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américa latina

mar por gas


Más voces en Chile por la fórmula mar por gas.
La urgente necesidad que tiene Chile de resolver su crisis energética ha sumado más adhesiones a la fórmula mar por gas, que le permitiría a Bolivia acceder de manera útil, libre y soberana al océano Pacífico.
Ex embajador de Chile en Buenos Aires (1994-98), Eduardo Rodríguez, se inclinó así por una "ecuación energética" de Sudamérica que ya propuso el presidente de Argentina, Néstor Kirchner, a partir de un reencuentro entre los gobiernos de La Paz y Santiago.
Rodríguez considera que la cancillería chilena no ha hecho todo para solucionar el problema marítimo con Bolivia. Entuerto que de ser resuelto, "nos daría un respiro importante en materia energética", afirmó el diplomático en una entrevista que concedió al diario electrónico El Mostrador.
La opinión de Rodríguez se torna importante porque fue un actor principal en la firma del protocolo gasífero argentino-chileno de 1995. Este acuerdo regula las actuales relaciones energéticas entre La Moneda y la Casa Rosada; afectadas hoy por una aguda crisis que tiende a acentuarse con la llegada de cada invierno.

Mar Soberano
"Hay que ponerse de acuerdo con Bolivia para que el resultado final de las negociaciones sea una salida soberana al mar, incluyendo la venia de Perú", afirmó el diplomático chileno en la entrevista que fue difundida el viernes.
Rodríguez propuso así resucitar el ‘Abrazo de Charaña' que pasa por la cesión de un corredor a favor de Bolivia, tal como se había proyectado en 1975 a partir de una reunión entre los mandatarios de facto de Bolivia, Hugo Banzer y de Chile, Augusto Pinochet.
A raíz de este momento se iniciaron varias rondas de conversaciones que culminaron sin éxito en 1978 con la ruptura definitiva de relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile. Este acuerdo pasa por un entendimiento con Perú, merced al Tratado de 1929.
"Nosotros debemos acceder, prácticamente, a todo lo que sea necesario -desde lo cultural, comercial, castrense- para dar facilidades de acceso al mar a Bolivia, y de restablecer el diálogo y darlo a conocer a la luz pública", sentenció Rodríguez en la entrevista.

17 de abril de 2005
©diario

guerra religiosa por territorios


[Henry Chu] En América Latina, una guerra religiosa por territorios. Catolicismo: el estado de la iglesia en el mundo.
Río de Janeiro, Brasil. Los retrasados deben luchar por un lugar en la Primera Iglesia Bautista de Copacabana. Hacia las 10:30 de la mañana del domingo, los bancos están llenos, los bateristas y guitarristas ya han ensayado y los fieles están dispuestos a reunirse con Dios.
"Loado sea tu nombre", reza el pastor, gravemente, surcando las cejas. "Descended entre nosotros".
Un coro de amenes estalla en la congregación. Algunos miembros alzan sus manos. En el escenario, jóvenes en camisetas y vaqueros empiezan un himno religioso parecido a una balada, dedicándose una hora y media a un culto a menudo alegre, a veces contemplativo.
Así empieza uno de los miles de servicios semanales en iglesias protestantes en todo Brasil. Aunque este país en gran parte tropical tiene más católicos que cualquier país del mundo, está presenciando un auge del protestantismo evangélico que podría alterar dramáticamente el paisaje religioso en los próximos 20 años.
En toda América Latina, el hogar de casi la mitad de los católicos del mundo, los fieles están cada vez más abandonando la versión vaticana del cristianismo a favor de la vertiente evangélica, una tendencia que plantea uno de los retos más importantes del próximo Papa.
"Finalmente llegó la Reforma a América Latina, cuatro siglos después de haber empezado en Europa", dijo Dean Brackley, profesor de teología de la jesuita Universidad de América Central, en San Salvador.
Para que el catolicismo siga siendo relevante, dicen analistas, los cardenales ahora reunidos en Roma para elegir un sucesor del Papa Juan Pablo II deben escoger a alguien dispuesto a forcejear con las preocupaciones de gente como Carlos Eduardo Valente de Abreu, a medio planeta de distancia.
"No me sentí muy bienvenido en la iglesia católica", dijo Valente, 31, consultor en tecnología de la información en Río de Janeiro. "No podía estar de acuerdo con lo que predicaban -las imágenes de Cristo sufriendo. No sentí que hubiera mucha sinceridad".
Lo que él encontró en la Primera Iglesia Bautista de Copacabana fue un intento sentido de comunidad en un mundo confuso. Los expertos dicen que esa es la principal atracción de las iglesias evangélicas, sobre todo entre emigrantes.
Muchos conversos se sienten atraídos por la música pop y liturgias dinámicas, que se ajustan mejor a los gustos contemporáneos que la tradicional misa católica. Otros favorecen unas enseñanzas que enfatizan la relación directa y personal con Dios y, a veces, con la promesa de recompensas materiales a la rectitud espiritual.
Agréguese a esos elementos el celo proselitista del movimiento evangélico, su inteligente uso de los medios de comunicación y su agilidad para abrir tienda en locales comerciales, escuelas y salitas, y el resultado ha sido un crecimiento espectacular en los últimos 25 años, a pesar de los frecuentes viajes de Juan Pablo a América Latina para apuntalar la fe.
En países donde los católicos fueron alguna vez más del 90 por ciento de la población, los evangélicos constituyen ahora una importante minoría religiosa, a veces con influencia social y política más allá de sus números.
En Chile, Honduras y Brasil, por ejemplo, casi un 15 por ciento de la población se describe a sí misma como evangélica. La cifra aumenta al 22 por ciento en El Salvador; en Guatemala, es un 25 por ciento. En el sureño estado de Chiapas de México, informes de la prensa local estiman que la población evangélica puede abarcar al 36 por ciento de los adultos.
Paraguay, aunque todavía abrumadoramente católico, tiene ahora su primer presidente protestante, Nicanor Duarte Frutos. El presidente Álvaro Uribe, de Colombia, hizo noticia cuando trató de acercarse a los protestantes, que ahora constituyen casi un 10 por ciento de la población del país.
"Este es un fenómeno global", dijo el Padre Francisco Niño, editor del diario católico El Catolicismo, de Bogotá. "Los otros movimientos religiosos constituyen un reto para la acción de la iglesia. No podemos ignorar el crecimiento de los movimientos no-católicos".
El cristiandad evangélica empezó a hacer importantes incursiones en América Latina durante los años setenta y ochenta, un turbulento período de guerra civil y polarización política que también afectó a la iglesia católica. El clero estaba dividido por cuestiones; algunos sacerdotes apoyaban a los rebeldes de izquierdas, y otros a los gobiernos de extrema derecha.
En la asolada Nicaragua, las conservadoras agencias de ayuda cristiana y los misioneros evangélicos que predican un evangelio fervientemente anti-comunista eran una presencia regular en los campos de extrema derecha de la milicia contrarrevolucionaria a lo largo de la frontera nicaragüense-hondureña. El evangelista de la televisión norteamericana, Pat Robertson, fue uno de los más activos partidarios del movimiento contrarrevolucionario.
En otros lugares, los grupos protestantes se afichan a sí mismos como un refugio del tumulto. "La gente no quiere polémicas", dijo Edgardo Bertrand, pastor de una de las iglesias protestantes más grandes de El Salvador. "Quieren a Dios".
Gran parte de rebaño en la Embajada del Jerusalén Cristiano en San Salvador son conversos cansados de la acción política que envolvió a la iglesia católica en décadas pasadas. Los evangélicos dicen que ellos enfatizan la transformación personal a través de la fe, no de la organización social y política.
"Podemos repartir comida, pero nuestro objetivo es que la gente conozca a Dios. Ricos y pobres necesitan a Cristo", dijo Geovane Dias, primer vice-presidente de la Primera Iglesia Bautista de Copacabana. "Ocuparse de los pobres no es nuestra misión más importante, como lo es para la iglesia católica... Para nosotros, nuestra prioridad número uno es servir a Cristo".
Miembros de su congregación -hombres y mujeres, jóvenes y viejos- hablan a menudo de sentir a Dios en términos emocionales. Llorar en los servicios del domingo no es raro.
"La gente siente un vacío, necesidades que a veces desconocen", dijo Dias. "Cuando una persona descubre a Cristo, no es solamente racional, sino también místico. Si tienes a Jesús, ti vida no será un lecho de rosas, pero habrá alguien que te guiará".
El conflicto político en Brasil no ha sido tan sangriento como en otras partes de América Latina. Pero el conflicto social sin embargo favoreció el crecimiento de las sectas protestantes, cuyos miembros se han más que triplicado en los últimos 25 años.
Durante ese tiempo, Brasil ha sufrido una intensa migración interna. Olas de gente la mayoría pobres, desesperados por encontrar un trabajo, se han trasladado del noroeste y centro-norte de Brasil, a lo largo de los bordes de la selva amazónica, para utilizar las ventajas del auge de la producción agrícola. Otros se han hacinado en las miserables barriadas de las ciudades a lo largo de la coste este, como en Recife y Río.
Tanto en la frontera agrícola como en las villas miseria metropolitanas, instituciones de gobierno y otras instituciones cívicas son débiles o prácticamente no existentes.
"El estado no avanza al mismo ritmo que el proceso. Tampoco la iglesia católica. No pueden asignar nuevos sacerdotes rápidamente a lugares donde está creciendo la población", dijo Cesar Romero Jacob, profesor de sociología de la Pontificia Universidad Católica de Río. "Los grupos evangélicos llegan allá más rápidamente, y por llegar más pronto, cosechan a toda esa gente".
Un estudio de Jacob y otros colegas hace dos años, auspiciado en parte por la iglesia católica brasileña en un intento de comprender dónde y por qué disminuían sus feligreses, concluyó que el crecimiento de las sectas evangélicas como las Asambleas de Dios y la carismática Iglesia Universal del Reino de Dios ha sido explosivo en esas áreas.
Los emigrantes sin familia ni amigos ni los soportes de sus antiguas comunidades están ansiosos por usar las redes sociales y espirituales que proporcionan las iglesias protestantes a través de sus servicios semanales, los círculos bíblicos y otras actividades. Los sermones que prometen progresos y logros personales por medio de Dios y de una conducta correcta -no beber, no fumar- son también atractivos.
Las iglesias operan en locales poco comunes, como tiendas, y usan fuertes técnicas de márketing y proselitismo boca a boca. Forman a sus nuevos pastores rápidamente, a veces en un par de meses, en comparación con los años de seminario que se exige de los sacerdotes católicos.
"Las iglesias evangélicas son más rápidas, más ágiles, mientras que la iglesia católica es más burocrática", dijo Jacob.
Algunas sectas se han volcado a los medios de comunicación para difundir el evangelio. Una estimación reciente en Brasil dijo que las denominaciones protestantes eran propietarias de 58 emisoras de radio en 16 estados, o más de la mitad. La Iglesia Universal del Reino de Dios, quizás la de crecimiento más rápido en Brasil, posee dos redes nacionales de televisión y publica un boletín semanal leído por 1.5 millones de personas.
Entre 1980 y 2000, los años más activos del papado de Juan Pablo, el número de protestantes aumentó del 6.6 por ciento de la población de Brasil al 15.6 por ciento. Aunque hay más de 100 millones de católicos, su porcentaje de la población descendió de 89 a 74 por ciento.
"En 20 años la iglesia católica ha perdido más miembros que en toda la historia de Brasil" hasta ese punto, dijo Jacob. Sin una campaña que contenga la marea, los católicos podrían descender a menos del 60 por ciento de la población para fines de esta década, calculó.
En otros países latinoamericanos la fuerte emigración interna ha creado circunstancias similares, especialmente en Guatemala. Pero allá, dicen los expertos, los católicos parecen haber tenido éxito en detener, si no revertir, el crecimiento del protestantismo, usando la misma moneda. Ahora la iglesia católica opera emisoras de radio y bibliotecas, lo mismo que las sectas protestantes. También ha fomentado una mayor participación de los seglares en la liturgia y en las actividades de la iglesia.
Y aunque no pudo parar por sí solo el crecimiento del protestantismo, Juan Pablo, en su viaje a Guatemala de 2002, ayudó a unir a los fieles.
"Tienes que recordar que la iglesia católica tiene un peso histórico. Históricamente ha sido la iglesia", dijo Marco Antonio Barahona, director de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales, de Ciudad de Guatemala, un laboratorio ideológico. La visita del Papa "fue clave en el resurgimiento de la esperanza espiritual entre los fieles católicos que coincidió con la estrategia de permitir más participación en las actividades litúrgicas".
Estar involucrado en la vida de la iglesia apelaba a Valente, el consultor en tecnología de la información de Río, cuando decidió acercarse a la Primera Iglesia Bautista de Copacabana hace un mes.
Un católico bautizado pero no practicante, ahora Valente asiste a los servicios del domingo en la mañana y vespertinos de la iglesia bautista, así como a las clases de Biblia antes del servicio de las 10:30. Participa en el coro los lunes, y se aparece los miércoles noche para las sesiones de "alabanzas".
Conversos como Valente han ayudado a la Primera Iglesia a casi doblar su tamaño -a 650 miembros- en los últimos seis o siete años, dijo Dias, el primer vice-presidente de la iglesia. Los feligreses son alentados a difundir la palabra.
Con la esperanza de que se den cuenta lo mucho que ha cambiado, Valente se siente ansioso de que el resto de la familia se una a él.
"Yo era muy ansioso, era una persona muy nerviosa, y ahora estoy mucho más tranquilo", dijo. "Siempre sentí que llevaba a Dios dentro de mí".

Andres D'Alessandro en Buenos Aires, Reed Johnson en Ciudad de Mexico y Chris Kraul y Alexander Renderos en San Salvador, y Rachel Van Dongen en Bogotá, contribuyeron a este reporaje.

15 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

iglesia con rock


[Monte Reel] Sacerdotes brasileño recurren a canciones y bailes para contener declive de la iglesia.
Sao Paulo, Brasil. Mete a 15.000 cuerpos hombro a hombro en una inmensa y vieja bodega, ponles a cantar a todo pulmón y siente subir la temperatura.
"¿Cuánta gente está sudando?"
El Padre Marcelo Rossi está parado ante una destellante extensión de manos alzadas, entusiasmando a la multitud, y una gota de sudor hace un brillante riachuelo detrás de su oreja izquierda y se escurre hacia su tirilla.
"Sudar hace bien", dice. "Saca las cosas malas. Ahora, poned las manos en el corazón y decid conmigo: Liberémosnos de la envida, de la codicia..."
Si Rossi suena más como un profesor de gimnasia que como cura católico, es probablemente porque él era uno. Eso era antes de que el Papa Juan Pablo II visitara Brasil en 1997 y se reuniera con Rossi y otros jóvenes sacerdotes, instándoles a encontrar modos de contener la erosión del catolicismo en un país donde el protestantismo evangélico está amenazando su predominio de varios siglos.
"Nos dijo que despertáramos, que necesitamos hacer algo para atraer a la iglesia a la gente joven", dijo Rossi, justo antes de que su banda de rock cristiano de cinco músicos iniciara la misa vespertina del jueves. "Así que hice la promesa de que en adelante usaría todas las herramientas disponibles: la televisión, la radio, las películas, internet. Todo".
Brasil es el hogar para más católicos que cualquier otro país del mundo. Pero si el movimiento evangélico continúa creciendo al ritmo de los últimos años, las estadísticas sugieren que para 2022 los católicos serán una minoría en un país que en 1980 tenía un 90 por ciento de católicos.
Tomando ejemplo de los evangélicos, Rossi se ha transformado en el más visible de un creciente número de sacerdotes brasileños que conservan las creencias básicas del Vaticano, pero las difunden con un estilo informal que tiene por objetivo conectarse con las clases medias y bajas.
En cualquier centro comercial de esta extensa metrópolis, un comprador puede encontrar los videos de Rossi, ‘Aerobic para el Señor' o de su largometraje, ‘María, Madre del Hijo de Dios', la cuarta película más taquillera de 2004 en Brasil. En una tienda de discos, uno puede hojear los álbumes que han dado a Rossi múltiples nominaciones para los Grammy Latinos. En un quiosco de revistas cualquier revista de Caras -el equivalente de People- probablemente incluirá su foto.
El movimiento católico carismático ha estado activo en Brasil en los últimos años, pero Rossi y otros están tratando de hacerlo más atractivo. Hoy, las misas cantadas se pueden oír en iglesias mucho más apagadas que la de Rossi, donde algunos sacerdotes decididamente tradicionales han empezado a ofrecer servicios regulares carismáticos. En el proceso, han aprendido a ser más expresivos con sus manos y voces, para cantar canciones cristianas modernas en lugar de los clásicos cánticos y plegarias y para evitar los respingos cuando estallan los aplausos.
"El movimiento carismático se está institucionalizando, justo en los últimos dos años o algo así", dijo Antonio Flavio Pierucci, de la Universidad de Sao Paulo. "Ahora lo apoyan los obispos. Han descubierto que pueden utilizarlo como una alternativa a los que quieren que la iglesia sea más liberal y de izquierdas".
La predominancia histórica del catolicismo en Brasil significa que ha estado siempre entrelazado con la política. En los años sesenta y setenta, la teología de la liberación echó raíces aquí. Su posición básica era que las autoridades de la iglesia debían ser activistas sociales, ayudando a la gente a "liberarse" de la pobreza y la opresión -incluso si eso significaba luchar contra regímenes políticos que creían que estaba en el origen de la miseria.
Los teólogos de la teología de la liberación llamaron a esta idea una "opción preferente", dirigida a perturbar la complacencia de los ricos. A Juan Pablo, sin embargo, no le gustaban los tintes marxistas del movimiento. El Papa censuró a sus líderes más polémicos y el movimiento destiñó, aunque todavía tiene adherentes en la iglesia.
Para los sacerdotes que llegaron en una edad en que la teología de la liberación dominaba la discusión en Brasil, el movimiento carismático es inquietante no por su falta de formalidad sino por lo que ven como un cambio de foco de los problemas sociales a los personales. El Padre Julio Lancelotti, un sacerdote que trabaja en una residencia de niños con el síndrome de inmunodeficiencia y sida, lamentó lo que ve como un énfasis evangélico en el individuo como un medio de atraer a los pobres.
"La iglesia se convirtió en algo parecido a los evangélicos, concentrándose en los individuos en lugar de lo colectivo", dijo Lancelotti. "Pero eso fue porque en el pasado la iglesia decidió dar a los pobres la opción preferente, y los pobres tomaron esa opción y eligieron a los evangélicos".
Cuando la mayoría de los brasileños dice "evangélicos", se refieren a una versión de iglesias protestantes que incluye a los bautistas, pentecostales, la Asamblea de Dios y la Iglesia Universal del Reino de Dios. En todos los barrios pobres de Sao Paulo, donde los edificios industriales abandonados están salpicados de pintadas y rodeados de verjas improvisadas, las recién construidas iglesias evangélicas surgen de las ruinas con paredes de espejos.
A veces, las iglesias se han expandido más rápidamente de lo que permiten sus alrededores, lo que requiere soluciones creativas. En la Iglesia Bautista de Agua Branca, la congregación creció demasiado para su edificio alquilado de ladrillos, de modo que compró a un circo una tienda gigante de rayas blancas y azules lo suficientemente grande como para acomodar a las multitudes de 1.500 personas que atrae los domingos. Algunos de los que asisten vienen de barriadas extremadamente pobres, llamadas favelas, donde tanto evangélicos como católicos han hecho incursiones.
Alexandre Ferreira, 21, se levantó el miércoles pasado a las 3 de la mañana y empezó a empujar un carro de dos ruedas a través de las calles, cargándolo con restos de diarios y cualquier cosa que pueda vender a una empresa de reciclaje. A las 2 de la tarde volvió a la favela para dormir algunas horas. Luego, a las 6:30, con su camisa blanca manchada y arrugada, llegó a Agua Branca.
Durante cuatro noches a la semana, Ferreira se sienta en un aula con otros 15 adultos para aprender a leer y escribir. Como la inmensa mayoría de los brasileños, nació en una familia católica y fue educado como tal, pero se acercó a la iglesia bautista cuando un vecino le informó sobre sus programas gratuitos de alfabetización.
"Me gustaría tener un mejor trabajo y no soy quisquilloso. Cualquier trabajo sería mejor", dijo Ferreira, que dijo que nunca fue capaz de terminar la escuela porque su familia no podía pagar el alquiler de una casa y tenían que mudarse frecuentemente.
Lograr que gente como Ferreira visite regularmente la iglesia ha ayudado a la iglesia bautista a crecer firmemente en Brasil, incluso aunque los recién llegados no se unan formalmente a la iglesia y quizás se acerquen a ella sólo como un modo de progresar ellos mismos.
"Creo que estamos más cerca de las necesidades de la gente", dijo Ed Rene Kivitz, el pastor de Agua Branca, comparando a su iglesia con la tradición católica. "Tratamos de hablar el idioma de ahora y de hacer una conexión entre la vida espiritual y la vida real. Aquí no hablemos del Dios en los cielos. Hablamos de Dios en la Tierra".
Es ese tipo de diálogo práctico el que el Padre Euclydes Pizzamiglio, un sacerdote católico de la Iglesia de San Antonio en un sector residencial de la ciudad, ha estado tratando de incorporar en sus servicios. Su iglesia no se parece en nada a la bodega de rayas de Rossi o a las salas de culto brillantemente iluminadas y decoradas con sencillez de los evangélicos. Aquí en la arquitectura hay ángeles, puertas con hojas doradas, vitrales y un tabernáculo gótico. Los cirios y tenues luces tiemblan entre las sombras.
Pizzamiglio se coloca a sí mismo en el segmento conservador de los católicos y se siente claramente incómodo con el estilo eclesiástico más suelto. Pero cada domingo Pizzamiglio sube el tono de su misa normalmente discreta para un servicio más emocional. No fue su idea; lo exigió la congregación.
Pizzamiglio claramente no está ansioso de unirse completamente al movimiento carismático. Una vez, dijo, alguien de los asistentes a la misa del domingo quería instituir los "bautismos espirituales", pero intervino un obispo, recordando a los feligreses de la congregación que ellos ya se habían bautizado.
Sin embargo, Pizzamiglio reconoce que su servicio carismático es visitado por multitudes más grandes que para las misas tradicionales. Así, esos últimos domingos de mes, mueve su cuerpo un poco más, habla un poco más informalmente y canta con los demás.
"No es un gran ajuste", dijo. "Del mismo modo que altero la misa para niños de los sábados, cambio un poco la misa del último domingo del mes".

14 de abril de 2005
©washington post
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protestas desde púlpitos


[Kevin Sullivan] En Guatemala. Disputa en mina vuelve a encender el activismo en la iglesia católica.
San Miguel Ixtahuacán, Guatemala. El sacerdote Eric Gruloos daba grandes pasos en el aula de la iglesia en este villorrio en la ladera de un cerro, sosteniendo una roca del tamaño de un melón.
"¡No nos han contado la verdad sobre la mina!", dijo, mientras los casi 30 feligreses tomaban apuntes.
La roca, explicó, era del tipo que sale de la mina de oro a tajo abierto que enormes excavadoras están cavando en las montañas cercanas -un proyecto de varios millones de dólares contra el que funcionarios de la iglesia católica protestan vehementemente desde el púlpito, por una emisora de propiedad de la iglesia y con manifestaciones locales encabezadas por el obispo de la localidad.
Gruloos repasa rápidamente estadísticas sobre el arsénico y otros contaminantes que pueden provenir de rocas como la que tiene en la mano. Habló de los peligros potenciales de la minería, explicando pausadamente elementos científicos básicos a sus feligreses indígenas, de los que casi ninguno ha terminado la escuela primaria.
"Tenemos que ser fuertes para que no nos manipulen", dijo Gruloos. "Algunos están consternados de que la iglesia esté contra la mina. Pero estamos haciendo lo que hizo Jesús. Él llegó para que la gente despertara ante las injusticias".
La agresiva oposición de la iglesia católica al proyecto minero, que está siendo construido por una compañía canadiense y respaldada por el gobierno guatemalteco, es la especie de acción social y política de base de los clérigos que dominaron América Latina hace una generación, cuando sacerdotes y obispos rechazaron abiertamente a los gobiernos autoritarios.
Durante los casi 27 años del papado de Juan Pablo II, esa agresiva agitación social se desvaneció con la llegada de una nueva generación de sacerdotes más conservadores partidarios del Vaticano. Mientras que tanto clérigos liberales como conservadores hacen campañas a favor de la gente más marginada de América Latina, tienen filosofías marcadamente diferentes sobre cómo hacerlas. Los dos lados apoyan a los pobres, pero es más probable que los liberales salgan a marchar con ellos.
Reconciliar las diferentes posiciones sobre el rol de la iglesia en torno a temas de justicia social en América Latina será un importante reto para el sucesor de Juan Pablo, de acuerdo a entrevistas con clérigos y estudiosos de la iglesia.
"Tenemos que examinar nuestras conciencias y cambiar. Hemos olvidado nuestro compromiso fundamental con la gente", dijo el obispo Álvaro Ramazzini, el activista a cargo de la diócesis que incluye San Miguel, un pequeño pueblo metido en un valle rodeado de montañas y al que se llega por un solo sendero de tierra.
En enero, Ramazzini encabezó una protesta contra la mina por las calles de San Marcos, la capital provincial. Dijo a los manifestantes que los intereses extranjeros detrás de la mina se aprovechaban de los recursos naturales de Guatemala y que no aportaban beneficios a los residentes pobres.
La marcha fue un directo desafío al presidente Óscar Berger, cuyo gobierno dice que la mina es segura para el medio-ambiente y que creará cientos de necesarios puestos de trabajo y millones de dólares en impuestos. Michael Steeves, portavoz de la compañía minera y al que localizamos en Reno, Nevada, dijo que estaba "sorprendido" por la oposición de la iglesia a la mina y mencionó los mismos beneficios que el presidente.
En una rara riña con la iglesia, Berger acusó a Ramazzini de organizar una segunda manifestación contra la mina, en la que un manifestante resultó muerto en un enfrentamiento con la policía. Ramazzini dijo que él no apoya la violencia y que no tenía nada que ver con el incidente, y el cardenal Rodolfo Quezada Toruno de Ciudad de Guatemala rebatió a Berger, diciendo que sus comentarios hacían parecer que "el gobierno sólo responde a los intereses de las compañías transnacionales". Poco después Ramazzini recibió una amenaza de muerte; ahora es acompañado por guardaespaldas del gobierno las 24 horas del día.
"Incluso algunos de mis colegas me dicen que no me meta tanto, que me quede tranquilo", dijo Ramazzini, 57, que ha encabezado protestas previas contra las condiciones de trabajo en las enormes plantaciones de café en su diócesis y en problemas sobre derechos de tierras que plagan a sus feligreses indígenas.
"Pero para mí es un asunto de conciencia", dijo. "Si nos evangelizamos para ayudar a los pobres, no estamos evangelizando como dijo Cristo, y tenemos que preguntarnos a nosotros mismos qué tipo de evangelización estamos haciendo".
Líderes de la iglesia más conservadores dicen que la iglesia, mientras defiende vigorosamente a los pobres, debería concentrarse en asuntos más espirituales y en general dejar la política a los políticos. Esa posición ha sido más a menudo tomada por grupos profundamente ortodoxos en la iglesia, como el Opus Dei y la Legión de Cristo, que prosperaron en América Latina con el apoyo de Juan Pablo.
"Hay varias maneras en que puede protestar la iglesia", dijo el arzobispo Fernando Saenz Lacalle del vecino El Salvador, un miembro del Opus Dei nombrado por Juan Pablo en 1995. "Uno puede marchar en frente de un grupo de gente en la calle, otro podría estar redactando un documento mesurado que sea tan fuerte como necesario".
Saenz, en una entrevista, dijo que era preferible que los laicos se ocuparan de las batallas políticas. Pero dijo que formar y apoyar a esa gente no significa que la iglesia se esté distanciando de temas de justicia social.
Mientras el liderazgo de la iglesia en la región es generalmente conservador, hay todavía muchos ejemplos de acción social de la iglesia en temas sociales. En Guatemala la iglesia ha estado implicada en la investigación de los abusos cometidos por el gobierno durante los 36 años de guerra civil del país, que terminó en 1996. Y el cardenal Óscar Rodríguez Madariaga, de Honduras, considerado entre los candidatos a ser el nuevo Papa, ha predicado públicamente contra la mina y se ha pronunciado sobre temas del medio-ambiente.
En San Miguel, un grupo de edificios bajos y blanqueados no lejos de la frontera mexicana, muchos feligreses dijeron que se sienten en gran parte abandonados por su gobierno. Dijeron que querían una dirección más activa de la iglesia para ayudarles a luchar por sus derechos.
"Aquí no somos muy instruidos", dijo Carnuto Andés López, 53, que estuvo escuchando la charla de Gruloos sobre la mina. "Me siento bien con este padre porque nos explica las cosas y nos motiva".
San Miguel representa la miseria que aflige a toda Guatemala, donde la mayoría de sus 14 millones son católicos, pero el número de protestantes está creciendo rápidamente. La pobreza y el analfabetismo son impresionantes; Gruloos dijo que menos de una en cinco personas terminan la escuela primaria en San Miguel. Hay pocos trabajos, y Gruloos dijo que los más ambiciosos y motivados emigran a Estados Unidos.
"El nuevo Papa tiene la responsabilidad de transformar en acción las palabras de la iglesia", dijo David Díaz, 23, anunciador en la radio de la iglesia de San Miguel, Arcángel Stereo, que transmite regularmente mensajes contra la mina a las casas dispersas a lo largo de miles de pequeñas aldeas en la montaña.
Muchos aquí recuerdan con cariño la posición activa de los clérigos católicos que reinaban durante las guerras civiles de América Central en los años setenta y ochenta, cuando muchos miembros del clérigo apoyaron a los rebeldes contra los gobiernos autoritarios respaldados por Estados Unidos. Muchos de esos sacerdotes adherían a la teología de la liberación, una filosofía de acción social contra la pobreza y la opresión; para algunos de ellos, eso significó apoyar a los grupos rebeldes que acogieron la revolución social inspirada en el marxismo.
El Papa, un declarado anti-comunista, reprimió ese movimiento nombrando en América Latina a una generación de líderes de la iglesia más conservadores. Eso sirvió para silenciar a muchos de los sacerdotes más activos de la región, incluso a los que no tenían nada que ver con el comunismo.
Otros fueron silenciados por la violencia: Muchos sacerdotes y monjas fueron asesinados por matones del gobierno o matados en fuegos cruzados en las guerras civiles en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Un franco arzobispo salvadoreño, Óscar Romero, fue asesinado en 1980 cuando decía la misa. Funcionarios del Vaticano anunciaron este mes que se estaba estudiando la beatificación de Romero, el primer paso hacia la santidad y una medida que algunos esperan que haga renacer el espíritu de acción social.
Los feligreses en San Miguel dijeron que la ruidosa oposición de la iglesia a la mina es un mapa del sentido común de cómo debe comportarse el clérigo, uno que esperan que adopte el próximo Papa.
"Creemos que Jesucristo se alzaba por la gente que no tenía voz", dijo el feligrés Timoteo Tojil Sánchez, 36, que llegó a la charla de Gruloos sobre cómo organizar la oposición a la mina. "Si la iglesia no existiera, no tendríamos a nadie que defendiera nuestros derechos. No me importa de dónde sea el nuevo Papa. Lo que quiero es que luche contra la injusticia y defienda a los pobres".
Tojil y otros dijeron que habían visto lo que una iglesia activa puede lograr. En febrero el gobierno de Guatemala anunció que respetará su compromiso con Glamis Gold Ltd., la compañía que construye la mina, pero que congelará la emisión de más permisos de explotación minera. Se ha creado una comisión especial del gobierno y de autoridades de la iglesia para discutir el futuro de la minería en el país.

13 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh

américa latina busca papa


[Hugh Dellios y Gary Marx] Avances del protestantismo y espinosos problemas sociales hacen que muchos quieran un guía que los comprenda y actúe.
Ciudad de México, México. Una ama de casa pobre del campo de Chiapas, Ángela San Martín, se considera a sí misma católica recalcitrante, como sus padres. Jura que nunca dejará la iglesia.
Sin embargo, las tentaciones están siempre acechando, como cuando los misioneros de iglesias evangélicas golpean a su puerta "hasta 10 veces" para tratar de convertirla, dicen, "a una religión que te ayuda y entiende la vida de la gente".
"Han mucha gente en Chiapas que se ha cambiado de iglesia", dijo la esposa de un zapatero, 54. "Agarran a los desesperados".
Mantener a fieles como San Martín en los bancos de la iglesia y demostrar que la iglesia puede ayudar a aliviar la persistente pobreza están entre los enormes retos a los que debe hacer frente el sucesor del Papa Juan Pablo II en América Latina. Es el hogar de casi la mitad de los mil millones de católicos del mundo, pero también sufre escasez de sacerdotes, congregaciones cada vez más ralas y un generalizado abucheo de las enseñanzas más conservadoras de la iglesia.
Desde Brasil a Guatemala, funcionarios eclesiásticos están alarmados por la persistente pérdida de parroquianos a manos de congregaciones protestantes, que ofrecen servicios religiosos más entretenidos y atención a asuntos terrenales.
Los avances de los evangélicos han subrayado las críticas de la iglesia católica como rígida, remota y a veces irrelevante para los estilos de vida y retos modernos.
A pesar de la enorme popularidad de Juan Pablo II en una región que visitó 17 veces, el incierto futuro de la iglesia ha dado origen a una general esperanza de que el próximo Papa sea un latinoamericano que entienda la injusticias económicas locales y otros desafíos.
Al menos cinco cardenales del hemisferio han sido mencionados como posibles candidatos cuando sus colegas se reúnan en el cónclave del Vaticano que comenzará el 18 de abril. Los cardenales incluyen a Claudio Hummes, 70, de Brasil; Óscar Andrés Rodríguez Madariaga, 62, de Honduras; y Norberto Rivera Carrera, 62, de Ciudad de México.
Otros cardenales mencionados como papables son Jorge Mario Bergoglio, 68, de Buenos Aires, y Darío Castrillón Hoyos, 75, de Bogotá, Colombia. Muchos de los cardenales latinoamericanos son conservadores en temas doctrinales, pero también defienden a los pobres y critican los excesos de la economía de libre mercado, como lo hizo Juan Pablo II.
Si uno de ellos fuera elegido en la Santa Sede, significaría que América Latina, largo tiempo vista como hijastra de sus colonizadores europeos, ha alcanzado un nuevo nivel de prestigio -como la elección de Juan Pablo II puso a Europa del Este en una nueva perspectiva en 1978.
Pero también subrayaría la pobreza de la región y otros temas únicos -serios retos que a menudo son pasados por alto en medio del clamor que rodea a las controversias europeas y norteamericanas sobre temas como el rol de las mujeres y el sexo y la reproducción.
Tal como Juan Pablo II estuvo perfectamente cualificado para tratar el tema del comunismo después de vivir a su sombra, un latinoamericano sería capaz de abordar la larga historia de guerras sobre tierra y dinero, que ahora se manifiesta en las frustraciones sobre las economías de libre mercado y una brecha cada vez más grande entre ricos y pobres.

Más Cerca del Pueblo
"Creo que en general el clero europeo no entiende tan bien los problemas de la pobreza como alguien del Tercer Mundo", dijo el sacerdote Edward Cleary, director de Estudios Latinoamericanos en el Providence College de Rhode Island. "El estilo es diferente. Los obispos latinoamericanos están más cerca de la gente".
Mientras la iglesia romana está creciendo más rápidamente en África, muchos latinoamericanos se consideran ahora a sí mismos el centro dinámico del catolicismo mundial y por eso creen que merecen un Papa que transforme sus preocupaciones en prioridades de la iglesia.
"La mayoría de los católicos del mundo están en América Latina, así que cualquiera que sea elegido debería concentrarse en ese continente", dijo el cardenal Nicolás de Jesús López Rodríguez de República Dominicana antes de partir para Roma la semana pasada.El Papa Juan Pablo II dejó un legado dividido en la región. Era ampliamente querido y apreciado por sus muchas visitas, el hecho de que hablaba español y gestos tales como honrar a la gente indígena en México en 2002 al transformar en santo al campesino Juan Diego.
Pero muchos latinoamericanos recibieron sus enseñanzas conservadoras más bien como recomendaciones que como órdenes, especialmente en temas como el control de la natalidad y el divorcio.
Desde que la iglesia llegara al Nuevo Mundo con los conquistadores hasta entrado el siglo 20, la institución y sus guías han estado a menudo profundamente involucrados con la clase política dominante y la aristocracia de la región, a veces a expensas de los pobres que llenan los bancos de la iglesia.
Luego, en el siglo 20, a medida que evolucionó la política social de la iglesia, algunos teólogos adoptaron una fusión del marxismo con el cristianismo que puso la lucha terrenal entre ricos y pobres en el centro de la fe.
Era conocida como ‘teología de la liberación', pero Juan Pablo II, que había vivido en un país marxista, mostró poca paciencia con ella. En una lección ampliamente recordada, apuntó con su dedo y regañó al Padre Ernesto Cardenal por trabajar con el gobierno marxista sandinista de Nicaragua en los años ochenta.
Aunque Juan Pablo II habló a menudo de la necesidad de justicia social y sobre los errores en las alianzas pasadas de la iglesia con el poder y la riqueza, la vehemencia de su represión fue vista por algunos como una familiar bofetada a los pobres.

Gran Dosis de Responsabilidad
"El reto más grande de la iglesia es la enorme competencia religiosa que existe, pero... Juan Pablo II tuvo una gran parte de la culpa", dijo Bernardo Barranco, vice-presidente del Centro de Estudios Religiosos de México.
La supresión de los sacerdotes de izquierda "creó un enorme vacío a nivel popular, y ese vacío fue rellenado por los nuevos movimientos religiosos", dijo Barranco.
Al mismo tiempo, la iglesia en América Latina hace frente a variaciones sobre problemas que agobian a muchos otros católicos.
La escasez de sacerdotes se produjo aquí antes y más profundamente que la agobiante escasez en Estados Unidos, Canadá y Europa. Según algunos informes, México tiene sólo 1 sacerdote por cada 7.300 católicos, mientras que algunas congregaciones protestantes pueden ofrecer un ministro por cada 233 fieles.
En el campo de Chiapas, donde las tensiones entre católicos y protestantes han tenido estallidos violentos, las iglesias locales solucionaron el problema haciendo que diáconos que hablan los dialectos de la zona se encarguen de la supervisión de las iglesias. El Vaticano puso fin a la práctica hace dos años.
Mucha gente espera que la práctica sea restaurada por el nuevo Papa.
Otra decisión crítica es si permitirá a clérigos casados. Cleary dijo que era especialmente importante entre los indígenas, que a veces no se pueden relacionar con alguien que elija no casarse o no tener hijos.
En Guatemala se cree que un cuarto de la población se describe a sí misma como protestantes evangélicos. Las pérdidas son tan graves en lugares como Puerto Rico y Brasil, donde la emigración hacia las ciudades y el atractivo de un movimiento místico africano han trinchado en la población católica.
Elio Masferrer, antropólogo mexicano que es presidente de la Asociación Latinoamericana de Estudios Religiosos, criticó a Juan Pablo II por concentrarse en grandes despliegues mediáticos en lugar de acercarse a las trincheras a ayudar a la gente, como hacen los evangélicos, que dijo que eran más modernos, incluso aunque son igual de conservadores.
"El problema no es si el nuevo Papa es latinoamericano o australiano. Es si la iglesia está dispuesta a innovar o no", dijo, advirtiendo de una "catástrofe" de aquí a 10 años si no lo hacía.
"Ahora mismo son los evangélicos los que están en la ofensiva", dijo. "Están haciendo una agresiva publicidad y su gente va de casa en casa. Están allá afuera, mientras que los católicos no han abandonado su estilo como ‘la iglesia oficial'".

Posibles Nuevos Papas
Al menos cinco cardenales de América Latina tienen una posibilidad de transformarse en el próximo Papa.

Cardenal Jorge Mario BergoglioArgentina
Posición: Arzobispo de Buenos Aires
Edad: 69
Cardenal desde: 2001
Conocido por su humildad, viaja usando el transporte público.

Cardenal Norberto Rivera Carrera
México
Posición: Arzobispo de Ciudad de México
Edad: 62
Cardenal desde: 1998
Conservador; critica la corrupción en México; quizás demasiado joven.

Cardenal Darío Castrillón Hoyos
Colombia
Posición: Dirige la oficina del Vaticano que trata con el clero mundial.
Edad: 75
Cardenal desde: 1998
Se enfrentó a los barones de la droga colombianos.

Cardenal Claudio Hummes
Brasil
Posición: Arzobispo de Sao Paulo
Edad: 70
Cardenal desde: 2001
Considerado un conservador, muy reluctante del libre comercio.

Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga
Honduras
Posición: Arzobispo de Tegucigalpa
Edad: 62
Cardenal desde: 2001
Figura carismática; quizás demasiado joven.

Cristianos latinoamericanos
Católicos
1970: 251.8 millones
2005: 483 millones

Protestantes
1970: 17.5 millones
2005: 34.1 millones

Se puede escribir a los autores a: hdellios@tribune.com, gmarx@tribune.com y skloehn@tribune.com

11 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh

chile contra lesbianas


[Indira A.R. Lakshmanan] En Chile, una batalla por la tutoría pone en entredicho mores sexuales. Dictamen contra madre lesbiana inspira nuevo impulso por derechos de los homosexuales.
Santiago, Chile. Karen Atala Riffo lo tenía todo: un diploma de la más prestigiosa facultad de leyes en Chile, un nombramiento como juez a sus 30, perspectivas y calificaciones profesionales estelares, y tres encantadoras hijas.
Pero cuando decidió vivir con la compañera que amaba, la Corte Suprema chilena le quitó a Atala sus hijas, considerando que una familia de dos lesbianas no era apropiada para las niñas. Ser homosexual en una de las sociedades más conservadoras de América Latina no puede ser ya un delito, pero como Atala y otros han aprendido, puede todavía ser severamente castigado.
"Es una buena juez, una buena profesional y una buena madre. ¿Qué importa que tenga una relación con un hombre o una mujer?", dijo la pareja de Atala, Emma de Ramón Acevedo, 44, profesora de historia del arte.
El alto tribunal desechó las conclusiones de los psiquiatras de que las niñas querían seguir viviendo con su madre y las asignó a su ex marido, un abogado que reveló la orientación sexual de Atala en entrevistas en diarios, y la amiga con la que vivía. Atala deberá pagar el mantenimiento de las hijas.
La controvertida resolución del año pasado, en un país donde la tutoría se otorga prácticamente automáticamente a la madre a menos que sea una drogadicta o una prostituta, ha provocado un debate nacional sobre las costumbres sexuales y la tolerancia. También encendió el fuego debajo de una comunidad gay en gran parte oculta para luchar por sus derechos en un país en el que la iglesia católica tiene tanta influencia que el aborto, la inseminación artificial de una mujer soltera y, hasta hace poco, el divorcio, son ilegales.
En toda América Latina el movimiento por los derechos de los homosexuales ha ganado fuerza en los últimos años, con las uniones civiles del mismo sexo reconocidas en Buenos Aires y varias ciudades brasileñas. En 2003, Argentina otorgó a un homosexual la tutoría de sus dos hijos, y tanto Argentina como Uruguay reconocen pensiones de viudedad para parejas del mismo sexo. Costa Rica, a pesar de tener una ley contra la sodomía, permite que las parejas homosexuales tengan acceso a seguros médicos e hipotecas compartidas, y otorgó la tutoría de un niño a un travesti que había cuidado de un niño desde su infancia. Las marchas por el orgullo homosexual en la región crecen cada año.
Sin embargo, al mismo tiempo, las minorías sexuales en América Latina han debido soportar ser expulsados de escuelas, restaurantes y parques, y la discriminación en el trabajo y en sus familias. Las leyes contra las relaciones del mismo sexo están en vigor en la mayoría del Caribe angloparlante, así como en Nicaragua, Costa Rica, Guyana y Suriname. Los movimientos anti-homosexuales y los crímenes de homosexuales están aumentando; el año pasado en la región fueron asesinados 78 homosexuales, lesbianas y transexuales, más del doble que el año anterior, dijo Marcelo Ernesto Ferreyra, coordinador para América Latina y el Caribe de la Comisión Internacional de Derechos Humanos de Homosexuales y Lesbianas, con sede en Nueva York.
"América Latina no es tan diferente de Estados Unidos -también tienes a los dos extremos", dijo Ferreyra desde su oficina en Buenos Aires. Por ejemplo, Brasil hace alarde de que en la mayoría de sus ciudades y estados se cuenta con leyes que protegen los derechos de las parejas homosexuales, y sin embargo tiene la más grande cantidad de crímenes por odio en la región contra homosexuales y transexuales.
Pero durante el último año el foco se ha desplazado hacia Chile, donde el caso de Atala dividió a la opinión pública nacional. Fue el primer caso destacable de una madre acomodada y aparentemente competente que pierde la tutoría de sus hijos desde que una esposa de la alta sociedad convertida en actriz abandonara a su marido por otro hombre hace cuatro décadas. Fue también la primera vez que se prestó tanta atención al caso de una lesbiana. Después de que el caso de Atala se transformara en un tópico de debate en enfriadores de agua y mesas en todo Chile, fue pasada por alto en numerosos ascensos a favor de jueces de calificaciones inferiores, y las suyas empeoraron.
"Este es un país tan machista que si una mujer no se ajusta al modelo, se la castiga. Como juez, Karen decidió que no podía mentir ante la corte si le preguntaban si era lesbiana. Si lo negaba, como lo han hecho muchas madres lesbianas separadas en Chile, pudo haber conservado a sus hijas", dijo de Ramón, que, con Atala, ha fundado un grupo de apoyo para padres homosexuales. Atala, 41, ahora juez de un tribunal penal de Los Andes, a unos 80 kilómetros al norte de Santiago, pidió no ser citada para no perjudicar su caso.
El caso empezó en enero de 2003, cuando su ex marido, Jaime López, se dio cuenta de que ella estaba viviendo con de Ramón, y exigió la tutoría de las hijas, diciendo que ellas podrían ser discriminadas si la gente se enteraba de que su madre era lesbiana. En esa época, Atala y de Ramón no había hecho pública su relación, y ni los jefes ni amigos de Atala en su ciudad provincial de Villarrica en Chile central lo sabían hasta que López aproximó a la prensa con detalles de su denuncia, dijeron.
Se nombró un juez para investigar la vida privada de Atala, y se le quitó temporalmente la custodia de sus hijas. En octubre de 2003, una juez de un tribunal inferior determinó que las niñas volvieran con su madre, debido a que habían dicho a la juez y a una psicóloga que preferían vivir con ella, y porque los informes psicológicos indicaban que no sufrían de confusiones sobre los roles sexuales tradicionales. López conservó a las hijas mientras apelaba, pero seis meses después una corte de apelaciones resolvió unánimemente a favor de Atala.
López llevó el caso a la Corte Suprema. Documentos de la corte sellados, incluyendo los informes psiquiátricos, fueron filtrados a la prensa, provocando una tormenta de cobertura. En una resolución de 3 contra 2 votos en mayo pasado, la Corte Suprema censuró a la corte de apelaciones por "actuar contra los intereses de las hijas", diciendo que estaban mejor si vivían con padres heterosexuales. A Atala se le otorgó un permiso de vista una vez al mes. López ha demandado un mantenimiento de 1.418 dólares al mes, casi tres veces más de lo que le ordenó pagar el tribunal.
"Es como si estuvieran diciendo que las mujeres que no se parecen a la Virgen María no pueden ser madres", dijo de Ramón. "La Corte Suprema negó los deseos de las niñas y confirmó los prejuicios sociales".
Sin embargo, durante el mes en que el caso fue revisado por la Corte Suprema, la cobertura de prensa y los sondeos de opinión en los principales diarios reflejaron una evolución de las actitudes.
Al principio, una gran mayoría dijo que creía que las niñas deberían vivir con el padre, dijo Alejandra Aravena, directora de una estación de radio en internet y de un grupo de defensa de los derechos de las lesbianas, aunque "nadie preguntó si él estaba capacitado para cuidar de las niñas. En contraste, sabemos todo sobre Karen -donde nació, el color de su pelo, el largo de sus uñas".
"Pero después de todos los programas de televisión, manifestaciones y publicidad sobre un estudio de un psicólogo español que dice que las niñas no se transforman en lesbianas porque sus madres lo sean, la mitad estuvieron a favor de que ella se quedara con las niñas", dijo Aravena. "Lamentablemente, muy poca gente dijo: ‘¿Qué importaría incluso si las niñas son lesbianas?'"
Los únicos lugares en el mundo donde se permite el matrimonio homosexual son Massachusetts, Bélgica, Holanda, España y siete provincias en Canadá, de acuerdo a la comisión de derechos de homosexuales y lesbianas.
Sin más recursos en Chile, en noviembre pasado Atala llevó su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en Washington, D.C. Su mejor esperanza es que la Corte Interamericana y grupos de derechos en el extranjero condenen a Chile por discriminación, presionando a la Corte Suprema para que revise su veredicto. En los cinco años que podría tomar el juicio, hija mayor tendrá 15, y la menor, 10. Los adolescentes en Chile pueden elegir con qué padre vivir, provisto que la corte lo apruebe.

11 de abril de 2005
©boston globe
©traducción mQh

abandonados por el papa


[Chris Kraul y Henry Chu] Parte de su rebaño se sentía abandonado por el Papa.
La Mora, El Salvador. A medio planeta de distancia, millones de personas se reunieron la semana pasada para llorar al Papa Juan Pablo II, pero no oirás lacrimosas elegías en boca de creyentes como Nery Amaya, católica durante sus 28 años.
Cuando hace la ronda como voluntaria de CARE en este miserable pueblo, recuerda la época en que se ofreció para iniciar un programa de la parroquia para ayudar a pandilleros. Su sacerdote le sugirió que dedicara sus energías a hacer las decoraciones de Semana Santa.
Amaya acusa que durante el reinado del último Papa, la iglesia fue demasiado tímida en su ministerio a los necesitados, sosteniendo que los esfuerzos de Juan Pablo para frenar la acción social han costado a la iglesia católica latinoamericana miembros e influencia en la lucha contra la pobreza y la injusticia.
"La iglesia tiene que bajar del cielo a la realidad de la Tierra", dijo Amaya. "No está satisfaciendo mis necesidades espirituales y estoy buscando una alternativa".
El ex sacerdote Miguel Ventura tampoco lamenta demasiado la muerte del Papa. El clérigo diocesano dejó la iglesia durante la guerra civil de 12 años de El Salvador, en la que fue capturado y torturado por las fuerzas militares porque había organizado a los campesinos para exigir justicia social.
"La llegada del Papa Juan Pablo II fue un retroceso para El Salvador", dijo Ventura, que se ha casado y ahora practica su propia y no autorizada versión del catolicismo como pastor en el empobrecido este de El Salvador. "Impuso un modelo autoritario sobre la iglesia latinoamericana y no tenía una visión abierta".
En este raro interregno antes de que reúna el Colegio Cardenalicio para designar al sucesor de Juan Pablo, Amaya y Ventura hablaron del descontento sentido por muchos laicos y clérigos católicos de América Latina.
Aunque el último Papa promovió las libertades y denunció agresivamente la guerra y la globalización, reprimió el movimiento llamado ‘teología de la liberación' -y al hacer así enajenó a muchos católicos que querían que la iglesia jugara un papel más activo en "liberar" a los pobres de la miseria y de la opresión.
Este país respeta la memoria del arzobispo Óscar Romero, que fue asesinado a balazos por un escuadrón de la muerte de extrema derecha mientras celebraba la misa en 1980. Romero, que se pronunció contra la pobreza y la represión, ha sido adoptado como el principal mártir de la teología de la liberación, y pocos activistas salvadoreños entrevistados aquí la semana pasada expresaron cariño por el Papa. Todavía menos guardan alguna esperanza de que su sucesor rejuvenezca el activismo que ven como central en la fe y para el progreso social en el mundo en desarrollo.
"La iglesia tiene ahora otro modo de pensar", se lamentó la tendera Norma Gómez, parada frente a la catedral de El Salvador la semana pasada antes de la misa de conmemoración del aniversario del asesinato de Romero. "El Papa no estuvo con nosotros en tiempos de crisis, y no espero que el nuevo sea diferente".
Hay algunos indicios de un renacimiento de la teología de la liberación, respuestas a las desesperadas condiciones de vida de los pobres que piden a gritos la presencia de activistas. Un sacerdote hondureño asumió el liderazgo de un movimiento de protección del medio-ambiente en un área de ese país devastado por la deforestación. Decenas de miles de grupos en Brasil observan los principios de la teología de la liberación, muchos de ellos en el empobrecido nordeste. Los sacerdotes están en el centro del movimiento por los derechos de los indígenas en Colombia.
Pero la composición del Colegio de Cardenales, la gran mayoría de los cuales fueron nombrados por Juan Pablo, induce a pocos observadores del Vaticano a esperar que la iglesia vuelva a acoger la teología de la liberación como un asunto doctrinario. En sus días de apogeo en los años setenta y ochenta, la teología de la liberación intentó combinar un catolicismo descentralizado con movimientos izquierdistas de cambio social, para incluir a Dios en la lucha por la justicia en la Tierra.
Central a la doctrina eran las llamadas ‘comunidades de base' -pequeños grupos vecinales que clérigos como Ventura organizaron para promover la toma de conciencia y la acción.
Pero poco después de su elección al papado en 1978, Juan Pablo se alarmó cada vez más por lo que dijo que eran similitudes entre algunos elementos de la teología de la liberación y el marxismo. Vio nexos entre esos grupos y la participación de algunos clérigos latinoamericanos en partidos políticos, gobiernos e incluso en ejércitos guerrilleros.
Los defensores de la teología dicen que una gran mayoría de los sacerdotes, catequistas y laicos que la practicaban eran apolíticos y pacíficos, y que la posición de Juan Pablo fue influida por su educación en Europa del Este, donde el comunismo y sus bases marxistas eran los demonios dominantes.
"El Papa escuchó a los que retrataban a la teología de la liberación como una caricatura -sacerdotes con armas, marxistas- y no tenían razón", dijo Dean Brackley, un profesor de teología de la Universidad de América Central jesuita en San Salvador.
En cualquier caso, el nuevo Papa pronto se puso en movimiento para sofocar la dinámica de la teología de la liberación sin declararla oficialmente un tabú. En Brasil, el Papa despidió al arzobispo Helder Camara, el llamado ‘obispo rojo', y lo remplazó por un archi-conservador en el pobre nordeste de Brasil. Frenó la influencia del cardenal de Sao Paulo, Paulo Evaristo Arns, un declarado partidario de las comunidades de base dividiendo su archidiócesis en 1989.
"No nos entendieron", dijo Arns, 83, y ahora jubilado, agregando que muchos católicos se alejaron de la iglesia durante el reinado del último Papa. "Perdimos una parte de la dirigencia laica".
El importante teólogo de la liberación brasileño, Leonardo Boff, fue llamado en 1984 a presentarse ante un tribunal del Vaticano y condenado a observar un año de "obsequioso silencio" durante el cual al monje franciscano se le prohibió hablar en público o publicar sus escritos. Condenado a otra sentencia similar a principios de los años noventa, Boff dejó más tarde la orden.
En una visita a Nicaragua en 1983, Juan Pablo regañó públicamente al sacerdote Ernesto Cardenal, un partidario de la teología de la liberación que había asumido el cargo de ministro de Cultura durante el régimen sandinista.
María López Vigil, ex monja que es ahora periodista en Nicaragua, acusó al Papa de tomar "partido por los poderosos" en los conflictos que convulsionaron América Central en los años setenta y ochenta.
"Costó muchos fieles a la iglesia", dijo, "pero incluso peor hizo que cientos de miles de fieles se sintieran incómodos con un Dios que pensaban que era intolerante".
Aquí en El Salvador, donde la teología de la liberación fue una fuerza importante en la organización de la resistencia a la represión y la guerra civil del país, las medidas punitivas de Juan Pablo fueron sentidas de manera muy aguda.
Después del nombramiento de Juan Pablo en 1978, comisiones del Vaticano visitaron dos veces a Romero pidiéndole una explicación de su declarada oposición a los gobernantes militares de El Salvador y la aparente impunidad de los escuadrones de la muerte que mataron finalmente a 21 sacerdotes y monjas.
Durante décadas, el Vaticano mantuvo una afilada distancia de Romero, mientras él se transformó en un mártir popular. Aunque Juan Pablo visitó dos veces la tumba de Romero durante sus visitas a América Central, el Vaticano anunció sólo recientemente de que iniciaría formalmente el proceso de beatificación de Romero.
"El Papa no entendió la significación de Romero", dijo el ex sacerdote Ventura, ahora de 59. "Mostró que Roma no presta atención a algunos aspectos de la iglesia salvadoreña y latinoamericana".
Ventura dice que al menos 30 sacerdotes y monjas han abandonado la clerecía salvadoreña después de 1990 por su desencanto con las políticas del Vaticano. Dijo que conoce a otros cinco ex-clérigos con pastorados no tradicionales como el suyo en El Salvador.
Además, el Papa decidió supervisar más estrechamente los seminarios, y nombrar a obispos conservadores tras el asesinato de Romero. El actual arzobispo de San Salvador es Fernando Saenz Lacalle, un español que es miembro del Opus Dei, una organización laica fuertemente conservadora.
Andrés Santa María, granjero aquí en La Mora, a unos 50 kilómetros de San Salvador, dice que la iglesia ya no es la defensora de los pobres que fue durante la mayor parte del conflicto civil que terminó con el acuerdo de paz de 1992.
"Monseñor Romero dio una voz a la comunidad", dijo. "Pero lo mataron por habernos despertado. Y ahora no hay ningún sacerdote que denuncie lo que está pasando aquí, que el acuerdo de paz no está siendo respetado".
Los cardenales que elegirán al próximo Papa por lo menos reconocen que la pobreza y la desigualdad deberían ser sus principales prioridades. El cardenal Claudio Hummes, de Sao Paulo, uno de los mencionados como un importante contendientes para suceder a Juan Pablo, dijo que el próximo pontífice debería estar "especialmente al servicio de los pobres y los excluidos".
Otros insisten en que el legado de la teología de la liberación es todavía fuerte, especialmente en África y Asia.
"Es una semilla que ha plantado América Latina y que otros están cosechando los frutos", dijo en una entrevista de diario el cardenal retirado Arns, antes este año. La iglesia católica de Brasil está profundamente involucrada en el Movimiento de los Trabajadores sin Tierra, el movimiento popular más grande del país.
El discurso sobre los pobres y pisoteados y la necesidad de resolver problemas sociales está enraizado en la iglesia católica de América Latina, dijeron analistas, a pesar de las medidas del Vaticano para apagar el impacto de la teología que le dio esa presencia.
El profesor de teología Brackley dijo que el Vaticano podría dar grandes zancadas si el nuevo Papa adoptara al menos algunos de los rasgos de la teología de la liberación, tales como la descentralización de la autoridad, adaptarse a las culturas locales y dar mayor presencia a las mujeres.
El Padre Alberto Parra, de la jesuita Universidad Javieriana de la capital colombiana, Bogotá, dijo que un resurgimiento de la teología de la liberación era esencial para que la iglesia cumpliera con sus responsabilidades pastorales.
"La iglesia no puede continuar refugiándose en elementos religiosos", dijo Parra. "Tiene que abordar los problemas sociales".

Kraul informó desde La Mora y Chu desde Río de Janeiro. Richard Boudreaux y Tracy Wilkinson en Rome, Paula Gobbi en Róo de Janeiro, Héctor Tobar en Buenos Aires, y Rachel Van Dongen en Bogota y Alex Renderos en San Salvador contribuyeron a este reportaje.

10 de abril de 2005
©los angeles times
©traducción mQh

bolivia ocupada por protestas


[Monte Reel] Paisaje político boliviano remodelado por las protestas. Bloqueos de carreteras dan poder a los pobres.
Eterazama, Bolivia. La piel entre el pulgar y el índice de Leonida Zurita es tiesa como cuero, insensible de tanto agarrar los tallos de las plantas de coca y arrancar las hojas. En dos días ella y su marido secaron y empaquetaron unos 15 kilos de coca, y luego lo llevaron al mercado abierto donde los vendieron por unos 45 dólares.
Ahora, Zurita está en una cantina de un pueblo y bebe cerveza mezclada con Coca-Cola, esperando un coche que la llevará en 18 horas a La Paz, la capital administrativa.
Allá, ella y otras cocaleras -las hojas de coca se usan para hacer cocaína- planeaban asaltar y ocupar el despacho de un senador. La idea era obligarlo, a él y otros políticos, a hacer frente a las compañías petroleras internacionales y exigir una cuota más grande de los beneficios por los recursos naturales de Bolivia.
"Bolivia tiene gas natural, agua, coca y todo tipo de recursos naturales", dijo Zurita, 35, madre de dos niños. "Pero el problema es que ellos siguen robándonos".
Este es el refrán que se oye en estos días entre bolivianos como Zurita, que ve la vida como una lucha entre David contra un montón de Goliaths: las compañías extranjeras que excavan buscando gas natural; el gobierno norteamericano, que ha encabezado los programas para erradicar las plantaciones de coca; las compañías privadas que ahora explotan los servicios de agua que antes eran municipales.
En los últimos años, la indignación popular con esas poderosas instituciones ha alimentado una creciente cultura de protesta, atrayendo a decenas de miles de campesinos indígenas y otros descontentos. El movimiento ha ganado suficiente influencia como para sacar a un presidente de su cargo y poner al otro al borde de la renuncia el mes pasado.
En 2003 las protestas contra un plan para exportar combustible a través del vecino Chile, considerado por muchos como el enemigo tradicional del país, hicieron caer al presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. Su sucesor, Carlos Mesa, se ha enfrentado desde entonces a un promedio de 40 protestas diarias, de acuerdo al conteo de un diario. En marzo, una serie de manifestaciones con bloqueos de carreteras llevaron a Mesa a presentar al Congreso dos veces su renuncia al cargo. El gesto fue rechazado, pero en una súplica televisada, Mesa dijo al país que los manifestantes estaban llevando a Bolivia a cometer "suicidio colectivo".
El presidente se refería a manifestantes como Zurita, que fue una de las que estuvieron entre pilas de rocas y ramas en medio de la principal carretera de Bolivia, paralizando unos 2.500 camiones, con sus cargas de productos frescos, pudriéndose. Ayudó a coordinar los bloqueos, con un celular en la oreja y dirigiendo a la gente hacia ocho barricadas cerca de esta pequeña ciudad.
El teléfono de Zurita sonó dos semanas después en la cantina del pueblo, mientras esperaba.
La protesta en el despacho del senador había sido pospuesta, le dijo quien llamaba. Esperarían una semana y verían cuántos votos podían contar a favor de un proyecto de ley que obligaría a las compañías extranjeras a pagar hasta el 50 por ciento en derechos e impuestos por el gas natural de Bolivia.
Entonces, quizás no ocuparían solamente el despacho de ese senador, dijo Zurita que había dicho su interlocutor. Quizás ocuparían un montón de despachos.

Dirigiendo la Batalla
El hombre al teléfono era Evo Morales, 45, ex cocalero y jefe del Movimiento al Socialismo MAS, un partido de oposición que crece rápidamente. Como más del 60 por ciento de los bolivianos, es de origen indígena, y su cara, rodeada de flequillos azabache, se ha transformado en la cara del movimiento de protesta boliviano.
El día después de llamar a Zurita, Morales estaba detrás de su brillante escritorio en su oficina en La Paz, mirando un documento que circulaba en internet. Mostraba una imagen de su cara, con frases en letras grandes sugiriendo que era buscado "vivo o muerto".
"Este es claramente un ataque contra el MAS y los movimientos sociales de izquierda", afirmó Morales en una pequeña rueda de prensa mientras un grupo de cámaras de televisión lo enfocaban desde el otro lado del escritorio. "Pero no nos asustan. Nos hace más fuertes".
Para los detractores de Morales, la denuncia era típica de Evo. Dicen que es un paranoico que cree que las compañías e instituciones internacionales lo quieren agarrar a él. Lo consideran un maníaco y egoísta, un secuestrador de causas sociales, un caudillo hambriento de poder. Es amigo del incendiario presidente de Venezuela, Hugo Chávez, dicen, con una versión de retórica populista que incita y divide.
Para sus partidarios, Morales es un hombre que defiende los intereses de la mayoría indígena de Bolivia, en oposición a los descendientes de europeos que componen abrumadoramente la clase dominante de Bolivia. Su primera base fueron los cocaleros de Eterazama y otras áreas a los que se les permite cultivar unos 150 metros cuadrados de coca cada uno. Dicen que la coca se cultiva para uso legales en medicinas y tés indígenas, y se erizan ante la sugerencia de que sea usada para hacer cocaína. La coca, un cultivo tradicional de Bolivia, ha sido dramáticamente reducida desde los años noventa, cuando las autoridades norteamericanas encabezaron una campaña de erradicación que fue llevada a cabo por las fuerzas armadas bolivianas. En esa época, el declarado rechazo de la erradicación por parte de Morales le ganó el apoyo de muchos cocaleros, pero su base se extendió pronto para llegar a incluir a otros grupos de activistas, desde campesinos sin tierra hasta consumidores urbanos que están luchando por el control público de las instalaciones locales de agua.
Morales describió todas estas luchas como parte de una sola cruzada mayor contra la privatización y las políticas de libre mercado fomentadas por Estados Unidos acogidas por Bolivia en los años ochenta. Es en virtud de esa posición que fue elegido al Senado y luego, bajo su liderazgo, el Movimiento al Socialismo se transformó hace dos años en el principal partido de oposición en el Congreso.
En Eterazama, una aldea de tiendas desvencijadas de tejados de lata, la calle principal está bordeada de banderas y de letreros caseros jurando lealtad a Morales y al MAS. Pero no todos aquí son partidarios. El reverendo Sperando Martinelly, que trabaja con campesinos en la región de Chapare circundante, dijo que Morales había pasado de ser un popular dirigente local a ser un amenazador político nacional.
"La gente ha participado en los bloqueos, creo yo, más que nada porque fueron obligados", dijo Martinelly. "Le han dicho a la gente que si no participa, el MAS le cobrará una multa. Si no se presentan tres veces, les quitarán la tierra. Así es Evo ahora. Antes escuchaba. Ahora es como un dictador".

Las Políticas del Agua
A 4.000 metros de altura, la gente de El Alto mira hacia abajo hacia la aledaña ciudad de La Paz, que se asienta en una cuenca que parece un cráter en la cordillera de Los Andes. Se calcula que viven aquí unas 800.000 personas, y 200.000 de ellas no tienen ni agua ni servicios de desagüe en sus casas. El aire es delgado, pero la indignación se palpa.
Luna Gregoria, madre de siete y embarazada, no tiene tuberías de agua, pero se ha unido a las manifestaciones contra la compañía francesa del agua que gestiona los servicios municipales desde 1997, cuando la campaña boliviana de privatización.
Gregoria y otros residentes dijeron que la compañía, poseída en parte por Suez, una multinacional francesa, cobraba 450 dólares por proporcionar la conexión de agua y drenaje donde la mayoría de la gente gana 2 dólares al día. Desde la privatización el precio del agua ha aumentado en un 35 por ciento.
Incluso a esos precios, dijo Gregoria, la compañía instaló tuberías de agua sólo hasta la calle de tierra junto a su casa. Su marido tuvo que instalar una tubería hasta una pileta pública donde ella lava la ropa, limpia las verduras y llena cubos de agua para beber.
"Queremos tuberías en toda la casa", dijo Gregoria, 34. "Necesitamos una nueva compañía que haga eso, una que sea controlada por el estado, no una empresa privada".
El Alto se ha transformado en la zona cero del movimiento de protesta. Su ubicación cerca del aeropuerto internacional y sobre el centro de gobierno en La Paz central, da a los residentes el poder de poner al país de rodillas. La revuelta de 2003 que echó abajo la presidencia de Sánchez de Lozada se concentró en El Alto; tres años antes, el tema de la privatización del agua ha galvanizado a los manifestantes en la ciudad de Cochabamba y en todo el país.
En esa época, los manifestantes de Cochabamba actuaron contra la Bechtel Corp., que gestionaba los servicios de agua potable de la ciudad. Dirigidos por un antiguo zapatero de la localidad, Oscar Olivera, y apoyados por los cocaleros, bloquearon las carreteras obligando a Bechtel a retirarse. Después de eso, los bloqueos de las carreteras se transformaron en la moneda de cambio preferida.
"Desde la ‘Guerra del Agua' de 2000, la gente se ha dado cuenta de que el único arma que tenemos son los bloqueos", dijo Olivera en una entrevista en Cochabamba. "Cuando usamos otros tipos de movilización, el gobierno no escucha".
Hace dos meses, los residentes de El Alto paralizaron efectivamente la ciudad, obligando al gobierno a prometer la cancelación del contrato de servicios con Suez. Pero Mesa, el sitiado presidente, se ha quejado de que la expulsión de la inversión extranjera está matando a la economía y transformando a Bolivia en un paria internacional. Algunos sondeos de opinión pública indican que muchos bolivianos están de acuerdo y creen que las protestas están haciendo las cosas peor.
"Creo que Mesa está siendo manipulado por los manifestantes", dijo Vicky Velasquez, una estudiante de enfermería, 20, mirando hacia El Alto.
Aunque las últimas semanas han sido relativamente tranquilas, muchos vecinos de El Alto dijeron que la frustración podría fácilmente volver a encenderse si la nueva compañía de agua no ofrece mejoras. Morales y otros dirigentes de la protesta dicen que sólo buscan cambiar de política, pero algunos manifestantes, que han descubierto que tienen el poder para derrocar a líderes elegidos, dijeron que no deberían tener miedo de intentarlo una vez más.
"Volveremos a salir a la calle", dijo Toribio López Estaca, un dirigente vecinal. "Nosotros nos ocuparemos del agua. Si es necesario, derrocaremos a Carlos Mesa".

5 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh