justificar terrorismo es delito
[Egbert Kalse y Jos Verlaan] La unanimidad sobre las medidas anti-terroristas comienza a desvanecerse en la Cámara. El balance entre libertad y seguridad provoca fuertes forcejeos.
La Haya, Holanda. Los límites del estado de derecho estuvieron ayer en el centro del debate sobre las medidas anti-terroristas anunciadas por el gabinete. ¿Cuánto se puede limitar (temporalmente) la libertad de los ciudadanos para garantizar la seguridad de la sociedad? El gabinete defendió 94 medidas que deben proteger mejor a la sociedad de los musulmanes radicales y prevenir nuevos atentados terroristas. Esas medidas pueden de vez en vez afectar la vida personal de los ciudadanos, no podía ser más que natural, dijo el ministro Donner de Justicia (CDA): "Yo concluyo que ese balance está alterado por la fluctuante amenaza a la que se hace frente y debo proveer al estado de los medios necesarios para hacer frente a esa amenaza y restaurar el equilibrio. Si ese balance es su criterio de un estado de derecho, entonces estamos ocupados en restaurar el estado de derecho que fue alterado por una amenaza a la que no estábamos acostumbrados".
A diferencia de noviembre, cuando se anunciaron en grandes líneas las medidas anti-terroristas, el debate de ayer no fue ensombrecido por el reciente asesinato de opinión', como se llama ahora el asesinato de Theo van Gogh. También el tono del debate fue más moderado. También quedó claro que a medida que las medidas que toma el gabinete se hacen más concretas, aumenta la distancia entre los partidos políticos. En noviembre había un amplio consenso sobre la posición de que se debía hacer algo con los terroristas y musulmanes radicales potenciales, ahora hubo más división.
El CDA y el PvdA expresaron el temor que tienen los políticos de que si se comete otro asesinato, la Cámara misma se reprochará no haber hecho nada. Bos (PvdA):"¿Lo habríamos podido impedir? ¿Hemos hecho lo suficiente?" Verhagen (CDA): "No quiero que después del próximo asesinato nos reprochemos: si hubiésemos..."
El gabinete finalmente no tuvo dificultades en hacer aceptar las propuestas y las bancadas debatieron entre ellas. El debate se concentró en dos asuntos: la obligación de presentación o notificación para personas de las que no se tiene sospechas concretas, y el hacer punible la llamada apología o justificación de actos terroristas. El partido más pequeño de la coalición de gobierno, D66, había dado a conocer ya antes del debate que rechazaba las medidas.
Sobre la obligación de presentación Dittrich (D66) dijo: "La obligación de presentarse mensual o semanalmente en una comisaría de policía no impedirá que un Mohammed B. cometa un asesinato. Ese es un enfoque blando". También Halsema (GroenLinks) mostró poca confianza en la obligación: "Si Mohamed B. hubiese tenido que presentarse cada semana en una comisaría, habría probablemente ido con una ancha sonrisa a decirles que no estaba planeando nada malo. ¿Entonces qué? Pero para Mohammed C. que piensa que se ve atractivo con una barba, pero por lo demás es un chico decente, esa obligación de presentarse le parecerá angustiante y estigmatizadora".
El presidente del CDA, Voorman: "Al señor Dittrich le parece blando. Según él hay que arrestar a todos los que son mencionados una vez". Dittrich: "No". El jefe de bancada del VVD, van Aartsen: "¿Qué entonces? Si judicialmente no se puede hacer nada, y administrativamente sí, ¿por qué no hacerlo? Usted coloca el asunto injustamente en el contexto del estado de derecho y da por sentado que entonces se acabarán todas las discusiones".
Dittrich no se dejó convencer: "Su carta es muy vaga. No dice absolutamente nada sobre por qué sean necesarias". Dittrich presentó finalmente una moción en la que pide al gobierno que se abstenga de implementar la obligación de presentación. Lo apoyaron el SP y GroenLinks.
11 de febrero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
A diferencia de noviembre, cuando se anunciaron en grandes líneas las medidas anti-terroristas, el debate de ayer no fue ensombrecido por el reciente asesinato de opinión', como se llama ahora el asesinato de Theo van Gogh. También el tono del debate fue más moderado. También quedó claro que a medida que las medidas que toma el gabinete se hacen más concretas, aumenta la distancia entre los partidos políticos. En noviembre había un amplio consenso sobre la posición de que se debía hacer algo con los terroristas y musulmanes radicales potenciales, ahora hubo más división.
El CDA y el PvdA expresaron el temor que tienen los políticos de que si se comete otro asesinato, la Cámara misma se reprochará no haber hecho nada. Bos (PvdA):"¿Lo habríamos podido impedir? ¿Hemos hecho lo suficiente?" Verhagen (CDA): "No quiero que después del próximo asesinato nos reprochemos: si hubiésemos..."
El gabinete finalmente no tuvo dificultades en hacer aceptar las propuestas y las bancadas debatieron entre ellas. El debate se concentró en dos asuntos: la obligación de presentación o notificación para personas de las que no se tiene sospechas concretas, y el hacer punible la llamada apología o justificación de actos terroristas. El partido más pequeño de la coalición de gobierno, D66, había dado a conocer ya antes del debate que rechazaba las medidas.
Sobre la obligación de presentación Dittrich (D66) dijo: "La obligación de presentarse mensual o semanalmente en una comisaría de policía no impedirá que un Mohammed B. cometa un asesinato. Ese es un enfoque blando". También Halsema (GroenLinks) mostró poca confianza en la obligación: "Si Mohamed B. hubiese tenido que presentarse cada semana en una comisaría, habría probablemente ido con una ancha sonrisa a decirles que no estaba planeando nada malo. ¿Entonces qué? Pero para Mohammed C. que piensa que se ve atractivo con una barba, pero por lo demás es un chico decente, esa obligación de presentarse le parecerá angustiante y estigmatizadora".
El presidente del CDA, Voorman: "Al señor Dittrich le parece blando. Según él hay que arrestar a todos los que son mencionados una vez". Dittrich: "No". El jefe de bancada del VVD, van Aartsen: "¿Qué entonces? Si judicialmente no se puede hacer nada, y administrativamente sí, ¿por qué no hacerlo? Usted coloca el asunto injustamente en el contexto del estado de derecho y da por sentado que entonces se acabarán todas las discusiones".
Dittrich no se dejó convencer: "Su carta es muy vaga. No dice absolutamente nada sobre por qué sean necesarias". Dittrich presentó finalmente una moción en la que pide al gobierno que se abstenga de implementar la obligación de presentación. Lo apoyaron el SP y GroenLinks.
11 de febrero de 2005
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leyes anti-terroristas en holanda
La Cámara Baja aprobó ayer con gran mayoría las medidas anti-terroristas anunciadas por el gabinete. D66, GroenLinks y SP hicieron sin embargo algunas objeciones.
La Haya, Holanda. La Lista Pim Fortuyn LPF y el Grupo Wilders opinaron al contrario que la política del gabinete no iba suficientemente lejos. Así se desprendió ayer durante el debate sobre la carta que los ministros Remkes (Interior, VVD) y Donner (Justicia, CDA) enviaron a la Cámara a fines de enero. En ella anunciaban una larga lista de medidas contra el terrorismo.
La Cámara accedió unánimemente a la ampliación de los servicios de seguridad. El demócrata-cristiano CDA y el derechista VVD elogiaron el empuje del gobierno, pero quieren más rapidez en su implementación.
El Partido Socialista SP, la izquierda verde GroenLinks y el partido de la coalición de gobierno D66 (liberales) se opusieron a la obligación de presentarse de sospechosos, contra la prohibición por ejemplo de entrar al aeropuerto Schiphol o al Parlamento y contra la prohibición de la justificación de delitos cometidos. Opinan que las medidas son inefectivas y desproporcionadas.
Donner cree que la obligación de presentación sí tiene sentido, porque de este modo se mantiene a alguien "bajo vigilancia". Prometió sin embargo que esta medida tendrá garantías judiciales con criterios específicos.
El laborista PvdA se mostró crítico, pero no declaró si apoyaba o no los planes. El jefe de bancada Bos quiere esperar proyectos de ley concretos antes de tomar una decisión definitiva sobre la obligación de presentación y en hacer punible la justificación de actos terroristas.
La ultra-derechista LPF y el populista Grupo Wilders señalaron que todavía no se ha deportado a ningún imán y que no se ha clausurado ninguna mezquita, mientras el año pasado el ministro Remkes había dicho que había 25 mezquitas extremistas. Ahora, según Remkes, hay "menos de diez". El extremismo se desplaza "fuera de las mezquitas", dijo Remkes.
Donner no quiere ceder a los deseos de entre otros Wilders de cerrar mezquitas. "El objetivo no es cerrar las mezquitas, sino impedir la radicalización. Si eso se puede hacer sin cerrar las mezquitas, es mucho mejor", dijo.
El ministro Remkes informará a la comisión especial de la Cámara Baja sobre los servicios de informaciones y seguridad acerca de las medidas contra las mezquitas radicales. Esta comisión es cerrada.
11 de febrero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
La Haya, Holanda. La Lista Pim Fortuyn LPF y el Grupo Wilders opinaron al contrario que la política del gabinete no iba suficientemente lejos. Así se desprendió ayer durante el debate sobre la carta que los ministros Remkes (Interior, VVD) y Donner (Justicia, CDA) enviaron a la Cámara a fines de enero. En ella anunciaban una larga lista de medidas contra el terrorismo.La Cámara accedió unánimemente a la ampliación de los servicios de seguridad. El demócrata-cristiano CDA y el derechista VVD elogiaron el empuje del gobierno, pero quieren más rapidez en su implementación.
El Partido Socialista SP, la izquierda verde GroenLinks y el partido de la coalición de gobierno D66 (liberales) se opusieron a la obligación de presentarse de sospechosos, contra la prohibición por ejemplo de entrar al aeropuerto Schiphol o al Parlamento y contra la prohibición de la justificación de delitos cometidos. Opinan que las medidas son inefectivas y desproporcionadas.
Donner cree que la obligación de presentación sí tiene sentido, porque de este modo se mantiene a alguien "bajo vigilancia". Prometió sin embargo que esta medida tendrá garantías judiciales con criterios específicos.
El laborista PvdA se mostró crítico, pero no declaró si apoyaba o no los planes. El jefe de bancada Bos quiere esperar proyectos de ley concretos antes de tomar una decisión definitiva sobre la obligación de presentación y en hacer punible la justificación de actos terroristas.
La ultra-derechista LPF y el populista Grupo Wilders señalaron que todavía no se ha deportado a ningún imán y que no se ha clausurado ninguna mezquita, mientras el año pasado el ministro Remkes había dicho que había 25 mezquitas extremistas. Ahora, según Remkes, hay "menos de diez". El extremismo se desplaza "fuera de las mezquitas", dijo Remkes.
Donner no quiere ceder a los deseos de entre otros Wilders de cerrar mezquitas. "El objetivo no es cerrar las mezquitas, sino impedir la radicalización. Si eso se puede hacer sin cerrar las mezquitas, es mucho mejor", dijo.
El ministro Remkes informará a la comisión especial de la Cámara Baja sobre los servicios de informaciones y seguridad acerca de las medidas contra las mezquitas radicales. Esta comisión es cerrada.
11 de febrero de 2005
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holanda rechaza amnistía española
[Bert Lanting] No extraña la coincidencia de Holanda y Alemania en oponerse a la amnistía de ilegales iniciada por el gobierno español. Son los dos países de Europa que más tolerancia muestran hacia la xenofobia.
Bruselas, Bélgica. Para consternación de la ministro Verdonk, España otorga amnistía a los ilegales. ¿Querrán luego esos inmigrantes legalizados trasladarse a Holanda?
La ministro Verdonk, de Extranjería, y el ministro alemán del Interior, Otto Schily, tienen la intención de escribir una carta de protesta al gobierno español expresando su malestar por la decisión que legalizará a un millón de inmigrantes ilegales.
El proyecto de legalización español comienza hoy.
Empleadores que tengan a su servicio a inmigrantes ilegales podrán ahora presentarse ante las autoridades sin el riesgo de ser multados. Todos los ilegales con un trabajo y que puedan demostrar que están al menos seis meses inscritos en el registro civil, pueden obtener amnistía. Se calcula que se trata de unas 800.000 personas. Recibirán un permiso de residencia y de trabajo válido provisionalmente por un año.
Otros países de la Unión Europea se sienten sobrepasados por la decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero, aunque se había anunciado hacía meses. En una reunión de los ministros de Justicia e Interior de la UE a fines del mes pasado, nadie estaba al tanto del alcance de la medida. Se trata del proyecto de legalización más grande de la historia de la UE.
La ministro Verdonk pidió en esa reunión que los países de la UE consulten entre ellos antes de anunciar medidas semejantes. También Schily se mostró indignado por la actuación unilateral de España. "Es ridículo que España anuncie una amnistía tan masiva sin informar a los otros países. Y justo ahora que en la UE estamos ocupados en formular una política de asilo común", se queja el diplomático de la UE.
En diciembre los países de la Unión Europea acordaron implementar a partir de 2010 una política de asilo común. Como preparación, los países de la Unión renunciarán dentro de poco a su derecho a veto. Pero de momento los países de la UE son completamente libres en la implementación de sus propias políticas de inmigración.
El temor de países como Holanda y Alemania es que los inmigrantes legalizados finalmente entren a otros países europeos. Eso lo pueden hacer si residen al menos cinco años en España.
De acuerdo a las autoridades española las consecuencias serán positivas para otros países de la UE. La mayoría de los ilegales en España provienen de Ecuador y Colombia y no muestran interés en establecerse en países donde no se habla español. Pero también hay marroquíes y rumanos.
Verdonk tiene miedo de que la amnistía tenga un "poder de atracción" de nuevos ilegales. El gobierno español espera resultados positivos, porque luego del período de amnistía será más arriesgado para los empleadores contratar a trabajadores ilegales. Junto con la amnistía han aumentado fuertemente las multas por la contratación de ilegales.
Según Verdonk la medida atrae a los ilegales. Desde que se diera a conocer la amnistía España es invadida por decenas de miles de ilegales que, con papeles de residencia falsos, tratan de introducirse a Europa.
La posición del gobierno de Rodríguez Zapatero es que los ilegales son un factor permanente de la economía española. Por eso es mejor reconocer la realidad y proporcionar a los trabajadores ilegales un estatuto legal. Una ventaja adicional es que los empleadores se ven obligados a cotizar a la seguridad social. Eso puede incrementar los ingresos del estado.
Además, España necesitará en los próximos decenos -debido a su decreciente tasa de natalidad- fuerzas de trabajo para mantener en pie el nivel de prestaciones sociales. Ese es también un problema de otros países de la UE, pero los especialistas señalan que España tiene una capacidad de absorción mucho mayor que un país densamente poblado como Holanda.
Un funcionario de la Comisión Europea en Bruselas calificó la decisión española de "afortunada". "Obligará a convencer a los países de la UE de la absoluta necesidad de una política de inmigración común", dijo. Al mismo tiempo aumentará la presión sobre los países de la UE para ampliar las posibilidades de la inmigración legal.
8 de febrero de 2005
©volkskrant
©traducción mQh
Bruselas, Bélgica. Para consternación de la ministro Verdonk, España otorga amnistía a los ilegales. ¿Querrán luego esos inmigrantes legalizados trasladarse a Holanda?La ministro Verdonk, de Extranjería, y el ministro alemán del Interior, Otto Schily, tienen la intención de escribir una carta de protesta al gobierno español expresando su malestar por la decisión que legalizará a un millón de inmigrantes ilegales.
El proyecto de legalización español comienza hoy.
Empleadores que tengan a su servicio a inmigrantes ilegales podrán ahora presentarse ante las autoridades sin el riesgo de ser multados. Todos los ilegales con un trabajo y que puedan demostrar que están al menos seis meses inscritos en el registro civil, pueden obtener amnistía. Se calcula que se trata de unas 800.000 personas. Recibirán un permiso de residencia y de trabajo válido provisionalmente por un año.
Otros países de la Unión Europea se sienten sobrepasados por la decisión del gobierno de Rodríguez Zapatero, aunque se había anunciado hacía meses. En una reunión de los ministros de Justicia e Interior de la UE a fines del mes pasado, nadie estaba al tanto del alcance de la medida. Se trata del proyecto de legalización más grande de la historia de la UE.
La ministro Verdonk pidió en esa reunión que los países de la UE consulten entre ellos antes de anunciar medidas semejantes. También Schily se mostró indignado por la actuación unilateral de España. "Es ridículo que España anuncie una amnistía tan masiva sin informar a los otros países. Y justo ahora que en la UE estamos ocupados en formular una política de asilo común", se queja el diplomático de la UE.
En diciembre los países de la Unión Europea acordaron implementar a partir de 2010 una política de asilo común. Como preparación, los países de la Unión renunciarán dentro de poco a su derecho a veto. Pero de momento los países de la UE son completamente libres en la implementación de sus propias políticas de inmigración.
El temor de países como Holanda y Alemania es que los inmigrantes legalizados finalmente entren a otros países europeos. Eso lo pueden hacer si residen al menos cinco años en España.
De acuerdo a las autoridades española las consecuencias serán positivas para otros países de la UE. La mayoría de los ilegales en España provienen de Ecuador y Colombia y no muestran interés en establecerse en países donde no se habla español. Pero también hay marroquíes y rumanos.
Verdonk tiene miedo de que la amnistía tenga un "poder de atracción" de nuevos ilegales. El gobierno español espera resultados positivos, porque luego del período de amnistía será más arriesgado para los empleadores contratar a trabajadores ilegales. Junto con la amnistía han aumentado fuertemente las multas por la contratación de ilegales.
Según Verdonk la medida atrae a los ilegales. Desde que se diera a conocer la amnistía España es invadida por decenas de miles de ilegales que, con papeles de residencia falsos, tratan de introducirse a Europa.
La posición del gobierno de Rodríguez Zapatero es que los ilegales son un factor permanente de la economía española. Por eso es mejor reconocer la realidad y proporcionar a los trabajadores ilegales un estatuto legal. Una ventaja adicional es que los empleadores se ven obligados a cotizar a la seguridad social. Eso puede incrementar los ingresos del estado.
Además, España necesitará en los próximos decenos -debido a su decreciente tasa de natalidad- fuerzas de trabajo para mantener en pie el nivel de prestaciones sociales. Ese es también un problema de otros países de la UE, pero los especialistas señalan que España tiene una capacidad de absorción mucho mayor que un país densamente poblado como Holanda.
Un funcionario de la Comisión Europea en Bruselas calificó la decisión española de "afortunada". "Obligará a convencer a los países de la UE de la absoluta necesidad de una política de inmigración común", dijo. Al mismo tiempo aumentará la presión sobre los países de la UE para ampliar las posibilidades de la inmigración legal.
8 de febrero de 2005
©volkskrant
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hells angels a juicio por asesinatos
En una locación secreta' en Rotterdam.
Amsterdam, Holanda. El juicio de 15 miembros de la banda de Hells Angels acusados del asesinato de tres de sus compañeros fue trasladado a una locación secreta el jueves para garantizar la seguridad del más importante testigo de la acusación, que luego identificó a los dos hombres responsables de los asesinatos.
Pero 90 minutos después de que jueces, abogados, el fiscal, los acusados y periodistas partieran de Amsterdam hacia una locación secreta, la agencia de prensa Novum informó que el juicio sería realizado en el Palacio de Justicia de Rotterdam.
El lunes el juicio se inició -el primero en que se lleva al banquillo de los acusados a tantos miembros de la banda Hells Angels al mismo tiempo- en el tribunal de alta seguridad de Amsterdam-Osdorp.
Aunque se lo apoda el búnker', el edificio fue considerado insuficiente para garantizar la seguridad del principal testigo y se decidió continuar el juicio el martes en una locación secreta.
Paul de Vries, presidente del capítulo Nomads de los Hells Angels, y dos compañeros, Serge Wagener y Cor Pijnenburg, fueron encontrados muertos en un canal cerca de la sureña ciudad holandesa de Echt el 13 de febrero del año pasado. Sus cuerpos estaban agujereados de balas.
Los sospechosos están acusados de conspirar para matar a los hombres para robarles cocaína. Los asesinatos fueron supuestamente cometidos en el club local de los Hells Angels en Oirsbeek, donde se encontraron restos de sangre de las tres víctimas, a pesar de un intento de deshacerse de ellas mediante una renovación.
El principal testigo de la fiscalía, Angelo D., es miembro de la banda de moteros Caribeean Brothers de Curaçao, un grupo afiliado a los Hells Angels. Estuvo supuestamente implicado en la compra de cocaína y está acusado de tráfico de drogas.
Las tres víctimas fueron asesinadas después de haber supuestamente robado 300 kilos de cocaína. D. ha acusado a los Nomads de cometer los asesinatos para evitar un conflicto con traficantes colombianos que habrían suministrado la cocaína, según el diario De Telegraaf.
Hizo una declaración detallada a la policía después de ser secuestrado el año pasado por dos Nomads. Los dos miembros de la banda confesaron los asesinatos a D., que fue rescatado poco después por la policía. Pero en lugar de ser secuestrado, D. dice que él y otro compañero del club, John D., fueron simplemente interrogados por los dos hombres.
Los identificó en el tribunal el martes como Marco H. y Jack S., alegando que eran también los responsables del robo de la cocaína. También dijo que Wagener y Pijnenburg no estaban involucrados en el robo, pero fueron matados para demostrar a los colombianos que los culpables habían sido ajusticiados.
El antillano también dijo en una declaración previa ante la policía que los Nomads estaban relacionados con dos rutas de contrabando de cocaína entre Holanda y Colombia, lo que provocó fuertes conflictos. También hubo una lucha por el poder dentro de la banda de los Nomads.
A pesar de las incertidumbres sobre la participación de los sospechosos en el triple asesinato, D. cree que todo el club tuvo conocimiento previo de los asesinatos. Ha dicho que el asesinato de uno de los tres puede haber sido un error.
El fiscal público acusó a D. por su implicación en la venta supuesta de cocaína, pero está negociando un acuerdo con la justicia a cambio de su testimonio.
El tribunal ordenó el lunes al fiscal a aclarar la situación tan pronto como posible. Si D. accede a revelar todo lo que sabe, se le otorgará probablemente el programa de protección de testigos.
Entretanto, dos sospechosos -Harry R. y Swen S.- fueron también acusados de un cuarto asesinato. El cuerpo del supuesto traficante de drogas Steven Chocolaad fue encontrado en el Julianakanaal en Limburg en mayo de 2003. Pero el tribunal determinó que el caso no estaba relacionado con el triple asesinato y lo aplazó.
Uno de los 15 sospechosos enfermó el lunes, pero los restantes 14 asistieron todos al juicio. También asistieron unos 50 policías y agentes de seguridad. Se cree que el juicio tomará unas cuatro semanas.
6 de febrero de 2005
©expatica
©traducción mQh
Amsterdam, Holanda. El juicio de 15 miembros de la banda de Hells Angels acusados del asesinato de tres de sus compañeros fue trasladado a una locación secreta el jueves para garantizar la seguridad del más importante testigo de la acusación, que luego identificó a los dos hombres responsables de los asesinatos.Pero 90 minutos después de que jueces, abogados, el fiscal, los acusados y periodistas partieran de Amsterdam hacia una locación secreta, la agencia de prensa Novum informó que el juicio sería realizado en el Palacio de Justicia de Rotterdam.
El lunes el juicio se inició -el primero en que se lleva al banquillo de los acusados a tantos miembros de la banda Hells Angels al mismo tiempo- en el tribunal de alta seguridad de Amsterdam-Osdorp.
Aunque se lo apoda el búnker', el edificio fue considerado insuficiente para garantizar la seguridad del principal testigo y se decidió continuar el juicio el martes en una locación secreta.
Paul de Vries, presidente del capítulo Nomads de los Hells Angels, y dos compañeros, Serge Wagener y Cor Pijnenburg, fueron encontrados muertos en un canal cerca de la sureña ciudad holandesa de Echt el 13 de febrero del año pasado. Sus cuerpos estaban agujereados de balas.
Los sospechosos están acusados de conspirar para matar a los hombres para robarles cocaína. Los asesinatos fueron supuestamente cometidos en el club local de los Hells Angels en Oirsbeek, donde se encontraron restos de sangre de las tres víctimas, a pesar de un intento de deshacerse de ellas mediante una renovación.
El principal testigo de la fiscalía, Angelo D., es miembro de la banda de moteros Caribeean Brothers de Curaçao, un grupo afiliado a los Hells Angels. Estuvo supuestamente implicado en la compra de cocaína y está acusado de tráfico de drogas.
Las tres víctimas fueron asesinadas después de haber supuestamente robado 300 kilos de cocaína. D. ha acusado a los Nomads de cometer los asesinatos para evitar un conflicto con traficantes colombianos que habrían suministrado la cocaína, según el diario De Telegraaf.
Hizo una declaración detallada a la policía después de ser secuestrado el año pasado por dos Nomads. Los dos miembros de la banda confesaron los asesinatos a D., que fue rescatado poco después por la policía. Pero en lugar de ser secuestrado, D. dice que él y otro compañero del club, John D., fueron simplemente interrogados por los dos hombres.
Los identificó en el tribunal el martes como Marco H. y Jack S., alegando que eran también los responsables del robo de la cocaína. También dijo que Wagener y Pijnenburg no estaban involucrados en el robo, pero fueron matados para demostrar a los colombianos que los culpables habían sido ajusticiados.
El antillano también dijo en una declaración previa ante la policía que los Nomads estaban relacionados con dos rutas de contrabando de cocaína entre Holanda y Colombia, lo que provocó fuertes conflictos. También hubo una lucha por el poder dentro de la banda de los Nomads.
A pesar de las incertidumbres sobre la participación de los sospechosos en el triple asesinato, D. cree que todo el club tuvo conocimiento previo de los asesinatos. Ha dicho que el asesinato de uno de los tres puede haber sido un error.
El fiscal público acusó a D. por su implicación en la venta supuesta de cocaína, pero está negociando un acuerdo con la justicia a cambio de su testimonio.
El tribunal ordenó el lunes al fiscal a aclarar la situación tan pronto como posible. Si D. accede a revelar todo lo que sabe, se le otorgará probablemente el programa de protección de testigos.
Entretanto, dos sospechosos -Harry R. y Swen S.- fueron también acusados de un cuarto asesinato. El cuerpo del supuesto traficante de drogas Steven Chocolaad fue encontrado en el Julianakanaal en Limburg en mayo de 2003. Pero el tribunal determinó que el caso no estaba relacionado con el triple asesinato y lo aplazó.
Uno de los 15 sospechosos enfermó el lunes, pero los restantes 14 asistieron todos al juicio. También asistieron unos 50 policías y agentes de seguridad. Se cree que el juicio tomará unas cuatro semanas.
6 de febrero de 2005
©expatica
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oposición a ley antiterrorista
El gobierno de Tony Blair, acusado de preparar un estado policial, podrá difícilmente imponer la nueva versión de su legislación antiterrorista, frente a una oposición que por una vez se unió en contra y a los juristas que ya consideran está condenada a fracasar.
Londres, Gran Bretaña. El 26 de enero, al anunciar la revisión de la ley antiterrorista de 2001, que originó un mini "Guantánamo bis", según Amnistía Internacional (en referencia a la prisión estadounidense en Cuba), el ministro del Interior Charles Clarke pensaba quitarse de encima el problema heredado de su predecesor David Blunkett.
Para hacer cambiar esta legislación, que permite detener de manera ilimitada, sin juicio ni acusación, a los extranjeros acusados de terrorismo, Charles Clarke había encontrado la solución: darles la casa por cárcel a los sospechosos, extranjeros o británicos, colocarles un brazalete electrónico, intervenir sus teléfonos y prohibirles internet.
Pero nada más que el anuncio ya generó cólera.
Es "el tipo de medidas contra Aung San Suuj Kyi en Birmania", acusó Louise Christian, abogada de cuatro británicos recientemente repatriados de Guantánamo.
Otros hicieron la comparación con Zimbabue o Corea del Norte.
"Frente al terrorismo se necesita una respuesta proporcionada, no poderes que hacen que el gobierno se convierta en policía, juez y jurado", insistió Edward Nally, presidente de la Law Society, organización que representa a 90.000 abogados ingleses y galeses.
"Estas medidas serán sin lugar a dudas en contravención con la convención europea de los derechos humanos", predijo Roger Leng, profesor de derecho criminal en la universidad de Warwick (centro).
"El problema es simple: no es posible derogar el derecho a un proceso equitativo", explicó. La Cámara de los Lores (la más alta instancia judicial británica) debería entonces, una vez más, calificar esta legislación de ilegal".
El propio Attorney General (ministro de Justicia) Lord Peter Goldsmith, consejero jurídico del gobierno, temía que las nuevas proposiciones fuesen condenadas por los La Cámara de los Lores, según la prensa británica.
El gobierno Blair, que ya en diciembre se vio obligado a reconsiderar su legislación terrorista luego de un primer veredicto de la Cámara de los Lores, se ve una vez más en el punto de partida.
Tanto más cuanto que las proposiciones de Charles Clarke son rechazadas unánimemente por la oposición conservadora y liberal-democrática, habitualmente dividida.
Insistiendo sobre la necesidad de un proceso, tanto los Laboristas como los liberales democráticos defienden la utilización de la intervención telefónica como prueba. También quieren que se cree una nueva figura jurídica de inculpación, la de "preparación de actos terroristas".
Otras tantas proposiciones rechazadas por el gobierno.
Esta semana, las piruetas de Charles Clarke en el caso de "C", uno de los 12 extranjeros sospechosos de terrorismo y detenidos sin cargo, demuestran el lío en que está metido.
El 31 de enero en la noche, "C" era un "peligro importante" para la seguridad nacional. El 1 de febrero era liberado súbitamente de la prisión de Belmarsh, después de tres años.
Ni siquiera su abogada podía creerlo.
"Es una muestra del futuro terrible que nos espera si podemos ser detenidos sobre las base de informaciones calificadas como secreto de Estado o por el capricho de un hombre político", acusó Shami Chakrabarti, presidenta de Liberty, asociación de defensa de las libertades civiles.
4 de febrero de 2005
©mi punto"
Para hacer cambiar esta legislación, que permite detener de manera ilimitada, sin juicio ni acusación, a los extranjeros acusados de terrorismo, Charles Clarke había encontrado la solución: darles la casa por cárcel a los sospechosos, extranjeros o británicos, colocarles un brazalete electrónico, intervenir sus teléfonos y prohibirles internet.
Pero nada más que el anuncio ya generó cólera.
Es "el tipo de medidas contra Aung San Suuj Kyi en Birmania", acusó Louise Christian, abogada de cuatro británicos recientemente repatriados de Guantánamo.
Otros hicieron la comparación con Zimbabue o Corea del Norte.
"Frente al terrorismo se necesita una respuesta proporcionada, no poderes que hacen que el gobierno se convierta en policía, juez y jurado", insistió Edward Nally, presidente de la Law Society, organización que representa a 90.000 abogados ingleses y galeses.
"Estas medidas serán sin lugar a dudas en contravención con la convención europea de los derechos humanos", predijo Roger Leng, profesor de derecho criminal en la universidad de Warwick (centro).
"El problema es simple: no es posible derogar el derecho a un proceso equitativo", explicó. La Cámara de los Lores (la más alta instancia judicial británica) debería entonces, una vez más, calificar esta legislación de ilegal".
El propio Attorney General (ministro de Justicia) Lord Peter Goldsmith, consejero jurídico del gobierno, temía que las nuevas proposiciones fuesen condenadas por los La Cámara de los Lores, según la prensa británica.
El gobierno Blair, que ya en diciembre se vio obligado a reconsiderar su legislación terrorista luego de un primer veredicto de la Cámara de los Lores, se ve una vez más en el punto de partida.
Tanto más cuanto que las proposiciones de Charles Clarke son rechazadas unánimemente por la oposición conservadora y liberal-democrática, habitualmente dividida.
Insistiendo sobre la necesidad de un proceso, tanto los Laboristas como los liberales democráticos defienden la utilización de la intervención telefónica como prueba. También quieren que se cree una nueva figura jurídica de inculpación, la de "preparación de actos terroristas".
Otras tantas proposiciones rechazadas por el gobierno.
Esta semana, las piruetas de Charles Clarke en el caso de "C", uno de los 12 extranjeros sospechosos de terrorismo y detenidos sin cargo, demuestran el lío en que está metido.
El 31 de enero en la noche, "C" era un "peligro importante" para la seguridad nacional. El 1 de febrero era liberado súbitamente de la prisión de Belmarsh, después de tres años.
Ni siquiera su abogada podía creerlo.
"Es una muestra del futuro terrible que nos espera si podemos ser detenidos sobre las base de informaciones calificadas como secreto de Estado o por el capricho de un hombre político", acusó Shami Chakrabarti, presidenta de Liberty, asociación de defensa de las libertades civiles.
4 de febrero de 2005
©mi punto"
rutinaria miseria de áfrica
Nada nuevo está pasando en África: la gente sigue muriendo de sida, de malaria, de tuberculosis, de hambre, de guerras.
De vez en cuando, algo tan terrible pasa en África que el resto del mundo se da cuenta durante un rato de que el continente sigue ahí. Hace veinte años, una devastadora hambruna llevó a Michael Jackson y amigos a montar un concierto televisado en todo el país que reunión millones de dólares. Más recientemente se descubrieron los horrores de Ruanda y Sudán, provocando indignación internacional, y no mucho más que eso. Esas crisis debidamente reconocidas, la gente fuera de África pudo nuevamente mirar para otro lado.
Nada nuevo está pasando en África en estos días. Es la misma miserable y vieja rutina: mueren 6.000 personas de sida al día; miles más, la mayoría niños, mueren de malaria, tuberculosis y desnutrición. No es un maremoto, así los chicos buenos del barrio no estarán pidiendo donaciones para ayudar a aliviar el sufrimiento del continente.
No es lo mismo que decir que nadie está prestando atención. En realidad, el reciente Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, hizo un desgarrador llamada a preocuparse de África.
El presidente francés Jacques Chirac empezó proponiendo la poco práctica idea de crear un nuevo sistema mundial de impuestos en cosas tales como transacciones financieras internacionales y billetes de avión, y usar el dinero para combatir la pobreza y las enfermedades. El primer ministro británico Tony Blair parecía empecinado en demostrar que podía superar a su rival francés cuando se trata de cuestiones humanitarias. Además de hacer terribles advertencias sobre el cambio climático, dijo que Gran Bretaña triplicaría su ayuda a África este año. Además, Blair ha usado su presidencia del Grupo de las ocho naciones industrializadas para instar firmemente a aliviar la deuda africana.
Otros importantes participantes en Davos también transformaron a África en tema, incluyendo Bono, la estrafalaria estrella del rock; el ex presidente Clinton; y el fundador de Microsoft, Bill Gates, cuya Gates Foundation recientemente prometió donar 750 millones de dólares para vacunar a los niños en países en desarrollo. Bono, que hizo una famosa gira en África con el primer secretario del tesorería del presidente Bush, Paul O'Neill, agradeció al líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist, por viajar a África y pedir apoyo para luchar contra el sida.
Pero Estados Unidos es un rezagado en el frente humanitario. Bush ha hablado elocuentemente acerca de subir la ayuda al desarrollo, ignorando al mismo tiempo sus propias promesas.
El presidente anunció con bombo y platillo el Millennium Challenge Account para la ayuda extranjera, prometiendo en 2002 invertir billones en ella para llegar a una contribución anual de 5 billones de dólares para 2006. Esa promesa fue recientemente borrada de la página en internet del propio fondo, y durante los últimos dos años Bush ha contribuido mucho menos a esa cuenta de lo que había prometido. No se ha distribuido ni un centavo del fondo; en el Discurso de la Unión no se mencionó la ayuda extranjera ni una sola vez.
"No hay ciudadanos de segunda clase en la especie humana", dijo Bush cuando anunció el fondo hace tres años. "Llevo esta convicción en el alma". Es hora de que Bush cumpla esa promesa, firmando algunos cheques. Mantener la convicción en el alma no está salvando vidas.
5 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
De vez en cuando, algo tan terrible pasa en África que el resto del mundo se da cuenta durante un rato de que el continente sigue ahí. Hace veinte años, una devastadora hambruna llevó a Michael Jackson y amigos a montar un concierto televisado en todo el país que reunión millones de dólares. Más recientemente se descubrieron los horrores de Ruanda y Sudán, provocando indignación internacional, y no mucho más que eso. Esas crisis debidamente reconocidas, la gente fuera de África pudo nuevamente mirar para otro lado.Nada nuevo está pasando en África en estos días. Es la misma miserable y vieja rutina: mueren 6.000 personas de sida al día; miles más, la mayoría niños, mueren de malaria, tuberculosis y desnutrición. No es un maremoto, así los chicos buenos del barrio no estarán pidiendo donaciones para ayudar a aliviar el sufrimiento del continente.
No es lo mismo que decir que nadie está prestando atención. En realidad, el reciente Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, hizo un desgarrador llamada a preocuparse de África.
El presidente francés Jacques Chirac empezó proponiendo la poco práctica idea de crear un nuevo sistema mundial de impuestos en cosas tales como transacciones financieras internacionales y billetes de avión, y usar el dinero para combatir la pobreza y las enfermedades. El primer ministro británico Tony Blair parecía empecinado en demostrar que podía superar a su rival francés cuando se trata de cuestiones humanitarias. Además de hacer terribles advertencias sobre el cambio climático, dijo que Gran Bretaña triplicaría su ayuda a África este año. Además, Blair ha usado su presidencia del Grupo de las ocho naciones industrializadas para instar firmemente a aliviar la deuda africana.
Otros importantes participantes en Davos también transformaron a África en tema, incluyendo Bono, la estrafalaria estrella del rock; el ex presidente Clinton; y el fundador de Microsoft, Bill Gates, cuya Gates Foundation recientemente prometió donar 750 millones de dólares para vacunar a los niños en países en desarrollo. Bono, que hizo una famosa gira en África con el primer secretario del tesorería del presidente Bush, Paul O'Neill, agradeció al líder de la mayoría en el Senado, Bill Frist, por viajar a África y pedir apoyo para luchar contra el sida.
Pero Estados Unidos es un rezagado en el frente humanitario. Bush ha hablado elocuentemente acerca de subir la ayuda al desarrollo, ignorando al mismo tiempo sus propias promesas.
El presidente anunció con bombo y platillo el Millennium Challenge Account para la ayuda extranjera, prometiendo en 2002 invertir billones en ella para llegar a una contribución anual de 5 billones de dólares para 2006. Esa promesa fue recientemente borrada de la página en internet del propio fondo, y durante los últimos dos años Bush ha contribuido mucho menos a esa cuenta de lo que había prometido. No se ha distribuido ni un centavo del fondo; en el Discurso de la Unión no se mencionó la ayuda extranjera ni una sola vez.
"No hay ciudadanos de segunda clase en la especie humana", dijo Bush cuando anunció el fondo hace tres años. "Llevo esta convicción en el alma". Es hora de que Bush cumpla esa promesa, firmando algunos cheques. Mantener la convicción en el alma no está salvando vidas.
5 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
áfrica y sus niños 3
[John Donnelly] Odongo fue, como miles de niños ugandeses, secuestrado por un ejército rebelde y obligado, a sus doce años, a matar. Ahora está libre, pero solo, y busca una manera de vivir.
Alere, Uganda. Kasmiro Bongonyinge recuerda que se incorporó rápidamente de su cama. Era justo después de que saliera el sol, una mañana hace dos años, y el viejo, de 87, y ciego, sabía que algo extraño estaba pasando.
Oyó pisadas y gritos fuera de su choza de barro. Su esposa yacía junto a él, y debajo de su cama, sobre esteras de paja, dormían tres de sus nietos.
La puerta se abrió. "¿Quién es?", preguntó Bongonyinge.
"Quédese tranquilo", le ordenó una voz de niño.
El viejo podía sentir el cañón de una pistola en su pecho.
Bongonyinge cogió las cuentas del bolsillo de su camisa y empezó a rezar lentamente, cuenta azul tras cuenta azul. Oyó a los intrusos revolviendo sus cosas, y pisadas que entraban y salían.
"¡Levántate!", ordenó el niño. "Queremos matarte".
"No puedo. Soy paralítico desde niño", dijo Bongonyinge, mintiendo para salvar la vida. "Y soy ciego".
Una voz joven dijo a los otros: "Matar a un hombre ciego trae mala suerte".
Y luego, silencio. Los intrusos se marcharon tan abruptamente como habían llegado.
Bongonyinge se agachó a tocar debajo de la cama.
Sus dedos sólo encontraron las esteras.
Él y su esposa salieron de la choza con los primeros rayos del sol. Sus pollos cloqueaban furiosamente.
Después de un rato, sus dos nietos menores, de 3 y 5, corrieron hacia ellos. "¿Dónde está Odongo?", preguntó el viejo.
"Odongo se ha ido", respondió su hija, Hellen Aguti, desde el otro lado del patio de tierra. "Se lo llevaron los rebeldes".
Años de guerra y del derrumbe de los sistemas sociales en Uganda y otros países han desplazado a millones de niños en África, dejándoles la tarea de sobrevivir por su propia cuenta. Y en los últimos años millones más de niños africanos se han transformado en huérfanos, a medida que enfermedades relacionadas con el sida han acabado con sus padres. En una época en que las cifras de huérfanos están descendiendo en todo el mundo, la tendencia en África va en la dirección opuesta, y rápidamente.
Un periodista y un fotógrafo de Globe han pasado este año varias semanas con tres de estos niños: tres que lograron sobrevivir, a pesar de las dificultades. Sus vidas están llenas de sorpresas, algunas malas, algunas maravillosas. Y comparten un ingenio y discreto coraje que parece impensable a esa edad. Con todas las razones para haber abandonado la lucha, ellos no lo han hecho.
Sin embargo, sus futuros están lejos de estar asegurados, dependiendo a partes iguales de su suerte e imaginación. Odongo Ambrose tiene montones de las dos cosas.
Algo regordete, el niño de cara de luna con un diente astillado tenía 12 años el 29 de agosto de 2002 cuando fue atrapado en la choza de su familia por el Ejército de Resistencia del Señor, un notorio grupo rebelde que ha secuestrado a miles de niños ugandeses y los ha transformado en soldados.
Hasta ese momento, Odongo era como cualquier otro chico de su edad en las remotas selvas del norte de Uganda. Le gustaba jugar con sus amigos. Respetaba a los mayores. Pero los adultos habían observado algo diferente en Odongo, una seriedad que a veces parecía abrumarlo. En esas ocasiones se calmaba, bajaba la vista y se ensimismaba.
Algunos creían que era su manera de procesar las grandes pérdidas de su vida. Su padre, Dennis Okello, maestro, murió de las heridas que había sufrido en un choque cuando jugaba al fútbol. Su madre, Mary, también maestra, volvió de la escuela a casa un día, se derrumbó, y murió esa misma noche en su cama. Su familia dijo que la había matado el sida.
A los 8, Odongo era huérfano. Sus abuelos se lo llevaron a él, y a su hermano y hermana menores a vivir con ellos; un cuarto niño, el hermano mayor de Odongo, fue capturado por los rebeldes en 1997 y desde entonces no saben nada de él.
Odongo recordó que durante esos primeros días con sus abuelos, echaba mucho de menos el olor de su madre, el calor de sus abrazos, y lo guapa que se veía con su vestido estampado azul. "Pensaba mucho en lo que teníamos: el modo en que ordenábamos el aparador, la cama en la que dormíamos juntos, y sobre todo en su vestido", dijo.
Pero finalmente se acostumbró e incluso empezó a disfrutar de su vida en el pueblo de Alere, un villorrio de unas 25 chozas de barro anidada en medio de árboles espinosos y malezas, y pequeñas huertas de hortalizas. Su abuelo contaba largas historias de sus ancestros y le enseñó trucos para custodiar los pollos y las cabras. Su abuela le daba una libertad de la que nunca gozó con su madre. Pasaba las tardes jugando con los amigos: Tile, Omara, Kidega y Adega, o acarreando agua para la familia desde un arroyo cercano, en un bidón amarillo.
Los niños estaban siempre alerta de los soldados rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor LRA. Es por eso que él y su hermano y hermana dormían debajo de la cama de los abuelos. Si los rebeldes atacaban la aldea, las sábanas que colgaban de la cama les ocultarían.
El LRA, dirigido por el trastornado y peligroso Joseph Kony, lleva 18 años de guerrilla contra el gobierno ugandés, y ha desplazado a más de 1.6 millones de personas, la mitad de ellos niños, en este país de 26 millones de habitantes. Es uno de los conflictos más violentos que ha estallado en África en los últimos años, desde Sierra Leona y Liberia en África Occidental, hasta la República Democrática del Congo y la región de Darfur en Sudán, que ha dejado huérfanos a cientos de miles de niños.
Pero Jan Egeland, Coordinador de la Ayuda de Emergencia de Naciones Unidas, trató el mes pasado de llamar la atención sobre el norte de Uganda, calificando la situación como la emergencia humanitaria más dejada de lado por el mundo. Instó a los países a hacer más para poner fin a lo que llamó una "letanía de horrores".
Uganda, encerrado en el este de África, se compone esencialmente de dos países. El sur es seguro y estable. Bajo el presidente Yoweri Museveni, que se hizo con el poder en 1986 y dirige un estado de un solo partido, la economía del país, concentrada en el sur, creció en los años noventa más rápidamente que todas las demás de África.
Pero el norte ha estado aterrorizado por una generación del LRA. Sólo en los últimos meses las tropas ugendesas han intensificado su lucha contra el LRA, en parte debido a la condena internacional. Y hay informes de que el LRA, sintiendo la presión, pueda acceder a negociaciones de paz.
Kony ha dicho que su objetivo es tomar el poder en Uganda y gobernar de acuerdo a los Diez Mandamientos. Pero nadie fuera de sus círculos toma en serio su cháchara religiosa. Tiene más credibilidad como asesino.
Su ejército consiste de decenas de unidades relativamente pequeñas, quizás de 100 a 150 soldados cada una, con un 80 por ciento de niños. Kony prefiere a los niños porque son fáciles de capturar, de formar y de controlar, de acuerdo a entrevistas con casi dos docenas de niños que escaparon de su servicio.
Grupos de derechos humanos calculan que el LRA ha secuestrado a más de 20.000 niños en el curso de varios años. Han muerto más de 5.000 niños, de edades entre los 9 y los 18, sea en batallas con tropas ugandesas o tratando de escapar del ejército de Kony.
Una Prueba Salvaje
La experiencia de Odongo refleja los informes de muchos de los que han escapado. Así es como lo recuerda él.
En las horas posteriores a su captura, caminó en fila india con unas tres docenas de otros, la mayoría niños, en dirección noroeste alejándose de Alere, una aldea a unos 240 kilómetros al norte de la capital del país, Kampala. Cruzaron grandes campos de pasto y aldeas abandonadas hacía mucho. Un niño de su edad caminaba detrás de él, con un rifle AK-47 apuntándole a la espalda.
"Yo estaba temblando", recuerda. "Una vez que paré, un soldado me golpeó y me obligó a levantarme y a caminar".
Ese primer día de cautiverio no dijo nada. Durante las horas que duró la marcha, cargó una bolsa de ropas robadas. Comió frijoles fríos a la hora de la cena y durmió en una camita de pasto. Cuando se cubrió con las ropas robadas, se sintió terriblemente solo. Sabía que nadie lo buscaría. Que era demasiado peligroso.
"No me atrevía a moverme ni a decir nada", recuerda. "Pensaba que si lo hacía me matarían".
Más allá del temor, había cierta monotonía en su cautiverio. Los soldados marcharon durante ocho o nueve horas. Levantaron un campamento. Los jefes y sus círculos inmediatos de niños soldados endurecidos por la guerra, durmieron en tiendas azules, verdes o negras. Los niños recién capturados, en el pasto. Nadie le dijo nada sobre las estrafalarias creencias de Kony. Eso vendría más tarde, y sólo para aquellos elegidos para transformarse en niños soldados.
Tres semanas después de su captura, la monotonía se rompió. Odongo se enfrentaba a una nueva prueba. Un niño de su edad se lanzó al río, tratando de fugarse del ejército. Otros niños lo agarraron, y fue empujado hacia el centro del grupo, con las manos atadas a la espalda. El comandante de la unidad, al que Odongo sólo conocía por Adwong o Grande' en la lengua luo, llamó a Odongo.
Le pasó un machete, diciéndole: "El espíritu de una persona muerta se asegurará de que no trates de escapar".
"Mátalo", le ordenó el comandante.
Odongo dice que él se opuso y suplicó, pero Grande fue implacable.
"Si no lo matas, te mataré a ti", dijo el comandante.
Odongo empezó a golpear al niño en la cabeza, suavemente primero.
"El niño estaba llorando: Por favor, no me mates. Por favor, no me mates' y el comandante dijo que no lo estaba golpeando con suficiente fuerza", dice Odongo. "Así que ordenó a varios otros a que lo golpearan conmigo".
Hizo una pausa antes de seguir su relato, y se limpió las lágrimas de los ojos. "Recuerdo al niño llorando mientras lo golpeábamos. Lo lamento mucho".
Pronto, el niño murió. Dejaron su cuerpo en el mismo lugar.
Más tarde ese día, mientras recogían agua, Odongo empezó a llorar. Otros niños lo amenazaron con decírselo al comandante. "Dijeron que si lloraba, significaba que trataría de fugarme", dijo. "Les rogué que no dijeran nada, y cumplieron".
Era otra lección para sobrevivir: No llorar nunca.
Ese otoño de 2002, casi dos meses después de su captura, el grupo de rebeldes de Odongo peleó varias veces contra las tropas del ejército ugandés. Los comandantes enseñaron a los niños secuestrados a mantenerse quietos durante las emboscadas. "Nos dijeron que nos podían llegar balas perdidas", recordó Odongo.
Durante su primera emboscada, Odongo se agachó. No tenía arma. Soldados del gobierno mataron a un niño combatiente del LRA que estaba a su lado. Odongo se agachó, recogió el arma y comenzó a disparar. Luego de que los rebeldes se retiraran, Grande llevó a Odongo a un lado y lo incorporó a su grupo de guardaespaldas para ocupar el lugar del niño que había muerto.
Así Odongo formó parte de un selecto grupo de unos doce niños guardaespaldas, que no usaban nombres sino que se llamaban unos a otros por apwony', maestro. A los ojos de su comandante, había ascendido al cuerpo de combatientes. Si continuaba probándose a sí mismo, le dijo Grande, le "llevarían donde Kony, donde te darán armas adecuadas y un uniforme".
En las marchas Odongo ahora llevaba su propia arma así como la silla plegable del comandante y una canana. En los ataques Odongo ayudaba a atrapar a los niños a punta de pistola. Por la noche dormía en una tienda, junto con los otros niños guardaespaldas. El comandante, que según Odongo estaba en los veinte, tenía su propia tienda, que compartía con diez niñas novias. "No sabíamos lo que pasaba ahí dentro", dijo Odongo. "Después de cada secuestro, a las niñas se las hacía formar fila y el comandante elegía las que quería".
Pretendía sentirse feliz. "Le decíamos al comandante: Me gustaría tener otra arma', o Me gustaría hacer un ataque para hacerme con otra arma', recordó. "Queríamos que el comandante se sintiera contento".
De hecho, a él le gustaba su arma. Se sentía poderoso. "Me daba valentía", dijo Odongo de su rifle AK-47, con su cargador de 30 balas. "Me podía defender a mí mismo. Cuando no tenía arma, estaba con las manos vacías, me ponía nervioso".
Y sin embargo sentía una profunda culpa por ayudar a asesinar a ese niño que había tratado de escapar. Temía tener que hacer algo semejante otra vez. Y tenía razón en tener miedo.
Poco después de que obtuviera su rifle, Grande mandó a Odongo a ejecutar a otro niño fugado. Esta vez, Odongo no dijo nada. Comenzó a golpear al niño con una mano de mortero, que se usa normalmente para convertir el grano en un fino polvo. Otros se unieron a él. Un mes después, volvió a matar.
Fue hacia diciembre, casi cuatro meses después de su captura, al mediodía. Hacía mucho calor. Dos niñas, de 12 y 14, habían tratado de escapar. Los soldados las llevaron ante el comandante, que ordenó que se quedaran juntas de pie.
"Odongo", llamó, y ladró sus instrucciones.
Ponte a seis metros de las niñas, dijo el comandante. Dispara primero a la que llora.
"¡Fuego!", ordenó el comandante.
Odongo disparó dos balas en su pecho. La niña cayó al suelo.
La segunda niña imploró piedad. Odongo recuerda al comandante gritando que ella debería morir por sus pecados. Lo recordó diciendo: "No hay piedad".
"¡Fuego!"
Odongo disparó dos veces al pecho.
Luego los rebeldes se marcharon en silencio. Odongo no podía olvidar los gritos de las niñas y lo que él había hecho.
Un Escapa Audaz
Decidió arriesgar la vida antes que continuar así. Debía tratar de escapar. La oportunidad se presentó una semana más tarde.
Una mañana temprano el comandante mandó a Odongo y un grupo de niños a cortar caña de azúcar en una plantación cercana. Siete niños fueron con él. Odongo era el último de la fila. Cuando llegaron a la plantación, Odongo se acercó lentamente hacia una esquina. No lo seguía nadie. Se sacó sus sandalias de goma y echó a correr.
"Corrí y corrí hasta que no pude más", dijo. Quizás una hora después, llegó a una choza donde encontró a una anciana. Sin aliento le contó su historia, pero ella lo echó con una escoba. Siguió corriendo, siempre atento a sus perseguidores.
Hacia el mediodía llegó a otra choza, y otra anciana. Ella lo escuchó y entonces, temiendo que los rebeldes no estuvieran demasiado lejos, lo mandó a él y a uno de sus nietos a esconderse en un campo de laureles. Allí, los dos niños se cubrieron con las ramas.
Los rebeldes llegaron unas horas después. En la noche, los sonidos de disparos estallaron en el campamento.
Odongo no podía ver nada. El niño que estaba con él se asustó y trató de salir corriendo, pero Odongo lo agarró. Quédate quieto, le dijo.
Los dos permanecieron inertes. Con las primeras luces de la mañana, los rebeldes se marcharon.
Poco después, la anciana apareció a buscar a los niños. Los rebeldes, dijo habían matado a tres niños. Llevó a Odongo hacia un hombre que vivía en las cercanías. Prometiendo llevar al niño a un lugar seguro, lo puso en el sillín de atrás y se marchó en su bicicleta.
Cuando, horas después, llegaron a las barracas del ejército ugandés, el hombre lo dejó. Varios soldados interrogaron a Odongo durante varios días. Un soldado, recordó, se acercó a él por la noche. Olía a alcohol. Le apuntó con un arma y le acusó de ser un rebelde. Odongo agarró una pistola y apuntó al soldado. Otro soldado les quitó las armas, dijo, evitando el enfrentamiento entre un niño y un hombre, entre dos soldados.
Tarde una noche justo antes de la Navidad de 2002, Fred Okello, el tío de Odongo, desvió la vista de su televisor y se sorprendió de ver los focos de un camión entrando a su patio. Vivía justo en las afueras de Lira, una de las ciudades más grandes del norte, y muy poca gente conducía de noche debido al peligro de una emboscada de los rebeldes.
"Abrí la puerta pensando que me enfrentaba a mi destino", recordó Okello.
En lugar de eso, un niño corrió hacia él.
"¡Tío, tío! ¡Soy yo, Odongo!"
Okello se echó a llorar. Su esposa, Lucy, cuya hermana era la madre de Odongo, se puso a llorar también. Su abuelo y abuela, que se habían mudado de Alere a la casa de Okello, también comenzaron a llorar, abrazando al niño al que no esperaban que volverían a ver.
En su casa, Odongo les contó que un comandante del ejército había ordenado al chofer del camión llevarlo a casa. Y, durante horas hasta que llegó el día, les contó sobre los rebeldes, los asesinatos, y su fuga.
"Le creemos, porque hay muchos niños con historias similares y por la manera en que lo contó", dijo Fred Okello, maestro en una escuela privada.
Describió a Odongo, en esas primeras semanas, como un "animal salvaje".
También Odongo, recuerda lo raro que se sentía. Recuerda su fascinación al mirar televisión por primera vez, y el horror al mirar una película de guerra. "Me escondí detrás del sillón", dijo.
Poco a poco, dijo Odongo, empezó a sentirse más tranquilo. Sus tíos, que comenzaron a creer que tenía el doble de su edad debido a sus instintos de supervivencia, le enseñaron algunas habilidades, incluyendo a coser encaje. Odongo también encontró consolación en la iglesia.
"Dios me trajo de vuelta", dijo. "Fui secuestrado, me tuvieron cautivo, estaba casi muerto. Pero ahora estoy vivo".
Los Okelo lo matricularon en la Escuela Primaria Ferrocarril, de Lira, a cinco kilómetros de casa. La escuela tiene la forma de una herradura; las aulas dan a un patio herboso. Terrenos agrícolas se extienden desde el internado, y las águilas sobrevuelan los campos al amanecer, cazando ratones o culebras.
El aula del Sexto, como las otras, está tan llena de alumnos que muchos de ellos se sientan de lado para poder escribir. Odongo, aplastado en la segunda hilera, es uno de los 102 niños que hay en la sala. Lleva siempre el uniforme de la escuela, una camisa a cuadros rojos y blancos, y pantalones cortos azules.
La directora, Ira Oree, lo observó desde la puerta una mañana antes este año.
"Los niños le tenían miedo", dijo, tranquila. "Despertaba por las noches, y caminaba sonámbulo, y parecía que estaba peleando, porque hacía como si llevara una pistola. Así estuvo haciendo, como si les disparara a los otros. En el día se metía en peleas. Pero la psicóloga ayudó".
Los Okello pagaron parte de la matrícula y las cuotas del internado, y Odongo reunió el resto tejiendo manteles de encaje, que su tía vendía a sus amigos.
Un día después de la escuela, los niños del sexto se dispersaron en el terreno, reuniéndose a 900 otros. Hace dos años, la escuela sólo tenía 400 alumnos. Pero la cifra se ha triplicado debido al flujo de familias del campo que están demasiado asustadas como para quedarse en sus casas y correr el riesgo de ser atacados por los rebeldes. Según los cálculos de la directora, más de cien alumnos han sido alguna vez prisioneros del LRA.
Más tarde, Odongo estaba sentado a la sombra de un árbol con varios compañeros de curso. Varios de ellos contaron sus propias historias de la guerra.
"Mataron a mi hermano y me secuestraron en 1998", dijo Achelo Joanne, una niña de 14. "Estuve con ellos un año. Una vez me dijeron que matara a otra niña, y yo me negué. Me pegaron muy feo. A mis padres los mataron, sabes, y ahora sólo tengo a mis abuelos. Sobrevivir es un deber que tenemos, y hacer dinero para darles de comer".
"Yo recuerdo la cantidad de niños que me obligaron a matar", dijo Okello Francisco, un niño de 14.
"Me obligaron a beber sangre humana", dijo Angom Gertrude, una niña de 11. Odongo escuchó en silencio; luego se retiró.
"Yo todavía sueño con los niños que maté", dijo, entrando al dormitorio que comparte con otros 14 internos. Su colchón estaba en el suelo, sus pertenencias en una pequeña maleta. "Maté a cuatro niños. Todavía los veo".
Las lágrimas llenaron sus ojos, y se limpió. Estaba inmóvil como roca.
Recuperó la voz varios minutos después, pero para hablar de otra cosa.
"Soy muy feliz aquí", dijo, levantando la barbilla. "Para mí, la educación es lo más importante. Quiero ser maestro, como mis padres, como mi tío y mi tía".
A él le gustaría ver más a menudo a su abuelo. El día siguiente era sábado, y su deseo se cumpliría: una visita a su casa al borde de Lira. "Lo extraño mucho", dijo Odongo.
"Todavía Le Tengo Miedo A Este Lugar"
Odongo entró saltando en casa de los Okello, abrazó a su tía y a su tío, y esperó a su abuelo. Los Okello estaban maravillados por su sobrino, ahora de 14, y su entusiasmo. Kasmiro Bongonyinge entró arrastrando los pies, apoyándose en un bastón. Odongo lo tomó por un brazo. "Soy yo, soy yo, Odongo", dijo.
La cara del anciano se abrió con una amplia sonrisa, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras que recorría con sus manos desde el pelo hasta la cara, los hombros, los brazos, las manos de Odongo. Era si estuviera leyendo Braille, y irradiaba cariño. Luego besó la mano de Odongo. Después estuvieron varios minutos tomados de las manos, y hablando en susurros, como dos amigos chismosos.
Un tema de su conversación era la esposa de Bongonyinge, que había viajado una semana antes a su antigua choza de Alere, a unas 25 millas al norte de Lira, y todavía no volvía. Hablaron sobre si era posible encontrarla.
"Es demasiado peligroso", dijo Lucy Okello. Pero su marido, Fred, consiguió un taxi. Mientras se prepararan para salir, Odongo dabas vueltas afuera, con las manos palma contra palma y apuntando los dedos al cielo. Incómodo por su viaje de vuelta, hacia donde había comenzado su cautiverio, se puso a rezar.
Mientras hacían kilómetros de caminos de tierra, los viajeros trataban de detectar señales de peligro. No sabían si la ruta era segura; tampoco lo sabía la policía local. Pero los aldeanos estaban en todas partes y no parecían preocupados. La gente pasaba en bicicleta o caminando junto a la carretera; en las ciudades los mercados estaban llenos. Cerca de Alere, Okello paró para visitar a un pariente, Peter Ayo Obote. Obote dijo que la abuela de Okello estaba bien, que estaba preparando el funeral de un amigo en otra aldea; prometió decirle lo preocupada que estaba la familia.
Sin embargo, el grupo siguió adelante para revisar la choza del abuelo, en Alere. La carretera se estrechó. El chofer se metió por una huella, que pronto se transformó en un angosto sendero vacío. Odongo se puso tenso.
Finalmente, el grupo llegó a una colección de chozas, el lugar donde había sido secuestrado Odongo.
Era después de la tarde y estaba tenebrosamente tranquilo. "También los pájaros estaban asustados", dijo Okello, el tío de Odongo, escudriñando el cielo vacío.
La casa de su abuelo fue saqueada. La casa del vecino había sido demolida, y de ella sólo quedaba la puerta, parada, como un centinela.
Odongo se sentó junto a ella y buscó en su bolsillo su rosario de cuentas.
"Todavía le tengo miedo a este lugar", dijo. "Nunca sabes lo que puede ocurrir".
Se retiraron rápidamente, levantando sus propias nubes de polvo.
Dejando Atrás la Pesadilla
Los temores de Odongo son indelebles, pero era tiene esperanzas. Quiere seguir en el internado de la Escuela Primaria Ferrocarril durante varios años más. Sueña con llegar a ser un maestro. De momento, sus notas son buenas.
"Creo que si me cuidan y se preocupan por mí, tendré un futuro brillante", dijo. "Si la guerra continúa, me puedo quedar sin futuro".
Sentado debajo de una acacia, y mirando a sus amigos jugando al cricket, pensó en las batallas que debía librar -y en la fuerza que necesitaba.
"Rogué a Dios", dijo. "Le pedí a Dios que me perdonara por haber matado, por haber ahuyentado a la gente de sus casas. No quería hacerlo. Me obligaron a hacerlo".
Frunció el ceño. Parecía estar a punto de llorar.
"Yo me puedo perdonar a mí mismo", dijo. "Pero todavía me preocupa. ¿Me perdonará Dios?"
Se puede escribir a John Donnelly a: donnelly@globe.com
21 de noviembre de 2004
5 de febrero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Alere, Uganda. Kasmiro Bongonyinge recuerda que se incorporó rápidamente de su cama. Era justo después de que saliera el sol, una mañana hace dos años, y el viejo, de 87, y ciego, sabía que algo extraño estaba pasando.Oyó pisadas y gritos fuera de su choza de barro. Su esposa yacía junto a él, y debajo de su cama, sobre esteras de paja, dormían tres de sus nietos.
La puerta se abrió. "¿Quién es?", preguntó Bongonyinge.
"Quédese tranquilo", le ordenó una voz de niño.
El viejo podía sentir el cañón de una pistola en su pecho.
Bongonyinge cogió las cuentas del bolsillo de su camisa y empezó a rezar lentamente, cuenta azul tras cuenta azul. Oyó a los intrusos revolviendo sus cosas, y pisadas que entraban y salían.
"¡Levántate!", ordenó el niño. "Queremos matarte".
"No puedo. Soy paralítico desde niño", dijo Bongonyinge, mintiendo para salvar la vida. "Y soy ciego".
Una voz joven dijo a los otros: "Matar a un hombre ciego trae mala suerte".
Y luego, silencio. Los intrusos se marcharon tan abruptamente como habían llegado.
Bongonyinge se agachó a tocar debajo de la cama.
Sus dedos sólo encontraron las esteras.
Él y su esposa salieron de la choza con los primeros rayos del sol. Sus pollos cloqueaban furiosamente.
Después de un rato, sus dos nietos menores, de 3 y 5, corrieron hacia ellos. "¿Dónde está Odongo?", preguntó el viejo.
"Odongo se ha ido", respondió su hija, Hellen Aguti, desde el otro lado del patio de tierra. "Se lo llevaron los rebeldes".
Años de guerra y del derrumbe de los sistemas sociales en Uganda y otros países han desplazado a millones de niños en África, dejándoles la tarea de sobrevivir por su propia cuenta. Y en los últimos años millones más de niños africanos se han transformado en huérfanos, a medida que enfermedades relacionadas con el sida han acabado con sus padres. En una época en que las cifras de huérfanos están descendiendo en todo el mundo, la tendencia en África va en la dirección opuesta, y rápidamente.
Un periodista y un fotógrafo de Globe han pasado este año varias semanas con tres de estos niños: tres que lograron sobrevivir, a pesar de las dificultades. Sus vidas están llenas de sorpresas, algunas malas, algunas maravillosas. Y comparten un ingenio y discreto coraje que parece impensable a esa edad. Con todas las razones para haber abandonado la lucha, ellos no lo han hecho.
Sin embargo, sus futuros están lejos de estar asegurados, dependiendo a partes iguales de su suerte e imaginación. Odongo Ambrose tiene montones de las dos cosas.
Algo regordete, el niño de cara de luna con un diente astillado tenía 12 años el 29 de agosto de 2002 cuando fue atrapado en la choza de su familia por el Ejército de Resistencia del Señor, un notorio grupo rebelde que ha secuestrado a miles de niños ugandeses y los ha transformado en soldados.
Hasta ese momento, Odongo era como cualquier otro chico de su edad en las remotas selvas del norte de Uganda. Le gustaba jugar con sus amigos. Respetaba a los mayores. Pero los adultos habían observado algo diferente en Odongo, una seriedad que a veces parecía abrumarlo. En esas ocasiones se calmaba, bajaba la vista y se ensimismaba.
Algunos creían que era su manera de procesar las grandes pérdidas de su vida. Su padre, Dennis Okello, maestro, murió de las heridas que había sufrido en un choque cuando jugaba al fútbol. Su madre, Mary, también maestra, volvió de la escuela a casa un día, se derrumbó, y murió esa misma noche en su cama. Su familia dijo que la había matado el sida.
A los 8, Odongo era huérfano. Sus abuelos se lo llevaron a él, y a su hermano y hermana menores a vivir con ellos; un cuarto niño, el hermano mayor de Odongo, fue capturado por los rebeldes en 1997 y desde entonces no saben nada de él.
Odongo recordó que durante esos primeros días con sus abuelos, echaba mucho de menos el olor de su madre, el calor de sus abrazos, y lo guapa que se veía con su vestido estampado azul. "Pensaba mucho en lo que teníamos: el modo en que ordenábamos el aparador, la cama en la que dormíamos juntos, y sobre todo en su vestido", dijo.
Pero finalmente se acostumbró e incluso empezó a disfrutar de su vida en el pueblo de Alere, un villorrio de unas 25 chozas de barro anidada en medio de árboles espinosos y malezas, y pequeñas huertas de hortalizas. Su abuelo contaba largas historias de sus ancestros y le enseñó trucos para custodiar los pollos y las cabras. Su abuela le daba una libertad de la que nunca gozó con su madre. Pasaba las tardes jugando con los amigos: Tile, Omara, Kidega y Adega, o acarreando agua para la familia desde un arroyo cercano, en un bidón amarillo.
Los niños estaban siempre alerta de los soldados rebeldes del Ejército de Resistencia del Señor LRA. Es por eso que él y su hermano y hermana dormían debajo de la cama de los abuelos. Si los rebeldes atacaban la aldea, las sábanas que colgaban de la cama les ocultarían.
El LRA, dirigido por el trastornado y peligroso Joseph Kony, lleva 18 años de guerrilla contra el gobierno ugandés, y ha desplazado a más de 1.6 millones de personas, la mitad de ellos niños, en este país de 26 millones de habitantes. Es uno de los conflictos más violentos que ha estallado en África en los últimos años, desde Sierra Leona y Liberia en África Occidental, hasta la República Democrática del Congo y la región de Darfur en Sudán, que ha dejado huérfanos a cientos de miles de niños.
Pero Jan Egeland, Coordinador de la Ayuda de Emergencia de Naciones Unidas, trató el mes pasado de llamar la atención sobre el norte de Uganda, calificando la situación como la emergencia humanitaria más dejada de lado por el mundo. Instó a los países a hacer más para poner fin a lo que llamó una "letanía de horrores".
Uganda, encerrado en el este de África, se compone esencialmente de dos países. El sur es seguro y estable. Bajo el presidente Yoweri Museveni, que se hizo con el poder en 1986 y dirige un estado de un solo partido, la economía del país, concentrada en el sur, creció en los años noventa más rápidamente que todas las demás de África.
Pero el norte ha estado aterrorizado por una generación del LRA. Sólo en los últimos meses las tropas ugendesas han intensificado su lucha contra el LRA, en parte debido a la condena internacional. Y hay informes de que el LRA, sintiendo la presión, pueda acceder a negociaciones de paz.
Kony ha dicho que su objetivo es tomar el poder en Uganda y gobernar de acuerdo a los Diez Mandamientos. Pero nadie fuera de sus círculos toma en serio su cháchara religiosa. Tiene más credibilidad como asesino.
Su ejército consiste de decenas de unidades relativamente pequeñas, quizás de 100 a 150 soldados cada una, con un 80 por ciento de niños. Kony prefiere a los niños porque son fáciles de capturar, de formar y de controlar, de acuerdo a entrevistas con casi dos docenas de niños que escaparon de su servicio.
Grupos de derechos humanos calculan que el LRA ha secuestrado a más de 20.000 niños en el curso de varios años. Han muerto más de 5.000 niños, de edades entre los 9 y los 18, sea en batallas con tropas ugandesas o tratando de escapar del ejército de Kony.
Una Prueba Salvaje
La experiencia de Odongo refleja los informes de muchos de los que han escapado. Así es como lo recuerda él.
En las horas posteriores a su captura, caminó en fila india con unas tres docenas de otros, la mayoría niños, en dirección noroeste alejándose de Alere, una aldea a unos 240 kilómetros al norte de la capital del país, Kampala. Cruzaron grandes campos de pasto y aldeas abandonadas hacía mucho. Un niño de su edad caminaba detrás de él, con un rifle AK-47 apuntándole a la espalda.
"Yo estaba temblando", recuerda. "Una vez que paré, un soldado me golpeó y me obligó a levantarme y a caminar".
Ese primer día de cautiverio no dijo nada. Durante las horas que duró la marcha, cargó una bolsa de ropas robadas. Comió frijoles fríos a la hora de la cena y durmió en una camita de pasto. Cuando se cubrió con las ropas robadas, se sintió terriblemente solo. Sabía que nadie lo buscaría. Que era demasiado peligroso.
"No me atrevía a moverme ni a decir nada", recuerda. "Pensaba que si lo hacía me matarían".
Más allá del temor, había cierta monotonía en su cautiverio. Los soldados marcharon durante ocho o nueve horas. Levantaron un campamento. Los jefes y sus círculos inmediatos de niños soldados endurecidos por la guerra, durmieron en tiendas azules, verdes o negras. Los niños recién capturados, en el pasto. Nadie le dijo nada sobre las estrafalarias creencias de Kony. Eso vendría más tarde, y sólo para aquellos elegidos para transformarse en niños soldados.
Tres semanas después de su captura, la monotonía se rompió. Odongo se enfrentaba a una nueva prueba. Un niño de su edad se lanzó al río, tratando de fugarse del ejército. Otros niños lo agarraron, y fue empujado hacia el centro del grupo, con las manos atadas a la espalda. El comandante de la unidad, al que Odongo sólo conocía por Adwong o Grande' en la lengua luo, llamó a Odongo.
Le pasó un machete, diciéndole: "El espíritu de una persona muerta se asegurará de que no trates de escapar".
"Mátalo", le ordenó el comandante.
Odongo dice que él se opuso y suplicó, pero Grande fue implacable.
"Si no lo matas, te mataré a ti", dijo el comandante.
Odongo empezó a golpear al niño en la cabeza, suavemente primero.
"El niño estaba llorando: Por favor, no me mates. Por favor, no me mates' y el comandante dijo que no lo estaba golpeando con suficiente fuerza", dice Odongo. "Así que ordenó a varios otros a que lo golpearan conmigo".
Hizo una pausa antes de seguir su relato, y se limpió las lágrimas de los ojos. "Recuerdo al niño llorando mientras lo golpeábamos. Lo lamento mucho".
Pronto, el niño murió. Dejaron su cuerpo en el mismo lugar.
Más tarde ese día, mientras recogían agua, Odongo empezó a llorar. Otros niños lo amenazaron con decírselo al comandante. "Dijeron que si lloraba, significaba que trataría de fugarme", dijo. "Les rogué que no dijeran nada, y cumplieron".
Era otra lección para sobrevivir: No llorar nunca.
Ese otoño de 2002, casi dos meses después de su captura, el grupo de rebeldes de Odongo peleó varias veces contra las tropas del ejército ugandés. Los comandantes enseñaron a los niños secuestrados a mantenerse quietos durante las emboscadas. "Nos dijeron que nos podían llegar balas perdidas", recordó Odongo.
Durante su primera emboscada, Odongo se agachó. No tenía arma. Soldados del gobierno mataron a un niño combatiente del LRA que estaba a su lado. Odongo se agachó, recogió el arma y comenzó a disparar. Luego de que los rebeldes se retiraran, Grande llevó a Odongo a un lado y lo incorporó a su grupo de guardaespaldas para ocupar el lugar del niño que había muerto.
Así Odongo formó parte de un selecto grupo de unos doce niños guardaespaldas, que no usaban nombres sino que se llamaban unos a otros por apwony', maestro. A los ojos de su comandante, había ascendido al cuerpo de combatientes. Si continuaba probándose a sí mismo, le dijo Grande, le "llevarían donde Kony, donde te darán armas adecuadas y un uniforme".
En las marchas Odongo ahora llevaba su propia arma así como la silla plegable del comandante y una canana. En los ataques Odongo ayudaba a atrapar a los niños a punta de pistola. Por la noche dormía en una tienda, junto con los otros niños guardaespaldas. El comandante, que según Odongo estaba en los veinte, tenía su propia tienda, que compartía con diez niñas novias. "No sabíamos lo que pasaba ahí dentro", dijo Odongo. "Después de cada secuestro, a las niñas se las hacía formar fila y el comandante elegía las que quería".
Pretendía sentirse feliz. "Le decíamos al comandante: Me gustaría tener otra arma', o Me gustaría hacer un ataque para hacerme con otra arma', recordó. "Queríamos que el comandante se sintiera contento".
De hecho, a él le gustaba su arma. Se sentía poderoso. "Me daba valentía", dijo Odongo de su rifle AK-47, con su cargador de 30 balas. "Me podía defender a mí mismo. Cuando no tenía arma, estaba con las manos vacías, me ponía nervioso".
Y sin embargo sentía una profunda culpa por ayudar a asesinar a ese niño que había tratado de escapar. Temía tener que hacer algo semejante otra vez. Y tenía razón en tener miedo.
Poco después de que obtuviera su rifle, Grande mandó a Odongo a ejecutar a otro niño fugado. Esta vez, Odongo no dijo nada. Comenzó a golpear al niño con una mano de mortero, que se usa normalmente para convertir el grano en un fino polvo. Otros se unieron a él. Un mes después, volvió a matar.
Fue hacia diciembre, casi cuatro meses después de su captura, al mediodía. Hacía mucho calor. Dos niñas, de 12 y 14, habían tratado de escapar. Los soldados las llevaron ante el comandante, que ordenó que se quedaran juntas de pie.
"Odongo", llamó, y ladró sus instrucciones.
Ponte a seis metros de las niñas, dijo el comandante. Dispara primero a la que llora.
"¡Fuego!", ordenó el comandante.
Odongo disparó dos balas en su pecho. La niña cayó al suelo.
La segunda niña imploró piedad. Odongo recuerda al comandante gritando que ella debería morir por sus pecados. Lo recordó diciendo: "No hay piedad".
"¡Fuego!"
Odongo disparó dos veces al pecho.
Luego los rebeldes se marcharon en silencio. Odongo no podía olvidar los gritos de las niñas y lo que él había hecho.
Un Escapa Audaz
Decidió arriesgar la vida antes que continuar así. Debía tratar de escapar. La oportunidad se presentó una semana más tarde.
Una mañana temprano el comandante mandó a Odongo y un grupo de niños a cortar caña de azúcar en una plantación cercana. Siete niños fueron con él. Odongo era el último de la fila. Cuando llegaron a la plantación, Odongo se acercó lentamente hacia una esquina. No lo seguía nadie. Se sacó sus sandalias de goma y echó a correr.
"Corrí y corrí hasta que no pude más", dijo. Quizás una hora después, llegó a una choza donde encontró a una anciana. Sin aliento le contó su historia, pero ella lo echó con una escoba. Siguió corriendo, siempre atento a sus perseguidores.
Hacia el mediodía llegó a otra choza, y otra anciana. Ella lo escuchó y entonces, temiendo que los rebeldes no estuvieran demasiado lejos, lo mandó a él y a uno de sus nietos a esconderse en un campo de laureles. Allí, los dos niños se cubrieron con las ramas.
Los rebeldes llegaron unas horas después. En la noche, los sonidos de disparos estallaron en el campamento.
Odongo no podía ver nada. El niño que estaba con él se asustó y trató de salir corriendo, pero Odongo lo agarró. Quédate quieto, le dijo.
Los dos permanecieron inertes. Con las primeras luces de la mañana, los rebeldes se marcharon.
Poco después, la anciana apareció a buscar a los niños. Los rebeldes, dijo habían matado a tres niños. Llevó a Odongo hacia un hombre que vivía en las cercanías. Prometiendo llevar al niño a un lugar seguro, lo puso en el sillín de atrás y se marchó en su bicicleta.
Cuando, horas después, llegaron a las barracas del ejército ugandés, el hombre lo dejó. Varios soldados interrogaron a Odongo durante varios días. Un soldado, recordó, se acercó a él por la noche. Olía a alcohol. Le apuntó con un arma y le acusó de ser un rebelde. Odongo agarró una pistola y apuntó al soldado. Otro soldado les quitó las armas, dijo, evitando el enfrentamiento entre un niño y un hombre, entre dos soldados.
Tarde una noche justo antes de la Navidad de 2002, Fred Okello, el tío de Odongo, desvió la vista de su televisor y se sorprendió de ver los focos de un camión entrando a su patio. Vivía justo en las afueras de Lira, una de las ciudades más grandes del norte, y muy poca gente conducía de noche debido al peligro de una emboscada de los rebeldes.
"Abrí la puerta pensando que me enfrentaba a mi destino", recordó Okello.
En lugar de eso, un niño corrió hacia él.
"¡Tío, tío! ¡Soy yo, Odongo!"
Okello se echó a llorar. Su esposa, Lucy, cuya hermana era la madre de Odongo, se puso a llorar también. Su abuelo y abuela, que se habían mudado de Alere a la casa de Okello, también comenzaron a llorar, abrazando al niño al que no esperaban que volverían a ver.
En su casa, Odongo les contó que un comandante del ejército había ordenado al chofer del camión llevarlo a casa. Y, durante horas hasta que llegó el día, les contó sobre los rebeldes, los asesinatos, y su fuga.
"Le creemos, porque hay muchos niños con historias similares y por la manera en que lo contó", dijo Fred Okello, maestro en una escuela privada.
Describió a Odongo, en esas primeras semanas, como un "animal salvaje".
También Odongo, recuerda lo raro que se sentía. Recuerda su fascinación al mirar televisión por primera vez, y el horror al mirar una película de guerra. "Me escondí detrás del sillón", dijo.
Poco a poco, dijo Odongo, empezó a sentirse más tranquilo. Sus tíos, que comenzaron a creer que tenía el doble de su edad debido a sus instintos de supervivencia, le enseñaron algunas habilidades, incluyendo a coser encaje. Odongo también encontró consolación en la iglesia.
"Dios me trajo de vuelta", dijo. "Fui secuestrado, me tuvieron cautivo, estaba casi muerto. Pero ahora estoy vivo".
Los Okelo lo matricularon en la Escuela Primaria Ferrocarril, de Lira, a cinco kilómetros de casa. La escuela tiene la forma de una herradura; las aulas dan a un patio herboso. Terrenos agrícolas se extienden desde el internado, y las águilas sobrevuelan los campos al amanecer, cazando ratones o culebras.
El aula del Sexto, como las otras, está tan llena de alumnos que muchos de ellos se sientan de lado para poder escribir. Odongo, aplastado en la segunda hilera, es uno de los 102 niños que hay en la sala. Lleva siempre el uniforme de la escuela, una camisa a cuadros rojos y blancos, y pantalones cortos azules.
La directora, Ira Oree, lo observó desde la puerta una mañana antes este año.
"Los niños le tenían miedo", dijo, tranquila. "Despertaba por las noches, y caminaba sonámbulo, y parecía que estaba peleando, porque hacía como si llevara una pistola. Así estuvo haciendo, como si les disparara a los otros. En el día se metía en peleas. Pero la psicóloga ayudó".
Los Okello pagaron parte de la matrícula y las cuotas del internado, y Odongo reunió el resto tejiendo manteles de encaje, que su tía vendía a sus amigos.
Un día después de la escuela, los niños del sexto se dispersaron en el terreno, reuniéndose a 900 otros. Hace dos años, la escuela sólo tenía 400 alumnos. Pero la cifra se ha triplicado debido al flujo de familias del campo que están demasiado asustadas como para quedarse en sus casas y correr el riesgo de ser atacados por los rebeldes. Según los cálculos de la directora, más de cien alumnos han sido alguna vez prisioneros del LRA.
Más tarde, Odongo estaba sentado a la sombra de un árbol con varios compañeros de curso. Varios de ellos contaron sus propias historias de la guerra.
"Mataron a mi hermano y me secuestraron en 1998", dijo Achelo Joanne, una niña de 14. "Estuve con ellos un año. Una vez me dijeron que matara a otra niña, y yo me negué. Me pegaron muy feo. A mis padres los mataron, sabes, y ahora sólo tengo a mis abuelos. Sobrevivir es un deber que tenemos, y hacer dinero para darles de comer".
"Yo recuerdo la cantidad de niños que me obligaron a matar", dijo Okello Francisco, un niño de 14.
"Me obligaron a beber sangre humana", dijo Angom Gertrude, una niña de 11. Odongo escuchó en silencio; luego se retiró.
"Yo todavía sueño con los niños que maté", dijo, entrando al dormitorio que comparte con otros 14 internos. Su colchón estaba en el suelo, sus pertenencias en una pequeña maleta. "Maté a cuatro niños. Todavía los veo".
Las lágrimas llenaron sus ojos, y se limpió. Estaba inmóvil como roca.
Recuperó la voz varios minutos después, pero para hablar de otra cosa.
"Soy muy feliz aquí", dijo, levantando la barbilla. "Para mí, la educación es lo más importante. Quiero ser maestro, como mis padres, como mi tío y mi tía".
A él le gustaría ver más a menudo a su abuelo. El día siguiente era sábado, y su deseo se cumpliría: una visita a su casa al borde de Lira. "Lo extraño mucho", dijo Odongo.
"Todavía Le Tengo Miedo A Este Lugar"
Odongo entró saltando en casa de los Okello, abrazó a su tía y a su tío, y esperó a su abuelo. Los Okello estaban maravillados por su sobrino, ahora de 14, y su entusiasmo. Kasmiro Bongonyinge entró arrastrando los pies, apoyándose en un bastón. Odongo lo tomó por un brazo. "Soy yo, soy yo, Odongo", dijo.
La cara del anciano se abrió con una amplia sonrisa, y sus ojos se llenaron de lágrimas mientras que recorría con sus manos desde el pelo hasta la cara, los hombros, los brazos, las manos de Odongo. Era si estuviera leyendo Braille, y irradiaba cariño. Luego besó la mano de Odongo. Después estuvieron varios minutos tomados de las manos, y hablando en susurros, como dos amigos chismosos.
Un tema de su conversación era la esposa de Bongonyinge, que había viajado una semana antes a su antigua choza de Alere, a unas 25 millas al norte de Lira, y todavía no volvía. Hablaron sobre si era posible encontrarla.
"Es demasiado peligroso", dijo Lucy Okello. Pero su marido, Fred, consiguió un taxi. Mientras se prepararan para salir, Odongo dabas vueltas afuera, con las manos palma contra palma y apuntando los dedos al cielo. Incómodo por su viaje de vuelta, hacia donde había comenzado su cautiverio, se puso a rezar.
Mientras hacían kilómetros de caminos de tierra, los viajeros trataban de detectar señales de peligro. No sabían si la ruta era segura; tampoco lo sabía la policía local. Pero los aldeanos estaban en todas partes y no parecían preocupados. La gente pasaba en bicicleta o caminando junto a la carretera; en las ciudades los mercados estaban llenos. Cerca de Alere, Okello paró para visitar a un pariente, Peter Ayo Obote. Obote dijo que la abuela de Okello estaba bien, que estaba preparando el funeral de un amigo en otra aldea; prometió decirle lo preocupada que estaba la familia.
Sin embargo, el grupo siguió adelante para revisar la choza del abuelo, en Alere. La carretera se estrechó. El chofer se metió por una huella, que pronto se transformó en un angosto sendero vacío. Odongo se puso tenso.
Finalmente, el grupo llegó a una colección de chozas, el lugar donde había sido secuestrado Odongo.
Era después de la tarde y estaba tenebrosamente tranquilo. "También los pájaros estaban asustados", dijo Okello, el tío de Odongo, escudriñando el cielo vacío.
La casa de su abuelo fue saqueada. La casa del vecino había sido demolida, y de ella sólo quedaba la puerta, parada, como un centinela.
Odongo se sentó junto a ella y buscó en su bolsillo su rosario de cuentas.
"Todavía le tengo miedo a este lugar", dijo. "Nunca sabes lo que puede ocurrir".
Se retiraron rápidamente, levantando sus propias nubes de polvo.
Dejando Atrás la Pesadilla
Los temores de Odongo son indelebles, pero era tiene esperanzas. Quiere seguir en el internado de la Escuela Primaria Ferrocarril durante varios años más. Sueña con llegar a ser un maestro. De momento, sus notas son buenas.
"Creo que si me cuidan y se preocupan por mí, tendré un futuro brillante", dijo. "Si la guerra continúa, me puedo quedar sin futuro".
Sentado debajo de una acacia, y mirando a sus amigos jugando al cricket, pensó en las batallas que debía librar -y en la fuerza que necesitaba.
"Rogué a Dios", dijo. "Le pedí a Dios que me perdonara por haber matado, por haber ahuyentado a la gente de sus casas. No quería hacerlo. Me obligaron a hacerlo".
Frunció el ceño. Parecía estar a punto de llorar.
"Yo me puedo perdonar a mí mismo", dijo. "Pero todavía me preocupa. ¿Me perdonará Dios?"
Se puede escribir a John Donnelly a: donnelly@globe.com
21 de noviembre de 2004
5 de febrero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
asesinan a delator de montesinos
Un narcotraficante que acusó al ex jefe de los servicios secretos peruanos Vladimiro Montesinos de venta de cocaína y vínculos con el cártel de Tijuana, fue asesinado en una cárcel de Perú por encargo de la mafia, dijo este miércoles el responsable de las prisiones del país.
Lima, Perú. La muerte no fue producto de una riña sino "un crimen planificado, organizado desde fuera y ejecutado por un sicario de una mafia poderosa", dijo a la prensa Wilfredo Pedraza, director del Instituto Penitenciario de Perú.
José María Aguilar Ruiz, ex informante de la agencia antidrogas de Estados Unidos y que cumplía sentencia por narcotráfico, fue acribillado a tiros el martes en la prisión de la ciudad amazónica de Pucallpa por otro interno con antecedentes de homicidio, dijo el funcionario.
"Es muy claro que lo mataron por encargo de terceros", añadió.
La congresista oficialista Anel Townsend no descartó que el detenido Montesinos, ex brazo derecho del destituido presidente Alberto Fujimori, esté detrás de este homicidio.
"Montesinos no quiere que le imputen el delito de narcotráfico pues pueden aplicarle condenas largas. Por ello este asesinato es una posibilidad abierta a ser investigada", dijo la legisladora, quien integró una comisión del Congreso que investigó la red de corrupción que montó Montesinos en la década pasada.
Townsend dijo que el narcotraficante asesinado fue la primera persona que denunció al ex asesor de Fujimori de tener vínculos con el narcotráfico.
"En la comisión, Aguilar confesó haber sido testigo de las relaciones de Montesinos con el narcotraficante colombiano Evaristo Porras Ardila", añadió.
Aguilar Ruiz era considerado por la justicia un testigo clave en el proceso que afronta Montesinos por sus vínculos con el cártel mexicano de drogas de Tijuana.
En un testimonio que brindó a jueces y fiscales, Aguilar dijo que en setiembre de 1998 Montesinos y un coronel del ejército vendieron 10 toneladas de cocaína a los hermanos Arellano Félix, capos del cártel de Tijuana.
El ex jefe de inteligencia intentó descalificar ese testimonio señalando que el denunciante carecía de imparcialidad e idoneidad.
Fuentes de la Procuraduría anti-corrupción dijeron que el asesinado estaba dispuesto a declarar contra Montesinos en un juicio sobre tráfico de drogas.
4 de febrero de 2005
©mi punto
Lima, Perú. La muerte no fue producto de una riña sino "un crimen planificado, organizado desde fuera y ejecutado por un sicario de una mafia poderosa", dijo a la prensa Wilfredo Pedraza, director del Instituto Penitenciario de Perú. José María Aguilar Ruiz, ex informante de la agencia antidrogas de Estados Unidos y que cumplía sentencia por narcotráfico, fue acribillado a tiros el martes en la prisión de la ciudad amazónica de Pucallpa por otro interno con antecedentes de homicidio, dijo el funcionario.
"Es muy claro que lo mataron por encargo de terceros", añadió.
La congresista oficialista Anel Townsend no descartó que el detenido Montesinos, ex brazo derecho del destituido presidente Alberto Fujimori, esté detrás de este homicidio.
"Montesinos no quiere que le imputen el delito de narcotráfico pues pueden aplicarle condenas largas. Por ello este asesinato es una posibilidad abierta a ser investigada", dijo la legisladora, quien integró una comisión del Congreso que investigó la red de corrupción que montó Montesinos en la década pasada.
Townsend dijo que el narcotraficante asesinado fue la primera persona que denunció al ex asesor de Fujimori de tener vínculos con el narcotráfico.
"En la comisión, Aguilar confesó haber sido testigo de las relaciones de Montesinos con el narcotraficante colombiano Evaristo Porras Ardila", añadió.
Aguilar Ruiz era considerado por la justicia un testigo clave en el proceso que afronta Montesinos por sus vínculos con el cártel mexicano de drogas de Tijuana.
En un testimonio que brindó a jueces y fiscales, Aguilar dijo que en setiembre de 1998 Montesinos y un coronel del ejército vendieron 10 toneladas de cocaína a los hermanos Arellano Félix, capos del cártel de Tijuana.
El ex jefe de inteligencia intentó descalificar ese testimonio señalando que el denunciante carecía de imparcialidad e idoneidad.
Fuentes de la Procuraduría anti-corrupción dijeron que el asesinado estaba dispuesto a declarar contra Montesinos en un juicio sobre tráfico de drogas.
4 de febrero de 2005
©mi punto