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ley y caos en iraq 2


[Michael Moss y David Rohde] Finalmente, el adiestramiento de la policía iraquí quedó en manos de asesores de seguridad de una empresa privada.
Los 6.600 adiestradores de la policía no llegaron nunca. Según algunos funcionarios, en los siguientes seis meses llegaron a Iraq apenas 50 asesores, en momentos en que la resistencia cada vez más extendida estaba presentando un conjunto de problemas adicionales, y mucho más letales.
Funcionarios de los ministerios de Relaciones Exteriores y Defensa se acusan mutuamente del desbaratamiento del plan policial.
"Nosotros y DynCorp estábamos listos para ir en junio", dijo un alto funcionario del ministerio de Relaciones Exteriores involucrado en el proyecto de adiestramiento de la policía que pidió permanecer anónimo debido a que no está autorizado para hacer comentarios. "Pero no se destinó dinero para este fin".
Miller, el ex funcionario del Consejo de Seguridad Nacional, dijo que Bremer nunca planteó en Washington la necesidad de contar con adiestradores de campo como un tema importante.
"Si Bremer hubiese dicho en cualquier momento: ‘Acabo de leer un informe y necesitamos 6.600 hombres', habría transformado el asunto en algo candente en casa", dijo Miller. "Pero no lo recuerdo como tema".
Bremer dijo que él había pedido repetidas veces más asesores durante el verano de 2003, pero le dijeron que los otros países no estaban dispuestos a enviar grandes contingentes de agentes de policía, y que DynCorp fue incapaz de enganchar a asesores estadounidenses.
"DynCorp no estaba contratando a nadie", dijo Bremer. "Estábamos haciendo lo que podíamos, con lo que teníamos".
Entretanto, Kerik y dos docenas de agentes de policía estadounidenses jubilados y otros empleados, intentaron reabrir academias y comisarías, verificaron los antecedentes de miles de iraquíes que afirmaban ser agentes de policía y nombraron a nuevos jefes de policía. En todo Bagdad, 2.600 policías militares patrullaron las calles junto con iraquíes, tratando de controlar una ciudad dos veces más grande que Chicago.
Fuera de Bagdad, los comandantes militares estadounidenses, desesperados por la ausencia de apoyo militar, nombraron como nuevos jefes de policía a líderes tribales locales o aceptaron a antiguos partidarios de Hussein arrepentidos. Emprendedores soldados estadounidenses iniciaron programas de adiestramiento policial ad hoc que variaban de tres días a tres semanas.
Trabajando frenéticamente a medida que se intensificaban los ataques de los rebeldes, los asesores lograron recuperar a 40 mil agentes de la policía iraquí en todo el país y reabrieron 35 comisarías de policía en Bagdad. Pero a medida que pasaba el tiempo, quedó claro que dentro de la naciente fuerza de policía iraquí existían grandes problemas. Insurgentes y delincuentes se hacían pasar con éxito por policías, la corrupción era desenfrenada y algunos oficiales nombrados jefes de policía al vuelo eran mirados con recelo por gran parte de la población.
Para agosto, el plan de adiestramiento de terreno se había encogido. Bremer dijo que su equipo, frustrado por la imposibilidad de conseguir suficientes asesores, redujo el objetivo a 3.500 asesores, de una cifra meta original de 6.600. Para septiembre, se buscaba a 1.500 asesores.
Para fines de año, el Departamento de Estado abrió un extenso centro en Jordania que adiestraría a 25 mil reclutas de la policía en los siguientes doce meses, pero pocos asesores de terreno estarían en el lugar para supervisarlos una vez que llegaran a sus puestos.
Al mismo tiempo, ningún funcionario americano dio la alarma públicamente sobre la difícil situación. De hecho, después de pasar tres meses y medio en Iraq, Kerik volvió a Estados Unidos y elogió a la policía durante una rueda de prensa con el presidente Bush en el Jardín Sur de la Casa Blanca.
"Hemos hecho grandes avances", dijo Kerik. "La policía está trabajando".
Funcionarios militares estadounidenses en Iraq, entretanto, se frustraban con el lento paso del proyecto policial dirigido por civiles. En octubre, oficiales estadounidenses anunciaron que sus programas de adiestramiento habían preparado a 54 mil agentes de policía en todo el país y que tenían planeado adiestrar a otros 30 mil en un mes.
Bremer dijo que él se había quejado repetidas veces en las reuniones del Consejo de Seguridad Nacional presididas por Rice, y a las que asistían los ministros del gabinete, de que la calidad del adiestramiento de la policía era deficiente, y estaba más concentrado en la producción de altas cifras.
"Estaban recogiendo chicos de las calles y colocándoles chapas y entregándoles AK-47", dijo Bremer.
Para fines de 2003 los criminales que reinaban en Bagdad hicieron disminuir el apoyo popular a la ocupación estadounidense, dijo Bremer.
"Nosotros éramos el gobierno de Iraq, y la función esencial de cualquier gobierno es la mantención de la ley y el orden", dijo Bremer. "El hecho de que no reprimimos desde el principio, hizo creer a los iraquíes y a los rebeldes que no estábamos en condiciones de mantenerlos".
Burke, el mayor de la Policía del Estado de Massachusetts, dijo que se había impresionado con las ansias de los agentes de policía iraquíes de construir una fuerza profesional nueva, pero horrorizado por el proyecto estadounidense.
"Tuvimos una oportunidad única en los primeros meses", dijo Burke. "La gente estaba muy dispuesta. Hasta los policías sunníes querían un cambio".
Hacia enero de 2004, Bremer mismo veía el programa de adiestramiento de terreno como poco práctico. Con la resistencia con toda su fuerza, los oficiales militares estadounidenses no tenían suficientes tropas para proteger a los asesores civiles destinados a comisarías de policía aisladas, especialmente en el volátil Triángulo Sunní, dijo.
Bryan Whitman, portavoz del Pentágono, dijo que habría sido irresponsable desplegar agentes de policía estadounidenses con armas ligeras y poca experiencia de combate en Iraq.
Bremer y su equipo respaldaron un plan para reducir el número de asesores de campo a 500, de 1.500, y utilizar los fondos restantes para dar cursos de adiestramiento intensivo a altos oficiales de la policía iraquí.
Powell y Richard L. Armitage, entonces subsecretario de estado, dijeron por e-mail y en conferencias telefónicas que los dos apoyaron la reducción. Dijeron que los asesores policiales todavía podrían operar en áreas más seguras fuera del Triángulo Sunní.
Perdieron la pelea en Washington en marzo de 2004. El adiestramiento de terreno de una nueva fuerza policial iraquí -en ese momento estaba formada por unos 90 mil agentes- quedó en manos de 500 contratistas estadounidenses de la DynCorp.

21 de mayo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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ley y caos en iraq 1


[Michael Moss y David Rohde] Errores de juicio estropearon planes estadounidenses con la policía iraquí.
A medida que se extendía el caos en Iraq después de la invasión estadounidense en 2003, el Pentágono puso en marcha sus proyectos para reconstruir la policía iraquí con apenas una docena de asesores. Superados desde el principio, uno de ellos fue enviado a adiestrar una unidad de cuatro mil agentes para custodiar centrales eléctricas y otras instalaciones. Un segundo asesor fue enviado a asesorar 500 comandantes en Bagdad. Otro, a organizar una patrulla fronteriza para todo el país.
Tres años después, la policía es una fuerza apaleada e ineficiente que ha ayudado a llevar a Iraq al borde de la guerra civil. Las unidades policiales son acusadas de organizar escuadrones de la muerte y trabajar para poderosos grupos políticos o simplemente por beneficios económicos. Los ciudadanos, profundamente desconfiados del cuerpo, están organizando en los barrios sus propios grupos de seguridad. Los asesinatos de agentes de policía están a la orden del día. Este año han sido asesinados al menos 547, casi tantos como las bajas de soldados iraquíes y estadounidenses juntos, según muestran los archivos.
La policía, postulada inicialmente por el gobierno de Bush como una piedra angular de la nueva democracia, en Iraq se ha convertido al contrario en parte de la sombría constelación de misteriosos comandos, despiadadas milicias políticas y otros grupos armados.
El nuevo primer ministro de Iraq y alto funcionarios estadounidenses dicen ahora que el futuro del país -y la posibilidad de que Estados Unidos retire sus tropas- depende en gran medida de si se puede reformar a la policía y poner coto a los grupos ilegales.
Como gran parte de lo que ha definido el curso de la guerra, las realidades en el terreno en Iraq no corresponden con los planes en Washington. Un análisis del proyecto estadounidense de adiestrar la fuerza policial en Iraq, hecho sobre la base de entrevistas con varias decenas de funcionarios americanos e iraquíes, informes policiales internos y visitas a comisarías de policía iraquíes y campos de adiestramiento, revela una cascada de errores de evaluación de parte de funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono, que han subestimado repetidas veces el papel que Estados Unidos debe jugar en la reconstrucción de la policía y en la mantención del orden en general.
Antes de la guerra, el gobierno de Bush desechó como innecesario un plan respaldado por el ministerio de Justicia para reconstruir la fuerza policial mediante el despliegue de miles de asesores civiles estadounidenses. Actuales y antiguos funcionarios de gobierno dijeron en entrevistas que dependían entonces de las evaluaciones de la CIA, que decía que la policía iraquí estaba bien adiestrada. La CIA dijo que su evaluación no decía nada parecido.
Tras la caída de Bagdad, cuando la mayoría de los agentes de la policía iraquí abandonaron sus puestos, una segunda propuesta del equipo del ministerio de Justicia para destinar 6.600 asesores de policía fue reducida a 1.500, y luego abandonada. Durante los primeros ocho meses de la ocupación -mientras la delincuencia y la resistencia reinaban en las calles- Estados Unidos desplegó 50 asesores policiales en Iraq.
Contra las objeciones de Colin L. Powell, secretario de estado entonces, el plan fue finalmente reducido a 500 asesores. El resultado fue que un capitán de policía de Carolina del Norte tuvo bajo su mando a 40 estadounidenses para el adiestramiento de 20 mil policías iraquíes en cuatro provincias en el sur de Iraq.
En todo Iraq los estadounidenses se dieron cuenta de que al tratar de reconstruir la fuerza iraquí, estaban actuando contra el legado de Saddam Hussein.
La fuerza policial era no sólo inepta y corrupta, sino además tras la invasión grupos tribales, religiosos y criminales contendientes estaban compitiendo por el control de la policía. Sin embargo, durante gran parte del año pasado, los asesores estadounidenses fueron capaces de supervisar regularmente menos de la mitad de las mil comisarías de policía de Iraq, donde incluso los agentes libres de influencias deshonestas carecían de habilidades policiales básicas, como cómo disparar un arma o investigar un delito.
Mientras que incluso una fuerza policial viable no habría podido detener por sí sola la resistencia y el caos que finalmente engulló a Iraq, los funcionarios involucrados reconocen que el esfuerzo temprano, vacilante, de reconstruir la fuerza fue una oportunidad perdida.
Frank Miller, ex funcionario del Consejo de Seguridad Nacional que coordinaba el esfuerzo americano de gobernar Iraq de 2003 a 2005, concedió en una entrevista que el gobierno no puso suficiente énfasis en la policía.
"Después de la caída de Bagdad debió prestarse más atención a la policía", dijo Miller, uno de los funcionarios que objetó la propuesta original de desplegar miles de asesores. "Eso es obvio. Iraq necesitaba ley y orden".
Los intentos que hubo de adiestrar a la policía se vieron estropeados por la pobre coordinación, dijeron funcionarios civiles y militares. Durante los primeros dos años de la guerra, tres diferentes grupos oficiales desarrollaron tres planes diferentes de adiestramiento de la policía iraquí, ignorando todos ellos la existencia de los demás.
Bernard B. Kerik, ex comisionado de la policía de Ciudad de Nueva York enviado a Iraq en 2003 para dirigir la misión policial, dijo que los funcionarios del Pentágono le avisaron con diez días de antelación y le proporcionaron muy poca orientación.
"Retrospectivamente todavía no sé cuál era su plan", dice Kerik. Sin experiencia en Iraq, y poco tiempo para prepararse, dijo que se preparó para su trabajo en Iraq mirando documentales del canal A&E sobre Saddam Hussein.
El adiestramiento de terreno de la policía iraquí, el elemento más crítico del proyecto, fue dejado en manos de DynCorp International, una compañía con sede en Irving, Tejas, que recibió contratos por 750 millones de dólares. Los asesores, muchos de ellos agentes retirados de pequeñas ciudades, dijeron que llegaron a Iraq y se encontraron pronto atrapados entre agencias de gobierno con personal insuficiente, funcionarios de la compañía concentrados más en los resultados finales que en otra cosa y miles de agentes iraquíes clamando por ayuda.
Cuando quedó claro que el proyecto civil de DynCorp estaba resquebrajándose, oficiales militares estadounidenses se encargaron del adiestramiento de la policía en 2004, dependiendo de unidades de comandos fuertemente armados que habían sido formadas por los iraquíes. Al año algunos sunníes dijeron que algunas unidades habían sido infiltradas por las milicias chiíes y estaban secuestrando, torturando y ejecutando a cientos de sunníes.
En entrevistas, funcionarios de la Casa Blanca y del Pentágono defendieron sus decisiones diciendo que habría sido imposible encontrar a miles de asesores calificados dispuestos a ir a Iraq y que el despliegue de grandes números de agentes extranjeros habrían enfadado a los iraquíes y causado pasividad.
"Siempre que fuera posible, era preferible un enfoque liviano antes que aplicar mano dura", dijo en una respuesta escrita el Consejo de Seguridad Nacional. "La estrategia era apoyar a los iraquíes en todo lo posible y prepararlos para su trabajo, no apoderarnos de sus funciones".
Funcionarios de gobierno dicen que la resistencia, más que cualquier otro factor, ha retrasado su progreso. Mientras que el adiestramiento de campo ha sido limitado, señalan que la mayor parte de los 152 mil agentes de policía han asistido a una de las nueve nuevas academias de adiestramiento, algunos por períodos de hasta diez semanas.
Esta primavera, tres años después de que funcionarios de gobierno rechazaran el gran proyecto americano de adiestramiento, los comandantes estadounidenses están adoptando exactamente el mismo enfoque. Declarando 2006 el año de la policía, el Pentágono despachó un total de tres mil soldados estadounidenses y contratistas de DynCorp para adiestrar y supervisar a reclutas y agentes de policía en todo Iraq.
Comandantes americanos ven ahora la fuerza, que debe crecer a 190 mil hombres, como la pezonera de una nueva estrategia para proteger a la población, defender los proyectos de reconstrucción y facilitar la retirada de las tropas estadounidenses de Iraq.
Pero la política iraquí dificulta el avance. La guerra sobre quién dirigirá el ministerio del Interior, que controla la policía del país, ha paralizado durante semanas la creación de un nuevo gobierno iraquí. Incluso ayer se anunció al nuevo gobierno sin que ese puesto estuviese ocupado. Funcionarios iraquíes dijeron que habían decidido que el nuevo ministro del Interior debía ser políticamente independiente, libre de la mancha de los escuadrones de la muerte, alguien que pudiera convencer a los sunníes de Iraq de que la policía no era su enemigo.
Y las condiciones en el terreno hacen que el progreso sea todavía más difícil.
El coronel Muhammad Raghab Fahmy, comandante de policía de Bagdad, dijo que la policía se esforzaba por realizar las funciones más elementales. "Necesitan armas", dijo, y tienen que aprender "a usar los vehículos, aprender a manejar un puesto de control, a mejorar su redacción y saber cómo reaccionar cuando son atacados".

El Plan de Preguerra
En marzo de 2003, tres semanas antes de que las tropas americanas invadieran Iraq, el teniente general Jay Garner, que se retiró del ejército en 1997, se reunió con altos funcionarios
del Consejo de Seguridad Nacional para informales sobre sus planes de conducción del país después del derrocamiento de Hussein.
Sacado de su trabajo civil en una compañía que trabajaba para la defensa seis semanas antes, el general Garner, el franco militar que dirigió las operaciones de ayuda en el norte de Iraq después de la primera Guerra del Golfo Pérsico, estaba tratando de formar un equipo y de formular un plan para controlar un país conflictivo del tamaño de California.
El general Garner y sus ayudantes creían que se necesitaría un gran número de agentes de policía americanos y europeos tanto para adiestrar a la nueva fuerza policial iraquí como para ayudarla a controlar un país que temían que pudiera deslizarse rápidamente en el caos.
En la reunión de marzo, el general Garner planteó un ambicioso plan de Richard Mayer, un experto en adiestramiento policial del ministerio de Justicia en su equipo, para enviar cinco mil asesores estadounidenses y extranjeros a Iraq. Mayer dijo que su detallado y extenso plan incluía organigramas, presupuestos y programas.
La propuesta era dramática, pero no sin precedentes. En Kosovo, un décimo del tamaño de Iraq, las Naciones Unidas destinaron 4.800 agentes de policía. En Bosnia, dos mil agentes de policía internacionales adiestraron y supervisaron a las fuerzas locales.
Dos lecciones se aprendieron en los Balcanes, dijo Mayer. "Ley y orden primero", una advertencia de que si no se logra crear una fuerza policial y una estructura judicial efectivas, los proyectos de reconstrucción podrían paralizarse. Segundo, introducir en las comisarías de policía locales a asesores extranjeros también ayudaría a asegurar que los cadetes apliquen su formación en la academia en el terreno y contribuiría a impedir la brutalidad, la corrupción y la infiltración por cuenta de las milicias, dijo Mayer.
El general Garner dijo que él y otros en su equipo también advirtieron a funcionarios de gobierno que la policía iraquí, después de décadas de abandono y corrupción, se derrumbaría después de la invasión. La policía estaba "en el eslabón más bajo de la cadena de seguridad", dijo el general Garner en una entrevista. "No tenían adiestramiento. No hacían patrullas".
En febrero, Robert M. Perito, un experto policial y ex funcionario del Consejo de Seguridad Nacional y de los ministerios de Asuntos Exteriores y Justicia, recomendó a la Comisión de Defensa que se despachara a Iraq a seis mil agentes de policía estadounidenses y extranjeros. La comisión asesora al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld.
Pero en la reunión con funcionarios del Consejo de Seguridad Nacional, la propuesta de Garner fue recibida con escepticismo por el consejo de miembros del equipo, que dijeron que semejante proyecto de formación no era necesario. Un ruidoso opositor fue Miller.
"Él no creía que fuera necesario", dijo el general Garner en una entrevista.
Miller, que dejó el gobierno el año pasado, confirmó su oposición. Dijo que la evaluación de la CIA llevó a que los funcionarios de gobierno creyeran que la policía iraquí era capaz de mantener el orden. Douglas J. Feith, entonces subsecretario del ministerio de Defensa, dijo en una entrevista que la evaluación de preguerra de la CIA consideraba que la policía iraquí era profesional, una evaluación que acontecimientos posteriores demostraron que era "fundamentalmente errónea".
Pero Paul Gimigliano, portavoz de la CIA, dijo que la evaluación de la agencia advertía precisamente sobre lo contrario. "No teníamos informaciones fiables sobre agentes o unidades de policía individuales", dijo. La evaluación "escrita de la CIA no decía nada sobre la capacidad de la policía iraquí en cuanto a mantener el orden después de la guerra. De hecho, la evaluación decía que había que crear un nuevo cuerpo policial".
Estos periodistas no pudieron obtener una copia del documento, que es clasificado.
John E. McLaughlin, subdirector de la CIA desde 2000 a 2004, dijo que los funcionarios de inteligencia dejaron en claro en las sesiones de estrategia de la preguerra que la policía era problemática.
"Salí de esas reuniones entendiendo que esta fuerza policial no era un cuerpo del que podíamos depender en el sentido en el que pensamos sobre las fuerzas de policía en Occidente", dijo McLaughlin. "No recuerdo que la agencia, o la inteligencia más ampliamente, haya tranquilizado a la gente sobre la fuerza de policía". Funcionarios de gobierno también dijeron que las misiones en Bosnia y Kosovo habían demostrado que encontrar suficientes adiestradores sería algo difícil, dijo Miller.
Además, los funcionarios dijeron que querían minimizar la presencia estadounidense y dar más autoridad a los iraquíes. "La idea estratégica era que nos íbamos a meter en grandes problemas en Iraq si nos veían como nuestros enemigos querían que nos vieran", dijo Feith. "Como imperialistas, como opresores que queríamos robar sus recursos".
Incluso antes de que el general Garner presentara su caso, funcionarios del Pentágono estaban criticando los proyectos de reconstrucción conocidos como de ‘construcción del país'. En un discurso del 14 de febrero de 2003, Rumsfeld advirtió que las operaciones internacionales de mantención de la paz podría crear "una cultura de dependencia" y que la presencia extranjera a largo plazo en un país "puede ser poco natural".
En la reunión de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, entonces asesora de seguridad nacional, dijo que el gobierno revisaría el tema después del derrocamiento de Hussein, dijo el general Garner. La reunión trató entonces otros problemas.
"Acordamos no tomar ninguna decisión en ese momento", recordó el general Garner. "Vayamos allá y tomemos allá la decisión sobre lo que se necesite".
Rice no respondió a una petición de comentarios.
El 10 de marzo de 2003, Bush aprobó las directrices sobre cómo debía Estados Unidos gobernar el Iraq de posguerra, dijo Miller. Una de ellas era que se enviaría sólo un número limitado de asesores estadounidenses. No tendrían autoridad para implementar la ley. Eso lo haría la policía iraquí.

Vacío de Seguridad
A medida que las fuerzas estadounidenses avanzaban en Iraq a fines de marzo y principios de abril de 2003, decenas de miles de agentes de policía iraquíes
abandonaron sus puestos. En el vacío de seguridad que resultó, las turbas saquearon e incendiaron las comisarías de policía y ministerios de gobierno.
Las tropas americanas se limitaron a observar, y no recibieron orden de impedir el saqueo. Cuando el general Garner y otros oficiales americanos llegaron a Bagdad, 16 de 23 importantes ministerios de gobierno eran meras caparazones.
Sin embargo, el general Garner no tendría nunca más la posibilidad de plantear de nuevo su propuesta de adiestramiento de la policía. Tres semanas después de llegar a Bagdad, fue remplazado por L. Paul Bremer III, un diplomático de carrera retirado y experto en contraterrorismo. Bremer dijo que no había participado en la planificación de preguerra y nunca fue informado de los planes del general Garner.
"Sólo tuve dos semanas de tiempo para prepararme para el trabajo", dijo Bremer. "No recuerdo que me hayan informado sobre la policía".
Dos días después del nombramiento de Bremer, Kerik, que no había adiestrado nunca a agentes de policía fuera de Estados Unidos, recibió su misión del Pentágono. También dijo que nunca fue informado de los planes del general Garner.
Cuando Bremer aterrizó en Bagdad el 12 de mayo de 2003, un mes después de que se ocupara la ciudad, las oficinas de gobierno estaban todavía ardiendo y el saqueo no había terminado. Esa noche, Bremer dio su primer discurso a su personal.
"Mi primera prioridad es la policía, la ley y el orden", dijo. "Creo que deberíamos disparar contra los saqueadores".
Después de que el discurso de Bremer se filtrara a la prensa, funcionarios militares americanos le prometieron cuatro mil policías militares adicionales en Bagdad.
Tres días después un equipo de evaluación del ministerio de Justicia llegó a Bagdad para diseñar un plan de reconstrucción de la policía iraquí y de las estructuras judiciales y carcelarias.
Un miembro del equipo, Geradl Burke, 57, un mayor de policía retirado de la Policía del Estado de Massachusetts, llegó en un vehículo a los terrenos de la academia de policía de Bagdad. Miles de personas, algunas civiles víctimas de delitos que buscaban ayuda, otros agentes de policía que buscaban qué hacer, asediaron al pequeño grupo de policías militares estadounidenses.
"Había gente que entraba con cuerpos amarrados al capó y en los maleteros", dijo Burke. "Era el único local de la policía que estaba abierto. La gente no sabía qué hacer".
A nivel nacional el 80 por ciento de la policía iraquí no había vuelto a sus deberes, según cálculos del equipo. Los iraquíes saludaron el derrocamiento de Hussein, pero se quejaron amargamente de que Estados Unidos no hacía lo suficiente en cuanto a la delincuencia. Una población que había vivido en un estado policial con prácticamente nada de delincuencia callejera durante 25 años miraba consternada cómo se disparaban los asesinatos, los secuestros y las violaciones.
El 18 de mayo Kerik llegó a Bagdad y no encontró "nada, absolutamente nada" funcionando. "Hay doce tipos en el terreno, más yo mismo", recordó. "Eso era el nuevo ministerio del Interior".
Mayer, autor del plan de adiestramiento de la policía del general Garner que trabajaba en el ministerio de Justicia, había enfermado en Estados Unidos y el equipo del ministerio de Justicia aparentemente desconocía su plan de la preguerra. Partiendo de cero, el equipo diseñó un nuevo plan para adiestrar de 50 mil a 80 mil agentes de la policía iraquí.
"Si estudiaras todas las situaciones de posguerra de los años noventa y las combinaras, no sería de todos modos lo mismo que lo que está pasando en Iraq", dijo R. Carr Trevillian IV, funcionario del equipo del ministerio de Justicia. "Incluso si fuera un ambiente positivo".
Al principio, los miembros del equipo propusieron que los reclutas de la policía iraquí recibieran seis meses de adiestramiento en la academia, el período que habían fijado los adiestradores en Kosovo. Kerik dijo que él se puso "a reír" y calculó que tomaría unos nueves años formar a la fuerza de policía.
El equipo redujo el adiestramiento en la academia a 16 semanas, y finalmente a ocho semanas. Más tare, una auditoría del ministerio de Asuntos Exteriores de 2005 constató que la traducción de las clases del inglés al árabe ocupaban el 50 por ciento del tiempo de formación. Tomando en cuenta las traducciones, los reclutas de la policía recibían el equivalente de cuatro semanas de adiestramiento.
Para compensar lo reducido de las clases, el equipo del ministerio de Justicia propuso un extenso programa de adiestramiento práctico similar al de Mayer. El equipo calculó que se necesitaban más de 20 mil asesores para crear la misma ratio que existía en Kosovo entre adiestradores policiales y reclutas en Iraq.
Considerando esa cifra poco realista, recomendaron estacionar 6.600 adiestradores estadounidenses y extranjeros en comisarías de policía en todo el país para adiestrar a los iraquíes y, si fuera necesario, implementar la ley.
DynCorp, la compañía tejana que debía proporcionar a los adiestradores, ya había localizado a 1.150 agentes de policía retirados y en servicio activo que habían expresado interés en servir en Iraq.
Dos semanas después de llegar a Iraq, el equipo del ministerio de Justicia presentó su propuesta a Bremer. El gobierno tenía ahora un segundo plan para el adiestramiento de la policía iraquí. Bremer lo aprobó el 2 de junio, dijeron él y Kerik.

Max Becherer contribuyó desde Bagdad, Iraq, y Christopher Drew desde Nueva York.

21 de mayo de 2006
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forman milicias de autodefensa


[Sabrina Tavernise] Alarmados por los allanamientos ilegales, los vecinos se organizan en milicias en Iraq.
Bagdad, Iraq. Eran casi las tres de la mañana en la Plaza de Zubaida en Bagdad central la semana pasada cuando los focos se encendieron y apagaron una vez, luego dos veces, y luego otra vez una vez.
Desde la oscuridad, alguien respondió las señas. Los vigilantes habían llegado.
A medida que aumentan las evidencias de que comandos policiales chiíes están cometiendo asesinatos arbitrarios, barrios sunníes de Bagdad han empezado a formar grupos de ciudadanos con el fin de mantener fuera de sus áreas a las fuerzas paramilitares. En grandes extensiones al oeste de Bagdad, y en al menos seis áreas predominantemente sunníes en el centro, jóvenes hombres se turnan para vigilar sus calles después del toque de queda de las once de la noche, que envían, con linternas o a través de celulares, señas de advertencia cuando se acercan desconocidos.
En algunos casos los sunníes han levantado barricadas y se han armado para resistir los allanamientos de los comandos chiíes en sus vecindarios. En otros, los vecinos han informado a insurgentes sunníes. Se han formado grupos de vigilantes en otras áreas mixtas, incluyendo Baquba al norte y Mahmudiya al sur, dijeron vecinos y funcionarios.
Tres años después de la invasión estadounidense, la guerra se ha asentado en la tranquilidad de los barrios, calles y patios iraquíes. Decenas de cuerpos aparecen diariamente. La gente es sacada de sus casas y ejecutada. Los asesinatos están a la orden del día. Pero en lugar de buscar la protección del gobierno, los sunníes de a pie se están armando para defenderse, lo que es quizás la más vívida ilustración de lo profundo de la desconfianza que sienten los sunníes con respecto a las fuerzas de seguridad chiíes respaldadas por los estadounidenses. "No hay un puente de confianza entre el gobierno y el pueblo iraquí", dice Tarik al-Hashimy, vice-presidente de Iraq y sunní.
Los grupos, redes informales de vecinos, no son perseguidos por las autoridades y son difíciles de contar. La noche del lunes pasado batallones del ejército iraquí responsables de las zonas norte y central del este de Bagdad se toparon con grupos en Fadhel, Qaera, Waziriya y Adhamiya. Muchos barrios más, incluyendo Khudra, Jihad y Ghazalliya, en el oeste de Bagdad -una zona predominantemente sunní- informan sobre organizaciones similares. Los vecinos salen después de la puesta del sol y son registrados si se topan con las patrullas nocturnas del ejército iraquí.
Los grupos -con intrincadas redes de celulares, altavoces de mezquitas, haces de linternas codificados y radios portátiles- surgieron como champiñones después de que el atentado con bomba contra la mezquita sagrada chií en Samarra provocara varios días de asesinatos de sunníes a manos de milicias chiíes.
"Samarra fue el momento decisivo en cuanto a seguridad", dijo Hashimy.
En marzo, la morgue de Bagdad recibió 1.294 cuerpos, más que el doble de los 596 de marzo de 2005. En abril, la cifra había subido en un 80 por ciento desde abril del año anterior. Casi un 90 por ciento murieron violentamente, la mayoría de ellos a balazos, según la morgue.
"Los asesinatos, no te puedes imaginar los asesinatos", dice Yusra Abdul Aziz, 47, maestra, cuya cuadra, en Adhamiya, organizó su grupo de vigilantes en marzo, después de que cuatro vecinos fueran matados a balazos en el curso de algunos días. "Sin ningún motivo. Llegaban coches y nos disparaban. Corrimos al hospital a recoger a nuestros heridos. En realidad, estamos viviendo una pesadilla".
En su manzana, siete hombres, sunníes y chiíes se apostan en los tejados y esquinas desde medianoche hasta las seis de la mañana, haciendo parar a coches sospechosos. Para bloquear las calles se utilizan troncos de palmeras y trastos. Sin embargo, tiene tanto miedo de los allanamientos nocturnos que realizan tanto la policía especial como delincuentes itinerantes disfrazados de agentes de policía, que duerme vestidos.
Como contrapeso al extremismo religioso, los grupos vigilantes de los barrios a menudo cruzan las líneas confesionales, y vecinos sunníes y chiíes montan guardia juntos. Los sunníes han incluso protegido a sus vecinos chiíes de milicias sunníes.

Muchos sunníes dicen que a pesar de su terror a la policía especial iraquí, ellos toleran al ejército iraquí, al que consideran más profesional y más imparcial. Dicen que a veces los soldados hacen la vista gorda con respecto a sus armas, que es ilegal portar fuera de casa. Algunos vigilantes de barrio entrevistados dijeron que tenían los números de los celulares de comandantes del ejército en sus listados de marcados rápidos.
"A veces hablan con nosotros", dijo un vecino de guardia. "Nos dicen que no dbemos dejarnos ver con nuestras armas".
El ejército ha incluso protegido a los vecinos sunníes de la policía chií. El coronel Ghassan Ali Thami, del Tercer Batallón, dijo que impidió que varios todoterrenos del ministerio del Interior entraran a Adhamiya el año pasado, enfureciendo al ministerio, que envió un memorándum exigiendo una explicación.
"El ministerio del Interior dice que el coronel Ghassan colabora con los terroristas", dijo, en su oficina en el antiguo palacio de Saddam Hussein en Adhamiya. No quiero que nadie se lleve a nadie así no más. Si vienen a buscar a uno, está bien, pero nadie más".
Los sunníes también dice que se sienten más seguros si los iraquíes van acompañados de estadounidenses. "Los americanos no dejarán que las fuerzas iraquíes nos maten", dijo un vecino de Ghazaliya, tajante.
Los comandantes americanos dicen que los grupos vigilantes son algo bueno, y que el ejército iraquí no les permite patrullar con armas.
"Los puedes reconocer... cuando ves a un tipo parado en una esquina", dice el teniente coronel Paul Finken, del Destacamento de Combate del Regimiento 506, de la División Aerotransportada 101, cuyo área de control incluye Adhamiya. "Están allá, y no son un problema para el ejército estadounidense".
Sin embargo, para algunos soldados iraquíes las patrullas de barrios no se distinguen, a fin de cuentas, de la resistencia iraquí. Un soldado que patrulla en Adhamiya se subió la manga para mostrar las cicatrices que le quedaron cuando le arrojaron en el barrio una granada de mano.
"Ellos pretenden aceptar al ejército, pero no es verdad", dijo el teniente segundo Ali Khadham, del Segundo Batallón del ejército iraquí, que patrulla Adhamiya. "Sienten un tremendo odio hacia las fuerzas del gobierno".

Los sunníes dicen que se han organizado exclusivamente para protegerse y defender sus barrios en una ciudad donde hay cada vez más zonas prohibidas. En la oscuridad de la Plaza de Zubaida, un vigilante, Adel Kareem, 38, dijo que había abandonado su trabajo como taxista porque cuando salía de su barrio con su carné de identidad sunní corría el riesgo de ser detenido y ejecutado, un temor que se repite en muchas otras áreas sunníes.
"No puedo ir a Khadimiya, Shuala, Ciudad Sáder, Shaab", dijo, mencionando los barrios chiíes de la ciudad. "Desaparecería".
Los barrios sunníes son tan peligrosos como los chiíes, en parte debido a las patrullas de vigilantes.
Los chiíes también han formado patrullas en los barrios, pero su confianza en la policía es alta, y los vigilantes, pocos. El teniente Khadham dijo que en su barrio de mayoría chií, Ur, unos 15 vecinos patrullan una zona de unas 400 casas, mucho menos que en Adhamiya, donde docenas de guardias vigilan cada bloque.
Las áreas chiíes respiran más fácilmente por las noches. En Greyat, un enclave chií en la ribera del río justo al norte de Adhamiya, hace poco familias con niños pasaban por la calle a medianoche. Los salones de té estaban atiborrados de clientes, de las panaderías emanaban deliciosos aromas y los hombres conversaban en las terrazas de los restaurantes. En contraste, apenas a unas calles de distancia, en el barrio predominantemente sunní de Slekh, las luces estaban apagadas y los bloques de edificios parecían estar vacíos.
El lunes noche, en la oscuridad de una tranquila calle en el barrio predominantemente sunní de Waziriya en el centro de Bagdad, Ali Salah Mahdi, un sunní de 21 años, dijo que su grupo se había enterado a través de su red que unos extremistas planeaban atacar a un vecino que trabajaba como intérprete de las tropas americanas. Advirtieron al hombre, que huyó rápidamente con su familia. Poco después, dijo Mahdi, los atacantes ametrallaron la casa del hombre.
Los allanamientos realizados por paramilitares en la ciudad parecen haber menguado en los últimos meses y los vecinos sunníes atribuyen la disminución a las patrullas vecinales que los obstaculizan. La evidencia, dicen, es que ahora los asesinos están atacando a la gente en sus lugares de trabajo, en los hospitales y cuando viajan hacia o desde sus trabajos.
Un ejemplo reciente es el asesinato de 14 jóvenes de Slekh el mes pasado. Los hombres, que el 15 de abril viajaban juntos a sus casas en una furgoneta desde sus tiendas en Sinek, otra área, fueron parados y secuestrados. Sus cuerpos, algunos con agujeros de taladro, fueron encontrados en la morgue varios días después. Los vecinos culpan al ministerio del Interior, aunque no hubo sobrevivientes de la furgoneta, ni testigos.
El incidente sólo fortaleció la determinación de los vecinos de defenderse a sí mismos.
"Estoy mareado de tantos funerales", dijo un vigilante en la mezquita de Najib, donde los vecinos se reunieron a velar a los hombres hace dos semanas.
Y en un episodio más violento, y quizás más significativo, la noche del 17 de abril se oyeron desenfrenadas balaceras en Adhamiya durante más de siete horas. Cuatro hombres, que se identificaron como guardias locales, dijeron en entrevistas que los tiroteos empezaron cuando decenas de coches del ministerio del Interior entraron a Adhamiya, aunque dijeron que ellos mismos no habían visto ningún coche.
El coronel Thami dijo que los rebeldes sunníes lanzaron rumores de que la policía había llegado a detener a gente, empezando los tiroteos. Murieron cinco personas y muchas más quedaron heridas.
Enfrentamientos similares se reportaron en Khudra y en Shuhada al oeste de Bagdad, durante los días de disturbios religiosos en febrero.
Los rebeldes empezaron los tiros, dijo el teniente segundo Ahmed Majeed, del Destacamento Delta del Primer Batallón del ejército iraquí.
"Los civiles empezaron a disparar", dijo, frustrado. "¿Qué tenemos que hacer?"
El problema, dijo, es que nadie es de fiar.
"Todos tienen armas", dijo. "Cuando yo digo que vengo a protegerlos, me dicen: ‘¿En serio?'".

Qais Mizher, Omar al-Neami y Sahar Nageeb contribuyeron al reportaje para este artículo.

10 de mayo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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italia retira sus tropas


[Íñigo Domínguez] Prodi confirma que Italia retira sus tropas de Irak porque la guerra fue un "grave error".
Italia se va de Irak, y el nuevo primer ministro, Romano Prodi, ha esgrimido esta decisión como la señal más visible del cambio de rumbo político que se dispone a emprender su Gobierno. Al estilo de Zapatero, en su primer discurso público, ayer en el Senado, Prodi dedicó al conflicto del país árabe sus palabras más enérgicas. «Propondremos la retirada de los soldados en los tiempos técnicos necesarios, porque no apoyamos la guerra en Irak ni la participación de Italia. Consideramos que la guerra ha sido un grave error porque no ha resuelto los problemas de seguridad, sino que los ha complicado, ha abierto la caja de Pandora», afirmó.
Prodi tuvo ayer por fin su día de protagonismo, tras pasar estas semanas eclipsado por los trámites institucionales y sepultado en las espesas reuniones de su coalición. Ha pasado más de un mes de las elecciones y casi parecía olvidado que él las había ganado, pero ayer trazó durante más de una hora su programa de gobierno ante la cámara alta, que hoy le debe dar su voto de confianza.
De puertas para afuera es, sin duda, el síntoma más evidente de que hay un nuevo Ejecutivo en Italia. Sin embargo, Prodi se extendió luego en una larga enumeración de medidas que pretenden transformar el país, aunque en varias ocasiones tuvo la prudencia de repetir que desea crear un ambiente de concordia y reconciliación. Sobre todo, para no dar la razón a Berlusconi cuando dibuja un escenario de crispación civil y asegura que la ajustada victoria de La Unión ha dividido el país. «Algunos cultivan la imagen de una comunidad nacional lacerada, pero no es así, el resultado ha mostrado una diversidad, no una división», precisó Prodi.
Sin embargo, muchas de sus reflexiones tuvieron de fondo un estribillo muy intencionado: «Tenemos un país bloqueado, que ha perdido la orientación ética. Es necesario un esfuerzo ético profundo, el respeto de la ética será el punto principal de nuestro gobierno». Es igual que decir que Berlusconi ha dejado el nivel de la ética por los suelos. Y aquí es donde se inserta toda una serie de medidas contra los excesos de 'il Cavaliere', empezando por la regulación del conflicto de intereses.
También acabará con el enfrentamiento con la magistratura que ha marcado el Gobierno de centro-derecha, cambiará la ley electoral, modificada 'in extremis' por el magnate para que le beneficiara, y reforzará la lucha contra la evasión fiscal, elogiada en varias ocasiones por Berlusconi. «Hay una crisis ética, los listillos no deben ganar más», concluyó.

19 de mayo de 2006
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luchas entre milicias chiíes


[Ellen Knickmeyer y Saad Sarhan] Presidente iraquí se moviliza para distender las rivalidades entre milicias chiíes en Basra. Decenas de personas mueren en incidentes violentos en todo el país.
Bagdad, Iraq. El presidente convocó a una reunión urgente el jueves para analizar la situación en la sureña ciudad portuaria de Basra, la segunda de Iraq y el centro de una creciente y mortífera lucha por el poder entre algunos partidos religiosos chiíes que conforman la coalición que gobierna Iraq.
Los incidentes violentos en el sur el jueves incluyeron un atentado con bomba en la casa del jefe de la policía de Basra. En Nayaf, otra importante ciudad en la región de predominancia chií, el jefe de las milicias locales leales al clérigo radical Moqrada al-Sáder fue matado a balazos por agentes de policía aliados a un partido chií rival.
Al menos dos docenas de iraquíes han muerto en el país en incidentes violentos. Cuatro soldados estadounidenses y su intérprete iraquí murieron cuando su patrulla pisó una bomba improvisada en la calle al noroeste de Bagdad, y los militares estadounidenses comunicaron el miércoles la muerte de un marino estadounidense en la provincia occidental de Anbar.
Las muertes llevaron el número de bajas norteamericanas de mayo a cerca de 50, un ritmo que amenaza con convertir este mes en uno de los más mortíferos este año para las fuerzas estadounidenses en Iraq.
En Bagdad, Talibani convocó a los dos vice-presidentes de Iraq para discutir la situación en Basra, donde uno de los grupos chiíes más pequeños, el Partido de la Virtud Islámica, se ha trenzado en abiertas hostilidades contra otros partidos religiosos chiíes.
Basra, que está bajo el control de fuerzas británicas, fue durante largo tiempo considerada una de las áreas más tranquilas de Iraq después de la invasión estadounidense de 2003. La homogeneidad de su población chií le ahorró gran parte de la violencia religiosa que asola el centro y oeste de Iraq.
Sin embargo, tropas británicas, que son menos intervencionistas que sus contrapartes estadounidenses, están siendo acusadas cada vez más de permitir que las milicias de los partidos chiíes religiosos gobernantes infiltren las fuerzas de seguridad y se apoderen de gran parte del control.
Aunque el asesinato de periodistas extranjeros e iraquíes en Basra ha limitado la cobertura periodística de la ciudad, sus residentes describen una violencia política que deja todos los días cadáveres en las calles. Diarios iraquíes reportaron esta semana que habitantes de Basra estaban huyendo hacia lugares más seguros en el extranjero o incluso en Bagdad.
El gobernador de la provincia de Basra, miembro del Partido de la Virtud Islámica, exigió la semana pasada la renuncia del jefe de la policía de Basra y del jefe militar local acusándolos de no ser capaces de detener los asesinatos políticos y religiosos. Desde entonces, las tensiones han incluido un ataque contra una comisaría de policía; el incendio provocado de las oficinas del partido chií más poderoso de Iraq, el Consejo Supremo de la Revolución Islámica en Iraq; y marchas el miércoles que congregaron a miles de participantes.
Talabani asignó al vice-presidente Adel Abdul Mahdi, miembro del Consejo Supremo, un destacamento para dedicarse a la crisis en Basra. El jueves, Abdul Mahdi invocó "la responsabilidad de las fuerzas políticas para calmar la situación". En una rueda de prensa con su colega vice-presidente, Tariq al-Hashimi, y Talabani, Abdul Mahdi instó a los líderes en Basra a "no dejarse distraer por intereses políticos partidarios cuando traten los asuntos de la ciudad".
Entretanto, en Nayaf la policía mató a Abbas al-Chillabi, comandante de los regimientos locales de la milicia Ejército Mahdi. Un funcionario de la organización de Sáder, Sahib al-Amiry, dijo que la policía le pegó un balazo en la cabeza a Chillabi en un puesto de control y lo llamó un asesinato político deliberado.
El jefe de la policía de Nayaf, el general Abbas Moadal calificó el tiroteo de incidente. La policía en el puesto de control creyó que estaban siendo atacados cuando los invitados a una boda, entre los cuales se encontraba aparentemente Chillabi, se acercaron al puesto de control celebrando con disparos al aire, dijo el jefe de policía.
El asesinato tenía el potencial para agudizar las tensiones entre los seguidores de Sáder y los del Consejo Supremo, que controla muchas oficinas de la seguridad y de; gobierno en Nayaf. Tanto en Consejo Supremo como el comando de Sáder cuentan con miles de milicianos.
En Bagdad los mismos partidos chiíes se cuentan entre los que compiten con sunníes, kurdos y bloques laicos por sillas en el gabinete del primer ministro designado, Nouri al-Maliki, que funcionarios estadounidenses dicen que esperan que traiga calma y estabilidad.
También en Bagdad entrenadores, atletas y familiares se reunieron el jueves en la asociación de taekwondo de la capital para consolarse y esperar noticias sobre los quince atletas de artes marciales -que incluye a cinco miembros del equipo nacional de taekwondo de Iraq y al único iraquí que ha ganado una medalla de oro en el torneo regional asiático en abril- que fueron secuestrados el lunes en una peligrosa carretera en el desierto entre Faluya y Ramadi. Los atletas, vestidos con chándales y zapatillas de deporte, se dirigían a la vecina Jordania a pasar las vacaciones.
Jamal Abdul Karim, presidente de la asociación iraquí de taekwondo, dijo que él y otros empleados del club entregaron sus salarios del año el jueves para reunir la suma de cien mil dólares exigida por alguien que dice representar a los secuestradores.
"Hemos estado rogando desde el fondo de nuestros corazones para que los dejen libres", dijo Aqeel Abdul-Karim, 26, empleado del club y amigo de los atletas secuestrados.

Sarhan informó desde Nayaf. Bassam Sebti y Saad al-Izzi en Bagdad contribuyeron a este reportaje.

18 de mayo de 2006
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sombrío panorama del conflicto iraquí


[Eric Schmitt y Edward Wong] Lúgubres pronósticos. Las milicias chiíes constituyen peligro tan grande como el terrorismo.
Washington, Estados Unidos. Un informe interno de la embajada de Estados Unidos y el comando militar en Bagdad entrega una sobria instantánea provincia por provincia de la situación política, económica y de seguridad en Iraq, clasificando la estabilidad general de 6 de las 18 provincias como "grave" y "muy grave". El informe es un contrapunto a algunas optimistas declaraciones recientes de importantes políticos y oficiales militares estadounidenses.
El informe, de diez páginas de breves párrafos titulado ‘Evaluación de la estabilidad en las provincias', destaca el cambio en la naturaleza de la guerra en Iraq tres años tras el derrocamiento de Saddam Hussein. Advierte sobre las fricciones religiosas y étnicas en muchas regiones, incluso en aquellas provincias descritas generalmente por funcionarios estadounidenses como no violentas.
Hay alertas sobre el creciente poder de los partidos políticos chiíes respaldados por Irán, varios de los cuales contaron con Estados Unidos para llegar al poder, y milicias rivales en el sur. Los autores también señalan la grieta en el norte como una importante preocupación, con las dos etnias luchando por el poder en Mosul, donde la violencia es desenfrenada, y Kirkuk, cuyos campos petroleros son esenciales para hacer arrancar el crecimiento económico en Iraq.
Los patrones de conflicto trazados por el informe confirman que las divisiones étnicas y religiosas se han afianzado en gran parte del país, aunque las bajas americanas mensuales hayan descendido. Esas indicaciones, consideradas junto con informes recientes sobre migraciones masivas desde las áreas mixtas sunní-chiíes, muestran que Iraq está sufriendo un proceso de parcelación de hecho a lo largo de líneas étnicas y religiosas, con enfrentamientos -a veces políticos, a veces violentos- en esas áreas mixtas donde confluyen grupos diferentes.
El informe, el primero en su especie, fue escrito en Bagdad en un período de seis semanas por un grupo civil y militar conjunto que buscaba proporcionar una evaluación de fondo de las condiciones en las que deberán operar los nuevos equipos de reconstrucción que serán desplegados en las provincias, dijo Daniel Speckhard, el embajador estadounidense en Bagdad, que supervisa los proyectos de reconstrucción.
Los redactores incluyeron a funcionarios de la sección política de la embajada estadounidense, agencias de reconstrucción y el comando militar norteamericano en Bagdad, dijo Speckhard. Los autores también recibieron información de agentes del ministerio de Relaciones Exteriores en las provincias, dijo.
El informe era parte de una sesión informativa periódica sobre Iraq que realiza el Departamento de Estado para el Congreso, y ha sido presentado a funcionarios en el Capitolio, incluyendo a muchos altos funcionarios americanos; el informe no ha circulado ampliamente en el ministerio de Defensa ni en el Consejo Nacional de Seguridad, dijeron allá portavoces.
Una copia del informe, que no es confidencial, fue proporcionado al New York Times por un funcionario de gobierno en Washington que se opone al modo en que se está dirigiendo la guerra y dijo que la evaluación confidencial proporcionaba una visión más realista sobre la estabilidad en Iraq, que los recientes descripciones de altos oficiales militares. Está datado al 31 de enero de 2006, tres semanas antes del atentado con bomba contra la venerada mezquita chií en Samarra, que desencadenó represalias que han terminado con la vida de cientos de iraquíes. Actualizaciones recientes del informe son menores y dejan sus conclusiones prácticamente intactas, dijo Speckhard.
El tenor general de los comentarios del gobierno de Bush sobre Iraq ha sido optimista. El jueves el presidente Bush afirmó en un discurso que su estrategia estaba dando frutos, a pesar de la creciente violencia en Iraq.
El vice-presidente Dick Cheney, en el programa de televisión de la CBS News, ‘Face the Nation', propuso el mes pasado que las opiniones positivas del gobierno eran un mejor reflejo de la situación en Iraq que las noticias en los medios de comunicación.
"Creo que tiene menos que ver con las declaraciones que hemos hecho, que creo eran básicamente correctas y reflejan la realidad", dijo Cheney, "que con el hecho de que hay una constante especie de percepción, si se quiere, que se crea cuando la noticia valiosa es un atentado con coche bomba en Bagdad".
En sus comentarios públicos, la Casa Blanca y el Pentágono han utilizado las estadísticas diarias sobre ataques como una medición de la estabilidad de las provincias. El general de división Rick Lynch, un importante portavoz militar en Bagdad, dijo a los periodistas hace poco que 12 de las 18 provincias sufrían "menos de dos ataques por día".
El general Peter Pace, presidente del Comando Conjunto del Estado Mayor, dijo en el programa de NBC News ‘Meet the Press' el 5 de marzo que la guerra en Iraq estaba "yendo muy, muy bien", aunque pocos días después reconoció que afrontaba serias dificultades.
En entrevistas y discursos recientes, algunos funcionarios del gobierno han empezado a describir serios problemas que plagan la aventura americana aquí. El embajador estadounidense Zalmay Khalilzad ha estado en primer plano diciendo que la invasión de Iraq abrió una "caja de Pandora" y el viernes advirtió que una guerra civil aquí engulliría a todo Oriente Medio.
El sábado Khalilzad y el general George W. Casey Jr., el más alto comandante militar en Iraq, emitió una declaración elogiando algunos de los objetivos políticos y de seguridad alcanzados en Iraq, pero también pidió advirtió que "a pesar de los progresos, todavía queda mucho por hacer".
Speckhard, el embajador que supervisa la reconstrucción, dijo que el informe no era tan pesimista como podría sugerir la evaluación. "Realmente, lo que muestra es que hay una provincia que sigue siendo un importante reto", dijo. "Pero hay varias otras donde se ha trabajado bastante. Y hay otras partes del país que están mucho mejor".
Pero los resúmenes del informe sobre las provincias ofrecen algunas noticias sorprendentemente sombrías. La fórmula utilizada por el informe para sopesar la estabilidad toma en cuenta la gobernabilidad, la seguridad y los problemas económicos. La provincia de Basra, rica en petróleo, donde las tropas británicas han estado patrullando con relativa calma durante gran parte de los últimos tres años, está considerada ahora como "grave".
El informe define "grave" como teniendo "un gobierno no completamente formado o que no puede suplir las necesidades de sus habitantes; un desarrollo económico estancado con un alto índice de desempleo y una situación de seguridad marcada por una rutina de incidentes violentos, asesinatos y extremismo".
Las bajas británicas han estado aumentando en Basra en los últimos meses, con ataques atribuidos a insurgentes chiíes. Hay un "alto nivel de actividades de las milicias, incluyendo la infiltración de las fuerzas de seguridad locales", dice el informe. "El contrabando y las actividades criminales continúan como siempre. Los ataques de intimidación y los asesinatos están a la orden del día".
El informe dice que el desarrollo económico en la región, durante largo tiempo uno de las más pobres del país, es "obstaculizado por la debilidad del gobierno".
La ciudad de Basra ha sido ampliamente descrita como retrocediendo hacia una mini-teocracia, con funcionarios de gobierno y de seguridad leales a líderes religiosos chiíes, implementando edictos que prohíben el consumo de alcohol y ordenando a las mujeres el uso de pañuelos de cabeza. Los coches de la policía y los puestos de control son a menudo decorados con carteles o pegatinas de Moqtada al-Sáder, el clérigo rebelde, o de Abdul-Aziz al-Hakim, un clérigo cuyo partido es muy cercano a Irán. Ambos líderes cuentan con considerables milicias propias.
El partido de Hakim controla los consejos provinciales de ocho de las nueves provincias sureñas, así como el ayuntamiento de Bagdad.
En un mapa con codificación de colores incluido en el informe, la provincia de Anbar, la extensa franja del desierto occidental que es el corazón de la resistencia sunní, está pintada de rojo, es decir, "muy grave". Las seis provincias clasificadas como "graves" -Basra, Bagdad, Diyala y otras tres al norte- son naranja. Ocho provincias consideradas "moderadas" están en amarillo, y las tres provincias kurdas son verdes, i.e. "estables".
La designación de seguridad "muy grave", dice el informe, quiere decir una provincia que tiene un "gobierno que no funciona", o que sólo está "representado por un líder fuerte"; una "economía que no tiene infraestructura ni conducción de gobierno para su desarrollo y que es un contribuyente importante a la desestabilidad"; y "una situación de seguridad marcada por altos niveles de actividad de fuerzas anti-iraquíes, asesinatos y extremismo".
La evaluación más asombrosa es quizás la de las nueve provincias sureñas, ninguna de las cuales es clasificada como "estable". El gobierno de Bush a menudo subraya la relativa ausencia de violencia en esas regiones.
Por ejemplo, el informe considera "moderadas" las dos provincias en el centro del poder religioso chií, Nayaf y Karbala, y señala la creciente presencia política iraní allá. En Nayaf "la influencia iraní en el gobierno provincial es preocupante", dice el informe. Tanto el gobernador como el ex gobernador de Nayaf son funcionarios del partido religioso de Hakim, fundado en Irán a principio de los años ochenta. El informe también observa que "hay una creciente tensión entre la milicia de Mahdi y el Cuerpo Báder, que podría escalar" -refiriéndose a los ejércitos privados de Sáder y Hakim, que han tenido enfrentamientos antes.
El informe señala dos puntos positivos para Nayaf. El gobierno provincial es capaz de mantener la estabilidad de la provincia y suple las necesidades de la gente, dice, y el turismo religioso ofrece un potencial para el crecimiento económico.
Pero los insurgentes todavía logran penetrar ocasionalmente el apretado círculo de seguridad. Un coche bomba explotó el jueves cerca de la mezquita con cúpula dorada del Imán Alí, matando al menos a diez personas e hiriendo a decenas más.
Inmediatamente al norte, la provincia de Babil, una importante área estratégica junto a Bagdad, también tiene "una fuerte influencia iraní evidente en el ayuntamiento", dice el informe. Hay "un conflicto étnico al norte de Babil" y "la delincuencia es un importante factor dentro de la provincia". Además, "el desempleo sigue siendo alto".
Durante toda la guerra los comandantes estadounidenses han tratado repetidas veces de pacificar el norte de Babil, un área agrícola con una virulenta insurgencia sunní, pero han tenido poco éxito. En el sur de Babil la nueva amenaza son los milicianos chiíes que están operando desde bastiones chiíes como Nayaf y Karbala y empezando a tener conflictos entre ellos.
El general Qais Hamza al-Maamony, comandandante de la fuerza policial de ocho mil hombres de Babil, dijo que sus agentes no están todavía preparados para intervenir entre las milicias en guerra, si fuese necesario -como muchos temen que ocurrirá. "Tendrían demasiado miedo como para meterse en el medio", dijo en una entrevista.
Si las tropas estadounidense abandonaran Babil, dijo, "habría guerra civil al día siguiente".

Eric Schmitt informó desde Washington y Edward Wong desde Baghdad. Jeffrey Gettleman contribuyó desde Hilla, Iraq, y Abdul Razzaq al-Saiedi desde Baghdad.

9 de abril de 2006
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crímenes religiosos en iraq


[Solomon Moore] Crímenes religiosos desestabilizan la unidad de Iraq. El presidente Jalal Talabani advierte que la tendencia es tan peligrosa como el terrorismo. La morgue de la capital reportó más mil civiles muertos en abril.
Bagdad, Iraq. La morgue de la ciudad aquí recibió en abril a 1.091 víctimas de asesinatos, la mayoría de ellos el resultado de asesinatos religiosos que se han convertido en "no menos peligrosos que el terrorismo", dijo ayer el presidente de Iraq.
"Estos crímenes diarios crearán un ambiente de sospechas mutuas entre los hijos de nuestra nación y desestabilizarán la unidad nacional", advirtió el presidente Jalal Talabani en una declaración emitida por su despacho. Cada víctima deja atrás "un huérfano, una madre desconsolada, un padre o una esposa devastados", dijo.
Talabani reconoció que las estadísticas de la morgue sólo incluyen los cuerpos hallados en Bagdad y alrededores y que la cifra total de bajas civiles era probablemente mucho más alta.
Durante los primeros tres meses del año, al menos 3.800 civiles fueron asesinados en Bagdad, de acuerdo a estadísticas compiladas por Los Angeles Times, con base a informaciones de la morgue y policía y funcionarios de hospitales. Es la cifra más alta de civiles asesinados desde que la invasión estadounidense derrocara a Saddam Hussein hace más de tres años.
La mayoría de las víctimas de los últimos meses son sunníes. Líderes comunitarios afirman que escuadrones de la muerte asociados a milicias chiíes han estado realizando secuestros y asesinatos en sus vecindarios.
La urgencia de la advertencia de Talabani fue subrayada por la persistente violencia el martes y miércoles y las tensiones religiosas que llegaron hasta el parlamento iraquí.
El Consejo de Diputados, que se reúne en la fuertemente fortificada Zona Verde de Bagdad, ha estado luchando por llegar a un acuerdo sobre el nombramiento de ministerios de gobierno claves, la última fase en la formación de un gobierno de unidad que los políticos esperan que ayude a estabilizar el país.
Los legisladores se distrajeron esta semana después de que una riña provocada por un timbre de llamada dejó en evidencias las persistentes tensiones entre los bloques sunní y chií.
Una riña estalló el lunes en el vestíbulo del edificio del parlamento después de que el celular de una legisladora chií empezara a sonar con una oración chií. Aparentemente interrumpió una entrevista de radio con el orador del parlamento, Mahmoud Mashadani, que es sunní. Un guardaespaldas fue enviado a apagar el teléfono atacó presuntamente al ayudante de la legisladora, que tenía el teléfono.
El incidente provocó dos días de recriminaciones, que culminaron el miércoles en un airado intercambio de palabras entre la legisladora Ghufran Saidi, y Mashadani, que suspendió brevemente la sesión parlamentaria, provocando la ira de los diputados chiíes.
El orador reveló más tarde que uno de sus guardaespaldas había sido agredido el martes, provocando especulaciones de que fue atacado en venganza por la riña del día anterior. Pero los diputados desecharon esa teoría.
El miércoles Saidi la empredió contra Mashadani y sus guardaespaldas, cuya conducta, dijo, le "hacía recordar al régimen anterior, cuando violaban la dignidad de nuestras casas".
Entretanto la violencia continuó en Iraq.
Los trabajadores de una planta eléctrica en Baqubah descubrieron el miércoles cuatro cuerpos dentro de un coche aparcado, dijo el teniente de policía Mohammed Hadi. Cuando la policía llegó a investigar, el coche explotó, matando a seis trabajadores y un agente de policía.
Justo al norte de la ciudad, hombres armados emboscaron y mataron a un agente de inteligencia del ministerio del Interior y sus dos guardaespaldas, dijo Hadi.
En Mosul, estallaron dos coches bomba durante el paso de convoyes militares norteamericanos, matando a un transeúnte iraquí.
En Ramadi, un centro de la resistencia sunní al oeste de Iraq, cuatro agentes de policía fuera de servicio fueron asesinados el miércoles. Agentes de policía fuera de servicio, a quienes no se permite portar armas, son blancos frecuentes.
En Bagdad un prominente miembro del antiguo Partido Baaz fue asesinado en Ciudad Sáder, un enorme barrio chií controlado por la milicia Al Mahdi, de Muqtada Sáder.
Al este de Bagdad detonó una bomba al paso de un comando policial iraquí matando a un agente.
Y en barrio de Shaab, al nordeste de Bagdad, las autoridades descubrieron un cuerpo no identificado, que llevaba los ojos vendados y estaba esposado. Fue asesinado de un balazo en la cabeza.
Funcionarios kurdos en Sulaymaniya anunciaron el miércoles la fuga de cinco sospechosos de terrorismo de un complejo penitenciario fuertemente custodiado. La prisión es administrada por militares norteamericanos y custodiada por gendarmes iraquíes y soldados estadounidenses.
Un portavoz del gobierno kurdo dijo que los escapados eran tres iraquíes, un palestino y un sirio.
La fortaleza prisión del Castillo de Susa, a unos 24 kilómetros al noroeste de Sulaymaniya, está protegida por cinco cordones de seguridad. Funcionarios estadounidenses e iraquíes dijeron que estaban investigando la fuga.

Caesar Ahmed, Shamil Aziz y Saif Rasheed en Baghdad contribuyeron a este reportaje.

11 de mayo de 2006
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corrupción y asesinatos en iraq


[James Glanz] Asesinatos provocan búsqueda de fondos perdidos.
Bagdad, Iraq. El asesinato de Fern Holland, una trabajadora de derechos humanos de Oklahoma, sigue sin resolver y tan misterioso como cuando se encontró su cuerpo acribillado por balas en un desolado tramo de una calle cerca de una de las ciudades santas del sur de Iraq en marzo de 2004.
Ahora investigadores federales están tratando de resolver un segundo misterio: ¿qué paso con los cientos de miles de dólares en dinero contante entregados por las autoridades americanas a la señorita Holland y a Robert J. Zangas, un oficial de prensa que murió en el mismo ataque cerca de Karbala, en los días previos a sus muertes?
Archivos económicos del recinto administrado por Estados Unidos en Hilla, la ciudad iraquí donde trabajaban Holland y Zangas, han determinado que gran parte o todo ese dinero -entregado para cosas como programas para formar a iraquíes en gobernabilidad democrática y construcción de centros para los derechos de la mujer que Holland estaba montando- se ha perdido o su utilización ha sido inadecuadamente justificada después de sus muertes.
Los investigadores estadounidenses están tratando de determinar si ese dinero fue robado como parte de la red de sobornos, extorsión, robos y conspiración que han descrito en una serie de acusaciones y documentos judiciales que describen la corrupción de funcionarios estadounidenses en Hilla en 2003 y 2004, de acuerdo a funcionarios involucrados en la pesquisa. Ese caso de corrupción, centrado en las proyectos de reconstrucción, ha resultado en cuatro detenciones, y se esperan más.
Los homicidios de Holland, una abogado de 33 años y tenaz defensora de los derechos de la mujer, y de Zangas, 44, ex teniente coronel de la Marina de Pittsburgh, recibieron amplia atención en ese momento debido en parte a que fueron los primeros civiles del gobierno de la ocupación estadounidense, llamado la Autoridad Provisional de la Coalición, que murieron en Iraq.
Una intérprete iraquí, Salwa Oumanshi, también murió en el ataque. Sus asesinatos ocurrieron antes de un importante estallido de violencia insurgente que convirtió la ocurrencia de esos episodios en una trágica rutina. Se cree que un grupo de iraquíes con uniformes de la policía fueron los responsables del ataque, pero hasta el momento no se ha acusado a nadie públicamente.
Ninguna de las acusaciones de corrupción ha mencionado a Holland o Zangad y no hay indicaciones de que los detenidos en ese caso sean sospechosos de sus muertes. Pero siguiendo la pista de un tortuoso rastro de recibos, vales, facturas y órdenes de compra indicando que Holland y Zangas recibieron más de 320 mil dólares contantes para su trabajo para el gobierno en las dos últimas semanas de sus vidas, los investigadores han determinado que los cuatro arrestados en el caso de corrupción han tenido algún rol en el manejo de esos dineros o estuvieron involucrados de algún modo en los proyectos de Holland.
Uno de ellos, Robert J. Stein, ex funcionario de la ocupación estadounidense en Hilla, se declaró culpable en febrero de cinco cargos de soborno, conspiración y otros cargos, y podría ser condenado hasta 30 años de cárcel. Stein entregó dinero a Holland y Zangas y estuvo implicado en responder por ese dinero después de sus muertes.
El otro estadounidense detenido en el caso de corrupción, Philip H. Bloom, un hombre de negocios que estaba trabajando en Iraq, apareció en documentos de contratación que implicaban que algunos proyectos de Holland fueron modificados después de su muerte. El mes pasado se declaró culpable de tres cargos de conspiración, soborno y lavado de dinero. Dos oficiales de la reserva del ejército, la teniente coronel Debra Harrison y el teniente coronel Michael Wheeler, que supervisaba los proyectos en Hilla, han sido detenidos y acusados de aceptar sobornos.
Un abogado de Bloom, John N. Nassikas III, se negó a hacer comentarios. Los abogados de Stein, de la coronel Harrison y del coronel Wheeler no devolvieron las llamadas telefónicas pidiendo comentarios.
En el centro del caso de corrupción, dicen los fiscales, había una trama en la que Stein y los otros funcionarios había destinado al menos 8.6 millones de dólares en contratos de reconstrucción a compañías controladas por Bloom a cambio de millones de dólares en sobornos, joyas y otros favores. Stein también se declaró culpable de los cargos federales de haber usado el dinero para comprar subametralladoras, lanzagranadas y otras armas en Estados Unidos.
Los investigadores que trazan el flujo de dinero hacia Holland y Zangad están examinando la posibilidad de que Stein y otros aprovecharan sus muertes para robar más dinero, de acuerdo a funcionarios familiarizados con la investigación.
El Inspector General Especial de la Reconstrucción de Iraq, que está investigando la corrupción en Hilla, proporcionó copias de algunos de los documentos que trazan el dinero, y describió otros después de que un periodista del New York Times preguntara sobre un párrafo de uno de los informes publicados del despacho sobre el mal uso de dinero recuperado "de la oficina de un agente pagador que fue asesinado en el terreno".
Ese agente no identificado era Holland, y los documentos indican que Stein y la coronel Harrison estuvieron a cargo de recuperar el dinero. Uno de esos documentos es un ‘memorándum de constancia' firmado por Stein y la coronel Harrison, diciendo que tras la muerte de Holland 71.099 dólares habían desaparecido de su oficina. Pero eso es sólo parte de los cientos de miles de dólares que no pueden ser trazados.
Los oficiales de prensa de FBI en Iraq y Estados Unidos se negaron a comentar el caso.
Holland y Zangas no son sospechosos de la desaparición del dinero. Y los que conocieron y trabajaron con Holland, cuyos esfuerzos en beneficio de las mujeres le significó reconocimiento, dijo que no era verosímil que ela hubiera perdido la huella de tanto dinero. Adly Hassanein, un funcionario egipcio-americano de la Autoridad Provisional de Gobierno que trabajaba con Holland en Hilla, dijo que era impensable que ella hubiese llevado ese dinero consigo.
"Nunca lo habría hecho, porque no era necesario", dijo Hassanein, que recordó que Stein había dirigido la operación para recuperar dinero del cuarto y oficina de Holland después de su muerte.
En cuanto al memorándum de Stein diciendo que el dinero había desaparecido, Hassanein dijo: "Él estaba tratando de decir que él era una víctima".
Cuatro personas cercanas a Holland dijeron que han sido interrogados por investigadores del FBI y del despacho del inspector general especial.
Entre ellos se encuentran Stephen Rodolf, un abogado de Tulsa que es amigo de la familia Holland; R. Richard Love III, abogado de la familia; Rachel Roe, que conocía a Holland en Iraq y trabajaba en una función similar; y la hermana de Holland, Viola Holland.
Roe dijo que un investigador le preguntó si acaso Holland habría llevado consigo decenas o cientos de miles de dólares en su coche cuando fue asesinada -lo que explicaría posiblemente el agujero. Roe dijo que dijo al investigador: "‘De ningún modo. Fern no era estúpida'".
Pero de acuerdo a los documentos a ella se le entregó una considerable suma de dinero en las semanas anteriores a su muerte. El 7 de febrero Stein aprobó una petición de Holland de 200 mil dólares para un programa de adiestramiento sobre gobernabilidad democrática y derechos humanos para 120 iraquíes en Jordania. Una serie de documentos indican que para el 25 de febrero, Holland había recibido el dinero -la suma precisa fue de 199.044 dólares-, aunque su firma no aparece nunca en los documentos, lo que aumentó las sospechas de los investigadores.
Stein controlaba los desembolsos de casi todo el dinero oficial en Hilla. Había tanto dinero disponible, a menudo en apretados fajos de billetes de cien dólares conocidos como ‘ladrillos', que era guardado en todas partes en el recinto, dijo el inspector general en informes anteriores. Millones de dólares eran guardados en archivadores, en un baúl e incluso en una caja fuerte en un cuarto de baño, descubrieron los investigadores.
Pero el filón principal estaba en una angosta y pesada caja fuerte en el sótano del Hotel Babylon, que servía como la sede del gobierno de la ocupación estadounidense en Hilla. Stein, que pagaba personalmente el dinero de los contratos, indicó en los documentos que él dio el dinero para el programa de formación en gobernabilidad democrática y derechos humanos de Holland el 25 de febrero.
Entretanto, entre el 3 y el 7 de marzo, los archivos indican que Stein pagó a Zangas más de 120 mil dólares para equipos de televisión y formación para programas de medios de comunicación iraquíes que estaba dirigiendo. Todo ese dinero parece haber desaparecido sin dejar huella, ya que ninguno de los documentos recuperado por la oficina del inspector general indica que ha sido gastado en esos programas antes de los asesinatos la tarde del 9 de marzo.
Otro documento que ha llamado la atención de los investigadores es ‘memorándum de constancia' firmado por Stein y la coronel Harrison. Escrito el 23 de junio de 2004. cuando los dos dejaban Iraq al término de sus períodos de servicio en la autoridad provisional, el memorándum lleva como asunto "Fondos recuperados de Fern Holland (fallecida)".
El memorándum dice que la coronel Harrison y otra mujer entraron en la oficina de Holland un día después de su muerte (que la coronel recuerda incorrectamente como el 11 de marzo). "En su oficina recuperamos una caja llena con lo que parece ser una enorme suma de dinero en billetes de cien dólares y algunos billetes más pequeños", dice el memorándum.
El memorándum dice que la caja contenía 125.035 dólares. Pero dice: "De acuerdo a Robert Stein, Fern Holland firmó un recibo por el retiro de 196.044 dólares", refiriéndose a un pago que Holland en realidad no firmó. La inferencia del memorándum es que el dinero perdido está indicado por la diferencia entre lo que se encontró y lo que Stein dice que se pagó. "Esos fondos (71.099 dólares) no se han encontrado", concluye el memorándum.
Pero ese no fue el fin de la historia, concluyó el inspector general. Stein no pudo justificar adecuadamente el dinero en sus archivos, de acuerdo al informe del inspector general, dejando en la oscuridad dónde terminaron exactamente esos 125.035 dólares.

9 de mayo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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