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demonio en libertad


[Doug Struck] Su liberación repele a Canadá. Vilipendiada mujer que pasó 12 años en la cárcel por ayudar a su marido a violar y matar a niñas adolescentes.
Toronto, Canadá. Antes del martes, una guapa rubia de 35 saldrá furtivamente de una penitenciaría cerca de Montreal, tratando de escapar a la multitud de periodistas que llevan 12 años esperando este momento.
La saga de Karla Homolka ha paralizado al país desde que ayudara a su marido a drogar, violar, torturar, filmar y matar a dos niñas adolescentes, y causara la muerte de su propia hermana.
Durante el juicio, y desde entonces, sus ojos -una mirada dura y glacial debajo de su pelo ondulado- han mirado regularmente desde las primeras planas de diarios y pantallas de televisión de Canadá.
Ahora ha cumplido toda su condena de prisión por homicidio, y su inminente liberación ha desencadenado expresiones de alarma en la prensa y en el parlamento. Horrorizados y fascinados, los canadienses no parecen tener suficiente.
Homolka ha sido a la vez estudiada y demonizada. Sitios en la red publican ofertas contradictorias por su asesinato o pidiendo su mano en matrimonio. Los abogados, incluso los que representan a personajes sólo remotamente asociados al caso, han estado apurándose entre cámaras y salas de tribunal con peticiones y golpes de sonido.
Los tribunales han agregado condiciones a su sentencia. Los abogados han jurado que cambiarán las leyes. Un cineasta ha prometido una película sobre su historia. Ya han aparecido dos libros y un reportaje especial en televisión. Su amante lesbiana en la cárcel parlotea en la televisión, y su ahora ex marido está ansioso de contarlo todo, si el director de la cárcel lo dejara. Está cumpliendo una sentencia de por vida por los asesinatos.
"La gente está desvariando", dijo Peter Rosenthal, un abogado penal de Toronto. "Están hablando de imponer sentencias más duras, de reintroducir la pena de muerte. Es el desvarío de la venganza".
Respetables diarios han entregado sus primeras planas a columnistas de prosa púrpura. "Encerrad a los niños", advirtieron los diarios Globe y Mail. Un importante anfitrión de televisión, Mike Duffy de la red CTV, dijo con desprecio, sin aparente ironía: "Simplemente somos una clase más alta de ser humano que ella".
"Es una exageración", dijo Suanne Kelman, presidente interino de la Facultad de Periodismo de la Universidad Ryerson, de Toronto. "Parece que representa la mayor amenaza contra la humanidad en el siglo 21".
El dilema para la prensa convencional, dice Kelman, es que "es justamente el tipo de historia que le gusta a la gente. La gente adora los escándalos sexuales, y se fascinan con los asesinatos sexuales. Les encantan las historias cuando el asesino es una mujer, especialmente si es una rubia vulgar". Homolka, dijo, "no recibiría este tipo de atención si fuera una mujer más casera, o más vieja".
Pero no es ninguna de las dos cosas. De acuerdo a informes de prensa sobre su infancia, Homolka tenía apenas 17 años, una inteligente chica en el 11, cuando conoció a Paul Bernardo, 23, un encantados y guapo hombre en 1987. Tuvieron sexo en un cuarto de hotel dos horas después y se comprometieron dos años más tarde.
Eran una pareja atractiva, pero Bernando sería identificado por la policía por un violador en serie, ayudado ocasionalmente por Homolka. En 1990, de acuerdo a una declaración ante tribunales, Homolka y Bernardo drogaron a su hermana menor, Tammy, de 15, con tranquilizantes para animales después de una cena de Navidad en familia. Bernardo violó a Tommy, que murió más tarde, aparentemente asfixiada en su propio vómito.
Un año después, Bernardo secuestró a Leslie Mahaffy, 14, frente a su casa; en 1992, secuestró a Kristen French, 15, en el estacionamiento de una iglesia. Las dos fueron violadas, filmadas y asesinadas con ayuda de Homolka, de acuerdo a testimonios judiciales. Pero en 1993, Bernardo golpeó a Homolka con una linterna y ella fue a la policía, donde contó su pasado.
En lo que en la prensa fue llamado "un pacto con el demonio", Homolka llegó a un acuerdo con los fiscales y se declaró culpable de dos cargos de homicidio y declaró contra su marido. Armada con fotografías de sus ojos amoratados, se retrató a sí misma como una esposa maltratada que fue obligada a participar en los crímenes.
Sin embargo, después de su condena los abogados de Bernardo revelaron que un allanamiento policial de su casa había pasado por alto seis videos -escondidos encima de una araña- que supuestamente muestran a Homolka como una participante voluntaria y entusiasta en los crímenes.
El público se indignó. Parecía que la inteligente mujer había engañado a fiscales y tribunales y consiguió una sentencia más liviana, mientras su marido divorciado no saldrá probablemente nunca en libertad.
Había "un abrumador sentimiento de que se ha dejado cometer una grave injusticia", escribió el profesor de derecho Alan Young en el diario Toronto Star.
Esa indignación contribuyó a que le negaran a Homolka dos veces la libertad condicional, y ahora ha cumplido toda su sentencia, lo que altamente inusual en Canadá. Pero a medida que se acercaba la fecha de su liberación, los fiscales se acercaron al tribunal y obtuvieron "condiciones especiales". Deberá presentarse a menudo a la policía, pedir permiso para viajar, y no puede tener contacto con nadie menor de 16 años. Ha recurrido.
La perspectiva de que Homolka vuelva a Montreal o a su casa natal en St. Catharines, Ontario, ha provocado protestas de que niños y mujeres no estarán a salvo.
"La gente dice que es un monstruo", dijo Rosenthal. "No hay duda de que fueron crímenes monstruosos, y es culpable. Pero ya pasó 12 años en la cárcel, que no es nada".
Los abogados de Homolka han presentado mociones pidiendo protección policial para su defendida, diciendo que ha sido amenazada de muerte, y también tratando de impedir que la prensa informe dónde se encuentra.
Pero Kelman dijo que Homolka era "una mujer que no va a desaparecer", incluso si cambia de nombre, como ha pedido al tribunal, y color de pelo.
"Hay cosas que se pueden cambiar. Pero su rasgo más distintivo son sus ojos", dijo Kelman. "Todos saben cómo se ven sus ojos".

17 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh

curación a distancia


[Hilary E. MacGregor] Muchos americanos rezan por la salud de sus seres queridos; otros recurren a chamanes o al reiki. Ahora la ciencia está estudiándolas.
En una mesa de operaciones en un centro médico de San Francisco, una paciente de cáncer de mamas está recibiendo cirugía reconstructiva después de una mastectomía. Pero esta operación no sería común. A miles de kilómetros de distancia, un chamán curandero había recibido el nombre de la mujer, una foto y detalles de la operación.
Durante los siguientes ocho días, el curandero rezará 20 minutos por la recuperación de la paciente de cáncer, sin que la mujer lo sepa. Un cirujano ha insertado dos pequeños tubos de tela en la ingle de la mujer que permitirá que los investigadores midan lo rápido que se cura.
La mujer es una paciente en un extraordinario estudio financiado por el gobierno que busca determinar si la oración tiene el poder de curar a los pacientes a distancia -un campo conocido como ‘curación a distancia'. Aunque el término es probablemente desconocido para la mayoría de los americanos, la idea de rezar en sus casas, hospitales y templos no lo es. En los últimos años la medicina ha mostrado un creciente interés en la investigación de los efectos de la oración y la espiritualidad sobre la salud. Una encuesta de 31.000 adultos dada a conocer el año pasado por los Centros de Control y Prevención de la Salud nacionales, constataron que el 43 por ciento de los adultos estadounidenses rezaban por su propia salud, mientras un 24 por ciento tenían a otros rezando por ellos.
Algunos investigadores dicen que esa es una razón suficiente para estudiar el poder de la oración.
"Casi todas las comunidades del mundo tienen oraciones para los enfermos, que recitan cuando se enferma un miembro de la comunidad", dijo el doctor Mitchell Krucoft, cardiólogo e investigador de la Universidad de Duke en el campo de la oración y curación a distancia. Es una práctica cultural ubicua, por lo que sabemos... Las prácticas culturales en la salud frecuentemente ofrecen una clave. Pero para entender esa clave, aprender a usarla mejor, es necesaria una ciencia clínica básica".
La ciencia ha empezado sólo recientemente a explorar el poder de la curación a distancia y los primeros resultados de esta investigación no han sido concluyentes. En un artículo publicado en 2000 en los Annals Internal Medicine, los investigadores reportaron 23 estudios sobre varias técnicas de curación a distancia, incluyendo las curaciones religiosas, por energías y espirituales. Trece de los 23 estudios indicaron que había efectos positivos de la curación a distancia, nueve estudios no mostraron ningún efecto positivo y uno mostró un ligero efecto negativo en el uso de la curación a distancia.
El estudio de la curación a distancia era en el pasado el reino de científicos excéntricos, pero investigadores de destacadas instituciones, como el Instituto Médico Cuerpo/Alma en Chestnust Hill, Massachusetts, el Centro Médico de la Universidad de Duke en Carolina del Norte y el Centro Médico California del Pacífico en San Francisco están involucrados en el campo. Y los Institutos Nacionales de Centro Nacional de Salud para Medicinas Complementarias y Alternativas [Health's National Center for Complementary and Alternative Medicine] ha gastado desde 2000, 2.2 millones de dólares en estudios de curación a distancia y oraciones rogativas -una pequeña fracción del presupuesto anual de la agencia, que sumó 117 millones de dólares en 2004.
Alguna gente piensa que incluso esa suma relativamente pequeña de dinero no está siendo bien usada.

"No puedes usar la ciencia para probar la existencia de Dios", dijo John T. Chibnall, profesor de psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de St. Louis en Missouri, que co-escribió una cáustica refutación de los estudios sobre la curación a distancia publicada en los Archives of Internal Medicine en 2001. "No deberíamos gastar el dinero del gobierno para mostrar que Jesús es ‘el hombre'", dijo Chibnall en una entrevista. "La fe es la fe. La ciencia es la ciencia. No hay que usar la ciencia para reforzar o reducir la creencia en Dios".
Aunque algunos científicos se oponen a esos estudios sobre bases religiosas o científicas, otros cuestionan que sea posible diseñar un método científicamente válido de medición de algo tan nebuloso como el poder de la oración.
¿Qué constituye una ‘dosis' de oración? ¿Cómo definimos ‘oración'? ¿Es la canalización de intenciones budistas o energía reiki lo mismo que las oraciones para un dios judeo-cristiano? ¿Y cómo determinas si fueron oraciones las que hicieron mejorar a un paciente, y no alguna otra cosa, como con el efecto placebo?
"Hay enormes problemas metodológicos y conceptuales con los estudios de la oración a distancia", dijo el doctor Richard Sloan, profesor de medicina conductivista en la Universidad de Columbia en Nueva York. "Nada en nuestra comprensión del universo sugiere cómo las ideas de un grupo de gente puede influir en la fisiología de personas a 4.800 kilómetros de distancia".
Por ejemplo, dijo Sloan, a diferencia de pruebas clínicas en las que los investigadores pueden controlar cuidadosamente la dosis de medicamentos que recibe cada paciente, es completamente imposible que un científico controle o cuantifique la cantidad de oraciones dirigidas hacia un paciente.
"En todo el mundo reza la gente por los enfermos", dijo Sloan. "Amigos y familiares rezan para gente en un grupo de control. A menos que asumas que hay alguna potencia -que las oraciones de cierta gente son más potentes que otras-, estás hablando de una pequeña cantidad de oraciones en contraste con la enorme cantidad que ya existen. Es como recoger una gota de agua, echarla al lago Michigan y tratar de detectar el efecto".

Sopesando las Posibilidades
Uno de los centros más importantes de esas investigaciones es el Instituto de Ciencias Noéticas IONS. [Institute of Noetic Sciences]. Fundado por el astronauta del Apolo 14, Edgar Mitchell, en 1973, y ubicado en 80 hectáreas en una colina llena de robles en Petaluma, el instituto describe su investigación, en su sitio en la web, como la "exploración de fenómenos que no necesariamente se ajustan a modelos científicos convencionales".
Marilyn Schlitz, vice-presidente de investigación y educación del IONS e investigadora del Centro Médico de California del Pacífico, dirige el estudio de las pacientes de cáncer de mamas.

Durante más de 20 años, el foco de las investigaciones de Schlitz han estado en el estudio de si la mente humana tiene capacidades ocultas para acelerar la curación. Algunos de sus proyectos suenan un poco rebuscados. Una vez estudió si curanderos a distancia podían reanimar a ratones anestesiados. En otra ocasión, en un proyecto financiado por el Pentágono, realizó experimentos designados para determinar si alguien podía provocar una respuesta fisiológica en una persona en otra habitación simplemente mirando su fotografía en un monitor de video.
Su trabajo quiere determinar si la mente puede influir sobre la materia.
"Los datos de la encuesta dicen que la gente reza, que usa la oración como parte de su régimen de curación", dijo Schlitz. "¿No debería la ciencia investigar eso?... Quizás ayude en ciertas condiciones y no en otras. Bueno, no podemos responder mientras no hagamos un análisis riguroso y sistemático de lo que hace la gente".

Primeras Investigaciones
El cardiólogo Randolph Byrd realizó en 1988 el primer estudio clínico importante de la curación a distancia en el Hospital General de San Francisco. Dividió en dos grupos a 393 pacientes cardíacos.
Un grupo recibió oraciones de cristianos frente al hospital; el otro, no recibió nada. Su estudio, publicado en el Southern Medical Journal, encontró que los pacientes por quienes no se rezaba necesitaban más medicación y era más probable que sufrieran complicaciones. Aunque tenía defectos, el estudio llamó considerablemente la atención.
Desde entonces los investigadores han seguido estudiando los posibles efectos de la oración a distancia y técnicas curativas distantes similares en el tratamiento de afecciones cardíacas, SIDA y otras enfermedades, y la infertilidad. Se han hecho numerosos experimentos con oraciones y curación a distancia en relación con animales y plantas. Un estudio concluyó que los curanderos pueden influir en la tasa de curación de ratones heridos.
"Los detractores a menudo se quejan de que si ves resultados positivos en seres humanos, es debido al pensamiento positivo, o la respuesta placebo", dijo el doctor Larry Dossey, un internista jubilado, de Santa Fe, Nuevo México, y autor de numerosas libros sobre espiritualidad y curación. "Los microbios no piensan positivamente, y no están sujetos a la respuesta placebo".
A principios de los años noventa, Elisabeth Targ y colegas del Centro Médico California del Pacífico estudiaron los efectos de la curación a distancia en 20 pacientes de SIDA. Schlitz, que trabajó con Targ (que murió de un tumor cerebral en 2002), dijo que el estudio constató que los pacientes que contaron con oraciones sobrevivieron más, se enfermaron menos a menudo y se recuperaron más rápidamente que los pacientes sin oraciones. Un estudio de seguimiento de 40 pacientes llegó a conclusiones similares.
Más o menos en esa misma época, Krucoff, de la Universidad de Duke, dirigía un importante pero poco usual experimento para determinar si los pacientes cardíacos podrían recuperarse más rápidamente después de una cirugía angioplástica si eran sometidos a algunos de varios tratamientos intangibles (noéticos). Su estudio comparó los resultados de curación por tocamientos, relajación de estrés y curación a distancia, con los cuidados normales.
Curanderos espirituales de todo el mundo -incluyendo a judíos que dejan oraciones en el Muro de las Lamentaciones en Jerusalén, budistas orando en monasterios de Nepal y Francia, bautistas y cristianos fundamentalistas en la iglesia-, rezando todos simultáneamente para uno de los varios grupos designados en el estudio.
Todos los grupos dieron mejores resultados que el grupo de cuidados normales, y los que recibieron oraciones a distancia lo hicieron mucho mejor. Desde entonces ha terminado un estudio mayor, en múltiples sitios. Ese estudio -el más grande hasta la fecha- es actualmente siendo reseñado para su publicación en una revista médica.
Los estudios del IONS y de California del Pacífico, que serán completados el próximo año, seguirá a 140 pacientes de cáncer de mamas que han recibido cirugía plástica. En la época de la operación, cada pacientes tiene dos pequeños tubos, delgados como fideos, de tejidos Gore-Tex, implantados en la zona del pubis para medir cuánto colágeno se deposita a medida que curan sus heridas.
El estudio busca solucionar una de las principales preocupaciones planteadas por críticos de la curación a distancia: que los estudios no están designados para dar cuenta del efecto placebo.
Investigadores han dividido a los pacientes en tres grupos. Se rezará por un grupo, sin que este esté informado de las oraciones; también se rezará por otro, pero estos sí serán informados, y un tercer grupo, por el cual no se rezará y no será informado de nada. Los curanderos que rezarán deberán tener años de experiencia en la curación a distancia y provenir de tradiciones diversas -como el chamanismo, la bio-energía y el reiki.
Los tubos se retirarán al cabo de ocho días y el crecimiento del colágeno en la zona herida será analizado -y también los métodos científicos aceptados para medir la curación de la herida. Entonces se compararán las tasas de curación de los grupos.
Pero incluso algunos de los creen en el poder curativo de las oraciones admiten las dificultades a la hora de diseñar un buen estudio.
"Creo que la intención a distancia funciona", dijo el doctor Loren Eskenazi, un cirujano del Centro Médico California del Pacífico que trabaja en el estudio. "No sé cómo, pero funciona. Pero es difícil diseñar un estudio que funcione. No conocemos los mecanismos. ¿Están todos en la iglesia rezando por ellos? Eso podría sesgar los resultados. Si alguien quiere mal al paciente, eso podría anular los resultados".
Mary Destri, 43, una curandera reiki que participa en el estudio, también tiene dudas sobre el diseño. Dijo que había participado como curandera en otros experimentos científicos, pero había recibido normalmente más información sobre el paciente.
"Esta es la primera vez que trabajo con alguien al que nunca he visto, la primera vez que estoy trabajando con alguien al que no puedo tener acceso, ni puedo comunicarme con él", dijo. "Ayuda a que la intención se enfoque mejor".
Dossey dijo que esas preocupaciones eran un reto para los investigadores.
"Creo que puedes sanear el proceso de tal manera que eliminas el efecto", dijo. "Están sacando la oración de su contexto en la vida real, hasta el punto de que te preguntas si acaso tiene aplicabilidad en la vida real. En la vida real la gente tiende a rezar por gente que conoce y quiere. Los curanderos dirán que si quieres que la curación tenga resultados, tiene que incluir un factor de profundo amor y compasión. Muchas de las pruebas controladas aleatorias eliminan prácticamente todo conocimiento sobre la materia".
Como cardiólogo, Krucoff ha visto a muchos pacientes cerca de la muerte. Dice que lo que determina su supervivencia a menudo está más allá de la tecnología y la medicina. Sea chi, fe, energía divina o placebo, este factor intangible hace una diferencia, dice.
"Somos bastante buenos en hacer estudios sobre la seguridad y efectividad de las píldoras y terapias", dijo Krucoff. "Tenemos un procedimiento bien establecido para determinar los riesgos y los beneficios posibles... ¿Podrías matar a alguien, sin darte cuenta, con una oración cariñosa? No muchos teólogos quieren discutir sobre eso. Pero en la salud, esas preguntas son fundamentales".

14 de julio de 2005
2 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

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niña boxeadora 2


[Kurt Streeter] "Es buena, Dang. Es fuerte, Dang". Crece la reputación de Seniesa y tiene esperanzado a su padre. Pero problemas familiares y falta de rivales mordisquean su moral. Primera parte: Niña en el Cuadrilátero.
Se veía fantástica, incluso contra un niño llamado Frankie.
Seniesa tenía 10, las piernas largas y flexibles. Caminó a grandes zancadas por el ring, tentativamente primero, luego ganando confianza con cada paso, los hombros echados para atrás, la barbilla escondida, moviendo los puños enguantados.

Frankie Gómez era de su edad. Pero había estado boxeando durante 4 años, más de 30 peleas, casi todas victorias. Era más fuerte y con más experiencia, así que peleaba con ella para entrenarse. Él trabajaba en su defensa; ella, en la suya. Él sólo pegaba para mantenerla a distancia.
"Vamos, nena, vamos", gritó Joe Estrada, 44, su padre. "Pégale. Pégale".
A cada combinación, obligaba a Frankie a retroceder. Cada vez que él daba un paso atrás, ella daba un paso adelante, se enroscaba rápidamente y dejaba hablar a los guantes.
Guap-guap-guap: el sonido de un rifle de viento. Su cola de caballo giraba en torno a su cabeza. Guap-guap-guap. Ella se pegaba a él.
Él se defendió, lanzó una combinación derecha-izquierda, su puño aplastando su nariz, seguido de un golpe que rebotó contra su hombro y la lanzó hacia la izquierda. El sudor volaba de sus delgados brazos, y brillaba en la lona plateada.
Frankie zigzagueaba y se agachaba y giraba, creando pequeñas aperturas que ella trataba de aprovechar. Algunos de sus golpes tocaban los guantes de Gómez. Algunos, su barbilla.
Él sonreía, sintiendo el escozor.
"Vamos, Seniesa". Era Joe, de nuevo. "Pégale. Atácalo".
Guap-guap. Guap-guap. Paso a paso, lo correteó por el ring de 2.32 metros cuadrados.
Entonces su padre le dijo que acabara con él. "Los últimos, nena. Pega fuerte, nena".
Yo estaba junto a las cuerdas, a un metro y medio. La sudorosa camiseta de Joe olía como mantequilla agria. Vi un brillo en los ojos de Seniesa.
Dio un paso adelante, dirigiendo con el puño derecho.
Al otro lado de las cuerdas, una amplia muestra del vecindario -matones de pandillas, hombres musculosos, niños flacuchos, quinceañeras y madres de edad mediana- aplaudía ruidosamente, especialmente las mujeres. "¡Ataca, chica, ataca!", gritaban. "Es buena, Dang. Es fuerte, Dang".
"Vamos, mija", dijo Joe. "Vamos. Muévete. ¿Estás cansada?"
"No", resopló a través de su protector bucal de plástico. Acosó a Frankie, que se apoyó contra las cuerdas. Guap-guap-guap.
Y eso fue. Frankie se acercó a tocarle los guantes, demostrando aprecio por su trabajo.
Joe le dio un beso en la frente a Seniesa, donde su pelo en partía por el medio. "Bien, mija, bonito. Así se hace. Vas a ser una campeona".

Ser una campeona. Era lo que ella quería. Era lo que Joe quería para ella. Cuando los vi por primera vez, ella medía 1 metro 46 y pesaba justo menos de 32 kilos. Él era un ex-gángster, había estado en prisión y se había descolgado de la heroína. Ella tenía un sueño: ganar una medalla de Oro en las Olimpiadas, y luego convertirse en una campeona de boxeo, como su héroe, Muhammad Alí. Su sueño era el sueño de Joe.
Me di cuenta de que si lo hacía realidad, tendría que hacerlo contra enormes desventajas. Las Olimpiadas todavía no tenían torneos para boxeo femenino. No encontraba demasiadas peleas; pocas chicas querían boxear. Tendría que hacerlo a pesar de su madre; Maryann Chávez se preocupaba sobre posibles lesiones y quería que fuera animadora. Incluso tendría que hacerlo a pesar de su padre; Joe era su preparador, pero era un ex-jonqui temperamental y con el instinto callejero de la venganza. Un resbalón lo enviaría de nuevo a la cárcel.
Se había divorciado de Maryann en 1996, y Joe se estuvo peleando con el novio de ella hasta un año y medio después. Era uno de los trastornos en la familia de Seniesa que de algún modo la emboscaba. Todo lo que se necesitó fue que Seniesa se quejara de que el novio le había torcido el brazo.
Joe estalló de ira. Unas noches más tarde, estaba esperando frente al apartamento de Maryann. Cuando salía el novio, Joe se le puso al frente.
"¡No te metas con mis hijos!", le dijo, y le lanzó una feroz avalancha de puñetazos. Recordaba con orgullo que lo derrumbó ahí mismo.
Joe se paró sobre él. "Seniesa es mi hija", le dijo. "¡No la vuelvas a tocar en tu vida!"
Seniesa no vio la pelea. Pero vio al novio irrumpir de vuelta en el apartamento de su madre, con la cara chorreando de sangre. Tenía un ojo hinchado y un labio inflado. El abuelo de Seniesa estaba ahí. Conocía a Joe de hacía varios años. "No lo contraríes", le oyó decir al abuelo. "Ese idiota está loco. Te matará".
Maryann pensó que Joe estaba celoso de su novio. Pero para Seniesa y su padre, la pelea fue para defender a Seniesa. Estaba orgullosa, incluso agradecida, de que él hiciera todo eso por ella, pero sabía lo que pasaría si él mataba a alguien alguna vez. Ya había estado en la cárcel, por robo. Esto le podría significar cadena perpetua.
El boxeo seguía siendo nuevo para Seniesa: los torneos, celebrados en sudorosos y endebles en medio de peligrosos vecindarios; los espectadores, en torno al ring, esperando un knockout; el aire, cargado de humo de cigarrillos y el olor de cerveza añeja. El boxeo era duro, feo. Pero incluso cuando perdía, no quería perderse nada de ese mundo.
Había empezado a ganar hacia el otoño de 2002, y no solamente peleas de sparring con niños como Frankie. Su prestigio creció. Fue campeona de la Liga Atlética de la Policía. Guantes de Oro. La mejor niña boxeadora de Los Angeles Este. A veces eso ahuyentaba a los oponentes. Averiguaban dónde peleaba Seniesa Estrada, para no aparecerse por allá.
Podía contar con Joe. Siempre.
"La veo como ganando una medalla de oro en las Olimpiadas", dijo. "Y después de eso, será profesional, será la campeona del mundo". Estábamos parados junto al ring del Centro Juvenil Hollenbeck, un ruidoso gimnasio en la Calle 1, mirándola estrenar. Afilando la voz, imitó a Alí: "Cam-peoona del mundo. Aletea como mariposa, pica como abeja".
Me hizo recordar que varias mujeres han boxeado profesionalmente, y que el boxeo femenino estaba al menos siendo considerado para las Olimpiadas. "Supongo que estoy viviendo mi vida a través de ella", dijo. "Siempre quise tener la oportunidad de ser un campeón de oro en las Olimpiadas. Como Paul Gonzales. La veo transformarse en algo que pude haber sido yo... si no hubiese crecido en el ambiente en el que me crié yo".
Como su padre, Seniesa estaba enganchada a la violencia que podía liberar con sus puños. "Me gusta lo que sientes", me dijo. Vio que yo levantaba las cejas. Me miró a los ojos, algo que no hace a menudo. "Me gusta pegarle a alguien". En el ring, dijo, se olvidaba del tiempo y de su entorno. Todo lo que sentía era un estallido de energía, y todo lo que veía eran sus propios guantes de boxeo, fustigando, asestando un golpe a la nariz, a la mejilla, al estómago. Era algo similar a lo que sentía su padre en las peleas callejeras. Era lo que él llamaba "entrar en la zona".
Pero no quería que él volviera a la calle. Suspiraba y temblaba cuando pensaba sobre ello. Sabía que lo estaba haciendo tanto por él como por sí misma. "Lo ayuda", me dijo. "Le da algo que es bueno de hacer". Sabía que tenía que hacer lo que él dijera. "Mi papá me motiva para que siga boxeando. Me recuerda todo el tiempo que practique y entrene.
"Me dice: ‘Tenemos que hacerlo'".

Sin Miedo
"¡Tres-tres-tres!", aulló Joe.
Un tres era un gancho izquierdo. Un dos un recto derecho.
Era el 2 de octubre de 2002, cuatro días antes del Desert Showdown, en Thermal, cerca de Palm Springs. La observé ejercitarse, entrenar con oponentes y correr kilómetros por un parque, luego trepar al ring y golpear sus puños contra los grandes guantes de su padre mientras él gritaba números que indicaban los tipos de golpes que quería que le lanzara.
Ella lanzó los puños, rápidos. Guop-guop-guop.
Con cada lanzamiento sonaba un "umf" -primero de sus labios apretados, cuando las iniciaba, y luego de Joe, cuando él los recibía. Mientras ella vadeaba hacia él, con los puños alzados, empezó a darle suavemente en la cabeza, para mantenerla alerta.
Cuando terminaron, él la envolvió en sus brazos por sus estrechos hombros. "Nadie te puede derrotar, nena. ¡Na-die!" Se apoyaron contra las cuerdas. "Es feroz, Kurt. No le tiene miedo a nada. ¡Na-da!"
Ese día en la escuela, una niña había abofeteado a Seniesa. "Estaban jugando", dijo Joe, "y la chiquilla empezó a ponerse cargante y le pegó a mi niña. Seniesa, ¿qué hiciste entonces?"
"Le pegue de vuelta. Le pegue en la mandíbula".
La tocó en el hombro.
"Eso fue todo", agregó ella.
Recordé que Joe hablaba frecuentemente de su cristianismo. En la escuela, ¿no aconsejaría Jesús que Seniesa pusiera la otra mejilla?
"Kurt, para eso hay un tiempo y lugar", dijo. "A veces tienes que pegar de vuelta. Eso también está en la Biblia".
Se volvió hacia Seniesa. "Cariño", dijo, "ya has terminado para este fin de semana".

Salieron esa tarde antes del torneo, todos en la furgoneta marrón castaño de Joe: Seniesa y niños boxeadores de su gimnasio, que entrenaban con ella todos los días y se estaban transformando en sus hermanos substitutos.
Eran bulliciosos y presumidos. Estaba al quite, tratando de determinar su lugar en el grupo, todavía insegura como para mirarlos a los ojos. Ellos eran robustos y fuertes, de manos carnosas, piel dura y sogas de músculos que serpenteaban por sus hombros. Ella era de piel suave y flaca. Los músculos que tenía, todavía no eran visibles.
Los chicos se veían rudos, rapados al cero. Ella se veía guapa, con el pelo en su característica cola de caballo, apretada y amarrada con una cinta de color. Ellos llevaban shorts negros arrugados, y camisas malolientes. Ella, shorts azules y camisetas planchadas, blancas y rosadas, con estampados de gatitos de dibujos animados, caras sonrientes y frases inocentes: FBI -Bella e Inocente para Siempre [Forever Beautiful and Innocent]. Ellos tenían apodos, como ‘El Terror', bordados en sus shorts. Ella no tenía apodo de boxeo, sólo los que le había puesto la familia: Niní y Puqui. Junto al ring, los espectadores la llamaban a veces simplemente, la niña.

La furgoneta paró frente a la Escuela Secundaria La Familia. Dos cuadriláteros de lona han sido instalados en una cancha de béisbol. Joe y Seniesa se presentaron ante los oficiales del torneo. Docenas de boxeadores, sus familias y entrenadores se arremolinaban en torno a ellos. Venían de lugares tan remotos como Utah. La mayoría eran latinos, y había pocas mujeres.
Un oficial le dijo a Joe que su hija pelearía con alguien llamada Kelly, de Arizona. Mientras paseaba por el césped no muy lejos del ring, Seniesa vio a una chica de su estatura con shorts de boxeo. ¿Eres Kelly, de Arizona?, le preguntó.
La niña asintió.
Seniesa la midió.
Más tarde, en el hotel donde alojaban ella, su padre y los niños, me dijo: "Le voy a ganar a esa chica, Kelly de Arizona. Le voy a pegar".
Miró su bolsa. "Guantes, protector de cabeza y rellenos", dijo, tranquila. Se sentó. Luego se volvió a levantar y revisó su bolsa. "Guantes, protector de cabeza, rellenos. Tengo todo".
"¿Nerviosa?", pregunté.
"No", dijo. Alzó la voz. "Me he preparado mucho para esto". Juró que no estaba nerviosa, pero su cara la traicionaba. Estaba gris.
Llegó el mediodía, que subió la temperatura a 38 grados. En la escuela resonaba la música de mariachis, y el aire estaba lleno del olor a cerdo, ternera y maíz asados. Dos adolescentes estaban peleando. El público gemía con cada golpe duro, con cada gancho. Los hombres aullaban, brincaban y alzaban las manos. "¡Le ha dado una buena paliza!" "¡Ese chico tiene talento!" "¡Tiene los cojones duros!"
Cerca del ring, Seniesa estaba sentada en una silla mientras su preparador le envolvía las manos, apretadamente, con gaza y cinta blanca. Luego se levantó y caminó entre los boxeadores y oficiales.
"¿Has visto a Kelly, de Arizona?", preguntó.
A otro, le dijo: "Tengo que pelear con Kelly, de Arizona. ¿La has visto?"
Vio a Joe. "Papá, ¿la has visto? ¿Has visto a Kelly, de Arizona?"
Peleó con su sombra. Sus puños encintados golpearon el aire. "He estado esperando este match", dijo. Se volvió. La podía ver hablando consigo mismo, mientras pegaba. "No estoy nerviosa. No estoy nerviosa".Joe se acercó, con la cabeza agachada. "Malas noticias, nena".
Seniesa paró. Lo miró.
"No está aquí", dijo Joe. "Kelly de Arizona no está. No saben qué pasó. Se marchó".
"¿Qué quiere decir eso? ¿Kelly de Arizona no está aquí?"
"Bueno, parece que se marchó a casa. No tienes que pelear. No hay nadie a quien puedas pelear".
Silencio.
"Oh", masculló, la voz decaída. Miró a otro lado, hacia un denso palmar cercano, con la boca ligeramente abierta, como si quisiera decir algo. "Oh".
Poco a poco, cautelosamente, se sacó sus hinchados guantes de boxeo y los metió en su bolso.
Volvieron caminando hacia la furgoneta, él abrazándola, el único sonido era el crujido de sus zapatos en la gravilla del estacionamiento. Los dos miraban el suelo. Ella empezó a desenvolver la cinta de sus puños.
"No lo puedo creer", dijo Joe, enfadado. Se marchaban sin haber peleado. Él quería despotricar, pero trató de no hacerlo frente a su ángel. "No son más que basura", dijo. "Un montón de idiotas".
En la autopista de regreso a Los Angeles, le dijo que no se preocupara. Le conseguiría más peleas. Sólo tenían que aguantarse. Pero sus palabras no podían contra su decaimiento. La miró.
Ella estaba llorando, y usaba la cinta para sacarse las lágrimas.

Temores de una Madre
Si no era cuando un oponente escapaba, o las riñas de su padre, era su madre. Maryann podía amenazar los sueños de Seniesa como cualquier otro reto fuera del ring. La noche del torneo, Seniesa no volvió a casa casi a medianoche. Era la noche de la escuela vespertina. Ella estaba alterada.
A Maryann no le gusta el boxeo. Si Seniesa quería boxear, la dejaría, pero se preocupaba de que su niñita pudiera sufrir un coágulo en el cerebro, o que le rompieran la nariz y perdiera su atractivo. Quería que su hija fuera animadora, y esperaba que descubriera pronto a los chicos. Quizás entonces a ella no le interesara tanto el boxeo.
Apenas en la puerta, Seniesa miró en su bolso y se dio cuenta de que había dejado el libro de matemáticas en casa de su padre. El malestar de Maryann se duplicó. Quizás el libro olvidado era un signo, dijo: "No es bueno pasar tanto tiempo boxeando".
Con eso, Saniesa cogió el teléfono. Recordó que se había aguantado las lágrimas. "Papá", se le escapó. "Ayúdame".
Maryann le quitó el teléfono y le dijo a Joe que la recogiera en el centro, a medio camino entre El Sereno y donde vivía él. Que llevara el libro de matemáticas.
A Joe le importaba un pepino el libro de matemáticas. Tenía miedo de que Maryann tratara de impedir que Seniesa siguiera boxeando.
"Zorra", le gritó por teléfono desde la cabina. "No le digas que deje de boxear".
"¿Zorra? ¡A mí no me llamas zorra!"
Estaban furiosos. Maryann tenía un nuevo novio. Cogió el teléfono, pensando en hacer las paces.
Joe le dijo que no se entrometiera.
El novio dijo que él tenía derecho a entrometerse.
"¡Entonces pasaré a verte ahora mismo!", dijo Joe. "Tú espera".
Seniesa levantó la vista. El novio de su madre iba y venía cerca de la puerta. Seniesa estaba pasmada de lo rápido que un libro olvidado se había transformado en caos. Trató de cobrar ánimos. "Ah, man", pensó: "Seguro que van a terminar peleando. Apuesto".
Su padre estaba a punto a meterse a la cama, con sus shorts de boxeo blancos y sus calcetines blancos estirados hasta las rodillas. Empezó a meterse en los vaqueros, pero entonces lo atacaron las dudas: No se seas idiota. No tienes por qué ir allá. Apenas llegues, Maryann va a llamar a los polis, y de ahí no va a salir nada bueno. Y si peleas, ¿qué va a pensar tu hijita? Se asustará. No es bueno que vea esto.
Se quitó los vaqueros y los colocó nuevamente en la cómoda. Se había olvidado del libro de matemáticas.
Seniesa estaba feliz de que no hubiera pasado nada. Los polis podían significar cárcel, y la cárcel se lo podía quitar por un largo tiempo. Además, a ella le había tomado cariño al nuevo novio de su madre, que tenía un pasado similar al de su padre. No quería que pelearan.
Pero poco después una noche, cuando su padre la llevaba en coche a casa, su madre y su novio llegaron al mismo tiempo. Seniesa caminó hasta el porche y cuando se volvió vio a los dos hombres salir de sus coches y caminar para encontrarse."¿Qué pasa, perro?", dijo su padre. "Has estado hablando un montón de mierda. ¿Todavía quieres pelear, o qué?"
Seniesa vio al novio de su madre sacarse la camisa. Los dos hombres empezaron a lanzarse puñetazos. El novio de su madre atacó a su padre, curvándose, agarrándose, sin soltar. Su padre le pegó en la cabeza, le hizo una llave y lo empujó al suelo. Se insultaron, maldijeron, y se dieron puñetazos.
Finalmente, el novio soltó y se alejó, dando alaridos.
Seniesa dijo más tarde que no había sentido miedo. Había visto peleas antes, dijo, e incluso una vez se había caído al suelo al oír el sonido de balazos frente al apartamento de su madre. Esto no lo asustaba. "Mi papá lo tenía controlado", me dijo, describiendo su dominio en la pelea. Estábamos almorzando. Ella estaba sentada junto a su padre, y estaba mordisqueando una patata frita, despreocupada. "Ni siquiera parecía una pelea de verdad".
Para Joe y Maryann, la pelea había sido muy real. Maryann obtuvo una orden de alejamiento, sobre la base de que el padre de Seniesa era una amenaza.
Joe se sintió terrible. Ahí estaba, supuestamente enmendando su vida, supuestamente un hombre que temía a Dios, y sus instintos callejeros le estaban llevando la delantera. Todavía estaba peleando, todavía se dejaba llevar por la rabia, frente a los niños y a los vecinos y a Maryann.
"Ojalá, algún día", me dijo, "voy a aprender a no meterme en cosas como esta. Ojalá, algún día me daré cuenta que no vale la pena".
Pasaron varias semanas antes de que Maryann lo dejara recoger a Seniesa en su apartamento. Cuando lo hizo, estuvo obligado a quedarse a medio bloque de distancia. Aparcó su furgoneta más abajo en la calle y llamó desde su móvil para decir que ya podía salir.
En los meses siguientes, Seniesa entró en cuatro torneos. En ninguno de ellos pudo pelear. Ganó trofeos y cinturones por incomparecencia. No significaban nada. No los ganó pegándole a nadie.
Quizás tenía razón su madre. Quizás el boxeo no era gran cosa. Quizás el boxeo no era para ella. Quizás el boxeo no era para niñas.
Sabía que sus sueños eran los sueños de su padre, y sabía que si ella abandonaba, él se quedaría sin su ángel redentor.
Pero sus peleas y la orden de alejamiento los estaban separando.
Una tarde, estaban en la furgoneta de Joe, saliendo del gimnasio, cuando Seniesa le empezó a contar lo que estaba pensando. Estaba cansada de entrenarse tanto y no poder conseguir oponentes, cansada de ver cómo los niños boxeadores tenían montones de oponentes, y ella tan pocos.
"Papá", le dijo, "creo que lo voy a dejar".

13 de julio de 2005
11 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

"

día del juicio de un nazi


[Richard A. Serrano] Josias Kumpf, 80, puede ser deportado. El antiguo soldado de las SS alemanas niega haber matado a judíos. "Yo era un tipo bueno", dice -pero no puede repetirlo ante una superviviente de un campo de exterminio.
Racine, Wisconsin. Dos abogados del gobierno llamaron a la puerta de una rústica casa de ladrillos aquí hace dos años y, al no obtener respuesta, se dirigieron hacia la parte de atrás. Allá encontraron a un viejo sentado en una silla de patio, solo. Llevaba una gorra para protegerse del sol de la tarde. Observó que uno de los abogados estaba embarazada, y limpió otra silla. Siéntese, dijo.
Josias Kumpf había estado viviendo en Estados Unidos durante casi medio siglo. Había sido un ciudadano estadounidense durante 40 años. Se había casado, criado a cinco hijos y trabajado durante 35 años rellenando embutidos en una fábrica de Chicago. Jubilado y viudo, con la salud deteriorada, estaba viviendo en la casa de su hija, en Racine.
Sus visitantes eran abogados del ministerio de Justicia. Habían llegado para preguntarle por sus documentos de inmigración. Había otro asunto más importante, pero antes de que pudieran decir algo, Kumpf, 80, se echó a reír. Él sabía por qué estaban allí. Sin motivo, saludó con el brazo: ‘Sieg Heil'. Hablaron durante más de una hora, y Kumpf firmó una declaración jurada de cuatro páginas, 17 puntos, manuscrita, que los abogados habían redactado ahí en el patio.
Sí, él había sido un "soldado de Hitler". Sí, había participado en el temido cuerpo nazi de las SS y era centinela de prisioneros judíos como guardia de la unidad de Calaveras de las SS en un campo de concentración en Polonia.
Pero, agregó, "no tengo nada que ocultar. No le hice nada a nadie. Tengo las manos limpias".
En mayo Kumpf se convirtió en el ex nazi número 100 procesado exitosamente por la Oficina de Investigaciones Especiales del ministerio de Justicia. Un juez federal de Milwaukee ordenó que se le revocara la ciudadanía y, en caso de que se rechazaran sus apelaciones, sea deportado.
La unidad de Justicia fue formada en 1979 para identificar, localizar y expulsar a ex nazis que llegaron a Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Con una dotación de abogados e historiadores, la oficina descubrió a Kumpf tras comparar los recién descubiertos archivos Axis y las listas de enrolamiento de las SS, con documentos de inmigración estadounidenses.
En todos estos casos, funcionarios federales están corriendo contra el tiempo. Del mismo modo que los veteranos de la Primera Guerra Mundial están muriendo, también mueren los que pelearon al otro lado. Y también están muriendo los sobrevivientes de los campos de concentración que podrían identificar a sus perseguidores.
Mientras los recuerdos se desvanecen, los informes de atrocidades individuales se hacen más turbios. Así que quizás no se sepa nunca con certeza qué papel jugó Kumpf el 3 de noviembre de 1943, en el campo de trabajos forzados de Trawniki, en Polonia.
Lo que se sabe es: Los prisioneros judíos habían sido obligados a cavar un laberinto de trincheras y luego tenderse en ellas, desnudos. Guardias armados de ametralladoras los mataron entonces, de a cien cada vez, hasta que miles de ellos llenaron la tierra. Los nazis tocaron música por los altavoces del campo para apagar los gritos, esa mañana, tarde y noche. Cuanto terminaron, hasta 10.000 cuerpos fueron quemados.
Kumpf dice que no se le puede considerar responsable de lo que pasó ese día. Pero al menos una sobreviviente de Trawniki, Vivian Chakin, de Beverly Hills, se burla de eso.

Chakin, como Kumpf, inmigró a este país; ella también se convirtió en ciudadana estadounidense y formó a una familia. Pero perdió en los campos a sus padres y a su único hermano. Quiere que Kumpf sea deportado.
"Tuvo una buena vida. Tuvo una familia", dijo Chakin, 78. "Eso es lo que mi familia no tuvo. Eso es lo que mi hermano nunca tuvo. ¿Por qué no hacerle sentir algo del sufrimiento? ¿No deberíamos castigarlo?"
El acento alemán de Kumpf sigue siendo fuerte y su cara redonda deja ver su edad. A veces los vecinos lo ven sacar a pasear a su desaliñado perro gris por Rodney Lane. Otras veces lo ven montado en su cortacésped.
"Es un hombre recto, y yo lo dejaría tranquilo", dijo Tom Fosbinder, un vecino. "Incluso antes de que saliera en las noticias, me dijo que él no había tenido opción, que era un adolescente cuando los alemanes llamaron a su puerta, armados, y lo reclutaron para el ejército".
Kumpf y su familia no hablarán sobre su pasado mientras esté recurriendo la orden de deportación. Pero su historia está bien documentada en deposiciones, declaraciones juradas, documentos históricos y otros papeles que forman parte del intento del gobierno para deportarlo.

Un alemán étnico, Kumpf nació el 7 de abril de 1925, en Neu Pasua, Yugoslavia. Asistió a la iglesia luterana de la localidad y, tras tres años en la escuela, la abandonó para ayudar a su padre en su pequeña granja de caballos. Como la mayoría de los 8.000 habitantes del pueblo, los Kumpf eran pobres.
Era un hombre grande, de 1 metro 83, de ojos castaños y pelo negro. Lo llamaban el ‘Schwarze Hund' [Perro Negro]. "Aquí hay un hombre fuerte", dijo el año pasado a los fiscales, golpeándose el pecho en el despacho del fiscal en el centro de Milwaukee, cuando prestaba declaración. "En el pasado era fuerte. Fuerte".
El ejército alemán marchó contra Neu Pasua en el otoño de 1942. Kumpf tenía 17 cuando le ordenaron presentarse al servicio en la estación de trenes del pueblo.
A los jóvenes que no abordaban el tren, dijo Kumpf, "los fusilaban contra la muralla". Algunos trataron de huir, y "fueron traídos de vuelta y fusilados frente a nosotros".
Valdis O. Lumans, un historiador alemán requerido por el abogado de Kumpf, dijo que Kumpf "ciertamente no era de los más entusiastas. No se presentó voluntariamente. Ellos llegaron y se lo llevaron".
El ejército incorporó a Kumpf como soldado raso y le dieron el uniforme gris y verde de las SS. Su gorra tenía una calavera bordada, lo mismo que el cuello de su camisa. Se grabó un tatuaje nazi debajo de su brazo izquierda. Le entregaron armas de fuego y le enseñaron a usar un rifle, una metralleta y una ametralladora liviana.
Durante 11 meses fue asignado como guardia de torre y centinela en varios campos en Alemania. Miles de prisioneros llegaron en camión y por tren. Miles de ellos no sobrevivieron.
"Los miro, cómo se los llevan", dijo. Muchos iban a los crematorios. "Escucho decir que ellos meten a la gente ahí, y eso es todo", declaró Kumpf. "Y no vuelven a salir, eso es lo que me dicen".
El 29 de octubre de 1943, Kumpf y otros de su batallón de Calaveras abordaron trenes hacia Trawniki, el terreno de una fábrica de azúcar abandonada, al este de Polonia. Llegaron temprano la mañana del 3 de noviembre. Los nazis, fastidiados por una serie de pequeñas revueltas en otros campos, estaban reprimiendo.
Los hombres judíos de Trawniki ya habían sido obligados a cavar trincheras en zig-zag; les dijeron que les proporcionarían refugio en caso de un ataque aéreo. Antes del alba, los despertaron al sonido de marchas y valses de Johan Strauss que resonaban de los altavoces del campo.
Completamente desnudos y pinchados con porras y cachiporras de goma -algunos fueron matados a balazos por no caminar rápido-, los prisioneros fueron llevados a las trincheras, cien a la vez. No todos marcharon en silencio. Algunos de ellos, como si tratando de apagar la música, gritaron: "¡Shema Israel!" [Escucha, oh Israel].

Cuando los abogados del gobierno tomaron declaración a Kumpf en Milwaukee, insistió en que no era un asesino. "Yo era un tipo bueno entonces, y sigo siendo bueno ahora", dijo. "No le hago daño a nadie, ni siquiera a las moscas -si se portan bien".
Pero los fiscales no estaba preparados para confrontarlo con Trawniki. Desde un punto de vista jurídico, demostrar que había entrado fraudulentamente sería suficiente para expulsarlo. Expulsarlo era lo más importante, dijeron.
La guerra de Kumpf terminó en el otoño de 1945, cuando fue liberado de un campo de prisioneros de guerra ruso. Había sido capturado por el ejército ruso después de salir de Trawniki y ser enviado a luchar al frente oriental. Más tarde se reunió con su padre en Austria, se casó, y, por consejo de un amigo en Chicago, decidió marcharse a Estados Unidos.
Elizabeth B. White, historiadora jefe de la Oficina de Investigaciones Especiales, dijo que el 21 de marzo de 1956, Kumpf solicitó un visado de inmigración para entrar a Estados Unidos. Visitó el consulado norteamericano en Salzburg, Austria, y afirmó en su solicitud que su lugar de residencia de 1942 a 1945 era el "Ejército Alemán: Alemania, Polonia, Francia".
Durante la entrevista con Kumpf, dijo White, "no reveló su período de servicio como guardia armado de las Calaveras de las SS". Richard Bloomfield, entonces vice-cónsul norteamericano en Austria, dijo a los fiscales que el sistema era lamentablemente poco estricto.
Bloomfield procesó innumerables solicitudes de visados, pero no pudo recordar específicamente a Kumpf. "No habría accedido nunca a dar un visado a alguien que hubiese admitido que era un guardia nazi en un campo de concentración", dijo Bloomfield. "Es por eso que obtuvieron visados. Mintieron. Pero si yo hubiera sabido que habían sido guardias en un campo de concentración, esa habría sido una razón para denegarlos".
Los fiscales interrogaron a Kumpf en Milwaukee sobre sus visitas al consulado austriaco.
"¿Por qué no dijo que había sido un guardia en Trawniki?"
"No me lo preguntaron", dijo.
"¿No dijo usted que había sido de las SS?"
"Tampoco me preguntaron eso".
Kumpf recibió una visa de inmigración y el 25 de mayo de 1956 entró a Estados Unidos, por Nueva York. Se asentó en Chicago y empezó a trabajar en una fábrica de vienesas.
Ocho años después, pidió su naturalización como ciudadano norteamericano. Otra vez, apuntó su pasado como: "Ejército Alemán, 1942-1945". Bajo juramento, Kumpf dijo a un oficial de inmigración norteamericano que sólo había sido un soldado. El 9 de mayo de 1964, recibió su certificado de naturalización.
Durante cuatro décadas, dijo a los fiscales, "fui feliz en Estados Unidos".
Cuando los dos abogados llegaron a su patio en marzo de 2003, sabían que Kumpf era algo más que sólo un soldado de la infantería alemana. Sabían que había sido de las Calaveras de las SS, y había llegado a Trawniki justo cuando los primeros prisioneros desnudos estaban siendo amontonados en las trincheras.
Los fiscales le preguntaron sobre Trawniki, y admitió que había estado allí. Pero también dijo que nunca había dicho a los funcionarios de inmigración norteamericanos que había pertenecido a las SS. "Me quedé callado", dijo Kumpf a los fiscales, explicando que su posición había sido no contar nada sobre Trawniki. Luego, de acuerdo a Michelle L. Heyer, la fiscal embarazada a la que Kumpf ofreció una silla, se pasó un dedo a lo largo de la boca.
Más tarde tendría que responder a sus preguntas sobre Trawniki.
Los fiscales han revisado cientos de entrevistas con otros guardias de las SS tomadas por las autoridades alemanas en los años sesenta, cuando el país estaba empezando a enfrentarse a su pasado.
"Todo esto asunto es lo más espantoso que he visto en mi vida", recordó un guardia, Martin Diekman. "A menudo vi que, después de disparar un tiro, los judíos sólo quedaban heridos y eran enterrados más o menos vivos junto con los cuerpos de las otras víctimas, sin que los heridos recibieran el llamado tiro de gracia".
Diekmann agregó: "Pero yo mismo no disparé".
Aleksandr Kurisa, un oficial de las SS de Ucrania, dijo: "Podías oír los gemidos, llantos, y los gritos de esos condenados a muerte. Todos los judíos de Trawniki fueron exterminados".
Kurisa agregó: "Yo no participé directamente".
Luego, lo que hubo fueron las historias de los supervivientes.

Estera Rubinstein yació todo el día entre los muertos. En entrevistas con una comisión histórica judía poco después de la guerra, dijo:
"Nos llevaron a las fosas y vi a soldados de las SS parados con ametralladoras y disparando en la cabeza a mujeres desnudas. Las fosas ya estaban rellenas de cadáveres. Como no quería mirarlos cuando me mataran, oculté mi cara con las manos y salté en una fosa gritando ‘¡Shema Israel!'"
No le dieron. Pero cuando los cuerpos cayeron sobre ella, le dio frío. "Estaba apretada entre los cuerpos... Quise gritar, pero no podía. Era como si me hubieran estrangulado".
Un guardia de las SS levantó su cabeza, para ver si estaba viva. Pero ella tenía la cara llena de sangre y el soldado siguió adelante. Oyó cómo sacaban a otros y lo "terminaban". Entre todo eso, sus oídos eran inundados por valses. Luego, cuando cayó la noche y estuvo tranquilo, dijo, gateó sobre los cadáveres y huyó a través de los campos. Semanas más tarde, llegó a Varsovia, a 160 kilómetros.
Cuando Rubinstein estaba saliendo de Trawniki, Chakin, entonces de 14, estaba llegando.
Ella recuerda ver que los cuerpos rebosaban las trincheras. Pocos días después, dijo, una cuadrilla de prisioneros debió quemar a los muertos. Cuando terminaron, los guardias los mataron a ellos.
A Chakin y otras prisioneras les ordenaron asear las barracas y encontraron a un niño de 4 llamado Mark escondido debajo de una pila de ropa de cama vieja. La madre y hermano de Mark habían sido asesinados antes en la guerra; su padre había sido matado después de ayudar a quemar los cadáveres. Al principio los alemanes dejaron que las mujeres conservaran al niño. Lo cuidaron durante cinco meses, alentándolo a no perder la esperanza. Luego las SS también se llevaron a Mark.
"Porque ellos", dijo, "tampoco conservaban a los niños".
Chakin, con su voz crispada de rabia, agregó: "Me preguntáis qué pienso sobre él, sobre este Josias Kumpf, y yo pregunto: ‘¿Cómo es que llegó a los ochenta?'"
En su deposición en el salón de conferencias en el quinto piso en el despacho del fiscal estadounidense, Kumpf -ahora en el estrado, confrontado por dos fiscales con documentos de las SS que lo conectan con Trawniki- sostuvo que él no había disparado. Insistió en que era simplemente un guardia de perímetro, y estaba a una distancia de las trincheras de los asesinatos.
Cuando llegó en tren esa mañana, dijo, él y otros guardias de las SS tomaron desayuno. Entonces oyeron gritos y disparos. "La gente estaba en el hoyo... Caminé hasta allá y miré. Me di vuelta... y dije, lo lamento, esto no es para mí, eso es lo que dije a mis amigos".
Terminó su desayuno, café y pan de centeno con mantequilla. Dijo que le ordenaron vigilar, de asegurarse que nadie escapara.
"Vi cómo mataban a alguna gente", dijo. "Le dispararon a alguna gente y no lo hicieron bien, así que todavía se movían, sabes. Eso es lo que teníamos que vigilar, de no se escaparan de ahí".
Luego, dijo Kumpf: "Todo el mundo estaba excitado porque había tantos muertos, sabes. Yo no estaba excitado. Yo estaba triste".
El 10 de mayo, el juez de distrito Lynn Adelman, de Milwaukee, recovó la ciudadanía de Kumpf. Resolvió que Kumpf había mentido sobre su pasado a las autoridades de inmigración. "La ciudadanía americana", dijo el juez, "se otorga solamente a los que satisfacen las normas elementales que impone la ley".
El juez determinó además que la mera presencia de Kumpf en el campo significaba que él "abogaba o colaboró personalmente" en la masacre, y como resultado no podía haber siquiera solicitado un visado estadounidense en primer lugar.
El abogado de Kumpf, Peter Rogers, dijo que apelaría ante la Corte de Apelaciones de la 7ª Sala. Si su cliente es obligado a dejar el país, dijo Rogers, "no está claro dónde podría ir. Un montón de países no acepta a gente en estas circunstancias".
Mientras espera, su destino lejos de estar en sus manos, Kumpf a menudo despierta agitado por sus pesadillas. Había esperado durante años mantener su secreto sobre Trawniki.
Pero ahora, dijo, es demasiado tarde. "Estoy en problemas", más que nunca antes, dijo.

12 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh


aliados reducirán tropas


[Glenn Frankel y Josh White] Según memorándum británico: Estados Unidos reducirá sus tropas a la mitad para mediados de 2006.
Londres, Reino Unido. Estados Unidos y Gran Bretaña están diseñando planes para retirar a la mayoría de sus tropas de Iraq para mediados del próximo año, de acuerdo a un memorándum secreto escrito por el primer ministro británico, Tony Blair, y el ministro de Defensa, John Reid.
El documento, que está marcado "Secreto - Personal Británico Solamente", dice que "planes emergentes de Estados Unidos asumen que para principios de 2006, 14 de las 18 provincias podrán ser puestas bajo control iraquí", lo que permitirá una reducción general de fuerzas de la coalición norteamericana en Iraq, a 66.000 tropas. El nivel de tropas actual es de unas 160.000.
El domingo, Reid no negó la autenticidad del documento, pero dijo que no se habían tomado decisiones sobre el nivel de tropas. En Washington, un portavoz del Pentágono dijo que los funcionarios no conocían el documento.
El memorándum, sin fecha, sobre el que se informó el domingo en el diario The Mail on Sunday, afirma que "la doctrina político-militar actual de Estados Unidos está cambiando. Pero hay un fuerte deseo de las fuerzas armadas norteamericanas de significantes reducciones de tropas para aliviar los niveles generales de intervención estadounidense".
Mientras los comandantes estadounidenses y funcionarios del Pentágono han estado esperando desde algún tiempo reducir los niveles de tropas en Iraq, el memorándum británico aparentemente es la primera que se ha mencionado una reducción importante con un calendario específico. El presidente Bush se ha negado a fijar una fecha de retirada en medio de preocupaciones militares de que una fecha fija permitiría que los insurgentes esperen a que las tropas americanas se retiren.
El memorándum observa un debate entre funcionarios norteamericanos en el Pentágono y jefes militares en Iraq, diciendo que los funcionarios en Washington favorecen "una reducción relativamente osada de los niveles de fuerza", difiriendo de comandantes en el terreno "cuyo enfoque es más cauto". Actualmente hay más de 135.000 soldados norteamericanos en Iraq.
Esos debates contribuyen a frecuentes planificaciones de contingencias, de acuerdo a funcionarios estadounidenses, y puede haber varias estrategias al mismo tiempo. Una reducción rápida de las tropas representa una de las posiciones más optimistas, que requerirá varios procesos políticos para terminar exitosamente en Iraq junto al éxito de las emergentes fuerzas de seguridad iraquíes.
Aunque los comandantes norteamericanos han elogiado el desarrollo del ejército y las fuerzas de policía iraquíes, el adiestramiento y equipamiento de las unidades ha tomado más tiempo que el esperado. Ninguna de las provincias de Iraq está actualmente únicamente protegida por fuerzas iraquíes, y las esperadas importantes reducciones del nivel tropas estadounidenses no se han concretado.
"Hay varios planes, para todo tipo de desarrollos, buenos y malos, constantemente", dijo el capitán de corbeta de la Marina, Joe Carpenter, un portavoz. Carpenter se negó a comentar específicamente sobre el memorándum británico porque funcionarios del Pentágono no lo han visto. "El gobierno norteamericano ha estado desde hace un tiempo diciendo que nuestras reducciones y eventual retirada se basa en una estrategia que depende de condiciones".
Muchos analistas creen que el mayor obstáculos para retirar tropas es la tenacidad de la resistencia iraquí, aunque muchos oficiales estadounidenses están proclamando éxitos recientes en apaciguar la violencia.
Parte de la reducción general, dice el memorándum, disminuirá las fuerzas británicas de las actuales 8.500 a cerca de 3.000 para mediados de 2006. El cambio, agrega el memorándum, puede ahorrar a Gran Bretaña la mitad de los costes actuales de 1.8 billones de dólares al año.
"Sin embargo, nada de esto representa un plan respaldado por el ministerio", advierte el memorándum. "Hay muchos más análisis militares que hacer, y están en camino".
Reid, en una declaración el domingo después de la publicación del memorándum, insistió en que "hemos dejado absolutamente en claro que nos quedaremos en Iraq todo el tiempo que sea necesario.
"No se han tomado decisiones sobre la fuerza futura de las tropas británicas. Pero hemos dicho siempre que nuestra intención es entregar la conducción de la guerra contra los terroristas a las fuerzas de seguridad iraquíes a medida que aumenta su capacidad", dijo Reid. "Por eso estamos continuamente presentando documentos con opciones posibles y contingencias.
"Este es sólo uno de varios documentos escritos en los últimos meses para explorar diferentes estrategias".
Las fuerzas británicas han sido estacionadas en cuatro provincias relativamente pacíficas en los alrededores de la sureña ciudad de Basra. Pero desde la invasión de Iraq en marzo de 2003, han muerto 89 soldados británicos. La guerra no cuenta con el apoyo de la opinión pública británica y los funcionarios quieren retirar tropas del área tan pronto como sea posible, pero Blair ha insistido en se retirarán tropas sólo cuando las fuerzas iraquíes puedan hacerse cargo.
Los comandantes británicos esperan entregar el control de dos provincias a Iraq para octubre de 2005, de acuerdo al memorándum, y dos provincias más en abril de 2006.

White informó desde Washington.

11 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh


marcha de los muertos


[David Rohde] Bosnios musulmanes rehacen ruta de los que fueron asesinados en 1995.
Konjevic Polje, Bosnia y Herzegovina. Unos 500 hombres musulmanes bosnios salieron a las 7:30 de la mañana del domingo desde esta tranquila aldea agrícola al este de Bosnia en el tercer y último día de su repetición de la ‘marcha de la muerte' esta semana hace una década.
Con banderas bosnias y bosnias musulmanas, los hombres completaron su solemne repetición de la ruta que hicieron unos 15.000 hombres musulmanes durante la guerra de Bosnia. En julio de 1995, habían huido aterrados del pueblo de Srebrenica después de que tropas ligeramente armadas de Naciones Unidas no les protegieran ante el avance de las fuerzas serbias. Los serbios mataron a más de 7.000 de los musulmanes que huían, en emboscadas y ejecuciones en masa que los jueces en los juicios por crímenes de guerra declararon genocidio.
El domingo, la columna de musulmanes marchó a través de los bosques aquí estuvo nuevamente rodeada de cientos de serbios armados, pero esta vez los serbios eran agentes de policía encargados de la protección de los manifestantes.
Zoran Rosuljas, un policía serbio que dio la mano a uno de los manifestantes durante la ruta, dijo que no tenía "problemas" con proteger a los musulmanes 10 años después de una guerra que mató a más de 200.000 personas. Interrogado sobre si se sentía cómodo con sus antiguos enemigos, respondió rápidamente. "¿Por qué no?", dijo. "¿Por qué no?"
El apretón de manos fue sólo una de las escenas curiosas en el último día de la marcha de 65 kilómetros para protestar por el hecho de que dos de los líderes serbios acusados de cargos de genocidio por los asesinatos, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, todavía no han sido capturados. Se espera a unas 50.000 personas asistan el lunes a las ceremonias que conmemoran el décimo aniversario de la caída de Srebrenica. Se enterrarán los cuerpos de 610 hombres exhumados de una fosa común, que fueron identificados con análisis de ADN.
Cuando empezaban ayer domingo la última fase -en realidad, una repetición al revés de la marcha original, para llegar a Srebrenica-, los hombres pasaron por la aldea de Nova Kasaba, el sitio de dos fosas comunes cavadas por soldados serbios. A principio de 2001, algunas familias musulmanas se mudaron al área bajo protección de fuerzas militares americanas que patrullaron esta parte de Bosnia hasta 2004.
Mehmet Muharemovic, 50, un campesino en la aldea, dijo que no había tenido problemas con serbios de la localidad o la policía serbia. Interrogado sobre un gallinero construido encima de una de las fosas comunes después de haber sido exhumado, dijo que pertenecía a otro granjero musulmán que había retornado. "No es un problema", dijo, encogiéndose de hombros, con un cigarrillo colgando de sus labios. "Todos perdimos a alguien. ¿Qué vamos a hacer?"
Mientras los hombres marchaban por caminos de tierra y senderos en la montaña que hace una década estuvieron llenos de miles de aterrados musulmanes, conversaban calmamente. Ali Hodzic Naziv, el hombre que se dio el apretón de manos con el agente de policía serbio, dijo que estaba marchando en memoria de sus dos hijos adolescentes, que desaparecieron en algún lugar de estos bosques.
Naziv, 53, un hombre robusto que fue evacuado de Srebrenica para un tratamiento médico después de que fuera herido en la pierna izquierda en 1993, tenía dolor después de dos días de caminata. Pero dijo que se hacía sentirse mejor ver la ruta que sus hijos, que se habían quedado atrás, habían tomado en sus últimas horas.
"Tengo que aferrarme a mis hijos", dijo mientras se esforzaba subiendo un lodoso sendero. "Llegaré, si Dios quiere".
Amir Halicic, un ensortijado hombre de 20, dijo que estaba marchando para comprender lo que había sentido su padre cuando huyó en 1995. Dijo que su padre le había contado que él tenía demasiado miedo como para atravesar otra vez esos bosques.
Halicic, de 10 cuando la caída de Srebrenica, dijo que había huido separándose de su madre y abuelo. Dos de ellos sobrevivieron. "No tuve infancia", dijo. "A mi abuelo mataron frente a mí".
Cerca de la cabeza de la columna marcha un hombre alto y tostado por el sol que dijo que volvía por primera vez a Srebrenica después de 10 años. Este hombre, Gary Kremer, fue uno de los cirujanos que trabajaba para los soldados holandeses que fueron intimidados por las fuerzas serbias aquí en 1995. Dijo que un musulmán que había conocido durante la guerra lo había invitado a la marcha. Sobrevivientes de Srebrenica, que se han quejado amargamente de que los holandeses no habían hecho lo suficiente para protegerlos, parecían tratarlo bien.
Los cambios eran evidentes. Cuando se encontraron en un sitio fragmentos de calaveras la columna se detuvo para recordar a los asesinados en un emboscada, los musulmanes se acercaron a sacar fotografías de los restos con las cámaras de sus móviles. Junto a la ruta abundan las casas y mezquitas reconstruidas, y campos recién plantados en lo que en 1995 era una tierra de nadie con sus casas incendiadas.
Pero la realidad de lo que ocurrió, y las continuas guerras de Bosnia, se impuso cuando la marcha terminaba. La marcha se detuvo junto a una fosa común parcialmente abierta cerca de Srebrenica. Mirando a los fémures, calaveras y tibias expuestas, algunos de los agotados manifestantes se echaron a llorar.

11 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh

casa de muchos espíritus


[Reed Johnson] Unidos por su trabajo con Frida Kahlo y Diego Rivera, un par de artistas cuidan el legado cultural de una casa histórica.
Empinándose por encima de la estrecha acera, la Casa de la Malinche se parece a una fortaleza del siglo 16, y, con los años, este sólido edificio ha tenido su parte de invasiones y reformas, no todas acogedoras. Se cree que sus secciones más antiguas se remontan a 500 años. La leyenda dice que el conquistador español Hernán Cortés utilizó una primera versión de la casa como un retiro mientras él y sus soldados asolaban el imperio azteca. En una de sus varias vidas previas, la estructura hizo las veces de cárcel municipal. Más tarde, fue un monasterio.
En otra etapa, parte de su planta baja fue cortada en pedazos y convertida en una farmacia. "Ha tenido muchos usos en su historia", dice Rina Lazo, que ha vivido en la Casa de la Malinche con su marido y colega artista Arturo García Bustos durante las últimas cuatro décadas.
Incluso hoy, dice la pareja, la vieja casa funciona como una especie de inexpugnable ciudadela en esta ruidosa, agresiva y contaminada metrópolis de 20 millones de habitantes. Situada estratégicamente al borde un apacible parque en el histórico distrito de Coyoacán de la ciudad, la Casa de la Malinche es un tranquilo y civilizado amortiguador contra las embestidas del exorbitante tráfico en la calle, chillones vendedores callejeros y los miles de visitantes y turistas que marchan por el barrio los fines de semana.
La casa tiene un complejo pedigrí simbólico. Su tocaya, la Malinche, era una mujer india de habla náhuatl que fue la intérprete de Cortés y también compartió la cama del conquistador (‘la malinche' se traduce como ‘la mujer del capitán'). Debido a que ayudó a los españoles a derrotar y someter a los pueblos indígenas de México, ha sido considerada como una traidora nacional, una femme fatale, en contraste con la adorada heroína nacional, la Virgen de Guadalupe.
Hoy, la casa de caliza, ladrillos y adobe es no sólo un oasis para sus dueños: es también un bastión de los valores culturales tradicionales mexicanos, que Lazo y García creen que están actualmente bajo sitio. Está repleta de arriba a abajo, de arte: esculturas precolombinas, muebles antiguos y una impresionante colección de pinturas, dibujos e impresiones, incluyendo obras de los tres padrinos fundadores del modernismo mexicano: Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros.
Para Lazo y García, la relación con este legendario patrimonio artístico es a la vez palpable y personal. Lazo pasó 10 años trabajando como asistente de Rivera, cuyos monumentales murales contribuyeron a definir la identidad post-revolucionaria del país y cuyo peso icónico se inclina sobre el arte mexicano del siglo 20 como el volcán Popocatépetl en los márgenes sur de la ciudad.
García fue estudiante y discípulo de Kahlo, la esposa intermitente de Rivera. Desde los años de su muerte en 1954, la cicatrizada vida de Kahlo, sus coloridos trajes y excéntrico e introspectivo arte -tan diferente del de su marido- la han convertido en una mártir feminista internacional y una diva póstuma. También la han transformado en estrella de cine, en la persona de la actriz Salma Hayek, la que retrató a Kahlo en la película de Miramax de 2002, ‘Frida'.
Pero no nos adelantemos.
Eh, es demasiado tarde. Lazo y García guían al visitante a través de su salón atiborrado de arte, una casual mención de la película sobre la primera pareja de arte mexicano lanza a Lazo en un animado monólogo. "Es triste, porque es una buena película que pudo haber sido mejor", dice. Sí, reconoce Lazo, hubo montones de escenas de fiestas nocturnas y montones de alcohol en los viejos días, pero no las bacanales libidinosas que pretende la película. Lazo y García deberían saberlo, pues eran huéspedes regulares en la antigua casa de Kahlo, la Casa Azul, ahora un museo a menos de una docena de manzanas de Coyoacán.
La pareja también cree que la película minimizó el ardiente compromiso de Kahlo y Rivera con las causas políticas de izquierdas. "Y el lesbianismo no hacía parte de eso", dice Lazo, negando la tradicional percepción de la bisexualidad de Kahlo. "Es un invento". O más bien, dice, esta imagen de Kahlo puede haber sido fomentada por el malicioso marido, Rivera, al que le encantaba dejar caer bombas sociales, incluso inventados. "Frida era una enamorada, pero de los hombres, no de las mujeres", dice Lazo con la determinación de un caso cerrado.
Una extensa matriz de varios pisos que ocupa hasta la cuarta parte de una manzana, la Casa de la Malinche fue concebida a una escala dramática que se ajusta a sus dueños actuales. El dormitorio principal, con su banco de piel de jaguar y elevado catre, podría ser un plató para la producción de ‘Las mil y una noches'. La biblioteca, atiborrada hasta las vigas de libros de arte, da a un patio enmarcado de buganvillas.
Cuando llegas al descanso de la escalera principal, te encuentras con una enorme lechuza de aires doctorales llamada Tecolotzin, en honor a un gobernante azteca. "Tiene cara inteligente, pero quién sabe si es verdad", dice García divertido, mirando a la bestia en su gigantesca jaula. "No escribió ‘Don Quijote' ni nada por el estilo".
La Casa de la Malinche es una obra maestra, pero no un museo. Antes de que Lazo y García lo compraran a principio de los años sesenta, la casa de casi 930 metros cuadrados ha soportado décadas, sino siglos, de lento deterioro. La mantención es cara, y sus dueños de ocupan de su decorado y mantención con los ojos expertos del artista.
Pero la casa, felizmente, no tiene el pavoneo, la obsesión de estar listo-para-la-foto de muchas casas de ‘diseñadores'. Se puede ver un pedazo de peladuras de pintura en el techo, materiales para artistas en alguna esquina. Como sus dueños, la Casa de la Malinche es cálida y acogedora.
El segundo piso del salón, donde Lazo y García hacen gran parte de sus labores de anfitriones, rinde homenaje a sus famosos mentores -el maestro Rivera y la maestra Kahlo, como se refiere la pareja a ellos. Dotada de un techo alto y la luz natural filtrándose a través de las altas ventanas, la habitación está ordenada en torno a dos sofás y un largo banco de madera y cuero. Una alfombra de motivos geométricos de Estambul y un stand de libros antiguo agregan marcados acentos.
Pero al entrar a la habitación, tus ojos instantáneamente se tornan hacia las paredes. Hay una naturaleza muerta de Lazo, con un montón de cocos, a la manera cubista, como Cézanne. Y más allá, su retrato de la hija única de la pareja, Rina García Lazo, una arquitecto que vive abajo con sus dos hijitos.
A unos metros, planeando como una aparición, está el retrato de tamaño natural de una escultural mujer con un vestido azul. Lazo la identifica como una amante de Henry Ford, el autocrático magnate de los coches cuyo hijo Edsel llevó a Rivera a Michigan a principio de los años treinta, para realizar los murales de ‘Detroit Industry' en el Instituto de las Artes de Detroit. Junto a ella, cuelga el dibujo de Kahlo titulado ‘La Copa', de fines de los años treinta, o cuarentas, que muestra una embarcación hecha con las cabezas de gente que representa a diferentes razas o grupos étnicos.
Pequeño. Críptico. Vagamente horripilante. Muy Frida.
En otra pared hay un dibujo inconcluso de Rivera, que llama la atención por su inscripción del maestro a su entonces joven aprendiz: "Para Rina Lazo, que me ayuda a pintar y a vivir".
"Tuvimos la suerte de estar cerca de esos grandes maestros, José Clemente Orozco, Rivera, Siqueiros y Frida", dice García, entre cuyas piezas mejor conocidas se encuentran los murales del palacio del gobierno municipal en el sureño estado de Oaxaca. "Sí, fue una época maravillosa", dice Lazo. A menudo, dice Lazo, quisiera que más de su tiempo en la Tierra se hubiera yuxtapuesto con el de esa extraordinaria era.
En sus años mozos, García y Lazo estuvieron inmersos en una embriagadora mezcla de acción política y apasionada devoción al arte que giraba en torno a Kahlo, Rivera y sus colegas. La pareja los conoció cuando el maestro ordenó a Lazo, su asistente, que ayudara a García a hacer carteles para una manifestación política. "Eso nos unía mucho: el interés artístico, y la política, y las preocupaciones, todo", dice García.
En realidad, después de tantas décadas de ajuste mutuo de las rutinas y contornos, Lazo y García afinan tan ajustadamente como las vigas del suelo. Lazo, una sorprendente mujer con un chal de cremoso color hueso y una cascada de joyas de oro, originaria de Guatemala, tiene una personalidad más histriónica y lleva la palabra. Su marido más circunspecto, que creció en Ciudad de México, escucha y habla cuidadosamente, mirando con cariño a su esposa y metiéndose en la conversación cuando ella se equivoca con un nombre u olvida una fecha. A pesar de su todavía incendiario idealismo político, se las arreglan para mantener a distancia los problemas del mundo con un dulce e irónico humor.
De crucial importancia en este matrimonio, y creativa asociación, es la creencia compartida en el valor perdurable de métodos artísticos de siglos de antigüedad, la preferencia por lo hecho a mano, no generado en un ordenador. La pareja tiene poco interés en el arte prefabricado, casas insulsas, vecindarios sin vida, vidas monótonas.
Al entrar en la Casa de la Malinche, a través de una pesada puerta de madera que da directamente a la acera pública, es como retroceder a una era de ritmo más calmo, más contemplativa. Inmediatamente a la izquierda, un pasillo de piedra conduce al taller de grabados de la pareja, llena de maquinarias de grabado antiguas. "Esta técnica está en desuso", concede García, "pero es maravillosa. La usó Rembrandt, la usó Goya".
García confiesa que está todavía aprendiendo a trabajar en diseño en ordenadores. "Me siento desafiada cuando estoy frente al tablero". Como artista, dice, le parece más fácil expresar sus sentimientos y emociones cuando modela con barro. Su esposa está de acuerdo, y lamenta la pérdida gradual de las habilidades tradicionales de la pintura con pincel. "La pintura a mano va a desaparecer, y con ella el corazón", dice Lazo. "Yo digo que no volverá a nacer otra Frida Kahlo en el futuro".
Pero la devoción a métodos y creencias sancionadas por el tiempo no significa necesariamente vivir en el pasado. De entre pilas dispersas de dibujos, grabados, frescos y acuarelas, García saca uno de sus últimos trabajos, una pequeña imagen blanco-y-negro de un hombre de aire desanimado sentado al borde de una gran ciudad. Detrás de él asoman dos torres de edificios y un avión a reacción.
"El 11 de Septiembre", dice García, "y un artista muy preocupado por el mundo, por el futuro del mundo".
A veces el artista trata de abrazar al mundo y consolarlo. Otra, él o ella debe mantenerlo a un brazo de distancia, o te vuelves loco, lo pueden asegurar Lazo y García.
En Coyoacán, como en otros barrios históricos de Ciudad de México, se libra una batalla para preservar las cualidades únicas e irremplazables que hacen tan atractiva el área, no sólo para los residentes, sino también para extranjeros. Junto con muchos de sus vecinos, Lazo y García han estado peleando contra una propuesta para construir un teatro al aire libre de 900 asientos, que estaría ubicado en la pequeño y encantador parque al otro lado de su casa.
Aunque sus proponentes han dicho que el teatro será usado para conciertos de música clásica y cosas similares, la pareja sospecha que abrirá la puerta a diversiones más agresivas. Creen que el parque debería ser un sitio para pasear, encontrarse con amigos y un pensativo descanso, y no, en palabras de Lazo, un lugar donde "uno viene a divertirse y bailar cumbia".
Poco a poco, teme la pareja, el fino carácter del barrio está siendo engullido por el tráfico comercial y urbanistas que huelen una tendencia lucrativa cuando la hay. En los últimos años, varios de los amigos de la pareja se han marchado de Coyoacán a la búsqueda de prados más tranquilos.
"Aquí, los vecinos, que quieren conservar este lugar, como debe ser, como un centro histórico, por su historia, por sus monumentos", dice Lazo. Ella y su marido se alegran de que las murallas de los viejos fundamentos de la Casa de la Malinche sean de unos 90 centímetros. "¡Mira lo anchas que son las murallas!", dice Lazo, pasando su mano por su granosa superficie."Nos ayudan a protegernos de los ruidos de la calle, de los coches".
La pareja cree que las paredes más gruesas de la casa corresponden a las de la estructura original de un piso donde Cortés y La Malinche vivieron durante un año, probablemente hacia 1521 o 1522. De acuerdo a García, Cortés eligió establecerse en Coyoacán porque la gran capital azteca de Tenochtitlán (hoy el centro de Ciudad de México) , tras ser saqueada por los españoles, estaba llena de cuerpos descompuestos.
En los siglos posteriores, la casa asumió otros aspectos, incluyendo su fase como monasterio. Luego, en los años de 1860, el presidente liberal Benito Juárez implementó sus famosas reformas agrarias y el monasterio y sus terrenos cayeron en manos de una familia campesina que había hecho las tortillas de los monjes. Lazo dice que parte de los terrenos todavía eran usados para cultivar maíz cuando ella y su marido se mudaron aquí hace 40 años.
En los años treinta, la casa llamó la atención de José Vasconcelos, el poderoso ministro de educación mexicano que encargó a Rivera, Siqueiros y otros artistas a pintar los grandes murales públicos que debían articular una visión de la identidad mexicana después del levantamiento revolucionario de 1910-1920.
Consciente del valor histórico de la Casa de la Malinche, Vasconcelos compró la casa. Aunque nunca vivió en ella, dice Lazos, Vasconcelos reconstruyó sus tejados y restauró o remplazó sus vigas derrumbadas.
Finalmente la casa pasó a manos de la hija de Vasconcelos, doña Carmen Vasconcelos. En esa época, a principio de los años sesenta, Lazo y García estaban viviendo en un apartamento y buscando un lugar más grande con suficiente espacio como para instalar un taller artístico y su hija recién nacida. Convencieron a doña Carmen de les alquilara la casa, que más tarde fue puesta a la venta. La pareja vio su oportunidad.
"Nadie quería la casa, porque era vieja, y era de una época en que todo el mundo estaba dejando de lado sus viejas casas y mudándose a unas más modernas", dice Lazo.
Ella y García habían justo recibido un dinero por unos murales que habían pintado para el deslumbrante nuevo Museo de Antropología de la ciudad. Reuniendo su dinero, pudieron comprar la casa. "El hecho es que doña Carmen estaba muy contenta", dice Lazo. "Nos dijo: ‘Ah, ningún mexicano quería comprar esta casa, eran siempre extranjeros, y yo no la quería vender a extranjeros'. Es por eso que le alegró y nos la vendió a nosotros".
Reconstruir la casa, y tratar de restaurarla en algo aproximado a su diseño original fue, para la pareja, un proyecto de 10 años de la pareja. Gradualmente lograron reconstruir muchas de las antiguas habitaciones y encontrar puertas y ventanas antiguas, y enrejados para remplazar los antiguos. Volvieron a abrir ventanas tapiadas en la cocina y excavaron tabiques antiguos, ocultos. Hoy, la Casa de la Malinche goza de la condición de monumento colonial registrado, y "no se ha hecho ni un solo cambio" sin la aprobación oficial, dice Lazo.
El atardecer se está escabullendo, y nos traen una botella de fina tequila y unos sabrosos quesos de Oaxaca. Afuera, es la hora pique. Pero apenas penetran sonidos a través de las firmes murallas de piedra mientras la pareja obsequia a su huésped con más historias y opiniones sobre arte, política, todo.
Sí, acceden Lazo y García, el futuro político y económico de México es incierto. Sí, la inmigración y la globalización plantean inquietantes preguntas en todo el hemisferio.
Y sí, dice la pareja, tienen pensado quedarse en su vecindario y seguir peleando, por México y por Coyoacán. En los días de apogeo de Rivera y Kahlo, dice García, los mexicanos querían cambiar su sociedad "apasionadamente". Ahora, cree, el país hace frente a un reto comparable.
"Nos movía la idea de construir un mundo nuevo", dice de los viejos días. "Fue retrasado. Pero tenía que volver a brotar, aunque muchos años después, y debe adoptar nuevas formas".
Como la Casa de la Malinche.

10 de julio de 2005
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

marcha de los muertos


[David Rohde] Bosnios musulmanes rehacen ruta de los que fueron asesinados en 1995.
Konjevic Polje, Bosnia y Herzegovina. Unos 500 hombres musulmanes bosnios salieron a las 7:30 de la mañana del domingo desde esta tranquila aldea agrícola al este de Bosnia en el tercer y último día de su repetición de la ‘marcha de la muerte' esta semana hace una década.
Con banderas bosnias y bosnias musulmanas, los hombres completaron su solemne repetición de la ruta que hicieron unos 15.000 hombres musulmanes durante la guerra de Bosnia. En julio de 1995, habían huido aterrados del pueblo de Srebrenica después de que tropas ligeramente armadas de Naciones Unidas no les protegieran ante el avance de las fuerzas serbias. Los serbios mataron a más de 7.000 de los musulmanes que huían, en emboscadas y ejecuciones en masa que los jueces en los juicios por crímenes de guerra declararon genocidio.
El domingo, la columna de musulmanes marchó a través de los bosques aquí estuvo nuevamente rodeada de cientos de serbios armados, pero esta vez los serbios eran agentes de policía encargados de la protección de los manifestantes.
Zoran Rosuljas, un policía serbio que dio la mano a uno de los manifestantes durante la ruta, dijo que no tenía "problemas" con proteger a los musulmanes 10 años después de una guerra que mató a más de 200.000 personas. Interrogado sobre si se sentía cómodo con sus antiguos enemigos, respondió rápidamente. "¿Por qué no?", dijo. "¿Por qué no?"
El apretón de manos fue sólo una de las escenas curiosas en el último día de la marcha de 65 kilómetros para protestar por el hecho de que dos de los líderes serbios acusados de cargos de genocidio por los asesinatos, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, todavía no han sido capturados. Se espera a unas 50.000 personas asistan el lunes a las ceremonias que conmemoran el décimo aniversario de la caída de Srebrenica. Se enterrarán los cuerpos de 610 hombres exhumados de una fosa común, que fueron identificados con análisis de ADN.
Cuando empezaban ayer domingo la última fase -en realidad, una repetición al revés de la marcha original, para llegar a Srebrenica-, los hombres pasaron por la aldea de Nova Kasaba, el sitio de dos fosas comunes cavadas por soldados serbios. A principio de 2001, algunas familias musulmanas se mudaron al área bajo protección de fuerzas militares americanas que patrullaron esta parte de Bosnia hasta 2004.
Mehmet Muharemovic, 50, un campesino en la aldea, dijo que no había tenido problemas con serbios de la localidad o la policía serbia. Interrogado sobre un gallinero construido encima de una de las fosas comunes después de haber sido exhumado, dijo que pertenecía a otro granjero musulmán que había retornado. "No es un problema", dijo, encogiéndose de hombros, con un cigarrillo colgando de sus labios. "Todos perdimos a alguien. ¿Qué vamos a hacer?"
Mientras los hombres marchaban por caminos de tierra y senderos en la montaña que hace una década estuvieron llenos de miles de aterrados musulmanes, conversaban calmamente. Ali Hodzic Naziv, el hombre que se dio el apretón de manos con el agente de policía serbio, dijo que estaba marchando en memoria de sus dos hijos adolescentes, que desaparecieron en algún lugar de estos bosques.
Naziv, 53, un hombre robusto que fue evacuado de Srebrenica para un tratamiento médico después de que fuera herido en la pierna izquierda en 1993, tenía dolor después de dos días de caminata. Pero dijo que se hacía sentirse mejor ver la ruta que sus hijos, que se habían quedado atrás, habían tomado en sus últimas horas.
"Tengo que aferrarme a mis hijos", dijo mientras se esforzaba subiendo un lodoso sendero. "Llegaré, si Dios quiere".
Amir Halicic, un ensortijado hombre de 20, dijo que estaba marchando para comprender lo que había sentido su padre cuando huyó en 1995. Dijo que su padre le había contado que él tenía demasiado miedo como para atravesar otra vez esos bosques.
Halicic, de 10 cuando la caída de Srebrenica, dijo que había huido separándose de su madre y abuelo. Dos de ellos sobrevivieron. "No tuve infancia", dijo. "A mi abuelo mataron frente a mí".
Cerca de la cabeza de la columna marcha un hombre alto y tostado por el sol que dijo que volvía por primera vez a Srebrenica después de 10 años. Este hombre, Gary Kremer, fue uno de los cirujanos que trabajaba para los soldados holandeses que fueron intimidados por las fuerzas serbias aquí en 1995. Dijo que un musulmán que había conocido durante la guerra lo había invitado a la marcha. Sobrevivientes de Srebrenica, que se han quejado amargamente de que los holandeses no habían hecho lo suficiente para protegerlos, parecían tratarlo bien.
Los cambios eran evidentes. Cuando se encontraron en un sitio fragmentos de calaveras la columna se detuvo para recordar a los asesinados en un emboscada, los musulmanes se acercaron a sacar fotografías de los restos con las cámaras de sus móviles. Junto a la ruta abundan las casas y mezquitas reconstruidas, y campos recién plantados en lo que en 1995 era una tierra de nadie con sus casas incendiadas.
Pero la realidad de lo que ocurrió, y las continuas guerras de Bosnia, se impuso cuando la marcha terminaba. La marcha se detuvo junto a una fosa común parcialmente abierta cerca de Srebrenica. Mirando a los fémures, calaveras y tibias expuestas, algunos de los agotados manifestantes se echaron a llorar.

11 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh