MAYORÍA DE PRESOS EN GUANTÁNAMO SERÁN LIBERADOS - john mintz
Según un oficial norteamericano la mayoría de los detenidos en la prisión militar norteamericana de Bahía Guantánamo no son combatientes enemigos y serían liberados próximamente.
La mayoría de los reclusos en la prisión militar norteamericana en Bahía de Guantánamo, Cuba, acusados de ser miembros de Al Qaeda y del movimiento talibán serán probablemente dejados en libertad o enviados a sus países de origen para otras investigaciones, debido a que no representan una amenaza seria y no han proporcionado informaciones de valor para el servicio secreto, dijo el subdirector de la prisión. Las observaciones del general de brigada del Ejército Martin Lucenti en la edición de ayer del londinense Financial Times contradicen declaraciones pasadas de comandantes norteamericanos que han enfatizado el valor de las informaciones obtenidas de los detenidos y el peligro que representarían muchos de ellos si fueran liberados.
"De los 550 detenidos que tenemos, yo diría que la mayoría de ellos serán liberados o trasladados a sus países", dijo Lucenti, según el diario británico. "La mayoría de esos tipos no estaban peleando. Estaban huyendo. Incluso si se hubiese determinado que uno de ellos es un combatiente enemigo, muchos de ellos serán dejados en libertad porque tienen poco valor para el servicio secreto y no representan una amenaza seria".
"No tenemos pruebas que nos hagan creer que podamos procesarlos a todos", agregó, de acuerdo al diario. "Tenemos tipos que no nos han contado nada, excepto para decir que, si tienen la oportunidad, decapitarían a los infieles".
Cuando se pidió comentarios sobre estas declaraciones, oficiales militares refirieron las preguntas a la fuerza de tarea conjunta que está a cargo de la prisión de Bahía Guantánamo. El mayor del Ejército Hank McIntire, un portavoz, dijo ayer que los oficiales no comentarían esas comentarios y se encuentran preparando una declaración sobre el asunto.
El superior de Lucenti, el general de brigada del Ejército Jay Hood, desdeñó la evaluación de Lucenti, diciendo al Financial Times que algunos detenidos "son de un inmenso valor para la inteligencia" y todavía están revelando informaciones importantes. McIntire confirmó ayer los comentarios de Hood.
El predecesor de Hood, el general de brigada del Ejército Geoffrey D. Miller, ha dicho frecuentemente que la mayoría de los detenidos en Bahía Guantánamo están proporcionando informaciones útiles.
"Estamos aprendiendo sobre las inter-conexiones terroristas a nivel global", dijo Miller al Washington Post a comienzos de año. "Yo las llamo pistas de oro... No he encontrado gente inocente en el Campamento Delta".
Los militares norteamericanos ha acelerado el ritmo de liberaciones de Bahía Guantánamo en los últimos meses, especialmente después de que una resolución de la Corte Suprema estadounidense en junio determinara que el gobierno no tiene autoridad para privar a presuntos miembros de Al Qaeda o talibanes de su libertad sin permitirles acceso a tribunales federales.
Hasta el 22 de septiembre, la prisión había liberado a 146 detenidos, y entregado a 56 a los gobiernos de sus países, dijo el Pentágono. Algunos de estos últimos han sido dejados en libertad.
De los 202 hombres que han dejado Bahía Guantánamo, sólo uno ha sido repatriado. Una junta especial de los oficiales militares en la prisión determinó que no se trataba de un combatiente enemigo'. Fue retornado a Pakistán el 18 de septiembre.
Tras la resolución de la Corte Suprema, los militares empezaron a realizar revisiones especiales llamados Tribunales de Revisión de la Condición de Combatiente para determinar si los detenidos eran en realidad combatientes enemigos; se han visto hasta el momento 115 casos.
Cuatro detenidos han sido llevados ante comisiones militares especiales para su procesamiento.
Julie Tate contribuyó a este reportaje.
6 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
La mayoría de los reclusos en la prisión militar norteamericana en Bahía de Guantánamo, Cuba, acusados de ser miembros de Al Qaeda y del movimiento talibán serán probablemente dejados en libertad o enviados a sus países de origen para otras investigaciones, debido a que no representan una amenaza seria y no han proporcionado informaciones de valor para el servicio secreto, dijo el subdirector de la prisión. Las observaciones del general de brigada del Ejército Martin Lucenti en la edición de ayer del londinense Financial Times contradicen declaraciones pasadas de comandantes norteamericanos que han enfatizado el valor de las informaciones obtenidas de los detenidos y el peligro que representarían muchos de ellos si fueran liberados."De los 550 detenidos que tenemos, yo diría que la mayoría de ellos serán liberados o trasladados a sus países", dijo Lucenti, según el diario británico. "La mayoría de esos tipos no estaban peleando. Estaban huyendo. Incluso si se hubiese determinado que uno de ellos es un combatiente enemigo, muchos de ellos serán dejados en libertad porque tienen poco valor para el servicio secreto y no representan una amenaza seria".
"No tenemos pruebas que nos hagan creer que podamos procesarlos a todos", agregó, de acuerdo al diario. "Tenemos tipos que no nos han contado nada, excepto para decir que, si tienen la oportunidad, decapitarían a los infieles".
Cuando se pidió comentarios sobre estas declaraciones, oficiales militares refirieron las preguntas a la fuerza de tarea conjunta que está a cargo de la prisión de Bahía Guantánamo. El mayor del Ejército Hank McIntire, un portavoz, dijo ayer que los oficiales no comentarían esas comentarios y se encuentran preparando una declaración sobre el asunto.
El superior de Lucenti, el general de brigada del Ejército Jay Hood, desdeñó la evaluación de Lucenti, diciendo al Financial Times que algunos detenidos "son de un inmenso valor para la inteligencia" y todavía están revelando informaciones importantes. McIntire confirmó ayer los comentarios de Hood.
El predecesor de Hood, el general de brigada del Ejército Geoffrey D. Miller, ha dicho frecuentemente que la mayoría de los detenidos en Bahía Guantánamo están proporcionando informaciones útiles.
"Estamos aprendiendo sobre las inter-conexiones terroristas a nivel global", dijo Miller al Washington Post a comienzos de año. "Yo las llamo pistas de oro... No he encontrado gente inocente en el Campamento Delta".
Los militares norteamericanos ha acelerado el ritmo de liberaciones de Bahía Guantánamo en los últimos meses, especialmente después de que una resolución de la Corte Suprema estadounidense en junio determinara que el gobierno no tiene autoridad para privar a presuntos miembros de Al Qaeda o talibanes de su libertad sin permitirles acceso a tribunales federales.
Hasta el 22 de septiembre, la prisión había liberado a 146 detenidos, y entregado a 56 a los gobiernos de sus países, dijo el Pentágono. Algunos de estos últimos han sido dejados en libertad.
De los 202 hombres que han dejado Bahía Guantánamo, sólo uno ha sido repatriado. Una junta especial de los oficiales militares en la prisión determinó que no se trataba de un combatiente enemigo'. Fue retornado a Pakistán el 18 de septiembre.
Tras la resolución de la Corte Suprema, los militares empezaron a realizar revisiones especiales llamados Tribunales de Revisión de la Condición de Combatiente para determinar si los detenidos eran en realidad combatientes enemigos; se han visto hasta el momento 115 casos.
Cuatro detenidos han sido llevados ante comisiones militares especiales para su procesamiento.
Julie Tate contribuyó a este reportaje.
6 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
EL CAOS TRAS INVASIÓN HA AUMENTADO LA PRODUCCIÓN DE OPIO - t. christian miller
La producción de opio en Afganistán ha alcanzado un nuevo récord. En Iraq ha aumentado el tráfico y el consumo.
Washington, Estados Unidos. La producción de opio en Afganistán romperá este año todos los récords, con un aumento que superará los altos niveles que se alcanzaron durante el régimen talibán, dijeron funcionarios norteamericanos y extranjeros de organizaciones de anti-narcóticos.
Al mismo tiempo, funcionarios de Naciones Unidas y Estados Unidos están cada vez más preocupados por señales que apuntan a un naciente comercio de drogas en Iraq, donde los contrabandistas están sacando ventajas del continuo caos y las fronteras no custodiadas.
La inestabilidad en la secuela de las invasiones norteamericanas de Afganistán e Iraq ha resultado en un bullente mercado para la producción de drogas, y en un segundo mercado potencial para la venta y tráfico de narcóticos, dijeron funcionarios.
"Todas las situaciones después de un conflicto, así sea en Iraq o Afganistán, se caracterizan por un importante aumento de la adicción a las drogas", dijo Antonio María Costa, director de la Oficina de Fiscalización de las Drogas y Prevención del Delito. "Definitivamente, hay un problema".
En su testimonio del mes pasado, Robert B. Charles, secretario de estado adjunto que encabeza la Oficina para los Asuntos Relacionados con el Narcotráfico Internacional y la Aplicación de la Ley, del ministerio de Asuntos Exteriores, dijo al Congreso que las estadísticas de la CIA, de las que se espera que serán dadas a conocer de aquí a unas semanas, muestran que el cultivo de opio de Afganistán abarca ahora 100.000 hectáreas, un aumento de más de un 60 por ciento con respecto a 2003.
En una entrevista la semana pasada, Charles reconoció que los niveles de cultivo exceden aparentemente el récord previo de unas 65.000 hectáreas de amapolas alcanzado en 2000. Los talibanes promovían agresivamente el cultivo de amapola en esa época para financiar sus operaciones militares, pero la prohibieron más tarde ese mismo año por razones religiosas.
Afganistán es el principal proveedor de opio del mundo, el que puede ser procesado en una variedad de narcóticos, incluyendo la heroína. La mayor parte de la heroína afgana es exportada a Europa y países circundantes; menos del 10 por ciento llega a Estados Unidos.
Charles dijo que aunque había un creciente ímpetu detrás de los esfuerzos para detener la producción, Estados Unidos continuaba temiendo el desarrollo de una economía basada en la producción de narcóticos que podría empantanar la naciente democracia afgana.
"Hay una oscura sombra que planea sobre el país", dijo Charles. "Si no hacemos lo correcto para abordar esta economía potencialmente peligrosa basada en la heroína, seguramente lo vamos a lamentar".
El explosivo aumento en la producción de drogas del país se ha transformado en un problema en la campaña presidencial de Estados Unidos. En el debate del martes en Florida, el candidato demócrata John F. Kerry mencionó la bullente producción de opio como una prueba del "colosal error de juicio" del presidente Bush al desviar la atención de Afganistán para hacer la guerra en Iraq.
Repitiendo una estimación de Naciones Unidas, Kerry dijo que la producción de heroína representa entre un 40 y 60 por ciento del producto nacional bruto afgano. Naciones Unidas y la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist han estimado que el valor de la producción de heroína y opio en Afganistán varía entre un billón y 2.3 billones de dólares -el equivalente de todo el paquete de ayudas prometidas por Estados Unidos en la conferencia de donantes de Berlín en marzo pasado.
"Iraq ni siquiera está en el centro del foco de la guerra contra el terrorismo; el centro es Afganistán", dijo Kerry.
En realidad, Estados Unidos, Naciones Unidas y funcionarios afganos creen que el contrabando de opio es una fuente de financiamiento para los insurgentes talibanes, terroristas de Al Qaeda y bandas criminales que operan en Afganistán e Iraq.
La mayor parte del opio es exportada a través de la ingobernable región fronteriza entre Afganistán y Pakistán donde se cree que se oculta el cabecilla de Al Qaeda, Osama bin Laden, dijeron funcioanrios. Los insurgentes estimutan a los pequeños granjeros en áreas controladas por ellos para cultivar drogas y cobrar un impuesto por su transporte.
Durante una visita sorpresa a Afganistán en agosto, el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld describió el auge de la droga como una de las más serias amenazas a la democracia de Afganistán, donde se sostendrán elecciones presidenciales este sábado.
"En la medida en que la demanda de drogas continúe produciendo cientos de millones de dólares de beneficios... para delincuentes implicados en el tráfico de drogas, es perjudicial", dijo Rumsfeld. "Sabemos lo que pasa en países donde eso ocurre. Es corrosivo. Puede afectar todo el proceso político. Conduce a otros tipos de delitos y corrupción. Es algo verdaderamente peligroso". Hasta el momento, los planes para contener el auge de la producción han sido ineficaz. Los británicos han tomado la delantera en Afganistán en los programas de erradicación y requisado unas 34 toneladas de opiatos este año -un uno por ciento de la producción estimada.
Los planes de las fuerzas afganas y de la coalición para convencer a los granjeros que renuncien al cultivo de la amapola tampoco han dado resultado. En un país cuya economía sigue siendo un desastre, el cultivo representa una de las pocas actividades rentables.
Estados Unidos se ha referido a Colombia, donde guerrillas de izquierda y militantes de extrema derecha también trafican en narcóticos para financiar sus operaciones, como un modelo de los planes de reducción de drogas. La producción de coca ha disminuido en un 21 por ciento en Colombia, que sigue siendo el proveedor más importante de la cocaína consumida en Estados Unidos. Estados Unidos ha asignado más de 3 billones de dólares en los programas de erradicación de la droga en Colombia, cuyo componente clave es una agresiva campaña de fumigación aérea. No hay planes semejantes en Afganistán.
"Se ha hecho muy poco para detener" el cultivo de opio en Afganistán, dijo Bathsheba Crocker, una investigadora del independiente Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, en Washington, que ha estudiado los esfuerzos de reconstrucción en Afganistán e Iraq. "No ha habido nada parecido a un esfuerzo serio o importante". Entretanto, en Iraq tanto funcionarios de Estados Unidos como de Naciones Unidas están inquietos sobre recientes evidencias anecdóticas de un aumento del tráfico y consumo de drogas. Se cree que Iraq estuvo relativamente libre de drogas durante el régimen de Saddam Hussein.
Expertos en anti-narcóticos del ministerio de Asuntos Exteriores creen que traficantes sirios están utilizando las mal custodiadas fronteras de Iraq para transportar fenetilina, una droga sintética conocida más comúnmente como captagon', que es similar a la anfetamina.
La droga es favorita entre los ricos jóvenes parranderos de Arabia Saudí y los estados del Golfo. Tropas de la Primera División de Infantería del Ejército norteamericano encontraron recientemente una "gran" cantidad de drogas e instrumentos para su uso durante redadas contra insurgentes en el centro de Iraq, dijo el sargento maestre Robert Powell, un portavoz de la unidad. Dijo que los detalles de la operación no estaban aún disponibles.
Costa, el funcionario de Naciones Unidas, dijo que los investigadores han detectado signos de tráfico de drogas en Iraq el año pasado, durante una visita poco antes del atentado contra la sede central de Naciones Unidas en Bagdad en agosto de 2003.
Una década de sanciones ha creado una vasta red de contrabandistas en Iraq que vendían petróleo en el mercado mundial. Tras la invasión norteamericana, sin embargo, las exportaciones de petróleo se hicieron legales y miles -quizás decenas de miles- de personas implicadas en las bandas de contrabandistas se vieron repentinamente sin trabajo, dijo Costa. Se cree que muchos han volcado sus habilidades al transporte de otras substancias ilícitas.
"No son solamente drogas. Estamos hablando de tráfico de armas, de artefactos, de bienes saqueados", dijo Mustafa Alani, el director de estudios sobre seguridad y terrorismo del Centro de Investigaciones sobre el Golfo, un laboratorio ideológico en Dubai, Emiratos Árabes Unidos. "No hay control de las fronteras". Los planes para combatir las drogas en Iraq son inexistentes, y los esfuerzos de Estados Unidos e Iraq se concentran en controlar la insurgencia.
Hasta el momento, sólo un puñado de agentes de policía iraquíes han recibido adiestramiento en anti-narcóticos. El ministerio de Asuntos Exteriores cuenta con cinco expertos en drogas en Iraq, pero su misión se concentra sólo parcialmente en el tráfico. Y los militares no consideran la lucha anti-narcóticos como parte de su misión en Iraq, dijo un portavoz del Pentágono.
De momento el comercio de drogas en Iraq es limitado, pero existen pocos controles policiales para impedir que crezca.
"Tenemos que mantener los ojos abiertos", dijo Charles, el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores. "Se puede transformar en un problema mucho más serio".
4 de octubre de 2004
6 de octubre de 2004
©angeles times
©traducción mQh
Al mismo tiempo, funcionarios de Naciones Unidas y Estados Unidos están cada vez más preocupados por señales que apuntan a un naciente comercio de drogas en Iraq, donde los contrabandistas están sacando ventajas del continuo caos y las fronteras no custodiadas.
La inestabilidad en la secuela de las invasiones norteamericanas de Afganistán e Iraq ha resultado en un bullente mercado para la producción de drogas, y en un segundo mercado potencial para la venta y tráfico de narcóticos, dijeron funcionarios.
"Todas las situaciones después de un conflicto, así sea en Iraq o Afganistán, se caracterizan por un importante aumento de la adicción a las drogas", dijo Antonio María Costa, director de la Oficina de Fiscalización de las Drogas y Prevención del Delito. "Definitivamente, hay un problema".
En su testimonio del mes pasado, Robert B. Charles, secretario de estado adjunto que encabeza la Oficina para los Asuntos Relacionados con el Narcotráfico Internacional y la Aplicación de la Ley, del ministerio de Asuntos Exteriores, dijo al Congreso que las estadísticas de la CIA, de las que se espera que serán dadas a conocer de aquí a unas semanas, muestran que el cultivo de opio de Afganistán abarca ahora 100.000 hectáreas, un aumento de más de un 60 por ciento con respecto a 2003.
En una entrevista la semana pasada, Charles reconoció que los niveles de cultivo exceden aparentemente el récord previo de unas 65.000 hectáreas de amapolas alcanzado en 2000. Los talibanes promovían agresivamente el cultivo de amapola en esa época para financiar sus operaciones militares, pero la prohibieron más tarde ese mismo año por razones religiosas.
Afganistán es el principal proveedor de opio del mundo, el que puede ser procesado en una variedad de narcóticos, incluyendo la heroína. La mayor parte de la heroína afgana es exportada a Europa y países circundantes; menos del 10 por ciento llega a Estados Unidos.
Charles dijo que aunque había un creciente ímpetu detrás de los esfuerzos para detener la producción, Estados Unidos continuaba temiendo el desarrollo de una economía basada en la producción de narcóticos que podría empantanar la naciente democracia afgana.
"Hay una oscura sombra que planea sobre el país", dijo Charles. "Si no hacemos lo correcto para abordar esta economía potencialmente peligrosa basada en la heroína, seguramente lo vamos a lamentar".
El explosivo aumento en la producción de drogas del país se ha transformado en un problema en la campaña presidencial de Estados Unidos. En el debate del martes en Florida, el candidato demócrata John F. Kerry mencionó la bullente producción de opio como una prueba del "colosal error de juicio" del presidente Bush al desviar la atención de Afganistán para hacer la guerra en Iraq.
Repitiendo una estimación de Naciones Unidas, Kerry dijo que la producción de heroína representa entre un 40 y 60 por ciento del producto nacional bruto afgano. Naciones Unidas y la Unidad de Inteligencia de la revista The Economist han estimado que el valor de la producción de heroína y opio en Afganistán varía entre un billón y 2.3 billones de dólares -el equivalente de todo el paquete de ayudas prometidas por Estados Unidos en la conferencia de donantes de Berlín en marzo pasado.
"Iraq ni siquiera está en el centro del foco de la guerra contra el terrorismo; el centro es Afganistán", dijo Kerry.
En realidad, Estados Unidos, Naciones Unidas y funcionarios afganos creen que el contrabando de opio es una fuente de financiamiento para los insurgentes talibanes, terroristas de Al Qaeda y bandas criminales que operan en Afganistán e Iraq.
La mayor parte del opio es exportada a través de la ingobernable región fronteriza entre Afganistán y Pakistán donde se cree que se oculta el cabecilla de Al Qaeda, Osama bin Laden, dijeron funcioanrios. Los insurgentes estimutan a los pequeños granjeros en áreas controladas por ellos para cultivar drogas y cobrar un impuesto por su transporte.
Durante una visita sorpresa a Afganistán en agosto, el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld describió el auge de la droga como una de las más serias amenazas a la democracia de Afganistán, donde se sostendrán elecciones presidenciales este sábado.
"En la medida en que la demanda de drogas continúe produciendo cientos de millones de dólares de beneficios... para delincuentes implicados en el tráfico de drogas, es perjudicial", dijo Rumsfeld. "Sabemos lo que pasa en países donde eso ocurre. Es corrosivo. Puede afectar todo el proceso político. Conduce a otros tipos de delitos y corrupción. Es algo verdaderamente peligroso". Hasta el momento, los planes para contener el auge de la producción han sido ineficaz. Los británicos han tomado la delantera en Afganistán en los programas de erradicación y requisado unas 34 toneladas de opiatos este año -un uno por ciento de la producción estimada.
Los planes de las fuerzas afganas y de la coalición para convencer a los granjeros que renuncien al cultivo de la amapola tampoco han dado resultado. En un país cuya economía sigue siendo un desastre, el cultivo representa una de las pocas actividades rentables.
Estados Unidos se ha referido a Colombia, donde guerrillas de izquierda y militantes de extrema derecha también trafican en narcóticos para financiar sus operaciones, como un modelo de los planes de reducción de drogas. La producción de coca ha disminuido en un 21 por ciento en Colombia, que sigue siendo el proveedor más importante de la cocaína consumida en Estados Unidos. Estados Unidos ha asignado más de 3 billones de dólares en los programas de erradicación de la droga en Colombia, cuyo componente clave es una agresiva campaña de fumigación aérea. No hay planes semejantes en Afganistán.
"Se ha hecho muy poco para detener" el cultivo de opio en Afganistán, dijo Bathsheba Crocker, una investigadora del independiente Centro de Estudios Internacionales y Estratégicos, en Washington, que ha estudiado los esfuerzos de reconstrucción en Afganistán e Iraq. "No ha habido nada parecido a un esfuerzo serio o importante". Entretanto, en Iraq tanto funcionarios de Estados Unidos como de Naciones Unidas están inquietos sobre recientes evidencias anecdóticas de un aumento del tráfico y consumo de drogas. Se cree que Iraq estuvo relativamente libre de drogas durante el régimen de Saddam Hussein.
Expertos en anti-narcóticos del ministerio de Asuntos Exteriores creen que traficantes sirios están utilizando las mal custodiadas fronteras de Iraq para transportar fenetilina, una droga sintética conocida más comúnmente como captagon', que es similar a la anfetamina.
La droga es favorita entre los ricos jóvenes parranderos de Arabia Saudí y los estados del Golfo. Tropas de la Primera División de Infantería del Ejército norteamericano encontraron recientemente una "gran" cantidad de drogas e instrumentos para su uso durante redadas contra insurgentes en el centro de Iraq, dijo el sargento maestre Robert Powell, un portavoz de la unidad. Dijo que los detalles de la operación no estaban aún disponibles.
Costa, el funcionario de Naciones Unidas, dijo que los investigadores han detectado signos de tráfico de drogas en Iraq el año pasado, durante una visita poco antes del atentado contra la sede central de Naciones Unidas en Bagdad en agosto de 2003.
Una década de sanciones ha creado una vasta red de contrabandistas en Iraq que vendían petróleo en el mercado mundial. Tras la invasión norteamericana, sin embargo, las exportaciones de petróleo se hicieron legales y miles -quizás decenas de miles- de personas implicadas en las bandas de contrabandistas se vieron repentinamente sin trabajo, dijo Costa. Se cree que muchos han volcado sus habilidades al transporte de otras substancias ilícitas.
"No son solamente drogas. Estamos hablando de tráfico de armas, de artefactos, de bienes saqueados", dijo Mustafa Alani, el director de estudios sobre seguridad y terrorismo del Centro de Investigaciones sobre el Golfo, un laboratorio ideológico en Dubai, Emiratos Árabes Unidos. "No hay control de las fronteras". Los planes para combatir las drogas en Iraq son inexistentes, y los esfuerzos de Estados Unidos e Iraq se concentran en controlar la insurgencia.
Hasta el momento, sólo un puñado de agentes de policía iraquíes han recibido adiestramiento en anti-narcóticos. El ministerio de Asuntos Exteriores cuenta con cinco expertos en drogas en Iraq, pero su misión se concentra sólo parcialmente en el tráfico. Y los militares no consideran la lucha anti-narcóticos como parte de su misión en Iraq, dijo un portavoz del Pentágono.
De momento el comercio de drogas en Iraq es limitado, pero existen pocos controles policiales para impedir que crezca.
"Tenemos que mantener los ojos abiertos", dijo Charles, el funcionario del ministerio de Asuntos Exteriores. "Se puede transformar en un problema mucho más serio".
4 de octubre de 2004
6 de octubre de 2004
©angeles times
©traducción mQh
AFGANISTÁN EN MANOS DE SEÑORES DE LA GUERRA Y OPIO - j. alexander thier
Afganistán parece dejado a su destino. Son las consideraciones del antiguo consejero sobre reformas judiciales y constitucionales de Afganistán, y miembro de la Hoover Institution y del Centro sobre Democracia, Desarrollo y el Imperio de la Ley de la Universidad de Stanford.
Stanford, California. El martes pasado el presidente George W. Bush dijo a la Asamblea General de Naciones Unidas que los afganos están en camino hacia la democracia y la libertad. Sin embargo en casi tres años de presencia norteamericana en el país Estados Unidos no ha sido capaz de crear ni seguridad, ni estabilidad, ni prosperidad. Tampoco ha logrado imponer el imperio de la ley.
Estos fracasos no son sólo un reflejo de las enormes dificultades que implica la construcción de una nación. Son también el resultado directo de las decisiones de la administración de Bush. Las operaciones en Afganistán están mal financiadas y sin dotación suficiente.
La raíz del problema es que hemos invadido Afganistán para destruir algo a los talibanes y a Al Qaeda- pero no pensamos mucho acerca de lo que debería pasar después. Mientras nos concentramos en la lucha contra los terroristas (e incluso en este terreno nuestra efectividad ha sido cuestionable) Afganistán se ha transformado en una colección de feudos de señores de la guerra alimentados por una economía de varios billones de dólares basada en el opio.
Hemos armado y financiado a señores de la guerra con antecedentes de tráfico de drogas y violaciones de los derechos humanos que se remontan a dos décadas. Esas decisiones fueron tomadas con total indiferencia hacia las implicaciones a largo plazo de la misión en ese país.
El Ejército de Estados Unidos continúa cazando a los insurgentes en las montañas, pero Washington se ha negado a tomar las medidas necesarias para pacificar el resto del país. Y se deja ver. Este año han muerto más soldados de la coalición y del gobierno afgano y de cooperantes que en los dos años previos.
El comercio del opio está descontrolado, y alimenta un clima general de caos y a los terroristas. El año pasado el opio significó beneficios de 2.3 billones de dólares; este año, se espera que la producción de opio aumente entre un 50 y un 100 por ciento.
Entre los atentados terroristas y los conflictos entre señores de la guerra regionales, el país se está preparando para las elecciones presidenciales del 9 de octubre. Un informe reciente de Naciones Unidas advirtió que los señores de la guerra estaban intimidando a los electores y candidatos. Este mes, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, que ha monitoreado las elecciones después de conflictos en regiones problemáticas como Bosnia y Kosovo, declaró que Afganistán era demasiado peligroso para sus observadores (en su lugar enviará un pequeño equipo de apoyo).
El presidente Hamid Karzai escapó por poco de un intento de asesinato la semana pasada en su primer viaje de campaña fuera de Kabul. Ocho otros candidatos han pedido un aplazamiento de las elecciones, diciendo que es demasiado peligroso salir a hacer campañas.
Muchos de estos problemas se originan de errores iniciales. Antes que establecer rápidamente un clima de seguridad y luego transferir gradualmente el control a una autoridad doméstica legítima, hemos hecho justamente lo opuesto. A medida que se intensifican los conflictos en el campo entre las milicias de los señores de la guerra, extendemos lentamente nuestra presencia en la zona y somos arrastrados a meternos en conflictos.
En Kabul los esfuerzos para construir un gobierno estable y capaz se han demorado peligrosamente. Karzai ha empezado a mostrar una enorme fortaleza al desafiar a los señores de la guerra. Pero su gabinete de facciones, nacido de compromisos políticos, se ha derrumbado bajo la presión de la apresurada convocatoria a elecciones presidenciales.
Fuera de Kabul el control de Karzai sigue siendo débil en algunos lugares y no existente en otros. La Corte Suprema de Kabul, la única otra rama del gobierno, está controlada por fundamentalistas islámicos.
Es verdad que ha habido varios e importantes logros. Los talibanes y Al Qaeda no residen ya no alojan en el palacio presidencial de Kabul; las niñas han vuelto a las escuelas en muchas partes del país; algunos caminos y edificios han sido reconstruidos, y más de 10 millones de afganos se han inscrito para votar en las elecciones presidenciales. Miles de cooperantes extranjeros están trabajando con los afganos, a menudo corriendo grandes riesgos. A pesar del lento progreso, la mayoría de los afganos tiene esperanzas de que su futuro será mejor de lo que ha sido en los últimos años.
Pero mucha gente que trabaja allá piensa que se pudo haber mucho más tanto para ayudar a Afganistán como para combatir el terrorismo en los últimos tres años. A menos que el próximo gobierno se ponga manos a la obra, corremos el riesgo de estar preguntándonos pronto: ¿Quién perdió Afganistán?
25 de septiembre de 2004
©heraldtribune
©traducción mQh
Stanford, California. El martes pasado el presidente George W. Bush dijo a la Asamblea General de Naciones Unidas que los afganos están en camino hacia la democracia y la libertad. Sin embargo en casi tres años de presencia norteamericana en el país Estados Unidos no ha sido capaz de crear ni seguridad, ni estabilidad, ni prosperidad. Tampoco ha logrado imponer el imperio de la ley.Estos fracasos no son sólo un reflejo de las enormes dificultades que implica la construcción de una nación. Son también el resultado directo de las decisiones de la administración de Bush. Las operaciones en Afganistán están mal financiadas y sin dotación suficiente.
La raíz del problema es que hemos invadido Afganistán para destruir algo a los talibanes y a Al Qaeda- pero no pensamos mucho acerca de lo que debería pasar después. Mientras nos concentramos en la lucha contra los terroristas (e incluso en este terreno nuestra efectividad ha sido cuestionable) Afganistán se ha transformado en una colección de feudos de señores de la guerra alimentados por una economía de varios billones de dólares basada en el opio.
Hemos armado y financiado a señores de la guerra con antecedentes de tráfico de drogas y violaciones de los derechos humanos que se remontan a dos décadas. Esas decisiones fueron tomadas con total indiferencia hacia las implicaciones a largo plazo de la misión en ese país.
El Ejército de Estados Unidos continúa cazando a los insurgentes en las montañas, pero Washington se ha negado a tomar las medidas necesarias para pacificar el resto del país. Y se deja ver. Este año han muerto más soldados de la coalición y del gobierno afgano y de cooperantes que en los dos años previos.
El comercio del opio está descontrolado, y alimenta un clima general de caos y a los terroristas. El año pasado el opio significó beneficios de 2.3 billones de dólares; este año, se espera que la producción de opio aumente entre un 50 y un 100 por ciento.
Entre los atentados terroristas y los conflictos entre señores de la guerra regionales, el país se está preparando para las elecciones presidenciales del 9 de octubre. Un informe reciente de Naciones Unidas advirtió que los señores de la guerra estaban intimidando a los electores y candidatos. Este mes, la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, que ha monitoreado las elecciones después de conflictos en regiones problemáticas como Bosnia y Kosovo, declaró que Afganistán era demasiado peligroso para sus observadores (en su lugar enviará un pequeño equipo de apoyo).
El presidente Hamid Karzai escapó por poco de un intento de asesinato la semana pasada en su primer viaje de campaña fuera de Kabul. Ocho otros candidatos han pedido un aplazamiento de las elecciones, diciendo que es demasiado peligroso salir a hacer campañas.
Muchos de estos problemas se originan de errores iniciales. Antes que establecer rápidamente un clima de seguridad y luego transferir gradualmente el control a una autoridad doméstica legítima, hemos hecho justamente lo opuesto. A medida que se intensifican los conflictos en el campo entre las milicias de los señores de la guerra, extendemos lentamente nuestra presencia en la zona y somos arrastrados a meternos en conflictos.
En Kabul los esfuerzos para construir un gobierno estable y capaz se han demorado peligrosamente. Karzai ha empezado a mostrar una enorme fortaleza al desafiar a los señores de la guerra. Pero su gabinete de facciones, nacido de compromisos políticos, se ha derrumbado bajo la presión de la apresurada convocatoria a elecciones presidenciales.
Fuera de Kabul el control de Karzai sigue siendo débil en algunos lugares y no existente en otros. La Corte Suprema de Kabul, la única otra rama del gobierno, está controlada por fundamentalistas islámicos.
Es verdad que ha habido varios e importantes logros. Los talibanes y Al Qaeda no residen ya no alojan en el palacio presidencial de Kabul; las niñas han vuelto a las escuelas en muchas partes del país; algunos caminos y edificios han sido reconstruidos, y más de 10 millones de afganos se han inscrito para votar en las elecciones presidenciales. Miles de cooperantes extranjeros están trabajando con los afganos, a menudo corriendo grandes riesgos. A pesar del lento progreso, la mayoría de los afganos tiene esperanzas de que su futuro será mejor de lo que ha sido en los últimos años.
Pero mucha gente que trabaja allá piensa que se pudo haber mucho más tanto para ayudar a Afganistán como para combatir el terrorismo en los últimos tres años. A menos que el próximo gobierno se ponga manos a la obra, corremos el riesgo de estar preguntándonos pronto: ¿Quién perdió Afganistán?
25 de septiembre de 2004
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©traducción mQh
MERCENARIOS EN AFGANISTÁN CONDENADOS A 8, 10 AÑOS - carlotta gall
Tres estadounidenses fueron sentenciados hoy miércoles a ocho y diez años de prisión por administrar una cárcel privada y torturar a los prisioneros después de que un jurado de tres jueces afganos rechazara su alegato de que trabajaban para un grupo anti-terrorista del Pentágono dirigido por el teniente general William G. Boykin, el subsecretario de Defensa para la inteligencia.
Kabul, Afganistán. Jonathan K. Idema, de 48 años, antiguo miembro de las Fuerzas Especiales, y Brent Bennett, 28, anteriormente controlador aéreo con adiestramiento militar, fueron sentenciados a diez años, y Edward Cabarallo, 42, un periodista que filmaba un documental sobre ellos, a ocho.
Cuatro afganos que trabajaban para los acusados recibieron condenas de uno a cinco años. Los norteamericanos permanecieron en silencio al oír las sentencias, que traducidas por un intérprete. Detrás de ellos, el más joven de los acusados, un traductor afgano de 15 años, comenzó a llorar.
Los norteamericanos dijeron inmediatamente que habían sido abandonados por sus jefes porque se habían transformado en un problema político. "Esto sólo lo puede haber montado el gobierno norteamericano: éramos algo embarazoso", dijo Caraballo, un camarógrafo galardonado que dice que estaba filmando las operaciones anti-terroristas de Idema.
El general Boykin fue objeto de una investigación del Pentágono que concluyó en agosto que había violado regulaciones militares por hacer discursos mientras llevaba su uniforme. En los discursos definió la guerra de Bush contra el terrorismo como un combate entre el cristianismo y el islam y afirmaba que los musulmanes adoran a un ídolo y no a "un dios verdadero". Los discursos fueron conocidos en octubre pasado.
Los abogados de los acusados trataron de presentar un video como prueba de que Idema estaba relacionado con funcionarios de la contra-insurgencia del ejército y en particular con la oficina del general Boykin. Pero el juez instructor, Abdul Baset Bakhtiari, aparentemente en un intento de concluir el juicio antes de que terminara el día, interrumpió su defensa y apenas si miró el video.
Las conversaciones filmadas, entregadas después del juicio a los periodistas por los abogados de la defensa podrían haber proporcionado evidencias de que los acusados trabajaban para alguna unidad especial con el conocimiento y la colaboración de gente en el Pentágono. Pero no era posible verificar inmediatamente la autenticidad de los videos.
Funcionarios de la embajada estadounidense han afirmado que desde que fueran detenidos el 5 de julio, por lo que ellos saben, ni Idema ni nadie de su grupo trabajaba para alguna agencia gubernamental. Los militares emitieron una declaración diciendo que Idema se hacía pasar por un funcionario de gobierno o por un oficial militar y que no representaba tampoco a ninguno de las dos instituciones.
Sin embargo, los videos, filmados por Caraballo en Kabul en los meses posteriores a su llegada en abril de este año, parecen mostrar a Idema hablando en dos ocasiones con personas en la oficina del general Boykin. En una conversación se oye cómo Idema le cuenta a Jorge Shim, un ayudante del general Boykin, que está a punto a detener a una célula de terroristas.
El ayudante responde: "Le dije al general Boykin que había llamado. Le di la información, a él y a la AID", refiriéndose aparentemente a la Agencia de Inteligencia de Defensa AID.
Idema dice: "Hay más bombas y más terroristas, y les vamos a caer encima en cinco horas".
El ayudante responde: "¿Cinco horas? Jack, haré que alguien de la AID te llame a tu celular. Dame unos minutos".
En otra conversación, que la defensa dijo que había ocurrido días antes de que los acusados fueran detenidos por las autoridades afganas, Idema pide claramente ayuda. Los ayudantes del general Boykin explican que han estado tratando de apartar al general de las actividades de Idema para evitar llamar la atención de los medios de comunicación.
Idema dice: "Alguien tiene que hacer algo dentro de 12 horas o tendré que mandar un e-mail [obscenidad] a Dan Rather. ¿Crees que me voy a pudrir en una cárcel si hubiera problemas?"
Entonces un hombre que dice que es el "supervisor de George" se introduce en la conversación y dice: "No sé que ha pasado. No sé cómo llegó a pasar esto". El interlocutor se refiere a "J2", que Idema dijo en la corte que era un grupo paraguas de oficiales de la inteligencia militar a medida que explica que hay gente tratando de poner a Idema en contacto con oficiales de inteligencia de J2 de modo que pueda trabajar con ellos.
El interlocutor dice: "Hemos entregado toda su información al J2 y a la AID, y estábamos tratando de proteger al jefe de que fuera relacionado con este asunto porque ahora no quiere llamar la atención de la prensa. Así que estamos tratando de
poner un cortafuegos entre sus actividades y él porque no queremos estar relacionados con ellas; no hay necesidad de hacerlo".
En Washington, un funcionario del departamento de Defensa reconoció que Idema había llamado a varios funcionarios del Pentágono, incluyendo al ayudante del general Boykin, Shim, tratando de entregar información secreta. Esa información debería haber sido entregada para su revisión través de los canales de inteligencia apropiados, como cualquier otro dato no solicitado.
El funcionario dijo sin embargo que Idema no estaba empleado por el Pentágono y que sus actividades no habían sido dirigidas ni estimuladas por el general Boykin ni ningún otro funcionario de Defensa.
El funcionario del Pentágono no puso en duda la veracidad de las conversaciones filmadas que había proporcionado Idema, pero dijo que él y otros funcionarios de Defensa no podían confirmar inmediatamente que las conversaciones hubieran tenido lugar o que la afirmación en una de las filmaciones de que los ayudantes del general Boykin estuvieran tratando de apartar a su jefe de Idema.
Otras evidencias presentadas por la defensa, pero no mostrada en la corte, incluye unas setenta páginas de documentos, la mayoría de ellos faxes y correspondencia entre Idema y funcionarios del Pentágono, la CIA y el FBI, proporcionando informes sobre grupos sospechosos de actividades terroristas.
Dos documentos muestran que se respondió a esas comunicaciones, pero nada que los asocie directamente al Pentágono durante el tiempo que estuvieron los acusados en Afganistán.
El juez Bakhtiari resolvió que los acusados no proporcionaron evidencia documental de que contaban con la autorización de Washington o del gobierno afgano para sus actividades.
Parecía tener problemas con entender las conversaciones telefónicas filmadas, que eran en realidad difíciles de seguir y no fueran traducidas completamente. Finalmente, interrumpió la defensa diciendo que los videos no eran conclusivos y que necesitaba pruebas documentales más concretas.
El abogado de Idema, John Edwards Tiffany, y Robert Fogelnest, que representa a Caraballo, dijo que los tres acusados habían abandonado Estados Unidos y dejado sus destinos en mano de un tribunal afgano para evitar la publicidad mucho mayor de los juicios estadounidenses.
Fogelnest preguntó: "¿Es acaso un secreto que los norteamericanos llevan a cabo operaciones secretas?" Utilizó el nombre de pila preferido de Idema.
El juez Bakhtiari dijo que el caso irá automáticamente dentro de dos semanas a un corte de apelaciones, y que los acusados serán llamados a la corte si así lo determinan los jueces. Después de eso, los acusados pueden recurrir las sentencias ante la corte suprema afgana. Fogelnest dijo que recurrirán.
16 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
Cuatro afganos que trabajaban para los acusados recibieron condenas de uno a cinco años. Los norteamericanos permanecieron en silencio al oír las sentencias, que traducidas por un intérprete. Detrás de ellos, el más joven de los acusados, un traductor afgano de 15 años, comenzó a llorar.
Los norteamericanos dijeron inmediatamente que habían sido abandonados por sus jefes porque se habían transformado en un problema político. "Esto sólo lo puede haber montado el gobierno norteamericano: éramos algo embarazoso", dijo Caraballo, un camarógrafo galardonado que dice que estaba filmando las operaciones anti-terroristas de Idema.
El general Boykin fue objeto de una investigación del Pentágono que concluyó en agosto que había violado regulaciones militares por hacer discursos mientras llevaba su uniforme. En los discursos definió la guerra de Bush contra el terrorismo como un combate entre el cristianismo y el islam y afirmaba que los musulmanes adoran a un ídolo y no a "un dios verdadero". Los discursos fueron conocidos en octubre pasado.
Los abogados de los acusados trataron de presentar un video como prueba de que Idema estaba relacionado con funcionarios de la contra-insurgencia del ejército y en particular con la oficina del general Boykin. Pero el juez instructor, Abdul Baset Bakhtiari, aparentemente en un intento de concluir el juicio antes de que terminara el día, interrumpió su defensa y apenas si miró el video.
Las conversaciones filmadas, entregadas después del juicio a los periodistas por los abogados de la defensa podrían haber proporcionado evidencias de que los acusados trabajaban para alguna unidad especial con el conocimiento y la colaboración de gente en el Pentágono. Pero no era posible verificar inmediatamente la autenticidad de los videos.
Funcionarios de la embajada estadounidense han afirmado que desde que fueran detenidos el 5 de julio, por lo que ellos saben, ni Idema ni nadie de su grupo trabajaba para alguna agencia gubernamental. Los militares emitieron una declaración diciendo que Idema se hacía pasar por un funcionario de gobierno o por un oficial militar y que no representaba tampoco a ninguno de las dos instituciones.
Sin embargo, los videos, filmados por Caraballo en Kabul en los meses posteriores a su llegada en abril de este año, parecen mostrar a Idema hablando en dos ocasiones con personas en la oficina del general Boykin. En una conversación se oye cómo Idema le cuenta a Jorge Shim, un ayudante del general Boykin, que está a punto a detener a una célula de terroristas.
El ayudante responde: "Le dije al general Boykin que había llamado. Le di la información, a él y a la AID", refiriéndose aparentemente a la Agencia de Inteligencia de Defensa AID.
Idema dice: "Hay más bombas y más terroristas, y les vamos a caer encima en cinco horas".
El ayudante responde: "¿Cinco horas? Jack, haré que alguien de la AID te llame a tu celular. Dame unos minutos".
En otra conversación, que la defensa dijo que había ocurrido días antes de que los acusados fueran detenidos por las autoridades afganas, Idema pide claramente ayuda. Los ayudantes del general Boykin explican que han estado tratando de apartar al general de las actividades de Idema para evitar llamar la atención de los medios de comunicación.
Idema dice: "Alguien tiene que hacer algo dentro de 12 horas o tendré que mandar un e-mail [obscenidad] a Dan Rather. ¿Crees que me voy a pudrir en una cárcel si hubiera problemas?"
Entonces un hombre que dice que es el "supervisor de George" se introduce en la conversación y dice: "No sé que ha pasado. No sé cómo llegó a pasar esto". El interlocutor se refiere a "J2", que Idema dijo en la corte que era un grupo paraguas de oficiales de la inteligencia militar a medida que explica que hay gente tratando de poner a Idema en contacto con oficiales de inteligencia de J2 de modo que pueda trabajar con ellos.
El interlocutor dice: "Hemos entregado toda su información al J2 y a la AID, y estábamos tratando de proteger al jefe de que fuera relacionado con este asunto porque ahora no quiere llamar la atención de la prensa. Así que estamos tratando de
poner un cortafuegos entre sus actividades y él porque no queremos estar relacionados con ellas; no hay necesidad de hacerlo".
En Washington, un funcionario del departamento de Defensa reconoció que Idema había llamado a varios funcionarios del Pentágono, incluyendo al ayudante del general Boykin, Shim, tratando de entregar información secreta. Esa información debería haber sido entregada para su revisión través de los canales de inteligencia apropiados, como cualquier otro dato no solicitado.
El funcionario dijo sin embargo que Idema no estaba empleado por el Pentágono y que sus actividades no habían sido dirigidas ni estimuladas por el general Boykin ni ningún otro funcionario de Defensa.
El funcionario del Pentágono no puso en duda la veracidad de las conversaciones filmadas que había proporcionado Idema, pero dijo que él y otros funcionarios de Defensa no podían confirmar inmediatamente que las conversaciones hubieran tenido lugar o que la afirmación en una de las filmaciones de que los ayudantes del general Boykin estuvieran tratando de apartar a su jefe de Idema.
Otras evidencias presentadas por la defensa, pero no mostrada en la corte, incluye unas setenta páginas de documentos, la mayoría de ellos faxes y correspondencia entre Idema y funcionarios del Pentágono, la CIA y el FBI, proporcionando informes sobre grupos sospechosos de actividades terroristas.
Dos documentos muestran que se respondió a esas comunicaciones, pero nada que los asocie directamente al Pentágono durante el tiempo que estuvieron los acusados en Afganistán.
El juez Bakhtiari resolvió que los acusados no proporcionaron evidencia documental de que contaban con la autorización de Washington o del gobierno afgano para sus actividades.
Parecía tener problemas con entender las conversaciones telefónicas filmadas, que eran en realidad difíciles de seguir y no fueran traducidas completamente. Finalmente, interrumpió la defensa diciendo que los videos no eran conclusivos y que necesitaba pruebas documentales más concretas.
El abogado de Idema, John Edwards Tiffany, y Robert Fogelnest, que representa a Caraballo, dijo que los tres acusados habían abandonado Estados Unidos y dejado sus destinos en mano de un tribunal afgano para evitar la publicidad mucho mayor de los juicios estadounidenses.
Fogelnest preguntó: "¿Es acaso un secreto que los norteamericanos llevan a cabo operaciones secretas?" Utilizó el nombre de pila preferido de Idema.
El juez Bakhtiari dijo que el caso irá automáticamente dentro de dos semanas a un corte de apelaciones, y que los acusados serán llamados a la corte si así lo determinan los jueces. Después de eso, los acusados pueden recurrir las sentencias ante la corte suprema afgana. Fogelnest dijo que recurrirán.
16 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
CAOS AFGANO MUESTRA TENSIONES ÉTNICAS PROFUNDAS - amy waldman
Crecientes tensiones étnicas entre pashtunes y majiks amenazan la estabilidad del país.
Shindand, Afganistán. Los pashtún dicen que huyeron de sus aldeas debido a que eran perseguidos por los tajiks. Los tajiks dicen que sus casas han sido atacadas por combatientes pashtún.
En un Afganistán que está luchando por construir un país unido después de 23 años de guerra, las tensiones étnicas habían sido suprimidas en nombre de la unidad nacional. Pero batallas recientes aquí en el oeste de Afganistán demuestran que esas tensiones siguen siendo como grietas en una vasija de porcelana, y llegan hasta la capital del país, Kabul.
Los combates enfrentaron a un comandante pashtún, Amanullah Khan, que mantiene una base aquí desde hace mucho tiempo, al gobernador tajik de la provincia de Herat, Ismail Khan. Su ojeriza es amargamente personal, pero también ha adquirido un tono étnico.
Lo que está en juego no es solamente cómo resolverán sus disputas a nivel local, sino la habilidad del gobierno central para probarse a sí mismo como un árbitro imparcial, aunque a veces tome posición a lo largo de líneas étnicas.
La noche del 13 de agosto los hombres de Amanullah Khan atacaron aparentemente sin provocación a las tropas de Ismail Khan, ocupando la base aérea de aquí. Una de las quejas de los atacantes, en este distrito que es en un 80 por ciento pashtún, es que Ismail Khan no nombró a funcionarios pashtunes, particularmente en el despacho del gobernador del distrito.
"Ismail Khan no quiere que los pashtún tengan una buena vida", dijo Abdul Zaher, un aliado de Amanullah Khan. "Sus hombres roban casas y coches. Mataron a los comandantes de las áreas pashtún. No nombraron a los pashtún en ninguna posición".
Un funcionario pashtún en el gobierno central se hizo ampliamente eco de esa opinión, afirmando que Ismail Khan debería ser retirado del puesto de gobernador en parte porque no había nombrado a ningún pashtún en posiciones de importancia, aunque son la mayoría en la provincia.
"Los pashtún se sienten discriminados, son aterrorizados, matados, sus propiedades son confiscadas", agregó el funcionario.
Muchos de los hombres de Amanullah Khan son pashtunes de otras localidades de la provincia que han sido expulsados de sus aldeas, dijeron, por soldados tajik leales a Ismail Khan.
Zalmai, de 26 años, tendero, dijo que había huido de su distrito, junto a otras 4.500 familias, debido al acoso de los soldados tajik.
"El conflicto tajik-pashtún surgió después de que se marcharan los talibanes", dijo. "Finalmente tuvimos que luchar contra ellos. Nos quitaron los coches y todas nuestras propiedades; incluso talaron los árboles porque dijeron que eran de los pashtún".
Él y cerca de mil hombres de su distrito de Ghurian se unieron a Amanullah Khan, al que consideran como un líder pashtún, para pelear y ofrecerle apoyo.
Ismail Khan dijo en una entrevista que los cargos de que había sido injusto hacia los pashtún eran "infundados". "La realidad es que todas las etnias participan en el gobierno y en las funciones", dijo. Además, agregó, si tales acusaciones fueran verdaderas, es el gobierno central el que debe resolver los problemas, no los rebeldes.
Cualquiera sea la verdad, nuevas quejas están siendo alimentadas aquí, en este caso en gran parte por los tajiks que están indignados por lo que califican de atrocidades cometidas por los soldados de Amanullah Khan durante los ataques recientes.
Naciones Unidas y la Comisión Afgana de Derechos Humanos han comenzado una investigación. Al menos 42 personas fueron confirmadas muertas en los combates, la mayoría de ellas soldados de Ismail Khan, y algunos fueron asesinados brutalmente.
Uno de los comandantes de un batallón del ejército, Wali Muhammad Touhid, dijo que había visto los cuerpos de dos soldados que habían sido asesinados con las manos atadas a la espalda. Un alto funcionario afgano en Kabul dijo que creía que el comandante de la base aérea de Shindand había sido decapitado, y Touhid dijo que los hombres de Amanullah Khan habían contado lo mismo.
Según rumores en las aldeas cercanas el número de bajas llega a 200, y los aldeanos dicen que los cuerpos fueron enterrados en tumbas anónimas. Touhid dijo que la gente de la localidad habló de siete cadáveres que habían sido arrojados a un pozo, y luego vueltos a trasladar. Dijo que los soldados afganos y soldados de las Fuerzas Especiales estadounidenses que revisaron el pozo encontraron ropas y tres tarjetas de inscripción electoral.
Después de un ataque inicial, los hombres de Amanullah Khan saquearon la zona, confirmaron funcionarios en Kabul y de aquí. Tanto los pashtún como los tajiks son víctimas, pero son especialmente los tajiks los perjudicados.
Tres hombres de localidades diferentes proporcionaron informes semejantes de que habían observado a soldados de Amanullah Khan saquear casas de los tajiks, que en algunos casos mataron a sus habitantes. Un hombre, que insistió en buscar la protección de una muralla y del anonimato antes de hablar, dijo que los combatientes habían escogido como blanco de los ataques las casas de soldados tajik y de funcionarios de gobierno.
El funcionario del gobierno central de Kabul dijo que Amanullah Khan hacía cosas "muy oscuras", incluyendo posiblemente su implicación en el contrabando de narcóticos y lazos con los combatientes que apoyaron a los antiguos gobernantes talibán de Afganistán. Muchos tajiks aquí y en Kabul se preguntan por la razón por la que el gobierno no han actuado contra él, especialmente ahora que ha atacado a funcionarios e instalaciones gubernamentales.
"Si el gobierno central, la OTAN y la ONU quieren paz, deberán actuar contra los rebeldes porque lo que hacen aquí no es otra cosa que insurgencia, nada más", dijo Noor Ahmad, de 28 años, un sastre.
"Mira toda esta gente salvaje", dijo un tajik en un pueblo de aquí cuando dos de los combatientes de Amanullah Khan, exhibiendo sus armas, pasaron en una motocicleta. "Si el gobierno central no hace nada contra esta gente, entonces no hay un gobierno central".
El jefe de espionaje de Ismail Khan, Naser Alawi, dijo que creía que en el gobierno central había gente que estaban tratando de utilizar la carta étnica y apoyaban el ataque de Amanullah Khan.
En la ciudad de Herat los habitantes dicen que los recientes actos de violencia han polarizado aún más las tensiones étnicas. Los combates "son sobre todo una cuestión de pashtunes y tajiks", dijo Nasir Ahmad, un tendero tajik. "En la ciudad no había problemas, pero ahora, después de que comenzaran los combates, tenemos problemas étnicos".
Durante los combates, dijo, a medida que se extendían los rumores de que las tropas de Amanullah Khan estaban acercándose a la ciudad, los pashtún se mofaban de los tajiks diciendo: Tu autoridad no durará más que una o dos horas'".
"Éramos felices", dijo, "has que nos dimos cuenta de que había un problema étnico".
Un vendedor de zapatos pashtún, Ahmadullah, de 22, dijo que había nuevas tensiones desde que comenzara el conflicto. "La gente dice ahora que no quieren a gente como Zirkot", la base de Amanullah Khan, y un sinónimo de pashtún.
En este contexto, el Ejército Nacional Afgano, cuyos soldados fueron enviados aquí después de que los soldados de Amanullah Khan atacaran la base aérea, se mantiene aparte. Sus soldados son reclutados de entre todos los grupos étnicos y provincias del país. Una unidad constaba de hombres de todo el país, Panshir, Paktia, Ghazni, Kunar.
El comandante de un batallón pashtún, Serbat Wardak, dijo que se negaba a mirar las cosas a través de lentes étnicas, y no cree que sus hombres adopten esa visión, en parte debido a que son de fuera de la zona.
Hablando sobre el ejército nacional, dijo: "Ahora es la única fuerza en la que la gente puede confiar".
7 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
Shindand, Afganistán. Los pashtún dicen que huyeron de sus aldeas debido a que eran perseguidos por los tajiks. Los tajiks dicen que sus casas han sido atacadas por combatientes pashtún.En un Afganistán que está luchando por construir un país unido después de 23 años de guerra, las tensiones étnicas habían sido suprimidas en nombre de la unidad nacional. Pero batallas recientes aquí en el oeste de Afganistán demuestran que esas tensiones siguen siendo como grietas en una vasija de porcelana, y llegan hasta la capital del país, Kabul.
Los combates enfrentaron a un comandante pashtún, Amanullah Khan, que mantiene una base aquí desde hace mucho tiempo, al gobernador tajik de la provincia de Herat, Ismail Khan. Su ojeriza es amargamente personal, pero también ha adquirido un tono étnico.
Lo que está en juego no es solamente cómo resolverán sus disputas a nivel local, sino la habilidad del gobierno central para probarse a sí mismo como un árbitro imparcial, aunque a veces tome posición a lo largo de líneas étnicas.
La noche del 13 de agosto los hombres de Amanullah Khan atacaron aparentemente sin provocación a las tropas de Ismail Khan, ocupando la base aérea de aquí. Una de las quejas de los atacantes, en este distrito que es en un 80 por ciento pashtún, es que Ismail Khan no nombró a funcionarios pashtunes, particularmente en el despacho del gobernador del distrito.
"Ismail Khan no quiere que los pashtún tengan una buena vida", dijo Abdul Zaher, un aliado de Amanullah Khan. "Sus hombres roban casas y coches. Mataron a los comandantes de las áreas pashtún. No nombraron a los pashtún en ninguna posición".
Un funcionario pashtún en el gobierno central se hizo ampliamente eco de esa opinión, afirmando que Ismail Khan debería ser retirado del puesto de gobernador en parte porque no había nombrado a ningún pashtún en posiciones de importancia, aunque son la mayoría en la provincia.
"Los pashtún se sienten discriminados, son aterrorizados, matados, sus propiedades son confiscadas", agregó el funcionario.
Muchos de los hombres de Amanullah Khan son pashtunes de otras localidades de la provincia que han sido expulsados de sus aldeas, dijeron, por soldados tajik leales a Ismail Khan.
Zalmai, de 26 años, tendero, dijo que había huido de su distrito, junto a otras 4.500 familias, debido al acoso de los soldados tajik.
"El conflicto tajik-pashtún surgió después de que se marcharan los talibanes", dijo. "Finalmente tuvimos que luchar contra ellos. Nos quitaron los coches y todas nuestras propiedades; incluso talaron los árboles porque dijeron que eran de los pashtún".
Él y cerca de mil hombres de su distrito de Ghurian se unieron a Amanullah Khan, al que consideran como un líder pashtún, para pelear y ofrecerle apoyo.
Ismail Khan dijo en una entrevista que los cargos de que había sido injusto hacia los pashtún eran "infundados". "La realidad es que todas las etnias participan en el gobierno y en las funciones", dijo. Además, agregó, si tales acusaciones fueran verdaderas, es el gobierno central el que debe resolver los problemas, no los rebeldes.
Cualquiera sea la verdad, nuevas quejas están siendo alimentadas aquí, en este caso en gran parte por los tajiks que están indignados por lo que califican de atrocidades cometidas por los soldados de Amanullah Khan durante los ataques recientes.
Naciones Unidas y la Comisión Afgana de Derechos Humanos han comenzado una investigación. Al menos 42 personas fueron confirmadas muertas en los combates, la mayoría de ellas soldados de Ismail Khan, y algunos fueron asesinados brutalmente.
Uno de los comandantes de un batallón del ejército, Wali Muhammad Touhid, dijo que había visto los cuerpos de dos soldados que habían sido asesinados con las manos atadas a la espalda. Un alto funcionario afgano en Kabul dijo que creía que el comandante de la base aérea de Shindand había sido decapitado, y Touhid dijo que los hombres de Amanullah Khan habían contado lo mismo.
Según rumores en las aldeas cercanas el número de bajas llega a 200, y los aldeanos dicen que los cuerpos fueron enterrados en tumbas anónimas. Touhid dijo que la gente de la localidad habló de siete cadáveres que habían sido arrojados a un pozo, y luego vueltos a trasladar. Dijo que los soldados afganos y soldados de las Fuerzas Especiales estadounidenses que revisaron el pozo encontraron ropas y tres tarjetas de inscripción electoral.
Después de un ataque inicial, los hombres de Amanullah Khan saquearon la zona, confirmaron funcionarios en Kabul y de aquí. Tanto los pashtún como los tajiks son víctimas, pero son especialmente los tajiks los perjudicados.
Tres hombres de localidades diferentes proporcionaron informes semejantes de que habían observado a soldados de Amanullah Khan saquear casas de los tajiks, que en algunos casos mataron a sus habitantes. Un hombre, que insistió en buscar la protección de una muralla y del anonimato antes de hablar, dijo que los combatientes habían escogido como blanco de los ataques las casas de soldados tajik y de funcionarios de gobierno.
El funcionario del gobierno central de Kabul dijo que Amanullah Khan hacía cosas "muy oscuras", incluyendo posiblemente su implicación en el contrabando de narcóticos y lazos con los combatientes que apoyaron a los antiguos gobernantes talibán de Afganistán. Muchos tajiks aquí y en Kabul se preguntan por la razón por la que el gobierno no han actuado contra él, especialmente ahora que ha atacado a funcionarios e instalaciones gubernamentales.
"Si el gobierno central, la OTAN y la ONU quieren paz, deberán actuar contra los rebeldes porque lo que hacen aquí no es otra cosa que insurgencia, nada más", dijo Noor Ahmad, de 28 años, un sastre.
"Mira toda esta gente salvaje", dijo un tajik en un pueblo de aquí cuando dos de los combatientes de Amanullah Khan, exhibiendo sus armas, pasaron en una motocicleta. "Si el gobierno central no hace nada contra esta gente, entonces no hay un gobierno central".
El jefe de espionaje de Ismail Khan, Naser Alawi, dijo que creía que en el gobierno central había gente que estaban tratando de utilizar la carta étnica y apoyaban el ataque de Amanullah Khan.
En la ciudad de Herat los habitantes dicen que los recientes actos de violencia han polarizado aún más las tensiones étnicas. Los combates "son sobre todo una cuestión de pashtunes y tajiks", dijo Nasir Ahmad, un tendero tajik. "En la ciudad no había problemas, pero ahora, después de que comenzaran los combates, tenemos problemas étnicos".
Durante los combates, dijo, a medida que se extendían los rumores de que las tropas de Amanullah Khan estaban acercándose a la ciudad, los pashtún se mofaban de los tajiks diciendo: Tu autoridad no durará más que una o dos horas'".
"Éramos felices", dijo, "has que nos dimos cuenta de que había un problema étnico".
Un vendedor de zapatos pashtún, Ahmadullah, de 22, dijo que había nuevas tensiones desde que comenzara el conflicto. "La gente dice ahora que no quieren a gente como Zirkot", la base de Amanullah Khan, y un sinónimo de pashtún.
En este contexto, el Ejército Nacional Afgano, cuyos soldados fueron enviados aquí después de que los soldados de Amanullah Khan atacaran la base aérea, se mantiene aparte. Sus soldados son reclutados de entre todos los grupos étnicos y provincias del país. Una unidad constaba de hombres de todo el país, Panshir, Paktia, Ghazni, Kunar.
El comandante de un batallón pashtún, Serbat Wardak, dijo que se negaba a mirar las cosas a través de lentes étnicas, y no cree que sus hombres adopten esa visión, en parte debido a que son de fuera de la zona.
Hablando sobre el ejército nacional, dijo: "Ahora es la única fuerza en la que la gente puede confiar".
7 de septiembre de 2004
©newyorktimes
©traducción mQh
EN KABUL, DE UNA CÁRCEL PRIVADA A PRISIÓN - keith b. richburg
Hay movimiento en el caso de la cárcel privada de Iraq. El grupo que la montó, y que llegó a secuestrar y torturar durante doce días a un juez del Tribunal Supremo de Kabul, se encuentra en prisión. El secuestro se castiga en Afganistán con la pena de muerte. Pero los detenidos afirman que trabajaban para servicios de inteligencia estadounidenses.
Kabul, Afganistán. Mohammed Sadiq, teólogo y juez del Tribunal Supremo, pensó que los hombres barbudos que habían llegado a su casa de Kabul una mañana a fines de junio sólo podían ser soldados estadounidenses. Llevaban armas a los lados y atuendos de estilo militar con impresos de banderas norteamericanas, recuerda. Oscuras gafas de sol cubrían sus ojos. Hablaron inglés mientras ladraban sus órdenes, a él y a sus intérpretes afganos.
Lo que después le pasó a Saiq fueron doce días y once noches de tortura.
Fue mantenido desnudo y con la vista vendada en una choza pequeña, obligado a orinar y defecar en el mismo lugar, dijo. Sus secuestradores lo mojaron con agua fría y pusieron música a volumen ensordecedor junto a él. Dijo que podía oír los gritos de otras personas que estaban siendo torturadas.
Cuando fue dejado en libertad doce días después de su odisea, después de una balacera que pudo oír pero no ver, dijo Sadiq, un agente de la inteligencia paquistaní le dijo que no había sido detenido sino secuestrado. Y sus secuestradores no eran soldados estadounidenses sino civiles norteamericanos que dirigían una guerra privada contra sospechosos de ser terroristas de Al Qaeda, y que usaban una cárcel improvisada en una residencia particular para extraer confesiones.
Tres norteamericanos y cuatro de sus ayudantes afganos deben presentarse a juicio el lunes, incluyendo al supuesto cabecilla del grupo, Jonathan Keith Idema, 48, de Fayetteville, Carolina del Norte, un antiguo soldado de las Fuerzas Especiales que pasó un tiempo en prisión en los años noventa acusado de estafa. Emergió en el norte de Afganistán en 2001 como -según se define a sí mismo- consultor en seguridad, supuestamente ayudando a la Alianza del Norte, el grupo afgano apoyado por Estados Unidos que estaba luchando contra los talibanes fundamentalistas.
Idema -que en Afganistán usaba el nombre de pila Jack- y sus colegas están acusados de entrar ilegalmente en el país con pasaporte falso y de causar inseguridad en el país y de secuestrar al menos a ocho afganos, incluyendo a Sadiq. En Afganistán el secuestro es condenado con pena de muerte.
Los otros dos norteamericanos en juicio son Brent Bennet y Edward Caraballo. Caraballo ha declarado a través de sus abogados que él no forma parte del grupo sino que estaba ahí como periodista por cuenta propia para hacer una película sobre sus actividades anti-terroristas.
Cuando los tres fueron llevados al tribunal por primera vez a fines de julio, Idema dijo a reporteros que sus actividades habían sido aprobadas por altos cargos del gobierno norteamericano y que había tenido contactos regulares con el despacho del secretario de defensa Donald H. Rumsfeld. "Estamos trabajando para el grupo anti-terrorista de Estados Unidos y con el Pentágono y otras agencias federales", dijo. "Las autoridades norteamericanas apoyan totalmente lo que hicimos".
El gobierno norteamericano, los militares norteamericanos en Afganistán y la embajada de Estados Unidos en Kabul han negado toda relación con Idema y los otros.
La única evidencia que ha ofrecido Idema públicamente hasta el momento es que en una ocasión entregó a un prisionero afgano a las autoridades militares norteamericanas en la base aéres de Bagram, al norte de Kabul. Oficiales norteamericanos reconocen haber recibido un prisionero de Idema. Pero un oficial estadounidense dijo que las autoridades aceptaban cualquier prisionero sospechoso de tener lazos con terroristas y que el hombre entregado por Idema fue finalmente encontrado inocente y dejado en libertad.
Idema es un personaje pintoresco que se hizo conocido entre los periodistas extranjeros en 2001 durante una batalla en los alrededores de la aldea de Jabal Saraj, al norte de Kabul. En enero de 2002, el programa de noticias de la CBS 60 Minutes' emitió un video, entregado por Idema, que se dijo que mostraba un campo de adiestramiento de Al Qaeda.
En 1997 se querelló contra el productor Steven Spielberg, alegando que el personaje de las Fuerzas Especiales representado en la película The Peacemaker' por George Clooney fue modelado sobre él mismo. Idema perdió el juicio.
Algunos afganos involucrados en el caso, incluyendo a Sadiq, dicen que Idema es un caza-recompensas moderno -el gobierno norteamericano ha ofrecido 50 millones de dólares por Osama bin Laden y otros cabecillas de Al Qaeda. Otros califican a Idema, Caraballo y Bennett de aventureros despistados -fanáticos que hacen una guerra propia contra Al Qaeda. Sadiq, el antiguo prisionero, observó que sus secuestradores nunca le preguntaron nada y dijo simplemente: "Son delincuentes".
Lo que es cierto es que Idema fue capaz de funcionar de manera relativamente abierta durante largo tiempo porque hay muchos occidentales misteriosos y armados en Afganistán y pocos se atreven a cuestionarlos. Algunos de ellos llevan ropa afgana, largas barbas y oscuras gafas de sol. Algunos conducen vehículos deportivos con ventanillas oscurecidas.
Podrían ser operativos de agencias de inteligencia occidentales o consultores privados contratados para organizar la seguridad. Si los procuradores que procesan el grupo de Idema tienen razón, algunos trabajan enteramente por su cuenta, dependiendo de la fanfarronería y modales militares para imponer autoridad. Idema fue incluso capaz de lograr que fuerzas de OTAN que operan ahí ayudaran a su grupo en la detección de bombas.
"Las fuerzas de seguridad están buscando a otros grupos semejantes", dijo en una entrevista Abdulboset Bakhtiary, el juez que lleva el caso de Ideam. "Que estén operando en territorio afgano amenaza la soberanía de Afganistán".
Bakhtiary dijo que cree que los norteamericanos son culpables, aunque aún tiene que ver las evidencias que piensan presentar en su defensa. "No he visto nada que diga que son inocentes. Llegaron ilegalmente al país y tenían una cárcel privada".
El juez instructor dijo que no creía los alegatos de Idema de que sus actividades eran aprobadas por el gobierno estadounidense. "Durante los interrogatorios no dijeron que trabajaban para los norteamericanos", dijo. "Sólo mencionaron relaciones particulares con algunas autoridades".
Bakhtiary rechazó las afirmaciones de que Caraballo sólo estaba haciendo la crónica de las actividades del grupo para hacer una película. "Les estuvo ayudando todo el tiempo; por eso lo consideramos un cómplice", dijo Bakhtiary. "Si fuera un periodista, habría sabido cuál era su responsabilidad. Si arrestaban a gente y la torturaban, debió haber informado sobre ello. Su silencio demuestra su complicidad".
El abogado de oficio afgano de Caraballo, Najiba Rahmanzada Taj, también parecía dudar de los motivos de su cliente. "Edward dice que no está conectado con ellos, que su trabajo era sacar fotos", dijo en una entrevista en su casa. "Todavía no sé si estaba trabajando como periodista o como un compañero de los otros". Dijo que los tres hombres entraron a Afganistán desde India con pasaportes indios falsos.
Rahmanzada Taj dijo que había visitado a los tres hombres en prisión, donde son detenidos junto a otros sospechosos talibanes y de Al Qaeda y que estaban preocupados por lo que podía pasar con ellos. Dijo que llevaban ropas afganas y los pies descalzos. Caraballo pidió pantuflas.
16 de agosto de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
Lo que después le pasó a Saiq fueron doce días y once noches de tortura.
Fue mantenido desnudo y con la vista vendada en una choza pequeña, obligado a orinar y defecar en el mismo lugar, dijo. Sus secuestradores lo mojaron con agua fría y pusieron música a volumen ensordecedor junto a él. Dijo que podía oír los gritos de otras personas que estaban siendo torturadas.
Cuando fue dejado en libertad doce días después de su odisea, después de una balacera que pudo oír pero no ver, dijo Sadiq, un agente de la inteligencia paquistaní le dijo que no había sido detenido sino secuestrado. Y sus secuestradores no eran soldados estadounidenses sino civiles norteamericanos que dirigían una guerra privada contra sospechosos de ser terroristas de Al Qaeda, y que usaban una cárcel improvisada en una residencia particular para extraer confesiones.
Tres norteamericanos y cuatro de sus ayudantes afganos deben presentarse a juicio el lunes, incluyendo al supuesto cabecilla del grupo, Jonathan Keith Idema, 48, de Fayetteville, Carolina del Norte, un antiguo soldado de las Fuerzas Especiales que pasó un tiempo en prisión en los años noventa acusado de estafa. Emergió en el norte de Afganistán en 2001 como -según se define a sí mismo- consultor en seguridad, supuestamente ayudando a la Alianza del Norte, el grupo afgano apoyado por Estados Unidos que estaba luchando contra los talibanes fundamentalistas.
Idema -que en Afganistán usaba el nombre de pila Jack- y sus colegas están acusados de entrar ilegalmente en el país con pasaporte falso y de causar inseguridad en el país y de secuestrar al menos a ocho afganos, incluyendo a Sadiq. En Afganistán el secuestro es condenado con pena de muerte.
Los otros dos norteamericanos en juicio son Brent Bennet y Edward Caraballo. Caraballo ha declarado a través de sus abogados que él no forma parte del grupo sino que estaba ahí como periodista por cuenta propia para hacer una película sobre sus actividades anti-terroristas.
Cuando los tres fueron llevados al tribunal por primera vez a fines de julio, Idema dijo a reporteros que sus actividades habían sido aprobadas por altos cargos del gobierno norteamericano y que había tenido contactos regulares con el despacho del secretario de defensa Donald H. Rumsfeld. "Estamos trabajando para el grupo anti-terrorista de Estados Unidos y con el Pentágono y otras agencias federales", dijo. "Las autoridades norteamericanas apoyan totalmente lo que hicimos".
El gobierno norteamericano, los militares norteamericanos en Afganistán y la embajada de Estados Unidos en Kabul han negado toda relación con Idema y los otros.
La única evidencia que ha ofrecido Idema públicamente hasta el momento es que en una ocasión entregó a un prisionero afgano a las autoridades militares norteamericanas en la base aéres de Bagram, al norte de Kabul. Oficiales norteamericanos reconocen haber recibido un prisionero de Idema. Pero un oficial estadounidense dijo que las autoridades aceptaban cualquier prisionero sospechoso de tener lazos con terroristas y que el hombre entregado por Idema fue finalmente encontrado inocente y dejado en libertad.
Idema es un personaje pintoresco que se hizo conocido entre los periodistas extranjeros en 2001 durante una batalla en los alrededores de la aldea de Jabal Saraj, al norte de Kabul. En enero de 2002, el programa de noticias de la CBS 60 Minutes' emitió un video, entregado por Idema, que se dijo que mostraba un campo de adiestramiento de Al Qaeda.
En 1997 se querelló contra el productor Steven Spielberg, alegando que el personaje de las Fuerzas Especiales representado en la película The Peacemaker' por George Clooney fue modelado sobre él mismo. Idema perdió el juicio.
Algunos afganos involucrados en el caso, incluyendo a Sadiq, dicen que Idema es un caza-recompensas moderno -el gobierno norteamericano ha ofrecido 50 millones de dólares por Osama bin Laden y otros cabecillas de Al Qaeda. Otros califican a Idema, Caraballo y Bennett de aventureros despistados -fanáticos que hacen una guerra propia contra Al Qaeda. Sadiq, el antiguo prisionero, observó que sus secuestradores nunca le preguntaron nada y dijo simplemente: "Son delincuentes".
Lo que es cierto es que Idema fue capaz de funcionar de manera relativamente abierta durante largo tiempo porque hay muchos occidentales misteriosos y armados en Afganistán y pocos se atreven a cuestionarlos. Algunos de ellos llevan ropa afgana, largas barbas y oscuras gafas de sol. Algunos conducen vehículos deportivos con ventanillas oscurecidas.
Podrían ser operativos de agencias de inteligencia occidentales o consultores privados contratados para organizar la seguridad. Si los procuradores que procesan el grupo de Idema tienen razón, algunos trabajan enteramente por su cuenta, dependiendo de la fanfarronería y modales militares para imponer autoridad. Idema fue incluso capaz de lograr que fuerzas de OTAN que operan ahí ayudaran a su grupo en la detección de bombas.
"Las fuerzas de seguridad están buscando a otros grupos semejantes", dijo en una entrevista Abdulboset Bakhtiary, el juez que lleva el caso de Ideam. "Que estén operando en territorio afgano amenaza la soberanía de Afganistán".
Bakhtiary dijo que cree que los norteamericanos son culpables, aunque aún tiene que ver las evidencias que piensan presentar en su defensa. "No he visto nada que diga que son inocentes. Llegaron ilegalmente al país y tenían una cárcel privada".
El juez instructor dijo que no creía los alegatos de Idema de que sus actividades eran aprobadas por el gobierno estadounidense. "Durante los interrogatorios no dijeron que trabajaban para los norteamericanos", dijo. "Sólo mencionaron relaciones particulares con algunas autoridades".
Bakhtiary rechazó las afirmaciones de que Caraballo sólo estaba haciendo la crónica de las actividades del grupo para hacer una película. "Les estuvo ayudando todo el tiempo; por eso lo consideramos un cómplice", dijo Bakhtiary. "Si fuera un periodista, habría sabido cuál era su responsabilidad. Si arrestaban a gente y la torturaban, debió haber informado sobre ello. Su silencio demuestra su complicidad".
El abogado de oficio afgano de Caraballo, Najiba Rahmanzada Taj, también parecía dudar de los motivos de su cliente. "Edward dice que no está conectado con ellos, que su trabajo era sacar fotos", dijo en una entrevista en su casa. "Todavía no sé si estaba trabajando como periodista o como un compañero de los otros". Dijo que los tres hombres entraron a Afganistán desde India con pasaportes indios falsos.
Rahmanzada Taj dijo que había visitado a los tres hombres en prisión, donde son detenidos junto a otros sospechosos talibanes y de Al Qaeda y que estaban preocupados por lo que podía pasar con ellos. Dijo que llevaban ropas afganas y los pies descalzos. Caraballo pidió pantuflas.
16 de agosto de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
TALIBANES DOMINAN MONTAÑAS CON TERROR - keith b. richburg
Aparentemente las fuerzas talibanes se han reagrupado de cierta manera y vuelven a controlar regiones de Afganistán. Su objetivo a corto plazo: desbaratar las elecciones presidenciales programadas para el 9 de octubre de este año.
Parlay, Afganistán. Sifullah tiene apenas catorce años, pero sabe lo suficiente como para tener miedo de servir el té.
"Si alguien me ve trayéndolo, me van a preguntar por qué estoy ayudando a los norteamericanos", dice suavemente a un pequeño grupo de soldados estadounidenses y un reportero. "Tengo miedo de los talibanes".
Las guerrillas talibán se aparecen habitualmente por la noche, desde el otro lado de la montaña, dijo Sifullah. Lucen largas barbas y se visten a menudo de blanco, con grandes turbantes blancos o negros. Llevan a la espalda rifles de asalto AK-47 y pistolas de 9mm en el cinto. A veces usan teléfonos móviles. Están allanando las casas de piedra de este pueblo a la búsqueda de armas, y hacen salir a las mujeres.
Y vienen con un recado. No ayudar a los norteamericanos y sus aliados en Afganistán, y no inscribirse para votar en las elecciones presidenciales del 9 de octubre, o tú y tu familia serán liquidados.
Aquí, en el rincón nordeste de la provincia de Kandahar, todavía considerada una plaza fuerte talibán dos años y medio después de que el represivo movimiento islámico fuera sacado del poder, la historia de Sifullah es corroborada una y otra vez por un viejo que huyó a una aldea vecina después de recibir amenazas, por un niño de dieciséis años que fue retenido durante cinco horas mientras los talibanes buscaban a su hermano mayor, y por el jefe de una milicia local cuyo hermano fue asesinado por los talibanes y que trabaja ahora estrechamente con las tropas estadounidenses.
Todos están de acuerdo en que los combatientes talibanes abundan en las montañas. Cuando las tropas americanas se encuentran en la zona organizan ataques sorpresivos antes de volver a desaparecer en el rocoso paisaje.
Soldados estadounidenses dicen que la lucha contra los talibanes es una guerra contra un enemigo escurridizo que se niega a dar la cara.
"Tienen miedo", dijo el capitán Brian L. Peterson, comandante de Alpha Troop, una unidad de reconocimiento y vigilancia del Tercer Escuadrón del 4o Regimiento de Caballería de la 25a División de Infantería, basado en Honolulu. "Tenemos que sacarlos de las rocas para que peleen".
"Saben que nuestro poder aéreo es devastador para ellos si tratan de reagruparse en grandes cantidades, así que prefieren operar a nivel de pequeñas unidades", dijo el sargento de segunda clase Joe Schoch, 29, miembro de un equipo de vigilancia de largo alcance. Agregó: "La táctica que están usando ahora es dar ataques de golpe y fuga o tratar de emboscarnos. Tan pronto como aparecen los helicópteros se deshacen de las armas y se ponen a recoger sus cabras".
El problema más grande, dicen soldados norteamericanos y residentes aquí, es que los talibanes volverán tan pronto como se vayan los norteamericanos. "Estamos felices de que ustedes estén aquí", dijo Sifullah, que lleva un camisa tradicional afgana de color verde manchada y sucia, una gorra y sandalias negras. "Pero estamos preocupados de lo que pase cuando ustedes se vayan. Me van a preguntar por qué estuve hablando con ustedes, y quiénes les ayudaron".
Sifullah suplicó a Peterson y Schoch: "Por favor, pongan una base aquí y quédense más tiempo. Cuando están ustedes no nos molestan".
Las tácticas de los talibanes adquirieron más relieve cuando la unidad de Peterson dejó Parlay el domingo para marcharse a Kandahar. A las cinco de la tarde, el convoy descubrió a un lado de la carretera los cadáveres de siete hombres; todos habían sido matados a corta distancia. La mayoría de ellos había recibido un balazo en la nuca, con salidas de bala por la cara, y uno tenía la cabeza reventada.
Los soldados recogieron los cuerpos utilizando las dos únicas bolsas para cadáveres que llevaban y unos ponchos impermeables, y se los llevaron en el capó de sus todo-terrenos. La sangre todavía estaba fresca, indicando que el ataque había ocurrido apenas horas antes, de acuerdo a un doctor del ejército que viajaba con el grupo que examinó los cuerpos.
La primera especulación entre las tropas norteamericanas era que las fuerzas talibanes habían ejecutado a miembros de una milicia afgana anti-talibán. Peterson dijo que las víctimas también podían ser trabajadores del gobierno u otros que ayudaban con los preparativos de las próximas elecciones nacionales.
Funcionarios afganos de la localidad dijeron que pensaban que los hombres podían haber sido asesinados porque tenían tarjetas de inscripción electoral, pero estas no se encontraron en los cadáveres. La posición de los cuerpos indicaba que los hombres habían tratado de huir de sus atacantes.
A ls 6:30 de la mañana se extendió el rumor en los radios de los soldados de que un contingente más pequeño de veinte soldados norteamericanos que se había quedado en Parlay, el Tercer Pelotón de Alpha Troop, había caído en una breve pero intensa emboscada probablemente de atacantes talibanes que usaron armas de fuego livianas, morteros y lanza-granadas. Ningún soldado fue herido en la emboscada, en la que los atacantes dispararon al menos cinco rondas de mortero y quince granadas.
La emboscada coincidió oportunamente con la partida de la principal fuerza de los soldados de Alpha Troop el domingo por la mañana, y la táctica de atacar y retirarse era familiar para estos soldados. "Eso es lo que hacen", dijo el sargento de segunda clase Sean Shirey, de Culver City, California. "No salen a hacernos frente".
Un incidente similar ocurrió cuando Peterson y su unidad de 35 hombres llegaron el jueves junto con un camión de milicianos locales. Habían recibido datos de vecinos de que al menos trescientos talibanes armados estaban en el área, intimidando a los aldeanos y desbaratando la inscripción de los votantes.
Pero cuando llegó el convoy de Peterson de ocho todo-terrenos blindados y tomó posiciones en un llano entre las montañas y los dos villorrios, los soldados descubrieron que la mayoría de las casas de piedra estaban ocupadas por mujeres, niños y viejos.
Los norteamericanos vieron correr a los hombres hacia las montañas cuando se acercaban. El equipo de reconocimiento y los milicianos les persiguieron durante un rato, y los dos helicópteros les sobrevolaron, pero los hombres desaparecieron entre las rocas. Los soldados sólo encontraron lo que parecía ser un montón de ropa recién quemada.
Los soldados estadounidenses también dijeron que estaban bajo constante vigilancia cuando tomaban posiciones provisionales. "¡Mira a ese tipo allá!", gritó el especialista Nick Plummer, 25, de Klamath Falls, Oregon, mirando a través de unos binoculares de la escotilla del artillero del todo-terreno de Peterson. "Apareció de repente. Y cada vez que el helicóptero se acerca, se esconde entre las rocas".
El sábado en la mañana Peterson decidió dirigir una patrulla de a pie a través de una de las diminutas aldeas donde los norteamericanos han detectado actividades sospechosas en la noche. También tienen los nombres -que obtuvieron de informantes locales- de varios líderes talibanes de alto rango que se encuentran en el área. Pero cuando los dieciséis soldados y sus aliados de la milicia afgana llegaron, corriendo por los almendrales, unos veinte afganos escaparon hacia la montaña -otra vez dejando atrás a las mujeres, niños y viejos sentados en sacos de almendra y albaricoques secos.
Un rápido allanamiento de una construcción de piedra en el pueblo reveló esteras para dormir para unas treinta personas -mucho más que la gente que vive aquí. También había un oxidado tambor de metal que, al abrirlo, reveló un fondo falso que conducía a un profundo socavón, que podía ser o un pozo de agua o un túnel de escape.
Los aldeanos presentes negaron que los hombres que habían huido estuvieran con los talibanes. Huyeron, dijeron, porque tenían miedo de que los arrestaran. Peterson no parecía convencido.
"Se ponen a correr cuando me acerco. Eso no tiene sentido", le dijo a los vecinos a través de un intérprete. "¿A quién tengo que creerle?"
Para las tropas se trataba de una historia conocida. "No vamos a encontrar nada aquí", dijo Schoch. "Nada más tenemos que esperar a que nos ataquen".
Shirey agregó: "Es una historia que se repite".
La misma unidad cayó en una emboscada de los talibanes hace dos semanas, cuando volvían de la misma aldea. Fue una emboscada clásica. Atacaron cuando el convoy de todo-terrenos se encontraba en terreno bajo y lanzaron ráfagas de armas automáticas y granadas. Las tropas norteamericanas devolvieron el fuego, matando quizás a cinco atacantes, aunque no recuperaron los cadáveres. Hicieron cuatro prisioneros, incluyendo a un niño de doce años que recogió un rifle de asalto que había dejado otro combatiente y comenzó a disparar contra los soldados. El niño fue herido en las nalgas y está en tratamiento en la base norteamericanas en el aeropuerto de Kandahar.
"Nos dispararon unas quinientas rondas", dijo el sargento de primera clase Douglas Bishop, 34, de Fairfield, Ohio. Bishop estaba en el último vehículo, que fue impactado por una granada y varias balas, que le reventaron una llanta. "Pensé que el vehículo estaba en llamas a causa del humo", dijo.
Otra amenaza a las tropas norteamericanas en el área ha sido la proliferación de bombas improvisadas a la vera de los caminos. Debido a que los todo-terreno blindados resisten esas explosiones, los milicianos talibanes están recurriendo a una nueva táctica: haciendo pilas de tres minas anti-tanque para provocar un efecto letal.
Con un enemigo tan esquivo, poco se sabe de las guerrillas talibanes de aquí y cómo siguen controlando el área, excepto la información sonsacada de los vecinos que no tienen miedo de hablar, y de Abdul Satar, el jefe de la milicia local.
Abdul Satar volvió del exilio en Pakistán cuando las tropas norteamericanas entraron en Afganistán a fines de 2001. Los talibanes pusieron precio a su cabeza, dijo, y advirtieron a todo el mundo que no colaboraran ni se unieran a él.
Hace unos dos meses, los talibanes de Parlay mataron al hermano de 30 años de Abdul Satar, Abdul Gahffar, junto a otro hombre, Abdul Ghani, que trabajaba con Abdul Satar. Según Abdul Satar y Hayatullah, el padre de Abdul Ghani, los mataron a los dos frente a un grupo de vecinos.
"Primero le dispararon, luego lo apedrearon", dijo Abdul Star sobre su hermano. "Dijeron: Esto es lo que te pasa por trabajar con los norteamericanos".
Habló en una reunión con Peterson y dos docenas de miembros de su propia milicia en el pueblo de Mianishin, a unas dos horas al sur de Parlay por una ruta llena de baches. En un edificio vacío y sin luz que hace las veces de mezquita de la comunidad, donde los milicianos han colgado a estacas de la pared de piedra sus AK-47, los hombres charlan mientras beben un té fuertemente azucarado y bizcochos.
Otros afganos que han hecho el camino hacia Mianishin han contado historias similares sobre los talibanes en el área. Hablaron de unos trescientos guerrilleros talibanes en las montañas, y de cómo amenazan a la gente para que no voten ni colaboren con las tropas norteamericanas. Dijeron que los talibanes también reparten lo que los afganos llaman cartas nocturnas' -advertencias llevadas a casa de gente a la que quieren atemorizar.
Además de contactar a los jefes de la milicia local, el equipo de Peterson también proporciona asistencia médica básica en esta desolada área. Todo contacto, dijo Peterson, es una oportunidad para obtener informaciones sobre un enemigo que no pueden ver.
"Todos son operativos de inteligencia aquí", agregó. "Cada vez que hablamos con alguien tenemos la oportunidad de recoger información. Pero no pasa de un día para otro. Es necesario dispersarnos para tener una imagen más completa".
9 de agosto de 2004
12 de agosto de 2004
©traducción mQh
©washingtonpost
"Si alguien me ve trayéndolo, me van a preguntar por qué estoy ayudando a los norteamericanos", dice suavemente a un pequeño grupo de soldados estadounidenses y un reportero. "Tengo miedo de los talibanes".
Las guerrillas talibán se aparecen habitualmente por la noche, desde el otro lado de la montaña, dijo Sifullah. Lucen largas barbas y se visten a menudo de blanco, con grandes turbantes blancos o negros. Llevan a la espalda rifles de asalto AK-47 y pistolas de 9mm en el cinto. A veces usan teléfonos móviles. Están allanando las casas de piedra de este pueblo a la búsqueda de armas, y hacen salir a las mujeres.
Y vienen con un recado. No ayudar a los norteamericanos y sus aliados en Afganistán, y no inscribirse para votar en las elecciones presidenciales del 9 de octubre, o tú y tu familia serán liquidados.
Aquí, en el rincón nordeste de la provincia de Kandahar, todavía considerada una plaza fuerte talibán dos años y medio después de que el represivo movimiento islámico fuera sacado del poder, la historia de Sifullah es corroborada una y otra vez por un viejo que huyó a una aldea vecina después de recibir amenazas, por un niño de dieciséis años que fue retenido durante cinco horas mientras los talibanes buscaban a su hermano mayor, y por el jefe de una milicia local cuyo hermano fue asesinado por los talibanes y que trabaja ahora estrechamente con las tropas estadounidenses.
Todos están de acuerdo en que los combatientes talibanes abundan en las montañas. Cuando las tropas americanas se encuentran en la zona organizan ataques sorpresivos antes de volver a desaparecer en el rocoso paisaje.
Soldados estadounidenses dicen que la lucha contra los talibanes es una guerra contra un enemigo escurridizo que se niega a dar la cara.
"Tienen miedo", dijo el capitán Brian L. Peterson, comandante de Alpha Troop, una unidad de reconocimiento y vigilancia del Tercer Escuadrón del 4o Regimiento de Caballería de la 25a División de Infantería, basado en Honolulu. "Tenemos que sacarlos de las rocas para que peleen".
"Saben que nuestro poder aéreo es devastador para ellos si tratan de reagruparse en grandes cantidades, así que prefieren operar a nivel de pequeñas unidades", dijo el sargento de segunda clase Joe Schoch, 29, miembro de un equipo de vigilancia de largo alcance. Agregó: "La táctica que están usando ahora es dar ataques de golpe y fuga o tratar de emboscarnos. Tan pronto como aparecen los helicópteros se deshacen de las armas y se ponen a recoger sus cabras".
El problema más grande, dicen soldados norteamericanos y residentes aquí, es que los talibanes volverán tan pronto como se vayan los norteamericanos. "Estamos felices de que ustedes estén aquí", dijo Sifullah, que lleva un camisa tradicional afgana de color verde manchada y sucia, una gorra y sandalias negras. "Pero estamos preocupados de lo que pase cuando ustedes se vayan. Me van a preguntar por qué estuve hablando con ustedes, y quiénes les ayudaron".
Sifullah suplicó a Peterson y Schoch: "Por favor, pongan una base aquí y quédense más tiempo. Cuando están ustedes no nos molestan".
Las tácticas de los talibanes adquirieron más relieve cuando la unidad de Peterson dejó Parlay el domingo para marcharse a Kandahar. A las cinco de la tarde, el convoy descubrió a un lado de la carretera los cadáveres de siete hombres; todos habían sido matados a corta distancia. La mayoría de ellos había recibido un balazo en la nuca, con salidas de bala por la cara, y uno tenía la cabeza reventada.
Los soldados recogieron los cuerpos utilizando las dos únicas bolsas para cadáveres que llevaban y unos ponchos impermeables, y se los llevaron en el capó de sus todo-terrenos. La sangre todavía estaba fresca, indicando que el ataque había ocurrido apenas horas antes, de acuerdo a un doctor del ejército que viajaba con el grupo que examinó los cuerpos.
La primera especulación entre las tropas norteamericanas era que las fuerzas talibanes habían ejecutado a miembros de una milicia afgana anti-talibán. Peterson dijo que las víctimas también podían ser trabajadores del gobierno u otros que ayudaban con los preparativos de las próximas elecciones nacionales.
Funcionarios afganos de la localidad dijeron que pensaban que los hombres podían haber sido asesinados porque tenían tarjetas de inscripción electoral, pero estas no se encontraron en los cadáveres. La posición de los cuerpos indicaba que los hombres habían tratado de huir de sus atacantes.
A ls 6:30 de la mañana se extendió el rumor en los radios de los soldados de que un contingente más pequeño de veinte soldados norteamericanos que se había quedado en Parlay, el Tercer Pelotón de Alpha Troop, había caído en una breve pero intensa emboscada probablemente de atacantes talibanes que usaron armas de fuego livianas, morteros y lanza-granadas. Ningún soldado fue herido en la emboscada, en la que los atacantes dispararon al menos cinco rondas de mortero y quince granadas.
La emboscada coincidió oportunamente con la partida de la principal fuerza de los soldados de Alpha Troop el domingo por la mañana, y la táctica de atacar y retirarse era familiar para estos soldados. "Eso es lo que hacen", dijo el sargento de segunda clase Sean Shirey, de Culver City, California. "No salen a hacernos frente".
Un incidente similar ocurrió cuando Peterson y su unidad de 35 hombres llegaron el jueves junto con un camión de milicianos locales. Habían recibido datos de vecinos de que al menos trescientos talibanes armados estaban en el área, intimidando a los aldeanos y desbaratando la inscripción de los votantes.
Pero cuando llegó el convoy de Peterson de ocho todo-terrenos blindados y tomó posiciones en un llano entre las montañas y los dos villorrios, los soldados descubrieron que la mayoría de las casas de piedra estaban ocupadas por mujeres, niños y viejos.
Los norteamericanos vieron correr a los hombres hacia las montañas cuando se acercaban. El equipo de reconocimiento y los milicianos les persiguieron durante un rato, y los dos helicópteros les sobrevolaron, pero los hombres desaparecieron entre las rocas. Los soldados sólo encontraron lo que parecía ser un montón de ropa recién quemada.
Los soldados estadounidenses también dijeron que estaban bajo constante vigilancia cuando tomaban posiciones provisionales. "¡Mira a ese tipo allá!", gritó el especialista Nick Plummer, 25, de Klamath Falls, Oregon, mirando a través de unos binoculares de la escotilla del artillero del todo-terreno de Peterson. "Apareció de repente. Y cada vez que el helicóptero se acerca, se esconde entre las rocas".
El sábado en la mañana Peterson decidió dirigir una patrulla de a pie a través de una de las diminutas aldeas donde los norteamericanos han detectado actividades sospechosas en la noche. También tienen los nombres -que obtuvieron de informantes locales- de varios líderes talibanes de alto rango que se encuentran en el área. Pero cuando los dieciséis soldados y sus aliados de la milicia afgana llegaron, corriendo por los almendrales, unos veinte afganos escaparon hacia la montaña -otra vez dejando atrás a las mujeres, niños y viejos sentados en sacos de almendra y albaricoques secos.
Un rápido allanamiento de una construcción de piedra en el pueblo reveló esteras para dormir para unas treinta personas -mucho más que la gente que vive aquí. También había un oxidado tambor de metal que, al abrirlo, reveló un fondo falso que conducía a un profundo socavón, que podía ser o un pozo de agua o un túnel de escape.
Los aldeanos presentes negaron que los hombres que habían huido estuvieran con los talibanes. Huyeron, dijeron, porque tenían miedo de que los arrestaran. Peterson no parecía convencido.
"Se ponen a correr cuando me acerco. Eso no tiene sentido", le dijo a los vecinos a través de un intérprete. "¿A quién tengo que creerle?"
Para las tropas se trataba de una historia conocida. "No vamos a encontrar nada aquí", dijo Schoch. "Nada más tenemos que esperar a que nos ataquen".
Shirey agregó: "Es una historia que se repite".
La misma unidad cayó en una emboscada de los talibanes hace dos semanas, cuando volvían de la misma aldea. Fue una emboscada clásica. Atacaron cuando el convoy de todo-terrenos se encontraba en terreno bajo y lanzaron ráfagas de armas automáticas y granadas. Las tropas norteamericanas devolvieron el fuego, matando quizás a cinco atacantes, aunque no recuperaron los cadáveres. Hicieron cuatro prisioneros, incluyendo a un niño de doce años que recogió un rifle de asalto que había dejado otro combatiente y comenzó a disparar contra los soldados. El niño fue herido en las nalgas y está en tratamiento en la base norteamericanas en el aeropuerto de Kandahar.
"Nos dispararon unas quinientas rondas", dijo el sargento de primera clase Douglas Bishop, 34, de Fairfield, Ohio. Bishop estaba en el último vehículo, que fue impactado por una granada y varias balas, que le reventaron una llanta. "Pensé que el vehículo estaba en llamas a causa del humo", dijo.
Otra amenaza a las tropas norteamericanas en el área ha sido la proliferación de bombas improvisadas a la vera de los caminos. Debido a que los todo-terreno blindados resisten esas explosiones, los milicianos talibanes están recurriendo a una nueva táctica: haciendo pilas de tres minas anti-tanque para provocar un efecto letal.
Con un enemigo tan esquivo, poco se sabe de las guerrillas talibanes de aquí y cómo siguen controlando el área, excepto la información sonsacada de los vecinos que no tienen miedo de hablar, y de Abdul Satar, el jefe de la milicia local.
Abdul Satar volvió del exilio en Pakistán cuando las tropas norteamericanas entraron en Afganistán a fines de 2001. Los talibanes pusieron precio a su cabeza, dijo, y advirtieron a todo el mundo que no colaboraran ni se unieran a él.
Hace unos dos meses, los talibanes de Parlay mataron al hermano de 30 años de Abdul Satar, Abdul Gahffar, junto a otro hombre, Abdul Ghani, que trabajaba con Abdul Satar. Según Abdul Satar y Hayatullah, el padre de Abdul Ghani, los mataron a los dos frente a un grupo de vecinos.
"Primero le dispararon, luego lo apedrearon", dijo Abdul Star sobre su hermano. "Dijeron: Esto es lo que te pasa por trabajar con los norteamericanos".
Habló en una reunión con Peterson y dos docenas de miembros de su propia milicia en el pueblo de Mianishin, a unas dos horas al sur de Parlay por una ruta llena de baches. En un edificio vacío y sin luz que hace las veces de mezquita de la comunidad, donde los milicianos han colgado a estacas de la pared de piedra sus AK-47, los hombres charlan mientras beben un té fuertemente azucarado y bizcochos.
Otros afganos que han hecho el camino hacia Mianishin han contado historias similares sobre los talibanes en el área. Hablaron de unos trescientos guerrilleros talibanes en las montañas, y de cómo amenazan a la gente para que no voten ni colaboren con las tropas norteamericanas. Dijeron que los talibanes también reparten lo que los afganos llaman cartas nocturnas' -advertencias llevadas a casa de gente a la que quieren atemorizar.
Además de contactar a los jefes de la milicia local, el equipo de Peterson también proporciona asistencia médica básica en esta desolada área. Todo contacto, dijo Peterson, es una oportunidad para obtener informaciones sobre un enemigo que no pueden ver.
"Todos son operativos de inteligencia aquí", agregó. "Cada vez que hablamos con alguien tenemos la oportunidad de recoger información. Pero no pasa de un día para otro. Es necesario dispersarnos para tener una imagen más completa".
9 de agosto de 2004
12 de agosto de 2004
©traducción mQh
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