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áfrica

la violación masculina como arma


Un nuevo símbolo de los males del Congo que espera solución: las víctimas de violaciones sodomíticas.
[Jeffrey Gettleman] Goma, Congo. Eran cerca de las once de la tarde cuando un grupo de hombres armados irrumpieron en la choza de Kazungu Ziwa, le pusieron un machete contra su garganta y le bajaron los pantalones. Ziwa es un hombre chico, de cerca de un metro cuarenta de alto. Trató de defenderse, pero dijo que fue rápidamente sometido.
"Entonces me violaron", dijo. "Fue horrible, físicamente hablando. Yo estaba mareado. Simplemente dejé de pensar".
Durante años, las montañas de densas selvas y profundos y cristalinos lagos del este del Congo han sido una reserva de atrocidades. Ahora, aparentemente, hay otro problema en desarrollo: hombres que violan a otros hombres.
De acuerdo a funcionarios de Oxfam, Human Rights Watch, Naciones Unidas y varias organizaciones de ayuda congoleñas, el número de hombres que ha sido violado ha aumentado fuertemente en los últimos meses como resultado de las operaciones conjuntas de las fuerzas armadas del Congo y Ruanda contra los rebeldes que han desatado un espantoso nivel de violencia contra los civiles.
Los socorristas tratan de explicarse este repentino aumento de casos de violación masculina. La mejor respuesta, dicen, es que la violencia sexual contra hombres es otro método utilizado por los grupos armados para humillar, desmoralizar y someter a las comunidades congoleñas.
Naciones Unidas ya considera el este del Congo como la capital de las violaciones en el mundo, y se espera que la secretario de Estado Hillary Rodham Clinton preste atención a los testimonios de sobrevivientes durante su visita al país la próxima semana. Cientos de miles de mujeres han sido atacadas sexualmente por una plétora de milicias que se combaten mutuamente y merodean en las montañas, y en estos momentos este área atraviesa por uno de sus periodos más violentos en años.
Las operaciones militares conjuntas -que empezaron en enero- de Ruanda y el Congo, vecinos como David y Goliat que hasta hace poco eran encarnizados enemigos, debían poner fin al problema de los rebeldes homicidas que se concentran a lo largo de la frontera, e iniciar una nueva época de cooperación y paz. Las esperanzas habían aumentado considerablemente después de la rápida captura de un general renegado que había derrotado a las tropas del gobierno y amenazaba con marchar a través del país.
Pero las organizaciones de ayuda dicen que las maniobras militares han provocado, en represalia, horrendos ataques, acelerando el desplazamiento de más de medio millón de personas, que han sido expulsadas de sus casas, con decenas de pueblos incendiados y cientos de aldeanos masacrados, incluyendo a niños que han sido arrojados a fogatas.

Y los rebeldes no son los únicos responsables. De acuerdo a organizaciones de derechos humanos, soldados del ejército congoleño están ejecutando a civiles, violando a mujeres y reclutado forzosamente a campesinos para que carguen con sus provisiones, municiones y equipos en la selva. A menudo son marchas de la muerte a través de uno de los paisajes tropicales más exuberantes e impresionantes de África, que han sido también el escenario de una guerra devastadora y compleja que se prolonga por más de diez años.
"Desde una perspectiva humanitaria y de derechos humanos, las operaciones conjuntas son un desastre", dijo Anneke van Woudenberg, investigadora de Human Rights Watch.
Los casos de violación masculina se extienden por cientos de kilómetros e incluyen posiblemente a cientos de víctimas. El Colegio de Abogados de Estados Unidos, que lleva en Goma una consulta legal para casos de violencia sexual, declaró que más del diez por ciento de sus casos en junio implicaban a hombres.
Brandi Walker, un socorrista en el hospital Panzi cerca de Bukavu, dijo: "En todas partes la gente dice que a los hombres también los violan".
Pero nadie conoce la cifra exacta de víctimas. Aquí los hombres, como en otros lugares, se muestran reacios a contar sus casos. Algunos que lo hicieron se convirtieron instantáneamente en parias en sus propios pueblos, aislados, ridiculizados, y llamados irrisoriamente "esposas de la selva".
Desde que fuera violado hace algunas semanas, Ziwa, 53, no ha mostrado demasiado interés en practicar la medicina veterinaria, que es desde hace varios años su profesión. Camina cojeando (le rompieron la pierna izquierda en el ataque) con una bata de laboratorio blanca y sucia con la palabra ‘Veterinario’ escrita con tinta roja y varias pastillas del tamaño de bizcochos para perros y corderos.
"De sólo pensar en lo que me ocurrió me da fatiga", dice.
Lo mismo le ocurre a Tupapo Mukuli, que dijo que fue aplastado boca abajo y violado por un grupo en su plantación de mandioca hace siete meses. Mukuli es ahora el único hombre en el pabellón de violaciones del hospital Panzi, que está lleno de cientos de mujeres que se recuperan de lesiones sufridas durante las violaciones. Muchas tejen ropas y hacen cestas para ganar algo de dinero mientras se recuperan.
Pero a Mukuli lo excluyen.
"No sé hacer cestas", dice. Así que pasa el tiempo sentado en una banca, solo.
Los casos de violación masculina son apenas una fracción de los de violaciones de mujeres. Pero para los hombres, dicen los socorristas, la recuperación es más difícil.

"La identidad masculina está muy conectada al poder y al control", dijo Walker. Y en un lugar donde la homosexualidad es tabú, las violaciones implican un grado adicional de vergüenza.
"Se ríen de mí", cuenta Mukuli. "La gente de mi pueblo dice: ‘Ya no eres un hombre. Esos hombres del bosque te hicieron su mujer’".
Los socorristas dicen que a menudo la humillación es tan severa que las víctimas de violaciones masculinas cuentan sus padecimientos sólo si sufren problemas de salud apremiantes, como hinchazón del estómago o hemorragias. A veces incluso eso no es suficiente. Van Woudenberg dijo que dos hombres a los que les habían cercenado el pene con una cuerda, murieron algunos días después porque no se atrevieron, por vergüenza, a pedir ayuda. Las castraciones parecen estar aumentando, y llegan a los hospitales más hombres mutilados.
El año pasado la epidemia de violaciones en el Congo mitigó un poco, se denunciaron menos casos y algunos violadores fueron encarcelados. Pero hoy parece que el tenue barniz de ley y orden ha sido borrado. Según lo que describen los campesinos, es temporada abierta para la caza de civiles.
Muhindo Mwamurabagiro, una alta y elegante mujer de largos y fuertes brazos, contó que caminaba con sus amigas por el mercado cuando fueron repentinamente rodeadas por un grupo de hombres desnudos.
"Nos agarraron por la garganta, nos arrojaron al suelo y nos violaron", contó.
Lo peor de todo, dijo, era que uno de los violadores era de su propio pueblo.
"Yo le grité: ‘Padre de Kondo, te conozco, ¿cómo puedes hacer una cosa así?’"
Otra madre dijo que un casco azul de Naciones Unidas violó a su hijo de doce. Un portavoz de Naciones Unidas dijo que no había oído nada sobre ese caso específico, pero que había en realidad varios casos de acusaciones por abuso sexual contra cascos azules en el Congo y que un equipo de investigadores llegaría al país a fines de julio.
Profesionales de la salud congoleños están cada vez más exasperados. Muchos piden una solución política, no militar, y dicen que las potencias occidentales deberían ejercer más presión sobre Ruanda, a la que se acusa ampliamente de conservar su propia estabilidad manteniendo la violencia al otro lado de la frontera.
"Entiendo que el mundo se siente culpable por lo que pasó en Ruanda en 1994", dice Denis Mukwege, doctor jefe del hospital Panzi, refiriéndose al genocidio de Ruanda. "Pero ¿no debería el mundo sentirse también culpable por lo que está pasando en el Congo?"

16 de agosto de 2009
4 de agosto de 2009
©new york times
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el pinochet africano


Experto chileno de la ONU lidera misión que viaja a Dakar a exigir juicio a ex dictador del Chad. A Hissène Habré se le responsabiliza de miles de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, detenciones arbitrarias y torturas. Hace tres años la Unión Africana mandató a Senegal -donde está refugiado- a juzgarlo.
[Juan Gasparini] El jurista chileno Claudio Grossman, presidente del Comité contra la Tortura de Naciones Unidas (CAT) con sede en Ginebra, intentará la próxima semana convencer al gobierno de Senegal que juzgue al ex dictador del Chad, Hiss ne Habré -refugiado en ese país- sobre quien pesan graves denuncias por violaciones de derechos humanos.
Grossman, decano del Washington College of Law de la American University en Washington, investigó a petición de la Organización de Estados Americanos (OEA), la causa del atentado explosivo contra la mutual israelí AMIA, en Buenos Aires (1994).
Al abogado lo acompañará otro experto del CAT, el catedrático español Fernando Mariño Menéndez. Tienen prevista una visita de tres días a Dakar a partir del 5 de agosto para entrevistarse con sus autoridades. Es en la capital senegalesa donde Habré se refugia desde 1990.
"Vamos en misión de seguimiento, buenos oficios y cumplimiento de obligaciones, para recordar a Senegal que debe juzgar a Habré, acusado de torturas, un crimen de lesa humanidad", explicó Mariño Menéndez.
Integrado por diez expertos independientes, nombrados por los estados que han firmado la Convención contra la Tortura, el CAT resolvió el 17 de mayo de 2006 que, en virtud de las obligaciones de dicho documento, ratificado por Senegal en 1984, éste país debía extraditar o juzgar al ex dictador del Chad, ante las acusaciones de vulnerar gravemente los DDHH durante su mandato (1982-1990).

Orden Incumplida
La Convención Internacional contra la Tortura obliga a los países firmantes a perseguir crímenes de tortura perpetrados fuera de sus fronteras.
Desde 2005 existía un pedido de extradición contra Habré lanzado por Bélgica, que instruía penalmente una querella presentada en el 2001 por 21 víctimas que padecieron las atrocidades cometidas durante sus ocho años de gobierno, tres de las cuales eran de nacionalidad belga.
Dicho país, abrogó en 2003 el ejercicio de la jurisdicción universal para crímenes que hubieran sucedido en el exterior y con autonomía de la nacionalidad y el sitio de residencia de sus autores manteniendo, no obstante, abiertos los sumarios que involucraran a sus ciudadanos, lo que ocurría con tres víctimas que se querellaron en el 2001.
La decisión del CAT en 2006 estuvo motivada por el pedido de siete de los querellantes contra Habré en Bélgica, que en 2001 solicitaron a la ONU que se tomaran medidas cautelares para impedir que el ex gobernante escapara de Senegal.
Frente al dictamen del CAT, el mandatario senegalés, Abdou-laye Wade, consultó a la Unión Africana (UA), que el 2 de julio de 2006 lo mandató para llevar a cabo el juicio en Dakar.
Pero, hasta la fecha, su realización no se concreta, por lo que Grossman y Mariño Menéndez viajan ahora a Senegal para esclarecer la situación.
El 19 de febrero pasado, Bélgica recurrió ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) para que ordenara a Senegal extraditar o juzgar a Habré, y no lo dejara abandonar el país mientras la causa siga pendiente.
El 28 de mayo, Senegal se comprometió ante la CIJ a no autorizar al ex dictador a dejar su territorio hasta tanto el asunto se solucionara.

Sangriento Legado
Según informes de Human Rights Watch, a Habré se le responsabiliza de 40 mil homicidios políticos y de practicar sistemáticamente la tortura en interrogatorios de detenidos, identificando 1.208 torturados y asesinados bajo su régimen.
En el documento ‘Chad: el legado de Habré’, Amnistía Internacional acusó al ex gobernante de miles de ejecuciones extrajudiciales, desapariciones, detenciones arbitrarias y torturas, incluyendo testimonios detallados de ex presos, algunos de los cuales denunciaron la participación del entonces Presidente en los suplicios.
Habré fue derrocado en 1990 por Idriss Déby Itno, cuyo gobierno no ha pedido la extradición para juzgarlo, pero prometió 4 millones y medio de dólares para financiar el proceso que debería ventilarse en Dakar, a lo que se suman a otros 3 millones de dólares ofrecidos por la Unión Europea (UE).

Lamentable Similitud
La posición del CAT en esta oportunidad es similar a la observada cuando Augusto Pinochet fue detenido en Londres en 1998. En aquella ocasión le dijo a Gran Bretaña que debía entregar o juzgar al sátrapa chileno. Como se recordará, los jueces de la Cámara de los Lores acataron y ordenaron su extradición a España, donde lo reclamaban para juzgarlo. Sin embargo, el gobierno del entonces Primer Ministro británico Tony Blair estimó que la salud del dictador chileno no permitía que enfrentara un tribunal y, en marzo de 2000, lo remitió a Chile.
El 10 de diciembre de 2006, sin haber sido juzgado por los crímenes que se le reprochaban -3 mil homicidios y desapariciones, 35 mil torturados, incontables presos y refugiados- Pinochet no falleció en la cárcel, sino en la cama del Hospital Militar.

28 de julio de 2009
©la nación
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los niños esclavos de áfrica


Cerca de doscientos mil niños en África Occidental y África Central son esclavos, vendidos por sus padres o engañados. Los niños son mal alimentados, maltratados y golpeados. Pero algunos compran esclavos cuando crecen.
[Robyn Dixon] Kpone, Ghana. Cuando hace cuatro años su madre lo envió a vivir con familiares, le dijo a su hijo John, de cinco, que no llorara. Mary Mootey envió a su hijo de cuatro años,  Evans, diciéndole que iba a la escuela. Los dos niños, ahora de nueve, del mismo pueblo de Ghana, terminaron siendo obligados a trabajar durante catorce horas al día, pescando en el Lago Volta, y golpeados por el menor de los errores.
Hace dos décadas, Rebecca Agwu era ella misma una niña cuando su madre la envió a vivir con una tía.
"Lloré", recuerda Agwu, 30. "No quería ir, pero mi madre me engañó diciéndome que mi tía me enseñaría un oficio". En lugar de eso, la obligó a convertirse en una criada.
"Nunca volví a confiar en ella. Me sentí traicionada".
Cuando tenía ocho años, la madre de Evans fue enviado a su tío por su padre, un pescador del Lago Volta, donde lo obligaron a trabajar de tres de la mañana hasta el anochecer -limpiando, acarreando agua, cocinando y limpiando pescado.
"Cuando yo era niño, mi padre no me quería", dice Mootey, 35. "Yo lo odio, porque me causó todo ese dolor y esos sufrimientos. Lo odio".
Durante generaciones, Ghana y otros países de África Occidental han servido como centros para la trata de niños y la esclavitud. Se calculan en doscientos mil los niños que, en África Occidental y África Central, realizan trabajo no pagado. Son alimentados con lo mínimo y vestidos, privados de educación y de cuidado médico y sometidos a menudo a maltratos físicos. Leyes recientes que prohíben la esclavitud en muchos países africanos, han tenido efectos limitados.
La esclavitud tiene una larga historia en estas partes. El Castillo Elmina, en la Costa del Cabo, en Ghana, uno de los puntos de partida del comercio de esclavos en los siglos dieciocho y diecinueve hacia las Américas, atrae cada año a miles de visitantes afroamericanos a la búsqueda de sus raíces.
Los húmedos y oscuros calabozos culminaban en el "cuarto sin retorno", con sus paredes verdes y mohosas y su atmósfera opresiva. "Que la humanidad no perpetre nunca más semejantes inhumanidades contra la humanidad", se lee en una placa en la fortaleza.

Tenía Miedo de Que Lo Mataran

Pero hoy, miles de niños de Ghana viven en servidumbre, tras haber sido vendidos por treinta a cincuenta dólares, dicen organizaciones no-gubernamentales. Las niñas son a menudo obligadas a trabajar como empleadas domésticas, acarrear agua, recoger leña, barriendo, limpiando, plantando, lavando, cocinando, y en las familias de pescadores, cortando el pescado y ahumándolo. A menudo son violadas.
En general, los niños son enviados a pescar al Lago Volta, donde se les enseña a nadar arrojándoles repetidas veces de una lancha con una cuerda amarrada a la cintura.
Las historias de dos madres y dos hijos, obligados a la servidumbre con dos décadas de diferencia, son igualmente dolorosas. Los recuerdos de Agwu de trece años de trabajo doméstico y golpizas son tan amargos y vívidos como si hubieran ocurrido ayer.
"Yo tenía miedo todo el tiempo. Pensaba que no valía nada. Me dormía llorando".
Las palabras de su hijo evocan dolores similares. Enviado a trabajar como pescador, tenía que sacar solo su bote, colocar pesadas redes y zambullirse para  desanudar las enganchadas.
"Siempre pensé que moriría en el agua, porque tenía miedo", dijo la madre. "Mi amo me golpeaba, lo mismo que su esposa. Yo lloraba día y noche. Tenía miedo que me mataran".
Las manos de Mary Mootey están llenas de cicatrices, de heridas que sufrió limpiando pescados.
"Yo lloraba siempre que me obligaban a hacer algo y si estaba cansada y no podía hacerlo rápido, me golpeaban. Lloraba mucho".
Trabajó nueve años y fue violada varias veces antes de que pudiera escapar, dijo. Pensar en el pasado todavía le duele.
Cuando su hermano, un pescador de Lago Volta que también fue esclavo, se ofreció a enviar a Evans a la escuela, dice, y ella confió en él.
"Yo no estaba trabajando y tenía un montón de hijos. No tenía opción", dijo Mootey, que está desempleada. "Nunca pensé que lo haría trabajar en el lago".
Evans se sintió traicionado cuando fue obligado a acompañar a su tío.
"Mi madre me dijo que yo iría a la escuela, pero cuando llegué allá, no había escuela, así que pensé que me había engañado".
Sobrevivió terribles tormentas en el lago. Vio ahogarse a tres niños, dice.
En las tardes tenían que vaciar las redes y volver a subirlas a las canoas. "Pero a veces cuando estábamos cansados y hambrientos, nos tendíamos en la canoa y si se aparecía nuestro amo, nos golpeaba".
No podía entender por qué su ‘amo’ -su propio tío, que había sufrido el mismo tormento- lo hacía pasar por eso.

"Él no había estudiado, así que no quería que me educara yo. No puedo entender la razón de eso".

Libres por Persuación
El día de mercado, la ciudad de Dambai, en el río Oti cerca de Lago Volta, rebosa de vendedores vendiendo pescado ahumado.
Niños andrajosos se sientan en pequeños botes de madera, o cargan cestas. George Achibra, un rescatador de esclavos, los reconoce.
Nunca se olvida de la cara de un niño. Y cuando encuentra a un pescador reticente a dejar en libertad a sus niños esclavos, sólo reafirma la determinación de Achibra. Ex inspector escolar, Achibra abandonó su trabajo en Kete Kracho, en el Lago Volta, en 2006, para rescatar a los niños que trabajan en el lago. Dice que ha salvado a 216 niños de varios grupos, incluyendo de la Fundación Touch A Life, de Texas, y una organización nacional, Pacodep.
"En este lago trabajan cientos de niños. Sus amos no los llevan al hospital. No comen bien. Su albergue es pobre", dice.
Se acerca a los pescadores y los trata de convencer de que liberen a los niños y los dejen ir a la escuela. Algunos se enfadan y lo echan, dijo. Algunos llevan a sus niños a otro lugar. Pero a veces, gana.
Sus armas son la persuasión y su amplia y brillante sonrisa. "Mi enfoque son las negociaciones", dice.
En una canoa en la ribera del río hay una mujer con un vestido y pañuelo verde lima. Junto de ella hay una niño flaco, con una camisa roja y raídos pantalones cortos. Achibra sólo tiene que mirar la cara del niño para saber si es esclavo.
"Estoy aquí para resolver tus problemas", dice Achibra, acercándose con una sonrisa a la mujer, Amu Kodor. Ríe con los chistes de Achibra. Ella responde sus preguntas. El nombre del niño es Francis. La familia tiene otros cuatro niños esclavos.
Pero sus ojos miran incómodos cuando Achibra le dice que el niño debe ser liberado para que vaya a la escuela. Francis Tei, 13, mira a Achibra, asombrada, sus ojos entornados contra el brillante sol. Pero la cara de Kodor se vuelve seria. Mueve la cabeza.
Cuando era niña, dice, sus padres también la enviaron como esclava, a vender ropa.
"No era bueno, Tuve que escapar", dice.
Cuando el periodista del Times pregunta por qué debería sufrir Francis, calla durante un momento. "Tengo a todos mis niños en la escuela", replica. Sólo el ‘amo’ [su esposo] puede liberar al niño, dice.
"Él está a cargo de este niño".
Achibra planea un viaje para rescatar a Francis y los otros.

Revisando fotos de niños que ha rescatado, muestra a un niño flacucho.
"Todavía no lo rescatamos. Pero lo haremos".
A veces los pescadores dicen a Achibra que odian lo que hace.

Opciones Difíciles
Isaac Saki tenía cinco cuando su madre los vendió, a él y su hermano, a un desconocido. Trabajó durante dos años en los botes de pescadores, y a menudo fantaseaba que moriría ahogado. Después de dos años, los hermanos fueron rescatados y enviados a casa.
Un mes después su madre los vendió a otro hombre, Philip.
"Pensaba que mi madre no me quería porque si me hubiera querido, no habría querido deshacerse de mí por dinero", dice Isaac. "Philip fue peor. Me golpeaba casi todos los días".
Después de la fuga de su hermano, "me dio la peor golpiza que me han dado".
Rescatado por Achibra, Isaac, ahora de diez años, vive con cerca de veinte niños en un albergue en las afueras de Accra, la capital de Ghana, gestionado por City of Refuge Ministries, con sede en Estados Unidos. También va a la escuela.
Casos como el de él han alimentado un debate sobre si los niños esclavos están mejor con sus madres o en orfanatos y albergues.
Gideon Degbe, 12, que también vive en el albergue, recuerda el día que su madre los vendió, a él y a su hermano Geshon, entonces de tres. Ella se marchó sin mirar hacia atrás.
"La quería cuando estaba con ella. Pero desde me envió a ese hombre, nunca la volví a querer", dijo Gideon, que lleva en su cabeza las cicatrices de cuando su amo lo golpeó con un remo. "Nunca volvería con ella".
Pero algunas organizaciones, como la Organización Internacional para las Migraciones, se concentran en reunir a los niños con sus padres y apoyar su educación.
John y Evans fueron rescatados y devueltos a casa, y ahora los dos van a la escuela. Fue sólo después del rescate de Evans que Mootey se enteró de que no había estado estudiando, sino trabajando.
"Lloró cuando volvió", dice. "Yo también lloré porque mi hijo había pasado por lo mismo que había pasado yo. Eso fue lo que más me dolió.
"Yo estaba muy enfadada porque nunca imaginé que mi hermano de hacer una cosa así con su propio sobrino".
Para romper esa cadena, dice, una generación debe ser liberada para ser educada.
"Creo que mi hijo puede ser el primero".

20 de julio de 2009
12 de julio de 2009
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taylor juzgado por crímenes de guerra


Ex presidente liberiano, Charles Taylor, rechaza cargos por crímenes de guerra y dice que luchaba contra la corrupción.
[Mike Corder] La Haya, Países Bajos. Ante la comisión de jueces que lo juzgan por crímenes de guerra, Charles Taylor contó el miércoles su ascenso al poder en Liberia retratándose a sí mismo como un combatiente contra la corrupción que montó un golpe para derrocar a los militares y restaurar la democracia.
Taylor ha sido acusado de once cargos de homicidio, torturas, violación, esclavitud sexual y el uso de niños soldados y terrorismo cuando apoyó a los rebeldes de Sierra Leona en la guerra civil de 1991-2002. Ha denunciado las acusaciones en su contra como "desinformación, mala información, mentiras y rumores".
Se calculan en medio millón las víctimas de asesinatos, mutilaciones sistemáticas y otras atrocidades de la guerra civil de Sierra Leona. Algunos de los crímenes más atroces fueron cometidos por niños soldados drogados.
La fiscalía ha llamado a 91 testigos para que demuestren sus afirmaciones de que Taylor proporcionó armas, dinero y apoyo político a los rebeldes de Sierra Leona a cambio de la riqueza mineral del país, alentándoles a aterrorizar el campo y suprimir toda oposición.
En su segundo día en el estrado, Taylor describió un tumultuoso período de golpes y ejecuciones en Liberia, un país de África Occidental zarandeado por la política de la Guerra Fría después de que un sargento mayor del ejército liberiano, Samuel Doe, se hiciera con el poder en un sangriento golpe de estado en 1980.
Sacudiendo sus manos o apuntando con el dedo, Taylor presentó una animada versión de su rompimiento con Doe, su escape hacia Estados Unidos por razones de seguridad y su fuga de una cárcel de Estados Unidos donde estaba retenido a la espera de un pedido de extradición después de que el régimen lo acusara de malversar novecientos mil dólares.
El abogado de Taylor, Courtenay Griffiths, dirigió a su cliente a través de la reconstrucción de su vida, desde su "humilde" nacimiento hasta las circunstancias de su presidencia en 1997-2003. Ese intento buscaba trazar un retrato del ex presidente como un conciliador antes que como el señor de la guerra caníbal descrito por los fiscales en el tribunal patrocinado por Naciones Unidas.
Las declaraciones de Taylor en el Tribunal Especial para Sierra Leona se espera que duren varias semanas.
El miércoles Taylor trató tópicos que fueron desde las rivalidades tribales a la política de las grandes potencias y una vida personal repartida en una procesión de esposas y amantes yuxtapuestas.
Doe fue el primer líder liberiano de origen nativo en un país que fue gobernado durante 130 años por esclavos americanos libertos y sus descendientes. Taylor, hijo de un juez liberiano-americano y su criada, utilizó su origen dual para ganar acceso a los dos grupos.
Armado con un diploma en económicas de Estados Unidos, se convirtió en un miembro de nivel medio del gobierno de Doe.
Taylor, que se dice que desvió millones de dólares cuando se convirtió en presidente de Liberia, dijo que tomó las armas para frenar la descarada corrupción entre los ministros y ayudantes de Doe.
"Eso me hizo muy impopular", dijo Taylor.
Su impopularidad produjo acusaciones de que había malversado novecientos mil dólares, dijo Taylor, negando categóricamente la acusación.
Taylor huyó de Liberia a Estados Unidos en 1983. Dijo que se marchó por temor a que lo mataran en el régimen cada vez más autocrático de Doe, y no por las acusaciones de malversación.
Cuando estaba fuera del país, un antiguo amigo, el general Thomas Quiwonkpa, dio un golpe de estado en 1985, pero fue asesinado por tropas leales a Doe, contó Taylor.
"Fue cortado en pedazos y comido por los soldados" y su asesinato fue filmado, dijo.
En su primer día de testimonios el martes, Taylor dijo que preparó su propio golpe de estado en 1989 para instaurar en Liberia una democracia multipartidista y el imperio de la ley e insistió en que "no soy culpable de todos esos cargos", refiriéndose a la vecina Sierra Leona.
Decenas de testigos, algunos sin manos, declararon sobre la brutalidad de los rebeldes de Sierra Leona, presuntamente patrocinados por Taylor. Otros testigos antiguamente asociados con Taylor dijeron haber pasado armas y mensajes a los rebeldes, por órdenes de Taylor, y transportado, a cambio, ‘diamantes de sangre’ extraídos ilegalmente.
Tratando las peores acusaciones, su abogado le pidió a Taylor que respondiera a la acusación de que es "de todo, desde terrorista a violador".
Es "muy, muy desafortunado que la fiscalía -debido a la desinformación, mala información, mentiras y rumores- me asocie con esos títulos o descripciones", dijo Taylor, hablando lentamente para realzar sus palabras. Resiento esa caracterización. Es falsa y maliciosa".

15 de julio de 2009
©fwdailynews 
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comenzó juicio de charles taylor


Taylor, ex presidente de Liberia, empieza a defenderse de cargos por atrocidades de Sierra Leona.
[Mike Corder] La Haya, Países Bajos. El ex presidente de Liberia, Charles Taylor, en juicio por crímenes de guerra, quiere aclarar su papel en la brutal guerra civil que desgarró a Sierra Leona y dejó cientos de miles de muertos y mutilados, dijo su abogado el lunes.
Al iniciar la defensa de Taylor, el abogado británico Courtenay Griffiths dijo que Taylor subiría al estrado el martes para declarar ante el Tribunal Especial para Sierra Leona por lo que se cree que serán varias semanas de testimonios.
Instó a los jueces a brindar a Taylor un juicio justo, y a no abrumarse con el desfile de miserias presentado por la fiscalía desde que empezara el juicio hace trece meses.
"Nadie que haya visto aquí en este tribunal la procesión de seres humanos reviviendo los traumas más grotescos, puede permanecer inmune", dijo Griffiths a la comisión de tres jueces. "Nosotros también somos humanos, incluso cuando decimos que este acusado no es culpable".
Taylor, 61, el primer jefe de estado africano que será juzgado por un tribunal internacional, está acusado de once cargos por homicidio, tortura, violación, esclavitud sexual, el uso de niños soldados y por implantar un régimen de terror.
Su juicio ha sido saludado como un histórico ejemplo de cómo negar impunidad a los autócratas que han evadido siempre su responsabilidad en crímenes colectivos y violaciones de los derechos humanos que ocurrieron durante sus regímenes.
La relevancia del caso es realzada por el rechazo del presidente de Sudán, Omar al-Bashir, a responder a las citaciones de la Corte Penal Internacional, en La Haya, para responder ante cargos por crímenes contra la humanidad en Darfur. La mayoría de los presidentes africanos han respaldado a al-Bashir en su acto de rebeldía y se niegan a arrestarlo.
Taylor estudió económicas en Estados Unidos y tuvo su adiestramiento militar en Libia antes de ascender al poder como un señor de la guerra rebelde en Liberia y ser elegido presidente en 1997.
En el tribunal de Naciones Unidas, los fiscales dicen que ayudó a los rebeldes de Sierra Leona a controlar el país vecino y apoderarse de sus abundantes riquezas minerales. Algunos de los 91 testigos llamados, dijeron que había enviado armas a los rebeldes, ocultándolas en sacos de arroz, en contravención del embargo de armas y a cambio de los llamados ‘diamantes de sangre’ extraídos con el trabajo de esclavos.
Un testigo de la acusación subió al estrado con muñones -sus manos habían sido cercenadas. Una mujer declaró que había sido obligada a acarrear un saco lleno de cabezas cercenadas, incluyendo las de sus propios hijos. Uno de los ex ayudantes de Tayor contó a los jueces que estaba con Taylor cuando el presidente comió hígado humano.
Esas escenas están lejos del elegante ex presidente que miraba impasible este lunes en el tribunal, luciendo un traje marrón cruzado, corbata marrón y gafas oscuras.
Griffiths describió a Taylor como un conciliador que estaba demasiado ocupado defendiendo la democracia en Liberia como para dirigir las atrocidades cometidas por los rebeldes durante la guerra civil de Sierra Leona entre 1991 y 2002.
Desde su detención en 2003, Taylor "no ha dicho ni una sola palabra en su defensa...", dijo Griffiths. "Ahora está usando la oportunidad de defenderse, no porque lo tenga que hacer según la ley, sino porque cree que es importante aclarar la historia".
En un emocional alegato inaugural, Griffiths se refirió a las raíces liberianas como el hogar de los esclavos libertos de Estados Unidos y lo contrastó con la imagen de Taylor cuando era llevado "encadenado" a Holanda, en junio de 2006.
El juez presidente Stephen Rapp criticó los comentarios de Griffiths porque introducen un elemento racial en el caso. Señaló que todas las víctimas de los crímenes en Sierra Leona eran africanos.
"El intento de este presunto perpetrador de utilizar el argumento de la raza es, en nuestra opinión, muy inapropiado", dijo.
Taylor es juzgado en una sala de tribunal alquilada en la Corte Penal Internacional en La Haya por temores de que juzgarlo en Sierra Leona pudiera reiniciar la violencia.
En un discurso que parecía dirigido más a Sierra Leona y Liberia que a los jueces, Griffiths dijo que el caso debería girar sobre los "agotadores esfuerzos de Taylor de llevar paz a Sierra Leona", no sobre las atrocidades.
En Liberia, el defensor de derechos humanos Boakai Jalieba dijo que el caso es seguido atentamente por los liberianos.
"Aquí en Liberia tenemos un gran interés en el juicio porque las guerras en Liberia y Sierra Leona presentan muchas similitudes; tenían algunas identidades comunes; los liberianos eran reclutados para ir a Sierra Leona, y los de Sierra Leona pelearon aquí", dijo.
Se estima que quinientas mil personas fueron víctimas de asesinatos, mutilaciones sistemáticas y otras atrocidades de la guerra civil de Sierra Leona. Algunos de los crímenes más atroces fueron ejecutados por pandillas de niños soldados que eran mantenidos con drogas para hacerlos insensibles al horror de sus acciones.
Pero Griffiths dijo que Taylor no era responsable del uso de niños en la guerra.
"Los niños soldados no fueron una invención de Charles Taylor", dijo.
Aparte de Taylor, el equipo de la defensa tiene una lista de más de doscientos testigos, aunque no se espera que declaren todos. Entre ellos se encuentran algunos ex jefes de estado africanos y altos funcionarios de Naciones Unidas que declararan a su favor, de acuerdo a una lista donde no se les identifica.

14 de julio de 2009
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diamantes de sangre


Sólo enriquecen al partido gobernante.
[Celia W. Dugger] Johanesburgo, Sudáfrica. Las fuerzas armadas de Zimbabue, controladas por el partido del presidente Robert Mugabe, se apoderó el año pasado violentamente de los campos de diamante de Zimbabue y ha utilizado las ganancias ilegales para comprar la lealtad de sus revoltosos soldados y enriquecer a los dirigentes del partido, acusó Human Rights Watch en un informe dado a conocer el viernes.
El partido, ZANU-PF, ha utilizado el dinero de los diamantes -sacados ilegalmente del país o vendidos ilegalmente a través del Reserve Bank- para reforzar su control de las fuerzas de seguridad, que parecía estar menguando el año pasado cuando se derrumbaba el valor de la paga de los soldados como consecuencia de una galopante inflación -según los investigadores de Human Right Watch.
El viernes, el gobierno de Zimbabue rechazó rotundamente los cargos en el informe, que mencionaba la visita de su investigador a los campos de diamante en febrero y entrevistas con soldados, mineros y otros testigos.
El ministro de Información, Webster Shamu, de ZANU-PF, dijo en una entrevista telefónica que el principal objetivo del informe era manchar la imagen del país, bloquear la venta internacional de sus diamantes y, "al hacer así, negarle a Zimbabue las divisas que necesita".
"Nada de ese informe es verdad", dijo.
El año pasado, los medios estatales de Zimbabue describieron el ataque militar, bajo el nombre de Operation No Return, en la comuna de Marange, como un intento de restablecer el orden en medio de una desenfrenada fiebre del diamante en la zona.
Pero el informe de Human Rights Watch acusa a los militares de haber asesinado a más de doscientos mineros y utilizado el ataque para apropiarse de los campos de Marange.
Algunos mineros murieron cuando los soldados dispararon desde helicópteros con rifles automáticos montados en ellos, dice la organización. Muchos de los muertos fueron llevados a la morgue del Hospital General Mutare, o enterrados en una fosa común, dice el informe.
Brigadas del ejército están siendo rotadas en los campos de diamante, descubiertos en 2006, de modo que más soldados puedan beneficiarse del comercio ilegal, dice el informe.
Campesinos de la zona, algunos de ellos niños, están siendo obligados a trabajar en minas controladas por sindicatos militares y se han quejado de ser perseguidos, golpeados y arrestados, dice el informe.
"Es una gran vaca lechera para los militares y la policía, especialmente desde que Zimbabue está prácticamente en bancarrota", dijo en una entrevista Dewa Mavhinga, el abogado zimbabuense que fue el principal investigador del informe.
Mugabe, que ha gobernado el país en los últimos veintinueve años, ahora comparte el gobierno con el primer ministro Morgan Tsvangirai, líder del Movimiento por el Cambio Democrático, que pasó las últimas tres semanas en capitales occidentales buscando ayuda para la devastada economía de Zimbabue.
El presidente Obama y jefes de estado europeos han rehusado en general ayudar directamente al gobierno de Zimbabue, en parte debido a la preocupación de que continúe burlándose del estado de derecho.
El informe de Human Rights Watch es el último signo de la creciente preocupación internacional sobre las acusaciones de asesinatos y violaciones de los derechos humanos en los campos de diamante al sudoeste de la ciudad de Mutare.
"Mientras el nuevo gobierno compartido de Zimbabue, formado en febrero de 2009, recorre ahora el mundo buscando ayuda para el desarrollo, millones de dólares en ingresos potenciales del gobierno están siendo desviados hacia otros fines", dice el informe.
En abril, la Federación Mundial de Bolsas de Diamantes, una organización que agrupa a veintiocho bolsas de veinte países, llamó a sus miembros a no transar los diamantes de los depósitos de Marange en Zimbabue.
"En algún momento tendremos que rendir cuentas", dijo Michael H. Vaughan, director ejecutivo de la federación, en una entrevista el viernes.
El domingo, representantes del Kimberley Process, una coalición de funcionarios públicos, de la industria y civiles fundada para detener el flujo de los llamados diamantes de sangre, viajarán a Zimbabue para explorar si el país cumple o no con las normas de la coalición.
Una coalición de organizaciones sin fines de lucro están presionando para que Zimbabue sea suspendida del Kimberley Process. "Existe en el país un contrabando desenfrenado", dijo Annie Dunnebacke, de Global Witness, una de las organizaciones. "Los militares están explotando el comercio y están implicados directamente en la venta de diamantes".
En momentos en que Zimbabue tiene dificultades para pagar a sus empleados públicos y soldados salarios de cien dólares al mes, los ingresos extras que provienen de la venta de diamantes extraídos por los soldados en las minas sólo sirven para "satisfacer a un electorado cuya lealtad hacia ZANU-PF, en el contexto de la continuada lucha política, es esencial", dice el informe de Human Rights Watch.
En diciembre los soldados se amotinaron en Harare, la capital de Zimbabue, para protestar por la paga, que había perdido todo su valor frente a una inflación que había alcanzado niveles astronómicos. Analistas y diplomáticos occidentales dijeron entonces que Mugabe podría perder su control del poder si no era capaz de mantener el patronazgo que había exhibido durante décadas.

11 de julio de 2009
26 de junio de 2009
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caos engendra guerra religiosa


El extremismo y violencia de los islamitas wahhabi los obligó a tomar las armas.
[Jeffrey Gettleman] Dusa Marreb, Somalia. Pese a ser hombres de paz, los clérigos sufíes se convirtieron repentinamente en hombres de guerra. Los sufíes forman parte de un movimiento islámico moderado con que cuentan los países occidentales para repeler a los crecientemente poderosos extremistas fundamentalistas de Somalia.
Sus santuarios están siendo destruidos. Sus imanes están siendo asesinados. Su tolerantes creencias están siendo sometidas a fulminantes ataques.
Así que los clérigos sufíes moderados hicieron hace poco lo que muchos otros hombres han decidido hacer en la anárquica Somalia: tomar las armas y entrar al negocio de la muerte, en este caso para defenderse de la shabab, una de las organizaciones extremistas musulmanas más temibles de África.
"Siempre tomamos cuidado de no involucrarnos en esas guerras entre clanes, esas guerras políticas", dice el jeque Omar Mohamed Farah, un líder sufí. "Pero esta era una guerra religiosa".
En los últimos meses, un nuevo eje de conflicto se ha abierto en Somalia, un país esencialmente anárquico desgarrado por clanes rivales desde 1991. Ahora, en lo que parece ser un giro definitivo, los combatientes de diferentes clanes están formando alianzas y luchando unos contra otros a lo largo de líneas religiosas, con hombres profundamente devotos que entran al campo de batalla con pañuelos de cabeza cuadriculados, rifles de asalto y polvorientos coranes.
Es una guerra de musulmanes contra musulmanes, y los clérigos sufíes son parte de un movimiento islámico moderado con el que los países occidentales cuentan para repeler a los crecientemente poderosos extremistas de Somalia. Si Somalia se convierte o no en una incubadora terrorista y una amenaza regional -lo que ya ha empezado a ocurrir, con cientos de yihadistas extranjeros fuertemente armados concentrándose aquí para luchar contra la shabab- o si este país finalmente se estabiliza y termina con los años de hambre, miseria y derramamiento de sangre puede depender de quién gane estas batallas en los próximos meses.
"Estamos en tierra desconocida", dice Rashid Abdi, analista del Grupo Crisis Internacional, una organización sin fines de lucro que trata de prevenir conflictos bélicos. "Antes, los clanes lo controlaban todo. Ahora en Somalia estamos por primera vez empezando a ver los contornos de una guerra ideológica sectaria, y eso me asusta".
Durante dos años, los insurgentes islámicos han librado una violenta guerra contra el gobierno de transición de Somalia y las miles de tropas etíopes que lo protegen. En enero, los insurgentes lograron lo que querían, aparentemente: los etíopes se retiraron; el impopular presidente abdicó; y los islamitas moderados asumieron el gobierno de transición de Somalia, reconocido internacionalmente, fortaleciendo las esperanzas de paz.
Pero desde entonces, el veredicto sobre los moderados ha sido tibio. En las últimas dos semanas, la shabab ha aplastado a las fuerzas gubernamentales en Mogadishu, la capital. La pequeña parte de la ciudad controlada por el gobierno se está reduciendo cuadra por cuadra, y las tropas etíopes han vuelto a cruzar la frontera y están observando. Han muerto cerca de ciento cincuenta personas, y el incesante fuego de mortero ha generado torrentes de aterrados civiles que se internan en terribles condiciones al árido campo, donde hacen frente a la peor sequía en diez años.
Si cae Mogadishu, Somalia será arrastrada todavía más profundamente hacia el violento lodazal que las Naciones Unidas, Estados Unidos y otros países occidentales han tratado de contener, y el país se fragmentará todavía más entre facciones en conflicto, probablemente con los islamitas radicales como grupo dominante.
Pero aquí, en las planicies barridas por el viento de las regiones centrales de Somalia, es una historia diferente. Los moderados se están defendiendo, y la recientemente acuñada milicia sufí es casi el único grupo local que encara a la shabab, y gana.
El territorio de varios cientos de kilómetros cuadrados en el centro de Somalia bajo control de los sufíes no es tan estratégico como Mogadishu. Pero los sufíes han alcanzado lo que no ha logrado ningún gobierno provisional: el apoyo popular, lo que explica porqué fueron capaces de avanzar tan rápidamente, pese a ser un grupo de hombres que no habían apretado nunca antes un gatillo -lo que es una rareza en Somalia-, y convertirse en una fuerza de combate unida y respaldada por los clanes locales.

Muchos somalíes dicen que la versión sufí del islam, que enfatiza la tolerancia, el misticismo y la relación personal con Dios, es más congruente con sus tradiciones que el islam wahhabi fomentado por la shabab, que impone una estricta separación de los sexos y severos castigos, como amputaciones y lapidaciones.
"Los sufíes son parte de nosotros", dice Elmi Hersi Arab en la vapuleada ciudad de Dusa Marreb en el centro de Somalia. "Se criaron aquí".
Los sufíes también aprovecharon la reacción contra la shabab. La organización, que según funcionarios estadounidenses recluta miembros en todos los clanes y está asociada a al Qaeda, controló Dusa Marreb durante buena parte del año pasado. Los vecinos describieron ese período como una época de terror. Los milicianos de la shabab asesinaron a más de una docena de hombres e incluso decapitaron a dos mujeres que vendían té.
"Respetamos a la shabab por ayudarnos a expulsar a los etíopes", dijo una mujer en Dusa Marreb que pidió no ser identificada por razones de seguridad. "Pero cuando los etíopes se marcharon y la shabab continuó con la guerra, eso dejó de tener sentido para nosotros".
Los sufíes, una cofradía religiosa organizada flojamente, y que también recluta a sus miembros en diferentes clanes, ha evitado estudiadamente implicarse en las guerras entre clanes de Somalia, que a menudo no son más que escuálidas tapaderas para luchas por el poder entre hombres de negocios y señores de la guerra. Pero en noviembre, dijo el jeque Omar, la shabab mató a balazos a varios estudiantes sufíes. Al mes siguiente, la shabab destruyó santuarios sufíes.
Estalló el pánico en las escuelas sufíes, donde jóvenes como Siyad Mohammed Ali estudiaban filosofía islámica. "Nunca enseñamos a rezar a los miembros de la shabab", dijo. "Ahora estábamos siendo atacados".
Hombres como Siyad se convirtieron en la espina dorsal de la nueva milicia sufí. Se consiguió una caja de AK-47 con un grupo de jefes de un clan, y un destartalado camión blindado con otro. En diciembre, los sufíes, cuya organización se llama Ahlu Sunnah Wal Jama, que se traduce gruesamente como los seguidores del profeta Mahoma, expulsaron a la shabab de Dusa Marreb. Desde entonces, los sufíes han defendido su territorio en varias ocasiones contra incursiones de la shabab.
Hassan Sheik Mohamud, decano de un colegio en Mogadishu, dijo que el levantamiento sufí era un hecho "absoluta y totalmente nuevo en la historia".
"Tenían la reputación de ser pacíficos", dijo.
Los sufíes están flojamente aliados con el gobierno provisional, que ha prometido gobernar Somalia con alguna forma de ley islámica. El presidente, el jeque Sharif Sheik Ahmed, es un enigma: proviene de una larga línea de clérigos sufíes, pero su ascensión al poder en 2006 fue parte de una alianza islámica con un marcado carácter wahhabi. Dijo que quiere que las mujeres cumplan funciones importantes en su gobierno, pero varias prominentes mujeres somalíes dijeron que durante una reunión reciente, ni siquiera las miró a los ojos.
Muchos somalíes dicen que el jeque Sharif está cometiendo el mismo error que sus predecesores, gastando más tiempo recorriendo capitales extranjeras en un Mercedes que trabajando en las calles de Mogadishu para cultivar alianzas locales.
Aquí, los sufíes están avanzando con su propia, pequeña administración, reuniéndose con funcionarios de Naciones Unidas y patrullando las calles. De noche, forman un círculo debajo de un árbol, dejan sus AK-47 sobre sus coranes, se quitan los pañuelos de cabeza y rezan.
"Nosotros también tenemos una guerra santa", dijo el jeque Omar, un hombre alto con una larga barba y mirada afable. "Pero es una guerra íntima, una lucha para mantenernos puros".

17 de junio de 2009
23 de mayo de 2009
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en kenia, leve sentencia por asesinato


Leve sentencia de prisión para aristócrata blanca provoca indignación. El juicio de Thomas Cholmondeley por asesinato expuso fisuras de clase y raza. Lleva tres años en la cárcel, y fue condenado a ocho meses de prisión.
[Tristan McConnell] Nairobi, Kenia. Ruidosas protestas estallaron en una atiborrada sala del tribunal hoy cuando Thomas Cholmondeley, heredero de una conocida familia de colonos blancos, fue sentenciado a ocho meses de cárcel por el asesinato, en 2006, de un cazador furtivo negro en la hacienda de su familia.
"Condeno al acusado a ocho meses de cárcel", declaró el juez Muga Apondi en la imponente sala del tribunal de paneles de maderas y atiborrada de periodistas y espectadores donde se representó el drama durante los últimos cuatro años.
Inmediatamente, los manifestantes en la galería pública desplegaron pancartas con la leyenda ‘Carnicero de Naivasha’ y empezaron a gritar consignas en kiswahili, el idioma local. La indignación puso al descubierto las fisuras de raza y riqueza que cruzan la sociedad keniata.
En la calle frente al Tribunal Superior de Nairobi, un hombre, que se negó a dar su nombre, dijo: "Si fuera negro, la sentencia habría sido diferente. Esa sentencia se explica por el color y la familia de ese hombre. ¡Es un insulto! Así es la justicia en Kenia", agregó, aludiendo a los defectos que muchos ven en el sistema judicial keniata.
El abogado defensor de Cholmondeley, Fred Ojiambo, la calificó de "sentencia justa". El fiscal acusador dijo que recurriría la sentencia, a la que llamó "demasiado indulgente".

Encuentro Fatal en Su Hacienda
El controvertido caso empezó hace tres años.
La tarde del 10 de mayo de 2006, cuando recorría con un amigo la hacienda de la familia de veintidós mil hectáreas, Cholmondeley sorprendió a una banda de cazadores furtivos.
Los cazadores cazaban con perros y estaban armados con arcos y flechas, pangas [machetes] y palos. Un cazador, un picapedrero llamado Robert Njoya, acarreaba sobre sus espaldas el cadáver decapitado y destripado de una gacela. Cholmondeley llevaba un rifle Winchester colgado sobre su hombro para protegerse de los búfalos.
Muchos de los decrecientes números de terratenientes blancos -descendientes de los primeros colonos del siglo veinte- han sufrido violentos robos en los últimos años y saben que una banda de ladrones es rara vez una buena noticia.
Cholmondeley apoyó una rodilla en el suelo y disparó tres veces, matando a dos de los perros y dejando a Njoya mortalmente herido. Cholmondeley se esforzó por parar la hemorragia y llevó a Njoya a toda prisa al hospital, pero no pudo impedir su muerte.
Cholmondeley rechazó la acusación de asesinato, diciendo que había disparado en defensa propia y matado a Njoya accidentalmente. Pero el juez Muga Apondi describió como una idea de último minuto la sorpresa que expresó Cholmondeley sobre la afirmación de su amigo en el estrado de testigos -un conductor de carreras llamado Carl ‘Flash’ Tundo- de que también llevaba un arma y podría haber disparado la bala asesina.
La semana pasada el juez Apondi declaró a Cholmondeley, que ha estado en prisión desde el incidente, culpable de homicidio, algo que sorprendió a muchos keniatas que se han acostumbrado a la idea de que a los ricos no se les encarcela.
Fue una doble sorpresa, porque Cholmondeley había asesinado anteriormente a otra persona y había quedado impune. La ocasión previa había sido en 2005, cuando disparó contra otro negro, Samson Sisina, un guardabosques encubierto. En esa ocasión el fiscal general de Kenia desechó el caso, contribuyendo a fortalecer la creencia de los privilegiados están por encima de la ley.

Historia de una Familia de la Elite
La historia familiar de Cholmondeley, desde la llegada de sus ancestros a Kenia hace más de cien años, hasta la segunda detención y juicio de Cholmondeley, resume las tensiones sobre raza y propiedad de la tierra que todavía existen.
Los primeros colonos británicos blancos llegaron a Kenia en los últimos días del siglo diecinueve dirigidos por Lord Delamere, el bisabuelo de Cholmondeley. Es tan famoso por sus salvajes escapadas, disparando contra botellas en bares, y entrando a restaurantes montado en su caballo, como por sus vigorosos esfuerzos por desarrollar la industria agrícola keniata.
Investigadores académicos calculan que los colonos se apropiaron de cerca de tres millones de hectáreas, fundando miles de extensas haciendas en el Rift Valley y en las laderas del Monte Kenia, llamado ‘The White Highlands’ durante la época colonial.
Lord Delamere -un título hereditario del que Cholmondeley es heredero- definió el esquema de las generaciones futuras, caracterizado por colonos playboys tal como fueron dramatizados en el libro y la película ‘Pasiones en Kenia’ [White Mischief].
Con la independencia de 1963, muchos blancos vendieron sus tierras y se marcharon del país, pero fueron las nuevas elites negras las que se beneficiaron de la redistribución, no la gente corriente. Sucesivos presidentes han seguido el ejemplo colonial de favorecer a su propia tribu, aumentando el resentimiento y avivando las tensiones que surgieron después de las polémicas elecciones del año pasado.
En la sentencia, el juez Apondi se refirió a esa "fealdad sin precedentes" y dijo: "Esta corte entiende los trasfondos... de la tierra y otras desigualdades".
Los latifundios blancos se ven ahora pequeños al lado de los de los políticos negros y sus familias, pero los descendientes de los colonos blancos que se quedaron en Kenia todavía llevan vidas de privilegio junto a los campesinos, que no tienen ni dinero ni tierras.

Años sin Juicio
No todos frente al Tribunal Superior estaban apenados.
"Están diciendo que hay una justicia para los blancos y los ricos y otra para los negros pobres, pero para mí está bien así", susurró un hombre, que no quiso dar a conocer su nombre. "Cholmondeley lleva ya tres años en la cárcel, ya ha sufrido bastante".
Pero todavía quedan signos de desigualdad en el hecho mismo de este juicio. Cholmondeley ha languidecido en un húmedo calabozo en una cárcel de alta seguridad en los últimos tres años, mientras su juicio avanzaba letárgicamente.
Pero el sobrecargado, infradotado y corruptible sistema judicial se enfrenta a un  atasco de más de ochocientos mil casos no procesados, de acuerdo al fiscal general de Kenia. Muchos de los detenidos ni siquiera tienen la esperanza de comparecer alguna vez ante un tribunal.

14 de junio de 2009
14 de mayo de 2009
©christian science monitor
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