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aliados reducirán tropas


[Glenn Frankel y Josh White] Según memorándum británico: Estados Unidos reducirá sus tropas a la mitad para mediados de 2006.
Londres, Reino Unido. Estados Unidos y Gran Bretaña están diseñando planes para retirar a la mayoría de sus tropas de Iraq para mediados del próximo año, de acuerdo a un memorándum secreto escrito por el primer ministro británico, Tony Blair, y el ministro de Defensa, John Reid.
El documento, que está marcado "Secreto - Personal Británico Solamente", dice que "planes emergentes de Estados Unidos asumen que para principios de 2006, 14 de las 18 provincias podrán ser puestas bajo control iraquí", lo que permitirá una reducción general de fuerzas de la coalición norteamericana en Iraq, a 66.000 tropas. El nivel de tropas actual es de unas 160.000.
El domingo, Reid no negó la autenticidad del documento, pero dijo que no se habían tomado decisiones sobre el nivel de tropas. En Washington, un portavoz del Pentágono dijo que los funcionarios no conocían el documento.
El memorándum, sin fecha, sobre el que se informó el domingo en el diario The Mail on Sunday, afirma que "la doctrina político-militar actual de Estados Unidos está cambiando. Pero hay un fuerte deseo de las fuerzas armadas norteamericanas de significantes reducciones de tropas para aliviar los niveles generales de intervención estadounidense".
Mientras los comandantes estadounidenses y funcionarios del Pentágono han estado esperando desde algún tiempo reducir los niveles de tropas en Iraq, el memorándum británico aparentemente es la primera que se ha mencionado una reducción importante con un calendario específico. El presidente Bush se ha negado a fijar una fecha de retirada en medio de preocupaciones militares de que una fecha fija permitiría que los insurgentes esperen a que las tropas americanas se retiren.
El memorándum observa un debate entre funcionarios norteamericanos en el Pentágono y jefes militares en Iraq, diciendo que los funcionarios en Washington favorecen "una reducción relativamente osada de los niveles de fuerza", difiriendo de comandantes en el terreno "cuyo enfoque es más cauto". Actualmente hay más de 135.000 soldados norteamericanos en Iraq.
Esos debates contribuyen a frecuentes planificaciones de contingencias, de acuerdo a funcionarios estadounidenses, y puede haber varias estrategias al mismo tiempo. Una reducción rápida de las tropas representa una de las posiciones más optimistas, que requerirá varios procesos políticos para terminar exitosamente en Iraq junto al éxito de las emergentes fuerzas de seguridad iraquíes.
Aunque los comandantes norteamericanos han elogiado el desarrollo del ejército y las fuerzas de policía iraquíes, el adiestramiento y equipamiento de las unidades ha tomado más tiempo que el esperado. Ninguna de las provincias de Iraq está actualmente únicamente protegida por fuerzas iraquíes, y las esperadas importantes reducciones del nivel tropas estadounidenses no se han concretado.
"Hay varios planes, para todo tipo de desarrollos, buenos y malos, constantemente", dijo el capitán de corbeta de la Marina, Joe Carpenter, un portavoz. Carpenter se negó a comentar específicamente sobre el memorándum británico porque funcionarios del Pentágono no lo han visto. "El gobierno norteamericano ha estado desde hace un tiempo diciendo que nuestras reducciones y eventual retirada se basa en una estrategia que depende de condiciones".
Muchos analistas creen que el mayor obstáculos para retirar tropas es la tenacidad de la resistencia iraquí, aunque muchos oficiales estadounidenses están proclamando éxitos recientes en apaciguar la violencia.
Parte de la reducción general, dice el memorándum, disminuirá las fuerzas británicas de las actuales 8.500 a cerca de 3.000 para mediados de 2006. El cambio, agrega el memorándum, puede ahorrar a Gran Bretaña la mitad de los costes actuales de 1.8 billones de dólares al año.
"Sin embargo, nada de esto representa un plan respaldado por el ministerio", advierte el memorándum. "Hay muchos más análisis militares que hacer, y están en camino".
Reid, en una declaración el domingo después de la publicación del memorándum, insistió en que "hemos dejado absolutamente en claro que nos quedaremos en Iraq todo el tiempo que sea necesario.
"No se han tomado decisiones sobre la fuerza futura de las tropas británicas. Pero hemos dicho siempre que nuestra intención es entregar la conducción de la guerra contra los terroristas a las fuerzas de seguridad iraquíes a medida que aumenta su capacidad", dijo Reid. "Por eso estamos continuamente presentando documentos con opciones posibles y contingencias.
"Este es sólo uno de varios documentos escritos en los últimos meses para explorar diferentes estrategias".
Las fuerzas británicas han sido estacionadas en cuatro provincias relativamente pacíficas en los alrededores de la sureña ciudad de Basra. Pero desde la invasión de Iraq en marzo de 2003, han muerto 89 soldados británicos. La guerra no cuenta con el apoyo de la opinión pública británica y los funcionarios quieren retirar tropas del área tan pronto como sea posible, pero Blair ha insistido en se retirarán tropas sólo cuando las fuerzas iraquíes puedan hacerse cargo.
Los comandantes británicos esperan entregar el control de dos provincias a Iraq para octubre de 2005, de acuerdo al memorándum, y dos provincias más en abril de 2006.

White informó desde Washington.

11 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh


playboy recrea conejitas


[Mimi Avins] Cavalli actualizará traje de conejitas. El nuevo uniforme, todavía por crear, se exhibirá en un Club Playboy que abrirá sus puertas en Las Vegas.
El traje de conejita de Playboy, el uniforme de las camareras escasamente vestidas que han estado moviendo la cola durante 45 años, será re-interpretado por el diseñador Roberto Cavalli. El nuevo aspecto de las conejitas, que todavía no ha sido creado, será llevado por las empleadas de un Club Playboy que abrirá sus puertas en marzo en Las Vegas en el Palms Resort & Casino [Balneario y Casino].
El uniforme original de las conejitas fue introducido por primera vez en el primer Club Playboy de Chicago en 1960. Según se dice diseñado por la novia de un gerente de Playboy, y su madre, era un bañador de una pieza de diseño similar con cuello, puños y una lanosa cola blanca. Con los años, se recortó un poco en las piernas, y se agregó una chapa con el nombre de la conejita. Por supuesto, hay un traje de coneja en el museo de la Smithsonian.
Los años sesenta y setenta fueron años de auge para los exclusivos clubes Playboy. Mujeres con traje de conejita trabajaban como camareras y anfitrionas en 35 locales en Estados Unidos, Gran Bretaña, Japón y Filipinas. Lauren Hutton y Deborah Harry trabajaron como conejitas antes de alcanzar la fama como modelo y cantante, respectivamente. Gloria Steinem llevó el uniforme durante tres semanas, y luego escribió sobre sus experiencias como liebre de cola blanca, y Barbara Walters se disfrazó con orejas y cola de conejo alguna vez para sus pesquisas. Unas 250.000 mujeres han llevado el traje, que fue el primer uniforme comercial en ser inscrito en la Oficina de Patentes y Marcas Comerciales de Estados Unidos.
Cavalli era un opción lógica para el conejo. El diseñador ha construido su marca presentando llamativos estilos que a menudo muestran más piel que telas. Los estampados animales son una constante de sus colecciones -normalmente motivos de zebra y leopardo, pero su afinidad por la criaturas de la selva lo hacen sentirse en casa diseñando para mujeres vestidas de conejo.
El diseñador de 64 años, que vive en Florencia, ha estado suficiente tiempo en el negocio como para recordar los días de disco, cuando prosperaron los Clubes Playboy. Su línea de mujeres debutó en los años setenta, y disfrutó de una nueva popularidad a mediados de los años noventa. Beyoncé Knowles, Jennifer López y Alicia Keys han sido frecuentemente fotografiadas llevando Cavalli.
El último Club Playboy cerró sus puertas en 1988, aunque mujeres en trajes de conejo continuaron apareciendo en las páginas de Playboy. "Cuando tenemos eventos comerciales, como el Super Tazón, las Playmates asisten con su traje de conejitas", dijo Jay Jay Nesheim, portavoz de Playboy. "Si uno de nuestros anunciantes quiere tener conejitas en su evento, las tendrá".
Hay boutiques de Cavalli en Rodeo Drive y en las Forum Shops en Caesars Palace. Pero no es probable que los nuevos trajes de conejitas se pongan a la venta. Playboy ha controlado estrechamente los uniformes auténticos. Algunos de ellos se han subastado en internet, donde reportaron varios miles de dólares.
Playboy Enterprises ha cedido su nombre al nuevo club, que será gestionado por N9NE, una compañía que posee varios restaurantes y clubes nocturnos en Las Vegas y Chicago.
El club se instalará en una torre actualmente en construcción, donde el ático será llamado la mansión del cielo de Hugh Hefner, diseñada en estilo solterón y de avanzada tecnología del fundador de Playboy.
"Hefner alojará aquí cuando venga a Las Vegas", dijo Nesheim. "Estamos todavía en la fase de planificación del nuevo traje de conejita. Hef revisará los bosquejos. Le gusta estar involucrado en todo lo que tiene que ver con la marca Playboy. Y el traje de conejita lo lleva muy adentro en su corazón".

11 de julio de 2005
8 de julio de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh

marcha de los muertos


[David Rohde] Bosnios musulmanes rehacen ruta de los que fueron asesinados en 1995.
Konjevic Polje, Bosnia y Herzegovina. Unos 500 hombres musulmanes bosnios salieron a las 7:30 de la mañana del domingo desde esta tranquila aldea agrícola al este de Bosnia en el tercer y último día de su repetición de la ‘marcha de la muerte' esta semana hace una década.
Con banderas bosnias y bosnias musulmanas, los hombres completaron su solemne repetición de la ruta que hicieron unos 15.000 hombres musulmanes durante la guerra de Bosnia. En julio de 1995, habían huido aterrados del pueblo de Srebrenica después de que tropas ligeramente armadas de Naciones Unidas no les protegieran ante el avance de las fuerzas serbias. Los serbios mataron a más de 7.000 de los musulmanes que huían, en emboscadas y ejecuciones en masa que los jueces en los juicios por crímenes de guerra declararon genocidio.
El domingo, la columna de musulmanes marchó a través de los bosques aquí estuvo nuevamente rodeada de cientos de serbios armados, pero esta vez los serbios eran agentes de policía encargados de la protección de los manifestantes.
Zoran Rosuljas, un policía serbio que dio la mano a uno de los manifestantes durante la ruta, dijo que no tenía "problemas" con proteger a los musulmanes 10 años después de una guerra que mató a más de 200.000 personas. Interrogado sobre si se sentía cómodo con sus antiguos enemigos, respondió rápidamente. "¿Por qué no?", dijo. "¿Por qué no?"
El apretón de manos fue sólo una de las escenas curiosas en el último día de la marcha de 65 kilómetros para protestar por el hecho de que dos de los líderes serbios acusados de cargos de genocidio por los asesinatos, Radovan Karadzic y Ratko Mladic, todavía no han sido capturados. Se espera a unas 50.000 personas asistan el lunes a las ceremonias que conmemoran el décimo aniversario de la caída de Srebrenica. Se enterrarán los cuerpos de 610 hombres exhumados de una fosa común, que fueron identificados con análisis de ADN.
Cuando empezaban ayer domingo la última fase -en realidad, una repetición al revés de la marcha original, para llegar a Srebrenica-, los hombres pasaron por la aldea de Nova Kasaba, el sitio de dos fosas comunes cavadas por soldados serbios. A principio de 2001, algunas familias musulmanas se mudaron al área bajo protección de fuerzas militares americanas que patrullaron esta parte de Bosnia hasta 2004.
Mehmet Muharemovic, 50, un campesino en la aldea, dijo que no había tenido problemas con serbios de la localidad o la policía serbia. Interrogado sobre un gallinero construido encima de una de las fosas comunes después de haber sido exhumado, dijo que pertenecía a otro granjero musulmán que había retornado. "No es un problema", dijo, encogiéndose de hombros, con un cigarrillo colgando de sus labios. "Todos perdimos a alguien. ¿Qué vamos a hacer?"
Mientras los hombres marchaban por caminos de tierra y senderos en la montaña que hace una década estuvieron llenos de miles de aterrados musulmanes, conversaban calmamente. Ali Hodzic Naziv, el hombre que se dio el apretón de manos con el agente de policía serbio, dijo que estaba marchando en memoria de sus dos hijos adolescentes, que desaparecieron en algún lugar de estos bosques.
Naziv, 53, un hombre robusto que fue evacuado de Srebrenica para un tratamiento médico después de que fuera herido en la pierna izquierda en 1993, tenía dolor después de dos días de caminata. Pero dijo que se hacía sentirse mejor ver la ruta que sus hijos, que se habían quedado atrás, habían tomado en sus últimas horas.
"Tengo que aferrarme a mis hijos", dijo mientras se esforzaba subiendo un lodoso sendero. "Llegaré, si Dios quiere".
Amir Halicic, un ensortijado hombre de 20, dijo que estaba marchando para comprender lo que había sentido su padre cuando huyó en 1995. Dijo que su padre le había contado que él tenía demasiado miedo como para atravesar otra vez esos bosques.
Halicic, de 10 cuando la caída de Srebrenica, dijo que había huido separándose de su madre y abuelo. Dos de ellos sobrevivieron. "No tuve infancia", dijo. "A mi abuelo mataron frente a mí".
Cerca de la cabeza de la columna marcha un hombre alto y tostado por el sol que dijo que volvía por primera vez a Srebrenica después de 10 años. Este hombre, Gary Kremer, fue uno de los cirujanos que trabajaba para los soldados holandeses que fueron intimidados por las fuerzas serbias aquí en 1995. Dijo que un musulmán que había conocido durante la guerra lo había invitado a la marcha. Sobrevivientes de Srebrenica, que se han quejado amargamente de que los holandeses no habían hecho lo suficiente para protegerlos, parecían tratarlo bien.
Los cambios eran evidentes. Cuando se encontraron en un sitio fragmentos de calaveras la columna se detuvo para recordar a los asesinados en un emboscada, los musulmanes se acercaron a sacar fotografías de los restos con las cámaras de sus móviles. Junto a la ruta abundan las casas y mezquitas reconstruidas, y campos recién plantados en lo que en 1995 era una tierra de nadie con sus casas incendiadas.
Pero la realidad de lo que ocurrió, y las continuas guerras de Bosnia, se impuso cuando la marcha terminaba. La marcha se detuvo junto a una fosa común parcialmente abierta cerca de Srebrenica. Mirando a los fémures, calaveras y tibias expuestas, algunos de los agotados manifestantes se echaron a llorar.

11 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh

líos en el manicomio


[Nancy Wride y Steve Hymon] En el Hospital de Salud Mental de Norwalk. En las últimas semanas se ha fugado cinco adolescentes, un paciente atacó a una enfermera y una mujer se colgó.
Un hospital psiquiátrico de Norwalk que está siendo investigado en una pesquisa federal que ha encontrado nuevos problemas en las últimas semanas tras la fuga de cinco adolescentes, el ataque sexual frustrado contra una enfermera y una mujer que murió el viernes en la mañana después de que se colgara en el hospital el 27 de mayo.
Los últimos problemas, confirmados con funcionarios del estado la semana pasada, se produce después de tres tumultuosos años en Hospital Metropolitano, donde inspectores del estado y federales han observado varios casos previos de violación, pacientes que se escapan y otras conductas peligrosas.
El año pasado murieron tres pacientes tras intentar dañarse a sí mismos u otros, aunque el estado determinó que el hospital no había violado ninguna regla en relación con dos de las muertes.
El Metropolitano alberga a algunos de los más graves enfermos mentales adultos de la región, y no es inusual que los pacientes traten de lastimarse a sí mismos o de atacar a otros en ese ambiente. Pero los inspectores han determinado repetidas veces que el hospital no está haciendo lo suficiente para evitarlo.
Funcionarios del ministerio de Salud Mental del estado dicen que están estudiando seriamente los incidentes y están determinados a reformar de manera sistemática los tratamientos y programas del hospital.
"No creo que los incidentes, cualquiera sea su número, sean aceptables, pero tenemos que seguir trabajando en ello", dijo Cindy Radavsky, directora suplente de los servicios de largo plazo del ministerio de Salud Mental, que gestiona los cuatro hospitales psiquiátricos de California.
William G. Silva, que ha sido el director del hospital durante 18 años, no pudo ser localizado para sus comentarios. Una portavoz refirió las llamadas al ministerio de Salud Mental del estado.
Los últimos incidentes, confirmados por Radavsky y empleados del hospital, empezaron el mes pasado cuando tres chicas, de 16 y 17 años, dominaron a una enfermera y la encerraron en un pabellón cerrado, cortaron los cables del teléfono y robaron las llaves del personal, que usaron para escapar del recinto hospitalario.
Una de las chicas volvió a la noche siguiente al hospital y, con otras dos chicas, dominaron a una enfermera y le robaron las llaves, con las que volvió a escapar.
Tres de las cinco niñas no han vuelto nunca al Metropolitano y han sido dadas de alta oficialmente del hospital porque desaparecieron por más de 10 días, dijeron funcionarios del ministerio de Salud Mental del estado, que agregaron que habían informado a las autoridades locales.
Hasta el domingo el paradero de las niñas seguía siendo desconocido.
El teniente Alma Espinoza, comandante de guardia en la comisaría del condado de Los Angeles en Norwalk, dijo el domingo que no sabía nada de las chicas fugadas pero que era posible que los empleados hubiesen contactado a otros en la comisaría.
Pocos días después de la fuga de las chicas, se encontró marihuana en ocho pacientes del hospital que dijeron que la habían comprado en el terreno del hospital, aunque sólo dos de los pacientes dieron positivo, dijo Radavsky.
El 27 de mayo, María García, 18, se ahorcó. La paciente fue vista en el chequeo de rutina a las 5:45 de esa tarde, pero cuando el personal volvió 10 minutos después, la encontraron inconsciente y trataron de resucitarla, de acuerdo a funcionarios de la salud mental del estado.
García fue llevada al Hospital de la Comunidad de Los Angeles en Norwalk. Después de sobrevivir por un tiempo con soporte avanzado, murió el viernes en la mañana.
El día después del suicidio, un paciente adulto trató de atacar sexualmente a una enfermera, que quedó consternada pero fue capaz de terminar su turno, dijeron funcionarios del estado.
Los recientes incidentes no son aislados, según informes de inspección y otros archivos conseguidos por Times.
Basándose en una visita al hospital en julio de 2002 y al estudio de cientos de páginas de historiales de pacientes, el ministerio de Justicia federal emitió dos órdenes de investigación del Hospital Metropolitano. La primera, en mayo de 2003, giraba sobre el tratamiento de menores de edad y la segunda, de febrero de 2004, sobre la atención a los adultos.
El Metropolitano tiene unos 650 pacientes, incluyendo a unos 50 que son menores de edad. Muchos de los pacientes han sido internados ahí por tribunales penales o civiles y son suicidas, esquizofrénicos o sufren de otras enfermedades que les hacen difícil controlar sus impulsos.
Los dos informes federales sostienen que el hospital ha fallado sistemáticamente a la hora de proteger a los pacientes, muchos de los cuales fueron mal diagnosticados y sometidos a medicaciones incorrectas.
"En resumen, la planificación de los tratamientos de los pacientes adultos del Metropolitano se desvía substancialmente de las normas profesionales aceptadas generalmente", dice el informe de 2004.
La investigación de la atención a los adultos en el Metropolitano concluyó que del 1 de abril de 2001 al 31 de marzo de 2002, hubo 475 ataques de pacientes contra pacientes, 310 incidentes en los que los pacientes se lastimaron a sí mismos y 304 lesiones accidentales.
El ministerio de Justicia y el ministerio de Salud Mental del estado han estado negociando durante meses sobre un plan de corrección. Si el ministerio de Justicia no aprueba las reformas en el hospital, podrá demandar al estado para obligarlo a introducir cambios.
Eric Holland, portavoz de la sección de derechos civiles del ministerio de Justicia, dijo esta semana que no podía hacer comentarios sobre los último episodios en el Metropolitano, o sobre las medidas que están siendo implementadas.
Expertos en salud mental dijeron que las condiciones en el Metropolitano son parcialmente un reflejo de la descomposición nacional de los cuidados de los enfermos mentales.
El doctor E. Fuller Torrey, presidente del Centro de Defensa de los Tratamientos, de Arlington, Virginia, y autor de ‘Surviving Schizophrenia', dijo que el financiamiento del estado es cada vez menor, hay poca continuidad en los cuidados y en instalaciones como el Metropolitano tratan a los "más enfermos de los enfermos".
"Pero las muertes no debieran ocurrir tan a menudo", dijo Torrey. "No puedo decir que ha sido una coincidencia de eventos terribles, pero lo que tenemos son una serie de muertes que sugieren que la calidad de los cuidados en los pabellones no es buena y que el personal es insuficiente o no están haciendo nada".
En más de dos docenas de visitas al hospital en 2004, funcionarios del ministerio de Servicios de Sanidad del estado concluyeron que el personal del Metropolitano no pudo impedir que pacientes atacaran o violaran a otros, se dañaran a sí mismos con objetos potencialmente peligrosos o huyeran, de acuerdo a documentos obtenidos por Times bajo la Ley de Archivos Públicos de California. (El ministerio de Servicios de Sanidad controla el hospital y el ministerio de Salud Mental lo gestiona).
Las inspecciones del ministerio de salud fueron desencadenadas por informes del hospital a la dependencia, o por quejas de empleados, pacientes o fuentes anónimas.
En casi todos los casos, los inspectores concluyeron que el hospital no había estado a la altura de las normas.
Por ejemplo, en enero de 2004, un paciente intentó violar a una paciente en la enfermería del hospital, en un cuarto con otros dos pacientes. "El hospital no protegió al Paciente 1, que estaba sin supervisión y durmiendo en la enfermería", escribió Dorothy Crawford, inspectora del estado.
También ese mes, en un cuarto cerca del centro de tratamientos del hospital, una paciente fue atacada sexualmente y obligada a satisfacer con sexo oral a un paciente que había sido trasferido al Metropolitano desde la cárcel del condado de Los Angeles.
El 4 de febrero, la policía del hospital sorprendió a un paciente fumando mariguana en un patio en el Metropolitano. El paciente le dijo a los guardias del hospital: "Un tipo llamado*** que conduce un camión blanco que vende cocaína y marihuana. Era un antiguo paciente y vende drogas aquí a un montón de gente".
El paciente atacó luego e hirió a dos agentes de policía del hospital y fue trasladado a la cárcel de las Torres Gemelas del condado de Los Angeles.
En abril, la inspectora del estado Naomi Russel informó que un empleado del hospital había dicho a un paciente: "Te voy a machacar si no vienes a buscar tus medicinas".
Russell también escribió que el empleado había sido acusado de abusar de una paciente en agosto de 2003, y fue trasladado a otra unidad.
El 18 de agosto un paciente diagnosticado como bipolar y antisocial con rasgos psicóticos, salió por la puerta de atrás del hospital, que se suponía que estaba custodiada por guardias.
No fue encontrado sino el 22 de agosto, cuando fue recogido por personal del Metropolitano en Centro Médico USC del condado, a unos 25 kilómetros de Norwalk.
Separadamente, Times ha confirmado que tres pacientes del hospital murieron el año pasado después de lastimarse a sí mismo u otros:

En febrero de 2004, ocho días después de que el ministerio de Justicia sacara su segundo informe, Clifton Washington, 42, ató un pañuelo a su cuello y se colgó de un barrote de la ventana de su cuarto, de acuerdo al informe de la autopsia del médico forense del condado de Los Angeles.

En julio de 2004, Julia Rodríguez, 52, murió de una perforación intestinal en el Hospital de la Comunidad de Los Angeles después de tragar medio litro en el Metropolitano.
Rodríguez tenía un historial de esas conductas. Estuvo en el hospital de la comunidad durante 14 horas sin que fuera operada, que probablemente habría salvado su vida, dijo el doctor forense Denis Clement Astarita en el informe de la autopsia.
En octubre de 2004, Richard Allen Callender, 39, fue maniatado por el personal del Metropolitano después de que atacara a otro paciente y a enfermeras con una silla.
Dejó de respirar y murió 65 minutos después. El médico forense concluyó que murió probablemente por sofocación "como resultado de las restricciones [impuestas por el personal] y otros factores no determinados".
El ministerio de salud del estado determinó que el hospital no tenía responsabilidad en las primeras dos muertes. Está investigando la tercera.
En 2004 hubo 1.416 incidentes de lesiones auto-infligidas -incluyendo amenazas de suicidio- en los cuatro hospitales del estado. En todo el estado hubo 72 intentos de suicidio, tres de los cuales logrados.
Radavsky dijo que el estado está trabajando para aclarar las preocupaciones del ministerio de Justicia, pero también que el ministerio de Salud Mental no acepta todas las conclusiones federales.
También dijo que el Metropolitano ha cumplido con las normas de permiso y que los incidentes en los que los pacientes se lesionan a sí mismos son bastante comunes.
Además, tras los hallazgos del ministerio de Justicia, el ministerio de Salud Mental contrató a dos contratistas de salud mental a un coste anual de 1 millón de dólares para supervisar las reformas en el Metropolitano.
"Huele muy mal", dijo Pamila Lew, abogado de Protection & Advocacy, un grupo sin fines de lucro que proporciona ayuda jurídica a gente incapacitada.
Lew citó el nivel de violencia en el hospital como un problema permanente y dijo que a menudo parece como si los pacientes necesitaran sus propios defensores para asegurarse de recibir un tratamiento adecuado en el Metropolitano.
"Por lo que he visto, allá se están implementando reformas", dijo Lew.
"Se pueden mejorar los trámites y el papeleo, pero si eso no mejora la calidad de vida de los pacientes, es como nada".

9 de julio de 2005
6 de junio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh


¿existen las clases?


[Janny Scott y David Leonhardt] Aunque se cree lo contrario la movilidad social se ha estancado.
Hubo una época en que los americanos pensaban que entendían las clases. La capa superior pasaba las vacaciones en Europa y adoraba al dios de los episcopales. La clase media conducía Ford Fairlanes, vivían en el Valle de San Fernando y se alistaban como hombres de compañía. La clase trabajadora pertenecía a la AFL-CIO, votaba demócrata y no hacía cruceros en el Caribe.
Hoy, el país ha dado grandes pasos hacia una aparente ausencia de clases. Los estadounidenses de todo tipo están inundados de lujos que habrían deslumbrado a sus abuelos. La diversidad social ha borrado muchas de las viejas marcas. Se ha hecho cada vez más difícil leer la posición de la gente en las ropas que usan, los coches que conducen, sus preferencias de voto, el dios que veneran, el color de su piel. Los contornos de las clases se han hecho borrosos; algunos dicen que han desaparecido.
Pero las clases son todavía una poderosa fuerza en la sociedad americana. En las últimas tres décadas ha empezado a jugar un mayor papel, no uno menor, en asuntos importantes. En una época en que la educación importa cada vez más, el éxito en la escuela sigue estando relacionado estrechamente con la clase. En una época en que el país está cada vez más integrado racialmente, los ricos se aíslan cada vez más. En una época en que hay avances extraordinarios en la medicina, las diferencias de clase en salud y esperanza de vida son amplias y se están profundizando.
Y nuevas investigaciones sobre la movilidad social -el movimiento de las familias hacia arriba y abajo de la escala económica- muestran que hay mucho menos movilidad de lo que pensaban los economistas y menos de lo que piensa la mayoría de la gente. De hecho, la movilidad, que en el pasado alentó a los trabajadores americanos a medida que ascendían en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, últimamente se ha estancado y posiblemente disminuido, dicen muchos investigadores.
La movilidad es la promesa que yace en el corazón del sueño americano. Se supone que debe quitar escozor a la cada vez más ancha brecha entre los que tienen y los que no. Por supuesto, en Estados Unidos hay pobres y ricos, dice la teoría; pero mientras todos puedan ser una u otra cosa, mientras haya algo parecido a la igualdad de oportunidades, las diferencias entre ellos no constituyen barreras de clase.
En las próximas semanas, Times publicará una serie de artículos sobre las clases sociales en Estados Unidos, una dimensión de la experiencia nacional que tiende a quedar sin escrutinio, si es que se la reconoce. Ahora que las clases parecen más elusivas que nunca, los artículos asesan su influencia en la vida de los individuos: un abogado que surgió de un miserable hoyo de Kentucky; un obrero metalúrgico en el paro, en Spokane, Washington, que lamenta su decisión de abandonar el instituto; un multimillonario de Nantucket, Massachusetts, meditando sobre su elegante yate de 6 metros.
La serie no pretende ser comprehensiva ni la última palabra sobre las clases. No ofrece fórmulas impecables para clasificar a la gente o descifrar tradiciones y maneras. En lugar de eso, representa una investigación de las clases sociales tal como las conocen los norteamericanos: indistintas, ambiguas, la mano casi invisible que, tras un examen más detenido, se descubre que mantiene a algunos americanos abajo mientras da un empujón a otros.
Las tendencias son amplias y aparentemente contradictorias: los límites entre las clases se están desdibujando al mismo tiempo que se endurecen ciertas líneas de clase; las condiciones de vida han mejorado, pero la mayoría de la gente sigue atada a sus posiciones.
Aunque la movilidad parece haberse estancado, las filas de la elite se están abriendo. Hoy, cualquiera puede intentar convertirse en un juez de la Corte Suprema de Estados Unidos o presidente de una empresa, y hay más y más multimillonarios hechos a sí mismos. Sólo 37 miembros de los 400 de Forbes -la lista de los norteamericanos más ricos- del año pasado heredaron su riqueza; a mediados de los años ochenta, eran 200.
Así que parece que mientras es más fácil para unos pocos ganadores ascender a los picos de la riqueza, para muchos otros se ha hecho cada vez más difícil subir de una clase económica a otra. Hoy es más probable que hace 30 años que los americanos terminen en la clase en la que nacieron.
Hay una paradoja en el corazón de esta nueva meritocracia americana. El mérito ha remplazado al viejo sistema de privilegios heredados, en el que los padres nacidos en la riqueza legaban la casa solariega a sus hijos. Pero el mérito se basa al menos en parte en la clase. Los padres con dinero y conexiones cultivan en sus hijos los hábitos que la meritocracia recompensa. Cuando sus hijos tienen éxito, el suyo está asegurado.
La lucha para coger la mejor escuela del distrito, encaminar a un hijo hacia el programa preescolar correcto o conseguir al mejor especialista médico, es todo parte de una silenciosa contienda entre grupos sociales que están ganando los afluentes y los educados.
"El viejo sistema de barreras hereditarias y barreras de exclusividad han desaparecido en gran parte", dice Eric Wanner, presidente de la Fundación Russel Sage, un grupo de investigación social en Nueva York, que ha publicado recientemente una serie de estudios sobre los efectos sociales de la desigualdad social.
En lugar del antiguo sistema, dijo Wanner, han surgido "nuevos modos de transmitir las ventajas que están empezando a afirmarse".

Fe en el Sistema
La mayoría de los estadounidenses siguen siendo optimistas sobre sus expectativas de salir adelante. Un reciente sondeo de New York Times sobre las clases concluyó que 40 por ciento de los estadounidenses creía que la posibilidad de subir de una clase a otra había aumentado en los últimos 30 años, un período en el que según la nueva investigación la movilidad no ha avanzado. Treinta y cinco por ciento dijo que había cambiado, y sólo un 23 por ciento dijo que había disminuido.
Más americanos que hace 20 años creen que es posible empezar pobre, trabajar duro y hacerse rico. Dicen que el trabajo duro y una buena educación son más importantes para salir adelante que las conexiones o incluso una familia rica.
"Creo que el sistema es tan honesto como quieras", dijo en una entrevista Ernie Frazer, 65, inversionista en propiedades inmobiliarias. "Pero si perseveras, puedes superar la adversidad. Es algo que tiene que ver con la disposición de la persona de trabajar duro, y creo que ha sido siempre así".
La mayoría dice que sus condiciones de vida son mejores que las de sus padres y piensan que sus hijos lo harán aun mejor. Incluso familias que ganan al año menos de 30.000 dólares subscriben el sueño americano; más de la mitad dice que lo han alcanzado o que lo lograrán.
Pero la mayoría no ve un terreno uniforme. Dicen que los muy ricos tienen demasiado poder, y son partidarios de acciones asertivas en torno a las clases para ayudar a los que están abajo. Incluso así, la mayoría dice que se oponen a que el gobierno imponga impuestos a los bienes que deja una persona al morir.
"Lo llaman el país de las oportunidades, y no creo que haya cambiado mucho", dijo Diana Lackey, 60, ama de casa y esposa de un contratista jubilado de Fulton, Nueva York, cerca de Siracusa. "Los tiempos son mucho, mucho más duros con todos esos recortes, pero sigue siendo un país maravilloso".

Atributos de Clase
Una dificultad al hablar sobre las clases es que la palabra significa cosas diferentes para gente diferente. La clase es rango, tribu, cultura y preferencias. Son actitudes y suposiciones, una fuente de identidad, un sistema de exclusión. Para algunos, es sólo dinero. Es un accidente de nacimiento que puede influir en la vida. Algunos americanos apenas notan su existencia; otros sienten intensamente su peso.
Básicamente, las clases constituyen una de las maneras en que las sociedades se seleccionan. Incluso sociedades construidas sobre la idea de erradicar las clases tienen marcadas diferencias de rango. Las clases son grupos de gente con posición económica y social similares; gente que por esa razón puede compartir actitudes políticas, estilos de vida, patrones de consumo, intereses culturales y oportunidades para salir adelante. Coloca a 10 personas en una habitación, y pronto tendrás una jerarquía social.
Cuando las sociedades eran más simples, era más fácil leer el paisaje de las clases. Marx dividió a las sociedades del siglo 19 en sólo dos; Max Weber agregó algunas más. A medida que las sociedades se hicieron más complejas, las viejas clases se hicieron más heterogéneas. Tal como lo ven algunos sociólogos y expertos de márketing, la pirámide comúnmente aceptada -las clases alta, media y trabajadora- se ha roto en docenas de micro-clases, definidas por las profesiones o estilos de vida.
Algunos sociólogos van tan lejos como para decir que la complejidad social ha vaciado de contenido el concepto de clase. Las grandes clases convencionales se han hecho tan diversas -en ingreso, estilos de vida, opiniones políticas- que han dejado de ser clases en absoluto, dice Paul W. Kingston, profesor de sociología de la Universidad de Virginia. Para él, la sociedad americana es una "escalera con montones y montones de peldaños"
"No hay un estudio concluyente que diga que la gente abajo tienen todos una experiencia común", dice Kingston. "Todos los peldaños tienen el mismo tamaño. Cierto, para la gente más arriba en la escala, es más probable que sus hijos obtengan mejor educación y mejor seguro médico. Pero eso no significa que haya clases".
Muchos otros investigadores están en desacuerdo. "La conciencia de clase y el lenguaje de clase están retrocediendo en el mismo momento en que las clases han reorganizado la sociedad americana", dice Michael Hout, profesor de sociología de la Universidad de California, Berkeley. "Encuentro que estas discusiones sobre ‘el fin de las clases' son ingenuas e irónicas, porque estamos en una época de creciente desigualdad y esta masiva reorganización de dónde vivimos y cómo nos sentimos, incluso en la dinámica de nuestra vida política. Sin embargo la gente dice: ‘Bueno, la época de las clases ya pasó'".
Un modo de pensar la posición de una persona en la sociedad es imaginar una mano de naipes. Cada uno recibe cuatro naipes, uno de cada palo: educación, ingreso, ocupación y riqueza, los cuatro criterios más usados para determinar la clase. Los palos en algunas categorías pueden colocar a un jugador en la clase media alta. Al principio, la clase de una persona es la clase de sus padres. Más tarde, puede sacar una nueva mano, propia; es probable que se parezca a la de sus padres, pero no siempre.
Bill Clinton canjeó una mano de naipes bajos con la ayuda de una educación universitaria y una beca para estudiar en Rhodes y emergió décadas después con cuatro palos. Bill Gates, que empezó en la clase media alta, hizo una fortuna sin terminar la universidad al sacar tres ases.
Muchos americanos dicen que ellos también han subido en la escala del país. En la encuesta de Times, 45 por ciento de los encuestados dijeron que estaban en una clase superior a la clase en la que habían crecido, mientras que un 16 por ciento dijo que estaban en una clase más baja. En general, un 1 por ciento se describió como clase alta, 15 por ciento como clase media alta, 42 por ciento como clase media, 35 por ciento como trabajadores y 7 por ciento como clase baja.
"Yo crecí muy pobre, lo mismo que mi marido", dijo Wanda Brown, 58, esposa de un planificador jubilado del Astillero Naval de Puget Sound, que vive en Puyallup, Washington, cerca de Tacoma. "No somos ricos, pero vivimos cómodamente y somos de clase media y nuestro hijo está mejor que nosotros".

El Ideal Americano
El ejemplar original de la movilidad social norteamericana fue casi ciertamente Benjamin Franklin, uno de los 17 hijos de un fabricante de velas. Hace unos 20 años, cuando los investigadores empezaron a estudiar la movilidad de modo riguroso, Franklin parecía un representante de una sociedad verdaderamente fluida, en la que salir de la pobreza y llegar a la riqueza era un ideal que se podía alcanzar, tal como había prometido la imagen misma del país.
En un discurso de 1987, Gary S. Becker, un economista de la Universidad de Chicago que ganaría más tarde un Premio Nobel, resumió la investigación diciendo que la movilidad en Estados Unidos era tan alta que pocas ventajas eran traspasadas de una generación a otra. De hecho, los investigadores parecen estar de acuerdo en que los nietos del privilegio y la pobreza podrían estar en pie de igualdad.
Si ese fuera el caso, el aumento en la desigualdad de los ingresos que empezó a mediados de los años setenta, no debería ser un problema. Los ricos pueden haber sentido que llevaban mucha ventaja, pero si las familias estaban entrando y saliendo de la pobreza y la prosperidad todo el tiempo, ¿qué importaba la brecha entre la base y la cima?
Pero los primeros estudios en movilidad estaban distorsionados, dicen ahora economistas. Algunos estudios descansaron en los borrosos recuerdos de infancia sobre los ingresos de sus padres. Otros comparaban años únicos de ingreso, que fluctúa considerablemente. Otros todavía mal interpretaban el progreso normal que hace la gente a medida que avanzan en sus carreras, como de joven abogado a socio del despacho, como movilidad social.
Los nuevos estudios en movilidad, que trazan metódicamente los ingresos de la gente durante décadas, han encontrado mucho menos movimiento. Las ventajas económicas que antes se creía que duraban sólo dos o tres generaciones, están ahora más cerca de cinco. La movilidad ocurre, pero no tan rápidamente como pensábamos.
"Todos conocemos historias de familias pobres que en la generación siguiente funcionaron mucho mejor", dice Gary Solon, economista de la Universidad de Michigan que es un importante investigador de la movilidad. "No es que las familias pobres no tengan oportunidad".
Pero en el pasado, agregó Solon, "la gente decía: ‘No te preocupes sobre la desigualdad. Los hijos de los pobres tienen las mismas buenas posibilidades que los hijos de los ricos'. Bueno, eso no es verdad. Ya no es respetable defender esa posición en círculos académicos".
Un estudio, del Banco Federal de Boston, encontró que, en la escala de ingresos, menos familias se movieron de un quintil a otro durante los años ochenta que durante los setenta, y todavía menos en los noventa que en los ochenta. Un estudio del Buró de Estadísticas Laborales también concluyó que la movilidad había disminuido desde los ochenta y noventa.
Los ingresos de hermanos nacidos hacia 1960 han seguido una ruta similar que la de los ingresos de hermanos nacidos a fines de los años cuarenta, concluyeron investigadores del Banco Federal de Chicago y la Universidad de California, Berkeley. Lo que quiera que sea que hereden los hijos de sus padres -hábitos, habilidades, genes, contactos, dinero- para importar hoy más.
Los estudios de la movilidad durante generaciones son notoriamente difíciles, porque requieren que los investigadores comparen los archivos de ingresos de los padres con los de sus hijos. Algunos economistas consideran turbios los resultados de los nuevos estudios; no se puede demostrar conclusivamente que la movilidad haya disminuido durante la última generación, dicen; pero no ha aumentado. Probablemente los datos no serán conclusivos durante años.
Tampoco se pone la gente de acuerdo sobre las implicaciones. Los liberales dicen que los hallazgos son evidencia de la necesidad de una mejor enseñanza inicial y programas de erradicación de la pobreza para tratar de remediar el desequilibrio en las oportunidades. Los conservadores tienden a pensar que la movilidad sigue siendo bastante alta, incluso si ha disminuido un poco.
Pero existe un amplio consenso sobre lo que es un rango óptimo de movilidad. Debería ser suficientemente alta como para que hubiera un movimiento fluido entre niveles económicos, pero no tan alta que el éxito esté solamente vinculado al logro y sea aparentemente aleatorio, dicen economistas de izquierdas y derechas.
Como lo dijo Phillip Swagel, académico residente del American Enterprise Institute: "Queremos dar a la gente todas las oportunidades que deseen. Queremos retirar las barreras de la movilidad social ascendente".
Sin embargo, debería haber un incentivo para que los padres eduquen a sus hijos. "La mayoría de la gente trabaja duro para traspasar sus ventajas a sus hijos", dijo David I. Levine, economista e investigador de la movilidad de Berkeley. "Y eso es bueno".
Un sorprendente hallazgo sobre la movilidad es que no es más alta en Estados Unidos que en Gran Bretaña o Francia. Es más baja aquí que en Canadá y algunos países escandinavos, pero no tan baja como en países en desarrollo como Brasil, donde escapar de la pobreza es tan difícil que la clase baja parece estar estancada en una posición.
Esas comparaciones parecen difícil de creer. Gran Bretaña y Francia tiene noblezas hereditarias; Gran Bretaña todavía tiene una reina. El documentos fundador de Estados Unidos proclama que todos los hombres nacen iguales. La economía americana ha crecido más rápidamente que la de Europa en las últimas décadas, dejando una impresión de oportunidades ilimitadas.
Pero Estados Unidos difiere de Europa de modos que pueden atascar la máquina de la movilidad. Debido a que la desigualdad de ingresos es mayor aquí, hay una disparidad más grande entre lo que padres ricos y pobres pueden invertir en sus hijos. Quizás como resultado, el contexto económico de un niño es un mejor indicador de los resultados en la escuela en Estados Unidos que en Dinamarca, Holanda o Francia, concluyó un estudio reciente.
"Nacer en la elite de Estados Unidos te da una constelación de privilegios que muy poca gente en el mundo ha conocido", dice Levine. "Nacer pobre en Estados Unidos te da desventajas que no se encuentran en Europa occidental y Japón y Canadá".

Paisaje Confuso
¿Por qué se tiene la impresión de que la clase está desapareciendo como fuerza de la sociedad americana?
Por una razón, es difícil leer la posición en las posesiones. Las fábricas en China y otras partes producen móviles que sacan fotos y otros lujos que ahora los puede pagar casi todo el mundo. La liberalización ha hecho lo mismo en cuanto a los billetes de avión y las llamadas de larga distancia. Los bancos, más confidentes sobre la medición de riesgos, ahora extienden créditos a familias de bajos ingresos, de modo que poseer una casa o conducir un nuevo coche ya no es evidencia de que alguien es de clase media.
Los cambios económicos que hacen que los bienes materiales sean más baratos ha obligado a las empresas a buscar nuevas oportunidades a fin de vender a grupos que antes eran ignorados. Cruceros, años antes un símbolo de la buena vida, se han convertido en algo más común. BMW produce un modelo más barato con la misma marca. Martha Stewart vende gobelinos de jaquard chenilla y vajilla de cerámica con relieves de ostiones en Kmart.
"El nivel de bienestar material en este país es entumecedor", dice Paul Bellew, director de mercado y análisis industrial en General Motors. "Puedes decir que la mitad superior vive tan bien como el 5 por ciento de clase alta hace 50 años".
Igual que los patrones de consumo, las posiciones de clase en la política se han convertido en un caos. En los años cincuenta, los profesionales eran consistentemente republicanos; hoy se inclinan hacia los demócratas. Entretanto, los trabajadores calificados han dejado de ser fuertemente demócratas y se han dividido en partes iguales.
Gente en los dos partidos han atribuido el cambio al surgimiento de problemas sociales, como el control de armas y los votantes a izquierda de ingresos superiores. Pero la creciente afluencia también juega un papel. Cuando hay no solamente un pollo, sino un pollo que es biológico, de granja, en cada cazuela, el tradicional llamado económico a la clase trabajadora puede sonar fuera de lugar.
Tampoco la afiliación religiosa es el fiable marcador de clase que fue en el pasado. El creciente poder económico del Sur ha ayudado a empujar a los cristianos evangélicos hacia las clases medias y altas, tal como generaciones anteriores de católicos subieron socialmente a mediados del siglo 20. Ya no es necesario cambiar de congregación y convertirse en episcopal o presbiteriano como prueba de que uno lo ha logrado.
"Piensa en Charlotte, Carolina del Norte: los bautistas son la clase alta", dice Mark A. Chaves, sociólogo de la Universidad de Arizona. "Pensar que si vives en Carolina del Norte, te gustaría ser presbiteriano antes que bautista por razones de respetabilidad, es algo que ya no existe".
La estrecha relación que había entre raza y clase se ha debilitado, a medida que muchos afro-americanos han ascendido a la clase media y media alta. La diversidad de todo tipo -racial, étnica y de género- ha complicado el panorama. Y las altas tasas de inmigración y las historias de éxito de los inmigrantes parecen machacar el punto: Las reglas para avanzar han cambiado.
También la elite americana es más diversa de lo que era. El número de presidentes de corporaciones que estudiaron en universidades de la Ivy League ha disminuido en los últimos 15 años. Hay más católicos, judíos y mormones en el senado que hace una o dos generaciones. Debido al terremoto económico de las últimas décadas, un número pequeño pero creciente de gente ha llegado hasta la cima.
"Todo lo que crea turbulencia crea oportunidades para que la gente se haga rica", dice Christopher S. Jencks, profesor de estudios sociales de Harvard. "Pero eso no tiene necesariamente gran influencia en el 99 por ciento de la gente que no son empresarios".
Estas historias de éxito refuerzan la percepción de la movilidad, lo mismo que hace la mitología cultural bajo la forma de programas de televisión como ‘Operación Triunfo' [Ídolo Americano] y ‘El Aprendiz'.
Pero debajo de toda esta turbiedad y movimiento, algunas de esas mismas fuerzas han profundizado las divisiones de clase ocultas. La globalización y el cambio tecnológico han cerrado fábricas, erradicando empleos que antes eran peldaños hacia la clase media. Ahora que el trabajo manual puede ser hecho por los países en desarrollo por 2 dólares al día, las capacidades y educación se han convertido en más esenciales que nunca.
Esto ha ayudado a producir un extraordinario salto en la desigualdad de ingresos. El ingreso después de deducidos los impuestos de la cima del 1 por ciento de los hogares americanos subió en un 139 por ciento, a más de 700.000 dólares, de 1979 a 2001, de acuerdo a la Oficina de Presupuestos del Congreso, que reajustó sus cifras para descontar la inflación. El ingreso del quintil medio subió en sólo un 17 por ciento, a 43.700 dólares, y el ingreso del quintil más pobres subió apenas un 9 por ciento.
Para la mayoría de los trabajadores, la única vez en las últimas tres décadas en que el aumento del jornal por hora superó la inflación fue durante la burbuja especulativa de los años noventa. Las reducidas pensiones han transformado la jubilación en algo menos seguro.
Claramente, un diploma de cuatro años de universidad provoca más diferencias que antes. Más gente está sacando diplomas que hace una generación, pero la clase todavía juega un gran papel en determinar quién lo hace y quién no. En 250 de las universidades más selectas del país, la proporción de estudiantes de familias de altos ingresos ha crecido, no disminuido.
Algunas universidades, preocupadas de la tendencia, están adoptando programas que permiten la incorporación de más estudiantes de ingresos bajos. Uno es el de Amherst, cuyo presidente Anthony W. Marx, explicó: "Si la movilidad económica continúa bajando, no sólo perderemos el talento y liderazgo que necesitamos, sino también corremos el riesgo de crear una sociedad alienada e infeliz. Incluso los más privilegiados de entre nosotros sufrirán las consecuencias de que la gente deje de creer en el sueño americano".
También se están ensanchando las diferencias de clase en la salud, según muestran investigaciones recientes. La esperanza de vida ha aumentado en general; pero los americanos de clase media alta viven más tiempo y con mejor salud que los americanos de clase media, que viven más y en mejor salud que los que están abajo.
También juega la clase un papel cada vez mayor en determinar dónde y con quién viven los americanos ricos. Más que en el pasado, tienden a vivir apartándose de todo el resto, protegidos en sus castillos suburbanos. Investigadores que han estudiado datos de los censos de 1980, 1990 y 2000 dicen que ha aumentado el aislamiento de los ricos.
También la estructura familia difiere crecientemente a lo largo de líneas de clase. Es más probable que los educados y los ricos tengan sus hijos durante el matrimonio. Tiene menos hijos y más tarde, cuando su poder de ingresos es alto. En promedio, según un estudio, las mujeres con educación universitaria tienen su primer hijo a los 30, desde 25 en los años setenta. El promedio de edad entre mujeres que nunca ha estudiado en una universidad sigue en 22.
Esas crecientes diferencias han dejado a los educados y ricos en una posición superior cuando se trata de invertir en sus hijos. "No hay razón para dudar del viejo adagio de que la decisión más importante que haces es elegir a tus padres", dice el profesor Levine, el economista e investigador de la movilidad de Berkeley. "Aunque ha sido siempre importante, ahora probablemente es un poco más importante".
Los beneficios de la nueva meritocracia tienen un precio. Antes la gente trabajaba duro y se hacían ricos para descansar, pero un nuevo marcador de clase de las familias de altos ingresos es tener al menos un padre que trabaja horas extremadamente largas (y a menudo se fanfarronea de ello). En 1973 un estudio concluyó que el décimo mejor pagado del país trabajaba menos que el décimo peor pagado. Hoy, los que están en la cima trabajan más.
En el centro de Manhattan, los coches negros hacen cola frente a la sede de Goldman Sach todas las noches de la semana a eso de las 9. Los empleados que trabajan a esa hora son llevados gratuitamente a casa, y hay montones de ellos. Hasta 1976 una limusina esperaba a las 4:30 de la tarde para transportar a los socios a la Grand Central Terminal. Pero la nueva dirección ha eliminado la limusina de la tarde para dejar en claro que las 4:30 es la mitad de la jornada, no el final.

Creyendo Que Te Puedes Hacer Rico
¿Persistirán las tendencias que han reforzado las líneas de clase al mismo tiempo que empapelan las divisiones?
Las fuerzas económicas que han hecho que los empleos emigren a países de bajos salarios todavía están activas. Las brechas en paga, educación y salud no se han transformado en un tema político importante. El corte de la tarta de la sociedad es más desigual que antes, pero la mayoría de los americanos reciben una porción mayor que sus padres. Parecen aceptar los compromisos.
Después de todo, la fe en la movilidad ha sido conscientemente tejida en la imagen nacional. Los libros de Horatio Alger han transformado su nombre en sinónimo de la historia de que puedes pasar de los harapos a la opulencia, pero no fue su propia historia. Estudió -como segunda generación- en Harvard, y se dedicó a escribir después de perder su ministerio unitario tras acusaciones de mala conducta sexual. La autobiografía de Ben Franklin fue apuntalada después de su muerte para subrayar su surgimiento desde la oscuridad.
Por otro lado, la idea de que las posiciones de clase son fijas, fastidia a muchos al lado equivocado. Los americanos no se han sentido nunca cómodos con la noción de una jerarquía que no se base en el talento y el trabajo duro. La clase contradice sus suposiciones sobre el sueño americano, igualdad de oportunidades y las razones de sus propios éxitos e incluso fracasos. Los americanos, constitucionalmente optimistas, no están inclinados a percibirse como estancados.
El optimismo ciego tiene sus defectos. Si se dan por sentadas las oportunidades, como algo que existirá siempre sin importar qué, es menos probable que el país haga lo que tiene que hacer. Pero un optimismo desafiante tiene sus puntos fuertes. Si no se creyera en la posibilidad de ascender socialmente, habría ciertamente mucho menos historias de triunfos.

15 de mayo de 2005
©new york times
©traducción mQh

mujeres en prisión


[Jenifer Warren] Viven en un mundo diseñado para hombres violentos. Partidarios del cambio dicen que se necesita privacidad, dignidad y lazos familiares más estrechos.
Live Oak, California. Nueve meses después de que su vientre empezara a hincharse, Martha Sierra llegó a ese momento del parto que toda mujer anhela y teme.
Pero mientras se retorcía de dolor en un hospital de Riverside, pujando para poner a su bebé en el mundo, Sierra hacía frente a un reto que no aparecía en los libros sobre partos: Sus muñecas estaban esposadas a la cama.

Incapaz de darse vuelta o incluso de sentarse, Sierra hizo lo que pudo. La recompensa fue fugaz. Le negaron el tradicional achuchón de las madres nuevas, y observó como su hija, chillando y moviendo los brazos, era sacada de la habitación.
Sierra, 28, es una reclusa en una cárcel del estado al norte de Sacramento. Hablar del parto le causa problemas, avergonzada de que sus errores significaran que su hijo hubiera tenido que nacer en la cárcel. También sigue amargada y asombrada del modo en que la trataron: "¿Pensaban que me iba a levantar y echar a correr?"
Criminalistas dicen que la experiencia de Sierra simboliza una inquietante verdad sobre los sistemas correccionales de California y más allá. Como tras las rejas los hombres superan abrumadoramente a las mujeres, las prisiones han sido normalmente diseñadas y gestionadas para hombres violentos.
Como resultado, las reclusas, la mayoría de las cuales cumplen sentencias de menos de dos años por delitos drogas y otros delitos no violentos, son arrojadas a un mundo donde hay una sola talla. Dentro, son gobernadas por reglamentos y prácticas que ignoran sus inserciones diferentes en el mundo del delito y no hacen nada por ayudarlas a enmendar sus vidas destrozadas.
Eso puede estar empezando a cambiar. En un movimiento nacional que está ganando impulso en California, un creciente número de académicos, activistas, alcaides y legisladores están presionando para remodelar las prisiones de modo que reflejen las diferencias entre los sexos.
Como mínimo, sus partidarios quieren más mujeres como gendarmes para proteger la privacidad y dignidad de las mujeres; más alimentación para las reclusas embarazadas; acceso más fácil a productos sanitarios; y regulaciones de visitas que fomenten, antes que desalienten, lazos familiares estrechos.
Otros criminalistas más ambiciosos proponen sacar a la mayoría de las mujeres de las remotas penitenciarías de máxima seguridad que son típicas de California y otros estados. En lugar de eso, dicen, muchas reclusas estarían mejor -y ahorrarían dinero a los contribuyentes- en centros comunitarios con servicios de rehabilitación, que ofrecen desde formación laboral a desintoxicación.
La población femenina en las prisiones del estado y federales del país es más alta que nunca -unas 103.000- y la tasa de encarcelación está creciendo casi dos veces más que la de los hombres, según informa el Buró Federal de Estadísticas de Criminalidad. Sólo en los últimos 10 años el número de mujeres tras las rejas aumentó en un 51 por ciento.
El aumento no refleja un incremento de los delitos cometidos por mujeres. Más bien, los responsables en gran parte son las sentencias más largas -especialmente por delitos relacionados con drogas o reincidentes- y restricciones en las posibilidades de los reclusos de salir antes por buena conducta. También, ahora es mucho más probable que una mujer termine en prisión por faltas al orden público, como la prostitución, conducir bajo influencia y mendigar.
"Normalmente las mujeres son detenidas por delitos de supervivencia: venta de drogas, sexo a cambio de drogas, cheques sin fondos, fraude con la seguridad social, abusos de tarjetas de crédito", dice Phyllis Modley, director de programa del Instituto Correccional Nacional de Washington. "No comenten los crímenes depredadores de los hombres. Sin embargo son enviados a un sistema correccional que no distingue".
Durante los años noventa, nuevas investigaciones han creado una imagen más detallada de cómo las reclusas difieren de los reclusos, dice Modley. Ahora los funcionarios de prisiones en estados tan políticamente diferentes como Indiana, Missouri y Minnesota están concluyendo que "el sexo importa", de acuerdo a Barbara Owen, una criminalista de prisiones de la Cal State Fresno.
"Ningún estado hace todo bien" en la administración de las reclusas, dijo Owen, contratada recientemente como asesora del Departamento de Prisiones de California. Pero programas aislados muestran algunos resultados, dijo.
Las principales prisiones de mujeres de Indiana se asegura que los convictos sigan fuertemente involucrados en las vidas de sus hijos, por ejemplo, mientras que Missouri enfatiza la transición de los presos hacia la libertad condicional. Minnesota ofrece una rica gama de alternativas al encarcelamiento tradicional, cercanas a las casas de mujeres.
Katrina Bishop, de Salinas, tiene una con cola de caballo y dos niños, de Salinas, personifica la típica delincuente femenina de California.
Criada por una madre alcohólica y un padrastro adicto a la meta-anfetamina, la expulsaron de la secundaria a los 15, dijo. Desheredada por su madre y acosada por un vaquero del rancho donde vivía, se refugió en garajes, coches, calles. Le dijeron que nunca llegaría a ser alguien, dijo Bishop, y se propuso realizar esa profecía, complotando contra sí misma en acciones de "auto-sabotaje".
A los 19 tuvo su primer hijo, que terminó en una familia adoptiva porque Bishop estaba "demasiado colgada de las drogas y no tenía dinero para alimentos o pañales". Pocos años después, Bishop terminó en las manos del Departamento de Prisiones, detenida por posesión de meta-anfetaminas y por cobrar órdenes de pago que falsificaba en un ordenador. Su viaje a la prisión del estado fue seguido por tres condenas a penas de prisión por escribir cheques fraudulentos.
Para agosto de 2004 Bishop tuvo una segunda hija en una familia adoptiva y estaba nuevamente en problemas. Fue detenida con cheques robados y también condenada por violar la libertad condicional al abandonar su condado sin permiso.
"Volví a caer después de seguir un tratamiento y volví a engancharme a mi viejo estilo de vida", dijo.
Bishop fue enviada a la Prisión de Mujeres de Valley, en Chowchilla, una ciudad del Valle de San Joaquín. Allá compartió una celda con ocho mujeres condenadas a cadena perpetua por asesinato y sin posibilidad de libertad condicional, una mezcla de reclusas muy diferente a las prisiones de hombres.
"Te mezclan con condenadas a perpetua que no tienen ningún interés en este mundo", dijo Bishop, 28. "Pelean, tratan de dominar la celda. Te... amenazan".
La Asamblea Legislativa de Mujeres de California ha hecho del encarcelamiento de mujeres su más alta prioridad de este año. En abril, en una inusual misión de recolección de datos, cuatro legisladoras visitaron la prisión de mujeres de Valley y dos pasaron la noche ahí.
Pasaron por el mismo proceso que las reclusas, excepto el cacheo personal, y recibieron lechos portátiles y tareas en la celda. Comieron en el comedor, durmieron en los delgados colchones y preguntaron a las mujeres cuáles eran sus problemas e historias personales.
Algunas quejas replicaron las de las cárceles de hombres. Muchas reclusas dijeron que pasaban hambre todo el tiempo y no podían seguir clases académicas o de formación laboral. Lo que difería eran las quejas sobre el cuidado médico y la preocupación de los niños.
Medido sobre bases individuales, el Departamento de Prisiones gasta un 60 por ciento más en salud en mujeres que en hombres. Los problemas reproductivos son mencionados como una de las razones, pero las mujeres también llegan a la cárcel con una mayor incidencia de VIH y SIDA y tienen más necesidades en salud mental. Algunas reclusas dijeron a las legisladoras que no se habían hecho un mamograma ni la prueba de Papanicolau durante años.
Más inquietante, dijeron las legisladoras, eran las profundas preocupaciones de las reclusas en torno a sus hijos. Dos tercios de las mujeres tras las rejas en California tienen hijos menores de 18, la mitad de los cuales nunca las visitan debido a la distancia. Es posible el contacto telefónico por medio de llamadas de cobro revertido, pero la mayoría de las familias de las reclusas no pueden pagarlas.

Carla Fortier, 43, tiene tres hijos que viven con familiares en Los Angeles. Dos de ellos nacieron en la cárcel.
"Me he perdido todas las graduaciones, las primeras palabras, los primeros pasos, todas esas cosas especiales", dijo Fortier, cuya incapacidad para sacudirse la adicción al crack la ha transformado en una residente habitual de las prisiones del estado en los últimos 19 años. "Una vez el más chico me llamó Mamá. Pero cuando caí en prisión y volví a casa después, empezó a llamarme Carla".
Las legisladoras que visitaron la prisión de Valley volvieron a Sacramento con una conclusión fundamental.
"El modelo de las mujeres en prisión en California es testarudo", dijo la senadora Jackie Speier (demócrata, Hillsborough), a la que se unió esa noche en la cárcel la legisladora Carol Liu (demócrata, La Cañada Flintridge). "La mayoría de las reclusas con las que hablamos estaban ahí por conducir bajo alcohol y delitos relacionados con drogas... ¿Por qué gastamos billones y más billones para albergar a esta gente en un ambiente de semejante alta seguridad?"
Personal directivo en la jerarquía del Departamento de Prisiones de California han empezado a hacerse preguntas similares. En febrero formaron una comisión de alcaides, activistas comunitarios, investigadores y otros para reformular los reglamentos, programas y prácticas carcelarias para que reflejen las diferencias de género.
El estado también ha contratado como asesoras a dos investigadoras conocidas nacionalmente -Owen y Barbara Bloom, profesora en el estado de Sonoma- que son expertas en mujeres delincuentes. Y la reorganización de las prisiones de California del gobernador Arnold Schwarzenegger, que entró en vigor el 1 de julio y se concentra en la rehabilitación de las reclusas, incluye por primera vez una directora de programas femeninos.
Funcionarios dicen que la mayor parte de los cambios detrás de las paredes de la prisión no deberían costar dinero. De hecho, ya están proclamando victoria. Después de años de protestas de las reclusas y sus familias, los gendarmes ya no se encargarán de los cacheos de las mujeres.
Dawn Davison, que dirige las cuatro cárceles de California que albergan a mujeres, lo calificó de un logro clave. Debido a que más de la mitad de las reclusas han sido física o sexualmente agredidas, dijo, eran nuevamente traumatizadas cuando eran cacheadas por hombres. Pero la nueva política, dijo, es sólo el principio.
"Durante años la gente aparentemente creía que una reclusa era una reclusa que era una reclusa", dijo Davison, alcaide de la Correccional de Mujeres de California, en Chino. "¿Qué nos hace pensar que cuando una mujer llega a la cárcel y se convierte en reclusa, ella por eso se transforma en hombre?"

Las mujeres son menos violentas que los hombres, no sólo en términos de los delitos que cometen sino también en cuanto a su conducta en la cárcel.
Las estadísticas para 2004 muestran que un 29 por ciento de las reclusas de California estaban cumpliendo sentencias por delitos contra las personas. Entre los hombres, ese porcentaje llega al 52 por ciento.
En cuanto a su conducta una vez en prisión, los funcionarios no pudieron encontrar antecedentes de reclusas en California que hubiesen matado a otras. En contraste, el año pasado 14 presos murieron a manos de otros presos.
Y aunque las agresiones e incluso motines de pequeña escala son comunes en las cárceles de hombres, las peleas entre las mujeres usualmente "no son más que peleas entre amantes con algunas bofetadas", dijo Davison. Agregó que las ataques de las mujeres contra las funcionarias rara vez pasan de ser patadas propinadas cuando resistían alguna orden.
Sin embargo, las dos cárceles de mujeres más grandes -la de Valley y el Centro de Detención de Mujeres de California, también en Chowchilla, con una población combinada de 6.700 mujeres- opera con reglas que son parecidas a las de las cárceles que albergaron a Charlie Manson y otros criminales notoriamente violentos.
Dirigentes sindicales que representan a los gendarmes de prisiones desconfían de la visión rosa de las delincuentes. Aunque apoyan las penitenciarías más seguras que preparen mejor a las presas para su retorno a la sociedad, los funcionarios del sindicato dicen que muchas mujeres que terminan en las prisiones del estado se han apartado de la ley antes numerosas veces.
"Pueden ser delincuentes no violentas, pero un montón de ellas han contado con cinco convicciones por delitos mayores antes de que lleguen a una cárcel", dijo Lance Corcoran, vice-presidente de la Asociación de Oficiales Correccionales de California. "A veces el sonido metálico de la puerta a primera hora de la mañana es lo que se necesita para empujar al individuo a hacer algo positivo con sus vidas".
Otros cuestionan la justicia de tratar de manera diferente a reclusas y presos. La arena de la justicia penal ha estado dominada durante largo tiempo por el concepto de igualdad, con el mismo tratamiento que se debe a todos. Pero criminalistas dicen que la igualdad no debe necesariamente significar que sean idénticas. Dicen que hay razones de por qué las delincuentes merecen un trato aparte.
Arriba de la lista está su papel como madres. En California, más de la mitad de las reclusas son madres solteras y sus obligaciones familiares crean retos menos prevalecientes entre los hombres, especialmente cuando hacen la transición de la celda a la calle. Aunque todos los que salen en régimen de libertad anticipada se esfuerzan por encontrar trabajo y evitan hacer cosas que las devuelvan a la cárcel, son las mujeres en particular las que deben reconectarse simultáneamente con los hijos, ocuparse de los niños y enfrentarse a otras necesidades familiares.
Las reglas federales impiden que las condenadas por delitos de drogas -una de cada tres reclusas- puedan recibir la seguridad social y en muchos casos no reúnen los requisitos para recibir viviendas sociales.
Algunos activistas creen que la tendencia de California de manejar a todos los presos como un grupo homogéneo se refleja más impresionantemente en el tratamiento de las mujeres embarazadas.
Desde 2001, más de 1.100 reclusas han dado a luz. La mayoría llegan embarazadas, pero un pequeño número concibe durante visitas familiares nocturnas en los recintos de las prisiones.
Normalmente las mujeres encarceladas dan a luz en un pabellón hospitalario cerrado y custodiado por varios gendarmes. A pesar de estas medidas de seguridad, el departamento de regulaciones requiere el uso de esposas de muñecas o tobillos durante el parto. Aunque las restricciones no se especifican para el parto, Davison, la alcaide de la cárcel de Chino reconoció que la realidad no siempre se ajusta a los reglamentos impresos.
"No hay mujer que en medio de las labores del parto se levante de la cama y trate de escapar", dijo. Su objetivo: asegurarse de que ninguna reclusa de California sea esposada durante el parto.
La legisladora Sally Lieber (demócrata, Mountain View) quiere lograr lo mismo y ha presentado un proyecto de ley que espera que lo haga. La ley ganó el mes pasado la aprobación de la Asamblea y está esperando en el senado.
Times entrevistó recientemente a madres reclusas en el Centro Leo Chesney en Live Oak, entre Sacramento y Chino. La prisión privada aloja a convictos de seguridad mínima bajo contracto con el estado. Las mujeres, que dieron todas a luz mientras estaban en las cárceles más grandes del estado en Chino o Chowchilla, calificó la experiencia de dar a luz en la cárcel como una experiencia que estaban tratando de olvidar.
Algunas, como Sierra, pasaron todo el parto, de comienzo a fin, con una o dos manos amarradas a la cama. Otras fueron esposadas por la muñeca o tobillo durante el parto, aunque las esposas les fueron retiradas en el momento del nacimiento del bebé.
Tras el parto unas pocas mujeres pudieron obtener uno de los 70 puestos en los programas basados en la comunidad que permite que madres y niños vivan juntos. Pero la mayoría tuvo que entregar sus bebés a parientes o a familias adoptivas uno o dos días tras el parto. Las mujeres son entonces trasladadas nuevamente a la cárcel.
Jessica Foster está esperando y quiere ocupar uno de esos codiciados 70 puestos.
Foster, 22, llegó a la cárcel tras cobrar un cheque robado. Al principio la colocaron a prueba. Pero después de tres violaciones de la libertad condicional -por emborracharse en un cabaret, por no entregar un informe y por poseer una pipa de marihuana- fue enviada a la cárcel de Valley.
Llegó con 7 meses y medio de embarazo, y se preocupaba constantemente por la salud de su bebé. Dijo que recibió píldoras de hierro y chequeos pre-natales, pero siempre salía del comedor "muriéndose de hambre". Las raciones, dijo, eran demasiado magras para alguien que come por dos.
Más inquietante, recordó Foster, era "la total falta de privacidad ante los hombres", que constituyen el 75 por ciento de los gendarmes de la cárcel de Valley.
Los gendarmes podían observar a las mujeres en las duchas desde un cuarto de control, dijo, y pasearse cerca del área de recepción de los presos mientras las gendarmes hacían chequeos corporales, durante los que se usan espejos para controlar las partes íntimas de las reclusas para impedir el contrabando. Dijo que eso era más humillante para las mujeres que estaban menstruando.
"Todo lo dirigen hombres. Doctores, gendarmes. Hay hombres en todas partes", dijo Foster, de Redding. "Te sientes violada todo el tiempo".
En enero dio a luz en el Hospital Comunitario de Madera. No fue esposada durante el parto. Pero dijo que tuvo un gendarme en el cuarto, junto al otro lado de la cortina, todo el tiempo.
Después, con un tobillo amarrado a la cama, se le permitió pasar algunos días en el hospital con su hija, Olivia. Entonces la devolvieron a la celda, donde el dolor de la separación aumentó con el dolor de los senos rebosantes de leche.
La cárcel, dijo Foster, llorando mientras la asaltaban los recuerdos, no le proporcionó una bomba.
Un creciente número de detractores dicen que las mujeres presas, la mayoría de ellas en la cárcel por delitos de drogas y contra la propiedad, están fuera de lugar en un sistema de prisiones diseñado para hombres violentos. El Departamento de Prisiones de California planea cambiar algunos reglamentos y prácticas para que reflejen las diferencias entre los sexos.

Hechos sobre las cárceles:

Población carcelaria de California:
California prison population:
Hombres: 93 por ciento
Mujeres: 7% por ciento
Reclusas:
-En prisiones de California: 10.800
-Tiempo de condena promedio: 14 meses
-Tiempo cumplido por delitos no violentos: más del 66 por ciento
-Han sido atacadas física o sexualmente: 57 por ciento
-Edad promedio: 36
-Con hijos menores de edad: 64 por ciento
-Bebés nacidos a las reclusas al año: unos 300

Fuente: California Department of Corrections, Little Hoover Commission

6 de julio de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

temor y muerte en rusia


[Peter Finn] Recurrir decisiones del tribunal es castigado con intimidaciones y asesinatos.
Nazran, Rusia. Los rusos que recurren a la Corte Europea de Derechos Humanos después de que sus familiares han desaparecido o sido asesinados en Chechenia o en la vecina Inguchetia hacen frente a constantes amenazas con que pretenden obligarles a abandonar las denuncias. En al menos cinco casos los denunciantes que recurrieron a la corte fueron ellos mismos asesinados o han desaparecido, de acuerdo a abogados, grupos de derechos humanos, documentos judiciales y familiares.
En abril dos hombres fueron sacados de sus casas por hombres armados después de que presentaran una denuncia por el secuestro en 2004 de ocho personas en un pueblo checheno, de acuerdo a Memorial, un grupo ruso de derechos humanos. El cuerpo de uno de los denunciantes fue encontrado en mayo. Su familia vive ahora bajo el temor y considera retirar la denuncia, de acuerdo a Memorial.
Activistas de derechos humanos dicen que los incidentes forman parte de una campaña de intimidación contra los cerca de 120 rusos del Caúcaso del Norte que han pedido la intervención de la corte. Los activistas no llegaron a acusar al gobierno central, sugiriendo que funcionarios locales pueden haber actuado por su propia cuenta. El gobierno ruso ha negado toda vinculación con los incidentes.
El año pasado una coalición de grupos de derechos humanos envió una carta a la corte, que sita en Estrasburgo, Francia, y atiende las denuncias de violaciones de la Convención Europea sobre Derechos Humanos de 1950, que Rusia firmó en 1998. La carta detallaba la desaparición y asesinato de dos rusos de Chechenia que habían apelado a la Corte Europea, así como 12 ejemplos de supuestas amenazas y golpizas.
En una entrevista, Zalina Medova dijo que ha recibido al mismo tiempo amenazas de muerte y ofrecimientos de dinero para obligarla a retirar una denuncia ante la corte a favor de su marido, Adam Medoc, un taxista que desapareció en junio de 2004. "Mi respuesta fue siempre la misma", dijo Medova, madre de dos hijos menores, uno de los cuales nació después de la desaparición de su marido. "Retiraré la denuncia cuando me entreguen a mi marido".
Jane Buchanan, hasta hace poco presidente de la organización rusa Iniciativa por la Justicia, califica las intimidaciones como "un problema realmente inquietante y escandaloso". El grupo ha presentado cerca de 80 recursos ante la corte. Pero Isa Gandarov, abogado de la oficina de Memorial en la república de Inguchetia en el sur, dijo que dos tercios de los denunciantes potenciales que recibe se niegan a seguir adelante con sus denuncias cuando se les advierte de los peligros de apelar a la corte.
Funcionarios rusos no respondieron a la carta a la corte del año pasado. "Si existe una carta así, se supone que es la Corte Europea la que debe responder", dijo en una respuesta escrita Pavel Laptev, el representante ruso ante la corte. Laptev se negó a ser entrevistado en persona.
En declaraciones a la corte, funcionarios rusos han negado toda implicación de agencias del estado o de las fuerzas armadas en casos específicos de asesinatos, desapariciones o intimidación de los denunciantes. En su respuesta a preguntas, Laptev escribió que las acusaciones "no han sido confirmadas".
Uno de los casos implica a Medov, el taxista. En 2004 fue detenido mientras trabajaba en Inguchetia. Se transformó en uno de al menos 3.000 personas que han desaparecido en la región en los últimos cinco años en la segunda guerra que estalló en Chechenia, según un reciente informe de Human Rights Watch.
El grupo dijo que las fuerzas de seguridad rusas o chechenas eran responsables de la mayoría de los secuestros. El conflicto se extendió a las repúblicas vecinas, incluyendo a Inguchetia y Osetia del Norte, donde el año pasado separatistas chechenos ocuparon una escuela en la que murieron en el posterior asalto 330 personas, la mayoría de ellos niños.
En la noche del 17 de junio de 2004 la policía de tráfico en Inguchetia pararon a dos coches que se dirigían a la frontera chechena. Había seis hombres armados en los vehículos.
Tras oír ruidos en el maletero de uno de los coches, la policía lo abrió para revisarlo. Dentro los agentes encontraron a Medov, con las manos atadas, de acuerdo a una versión de los hechos escrita por la Corte Europea en abril. Había otro hombre en el maletero del otro coche.
Los seis hombres armados dijeron que eran agentes del Servicio de Seguridad Federal FSB, el sucesor doméstico de la KGB. Sin embargo, la policía de tráfico tenía sospechas. Consultaron con un fiscal local y llevaron a los hombres y sus prisioneros a una comisaría de policía cercana, de acuerdo a documentos de la corte.
Pero el ministro del Interior suplente de Inguchetia, Abukar Kostoyev, ordenó la liberación de los seis y sus prisioneros, según una versión del incidente escrito por la oficina del fiscal general ruso. Volvieron a sus coches y se internaron a Chechenia.
El 21 de junio, la familia Medov fue informada por una carta de un fiscal en Inguchetia de que Medov había sido detenido por "agentes de la FSB en Chechenia bajo el mando del teniente coronel Beletskiy V.V."
Pero el 7 de julio, el director de la FSB en Chechenia escribió para decir que Medov no había sido detenido por sus agentes y que su departamento no tenía antecedentes sobre su paradero. La agencia también dijo que no conocían a ningún agente llamado Beletskiy.
Con las agencias del estado ruso contradiciéndose descaradamente, la esposa de Medov, Zalina Medova, apeló a la Corte Europea de Derechos Humanos. Pronto siguieron amenazas y ofertas de dinero, dijo en una entrevista.
Medova, una mujer de 25 años de voz suave que lleva un velo de color claro sobre su pelo, dijo que el primer mensaje le fue transmitido en enero por medio de un primo lejano. La telefoneó y le dijo que unos funcionarios rusos, que dijo que habían tomado contacto con él, querían que ella retirara la denuncia. Ella se negó, dijo, pero el primo la siguió llamando.
En febrero el primo la presentó a un hombre que dijo que era un antiguo mayor de la FSB. El hombre dijo que su denuncia ante la Corte Europea amenazaba la carrera de algunos importantes funcionarios rusos. Le dijo que retirara la denuncia porque no tenía sentido que la continuara porque su marido estaba muerto, dijo.
El mayor, que se negó siempre a decir quién era, dijo que no "quería que los niños se quedaran huérfanos de madre", según Medova y documentos entregados a la corte. Las llamadas continuaron, y empezó a oír sugerencias de que podría recibir dinero si colaboraba.
En marzo recibió un aviso final. Su primo la llamó a casa y le dijo que había varios agentes del servicio de seguridad ruso junto a él. Dijeron que estaban dispuestos a pagarle 30.000 dólares si retiraba su denuncia. Si no, dijo el primo, la podrían matar a ella.
En abril, la Corte Europea pidió formalmente al gobierno ruso si "el estado ha obstaculizado" de alguna manera el caso de Medov. Rusia tiene plazo hasta el 25 de julio para dar una respuesta.
En la entrevista, Medova, con su inquieto hijo en su regazo, dijo que su marido no tenía ninguna relación con grupos armados o terroristas. "Somos una familia tranquila", dijo, rechazando una afirmación en un documento oficial de que su marido fue detenido por "sospechas de haber cometido delitos graves".
En cualquier caso, señalan activistas de derechos humanos, una persona bajo sospecha de terrorismo o delitos relacionados tiene derecho a un proceso debido según la ley rusa.
Los denunciantes que recurren a la Corte Europea como un último recurso, después de haber agotado sus oportunidades en su país natal. La corte decide primero si comunica o no la queja al gobierno ruso. Tras la respuesta del gobierno, la corte determina si se admitirá el caso para su juicio y decisión. El proceso puede tomar varios años.
La corte hace frente a una enorme acumulación de casos. En agosto pasado dio formalmente prioridad a todos los casos relacionados con la guerra en Chechenia, una decisión que pareció estar motivada, en parte, por informes sobre las presiones sobre los denunciantes, de acuerdo a Iniciativa por la Justicia.
Además, la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, cuyos países miembros fundaron el tribunal en 1959, aprobó el año pasado una resolución expresando su "indignación" sobre varios casos en los que los denunciantes habían sido matados o habían desaparecido.
Marzet Imakayeva y su marido Said-Magomed Imakayev, recurrieron a la corte en febrero de 2002, 14 meses después de que su hijo de 23 desapareciera en Chechenia. Ese junio, la casa de los Imakayev fue allanada por hombres uniformados, y Said-Magomed Imakayev fue detenido. Desde entonces no le han vuelto a ver.
Oficiales militares y de la fiscalía continuaron acosando a Imakayeva y la han acusado de financiar el terrorismo, de acuerdo a documentos de la corte. Imakayeva, su hijo, su hija y nieto huyeron a Estados Unidos en 2004, donde viven como refugiados.
"Yo era permanentemente seguida por vehículos militares", dijo Imakayeva en una entrevista telefónica. "Los abogados que trabajaban conmigo me avisaron que tuviera cuidado. Tuve que marcharme para salvar a mis hijos".
En declaraciones a la corte, el estado ruso negó primero firmemente toda implicación en la desaparición de Said-Magomed, diciendo que había sido secuestrado "por miembros de una de las organizaciones terroristas que operan en la república chechena" que usaron uniformes militares como disfraz. Las autoridades rusas corrigieron esa declaración después para decir que su marido "había sido detenido por soldados en conformidad con la ley", pero liberado más tarde.
En otro caso, Zura Bitieva, activista de derechos humanos en Chechenia, recurrió a la corte diciendo que fue torturada cuando estuvo detenida en enero y febrero de 2000. En mayo de 2003, Bitieva, su marido Ramzan, su hijo Idris y su hermano fueron asesinados a balazos en su casa una madrugada.
En abril de 2004 otro denunciante, Yakub Magomadov, despareció. Madomadov, que vivía en Moscú, había presentando una denuncia por la desaparición de su hermano Ayubkhan, en Chechenia en 2000.
"Todo lo que hizo fue buscar a Ayubkhan", dijo Eliza Magomadova, hermana de los dos desaparecidos. "Es por eso que se lo llevaron".
En una carta a la corte, Laptev dijo que los detectives, después de varias pesquisas, no encontraron huella de Magomadov.
La desaparición y asesinato más reciente de denunciantes ocurrió a principios de 2004, cuando ocho personas fueron detenidas en un pueblo checheno por hombres no identificados a los que los vecinos describieron como "militares", de acuerdo a Memorial. Sus cuerpos y el de otra persona fueron encontrados en una fosa poco profunda casi dos semanas después.
Los dos familiares de uno de los muertos recurrieron a la Corte Europea. En abril de este año, hombres armados irrumpieron en su casa y fueron secuestrados. Activistas de derechos humanos pidieron no identificar a las víctimas para proteger a los sobrevivientes de la familia contra las autoridades rusas.
El cuerpo de uno de los hombres fue encontrado en mayo en un río en Chechenia. El otro todavía está desaparecido.

3 de julio de 2005
©washington post
©traducción mQh


la cultura y la locura


[Shankar Vedantam] A menudo se pasa por alto la diversidad de los pacientes. Alternativas al tratamiento médico convencional piden el reconocimiento de diferencias étnicas y sociales.
Cuando los investigadores de la Universidad de California en Los Angeles UCLA revisaron los mejores estudios disponibles sobre medicamentos psiquiátricos contra la depresión, el síndrome bipolar, la esquizofrenia y el trastorno de déficit de atención, descubrieron que los ensayos habían implicado a 9.327 pacientes durante los años. Cuando el equipo investigó para ver cuántos pacientes eran nativos americanos, la respuesta fue... cero.
"No conozco ningún ensayo que se haya publicado en los últimos 10 a 15 años que trate de la eficiencia de un agente farmacológico en el tratamiento de un desorden mental serio entre los indios americanos", dice Spero Manson, psiquiatra que dirige los programas de Indios Americanos y Nativos de Alaska del Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Colorado, en Aurora. "Es asombroso".
Los nativos americanos no son el único grupo para el que los psiquiatras escriben recetas con los dedos cruzados, según descubrieron los investigadores de la UCLA al revisar los datos de un informe de un cirujano general en Estados Unidos: De 3.980 pacientes en estudios sobre antidepresivos, sólo dos eran hispanos. De los 2.865 pacientes de esquizofrenia, tres eran asiáticos. Entre los 825 pacientes de síndrome bipolar o en estudios de depresión maníaca, no había ningún hispano ni asiático. Los negros estaban mejor representados, pero su frecuencia en todos los estudios era demasiado pequeña como para permitir a los doctores sacar conclusiones significativas. En total, apenas un 8 por ciento de los pacientes estudiados pertenecían a minorías.
Es sólo un ejemplo de una patrón más amplio: Los científicos han en general subestimado el papel de los factores culturales en el diagnóstico, tratamiento y resultado de las enfermedades mentales. En parte, se debe que la psiquiatría moderna se basa en la idea de que las enfermedades mentales son principalmente desórdenes orgánicos del cerebro. Este enfoque medicalizado sugiere que los síntomas, desarrollo y tratamiento de las enfermedades deben ser iguales para todos los pacientes, independientemente de si son caribeños, canadienses o camboyanos.
Este modelo ha producido sorprendentes éxitos. Los neurólogos han descubierto detalles claves sobre cómo funciona y falla el cerebro, y las compañías farmacéuticas han encontrado muchas medicinas efectivas. Más pacientes que nunca han recibido tratamientos que han demostrado ser efectivos.
Sin embargo, a medida que la población de Estados Unidos se hace más diversa, este enfoque hace frente a retos desde dentro de las propias filas de la profesión. Un creciente número de partidarios de la "competencia cultural", muchos de los cuales pertenecen ellos mismos a minorías étnicas, advierten que los doctores están perjudicando a los pacientes al ignorar las evidencias sobre los efectos de la etnicidad, el sexo, las creencias religiosas, la clase social y el origen nacional sobre la salud y el trastorno mental.
"Las compañías farmacéuticas tienen en mente al paciente masculino caucásico promedio", dice el psiquiatra Michael Smith, del Centro de Investigación sobre Psicobiología de la Etnicidad, que lamenta el vacío de información sobre el metabolismo de los medicamentos y sus efectos secundarios entre los varios grupos. Algo de la desconfianza de las minorías hacia las pruebas con medicamentos complica más el problema, dijeron él y otros investigadores.
"Esto que llaman psiquiatría es una invención europeo-estadounidense, y en gran parte no respeta a las filosofías no blancas de la salud mental y de cómo funciona la gente", concedió Carl Bell, psiquiatra de la Universidad de Illinois en Chicago.
"Un montón de grupos étnicos minoritarios perciben las intervenciones psiquiátricas como una aproximación ideológica que desdeña sus propias culturas", agregó Marcello Maviglia, un psiquiatra que ha trabajado extensamente con pacientes nativos americanos en Nuevo México. "Un montón de gente no sería capaz de verbalizarlo, pero los pacientes saben cuando desdeñas sus tradiciones".
Autoridades de la psiquiatría convencional rechazan vehementemente esta crítica. Darrel Regier, director de la sección de investigación de la Asociación Americana de Psiquiatría, dijo que los tratamientos biomédicos de los desórdenes mentales han demostrado objetivamente ser superiores a los de cualquier otro sistema.
"Decir que quieres volver a la naturaleza y que las ventajas de vivir en familias unidas ocupen el lugar de las medicaciones psicotrópicas -eso es hacerse ilusiones y es probablemente peligroso", dijo.

Puntos de Vista Diferentes
El problema es que históricamente la psiquiatría se ha visto embrollada por teorías contradictorias sobre la naturaleza de la enfermedad mental, dijo Regier. Aunque es útil conocer las variaciones culturales de los diferentes grupos, agregó, es más importante para los psiquiatras concentrarse en marcadores genéticos y mecanismos cerebrales que podrían ser universales para todos los pacientes.
"En general los doctores son reduccionistas", dijo. "El paciente entra y tienes 10 minutos para descubrir qué es significativo en su historia de vida. Hay un tremendo proceso de selección para dejar fuera los materiales irrelevantes".
El psiquiatra de la Universidad de Columbia, Robert Spitzer, que desempeñó un papel central en la popularización del modelo médico de la psiquiatría, dijo que los partidarios de la cultura están dejando que la política tiña la ciencia: "De modo general, no controlan los estudios. Su principal queja es el modelo biomédico".
Spitzer y Regier reflejan la ansiedad reinante entre los psiquiatras convencionales de mantenerse alejados de las blandas complejidades de la cultura y la miríada de maneras en que los diferentes grupos expresan sus problemas emocionales, y hacia un sistema directo que asocia grupos a síntomas de trastornos particulares. En última instancia, esperan encontrar pruebas neurológicas, marcadores genéticos y pruebas de laboratorio para diferenciar los problemas mentales.
Si se puede demostrar que un mal funcionamiento genético y de los neuro-transmisores causan la depresión, por ejemplo, estos expertos dicen que los doctores serán capaces de tratar esos problemas de raíz, realizar diagnósticos y tratamientos más efectivos, del mismo modo que el descubrimiento del virus que causa el SIDA condujo a tratamientos altamente especializados.
Los partidarios de la competencia cultural contrarrestan diciendo que no importa cuánto aprenda la ciencia sobre el cerebro, la cultura y el ambiente continuarán jugando un importante papel en por qué desarrolla la gente problemas emocionales, a qué tratamientos responden y si se recuperan. Dicen que los doctores no pueden permitirse ignorar los numerosos efectos de la cultura sobre el diagnóstico y tratamiento que han sido documentados en varias series de evidencias y múltiples estudios en publicaciones profesionales. Entre ellos:

-Los pacientes con esquizofrenia, una enfermedad caracterizada por alucinaciones y pensamientos desorganizados, se recuperan más pronto y funcionan mejor en países pobres con fuertes lazos en familias extendidas que en Estados Unidos, según han demostrado dos largos estudios de la Organización Mundial de la Salud.
-La gente de origen mexicano nacida en Estados Unidos corre dos veces más riesgo de sufrir desórdenes como depresión y ansiedad, y cuatro veces más el riesgo de abuso de drogas, comparado con inmigrantes recientes de México. Este hallazgo es parte de una creciente cuerpo de literatura que indica que los recién llegados son más resistentes a los trastornos mentales, y que la asimilación está asociada con tasas más altas de diagnósticos psiquiátricos.
-Es tres veces más probable que los pacientes negros e hispánicos sean diagnosticados con esquizofrenia a que lo sean los pacientes blancos -incluso aunque el estudio indique que la tasa de desorden es la misma en todos los grupos.
-Es tres veces más probable que las mujeres blancas en Estados Unidos cometan suicidio a lo que lo hagan mujeres negras e hispanas -una diferencia que los expertos atribuyen en parte a la relativa fuerza de diferentes redes sociales.
-Un puñado de breves estudio sugiere que los efectos de las medicinas psiquiátricas varían ampliamente de acuerdo al grupo étnico. Hay incluso diferencias en el efecto con placebos.

Keh-Ming Lin, un psiquiatra que fue director del centro de la UCLA, dijo que debido a que las medicinas psiquiátricas afectan la conducta y cambian el modo en que se siente la gente, sus efectos son fuertemente modificados por las creencias del paciente.
Los efectos de esas medicinas "no son solamente determinados por sus propiedades farmacológicas", escribió Lin y colegas en un libro, ‘"Psychopharmacology and Psychobiology of Ethnicity'. "La prescripción y uso de la medicación está inmerso en un proceso que tiene significados e implicaciones sociales y simbólicas".

Influencia Cultural
Los diagnósticos psiquiátricos son igualmente influidos por la cultura, dijo María Oquendo, psiquiatra de la Universidad de Columbia. Las mujeres de diferentes culturas, por ejemplo, tienen normas muy diferentes sobre lo que constituye el peso ideal -y esto influye en el desarrollo de algunos desórdenes: "Pensamos que la anorexia nerviosa tiene bases biológicas y, por eso, universales, pero en las culturas menos industrializadas, la anorexia es rara. La cultura determina nuestras decisiones sobre lo que consideramos normal".
"Si entendemos que nuestra definición de lo patológico no es patológico en otros países, podemos tomar mejores decisiones sobre cuándo tratar, especialmente con medicamentos", agregó.
Los partidarios del rol de la cultura en la psiquiatría describen muchos estudios de caso para ilustrar su argumento: Roberto Lewis-Fernández era un joven doctor estudiando en Massachusetts cuando encontró a una paciente de 49 y de inclinaciones suicidas en el Hospital de Cambridge. La mujer portorriqueña suplicó que la ayudaran a resolver un conflicto con su hijo, pero los psiquiatras afiliados a la Universidad de Harvard se concentraron en un sólo conjunto de síntomas -siempre estaba oyendo voces, viendo sombras furtivas y sintiendo presencias invisibles.
La diagnosticaron como depresiva y psicótica, o de no tener contacto con la realidad, y la medicaron. Fue dada de alta. Poco después la mujer tuvo una riña con su hijo y casi se mató ingiriendo una sobredosis de las medicinas.
Para Lewis-Fernández, que es portorriqueño, el intento de suicidio confirmó sus temores de que sus superiores se habían equivocado al evaluar la situación. Durante meses, importantes psiquiatras le ordenaron continuar subiendo la potencia de la medicación, y se había convencido a sí mismo que ver sombras y sentir presencias es considerado normal en algunas comunidades latinas. Pero no puso en cuestión la sabiduría del modelo médico.
"No estaba seguro de si ella era psicótica, pero la traté como si lo fuera", dijo sobre el caso, que escribió para una revista médica. "Le di medicinas".
Cuando la unidad de pacientes externos del hospital evaluaron a la mujer nuevamente, los doctores allá produjeron un diagnóstico diferente. Concluyeron que sus síntomas no era anormales en el contexto de su cultura -eran expresiones de angustia, no enfermedades. Lewis-Fernández la ayudó a reconciliarse con su hijo. Todavía oía voces y veía sombras, pero ahora nadie la molestaba como antes.
A diferencia de los grupos anti-psiquiatría que quieren desprenderse completamente de medicinas y doctores, los defensores de la competencia cultural protestan solamente contra la idea de que una sola talla sirve para todos. Las vulnerabilidades genéticas y químicas del cerebro son indudablemente importantes, dijo Lewis-Fernández, pero su paciente fue mal atendido porque los doctores asumieron que todos sus problemas se podían reducir a la química del cerebro.
"Por supuesto, después de una cierta dosis de sufrimiento durante un cierto tiempo, su cerebro recciona", dijo. "La idea de la psiquiatría convencional es que la píldora corregirá el imbalance químico del cerebro. Sí, el imbalance se produce debido a la situación en que está, y la píldora no puede corregir la situación".
Los pacientes de minorías étnicas no son los únicos afectados: En primer lugar, cerca del 40 por ciento de los doctores formándose en psiquiatría en Estados Unidos son nacidos en el extranjero. "Hay tantos residentes psiquiátricos internacionales que los verdaderos encuentros transculturales ocurrirán entre médicos extranjeros y americanos blancos", dijo Lewis-Fernández. "Los doctores filipinos e indios recibirán a gente promedio de Ohio, para decirles: ‘No le entendemos'".
Los malentendidos no se limitan a cuestiones de etnicidad. Las diferencias entre doctores y pacientes en lenguaje, clase social o creencias religiosas pueden también ser escollos, advierte. Janice Egeland, una profesional de la conducta que ha trabajado durante casi tres décadas con los cuáqueros, dice que se dio cuenta de que estaba pasando algo muy malo cuando un hombre cuáquero fue a la casa de un amigo a mirar béisbol en televisión. En el contexto de la cultura cuáquera, que rehuye los lujos materiales y la tecnología moderna, esta conducta aparentemente normal alertó a Egeland de que había un problema que había sido pasado por alto por los médicos clínicoscon menos experiencia. Pronto descubrió que el hombre no se había limitado a mirar el partido.
"Estaba saltando por todos lados, pretendiendo que corría de base en base", dijo. Después de una exhaustivo análisis, se dio cuenta de que estaba sufriendo de depresión maníaca, un trastorno caracterizado por estallidos alternados de euforia y depresión.
En Illinois, un camionero fue diagnosticado como psicótico después de que dijera que veía frecuentemente al diablo sentado junto a él, advirtiéndole que su vida iba a cambiar para peor. Luego un doctor adiestrado para prestar atención a problemas culturales se dio cuenta de que el hombre era un cristiano evangélico cuyas alegóricas expresiones religiosas habían sido mal interpretadas como alucinaciones por médicos laicos, dijo Gary Myers, un doctor de la Universidad de Illinois del Sur, en Springfield.
Los psiquiatras convencionales dicen que esos ejemplos son interesantes, pero insisten en que el terreno se concentre en la biología y la química cerebral. Ese es el único modo de integrar la psiquiatría con el resto de la medicina y producir tratamientos objetivamente verificables, dijo Regier, de la Asociación Americana de Psiquiatría.
"Si tuvieras que elegir entre un modelo occidental de diagnosis y tratamiento y, digamos, un modelo de tratamiento ayurvédico, ¿cuál elegirías?", preguntó, refiriéndose a un sistema tradicional de curación en India. "Se trate de la terapia del SIDA, que los sudafricanos resisten, o medicinas psicotrópicas, hay algo definitivamente superior en el modelo médico de tratamiento de las enfermedades de la mente".

Un Vocabulario Común
Durante gran parte del siglo 20 sobre la psiquiatría planeó la larga sombra de Sigmund Freud. Tal como los doctores hablan hoy de serotonina y de estructuras cerebrales tales como la amígdala, los doctores de mediados de siglo examinaban a los pacientes a través de las lentes de conceptos freudianos tales como transferencia y represión. Sin definiciones comunes de los síntomas que encontraban, los psiquiatras a menudo disputaban sobre qué aquejaba a sus pacientes. Se decía en son de broma que si sometes a un paciente al examen de 10 psiquiatras, vas a recibir 10 diagnósticos diferentes.
En respuesta, Robert Spitzer, de la Universidad de Columbia, dirigió el intento de poner al día el manual de la psiquiatría americana sobre los desórdenes mentales en 1980 y nuevamente en 1987. Los expertos redactaron listas de síntomas específicos asociados a desórdenes mentales particulares -y dieron a la disciplina un léxico común. El ‘Manual de Diagnósticos y Estadístico de las Enfermedades Mentales', conocido comúnmente como el DSM, se transformó en la biblia del modelo médico de psiquiatría.
Sin embargo, como reconoció de buena gana en una entrevista reciente, las clasificaciones DSM no reposan en nuevos datos científicos.
"El DSM no es un documento científico", dijo Spitzer. "Es un puñado de gente inteligente que estudió la literatura y propuso un mejor modo de definir la enfermedad -muy pocas categorías tienen bases empíricas". A medida que los doctores luchaban con síntomas superpuestos, dijo, ediciones posteriores ampliaron enormemente la cantidad de trastornos: "No es un documento científico, pero ayuda a la ciencia".
Spitzer dijo que nunca había enfatizado las credenciales científicas del manual. Pero poderosos factores reforzaron su prominencia.
Se demostró que las medicinas ayudaban a pacientes con varios síntomas, proporcionando datos pertinentes que la mayoría de las terapias de conversación y las intervenciones sociales no podían producir con tanta facilidad. Los neurólogos mostraron que muchos desórdenes mentales tienen componentes genéticos.
Las compañías de seguros descubrieron que pagar las píldoras era más barato y más simple que pagar a terapeutas para tratar las causas interpersonales del dolor -especialmente porque los médicos generales podían escribir la mayoría de las prescripciones. Defensores de los pacientes se dieron cuenta de que al definir la enfermedad mental como una enfermedad del cerebro, se reducía el estigma asociado a la depresión y a la psicosis -difícilmente se puede acusar a un paciente de tener una enfermedad orgánica.
Entonces apareció el Prozac. Introducido en 1988 y respaldado por una agresiva campaña publicitaria, el medicamento proporcionó alivió a millones de pacientes y popularizó la idea de que la depresión era fundamentalmente un imbalance en la química del cerebro. Al poco tiempo, Prozac y otros medicamentos psiquiátricos empezaron a generar billones de dólares. Millones de dólares retornaron bajo la forma de anuncios en televisión, dirigiéndose a médicos y otorgando subvenciones a organizaciones que apoyaran el tratamiento.
"La industria farmacéutica no creó la noción de una revolución biológica en la psiquiatría americana, pero sí la secuestró", dice Lawrence Diller, pediatra en Walnut Creek, California, y autor de ‘Running on Ritalin'.
Mientras defiende el surgimiento de la psiquiatría biológica, Spitzer dijo que su disciplina había tratado de incorporar los matices culturales. Las versiones más recientes del manual de diagnósticos incluye referencias al papel de la cultura, observó. Uno de los capítulos describe las condiciones que afectan a sólo pequeños grupos, tales como el "ataque de nervios", la condición misma -limitada a los latinos, especialmente del Caribe- que afligía a la mujer que Lewis-Fernández trató en Cambridge.
Pero mientras el capítulo sobre formulaciones culturales tenía partidarios, Spitzer dijo que carecía de apoyo científico: "Insistieron en que estas cosas son ignoradas, así que ahí está, pero dudo que sea usado demasiado. No creo que la gente que lo ha desarrollado haya hecho algún estudio para mostrar su valor. Esa es la diferencia entre los críticos del DSM y nosotros".
Regier, de la asociación de psiquiatría, dijo que algunos defensores de la competencia cultural merecen crédito por tratar de vincular el conocimiento cultural con los estudios epidemiológicos, pero otros no son científicos.
"Tienes gente del área cultural que no saben cómo hacer estadísticas y te dicen que sólo estudian a individuos", dijo Regier. "Eso es lo mismo que el psicoanalista que dice: ‘No puedo verificarlo, pero sé que funciona' -no es una disciplina científica".

Difícilmente Objetivo
Los partidarios del rol de la cultura en la psiquiatría dicen que mucho de la crítica es poco honrada -porque sugiere que el modelo médico mismo es objetivo y libre de prejuicios. Señalan que los doctores no pueden estudiar dos escáneres del cerebro y determinar cuál pertenece a una persona sana y cuál a un paciente con esquizofrenia, o depresión, o síndrome bipolar (maníaco-depresivo), para no decir nada de otros trastornos mencionados en el manual de diagnósticos.
"La psiquiatría es difícilmente objetiva", dice Oquendo, la psiquiatra de la Universidad de Columbia. "El instrumento de la psiquiatría es el doctor. Tú hablas con la gente que hace diagnósticos -¿cómo puedes decir que es objetivo? No tenemos un laboratorio para hacer un solo diagnóstico".
A pesar de sus limitaciones, los partidarios del modelo cultural dicen que las categorías del modelo de diagnósticos de Spitzer adquirieron la condición de evangelio. Los psiquiatras están demasiado concentrados en adaptar a los pacientes en las categorías de Spitzer, dice el psiquiatra Keh-Ming Lin, "en lugar de descubrir en el paciente de dónde vienen".
"Todo lo que no se ajuste, y todo lo que no conduzca a medicaciones, es ignorado", dice Lin.
Sin embargo, los partidarios de la cultura han hecho algunos avances. En 1999, un informe de un cirujano general de Estados Unidos concluyó que los efectos de la cultura en la salud mental "han sido históricamente subestimados -y sin embargo existen".
Picadas por los defensores del enfoque cultural, las organizaciones profesionales han agregado discusiones sobre el rol de la cultura en sus congresos, y grupos de acreditación proponen que los jóvenes doctores estudien cómo la etnicidad y la cultura afectan las enfermedades y su tratamiento.
Las compañías de seguros también han mostrado interés, dice Arthur Kleinman, un psiquiatra y antropólogo de Harvard. Algunos planes de salud, por ejemplo, han alentado a los inmigrantes a buscar doctores que hablan sus lenguas maternas. Kleinman y otros saludan esos desarrollos, pero también se preocupan de que a veces lo que hacen es fingir: las exigencias de eficiencia de los planes de salud, por ejemplo, incluyen limitadas interacciones entre doctores y pacientes. Discutir temas culturales con un paciente podría agregar 5 minutos a la consulta, dice Kleinman, y "eso es 5 minutos más en una entrevista que dura normalmente cinco minutos".
Llevados por factores sociales, económicos y tecnológicos, el método reduccionista médico es cada vez más la norma en todo el mundo. Médicos clínicos en países distantes están afrontando las clasificaciones de Spitzer de la misma manera que en el pasado las teorías de Freud viajaron de los consultorios de Viena a Nueva York y Washington.
"Lo que está pasando con la terapia neurobiológica es lo mismo que pasó con el psicoanálisis en los años cincuenta", dice Renato Alarcón, psiquiatra de la Clínica Mayo, refiriéndose a los que creyeron en el pasado que la terapia freudiana tenía todas las respuestas.
"Cuando la ciencia se transforma en religión, se transforma en cientificismo", dijo. "Entre los científicos hay fundamentalistas".

3 de julio de 2005
26 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh

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