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la masacre de niños en arauca


Cientos de personas asistieron en Tame al funeral de Yenny Torres Jaimes, de 14 años, y sus hermanitos Jimmy y Jeferson, de 9 y 6. SEMANA revela quién fue el responsable y cómo fueron los detalles del atroz asesinato de tres niños que conmocionó al país.
Colombia. El pasado lunes, el general Rafael Alberto Neira, comandante de la Brigada 18 del Ejército, y dos de sus hombres de confianza tuvieron la reunión más tensa de su vida. Era el mediodía cuando los oficiales se reunieron a puerta cerrada con el subteniente Raúl Muñoz Linares, para decirle que sobre él recaían todas las sospechas de la violación de dos niñas y el asesinato de tres menores en Arauca, un crimen espeluznante que tiene a la institución militar en la picota pública y sumida en una vergüenza de envergadura internacional.
Después de exhaustivas indagaciones que duraron dos semanas, todos los indicios lo comprometían. Después de escuchar a sus superiores, Muñoz estuvo en silencio por unos minutos. Después admitió: "Pido disculpas, mi mayor. Ese día, el 2 de octubre pasado, sí tuve relaciones con una niña, pero con consentimiento de ella". Se refería a una menor cuya violación fue denunciada por su madre en la Fiscalía de Tame. La confesión les produjo escalofrío. Más aún cuando a renglón seguido el teniente admitió que también había tenido relaciones con la niña de 14 años que fue violada y asesinada a punta de machete junto a sus dos hermanos de 6 y 9 años, y que fueron enterrados en una fosa cerca de su casa. Todo empezó cuando el subteniente Muñoz llegó a Arauca el 10 de agosto pasado, procedente de Caquetá, como comandante de la patrulla Buitres, adscrita a la Brigada Móvil 5. Desde finales de agosto, esta unidad militar está desplegada por la zona rural de Arauca, especialmente en Tame, un municipio donde a pesar de la ofensiva del Ejército, la presencia de guerrilla sigue siendo importante. En la patrulla que comandaba Muñoz había problemas evidentes. El 2 de octubre, en la vereda Caño Limón, exactamente a las 12:19 del día, un centinela que cuidaba el perímetro del campamento observó que Muñoz salió a hacer -supuestamente- "una necesidad", según le dijo a otro soldado. Pero solo lo vieron regresar dos horas después. "Venía mojado, con el fusil y el machete". Y le ordenó al peluquero de la unidad que le cortara el cabello hasta quedar rasurado.
Al día siguiente, una mujer increpó a los militares para denunciar que su hija de 14 años había sido violada por alguno de ellos. La madre afirmó que iría hasta Tame para hacer la denuncia formal ante las autoridades. Y así lo hizo. Le contó al fiscal que su hija había sido sacada a empujones por un militar que tenía una pañoleta y que se metió a la casa aprovechando que no había ningún adulto. El hombre intimidó a los otros niños de la casa y se llevó a la menor hasta un matorral cercano, junto a unas charcas. Allí se quitó la pañoleta con que se cubría la cara y con esta vendó a la niña. Luego, la obligó a desnudarse y abusó de ella. "Después de que él hizo lo que quiso conmigo, me dijo ’báñese con esa agua’; le dije que no porque esa agua estaba sucia, y agarró el fusil con señas de golpearme. Entonces, le hice caso", le dijo la menor a la Fiscalía. Según la niña, se trataba de un militar armado, con radio y unos binoculares. En medio del terror, la niña alcanzó a ver que la identificación del hombre en el uniforme empezaba por una ’R’.
Días después, los investigadores encontraron que el lapso en que ocurrió la violación coincide con los momentos de ausencia del teniente Raúl Muñoz del campamento, así como la ubicación exacta de la zona. Y que, contrario al "consentimiento" que argumenta el militar, lo que hubo fue una agresión carnal sin matices.
Las tropas continuaron su patrullaje durante los días siguientes hasta el domingo 10 de octubre, cuando una semana después de la primera violación la patrulla acampó en inmediaciones de la vereda Flor Amarillo. Allí, algunos militares visitaron algunas casas campesinas para intercambiar víveres. Una de las viviendas donde estuvieron los militares es la de don Álvaro José Torres, un humilde jornalero separado, que vivía con sus tres hijos: una niña de 14 años y dos niños de 9 y 6. Los tres menores permanecían gran parte del tiempo solos en la casa, porque la escuela de la vereda estaba de vacaciones.
El fatídico jueves 14 don José almorzó con ellos y salió para continuar con un corte en el que estaba trabajando. Sus hijos le habían informado que en los días pasados un uniformado del Ejército los visitó y preguntó por él en dos ocasiones. Pero José ni siquiera se inquietó, porque, dice, "el que nada debe, nada teme". Fue la última vez que vio a sus hijos. Ese día los tres niños desaparecieron.
Al final de la tarde, cuando regresó, encontró la casa desolada y empezó a buscarlos. Lo hizo hasta entrada la noche. Dio aviso a sus vecinos y pidió que le informaran si sabían algo, sin importar la hora. Al siguiente día continuó la búsqueda con la ayuda de los habitantes de la vereda, pero sin resultados. Lo único que encontraron fue algunos empaques de víveres que la patrulla militar había dejado botados por ahí. Pero de los tres pequeños, nada. Desesperado, José decidió ir a Tame para dar aviso a las autoridades, mientras los otros campesinos y amigos seguían indagando.
El sábado, los vecinos de la vereda decidieron profundizar la búsqueda y se metieron a lo más profundo de los matorrales. Fue así como encontraron dos extraños montones de chamizos. Los quitaron y la tierra recién removida fue para todos una imagen de la peor barbarie. Escarbaron un poco y dieron con un codo a medio sepultar. No había duda de que se trataba de una fosa con restos humanos.
De inmediato buscaron la forma de dar aviso a las autoridades y de notificarle a don José, en Tame. Dos campesinos recorrieron varios kilómetros de colinas hasta encontrarse con una patrulla del Ejército. Preguntaron por el jefe de la unidad y les informaron que desde el jueves tres niños habían desparecido y que posiblemente estaban en una fosa que acababan de hallar. El militar, sin perder ni por un segundo la compostura, les dijo que él no podía hacer nada porque no tenía funciones de Policía Judicial. Simplemente se limitó a tomar los datos completos de los campesinos. Estos hicieron lo mismo: se trataba del subteniente Raúl Muñoz.
Varios militares que escucharon a los dos campesinos hablando con el subteniente empezaron a sospechar de este al recordar algo extraño que ocurrió en el campamento el mismo jueves, cuando los niños desaparecieron.
Los testimonios de esos uniformados de distintos grados, que están en poder de la Fiscalía, dejan pocas dudas sobre lo que ocurrió. Uno de ellos afirmó: "Ese jueves, desde mi cambuche, vi salir al teniente Muñoz con un fusil y un machete como a las 12 del día. Se fue solo, pero no salió por el lado del centinela sino por el lado de mi cambuche, que era el último del campamento. Luego, recibí turno de guardia y a las 3:30 p.m. lo vi entrar: llegó con el machete y el fusil, venía todo lavado del cuello para abajo, como cuando uno se mete a una piscina".
La Cruz Roja Colombiana exhumó a los tres niños el sábado 16 entrada la noche. Aunque se trata de una zona de conflicto no se sabía de una escena tan bárbara: tres niños estrangulados y enterrados en dos fosas de 60 centímetros de profundidad. Los cadáveres fueron transportados en la madrugada hasta Medicina Legal de Arauca en donde se les practicó la necropsia y se tomaron distintas muestras. Allí se verificó que se trataba de Yenny Torres Jaimes, de 14 años, y sus hermanos Jimmy y Jeferson, de 9 y 6, respectivamente. Las necropsias indican que la niña fue violada y asesinada. Murió por un "shock hiperbólico" producido por una serie de lesiones contundentes en el cuello y el tórax perpetradas con arma cortopunzante. Los niños sufrieron traumas "de un arma cortocuntundente (sic) en cráneo, tórax y abdomen", según señalan las necropsias hechas por Medicina Legal de Arauca.
La población de Arauca, indignada por semejante crimen tan atroz, acompañó masivamente el funeral de los tres niños. El padre de los pequeños y sus vecinos señalaban como responsables a los militares que patrullaron sus veredas cuando ocurrió la tragedia. A medida que la indignación nacional crecía como espuma, las investigaciones del Ejército y de la Fiscalía hacían todo lo posible por aclarar lo ocurrido. Los altos mandos ordenaron desde el primer momento el retiro y la concentración de los militares que patrullaban la zona. Sacaron 60 uniformados y los aislaron, para dejarlos a completa disposición de la Fiscalía en la guarnición de Arauca.
El 19 de octubre, la Brigada XVIII entregó a la Fiscalía un informe, resultado de indagaciones internas, que detalla las inconsistencias en que había incurrido el subteniente Muñoz Linares y le pidió al ente investigador que recaudara como material probatorio "los machetes y equipos de campaña" de los militares aislados.
La Fiscalía entrevistó a los uniformados e incautó los equipos de varios de ellos para analizarlos. Una prueba química preliminar arrojó que siete presentaban rastros de sangre. Uno de estos correspondía al de Muñoz.
A medida que el círculo se cerraba, las indagaciones se concentraban en un grupo menor de militares sospechosos y, al cabo de unos días, prácticamente todos los indicios apuntaban directamente al subteniente. Varios soldados de la compañía Buitre narraron a los investigadores las extrañas ausencias del subteniente Muñoz. Un perito de Medicina Legal le practicó a este un examen integral el 21 de octubre y encontró que tenía en los brazos y antebrazos un conjunto de arañazos recientes, "compatible con hojas de maleza, espinas, u otro objeto delgado de consistencia dura". Ningún militar comentó acerca de una pelea o alguna situación que pudiera explicar las raspaduras en los brazos de Muñoz.
Luego de haber admitido ante sus superiores las relaciones sexuales con menores, el subteniente Ruiz fue trasladado a la Fiscalía especializada de Arauca para rendir indagatoria. Allí hizo un extenso relato sobre sus actuaciones entre el 10 y el 14 de octubre, cuando el pelotón bajo su mando rondaba la vivienda de los tres niños asesinados. Dijo que efectivamente había conocido a la pequeña Yenny y que había tenido dos encuentros fugaces con ella antes de sostener supuestamente una relación sexual consentida. "Éramos novios", dijo. Nadie le creyó.
Contó que el 14 de octubre llegó a la casa de la menor a la 1:30 de la tarde y que ella lo saludó cuando lo vio en la platanera. Allí se sentaron y empezaron a besarse. Narró así el encuentro sexual que tuvo con la menor ese día: "Le pregunté si ella había tenido relaciones y manifestó que no. Pasó una lloviznita ligera y escampamos los dos en el poncho. Le dije que quería estar con ella y dijo que le daba miedo. Le dije que siempre hay una primera vez (…) en eso trascurrieron como unos cuarenta minutos". Finalmente dijo que se despidió de la niña hacia las 4:00 de la tarde y que luego se enteró de que había sido asesinada.
Dentro de las indagaciones hechas por la Fiscalía a los militares hay varios testimonios que desdicen la versión del subteniente y su supuesto noviazgo. "El terreno no se presta para eso, por el enemigo", afirmó un soldado que explicó que por tratarse de una zona con presencia guerrillera histórica las precauciones son extremas. Ningún militar intenta entablar relaciones con los moradores, por seguridad.
Es obvio que Muñoz contó que había tenido relaciones con la menor porque sabía que negarlo era imposible: las pruebas de Medicina Legal en el cuerpo de la menor, lo delatarían sin remedio. Efectivamente el informe que coteja su ADN con las muestras de semen hallados en el cuerpo de la niña indican que es "554 trillones de veces más probable" que los espermatozoides provengan del teniente que de cualquiera de los otros uniformados a los que se les tomó muestra.
Con este informe anexo a la investigación, la Fiscalía decidió librar orden de captura el miércoles pasado y acusar al uniformado de la violación de dos niñas y del crimen de tres menores. En la audiencia pública, Muñoz insistió que no violó ni mató a los niños. Pero todos los hechos lo desmienten. Hasta ahora, todos los testimonios, los exámenes de Medicina Legal y las pruebas circunstanciales apuntan a que él fue el asesino.
Frente a este lamentable episodio, las Fuerzas Armadas han actuado de manera ejemplarizante. Pusieron la cara, asumieron la gravedad de los hechos, no descartaron a priori que un militar pudiera estar involucrado, abanderaron la investigación, dieron sendas ruedas de prensa para informar a la opinión y una vez se dieron cuenta de que todo apuntaba a que había sido un desadaptado del Ejército, le pidieron perdón al padre de los niños por el infortunio de haber acogido dentro de la institución a un criminal capaz de hacer semejante daño. Pero el desconsolado campesino ha dicho que el daño de perder a sus hijos es irreparable.
Para la institución militar este amargo episodio deja dos lecciones: que si se abren las puertas a la justicia y se aclaran los hechos, las responsabilidades individuales afloran y no tienen que cargar con la culpa de estos actos todos los militares, con lo que eso significa para su dignidad y legitimidad. Y la segunda lección es que una institución que ha crecido tanto en los últimos años requiere refinar los métodos de selección de sus miembros, pues no solo son una autoridad sino que viven con la fuente de poder que les brinda el uniforme que llevan y las armas que portan.
Episodios como el de Arauca, que han estremecido a toda Colombia durante varios días, no solo son irreparables para la familia, sino que deben ser irrepetibles para la sociedad. Y de eso debe encargarse el alto mando. Lamentablemente, a pesar de la reacción digna de la cúpula militar, nadie podrá devolverle los tres hijitos a don José.
8 de noviembre de 2010
7 de noviembre de 2010
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la verdad necesita fondos


columna de lísperguer
Gobierno chileno retiró fondos de instituciones de derechos humanos.

Aunque en materia de derechos humanos tiene la derecha frecuentemente muy mala reputación como cómplice o encubridora, sino ejecutora directa, de los más deleznables crímenes contra la humanidad que recordemos en nuestra historia, realmente es de esperar que el proyecto de dejar sin fondos las instituciones dedicadas a la memoria y verdad históricas se derive de un malentendido y no reflejen la intención de borrar ese pasado. Ocultar a los chilenos los crímenes cometidos fue siempre el propósito de la dictadura. Privar de fondos a estas instituciones se inscribiría muy bien en el plan de los criminales. Qué diferencia con Argentina, donde acaban de ser condenados a perpetua en cárcel común tres represores culpables del asesinato de un estudiante en 1976 y donde está prohibido que calles, plazas y escuelas lleven nombres de funcionarios de facto o criminales. Sin una verdadera democracia, tampoco tenemos verdadera justicia.
lísperguer

hallan fosa de 2a guerra mundial


La encontró en Rumania un equipo de peritos bajo ordenes de la justicia.
Rumania. Un equipo de arqueólogos encontró en el nordeste de Rumania una fosa común con lo que se cree son los restos de más de cien judíos asesinados en la Segunda Guerra Mundial. La información fue revelada ayer por la fiscalía federal rumana, que investiga el caso, y detalló que ya fueron desenterrados 16 esqueletos en las afueras del pueblo de Popricani, cerca de Iasi. La fosa fue encontrada gracias a las declaraciones de testigos de esa época.
Según el Instituto Elie Wiesel para la investigación del Holocausto, allí fueron asesinados más de cien judíos, sobre todo mujeres, niños y hombres mayores. Los asesinos fueron soldados rumanos, que actuaron bajo órdenes alemanas entre 1940 y 1944. Pese a la alianza con los nazis, Rumania negó durante mucho tiempo que hubiera un Holocausto en su territorio. Recién en 2004 el país aceptó el informe de una comisión internacional presidida por el Premio Nobel Elie Wiesel. Esta determinó que las autoridades civiles y militares de ese entonces fueron responsables de la muerte de entre 280.000 y 380.000 judíos rumanos en territorio propio y en otros bajo administración militar rumana. El informe Wiesel también confirmó el destino de 25.000 gitanos deportados durante el Holocausto, de los cuales la mitad perdieron la vida.
Rumania declaró el 9 de octubre como Día del Holocausto, en conmemoración de la fecha en 1941 en que comenzaron las deportaciones de judíos de Bukowina, en ese entonces perteneciente a Rumania, a campos en la zona de Djnestr. Un total de 120.000 judíos fueron transportados en el verano de 1942 en los llamados trenes de la muerte a la zona de Dnjestr. Antes de la Segunda Guerra Mundial vivían en Rumania unos 800.000 judíos. Alrededor de la mitad fue asesinados por nazis rumanos, húngaros y alemanes. La mayoría de los supervivientes migró luego a Israel, por lo cual la comunidad judía en Rumania cuenta actualmente con apenas 9000 miembros.
Mientras, en Roma se anunció que el criminal de guerra nazi Michael Seifert, condenado a cadena perpetua en Italia, murió en prisión a los 86 años de edad. El detenido en la prisión militar de Santa Maria Capua Vetere, en Nápoles, había sufrido una caída hace una semana de la que nunca se recuperó. Seifert fue localizado en Canadá después de décadas de vivir allí refugiado, y fue condenado por 18 asesinatos y muchos casos de tortura en el campamento policial de Bozen, cometidos entre 1944 y 1945. El ex SS fue condenado en ausencia en 2000 y deportado por Canadá recién en 2008.
7 de noviembre de 2010
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la utopía de fourier


Allá por 1835, en París había un caballero de levita oscura y corbata blanca que, acabado el desayuno y leídos los periódicos, dejaba la mesa del café para estar en casa antes del mediodía.
[Pablo Capanna] En su modesto cuarto de la calle Saint Pierre el anciano aguardaba que apareciera alguien que le prestara un millón de francos para realizar su sueño utópico. Años atrás había puesto un aviso en el diario donde se comprometía a estar esperándolo todos los días. Nunca dejó de hacerlo, aunque a su puerta sólo llamaban los cobradores. Un día la portera lo encontró muerto, arrodillado al pie de la cama.
Entre otros, el hombre de levita les había pedido ayuda a Napoleón III y a Luis Felipe, al venezolano Bolívar y al paraguayo Doctor Francia, a Lord Byron, a George Sand, y hasta a un príncipe ruso. Ninguno se había dado por aludido.
El hombre era un filósofo autodidacta con fama de chiflado, y se llamaba Charles Fourier. Hubo una multitud en su entierro, porque tenía bastantes seguidores que iban a fundar una docena de comunidades utópicas en América. Fueron los famosos falansterios, que organizó su discípulo Víctor Considerant, un sobreviviente de la Comuna de París emigrado a los Estados Unidos. Los fourieristas fundaron cinco falansterios en el estado de Nueva York, uno en Texas, otro en Nueva Jersey, y hasta una ciudad llamada Utopía, en Ohio. Brasil tuvo el falansterio de Oliveira y en Argentina unos inmigrantes suizos fundaron la Colonia San José, en Entre Ríos.

El Reformador Solitario
De niño, Charles Fourier (1772-1837) quería ser ingeniero. Venía de una familia acaudalada, pero a los nueve años quedó huérfano. A los diecinueve, lo metieron preso y le expropiaron la fortuna paterna, y desde entonces tuvo que ganarse la vida como pudo. Trabajó como viajante de comercio, lo cual le permitió conocer toda Francia, pero también fue jefe de una oficina de estadísticas y encargado de correspondencia comercial.
Obtuvo su educación de los diarios, las bibliotecas públicas y sus propias lucubraciones, no siempre coherentes ni realistas. Algunos señalan que en sus obras hay también algún toque de esoterismo, que puede explicar sus audacias cosmológicas. Sus libros, que publicaba con gran esfuerzo, pasaban generalmente inadvertidos, pero a veces provocaban grandes conversiones. Sus últimos años los pasó rodeado de gatos y esperando al mecenas que nunca llegó.
Según Vargas Llosa, tres experiencias habían marcado su vida. La primera, la pérdida de sus bienes y la prisión durante el Terror. La segunda fue el día que vio destruir un cargamento de arroz para mantener alto el precio. No menos importante, su relación con dos primas bastante promiscuas, que le inspiraron sus audaces teorías sexuales.
Después de que Engels lo arrinconara en el desván de las ideas junto a los otros socialistas utópicos, pasó un siglo antes de que volviera a ocuparse de él el filósofo Walter Benjamin. Antes, el surrealista André Breton le había dedicado un poema, lo cual no contribuyó a hacerlo respetable como teórico. Pero en cuanto cambió el viento y la inteligencia europea comenzó a buscar sus maestros entre gente como Nietzsche, Sade o Bataille, la locura de Fourier tuvo un modesto revival.
Fourier fue un inagotable creador de palabras, con ese autismo que suelen tener los autodidactas. De todas las que creó, "feminismo" fue la única que sobrevivió. Fue uno de los primeros en hablar de "socialismo", pero también habló de "falanges", "sectas" y "hordas", palabras que después tomaron significados muy distintos.
Quizá su aporte más valioso haya sido reivindicar el derecho al trabajo y el placer de la creación. En una época en que se veía al trabajo como una desgracia o un castigo, proclamó que podía ser divertido, si respetaba las inclinaciones naturales. Cuando parecía una locura pensar que los psicólogos tuviesen algo que hacer en las fábricas, enseñó que era preciso trabajar en equipo y rotar las tareas para combatir la monotonía, porque "el entusiasmo" no se sostiene más allá de dos horas.
Lo que se le ocurrió a Fourier fue que muchas tareas penosas podían aliviarse con sólo aplicar la economía de escala.
Un granero socialista podía tener dos o tres puertas, en lugar de los centenares que requerían los graneros de muchas familias campesinas. Preparar una sola comida para cien personas costaba menos que ensuciar unas veinticinco cocinas familiares. Si las sobremesas en familia eran aburridas, las veladas colectivas podrían gozar de espectáculos, bailes y juegos.
Siguiendo la misma lógica, una comunidad con absoluta libertad sexual sería más divertida que la monogamia. Lo que no se le ocurrió es que también podía llegar a ser más conflictiva, como demostraría la historia de las comunidades utópicas.
Desde su patética soledad, Fourier estaba convencido de que la suya era la idea política más original de los últimos tres mil años. La respaldaba con una ambiciosa cosmología, más astrológica que científica, donde nuestro mundo era apenas "el tercer planeta llamado Tierra, en el cuadrante hipomayor". Para él, la historia de la humanidad abarcaba apenas unos ochenta mil años, divididos en dos fases de organización y dos de decadencia.
Como buen profeta, Fourier se sentía incomprendido y pensaba que sólo sería reconocido cuando acabara la presente Edad de la Incoherencia. Alzando pudorosamente la voz desde una nota al pie de página, sentenciaba que el futuro cubriría de maldiciones a "la infame civilización". Entonces, todas las bibliotecas de política y moral pasarían a ser inútiles; sus libros serían escupidos, desgarrados y usados como papel higiénico...

Cambiando al Mundo
Para Fourier, la célula de la sociedad no era la familia, sino una falange de 1620 miembros: un número que resultaba de combinar 810 diferentes tipos de personalidad. La unidad colectiva de vivienda era el falansterio, un enorme monoblock con servicios centrales. En cualquier caso, la comunidad no podía tener menos de 350 miembros, y requería unas 400 hectáreas de tierra cultivable para ser autosuficiente.
Los falansterios debían construirse con materiales baratos. No valía la pena reciclar las grandes construcciones del pasado, como Versalles o El Escorial, que se conservarían como museos de la barbarie incoherente.
Si Fourier conseguía su millón y lograba hacer una convincente demostración práctica, los falansterios se multiplicarían por todo el planeta y la humanidad comenzaría a salir de la incoherencia. Cuando hubiera 2.985.894 falansterios y el mundo contara con una población de más de cinco mil millones (una cifra que entonces parecía loca) llegaría la era de la Armonía, algo que obviamente nos perdimos. La capital del mundo estaría en Constantinopla, donde habría un Congreso Mundial de Falanges, regido por un omniarca. Para entonces, las guerras, las olimpíadas y los mundiales de fútbol serían reemplazados por concursos de chefs y catadores de champán.
Obsesionado con las posibilidades del trabajo organizado, Fourier parecía desconocer el papel de la ciencia y la técnica; ni siquiera sospechaba la existencia de lo que hoy llamamos ecología.
Entre sus objetivos estaba el exterminio de todas las especies inútiles o dañinas, la extensión de las fronteras agrícolas y la colonización de los desiertos. El Sahara podría ser vencido con prepotencia de trabajo. Bastaba movilizar unos diez o veinte millones de trabajadores que, atacando desde los cuatro costados, irían plantando árboles y acarreando agua hasta forestarlo por completo.
Cuando la agricultura se extendiera más allá de los 60 grados N, unos cuatro años después de alcanzar la Armonía mundial, se verían cambios físicos en el planeta. El primero sería la aparición espontánea de una Corona Boreal, que más tarde sería seguida por otra Austral. Fourier tenía una idea bastante fantástica de las auroras boreales, a las que veía como "un síntoma del celo del planeta", una suerte de copulación cósmica con los astros. Gracias a las Coronas, los polos gozarían de un clima mediterráneo, pero el ecuador tampoco sería demasiado cálido. El agua de los mares dejaría de ser salobre para tomar gusto a limonada y en ella ya no habría tiburones, ballenas, ni pulpos. El hombre ya estaría criando especies animales híbridas para su beneficio.

Un Día en la Vida de los Armonianos
Si Fourier hubiera sido posmoderno, quizás habría fundado una secta New Age y hasta habría podido dedicarse a la ciencia ficción. A diferencia de la mayoría de los utopistas, creía en un Ser Supremo cuyos planes creía interpretar. Para sus falansterios, proponía adoptar el culto católico, y estimaba que habría que ordenar aceleradamente decenas de miles de sacerdotes. Sólo le faltaba convencer a la Iglesia de que adoptara su permisiva moral sexual, más difícil de digerir que la propiedad colectiva.
Con todo, pocos dudarían en incluirlo en la amplia categoría de los progresistas. Sin embargo, consideraba que la igualdad era "un veneno político", acusaba a los judíos de ser "la fuente de todos los males" y denunciaba a Owen por encabezar una conspiración protestante contra el clero.
En particular, sus propuestas para la infancia resultan aberrantes, a la luz de esos derechos humanos que hemos aprendido a proclamar, aunque no tanto a respetar.
En su tiempo era común considerar al niño como un adulto en miniatura, pero Fourier parecía pensar en una especie de industriosos castores. En sus falansterios los niños se organizarían en "hordas", y como ya no habría diferencia entre trabajo y juego, sus juegos serían productivos.
Como había que aprovechar las inclinaciones naturales, y a los niños les encanta la suciedad, Fourier no dudaba en asignarles las tareas más repugnantes.
Las hordas infantiles comenzarían su jornada a las tres de la mañana, limpiando los establos y los mataderos. Seguramente, esta tarea les encantaría casi tanto como la cacería y exterminio de "alimañas" (víboras, sapos, etc.) o el mantenimiento y bacheo de los caminos, que los tendrían ocupados durante el resto del día.
La vida de los adultos estaría aun más reglamentada. La mejor muestra de la manía obsesiva que llevaba a Fourier a diseñar programas rígidos y físicamente imposibles de cumplir es el horario que había fijado para la vida cotidiana de los "armonianos".
Una persona podía llegar a pertenecer a 36 series o equipos de trabajo, de modo que había que distribuir las tareas en un amplio horario que iba de 3.30 a 22.00 para que todos pasaran por los distintos grupos.
En la cooperativa utópica no habría salarios sino dividendos, pero algunos serían más iguales que otros. Seguiría habiendo ricos y pobres, con distintas obligaciones.
Comparemos la jornada de un pobre y la de un rico. El pobre Lucas desayunaba a las 7.00, después de haber trabajado más de tres horas en las caballerizas y los jardines. De allí hasta la hora del almuerzo se desempeñaba en el campo como segador, en la huerta y en el tambo. Por la tarde trabajaba como hachero, en el taller artesanal y regando la huerta. Cena a las 20.30, a la cama a las 22 y tras cinco horas de sueño reparador, ¡a trabajar!
El rico Mondor se levantaba a la misma hora, pero tras charlar un rato con los amigos comía algo, y le dedicaba una hora a la caza y otra a la pesca. A las 8 desayunaba y leía los diarios. Antes de ir a misa (al parecer, los pobres no iban) pasaba una hora en el invernadero, cuidando los faisanes u ordenando la biblioteca. A la tarde, asistía al invernadero, al cultivo de plantas exóticas y a los viveros, tomaba una merienda en el campo e iba a la feria a intercambiar productos. Después de la cena, una hora de baile, concierto o espectáculos. Como no estaba tan cansado como Lucas, dormía apenas tres horas. Pertenecer tiene sus privilegios...
Basta pensar en los tiempos (una hora para ir y venir del campo, que dejaba apenas algunos minutos para el trabajo productivo) para ver que esos planes eran imposibles de cumplir y probablemente nadie lo intentó. Ni siquiera los ricos tendrían tiempo de disfrutar de lo que hacían, porque el ocio sería el peor de los pecados.
Por lo visto, algunos autores han sido agraciados por la historia con una fama un tanto exagerada. Quizá porque nadie se toma el trabajo de volver a leerlos.
7 de noviembre de 2010
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fuguet, la película de su vida


Alberto Fuguet supo encarnar la ascendente figura del nuevo narrador latinoamericano que se peleaba con los padres, el realismo mágico y los mandatos del canon chileno, entre Neruda y Donoso. Autor de muy buenas novelas como ‘Mala onda’ y ‘Tinta roja’, el equívoco empezó a rodearlo por izquierda y por derecha.
[Martín Pérez] Chile. Casi abandonó la literatura por el cine, pero finalmente volvió a escribir. ‘Missing (una investigación)’ es su nueva novela, aunque tiene mucho de no ficción y biografía familiar, a partir de la historia de su tío Carlos, un chileno perdido literalmente en los Estados Unidos. En esta entrevista habla del pasado, de Bolaño, Fogwill, Caicedo y, desde luego, de su tío que leyó el libro.
Cuando se le pregunta si escribir un libro como ‘Missing (una investigación)’ es la labor de una vida, Alberto Fuguet no puede evitar sonreír. "No sabría decirte", responde. Luego agrega, rápido y como al pasar, bien chileno: "¿Media vida?" Acto seguido, revela que casi dos décadas atrás, luego de entregar ‘Mala onda’, su primera novela, su editor de entonces lo llevó a almorzar y le hizo una de esas preguntas acordes con su cargo, del tipo y-ahora-qué-vas-a-hacer. Alberto recuerda que ahí fue cuando contó por primera vez en ese contexto la historia de su tío Carlos, la oveja negra de una familia de inmigrantes chilenos en Estados Unidos que un buen día agarró sus cosas, se fue de su casa y nadie más lo volvió a ver, perdido desde entonces en el gran país del Norte.
"Ahí tenés una novela, che", imita Alberto la respuesta inmediata que recibió de su editor, Ricardo Sabanes, el argentino que lo descubrió entre los alumnos del taller literario de Antonio Skármeta. "Yo también creo, pero nunca la voy a escribir", asegura que fue su resignada respuesta, con toda clase de cuestiones familiares irresueltas dando vueltas en su joven cabeza.
Con su tío Carlos finalmente reencontrado, y su historia contada en un libro más vivido que escrito, que fue galardonado unánimemente por la crítica chilena como la mejor novela del año pasado, ‘Missing (una investigación)’ es la culminación del lento reinicio de la carrera literaria de Alberto Fuguet, el punto final del malentendido que guió toda su historia dentro de las letras latinoamericanas. "Cuando me dicen que he cambiado, como sucedió en las notas que me hicieron el año pasado por el premio de la crítica, yo me niego a aceptarlo. No soy yo el que maduró, sino que fueron los demás", dice con una sonrisa rebelde y terca el que supo ser considerado el escritor del milagro económico chileno, una confusión ("¿Qué iba a hacer? ¿Ir a explicar quién era casa por casa?") que se profundizó con la antología ‘McOndo’, luego de la cual Fuguet se sintió odiado por toda la comunidad literaria latinoamericana, y casi le hizo tomar la decisión de dejar de publicar. De hecho, cuenta, antes de empezar el rodaje de ‘Se arrienda’, su primer largometraje como director, en Chile varios amigos le celebraron una cena despedida de la literatura.
Pero ahora, después de una novela como ‘Las películas de mi vida’, el libro ‘Mi cuerpo es una celda’ que armó con los escritos del colombiano Andrés Caicedo y las dos novelas que vendrán después de ‘Missing’ –‘Aeropuertos’, que está por salir en Chile, y ‘Matías Vicuña’, la continuación de ‘Mala onda’, para cuya escritura recibió el premio Guggenheim–, parece que Fuguet ha vuelto a ser escritor de tiempo completo. "Cineasta y escritor, las dos cosas, una apuntala a la otra", aclara este chileno que asegura haber nacido mal.
Pero los tiempos han cambiado. Su tío, por ejemplo, ya no está perdido. "Ahora está en Las Vegas", cuenta. Y Fuguet asegura finalmente sentirse en su casa. "Creo que me demoré veinte años en llegar", revela. "Pero ahora siento que realmente estoy en un lugar que es el mío."

Cuanta Mala Onda
Claro que había leído ‘Menos que cero’ antes de escribir ‘Mala onda’. "Pero es como preguntarle a un argentino si escuchó hablar de los Rolling Stones", exagera Fuguet, que está resignado a volver a escuchar las comparaciones cuando llegue el momento de publicar su segunda parte, que aún está en proceso de escritura. "La empecé a pensar antes de saber que Bret Easton Ellis estaba haciendo una segunda parte de su novela, pero, ¿qué sentido tiene intentar explicarlo? Ya me ganó de mano." Ahora que ‘Mala onda’ se lee en los colegios en Chile, por lo que sigue teniendo lectores adolescentes, Alberto asegura que esta segunda parte irá en contra de ellos. Y si Ellis está más en la ruta metaliteraria, asegura, lo suyo sigue más el camino de la trilogía de Richard Ford.

¿Tu Matías Vicuña será piñerista o concertacionista?
Eeeeeh (se ríe), concertista, pero con distancia. Pero viene de una familia totalmente pinochetista. No es político ni nada, es gerente comercial de una cadena de hoteles. Y en eso estoy.

La idea es que la novela salga el año que viene, cuando se cumplan dos décadas del libro original. "¡No puedo creer que se cumplan veinte años!", asegura el autor de la otrora novela juvenil del milagro económico chileno, detestado en su momento tanto por derecha como por izquierda. Según Fuguet, porque no adscribían, ni él ni los de su generación al canon de lo que tenía que ser un autor literario. "Sólo tenía los anteojos", bromea.
¿No le servía el aval del taller de Skármeta? "Parece que no", calcula, y señala aún hoy al pecado original, ese personaje que creó para un suplemento del diario El Mercurio, llamado Alekán. "Era como un joven de Puerto Madero celebrando el menemismo", dice del personaje que descubría el sushi, tomaba Absolut y estaba tan donde tenía que estar, que –asegura con un dejo de orgullo– a nadie se le ocurrió pensar que no existía de verdad. "Todos pensaban que era un traidor a su clase, pero lo hacía yo, que no conocía esos lugares, pero reporteaba. Tenía mis fuentes. Por ejemplo, estuve en el primer casamiento de la Bolocco sin estar ahí, llamando por teléfono después a quienes sí fueron y reconstruyéndolo a partir de mis notas."
Tanto ‘Alekán’ como ‘Sobredosis’, su primer libro de cuentos, para Fuguet terminaron siendo pasos en falso. De hecho, asegura, los cuentos no estaban incluidos en el plan original de su primer contrato y el título de la recopilación jamás fue su idea. "Me pegaron por derecha y por izquierda, unos por decadente, los otros por extranjerizante", cuenta. "Con ‘Mala onda’ pasó lo mismo, pero no hubo forma de pararlo, porque no paraban de leerlo." Con los jóvenes de su generación, Fuguet se refugió en un flamante suplemento juvenil de El Mercurio, llamado Zona de Contacto. "La idea original fue hacerlo a imagen y semejanza del Sí de Clarín, pero no nos permitieron usar la música, así que lo hicimos alrededor de la literatura." Rodeado por sus contemporáneos, Fuguet subió la apuesta y ahí llegó ‘McOndo’. Y el malentendido fronteras adentro se continuó fuera de Chile.
Su responsable asegura que no se dieron cuenta de lo que realmente significaba el título. Romper con el realismo mágico y hablar de una Latinoamérica urbana podía parecer algo evidente a mediados de los noventa para un escritor urbano, rodeado de sus contemporáneos en un proyecto exitoso como la Zona, decidido a buscar a sus pares en el resto del continente. Pero en pleno auge del neoliberalismo, el error de ‘Mala onda’ parecía repetirse, y –aún sin Alekán continental de por medio– Fuguet pasó a encarnar la juventud literaria conservadora. "En los ámbitos académicos norteamericanos hacían tesis como ‘El neoliberalismo y Fuguet’, cosas así. No sólo era malentendido, sino que me consideraban el enemigo", recuerda. "La verdad que me dolió quedar como fascista, y decidí dejar de pelear."
Desde entonces, ‘McOndo’ –que firmó junto a Sergio Gómez, que hoy trabaja como editor en la industria literaria chilena– nunca se reeditó. Su salida opacó en su momento a la que tal vez sea la mejor novela de Fuguet, ‘Tinta roja’, y permanece fuera de catálogo incluso ahora, que las compilaciones latinoamericanas de cuentos y crónicas que surgen aquí y allá parecen deberle algo. Aunque más no sea el respeto al primer referente.
"Es verdad, ‘McOndo’ es ahora el mapa. Pero la única verdadera gracia fue ponerle una palabra provocativa como título. Pero no sabía entonces que lo sería tanto. Yo pensé que era más bien chistosa. No sabía lo grave y serio que podía llegar a ser."

Fogwill, Bolaño & Caicedo
Alberto Fuguet puede asegurar no haber conocido, antes de recibir la elogiosa frase que ilustra la portada local de su última novela, a Fogwill. "Fue algo sorpresivo y agradable. Sobre todo porque no tenía acceso a él y no lo conocía. Lo que me hace creer que existe una hermandad cósmica entre escritores", asegura el chileno, al que Fogwill celebra en ‘Missing’, asegurando que es una gran novela verdadera, cuanto más ficción, más verdadera. "Fuguet está parado todo el tiempo tambaleándose sobre los hombros del mejor Bolaño", asegura el escritor argentino.

Si alguien debería haber defendido a la generación de Zona de Contacto en Chile, ése era Bolaño, ¿no es cierto? ¿Los conocía?
Estoy especulando, pero creo que Bolaño lo sabía todo. Supongo que lo que no le cerró fue el vínculo con El Mercurio. Pero lo que hizo Bolaño fue conquistar una Zona propia: llamaba por teléfono a alumnos míos, no hablaba con los editores, sino con los pasantes.

Así que en vez de defenderlos, los atacó.
No fue tanto. En mi caso, habló en contra y a favor. Por mi personalidad paranoica, estaba esperando el golpe, pero cuando habló en contra fue muy tangencial. Y se cargó explícitamente a Donoso, Edwards, Skármeta, Neruda, Mistral, Eltit, Sepúlveda, Isabel Allende y Marcela Serrano. Yo creo que estaba esperando que saliese ‘Las películas de mi vida’ para opinar. Edmundo Paz Soldán me dijo que estaba muy curioso. Y en una de sus últimas entrevistas, que hace poco se conoció, habla bien de mí y dice que siente muchas cosas en común.

El archivo dice que Fuguet salió muy temprano a celebrar a Bolaño, cuando recién había aparecido ‘La literatura nazi en América’. "Pero enseguida llegaron los bárbaros a abrazarlo, y se lo llevaron", explica. ¿Los bárbaros? ¿Querrá decir la academia? "Sí, ésos", confirma. Para Fuguet, sin embargo, es un escritor que forma parte de un supuesto canon McOndo, que incluye a Manuel Puig, Cabrera Infante, Ricardo Piglia y, por supuesto, a Mario Vargas Llosa. "Creo que el Nobel ayuda a terminar de cerrar la polémica", se ufana quien dice haber quedado afónico la noche del premio, ya que lo llamaron de todos lados para opinar.

Pero la posición política de Vargas Llosa más que cerrar, reabriría la polémica.
Podemos estar discutiendo horas sobre eso, pero yo creo que Vargas Llosa no es un fascista. Es un freak, un psicópata al que le gusta provocar. Pero está totalmente en contra de las dictaduras y sus libros van a seguir creciendo con el tiempo.

De ese canon McOndo también forma parte Andrés Caicedo, orgullo personal de Fuguet, que de aceptar la tesis de su reinvención, asegura que arrancó más bien con una compilación de artículos periodísticos titulada ‘Apuntes autistas’, que reúne todos sus fanatismos (que incluso abre con el artículo publicado en la revista peruana Etiqueta Negra, que disparó ‘Missing’). Y luego con el libro de Caicedo, del que muchos dijeron –asegura– que era una pérdida de tiempo. Pero, justamente, de esas pérdidas de tiempo es que están hechas las carreras literarias.
Si se bromea con Fuguet diciendo que con Caicedo, al contrario de Bolaño, nadie se lo sacó de las manos, su respuesta es bastante seria. "Uno de mis orgullos es que no he escuchado en el Hemisferio Sur ni una palabra negativa contra Caicedo. Todo el mundo lo abrazó, lo admiró y lo respetó. Ni siquiera nadie lo trató de joven, que por aquí es una de las peores acusaciones. El verdadero triunfo de ‘McOndo’, a mi gusto, fue el reconocimiento unánime que recibió Caicedo."

Tío Vivo
Apenas siete u ocho meses. Ese fue el tiempo que le tomó escribir una novela como ‘Missing’. "Estaba todo listo, ¿para qué demorarse más? Estaba el guión, los actores listos, el dinero. ¿Cuánto tiempo vas a tardar en filmar ‘El Padrino’? ¿Cuatro o cinco años? No. Listo. Se rueda." De hecho, en aquel almuerzo luego de entregar ‘Mala onda’, Fuguet asegura que contó el primer tercio del libro. Su vida familiar, digamos. Y cuando comenzó a escribirla, se puede deducir, ya sabía el final. "Claro que sí", confirma. "Para mí el momento clave del libro es cuando pude llamar a mi padre desde Denver diciendo que había encontrado a su hermano. Ahí sentí que ya cumplí con la investigación. Todo el resto fue extra."
Lo que Fuguet llama el resto, es justamente ‘Missing’, el libro. Una novela en la que, tal como celebra Fogwill, baila con su verdad en brazos, reescribiendo su historia, literaria y también la propia.
"Cuando arrancamos con la escritura, le propuse a mi tío Carlos tres reglas para escribir su historia. Una, que yo estaba al mando. Dos, que el dinero no sería un problema, porque no quería que esto fuese un negocio. Y tres, que yo lo iba a entrevistar por mail, y él tenía que contestar", revela Fuguet, que con ese material transformó la voz de su tío en un largo poema, que ocupa casi la mitad del libro. Podría haber sido un fracaso. De hecho, cualquier lector del libro antes de comenzar a leer ese tramo no puede evitar preguntarse: ¿qué estoy leyendo? Pero el resultado funciona de manera admirable. "Es que las transcripciones de mis charlas con Carlos no me daban la voz que necesitaba para la novela. La encontré con ese recurso, que para mí no fue un poema, porque no leo poesía. Fue como un rockero que escribe letras para su disco, como una larga canción. Fue un goce, realmente. Y funcionó tan bien, que mi tío me terminó preguntando cómo fue que hice para saber lo que él sentía en esos momentos."
El momento clave de ‘Missing’, en realidad, llegó cuando estuvo terminado, cuando Fuguet le entregó a su tío por primera vez el libro para que lo leyera y le diese su opinión. "Fuimos a visitarlo a Las Vegas con mi padre", recuerda. "Brindamos con champán y fuimos a Caesar’s Palace. Nos despedimos a la una de la mañana y le dije aquí está el libro. Tomate tu tiempo, leelo y cuando lo termines nos juntamos y me decís qué te parece." Como Carlos no es lo que se dice un lector, Fuguet no se imaginaba que apenas doce horas más tarde reaparecería en escena. "No me digas nada, le dije. Y nos fuimos a un shopping, hicimos la cola en la cafetería de un Barnes & Noble, y nos sentamos. Ahí le pregunté: ¿Sí o no? Sí, me dijo." Ya relajado, con la respuesta que necesitaba en sus manos, Fuguet le preguntó si había algo que no le gustaba. Y su tío empezó a aclarar minucias, como que en el ’79 no estaba aquí sino allá, o que el disco que le regaló en el ’82 no era de tal grupo sino de otro. "Así que insistí: Carlos, hay cosas muy fuertes que me contaste por mail. Todo verdad, me contestó. ¿No te da vergüenza?, insistí. Se encogió de hombros: Nadie me conoce, y yo no me arrepiento. Y agregó: lo que más me da vergüenza es haber robado e ido a la cárcel, pero ya pagué. Y ahí me dijo algo que no me voy a olvidar jamás: estoy impresionado, tengo que agradecerte, esto es un gran regalo, ahora me entiendo, ahora tengo una historia."
Pero hay algo que sorprende aún a Fuguet, a un año de la salida del libro, y casi dos de que le presentó a su tío el manuscrito con su historia. "Lo raro es que a Carlos no le ha cambiado la vida. Su vida actual se parece a la anterior. Y eso sí que para mí ha sido un verdadero aprendizaje."
7 de noviembre de 2010
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suprimen presupuesto para ddhh


Las gestiones para reponer presupuestos a instituciones de derechos humanos.
Valparaíso, Chile. Mañana será un día clave para las instituciones destinadas a la memoria de los derechos humanos, como son el Instituto de Derechos Humanos, Fundación Villa Grimaldi y Londres 38, cuyo presupuesto había sido suprimido por parte del gobierno.
En la comisión mixta del Senado, según informó este viernes el senador PS Carlos Montes, se logró un "preacuerdo" para darles financiamiento.
Al respecto, la presidenta de Villa Grimaldi, Margarita Romero, afirmó que de suspenderse el financiamiento estatal a esta entidad se estaría en una situación económica muy difícil, puesto que el ahora Parque por la Paz recibe a diario muchos visitantes, incluidos extranjeros, lo que implica que el lugar necesita mantención, resguardo y personal de atención.
Es la misma situación para Londres 38 Espacio de Memorias, casa patrimonial que se conserva tal como cuando funcionó como centro de tortura, cuya mantención también requiere un financiamiento estable.
Días atrás también se pronunció el ex presidente Ricardo Lagos sobre la restricción de presupuesto a estas instituciones, señalando que "sería un grave error entender que no hay recursos para ello".
7 de noviembre de 2010
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el caso tibiletti


El rol de la religión en la guerra sucia. En octubre trascendió la denuncia del ministerio de Defensa contra el ex asesor Luis Tibiletti, quien admitió haber participado en operaciones de Inteligencia en 1977. Las estúpidas incoherencias que ocuparon el lugar de las ideas en la mente de la extrema derecha.
[Horacio Verbitsky] Argentina. Entre 1979 y 1980 el Ejército negó el ascenso o pasó a retiro a treinta y tres oficiales. Todos fueron acusados por sus respectivas juntas de calificaciones de perjudicar la cohesión espiritual de los cuadros, por no compartir "la filosofía y el sentir institucional del Ejército, lo que ha lesionado decididamente su prestigio y concepto ambiente". La historia del grupo se remontaba a 1969, cuando algunos se opusieron al uso del Ejército contra movilizaciones populares como la del Cordobazo. Otros simpatizaron con el regreso de Perón a la Argentina, participaron en el Operativo Dorrego de acción social que reunió a Montoneros y el Ejército o llegaron a tener relación orgánica con alguna de las organizaciones revolucionarias. Otros mantenían nexos con la Unión Cívica Radical.
La Inteligencia del Ejército los detectó en 1971 luego del arresto de dos camaradas encuadrados en Montoneros, quienes identificaron a sus contactos dentro de la fuerza. En los meses previos al golpe de 1976 fueron sometidos a un proceso informal de autocrítica y reeducación y se les permitió continuar en actividad, con el compromiso de participar sin reticencias en la represión. Algunos fueron protegidos por miembros de la cúpula militar que los conocían por razones institucionales o familiares.
Una década después, cuando creían que aquellos episodios habían sido olvidados, el pase a retiro obligatorio los enfrentó con su propia historia.
Al pedir la reconsideración de la medida más de dos tercios invocaron sus convicciones católicas como principal argumento en su favor. Con independencia de su sinceridad, estas veinticuatro exposiciones espontáneas contienen un tesoro de información sobre la mentalidad predominante en el Ejército, ya que invocaron en su defensa los valores mejor considerados por la institución castrense en la que deseaban permanecer.
La constante es el agradecimiento a la formación católica por haber podido aplicar los métodos dispuestos por el Ejército para la denominada guerra contra la subversión. Varios confiesan haber cometido crímenes horrendos, que alegan en su favor. Pese a esta humillación de tipo soviético, a ninguno se le permitió proseguir en actividad.
El mayor Hugo Abel Costaguta dijo que compartía la "filosofía y el Sentir Institucional del Ejército", que se fundan "en los principios inmutables de Dios y la Patria". Su familia está bien constituida, y en su "seno imperan los valores del cristianismo".
El capitán Guillermo Julio González Chipont juró no haberse apartado "de los principios rectores de nuestra civilización Occidental y Cristiana".
El teniente 1º Eduardo Pedro Serrano escribió que había sido permanente su adhesión a "los ideales cristianos y nacionales".
El capitán Ricardo Colombo Roqué dijo que sus ideas políticas, "de profunda raíz nacional y cristiana", no pueden ser "tachadas de subversivas".
El teniente 1º Eladio Alberto Arias elevó junto a su descargo una carta de su padre, el suboficial Mayor (RE) Eladio Arias, quien escribió que el joven había marchado a su destino en Mar del Plata para "vengar el asesinato" de un compañero de promoción, con su aprobación paterna y de soldado.
"Estoy seguro que cumplió. Dios lo ayudó en una causa noble y justa."
El suboficial suplicó "a la Santísima Virgen María –fuente de buen consejo, Esperanza de amor y fe"– que su hijo fuera reivindicado.
El teniente 1º Julio César Sarmiento declaró su confianza en la Justicia Divina y narró las operaciones en las que había intervenido. Su formación como comando y su puesto de jefe de inteligencia de una fracción que actuó en el monte tucumano lo obligó a "interrogar, a ejecutar y a concretar la parte más sucia que era hacer desaparecer los cadáveres de aquellos detenidos ‘por la izquierda’ que no soportaban los interrogatorios".
Sin sus "profundas y arraigadas convicciones religiosas", escribió, "me consideraría un cobarde con las manos ensangrentadas". Este razonamiento es ilustrativo sobre el rol de la Iglesia en la preparación castrense para la guerra sucia.
Para el capitán Gustavo Horacio Ricardes su conducta debió ser malinterpretada, ya que siempre se guió por "los inmutables principios cristianos".
El teniente 1º Héctor Rolando Jamier explicó que si la filosofía del Ejército era "pertenecer a un mundo Occidental y Cristiano y salvaguardar los más altos intereses de la Nación", se identificaba con ella, como le enseñaron en el Colegio Militar. De otro modo no hubiera podido combatir a la subversión "en situaciones y con procedimientos harto conocidos" y que podrían haber lesionado su personalidad y su mente.
El teniente 1º Luis Eduardo Tibiletti realizó la exposición más completa sobre la incidencia de la Iglesia Católica en sus decisiones. Sobrino nieto de Pedro Dionisio Tibiletti, que entre 1929 y 1945 fue obispo de Corrientes y San Luis, e hijo del coronel Pedro Alfredo Tibiletti, uno de los primeros oficiales que estudiaron la doctrina de la guerra contrarrevolucionaria en Francia durante la guerra de Argelia, Luis Eduardo escribió que su formación inicial fue en un colegio religioso que le enseñó a valorar "el sentido místico y heroico de la vida". En cambio en el Colegio Militar no recibió la imprescindible formación filosófica, histórica y religiosa. Esta "deficiencia en el tratamiento de valores trascendentes" le impidió desarrollar una correcta visión global. Agregó que había sido influenciado por las opiniones del "grupo de oficiales eliminados", a lo que se sumaron "las prédicas del capellán de tinte tercermundista". Su análisis equivocado fue consecuencia de la crisis que en 1972 y 1973 atravesaron "el país y sus instituciones pilares: las Fuerzas Armadas y la Iglesia". Recordó que luego del Cordobazo el capellán del Colegio Militar predicó a los cadetes que un militar "no debía tomar las armas contra los hermanos de su mismo país". Esto era consecuencia de la "aparición política del tercermundismo religioso", entre cuyas expresiones mencionó a Devoto, Angelelli, De Nevares, Di Stéfano y Zazpe y la teología de la liberación, que Tibiletti considera "errada". Esto lo llevó a considerar en forma errónea que "podía contribuir a los objetivos de la Institución con la búsqueda de un acercamiento con Montoneros". Pero a partir de junio de 1975 se desilusionó con esa línea política. El Ejército había comenzado el enfrentamiento abierto con el ERP en Tucumán y en sus filas renacían "valores adormecidos y con los que me identificaba (cohesión, sentido heroico de la vida, sentimientos religiosos)". En setiembre de ese año se realizó en el Colegio Militar "una Semana Religiosa de gran profundidad y que me permitió comprender que debía encauzar la vocación cristiana que guiaba mis actos hacia la acción diaria entre mis camaradas y subalternos y no a través de compromisos políticos con sentido heroico que me habían llevado a actuar erróneamente".
El general Sasiaiñ era tío de su esposa. Le dijo que la superioridad estaba al tanto de sus actividades y le preguntó por sus razones. Después mantuvo diálogos similares con el general Otto Carlos Paladino, quien "tenía la misma profunda vocación cristiana que yo, pero que la había desarrollado dentro de la institución". Decidió entonces "luchar en defensa de los valores trascendentes del Ejército". Al referir los cambios en su pensamiento escribió que el Ejército nunca debía abandonar "la defensa de la Patria Cristiana", porque ésta es "la cosmovisión que nos da coherencia al obrar". Según el oficial recuperado, "en la recta doctrina católica está la VERDAD que no es como se quiere sostener a veces que ‘nadie es dueño de la verdad’ porque eso me llevó al ‘error’ de ir a averiguar cuánto de esa verdad que se torna inalcanzable tienen los ‘otros’. Con esas VERDADES íntegras tenemos que enfrentar la guerra revolucionaria que es una guerra de ideas y no con verdades a medias".
De ese modo es posible "defender la soberanía no sólo militar sino también espiritual de la Patria".
Pudo salir de la confusión que alcanzó a las Fuerzas Armadas y la Iglesia "con la ayuda de Dios", y gracias a "la actitud generosa de la Institución pude afirmarme en valores reales y demostrar en hechos mi respuesta a la oportunidad brindada" (en su descargo dice que participó en "operaciones especiales de Inteligencia" en el Area Zárate-Campana, donde fue fuerte la represión contra trabajadores fabriles). Mucho más escueta fue la apelación que presentó al presidente Raúl Alfonsín en 1983. Dijo que lo habían castigado por disentir con la Doctrina de la Seguridad Nacional.
El mayor Luis María Croce expuso su compenetración espiritual con el Ejército y con "su filosofía cristiana, católica, apostólica y romana". Para refutar los cargos, el capitán Gustavo Vitón hizo gala de su "profunda fe religiosa", y sus valores morales y espirituales. Ofendido porque pudieran atribuirle ideas izquierdistas replicó que siempre demostró "un gran amor por mi Patria y Ejército" y "una fe inquebrantable hacia Dios".
El mayor Norberto Antonio Yommi contó que había participado en un Cursillo de Cristiandad con el capellán de su unidad y que gracias al Ejército había podido "constituir un verdadero hogar cristiano". Jamás pensó ni obró contra sus "profundas creencias cristianas".
El mayor Eduardo Horacio Gentiluomo estableció que "por mi formación y convicción soy Católico, Apostólico, Romano". El mayor Norberto Angel Pascale nunca simpatizó con grupos peronistas que "se convirtieron en elementos subversivos [porque] como militar y cristiano no podría, sin traicionar mis íntimas convicciones y principios, comulgar con un credo irracional". La prueba que alegó fue que "junto a mi señora y mis tres hijos conformo un verdadero hogar cristiano".
El coronel Carlos Sánchez Toranzo expuso que la sociedad argentina "se fundamenta filosóficamente en los valores cristianos" y que él "cree profundamente en el origen divino del hombre y su fin trascendente tal como lo determina la Religión Católica Apostólica Romana [y] rechaza, en plena coincidencia con la Iglesia, al materialismo socializante que propone el marxismo-leninismo, como al materialismo individualista que da el liberalismo".
Sánchez Toranzo citó también la Introducción del Reglamento de Servicio Interno (RV-200-10):

"El Ejército constituye una de las reservas morales trascendentes en la vida espiritual del país, por lo que deberá ser depositario y custodio permanente de sus más caras tradiciones".

El mayor Roberto Juan Gastaldi declaró su orgullo por "nuestra posición occidental y cristiana" desde que San Martín puso al Ejército Libertador bajo la protección de María y Belgrano hizo tejer la bandera "con los colores de la Virgen". La libertad no puede subordinar a los valores más sagrados, entre ellos el matrimonio, que posee "dignidad sacramental" dado que "no fue protegido, confirmado, ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de su restaurador Cristo Nuestro Señor, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ningún hombre".
También cita a la Iglesia en defensa de la propiedad privada como fundamento del orden económico, aunque con subordinación al bien común.
"No puede concebirse la libertad del hombre, si no está sumisa y sujeta a Dios y a su voluntad. Negar a Dios este dominio o no querer sufrirlo no es propio del hombre libre."
Gastaldi veía el mundo como escenario "de la lucha entre el bien y el mal". El peligro inminente era el comunismo bolchevique y ateo que tiende a "socavar los fundamentos de la civilización Cristiana" y "niega toda jerarquía y toda autoridad establecidas por Dios". Al negar a la vida humana todo carácter sagrado y espiritual convierte el matrimonio y la familia en instituciones artificiales y civiles. Como proclama la emancipación de la mujer, la saca de la vida doméstica y del cuidado de los hijos para "arrastrarla a la vida pública y a la producción colectiva en la misma medida que al hombre, entregando al Estado el cuidado del hogar y de la prole".
Este refrito de Meinvielle y Genta sostiene que aun los pueblos bárbaros han encontrado un freno "en la ley natural esculpida por Dios en el alma de todos los hombres". Sigue con la educación "en la familia cristiana bien ordenada y disciplinada" y en la escuela, que surge "por iniciativa de la familia y de la Iglesia".
Para demostrar su compenetración con la filosofía del Ejército, este oficial excluido recomendó vigilar con cuidado "los libros licenciosos, los espectáculos cinematográficos y las audiciones radiofónicas y televisivas". Gastaldi informa que ha sostenido estas convicciones "en reuniones con miembros de la Iglesia".
Como instructor de futuros suboficiales, explicó el capitán Víctor Sergio Groupierre, puso el acento en "los conceptos de Patria, Ejército, Dios y del peligro que representa y la guerra que hay que hacerle a la subversión". Además, "he sido casado y mis hijos bautizados por Su Excelencia Reverendísima el Provicario castrense para las Fuerzas Armadas Monseñor Doctor Victorio Manuel Bonamín, quien además me honra con su amistad y visita mi domicilio".
Como prueba definitiva, dijo que entronizó en la capilla de su unidad una mayólica con la imagen de la Virgen de las Nieves.
El único en mencionar la causa de la decisión oficial fue el capitán Norberto Raúl Tozzo: la relación que mantuvo entre abril de 1972 y junio de 1973 en la escuela de suboficiales Lemos con los tenientes primeros Jorge Bavio y Roberto Hipólito. Es su descargo dijo que "mi mente era virgen, tenía sentimientos nacionalistas católicos, inculcados en el Colegio Militar, donde había participado de retiros espirituales. [Bavio] comienza a tocar temas políticos, fundamentalmente de índole nacionalista, y a exponerme la Doctrina Social de la Iglesia. Permanentemente llevaba consigo un libro con las encíclicas Populorum Progressio y Mater et Magistra. De él escucho por primera vez la expresión bien común".
Pero ya en 1974, impulsado por su rechazo a las doctrinas "extrañas a la forma de vida del ser argentino", ingresó a la Escuela de Inteligencia, decidido a combatir "a quienes me habían engañado, aquellos que hablando de nacionalismo y catolicismo ocultaban en su interior el socialismo ateo-marxista". Como prueba de su conversión dijo haber creado un Comando Azul y Blanco en el Destacamento de Inteligencia 124 que reprimió a "la secta esotérica llamada los caballeros del agua y el fuego", que "captaba menores, a quienes se les despojaba de sus valores religiosos".
"Mi accionar, que interpreté como una cruzada, me llevó a operar en otras regiones como ser Capital Federal, Córdoba, Santiago del Estero, Rosario, Santa Fe y Asunción (P); permanentemente estuve vinculado con todas las actividades que se realizaban en el área de Inteligencia."
"Dios es el único que puede juzgar mi conducta" dijo al rechazar la calificación el teniente 1º Ernesto Facundo Urien. El teniente Enrique Alberto Lugand se declaró identificado con la doctrina justicialista por ser "netamente nacional y cristiana".
El capitán Mario Enrique Oscar Rossi puso a Bonamín como testigo de "mi profunda fe en Dios, mis convicciones religiosas, el amor a la Patria y la familia y por la misión del Ejército". Agregó unas líneas confidenciales para el nuevo comandante del Ejército, Leopoldo Fortunato Galtieri, quien había sucedido a Viola cuando éste pasó a retiro para suceder a Videla en la presidencia. Rossi solicitaba seguir en actividad debido a "mi profunda fe en Dios y mi identificación total con la doctrina Católica, Apostólica, Romana. Considerar al hombre como criatura de Dios, dotado de razón y de voluntad, con un fin natural y otro trascendente".
En una incursión sobre política y economía repitió las objeciones de la Doctrina Social de la Iglesia al liberalismo, que defiende los derechos individuales pero descuida el bien común, y al marxismo, que despoja de sus derechos y su propiedad a las personas y las sociedades intermedias.
También el capitán Carlos Alberto Berdaguer ofreció "al clero, castrense o no" como testigo de la convicción que puso para enfrentar a los enemigos de la Nación "para que su célula indiscutida sea la familia y para que en y desde ella padres e hijos procuren vivir su fe a la luz de la moral cristiana, en vez de verse obligados a obedecer ciegamente los mandatos de su majestad El Estado".
El mayor Carlos Alberto Pombo expresó ser "católico, apostólico, romano practicante" y dijo que se identificaba con la doctrina justicialista "porque su esencia doctrinaria no es otra que la Doctrina Social de la Iglesia".
Según el mayor Derlys Even Francisco Bitz, Bonamín le explicó que no habían querido "dejar ningún vestigio o raicillas" dentro del Ejército y esbozó la "teoría del círculo": "Todos los que quedaron dentro de él fueron pasados a retiro; dentro de ese círculo estaban los que evidenciaban un perfil no querido por el Ejército para un oficial que podría comandar unidades o grandes unidades de la Fuerza en la década del ’90. Pudo haber habido inocentes dentro del círculo, pero ante la duda se los eliminó. ¿Qué es un hombre para el Ejército?".
Bonamín también le dijo que no intervendría en el caso. Bitz, quien era amigo del obispo Devoto y cuyas relaciones políticas pasaron por el radicalismo, reclamó por el secreto con que se lo había investigado, sin derecho de defensa, que basó en la Constitución Nacional pero también en la encíclica Pacem in Terris. Dijo que la resolución se fundamentó como si el Ejército "fuera un Estado dentro del Estado o por sobre el Estado". A su juicio, "las Fuerzas Armadas son parte integrante de la Nación y deben estar subordinadas al Poder Político en el marco de la Constitución Nacional". Su "filosofía y sentir" deben ser el de toda la Nación. [...] Las Fuerzas Armadas no son "la última reserva moral de la Patria".
Es ostensible la diferencia de su tono con el de las abyectas disculpas de la mayoría de sus camaradas. Vale la pena precisar que no escribió estas líneas en 1980 sino el 26 de agosto de 1983, a dos meses de las elecciones presidenciales.
Al concluir la dictadura varios de estos oficiales asesoraron a los bloques legislativos justicialista y radical o/y ocuparon cargos ejecutivos en las áreas de seguridad o defensa del gobierno nacional. Algunos (como Tibiletti, Colombo y Rossi) tuvieron un rol de gran valor en la sanción de las leyes de defensa nacional, seguridad interior e inteligencia nacional, que fijaron el marco legal para la subordinación castrense a la conducción civil y apartaron a las Fuerzas Armadas de las tareas policiales y parapoliciales que las habían hundido en la ignominia. Otros (como Sánchez Toranzo) rechazaron y denunciaron intentos de soborno cuando ocuparon cargos públicos. Varios (como González Chipont y García Moreno) fueron procesados por los crímenes de los que se jactaban entonces.
7 de noviembre de 2010
6 de noviembre de 2010
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estudiante aisalla fue ejecutado


columna de lísperguer
CIDH admite denuncia de Ecuador contra Colombia por asesinato de estudiante después del bombardeo del campamento de Raúl Reyes.

Según la investigación adelantada por Ecuador, el estudiante ecuatoriano Franklin Aisalla, visitante, que no miembro de la guerrilla, fue ejecutado extrajudicialmente por tropas colombianas durante la breve incursión en territorio ecuatoriano. Tras el bombardeo del campamento, tropas colombianas invadieron y ocuparon territorio colombiano, ejecutaron a algunos sobrevivientes y secuestraron a otros -que fueron posteriormente ejecutados salvajemente en territorio colombiano. Aisalla fue ultimado a golpes en la cabeza con un objeto contundente, y no murió como producto del bombardeo. La misma suerte corrieron los estudiantes mexicanos -pero su gobierno, a diferencia del ecuatoriano, prefiere hacer la vista gorda. Uno de los responsables del asesinato masivo es el presidente Santos, de modo que seguramente no sufrirá las consecuencias, excepto la prolongación indefinida de la ruptura entre los dos países.
lísperguer