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el lugar donde estuvo el paraíso


Choshuenco está a 50 kilómetros de Panguipulli, escondido tras bosques y un lago. Hace un año que nada hace reír a sus habitantes. Los Avayú, una de las tres familias de empresarios de la zona, levantaron un portón eléctrico que no los deja pasar al río Fuy.
[Alejandra Carmona] Panguipulli, Chile. Una señora rubia -la única rubia del terminal de Panguipulli- no para de reír.
-La señorita es periodista y dice que va a Choshuenco porque le cerraron el paso a la gente con un portón eléctrico- le comenta sarcástica a un compañero por la ventanilla. Ella vende pasajes hacia Choshuenco, en una de las dos flotas de buses que viajan hasta los pueblos precordilleranos de la Región de los Ríos. Los Lafit se van repletos por un camino entierrado y sinuoso. En una hora y media llegan hasta la cabecera del lago Panguipulli.
-La señorita es periodista -musita una segunda vez a otro de sus compañeros, mientras escribe "asiento 17" en el pasaje que acaba de vender. No entiende qué hace parada frente a ella una periodista de Santiago que no viene a escribir sobre la caza de jabalíes, los hoteles ecofashion o el turismo aventura.
-Disculpe que me ría, pero pa’ qué se va tan lejos. Ese tema lo puede hacer en cualquier parte de Panguipulli, acá está lleno de trancas y portones. Los ricos se compran un pedazo de tierra y no dejan pasar a nadie- dice, dando pequeños saltitos por el frío y frotando sus manos enrojecidas. El pantalón de cotelé negro no la abriga, y la gruesa parka roja, tampoco. Cada palabra suya sale expulsada con vapor. Pero está acostumbrada. La gente en el sur se acostumbra a todo. A las lluvias, a los desbordes, a los temporales y a los portones.
Panguipulli es el centro de operaciones de una serie de pueblitos que se encumbran hacia la precordillera. Los más importantes, antes de llegar a Choshuenco, son Puerto Fuy y Neltume, que en esta época son dos tazas de leche pintadas con nieve. A pesar del clima asesino en invierno y la sensación de estar en el fin del mundo, todo es paz; la última vez que se quebró la calma fue en 1973, cuando en dictadura a los militares se les ocurrió que los obreros del complejo maderero podían estar formando una guerrilla en las montañas y los mandó a detener y asesinar. Neltume tiene muchas casitas huérfanas.
Como última parada del bus, a 50 kilómetros de Panguipulli, aparece Choshuenco de noche, como una boca de lobo, con los goterones australes como sonido de fondo y un manchón oscuro que de día se transforma en el lago Panguipulli. Para cualquier cristiano, esto podría ser el cielo.

Patrón de Fundo
Choshuenco es una postal del fin del mundo. Si uno mira por la calle principal Padre Bernabé, que cruza el pueblo de este a oeste, ve dos colores: celeste y verde. La gente es amable y educada; a pesar de estar escondidos a los pies de la cordillera, todos saben qué está pasando en Santiago,
y no son pocos los que comentan, con argumentos estudiados, los posibles resultados en las próximas elecciones municipales y presidenciales. Aunque la máxima preocupación de Choshuenco por estos días no es la política, sino sus vecinos.
Por más de 50 años se acostumbraron a sus límites artificiales: "Si tomamos como referencia los puntos cardinales, este pueblo limita al norte con los Avayú, al suroeste con los Luksic y al norte con los Von Appen", dice Luis Méndez, presidente de la Junta de Vecinos de Choshuenco, en referencia a los empresarios que flanquean el pueblo.
La familia Avayú, dueña del grupo Indumotora, llegó el año 1951 a la zona y son propietarios del fundo Molco, un paño de 400 hectáreas planas y otras dos mil hectáreas de cordillera, incluida una zona de volcán. También manejan la Ganadera y Forestal Molco Ltda. Los Luksic son dueños de los fundos Chan Chan, Quechumalal, Enco, Huilo y Puñir, y los Von Appen poseen la península Kankahuasi.
Como buenos empresarios, supieron comprar. Las tierras del fundo Molco se acaban cuando empieza un paño de tierra opaca. Es de una reducción indígena.
Según los habitantes de Choshuenco, vivir cerca de los empresarios nunca fue un problema. Hasta hace poco más de un año, todo el mundo agradecía sus donaciones a la comunidad, sus contribuciones al colegio, la construcción de una casa para los médicos, el levantamiento de un consultorio. "Pero todo esto ha sido a cambio de nuestra libertad. Esto es como esclavitud moderna", comenta una dueña de casa que no quiere dar su nombre porque de vez en cuando presta servicios para alguno de ellos. "Los ricos son muy simpáticos y caritativos hasta que no te metes con ellos ni cuestionas lo que hacen", dice.
Antes de que los empresarios comenzaran a cercar sus predios, los vecinos podían caminar libremente por donde quisieran, ir en camioneta hasta el río Fuy y recoger frutos silvestres sin pedir permiso. Pero el escenario ha ido cambiando con los años. "Entendemos que se trata de terrenos privados, pero lo que pedimos es que nos dejen pasar para disfrutar también de esta naturaleza", agrega un vecino que trabaja por temporadas en casa de los Avayú, una de las familias más cuestionadas por el pueblo.

Límites Incómodos
Hace un año, los Avayú instalaron un portón eléctrico en una de las entradas del fundo Molco. La misma gente del pueblo fue contratada para levantarlo. Ahora, la pesada puerta de fierro impide el paso de quienes quieran visitar el río Fuy si van en automóvil. Méndez intenta explicar las razones del enojo del pueblo:
"La playa de Choshuenco tiene como límite natural el estero Chumpullo, un punto que don José Avayú tomó como límite también para concesionar la playa que llega hasta el muelle de su propiedad. Ahí colocó un cerco que corta la playa y un letrero anunciando su concesión, incluso con alambres de púa que causan la molestia de los vecinos, porque el acceso a las playas es libre. Al otro lado del estero Chumpullo hay un puente que cruza el estero y a 20 metros de ese puente él colocó un portón de fierro. Yo no puedo decir que ahí hay libre acceso al río Fuy, porque ahí hay un guardia. Si yo quiero pasar como transeúnte puedo hacerlo, pero no con un vehículo para llevar kayaks o turistas".
José Avayú desconoce que exista alguna mala intención de su familia. "No hemos vulnerado los derechos de nadie, porque esa jamás ha sido nuestra forma de actuar. Muy por el contrario, hemos sido permanentes colaboradores de la comunidad en múltiples aspectos de sus necesidades. Esto lo hemos hecho desde hace muchos años. Le puedo asegurar que nosotros respetamos los derechos de las personas y siempre hemos actuado al amparo de la ley y con las necesarias y debidas autorizaciones de las autoridades respectivas en todas nuestras actuaciones", señala, al mismo tiempo que deja en claro que tanto el aeródromo como el portón están debidamente instalados y regulados.
En el Ministerio de Bienes Nacionales explican que la norma establece el acceso libre y gratuito de todas las personas a las riberas de playas de mar, ríos o lagos; sin embargo, no detalla qué tipo de acceso. Antes de ser de propiedad de los Avayú, el terreno pertenecía a Corfo, pero el acceso se facilitaba en función del aeródromo que allí existía y porque la corporación decidió que el sendero fuera de uso público. Sólo si no hay ninguna vía de acceso, Bienes Nacionales ordena la fijación de una, aunque esta decisión es apelable por los propietarios. En Pingueral, en la Región del Biobío, y en el acceso al lago Villarrica por el sector de Santa Filomena, en la Araucanía, hay caminos públicos declarados por Vialidad, pero los particulares los cerraron igual.
Alguna vez, hace más de cincuenta años, Choshuenco no tuvo más puerta de entrada que el lago Panguipulli. El barco Enco recorría de puerto en puerto las frías aguas de la zona dejando provisiones, escolares y mujeres mapuches. Hoy sus accesos están tan limitados como en los tiempos del Enco.

Cuidado, Perros Bravos
Matías López tiene 13 años y estudia en la escuela rural La Rinconada, el único establecimiento educacional de Choshuenco. Habla como si fuera dirigente de larga trayectoria. Sus ojos de niño miran enrabiado el estado de su pueblo. "No pueden poner cercos porque Chile es un país democrático y libre", dispara.
Sus recuerdos son recientes, pero habla de ellos como si se refiriera a una época muy lejana. "Nosotros conversamos harto el tema con mis compañeros, antes íbamos a pescar y ahora nos encontramos con un portón. Nos enojamos cuando pusieron la puerta eléctrica, cómo nos vamos a meter como delincuentes al río. Yo no lo puedo negar, estos señores ayudan al pueblo, ponen áreas verdes, pero para qué, para ganarse a la gente. Nos traen computadores, pero como ningún profesor de la escuela es de acá, los reciben sin cuestionar nada".
Los niños de Choshuenco no tienen ni videojuegos ni McDonald’s cerca. Su patio es el lago, el río, los bosques de raulí y mañío. En vez de Playstation, ellos aprenden sobre el sonido de las bandurrias.
Matías cuenta que hace tres años iba con sus amigos al fundo Chan Chan, de propiedad de los Luksic, a buscar castañas que vendían a 300 pesos el kilo. "Eran grandotas, las vendíamos en el pueblo, lo mismo con las moras. Ahora los guardias no nos dejan pasar, aunque les pedimos permiso. En el fundo Molco tenemos que salir corriendo de los perros. La gente no reclama porque les dan trabajo, pero qué tanto. Hay quienes trabajan muy duro por 180 mil pesos".
Los pobladores han levantado la voz en medios locales, han escrito cartas a la Intendencia, a la Seremi de Bienes Nacionales y a la alcaldía. Y nada. La paciencia se está agotando.
Gabriel Vera, artesano y guía de pesca, suma sus reclamos. Cuenta que antes de que se construyera el portón de los Avayú podían acceder a los caminos libremente. Hoy, si quieren ir al río, deben hacerlo en bote. "Es un negocio para nosotros, pero por esta causa el turista se está alejando. Hay algunos que quieren caminar con sus familias y resulta que se encuentran con unos perros gigantes. Yo tengo que reconocer que los empresarios ayudan al pueblo, ¿pero cuál es el provecho? Nos dan una mano, pero turísticamente nos están echando abajo. Una vez nos regalaron una ambulancia, nos ayudan con remedios, a los niños les dan becas, pero a cambio el pueblo es de ellos, por decirlo de alguna forma".
El pescador también reclama por la playa que forma el río Panguipulli. En su niñez, la zona era conocida incluso como "la playa de los Vera", porque él y sus hermanos pasaban días completos en el agua. Pero el lago ha ido cediendo y acortando los espacios de arena. Según el pueblo, esto se debe al muelle que construyó León Avayú para cercar su casa. "Cambió el curso del agua, eso es un atentado a la naturaleza. Ahora él tiene playa y arena, ¿y nosotros?", se pregunta un empresario turístico de la zona.
Muy pocas personas del pueblo hablan libremente del tema porque temen "quemarse", pero todos concuerdan en que los límites artificiales pueden perjudicar el desarrollo de la zona. "Por ejemplo, los Luksic son buena gente, pero para ir al río Enco antes había dos caminos, uno para camiones y otro para las personas. El primero lo habilitaron bien, incluso hay portones con control remoto para que pasen sus choferes, pero el peatonal es terrible", cuenta Víctor, un lugareño que prefiere no dar su apellido. Víctor intenta una teoría: "Aquí nadie hace nada porque en los veranos vienen todos los amigos de los empresarios, gente con poder".
Méndez dice que lleva 48 años viviendo en Choshuenco y que siempre existió un camino vecinal para poder conocer cada rincón de la zona. Podían llegar libremente al aeródromo, que, según la Dirección de Aeronáutica Civil, pertenece ahora a Alberto Avayú. Ahora, los turistas sólo pueden acercarse en bus desde Panguipulli o Lanco. Los forasteros vienen a encontrarse con un pueblo que se dedica a los deportes de aventura, a la caza, a la pesca. El volcán Mocho Choshuenco es un atractivo guardián nevado.
Es miércoles en Choshuenco. Los cerca de mil habitantes, en su mayoría evangélicos, salen nuevamente a trabajar. Algunos de ellos lo hacen construyendo el nuevo puente que antecede al odiado portón de los Avayú. Son casi las ocho de mañana y amanece verde otra vez. Amanecen goterones fríos y piernas heladas. La contención de la rabia es lo más caliente del pueblo. Sale tímido el sol. En Choshuenco no pasa nada, nada más que lluvia y frío. Por ahora.

7 de septiembre de 2008
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las dos muertes de allende


‘Héroes frágiles’, documental de Emilio Pacull, se estrena este jueves. Hace 20 años triunfó en Cannes, y ahora Pacull vuelve a las pantallas nacionales con un documental que revuelve "entre las brasas de La Moneda", en busca de los hombres que construyeron una utopía en Chile y que yacen hoy bajo el asfalto neoliberal.
[Marcos Moraga L.] Chile. Todo parte con un chaleco de rombos y las manos redondas. Emilio Pacull, cineasta chileno radicado en Francia desde 1972, acababa de leer el libro ‘La conjura’, de la periodista Mónica González: una investigación de una década sobre la acción de la CIA, el empresariado chileno y los militares, todos ellos maquinando una antesala que terminó con el Palacio de La Moneda bombardeado y el Presidente Salvador Allende muerto. Pero la lectura voraz de Pacull encontró freno en una fotografía de Salvador Allende post mortem. Esa foto no era de Allende, era de Augusto Olivares, su padrastro, director de Televisión Nacional y amigo inseparable del Presidente. ‘El Perro’ Olivares se suicidó casi una hora antes que Allende, cuando La Moneda ya estaba cercada por los golpistas. Así que Pacull partió con la foto donde su madre, Mireya Latorre. Ese no es Allende, le dijo. Ese es Augusto, ese es su chaleco de rombos y esas son sus manos redondas. Esa es una película, dijo Pacull.
‘Héroes frágiles’ se estrena este jueves 11 de septiembre, 35 años después del golpe.
Se trata de un recorrido personal, donde Pacull documenta su propia búsqueda tras Olivares, y un nuevo abordaje sobre los acontecimientos que acabaron con la utopía chilena y con los hombres que la hicieron posible, entre ellos su padrastro: "La intención es meter las manos en las brasas de La Moneda. Durante años se habló de Allende o Augusto Olivares como gente muerta en combate, porque el suicidio siempre tuvo un lugar algo vergonzoso. Era el mensaje oficial. Pero el suicidio también es un acto de libertad absoluta. En una carta que me mandó Augusto a París antes del golpe de Estado, me decía que ellos morirían con el bandoneón en las manos. Gracias a esa poesía política es que el mensaje de Allende es fuerte en el mundo".

El Diablo en los Hombres|
Emilio Pacull carga antes de ‘Tony Manero’ con una marca infranqueable: su película ‘Tierra sagrada’ (1989) fue seleccionada en el Festival de Cine de Cannes y ganó el Prix de la SACD y el Prix de la Fundación GAN. Y en importancia pelean también las colaboraciones que Pacull realizó como asistente de los directores Constantine Costa-Gavras, François Truffaut y Roberto Rossellini. Desde la semana pasada que el director anda por Chile, en una tierra distinta a la que recuerda de hace 40 años: "No hay proposición de sueños en este país. El otro día vi lo del accidente de las niñas del Colegio Cumbres. Una cosa muy triste, pero los padres aparecían con sonrisas diciendo que Dios había mandado este accidente, que ellos debían aceptarlo, que estaban orgullosos de ser chilenos. Todos esos legionarios de Dios, que dominan el fondo ideológico de este país, dicen cosas horrorosas. Eso es fascismo puro. Mi reproche con la Concertación y la izquierda es que no piensen un país distinto y se acoplen al modelo. Sin sueños, la gente no puede funcionar, salvo en el fascismo o el comunismo".
Desde su búsqueda personal, Pacull va tras "una visión universal". Se entrevistó con personajes como Roberto Thieme, ex Patria y Libertad, o el mismísimo Milton Friedman, antes de la muerte del ideólogo del capitalismo. Y después de ‘Héroes frágiles’, el cineasta ya ha terminado dos nuevas películas, entre ellas la segunda parte de una trilogía que involucra al cine, el Pentágono y la Casa Blanca en su construcción como potencia.
Mientras, Allende y su esposa saludan desde el balcón presidencial en el afiche de la película que se estrena este jueves. "El periodista Hernán Uribe me dijo algo de Shakespeare: ‘El diablo en los hombres siempre les sobrevive; la bondad es enterrada con ellos y sus huesos’. Olivares y todos ellos eran hombres buenos, pero tras su muerte ha dominado la maldad". Al comienzo de todo el viaje en búsqueda de ‘el Perro’ Olivares, su madre le pidió que no le mostrara más la foto desfigurada de su marido. Pacull, en cambio, ya está listo para revolver en esa imagen del Chile desfigurado.

7 de septiembre de 2008
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almirante codina sigue negando


Almirante Rodolfo Codina y sus reuniones con grupos de derechos humanos. El comandante en jefe de la Armada explica que la dotación de las unidades posiblemente implicadas en violaciones de los derechos humanos en 1973 suma mil efectivos, "a todo reventar".
[Claudio Leiva] Valparaíso, Chile. El almirante Rodolfo Codina sigue con interés el programa ‘Grandes chilenos’, de TVN, y vota "todos los días" por Arturo Prat. También encuentra "simbólica" la competencia entre el héroe de Iquique y el ex Presidente Salvador Allende. Pero el comandante en jefe de la Armada está embarcado en una empresa más importante: "avanzar" en los temas de derechos humanos que involucran a la institución, y que no son pocos.
Por lo mismo, Codina y otros altos mandos navales se reunieron durante la semana en el ‘territorio neutral’ de la Municipalidad de Valparaíso con representantes de Amnistía Internacional-Chile, la Comisión de Derechos Humanos, la Agrupación de Ex Marinos Constitucionalistas, los familiares de detenidos desaparecidos de la Región de Valparaíso y con el Grupo de Amigos del sacerdote chileno-norteamericano Miguel Woodward.
La entrevista dejó una polémica: ¿dijo o no Codina que, de los 30 mil efectivos navales que había en septiembre de 1973, mil participaron en violaciones de los derechos humanos? Según el director de Amnistía Internacional-Chile, el argentino Sergio Laurenti, el almirante lo afirmó en condicional: "Podrían haber estado comprometidos". Para el Grupo de Amigos de Woodward, en cambio, la frase fue textual.
El propio almirante Codina lo aclara a LND: "Nunca he dicho que mil marinos violaron derechos humanos. Cuando hablé de mil personas lo dije en otro sentido. Hablé de la Armada de hoy y de la Armada del año 73. Y cuando hablé de la Armada de hoy dije que solamente habemos cuatro almirantes que éramos oficiales en servicio activo el año 1973. Entre ellos estoy yo, que era teniente segundo, y tres vicealmirantes, que eran subtenientes; los almirantes [Mariano] Sarratea, [Cristián] Gantes y [Sergio] Robinson. Nadie más. Y en la Armada de ayer, de esas 30 mil personas, en los lugares donde hubo gente detenida y donde podían haberse violado los derechos humanos, sumando la Escuela de Grumetes, la Esmeralda, la Academia de Guerra, algunos destacamentos de Infantería de Marina, la dotación llegaría a mil, a todo reventar.

Según el Grupo de Amigos del sacerdote Miguel Woodward, su declaración textual fue que mil marinos participaron en estos hechos.
Están equivocados. Imagínese si fueran mil, cuántos procesos habría. Por lo demás, lo tendría que determinar la justicia. Y la justicia ha procesado a 16 oficiales y 13 gente de mar, y ha condenado la Corte Suprema a uno sólo [el teniente (R) Héctor Rivera Bozzo, por el homicidio de cuatro campesinos de la comuna de Lago Ranco, X Región, en octubre de 1973]. Y ha interrogado creo que a ciento y tantos. Con las listas de gente que nos han pedido, cuando nos piden las dotaciones completas, indudablemente llegamos a mil. Si me piden cuál era la dotación de la Escuela de Grumetes, partiendo por ahí, sumamos 500. La dotación del buque escuela Esmeralda, 300 más. La Academia de Guerra, 120 ó 180. La dotación del Fuerte Miller (Escuela de Infantería de Marina), otros 200 o 300. Ésos suman mil, pero en ningún caso son mil los involucrados efectivamente en violaciones de los derechos humanos.

¿La iniciativa de reunirse con organizaciones de derechos humanos es compartida por el resto del alto mando?
No es que sea o no compartida. Es una responsabilidad que yo creo que uno tiene que asumir, porque si no la asumo yo, va a tener que asumirla el que sigue, y así el que sigue. Por lo tanto, una cosa es reunirse, conversar, aclarar las cosas. Por ejemplo, dicen que la Armada esconde información. Estas reuniones sirven para demostrar que la Armada no esconde ninguna información. Todo lo que se le ha pedido a la Armada se ha entregado.

Las agrupaciones de DDHH piden que se haga cargo de 32 detenidos desaparecidos de responsabilidad de la Armada, según consigna el Informe Rettig.
Todo está en manos de la justicia. La Armada, como institución, no tiene atribuciones para interrogar a nadie, de partida, que esté fuera de la Armada. Y las atribuciones mías son de hechos puntuales que hayan ocurrido dentro de mi mandato. Yo no puedo abrir un sumario por algo que ocurrió hace 35 años.

Además, solicitan información sobre supuestos entierros clandestinos en el Cementerio de Playa Ancha.
También está en la justicia. Yo no tengo conocimiento. Qué voy a saber yo, el año 2008, de entierros clandestinos del año 73. Si he ido al cementerio habrá sido como diez veces, a ver a familiares que están enterrados ahí y a ninguna otra cosa.

¿Ha entregado todo lo que le ha solicitado la jueza Eliana Quezada [que investiga los casos de tortura en la Esmeralda]?
Todo lo que ha pedido se le ha entregado. Yo estoy con la conciencia absolutamente tranquila, y si me pide otras cosas que yo tenga, se las voy a entregar. Yo no sé qué más pueda pedir, porque ha pedido hojas de vida, fotografías de personas como eran en 1973, ha pedido bitácoras, listados de dotación. Lo que pasa es que a estas agrupaciones yo no les puedo entregar la información de lo que he dado, porque la mayoría de eso está en el secreto del sumario. Estaría contraviniendo aspectos judiciales.

Usted dijo que no podía obligar a los marinos en retiro a colaborar.
Eso está en la conciencia de cada uno. Cuando yo me reúno con los retirados, les digo: "Ojalá el que tenga información que ayude a aclarar esto la dé". Pero no puedo presionar más que eso.

Sin duda, el caso más delicado es el del sacerdote Miguel Woodward.
Hay una ministra que está llevando el caso y que ha sido bastante activa. Ha pedido mucha información a la Armada y se la hemos entregado. Ha sometido a proceso a un grupo de oficiales en retiro [seis] que ahora están en libertad bajo fianza.

¿Tiene conocimiento de dónde está el cuerpo del sacerdote?
Imagínese si yo supiera, cómo no estaría satisfecho de decirle dónde está y se termina el tema de la desaparición de Woodward.

¿Y el caso de Jaime Aldonay [ex interventor de la CCU, desaparecido en un campo de detención de la Armada]?
Ese es un proceso que ha avanzado más rápido y hay una condena en primera instancia [cuatro años de libertad vigilada para los oficiales (R) Sergio Mendoza Rojas, Patricio Villalobos Lobos, Pedro Pablo Arancibia Solar y Jaime Urdangarín Romero, y penas remitidas para el contraalmirante (R) Ernesto Hubert von Appen y el suboficial Manuel Bush López].

¿Su doctrina sigue siendo que las responsabilidades llegan hasta los "mandos operacionales" y no los altos mandos?
Las responsabilidades son de las personas que se pueda determinar que han cometido violaciones de los derechos humanos. Lo que yo he dicho en otras oportunidades es que no hubo una política institucional de violar los derechos humanos.

¿Y la solicitud de que se elimine el nombre del almirante Merino de uno de los buques de la Armada, la van a acoger?
Es un buque que lleva el nombre de un comandante en jefe que estuvo muchos años en la Armada, como igual hubo un buque que se llamó Almirante Montt, que también participó en un enfrentamiento en el país, en la Revolución de 1891. El nombre de este buque no se somete a discusión.

El almirante Vergara dijo que no hubo torturas en la Esmeralda.
Yo no sé lo que habrá dicho el almirante Vergara. Lo que yo digo es que en la Esmeralda hubo gente detenida, como el caso del sacerdote Woodward, que después falleció, no a causa de torturas cometidas en la Esmeralda. Y eso lo ha reconocido la jueza en primera instancia.

¿Admite que hubo crímenes en la Esmeralda?
Crímenes, no. No hubo ningún asesinato, porque se habría sabido. Hay detenidos, ese tipo de cosas, y en el caso de Woodward, la jueza menciona que pasó por la Esmeralda, pero no que fue torturado a bordo.

¿Está dispuesto a pedir perdón institucional por las violaciones de los derechos humanos?
Yo dije el otro día que el perdón es personal. Podrá la institución lamentar algunas situaciones relacionadas con violaciones de los derechos humanos que cometieron algunas gentes de la Marina, pero la Armada, como institución, pedir perdón a nombre de todos, yo no estoy dispuesto. Porque es un grupo muy menor el que podría ser catalogado bajo este punto, y el resto de la institución no cometió ninguna violación de los derechos humanos.

¿Y considerarían alguna forma de reparación para las familias de las víctimas?
Las reparaciones las fija el Estado.

7 de septiembre de 2008
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las ratas civiles de la dictadura


La historia no contada de los 36 civiles que provocaron la muerte de cientos de campesinos. Un equipo de LND recorrió 2.500 kilómetros, en tres regiones del sur de Chile, para escudriñar en los secretos de las matanzas más feroces de campesinos ocurridas en la dictadura.
[Jorge Escalante, Luis Narváez y Javier Rebolledo] Chile. Detrás de esos crímenes estuvieron terratenientes, comerciantes y vecinos que hicieron la guerra sucia aliados con militares y carabineros. A 35 años de estos crímenes, y a pesar de que en algunos casos ha llegado la justicia, la mayoría sigue libre y aún recorren como amos y señores los campos, pueblos y caseríos del país.
Fue la venganza que aterrorizó poblados enteros, amparada cada vez en la oscuridad de la noche. Los autores de los crímenes de campesinos y trabajadores de otros oficios fueron civiles amos del lugar, que tras el golpe militar y aliados con los militares y la policía uniformada, decidieron la vida y la muerte de las víctimas que eligieron. Algunos actuaron disfrazados con atuendos de guerra, preparados y decididos a exterminar a quienes habían defendido sus derechos contra la explotación instalada desde siempre en los campos. A veces, desde antes de la asonada golpista, ejercieron tareas paramilitares junto al movimiento de ultraderecha Patria y Libertad. Otros actuaron vinculados a distintos grupos de corte fascista organizados para oponerse por la violencia a las conquistas de los trabajadores en los años del sueño socialista. Pero todos respondieron con el odio de presenciar cómo sus eternos súbditos y servidores de sus deseos reproductores de la fortuna, les ganaban terreno contrarrestando humillaciones y atropellos de su dignidad y la de sus familias. Especialmente al interior de los fundos donde la ley era el patrón.
Historias dramáticas donde en algunas ocasiones los mismos padres o parientes culparon a los suyos por involucrarse en las luchas sindicales por mejoras laborales, justificando a sus patrones, a estos activistas civiles y a los militares, por haberles dado caza y hacerlos desaparecer.
En cada ciudad, en cada pueblo o caserío precordillerano donde la muerte llegó vestida de civil o disfrazada de verde olivo, el terror infundido por la mano de estos poderosos permanece hasta ahora. Sus habitantes se muestran hostiles a las preguntas sobre aquellos tiempos. Invocan el olvido por el paso del tiempo, o simplemente confiesan mirando alrededor que todavía temen a que regrese el azote que llenó de sangre las calles y senderos rurales.
Algunos de estos civiles autores de las masacres todavía se pasean por los mismos recorridos que frecuentan los familiares de los caídos para comprar el pan del día. A veces los escupen al pasar, insultándolos por haberlos llevado a sentarse en las bancas de los acusados en un tribunal.
Las madres o hermanos que se atrevieron desde temprano a vencer el miedo de la amenaza constante persiguiendo judicialmente a estos hechores, sufrieron el doble castigo de perder a los suyos y recibir el desprecio de sus vecinos. Y hasta de los propios compañeros de combate de sus deudos, que cruzaron al otro lado de la vía para esquivar aquellos ojos tristes y desamparados que nunca dejaron hasta hoy de buscar a sus desaparecidos.
La Nación Domingo recabó la lista de los 51 civiles procesados o condenados por el secuestro y desaparición, o por los homicidios, de operarios del campo y otros que ejercían múltiples oficios. Del total, 15 corresponden a alemanes de Colonia Dignidad, que no son abordados en este reportaje porque sus andares son conocidos. Sin embargo, en la gran mayoría de los otros 36, sus identidades y acontecimientos permanecen todavía desconocidos públicamente.
El equipo de tres periodistas de LND recorrió 2.500 kilómetros y cruzó tres regiones entre Osorno y Los Ángeles, incluyendo zonas precordilleranas, para rehacer la ruta de la venganza. Todo sucedió en medio del temporal más grande de los últimos 30 años, que dejó 17 mil damnificados, sorteando con su vehículo carreteras y caminos interiores inundados.

Señores del Fin de Chile
[El empresario Luis García Guzmán]. Miguel Ángel Fuentealba tenía cinco años cuando el 10 de octubre de 1973 el negro de la noche se tiñó de rojo en el caserío de Liquiñe, 150 kilómetros al este de Valdivia, cerca de la frontera con Argentina. A su padre lo llevaron junto a otros diez campesinos sobre el puente del río Toltén en Villarrica, le dieron varios tiros y le abrieron el vientre con corvo
para que su cuerpo no flotara y desapareciera en la corriente.
Miguel, hoy en los cuarenta, por muchos años no supo qué pasó con su padre, Isaías. Por las tardes se peinaba bien, se ponía su mejor ropa, "y bien lustradito me sentaba en un sillón que había afuera de la casa a esperar que mi viejo volviera en la micro del fundo en la que siempre llegaba". Tartamudea un poco, lo que le sobrevino desde entonces, mira a los ojos, y de repente su voz se hace más leve por la emoción del recuerdo. Afuera, en las calles de Villarrica, donde lo encontramos en un café, la lluvia es imponente.
Luis García Guzmán era el hijo de Julián, dueño de las Termas de Liquiñe, rabiosos anticomunistas ambos. La hostería y cabañas del complejo sirvieron de cuartel general para la cacería. Allí, Luis García y su padre, ya fallecido, le hicieron la lista de quiénes había que cazar al capitán Hugo Guerra Jonquera, que llegó con fuerzas militares de Valdivia. Los García pusieron también los vehículos para transportar a los detenidos hasta su destino final.
Once campesinos de los fundos Paimún, Trafún y Carranco sufrieron la condena que les impusieron estos amos y señores del pueblito.
El Complejo Forestal y Maderero Panguipulli, al que pertenecían los tres predios, la mayor área maderera en hectáreas y poder de los campesinos de la historia de Chile, fortalecido durante el gobierno de Allende con José Liendo Vera, el "comandante Pepe", como su principal líder, fue temido entonces por los terratenientes de la precordillera de la X Región. Ahora era el tiempo de la reversa, cuando había que cobrar en vidas.
Pero esa noche la esposa de Luis García, María Hernández Calderón, vio todo. Veinte años después, García la abandonó con sus dos hijos por otra mujer, y fue ella quien ahora se vengó y denunció lo que presenció aquella noche de octubre: los once campesinos amarrados y vendados arriba de los vehículos de los García, y su marido manejando, uno de ellos vestido de militar. Ella vio salir desde la hostería el convoy de la muerte destino al río Toltén.
Refugiados de la lluvia bajo el alerón del edificio donde habita en Villarrica, María habló con LND para contar su desdicha. Pero después de su confesión a la justicia en 2005, García la visitó y con amenazas la obligó a firmar una carta desdiciéndose de sus declaraciones donde relató lo sucedido.
"Le firmé la carta para que me dejara tranquila, porque era prepotente, ya nadie lo quiere por eso". Pero meses después, la mujer arremetió de nuevo y volvió a ratificar sus dichos en el proceso que se instruye por este episodio. Sorprende su entereza y valor, y sus ideas claras. Huimos del frío y la lluvia y nos acompaña a tomar chocolate caliente para entibiar los recuerdos amargos.
Como una jugarreta del destino, Luis García, que también fue ‘alguacil’ de Carabineros, bautizó su actual negocio de maderas nativas con el nombre de uno de los fundos de la tragedia: ‘Maderas Nativas Paimún S.A.’, en la carretera entre Villarrica y Lican Ray. Allí lo buscamos sin suerte. Su mujer dice que está en Santiago.

Sentencia de Familia
Miguel Ángel, uno de los cinco hijos que dejó su padre, Isaías, no oculta que por mucho tiempo pensó en matar a los García cuando años después supo la verdad. De adolescente debió trabajar en las termas porque eran los únicos que en el villorrio daban trabajo.
Su madre, Honorinda, también sirvió para los señores.
Y los García con sus compinches militares siguieron acudiendo a festejar y cantar con la guitarra a la fonda de su abuela en Liquiñe.
"Hay todavía una esperanza de que él vuelva, aunque sé que es irracional. Mi hija me dice a veces: ¿y si el abuelo está vivo en otro país? Es que la mente es tan extraña", divaga Miguel Ángel, mirando por la ventana del café a la calle mojada.
En octubre de 1994, los García vendieron el complejo turístico a la Armada, que lo adquirió en 196 millones de pesos, bajo la lupa del notario de Panguipulli Leonardo Calderara.
Consultado el comandante en jefe, almirante Rodolfo Codina, afirmó desconocer el trágico pasado de lo que ahora es un sitio de esparcimiento para oficiales y gente de mar. "Desconozco si estas termas tenían alguna vinculación con violaciones de los derechos humanos", respondió el almirante a LND.
En Liquiñe, las tías de Miguel Ángel, Gloria y Marta, se sorprenden con nuestra llegada a preguntar por aquel pasado que ellas y todo el pueblo quisieran enterrar para siempre.
Suenan violentas las expresiones de cariño hacia "el abuelo Julián" y "don Lucho", los García que ayudaron a matar a su cuñado Isaías. Marta es directa: "Él se lo buscó, para qué anduvo metido en tonteras", sentencia en defensa de los amos del caserío. Y completa el sentimiento advirtiendo que fue Isaías el verdadero culpable de su propia muerte y no los García. Las palabras de la mujer parecen su propia sentencia en el almacén donde la encontramos. Su hija también habla familiarmente del "abuelo Julián" como si fuera el suyo propio.
Hace un par de años, el pueblito de Liquiñe salió a las calles con banderas y pancartas para apoyar a Luis García, después de que éste fue condenado en primera instancia a cinco años y un día como autor de los secuestros y desaparición de los campesinos. "Don Lucho" llegó pidiendo firmas de apoyo en su favor, y casi todos los 1.200 habitantes del lugar lo respaldaron y abrazaron.
Es la vida real y contradictoria de estas aldeas donde a veces parece que ni el mismo Cristo llegara todavía. Tan contradictorio como el cielo tormentoso que de repente se abre en un descanso del diluvio, y en medio de la oscuridad, la soledad y el silencio más pleno nos devela su manto de estrellas y constelaciones que sobrecogen y que contemplamos entumidos, con respeto a la inmensidad y al misterio de ese universo del sur.

Los Dueños del Mundo
Bajando hacia el norte, en la VIII Región, está Santa Bárbara. Desde ahí, más de 30 kilómetros hacia la cordillera, un interminable camino sinuoso, lleno de barro y plagado de bosques forestales, termina en el imponente fundo El Huachi. Lo antecede sólo el caserío del mismo nombre, humilde a su alrededor,
que parece una prolongación azarosa del campo propiedad de la familia Barrueto Barting. No es casualidad que todos los conozcan, ya que muchos de los lugareños trabajan sus tierras y se instalaron ahí buscando una forma de subsistir.
Para llegar hasta el fundo donde viven los hermanos Manuel y Ricardo Barrueto sólo basta con pronunciar su apellido y los brazos se alzan siempre en la misma dirección, profundo hacia los bosques. Ya al interior de la propiedad, una de las empleadas de la casa con impresionante vista al río Huequecura nos cuenta que "el patrón" salió de mañana, debido a que tiene otro domicilio en Los Ángeles y que alterna su permanencia entre ambos lugares. "Está algo enfermo, partió a hacerse unos exámenes, lo más probable es que llegue mañana o pasado", dice con amabilidad.
Tras la desalentadora respuesta, la vuelta hacia Santa Bárbara se hizo inevitable. Luego de avanzar por colinas escarpadas, apareció el camino que indicaba la salida del fundo. Pero el portón está bloqueado por una moto todo terreno que se encuentra atravesada, como si fuera un pino más de los miles que los Barrueto tienen en su predio dispuestos para la tala. A un costado del vehículo, un hombre alto espera en actitud amenazante. Tiene pelo cano, ojos secos y el rostro envuelto en un par de mejillas pálidas. Usa un jockey rojo y con la mirada baja se acerca inquisidor. En una mano lleva una cámara fotográfica digital; la otra se posa sobre un bulto ubicado en su cintura. Luego de escrutar el automóvil y a sus integrantes, su pequeña boca cuenta escuetamente que es Ricardo Barrueto Barting.
No lo reconoce, pero él es uno de los dos hermanos que actualmente se encuentran procesados por el secuestro de seis campesinos, recién ocurrido el golpe, todos ellos empleados en su fundo.
Sin más trámite nos expulsa de la propiedad; no hay más preguntas. "Acá no se entra sin mi permiso", sentencia. Toma una fotografía de nuestro automóvil y de la patente, mientras nosotros lo inmortalizamos de vuelta con nuestra cámara.
Veinticuatro horas más tarde nos enteraríamos que a la empresa Seellmann Rent a Car llamó un supuesto detective de la Policía de Investigaciones, donde fue arrendado el vehículo, para pedir los datos de los arrendatarios, argumentando que había sido utilizado "por activistas mapuches para causar disturbios".
Doña Norma Panes conoce bien las tretas de Ricardo Barrueto. En 2006 luego de que el ministro de la Corte de Apelaciones de Concepción Carlos Aldana asumiera varias causas de derechos humanos en la zona del Biobío tuvo un careo con él. Se dio en medio de la reconstitución de la escena por los 20 secuestros de obreros y campesinos que sufrió la localidad de Santa Bárbara entre septiembre y octubre de 1973 y que tienen hasta ahora a muchas familias sin conocer el paradero de sus padres, maridos, hijos o hermanos. Ahí, frente a su rostro, Ricardo le señaló que la noche en que su marido, Miguel Cuevas Pincheira, "fue sacado de la casa en calzoncillos por hombres uniformados", él no estaba ahí.
Pero ella asegura que los Barrueto fueron parte del grupo de civiles que, disfrazados de militares, se llevaron a su marido en medio de la noche del 20 de septiembre. Norma Panes dice que los vio claramente y también su hija. Al mostrarle la foto actualizada que obtuvimos de Ricardo Barrueto, Norma no duda: "Es él". Su rostro, como el de Manuel, quedaron grabados en su memoria con tanta fuerza como aquellos años en que su marido fue un trabajador más del fundo El Huachi, labor que alternaba con su oficio de zapatero.
Los testimonios de las familias de seis campesinos más que trabajaban en El Huachi, secuestrados el mismo día y en horas cercanas, permitieron que en 2002 se procesara a los Barrueto y a los civiles Sergio Fuentes Valenzuela, Jorge Domínguez Larenas y los también hermanos Jorge y José Valdivia Dames, quienes conformaron una verdadera mini-Caravana de la Muerte. Norma lo grafica de la siguiente forma: "Ese día lo que hizo el grupo de civiles, todos ellos miembros de Patria y Libertad, junto a los carabineros fue, literalmente, limpiarle el campo a los Barrueto".
Luego, un recuerdo de los años posteriores a la desaparición de su marido viene a su mente: "Todos ellos eran amigos entre sí. En una ocasión, en plena dictadura me topé con un par en una esquina. Como sabían que yo todavía buscaba a mi marido, me escupieron a la cara", dice.
La actitud de los Barrueto, al parecer, no es muy distinta. Tras mover la motocicleta para dejar libre la vía, minutos después, uno de los campesinos nos hizo dedo para acercarlo a la carretera que une Ralco con Los Ángeles. En el camino contó que Barrueto le había consultado si sabía de quién era el vehículo blanco que había ingresado sin permiso al fundo. Y nos advirtió sobre Ricardo: "Cuando los vio entrar a ustedes dijo que de aquí no salían". El joven, un sencillo trabajador forestal, con lucidez agregó que "es un hombre malo, prepotente, un carajo como patrón, que paga apenas para subsistir. Se aprovecha del sufrimiento y la necesidad del trabajador".
Actualmente, los civiles responsables de la matanza permanecen procesados. Luego de ejecutarlos, la mayoría fueron lanzados al río Biobío desde el puente de Santa Bárbara.

Amigos Inseparables
Unos pocos kilómetros al sur de Santa Bárbara, en Mulchén, otra ola de secuestros se llevó a cabo gracias al trabajo coordinado de civiles y Carabineros. Organizados de la misma forma, pero en esta ocasión vestidos con sus ropas, llegaron en la noche a buscar su venganza.
Una de ellas recayó sobre el obrero y dirigente de un sindicato campesino José Orellana Gatica. Sus aprehensores: Rolf During Pohler y Samuel Arriagada Domínguez, más el contingente policial a su servicio. El motivo era claro: el obrero trabajaba dentro del fundo Verdún (nombre que alude a la sangrienta batalla de la Primera Guerra Mundial protagonizada por alemanes y franceses), cuyos dueños eran los padres de During.
La esposa de José Orellana, Sara Mendoza, recuerda que la noche del 28 de septiembre del ‘73 el piquete llegó afuera de la casa que tenían al interior de la propiedad patronal. Sin preguntar abrieron fuego y luego de unos instantes botaron la puerta. Tomaron a su marido y lo sacaron a la fuerza. No le fue difícil reconocer a During y a Arriagada, ya que siempre los veía juntos dentro del fundo. Desesperada, salió con un candelabro, pero de un balazo lo volaron de su mano. El padre de José, quien también vivía ahí y trabajaba para los During, no se levantó. Su esposa le rogó que intercediera a favor de su hijo, pero el hombre, fiel a su patrón, le contestó que se callara y siguiera durmiendo. Pocos días después, el hombre echó a Sara del fundo y continuó trabajando para los During durante toda su vida. En ese momento ella tenía 21 años y seis meses de embarazo.
Para el equipo de LND fue imposible dar con Rolf During, ya que se mueve entre varias propiedades que mantiene entre la VIII, IX y X Región. Sin embargo, encontramos a su hasta ahora inseparable amigo, Samuel Arriagada, con quien viajó en el mismo vehículo a declarar por este caso a la Corte de Apelaciones de Concepción.
También hijo de latifundistas, pero hoy venido a menos, Arriagada no figura en ningún registro público. Sólo la casa a nombre de su hermana nos alerta sobre su posible presencia. Es una casona de madera, antigua, ubicada en la esquina de las calles Soto y Villagrán. En un pequeño almacén, ubicado a un costado, nos confirman que en esa casa vive Samuel Arriagada y que si bien es un personaje poco afable, no saben que esté involucrado en crímenes cometidos durante la dictadura.
Ante la presencia de una cámara fotográfica, de todas las personas que pasaron por el lugar, el único que puso mirada sospechosa y se molestó cuando fotografiaban el frontis de la casa fue un tipo de unos 65 años, que vestía casaca y blue jeans. A los pocos segundos ingresa al domicilio y ya no queda duda: es Samuel Arriagada.
Consultado por su situación procesal, al principio negó estar involucrado en ningún juicio. Al recordarle que estuvo detenido varias semanas, en 2003, dice no tener nada que ver y que no confía en la prensa. No aceptó más preguntas, sólo se mantuvo con la vista fija hasta que nos perdimos de su esquina.
Su hermetismo silencioso contrasta con la imagen que se llevó Sara cuando se careó con él. "Le faltó sólo pegarme", recuerda. Pero ella nunca se achicó. "Cada vez que los encontraba en el banco o en algún lugar, yo llegaba con mi hijo en brazos y le decía, sobre todo a Rolf: ‘Mátame a mí también’. Él siempre se limitaba a bajar el rostro. Su madre llegó a ofrecerme dinero para que yo dejara de acusarlos. A mí eso no me interesaba. Ni un peso les acepté", cuenta la mujer de ojos negros y sonrisa tierna.
La actitud combativa de Sara es aislada. Los hermanos de José, por ejemplo, se negaron a realizarse exámenes de ADN en el Servicio Médico Legal para determinar si algunos de los restos óseos encontrados en diversas partes de Chile pueden coincidir. "Tienen miedo de que el golpe vuelva y arrasen con todo nuevamente", advierte Sara.
De todas formas, para ella siempre pudo más la añoranza de volver a encontrar a su marido. A pesar de que vivió 20 años con otro hombre y tuvo un hijo con él, no duda en mostrar sus cartas. "Elijo a José cien veces. Mis mejores momentos son cuando sueño con él. Estoy a su lado y me dice que deje de buscarlo. Ahí lo escucho y soy feliz. Cuando despierto todo cambia", cuenta.
Aunque ninguno de los dos confesó el secuestro, actualmente Samuel Arriagada está condenado en primera instancia a cinco años y un día de presidio por el secuestro calificado de José Orellana. A Rolf During, en tanto, se le impusieron 10 años. El motivo es que el descendiente de alemanes guarda otro muerto bajo la mesa. En este último caso sí reconoce que fue uno de los que apretó el gatillo.

El Compañero del Año
En su declaración judicial ante el ministro con dedicación exclusiva Carlos Aldana, Rolf During reconoció que el 28 de septiembre, mientras hacía guardia de apoyo a Carabineros, recibió a Jorge Narváez Salamanca, quien llegó detenido en compañía de "un grupo de personas". No recuerda quiénes eran.
Posteriormente, relata During, subió a un auto y se sentó al lado de Narváez hasta que llegaron al retén de Quilaco, un pequeño pueblo ubicado a pocos kilómetros de Mulchén. Ahí los esperaba el teniente de Carabineros Jorge Maturana (también condenado). Luego de una hora de espera, lo llevaron hasta el puente Quilaco, ubicado sobre el río Biobío, lo sentaron sobre una de las barandas y luego procedieron a ejecutarlo.
El otro civil que estuvo presente en la escena del crimen, José Horacio Pacheco Padilla, también declaró que During fue uno de los tres que disparó. Respecto de su participación, señaló que participó de la detención y que, como no estaba armado, sólo fue testigo ocular.
Sin embargo, Pacheco Padilla era compañero de colegio en el Liceo de Hombres de la ciudad de Jorge Narváez (iba un curso más arriba), pertenecía al grupo Patria y Libertad y también al grupo de apoyo civil a Carabineros. Por otro lado, Narváez tenía entonces 15 años, militaba en el MIR. De ahí que la evidencia judicial apunta a que fue él quien entregó el nombre de su compañero.
Cuando se pregunta por José Pacheco, en Mulchén su nombre suena conocido. "Maneja un colectivo de esos de letrero amarillo", comenta un vecino. La descripción agrega que trabaja para la "línea número 2", que tiene su garita al final de la calle Victoria, casi en el límite urbano de la pequeña ciudad. Es una casucha verde de madera, rodeada de los clásicos vehículos negros que llegan y se van. El resto de los colectiveros dicen que Pacheco maneja un Chevrolet Corsa, el único que hay en la línea. Además, todos cuentan que es un tipo afable y simpático. Ninguno de ellos reconoce saber que tenga algún tipo de problemas con la justicia. Lo consideran un hombre tranquilo que vive junto a su familia.
Tras unos minutos de espera, el vehículo aparece. De su interior desciende un tipo de unos 52 años, robusto, panzón, canoso y de bigote. Se apresura a indagar el motivo de nuestra presencia. "Una carrerita hacia Los Ángeles", le respondemos como excusa para saber cómo se desenvuelve a pesar de su pasado. Decide posar junto a su vehículo, con absoluto relajo.
En más de 32 años, nadie, excepto uno o dos familiares de las víctimas, le recordó su crimen: haber sido parte de un grupo de voluntarios que detuvieron ilegalmente a Jorge Narváez Salamanca, y participar en su ajusticiamiento.
Al igual que Rolf During, durante años Pacheco negó su participación en la muerte de Narváez. Sólo en los últimos años la memoria se le ha refrescado. Actualmente está condenado a cinco años y un día. Si se confirma su sentencia de primera instancia, tendrá que ir a prisión. During también.

El Loco Barrientos
La metralla y el zumbido de las balas rompían el silencio de la noche del sur. Hoy, a medianoche, en los rincones de la X Región se sigue oyendo el batir de los árboles resistiendo el viento, las gotas de agua que caen desde las ramas y el murmullo de la fauna nocturna.
La noche del 16 de septiembre de 1973 fue una de aquellas donde no fueron los truenos los que rasgaron la naturaleza, sino las ráfagas de las armas de uniformados y civiles que se descargaban contra campesinos, que eran parte generacional de esa naturaleza.
Esa misma fecha, a la misma hora, la familia Valderas se preparaba para dormir. Aunque habían sabido del golpe en Santiago, ellos no pensaron que las caravanas de la muerte que se desataron en el país podrían llegar hasta ellos. Es más, los 16 hermanos que componían la familia comenzaban a llegar para juntarse los días de Fiestas Patrias.
Todo esto hasta que se oyeron los pasos de varios hombres que se venían sobre la humilde vivienda, ubicada a 200 metros del camino que bordeaba el lago Puyehue. Flavio, el hijo mayor, se topó casualmente a mitad de camino con el grupo, cuando se dirigía a la letrina. "Alto ahí, buscamos a Flavio Heriberto Valderas, no te movái conchetumadre; te vamo a matar, culiao", dijo un carabinero. Un culatazo le quebró el arco superciliar derecho al joven y le desprendió parte de la piel. "Mi madre dijo que se le había salido el ojo del golpe", relata su hermana Luz Marina.
En su sencilla casa, ubicada en calle Diego de Almagro, ella relató a LND que "mi hermano era un chiquillo tranquilo, trabajador, que hacía un par de semanas se había peleado con un carabinero, y éste lo había amenazado. Esa noche, Barrientos acompañó a la patrulla de Carabineros, los guió y les facilitó vehículos. También les indicó donde vivía ‘Cantarito’ y entró con el destacamento para señalarlo, porque también pensaba que mi hermano le había trancado la puerta de su casa para molestarlo".
Consta en el expediente del caso que Flavio Heriberto nunca tuvo una actividad política y que su muerte, más bien correspondió a una venganza personal.
Pero Luz Marina Valderas no ha olvidado ninguna de las numerosas ocasiones que ha tenido que encontrarse con Jorge Barrientos Camadro, en Osorno. La justicia dice que fue uno de los responsables del secuestro y posterior desaparición de su hermano Flavio Heriberto, a quien apodaban "Cantarito".
Actualmente, Barrientos es un tipo que viste siempre con chaqueta, blue jeans y botas. Usa un sombrero de huaso y se moviliza en un todo terreno. Tiene dos fundos: uno en Puerto Octay y otro en Puyehue. Su vida, en los últimos 35 años, ha sido tranquila, a excepción de sus constantes arrebatos violentos y su conocido mal genio. El ex dueño de la Radio Sago, Pedro Burgos, relató a sus cercanos sobre una reunión en el club de caza y pesca local, donde asistió el sujeto. El anciano relató cómo Barrientos sacó de su cintura una pistola para disparar al aire porque no estaba de acuerdo con una decisión. Así ha pasado su vida, entre los fundos, la Feria Tattersall de ganado y, recientemente, desfilando por tribunales y pasando un tiempo en la cárcel.
Luz Marina hace muchos años que trabaja para el senador Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Ella cuida el departamento que el legislador mantiene en un céntrico edificio. Pero también trabaja, desde hace años, como garzona en eventos.
"Una vez me tocó el cóctel de inauguración de una planta de secado de Soprole. Yo servía en una bandeja y tuve pasar por su lado. Me conoció y me botó la bandeja de un manotazo", recordó la mujer.
Tampoco dice olvidar el odio con que la miró la mañana en que, nuevamente por casualidad, pasaba a dejar las llaves de su camioneta a un puesto de flores, antes de partir a Concepción, donde le esperaban varios días de prisión preventiva, el único tiempo que ha estado privado de libertad por la desaparición forzada del campesino.
Luego del recorrido, constatamos que a 35 años de las matanzas, estos "señores" siguen siendo los amos de sus pequeños reinos, cuyos súbditos les siguen temiendo, como si fuera hoy esa misma fatídica noche que muchos habrían preferido no vivir.

7 de septiembre de 2008
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temporeras quieren vivir mejor


El pasado 26 de agosto en nuestro país se conmemoró el día de la asalariada agrícola. Una fecha que en el día de ayer fue celebrada por las trabajadoras temporeras de Atacama en la localidad de Los Loros.
Atacama, Chile. Instancia en donde estuvieron presentes diversas autoridades regionales, entre ellas la Intendenta Viviana Ireland, quien escuchó de voz de la presidenta nacional de Anamuri, Alicia Muñoz las diversas problemáticas que afectan a estas trabajadoras y a sus familias.
En este sentido Alicia Muñoz indicó que "nosotros queremos que los gobiernos municipales, provinciales y regionales reconozcan la importancia que tiene este trabajo, pero por sobre todo que busquemos juntos las oportunidades para cambiar la desigualdad existente hoy en día, ya que sólo de esta forma las empresas nos podrán mirar como seres humanos".
"Nosotros apostamos a que si las empresas dan un plato de comida se la den a los trabajadores como corresponde y que no sean alimentos vinagres, incomibles. Sólo queremos que no se vulnere nuestros derechos y por sobre todo sueldos dignos", argumentó.
Sobre este tema la máxima autoridad regional señaló que "sé que es una labor dura y sacrificada la que ellas realizan y que lamentablemente no siempre viene asociado con la dignidad que se merece, por eso me comprometo a trabajar codo a codo con las trabajadoras agrícolas para superar las problemáticas que les afecta".
En tanto, la directora de Anamuri, María Cartagena criticó la determinación de algunas empresas de la zona, las que no permitieron a sus trabajadoras y trabajadores poder asistir a esta ceremonia, según aseguró.

7 de septiembre de 2008
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alcohol, principal riesgo de muerte


Según ministerio de Salud chileno, es el primer riesgo de muerte.
Atacama, Chile. El consumo excesivo de alcohol y sus incidencia en la muerte de personas, generación de accidentes y asociación a otras enfermedades mortales, fue reconocida hace poco por el ministerio de Salud, prendiendo las alarmas a un problema que muchos ya veían como una bomba de tiempo, en vista de su ingesta por gran parte de la población y su vistosa promoción comercial.
La autoridad reconoció que existen afecciones ligadas al alcoholismo que hasta ahora no habían sido tomadas en cuenta, como la cirrosis hepática, la depresión, las adicciones, así como los traumatismos asociados a los accidentes de tránsito.
En Atacama la situación no escapa a esta realidad. Los datos del Ministerio Público en relación a delitos de Ley de Tránsito están en un promedio de 430 casos durante el año pasado y lo que va del actual, donde se estima que entre un 20 a 30 por están relacionados con ingesta alcohólica.
Para la seremi de Salud, Pilar Merino, los esfuerzos del gobierno van por el lado de la prevención y educación en torno a las consecuencias del alcohol, labor enfocada especialmente en menores de edad.
"Se trabaja con Carabineros, Conace y otras instituciones en lo que es prevención de accidentes", indica.
Aunque señala que como región estamos en la media nacional en cuanto a consumo, reconoce que este problema influye "mucho" en la mortalidad.
Por su parte Cristián Gutiérrez, director de la Comunidad Terapéutica Ambulatoria Despertar, sí pone el acento en algo que las autoridades muchas veces prefieren no opinar. Se trata de la publicidad de bebidas en medios de comunicación y actividades deportivas. Para el especialista, ello influye de todas maneras en mantener o elevar el consumo.
Para Gutiérrez el alcohol "es una droga lícita para mayores de edad", de la que no se ha tomado conciencia de su peligrosidad, ya que la población no lo percibe como una adicción.
En su opinión existe una cultura que es permisiva frente a este problema, arraigada en sectores rurales y que se proyecta a las zonas populares de las ciudades. En las zonas campestres y también urbanas, muchas veces son los familiares incluidos los padres, los que facilitan el consumo a temprana edad.
Menciona, así mismo, que el acceso al alcohol es muy abierto, existiendo bebidas de bajo precio pero de altas consecuencias al organismo.
A nivel nacional el 20,9 por ciento de las 1645 personas que murieron en 2007 por accidentes de tránsito, consumieron alcohol al momento de perder la vida.

7 de septiembre de 2008
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llaman a declarar a coroneles en retiro


Caso Riggs: Citan a cuatro coroneles en retiro. La diligencia fue pedida por la defensa de ex secretario privado de Pinochet.
[Leslie Ayala Castro] Santiago, Chile. La ministra de fuero (S) Helga Marchant dio curso a la presentación de Ramón Castro Ivanovic, quien pretende con los testimonios de estos oficiales de la Casa Militar desvirtuar la vinculación a malversación de gastos reservados por la que está procesado.
El próximo viernes 26 de septiembre el caso Riggs volverá a vivir una intensa jornada de interrogatorios, ya que la ministra de fuero (S) Helga Marchant dio lugar a la solicitud de toma de declaraciones a cuatro coroneles (R) del Ejército, lo que se concretará a las 15:30 horas de ese día.
La resolución responde a una presentación de la defensa del general (R) Ramón Castro Ivanovic, durante años secretario privado de Pinochet.
En el documento se solicita a la magistrada (quien reemplazando al ministro Carlos Cerda) que interrogue a los coroneles (R) Julio Maturana Lillo, Humberto Massardo Luco, Jorge Rojas Jiménez y Pedro Bacovic Bezmalinovic. Todos ellos habrían trabajado en la Casa Militar y por los cargos que desempeñaron durante la década de los ’80 es que Ivanovic requirió que entregaran sus testimonios, los que fue aceptado por la ministra Marchant.
La diligencia es una de las más importantes luego que distintas instancias judiciales revocaran la mayoría de los procesamientos dictados en octubre pasado por el magistrado Carlos Cerda, en los que incluso se encartó a la esposa y los hijos de Pinochet.
El abogado Marcelo Cibié Paolinelli quien representa a Ivanovic (uno de los pocos aún procesados) espera que los mencionados coroneles ratifiquen ante la ministra Marchant que su cliente dejó de manejar gastos reservados de la Casa Militar en 1989, año en el cual se retiró de estas labores institucionales, por lo que no se le puede atribuir lo que el juez Cerda le imputa.
En este último dictamen que procesa a Ivanovic, se establece que tanto él como el general (R) Jorge Ballerino, abrieron las primeras cuentas de la Casa Militar en el banco Riggs de Miami a principio de los años ’80, por lo que habrían malversado cifras cercanas a los US$ 62 mil. Esto último se sostiene en que ambos manejaban gastos reservados y aparecen en las cuentas como titulares.

El Lugar
El interrogatorio podría concretarse en los juzgados laborales, en los que la magistrada tiene su despacho tras reemplazar a Cerda también como juez fallador para ayudar a destrabar la demora en la tramitación de esas materias.
Por otra parte la jueza Marchant tiene pendiente la solicitud realizada por otro de los procesados en esta causa, el general (R) Gustavo Collao, quien pidió que se deje sin efecto su procesamiento, previo análisis del encartamiento dictado por el ministro Cerda.
La ministra de fuero aún no se pronuncia, ya que fuentes judiciales indicaron que se encontraría estudiando la causa y los antecedentes particulares del ex jefe de la Casa Militar.

6 de septiembre de 2008
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corruptos defienden buenas costumbres


Comisión rechaza derogar artículo que penaliza faltas a la moral y las buenas costumbres.
Valparaíso, Chile. Por discrepancias en la velocidad con que debería ser tramitada, fue rechazada en la Comisión de Constitución una moción parlamentaria (boletín 5565), que busca derogar el artículo 373 de Código Penal.
Este artículo castiga con pena de reclusión en su grado mínimo a medio (de 60 días a 3 años), a quienes, de cualquier modo, ofendan con hechos el pudor o las buenas costumbres.
La moción, presentada por las diputadas María Antonieta Saa y Carolina Tohá, y los diputados Gabriel Ascencio. Alfonso De Urresti, Álvaro Escobar, Fulvio Rossi, Gabriel Silber y el ex diputado Juan Bustos, deroga esta disposición.
La comisión, que preside el diputado Edmundo Eluchans, rechazó la moción parlamentaria por 6 votos en contra, 3 a favor y 1 abstención. Ello significa que el texto se discutirá en Sala con informe negativo de la comisión técnica que lo estudió en la Cámara.

Reacciones
La diputada María Antonieta Saa explicó que "este artículo se ha prestado para que muchas personas inocentes sean detenidas. Si un Carabinero considera que alguien anda con una vestimenta o realiza una conducta sexual que para ellos es inadecuada, estas personas pueden ser detenidas".
De hecho, la moción recuerda que entre 1998 y 2004 se efectuaron 537 denuncias en los tribunales por ofensas al pudor, la moral y las buenas costumbres, pero el número de aprehendidos por la policía ascendió a 27.389 personas, lo que implica un ineficiente uso de los recursos públicos en ambas instituciones.
La diputada Saa señaló que "algunos diputados de la comisión (tenían propuestas que) salían de las ideas matrices de mi proyecto, ellos querían hacer una especie de ’código de buenas costumbres’, y yo creo que eso se presta para muchas subjetividades".

No Hay Rechazo a Legislar sobre el Artículo
Por su parte, el diputado Edmundo Eluchans aclaró que el rechazo del proyecto no se debió a que existiese el deseo de no querer legislar sobre la materia, sino que se intentó pasar el texto legal de ’fácil despacho’, a una tramitación más profunda, ante lo cual la diputada Saa se opuso".
Agregó el parlamentario que "el texto irá a la Sala con esta votación, la Comisión sólo hizo una recomendación y, probablemente, en la Sala se proponga una indicación y vuelva a la Comisión, por lo que no significa que el proyecto ha muerto".
A su turno, la diputada Saa remató señalando: "Espero que este resultado no triunfe sobre un artículo tan poco racional, del siglo XIX, y que se presta para discriminaciones y detenciones arbitrarias".

6 de septiembre de 2008
©diario de la cámara
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