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hace cincuenta años, playa girón


Desfile militar e inauguración del esperado congreso del Partido Comunista cubano. Hace exactamente medio siglo, la revolución se anunciaba socialista y rechazaba la invasión financiada y preparada por Estados Unidos. Así empezaba el bloqueo y una enemistad que perdura y parece no tener fin.
[Gustavo Veiga] Cuba. El 16 de abril de 1961, Fidel Castro proclamó la identidad socialista de la revolución cubana, después de que fueran bombardeados cuatro aeropuertos de la isla. Al día siguiente, hace hoy cincuenta años, una fuerza invasora alentada y financiada por el gobierno de John F. Kennedy intentaba hacer pie en Playa Girón de madrugada. Cuba rechazó en 66 horas el desembarco de la llamada brigada 2506, entrenada por la CIA, y con su líder al frente consiguió que se rindiera la mayoría de los casi 1500 combatientes reclutados para la Operación Pluto. Estados Unidos negó su participación en el ataque, aun cuando su presidente describió con lujo de detalles el fracaso ante la Sociedad Americana de Editores de Diarios durante un almuerzo en el hotel Waldorf Astoria del 20 de abril. De nada sirvieron los barcos, aviones, tanques y artillería desplazados desde Puerto Cabezas, Nicaragua. También resultaron inútiles los trece campamentos diseminados por América Central y hasta en Homestead, Miami, donde se entrenó un grupo de 140 condotieros anticastristas que nunca consiguió entrar en acción. "Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es que estemos aquí, que hayamos hecho una revolución socialista en las narices de Estados Unidos", dijo Fidel en el acto de 1961. En efecto, nunca se lo perdonaron. Dwight Eisenhower inició el bloqueo económico contra la isla, que perpetuaron sucesivamente once presidentes norteamericanos, incluido Barack Obama. Pasado mañana se cumple el 50º aniversario de esa victoria militar, la más importante en la historia de la Cuba revolucionaria.
La invasión que no se sostuvo ni tres días completos le costó al gobierno de EE.UU. 336,1 millones de dólares. Historiadores cubanos de la épica gestada en Girón coinciden en que las fuerzas revolucionarias tomaron 1197 prisioneros, abatieron doce aviones y hundieron dos barcos de transporte, además de averiar otros más. Como prueba del apoyo estadounidense en recursos humanos y armamento, quedaron los cadáveres de cuatro pilotos de esa nacionalidad: el capitán Thomas Villard Ray, el mayor Riley Shamburguer y los navegantes Frank Leo Baker y Wado Carroll Gray. También los aparatos B-26 camuflados con insignias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para generar la idea de una rebelión interna que no prosperó.
El plan para hacer una cabeza de playa en la Bahía de Cochinos, en el litoral sur de la provincia de Matanzas, naufragó como algunos de sus navíos de guerra. La pretensión de marchar hacia La Habana y conseguir que Kennedy reconociera un gobierno contrarrevolucionario se convertiría en la "Primera derrota del imperialismo yanqui en América Latina", como reza un cartel vecino al museo de Playa Girón, que en el primer trimestre de 2011 ya fue visitado por 10.873 personas. En la defensa del territorio murieron 147 cubanos (entre milicianos y soldados), aunque las cifras oficiales elevan a 156 las víctimas, por los bombardeos de ablande que realizó el invasor el 15 de abril. Tras ese ataque, el 16, Fidel proclamó el advenimiento del socialismo. Y al día siguiente quedó retratado para siempre bajándose de un tanque T-34 en pleno combate. Una imagen calcada de esa silueta se vio ayer en el palco de la Plaza de la Revolución, en La Habana, durante el desfile por los 50 años del socialismo.
"Lo que no pueden perdonarnos los imperialistas es la dignidad, el valor, la firmeza ideológica, el espíritu de sacrificio y el espíritu revolucionario del pueblo de Cuba", sentenció Castro por aquellos días. El promedio de edad de los caídos en la defensa era de 24 años. La mayoría, hijos de proletarios urbanos y campesinos. El relevamiento de los prisioneros tomados al enemigo por las FAR arrojaba una composición social diferente: latifundistas, grandes comerciantes, magnates industriales, ex soldados del dictador Fulgencio Batista y lúmpenes reclutados a cambio de una paga de 175 dólares para los solteros y 225 a los casados. Diecisiete de sus más altos jefes eran cubanos, pero no la flotilla de naves utilizadas para el desembarco. Sus nombres –Houston, Atlantic y Lake Charles– dan idea de su procedencia. Un repaso al material bélico utilizado corrobora que no se trataba de la Armada Brancaleone que retrató para el cine Mario Monicelli en 1966: 16 aviones B-26, ocho C-46, seis C-54, cañones de 76 y 75 milímetros, morteros de 4.2, rifles Garand, carabinas M-1, bazucas, pistolas y municiones de sobra.
El desembarco comenzó a definirse durante el gobierno de Eisenhower, quien aprobó el 17 de marzo de 1960 un plan militar de cuatro puntos que había sido elaborado por la CIA. Kennedy desechó la idea original de transformar la ciudad de Trinidad, provincia de Sancti Spiritus, en su Normandía. En lo posible, prefería una incursión nocturna y que provocara el menor riesgo político. Según un extenso artículo en Prensa Latina de Luis Báez, autor del reciente libro ‘Fidel por el mundo’, "los analistas seleccionaron Playa Girón. La zona contaba con una excelente pista de aterrizaje. La fecha escogida para la invasión fue el 5 de abril.
Kennedy la trasladó para el 10. Definitivamente decidió: el 17".
Luis Somoza Debayle, el segundo en esa dinastía de dictadores nicaragüenses, despidió a la flota invasora en Puerto Cabezas. Un periodista del Washington Post, Haynes Johnson, describió el pedido que les hizo a sus integrantes: "Tráiganme un par de pelos de la barba de Castro". El cubano y jefe militar de la Operación Pluto, José "Pepe" San Román, nunca pudo cumplirlo, pero sí le entregó a Kennedy una bandera de la brigada 2506 el 29 de diciembre de 1962 en el estadio Orange Bowl de Miami. Ese día, como lo documentan las fotografías y diarios de la época, Jacqueline, la esposa del presidente, dio un breve discurso en castellano: "Es un honor para mí estar entre el grupo de los hombres más bravo del mundo" (La Vanguardia, 30 de diciembre de 1962). Para entonces, Cuba había liberado a 1113 prisioneros a cambio de una millonaria indemnización de guerra.
Hace cincuenta años, los cables de las agencias estadounidenses imaginaban un desenlace diferente para la revolución, como uno de la centenaria UPI (United Press International), fechado en México el día de la invasión: "El primer ministro Fidel Castro se ha dado a la fuga y su hermano Raúl fue capturado. El general Lázaro Cárdenas gestiona el asilo político de Fidel. Stop".
17 de abril de 2011
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coroneles organizados para matar


Fueron procesados dos militares retirados de alto rango por el asesinato de una militante política. Se trata de José María González y Jorge Roberto Diab, ambos con alta responsabilidad en inteligencia durante la última dictadura en Santa Fe. El juez los acusó por el asesinato de Luci Gómez, una militante de la juventud peronista.
[Juan Carlos Tizziani] Santa Fe, Argentina. El juez federal Reinaldo Rodríguez procesó a los coroneles retirados José María González y Jorge Roberto Diab, por el homicidio de una militante de la Juventud Peronista, Gladys Lucía Gómez (‘Luci’), en febrero de 1976, la última víctima de la masacre del camino de Las Moras que el Equipo Argentino de Antropología Forense recién logró identificar en setiembre de 2010, tras ser inhumada como NN hace 35 años. González era el jefe del Area 212 y Diab el segundo jefe del Destacamento de Inteligencia Militar 122 y ya estaban procesados por asesinato de las otras tres víctimas del crimen: Olga Teresita Sánchez, Graciela Siryi y María Cristina Mattioli, que también militaban en la JP. Los dos militares formaron parte de una "organización criminal" que tenía como objetivo "la eliminación física" o la "neutralización ideológica de los opositores políticos". Y desde ese aparato del terrorismo de estado, "comandaron, organizaron o ejecutaron" los delitos de lesa humanidad que se les imputan, dice el fallo judicial al que tuvo acceso Rosario/12.
‘Lucy’ Gómez y sus compañeras fueron secuestradas entre el 27 y el 28 de febrero de 1976, en Santa Fe. Sus cuerpos aparecieron casi un mes después, el 19 de marzo, en una fosa común cerca de Coronda, en el camino a Larrechea, con las manos atadas y disparos en la cabeza. Los inhumaron como NN en el cementerio de Coronda, donde una investigación judicial los rescató en 1998 y tardó trece años en devolverles la identidad: Sánchez fue identificada en 2004; Mattioli, en 2007; Siryi, en 2008 y Gómez, recién en setiembre de 2010. En la causa, se investiga también el secuestro de Mario Luis Totterau, esposo de Mattioli, que sigue desaparecido.
En la resolución, el juez Rodríguez ordenó un embargo sobre los bienes de los dos represores "hasta cubrir la suma de 500 mil pesos", pero les mantuvo el beneficio de la prisión domiciliaria, a pesar de los crímenes impunes. Diab está imputado por 34 homicidios y González por 23, y este año debería ir a juicio oral por uno de esos casos: el secuestro y la muerte de Mario Osvaldo Marini y la privación ilegal de la libertad de la esposa de éste, Ana María Cavadini, el 9 de diciembre de 1975. Las cuentas de ambos, incluyen los cuatro asesinatos en el camino de Las Moras.
González y Diab formaron parte "de la organización de un plan sistemático criminal que tenía como fin la eliminación física o neutralización ideológica de los opositores políticos, desde estructura estatal. Ocupaban importantes cargos dentro del aparato represivo y desde allí comandaron, organizaron o ejecutaron las gravísimas violaciones a los derechos humanos que se les imputan", dice el fallo judicial. González asumió como jefe del Area 212 en diciembre de 1974, la noche del golpe del 24 de marzo de 1976 derrocó al gobernador Carlos Sylvestre Begnis y se convirtió en el primer interventor de la dictadura en la provincia hasta mayo de 1976 y en diciembre de 1976, cedió la jefatura del Area 212 a su sucesor, el coronel Juan Orlando Rolón ya fallecido, quien ocupó el cargo hasta 1979. Mientras que Diab se desempeñó en Destacamento de Inteligencia Militar 122 durante cuatro años, desde el 12 de diciembre de 1975 hasta 1979, como jefe de la Primera Sección y segundo jefe de la unidad.
El fallo de 34 fojas prueba la "inescindible relación" entre "la tarea de inteligencia" que se realizaba "en el Destacamento 122 al que pertenecía Diab, en un grado jerárquico de mando" y "los operativos" de los grupos de tareas. Pero no sólo para señalar el "objetivo" "como se identificaba a las víctimas de la represión sino también por su "colaboración habitual como grupo operativo" en los secuestros y crímenes.
En la indagatoria, Diab admitió que su "actividad" en el Destacamento 122 "era la reunión de información y coordinación de los distintos objetivos que se marcaban". Por lo que el juez Rodríguez recordó un fallo de la Cámara Federal de Rosario sobre cómo operaba el terrorismo de estado. "Todas las víctimas declararon haber sido aprendidas y objeto de torturas para obtener información y esa información (") volvía a servir para detectar nuevos sospechosos, que a su vez serían detenidos y torturados para obtener más datos", agregó.
Los dos imputados "desempeñaron puestos de altar jerarquía militar" en el aparato represivo de Santa Fe. "En tal carácter, impartieron directivas a sus subordinados, en forma conjunta o alternada, para cumplir con el objetivo de la eliminación física o neutralización ideológica" y "supervisaron su efectivo cumplimiento dentro de sus respectivas atribuciones. En ese cometido, tenían poder de decisión sobre los operativos represivos llevados a cabo en esta jurisdicción y el destino final de las víctimas".
Según Rodríguez, en la causa hay pruebas "suficientes y concordantes" que acreditan la "la intervención de González y Diab como partícipes necesarios" en el "homicidio" de ‘Lucy’ Gómez, "hecho éste que habría sido perpetrado por parte de fuerzas militares y/o policiales bajo su dependencia", concluyó.
17 de abril de 2011
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rechaza cargos por vuelos de la muerte


Hilario Ramón Fariña, jefe de los pilotos acusados por los vuelos de la muerte: "No hice nada que no me haya autorizado Prefectura". En 1976 y 1977 fue jefe del Departamento de Aviación de Prefectura, del que dependían los tripulantes y mecánicos de los Skyvan.
[Diego Martínez] Argentina. Hilario Ramón Fariña fue en 1976 y 1977 jefe del Departamento de Aviación de Prefectura, del que dependían los pilotos y mecánicos de los Skyvan, el avión que protagonizó el vuelo de la muerte por el cual el fiscal Eduardo Taiano pidió esta semana la detención e indagatoria de tres pilotos. Según su legajo, Fariña tenía "poco prestigio entre sus superiores". Ex subordinados consultados por Página/12 lo recuerdan como un hombre "temible". En enero de 1984 fue denunciado ante el gobierno de Raúl Alfonsín como "quien se encargaba de tirar desde los aviones Skyvan al mar a la gente secuestrada y torturada en la ESMA". A pesar de la denuncia y de confesión de Adolfo Scilingo, que estuvo a punto de caer al vacío mientras tiraba al mar a personas adormecidas desde un Skyvan, Fariña nunca rindió cuentas ante la Justicia. Pasó a retiro en 1986, fue en 2001 jefe de seguridad de la agencia Seguridad Zabala SRL, con domicilio en Villa Dominico, Avellaneda, y en 2007 Prefectura lo nombró "jefe honorario del Servicio de Aviación". Hoy tiene 82 años y vive en Necochea.

Lo llamo para hablar de los vuelos con secuestrados en los Skyvan cuando usted era jefe –propuso Página/12 el lunes, antes de que trascendiera la decisión de Taiano.
(Largo silencio) Pregunte en Prefectura, dependíamos de Operaciones. Vaya al edificio Guardacosta. Todo lo que hacíamos está registrado ahí. En operaciones y en Aeroparque, en la torre.

Vi los registros pero omitieron que volaban con secuestrados.
Yo no hice ningún vuelo anormal.

¿Cómo se explican vuelos de más de cuatro horas, nocturnos, que despegaban y aterrizaban en Aeroparque?
Seguramente eran de adiestramiento. Mientras yo estuve no hice nada que no me haya autorizado Prefectura y que no me hayan mandado por radio.

¿Trasladar a personas vendadas y drogadas era habitual o esporádico?
No tengo idea, lo nuestro está todo escrito.

Hay vuelos que no tienen ninguna finalidad registrada. ¿A qué se debe?
Todos tienen. Puede ser alguno de mantenimiento, no sé, no me van a prestar un avión para pasear.

¿Podrán ser vuelos en los que se tiraba gente al mar?
No tengo idea. Lo que hemos hecho es lo que correspondía, era todo normal. En la torre de control tiene que estar guardado el motivo de cada vuelo. En forma clandestina jamás hemos salido.

¿Cuál era su lugar físico de trabajo?
En el puerto nuevo.

¿Cada cuánto iba a Aeroparque?
Cuando nos ordenaban algún vuelo, íbamos y cumplíamos. Aeroparque era un lugar público.

Scilingo relató que...
(Interrumpe) A Scilingo no lo conocí y no lo conozco, llame a la Armada.

Scilingo estuvo a punto de caerse desde un Skyvan y ese avión dependía de usted. ¿Mintió Scilingo? ¿Admite que ese vuelo existió?
No puedo admitir nada, tiene que preguntar en Prefectura.

Prefectura no va a admitir nada, le pregunto a usted como persona y como piloto. ¿Se veían los detenidos desde la cabina? ¿En qué condiciones estaban?
¿Quiénes? No lo sé.

Es chiquito el Skyvan, no podían no ver si había personas vendadas.
No llevé personas vendadas ni secuestradas. Vaya a Prefectura, a lo mejor ahí le informan. Nunca se hizo nada que no se registrara y no haya sido autorizado por Prefectura. No tengo nada para contarle que sea anormal.

¿El vuelo que relató Scilingo sería un vuelo normal?
No lo sé, no puedo contestar nada.

Usted fue denunciado en 1984 por tirar secuestrados de la ESMA al mar. ¿Qué hicieron con esa denuncia en Prefectura?
No sé, no me pregunte, yo a usted no le voy a decir nada.

En las planillas consta la finalidad del vuelo. ¿Qué palabra usaban cuando trasladaban secuestrados?
No tengo idea. Vaya a Prefectura, pregunte.

Prefectura aportó casi tres mil planillas de vuelo. ¿Qué significa vuelo de "navegación"?
Práctica de navegación. Para estar preparado ante una zona de tormenta, por ejemplo. El hombre tiene que estar capacitado para volar en cualquier condición. Hoy hay simuladores, en aquella época no existían.

¿Los vuelos nocturnos eran habituales?
Bueno, hasta los ’60 se volaba de sol a sol y después la torre se cerraba hasta el día siguiente. Después se hicieron también vuelos nocturnos, y para eso hay que practicar.

Un vuelo en el que no consta finalidad, que dura casi cinco horas, despega y aterriza en Aeroparque, ¿qué finalidad pudo haber tenido?
Siempre está la finalidad, en algún lado está escrito. Si no figura, no tengo la culpa. No éramos un ente desarticulado, siempre tuvimos dependencias, nos daban una orden y teníamos que comunicar a la torre.

En muchos vuelos figura la cantidad de tripulantes y hasta se identifica a marinos o prefectos por su apellido. ¿Por qué los vuelos con detenidos figuran sin tripulación?
Si no figuran es porque no se habrán transportado.

Hay constancias de sobrevivientes que viajaron.
No le puedo decir nada. Yo dependía de Operaciones, ellos digitaban, decían qué había que llevar, qué no.

¿Usted ordenaba no registrar a los detenidos?
Se registraba todo lo que se hacía.

¿Hablaban entre ustedes de los vuelos de la muerte o era un tema tabú?
Yo por lo menos lo he escuchado después.

¿Cuándo?
Cuando se empezó a ventilar.

¿Y le resultó extraño o familiar?
Bueno, siempre de todo lo que se dice habrá un cincuenta por ciento de verdad y otro cincuenta de fantasía. Siempre digo como Falú, que toca la guitarra y alguna palabra...

Los vuelos están probados, hay confesiones, hay personas identificadas que estuvieron en la ESMA.
Averigüe si pertenecí a la ESMA o estuve en algún lugar. Yo era jefe de la división aviación de Pre-fec-tu-ra –levanta la voz.

Sí, dependía de la Armada.
Pero a mí la Armada no me daba órdenes.

Se las daba a su jefe.
Usted tiene que ir a la fuente.

Por eso lo llamo.
Hubo un montón de jefes.

Pero usted fue jefe en 1976 y 1977.
¿Eso qué tiene que ver?

Son los años con más personas desaparecidas.
No tengo nada que ver.

¿Alguna hipótesis sobre el destino de los desaparecidos?
Ninguna hipótesis, de nada.

¿Ningún remordimiento?
Tampoco. Tengo la tranquilidad de haber hecho lo que correspondía. Lo que hice fue todo normal.
17 de abril de 2011
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murió bernard clayton jr.


Autor de libros de cocina. De origen periodista, se transformó en un experto panadero y repostero.
[William Grimes] Murió el 28 de marzo en Bloomington, Indiana, Bernard Clayton Jr., un periodista de diario cuya pasión por el pan fresco lo llevó a dominar el arte de hacer pan y escribió varios libros clásicos sobre el pan y la repostería. Tenía 94 años.
Su muerte fue confirmada por su esposa Marjorie.
Clayton vivió una epifanía cuando, en 1965, recorría Europa en bicicleta con su esposa. La calidad del pan, agradable para apetitos agudizados por el duro paseo del día, lo impresionó profundamente. Aunque no había hecho nunca nada parecido a un pan en su vida, inició una búsqueda para explorar las complejidades del pan y la repostería.
Su pasatiempo se convirtió en una obsesión, que a su vez se convirtió en una carrera. Durante la década siguiente, viajó por todo el mundo y pasó incontables horas en la cocina de su casa, recientemente equipada con un horno profesional, llegando a dominar las técnicas y las recetas que presentó en ‘The Complete Book of Breads’.
Publicado primero en 1973, se convirtió en un gemelo de ‘Beard on Bread’, de James Beard, en las estanterías de los libros de cocina estadounidenses. Era actualizado periódicamente; la última vez en 2003, bajo el título de ‘Bernard Clayton’s New Complete Book of Breads’.
Un viaje de investigación de once mil kilómetros que lo llevó a visitar panaderías en toda Francia, condujo a ‘The Breads of France’ (1978), un comprehensivo libro de cocina que guiaba al lector a través del pan francés en todas sus formas, desde la fougasse de Provence hasta las rosquillas que se sirven en la charcutería Goldenberg en el barrio del Marais, en París.
‘The Complete Book of Pastry’, publicado en 1981, trata su materia en una escala verdaderamente global, con recetas para strudel, empanadas sudamericanas, pizzas y calzones italianas, baklava griega y piroshki ruso. Craig Claiborne, en el New York Times, lo calificó como "uno de los libros de cocina más importantes del año, sino de toda la década", y declaró que Clayton era para la panadería lo que Marcellan Hazan para la gastronomía italiana y Diana Kennedy para la cocina mexicana.

Bernard Clayton Jr. nació el 25 de diciembre de 1916 en Rochester, Indiana. Su padre era dueño y editor de The Zionsville Times, un semanario, y su hijo, después de estudiar dos años en la Universidad de Indiana, fue contratado como periodista del Indianapolis News.
Pronto fue contratado por la revista Life como editor de fotografía y más tarde dirigió las oficinas de Time-Life en Chicago y San Francisco. Durante la Segunda Guerra Mundial, fue corresponsal militar para Time y Life. Después de la guerra, dirigió Pacific News, una revista de distribución gratuita en Honolulu, antes de iniciar una carrera en relaciones públicas.
En 1964, Clayton dejó el mundo de los empresarios y empezó a viajar, con su esposa, en coche, bicicleta, bote y carreta gitana tirada por caballos, en Estados Unidos y Europa. Dos años después, fue reclutado por la oficina de prensa de la Universidad de Indiana para supervisar un proyecto especial durante seis meses. Se quedó los siguientes catorce años como escritor y editor antes de jubilar en 1980.
Su entusiasmo por el viaje y la comida tradicional estadounidense le llevó a un extenso viaje por las carreteras de Estados Unidos para conocer a cocineros caseros y reunir recetas, publicadas en ‘Cooking Across America’, en 1993. Entre sus otros libros de cocina se encuentran ‘Bernard Clayton’s Complete Book of Small Breads’ (1998) y ‘The Complete Book of Soups and Stews’, publicado por primera vez en 1984 y reimpreso en una edición revisada en 2006.
Además de su esposa, le sobreviven una hija, Susan Barnato, de Bishop, California; un hijo, Jeffrey, de Lake Arrowhead, California; tres nietos; y seis biznietos.
Con la masa, Clayton favorecía una aproximación ruda. "El mejor consejo que puedo dar a un panadero novicio es este", escribió. "No seas gentil con la masa. Trabájala con vigor, golpéala contra el mesón. Los golpes ayudan a desarrollar gluten".
16 de abril de 2011
5 de abril de 2011
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el comisario de alfonsín


Juan Ángel Pirker, el jefe en los ’80.
Argentina. Desde ahora, la Escuela de Cadetes de la PFA dejará de homenajear al jefe policial antianarquista Ramón L. Falcón para llamarse ‘Comisario General Juan Ángel Pirker’, en memoria del jefe policial de la recuperación democrática. Pirker estuvo a cargo de la Fuerza desde 1986, durante el gobierno de Raúl Alfonsín, hasta su muerte, el 13 de febrero de 1989.
Pirker "supo elevar las capacidades del cuerpo policial para esclarecer delitos y avanzar en la construcción de una sociedad más segura promoviendo la honradez, experiencia, capacidad y respeto por la justicia y el derecho como los valores a partir de los cuales erigir la labor policial", señala la resolución firmada por Nilda Garré.
Hijo de inmigrantes (su madre era española; su padre, austríaco), Pirker había nacido en Flores, en julio de 1934, e ingresó a la Escuela de Cadetes de la Policía Federal con 19 años cumplidos. Al año siguiente, comenzó su carrera en la institución en la comisaría 14ª, hasta que, en diciembre de 1983, el gobierno constitucional de la reapertura democrática significó un giro en su carrera. En principio, asumió como jefe de la Dirección General de Personal, sector que, poco más de dos años después, dejó para convertirse en jefe de la Policía.
El esclarecimiento del secuestro y asesinato de Osvaldo Sivak y otros empresarios a manos de una banda integrada por oficiales y agentes de la fuerza fue uno de los casos más resonantes en los que actuó, y a partir de los cuales creció su notoriedad pública. También causó impacto el secuestro de 60 kilos de cocaína, una investigación que le mereció la felicitación personal de Raúl Alfonsín y permitió el desbaratamiento de varias células de ultraderecha asociadas a ese tráfico.
Después del copamiento de La Tablada, Pirker retrucó algunos ataques señalando que "se ha criticado que hemos estado mirando con el ojo derecho nada más y que nos olvidamos del izquierdo; sí, hemos hecho procedimientos con el ojo derecho, pero de haber surgido elementos de juicio para actuar con el otro ojo, o en el centro, o en lo que usted quiera, se habría hecho". Pirker rescataba habitualmente los cambios generados en las fuerzas de seguridad a partir de la reinstauración de la democracia. "Estamos en una etapa de libertad tan amplia que quizá no nos damos cuenta del todo lo que vale. Hay que defenderla", dijo en una de las últimas entrevistas de su vida.
17 de abril de 2011
16 de abril de 2011
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los nombres de las escuelas


Cambiar el nombre de una escuela no es pelearse con el pasado. O, mejor, no es sólo eso. Se trata de proyectar un futuro diferente.
[Enrique C. Vázquez] Argentina. Hace un año, Osvaldo Bayer fue a dar una charla al colegio Nicolás Avellaneda, en el barrio de Palermo. Al finalizar, provocó a los alumnos con algunas preguntas: "¿Les parece bien que este colegio lleve el nombre de uno de los grandes responsables de la conquista de la Patagonia y del exterminio de muchos de sus habitantes? ¿Y ese otro colegio que está acá cerca, ‘el Roca’, debe seguir llamándose así? ¿Pensaron alguna vez en cambiarle el nombre?". Y se disparó el debate.
Ahora, la ministra Garré decidió que tres escuelas de la Policía Federal cambien sus nombres. Quienes allí se formen, ya no lo harán en una institución que homenajea a un asesino. Ramón Falcón, el represor de obreros de principios del siglo XX; Alberto Villar, el comisario organizador de la Triple A, y Cesáreo Cardozo, el jefe de la Policía Federal de Videla y uno de los arquitectos y ejecutores del terrorismo de Estado en 1976, también bajaron de cartel.
En los últimos años fue frecuente que los carteles de chapa con el nombre de la calle Ramón L. Falcón, en el barrio de Flores, fueran cubiertos por otros más modestos, de papel, que recordaban a Simón Radowitzky, el obrero anarquista que mató al comisario responsable de los muertos y heridos en la manifestación del 1º de mayo de 1909. Sectores de la sociedad civil procuraban, de este modo, revisar a qué protagonistas de aquellas luchas sociales debía reivindicarse.
El cambio de nombres propuesto por el gobierno nacional tiene el valor de que es ahora el Estado quien se involucra en la revisión de aquel pasado. Y la opción, lógicamente, no es Radowitzky. No se está reeditando el conflicto entre los anarquistas y la policía del Estado oligárquico. Lo que hoy está en pugna son dos modelos de policía: el comisario Falcón o el comisario Juan Angel Pirker, el jefe de policía de la democracia entre 1986 y 1989.
Algunos consideran que cambiar los nombres de calles, plazas e instituciones son meros formalismos. Como cuando el presidente Kirchner le ordenó a un general que bajara el cuadro de Videla. Sin embargo, cuando esos gestos, con su alto grado de carga simbólica, están acompañados por políticas que modifican la realidad concreta, palpable, la forma se confunde e integra con el fondo de la cuestión.
El cuadro descolgado de los dictadores es un símbolo en el que se condensan los juicios que, últimamente, están permitiendo encarcelar a los genocidas. Es como si Néstor Kirchner hubiese dicho: esto va en serio. La cárcel común para el ex comisario Patti es una prueba de ello.
Este gesto de la ministra de Defensa también parece querer decir lo mismo. La Policía Federal no puede seguir siendo lo que fue. Debe cambiar por dentro y sus instituciones educativas deben tener denominaciones acordes con lo que una sociedad democrática requiere de sus policías.
Cambiar el nombre de una escuela no es pelearse con el pasado. O, mejor, no es sólo eso. Se trata de proyectar un futuro diferente. Está de moda, últimamente, la expresión "batalla cultural". Oponer la figura del comisario Pirker a la de Falcón es parte de esa batalla. Se trata de una lucha que, en el día a día de la política, se expresa en la diferencia entre decidir si es mejor desalojar intrusos a balazos o hacerlo negociando, convenciendo, con política social.
Estamos comenzando a transitar un camino que, sin dudas, será arduo y sinuoso, para tener una policía diferente. No está garantizado el triunfo. Si en el futuro hay o no una escuela de policía que se llame ‘Comisario Luis A. Patti’ tendremos un indicio de quiénes ganaron.
[El autor es historiador y vicerrector del Colegio Nicolás Avellaneda.]
17 de abril de 2011
16 de abril de 2011
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cabilderos y comisiones parlamentarias


columna de lísperguer
Denuncian influencia indebida de cabilderos sobre proyectos de ley.

En otros proyectos también se hace sentir la presión de los cabilderos, que se encuentran incrustados en torno a las comisiones parlamentarias. Es habitual que estas inviten a personas a dar su opinión sobre los proyectos en estudio, pero no existe ninguna regla que determine quiénes deben ser invitados y las invitaciones son cursadas arbitrariamente. En algunos casos, los mismos cabilderos aparecen una y otra vez, año tras año, dictando charlas sobre temas relacionados, a veces muy alejados de sus competencias (por ejemplo, se invita a dueños de criaderos de perros a charlar sobre qué hacer con los perros en situación de calle y muy a menudo se ignora completamente a personas y/u organizaciones relevantes). Algunos cabilderos incluso se han convertido en amigos de los parlamentarios, lo que parece asegurarles invitaciones seguras. Este es un terreno sobre el que se debe legislar para que sectores relevantes de la ciudadanía puedan dar su opinión.
lísperguer

cambio de nombre


Los institutos de formación de la federal dejan de llamarse Ramón L. Falcon, Alberto Villar y Cesáreo Cardozo. El cambio fue anunciado ayer, durante el acto de graduación de los primeros agentes de la gestión Garré. Irá acompañado por modificaciones en los planes de estudio. La Escuela de Cadetes se llamará Comisario Ángel Pirker.
[Eduardo Videla] Argentina. Ramón L. Falcón, Alberto Villar y Cesáreo Cardozo, nombres asociados con la policía más represiva, instrumento del terrorismo de Estado, ya no prestarán sus nombres a las escuelas donde se forman los futuros agentes, oficiales y comisarios. Por una resolución de la ministra de Seguridad, Nilda Garré, se reemplazaron esos personajes por otros jefes policiales "cuya trayectoria estuvo asociada con la democracia y su trabajo tuvo una fuerte vinculación con la comunidad". Los cambios, explicaron en el ministerio, acompañan modificaciones en los tres niveles de la formación policial. Desde el jueves, la Escuela de Cadetes dejó de llamarse Ramón L. Falcón para denominarse Comisario Angel Pirker, el comisario general designado por Raúl Alfonsín como jefe de la Federal. La Escuela de Agentes y Suboficiales cambió el nombre de Alberto Villar –uno de los fundadores de la Triple A– por el de Don Enrique O’Gorman, un civil que fue jefe de la policía de la Capital desde 1867 a 1874, que prohibió en su gestión el uso del cepo y otros instrumentos de tortura. Y la Escuela Superior de Policía, que recordaba al represor Cesáreo Cardozo, primer jefe de policía de la última dictadura, se llama ahora Comisario General Enrique Fentanes, un policía con perfil académico pero también con experiencia como investigador.
Los cambios fueron impulsados por la ministra Garré, con la idea de "acompañar las modificaciones que se encararon en los tres niveles de formación policial", explicó a Página/12 el subsecretario de Gestión de Personal de las Fuerzas Policiales y de Seguridad, Gustavo Palmieri. En todos los casos fueron "consultados con las autoridades de la institución", agregó.
Con respecto a las nuevas denominaciones, tanto el comisario Pirker como Fentanes cuentan con un gran reconocimiento dentro de la fuerza. El primero, porque su gestión es recordada por los oficiales de mayor edad: estuvo al frente de la fuerza desde 1986 a 1989, cuando falleció, dentro del Departamento Central de Policía. En esos años, además, la policía desarrolló importantes investigaciones que desbarataron bandas de secuestradores extorsivos en las que participaban ex represores. En cuanto a Fentanes, es uno de los ideólogos de la federalización de la policía y autor de textos que forman parte de la carrera policial. Su nominación, además, tiene algo de revancha: la Escuela Superior llevaba su nombre hasta que la última dictadura decidió homenajear a Cesáreo Cardozo, que no venía de las filas policiales sino que era general del Ejército. O’Gorman, en tanto, es un pionero en la organización de la policía porteña, en tiempos de lucha entre autonomistas y nacionalistas, y tuvo un papel destacado durante la epidemia de fiebre amarilla, en 1871, junto al médico Francisco Javier Muñiz.
Varias coincidencias unen las trayectorias de los tres nombres salientes. Todos cargan en su haber con muertes de civiles pero no en acciones contra el delito sino en la represión de trabajadores u opositores políticos. Los tres murieron como resultado de atentados con explosivos.
Ramón Lorenzo Falcón, formado en el Colegio Militar, había sido uno de los mejores oficiales del general Julio A. Roca, durante el exterminio de los pueblos originarios que se denominó Campaña del Desierto. En 1906 fue nombrado jefe de la Policía; un año más tarde reprimió una huelga de inquilinos en los conventillos porteños.
El 1º de mayo de 1909, su tropa reprimió a sangre y fuego un acto de obreros anarquistas que habían colmado la Plaza Lorea, en Congreso. El saldo fue de al menos once muertos y ochenta heridos. Tres días después, intentó disolver el masivo cortejo fúnebre. El 14 de noviembre de ese mismo año, el militante anarquista Simón Radowitzky, que tenía 18 años, arrojó un explosivo contra el coche donde Falcón iba con su secretario. Los dos murieron.
La historia del comisario Alberto Villar no es menos cruenta. Había sido miembro de la custodia de Juan Domingo Perón durante sus primeras presidencias y fue designado jefe de la Policía Federal en 1973, durante el tercer mandato del líder justicialista. Lo secundaba otro comisario represor, Luis Margaride, quien se había hecho famoso en los ’60 por sus allanamientos moralizadores en hoteles alojamiento.
La militancia de los ’70 asociaba a ambos con las persecuciones y torturas que habían padecido durante la Resistencia. Pero en su nuevo rol Villar formó parte de la organización de la Alianza Anticomunista Argentina, que comenzó con su serie de crímenes políticos días después de la muerte de Perón, con el asesinato del diputado Rodolfo Ortega Peña.
Villar murió el 1º de noviembre de 1974, junto a su esposa, cuando su lancha, que navegaba por el Delta, voló por el aire, al estallar el explosivo que colocó un comando de Montoneros.
El tercer nombre de los que ya no están en los institutos policiales es el de Cesáreo Cardozo, un general del Ejército que el 31 de marzo de 1976, días después del golpe, fue nombrado al frente de la Federal. Desde ese lugar, estuvo en la primera línea del plan represivo de la dictadura.
Cardozo murió como consecuencia de otro explosivo. Lo había colocado bajo su cama una chica de 18 años, militante montonera, que había sido compañera de estudios de la hija del militar.
Ni Villar ni mucho menos Cardozo cuentan con demasiada simpatía entre la oficialidad de la Federal. En cambio, Falcón resulta ser para los policías poco menos que un prócer: es el creador de la escuela que los forma, que lleva su nombre desde 1930, mucho antes de la creación de la Federal, en 1943. Fue el cambio que menos gustó.
Las modificaciones se dieron a conocer durante la graduación de la primera promoción de policías de la gestión Garré: son 360 agentes que irán a "reforzar de inmediato al dispositivo de seguridad pública en las calles", informó la ministra.
El cambio de nombres en los institutos de formación "se fundamenta en la obligación del Estado de construir una sociedad donde todos sus espacios, en particular las instituciones formadoras, proclamen valores democráticos y el respeto a los derechos humanos", destacó Palmieri. Por eso, "es pertinente que las denominaciones de las escuelas se relacionen con la trayectoria de personas que han contribuido con su accionar a proteger la vida y las libertades de los ciudadanos", subrayó.
16 de abril de 2011
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