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continúan torturas en iraq


[Alan Cowell] Según informe de Amnistía Internacional.
Londres, Gran Bretaña. El lunes Amnistía Internacional acusó a Estados Unidos y sus aliados de cometer extendidos malos tratos en Iraq, incluyendo torturas y la continuada detención de miles de prisioneros que son retenidos sin cargos y sin juicios.
Las acusaciones pueden desencadenar un debate sobre el tratamiento de los detenidos que estalló después de la publicación de explícitas fotografías mostrando a los prisioneros de la cárcel de Abu Ghraib de Bagdad siendo maltratados por guardias estadounidenses. Más recientemente, fuerzas británicas en Iraq han sido criticadas después de que unos videos mostraran a soldados británicos golpearan a jóvenes iraquíes después de manifestaciones en el sur de Iraq.
En su informe ‘Más allá de Abu Ghraib: Detenciones y torturas en Iraq’, Amnistía Internacional también dice que el nivel de abusos cometidos por fuerzas iraquíes desde el traspaso de poder en junio de 2004 ha aumentado.
Estados Unidos y sus aliados, dice el informe, "han establecido procedimientos que privan a los detenidos de los derechos humanos garantizados por leyes y normas internacionales".
"Los antecedentes de estas fuerzas, incluyendo las estadounidenses y los aliados británicos, son intragables", dice. En particular, las fuerzas de la coalición niegan "a los detenidos su derecho a impugnar la ilegalidad de sus detenciones ante un tribunal".
Hassiba Hadj-Sahraoui, director de la sección Oriente Medio y África del Norte del grupo, describió el modo que son detenidos los prisioneros como "arbitrario y una receta de abusos posibles".
A fines de noviembre de 2005, dice el informe, citando cifras de la coalición, se retenía en Iraq a más de 14.000 prisineros: 4850 en Bagdad, 7835 en Campo Bucca (cerca de Basra, sur de Iraq), y más de 1100 en el norte, en Sulaimaniya.
En respuesta al informe, militares norteamericanos dijeron que todos sus detenidos eran tratados de acuerdo a convenciones internacionales y la ley iraquí, informó la Associated Press.
Una portavoz del ministerio británico de Asuntos Exteriores, hablando a condición de preservar el anonimato debido a reglas del ministerio, también negó las acusaciones. Dijo que fuerzas británicas en Iraq tenían actualmente 43 prisioneros iraquíes en virtud de resoluciones de Naciones Unidas que permitían la detención de personas consideradas peligrosas para la seguridad de la coalición o de personal iraquí.
Los 43 prisioneros fueron visitados por la Cruz Roja y por funcionarios del gobierno iraquí, tuvieron sus casos revisados cada mes y acceso a sus abogados y familias, dijo la portavoz. Gran Bretaña tiene unos ocho mil soldados en Iraq, principalmente en el sur. El informe de Amnistía Internacional trata en particular las condiciones en recintos de detención administrados por iraquíes.
"Muchos de los casos de tortura y malos tratos de los detenidos en instalaciones controladas por las autoridades iraquíes han sido reportadas desde el traspaso de poder en junio de 2004", dice el informe. "Entre otros métodos, las víctimas han sido sometidas a descargas eléctricas o han sido golpeadas con cables de plástico. La imagen que surge es una en la que las autoridades está violando de manera sistemática los derechos de los detenidos en violación de garantías contenidas tanto en la legislación iraquí como en las leyes y normas internacionales".

7 de marzo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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ataques y asesinatos terminan con esperanzas


[Sabrina Tavernise] Ataques contra mezquitas y asesinatos arbitrarios acercan guerra civil.

Bagdad, Iraq. El jeque estaba en un cuarto modesto y habló quedamente sobre lo que había perdido. Le habían incendiado un edificio. Habían muerto tres fieles. No podía entender por qué.
"En la mezquita tú no eres ni sunní ni chií", dijo el jeque, Abdel Rahman Mahmoud, 74, cuyo patio estaba cubierto de fragmentos de cristal azul y chamuscados pedazos de papel del incendio provocado por alborotadores religiosos la semana pasada. "Para la gente somos neutrales".
Aquí en este vecindario mixto de Zayuna, sunníes, chiíes y cristianos viven lado a lado, y los vecinos se han sentido siempre inmunes ante la violencia sectaria. Así que cuando estalló el jueves pasado, también se hicieron pedazo muchas entrañables creencias.
"Pensaba que Iraq volvería algún día", dijo Shirouq Abayachi, un vecino de Zayuna que estaba reflexionando con sus amigas sobre el destino de su país en un club social en el centro de Bagdad el jueves. "Ahora, el Iraq que quiero, no puede volver. No hay nada con que reconstruir".
Más allá de los pequeños cambios en las cuadras de la ciudad -donde un chií bajaba una bandera de festivo y clérigos sunníes manejaban ametralladoras mientras escudriñaban a través de los portales-, es un gran cambio de opinión. No era la intensidad de la violencia, a la que los iraquíes se han acostumbrado amargamente, sino su textura. Uno iraquíes han atacado a otros sobre la base de su confesión, con una violencia que pocos aquí habrían imaginado en la época de la invasión estadounidense hace tres años.
Los iraquíes de Zanuya querían desesperadamente que no fuese verdad; la frase "los iraquíes somos hermanos" estaba en los labios de todo el mundo. Una vez que miraban debajo, muchos se alejaban, no queriendo ver más; algunos, como Abayachi, se quedaban paralizados.
"Quizás veo ahora más claramente el final", dijo, mientras almorzaba ensaladas y un cóctel. "El fin de Iraq".
El descenso en la violencia en Zayuna, una afluente área de cuidados bordes y tiendas que venden Swatches en el centro de Bagdad, no puso a unos vecinos contra otros. Eran bandas armadas, parecía, en su mayor parte de otras áreas.
Pero el vecindario había cambiado de todos modos; sus vecinos sunníes se sentían atemorizados, y algunos de sus vecinos chiíes estaban avergonzados.
Uno de los peores ataques contra el vecindario fue contra la mezquita del jeque Mahmoud, Al Kazaz, que es sunní, pero atrae a muchos feligreses chiíes. El jueves poco después de las tres de la tarde, hombres armados lanzaron gasolina contra las paredes de un vestíbulo ceremonial dentro de su portal exterior, y quemaron el edificio.
Luego empujaron a tres feligreses -Kadham Chalub al-Jubouri, Mahmud Jawad al-Korui y Suaad Baha al-Biati- hacia sus coches. Jubouri, 73, resistió y cayó al suelo, pero fue finalmente metido al coche, dijo Faak Abbas, un chií que vio a la temerosa procesión desde su tienda de teléfonos al otro lado de la calle. Sus cuerpos aparecieron más tarde en la morgue de la ciudad.
"Los vimos, pero no podíamos hacer nada", dijo Abbas, cuyo socio es sunní. "Traté de acercarme para hablar con ellos, pero estaban dispuestos a matar a cualquiera".
"Podías ver que los hombres estaban llorando", dijo, mirando hacia afuera por la ventana de su pequeña tienda el martes.
Nadie sabe en realidad quiénes eran los hombres ni qué querían. Algunos residentes dijeron que los hombres habían llegado preguntando por unos nombres. Abayachi dijo que habían pasado por su calle el viernes en seis Land Cruisers blancos buscando a un vecino de la casa No. 20, pero cuando no pudieron encontrarlo golpearon a un hombre que salía de la casa de al lado.
Fadhel Abbas Hussein, parado en el patio de la mezquita Tyba en otra parte de Zayuna, dijo que los hombres que habían atacado su mezquita gritaron que eran del Ejército Mahdi, una banda de chiíes pobres que son leales al clérigo rebelde anti-norteamericano, Moqtada al-Sáder.
"Dijeron que había alguien que estaba buscando que estaba dentro de la mezquita", dijo Hussein, tocando las cuentas de oración de color naranja, con un rifle de asalto AK-47 colgado de su espalda.
Un joven feligrés, Muhammad Majid, djo que dudaba que los hombres fueran en realidad del Ejército Mahdi precisamente porque lo habían gritado para que oyera todo el vecindario. Además, dijo, muchas de las bandas de ladrones ese día se hacían pasar por milicianos Mahdi, llevando el típico uniforme negro de la milicia.
En otro incidente, una mezquita cercana que estaba siendo protegida por puestos de control de milicianos Mahdi fue casi dominada por otros milicianos que también dijeron ser el Ejército Mahdi. Se provocó una larga discusión, dijo.
Una de las sorpresas más grandes para los sunníes fue que los chiíes, que durante mucho tiempo han seguido las órdenes de sus jefes religiosos, parecían repentinamente ignorarlos. Lo que resultó fue un descenso tan rápido en la violencia que muchos se sintieron poco preparados, y en Zayuna esta semana las mezquitas estaban tomando precauciones para que no volviera a ocurrir.
Había unos hombres en el patio de la mezquita de Janabi el lunes tarde, algunos reparando cables eléctricos, otros custodiando las entradas. La mezquita triplicó sus guardias desde la semana pasada, dijeron los trabajadores.
"Iraq ha tenido muchas explosiones en mezquitas e iglesias", dijo un hombre con ropa de trabajo que sólo dijo su nombre de pila, Abu Nofal. "No esperábamos que fuera a ocurrir algo así tan rápidamente".
Los vecinos de Zayuna creen que nadie les protege, menos los americanos, que según dijeron no estaban en ninguna parte durante los ataques. (Funcionarios estadounidenses disputan esa versión, y dice que durante la semana se incrementaron agudamente las patrullas).
En verdad, era difícil precisar cualquier cosa. Se impuso un toque de queda durante tres días, y la gente pasó la mayor parte del tiempo metida en casa, hablando por teléfono. Las suposiciones exageradas sobre el tamaño y escala de los asesinatos cogieron vuelo.
En tiempos de crisis en Iraq, la "verdad se pierde y empieza a flotar", dijo Kadham al-Moqtadi, profesor en el departamento de medios de comunicación de la Universidad de Bagdad. "La sociedad iraquí es una sociedad de rumores. Cuando se produce un rumor, la realidad desaparece dentro de él".
Los sesgos políticos iraquíes también tuvieron su parte, dijo, ya que los canales de televisión, muchos de los cuales están asociados a partidos chiíes y sunníes, ofrecieron sus propias, coloridas versiones de los acontecimientos. El canal Furat, de propiedad de un partido religioso chií, afirmó que los sunníes de la occidental provincia de Anbar apoyaban a los extremistas islámicos.
"Dicen eso en momentos tan críticos", dijo Moqtadi, que agregó que el viernes los canales había morigerado su cobertura.
Los vecinos de Zayuna volvieron a sus trabajos esta semana con nuevas cautelas. Colegas sunníes y chiíes condenaron la violencia unánimemente, pero parecían tener opiniones diferentes sobre lo que significaba. Tahsin al-Shekhli, profesor de ciencias informáticas y sunní, pasó el martes en la mañana en la Universidad de Bagdad, donde habló con algunos amigos chiíes.
"Dijeron que fue una tragedia, una horrible tragedia", dijo. "Pero los que hablaron francamente dijeron que algo se tenía que hacer para vengarse. Era lo que sentían que debía hacerse".
La violencia aceleró un proceso de cristalización que empezó hace meses. La emigración sectaria, al menos en algunas áreas, aumentó. Familias chiíes de áreas volátiles al norte y oeste de Bagdad huyeron de sus casas después de recibir amenazas de sunníes. Se trató de unas diez familias, aunque líderes políticos chiíes dijeron que eran alrededor de sesenta.
Rasoul Shahar, un hombre en la veintena, y su familia de 11, salieron el sábado de Tarmiya, al norte de Bagdad, a pie, después de amenazas sunníes.
"Dijeron: ‘Vosotros empezasteis esto’", dijo Shahar el martes, en un cuarto en el centro juvenil donde aloja con otras familias. "Habéis destruido nuestras mezquitas, así que tenéis que marcharos".
A medida que caía la tarde en el club social, los huéspedes empezaron a marcharse, pero Abayachi estaba todavía pensando.
"Iraq está cambiando rápidamente, a cada hora", dijo. "Pero ¿qué vendrá después del fin de Iraq? Yo no lo sé".

Omar al-Neami, Mona Mahmoud y Qais Mizher contribuyeron a este reportaje.
1 de marzo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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milicias chiíes aplican leyes islamitas


[Edward Wong y Sabrina Tavernise] Sangrientos ataques revelan poder de milicias chiíes que empujan el país a la guerra civil.
Bagdad, Iraq. La violencia sectaria que ha sacudido a Iraq esta semana ha demostrado el poder que tienen aquí muchas milicias para empujar al país a una guerra civil a toda escala, y lo difícil que será para el estado impedirla, dijeron hoy funcionarios iraquíes y estadounidenses.
Las milicias representan una doble amenaza para el futuro de Iraq: existen como bandas de delicuentes merodeadores, como quedó en claro con la violencia del miércoles, y son miembros legítimos del ejército y la policía iraquíes.
El atentado insurgente contra un importante santuario chií el miércoles, seguido por una ola de asesinatos de sunníes, ha dejado a los partidos políticos de todas las tendencias aferrándose más que nunca a sus ejércitos privados, complicando los intentos de Estados Unidos de persuadir a los iraquíes de que desmantelen las milicias.
Los ataques, la mayoría de ellos cometidos por milicianos chiíes, fueron inquietantes no sólo porque ocasionaron la muerte de al menos 170 personas en todo Iraq, sino también porque mostraron lo enraizadas que están las milicias en las fuerzas del gobierno. La policía iraquí, dirigida por un partido político chií, se mantuvo impasible durante los ataques.
Ahora, después de mirar impotentes como se incendiaban sus casas y mezquitas, muchos sunníes dicen que deberían tener el derecho de formar sus propias milicias.
Por su parte, líderes políticos y clérigos chiíes dicen que tienen motivos justificados para conservar sus ejércitos privados -e incluso fortalecerlos-, incluyendo las unidades que tienen en las fuerzas de seguridad del gobierno, pues quieren impedir atentados como el que destruyó el miércoles la cúpula dorada del santuario de Askariya, en Samarra.
Esa posición amenaza con descarrilar los intentos estadounidenses, especialmente del embajador Zalmay Khalilzad, de persuadir a los líderes chiíes de disolver sus milicias y purgar a los agentes de policía y soldados con lazos de lealtad con sus propias sectas antes que con el estado. Eso es esencial para el proceso de formación de un gobierno que sea creíble para todos los grupos religiosos y étnicos de Iraq.
Las denuncias de los líderes chiíes contra Khalilzad, que insinuó el lunes que los estadounidenses pueden suspender el pago a las fuerzas de seguridad que son administradas según intereses confesionales, dejaron en claro que esa posición se ha endurecido. "Hemos decidido incorporar milicias en las fuerzas de seguridad iraquíes y es una decisión que mantendremos", dijo en una entrevista telefónica Jadi al-Amari, el jefe de la Organización Báder, una milicia chií de mil hombres. Debido a que en la primavera pasada los chiíes se hicieron con el control del ministerio del Interior, los miembros de Báder han inflado las filas de la policía.
Khalilzad estaba tratando de "impedir que los chiíes se hicieran con la cartera de seguridad", agregó. "La cartera de seguridad es un ministerio crucial, y no lo abandonaremos".
Desde el derrocamiento de Saddam Hussein, oficiales americanos han tratado sin éxito de desmantelar la miríada de ejércitos privados en Iraq, desde los pesh merga kurdos en las montañas en el norte, hasta la milicianos vestidos de negro del Ejército Mahdi, que patrullan los enclaves chiíes pobres en Bagdad y Basra. La Autoridad Provisional de la Coalición tenía planes de obligar a los líderes iraquíes a disolver las milicias, pero nunca lo lograron. Los estadounidenses tampoco insistieron sobre el asunto, incluso después de aplastar dos insurrecciones del Ejército Mahdi en 2004.
La persistencia del Ejército Mahdi, la milicia de Moqtada al-Sáder, el fanático clérigo chií, ilustra el reto al que hacen frente los americanos en Iraq. Una organización de base, operan abiertamente en las calles, como hizo esta semana, cuando hombres jóvenes armados con rifles Kalashnikov atacaron mezquitas sunníes, y dentro del sistema, donde sus miembros actúan como agentes de policía con uniformes oficiales y patrullando la ciudad en coches policiales.
Aunque muchos líderes chiíes han denunciado las represalias contra los sunníes esta semana, ninguno de ellos ha atacado al Ejército Mahdi ni ha pedido su desmantelamiento. Eso en sí mismo es una clara indicación de que los políticos consideran a las milicias como protectoras de los intereses chiíes tras el atentado contra el santuario.
Esos líderes políticos que no tienen milicias, especialmente los sunníes, dicen que se sienten más impotentes que nunca en este cambiante paisaje de ejércitos privados.
"Cualquiera que tenga una milicia, tiene poder", dijo Adnan Pachachi, ex ministro de Relaciones Exteriores y miembro del recién elegido parlamento. "El Ejército Mahdi, Báder, los insurgentes, esos son los que tienen poder. Tienen armas, se pueden movilizar y están determinados. No es una cuestión de líderes políticos, sino de armas y municiones".
Mahmoud al-Mashhadany, un importante funcionario del bloque político sunní, dijo que los violentos milicianos chiíes esta semana, y la pasividad de la policía dejaba en claro que "estamos solos en el campo". Agregó: "Los kurdos tienen sus milicias y son parte del ejército. Los chiíes dominan el gobierno. Nosotros estamos solos en nuestras mezquitas".
Incluso antes del estallido de violencia, los barrios sunníes en Bagdad estuvieron debatiendo sobre la idea de organizar sus propias fuerzas de protección. En la provincia sunní de Anbar, el bastión occidental de la resistencia, han emergido informes sobre personas que están formando un ejército privado llamado los Revolucionarios de Anbar.
Khalilzad ha estado tratando de mitigar los temores sunníes presionando a los chiíes conservadores para que entreguen el ministerio del Interior, que supervisa 120 mil agentes de policía y comandos. Están siendo adiestrados por asesores militares estadounidenses, que los supervisan pero no controlan directamente.
El atentado contra el santuario dejó al embajador con considerable menos influencia, porque los chiíes dicen ahora que su bienestar depende de su control de las fuerzas de seguridad. El viernes, Khalilzad, hablando con periodistas, no explicó el plan americano para tratar a las milicias, y dijo simplemente que el problema tendría que ser solucionado por el gobierno iraquí en los próximos cuatro años, que todavía tiene que ser formado.
"Las milicias son un problema que debe resolver el próximo gobierno", dijo. "Iraq necesita un ejército nacional fuerte, una policía nacional fuerte. Necesita armas en las manos de aquellos autorizados para portarlas".
El viernes el Pentágono dio a conocer un informe trimestral de evaluación exigido por el Congreso que incluía una advertencia sobre la continuada naturaleza confesional de las fuerzas policiales. "La infiltración por los rebeldes y la influencia de las milicias siguen siendo una preocupación para el ministerio del Interior", dice el informe. "Muchos agentes de policía en servicio activo, especialmente en el sur, tienen lazos con milicias chiíes".
La introducción de las milicias en las fuerzas de seguridad fue rápido y discreto. Poco después de que el gobierno chií llegara al poder en la primavera pasada y Bayan Jabr, un importante político chií, se convirtiera en ministro del Interior, empezó una purga en la que fueron despedidos 140 oficiales de alto rango, cuyos puestos fueron ocupados por chiíes y aliados políticos de los chiíes, de acuerdo a varios ex funcionarios del ministerio que conservaron el anonimato por temor a represalias. Además, campañas de reclutamiento lograron meter en las fuerzas de seguridad a cientos de chiíes, que, muchos de ellos, se identifican más fuertemente con sus partidos políticos que con el estado iraquí.
En verano, un asesor del gobierno norteamericano en el ministerio, Mathew Sherman, recordó por escrito en sus apuntes que "el ministerio está siendo infiltrado por las milicias y la gente de Báder".
Cuando Sherman dio a conocer sus preocupaciones, Jabr, un erudito, fluido hablante de inglés, juró ocuparse del problema. Jabr ha reconocido que 2500 miembros de la Organización Báder han sido incorporados a la plantilla de pago, pero funcionarios americanos e iraquíes dicen que la cifra es mucho más alta.
"Estaban pasando un montón de cosas entre bastidores", dijo Sherman, que dejó su trabajo en diciembre. "Para cuando descubrimos de qué se trataba, se estaba derrumbando todo".
Incluso si lo quiere hacer, el nuevo gobierno hará frente a un serio reto a la hora de extirpar a las milicias de las fuerzas de seguridad. En los últimos dos meses, una nueva ronda de purgas tomó lugar en el ministerio, de acuerdo a Sherman y tres funcionarios iraquíes que todavía trabajan en el ministerio. Unos 20 altos funcionarios, la mayoría sunníes, han perdido sus trabajos, incluyendo al jefe de policía de Bagdad, que era ampliamente respetado entre los iraquíes y oficiales militares americanos. La decisión, dijeron los ex funcionarios, era un intento de los partidos chiíes de fortalecer su control del ministerio antes de que se forme el nuevo gobierno.
Las milicias usan sus posiciones en la policía para fomentar sus ambiciones de sus partidos políticos. Los milicianos del Ejército Mahdi -la mayoría de ellos en Bagdad entre la policía de la ciudad y un cuerpo paramilitar llamado Brigada Orden Público, así como en las unidades policiales del sur- fueron descubiertos en otoño pasado utilizando coches policiales para aplicar los edictos de los llamados ‘comités de castigo’ musulmanes, de acuerdo a un importante oficial americano cuyas fuerzas descubrieron la práctica pero no están autorizados a referirse públicamente al tema.
Además, el oficial dijo que el ministro de Transporte, un ayudante de Sáder, trató de hacerse con el control del Aeropuerto Internacional de Bagdad reclutando a miembros del Ejército Mahdi para las fuerzas de seguridad que lo protegen.
Más allá de los ahora familiares informes sobre los escuadrones de la muerte y cámaras de tortura operadas bajo cobertura del gobierno, también hay casos de hombres con uniformes de policía que cometen delitos comunes, minando todavía más la confianza pública en una institución debilitada.
Fatin Sattar, ama de casa en el sudeste de Bagdad, dijo que su marido fue asesinado a balazos el año pasado por varios hombres con los uniformes de la policía iraquí que robaban en una casa vecina. Asumiendo que era agentes de la policía, el marido, él mismo funcionario del ministerio del Interior, se acercó a los hombres amistosamente.
Entre bastidores los militares americanos han estado desplegando esfuerzos para frenar a las unidades policiales con milicianos. Oficiales americanos dicen que están considerando un plan que colocaría más asesores estadounidenses en la policía y en las unidades de comando de la policía iraquí. En otoño pasado, funcionarios estadounidenses propusieron inclusive transferir la supervisión de los comandos a menudos indisciplinados del ministerio del Interior al de Defensa, donde los militares americanos tienen control operacional directo. Los líderes chiíes rechazaron la propuesta.

Robert F. Worth, Qais Mizher y Abdul Razzaq al-Saiedi de Bagdad, y Thom Shanker de Washington contribuyeron a este reportaje.

25 de febrero de 2006
©new york times
©traducción mQh
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expulsan a chiíes de pueblos de iraq


[Ellen Knickmeyer] Sunníes expulsan a chiíes de sus barrios. Crecen tensiones.
Bagdad, Iraq. Salim Rashid, 34, un jornalero chií en un pueblo preponderantemente sunní a 32 kilómetros al norte de Bagdad, recibió la orden de desalojo el viernes. Se la entregó un hombre que llevaba un lanzagranadas, a la puerta de su casa.
"Son las seis de la tarde", le dijo el hombre enmascarado a Rashid, en momentos en que explotan entre chiíes y sunníes violentas venganzas en amplias expansiones de Iraq central. "Queremos que te marches antes de mañana a las ocho. Si te encontramos aquí, te mataremos".
Caminando, con autostop y en coches de alquiler, el clan de Rashid y muchas de las 25 familias expulsadas del pueblo de Mishada llegaron el martes a un centro juvenil en el barrio chií de Shoula, en Bagdad. Allá, otra gente expulsada de sus casas ya estaban compartiendo el espacio con colchones regalados.
Mientras la violencia sectaria se ha desatado desde el atentado con bomba la semana pasada contra un santuario chií en Samarra, las familias se han convertido en símbolos de una tendencia emergente en Iraq: la expulsión de chiíes de ciudades sunníes.
Ahora, mortíferos ataques -muchos de ellos aparentemente en venganza por agresiones sectarias- el martes acabaron con la vida de 66 personas, de acuerdo a la policía iraquí. La decisión de imponer un toque de queda en Bagdad el lunes pareció abrir el camino para la reanudación de los atentados con bomba, incluyendo explosiones en tres mezquitas chiíes que mataron al menos a 19 personas. Otras de las víctimas incluyeron a 23 personas, matadas por un terrorista suicida en Bagdad mientras hacían la cola para comprar queroseno; cinco soldados iraquíes murieron en la explosión de un coche-bomba en el distrito de Zayona de la capital; y un soldado norteamericano murió atacado con fuego de armas pequeñas al oeste de la capital, dijeron autoridades y agencias de prensa.
Los ataques contra santuarios chiíes y sunníes habían sido raros en Iraq hasta el miércoles pasado, cuando terroristas hicieron volar el tejado dorado de un santuario en Samarra, una ciudad preponderantemente sunní a 105 kilómetros al norte de Bagdad. El atentado desencadenó lo que mucha gente aquí pensó que nunca pasaría: una guerra religiosa en Iraq.
"Uno de esos hombres me dijo: ‘Ustedes la empezaron, quemando nuestras mezquitas y matando a nuestra gente’", dijo el sobrino de Rashid, acuclillado junto a otros hombres de las familias desplazadas. En torno a ellos, mujeres envueltas en telas negras bebían té y los niños dormían o jugaban.
Al menos 58 familias chiíes desplazadas han llegado a Shoula desde fines de la semana pasada, dijo Raad al-Husseini, un clérigo que está ayudando a las familias.
Husseini dijo que la organización de Moqtada al-Sáder, un declarado clérigo chií y una creciente fuerza política en Iraq -junto con gente del barrio-, han ayudado a los refugiados trayéndoles mantas, ropa, utensilios de cocina y arroz.
Husseini dijo que no conocía el número total de gente desplazada en Shoula, pero Rashid, el jornalero, dijo que había dejado el pueblo unas 200 personas.
Muchos de los recién llegados se han instalado con parientes e incluso con desconocidos. Rashid dijo que otros habían decidido seguir caminando, para llegar a algunas ciudades chiíes en el sur, donde podrían encontrar seguridad viviendo entre gente de su propia secta.
En un cuarto del centro juvenil, los voluntarios plegaron una mesa de ping-pong y barrieron el suelo para instalar a la familia de refugiados más recientes, la de Rahim Abood Sahan, 60. Llegaron después de una caminata de tres días -caminando de día, refugiándose en casa de desconocidos por la noche- desde la aldea de Haswah, al sur de Bagdad.
Como Rashid, Sahan fue sacado de su casa cuando unos hombres que no conocía golpearon a la puerta de casa con el mensaje: Tenéis dos días para marcharos, de otro modo os mataremos.
La única posesión que trajo consigo Sahan estaba enrollada en su antebrazo: su chaqueta gris.
Cuando la familia de Sahan llegó a Bagdad el martes, otros vecinos que habían hecho el viaje por coche les dijeron que al menos una familia chií que ignoró la advertencia había sido asesinada, dijo Sahan.
Temiendo correr la misma suerte, nueve familias chiíes de Faluya, a 56 kilómetros al oeste de Bagdad, estaban haciendo las maletas el martes tarde.
"Hombres armados dejaron una carta con amenazas en la puerta de mi casa", dijo Hussein Mohammed Ali, mientras cargaba su furgoneta.
Funcionarios de la ciudad de Faluya habían prometido que agentes de policía patrullarían cerca de las familias amenazadas. Pero las familias "insistieron en marcharse, temiendo que mataran a sus hijos cuando fueran a la escuela", dijo Khalaf Daham, director interino del consejo municipal de Faluya.
Jeques sunníes de Faluya también habían prometido proteger a los vecinos chiíes, dijo Ibrahi, Awwad, el jeque jefe de la tribu sunní de Albu Issa. "Pero tenían dudas de nuestra capacidad de defenderlos y decidieron marcharse", dijo Awwad.

1 de marzo de 2006

©washington post
©traducción mQh

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cómo sería la guerra civil


[Steven R. Weisman] Las perspectivas son terribles y un peligro serio es una guerra que se extienda por todo Oriente Medio.
Washington, Estados Unidos. Dos días de violencia callejera la semana pasada tras el atentado contra un venerado santuario no solamente empeoró los odios confesionales de Iraq. Como una experiencia cercana a la muerte, la carnicería parece haber provocado en líderes chiíes y sunníes una nueva comprensión de lo que significaría una guerra civil, y nuevos esfuerzos para evitarla.
Pero ¿qué ocurrirá si esos esfuerzos -y los desesperados esfuerzos de los estadounidenses- resultan incapaces de impedir una guerra declarada?
¿Qué si, como dijo Abraham Lincoln sobre la prueba más dura de Estados Unidos: ‘Todos la temíamos, todos tratamos de impedirla... Pero la guerra llegó’".
El mayor temor de los políticos en todo Oriente Medio es que en una guerra civil sin restricciones, si alguna vez ocurre, daría nacimiento no solamente a enclaves guerreros sunníes, chiíes y kurdos dentro de Iraq, sino que la violencia también se extendería de modo imprevisible en toda la región.
Algunos expertos han pedido una disolución negociada de Iraq entre los tres sectores étnicos y religiosos más importantes. Pero con un rompimiento violento no sería fácil mantener la estabilidad.
Podría incitar conflictos confesionales en países vecinos y, todavía peor, empujar a esos países a tomar partido en Iraq mismo. Irán se aliaría con los chiíes. Ya se ha aliado con las milicias chiíes más importantes, algunos de cuyos miembros están implicados en ataques indiscriminados de venganza contra los sunníes después del atentado con bomba contra un santuario chií la semana pasada.
Y los países sunníes, como Arabia Saudí, Jordania y Kuwait se sentirían obligados a defender a los sunníes o quizás a crear estados amortiguadores para sí mismos a lo largo de las fronteras iraquíes. Turquía podría también sentirse compelida a intervenir, para proteger a la minoría turcomana de un estado kurdo en el norte.
Si Iraq fuera a hundirse más profundamente en ese tipo de conflicto, Bagdad y otras ciudades se convertirían en calderas de limpieza étnica, llevando la violencia de una región a otra. Las poblaciones chiíes del Líbano, Kuwait y especialmente Arabia Saudí, donde los chiíes viven en la región oriental rica en petróleo, podría rebelarse fácilmente. Semejante conflicto regional podría tomar años y podría forzar una reformulación de los límites que, por otro lado, tienen menos de cien años de antigüedad.
"Una guerra civil en Iraq sería un tipo de terremoto que afectaría a todo Oriente Medio", dijo Terje Roed-Larsen, el enviado especial de Naciones Unidas ante el Líbano y anteriormente para el conflicto palestino-israelí. "Profundizaría escisiones existentes y crearía nuevas en una parte del planeta que ya es extremadamente frágil y extremadamente peligrosa. No estoy prediciendo que ocurra, pero es un escenario plausible".
Una primera pregunta para Estados Unidos es si un colapso general del orden hace parte del futuro previsible, qué hará con sus 130 mil soldados en Iraq.
"Probablemente tendríamos que apartarnos del camino", dijo Larry Diamond, que asesoró la ocupación estadounidense en Bagdad en 2004 y está ahora en la Hoover Institution de la Universidad de Stanford. "No tendríamos ni de lejos tropas suficientes para sofocar la violencia. Como mínimo, tendríamos que retirarnos a algunas bases militares y tratar de mantener la vida política".
Las guerras civiles modernas se han resuelto a través de negociaciones, pero sólo después de haber sido profundizadas por la intervención de extranjeros. Los conflictos internos en la República Democrática del Congo a fines de los años noventa condujo a la intervención de tropas de Ruanda, Uganda, Angola, Zimbabue y Namibia. Las guerras en los Balcanes estallaron después de la disolución de Yugoslavia antes en esa década, primero en Bosnia y más tarde en Kosovo. Los acuerdos de repartición del poder que fueron elaborados por la OTAN siguen siendo precarios, y son respaldados por tropas de la OTAN.
En sucesos más cercanos a Iraq, más que 15 años de guerra civil en el Líbano terminaron cuando tropas sirias tomaron el papel de implementar un peculiar acuerdo que reparte ciertas funciones importantes entre los grupos confesionales del país. Al principio, inclusive Occidente acogió a los sirios como un factor de estabilidad -hasta el año pasado, cuando se retiraron tras presiones europeas y estadounidenses.

Pero Iraq representa una amenaza que hace parecer pequeños esos problemas. El pivote de lo que podría ser una guerra regional es ciertamente Irán. Líderes chiíes cercanos a Irán ganaron las elecciones iraquíes de diciembre, y aunque los estadounidenses y muchos líderes iraquíes defienden de buena fe a los nacionalistas iraquíes, una guerra civil ciertamente los empujaría a buscar ayuda en Irán. Eso despierta los temores sunníes de una dominación iraní de la región.
"Lo que pasa en Iraq no es solamente una sociedad que se está desmoronando como Yugoslavia o el Congo", dijo Vali R. Nasr, profesor de asuntos nacionales en ls Escuela Naval de Posgrado de Monterey, California. "Lo que está en juego no es solamente la estabilidad de Iraq, sino el equilibrio de poder en la región".
Historiadores que estudian esas perspectivas verían una repetición de la división chií-sunní que ha sacudido a Oriente Medio desde el siglo 8, y se extendió durante los imperios rivales de Safavid y otomano en la Mesopotamia moderna y finalmente en la guerra de Irán-Iraq en los años ochenta. Esta vez, sin embargo, las ambiciones nucleares de Irán podrían acelerar una carrera por las armas nucleares, y es probable que Arabia Saudí alumbre el camino de los países sunníes.
Mientras la secretario de estado Condoleezza Rice ha proclamado que el mundo ha aislado a Irán más que nunca debido a sus ambiciones nucleares, Irán de hecho ha fortalecido sus relaciones con sus aliados locales a medida que se desarrollan los acontecimientos en Iraq. En los últimos meses, Irán ha estado profundizando su alianza con Siria y el movimiento chií Hezbollah en el Líbano, y ahora parece dispuesto a trabar amistad, respaldado por su financiamiento, con la Autoridad Palestina de Hamas.
Sin embargo, algunos expertos dicen que Irán puede entender los peligros de una guerra. Incluso la denuncia del presidente Mahmoud Ahmadinejad del atentado contra un santuario chií en Samarra la semana pasada, por el que acusó a los sionistas antes que a los sunníes, puede ser vista como un acto de restricción, dicen los expertos -un esfuerzo por respetar la indignación chií sin avivar las llamas entre las comunidades musulmanas de Iraq.
Cualquiera que sea el papel que juegue Irán, muchos expertos ven otro peligro en una guerra civil en la que las tropas americanas estarían obligadas a quedarse a un lado en las aireadas áreas sunníes de Iraq. Esas áreas se convertirían casi ciertamente en refugios de grupos terroristas, representando una amenaza de largo plazo para otros países árabes y Occidente, especialmente con Estados Unidos e Israel.
"Puedes estar seguro de que al Qaeda abrirá tienda en las áreas sunníes, tal como lo hizo en la guerra civil afgana", dijo Kenneth M. Pollack, director de investigación del Centro Saban de la Brookings Institution.
Pollack advierte que una guerra civil sería especialmente dolorosa para los chiíes. No hay razón, dice, para asumir que ellos no pelearán entre ellos. Los tres principales movimientos chiíes tienen milicias. A veces han chocado. Irán, dijo, podría evitar una fragmentación violenta de acuerdo a ese escenario.
"La primera cosa que verías en una guerra civil en Iraq es una guerra civil entre chiíes", dijo Pollakc. "Hay miles de milicias chiíes que pelearían unas contra otras, fragmentando incluso el sur de Iraq".
No todos los expertos en Iraq piensan que el estallido de una guerra civil necesariamente implique la intervención de países extranjeros. Los turcos, por ejemplo, podrían estar tentados de intervenir, especialmente si se estableciera un estado kurdo en el norte, tentando a los kurdos a rebelarse en el este de Turquía. Pero Turquía tampoco querría alienarse a los miembros de la Unión Europea, a la que está tratando desesperadamente de integrarse, de acuerdo a Morton Abramowitz, un antiguo diplomático que es ahora investigador de la Century Foundation. "A los turcos no les gusta lo que está pasando, pero son prudentes", dijo.
Otra alternativa posible ante una enorme intervención del exterior podría presentarse bajo la forma de un esfuerzo regional organizado, respaldado por Naciones Unidas o europeos, para negociar una solución política. O los estados sunníes, a través de una organización como la Liga Árabe, podrían tratar de enviar una fuerza internacional para estabilizar el país.
Analizando todas las pesadillescas posibilidades en una entrevista a fines de la semana pasada, Zalmay Khalilzad, el embajador de Estados Unidos en Iraq, dijo: "Esos son problemas en los que deberían estar pensando algunas personas, pero no creo que vayamos en esa dirección. Los líderes de Iraq saben que estuvieron al borde de eso con el atentado contra el santuario, y como resultado ha habido una evolución desde sus posiciones. Simplemente no creo que los dirigentes de Iraq quieran una guerra civil".
Sin embargo, Lincoln dijo en retrospectiva que tener líderes que no quieran la guerra no es suficiente -que el problema es si hay cosas que quieran más que la guerra, y si están dispuestos a aceptar la guerra para obtenerlas. En Iraq, parece, esto también determinará si los líderes algún día dirán con satisfacción que se alejaron del abismo o, tristemente, como Lincoln, "pero la guerra llegó".

26 de febrero de 2006

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al borde del abismo


[Megan K. Stack] Cualquier incidente mayor podría ser el detonante de la guerra civil.
Bagdad, Iraq. Cuando el crepúsculo se hizo más denso en el vecindario sunní de Amariya, un grupo de hombres formaron una fila frente a unaa pequeña panadería, esperando su turno para comprar pan. Estaban ansiosos; los minutos parecían alargarse.
Nadie quiere estar demasiado tiempo en la calle. El excepcional toque de queda diurno, que tiene la intención de ahogar los sangrientos enfrentamientos entre chiíes y sunníes, ha sido levantado durante algunas horas, y los hombres se han aventurado fuera a la búsqueda de alimentos.
"Para nosotros, estar parados aquí es muy peligroso", murmuró uno de ellos. Parecía estar en sus cuarenta; en su pelo apenas se veían unos pocos brotes canos. Los otros observaban la calle, escudriñando los coches que pasaban.
El devastador atentado de esta semana contra uno de los sitios más sagrados del islam chií, ha provocado una crisis de conflicto confesional y parálisis política. En todo Iraq, el viernes se vieron viñetas de ansiedad a medida que los funcionarios luchaban por sofocar una salvaje ola de asesinatos y ataques contra mezquitas.
Los ataques sectarios han obligado al público a considerar la posibilidad -o la probabilidad, dicen muchos iraquíes- de que estén al borde de una guerra civil. Muchos temen que pueda ser todavía más sangrienta y desoladora que la guerra que ha sacudido a este país desde que fuera invadido por Estados Unidos en 2003.
"Mi familia y yo estamos viviendo con miedo y angustia", dijo Abu Tamam, uno de un puñado de tenderos que abrieron en Arasat, un vecindario mixto chií-sunní, en la capital. Los líderes religiosos "están contra la violencia. Pero las pasiones y los sentimientos enardecidos explotan, la gente pierde el control y el equilibrio".
Las calles de Bagdad se veían el viernes atoradas de puestos de control, lo que daba a los barrios el aire de estar sitiados. Milicianos armados se movían de un lado a otro en los tejados de las mezquitas en la tarde inquietantemente tranquila.
Cuando dieron las cuatro, la gente salió a toda prisa de sus casas, compraron pan y carne y regresaron a sus casas apresuradamente a medida que la oscuridad caía sobre la ciudad. El toque de queda se reanudaba a las ocho de la tarde, y se esperaba que durara al menos hasta esta noche. Sólo unas pocas tiendas se dieron la molestia de abrir sus puertas, y los tenderos se movían rápidamente, sus caras con expresiones de sombría desazón.
"Esto definitivamente va a iniciar una guerra civil", dijo Maye Salih Abbassi, una chií de 38 años que estudió francés en la universidad y ahora se queda en casa en Bagdad. "Lo único que nos queda por hacer es salir a violar mujeres, secuestrar niños y matar a los hombres".
Nerviosamente, Abbassi pensó en sus palabras.
"Espero que los rebeldes no me oigan y empiecen a hacerlo", dijo. "Me sentiría culpable de haberles puesto sobre la idea".
No es infrecuente oír a iraquíes hablar de la guerra civil como si fuera inevitable, como si las únicas preguntas que vale la pena preguntar son cuándo comenzará, qué la provocará -o si algún día la mirarán retrospectivamente y se darán cuenta de que esta guerra civil, esta ambigua amenaza, ya estaba en camino cuando hicieron volar la Mezquita Dorada de Samarra.
Otros no quieren hablar sobre el tema en absoluto, huyendo de la mera mención de "guerra civil", como si evitando el pensamiento pudieran eludirla en la realidad. Y hay muchos iraquíes que creen que su país todavía puede evitar un conflicto declarado. Pero discretamente, la gente está empezando a pensar en cómo se desarrollará.
"Nunca tuvimos una experiencia así antes", dijo Qassim Rubaii, 49, chií y vendedor. "Yo mismo no me puedo imaginar matando a un sunní, o imaginar que un sunní me mate a mí".
"Mi hija está casada con un sunní", dijo. "¿Eso quiere decir que tengo que pelearme con él?"
La sensación de un endurecimiento de la identidad empieza a invadir las calles de Iraq; un tono de despecho en el modo en que sunníes y chiíes hablan ahora unos de otros. Muchos exhiben una nueva amargura sobre las injusticias cometidas por la otra secta. A pesar de llamados a la calma hechos por clérigos y líderes políticos, las pasiones religiosas están ardiendo.
"Mi padre es sunní y mi madre, chií. Nunca supe la diferencia entre estos grupos hasta que empezó la ocupación", dijo Umar Kahtan, 19, estudiante de la secundaria que estaba con otro hombre en las calles del barrio de clase media de Karada.
Pero ahora, dijo, "hay gente que puede matar porque su nombre es Umar o Ali... Los políticos no están haciendo lo suficiente para proteger los sitios religiosos. Ni siquiera se pueden proteger a sí mismos".
La división entre las dos sectas se remonta varios siglos a los primeros días del islam. Pero en el Iraq de hoy, la división tiene una nueva relevancia -y la sensación de injusticia se ve agravada con cada nuevo asesinato, momento de temor o imagen de una mezquita envuelta por las llamas.
"Como sunní, me siento muy oprimido. He perdido todos mis derechos y me veo como víctima", dijo Qussay Emir, 33, abogado, que vive en la diversa ciudad de Mosul. "Cuando oigo hablar de mezquitas sunníes que son quemadas de esta manera, mi corazón se rompe. Es algo que nunca podré olvidar, ni perdonar".
Muchos iraquíes todavía se aferran a la marchitada ilusión de que viven en un país sin distinciones religiosas. Y sin embargo la sensación cada vez más dominante de que las divisiones confesionales lo dominan todo, se deja ver en las pequeñas cosas que dicen: "Están matando a mi gente", dijo Issam Alrawi, un profesor sunní de la Universidad de Bagdad. "Ahora soy como la mitad de un pájaro muerto".
O Jalal Abdalhasan Farhoud Saadi, 38, taxista, en Basra, la ciudad en el sur. Un chií envuelto en una larga túnica negra, Saadi fue cuidadosa en señalar que no tiene nada contra sus vecinos sunníes -eso es, no los vecinos de al lado, por lo menos.
"No quiero ser grosero con los sunníes de Basra", dijo, con un deje de orgullo por la ciudad natal. "Quiero decir, los sunníes del oeste, que nos odian y consideran infieles, no musulmanes".
Continuó diciendo que el incendio de las mezquitas era un error, "porque son para Dios, no para los sunníes".
Pero los políticos sunníes quieren ser "los reyes de Iraq", se quejó. Y si se vuelve a atacar otro santuario chií, advirtió, "nos veremos obligados a luchar contra los sunníes en todas partes para salvar nuestros templos".
Hekmat Zaidi, abogado sunní, se quedó en casa todo el viernes en la inquieta ciudad de Baqubah, prohibiendo a sus hijos que salieran de casa. Está profundamente preocupado, decepcionado del naciente gobierno iraquí -particularmente del ministerio del Interior, que es visto ampliamente por los sunníes como dominado por los chiíes.
"Su rendimiento es muy pobre, y creo que si sigue así, finalmente habrá una guerra civil", dijo, por teléfono.
"Estuvieron mirando toda esta violencia y la quema de las mezquitas y no hicieron nada. De cualquier modo, los iraquíes serán los únicos perdedores".

Suhail Ahmad y Caesar Ahmed yAsmaa Waguih and Shamil Aziz en Bagdad y en Basra contribuyeron a este reportaje.

26 de febrero de 2006

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ministro dirige escuadrón de la muerte


[Solomon Moore] Según declaraciones de policías detenidos. Oficiales estadounidenses dicen que sospechan que la policía de tráfico de Iraq, compuesta en gran parte por chiíes, está profundamente implicada en torturas y asesinatos.
Bagdad, Iraq. Un cuerpo de la policía iraquí de 1500 hombres, con estrechos lazos con milicias chiíes, ha emergido como uno de los escuadrones de la muerte que operan dentro del ministerio del Interior iraquí.
La patrulla nacional de carreteras de Iraq fue fundada en gran parte para hacer frente a los ataques de los insurgentes en las calles. Pero oficiales militares estadounidenses, entrevistados en el curso de los últimos días, dicen que sospechan que la patrulla está profundamente involucrada en detenciones ilegales, torturas y asesinatos extrajudiciales. Los oficiales dijeron que en los últimos meses Estados Unidos ha retirado de manera substancial el apoyo financiero y la asesoría a la patrulla, en un intento por distanciar las campañas de adiestramiento estadounidense de lo que consideran es una fuerza renegada.
"No los adiestramos, no les damos equipos, no hacemos patrullas con ellos. Es gente mala, criminales", dijo un oficial militar estadounidense de alto rango que asesora al ministerio del Interior. El oficial fue uno de los tres funcionarios que habló a condición de conservar el asesinato, diciendo que querían mantener las relaciones con oficiales de la policía iraquí y evitar la venganza de sus superiores en las fuerzas armadas estadounidenses.
El mes pasado soldados del ejército iraquí hicieron parar a un escuadrón de 22 agentes uniformados de la policía de carreteras en un puesto de control nocturno al norte de Bagdad, y descubrieron a un hombre en su custodia que les dijo que la policía planeaba matarlo. Sus temores fueron confirmados por confesiones de agentes del escuadrón, dijeron asesores estadounidenses.
Los oficiales estadounidenses han llamado 2006 el "año de la policía" y han colocado un renovado énfasis en el adiestramiento de agentes. El gobierno de Bush ha dicho repetidas veces que el desarrollo de las fuerzas de seguridad de Iraq debe ocurrir antes de que pueda comenzar la retirada de tropas estadounidenses.
Los militares norteamericanos trabajan estrechamente con unidades del ejército iraquí, realizando operaciones conjuntas y compartiendo el espacio en algunas bases militares. En contraste, las fuerzas policiales se han desarrollado de manera más independiente en aproximadamente 11 mil comisarías y puestos en todo el país.
El resultado es una variopinta conglomeración de agencias dependientes del ministerio del Interior con jurisdicciones yuxtapuestas y funciones pobremente definidas.
"Está el servicio de protección de instalaciones, las brigadas del orden público, los comandos, la patrulla de tráfico, la policía regular, la policía de carreteras, los agentes patrulleros", dijo un segundo oficial norteamericano.
"¿Quién sabe quiénes son? Nadie los controla, excepto el ministro", dijo el oficial, refiriéndose al ministro del Interior, Bayan Jabr.
Jabr, un chií con estrechos vínculos con la Brigada Báder, un grupo paramilitar, ha sido el blanco de las acusaciones de maltratos en las fuerzas de seguridad iraquíes. El ministro se hizo más notorio el año pasado cuando empezaron a aparecer los cuerpos de cientos de hombres, la mayoría de ellos árabes sunníes, en plantas de tratamiento de aguas, vertederos y barrancos en el desierto. La mayoría de los cuerpos presentaban signos de tortura y parecían haber sido ejecutados. Muchas familias de los difuntos dijeron que sus familiares habían sido vistos por última vez en la parte de atrás de vehículos policiales.
Los chiíes, que constituyen un 60 por ciento de la población iraquí, fueron duramente reprimidos durante el régimen de Saddam Hussein, que favorecía a la minoría sunní. Los chiíes llegaron al poder en las secuelas de la invasión norteamericana en marzo de 2003. La resistencia dirigida por los sunníes ha llevado a cabo una campaña de atentados con bomba y asesinatos contra el gobierno.
En los últimos dos años las milicias chiíes dentro de las fuerzas de seguridad de Iraq han sido acusadas de montar represalias por los atentados sunníes. Importantes figuras sunníes han culpado de las represalias a Jabr. Los partidos políticos sunníes han convertido su remoción del cargo en un tema clave de las negociaciones sobre si tomarán o no parte en un gobierno chií.
En una entrevista reciente, el general de división del ejército Joseph Peterson, que dirige la campaña de varios millares de dólares para adiestrar y equipar a las fuerzas policiales iraquíes, defendió enérgicamente al ministro y dijo que se sentía animado por el juramento de Jabr de investigar completamente los casos de abusos.
"Los escuadrones de la muerte son un problema real", dijo Peterson. "Pero puedo decirles que hemos capturado nuestro primer escuadrón de la muerte", dijo, refiriéndose a la unidad que fue aprehendida el mes pasado. "El ministro del Interior está eufórico de que los hayamos capturado", agregó.
Peterson dijo que funcionarios estadounidenses y del ministerio del Interior estaban investigando la patrulla de carreteras para determinar "de dónde venían estos tipos y cómo se habían organizado y quién los dirigía y cuál era su propósito".
El general de división del ejército Rick Lynch, un portavoz militar estadounidense, dijo que el ministerio del Interior estaba dirigiendo la investigación sobre el escuadrón de la muerte.
Ali Hussein Kamal, el jefe de inteligencia del ministerio del Interior, dijo en una entrevista el domingo que los investigados también estaban tratando de determinar si el general iraquí a cargo de la patrulla de carreteras estaba implicado en el escuadrón.
"Si descubrimos que estas acusaciones de que está implicado son verdaderas, tomaremos medidas muy severas contra él", dijo Kamal. "Pero hablando en general, los oficiales de alto nivel son normalmente ignorantes de lo que hacen sus oficiales de rango más bajo".
Personal de Estados Unidos que han estado adiestrando a agentes de policía iraquí dijeron que habían sospechado desde hacía tiempo de realizar allanamientos ilegales y asesinatos, pero tenía poca supervisión del cuerpo.
Los agentes de la patrulla de carreteras, de uniforme negro, asisten rara vez a las academias de policía financiadas por Estados Unidos destinadas a mejorar el profesionalismo y la conciencia sobre derechos humanos dentro de las fuerzas de seguridad iraquíes, dijeron asesores de la policía, y se han negado a compartir información sobre sus actividades.
Asesores policiales estadounidenses dijeron que la patrulla de carreteras estaba formada casi enteramente por chiíes e incluía un núcleo de unos 400 a 800 miembros de las milicias de Báder, que componen las patrullas de la Cuarta Compañía, que fue creada el año pasado.
"La 4ª Compañía está llena de gente con lazos poco convencionales con la milicia", dijo un oficial americano que asesora al ministerio del Interior. "Los apoya el ministro Jabr. El general a cargo de la patrulla de carreteras les ha prestado todo su apoyo".
Después de que el escuadrón de la muerte fuera parado el mes pasado, asesores policiales estadounidenses dijeron que cuatro miembros del escuadrón confesaron varios crímenes sectarios.
Los agentes de la patrulla de carreteras fueron interrogados sobre de quién recibían órdenes, dijo un tercer oficial estadounidense que está involucrado en el adiestramiento de tropas iraquíes y tiene conocimiento de los interrogatorios del escuadrón de la muerte. "Y nos dijeron que recibían órdenes de Jabr". El resto del escuadrón ha sido dejado en libertad.
Los líderes árabes sunníes se quejan de que una investigación anterior sobre los abusos todavía debe mostrar sus resultados.
En noviembre una unidad del ejército norteamericano descubrió un centro de detención e instalación de torturas clandestino dirigido por agentes de policía asociados a la milicia Báder. En total había 169 personas detenidas en la prisión secreta, y las fotos mostraban que algunos reclusos habían sido severamente golpeados y mal alimentados.
Javr juró investigar el origen del recinto de detención y la posible existencia de otras prisiones secretas, incluso cuando dudaba que se hubiesen cometido abusos en ellas.
"Sí, había signos de tortura... pero no ha habido asesinatos ni decapitaciones, como dijeron algunos", dijo Jabr a periodistas en noviembre.
Pero los reclusos en el búnker compilaron una lista de 18 detenidos que dijeron que había sido torturados hasta su muerte.
Dos funcionarios de la embajada norteamericana dijeron que las autoridades iraquíes estaban realizando visitas a cárceles del ministerio del Interior, pero se negaron a brindar detalles sobre esas instalaciones.
Kamal, el jefe de inteligencia del ministerio, dijo sobre la pesquisa que "todavía estamos investigando, pero es mejor que lo hagamos discretamente, sin la prensa".
Peterson, el oficial estadounidense a cargo del adiestramiento de la policía iraquí dijo que de momento no se han descubierto otras cárceles clandestinas. Oficiales estadounidenses estaban tratando de ayudar al ministerio del Interior a centralizar y actualizar su sistema de detenciones, dijo, de modo que fuera transparente y aceptable en términos internacionales.
"He visto los informes que dicen que hay cárceles secretas", dijo Peterson. "¿Pero dónde están? Nosotros no las hemos encontrado. Hemos salido a controlar. ¿Existen? Bueno, el búnker existía, así que sí, existen. ¿Y está el ministerio tratando de descubrir estas cosas? Bueno, sí, lo está intentando".

21 de febrero de 2006

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nuevas imágenes de torturas


[Ed Jonhson] Canal de televisión australiano defiende transmisión.
Sidney, Australia. Un canal de televisión australiana defendió el jueves la transmisión de imágenes explícitas de maltratos en la cárcel de Abu Ghraib, ante la preocupación estadounidense de que las fotografías puedan aumentar los sentimientos anti-norteamericanos en Oriente Medio y poner en peligro la vida de soldados estadounidenses.
Mike Carey, productor del programa ‘Dateline’, de Special Broadcasting Services SBS, dijo que las imágenes parecen mostrar nuevos casos de malos tratos que podrían gatillar una nueva investigación de las autoridades estadounidenses.
"Es un muy importante en términos de la seriedad de los maltratos. Agrega un montón a lo que ya sabíamos que estaba ocurriendo allá", dijo Carey a la AP.
Muchas de las imágenes transmitidas el miércoles por la SBS eran más explícitas que las fotos publicadas en 2004 que causaron indignación en todo el mundo y condujo al enjuiciamiento de varios soldados estadounidenses.
Un video mostraba a un grupo de hombres desnudos con bolsas en sus cabezas parados juntos y masturbándose. El canal dijo que los prisioneros eran obligados a participar. Otros imágenes mostradas muestran lo que parecen ser personas heridas y el cadáver de un hombre que la SBS dijo que fue asesinado durante un interrogatorio de la CIA. La SBS se ha negado a decir cómo consiguió las fotografías, y no se pudo verificar su autenticidad.
Después de su transmisión, el portavoz del ministerio de Defensa norteamericano, Bryan Whitman dijo que las imágenes eran parte del material que ya había sido investigado por las autoridades estadounidenses. Nueve soldados americanos fueron condenados por los maltratos y condenados a penas que van desde el licenciamiento del ejército a diez años de prisión.
Whitman dijo que más de 35 personas han sido responsabilizadas por actos delictivos y "otras fallas" en Abu Ghraib.
Carey concedió que muchas de los cientos de fotografías en poder de la SBS fueron tomadas al mismo tiempo que las fotos publicadas anteriormente que mostraban a prisioneros desnudos apilados en una pirámide humana y que están siendo amenazados por perros guardianes, así como un hombre encapuchado parado junto a un cajón con electrodos conectados a sus dedos.
Pero dijo que muchas de esas imágenes -tales como las fotos de detenidos muertos- planteaban muchas preguntas nuevas sobre lo que ocurrió en la infame cárcel de Bagdad. Pero puso en duda que se hubiesen investigado todos los incidentes de maltratos descritos en las fotos.
"Quizás el Pentágono los ha investigado todos, pero lo cierto es que, por lo que yo sé, no los ha explicado todos al pueblo americano", dijo a la AP. "Teníamos la responsabilidad de transmitirlas... Es un asunto que tiene que ver con la libertad de expresión".
Funcionarios en Iraq y Estados Unidos han expresado preocupación de que las imágenes puedan inflamar a un público ya indignado por el video que muestra a unos soldados británicos golpeando a jóvenes iraquíes en el sur de Iraq.
En Bagdad, el primer ministro de Iraq condenó las últimas imágenes de maltratos. "El gobierno iraquí condena la práctica de la tortura revelada en las fotografías que muestran a prisioneros iraquíes torturados", dice una declaración emitida por el despacho del primer ministro Ibrahim al-Jaafari.
Las imágenes de los maltratos fueron ampliados tratadas en las páginas de noticias en todo Asia, aunque la reacción oficial a su transmisión fue apagada. La indignación en los países musulmanes en Asia siguió concentrada en la publicación de las caricaturas del profeta Mahoma, con continuas demostraciones en Pakistán y más denuncias de funcionarios en Malasia.
El primer ministro australiano, John Howard, dijo el jueves que la SBS tenía el derecho a decidir sobre la transmisión de las imágenes, pero sugirió que si las fotos mostraban actos que ya habían sido revelados y llevados a juicio, no había razón para publicarlas.
Howard, un decidido aliado del presidente Bush en la guerra de Iraq, defendió los esfuerzos de Estados Unidos para castigar a los responsables de los abusos pasados en Abu Ghraib.
"Después de todo, somos una democracia", dijo Howard, admitiendo que "una vez que un periodista obtiene fotos de ese tipo, la realidad es que las va a publicar".
El Partido del Trabajo de oposición australiana dijo que era fundamental determinar si los maltratos mostrados en las imágenes recién publicadas habían sido cometidos por mismos culpables que habían sido castigados o si eran otros hechores que debían ser enjuiciados.
"Una de nuestras armas más fuertes en la lucha contra el terrorismo es nuestro compromiso a mantener el imperio de la ley", dijo el portavoz de Defensa laborista, Robert McLelland.
Dijo que el ejército de Estados Unidos debe realizar una nueva investigación e instó a Howard a tocar el tema ante Washington.
Australia tiene unos 1320 soldados en Iraq y en Oriente Medio. A pesar de una generalizada oposición pública a la guerra, Howard se ha negado repetidas veces a fijar una fecha para la retirada de las tropas australianas en Iraq.

16 de febrero de 2006

©chicago tribune

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