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milicias chiíes controlan cárceles


[Jonathan Finer y Ellen Knickmeyer] En cárceles dominadas por milicias chiíes, criminales chiíes son dejados en libertad y reclusos sunníes torturados y asesinados.
Bagdad, Iraq. Las cárceles de Iraq son administradas por milicianos chiíes que liberan a otros milicianos chiíes condenados por delitos graves y ejecutan a reclusos sunníes, dijo en una entrevista esta semana el subsecretario de Justicia del país.
"No podemos controlar las prisiones. Es tan simple como eso", dijo el subsecretario, Pusho Ibrahim Ali Daza Yei, un kurdo étnico. "Nuestras cárceles están infiltradas de arriba abajo por milicias, desde Basra a Bagdad".
A raíz de esta situación, Yei ha pedido a las autoridades estadounidenses suspender los planes de traspasar las cárceles y reclusos a control iraquí. "Nuestro ministerio no está preparado de momento para ocupar esos recintos, especialmente en áreas dominadas por las milicias chiíes", dice en una carta enviada al general de división del ejército estadounidense, John D. Gardner, el oficial a cargo de los centros de detención estadounidenses.
Oficiales norteamericanos dijeron hace algunos meses que planeaban traspasar la cárcel de Abu Ghraib y otros tres centros de detención de Bagdad al gobierno iraquí, pero el traspaso ha sido repetidas veces postergado. Gardner ha dicho que no autorizará los traspasos hasta que no esté convencido de que las normas de trato humano y seguridad correspondan a las mantenidas en instalaciones administradas por los americanos.
"No transferiremos esos centros ni la custodia legal de los detenidos hasta que la seguridad y el sistema penitenciario iraquíes hayan demostrado su capacidad de mantener las normas exigidas, especialmente en las áreas de cuidados y custodia", dijo Gardner en una respuesta escrita a preguntas. "Reconocemos plenamente que hay importantes obstáculos que deben ser superados, pero creemos que seremos capaces de hacerlo para fines de año".
Dijo que Abu Ghraib será puesta bajo control iraquí "en los próximos meses".
Gardner dijo que la eventual transferencia de las prisiones a control iraquí procedería poco a poco, precedida por varias semanas de adiestramiento de gendarmes iraquíes, realizado por agentes penitenciarios estadounidenses y de la policía militar. Los iraquíes trabajarían entonces bajo la supervisión de gendarmes americanos por al menos seis meses. Un equipo de transición estadounidense quedaría estacionado en el lugar durante un período adicional antes de traspasar completamente las prisiones.
Aunque las denuncias de abusos en prisiones americanas han descendido desde el escándalo de maltratos a prisioneros de Abu Ghraib en 2004, los centros de detención iraquíes han causado inquietud después de que un allanamiento del ejército estadounidense dejara al descubierto decenas de reclusos torturados -la mayoría de ellos sunníes- en una instalación secreta del ministerio del Interior en el barrio bagdadí de Jadriyah.
La prisión era administrada por una unidad especial de la policía, formada por miembros de la Organización Báder, una milicia chií con vínculos con el más grande partido chií iraquí. El gobierno investigó el centro, pero no dio a conocer los resultados.
Yei dijo que debido a las crecientes preocupaciones sobre los centros de detención administrados por los ministerios del Interior y de Defensa, donde las milicias conservan una fuerte influencia, la policía y el ejército han acordado entregar todos los prisioneros al ministerio de Justicia a fines de mes.
A principios de junio había 7.426 reclusos albergados en recintos del ministerio de Justicia, dijo Yei. El ministerio del Interior tenía 1.797 prisioneros adicionales y el ministerio de Defensa un número menor. Más de 15 mil reclusos eran retenidos en cinco cárceles norteamericanas en Iraq.
Pero mientras un informe de Naciones Unidas sobre derechos humanos, publicado el mes pasado, enfatizaba que los ministerios de Defensa e Interior tenían la autoridad legal para retener a personas solamente durante un breve período de tiempo, los sunníes denuncian que ellos son rutinariamente encarcelados en esos centros durante meses e incluso hasta más de un año.
"Se supone que la policía no debe retenerlos más allá del período de tiempo que toma realizar una pesquisa", dijo Yei. "Si el ministerio del Interior no nos oculta nada, nos los entregarán a todos este mes".
El plan de transferencia ha encontrado alguna oposición. El consejo provincial de la provincia de Wasit, al sur de Bagdad, ordenó a la policía del lugar no entregar a los prisioneros al ministerio de Justicia, de acuerdo a Muhammed Hasan al-Attabi, portavoz del gobierno provincial.
Un general de división en el ministerio del Interior, que habló a condición de no ser mencionado, dijo que el traspaso ya estaba en camino y que sería completado a tiempo. Negó que las milicias administren sin miramientos las prisiones. "Todos los centros de detención en Bagdad y el sur de Iraq están bajo nuestro control, excepto algunos centros en Basra, quizás dos o tres allá, que son controlados por milicianos", dijo.
En una entrevista esta semana, el vice-primer ministro Zalam al-Zobaie, el personero sunní más importante en el nuevo gobierno de Iraq, mostró fotografías tomadas en una reciente inspección de un centro de detención del ministerio del Interior. En una de las fotos un recluso muestra a la cámara sus manos deformes y estropeadas. Las manos del hombre fueron rotas durante una paliza, dijo Zobaie. Otros reclusos mostraron enormes y oscuros rosetones en su piel; uno exhibía una enorme llaga abierta.
En otra foto, los reclusos se reunieron en torno a cadenas que colgaban del medio de una de las atiborradas celdas. Las cadenas eran utilizadas para colgar a los prisioneros por sus manos atadas, dijo Zobaie. La práctica, observada frecuentemente en informes de inspecciones de los centros de detención del ministerio del Interior, a menudo produce la dislocación de los hombros de los reclusos.
Noventa y nueve por ciento de los hombres hacinados en los centros de detención del ministerio del Interior, son sunníes, dijo Zobaie. Calificó el tratamiento de los prisioneros en manos del ministerio del Interior de "inhumano" e indicó que todavía no estaba seguro de si los ministerios de Defensa e Interior respetarían el acuerdo para entregar a los detenidos al ministerio de Justicia. "Ojalá lo hagan", dijo.
Yei ofreció varias versiones detalladas de abusos cometidos por las milicias, sin proporcionar nombres, diciendo solamente que "son dos, todo el mundo lo sabe". Funcionarios estadounidenses dijeron hace poco que consideran que las milicias son una grave amenaza para la seguridad del país -tan grave como la resistencia sunní.
El 13 de agosto de 2004, dijo, los milicianos liberaron a 552 prisioneros en la sureña ciudad de Hilla durante un ataque de la milicia. Una semana más tarde, escaparon 122 reclusos de la principal prisión de Amarah, también en el sur, con la ayuda de guardias que eran miembros de la milicia.
El 13 de enero de 2005, dijo, durante un ataque contra un convoy que los transportaba a Abu Ghraib en Bagdad, escaparon 38 prisioneros. Ocho de ellos fueron nuevamente capturados. Un mes más tarde, escaparon siete prisioneros mientras eran transferidos a la cárcel de Badoush en Mosul, una ciudad al norte del país.
El 14 de junio de 2005, siete prisioneros escaparon de Abu Ghraib después de un incidente que todavía está siendo investigado.
En diciembre pasado, miembros de la milicia entraron a la cárcel de alta seguridad en la sección de Kadhimiyah, de Bagdad, un barrio fundamentalmente chií, y liberaron a un miliciano en el corredor de la muerte y a cuatro otros que cumplían sentencias. En la misma cárcel, el 28 de febrero, guardias y milicianos liberaron a dos hombres que debían ser ejecutados esa semana.
Y en la sureña ciudad de Basra, antaño tranquila, donde la violencia de las milicias ha aumentado en los últimos meses hasta el punto de que el gobierno iraquí declaró allí el estado de emergencia a fines de mayo, a principios de mayo los milicianos secuestraron a doce prisioneros extranjeros -egipcios, saudíes y sudaneses- en sus celdas y los mataron a balazos en la puerta principal del centro.
La versión de Yei se agrega a una creciente lista de abusos en la sobrecargada estructura penal del país, largamente criticada por dirigentes sunníes que dicen que los prisioneros sunníes son normalmente maltratados.
Visitas a centros de detención en el sur de Iraq hace poco, constataron que estaban terriblemente hacinadas y en pésimas condiciones sanitarias. En octubre pasado, en la cárcel de Tesfirat en Nayaf, 122 prisioneros fueron encerrados en celdas diseñadas para un máximo de 60, de acuerdo al lugarteniente Jassim Juwad, el oficial a cargo de la cárcel. Una cárcel administrada por comandos de la policía en Hilla y diseñada para 150 reclusos, albergada en abril pasado a 400. Reclusos de los dos centros habían encarcelados sin juicio hasta por 18 meses.
El sábado, un grupo de parlamentarios hicieron una visita sorpresa a un centro de detención administrado por el ministerio del Interior en Baqubah, al norte de Bagdad. "Hemos encontrado espantosas violaciones de la ley", dijo Muhammed al-Dayni, un parlamentario sunní que dijo que había hasta 120 detenidos en una celda de diez metros por seis. "Nos dijeron que habían sido violados", dijo Dayni. "Llamaron a sus familiares y los torturaron para obligar a los detenidos a declarar contra otros detenidos".
"Los centros de detención de los ministerios de Defensa y del Interior son lugares donde se cometen las más espantosas violaciones de los derechos humanos", agregó.
A pesar de los amplios esfuerzos estadounidenses para estimular al gobierno iraquí a mejorar las condiciones en las cárceles, el problema que plantea su control por las milicias podría revelarse particularmente intratable. Las milicias chiíes, como la Organización Báder y el Ejército Mahdi, leal al clérigo Moqtada al-Sáder, son respaldadas por decenas de parlamentarios cuyos partidos políticos cuentan con grupos armados.
"Ni siquiera puede hablar sobre las milicias, porque son parte del gobierno", dijo Yei. "Tienen a los ministros de su lado".

16 de junio de 2006
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proyecto de amnistía en iraq

[Ellen Knickmeyer y Jonathan Finer] Podría incluir ataques contra militares estadounidenses. Presidente respalda negociaciones con la resistencia.
Bagdad, Iraq. El primer ministro Nouri al-Maliki propuso el miércoles una amnistía limitada para ayudar a poner fin a la resistencia sunní, como parte de un plan de reconciliación nacional que, según Maliki, será dado a conocer en algunos días. Es probable que el plan incluya la amnistía de aquellos que han atacado a tropas estadounidenses solamente, dijo un asesor de alto nivel.
La declaración de Maliki de que está dispuesto a negociar con algunos miembros de las facciones sunníes armadas, y la perspectiva de amnistía, son concesiones que los gobiernos interinos previos habían evitado. Las declaraciones señalan la primera vez que un líder de los partidos chiíes gobernantes de Iraq han acogido públicamente la reconciliación nacional, respaldado el diálogo con grupos armados y propuesto una amnistía limitada.
La reconciliación podría incluir la amnistía de los que "no han estado implicados en el derramamiento de sangre iraquí", dijo Maliki a los periodistas en una rueda de prensa en Bagdad. "También incluye conversaciones con los grupos armados que se han opuesto al proceso político y ahora quieren volver a las actividades políticas".
Maliki enfatizó que aún no se ha reunido con la resistencia sunní y agregó: "Hablaremos con aquellos cuyas manos no estén manchadas de sangre, y esperamos que ellos reconsideren su estrategia". Juró que "ellos no serán capaces de interrumpir el proceso político, sea reinstalando el antiguo régimen, o imponiendo un nuevo, detestable régimen étnico en Iraq".
Mientras Maliki hablaba, soldados y agentes de policía iraquíes iniciaban el primer día de la campaña antiterrorista en Bagdad. Una fuerza de más de 30 mil soldados y agentes, respaldados por más de 30 mil soldados extranjeros, implementaban el primer día de toque de queda de atardecer al alba y levantaban puestos de control en la capital. El ministro iraquí de Interior declaró el martes que no se habían incluido fuerzas adicionales en la campaña.
Gracias a los multiplicados puestos de control el miércoles -uno de los primeros intentos del nuevo gobierno de Maliki- hubo embotellamientos en todo Bagdad. "Hay menos gente en las calles haciendo compras, pero prefiero tener más seguridad que más clientes", dijo Wisam Saad, 29, parado en su tienda, sin ningún cliente, rodeado de cajas de cigarros, teteras y baratijas.
El gobierno de transición anterior de Iraq, dirigido por Ibrahim al-Jafari, un chií, lanzó una campaña de represión similar el año pasado, pero no logró frenar la violencia. Después de que las elecciones de diciembre eligieran al primer parlamento pleno de Iraq desde la caída de Saddam Hussein, Maliki logró ser nombrado primer ministro. Su gobierno de un mes ha presenciado rápidos movimientos en algunas de las antiguas demandas de la oposición sunní a los gobiernos chiíes, como el acuerdo estadounidense-iraquí para liberar este mes a miles de detenidos en cárceles administradas por Estados Unidos en Iraq. Cientos de ellos serán liberados de la cárcel de Abu Ghraib el jueves.
La implementación de medidas de seguridad de Maliki, y sus declaraciones sobre la amnistía y reconciliación se producen un día después de la inesperada visita del presidente Bush a la fuertemente fortificada Zona Verde de Bagdad. Bush llegó con lo que dijo eran mensajes gemelos para Maliki: Estados Unidos no abandonará a Iraq, pero Iraq tiene que hacer más en la solución de sus propios problemas.
La violencia continuó el miércoles. En el norte de Bagdad explotó una bomba colocada en un coche aparcado, errando la patrulla policial que era su blanco aparente y matando a cuatro civiles. Un fotógrafo de la agencia de noticias Reuters, estancado en el tráfico, informó haber visto a transeúntes golpeando con barras de metal las ventanas de un vehículo en un intento por sacar del interior a sus ocupantes que se estaban quemando vivos.
El presidente Jalal Taklabani, un kurdo, ha pedido durante largo tiempo el inicio de negociaciones y una posible amnistía para contribuir al fin de la violencia en Iraq. Sin embargo, las declaraciones de Maliki el miércoles fueron la más grande demostración pública con respecto a la disposición del gobierno de los partidos religiosos chiíes a hacer compromisos.
El miércoles, la Liga Árabe pospuso un conferencia sobre la reconciliación en Iraq que había sido convocada para agosto. Adnan Ali al-Kadhimi, importante asesor de Maliki, dijo que la conferencia fue retrasada en parte para que Iraq pueda decidir sobre quiénes pueden recibir la amnistía. No quedó claro cómo hará el gobierno para verificar qué insurgentes han sido responsables de los diferentes tipos de acciones.
"El gobierno tiene la intención de hacer algo por la reconciliación, y algo que se puede hacer es ofrecer una amnistía, pero no una amnistía incondicional", dijo Kadhimi en una entrevista telefónica. "Queremos ver si podemos conceder amnistía y, de algún modo, aceptar a aquellos de la llamada resistencia que no estén implicados en actividades criminales, tales como el asesinato de gente inocente o daños a la infraestructura, o incluso a los que han cometido daños a la infraestructura, provisto que sean menores".
La campaña de reconciliación emprendida en África del Sur tras el colapso del apartheid podría ser un modelo, dijo Kadhimi. "Un modo de hacerlo es admitir lo que has hecho para ser perdonado. Porque una vez que veamos a la gente admitiendo lo que han hecho, y eso esté en las áreas en las que el gobierno tiene la atribución de otorgar perdón, podría ocurrir".
Interrogado sobre el otorgamiento de clemencia para los que han atacado a tropas estadounidenses, dijo: "Ese es un área donde estamos viendo una línea verde. Hay una suerte de acuerdo preliminar entre nosotros y el MNF-I", la fuerza multinacional dirigida por Estados Unidos en Iraq, "de que existen sentimientos patrióticos en la juventud iraquí y la creencia de que esos ataques son actos legítimos de resistencia y de defensa de la patria. Yo creo definitivamente que a esa gente se la va a perdonar".
Interrogado sobre los indultos para los que han atacado a tropas iraquíes, dijo: "Esto tiene que ser estudiado cuidadosamente, porque los familiares de los individuos matados tienen derecho a poner una demanda en tribunales, porque eso es un derecho civil. O quizás el gobierno deba compensarlos".
Funcionarios diplomáticos estadounidense han dicho anteriormente que ellos estaban estimulando el diálogo entre las muchas facciones rivales de Iraq, pero ninguna ha confirmado el respaldo estadounidense para la oferta de amnistía.
Maliki también trató el problema de las milicias aliadas con su bloque religioso chií. "El éxito de nuestro plan de reconciliación nacional y el éxito en proveer servicios enviará... el mensaje de que las milicias ya no son necesarias, porque la seguridad está en manos del gobierno". Antes había propuesto que las milicias fueran incorporadas a las fuerzas de seguridad iraquíes.
Las declaraciones de Maliki se producen en momentos en que hay una creciente disposición al diálogo de parte de todos los lados de las divisiones étnicas y religiosa iraquíes. La semana pasada Talabani dijo a periodistas en una rueda de prensa en el norte kurdo que creía que 2006 podía ser el año de los acuerdos de paz en Iraq.
Igualmente, el más importante personero sunní del nuevo gobierno de Iraq dijo esta semana que creía que un acuerdo de paz estaba "muy cerca". Salam al-Zobaie, vice-primer ministro, dijo en una entrevista en su despacho de Bagdad esta semana que esta vez la diferencia era que el nuevo gobierno chií estaba mostrando su disposición a hacer compromisos.
Interrogado sobre las propuestas de amnistía para los rebeldes sunníes, Zobaie dijo que los gobiernos chiíes anteriores "cerraron la puerta" a los sunníes "y los obligaron a tomar las armas para defenderse a sí mismos. Deberíamos hablar de ofrecer excusas, no una amnistía".
Bahaa al-Araji, legislador y partidario del clérigo y jefe de la milicia chií Moqtada al-Sáder, dijo el miércoles que los miembros de la alianza gobernante chií fueron formalmente invitados por su bloc esta semana a evaluar quiénes podrían ser los candidatos aceptables para un diálogo con los sunníes.
Hablando antes de la rueda de prensa de Maliki, Araji rechazó lo que dijo que eran términos de paz demasiado fáciles expresados por Talabani. Dijo que Talabani estaba hablando desde la perspectiva de un norte kurdo que no ha sufrido la violencia que ha ensangrentado al resto de Iraq.
Más que conferencia sobre la reconciliación, dijo Araji, el mejor paso hacia la paz en Iraq sería que los líderes de los bloques sunníes, chiíes y kurdos en el parlamento se pusiesen de acuerdo entre ellos.
"Eso implicará al noventa por ciento de la gente" en el conflicto en Iraq. El restante diez por ciento "quedará aislado e identificado, de modo que todas sus nocivas acciones serán obvias para ellos y nosotros", dijo Araji. Las fuerzas militares podrían dar cuenta de los fanáticos que queden después de cualquier reconciliación, dijo.
Interrogado sobre si se sentía optimista sobre las perspectivas de reducir los asesinatos, Araji mencionó el atentado con bomba del 22 de febrero contra el santuario de la cúpula dorada chií de Samarra, al norte de Bagdad. La destrucción del santuario espoloneó la violencia religiosas a nuevas alturas.
"No tan optimista como hace seis meses", dijo el legislador chií. "Pero más que hace tres".

Joshua Partlow y Omar Fekeiki y Saad al-Izzi contribuyeron a este reportaje.

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prohíben armas en bagdad


[Joshua Partlow y Hasan Shammari] Anuncian represión en Bagdad. Autoridades iraquíes imponen prohibición de portar armas como parte de una campaña contra la violencia.
Bagdad, Iraq. El gobierno de un mes del primer ministro Nouri al-Maliki dio a conocer el martes su primera iniciativa importante contra la violencia, anunciando una represión más dura en la capital en un intento de combatir los asesinatos y secuestros.
El plan impone un toque de queda diario desde el atardecer al amanecer y prohíbe la circulación de coches en las calles durante cuatro horas los viernes tarde, cuando muchos musulmanes asisten a las oraciones en las mezquitas. Los residentes no podrán portar armas fuera de sus casas y habrá más patrullas y puestos de control para elevar la visibilidad de los militares.
"La gente porta armas en las calles. ¿Cómo sabemos si no son terroristas?", dijo el general de división Abdul Aziz Muhammed-Jassim, director de operaciones del comando general de las fuerzas iraquíes en una rueda de prensa el martes en el ministerio de Defensa.
La semana pasada murieron 203 civiles y 78 rebeldes, de acuerdo al ministerio de Defensa. Solamente en Bagdad fuerzas estadounidenses realizaron más de mil cien patrullas y montaron 1200 puestos de control para contener la violencia durante ese tiempo.
El martes, patrullas militares encontraron 16 cuerpos en Bagdad, evidencia de la persistente violencia religiosa entre chiíes y sunníes, que amenaza la viabilidad del nuevo gobierno, de acuerdo al coronel Saad Abdul Karim, de la sala de operaciones del ministerio del Interior. Cuatro de los cuerpos encontrados en al este de Bagdad en el barrio de Baladiyat, eran hombres de entre 30 y 40 años. Algunos mostraban signos de tortura y agujeros de bala en sus cráneos, dijo Karim. La policía encontró a otros cinco -esposados, con la vista vendada y con balazos en la cabeza y pecho- cerca de la salida norte de Bagdad.
El martes, en la norteña ciudad de Kirkuk una serie de atentados suicidas con coches bomba dirigidos contra la policía iraquí, mataron a 20 personas y hirieron a docenas más.
El nuevo plan, llamado ‘Avanzando Juntos', no implica un aumento de las tropas en la ciudad, de acuerdo al general de división Mahmoud Wailli, del ministerio del Interior.
Pero la intención es que sea más abarcadora que las campañas anteriores, con incentivos económicos tales como facilitar la obtención de combustible y proyectos para ‘embellecer' la ciudad llena de edificios destruidos por las bombas y fuego de armas, dijeron funcionarios.
Más de 61 mil miembros de las fuerzas estadounidense y del ejército y policía nacional iraquíes tienen base en Bagdad, dijo el teniente coronel Jonathan Withington, portavoz de los militares estadounidenses. Ese número no incluye a la policía local iraquí.
Otros funcionarios militares han dicho hace poco que la fuerza actual podría probablemente seguir siendo la misma hasta que el gobierno empiece a funcionar.
Aunque algunos informes de prensa acogieron favorablemente la represión, parece que las medidas son un refuerzo y refinamiento de medidas existentes. Durante años los puestos de control y toques de queda han restringido la circulación en Bagdad. Muchos vecinos han acogido un mayor número de puestos de control últimamente por la protección que aportan frente a la enorme cantidad de hombres armados que merodean en la ciudad.
Según el nuevo plan, el toque de queda que empezaba a las once de la noche, o a medianoche, empezará a las 8:30 de la noche. Los habitantes podrán poseer hasta dos arnas en sus casas, pero no podrán llevarlas fuera, dijeron funcionarios iraquíes.

Shammari informó desde Baqubah. Ellen Knickmeyer y Naseer Nouri, K.I. Ibrahim y Omar Fekeiki en Baghdad y otros miembros del personal del Washington Post contribuyeron a este reportaje.

14 de junio de 2006
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escuadrón de la muerte sunní


[Nelson Hernández y Naseer Nouri] Milicianos asesinan a estudiantes en un autobús iraquí.
Bagdad, Iraq. Evidentemente, la fe hizo la diferencia entre la vida y la muerte para la gente a bordo de tres minibuses que, el domingo en la mañana, se dirigían desde el pueblo de Qara Taba hacia Baqubah, una violenta ciudad del norte de la capital iraquí.
Los pistoleros que pararon los buses y obligaron a los pasajeros a descender, actuaron con un simple propósito, dijo un oficial del ejército iraquí: Si el hombre era sunní, vivía; si no, moría.
Al menos 19 personas fueron asesinadas, 12 de ellas estudiantes secundarios y, universitarios que viajaban a Baqubah para los exámenes finales, dijo el coronel Abdullah Ihsooni Abdullah. La Associated Press dijo que habían muerto 21 personas. La mayoría de ellas eran chiíes miembros de la minoría étnica kurda, dijo un miembro del consejo provincial de Diyala. Sobrevivieron cuatro sunníes, dijeron oficiales, de una masacre más descarada, pero no menos brutal que los otros asesinatos religiosos que vienen ocurriendo casi a diario en Iraq.
Horas después de la masacre, el naciente gobierno iraquí, luchando con las mismas tensiones étnicas y religiosas que provocan regularmente incidentes violentos aquí, seguía de punta sobre la pregunta de quién debe controlar el ejército y la fuerza policial iraquíes. Después de horas de deliberar a puertas cerradas, los políticos finalmente pospusieron una largo tiempo esperada reunión el domingo, en la que se suponía que los legisladores elegirían tres posiciones de gabinete de una breve lista de nominados.
Los jefes de partidos fueron aparentemente incapaces de llegar a un consenso incluso sobre quién podría ser nominado. Un diputado y orador del parlamento, Khalid al-Atiya, dijo en una rueda de prensa que la sesión había sido pospuesta "debido a la enorme cantidad de candidatos presentados a último minuto".
El retraso parece derivarse de un desacuerdo dentro de la coalición de partidos chiíes, que ocupa la mayor parte de los escaños del parlamento. Aparentemente, el Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq, un poderoso partido dentro de la alianza chií, no quiso endorsar a los candidatos propuestos para el ministerio del Interior por el primer ministro Nouri al-Maliki, que es también miembro de la alianza chií.
"Ahora la pelota está en el patio de la alianza", dijo sobre sus contrapartes chiíes el portavoz sunní, Nooraldeen al-Hayali. "Tienen un problema. No se han puesto de acuerdo sobre el candidato del ministerio del Interior, pero quizá dentro de dos días logren llegar a uno".
Un funcionario estadounidense en Bagdad criticó al Consejo Supremo para la Revolución Islámica en Iraq por retrasar el proceso político, diciendo que el partido debía mostrar su respaldo al gobierno de dos semanas de Maliki.
"Estamos muy decepcionados de que el primer ministro fuera impedido de completar su gobierno debido a la obstinación de un partido", dijo el funcionario, que concedió una entrevista telefónica a condición de conservar el anonimato. "En este momento, es sólo el Consejo Supremo el que está retrasando [la formación del gobierno]. No creo haber oído ni una sola queja legítima sobre la lista propuesta por el primer ministro".
Pero Haider al-Ibadi, otro miembro de la alianza chií, dijo en una entrevista que los desacuerdos iban más allá que solamente el ministerio del Interior.
"Parece que los otros bloques tenían otros candidatos que no fueron aceptados por la alianza y el primer ministro" porque, dijo Ibadi, tenían lazos con el régimen de Saddam Hussein, que fue derrocado por tropas norteamericanas en 2003.
Durante las deliberaciones hubo también incidentes violentos. En la provincia de Diyala, una zona mixta sunní-chií al norte de Bagdad, fue el escenario no solamente de la masacre en los autobuses, sino también de un ataque de hombres armados que mataron a un agente de policía y tres familiares de este el domingo noche, dijo el capitán de ejército Anwar Salam.
En Bagdad, un grupo de hombres armados mataron a cuatro personas que trabajaban en una compañía estatal de comunicaciones cuando descendían de un autobús frente a su oficina, dijo un oficial del ejército.
Un soldado norteamericano murió el sábado, en combate, al oeste de Bagdad, dijeron autoridades militares el domingo. Y tres personas murieron cuando una unidad de artillería estadounidense disparó accidentalmente un proyectil de 155 milímetros en la ciudad de Hibhib, cerca de Baqubah, durante un ejercicio el viernes, según una declaración militar el domingo. Los militares dijeron que el incidente está siendo investigado.
El sábado noche, en la sureña ciudad de Basra, la policía allanó una mezquita sunní poco después de la explosión de una bomba que mató al menos a 27 personas. La gente en la zona dijo que la policía había matado a varios fieles desarmados, pero la policía dijo que fueron atacados y mataron a nueve insurgentes, informaron los servicios de prensa.
En Samawah, al sur de Iraq, una protesta contra la falta de electricidad, agua y combustible, además de la corrupción, se convirtió en una pequeña batalla cuando los manifestantes quemaron llantas y bloquearon las calles. La policía empezó a disparar en el aire para alejar a los manifestantes, pero aparentemente la situación escaló, provocando que pidieran refuerzos del ejército iraquí. Las tropas del ejército impusieron un toque de queda y cerraron todas las tiendas de la ciudad.

Bassam Sebti, Omar Fekeiki y Saad al-Izzi en Baghdad, Hassan Shammari en Baqubah, Saad Sarhan en Nayaf contribuyeron a este reportaje.

5 de junio de 2006
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para sacar a iraq del atolladero


[Jim Hoagland] ¿Puede Estados Unidos seguir en Iraq?

Estados Unidos no puede permitirse abandonar Iraq ahora, dice vigorosamente el presidente Bush. Pero la verdadera pregunta es si Estados Unidos puede permitirse seguir en Iraq si el gobierno continúa despilfarrando los recursos militares, económicos y políticos que prometió emplear después de que derrocara a Saddam Hussein.
Ni los recursos producidos por la asediada industria petrolera de Iraq ni lo que queda de las promesas económicas estadounidenses para reconstruir la infraestructura de Iraq y adiestrar y equipar a sus fuerzas armadas parecen suficientes para estabilizar al país y permitir que las tropas de combate estadounidense vuelvan a casa deliberadamente.
La creciente desconexión entre recursos, gastos y resultados en seguridad no impide que comandantes americanos en terreno planifiquen una retirada ordenada. Oficiales estadounidenses dijeron hace poco en Bagdad a diplomáticos de la coalición que esperaban reducir este verano a la mitad la presente fuerza de combate estadounidense -ahora de 140 mil hombres. Para 2008 esperan haberla reducido a 35 mil tropas, y retirarse completamente para 2010. Funcionarios en Washington se niegan a confirmar o comentar con periodistas y diplomáticos extranjeros cualquiera fecha límite de la retirada.
Estrategas militares tienen que formular planes sabiendo que serán superados por acontecimientos que exigen nuevos planes. Para dar a estos jefes militares alguna posibilidad de estar cerca de sus proyecciones, Bush y sus asesores deberían ser más realistas sobre el alcance de los problemas sociales y económicos que podrían desbaratar la estrategia militar improvisada.
La administración ha concentrado sus esfuerzos durante cuatro meses en la formación de un nuevo gobierno iraquí, que funcionarios estadounidenses han saludado como un importante factor estabilizador. Pero en ese tiempo Washington ha hecho relativamente poco para ayudar a una economía que está cayendo en picado o de proporcionar más seguridad en el centro del país ahora dominado por la anarquía.
Dos amplias suposiciones parecen subyacer en el enfoque exageradamente optimista del equipo de Bush. La primera es que la voluntad política puede por sí sola determinar el futuro de Iraq. Estes es un énfasis particularmente torcido de un gobierno que no ha mostrado ninguna habilidad a la hora de identificar, ayudar y sostener un liderazgo político duradero para Iraq.
La segunda suposición es una que el gobierno comparte con los críticos de la guerra que exigen una fecha específica de retirada de las tropas estadounidenses. Ambos lados parecen creer que Washington puede preparar un resultado relativamente claro y previsible que responda sobre todo a las acciones de Estados Unidos. Pero la historia sugiere que la pérdida de control sobre los acontecimientos podría provocar decisiones repentinas y abruptas que presagien un resultado final más caótico. El aire sale rápidamente de los balones desinflados.
Para impedir eso, y para garantizar que los sacrificios hechos por los iraquíes y las fuerzas militares, diplomáticos y socorristas y otros norteamericanos sean considerados finalmente como inútiles, el gobierno debe dar más importancia al desarrollo de una economía que sea capaz de financiar las crecientes responsabilidades del gobierno iraquí para la reconstrucción y la seguridad. Washington también necesita manejar de manera más eficiente sus propios gastos en Iraq -calculados en un total de al menos 320 millones de dólares hasta el momento.
Un informe reciente de Stuart W. Bowen, el inspector general especial del gobierno para la reconstrucción de Iraq, sugiere que hay poco que mostrar de los 16 billones de dólares gastados desde 2003 para restaurar y mejorar la salud pública, la producción de petróleo y proyectos de agua y otras infraestructuras iraquíes. Hay un total de unos 2 mil millones de dólares en fondos de reconstrucción estadounidenses que deben ser gastados antes de que la tarea sea entregada al gobierno iraquí a fines de este año.
La producción de petróleo iraquí se arrastra por debajo de niveles de preguerra. El sabotaje y el abandono obstaculiza la producción. La corrupción que es estimulada y alentada por países árabes vecinos agota los recursos. Obligado de importar 6 billones de dólares en productos de petróleo refinados este año para el mercado nacional, el gobierno bagdadí gastará la misma suma para sostener sus fuerzas de seguridad en 2006, de acuerdo a cálculos del gobierno norteamericano. Aunque es difícil acceder a cifras fiables, parece que el gobierno iraquí gasta todos los 26 billones de dólares o más que obtiene por la venta de petróleo.
Sin embargo, el gobierno bagdadí ha gastado este año poco, si algo, en la compra de equipos de defensa que sus soldados necesitarán para encargarse de la responsabilidad de luchar contra la resistencia, dicen fuentes iraquíes. Y el Pentágono ha sido lento a la hora de gastar los 5.7 billones de dólares que el Congreso destinó para adiestrar a las fuerzas de seguridad iraquíes, de acuerdo a un informe reciente del Servicio de Investigaciones Parlamentarias obtenido por la Associated Press.
La guerra de Iraq fue gatillada por el suicida bluf de un dictador sobre unas armas de destrucción masiva. Ahora es el gobierno de Bush el que corre el riesgo de caer en la trampa del auto-engaño.

9 de junio de 2006

jimhoagland@washpost.com

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¿continuará la resistencia fundamentalista?


[Dexter Filkins] El líder ha sido eliminado, pero es probable que la insurgencia continúe.
Bagdad, Iraq. Matando finalmente a Abu Musab al-Zarqawi, los militares estadounidenses y sus aliados iraquíes mataron al hombre que era la cara de la resistencia iraquí.
La pregunta que pende sobre la muerte de Zarqawi gira lo duro que será el golpe para el movimiento guerrillero que ayudó a dirigir hacia extremos tan cruentos.
La respuesta probable, de acuerdo a funcionarios americanos e iraquíes que han estado siguiendo a Zarqawi es esta: Aunque su muerte podría reducir considerablemente la capacidad de operación de su grupo -Al Qaeda en Mesopotamia- para montar sanguinarios atentados suicidas y atentados con coches bomba y podría, posiblemente, desencadenar una cruenta lucha por su sucesión dentro de la organización, la resistencia y la guerra religiosa que contribuyó a encender en Iraq simplemente continuará sin él.
"Zarqawi puede haber muerto, pero la conflagración que provocó sigue encendida", dijo Bruce Hoffman, un experto en terrorismo de la Rand Corporation, Washington. "Esa es la realidad. Él puso en movimiento fuerzas poderosísimas que no cesarán simplemente porque él haya muerto".
A diferencia de algunos dirigentes terroristas -incluyendo al hombre que seguía seguir a Osama bin Laden-, Zarqawi iba más allá de proporcionar inspiración para su movimiento y peleaba en la primera línea con sus hombres.
En realidad, oficiales estadounidenses e iraquíes creen que Zarqawi desempeñó un papel central en la planificación de algunos de los atentados más espectaculares realizados aquí por su grupo: el atentado suicida contra la sede de Naciones Unidas en 2003; los atentados del festival de Ashoura en 2004, que mató a más de 140 peregrinos chiíes; y la destrucción del santuario de Al Askari en febrero, que desencadenó una ola de asesinatos religiosos que han empujado a Iraq a la guerra civil.
Pero la organización Al Qaeda que Zarqawi deja atrás en Iraq es una variopinta colección descentralizada de grupos terroristas semi-independientes, que operan más o menos autónomamente, pero dependen de Al Qaeda en cuanto a su inspiración y orientación general.
Pero al menos según una versión, más de sesenta grupos diferentes han ejecutado atentados contra blancos iraquíes y estadounidenses bajo el nombre de Al Qaeda. Los expertos dicen que esos grupos probablemente continuarán su lucha sin Zarqawi.
Además, se piensa que hay docenas de otros grupos rebeldes operando en Iraq que no tienen relación, o muy poca, con Al Qaeda -incluyendo algunos de los más grandes, como Ansar Al-Sunnah y el Partido Islámico de Iraq.
Además, Zarqawi, un jordano, había comenzado a traspasar su organización a iraquíes y a montar una organización que pensaba que podía funcionar algún día como el gobierno de una especie de república musulmana de Iraq. Se cree que la mayoría de los otros jefes en torno a Zarqawi son iraquíes.
En enero, Al Qaeda en Mesopotamia anunció que se había unido al Consejo de Yihadistas, una federación de siete grupos rebeldes que era dirigido entonces por el iraquí Abdula Al-Bagdadí.
Sin embargo, algunos expertos dudan de la existencia misma de Bagdadí y de si Zarqawi había realmente renunciado a la dirección del día a día de la organización.
"Zarqawi estaba bajo presión de transferir el poder a iraquíes, y como la mayoría de los árabes presionados para que se democraticen, creó un falso parlamento", dijo un funcionario de la inteligencia iraquí, refiriéndose al Consejo de Yihadistas. "Pero él estaba al mando".
Algunos oficiales iraquíes dijeron que esperaban una violenta lucha interna por la dirección ahora que Zarqawi está muerto. Un síntoma de las fisuras de su grupo es la declaración misma anunciando la muerte de Zarqawi, cuando los funcionarios americanos dijeron que habían utilizado "datos e informaciones de importantes jefes iraquíes dentro de su red".
Mowaffak Al-Rubie, el asesor iraquí de seguridad nacional, lo confirmó en una entrevista. "Hemos logrado infiltrar su organización", dijo, negándose a dar más detalles.
Algunos expertos creen que esos datos podrían provocar un derramamiento de sangre dentro de la organización, a medida que los miembros sobrevivientes empiecen a sospechar unos de otros. Eso es lo que ocurrió entre los jefes de la organización terrorista dirigida por Abu Nidal en los años ochenta, cuando los asesinatos de miembros importantes provocó una cruenta lucha en las filas, dijo Hoffman.
"Este es el mejor modo de socavar a un grupo terrorista", dijo Hoffman. "La información que siembra la discordia interna y la deslealtad tiene un efecto repetitivo en la organización. Eso podría empezar el desmoronamiento de Al Qaeda".

9 de junio de 2006
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iraquíes desconfían de gobierno


[Megan K. Stack] Cansados de años de guerra e incertidumbre, pocos creen que el gobierno solucione los problemas del país.
Bagdad, Iraq. Hubo una época en que la sala de estar del renombrado Club Social Ilwiya estaba permanentemente llena y había siempre bullicio.
Pero eso era antes de que el temor hiciera que los iraquíes se encerraran en sus casas. En estos días, la tenue luz del sol de primavera baña sillones vacíos y la desgastada alfombra. Un solitario músico está acurrucado cerca del viejo piano vertical, tocando desganadamente el teclado electrónico.
El encargado del club, Hisham Amin Zekki, mira, cansado, la sala. Como muchos iraquíes, también está demasiado preocupado con sus propios problemas como para prestar mucha atención al nuevo gobierno iraquí.
Está preocupado de que los precios de la gasolina son muy altos, de los ataques de mortero y de quedarse en pana en el barrio equivocado. Sueña con enviar a su hijo único, de 25 años, a Estados Unidos, en búsqueda de una vida mejor. Lo persiguen los recuerdos de las noches de bingo y de las bodas que se prolongaban hasta el alba.
"No tengo confianza de que el nuevo gobierno traiga democracia o seguridad", dice Zekki, un sunní de 65 años con el cabello cuidadosamente engominado. "No debemos desesperar. Deberíamos tener esperanza. Pero hasta ahora, no hay ningún signo de mejoría, nada".
En el país, los iraquíes de toda condición se esfuerzan por mostrar entusiasmo con el gobierno tanto tiempo esperado, que fue aprobado el sábado por el parlamento, después de cinco meses de regateos políticos.
Cuando el primer ministro Nouri Maliki asumía sus nuevas funciones el domingo en medio de la continuada violencia, las opiniones de los iraquíes eran una ventana hacia los difíciles retos que debe superar -y una dura ilustración del cisma que existe entre la rarificada retórica de la elite gobernante iraquí y la depresión, la rabia y la venganza en las calles.
Después de tres años de guerra e incertidumbre, muchos iraquíes están demasiado cansados como para dedicar energía emocional al proceso político. Están cansados del derramamiento de sangre, desconfiados de sus vecinos, luchando con problemas de identidad y violencia religiosa.
También están agudamente conscientes de que la mayoría de sus dirigentes políticos pasan sus días encerrados en la fuertemente fortificada Zona Verde, protegidos del resto del país por soldados extranjeros y estrictos puestos de control.
"La gente a la que elegimos renunció a demasiados derechos", dice Mohammed Ali Hilfi, un chií de 29 años de la ciudad santa de Nayaf al sur del país. "Los políticos no van a parar la violencia, porque no les interesa la sangre de los iraquíes".
Hilfi está tratando de vivir de su cibercafé, pero no es fácil. No tiene ni casa ni coche. Todavía soltero, vive con sus padres. Recita su lista de deseos para el gobierno: electricidad, servicios y, sobre todo, seguridad.
"Mi familia se preocupa todos los días sobre si volveré o no a casa", dice.
Esas preocupaciones soplan por todo el país -es una hebra vinculante en un país dividido.
"Lo que necesitamos es seguridad, seguridad, seguridad", dice Hussein Abdullah Ubaidi, un sunní de 45 que vive en la ciudad étnicamente mixta de Kirkuk. "Queremos que el gobierno de Maliki termine con el derramamiento de sangre iraquí. Se la derrama todos los días, a sangre fría".
Como muchos sunníes, Ubaidi se queja amargamente de la distribución de puestos en el gabinete según los grupos religiosos.
"La manera en que se formó este gobierno es incorrecta", dijo. "Los sunníes son oprimidos y maltratados por este gobierno. Sólo les dieron unos pocos ministerios, y, además, los más insignificantes".
Muchos iraquíes dicen que estaban preocupados de que el nuevo gobierno, con sus ministerios repartidos según los partidos religiosos, sólo reforzarían las hostilidades entre las diferentes facciones, infundiendo esta frágil sociedad con tensiones todavía más profundas.
"Necesitamos reconciliación de todas las partes", dijo Hussein Ali Baldawi, un chií de 65 años de la ciudad de Balad. "Un gobierno honesto es importante, pero, según pienso, no debería ser religioso".
Alaa Mahmood, una chiíe de 25 años, estudiante universitaria de Mosul, admite que su secta está generosamente representada en el gabinete. Como grupo mayoritario de Iraq, los chiíes, dominan ahora el parlamento y el gabinete. Es un renacimiento histórico para un grupo que fue duramente oprimido durante el régimen de Saddam Hussein.
Pero Mahmood, madre de tres niños, no está satisfecha con las ventajas políticas de su secta. Como muchos chiíes, su paciencia con los soldados y diplomáticos estadounidenses se está terminando. Llama ‘invasores' a los estadounidenses -una queja típica de los chiíes que han pasado de ver a los soldados estadounidenses como liberadores, a verlos como obstáculos para un mayor poder chií.
"No confío en el nuevo gobierno. No espero nada de él", dice Mahmood. "Deberían empezar con el verdadero trabajo: expulsar a los invasores".
Salam Abdallah Mihmidi, 50, sunní y maestro jubilado en la inquieta provincia occidental de Al Anbar, estaba en una tienda de telas, sus ropas raídas. Interrogado sobre el gobierno, dijo que estaba inquieto sobre los derechos de los sunníes, pero también sobre la crisis económica que se ha apoderado del occidente de Iraq desde que la guerra terminara con el flujo de turistas y hombres de negocios.
"Si no tienes trabajo, ellos saquearán, matarán y se unirán a las pandillas de asesinos", dijo.
El hijo Mihmidi se salió hace poco de la universidad de Bagdad porque temía que su nombre, Omar, común entre sunníes, delatara ante los chiíes su identidad religiosa y lo convirtiera en un blanco.
Los ánimos estaban algo mejor en el norte kurdo, donde tanto la seguridad como la economía han estado relativamente saludables desde la invasión norteamericana.
"Como kurdos, creo que lo hicimos bien. Tenemos las posiciones que satisfacen nuestras ambiciones", dijo Eyad Ahmed Hamad Ameen, 34, maestro en Irbil. Pero, agregó Ameen: "La situación de seguridad es un problema importante. Queremos viajar sin miedo por todo Iraq".
Ahora se acerca el verano, y para muchos iraquíes la electricidad todavía es un parpadeo débil e intermitente. Bagdad sólo tiene electricidad unas pocas horas al día. Los generadores son demasiado caros para muchas familias, la gente se está preparando para pasar los calurosos meses que les esperan en la húmeda oscuridad de sus casas.
"No tenemos electricidad en casa, así que tenemos que acostumbrarnos al calor", dijo Izzadin Khalaf Youssef, 25, estudiante de educación física de la Universidad de Bagdad. "Se ha puesto muy difícil. Hay veces que no puedes salir de tu apartamento".
Ocultos detrás de una violencia que llena los titulares de los diarios, los iraquíes están tratando de sobrevivir todo tipo de pequeñas privaciones. Yousef Jaber Mohsin, un chií de 36 años de la sureña ciudad de Samawah, sólo quiere ver a su hermana. Ella vive en Baqubah, al norte de Bagdad, y las carreteras han estado demasiado peligrosas como para viajar.
"Quiero ver a mi país en paz", dijo Mohsin, maestro, que, con los brazos llenos de mercaderías, hizo una pausa en su camino a casa. "El gobierno debería ocuparse de los sueños de la gente, y entender que la gente está viviendo una catástrofe".

Suheil Ahmad y Saif Rasheed y corresponsales especiales en Samawah, Mosul, Al Anbar province, Irbil, Kirkuk, Najaf y Baqubah contribuyeron a este reportaje.

21 de mayo de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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matanza de civiles en iraq


[Eric Schmitt y David S. Cloud] Documentos contradicen versión sobre matanza de civiles.
Washington, Estados Unidos. En febrero y marzo un investigador militar descubrió evidencias que contradicen los repetidos alegatos de los marines de que los civiles iraquíes matados en Haditha en noviembre pasado fueron víctimas de una bomba improvisada, de acuerdo a un alto oficial militar en Iraq.
Entre las pruebas que contradicen la versión de los marines se encuentran los certificados de defunción que muestran que todas las víctimas iraquíes tenían heridas de bala, la mayoría de ellas en la cabeza y pecho, dijo el oficial.
La investigación, que fue dirigida por el coronel Gregory Watt, un oficial del ejército en Bagdad, también hizo surgir interrogantes sobre si los marines respetaron las reglas establecidas para identificar posibles amenazas cuando allanaron las casas cercanas al sitio de un atentado con bomba improvisada, que mató a un marine.
La pesquisa de tres semanas fue la primera investigación oficial del episodio, que fue revelado por primera vez por la revista Time de enero, y que los militares estadounidenses dicen ahora que parece haber sido un ataque injustificado de los marines contra los civiles, en el que mataron a 24 civiles iraquíes. Las conclusiones de la investigación del coronel Watt, que empezó el 14 de febrero, no habían sido reveladas previamente.
"Hay suficientes inconsistencias", dijo el alto oficial, que fue interrogado sobre las conclusiones de la investigación preliminar del coronel Watt.
El oficial accedió a comentar los hallazgos sólo después de que se le prometiera conservar el anonimato. Los hallazgos no han sido dados a conocer y el Pentágono y los marines se han negado a comentar detalles de la investigación en curso, diciendo que podrían poner en peligro la investigación.
Cuando el coronel Watt describió los hallazgos al teniente general Peter Chiarelli, el 9 de marzo, estos plantearon tantas interrogantes sobre la veracidad del informe de los marines que el general Chiarelli comunicó el asunto al comandante de los marines en Iraq, el que ordenó una investigación criminal que los oficiales dicen que podría resultar en una acusación criminal contra los miembros de la unidad.
Los hallazgos del coronel Watt también provocaron que el general Chiarelli ordenara una investigación paralela sobre si altos oficiales de los marines y otros militares trataron de encubrir lo que había ocurrido.
La investigación del coronel Watt incluye entrevistas con marines de los que se cree que participaron en los asesinatos, así como con altos oficiales de la unidad, el Tercer Batallón del Primer Regimiento de la Marina.
Entre ellos se encontraba el sargento de segunda clase Frank Wuterich, sobre el que los oficiales dijeron que era uno de los suboficiales de la patrulla, y el teniente coronel Jeffrey R. Chessani, el comandante del batallón, dijo el oficial. El coronel Chessani fue relevado de su comando en abril, tras el retorno de Iraq de la unidad.
En sus versiones al coronel Watt, los marines dijeron que ellos fueron atacados con armas de fuego en la primera de las cinco viviendas que allanaron cerca del lugar del atentado, de acuerdo al oficial militar.
El oficial dijo que los marines recuerdan haber oído que se "preparaba un arma para ser usado contra ellos".
El coronel Watt también revisó los pagos por un total de 38 mil dólares otorgados a familiares de las víctimas semanas después del tiroteo.
En una entrevista el martes, el mayor Dana Hyatt, el oficial que efectuó los pagos, dijo que sus superiores le ordenaron indemnizar a los familiares de 15 víctimas, pero le dijeron que el resto de las víctimas habían cometido actos hostiles, por lo que sus familias no podrían recibir ninguna compensación.
Tras los pagos iniciales, sin embargo, esas familias exigieron indemnizaciones similares, insistiendo en que sus familiares no habían atacado a los marines, dijo el mayor Hyatt.
El mayor Hyatt dijo que él había sido autorizado por el coronel Chessani y otros oficiales de alto rango en el cuartel general de los marines para efectuar los pagos a los familiares de quince de las víctimas.
El coronel Chessani "era parte de la cadena de comando de las autorizaciones", dijo el mayor Hyatt.
La lista de las quince víctimas que se cree que no eran combatientes fue compilada por personal de inteligencia del batallón, dijo el mayor Hyatt. Esas víctimas estaban relacionadas con un miembro del ayuntamiento de Haditha, dijo. A veces, los militares americanos pagan compensaciones a los familiares de víctimas civiles.
Las familias de las víctimas recibieron un total de 2.500 dólares cada una, el máximo que permite el reglamento de los marines, junto con pagos de 250 dólares para los dos niños que resultaron heridos. El mayor Hyatt dice que élt también pagó compensaciones por los daños causados a dos casas.
"No dije que hubiésemos cometido un error", dijo el mayor Hyatt, describiendo lo que dijo al miembro del ayuntamiento que representa a las víctimas. "Dije que me habían autorizado a pagar indemnizaciones a esas quince familias porque considerábamos que no estuvieron implicadas en el enfrentamiento".
Los militares empezaron la investigación de las muertes sólo después de que la revista Time presentara los hallazgos de su investigación a un portavoz militar en Bagdad a principios de febrero.
El general Chiarelli, un oficial del ejército que tomó el mando de las fuerzas terrestres americanas en Iraq en enero, se enteró poco despúes de que el portavoz fuera notificado de que los marines no habían investigado el incidente, de acuerdo al oficial.
El martes, el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, dijo que el presidente Bush se enteró del episodio después de la investigación de la revista Time, cuando fue informado por Stephen Hadley, el asesor de seguridad nacional. "Cuando lo hayamos investigado, daremos a conocer al público todos los detalles, para que todos tengamos una idea de qué fue lo que ocurrió", dijo Snow.

1 de junio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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