contratista asesinado denunció corrupción
[Ken Silverstein, T. Christian Miller y Patrick J. McDonnell] El traficante de armas había acusado a altos funcionarios del ministerio de Defensa iraquí de exigir sobornos.
Washington, Estados Unidos. Un contratista estadounidense asesinado a tiros el mes pasado en Iraq había acusado de corrupción a funcionarios del ministerio de Defensa iraquí de días antes de su muerte, de acuerdo a documentos y a funcionarios norteamericanos.
Dale Stoffel, 43, fue asesinado a balazos el 8 de diciembre poco después de salir de una base militar iraquí al norte de Bagdad, un ataque atribuido en la época a insurgentes iraquíes. También fue asesinado su colega, Joseph Wemple, de 49 años.
Los asesinatos ocurrieron después de que Stoffel advirtiera a importantes funcionarios estadounidenses en Washington que creía que funcionarios del ministerio de Defensa iraquí estaban involucrados en una trama para cobrar sobornos por un contrato de varios millones de dólares asignado a su compañía, la Wye Oak Technology, para reparar viejos equipos militares iraquíes.
El FBI ha iniciado una investigación de los asesinatos y si pueden haber sido provocados por las denuncias de Stoffel, de acuerdo a personas familiarizadas con las pesquisas. El FBI se negó a hacer comentarios.
Stoffel, de Monongahela, Pensilvania, hizo sus acusaciones en una carta del 3 de diciembre dirigida a un importante funcionario del Pentágono y en una reunión con asesores del senador Rick Santorum (republicano, Pensilvania). Poco después, Stoffel fue llamado a presentarse a la base militar de Taji en Iraq por funcionarios militares de la coalición para discutir sus preocupaciones sobre el contrato. Se quejó de problemas de pago con un misterioso empresario libanés designado por los iraquíes como un intermediario, dijeron las fuentes.
Cuando Stoffel, Wemple y un intérprete iraquí salieron de la base de Taji en coche el 8 de diciembre, otro vehículo les embistió de frente. Dos enmascarados descendieron y ejecutaron a los dos norteamericanos con una ráfaga de balas, de acuerdo a informes de esa época. El intérprete escapó y se encuentra desaparecido.
La muerte de Stoffel ha provocado nuevas preocupaciones sobre la integridad del proyecto de reconstrucción de Iraq, que ha estado plagado de acusaciones de corrupción y de favoritismo casi desde sus inicios.
Un funcionario norteamericano dijo que los problemas de corrupción en los que se hallan implicado intermediarios y sobornos se han extendido cada vez más a medida que los iraquíes empezaron a ejercer más control sobre el proceso de contratación.
El asesinato de Stoffel llamó la atención de investigadores no sólo debido a sus denuncias sino también debido a su pasado misterioso y controvertido. Stoffel trabajó en los años noventa en un proyecto norteamericano secreto para comprar armas rusas, chinas y de otros países para ser probadas por militares estadounidenses, según se desprende de documentos y entrevistas.
El negocio de Stoffel en Iraq era el primer contrato de envergadura autorizado y financiado directamente por el gobierno iraquí para propósitos militares, y era crucial para el adiestramiento y equipamiento del Ejército iraquí, y era considerado un componente clave de la estrategia estadounidense para retirarse de Iraq.
El fracaso en detener la supuesta corrupción "sentará un precedente muy negativo para tratos subsecuentes con los militares iraquíes, dañará a las empresas estadounidenses que quieren hacer negocios de acuerdo a las leyes norteamericanas y será una fuente de bochorno y tensión política para el gobierno de Bush con respecto al proyecto en Iraq", dijo Stoffel en su carta al Pentágono, una copia de la cual fue conseguida por Times.
De acuerdo a la carta, la empresa de Stoffel, de Pensilvania, recibió el año pasado un contrato del ministerio de Defensa iraquí para ayudar a reparar sus anticuados equipos militares de la era soviética, en su mayor parte tanques T-55 y artillería. Wye Oak Technology entregó en noviembre algunos tanques reparados a la Primera Brigada Motorizada de Iraq.
Como parte del contrato funcionarios de alto rango del ministerio de Defensa exigieron que los pagos a Stoffel fueran procesados a través de un intermediario libanés designado por el ministerio, de acuerdo a la carta del 3 de diciembre.
En noviembre Stoffel trató de obtener un pago de 24.7 millones de dólares, enviando facturas directamente al ministerio de Defensa. El ministerio, a su vez, autorizó tres cheques diferentes, enviándolos al intermediario libanés para su "procesamiento", dijo gente familiarizada con el contrato.
El papel del intermediario era actuar como una especie de fideicomiso de la cuenta para transacciones comerciales, revisando las facturas y haciendo los pagos, dijeron las fuentes.
Pero el empresario no le envió el dinero y Stoffel se quejó a los funcionarios estadounidenses en Washington de que sospechaba que el verdadero papel del intermediario era desviar los pagos hacia funcionarios iraquíes para pagar comisiones ilegales, declaró gente familiarizada con el contrato.
En su carta al Pentágono también dijo que el intermediario estaba reteniendo los pagos en un intento de obligarlo a utilizar a subcontratistas relacionados con el intermediario y con funcionarios del ministerio de Defensa.
Stoffel trató sus preocupaciones con representantes del despacho de Santorum. Santorum, a su vez, escribió al ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld el 3 de diciembre pidiéndole que abordara el tema con el ministro de Defensa iraquí, Hazem Shaalan.
"Apreciaría un comentario sobre cómo puede ayudar el ministerio de Defensa" a Wye Oak Technology a obtener el pago de los servicios prestado, escribió Santorum.
Stoffel también se reunió con John A. Jack' Shaw, subsecretario de Defensa para la tecnología de seguridad internacional, cuya oficina supervisaba la venta de armas a Iraq. En una carta posterior, Stoffel instó a Shaw a exigir que una conocida firma de contabilidad fuera contratada para supervisar el contrato. Advirtió en su carta que el contrato de armas "ha sido presa... de corrupción e intereses creados".
Shaw fue retratado en reportajes de Times el año pasado después de ser investigado por un asunto no relacionado. Subsecuentemente fue retirado de su posición. Su despacho transmitió las quejas de Stoffel al ministerio del Ejército.
"Estamos estudiando el problema", dijo el teniente coronel del Ejército Joseph Yoswa, un portavoz del Pentágono.
Fuentes dijeron que las quejas de Stoffel llegaron al general de división británico David Clements. Clements, el subcomandante de la misión para adiestrar a las tropas iraquíes reunió a Stoffel, Wemple y el empresario libanés para solucionar el problema.
Clements citó a Stoffel a que viajara desde Estados Unidos a Iraq para una reunión en la base militar de Taji a principios de diciembre, dijeron varias fuentes.
Después de varios días de discusiones, Clements le dijo al empresario que pagara las facturas, dijeron las fuentes. El 8 de diciembre, Stoffel y Wemple fueron atacados cuando volvían a Bagdad con su intérprete iraquí.
Los agresores robaron el ordenador de Stoffel. Una semana más tarde un video con fotografías y documentos de Stoffel y Wemple fueron publicados en una página de internet que es usada frecuentemente por grupos rebeldes. Un grupo que se autodenomina las Brigadas de la Yigas Islámica reclamó responsabilidad por los asesinatos. Expertos en terrorismo no conocían a este grupo previamente.
La oportunidad y los inusuales detalles sobre los asesinatos despertaron sospechas en Estados Unidos y en Iraq de que el video era un truco para encubrir el asesinato.
"El video era muy raro", dijo Evan Kohlam, un consultor de terrorismo que estudió el video.
"No mostraba los cuerpos ni el asesinato mismo, sino sólo fotos, documentos y materiales retirados de los cuerpos. Es ciertamente posible que alguien [no los rebeldes] hayan montado el video".
El capitán del Ejército Steve Álvarez, un portavoz estadounidense, reconoció que Clements había hablado con Stoffel, pero negó que Stoffel haya mencionado el tema de la corrupción durante sus conversaciones.
En lugar de eso, dijo que Stoffel se había quejado de las "dificultades que estaba teniendo en obtener los fondos iniciales" para equipar a la brigada motorizada. Clements rechazó ser entrevistado sobre el asunto.
"En realidad no tenemos mucho más que decir", escribió Álvarez en respuesta a una pregunta del Times. Refirió otras preguntas al ministerio de Defensa iraquí.
Nick Hutchinson, asesor estadounidense del ministerio de Defensa que también se reunió con Stoffel no respondió a nuestras peticiones de que comentara este caso.
Un portavoz del ministerio de Defensa iraquí coordinó una entrevista con un importante funcionario de Defensa, pero luego prohibió al periodista hacer preguntas sobre el contrato, diciendo que era demasiado "peligroso".
El empresario libanés no fue localizado.Stoffel había estado activo en el negocio de armas durante mucho tiempo. Al menos desde mediados de los años noventa trabajó con funcionarios de la inteligencia norteamericana para conseguir armamento enemigo para permitir que los militares estadounidenses estudiaran e hicieran pruebas con los artefactos, de acuerdo a documentos del contrato obtenidos por Times.
Como parte de su trabajo Stoffel había establecido contactos en toda Europa del Este, especialmente en Ucrania y Bulgaria. Compró armas incluyendo misiles tierra-aire y sistemas anti-aéreos, muestran los documentos.
Tras la invasión de Iraq en marzo de 2003, Stoffel fue a Bagdad a explorar las oportunidades de negocios que permitía el proyecto de reconstrucción iraquí del Pentágono de varios billones de dólares.
Se preocupó sobre la posible corrupción en el proceso de contratación norteamericano y comunicó sus sospechas a investigadores estadounidenses en la primavera de 2004.
Un funcionario estadounidense dijo que las denuncias de Stoffel estaban siendo investigadas.
Miller y Silverstein informaron desde Washington y McDonnell desde Baghdad.
21 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Dale Stoffel, 43, fue asesinado a balazos el 8 de diciembre poco después de salir de una base militar iraquí al norte de Bagdad, un ataque atribuido en la época a insurgentes iraquíes. También fue asesinado su colega, Joseph Wemple, de 49 años.
Los asesinatos ocurrieron después de que Stoffel advirtiera a importantes funcionarios estadounidenses en Washington que creía que funcionarios del ministerio de Defensa iraquí estaban involucrados en una trama para cobrar sobornos por un contrato de varios millones de dólares asignado a su compañía, la Wye Oak Technology, para reparar viejos equipos militares iraquíes.
El FBI ha iniciado una investigación de los asesinatos y si pueden haber sido provocados por las denuncias de Stoffel, de acuerdo a personas familiarizadas con las pesquisas. El FBI se negó a hacer comentarios.
Stoffel, de Monongahela, Pensilvania, hizo sus acusaciones en una carta del 3 de diciembre dirigida a un importante funcionario del Pentágono y en una reunión con asesores del senador Rick Santorum (republicano, Pensilvania). Poco después, Stoffel fue llamado a presentarse a la base militar de Taji en Iraq por funcionarios militares de la coalición para discutir sus preocupaciones sobre el contrato. Se quejó de problemas de pago con un misterioso empresario libanés designado por los iraquíes como un intermediario, dijeron las fuentes.
Cuando Stoffel, Wemple y un intérprete iraquí salieron de la base de Taji en coche el 8 de diciembre, otro vehículo les embistió de frente. Dos enmascarados descendieron y ejecutaron a los dos norteamericanos con una ráfaga de balas, de acuerdo a informes de esa época. El intérprete escapó y se encuentra desaparecido.
La muerte de Stoffel ha provocado nuevas preocupaciones sobre la integridad del proyecto de reconstrucción de Iraq, que ha estado plagado de acusaciones de corrupción y de favoritismo casi desde sus inicios.
Un funcionario norteamericano dijo que los problemas de corrupción en los que se hallan implicado intermediarios y sobornos se han extendido cada vez más a medida que los iraquíes empezaron a ejercer más control sobre el proceso de contratación.
El asesinato de Stoffel llamó la atención de investigadores no sólo debido a sus denuncias sino también debido a su pasado misterioso y controvertido. Stoffel trabajó en los años noventa en un proyecto norteamericano secreto para comprar armas rusas, chinas y de otros países para ser probadas por militares estadounidenses, según se desprende de documentos y entrevistas.
El negocio de Stoffel en Iraq era el primer contrato de envergadura autorizado y financiado directamente por el gobierno iraquí para propósitos militares, y era crucial para el adiestramiento y equipamiento del Ejército iraquí, y era considerado un componente clave de la estrategia estadounidense para retirarse de Iraq.
El fracaso en detener la supuesta corrupción "sentará un precedente muy negativo para tratos subsecuentes con los militares iraquíes, dañará a las empresas estadounidenses que quieren hacer negocios de acuerdo a las leyes norteamericanas y será una fuente de bochorno y tensión política para el gobierno de Bush con respecto al proyecto en Iraq", dijo Stoffel en su carta al Pentágono, una copia de la cual fue conseguida por Times.
De acuerdo a la carta, la empresa de Stoffel, de Pensilvania, recibió el año pasado un contrato del ministerio de Defensa iraquí para ayudar a reparar sus anticuados equipos militares de la era soviética, en su mayor parte tanques T-55 y artillería. Wye Oak Technology entregó en noviembre algunos tanques reparados a la Primera Brigada Motorizada de Iraq.
Como parte del contrato funcionarios de alto rango del ministerio de Defensa exigieron que los pagos a Stoffel fueran procesados a través de un intermediario libanés designado por el ministerio, de acuerdo a la carta del 3 de diciembre.
En noviembre Stoffel trató de obtener un pago de 24.7 millones de dólares, enviando facturas directamente al ministerio de Defensa. El ministerio, a su vez, autorizó tres cheques diferentes, enviándolos al intermediario libanés para su "procesamiento", dijo gente familiarizada con el contrato.
El papel del intermediario era actuar como una especie de fideicomiso de la cuenta para transacciones comerciales, revisando las facturas y haciendo los pagos, dijeron las fuentes.
Pero el empresario no le envió el dinero y Stoffel se quejó a los funcionarios estadounidenses en Washington de que sospechaba que el verdadero papel del intermediario era desviar los pagos hacia funcionarios iraquíes para pagar comisiones ilegales, declaró gente familiarizada con el contrato.
En su carta al Pentágono también dijo que el intermediario estaba reteniendo los pagos en un intento de obligarlo a utilizar a subcontratistas relacionados con el intermediario y con funcionarios del ministerio de Defensa.
Stoffel trató sus preocupaciones con representantes del despacho de Santorum. Santorum, a su vez, escribió al ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld el 3 de diciembre pidiéndole que abordara el tema con el ministro de Defensa iraquí, Hazem Shaalan.
"Apreciaría un comentario sobre cómo puede ayudar el ministerio de Defensa" a Wye Oak Technology a obtener el pago de los servicios prestado, escribió Santorum.
Stoffel también se reunió con John A. Jack' Shaw, subsecretario de Defensa para la tecnología de seguridad internacional, cuya oficina supervisaba la venta de armas a Iraq. En una carta posterior, Stoffel instó a Shaw a exigir que una conocida firma de contabilidad fuera contratada para supervisar el contrato. Advirtió en su carta que el contrato de armas "ha sido presa... de corrupción e intereses creados".
Shaw fue retratado en reportajes de Times el año pasado después de ser investigado por un asunto no relacionado. Subsecuentemente fue retirado de su posición. Su despacho transmitió las quejas de Stoffel al ministerio del Ejército.
"Estamos estudiando el problema", dijo el teniente coronel del Ejército Joseph Yoswa, un portavoz del Pentágono.
Fuentes dijeron que las quejas de Stoffel llegaron al general de división británico David Clements. Clements, el subcomandante de la misión para adiestrar a las tropas iraquíes reunió a Stoffel, Wemple y el empresario libanés para solucionar el problema.
Clements citó a Stoffel a que viajara desde Estados Unidos a Iraq para una reunión en la base militar de Taji a principios de diciembre, dijeron varias fuentes.
Después de varios días de discusiones, Clements le dijo al empresario que pagara las facturas, dijeron las fuentes. El 8 de diciembre, Stoffel y Wemple fueron atacados cuando volvían a Bagdad con su intérprete iraquí.
Los agresores robaron el ordenador de Stoffel. Una semana más tarde un video con fotografías y documentos de Stoffel y Wemple fueron publicados en una página de internet que es usada frecuentemente por grupos rebeldes. Un grupo que se autodenomina las Brigadas de la Yigas Islámica reclamó responsabilidad por los asesinatos. Expertos en terrorismo no conocían a este grupo previamente.
La oportunidad y los inusuales detalles sobre los asesinatos despertaron sospechas en Estados Unidos y en Iraq de que el video era un truco para encubrir el asesinato.
"El video era muy raro", dijo Evan Kohlam, un consultor de terrorismo que estudió el video.
"No mostraba los cuerpos ni el asesinato mismo, sino sólo fotos, documentos y materiales retirados de los cuerpos. Es ciertamente posible que alguien [no los rebeldes] hayan montado el video".
El capitán del Ejército Steve Álvarez, un portavoz estadounidense, reconoció que Clements había hablado con Stoffel, pero negó que Stoffel haya mencionado el tema de la corrupción durante sus conversaciones.
En lugar de eso, dijo que Stoffel se había quejado de las "dificultades que estaba teniendo en obtener los fondos iniciales" para equipar a la brigada motorizada. Clements rechazó ser entrevistado sobre el asunto.
"En realidad no tenemos mucho más que decir", escribió Álvarez en respuesta a una pregunta del Times. Refirió otras preguntas al ministerio de Defensa iraquí.
Nick Hutchinson, asesor estadounidense del ministerio de Defensa que también se reunió con Stoffel no respondió a nuestras peticiones de que comentara este caso.
Un portavoz del ministerio de Defensa iraquí coordinó una entrevista con un importante funcionario de Defensa, pero luego prohibió al periodista hacer preguntas sobre el contrato, diciendo que era demasiado "peligroso".
El empresario libanés no fue localizado.Stoffel había estado activo en el negocio de armas durante mucho tiempo. Al menos desde mediados de los años noventa trabajó con funcionarios de la inteligencia norteamericana para conseguir armamento enemigo para permitir que los militares estadounidenses estudiaran e hicieran pruebas con los artefactos, de acuerdo a documentos del contrato obtenidos por Times.
Como parte de su trabajo Stoffel había establecido contactos en toda Europa del Este, especialmente en Ucrania y Bulgaria. Compró armas incluyendo misiles tierra-aire y sistemas anti-aéreos, muestran los documentos.
Tras la invasión de Iraq en marzo de 2003, Stoffel fue a Bagdad a explorar las oportunidades de negocios que permitía el proyecto de reconstrucción iraquí del Pentágono de varios billones de dólares.
Se preocupó sobre la posible corrupción en el proceso de contratación norteamericano y comunicó sus sospechas a investigadores estadounidenses en la primavera de 2004.
Un funcionario estadounidense dijo que las denuncias de Stoffel estaban siendo investigadas.
Miller y Silverstein informaron desde Washington y McDonnell desde Baghdad.
21 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
china ejecuta a asesino de niños
En medio de una ola de inmotivados ataques con cuchillo contra niños, las autoridades han ejecutado nuevamente a uno de los autores.
Pekín, China. Un hombre de 21 años que irrumpió en el dormitorio de una escuela el 25 de noviembre y apuñaló hasta la muerte a nueve niños chinos mientras dormían, fue ejecutado, declaró hoy el gobierno.
Yan Yanming fue ejecutado el martes en la provincia central de Henan, donde fue condenado de atacar a los niños en la ciudad de Ruzhou, informó la oficial la Agencia de Noticias Nueva China.
La madre de Yan lo entregó a la policía después de que intentara suicidarse el día tras el ataque, de acuerdo a informes anteriores.
Las autoridades no dieron a conocer el posible motivo del ataque.
El juicio y ejecución fueron inusualmente rápidos para tribunales chinos y pueden haber sido acelerados en un esfuerzo por tranquilizar a la opinión pública después de una serie de ataques con cuchillo en escuelas chinas.
En septiembre el campesino Yang Guozhu apuñaló a 28 niños en una guardería en la ciudad de Suzhou al este de China.
Una semana después la prensa china informó que un chofer de autobús, Jia Qingyou, de la oriental provincia china de Shandong, apuñaló con un cuchillo de cocina a 25 alumnos de una escuela primaria. Fue ejecutado en noviembre.
En agosto, un portero de 52 años usó un cuchillo de cocina para matar a un niño e hirió a 18 personas en un jardín infantil de Pekín. Se informó que el portero tenía un historial de trastorno mental.
21 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Pekín, China. Un hombre de 21 años que irrumpió en el dormitorio de una escuela el 25 de noviembre y apuñaló hasta la muerte a nueve niños chinos mientras dormían, fue ejecutado, declaró hoy el gobierno.Yan Yanming fue ejecutado el martes en la provincia central de Henan, donde fue condenado de atacar a los niños en la ciudad de Ruzhou, informó la oficial la Agencia de Noticias Nueva China.
La madre de Yan lo entregó a la policía después de que intentara suicidarse el día tras el ataque, de acuerdo a informes anteriores.
Las autoridades no dieron a conocer el posible motivo del ataque.
El juicio y ejecución fueron inusualmente rápidos para tribunales chinos y pueden haber sido acelerados en un esfuerzo por tranquilizar a la opinión pública después de una serie de ataques con cuchillo en escuelas chinas.
En septiembre el campesino Yang Guozhu apuñaló a 28 niños en una guardería en la ciudad de Suzhou al este de China.
Una semana después la prensa china informó que un chofer de autobús, Jia Qingyou, de la oriental provincia china de Shandong, apuñaló con un cuchillo de cocina a 25 alumnos de una escuela primaria. Fue ejecutado en noviembre.
En agosto, un portero de 52 años usó un cuchillo de cocina para matar a un niño e hirió a 18 personas en un jardín infantil de Pekín. Se informó que el portero tenía un historial de trastorno mental.
21 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
murió virgina mayo
Fallece Virginia Mayo, leyenda de Hollywood. A los 84 años murió la actriz que brilló en cintas como Los mejores años de nuestras vidas'. Figura del studio system de los años '40 y '50, su belleza llevó a que se la describiera como "prueba de que Dios existe". El mismo factor, sin embargo, impidió que se valorara su aporte a cintas clave de aquellos años.
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).
Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
Uno de los grandes dramas hollywoodenses de posguerra, Los mejores años de nuestras vidas', la mostró como desencantada esposa de un retornado de la II Guerra. Tres años después fue la mujer de James Cagney, rubia tonta y voluptuosa, en el soberbio thriller freudiano Alma negra' (White Heat, 1949).Estuvo a la altura de estos papeles, y hay quien dice que el Oscar la ignoró injustamente. Pero su gran belleza -"la prueba de que Dios existe", se decía de ella- nubló la consideración de las dotes actorales de Virginia Mayo, figura insigne del studio system.
Virginia Clara Jones -su verdadero nombre- murió el lunes, a los 84 años, en una casa de reposo de las afueras de Los Angeles. Según informó un amigo de la familia, el deceso fue ocasionado por un paro cardíaco, punto final de la larga neumonía que venía enfrentando.
Al conocerse el fallecimiento, uno de los aspectos que destacaron diarios y agencias fue precisamente la subvaloración de la intérprete en beneficio de la chica sexy.
"Quería ser bailarina"
Hija de un periodista, Virginia nació en Saint Louis, Missouri, en 1920. Su temprano interés en el espectáculo encontró acogida en la academia de talentos de una tía, que la seleccionó para figurar en obras locales.
De ahí saltó a los shows de variedades, con los que hizo sus primeras giras por EE.UU. En uno de ellos nació el nombre por el cual se la recuerda, tomado de un humorista que la acompañaba.
"Quería ser bailarina, pero terminé como actriz", recordaba hace pocos años. El tránsito se produjo a principios de los '40, cuando fue descubierta por Samuel Goldwyn, quien encargó para ella cursos de actuación y de dicción. Con papeles pequeños como el que tuvo en Jack London' (1943) -cuyo protagonista, Michael O'Shea, se convirtió en su esposo-, se la encasilló en géneros como la comedia y el musical, situándosela con frecuencia junto a estrellas como Dana Andrews, George Raft, Burt Lancaster, Kirk Douglas y el mencionado Cagney.
A las órdenes de cineastas como Howard Hawks, Jacques Tourneur, Raoul Walsh y William Wyler, su drama fue el de tantos intérpretes de la era dorada de Hollywood, de la cual fue un producto: con la etiqueta de bella y livianita', el interés en sus servicios decayó hacia fines de los '50.
En décadas posteriores apareció en series de TV como Con temple de acero' y en pequeños papeles en cintas de horror. Le sobreviven una hija y tres nietos.
20 de enero de 2005
©la tercera
nadie conoce a los candidatos
[Louise Roug] Los empleados de la comisión electoral de Mosul renunciaron en masa. Ahora tiene tres miembros. Y nadie conoce a los candidatos. Sus nombres no se publican por temor a las represalias.
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.
Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Mosul, Iraq. Una mañana hace poco un columna de vehículos blindados trajo aquí a soldados norteamericanos y albaneses para controlar el campo de aviación de Mosul.Pocas horas después, llegaron en un enjambre de helicópteros el embajador norteamericano John D. Negroponte y los más importantes jefes militares norteamericanos el general George W. Casey y el teniente general Thomas Metz para reunirse con funcionarios electorales iraquíes. Las presentaciones no tomaron mucho tiempo. La comisión que supervisa las elecciones en la tercera ciudad de Iraq se compone de dos personas.
Aunque los funcionarios norteamericanos insisten en que las elecciones se llevarán a cabo, hay importantes obstáculos por superar antes de la votación del 30 de enero. Mosul, con sus 1.8 millones de habitantes, se ha hecho tan volátil que los soldados norteamericanos que trabajan en proyectos comunitarios ya no tienen contacto con la población local.
En las calles de la ciudad no hay carteles ni octavillas de la campaña electoral, pero algunos panfletos amenazan con decapitar a los que vayan a votar.
Todo el personal de la comisión electoral renunció el mes pasado y el gobierno local tiene dos semanas para reclutar y adiestrar a los 800 empleados que necesita para atender a los colegios electorales en toda la provincia.
"Empezaremos de cero", dijo el mayor Tony Cruz del Batallón Asuntos Civiles 426. Mosul, considerada una ciudad modelo a principios de la ocupación norteamericana, se ha transformado en un importante campo de batalla de los rebeldes que quieren impedir la votación y los funcionarios norteamericanos determinados a que tenga lugar. La credibilidad de las elecciones se vería amenazada si la violencia impide que grandes números de votantes aquí y en la provincia vecina que incluye a Faluya se acerquen a las urnas.
Algunos habitantes ya han declarado que se quedarán en casa el día de las elecciones. "Para ser honesto, mi vida es más importante para mí que las elecciones", dijo Nabil Nurildin, un maestro de 28 años. "El gobierno no es capaz de proteger a los ciudadanos para que puedan votar en los locales de votación".
Los norteamericanos que dirigen 150.000 tropas en Iraq han prometido "acciones agresivas" para asegurar que las elecciones sigan adelante en las dos provincias de "gran importancia": Nineveh, que incluye a Mosul, y Al Anbar, su vecina.
Mosul, ubicada cerca de importantes reservas de petróleo, es la capital de la provincia de Nineveh, que tiene fronteras con Siria.
La ciudad misma está en el límite entre las áreas controladas por los kurdos en el norte y el resto del país, dominado por los árabes. Los musulmanes sunníes constituyen casi la mitad de la población de la ciudad.
Hace poco los insurgentes lanzaron ataques desde mezquitas de Mosul. Tres importantes políticos kurdos fueron asesinados el jueves al ser atacados desde un coche en movimiento, y un soldado norteamericano murió en otro incidente.
La violencia ha escalado desde el asesinato del gobernador de la provincia en julio. Después de una importante batalla en Faluya en noviembre, los jefes norteamericanos dicen que los rebeldes buscaron refugio en Bagdad y en Mosul.
Ese mes hubo revueltas en Mosul, y en sitios claves, incluyendo una comisaría de policía, fueron atacados. Desertaron miles de agentes de la policía iraquí.
En diciembre pasado un terrorista suicida mató a 15 soldados norteamericanos y siete agentes de la policía iraquí en el comedor de una base militar cerca de aquí. El ataque fue el más mortífero hasta el momento contra una instalación norteamericana en Iraq.
Los jefes militares norteamericanos, que han estado tratando de "conquistar los corazones y la mente" aquí, han sufrido un serio revés la semana pasada cuando un avión de guerra estadounidense bombardeó por error una casa en Aitha, a unos 50 kilómetros al sur de Mosul, matando al menos a 14 personas. El incidente dio fuego a sentimientos anti-norteamericanos.
El año pasado, la unidad de asuntos civiles empleó a unos 20 intérpretes de la localidad. Pero después de amenazas de muerte, sólo quedan cinco.
Algunos soldados dicen que los ataques contra ellos han disminuido ligeramente en las últimas dos semanas. En diciembre pasado, militares norteamericanos capturaron a dos personas a los que identificaron como miembros de la red del militante jordano Abu Musab Zarqawi. Los hombres habían estado dirigiendo los atentados en la ciudad, dijeron oficiales militares.
El general de división Carter Ham, comandante del Destacamento Especial Olympia en Mosul, se ha referido a los dos funcionarios locales de la comisión electoral, Khaled Kazer y Ahmed Ali, como la gente más importante en la provincia porque coordinarán la contratación de personal para la votación y supervisarán las elecciones.
En la reunión en el aeropuerto, Kazer y Ali, antiguos soldados en la veintena, hablaron largamente con los generales y funcionarios norteamericanos. A partir de hoy, la prensa local publicará anuncios llamando a votar y anuncios de reclutamiento de empleados para la comisión electoral, dijo Kazer, cuya esposa también participa en el proyecto electoral.
Kazer mostró un folleto con fotocopias de carteles que estaban circulando en Mosul. "Votando mejoras tu futuro", decía uno. Otro declaraba: "Una voz es más rica que el oro".
Cruz, el oficial de asuntos civiles y asesor financiero de West Hills, dijo que muchos habitantes aquí no sabían demasiado sobre la votación, en la que los votantes elegirán a listas de candidatos para un parlamento nacional que a su vez elegirá al presidente y primer ministro.
"Un montón de gente aquí piensa que están votando por un presidente", dijo.
Abdul Wahid Khalil, 25, dijo que no conocía las listas ni los candidatos, pero debido a que los clérigos habían llamado a los chiíes a participar, él votaría incluso "si me cuesta la vida".
Pero Nurildin, un árabe sunní, se mostró escéptico. "Supe algo sobre algunos candidatos a través de los medios en Bagdad, pero no en Mosul, y no creo que haya elecciones en Mosul porque todavía no he visto ningún cartel, panfleto ni siquiera entrevistas, como está pasando en otras provincias".
En noviembre, los rebeldes quemaron materiales para la inscripción de votantes que se guardaban en una bodega. Pero llegarán nuevos suministros, dijo Cruz. "Mosul se ha transformado en el principal proyecto", dijo. "Habrá elecciones".
Duraid Kashmoula, gobernador de Nineveh, calcula que un 50 por ciento de los votantes de Mosul ya se han inscrito, y un 80 por ciento de los votantes de áreas circundantes participarán en las elecciones.
Kazer no es tan optimista, y calcula que la participación será de un 40 y 70 por ciento, respectivamente. Las predicciones, sin embargo, se basan en anécdotas.
"Incluso el gobernador que dice a la gente que todo marcha bien, está prejuiciado", dijo Cruz. "No hay modo de calcular esto".
Un grupo estadounidense, el Instituto Internacional Republicano, ha realizado varios sondeos sobre qué piensan los iraquíes sobre su futuro, pero en su último sondeo excluyeron a Mosul por razones de seguridad.
"Debido a que somos una de las peores provincias, será fácil arrojar la toalla", dijo Cruz. Pero "si las elecciones fracasan, la misión de la coalición habrá fracasado".
Una noche hace poco, hacia las diez, Cruz, Kazer y Ali estaban en un edificio que perteneció alguna vez a Uday Hussein, el hijo de Saddam Hussein. En la mesa había un mapa extendido de la provincia. El trío parecía cansado.
Entonces sonó el celular de Kazer. Era un amigo, diciendo que quería trabajar en la comisión electoral. Kazer sonrió radiante. La comisión tenía ahora tres miembros.
Roaa Ahmed contribuyó a este reportaje.
15 de enero de 2005
17 de enero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
RECONSTRUYENDO UN AFGANISTÁN ARRUINADO - john daniszewski
Afganistán comienza a renacer. La ayuda internacional hace posible que las niñas vuelvan a la escuela que les había sido prohibida por los talibanes.
Karabaq, Afganistán. La meseta de Shomali al norte de la capital afgana, una meseta de 65 kilómetros de ancho y cruzada por antiguos canales de irrigación que llevan el agua de los congelados picos arriba, es una zona legendaria por sus exuberantes viñedos y generosos huertos.
Pero durante los años de los talibanes, la región fue destruida sistemáticamente -sus aldeas fueron quemadas; sus huertos talados; sus sistemas de irrigación, dinamitados- en una campaña de limpieza étnica' con que los extremistas religiosos fundamentalmente pushtún del régimen talibán atacaron al medio millón de habitantes tajik y hazara de la meseta.
Cuando los talibanes fueron expulsados en diciembre de 2001, sólo quedaban pueblos fantasmas. El camino hacia Kabul ofrecía todo un paisaje de tanques destruidos, puentes rotos y casas en ruinas, la meseta misma un uniforme marrón polvoriento regado de tocones de árboles.
Visitar la meseta de Shomali es hoy todo un contraste. Las aldeas han vuelto a la vida. Los refugiados que huyeron de los talibanes han vuelto desde Pakistán e Irán para reconstruir sus casas, cavar nuevos pozos y embalses de agua; los mercados rebosan de ovejas y cabras y pilas de frutas, y los niños van a la escuela.
Afganistán enfrenta todavía severos problemas, y en algunos aspectos -especialmente en la producción de droga y la re-emergencia de fuerzas anti-norteamericanas a lo largo del cinturón de la frontera sur- se está volviendo peor. Pero en tres años de relativa estabilidad, la reconstrucción y el desarrollo han adquirido ímpetu, como demuestra la renovación y el mejoramiento de la vida en lugares tales como la meseta de Shomali.
Muy a menudo en estos días, las imágenes de Afganistán pueden mezclarse con las espantosas noticias que provienen de Iraq, el otro país invadido por Estados Unidos en la guerra declarada por el gobierno contra el terrorismo. Pero no es lo mismo.
Cansado y empobrecido por décadas de guerra civil, el pueblo de Afganistán ha estado en general mucho más dispuesto que los iraquíes a aceptar una intervención extranjera en su país, viéndola como una misión de ayuda de amplio apoyo internacional más bien que como una ocupación para hacerse con el petróleo.
Mientras Iraq se ha hundido en un sangriento caos, con coches-bomba y atentados suicidas casi a diario y casi 1.1000 militares norteamericanos y un estimado de 20.000 iraquíes muertos desde marzo de 2003, Afganistán no ha sufrido trastornos similares. Desde octubre de 2001, han muerto en Afganistán unos 140 militares norteamericanos y cerca de 1.000 personas, según se estima, en operaciones militares este año.
Por supuesto, Afganistán tiene todavía mucho camino por recorrer. El alcance del gobierno central del presidente interino Hamid Karzai es limitado. El cultivo de opio -prohibido por los talibanes- ha vuelto a emerger, enviándose grandes cantidades de heroína a Europa a través de Irán y Asia Central y obteniendo el año pasado beneficios de unos 2.3 billones de dólares para los señores de la guerra del país. Los talibanes, una floja alianza con una milicia leal al señor de la guerra Gulbuddin Hekmatyar, se ha reorganizado y está acosando a los militares norteamericanos y a grupos de ayuda occidentales que trabajan en el sur y este del país.
En todo el país, un país donde la esperanza de vida es apenas de 43 años, la ausencia de infraestructura y de acceso a agua potable y servicios médicos se cobran un alto peaje de vidas de bebés y madres. Y una sequía ha arruinado la agricultura.
Sin embargo, en parte debido a los 1.3 billones de ayuda proporcionada por Estados Unidos y otros donantes internacionales, y en parte a la entrega de los cooperantes que desafían los ataques y a veces arriesgan la vida en su dedicación para proteger al país, pero en su mayor parte debido al trabajo de los afganos mismos, el país comienza a renacer en gran parte del territorio.
El sistema nacional de carreteras está siendo renovado y se ha completado el primer tramo de casi 500 kilómetros entre Kabul y la sureña ciudad de Kandahar, reduciendo un viaje de tres días, a uno de seis o siete horas. Se está construyendo un tramo en un anillo de carreteras en el escarpado país del tamaño de Tejas, con financiamiento norteamericano, desde Kandahar a Herat al oeste. Entretanto, los donantes de Europa y Asia están reparando las carreteras del norte.
Se han instalado dos redes de teléfono móviles, haciendo posible la comunicación dentro y entre las principales ciudades del país. El gobierno local está comenzando a funcionar. Incluso aunque la mortalidad infantil sigue estando entre las más altas del mundo, de acuerdo a Naciones Unidas ha comenzado a declinar.
Recientemente, el país logró realizar sus primeras elecciones presidenciales. El conteo ya comenzó, pero se espera que resulte en un mandato popular para Karzai y fortalezca el poder del gobierno central a la hora de resolver problemas nacionales.
"Si continúa este ritmo, seremos algún día un país próspero", dijo Khan Jan, 50, un lisiado de guerra afgano, sentado en una estera en una sencilla casa de ladrillos de adobe construida aquí para él por Care International, una agencia de ayuda que opera en todo el país y especialmente en la meseta de Shomali, donde ha proporcionado viviendas a 87.000 personas en los dos últimos años.
"Lo haremos nosotros mismos", dijo Jan. "Espero ansioso el día que Afganistán sea capaz de ayudar a otros países, y no ser solamente un receptor de ayuda".
Ese tipo de optimismo es difícil de encontrar en Iraq. Los trabajadores extranjeros en Bagdad y en muchas otras regiones de ese país no pueden movilizarse libremente por temor a ser atacados o secuestrados y se aventuran rara vez en las calles de la capital o a viajar en las áreas musulmanas chiíes y sunníes sin una escolta armada. La posibilidad de un ataque ha paralizado los proyectos de reconstrucción, haciendo imposible desembolsar los billones de dólares de ayuda asignados por el Congreso estadounidense.
Afganistán es una historia diferente. La inseguridad es una preocupación para los extranjeros en muchas áreas, y ha habido un aumento de los ataques, pero la situación es mucho menos grave que en Iraq.
En Kabul central, por ejemplo, es común ver a extranjeros haciendo las compras o en restaurantes, sin escoltas, y las patrullas militares de las Fuerzas Internacionales para la Estabilización de Afganistán [International Security Assistance Force ISAF], respaldadas por la OTAN se mueven libremente y son rara vez atacadas. Aunque hay mucho menos dinero extranjero destinado a Afganistán (en comparación con Iraq), desembolsarlo es mucho más fácil a través de la red de organizaciones de ayuda no-gubernamentales que ha estado largo tiempo activas en el país, incluso durante los días de los talibanes y la guerra civil que estalló tras la ocupación soviética.
La comunidad de cooperantes ha sufrido algunos reveses. El grupo de Médicos Sin Fronteras se retiró de Afganistán en julio -después de que cinco de sus colaboradores fueran asesinados en junio al noroeste del país- acusando a las autoridades de no querer detener a los autores. (Los talibanes reclamaron responsabilidad por los asesinatos).
Paul Barker, el director norteamericano de Care International en Afganistán, dijo que en el último año y medio ha habido 400 ataques contra los grupos de ayuda extranjeros y su personal, con sólo un juicio. A pesar de esta "cultura de la impunidad", dijo, la mayoría de los grupos de ayuda se han negado a dejar el país.
"La opinión general es que esta es la mejor posibilidad para Afganistán en casi tres décadas, y si podemos evitarlo, no abandonaremos el país ahora", dijo Barker.
Patrick Fine, el recientemente llegado director de la Agencia para el Desarrollo Internacional norteamericana [U.S. Agency for International Development AID] en Kabul dijo que estaba sorprendido de los avances hechos por el país. Señaló que la ayuda extranjera a gran escala no empezó sino hasta mediados de 2002, de modo que la mayor parte del progreso ocurrió en solo dos años.
Lo más extraordinario, dijo, era el avance en la educación, con un aumento de la población escolar de 450.000 a 4.8 millones de alumnos, un 40 por ciento de los cuales son niñas, cuyo acceso a la educación había sido prohibido por los talibanes.
Es, dijo, "probablemente el crecimiento más rápido de un sistema nacional de educación en la historia del mundo".
En una reciente visita a Logari, una aldea en el distrito de Karabaq, a unos 45 minutos al norte de Kabul, los habitantes observaron con excitación a los trabajadores que terminaban un embalse de agua del tamaño de una piscina, cercándolo de rocas traídas de las montañas a ambos lados de la meseta.
Un viejo aldeano explicó que el agua bombeada de un profundo pozo excavado recientemente en el pueblo podría ser almacenada ahí. Evitaría el despilfarro y proporcionaría suficiente agua para que no necesitara recambios más que cada tres días. Los derrames se podrían usar para regar, dijo.
Es un proyecto relativamente pequeño, pero constituye una importante mejora para la gente de Logari, todos ellos refugiados retornados hace poco. Se han construido decenas de casas de dos pisos de ladrillos de adobe, levantadas con financiamiento y materiales de Care International con un coste para la organización de unos 500 dólares por cada vivienda.
"Estamos contentos", dijo el patriarca, Aji Mohammed Qalan, 63. "Cuando volvimos después de que fueran los talibanes, no vivía aquí nadie y no había nada. Ahora la vida vuelve a renacer".
Un área menos afortunada fue el Distrito 5, de Istalif, a unas 25 kilómetros de Logari. Allí, los habitantes dijeron que todavía estaban esperando ayuda, que la mayoría de sus niños estaban enfermos por beber aguas contaminadas, que las vides no crecían sin pesticidas ni agua, y que necesitaban que se reparase el camino de modo que los hombres pudieran obtener trabajos más fácilmente en Kabul.
"Los señores de la guerra y los comandantes se lo llevan todo", se quejó un hombre, Aghrdash Sayed Akram, en su cuarto adornado con alfombras y una vieja escopeta de caza en la pared. "Para nosotros los pobres, no hay nada".
Pero incluso él no abandona la esperanza. "Nos desilusiona y deprime que no nos hayan dado nada -pero no podemos decir que los últimos tres años fueran malos", dijo Akram. "Estamos contentos que haber vuelto y estar liberados de los talibanes y terroristas".
18 de octubre de 2004
22 de octubre de 2004
©los angeles times
traducción mQh
Pero durante los años de los talibanes, la región fue destruida sistemáticamente -sus aldeas fueron quemadas; sus huertos talados; sus sistemas de irrigación, dinamitados- en una campaña de limpieza étnica' con que los extremistas religiosos fundamentalmente pushtún del régimen talibán atacaron al medio millón de habitantes tajik y hazara de la meseta.
Cuando los talibanes fueron expulsados en diciembre de 2001, sólo quedaban pueblos fantasmas. El camino hacia Kabul ofrecía todo un paisaje de tanques destruidos, puentes rotos y casas en ruinas, la meseta misma un uniforme marrón polvoriento regado de tocones de árboles.
Visitar la meseta de Shomali es hoy todo un contraste. Las aldeas han vuelto a la vida. Los refugiados que huyeron de los talibanes han vuelto desde Pakistán e Irán para reconstruir sus casas, cavar nuevos pozos y embalses de agua; los mercados rebosan de ovejas y cabras y pilas de frutas, y los niños van a la escuela.
Afganistán enfrenta todavía severos problemas, y en algunos aspectos -especialmente en la producción de droga y la re-emergencia de fuerzas anti-norteamericanas a lo largo del cinturón de la frontera sur- se está volviendo peor. Pero en tres años de relativa estabilidad, la reconstrucción y el desarrollo han adquirido ímpetu, como demuestra la renovación y el mejoramiento de la vida en lugares tales como la meseta de Shomali.
Muy a menudo en estos días, las imágenes de Afganistán pueden mezclarse con las espantosas noticias que provienen de Iraq, el otro país invadido por Estados Unidos en la guerra declarada por el gobierno contra el terrorismo. Pero no es lo mismo.
Cansado y empobrecido por décadas de guerra civil, el pueblo de Afganistán ha estado en general mucho más dispuesto que los iraquíes a aceptar una intervención extranjera en su país, viéndola como una misión de ayuda de amplio apoyo internacional más bien que como una ocupación para hacerse con el petróleo.
Mientras Iraq se ha hundido en un sangriento caos, con coches-bomba y atentados suicidas casi a diario y casi 1.1000 militares norteamericanos y un estimado de 20.000 iraquíes muertos desde marzo de 2003, Afganistán no ha sufrido trastornos similares. Desde octubre de 2001, han muerto en Afganistán unos 140 militares norteamericanos y cerca de 1.000 personas, según se estima, en operaciones militares este año.
Por supuesto, Afganistán tiene todavía mucho camino por recorrer. El alcance del gobierno central del presidente interino Hamid Karzai es limitado. El cultivo de opio -prohibido por los talibanes- ha vuelto a emerger, enviándose grandes cantidades de heroína a Europa a través de Irán y Asia Central y obteniendo el año pasado beneficios de unos 2.3 billones de dólares para los señores de la guerra del país. Los talibanes, una floja alianza con una milicia leal al señor de la guerra Gulbuddin Hekmatyar, se ha reorganizado y está acosando a los militares norteamericanos y a grupos de ayuda occidentales que trabajan en el sur y este del país.
En todo el país, un país donde la esperanza de vida es apenas de 43 años, la ausencia de infraestructura y de acceso a agua potable y servicios médicos se cobran un alto peaje de vidas de bebés y madres. Y una sequía ha arruinado la agricultura.
Sin embargo, en parte debido a los 1.3 billones de ayuda proporcionada por Estados Unidos y otros donantes internacionales, y en parte a la entrega de los cooperantes que desafían los ataques y a veces arriesgan la vida en su dedicación para proteger al país, pero en su mayor parte debido al trabajo de los afganos mismos, el país comienza a renacer en gran parte del territorio.
El sistema nacional de carreteras está siendo renovado y se ha completado el primer tramo de casi 500 kilómetros entre Kabul y la sureña ciudad de Kandahar, reduciendo un viaje de tres días, a uno de seis o siete horas. Se está construyendo un tramo en un anillo de carreteras en el escarpado país del tamaño de Tejas, con financiamiento norteamericano, desde Kandahar a Herat al oeste. Entretanto, los donantes de Europa y Asia están reparando las carreteras del norte.
Se han instalado dos redes de teléfono móviles, haciendo posible la comunicación dentro y entre las principales ciudades del país. El gobierno local está comenzando a funcionar. Incluso aunque la mortalidad infantil sigue estando entre las más altas del mundo, de acuerdo a Naciones Unidas ha comenzado a declinar.
Recientemente, el país logró realizar sus primeras elecciones presidenciales. El conteo ya comenzó, pero se espera que resulte en un mandato popular para Karzai y fortalezca el poder del gobierno central a la hora de resolver problemas nacionales.
"Si continúa este ritmo, seremos algún día un país próspero", dijo Khan Jan, 50, un lisiado de guerra afgano, sentado en una estera en una sencilla casa de ladrillos de adobe construida aquí para él por Care International, una agencia de ayuda que opera en todo el país y especialmente en la meseta de Shomali, donde ha proporcionado viviendas a 87.000 personas en los dos últimos años.
"Lo haremos nosotros mismos", dijo Jan. "Espero ansioso el día que Afganistán sea capaz de ayudar a otros países, y no ser solamente un receptor de ayuda".
Ese tipo de optimismo es difícil de encontrar en Iraq. Los trabajadores extranjeros en Bagdad y en muchas otras regiones de ese país no pueden movilizarse libremente por temor a ser atacados o secuestrados y se aventuran rara vez en las calles de la capital o a viajar en las áreas musulmanas chiíes y sunníes sin una escolta armada. La posibilidad de un ataque ha paralizado los proyectos de reconstrucción, haciendo imposible desembolsar los billones de dólares de ayuda asignados por el Congreso estadounidense.
Afganistán es una historia diferente. La inseguridad es una preocupación para los extranjeros en muchas áreas, y ha habido un aumento de los ataques, pero la situación es mucho menos grave que en Iraq.
En Kabul central, por ejemplo, es común ver a extranjeros haciendo las compras o en restaurantes, sin escoltas, y las patrullas militares de las Fuerzas Internacionales para la Estabilización de Afganistán [International Security Assistance Force ISAF], respaldadas por la OTAN se mueven libremente y son rara vez atacadas. Aunque hay mucho menos dinero extranjero destinado a Afganistán (en comparación con Iraq), desembolsarlo es mucho más fácil a través de la red de organizaciones de ayuda no-gubernamentales que ha estado largo tiempo activas en el país, incluso durante los días de los talibanes y la guerra civil que estalló tras la ocupación soviética.
La comunidad de cooperantes ha sufrido algunos reveses. El grupo de Médicos Sin Fronteras se retiró de Afganistán en julio -después de que cinco de sus colaboradores fueran asesinados en junio al noroeste del país- acusando a las autoridades de no querer detener a los autores. (Los talibanes reclamaron responsabilidad por los asesinatos).
Paul Barker, el director norteamericano de Care International en Afganistán, dijo que en el último año y medio ha habido 400 ataques contra los grupos de ayuda extranjeros y su personal, con sólo un juicio. A pesar de esta "cultura de la impunidad", dijo, la mayoría de los grupos de ayuda se han negado a dejar el país.
"La opinión general es que esta es la mejor posibilidad para Afganistán en casi tres décadas, y si podemos evitarlo, no abandonaremos el país ahora", dijo Barker.
Patrick Fine, el recientemente llegado director de la Agencia para el Desarrollo Internacional norteamericana [U.S. Agency for International Development AID] en Kabul dijo que estaba sorprendido de los avances hechos por el país. Señaló que la ayuda extranjera a gran escala no empezó sino hasta mediados de 2002, de modo que la mayor parte del progreso ocurrió en solo dos años.
Lo más extraordinario, dijo, era el avance en la educación, con un aumento de la población escolar de 450.000 a 4.8 millones de alumnos, un 40 por ciento de los cuales son niñas, cuyo acceso a la educación había sido prohibido por los talibanes.
Es, dijo, "probablemente el crecimiento más rápido de un sistema nacional de educación en la historia del mundo".
En una reciente visita a Logari, una aldea en el distrito de Karabaq, a unos 45 minutos al norte de Kabul, los habitantes observaron con excitación a los trabajadores que terminaban un embalse de agua del tamaño de una piscina, cercándolo de rocas traídas de las montañas a ambos lados de la meseta.
Un viejo aldeano explicó que el agua bombeada de un profundo pozo excavado recientemente en el pueblo podría ser almacenada ahí. Evitaría el despilfarro y proporcionaría suficiente agua para que no necesitara recambios más que cada tres días. Los derrames se podrían usar para regar, dijo.
Es un proyecto relativamente pequeño, pero constituye una importante mejora para la gente de Logari, todos ellos refugiados retornados hace poco. Se han construido decenas de casas de dos pisos de ladrillos de adobe, levantadas con financiamiento y materiales de Care International con un coste para la organización de unos 500 dólares por cada vivienda.
"Estamos contentos", dijo el patriarca, Aji Mohammed Qalan, 63. "Cuando volvimos después de que fueran los talibanes, no vivía aquí nadie y no había nada. Ahora la vida vuelve a renacer".
Un área menos afortunada fue el Distrito 5, de Istalif, a unas 25 kilómetros de Logari. Allí, los habitantes dijeron que todavía estaban esperando ayuda, que la mayoría de sus niños estaban enfermos por beber aguas contaminadas, que las vides no crecían sin pesticidas ni agua, y que necesitaban que se reparase el camino de modo que los hombres pudieran obtener trabajos más fácilmente en Kabul.
"Los señores de la guerra y los comandantes se lo llevan todo", se quejó un hombre, Aghrdash Sayed Akram, en su cuarto adornado con alfombras y una vieja escopeta de caza en la pared. "Para nosotros los pobres, no hay nada".
Pero incluso él no abandona la esperanza. "Nos desilusiona y deprime que no nos hayan dado nada -pero no podemos decir que los últimos tres años fueran malos", dijo Akram. "Estamos contentos que haber vuelto y estar liberados de los talibanes y terroristas".
18 de octubre de 2004
22 de octubre de 2004
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traducción mQh
ELECCIONES AFGANAS: UNA BATALLA ENTRE LO MODERNO Y LO TRADICIONAL - pamela constable
Las inminentes elecciones presidenciales en Afganistán oponen a tradicionalistas y partidarios de reformas democráticas más orientados hacia el Occidente. Pero a veces es difícil discernir las diferencias.
Sinzari, Afganistán. Más de mil hombres curtidos y con turbantes se reunieron el viernes en una cavernosa mezquita de una aldea para un mitin de la campaña presidencial. Ya no portaban rifles, y algunos habían incluso llevado a sus pequeños hijos. Pero la asamblea de mujahedines, antiguos combatientes anti-soviéticos, chisporroteaban con el esprit de corps.
Los veteranos eran todos pashtunes étnicos, y el mitin fue realizado en la provincia de Kandahar, el centro de la cultura pashtún afgana y lugar de nacimiento del presidente Hamid Karzai, que proviene de una importante tribu pashtún y ha estado cortejando los votos pashtún en su puja para ser elegido presidente este sábado.
Pero estos rudos ex-combatientes habían llegado para mostrar a apoyo a otro: Yonus Qanooni, el antiguo ministro del Interior y Educación y un tajik étnico, que es el principal rival de Karzai. Para ellos, la afiliación tribal de los candidatos importaba mucho menos que sus credenciales como mujahedines y defensores del islam.
"Todos hemos hecho enormes sacrificios, y todos perdimos hermanos y padres en la lucha por nuestro país", dijo Asadullah, un campesino de la muchedumbre. "Todos queremos un presidente que sea un verdadero mujahedín, de modo que proteja nuestros derechos. Somos una sola tribu y un solo país. No nos gusta Karzai. Queremos a Qanooni".
A sólo días de las primeras elecciones presidenciales en la historia de Afganistán, los analistas aquí predicen que Karzai, 47, recogerá la mayor parte de los votos. Sigue siendo de lejos el más conocido de los otros 18 candidatos en la carrera, es ampliamente considerado el candidato de los norteamericanos y tiene el poder y las ventajas de ser el jefe de gobierno.
Pero las inesperadas incursiones de Qanooni incluso en la región natal de Karzai en el sur de Afganistán, hacen cada vez más probable que Karzai no logre ganar más del 50 por ciento de los votos. Esto haría necesaria unas caras consultas de segunda vuelta cuya preparación podría tomar varios meses, dejando al país en un estado de ansiedad y a la deriva política.
Además, la popularidad de Qanooni entre algunos mujahedines pashtún sugiere que la carrera puede transcurrir a lo largo de otras líneas que las étnicas, como se ha pronosticado ampliamente, y transformarse en una contienda entre dos visiones opuestas de la sociedad afgana: una modera y orientada hacia el Occidente, y otra que sustenta los valores musulmanes tradicionales.
En la ciudad de Kandahar, los ayudantes de la campaña de Karzai están seguros de su triunfo en las urnas. Ahmad Wali Karzai, uno de los hermanos del presidente y adinerado vecino de Kandahar, ha estado recibiendo a un constante flujo de líderes tribales pashtún de todo el sur que prometen el apoyo de sus comunidades el día de las elecciones.
"Noventa y nueve por ciento de los jefes provinciales nos han asegurado que votarán al presidente", dijo Karzai. "No veo a ningún rival serio en ninguna de las seis provincias. Llegan a ofrecernos sus votos desde todos las jurisdicciones. Y el canal local de televisión por cable nos ha dado dos canales que podemos usar libremente las 24 horas del día para emitir nuestros mensajes de campaña".
Karzai sugirió que el apoyo local con que cuenta Qanooni se limitaba a un pequeño número de ex comandantes de la milicia -principalmente de una tribu pashtún, la alokozai-, los que, según dijo, se oponen al plan del gobierno de desarmar y desmovilizar a las milicias en el país.
"Están contra el plan, porque quieren seguir en activo con sus armas y tropas", dijo. Se quejó de que los agentes al mando del jefe de policía de la ciudad, un partidario de Qanooni, han descolgado miles de carteles de la campaña de Karzai.
También ha habido informes de que los comandantes de las milicias han retirado algunas armas pesadas de Kandahar la semana pasada para evitar tener que entregarlas a las autoridades. Y dos nuevos sondeos electorales realizados por grupos internacionales constataron que la mayoría de los afganos encuestados, incluyendo los de Kandahar, están mucho más preocupados de las presiones o abusos de los comandantes militares de que la violencia terrorista el día de las elecciones.
Pero los críticos del gobierno, incluyendo a los asesores de campaña de varios de los otros candidatos y el representante local de la Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos se quejó de que los funcionarios regionales han estado promoviendo activamente la campaña electoral del presidente Karzai y presionando a la gente para voten por él.
En la ciudad de Kandahar y áreas circundantes, muchos habitantes dijeron que apoyaban a Karzai, al que describieron como un hombre honesto y justo, agregando que era un hijo de la región. Muchos parecen saber poco de los otros candidatos, incluyendo a Qanooni, lo que sugiere que Karzai podría ganar simplemente porque su nombre y su rostro suena familiar en la larga papeleta.
Pero la familiaridad no se traduce necesariamente en entusiasmo. El fin de semana pasado, un mitin organizado por Ahmad Wali Karzai con estudiantes en un pabellón de un parque en Kandahar fue decididamente anémico. Asistieron cerca de 200 personas que escucharon amablemente una serie de discursos, pero que rara vez aplaudieron.
En un minúsculo mercado en las afueras de la ciudad, un panadero dijo que votaría a Karzai porque "cuando él llegó, terminó la guerra". Pero un cliente que trabaja como oficinista del gobierno lo interrumpió ansiosamente para decir: "Yo estoy por Qanooni. Necesitamos un líder fuerte y un mujahedín. Karzai se la pasa en casa y no hace nada".
En efecto, mientras Qanooni, 43, cuya base es el valle de Panjshir en el norte de Iraq, ha hecho giras de campaña a Kandahar y la ciudad de Herat al oeste, Karzai es prisionero en su propia burbuja de su seguridad. Desde que comenzó la campaña, ha hecho más viajes al exterior que dentro de Afganistán, y se reúne con los ciudadanos sólo bajo condiciones muy limitadas.
El primer viaje de campaña del presidente fue cancelado cuando un misil impactó cerca de su helicóptero. Un viaje al norte de Afganistán, donde inauguró una nueva carretera, fue un desastre en relaciones públicas.
La visita estaba fuertemente controlada por militares norteamericanos y los guardaespaldas norteamericanos de Karzai. Cuando un grupo de invitados empujó hacia adelante, los guardias los alejaron a empujones y abofetearon a uno, que resultó ser el ministro de transportes.
El jueves, Karzai pagó una breve visita de campaña a la ciudad de Ghazni, a unos 120 kilómetros al sur de Kabul, la capital. Llegó y se marchó en helicóptero y en tierra estuvo custodiado por varios cientos de agentes de seguridad armados de rifles.
El presidente, que llamó a la multitud de varios miles de personas a "votar por la paz y la estabilidad", reprochó, según se informó, a sus guardias por tratar a alejar a las personas que se acercaban a darle los parabienes.
"En realidad, Karkai debería ser capaz de hacer la campaña en Bamiyan" en el norte y "Qanooni debería poder hacerla en Kandahar", dijo Fida Mahmad, jefe de campaña de Qanooni en Kandahar. "Todos los candidatos deberían poder viajar a cualquier parte. No queremos que el país se vuelva a dividir por el tribalismo y la guerra. La gente está cansada de las dictaduras. Tenemos algo nuevo que se llama democracia y dentro del marco del islam, y eso es lo que queremos".
En Sinzari, un polvoriento pueblo a 24 kilómetros al oeste de Kandahar, los soldados estaban ocupados colocando carteles de Qanooni convocando al mitin del viernes pasado, y convoys de vehículos motorizados transportaron a cientos de mujahedines. Contaron con orgullo la historia de ese particular fragmento de la carretera, donde las guerrillas afganas bloquearon y destruyeron cientos de tanques soviéticos en los años ochenta, y luego los cortaron en trozos para venderlos como chatarra.
El comandante militar local, que es conocido sólo bajo el nombre de Habibullah, estaba ocupado con las preparaciones del mitin y marcando las listas de las tribus que habían enviado representantes. Dijo que tenía una buena relación oficial con el gobierno central, pero apoyaba claramente a Qanooni, el muhajedín tajik de Pansjhir.
"Cuando era niño llevaba un Kalashnikov a la espalda. No quiero que mis hijos lleven armas", dijo, agregando que apoyaba el desarme de las milicias. Pero se quejó de que Karzai y muchos de sus colaboradores habían vivido en el exilio durante los años más duros y todavía conservaban sus pasaportes extranjeros. "Yo soy un ciudadano y tengo derecho a un voto", dijo. "Pero no será para Karzai".
6 de octubre de 2004
7 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
Los veteranos eran todos pashtunes étnicos, y el mitin fue realizado en la provincia de Kandahar, el centro de la cultura pashtún afgana y lugar de nacimiento del presidente Hamid Karzai, que proviene de una importante tribu pashtún y ha estado cortejando los votos pashtún en su puja para ser elegido presidente este sábado.
Pero estos rudos ex-combatientes habían llegado para mostrar a apoyo a otro: Yonus Qanooni, el antiguo ministro del Interior y Educación y un tajik étnico, que es el principal rival de Karzai. Para ellos, la afiliación tribal de los candidatos importaba mucho menos que sus credenciales como mujahedines y defensores del islam.
"Todos hemos hecho enormes sacrificios, y todos perdimos hermanos y padres en la lucha por nuestro país", dijo Asadullah, un campesino de la muchedumbre. "Todos queremos un presidente que sea un verdadero mujahedín, de modo que proteja nuestros derechos. Somos una sola tribu y un solo país. No nos gusta Karzai. Queremos a Qanooni".
A sólo días de las primeras elecciones presidenciales en la historia de Afganistán, los analistas aquí predicen que Karzai, 47, recogerá la mayor parte de los votos. Sigue siendo de lejos el más conocido de los otros 18 candidatos en la carrera, es ampliamente considerado el candidato de los norteamericanos y tiene el poder y las ventajas de ser el jefe de gobierno.
Pero las inesperadas incursiones de Qanooni incluso en la región natal de Karzai en el sur de Afganistán, hacen cada vez más probable que Karzai no logre ganar más del 50 por ciento de los votos. Esto haría necesaria unas caras consultas de segunda vuelta cuya preparación podría tomar varios meses, dejando al país en un estado de ansiedad y a la deriva política.
Además, la popularidad de Qanooni entre algunos mujahedines pashtún sugiere que la carrera puede transcurrir a lo largo de otras líneas que las étnicas, como se ha pronosticado ampliamente, y transformarse en una contienda entre dos visiones opuestas de la sociedad afgana: una modera y orientada hacia el Occidente, y otra que sustenta los valores musulmanes tradicionales.
En la ciudad de Kandahar, los ayudantes de la campaña de Karzai están seguros de su triunfo en las urnas. Ahmad Wali Karzai, uno de los hermanos del presidente y adinerado vecino de Kandahar, ha estado recibiendo a un constante flujo de líderes tribales pashtún de todo el sur que prometen el apoyo de sus comunidades el día de las elecciones.
"Noventa y nueve por ciento de los jefes provinciales nos han asegurado que votarán al presidente", dijo Karzai. "No veo a ningún rival serio en ninguna de las seis provincias. Llegan a ofrecernos sus votos desde todos las jurisdicciones. Y el canal local de televisión por cable nos ha dado dos canales que podemos usar libremente las 24 horas del día para emitir nuestros mensajes de campaña".
Karzai sugirió que el apoyo local con que cuenta Qanooni se limitaba a un pequeño número de ex comandantes de la milicia -principalmente de una tribu pashtún, la alokozai-, los que, según dijo, se oponen al plan del gobierno de desarmar y desmovilizar a las milicias en el país.
"Están contra el plan, porque quieren seguir en activo con sus armas y tropas", dijo. Se quejó de que los agentes al mando del jefe de policía de la ciudad, un partidario de Qanooni, han descolgado miles de carteles de la campaña de Karzai.
También ha habido informes de que los comandantes de las milicias han retirado algunas armas pesadas de Kandahar la semana pasada para evitar tener que entregarlas a las autoridades. Y dos nuevos sondeos electorales realizados por grupos internacionales constataron que la mayoría de los afganos encuestados, incluyendo los de Kandahar, están mucho más preocupados de las presiones o abusos de los comandantes militares de que la violencia terrorista el día de las elecciones.
Pero los críticos del gobierno, incluyendo a los asesores de campaña de varios de los otros candidatos y el representante local de la Comisión Afgana Independiente de Derechos Humanos se quejó de que los funcionarios regionales han estado promoviendo activamente la campaña electoral del presidente Karzai y presionando a la gente para voten por él.
En la ciudad de Kandahar y áreas circundantes, muchos habitantes dijeron que apoyaban a Karzai, al que describieron como un hombre honesto y justo, agregando que era un hijo de la región. Muchos parecen saber poco de los otros candidatos, incluyendo a Qanooni, lo que sugiere que Karzai podría ganar simplemente porque su nombre y su rostro suena familiar en la larga papeleta.
Pero la familiaridad no se traduce necesariamente en entusiasmo. El fin de semana pasado, un mitin organizado por Ahmad Wali Karzai con estudiantes en un pabellón de un parque en Kandahar fue decididamente anémico. Asistieron cerca de 200 personas que escucharon amablemente una serie de discursos, pero que rara vez aplaudieron.
En un minúsculo mercado en las afueras de la ciudad, un panadero dijo que votaría a Karzai porque "cuando él llegó, terminó la guerra". Pero un cliente que trabaja como oficinista del gobierno lo interrumpió ansiosamente para decir: "Yo estoy por Qanooni. Necesitamos un líder fuerte y un mujahedín. Karzai se la pasa en casa y no hace nada".
En efecto, mientras Qanooni, 43, cuya base es el valle de Panjshir en el norte de Iraq, ha hecho giras de campaña a Kandahar y la ciudad de Herat al oeste, Karzai es prisionero en su propia burbuja de su seguridad. Desde que comenzó la campaña, ha hecho más viajes al exterior que dentro de Afganistán, y se reúne con los ciudadanos sólo bajo condiciones muy limitadas.
El primer viaje de campaña del presidente fue cancelado cuando un misil impactó cerca de su helicóptero. Un viaje al norte de Afganistán, donde inauguró una nueva carretera, fue un desastre en relaciones públicas.
La visita estaba fuertemente controlada por militares norteamericanos y los guardaespaldas norteamericanos de Karzai. Cuando un grupo de invitados empujó hacia adelante, los guardias los alejaron a empujones y abofetearon a uno, que resultó ser el ministro de transportes.
El jueves, Karzai pagó una breve visita de campaña a la ciudad de Ghazni, a unos 120 kilómetros al sur de Kabul, la capital. Llegó y se marchó en helicóptero y en tierra estuvo custodiado por varios cientos de agentes de seguridad armados de rifles.
El presidente, que llamó a la multitud de varios miles de personas a "votar por la paz y la estabilidad", reprochó, según se informó, a sus guardias por tratar a alejar a las personas que se acercaban a darle los parabienes.
"En realidad, Karkai debería ser capaz de hacer la campaña en Bamiyan" en el norte y "Qanooni debería poder hacerla en Kandahar", dijo Fida Mahmad, jefe de campaña de Qanooni en Kandahar. "Todos los candidatos deberían poder viajar a cualquier parte. No queremos que el país se vuelva a dividir por el tribalismo y la guerra. La gente está cansada de las dictaduras. Tenemos algo nuevo que se llama democracia y dentro del marco del islam, y eso es lo que queremos".
En Sinzari, un polvoriento pueblo a 24 kilómetros al oeste de Kandahar, los soldados estaban ocupados colocando carteles de Qanooni convocando al mitin del viernes pasado, y convoys de vehículos motorizados transportaron a cientos de mujahedines. Contaron con orgullo la historia de ese particular fragmento de la carretera, donde las guerrillas afganas bloquearon y destruyeron cientos de tanques soviéticos en los años ochenta, y luego los cortaron en trozos para venderlos como chatarra.
El comandante militar local, que es conocido sólo bajo el nombre de Habibullah, estaba ocupado con las preparaciones del mitin y marcando las listas de las tribus que habían enviado representantes. Dijo que tenía una buena relación oficial con el gobierno central, pero apoyaba claramente a Qanooni, el muhajedín tajik de Pansjhir.
"Cuando era niño llevaba un Kalashnikov a la espalda. No quiero que mis hijos lleven armas", dijo, agregando que apoyaba el desarme de las milicias. Pero se quejó de que Karzai y muchos de sus colaboradores habían vivido en el exilio durante los años más duros y todavía conservaban sus pasaportes extranjeros. "Yo soy un ciudadano y tengo derecho a un voto", dijo. "Pero no será para Karzai".
6 de octubre de 2004
7 de octubre de 2004
©washington post
©traducción mQh
UNA OLVIDADA ALDEA AFGANA ENCUENTRA SU VOZ - paul watson
En un lugar tan remoto que muchos ni siquiera saben lo que es un coche, un hombre trabaja para asegurarse de que los votos de su gente sean contados en las urnas.
Sang-e-Dawa, Afganistán. En la cima de una montaña, en un villorrio olvidado que está perdiendo su larga lucha contra la sequía y las enfermedades, un hombre sencillo pone sus esperanzas en la democracia.
El año pasado, Omar Khan perdió a su hijo de 25 años, Mohammed, a manos de la tuberculosis. Cuatro de sus otros nueve hijos sufren de enfermedades pulmonares que los están matando lentamente, como a tres cuartos de la gente de la región.
Durante décadas de guerra y caos, nadie se ha acercado a ayudarles. Incluso los equipos de Naciones Unidas encargados de inscribir a los votantes para las elecciones presidenciales del domingo -las primeras en la historia de Afganistán- no vieron Sang-e-Dawa cuando pasaron por la zona. Por eso Khan emprendió un viaje de cuatro días y 442 kilómetros, en burro y taxi, hacia Kabul y convenció a los funcionarios que inscribiesen a los aldeanos.
"En los últimos 23 años de guerra, no tuvimos oportunidad de ayudar a nuestros aldeanos", dijo Khan. "Ahora que hay un poco de seguridad -y un poco de esperanza-, fui a Kabul para hablar de los problemas que tenemos. Esperamos que el presidente que sea elegido, nos ayude, ayude a toda la gente pobre de aquí".
En San-e-Dawa viven algo más de cien personas, pero muchos de los problemas -y sueños- del país son evidentes aquí.
Los villorrios en estos cañones de la provincia de Badghis del noroeste de Afganistán, las montañas de Khost en el sudeste y el resto del país están plagados de corruptos señores de la guerra, pobreza, tensiones étnicas y el tráfico de drogas. Tres años después de la guerra para sacar al régimen talibán, sus combatientes todavía se deslizan desde las sombras para hacer detonar bombas y asesinar a sus enemigos. Su líder, el mullah Omar, se encuentra fugitivo, y se cree que Osama bin Laden se oculta cerca de la frontera con Paquistán.
La elección misma, que será probablemente ganada por el presidente interino Hamid Karzai, que es apoyado por Estados Unidos, puede ser echada a perder por las irregularidades. Muchos aldeanos están esperando a sus mayores para que les digan a quién votar.
Hay muchas razones para explicar el cinismo de los afganos. Pero en todo el país hay esperanzas de que después de décadas de guerra, lo peor ya pasó y que, paso a paso y cuidadosamente, están en el camino correcto.
Khan, un antiguo guerrillero que fue encarcelado por los talibanes, cree que su voz, y la de sus enfermos y agonizantes vecinos, será finalmente oída.
"En la mayoría de nuestros pueblos ha muerto mucha gente, pero no pudimos hacer nada", dijo Khan, de vuelta en su aldea, cuyo nombre delata su aislamiento. Quiere decir la roca sobre la que todo el mundo se disputó'. "Y no podíamos ir a ninguna parte a quejarnos de los problemas de la gente".
Poca gente cree que estas elecciones sean perfectas, o que resuelvan los problemas del país.
Hasta hace poco, Afganistán no tenía registros electorales, ni siquiera un censo adecuado. Como una parte importante de los programas de reconstrucción, los donantes extranjeros han otorgado más de 98 millones de dólares para financiar los registros electorales y más de diez millones de afganos se han inscrito.
Los organizadores de la elección reconocen los problemas, incluyendo el hecho de que algunos se han inscrito más de una vez. Pero dicen que los tropiezos eran inevitables, dada la monumental tarea de realizar elecciones en un país arruinado que todavía está en guerra con los talibanes y sus aliados.
En la provincia de Khowst, donde las tropas norteamericanas están combatiendo a los insurgentes, la campaña del principal candidato de la oposición, Younis Qanooni, acusa a Karzai de usar la emisora estatal y otras instalaciones del gobierno para ganar electores.
El jefe de campaña de Qanooni en Khowst es Qabool Khan, un comandante guerrillero tan conocido como héroe local que su fotografía es incluso más grande que la de Qanooni en los carteles de la campaña. Afirma que los principales partidarios de Karzai en Khowst son funcionarios del gobierno comunista instalado por la Unión Soviética en los años ochenta, y que negaron a Qanooni un acceso igualitario a la radio.
En muchas partes del país los extremistas han tratado de intimidar a los electores, amenazando matar a los que encuentren con carnés de inscripción. Pero la violencia y las votaciones son viejos compañeros en la región y, hasta ahora, los afganos no se han dejado intimidar.
Son cosas simples las que retan a los afganos a creer en el futuro: un cartel de campaña en un lugar tan remoto como la provincia de Badghis; el coraje de una mujer dispuesta a presentarse como candidata a la presidencia; la confianza de un funcionario electoral que ha sido amenazado de muerte por extremistas islámicos.
Los afganos entenderán mejor la democracia con la experiencia, dijo el funcionario electoral, Pir Sayed Shah Triziwal, que trabaja en la provincia de Khowst. "Las segundas elecciones serán mejor que las primeras, y las terceras todavía más", dijo. "Esas serán como deben ser".
Dirigiendo una campaña que llama "campaña de presupuesto cero" y combatiendo siglos de discriminación, Massouda Jalal tiene pocas posibilidades de transformarse en la primera presidente de Afganistán. Pero por el mero hecho de ser la primera candidata, ya ha obtenido una victoria.
"Antes había sólo dos trabajos honorables para las mujeres: maestra y doctora", dijo Jalal, 41, en una entrevista. "Ahora hay un tercer trabajo: presidente". Cerca del 40 por ciento de los electores inscritos son mujeres.
Se espera que Karzai gane directamente o en segunda vuelta. Pero quienquiera sea el que gane, el próximo presidente tendrá que probar que el poder legítimo proviene de las papeletas de voto, y no de las armas.
Muchos afganos están indignados por lo que consideran el lento ritmo de la reconstrucción y las ventajas de los ricos y poderosos. Acusan a los funcionarios locales de desviar las ayudas y de dejarles sin las medicinas esenciales.
Se quejan de que los señores de la guerra y los ministros del gobierno se están enriqueciendo comprando casas que alquilan por tres mil dólares o más por mes en Kabul mientras que de los billones de dólares en ayuda extranjera sólo llegan gotas a los millones de personas que más la necesitan.
En lugar de desplegar tropas para llevar la paz al país, Estados Unidos y sus aliados occidentales se dedicaron a perseguir a los talibanes y sus aliados, dicen los afganos, dejando la seguridad local en manos de los señores de la guerra, que ahora se sienten libres para intimidar a la gente y traficar drogas.
La gente de Sang-e-Dawa aprendieron hace mucho tiempo a vivir en el abandono. Los más fuertes de entre ellos caminan cinco horas al día, bajando del escarpado cañón a recoger agua y llevarla a casa. En el cuarto año de sequía, tratan de cultivar trigo en el árido y desnudo suelo salpicado de afiladas rocas y espinosos matorrales. El camino más cercano está a cuatro horas en burro, a través de un sendero de tierra que serpentea a lo largo de las paredes del cañón.
Hasta que Afganistán comenzará su difícil transición a la democracia, las únicas conversaciones de Omar Khan con el poder eran sus oraciones a Dios. Como la mayoría de los afganos, hacía lo que la gente con armas más grandes le decían que hiciera.
La más cercana autoridad de gobierno es el comisario de distrito, Haji Khan Mohammed, que vive en un pueblo junto al camino, Jawand, a unos 32 kilómetros al norte. Fue nombrado por el gobernador de la provincia de Badghis, que obtuvo su cargo por Karzai. La violencia y los conflictos étnicos amplifican los problemas de la región.
La mayoría de la gente de la región, como Khan, son tajiks. Tienden a apoyar a Qanooni, el antiguo ministro de educación, que también es tajik. Karzai es pushtún, el grupo étnico más grande de Afganistán, que domina el sur del país.
Hace poco mientras la delegación de un aldea esperaba la resolución del comisario sobre una disputa acerca del pago de un burro, unos contrabandistas de habla pashto armados con rifles de asalto exigieron que redujera el impuesto sobre el opio ilegal. Entonces dejó pasar sin gravar los primeros 165 kilos.
Mohammed dijo más tarde que él no ha recibido su salario en años, y pidió prestado el celular al reportero visitante para llamar a la capital y preguntar cuándo le enviarían el dinero. Le dijeron que después de las elecciones.
Durante meses, la gente de la región ha tenido que combatir la epidemia de tuberculosis con sus propios medios. Los socorristas extranjeros dejaron de ir después de que en junio unos pistoleros mataran a cinco miembros de Médicos sin Fronteras, a unos 48 kilómetros más arriba.
Los asesinos aún no han sido capturados. En julio, Médicos sin Frontera mencionaron la emboscada y la deficiente seguridad en grandes partes de Afganistán cuando se retiraron del país después de 24 años de tratar emergencias en el país.
"Sólo vivimos de nombre", dijo Mohammed, frustrado. "No vivimos de verdad".
El villorrio de Khan, unas 40 casas de roca y barro, se esconde en un barranco a más de 1.500 metros arriba en la montaña. Aparentemente, era un buen lugar para ocultarse durante las interminables guerras. Pero cuando Afganistán comenzó la transición hacia la democracia fue fácilmente pasada por alto.
Equipos de afganos recorrieron todo el país, trabajando en grupos separados de hombres y mujeres por respeto a los conservadores valores de la sociedad, inscribiendo a los electores. Pero cuando los equipos de inscripción electoral recorrieron los senderos de los cañones de la oriental provincia de Badghis, no se apercibieron de la gente de Sang-e-Dawa y de otros varios miles de personas, dijeron Khan y otros aldeanos.
Khan dijo que hace un mes se dio cuenta de que su aldea había sido olvidada. El comisario del distrito accedió a viajar con Khan unos 160 kilómetros para visitar al gobernador provincial en Qala-i-Naw.
"El gobernador tenía los carnés electorales, pero dijo que el período de inscripción terminó, que ahora es demasiado tarde", dijo Khan. "No le pudimos convencer. Incluso ahora, mucha gente no está en la lista".
Khan ha ido más lejos que muchos afganos para reclamar sus derechos -y decidió que iría más lejos aún.
No había ido nunca a Kabul, no había visto nunca tantos coches, tanta riqueza en una ciudad inundada de ayuda extranjera. Los nuevos restaurantes venden bocadillos de bonito a ocho dólares, y el Deb's Desert Oasis Salon ofrece manicura, pedicura, masajes faciales y depilaciones con cera con la solemne promesa de que opera "de acuerdo a normas higiénicas occidentales".
Más que nunca antes, Khan se sintió como un extranjero en su propio país.
"Cuando vimos cómo vive la gente en Kabul, nos indignó", dijo. "Sentí pena por nosotros porque nuestra gente se está muriendo de enfermedades y de hambre, están débiles y enfermos y flacos. Pero toda esta gente aquí en Kabul es gorda y sana, y tiene buenos vehículos.
"La mayoría de nuestra gente no ha visto nunca un coche", agregó Khan. "Ni siquiera saben lo que es un coche".
Khan conocía solo a una persona en Kabul, su amigo de infancia Mohammed Zarif Azhar. La familia de Azhar abandonó las montañas y él llegó a ser profesor de derecho en la Universidad de Kabul -justo la persona que puede persuadir a los burócratas de que las fechas de cierre no tienen por qué ser definitivas.
El abogado argumentó convincentemente que la falta de caminos en San-e-Dawa era sólo una excusa que habían usado los equipos de inscripción electoral para saltarse el villorrio -en beneficio de Karzai y sus partidarios.
"No les importamos. No se preocupan de nuestra gente", dijo Azhar. "Estas elecciones son limitadas y el resultado está fijo, porque la comunidad internacional quiere que gane Karzai".
Pero Azhar espera que finalmente se imponga la democracia. "Podrá ganar esta vez", dijo Azhar sobre Karzai, "pero estoy seguro que no ganará una segunda vez".
En San-e-Dawa los aldeanos no tienen mucha confianza en la democracia. Están esperando a que se reúnan sus mayores para que les digan a quién votar. Y para varios de ellos, el largo viaje de Khan les pareció una pérdida de tiempo.
"Tenemos fe en Alá, pero no en los políticos", dijo Noor Ahmad, 45, uno de los tuberculosos. "Porque si fueran buenos, habrían hecho algo por nosotros hace mucho tiempo atrás".
6 de octubre de 2004
7 de octubre de 2004
©angeles times
©traducción mQh
"
El año pasado, Omar Khan perdió a su hijo de 25 años, Mohammed, a manos de la tuberculosis. Cuatro de sus otros nueve hijos sufren de enfermedades pulmonares que los están matando lentamente, como a tres cuartos de la gente de la región.
Durante décadas de guerra y caos, nadie se ha acercado a ayudarles. Incluso los equipos de Naciones Unidas encargados de inscribir a los votantes para las elecciones presidenciales del domingo -las primeras en la historia de Afganistán- no vieron Sang-e-Dawa cuando pasaron por la zona. Por eso Khan emprendió un viaje de cuatro días y 442 kilómetros, en burro y taxi, hacia Kabul y convenció a los funcionarios que inscribiesen a los aldeanos.
"En los últimos 23 años de guerra, no tuvimos oportunidad de ayudar a nuestros aldeanos", dijo Khan. "Ahora que hay un poco de seguridad -y un poco de esperanza-, fui a Kabul para hablar de los problemas que tenemos. Esperamos que el presidente que sea elegido, nos ayude, ayude a toda la gente pobre de aquí".
En San-e-Dawa viven algo más de cien personas, pero muchos de los problemas -y sueños- del país son evidentes aquí.
Los villorrios en estos cañones de la provincia de Badghis del noroeste de Afganistán, las montañas de Khost en el sudeste y el resto del país están plagados de corruptos señores de la guerra, pobreza, tensiones étnicas y el tráfico de drogas. Tres años después de la guerra para sacar al régimen talibán, sus combatientes todavía se deslizan desde las sombras para hacer detonar bombas y asesinar a sus enemigos. Su líder, el mullah Omar, se encuentra fugitivo, y se cree que Osama bin Laden se oculta cerca de la frontera con Paquistán.
La elección misma, que será probablemente ganada por el presidente interino Hamid Karzai, que es apoyado por Estados Unidos, puede ser echada a perder por las irregularidades. Muchos aldeanos están esperando a sus mayores para que les digan a quién votar.
Hay muchas razones para explicar el cinismo de los afganos. Pero en todo el país hay esperanzas de que después de décadas de guerra, lo peor ya pasó y que, paso a paso y cuidadosamente, están en el camino correcto.
Khan, un antiguo guerrillero que fue encarcelado por los talibanes, cree que su voz, y la de sus enfermos y agonizantes vecinos, será finalmente oída.
"En la mayoría de nuestros pueblos ha muerto mucha gente, pero no pudimos hacer nada", dijo Khan, de vuelta en su aldea, cuyo nombre delata su aislamiento. Quiere decir la roca sobre la que todo el mundo se disputó'. "Y no podíamos ir a ninguna parte a quejarnos de los problemas de la gente".
Poca gente cree que estas elecciones sean perfectas, o que resuelvan los problemas del país.
Hasta hace poco, Afganistán no tenía registros electorales, ni siquiera un censo adecuado. Como una parte importante de los programas de reconstrucción, los donantes extranjeros han otorgado más de 98 millones de dólares para financiar los registros electorales y más de diez millones de afganos se han inscrito.
Los organizadores de la elección reconocen los problemas, incluyendo el hecho de que algunos se han inscrito más de una vez. Pero dicen que los tropiezos eran inevitables, dada la monumental tarea de realizar elecciones en un país arruinado que todavía está en guerra con los talibanes y sus aliados.
En la provincia de Khowst, donde las tropas norteamericanas están combatiendo a los insurgentes, la campaña del principal candidato de la oposición, Younis Qanooni, acusa a Karzai de usar la emisora estatal y otras instalaciones del gobierno para ganar electores.
El jefe de campaña de Qanooni en Khowst es Qabool Khan, un comandante guerrillero tan conocido como héroe local que su fotografía es incluso más grande que la de Qanooni en los carteles de la campaña. Afirma que los principales partidarios de Karzai en Khowst son funcionarios del gobierno comunista instalado por la Unión Soviética en los años ochenta, y que negaron a Qanooni un acceso igualitario a la radio.
En muchas partes del país los extremistas han tratado de intimidar a los electores, amenazando matar a los que encuentren con carnés de inscripción. Pero la violencia y las votaciones son viejos compañeros en la región y, hasta ahora, los afganos no se han dejado intimidar.
Son cosas simples las que retan a los afganos a creer en el futuro: un cartel de campaña en un lugar tan remoto como la provincia de Badghis; el coraje de una mujer dispuesta a presentarse como candidata a la presidencia; la confianza de un funcionario electoral que ha sido amenazado de muerte por extremistas islámicos.
Los afganos entenderán mejor la democracia con la experiencia, dijo el funcionario electoral, Pir Sayed Shah Triziwal, que trabaja en la provincia de Khowst. "Las segundas elecciones serán mejor que las primeras, y las terceras todavía más", dijo. "Esas serán como deben ser".
Dirigiendo una campaña que llama "campaña de presupuesto cero" y combatiendo siglos de discriminación, Massouda Jalal tiene pocas posibilidades de transformarse en la primera presidente de Afganistán. Pero por el mero hecho de ser la primera candidata, ya ha obtenido una victoria.
"Antes había sólo dos trabajos honorables para las mujeres: maestra y doctora", dijo Jalal, 41, en una entrevista. "Ahora hay un tercer trabajo: presidente". Cerca del 40 por ciento de los electores inscritos son mujeres.
Se espera que Karzai gane directamente o en segunda vuelta. Pero quienquiera sea el que gane, el próximo presidente tendrá que probar que el poder legítimo proviene de las papeletas de voto, y no de las armas.
Muchos afganos están indignados por lo que consideran el lento ritmo de la reconstrucción y las ventajas de los ricos y poderosos. Acusan a los funcionarios locales de desviar las ayudas y de dejarles sin las medicinas esenciales.
Se quejan de que los señores de la guerra y los ministros del gobierno se están enriqueciendo comprando casas que alquilan por tres mil dólares o más por mes en Kabul mientras que de los billones de dólares en ayuda extranjera sólo llegan gotas a los millones de personas que más la necesitan.
En lugar de desplegar tropas para llevar la paz al país, Estados Unidos y sus aliados occidentales se dedicaron a perseguir a los talibanes y sus aliados, dicen los afganos, dejando la seguridad local en manos de los señores de la guerra, que ahora se sienten libres para intimidar a la gente y traficar drogas.
La gente de Sang-e-Dawa aprendieron hace mucho tiempo a vivir en el abandono. Los más fuertes de entre ellos caminan cinco horas al día, bajando del escarpado cañón a recoger agua y llevarla a casa. En el cuarto año de sequía, tratan de cultivar trigo en el árido y desnudo suelo salpicado de afiladas rocas y espinosos matorrales. El camino más cercano está a cuatro horas en burro, a través de un sendero de tierra que serpentea a lo largo de las paredes del cañón.
Hasta que Afganistán comenzará su difícil transición a la democracia, las únicas conversaciones de Omar Khan con el poder eran sus oraciones a Dios. Como la mayoría de los afganos, hacía lo que la gente con armas más grandes le decían que hiciera.
La más cercana autoridad de gobierno es el comisario de distrito, Haji Khan Mohammed, que vive en un pueblo junto al camino, Jawand, a unos 32 kilómetros al norte. Fue nombrado por el gobernador de la provincia de Badghis, que obtuvo su cargo por Karzai. La violencia y los conflictos étnicos amplifican los problemas de la región.
La mayoría de la gente de la región, como Khan, son tajiks. Tienden a apoyar a Qanooni, el antiguo ministro de educación, que también es tajik. Karzai es pushtún, el grupo étnico más grande de Afganistán, que domina el sur del país.
Hace poco mientras la delegación de un aldea esperaba la resolución del comisario sobre una disputa acerca del pago de un burro, unos contrabandistas de habla pashto armados con rifles de asalto exigieron que redujera el impuesto sobre el opio ilegal. Entonces dejó pasar sin gravar los primeros 165 kilos.
Mohammed dijo más tarde que él no ha recibido su salario en años, y pidió prestado el celular al reportero visitante para llamar a la capital y preguntar cuándo le enviarían el dinero. Le dijeron que después de las elecciones.
Durante meses, la gente de la región ha tenido que combatir la epidemia de tuberculosis con sus propios medios. Los socorristas extranjeros dejaron de ir después de que en junio unos pistoleros mataran a cinco miembros de Médicos sin Fronteras, a unos 48 kilómetros más arriba.
Los asesinos aún no han sido capturados. En julio, Médicos sin Frontera mencionaron la emboscada y la deficiente seguridad en grandes partes de Afganistán cuando se retiraron del país después de 24 años de tratar emergencias en el país.
"Sólo vivimos de nombre", dijo Mohammed, frustrado. "No vivimos de verdad".
El villorrio de Khan, unas 40 casas de roca y barro, se esconde en un barranco a más de 1.500 metros arriba en la montaña. Aparentemente, era un buen lugar para ocultarse durante las interminables guerras. Pero cuando Afganistán comenzó la transición hacia la democracia fue fácilmente pasada por alto.
Equipos de afganos recorrieron todo el país, trabajando en grupos separados de hombres y mujeres por respeto a los conservadores valores de la sociedad, inscribiendo a los electores. Pero cuando los equipos de inscripción electoral recorrieron los senderos de los cañones de la oriental provincia de Badghis, no se apercibieron de la gente de Sang-e-Dawa y de otros varios miles de personas, dijeron Khan y otros aldeanos.
Khan dijo que hace un mes se dio cuenta de que su aldea había sido olvidada. El comisario del distrito accedió a viajar con Khan unos 160 kilómetros para visitar al gobernador provincial en Qala-i-Naw.
"El gobernador tenía los carnés electorales, pero dijo que el período de inscripción terminó, que ahora es demasiado tarde", dijo Khan. "No le pudimos convencer. Incluso ahora, mucha gente no está en la lista".
Khan ha ido más lejos que muchos afganos para reclamar sus derechos -y decidió que iría más lejos aún.
No había ido nunca a Kabul, no había visto nunca tantos coches, tanta riqueza en una ciudad inundada de ayuda extranjera. Los nuevos restaurantes venden bocadillos de bonito a ocho dólares, y el Deb's Desert Oasis Salon ofrece manicura, pedicura, masajes faciales y depilaciones con cera con la solemne promesa de que opera "de acuerdo a normas higiénicas occidentales".
Más que nunca antes, Khan se sintió como un extranjero en su propio país.
"Cuando vimos cómo vive la gente en Kabul, nos indignó", dijo. "Sentí pena por nosotros porque nuestra gente se está muriendo de enfermedades y de hambre, están débiles y enfermos y flacos. Pero toda esta gente aquí en Kabul es gorda y sana, y tiene buenos vehículos.
"La mayoría de nuestra gente no ha visto nunca un coche", agregó Khan. "Ni siquiera saben lo que es un coche".
Khan conocía solo a una persona en Kabul, su amigo de infancia Mohammed Zarif Azhar. La familia de Azhar abandonó las montañas y él llegó a ser profesor de derecho en la Universidad de Kabul -justo la persona que puede persuadir a los burócratas de que las fechas de cierre no tienen por qué ser definitivas.
El abogado argumentó convincentemente que la falta de caminos en San-e-Dawa era sólo una excusa que habían usado los equipos de inscripción electoral para saltarse el villorrio -en beneficio de Karzai y sus partidarios.
"No les importamos. No se preocupan de nuestra gente", dijo Azhar. "Estas elecciones son limitadas y el resultado está fijo, porque la comunidad internacional quiere que gane Karzai".
Pero Azhar espera que finalmente se imponga la democracia. "Podrá ganar esta vez", dijo Azhar sobre Karzai, "pero estoy seguro que no ganará una segunda vez".
En San-e-Dawa los aldeanos no tienen mucha confianza en la democracia. Están esperando a que se reúnan sus mayores para que les digan a quién votar. Y para varios de ellos, el largo viaje de Khan les pareció una pérdida de tiempo.
"Tenemos fe en Alá, pero no en los políticos", dijo Noor Ahmad, 45, uno de los tuberculosos. "Porque si fueran buenos, habrían hecho algo por nosotros hace mucho tiempo atrás".
6 de octubre de 2004
7 de octubre de 2004
©angeles times
©traducción mQh
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