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abusos en cárceles brasileñas


[Alexei Barrionuevo] Violación de niña de quince deja al descubierto abusos en el sistema penitenciario de Brasil.
Brasilia, Brasil. Según Márcia Soares, abogado y funcionaria federal de derechos humanos, los calabozos de la comisaría de Abaetetuva deberían ser demolidos cuanto antes. Para ella, la cárcel se ha convertido en un símbolo de lo mal que marchan los intentos de Brasil de proteger a mujeres y niños contra la violencia.
Fue a fines de octubre en Abaetetuba, en el estado de Pará al nordeste del país, en los márgenes del Amazonas, que una niña de quince años detenida por sospecha de hurto fue internada ilegalmente en un recinto con treinta y cuatro reclusos hombres. Durante veintiséis días la trataron como su juguete, violándola y torturándola repetidas veces. A veces cambió sexo por comida; en otras ocasiones fue simplemente violada, dijeron aquí investigadores federales.
Los policías de la cárcel hicieron más que hacer la vista gorda. Los detectives dijeron que le habían afeitado la cabeza para que pareciera un chico, y ahora la acusan de mentir sobre su edad.
El caso ha provocado un examen de conciencia en la capital brasileña, donde funcionarios federales están cada vez más preocupados sobre el tratamiento que se da a mujeres y menores en las hacinadas penitenciarías del país y la incapacidad de los jueces a la hora de tratar casos de torturas.
Las mujeres constituyen sólo el cinco por ciento de la población carcelaria de Brasil, pero esta cifra está creciendo. Los estados no han construido suficientes cárceles o prisiones con instalaciones separadas para las mujeres, aunque una ley federal exige esa separación. Un estudio reciente encargado por el gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva mostró que las mujeres reclusas estaban siendo colocadas ilegalmente con hombres o travestís en cinco estados brasileños, y eran sometidas a torturas y abusos sexuales.
Pese a que Brasil fue elevado en noviembre a la más alta categoría de desarrollo humano de Naciones Unidas, su irregular historia de derechos humanos y un tibio historial en cuanto a castigar a aquellos culpables de abusos ha sido su talón de Aquiles internacional. Un escuadrón de operaciones especiales opera en Río de Janeiro para exterminar con completa impunidad a los narcotraficantes. La policía es rara vez condenada por la ley de 1997 contra la tortura, debido a la "institucionalización de la tortura" durante la dictadura militar brasileña y más de trescientos años de esclavitud, dijo Paulo Vanucchi, el ministro de derechos humanos de Brasil.
El caso de la niña de quince será otra prueba para la justicia en la en gran parte caótica región amazónica. Hace dos años, un ranchero brasileño ordenó el asesinato de Dorothy Mae Stang, 73, una monja nacida en Estados Unidos y defensora de la selva tropical. Fue asesinada a balazos en un sendero en la selva. El ranchero, Vitalmiro Bastos de Moura, fue sentenciado a treinta años de cárcel.
Lo que ha sido particularmente descorazonador para los funcionarios de derechos humanos en el caso de la niña de quince es que mucha gente pudo haberla protegido. Soares, abogado, dijo que la policía, el juez y el defensor público que visitaron la cárcel sabían todos acerca de la adolescente que se encontraba en un ambiente exclusivamente masculino.
"Los funcionarios sabían lo que estaba ocurriendo. En el peor de los casos, son cómplices", dijo Soares. "Es una situación muy grave".
Desde que la situación se hiciera pública a fines del mes pasado, la gobernadora de Pará, Ana Júlia Carepa, ha estado bregando para corregirla. Carepa presionó a Raimundo Besassuly, el jefe de la policía del estado, para que renunciara al día siguiente de que dijera públicamente que la niña había mentido sobre su edad porque era "deficiente mental". La policía ha dicho que la niña dijo que tenía diecinueve, no quince, durante varios encuentros con la ley.
Soares dijo que los funcionarios, incluyendo al juez en el caso, una mujer, no pidieron a la niña ninguna documentación que probara que era adulta, aunque mide menos de un metro 52 y pesa 36 kilos. "Cuando le vi pensé que la niña tenía doce, no quince", dijo Soares.
Para Carepa, la edad de la niña es irrelevante. "Si tiene quince, veinte, cincuenta, ochenta o cien, su edad no tiene importancia", dijo a periodistas en Río el mes pasado. "Una mujer no puede ser metida a una celda con hombres".
Carepa dijo que la cárcel debería ser demolida y reemplazada por algo que tenga instalaciones para mujeres.
La juez que colocó a la niña en una cárcel para hombres, Clarice Maria Andrade, está siendo investigada y podría perder su trabajo. Otros dos funcionarios de su despacho está acusados de haber alterado un documento para hacer creer que la juez había aprobado el traslado de la niña de la cárcel poco después de que la policía hiciera esa petición, y no doce días después.
Funcionarios locales ya estaban familiarizados con la niña antes de que fuera detenida y encarcelada en la cárcel de Abaetetuva el 21 de octubre. Provenía de una familia desintegrada, había dejado la escuela y frecuentaba una zona conocida por la prostitución infantil, dijo Soares. En la época de su detención, transitaba entre la casa de sus padres y la de un tío, y no parece que nadie se ocupara de ella. Durante los veintiséis días que estuvo en la cárcel no la visitó ningún familiar.
En los primeros dos días de cárcel, un hombre la violó en los servicios, dijo la niña a los investigadores. Los reclusos dependen de los familiares que les llevan alimentos. Sin esas visitas, el hambre se apoderó pronto de la niña y empezó a cambiar sexo por comida, dijeron los detectives. Sin embargo, otros hombres simplemente la violaban cuando querían, y la torturaban para divertirse, dijeron los detectives. Alguien colocó trozos de papel entre los dedos de sus pies y los encendió cuando ella dormía, dijo Soares, agregando que la niña todavía tenía huellas de quemaduras en sus pies.
Los vecinos podían oír los gritos de la niña desde el camino, que está cerca de las ventanas de la cárcel. Sin embargo, durante semanas nadie acudió a su rescate. Fue sólo después de que una nota anónima llegara a los servicios locales de protección a la infancia que fue retirada de la cárcel.
En los últimos días, ella y su familia han sido reasentados bajo el programa federal de protección de testigos. El padre de la niña denunció que la policía lo había amenazado de muerte. Dijo que lo habían presionado para que dijera que la niña tenía diecinueve o veinte años.
"Ahora tenemos que protegerla y ayudarla a empezar una nueva vida", dijo Soares. "Y necesitamos mantener la presión política, para que la justicia tenga una posibilidad".

15 de diciembre de 2007
12 de diciembre de 2007
©new york times
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murió lillian ellison


[Matt Schudel] La estrella de la lucha libre femenina. A los 84.
Conocida para generaciones de fans como la Fabulous Moolah [la Pasta Fabulosa], Lillian Ellison fue durante más de cincuenta años quizás la luchadora profesional más importante en la historia del mundo. Ellison, que tenía 84 cuando murió el 2 de noviembre en un hospital de Lexington, Carolina del Sur, por complicaciones de una operación de prótesis de hombro, continuó apareciendo en espectáculos de lucha libre hasta hace algunos meses. Vivía en Columbia, Carolina del Sur, en Moolah Drive.
Ganó un torneo para hacerse con el ‘título femenino mundial' de la lucha profesional en 1956 y, excepto por breves intervalos, conservó el cinturón de campeona durante casi tres décadas. La menuda Ellison tenía una personalidad poco común que llevaba a la multitud el frenesí, sea que la aclamaban por sus proezas o apabullándola con abucheos y palabrotas.
"Cuando me subía al ring, me arrojaban todo tipo de cosas, desde huevos podridos hasta naranjas podridas", dijo en una entrevista en 2005 en el programa ‘Fresh Air', de NPR. "Y cuando me bajaba, me daban golpecitos en la espalda y me decían: ‘Moolah, te adoramos'".
Conocida por su vasto repertorio de patadas y llaves no siempre legales, Ellison era igualmente astuta fuera del ring. Se encargó de su propia carrera a sus veinte, convirtiéndose en promotora, entrenadora y representante en el a veces sórdido mundo de la lucha profesional dominado por los hombres.
En 1995 fue la primera mujer incorporada al Salón de la Fama de la World Wrestling Entertainment (WWE). Hace dos años se le dedicó un documental sobre las primeras luchadoras, ‘Lipstick & Dynamite', y apareció en ‘Tonight Show' para promover la película.
La lucha de damas, como se la llama, ha tenido siempre una parte de pelea callejera. Ellison, 1.52 metros, que normalmente subía al ring de rojo de esmalte de uñas, demostró su talento en los elementos del deporte. Su llave característica era la ‘rompe-espalda', pero también era conocida por su llave de piernas y su rodilla tendedora, así como por toda una gama de patadas en el aire, tijeretazos y otras movidas llamativas. Nunca ofreció excusas por sus tácticas algo torcidas.
"Sí, hay reglas", dijo a NPR, "pero nadie las respeta, y yo soy una de esas... No me importa si tengo que estrangularte o sacarte los ojos, jalarte por el pelo o pegarte una patada debajo del cinturón. No me importa en absoluto".
Empezó su carrera a fines de los años cuarenta, después de trabajar ligeramente vestida de ‘ayudante' en séquitos de luchadores. Uno de sus primeros agentes consideró que el nombre Lillian Ellison era demasiado prosaico para la marquesina y le preguntó porqué se había metido al deporte.
"¡Por la pasta!", declaró Ellison. "Quiero pelear por la guita".

Mary Lillian Ellison nació el 22 de julio de 1923 en la arruinada comunidad de Tookiedoo, cerca de Blythewood, Carolina del Sur. Era la menor de trece hermanos y la única niña. De niña recogía algodón; su madre murió cuando ella tenía ocho.
Su padre la llevaba a peleas y en la adolescencia, Ellison -que ya era madre- empezó a trabajar en la periferia del mundo de la lucha libre. Entrenó con Mildred Burke, la primera mujer luchadora de la época, y reclamó la corona de Burke cuando esta se retiró en 1956.
Ellison rompió con uno de sus primeros representantes que le hacía prepotentes exigencias económicas y sexuales y se convirtió ella misma en una astuta promotora. Se encargó de la carrera del prominente luchador ‘Nature Boy' Buddy Rogers, entre otros, y siempre exigía el máximo.
"Creo que la clave de porqué fue capaz de surgir [en el mundo de la lucha libre] es que tenía un fuerte instinto comercial", dijo Ruth Leitman, directora del documental ‘Lipstick & Dynamite'. "Venía de una familia muy humilde. Tenía un alto concepto de sí misma".
La lucha de mujeres era ilegal en muchos estados, pero la popularidad de Ellison la ayudó a ser aceptada. En 1972, fue la primera mujer en aparecer en el Madison Square Garden después de que Nueva York revocara la prohibición de la lucha femenina.
Ellison siguió siendo una mujer muy atareada entrada en sus sesenta y setenta. En 1984, apareció en una pelea en MTV que se titulaba ‘The Brawl to End It All' [El bochinche que le pondrá fin a todo esto] y fue publicitada por la estrella pop Cyndi Lauper. Con una máscara y peleando con el nombre de ‘The Spide Lady', Ellison derrotó a Wendi Richter, que, enfadada, al término del match le arrancó a Ellison la máscara.
Fuera del ring la vida de Ellison era igualmente colorida. Se casó y tuvo una hija a los catorce. Se casaría y divorciaría cuatro veces más. Después de salir con el cantante de country Hank Williams Sr. durante un año, rechazó su petición de matrimonio.
Era amiga del rockanrolero Jerry Lee Lewis y, de acuerdo a su autobiografía de 2003, ‘The Fabulous Moolah: First Goddess of the Squared Circle', conocía a Elvis Presley de cuando este era todavía un camionero en Memphis. Escribió que Elvis había considerado la posibilidad de hacer una carrera en la lucha libre. Ella le aconsejó no abandonar la música.
Ellison tenía una academia de lucha libre en Carolina del Sur y durante muchos años compartió una casa con luchadoras como Johnnie Mae Young y Katie Glass, la enana que luchaba con el nombre de Diamond Lil. Entre sus amigos se encontraba la estrella de la lucha libre Andre the Giant, que visitaba a Ellison para Navidad, cuando ella invitaba a menudo a las luchadoras enanas a disfrazarse de elfos.
Le sobreviven su hija Maryetta Austin, de Conway, Carolina del Sur; seis nietos; y seis biznietos.
Ellison conservó su extraordinario físico pese a que sus lesiones incluían un cuello roto, clavícula rota, una rodilla dislocada, un hombro dislocado e incontables quebraduras de dedos de manos y pies, y costillas rotas.
Entrada en los ochenta, mantenía una maleta empacada en caso de que la llamaran, pidiéndole que se subiera a un ring a través de las cuerdas.

10 de diciembre de 2007
8 de noviembre de 2007
©washington post
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ocaso del sheriff de américa


[Christine Hanley, H.G. Reza y Paul Pringle] La acusación menciona años de corrupción, que Carona niega.
Según la acusación federal presentada ayer martes, Michael S. Carona, sheriff del condado de Orange, empezó a violar la ley incluso antes de ser elegido, al participar en una amplia estratagema para enriquecerse a sí mismo y a su ex amante otorgando acceso a su departamento a cambio de un constante flujo de dinero y obsequios.
La acusación describe un plan que echó raíces en marzo de 1998 y se prolongó hasta agosto de este año, cuando Carona presuntamente intentó impedir que uno de sus principales acusadores -un ex ayudante de policía- declarara ante un jurado. Los fiscales federales también acusaron a la mujer de Carona y a Deborah V. Hoffman, a la que identificaron en documentos judiciales como la "amante de toda la vida" del sheriff.
Documentos judiciales describen un desenfrenado afán por hacerse con dinero, prebendas y caras bagatelas, incluyendo más de doscientos mil dólares en pagos y préstamos, una lancha, vacaciones en el Lago Tahoe, butacas de lujo para la World Series, plumas Mont Blanc y relojes Cartier para mujeres. Carona, 52, está también acusado de ayudar a otros cómplices a obtener un acuerdo por una muerte por negligencia que la familia de un ayudante de policía ganó en un pleito.
Carona dijo en una entrevista con el Times que era inocente y que no renunciaría a la posición de director del segundo departamento de policía del estado. Se negó a comentar sobre detalles específicos de las acusaciones.
"Me quedo porque me gusta mi trabajo y yo lo hago bien", dijo. "Y lo más importante: yo no he cometido ningún delito".
En una declaración escrita, Deborah Carona dijo: "Esta acusación no tiene ningún mérito, y la estrategia del gobierno de utilizarme como una palanca contra mi marido no tendrá ningún éxito".
Hasta que se convirtiera en el objetivo de varias investigaciones federales y del estado, Carona parecía estar en camino hacia el poder político y la prominencia. Larry King, el famoso presentador de televisión, lo apodó ‘el Sheriff de América', fue cortejado por el ex gurú político de la Casa Blanca Karl Rove y fue preparado para su candidatura a teniente de gobernador. En 2002 alcanzó un reconocimiento nacional por su postura dura, frente a las cámaras, durante la cacería del secuestrador de la niña Samantha Runnion, de cinco años, que fue asesinada.
La acusación de diez cargos pinta un retrato muy diferente, sosteniendo que Carona y sus colaboradores empezaron sus actividades delictivas al recaudar fondos para ganar las elecciones de 1998, y luego, tras asumir el cargo, utilizando sus atribuciones como sheriff para enriquecerse a sí mismos.
En total, Carona hace frente a un cargo de conspiración, cuatro de fraude en la venta por correo y dos de acosar a un testigo del jurado. Su esposa está acusada de un solo cargo de conspiración. Hoffman está acusada de conspiración, cuatro cargos de fraude en la venta por correo y tres de quiebra fraudulenta.
Una figura central en la presunta conspiración es Donald Haidl, un hombre de negocios del condado de Orange, dueño de un negocio que generaba cien millones de dólares al año vendiendo coches policiales excedentes y bienes requisados por las agencias policiales.
Los fiscales dicen que Haidl forraba los bolsillos de Carona con la regularidad de una planilla de pago. A cambio, Carona nombró a Haidl ayudante del sheriff y ayudó al hijo de este a conseguir trato preferente en un caso de drogas y daba insignias y armas a sus familiares y amigos.
Haidl, en realidad, le compró a Carona una tarjeta ‘Salga de la cárcel sin pagar', dicen los fiscales.
El sheriff, dicen, también ejerció influencia en dos intentos fútiles de procesar al hijo de Haidl como delincuente juvenil cuando fue acusado de violación en 2002.
Haidl, que se declaró culpable en un caso relacionado, se ha vuelto ahora contra Carona y se espera que declare contra el sheriff. Cerró un trato para eludir las acusaciones más graves, entró en la clandestinidad y grabó conversaciones con Carona.
De acuerdo a la acusación, los pagos que hizo Haidl a Carona y Hoffman iban desde un ‘préstamo' de 110 mil dólares al bufete de abogados de Hoffman hasta un estipendio de mil dólares mensuales que Carona recibía por su posición como miembro de la dirección de la compañía asociada a Haidl.
Otro conspirador fue George Jaramillo, que también era uno de los ayudantes del sheriff. También él se declaró culpable en el caso y ha estado colaborando con los fiscales.
Los abogados de Haidl y Jaramillo se han negado a comentar sobre el caso.
La acusación proporciona el siguiente informe sobre la supuesta conspiración:
La estratagema empezó durante la candidatura al cargo de Carona en 1998 cuando Haidl canalizó varios cheques de mil dólares a la campaña, cada uno de diferentes ‘contribuidores'. Haidl reembolsó ilegalmente a esos donantes no identificados.
El día previo a la votación de 1998, Haidl dio al bufete de abogados, que fue fundado por Hoffman y Jaramillo, 110 mil dólares en un cheque bancario. Tras ganar Carona, Haidl pagó un viaje al Lago Tahoe a Carona, Jaramillo y sus esposas y dio al nuevo sheriff seis mil dólares en efectivo.
Poco después de ganar las elecciones en diciembre de 1998, Carona insistió ante la Comisión de Supervisores para que cambiaran el reglamento para poder nombrar a Haidl en el cargo de ayudante del sheriff, aunque el hombre de negocios no tenía la experiencia necesaria.
Al año siguiente, Carona se las arregló para que varios familiares, amigos y socios de Haidl -muchos de ellos contribuidores de la campaña del sheriff- fueran nombrados agentes de la reserva, entregándoles insignias y armas. Esa trama fue revelada más tarde por el Times.
Ese otoño, Carona, Haidl y Jaramillo conspiraron para referir los casos que implicaran a los empleados del sheriff al fiscal del condado de Orange, Joseph G. Cavallo, un tercer cómplice, a cambio de dinero. En la acusación no se menciona a Cavallo y no ha sido acusado.
Haidl dio a Carona doce mil dólares en efectivo para su uso personal ese año. El empresario dio la misma cantidad al sheriff en 2000 y 2001, y luego seis mil en 2002.
A petición de Carona, un montón de dinero estaba siendo desviado hacia Hoffman. En total, recibió más de 170 mil dólares, a menudo en importes de cinco mil y diez mil dólares, a intervalos bastante regulares.
A principios de 2000, Hoffman inició una financiera con el nombre asombrosamente inusual de Bersagliere of Pacoima. En esa misma época, Carona pidió a los asesores del entonces gobernador Gray Davis que nombrara a Hoffman en una comisión del estado; fue nombrada en el Consejo de Justicia Criminal de California.
Debido a su función en el estado, Hoffman estaba obligada a presentar formularios de información financiera. Pero no informó sobre sus holdings en Bersagliere (el sobrenombre viene del nombre de un cuerpo del ejército italiano).
Entretanto, Carona conspiraba con Jaramillo y Cavallo para ayudar a dos empresarios del condado de Orange a adquirir tierras para construir un local de paint-ball. En abril de 2000, los empresarios pagaron a Cavallo veinticinco mil dólares en efectivo.
La conspiración se extendió ese año para incluir a Deborah Carona, que recibió de Haidl un vestido St. John Knits de mil quinientos dólares.
En mayo de 2001, Carona usó sus contactos para que su esposa fuera nombrada en la Comisión de Ferias del condado de Orange. Ese mismo mes, envió a la viuda de un ayudante del sheriff a Cavallo, que la representó en una demanda por un caso de muerte por negligencia contra un hospital. Cómplices no mencionados de Carona obtuvieron más tarde una parte del acuerdo de 340 mil dólares que Cavallo obtuvo para los herederos del ayudante.
También hacia mayo de 2001, Haidl dio a Carona una lancha Sea Ray y una caravana. El sheriff le pasó a Haidl un cheque por cinco mil 150 dólares para presentar la transacción como una compra, pero Haidl le reembolsó la misma cantidad de dinero. Deborah Carona depositó parte de ese dinero en su cuenta personal.
En los meses siguientes, Carona devolvió los favores a Haidl y a otro empresario del condado de Orange, Ed Grech, que en la acusación sólo fue identificado por sus iniciales.
Le dio a Grench, ilegalmente, un permiso para portar armas, aunque el empresario había sido condenado por porte ilegal de armas. En septiembre de 2001, Carona usó sus conexiones para que una hermana de Haidl, Peggy, fuera nombrada en la comisión de ferias del condado.
Los intentos de encubrimiento de Carona no terminaron sino el trece de agosto, cuando pidió a Haidl que no declarara. La acusación dice que esa conversación fue grabada.
Las acusaciones contra Hoffman se extienden a su quiebra, que solicitó en 2001. La acusación alega que hizo declaraciones falsas para ocultar 65 mil dólares que recibió de Haidl; sus valores en varias cuentas bancarias, de ahorro y de su cuenta de corretaje; sus participaciones en la compañía Bersagliere; el recibo de 110 mil dólares de préstamo y el bufete de abogados.
Si lo declaran culpable por todos los cargos, Carona podría ser condenado hasta 105 años de cárcel.

christine.hanley@latimes.com
hgreza@latimes.com
paul.pringle@latimes.com

Joe Mozingo y Scott Glover contribuyeron a este reportaje.

8 de diciembre de 2007
31 de octubre de 2007
©los angeles times
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dirección desconocida


[Marla Dickerson] El correo de Costa Rica. Un país sin señales de tráfico ni numeración de casas trata de implementar un nuevo sistema.
San José, Costa Rica. Pobre cartero de Costa Rica. Seguro, no tiene que vérselas con el granizo ni la nieve. Pero consideremos qué se entiende aquí por dirección:
Desde el cementerio de Tibas, doscientos metros al sur, y trescientos metros al oeste, cruzando la línea férrea, la casa blanca de dos pisos.
En realidad, esta es fácil. Al hacer sus rondas en las afueras de la capital una mañana hace poco, el cartero Roberto Montero Reyes sacó unas cartas de su saco de lona cuyas direcciones parecían claves para una caza del tesoro o versos de un haiku.
Había una para alguien que vivía "al lado sur de la Cruz Roja" y otra para una familia cuya casa sita a "125 metros al oeste de la Pizza Hut".
"Tienes que saber leer la mente..., tienes que ser historiador y detective para hacer este trabajo", dijo Montero, un veterano de 27 años, que hace su ruta con zapatillas de camuflaje.
Para los adictos al GPS debe ser difícil de comprender, pero Costa Rica no tiene un sistema estandarizado de direcciones. Muchas calles carecen de nombres, y prácticamente ninguna está indicada con letreros. Muchas casas tampoco tienen número. Sólo en algunas regiones del país se usan referencias cercanas a "Calle Principal No. 123", un formato que comprendería cualquiera fuera de Costa Rica.
En realidad, la mayoría de las direcciones costarricenses se expresan en relación con el punto de referencia histórico más cercano. En la época colonial, era la iglesia o el ayuntamiento. Hoy, podría ser un restaurante de comida rápida o un concesionario de automóviles.
Para algunos, este excéntrico sistema es un reconfortante lazo con el pasado agrario del país, una colorida afirmación de lo que significa ser ‘tico', o costarricense. Casi todos se ponen radiantes cuando hablan sobre "la vieja higuera" y "la vieja planta de la Coca-Cola". Estos dos hitos históricos del área de San José se han perdido en la historia, pero los residentes todavía las mencionan cuando dan instrucciones, como si aún existiesen. Para un visitante desorientado, es una prueba de que el realismo mágico está vivito y coleando en América Latina.
"Es parte de la idiosincrasia de los costarricenses", dice el historiador Francisco Marto Mejía, director del museo postal de Correos de Costa Rica, el servicio de correos del país.
El problema es que estas rústicas direcciones no van a la par con el desarrollo de Costa Rica. Un país de más de cuatro millones de habitantes, Costa Rica hace alarde de tener el nivel de vida más alto del continente y un vibrante sector tecnológico. Pero hasta hace poco, una carta se demoraba en llegar a su destino un promedio de nueve días -si es que llegaba. Las autoridades postales dicen que una de cada cinco cartas no llegan a destino debido a que los carteros no logran dar con las direcciones. El problema es peor en las nuevas subdivisiones, donde los vecinos no se conocen unos a otros y no pueden dar instrucciones a los carteros.
El correo es simplemente un problema más. Los equipos de emergencia, los taxistas, los empleados de los servicios públicos y la gente de las empresas de reparto gastan una increíble cantidad de tiempo en celulares y llamando a puertas tratando de saber si acaso han llegado al lugar que suponían.
"Es un caos total", dijo el jubilado del área de San José, Claudio González, 73, que hace poco gastó tres infructuosas horas buscando la casa de un amigo en un suburbio que no conocía. "Habría sido más fácil en cualquier otro país".
Las autoridades se han embarcado en una importante revisión. Cambios recientes en el modo en que se sortea la correspondencia han reducido el tiempo de entrega promedio a dos días en todo el país. Ahora el servicio postal está otorgando números, nombres de calle y código postal a todas las casas y edificios del país, que tiene unos 52 mil kilómetros cuadrados y es apenas más pequeño que el condado de San Bernardino.
Los funcionarios han introducido más de 430 mil direcciones simplificadas, la mayor parte en áreas urbanas. Esperan convertir a todo el país en los próximos dos años si el gobierno les concede cerca de un millón de dólares para terminara el trabajo.
Colocar señales de calle tomará mucho más tiempo y costarán un montón. Correos de Costa Rica está tratando de convencer al sector privado de que ayude a pagar ese cambio. Pero el mayor reto será cambiar la disposición mental de los ticos, dice Álvaro Coghi Gómez, el director general de correos.
"Es un proceso cultural", dijo Coghi. "Tenemos que dejar de pensar en la higuera".
Costa Rica no es el único país con un sistema de direcciones que desconcierta a los extranjeros.
La vecina Nicaragua utiliza el mismo sistema de puntos de orientación, con unos giros propios. Los residentes escriben a menudo "arriba", queriendo decir ‘al este' (donde sale el sol) y "abajo", para ‘el oeste' (donde se pone el sol). En lugar de metros, usan bloques o varas, una anticuada unidad de medición española equivalente de 33 pulgadas.
El cartero costarricense Montero tiene un montón de trabajo en casa.
De una tercera generación de carteros, se unió a las filas porque era un oficio respetable y le gustaban los beneficios, que incluyen pantalones, camisas y zapatos de la empresa.
Su jornada de trabajo empieza a las seis y media de la mañana sorteando la correspondencia en el Correo Central, el imponente aunque algo descuidado edificio de correos en el centro de San José construido en 1917. Los empleados procesan el correo casi del mismo modo que entonces. Cada una de los 28 millones de cartas y encomiendas enviadas el año pasado tienen que ser sorteadas a mano. Los equipos modernos no son capaces de leer las direcciones.
Algunos de los 330 carteros hacen sus rondas en coche, moto o bicicleta. Montero prefiere caminar. Después de recoger su correo, se sube a un autobús público durante quince minutos para empezar su recorrido de seis kilómetros y medio en el suburbio de Tibas al norte de San José.
Sus primeras paradas son pequeños negocios en un ajetreado centro comercial. Trabajo fácil, porque sus letreros hablan por sí mismos. Los vecindarios son más difíciles.
Las casas cuyas direcciones que dicen que están a cien metros de un punto de referencia pueden estar a la mitad de eso, o el doble. Los dueños de casa que pintan sus viviendas rara vez se preocupan de cambiar la descripción en la dirección, porque así eluden a los bancos, los servicios y los comerciantes.
Montero mostró una carta par alguien que se supone vive a cincuenta metros al sur de una peluquería. Pero la casa está en realidad al norte del salón de belleza.
"La gente ni siquiera sabe dónde vive", dijo con una bondadosa exasperación.
El tipo cuya casa está "al lado de la Mueblería Miranda" tuvo suerte. Montero, 59, sabía que la propiedad había cambiado de dueño hacía años y ahora alberga una tienda de electrodomésticos con otro nombre.
La mayoría de las casas en el recorrido de Montero ni siquiera tienen buzón, pero él no se ofende. Siempre llama a la puerta o toca el timbre antes de dejar una carta a través de las omnipresentes vallas de seguridad. Si no puede encontrar una dirección, persigue a los vecinos e interroga a los dueños de negocios.
"Alguien puede estar esperándola", dice, volviéndose serio por un momento.
Reconoce que adaptarse al nuevo sistema no será fácil después de todos estos años. Pero para Yolanda Cerdas, 80, una de sus clientes, los cambios son demasiado lentos.
Se burla de la idea de que no hay nada poético o sentimental en ese desorden innecesario.
"¿Cómo puede un árbol ser una dirección?", dice Cerdas. "Son malas costumbres. Ese es nuestro problema".

marla.dickerson@latimes.com

Alex Renderos contribuyó a este reportaje.

8 de diciembre de 2007
5 de noviembre de 2007
©los angeles times
cc traducción mQh
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para navidad, regala bicis


Arregla bicicletas y las regala a los niños pobres para Navidad. Esta loable iniciativa la viene desarrollando hace ya cinco años en la comuna.
Arauco, Chile. A semanas de celebrar una nueva navidad en el mundo y en tiempos en que se critica mucho de que esta fecha ha perdido su real significado entre las personas, en Arauco, un joven microempresario del rubro de las bicicletas desde hace cinco años que organiza una noble cruzada en beneficio de los niños más pobres de la comuna.

Ejemplo
Se trata de un ejemplo digno de imitar y destacar, puesto que detrás de esta noble acción no se esconde más que el deseo ferviente de querer entregar cariño y felicidad a menores que muchas veces, debido a la mala situación económica de sus padres, se ven impedidos de recibir un regalo en un día en que es costumbre de que la mayoría de los niños sonrían gracias a los obsequios que reciben de sus mayores.
Fue hace cinco navidades que a Gonzalo Aguilar, deportistas y arreglador de bicicletas en Arauco, se le ocurrió comenzar a recibir en esta fecha bicicletas usadas cuyos dueños ya no ocuparan y quisieran donarlas, con la intención de luego repararlas y regalarlas a niños de escasos recursos.

Experiencia
"El primer año partimos con aquellas que muchos clientes dejaron abandonadas en nuestro local y que nunca más las vinieron a buscar. Nosotros los llamamos y muchos incluso se habían comprado una nueva. Entonces decidimos esas mismas, que fueron como seis ese año, regalarlas a niños pobres", recordó el gentil joven.
Cuenta que a partir de la segunda navidad y hasta el año pasado el número de bicicletas que fue recibiendo para estas fechas se fue incrementando cada vez más, llegando incluso a recoger para las últimas dos navidades hasta 50 ejemplares. "Se repararon todas acá y de hecho se tuvo que contratar personal especialmente para hacer esa tarea", comentó.
Sin embargo, no todas las bicicletas que las personas fueron a dejar a su local se encontraban en condiciones de ser reparadas. "Lamentablemente mucha gente entendió que el llamado era venir a botar las bicicletas y más que nada trajeron un montón de fierros, y esa no es la idea", expresó Gonzalo.
Quienes estén interesados en aportar de buena manera a esta noble iniciativa pueden acercarse al taller de este joven (SubBike), ubicado en Covadonga esquina San Martín, Arauco.

6 de diciembre de 2007
©renacer de arauco
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iglesia trabaja con esclavas


[Verena Dobnik] Iglesias compran artículos religiosos fabricados en China en condiciones similares a la esclavitud.
Nueva York, Estados Unidos. Un grupo de defensa de los derechos de los trabajadores denunció el martes que los crucifijos vendidos en tiendas de regalo religiosas en Estados Unidos son producidos bajo "horrorosas" condiciones en una fábrica china, donde son obligados a trabajar más de quince horas al día y son mal alimentados.
"Es un retroceso a las peores formas de explotación en fábricas textiles de hace diez o veinte años", declaró Charles Kernaghan, director de la Comisión Laboral Nacional.
Kernaghan ofreció una rueda de prensa frente a la Catedral de St. Patrick para llamar la atención sobre las condiciones de trabajo en Dongguan, un ciudad sureña cerca de Hong Kong, donde se hacen las cruces que se venden en la histórica iglesia y otros lugares.
Portavoces de la catedral y de otro monumento histórico de Nueva York, la Iglesia Episcopal de la Trinidad en Wall Street, dijeron que las iglesias habían retirado docenas de crucifijos de sus tiendas mientras investigan las acusaciones.
"No creo que sepan que los crucifijos se hacen en laborales horrorosas", dijo Kernaghan.
Kernaghan dijo que los trabajadores de la compañía son en su mayoría jóvenes mujeres que trabajan de ocho de la mañana a once y media de la noche, siete días a la semana y reciben 26 centavos de dólar por hora sin vacaciones ni permisos por enfermedad. Las trabajadoras viven en sucios dormitorios y reciben como alimento una sopa aguada.
Kernaghan dijo que las trabajadoras tomaron fotos y documentos que hicieron llegar clandestinamente, detallando esas prácticas. Aunque ninguno de los crucifijos vendidos en Nueva York es identificado como hecho en China, llevaban números de serie que correspondían a los productos hechos en esa fábrica, djo Kernaghan.
Joe Zwilling, portavoz de St. Patrick, dijo que funcionarios de la iglesia no estaban enterados de nada. La portavoz del Trinidad, Diane Reed, dijo que su iglesia "creía que las cruces eran producidas industrialmente en Italia".
Las iglesias de St. Patrick y Trinidad compraron las cruces a Singer Co., una compañía de artículos religiosos de los suburbios de Mount Vernon. El co-propietario Gerald Singer, dijo que los objetos religiosos eran fabricados en China y comprados a una fábrica china llamada Full Start.
"No sabemos si provienen de una fábrica de explotadores", dijo Singer. "Le pedimos a Full Start que confirmaran que no se explotaba a la gente en su fábrica, que no se explotaba a niños y que respetaban las leyes chinas. Para nosotros, es una desagradable sorpresa".
Una llamada después de horas de trabajo a la oficina norteamericana de Full Start Ltd. en East Providence, Rhode Island, no fue respondida de inmediato.
Un hombre en la fábrica de Full Start en Dongguan dijo que las acusaciones eran "totalmente incorrectas".
Las condiciones de trabajo en la fábrica eran "excelentes", dijo el hombre, que se negó a identificarse. Las más de doscientas obreras trabajan de ocho de la mañana a cinco y media de la tarde todos los días, con una pausa de almuerzo de una hora y media", dijo.
No es habitual que se pida a las trabajadoras que hagan horas extraordinarias, pero si ocurre, son pagadas. Cuando se le pidieron más detalles, el hombre dijo que él no era el encargado y colgó.
Kernaghan dijo que las cruces eran exhibidas en la feria anual organizada por la Asociación de Minoristas Cristianos (AMC) [Association for Christian Retail], una asociación gremial con sede en Colorado que trabaja con miles de tiendas religiosas en todo el país.
Bill Anderson, presidente y director de la asociación cristiana, emitió una declaración diciendo que "aunque sabemos que este tema sale a superficie de vez en vez, y sabemos que hay fábricas en China donde se violan los derechos humanos, creemos que las acusaciones de que los productos vendidos a través de las tiendas de la AMC provienen de estas fábricas son irresponsables e infundadas".
Dongguan yace en el centro de la industria manufacturera china, que depende fuertemente de los bajos salarios para continuar siendo competitiva. Las fábricas de esta zona han sido acusadas en el pasado de abusos laborales, entre ellas las que hacen los productos para McDonald's, Disney, Mattel y las Olimpíadas de Pekín.

Anita Chang en Pekín contribuyó a este informe.

National Labor Committee
Full Start

1 de diciembre de 2007
20 de noviembre de 2007
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legado de un bandido


[P.J. Huffstutter] Jeffrey Scalf admite que su tío abuelo tenía defectos, pero le enviará su abogado a cualquier que llame a John Dillinger asesino o trate de sacar provecho de su nombre.
Mooresville, Indiana, Estados Unidos. Cuando se trata de proteger la memoria de su tío abuelo, Jeffret Scalf se ve a sí mismo como un solitario centinela.
La verdad es que no es fácil defender el nombre de John H. Dillinger, un hombre que era conocido como el Enemigo Público Número 1.
"Para bien o para mal, este es el legado de mi familia y nadie me lo va a arrebatar", dice Scalf, 50, que admite de buena gana que su fascinación de toda la vida con el infame forajido se ha convertido en una cruzada.
Dice que ha sido estafado por el autor y editor de una biografía de Dillinger, que se negó a pagarle sus derechos. Se siente timado por los dueños de un restaurante que utilizaron el nombre del asaltante de bancos de los años treinta, para publicitar hamburguesas y cerveza y engañado por una compañía de videojuegos de California que usó la apariencia digital de Dillinger para crear un personaje de un juego sobre gángsteres.
Y mejor no hablar con Scalf sobre los organizadores de festivales y autoridades municipales que montan eventos públicos utilizando el notorio nombre y proezas del ladrón -pero que no le pagan por usar su nombre. Eso, dice, es asalto a mano armada.
De día, Scalf es un gerente de márketing para el equipo de baloncesto Indiana Pacers. De noche, ante la pantalla del ordenador, navega internet a la búsqueda de información sobre Dillinger, y cazando a los que explotan su nombre o manchan su recuerdo.
No hay ninguna duda de que su tío abuelo fue un personaje fascinante. Entre mayo de 1933 y julio de 1934, cuando los agentes federales lo mataron a balazos frente al Teatro Biógrafo de Chicago, Dillinger vació más de una docena de bancos y destruyó miles de pólizas hipotecarias guardadas en sus cajas fuertes. Durante ese período de catorce meses en los momentos más álgidos de la Depresión, Dillinger robó más de trescientos mil dólares -el equivalente de casi 4.8 millones de dólares en la economía de hoy. La ola de crímenes obsesionó al país.
Fue un legendario historial de robos, del que Scalf habla con orgullo. También fanfarronea sobre las tres osadas fugas de la cárcel, el hecho de que Dillinger flirteara con las rehenes durante los asaltos a bancos y que Humphrey Bogart dio su gran salto a la fama interpretando a un personaje modelado sobre el bandido.
Cuando Scalf era un niño de campo pobre, soñaba con esta ensalzada imagen de su tío abuelo: Dillinger era todo un hombre, un ingenioso seductor que era mitad playboy, mitad rebelde.
Hoy, Scalf se apresura a señalar las similitudes físicas entre él mismo y Dillinger: De un metro 73 de estatura, Scalf tiene el alto de Dillinger, y las fotografías de su tío abuelo muestran el mismo hoyuelo en la barbilla, la frente alta y entradas, como Scalf. Sin embargo, el pelo rapado de Scalf es ahora más canoso que el castaño de Dillinger; Dillinger murió a los 31. Scalf es también "bastante" más pesado que su pariente.
Dado ese orgullo en los rasgos similares, y el tenaz sentido de lealtad familiar, Scalf no entiende ni perdona a los que llaman asesino a Dillinger.
Fue acusado de matar a balazos al agente de policía William Patrick O'Malley durante el asalto al First National Bank of East Chicago, Indiana, en enero de 1934. Pero el caso nunca llegó ante el juez. Dillinger murió antes de que se formara el jurado.
Scalf insiste en que su familia tiene pruebas de su inocencia, las que piensa revelar en una biografía que está escribiendo. La página web del FBI describe a Dillinger como uno de los "más terribles forajidos" de esa época, pero no dice específicamente que Dillinger haya matado a nadie; sólo dice que su banda fue la responsable.
Scalf reconoce que su héroe tenía defectos. Dillinger desertó de la Armada. Durante los asaltos murieron asesinadas diez personas -algunas lo fueron accidentalmente por los agentes- y se escapó de la cárcel. Pero esas oscuras realidades a menudo ensombrecen los recuerdos de Scalf de las proezas más románticas de Dillinger.
Desde 2001 que Scalf viene entablando demandas o amenazando con acciones legales a los que culpan a su tío abuelo del asesinato de ese agente de policía, incluyendo a dueños de cafeterías, directores de museos, sociedades históricas y funcionarios de ayuntamientos rurales. Ha exigido que todos los que usen el nombre de Dillinger firmen una cláusula de renuncia prometiendo no retratar al bandido como un hombre depravado o miserable.
"John hizo algunas cosas malas. Tuvo una vida trágica", dice Scalf. "Pero no era un asesino".
Ese reclamo ha sido ridiculizado por la mayoría de los historiadores, y los que han sido atacados por Scalf dicen que él está explotando a Dillinger -para provecho y gloria personal propias.
"Eso no tiene nada que ver con la historia", dice el escritor Dary Matera, cuyo editor se enredó con Scalf por ‘John Dillinger: The Life and Death of America's First Celebrity Criminal'. "Tiene que ver con control y dinero".
Scalf admite que algunos de sus propios parientes -que se negaron a ser entrevistados ni pudieron ser localizados- están desconcertados por sus intentos de limpiar el legado de la oveja negra de la familia. Y algunos en pueblo adoptado por Dillinger -Mooresville, un pueblo dormitorio de unos 9.300 habitantes- todavía se sienten avergonzados por todo esto.
Scalf, que dice que ha gastado cientos de miles de dólares en gastos jurídicos, afirma que todavía no recibe beneficios de sus luchas legales. Dice que sueña con usar las regalías para empezar con una fundación para jóvenes con problemas y levantar un museo en Mooresville.
Por supuesto, después de que pagadas sus cuentas legales.

John Herbert Dillinger nació en Indianápolis en 1903 como el primogénito de un tendero local y su mujer. Su madre, Mollie, murió poco después de que él aprendiera a caminar.
Su padre, John Sr., se casó más tarde por segunda vez y se mudó con su nueva esposa, Elizabeth, y sus hijos a una pequeña granja en las afueras de Mooresville, a unos treinta kilómetros al sudoeste de Indianápolis.
La abuela de Scalf, Doris Dillinger Hockman, era la hermanastra joven del bandido. Fue Doris y su marido Harlon quienes contaron a Scalf historias sobre el pasado.
Sacando álbumes de fotos que crujen de viejos, la pareja mostró instantáneas de un arrogante Dillinger -su nieto-, envuelto en un traje negro nuevo con una ametralladora. Las fotografías fueron tomadas en una época en que muchos estadounidenses tenían más respeto por los asaltantes de bancos que por los banqueros.
Doris recordó cómo, de adolescente, veía pasar a los aeroplanos de la policía del estado sobrevolando los campos de la zona, y cómo los niños fastidiaban a los detectives tapándose la cara con sus sombreros y escondiéndose entre los tallos de maíz. Harlon recordó haber mirado nodos sobre las proezas de Dillinger, y cómo cada atraco era cubierto meticulosamente por los reporteros gráficos de entonces -tal como persiguen los paparazzis hoy a las celebridades.
Scalf acribillaba a sus abuelos con preguntas: ¿De qué tamaño era el arma de madera que Dillinger esculpió para escapar de la prisión? ¿Dónde escondía el dinero? ¿Realmente daba cien dólares a los rehenes cuando los dejaba marcharse?
Otros parientes no querían saber nada de ese pasado, ni parecían interesados en los potenciales beneficios económicos que podrían obtener en relación con su pariente.
Una ley de Indiana, conocida como el derechos de publicidad póstuma, permite que Scalf y otros descendiente el derecho a cobrar, o impedir el uso del nombre de Dillinger, su apariencia, voz o personalidad, dice el abogado de Scalf, Amy Wright. En Indiana, esos derechos duran cien años después de la muerte de la persona y cubren, entre otras cosas, la firma del difunto, fotografías, apariencia característica y manerismos.
De acuerdo a Wright, tras la muerte de Dillinger, la abuela de Scalf se quedó con la mayor parte de los derechos, hasta que en 1997 los traspasó a su nieto. (Murió en 2001). Le hizo a Scalf una sola petición: Que impidiera que la opinión pública la llamara la hermanastra de un asesino. Scalf dice que se dio cuenta pronto que -como ocurre con otros personajes históricos-, desconocidos estaban tratando de sacar provecho de su tío abuelo.
Bandas llamadas con el nombre del asaltante de bancos pregonaban CDés punk. Coleccionistas subastaban diarios originales de Chicago de los años treinta con escandalosos titulares sobre los asaltos de Dillinger. En internet, se venden camisetas, calzoncillos y almohadillas para ratón con la cara de Dillinger.
Pero fue lo que ocurrió en Hammond, Indiana, lo que llevó a Scalf a buscar un abogado.
En 1999, la Oficina de Turismo y Convenciones del condado de Lake abrió un museo de Dillinger, un proyecto de 1.4 millones de dólares para fomentar el turismo en el rincón más remoto del nordeste de Indiana.
Las exposiciones incluían una fotografía del Chicago Tribune que mostraba a un grupo de gente reunida detrás del Teatro Biógrafo después de que Dillinger fuera matado, untando sus pañuelos en la sangre que había en el suelo. Una maqueta del callejón mostraban figurillas de agentes inclinados sobre el muerto. Una reproducción de la morgue incluía una réplica del cuerpo de Dillinger sobre una tabla.
Todavía peor, había cajas expositoras mostrando en detalle cómo Dillinger había asesinado a O'Malley.
Esto indignó a Scalf, y exigió que los materiales fueran retirados. Los funcionarios de la oficina de convenciones se negaron a hacerlo. Así que 2001 Scalf demandó a la organización, acusándola de explotar ilegalmente la persona de Dillinger.
Un tribunal del estado le dio la razón, pero no resolvió el tema de las indemnizaciones. Para evitar otro juicio, las dos partes accedieron a una mediación. La oficina ofreció pagar 375 mil dólares; otros detalles -tales como qué hacer con el ‘arma' de madera original que usó Dillinger para escapar de una cárcel de Indiana- quedaron sin resolver. Pero un impasse en la negociación envió a las partes de vuelta al juzgado y ahora el caso irá a juicio este verano.
El museo cerró sus puertas.
Scalf había recién comenzado.
Demandó a una compañía de juegos de ordenador en San Francisco. (Llegaron a un acuerdo). Peleó con un restaurante temático sobre Dillinger en Hudson, Indiana. (Su dueño también prefirió un acuerdo). Demandó a un grupo de promotores que organizaron un festival llamado Dillinger Days en el centro de Ciudad Mason, en Iowa. (El ayuntamiento rebautizó el festival).
De algún modo, ningún rumor sobre la inclinación pendenciera de Scalf llegó a oídos de los organizaciones de los Dillinger Days en Tucson. Desde 1992, este festival anual a atraído a multitudes a sus charlas sobre historia, paseos en coches clásicos y representaciones de cómo la policía capturó a Dillinger.
Pensando que podría ser divertido tener a un miembro de la familia como parte del espectáculo, en 2003 el organizador del evento, Richard Oseran, invitó a Scalf a ser el ponente principal.
El público escuchó ávidamente sus historias sobre la vida de su tío abuelo en el Medio Oeste y los planes del bandido de escapar a México. Después, Scalf se codeó un rato con la multitud. Les contó cómo había comprado la granja de la familia Dillinger y que ahora dice que es suya; cómo guarda todavía el sombrero de fieltro gris que, afirma, llevaba Dillinger en su última visita a la familia. Y adoptó repetidas veces la misma sonrisa y pose desafiante que se ve en los carteles ‘Se Busca' de Dillinger.
Scalf recuerda con orgullo ese viaje, incluso ahora. Pero eso no le impidió, el año pasado, de demandar a Oseran para impedir el espectáculo y para que le entregara la mercancía no vendida de Dillinger. Oseran, que dice que ya no organiza los Dillinger Days, se negó a hablar sobre el asunto.
Que Scalf haya recurrido a la ley como un arma para defender el legado de un notorio delincuente no le parece raro.
"John habría apreciado la ironía", dice Scalf. "Que haya violado la ley no significa que lo puedan hacer otros".
Entre los líos jurídicos, Scalf todavía espera convencer a sus vecinos en Mooresville para acoger al infame hijo nativo de Indiana. Pero la idea no ha prendido.
"Nos interesa mucho más que Mooresville haya sido el pueblo natal de Paul Hadley, que diseñó la bandera del estado", dice el bibliotecario Bill Buckley.
De momento, no hay estatua ni placa en honor de Dillinger. Ninguna calle lleva su nombre ni se marcan sus escapadas. Incluso una vez las autoridades locales ordenaron a un McDonald de la localidad a retirar carteles y otros artefactos que honraban a Dillinger, so pena de tener que vender sus hamburguesas y patatas fritas en otro lugar.
Esa actitud todavía persiste hoy, para asombro de Scalf. "Aquí hay un mercado", dice.
En realidad, tantos cazadores de recuerdos han desconchado trozos de la lápida de Dillinger en el Cementerio Crown Hill en Indianápolis, que la familia la ha reemplazado cinco veces. Algunos se han dejado caer sin invitación en la granja de Dillinger en las afueras de Mooresville y han excavado en el jardín, con la esperanza de encontrar botines enterrados hace más de siete décadas.
Puso a Scalf tan nervioso que escondió todos sus recuerdos de Dillinger -una carta firmada escrita desde la cárcel, su sombrero de barquero de paja, el delgado cinturón de cuero que llevaba el forajido la noche que murió.
Los ha guardado en un lugar que haría aullar a Dillinger.
En una caja fuerte en el banco.

p.j.huffstutter@latimes.com

29 de noviembre de 2007
8 de noviembre de 2007
©los angeles times

©traducción mQh
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el otro hijo de pinochet


[Lino Solís de Ovando] La leyenda desconocida de Juan, el posible heredero quiteño.
Como un fantasma. Inencontrable. Así es Juan, el más fuerte testimonio que habría quedado del romance clandestino del dictador y una pianista de la aristocracia ecuatoriana. Quienes conocen de cerca la historia dicen que es físicamente igual a su padre.
Las mañanas ya no son las mismas para Byron Rodríguez V. desde que se impuso la tarea de encontrar en Ecuador al hijo no reconocido de Augusto Pinochet Ugarte.
Con 47 años, Rodríguez es hombre de férreas obsesiones. Es así como su pelo cano evidencia los costos de haberse convertido, desde hace cinco años, en un sabueso quiteño, detectivesca labor que ha realizado en paralelo al trabajo que le da de comer, la edición de Siete Días, el suplemento de reportajes del diario ‘El Comercio', el principal matutino de la capital ecuatoriana.
Dice estar cerca de la presa. Que sueña con encontrar el paradero de ese posible hijo concebido en Quito entre 1956 y 1959, y que, según conocedores del clandestino romance, tendría un evidente parecido físico con el dictador. Si es cierta toda esta historia, ese ecuatoriano-chileno también gozaría de un excelente oído musical. No por un desconocido don artístico de Pinochet, sino por la impronta de la madre, Piedad, una atractiva pianista de la aristocracia quiteña, amante de Bach.
Clandestino, porque son los años en que Augusto José Ramón Pinochet Ugarte es enviado en misión militar a Quito, luego de haber sido seleccionado junto a un grupo de oficiales para potenciar la Academia de Guerra de Ecuador. Tres años y medio en que Pinochet será parte de la socialité quiteña, pero en los que tendrá que lidiar con la desdibujable presencia de su esposa, Lucía Hiriart Rodríguez, con quien ya ha contraído matrimonio en 1943.
También acompañan al dividido Augusto sus tres primeros hijos: Inés Lucía, Augusto Osvaldo y María Verónica, retoños que se mantendrán ignorantes de las debilidades del padre, delicados a ratos por los malestares relacionados con el soroche (Quito está a 2.800 metros sobre el nivel del mar); embobados con el acento arrastrado de los quiteños y los continuos diminutivos en el habla; pero, sobre todo, desconociendo que junto a su madre han ingresado a territorio apache. Quito, la tierra donde se flecharon la local Manuela Sáenz y el extranjero y libertador de cinco naciones Simón Bolívar, un escenario donde hasta ahora las ligazones entre mujeres y militares foráneos conllevan un erotismo mayor.

El Mayor y Su Amante
Tanta obsesión ha tenido que tener un trasvasije, una posibilidad de descompresión. Para eso ha estado su novela ‘La guerra de la funeraria' (Editorial Planeta), ficción en la que recrea los recurrentes golpes de Estado que ha sufrido el Ecuador; las conspiraciones que se desataron con el boom petrolero; el ascendente de la figura de Pinochet en los militares ecuatorianos, así como "el misterio afectivo más enigmático que a su paso dejó en Quito uno de los dictadores latinoamericanos más oscuros", como se lee en la contratapa del libro.
Ahí también nos enteramos que fue a bordo del buque italiano ‘Marco Polo' en el que se embarcan Pinochet y los suyos hacia Quito, no sin antes detenerse en el puerto del Callao, en Lima, para luego continuar hacia la isla Puná, en el golfo de Guayaquil, donde abordan la lancha ‘Rosita', que navegará el río Guayas hasta dar con el puerto de Guayaquil, junto al monumento a Bolívar y San Martín, el primer gesto sentimental que tendrá Pinochet en Ecuador, cuadrándose e inclinando la cabeza ante los héroes americanos.
Pero su más sentido vínculo se gatillaría el 27 de febrero de 1957, cuando ya se había consolidado como un respetado profesor de la Academia de Guerra ecuatoriana, docente de las cátedras de Geografía Militar y Geopolítica, en el viejo Círculo Militar de Quito, de calle Venezuela. Tras ingresar del brazo de Lucía a ese lujoso salón que destellaba por la luz de las lámparas araña y los espejos de marco dorado. Luego de bailar con gracia chilena valses y pasodobles, siempre en dupla con su elegante mujer, escuchó un loure de Bach en las manos de Piedad. La presencia dominante de Lucía por fin se volvió lábil.
"Desde la velada del Círculo Militar, Pinochet preguntó por la pianista. El oficial encargado de la administración, al parecer, le consiguió su número telefónico. Es posible que al oír la voz del militar, Pía [en la novela] no ocultara su emoción. En esos años, Quito era tan pequeña que cualquier invitación a uno de los hoteles céntricos hubiese sido una temeridad. El militar acaso visitó su casa de calle Calama y Amazonas, una zona de villas, jardines y fuentes de piedra. [...] El mayor Pinochet jamás olvidaría la tarde que habría pasado el umbral de la casa de una sola planta, en cuya fachada ocre crecía una madreselva tupida y fragante [...]
En el cerrado ambiente militar, las bolas no tardaron en rodar. Los rumores iban de cuartel en cuartel, de oficina en oficina.
Decían que el militar chileno se apasionó tanto que el matrimonio estuvo a punto de romperse. Decían que sólo pasaba suspirando por ella. Es posible que en las clases de la Academia de Guerra se aproximara a una ventana para imaginar a la pianista. Quedaron el rumor y el enigma de que Pía tuvo un hijo idéntico al padre.
Otros militares hablaban que él sufría por el dilema de quedarse o viajar a su país al concluir la misión, a finales de 1959. En las unidades castrenses, los chismes persistían. Ella viviría sólo para su hijo, a quien habría llamado Juan, y para su música", detalla la investigación de Byron Rodríguez.

El Psiquiatra
No sólo periodística es la obsesión de Rodríguez. A su empeño en cercar al posible nuevo heredero de Augusto Pinochet se suma su historia personal, cronología producto de la cual le ha sido imposible escapar al encanto por todo lo que huela a historias ocultas de la clase militar.
Rodríguez fue cadete del Colegio Militar Eloy Alfaro, entre 1972 y 1979, y es nada menos que sobrino del general Rodríguez Lara, el dictador de centro-izquierda que lideró su país entre 1972 y 1976, período en el cual jamás permitió que Augusto Pinochet pudiera regresar al Ecuador. Menos con honores de Mandatario. Fue el mismo que se negó a enviar militares ecuatorianos para que se incorporaran al Plan Cóndor.
Con esa carga azarosa sobre su espalda, este sabueso quiteño comenzó a lidiar con los costos sicológicos que conlleva toda obsesión: el estrés. Fue así como tuvo que recurrir a un amigo siquiatra para que aliviara sus aflicciones, sobre todo monólogos interiores que siempre terminaban por volver asfixiante la necesidad de desentrañar si realmente había un hijo de Pinochet en el Ecuador.
"Esta novela la he hecho prácticamente en seis años. Ha sido una novela que me agotó muchísimo. Le he ganado horas al sueño, a los fines de semana. Tuve por ahí problemas familiares con mi pareja, y recurrí a un amigo siquiatra Yo creo mucho en el azar, en el destino. Este siquiatra había estado también en el Colegio Eloy Alfaro por mi época, y cuando yo estaba en su consulta me preguntó qué me pasaba y le conté que estaba muy agobiado con la novela, muy cansado, porque estaba en un punto muy importante, siguiendo la huella del hijo del, en ese entonces, mayor Pinochet. Y él se queda sorprendido y me pregunta qué datos tengo. Le menciono de mis fuentes, de mis contactos, pero le aclaro que me faltan más datos. Y él, sorpresivamente, me dice: Yo te los puedo dar. Yo fui compañero, en la Academia Brasil, del posible hijo de Augusto Pinochet ", rememora el editor del diario ‘El Comercio', quien agrega que esta academia era dirigida por el coronel Salvador, a quien la leyenda dice que Pinochet le habría encargado el cuidado de su hijo.

¿Le preguntaste si estaba seguro?
Me dijo: "Yo no te lo puedo asegurar, porque no tengo el ADN. Pero en la academia siempre se habló de que él era el hijo. Siempre hubo esa leyenda". Y agregó que era muy parecido físicamente. Este siquiatra es una fuente muy confiable, un profesional muy respetado en el Ecuador. Oculto su nombre porque no me ha permitido decirlo. Él me dio los detalles que me faltaban en la novela para armar la leyenda del posible hijo de Pinochet. Me dio los detalles de la casa de la calle Calama. Me dijo el nombre de la posible madre, Piedad, que yo le puse Pía en la novela. Me contó que este chico siempre fue alguien raro, misterioso, como ensimismado.

¿Por qué no ha ocurrido un encuentro entre tú y el supuesto hijo de Pinochet? Ayuda la mediación de este siquiatra.
A mi amigo le he insistido, pero sin suerte. Porque me parece una historia fascinante, que tiene que ver con el lado humano de una figura como Pinochet. Le he dicho que me ayude a buscarlo, a encontrarlo. Sólo dice que ha hablado con él, y que éste ha respondido con evasivas. De hecho, mi amigo me confirmó que está leyendo la novela, y que le ha gustado.

¿Su nombres es Juan, como aparece en la novela?
Sí, se llamaría Juan. Y sería muy parecido al posible padre.

¿Existen fotografías que podrían, entre comillas, incriminar por este desliz a Pinochet?
Sí, las hay. Y creo que existe una fotografía de Pinochet donde aparecería en el monumento de la Mitad del Mundo [en las cercanías de Quito], junto a su supuesto hijo y Piedad.

La actitud del general Rodríguez Lara contra Pinochet evidencia las diferencias filosóficas que existían entre el Ejército chileno y el ecuatoriano. A tu juicio, y de existir un hijo no reconocido de Pinochet en el Ecuador, ¿esto justificaría su anonimato, su distancia de la familia paterna?
Yo pienso que sí. Según el siquiatra, él siempre ha tenido conflicto por su padre, sumado a que su mamá sería la supuesta amante de esta historia, quien murió en 2003.

Ahora lo sabe: la sincronicidad con Pinochet siempre lo ha perseguido. Rodríguez vio en persona al dictador en 1994. Siendo un humilde periodista de la sección Política, y a la espera de las declaraciones de algunos connotados, en el hall del Hotel Oro Verde (actual Swiss Hotel), en Quito, se encontró a boca de jarro al militar que salía del ascensor, vestido con traje, como siempre elegante, con una cámara fotográfica colgando de su cuello, y en compañía de una mujer que hoy sospecha Rodríguez era Piedad: ojos miel, pelo ensortijado.
Pero ya lo decíamos, es un hombre de férreas obsesiones. Su próximo libro, que tendrá como contexto la caída del Presidente Jamil Mahuad, ocurrida el 21 de enero de 2000, volverá sobre el rol que jugaron los militares, esta vez tras la caída de la banca ecuatoriana y, en especial, del Banco del Progreso.
Por eso no es raro que, de vez en cuando, Rodríguez vuelva a pedir una cita con su amigo siquiatra, dispuesto a desestresarse, a conversar un rato. Aunque no pase mucho tiempo hasta que le vuelva a preguntar: ¿cuándo podré ver a Juan?

25 de noviembre de 2007
©la nación
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