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temor y engaño en bagdad


[Megan K. Stack] En una ciudad donde la violencia desafía a la lógica y casi todo el mundo podría estar en una lista negra, pretender ser otro tiene sentido.
Bagdad, Iraq. No quieres llamar la atención, así que conservas tu coche abollado, incluso si puedes permitirte un modelo más elegante. No lo lavas; dejas que el polvo se acumule en las ventanillas. La puesta de sol anuncia el toque de queda, y en la capital todos esos sucios coches viejos retoman el camino de regreso a casa. Los siguen los ojos de los vecinos.
¿De dónde vienen los conductores? Algunos trabajan para el gobierno. Algunos luchan con los rebeldes o son miembros de escuadrones de la muerte. Algunos trabajan para los estadounidenses. Nadie pregunta nada; nadie dice nada; nadie sabe quién es quién.
El derramamiento de sangre ha convertido a Iraq en un país definido por el disfraz y el bluf. La violencia en las calles ha empezado a desafiar toda lógica, y es parte de la desintegración: Una ciudad animada donde la gente acostumbraba a meterse alegremente en los asuntos de los demás, se ha convertido en un laberinto de disfraces, un lugar donde los vecinos pasan silenciosos como bailarines en una macabra fiesta de disfraces.
"Entre los iraquíes todo se oculta; la gente sospecha una de otra", dice Hayawi Mahdi Abaasi, 66, un exitoso abogado que dice que no repara su destartalada casa ni remplaza su Toyota de 1982 por miedo a que se entere la gente equivocada.
"¿Para qué llamar la atención de los terroristas? Yo trato de verme como todos los demás", dice.
La gente rica oculta sus joyas y sacan ropas deshilachadas de sus armarios para eludir a los secuestradores que piden rescates. Los musulmanes afirman ser sunníes o chiíes, dependiendo de las circunstancias. Los cristianos se hacen pasar por musulmanes. Mentir sobre el empleo es de rigor. Los agentes de policía en las calles ocultan sus caras con máscaras, para que nadie los reconozca.
Todos, aparentemente, pretenden ser otros, adoptando una identidad falsa con la estupefacta esperanza de seguir sano y salvo. Los habitantes de Bagdad piensan que no importa quién seas, probablemente estás en la lista negra de alguien.
"No se trata de mentir o no mentir", dice Ali Abdullah. "Es un asunto de vida o muerte".
Abdullah es un sunní de 31 años, de piel oscura, robusto y con un tupido bigote. Como la mayoría de la gente en Bagdad, es un hombre de secretos.
Fue preparado como ingeniero en el Iraq de Saddam Hussein, pero ahora trabaja para una organización estadounidense sin fines de lucro. Lo han amenazado de muerte y su mujer le ruega que renuncie, pero él dice que no puede -le pagan bien y tiene que pensar en su hijo de tres años.
Abdullah va a su trabajo en taxi, de modo que su coche no sea reconocido. Usa diferentes calles cada vez, y cambia su número de teléfono cada tantos meses.
Derrochó cien dólares en un reloj Swatch en la vecina Jordania, pero ahora tiene miedo de llevarlo en público. Cuando la gente le pregunta sobre su trabajo, miente y dice que es dueño de una tienda de ordenadores.
La regla número uno, dice, es, en este barrio predominantemente sunní, no contar a los vecinos nunca, bajo ninguna circunstancia, dónde trabajas.
"Sería mi fin si mis vecinos se enteraran de dónde trabajo", dice. "Es lo primero que hay que ocultar: mis vecinos no deben saber qué hago".
Para Abdullah y su familia, eso significa aislamiento. Evita posibles conversaciones, no se queda nunca colgando en la entrada, evita el contacto de ojo o las charlas de buena vecindad. Cuando divisó a un viejo amigo de la universidad en un atestado restaurante hace poco, dio media vuelta y se alejó a toda prisa para evitar una conversación.
Cuando hablan sobre la pérdida de la intimidad, muchos iraquíes suenan afligidos. Como miembros de la mayoría de las sociedades de Oriente Medio, los iraquíes, tradicionalmente, aprecian la calidez y valoran el intercambio social sobre lo que los occidentales consideran íntimo. En el viejo Iraq, era mejor pecar de prudente en el lado del fisgoneo, que parecer frío o distante. Era perfectamente normal interrogar a desconocidos sobre su situación marital y el valor de sus posesiones.
Poco a poco, esa calidez ha muerto desangrada por la guerra. Ahora se acrecientan las tensiones en la ciudad. La atmósfera está llena de intrigas, como una película de terror, de capa y espada. Excepto que es de verdad, y mortífera.
"La conducta ha pasado de la conducta racional a la instintiva, animal", dice Ehsan Mohammed Hassan, uno de los sociólogos más reputados de Iraq y profesor en la Universidad de Bagdad. "El individuo no tiene confianza en otros. Tiene que ocultarse. Lo quiere que lo vea la gente porque piensa que la gente es mala".
Entre el temor y el odio, una antigua tradición tribal ha desaparecido.
La etiqueta exigía que los hombres se preguntaran por sus trabajos; era un modo de mostrar interés por el sustento de un amigo y demostrar la disposición de ayudarle si atravesaba tiempos difíciles.
Sin embargo, en estos días preguntar por el trabajo es grosero -incluso hasta peligroso. En lugar de eso, los hombres hacen otras preguntas: ¿Quién es usted? ¿Qué está haciendo aquí?
"A un montón de gente la han matado sin motivo. ¿Qué cree usted que harían si descubrieran que usted trabaja para los americanos?", pregunta Abdullah. "Así es. Pensarían que usted es un traidor".

Trabajar para el gobierno iraquí no es mejor -todos, desde profesores universitarios hasta atletas nacionales y agentes del tránsito han sido matados por rebeldes determinados a paralizar la vida cívica y social.
Iraq puede ser el único país en el mundo donde los milicianos y los rebeldes andan por la calle a cara descubierta, mientras que empleados de gobierno, soldados y polis se agazapan detrás de máscaras.
"Llevo una máscara porque no quiero que la gente sepa que trabajo para la policía", dijo una tarde hace poco un agente de 34 años llamado Ahmed Ali. Era la hora de almuerzo, y él y algunos de sus colegas habían cruzado Bagdad con 43 grados Celsius para engullirse unos kebabs de cordero en un barrio donde conocían a poca gente.
Los hombres están estacionados en la volátil zona de Dora, al sur del centro de la ciudad y uno de los campos de batalla religiosos más sangrientos de Bagdad. Vestidos con camisas de botones y pantalones azul marino, con sus pistolas metidas en las pistoleras a la cintura, dijeron que no se atreven a llevar sus chapas o uniformes a casa, ni siquiera para lavarlos.
Dijeron que salían de casa silenciosamente vestidos de paisano, se subían sigilosamente a sus furgonetas y se cambiaban rápidamente de ropa.
"En Dora me conocen todos", dijo Ali. "Tengo que usar máscara y gafas de sol". Mientras hablaba, se oyeron disparos a unas cuadras de distancia, pero ninguno de los agentes siquiera miró en esa dirección.
El temor beneficia a algunos. A los falsificadores de documentos, por ejemplo.
Assad Kheldoun, 29, que opera en la barrio mixto de Shaab, prepara tarjetas de identidad falsas por unos treinta dólares cada uno. "Exactamente como el original", se fanfarronea. Pero con una diferencia: un nombre falso.
No le vende a chaperos ni a delincuentes. La mayoría de sus clientes son conductores de bus, trabajadores de la carretera y mecánicos de coches: gente obligada a ganarse la vida en las violentas calles de Iraq.
Los apellidos delatan en Iraq la identidad religiosa, y se derivan a menudo de tribus conocidas por ser sunníes o chiíes. Jaabour o Dulaimi, por ejemplo, quiere decir ‘sunní' para los iraquíes; lo mismo el nombre de pila Omar.
Bayati es un popular apodo de los iraquíes que se ocultan detrás de un nombre adoptado. Lo mismo Obeidi y Saadi. Esos nombres son deliberadamente ambiguos, corrientes entre sunníes y chiíes. Con un nombre que se puede usar entre las dos confesiones, los iraquíes afinan sus apuestas.
"A la gente la matan debido a sus nombres" , dice Kheldoun. "En los últimos meses, todo el mundo ha estado pidiendo carnés de identidad falsos. Es un fenómeno ahora. La gente tiene miedo".
En la desierta concesionaria de automóviles Abu Tariq cerca de allí, los dueños holgazaneaban hastiados entre sus brillantes modelos una tarde hace poco. El negocio no marcha muy bien para los vendedores de automóviles -incluso los iraquíes con suficiente dinero como para mimarse con coches nuevos se muestran aterrados de que su consumo pueda llamar la atención.
"Un coche como este puede provocar que te maten", dijo el dueño de la concesionaria, Abu Tariq, de 60 años.
Su socio, Faiq Ubaidi, 48, apunta con su dedo un Toyota Avalon de 19 mil dólares, y un Toyota Super Saloon de 11 mil dólares. Los coches se han estado cubriendo de polvo este último año, sin que nadie pregunte por ellos, refunfuña.
"La gente dice que si compran hoy un coche como este, que mañana los matan", dice. "A mí me gustaría salir al centro con mi familia y disfrutar de su aire acondicionado, pero no me atrevo".
Hoy en Bagdad el temor es fundamental: La mujer cristiana con pañuelo musulmán se niega a dar su nombre por miedo a que la maten. Tiene 33 años, vive con sus padres en una calle dominada por musulmanes y arriesga su vida todas las mañanas después del desayuno, cuando se desliza hacia su trabajo en la Zona Verde.
Vive aterrada de que sus vecinos descubran en qué trabaja -ni sus primos saben que trabaja en el corazón del gobierno iraquí.
"Niego todo", dice.
Pero el aislamiento religioso ha sido lo más doloroso de todo. Ella y su familia ya no se atreven a ir a la iglesia los domingos. Y se ha visto obligada a ocultar su identidad llevando ropas musulmanas: un pañuelo de cabeza, o hijab, y una túnica, o abaya.
"Me asusta: Hay gente que cree que todos los cristianos apoyan a los americanos", dice. "No podemos confiar unos en otros. Tengo que guardarme todos mis secretos, porque no sé con qué gente estoy tratando".

Suhail Ahmad contribuyó a este reportaje.

28 de junio de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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viaje a la muerte


[Megan K. Stack y Saif Rasheed] La población bagdadí vive temiendo secuestros y asesinatos. Parte de los secuestros, como parte de las ejecuciones de sunníes, incluyendo los secuestros por rescate, son realizados por policías.
Bagdad, Iraq. Con uniformes de camuflaje, los pistoleros llegaron haciéndose camino entre el denso calor de la mañana, en camiones de la policía. Se detuvieron en un bandejón ocupado por compañías de transporte en el centro de la ciudad, donde todas las mañanas los iraquíes abordan los buses con destino a países más seguros, como Siria y Jordania.
Los pistoleros saltaron al suelo, dijeron testigos, y avanzaron rápidamente. Capturaron a más de cincuenta transeúntes, apartándolos de sus familias y sacando a los conductores desde detrás de los volantes de los autobuses. Maniataron a los hombres, les colocaron vendas en los ojos y los metieron en la parte de atrás de los camiones como si se tratara de un botín humano. Cubrieron con mantas a algunos de los secuestrados.
Y entonces se marcharon, golpeando las puertas y acelerando en la brillante luz de la mañana. Eran sólo las nueve de la mañana en una ciudad donde la seguridad ha desaparecido, apenas otra escena mundana que inundó repentinamente de violencia la calle.
"Esos son delincuentes que van a pedir un rescate", dijo Saad Tawil, 42, gerente de una de las compañías de viaje en esa calle del centro de Bagdad. "Van a determinar quiénes son importantes o ricos y quiénes no, interrogándolos".
Pero otros secuestros colectivos que han sorprendido a la capital este año siguen sin resolución. En algunos casos, las víctimas no han aparecido nunca, ni muertas ni vivas.
El secuestro colectivo ocurrió un día después de que el primer ministro Nouri Maliki se viera obligado a conceder que los partidos en conflicto en Iraq desconfiaban demasiado unos de otros como para ponerse de acuerdo sobre quién controlará los servicios de seguridad. Tras suspender indefinidamente la votación en el Congreso sobre esos ministerios claves, Maliki dejó a la policía y el ejército colgando en el vacío en momentos en que el derramamiento de sangre en Bagdad y en todo Iraq ha escalado.
En Bagdad, partir hacia el trabajo, hacer las compras o visitar a la familia se han convertido, cada vez más, en propuestas peligrosas. La violencia estalla sin previo aviso; los residentes hacen una carrera de obstáculos con elementos como bombas improvisadas, balaceras y puestos de control de seguridad.
La ciudad ya tuvo su mes más mortífero desde que fuerzas norteamericanas invadieran el país en 2003, indican documentos del nuevo gobierno iraquí. En mayo más gente fue baleada, apuñalada o sufrió una muerte violenta que en cualquier otro mes desde la invasión, de acuerdo a estadísticas del ministerio de Salud. La cifra no incluye las bajas militares ni civiles muertos en atentados, a cuyos cadáveres no se les practica la autopsia.
Solamente el mes pasado fueron llevados a la morgue central de Bagdad 1.398 cadáveres, dijo el ministerio. En toda la ciudad y en las provincias, los cadáveres emergen a superficie diariamente en vertederos, en coches abandonados y en la berma de los caminos. A menudo llevan marcas de haber sido maniatados y torturados.
Los ataques se caracterizan frecuentemente por su naturaleza descarada. El lunes unos pistoleros subieron a un autobús en Bagdad y mataron al menos a dos estudiantes chiíes, dijo una fuente del ministerio del Interior.
Durante el fin de semana, hombres armados enmascarados levantaron un puesto de control al norte de Bagdad, pararon a un autobús, y obligaron a descender a los hombres. Separando a sunníes de chiíes, llamaron ‘traidores' a los chiíes, diciéndoles que serían ultimados, contó un testigo a la Associated Press.
Los asaltantes mataron a sus víctimas ejecutándolas. Cuando terminaron, había 24 pasajeros muertos. La mayoría de ellos eran estudiantes universitarios y ancianos.
Aunque gran parte del derramamiento de sangre en Iraq se motiva en razones religiosas, también hay bastantes criminales que hacen dinero en este país sin ley. Los secuestros de otros iraquíes se han convertido en una popular estratagema para hacer dinero.
El secuestro colectivo del lunes tomó lugar en un ajetreado barrio pobre en el centro de Bagdad. El lugar está relativamente protegido: Está a un tiro de piedra del ministerio de Justicia, entre una red de puestos de control de la policía iraquí.
Los vehículos de los pistoleros frenaron rugiendo en una calle llena de oficinas de agencias de viaje y operadores de buses. Salihiya es un barrio de tránsito y escape, la última parada de muchos iraquíes en su fuga de un país destrozado por la guerra.
Los buses salen de Bagdad por la mañana -el aplastante calor del día es considerado preferible a los peligros de conducir por el desierto en la noche. Las carreteras hacia la frontera pasan por la provincia de Al Anbar, controlada por los sunníes. Los buses son periódicamente detenidos y robados, sus pasajeros asesinados. Para muchos iraquíes , subir a un autobús es otra apuesta -se han acostumbrado a tolerar una cierta cantidad de riesgos en sus vidas diarias.
Algunos de los iraquíes que compraron billetes el lunes demoraron demasiado. Junto con los pasajeros -que presumiblemente llevaban dinero y podían salir del país-, los oficinistas de las compañías de buses y los conductores, algunos de ellos sirios, también fueron secuestrados por los asaltantes. Al menos un niño, que ganaba propinas arrastrando maletas también fue atrapado, dijeron testigos.
El empleado de una agencia de viajes Hamza Mohammed, 34, dijo que se alejó corriendo cuando vio llegar a los pistoleros. Le dispararon, pero sin darle, dijo.
"Me gritaron y trataron de atraparme", dijo, entre nubes de humo de cigarrillo y llamadas telefónicas de iraquíes ansiosos de reservar un asiento para un viaje futuro. "Pero me escapé".
Según testigos, los secuestrados llevaban uniformes y vehículos utilizados por alguna de las fuerzas especiales de la policía iraquí, supervisadas por un cuestionado ministerio del Interior. Unidades policiales del ministerio han sido acusadas de trabajar como escuadrones de la muerte chiíes en una campaña de asesinato de hombres sunníes. La policía también ha sido acusada de secuestrar a civiles para pedir rescates.
El lunes tarde, un comandante de las fuerzas especiales emitió una declaración denunciando el secuestro e insistiendo en que sus hombres eran inocentes. Pero en una ciudad donde la policía de tránsito está acusada de formar escuadrones de la muerte y donde se cree que los combatientes paramilitares han infiltrado los órganos de seguridad del estado, los testigos no estaban convencidos.
"Yo acuso a la policía", dijo el dueño de una agencia de viaje, que sólo dio su apellido, Ghanem. "Los coches eran definitivamente coches de la policía".

5 de junio de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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corrupción, contrabando y sabotaje


[James Glanz yRobert F. Worth] Sabotajes y contrabando afectan industria petrolera iraquí.
Bagdad, Iraq. El sabotaje que ha paralizado los oleoductos y refinerías del petróleo iraquí durante los últimos tres años, están siendo utilizados como parte de una vasta red de contrabando que cuesta al gobierno iraquí miles de millones de dólares al año, dijeron ayer importantes funcionarios iraquíes y estadounidenses.
Aunque se pensaba que eran solamente una herramienta de los rebeldes para socavar al gobierno, los ataques contra los oleoductos se han convertido en una lucrativa estratagema de insurgentes e ingeniosas bandas de delincuentes por igual para hacer dinero. Ali Al Alak, inspector general del ministerio del Petróleo, dijo que los ataques ahora están siendo organizados por ambos grupos para obligar al gobierno a importar y distribuir tanto combustible como sea posible, utilizando miles de camiones cisterna.
A su vez, los rebeldes y bandas criminales -distinguir unos de otros se hace cada vez más difícil- han convertido el ramo de los transportistas en una potente herramienta para el contrabando.
En muchos casos documentados por Alak y otros funcionarios iraquíes, los camioneros, a menudo colaborando con bandas de contrabandistas, pagan sobornos o usan documentos falsos para inflar el valor de sus cargas, alterar los medidores de combustible, o simplemente entregar sus cargamentos a las bandas.
Como resultado, casi un 30 por ciento de la gasolina importada es puntualmente robada y revendida en el extranjero por los contrabandistas, de acuerdo a funcionarios iraquíes y estadounidenses. El déficit es parte de lo que obliga a las familias iraquíes a gastar más en combustible en el mercado negro, donde es mucho más caro que en los mercados legales.
La ponzoñosa mezcla de contrabando y sabotaje es otro golpe más a la economía de un país cuyas enormes reservas de petróleo se esperaba, antes de la invasión de 2003, que pagaran la reconstrucción.
La red está tan extendida y enraizada, dicen los funcionarios, que los importadores de combustible llegan descaradamente a los depósitos con cisternas semi-vacías y se las arreglan para que sus entregas sean certificadas como completas. También es lucrativo para los negocios más pequeños. Panaderos, fabricantes de ladrillos e incluso operadores de lanchas de pesca encuentran más rentable vender combustible, que reciben a precios subsidiados, a comerciantes ilegales que usarlo en sus labores.
No está claro en estas operaciones dónde termina la simple necesidad de hacer dinero y se convierte en una estratagema para solventar las actividades de la resistencia o para desbaratar el funcionamiento del gobierno iraquí. Pero funcionarios estadounidenses e iraquíes dicen que la mezcla de rebeldes, grupos criminales organizados y decenas de operadores individuales están colaborando en una floja red para mantener el control del sistema y generar enormes ganancias.
Las fronteras son porosas, los caminos inseguros, funcionarios de compañías petroleras estatales han sido acusados de colaborar con la resistencia y la riqueza del petróleo iraquí está siendo sacada del país, en buques y camiones cisternas, mientras supervisores norteamericanos y británicos hacen la vista gorda, dicen funcionarios estadounidenses e iraquíes.
Los contrabandistas interrumpen las entregas nacionales, así como el transporte de petróleo desde el exterior.
Ibrahim Bahr al-Uloum, ex ministro del petróleo, dijo que era obvio que los oleoductos de petróleo crudo, que conectan a los pozos del norte con las refinerías y centrales eléctricas en el sur, en el área de Bagdad, habían sido atacados repetidas veces para obligar a transportar el crudo en camiones. Los empleados de las refinerías que tratan de reparar los oleoductos han sido, en ocasiones, secuestrados y asesinados. Tanto las compañías de camiones y los grupos de protección del contrabando están probablemente colaborando, dijo el ex ministro.
"Esto es un negocio para la gente que trabaja con camiones", dijo."Así que todo intento de reparar los oleoductos paralizará esas actividades".
Alak y otros funcionarios dijeron que los ataques contra los oleoductos son notables por su sofisticación. Las bandas atacan la columna de la industria del petróleo: los oleoductos que transportan el petróleo crudo directamente desde los pozos y los que trasladan gasolina y keroseno desde las refinerías.
"Lo que hacen es asombroso", dijo Alak sobre las bandas responsables de los ataques. A veces, dijo, los ataques son calculados con tanta precisión que permiten justo el flujo de crudo suficiente desde los campos petrolíferos del norte de Iraq para alimentar la gigantesca refinería de Baiji, la más grande del país, a unos 160 kilómetros al norte de Bagda.
Una vez que Baiji recibe suficiente petróleo para su producción, el crudo normalmente sería desviado hacia los oleoductos que abastecen las terminales exportadoras en Turquía. Los contrabandistas pueden hacer dinero con la gasolina que es transportada en camiones, pero poco o nada con el crudo exportado a través de los oleoductos.
Así que a menudo atacan en ese punto y paran el flujo de crudo, dijo Alak, que envió a agentes al terreno y, en abril, presentó al ministerio del Petróleo un importante informe sobre el contrabando. "Necesitas cientos de camiones para trabajar con esos volúmenes", dijo.

Anatomía de la Estratagema
A veces los ataques obligan a cerrar completamente las refinerías, quitándoles el crudo o atacándolas directamente, obligando al país a importar más combustible a través de fronteras internacionales notoriamente corruptas. La economía del contrabando a través de las fronteras muestra por qué es improbable que se frene la práctica mientras Iraq subsidie los precios, piensa Alak.
Los subsidios, iniciados por Saddam Hussein, crean un enorme precio diferencial de los combustibles en Iraq y a través de las fronteras en Turquía y Siria, y un punto natural de explotación para los contrabandistas.
En teoría, el gobierno iraquí compra combustible a países vecinos a precios de mercado y luego los revende a los iraquíes a precios subsidiados más baratos. El diesel subsidiado, por ejemplo, fue vendido por el gobierno por menos de tres céntimos el galón durante la mayor parte de 2005, lo que quiere decir que un camión cisterna con nueve mil galones transportaba combustible por un valor de unos 250 dólares. Pero el mismo combustible valía quizás un dólar el galón en el mercado negro. Con tasas normales de 500 dólares por concepto de protección o sobornos a la policía, y 800 dólares para pagar al transportista, un contrabandista podía ganar por lo menos 7.450 dólares importando combustible desde Jordania, Siria o Turquía, de acuerdo al informe de Alak para el ministerio del Petróleo.
Después de cargar sus camiones en países vecinos, los transportistas venden su carga a precios más altos en el mercado negro iraquí. La belleza del sistema, desde el punto de vista del contrabandista, es que si llegar a un depósito de combustible iraquí con un camión vacío no puede ser arreglado con una mordida, el camión se puede recargar en cualquier parte de Iraq a precios subsidiados más baratos.
Después de cumplir con el contracto entregando la carga, dijo Alak, el transportista puede ganar dinero extra cargando su vehículo con gasolina barata antes de salir de Iraq. Cruza entonces la frontera hacia alguno de los países vecinos y vende su carga a precios de mercado más lucrativos. Incluso si el transportista vende ilegalmente solamente una parte de su carga, las ganancias de la doble carga pueden ser considerables.
De acuerdo al informe de Alak, el truco ha sido, a veces, descubierto chequeando el combustible entregado en las terminales iraquíes y controlando cosas como los niveles de octano, que varían de país a país. "Llegan con camiones vacíos y compran productos en Iraq y los entregan como productos importados", dijo.
Al menos una de estas operaciones se produjo en una cámara de compensación en Bagdad, que falsificaba documentos, dijo. Fue descubierta y desbaratada a fines del año pasado.
En 2005, Iraq gastó de cuatro a cinco billones de dólares para importar combustible desde el exterior. Las investigaciones de Alak indican que debido a los enormes incentivos de precios, entre un diez y un treinta por ciento de ese combustible es nuevamente sacado del país.
El jefe de la Comisión de Integridad Pública, Radhi al-Radhi, que ha investigado decenas de casos de contrabando, corroboró la evaluación de Alak, al igual que un diplomático occidental en Bagdad, que habló anónimamente, siguiendo el procedimiento oficial. Cifras similares fueron mencionadas en el poco citado testimonio en el Congreso, en abril, de David M. Walker, controlador general de Estados Unidos después de una visita a Iraq.
Funcionarios iraquíes y estadounidenses dijeron que no podían ofrecer cifras totales sobre cuánto cuesta el contrabando al país al año, más allá de constatar que se trata de miles de millones de dólares.
Pero los datos del ministerio del Petróleo sugieren que en 2005 el total fue de 2.5 a 4 billones de dólares, dijo Yahia Said, investigador de la London School of Economics y director de Iraq Revenue Watch del Instituto Sociedad Abierta, una fundación dedicada a la política exterior.
Incluso en el extremo más bajo, eso significa que los costes del contrabando son casi un diez por ciento del producto nacional bruto de Iraq, unos 29.9 billones de dólares en 2005.

Impacto Sobre los Iraquíes
El impacto sobre las familias iraquíes es innegable. Un sondeo al azar de miles de familias iraquíes, realizado por la Organización Central para las Estadísticas y Tecnología de la Información
del ministerio de Planificación reunió estadísticas sobre cuánto gastan los iraquíes en el mercado negro de combustible. (La organización es encabezada por Mehdi Al Alak, hermano del inspector general del ministerio del Petróleo).
El sondeo constató que el 40 por ciento de la gasolina que consumen anualmente los iraquíes fue comprada en el mercado negro, donde los precios subieron hace poco a más de dos dólares y medio el galón durante la última ronda de escasez. Eso es mucho más que el precio subsidiado fijado por el gobierno de 65 centavos el galón.
La situación está todavía más inclinada hacia el mercado negro de diesel, keroseno y gas licuado, que los iraquíes usan para cocinar y en la calefacción. Las familias deben satisfacer la mayor parte de sus necesidades de esos combustibles en el mercado negro, constató el sondeo. Los vendedores hacen enormes ganancias: de los mil millones de dólares gastados en el mercado negro de combustibles por las familias iraquíes en 2005, unos 800 millones de dólares fueron directamente ganancias para los que controlan estas redes ilegales.
Las bandas también hacen negocios lucrativos obligando a los transportistas a pagar por su protección cuando usan caminos públicos. La práctica es tan común que los precios están bastante estandarizados, dijo Mussab H. al-Dujayli, que, hasta marzo, fue el director general de la Organización Nacional de Márketing del Petróleo, y hoy se desempeña como experto técnico.
En el área en los alrededores de Baiji, que es controlada fuertemente por los rebeldes sunníes, el precio de la protección es de aproximadamente 500 dólares para los camiones cisterna grandes, dijo Dujayli. Ese es un modo en que el sabotaje, el contrabando y el transporte son utilizados "para financiar al terrorismo", dijo.
El precio de 500 dólares de protección para camiones en el norte fue confirmado por el capitán Abdullah Hassan, que vive en el pueblo de Safra, en el norte, y trabaja en uno de los batallones que se supone deben proteger los oleoductos. El capitán Hassan dijo que la corrupción era tan extendida que los saboteadores, contrabandistas e incluso miembros de la guardia trabajan juntos con funcionarios de gobierno de bajo nivel para controlar los beneficios del petróleo.
"No es necesario que el ministro o el director general estén involucrados", dijo, como se llama aquí a los directores de las compañías estatales. "Los operadores de línea, contables, abastecedores y transportistas trabajan al interior de las redes y ejecutan los planes".
Sin embargo, en algunos casos se han visto implicados algunos importantes funcionarios iraquíes. A fines del año pasado, Meshaan al-Juburi, miembro del parlamento, fue acusado de robar millones de dólares destinados a pagar a una nutrida fuerza de protección para los oleoductos, formada por las tribus de la provincia de Salahuddin. Un comandante contratado por Juburi fue arrestado y acusado de organizar ataques rebeldes contra el oleoducto, aunque no quedó claro si Juburi estaba al tanto de los ataques. Se firmó una orden de detención, pero el parlamento no ha revocado su inmunidad como legislador para que pueda ser procesado.
De algún modo, el patrón de la corrupción que ahora aflige a Iraq, fue instalado por Saddam Hussein, que empezó alentando el contrabando de petróleo y la corrupción en Iraq antes de que la Guerra del Golfo Pérsico, la victoria estadounidense y las sanciones impuestas por Naciones Unidas aflojaran el control del país por Hussein.
"Después de la guerra, Saddam empezó a incentivar la corrupción a bajo nivel para generar dinero fuera de las sanciones, pero también como una forma de patronaje", dice Said, de Revenue Watch. "Todos los participantes recibían una tajada y eso los tenía contentos".
De algún modo el gobierno "encontró la manera de que los compradores cruzaran el golfo", dijo Issam Chalabi, ex ministro del petróleo y consultor. (No está relacionado con Ahmad Chalabi, el ex exiliado que sirvió en la Asamblea Nacional interina el año pasado). "Era principalmente a través de los iraníes, que entregaban conocimientos de embarque diciendo que era un producto iraní. Así es como empezó".
Pronto se desarrolló toda una red de contrabando dentro y fuera del país, y todos los participantes llevaban una parte. El grueso de las ganancias, por supuesto, se lo llevaba el gobierno. Muchos de estos intermediarios están todavía implicados en el contrabando del petróleo iraquí hoy, aunque ya no responden al gobierno iraquí, dicen los analistas de la industria.
Un sondeo entre altos funcionarios en cerca de veinte compañías petroleras estatales e instituciones de formación que fue resumido en el informe anual más reciente de Alak, ofrece un asombroso panorama de lo profundo que se ha enraizado la corrupción en la infraestructura misma del petróleo iraquí.
Interrogado sobre dónde exactamente tomaba lugar la corrupción en sus compañías, el 45 por ciento de los funcionarios indicó las áreas de almacenaje, 35 por ciento el transporte y la red de abastecimientos, y cerca del mismo porcentaje las instalaciones de mantención.
Más de la mitad de los funcionarios dijeron que los sobornos y robos declarados reforzaban la corrupción en sus compañías, mientras un 80 por ciento dijo que la frágil situación de seguridad de Iraq contribuía a fomentar esas prácticas. Casi todos los funcionarios declararon que la corrupción infestaba sus compañías en algún nivel, sugiriendo que los contrabandistas tienen acceso a todos los niveles de profesionales de la industria.
"Son profesionales: tienen sus propios equipos, tienen contactos en Turquía y Jordania y Siria", dijo Gal Luft, co-director del Instituto para el Análisis de la Seguridad Global, que estudia la industria petrolera iraquí. "Son una industria como cualquier otra".

Costes Crecientes
Las ganancias de lo que es en realidad una industria petrolera en las sombras son también infinitamente más altas que en los años noventa. Entonces los contrabandistas operaban
en sólo dos puertos en el sur de Iraq; hoy hay ocho fondeaderos clandestinos en Shatt al Arab, el canal que corre entre Basra y el Golfo Pérsico. Tienen nombres dignos de una novela de Robert Louis Stevenson: Isla de Hjam, Al Tahaddi, Mhejran, Al Zuher.
Esa extensa ruta de contrabando funciona aparentemente bajo las narices de las autoridades británicas, estadounidenses, iraquíes, iraníes y kuwaitíes en buques y en las costas de esas mismas aguas. El coronel Larry D. McCallister, comandante de Cuerpo de Ingenieros del Ejército en el sur de Iraq, dijo que los trabajadores de la construcción iraquíes eran periódicamente atacados cuando trataban de construir un nuevo puesto de la guardia marítima iraquí junto a la costa porque era casualmente una excelente ubicación para el contrabando.
El coronel McCallister dijo que una vez que las tripulaciones reconocieron su situación, negociaron con los contrabandistas, los que finalmente mudaron sus operaciones a una corta distancia hacia el interior.
El informe sobre el contrabando, de Alak, el inspector general del ministerio del Petróleo, arroja luces sobre cómo estos fondeaderos en el sur son utilizados para sacar el petróleo del país. En un caso, sus investigadores encontraron que una desarrapada flota de 1.600 botes de pesca que recorren las aguas en los alrededores de la sureña ciudad de Basra, estaban vendiendo sus cuotas mensuales de diesel a los contrabandistas, y no las utilizaban para pescar.
No solamente eso, sino que nuevos botes se están construyendo a un ritmo de cincuenta a sesenta al mes, para obtener nuevas cuotas que podrán entonces ser vendidas clandestinamente, descubrió la investigación. Los botes, que a fines de 2005 estaban recibiendo un total de unos cuatro millones de galones de diesel al mes sin costes, transbordan su carga a pequeños petroleros del tamaño de ferries que, ya en el golfo, la trasladan a petroleros más grandes, dice Alak.
"Y entonces vuelven", dijo sobre los botes pesqueros. "¿Dónde está el pescado?"
Thomas L. Delare, asesor de asuntos económicos de la embajada estadounidense aquí, dijo que el único modo de interrumpir la enorme red de contrabando sería eliminar los precios subsidiados de Saddam Hussein. Un acuerdo para hacer esto era parte de un compromiso alcanzado por el Fondo Monetario Internacional para condonar gran parte de la asombrosa deuda externa de Iraq el año pasado.
Pero dar ese paso podría ser políticamente peligroso para el nuevo gobierno iraquí, que está tratando de ganar la simpatía del pueblo iraquí.
Hay un sector particularmente descontento con esa perspectiva, dijo Delare. En manifestaciones que estallaron cuando se dio a conocer el plan de subir los precios, dijo, los observadores estadounidenses vieron "en la turba, algunas caras de conocidos contrabandistas".

James Glanz informó desde Bagdad, y Robert F. Worth desde Nueva York.

4 de junio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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toque de queda en bagdad


[Jonathan Finer] Se multiplican puestos de control.
Bagdad, Iraq. Agregando una nueva fuente de confusión a las medidas de seguridad que ahogan a Bagdad, el gobierno iraquí impuso hoy una prohibición de circulación de último minuto, que afecta al tráfico vehicular y peatonal en toda la ciudad.
El toque de queda a las dos de la tarde fue anunciado a últimas horas de la mañana, cuando muchas personas hacían ya el trayecto hacia el trabajo o las mezquitas para las oraciones de los viernes. Originalmente, se suponía que duraría toda la noche. Pero horas más tarde, un boletín de noticias en la televisión iraquí anunció que el toque de queda terminaría a las cinco de la tarde.
Con la campaña represiva lanzada la semana pasada, el tráfico vehicular ya había sido prohibido en la capital de 11 de la mañana a 3 de la tarde durante los viernes, el domingo musulmán, cuando la asistencia a las mezquitas -y el potencial para actos violentos- es especialmente alta.
El gobierno no dio explicaciones por las medidas restrictivas adicionales, pero se producen después de violentos incidentes en varios barrios bagdadíes esta mañana. Tres rebeldes fueron abatidos y seis heridos en un enfrentamiento cerca del barrio de la Calle Haifa, de acuerdo a Ahmed Al-Nuaimi, un funcionario del ministerio del Interior.
Vecinos del barrio comercial de Karrada criticaron que el toque de queda no fuera anunciado de antemano, aunque dijeron que entendían que el objetivo era mejorar la seguridad.
"¿No se supone que tienen que decírnoslo con un día de antelación? ¿Cómo van a volver a sus casas los que salieron a trabajar o a rezar?", dijo Muhammed Saleh, 28, taxista. "Esta decisión no es justa, no es razonable".
Cerca, un barbero que vive que el barrio de Dora al sur de Bagdad, cerró rápidamente su tienda y se puso a caminar hacia su casa.
Los iraquíes que trabajan en la fortificada Zona Verde empezaron a marcharse a sus casas poco después de mediodía, en un intento de llegar antes del inicio del toque de queda.
"Nosotros nos enteramos, pero un montón de gente no lo sabe aún", dijo Haider Haleeji, 28, un guardia de seguridad de una compañía de transporte. "Hay gente que tendrá que dormir en la oficina, porque no podrán volver a casa a tiempo".
Al norte de la capital, en la aldea rural de Hib Hib, una explosión frente a la mezquita de Shaheed Jalal, terminó con la vida de al menos nueve fieles sunníes cuando salían de orar el viernes, dijo el jefe de la policía local. La aldea fue el epicentro del ataque aéreo estadounidense que mató al jefe de Al Qaeda en Iraq, Abu Musab Zarqawi, antes este mes.
También hoy, los militares norteamericanos anunciaron la muerte de dos marines en la provincia occidental de Anbar. Uno murió el jueves y el otro el miércoles, ambos debido a ataques insurgentes, de acuerdo a declaraciones escritas. No se proporcionaron más detalles.
Los militares también dijeron que un soldado fue ultimado en Bagdad el miércoles en un "incidente no relacionado con la situación bélica" que está siendo investigado.
De acuerdo a otro comunicado de prensa, los militares mataron esta mañana a cuatro combatientes extranjeros en un allanamiento al norte de Faluya. Uno de ellos llevaba un cinturón suicida, y otro, un chaleco relleno de explosivos.

Hasan Shammari en Baquba contribuyó a este reportaje.

23 de junio de 2006
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fosas en el desierto iraquí


[John F. Burns] Los años del terror.
A orillas del desierto de Ash Sham, Iraq. Entre expertos del equipo estadounidense que investiga las fosas comunes de Iraq, el esqueleto que yace boca arriba en la parte de atrás de la intrincada fosa ha recibido un nombre -el Hombre Azul-, que delata la triste familiaridad adquirida por algunos de los que trabajan con víctimas de genocidio.
Pero más que su camisa azul, y sus pantalones de rayas azules, lo que distingue a los restos es el modo en que hablan del terror de la muerte durante el régimen de Saddam Hussein. El hombre fue empujado hacia atrás por disparos de armas automáticas, tenía los ojos vendados y los brazos atados a la espalda; su cráneo saltó hacia arriba, por el cuello, su boca descarnada quedó abierta; sus dos hileras de dientes apartadas, como en un grito primordial.
A fines del invierno de 1991, al menos 28 hombres fueron ejecutados aquí, juntos, apretujados en una fosa que sus asesinos arañaron con una pala en la superficie del desierto. Detenidos en los callejones de su ciudad natal, fueron obligados a subir a un bus o camión y trasladados por una aislada carretera.
Después de apenas media hora de viaje, la lúgubre caravana entró por un tramo lleno de baches, deteniéndose lo suficientemente lejos en el desierto como para que el ruido de los balazos no fuera percibido por los coches que pasaban.
El fin fue rápido, dijeron los expertos forenses, las víctimas bajaron a tropezones del vehículo, fueron llevados hacia la fosa y entonces empujados en el poco profundo hoyo, no más ancho ni más largo que una limusina. En el último momento, a juzgar por la pila de cuerpos, las víctimas se echaron hacia atrás, quizás aterrorizadas al oír el sonido de los rifles que eran aprestados para disparar.
Entre los cuerpos, los expertos han hallado al menos ochenta cartuchos usados, de rifles Kalashnikov, que eran las armas preferidas por los asesinos de la policía secreta de Hussein.
Michael Trimble, que es llamado Sonny, el jefe del equipo de fosas comunes que, el mes pasado, levantó su campamiento junto a una pendiente en el desierto occidental de Iraq, es un arqueólogo forense de 53 años, de St. Louis. Es un veterano de otros sitios de asesinatos en masa en todo el mundo, comisionado como civil del Cuerpo de Ingenieros del Ejército.
Parado encima de la fosa donde murieron las víctimas del desierto, dijo que el equipo de 120 miembros presentes aquí, ahora en su tercera semana de excavaciones y análisis de dos fosas comunes, soportaban agotadores días con temperaturas de 55 grados Celsius por la necesidad de hacer justicia para las víctimas.
"Cuando trabajas durante un tiempo con esta gente", dijo, refiriéndose a los restos, "te sientes vinculado a ellos, te duele lo que les pasó, y quieres hacer todo lo que puedas para que sus asesinos respondan por lo que hicieron".
Lo que pasó aquí no es solamente un hito macabro en la historia de Iraq bajo el régimen de Hussein, sino una horrorosa nota al pie de página de la política estadounidense. Las víctimas aquí, dicen funcionarios estadounidenses e iraquíes, murieron durante la represión emprendida por Hussein del levantamiento chií en el sur de Iraq a principios de 1991. Fue una rebelión de la que los sobrevivientes -y críticos americanos del presidente George H. Bush- dicen que el presidente estimuló después de parar a las tropas americanas en la frontera sur de Iraq con Kuwait al término de la guerra del Golfo Pérsico.
Durante años, expertos en Oriente Medio han debatido el papel de Bush al alentar a chiíes y kurdos a levantarse contra Hussein después de que terminara la guerra por la invasión iraquí de Kuwait, antes de excluir la intervención militar estadounidense para detener los asesinatos en masa de chiíes que había iniciado Hussein para aplastar la insurrección. Bush mismo dijo que lo que ocurrió a los chiíes fue una de las cosas que más lamentó de su mandato.
Para los expertos forenses estadounidenses que llegaron a Iraq después de la invasión de 2003, el campamento en el desierto es una parada en el camino para hacer que Hussein responda por lo que muchos expertos en derechos humanos dicen que es el pasaje más despiadado de sus 24 años en el poder.
Raid Juhi, principal juez instructor del tribunal iraqui que ahora juzga a Hussein por otro caso, dijo durante una visita aquí el sábado que el tribunal poseía evidencias documentales, y declaraciones de testigos, que demostraban que al menos cien mil chiíes, y posiblemente 180 mil habían muerto durante la represión de 1991.
El juicio de Hussein y sus cómplices por lo que se conoce entre los chiíes como la intifada, o rebelión, puede prolongarse por otro año más.
El tribunal iraquí tiene solamente una sala de sesiones, en el edificio del Partido Baaz de Hussein en Bagdad. No se espera que el primer juicio de una serie preparada para el derrocado dictador iraquí, que incluye la brutal secuela del fallido intento de asesinato contra Hussein de 1982 en la ciudad predominantemente chií de Dujail, termine antes del verano.
El tribunal oirá entonces un segundo caso, con acusaciones de que el régimen de Hussein mató a 50 mil kurdos en lo que se llama la ofensiva de Anfal, que alcanzó su clímax en 1988.
Preocupado sobre un posible ataque rebelde, los oficiales americanos que llevaron a dos periodistas al sitio de la fosa común en el desierto el sábado, a bordo de un helicóptero militar estadounidense, insistieron en que no se identificara la ubicación. En el vuelo desde el recinto del comando en la Zona Verde en Bagdad hasta la fosa común, el helicóptero Black Hawk sobrevoló algunas de las zonas más furiosamente disputadas de la guerra.
El equipo forense de estadounidenses, australianos y otras nacionalidades trabaja con una guardia fuertemente armada, al atisbo de ataques de insurgentes inspirados por su lealtad a Hussein.
La proximidad de la amenaza rebelde aquí se hace eco de los eventos de 1991, cuando Hussein, en Bagdad, organizó rápidamente escuadrones de la muerte que se extendieron en todas las provincias sureñas de Iraq para aplastar la insurrección chií. De las 200 fosas comunes halladas por el ministerio iraquí de Derechos Humanos en los tres años desde la invasión estadounidense, la mayoría se encuentra en el sur. Se cree que una, en Mahawil, a unos 80 kilómetros al sur de Bagdad, contiene entre 10 mil y 15 mil víctimas, dijo Juhi.
Dos otros sitios, uno en Hatra, cerca de Mosul, en el norte, y otro en Muthana, cerca de la ciudad de Samawa, en el sur, han sido minuciosamente examinadas por el equipo de Trimble. Los restos de más de 300 víctimas de esas ubicaciones, asesinadas durante la campaña de Anfal, están almacenados en los fríos contenedores de un laboratorio de alta tecnología en el aeropuerto internacional de Bagdad.
El sitio del desierto aquí será estudiado durante una o dos semanas, y los restos encontrados serán enviados a Bagdad para otros análisis.
Inicialmente los estadounidenses fueron atraídos hacia el desierto por imágenes de satélite que detectaban unos doscientos sitios en la zona donde las ondulaciones en el desierto sugerían que se podía tratar de fosas comunes. Equipos de reconocimiento redujeron la cantidad a 18 sitios, y 2 de esos están siendo excavados. Las obras han recién empezado en el segundo, a la entrada de un profundo barranco a orillas de la pendiente. Miembros del equipo dicen que fragmentos de huesos, cráneos, ropa y cartuchos vacíos indican al menos diez víctimas, posiblemente más, debajo de sedimentos que las lluvias del invierno han arrastrado hacia el barranco.
El mayor de los dos sitios, donde fue asesinado el hombre de camisa y pantalones azules, es un espantoso retablo de lo que era una ejecución sumaria bajo el régimen de Hussein. Kerrie Grant, 45, una arqueóloga forense australiana, dijo que las víctimas parecían ser todas hombres, y de 20 a 35 años de edad.
Juhi, el juez iraquí, dijo que los asesinos de 1991 gastaron poco tiempo en capturar a los responsables de la insurrección, deteniendo arbitrariamente a jóvenes en edad de luchar y ejecutándolos sin juicio, en un acto de calculado terror.
Las víctimas yacen en grupo acurrucado, algunos doblados hacia atrás, otros hacia los lados, otros encima unos de otros, con las piernas torcidas debajo, con reveladores rasgones en sus ropas mostrando donde entraron las balas en sus pechos y estómagos, otros con los huesos de las piernas destrozados por las balas.

Algunos, incluyendo al Hombre Azul, que tenía rasgones en su ropa, en un hombro y en el pecho, tenían también agujeros de bala en sus cráneos, como si hubiesen sobrevivido la primera ráfaga y hubieran sido asesinados con tiros posteriores a la cabeza.
Los deshilachados fragmentos de las vendas, algunas hechas de trozos de tela de algodón de colores, algunos a cuadros, turbantes beduinos conocidos como kaffiyehs enrollados a los cráneos todavía enmarañados con el pelo enredado.
Entre la mayor parte de los cuerpos desenterrados completamente, los huesos de las muñecas atadas a la espalda de las víctimas, con fragmentos de las cuerdas y telas utilizadas para maniatarlos, se mezclan con los huesos manchados por la tierra. Los expertos forenses dicen que todavía hay más cuerpos que yacen debajo de los visibles, que quedarán expuestos cuando los restos de los 28 hombres en la superficie de la fosa sean sacados en bolsas y trasladados a Bagdad.
Grant, la experta australiana, y Juhi, el juez iraquí, dicen que hay signos de que las víctimas fueron sacadas a toda prisa de sus casas, posiblemente de noche, y no tuvieron tiempo para nada antes de sus muertes. Gruesas chaquetas y capas de ropa -incluyendo el suéter de un hombre debajo de su larga bata dishdasa- sugieren que los asesinatos ocurrieron en los primeros días de la insurrección, en marzo de 1991, cuando era todavía invierno en esta parte de Iraq, dicen.
Un espacio sembrado de chancletas y sandalias de plástico, y el hecho de que algunas víctimas llegaron descalzas, muestran que los hombres fueron sorprendidos por sus asesinos, dicen.
Trimble, el jefe del equipo de fosas comunes, dice que poco de lo ha encontrado aquí le sorprende, después de una vida de estudiar muertes violentas. "Creo que la mayoría de los seres humanos operan sobre la base del menor esfuerzo, y ciertamente los asesinos", dijo. "Los hombres que mataron a esta gente llegaron a este camino, e hicieron lo que hacen los asesinos en masa -cavaron una fosa, mataron rápidamente a sus víctimas, las cubrieron y se marcharon tan rápidamente como llegaron".

3 de junio de 2006
©new york times
©traducción mQh
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marines acusados de asesinato


[Robert Burns] Tras pesquisas preliminares, Cuerpo de Marines anuncia que presentará acusaciones formales por el homicidio de un civil iraquí.
Washington, Estados Unidos. El Cuerpo de Marines anunció el miércoles su intención de acusar formalmente a siete marines y un marino por ela muerte, en abril, de un civil iraquí, dijo un oficial de la Defensa.
En Camp Pendleton, California, donde los ocho militares acusados han estado retenidos en un penal militar desde fines de mayo, los oficiales anunciaron que se realizará más tarde el miércoles una rueda de prensa sobre el presunto asesinato del iraquí en un pueblo de Hamdania. El anuncio no menciona ni el homicidio ni otros cargos.
El oficial que reveló los planes de los marines pidió no ser identificado públicamente, debido a que el anuncio oficial todavía estaba pendiente.
La acusación es que, el 26 de abril, los marines sacaron de su casa a un iraquí desarmado y lo mataron a balazos sin mediar provocación alguna. Siete marines y un miembro de la marina del Tercer Batallón, del Quinto Regimiento de Infantería, con sede en Pendleton, fueron retirados de Iraq y llevados al penal militar durante la presentación de cargos contra ellos.
El caso no tiene nada que ver con el presunto asesinato, cometido por otros marines, de 24 civiles iraquíes en Haditha, a fines de noviembre. Un par de pesquisas relacionadas a ese caso están todavía en curso y no se han presentado cargos criminales.
Una vez que se anuncien los cargos formales de homicidio contra los siete marines y un miembro de la marina en el caso de Hamdania, los acusados recibirán abogados militares sin coste, aunque pueden optar por contratar a sus propios abogados civiles. También se esperan decisiones del teniente general John Sattler, el comandante a cargo de Pendleton, sobre si, y cómo, proceder en las vistas preliminares conocidas en el sistema de justicia militar como procedimiento del artículo 32.
El 24 de mayo los marines anunciaron que el general de división Richard C. Zilmer, el comandante de todas fuerzas de marines en Iraq, había pedido una investigación criminal después de que una pesquisa preliminar encontrara suficiente información para justificar más investigaciones.
Juntos, los casos de Hamdania y Haditha han generado críticas internacionales contra Estados Unidos y publicidad poco favorable para el Cuerpo de Marines.
El general Michael Hagee, el comandante de los marines, hizo una visita personal a Iraq para resaltar la importancia de respetar las normas éticas de los marines.
"Como comandante estoy seriamente preocupado sobre las acusaciones serias que implican a algunos marines en Haditha y Hamdania", dijo Hagee en una rueda de prensa el 7 de junio en el Pentágono. "Puedo asegurarles que el Cuerpo de Marines las tratará seriamente".
"Como comandante yo soy responsable de la organización, preparación y equipamiento de los marines", agregó. "Yo soy responsable y yo tomo mis responsabilidades muy seriamente".

21 de junio de 2006
©chicago tribune
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matan a abogado de hussein


[Joshua Partlow y Bassam Sebti] Lo habían secuestrado. Es el tercer abogado de Hussein asesinado desde inicios del juicio.
Hombres armados secuestraron y mataron al segundo abogado del equipo de la defensa de Saddam Hussein, convirtiéndolo en el tercer abogado del ex presidente de Iraq en ser asesinado durante el juicio por crímenes contra la humanidad.
El cuerpo de Khamis al-Obaidi fue encontrado el miércoles en una calle bagdadí cerca de un centro comercial en el barrio de Ur, dijo el general Mohammed al-Dulaimi, del ministerio del Interior. Dijo que Obaidi fue secuestrado en el elegante barrio de Mansur.
El principal abogado de la defensa de Hussein, Khalil al-Dulaimi dijo por teléfono desde su casa en Amman, Jordania, que cree que los responsables del asesinato son milicianos chiíes.
"El equipo de la defensa hizo todo lo posible por revelar la verdad en defensa del legítimo presidente de Iraq y sus colegas, que es lo que las milicias no quieren", dijo Dulaimi.
Hussein y siete de sus subordinados están siendo enjuiciados por crímenes contra la humanidad presuntamente por ordenar el asesinato de 140 aldeanos chiíes, después de un intento de asesinato frustrado de Hussein en 1982.
La fiscalía cerró sus últimos alegatos en Bagdad el lunes, pidiendo la pena de muerte para Hussein y otros dos acusados. La corte fue entonces aplazada hasta el 10 de julio.
En los últimos ocho meses, el juicio se ha visto interrumpido repetidas veces por estallidos de los acusados, la renuncia de jueces, y los asesinatos de dos de los abogados defensores.
Dos días después de que sesionara el tribunal, en octubre, el abogado defensor Saadun Janabi, fue encontrado en las afueras de una mezquita con dos agujeros de bala en su cabeza. Menos de un mes después, hombres armados emboscaron el coche que trasportaba al abogado Adil Zubeidi y otro abogado defensor de Bagdad. Zubeidi murió en la emboscada; el otro abogado quedó gravemente herido.
Los abogados defensores han exigido que el juicio sea trasladado fuera de Iraq para proteger a los acusados, pero sin resultado. Activistas de derechos humanos han cuestionado que se pueda realizar un juicio entre tanta violencia.
Funcionarios del ministerio del Interior dijeron que nadie ha reivindicado de momento la responsabilidad del asesinato de Obaidi, que representaba a Hussein y a su hermanastro Barzan Ibrahim en el juicio.
El abogado defensor Dulaimi dijo que las fuerzas americanas deberían hacer más para proteger a sus colegas, y juró continuar a pesar de la violencia.
"Los asesinatos de los abogados del presidente dejan claro que se trata de una conspiración para acallar la verdad", dijo. "Pero no lo lograrán. Continuaremos trabajando para revelar la verdad".

Saad Al-Izzi contribuyó a este reportaje.

21 de junio de 2006
©washington post
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japón se retira de iraq


[Tokio, Japón] Japón resolvió oficialmente la retirada de sus tropas de Irak para fines de julio, según anunció hoy el primer ministro, Junichiro Koizumi.
Durante un encuentro este martes con funcionarios de gobierno y miembros de la coalición, Koizumi apuntó que al mismo tiempo Japón ampliará la misión aérea en Irak para el transporte de colaboradores de las Naciones Unidas.
La asistencia de la fuerza aérea japonesa cubrirá Bagdad y la ciudad norteña de Arbil, donde ayuda ya actualmente con el transporte de soldados estadounidenses y su equipo entre Kuwait y el aeropuerto de Taril, en el sur de Irak, informó DPA.
El director general de Defensa, Fukushiro Nukaga, dio la orden de repliegue. El gobierno quiere comenzar con la retirada a fines de este mes y tenerla concluida a fines de julio.
Japón tiene destinadas sus Fuerzas Terrestres de Audefensa en la sureña ciudad iraquí de Samawah, en la provincia de Al Muthanna, desde enero de 2004, para proveer asistencia humanitaria y de reconstrucción. En total hay unos 600 soldados en la misión.
La decisión de Tokio sigue al anuncio de la víspera del primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, según el cual tropas iraquíes ocuparán el lugar del contingente nipón y asumirán la seguridad en Al Muthanna, una provincia relativamente tranquila, situada a 300 kilómetros al sur de Bagdad y bajo mando de tropas británicas.
El contingente japonés se compone principalmente de ingenieros y de personal médico. De acuerdo con la Constitución del país, los soldados no pueden participar en combates. Desde el inicio de la misión han sido enviados a Irak en rotaciones de tres meses unos 5.500 militares.
Con la decisión de enviar el contingente, Japón dio un paso histórico hacia una política de seguridad más activa junto con Estados Unidos.
Por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial los soldados nipones fueron a un país aún en estado casi de guerra, lo que en opinión de los críticos choca contra la Constitución pacifista de Japón. La mayoría de los japoneses rechaza la misión.
"Estoy feliz de que la tarea quede cerrada sin que se haya disparado un solo tiro y sin heridos", fue citado Koizumi. En el político quiere abandonar sus cargos como primer ministro y jefe del partido.
Hace una semana, Italia dio a conocer la retirada de sus tropas.
El primer ministro italiano, Romano Prodi, planea replegar a todos los soldados italianos de Irak antes del otoño (boreal) venidero.

20 de junio de 2006
©universal
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