rondando el caso de las droguerías vinculadas con el tráfico ilegal de medicamentos. El fin de semana apareció muerto otro empresario, el presidente de la Droguería Unifarma SA, vinculado comercialmente con Sebastián Forza, uno de los tres jóvenes asesinados en General Rodríguez. Se trata de Ariel Vilan, de 34 años, quien el domingo por la tarde cayó desde el noveno piso, de un departamento que da al frente en el edificio ubicado en la avenida San Juan 4129, donde viven sus padres. El hombre dejó una carta, cuyo contenido y autenticidad están siendo investigados por la Justicia, donde asegura sentir un "gran temor" a correr la misma suerte que su socio y los socios de aquél. En principio, los investigadores trabajan sobre la hipótesis de un suicidio, pero se niegan a ser categóricos, dadas las características mafiosas que rodearon al triple crimen. Como en el caso de Forza, Vilan estaba siendo investigado por venta de medicamentos truchos. Al igual que su socio, dejó un tendal de 400 cheques rechazados en poco más de un año, por más de tres millones de pesos. Lo mismo que aquél, hizo un generoso aporte a la campaña de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: 160 mil pesos.
[Raúl Kollmann] Argentina. Después de estar 32 meses en prisión, más de dos años y medio, a partir de mañana serán juzgados tres humildes trabajadores de la zona de Tigre, sin antecedentes y con trabajo, imputados por un secuestro extorsivo en una causa con fuerte olor a armado policial. De los casi tres años que llevan detenidos, hubo 18 meses en los que distintos tribunales se declararon incompetentes y se pasaban el expediente desde el fuero federal de San Martín al ordinario de San Isidro. Y hace ocho meses se les concedió la excarcelación, pero les fijaron una fianza personal de 200.000 pesos, totalmente fuera del alcance de un trabajador, por lo que siguen presos en el penal de Devoto. El encargado de la investigación, oficial de la Policía Bonaerense Pablo Machicote, determinó que los tres trabajadores, Diego Frías, Darío Neves y Martín Seviranes, participaron del secuestro a partir del testimonio de una tal Graciela, vecina del barrio. Sin embargo la mujer nunca declaró judicialmente, se supone que se mudó y nadie la pudo localizar. Machicote afirma que llegó a Graciela a través de otra vecina, Elda Gamarra, pero ésta sostuvo judicialmente que nunca le presentó a ninguna Graciela al oficial de la Bonaerense.