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padres contra la guerra


[Damien Cave] Madres y padres, creciente problema para los reclutadores militares.
Rachel Rogers, madre soltera de cuatro hijos en el norte de Nueva York, no se preocupó por la presencia de reclutadores de la Guardia Nacional en la escuela secundaria de su hijo hasta que se enteró de que le enseñaban a los alumnos cómo arrojar granadas de mano usando pelotas de balonmano como substitutos. Durante el mes pasado ha estado insistiendo ante la dirección que limite el acceso de los reclutadores a los niños.
Orlando Terrazas, ex camionero en California del Sur, dijo que se quedó lelo cuando su hijo le contó que los reclutadores estaban prometiendo a los estudiantes trabajo como músicos. Desde septiembre Terrazas ha estado tratando de colgar carteles en la escuela pública de su hijo para contrarrestar la propaganda del gobierno.
Entretanto, Amy Hagopian, co-presidente de la Asociación de Padres, Profesores y Estudiantes APPE de la Escuela Secundaria Garfield, Seattle, ha estado luchando contra una ley de federal promulgada hace cuatro años que exige que las escuelas públicas proporcionen a los reclutadores militares el mismo tipo de acceso a los estudiantes que los reclutadores en las universidades, so pena de perder el financiamiento federal. También hace poco tomó libre de su trabajo para apostarse junto a los reclutadores de la Escuela Garfield y exhibir fotos de soldados americanos heridos en Iraq.
"Queremos mostrar a los militares que no son bienvenidos por la APPE en la escuela", dijo. "Esperamos que otros centros de padres continúen la iniciativa de la APPE".
Mientras el Ejército y la Marina luchan por aumentar sus filas tras dos años de guerra en Iraq, los padres se han transformado en rocas de oposición que los reclutadores no pueden mover.
Madres y padres en todo el país dijeron que estaban aterrados de que sus hijos tuvieran que matar -o ser matados- en una guerra que muchos ven como innecesaria e interminable.
Muchos padres dijeron que utilizan la hora de la cena para desalentar a sus hijos de que sirvan en el ejército.
En las escuelas están insistiendo en que los reclutadores sean apartados, indignados por el acceso que tienen a adolescentes que son fácilmente deslumbrados por paquetes de incentivos y equipos llamativos.
Un sondeo del ministerio de Defensa de noviembre pasado, el último, muestra que sólo un 25 por ciento de los padres recomienda el servicio militar a sus hijos; en agosto de 2003, era un 42 por ciento.
"Los padres", dijo un reclutador en Ohio que insistió en conservar el anonimato porque el Ejército ordenó a los reclutadores no hablar con periodistas, "son el obstáculo más grande".
Legalmente, hay poco que pueda hacer un padre para impedir que se aliste un niño mayor de 18 años. Pero en entrevistas, los reclutadores dijeron que era muy difícil que un joven o una joven se alistara contra las fuertes objeciones de sus padres.
El Pentágono -enfrentado a la posibilidad de contar solamente con voluntarios para un conflicto prolongado, una posición rara vez intentada en la historia de Estados Unidos- está especialmente irritado por una generación de padres activistas que no vacilan en proyectar sus propias opiniones sobre sus hijos.
Lawrence S. Wittner, historiador militar de la Universidad del Estado de Nueva York, Albany, dijo que los padres de hoy tienen más poder.
"Con el servicio militar había pocas posibilidades de evitar a los militares y los padres estaban atrapados, reducidos al consulta del psicólogo o a llevar a sus hijos a Canadá", dijo. "Pero con las fuerzas armadas voluntarias, tenemos un reclutamiento más agresivo y más oportunidades de oponerse".
Algunas de esas oportunidades fueron provocadas por la misma ley que se suponía que facilitaría a los reclutadores la tarea de llegar más directamente a los estudiantes. La ley ‘Que ningún niño se quede atrás', que fue aprobada por el Congreso en 2001, exige que las escuelas proporcionen el teléfono de casa y dirección de los alumnos a menos que los padres se opongan. Esa es a menudo la chispa que enciende la resistencia de los padres.
En entrevistas en los últimos seis meses, los reclutadores dijeron que la oposición puede ser feroz. Hace tres años, quizás 1 o 2 o 10 padres colgarían de inmediato al recibir la llamada en casa de un reclutador, dijo un reclutador en Nueva York que, como la mayoría de los otros entrevistados, insistieron en conservar el anonimato para proteger su carrera. "Ahora", dijo, "en los últimos dos años, la gente cuelga siempre".
Varios reclutadores dijeron que habían sido incluso amenazados.
"Tuve un padre que me dijo que si me veía a la puerta de su casa, que mejor que llevara protección", dijo un reclutador en Ohio. "Hay un montón de hostilidad".
Oficiales militares están claramente preocupados. En una entrevista el mes pasado, el general de división Michael D. Rochelle, comandante de reclutamiento del Ejército, dijo que la resistencia de los padres podrían poner en peligro las fuerzas armadas completamente voluntarias. Si los padres y otros adultos influyentes disuaden a los jóvenes de alistarse, dijo, "plantea la cuestión de que cómo vamos un mantener un potencial nacional para lo que parece que será una guerra larga".
En respuesta, el Ejército ha iniciado una campaña destinada a los padres, con anuncios de televisión y una página en internet que incluye videos de padres que hablan sobre por qué apoyaron la decisión de alistarse de sus hijos. El general Rochelle dijo que era demasiado temprano para decir si hacía alguna diferencia.
Pero el coronel David Slotwinski, un ex jefe de estado mayor para el reclutamiento del ejército, dijo que el Ejército se enfrentaba a una batalla difícil porque muchos padres de la generación baby boomer están inclinados a mirar negativamente el servicio militar, especialmente durante una guerra controvertida.
"No se dan cuenta de que tienen un papel que jugar para hacer que las fuerzas armadas voluntarias sean un éxito", dijo el coronel Slotwinski, que jubiló en 2004. "Si no, tenemos que buscar otra alternativa, y la otra alternativa es a la que más se oponen: el servicio militar obligatorio".
Gran parte de las madres y padres más consternados por el reclutamiento tienen una historia de oposición a Vietnam. Amy Hagopian, 49, profesor de salud pública en la Universidad de Washington, y su marido, Stephen Ludwig, 57, carpintero, dijo que ellos y muchos padres que rechazaban el reclutamiento en la Escuela Garfield tienen una historia de sentimientos anti-bélicos y ven sus intentos como una extensión de su pacifismo.
Pero, agregó, los padres también están reaccionando ante lo que ven como una creciente intrusión militar en la vida de sus hijos.
"Los reclutadores están en todas partes, en la biblioteca, en el comedor", dijo. "Están contactando a los estudiantes más vulnerables y reclutándolos para ir a la guerra".
El acceso está legalmente protegido. En 2000, dijo un ex reclutador en California, era necesario escarbar en los tachos de basura en las escuelas secundarias y universidades para recuperar los nombres y números de teléfono de los alumnos. Pero la ley ‘Que ningún niño quede atrás' establece que las escuelas públicas recibirán financiamiento federal sólo si otorgan a los reclutadores militares "el mismo acceso a los estudiantes de escuelas secundarias" que se proporciona en el caso de universidades y empleadores.
Así, aunque la APPE de Garfield votó el mes pasado prohibir a los reclutadores militares en la escuela con sus 1.600 alumnos, la escuela pública de Seattle no podía aprobar la idea sin perder al menos 15 millones de dólares en fondos de educación federales.
"Los padres han optado por tomar posición, pero nosotros tenemos que cumplir con la ley ‘Que ningún niño se quede atrás'", dijo Peter Daniels, director de comunicaciones del distrito. En Whittier, una ciudad de 85.000 habitantes a 16 kilómetros al sudeste de Los Angeles del Este, una docena de familias acusaron al distrito en septiembre pasado de no asesorar propiamente a los apoderados de que tienen derecho a negar el acceso a los reclutadores a la información personal de su hijo.
Terrazas, 51, padre de un alumno de la Escuela Secundaria de Whittier, dijo que la notificación fue incluida entre otros documentos en un paquete de pre-matrícula enviado en el verano pasado.
"No decía que los militares tuvieran acceso a informaciones sobre los estudiantes", dijo. "Solamente decía que si no querías que tu hijo estuviera listado en un directorio público, tenías que escribir una carta".
Hace algunos años, después del 11 de septiembre de 2001, el tema no habría llamado la atención de Terrazas. Su padre sirvió en la Segunda Guerra Mundial, su hermano estuvo en Vietnam, y dijo que había sido siempre partidario de unas fuerzas armadas fuertes capaces de defender al país.
Pero después de que en la guerra de Iraq no se hallaran armas de destrucción masiva, y que el número de bajas aumentara, no puede reconciliar el orgullo que siente cuando ve a los marines entregando ayuda tras el maremoto en Asia con su preocupación sobre la guerra en Bagdad, dijo.
"No quiero que mi hijo se enliste debido a la situación en que estamos", dijo. "Estoy contra la política de la guerra, no contra los militares".
Después de que Terrazas y varios otros padres expresaron su preocupación sobre el papel de la escuela en las campañas de reclutamiento, el distrito redactó una nueva política. El 23 de mayo introdujo un formulario de no participación para los 14.000 estudiantes.
El formulario, dijo Ron Carruth, asistente de conserjería de la Escuela Whittier, incluye una explicación de la ley, y recuadros que los padres pueden marcar para indicar que no quieren que los militares, universidades, escuelas vocacionales y otras fuentes de reclutamiento reciban información sobre sus hijos. Carruth dijo que el próximo año el distrito también prohibirá que los reclutadores entren a las aulas, y que los militares introduzcan a los terrenos escolares equipos como todoterrenos Humvee, una herramienta de reclutamiento utilizada habitualmente.
Dijo que alguna de la información en el cartel de 28 x 43 centímetros que Terrazas quería afichar, incluyendo cómo verificar las afirmaciones de los reclutadores sobre los beneficios financieros, serán parte de un folleto redactado por la escuela para los estudiantes.
Y al menos una docena de otros distritos en el área, agregó Carruth, de tres que había en noviembre, están considerando aplicar planes similares.
A diferencia de Terrazas, la señora Rogers, 37, de la Escuela Secundaria Falls, en el alto Valle de Hudson, no había pensado mucho sobre la guerra antes de que empezara a dar su opinión en la escuela del ayuntamiento. Había sido "políticamente apática", dijo. No sabía nada de la exigencia de entregar información de la ley ‘Que ningún niño se quede atrás', ni se excluyó.
Cuando su hijo Jonah le dijo que estaba pensando en abandonar una clase de gimnasia que iba a ser organizada por reclutadores de la Guardia Nacional, Rogers, que trabaja a media jornada como oficinista en la oficina de vehículos motorizados local y recibe asistencia pública, dijo que le dijo no transformarse en "un rebelde sin causa".
"En este mundo", le dijo, "necesitamos unas fuerzas armadas fuertes".
Pero cuando se enteró por su hijo de que la clase era obligatoria, y que los reclutadores estaban repartiendo camisetas y llaveros gratis -"Como: ‘Hola, unámonos a las fuerzas armadas. Es divertido'", dijo.
Primero llamó a la Escuela Secundaria Rondout Valley para quejarse sobre la "publicidad falsa", dijo; luego llamó a su legislador.
El 24 de mayo en la primera reunión del directorio de la escuela desde las clases de gimnasia, leyó en voz alta de un manual de reclutamiento que aconsejaba a los reclutadores sobre métodos para obtener el máximo de acceso en las escuelas, incluyendo la distribución de dónuts. Una alumna de la secundaria, Katie Coalla, 18, se levantó en un momento y defendió lacrimosamente a los reclutadores, recibiendo un aplauso de un grupo de unas 70 personas, pero Rogers insistió.
"Tocar esta necesidad de apoyo patriótico profundo está enturbiando el problema", dijo. "El punto no es si yo apoyo a las tropas. Se trata de si una máquina de propaganda bien organizada puede ser utilizada para seducir a niños [para ir la guerra] en las escuelas".

Laura Cummins, en Accord, Nueva York, contribuyó a este reportaje.

7 de junio de 2005
3 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh

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