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página roja

las mató y ocultó en un congelador


Detienen a mujer después de encontrar los restos de dos niñas en su congelador.
[Matt Zapotosky, Petula Dvorak y Paul Duggan] Washington, Estados Unidos. Phillip Garret estaba matando el tiempo frente a la casa de un vecino en el condado de Calvert, fumando un cigarrillo, cuando vio a una niña con chapes acercarse por la calle. Su camisón rosa estaba manchado de lodo, y su pequeño cuerpo estaba cubierto de moretones.
"¿Dónde está tu mamá?", preguntó. "¿De dónde eres?"
La niña le dijo que su madre la había echado de la casa, contó Garrett ayer, recordando el encuentro de la tarde del viernes. La niña dijo que hacía tres días que no comía. Y no era lo único: "Nos dijo que tenía dos hermanas y que ‘mi mamá las mató a golpes’".
El sábado temprano las autoridades de Calvert hicieron un espeluznante hallazgo: los cuerpos de dos niñas envueltos en hielo en un congelador en la casa de Renee D. Bowman, 43. Bowman estaba recibiendo un subsidio mensual de dos mil cuatrocientos dólares para que cuidara de sus tres niñas adoptadas: la niña de siete que Garrett encontró en la calle, y otras dos que se dio por desaparecidas.
"Siempre crees que ya lo has visto todo", dijo ayer el sheriff Mike Evans al anunciar el hallazgo. "Pero no es así".
Con Bowman en la cárcel, acusada de maltrato infantil, y los detectives trabajando para reconstruir lo que ocurrió, el caso volvió a llamar la atención sobre el Departamento de Servicios al Niño y la Familia del Distrito de Columbia que, en 2001 y 2004, recomendó a Bowman a un juez del Tribunal Superior del D.C. como una madre adoptiva apropiada. Las niñas estaban bajo la tutela del gobierno del Distrito de Columbia.
La agencia de bienestar infantil debió soportar fuertes críticas en enero después de que asistentes sociales no investigaran denuncias sobre abandono infantil cometido por Banita Jacks, una mujer del sudeste de Washington que ahora ha sido acusada del asesinato de sus cuatro hijas.
Ayer miles de preguntas sobre las adopciones de Bowman quedaron sin respuesta cuando el ayuntamiento y funcionarios judiciales del distrito, citando leyes de confidencialidad, se negaron a revelar detalles sobre los antecedentes de Bowman recabados por un detective privado. Dijeron que no sabían nada sobre su condena en 1999 por amenazar a alguien en el distrito.
"Sería prematuro e  irresponsable, decir que alguien en la cadena jerárquica lo estropeó todo", dijo el alcalde Adrian M. Fenty en una rueda de prensa. Dijo que el caso era "desgarrador" y "un golpe al corazón y la mente de todos que hayamos perdido a esas dos niñas".
Sólo hoy, después de que se derrita el hielo, podrán las autoridades realizar las autopsias e identificar formalmente a las víctimas.
Las niñas desaparecidas tendrían nueve y once años, informaron funcionarios. Dijeron que la niña de siete es la hermana biológica de la de nueve. Las tres eran hijas adoptivas de Bowman. Adoptó a la mayor en 2001 y a las otras dos en 2004, informaron funcionarios policiales.
La oficina del sheriff dijo en una declaración que Bowman dijo a los detectives que los restos en el congelador eran de sus dos hijas adoptivas mayores. Dijo que envolvió a una de las niñas en una bolsa de plástico para la basura y a la otra en una alfombra, dijeron los funcionarios. Dijo que los restos estaban en el congelador desde febrero, cuando se mudó a Lusby a Rockville, declaró la oficina del sheriff.
Seis hombres sacaron el congelador de la casa para ser transportado a la oficina del forense del estado en Baltimore.
Muchos vecinos de la casa de estilo rústico de Bowman en Lusby y de su antigua casa en Rockville, dijeron que a las niñas no las habían visto nunca en su casa y no sabían que las tuviera. Las autoridades de los condados de Calvert y Montgomery -y en el condado de Prince George, donde vivió durante un tiempo- dijeron que no encontraron archivos de que las niñas hubiesen estado inscritas en alguna escuela pública.
El vecino John Baroniak, 59, dijo que Bowman le contó que se había mudado de Lusby para escapar de un marido agresivo. Dijo que alquilaba la casa y parecía feliz. Dijo que tenía la impresión de que un hombre alojaba con ella.
"Cuando hablé con ella, pensé: ‘Al fin tengo una vecina simpática’", dijo Baroniak. "Ahora estoy desconcertado y destruido".
Bowman fue imputada ayer por cargos de maltrato infantil en relación con las lesiones de la niña de siete. La niña escapó de su cuarto cerrado con llave el jueves, saltando por la ventana, dijo la policía.
Bowman admitió haber golpeado a la niña con ‘un zapato de taco duro", dijo la oficina del sheriff. La niña dijo a la policía que su madre la había golpeado con un zapato blanco, dejándola cubierta de sangre, informaron los agentes.
La niña tenía "grandes llagas abiertas e infectadas y lesiones", varias heridas en sus pies y rodillas y marcas de haber estado atada y cicatrices en su cuello, de acuerdo a documentos presentados al tribunal por la fiscalía.
Los detectives dijeron que creían que las otras niñas murieron en Rockville. Los cargos criminales por sus muertes se presentarán en Montgomery, no en Calvert, dijeron.
Ayer la policía de Montgomery dijo que habían allanado las pequeñas casas donde vivió Bowman en Rockville, en el bloque 13100 de Vandalia Drive.
Los vecinos dijeron que vivía con un hombre llamado Joe que a menudo levantaba pesas en el patio, cerca de un coche de niño de plástico rojo. No recuerdan haber visto a las niñas.
"Durante el día no había nadie en casa", dijo Rivelino Valdivia, 29.
Los vecinos dijeron que pensaban que Joe trabajaba como pintor de brocha gorda y de vez en cuando hacía trabajos de mantención y que Bowman trabajaba como secretaria. Unos meses antes de mudarse, Bowman se quejó de que le dolía la espalda y dijo que tenía cáncer, de acuerdo a la vecina Shirley Knapp.
Tras la mudanza de Bowman a Calvert, el casero se quejó ante Howard Knapp, el marido de Shirley, sobre el desorden que había dejado en la casa. "Eran unos cerdos", dijo el casero. "Destrozaron la casa y encontramos un gato muerto".
El Departamento de Recursos Humanos de Maryland presentará hoy una petición al tribunal solicitando la custodia de la niña de siete años.

Aaron C. Davis, Hamil R. Harris, Nelson Hernández, Philip Rucker y Paul Schwartzman, Meg Smith, contribuyeron a este reportaje.

2 de octubre de 2008
30 de septiembre de 2008
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dizque dios le ordenó a matar


Autor de carnicería en Washington: "Dios me mandó matar".
Mount Vernon, Washington, Estados Unidos. "Maté por Dios. Yo escucho a Dios", dijo el viernes en una audiencia el hombre acusado de seis asesinatos al azar en el noroeste de Washington. En la audiencia fue acusado de seis homicidios en primer grado y por cuatro cargos de agresión.
Isaac Zamora repitió dos veces el escalofriante comentario en la breve vista de su caso en el Tribunal de Distrito del condado de Skagit, mientras los detectives exponían su trabajo en ocho escenas del crimen. El juez impuso al acusado de 28 años una fianza de cinco millones de dólares tras la carnicería del martes, que dejó a seis personas muertas y cuatro heridas.
El juez de distrito Warren Gilbert leyó cada uno de los cargos y las penas, que pueden implicar la sentencia máxima, que es la reclusión perpetua. Eso no quiere decir que se descarte la pena capital, según declaró el prosecutor del condado de Skagit.
"¿Quieres hablar sobre ello? Seguro que quieres saberlo", dijo el prosecutor Rich Weyrich a Skagit Valley Herald. "Pero de momento es demasiado pronto como para decidir eso".
El viernes a Zamora no se le ofreció llegar a un acuerdo de clemencia. Los cargos presentados en el tribunal de distrito permiten que se lo tenga en prisión preventiva durante treinta días. Después será imputado en la Corte Superior del condado.
La audiencia se celebrará el tres de octubre.
Los ataques empezaron cerca de la casa de la madre de Zamora, próxima al pequeño pueblo de Alger, 112 kilómetros al norte de Seattle, y continuaron en la autopista Interstate 5. Después de una persecución a alta velocidad, Zamora se entregó en la oficina del sheriff en Mount Vernon, a unos 32 kilómetros al sur de Alger.
Entre las víctimas se encuentra la sheriff Anne Jackson, del condado de Skagit, que había sido llamada para controlar a Zamora.
También murió otro hombre en el mismo sitio que Jackson; dos obreros de la construcción; una mujer de 48 años a unas casas de la zona; y a un automovilista de 64 años en una parada de descanso en la I-5, dijeron las autoridades. Dos personas resultaron heridas cerca de Alger -una de ellas por apuñalamiento- y dos más fueron heridas en la autopista, incluyendo a un policía del estado.
Zamora, que tiene una extensa hoja de antecedentes, había sido internado en varias ocasiones en hospitales psiquiátricos e intentó suicidarse varias veces, dijeron familiares y amigos.

6 de septiembre de 2008
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lo mató y enterró en el patio


Un chico de 15 años confesó ante una jueza que había matado a otro. Ocurrió en Carlos Spegazzini, partido de Ezeiza. El chico, con su tía, se presentó ante una jueza y le contó que había matado a un vecino y lo enterró en el fondo de su casa. Lo hizo "cansado de que le robe, le pegue y lo extorsione".
Argentina. "Quiero saber si es mi hermano, quiero saber quién lo mató", gritó Jorge, uno de los hermanos mayores de Óscar Villalba, un adolescente de 16 años desaparecido desde el martes. Lo dijo cuando la Policía Científica bonaerense sacaba el cuerpo que había desenterrado del fondo de una casa, en Carlos Spegazzini, bajo 40 centímetros de tierra. Era la casa de Rodrigo, el chico de 15 años que, horas antes, acompañado por su tía y un abogado, había confesado ante una jueza que había matado al chico y lo había enterrado. En el Tribunal de Menores Nº 5 de Lomas de Zamora, a cargo de Marta Pascual, declaró que había matado al otro chico porque estaba "cansado de que le robe, le pegue y lo extorsione", contó una fuente vinculada con la causa. A partir de esa declaración, la fiscal ordenó la realización de excavaciones en los fondos de la casa. Horas más tarde, efectivos de la Jefatura Departamental Almirante Brown, bomberos y peritos de la Policía Científica bonaerense hallaron el cadáver.
Más de seis horas estuvieron trabajando las autoridades en los fondos de la casa que Rodrigo comparte junto a sus hermanos y su tía, Margarita Villavicencio, que los adoptó luego de que su madre biológica los abandonara, relataron los vecinos. La jueza, los efectivos policiales y los bomberos llegaron al lugar pasado el mediodía y, rápidamente, cercaron la zona. Sin embargo, eso no evitó que la gente se fuera acercando de a poco conformando una improvisada audiencia. El objetivo era sólo uno: ver el momento en que sacaban el cuerpo de la víctima.
Más de medio centenar de personas –en su mayoría adolescentes– cruzaban probables hipótesis sobre lo sucedido: que problemas de drogas, cargadas reiteradas y hasta un intento de violación. Ya de noche, los efectivos retiraron la camilla embolsada en plástico negro. Una camioneta policial la trasladó hasta la Morgue Judicial de Lomas de Zamora, adonde debieron concurrir los familiares de la víctima para reconocer el cuerpo.
"Aún no está confirmado si se trata del cuerpo sin vida del chico desaparecido", dijo la jueza. Se limitó a confirmar que efectivos forenses de la policía encontraron el cuerpo de un adolescente sin vida, enterrado a unos 40 centímetros de profundidad en el fondo de la casa.
La Policía Científica bonaerense, junto con efectivos de la unidad departamental de Almirante Brown y con personal de Bomberos de Tristán Suárez –una localidad vecina–, fueron los encargados de realizar las excavaciones. Es que, horas antes, Rodrigo se había presentado en los Tribunales de Lomas de Zamora y relató que había asesinado y enterrado en el fondo de su casa a Villalba. "La declaración indagatoria, con todas las garantías, la tomé yo y ahora el chico está detenido en un instituto de seguridad", precisó Pascual.
"Es un muy buen pibe. Algo le debe haber hecho", disparó sin dudar Claudia, una adolescente, en referencia a Rodrigo. Lo conoce del barrio, vive a dos cuadras de su casa. "Era calladito, pero muy educado", agregó. Chango, como le decían allí, concurre a la Escuela Media número 2 de Ezeiza, donde según fuentes de la institución es un buen alumno.
Detrás de la cinta de peligro que la policía dispuso a unos 30 metros de la casa donde se halló el cuerpo, algunos de los chicos que van a clases con Rodrigo y que ayer a la tarde aguardaban, como tantos otros, que algo sucediera, lo caracterizaron como "buen compañero, no molestaba a nadie", aunque lo pintaron como algo introvertido.
No dijeron lo mismo de Óscar Villalba. Había desaparecido el martes, aunque, como se iba de su casa "cada dos por tres", según aseguró su prima Laura, su familia no radicó la denuncia. "Andaba siempre metiendo miedo", sostuvo Cristian, uno de los adolescentes que integraban el público improvisado en la esquina de Lavalle y Magallanes.
‘Oscarcito’ le decían en el barrio donde, además, era conocido por sus andanzas. Es que, a pesar de sus 15 años, ya contaba con varias causas por robo y otros delitos. Entre los adolescentes resonaron varias hipótesis sobre el móvil del asesinato. "Rodrigo lo mató de bronca, porque había querido abusar de su hermanito", susurró Pablo. Miguel lo miró de reojo, como dudando de su versión, y dijo que "Oscarcito lo cagó y Rodrigo no lo perdonó". Su teoría se sostiene si se toma como verdadera la otra parte; la que cuenta que Rodrigo y Oscarcito mantenían una relación de negocios en la que el primero le daba al segundo artefactos para que éste vendiera, y después se repartían las ganancias.
"Fue un ajuste de cuentas", especuló la prima de la víctima. Laura, junto a un grupo de vecinos de Óscar, fue la única familiar directa que estuvo esperando en la calle todo el tiempo que duró el trabajo de la policía y la fiscal. Mostró calma sólo hasta que vio pasar la camilla cubierta en bolsas negras. "¿Por qué no me dijeron que lo habían encontrado?", gritó mientras corría hacia el camión policial. Si bien la fiscal no dio seguridad, para ella ya estaba todo dicho.

Informe: Ailín Bullentini.

6 de septiembre de 2008
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pedófilo homicida condenado a muerte


Condenan a muerte a hombre que secuestró y asesinó a niño de Idaho.
[Rebecaa Boone] Boise, Idaho, Estados Unidos. Al final, el homicida pedófilo Joseph Edward Duncan III no pudo -o no quiso- ofrecer un motivo de por qué debería seguir viviendo.
El jurado tampoco encontró uno, deliberando el miércoles apenas tres horas para recomendar la pena de muerte en el caso del secuestro, tortura y asesinato de un niño de nueve años en 2005.
La recomendación del jurado fue vinculante para el juez de distrito Edward Lodge, que agradeció a sus miembros, los envió a casa y luego sentenció al delincuente sexual que no mostró más reacción que sonreír.
Antes, el ex empleado de Fargo había asumido su propia defensa, pero no respondió al alegato final del fiscal que exigió su muerte.
"No tengo argumentos", dijo Duncan a la corte.
Familiares de la víctima, Dylan Groene, permanecieron sombríos durante la lectura de la decisión del jurado. Duncan asesinó a la madre de Dylan, a su hermano mayor y al novio de su madre. Luego Duncan secuestró al niño y a su hermana menor, que fue abusada sexualmente junto con su hermano, pero que sobrevivió.
"Estamos satisfechos con el veredicto, pero es una vergüenza -esto debería haber terminado con una sola muerte", dijo Steven Groene, padre de los niños. "Debería haber tenido el coraje y los cojones para matarse antes de seguir matando a otros".
Duncan se llevó a Dylan y a la hermana del niño, Shasta, de ocho años, a un remoto campamento al occidente de Montana donde los violó, torturó y amenazó antes de matar a Dylan de un balazo en la cabeza y quemar su cuerpo. Los miembros del jurado vieron el espeluznante video que hizo Duncan de sí mismo abusando sexualmente, torturando y colgando a Dylan hasta que el niño perdió la conciencia.
"Este acusado es peligroso. Es un depredador que se enorgullece de lo que hace", dijo al jurado la fiscal Traci Whelan. "Se ha ganado la pena de muerte".
Con el objetivo de secuestrar a los dos niños, Duncan espió a la familia. En 2005 entró a su casa en el área de Coeur d’Alene y utilizó un martillo para aporrear y causar la muerte de su hermano mayor, de trece años, Slade Groene, su madre Brenda Groene, y su novio, Mark McKenzie.
Duncan fue detenido y Shasta rescatada semanas después de los secuestros cuando una camarera de un restaurante de Coeur d’Alene llamó a la policía después de reconocerlos cuando comían ahí.
Duncan se declaró culpable de diez cargos federales en relación con los secuestros y el asesinato de Dylan. Antes de había declarado culpable de los otros tres asesinatos ante la corte del estado, donde también podría ser sentenciado a muerte.
El jurado federal tenía la opción de recomendar la pena de muerte o la reclusión perpetua a firme.
En sus últimos alegatos, Whelan recordó al jurado que el "patrón de violencia" que había mostrado Duncan toda su vida, incluyendo una condena por violar a un niño a punta de pistola en 1980. Duncan dijo a los detectives que había matado a sus dos hermanastras de Seattle en 1996, y está acusado de haber asesinado a un niño en el condado de Riverside , California, en 1997.
Duncan puede ser ahora juzgado en el condado de Riverside por el asesinato de Anthony Martínez, de diez años.
Darlene Torres, la madre de Brenda Groene, dijo que está contenta de que el caso federal haya terminado.
"Se ha hecho justicia", dijo Torres. "Ha sido muy doloroso".
Dijo que cuando vio a Duncan en la corte, "no vi otra cosa que maldad, vacío, un hombre sin corazón".

2 de septiembre de 2008
28 de agosto de 2008
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reconocen a pervertida fugitiva


Cachorros clonados revelan misterio de 31 años.
[Jennifer Dobner] Salt Lake City, Utah, Estados Unidos. Una mujer que fue noticia en todo el mundo cuando hizo clonar a cinco cachorros de su adorado pit bull Booger, fue reconocida por alguien que vio su foto: Es la misma mujer que, hace 31 años, fue acusada de secuestrar, en Inglaterra, a un misionero mormón, para esposarlo a una cama y convertirlo en su esclavo sexual.
La amante de los perros Bernann McKinney reconoció el sábado en una conversación telefónica con la Associated Press que ella era en realidad Joyce McKinney, que en 1977 se convirtió en una sensación en la prensa británica cuando fue acusada de secuestro en el caso del misionero. La mujer violó su fianza y nunca fue llevada a tribunales.
Contó llorando que cuando recurrió a la prensa con sus intentos de duplicar a Booger, que murió hace dos años, esperaba que la gente se concentrara en esta historia antes que en la "basura" del pasado.
"Pensé que la gente sería lo suficientemente justa como para verme como una persona que estaba tratando de hacer algo bueno y no como una persona famosa", dijo McKinney a la AP. "Mi madre siempre me dijo: ‘Di algo bueno, o no digas nada en absoluto’".
"Creo que confié demasiado en la gente", dijo.
Los tabloides británicos reconocieron la cara sonriente de la rubia cuando apareció en una fotografía en la prensa la semana pasada con los cinco cachorros de pit bull por cuya clonación pagó 53 mil dólares a científicos de Corea del Sur.
McKinney, que al principio negó toda relación entre las dos mujeres, reconoció que ella era una y la misma persona después de que la AP publicara un artículo observando las asombrosas similitudes en la hoja de antecedentes y documentos judiciales de Bernann McKinney y Joyce McKinney. Habían nacido el mismo día y tenían el mismo número de la Seguridad Social, habían nacido en el mismo lugar en Newland, Carolina del Norte, y el segundo nombre de Joyce McKinney era Bernann.
Pero McKinney, ahora de 57 años, dio que, en lo que a ella concernía, la Joyce McKinney de hace 31 años ya no existía. Mantiene su inocencia y dice que la mujer de esos años es producto "de la prensa amarilla... No quiero esa basura en la historia de mis cachorros".
La historia de McKinney se lee como una novela de literatura barata: una reina de belleza nacida en Carolina del Norte que emigró hacia el oeste, ganó el título de Miss Wyoming USA y estudió en la Brigham Young University, donde se obsesionó con un compañero de estudios mormón.
Según las autoridades, cuando ese joven mormón emprendió un viaje como misionero a Inglaterra, McKinney contrató a un detective privado para localizarlo y seguirlo.
Ella y un cómplice fueron acusados de secuestrar al misionero de veintiún años cuando este evangelizaba puerta a puerta, llevándolo a un ‘chalet de luna de miel’ del siglo diecisiete en Devon y encadenándolo despatarrado a una cama con varios pares de esposas recubiertas de piel de visón.
Allá, según dicen los investigadores, fue obligado repetidas veces a tener sexo con McKinney antes de que lograra escapar y notificar a la policía.
En una vista judicial de 1977 cubierta masivamente por la prensa británica, Joyce McKinney dijo que estaba perdidamente enamorada del misionero mormón y reconoció haberlo seguido hasta Inglaterra. "Lo quería tanto", dijo al juez, "que me lanzaría en ski completamente desnuda desde el Monte Everest con un clavel en mi nariz  si él me lo pidiera".
Pero negó la agresión sexual, diciendo que la relación había sido consentida.
En su llamada a la AP el sábado, McKinney repitió el mismo argumento que había hecho su abogado hace años: Que no era posible que ella hubiera podido dominar al joven mormón porque este era mucho más grande y fuerte.
"Yo no violé a un hombre de 135 kilos", dijo. "Él era como un cargador".
McKinney y su cómplice pasaron tres meses en una cárcel londinense antes de salir en libertad bajo fianza.
Los informes de la prensa de la época dijeron que entonces el dúo violó la fianza haciéndose pasar por un par de actores sordomudos en Irlanda para abordar un vuelo de Air Canada hacia Toronto, y finalmente un bus hacia Cleveland, donde los detectives les perdieron la pista.
Joyce McKinney volvió a salir a superficie en mayo de 1984 en Utah, cuando fue arrestada por espiar el lugar de trabajo del mormón que había secuestrado en Inglaterra. Los informes de prensa dicen que la policía encontró una cuerda y esposas en el maletero del coche de McKinney, junto con libretas que detallaban las actividades diarias del hombre.
Llevada a juicio por mentir a la policía y acoso en 1986, McKinney nuevamente volvió a desaparecer justo antes del inicio de la causa y el caso fue desechado.
Ahora parece que Joyce McKinney puede haber escapado a la justicia en el caso británico. La policía londinense dijo a la AP que han relegado el caso a los libros de historia debido a que prescribió y no solicitarán la extradición de McKinney.
"No tienen pruebas", dijo McKinney a la AP. "Han pasado 31 años. Ya no les importa".
"Me ha costado años de terapia superar todo esto", dijo. "Ahora voy a la iglesia y sirvo al Señor y trato de llevar una vida buena, y de hacer cosas buenas".
McKinney se negó a decir desde dónde estaba llamando. Cuando estaba en Corea del Sur dijo a periodistas que era guionista de cine y repartió tarjetas de visita con una dirección en Hollywood, California. La AP descubrió que esa dirección no existe.
En el juzgado del condado de Avery en la natal Newland de McKinney en las montañas occidentales de Carolina del Norte, una funcionaria dijo que la había reconocido inmediatamente -a la mujer con los cachorros- como Joyce Bernann McKinney, que ha sido frecuentemente acusada en casos judiciales allá.
"Es una persona notoria en nuestra pequeña comunidad", dijo Julia Henson.
El sheriff del condado de Avery, Kevin Frey, dijo que todavía hay varios casos contra Joyce McKinney, incluyendo una orden de detención por amenazar a otra mujer en 2003.
Otros cargos incluyen pagar con cheques sin fondo, agresión contra empleados públicos y un cargo por crueldad animal en 2004, acusándola de haber maltratado a un caballo. Este último cargo fue desechado.
James Stamey, marido de la mujer a la que McKinney amenazó, dijo que McKinney se marchó de Newland hace unos dos años y que desde entonces nadie la había visto ni oído nada de ella.
Hasta que apareció en las noticias con los cachorros clonados.
"Es nuestra Joy", dijo Stamey desde su casa en Newland.
Hace unos años, contó Stamey, McKinney era una chica guapa que se hizo con la corona de Miss Wyoming USA.
"Ahora es más fea que un pecado", dijo. "Pero, es ella, seguro".

Contribuyeron al reportaje James Martínez en Nueva York, Marlon Walker en Raleigh, Carolina del Norte, Meera Selva en Londres y Solvej Schou en Los Angeles, y Jennifer  Farrar.

1 de septiembre de 2008
9 de agosto de 2008
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misterio de las chequeras


Aparecieron tirados en la calle documentos vinculados con el triple crimen. Los talonarios estaban a nombre de Unifarma, cuyo dueño se suicidó el domingo. Algunos estaban destinados a una de las víctimas.
Argentina. Quedó confirmado ayer lo que se sospechaba desde el principio: el empresario Ariel Vilán, que el domingo murió luego de caer desde un noveno piso, estaba relacionado comercialmente con al menos una de las víctimas del triple homicidio de General Rodríguez. Ayer, como un mensaje más de quienes parecen mover desde las sombras los hilos del trágico episodio, muy cerca de la sede de Unifarma, la empresa de Vilán, y también del lugar donde apareció la camioneta incendiada de Damián Ferrón, uno de los tres hombres asesinados en General Rodríguez, la policía encontró tiradas 165 chequeras de la droguería. Algunos de los talonarios de los cheques señalaban que habían sido emitidos a nombre de "una de las víctimas del triple crimen" –se trataría de Sebastián Forza–, según corroboró una fuente policial consultada por Página 12. Otra prueba de la relación entre Vilán y Forza apareció en un allanamiento realizado en el domicilio del primero. En la casa de Vilán encontraron la documentación de un auto Mini Cooper a nombre de Forza.

La primera sorpresa del día fue la aparición de las 165 chequeras de la droguería Unifarma. Estaban debajo de un Renault 21 estacionado en la calle Bolivia al 1200, en el barrio porteño de Santa Rita, a dos cuadras de donde el 7 de agosto encontraron incendiada la camioneta Suzuki Vitara de Damián Ferrón, uno de los asesinados el 13 de agosto pasado en General Rodríguez, junto con Forza y con Leopoldo Bina. Un vecino del barrio, Gustavo Marsellán, declaró ante los periodistas que cuando llegaba a su oficina, en la calle Bolivia entre Galicia y Luis Viale, vio un montón de papeles tirados debajo de un automóvil.

"Se trataba de un montón de talonarios que estaban debajo de un Renault 21. Al principio no le di ninguna importancia al hallazgo, pero cuando vi el nombre de Unifarma me acordé de lo que había leído en los diarios y llamé al 911", explicó Marsellán. Diez minutos después llegó la policía y se llevó las chequeras. "Sí, es curioso que hayan aparecido justo en ese lugar, como si fuera un aporte a la causa", comentó la fuente policial consultada por este diario, quien no descartó la posibilidad de que alguien "las haya arrojado allí con la intención de que llegaran a manos de los investigadores, de manera indirecta".

El vecino Marsellán aclaró que entre los papeles encontrados "no había cheques, sino talonarios de chequeras de distintos bancos". La fuente policial confirmó que las chequeras eran de la empresa propiedad de Vilán, quien el domingo, antes de caer del noveno piso de un edificio del barrio de Almagro, dejó una carta en la cual aseguraba que nada tenía que ver con el triple crimen de General Rodríguez, aunque solicitó a las autoridades que investigaran bien ese hecho. La hipótesis central, ahora confirmada, era que Vilán y Forza tenían una relación comercial.

Las fuentes policiales dijeron que algunos de los cheques, según consta en los talonarios encontrados ayer, fueron remitidos "a una de las víctimas del triple crimen". Nadie reveló el nombre de la persona, pero todo hace suponer que era Forza. A ocho cuadras, en Juan B. Justo 6186, está Unifarma, donde el martes se hizo un allanamiento. En la investigación se sabe que Unifarma había entregado 407 cheques sin fondo, que Forza había librado otros 600 y Ferrón un número también importante. Marsellán dijo que las chequeras eran de varios bancos, entre ellos "Galicia, Francés, Supervielle, Nación y Credicoop".

Por orden del fiscal Marcelo Solimine, que investiga la muerte de Vilán, también se allanó ayer el departamento del empresario, en Arce 768 de Las Cañitas, en el barrio de Palermo. El lugar, igual que la droguería, estaba en perfecto orden. Allí se encontró documentación de un Mini Cooper a nombre de Forza. "Se tenía el dato de que Vilán se movilizaba en el auto que había sido de Forza y los documentos confirman esa información", comentó la fuente policial. Lo que no apareció, hasta ahora, es el auto.

En el departamento de Vilán encontraron una notebook que ahora será revisada por peritos informáticos. También había documentación relacionada con la víctima y sobre Unifarma, además de un teléfono inalámbrico con contestador. Uno de los datos por buscar puede estar en los mensajes del contestador automático. Llamó la atención de los investigadores la gran cantidad de celulares y chips telefónicos que estaban en la casa de Vilán.

Miguel Angel Pierri, abogado de las familias Ferrón y Bina, aseguró que hoy presentará ante la fiscal Ana Yacobucci, que actúa en la causa por el triple crimen, una lista con más de cien nombres de personas que deberían ser llamadas a declarar en relación con el caso. Entre ellos figura un "testigo protegido" que podría aportar datos sobre cómo Forza convocaba a empresarios para conformar sociedades dedicadas a la comercialización de medicamentos. Hasta ayer, la viuda de Forza, Solange Bellone, seguía negando la relación de su esposo con Vilán.

28 de agosto de 2008
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se mató antes de que lo mataran


Otra víctima en el caso de las droguerías dedicadas a la venta ilegal de medicamentos. El titular de una droguería, socio de una de las tres víctimas del triple crimen, cayó desde un noveno piso y la policía investiga si fue un suicidio.
[Eduardo Videla] La muerte sigue rondando el caso de las droguerías vinculadas con el tráfico ilegal de medicamentos. El fin de semana apareció muerto otro empresario, el presidente de la Droguería Unifarma SA, vinculado comercialmente con Sebastián Forza, uno de los tres jóvenes asesinados en General Rodríguez. Se trata de Ariel Vilan, de 34 años, quien el domingo por la tarde cayó desde el noveno piso, de un departamento que da al frente en el edificio ubicado en la avenida San Juan 4129, donde viven sus padres. El hombre dejó una carta, cuyo contenido y autenticidad están siendo investigados por la Justicia, donde asegura sentir un "gran temor" a correr la misma suerte que su socio y los socios de aquél. En principio, los investigadores trabajan sobre la hipótesis de un suicidio, pero se niegan a ser categóricos, dadas las características mafiosas que rodearon al triple crimen. Como en el caso de Forza, Vilan estaba siendo investigado por venta de medicamentos truchos. Al igual que su socio, dejó un tendal de 400 cheques rechazados en poco más de un año, por más de tres millones de pesos. Lo mismo que aquél, hizo un generoso aporte a la campaña de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: 160 mil pesos.
Ariel Vilan vivía en una casa en el barrio Las Cañitas, en la calle Arce 768, pero después del miércoles 13 de agosto, cuanto aparecieron los cadáveres acribillados de Sebastián Forza, Damián Ferrón y Leonardo Bina, dejó de ser visto en ese lugar. Al parecer, se sentía aterrorizado, por lo que buscó refugio en el departamento de sus padres, donde también vive su hermano, en la avenida San Juan, entre Treinta y Tres Orientales y Mármol. No era el lugar más indicado para alguien que no quiere que lo encuentren: es el domicilio que figura en su documento de identidad.
Vilan era presidente de la firma Droguería Unifarma SA, una empresa cuya sede está en la avenida Juan B. Justo 6180. La compañía fue investigada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat), que en julio último descubrió que la droguería estaba vendiendo partidas adulteradas de Variate, un medicamento que se aplica a los pacientes hemofílicos. No es la única causa en la que aparece Unifarma: "En rigor, está casi en todos los casos investigados por Anmat", dijo a PáginaI12 una fuente del Ministerio de Salud. Uno de esos casos, publicado hace once días por este diario, es el del Ritonavir, un medicamento contra el sida: se encontró en una farmacia una partida con la leyenda del programa nacional de Sida –que distribuye gratuitamente el Estado– provista por Unifarma, pero también por Baires Med, la empresa de Sebastián Forza.
El triple crimen conmovió a la opinión pública por sus connotaciones mafiosas: tres jóvenes empresarios desaparecieron el jueves 7 y no se supo nada de ellos hasta el miércoles siguiente, cuando sus cuerpos acribillados aparecieron en un descampado de General Rodríguez. Forza y Ferrón se movían en el negocio de los medicamentos, mientras que Bina se dedicaba a la publicidad. El punto en común que tenía los tres era la actividad en un gimnasio. Y un probable negocio que los investigadores sitúan en el rubro de los precursores químicos para la elaboración de drogas ilegales.
Lo cierto es que el triple crimen trastornó a Vilan, al punto que buscó refugio en la que hasta hace poco fuera su propia casa. Allí, en los últimos días, no hizo otra cosa que seguir las noticias del caso: los investigadores encontraron pilas de diarios y revistas con artículos sobre el tema. También encontraron una carta en la que manifiesta su "gran temor" por correr la misma suerte que los tres asesinados y pide "que se investigue quiénes son los verdaderos responsables" de ese múltiple homicidio.
Según fuentes judiciales, Vilan cayó al vacío alrededor de las 19. Al parecer, en ese momento se encontraba solo en su departamento. Los investigadores analizan si la carta realmente fue escrita por él, si el departamento donde estaba presentaba un desorden fuera de lo común, así como las últimas llamadas telefónicas que recibió. "No descartamos ninguna hipótesis", sostienen. En esa línea, anoche allanaban la casa de Vilán, en Las Cañitas y el departamento desde donde se habría arrojado al vacío.
Así como Sebastián Forza era un especialista en emitir cheques sin respaldo (en sólo siete meses, hasta julio último, sumaba 412 cheques rechazados por un valor de casi tres millones de pesos), Vilan no le iba a la zaga en esa debilidad: de acuerdo con informes del Banco Central, su empresa Droguería Unifarma SA había emitido entre agosto de 2007 y febrero de este año 281 cheques, por valor de 2,3 millones, todos rechazados, mientras que desde febrero a esta parte firmó 126 cheques por un millón de pesos, también sin fondos.
La comercialización irregular de medicamentos no involucra sólo a Unifarma SA y a Baires Med, la empresa de Forza. Se extiende a una serie de droguerías que se especializaban en drogas oncológicos, contra el sida y para pacientes hemofílicos. El mecanismo incluye desde la reducción de medicamentos robados hasta la adulteración de los productos originales. La investigación estuvo a cargo del Programa Nacional de Pesquisa de Medicamentos Ilegítimos, de la Anmat.
Para los investigadores no resultaría fácil vincular la venta de medicamentos ilegales o la extensión masiva de cheques sin respaldo con tres crímenes a sangre fría, sino fuera por la hipótesis de que las víctimas habrían ingresado en un nuevo negocio ilegal: la importación o exportación ilegal de efedrina, el principal precursor químico para sintetizar metanfetamina. Es en esa línea donde aparece la posible relación de alguna de las víctimas con una banda de narcos a la que habrían prometido algo que no alcanzaron a cumplir.

27 de agosto de 2008
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huele a montaje


Llega a juicio oral la causa contra tres trabajadores imputados por secuestro extorsivo. Los tres hombres están presos hace casi tres años. Su detención se basó en los dichos de una testigo que nunca declaró en la causa judicial.
[Raúl Kollmann] Argentina. Después de estar 32 meses en prisión, más de dos años y medio, a partir de mañana serán juzgados tres humildes trabajadores de la zona de Tigre, sin antecedentes y con trabajo, imputados por un secuestro extorsivo en una causa con fuerte olor a armado policial. De los casi tres años que llevan detenidos, hubo 18 meses en los que distintos tribunales se declararon incompetentes y se pasaban el expediente desde el fuero federal de San Martín al ordinario de San Isidro. Y hace ocho meses se les concedió la excarcelación, pero les fijaron una fianza personal de 200.000 pesos, totalmente fuera del alcance de un trabajador, por lo que siguen presos en el penal de Devoto. El encargado de la investigación, oficial de la Policía Bonaerense Pablo Machicote, determinó que los tres trabajadores, Diego Frías, Darío Neves y Martín Seviranes, participaron del secuestro a partir del testimonio de una tal Graciela, vecina del barrio. Sin embargo la mujer nunca declaró judicialmente, se supone que se mudó y nadie la pudo localizar. Machicote afirma que llegó a Graciela a través de otra vecina, Elda Gamarra, pero ésta sostuvo judicialmente que nunca le presentó a ninguna Graciela al oficial de la Bonaerense.
El juicio contra Frías, Neves y Seviranes empezará mañana a las 10 en el edificio de los tribunales de San Isidro. Estará a cargo del Tribunal Oral Criminal N° 1, integrado por María Elena Márquez, Federico Ecke y Alberto Ortolani. La fiscal será Laura Zyseskind. Los defensores de Frías, Neves y Seviranes serán los doctores Adrián Albor, Atilio Neira y Juan Carlos García Díetze.
En su momento, la investigación fue realizada por la fiscal Rita Molina, una de las preferidas de Juan Carlos Blumberg, aunque gran parte del trabajo fue realizado por el oficial Machicote. Una de las curiosidades del expediente Frías-Neves-Seviranes es que, pese a que las víctimas del secuestro siempre hablaron de tres secuestradores, la investigación llevó a la detención de una cuarta persona. Este individuo, Omar Pereira Collazo, de frondoso prontuario, sí aparece seriamente comprometido con el secuestro porque sus huellas digitales coinciden con las encontradas en el vehículo en el que estaban cautivos los dos secuestrados. Pero el individuo no tiene relación alguna con Frías-Neves-Seviranes y la fiscal no pudo encontrar ni una sola comunicación o vínculo entre ellos.
Tal vez un dato explique el supuesto armado policial. Uno de los sospechados de haber participado realmente del secuestro –y señalado por un testigo de identidad protegida– registra tres llamadas entrantes desde la Brigada de Investigaciones de Vicente López, dos desde el Ministerio de Justicia Bonaerense, una desde la Jefatura de Coordinación policial de San Isidro, una desde la Distrital de Investigaciones ubicada en Beccar y dos desde un teléfono usado por el personal del Servicio Penitenciario en la Unidad 21 de Campana. El testigo afirmó que un comisario de Investigaciones de San Isidro es padrino de uno de los dos sospechosos que también ostentan frondoso prontuario –que nunca fueron detenidos y que se llaman Diego y Martín como Frías y Seviranes–.
La única prueba contra Frías-Neves-Seviranes es un irregular reconocimiento, primero fotográfico y luego personal. Según consta en el expediente, de los domicilios de los tres imputados se llevaron las fotografías. Con ellas se hizo un reconocimiento fotográfico, sin presencia de ningún abogado, y recién después un reconocimiento personal. Esto lo certifica una testigo, Paola Spinelli, que cuenta que ni siquiera mostraron las fotos de Frías-Neves-Seviranes mezcladas con otras o en un álbum, como se hacía antes, sino directamente las fotos obtenidas en los domicilios. Lo curioso es que los secuestrados reconocieron a los tres trabajadores –a los que ya habían visto previamente en las fotografías–- pese a que en sus declaraciones, hechas enseguida después del secuestro, los describen de forma completamente distinta. Las contradicciones son tales que hasta el juez Conrado Bergessio dejó por escrito lo siguiente: "corresponde decir que no pasan inadvertidas ciertas discordancias entre los aspectos y características físicas que las víctimas se encargaron de describir al declarar".
Ninguna prueba fue encontrada ni en los allanamientos de los domicilios de Frías-Neves-Seviranes ni en sus comunicaciones telefónicas y, además, los tres explicaron dónde y con quién estuvieron el día del secuestro. El 31 de diciembre de 2005, Frías compró un par de zapatillas en Corner Deportes, por un total de 241 pesos. Para poder solventarlas sacó un crédito de Full Cred en seis cuotas, una movida extraña si tuviera una relación con el secuestro en el que se acaban de cobrar 5000 pesos unas horas antes.
En el expediente aparece un personaje curioso, el policía Orlando Alcides Tarragona. Es un hombre de buena suerte. Según cuenta, siendo las 22 del día del secuestro, tomó conocimiento de que habían secuestrado al hijo de un conocido suyo y que de inmediato se puso a buscar el vehículo usado por los delincuentes, con tanta fortuna que lo ubicó un poco más tarde. En esa circunstancia declaró tres cosas distintas:

- En su primera declaración, afirmó que vio estacionada una camioneta Renault y que detrás de un árbol se encontraba un sujeto masculino, vestido de color crema. Pidió refuerzos utilizando su Nextel y, cuando se aproximaba un patrullero, el secuestrador huyó hacia la colectora de la Panamericana.

- En su segunda declaración también dijo que vio la camioneta y a un sujeto al lado del vehículo, ya no detrás de un árbol.

- En el momento en que se hicieron los reconocimientos, no habló de un secuestrador sino de dos. Uno parado en una esquina y otro hablando por teléfono. Además, ya no pidió refuerzos por Nextel sino que consiguió que un vecino llamara a la policía. Para redondear la contradicción, Tarragona contó que mientras dialogaba con los vecinos, sacó la vista de la camioneta y por lo tanto no pudo ver hacia dónde huyeron los dos sujetos. Este diario dialogó en 2006 con la fiscal Molina señalándole las numerosas contradicciones del expediente, pero la funcionaria contestó: "Que se defiendan en el juicio". Desde entonces los imputados pasaron un año y medio en prisión. Una buena parte del tiempo estuvieron presos por pobres, ya que si hubieran tenido los 200.000 pesos de la fianza, habrían podido llegar al juicio de hoy en libertad.

24 de agosto de 2008
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