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murió hideko takamine


Una de las actrices de cine más importantes de Japón. Apareció en más de trescientas películas.
[Dennis McLellan] Murió Hideko Takamine, una niña estrella de Japón en los años treinta que se convirtió en una de las principales actrices de cine durante la época de la Segunda Guerra Mundial, representando a toda una gama de mujeres contemporáneas que capturaron el tenor de los tiempos. Tenía 86 años.
Takamine, que murió de un cáncer al pulmón, hizo su debut en la pantalla a los cinco en la exitosa película muda ‘Mother’, de 1929, y se dice que actuó en más de trescientas películas en una carrera que terminó cuando se retiró en 1979.
"Hideko Takamine era una de las más queridas y logradas estrellas del cine japonés", dijo Kevin Thomas, ex redactor de Times que reseñó películas japonesas entre 1962 y 1985. "Era guapa, y poseía un tremendo rango y versatilidad".
Después de empezar como una "especie de respuesta japonesa a Shirley Temple", dijo Thomas, "emergió como una de las grandes actrices japonesas del periodo de posguerra, que fue un periodo tremendo para el cine japonés".
Tras la guerra, dijo Thomas, "hubo un renacimiento del cine japonés. Las películas podían girar sobre la guerra y distribuir culpas, el impacto de la ocupación, la creciente emancipación de la mujer, todo ese tipo de cosas. Había una estupenda fermentación, y fue un periodo realmente creativo".
Y para muchos japoneses, escribió Phyllis Birnbaum en su perfil de Takamine en el New Yorker, "formaba tanto parte del Japón de posguerra como la leche en polvo de raro sabor que distribuían los militares estadounidenses".
"Muchas de las heroínas de Takamine eran mujeres corrientes que habían crecido después de la guerra", dijo a Birnbaum el historiador de cine Donald Richie. "Como muchas japonesas de entonces, querían más de la vida, pero no lo lograron".
"Las mujeres descubrieron que la guerra podía haber terminado, pero ellas no estaban mejor. Todavía se sentían infelices. Así que el tipo de papeles de Takamine se correspondían con el espíritu de la época, quizás había hecho el espíritu de la época".
Takamine, que dejó los estudios cinematográficos en 1950 para trabajar independientemente, rodó muchas de sus películas más notables con directores como Mikio Naruse y Keisuke Kinoshita.
Fue una striptisera en la película satírica de Kinoshita, ‘Carmen vuelve a casa’ [Carmen Comes Home], de 1951, el primer largometraje japonés en color; y una maestra en la película de Kinoshita contra la guerra, ‘Veinticuatro ojos’ [Twenty-four Eyes].
También representó memorablemente el papel que el crítico de cine Michael Wilmington describió una vez como el de "una mujer enamorada obsesivamente de un hombre sin valor" en la aclamada película de Naruse, ‘Nubes flotyantes’ [Floating Clouds], de 1955, y una camarera viuda en la película de Naruse, ‘Cuando una mujer sube la escalera’ [When a Woman Ascends the Stairs] (1960).
"Ambos directores son conocidos por sus descripciones de las mujeres, aunque sus estilos son completamente diferentes", dijo Takamine al diaro Straits Times en 1994. "Durante más de diez años, pasé de uno al otro, como una pelota de pingpong.
"Aunque diferentes en estilo, compartían una aversión común a las cosas no naturales. Yo trataba de ser tan natural como las mujeres que vemos en las noticias, pero agregando un poco de dramatismo para que pareciera todavía más real".
En 1955, el año en que Takamine se convirtió en la estrella más taquillera de Japón, se casó con el director y guionista Zenzo Matsuyama, que la sobrevive y con la que rodó varias películas.
Cuando se casaron, Takamine dijo a la prensa que quería "crear un nuevo estilo de esposa con trabajo".

Takamine nació el 27 de marzo de 1924 en Hakodate, en la isla de Hokkaido.
Su madre murió cuando tenía cuatro años y su padre la puso bajo los cuidados de su hermana en Tokio. Un año después, con su tía haciendo las veces de madre, Takamine entraba al mundo del cine. Se calcula que, de niña, apareció en cien películas, incluyendo sus papeles como niño.
"No había leyes contra el trabajo infantil, y yo era el sostén de mi familia", contó sobre sus días como niña estrella en una entrevista con el New York Times de 1983.
A diferencia de otras niñas estrellas, Takamine hizo una exitosa transición hacia su adolescencia.
Durante la Segunda Guerra Mundial recorrió los campamentos del ejército japonés cantando para las tropas. Inmediatamente después de la guerra, cantó para las tropas de ocupación estadounidenses en un teatro en Tokio.
"Yo cantaba canciones norteamericanas como ‘You Are My Sunshine’", dijo en la entrevista de 1983. "No tuve tiempo para pensar si me gustaba o no. Era trabajo.  Y, entre bastidores, me llegaban flores y chocolates y cupones de racionamiento, así que sobreviví gracias a los americanos".
Takamine se retiró después de que Kinoshita dirigiera ‘Hijo mío, hijo mío’ [Oh My Son!] en 1979.
Interrogada en la entrevista de 1983 sobre si lamentaba algo de su carrera, la franca Takamine dijo: "La odio todos los días. La he odiado durante cincuenta años, pero he continuado llevada por una especie de orgullo profesional".
Takamine, que no tuvo una educación digna de mencionar y de la que se dice que aprendió a leer ella misma, escribió varios libros, entre ellos ‘My Professional Diary’, una autobiografía de dos tomos publicada en 1976.
6 de enero de 2011
5 de enero de 2011
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palabras que avergüenzan


Ley discutible, palabras que avergüenzan.
[Eric Nepomuceno] A mediados de diciembre, faltando dos semanas para el final del gobierno de Lula, la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA condenó a Brasil por no haber punido los responsables de las prisiones, torturas, muertes y desapariciones de 62 miembros del maoísta Partido Comunista do Brasil en la región del Araguaia, en la Amazonia, entre 1972 y 1974. En aquel período fueron movilizados cerca de cinco mil soldados (entre ellos, unidades de elite del ejército) para derrotar a poco más de 80 guerrilleros. El fallo de la OEA se extiende por 126 folios y afirma de manera indudable que las disposiciones de la Ley de Amnistía decretada en 1979 no pueden impedir las averiguaciones y las sanciones a esas graves violaciones de los derechos humanos. Dice tratarse de disposiciones "incompatibles con la Convención de la OEA, carecen de efectos jurídicos y no pueden seguir representando un obstáculo para la investigación de los hechos, ni para la identificación y punición de los responsables".
Dicho en otras palabras, de forma directa: la Corte Interamericana de Derechos Humanos de la OEA hizo lo que el Superior Tribunal Federal, corte suprema del país, no tuvo el valor de hacer. Y que el gobierno de Lula (a excepción de su ministro de Justicia, Tarso Genro, y del secretario de Derechos Humanos, Paulo Vanucchi) no quiso o no tuvo suficiente coraje para hacer: decir que la Ley de Amnistía de 1979, cuando el país vivía bajo los rigores de una dictadura todavía encastillada en el poder, es espuria e inconstitucional. Lula tampoco se animó a instaurar una Comisión de la Verdad, para que se sepa quién hizo qué, y qué se hizo, y cómo se hizo, para que nunca más ocurra lo que ocurrió. No para punir a nadie, no habría que llegar a tanto: nomás para que se recupere el derecho a la memoria.
Lula dejó esa mancha en su gobierno, pese a los esfuerzos de Genro y Vanucchi. Y dejó también, en la herencia que entregó a Dilma Rousseff, la presencia incómoda, bizarra y poderosa del ministro de Defensa, Nelson Jobim, quien, más que aliado, se mostró absolutamente sumiso a los cuarteles. Ha sido, en el gobierno, el principal ariete de los sectores más retrógrados de la Iglesia, las Fuerzas Armadas, los medios de comunicación y la sociedad brasileña. Defendió a todo precio que la amnistía impuesta por la dictadura en 1979 alcanzó a los dos lados. A los que se opusieron a esa dictadura y a los que ejercieron la barbarie en nombre del Estado. Vale recordar que los opositores fueron castigados con persecución, exilio, prisión, tortura, muerte, desaparición. Los asesinos y torturadores se quedaron con la certeza de que no serán castigados.
El tema es viejo, y desde hace década y media es tratado siempre con una cautela tan extrema que más justo sería llamarla temor. El gobierno de Cardoso avanzó, pero muy prudente, reconociendo excesos del Estado, una entidad sin rostro ni nombre. El gobierno de Lula quiso impulsar un Plan Nacional de Derechos Humanos. Tropezó con el poder del miedo, y ahí se quedó.
En 2010, la Orden de los Abogados defendió que la Ley de Amnistía no incluía a torturadores y asesinos. La iniciativa fue congelada por el Supremo Tribunal Federal. Argumento miedoso de esa corte suprema: no era admisible "revisar la Ley de Amnistía". Ocurre que nadie quería revisarla: se trataba solamente de decidir si era o no aplicable a los responsables por crímenes de lesa humanidad, algo que no está admitido por una infinidad de acuerdos internacionales firmados por Brasil.
Tarso Genro, cuando ministro, defendió un argumento insólito: los violadores actuaron fuera de la legalidad de la misma dictadura, ya que no existían órdenes formales de servicio o cualquier norma legal que permitiese la tortura, la ejecución o el secuestro de personas bajo tutela del Estado. En vano. Es que en Brasil persiste el temor esdrújulo a las corporaciones, que –esquivas– dicen que lo que importa es mirar hacia adelante, y que no vale la pena mirar hacia el pasado. Como si una cosa impidiese la otra.
María do Rosario, secretaria de Derechos Humanos de Dilma Rousseff, pidió, en su discurso de asunción, que el Congreso estableciera una Comisión de la Verdad, para que se sepa lo que ocurrió y se conozcan los responsables. Ni siquiera habló de castigo. Aseguró que no se trata de "revanchismo o venganza", sino del derecho a la memoria y a la verdad. El derecho de los familiares de los muertos y desaparecidos a conocer, al fin, qué pasó con ellos.
Al rato, llegó la respuesta del general José Elito Siqueira, ministro del Gabinete de Seguridad Institucional: "Hay que mirar hacia adelante. Lo que pasó, pasó. No es ninguna vergüenza que existan desaparecidos". A sus 64 años, el general era cadete en 1969, cuando campeaba la tortura en Brasil. Somos casi de la misma edad, pero admito suponer que no supiese lo que ocurría. Que no haya participado de nada. Pero no cabe suponer que no sepa el peso de sus palabras.
No, general. Es una tremenda vergüenza que hayan ocurrido desapariciones. Y otra vergüenza es decir lo que dijo usted. Usted ofende mi memoria, ofende al uniforme que usa. Una vergüenza, general. Una vergüenza.
5 de enero de 2011
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murió anne francis


Fue una de las estrellas del clásico de ciencia ficción, ‘Planeta prohibido’ de los años cincuenta.
[Dennis McLellan] Murió el domingo la actriz Anne Francis, que fue una de las dos protagonistas del clásico de ciencia ficción de los años cincuenta, ‘Planeta prohibido’ [Forbidden Planet], y que fue más tarde la estrella de la serie de televisión ‘Honey West’ de los años sesenta, cuyo personaje principal era una sensual detective privado que tiene un ocelote como mascota. Tenía 80 años.
Francis, a la que le diagnosticaron un cáncer al pulmón en 2007 y fue operada y sometida a quimioterapia, murió tras complicaciones de un cáncer al páncreas en una residencia de ancianos en Santa Bárbara, informó Jane Uemura, su hija. Murió acompañada por amigos y familiares, informó la portavoz de la familia, Melissa Fitch.
Una rubia curvilínea con un distintivo lunar junto a su labio inferior, Francis era niña modelo y actriz de radio cuando se interesó por el cine a principio de los años cincuenta.
Tuvo papeles principales y secundarios en más de treinta películas, entre ellas ‘Conspiración de silencio’ [Bad Day at Black Rock], ‘Más allá de las lágrimas’ [Battle Cry], ‘Semilla de maldad’ [Blackboard Jungle], ‘Mercenarios’ [The Hired Gun], ’Vaya marineros’ [Don’t Go Near the Water], ‘Proyecto Brainstorm’ [Brainstorm], ‘Una chica divertida’ [Funny Girl] y ‘El pescador pescado’ [Hook, Line and Sinker].
Se convirtió en una actriz de culto como una de las estrellas de ‘Planeta prohibido’, la película de MGM de 1956, con Walter Pidgeon y Leslie Nielsen, que incluyó a un servicial robot llamado Robby.
Sin embargo, Francis no se convirtió nunca en una gran actriz de cine y se la veía con mucho más frecuencia en televisión, como actriz invitada de decenas de series desde fines de los cincuenta y más allá, incluyendo un episodio de ‘La dimensión desconocida’ [The Twilight Zone; En los límites de la realidad] en el que fue el maniquí de unos grandes almacenes que adquiere vida en la noche.
Pero Francis será mejor recordada como la estrella de ‘Honey West’, la primera mujer detective en una serie semanal de televisión.
Basada en el personaje del título de la serie de G.G. Fickling de las novelas de misterio de Honey West , iniciada en 1957, la Honey West de Francis fue introducida a los telespectadores en un episodio de ‘El detective millonario’ [Burke’s Law] en la primavera de 1965.
El episodio fue el piloto de la serie de media hora, ‘Honey West’, que fue producida por Aaron Spelling transmitida en el otoño de 1965.
En este, West, que hereda una agencia de detectives de su fallecido padre en Los Angeles, tenía un socio llamado Sam Bolt (John Ericson), compartía un departamento con su tía Meg (Irene Hervey) y poseía un ocelote antropófago como mascota, llamada Bruce Biteabit.
En lo que más tarde Francis describió como "una irónica James Bond femenina", su sabuesa privada y karateka conducía un convertible deportivo Cobra hecho a la medida y, cuando era necesario, operaba desde un furgón de vigilancia móvil especialmente equipado que estaba pintado como un vehículo de la televisión.
Otros trucos suyos al estilo de Bond incluyen un radiotransmisor en forma de lápiz labial, una aceituna de Martini falsa con un mondadientes para captar conversaciones, pendientes que explotaban liberando gas lacrimógeno cuando eran arrojadas al suelo y una liga negra con encajes rosados que era al mismo tiempo una máscara antigás.
Como la exuberante y sensual Honey, Francis llevaba un llamativo vestuario que incluía una gabardina negra con patrón de piel de serpiente, un vestido de gala de marta remachado con pedrerías y un bañador de piel de tigre con una combinación de capa.
En la era de la televisión con las amas de casa Donna Reed y Harriet Nelson, la independiente y responsable Honey West ha sido descrita como un modelo para la generación de mujeres baby-boomers.
"Probablemente era la precursora de lo que llamaríamos los buenos aspectos de la independencia femenina", dijo al Commercial Appeal, de Menfis, en 1997.
"Los productores y guionistas con los que he trabajado, todos en la treintena y cuarentena, me dicen todo el tiempo: ‘No tiene ni idea de la influencia que tuvo en mí a través de Honey West. Me mostró que podía hacer algo inusual con mi vida, que podía ser libre y no depender de otro ser humano para sobrevivir".
Francis ganó un Globo de Oro a la mejor actriz de televisión y recibió una nominación a un Emmy por su retrato de Honey West.
Las series fueron bien acogidas, pero ABC las canceló en 1966 después de treinta episodios. "Pudieron comprar ‘Los vengadores’ [The Avengers] (serie de espionaje), de Inglaterra, por menos de lo que cuesta hacer nuestro programa", dijo Francis más tarde.

Nació el 16 de septiembre de 1930 en Ossining, Nueva York. A los siete, después de que su familia se mudará a Ciudad de Nueva York, fue contratada por la agencia de modelaje John Robert Powers.
Su carrera como niña modelo la condujo a roles de actuación en los programas de radio para niños ‘Let’s Pretend’ y ‘Coast-to-Coast on a Bus’, y luego se pasó al radioteatro. En 1941 apareció en Broadway, como Gertrude Lawrence de niña en ‘Lady in the Dark’ [Una mujer en la penumbra].
Francis llegó a Hollywood por primera vez en 1946 y fue contratada por MGM. Pero después de un año de estar "acicalándose" en el estudio, durante el cual tuvo un pequeño papel en el musical de Mickey Rooney, ‘Otoño en primavera’ [Summer Holiday], Francis, todavía adolescente, volvió a Nueva York, donde empezó a aparecer en programas de televisión en vivo.
Después de representar a una prostituta adolescente con una hijita en un reformatorio en ‘Jóvenes perversas’ [So Young, So Bad}, un largometraje rodado en Nueva York en 1950, Francis fue contratada por 20th Century Fox. Después de tres años en Fox, volvió con MGM; a fines de los cincuenta, era autónoma.
Mientras estuvo en MGM fue co-protagobista de ‘Planeta prohibido’, un éxito de taquilla de gran presupuesto que fue nominado a un Oscar por sus efectos especiales.
Francis fue Altaira, la atractiva hija de un científico (Pidgeon): los dos únicos humanos sobrevivientes de un misterioso y avanzado planeta.
"Me dieron ese papel porque trabajaba para MGM y tengo buenas piernas", dijo Francis, que acostumbraba lucir abreviados trajes futuristas, en una entrevista para la revista Starlog en 1992.
En la época, recordó, "no creo que ninguno de nosotros haya estado realmente consciente del hecho de que se iba a convertir en una película de culto, probablemente mucho, mucho más firme hoy que entonces... ‘Planeta prohibido’ tuvo vida propia, algo que ninguno de nosotros sabía que iba a pasar".
Francis, que escribió en 1982 sus memorias ‘Voices From Home: An Inner Journey’, siguió apareciendo en televisión hasta fines de los noventa.
Además de Uemura, a Francis, divorciada dos veces, le sobreviven otra hija, Maggie, y un nieto, dijo Fitch.
5 de enero de 2011
3 de enero de 2011
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belleza y lucha de clases


Concursos de belleza exponen brecha en los ingresos. Miss Colombia y Miss Independencia..
[Simon Romero] Cartagena, Colombia. La champaña fluía. El humo de cigarro flotaba en el grueso aire de la noche tropical. Mujeres en mini y hombres en guayaberas planchadas bailaban en la fiesta de la revista Jet-Set en el Museo Naval de esta ciudad, mientras las candidatas a Miss Colombia se pavoneaban, exhibiendo sonrisas perfectas y pómulos imposiblemente altos.
Otra fiesta se celebraba la misma noche el mes pasado en los terraplenes de piedra de Cartagena. En un vecindario llamado Boston, Ivonne Palencia, una elegante chica de diecinueve años, caminaba de puntillas en el lodo frente a la casucha de su familia. Entre el estruendo de los petardos y la música reggaetón, los vecinos brindaron con cerveza por su victoria sobre Miss Independencia, la reina de los barrios bajos de esta ciudad.
"Tenemos nuestra reina", dijo una radiante Patricia Álvarez, 44, asistente social en Boston que dirigió una caravana de apoyo a la candidatura de la señorita Palencia. "Ellos tienen la suya".
Pese a las zancadas dadas en la estabilización de la economía en los últimos diez años, Colombia tiene la distribución del ingreso más desigual de América del Sur, excepto el pequeño Paraguay, de acuerdo al Centro de Estudios sobre Desarrollo Económico en Bogotá. Y cada noviembre esta ciudad portuaria exhibe abiertamente esa desigualdad, cuando realiza dos concursos de belleza al mismo tiempo. Los concursos rivales ofrecen una visión no solamente de la enorme brecha de ingresos en el país, sino de temas relacionados con la raza y la clase en un país que, según algunas mediciones, tiene la población negra más grande del mundo de habla hispana.
Miss Colombia, el conocido torneo, presenta a dos docenas de engreídas candidatas, muchas de ellas las hijas de piel clara de familias prominentes. El desfile pone a Cartagena como se define a sí misma: como un patio de recreo de la élite global, con hoteles boutiques de 475 dólares la noche y con Audis recorriendo las estrechas calles de una joya colonial que alguna vez fue codiciada por corsarios.
A las sombras de esa opulencia, las barriadas de Cartagena celebran su propio concurso en honor de la declaración de independencia de la ciudad de la corona española en 1811. Con candidatas en gran parte afro-colombianas, el torneo, que se celebra durante un tumultuoso festival callejero, revela conceptos rivales de belleza en una ciudad que fue también el principal puerto de entrada de los esclavos que eran embarcados hacia las colonias americanas.

"Un concurso define a Cartagena como su elite quiera que sea vista: rica, blanca y elegante", dice Elisabeth Cunin, socióloga francesa que estudia en Cartagena. "El otro refleja la realidad de la ciudad como la conocen la mayoría de sus habitantes: pobre y abandonada, una compleja mezcla de dominio racial y una emergente corriente de conciencia negra".
El concurso nacional, fundado aquí en 1934 como un incentivo para el turismo, emplea a un personal que domina idiomas, en un edificio con aire acondicionado en el Parque de Bolívar en el centro histórico, atrayendo a patrocinadores como Edox, un fabricante de relojes suizo. El concurso municipal, creado en 1937, opera con un presupuesto minúsculo en un edificio en ruinas a unas cuadras de allí.
Pocos países, excepto la vecina Venezuela, dan tanta importancia a estos concursos. Además de Miss Colombia y Miss Independencia, jurados colombianos otorgan títulos menores, como Miss Plátano y Miss Carbón. Los pabellones de mujeres en cárceles de Bogotá celebran sus propios concursos. Una ciudad en el norte de Colombia lo lleva un poco más lejos, colocando maquillaje y pelucas a sus burros, para luego desfilar con ellos en su celebración anual de Miss Burro.
Ningún concurso concita tanta obsesiva atención como Miss Colombia. Los paparazzi invaden la ciudad cada noviembre. Columnistas de la farándula especulan sobre la cirugía plástica, mientras los periodistas investigativos tratan de descubrir si son barones de la droga los que pagaron la cuenta. En otra impronta de legitimidad, los intelectuales de Colombia ridiculizan el evento.
La escritora Laura Restrepo definió toda la escena con las palabras de un cínico periodista en su novela ‘El ángel de Galilea’. "De todas mis misiones para Somos, cubrir el concurso fue la peor, pues tuve que alabar la sonrisa de Pepsodent de Miss Boyacá, la dudosa virginidad de Miss Tolima, la preocupación de Miss Arauca por los niños pobres".
Una de las candidatas de este año se fanfarroneaba de que estaba estudiando en la Universidad DePaul en Chicago. Sin embargo, otra enfatizaba que había nacido en París. En contraste, en las biografías del concurso municipal se describía a una candidata diciendo que provenía de una familia de diez hijos. Otra decía que ella simplemente quería visitar la capital, Bogotá.
A veces las candidatas de ambos concursos deben saludarse, como lo hicieron durante una parada militar una mañana de noviembre. Los organizadores se sentaron juntos debajo de un toldo que les protegía del sol.
Reinaba la incomodidad. Las candidatas de piel más clara de Miss Colombia se movían inquietas. Hubo intentos de hablar del tiempo, y de sonreír para las cámaras.
En una entrevista, Raimundo Angulo, ex alcalde de Cartagena que dirige ahora el concurso nacional, se irritó con las críticas de que este evento era de algún modo racista o excluyente. Dijo que el concurso podía mejorar la vida de los vecinos ayudando a convertir Cartagena en la "Monte Carlo del Caribe", incluyendo elegantes casinos y una carrera de Fórmula Uno.
"Es democráticamente elitista", dijo sobre su concurso. "Lo que quiero es simplemente belleza, de donde venga, de acuerdo a ciertos principios, de acuerdo a ciertos valores".
Como señala Angulo, una candidata afro-colombiana fue nombrada Miss Colombia. Eso ha ocurrido exactamente una vez en los 76 años de historia del concurso, cuando Vanessa Mendoza ganó la corona en 2001. Las ganadoras del concurso local compiten a veces en el concurso nacional del año siguiente.
Como con el concurso nacional, las visiones aquí del concurso local están lejos de ser unánimes. Algunos líderes afro-colombianos lo ven como una pobre imitación del concurso rival, mientras refuerza las normas según las cuales las mujeres son juzgadas casi exclusivamente sobre la base de su apariencia.
Sin embargo, está claro qué concurso provoca más entusiasmo en las calles de Cartagena. Las candidatas de las barriadas recorren pavoneándose los diferentes distritos de la ciudad a medida que se desarrolla la carnavalesca celebración de su independencia de España. Los tenderos cierran temprano, por temor a los asaltos. Una parada subida de tono es dirigida por una tropa vestida como sacerdotes de látigo en la mano persiguiendo a los pecadores, reactualizando el tribunal de la Inquisición Española, que tuvo sus bases aquí.
Este año los transeúntes las saludaron con gritos de "¡Vivan nuestras reinas!", mientras recorrían las calles del distrito de Getsemaní. Pandillas de jóvenes recorrían las calles acarreando cubos de pintura negra, amenazando con pintar la cara de los visitantes. Dejan el asedio a cambio de algunas monedas.
En esta anárquica escena, una comisión elige a la ganadora. El título de Miss Independencia de este año fue para Miss Palencia, que pidió permiso de su trabajo como maestra de un preescolar para poder competir. Su barriada, Boston, bautizada así por un barrio rojo frecuentado por marinos extranjeros, estalló en celebraciones.
La madre de Miss Palencia, Yadira Querubín, 50, una trabajadora que gana seis dólares al día limpiando casas en una zona rica de Cartagena, saludó orgullosamente a una visitante en su casa, que tiene suelo de tierra que se convierte en lodo toda vez que el agua de la lluvia se filtra por el techo. "Soy una empleada, y tengo una hija que es la reina", dijo la señora Querubín. "Quizás tenga mi adorable hija, nacida en este difícil lugar, una vida más digna que la mía".
[Jenny Carolina González contribuyó al reportaje desde Bogotá, Colombia.]
5 de enero de 2011
30 de noviembre de 2010
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historiador secreto


‘Secret Historian’, la biografía de Justin Spring del forajido sexual Samuel Steward, también conocido como Phil Andros.
[Andrew Holleran] Samuel Steward, como lo admite incluso Justin Spring, es un "extraño candidato" para una biografía. Autor de una serie de novelas narradas por el puto gay Phil Andros, Steward fue amigo de Gertrude Stein y Alice B. Toklas, durmió con Rock Hudson, Rudolph Valentino y Thornton Wilder, y trabajó con Alfred Kinsey en su estudio sobre la vida sexual de los estadounidenses. Pero también fue alguien que nunca hizo lo que quería: quería vivir en París, pero nunca lo logró; era un escritor que soñaba con escribir una gran novela, pero terminó escribiendo novelas pornográficas; era profesor universitario, pero terminó como artista del tatuaje en los suburbios de Oakland, que es, por supuesto, la razón por la que este libro, que fue nominado al Premio Nacional de Literatura 2010, es tan apasionante: La realidad era más interesante que sus sueños.
Steward quería escribir sobre la homosexualidad en una época en que el tema homosexual era considerado ipso facto pornografía, y es difícil decidir quién lo trataba más brutalmente: los putos que lo golpeaban, o sus editores. Lo principal es que Steward lo apuntaba todo. Él y Kinsey trabaron amistad no solamente debido a que ambos se interesaban en el sexo, sino porque estaban ambos obsesionados con la recolección de datos. Entre estos se encontraba un gigantesco diario sexual que Steward llevaba a petición de Kinsey y la llamada Stud File, en la que todos los que tuvieron sexo con Steward entre 1924 y 1974 fueron apuntados en una tarjeta.
El Sheik conoció a Steward cuando pasaba por Columbus, Ohio, adonde se habían mudado las tres tías solteronas que criaron a Steward después de la muerte de su madre, para darle educación. Excelente estudiante, se doctoró en la Universidad de Ohio y enseñó literatura inglesa en institutos católicos en Chicago -aunque su verdadera carrera era la sexual. Como su héroe, el novelista francés Jean Genet, Steward pasó su vida en lo que se llamaba entonces el ‘rough trade’ [encuentros homosexuales arriesgados con desconocidos] , incluso yendo tan lejos como para hacer el listado de las veinte cosas que le gustaba que le hicieran, y qué no, cuando contrataba a un sádico.
Estas amables instrucciones para una degradación controlada ejemplifican lo que hace tan absorbente la biografía de Spring: el contraste entre el profesor universitario distante y las experiencias que tuvo gracias a su devoción a Priapo. Steward trataba de llevar una vida convencional. Pero cuando estudiaba en la Universidad Du Paul, necesitaba anfetaminas para sobrevivir las clases, montaba orgías en su departamento y se convirtió en un artista del tatuaje después de descubrir que sus invitados lo ignoraban porque era demasiado viejo. El tatuaje le brindó una manera de conservar el acceso a su ideal sexual (el marino) hasta que el Departamento de Inglés se enteró de que había abierto un salón de tatuajes en la ruta del autobús utilizada por una base naval cercana, tras lo cual fue despedido, trasladando su negocio a California, junto cuando los años sesenta conmovieron al mundo con el poder negro, el LSD, las comunas y los Hell’s Angels, que protegían a Steward a cambio de tatuajes. Incluso su biógrafo definió la vida de Steward como llena de "constantes desilusiones, desaliento, aislamiento y rechazo".
Pero, ¿lo era? Después de leer ‘Secret Historian’ es difícil decir si Steward era un héroe o una pesadilla gay. Eso es lo fascinante del libro. "Intenté escribir una biografía", dice Spring, "como pudo haberla escrito Steward: con un mínimo de sermones y un toque lo más liviano posible". Pero esta escrupulosa neutralidad puede dejar apabullado al lector. El problema es que se le reconoce a todo el mismo peso: Steward es asaltado y golpeado tan violentamente que debe operarse de la cadera, Steward le escribe una carta a Alice B. Toklas. Steward, escribe Spring, "no era de los que se compadecen de sí mismos", aunque el tono "seriamente caprichoso" de los propios escritos de Steward hace difícil saber qué sentía realmente. Su bíblico y alcohólico padre decía que la homosexualidad de su hijo le había "partido el corazón". Steward amaba a Kinsey porque Kinsey no se impresionaba con nada ni juzgaba a nadie, lo que llevó a Steward a preguntarse si el rechazo de su padre no le había dejado una cicatriz más grande de lo que pensaba.
Pero debido a que la mayor parte de ‘Secret Historian’ se basa en el diario sexual, lo que obtenemos es más sexo que motivación. "No creo que se trate de hambre de amor", escribió Steward, "porque no sé lo que es el amor. Mi corazón ha estado durmiendo durante largo tiempo". De hecho, Steward creía que los hombres gay eran solitarios -que "deberían vivir solos y aprender a disfrutar de la soledad, y ser autosuficientes". ‘Secret Historian’ vale la pena de ser leído no por las efímeras relaciones del personaje con gente famosa, ni por sus libros (que Spring admite que la mayoría están agotados), sino por el solitario esplendor, el foco demente, el "ensimismado narcicismo" de su búsqueda sexual.
[El libro más reciente de Andrew Holleran es ‘Chronicle of a Plague, Revisited’.]

Secret Historian
The Life and Times of Samuel Steward, Professor, Tattoo Artist, and Sexual Renegade
Justin Spring
Farrar Straus Giroux. 478 pp. $32.50
4 de enero de 2011
3 de diciembre de 2010
©washington post
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trabajaban con esclavos


El reclutamiento de mano de obra esclava en Santiago y Tucumán. El fiscal que investiga el caso de reclutamiento de trabajadores en condiciones paupérrimas, informado por Página/12, sigue la pista de una organización criminal. Denuncian que traen gente desde Santiago y Tucumán, en convenio con las empresas.
[Pedro Lipcovich] Argentina. "Hay por lo menos una organización criminal dedicada a reclutar personas con destino a trabajo esclavo, no sólo para Nidera, sino para otros establecimientos rurales", sostuvo el fiscal cuya investigación permitió liberar a 120 personas que habrían estado reducidas a servidumbre en un campo de aquella firma. Las organizaciones operarían en las provincias de Santiago del Estero y de Tucumán y estarían en contacto con empresarios rurales de, por lo menos, las provincias de Buenos Aires y Mendoza. El ministro de Trabajo bonaerense admitió que "periódicamente detectamos casos como éste". La titular de la Oficina de Trata del Ministerio de Justicia explicó que "reclutan gente que no tiene para darles de comer a sus hijos" y, en cuanto al caso Nidera, contó que "lo que encontramos en ese establecimiento fue peor que lo imaginable". Las víctimas ya regresaron a Santiago del Estero y es el turno de que las autoridades de esa provincia les provean de asistencia económica y social. En tanto, la empresa Nidera negó a través de un comunicado que hubiera contratado trabajadores en negro y dijo que puso la documentación a disposición de las autoridades.
El fiscal Rubén Darío Giagnorio –a cargo de la UFI 6 de San Nicolás– confirmó que "las 120 personas, que vivían en condiciones infrahumanas en el establecimiento rural de la firma Nidera, ya regresaron a sus domicilios en Santiago del Estero: ahora empieza la segunda etapa, donde las autoridades de esa provincia deben hacerse cargo de la asistencia social de estas personas". A partir de la investigación del fiscal, el 30 de diciembre –tal como dio a conocer Página/12 el domingo pasado– el Ministerio de Trabajo bonaerense concretó un procedimiento en un predio de Nidera, próximo a San Pedro; allí, además, se detectaron alimentos procedentes de los planes sociales de la provincia, que habrían sido indebidamente comercializados.
"Hasta el momento, los responsables son dos ingenieros que trabajan para esa empresa" (Nicolás Martínez Allende y Diego Carballo, a cargo del predio de San Pedro y de la supervisión del trabajo). Ambos fueron indagados y luego excarcelados. "La investigación continúa", advirtió el fiscal Giagnorio, y contó que, "según el testimonio de los trabajadores, habían sido contactados por Nidera a través de contratistas". El fiscal estimó que "en Santiago del Estero hay todo un sistema de reclutamiento, lo cual permite hablar de una organización criminal".
"Se trata de organizaciones dedicadas a reclutar y reducir a servidumbre para distintas empresas", señaló el fiscal, e insistió en que "en la zona agrícola de San Pedro hay quizá mil personas en esa misma situación". Giagnorio anticipó para esta semana "nuevas medidas probatorias", que podrían efectuarse en Santiago del Estero.
Oscar Cuartango, ministro de Trabajo bonaerense, subrayó "el expreso reconocimiento de que nuestra participación en el operativo fue a partir de la investigación efectuada por el fiscal Giagnorio". Por lo demás, "periódicamente detectamos casos como éste. Nuestra provincia tiene extensiones inmensas donde estos hechos pueden pasar desapercibidos. Sí hemos alcanzado un nivel satisfactorio de control en la cosecha de cebolla, que se efectúa en febrero: se concentra en una zona no muy extensa, la de Villarino, en el sur de la provincia, y hubo gran colaboración de las cámaras empresarias y las autoridades municipales".

–¿Quiere decir que en otras zonas de la provincia no se logra esa colaboración? –preguntó Página/12.
–No quise decir eso, sino que en este caso hubo una colaboración muy fuerte –contestó Cuartango.

Zaida Gatti –titular de la Oficina de Rescate a Damnificados por la Trata, del Ministerio de Justicia de la Nación– comentó que "aunque los lugares donde encontramos a las víctimas de trata nunca son agradables, lo que encontramos en el establecimiento de Nidera fue peor que lo imaginable".
La funcionaria recordó "casos similares, como el de Baradero, el año pasado: las personas habían sido llevadas desde Santiago del Estero para la cosecha de papas. Son organizaciones que traen a la gente en grupos grandes, cuadrillas. También pueden venir de Tucumán o de Bolivia".
El primer contacto lo hace alguien de su misma localidad. Ya en el lugar de trabajo, una herramienta disciplinaria es "el puntaje a la cuadrilla": para cobrar según convenio el grupo debe obtener diez puntos, el máximo, y para esto hay que trabajar hasta 14 horas, no tomarse días de descanso o aceptar condiciones de hacinamiento: la "indisciplina" de uno de los miembros hace caer el puntaje de todos.
Ángel Strapazzón, del Movimiento Campesino de Santiago del Estero (Mocase), aseguró que "los contratistas son locales: operan bajo la vista gorda de la Justicia santiagueña, que tampoco actúa contra la trata sexual, y tienen protección política. Reclutan gente para la desflorada del maíz, en la provincia de Buenos Aires, como para la zafra del poroto en Salta. Actúan de acuerdo con grandes empresas, multinacionales como Nidera, pero también nacionales".
Diego Montón –de la Unión de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Mendoza– agregó que "también en la cosecha de la vid hay muchos trabajadores traídos de Tucumán, Santiago o Bolivia: viven en carpas, sin luz, sin agua. Esto se denunció muchas veces pero, cuando el Ministerio de Trabajo manda la inspección, nunca se detecta nada: como si alguien le avisara al empresario que está por llegar la inspección, de la que suelen estar enterados los representantes de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales" (Uatre, dirigida por Gerónimo ‘Momo’ Venegas).
4 de enero de 2011
©página 12
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murió lina romay


Cantante de Cugat, actriz de MGM.
[Valerie J. Nelson] Murió Lina Romay, cuya carrera como solista de la orquesta de Xavier Cugat a principios de los años cuarenta la llevó a iniciar otra carrera en el cine y, décadas después, a un periodo como anunciadora de radio en español en el Parque Hollywood. Tenía 91 años.
Romay falleció el 17 de diciembre, de causas naturales, en el Huntington Memorial Hospital, en Pasadena, según informó su hijo Jay Gould IV.
Cuando Cugat popularizaba la música latina en América del Norte, se aseguró de que fueran "chicas guapas las que cantaran para la banda", entre ellas Romay, "un canario con una asombrosa profundidad y rango", informó Newsday en 1997.
Trabajar con Cugat durante dos años fue tan perfecto, que "se parecía a sacarse los guantes", contó Romay al Times en 1980.
Descubierta en el escenario con la banda de Cugat en el Hotel Waldorf-Astoria de Nueva York, pronto firmó un contrato de siete años con MGM, hacia 1943.
Durante la década siguiente hizo quince películas, y Hollywood aprovechó mucho su legado latino.
Su padre, Porfirio Romay, era un diplomático nacido en México que había trabajado en varios consulados mexicanos en Estados Unidos, incluyendo el de Los Angeles. Su madre, Lilian Walstead, era hija de padres irlandeses y noruegos.
Un artículo en el Times de 1945 empezaba diciendo: "La actriz Lina Romay puede ser el canario que lleve a las actrices latinoamericanas a un nuevo estado de permanencia en el cine".
Entre sus películas se encuentran ‘Escuela de sirenas’ [Bathing Beauty] (1944), con Esther Williams, ‘Aventura’ [Adventure] (1945), con Clark Gable, y ‘Los romances de Andy Hardy’ [Love Laughs at Andy Hardy] (1946), con Mickey Rooney.
Romay conoció a Jay Gould III, biznieto del barón de los ferrocarriles, en un carro alegórico en Brentwood. Después de su matrimonio en 1953, dejó de actuar para dedicarse a criar a sus tres hijos en Bel-Air. Gould murió en 1987.
En 1980 su carrera actoral renació cuando el Parque Hollywood la contrató para anunciar las carreras de caballo en español en emisoras locales.
"Es un trabajo muy excitante", dijo en1980 al Times, señalando que tenía "un don para anunciar los resultados".

Nació como María Elena Romay el 16 de enero de 1919 en Nueva York.
Como estudiante recién egresada de la secundaria, cantó en un evento panamericano en homenaje a su padre, lo que la llevó a un programa de radio de quince minutos. Cuando Cugat la oyó por radio, le ofreció una audición.
"Era el corazón de todas las fiestas, el centro de atención en todo lo que hacía", dijo su hijo. "Incluso tarde en su vida, cantaba en restaurantes y en bodas. No la podías mantener quieta".
En 1992 se casó con Robert O’Brien, un guionista de los programas de televisión de Lucille Ball. Murió en 2005.
Además de su hijo Jay, a Romay la sobreviven su hija Gloria Gould Gunter, y dos nietos. Su hija Anne murió en 1991.
4 de enero de 2011
29 de diciembre de 2010
©los angeles times
cc traducción mQh
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irrumpen huertos urbanos


Huertos urbanos irrumpen en Chillán: el placer de cultivar en el patio de la casa. Todos deberíamos tener uno.
[Patricia Orellana] Chile. Los huertos urbanos son una realidad en Norteamérica (tanto en EE.UU. como en Canadá), Australia y en Europa. En Alemania y Francia, por ejemplo, el cultivo de verduras y hortalizas en azoteas y jardines privados se ha convertido en un pasatiempo entre los tradicionales compradores de comida local y visitantes de mercados de barrio.
La agricultura urbana o periurbana es definida como "la práctica de la agricultura (incluyendo cultivos, animales de corral, pescado y actividades forestales) en los límites de la ciudad o en sus aledaños." La superficie empleada suele ser privada y residencial (se usan pequeños solares, balcones, muros o azoteas), terreno público junto a infraestructuras, o veredas de ríos.
La agricultura urbana, han señalado quienes se declaran sus fervientes seguidores, contribuiría al incremento de la seguridad alimentaria y de los alimentos de dos maneras: Se incrementa la disponibilidad de productos locales, biológicos y de temporada para los habitantes de una ciudad, en un momento en que los centros integrales de mercancías no distinguen entre productos biológicos y no biológicos. Permite que las verduras, hortalizas y frutas cultivadas en la ciudad o sus alrededores estén inmediatamente disponibles para los consumidores, en la mayoría de las ocasiones sin mediar siquiera ninguna contraprestación económica debido a que en la producción de alimentos locales se promueve el ahorro de energía. Las agriculturas urbana y periurbana son una práctica sostenible.
Esto, que parece novedoso e interesante, no lo es tanto para muchas personas que viven en ciudades como la nuestra, en que se acostumbra todavía, como una suerte de nostalgia de la vida rural, cultivar en el patio de la casa una pequeña huerta. El "jardín de campo", como lo llama la gente de la zona, incluye entre las flores y plantas acelgas, perejil, cilantro, una que otra mata de tomate y más. Los que disponen de mayor metraje de patio se entusiasman e instalan sus pequeños invernaderos. La mirada actual parece ser el autoabastecimiento familiar, el poder acceder a productos menos contaminados y el ahorro. Pero hay que mencionar también la alegría que produce el cultivar la tierra, ya sea con flores y plantas o con productos que irán directamente a la mesa familiar.
El pintor Esael Araujo, salvadoreño radicado temporalmente en nuestra ciudad y que vive en calle Gamero, en el frente de su casa, en un espacio de la vereda, plantó lechugas, tomates, con la intención de entusiasmar a otros a que hagan lo mismo. ¿Por qué en la vereda y no en el patio?. "Bueno, porque espero que los dejen crecer, no los arranquen y cuando llegue el momento, pueden llevárselos y ojalá otros se atrevan a hacer lo mismo", aclara. Araujo tiene razón, nada hay más agradable y que llene de alegría el corazón que plantar, cultivar, tener un jardín, un huerto y ver como las plantas crecen cada día gracias a nuestros desvelos. Un reportaje del diario San Francisco Chronicle explica la experiencia de algunos habitantes de Berkeley, junto a San Francisco, con su cosecha de verduras y hortalizas en plena urbe: "los agricultores urbanos producen casi toda su comida con un huerto sostenible en su patio trasero. Vecinos plantan endivias, lechuga, tomates, zanahorias, judías verdes." Sería realmente simpático un Chillán con huertos urbanos.
4 de enero de 2011
2 de enero de 2011
©la discusión
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