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escuadrón de la muerte en iraq eran policías


[Liz Sly] Capturados justo antes de una nueva ejecución extrajudicial.
Bagdad, Iraq. Militares estadounidenses tropezaron con las primeras evidencias de un escuadrón de la muerte que operaba al interior del ministerio del Interior iraquí tras la detención el mes pasado de 22 hombres que llevaban uniformes de comandos policiales y que estaban a punto de ejecutar a un hombre sunní, de acuerdo al general estadounidense que supervisa el adiestramiento de la policía iraquí.
Los hombres no eran comandos policiales, sino que habían sido contratados por el ministerio del Interior como agentes de patrullas de carretera, de acuerdo al general de división Joseph Peterson, que dirige los equipos civiles de adiestramiento de la policía iraquí.
"Hemos descubierto uno de esos escuadrones de la muerte", dijo Peterson. "Forman parte de la policía iraquí".
Las acusaciones de que escuadrones de la muerte estaban atacando a sunníes y que operan dentro de las fuerzas policiales dominadas por los chiíes han estado circulando desde mayo, cuando los cuerpos de sunníes detenidos por hombres con uniformes de la policía empezaron a aparecer en vertederos y tierras baldías en Bagdad. La mayoría de las víctimas habían sido torturadas y en muchos casos ejecutadas de un tiro en la cabeza.
Los asesinatos empezaron después de la instalación del actual gobierno chií y tras el nombramiento del nuevo ministro del Interior, Bayan Jabr, un importante funcionario del Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, el partido apoyado por Irán.
Desde entonces miles de sunníes han sido detenidos por fuerzas del ministerio del Interior como parte de la represión de la resistencia sunní, de acuerdo a cifras del ministerio. Las organizaciones políticas sunníes dicen que 1600 de esos detenidos por hombres que llevaban uniformes de la policía han aparecido muertos.
Pero no había evidencias sólidas de que esos asesinados hubieran sido detenidos por policías verdaderos, y funcionarios iraquíes han dicho frecuentemente que sospechaban de que los rebeldes, delincuentes o milicianos haciéndose pasar por policías podían estar detrás de los asesinatos, quizás con la intención de provocar las tensiones confesionales que han desestabilizado al país.
Los uniformes de la vieja Guardia Republicana se parecen a los de los nuevos comandos de la policía encargados de llevar a cabo operaciones contra la resistencia, dijo Peterson. Los uniformes de policía y demás parafernalia son fácilmente adquiribles en los mercados locales.

Más Sospechosos
Peterson dijo que es probable que haya más escuadrones de la muerte operando dentro de las fuerzas de seguridad. "Seguimos creyendo que hay más de esos grupos", dijo.
En las últimas semanas han habido un recrudecimiento de los asesinatos, con el descubrimiento en Bagdad de los cuerpos de más de una dos docenas de hombres sunníes, incluyendo a 14 que fueron encontrados en la parte trasera de un camión. Tenían la vista vendada y habían sido asesinados a balazos después de ser detenidos en una mezquita por hombres con uniformes de la policía.
Jabr, el ministro del Inteior, nombró comités para investigar los asesinatos, y Peterson dijo que está convencido de que el ministro no tenía conocimiento ni estaba implicado en los escuadrones de la muerte que habían estado operando dentro de las fuerzas.
"¿Quiénes son esos tipos? Eso es lo que debe determinar el ministro", dijo. "Lo están desacreditando a él y su organización. Él quiere atrapar a esos tipos. No apoya a esos tipos".

Capturados Casi Por Azar
La captura del escuadrón de la muerte se produjo casi por azar cuando un puesto de control del ejército iraquí al norte de Bagdad paró a los hombres a fines de enero y les preguntó qué estaban haciendo. Respondieron diciendo la verdad, contando a los soldados que estaban deteniendo a hombres sunníes para matarlos.
"Lo sorprendente es que... les dijeron exactamente lo que estaban haciendo", dijo Peterson.
Cuatro de los hombres, de los que se cree que son los cabecillas del grupo, están detenidos en el centro de detención estadounidense en Abu Ghraib, dijo, y los otros 18, que estaban simplemente obedeciendo órdenes, están en una cárcel iraquí. Un sunní, acusado de asesinato, está bajo custodia iraquí.
Se descubrió posteriormente que los hombres uniformados estaban empleados por el ministerio como agentes de patrulla de autopistas, y las investigaciones sugieren que cuatro de los "instigadores" bajo custodia norteamericana deben lealtad de la Organización Báder, el brazo armado del Consejo Supremo, dijo Peterson.
El general Hussein Ali Kamal, un alto funcionario del ministerio del Interior, dijo que se había nombrado un comité para investigar el caso, pero no había llegado todavía a ninguna conclusión. "El ministro nombró un comité para investigar el asunto y descubrir la verdad y determinar que pasó exactamente", dijo.
La infiltración de los milicianos se ha convertido en una importante preocupación de los militares estadounidenses que intenta acelerar el traspaso de autoridad a las fuerzas de seguridad iraquíes de modo que las tropas americanas puedan empezar a retirarse. En algunas partes del país, los miembros de la Organización Báder, los pesh merga kurdos y el Ejército Mahdi, la milicia leal al clérigo rebelde Moqtada Sáder, operan abiertamente junto a o dentro de las fuerzas policiales.
Aunque miembros de las milicias han sido alentados a unirse a la policía y al ejército como parte de un plan para desmantelar las milicias iniciadas por la antigua administración norteamericana de Iraq, su presencia plantea preguntas sobre las lealtades futuras de las fuerzas de seguridad.
"Este es un problema de lealtades", dijo Peterson. "De si todavía llevas una camiseta de Báder debajo del uniforme, ese es el problema".
Los militares estadounidenses han acelerado los intentos de supervisar la situación de derechos humanos en las fuerzas policiales de Iraq desde que se descubriera a víctimas de torturas entre los prisioneros detenidos en un centro del ministerio del Interior en el barrio de Bagdad de Jadruyah el otoño pasado.
Estados Unidos planea agregar dos mil asesores militares estadounidenses a los 1500 que ya operan junto a la fuerza policial iraquí de 152 mil miembros, como parte de un intento de mejorar la conciencia de los derechos humanos entre la policía iraquí, dijo Peterson.
Unos 85 mil miembros de la fuerza actual han seguido cursos de adiestramiento de Estados Unidos, un programa de diez semanas que incluye 32 horas de formación en derechos humanos. Hacia fines de año los oficiales estadounidenses esperan haber adiestrado a unos 200 mil policías.
Pero los estadounidenses no pueden supervisar las actividades de las fuerzas de seguridad, dijo Peterson.
Hay 38 equipos americanos de 11 asesores incrustados en los batallones de policía nacional que son responsables de la mayoría de las operaciones de contrainsurgencia, pero con batallones de entre 500 y 700 hombres "no podemos vigilar a los tipos durante las 24 horas", dijo.

lsly@tribune.com

©chicago tribune
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chiíes y sunníes contra policías


[[Jonathan Finer] Chiíes y sunníes se unen a medida que la guerra destruye refugio de Bagdad.
Bagdad, Iraq. Para generaciones de sus residentes, el cerrado vecindario conocido como Tobji era uno de los raros oasis de esta ciudad. La gente discutía afablemente en las terrazas de los cafés que abrían hasta cerca de medianoche. Chiíes y sunníes se casaban entre sí y vivían lado a lado.
Hasta hace poco, la policía y el ejército iraquíes, con suficientes problemas en otros lugares de que preocuparse, rara vez se aparecían por aquí.
Era un vecindario, dicen los vecinos, que vivía a la altura de su nombre formal, Salam, que significa paz. Pero en la volátil Bagdad, el hogar de más de cinco millones de habitantes, incluso las zonas estables están apenas a unas pocas balas perdidas del caos. Bastaron dos escasos meses para que el conflicto confesional que aflige a otras zonas de la capital se introdujera en Tobji.
Comenzó, dicen los vecinos, un día de noviembre cuando unos hombres armados mataron a Majid Abdul Hussein, un predicador local y miembro de una poderosa milicia chií. Días después, un antiguo miembro del Partido Baaz de Saddam Hussein, preponderantemente sunní, fue asesinado a tiros en plena luz del día. Antes de que los vecinos se dieran cuenta, dicen, su comunidad se había convertido en otra más de las fracturadas comunidades de la ciudad, un lugar casi silencioso después de la puesta de sol, excepto por el crepitar de las armas de fuego.
Luego, el 23 de enero, unos hombres con uniforme de camuflaje detuvieron a 53 vecinos de Tobji, casi todos sunníes, durante allanamientos nocturnos. Mataron a dos de ellos. A excepción de dos viejos que fueron liberados días después, no se ha vuelto a saber nada de ninguno de los detenidos.
Los vecinos dicen que los uniformes que llevaban los hombres y los vehículos que conducían los identificaban como comandos policiales del ministerio del Interior, cuyas filas están dominadas por antiguos miembros de milicias chiíes. Desde que la mayoría chií de Iraq ganara por primera vez poder político en las elecciones hace un año, se hacen allanamientos como este en Tobji en otros vecindarios de Bagdad y otras ciudades iraquíes. Atacan siempre a hombres sunníes, y los testigos dicen siempre que los secuestradores son policías.
Funcionarios iraquíes sin embargo han negado cualquier participación del gobierno en los allanamientos, culpando a grupos que tendrían la intención de desestabilizar el país.
"Ocurre demasiado a menudo que hay gente que se hace pasar por fuerzas del gobierno", dijo Hussein Taha, gobernador de Bagdad, que supervisa la fuerza de policía de la provincia. "Cuando los terroristas se sienten perseguidos en un área, se trasladan a otra y realizan sus acciones al azar, incluso si afecta a civiles. Eso es lo que pasó en en Tobji".
Cuando se le preguntó cuando residentes de Tobji habían muerto violentamente en los últimos meses, Mariam Nouri, 27, cuya familia llegó al vecindario hace más de 50 años, recitó todos sus nombres.
"Mataron a Hussein, a Firas, Abbas, Ossama, Uday", dijo Nouri, una sunní cuyo hermano, padre y tío fueron sacados de su casa durante el último allanamiento. Casi sin pararse a respirar, recitó de memoria otros 11 muertos. "Deben ser unos quince", dijo. "Hay algunos que he olvidado".
Los líderes sunníes han respondido a los allanamientos en Tobji, al noroeste del centro y en otros barrios de Bagdad, llamando a los residentes a defenderse a sí mismos. Adnan Dulaimi, un prominente político sunní, prometió más hostilidades a menos que el próximo gobierno quite a las milicias chiíes el control de la policía. El Frente del Acuerdo Iraquí, el grupo político sunní dominante de Iraq, amenazó el miércoles con una "desobediencia civil a escala nacional" a menos que se detuviera lo que llamó "allanamientos arbitrarios".
Observadores en la capital dicen que el destructivo ciclo de allanamientos, delaciones y ataques por venganza representan los primeros pasos tentativos hacia un conflicto confesional de mayor escala, como un virus que se extiende de comunidad en comunidad.
"Empezó en Iskan, luego en Sadiya y Ghazaliya", dijo Abbas Lafta, 35, un vecino chií de Tobji, mencionando enclaves bagdadíes antes tranquilos que han ido cayendo como piezas de dominó hacia su vecindario en el curso del año pasado. "La gente acostumbraba a venirse aquí huyendo de esos lugares. Ahora nosotros somos como ellos".
Limitado por un paso elevado sobre una autopista y un parque con una escuálida cancha de fútbol de tierra, Tobji debe su nombre a la apretada calle comercial con las aceras llenas de puestos de vendedores que divide en dos al vecindario. Docenas de corderos pastan en el bandejón cubierto de hierba, mientras el tráfico ruge cerca de un mercado abierto.
Hace poco un día de semana las calles secundarias que salen de la arteria principal fueron bloqueadas con barreras de concreto, y soldados iraquíes levantaron un puesto de control en la esquina de una ajetreada calle. Un segundo puesto de control fue instalado en el extremo sur, controlado enteramente por civiles, que miraban intensamente los coches a medida que salían. No siempre ha sido así.
"Es como si alguien hubiese visto que este era un lugar tranquilo y decidió provocar incidentes’, dijo Muthana Mahmoud, 43, que ha vivido en Tobji toda su vida.
Juliet Hadad, 41, madre de seis hijos, dijo: "Antes, cuando llevábamos vidas normales, no se sentía aquí ninguna tensión. Ahora estamos asustados, no solamente por los sunníes, sino por nuestra gente también. No dejo salir a mis niños. Ahora no los dejo salir a ninguna parte".
Cuando el conflicto empezó a escalar el año pasado, ocho personas fueron asesinadas en el período de dos semanas que siguió a las elecciones del 15 de diciembre. Pero fue el allanamiento del 23 de enero, dicen vecinos sunníes y chiíes, el que provocó la mayor tensión confesional.
Los residentes dicen que empezó justo después de las cuatro de la mañana cuando unas 20 furgonetas y camiones sin matrícula, parecidas a las que utilizan los comandos de la policía iraquí, entraron retumbando al vecindario con un contingente de casi 200 hombres armados.
Durante las siguientes tres horas, los pistoleros, muchos de ellos vestidos con uniformes de camuflaje amarillo-gris, irrumpieron en casas de sunníes, a veces saltando de tejado en tejado, deteniendo a los hombres y aterrorizando a sus familias. Les quitaron sus celulares y cortaron los cables de los teléfonos fijos para que los vecinos no pudiesen llamar pidiendo ayuda.
"Tenían barbas y su dialecto sonaba como si fueran del sur", dijo Mahmoud, que dijo que tres hombres habían saltado sobres su tejado desde la ventana del vecino. Cuando su hermano respondió la puerta, uno de los hombres le preguntó: "¿Eres Abu Abbas?"
"No", dijo su hermano. "No sé quién puede ser".
"Le vendaron los ojos y lo sacaron fuera", dijo Mahmoud. "Luego volvieron a por mí. Me llevaron hasta el tejado y me colocaron al borde del edificio. Sólo me soltaron cuando subió mi madre, gritando".
Nouri pensó que su familia estaría segura, incluso aunque son sunníes, porque su padre y su tío trabajan en unidades policiales del ministerio del Interior. Pero incluso aunque mostraron a los pistoleros sus tarjetas de identidad, fueron detenidos.
"Cuándo mi hermana preguntó: ‘¿Por qué se los llevan si trabajan con ustedes?’, ellos le apuntaron con sus hermanos y la golpearon en la cabeza", dijo Nouri. "Yo los estaba maldiciendo y diciéndoles: ‘Dios me defenderá’".
Más abajo en la calle, dos hombres que trataron de defender sus casas fueron asesinados. Cuando los pistoleros agarraran a la esposa de Bilal Ali Ghazal por el pelo y la arrastraron hacia un coche, él cogió un rifle y subió al tejado disparando, tratando de pedir ayuda. Uno de los pistoleros le disparó al estómago, desde la calle.
Antes de morir en una lluvia de balas, Ismael Egaidi mató a uno de los pistoleros que entró a su casa, contaron vecinos.
Desesperados por saber qué pasó con los 51 hombres que fueron detenidos pero nunca dejados en libertad, los vecinos de Tobji dicen que han hecho visitas diarias al ministerio de Interior en Bagdad sólo para que les digan que no tienen información. Cuando se corrió la voz de que en el barrio de Rustamiyah se habían encontrado siete cadáveres agujereados de balas, los familiares de los detenidos en Tobji corrieron a la morgue a buscar caras familiares. No encontraron ninguna.
Los residentes dicen que la negación del gobierno de que la policía no participó en ese allanamiento no coincide con lo que vieron esa noche. Los asaltantes conducían por Bagdad en un largo convoy de furgonetas que los vecinos reconocieron como los que usaba la policía desde fines de los años noventa. Llevaban uniformes de camuflaje y pistolas Glock, las mismas que usan los agentes de policía.
"Explíqueme cómo pueden ser otra cosa que fuerzas de seguridad iraquíes", dijo Muhammed Majid, un vecino de Tobji. Pero incluso Majid reconoció que no estaba seguro de quiénes eran los responsables.

Ciudadanos Armados
Sin tener a quien recurrir, los vecinos de Tobji intentan parar la escalada de violencia apoyándose mutuamente. En las últimas semanas tanto sunníes como chiíes han contribuido con hombres a una fuerza de ochenta ciudadanos del vecindario que patrullan las calles junto al ejército iraquí, instalando puestos de control y comunicando a los soldados la presencia de desconocidos sospechosos.
Los vecinos han empezado a recolectar dinero para pagar un pequeño salario a los voluntarios, que se llaman a sí mismos "los guardianes".
Cuando salieron por primera vez a la calle en diciembre, fueron detenidos y la policía iraquí les confiscó las armas porque no tenían permiso para portarlas. Pero después del allanamiento de enero, pidieron, y les dieron, chapas del ministerio del Interior que les autoriza a llevar rifles.
"Algunos de ellos eran militares antes, pero ahora todos saben usar armas", dijo Lafta, el vecino de 35, que ayuda a supervisar el proyecto. "Las cosas se han calmado desde que empezaron a patrullar".
Pero muchos vecinos insisten en que el vecindario no volverá nunca a ser lo mismo.
"Los políticos dicen: ‘Defiéndanse’, pero ¿cómo nos vamos a defender de un ejército armado con ametralladoras y vehículos?", dice Mahmoud. "Los que se defendieron están muertos ahora".
Los residente dicen que el influjo de gente que viene huyendo de otros barrios desde 2003 ha hecho subir firmemente los alquileres de los apartamentos.
Pero ahora los vecinos de Tobji se están marchando.
"Nunca volveremos a tener lo que teníamos", dijo Lafta. "El número de detenidos es tan grande, y sus familiares están tan indignados, que no descansarán nunca. Siempre llevarán el odio en sus corazones. Tratarán de vengarse. Conozco a chiíes que ya han recibido cartas con amenazas. Si me llega una a mí, me iré".

Omar Fekeiki contribuyó a este reportaje.

11 de febrero de 2006

©washington post


©traducción mQh

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soldados británicos maltratan a niños iraquíes


El gobierno británico lanzó hoy una investigación sobre abusos y malos tratos de soldados británicos a un grupo de jóvenes iraquíes, luego de la difusión de un video y fotografías sobre violaciones a los derechos humanos en el dominical News of the World.
Londres, Gran Bretaña. "Somos conscientes de estas denuncias muy serias y podemos confirmar que ahora son objeto de una investigación urgente de la Policía Militar Real", informó hoy mismo el ministerio de Defensa en un comunicado.
Martin Rutledge, Jefe de Personal del General Adjunto Chris Thomas, encargado del personal y de la disciplina, declaró que las Fuerzas Armadas británicas, "condenan todos los actos de abuso".
"Por ello, cualquier prueba de estos malos tratos será tomada con gran seriedad", aseguró el alto militar.
Según Rutledge, "sólo una mínima parte de los 80.000 mujeres y hombres que han participado en Irak, han estado implicados en vejaciones como ésta".
El dominical News of the World, el más vendido del país, publicó imágenes de golpes y malos tratos de militares británicos a varios adolescentes iraquíes durante disturbios callejeros en Basora, al sur de Irak, a principios del año 2004.
Bajo el titular de "Brutal", el dominical muestra a ocho soldados que golpean, arrastran y maltratan a al menos cinco jóvenes iraquíes, y a un militar que patea en la cara a un iraquí muerto.
Según las imágenes, los soldados británicos pegaron hasta 64 golpes con los bastones de mando, dieron cabezazos o patearon en los genitales de los iraquíes.
El periódico indicó que aunque el video ha sido comprobado exhaustivamente y procedió de una fuente anónima que lo hizo llegar a la redacción del diario, no divulgará ni el regimiento ni el batallón al que pertenecen los soldados agresores.
El News of the World describió la grabación como "un video casero secreto", filmado como diversión por un soldado británico.
En la grabación se escucha la voz del camarógrafo anónimo, riendo y animando a sus compañeros para que continuasen con los golpes a los jóvenes.
Tras la publicación del video y las fotografías, el ministerio de Defensa británico declaró que investigará "seriamente" las imágenes.
El ministro de Hacienda británico, Gordon Brown, calificó los hechos de un "comportamiento inaceptable" por parte de los soldados.
Según el funcionario de Londres, los responsables "serán sometidos a juicio".
"Quienes estarán más enojados por esto serán las tropas leales, trabajadoras y honradas, 80.000 (soldados) que han cumplido con gran distinción en Irak", declaró Brown a la cadena BBC.
Este no es el primer caso de abusos dentro del Ejército británico, ya que el año pasado tres soldados fueron encarcelados por abusar de un preso en una cárcel iraquí.
De todos modos, las fotografías en las que se mostraba la humillación y abusos de estos tres soldados, y que fueron publicadas por el tabloide Daily Mirror, fueron consideradas falsas.
Desde la invasión anglo-norteamericana a Irak, en marzo de 2003, varios soldados estadounidenses han sido declarados culpables de realizar vejaciones, entre ellas las que ocurrieron en la cárcel de Abu Ghraib.
Ese hecho dañó considerablemente la imagen de Estados Unidos en el mundo árabe y que perjudicó la reputación del Ejército de ese país.
Gran Bretaña, principal aliado de Estados Unidos en Irak, posee desplegadas unas 8.500 tropas en el sur de ese país árabe, aunque recientemente informó que reducirá ese número a 2.000 para los próximos meses.

©el país uruguay

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miseria en las fronteras de iraq


[Ann Scott Tyson] El éxito en el control de las fronteras destruye economías de aldeas fronterizas.
Om Al-Kabarl, Iraq. En esta aldea antes próspera en la frontera de Iraq con Siria, se están muriendo los últimos burros que quedan.
Las madres se quejan de que no tienen zapatos para sus hijos y que sólo les pueden servir sopa. Los hombres matan el tiempo jugando a las damas y lamentando la noche que los helicópteros de combate americanos sobrevolaron el cielo de la aldea, presagiando el fin de su modo de vida.
"Podíamos eludir casi todo, pero no los helicópteros", suspiró Mahmood Ahmed, 29, que, junto con la mayoría de los hombres del pueblo de 400 habitantes, admitió que era un contrabandista. "Ahora tenemos pesadillas con ellos".
Con sus ingresos reducidos, los contrabandistas ya no pueden comprar alimento para los cientos de burros que utilizaban para transportar barriles de 30 galones de benceno, cartones de cigarrillos y otras mercaderías hacia Siria.
"No hay pasto, ni dinero para alimentarlos. Así que se murieron todos", dice Yassin Ali, 39, señalando a un sucio, esquelético burro que está tendido inmóvil.
El dramático vuelco de fortuna de las aldeas a lo largo de la frontera es un indicio de que el aumento de las tropas estadounidenses e iraquíes en la región en los últimos meses ha reducido agudamente el comercio ilegal en la frontera, dicen oficiales estadounidenses e iraquíes y residentes.
Los comandantes estadounidenses lanzaron el año pasado un plan para controlar mejor las fronteras de Iraq y frenar el flujo de combatientes extranjeros, y de las armas y dinero que se enviaban a la resistencia iraquí. Desde el verano pasado se han enviado varios miles de soldados estadounidenses e iraquíes adicionales a regiones cerca de Siria para reforzar el creciente contingente de guardias fronterizos iraquíes. Se han construido y rehabilitado y equipados decenas de fuertes, y hay planes para levantar este año una alambrada doble de tela metálica a lo largo de la frontera, de acuerdo a funcionarios estadounidenses e iraquíes.
"Es mucho más que apenas la línea en la arena que hay ahora", dijo el teniente coronel Gregory Reilly, de Sacramento, California, comandante de un escuadrón de la caballería estadounidense que vigila unos 185 kilómetros de la frontera noroccidental de Iraq con Siria, desde el Río Tigris hasta el Eúfrates. "No es un frontera completamente abierta, de ninguna manera. Es una frontera muy difícil de cruzar".
La policía fronteriza siria está también patrullando agresivamente a su lado, dijo Reilly, en contraste con declaraciones oficiales de Washington acusando a Damasco de no ejercer control. "En realidad, los sirios están haciendo su trabajo. Son más violentos que nosotros. Si ven a alguien, empiezan a disparar de inmediato", dijo Reilly mientras caminaba junto a una berma de tierra, a la vista de varios guardias sirios hace unas semanas. Agentes iraquíes dijeron que los guardias sirios habían disparado hace poco contra la policía fronteriza iraquí, lo que produjo algunas escaramuzas.
Se han reforzado los controles en los puestos de control fronterizos oficiales. En la ciudad de Rabiyah, un camión de carga de diez ruedas pasó retumbando frente a la recién construida comisaría de la aduana en camino al puesto de control sirio marcado por un enorme retrato del difunto presidente de Siria, Hafez Assad. Hace algunos meses, los puertos de entrada iraquí aquí estaban eran un caos, dijeron oficiales estadounidenses e iraquíes. No se distinguía entre tráfico saliente y entrante. Los guardias iraquíes tenían sólo cinco rifles, nada de municiones, y "no sabían distinguir entre un pasaporte real y uno falsificado", dijo el coronel Fadel Shaaban Abas, comandante de la policía aduanera iraquí en Rabiyah.
"Era un completo caos. No tenían ni idea de quién entraba o salía", dijo Reilly, comandante del Primer Escuadrón del Regimiento de Caballería Blindada Nº3, que este mes terminará un período de un año. A fines de mayo un coche-bomba suicida obligó a cerrar el puerto de entrada durante dos semanas.
Hoy cruzan diariamente la frontera hasta cinco mil personas, la mayoría a pie, y unos 300 vehículos, a través de vías divididas. Los ingresos aduaneros se han casi triplicado. Los 120 policías aduaneros iraquíes van armados con rifles de asalto AK-47 o pistolas y son respaldados por un nuevo batallón de policía de 260 agentes, que llegaron en diciembre, dijo Abas. Hace poco llegó un equipo de agentes de policía adiestrados para detectar pasaportes falsos, y ahora se detectan unos tres o cuatro al día, dijo el sargento de segunda clase Robert Lowery, de Naples, Florida.
Los combatientes extranjeros -tanto iraquíes que han dejado el país y algunos extranjeros- todavía logran introducirse en Iraq, pero no simplemente cruzando la frontera a hurtadillas, dicen oficiales norteamericanos.
"Es un mito que los combatientes extranjeros cruzan una frontera porosa", dijo el mayor Chris Kennedy, agente ejecutivo del Regimiento de Caballería Blindada Nº3. En lugar de eso, muchos de los combatientes que llegan pueden simplemente volar a Bagdad usando pasaportes iraquíes válidos hechos de "cajas y cajas" de pasaportes blancos sacados de Iraq durante el régimen de Saddam Hussein, dijeron Kennedy y otros agentes norteamericanos. Ahora hay iraquíes asignados en los puestos fronterizos que han sido adiestrados para detectar acentos extranjero, aunque muchos de los rebeldes que entran son iraquíes, dijo.
Pero mientras los oficiales estadounidenses se preocupan menos de los combatientes extranjeros que tratan de colarse a través de los pueblos fronterizos, sí expresaron su preocupación de que el severo impacto económico que implica el cierre de las rutas de contrabando pueda crear un nuevo semillero de insurgentes en Iraq.
"El temor más grande es que ingrese un financista y forme una célula" en aldeas pobres en la frontera, dijo Reilly, que calcula que en las aldeas predominantemente sunníes del tramo de frontera que controla viven unas cien mil personas.
En Om al-Kabari, Mahmood Ali, padre de seis hijos, dijo que consideraba el contrabando como una de las pocas alternativas legítimas de ganarse la vida en la aldea, donde la sequía ha reducido la agricultura en los últimos años.
"Es más honorable que robar o ser un Ali Baba o un rebelde -arriesgas la vida... para llevar comida a casa", dijo Ali, sentado en el suelo en un círculo bebiendo té con otros hombres de la aldea.
El contrabando, aunque ha sido siempre una ocupación loca, se incrementó con el embargo económico impuesto a Iraq en los años noventa y luego escaló rápidamente cuando se desplomó el control fronterizo tras el derrocamiento del presidente Saddam Hussein en abril de 2003, dijeron los aldeanos. Los contrabandistas obtenían préstamos en el mercado local de corderos y de distribuidores comerciales de la ciudad de Mosul, a unos 160 kilómetros al este. Usaban el dinero para comprar benceno o cartones de cigarrillos, los cargaban en sus burros y cruzaban la frontera en la noche en equipos de tres o cuatro hombres.
Era un negocio arriesgado, dijo Ahmed, que fue una vez capturado por tropas sirias, golpeado y detenido durante nueve meses en una hacinada cárcel siria. Dijo que desde 2003 cinco hombres de la aldea habían sido asesinados por tropas sirias. "La mayoría de las veces los sirios no te detienen, simplemente te disparan", dijo. "Y no son tiros de advertencia".
Sin embargo, era el trabajo más lucrativo de los alrededores. Si lograban alcanzar a sus compradores en Siria, los equipos de contrabandistas podían ganar unos 27 dólares al mes, un ingreso promedio para los iraquíes de la región.
Pero en la primavera pasada, la llegada de los helicópteros de combate Kiowa estadounidenses, respaldados por tropas de tierra norteamericanas e iraquíes, terminó con la juerga del contrabando.
"Fue mi día negro", dijo Yassin Ali, el primero de los aldeanos en ser capturado por soldados americanos. "Una noche que nos estábamos desplazando y no oíamos nada, de repente encendieron todos sus focos". Los contrabandistas se paralizaron, pero después de un minuto los focos volvieron a apagarse y ellos trataron de escapar, pensando que el helicóptero se había marchado y la tripulación ya no podía verles. "Pero nos veían, y desde lejos, y nos cayeron encima", dijo Ali. "Entonces llegaron los todoterrenos".
Junto a la aldea, hay un fuerte fronterizo iraquí ahora dotado con 24 agentes de la policía iraquí que viven ahí y trabajan en turnos. Es uno de los 56 fuertes con 2700 policías fronterizos ahora en operación a lo largo de la frontera noroccidental en conjunto con tropas estadounidenses e iraquíes. Equipada con jeeps nuevos, camiones, ametralladoras montadas, binoculares y gafas infrarrojas, la policía patrulla ahora la frontera 24 horas al día.
"Antes no había control... de ningún tipo, y ellos podían cruzar la frontera a cualquier hora del día o de la noche", dijo el teniente primero Abrahim Assaf Khuder, comandante de compañía de policía. "Son los helicópteros los que redujeron a los contrabandistas", dijo.
Los contrabandistas admiten que ellos ocasionalmente todavía tratan de cruzar la frontera, agregando que se alegran de que los helicópteros norteamericanos no los ataquen. A diferencia de lo que hacían en el pasado, dicen, ahora no llevan armas.
"¿Qué podemos hacer? No tenemos trabajo, no tenemos benceno, ni ropas para nuestras familias y los helicópteros están arriba todo el tiempo. Ni siquiera podemos comprar zapatos para nuestros hijos", dijo Mahmood Ali, mostrando los pies descalzos de su hijo de seis.
Las raciones mensuales de cereales del gobierno -unos 9 kilos por persona- llegan sólo cada cuatro meses, dijo.
"Estos pueblos tienen muchas necesidades", dijo Reilly, que ha intentado aliviar los perjuicios de la represión del contrabando enviando palés de comida y agua a las aldeas y supervisando dos proyectos de excavación de pozos. Reilly también propuso crear una zona de libre comercio a lo largo de la frontera. En una reunión reciente con los aldeanos, le pidieron permiso para cruzar la frontera una vez a la semana.
"Lo tiene que aprobar Siria", les dijo Reilly.
"Inshalla h", dijeron. Si Dios quiere.

11 de febrero de 2006

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bush trató de provocar guerra


[John Daniszewski] Bush planeó pintar avión con colores de la ONU y hacerlo derribar por los iraquíes para tener justificación inmediata para invadir Iraq. Blair accedió a respaldar ese plan.
Londres, Gran Bretaña. Fines de enero de 2003. En cinco días el ministro de Relaciones Exteriores Colin L. Powell debía dirigirse al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas explicando su creencia de que Iraq ocultaba armas de destrucción masiva y representaba un peligro para la paz mundial.
Pero apiñados con ayudantes en la Casa Blanca, el presidente Bush y el primer ministro británico Tony Blaur no estaban seguros de que tuvieran suficientes pruebas para convencer al Consejo de Seguridad. Sin la autorización explícita del Consejo, sus planes para invadir Iraq y deponer al presidente Saddam Hussein serían difíciles de defender en el derecho internacional.
Bush propuso una alternativa: pintar un avión espía de Estados Unidos con los colores de Naciones Unidas y esperar a que las fuerzas de Hussein lo derribaran. De cualquier modo, dijo, la guerra estaba "pinchada" para el 10 de marzo y Estados Unidos seguiría adelante con o sin una segunda resolución de la ONU.
Blair replicó que él apoyaba "resueltamente" al presidente.
Esta es la médula de un informe sobre la reunión del 31 de enero de 2003 en la nueva edición de ‘Mundo sin ley’ [Lawless World], el libro del autor británico Philippe Sands. No proporciona la identidad del escritor del memorándum en el que se basa el informe, pero informes de la prensa británica dicen que fue uno de los ayudantes presentes en la reunión: Sir David Manning, entonces asesor de seguridad de Blair y ahora embajador inglés en Washington.
Un portavoz de Blair se negó el viernes a tratar las acusaciones, pero repitió la insistencia de Downing Street de que no se tomó la decisión de proporcionar tropas británicas para la guerra contra Iraq sino hasta después de que fuera autorizada por el Parlamento el 18 de marzo, dos días antes de que se lanzara la invasión.
Un portavoz de Manning dijo que el embajador no haría comentarios.
Sands, 45, es profesor de derecho internacional y miembro fundador del bufete Matrix, en Londres, donde también trabaja la esposa del primer ministro, Cherie Blair. Su libro, publicado por primera vez el año pasado, no trata principalmente de la decisión de declarar la guerra contra Iraq. Más bien, examina cómo un número de tópicos en los que, dice, el gobierno de Bush contó con la complicidad británica, han minado el sistema de normas del derecho internacional construido en gran parte por Estados Unidos y Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial.
Sands dijo que no había ninguna duda sobre la autenticidad de los documentos de los que cita.
"No han sido desmentidos, y no pueden ser desconocidos", dijo esta semana a Los Angeles Times. El telediario del británico Channel 4 dijo que había visto el documento fuera de Gran Bretaña. Jon Snow, del canal, presentó fragmentos en una de las emisiones del fin de semana pasado.
El texto, en opinión de Sands, muestra que los líderes políticos de Estados Unidos y Gran Bretaña había determinado invadir Iraq seis semanas antes de la invasión con el propósito de derrocar a Hussein, incluso sin la aprobación explícita de Naciones Unidas.
De acuerdo a apuntes secretos de la reunión, parafraseados en el libro de Sands, y luego citado directamente en Channel 4, Bush le dijo a Blair que "Estados Unidos estaba planeando pintar con los colores de Naciones Unidas un avión norteamericano de reconocimiento U2 que sobrevolaría Iraq escoltado con aviones de guerra. Si Saddam disparaba contra él, se le acusaría de violar" las resoluciones de Naciones Unidas.
Bush fue citado también diciendo que un desertor iraquí haría una presentación pública sobre las armas de destrucción masiva de Iraq y de que existía la pequeña posibilidad de que el presidente iraquí fuera asesinado.
Los informes dicen que Bush prometió presionar al máximo para obtener otra resolución de Naciones Unidas, pero que si eso no servía, atacaría militarmente a Iraq de todos modos. También fue citado diciendo que creía que era improbable que se desatara en Iraq una guerra civil.
Blair es citado diciendo que era deseable contar con una segunda resolución del Consejo de Seguridad para "protegernos ante lo inesperado, y el respaldo internacional -incluyendo el de países árabes". Pero también es citado diciendo que apoyaba a Bush.
"Los documentos... indican claramente que ninguno de los dos consideraba que los gobiernos inglés o estadounidense tuvieran suficientes pruebas", dice Sands. "¿Por qué gastarían tiempo, el presidente de Estados Unidos y el primer ministro británico, maquinando modos de provocar una respuesta militar de Saddam si podían probar que poseía armas de destrucción masiva?"
Sands dice que las acciones norteamericanas y británicas han erosionado los pilares de las relaciones internacionales, tales como la Carta Magna de Naciones Unidas, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y la Convención de Ginebra, y que ha convertido en más dificultosa la acción en Iraq.
"Al romper las reglas, socavaron la capacidad de forjar consenso", dice.
Sands vio que "poner a un lado las reglas clásicas del derecho internacional, que dicen básicamente que sólo se puede recurrir a la fuerza en dos circunstancias: en defensa propia o cuando el Consejo de Seguridad ha autorizado el uso de la fuerza... Ellos no argumentaron nunca que era defensa propia", dijo. "Así que tuvieron que argumentar que el Consejo de Seguridad había autorizado el uso de la fuerza. No creo que haya mucha gente que acepte ese argumento".
Ian Gleeson, portavoz del gobierno británico, dijo que el gobierno había esperado hasta el 18 de marzo antes de comprometer tropas para la invasión y que había explorado "todas las otras posibilidades" para obligar a Hussein a desarmarse.
"Obviamente, todos estos asuntos han sido investigados exhaustivamente en las varias investigaciones que hemos realizado aquí, de modo que no tenemos nada más que agregar, y ciertamente no estoy comentando el libro", dijo Gleeson.
Cuando se le preguntó sobre las acusaciones en Washington la semana pasada, el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Sean McCormack dijo: "Mire, este asunto lo hemos revisado una y otra vez. El presidente y los otros no pudieron ser más claros en cuanto a lo que pensábamos en ese momento con respecto a la búsqueda de una solución diplomática antes de la alternativa militar".
Sands difiere de la afirmación de que la conducta de Blair haya sido investigada, agregando que los documentos que se conocen ahora podrían ser la base para presentar una moción de impugnación del primer ministro británico.
"Engañó al Parlamento en cuando a lo que sabía sobre las armas de Hussein, y engaño al Parlamento en cuanto al apoyo que había prometido en nombre de Gran Bretaña para la campaña del presidente Bush, y eso exige, como mínimo, una investigación completa y exhaustiva [de la conducta del primer ministro]".

11 de febrero de 2006

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gobierno distorsionó datos sobre iraq


[Scott Shane] Gobierno distorsionó informaciones de agentes de la CIA para justificar agresión contra Iraq.
Washington, Estados Unidos. Un veterano de la CIA encargado de los informes sobre Oriente Medio entre 2000 y 2005 acusó el viernes al gobierno de Bush de ignorar o distorsionar en un gran número de aspectos las evidencias de la preguerra relacionadas con Iraq en su intento de justificar la invasión estadounidense de 2003.
Las afirmaciones de Paul R. Pillar, que se retiró en octubre de su posición como agente nacional de inteligencia para Oriente Próximo y el Sudeste Asiático, reitera críticas anteriores de demócratas y algunos funcionarios de gobierno, entre ellos Richard A. Clarke, el ex asesor de contraterrorismo de la Casa Blanca, y Paul H. O’Neill, el ex ministro de Hacienda.
Pero Pillar es la primera persona desde dentro, de alto nivel de la CIA, que habla públicamente sobre el uso de los datos de inteligencia en el período de preguerra. Su artículo en el número de marzo-abril de la revista Foreign Affairs, que acusa al gobierno del uso selectivo de los datos de inteligencia sobre las armas no convencionales en poder de Iraq y las posibilidades del caos de posguerra, fue publicado el viernes en el sitio en la red de la revista después de que el Washigton Post informara sobre el artículo.
"Si todo el cuerpo de la inteligencia oficial sobre Iraq hubiera tenido implicaciones, estas habrían sido evitar la guerra -o, si se iba a declarar la guerra, prepararse para las caóticas secuelas", escribió Pillar. "Lo más notable sobre la inteligencia de preguerra de Estados Unidos no es que tuviera malas informaciones y que por eso engañó a los funcionarios encargados de tomar decisiones, sino que jugara un papel tan pequeño en una de las decisiones más importantes de Estados Unidos durante décadas".
En una entrevista el viernes, Pillar dijo que reconocía que sus opiniones formarían parte de la batalla que se viene librando ya por tres años sobre las razones que tuvo el gobierno para justificar la guerra. Pero dijo que su objetivo al hablar públicamente era ayudar a reparar lo que llamó una relación "rota" entre los datos de inteligencia entregados por los espías del país y el modo en que fueron usados por sus líderes.
"Hay motivos para volver a este asunto sobre Iraq", dijo Pillar, ahora profesor en la Universidad de Georgetown. "Pero lo más importante es analizar toda la relación entre la inteligencia y la política y provocar una revisión y un debate para cerciorarnos de que lo que pasó en Iraq no vuelva a ocurrir".
El presidente Bush y sus ayudantes han negado que los datos de inteligencia sobre Iraq hayan sido utilizados políticamente. Stephen J. Hadley, asesor de seguridad nacional, dijo en noviembre: "Nuestras declaraciones sobre la amenaza que representaba Sadamm Hussein se basaban en la suma de los datos de inteligencia provenientes de varias fuentes y representaban la visión colectiva de la comunidad de inteligencia. Esas evaluaciones fueron compartidas por demócratas y republicanos por igual".
Los informes del Comité de Inteligencia del Senado y de la comisión presidencial sobre armas encabezado por Laurence H. Silberman, un juez federal, y Charles S. Robb, ex gobernador de Virginia y senador, concluyeron que los analistas de la CIA no habían sido presionados para que cambiaran sus evaluaciones. Una segunda fase de la revisión del comité del Senado, sobre cómo usaron los funcionarios de gobierno la inteligencia, no se ha completado aún.
Pillar dijo que los primeros estudios habían considerado solamente "los intentos más burdos de politización" y que las presiones reales fueron mucho más sutiles. "La inteligencia fue distorsionada para justificar públicamente decisiones que ya habían sido tomadas", principalmente derrocar a Hussein para "desbaratar las escleróticas estructuras de poder en Oriente Medio", escribió.
De acuerdo a la versión de Pillar, el gobierno manipuló las respuestas que recibió en parte haciendo repetidas veces las mismas preguntas sobre la amenaza que representaban las armas iraquíes y sobre los vínculos entre Hussein y Al Qaeda. Cuando los analistas de inteligencia se resistieron, escribió, algunos de los aliados del gobierno acusaron a Pillar y otros de "tratar de sabotear las políticas del presidente".
A luz de esas acusaciones, escribió, los analistas empezaron a "azucarar" sus conclusiones.
Pillar pidió una declaración formal del Congreso y la Casa Blanca en el sentido de que la inteligencia debía estar claramente separada de las medidas a tomar. Propuso la creación de una oficina independiente, siguiendo el modelo de la Contraloría y de la Oficina de Presupuestos del Congreso, para evaluar el uso de los datos de inteligencia cuando eran pedidos por miembros del Congreso.
Pillar dijo que la raíz del problema podría ser que funcionarios de la inteligencia de alto nivel actuaron para satisfacer al presidente.
Una portavoz de la CIA, Jennifer Millerwise Dyck, dijo que la agencia no haría comentarios.
Danielle Pletka, vice-presidente de políticas de defensa y relaciones exteriores del conservador Instituto de la Empresa Americana [American Enterprise Institute], dijo que la CIA se había resistido durante largo tiempo a la intervención en Iraq y que la presión interna [sobre el gobierno] de los analistas para oponerse a la guerra fue más grande que toda presión externa.
"Si la CIA hubiese gastado menos tiempo filtrando sus opiniones, a lo largo de los años noventa, se hubiese opuesto a todo conflicto con Iraq, y hubiese dedicado más tiempo a formar recursos en Iraq, la agencia podría haber tenido más credibilidad y mejores datos de inteligencia", dijo Pletka, ex funcionaria republicana del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de 1992 a 2002.

11 de febrero de 2006

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cortejando a los sunníes


[Solomon Moore y Richard Boudreaux] En una reunión esta semana, a líderes tribales se les ofrecieron concesiones a cambio de lealtad.
Bagdad, Iraq. Funcionarios estadounidenses e iraquíes han empezado a intercambiar prisioneros, ayudas y posiciones claves en el ejército y la policía por la lealtad de rebeldes sunníes, en un intento de sustraerlos a la influencia de los combatientes de Al Qaeda en la provincia más indócil de Iraq.
El último intento de capitalizar los recientes enfrentamientos entre rebeldes y combatientes extranjeros reunió a ocho importantes jeques tribales de la provincia de Al Anbar con oficiales militares de alto rango en Iraq, el general de ejército George W. Casey; el primer ministro iraquí, Ibrahim Jafari, e importantes miembros de los servicios de inteligencia y seguridad del país.
La reunión de cinco horas el martes fueron las negociaciones de más alto nivel y más detalladas con las más numerosas tribus árabes musulmanas sunníes desde que se adoptara la táctica de introducir una cuña a fines del año pasado.
Tomó lugar mientras los divididos grupos étnicos y religiosos maniobraban para conseguir posiciones en el gobierno dominado por los chiíes.
"Hemos iniciado conversaciones con los líderes, incluyendo a líderes tribales y otros, para alentarlos a suspender sus operaciones militares con el objetivo de terminar con la resistencia y trabajar juntos contra los terroristas", dijo el embajador estadounidense en Iraq, Zalmay Khalilzad en una entrevista el miércoles.
Los sunníes han estado presionando para compensar su condición de minoría reduciendo el control chií de las fuerzas de seguridad interior y de la defensa nacional desde que la alianza chií obtuviera la mayor cantidad de votos en las elecciones nacionales del 15 de diciembre.
"Creo que es crucial que los ministerios de seguridad sean dados a gente que sea ampliamente aceptada a través de líneas confesionales y étnicas y que no tengan vínculos con las milicias o grupos armados", dijo Khalilzad.
En las últimas semanas, líderes sunníes han descrito a su comunidad como una minoría perseguida. Dicen que con el ministro del Interior Bayan Jabr, un chií con lazos con la milicia de la Brigada Badr, la policía ha realizado allanamientos ilegales y asesinatos en comunidades sunníes, una acusación que ha sido confirmada por importantes funcionarios estadounidenses e iraquíes.
En enero, soldados iraquíes capturaron a un escuadrón de la muerte formado por policías, dijo en una entrevista reciente el comandante estadounidense a cargo del adiestramiento de la fuerza policial iraquí.
El político chií más influyente de Iraq, Abdelaziz Hakim, llamó el miércoles a las fuerzas de seguridad "a continuar persiguiendo decididamente a los terroristas, pero con más consideración por los derechos humanos".
Saleh Mutlak, líder de un partido sunní que asistió el martes a la reunión dijo que pocas horas después la policía disparó contra la parte posterior de su coche después de haberlo dirigido a través de un puesto de control en Bagdad.
Los sunníes en la reunión también se quejaron sobre una sucesión de operaciones militares dirigidas por los norteamericanos en Al Anbar y la capital.
El lunes noche fuerzas estadounidenses allanaron la oficina regional bagdadí del Partido Islámico Iraquí, el grupo político sunní más grande, después de que su convoy fuera atacado en la misma calle.
Mowaffak Rubaie, asesor de seguridad nacional del gobierno iraquí, dijo que en la reunión del martes Jafari prometió reclutar más sunníes para el ejército y la policía y destinar más ayudas al desarrollo económico a Al Anbar.
Rubaie y líderes tribales sunníes en la reunión dijeron que Jafari también juró liberar al menos a 140 presos en las próximas semanas. Los detenidos, dijo Rubaie, provenían de varias regiones de Iraq, y que otros más serían liberados próximamente.
Sin embargo, todavía no está claro si los líderes tribuales tienen suficiente influencia como para sofocar la resistencia en Al Anbar. Y algunos de los jeques favorecen la formación de sus propias milicias para custodiar sus ciudades, una tendencia que el gobierno central encuentra inquietante.
"Hemos pedido siempre que los estadounidenses se retiren de las ciudades y dejen la situación de seguridad a nosotros", dijo el jeque Ali Abdalla, líder de varias tribus en la región de Ramadi. "No nos escucharon, y miren lo que ha pasado con nuestras ciudades. La mayoría de nosotros dejamos Anbar y ahora estamos viviendo en Bagdad".
El jeque tribal Osama Jadan dijo que su comunidad en Al Anbar había formado un grupo armado, parecido a las milicias chiíes prevalecientes en Bagdad y en el sur de Iraq, para luchar contra la resistencia.
"Empezamos nuestras operaciones hace tres semanas y han sido fructíferas", dijo. "Capturamos a uno de los ayudantes de Zarqawi (al líder de la guerrilla, Abu Musab) y después de investigarlos lo entregamos al ejército iraquí y a los servicios de inteligencia conjuntos".
Mohammed Askari, asesor del ministro de Defensa iraquí, dijo que el gobierno estaba desalentando la formación de milicias sunníes y estaba presionando a los líderes tribales para que reclutaran sus jóvenes para el ejército y la policía nacionales.
"Entonces se les dará sus armas como a cualquier otro soldado o agente de policía iraquí", dijo Askari. "Les dijimos que las puertas estaban abiertas".
Las conversaciones entre el gobierno y líderes sunníes toman lugar en medio de la persistente violencia confesional.
El miércoles Ahmed Abdel-Wahab, miembro del ayuntamiento de una ciudad sunní, fue asesinado en un tiroteo desde un coche en marcha en Hawija, a unas 80 kilómetros al norte de Bagdad.
Los chiíes también fueron atacados, aunque la seguridad se había reforzado con ocasión del término del Ashura hoy. El festivo, que marca el séptimo aniversario del martirologio del santo chií Iman Hussein, se ha visto estropeado en los últimos dos años debido a los ataques de la resistencia sunní.
Sami Mudafar, ministro de la educación superior y chií, escapó ileso en Bagdad cuando un coche atiborrado de bombas explotó cerca de su caravana de automóviles. Dos de sus guardias resultaron heridos y un transeúnte perdió la vida, dijo la policía.
Un grupo afiliado a Al Qaeda en Iraq, que es la organización de Zarqawi, reivindicaron la responsabilidad en el sitio radical en la red.
Al menos otras ocho personas murieron el miércoles, incluyendo a cuatro hombres no identificados que fueron encontrados esposados y matados en Ciudad Sadr, una barriada chií al nordeste de Bagdad.
Seis personas resultaron heridas en una calle de Bagdad cuando hombres armados dispararon contra un grupo de chiíes que participaban en la auto-flagelación ritual asociada con el Ashura.

Borzou Daragahi, Saif Rasheed, Caesar Ahmed y Suhail Ahmad contribuyeron a este reportaje.

9 de febrero de 2006

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hermanastro de hussein en torturas


[Richard Boudreaux] Mientras la mayoría de los acusados están ausentes, dos mujeres declaran ante el tribunal que Barzan Ibrahim Hasan las torturó.
Bagdad, Iraq. Mientras Saddam Hussein y otros acusados clave boicoteaban su juicio, dos mujeres declararon el miércoles que el ex jefe de inteligencia del dictador había supervisado y participado en sesiones de tortura durante las cuales fueron desnudadas, sometidas a descargas eléctricas, colgadas del techo, y golpeadas.
Las declaraciones fueron las más espeluznantes hasta el momento ante el tribunal en el que las diatribas de los acusados a menudo han empañado los relatos de las víctimas sobre sus crímenes. Hasta el momento fue el testimonio más perjudicial en el drama de tribunal contra Barzan Ibrahim Hasan, hermanastro de Hussein, que empezó en octubre.
Una mujer dijo que Hasan la había sometido a un simulacro de ejecución, disparando una pistola cerca de su cabeza antes de golpearla con ella hasta dejarla inconsciente. La otra dijo que el jefe del servicio de inteligencia la había pateado en el pecho, rompiéndole una costilla. Las dos describieron sus humillaciones con voces rápidas y agudas, detrás de una cortina para ocultar sus identidades.
"La tortura fue un cuarto del sufrimiento", dijo la primera mujer, su voz ahogada en llanto sobre acontecimientos de hace 25 años. "Desnudarnos fueron los otros tres cuartos".
Hussein, Hasan, tres de los otros seis acusados y todo el equipo de los abogados de la defensa se negaron a comparecer ante el tribunal en protesta contra lo que consideran prejuicios del nuevo presidente del tribunal.
El domingo, en su primera sesión como presidente, Raouf Rasheed Abdel Rahman hizo desalojar a Hasan y a un abogado de la defensa por gritar, provocando la retirada de los otros abogados, Hussein, el ex vice-presidente Taha Ramadan y Awad Hamed Bandar, ex presidente del Tribunal Revolucionario.
De los restantes cuatros acusados, funcionarios menos conocidos del proscrito Partido Baath, uno se unió al boycot y permaneció en su celda mientras se reanudaba la sesión el miércoles tras dos días de receso. Seis abogados nombrados por el tribunal substituyeron al equipo de la defensa.
El abogado jefe de Hussein, Khalil Dulaimi, dijo que el boycot continuaría a menos que el presidente del tribunal fuera removido del banquillo. Dulaimi lo llamó "enemigo de mi cliente", observando que Abdel Rahman había estado en la cárcel durante el gobierno de Hussein por ser miembro de un grupo nacionalista kurdo prohibido.
Los reos están acusados del asesinato de más de 40 hombres y niños de Dujayl, una aldea predominantemente chií, en un castigo colectivo por el intento de asesinato contra Hussein en 1982. El juicio es el primero de los muchos a que someterá el tribunal a Hussein después de su derrocamiento por tropas estadounidenses en 2003.
Entre otras cosas, los fiscales están tratando de probar que Hasan, entonces a cargo de la temida policía secreta Mukhabarat, supervisó las detenciones de las víctimas junto con otros cientos de personas de Dujayl que sobrevivieron cuatro años de torturas y cárcel.
En un testimonio el año pasado, Hasan reconoció que él había investigado el atentado contra la vida de Hussein, pero insistió en que él no tenía autoridad sobre la policía de seguridad que realizó las detenciones. Negó haber participado en los interrogatorios.
Sin embargo, dos testigos previos lo acusaron de participar en sesiones de tortura, y el desgarrador testimonio del miércoles parece reforzar el caso de la fiscalía.
Se dice hace tiempo que Hasan utilizó a la policía secreta como un instrumento de barbarie contra enemigos sospechosos del gobierno. Pero las mujeres que declararon el miércoles fueron las primeras en acusar a Hasan en el tribunal de haberlas maltratado personalmente.
Las dos dijeron que fueron detenidas a los días del intento de asesinato y llevadas al edificio del servicio de inteligencia de Bagdad, uno de los varios centros de detención donde ellas y otros vecinos de Dujayl pasarían los siguientes cuatro años.
La primera mujer dijo que Hasan se había interesado especialmente en ella.
"Al fin te trajeron", le dijo antes de ser llevada para ser interrogada a la Sala de Operaciones del edificio, una sala de torturas con palmetas eléctricas, mangueras de goma, cadenas y sangre en el piso.
Hasan, dijo, sólo quería una cosa: que confesara que pertenecía al Partido Islámico Dawa, entonces un grupo chií prohibido con lazos con Irán.
"Le dije que era inocente", dijo.
Al día siguiente Hasan entró a la Sala de Operaciones blandiendo un arma, recordó. La mujer dijo que había sido obligada a desnudarse.
"Tengo una pistola muy buena para ti", le dijo Hasan. "Entonces disparó y me golpeó en la cabeza. Me desmayé".
Sus torturadores no habían terminado, declaró. Al día siguiente la colgaron por las muñecas a un ventilador en el techo, le pusieron un enema químico que le causó dolor en todo el cuerpo y la dejaron ahí durante cuatro horas, dijo. Hacia el fin de los interrogatorios cinco días después, agregó, tenía un brazo roto.
Desde detrás de la cortina, las palabras de la mujer agolpándose demasiado rápido como para que los estenógrafos del tribunal pudieran transcribirlas. Sonaba agitada. "Cálmese", le dijo el juez.
En una breve interrogatorio cruzado, el abogado de Hasan nombrado por el tribunal, preguntó si estaba segura de que el funcionario al que había visto era Hasan. "Después de todo lo que le pasó, no podría haber tenido tan buena memoria", dijo el abogado al juez.
"¿Cree que soy extranjera?", preguntó la mujer. "Yo soy iraquí. Lo había visto en televisión".
Y los guardias, que llamaban a su jefe por su nombre de pila, dijeron: "Señor Barzan, esta es la prisionera", declaró.
La segunda mujer describió una letanía de horrores similar, que dijo que tenían por objetivo obligarla a hacer una declaración de que su hermano era un activista del partido Dawa.
Sus interrogadores le dijeron a los guardias que le "dieran unos pendientes", dijo, refiriéndose a los cables con pinzas de contacto que producían descargas eléctricas en su cuerpo. En un momento, mientras estaba suspendida por las muñecas, Hasan entró e instruyó a sus torturadores que la colgaran cabeza abajo, dijo.
"Luego me dio tres patadas en el pecho", dijo.
Interrogada por el abogado de Hasan sobre si tenía prueba de las lesiones, replicó agriamente que estaba dispuesta a que la examinara un doctor. "Todavía tengo cosas rotas en mi pecho", dijo.
Otros tres testigos declararon el miércoles, incluyendo a un hombre que era de la milicia del Partido Baaz en Dujayl. Dijo que el vice-presidente Ramadan había dado órdenes de destruir con excavadoras los frutales y palmares de Dujayl como parte de un castigo sistemático de la aldea.
El tribunal debe todavía oír las evidencias de la participación directa de Hussein en la represión. Pero los fiscales dicen que piensan presentar evidencias documentales de que firmó sentencias de muerte ejecutadas sumariamente por el Tribunal Revolucionario de Bandar. Dos testigos cuyos familiares fueron asesinados dijeron el miércoles que habían visto esos documentos.
El juez Abdel Rahman ordenó el cierre de la sesión durante media hora para discutir el boycot de los reos. Funcionarios del tribunal no dijeron ni quién había asistido ni qué pasó.
"El juez realmente no tiene demasiadas opciones, excepto seguir adelante", dijo Jonathan Drimmer, ex investigador de crímenes de guerra del ministerio de Justicia estadounidense. "Si hubiese ordenado que el juicio fuera postergado debido a que Saddam y los otros se niegan a asistir, podríamos no volver a verlo nunca más en el tribunal".
Pero si el juicio continúa sin la presencia de los acusados, agregó, "es difícil no preocuparse de la honestidad del proceso. El continuado caos está lejos de lo que quisieras ver en un caso histórico como este".

2 de febrero de 2006

©los angeles times
©traducción mQh

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