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policía y milicias llevan a iraq al caos


[Dexter Filkins] Las milicias privadas de los partidos chiíes del gobierno implementan una sanguinaria campaña de asesinatos.
Bagdad, Iraq. Incluso en un país acosado por los asesinatos y la muerte, la Brigada Nº16 representaba una nueva frontera. La brigada, una fuerza de mil hombres formada por el ministerio de Defensa iraquí a principios de 2005, fue encargada de custodiar un tramo de los oleoductos que pasan por el distrito de Dawra el sur de Bagdad. Fuertemente armados y apenas controlados, algunos miembros de la brigada, de mayoría sunní, formaron un escuadrón de la muerte que cooperó con los rebeldes y ejecutó gente que colaboraba con el gobierno, dicen funcionarios iraquíes.
"Estaban matando a gente inocente, a cualquiera que estuviera asociado con el gobierno", dice Hassan Thuwaini, director del cuerpo de protección del ministerio del Petróleo.
Cuarenta y dos miembros de la brigada fueron detenidos en enero, de acuerdo a funcionarios del ministerio del Interior y al departamento de policía de Dawra.
Desde entonces, dicen funcionarios iraquíes, pistoleros individuales han confesado que llevaron a cabo decenas de asesinatos, incluyendo el homicidio de su propio jefe, el coronel Mohsin Najdi, que había amenazado con denunciarlos.
Algunos de los hombres asignados a la custodia del oleoducto, dicen los funcionarios, tenían vínculos con importantes grupos de la resistencia iraquí. Oficiales americanos e iraquíes han estado tratando, durante meses, de localizar a los escuadrones de la muerte, tratando de desenmascarar a los sunníes que operaban al interior del ministerio del Interior controlado por los chiíes.
Pero la Brigada 16 era diferente. A diferencia de las otras, la Brigada 16 era un grupo sunní, acusado de matar a chiíes. Y no era, como las otras, parte de la policía iraquí y ni siquiera del ministerio del Interior. Era controlada por un ministerio iraquí totalmente diferente.
Así es el país que han heredado el sábado los nuevos líderes iraquíes. El precipitado proyecto, respaldado por los estadounidenses, de armar a decenas de miles de soldados y oficiales iraquíes, junto con la incapacidad de reprimir a casi la misma cantidad de milicianos armados, ha creado toda una galaxia de grupos armados, cada uno con sus propias lealtades y programa, que están llevando rápidamente al país hacia el caos.
En realidad, la Brigada 16 es un modelo de cómo la violencia arbitraria del gobierno se ha extendido más allá de los rangos de la fuerza policial chií y del ministerio del Interior y abarca ahora a otros ministerios de gobierno, milicias privadas y gente en las más altas posiciones del gobierno chií.
A veces las líneas entre una fuerza de gobierno y otra -y entre la policía y las milicias- son tan borrosas que es imposible determinar quiénes son los asesinos.
"Nadie sabe quién es quién", dice Adil Abdul Mahdi, uno de los vice-presidentes de Iraq.
Los grupos armados que operan en Iraq incluyen no solamente los 145 mil agentes y comandos de policía reconocidos oficialmente que han llamado la atención por sus extensas violaciones de derechos humanos. También incluyen a miles de guardias y milicianos armados: algunos chiíes, otros sunníes; algunos, como el Servicio de Protección de Instalaciones de 145 mil miembros, que operan con respaldo oficial, y algunos, como la milicia chií Báder, que realiza operaciones con el respaldo tácito del gobierno, y que a veces utiliza incluso uniformes oficiales.
Algunos de estos grupos armados, como el ejército y la policía iraquíes, a menudo realizan misiones legítimas para combatir la delincuencia y la resistencia. Otros, como los miembros de otra milicia chií, el Ejército Mahdi, se especializan en torturas, asesinatos, secuestros y ajustes de cuentas por encargo de partidos políticos.
La represión de los ejércitos, oficiales y privados de Iraq es la tarea más urgente que deben asumir los nuevos líderes de Iraq. En discursos y conversaciones privadas, el primer ministro Nuri Kamal al-Maliki dice que intentará tomar medidas drásticas contra los escuadrones de la muerte dentro del gobierno de Iraq, y para desarmar a las milicias que actúan como brazos armados de los partidos políticos iraquíes.
Eso presagia una terrible guerra política, que se extiende más allá de los agentes de la policía del ministerio del Interior y de los paramilitares. Se avecina una lucha más grande y posiblemente más decisiva para desarmar a la miríada de otros grupos armados, incluyendo milicias chiíes, la mayoría de ellas controladas por los partidos chiíes que conforman el nuevo gobierno.
El resultado de la lucha tiene implicaciones de más largo alcance para el futuro de Iraq, a medida que oficiales iraquíes y estadounidenses tratan de poner freno a los abusos que amenazan con empujar al país hacia una guerra religiosa que obstaculizará la lucha del gobierno contra la resistencia sunní.
"Creo que ahora tienen pruebas sobre quiénes son responsables de la mayoría de los asesinatos", dijo un funcionario estadounidense en Bagdad, que no está autorizado a hacer declaraciones públicas. "Ahora, hacer lo que se debe hacer es una cuestión de voluntad política".
"Todavía no la he visto", dijo el funcionario.

Asesinos Sin Uniforme
Todas las semanas madres y esposas en los barrios sunníes de Bagdad confluyen masivamente en la improvisada oficina de derechos humanos del Partido Musulmán Iraquí, con historias de torturas, secuestros y asesinatos a manos de las fuerzas de seguridad del gobierno.
La mayoría de las historias se repiten de un modo espantosamente similar: un grupo de iraquíes con uniformes oficiales llega a la casa de una familia sunní y se llevan a un joven. La familia encontrará su cuerpo algunos días después, arrojado en una acequia, o en la morgue de la ciudad.
"Es el ministerio del Interior", dice Omar al-Jabouri, que dirige aquí la oficina de derechos humanos del Partido Musulmán. Algunos de los nuevos líderes iraquíes, incluyendo a su vice-presidente sunní Tariq al-Hashemi, están llamando a purgar completamente el ministerio del Interior, diciendo que hay "miles" de agentes corruptos y brutales que deben ser despedidos si acaso el gobierno quiere recuperar la confianza de los sunníes de Iraq.
"¿Me preguntas quién está haciendo estas cosas?", dice Hashemi. "La policía, las milicias, los partidos políticos -no sabemos. Pero son criminales. En las zonas sunníes no tenemos ninguna confianza en ellos".
Es imposible saber cuántas unidades infiltradas existen entre los 145 mil agentes de policía, comandos y otros agentes que operan en el ministerio, la mayoría de ellos adiestrados bajo supervisión estadounidense.
Esa incertidumbre yace en el corazón de la lucha política que está adquiriendo forma en Bagdad: líderes sunníes y chiíes difieren fundamentalmente sobre la naturaleza y alcance del problema, lo que lo hace más difícil de solucionar.
Dirigentes de la coalición chií, el partido más grande en el nuevo gobierno, dicen que las protestas contra las fuerzas de seguridad, así como contras sus propias milicias, están siendo exageradas por motivos políticos. Dicen que se opondrán a cualquiera reforma del ministerio del Interior.
Los atentados con coches-bomba y los atentados suicidas han descendido en Bagdad en los últimos meses, y los dirigentes chiíes dicen que una purga a gran escala del ministerio del Interior, o la recontratación de los agentes despedidos tras la caída de Saddam Hussein probablemente daría nueva vida a la resistencia.
"Están protestando porque ellos están haciendo su trabajo", dijo el vice-presidente chií Mahdi, sobre las fuerzas de seguridad. "Estamos en guerra".
En realidad, para los principales dirigentes chiíes de Iraq las quejas sobre el ministerio del Interior desvían la atención del problema mucho mayor que forman los escuadrones de la muerte sunníes, que son formados por gente llamada taqfiris, la palabra árabe que describe a alguien que persigue a los apóstatas y transgresores de la fe. Ahora designa a los rebeldes que asesinan a chiíes. En esta formulación, los chiíes del ministerio del Interior están simplemente haciendo lo que los rebeldes sunníes están haciendo contra los chiíes desde abril de 2003.
"El problema son los partidarios de Saddam y los taqfiris", dice Abdul Aziz Hakim, el líder del Consejo Supremo para la Revolución Islámica de Iraq, uno de los principales partidos chiíes en el gobierno. "Esos grupos están cometiendo genocidio contra el pueblo chií".

Unidades Sospechosas
Bayan Jabr, que hasta el sábado fue ministro del Interior, escucha las quejas sobre sus fuerzas y las desecha con un ademán.
"Son sólo rumores", dice Jabr, con una sonrisa.
Con una rápida sonrisa y una debilidad por los trajes informales de color azulete, Jabr no parece un personaje diabólico. Hombre de negocios y ex editor de un diario, se retrata a sí mismo como un hombre humilde haciendo un trabajo desagradable.
"Este trabajo no me interesa personalmente", dice Jabr. "Este trabajo no corresponde con mi naturaleza. Cualquier cosa relacionada con el comercio o los negocios sería mucho mejor".
Fue Jabr quien presidió el rápido crecimiento de las fuerzas de seguridad iraquíes, y ha sido el blanco de gran parte de las críticas de los políticos sunníes. Es un importante miembro del partido Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, que cuenta con una milicia propia, la Brigada Báder. Él mismo fue uno de sus comandantes.
Después de asumir el cargo en el ministerio del Interior en la primavera pasada, expulsó a más de 170 funcionarios que habían sido contratados por el gobierno iraquí previo, de inclinación laica. E incorporó los primeros miles de pistoleros de la Brigada Báder a las filas de la policía.
Los sunníes acusan a Jabr de permitir que la fuerza policial, en gran parte chií, tenga carta blanca en los barrios sunníes. Funcionarios estadounidenses pensaron que esa era una visión exagerada de Jabr; lo describen como un hombre de buenas intenciones que perdió el control de su ministerio. Por ejemplo, señalan, cientos y posiblemente miles de pistoleros de la milicia chií Ejército Mahdi, rival de la milicia Brigada Báder del propio ministro y leal al clérigo renegado Moqtada al-Sáder, también se han infiltrado en las fuerzas policiales en todo el país.
Aunque reconocen los publicitados casos de asesinatos y torturas dentro del ministerio del Interior, oficiales americanos dicen que la mayor parte de las atrocidades son cometidas por un pequeño número de renegados dentro del gobierno, o por grupos, como las milicias, que no son controladas por el gobierno iraquí.
"La magnitud del problema está básicamente en un par de brigadas", dijo un oficial norteamericano que habló a condición de conservar el anonimato, debido a lo delicado de la materia.
El funcionario, que trabaja estrechamente con el gobierno iraquí, dijo que creía que había un grupo dentro del ministerio del Interior que era responsable de muchas de las atrocidades: el Batallón 28, cuya misión oficial es encargarse de la seguridad del ministerio mismo.
El funcionario estadounidense no especificó de qué atrocidades era culpable el batallón. "Estamos muy preocupados", dijo el funcionario. "Forman el núcleo del escuadrón de la muerte".
El funcionario no quiso entrar en más detalles. Políticos americanos e iraquíes coinciden en que el tema de los elementos delictivos que operan dentro del ministerio es un tópico delicado, especialmente debido a que están intentando introducir a políticos sunníes en el gobierno. Algunos rehusaron hablar sobre el Batallón 28, mientras otros, como Jabr, dijeron que no habían oído nada.
En una entrevista en su oficina en la Zona Verde antes de su nombramiento como ministro de Hacienda el sábado, Jabr parecía ansioso de demostrar que estaba al mando de su ministerio; en un momento hizo circular un álbum de fotos con confesiones de los rebeldes. Eran todos sunníes.
Según Jabr, las fuerzas controladas por el ministerio del Interior cubren solamente un 25 por ciento de Bagdad; los ejércitos iraquí y americano cubren el resto.
"¿Por qué hablamos solamente del ministerio del Interior?", dijo Jabr. "El problema es la lucha contra los terroristas. Sólo somos una pequeña parte de los que luchamos contra ellos".
En realidad, las posibilidades de que el gobierno patrocine la violencia son enormes: aparte de la policía y los comandos del ministerio del Interior, aproximadamente 177 mil soldados son adiestrados y equipados por el ejército iraquí. Hay más de 50 mil guardias de seguridad privados, la mayoría de ellos armados, recorriendo el país. Otros 145 mil hombres están asignados para proteger la infraestructura de Iraq.
Cada una de estas unidades, dijo Jabr, puede ser infiltrada por los rebeldes o cometer atrocidades contra civiles iraquíes, sin que se enteren los niveles más altos del gobierno.
"Yo no soy responsable de esa gente", dijo Jabr sobre las otras fuerzas iraquíes. "Eso no lo controlo yo. Están fuera de mi control".
Jabr ofreció un ejemplo: hace dos semanas, sus hombres detuvieron a un equipo de guardaespaldas que protegían a una persona que Jabr describió solamente como un "funcionario iraquí muy importante". Los guardaespaldas, dijo Jabr, estaban utilizando tarjetas de identificación del gobierno y posiciones oficiales para participar en una banda de secuestradores y un escuadrón de la muerte.
El alto funcionario iraquí, dijo Jabr, aparentemente no sabía lo que estaban haciendo sus guardaespaldas. "Dijeron: ‘Lo mandamos a casa', refiriéndose a su patrón, ‘y entonces hacemos nuestras cosas'".
Jabr dijo que delincuentes y terroristas se hacían pasar a menudo por agentes de policía, llevando uniformes que pueden ser comprados en los mercadillos.
Una mujer, entrevistada en el barrio bagdadí de Ur, dijo que un grupo de ocho hombres con uniformes del ejército iraquí pararon en una calle secundaria cerca de su casa y aparcaron sus dos coches, un todoterrenos negro y un sedán blanco, a principios de mes. Desde el todoterrenos negro, dijo la mujer, los hombres con uniformes del ejército empujaron fuera a un pasajero con los ojos vendados que parecía estar vivo todavía y lo metieron en el maletero del sedán. Entonces los hombres se sacaron sus uniformes, los arrojaron en los vehículos y se marcharon.
La mujer, cuyo nombre no fue hecho público para protegerla de posibles represalias, dijo que nunca volvió a ver a los hombres.
"Eran terroristas", dijo la mujer. "Es una situación terrible".

Pequeños Ejércitos de los Ministerios
Mientras los sunníes apuntan al ministerio del Interior, políticos chiíes se muestran indignados con el Servicio de Protección de Instalaciones, una fuerza de 145 mil hombres distribuidos en 27 ministerios iraquíes, cada uno con sus propios objetivos. Los agentes, dicen funcionarios iraquíes, están a disposición de cada ministro.
"Ahora hay entre siete y quince mil hombres en cada ministerio, que portan armas y tarjetas oficiales de identificación", dijo Hakim, el líder chií. "Están bajo el mando de los ministerios. Algunos de ellos han cometido muchos crímenes".
Una de las fuerzas más numerosas está asignada el ministerio del Petróleo, que mantiene 20 mil tropas para proteger las refinerías y otras partes de la infraestructura petrolera del país.
De acuerdo al director de la fuerza, Thuwaini, la primera fuerza policial paramilitar de 16 mil miembros fue formada a toda prisa de modo arbitrario por un firma consultora británica que ni adiestró a los hombres ni revisó sus antecedentes ni sus lazos con los servicios de seguridad de Hussein.
"La firma británica contrató a gente al azar, sin adiestramiento -eran oportunistas", dijo Thuwaini, un funcionario público chií que no es miembro de ningún partido. Se encargó de la fuerza de protección del petróleo en julio de 2005. "Esa es la fuerza que queremos sobrevivir ahora".
El Servicio de Protección de Instalaciones fue formado en 2003 con sólo cuatro mil hombres para proteger partes esenciales de la infraestructura iraquí, como centrales eléctricas y refinerías de petróleo. Cuando los rebeldes intensificaron sus ataques, y los estadounidenses necesitaban tener libres sus tropas para la guerra, el servicio se expandió rápidamente. De agosto de 2004 a enero de 2005, el número de hombres en el servicio aumentó de cuatro mil, a sesenta mil.
La persona que supervisó esa expansión fue B.J. Turner, un consultor de 64 años, de Florida. Turner dijo que él era el único estadounidense asignado al proyecto durante los primeros meses. Los guardias del Servicio de Protección de Instalaciones recibieron tres día de adiestramiento solamente y la mitad del salario normal de los agentes de policía. No tenían autoridad para detener a nadie.
"En realidad a esa gente la adiestramos a veces, y les hacíamos disparar una o dos veces", dijo Turner. "Eso era porque no teníamos más municiones".
Una vez que los ministerios empezaron a pagar sus salarios, dijo Turner, las unidades individuales del Servicio de Protección de Instalaciones se convirtieron en ‘pequeños ejércitos', leales a los ministros que les pagaban.
El mes pasado, un inspector general asignado para revisar los programas americanos, dio a conocer una auditoría de los 147 millones de dólares del programa del Servicio de Protección de Instalaciones. El informe dice que los auditores no fueron capaces de determinar hechos básicos como cuántos iraquíes fueron adiestrados, cuántas armas se compraron y dónde habían terminado los equipos.
De los 21 mil guardias que se suponía que habían sido adiestrados para proteger instalaciones petroleras, por ejemplo, probablemente sólo 11 mil recibieron adiestramiento, dice el informe. y de los 9.792 rifles automáticos comprados para estos guardias, los auditores sólo pudieron trazar 3.015.
Los estadounidenses no controlan el Servicio de Protección de Instalaciones. Tampoco los controla ninguna autoridad central en el gobierno iraquí.

Oleoductos en Peligro
Por más que Thuwaini se desespere sobre los hombres bajo su mando, reservó sus críticas más duras para las unidades de protección de los oleoductos bajo control del ministerio de Defensa. Una de esas unidades era la Brigada 16, que él y otros funcionarios iraquíes dijeron que funcionaba como un escuadrón de la muerte en Dawra.
Thuwaini dijo que había por lo menos otras tres brigadas operando en Iraq, que similarmente estaban fuera de todo control: las Brigadas 9, 10 y 11 de las fuerzas de protección de los oleoductos del ministerio de Defensa. Esos tres grupos, dijo Thuwaini, parecen estar cooperando con los rebeldes, a menudo permitiéndoles destruir los oleoductos.
El general de división Mahdi al-Gharawai, un importante oficial en el ministerio del Interior, dijo que él no tenía información específica sobre las Brigadas 9, 10 y 11. Pero dijo que las unidades iraquíes asignadas para la custodia de los oleoductos eran consideradas ampliamente como inútiles. "La mayoría de esas brigadas de protección de los oleoductos son corruptas y tienen lazos con los rebeldes", dijo el general Gharawai.
Entre las responsabilidades asignadas a los hombres de Thuwaini está la protección de la refinería de petróleo de Dawra. Eso, dijo Thuwaini, era una buena cosa.
"Si esos tipos custodian la refinaría", dijo sobre las unidades del oleoducto del ministerio de Defensa, "querrá decir que sufrirá sabotajes en cualquier momento".
Reducir la violencia en Iraq, dicen funcionarios americanos, significa disolver las milicias privadas que recorren las calles de la mayoría de las ciudades. Eso incluye la Brigada Báder y el Ejército Mahdi, ambas aliadas al gobierno chií.
Funcionarios americanos e iraquíes dicen que creen que la Brigada Báder es responsable del asesinato de cientos y posiblemente de miles de baazistas después de la caída de Hussein. La milicia fue formada a principio de los años ochenta, y adiestrada en Irán, donde muchos políticos chiíes vivieron en exilio durante el gobierno de Hussein.
El Ejército Mahdi, una milicia informal que emergió después de la invasión estadounidense para apoyar a Sáder, ha montado dos insurrecciones armadas contra los norteamericanos y los gobiernos iraquíes respaldados por ellos.
Poco después de invadir Iraq, los estadounidenses pusieron fuera de la ley a las milicias, pero a pesar de muchas promesas, nunca las desarmaron.
Ahora los políticos chiíes dicen que ellos necesitan las milicias para protegerse a sí mismos de los rebeldes. Cuando la coalición chií asumió el poder la primavera pasada, Hakim, cuyo partido controla la Brigada Báder, anunció públicamente que las milicias continuarían.
En estos días, el Ejército Mahdi es la más temible milicia chií: después del atentado contra el santuario de Askariya en Samarra, en febrero, los pistoleros vestidos de negro de las milicias irrumpieron en los barrios mixtos de Bagdad y mataron a cientos de sunníes. Durante esos días caóticos, los militares americanos y la policía iraquí no hicieron nada para detenerlos.

¿Milicianos o Policías?
Pero enfrentarse a las milicias chiíes de frente es una tarea difícil y delicada.
Las dos -fuerzas de seguridad del gobierno, por un lado, y milicias privadas, por otro- son a menudo indistinguibles.
Muchos de los milicianos convertidos en agentes de policía, que llevan uniformes iraquíes y conducen vehículos iraquíes, ejecutan operaciones por orden de sus antiguos comandantes, a veces después del trabajo.
Saud Abdullah Obeid, 47, es un sunní que desapareció de su casa en Bagdad en el otoño pasado. Según su familia, Obeid fue secuestrado por un grupo de hombres con uniformes de comandos iraquíes que conducían camiones con distintivos del ministerio del Interior.
Poco después de que se lo llevaran, dijo la familia, fueron contactados por miembros del Ejército Mahdi, que pidieron un rescate por la liberación de Obeid. Oficiales iraquíes dijeron a la familia que Obeid estaba retenido en Mustafa Husseiniya, un bastión del Ejército Mahdi, cerca de Ciudad Sáder.
Los familiares de Obeid dijeron que sus amigos les prestaron 50 mil dólares que pasaron a un intermediario para que los entregara al Ejército Mahdi. Obeid no volvió a casa. En lugar de eso, su cuerpo apareció en la morgue de la ciudad, quemado con ácido. Le habían pegado, además, dos balazos en la boca.
"Se lo puedo decir yo, este gobierno es el Ejército Mahdi", dijo Abdullah Obeid, el hijo sobreviviente. "El gobierno hizo esto".
A fines del año pasado, un importante comandante americano dijo que unos soldados estadounidenses habían capturado a milicianos del Ejército Mahdi disfrazados de policías iraquíes, transportando prisioneros en coches policiales iraquíes para ser enjuiciados por uno de los tribunales fundamentalistas del Ejército Mahdi, que operan independientemente del gobierno y aplican la versión severa de las leyes musulmanas.
"Hay elementos extremistas de Báder y del Ejército Mahdi que usan sus posiciones en la policía para llevar a cabo operaciones contra la población sunní", dijo un oficial del ejército americano, que habló a condición de preservar su anonimato.

Prueba de Voluntad Política
Maliki, el nuevo primer ministro iraquí, ha dado los primeros pequeños pasos para tomar control de las milicias. Este mes, el gobierno decidió combinar las diferentes ramas de las fuerzas de seguridad en Bagdad y ponerlas todas bajo un control más estrecho y reducir la violencia religiosa.
La clave del plan de Maliki, de que las fuerzas de seguridad tengan un solo uniforme y una sola tarjeta de identificación, les permitirá, dicen políticos iraquíes, identificar a milicianos privados y agentes renegados dentro de las fuerzas de seguridad.
Maliki también viajó a Nayaf, la ciudad santa chií, para persuadir al gran ayatollah Ali al-Sistani, el líder religioso chií, de que se pronuncie contra las milicias.
"Las armas deben portarlas solamente las fuerzas de gobierno", dijo en su declaración el ayatollah Sistani. Sin embargo, a pesar de su autoridad moral, es improbable que las milicias se desbanden solamente por sus palabras.
Maliki dijo que quería implementar la ley de desmovilización de las milicias decretada por L. Paul Bremer III, que dirigió al Autoridad Provisional de la Coalición que gobernó Iraq hasta junio de 2004.
Pero ni él ni los gobiernos iraquíes subsecuentes la implementaron. El plan de Bremer exige que los milicianos sean dispersados en las fuerzas de seguridad de modo que se desmantelen sus viajes unidades y cadenas de comando.
En enero, jefes militares estadounidenses dijeron que desplegarían más de dos mil militares para trabajar directamente con agentes iraquíes, un aumento de cuatro veces.
Desbandar las milicias significa enfrentarse a los partidos que las controlan, y esos partidos controlan el gobierno. El Consejo Supremo, que controla la Brigada Báder, tiene 30 escaños en el nuevo parlamento; Sáder, que controla al Ejército Mahdi, tiene 31 escaños.
Los dos partidos se muestran reluctantes a desbandar sus fuerzas, aunque sólo fuese porque el gobierno es incapaz de garantizar su seguridad.
"Nosotros no creemos que el problema de Iraq sean las milicias", dijo Mahdi, el vice-presidente. "La gente tiene que defenderse a sí misma".
A fin de cuentas, si el gobierno iraquí y sus patrocinadores americanos son capaces de refrenar a las fuerzas de seguridad dependerá probablemente, más que nada, de la voluntad política. Sobre ese punto, iraquíes y estadounidenses no se ponen de acuerdo.
Algunos jefes militares estadounidenses dicen que una confrontación con Sáder y su milicia es probablemente inevitable. Pocos políticos iraquíes concuerdan públicamente con esta posición.
Sin embargo, el dilema para estadounidenses e iraquíes parece claro. Sin enfrentarse a Sáder, hay pocas expectativas de limpiar a la policía o al Ejército Mahdi. Pero, habiéndose enfrentado a dos alzamientos armados de Sáder en el pasado, los americanos no parecen ansiosos de enfrentarse a las consecuencias políticas que podría acarrear otra insurrección.
Por su parte, los americanos, al menos en privado, esperan que los iraquíes tomen la iniciativa.
"Tienen que empezar sentando algunos ejemplos", dijo un funcionario estadounidense en Bagdad sobre el gobierno iraquí. "Pero está claro que no lo están haciendo".
"No están haciendo nada", dijo el funcionario. "Cero".


John F. Burns, Qais Mizher, Khalid al-Ansary y Ali Adeeb contribuyeron desde Bagdad al reportaje de este artículo y David Rohde desde Nueva Yorl.

23 de mayo
©new york times
©traducción mQh
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quién saqueó los palacios


[Ellen Knickmeyer] El pillaje ocurrió tras la transferencia en noviembre de 2005. La respuesta parece obvia: la policía.
Bagdad, Iraq. El 22 de noviembre, las más altas autoridades civiles y militares de Estados Unidos en Iraq pusieron los lujosos palacios de Saddam Hussein bajo control del nuevo gobierno y ejército iraquíes, en una ceremonia cuyo simbolismo era tan imposible de ignorar como la banda militar.
"El traspaso de este edificio es una ceremonia sencilla que demuestra vívidamente los continuos progresos que están haciendo el gobierno iraquí y su pueblo", dijo el coronel Mark McKnight, comandante del Destacamento de Combate de la 1ª Brigada, de la Tercera División de Infantería, que entregó las llaves de los palacios al gobernador de la provincia de Salahuddin.
Pero después de que las fuerzas americanas y la banda militar iraquí se retiraran de la entrada circular del palacio que da al río Tigris, dicen ahora funcionarios locales, entraron los saqueadores, arrancando sus puertas, instalaciones de aire acondicionado, ventiladores de techo e interruptores de luz de las 136 habitaciones del palacio, dejando poco más que yeso y cables eléctricos sueltos.
Algunos de los culpables son las mismas fuerzas de seguridad y funcionarios iraquíes a los que los estadounidenses transfirieron el control, dicen la policía y el gobernador.
"Gracias a Dios que pudimos salvar las paredes, porque los saqueadores se robaron todo lo demás", dijo por teléfono el gobernador Hamed Hamood Shekti.
Shekti, como otros oficiales de la policía, culpó a los soldados iraquíes de los palacios y a su propio vice-gobernador. "El palacio fue entregado a unidades del ejército iraquí en presencia del vice-gobernador Abdullah Naji Jabara", dijo. "Dos semanas después me enteré de que el palacio había sido saqueado. Ahora, ¿a quién puedo acusar del saqueo?"
Comandantes del ejército iraquí en Tikrit y alrededores no pudieron ser localizados por teléfono para oír sus comentarios. Las autoridades locales dicen que Jabara estaba de peregrinación a la Meca y tampoco podía ser localizado.
El alcance total del supuesto saqueo no pudo ser determinado. Un comandante de policía de la provincia, el teniente coronel Mahmud Hiazza, dijo que soldados y oficiales robaron todo de los palacios que habían estado ocupados por oficiales norteamericanos. "También hay palacios que no fueron ocupados por americanos", dijo. "Incluso de esos palacios se llevaron todo".

Una visita a esos palacios confirma las acusaciones. Un testigo, que visitó un palacio ocupado ahora por la policía iraquí, encontró a los agentes trabajando en oficinas despojadas de sus zócalos y puertas, con hoyos donde habían estado las instalaciones de aire acondicionados y trenzas de cables en lugar chapas de interruptores eléctricos.
De acuerdo a funcionarios locales, las tropas iraquíes responsables del pillaje provenían de otros lugares, entre ellos de la norteña ciudad de Mosul.
Varios días después del traspaso de control de manos estadounidenses a iraquíes, los muebles de los palacios aparecieron en un mercado local, donde eran vendidos por camionadas, dijo un vecino de Tikrit, Rashid Juburi.
Portavoces de los militares estadounidenses dijeron este mes, algunos sorprendidos, que ellos no sabían nada del pillaje después del traspaso. Enfatizaron que los palacios de Tikrit, que son las instalaciones norteamericanas más prominentes después de la Zona Verde de Bagdad, eventualmente marcadas para su entrega a las autoridades iraquíes ya no eran preocupación de las tropas estadounidenses.
"Creo que lo que estamos viendo es que estamos dejando esas áreas y entregándolas al gobierno iraquí, estamos dando más responsabilidad al gobierno iraquí", dijo el teniente coronel Barry Johnson, un portavoz militar estadounidense en Bagdad.
Johnson dijo que podía apreciar el simbolismo del saqueo que tomó lugar inmediatamente después de la publicitada transferencia.
"Esperamos que las autoridades iraquíes se ocupen de todas las actividades criminales" que suponen el saqueo de los palacios de Trikit, dijo.
El teniente coronel Edward Loomis, portavoz de la División Aerotransportada Nº101 en Tikrit, dijo que no conocía a ningún soldado estadounidense que hubiese estado en los palacios después de la entrega.
Una serie de unidades militares norteamericanas utilizaron como bases los palacios después de que tropas estadounidenses entraran en Iraq en marzo de 2003. El recinto de 400 hectáreas incluye algunas de las vistas más impresionantes de Iraq, con panorámicas del valle del río Tigris. Hussein nació en una aldea en las afueras de Tikrit.
El general George W. Casey Jr., comandante de las fueras estadounidenses en Iraq y el embajador norteamericano Zalmay Khalilzad estuvieron entre los dignatarios que, en noviembre, llegaron en helicópteros a Tikrit para la ceremonia de transferencia. Además de la asistencia de altos oficiales, el evento se destacó por un ataque de mortero que obligó a las dignatarios, miembros de la banda militar y muchos de los soldados a buscar refugio en el asfalto.
El proyectil, que no estalló, cayó a cientos de metros de la ceremonia. Overshot
Shekti, el gobernador, dijo en sus observaciones ese día que la transferencia ponía de relieve "muchas aspiraciones y objetivos nacionales. La primera aspiración es el día en que las fuerzas multinacionales puedan abandonar el país. La segunda aspiración es convencer a la corte de la opinión pública mundial que el pueblo de Iraq es capaz de manejar sus propios asuntos independientemente".
Mientras tocaba la banda, Jabara, el funcionario provincial acusado del saqueo, izaba los colores iraquíes en el asta de la bandera.
En Washington, el gobierno de Bush destacó la transferencia. "Las fuerzas iraquíes son cada días más capaces y ha sido, creo, un importante ejemplo de que el proceso sigue adelante", dijo ese día el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Sean McCormack. "Creo que fue simbólicamente importante de que se tratara del traspaso de uno de los antiguos palacios que Saddam construyó en su ciudad natal, y ahora que las fuerzas iraquíes representan verdaderamente la voluntad del pueblo iraquí, son las que controlarán ese palacio".
Algunos consideran el énfasis norteamericano en el traspaso de Tikrit, también mencionado en discursos por el presidente Bush y el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, como una indicación de que las tropas norteamericanas e iraquíes realmente se están acercando al día en que todo Iraq será entregado a sus propias fuerzas y oficiales.
La policía entró por primera vez en los palacios veinte días después de que se marcharan los estadounidenses, dijo el mayor Subhi Nadhum, subcomandante de una unidad policial de emergencia en la zona. "Las fuerzas iraquíes fueron las únicas fuerzas que entraron a los palacios presidenciales tras la retirada de los americanos", dijo Nadhum. "Durante esos veinte días, el vice-gobernador y los miembros del ayuntamiento" entraron y salieron en consultas con los comandantes del ejército en los palacios.
Hiazza, el comandante policial de la provincia, dijo que empezó a investigar inmediatamente después de que la policía entrara a los palacios. "Todo había sido robado, incluso los interruptores", dijo.
Cuando Hiazz acusó formalmente a Jabara y a algunos miembros del consejo provincial en conexión con el presunto saqueo, las autoridades trasladaron abruptamente a Hiazza al norte de Baiji, un semillero rebelde. "La razón por la que me transfirieron es que esperaban que me mataran", dijo Hiazza. En lugar de obedecer, renunció.

Jonathan Finer en Baghdad contribuyeron a este reportaje.

13 de enero de 2006
©washington post
©traducción mQh
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ley y caos en iraq 8


[Michael Moss] Controlando a la policía. Además de todos los problemas que ya existen, algunos agentes se dedican a hacer justicia al margen de la estructura judicial. Última entrega.
Bagdad, Iraq. En abril, el general Peterson se sentó al escritorio de su oficina en Bagdad y cogió una gruesa carpeta blanca. Contenía su plan para rehacer a la policía, descrito en 950 tareas.
Es el tercer general en ser asignado al tercer plan del Pentágono para la policía iraquí. Reconoció que él era una opción extraña para la misión, pues nunca había creado ninguna organización desde cero, mucho menos una fuerza policial de casi 190 mil hombres.
"Soy un oficial de armería, que no sirve para nada, excepto el combate", dijo el general Peterson.
Pero después de consultar con expertos policiales, el general Peterson dijo que le había quedado claro que debían sentarse algunas piedras angulares. La primera, dijo, era crear una estructura para dar cuenta de los policías descarriados. "Fui al ministerio del Interior y dije: ‘El control de la policía es una tarea fundamental, y ustedes no tienen a nadie haciéndolo'", dijo el general Peterson.
Juntos, crearon una brigada de asuntos internos, y pusieron a Hamid al mando. Hamid está también luchando con una miríada de fuerzas de seguridad armadas y guardias cuyas operaciones se extienden por todo el gobierno iraquí.
El general Peterson dijo que si estuviera lidiando con 3.700 años de Hammmurabi, el antiguo gobernante de Babilonia cuyo retrato cuelga en la pared de su oficina. Fue Hammurabi el que estableció el código legal de ‘ojo por ojo' y eso es lo que el general Peterson dice, traducido, a los agentes de policía que tenían "problemas para entender por qué queremos tratar a un criminal conocido como tratamos a los demás".
Dijo que su equipo también necesitaba concentrarse en el mejoramiento de las habilidades básicas de los agentes.
"Estábamos construyendo cantidad", dijo, sobre el período anterior a su llegada. "No voy a criticar a mis predecesores. Ellos tenían una misión, y la cumplieron tan bien como pudieron. Simplemente estamos tratando de hacerlo mejor".
Khalid Ibrahim Ahmed, que estaba a punto de terminar un curso de diez semanas cuando fue entrevistado en abril en la academia cerca de Sulaimaniya en el norte de Iraq, dijo: "Necesitamos más adiestramiento sobre cómo luchar contra los terroristas. Necesitamos saber cómo funcionan sus organizaciones. Necesitamos practicar con mejores armas. Estábamos muy preocupados con las bombas improvisadas".
Aunque más de 70 mil agentes de policías regulares han seguido ese adiestramiento, 38 mil iraquíes más -en general los que eran agentes durante el período de Hussein- han recibido un curso de adiestramiento de tres semanas solamente, dijo Bertucci. Otras unidades policiales, incluyendo la policía fronteriza y especial, también han recibido algún curso de adiestramiento en la academia. En el campo, el número de asesores policiales ha sido incrementado a tres mil, y la mayoría de los asesores son militares. Los nuevos equipos incluyen a 750 contratistas civiles, de los 500 que han estado luchando para hacer el trabajo. Una de sus misiones es determinar qué aprenden los policías de sus cursos en la academia, dijeron oficiales.
Pero los reclutas están aprendiendo importantes lecciones fuera de las aulas.
Yasir Thamir Muhan, un recluta de 20 años de Tikrit, dijo que se desesperó seis días después de incorporarse al cuerpo. El 2 de marzo, cuando él y otros estaban saliendo del campo de adiestramiento, un grupo de rebeldes se dirigió hacia su destartalado y desprotegido convoy y lanzaron una ráfaga de ametralladora a través del capó de su sedán.
Murieron cinco reclutas. Cuando ayudaba a llevar a los heridos a un pueblo cercano, la gente allá sintió pánico y los obligaron a alejarse. Tenían demasiado miedo de ayudar a la policía.
Endurecido por la experiencia, ha creado sus propias reglas de severa justicia para enfrentarse a los rebeldes que arresta, que son dejados en libertad por la deficiente maquinaria policial del país.
"Tomo la justicia en mis manos", dice Muhan.

Michael Moss y Kirk Semple informaron desde Bagdad para este artículo, y David Rohde desde Nueva York. Qais Mizher contribuyó desde Bagdad y Sulaimaniya, y un empleado iraquí del New York Times desde Basra.

22 de mayo de 2006
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ley y caos en iraq 7


[Michael Moss] Sospechosos de una masacre de vecinos sunníes. Entre los hechores se encuentra un general chií del ministerio del Interior.
Bagdad, Iraq. De acuerdo a un informe del ministerio de Asuntos Exteriores, a primera hora del 24 de agosto de 2005, unos cincuenta hombres con uniformes de policía irrumpieron en el barrio de Huriya en el norte de Bagdad y sacaron a empellones de sus casas a 36 hombres sunníes. Sus cuerpos fueron encontrados cerca de la frontera iraní con agujeros de bala en sus cabezas, y sus caras desfiguradas por ácido.
La sospecha recayó en los Volcanes.
Nakib había creado la unidad especial cuando era ministro del Interior. Pero ahora, sin poder, la unidad era dirigida por un comandante de policía que él había despedido, el general Gharrawi.
Nakib dijo que había despedido al general Gharrawi por desobedecer una orden de ayudar a otros agentes de policía en la inquieta ciudad de Ramadi. "Después de mi período como ministro, lo volvieron a incorporar y lo ascendieron a comandante", dijo Nakib.
Finalmente se reunieron suficientes evidencias que probaban la participación del general Gharrawi en la masacre de Huriya, y el 28 de noviembre un juez iraquí firmó una orden de detención por cargos de homicidio.
Pero la orden de detención no se ejecutó nunca. El general Gharrawi continuó al mando de la brigada hasta principios de este año y sigue empleado por el ministerio del Interior.
En abril, The Times, que consiguió una copia de la orden de detención, la presentó al general de brigada Hussein Kamal, el subsecretario del ministro para inteligencia, y a Hamid, que está a cargo de asuntos internos. Ambos dijeron que no la habían visto antes.
"Si la hubiese recibido yo, la habría ejecutado en cinco minutos", dijo el general Kamal.
Ann Bertucci, portavoz del Equipo de Adiestramiento de Asistencia Policial Civil en Bagdad, dijo que un equipo de asesores militares estadounidenses fue asignado en agosto pasado a la Brigada Volcán, pero que ignoraban las acusaciones en torno a la masacre de Huriya o la orden de detención pendiente.
El general Gharrawi se negó a hacer comentarios.
Jabr, que remplazó a Nakib el verano pasado, dijo que él no ignoraba la orden de detención. Dijo que el ministerio estaba obligado a realizar su propia pesquisa interna antes de enviar a un funcionario del ministerio a un tribunal civil.
Una vez que se complete la investigación, el asesor jurídico del ministerio presentará una recomendación al ministro, y el ministro decidirá el curso a tomar. Jabr dijo que él tenía la autoridad legal para desechar el caso.
"Una cosa es segura", dijo el ministro en una entrevista en su despacho. "Me interesa la mantención de la ley".
Dijo que había asignado al general Gharrawi a un trabajo de relativo bajo perfil en la sala de operaciones hace algunas semanas, a la espera del resultado de una investigación interna.
Jabr negó que sus fuerzas fueran culpables de crímenes religiosos o que estuvieran influidas por milicias vinculadas a los poderosos partidos chiíes del país. Él y otros funcionarios de gobierno han acusado a las fuerzas de seguridad privadas y a delincuentes de disfrazarse de agentes de policía para delinquir.
El sábado, Jabr fue nombrado ministro de finanzas. Su sucesor en el ministerio del Interior no ha sido nombrado todavía.
La capacidad de las rivalidades religiosas en Iraq de influir en las operaciones policiales ganó prominencia internacional en noviembre. Soldados americanos descubrieron una cárcel secreta gestionada por funcionarios del ministerio del Interior en Bagdad donde 73 desnutridos prisioneros, la mayoría sunníes, se quejaron de haber sido torturados. En esa época, varios funcionarios iraquíes dijeron que los policías que trabajaban allí eran miembros de la Organización Báder chií.
Oficiales americanos de alto rango dijeron que el grupo de asuntos internos de Hamid había abierto 96 casos criminales contra agentes de policía iraquíes, y 26 de ellos terminaron con condenas en tribunales y 16 con medidas administrativas.
Mientras oficiales americanos reconocen que la policía especial es responsable de algunos abusos, dijeron que no tenía certezas de qué porcentaje de las acciones de los escuadrones de la muerte atribuidas a la policía habían sido realmente cometidas por esta.
Dijeron que gran parte de los secuestros y asesinaros en Iraq que implicaban a hombres con uniformes de comandos policiales podían ser miembros de milicias tratando de pasar por policías.
Jabr dijo que numerosos otros ministerios iraquíes tenían sus propios guardias de seguridad y agentes de policía que operaban fuera de su control. Uno, el Servicio de Protección de Instalaciones, que custodia oleoductos y otras obras de infraestructura en Iraq, creció vertiginosamente, de cuatro mil hombres en 2003 a más de 140 mil hoy, y se extiende ahora por más de una docena de ministerios.
Cuatro jefes de brigadas policiales han sido sacados de sus mandos por violaciones de derechos y otras faltas, y en febrero tropas estadounidenses arrestaron a 22 agentes de la policía de carreteras que confesaron que habían planeado asesinar a un prisionero sunní. Cuatro de ellos tienen vínculos con la Organización Báder.
Jabr dijo que este mes había emprendido acciones contra sus propios agentes de policía, deteniendo a un general y otros 17 empleados del ministerio por cargos de secuestros cometidos para cobrar rescate.

Michael Moss y Kirk Semple informaron desde Bagdad para este artículo, y David Rohde desde Nueva York. Qais Mizher contribuyó desde Bagdad y Sulaimaniya, y un empleado iraquí del New York Times desde Basra.

22 de mayo de 2006
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ley y caos en iraq 6


[Michael Moss] Se formaron unidades especiales, que fueron posteriormente infiltradas por milicias chiíes. Hoy representan el mayor peligro de desintegración de Iraq.
Bagdad, Iraq. Mientras las fuerzas políticas y criminales en Basra empezaban a duplicarse en otras partes de Iraq, los militares estadounidenses se estaban concentrando en lo que parecía un problema mucho más urgente. A principios de 2004 la resistencia había empezado a crecer rápidamente y el Pentágono se dio cuenta de que la policía no estaba en forma para estabilizar un país cada día más volátil.
Cuando se les pidió que respaldaran una ofensiva de la marina contra el bastión militante de Faluya, las unidades policiales, después de intentarlo, huyeron. En el sur de Iraq, otros agentes abandonaron sus puestos antes que enfrentarse a la milicia de Sáder. Otros fueron matados en ataques contra las comisarías. Otros cayeron en una emboscada cuando volvían de la academia de formación policial en Jordania.
Hasta entonces, el adiestramiento policial había estado, en gran parte, en manos de contratistas civiles. En marzo de 2004, el Pentágono entregó el control del proyecto a sus generales.
El general de división, Paul D. Eaton, ya estaba trabajando en la formación del nuevo ejército iraquí cuando le encargaron la misión. En lugar de obtener más recursos para adiestrar a la policía, su presupuesto de 2.2 billones de dólares fue reducido en un quinto, dijo el general Eaton.
"Si ves el dinero que enviaron, la gente que mandaron para hacerlo, las cifras que manejaron, no puedes sino concluir que esto no era importante para ellos", dijo el general Eaton, que ahora está jubilado y se ha convertido en un crítico de la conducción de la guerra por Rumsfeld.
Ese verano, el general Eaton fue remplazado por el general Petraeus, ex comandante de la División Aerotransportada 101 del Ejército. El general Petraeus dijo que en una revaluación de la policía, que Rumsfeld supervisaba en teleconferencias semanales, propuso aumentar el poder de fuego de la fuerza.
El general Petraeus volvió a redactar el currículo policial para darles dos semanas de adiestramiento de combate, y abrió el grifo de los suministros militares. La policía había sido equipada con pistolas y gorras de béisbol, y ahora empezaron a recibir AK-47, armaduras y cascos.
Luego su equipo descubrió un modo más rápido para robustecer a la fuerza.
El ministro del Interior iraquí, Falah al-Nakib, dijo que estaba desesperado tratando de contener la creciente violencia en Bagdad, pero que sólo tenía ocho mil agentes de policía que, la mayoría, no tenían adiestramiento, eran analfabetos y no fiables. "El reclutamiento fue hecho por oficiales estadounidenses que no sabían a quién estaban contratando", dijo en una entrevista.
Nakib empezó a formar unidades especiales dentro de la policía, reclutando a sus hombres de entre los rangos de la Guardia Republicana y de las Fuerzas Especiales del ejército de Hussein. Los comandos, como eran llamados, eran oficiales militares experimentados y capacitados, y les dieron las herramientas -ametralladoras pesadas y vehículos blindados- para enfrentarse a los rebeldes.
Oficiales británicos en el equipo del general Petraeus dijeron que ellos habían propuesto ese tipo de unidades especiales, y el Pentágono equipó, adiestró e incorporó a un creciente número de ellos al conflicto. En 14 de noviembre de 2004, en Mosul, un comando dirigido por un coronel del ejército estadounidense libró una sangrienta batalla contra los insurgentes que trataron de ocupar una comisaría de policía, informó el Pentágono. El oficial, el coronel James H. Coffman Jr., recibió una Cruz al Servicio Distinguido, la segunda medalla militar.
También se dieron pasos para adiestrar a las unidades como policías regulares, con cursos sobre derechos humanos y el estado de derecho. Se estableció un proceso civil de presentación de quejas y, en la primavera pasada, se asignaron equipos de militares para supervisarlas en el campo.
Pero aunque las unidades especiales de la policía lucharon con éxito, los oficiales estadounidenses y británicos que ayudaron a crearlas seguían preocupados. Las unidades especiales de la policía fueron creadas con tanta rapidez que los reclutas inicialmente no fueron sometidos a la verificación de huellas digitales a la que otros reclutas y agentes de policía deben someterse, dijeron oficiales británicos y americanos. También, los oficiales iraquíes tuvieron al principio control directo de las unidades, a pesar de las objeciones de los oficiales americanos que querían supervisarlas ellos mismos, dijeron funcionarios.
"Las veíamos como algo bueno, algo para combatir a los insurgentes", dijo Andrew Mackay, un general de brigada británico que trabajaba para el general Petraeus. "Pero se podía ver que si no lo hacíamos bien sería rápidamente una cosa que el ministro del Interior, dependiendo de quién fuera, podría convertir en su propio, pequeño ejército".
Nakib dijo que antes de que dejara el puesto en abril de 2005, se reunió con Rumsfeld en Bagdad y le dijo que los partidos políticos chiíes que estaban llegando al poder ese verano secuestrarían los comandos para usarlos como sus propias milicias.
"Le advertí que habría problemas", dijo Nakib, que ahora es miembro del parlamento.
Steve Casteel, un estadounidense experto en seguridad que fue asesor de Nakib, dijo que Rumsfeld asintió y dijo: "Comprendemos sus preocupaciones". Casteel dijo que Nakib habló también con otros oficiales, incluyendo al general George W. Casey Jr., el comandante en jefe en Iraq.
El general Petraeus dijo que su equipo ayudó a Nakib a chequear a reclutas que tenían antecedentes criminales o que habían pertenecido al Partido Baaz, y luego persiguió vigorosamente las acusaciones de mala conducta. Dijo que durante su período en Iraq nunca recibió evidencias de que la policía estuviera implicada en actos de violencia religiosa, pero que gracias a su insistencia tres jefes de comando fueron despedidos o descendidos de rango por maltratos a detenidos o corrupción.
Al mismo tiempo, dijo, concluyó que Estados Unidos necesitaba apoyar el proyecto de Nakib de crear unidades especiales, considerando la creciente resistencia. "Nakib estaba tratando de solucionar retos serios a la seguridad y de mostrar que el nuevo gobierno podía proponer soluciones iraquíes a problemas iraquíes, en contraste con simplemente depender de las fuerzas de la coalición para resolver los problemas", dijo el general Petraeus.
Cuando el gobierno iraquí cambió de manos en 2005, Nakib, un sunní, fue remplazado por Bayan Jabr, ex oficial del ala militar del partido chií conocido como Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq.
El Consejo Supremo veía a la fuerza de policía como una fuerza dominada por los sunníes y junto con Jabr introdujeron a chiíes leales en el ministerio y en las unidades especiales de la policía.
A fines de 2005, Jabr ordenó el reclutamiento de 1.300 comandos de policía en el bastión chií de Nayaf, dijo Gerald Burke, un asesor policial estadounidense en esa época.
"El ritmo de esas contrataciones se hizo frenético", dijo Burke.
James Steele, un coronel jubilado del ejército estadounidense, que también ayudó a desarrollar a la policía especial como miembro del equipo del general Petraeus, dijo que no lamentaba su creación, pero veía su distorsión en manos de grupos religiosos como una de las amenazas más graves a los planes de Estados Unidos en Iraq.
"Esto es más peligroso que la resistencia, en términos de nuestros logros estratégicos", dijo. "Si esto se deteriora en una guerra civil declarada, nuestra posición será insostenible. ¿Para quién estaríamos peleando?"
Mientras el control de la policía especial pasaba de sunníes a chiíes, incluso el nuevo nombre con que se bautizó una unidad evocaba la imagen de la creciente violencia: los Lobos se convirtieron en los Volcanes.

Michael Moss y Kirk Semple informaron desde Bagdad para este artículo, y David Rohde desde Nueva York. Qais Mizher contribuyó desde Bagdad y Sulaimaniya, y un empleado iraquí del New York Times desde Basra.


22 de mayo de 2006
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ley y caos en iraq 5


[Michael Moss] El problema en Basra: una policía corrupta, infiltrada por milicias de fanáticos chiíes y otros grupos de la resistencia fundamentalista.
Bagdad, Iraq. Cuando Estados Unidos invadió Iraq, Basra parecía un lugar donde la ley y el orden eran cosas posibles.
Una de las ciudades más grandes del país, Basra escapó a gran parte de la violencia insurgente que se desató durante el primer año de la guerra, y la fuerza policial allá reanudó sus operaciones después de que los militares estadounidenses se abrieran camino hacia Bagdad.
Pero después del derrocamiento de Hussein emergió todo un montón de grupos políticos y de delincuentes que se pelearon por apoderarse de la fuerza.
Para Stephen White, un agente de policía británico jubilado que dijo que le habían prometido cientos de asesores policiales, pero que sólo le dieron 35, el problema empezó con una política de reclutamiento demasiado liberal.
Los jefes políticos locales nombraron jefes de policía a su discreción, los que a su vez contrataron a sus amigos, parientes y miembros de sus clanes. "Eso significó que muchos de los que fueron admitidos inicialmente, en circunstancias normales no habrían sido admitidos", dijo White, que estaba trabajando con los militares estadounidenses.
Recuperar a antiguos agentes de policía tampoco fue ideal. Eran en gran parte ineptos, a veces brutales e inclinados a resistirse al trabajo, según una evaluación estadounidense que fue terminada en junio de 2003. Parte de los saqueos de después de la invasión de comisarías de policía, dice el informe, "puede trazarse a antiguos agentes que intentaron destruir documentos incriminatorios".
Inicialmente, la policía de Basra simplemente hacía la vista gorda con miembros de las tribus amigas acusados de delitos. La corrupción creció poco a poco. Gran parte de la ciudad terminó siendo controlada por grupos religiosos, incluyendo a la Organización Báder, bajo influencia iraní, y la milicia chií más extremista controlada por Moqtada al-Sáder, el clérigo iraquí que se enfrentó a las fuerzas de la coalición en abril de 2004.
Empezaron a emerger evidencias de que la policía actuaba como la milicia de estos grupos para acciones religiosas violentas e implementar creencias fundamentalistas. En diciembre de 2004 altos oficiales del Departamento de Policía de Basra estuvieron implicados en el asesinato de diez miembros del Partido Baaz, de acuerdo a un informe del departamento de Estado.
Para septiembre pasado, dos periodistas que estaban escribiendo sobre la corrupción y la infiltración de la policía por las milicias fueron encontrados muertos. Uno de ellos era un empleado iraquí del New York Times.
Villanova, el ex asesor policial, dijo que durante sus ocho meses en Basra descubrió una gran variedad de situaciones en la corrupción. Los agentes exigían cien dólares a los hombres que querían incorporarse a la fuerza. Su equipo capturó a agentes de policía cobrando mordidas a contrabandistas.
Una vez, recuerda, sus asesores se dirigieron a un puesto de control de la policía y se dieron cuenta de que estaban desviando el tráfico iraquí. Los asesores dieron marcha atrás rápidamente, al concluir que era una emboscada rebelde en complicidad con la policía.
Luego, a partir de la primavera pasada, las crecientes evidencias de una serie de asesinatos apuntaban a altos oficiales de policía de Jamiat. Los agentes actuaban tan descaradamente, que los asesores americanos les apodaron los Cuatro Jinetes del Apocalipsis por el caos que creaban, dijo Villanova.
El jefe de la policía de Basra, el general Hassan Sawadi, se quejó públicamente, el verano pasado, de que no podía confiar en sus hombres y que la corrupción era desenfrenada, y que ni siquiera podía despedir a los infractores más graves.
Los asesinatos complicaron las operaciones estadounidenses debido a que las comisarías también cobijaban a las unidades de inteligencia de la policía iraquí. Agentes de la inteligencia americana que operaban en Basra y que transmitían datos, como los domicilios de gente de la que se sospechaba que eran de la resistencia, tenían que escribir de manera vaga sus informes en el subentendido de que serían filtrados a los militantes.
Pero los asesores policiales americanos y británicos dijeron que el gobernador de Basra, Muhammed Musbeh al-Waili, insistió en conservar el control sobre la policía. Poco antes de que Villanova abandonara Basra el otoño pasado, sus frustraciones se exacerbaron cuando vio al gobernador en un acto público.
"Es terrible decir esto", dijo Villanova. "Vi al gobernador y pensé: ‘Sabes, tengo un arma cargada aquí y podríamos terminar con esta pesadilla'".
El gobernador no respondió la petición de comentarios. En una rueda de prensa antes este mes, Waili atacó a sus críticos y llamó a remplazar al jefe de policía y a un general del ejército iraquí.
La comisaría de Jamiat llegó a primera plana en septiembre cuando tropas británicas, que están realizando operaciones militares en el sur de Iraq, irrumpieron en la comisaría para rescatar a dos de sus oficiales que habían sido detenidos y acusados de disparar contra la policía iraquí en un puesto de control.
Luego, en noviembre, un equipo de Bagdad llegó a poner orden, empezando con la unidad de asuntos internos. "Todos los miembros de esa comisaría eran corruptos", dijo el general de brigada Ahmed Hamid, jefe de la oficina de asuntos internos del ministerio del Interior en Bagdad.
David Everett, ex asistente del fiscal de distrito en Queens y Brooklyn que sirvió como asesor de Hamid hasta hace poco, lo acompañó a Basra y dijo: "Era como las ‘Pandillas de Nueva York' con esteroides".
Para formar una nueva unidad de asuntos internos en Basra, Hamid está importando agentes de policía de otras partes de Iraq, que espera sean imparciales y cuyas familias corren menos riesgos de sufrir represalias. Sus primeros intentos de procesar a agentes de policía allá no han tenido éxito.
Dijo que el sistema judicial en Iraq era tan débil que sólo pudo acusar a seis agentes de la unidad de asuntos internos. Luego, los seis fueron absueltos por falta de pruebas debido a que los testigos tenían demasiado miedo para declarar en el juicio.
El sábado, Majed al-Sari, un asesor del ministerio de Defensa iraquí, dijo en una entrevista que la violencia en Basra había llegado a tal extremo que ahora se cometía un asesinato por hora.

Michael Moss y Kirk Semple informaron desde Bagdad para este artículo, y David Rohde desde Nueva York. Qais Mizher contribuyó desde Bagdad y Sulaimaniya, y un empleado iraquí del New York Times desde Basra.

22 de mayo de 2006
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ley y caos en iraq 4


[Michael Moss] Cómo la reforma de la policía iraquí se convirtió en víctima de la guerra. Y en una banda de secuestradores y asesinos.
Bagdad, Iraq. Jon Villanova acababa de llegar a Iraq, la primavera pasada, para ayudar a construir una fuerza policial en el sur de Iraq cuando empezaron a aparecer pilas de cadáveres en las calles. Veinte o más civiles fueron sacados violentamente de sus casas, ejecutados con un disparo en la cabeza y arrojados a la calle.
Las evidencias apuntaban a algunos de los agentes que él mismo y su equipo de asesores policiales extranjeros estaban tratando de adiestrar: un grupo de altos oficiales que trabajaban en una comisaría llamada Jamiat.
Pero los funcionarios locales rechazaron los intentos de llevar a la justicia a los agentes. Para cuando, en Bagdad, los oficiales pudieron intervenir nueve meses después, la corrupción en Basra había empeorado tanto que la unidad de asuntos internos, compuesta por 135 agentes y formada para controlar a la policía, estaba operando como una banda de chantajistas, secuestradores y asesinos, dijeron funcionarios iraquíes y estadounidenses.
"Estábamos tratando de construir una fuerza policial en la que la gente pudiera tener confianza, y ellos estaban cometiendo asesinatos", dijo Villanova. "Era una pesadilla".
Pasaba lo mismo en el resto de Iraq. Un proyecto inicial de civiles estadounidenses para la reconstrucción de la policía, que demoró en iniciarse y carecía de personal, fue finalmente superada por la corrupción, las venganzas políticas y el caos que se desencadenó con el derrocamiento de Saddam Hussein.
Un año después, mientras la resistencia se extendía con una inusitada ferocidad, los militares americanos emprendieron una segunda, y más amplia campaña para la reconstrucción de la policía. En el terreno, sin embargo, los planes de los militares para formar unidades policiales que ayudaran a restablecer el orden en Iraq, serían presa fácil de los grupos que, en lugares como Basra y Bagdad, estaban destruyendo el país. Y, además, ayudarían a sustentar a esos mismos grupos.
Los americanos tenían que reconstruir la policía ya que, después de la invasión, los agentes huyeron masivamente, adelantándose a las bandas de saqueadores. Pero la precipitación con que se intentó remplazarlos careció de controles adecuados, dijeron oficiales americanos, británicos e iraquíes, y en el proceso se nombró agentes a hombres leales a los nuevos jefes políticos. Hubo informes de que los puestos en la policía eran vendidos por mordidas de hasta cien dólares.
En chequeos de antecedentes recientes, investigadores de la policía encontraron a más de cinco mil agentes de policía con expedientes criminales por delitos que incluían incluso ataques contra tropas estadounidenses, dijeron oficiales americanos.
Cuando la esquelética fuerza reconstruida se convirtió en un blanco de la resistencia, que se extendía rápidamente, los americanos se volcaron hacia las fuertemente armadas unidades de comando de la policía que habían sido formadas por los iraquíes. Pero el poder de fuego adicional tenía un precio.
Un oficial iraquí que ayudó a crear las unidades especiales dijo que él advirtió al ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, que se podían convertir en un arma de la guerra religiosa, del mismo modo que la policía de Hussein había reprimido a la mayoría chií. Ahora, después de un año de control de la policía por el ministro chií del Interior, algunas unidades especiales han sido acusadas por muchos sunníes de operar como escuadrones de la muerte chiíes.
Los iraquíes han controlado a algunas unidades, pero otras han recibido menos atención. En un notorio incidente, se sospecha de una brigada en el norte de Iraq del secuestro y asesinato de 36 sunníes en agosto pasado. Aunque un juez ordenó la detención por homicidio del comandante de la unidad, el general de división Bassem al-Gharrawi, la orden de detención no fue nunca llevada a cabo, según documentos judiciales.
El teniente general David H. Petraeus, que dirigió el programa de adiestramiento militar de la policía hasta septiembre pasado, dijo que respaldó la creación de unidades policiales especiales "una vez que vimos el espíritu de lucha y la preparación física de las unidades y la competencia de sus jefes". Pero dijo que trató de imponer controles y de investigar exhaustivamente las denuncias de abusos.
Como las unidades de policía convertidas en grupos de delincuentes, también otras fuerzas de seguridad del gobierno fueron acusadas de realizar masacres y de actos violentos a nombre de grupos políticos o tribales. Convertir a estos grupos armados en un mecanismo policial efectivo es un reto de gran importancia para el nuevo gobierno iraquí formado el fin de semana, y ocupa el centro de la estrategia de retirada de Estados Unidos.
Pero reformar a la policía significa superar un montón de historia.
Durante el régimen de Hussein, los agentes de policía eran corruptos y carecían de disciplina, eran más un instrumento de represión de que la ley. Los policías se convirtieron en blanco de las turbas de saqueadores que recorrieron Bagdad tras el derrocamiento de Hussein, y luego pasaron a ser blanco de los rebeldes, que han atentado con bombas y contra colas de reclutas repetidas veces. Una encuesta policial interna de 2006, realizada en el nordeste de Bagdad, constató que el 75 por ciento de los iraquíes no confía suficientemente en la policía como para entregarle datos sobre la resistencia.
Antes de la invasión, el gobierno de Bush preveía una policía que estuviera en estado de mantener la paz y rechazó una propuesta respaldada por el ministerio de Justicia para desplegar miles de asesores de policía extranjeros.
Ahora el Pentágono está repartiendo a tres mil asesores de policía en todo el país. El general de división Joseph Peterson, que está a cargo del actual programa del Pentágono para rehacer la fuerza, dijo que su principal prioridad era mejorar las capacidades básicas de los agentes mientras se reprimía la corrupción. Dijo que el nuevo proyecto se acercaba a grandes zancadas hacia el objetivo de contar a principios del año próximo con una fuerza de 190 mil agentes con mejor adiestramiento y comprensión de los derechos humanos.
"Con cada día que pasa los iraquíes aumentan su capacidad para hacer su trabajo", dijo el general Peterson.
La tarea por delante se refleja en informes de campo confidenciales recientes presentados por asesores de la policía y obtenidos por The Times. Los informes muestran una asombrosa mezcla de heroísmo e incompetencia, de dedicación y criminalidad.
En la provincia de Diyala del 21 de marzo, donde los militantes, en un ataque contra la comisaría, mataron a casi dos docenas de agentes, la policía "resistió hasta que se quedaron sin municiones", informó un asesor de la policía. Una semana antes, cuando la policía fue atacada, en el oeste de Iraq, los agentes abandonaron sus puestos o, en general, "respondieron pésimamente, no mostraron ninguna disciplina de fuego ni ocuparon posiciones de defensa".
Uno de los cables más lúgubres llegó de Mosul, donde un general de policía reportó que había "escuelas" de militantes que operaban al interior de una cárcel cercana en la que se enseñaba a los reclusos tácticas e ideología extremistas. Cuando se liberó a un rebelde de la cárcel, informó otro general, los agentes de una comisaría en Al Hawd dispararon sus armas al aire para celebrar su libertad.
En la provincia de Nineveh al norte de Iraq, una alerta unidad de delitos graves paró a un coche después de observar que tenía un parachoques tapado de bidones y que llevaba dentro, escondidas, todas las herramientas necesarias para montar un ataque rebelde -un tubo de mortero y proyectiles, pasamontañas y balas para rifles AK-47. Pero justo al sur, en Al Tamin, un agente de policía se hirió gravemente al tratar de desmontar una bomba improvisada disparando contra ella.

22 de mayo de 2006
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ley y caos en iraq 3


[Michael Moss y David Rohde] El fracaso del plan civil de adiestramiento de la policía iraquí obligó a que los militares estadounidenses presentaran su propio plan. Pero fue todavía peor. Un contratista de encarga de todo.
Cuando los asesores de DynCorps aterrizaron en Iraq en el otoño de 2004, tenían la esperanza de formar "parte de una democracia emergente, parte de la historia", como dijo uno de ellos.
Esa esperanza se desvaneció pronto.
Un año y medio después de la invasión, la policía apenas si funcionaba. Los asesores estadounidenses tenían que ocuparse de los asuntos más elementales, como el diseño de formularios para recibir denuncias. Reed Schmitdt, jefe de policía de Atwater, Minnesota, contó que estaba enseñando a la policía en Nayaf su método para detener a un conductor con dos agentes cuando le dijeron que ellos preferían el suyo propio -que implicaba el uso de dos camiones con siete agentes cada uno para apuntar al coche con catorce armas.
Cuando Schmidt se dio cuenta de que si los policías iraquíes abrían fuego, se dispararían unos a otros, dijo que preguntó: "¿No tienen miedo de darle a un agente?"
Schmidt dice que le dijeron: "Sí, a veces pasa eso".
En el norte de Iraq, Ann Vernatt, un detective de Eastpoint, Michigan, dijo que ella y otros cinco asesores controlaban 55 comisarías al mes. Durante las extensas visitas quedó impresionada por la motivación de los agentes, pero aterrada por las deplorables condiciones de trabajo.
"Tenían Kalashnikovs oxidados, que limpiaban con gasolina. La mayoría de sus armas habían dejado de funcionar. Y sus salarios eran muy bajos", dijo. "Vendían las balas para alimentar a sus familias".
Varios empleados de la DynCorps dijeron que su mayor frustración era simplemente que tenían que adiestrar a demasiados agentes.
Jon Villanova, un sheriff de Carolina del Norte contratado por DynCorp, dijo que fue ascendido para ocuparse de otros asesores en el sur de Iraq durante cuatro meses en su período de un año. Según el plan trazado por el equipo del ministerio de Justicia, tendría bajo su mando un batallón de al menos 500 asesores.
Lo que recibió en su lugar fue un escuadrón de cuarenta hombres para adiestrar a 20 mil policías iraquíes distribuidos en cuatro provincias. Dijo que no podía incluso soñar con darle el tipo de supervisión personal que reciben los cadetes de las policías estadounidenses. Su equipo hacía lo imposible por poder visitar las comisarías una vez al mes.
"Eso molesta", dijo en una entrevista hace poco en su casa en Mebane, Carolina del Norte. "Necesitas un montón de tiempo para establecer relaciones de modo que puedan confiar en ti y ser receptivos a lo que estás tratando de enseñarles".
David Dobrotka, un civil que supervisa a los empleados de DynCorps, dijo que no podía contratar a más asesores, aunque en Iraq sólo hubiera 500, porque algunos no salían de sus campamentos por motivos de seguridad. "Al principio de la misión había 500 asesores de más", dijo. "Algunos simplemente se la pasaba sentados". Los ejecutivos de DynCorp también dijeron que sabían que el programa federal sólo permitía 500 asesores.
De algún modo, dijeron oficiales y asesores, toda la operación de adiestramiento careció de empleados. Eso también se podía decir de los oficiales asignados para supervisar a la DynCorp.
Dos empleados de gobierno y un contratista en Bagdad supervisaban el funcionamiento de 500 asesores de policía de la DynCorp en Iraq, dijeron funcionarios del ministerio de Asuntos Exteriores.
Investigadores del gobierno están analizando informes sobre fraudes cometidos por empleados de la DynCorp, incluyendo la venta de municiones destinadas a la policía iraquí, dijo un alto funcionario de gobierno que pidió quedar anónimo debido a que la investigación aún no ha terminado. Aún después de que uno de sus subcontratistas que trabajaba en la academia de adiestramiento policial en Jordania robara en 2003, 600 mil dólares en combustible, la compañía no fue capaz de instalar los controles de fraude propuestos, dijeron los auditores federales.
Anne W. Patterson, la funcionaria del ministerio de Asuntos Exteriores que asumió en diciembre la supervisión del trabajo de la DynCorp, dijo que ordenó una revisión "de arriba abajo" de todos los contratos de la DynCorp con el ministerio.
Empleados de la DynCorp dijeron que habían despedido a los empleados implicados en el robo del combustible y reembolsaron al gobierno e instalaron controles en el lugar. Dijeron que la compañía controla estrechamente las municiones.

"Nos sorprendería mucho si algunos de los agentes estadounidenses contratados por nosotros para adiestrar a los iraquíes estén envueltos en algo como esto", dijo Greg Lagana, un portavoz de la compañía. "Si hay una investigación, cooperaremos completamente".
Richard Cashon, vice-presidente de la DynCorp, dijo que la compañía pasaba una cuenta al gobierno por 50 millones de dólares al mes por sus asesores de policía, lo que incluía sus salarios de 134 mil dólares al año, así como costes de seguridad, operaciones y otros.
Empleados de la DynCorp, que observaron que ellos nunca recibieron informes de campo de sus asesores, dijeron que no eran responsables de las deficiencias del adiestramiento policial.
"No se nos está juzgando por el éxito o fracaso del programa de acuerdo a como fue establecido", dijo Cashon. "Estamos siendo juzgados por nuestra capacidad para proporcionar personal capacitado".
Cualquiera fueran las consecuencias del programa de adiestramiento sobre el funcionamiento de la policía, esta se veía debilitada por las bajas que le causaban los rebeldes. Los agentes de policía y los reclutas eran cada vez más blancos de la violencia insurgente. Desde septiembre de 2004 hasta abril de este año, de acuerdo a informes estadounidenses, murieron en incidentes violentos 2.842 agentes de policía y quedaron 5.812 heridos, de acuerdo a cifras americanas, que no están disponibles para los primeros diecisiete meses de la guerra. También han muerto veinte empleados de la DynCorp involucrados en el adiestramiento de la policía.
Para diciembre de 2004 había señales de que la policía estaba implicándose en conflictos religiosos. Agentes del departamento de policía de la sureña ciudad de Basra estuvieron implicados en el asesinato de diez miembros del Partido Baaz, y de una madre y su hija acusadas de prostitución, de acuerdo a un informe del ministerio de Relaciones Exteriores.
Para entonces existía la creciente sensación entre algunos funcionarios estadounidenses de que el programa de adiestramiento civil no estaba funcionando, y militares estadounidenses propusieron su propio plan. Fue la tercera estrategia americana para el adiestramiento de la policía iraquí, y se enfrentaría a problemas todavía peores. Basra no era más que el principio.

Max Becherer contribuyó desde Bagdad, Iraq, y Christopher Drew desde Nueva York.

21 de mayo de 2006
©new york times
©traducción mQh
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