Blogia
mQh

cocina

rebecca webb carranza, creadora de las chips


[Valerie J. Nelson] Inventora del chip de tortilla murió a los 98 años, en enero.
El titular de la revista Popular Mechanics saludó un triunfo industrial en Los Angeles: "Tortillas Entran a Era de la Máquina". Era 1950, y la fábrica El Zarape Tortilla, entre las primeras que automatizaron la producción de tortillas, había estado utilizando una máquina de tortillas durante tres años.
Rodajas de maíz y harina salían de la cinta transportadora doce veces más rápido de lo que podían ser hechas a mano. Al principio, muchas salían "torcidas" o deformadas, recordó la presidente de la compañía Rebecca Webb Carranza década después, y eran desechadas.
Pero para una fiesta familiar a fines de los años cuarenta, Carranza cortó algunos de las rodajas desechadas en forma de triángulos y las frió. Fue todo un éxito entre sus familiares, y los chips se empezaron a vender pronto a diez céntimos la bolsa en su fábrica y tienda de delicias mexicanas en la esquina de Jefferson Boulevard y Arlington Avenue en el sudoeste de Los Angeles.
Hacia los años sesenta, la tapa que la familia empaquetaba como Tort Chips y vendía en la toda la costa se había convertido en el principal producto de la fábrica El Zarape.
Carranza, que fue reconocida por la industria de las tortillas como una de las pioneras del chip de tortilla comercial, murió el 19 de enero debido a complicaciones de la vejez en una residencia de Phoenix, informó su familia. Tenía 98 años.
En 1994 y 1995 -los únicos años en que se otorgó el premio-, Carranza estuvo entre las galardonadas con la Golden Tortilla, creada para homenajear a unos 20 innovadores de la industria, dijo Mario Orozco, empleado de Azteca Milling, de Irving, Texas, que propuso la celebración.
Carranza nació como Rebecca Webb el 29 de noviembre de 1907 en Durango, México. Fue la hija única de Leslie Webb, un ingeniero de Utah que trabajaba para una compañía minera en México, y su esposa mexicana Eufemia Miranda.
De niña, Rebecca y sus cinco hermanos sobrevivieron periódicos ataques de bandidos mexicanos y del revolucionario Pancho Villa y otros ladrones en el norte de México.
"Pancho Villa odiaba a su padre, porque era norteamericano", dijo Mario R. Carranza, el primero de sus dos hijos. "Ella tenía fotografías de su padre, donde se lo ve a caballo huyendo del peligro".
Cuando Rebecca era todavía niña, la compañía minera mudó a la familia a El Paso, Texas. En los años 20, tras el divorcio de sus padres, su madre llevó a la familia a Los Angeles.
Conoció a su futuro marido, Mario Carranza, en una cita a ciegas, y se casaron en 1931. Ella hacía corbatas para una empresa de prendas para el cuello, y él trabajaba en finanzas en O’Keefe & Merritt, un fabricante de utensilios.
Por consejo de un amigo que tenía una exitosa tienda de tortillas en el este de Los Angeles, los Carranza abrieron una a principios de 1940 y se mudaron a un apartamento encima de la fábrica y tienda.
Una vez que empezaron a vender chips, uno de sus clientes habituales fue Eddie ‘Rochester’ Anderson, que hacía de ayuda de cámara de Jack Benny en radio y televisión, que pasaba a menudo comprarlos, dijo Víctor Luis Carranza, su otro hijo.
Después del divorcio de Carranza y su marido en 1951, ella le entregó a él los negocios.
Mario Carranza abrió al poco tiempo una fábrica de chips de tortilla en Long Beach, pero la cerró en 1967, en parte debido a la competencia de compañías nacionales que habían descubierto el potencial de ventas de los chips salados.
Rebecca Carranza volvió al este de Los Angeles y trabajó hasta entrado sus ochenta años, primero como empaquetadora en tiendas de ultramarinos y luego como encuestadora del Censo de Estados Unidos.
Tuvo tres matrimonios más, relativamente breves, dos de ellos con el mismo hombre, Agustín Zúñiga. Hace tres años se mudó a Phoenic para estar cerca de sus dos hijos.
Además de sus hijos, a Carranza la sobreviven 12 nietos, 19 biznietos y dos tataranietos.

7 de febrero de 2006

©los angeles times
©
traducción mQh

rss

sobre la mermelada


[Cristina Juri Arencibia] ¿Se hacía originalmente con pomelos?
Según los historiadores gastronómicos, el origen de la mermelada, al igual que el de numerosos alimentos, tiene varias teorías. Una de ellas, relata que la mermelada fue creada por un médico para los mareos que sufría Mary, la reina de Escocia. La receta original era una mezcla de naranjas con azúcar molida.
La palabra ’mermelada’ tiene más de un origen también, y una cuenta que es una derivación de Marie est malade, que en francés significa ’María está enferma’. Sin embargo, la mayoría de los historiadores concuerdan en que esta teoría no tiene fundamento, y que la palabra proviene del portugués marmelo (membrillo), fruto que originalmente se utilizaba para la preparación de la mermelada. El término aparece por primera vez impreso en inglés en 1524. En el siglo XVIII, la naranja de Sevilla, una variedad más amarga, reemplazó al membrillo en la preparación de mermelada.
Los usos de las mermeladas y jaleas van más allá de un alimento para untar en panes y galletas. Puede utilizarlas como ingredientes, dentro de un sándwich (estilo Elena Ruz cubano), mezclarlas con mostaza de Dijon y untarlas sobre presas de pollo, glasear un jamón, rellenar tortas con ellas y hasta preparar helados.
Sus usos son innumerables, y puede experimentar con las frutas que tenga en su casa, pero recuerde que la esterilización de los frascos de vidrio en que las guardará es fundamental para su conservación. ¿Una de mis mermeladas favoritas? La de naranjas de Sevilla, con trocitos de cáscara.
Las recetas de hoy son cortesía de Simone Zarmati Diament y de Terry Zarikian, dos figuras conocidas de la escena culinaria miamense e internacional. Zarmati Diament publica y además es editora de www.southfloridagourmet.com, editora de comidas de la revista Gables Living, conductora de un programa radial y conocedora gastronómica. Sus mermeladas son muy populares entre sus amigos, a quienes ella suele obsequiarlas en frascos de vidrio, cubiertas con un trozo de tela y rafia.
Por su parte, Zarikian es un conocido publicista con sede en Miami y conexiones en el ámbito gastronómico internacional. Actualmente, dirige las relaciones públicas de China Grill Management, empresa que agrupa a varios importantes restaurantes en Miami y allende fronteras. Además, es presidente de Shapiro & Zarikian, Inc., y director culinario y de relaciones públicas del exitoso Festival de Vinos y Comidas de South Beach. ¡Bon appétit!

Mermelada de Albaricoques con Especias
Terry Zarikian

Ingredientes
3 libras de albaricoques o melocotones, maduros y sin piel
1 taza de azúcar morena
4 ramas de canela
4 clavos de olor
el jugo de un limón
2 cucharadas. de licor de naranjas
1/3 de cucharadita de sal marina

Preparación
Corte la fruta en rebanadas finas y colóquelas en una cacerola de fondo doble. Rocíelas con el jugo del limón, mezcle el azúcar y agregue el licor de naranjas. Añada la canela y clavos de olor. Cocine a fuego moderado hasta que la fruta empiece a sudar su jugo. Reduzca el fuego y cocine por una hora o hasta que el contenido espese. De vez en cuando, retire la espuma que suele formarse en la superficie de la cocción. Pruebe y ajuste el azúcar si es necesario. Retire del fuego. Vierta dentro de frascos de vidrio esterilizados y deje enfriar antes de cerrarlos. Rinde aproximadamente 4 tazas.

Mermelada de Fresas y Frambuesas
Simone Zarmati Diament

Ingredientes
1 libra de fresas
10 onzas de frambuesas
1 manzana Granny Smith
2 libras de azúcar
1 sobrecito de gelatina sin sabor
½ limón o lima exprimida

Preparación
Descongele la fruta, si la compró congelada; si son de estación, lave y seque las fresas y las frambuesas. Corte las fresas a la mitad o en cuartos, y ponga en una cacerola de fondo grueso, junto con las frambuesas. Agregue la mitad del azúcar y deje macerar por media hora. En la procesadora, haga un puré con la manzana lavada y pelada, y el resto del azúcar. Agregue a la cacerola y mezcle todo con una cuchara de madera. Cocine a fuego moderado hasta que el azúcar se haya derretido, mezcle una última vez y aumente el fuego. Deje cocinar destapado por unos 20 minutos. Agregue la gelatina disuelta en un poco de agua fría (según las instrucciones del paquete), y el zumo y ralladura de ½ limón. Mezcle bien. Enfríe y vierta en frascos esterilizados (aproximadamente 6 frascos de 8 onzas). Nota: Cuando no están de estación, o no tengo ganas de lavar y pelar fresas y frambuesas, las compro congeladas.

Jalea de Mango Verde
Terry Zarikian

Ingredientes
12 mangos verdes (o sin madurar), sin piel, y en trozos
4 tazas de azúcar
1 taza de agua
el jugo de un limón
1 rama de canela

Preparación
Coloque en un olla grande de doble fondo y cocine con la taza de agua y jugo de limón, por 5 minutos, hasta que hierva. Retire del fuego y deje enfriar por 30 minutos. En un procesador de alimentos o una licuadora, procese la fruta hasta que tenga consistencia de puré. Añada el azúcar y la canela. Hierva revolviendo, por 10 minutos. a fuego moderado-alto. Reduzca el fuego y cocine destapado por 45-60 minutos. Ocasionalmente, retire el exceso de espuma de la superficie del dulce. Retire y revuelva vigorosamente. Vierta dentro de un molde rectangular para terrina o en un molde de vidrio redondo. Enfríe y refrigere por 24 horas antes de cortar/servir. Rinde aproximadamente 3 libras de jalea.

Mermelada de Naranja, Limón y Toronja
Simone Zarmati Diament

Ingredientes
½ toronja
2 naranjas de cáscara gruesa (las de ombligo de California)
1 limón grande
agua
¾ de taza de azúcar por cada taza de fruta y jugo

Preparación
Lave, corte y retire las semillas de la fruta. Procese hasta obtener trozos finos. Mida la fruta y su jugo, y añada 3 veces su volumen de agua. Deje remojar por 12 horas.
Ponga a hervir en una cacerola grande por media hora (el cobre es lo mejor, pero cualquier cacerola grande de fondo espeso sirve). Deje reposar 12 horas. Por cada taza de fruta y jugo, agregue ¾ taza de azúcar. Hierva a fuego alto, luego reduzca a moderado, hasta que el líquido tome consistencia. Para este procedimiento, tenga cerca un platito con agua fria y vuelque una gota de liquido; si éste no pierde su forma (no se derrite) inmediatamente, la mermelada está hecha. Vierta en los envases previamente esterilizados.

©miami herald

rss

¿extremadamente francés? ¡mais, oui!


[Amy Scattergood] Para empezar, ciruelas con seis meses de remojo, una cocina tan agotadora como los deportes extremos.
Ciruelas que deben estar en remojo en Armagnac durante seis meses, por lo menos. Sangre de liebre recién matada. Nueve libras de habas frescas, desvainadas y peladas. Un camita de seis pulgadas de agujas de pino. Un solo plato -un guiso- requirió expediciones hacia dos tiendas de delicatessen, tres carniceros, un mercado rural y una tienda mayorista. Recorrí 116 kilómetros y me costó 91 dólares con 13 céntimos. Otro plato -panceta salada con ragout de habas frescas- me tomó cuatro días de preparación. Bienvenido a la cocina de Paula Wolfert, que es lo más alejado de ‘30 Minutes With Rachel Ray’ que se puede llegar. Pero una vez que la has probado, no hay marcha atrás.
Cuando hace dos meses se publicó la edición revisada del clásico ‘The Cooking of Southwest France’, de 1983, de Wolfert (John Wiley & Sons, $37.50), ardía de ganas de probarlo.
Empecé con éclade de moules, un legendario plato de la región de Caronte, Francia, a lo largo de la Bahía de Vizcaya. Tradicionalmente, se hace colocando los mejillones en una plancha de madera tendida en el suelo de un oportuno claro en el bosque, cubriéndolas con 15 centímetros de agujas de pino y prendiendo fuego a las agujas. Cuando se apagan las llamas, se despejan las cenizas y se comen los mejillones con "la punta de los dedos untados en cenizas".
Pero intentarlo en casa era problemático, especialmente porque vivo en un ático en el centro, y no en un bosque de pinos.
Pero el ingenio de Wolfert es contagioso.
Las navidades recién habían pasado. Yo tenía un pino, marchitándose gentilmente a unos metros de mi cocina. Así que metí los mejillones en una cazuela de hierro, según las instrucciones de Wolfert, cogí la sierra de mano y empecé a mondarlo. Cuando terminé de talar mi árbol, me estaba divirtiendo tanto que me olvidé de por qué estaba deforestando mi salita. Tenía pilas de agujas de pino, más que suficientes como para llenar la cazuela en mi horno. Cocí los mejillones al vapor mientras los ornamentos rodaban libres por el piso.
El plato era más medicinal de lo que hubiera querido -claramente no era la evocación sublime de los bosques de Caronte que había descrito Wolfert. Quizás se debió a que en su método de interiores las agujas de pino son cocidas al vapor antes que escalfadas. Lo volveré a intentar el próximo año, pero fuera, en mi parrilla Weber. De ese modo podré encender las agujas.

Lo Exótico Se Hace Familiar
Hace 23 años, cuando Wolfert publicó la primera edición del libro, poca gente fuera de esa región había oído hablar -menos aún probado o cocinado- cosas como el cassoulet y la garbure. Los ingredientes que puso en la introducción (confite de pato, champiñones, trufas negras, paté) parecían terriblemente exóticos. Todavía parecen exóticos, por supuesto, pero estamos más acostumbrados a ellos ahora; entonces, parecían casi mágicos.
Probar la comida de Wolfert era también mágico -mientras se te mostraba cómo hacerla en casa. ¿Pero encontrar los ingredientes? A menos que tu mejor amigo pasara sus veranos en una granja en la Dordoña con un funcionario de aduanas, olvídate. E incluso si podías conseguir jamón de Bayona y verjus, podía tomar días -¡días!- hacer un solo plato con una de las recetas de Wolfert. Y esas eran las más fáciles.
Así comenzó el Culto de Paula, una sociedad secreta de cocineros extremos. Estos no eran sibaritas de fin de semana, sino gente que trinchaba patos para divertirse, poseía picador de tocino, desvainaba, hacía su propio paté y no le importaba nada estancarse tres horas en el tráfico si era necesario para encontrar frijoles blancos.
Cuando el libro de Wolfert se agotó, pareció casi oportuno. Las cosas valiosas, particularmente las cosas esotéricas, devienen todavía más valiosas si son raras. Piensa en las perlas negras. O en clásicos monopatines de Peralta Caballero. Los gastrónomos prestan sus ejemplares de James Beard o Julia Child, pero mantienen este libro en gavetas con cerrojo, o escondido debajo de cojines. Un amigo incluso guardaba el suyo junto con el manuscrito inédito de su primera novela -en el congelador, en caso de que se quemara la casa.
Así que la reedición en noviembre del clásico de Wolfert creó bastante barullo. No sólo podías realmente comprar el libro, sino que además no estaba manchado con salsa; además, venía actualizado. Los miembros del sitio gastronómico en la red eGullet, que se habían inscrito para probar las recetas de Wolfert, eran positivamente efusivos, chorreando extensiones electrónicas sobre las glorias de cada ingrediente, de cada método, de cada plato.
Desde 1983 han pasado un montón de cosas. ¡Trufas de Oregon! ¡Confite en tu tienda local de Alimentos Integrales! ¡Paté FedEx’d de D’Artagnan! Con este fin, la edición revisada trata ahora nuevas fuentes de alimentos que no sólo están ahora disponibles en Estados Unidos, sino que incluso se producen aquí.
Hay nuevas técnicas para satisfacer la conciencia sanitaria y avanzados artilugios de cocina (como la máquina de cocción bajo vacío); la cobertura de una nueva región (Auvernia), no incluida en la original; y 60 recetas nuevas, sea de otros de sus libros agotados (‘World of Food’, 1988) o recientemente rescatadas de las manos de misteriosas matriarcas de Gascuña.
Las recetas de Wolfert no son mejunjes inventados en su cocina de Sonoma. Han sido seleccionadas durante años de trabajo de campo en el sudoeste de Francia, actualizadas para nosotros, los que no tenemos escopetas ni bodegas para vegetales; provienen directamente de cocineros locales.
Este es el encanto, la importancia -y la dificultad- de los libros de Wolfert. Es una antropóloga cultural de la cocina regional, sea la cocina rústica del sur de Francia, o la comida de Marruecos o del Mediterráneo, regiones todas que ha explorado en profundidad y elocuencia en libros anteriores.
Pero no cualquiera está temperamentalmente adaptado a trocear las liebres y sacar su sangre para usarla en salsas, o navegar por internet y amasar grandes rollos de pasta de boletus frescos (porcino o champiñones). La cocina extrema, como hacer kayak en rápidos o snowboard fuera de pista, está destinada a un pequeño segmento de la población.
En cuanto a los ingredientes, aunque ahora es más fácil encontrarlos que hace 20 años, todavía exigen un tipo de elaborada búsqueda del tesoro -y que termina a menudo en internet. Y son a menudo prohibitivos. Los frijoles blancos (Tarbais), por ejemplo, se encuentran a la venta en sólo una tienda en Los Angeles (Nicole’s, en South Pasadena). Tienes que encargarlos -son tan especiales que se los guarda en una caja en el cuarto trasero- y cuestan $10.99 la libra. ¡Son frijoles de guarda!
Y el tiempo de preparación puede ser asombroso, especialmente porque las recetas de Wolfert están llenas de fallas y grietas temporales: pastas que deben rebozar durante una o dos horas, frutas que deben estar una noche en remojo -o seis meses-, panceta que hay que dejar en salmuera durante tres días, luego estofar, asar, refrigerar, enfriar, aplastar con un instrumento de cocina que pocos de nosotros tenemos haciendo un hoyo en el cajón de los cubiertos, el picador de tocino.
Pero el reto es parte de la diversión con las recetas de Wolfert. Hay una línea Maginot entre los cocineros recreativos y la gente que compra sopletes para preparar sus crémes brûlées -y cualquier libro de cocina que pida codillos de cerdo y fogatas en el bosque (es decir, como método de cocina) vale su peso en confite de pato.

Largueza de Cocinero
Hacerse camino a través del resto del libro de Wolfert no fue tan divertido como cocer mi árbol de Navidad, pero estuvo cerca. Una semana y media y 14 recetas más tarde, estaba casi exhausto, mis amigos más que mimados, y el contenido de mi nevera podía alimentar -fácil, exquisitamente- a toda la Legión Extranjera francesa.
Los alimentos eran gloriosos: interesantes, complejos, profundamente satisfactorios. Pero ciertamente no son para los no iniciados -y muchas de las recetas son a menudo vagas o problemáticas.
La receta de pechuga de pollo escalfado, al estilo de Auvernia, por ejemplo, no te dice qué tipo de col usar, o cómo exactamente envolver el pollo. Asumí que sería Savoy -eso es lo que se veía en la foto, y eso es lo que usé. Cuando se cocina tanto tiempo como se lee en la receta, las cebollas rellenas de Michel Bras, se calcinan en el horno. Y tanto la cremosa sopa de frijoles con crutones y ventrèche crujientes, y el ragout de pata de pato con olivas verdes y berenjena necesitaron el agregado de un montón de agua durante la cocción para que se hicieran bien.
La sopa puré era más mortero que sopa, antes de echarle agua adicional, y el ragout iba por el mismo camino que las cebollas carbonizadas.
La receta de guiso de pato moulard con patatas fue también altamente problemático, primero porque tuve que substituir el Muscovi por el moulard (que para los cocineros de California del Sur sólo está disponible online) y en segundo lugar porque si sigues la receta, terminas con carpaccio de pato.
Son problemas que pueden ser resueltos fácilmente por el cocinero casero paciente -y erudito. Pero son frustrantes. Incluso considerando los caprichos normales de la cocina (diferentes climas, cazuelas y productos, hornos calibrados de manera improbable), uno no puede sino concluir que quizás no fue una buena idea de Wolfert depender de sus admiradores en eGullet para probar las recetas.
El libro incluye triunfos sin problemas. La panceta con ragout de habas frescas quedó sin contratiempos, lo mismo que las alas de pollo con Pineau des Charentes. Los dos son platos fantásticos, de múltiples capas, bellos. Y flamear un tercio de una botella difícil de encontrar de Pineau fortificado, a casi 30 dólares la botella fue un placer, aunque fiscalmente doloroso.
Luego está el guiso, la verdadera prueba de admisión en la sociedad secreta. La receta es para el guiso original de André Daguin -"original" porque, como nos cuenta Wolfert, las habas antecedieron los frijoles blancos más comúnmente usados en el plato. Por supuesto, tenía que intentarlo.
Acudí a la Test Kitchen para ayudar desvainar. Y desvainar. Y desvainar. Nous avons shuckinés. Luego me fui a casa y cociné. Y cociné. Siete horas después de terminar de desvainar, el guiso estuvo listo.
Las ventanas más allá de mi cocina estaban oscuras; podía oír el tráfico de la gente que volvía a casa a comer sus platos de todos los días. Levanté la tapa del guiso para el que tuve que gastar más de 210 dólares para prepararlo propiamente. Degusté mi cena junto a la cocinilla, lentamente. Es sorprendentemente difícil comer cuando te estás riendo.
Al final, sí, valía la pena.Sopa Cremosa de Frijoles con Crutones y Ventrèche Crujiente
Tiempo: 2 horas, 35 minutos más el remojo de una noche
Raciones: 4 a 6
Nota: De ‘The Cooking of Southwest France’, de Paula Wolfert. La ventrèche no se encuentra en Estados Unidos; usar pancetta, jamón de Bayena o jamón serrano. Los frijoles blancos se encuentran en Nicole’s, en South Pasadena. El pimentón de d’Espelette se encuentra en Nicole’s, en South Pasadena, Surfas en Culver City o en el catálogo de Williams-Sonoma.

Ingredientes:
1 libra de frijoles blancos (Tarbais, o frijoles blancos grandes, como los cannellini
1 zanahoria, en cubitos de ¼ de pulgada
1 cebolla grande, en cubitos de ¼ de pulgada
4 cucharadas de grasa de pato, dividida
sal
pimienta molida fresca
1 taza de pan centeno en cubitos, sin corteza
85 g de ventrèche magra, panceta, jamón de Bayena o jamón serrano, en lonchas (media taza)
2 cucharadas de cebollinos frescos picados
1 taza de crema
3 o 4 pizcas de pimentón de Espelette o chile picante

Preparación:
Separe los frijoles y remoje en abundante agua durante 12 horas.
Al día siguiente, enjuague y lave los frijoles y coloque aparte. Entretanto, en una cacerola pesada resistente al fuego, preferentemente de barro, como una cacerola de frijoles Yankee o una olla de arena china, cocine a fuego lento la zanahoria y la cebolla en 2 cucharadas de grasa de pato, revolviendo hasta que estén tiernas, 5 a 10 minutos. Retire y reserve un cuarto de taza de la cebolla y zanahoria.
Agregue a la cacerola los frijoles secos y 2 cuartos de agua fresca. Lleve a ebullición, reduzca el fuego a moderadamente bajo, agregue una pizca de sal y pimienta y deje hervir a fuego lento durante 2 horas, o hasta que los frijoles estén tiernos y se reduzca el líquido.
En una sartén mediana, caliente la grasa de pato restante. Agregue el pan cortado, la ventrèche en lonchas y la zanahoria y cebolla reservadas. Fría, revolviendo hasta que queden crujientes. Coloque en un plato, agregue los cebollinos y aparte.
Enfríe lentamente los frijoles, saque un tercio de copa para adorno y coloque aparte. Prense tandas del resto de los frijoles y licue con la hoja fina de un molino de cocina o haga puré en un robot de cocina o batidora. Agregue el puré de frijoles a la cacerola de sopa. Eche revolviendo la crema, lleve a ebullición y deje hervir a fuego lento durante 5 minutos.
Corrija los condimentos de sal, pimienta y chile rojo al gusto.
Para servir, divida los frijoles reservados entre cuencos de sopa, con un cucharón eche la sopa caliente sobre los frijoles, y decore cada ración con una cucharada de la cebolla frita y la mezcla de ventrèche. Sirva de inmediato.

Cada ración: 525 calorías; 23 gramos de proteína; 54 gramos carbohidratos; 12 gramos de fibra; 26 gramos de grasa; 13 gramos de grasa saturada; 74 mg de colesterol; 453 mg de sodio.

Pechuga de Pollo Escalfado, al Estilo de Auvernia
Tiempo: 2½ horas más 3 horas de remojo y 2 horas de enfriamiento.
Raciones: 6
Nota: De ‘The Cooking of Southwest France’, de Paula Wolfert. Use coles de Saboya. Acelgas suizas, menudillos y rellenos de jamón.

Ingredientes:
2 hígados de pollo
2/3 de taza de leche, dividida
½ cucharadita de sal
4 hojas medianas de acelgas suizas
3 corazones de pollo, sin grasa
3 mollejas de pollo, sin grasa
85 g de jamón de Bayona, jamón serrano o prosciutto
70 g de panceta
½ cebolla chica, pelada y cortada en cuatro
1 chalota grande, pelada
4 cucharadas de harina
2 tazas de pan blanco duro, sin corteza
1 huevo grande, ligeramente batido
1½ cucharada de cebollinos picados
1½ cucharada de perejil fresco picado fino
½ cucharadita de sal
pimienta negra molida fresca
¼ de cucharadita de nuez moscada rallada o pimienta de Jamaica molida
pizca de azúcar

Preparación:
Saque toda mancha amarilla o verde los hígados de pollo. Remoje en un tercio de taza de leche con sal, en la nevera, durante al menos 3 horas. Seque, lave y vuelva a secar a palmaditas.
En una cacerola grande de agua hirviendo, salada, remoje las hojas de acelga suiza (deje los tallos para otra ocasión) durante 1 minuto. Seque, lave bajo el caño de agua fría hasta que el agua quede clara y estruje. Pique finamente la acelga suiza.
En un robot de cocina, mezcle los hígados de pollo, los corazones, molleja, jamón y panceta. Pulse hasta que queden picados gruesos. Agregue la cebolla, la chalota y la harina y muela hasta que queden bien mezclados.
En un cuenco, remoje el pan en el resto de la taza de leche durante unos minutos, para que ablande. Saque y deseche el líquido en exceso; deje el pan en el cuenco. Agregue el huevo y mezcle con un tenedor hasta que queden ligeros y bien combinados. Agregue machacando la mezcla de hígados, luego agregue la acelga suiza, los cebollinos y el perejil. Sazone con sal, pimienta, nuez moscada, y azúcar. Cubra y refrigere el relleno durante al menos 2 horas o deje estar una noche. Haga 2 a 3 tazas.
Arme.

 
1 Lote de Acelga Suiza, Menudillos y Relleno de Jamón
12 hojas de col grandes
6 mitades de pechuga de pollo, sin piel, sin huesos
2 ½ cuartos de caldo de pollo sin sal
3 puerros pequeños (blancos y verde claro), cortados por la mitad, a lo largo
6 zanahorias tiernas, peladas y cortadas diagonalmente
6 nabos pequeños, pelados y cortados en cuatro
sal de mar gruesa, preferentemente fleur de sel
1 cucharada de aceite de nogal
francés, o al gusto

Preparación:
Haga el relleno, un día antes.
Dos horas antes de servir, blanquee las hojas de col durante 4 a 5 minutos en agua hirviendo salada. Lave debajo de un caño de agua fría y seque. Si los nervios son muy gruesos, cepille con un cuchillo.
Envuelva cada pechuga en media taza del relleno (colocando 2 hojas de col blanqueada yuxtapuestas en una tabla de cocina, untando un cuarto de taza del relleno en el medio de las hojas, colocando la pechuga sobre el relleno y luego untando un cuarto de taza del relleno para cubrir la pechuga). Envuelva cada pechuga en 2 hojas de col, los nervios hacia afuera, y amarre fuerte con una cuerda (enrollando las hojas sobre el pollo y doblándolas para envolver la pechuga en la col, luego amarrándolas en cuatro lugares con cordel de cocina).
Una hora antes de servir, lleve el caldo a ebullición en una cacerola. Agregue los puerros, la zanahoria, los nabos, y deje hervir a fuego lento hasta que queden tiernos, unos 20 minutos. Retire las verduras y aparte.
Agregue los rollos de col al caldo en el fuego y escalfe a fuego lento durante 25 minutos. Retire los rollos de col a una tabla de cocina y deje estar durante 5 minutos. Retire los cordeles de la col.
Entretanto, vuelva a calentar las verduras en el caldo; seque. Corte cada rollo de col en 4 lonchas, ligeramente en diagonal. Coloque las lonchas en platos precalentados. Espolvoree los pollos con fleur de sel. Rodee cada ración con verduras surtidas; humedezca con unas cucharadas con el líquido de la cocción. Salpique un poco de aceite de nuez moscada sobre el pollo y verduras y sirva de inmediato.

Cada ración: 429 calorías; 51 gramos de proteína; 27 gramos de carbohidratos; 6 gramos de fibra; 13 gramos de grasa; 3 gramos de grasa saturada; 231 mg de colesterol; 1,256 mg de sodio.

Ragout de Pato con Aceitunas Verdes y Berenjenas
Tiempo: 2 horas, 10 minutos
Raciones: 2
Nota: de ‘The Cooking of Southwest France’, de Paula Wolfert. Substituya la taza de tres cuartos de tomates frescos por tomates de lata en cubos, cuando no sea la temporada. Algunos tipos de piernas de pato pueden no rendir la grasa necesaria; compre aparte si es necesario.

Ingredientes:
2 patas enteras, grandes, de pato moulard, Muscovi o Pequín
sal
pimienta molida fresca
1 cebolla mediana, picada
1 tomate grande, pelado,
despepitado y cortado grueso
3 ramitos de tomilllo
1 hoja de laurel
1/3 de taza de caldo de ave
1/3 de taza de vino blanco seco
1 berenjena sofrita
½ taza de aceitunas verdes deshuesadas, de preferencia Picholines, remojadas en agua sin demasiado saladas
4 rebanadas de pan francés, tostado en el horno, untado con ajo

Preparación:
Saque la grasa de las patas. Reserve dos cucharadas para preparar este plato; deje el resto para otra ocasión.
Tantee la piel grasosa sin pinchar la carne. En una sartén grande, honda, caliente la grasa derretida. Agregue las patas de pato, con la piel abajo, y cocine, dando vueltas una vez, hasta que se ponga marrón, unos 5 minutos por lado. Eche toda la grasa en la sartén. Sazone las patas con sal y pimienta.
Agregue la cebolla, suba el fuego a moderado, y cueza, revolviendo, durante 5 minutos, hasta que ablande y quede dorada. Agregue el tomate, el tomillo y el laurel y cueza durante 1 minuto. Agregue el caldo y el vino y lleve a ebullición. Reduzca el fuego y deje hervir a fuego lento durante 10 minutos. Cubra y deje hervir hasta que las patas estén tiernas, durante 1½ horas, dando vuelta las patas de vez en vez (agregando media taza de agua hacia el final del tiempo de cocción, si necesario). Nota: Los patos Muscovi toman 30 a 60 minutos adicionales para cocinar. (La receta debe ser preparada con un día de antelación.)
Cuando esté por servir, agregue a las patas de pato la berenjena sofrita y las aceitunas, con sus salsas y revuelve suavemente hasta que mezclen. Corrija la sazón y sirva de inmediato con adornos de ajo tostado.

Cada ración con la berenjena: 543 calorías; 32 gramos de proteína; 40 gramos de carbohidratos; 11 gramo de fibra; 26 gramos de grasa; 7 gramos de grasa saturada; 116 mg de colesterol; 1,425 mg de sodio.

Sofritos de Berenjena
Tiempo: 30 minutos, más 1 hora de estar
Raciones: 2
Nota: De ‘The Cooking of Southwest France’, dey Paula Wolfert.

Ingredientes:
3 berenjenas italianas pequeñas, firmes, púrpuras, muy frescas, preferentemente caseras o de mercado rural
1½ cucharadas de sal gruesa
1½ cucharadas de grasa de pato derretida (o aceite de oliva)
pizca de azúcar
1½ cucharada de perejil
1 cucharada de ajo fresco picado fino
sal
pimienta molida fresca

Preparación:
Pele la berenjena y córtela en pedazos de 1 pulgada. Revuelva con la sal gruesa. Coloque un tamiz sobre un cuenco y deje estar durante 1 hora.
Lave bien la berenjena. Por tandas, estruje suavemente para extraer todo el líquido posible.
En una sartén grande, caliente la grasa de pato a fuego medio. Agregue la berenjena, cubra con una tapa, y cueza, dando vuelta a las piezas de vez en vez, hasta que empiecen a ahuecarse, se ablanden y vuelvan doradas por todos lados, unos 10 minutos.
Reduzca el fuego a bajo, agregue el azúcar, y cueza lentamente, sin cubrir, volcando las berenjenas a menudo, unos 5 a 8 minutos, hasta que ablanden y brillen. Retire la sartén del fuego. (La receta debe ser preparada con 2 horas de antelación).
Poco antes de servir, agregue el perejil y el ajo. Revuelva y mezcle. Cubra y cueza a fuego lento para recalentar. Sazone con sal y pimienta al gusto y sirva.

Cada ración: 145 calorías; 2 gramos de proteína; 14 gramos de carbohidratos; 8 gramos de fibra; 10 gramos de grasa; 3 gramos de grasa saturada; 10 mg de colesterol; 645 mg de sodio.

25 de enero de 2006

©los angeles times
©
traducción mQh

rss

las hamburguesas enanas


[Alison Arnett] Son adorables, y causan furor.
Como Alicia en el país de las maravillas, la hamburguesa creció y creció, hasta que empezó nuevamente a achicarse, a achicarse y achicarse.Ahora mismo, cabe en la palma de una mano y alcanza para dos ñascos. Gordos, pequeños bollos, blandos o duros, envuelven carne de primera o mariscos, y la presentación viene aderezada con escabeches especiales y un tocado de verdores.
Las mini hamburguesas, que miden unas 3 pulgadas, son una muestra más de la fascinación del país con todo lo que es mono: el Mini Cooper, el iPod enano, las cámaras que caben en la palma de la mano, y los minúsculos bolsos de mujer. En la mesa, dice Jamer Oliver Curry, editor de restaurantes de TimeOut New York: "Son parte del furor por los platos pequeños". Para Kevin Troy, dueño desde hace tres meses de Match, en Back Bay, las hamburguesas enanas se ajustan a la búsqueda de tentempiés para recepciones. Troy, que también es dueño del Gypsy Bar y otros locales de entretención, dice que con las pequeñas versiones "la gente puede probar una variedad de ellas". El nombre Match, dice, celebra el más popular apareamiento del momento. "Lo que todo el mundo quiere", dice el hostelero, son "martinis y hamburguesas".
Otra razón que explica el atractivo de las diminutas hamburguesas es que son un lujo accesible. En el restaurante de parrilladas, la carne de vacuno Kobe, rica y super grasa, puede costar hasta 54 dólares. Gabriel Frasca, de Spire, ofrece shooters de vacuno Kobe, de crianza norteamericana, de tres ñascos, y cobra 16 dólares, dando a los comensales literalmente una degustación de lujo. Las minis tienen un envoltorio de gran calidad. Muchos de ellos esconden mantecosos brioches; en Saint, vienen envueltos en dulces bollos portugueses hechos en casa.
Curry, de TimeOut, predice que cuando pase el furor, el brunch será lo siguiente en achicarse. Se espera la mini tostada francesa, los mini waffles y los mini rollos. "Dios sabe", dice, "que son encantadores".

11 de enero de 2006

©boston globe
©traducción mQh

rss

Cómo Empezaron las Mini Hamburguesas
Quizás descendientes de las hamburguesas cuadradas [slyders] de White Castle, las mini hamburguesas son la creación del hostelero de Nueva York, Roy Liebenthal, que las sirvió en Pop durante casi una década. Pero el concepto cristalizó en una tendencia bona fide cuando abrió Pop Burguer, un diminuto local en el Meatpacking District en 2003, sirviendo hamburguesas enanas a 5 dólares. Los famosos empezaron a llegar al boliche de la Novena Avenida, y luego siguieron los demás. Boston se unió a la tendencia al año después; Rene Michelena, chef en Saint, fue uno de los primeros en ofrecer mini hamburguesas.

Qué Llevan
Carne de vacuno Kobe, langostas del Maine, cordero, bonito. Los aderezos incluyen alioli, salsa de bistec, tomates ahumados, cebollas en escabeche, ketchup de chipotle, salsa de mostaza, curry y banana, cebollas rojas en escabeche. Todo esto dentro de un diminuto brioche o bollo, o una versión enana de la ciabatta italiana.

11 de enero de 2006

©boston globe
©traducción mQh

rss

cocinando con google


[Andrea Sachs] Tipeé "naranjas, tofu y coliflor" y mi ordenador me propuso una receta.
Tuve en mi alacena, sin abrir, y durante más de un año, un paquete de fideos de tapioca camboyana. Una tarde, busqué mis fideos en Google, y me los comí.
Google, la todopoderosa máquina buscadora de la red, es mi enciclopedia, diccionario, mercado, e incluso investigador privado. Así que me pareció normal tipear "fideos de tapioca camboyanos" y ver con qué recetas me sorprendería Google. Y me sorprendió.
El concepto que sostiene el estilo de cocina de Google es simple: Tipea tus ingredientes y la palabra ‘receta’ detrás, haz click en el botón de búsquedas de Google, y espera que aparezcan los resultados.
La máquina recorrerá montones de sitios en internet, desde los más previsibles (foodtv.com de Food Network) a los más obscuros (acupuncture.com), buscando recetas que incorporen tus ingredientes. Con su infinito depósito, Google puede encontrar aparejamientos para recetas de alimentos poco convencionales o productos exóticos que dejarían perplejo a un libro de cocina.
En realidad, fue un trozo de salmón y un montón de acelgas suizas lo que inspiró a Judy Hourihan a reclutar la asistencia de Google hace tres años.
"Por las noches hurgaría en mi cocina buscando algo para comer y luego me encerraba en mi cuarto trasero para revisar mis libros de cocina", dijo Hourihan, una ex ingeniero de software de Massachusetts que es considerada la pionera de la cocina al estilo de Google. "Entonces pensé: ‘¿Para qué voy a hojear libros de cocina cuando puedo encender el ordenador y buscar en Google?’"
El concepto de cocinar con Google fue acuñado en 2002 después de que Hourihan llamara la atención de la prensa con su exitoso salmón con acelgas suizas. Desde entonces ha continuado consultando a Google a la hora de la cena. Su última aventura fue con mahi-mahi, tomates secados al sol y arroz integral; Google la llevó a una receta que había sido publicada por la bloguera Cyndi Norman.
"Es bueno cuando no tienes una idea muy clara de qué hacer con una combinación extravagante de ingredientes", dijo Hourihan, 60, que cocina con Google al menos una vez a la semana. "Se corren riesgos, pero en realidad compensa. Nunca he buscado una combinación de ingredientes que no me encontrara una receta".
Y en eso reside el atractivo de cocinar con Google: Te ayuda a hacer una comida desde abajo (en lugar de desde arriba, desde la receta hacia abajo), mientras al mismo tiempo purgas tu cocina de alimentos perecibles lánguidos y mustios.
"Es bueno para ayudar a los que carecen de creatividad o para cocinar sobre la marcha", dijo Charlie Ayers, ex jefe de compañía de Google. "También puede ayudarte a limpiar tu inventario o la nevera".
No hay un conteo oficial de cocineros de Google, pero hubo en los meses recientes más de 33 millones de visitas a sitios relacionados con la culinaria, de acuerdo a comScore Media Metrix, un firma de investigación de Reston, Vancouver, que traza el uso de la red. De esos 33 millones, tres millones de usuarios hicieron click en allrecipes.com, que ofrece más de 30 mil recetas y un botón de búsqueda de ingredientes-para-recetas. Otros sitios, como cookinglight. com, tienen máquinas similares.
Sin embargo, yo rehuía las máquinas refinadas -¿quién sabe qué gran plato podría desaparecer?- y prefería zambullirme en los infinitos recursos de Google. Pero primero tengo que advertir que los no iniciados no deberían empezar a cocinar con Google si tienen demasiado hambre. Es un agujero negro que te puede tragar, y volver a escupirte fuera unas horas más tarde, todavía hambriento y sin ningún plan de cocina.
Mi búsqueda inaugural empezó con una lista de compras: garbanzos, uvas pasas y ñames. Encontré una variedad de interesantes guisos y estofados africanos, pero la receta que más me intrigó se llamaba "Comida Blanda para Euclectus".
Sonaba como un plato hecho para un emperador romano con dientes de cristal. Pero seguí leyendo: "Esta nutritiva mezcla de alimentos les gusta a todos los Euclectus... Sin embargo, otros loros han probado esta receta y la han encontrado deliciosa".
Después de que casi hiciera un plato para loros, decidí retar a Google a un torneo virtual. Tipeé combinaciones estrambóticas de todo tipo de alimentos, excepto grillos, para ver si la máquina me entregaba algún resultado. Tipeé "recetas de coles de Bruselas con cerveza"; me entregó "rosenkohl in bier gedunstet". Traté con "recetas con peras y ajíes picantes". Google respondió con "peras rojas con caramelos de canela".
"Google te muestra recetas viables que coinciden con los ingredientes que tienes en tu nevera", dijo Ayers. "Pero algunas recetas son estrafalarias y bizarras".
¿Cuán extrañas? Pensad en mis fideos. Mi primera respuesta fue un plato camboyano llamado mee sach moan nung sach ko puvet. Utilizaba fideos, pero también un pollo entero, albóndigas de carne de vacuno asiático y un kilo de huesos de pollo y de cogote de cerdo -nada que yo tuviera en mi nevera. Sin embargo, las palabras "tapioca" y "camboyano" desenterraron unas deliciosas recetas. Hmm...
Necesitando refuerzos, asalté la cocina de mi amigo Erick, que era un tesoro oculto de tapas de estudiantes universitarios muertos de hambre, ofertas de supermercados y restos de una breve dieta de South Beach.
Los ingredientes que seleccionamos eran tofu, naranjas y coliflor. Y con un empujón del ratón mágico, Google respondió con "Guisantes, Coliflor y Tofu con Naranjas Picantes", de wholesomebabyfood.com Como segundo, tipeé arroz y leche de coco, pensando que podía remplazar el arroz por mis fideos, que eran bastante gelatinosos.
Cocinamos con el impreso de la receta en la mano, comimos y disfrutamos de un mejunje que no habríamos imaginado nunca sin la ayuda de Google.
Entonces pensé en el postre, y mis ojos se posaron en una ennegrecida banana que había en el escritorio, a un día de la compota. Así que rápidamente tipeé su nombre en el ordenador.

6 de enero de 2006

©miami herald
©traducción mQh

locos blogs culinarios


[Avital Binshtock] A medida que las reflexiones en la red se hacen más especializadas, es un buen momento para volverse loco por las comidas.
Cuando las bitácoras o blogs sobre comidas eran nuevas (hace unos 15 minutos), era divertido leer las reflexiones gastronómicas del Accidental Hedonist [Hedonista Accidental] o I Was Just Really Very Hungry [Realmente Me Estaba Muriendo De Hambre]. En esos días, leer lo que alguien comió en la cena o qué revistas gastronómicas leía era una especie de diversión.
Pero antes de que pudieras mencionar la palabra blogosfera, el mundo de las bitácoras dedicadas a la comida se vio atiborrado, repetitivo, exageradamente rebuscado y simplemente aburrido.
En estos días, lo más de moda es el foco hiper; las bitácoras generales son cosa del pasado. Para destacarse del resto de la manada, una bitácora sobre comidas debe especializarse. Especializarse de verdad. Y cada vez más la especialización está tomando la forma de devociones precisas, de exhaustivas coberturas de tópicos minúsculamente definidos de temas asociados a la comida.
Un blog especializado en comidas intenta cubrir todos los irresistibles cuencos de la sopa vietnamita de fideos con carne, pho, en California del Sur (aunque en los últimos días el autor, que se identifica a sí mismo solamente como Diamond Dog, un hombre que vive en el condado de Orange, ha sopesado los phos de San Francisco, Seattle y Boston).
Otra bitácora hace el mapa, con detalladas reseñas de las pizzas por porciones en Manhattan. Hay inclusive uno que comenta todas los bizcochos en el mercado.
Bacontarian (www.bacontarian.com) es un blog colectivo sobre el ‘baconismo’, donde se comparte la creencia casi religiosa de que debería agregarse bacon a casi todas las comidas. Ofrece instrucciones, con fotos, sobre cómo preparar un pavo de Navidad cubierto de bacon; ideas para regalos, como un ambientador con aroma de bacon y vendas adhesivas en forma de bacon; la historia de cómo uno de sus autores, que se identifica como Ethanz, hizo y sirvió una tempura de bacon durante el festivo judío de Sukkot. Después de esa entrada, Ethanz concluye que fue "Mmm. Sacn-delicious".
El bloguero Eddie Lin, de Deep End Dining ((www.deependdining.com) se dedica a descubrir, comer, describir y fotografiar los platos más desafiantes de Los Angeles. Encontramos a Lin, por medio de fotos y anécdotas, en varios restaurantes de Los Angeles, donde sirven lengua alemana, pepinos de mar y fetos de pato (una especialidad filipina).
Un video lo muestra comiendo pedazos de pulpo todavía retorciéndose. "Si una fotografía de tentáculos vivos y enroscándose logra que miles de personas sientan náuseas", escribe, "entonces un video de los tentáculos vale un trillón de vómitos".
No hay cómo aburrirse navegando en Deep End Dining: Es lo que la gente de la blogosfera llama un "blog lento" [slow blog], lo que quiere decir que el bloguero no publica frecuentemente. En el caso de Lin, eso quiere decir una o dos veces al mes, mientras otros blogueros publican normalmente algunas veces por semana.
La bloguera anónima que se llama a sí misma Wednesday Chief [Cocinera de los Miércoles] (wednesdaychef.typepad.com) inició su bitácora con la misión expresa de comparar la rúbrica de comidas Times Food de Los Angeles Times con la sección de gastronomía del New York Times. "Este blog nació porque gastaba demasiado tiempo buscando inútilmente información fiable sobre las recetas publicadas los miércoles en las rúbricas gastronómicas del New York Times y de Los Angeles Times", escribe. "¿Funcionan las recetas? ¿Qué escritor gastronómico tiene las mejores ideas?"
Seguro que conocemos las respuestas a esas preguntas, pero es muy divertido leer sobre sus intentos (en textos acompañados paso a paso por fotografías) de recrear un clafouti con uvas Concorde en el artículo de Melissa Clark, del New York Times, sobre Pierre Reboul, repostero de Thor, de la Ciudad de Nueva York, o la coliflor con alcaparras al ajo de Russ Parsons. Es lamentable que se desvíe de su misión, ofreciéndonos a menudo un diario de viaje o una receta de Martha Stewart, coqueteando por ello peligrosamente con las generalidades.

Útil, Serio y Listo
Otras bitácoras gastronómicas más especializadas pretenden ser más prácticas. Burrito Eater ( revisa las taquerías y carritos de burritos de San Francisco, clasificándolas en una escala de mostachos de 1 a 10. El bloguero Charles Hodgkins, estudiante de geografía, imaginó la página como una guía de la enorme gama de puestos de burritos y taquerías de San Francisco. La Express Taquería, del barrio de Tenderloin, obtuvo un puntaje total promedio de 8.42 en una actualización de diciembre. Aparentemente, Hodgkins llegó a ese puntaje sacando el promedio del puntaje de 9 mostachos por el burrito super asado que probó en agosto, y los 7.83 bigotes por el burrito de super pollo con mole que probó en diciembre.
Hodgkins escribe con admirable autoridad: "Muy posiblemente es el burrito más grande en la historia de Burritoeater", escribe sobre el super asado. "Dos tipos de queso (Jack y cheddar) lado a lado en la primera capa... Guisantes y trozos de zanahoria alegradas con arroz español, mientras los frijoles obreros fritos también se mantenían en el puesto".
Diamond Dog, el bloguero de California del Sur en la corte del rey del pho, es igualmente serio; un redactor de la rúbrica gastronómica fue a chequear un sitio en el Pequeño Saigón sobre el cual el bloguero escribió entusiasmente, estaba más que impresionado.
Muchos de los altamente focalizados blogs lucen lemas espabilados. En Pho-king, el lema es "Rey del pho, pues no hay nadie más arriba, lectores, podéis llamarme sire". I Love Sandwiches [Me Encantan los Bocadillos], una bitácora sobre bocadillos ( afirma: "Aquí publicamos todo sobre bocadillos -Est. 2002". Es alentador leer sobre tanta dedicada pasión a lo que hay entre dos rebanadas de pan. Otro proclama más recientemente: "Supermercado lanza bocadillo musical. ¿Cansado de tomar siempre el mismo almuerzo en su oficina? Tenemos lo que necesita. Un supermercado está lanzando la última tapa que mejora tu vida: el bocadillo musical". La guía de regalos de la bitácora sugiere un detalle "para la persona que siempre quiso recibir un bocadillo por correo": un Reuben por 65.39 dólares, de appetizerstogo.com
Indudablemente, hay algo tentador en que te dejen husmear en las obsesiones de estos escritores. Blogueros como estos son los equivalentes gastronómicos online de los coleccionistas de figurillas. O de gente que colecciona figuritas de lechuzas, o bolsas para el mareo. Es difícil resistirse a leer las manías de otros.
No puedes sino sorprenderte: ¿quiénes son? ¿El bloguero Diamond Dog, de Pho-king, es el mismo que escribe sobre la arquitectura Craftsman en el sitio gastronómico que acoge al bloguero, hewnandhammered.com? ¿Si una bitácora sobre comidas es ‘lenta’, quiere decir que el bloguero también vive?
Adam Kuban, administrador de sliceny.com, es un apasionado de la pizza. ¿Cómo explicar de otro modo que haya comido pizza todos los días durante seis meses? Y eso era incluso antes de que se le ocurriera iniciar una bitácora. Su página incluye un mapa interactivo de Ciudad de Nueva York, cubierta de porciones de pizzas. Haz click en alguna y una burbuja ta dará información sobre la pizzería, con su dirección y foto. Haciendo click en el nombre de la pizzería dentro de la burbuja te llevará a la reseña de Kuban sobre ese lugar.
Enfoca para ver dónde, además de Nueva York, ha probado Kuban esas pizzas. En Las Vegas, por ejemplo, pidió un par de porciones de pizza en el New York-New York Hotel & Casino sólo para descubrir que "la pizza estaba a la altura de todos los clichés: la corteza era como cartón, la salsa como ketchup, y el queso como goma. Sbaroo es mejor".
Algunos blogueros reconocen que a veces se aburren de sus propias minucias. Kuban confiesa que es difícil no forzar la escritura -o no perder el entusiasmo. "Hay tantas maneras de describir una corteza, la salsa y los quesos", dice.
 

Blog Para Todos los Gustos
Aquí sigue una lista de las bitácoras gastronómicas mencionadas en este reportaje, más otras selecciones.

The Accidental Hedonist: http://www.accidentalhedonist.com Un blog de la vieja escuela -reflexiones generales sobre comidas de la ex aspirante a cómico, Kate Hopkins.

I Was Just Really Very Hungry: http://www.maki.typepad.com/justhungry Otro blog de reflexiones generales, de Makiko Itoh, un amante de la comida nacido en Japón y que vive en Suiza.

Pho-king: http://www.hewnandhammered.com/pho Un amante del pho del condado de Orange, cuenco por cuenco.

SliceNY: http://www.sliceny.com . Mapa y reseñas interactivas de las pizzas en Nueva York.

Balmy Duck: http://www.balmyduck.blogspot.com Reseñas de bizcochos en cajas.

Bacontarian: http://www.bacontarian.com Delirios de entusiastas del cerdo.

Deep End Dining: http://www.deependdining.com Encuentros de la tercera fase con los platos más estrambóticos de restaurantes de California del Sur.

The Wednesday Chef: wednesdaychef.typepad.com Contrasta las rúbricas culinarias del New York Times y de Los Angeles Times.

Burrito Eater: http://www.burritoeater.com Reseñas de taquerías y puestos de burritos de San Francisco.

I Love Sandwiches: http://www.keaggy.com/sandwich Todo sobre bocadillos.

The Art of the Buffet or All You Can Eat is Not a Challenge: http://www.buffets.blogspot.com Reseñas de restaurantes come-todo-lo-que-puedas, la mayoría en Pensilvania y Virginia.

White Trash BBQ: http://www.whitetrashbbq.blogspot.com Un vecino de Brooklin compite en torneo de parrilladas.

A Hamburger Today: http://www.ahamburgertoday.com Página gemela de The sister site to SliceNY analiza las hamburguesas de las dos costas. Valioso por su enlace con Burger Time, un juego de consola en el que manejas a un pequeño cocinero eludiendo a perritos calientes, huevos y escabeches.

Garlicster: http://www.garlicster.blogspot.com Recetas con un montón de ajo.

Candy Blog: http://www.typetive.com/candyblog Reseñas y análisis de caramelos, con bonitas fotografías.

FOODBlog: http://www.kiplog.com/food Una bitácora sobre bitácoras gastronómicas, con comprehensivas actualizaciones y enlaces actuales a las entradas más recientes.

[Una bitácora hispana asociada a mQh reúne recetas de sopas de pescados y mariscos: http://sopas.blogia.com]

6 de enero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

cocinero particular


[Matt Lee y Ted Lee] O artista residente. Las familias quieren chefs en casa.
Luciano Lunkes es un parroquiano de Grace's Marketplace, la apretada rotisería en el Upper East Side de Manhattan. Sabe exactamente dónde aparcar su carrito de la compra sin bloquear los pasillos y saluda al carnicero por su nombre de pila. Un miércoles hace poco, cuando Lunkes empezaba a apilar el carrito con alcachofas, limones y mini rúculas, se topó con tres conocidos, todos hombres y todos parroquianos de Grace, que, como él, hacían las compras con inhabitual agilidad y celeridad.
Pero Lunkes no vive en el barrio, ni siquiera en Manhattan. Él y otros hombres pertenecen a una minoría ocupacional distinta que el Buró de Estadísticas Laborales identifica bajo el código estandarizado 35-201: cocinero privado.
Entre 2000 y 2002 el número de chefs personales de tiempo completo aumentó de unos 5.200 a 8.000, de acuerdo al Buró de Estadísticas Laborales, una tasa de crecimiento que alguna gente, como Maureen Drum Fagin, directora de servicios de carrera del Instituto de Educación Culinaria de Nueva York, lo atribuyen a una creciente conciencia de la nutrición entre atareadas familias urbanas.
"Recibo un millón de llamadas de personas que buscan un cocinero personal, y todas ellas dicen que quieren comida sana", dijo.
Cuando Lunkes terminó las compras, pagó con una tarjeta de crédito que lleva su nombre pero que carga directamente a la cuenta de sus clientes, un financista y su esposa, para los que Lunkes ha cocinado durante tres años. Como muchos de los cocineros privados de hoy, Lunkes trabaja para más de una familia. La mayoría de las semanas Lunkes alterna entre sus dos clientes, el financista y su esposa (consiguió el trabajo en un período de prueba de un día, en el que preparó el almuerzo y la cena) y otra pareja, un antiguo diplomático y su esposa. Pero su tercer cliente, una diseñadora de moda italiano que vive en Nueva York unos 10 días cada dos meses (y cuya identidad Lunkes no quiso revelar), tiene prioridad. En esta presentación derrotó a otros nueve competidores en una audición de una comida. Durante su tiempo con el diseñador, Lunkes trabajará exclusivamente para ella, sin días de descanso, de mañana a noche, haciendo el desayuno, almuerzo, cena y bocadillos para ella y su séquito de amigos, colegas y guardaespaldas.
"Me mataría si tuviera que trabajar para la misma familia", dijo. "Me gusta la diversidad de diferentes familias: cada cliente tiene sus propios gustos".
Trasladó las bolsas hacia el oeste de Grace, hacia un edificio de piedra caliza de antes de la guerra en Park Avenue. Un ascensor con tabiques de madera lo llevó al décimo piso y abrió directamente hacia un convencional salón de entrada del apartamento del financista.
Detrás de una puerta junto al salón había una espaciosa cocina, con el suelo de azulejos de terracota y un refrigerador Traulsen de restaurante y unos 9 metros cuadrados con mostradores de granito negro. Lunkes depositó las compras sobre la encimera y encendió el horno de convección.
"En la cocina de una casa no tienes los mismos recursos", dijo. "Hacer el caldo de vacuno toma ocho horas y no puedes hacerlo en la casa de tu cliente". Lunkes aprendió pronto las mejores marcas de caldo enlatado, y aprovisionó a la cocina del financista con herramientas sin las cuales no puede trabajar un cocinero de restaurante: un molinillo de especias, un mandolín espantosamente grande, un rallador de mano y una bandeja para hornear de silicona. Cuando terminó de desempacar las compras, Lunkes se cambió su chaqueta de vaqueros por unos almidonados y blancos chaquetón y delantal.
Lunkes, 42, nació y se crió en Puerto Alegre, Brasil. En su barrio había pocos niños, así que pasaba la mayoría de las tardes en la casa de una pareja de ancianos que eran vecinos, ayudando a la esposa, una pianista, a preparar la cena y tocar con ella después. Más tarde Lunkes asistió a la Academia de Música Franz Liszt, de Budapest, donde sacó su licenciatura en conducción vocal, pero tras volver a Brasil no pudo continuar su carrera en las artes.
"Me di cuenta de que todo lo que sabía era hacer música", dijo. "Pensé que sería interesante aprender otra cosa". Hizo una pausa y se inscribió en el programa de estudios en el Instituto Culinario Francés de Nueva York. Tras graduarse, trabajó durante dos años y medio en restaurantes de Manhattan como Le Cirque y Chanterelle. Pero horarios de trabajo de seis días a la semana le dejaban poco tiempo para dirigir.
En el programa de hoy: los pasquecitos que adora la esposa, un sencillo almuerzo de ensalada y sopa para la pareja, un cena para el personal (tayín de pollo) y una cena de tres cubiertos para cuatro. Pronto la esposa se apareció por la cocina, y fijaron el menú para la noche siguiente: ternera, espárragos blancos y panna cotta con fresas. "El trabajo con clientes privados tiene contactos humanos diferentes", dijo Lunkes mientras mondaba y cortaba unas remolachas. "En la cocina de un restaurante hay demasiada presión; he visto a gente muy simpática convertirse en personas muy malas".
Lunkes se movía con la velocidad de un zorro entre la nevera, la cocina y la isla de la cocina, pero se vía tranquilo, concentrado en las tareas que le esperan en el mostrador. Un criado con un uniforme de guinga amarillo estaba parado junto a él, lavando cuencos y utensilios a medida que él los usaba. Limpiaba los platos derramados y superficies a medida que se movía y todos los utensilios eran devueltos a su lugar antes de que siguiera con la siguiente tarea.
La cena de esa noche debía ser informal, pero los platos que tenía en mente el chef delataban una ambición hostelera. Nada más el postre tenía cinco elementos: una sopa caliente de sidra con especias, una rebanada de manzana Granny Smith escalfada fría, un buñuelo de manzana asada, una bola de helado de nata agria y una guarnición de caramelo. Todo esto tenía que hacerse desde cero en las siete horas que seguían.
Esa noche la esposa y sus invitadas cenarían pargo del Golfo en una camita de corazones de alcachofa en un fondito de caldo de tomate con azafrán; su marido prefiere las carnes rojas, así que los hombres cenarían filetes de vacuno orgánico alimentado de pastos (39 dólares el medio kilo, comprado esa tarde en un carnicero especializado en Madison Avenue), que se asomaban por encima de una patata Fingerling, champiñones y ragout de espinaca. Los invitados llegaron a las 7 de la tarde. Lunkes consultó su lista una vez más, llevando el ritmo con su lápiz. Sonó el temporizador de cocina -estaba distraído pensando en qué podría ser-, tenía tres cazuelas en el fuego y el horno estaba encendido. Las manzanas se enfriaban en el congelador. Las zancadas de Lunkes se aceleraban a medida que se acercaba la hora de servir. Empujó la puerta batiente, llevando a la mesa las bandejas con la ensalada.
"La cena está servida", dijo por el interfono, y se entregó a los platos principales con su habitual intensidad. Mientras se acerca la hora de salir al escenario, para un chef la concentración es esencial. Dejó su primer trabajo debido a las payasadas del niñito residente lo distraían demasiado.
Mientras el hirviente humo del caldo llenaba la cocina, se oyeron estallidos de risa en el comedor. Justo cuando iba a colocar un filete en una sartén, sonó una campanada. Lunkes volvió con cuatro platos limpios y entonó: "Pescado, pescado, pescado" mientras trotaba hacia el horno. En los próximos 10 minutos, con los seis fuegos encendidos, finalmente los elementos de los dos platos principales convergieron en nuevos platos. Terminó salpicando cebollinos picados, secando las salsas derramadas y emperejilando las virutas de hinojo. Se estiró, tomó aliento y colocó los platos.
El día de Lunkes estaba todavía lejos de terminar. Serviría el postre, cargaría los lavavajillas, fregaría la cocina y volvería si Dios quiere a Brooklyn hacia las 11. Pero esa semana sólo trabajaría un día más: los siguientes cuatro días los dedicaría al Grupo Vocal Brasileño de Canto, el coro que fundó. Sin embargo, en las 12 horas que pasó en la cocina de su cliente, no tocó ni una nota de música. "La música es algo que me gusta sentarme a escuchar", dijo Lunkes. "De otro modo, sólo la oyes. Esa era otra de las cosas que yo más odiaba de trabajar en cocinas de restaurantes: la música me volvía loco".

25 de septiembre de 2005
5 de junio de 2005
©new york times
©traducción mQh


catástrofe en la cocina


[Russ Parsons] Historias sobre cocineros en la cocina, y sus grandes fracasos.
A veces, tarde por la noche cuando el restaurante está cerrando, uno divisa a los chefs reunidos en una esquina distante del comedor, todavía de blanco, reunidos en torno a unas mesas ordenadas al azar. Hay botellas y quizás ceniceros con cigarros. Estarán todos un poco animados, riéndose con tantas ganas que sabes que es imposible que estén hablando de comida.
Bueno, hablan de comidas, pero probablemente no del modo que habíais imaginado. Olvidaros del momento perfecto de la inspiración culinaria o las enriquecedoras cualidades espirituales de los buenos ingredientes. Estos tíos hablan del verdadero milagro de los restaurantes -no la creación de un solo gran plato, sino el reto de repetir ese acto docenas de veces en la noche en medio de los obstáculos más absurdos.
Pero hubo una noche en que un jefe de camareros perdió los estribos y empezó a golpear a los clientes. El día en que un merengue gigante casi se comió la cocina. La vez que los Tipos del Pescado guerrearon con los Tipos de la Carne en el walk-in de Alain Chapel, y el gran perdedor fue la mise en place de todo el día.
Como en otras profesiones, los chefs adoran sus historias bélicas. Finalmente alguien -en realidad dos, Kimberly Witherspoon y Andrew Friedman- tuvo la buena idea de reunir algunas en un nuevo libro, ‘Don't Try This at Home' (Bloomsbury, $25 ).
Dados sus trabajos diurnos, uno esperaría que los autores reunieran a una galería de famosos (Friedman ha hecho de escritor fantasma de Pino Luongo, Alfred Portale, Michael Lomonaco, Laurent Tourondel y Tom Valenti, entre otros; Witherspoon es agente literario de Anthony Bourdain, Tamasin Day-Lewis y Gabrielle Hamilton y Fergus Henderson). ‘Don't Try This at Home' no decepciona con su alineación internacional, que incluye a Ferran Adrià, Heston Blumental, Tom Colicchio, Claudia, Fleming, Mary Sue Milliken y Susan Feniger, Eric Ripert y Norman Van Aken.
Si os gustó ‘Kitchen Confidential' por su franca mirada entre los bastidores de la vida en la cocina (más bien la profanidad y la heroína), este libro os encantará. De hecho, Bourdain es uno de los escritores y, como se esperaba, su pieza es una de las mejores.
Lo sorprendente es lo bien escrito que están tantos de sus capítulos -un tributo a Witherspoon o a la redacción de Friedman o a la tradición americana de dedicarse a cocinar como carrera universitaria. Bueno, finalmente sirvieron para algo todos esos diplomas en historia del arte.

Una Cocina Llena de Granujas
El libro hace alarde de ser una compilación de "catástrofes culinarias de los más grandes chefs del mundo", como se lee en el subtítulo. Y aunque el libro incluye algunos episodios hilarantes indiscutibles, al final su efecto es más serio. Porque la gracia de casi todas las historias, no importa lo absurdo o desesperadas, es que la cena se sirvió esa noche.
Como dice Marcus Samuelsson, chef del restaurante Aquavit de Nueva York: "¿Conoces esa expresión antigua... ‘No se trata de ganar o perder, sino de estar en el juego'? Para un chef, sólo se trata de ganar. Si fracasas, a nadie le interesa lo que te esforzaste".
Algunas de las cosas que deben hacer los chefs para ‘ganar' -llevar la comida a la mesa- son asombrosas.
A veces esos problemas son resueltos con ingenuidad. Cuando Tom Douglas, de Seattle, se quedó con una montaña de langostas después de que una ventisca la noche de inauguración resultara en un comedor vacío, convirtió la carne de langosta en wonton -un plato que se ha convertido en uno de sus platos típicos.
A veces la simple pillería saca a un chef de una situación difícil. Una dama de Beverly Hills se sorprenderá probablemente de saber que no fue su Doberman Pinscher el que estropeó el bello pastel de bodas de Michel Richard.
Y a veces no hay nada que hacer excepto agacharse y trabajar más duro. Ninguna improvisación o atajo rescatará a un chef de colocón que tenga 35 pedidos en la repisa y un equipo esquelético.
En el libro, la humillación es una amenaza permanente. Gordon Ramsay, parece, no es una aberración, aparte del hecho de que le pagan para que grite en la televisión. A menudo, desde el seguro puerto de la retrospección, este abuso es recordado como un importante paso en la construcción del carácter, como el estricto sargento de instrucción en una de esas películas sobre la Segunda Guerra Mundial.
Luego, a veces, van demasiado lejos. Después de meses de soportar a un grosero chef británico (que suena un montón como Marco Pierre White), finalmente Mario Batali se chifló en mitad del servicio e hizo una de sus grandes salidas, arrojando al salir puñados de sal sobre las salsas.
Las experiencias de aprendizaje funcionan, según se ve, para los dos lados.

21 de septiembre de 2005
©los angeles times
©traducción mQh