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que tengan su guerra civil


[Caleb Carr] Invocando siniestras justificaciones religiosas, el autor propone que Estados Unidos permita la guerra civil en Iraq, para que chiíes y kurdos ajusten cuentas con los sunníes.
A medida que aumenta la violencia en Iraq, los analistas han empezado a preguntarse si acaso estamos, formalmente, ante el principio de una guerra civil iraquí. Pero mucho más importante, cuando pensamos qué papel deben jugar nuestras tropas en la guerra, es la pregunta de si Estados Unidos tiene algún derecho a impedir forzosamente esa guerra, en caso de que empezara.
La guerra civil, tal como ha sido definida por varias generaciones de teóricos militares, comparte algunas características con las insurgencias y revoluciones, pero también presenta diferencias distintivas. Aunque las insurgencias son conflictos entre grupos rivales, los insurgentes no necesitan controlar ningún territorio significativo para ser efectivos. Las guerras civiles, por otro lado, involucran a dos o más grupos armados, cada uno con el control de una parte del territorio. Y aunque las guerras civiles, como las revoluciones, pueden ser influidas desde el exterior, así como por consideraciones ideológicas, a veces son simplemente luchas por el poder. Otras -como la Guerra Civil estadounidense- se libran no solamente por el poder o por política, sino también por principios morales.
Esos principios no parecen ser importantes en Iraq, porque una de las más manifiestas deficiencias de la insurgencia ha sido desde el principio su ausencia de una ideología coherente que compartan todos los iraquíes. En contraste, su objetivo ha sido simple: la recuperación del poder de la minoría sunní que dominó durante el régimen de Saddam Hussein, o, en su defecto, el tipo de interminable anarquía que haría imposible cualquier otro tipo de gobierno. Los insurgentes han logrado lo último: Aunque han creado y elegido una Asamblea Permanente y un poder ejecutivo iraquíes, la asamblea se ha reunido, y brevemente, una sola vez, y el primer ministro Ibrahim al-Jafari es considerado por amplios sectores como inefectivo y corrupto. Entretanto, los estadounidenses están expresando aplastantes condenas de la guerra, creando una brecha quizás infranqueable entre ellos mismos y el gobierno de Bush. Esta ha sido siempre una definición básica del éxito de las insurgencias, ya que tienden a limitar severamente el marco temporal de las operaciones contrainsurgentes.
Así, todo el arrojo que se necesitó para organizar y llevar a cabo las elecciones iraquíes han, aparentemente, producido un gobierno que no se merece los sacrificios que se hicieron para darle vida. La frustración resultante está clara en las palabras y en las acciones cada vez más mortíferas de muchos iraquíes que parecen haber renunciado a una solución política de los problemas de su país. "Muchos iraquíes" quiere decir aquí principalmente los chiíes (que están mostrando peligrosos signos de fragmentación entre subgrupos rivales) y los kurdos que fueron perseguidos en el pasado.
Mientras más exijan, el gobierno iraquí y sus defensores estadounidenses, ‘justicia’ para la minoría sunní, más aumenta la violencia. Los insurgentes no quieren que su gente sea seducida para que participe en el nuevo Iraq, y los kurdos y chiíes se muestran reluctantes a otorgar poder nacional a la gente que no solamente hizo posible el genocida gobierno de Hussein, sino que también dirigen la resistencia.
Este puede no ser el libro de texto de la guerra civil, pero ciertamente se está convirtiendo en uno.
Si los estadounidenses tuvieron alguna vez el poder de evitar este conflicto, los últimos tres años de equivocada estrategia militar lo han agotado. Pero la capacidad militar de impedir una guerra civil no es un problema clave. Tampoco nuestra preocupación por nuestra propia seguridad nacional debiese enturbiar nuestras decisiones estratégicas: Las primeras bajas de cualquier conflicto mayor serán ciertamente Saddam Hussein (que sigue con vida gracias a la insistencia de Estados Unidos de que sea sometido a juicio, y gracias a los guardias estadounidenses) y Abu Musab al-Zarqawi, que ahora es todavía más despreciado que Hussein por muchos iraquíes. No, el asunto realmente importante para los estadounidenses con respecto a una inminente guerra civil iraquí es si se justifica éticamente que tratemos de impedirla.
Antes de responder los estadounidenses deberían considerar algunos hechos de nuestra propia experiencia nacional. Nuestra Guerra Civil fue vista como un ejercicio en un suicidio nacional terriblemente destructivo por la mayoría de los países europeos, y, además, una guerra cara, porque privó a las fábricas europeas del algodón sureño. Gran Bretaña y uno o dos de sus colegas en la balanza de poder europea consideraron la intervención -pero la intervención fue evitada, en gran parte a través de las cuidadosas advertencias del presidente Abraham Lincoln y su cuerpo diplomático. Enfatizaron que la guerra civil en Estados Unidos era moralmente más compleja que las usuales luchas por el poder en Europa. Era, en el fondo, una contienda para terminar con la institución de la esclavitud.
Que los europeos pensaran que su violencia era deplorable y horrible, dijo Lincoln, era comprensible; también lo veía él así. Pero como explicó en su segundo discurso inaugural, en palabras que veneramos tan profundamente que las hemos tallado en su memorial:
"Si hemos de suponer que la esclavitud en Norteamérica es una de esas ofensas que debían estar en la providencia divina, pero que, habiendo pasado su tiempo, Dios desea ahora eliminar, y que por ello nos da al norte y al sur esta guerra terrible como castigo propio para aquellos quienes trajeron esta ofensa, debemos ver en esto algún cambio de los atributos divinos que los creyentes le atribuyen a su Dios vivo. Y tal como fue dicho hace tres mil años debe ser repetido ahora: ‘Los designios del señor son tanto justos como verdaderos’".
Los iraquíes pueden referirse a su Señor bajo un nombre diferente, pero en su caso el principio es el mismo. No estamos tratando con varios grupos de experiencias recientes relativamente iguales; estamos tratando con una minoría extrema, los sunníes, muchos de los cuales durante años, bajo el liderazgo del peor tirano internacional desde Pol Pot, persiguieron y asesinaron a los otros dos -a una escala genocida.
Como estadounidenses no podemos condonar los asesinatos masivos como una forma de venganza. Pero cada vez que un funcionario americano trata de decirles a los chiíes y kurdos (y las otras muchas minorías de Iraq) que no tienen derecho a los mismos juicios y justicia que nosotros mismos recibimos y ejecutamos entre 1861 y 1865, hacen la guerra civil en ese país más -que no menos- probable. Esas declaraciones revelan la opinión flagrantemente paternalista e incluso racista, de que lo que fue necesario para la experiencia estadounidense no es algo para lo que los iraquíes tengan los requisitos o capacidades.
En realidad, si ha de confiarse en las encuestas en Iraq (y parece que lo han sido, hasta el momento), entonces la presencia estadounidense allá sólo está acrecentando la posibilidad de que si estalla la guerra civil, esta será todavía más cruenta. La presencia de tropas americanas, por más nobles que puedan ser sus esfuerzos por controlar la situación, sólo genera más rabia, ya que mantienen a raya a kurdos y chiíes, al mismo tiempo que no impiden que los sunníes sigan matando día tras día.
¿Y dónde está la justicia para estos asesinatos? No emana ni de una asamblea que se ha reunido una vez en tres meses ni de la coalición estadounidense que continúa exhibiendo un extraordinario nivel de preocupación por los sunníes. Al final la justicia podría venir de que se permita que kurdos y chiíes luchen contra los sunníes, aunque se trate de ajustes de cuentas sangrientos.
No sólo es imposible para los estadounidenses colocarse en el camino de un ajuste de cuentas interno en Iraq, sino también huele a hipocresía. Fuimos a Iraq, según nuestro presidente, para liberar a los iraquíes. Si es así, y si su primera decisión como pueblo libre es declararse la guerra unos contra otros, como lo hicieron los estadounidenses en el pasado, ¿de dónde sacamos el derecho a decirles que ellos no pueden? No podemos, repito, condonar el genocidio (podemos limitarlo manteniendo unidades terrestres y aéreas en la región); pero tampoco podemos postergar la justicia -incluso si se dispensa violentamente.
Sí, ahora mismo esa parece ser la poco envidiable posición en que el gobierno de Bush y los insurgentes iraquíes han colocado a nuestras tropas. Esas tropas han cumplido con la principal misión de derrocar el régimen de Hussein, y lo han hecho bien, a pesar de que no puedan crear ni implantar la paz en un país extranjero -como nos enseña una lista de intentos recientes fallidos en otros países.
Si los iraquíes quieren intentarlo por sí solos, es mejor que les permitamos que usen una mezcla de sus propias milicias y fuerzas convencionales -el tipo de combinación con que hicimos nuestra Guerra Civil. De ese modo al menos les trataremos como a iguales. Ellos mismos hasta lo podrían recordar, algún día. Y ese recuerdo podría, con el tiempo, mitigar la amargura creada por la ocupación.

Caleb Carr es el autor de ‘The Lessons of Terror: A History of Warfare Against Civilians’ (Random House). Es profesor de estudios militares en el Bard College.

9 de abril de 2006
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guerra civil no declarada en iraq


[Mariam Fam] Guerra civil parece inevitable si partidos chiíes se niegan a retirar nominación del primer ministro al-Jafari, considerado incompetente, corrupto y responsable de los escuadrones de la muerte.
Bagdad, Iraq. El sábado el estallido de un coche-bomba cerca de una mezquita chií al sur de Bagdad mató a seis personas y las muertes por del atentado más mortífero del año subieron a casi noventa. Un alto funcionario advirtió que Iraq se encontraba en un estado de "guerra civil no declarada" que sólo puede ser impedida por un gobierno fuerte y mayores atribuciones para los servicios de seguridad.
Con el aumento de las tensiones religiosas, los marines estadounidenses repelieron el sábado el ataque más importante en semanas de insurgentes sunníes en la occidental ciudad de Ramadi -otro signo de la crisis por la que atraviesa el país desde que Bagdad cayera en manos de las fuerzas estadounidenses.
El coche-bomba explotó en una pequeña mezquita en la ciudad de Musayyib, junto al río Eúfrates, a 65 kilómetros al sur de Bagdad. La policía dijo que la mayoría de los seis muertos y catorce heridos eran peregrinos chiíes que visitaban el santuario.
Los temores de más atentados han aumentado en las áreas chiíes después del estallido del coche-bomba el jueves, que mató a diez personas en la ciudad santa chií de Nayaf y del atentado suicida al día siguiente contra una mezquita chií en Bagdad -el atentado más mortífero en Iraq este año.
Los atentados contra templos han avivado las tensiones entre chiíes y sunníes, especialmente después del atentado con bomba del 22 de febrero contra un santuario chií en Samarra, un acto que provocó atentados ‘en represalia’ contra mezquitas y clérigos sunníes.
A pesar de la violencia, funcionarios estadounidenses han descartado las especulaciones sobre una guerra civil. Sin embargo, un alto funcionario iraquí dijo el sábado que desde hacía más de un año se vivía un estado de "guerra civil no declarada".
"¿Hay una guerra civil? Sí, hay una guerra civil no declarada que se ha estado librando desde hace más de un año", dijo el general de división Hussein Kamal a la Associated Press. "Todos esos cadáveres que han sido encontrados en Bagdad, la matanza de peregrinos en los santuarios, las explosiones, la destrucción, los ataques contra las mezquitas forman todas parte de la guerra civil".
Sus comentarios fueron repetidos en Egipto por el presidente Hosni Mubarak.
"La guerra civil ya casi comenzó entre chiíes, sunníes, kurdos y los que vienen de Asia. La situación es muy difícil y no sé cómo se puede mantener unido a Iraq", dijo Mubarak en una entrevista emitida el sábado por el canal de televisión Al-Arabiya.
Kamal dijo que el país podría evitar una guerra religiosa total "si se formara un gobierno fuerte con amplios poderes y si fueran capaces de derrotar a los terroristas".
"Entonces podríamos superar esta crisis", dijo.
El número de bajas del atentado con bomba del viernes en la mezquita de Buratha al norte de Bagdad subió a 85 debido a que algunos de los heridos murieron, dijo el doctor Riyadh Abdul Ameer, del ministerio de Salud. Los funcionarios dijeron que el número de muertos podría aumentar debido a las heridas graves de las 156 personas que resultaron heridas en el atentado de terroristas suicidas, entre ellos un hombre vestido de mujer.
También el sábado insurgentes sunníes lanzaron el más intenso ataque en seis semanas contra la sede del gobierno provincial de Anbar, en Ramadi, a 120 kilómetros al oeste de Bagdad. No hubo bajas estadounidenses, dijeron los marines.
Un bombardero F-18 de la Fuerza Aérea estadounidense atacó posiciones insurgentes, provocando estruendosas explosiones que sacudieron la ciudad. Marines estadounidenses de guardia en la sede del gobierno repelieron el ataque con proyectiles antitanque, y fuego de ametralladoras y armas livianas.
Hubo tiroteos esporádicos en los alrededores del edificio del gobierno después de la puesta del sol, y un soldado iraquí fue asesinado el sábado en una balacera en Ramadi, dijeron oficiales estadounidenses. Tres soldados iraquíes resultaron heridos tras un enfrentamiento con insurgentes en Faluya, a unos 50 kilómetros al este de Ramadi, informó la policía.
Militares estadounidenses informaron el sábado que un marine estadounidense murió debido a las heridas recibidas durante una acción hostil el día anterior en la provincia de Anbar, pero no dio mayores detalles.
El New York Times informó en su edición online del sábado que un informe interno de la embajada de Estados Unidos y del comando militar calificó la estabilidad general de seis de las dieciocho provincias de Iraq como "grave" y una de ellas, "crítica". El informe lleva la fecha de 31 de enero, dice el Times.
El diario dice que las provincias donde la estabilidad general fue clasificada de "grave" incluía a Bagdad y Basra, la ciudad rica en petróleo, donde las milicias chiíes tienen considerable influencia. En la provincia de Anbar, que incluye Ramadi y Faluya, fue considerada "crítica", dice el diario.
"Este informe debe ser visto en el contexto más amplio del desarrollo de Iraq en tanto que está relacionado con la economía, el gobierno y la seguridad", dijo en una declaración Dan Speckhard, el jefe estadounidense de reconstrucción de Iraq.
Dijo que se habían hecho progresos importantes en la economía y en el gobierno local, después de "décadas de mala administración" de parte del régimen de Saddam Hussein.
Los intentos de formar un gobierno fuerte y amplio que incluya a sunníes, chiíes y kurdos se han estancado por la oposición de sunníes y kurdos al primer ministro Ibrahim al-Jafari, el candidato chií para dirigir el próximo gobierno. Los opositores acusan a al-Jafari de ser incapaz de poner fin a la violencia religiosa.
Sin embargo, al-Jafari se ha negado a apartarse, y su coalición chií se ha mostrado reluctante a reconsiderar su nominación por temor a fragmentar sus filas. Funcionarios chiíes deben reunirse, posiblemente el domingo, para tratar el impasse a instancias del máximo líder chií del país, el, gran ayatollah Ali al-Sistani.
Los aliados de al-Jafari sugirieron que la reunión reafirmaría la nominación del primer ministro, que ganó por un solo voto durante las elecciones de febrero entre diputados chiíes que fueron elegidos en las elecciones de diciembre.
"De momento, todavía tenemos un candidato... y ese es el doctor Ibrahim al-Jafari", dijo Jawad al-Maliki, un importante miembro del partido Dawa del primer ministro. "Si hay alguna opinión que deba discutirse dentro de la alianza, debe ser discutida... por medios democráticos".
Al-Maliki dijo que entendía que al-Sistani quiera que la alianza resuelva la crisis "pero no oí ningún llamado" a la renuncia de al-Jafari. Pero agregó que "todo es posible".
Khalid al-Attiyah, un miembro independiente de la alianza chií, dijo que se estaban discutiendo varias opciones, incluyendo el remplazo de al-Jafari por el vice-presidente Adil Abdul-Mahdi, que perdió en las elecciones de febrero.
Pero al-Attiyah dijo que el partido de al-Jaafari debería oponerse a eso. Abdul Mahdi es miembro del más importante partido chií, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq.
Otras propuestas incluyen el nombramiento de otro candidato del partido Dawa o de alguien no afiliado a ninguno de los dos grandes partidos chiíes, dijo al-Attiyah.
En otros desarrollos el sábado:
* La policía encontró cuatro cuerpos decapitados con signos de haber sido torturados, que fueron arrojados en una granja a unos 30 kilómetros al norte de Bagdad.
* Un ataque de morteros impactó en una casa cerca del ministerio de Educación en el centro de Bagdad, matando a dos hombres, informó la policía.
* Hombres armados mataron a un vendedor de cigarrillos chií y la policía encontró el cuerpo de un hombre que murió tras el estallido de una bomba improvisada cerca de una carretera.

Qassim Abdul-Zahra en Baghdad y Todd Pitman en Ramadi contribuyeron a este reportaje.

8 de abril de 2006
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milicias chiíes, el mayor peligro


[Jonathan Finer] Para la estabilidad política de Iraq.
Bagdad, Iraq. Las milicias chiíes representan el mayor peligro para la seguridad en muchas partes de Iraq, y han asesinado a más personas en los últimos meses que la resistencia sunní, y presentarán quizás el desafío más desalentador y crítico para la formación del nuevo gobierno, dicen militares estadounidenses y diplomáticos.
Los asesinatos, cometidos por pistoleros chiíes contra sunníes en Bagdad y otros lugares, sumaron cuatro veces más que otras muertes en marzo debidas a atentados con bomba y otros ataques con bajas masivas, de acuerdo a datos militares. Y la mayoría de los funcionarios cree que sólo un pequeño porcentaje de las bajas por balazos son notificadas.
Espoloneado por el atentado con bomba de un santuario chií en Samarra en febrero pasado, el recrudecimiento en asesinatos religiosos ha disminuido en las últimas semanas. Pero los ataques contra importantes mezquitas chiíes el jueves y viernes podría provocar una nueva ronda de derramamiento de sangre.
Aunque reconociendo la inestabilidad causada por los grupos armados chiíes, los más grandes de los cuales están vinculados a los partidos políticos dominantes del país y que operan en el ejército y la policía iraquíes, funcionarios estadounidenses e iraquíes aquí todavía deben implementar o incluso articular públicamente una estrategia para solucionar estos problemas.
"Sabemos que las milicias son un problema. Hemos pedido tanto al ministerio del Interior como al de Defensa que hagan algo", dijo el general de división Joseph Peterson, el americano de más alto rango que trabaja con la policía iraquí, de la que son miembros muchos chiíes. "Ellos reconocen el problema. Pero no se ha tomado ninguna decisión sobre qué hacer".
"Hay leyes y artículos de la constitución que tratan de las milicias y explican cómo disolverlas e integrar a sus miembros en las fuerzas de seguridad sobre bases individuales", dijo Adnan Ali Kadhimi, asesor del primer ministro iraquí Ibrahim al-Jafari. "Pero esto es teoría. En la práctica la situación todavía es muy frágil. La implementación debe ser medida y cuidadosa".
Las milicias se convirtieron en una preocupación prioritaria para Estados Unidos en 2004, cuando los ejércitos estadounidense e iraquí gastaron meses tratando de reprimir las violentas insurrecciones del Ejército Mahdi, una milicia leal al fanático clérigo Moqtada al-Sáder, en Bagdad, Nayaf y otras ciudades. Pero el problema es mucho más espinudo ahora, dicen funcionarios estadounidenses, debido a que las milicias tienen miles de reclutas y han adquirido una nueva estatura política.
Hace dos años, el gobierno iraquí estaba en gran parte bajo control estadounidense y era dirigido por el primer ministro interino Ayad Allawi, un chií laico. El próximo parlamento de Iraq será dominado por el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq, un partido religioso que dirige una milicia llamada Organización Báder, y por seguidores de Sáder. Juntos, los dos grupos representan casi un cuarto de los 275 escaños de la legislatura y tendrán probablemente varios ministerios en el gabinete.
"Ahora es un problema mucho más serio que entonces debido a quién está en el poder", dijo un funcionario estadounidense que trabajó sobre el problema de la milicia con el ahora desmantelado Consejo de Gobierno Iraquí hace dos años y que habló a condición de que no fuera nombrado. "Hasta que no haya una decisión de parte del gobierno, no habrá ninguna solución".
Prácticamente todos los partidos políticos chiíes en Iraq mantienen una fuerza de hombres armados, algunos de ellos verdaderos ejércitos de varios miles de reclutas, y otros que Peterson describió como poco más que "vigilantes de barrio con esteroides".
Los otros partidos importantes de Iraq también mantienen grupos armados. Los grupos insurgentes como al-Qaeda en Iraq y Ansar al-Sunna están formados predominantemente por sunníes y llevan a cabo frecuentes ataques contra soldados estadounidenses e iraquíes y contra civiles chiíes. Los pesh merga, un importante milicia sostenida por los kurdos étnicos, que está formalmente bajo el mando del ejército iraquí, opera principalmente en el norte kurdo y no representan una amenaza de seguridad importante, dicen funcionarios estadounidenses.
Todas las milicias justifican su existencia, en cierta medida, invocando la necesidad de proteger a sus comunidades de la violencia de invade el país.
Se cree que los milicianos chiíes son varias decenas de miles. El general de división Rick Lynch, un portavoz militar en Bagdad, dijo en una entrevista hace poco que el Ejército Mahdi -formado por Sáder con los largamente oprimidos parias chiíes tras la invasión estadounidense- tenía unos diez miembros. La Organización Báder, creada en Irán en los años ochenta para combatir el régimen de Saddam Hussein, tiene aproximadamente cinco mil miembros, dijo.
Otras estimaciones de los grupos, los dos acusados por Estados Unidos de estar respaldados por Irán, son mucho más altas.
Tras el atentado del 22 de febrero del santuario de Askariya en Samarra, la atención volvió a centrarse en el Ejército Mahdi.
Horas después del atentado, decenas de camiones con hombres jóvenes blandiendo rifles -la mayoría de ellos luciendo los reveladores pantalones y camisas negras de la milicia- salieron en tropel de Ciudad Sáder, una inmensa barriada chií al nordeste de Bagdad. Muchos dijeron que abandonaron sus trabajos inmediatamente en respuesta al llamado de sus comandantes y clérigos a proteger sus mezquitas y barrios.
En los días que siguieron, a pesar de un toque de queda impuesto por el gobierno sobre el tráfico vehicular y de los llamados públicos de Sáder a la calma, los residentes de varios barrios sunníes de Bagdad dijeron que bandas itinerantes de pistoleros sacaron a gente de sus casas y mezquitas sunníes, algunas de las cuales estaban ocupadas por chiíes.
Un miembro del Ejército Mahdi, que quiso ser identificado por su nombre verdadero, negó las acusaciones de que la milicia había asesinado a sunníes después del atentado de Samarra, calificándolas de "un rumor de las fuerzas de la ocupación para provocar una guerra civil entre los iraquíes".
Con un traje y sentado a un enorme escritorio de madera, el comandante de una compañía de unos doscientos hombres no parecía exactamente un soldado durante una entrevista una mañana hace poco, en una oficina en la sureña ciudad de Nayaf. Pero dijo que esperaba otro enfrentamiento entre las fuerzas estadounidenses y el Ejército Mahdi, que se ha hecho con dedicados partidarios no solamente por combatir a las tropas extranjeras sino por proveer servicios sociales como barrer las calles y dar comida a los pobres.
"Es como el fuego y el hielo. Nunca podremos vivir juntos y consideramos a los americanos como nuestros peores enemigos", dijo. "Queremos morir como mártires en cualquier momento. Cuando llegue la orden de defendernos, si Dios quiere, nos defenderemos valientemente".
Varias soluciones al problema de las milicias han sido contradictorias.
La Orden 91, emitida por la Autoridad Provisional de la Coalición, el gobierno estadounidense de después de la invasión, prohibió las milicias. Se suponía que los miembros de nueve grupos armados reconocidos, incluyendo a Báder, pero no al Ejército Mahdi, debían entregar sus armas y se les ofrecería un lugar en las fuerzas de seguridad iraquíes. Nunca entregaron las armas.
El mes pasado el gobierno iraquí renovó sus llamados a los combatientes a incorporarse al ejército y policía iraquíes. Pero asesores norteamericanos y británicos de unidades de policía y del ejército han presionado a los comandantes iraquíes para que erradiquen a los miembros con lazos con las milicias.
El informe anual del ministerio de Relaciones Exteriores sobre la situación de derechos humanos, dado a conocer en marzo, decía que "miembros de las milicias integrados en las Fuerzas de Seguridad Iraquíes siguiendo perteneciendo normalmente a estructuras organizativas preexistentes y conservador sus lealtades o afiliaciones originales".
En diciembre unos 160 miembros de la Brigada de Orden Público Nº2, una fuerza del ministerio del Interior de unos dos mil agentes, fueron despedidos por participar presuntamente en el Ejército Mahdi. Y la división de asuntos internos en la sureña ciudad de Basra fue cerrada el año pasado en medio de acusaciones de que estaba operando por medio de escuadrones de la muerte.
Milicias chiíes rivales -incluyendo al Ejército Mahdi y a un grupo armado vinculado al partido político Fadhila- luchan abiertamente en las calles de Basra, duplicando la tasa de homicidios en los últimos meses. Esta semana, 42 personas fueron asesinadas en un período de cuatro días, informaron funcionarios locales.
Algunos funcionarios estadounidenses y comandantes militares argumentan que los grupos deben ser combatidos. "En los libros hay una ley que dice que estas cosas son ilegales, y debe ser implementada", dijo un funcionario norteamericano que trabajó en el problema de la milicia.
El coronel Jeffrey Snow, comandante de la Primera Brigada de la División de Montaña Nº10 del Ejército, en la inquieta Bagdad, dijo que había adoptado una posición agresiva hacia las milicias, especialmente hacia el Ejército Mahdi, al que acusa de haber colocado una bomba improvisada en febrero que costó la vida a dos soldados estadounidenses.
"Después de la formación del gobierno, el asunto clave aquí ahora es abordar el problema de las milicias", dijo Snow, 44, de Nashua, New Hampshire. "Mi opinión personal es que constituyen el mayor peligro para el desarrollo de un ejército y policía profesionales".
Snow mencionó una serie de acaloradas discusiones que ha tenido con representantes del Ejército Mahdi en los últimos meses. "Les dijimos: ‘No toleraremos que ustedes porten armas’. Les dijimos: ‘Podéis proteger las propiedades, pero no podéis salir de ellas portando armas’. Y les dimos ejemplos claros de gente que detuvimos mientras colocaban bombas y que llevaban chapas del Ejército Mahdi".
Aunque no es probable que el problema de la milicia sea abordado hasta que los dirigentes iraquíes terminen de formar un gobierno, funcionarios estadounidenses están aumentando la presión pero ofreciendo pocos detalles sobre cómo debería ser solucionado este problema.
"No puedes vivir en una democracia con varios grupos armados. Debes tener un estado que tenga el monopolio de las armas", dijo hace poco en Bagdad la ministro de Relaciones Exteriores Condoleezza Rice. "Hemos enviado este mensaje repetidas veces, y no solamente durante esta visita, de que una de las primeras cosas que debemos hacer... es refrenar estas milicias".
De momento, los líderes iraquíes se muestran circunspectos sobre qué harán exactamente.
"El gobierno tiene un plan detallado sobre este asunto. Lo sé, soy el coordinador", dijo el asesor de seguridad nacional Mowaffak al-Rubaie. "Pero lo lamento, no puedo decir nada sobre ello".

7 de abril de 2006
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milicias de autodefensa en barrios sunníes


[Megan K. Stack] Por miedo a ataques chiíes, los sunníes de Iraq están formando milicias y almacenando armas.
Bagdad, Iraq. Cuando los ‘camisas negras’ vuelvan, los vecinos de la mezquita los estarán esperando.
Los sunníes del barrio han colocado espías de paisano en las calles para vigilar a desconocidos sospechosos. Tienen los celulares a la mano, esperando la llamada que los llevará a las armas. Cuando ocurra, los hombres saldrán de las casas adyacentes, blandiendo sus armas.
Para hacer frente al crecimiento de milicias chiíes como el Ejército Mahdi y sus milicianos de camisas negras y los mortíferos abusos de las fuerzas policiales en manos de los chiíes, los sunníes en los barrios y ciudades mixtas en Iraq están almacenando armas en sus mezquitas y formando cerradas milicias propias.
"Hemos hecho un acuerdo con los vecinos de que si nos atacan nuevamente, tomaremos las armas y nos enfrentaremos a los intrusos", dijo Fares Mahmoud, predicador de la mezquita de El Kousin. "Dependemos del corazón de la gente para defendernos".
La semana pasada tropas estadounidenses se enfrentaron a tiros con milicias chiíes y oficiales americanos se han mostrado preocupados sobre su creciente poder. Al otro lado de la valla religiosa divisoria, la emergencia de bandas armadas de sunníes, a menudo de orígenes de clase media y laicos, presenta un inquietante indicio de lo cerca que está Iraq de una guerra civil declarada.
Las milicias en los barrios sunníes agregan todavía otro elemento armado más a la situación iraquí, que ya cuenta con insurgentes sunníes -a menudo militantes islamitas o antiguos miembros de la elite gobernante de Saddam Hussein-, que han estado peleando contra las fuerzas de seguridad estadounidenses e iraquíes durante tres años.
Entre los sunníes "tienes a los tafkirirs [militantes fundamentalistas], los antiguos baazistas, tienes a la gente que se siente marginada, y tienes a los nacionalistas árabes. Dios nos libre si cada uno de estos grupos forman ahora sus propias milicias", dice Adnan Pachachi, diputado sunní y vocero interino del nuevo parlamento iraquí.
"Desgraciadamente las últimas elecciones mostraron una cosa: Para ganar, necesitas un montón de dinero, y tu propia milicia", dijo.
Entre la creciente violencia, muchos iraquíes creen que no tienen otra opción que armarse a sí mismos con sus vecinos.
"En Bagdad, por ejemplo, se cree que la policía no está ahí para protegerlos", dijo un funcionario occidental en la capital que no quiso ser identificado debido a las delicadas dimensiones políticas del tema. Pero "inclinarse ante la presencia de una milicia para garantizar la seguridad de un barrio en particular no es una respuesta aceptable".
Una escalada en la violencia religiosa podría llevar a países sunníes vecinos, como Araba Saudí y Jordania, a canalizar armas y dinero a Iraq para apoyar a los sunníes de allá, temen algunos analistas. Los sunníes de la región miran el crecimiento de los chiíes -para no mencionar la engordada influencia de Irán, que apoya fuertemente a los grupos chiíes- con fuertes resquemores.
"Esta es una nueva fase -no es la guerra civil clásica, tradicional, sino un tipo de guerra civil", dice Ismael Zayer, editor del diario iraquí Al Sabah Al Jadid. "A fin de cuentas, si nadie los protege y el gobierno no interviene, tienen que protegerse a sí mismos. Pero si me lo preguntas a mí, no me gusta. No me gusta que sunníes o chiíes se armen de este modo".
Como muchos sunníes en Iraq, los feligreses de la mezquita El Koudiri han aprendido una amarga lección de la ola de asesinatos y vandalismo que convulsionaron al país tras el reciente atentado con bomba contra una mezquita chií: A la hora de protegerse, sólo cuenta consigo mismos.
Una noche poco después del atentado de 22 de febrero contra el santuario en Samarra, furgones llenos de pistoleros chiíes armados pararon frente a las puertas de la mezquita y lanzaron ráfagas de fuego de ametralladoras, dijeron los fieles. Se hicieron camino a balazos en el atrio, un rincón cubierto de hierbas donde los gorriones revolotean entre los rosales, y lanzaron granadas por las ventanas de la mezquita. La destrozada mezquita sigue siendo un manifiesto recordatorio de la vulnerabilidad sunní.
"La situación está escalando", dijo Mahmoud, el predicador. "Es por eso que nos estamos organizando".
Las milicias chiíes son un rasgo antiguo de la política iraquí. En la región kurda en el norte del país, en los pantanos del sur y a lo largo de la frontera con Irán, los milicianos han librado una guerra de guerrillas de baja intensidad contra Hussein antes de que el régimen sunní fuera derrocado en 2003. Poco después de la invasión estadounidense, los seguidores del fanático clérigo chií Muqtada Sáder organizaron una milicia en los barrios bajos de Bagdad.
Bajo Hussein la mayoría de los chiíes fueron brutalmente reprimidos, mientras que los sunníes fueron relativamente privilegiados. En estos días, sin embargo, son los sunníes los que se encuentran cada vez más marginados y bajo fuego a medida que las milicias chiíes se hacen más fuertes -y se enraízan profundamente en el ministerio del Interior, cuyos agentes han sido acusados de formar escuadrones de la muerte para atacar a los sunníes.
Decenas de hombres sunníes aparecen cada semana muertos aquí en una campaña que parece una limpieza religiosa, y muchos templos sunníes han sido dañados.
A medida que crece el número de bajas y la cólera por los atentados contra las mezquitas, los sunníes están amenazando con responder con la misma moneda.
"Los sunníes no son débiles. Están reuniendo fuerzas, pero todavía no la han usado", advirtió Alaa Makki, un importante líder del Partido Islámico Iraquí, el principal partido sunní. "Se pueden conectar con nosotros, se pueden organizar a sí mismos, pueden hacer frente a los chiíes".
A diferencia de las milicias chiíes, que están herméticamente organizadas para la autoridad superior de dirigentes y clérigos nacionales como Sáder, las bandas sunníes siguen siendo pequeñas y dispersas.
Sin embargo, son peligrosas, y su rabia se hace más intensa.
"Vamos a responder con violencia a la violencia", dijo Adnan Abbas Allawi, un ingeniero farmacéutico sunní de 35 que estaba una tarde hace poco en un hospital en el centro de Bagdad. "Nos han impuesto esa decisión. No queremos hacerlo, pero no es posible que observemos de brazos cruzados cómo incendian nuestras mezquitas y nos insultan. La paciencia tiene sus límites".
El primo de 21 de Allawi había quedado atrapado unos días antes en uno de los innumerables atentados con coche-bomba en Bagdad. Su cara estaba todavía salpicada de sangre seca, y yacía gimiendo debajo de una manta floreada. Tenía metralla en su pecho y el brazo izquierdo lo tenía destrozado.
Lo rodeaban familiares en su hundida cama del hospital, los rostros sombríos.
"Si nos empiezan a pedir que nos marchemos, formaremos nuestras propias milicias. Todos tenemos armas", dijo Allawi, mirando a su primo. "Una pequeña señal y nos verás en las calles".
Los ataques contra las mezquitas sunníes han tocado un nervio particularmente sensible, despertando una convicción profundamente asentada de que el deber religioso obliga a responder.
Desde los minaretes de las mezquitas, el llamado a las armas ha empezado a manar en todas partes. "Les ordeno, es una fatwa [edicto religioso]. Todos deben tener armas en sus casas, es mejor que poseer una antena parabólica... Comprad un arma", dijo en un sermón de un viernes reciente un jeque sunní en la sureña ciudad de Basra.
"El que no nos siga es un cobarde".
Una reciente y gris tarde, dos feligreses que se habían nombrado guardias a sí mismos estaban en una pequeña mezquita redonda en un barrio mixto de Bagdad.
"Defenderemos nuestra mezquita hasta la muerte", dijo Amar Hussein, portero de la mezquita con un mechón de brillante pelo rojo.
"Lo que queremos es defender nuestro templo de oración", dijo Karar Radi, sentado a su lado en el atrio. La vulnerabilidad de su secta quedó en claro hace un mes, cuando llegaron hombres armados a la casa del predicador de la mezquita. Se lo llevaron en mitad de una noche invernal y no hemos vuelto a saber de él.
Los feligreses estaban desesperados. Primero lo buscaron en los hospitales. Luego se armaron de coraje y fueron a la morgue. Finalmente empezaron a registrar los vertederos de la ciudad. No encontraron nada. La aritmética del Iraq de hoy sugiere que está probablemente muerto.
"Los sunníes se consideran enemigos de los chiíes", dijo Radi, "y viceversa".

Richard Boudreaux contribuyó a este reportaje.

1 de abril de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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civiles huyen de zonas mixtas


[Edward Wong y Kirk Semple] Continúan secuestros y asesinatos arbitrarios de civiles.
Bagdad, Iraq. La guerra de Iraq ha entrado en una fase más sangrienta, con cada vez menos bajas americanas en los últimos cinco meses mientras los asesinatos de civiles iraquíes han aumentado terriblemente por la violencia religiosa, espoloneando a cientos de miles de iraquíes de huir de áreas mixtas sunní-chiíes.
La nueva tendencia, detallada en cifras de bajas y emigración y en entrevistas con comandantes estadounidenses y funcionarios iraquíes, ha llevado a reforzar la división entre árabes sunníes y chiíes, empujando al país hacia una escisión de hecho a lo largo de líneas religiosas y étnicas -un resultado que el gobierno de Bush ha tratado tenazmente de evitar durante los últimos tres años.
La naturaleza de la guerra de Iraq ha estado cambiando al menos desde el otoño pasado, cuando aumentaron las fricciones políticas entre sunníes y la mayoría chií mientras tropas americanas empezaron a llevar a cabo un plan de largo plazo para reducir su presencia en las calles. Pero los asesinatos recrudecieron más agudamente después del atentado con bomba del 22 de febrero contra una venerada mezquita chií, que desencadenó una ola de violencia religiosa.
En marzo fueron asesinados unos 900 civiles iraquíes, un aumento con respecto a los 700 del mes anterior, de acuerdo al Conteo de Bajas de la Coalición Iraquí, una organización independiente que registra las muertes. Entretanto, al menos 29 soldados estadounidenses fueron matados en marzo, el segundo total mensual más bajo desde el inicio de la guerra.
La Casa Blanca dice que en la mayoría de las 18 provincias iraquíes hay poca violencia. Pero las cuatro o cinco provincias donde ocurren la mayoría de los asesinatos y migraciones son los principales centros demográficos y económicos de Iraq, regiones generalmente mixtas que incluyen a la capital Bagdad y contienen gran parte de la infraestructura delm país -factores cruciales para las perspectivas iraquíes de estabilidad. La reacción de la opinión pública iraquí ante la violencia ha sido substancial. Desde el atentado contra la mezquita de 30 mil a 36 mil iraquíes han abandonado sus hogares debido a la violencia religiosa o por temor a ‘represalias’, dicen funcionarios de la Organización Internacional para las Migraciones en Ginebra. El ministerio iraquí de Migraciones y Desplazamientos calculó que al menos 5.500 familias han sido desplazadas, y el grupo más grande, unas 1.250 familias, se han asentado en la ciudad santa chií de Nayaf después de abandonar Bagdad y las ciudades predominantemente sunníes del centro de Iraq.
Las familias están viviendo con familiares o en edificios abandonados y ha empezado una crisis de escasez de alimentos y de agua, dicen funcionarios.
"Hemos vivido durante 30 año en Latifiya", dijo Abu Husseein al-Ramahi, un campesino chií con una familia de siete, refiriéndose a una aldea al sur de Bagdad que es un bastión de la resistencia árabe sunní. "Pero hace un mes, dos hombres armados y enmascarados dijeron que si me quedaba en la zona, mi familia y yo seríamos matados. Dispararon cerca de mis pies. Me volví inmediatamente a casa y salimos del área temprano a la mañana siguiente, hacia Nayaf".
La familia de Ramahi y otros emigrantes están ahora ocupando ilegalmente un hotel abandonado en la ciudad santa.
"Es casi una sigilosa polarización de Iraq a lo largo de líneas étnicas o religiosas", dijo Anthony H. Cordesman, un especialista militar del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington.
En el caos, dijo, "vemos una lenta, firme pérdida de la confianza, un creciente proceso de desconfianza que se advierte en el día a día cuando la gente se riñe por cuestiones políticas. Todo se ha convertido en un tema religioso o étnico".

La cambiante violencia y las nuevas tendencias migratorias están nutriendo un debate sobre si Iraq se está deslizando hacia la guerra civil. Aunque esa situación no será posible de determinar en el corto plazo, el debate mismo podría aumentar la presión que se ejerce sobre el presidente Bush en casa para reducir las 133.000 tropas estadounidenses aquí. Incluso si las bajas estadounidenses continúan disminuyendo, las encuestas muestran que la opinión pública estadounidense tiene pocas ganas de participar en una guerra civil en Iraq.
Comandantes en Iraq dicen que los grupos rebeldes en Iraq, especialmente Al Qaeda en Mesopotamia, han cambiado el blanco de sus ataques en un intento por fomentar la guerra civil y socavar las negociaciones para formar un gobierno de cuatro años. "Lo que estamos viendo ahora es su cambio de blanco, de tropas de la coalición a civiles iraquíes y fuerzas de seguridad iraquíes", dijo el general de división Rick Lynch, portavoz del comando estadounidense. "El enemigo está tratando de estropear la formación de este gobierno de unidad nacional, está tratando de incitar a la violencia religiosa".
Docenas de cuerpos, estrangulados o ejecutados con balazos en la cabeza, aparecen a diario solamente en Bagdad. El espeluznante trabajo se atribuye usualmente a escuadrones de la muerte o milicias chiíes, que llevan uniformes de la policía y del ejército iraquíes. Entretanto potentes atentados con bomba, una táctica favorita de la resistencia sunní, continúa devastando áreas civiles y bases iraquíes y centros de reclutamiento.
El número de secuestros de iraquíes está aumentando debido a una explosión de bandas criminales que trabajan por su propio provecho o con grupos políticos armados. Cientos de civiles son secuestrados cada semana, habitualmente por rescates de 20 mil a 30 mil dólares. En las últimas semanas, hombres enmascarados han irrumpido en oficinas en Bagdad y huido llevándose a los empleados.
Al mismo tiempo, comandantes estadounidenses han reducido el número de patrullas y han tratado de empujar a las fuerzas de seguridad iraquíes a asumir un papel más visible.
Ese cambio, junto con mejores blindajes y detección de bombas, puede explicar en parte la reducción de las bajas. En octubre pasado murieron 95 soldados estadounidenses. Esa cifra se ha reducido mes a mes desde entonces, pero descendió más abruptamente en febrero y marzo: a 29 en marzo, de 55 en febrero.
Las bajas civiles iraquíes aumentaron en general durante el mismo período, de 465 en octubre, de acuerdo al Conteo de Bajas de la Coalición Iraquí, que lleva el registro de bajas en base a boletines de prensa, un método que se cree entrega cálculos extremadamente bajos.
La amplia tendencia es también sostenida por cifras sobre la cantidad de ataques. Un funcionario del Pentágono dijo que los ataques contra estadounidenses, tropas iraquíes y civiles iraquíes seguían siendo unos 600 por semana desde septiembre pasado, pero que el blanco de los ataques había cambiado. En septiembre, el 82 por ciento de los ataques fueron contra fuerzas estadounidenses y 18 por ciento contra iraquíes; en febrero, 65 por ciento lo fueron contra extranjeros, y 35 contra iraquíes.
Importantes funcionarios americanos están preocupados de que a pesar del creciente número de fuerzas de seguridad iraquíes que están siendo adiestradas y equipadas, y el gran número de insurgentes matados o capturados en los últimos seis meses, el número total de ataques no se ha reducido, dijo un funcionario del ministerio de Defensa.
"Debería inquietarnos que todavía se mantenga en el mismo nivel", dijo el funcionario, que no está autorizado para hablar públicamente sobre la tendencia. "Con el número de operaciones que se producen y el creciente número de gente que estamos deteniendo, y realmente con el número de éxitos tácticos que estamos teniendo, deberíamos esperar una reducción de esa tendencia".
Funcionarios americanos dicen que la solución al derramamiento de sangre reside en que los iraquíes formen rápidamente un gobierno de unidad nacional, con representantes de todos los principales grupos dispuestos a llegar a un compromiso.
Pero con cada suceso político histórico -la transferencia de soberanía en 2004, dos elecciones en 2005, el referéndum sobre la constitución-, los estadounidenses han afirmado que el país debería estabilizarse. En lugar de eso, la violencia ha continuado intensamente, a veces cambiando de naturaleza, como está haciendo ahora, pero nunca descendiendo. Y a medida que la emigración resultante continúa, los grupos políticos de Iraq tienen menos incentivos para hacer compromisos, ya que se separan y aíslan en sus enclaves.
Muchos iraquíes dicen que están huyendo por miedo a que las fuerzas de seguridad iraquíes tomen partido.
La policía y las fuerzas especiales están infestadas de reclutas de las milicias, en su mayor parte de partidos políticos chiíes, y son acusadas por los sunníes de llevar a cabo ejecuciones religiosas. Un canal de televisión sunní advirtió la semana pasada a los espectadores no admitir a policías o soldados iraquíes en sus casas a menos que fueran acompañados de tropas americanas.
"Ahora mandan las milicias", dijo Aliyag al-Bakr, 42, un maestro sunní que tenía dos familiares que fueron secuestrados y ejecutados por hombres armados de negro en Bagdad el 22 de febrero. "Tengo más miedo de las milicias iraquíes que de los norteamericanos. Pero la presencia americana sigue siendo el origen de todos los problemas".
Parte de la emigración está tomando lugar dentro de Bagdad, y las familias se están mudando de una calle en otra, de barrio a barrio, dentro de una capital cada vez más segregada.
Otras están atravesando vastas extensiones de desierto. Al menos 761 familias se han asentado en Bagdad después de mudarse desde la provincia de Anbar y otras áreas dominadas por los sunníes al oeste, de acuerdo a cifras del gobierno iraquí. Lo mismo está ocurriendo en el extremo sunní: hay informes sobre 50 familias que se han trasladado desde Bagdad a la ciudad sunní de Faluya.
Los grupos socorristas han estado repartiendo entre familias colchones, mantas, utensilios de cocina y otros aparatos en todo el centro y sur de Iraq.
Jemini Pandya, portavoz de la Organización Internacional para las Migraciones, dice que es una respuesta de corto plazo a lo que podría convertirse en un problema duradero. "Estamos haciendo trabajo de emergencia", dijo. "La situación de los desplazados no se resolverá pronto".

Eric Schmitt contribuyó al reportaje para este artículo desde Washington, Khalid W. Hassan desde Baghdad, y un empleado iraquí desde Nayaf.

2 de abril de 2006
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tropas atacan a milicias chiíes


[Jonathan Finer y John Ward Anderson] Dieciséis milicianos eliminados en ataque. Aumentan tensiones con chiíes.
Bagdad, Iraq. Fuerzas especiales americanas e iraquíes mataron el domingo al menos a dieciséis seguidores del clérigo chíi Moqtada al-Sáder en un ataque en el crepúsculo contra lo que militares norteamericanos dijeron que era una "célula terrorista" culpable de atentados contra soldados y civiles.
También el domingo fuerzas iraquíes encontraron 30 cuerpos decapitados en un área al norte de la capital. Un funcionario de la salud dijo que los asesinatos tuvieron lugar antes en el día.
No hubo militares americanos o iraquíes muertos en el enfrentamiento con las fuerzas de Sáder, que ocurrió en el barrio predominantemente sunní de Adhamiyah, al norte de Bagdad, según una declaración de los militares estadounidenses. Un soldado iraquí resultó herido y se detuvo a quince personas. Un rehén no identificado fue encontrado en el lugar, dice la declaración, junto con materiales usados para montar bombas caseras.
Ayudantes de Sáder, que es respaldado por una de las milicias más grandes y temidas del país, dijo que los que murieron eran inocentes que estaban rezando en la mezquita de al-Mustafá en el vecindario de Shaab, al norte de Adhamiyah, cuando empezó el asalto a las seis de la tarde.
Los militares norteamericanos dijeron en una declaración que "no se entró a, ni se dañaron mezquitas en esta operación". Los militares también dijeron que las tropas norteamericanas fueron atacadas cuando empezó el allanamiento y respondieron el fuego. Fue imposible verificar dónde tuvo lugar el allanamiento debido al toque de queda nocturno impuesto por el gobierno y que empieza a las ocho de la tarde, horas antes de que se dieran a conocer noticias sobre el incidente.
Las muertes inflamaron una situación política ya bastante tensa en momentos en que los líderes iraquíes se esfuerzan por formar un nuevo gobierno frente a la creciente violencia religiosa. Un declarado opositor a la presencia norteamericana en Iraq, Sáder se ha convertido en una potente fuerza política, controlando a más de 30 miembros leales en el nuevo parlamento iraquí. El incidente fue uno de los enfrentamientos más mortíferos entre sus seguidores y tropas norteamericanas e iraquíes desde que su milicia, Ejército de Mahdi, montara dos violentos levantamientos en 2004.
"Creo que adoptaremos una posición muy firme contra las fuerzas americanas debido a este crimen", dijo en la televisión al-Iraqiya el ministro de Transporte del país y estrecho aliado de Sáder. Durante la noche, el canal emitió metraje mostrando cuerpos ensangrentados que yacían en un suelo de cemento y hombres envolviendo cadáveres en mantas a la luz de barras luminosas y llevándoselos.
Maliki culpó del incidente al embajador norteamericano Zalmay Khalilzad, que ha acusado al Ejército Mahdi de ser los autores de un montón de recientes asesinatos tras el atentado el mes pasado contra una venerada mezquita chií en Samarra, al norte de la capital Bagdad.
En una declaración leída por un portavoz del gobierno en el canal al-Iraqiya, el primer ministro Ibrahim al-Jafari llamó a la calma y dijo que había tratado el incidente con el general George W. Casey Jr., comandante de las tropas norteamericanas en Iraq, el que, según Jafari, había "prometido investigar el caso".
"Llamamos a los hijos de nuestro pueblo a tomar conciencia de que se está conspirando contra el país", dijo Jafari. "Esperamos que tengan paciencia hasta que tengamos las conclusiones de las investigaciones que han comenzado inmediatamente".
Un ayudante de Jafari, que ha sido respaldado por el ala política de Sáder para conservar su cargo en el próximo gobierno, pero al que se oponen otros grupos políticos iraquíes, dijo que el gobierno no fue notificado de antemano sobre el allanamiento.
"El incidente ha dañado todo el proceso político", dijo el ayudante, que habló a condición de conservar el anonimato, refiriéndose a las negociaciones sobre la composición del próximo gobierno, que se han estancado desde las elecciones en noviembre. "Algunos líderes se sentirán consternados por la situación y dudarán a la hora de participar, después de enterarse de lo sucedido y cómo el gobierno no fue puesto al tanto. Necesitamos que la situación se calme un poco".
El enfrentamiento en la capital iraquí fue uno de los varios incidentes del domingo, y tiene potencialmente implicaciones políticas profundas. También en Bagdad, fuerzas americanas e iraquíes atacaron un centro de detención del ministerio del Interior y encontraron a 17 prisioneros extranjeros. Agencias de prensa dijeron que se detuvo a unos 40 agentes de policía en la operación, que se llevó a cabo tras promesas de los comandantes norteamericanos de reprimir los maltratos a los detenidos tras recientes revelaciones de torturas en al menos dos cárceles gestionadas por iraquíes.
El ayudante de Jafari dijo que no se encontraron evidencias de torturas y que los prisioneros incluían a nacionales sudaneses, egipcios y otros árabes, que estaban esperando todos ser deportados porque carecían de documentos de identificación. Un portavoz militar norteamericano, el teniente coronel Barry Johnson, dijo que no tenía "informaciones comunicables" sobre el incidente.
En otro lugar en Iraq, funcionarios médicos y del ejército en la provincia de Diyala, al nordeste de Bagdad, dijeron que habían encontrado treinta cuerpos decapitados, a las seis y media de la tarde en un área aislada cubierta de matorrales en Tartiya, un pueblo en las afueras de Baqubah, a 56 kilómetros de la capital.
Tariq Shallal Hiyali, director suplente del departamento de salud provincial, dijo que todos los cadáveres eran de hombres.
En un caso no relacionado, también en la provincia de Diyala, una fuente en el ministerio del Interior iraquí dijo el domingo que tres días antes se había arrestado a un agente de seguridad, que había sido acusado de encabezar una banda criminal cuyos miembros se vestían como agentes de seguridad para secuestrar y matar a gente. El funcionario, que no pudo ser citado por su nombre, identificó al hombre arrestado como Arkan Mohammed al-Bawi, 32. Dijo que Bawi confesó durante el interrogatorio que los miembros de su banda utilizaban uniformes policiales incautados durante ataques contra puestos de control policiales y que habían asesinado a "mucha gente".
La agencia de noticias Reuters informó que Bawi era mayor de la policía y que su hermano era el jefe de policía de la provincia de Diyala.
Iraq se ha visto plagado de incidentes en los que hombres armados vestidos como agentes de seguridad secuestran y matan a civiles. Políticos sunníes han denunciado que los grupos atacan a sunníes y que son protegidos por el ministerio del Interior, una acusación que ha sido rechazada por el gobierno iraquí.
También el domingo al menos diez cuerpos más fueron hallados en tres lugares en la capital, dijo un funcionario de la sala de operaciones de la policía de Bagdad, a condición de preservar el anonimato. Cinco tenían sus manos atadas y habían sido matados de un balazo en la cabeza, y otros cinco mostraban signos de tortura y había sido disparados en el estómago y pecho, dijo. Ninguno había sido identificado y tenían edades entre 20 y 40 años, dijo.
Entretanto, en un incidente aparentemente no relacionado con los enfrentamientos con sus seguidores en Bagdad, Sáder escapó ileso cuando dos proyectiles de mortero impactaron cerca de su casa en Nayaf encontrándose él en su interior.
Mustafa Yacoubi, un importante ayudante de Sáder en Nayaf, dijo que los proyectiles habían sido disparados de cerca desde otra casa en el vecindario, un área al nordeste de Nayaf que es controlada por el Ejército Mahdi de Sáder. Furiosos partidarios del joven clérigo rodearon la casa de Sáder después del ataque.
El clérigo, que se cree está en la treintena, sacó una declaración llamando a la calma a sus seguidores, que han sido acusados de los mortíferos asesinatos ‘ en venganza’ contra sunníes después de otras provocaciones, que Sáder a menudo atribuye a Occidente.
"Llamo a mis hermanos a que no se dejen manipular por conspiraciones occidentales", dice en la declaración. "Todos debemos conservar la calma".

Ellen Knickmeyer y Naseer Nouri y Saad al-Izzy en Bagdad, Saad Sarhan en Najaf y Hassan Shammari en Baqubah contribuyeron a este reportaje.

27 de marzo de 2006
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doctor iraquí mataba a sus pacientes


[John Ward Anderson] Le pagaban los insurgentes por matar a policías y soldados.
Bagdad, Iraq. Un doctor confesó haber matado al menos a 35 agentes de policía y soldados iraquíes colocándoles inyecciones fatales, reabriendo sus heridas o utilizando otros métodos cuando estaban siendo tratados en un hospital en la norteña ciudad de Kirkuk, de acuerdo a fuentes de seguridad y televisión kurdas.
El domingo la televisión kurda emitió lo que dijo que era la confesión grabada del doctor, en la que dice a la policía que simpatizaba con el grupo sunní insurgente Ansar al-Sunna. Dijo que el grupo le pagaba por matar a esos hombres y que lo hizo porque "odio a los norteamericanos por lo que han hecho en Iraq".
"Inyecté a más de 35 agentes y soldados, incluyendo a oficiales y a algunos que sólo estaban levemente heridos", dice el doctor, identificado por un funcionario de la seguridad kurda como Luay Omar Taie, en una declaración grabada.
"Desenchufaba la máquina de respiración o cortaba la electricidad cuando estaban en la mesa de operaciones o les reabría las heridas".
Un alto funcionario de la agencia de inteligencia de la policía de la Unión Patriótica del Kurdistán UPK, que se negó a ser citado por su nombre, confirmó los detalles del caso, que fueron reportados por primera vez por el diario The Independent, de Londres. Las circunstancias de las presuntas confesiones, incluyendo si pueden haber sido obtenidas con apremios, no pudieron ser verificadas.
Taie fue arrestado tras la detención de miembros de una banda criminal con lazos con Ansar al-Sunna. La banda es responsable del secuestro de más de 150 personas y de la ejecución de 18 de ellas, dijo el funcionario de inteligencia de la UPK. Pronto se detuvo a otros insurgentes.
Durante los interrogatorios los rebeldes identificaron a Taie como el doctor que los trataba. La organización eligió a Taie porque era joven y quería dinero, dijo el funcionario.
En la declaración emitida por la televisión kurda, el doctor dice que le pagaban cien dólares por cada acto. Reclamó responsabilidad por el asesinato de subdirector de la policía en Kirkuk, el general Ajman Abdullah, al que mató con una inyección fatal, y dijo que también había matado al hermano del general, un soldado que había sido ingresado al hospital tras resultar herido en la explosión de una bomba improvisada.
El doctor dijo que ayudó a un insurgente herido a escapar del hospital. El funcionario de la inteligencia dijo que Taie también daba consejos a los rebeldes sobre cómo falsificar documentos que decían que sus miembros habían sido atacados por tropas norteamericanas y recibir tratamiento médico en un hospital de Mosul, a unos 160 kilómetros.

27 de marzo de 2006
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torturados hasta la muerte


[Jeffrey Gettleman] La cara de una macabra y estúpida venganza en Bagdad.
Bagdad, Iraq. Mohannad al-Azawi había recién terminado de alimentar a sus pájaros enjaulados en su tienda de mascotas al sur de Bagdad cuando tres coches con hombres armados aparcaron frente a su tienda.
Fue agarrado por su camisa y metido a un coche, mientras la multitud miraba.
Azawi fue uno de los pocos sunníes de la manzana y, de acuerdo a testigos, cuando un amigo chií trató de intervenir, un pistolero le apuntó a su cabeza y le dijo: "¿Quieres que te volemos los sesos también a ti?"
El cuerpo de Azawi fue encontrado a la mañana siguiente en una planta de tratamiento de aguas servidas. El hombre menudo que criaba ruiseñores, había sido amarrado de pies y piernas, torturado con taladros y baleado.
En el último mes cientos de hombres han sido secuestrados, torturados y ejecutados en Bagdad. Mientras líderes iraquíes y estadounidenses se esfuerzan por evitar una guerra civil, los cadáveres se siguen apilando. La tasa de homicidio de la ciudad se ha triplicado de 11 a 33 muertes al día, dijeron funcionarios militares. El período que va del 7 al 21 de marzo fue brutalmente típico: al menos 191 cadáveres, muchos de ellos mutilados, aparecieron en tachos de basura, acequias de desagüe, furgonetas y camiones.
Fue lo que pasó con los cuatro hermanos Duleimi -Khalid, Tarek, Taleb y Salaam-, secuestrados en sus casas frente a sus mujeres. Y de Achmed Abdulsalam, visto por última vez en un puesto de control en su recientemente pintado BMW y encontrado muerto debajo de un puente dos días después. Y de Mushtak al-Nidawi, un estudiante de derecho apodado ‘Titanic’ por su parecido con Leonardo DiCaprio, cuyo cuerpo fue devuelto a su familia con su cabeza partida en dos.
Lo que más aterroriza a los iraquíes sobre estas ejecuciones al estilo de la mafia es la impunidad. De acuerdo a informes entregados por familiares y más de una docena de entrevistas, muchos hombres fueron secuestrados a plena luz del día, en público, a la vista de testigos. Sin embargo, pocos casos, si acaso, han sido investigados.
Parte de la razón puede ser que la mayoría de las víctimas son sunníes, y crece la sospecha de que muchos de ellos fueron asesinados por escuadrones de la muerte chiíes que son respaldados por fuerzas del gobierno en un ciclo de ‘venganzas’ religiosas. Esa acusación ha estado circulando en Bagdad durante meses, y a medida que aparecen más sunníes muertos, más gente se siente inclinada a creerla.
"Esta es una limpieza sectaria", dice Mahmoud Othman, miembro kurdo del parlamento, que se ha mantenido neutral en el conflicto entre chiíes y sunníes.
Othman dijo que los dos lados cometían atrocidades. "Pero lo que es diferente es que cuando los chiíes mueren en atentados suicidas, todo el mundo se agrupa para combatir a los terroristas sunníes", dijo. "Pero cuando los chiíes matan a sunníes, nadie dice nada, porque gran parte de los asesinatos son cometidos por milicias vinculadas con el gobierno".
El desnivel en los asesinatos, y la sospecha de que el gobierno está involucrado, está profundizando la división chií-sunní, justo cuando funcionarios americanos están instando a líderes sunníes y chiíes a formar un gobierno amplio, con la esperanza de que una muestra de unidad a ese nivel impida una guerra civil declarada.
La presión está aumentando sobre el primer ministro Ibrahim al-Jafaari, un chií, pero pocos creen que reprima los asesinatos, en parte porque necesita el apoyo de las milicias chiíes para seguir en el poder.
Haidar al-Ibadi, portavoz de Jafaari, reconoció que "algunas fuerzas policiales han sido infiltradas". Pero dijo que eran "extranjeros", y no iraquíes, sobre los que recaía la culpa.
Ahora muchos sunníes, que eran los más anti-norteamericanos en Iraq, están pidiendo su ayuda.
"Si los americanos se marchan, estamos perdidos", dijo Hassan al-Azawi, cuyo hermano fue secuestrado de su tienda de mascotas.
Pensó un momento.
"Quizá ya estamos perdidos".

La oficina de derechos humanos del Partido Islámico Iraquí, un grupo mayoritariamente sunní, ha registrado más de 540 casos de hombres sunníes y algunas mujeres sunníes que fueron secuestrados y asesinados desde el 22 de febrero, cuando la destrucción de un santuario chií en Samarra desencadenara aparentemente una ola de furia religiosa.
Como muestra el caso de Azawi, algunos son presa fácil.
Azawi era el menor de cinco hermanos. Tenía 27 años y vivía con sus padres. Amaba a los pájaros desde que era niño. Los ruiseñores eran sus preferidos. Luego los canarios, las palomas y las tórtolas.
Durante el régimen de Saddam Hussein fue reclutado por el ejército, pero desertó.
"Le gustaban los pájaros", dice un vecino chií, Ibrahim Muhammad.
Hace unos años Azawi abrió una pequeña tienda de mascotas en Dawra, un barrio pobre, predominantemente chií, al sur de Bagdad.
Los amigos dicen que a Azawi no le interesaba ni la política ni la religión. Nunca fue a una mezquita sunní, aunque sí lo hacían sus hermanos. No prestaba atención a las noticias ni miraba televisión. Eso puede haberle costado la vida.
El 22 de febrero el santuario de Askariya, en Samarra, fue atacado a las siete de la mañana. Pero Azai no supo lo ocurrido sino hasta las cuatro de la tarde de ese día, dicen sus amigos. Estaba en su pequeño universo, ocupándose de sus pájaros, cuando un tendero chií le contó la noticia y le dijo que cerrara la tienda. Se quedó en su casa durante tres días. Sus amigos dicen que estaba aterrorizado.
El día del ataque contra el santuario, las turbas chiíes empezaron a causar estragos en Bagdad, incendiando mezquitas sunníes y asesinado a los residentes sunníes. Algunos sunníes respondieron y mataron a chiíes. El caos se reclamó la vida de cientos de personas y expuso tensiones que hasta entonces habían estado borboteando justo debajo de la superficie.
Dos milicias chiíes, la Organización Báder, que antes se ejercitaba en Irán, y el Ejército Mahdi, los reclutas de un joven y fanático clérigo chií, Moqtada al-Sáder, fueron acusadas de gran parte del derramamiento de sangre. Los hombres de Sáder llevan a menudo uniformes negros, y muchos de los familiares de los hombres secuestrados dicen que hombres con uniformes negros fueron quienes se los llevaron. Mucha gente dice además que los hombres de negro llegaron juntos con la policía.
A eso de las nueve de la noche del día del atentado contra el santuario, una turba de hombres vestidos de negro rodearon a los hermanos Duleimi, dijeron familiares.
Los hermanos vivían en Nuevo Bagdad, un barrio de clase obrera predominantemente chií. Eran todos jardineros y religiosos que rezaban cinco veces al día. Tenían familiares en Faluya, en el corazón del territorio sunní.
El lugar de procedencia de las familias en Iraq revela a menudo si es sunní o chií. Hoy, debido a las fricciones religiosas, la gente está cada vez más consciente de los ligeros acentos regionales, estilos de vestidos y nombres. Algunos nombres de pila, como Omar entre los sunníes, o Haidar, entre los chiíes, delatan claramente el origen. Otros, como Kahlid, no lo hacen. Los nombres tribales también pueden ser indicativos.
Un primo de los hermanos Duleimi, que se identificó a sí mismo como Khalaf, dijo que los cuatro hombres fueron sacados a punta de pistola de la pequeña casa que compartían. Sus cuerpos aparecieron al día siguiente en una acequia de desagüe cerca de Ciudad Sáder, un bastión del Ejército Mahdi. Les habían cercenado todos los dedos de pies y manos.
Ese mismo día fue secuestrado Mushtak al-Nidawi, 20. De acuerdo a una tía, Aliah al-Bakr, estaba hablando por teléfono frente a su casa en Bayah cuando apareció en la calle un grupo de milicianos del Ejército Mahdi, gritando: "¡Venimos a por vosotros, sunníes!"
Bakr dijo que se llevaron a Nidawi mientras su madre miraba desde la puerta. Su cuerpo apareció en la calle siete días después, con su piel cubierta de magulladuras, su atractivo rostro quemado con ácido, las uñas arrancadas.
"Le dije a su madre que lo habían matado a balazos", dijo Bakr.

Sheik Kamal al-Araji, portavoz de Sáder, dijo que "el Ejército Mahdi no comete esos crímenes".
También dijo que los milicianos cambiarían pronto su uniforme para que no les confundieran con matones.
La pregunta de quién exactamente está detrás de estos asesinatos colectivos se ha convertido en un delicado problema político. También la disparidad en los asesinatos.
Muchos políticos sunníes, entre ellos políticos laicos como Methal al-Alusi, acusan al gobierno chií de respaldar una campaña de exterminio de los sunníes. Muchos líderes chiíes, incluyendo al primer ministro Jafaari, acusan a "terroristas extranjeros", sin ser más específicos. Parece que las milicias chiíes, incapaces de combatir a los terroristas suicidas presuntamente sunníes que matan a chiíes, están ahora atacando a civiles sunníes. No hay evidencias de que los sunníes que fueron secuestrados y asesinados hayan estado vinculados a los terroristas.
Zalmay Khalilzad, el embajador estadounidense, dice ahora que las milicias son la principal amenaza contra la seguridad de Iraq. Pero ha tenido la cautela de pintar el problema a grandes pinceladas, diciendo que los dos lados llevan culpa.
Hay pocas víctimas chiíes, como Mohammed Jabbar Hussein, que vivía en un área fundamentalmente sunní al oeste de Bagdad. Desapareció el 26 de febrero, y lo encontraron cuatro días después, con un balazo en la cabeza.
Pero las milicias bajo sospecha, y las que tienen los lazos más fuertes con el gobierno, son chiíes. El general de división Rick Lynch, portavoz de los militares estadounidenses, dijo que las milicias chiíes han desempeñado un papel en los asesinatos y que "el gobierno de Iraq ha tomado medidas".
Luego está el asunto de los procesos. Incontables insurgentes sunníes han sido detenidos y procesados por cargos de asesinato, pero muy pocos milicianos chiíes han sido aprehendidos.
Thamir al-Janabi, a cargo del departamento de investigaciones criminales del ministerio del Interior, se negó a hacer comentarios. Lo mismo hicieron varios otros funcionarios del ministerio.
Una nueva ronda de ataques ‘de venganza’ empezó el 12 de marzo, a eso de las seis de la tarde, cuando estallaron una serie de coches-bomba en Ciudad Sáder, causando la muerte a 50 civiles. La mayoría de los funcionarios de seguridad, chiíes y sunníes, culparon a terroristas sunníes.
Una hora y media más tarde, media docena de hombres armados llegaron a la tienda de mascotas de Azawi.
Wisam Saad Nawaf estaba jugando al pool al otro lado de la calle. Dijo que un hombre con un pasamontañas llegó con los pistoleros, que no llevaban máscaras, y que cuando agarraron a Azawi, el hombre enmascarado asintió: "Debe de haber sido un informante del barrio", explicó Nawaf.
Azawi fue subido al coche. Los pistoleros cerraron la puerta. A la mañana siguiente el cuerpo de Azawi fue encontrado en una planta de aguas servidas. Las fotos de la autopsia muestran que fue terriblemente torturado. Su piel estaba cubierta de verdugones morados. Sus piernas y cara tenían agujeros de taladro. Le habían quebrado los dos hombros.
Su hermano Hassan lleva las fotos de la autopsia con él, junto con una pistola. "No puedo vivir si no me vengo", dijo.
Hassan dijo que en el funeral había algunos chiíes, pero tomó como una triste pizca de esperanza.
Una semana después, el 20 de marzo, encontraron el cuerpo de Absulsalam, otro sunní, debajo de un puente. Abdulsalam, 21, trabajaba con su padre en propiedades inmobiliarias. Su familia dijo que lo vieron en su BMW cuando fue parado en un puesto de control del Ejército Mahdi.

25 de marzo de 2006
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