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[Jennifer Senior] La vida de una mujer que vende artefactos sexuales en el Cinturón Bíblico de Estados Unidos.
Desde que recibiera un coche como recompensa de su empleador, Passion Parties, Linda Brewer ha estado recorriendo el sur en un Cadillac Escalade plateado con una matrícula que dice: "Funlady". En la carretera, los hombres a menudo la miran y le tocan el claxon al pasar sólo para darse cuenta, con apagada sorpresa, que al volante hay una mujer de casi 60 años. "He, muchacha", me gritó la primera vez que nos reunimos, sonriendo y llamándome desde la ventanilla de su coche. "Súbete".
Passion Parties es una organización de ventas directas con sede en Brisbane, California, que se especializa en artefactos sexuales y en los últimos siete años consecutivos, Brewer, que abandonó la escuela secundaria y vive en un árido condado en el corazón del Cinturón Bíblico [Bible Belt] ha sido la mejor vendedora de un equipo de venta de 5.000 personas. Más o menos cuatro veces a la semana visita las casas de amigos y desconocidos, el Escalade relleno hasta el techo de lociones digeribles, manuales eróticos, juegos de ordenador eróticos, ropa interior erótica y, sobre todo, "herramientas potentes": vibradores con diez velocidades y vibradores con una velocidad; vibradores que se mueven como hula-hoop y vibradores que brillan; vibradores que funcionan en el agua y vibradores a control remoto -en una palabra, vibradores que hacen de todo, excepto separar la ropa seca y rellenar el formulario de impuestos. El año pasado, recorrió 8.000 kilómetros y vendió casi 140.000 dólares en mercaderías.
"Debería haber gente más joven esta noche", dijo Brewer, mirando las señalizaciones de la carretera. Habla con tranquilidad y su acento es puro Arkansas, una balada de cariños y de ges ausentes. "Tienen una actitud mucho más abierta. Están dispuestos a aprender. No quieren perderse un orgasmo".
Treinta minutos más tarde, subió por la entrada de coches de su anfitriona esa noche, una mujer llamada Julia que vive a unos 15 kilómetros al noroeste de Little Rock, en Maumella, un barrio residencial. Julia, que pidió que no se mencionara su apellido, saludó cariñosamente a Brewer y la llevó a través del garaje hacia un espacioso salón de estar, donde unas 20 mujeres se arremolinaban, bebiendo vino y untando galletas de agua en queso fundido y patatas fritas en bandejas de Tex-Mex. Eran casi todas casadas y lo han estado desde que tenían 20; la mayoría tenía hijos; y la mayoría iba a la iglesia los domingos, aunque no era ese el motivo de la reunión. Se reunían a jugar bunco, un juego de dados, una vez al mes.
Brewer empieza siempre sus presentaciones con la parte más inocua de su inventario, como cremas comestibles, antes de pasar a los artículos más formidables de sus mercaderías. Como no parece peligrosa y no tiene miedo a nada -pasa en un minuto de hablar de las compras, a describir los vibradores que "pueden aguantar cualquier cosa"-, la velada se transformó pronto en una pintoresca sesión de demostración y explicación en medio de un estridente caos, que culminó con una pila de despojos electrónicos en el piso del salón. Pero en algún momento, entre la pregunta de una mujer sobre los usos alternativos de la crema de cervical estrechante (¿podría ayudar para las mandíbulas colgantes?) y una osada demostración de Brewer con una funda de silicona rosada y un pene, se produjo un instante de candor que resonó profundamente entre las mujeres. Fue entonces que Brewer mostró un pequeño frasco de Pure Satisfaction, el artículo que más vende. "Esencialmente, señoras", declaró, "esto te saca ganas cuando no tienes ganas. Produce ese picor que no te puedes rascar". Invitó a unas voluntarias a retirarse al baño y aplicar el producto en sus genitales. Una de ellas, un guapa rubia de 31 y madre de dos niños, volvió pronto, con la cara colorada. Se sentó.
"Cariño, ¿quieres ponerte de pie y contarnos cómo te sientes?", preguntó Brewer.
"Bueno, prefiero que no", dijo, riendo tontamente. "Pero quiero comprar un frasco". Miró la lista de precios frente a ella. Era algo caro -39 dólares con 50 centavos por un frasquito de 70 gramos. "Te diré algo", decidió. "Hace casi 11 años que estoy casada, así que a esta altura cualquier cosa ayuda". Volvió a mirar la lista de precios y asintió. "Voy a comprar todo lo que pueda con la mesada del Día de la Madre".
En noviembre pasado Passion Parties salió más bien inesperadamente a superficie en las noticias cuando uno de sus representantes, Joanne Webb, fue detenida por vender dos vibradores a agentes encubiertos en Burleson, Tejas. La razón, ostensiblemente, era que había violado una arcana ley del estado que prohíbe la venta de cualquier artefacto para estimular los genitales. Pero la verdadera razón, se descubriría pronto, tenía que ver con Webb ella misma, que había puesto a un pequeño pueblo de cabeza con sus minifaldas, carácter coqueto y una desvergonzada sexualidad. Una desenfadada abogada llamada BeAnn Sisemore acudió en su defensa; al día de hoy todavía no se fija una fecha para el juicio.
El episodio de Webb tuvo un montón de cobertura en la prensa -especialmente en el extranjero, como una de esas divertidas parábolas sobre la hipocresía y contradicciones estadounidenses, en las que los valores del evangelismo y el canal Playboy están en guerra. Pero la verdad es que Passion Parties es una de las compañías de parafernalia sexual más domada y pro-familia del país. La compañía hace buenos negocios en el Cinturón Bíblico -el año pasado, Mississippi, Arkansas y Tennessee ocuparon respectivamente los puestos tercero, cuarto y noveno de las ventas- precisamente debido a que se ha perfilado como una organización dedicada a fortalecer las relaciones, antes que a expandir la gaveta del placer de las chicas solas. Su página de inicio es una agradable presentación de diapositivas de jóvenes parejas heterosexuales; el lema de la compañía, garabateada en muchos productos, es "Donde Es San Valentín todos los días". El video de adiestramiento de Passion Parties, enviado a todos los representantes, empieza con una recomendación de una comisión de terapeutas de familia y sexuales certificados, un asesor familiar e infantil, y antes de que comience el segmento de la demostración, uno de los directores de la compañía, una mujer vestida con un traje de índigo brillante, declara: "Ahora, señoras, si habéis venido buscando alguna vulgaridad o pornografía, os vais a desengañar. No tengo nada de eso. Pero si habéis venido a pasar una tarde divertida, y a oír algunos consejos para mantener la excitación de vuestras relaciones, y a ver los elementos que lo hacen posible, entonces estáis en el lugar indicado".
De este modo, Brewer, una bautista que tuvo su primera hija a los 18, es más o menos típica del segmento sureño y rural del equipo de vendedores de Passion Parties. Aunque ciertamente ha tenido su cuota razonable de reuniones de lesbianas y solteras, el texto normal de sus presentaciones tiende a ser el desafío del matrimonio y de la vida en familia. Bromea sobre cómo el hecho de que un hombre friegue los platos sucios puede ser una forma de juego previo; reconoce que el sexo, a veces, puede sentirse como un trabajo. Una parte de su presentación que invariablemente causa risa es su consejo sobre cuándo decirle a tu marido que se te ha acabado el crédito de la tarjeta (implica distraerlo con una pluma y un artículo llamado Fireworks), y su segundo artículo de mejores ventas, esa funda de silicona rosada (conocida como Gigi), que no es un juguete para mujeres sino para que las mujeres lo usen con los hombres. Hay también una miríada de referencias a los niños: cuando presenta la crema estimulante de la compañía, advierte a las mujeres guardarlo en lugares a los que los niños no puedan llegar, y cuando pregona las virtudes del anestésico corriente de la empresa -que se usa para retrasar la eyaculación- también observa lo bueno que es para aliviar las encías de los niños que están echando dientes.
Antes de que Patricia Davis, la actual presidente de la compañía, se hiciera cargo hace tres años y medio, la imagen de Passion Parties era algo más osada. Sus productos eran llamados más explícitamente, y la compañía se llamaba Coming Attractions, un subentendido que Davis encontró grosero. "No creía que fuera un buen nombre para nosotros", dijo, la primera vez que hablamos. "No era de lo que se trataba. Yo quería que las mujeres supieran que estábamos realmente interesados en las relaciones".
Para cualquiera que ha estado en una parada de camiones o ha visto el famoso episodio del vibrador de ‘Sexo en Nueva York', "puede parece contra-intuitivo que los artefactos sexuales sean vendidos como ayudas para mantener las relaciones en algunas partes del país. En gran parte de las áreas urbanas, y ciertamente en la imaginación popular, los aparatos sexuales son asociados sea con la pornografía (que, aunque es indudablemente una ayuda marital, es rara vez vendida así) o la auto-determinación femenina en la cama. Muchas de las mejor conocidas empresas de artículos sexuales del país -como Eve's Garden o Good Vibrations- fueron empezadas por mujeres en los años setenta, cuando el movimiento feminista estaba en su apogeo. "Cuando promovemos nuestros productos tenemos que recordar a nuestro personal que mencionen el potencial de refuerzo de la pareja de nuestros artefactos", dijo Anne Semans, directora de mercadeo de Toys in Babeland, otra bien conocida tienda manejada por mujeres, "porques nuestra base de clientes está tan acostumbrada a usar los artefactos consigo mismos".
Pero como observa Rachel P. Maines en su meticuloso estudio ‘Technology of Orgasm: ‘Hysteria', the Vibrator and Women's Sexual Satisfation'[Tecnología del Orgasmo: la ‘Histeria', el Vibrador y la Satisfacción Sexual de las Mujeres], los artefactos sexuales han tenido una interesante historia en Estados Unidos, llegando a menudo al mercado bajo disfraces inusuales. A fines del siglo 19, los médicos usaban vibradores alimentados a pedal, vapor y (finalmente) electricidad para tratar a las clientes de histeria y otros desórdenes nerviosos. Sears y otros catálogos de pedidos a distancia vendieron docenas de tipos bajo el título de ‘Aparatos para el hogar'; los anuncios reclamaban que aumentaban la "salud, el vigor y la belleza". En los años sesenta y setenta, dice Maines, algunas de las mismas mujeres que vendían maquillaje y artefactos de cocina de casa en casa a veces llevaban también aparatos sexuales y ropa interior erótica -no en nombre de la salud, sino del matrimonio-, con la esperanza de salpimentar los botiquines así como las despensas de la cocina de las clientes casadas.

En alguna medida, Passion Parties continúa esta particular tradición comercial. Las ventas en conferencias ha sido durante largo tiempo popular en el sur, y Brewer recitar rápidamente toneladas de compañías con representantes locales ("Tahitian Noni Juice, Tupperware, Pampered Chef, Mary Kay, Avon, Southern Living at Home, PartyLite, Herbalife..."); Amway, el ejemplo más obvio, no está en su lista de los primeros diez. De acuerdo a la Asociación de Ventas Directas, el sur domina el mercado de las ventas directas con un 36 por ciento, en comparación con la segunda región más grande, el oeste, con 26. El principal competidor de Passion Parties, Pure Romance, también hace buenos negocios en el sur.
"Hay una verdadera afinidad entre la organización de la vida en los barrios residenciales en el sur y las ventas directas", dijo Nicole Woolsey Biggart, autor de ‘Charismatic Capitalism: Direct Selling Organizations in America' [Capitalismo Carismático: Organizaciones de Ventas Directas en Estados Unidos] y decano de la escuela de gestión de la Universidad de California en Davis. "Se basa en que la gente se reúne -hay confusión entre el trabajo y la casa, la iglesia y el trabajo. La vida es más holística". Biggart también observó que las ventas directas, debido a que ocurren en casa, es una manera poco amenazante de ganar dinero extra, una idea que puede prender en las zonas más tradicionales del país. "Las divisiones de género", dijo Biggart, "están en gran parte intactas".
Puede ser. Pero a su manera, Passion Parties y sus rivales se derivaron también del movimiento feminista. Han proporcionado a mujeres sin diplomas universitarios independencia económica -Brewer tiene un ingreso de seis cifras- y proporcionan una continuada educación sexual a mujeres que han crecido en ambientes agobiantes (o, en realidad, en la generación equivocada) para que sepan más sobre sus cuerpos. Como explicó Davis, que nació en Memphis y creció en Arkansas: "Muchas de estas mujeres no tienen dónde ir para aprender". Tampoco, agregó, conocen muchas clientes rurales lugares donde comprar estos productos. "Se encuentran al fondo de los supermercados en las paradas de buses", suspiró. "¿Le preguntarías a un tipo grande y robusto en el fondo de una parada de buses donde está su punto G?"

En la segunda tarde que pasamos juntas, en su confortable y ancha casa-caravana en Alexander, de 600 habitantes, se me ocurrió que nunca oí a Brewer usar la palabra ‘masturbar' cuando describía sus mercaderías. Le pregunté por qué. La anfitriona, una desenfadada y atractiva castaña llamada Tuttie Criswell, saltó con una explicación antes de que Brewer pudiera responder. "Linda no diría nunca eso", dijo. "Es muy profesional".
A pesar de su obvio valor, Brewer todavía acarrea las incomodidades residuales y tabúes de una cierta generación, y esta identificación con el embarazo de sus clientes puede explicar en parte lo que la hace tan efectiva -eso, por supuesto, y el hecho de que es imposible no encontrarla simpática. Brewer dice que no se siente incómoda con conversaciones obscenas, y no tiene problema para refregar la loción humectante en el trasero de una mujer de 47 con una camiseta sin mangas para mostrarle que el producto hace destacar su tatuaje. (De hecho, hizo lo mismo al día siguiente). Pero Brewer también tiene dotes de actriz: respetuosa, ansiosa de agradar, incluso algo tímida cuando termina la presentación. No hace presentaciones para parejas. ("No me gustaba hablar delante de tíos", explicó. "Es bastante difícil decir ‘vagina' delante de ti"). Prefiere no usar la palabra ‘clítoris', y usa un eufemismo: "El hombrecito del bote". Y ha visto sólo un episodio de ‘Sexo en Nueva York', que la excitó y escandalizó terriblemente al mismo tiempo.
"Era el episodio en que Samantha tiene canas en su... púbic...", tartamudeó más tarde esa noche cuando, en el Cracker Barrel de la localidad, trató de contármelo. "Y ella estaba tratando de teñírselo, y terminó llena de ampollas. Era ridículo, pero hablar sobre las partes privadas de tu cuerpo en televisión... ¡No podía creerlo!"
Se acercó la camarera. Brewer le pasó su tarjeta de visita: "Passion Parties, de Linda".
"¿Qué es esto?"
"Vendemos cosas divertidas", dijo Brewer. "Lociones comestibles y aceites".
La camarera sonrió. "Hoy en día, sabes, no necesitamos hombres".
"Sí, claro que sí", dijo Brewer. "Para que saquen la bolsa de la basura".

Brewer nació, creció y todavía viven en Sheridan, Arkansas, con 3.800 habitantes, un pueblo con más de 20 iglesias, de las cuales al menos 12 son bautistas, una de ellas a pocos metros de su casa. El precio medio de una casa es más bajo en Sheridan que el promedio del estado, y parece que hay más gasolineras que lugares donde comer, según me dijo Brewer la primera vez que nos vimos. "Lo que puedo decir sobre Sheridan", dijo, "es que en Sheridan no hay nada".
Brewer se escapó con su novio de la secundaria pocos días antes de cumplir los 16, nunca volvió a la escuela y a los 25 tenía tres hijas. A los 40, después de casi 25 años de matrimonio, se divorció de su marido, un ingeniero de los Ferrocarriles Missouri-Pacific. (Él murió poco después). "Creo que en 25 años tuve dos orgasmos", dijo. "No sabía. ¿Dónde te dan esas informaciones en un lugar como Sheridan, Arkansas? No en la televisión. No había HBO. No había nada. Durante mi matrimonio, lo más grande que pasó fue la Guerra de Vietnam -estaban allá matando niños, y nosotras estábamos aquí tratando de criar a nuestros hijos. Y, sabes, eso era más o menos todo. Yo dormía en el sofá. No teníamos sexo. Yo me paseaba por el salón, pensando en cómo hacerlo, y terminaba llorando".
Un año después de su divorcio, en un diminuto bar a unos 40 kilómetros de su casa, conoció a Ernest Brewer, que cava pozos de agua para el Cuerpo de Ingenieros del Ejército norteamericano. Por primera vez en su vida entendió lo que significaba una experiencia sexual satisfactoria. Ese mismo año, con dos de sus hijas, asistió a una reunión auspiciada por representantes locales de Fun Parties, un antecesor de Passion Parties, y compró 180 dólares en artículos. La coincidencia de esos dos sucesos se transformó en un poderoso despertar sexual y provocó, como dice ella, "una misión". Le pidió dinero prestado a uno de sus yernos para comprar un maletín de artículos para empezar a vender, de unos 1.600 dólares, determinada a vender esos productos ella misma.
En esos días, Fun Parties apenas si adiestraba a su equipo de ventas. Así que Brewer leyó, consultó con otras vendedoras y escuchó a sus clientes. Decidió que, en realidad, el punto era simplemente poner a hablar a las mujeres. Arkansas tiene la segunda tasa de divorcio del país. Y en las escuelas públicas, la educación sexual se basa en la abstinencia. "La educación sexual aquí es mito, desinformación o no información sobre nada", dijo la doctora Joycelyn Elders, una antigua cirujana general que fue obligada a renunciar del gobierno de Clinton después de hablar en público sobre la masturbación. "No es una sorpresa que en Arkansas tengamos una de las tasas más altas de embarazos adolescentes del país -y Estados Unidos tiene la tasa de embarazo adolescente más alta del mundo industrializado". (Los estados que luchan por el primer lugar son Mississippi y Tejas).
"No sabes cuántas veces voy a hacer presentaciones", contó Brewer, "y las mujeres me dicen: ‘Linda, dinos algo sobre nuestros cuerpos. Queremos saber'".
Por supuesto, no todas las clientes de Linda están ansiosas por la educación. Esa primera tarde en Maumelle, las mujeres eran profesionales jóvenes, universitarias; para la mayoría de ellas era su día de salida. Y en nuestra tercera tarde juntas, Brewer hizo una presentación en la nueva casa de Wendy Emerson, una agente de propiedad inmobiliaria de 33 años que estaba furiosa, simplemente furiosa, de que su antigua casa había sido robada y que entre las cosas robadas también se encontraba su escondite de artefactos sexuales. "Se llevaron las cosas de mi congelador, un rifle, la ropa que había comprado y que todavía estaba en la bolsa, mis joyas", decía asombrada mientras colocaba galletitas en torno a otro fondo de queso fundido. "Pero ¿por qué mis artefactos?"
Sin embargo, es frecuente, dijo Brewer, que tenga que explicar las cosas más elementales. "Muchas mujeres llegan a las presentaciones pensando que las mujeres nacen sabiendo cómo se obtiene un orgasmo", dijo. "Pero tienes que aprenderlo. Tengo vibradores con los que puedes aprender cómo tener los tres tipos de orgasmos: de los músculos pélvicos, del clítoris y del punto G. Yo lo llamo ‘tocar las nubes con los dedos'. Pero tu pareja tiene que trabajar contigo y llegar a tus puntos sensibles, sabes. Y eso es lo que yo hago. Abrir líneas de comunicación. Lograr que hablen".
Hizo una pausa. "Por supuesto, también les cuento a mis clientes que hay un cuarto tipo de orgasmo. El simulado".
Criswell, para citar un ejemplo, agradece a Brewer una buena parte de su educación sexual. Se casó muy joven; al menos tres mujeres en su reunión tuvieron sus hijos cuando eran adolescentes. "No sabía lo que era el clí... No sabía lo que era el hombrecito del bote", dijo. "Me lo enseñó Linda".
¿No habló Criswell con su madre sobre esto cuando estaba creciendo?
"Me educaron como evangélica. Mi madre no hablaba de nada".
¿Y las amigas?
"Mis amigas hablaban, pero el asunto es que nadie te da detalles".
Cuando salimos de casa de Criswell esa noche, Brewer lanzó un suspiro de nostalgia. "Hay veces en que pienso que me habría gustado volver a la escuela", dijo. "Oigo hablar a la gente con tanta facilidad, con tantas palabras bonitas, y me siento inadecuada". Arrancó. "Pero lo más importante", dijo, "es que yo apostaría que sé tanto como el tío que fue a la universidad hace siete u ocho años. Quiero decir, sobre las mujeres y su sensualidad. No manejo el enorme vocabulario que manejan ellos, pero yo sé, en el fondo de mi corazón, que tengo el mismo conocimiento".

En nuestro tercer día juntas, Brewer me llevó a almorzar al Brew Heaven, un café en el centro de Sheridan, con su amiga Helen Bounds. De pelo rizado y con mejillas de manzana, Bounds es la propietaria local y gerente de Curves, una cadena de salones de fitness, y socia fundadora del Red Hat Club, un grupo en el que las mujeres, en palabras de Brewer, llevan "sombreros espantosos, audaces y estrafalarios".
"¿Crees realmente que alguien te ha evitado alguna vez?", le preguntó a Brewer, las dos metiéndose un bocadillo en la boca.
Brewer asintió y nombró a una mujer de la ciudad.
"Ah". Bounds hizo una pausa, luego movió la mano con un gesto de desdén. "Ella es así". Brewer asintió. "Bueno, conozco a otra que arisca la nariz por lo que hago". Bounds frunció el entrecejo, luego asintió en señal de reconocimiento. "Por supuesto", agregó Brewer, "no tiene problemas en venir a mi casa y elegir artículos para su patrón".
Las dos mujeres estallaron en carcajadas.

Sugerir que vender artefactos sexuales en el Cinturón Bíblico es una receta para adquirir instantáneamente reputación de paria sería exagerar mucho. En todas las comunidades, no importa lo pequeñas que sean, y durante al menos los últimos 30 años, los evangélicos han exaltado las virtudes de un fuerte vínculo emocional, al menos en el matrimonio. En 1976, Tim LaHaye, autor de la serie Left Behind, publicó con su esposa Beverly, ‘The Act of Marriage: The Beauty of Sexual Love' [El Acto de Casarse: La Belleza del Amor Sexual], y desde entonces ha vendido 2.5 millones de copias; ‘Intended for Pleasure' [Hecho Para el Placer], de Ed y Gaye Wheat, causó impacto cuando salió en 1977. (El título me recuerda algo que me dijo Davis, presidente de Passion Parties: "No sé por qué la gente se incomoda con el sexo, cuando Dios lo puso aquí para que lo disfrutáramos"). Quizás el libro de este género más memorable fue ‘Total Woman' [Mujer Total], el hito de 1973 de Marabel Morgan, que se hizo famosa por recomendar que las mujeres saludaran a sus maridos en la puerta de casa en un corsete ceñido.
Brewer no oculta su profesión en Sheridan. Un letrero de papel en la puerta de su casa dice: "Lencería Selecta con un 40 por ciento de Descuento", con marcada tinta roja. Adentro toda la parte anterior del salón la ha convertido en una avanzada de la diversión erótica. Dos estanterías llenas de lociones comestibles y lubricantes cubren las paredes -Lickety Lube, Fireworks, Cremesicle- y nueve cómodas con gavetas de plástico, surtidas de mercaderías de van desde esponjas vibrantes para el baño hasta ropa interior comestible, se exhiben a lo largo del perímetro de la habitación.
Sin embargo, nada de esto significa que Brewer se sienta enteramente confortable con vender orbitadores pulsantes y vibradores de punto G en su pueblo natal. Sheridan es un lugar que hace recordar a una América que está desapareciendo de muchas maneras; en la plaza del pueblo todavía se pueden ver tiendas como Scooter's General Mercantile ("La Mejor Tienda del Pueblo") y Olga's Fabric and Fashion ("Donde Se Venden Productos de Costura Singer"). Brewer pasó 20 años entrenando al equipo de softball de aquí y ocho años en una tienda de atletismo. Su padre, un leñador, era propietario de una de las gasolineras, y su madre todavía vive en una casa con paneles de madera justo detrás de ella. Pero hasta hace dos meses, la madre de Brewer pensaba que su hija sólo vendía los productos que eran claramente visibles en su oficina -lociones y lencería. Y Brewer, que alguna vez tuvo los mejores puntos de asistencia al catecismo, que a menudo invoca a Dios en las conversaciones y cuyo marido se convirtió a la fe evangélica hace una década, no ha puesto un pie en la iglesia desde que empezó a vender artefactos sexuales. De hecho, el día que bautizaron a Ernest, ella estuvo en una presentación en Hot Springs.
"No necesito ir a la iglesia todos los domingos para saber quién es mi poder superior", dijo Brewer. "Si voy ahora..." Buscó las palabras. "En esos lugares la gente no me quiere hablar, no aprueban lo que hago, se sienten obligados a hablarme".
¿Está segura? ¿Le han dicho algo directamente? "No es lo que dicen", dijo, dudando. "Es lo que no dicen. O quizás su conducta. Sabes. A veces voy al partido de baloncesto, voy con mi nieta, y creo que la gente me señala. Así que trato de no llamar la atención. No me acerco a lugares donde pueda surgir una situación en que tenga que pensar en lo que la gente piensa de mí".
Brewer se siente algo incómoda entre sus conocidas, pero también tiene conversos en el pueblo. Un predicador le enviaba a parejas con problemas para que les diera asesoría y artículos; una de las amigas de Brewer, Missy Kellebrew, cree que casi la mitad de las mujeres en su grupo de lectura de la Biblia han asistido a una presentación de Passion Parties. Brewer ve a un montón de maestros, peluqueras y enfermeras de su área. Y en los últimos tres años ha organizado las ventas del Día de los Enamorados directamente en su casa, haciendo publicidad boca-a-boca, por correo electrónico y colocando anuncios en el Sheridan Weekly, el semanario de la localidad. Durante una temporada de buen tiempo, ganó 22.000 dólares en un período de diez días. Las mujeres llegaron de lugares tan lejanos como Searcy y Lake Village, a más de horas de camino.
"Una noche hice una presentación en Magnolia", dijo Brewer. "Y Magnolia está a dos o dos horas y media de camino. Llegué allá y ¡entraron dos personas de Sheridan! Y yo les dije: ‘¿Qué hacéis aquí?' Y ellos me dijeron: ‘Bueno, Linda, nunca imaginamos que ibas a estar aquí'". Sacudió la cabeza. "¡Habían venido tan lejos para evitarme!"
Había una moraleja en esa historia, dijo. "Una de las chicas me llamó más tarde y organizamos una o dos presentaciones", dijo. "Si logro que vengan una vez, y se den cuenta de que no es lo que les han contado..."
El trabajo también ha tenido consecuencias incalculables para Brewer. Quince años de publicitar vibradores le han dado confianza en sí misma y tranquilidad y se ha transformado en la actriz que probablemente no habría sido. Y antes de su presentación de ventas directas. Brewer había estado sólo tres veces fuera del estado: una vez en Oklahoma y dos en Tejas. Desde entonces ha estado desde San Francisco a Las Vegas, y Australia y el Caribe y México. Aunque su verdadera meta es Chicago. "Quiero ver a Oprah", dijo. "Quiero verla y tocarla y decirle lo mucho que ha hecho con su programa sobre la epidemia silenciosa por las mujeres de Estados Unidos" -que reveló que 43 por ciento de las mujeres estadounidenses sufrían de algún tipo de disfunción sexual, incluyendo la dificultad de tener un orgasmo.
Después del almuerzo volvimos a casa de Brewer, que está al final de una amplia y asoleada calle. Ernest, con una camiseta Cozumel y una gorra de béisbol que decía "El Mejor Abuelo del Mundo", nos recibió en la puerta de entrada con un loro verde en el hombro. "Aquí está mi pícara", tronó. Me mostró orgullosamente donde escondían las gavetas con los vibradores, metidos debajo de una puerta, para que los niños no pudieran encontrarlos, aunque los mayores sabían. "Tenemos un par de vibradores debajo de la cama", agregó. Brewer miró mortificada, y lo empujó. "¡A esta chica no la has visto nunca en tu vida!", lo regañó.
Él se encogió de hombros y le agarró las manos. "Toca el cielo con tus dedos, nena", le dijo. "Toca el cielo con tus dedos".

26 de julio de 2004
10 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
"

los criminales y el mal


[Benedict Carey] Psiquiatras y neurólogos estudian conductas que sólo se pueden entender si se utiliza el concepto del mal o de la presencia del demonio en sus almas.
Los asesinos depredadores a menudo hacen mucho más que cometer asesinatos. Algunos han engañado a sus víctimas llevándolas a cámaras hechas en casa para torturarlas prolongadamente. Otros tienen gustos exóticos: la vivisección, la humillación sexual, las quemaduras. Muchos realizan sus tenebrosos rituales por placer, entre otras cosas.
Entre ellos, unos científicos forenses han comenzado a pensar que esta gente no está solamente perturbada mentalmente sino son demoníacas. Demoníacas en tanto que su habitual y deliberada crueldad desafía toda explicación psicológica o intento de tratamiento.
La mayoría de los psiquiatras evita aplicadamente la palabra ‘mal', diciendo que su uso precipita un peligroso deslizamiento desde lo clínico hacia los juicios morales que podría colocar a gente en el pabellón de la muerte innecesariamente y enturbiar la comprensión de los criminales violentos.
Sin embargo, muchos examinadores forenses de carrera dicen que su trabajo los obliga a meditar sobre el concepto de mal, y algunos reconocen que no pueden encontrar otro término para algunos individuos estudiados por ellos.
En un intento de estandarizar qué hace de un crimen algo particularmente atroz, un grupo de la Universidad de Nueva York ha desarrollado lo que llama una escala de depravación, que mide el horror de un acto por la suma de sus detalles macabros.
Una prominente experto de la personalidad de la Universidad de Columbia ha publicado una jerarquía de 22 niveles de conducta maligna, derivada de biografías detalladas de más de 500 criminales violentos.
Ahora está escribiendo un libro en el que insta a sus colegas a no retroceder al pensar en términos del mal al estudiar a algunos criminales, incluso si la palabra Mal no pueda ser utilizada en un examen o diagnóstico oficial.
"Estamos hablando de gente que comete actos espeluznantes, que lo hacen repetidas veces, que saben lo que están haciendo, y que lo hacen en tiempos de paz" sin estar bajo ninguna amenaza para sí mismos, dijo el doctor Michael Stone, psiquiatra de Columbia, que ha estudiado varios cientos de asesinos en el Centro Psiquiátrico de Mid-Hudson, en Nueva Hampton, Nueva York, y otros en el Centro Psiquiátrico de Creedmoor, en Queens, donde tiene su consulta y enseña. "Sabemos por experiencia cómo son y cómo se comportan" y es hora, dijo, que "dar el nombre apropiado" a su conducta.
Líderes religiosos, partidarios de la teoría de la evolución e investigadores en psicología occidentales concuerdan en que casi todos los seres humanos tienen la capacidad de cometer actos brutales, incluso cuando no se encuentran directamente amenazados. En los famosos experimentos con electrochoque del doctor Stanley Milgram en los años sesenta, los participantes aplicaron lo que pensaban que eran dolorosas descargas eléctricas a otro ciudadano simplemente porque fueron alentados a hacerlo por una figura de autoridad como parte de un experimento en aprendizaje.
En el mundo real, las macabras imágenes que nos llegan de Iraq -las decapitaciones a manos de rebeldes iraquíes y las torturas de Abu Ghraib, incluyendo a guardias pavoneándose- muestran lo lejos que pueden ir los individuos cuando creen que tienen una justificación.
En los campos de prisioneros de los nazis, como durante las purgas en Kosovo y Camboya, los historiadores descubrieron que oficinistas, maestros, burócratas y otros ciudadanos normalmente pacíficos cometieron algunos de los más espantosos actos de violencia, aparentemente arrastrados por esa suerte de demencia colectiva que la filósofa Hannah Arendt describió como la trivialidad del mal.
"El mal es endémico, es constante, es un potencial en todos nosotros. Casi todos han cometido actos malvados", dijo el doctor Robert I. Simon, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de Georgetown y autor de ‘Bad Men Do What Good Men Dream'.
Simon considera que el concepto del mal no tiene asunto en la psiquiatría forense, en parte porque el mal se encuentra en última instancia en los ojos de quien mira, modelado por valores políticos, culturales y religiosos. Los terroristas del 11 de septiembre pensaban que servían a Dios, sostiene; los que matan en clínicas de aborto también dicen lo mismo. Por otro lado, la mayoría de la gente está de acuerdo en que los criminales más transcendentes de la historia son Hitler y Pol Pot.
"Cuando empiezas a hablar sobre el mal, los psiquiatras saben lo mismo que el resto del mundo", dijo Simon. "Nuestras opiniones pueden tener más peso bajo la pátina o la autoridad de la profesión, pero el punto es que tú o yo podemos decir que alguien es malo. Pero ¿qué sacamos con eso?"
Stone sostiene que una de las ventajas posibles de incluir una consideración del mal puede proporcionar una evaluación más clara sobre quiénes deberían ser retirados de la sociedad para no permitírseles que vuelvan a ella. Dijo que no era partidario de la pena de muerte. Y su interés en el mal comenzó mucho antes de que el presidente Bush empezara a utilizar la palabra para describir a los terroristas o a regímenes hostiles.
La jerarquía del mal de Stone está llena de los nombres de muchos criminales infames que fueron ejecutados o encerrados de por vida: Theodore R. Bundy, el antiguo estudiante de leyes condenado por el asesinato de dos jóvenes mujeres en Florida y relacionado con decenas de otros asesinatos en los años setenta; John Wayne Gacy, de Illinois, el asesino convicto que estranguló a las más de 30 niños y los enterró debajo de su casa; y Ian Brady, que, con su novia Myra Hindley, torturó y mató a niños en Inglaterra en los años sesenta en un caso conocido como los ‘Moors Murders' [asesinatos en el pantano].
Pero otro asesino en la jerarquía es Albert Fentress, un antiguo maestro de Poughkeepsie, Nueva York, examinado por Stone, que mató y comió a un adolescente en 1979. Fentress pidió ser dado de alta de un hospital mental del estado, y en 199 un jurado aceptó su liberación; más tarde retiró su petición cuando los fiscales anunciaron que un nuevo testigo declararía contra él.
En una audiencia de 2001, Stone se manifestó contrario a la libertad de Fentress, y la idea de que el asesino pudiera ser considerado listo para volver a la sociedad todavía provoca el asombro del psiquiatra.
Investigadores han descubierto que es más probable que alguna gente que comete crímenes violentos vuelva nuevamente a matar o a mutilar, y un modo de medir ese potencial es mediante una examinación estructurada llamada la lista psicopática.
Como parte de una entrevista en profundidad, un examinador adiestrado califica al delincuente con un test de personalidad de 20 categorías. Incluyen facilidad de palabra y simpatía superficial, auto-estima hinchada, mentira patológica, inclinación al tedio y vacío emocional. Los sujetos obtienen cero puntos si la descripción no es aplicable, dos si es altamente aplicable y uno si es parte o a veces de la verdad.
El psicólogo que ideó la lista, el doctor Robert Gare, profesor emérito en la Universidad de British Columbia en Vancouverm dijo que el promedio total varía de menos 5 en la población en general a menos 20 en las poblaciones carcelarias, hasta 30 o 40 en asesinos depredadores altamente psicóticos. En una serie de estudios, los criminalistas han concluido que la gente con alto puntaje son dos a cuatro veces más propensas a cometer otro asesinato si se las deja en libertad. Más del 90 por ciento de los hombres y mujeres arriba en la lista de la jerarquía de Stone pueden ser calificados como psicópatas.
En los últimos años, neurólogos han encontrado evidencias de que los resultados psicopáticos reflejan diferencias físicas de las funciones cerebrales. En abril pasado, investigadores canadienses y estadounidenses informaron que en estudios de neurología [brain-imaging] los psicópatas procesaron algunas palabras abstractas -gracia, futuro, poder, por ejemplo- de manera diferente a no-psicópatas.
Además, hallazgos preliminares de nuevas investigaciones en neurología han revelado aparentes incongruencias en el modo en que los psicópatas procesan mentalmente algunas fotografías, como descripciones gráficas de escenas de accidentes, dijo el doctor Kent Kiehl, profesor de psiquiatría en Yale, un importante autor.
Nadie sabe lo importantes que son esas diferencias, o si son el resultado de factores genéticos o sociales. Familias rotas y traumas de infancia son comunes entre asesinos violentos; también lo es el narcicismo maligno, un tipo de personalidad caracterizado no sólo por la exageración sino además por fantasías de poder y éxito sin límites, un profundo sentido de justificación y la necesidad de admiración excesiva.
"Hay un grupo que llamo depredadores letales, que son psicópatas, sádicos, y cuerdos, y algunos dicen que este se acerca al concepto de mal, y por buenas razones", dijo Hare. "Yo diría que hay gente para la que los actos malvados -lo que consideraríamos actos crueles- no son gran cosa. Y estoy de acuerdo con Michael Stone en que las circunstancias y el contexto son menos importantes que quiénes son".
Sin embargo, las listas, escalas y otros análisis psicológicos no son tests de sangre y su uso en apoyo de conceptos tan cargados como ‘el mal' podría ser contraproducente, dicen muchos psiquiatras. No todos los depredadores violentos son psicópatas, primero, ni son la mayoría de los psicópatas criminales violentos. Y sugerir que la psicopatía o alguna otra descripción es una medición fiable del mal, dicen, sería irresponsable y en última instancia pondría en peligro la credibilidad de la profesión.
En los años ochenta y noventa, un psiquiatra en Dallas se ganó el nombre de Dr. Muerte al declarar ante la corte, en una amplia variedad de casos, que estaba seguro de que los acusados cometerían más crímenes en el futuro -aunque él no los había examinado. Muchos fueron condenados a muerte.
"Estoy de acuerdo en que alguna gente no puede ser rehabilitada, pero el riesgo de usar la palabra ‘mal' es que puede significar una cosa para un psiquiatra, y otra para otro, y entonces tenemos un problema", dijo el doctor Saul Faerstein, psiquiatra forense en Beverly Hills. "No sé si queremos que los psiquiatras seamos porteros, tomando en algunos casos decisiones sobre la vida y la muerte, basados en un concepto que no es médico".
Incluso si se usa juiciosamente, dicen otros expertos, el concepto del mal es demasiado poderoso y podría obscurecer los problemas mentales y elucubraciones intelectuales que motivan a los asesinos violentos, y a veces les permite eludir ser detectados. Bundy, el asesino en serie, era muy romántico, amable y atento con sus propias novias, mientras que llamaba a sus víctimas ‘carga' y ‘mercadería dañada', observó Simon.
Gacy, un empresario exitoso y elegante, supuestamente creó la figura de un payaso para subir el ánimo de niños enfermos. "Era muy normal, un tipo muy funcional en muchos aspectos", dijo el doctor Richard Rappaport, un psiquiatra forense en La Costa, California, que examinó a Gacy todos los años antes de que fuera ejecutado.
"Creo que la principal razón por la que es mejor evitar el término ‘mal' es que es una motivación sobrenatural de conductas criminales", dijo el doctor Park Dietz, psiquiatra forense en Newport Beach, California, que examinó al asesino en serie convicto Jeffrey Dahmer, así como a Lyle y Erik Menéndez, que fueron condenados por el asesinato de sus padres en Beverly Hills.
"Esto podría ocultar una sutil e importante verdad sobre muchas de estas personas, como la alta tasa de desórdenes de personalidad', dice Dietz. Agregó: "El hecho es que no hay muchos en los que yo pueda encontrar rasgos compensatorios o alguna humanidad. Por lo que sabemos, las causas de su conducta son biológicas, psicológicas y sociales, y no incluyen demostrablemente el trabajo de Lucifer".
Los doctores que sostienen que el mal tiene un lugar en la medicina legal están conscientes de los riesgos, pero dicen que en algunos casos vale la pena correrlos. Dicen que es posible -de hecho, es necesario para entender a muchos asesinos depredadores- conservar en tu cabeza muchas dimensiones disparatadas: que la persona en cuestión pueda ser narcisista, que quizás fue violada por un familiar, o incluso que es encantadora, amable e inteligente, pero también en un sentido demoníaco. Mientras el término puede no ser apropiado para ser utilizado en un tribunal o en un diagnóstico clínico, dicen, es un elemento de la naturaleza humana que no puede ser ignorado.
La doctora Angela Hegarty, directora de psiquiatría en Creedmoor que trabaja con Stone, dijo que era escéptica sobre el uso del concepto del mal pero se daba cuenta que en su trabajo ella estaba constantemente pensando y hablando sobre el tema. En 11 años como examinadora forense, en este país y en Europa, dijo, conoció a cuatro criminales violentos que eran tan crueles, sádicos y egoístas que ningún otro término se aplicaba a ellos mejor que este.
Uno de ellos era un hombre que mató espeluznantemente a su esposa e hijitos y que mostraba más molestia que remordimiento, más auto-compasión que interés por los afectados por los asesinatos. En una ocasión, perdió completamente los estribos cuando un asistente de personal en la clínica donde vivía llegó tarde con un video, atrasando la proyección de una película. El hombre se puso agresivo, dijo, insistiendo en la puntualidad.

8 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
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rutinaria miseria de áfrica


Nada nuevo está pasando en África: la gente sigue muriendo de sida, de malaria, de tuberculosis, de hambre, de guerras.
De vez en cuando, algo tan terrible pasa en África que el resto del mundo se da cuenta durante un rato de que el continente sigue ahí. Hace veinte años, una devastadora hambruna llevó a Michael Jackson y amigos a montar un concierto televisado en todo el país que reunión millones de dólares. Más recientemente se descubrieron los horrores de Ruanda y Sudán, provocando indignación internacional, y no mucho más que eso. Esas crisis debidamente reconocidas, la gente fuera de África pudo nuevamente mirar para otro lado.
Nada nuevo está pasando en África en estos días. Es la misma miserable y vieja rutina: mueren 6.000 personas de sida al día; miles más, la mayoría niños, mueren de malaria, tuberculosis y desnutrición. No es un maremoto, así los chicos buenos del barrio no estarán pidiendo donaciones para ayudar a aliviar el sufrimiento del continente.
No es lo mismo que decir que nadie está prestando atención. En realidad, el reciente Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, hizo un desgarrador llamada a preocuparse de África.
El presidente francés Jacques Chirac empezó proponiendo la poco práctica idea de crear un nuevo sistema mundial de impuestos en cosas tales como transacciones financieras internacionales y billetes de avión, y usar el dinero para combatir la pobreza y las enfermedades. El primer ministro británico Tony Blair parecía empecinado en demostrar que podía superar a su rival francés cuando se trata de cuestiones humanitarias. Además de hacer terribles advertencias sobre el cambio climático, dijo que Gran Bretaña triplicaría su ayuda a África este año. Además, Blair ha usado su presidencia del Grupo de las ocho naciones industrializadas para instar firmemente a aliviar la deuda africana.
Otros importantes participantes en Davos también transformaron a África en tema, incluyendo Bono, la estrafalaria estrella del rock; el ex presidente Clinton; y el fundador de Microsoft, Bill Gates, cuya Gates Foundation recientemente prometió donar 750 millones de dólares para vacunar a los niños en países en desarrollo. Bono, que hizo una famosa gira en África con el primer secretario del tesorería del presidente Bush, Paul O'Neill, agradeció al líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist, por viajar a África y pedir apoyo para luchar contra el sida.
Pero Estados Unidos es un rezagado en el frente humanitario. Bush ha hablado elocuentemente acerca de subir la ayuda al desarrollo, ignorando al mismo tiempo sus propias promesas.
El presidente anunció con bombo y platillo el Millennium Challenge Account para la ayuda extranjera, prometiendo en 2002 invertir billones en ella para llegar a una contribución anual de 5 billones de dólares para 2006. Esa promesa fue recientemente borrada de la página en internet del propio fondo, y durante los últimos dos años Bush ha contribuido mucho menos a esa cuenta de lo que había prometido. No se ha distribuido ni un centavo del fondo; en el Discurso de la Unión no se mencionó la ayuda extranjera ni una sola vez.
"No hay ciudadanos de segunda clase en la especie humana", dijo Bush cuando anunció el fondo hace tres años. "Llevo esta convicción en el alma". Es hora de que Bush cumpla esa promesa, firmando algunos cheques. Mantener la convicción en el alma no está salvando vidas.

5 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

asesinan a delator de montesinos


Un narcotraficante que acusó al ex jefe de los servicios secretos peruanos Vladimiro Montesinos de venta de cocaína y vínculos con el cártel de Tijuana, fue asesinado en una cárcel de Perú por encargo de la mafia, dijo este miércoles el responsable de las prisiones del país.
Lima, Perú. La muerte no fue producto de una riña sino "un crimen planificado, organizado desde fuera y ejecutado por un sicario de una mafia poderosa", dijo a la prensa Wilfredo Pedraza, director del Instituto Penitenciario de Perú.
José María Aguilar Ruiz, ex informante de la agencia antidrogas de Estados Unidos y que cumplía sentencia por narcotráfico, fue acribillado a tiros el martes en la prisión de la ciudad amazónica de Pucallpa por otro interno con antecedentes de homicidio, dijo el funcionario.
"Es muy claro que lo mataron por encargo de terceros", añadió.
La congresista oficialista Anel Townsend no descartó que el detenido Montesinos, ex brazo derecho del destituido presidente Alberto Fujimori, esté detrás de este homicidio.
"Montesinos no quiere que le imputen el delito de narcotráfico pues pueden aplicarle condenas largas. Por ello este asesinato es una posibilidad abierta a ser investigada", dijo la legisladora, quien integró una comisión del Congreso que investigó la red de corrupción que montó Montesinos en la década pasada.
Townsend dijo que el narcotraficante asesinado fue la primera persona que denunció al ex asesor de Fujimori de tener vínculos con el narcotráfico.
"En la comisión, Aguilar confesó haber sido testigo de las relaciones de Montesinos con el narcotraficante colombiano Evaristo Porras Ardila", añadió.
Aguilar Ruiz era considerado por la justicia un testigo clave en el proceso que afronta Montesinos por sus vínculos con el cártel mexicano de drogas de Tijuana.
En un testimonio que brindó a jueces y fiscales, Aguilar dijo que en setiembre de 1998 Montesinos y un coronel del ejército vendieron 10 toneladas de cocaína a los hermanos Arellano Félix, capos del cártel de Tijuana.
El ex jefe de inteligencia intentó descalificar ese testimonio señalando que el denunciante carecía de imparcialidad e idoneidad.
Fuentes de la Procuraduría anti-corrupción dijeron que el asesinado estaba dispuesto a declarar contra Montesinos en un juicio sobre tráfico de drogas.

4 de febrero de 2005
©mi punto

suicidio de menor mexicana


Una menor se suicidó el jueves en la ciudad de México tras no soportar la presión por una deuda contraída con traficantes de droga que la obligaban a vender cocaína, según una presunta carta póstuma publicada este viernes por la prensa mexicana.
Ciudad de México, México. En la misiva dirigida a su familia, la menor de 14 años explica que la decisión de suicidarse la tomó para proteger a su familia de las amenazas de los traficantes, quienes le exigían el pago de una deuda que contrajo tras perder la droga que vendía.
"Como hubo una revisión de útiles en la escuela, perdí y me robaron unas bolsas de dulces de las que vendía y junto con los dulces iban las grapas (pequeñas dosis de cocaína)", se lamentó en su misiva Stephanie Tellez.
Escrita a máquina, con letras mayúsculas, sin acentos, sin signos de puntuación y sin firma autógrafa, la carta fue encontrada por sus familiares y ha sido publicada en la mayor parte de la prensa mexicana.
Según la carta, la menor era obligada a vender 100 pequeñas dosis se cocaína a la semana en varias escuelas, incluida en la suya.
Al perder la droga, contrajo una deuda de 3.000 pesos (unos 272 dólares) y recibió amenazas de los traficantes.
"Y como la semana pasado vinieron y me advirtieron que me daban 8 días más para pagarles su dinero les dije que se los había prestado a mi novio y lo cierto es que no lo tengo y como no deseo meterlos en problemas a ustedes por eso no les dije", relata en su carta dirigida a sus padres.
En su misiva, la menor también explica que estaba obligada a entregarles a los traficantes 1.500 pesos (unos 136 dólares) a la semana.
"Creo que este momento tenía que llegar porque en verdad que ya no aguanto más (...) La verdad es que tengo miedo ya que una vez le quise decir a mi papá pero como estaba tomado (alcoholizado) no me hizo caso", añade en su misiva.
Directores de la escuela a la que asistía la menor no quisieron hacer declaraciones este viernes.
Joel Ortega, el jefe capitalino de Seguridad Pública dijo que en breve iniciarán algunos operativos en diversas colonias populares de la ciudad de México donde se han identificado puntos de venta de droga.

4 de febrero de 2005
©mi punto

rutinaria miseria de áfrica


Nada nuevo está pasando en África: la gente sigue muriendo de sida, de malaria, de tuberculosis, de hambre, de guerras.
De vez en cuando, algo tan terrible pasa en África que el resto del mundo se da cuenta durante un rato de que el continente sigue ahí. Hace veinte años, una devastadora hambruna llevó a Michael Jackson y amigos a montar un concierto televisado en todo el país que reunión millones de dólares. Más recientemente se descubrieron los horrores de Ruanda y Sudán, provocando indignación internacional, y no mucho más que eso. Esas crisis debidamente reconocidas, la gente fuera de África pudo nuevamente mirar para otro lado.
Nada nuevo está pasando en África en estos días. Es la misma miserable y vieja rutina: mueren 6.000 personas de sida al día; miles más, la mayoría niños, mueren de malaria, tuberculosis y desnutrición. No es un maremoto, así los chicos buenos del barrio no estarán pidiendo donaciones para ayudar a aliviar el sufrimiento del continente.
No es lo mismo que decir que nadie está prestando atención. En realidad, el reciente Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, hizo un desgarrador llamada a preocuparse de África.
El presidente francés Jacques Chirac empezó proponiendo la poco práctica idea de crear un nuevo sistema mundial de impuestos en cosas tales como transacciones financieras internacionales y billetes de avión, y usar el dinero para combatir la pobreza y las enfermedades. El primer ministro británico Tony Blair parecía empecinado en demostrar que podía superar a su rival francés cuando se trata de cuestiones humanitarias. Además de hacer terribles advertencias sobre el cambio climático, dijo que Gran Bretaña triplicaría su ayuda a África este año. Además, Blair ha usado su presidencia del Grupo de las ocho naciones industrializadas para instar firmemente a aliviar la deuda africana.
Otros importantes participantes en Davos también transformaron a África en tema, incluyendo Bono, la estrafalaria estrella del rock; el ex presidente Clinton; y el fundador de Microsoft, Bill Gates, cuya Gates Foundation recientemente prometió donar 750 millones de dólares para vacunar a los niños en países en desarrollo. Bono, que hizo una famosa gira en África con el primer secretario del tesorería del presidente Bush, Paul O'Neill, agradeció al líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist, por viajar a África y pedir apoyo para luchar contra el sida.
Pero Estados Unidos es un rezagado en el frente humanitario. Bush ha hablado elocuentemente acerca de subir la ayuda al desarrollo, ignorando al mismo tiempo sus propias promesas.
El presidente anunció con bombo y platillo el Millennium Challenge Account para la ayuda extranjera, prometiendo en 2002 invertir billones en ella para llegar a una contribución anual de 5 billones de dólares para 2006. Esa promesa fue recientemente borrada de la página en internet del propio fondo, y durante los últimos dos años Bush ha contribuido mucho menos a esa cuenta de lo que había prometido. No se ha distribuido ni un centavo del fondo; en el Discurso de la Unión no se mencionó la ayuda extranjera ni una sola vez.
"No hay ciudadanos de segunda clase en la especie humana", dijo Bush cuando anunció el fondo hace tres años. "Llevo esta convicción en el alma". Es hora de que Bush cumpla esa promesa, firmando algunos cheques. Mantener la convicción en el alma no está salvando vidas.

5 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

asesinan a delator de montesinos


Un narcotraficante que acusó al ex jefe de los servicios secretos peruanos Vladimiro Montesinos de venta de cocaína y vínculos con el cártel de Tijuana, fue asesinado en una cárcel de Perú por encargo de la mafia, dijo este miércoles el responsable de las prisiones del país.
Lima, Perú. La muerte no fue producto de una riña sino "un crimen planificado, organizado desde fuera y ejecutado por un sicario de una mafia poderosa", dijo a la prensa Wilfredo Pedraza, director del Instituto Penitenciario de Perú.
José María Aguilar Ruiz, ex informante de la agencia antidrogas de Estados Unidos y que cumplía sentencia por narcotráfico, fue acribillado a tiros el martes en la prisión de la ciudad amazónica de Pucallpa por otro interno con antecedentes de homicidio, dijo el funcionario.
"Es muy claro que lo mataron por encargo de terceros", añadió.
La congresista oficialista Anel Townsend no descartó que el detenido Montesinos, ex brazo derecho del destituido presidente Alberto Fujimori, esté detrás de este homicidio.
"Montesinos no quiere que le imputen el delito de narcotráfico pues pueden aplicarle condenas largas. Por ello este asesinato es una posibilidad abierta a ser investigada", dijo la legisladora, quien integró una comisión del Congreso que investigó la red de corrupción que montó Montesinos en la década pasada.
Townsend dijo que el narcotraficante asesinado fue la primera persona que denunció al ex asesor de Fujimori de tener vínculos con el narcotráfico.
"En la comisión, Aguilar confesó haber sido testigo de las relaciones de Montesinos con el narcotraficante colombiano Evaristo Porras Ardila", añadió.
Aguilar Ruiz era considerado por la justicia un testigo clave en el proceso que afronta Montesinos por sus vínculos con el cártel mexicano de drogas de Tijuana.
En un testimonio que brindó a jueces y fiscales, Aguilar dijo que en setiembre de 1998 Montesinos y un coronel del ejército vendieron 10 toneladas de cocaína a los hermanos Arellano Félix, capos del cártel de Tijuana.
El ex jefe de inteligencia intentó descalificar ese testimonio señalando que el denunciante carecía de imparcialidad e idoneidad.
Fuentes de la Procuraduría anti-corrupción dijeron que el asesinado estaba dispuesto a declarar contra Montesinos en un juicio sobre tráfico de drogas.

4 de febrero de 2005
©mi punto