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ex ministro iraquí era espía francés


[Walter Pincus] También trabajó con la CIA.
El último ministro de asuntos exteriores del depuesto presidente iraquí, Saddam Hussein, Naj Sabri, era un espía pagado del servicio de inteligencia francés, que fue más tarde entregado a la CIA para que entregara información sobre Iraq y sus programas de armas químicas, biológicas y nucleares, más de seis meses antes de la invasión en marzo de 2003, de acuerdo a ex funcionarios de la inteligencia.
Aunque algunos funcionarios de la CIA se reunieron informalmente con Sabri, que viajaba extensamente fuera de Iraq, los franceses y la CIA utilizaron un tercer país como intermediario cuando intentaron obtener información sobre el círculo íntimo de Hussein y sobre los programas de armas, de acuerdo a funcionarios jubilados que se negaron a ser identificados debido a que la información es clasificada.
"Nunca tuvimos claro qué quería", dijo un ex funcionario familiarizado con la situación de Sabri, "pero nunca le pagamos". El papel de Sabri en cuanto a la información que entregó a Estados Unidos fue comentado el martes en el telediario de la NBC.
En el verano de 2002, Sabri, como ministro de exteriores, negoció las condiciones para el retorno de los inspectores de la ONU a Iraq, y en noviembre de 2002 anunció la aceptación de Hussein de esas propuestas.
Públicamente, Sabri insistía en que Iraq no poseía armas de destrucción masiva prohibidas. En privado, dijeron las fuentes, proporcionaba información de que el dictador iraquí tenía ambiciones de montar un programa nuclear pero que no estaba activado, y que no se estaban produciendo ni almacenando armas biológicas, aunque se seguía investigando.
En cuanto a las armas químicas, Sabri dijo a su enlace que existían algunas, pero que no estaban bajo control militar, según un ex funcionario del servicio secreto familiarizado con la situación. Otro ex funcionario dijo: "Dijo que le habían contado que Hussein las había dispersado entre algunas de las tribus leales".
En esa época, el gobierno de Bush estaba preparando la invasión de Iraq e insistiendo públicamente en que Hussein había reconstituido sus programas nucleares y que estaba ocultando a los inspectores de Naciones Unidas tanto armas químicas como biológicas, en violación de resoluciones del Consejo de Seguridad. La Casa Blanca, que estaba tratando de obtener la aprobación del Congreso que permitiría el uso de la fuerza contra Iraq, esperaba que Sabri desertara, dijeron los dos ex funcionarios.
"Querían una gran deserción pública, que habría sido buena para nuestras intenciones", dijo un funcionario. Pero Sabri proviene de una prominente familia iraquí y la deserción no era una opción, dijo uno de los ex funcionarios.
La Casa Blanca estaba mucho más interesada en que Sabri desertara que en la información que estaba proporcionando sobre los programas de armas de Iraq, en parte porque la comunidad de inteligencia no confiaba en él, dijo otro ex funcionario del servicio secreto.
Sabri asumió su cargo en el otoño de 2001 después de una importante purga en el equipo de relaciones exteriores de Hussein. Diplomático iraquí de origen cristiano, Sabri enseñó literatura inglesa en la Universidad de Bagdad y fue director general del ministerio de información durante la Guerra del Golfo Pérsico. Su hermano fue uno de los funcionarios iraquíes que Hussein mandó a matar acusados de deslealtad.
Sabri fue descrito por un funcionario de Naciones Unidas que tuvo tratos con él, como "inteligente y amable" y como "un tipo que agrada a los occidentales". De acuerdo a un ex agente de la inteligencia, Sabri hacía lo imposible por pasar tiempo con estadounidenses y otros cuando era diplomático en Viena.
En un discurso de febrero de 2004, el entonces director de la CIA, George J. Tenet, se refirió a Sabri, aunque sin mencionar su nombre, cuando dijo que la CIA había obtenido informaciones de una "fuente con acceso directo a Hussein y su círculo íntimo". Tenet dijo que la fuente había dicho de Hussein que estaba buscando un modo de iniciar la construcción de armas nucleares y que había almacenado armas biológicas mientras sus científicos estaban solamente jugando con el desarrollo de armas biológicas, y sin mucho éxito.

23 de marzo de 2006
©washington post
©traducción mQh
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psiques marcadas de iraq


[Jonathan Finer y Omar Fekeiki] Trastornos mentales que nadie trata.
Bagdad, Iraq. Más de 25 años después de que el ascenso al poder de Saddam Hussein anunciara un período de traumas prácticamente ininterrumpido -tres guerras, sanciones económicas paralizantes y ahora una violenta resistencia-, el daño psicológico de muchos iraquíes está recién ahora siendo evaluado, dicen aquí psiquiatras y funcionarios de gobierno.
A medida que en estudios recientes ha empezado a emerger una sombría, aunque incompleta imagen de la salud mental de la población iraquí, también ha surgido la conciencia de que el sistema sanitario del país está mal equipado para hacer frente a lo que son probablemente millones de pacientes psiquiátricos potenciales con afecciones originadas en las penurias de los últimos años.
Un estudio reciente fue ocasionado por uno de los días más negros de reciente memoria del país. El 31 de agosto pasado casi mil peregrinos chiíes murieron -algunos aplastados, otros ahogados- cuando una procesión religiosa en un puente de Bagdad se convirtió en una estampida fatal.
Meses después de que los muertos fueran enterrados y los heridos comenzaran a sanar, un equipo de psiquiatras del ministerio de Salud abrieron un local de ayuda psicológica en Ciudad Sáder, una abarrotada barriada chií de la capital, para evaluar y tratar a las víctimas, testigos y sus familias. Lo que encontraron superaba sus peores temores. Más del noventa por ciento de la gente encuestada sufría de desórdenes psicológicos, incluyendo depresión, insomnio y trastornos de estrés post-traumático.
"La gente que hemos identificado como gente con problemas es apenas la punta del iceberg en términos de la situación de salud mental del país", dice Ali Abdul Razak, 55, que dirige la clínica en una húmeda ala del Hospital Imán Alí de Ciudad Sáder. "Yo no considero que esto sea post-traumático, yo creo que continuamente traumático, porque los traumas que padecen están en curso".
Los recursos para tratamientos son escasos. Sólo unos 75 psiquiatras siguen en el país, que ha sufrido una brutal guerra de ocho años con Irán y dos guerras con Estados Unidos, junto con paralizantes sanciones económicas en los años noventa y la sangrienta resistencia de hoy. Junto a otros profesionales, muchos huyeron para escapar de los secuestros y amenazas de los insurgentes. Como resultado, hay un psiquiatra por cada 30 mil iraquíes, en comparación con uno por cada diez mil estadounidenses. Actualmente no hay psiquiatras de niños en este país de 25 millones de habitantes, dijo Razak.
Este años el ministerio de Salud declaró que la salud mental era una prioridad y abrió dos centros psicológicos en Bagdad (el segundo se encuentra en el principal hospital universitario de la ciudad en el barrio predominantemente sunní de Yarmouk). Además de estudiar a los afectados por el derrumbe del puente, el ministerio ha empezado a recoger datos sobre la población en general.
En una encuesta de unas mil personas seleccionadas aleatoriamente en cinco barrios de Bagdad, terminada este mes por psiquiatras de la Universidad de Mustansariyah de Bagdad, unas 890 contaron haber vivido un episodio violento de primer mano, incluyendo 27 niños de menos de 12 años en la muestra.
Más alarmante aún, de acuerdo a médicos que analizaron los datos, era que la exposición a los traumas ha crecido dramáticamente y se ha convertido en una experiencia normal desde la invasión estadounidense de 2003. La gente en el sondeo recordó 3.504 incidentes entre 1979, cuando Hussein llegó al poder, y 2003. Desde la invasión, recordaron 6.463 incidentes.
En el sondeo, los psiquiatras adaptaron una versión iraquí del Formulario de Traumas de Harvard, una herramienta de investigación utilizada para evaluar la salud mental de los refugiados del sudeste asiático desplazados por la guerra.
Entre las 42 preguntas sí-o-no, a los encuestados iraquíes se les pidió que indicaran si habían sido "oprimidos debido a su etnia, religión o secta", "presenciaron la profanación o destrucción de santuarios religiosos", "presenciaron la ejecución de civiles", habían "sido usadas como escudos humanos", "visto cuerpos en descomposición" o sido "obligados a pagar por una bala para matar a un familiar".
Los que corren los mayores riesgos, dicen los psiquiatras, son los que crecieron en la época de Hussein y no conocen una vida sin traumas.
"Durante más de cuarenta años, todo en nuestro país decía que para ser héroes debías ser violento. La violencia explicaba nuestra supervivencia, con la violencia nos identificábamos con nuestros agresores", dice Muhammad Lafta, asesor nacional de salud mental y psiquiatra del Hospital al-Rashid, uno de los dos hospitales psiquiátricos del país. Bajo Hussein, dijo, los alumnos de las escuelas primarias eran obligados a reunirse al menos una vez a la semana para mirar a sus directores disparar rifles de asalto AK-47 al aire.
El daño causado a Hussein Ali Saoud se refleja en su mirada vacía, y las cicatrices púrpura que desgarran la piel de sus antebrazos. Era soldado para cuando la invasión de 2003, y vio morir a dos de sus compañeros de pelotón por heridas de bala cuando las tropas estadounidenses invadieron Bagdad. Desde entonces, ha buscado alivio tomando drogas y haciéndose tajos en su piel con una hoja de afeitar.
"Me pongo nervioso y empiezo a sentir como si alguien me estuviese sofocando", dijo Saoud, 30, al que fue a visitar su hermano menor en una reciente visita al centro psiquiátrico del Hospital Yarmouk, donde los médicos le diagnosticaron estrés post-traumático. "Me ayuda a relajarme cuando me veo sangrar, aunque sé que es malo".
Asesores internacionales y expertos dicen que el sistema de salud mental de Iraq tiene todavía mucho que aprender, a pesar de los 25 millones de dólares en ayudas, incluyendo una donación de seis millones de dólares del gobierno japonés.
"Es poca cosa, si se tiene en cuenta el alcance del problema. Aquí tenemos niveles de estrés post-traumático probablemente epidémicos", dijo Keith Humphreys, psiquiatra y profesor de la Escuela de Medicina de Stanford, que está ayudando a formar a doctores iraquíes en prácticas modernas. "El sistema sanitario era bastante bueno, incluyendo la salud mental. Pero en los últimos 25 años, hemos sido mantenidos prácticamente aislados. No se nos permitía asistir a congresos ni incluso leer revistas médicas".
Humphreys y otros psiquiatras estadounidenses y europeos han leído conferencias para sus colegas europeos en la región, aunque no en Iraq debido a lo tenue de la situación de seguridad, un hecho que dijo que complica el trabajo de los psiquiatras.
"Lo que ocurre con el trabajo en psiquiatría es que para hacer progresos tienes que tener primero una sociedad que funcione", dijo Humphreys. "Necesitas paz".
Otro obstáculo para el progreso es el fuerte estigma asociado a los tratamientos psiquiátricos en Iraq. "Es inaceptable decir que necesitas ayuda mental, así que tienes a gente que hace citas con cirujanos para decirles que se sienten deprimidos", dijo Lafta.
Muhammed Ata, 44, dijo que había buscado un tratamiento en el centro Yarmoul solamente porque su hermana lo obligó. Era agente de policía cuando, hace tres meses, estaba patrullando el vecindario de Khadra al oeste de Bagdad cuando estallaron un par de bombas improvisadas, matando a dos de sus colegas.
"Busqué a mis amigos: ‘¿Dónde está Ayad? ¿Dónde está Fuad?’ No estaban en ninguna parte. No vi más que un cuello por aquí, una mano más allá", dijo Ata. "Éramos como una familia, los amigos que murieron y yo".
Su hermana Nisreen Ata, que asistió con él a una cita reciente, dijo que él tenía demasiado miedo como para volver al trabajo. "Cuando ve un coche de la policía se pone a tararear", dijo.
La mayoría de los pacientes no son víctimas de violencias, sino testigos de sucesos terribles, dicen los psiquiatras iraquíes.
El hermano mayor de Khadija Murad murió en la guerra Irán-Iraq, meses antes del fin del brutal conflicto que terminó con la vida de casi un millón de personas en los años ochenta. Su casa se convirtió en cenizas en un incendio hace cinco años, quemando todos sus ahorros en la época en que Iraq sufría severas sanciones económicas.
Desde enero pasado, cuando estalló un coche-bomba cerca de una patrulla del ejército iraquí que pasaba frente a su casa, Murad, 40, ha sido incapaz de sacar de su mente las imágenes de humo y gritos y carne chamuscada. Abrumada por las pesadillas y con ideas de suicidio, dijo, hizo el camino hacia el centro psiquiátrico del Hospital Yarmouk.
"Me siento bien de vez en vez, pero siempre vuelve", dijo Murad, aferrándose a su hijito de un año, Hussein, mientras describía sus ataques de depresión y ansiedad que la han llevado a abandonar dos veces a su marido y cuatro hijos y marcharse a vivir con sus padres. "Dejo de comer. Lloro. Sólo quiero dormir y no despertar".
Interrogado sobre cuánto tiempo tomará que la psique del país se recupere del torbellino de los últimos años, Lafta, el psiquiatra del Hospital al-Rashid, predijo "una o más generaciones, desde que termine la guerra".
"El daño se produjo es un largo período de tiempo", dice, "y la curación tomará décadas".

Bassam Sebti y K.I. Ibrahim contribuyeron a este reportaje.

6 de marzo de 2006
©washington post
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bagdad en manos de vigilantes chiíes


[Jeffrey Gettleman] Vigilantes golpean y asesinan a cuatro hombres acusados de ser autores de atentados.
Bagdad, Iraq. El lunes en la mañana vigilantes chiíes cogieron a cuatro hombres a los que acusaron de atentados terroristas, los interrogaron, golpearon, mataron y dejaron sus cuerpos colgados de farolas públicas, dijeron testigos y funcionarios de gobierno.
El gráfico despliegue de justicia callejera fue el primer signo de venganza después de un devastador atentado contra civiles chiíes la noche del domingo, y sólo contribuyó a aumentar la penetrante sensación de caos.
Una segunda represalia se produjo el lunes en la noche con un ataque de mortero contra una conocida mezquita sunní de Bagdad, matando a tres personas.
Los ataques continuaron el ciclo de creciente violencia que empezó con el atentado el mes pasado contra el santuario chií de Samarra, que a su vez provocó una ola de atentados incendiarios contra mezquitas sunníes. Ahora mucha gente se preocupa sobre la extensión de una guerra confesional de ojo por ojo focalizada en los lugares de significación religiosa.
En Ciudad Sáder, el barrio chií de Bagdad donde fueron ejecutados los acusados de terrorismo, las fuerzas de gobierno han desaparecido. Las calles son gobernadas por agresivos adolescentes con brillantes jerséis deportivos y ametralladoras.
Levantaron una barricada en la calle y asoman sus cabezas en los coches y detienen a quien se les ocurra. A través de altavoces, las mezquitas hacen saber a los soldados americanos que se mantengan fuera. Es justamente lo que han estado haciendo los soldados estadounidenses.
No parece haber una edad mínima para participar en la acción. Un juguetón niño llamado Musa, que dijo que tenía 11 pero que parece de ocho, formaba parte de una milicia de niños de 1 metro 20, que se esforzaba el lunes acarreando grandes pedazos de cemento por la calle para bloquear el paso de vehículos.
"Estamos vigilando la calle", explicó Musa.
Llevaba una pistola de juguete. Algunos de los otros niños llevaban pistolas de verdad.
Al otro lado de la ciudad en una ajetreada zona comercial al oeste de Bagdad estalló una balacera de 15 minutos entre guardias de seguridad, una evidencia más del vacío de autoridad.
Un portavoz del ministerio del Interior, que habló a condición de conservar el anonimato debido a que no está autorizado a hablar en público, dijo que guardias armados de una compañía de celulares había matado a dos guardias que trabajaban para Ahmad Chalabi, un político iraquí, tras un "malentendido" en la calle.
El usual tipo de violencia no mostró signos de disminuir, especialmente en Bagdad, donde una bomba mató a un soldado estadounidense, un ronda de mortero impactó en una casa y mató a una niña, y se encontraron en la calle 19 cadáveres más.
Contra este turbulento telón de fondo, y con las perspectivas de una guerra total entre chiíes y sunníes, Moqtada al-Sáder, el clérigo y líder de una de las milicias chiíes más grandes, llamó a la calma.
En una rueda de prensa el lunes, dijo que tenía la autoridad religiosa para enfrentarse a los insurgentes sunníes, y el poder para aplastarlos, pero que no lo haría.
"Los sunníes y chiíes no son responsables de estos actos", dijo Sáder, que culpó a las tropas americanas de permitir que Iraq se descalabre. "‘Necesitamos unidad nacional".
Para algunos sunníes, esas son palabras huecas.
Um Hind, una maestra jubilada, dijo que Sáder la hacía preocuparse por el futuro.
Estaba mirando el discurso de Sáder por televisión en su casa en Mustansiriya, un vecindario mixto sunní-chií cerca de Ciudad Sáder. Después de que los insurgentes hicieran volar la venerada mezquita chií de Samarra el 22 de febrero, los seguidores de Sáder salieron de Ciudad Sáder y se vengaron en las mezquitas sunníes vecinas, quemándolas y matando a los fieles que se encontraban dentro.
"Ese es nuestro gobierno ahora", dice, señalando hacia la ceñuda cara de Sáder en televisión. "No está bien".
Las fuerzas de Sáder controlan completamente Ciudad Sáder, que es esencialmente una ciudad dentro de una ciudad que ha sido bautizada en honor a su padre, un prominente clérigo chií. Han tomado el lugar de los soldados estadounidenses y de la policía iraquí que no hace mucho patrullaban la zona.
Algunos llevan uniformes negros con turbantes y botas negras, pero muchos llevan chandal, jerséis y pantalones informales.
El domingo por la tarde los insurgentes atacaron un atiborrado mercado de Ciudad Sáder, utilizando morteros, coches-bomba y al menos un kamikaze. Murieron 58 personas y quedaron 300 heridas, de acuerdo al ministerio de Salud.
Los seguidores de Sáder dijeron que pudo haber sido peor. Una hora más tarde, los miembros de la milicia cogieron a dos hombres en una camión con tubos de mortero en la parte de atrás, dijo Sabbah Abu Anwar, un comandante de la milicia de Sáder.
Anwar dijo que los hombres fueron interrogados y golpeados, y finalmente confesaron que planeaban cometer atentados.
Casi al mismo tiempo, dos hombres con hinchadas ropas se hicieron camino hacia el atiborrado hospital de Ciudad Sáder. Radi Ali Taresh, uno de los guardias del hospital, dijo que los miembros de la milicia los tocaron y descubrieron que los hombres estaban envueltos en explosivos.
A la una de la mañana Miembros de la milicia llevaron a los cuatro sospechosos a un calle desierta y los colgaron con una cuerda, dijo Anwar. "Teníamos que mostrar a la gente que estamos haciendo algo por ellos", dijo.
Importantes empleados de la organización Sáder se distanciaron a sí mismos de las ejecuciones, y Sáder no las mencionó en su rueda de prensa, y Kamal al-Araji, un importante asesor, dijo en una entrevista solamente que se había matado a cuatro "terroristas" y que dos de ellos eran extranjeros.
Agentes de policía de Ciudad Sáder dijeron que encontraron los cuerpos en la mañana y algunos vecinos dijeron que los hombres habían sido matados a balazos. De cierto modo, el episodio es reminiscente de los vigilantes de Faluya en marzo de 2004, cuando una turba arrastró por la calle los cuerpos de cuatro contratistas sudafricanos, el primer signo de que la ciudad estaba fuera de control.
Cuando los dos cuerpos eran llevados a la comisaría de policía de Ciudad Sáder en un camión maderero, algunas personas los escupieron y un hombre los llamó perros.

Sahar Nageeb, Omar al-Neami y Hosham Hussein contribuyeron a este reportaje.

14 de marzo de 2006
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iraq cuelga a insurgentes


[Louise Roug] En momentos en que el premier Jafari hace frente a críticas por inefectividad contra la resistencia.
Bagdad, Iraq. Las autoridades iraquíes colgaron el jueves a trece prisioneros, incluyendo a una mujer, condenados por pertenecer a la resistencia, dijo un funcionario que estuvo presente en las ejecuciones.
Las ejecuciones, que fueron autorizadas por el gobierno iraquí, fueron las primeras ejecuciones de insurgentes. Es la segunda vez desde el derrocamiento de Saddam Hussein en 2003 que se lleva a cabo una sentencia de muerte.
Los ahorcamientos tienen lugar en momentos en que el primer ministro interino Ibrahim Jafari, que intenta mantener su posición en el nuevo gobierno, es criticado por partidos políticos iraquíes.
"El primer ministro no es blando", dijo Bassam Ridha, un asesor de Jafari que presenció las ejecuciones. Rechazó que la oportunidad fuera una coincidencia.
"El nuevo Iraq tendrá un sabor diferente: duro con los criminales", dijo Ridha. "Quizás le toque el turno a Saddam".
Hussein hace frente a la pena de muerte por la acusación de que es responsable de la muerte de 148 aldeanos de Dujayl.
Cientos de prisioneros están ahora en el corredor de la muerte de la capital.
Entretanto los militares estadounidenses confirmaron sus planes de cerrar la infame prisión de Abu Ghraib dentro de los próximos meses. El recinto en las afueras al oeste de Bagdad será entregado al gobierno iraquí, dijo el teniente coronel Barry Johnson, portavoz militar estadounidense en Bagdad.
El plan de clausura de la prisión forma parte de un proyecto estadounidense más amplio de traspaso de autoridad e instalaciones al gobierno iraquí ante una eventual retirada de tropas estadounidenses.
Las ejecuciones, que fueron filmadas en video, tomaron lugar en una ubicación desconocida en Bagdad y fueron presenciadas por Ridha, un juez y varios empleados. Otros tres prisioneros más debían ser colgados, pero no pudieron ser trasladados a Bagdad por motivos de seguridad, dijo Ridha. Los 13 prisioneros recibieron una última cena y tiempo para orar antes de ser ejecutados, dijo.
Líderes políticos han criticado al primer ministro interino de no ser lo suficientemente fuerte y por un deficiente desempeño ante la reciente ola de violencia religiosa que ha causado cientos de muertes.
Un grupo de kurdos, sunníes y partidos laicos encabezados por el presidente Jalal Talibani, han tratado de torpedear la nominación de Jafari para dirigir el nuevo gobierno, creando así una crisis política.
Sin embargo, el jueves los políticos iraquíes alcanzaron un compromiso acordando convocar al parlamento el 19 de marzo, allanando el camino para la formación de un nuevo gobierno.
Talabani y otros rechazan el retraso que persigue el bloque dominante chií.
Mientras los políticos dentro de la fuertemente fortificada Zona Verde de Bagdad han disputado ásperamente sobre quién debería dirigir al próximo gobierno, la violencia ha continuado en todo Iraq.
El jueves, explosiones y asesinatos en Bagdad se cobraron la vida de al menos trece personas, dijeron la policía y funcionarios de hospitales. Los ataques incluyeron un atentado con bomba que mató a trece personas e hirió a otras diez cerca de una mezquita sunní en un barrio predominante chií al sudeste de Bagdad.
Una segunda explosión -que debía estallar al paso de una patrulla del ejército iraquí en el barrio de Amiriya de Bagdad- mató a seis personas, incluyendo a un niño. Nueve personas quedaron gravemente heridas. Todas eran civiles.
Frente a un hospital en el centro de Bagdad una bomba mató a dos comandos de la policía que llevaban a cuatro colegas heridos en unn tiroteo en un barrio al oeste de Bagdad. Siete civiles resultaron heridos.
Una mujer que trabajaba para un grupo de derechos humanos en la Zona Verde fue matada a balazos cuando salía de su casa en el oeste de Bagdad. Antes en el día, un maestro fue matado a balazos en Dora, en el lado sur de Bagdad.
Funcionarios del ministerio del Interior dijeron el jueves que estaban investigando un incidente del día anterior en el que fueron secuestrados 33 empleados de una compañía de seguridad por hombres con uniformes de policía. Las autoridades dijeron inicialmente que se trataba de 50 empleados.
El mayor de ejército estadounidense Rick Lynch confirmó que los hombres armados llevaban uniformes de comandos de la policía iraquí, pero dijo que ni los militares estadounidenses ni las autoridades iraquíes sabían qué había pasado con los empleados.
"Es verdad que llevaban uniformes de comandos policiales, pero no eran mis hombres y no hay detenciones sin una orden detención de un juez", dijo el general Rasheed Flaih, que está a cargo de las unidades especiales de comandos de la policía.
Un ejecutivo de la Compañía de Seguridad Al Rawafid, que pidió conservar el anonimato para no poner en peligro a los empleados secuestrados, dijo que en un intento de obtener información sobre el paradero de sus empleados, la compañía había tomado contacto con grupos milicianos que se cree que han infiltrado el departamento de policía y el ministerio del Interior.
"Estamos hablando con todo el mundo, incluyendo a la Brigada Báder y al Ejército Madhi".
Hablando por teléfono desde Jordania, el ejecutivo dijo que los secuestradores también robaron 40 mil dólares de las oficinas. Un testigo dijo que el grupo de hombres llegó a la compañía en el barrio de Zayouna de Bagdad en la noche, conduciendo diez coches y camiones sin matrícula. Algunos llevaban trajes. Otros llevaban uniformes de policía y cascos. Los hombres rodearon a los guardias de seguridad y los obligaron a subir a los vehículos.
Quizás sean compañías de seguridad peleando unas con otras, o quizás una banda de delincuentes", dijo Flaih.

10 de marzo de 2006

©los angeles times
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gobierno chií oculta asesinatos


[Ellen Knickmeyer] Autoridades chiíes ordenan ocultar asesinatos arbitrarios cometidos por tropas del ministerio del Interior aparentemente en una especie de venganza por atentado todavía no esclarecido contra santuario chií.
Bagdad, Iraq. Días después de que el atentado con bomba contra un santuario chií desencadenara una ola de asesinatos contra sunníes, supuestamente en venganza, el más importante partido chií de la coalición gobernante de Iraq ordenó al ministerio de Salud dejar de contar a los ejecutados, de acuerdo a un funcionario del ministerio familiarizado con el conteo de los muertos.
El funcionario, que habló a condición de mantener el anonimato debido a que temía por su seguridad, dijo que un representante del partido chií, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, ordenó que los hospitales y morgues sigan catalogando las muertes causadas por atentados o enfrentamientos con los rebeldes, pero no los asesinatos ejecutados por medio de ejecuciones.
Una declaración de esta semana del departamento de derechos humanos de Naciones Unidas en Bagdad respalda la versión del funcionario del ministerio de Salud. El departamento dijo que había recibido información sobre la principal morgue de Bagdad -donde se lleva a las víctimas de tiroteos- que indicaban que "el actual director suplente está bajo presión del ministerio del Interior de no revelar esa información y de minimizar el número de bajas".
La oficina de Naciones Unidas dijo que no había confirmado la información sobre la morgue y que de momento había sido incapaz de obtener un conteo de las bajas de parte de las autoridades iraquíes.
Portavoces del ministerio de Salud y del Consejo Supremo -comúnmente conocido por sus iniciales SCIRI- negaron que se hubiese dictado una orden para alterar el conteo de las muertes.
Los secuestros y asesinatos de hombres sunníes, usualmente de un balazo en la nuca, han venido ocurriendo con creciente frecuencia en el último medio año y son ampliamente reconocidos como obra de las milicias religiosas y escuadrones de la muerte chiíes del gobierno que presuntamente operan bajo el alero del SCIRI en el ministerio del Interior. En particular, las milicias chiíes han sido acusadas de secuestrar y ejecutar a una enorme cantidad de hombres sunníes inmediatamente después de la destrucción de la mezquita de Askariya el 22 de febrero, un venerado santuario chií en la norteña ciudad de Samarra.
Después de un momento de calma en los últimos días, los secuestros y asesinatos volvieron a cobrar ímpetu nuevamente en Bagdad el miércoles. La policía encontró al oeste de Bagdad un minibús que contenía los cuerpos de 18 hombres atados y estrangulados, y 50 empleados de una firma de seguridad iraquí fueron secuestrados en el lado este de la ciudad.
El Washington Post informó el 28 de febrero que más de 1.300 víctimas de tiroteos habían sido llevadas a la morgue en los primeros seis días después del atentado de Samarra. La cifra fue entregada por un trabajador de la morgue, que se negó a ser identificado.
El primer ministro Ibrahim al-Jafari negó esa información, diciendo que la violencia contra los sunníes se había cobrado 379 vidas en la semana después del atentado contra el santuario. El general George W. Casey Jr., el comandante estadounidense en Iraq, calificó de exagerado e impreciso el informe del Post. Un e-mail enviado esta semana a funcionarios militares norteamericanos pidiendo informaciones actualizadas sobre el número de bajas no fue respondido.
Pero durante la semana pasada, varios ministerios oficiales se negaron a entregar un desglose de esas 379 muertes, o dijeron que no podían, y varias inconsistencias en sus versiones ponen en duda la versión del gobierno.
Además del trabajador de la morgue, tres fuentes -el funcionario del ministerio de Salud, el funcionario del ministerio del Interior y un funcionario internacional en Bagdad- involucrados en el conteo o seguimiento del creciente número de muertes, estimaron el total en mil o más, aunque ninguno superó la cifra de mil trescientos. Dos de las fuentes dijeron que la presión de los líderes de gobierno chiíes para no mencionar los asesinatos por ejecución han resultado en informes de Jafari con un número de bajas más bajo.
El funcionario internacional dijo que "tipos del ministerio de Salud" habían contado mil muertes antes de que Jafari ordenara que fueran negadas. "Para el 28 de febrero, incluso para el 1 de marzo, esa era la cifra que se conocía, y que era casi oficial", dijo el funcionario internacional. "Luego el gobierno dio a conocer" su cifra más baja.
"Tienen miedo", dijo el funcionario.
Las autoridades de la morgue dicen ahora que ellos recibieron solamente 250 cadáveres entre el 22 y el 28 de febrero, lo que significa 35 muertes por día, cifra apenas mayor que el promedio de 30 cuerpos por día que se conoce desde mediados del año pasado. Y ahora no está claro si el gobierno incluye en esas cifras los asesinatos por ejecución.
Funcionarios iraquíes negaron que las cifras de muertes hayan sido manipuladas.
"Creo que es muy improbable, muy extraño, que funcionarios políticos hayan impuesto sus propias opiniones al ministerio", dijo Qasim Yahiya, un portavoz del ministerio de Salud.
Haitham al-Husseini, portavoz del SCIRI, dijo: "¿Cómo podría el SCIRI presionar a las autoridades o al pueblo? No creo que usted crea eso. ¿Cómo podría ir el SCIRI y ordenar a un funcionario que haga una cosa u otra?"
"Esto es parte de la campaña con la que los enemigos de Iraq y del pueblo iraquí están tratando de confundir", dijo Husseini. "Y esto es parte de su campaña de mentiras sobre el ministerio del Interior y de lo que está pasando y también para desviar la atención de la gente de los crímenes que están cometiendo contra civiles".
Los conteos ampliamente divergentes reflejan la crítica sensibilidad política en momentos en que la guerra de tres años en Iraq está sufriendo un cambio fundamental: los asesinatos por ejecución del tipo de los cometidos por la policía y milicias chiíes del gobierno están matando más iraquíes que los atentados contra blancos oficiales y civiles de los rebeldes sunníes.
Desde el 30 de enero de 2005, cuando Iraq realizó sus primeras elecciones parlamentarias desde el derrocamiento del presidente Saddam Hussein hace dos años, la mayoría chií ha controlado al bloque político más grande del país en el parlamento y las posiciones más importantes en el gabinete. El SCIRI es el miembro dominante de la coalición chií gobernante y acapara varias carpetas claves, incluyendo la del ministerio del Interior, que controla a la policía iraquí.
El ministerio de Salud, que controla la morgue y los hospitales oficiales de Bagdad, está en manos de un partido religioso encabezado por Moqtada al-Sáder, el clérigo chií cuya milicia, el Ejército Mahdi, organizó dos revueltas armadas contras las fuerzas estadounidenses en 2004. Desde el atentado en Samarra, el Ejército Mahdi ha sido ampliamente acusado de secuestrar y asesinar a hombres sunníes. Las familias que recogían cuerpos en la morgue la semana pasada describieron a hombres de ropas negras, asociados a las milicias de Sáder, como los que llegaron a casas y mezquitas sunníes y se llevaron a los hombres.
La organización de Sáder ha negado toda conexión con los asesinatos, diciendo que los crímenes eran cometidos por gente vestida de negro para echar la culpa al Ejército Mahdi.
En la morgue de Bagdad, donde las paredes están decoradas con fotografías de Sáder, periodistas del Post vieron cuerpos desbordando los pasillos y salas durante la semana que siguió al atentado en Samarra. Los cuerpos llevados a la morgue son invariablemente víctimas de tiroteos y otros circunstancias que deben ser investigadas; los asesinados en atentados y ataques de proyectiles y morteros son llevados al hospital porque se considera clara la causa de la muerte.
Un periodista del Post que visitó la morgue el mediodía del 23 de febrero después del atentado contra la mezquita y antes de que la violencia subsecuente alcanzara su punto más álgido, contó los cuerpos de 84 hombres de edades entre los 12 y 60 años. Todos murieron violentamente -la morgue maneja la mayoría de las muertes más violentas que exigen una investigación policial- y funcionarios de la morgue contaron separadamente a la agencia de noticias Frances-Presse en ese momento que en las primeras horas después del atentado ochenta personas habían sido asesinadas.
Cuatro días después, otro periodista del Post que fue a la morgue se enteró por trabajadores que la morgue tenía más de 200 cuerpos que no habían sido reclamados.
Funcionarios de la morgue y del ministerio de Salud dicen que los trabajadores de la morgue apenas pueden mantener el ritmo de la llegada de los cuerpos. La compañía farmacéutica controlada por el gobierno prestó al ministerio "seis o siete" tráilers refrigerados para hacer frente a la situación, de acuerdo a un funcionario del ministerio. Los cuerpos que no son reclamados son enterrados en cementerios de Bagdad, Nayaf y Karbala.
En total, dijo el funcionario del ministerio de Salud, en los primeros seis días de violencia han muerto más de mil personas, aunque no está claro si la cifra sólo cubre las muertes en Bagdad o en todo Iraq.
Durante varios días después del atentado en Samarra, el gobierno impuso un toque de queda diurno al ya tradicional toque de queda nocturno en Bagdad en un intento de sofocar el derramamiento de sangre. Durante el último fin de semana, se vieron pocos vehículos en las calles de Bagdad, excepto los vehículos oficiales, y fuerzas de seguridad y hombres armados vestidos de negro.
Al menos un representante del SCIRI visitó el ministerio de Salud, dijo el funcionario del ministerio. El 27 de febrero, dijo el funcionario del ministerio, un representante del partido dijo a los empleados del ministerio que en adelante las víctimas de asesinatos sectarios no asociados con los atentados de los rebeldes no serían registrados. En lugar de eso, sus nombre serían solamente apuntados en las paredes de la morgue para que las familias pudieran retirar sus cuerpos.
Contactado una segunda vez esta semana, el funcionario del ministerio se negó hablar más, y dijo: "Olvídese de lo que le conté".
Abdul Razzaq Kadhumi, portavoz del primer ministro, se negó el miércoles a presentar un desglose de la cifra de 379 ejecuciones entregada por Jafari. "Son obviamente actos cometidos por terroristas, por los saddamitas y baazistas, contra civiles, y las víctimas son todas víctimas del terrorismo", dijo.
Kadhumi se negó a dar el número de contacto de la sala de operaciones de Jafari, donde dijo que se había llegado a esa cifra. Refirió la pregunta a la sala de operaciones de los ministerios de Defensa e Interior, que dijo que tenían sólo una cifra de los "terroristas" asesinados -35- desde el 22 de febrero al 1 de marzo, y no había víctimas civiles ni de las fuerzas de seguridad.
El jueves, el portavoz del ministerio de Salud, Yahiya, mostró a un periodista del Post lo que dijo que era el conteo oficial, confidencial, que el ministerio de Salud envía todos los días al primer ministro. El documento de dos páginas incluía solamente dos categorías de muerte: "operaciones militares" y "atentados terroristas".
Yahiya dijo que no sabía si el conteo del ministerio incluía los cuerpos que aparecían en las morgues de Bagdad y las capitales regionales de Iraq, después de ser torturados y matados. "Siempre hay peleas entre las tribus", dijo Yahiya. "No tenemos ni idea de si esas personas fueron ejecutadas o matadas en venganzas personales".
El director interino de la morgue de Bagdad, Qais Hassan, dijo que la morgue envía al ministerio de Salud diariamente las cifras, pero solamente desglosadas en cuanto a la causa de la muerte, sin detalles sobre el tipo de atentado en el que murió cada persona. Hassan negó que se lo haya presionado para manipular las cifras de los muertos.
Hassan se convirtió en director interino después de que el director anterior, Faik Bakir, abandonara el país en los últimos meses. Funcionarios internacionales dijeron que huyó del país tras recibir amenazas tanto de rebeldes como de las fuerzas del gobierno por investigaciones de muertes sospechosas. Bakir sacó una declaración el fin de semana negando esa versión y diciendo que tenía un permiso médico aprobado de cuatro meses.
Hassan también dijo que los camiones refrigerados habían sido prestados al estado por la compañía farmacéutica para hacer frente al flujo de cadáveres que llegaban a la morgue desde el atentado contra la mezquita. Sin embargo, dijo que se trataba de tres camiones, no de seis o siete. "Fue un trabajo abrumador, pero lo hicimos", dijo.
El lunes, dos camiones con tráilers refrigerados Thermo King estaban aparcados en un sitio entre el ministerio de Salud y la morgue, y un tercer tráiler refrigerado fue visto el fin de semana pasado en un otro aparcamiento a un lado de la morgue. Los dos estacionamientos estaban cerrados. Desde la distancia, no había signos claros de que estuvieran siendo usados.
Choferes del ministerio de Salud dijeron el lunes que dos de los camiones refrigerados habían sido llevados al estacionamiento del ministerio durante la violencia que siguió al atentado contra la mezquita, y que los otros dos tráilers también fueron llevados allá. Los conductores dijeron que vieron cuerpos en esos tráilers. Sus informes no pudieron ser verificados independientemente.
El domingo, cuando un periodista del Post visitó brevemente la oficina de la morgue cinco cuerpos fueron entrados de una ciudad justo en las afueras de Bagdad. Todos eran hombres bien vestidos, todos tenían las manos amarradas y todos habían sido matados de un balazo en la nuca. Los funcionarios de la morgue llevaron los cuerpos a uno de los tráilers refrigerados. En las noticias no se mencionó ninguna de las muertes.
El acceso a la morgue fue limitado, en agudo contraste con la escena el 27 de febrero cuando se permitió que los hombres entraran a la morgue a buscar familiares entre los cadáveres ensangrentados y angustiados familiares se arremolinaban en torno a la pantalla de un ordenador que mostraba fotos de los muertos no identificados.
El fin de semana las familias fueron mantenidas fuera de la puerta y debieron identificarse antes de ver las fotos en el ordenador. No se permitió el acceso a la morgue misma. Un hombre vestido de negro y con un radio controlaba a la muchedumbre.

9 de marzo de 2006
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qué nos enseña j.f. kennedy sobre iraq


[Marc J. Selverstone] Grabaciones de Kennedy sobre posible retirada de tropas de la guerra de Vietnam podría servir para pensar retirada de Iraq.
A partir de mañana, académicos, periodistas y funcionarios de gobierno -antiguos y actuales- revisarán un tópico que sigue estando fuertemente insertado en el tejido de la cultura política americana: la Guerra de Vietnam. Reunidos en la Biblioteca John F. Kennedy, explorarán algunos de los aspectos más controvertidos de este capítulo de nuestra historia. Entre las preguntas que harán, están las que tienen que ver con la intervención de Estados Unidos en la guerra, el rol desempeñado por los medios de comunicación y la opinión pública en la forma que adquirió el curso de la guerra, y las lecciones aprendidas de ella.
Demostrativamente, la pregunta más discutida es el ‘qué hubiese pasado si’ de toda la guerra: "Qué hubiese pasado si el presidente John F. Kennedy no hubiese sido matado por la bala de un asesino y hubiese terminado su mandato -y quizás un segundo término? ¿Habría cumplido su deseo, expresado, de retirar las tropas estadounidenses de Vietnam y dejar la guerra en manos de los sudvietnamitas? Estas preguntas no son académicas; como argumentaron hace poco Theodore Sorensen y Arthur Schlesinger Jr. en un artículo de opinión en el New York Times, Kennedy había formulado una estrategia de retirada coordinada que el actual presidente de Estados Unidos haría bien en imitar.
Gracias a una extraordinaria colección de materiales -las grabaciones secretas que hizo Kennedy en la Casa Blanca- tenemos alguna idea de lo que Kennedy quería hacer, y de lo que no quería hacer, con respecto a Vietnam. Aunque disponible al público durante más de una década, estas cintas siguen estando en gran parte inexploradas. Esto se debe en parte a los muchos retos del proceso de transcripción, incluyendo la identificación de numerosas voces difíciles de oír, la colocación de micrófonos junto a Kennedy y sus asesores, y la cualidad misma del audio.
Sin embargo, varias cintas claves son en gran parte inteligibles y revelan el bosquejo de lo que es claramente un plan de retirada, formulado por el ministro de Defensa, Robert S. McNamara y el presidente del Estado Mayor Conjunto, Maxwell D. Taylor, en una serie de reuniones grabadas en octubre de 1963. Tal como fue concebido, para fines de 1964 el plan habría retirado a la mayoría de las tropas norteamericanas de Vietnam y prácticamente todas ellas en 1965. Para acelerar ese proceso, el ministerio de Defensa estaba preparado para retirar a mil soldados a fines de 1963.
A primera vista, el respaldo que dio Kennedy a esta estrategia fue un compromiso terminar con el papel de asesoría de Estados Unidos que él mismo había expandido durante su primer año de gobierno. Sin embargo, la historia tiene muchas vueltas más. Para empezar, las cintas sugieren que este era el plan de retirada de McNamara. De hecho, el ministro de Defensa se extiende ampliamente para convencer al presidente de que el proceso de retirada sea inmediato y público: es innegable la excitación en su voz cuando defiende su posición. En realidad, es McNamara el que define no solamente la razón militar sino también los cálculos políticos en operación, otorgando mayor credibilidad al argumento de que fue el ministro quien concibió la retirada.
Y la reacción de Kennedy ante la idea sugiere lo mismo. Aunque había mantenido siempre que la guerra en Vietnam del Sur debía ganarse o perderse -argumentando repetidas veces contra la intervención de tropas de combate estadounidenses para respaldar o remplazar a las fuerzas sudvietnamitas-, Kennedy sin embargo parece sorprendido por la propuesta de McNamara y Taylor. Esas conversaciones revelan un presidente aparentemente apartado del tópico y que necesita ser convencido.
¿Hay quizás otra historia detrás de este episodio? ¿Orquestó Kennedy la reunión con McNamara y Taylor para que pareciera que todo esto eran cosas nuevas para él y que estaba en gran parte inconsciente de esa estrategia o de la propuesta de retirada? De acuerdo a antiguos funcionarios de gobierno, el presidente tenía la inclinación a dar instrucciones a McNamara que nunca llegaban a los registros escritos. ¿Es este, por eso, un caso en el que Kennedy debate y luego aprueba una posición estudiada previamente en presencia de y para beneficio de sus asesores más conservadores?
Sin un registro escrito, no lo podemos saber con certeza. Los académicos todavía no tienen acceso a varias conversaciones de agosto de 1963 que podrían agregar bastante a nuestra comprensión de lo que pensaba Kennedy sobre Vietnam y sus ideas sobre la intervención estadounidense. Lo que podemos decir con certeza es que el presidente, aunque claramente partidario de la retirada estadounidense, reconoció los imperativos militares y políticos para realizarla bajo condiciones favorables.
Y dijo a sus asesores más importantes en una de esas reuniones de octubre, que ellos simplemente "fijarían una nueva fecha" si la situación en Vietnam impedía una retirada estadounidense para fines de 1965. En realidad, Kennedy deja en claro en esas cintas que cualquiera declaración pública sobre la retirada debía enfatizar el hecho de que el objetivo seguía siendo ganar la guerra.
¿Nos ofrecen las cintas de Kennedy lecciones útiles para la actual guerra de Iraq? En la medida en que proporcionan una analogía no sólo de la intervención inicial de Estados Unidos, sino también de su salida de las dos guerras, haríamos bien en recordar los motivos que tenía Kennedy para su retirada gradual de Vietnam: aumentar la presión sobre el gobierno cliente para que iniciara reformas políticas, económicas y militares; una respuesta tangible a los críticos blandos de su política en casa; y quizás los rudimentos de una retirada total que tenía toda la intención de completar.
Sin embargo, no podemos saber conclusivamente cómo habría respondido Kennedy a las cambiantes condiciones en Vietnam en 1964 y 1965. Dadas sus muchas declaraciones contradictorias sobre Vietnam, todo lo que podemos decir, considerando sus propias palabras sobre el tema, es que él habría cruzado ese puente cuando -y sólo cuando- se acercara a él.

Marc J. Selverstone es profesor del Programa de Grabaciones Presidenciales en el Centro de Asuntos Públicos de la Universidad de Virginia. Transcripciones y grabaciones de las conversaciones de Kennedy mencionadas en el artículo se encuentran disponibles en el sito en la red del programa, www.whitehousetapes.org>

9 de marzo de 2006

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estados unidos denuncia a policía iraquí


[Brian Knowlton] Informe estadounidense sobre derechos humanos critica a policía iraquí.
Washington, Estados Unidos. Las unidades de la policía iraquí, a menudo infiltradas e incluso dominadas por miembros de milicias religiosas, continúan estando vinculadas a detenciones arbitrarias, torturas, violaciones y a veces asesinatos de detenidos, informó hoy el ministerio de Asuntos Exteriores estadounidense.
"La gran mayoría de las violaciones de derechos humanos presuntamente cometidas por agentes del gobierno, son atribuibles a la policía", dijo el ministerio.
El informe, emitido como parte de la revisión anual del ministerio sobre los derechos humanos en el mundo, menciona a Corea del Norte, Burma, Irán, Zimbabue, China y Cuba entre los peores violadores de derechos humanos.
Las críticas estadounidenses sobre el empeoramiento de las condiciones de los derechos en Irán se produce cuando el gobierno de Bush presiona a Teherán en términos cada vez más enérgicos para que refrene sus ambiciones nucleares.
El informe sobre derechos humanos también describe serios problemas en países con estrechos vínculos con Estados Unidos, incluyendo las torcidas elecciones en Egipto, las golpizas y detenciones arbitrarias en Arabia Saudí y los azotes en los Emiratos Árabes Unidos.
El informe dice que la represión en China ha empeorado, con "un aumento del acoso, detención y encarcelamiento" de críticos del gobierno, una reforzada censura de los medios de comunicación y a veces la represión violenta de las protestas. En general, dice que la situación de los derechos humanos en China "sigue siendo pobre".
Esa crítica puede ser delicada ahora que el presidente Hu Jintato se propone visitar la Casa Blanca el próximo mes.
El ministerio no está facultado para revisar los abusos de derechos humanos en Estados Unidos y el informe no menciona directamente la controvertida práctica de la entrega -enviar a sospechosos de terrorismo a terceros países para que sean interrogados.
El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional atacó el informe hoy por lo que dijo que era una "manifiesta omisión".
Amnistía observó que el informe criticaba el tratamiento de los detenidos en Egipto y Jordania, países a los que Estados Unidos se dice que envía a detenidos para que sean interrogados.
Por ejemplo en Jordania, el informe dice que "los métodos de tortura citados más frecuentemente son las palizas, la privación del sueño, prolongados períodos de confinamiento y suspensión física".
La revisión anual reconoce a dos países europeos presuntamente vinculados a centros de detención secretos de la CIA, Polonia y Rumania, por haber intentado tratar problemas en torno a los derechos humanos. Pero dice que la policía rumana maltrata a los detenidos.
Barry Lowenkron, secretario de estado para la democracia, los derechos humanos y el trabajo, fue interrogado en una rueda de prensa sobre lo que un periodista sugirió que era el problemático tratamiento de la entrega.
"Déjeme ser claro", replicó. "Nosotros no enviamos a detenidos a países donde creamos que los detenidos van a ser torturados. Esa ha sido nuestra política".
Interrogado sobre cómo el gobierno de Bush quiere cuadrar esa afirmación con sus denuncias de abusos en países como Egipto y Jordania, Lowerkron replicó: "Se hace caso por caso".
"En algunos países que no tienen prácticas completamente democráticas, si nos dan pruebas sólidas, y si hay precedentes -y tenemos ejemplos-, entonces confiamos y lo hacemos. Pero si no, no lo hacemos".
Pero el informe trata en algún detalle las acusaciones de extendidos abusos por la policía iraquí -y mucho menos por el ejército de ese país.
Los abusos de la policía, dice el informe, "incluyen amenazas, intimidación, golpizas y suspensión de brazos o piernas, así como el uso de taladros eléctricos y cuerdas y la aplicación de descargas eléctricas".
En un clima de extremada violencia, dice, hubo "informes sobre un aumento de los asesinatos cometidos por el gobierno y sus agentes que pueden tener motivaciones políticas". Los rebeldes y delincuentes comunes a veces ocultan su identidad tras uniformes de policía o del ejército, socavando la confianza de la opinión pública, dice la revisión.
Dice que las unidades de policía a menudo son dominadas por miembros de milicias religiosas, entre ellas dos grupos chiíes, la Organización Báder y el Ejército de Mahdi. Estos grupos a veces abusan de su poder por motivos personales, de partido o de secta religiosa.
La evaluación subraya las dificultades que han tenido las fuerzas estadounidenses en el adiestramiento de remplazos iraquíes fiables de las tropas y personal de seguridad estadounidenses.
Citó notables avances democráticos en Iraq, incluyendo la elección en diciembre de los miembros de la nueva legislatura. Pero también menciona serios problemas, incluyendo "una extendida corrupción a todos los niveles de gobierno".
Gran de la revisión había sido mencionada previamente, pero agrega detalles y algunos seguimientos.
Incluye cuatro incidentes graves en los que la policía -u otros utilizando uniformes de policías- detuvo a más de 60 iraquíes, que fueron más tarde encontrados muertos. Las investigaciones prometidas por el ministerio del Interior no han producido ningún resultado.
El informe cita a un ex ministro iraquí de derechos humanos, Baktiar Amin, que dijo el 6 de febrero de 2005, que en los centros de detención del ministerio del Interior se "violaban los derechos humanos", incluyendo torturas sistemáticas.
Un centro de detención del ministerio del Interior en Bagdad, el Búnker Jadiriyah, fue cerrado después de que se encontraran en él en noviembre 169 detenidos, la mayoría de ellos sunníes, con claros signos de tortura.
Un equipo de inspección de varias agencias formado subsecuentemente por el gobierno encontró en un edificio de la policía en Bagdad, el 8 de diciembre, a 625 detenidos "en condiciones de tal hacinamiento que los detenidos no podían tenderse todos al mismo tiempo". Varios de ellos, según los informes de prensa citados, mostraban signos de graves torturas, y a algunos les había arrancado las uñas.
El informe dice que las condiciones en las cárceles civiles "mejoraron significativamente durante el año".
Pero agrega, con poca elaboración, que "existen otros centros de detención sobre los se sabe muy poco". Entre ellos se incluye a cinco centros de ese tipo en el norte kurdo, donde se detiene a prisioneros de otras etnias.
Se sospecha además que la CIA tiene algunos centros de detención secretos en Iraq y Afganistán.

8 de marzo de 2006

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enviado ve peligro de guerra regional


[Borzou Daragahi] Apoya la visión de la Casa Blanca de que una retirada prematura podría fracasar, per se muestra sombrío sobre el conflicto sunní-chií y dice que se podría extender.
Bagdad, Iraq. El enviado estadounidense en Iraq dijo el lunes que el derrocamiento del régimen de Saddam Hussein en 2003 había abierto una "caja de Pandora" de las volátiles tensiones étnicas y confesionales que podrían engullir a toda la región en una guerra general si Estados Unidos se retirara demasiado pronto del país.
En comentarios que estuvieron entre las más francas y sombrías evaluaciones públicas de la situación en Iraq vertidas por un funcionario americano de alto rango, el embajador Zalmay Khalilzad dijo que "existe el potencial" de que la violencia confesional se convierta en una guerra civil generalizada.
De momento, Iraq ha retrocedido de esa perspectiva después de una ola de represalias confesionales tras el atentado con bomba contra un santuario chií el 22 de febrero en Samarra, dijo. Pero "si ocurre otro incidente, Iraq, en mi opinión, realmente podría caer en una guerra civil", dijo Khalilzad en una entrevista con Times.
Abandonar Iraq del modo en que Estados Unidos se ha retirado de las guerras civiles en el Líbano, Afganistán o Somalia podría tener dramáticas repercusiones globales, dijo.
"Hemos abierto la caja de Pandora y la pregunta es: ¿cuál es el camino a seguir?", dijo Khalilzad. "El camino a seguir, en mi opinión, es construir puentes entre las comunidades iraquíes".
El mensaje central de Khalilzad es que Estados Unidos no puede retirarse inmediatamente de Iraq de acuerdo con la política del gobierno de Bush. Pero ofreció una imagen mucho más sombría que las evaluaciones de portavoces americanos en los últimos días.
El domingo el general de la marina Peter Grace, presidente de los Jefes del Estado Mayor Conjunto, dijo en una entrevista televisada que las cosas en Iraq marchaban "muy, muy bien, de todo punto de vista".
Los comentarios de Khalilzad se producen en momentos en que se esperan importantes decisiones de Estados Unidos sobre si la situación en Iraq ha mejorado lo suficiente como para que permita una reducción este año de las tropas norteamericanas allá.
Los generales de ejército John P. Abizaid, que dirige el Comando Central estadounidense, y George W. Casey, comandante de las tropas americanas en Iraq, esperan reunirse con el presidente Bush esta semana para hacer recomendaciones sobre los niveles de tropa.
Oficiales militares deben decidir este mes si cancelar o no los despliegues de varias brigadas de combate del ejército -una cancelación que conduciría a una reducción en el número total de tropas estadounidenses en Iraq a mediados de año, de unas 130 mil, a cerca de cien mil. Durante casi un año, Casey ha dicho que una "reducción substancial de tropas" podría ocurrir en 2006, y mencionó la primavera como la época en que se tomarían decisiones críticas.
Una reducción señalaría la confianza del gobierno en el progreso del país. El viernes, sin embargo, Casey dijo que los estrategas de la guerra tomarían la violencia reciente "ciertamente como algo que consideraremos en nuestras decisiones".
Sin tocar el tema de la reducción de tropas, Khalilzad describió una atmósfera altamente combustible en Iraq que se remonta al menos a las polarizantes elecciones legislativas del 15 de diciembre, que entregó a los chiíes un rol dominante en el gobierno.
"De momento hay un vacío de autoridad y hay un montón de desconfianza", dijo el diplomático, que es uno de los arquitectos del plan de Estados Unidos de redefinir el balance político en Oriente Medio después de los atentados del 11 de septiembre.
El atentado de Samarra y el subsecuente estallido de violentas represalias de chiíes contra sunníes demostraron que los insurgentes entienden muy bien la fragilidad de Iraq y tratarán de explotarla, dijo Khalilzad.
"Indica que ellos reconocen esta vulnerabilidad de Iraq o este problema en Iraq, que tratarán de avivar", dijo. "Hay un esfuerzo concertado para provocar la guerra civil. Los tipos quieren empezar una guerra civil están considerando otras cosas que podrían hacer".
Khalilzad, que está activa y públicamente involucrado en las negociaciones para el gobierno de Iraq, repitió su afirmación de semanas de que el mejor modo de prevenir una guerra civil o un conflicto confesional a gran escala es formar un gobierno con todos los disparatados grupos de Iraq como un modo "de construir confianza y reducir la grieta existente" entre chiíes y sunníes.
"Una vez que se forme un gobierno de unidad nacional, los intentos de provocar una guerra civil se enfrentarán a grandes obstáculos", dijo.
Líderes chiíes objetaron ruidosamente la semana pasada la participación de Khalilzad en las conversaciones para la formación del gobierno, diciendo que estaba tomando el lado de la minoría sunní.
"He recibido reacciones negativas", dijo Khalilzad, agregando que no había tratado de intervenir a favor de los sunníes. Dijo que había pedido la incorporación al gobierno de personas sin afiliación religiosa para manejar algunos ministerios. "Los fanáticos chiíes son tan malos como los fanáticos sunníes", dijo.
De cualquier modo, Khalilzad dijo que Estados Unidos tiene pocas opciones excepto mantener una fuerte presencia en Iraq -o correr el riesgo de un conflicto regional en el que los árabes tomarán partido por los sunníes y los iraníes apoyarán a los chiíes en lo que podría convertirse en una versión más grande de la guerra Irán-Iraq de los años ochenta, que dejó más de un millón de muertos.
El embajador advirtió sobre una calamitosa interrupción en la producción y transporte de energía en el Golfo Pérsico. Describió el escenario más pesimista en el que fanáticos religiosos podrían ocupar partes de Iraq y empezar a expandirse.
"Eso haría aparecer a los talibanes de Afganistán como juego de niños", dijo Khalilzad, un estadounidense de origen afgano que fue enviado de Estados Unidos en Afganistán antes de su posición en Iraq.
La visión de Estados Unidos es formar un gobierno amplio que "refleje las aspiraciones del pueblo iraquí", dijo. "Si no correspondiésemos con las aspiraciones de los iraquíes, estaríamos en problemas".
Khalilzad dijo que funcionarios estadounidenses han tratado a alistar el apoyo de gobiernos de países adyacentes, incluso han explorado las "modalidades de organizar una reunión" con Irán. Mencionó a Irán y Siria como dos países que han sido "particularmente poco serviciales" con Iraq.
El lunes políticos iraquíes continuaron debatiendo sobre la composición del nuevo gobierno. El presidente interino Jalal Talabani anunció una decisión para convocar el domingo al parlamento, sólo para ser rápidamente desmentido por líderes políticos chiíes que le pidieron que pospusiera la sesión.
Los chiíes han nominado al primer ministro interino Ibrahim Jafari para que sirva todo un término. Kurdos y sunníes han tratado de descarrilar su candidatura.
Khalilzad describió las justas políticas del día a día como sanas. "Están negociando. Están ensayando", dijo. "Así es mucho mejor que con pistolas".
Sin embargo, la política de las armas habló ruidosamente el lunes.
La violencia, gran parte de esta con tonos confesionales, dejó al menos a 18 iraquíes muertos en todo el país tras el estallido de múltiples coches-bomba. Un soldado estadounidense fue muerto en combate en un incidente al oeste de Iraq.
El general de división Mubdar Hatim Hazya Duleimi, comandante del ejército iraquí en Bagdad, fue asesinado al oeste de Bagdad, anunciaron militares estadounidenses.
Fue matado por una bala mientras se hallaba en un largo convoy poco después de las cinco de la tarde, dijo Mohammed Askari, asesor del ministerio de Defensa.
Duleimi, un sunní, comandaba una fuerza que era vista por muchos como un contrapeso a la del ministerio del Interior, cuya policía y unidades de comando dirigidas por chiíes, han sido acusadas de asesinatos extrajudiciales.
Los militares estadounidenses informaron el lunes que un soldado americano murió el domingo como resultado de "acciones enemigas". El soldado fue matado en el campo al oeste de Iraq, aunque gran parte de la violencia insurgente se ha trasladado a diversas áreas urbanas religiosas, dijo un funcionario estadounidense que pidió conservar el anonimato.
Un coche-bomba en un atiborrado mercado en el centro de Baqubah, una capital provincial religiosamente mixta a unos 56 kilómetros al nordeste de la capital, mató al menos a seis personas, incluyendo a dos niños, y dejó heridas a otras 21. La bomba explotó cuando la policía y transeúntes se agolpaban cerca de una escena de un asesinato, uno de los tres tiroteos fatales reportados desde Naqubah.
Hombres armados mataron a tres jornaleros chiíes en la ciudad sunní de Hawija, cerca de la ciudad fronteriza de Kirkuk. Una bomba improvisada en Mosul mató a un civil iraquí.
Al menos dos coches-bomba y fuego esporádico de morteros sacudió la capital. Un coche-bomba explotó cerca de un banco, matando a una persona e hiriendo a cinco en el barrio de Dora.
Un coche-bomba en el camino hacia el ministerio de la Industria dejó cinco heridos. Otro coche-bomba impactó contra una patrulla de un comando policial en el distrito de Mustansiriya, aunque no hubo heridos.
Funcionarios del Hospital de Yarmuk informaron haber recibido al menos tres cadáveres no identificados de barrios sunníes.
Hombres armados secuestraron a un prominente profesor universitario. Ali Hussein Khafaji, decano de la facultad de ingeniería de la Universidad de Mustansiriya, fue secuestrado por dos coches con hombres cuando salía de su casa.

Mark Mazzetti en Washington y Suhail Ahmad en Baghdad y, en Baqubah, Kirkuk y Mosul contribuyeron a este reportaje.

7 de marzo de 2006
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