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nuevas tácticas de terroristas


[Borzou Daragahi] Se atribuye al grupo de Zarqawi el memorándum liberado por los militares. Llama a una guerra civil con los chiíes.
Bagdad, Iraq. Los militares estadounidenses revelaron el jueves partes de un memorándum atribuido a Al Qaeda en Iraq que describe planes para provocar una guerra religiosa atacando a los chiíes y concentrando la guerra en la capital en las regiones mixtas del país.
El memorándum, que los militares dijeron que habían requisado durante un allanamiento el mes pasado, ordena a los seguidores a "convertir la guerra en una lucha entre chiíes y muyahedines", como se refieren los militantes a sí mismos, y critica furiosamente a los grupos sunníes moderados. Incluye un llamado a los rebeldes a "desplazar a los chiíes y erradicar sus tiendas y negocios de nuestras áreas. Expulsemos a esos vendedores de gasolina, pan y carne en el mercado negro y a cualquiera que sea sospechoso de estar espiándonos".
El memorándum, si es auténtico, provee una de las evidencias más sólidas hasta la fecha en respaldo de una acusación que funcionarios estadounidenses han repetido varias veces: que Abu Musab Zarqawi, líder de Al Qaeda en Iraq, ha estado tratando deliberadamente de utilizar las crecientes tensiones religiosas y étnicas del país para iniciar una guerra civil declarada.
La autenticidad del memorándum no pudo ser verificada independientemente, pero su redacción se parece a materiales que la resistencia iraquí ha publicado en internet y distribuido en octavillas. Además, el llamado del memorándum a cambiar el blanco de los ataques -dejando de atacar a los americanos para volcarse contra los chiíes- parece reflejar la realidad en el terreno.
Funcionarios estadounidenses tratan de obtener el máximo provecho del memorándum y de poco halagadoras tomas descartadas de un video de propaganda recientemente publicado de Zarqawi en cuanto a relaciones públicas, compartiendo estos materiales con los medios de comunicación.
El metraje muestra a un nervioso Zarqawi en zapatillas, tratando de levantar su ametralladora para disparar. Otra toma muestra a un lugarteniente cogiendo una ametralladora recientemente disparada y quemándose aparentemente la mano con la caliente boca del arma.
El general de división Rick Pynch, portavoz de las fuerzas estadounidenses en Iraq, dijo que las torpezas de Zarqawi y el memorándum sobre estrategia fueron descubiertos en un allanamiento de un presunto escondite en Yousifiya, al sur de la capital. Estrategas militares norteamericanos dicen que la aldea está siendo usada como una plataforma de lanzamiento de operaciones de la resistencia en Bagdad.
Funcionarios estadounidenses reconocen que los combatientes extranjeros de Zarqawi constituyen sólo una pequeña parte de la resistencia preponderantemente sunní, pero dicen que sus intentos de iniciar una guerra civil representan el mayor peligro para la estabilidad de Iraq.
El memorándum describe el programa religioso de los militantes para los próximos seis meses en crudos detalles: "Reducir los ataques todo lo posible en las áreas sunníes, de modo que podamos dedicarnos tranquilamente a limpiarlas de espías y de chiíes".
El memorándum también parece indicar un cambio estratégico en el que las tropas estadounidenses ya no son el blanco principal.
"En Bagdad la prioridad serán los chiíes, el ejército iraquí y el resto de las tropas allá", dice.
En una sección titulada ‘Comentarios y Notas Importantes sobre el Trabajo en Bagdad’, el memorándum llama a los militantes a atacar frecuentemente puestos de control de la policía y ejército. "Hacedlo hasta que en sus mentes se convierta en un hecho fixo que los que patrullan las calles están condenados a morir", dice el memorándum. En su video de propaganda, Zarqawi amenaza con atacar a los sunníes que se han incorporado a las fuerzas de seguridad.
Pero el memorándum, que no incluye ni fecha ni autor, también se critica a líderes de la resistencia no mencionados por buscar ventajas publicitarias de corto plazo antes que la creación de una organización viable.
"La mayoría de los muyahedines en Bagdad saben que sus líderes no tienen una visión clara ni un plan bien definido", dice el memorándum, destacando recientes "pérdidas estratégicas" de emires y otros líderes.
"Los emires están exigiendo un trabajo diario continuo con el mayor impacto posible para agotar al enemigo, aunque de hecho son los muyahedines los que están cansados", dice el memorándum.
La publicación de las tomas descartadas de Zarqawi permitió a los militares estadounidenses una oportunidad de ridiculizar la imagen de líder duro que trata de proyectar Zarqawi en un video de propaganda de 34 minutos publicado en internet y emitido en canales de televisión árabes la semana pasada.
"Lo que habéis visto en internet es lo que él quería mostrar al mundo: ‘Miradme, soy el jefe de una organización capaz’", dice Lynch, el portavoz estadounidenses, en su rueda de prensa semanal.
"Aquí está Zarqawi, el último de los guerreros tratando de disparar una ametralladora. Se supone que es un rifle automático, pero hace los tiros uno por uno", dijo Lynch. "Su captura es una cuestión de tiempo".
Pocos iraquíes sunníes apoyan a Zarqawi, incluso los que simpatizan con los elementos nacionalistas de la resistencia. "Las acciones de Zarqawi están desvirtuando la imagen de la verdadera resistencia", dijo Sara Ibrahim, 21, una estudiante universitaria sunní. "Sus acciones incitan al odio. Es una persona sin religión ni principios".
Lynch dijo que desde el 8 de abril se han eliminado a 31 militantes sospechosos de ser leales a Zarqawi en cinco allanamientos, incluyendo uno den Yousifiya. Funcionarios estadounidenses dijeron que los militares habían matado el jueves a ocho militantes de la resistencia en un tiroteo en el centro de Ramadi, al oeste de la capital.
Al menos nueve iraquíes y dos soldados estadounidenses murieron el jueves en atentados con bomba y balaceras en la capital.
Un terrorista suicida causó la muerte de al menos ocho personas y dejó heridas a otras 44 el jueves en la mañana frente a un tribunal al norte de Bagdad, dijeron funcionarios policiales y sanitarios. La corte criminal iraquí condenó a doce rebeldes durante la semana del 19 de abril, sentenciando a tres de ellos a prisión perpetua.
En el centro-sur de Bagdad, dos soldados americanos murieron al explotar una bomba improvisada el jueves poco antes del mediodía. Los militares no revelaron la ubicación exacta del incidente, pero un empleado de Times presenció una enorme explosión en la carretera de dos niveles que conecta Bagdad sur y occidental.
La explosición destruyó un vehículo militar norteamericano blindado, dispersando caucho y metal en la autopista. Soldados de vehículos en la cercanía ocuparon posiciones defensivas mientras las bajas eran evacuadas con helicópteros. Residentes de un barrio de clase media sunní cercano elogiaron el atentado y criticaron a los agentes de policía por ayudar a custodiar el lugar de los hechos.
Un importante funcionario del ministerio de Defensa fue asesinado a balazos el jueves por la mañana cuando se dirigía a su trabajo en Bagdad occidental.

Raheem Salman y Saif Hameed contribuyeron a este reportaje.

5 de mayo de 2006
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¿hay otro camino para iraq?


[David S. Broder] Quizás la solución para Iraq sea crear zonas relativamente autónomas, antes que aferrarse al modelo centralista.
El lunes, para conmemorar el tercer aniversario de la aparición del presidente Bush en el USS Lincoln para anunciar que "las operaciones de combate más importantes en Iraq han terminado", el líder demócrata del Senado, Harry Reud, de Nevada, emitió un comunicado de prensa en el que el texto de Bush es contrastado con mordaces observaciones sobre el hecho de que desde la fanfarronada de entonces, en Iraq todo ha salido mal.
Fue un golpe retórico bajo, dirigido aparentemente a debilitar todavía más el apoyo público de la guerra, pero sin ofrecer una estrategia alternativa para terminarla.
Esa misma mañana, otro senador, Joe Biden, de Delaware, expuso una aproximación mucho más útil y responsable en un discurso ante el Consejo de Asuntos Mundiales en Filadelfia; en un artículo de opinión en el New York Times, escrito con Leslie Gelb, presidente emérito del Consejo de Relaciones Exteriores; y en una conferencia telefónica conmigo mientras conducía de Filadelfia a Washington.
Biden, el demócrata más importante en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado, es un partidario de la guerra que -como John McCain- han sido un consistente crítico de la estrategia militar y diplomática del gobierno. Esta semana, después de su sexto viaje a la zona de guerra, dijo que el peligro de la violencia religiosa -una guerra civil incipiente entre chiíes y sunníes- es tan grande que Estados Unidos debe redefinir sus objetivos políticos en Iraq. En lugar de apostar todo a la creación de un gobierno unido en Bagdad, dijo Biden, deberíamos estimular el desarrollo de autoridades regionales separadas, aunque vinculadas, en el norte de Iraq para los kurdos, en el sur de Iraq para los chiíes y en el centro de Iraq para los sunníes.
La actual constitución da a las 18 provincias de Iraq el derecho a formar grupos regionales. Biden retendría el control de la defensa, la política exterior y los recursos petrolíferos en manos del gobierno central ahora en camino de formación, pero dejaría que los gobiernos centrales manejaran gran parte de sus propios asuntos.
Esto no es, me dijo, dividir el país. Es el reconocimiento de lo que considera una realidad -que las partes componentes de la sociedad iraquí necesitan "espacio vital" para arreglar sus relaciones, antes que seguir por el camino actual en que milicias leales a uno u otro lado cometen asesinatos arbitrarios y limpiezas étnicas.
Es esta violencia la que representa el mayor peligro para la seguridad de Iraq y lo que hace imposible que las tropas estadounidenses fijen una fecha de partida.
La visión de Biden es que los sunníes continuarán apoyando a la resistencia antes que aceptar un gobierno unificado que sea dominado por los chiíes y en el que los kurdos en el norte y los chiíes en el sur monopolicen los ingresos por el petróleo. Dadles un territorio propio, el centro, y garantízales una cuota -digamos del 20 por ciento- de los ingresos totales por el petróleo y se considerarán bien pagados.
En cambio, los chiíes continuarían teniendo un rol dirigente en el gobierno nacional, sin tener que hacer frente a la virulenta resistencia respaldada por los sunníes. Y los kurdos, que claramente quieren tanta autonomía como la que puedan obtener, estarían dispuestos a conceder un grado similar de autonomía a sunníes y chiíes.
En esas circunstancias, dice Biden, las milicias rivales se quedarían en casa -o de desbandarían. Y en esas condiciones, Estados Unidos podría anunciar con algo de realismo sus intenciones de retirar al grueso de sus militares para 2008, dejando solamente una fuerza residual para vigilar que se respete el acuerdo político.
El plan tiene otras partes: una cumbre regional y un "grupo de contacto" formado por países vecinos que controlarían que los compromisos sean respetados, y la reanudación de la ayuda económica estadounidense, condicionada al respeto por los derechos de las mujeres y las minorías.
También hay riesgos, los que Biden reconoce, en este enfoque. El gobierno central podría ser muy débil como para hacer frente a amenazas externas. La autonomía regional conduciría a una división permanente del país.
Pero ofrece dos analogías que recomiendan esta apuesta: Uno son los Artículos de la Confederación, que sirvieron como parada en el camino para que los 13 estados originales formaran un gobierno más fuerte que fue plasmado en la Constitución. Y es similar a los acuerdos de Dayton que terminaron la guerra en los Balcanes y crearon dos entidades, que ahora forman una Bosnia unificada.
En una época en que la mayoría de la gente no ve más que desesperada discordia en Iraq, es saludable tener a alguien que ofrezca alternativas que puedan producir progreso.

davidbroder@washpost.com

4 de mayo de 2006
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tropas sospechosas


[Jonathan Finer] Tropas iraquíes son también sospechosas. Soldados estadounidenses sospechan traición.
Hawujah, Iraq. Pasada la medianoche en un tramo yermo de la carretera cerca de esta destartalada ciudad la semana pasada, el sargento de segunda clase Jason Hoover vio lo que parecía ser una línea de pescar tensada sobre la carretera y ordenó frenar abruptamente. El todoterrenos se detuvo con un chirrido.
La cuerda estaba conectada a un viejo proyectil de artillería ruso, medio enterrado en la berma de barro y manipulado para ser activado por un fuerte tirón. Hoover siguió la cuerda durante algo más de medio kilómetro sobre un campo arado, cruzó otra carretera y atravesó un canal, hasta que dio con cuatro agentes de la policía de la infraestructura iraquí que se suponía que estaban custodiando un oleoducto. Dijeron que no sabían nada sobre la cuerda.
"Aquí hay dos tipos de iraquíes, los que nos ayudan y los que nos disparan, y hay un montón de ellos que hacen las dos cosas", dijo Hoover, 26, de Newark, Ohio. "¿Que si es frustrante? Sí, es frustrante. Pero no podemos dejar de trabajar con ellos".
El incidente es una ventada sobre los tibios resultados de las campañas estadounidenses de adiestramiento de las tropas iraquíes. Soldados americanos que tratan de dominar a la inquieta ciudad norteña de Hawijah han logrado lo que parece imposible en muchos enclaves sunníes: formar una fuerza de seguridad con voluntarios de la localidad. Más de 1500 soldados y dos mil agentes de policía iraquíes patrullan el área, prácticamente todos ellos de la ciudad y los pastorales villorrios que la rodean.
Pero en una ciudad donde la población local es hostil a la presencia americana en Iraq, los soldados estadounidenses han adquirido una profunda desconfianza de sus contrapartes iraquíes después de un montón de incidentes que sugieren que las tropas que están adiestrando, están colaborando con sus enemigos.
En noviembre, el más importantes comandante local del ejército iraquí de aquí fue enviado a la prisión de Abu Ghraib acusado de informar a los insurgentes sobre las rutas de los convoyes americanos, dijo el teniente coronel Marc Hutson, comandante de un batallón del Destacamento de Combate de la Primera Brigada de la 101 División Aerotransportada. El jefe de policía de la ciudad también fue despedido y brevemente arrestado en enero por negarse a perseguir a los grupos armados.
Antes este mes un equipo de tiradores norteamericanos capturaron a catorce policías colocando bombas improvisadas en un pueblo cercano a Riyadh. Más de sesenta policías más aparecen en una lista de sospechosos de colaborar con los rebeldes, de acuerdo a policías militares estadounidenses que los adiestran. Y la semana pasada estalló un furioso incendio en un oleoducto atacado a 150 metros de un puesto de control de la policía iraquí, que cubrió el cielo de una manta de humo negro.
Una ciudad de unos 40 mil habitantes, Hawijah se acurruca entre los verdes pastizales que crecen a ambos lados del río Zab, a unos 280 kilómetros al norte de Bagdad. Sus calles están picadas de cráteres dejados por bombas improvisadas y cercadas por canales de verdes y fétidas aguas residuales. Las pintadas en las paredes y aceras saludan las proezas del grupo conocido como los Héroes de Hawijah, los rebeldes locales cuyos ataques filmados en video contra tropas estadounidenses son éxitos de venta en los mercados de la ciudad.
Sus residentes, casi todos ellos sunníes, estaban antes en todas partes en los escalones superiores del ejército de Saddam Hussein y del Partido Baaz. Pero se sienten frustrados por el decline de su estatus desde la invasión estadounidense que sacó a Hussein del poder, especialmente en comparación con los kurdos étnicos que ahora dominan la política en la capital provincial, Kirkuk. Los comandantes americanos calculan el desempleo aquí en casi del 90 por ciento.
La ira y el malestar han provocado una implacable resistencia formada en su mayor parte por iraquíes -se han capturado pocos combatientes extranjeros aquí-, que han infligido a las tropas americanas su buena dosis de violencia.
Han muerto once soldados desde que llegara el Destacamento de Combate de la Primera Brigada hace seis meses para patrullar la región de Kirkuk. Diez estaban asignados al batallón estacionado en Hawijah. Al menos 64 soldados del batallón han sido heridos, casi uno de diez de los estacionados aquí. Y el convoy de Hutson, el comandante del batallón, ha sido atacado diez veces con bombas improvisadas, seis veces contra su propio todoterrenos, una cifra extraordinaria para un oficial de alto rango.
"En algunos lugares ocultan el hecho de que no les gustas. Aquí, no", dice Hutson, que visita su consultorio médico en la base periódicamente para una inyección de Toradol para aliviar un hombre lesionado cuando su vehículo se volteó durante uno de esos ataques.
Los comandantes estadounidenses han mantenido siempre que el fortalecimiento de la policía y ejército iraquíes es la clave de la seguridad del país y de la eventual retirada de tropas americanas. El funcionamiento de las tropas estacionadas en Hawijah ha aumentado en los últimos meses hasta el punto de que ocasionalmente realizan operaciones para enfrentarse a los insurgentes y ya no huyen de las balaceras como hacían en el pasado, dicen oficiales estadounidenses que los adiestran. La mejor prueba, sigue el argumento, es que ahora los insurgentes apuntan sus armas contra otros iraquíes.
"Suena extraño, pero en los últimos tiempos han muerto más policías, lo que quiere decir que algunos de ellos están haciendo mejor su trabajo", dijo un oficial norteamericano.
Pero los esfuerzos por pasar más responsabilidad a las fuerzas iraquíes están envueltos en dudas sobre su lealtad.
"Es como el departamento de policía de Chicago de los años veinte: están tan infestado de mafiosos que incluso los buenos son corruptos, en el sentido de que no quieren morir", dijo el sargento de segunda clase Ryan Horton, 28, un policía militar de Dallas que trabaja estrechamente con la policía iraquí. "Todos viven en la comunidad con los terroristas, con sus familias. Y tienen mucho, mucho miedo".
Horton dice que informa a los oficiales iraquíes de las misiones apenas minutos antes, y nunca les dice dónde irán exactamente, para impedir que los delaten a los insurgentes. "Los he visto reír cuando volvemos con un vehículo destrozado por una bomba", dice. "Los he visto estar parados a 15 metros y no hacer más que mirar cuando estamos enmedio de una balacera".
Sorbiendo un dulce té en una sucia comisaría de policía en el centro de Hawijah la semana pasada, el comandante de la comisaría, el mayor Ghazey Ahmed Khalif, aseguró a Horton y su destacamento que ese día las cosas estaban tranquilas en la ciudad. Pero cuando Horton pidió a algunos agentes iraquíes que lo acompañaran a dar una vuelta por la ciudad, Khalif susurró discretamente algo en el oído del traductor.
"De repente se acordó de que había recibido un dato sobre una bomba", dice Horton. "Si nosotros no le hubiésemos pedido a los tipos que vinieran con nosotros, poniéndolos en peligro, no nos habría dicho nada sobre el atentado".
Los soldados que trabajan aquí con el ejército iraquí informan sobre problemas similares. Los soldados iraquíes han sido reprendidos por vender municiones del gobierno en los mercados locales de armas y por empeñar sus botas, presentándose al servicio con pantuflas de cuero.
Antes de salir a patrullar la carretera buscando bombas la semana pasada, una unidad iraquí que acompañaba a los soldados estadounidenses se negó a subir a todoterrenos americanos, que proporcionan mucho mejor protección contra ataques con bomba que las camionetas no blindadas utilizadas normalmente por las fuerzas iraquíes.
Sacudiendo su cabeza y mirando el suelo, el sargento Ghazi Esa Muhammad, 25, explicó que un clérigo local había dicho que los iraquíes que murieran en "vehículos de los invasores" no irían al cielo.
"Di a tu gente que si se niegan a subir al todoterrenos, los mandaré a la cárcel por diez días. No hay alternativas", dijo el teniente Aaron Tapalman, 23, el jefe de la patrulla.
"Quieren estar en posición de decir que no están asociados con nosotros", dijo Tapalman, después de que el sargento iraquí cedió y ordenó a sus hombres subir al vehículo.
Cerca de una hora después, la patrulla vio una bolsa blanca a orilla de la calle y Tapalman sospechó que podría ser una bomba. Cuando le pidió a los soldados iraquíes que la empujaran hacia fuera, el comandante se negó a hacerlo, diciendo que no era su trabajo.
"Tu trabajo es proteger a la gente", dijo Tapalman, cada vez más exasperado. "Yo puedo sacar esa bolsa yo mismo y, sabes, lo voy a hacer, pero no creas que tu gente no debiera verte haciendo este tipo de cosas. Algún día ya no estarás aquí".
El soldado iraquí se volvió a negar, se disculpó nuevamente y se marchó.
Aunque dicen que sus tropas están mejorando, los comandantes iraquíes reconocen que la lealtad de sus hombres ha menudo, en el mejor de los casos, es doble.
"Los soldados rechazan la ocupación", dice el teniente coronel Abdul Rahman Sekran, 42, oficial ejecutivo del Primer Batallón de la Cuarta División del Ejército iraquí. Ubicado justo al este de Hawijah, el recinto rodeado de huertos pertenecían a un primo de Hussein, Ali Hassan al-Majeed, apodado ‘Alí el Químico’, por ordenar el ataque con gas que mató a miles de kurdos en los años ochenta.
"Recuerda", dijo Sekran cuando le pregunté sobre las acusaciones de que algunos de sus hombres minaban los esfuerzos para mejorar la seguridad, "que hay otra organización en la calle, los terroristas, que les dan información falsa".
La mala voluntad corre en las dos direcciones. Después de que fuerzas estadounidense detuvieran a algunos policías hace algunas semanas, otros agentes colgaron un enorme lienzo blanco junto a un transitado puente en el centro. Escrito en árabe y en inglés, el texto inglés decía: "La policía de Al-Hawijah rechaza acompañar a las tropas de la coalición a las patrullas mutuas en Al-Hawijah porque la policía existe para proteger a la gente y no a los soldados de la coalición".
Dirigentes políticos locales también han obstaculizado los llamados americanos a la colaboración para mejorar la situación de seguridad. Representantes del área de Hawijah organizaron hace poco un boicot del consejo provincial de Kirkuk.
Dirigiéndose a una sala llena de alcaldes y miembros del consejo la semana pasada, el coronel David R. Gray, comandante del Destacamento de Combate de la Primera Brigada, anunció que había accedido a financiar 15 proyectos de reconstrucción por un valor de casi tres millones de dólares. Pero crear un ambiente seguro para poder llevarlos a cabo, dijo, era en parte responsabilidad de los residentes.
"Muchos de ustedes me han dicho que los ataques son el trabajo de extranjeros", dijo Gray, 48, de Herscher, Illinois. "Señores, mi conclusión es que el problema no son los extranjeros, sino gente de vuestras propias tribus. Y si el problema se encuentra dentro de vuestras propias tribus, la solución reside en todos los que estáis en esta sala".
El coronel se retiró rápidamente para otro encuentro y la sala estalló de ira.
"Siempre se acusa a los árabes de ser parte de los terroristas", dijo Sami al-Assi, un líder tribal local, tamborileando con los dedos contra podio para dar más énfasis y sus colegas asentían en señal de aprobación.
"Todo lo que hacéis es venir a nuestro área y arrestar a la policía y a los soldados", dijo Ruhan Sayyid, el presidente de la reunión. "¿Cómo se espera que peleen contra los insurgentes si los tratáis así?"
Hutson, ocupando el lugar de Gray tras la partida de este, advirtió: "Si recibo un informe de que un agente de policía está haciendo mal su trabajo, que está actuando como si fuera un insurgente, lo haré arrestar".
Gray y Hutson dijeron que habían pensando a traer a Hawijah un batallón del ejército iraquí desde Kirkuk, donde las fuerzas de seguridad están compuestas en su mayor parte por kurdos. La medida, reconocieron, sería considerado como una grave provocación por una población que ya está furiosa con el objetivo kurdo de hacerse con más territorio para colocarlo bajo el control de la región semiautónoma en el norte.
"Sería un desastre", dijo Sekran, el oficial ejecutivo del batallón del ejército iraquí. "La población reaccionaría con violencia, y estallaría una guerra civil".
Otros oficiales norteamericanos dijeron que lo mejor sería retirar todas las tropas extranjeras y dejar la seguridad de la ciudad en manos de las fuerzas de seguridad locales. "A veces creo que sólo les damos un blanco contra el que disparar. Pero si nos vamos, eso podría terminar", dijo Tapalman. "Pero entonces ellos estarían a cargo de todo".

29 de abril de 2006
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nuevo líder iraquí igual al anterior


[Louise Roug] Maliki es uno de los políticos que depende del apoyo de grupos armados, que Estados Unidos y otros consideran que desestabilizan al país.
Bagdad, Iraq. El designado primer ministro de Iraq continuó enviando señales contradictorias sobre las milicias, aunque el embajador estadounidense dijo el domingo que el desmantelamiento de los grupos armados era el paso más importante para impedir la guerra civil.
Jawad Maliki, una importante figura política chií que fue aprobado el sábado por el parlamento como el primer ministro, tiene treinta días para formar un gabinete que cuente con la aprobación del cuerpo elegido. Pero mientras los políticos empiezan a regatear influencias y a pelearse por importantes funciones de gobierno, el problema de las milicias ya ha emergido como el reto más grande.
En uno de sus primeros discursos públicos después de su aprobación, Maliki prometió refrenar las milicias, pero dijo que lo haría implementando un polémica ley que las convierte en parte de las fuerzas de seguridad del gobierno.
"Es un mensaje en dos direcciones", dijo Hassan Bazzaz, un analista político en Bagdad. "Uno para los que temen a las milicias, y otro para los milicianos, diciéndoles que no los dejará caer".
Una ola de asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte presuntamente vinculados a las fuerzas de seguridad ha estremecido al país. Algunos sospechan que el aumento de los asesinatos selectivos de sunníes es responsabilidad de milicianos chiíes con lazos con poderosos partidos políticos y con el ministerio del Interior.
El embajador de Estados Unidos, Zalmay Khalilzad, dijo el domingo a periodistas que las milicias y otros grupos armados no autorizados representaban "una seria amenaza a la estabilidad de Iraq, a la construcción de un país exitoso basado en el imperio de la ley".
"Se necesita el desmantelamiento, la desmovilización y la reintegración de esas milicias no autorizadas para que el monopolio de la fuerza quede en manos de personas autorizadas por el gobierno iraquí", dijo en una rueda de prensa en la norteña ciudad de Irbil, informó la Associated Press.
Pero quitar las armas a los políticos sigue siendo un reto en un país donde las ascendientes fuerzas políticas han formado grupos armados para respaldar sus programas. La propia coalición política de Maliki es apoyada por dos milicias chiíes, la Brigada Báder, pro-iraní, y el Ejército Al Mahdi, del radical clérigo Moqtada Sáder.
Incluso el presidente kurdo pro-americano del país no parece inclinado a deponer las armas. El domingo, Jalal Talabani, hablando con periodistas en Irbil, defendió la milicia peshmerga de 70 mil hombres como una "fuerza regulada". "Parece que los kurdos quieren una excepción", dijo Izzat Shahbandar, un diputado laico de la antigua lista electoral del primer ministro Iyad Allawi.
Muchos políticos chiíes, que controlan la mayoría de escaños en el parlamento, se niegan a referirse a sus brazos armados como milicias, y desechan las acusaciones de que miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes sean más leales a clérigos chiíes como Sáder que a Bagdad.
Ali Adib, un importante miembro del Partido Islámico Dawa y miembro chií del parlamento de la Alianza Unida Iraquí, el principal bloque chií, dijo el domingo en una entrevista que el problema de la milicia estaba "exagerado".
Además, "nosotros no somos los únicos responsables de la seguridad", dijo. Funcionarios estadounidenses "retuvieron a elementos del régimen pasado en las fuerzas de seguridad. Incluso criminales liberados de las cárceles fueron admitidos en las fuerzas de seguridad. Necesitamos desinfectar y purgar a las fuerzas de seguridad".
Las declaraciones anteriores de Maliki sobre temas de seguridad han estado rara vez de acuerdo con los intentos de Estados Unidos de refrenar los abusos. Maliki a menudo tomó partido por el ministerio del Interior, dijo Adib. "Se quejó de que ellos no tenían autoridad para realizar operaciones y trató de dar más autoridad al ministerio del Interior".
Maliki ha propuesto que los milicianos reciban cargos en las fuerzas de seguridad iraquíes de modo que las armas "queden solamente en manos del gobierno".
Algunos políticos sunníes, que ayudaron a dimitir al ex primer ministro Ibrahim Jafari, dicen que Malaki hace política con un tema explosivo.
"Anunció que fusionará las milicias con las fuerzas de seguridad en lugar de llevar a la justicia a los que han cometido crímenes y atrocidades", dijo Mohammed Bashar Amin, portavoz de la Asociación de Clérigos Musulmanes, un grupo sunní. "Miles de iraquíes han sido asesinados por esas milicias. Sus palabras son decepcionantes e indican que seguirá el mismo camino que Jafari".
Al mismo tiempo, el futuro político de Maliki depende del apoyo de Sáder, cuya milicia Al Mahdi, según creen funcionarios estadounidenses, es la que ha llevado a cabo la campaña de asesinatos de sunníes.
"Tiene anti sí una tarea muy difícil, especialmente la de tratar el asunto de la milicia", dijo Salman Jamaili, portavoz del Partido Islámico Iraquí, un importante grupo político sunní. "La facción de Sáder lo apoya, pero tiene que desactivar su milicia... para realizar el proyecto de unidad nacional".
El predecesor de Maliki, Jafari, fue criticado por estadounidenses, sunníes y políticos iraquíes laicos, por ser demasiado sectario, y finalmente fue rechazado como jefe del siguiente gobierno.
El mensaje de Maliki sobre las milicias delata a un político en proceso de maduración, que trabaja en un ambiente difícil, que entiende que su nuevo trabajo exige más que retórica, dijo Bazzaz, el analista.
"Tiene que ser más elástico sobre las cosas. No puede hablar en el mismo tono" que antes, dijo Bazzaz. "La política es la política, aquí como en Washington".
A pesar de las declaraciones sobre un gobierno de unidad nacional, continúan las matanzas religiosas y los ataques de los rebeldes.
Tres soldados estadounidense murieron el domingo cuando su vehículo detonó una bomba improvisada al noroeste de Bagdad, de acuerdo a los militares. A la entrada de la Zona Verde de la capital, un proyectil mató a cinco personas e hirió a tres más, declaró la policía.
Las autoridades han recuperado los cuerpos de dos hombres, ejecutados y arrojados cerca de un hospital en el barrio de Ciudad Sáder en Bagdad. En otro lugar en la capital se encontraron los cuerpos de seis hombres en los maleteros de dos coches. Habían sido vendados y esposados y parecían haber sido torturados.
Al sur de Bagdad, en Mahmoudiya, una bomba improvisada mató a un adulto y a un niño y dejó a siete niños heridos, dijeron militares estadounidenses.

Saif Hameed, Raheem Salman, Zainab Hussein y Borzou Daragahi en Baghdad contribuyeron a este reportaje.

25 de abril de 2006
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un rayo de esperanza en iraq


El New York Times saluda el alejamiento de Jaafari. Pero el nuevo candidato debe provenir del mismo corrupto e inepto partido Dawa.
El acuerdo ayer de Ibrahim al-Jaafari de hacerse a un lado y permitir que su bloc chií considere a un nuevo candidato a primer ministro podría finalmente superar el punto muerto que al que llegado la política iraquí desde las elecciones parlamentarias de diciembre pasado.
Los candidatos de remplazo más probables sobre los que se está hablando están lejos de ser perfectos. Pero el único sendero concebible para un futuro mejor que la guerra civil y el caos en Iraq está flanqueado de desagradables compromisos y saltos de fe. Nadie cree que el éxito esté asegurado.
Un nuevo primer ministro tendrá al menos la posibilidad de empezar de nuevo y empezar a deshacer algunos de los errores más patentes cometidos por Jaafari desde que asumió el cargo en abril pasado. Entre ellos, y más prominentes, su disposición a permitir que las milicias religiosas, escuadrones de la muerte y torturadores infiltraran los servicios de seguridad y su fracaso a la hora de insistir en una gestión profesional de la industria del petróleo y otros sectores económicos esenciales. Las esperanzas de democracia de Iraq e incluso su existencia como un solo país probablemente no habrían sobrevivido un segundo término de Jaafari.
Es por eso que la nominación de Jaafari estuvo sometida durante semanas una ofensiva diplomática de Estados Unidos y Gran Bretaña. Lo que finalmente persuadió a Jaafari de ceder no fue tanto las chácharas extranjeras sino la imperdonable aritmética del nuevo Parlamento iraquí.
Para su crédito, el principal partido kurdo apoyó a los sunníes en su rechazo de votar por Jaafari en el Parlamento, privándole con ellos de los dos tercios que necesita para formar un gobierno que funcione. Eso eventualmente provocó que incluso aliados chiíes claves retiraran su apoyo. Pero la victoria de sus críticos es sólo parcial. El precio de la retirada de Jaafari parece haber sido el acuerdo de que su remplazo provendrá de su propio y mediocre partido Dawa, el que, además de ser fundamentalista y pro-iraní, ha formado un bloque con el partido chií más inclinado a la violencia y más anti-estadounidense, dirigido por Moqtada al-Sáder.
Ninguno de los patrocinados por este eje Dawa-Sáder parece probable que se muestre entusiasta de sacar a las milicias de los servicios de seguridad o a los amiguetes de ministerios claves. Deberán ser los partidos kurdos y sunníes los que mantengan el balance de poder en el Parlamento e insistan en esas medidas como una condición para confirmar el nuevo gobierno.
Ahora ese proceso debe avanzar más rápidamente. Los votantes iraquíes que fueron obligados a esperar tanto tiempo por la democracia merecen ver sus frutos. Gran parte del año pasado se desperdició durante el régimen inepto y torpe de Jaafari. Los primeros cuatro meses del año se han consumido en interminables maniobras en su intento de conseguir un segundo término. Entretanto las tensiones religiosas han aumentado, las milicias se han atrincherado en el poder y la moral pública está por los suelos.
Se necesita desesperadamente empezar de nuevo.

21 de abril de 2006
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bases permanentes en iraq


[Tom Engelhardt] El gobierno de Bush sostiene que quiere abandonar Iraq. Pero sus enormes super-bases militares dicen otra cosa.
Estamos en un nuevo período de la guerra en Iraq, un período que hace recordar la era de la ‘vietnamización’ de Nixon: Un presidente que dirige una guerra cada vez menos popular que no termina nunca, la necesidad de aplacar a una inquieta opinión pública estadounidense y un ejército que vive tantas tensiones que parece estar descarrilándose. Así que no es sorprendente que los medios de comunicación estén ahora informando sobre los planes del gobierno, o ‘especulando’ sobre las "señales", o "indicios" de "importantes reducciones" o retiradas de tropas estadounidenses. En estos días se dice que para fines de 2006 en Iraq no habrá más de cien mil tropas estadounidenses. Con las 136 mil tropas que hay allá ahora, esa cifra representa apenas un cuarto de todas las fuerzas estadounidenses en el país, lo que significa, por supuesto, que el término ‘importante’ depende de quien lo utilice.
Además, estas retiradas van acompañadas -lo sabemos gracias al artículo de Seymour Hersh, ‘Up in the Air’, en el New Yorker del 5 de diciembre-, como en Vietnam del Sur en la era de Nixon, de la intervención de la Fuerza Aérea estadounidense. La intención de la intervención del poder aéreo es compensar cualquier avance perdido en el terreno (y provocará sin ninguna duda más ‘daños colaterales’ -es decir, muertes de iraquíes).
Es importante observar que todas las promesas de reducción o de retirada de tropas están invariablemente asociadas a la dudosa idea de que el gobierno de Bush puede ‘poner en pie’ un ejército y una fuerza policial iraquíes efectivas (pensad en la ‘vietnamización’), capaces de romper la resistencia sunní, y permitir así que las tropas americanas se retiren a sus bases en las afueras de las más importantes áreas urbanas, así como a Kuwait y lugares tan remotos como Estados Unidos. Además, todas las promesas del gobierno de reducciones militares están rodeadas de condiciones y obvias lagunas, con frases como "si todo sale de acuerdo a lo previsto y si mejora la seguridad...", o "también depende de la capacidad de los iraquíes de..."
Dado que los ataques de la guerrilla han estado en realidad aumentando y el suministro de los servicios básicos de una civilización moderna (electricidad, agua potable, gasolina para los coches, sistemas operacionales de desagüe, semáforos que funcionen, etc.) se han reducido; dado que el establecimiento mismo del gobierno al interior de la fuertemente fortificada Zona Verde ha demostrado ser terriblemente difícil, y dado que los fondos de reconstrucción estadounidenses (los que todavía no han desaparecido en uno u otro desagüe atascado) se están agotando, esas reducciones parciales pueden ser más complicadas de realizar de lo que se imagina. En estas circunstancias, podemos esperar más indicios, y más promesas, seguidas de más anuncios de ‘reducciones’ importantes programadas para fines de 2006 o principios de 2007, todas rodeadas de cláusulas condicionales y "sólo si" -promesas de reducciones que este gobierno sin ninguna duda no sentirá la obligación de cumplir.
Asumiendo, entonces, que el año que viene será un año de rumores sobre la retirada, de especulaciones e incluso de una guerra mediática de anuncios de reducciones, la pregunta es: ¿Cómo saber si el gobierno de Bush realmente se está retirando de Iraq? A veces, cuando uno trata de hacerse camino en la verdadera niebla de desinformación y mala información, ayuda concentrarse en algo concreto. En el caso de Iraq, nada sería más concreto -nada menos discutido en general en nuestros medios de comunicación- que el conjunto de enormes bases que el Pentágono viene construyendo en ese país. Se han invertido en ellas literalmente varios billones de dólares. En una prestigiosa revista de ingeniería de fines de 2003, el teniente coronel David Holt, que dijo la ingeniería del ejército fue "encargada del desarrollo de instalaciones" en Iraq, mencionaba orgullosamente que varios billones de dólares estaban siendo invertidos en la construcción de bases ("las cifras están subiendo"). Desde entonces, la construcción de bases ha sido masiva y permanente.
En un país en tal alarmante confusión, esas bases, con algunos de los sistemas de comunicación más caros y avanzados del planeta, son como enormes naves espaciales que han aterrizado en la Tierra provenientes de otro sistema solar. Representan una enorme inversión de recursos, de esfuerzos y ambiciones geo-estratégicas, y son los lugares que el gobierno de Bush seguramente no querrá entregar voluntariamente ni al más amistoso de los gobiernos iraquíes.
Si, como concuerdan casi todos los expertos, la reconstrucción al estilo de Bush ha fracasado totalmente en Iraq gracias a los robos, deshonestidad y mera incompetencia, y en lo esencial ahora está terminando, ha sido un terrible éxito en la ‘Pequeña América’ de Iraq. Por primera vez tenemos descripciones reales de un par de ‘super bases’ construidas en Iraq en los últimos dos años y medio, que a pesar de estar escritas por periodistas trabajando bajo las restricciones informativas del Pentágono son serias. Thomas Ricks, del Washington Post, visitó la Base Aérea Balad, la base estadounidense más grande en el país, a 68 kilómetros al norte de Bagdad y "plantada en el medio de la parte más hostil de Iraq". En un artículo titulado ‘La base más grande de Iraq parece una pequeña ciudad’, Ricks hace un asombroso retrato: La base es suficientemente grande como para tener sus propios ‘barrios’, entre ellos la ‘zona KBR’ (en honor a la compañía global de ingeniería, subsidiaria de Halliburton, que ha hecho la mayor parte del trabajo de construcción de bases en Iraq); ‘CJSOTF’ ("sede de una unidad de operaciones especiales", el Destacamento Conjunto Combinado de Operaciones Especiales, rodeado de "murallas particularmente elevadas" y de tanto secreto que incluso el jefe de relaciones públicas del ejército en la base no ha estado nunca dentro); y una chatarrería de todoterrenos destrozados del ejército. También hay un restaurante Subway, una Pizza Hut, un Popeye, "un Starbucks de imitación", un Burger King que abre las 24 horas, dos economatos donde se pueden comprar televisores, iPods y cosas parecidas, cuatro comedores, un hospital, una regla estrictamente implementada en la base de una velocidad máxima de 15 kilómetros por hora, una larga pista de aterrizaje, 250 aviones (incluyendo helicópteros y planeadores no tripulados para espionaje), amontonamientos de tráfico aéreo del tipo de podrías ver en el aeropuerto O’Hare, de Chicago, y "una pista de mini golf que imita a un campo de batalla, con sus pequeños sacos de arena, pequeños vallas protectoras, alambres de púa y, al final de la pista, lo que parece ser una diminuta jaula de detenidos".
Ricks informa que las 20 mil tropas estacionadas en Balad viven en "contenedores con aire acondicionado" que serán en el futuro -y sí, para los que están construyendo estas bases todavía hay un futuro- acondicionadas "para llevar a las tropas internet, televisión por cable y acceso telefónico". Señala también que de las tropas en Balad "sólo algunos tienen trabajos por los que deben salir de la base. La mayoría de los soldados estadounidenses estacionados aquí no tienen nunca contacto con iraquíes".
Hace poco Oliver Poole, un periodista británico, visitó otra de las ‘super bases’ estadounidenses, la Base Aérea al-Asad, todavía en construcción ("con fútbol y pizzerías para una permanencia de largo plazo de Estados Unidos"). Observa sobre "el campamento de marines más grande en el oeste de la provincia de Anbar", que "esta franja de desierto se parece cada vez más a un suburbio americano". Además de los obligados restaurantes Subway y pizzerías, hay una cancha de fútbol, un local de la compañía de alquiler de coches Hertz, una piscina, un teatro que proyecta las últimas películas. Al-Asad es tan grande -esas bases pueden cubrir de 40 a 50 kilómetros cuadrados- que tiene dos trayectos de autobuses y, si no semáforos, al menos signos Pare rojos en todos los cruces.
Hay al menos cuatro de estas ‘super bases’ en Iraq, ninguna de las cuales tienen nada que ver con la ‘retirada’ de ese país. Al contrario, estas bases están siendo construidas como pequeñas islas americanas de eterno orden en medio de un caótico océano. Digan lo que digan los funcionarios de gobierno y los comandantes militares -y siempre niegan que estemos construyendo bases ‘permanentes’ en Iraq-, los hechos en el terreno hablan por sí mismo. Estas bases están gritando que son permanentes.

Desafortunadamente aquí hay un problema. Los periodistas estadounidenses adhieren a una regla simple: Las palabras ‘permanente’, ‘base’ e ‘Iraq’ no deben colocarse nunca en la misma frase, ni siquiera en el mismo párrafo; de hecho, ni siquiera en el mismo artículo. Mientras una búsqueda en LexisNexis de los últimos 90 días de cobertura periodística de Iraq entregó varios ejemplos del uso de estas tres palabras en la prensa británica, los únicos ejemplos estadounidenses que se encontraron ocurrieron cuando un 80 por ciento de iraquíes (obviamente algo desquiciados por sus difíciles vidas) insistieron en una encuesta que Estados Unidos quería construir bases para quedarse en el país o cuando se agregó "no" a la combinación en desmentidos estadounidenses oficiales. (Es extraño que esas bases, imponentes como son, existan en general en nuestros diarios solamente en sentido negativo). Tres ejemplos serán suficientes:

El ministro de Defensa: "Durante una visita a tropas estadounidenses en Faluya en Navidad, el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld dijo que ‘de momento no hay planes para levantar bases permanentes’ en Iraq. ‘Este es un tema que ni siquiera ha sido discutido con el gobierno iraquí".
El general de división Mark Kimmett, subcomandante del Comando Central para planificación y estrategia en Iraq: "Ya hemos entregado importantes franjas de territorio a los iraquíes. No se trata de planes a futuro; están siendo llevados a cabo en estos momentos. No son nuestros planes solamente, ya que nuestra posición es que no queremos construir bases permanentes en Iraq".
Karen Hughes, en ‘The Charlie Rose Show’: "Charlie Rose: Ellos piensan que llegamos por el petróleo, o piensan que Estados Unidos quiere instalar bases permanentes. ¿Quiere Estados Unidos tener bases permanentes en Iraq? Karen Hughes: Lo único que queremos es traer a casa a nuestros hombres y mujeres de las fuerzas armadas. Tan pronto como sea posible, pero no sin haber terminado la misión. Charlie Rose: ¿No queremos tener bases aquí? Karen Hughes: No, queremos traer a nuestra gente a casa tan pronto como sea posible".

Sin embargo, durante un período, el Pentágono practicó algo más cercano a la verdad en la propaganda que nuestros principales diarios. Al menos, llamaron a las grandes bases en Iraq "campamentos duraderos", una descripción que tenía cierto encanto y apestaba a permanencia. (Más tarde fueron rebautizadas, mucho menos románticamente, como "bases operacionales contingentes").
Uno de los perdurables misterios de esta guerra es que las informaciones periodísticas sobre nuestras bases en Iraq han sido casi inexistentes en estos últimos tres años, especialmente con un gobierno tan inclinado hacia las soluciones militares de problemas globales; especialmente dada la magnitud de algunas de las bases; especialmente considerando el hecho de que el Pentágono está colocando en reserva a nuestras bases en Arabia Saudí y ve a algunas de estas como substitutos de largo plazo; especialmente considerando el hecho de que los neo-conservadores y otros importantes funcionarios del gobierno estaban tan concentrados en el llamado arco de inestabilidad (en lo esencial, los centros energéticos del planeta) en cuyo centro se encontraba Iraq; y especialmente dado el hecho de que la planificación de preguerra del Pentágono de esos ‘campamentos duraderos’ fue, en breve, una historia de primera plana en un importante diario.
Quizás convenga hacer un poco de historia:

El 19 de abril de 2003, poco después de que tropas americanas ocuparan Bagdad, los periodistas Thom Shanker y Eric Schmitt escribieron un artículo de primera plana para el New York Times indicando que el Pentágono estaba planeando "mantener" cuatro bases a largo plazo en Iraq, aunque "probablemente no habrá nunca un anuncio sobre el estacionamiento permanente de tropas". Antes que hablar de ‘bases permanentes’, los militares se refieren a ellas coquetonamente como "acceso permanente" a Iraq. Las bases, sin embargo, se ajustan perfectamente bien a otros planes del Pentágono, que ya estaban en los esquemas. Por ejemplo, los 400 mil militares de Saddam debían ser remplazados por sólo 40 mil militares con armamento ligero sin blindados de interés y sin fuerza aérea. (En una región de otro modo fuertemente armada, esto asegura que todo gobierno iraquí dependa casi totalmente de los militares americanos y que la Fuerza Aérea estadounidense sea, por omisión, la única fuerza aérea que tendrá Iraq en los próximos años). Mientras que gran parte del espacio de nuestros periódicos se ha destinado últimamente a la ausencia de planificación de posguerra del gobierno, casi no se ha mostrado interés alguno por la planificación que sí hubo.
En una rueda de prensa pocos días después de que apareciera el artículo de Shanker y Schmitt, el ministro de Defensa, Rumsfeld, insistió en que no era probable que Estados Unidos "busque establecer en Iraq bases permanentes o de ‘largo plazo’" -y eso fue todo. El artículo del Times fue en lo esencial desechado. Mientras se construían docenas de bases -incluyendo cuatro enormes cuya localización geográfica correspondían sorprendentemente con las cuatro mencionadas en el artículo del Times-, los informes sobre las bases estadounidenses en Iraq, o cualquier plan del Pentágono en relación con ellas, desaparecieron en gran parte de los medios de comunicación norteamericanos. (Con pocas excepciones, los únicos lugares donde se podían encontrar discusiones sobre las ‘bases permanentes’ en estos últimos años eran sitios de internet como Tomdispatch or Global Security.org).
En mayo de 2005, sin embargo, Bradley Graham, del Washington Post, informó que teníamos 106 bases, desde gigantescas a minúsculas, en Iraq. La mayoría de ellas serían devueltas a los militares iraquíes, que ahora estaban siendo "reforzados" en números mucho mayores de lo que imaginaron originalmente los estrategas del Pentágono, dejando a Estados Unidos, según informó Graham, con apenas el número de bases -cuatro- que mencionó por primera vez el Times dos años antes, incluyendo la Base Aérea de Balad y la base que visitó Poole en el oeste de la provincia de Anbar. Esta reducción fue presentada no como el cumplimiento de la estrategia original del Pentágono, sino como un ‘plan de retirada’. (Un número modesto de estas bases ha sido entregado desde entonces a los iraquíes, incluyendo una en Tikrit que fue transferida a unidades militares iraquíes que, de acuerdo a Poole, no dejaron de ella ni los clavos).
El futuro de una quinta base -el gigantesco Campamento de la Victoria en el Aeropuerto Internacional de Bagdad- sigue siendo, por lo que sabemos, "incierto"; y hay una sexta ‘super base permanente’ posible que se está construyendo en ese país, aunque nunca ha sido presentada como tal. El gobierno de Bush está invirtiendo entre 600 y mil millones de dólares en fondos de construcción de una nueva embajada estadounidense. Deberá erigirse en la Zona Verde de Bagdad, en un lote de tierra junto al Río Tigris, que se dice que es del tamaño de dos tercios del área del National Mall de Washington, D.C. Los planes para esta ‘embajada’ son de naturaleza casi mítica. Un complejo de alta tecnología, incluirá de "murallas anti-explosivas de cinco metros y misiles tierra-aire" para protección así como búnkers para defenderse de ataques aéreos. De acuerdo a Chris Hughes, corresponsal de seguridad del británico Daily Mirror, se construirán "300 casas para funcionarios consulares y militares" y "enormes barracas" para los marines. El ‘complejo’ constará de un grupo de al menos 21 edificios, presuntamente auto-suficientes, con "gimnasio, piscina, barbería y salones de belleza, un área de restaurantes y un economato. Los servicios de agua, electricidad y tratamiento de aguas serán independientes de los servicios de la ciudad de Bagdad". Se la anuncia como "más segura que el Pentágono" (lo que no es, después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, tan tranquilizador). Si no una ciudad-estado cuando se la termine se parecerá a una embajada-estado. En esencia, al interior de la Zona Verde de Bagdad, construiremos otra Zona Verde, pero más fortificada.
Incluso los británicos de Tony Blair, parte de nuestra desmoronada, cada vez más pequeña ‘coalición de la voluntad’ en Iraq, están, según informa Brian Brady, de Scotsman (‘Revelan plan secreto para mantener tropas británicas permanentemente en Iraq’), negociando para instalar una pequeña base permanente -casi escribo "para los años venideros"- cerca de Basra en el sur de Iraq, imitando así la estrategia de ‘retirada’ de Estados Unidos en una escala que corresponde al socio minoritario.
Como dijo Juan Cole en su bitácora Informed Comment, el Pentágono puede planificar la ‘duración’ en Iraq como quiera, pero altos personeros del gobierno de Bush y los neo-conservadores, algunos de ellos en el exilio, pueden continuar soñando con un grupo permanente de bases en los desiertos de Iraq que controlen los centros de energía del planeta. Sin embargo, nada de eso hará que esas bases sean más ‘permanentes’ que sus gigantescas predecesoras de la era de Vietnam en lugares como Danang y Cam Rahn Bay -y no, ciertamente, si los chiíes deciden que nos vayamos ni si el ayatollah Sistani (como dice Cole) emita un edicto contra esas bases.
Sin embargo, la idea de la permanencia importa. Desde la invasión del Iraq de Saddam, esas bases -llamadlas como queráis- han estado en el centro de la ‘reconstrucción’ del país del gobierno de Bush. Hasta hoy, esos ‘pequeños Estados Unidos’, con sus zonas KBR, sus Pizza Huts, sus discos Pare y sus pistas de mini golf siguen estando en el centro secreto de los planes de ‘reconstrucción’ del gobierno de Bush. Mientras KBR las siga construyendo, haciendo las instalaciones cada vez más duraderas (y cada vez más valiosas), no podrá haber una ‘retirada’ genuina de Iraq, ni siquiera la intención de retirarse. Ahora mismo, a pesar de la reciente visita de una pareja de periodistas, esas super bases siguen estando ‘protegidas’ por una política de silencio. El gobierno de Bush no quiere discutir sobre ellas (excepto para negar de vez en vez su carácter permanente). Tampoco hay discursos presidenciales que giren sobre ellas. No hay planes para su discusión en el Congreso. La oposición demócrata generalmente las ignora y la prensa -con la excepción de algún raro columnista- ni siquiera coloca las palabras ‘bases’, ‘permanentes’ e ‘Iraq’ en un mismo párrafo.
Debe ser difícil de hacer, considerando la escasa cobertura, pero mantened la atención sobre nuestras super bases. Si ellas permanecen, no habrá retirada de Iraq.

Este artículo apareció originalmente en TomDispatch.com

Tom Engelhardt dirige el Nation Institute en Tomdispatch.com, es co-fundador del American Empire Project y el autor de ‘The End of Victory Culture, a History of American Triumphalism in the Cold War’. Su novela ‘The Last Days of Publishing’ está disponible en una edición de bolsillo.

15 de febrero de 2006
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lecciones en contrainsurgencia


[Thomas E. Ricks] Unidad estadounidense elogiada por tácticas empleadas contra combatientes iraquíes y por su tratamiento de detenidos.
Tall Afar, Iraq. En el último período de servicio del Tercer Regimiento de Caballería Blindada en Iraq en 2003-2004, su funcionamiento fue considerado mediocre, con una serie de casos de maltrato durante operaciones en la provincia de Anbar.
Pero su segundo período de servicio en Iraq ha sido muy diferente, de acuerdo a especialistas en el difícil arte de conducir una campaña contrainsurgente: librando una guerra de guerrillas, pero también tratando de ganarse a la población y a elementos del enemigo. Esas campañas son distintas del tipo de guerra que, durante décadas, la mayoría de los comandantes estadounidenses han sido enseñados a librar.
En los últimos nueve meses el regimiento se ha concentrado en romper el control de los rebeldes de Tall Afar, una ciudad de 290 mil habitantes. Sus operaciones aquí "servirán como un caso de estudio de la contrainsurgencia clásica, del modo en que se supone que debe hacerse", dijo Terry Daly, un oficial de inteligencia retirado especializado en la materia.
Expertos militares estadounidenses que realizan una revisión interna de las tres docenas de importantes brigadas, batallones y unidades similares estadounidenses que operaban en Iraq en 2005 concluyeron en privado que de todas esas unidades, el Tercer Regimiento de Artillería Blindada logró los mejores resultados en contrainsurgencia, de acuerdo a una fuente familiarizada con las conclusiones de la revisión.
La campaña del regimiento empezó en Colorado en junio de 2004, cuando el coronel H.R. McMaster tomó el mando y comenzó a preparar a la unidad para volver a Iraq. Tal como él lo describe, su método fue parecido al de un entrenador de fútbol americano que sabe que tiene un grupo de atletas capaces y dedicados, pero que necesita re-entrenarlos para que jueguen fútbol.
Entender que la clave de la contrainsurgencia es concentrarse en la gente y no en el enemigo, dijo que había cambiado el reglamento del regimiento para asegurarse que en el futuro todos los soldados traten "profesionalmente a los detenidos". Durante el período anterior de la unidad, un detenido fue golpeado hasta la muerte durante un interrogatorio y un comandante de unidad portaba un bate de béisbol al que llamaba su "porra de iraquíes".
"Cada vez que te comportas de manera irrespetuosa con un iraquí, estás trabajando para el enemigo", dijo McMaster que decía a los soldados bajo su mando. Ordenó a sus soldados que dejaran de usar el término ‘hajji’, un término coa para iraquíes, porque entiende que es impreciso e irrespetuoso. (En realidad significa alguien que ha hecho la peregrinación a la Meca).
Uno de cada diez soldados recibió un curso de tres semanas en árabe de conversación, de modo que cada pequeña unidad tenga a alguien capaz de intercambios básicos con los iraquíes. McMaster, que tiene un doctorado en filosofía con mención en historia de la Universidad de Carolina del Norte y es un experto en la Guerra de Vietnam, distribuyó una larga lista de lecturas a sus oficiales que incluía estudios de historia árabe e iraquí y la mayoría de los textos clásicos sobre contrainsurgencia. También relevó discretamente a un comandante de batallón que no entendía que esos cambios eran necesarios.
Cuando el Tercer Regimiento de Caballería Blindada se trasladó hacia el noroeste de Iraq en mayo pasado, hacía frente a un caos. Del mismo modo que Faluya se había convertido en un importante punto de parada para ataques en Bagdad, Tall Afar estaba siendo usada como una base para enviar terroristas suicidas y otros atacantes a Mosul, a 65 kilómetros hacia el este, la ciudad más grande del norte de Iraq.
En lugar de montar una razia en la ciudad para detener a sospechosos y luego volver a las bases de operaciones, McMaster dijo que adoptó un método completamente diferente, gastando meses implementando medidas preparatorias antes de atacar a los insurgentes atrincherados en Tall Afar. Ese enfoque indirecto requirió paciencia táctica, una clave para combatir con efectividad contra la insurgencia y un arte que los militares estadounidenses no cultivan.
McMaster hizo que su unidad reforzara las operaciones de seguridad a lo largo de la frontera siria, en un intento de frenar los apoyos y refuerzos que llegaban a la resistencia en Iraq. También trató de eliminar los refugios en el desierto, empezando en junio una campaña contra Biaj, una remota ciudad del desierto, que se había convertido en una estación de camino y puesto de adiestramiento y equipamiento de los combatientes que llegaban desde Siria. Cuando avanzó, llevó con él tropas iraquíes.
Inmediatamente después de tomar Biaj, las fuerzas iraquíes instalaron una pequeña base de patrulla para las tropas estadounidenses. "Este fue la primera campaña para ‘limpiar y conservar’", recordó McMaster en una entrevista en su oficina de madera contrachapada justo al sudoeste de Tall Afar. Funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores se enteraron de esta campaña e informaron a la ministro de Relaciones Exteriores, Condoleezza Rice. Un mes después ella lo mencionó en una declaración ante el Congreso.
Una de las claves para derrotar a la insurgencia es tratar bien a los prisioneros. El Tercer Regimiento de Artillería Blindada encuestó a todos los detenidos sobre cómo eran tratados y entrevistó a algunos sobre sus opiniones políticas.
"El mejor modo de saber algo sobre tu centro de detención es preguntarle al ‘cliente’", dijo el mayor Jay Gallivan, el oficial de operaciones del regimiento. Algunos iraquíes contaron a los estadounidenses por qué estaban enfadados con la presencia militar estadounidense. Ninguno de los soldados de la unidad ha sido acusado de abusos durante el actual período del regimiento en Iraq, dijo McMaster.
En el verano pasado McMaster empezó a recibir mayor cooperación de parte de dirigentes sunníes que habían simpatizado con los rebeldes. Una razón, de acuerdo a analistas de la inteligencia militar estadounidense, era que los insurgentes estaban inquietos con contar con aliados extranjeros que parecían determinados a empezar una guerra civil.
Otra era que McMaster estaba dispuesto a admitir que las fuerzas estadounidenses habían cometido errores en Iraq. "Entendemos por qué lucháis", dijo McMaster a dirigentes sunníes con vínculos con la resistencia.
"Cuando llegaron los americanos, estábamos en un cuarto oscuro, tropezando, quebrando la porcelana", dijo. "Pero ahora los líderes iraquíes están encendiendo las luces". La concesión ayudó a romper algunas barreras a la comunicación, dijo, y logró que algunos iraquíes estuviesen dispuestos a escuchar su creencia de que la época de la resistencia ha terminado.
Con la estructura logística de la resistencia debilitada en áreas adyacentes, McMaster entró a la ciudad. Pero incluso entonces no atacó. Primero, obedeciendo una sugerencia de sus aliados iraquíes, rodeó la ciudad con bermas de tierra de 2.8 metros de alto y 12 kilómetros de largo, instalando puestos de control desde donde se podían observar todos los movimientos. Este fue un reconocimiento al principio de la contrainsurgencia de que hay que ser capaz de controlar y seguir el movimiento de la población.
Construyendo sobre esa idea, la inteligencia militar estadounidense había trazado las líneas de parentesco de las diferentes tribus, permitiendo a la unidad localizar a combatientes que viajaban a destinos probables fuera de la ciudad. Unos 120 combatientes fueron entonces detenidos entre los que intentaban escapar del inminente ataque.
Luego, recuerdan McMaster y sus subordinados, los civiles fueron presionados para que abandonaran la ciudad hacia un campo preparado para ellos al sur de la ciudad. Más insurgentes fueron capturados cuando trataban de escapar confundidos entre ellos.
En septiembre, después de cuatro meses de medidas preparatorias, McMaster lanzó el ataque. Para entonces, había claramente pocos insurgentes en la ciudad. Muchos habían huido o sido capturados. Parecía que habían esperado un rápido raid estadounidense que contrarrestarían con decenas de bombas improvisadas. En lugar de eso, las fuerzas estadounidenses y sus aliados iraquí avanzaron lentamente, limpiando cada manzana de la ciudad y pidiendo ataques de la artillería toda vez que detectaban combatientes extranjeros o explosivos.
McMaster tenía un plan claro para su próxima movida. También sabía cómo quería medir su éxito: ¿Estarían los iraquíes -especialmente los sunníes- dispuestos a unirse a la policía local? ¿Participarían "en su propia seguridad", como lo dijo él?
El primer paso de esta fase fue establecer 29 bases de patrulla en toda la ciudad. Eso, junto con constantes patrullas, dio a los militares estadounidenses y sus aliados iraquíes una visión de cada arteria importante de la compacta ciudad, que mide unos ocho kilómetros cuadrados. Y esa cantidad de observación hacía extremadamente difícil que los rebeldes pudieran colocar bombas.
"Nos da una enorme agilidad", dijo el teniente coronel Chris Hickey, un graduado de 1982 de la Escuela Secundaria Chantilly de Virginia, que comanda el contingente de tropas estadounidenses en la ciudad. Hickey dijo que él puede ordenar un ataque desde dos o tres bases de patrulla en lugar de salir del previsible portón de su base. Hickey también ha pasado durante meses en la ciudad, posada en los terraplenes de la era otomana que la dominan. Dormía rara vez en la base. Desde su posición en el centro de la ciudad, dijo, "oigo todos los balazos de la ciudad". Su conclusión: "Vivir entre la gente funciona, si la tratas con respeto". Cuando hay apagones, observó, él también lo sufre, aunque tiene un generador para comunicaciones militares.
Hickey también trasladó un campo de tiro estadounidense fuera de la ciudad. "Me gusta la tranquilidad", dijo.
En estos últimos tiempos se reclutaron 1.400 agentes de policía, de los cuales casi un 60 por ciento eran sunníes, muchos de ellos de otras partes de Iraq. Además, la ciudad tiene unos dos mil soldados iraquíes, y un ayuntamiento que funciona y un alcalde activista. A unos metros de donde se reúne el ayuntamiento hay un nuevo Centro de Operaciones Conjuntas, instalado para recabar datos de inteligencia. El oficial de ejército que dirige el centro, el teniente Saythala Phonexayphoua, dijo que le había sorprendido la cantidad de "datos operacionales" que habían recibido las tropas.
Phonexayphoua observó: "Nos llaman por teléfono: ‘Hay un rebelde colocando una bomba’".
El verano pasado hubo en el área seis atentados insurgentes al día. Ahora hay sólo uno, de acuerdo a la inteligencia militar estadounidense.
Incluso ahora, dijo McMaster, entiende que su éxito es "frágil". El alcalde de la ciudad, Najim Abdullah Jabouri, lamenta que McMaster y su unidad dejen Iraq este mes. "¡Un cirujano no abandona la operación a mitad de camino!", dijo el alcalde mirando intensamente a McMaster hace poco durante un almuerzo de kabab de cordero y pan. Movió el dedo debajo de la nariz del coronel. "El doctor debería terminar el trabajo que empezó".
McMaster y Hickey trataron de calmarlo. "Hay otro doctor en camino", dijo Hickey. "Es muy bueno".
El alcalde no se calmó. Dijo que ha visto a otras unidades estadounidenses antes y que no se coordinaban tan bien con las fuerzas iraquíes como McMaster.
"Cuando te vayas, también me marcharé yo", amenazó el alcalde. "Lo que estás haciendo es un experimento, y no es correcto experimentar con la gente".
Tampoco está claro que el ejemplo de McMaster vaya a ser seguido en otros lugares por comandantes estadounidense en el país. El problema más grande que enfrentan las tropas estadounidenses en Iraq es Bagdad, una ciudad treinta veces más grande que Tall Afar. Con el número actual de tropas americanas en Iraq, sería imposible reproducir el enfoque en Bagdad, con puestos de control cada tantas manzanas.
"Bagdad es una nuez mucho más difícil de abrir que esta", dijo el mayor Jack McLaughlin, el oficial de planificación de Hickey, que asistió a la Escuela Secundaria Robinson de Fairfax, Virginia. Parado en el castillo que domina la ciudad, dijo: "Es una cuestión de escala: necesitarías un enorme número de tropas para replicar lo que hemos hecho aquí".

16 de febrero de 2006
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bush mintió sobre armas biológicas


[Joby Warrick] El gobierno afirmó la existencia de armas iraquíes prohibidas a pesar de evidencias de lo contrario.
El 29 de mayo de 2003, cincuenta días después de la caída de Bagdad, el presidente Bush proclamó una nueva victoria para su gobierno en Iraq: Dos pequeños remolques capturados por tropas estadounidenses y kurdas eran los largamente buscado ‘laboratorios biológicos’ móviles. Declaró: "Hemos encontrado las armas de destrucción masiva".
La pretensión, repetida durante meses después por importantes personeros de gobierno, fue saludada en la época como una vindicación de la decisión de declarar la guerra. Pero incluso mientras Bush hablaba, funcionarios de la inteligencia estadounidense poseían fuertes evidencias de que no era verdad.
Una misión secreta para evaluar la situación en Iraq -que sólo ahora se hace pública- ya había concluido que los remolques no tenían nada que ver con armas biológicas. Directores de la misión encargada por el Pentágono transmitieron sus conclusiones unánimes a Washington en un informe de campo el 27 de mayo de 2003, dos días antes de la declaración del presidente.
El informe de campo de tres páginas y el informe final, de 122 páginas, tres semanas más tarde, fueron clasificados de ‘secretos’ y archivados. Entretanto, durante casi un año, funcionarios de gobierno y de la inteligencia continuaron diciendo públicamente que los remolques eran fábricas de armas.
Los autores de los informes eran nueve expertos civiles estadounidenses y británicos -científicos e ingenieros con una extensa experiencia en todos los campos técnicos involucrados en la fabricación de armas biológicas- que fueron enviados a Bagdad por la Agencia de Inteligencia de Defensa AID para que analizaran los remolques. Sus actividades y hallazgos fueron descritos a un periodista del Washington Post en entrevistas con seis funcionarios de gobierno y expertos en armas que participaron en la misión o que tuvieron conocimiento directo de ella.
Ninguno quiso ser identificado por su nombre por temor a poner en peligro sus trabajos. Sus versiones fueron verificadas por otros antiguos y actuales funcionarios de gobierno al tanto de la misión. Los contenidos del informe final, ‘Final Technical Engineering Exploitation Report on Iraqi Suspected Biological Weapons-Associated Trailers’, sigue siendo secreto.
Pero las entrevistas revelan que el equipo técnico fue unívoco en su conclusión de que los remolques no estaban destinados para la producción de armas biológicas. Los entrevistados tomaron cuidado de no comentar las partes secretas de su trabajo.
"No había ninguna conexión con nada biológico", dijo un experto que estudió los remolques. Otro recordó un epíteto que llegó a ser asociado con los remolques: "Los más grandes retretes de arena del mundo".

Pruebas Importantes
La historia del equipo técnico y sus informes agregan una nueva dimensión al debate sobre el manejo que hizo el gobierno estadounidense de la inteligencia relacionada con el prohibido programa de armas de Iraq. Los remolques -junto con tubos de aluminio adquiridos por Iraq para lo que se dijo que era un programa de armas nucleares- fueron las más importantes pruebas presentadas por el gobierno de Bush antes de la guerra para sostener su afirmación de que Iraq estaba produciendo armas de destrucción masiva.
Funcionarios de inteligencia y de la Casa Blanca han negado repetidas veces las acusaciones de que la inteligencia fue exagerada o manipulada en vísperas de la invasión estadounidense de Iraq en marzo de 2003. Pero funcionarios familiarizados con los informes del equipo técnico se están preguntando nuevamente si las agencias de inteligencia minimizaron o desdeñaron las evidencias de posguerra que contradecían las opiniones públicas del gobierno sobre las armas de destrucción masiva de Iraq. El año pasado, una comisión presidencial sobre los errores de la inteligencia criticó a las agencias de espionaje de Estados Unidos por desechar evidencias que contradecían la posición oficial sobre las armas prohibidas de Iraq, tanto antes como después de la invasión.
Portavoces de la CIA y de la Agencia de Inteligencia de Defensa rehusaron comentar hallazgos específicos del informe técnico porque sigue siendo secreto. Un portavoz de la AID dijo que las conclusiones del equipo no fueron ni ignoradas ni suprimidas, sino incorporadas en el trabajo del Grupo de Prospección Iraquí [Iraqi Survey Group], que dirigió la búsqueda oficial de las armas iraquíes de destrucción masiva. El informe final del grupo de prospección de septiembre de 2004 -15 meses después de que se escribiera el informe técnico- dice que los remolques eran "poco prácticos" para la producción de armas biológicas y estaban "casi con absoluta certeza destinados" a la producción de hidrógeno para balones meteorológicos.
"Si la información fue ofrecida a otros en el reino político, realmente no lo podría decir", dijo el funcionario de la AID, que habló a condición de conservar el anonimato.
Analistas de inteligencia involucrados en discusiones de alto nivel sobre los remolques observaron que el equipo técnico fue uno de los varios grupos que analizaron los supuestos laboratorios móviles durante la primavera y verano de 2003. Dos equipos de expertos militares que examinaron los remolques poco después de su localización concluyeron que eran laboratorios de armas, una conclusión que influyó fuertemente en las opiniones de funcionarios de la inteligencia en Washington, dijeron analistas. "Fue un debate muy acalorado, y había expertos a los dos lados", dijo un ex funcionario que habló a condición de no ser identificado.
Los hallazgos del equipo técnico no tuvo aparentemente ningún impacto en las declaraciones públicas de las agencias de espionaje sobre los remolques. Un día después de que el informe del equipo fue transmitido a Washington, el 28 de mayo de 2003, la CIA dio a conocer públicamente su primera evaluación formal de los remolques, reflejando las opiniones de los analistas de Washington. Ese libro blanco, que también llevaba el timbre de la AID, decía que los funcionarios estadounidenses tenían "la certeza" de que los remolques había sido usados para "la producción móvil de armas biológicas".
Durante el verano y otoño de 2003, los remolques se convirtieron simplemente en "laboratorios biológicos móviles" en los discursos y declaraciones de prensa de funcionarios del gobierno. En junio pasado, el secretario de estado Colin L. Powell declaró que el "nivel de convicción" de que los remolques estaban destinados a la producción de armas biológicas habían aumentado. En septiembre, el vice-presidente Cheney dijo que los remolques eran "plantas biológicas móviles", y que podían haber sido usadas para producir carbunclo o viruela.
Para el otoño los responsables del Grupo de Prospección Iraquí estaban expresando públicamente sus dudas sobre los remolques en boletines de prensa. David Kay, el primer director del grupo, dijo el 2 de octubre al Congreso que no había encontrado armas prohibidas en Iraq y que no podía verificar la conclusión de que los remolques en cuestión fueron laboratorios de armas.
Sin embargo, tan tarde como febrero de 2004 el entonces director de la CIA George J. Tenet continuó afirmando que la teoría de los laboratorios móviles era plausible. Aunque no había "consenso" entre los funcionarios de inteligencia, los remolques "podían convertirse" en laboratorios de armas, dijo en un discurso del 5 de febrero.
Tenet, ahora un miembro de la facultad de la Escuela de Diplomacia Edmund A. Walsh de la Universidad de Georgetown, se negó a hacer comentarios para este artículo.
Kay, en una entrevista, dijo que funcionarios de la CIA de alto rango le habían aconsejado, al aceptar en junio de 2003 la dirección del grupo de prospección, que algunos expertos en la AID se estaban "retractando" de que los remolques fueran laboratorios de armas. Pero Kay dijo que él no fue informado de las conclusiones del equipo técnico sino a fines de 2003, casi al final de su período como director del grupo.
"Si hubiese sabido que teníamos ese equipo en Iraq", dijo Kay, "ciertamente le habría otorgado más crédito a sus conclusiones".

Cuentos De un Desertor
Incluso antes de que se confiscara los remolques en la primavera de 2003, los laboratorios móviles habían alcanzado estatura mítica. A mediados de los años noventa, los inspectores de armas de Naciones Unidas estuvieron cazando laboratorios móviles fantasmas que se decía que estaban montados en camiones o vagones de tren, produciendo toneladas de carbunclo de noche y trasladándose a una nueva ubicación de día. Nunca se encontró ningún laboratorio de este tipo, pero muchos funcionarios creyeron las historias, en gran parte gracias a las elaboradas invenciones de desertores iraquíes.
El principal informante de la CIA, un iraquí con el nombre de código Curveball, era un auto-proclamado ingeniero químico que huyó y pidió asilo en Alemania en 1999. Durante cuatro años el iraquí entregó a la CIA secretos sobre supuestas armas iraquíes prohibidas, a través del servicio de inteligencia alemán. Curveball proporcionó descripciones de laboratorios móviles y dijo que había supervisado el trabajo en uno de ellos. Incluso describió un catastrófico accidente en uno de los laboratorios en 1998, que dejó a 12 iraquíes muertos.
Las detalladas descripciones de Curveball -que fueron oficialmente desmentidas en 2004- ayudaron a los artistas de la CIA a crear diagramas de colores de los laboratorios, los que Powell usaría más tarde para justificar la intervención militar estadounidense en Iraq ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
"Tenemos descripciones de primera mano de fábricas de armas biológicas sobre ruedas y sobre rieles", dijo Powell el 5 de febrero de 2003, en su discurso. Gracias a esas descripciones, dijo, "sabemos cómo se ven los fermentadores. Sabemos cómo se ven los depósitos, bombas, compresores y otras partes".
Los remolques descubiertos en el desierto iraquí se parecían bastante a los dibujos, al menos desde la distancia. Uno de ellos, un remolque maderero, fue localizado en abril por milicianos kurdos cerca de la norteña ciudad de Irbil. El segundo fue capturado por fuerzas estadounidenses cerca de Mosul. Ambos estaban pintados de verde militar y equipados con una sospechosa gama de artefactos: grandes depósitos de metal, motores, compresores, tubos y válvulas.
Fotografías de los remolques fueron hechas circular rápidamente y muchos expertos en armas estaban convencidos de que al fin se había encontrado los largamente buscados laboratorios móviles.
Sin embargo la reacción de fuentes iraquíes fue inquietantemente inconsistente. Curveball, examinado fotos de los remolques, confirmó que eran los laboratorios móviles e incluso señaló algunos elementos claves. Pero en informes internos otros informantes iraquíes cuestionaron la historia de Curveball y dijeron que los remolques no tenían un propósito bélico, sino que eran para producir el hidrógeno de los balones meteorológicos.
De vuelta en el Pentágono los funcionarios de la AID intentaron resolver rápidamente la disputa. La tarea recayó en el ‘Proyecto Jefferson’, una iniciativa de AID formada por expertos técnicos del gobierno y civiles especializados en el análisis y neutralización de amenazas biológicas. Los directores del proyecto formaron un equipo de voluntarios, ocho estadounidenses y un británico, cada de uno de ellos con al menos una década de experiencia en uno de los campos técnicos esenciales para la producción de armas biológicas. Todos eran empleados no-gubernamentales que trabajaban para contratistas de la defensa o para los laboratorios nacionales del Departamento de Energía.
El equipo técnico fue formado en Kuwait y luego llevado a Bagdad para comenzar su trabajo el 25 de mayo de 2003. Para esa fecha, los dos remolques habían sido trasladados a una base militar en los terrenos de uno de los palacios de Bagdad del depuesto presidente Saddam Hussein. Cuando llegaron los miembros del equipo técnico encontraron los remolques aparcados en un estacionamiento al aire libre, cubiertos con tela de camuflaje.
El equipo técnico empezó a trabajar bajo un abrasador sol a 43 grados Celsius. Utilizando herramientas llevadas desde casa, inspeccionaron cubas, cámaras de refrigeración y válvulas de drenaje, y depósitos de emisiones y tubos de escape. Tomaron cientos de fotografías.
Para el fin del primer día, los miembros del equipo todavía tenían opiniones diferentes sobre qué eran los remolques. Pero estaban de acuerdo en lo que no eran.
"En las primeras cuatro horas", dijo un miembro del equipo, que como los demás habló a condición de no ser mencionado, "quedó claro para todos que no eran laboratorios biológicos".
Las noticias de las primeras impresiones del equipo cruzaron el Atlántico antes del informe técnico. En los próximos dos días una avalancha de ansiosos e-mails y llamadas telefónicas desde Washington pedían más detalles y aclaraciones.
La razón del nerviosismo se haría obvia dentro de poco: En Washington, un analista de la CIA había escrito un borrador de un libro blanco sobre los remolques, una evaluación oficial que también reflejaba las opiniones de la AID. El libro blanco describía los remolques como "la más decisiva evidencia de que Iraq estaba ocultando un programa de armas biológicas". También rechazaba explícitamente la explicación ofrecida por funcionarios iraquíes, mencionada en un artículo del New York Times algunos días antes, de que los remolques podían ser unidades móviles para la producción de hidrógeno.
Pero el informe preliminar del equipo técnico, escrito en una tienda en Bagdad y aprobada por todos los miembros del equipo, llegó a una conclusión opuesta a la del libro blanco.

Faltan Componentes Claves
Los miembros del equipo y otras fuentes familiarizadas íntimamente con la misión se negaron a comentar los detalles técnicos de las conclusiones del equipo debido a que el informe sigue siendo secreto. Pero citaron el informe final al Congreso, no clasificado, del Grupo de Prospección Iraquí, en septiembre de 2004, que llegaba a las mismas conclusiones.
Ese informe decía que los remolques "no eran prácticos para la producción de agentes biológicos", ya que carecían de once componente que eran cruciales para la producción de armas biológicas. En lugar de eso, los remolques eran "casi con certeza destinados y construidos para la generación de hidrógeno", informó el grupo de prospección.
El informe del grupo y los miembros del equipo técnico también desecharon la idea de que los remolques pudieran ser adaptados fácilmente para producir armas.
"Sería más fácil empezar todo de nuevo con un simple cubo", dijo Rod Barton, un experto en armas biológicas australiano y ex miembro del grupo de prospección.
El informe preliminar del equipo técnico fue transmitido en las primeras horas del 27 de mayo, justo antes de que sus miembros subieran a los aviones que los llevarían de vuelta a casa. Dentro de 24 horas la CIA publicó su libro blanco, ‘Iraqi Mobile Biological Warfare Agent Production Plants’, en su sitio en la red.
Tras el retorno de los miembros del equipo a Washington, empezaron a redactar el informe final. En varias ocasiones se pidió a los miembros que revisaran sus conclusiones, de acuerdo a fuentes interiorizadas con las conversaciones. Los funcionarios querían saber normalmente lo mismo: ¿Se podían suavizar las conclusiones del informe, se podía dejar abierta la posibilidad de que los remolques pudieran haber sido pensados para la producción de armas?
Finalmente, el informe final -19 páginas más un apéndice de 103 páginas- fue inequívoco en declarar que los remolques no se prestaban para la producción de armas.
"Fue muy concluyente", dijo un experto de armas familiarizado con el contenido del informe.
Terminada su misión, los miembros del equipo volvieron a sus trabajos y observaron cómo su trabajo desaparecía.
"Volví a casa y esperaba que nuestras conclusiones serían hechas públicas", dijo un miembro del equipo. "Nunca ocurrió. Y tuve que acostumbrarme a vivir con eso".

La investigadora Alice Crites contribuyó a este reportaje.

12 de abril de 2006
©washington post

©traducción mQh
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