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el instinto saqueador


[Jeff Jacoby] El saqueo de Nueva Orleans causa profunda confusión.
El huracán Katrina fue horrendo en su devastación, pero la orgía de saqueos y caos que explotó en Nueva Orleans tras su paso fue, en cierto sentido, todavía más siniestra. Un desastre natural puede infligir graves perjuicios físicos a una comunidad. Pero cuando los seres humanos se convierten en salvajes, se despojan de los ligamentos de la civilización -la justicia, la confianza, el respeto, la consideración- que hacen posible la vida en común.
La ferocidad empezó casi antes de que pasara la tormenta. Uno de los primeros supermercados saqueados fue un Wal-Mart; su inventario de armas desapareció rápidamente. Turbas de ladrones vaciaron las tiendas de ropas, joyerías, tiendas de licores. A plena vista de equipos de televisión y reporteros gráficos -y en algunos casos, incluso de la policía y guardias nacionales-, los saqueadores arrastraban cajas de cervezas robadas por el agua que les llegaba a la cintura, llenaban contenedores de basura de ropas, zapatos, y joyas, y atiborraban los portaequipajes de coches con ordenadores y reproductores de DVDs. En un video mostrado por la NBC, unos guardias de seguridad se unieron a los saqueadores para dejar vacía una tienda. También participaron en el saqueo agentes de policía.
Para entrar en una droguería protegida por una barrera de acero, según informó el New York Times, "alguien robó una carretilla elevadora, la empujó durante cuatro manzanas, levantó la puerta de seguridad e irrumpió por la puerta principal". Los ladrones entraron al estacionamiento de un hospital de Nueva Orleans y despojaron a los coches de sus baterías y equipos musicales. Los ladrones robaron un vehículo a un chofer de un asilo de ancianos. Los saqueadores atacaron un camión policial lleno de alimentos.
Pero la interrupción de la sociedad civil no paró los ataques contra la propiedad. Pronto los depredadores empezaron a atacar a personas.
El jueves, el jefe de policía de Nueva Orleans, Eddie Compass, describió la barbarie que había en el centro de convenciones, donde se habían refugiado 15.000 personas: "Hay individuos que han sido violados; hay individuos que han sido agredidos". Envió a 88 agentes de policía a restablecer el orden; la turba los hizo retroceder. Francotiradores de la policía tomaron posiciones en los tejados de las comisarías, alertas a las bandas armadas que estaban recorriendo la ciudad. No todos los cadáveres que aparecieron en Nueva Orleans eran de víctimas ahogadas. Algunos fueron asesinados a tiros. La Agencia Federal de Control de Emergencias estaba tratando de hacer algo, dijo su director Michael Brown, "en condiciones de guerra urbana".
Los que llamaron al principio a disparar a la vista contra los saqueadores debieron ser escuchados -no porque la propiedad sea más valiosa que la vida humana, sino porque cuando la propiedad no está a resguardo de bandoleros, la vida humana tampoco lo está. Cuando los maleantes descubren que pueden saquear sin sufrir las consecuencias, también concluyen que pueden hacer lo que quieren.
Como siempre, también hubo de los que quisieron explicar lo inexcusable.
"Si Nueva York hubiera quedado aislada el 11 de septiembre de 2002, ¿qué habría pasado?", se pregunta Cynthia Hedge-Morrell, vice-presidente del Ayuntamiento de Nueva Orleans. "Cuando no hay alimentos, ni agua, ni servicios sanitarios, ¿quién puede decir lo que haríamos entonces? La gente estaba tratando de proteger a sus hijos". ¿Rompiendo los mostradores de las joyerías? ¿Robando cajas de cerveza? ¿Violando?
A medida que Nueva Orleans se hundía en la anarquía, el Washington Post recordó a sus lectores evitar los juicios morales. "Lo que nosotros pensamos del saqueo", escribió Linton Weeks en la primera página de la sección Estilo del Post, "puede ser más complicado de lo que parece". ¿Por qué exactamente sería "complicado" que los vándalos escapen con DVDs y televisores de pantalla plana? Weeks no lo explicó. Sin embargo, citó a otros que estaban "tratando de entender los matices del saqueo". El profesor Benigno Aguirre, de la Universidad de Delaware, dijo: "Desde fuera pareciera que están robando o violando la ley, pero de hecho algunos están tratando de sobrevivir".
Pero la mayoría de nosotros no tenemos problemas a la hora de distinguir entre gente desesperada que necesita comer y descarados delincuentes que descienden al nivel de salvajes. También la mayoría de nosotros entendemos que la moral y la virtud son todavía más esenciales cuando nos golpea el desastre.
Si demasiada gente se comportó vergonzosamente la semana pasada, innumerables más respondieron al horror de Katrina con bondad y coraje -del heroísmo de los que desafiaron la inundación para rescatar a desconocidos, hasta el torrente de ayuda privada, de un valor de varios millones de dólares, ahora proviniendo de todo el país.
En su clásico 'El hombre en busca del sentido último', el gran psicoanalista Viktor Frankl, escribió: "En este mundo hay dos razas de hombres... la ‘raza' de los decentes, y la ‘raza' de los indecentes". Cada uno de nosotros elige a qué ‘raza' pertenecer. La semana pasada en Nueva Orleans, decentes e indecentes tomaron posición.

Se puede escribir al autor a: jacoby@globe.com.

5 de septiembre de 2005
©boston globe
©traducción mQh


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