guardias con familia iraquí
Soldados dicen que un padre fue asesinado por colaborar con las fuerzas norteamericanas.
Bismarck, Dakota del Norte, Estados Unidos. Aunque el sargento de primera clase Shayne Beckert volvió ileso de Iraq, con su mente vuelve allá todas las noches. Lo que lo tiene nervioso no es la seguridad de sus compañeros del Ejército, sino el destino de la familia iraquí que dejó allá.
Beckert forjó un profundo vínculo con un iraquí que era una importante fuente de información sobre ataques de los insurgentes. El hombre fue asesinado a balazos frente a su hijo, y Beckert piensa que fue porque colaboraba con las fuerzas americanas.
"No he dormido más de seis horas desde que volví, y no hago más que pensar en él", dijo Beckert hace poco cuando miraba fotos de Iraq con un colega de la Guardia Nacional, el capitán Grant Wilz. "Es algo que me ha estado dando vueltas en mi cabeza".
Ahora que han vuelto, los dos soldados están realizando una última misión: llevar a la familia de su amigo asesinado a Estados Unidos.
"Era como un hermano para nosotros, y queríamos estar seguros de que él y su familia estuvieran a salvo", dijo Wilz.
Han pedido ayuda en programas de radio y se pusieron sus uniformes de camuflajes del desierto para el telediario local. Han conseguido el apoyo de su diputado, que dice que el ministerio de Defensa está dispuesto a ayudar.
Ahora, Beckert y Wilz están concentrándose en reunir suficiente dinero para comprar billetes de avión para la familia y sustentar sus gastos de vida durante los primeros seis meses en el país.
Los soldados dijeron que no tendrán paz sino hasta que lo logren. Es una promesa que hicieron a la esposa de su amigo.
"Le dije que haría todo lo que estuviera en mi poder para traerla con sus hijos a un lugar seguro", dijo Wilz. "Voy a agotar todos mis recursos".
La situación se ha hecho más desesperado en los últimos días, porque la familia ha recibido amenazas de terroristas, dijo Wilz.
Wilz dijo que el jueves habló con la madre de la familia. "Puedes oír que está ansiosa y muy asustada", dijo. "Está escondida con familiares".
Espera reunir más dinero a través de un fondo abierto con Servicios Sociales Católicos de Dakota del Norte, en Fargo, pero dice que algunos costes deben ser pagados con dinero prestado para trasladar rápidamente la familia a Estados Unidos.
Earl Pomeroy, demócrata que representa a Dakota del Norte en la Cámara norteamericana, se ha unido a la causa, diciendo que los temores por la seguridad de la familia son fundados.
"Creo que todas esas historias sobre las cosas terribles que hacen a los colaboradores y sus familias, justifican la idea de que hay buenas razones para estar preocupados de su seguridad", dijo Pomeroy. Los soldados se niegan a mencionar en público el nombre de la familia, para que los terroristas no puedan usar la información para localizarles.
Beckert y Wilz dicen que conocieron a la familia durante patrullas regulares cerca de su base en el centro-norte de Iraq. Wilz, un enfermero registrado, finalmente ofreció asistencia médica cuando la madre de la familia estaba enferma.
Después de eso, dicen los soldados, el patriarca de la familia empezó a invitarles a cenar, que a veces incluía elaborados platos de tomates estofados, pollo y arroz, y dátiles frescos, "tan dulces que apenas te podías comer uno", dijo Wilz.
Se sentaban y conversaban sobre cosas banales, y finalmente entraban a un cuarto atrás con una cortina, donde el hombre les entregaba informes manuscritos con detalles de lo que sabía sobre planes de ataques terroristas. Los soldados dijeron que oficiales de inteligencia habían preguntado de dónde sacaban esa información, pero el hombre sólo hablaría con ellos.
Wilz y Beckert dicen que habían conocido al hombre unos seis meses cuando fue localizado por una banda de insurgentes que lo sacaron de su furgoneta y le dispararon docenas de veces.
Los soldados dijeron que los asesinos de su amigo también sacaron del vehículo a su hijo de 11 años, para estar seguros que viera el asesinato.
Wilz y Beckert dijeron que no tienen dudas de que la colaboración del hombre con las fuerzas norteamericanas provocaron el asesinato, mencionando varios atentados previos contra su vida. Dijeron que le habían pedido a su aliado que disminuyera el ritmo de su trabajo de inteligencia, pero se había negado.
12 de abril de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Bismarck, Dakota del Norte, Estados Unidos. Aunque el sargento de primera clase Shayne Beckert volvió ileso de Iraq, con su mente vuelve allá todas las noches. Lo que lo tiene nervioso no es la seguridad de sus compañeros del Ejército, sino el destino de la familia iraquí que dejó allá.Beckert forjó un profundo vínculo con un iraquí que era una importante fuente de información sobre ataques de los insurgentes. El hombre fue asesinado a balazos frente a su hijo, y Beckert piensa que fue porque colaboraba con las fuerzas americanas.
"No he dormido más de seis horas desde que volví, y no hago más que pensar en él", dijo Beckert hace poco cuando miraba fotos de Iraq con un colega de la Guardia Nacional, el capitán Grant Wilz. "Es algo que me ha estado dando vueltas en mi cabeza".
Ahora que han vuelto, los dos soldados están realizando una última misión: llevar a la familia de su amigo asesinado a Estados Unidos.
"Era como un hermano para nosotros, y queríamos estar seguros de que él y su familia estuvieran a salvo", dijo Wilz.
Han pedido ayuda en programas de radio y se pusieron sus uniformes de camuflajes del desierto para el telediario local. Han conseguido el apoyo de su diputado, que dice que el ministerio de Defensa está dispuesto a ayudar.
Ahora, Beckert y Wilz están concentrándose en reunir suficiente dinero para comprar billetes de avión para la familia y sustentar sus gastos de vida durante los primeros seis meses en el país.
Los soldados dijeron que no tendrán paz sino hasta que lo logren. Es una promesa que hicieron a la esposa de su amigo.
"Le dije que haría todo lo que estuviera en mi poder para traerla con sus hijos a un lugar seguro", dijo Wilz. "Voy a agotar todos mis recursos".
La situación se ha hecho más desesperado en los últimos días, porque la familia ha recibido amenazas de terroristas, dijo Wilz.
Wilz dijo que el jueves habló con la madre de la familia. "Puedes oír que está ansiosa y muy asustada", dijo. "Está escondida con familiares".
Espera reunir más dinero a través de un fondo abierto con Servicios Sociales Católicos de Dakota del Norte, en Fargo, pero dice que algunos costes deben ser pagados con dinero prestado para trasladar rápidamente la familia a Estados Unidos.
Earl Pomeroy, demócrata que representa a Dakota del Norte en la Cámara norteamericana, se ha unido a la causa, diciendo que los temores por la seguridad de la familia son fundados.
"Creo que todas esas historias sobre las cosas terribles que hacen a los colaboradores y sus familias, justifican la idea de que hay buenas razones para estar preocupados de su seguridad", dijo Pomeroy. Los soldados se niegan a mencionar en público el nombre de la familia, para que los terroristas no puedan usar la información para localizarles.
Beckert y Wilz dicen que conocieron a la familia durante patrullas regulares cerca de su base en el centro-norte de Iraq. Wilz, un enfermero registrado, finalmente ofreció asistencia médica cuando la madre de la familia estaba enferma.
Después de eso, dicen los soldados, el patriarca de la familia empezó a invitarles a cenar, que a veces incluía elaborados platos de tomates estofados, pollo y arroz, y dátiles frescos, "tan dulces que apenas te podías comer uno", dijo Wilz.
Se sentaban y conversaban sobre cosas banales, y finalmente entraban a un cuarto atrás con una cortina, donde el hombre les entregaba informes manuscritos con detalles de lo que sabía sobre planes de ataques terroristas. Los soldados dijeron que oficiales de inteligencia habían preguntado de dónde sacaban esa información, pero el hombre sólo hablaría con ellos.
Wilz y Beckert dicen que habían conocido al hombre unos seis meses cuando fue localizado por una banda de insurgentes que lo sacaron de su furgoneta y le dispararon docenas de veces.
Los soldados dijeron que los asesinos de su amigo también sacaron del vehículo a su hijo de 11 años, para estar seguros que viera el asesinato.
Wilz y Beckert dijeron que no tienen dudas de que la colaboración del hombre con las fuerzas norteamericanas provocaron el asesinato, mencionando varios atentados previos contra su vida. Dijeron que le habían pedido a su aliado que disminuyera el ritmo de su trabajo de inteligencia, pero se había negado.
12 de abril de 2005
©boston globe
©traducción mQh
protestas contra ocupación
[Traci Carl] Manifestantes exigen retirada de tropas norteamericanas en Iraq.
Bagdad, Iraq. Decenas de miles de partidarios de un militante clérigo chií llenaron las calles del centro de Bagdad el sábado y exigieron que los soldados norteamericanos vuelvan a casa, con ocasión del segundo aniversario de la caída de Bagdad con gritos de: "¡No a Satanás!"
Al oeste de la capital, 5.000 manifestantes hicieron exigencias similares en la ciudad de Ramadi, en el Triángulo Sunní, mostrando una creciente impaciencia con la ocupación norteamericana y el lento ritmo de transferencia del control al novato gobierno iraquí.
La protesta en la famosa Plaza de Firdos de Bagdad fue la más grande manifestación anti-norteamericana desde la invasión estadounidense, pero la participación fue menos del millón de personas que esperaba el clérigo radical chií Muqtada al-Sádr.
"No acepto que haya fuerzas de ocupación en mi país", dijo el manifestante Ali Feleih Hassan, 35. "No lo acepto. Quiero que se vayan. Han estado aquí ya por dos años y ahora deben fijar un calendario para su retirada".
El presidente Bush ha dicho que no retirará las tropas de Iraq hasta que la situación de seguridad haya mejorado.
Decenas de miles de personas se echaron a las calles del centro de Bagdad, haciendo ondear banderas iraquíes y trepándose a una escultura abstracta que se dice que representa la libertad y levantada en el lugar donde estuvo antes una estatua de Saddam Hussein.
La protesta marcó el retorno al centro de la atención de al-Sádr, que ha estado tranquilo desde que los milicianos de su Ejército Mahdi firmaran una tregua con las tropas norteamericanas después de mortíferos enfrentamientos. Funcionarios dijeron que el clérigo no asistió por razones de seguridad. Ha estado cerca de su base en la ciudad santa de Nayaf desde el ataque de las tropas norteamericanas contra su milicia en agosto.
No se registraron incidentes violentos durante la manifestación del sábado, que el ministro del Interior iraquí accedió a proteger. Soldados norteamericanos hacían guardia detrás de barreras de cemento y alambres de púa.
Los milicianos del Ejército Mahdi revisaron a la gente que entraba al área de la manifestación mientras agentes de la policía iraquí observaban a un lado.
Los manifestantes quemaron una bandera norteamericana así como figuras de Bush y Saddam recortadas en cartón. Tres efigies representando a Saddam, Bush y el primer ministro británico Tony Blair -todas esposadas y con el uniforme rojo en las cárceles iraquíes de los condenados a muerte- fueron colocadas en un pedestal, y luego simbólicamente derribadas como la estatua de Saddam hace dos años.
Otros escenificaron informes de maltratos a reclusos a manos de soldados norteamericanos. Fotografías publicadas el año pasado que muestran a soldados norteamericanos junto a una pirámide de reclusos desnudos en la prisión de Abu Ghraib han manchado la reputación de las fuerzas armadas norteamericanas aquí y en el resto del mundo.
"Obliguemos a los ocupantes a abandonar nuestro país", decía una pancarta, en inglés.
Los manifestantes chiíes exigieron que el encarcelado Saddam sea juzgado, sosteniendo en sus manos fotos del padre de al-Sádr, un importante clérigo ejecutado por el depuesto régimen del presidente iraquí.
Al-Sádr -cuyos partidarios son en gran parte pobres jóvenes chiíes- fue alguna vez buscado por las tropas norteamericanas después de que instara a su milicia a luchar contra las tropas norteamericanas. A pesar de su popularidad en algunos sectores de la sociedad iraquí, tiene menos seguidores que el gran ayatollah Ali al-Sistani, el más respetado clérigo chií del país.
Los chiíes constituyen un 60 por ciento de los estimados 26 millones de iraquíes, pero fueron marginados durante el régimen de Saddam. Miles fueron asesinados por las fuerzas de seguridad.
Han subido al poder con el nuevo gobierno interino de Iraq, que nombró el jueves al chií Ibrahim al-Jafaari como primer ministro.
Los clérigos sunníes también llamaron a sus partidarios a protestar el sábado, y una inmensa multitud se reunió en la central ciudad de Ramani, un bastión sunní. La minoría sunní fue dominante durante el régimen de Saddam y se cree que forman la espina dorsal de la resistencia del país.
El jeque Harth Al-Dhari, secretario general de la influyente Asociación de Clérigos Musulmanes, elogió tanto la manifestación de al-Sádr como la sunní, diciendo ante el canal de televisión Al-Yazira: "Saludamos las manifestaciones organizadas por el pueblo iraquí en el segundo negro aniversario de la ocupación del país".
Qasim Abdul-Zahra, Sinan Salaheddin y Sameer Yacoub contribuyeron a este reportaje.
10 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Decenas de miles de partidarios de un militante clérigo chií llenaron las calles del centro de Bagdad el sábado y exigieron que los soldados norteamericanos vuelvan a casa, con ocasión del segundo aniversario de la caída de Bagdad con gritos de: "¡No a Satanás!"Al oeste de la capital, 5.000 manifestantes hicieron exigencias similares en la ciudad de Ramadi, en el Triángulo Sunní, mostrando una creciente impaciencia con la ocupación norteamericana y el lento ritmo de transferencia del control al novato gobierno iraquí.
La protesta en la famosa Plaza de Firdos de Bagdad fue la más grande manifestación anti-norteamericana desde la invasión estadounidense, pero la participación fue menos del millón de personas que esperaba el clérigo radical chií Muqtada al-Sádr.
"No acepto que haya fuerzas de ocupación en mi país", dijo el manifestante Ali Feleih Hassan, 35. "No lo acepto. Quiero que se vayan. Han estado aquí ya por dos años y ahora deben fijar un calendario para su retirada".
El presidente Bush ha dicho que no retirará las tropas de Iraq hasta que la situación de seguridad haya mejorado.
Decenas de miles de personas se echaron a las calles del centro de Bagdad, haciendo ondear banderas iraquíes y trepándose a una escultura abstracta que se dice que representa la libertad y levantada en el lugar donde estuvo antes una estatua de Saddam Hussein.
La protesta marcó el retorno al centro de la atención de al-Sádr, que ha estado tranquilo desde que los milicianos de su Ejército Mahdi firmaran una tregua con las tropas norteamericanas después de mortíferos enfrentamientos. Funcionarios dijeron que el clérigo no asistió por razones de seguridad. Ha estado cerca de su base en la ciudad santa de Nayaf desde el ataque de las tropas norteamericanas contra su milicia en agosto.
No se registraron incidentes violentos durante la manifestación del sábado, que el ministro del Interior iraquí accedió a proteger. Soldados norteamericanos hacían guardia detrás de barreras de cemento y alambres de púa.
Los milicianos del Ejército Mahdi revisaron a la gente que entraba al área de la manifestación mientras agentes de la policía iraquí observaban a un lado.
Los manifestantes quemaron una bandera norteamericana así como figuras de Bush y Saddam recortadas en cartón. Tres efigies representando a Saddam, Bush y el primer ministro británico Tony Blair -todas esposadas y con el uniforme rojo en las cárceles iraquíes de los condenados a muerte- fueron colocadas en un pedestal, y luego simbólicamente derribadas como la estatua de Saddam hace dos años.
Otros escenificaron informes de maltratos a reclusos a manos de soldados norteamericanos. Fotografías publicadas el año pasado que muestran a soldados norteamericanos junto a una pirámide de reclusos desnudos en la prisión de Abu Ghraib han manchado la reputación de las fuerzas armadas norteamericanas aquí y en el resto del mundo.
"Obliguemos a los ocupantes a abandonar nuestro país", decía una pancarta, en inglés.
Los manifestantes chiíes exigieron que el encarcelado Saddam sea juzgado, sosteniendo en sus manos fotos del padre de al-Sádr, un importante clérigo ejecutado por el depuesto régimen del presidente iraquí.
Al-Sádr -cuyos partidarios son en gran parte pobres jóvenes chiíes- fue alguna vez buscado por las tropas norteamericanas después de que instara a su milicia a luchar contra las tropas norteamericanas. A pesar de su popularidad en algunos sectores de la sociedad iraquí, tiene menos seguidores que el gran ayatollah Ali al-Sistani, el más respetado clérigo chií del país.
Los chiíes constituyen un 60 por ciento de los estimados 26 millones de iraquíes, pero fueron marginados durante el régimen de Saddam. Miles fueron asesinados por las fuerzas de seguridad.
Han subido al poder con el nuevo gobierno interino de Iraq, que nombró el jueves al chií Ibrahim al-Jafaari como primer ministro.
Los clérigos sunníes también llamaron a sus partidarios a protestar el sábado, y una inmensa multitud se reunió en la central ciudad de Ramani, un bastión sunní. La minoría sunní fue dominante durante el régimen de Saddam y se cree que forman la espina dorsal de la resistencia del país.
El jeque Harth Al-Dhari, secretario general de la influyente Asociación de Clérigos Musulmanes, elogió tanto la manifestación de al-Sádr como la sunní, diciendo ante el canal de televisión Al-Yazira: "Saludamos las manifestaciones organizadas por el pueblo iraquí en el segundo negro aniversario de la ocupación del país".
Qasim Abdul-Zahra, Sinan Salaheddin y Sameer Yacoub contribuyeron a este reportaje.
10 de abril de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
policía iraquí vuelve a torturar
[Salih Saif Aldin y John Ward Anderson] En Iraq, muerte de detenido evoca época de Hussein. Brutal golpiza evoca métodos de policía del ex presidente.
Tikrit, Iraq. Después de la llegada de los norteamericanos y la caída de Saddam Hussein, Hameed Rasheed Sultan y su familia pensaban que habían visto lo más avanzado de las técnicas preferidas por el viejo sistema judicial iraquí: tortura, desapariciones y asesinato de detenidos.
Pero en enero el hermano menor de Hameed, Zawba, fue detenido por agentes de la policía iraquí en la casa de la familia, y dos días más tarde apareció muerto en un hospital local. Las fotografías muestran que fue golpeado brutalmente.
Un funcionario policial de alto rango de Tikrit, el coronel Jasim Hussein Jbara, dijo en una entrevista que Zawba murió de baja presión sanguínea después de haber confesado que había hecho estallar un coche-bomba frente a un centro comercial. Su muerte no será investigada, dijo Jbara.
Los militares norteamericanos mostraron inicialmente interés en el caso y reunieron evidencias, pero dejaron el caso de lado hace algunas semanas. Un portavoz del ejército dijo que los militares norteamericanos no tenían jurisdicción y refirieron todas las preguntas sobre Zawba a la policía iraquí -a la que el hermano acusa haberlo matado.
Hameed dijo que no ve evidencias de que las cosas hayan cambiado desde la caída de Hussein. "Están usando los mismos métodos que el régimen anterior", dijo. "Si los norteamericanos no resuelven este caso, no habrá ninguna solución, porque el lado iraquí es una banda que se protege a sí misma y que nunca revelarán sus secretos".
En un reciente informe de derechos humanos en Iraq, el ministerio de Relaciones Exteriores catalogó informes de esas prácticas como "privación arbitraria de la vida, tortura, impunidad, malas condiciones penitenciarias -especialmente en los centros de detención durante la instrucción- y detenciones y arrestos arbitrarios".
"A menudo la policía usa los métodos empleados por el régimen anterior", dijo el informe. "Según se informa, las confesiones forzadas y los interrogatorios coercitivos siguen siendo los métodos de investigación preferidos por la policía. De acuerdo a un funcionario de gobierno, cientos de casos estaban pendientes a fines de año por acusaciones de tortura".
Muchos iraquíes ven a los militares norteamericanos como la autoridad suprema del país, pero las tropas norteamericanas técnicamente reconocen la soberanía iraquí y no quieren verse dictando el camino del país hacia la democracia y el imperio de la ley.
Un oficial del ejército iraquí que trabaja con los militares norteamericanos y tiene un detallado conocimiento del caso, pero que se ha negado a ser citado por su nombre debido a lo delicado del asunto, dijo que los americanos aparentemente dejaron de lado el caso debido a preocupaciones de que pudiera infringir la soberanía iraquí.
"La gente quiere que los norteamericanos detengan a los iraquíes" que son responsables del asesinato, y que son todos conocidos, dijo el oficial. "Pero cuando hablamos con los norteamericanos sobre esto, dicen que es un asunto que tiene que ver con la soberanía iraquí" y se niegan a actuar.
En una respuesta por e-mail a preguntas sobre la muerte de Zawba, el mayor Richard Goldenberg, portavoz del ejército norteamericano en Tikrit, dijo: "Nosotros reconocemos y respetamos a los servicios policiales iraquíes y al personal policial en la conducción de sus propias operaciones e investigaciones internas. Este es un caso que debe resolver la policía iraquí".
Jbara, el coronel de la policía de Tikrit, dirige la unidad que se encargó de interrogar a Zawba antes de su muerte. Jbara dijo que Zawba, 37, confesó haber hecho explotar un coche-bomba en un centro comercial el 26 de enero y de ser miembro de un grupo terrorista responsable de matar y herir a más de 50 personas.
Otras dos personas detenidas con él -su primo Bashar Subhi Sultan, 27, y un joven vecino, Safaa Ismail Douri, 15- también confesaron estar implicados en el atentado con coche-bomba, dijo Jbara, y serán juzgados. Familiares dijeron que los sospechosos, que fueron detenidos el 27 de enero, habían negado su participación en el atentado. Zawba, padre de dos que enseñaba construcción en una escuela profesional de la localidad, y Bashar, que estudia en esa escuela, estaban en el centro comercial el día del atentado porque esperaban en una parada de buses a un pariente que volvía de un viaje a la Meca, dijeron en entrevistas sus hermanos.
El padre de Safaa, Ibrahim Ismail Douri, dijo que su hijo estaba en el centro comercial porque había vuelto de un viaje en autobús fuera de la ciudad. Dijo que vio a su hijo por última vez el 29 de enero y que estaba clara que había sido golpeado.
"Fui a la comisaría a ver a mi hijo, y vi a los policías acarreándolo en una manta... Apenas hablaba, y dijo: Padre, me han golpeado y obligado a confesar y decir que Zawba y Bashar participaron en el atentado'".
Douri dijo que su hijo le había contado que después de la explosión tuvo miedo y echó a correr "y la policía dijo que los que corrían estaban implicados en el atentado, así que me detuvieron'".
Un cuarto sospechoso, Mahmoud Mohammed Ugab, 29, oficial del ejército iraquí, dijo en una entrevista que él también fue detenido en conexión con el atentado y torturado por agentes bajo el mando de Jbara. Durante el interrogatorio de Ugab, Safaa Douri entró a la habitación donde le retenían y le suplicó que dijera que los cuatro eran los responsables del atentado, dijo Ugab.
En una entrevista en un hospital donde se le trata de sus lesiones, Ugab dijo que más tarde un agente de policía le golpeó mientras Jbara le exigía que confesara haber participado en el atentado. Ugab dijo que él finalmente accedió. Pero al tercer día de su detención, dijo Ugab, un oficial del ejército norteamericano que estaba de visita en la comisaría de policía lo reconoció de una misión conjunta en el Parque de la Victoria de Tikrit, le preguntó por qué estaba ahí y ordenó su liberación.
El oficial "fue al despacho del coronel Jbara y dijo: Mahmoud ha trabajado conmigo durante 13 días y puedo asegurar que no tiene nada que ver con ningún ataque u operación'", dijo Ugab.
Hacia el mismo tiempo, Hameed y dos hermanos de Bashar, Yasser y Qais, tuvieron una reunión con Jbara en la casa del coronel de la policía y le pidieron que dejara en libertad a Zawba y Bashar, dijeron Hameed y Yasser en entrevistas.
De acuerdo a una denuncia presentada por Hameed ante los militares norteamericanos en Tikrit, Jbara exigió que las familias pagaran 5.000 dólares cada una para la liberación de los detenidos. Hameed y Yasser repitieron las acusaciones en entrevistas posteriores.
En una conferencia telefónica, Jbara negó que él u otros hayan solicitado sobornos. "Reto a cualquiera a decir que el coronel Jasim haya recibido un dólar", dijo. "Son mentiras. Hay un gobierno iraquí, y estoy dispuesto a que se me investigue por esto".
El capitán del ejército Saad Hazim dijo en una entrevista que él estaba durmiendo en casa el 29 de enero cuando recibió una llamada telefónica a eso de las 3 de la mañana de un informante del Hospital de Tikrit que dijo que había visto dos cadáveres en la morgue que habían sido ingresados por la policía. Uno de ellos estaba aparentemente vivo y fue llevado de inmediato a la sala de emergencias del hospital. El paciente que estuvo cerca de la muerte, dijo Hazim, era Zawba.
El segundo paciente, que sigue sin identificar, murió de "ataque cardíaco fulminante como resultado de fuertes descargas eléctricas", de acuerdo a una copia de su certificado de defunción. Hazim dijo que la fuente en el hospital, que se negó a identificar, le dijo que la policía había evacuado todo el piso de emergencia, ordenando salir de ahí a doctores, enfermeros y pacientes. "La policía se desplegó por todo el piso, todos con uniforme, chalecos antibalas y máscaras negras", dijo.
De acuerdo a un segundo oficial del ejército iraquí: "La policía encerró en un cuarto a todos los enfermeros y doctores y les ordenó no revelar el secreto" de que los sospechosos estaban en condiciones críticas.
Hazim dijo que Zawba fue declarado muerto dos horas después de ese incidente.
Jbara dijo que Zawba murió "debido a una situación de salud que ya lo afectaba antes de su detención".
Las fotografías del cuerpo de Zawba que entregó su familia al Post muestran una profunda herida sobre su ojo derecho, la mejilla derecha feamente amoratada y la nariz hinchada. Sus piernas estaban descoloridas, con profundos moretones púrpuras, y su espalda y piernas muestran lo que parecen ser marcas de quemaduras.
Enfrentado a este informe, Jbara dijo: "Su salud no era buena durante el interrogatorio. Su presión sanguínea disminuyó, y eso está en los documentos médicos". Pero se negó a mostrar esos documentos.
Hameed dijo que su hermano "estaba completamente sano" antes de su detención. Dijo que el capitán del ejército norteamericano, Michael Gruber, un oficial de enlace en el Centro Conjunto de Coordinación Ejército Iraquí-Estados Unidos en Tikrit, investigó la muerte y envió a un ayudante a leerle el certificado de defunción de Zawba.
"Decía que había signos de golpes en el cráneo y de torturas con electricidad", dijo Hameed. "También había huellas de golpes en el pecho y en el abdomen y de lesiones internas en el riñón".
Un oficial del ejército iraquí en el centro de coordinación que controló el certificado de defunción dijo que mostraba que Zawba tenía marcas de quemaduras y fue golpeado en la cabeza. La causa de la muerte fue "tortura -los indicios son absolutamente evidentes", dijo. Agregó que las evidencias mostraban claramente que Zawba no tenía nada que ver con el atentado del 26 de enero en el centro comercial.
Gruber, en una breve conversación por teléfono, se negó a comentar el caso sin autorización, que sus superiores se negaron a otorgarle.
Anderson informó desde Bagdad.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Pero en enero el hermano menor de Hameed, Zawba, fue detenido por agentes de la policía iraquí en la casa de la familia, y dos días más tarde apareció muerto en un hospital local. Las fotografías muestran que fue golpeado brutalmente.
Un funcionario policial de alto rango de Tikrit, el coronel Jasim Hussein Jbara, dijo en una entrevista que Zawba murió de baja presión sanguínea después de haber confesado que había hecho estallar un coche-bomba frente a un centro comercial. Su muerte no será investigada, dijo Jbara.
Los militares norteamericanos mostraron inicialmente interés en el caso y reunieron evidencias, pero dejaron el caso de lado hace algunas semanas. Un portavoz del ejército dijo que los militares norteamericanos no tenían jurisdicción y refirieron todas las preguntas sobre Zawba a la policía iraquí -a la que el hermano acusa haberlo matado.
Hameed dijo que no ve evidencias de que las cosas hayan cambiado desde la caída de Hussein. "Están usando los mismos métodos que el régimen anterior", dijo. "Si los norteamericanos no resuelven este caso, no habrá ninguna solución, porque el lado iraquí es una banda que se protege a sí misma y que nunca revelarán sus secretos".
En un reciente informe de derechos humanos en Iraq, el ministerio de Relaciones Exteriores catalogó informes de esas prácticas como "privación arbitraria de la vida, tortura, impunidad, malas condiciones penitenciarias -especialmente en los centros de detención durante la instrucción- y detenciones y arrestos arbitrarios".
"A menudo la policía usa los métodos empleados por el régimen anterior", dijo el informe. "Según se informa, las confesiones forzadas y los interrogatorios coercitivos siguen siendo los métodos de investigación preferidos por la policía. De acuerdo a un funcionario de gobierno, cientos de casos estaban pendientes a fines de año por acusaciones de tortura".
Muchos iraquíes ven a los militares norteamericanos como la autoridad suprema del país, pero las tropas norteamericanas técnicamente reconocen la soberanía iraquí y no quieren verse dictando el camino del país hacia la democracia y el imperio de la ley.
Un oficial del ejército iraquí que trabaja con los militares norteamericanos y tiene un detallado conocimiento del caso, pero que se ha negado a ser citado por su nombre debido a lo delicado del asunto, dijo que los americanos aparentemente dejaron de lado el caso debido a preocupaciones de que pudiera infringir la soberanía iraquí.
"La gente quiere que los norteamericanos detengan a los iraquíes" que son responsables del asesinato, y que son todos conocidos, dijo el oficial. "Pero cuando hablamos con los norteamericanos sobre esto, dicen que es un asunto que tiene que ver con la soberanía iraquí" y se niegan a actuar.
En una respuesta por e-mail a preguntas sobre la muerte de Zawba, el mayor Richard Goldenberg, portavoz del ejército norteamericano en Tikrit, dijo: "Nosotros reconocemos y respetamos a los servicios policiales iraquíes y al personal policial en la conducción de sus propias operaciones e investigaciones internas. Este es un caso que debe resolver la policía iraquí".
Jbara, el coronel de la policía de Tikrit, dirige la unidad que se encargó de interrogar a Zawba antes de su muerte. Jbara dijo que Zawba, 37, confesó haber hecho explotar un coche-bomba en un centro comercial el 26 de enero y de ser miembro de un grupo terrorista responsable de matar y herir a más de 50 personas.
Otras dos personas detenidas con él -su primo Bashar Subhi Sultan, 27, y un joven vecino, Safaa Ismail Douri, 15- también confesaron estar implicados en el atentado con coche-bomba, dijo Jbara, y serán juzgados. Familiares dijeron que los sospechosos, que fueron detenidos el 27 de enero, habían negado su participación en el atentado. Zawba, padre de dos que enseñaba construcción en una escuela profesional de la localidad, y Bashar, que estudia en esa escuela, estaban en el centro comercial el día del atentado porque esperaban en una parada de buses a un pariente que volvía de un viaje a la Meca, dijeron en entrevistas sus hermanos.
El padre de Safaa, Ibrahim Ismail Douri, dijo que su hijo estaba en el centro comercial porque había vuelto de un viaje en autobús fuera de la ciudad. Dijo que vio a su hijo por última vez el 29 de enero y que estaba clara que había sido golpeado.
"Fui a la comisaría a ver a mi hijo, y vi a los policías acarreándolo en una manta... Apenas hablaba, y dijo: Padre, me han golpeado y obligado a confesar y decir que Zawba y Bashar participaron en el atentado'".
Douri dijo que su hijo le había contado que después de la explosión tuvo miedo y echó a correr "y la policía dijo que los que corrían estaban implicados en el atentado, así que me detuvieron'".
Un cuarto sospechoso, Mahmoud Mohammed Ugab, 29, oficial del ejército iraquí, dijo en una entrevista que él también fue detenido en conexión con el atentado y torturado por agentes bajo el mando de Jbara. Durante el interrogatorio de Ugab, Safaa Douri entró a la habitación donde le retenían y le suplicó que dijera que los cuatro eran los responsables del atentado, dijo Ugab.
En una entrevista en un hospital donde se le trata de sus lesiones, Ugab dijo que más tarde un agente de policía le golpeó mientras Jbara le exigía que confesara haber participado en el atentado. Ugab dijo que él finalmente accedió. Pero al tercer día de su detención, dijo Ugab, un oficial del ejército norteamericano que estaba de visita en la comisaría de policía lo reconoció de una misión conjunta en el Parque de la Victoria de Tikrit, le preguntó por qué estaba ahí y ordenó su liberación.
El oficial "fue al despacho del coronel Jbara y dijo: Mahmoud ha trabajado conmigo durante 13 días y puedo asegurar que no tiene nada que ver con ningún ataque u operación'", dijo Ugab.
Hacia el mismo tiempo, Hameed y dos hermanos de Bashar, Yasser y Qais, tuvieron una reunión con Jbara en la casa del coronel de la policía y le pidieron que dejara en libertad a Zawba y Bashar, dijeron Hameed y Yasser en entrevistas.
De acuerdo a una denuncia presentada por Hameed ante los militares norteamericanos en Tikrit, Jbara exigió que las familias pagaran 5.000 dólares cada una para la liberación de los detenidos. Hameed y Yasser repitieron las acusaciones en entrevistas posteriores.
En una conferencia telefónica, Jbara negó que él u otros hayan solicitado sobornos. "Reto a cualquiera a decir que el coronel Jasim haya recibido un dólar", dijo. "Son mentiras. Hay un gobierno iraquí, y estoy dispuesto a que se me investigue por esto".
El capitán del ejército Saad Hazim dijo en una entrevista que él estaba durmiendo en casa el 29 de enero cuando recibió una llamada telefónica a eso de las 3 de la mañana de un informante del Hospital de Tikrit que dijo que había visto dos cadáveres en la morgue que habían sido ingresados por la policía. Uno de ellos estaba aparentemente vivo y fue llevado de inmediato a la sala de emergencias del hospital. El paciente que estuvo cerca de la muerte, dijo Hazim, era Zawba.
El segundo paciente, que sigue sin identificar, murió de "ataque cardíaco fulminante como resultado de fuertes descargas eléctricas", de acuerdo a una copia de su certificado de defunción. Hazim dijo que la fuente en el hospital, que se negó a identificar, le dijo que la policía había evacuado todo el piso de emergencia, ordenando salir de ahí a doctores, enfermeros y pacientes. "La policía se desplegó por todo el piso, todos con uniforme, chalecos antibalas y máscaras negras", dijo.
De acuerdo a un segundo oficial del ejército iraquí: "La policía encerró en un cuarto a todos los enfermeros y doctores y les ordenó no revelar el secreto" de que los sospechosos estaban en condiciones críticas.
Hazim dijo que Zawba fue declarado muerto dos horas después de ese incidente.
Jbara dijo que Zawba murió "debido a una situación de salud que ya lo afectaba antes de su detención".
Las fotografías del cuerpo de Zawba que entregó su familia al Post muestran una profunda herida sobre su ojo derecho, la mejilla derecha feamente amoratada y la nariz hinchada. Sus piernas estaban descoloridas, con profundos moretones púrpuras, y su espalda y piernas muestran lo que parecen ser marcas de quemaduras.
Enfrentado a este informe, Jbara dijo: "Su salud no era buena durante el interrogatorio. Su presión sanguínea disminuyó, y eso está en los documentos médicos". Pero se negó a mostrar esos documentos.
Hameed dijo que su hermano "estaba completamente sano" antes de su detención. Dijo que el capitán del ejército norteamericano, Michael Gruber, un oficial de enlace en el Centro Conjunto de Coordinación Ejército Iraquí-Estados Unidos en Tikrit, investigó la muerte y envió a un ayudante a leerle el certificado de defunción de Zawba.
"Decía que había signos de golpes en el cráneo y de torturas con electricidad", dijo Hameed. "También había huellas de golpes en el pecho y en el abdomen y de lesiones internas en el riñón".
Un oficial del ejército iraquí en el centro de coordinación que controló el certificado de defunción dijo que mostraba que Zawba tenía marcas de quemaduras y fue golpeado en la cabeza. La causa de la muerte fue "tortura -los indicios son absolutamente evidentes", dijo. Agregó que las evidencias mostraban claramente que Zawba no tenía nada que ver con el atentado del 26 de enero en el centro comercial.
Gruber, en una breve conversación por teléfono, se negó a comentar el caso sin autorización, que sus superiores se negaron a otorgarle.
Anderson informó desde Bagdad.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
clérigos protestan en bagdad
[Caryle Murphy] Sunníes y chiíes denuncian presencia norteamericana.
Bagdad, Iraq. Dos clérigos militantes, uno sunní y otro chií, han llamado a manifestarse aquí el sábado para protestar por la continuada ocupación militar norteamericana de Iraq dos años después del derrocamiento del presidente Saddam Hussein.
Si las protestas se llevan a cabo, serán las primeras concentraciones a gran escala que tomen lugar durante el nuevo gobierno iraquí, cuyos líderes más importantes -el presidente Jalal Talabani y el primer ministro Ibrahim Jafari- fueron nombrados esta semana. Jafari está ahora formando su gabinete.
Moqtada Sádr, el joven militante chií, que cuenta con muchos partidarios en el enorme barrio bajo bagdadí de Ciudad Sádr, ha llamado a una marcha pacífica desde la plaza de Firdaus, donde las tropas norteamericanas derribaron una estatua de Husein para marcar la toma de Bagdad el 9 de abril de 2003, hasta la fuertemente fortificada Zona Verde. Un portavoz de Sádr dijo que los manifestantes exigirán un calendario para la partida de las tropas norteamericanas, la liberación de los detenidos en prisiones militares norteamericanas y el procesamiento de Hussein.
La milicia de Sádr, el Ejército Mahdi, combatió dos veces contra fuerzas norteamericanas durante semanas de enfrentamientos callejeros el año pasado hasta la firma de un acuerdo negociado en agosto.
Durante las oraciones colectivas en la mezquita Um al-Qura de Bagdad el viernes, un clérigo sunní, Harith Dhari, presidente de la Asociación de Clérigos Musulmanes, llamó a los sunníes a salir a la calle en protesta contra la presencia militar norteamericana.
Dhari sostiene que el nuevo gobierno iraquí es ilegítimo porque fue elegido durante una ocupación militar, y es considerado un partidario de la resistencia predominantemente sunní del país que ataca a las fuerzas norteamericanas y a los iraquíes que trabajan con ellas.
"Mañana es el segundo aniversario negro de la ocupación de Iraq", dijo, durante el sermón. "No hemos visto más que derramamiento de sangre, destrucción, pillaje y robos ante los ojos mismos del pueblo iraquí, que deben mirar cómo sus hijos son masacrados y detenidos y cómo los fondos del estado son saqueados y sacados del país por los ladrones que se han subido al poder".
Agregó: "Llamo al pueblo iraquí a despertar de su sueño y decir con una sola voz: ¡No a la ocupación!' y participar mañana en manifestaciones en todo el país -en Basra, Bagdad, Mosul, Dahuk y en todas partes".
Hay indicios de que las fuerzas anti-ocupación sunníes y chiíes están colaborando. En Baquba, a unos 56 kilómetros al nordeste de Bagdad, portavoces de Sádr y de la Asociación de Clérigos Musulmanes dijeron en entrevistas el viernes que apoyaban sus llamados mutuos a la retirada de Estados Unidos.
Interrogado sobre las protestas, un portavoz del ministerio del Interior, Sabah Kadhim, dijo que la policía "está tomando todas las precauciones necesarias para asegurarse de que las manifestaciones sean pacíficas, y esperamos que los sean".
Kadhim agregó que las manifestaciones pacíficas son "parte de sus derechos democráticos".
Entretanto, en su primera entrevista desde que jurara como presidente el jueves, Talabani dijo a la agencia de noticias Reuters que la recién elegida Asamblea Nacional terminará de redactar la constitución permanente a mediados de agosto, la fecha límite indicada por la constitución interina ahora en vigor. "La redacción de la constitución terminará a tiempo", dijo Talabani a Reuters.
Khalid Saffar en Bagdad, Saad Sarhan en Nayaf y Hassan Shammari en Baquba contribuyeron a este reportaje.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Si las protestas se llevan a cabo, serán las primeras concentraciones a gran escala que tomen lugar durante el nuevo gobierno iraquí, cuyos líderes más importantes -el presidente Jalal Talabani y el primer ministro Ibrahim Jafari- fueron nombrados esta semana. Jafari está ahora formando su gabinete.
Moqtada Sádr, el joven militante chií, que cuenta con muchos partidarios en el enorme barrio bajo bagdadí de Ciudad Sádr, ha llamado a una marcha pacífica desde la plaza de Firdaus, donde las tropas norteamericanas derribaron una estatua de Husein para marcar la toma de Bagdad el 9 de abril de 2003, hasta la fuertemente fortificada Zona Verde. Un portavoz de Sádr dijo que los manifestantes exigirán un calendario para la partida de las tropas norteamericanas, la liberación de los detenidos en prisiones militares norteamericanas y el procesamiento de Hussein.
La milicia de Sádr, el Ejército Mahdi, combatió dos veces contra fuerzas norteamericanas durante semanas de enfrentamientos callejeros el año pasado hasta la firma de un acuerdo negociado en agosto.
Durante las oraciones colectivas en la mezquita Um al-Qura de Bagdad el viernes, un clérigo sunní, Harith Dhari, presidente de la Asociación de Clérigos Musulmanes, llamó a los sunníes a salir a la calle en protesta contra la presencia militar norteamericana.
Dhari sostiene que el nuevo gobierno iraquí es ilegítimo porque fue elegido durante una ocupación militar, y es considerado un partidario de la resistencia predominantemente sunní del país que ataca a las fuerzas norteamericanas y a los iraquíes que trabajan con ellas.
"Mañana es el segundo aniversario negro de la ocupación de Iraq", dijo, durante el sermón. "No hemos visto más que derramamiento de sangre, destrucción, pillaje y robos ante los ojos mismos del pueblo iraquí, que deben mirar cómo sus hijos son masacrados y detenidos y cómo los fondos del estado son saqueados y sacados del país por los ladrones que se han subido al poder".
Agregó: "Llamo al pueblo iraquí a despertar de su sueño y decir con una sola voz: ¡No a la ocupación!' y participar mañana en manifestaciones en todo el país -en Basra, Bagdad, Mosul, Dahuk y en todas partes".
Hay indicios de que las fuerzas anti-ocupación sunníes y chiíes están colaborando. En Baquba, a unos 56 kilómetros al nordeste de Bagdad, portavoces de Sádr y de la Asociación de Clérigos Musulmanes dijeron en entrevistas el viernes que apoyaban sus llamados mutuos a la retirada de Estados Unidos.
Interrogado sobre las protestas, un portavoz del ministerio del Interior, Sabah Kadhim, dijo que la policía "está tomando todas las precauciones necesarias para asegurarse de que las manifestaciones sean pacíficas, y esperamos que los sean".
Kadhim agregó que las manifestaciones pacíficas son "parte de sus derechos democráticos".
Entretanto, en su primera entrevista desde que jurara como presidente el jueves, Talabani dijo a la agencia de noticias Reuters que la recién elegida Asamblea Nacional terminará de redactar la constitución permanente a mediados de agosto, la fecha límite indicada por la constitución interina ahora en vigor. "La redacción de la constitución terminará a tiempo", dijo Talabani a Reuters.
Khalid Saffar en Bagdad, Saad Sarhan en Nayaf y Hassan Shammari en Baquba contribuyeron a este reportaje.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
viejo enemigo vuelve a surgir
[Anthony Shadid] Un viejo enemigo de Estados Unidos vuelve a surgir en Iraq. El Ejército Mahdi chií se pone descarado en el sur.
Gharaf, Iraq. De los altavoces instalados en este pequeño pueblo en el atrasado sur de Iraq, las órdenes salieron en bruscos estallidos. "¡Adelante!", gritó un hombre vestido de negro a los milicianos. "¡Marcha!"
Columna tras columna avanzaron por la polvorosa plaza barrida por el viento. Algunos de los milicianos llevaban los chales funerarios de los mártires potenciales. Otros llevaban uniformes de camuflaje, nuevos y recién planchados. Juntos, sus botas golpearon la plaza como un tambor mientras avanzaban a paso de ganso o a paso ligero en el lugar.
Sobre sus cabezas ondeaba la bandera iraquí, estandartes de santos chiíes y un retrato de su líder, Moqtada Sádr -símbolos de su milicia, el Ejército Mahdi, dos veces derrotado por los militares norteamericanos el año pasado, pero ahora mostrando abiertamente su fortaleza en partes del sur.
"¡A tu servicio, Sádr! ¡A tu servicio, Moqtada!", entonan los hombres formados. "¡Oímos la voz que nos llama!"
"Los tanques no nos asustan", dijeron otros. "¡Estamos resistiendo! ¡Estamos resistiendo!"
Esta semana el desfile militar duró una hora, lo suficiente para que 700 hombres enarbolando espadas, machetes y no pocas armas desfilaran frente a un estrado de clérigos con turbantes y gente de la localidad reunidos frente a edificios de ladrillos bajos.
También fue suficiente para que los milicianos entreguen el mensaje que ha distinguido a su organización de otros grupos chiíes de Iraq: una implacable hostilidad hacia la ocupación norteamericana. Lo entregaron más allá del alcance de los militares norteamericanos, en uno de los muchos pueblos y ciudades del sur de Iraq donde el Ejército Mahdi ha emergido como una eminencia gris, y donde las líneas entre la autoridad y el caos todavía son ambiguas
El más importante líder religioso de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistania, intervino entre el Ejército Mahdi y los militares norteamericanos en Nayaf en agosto pasado, poniendo fin a un enfrentamiento que destruyó partes de la ciudad chií más sagrada de Iraq. Desde entonces se ha establecido un difícil acuerdo aquí y en Karbala, otra ciudad sagrada, y en el enorme barrio bajo bagdadí conocido como Ciudad Sádr.
Funcionarios militares norteamericanos dicen que creen que las bajas infligidas durante los combates del año pasado han socavado el apoyo del joven clérigo. Aunque sigue siendo una amenaza, la milicia representa mucho menos que cuando tomó las armas por primera vez en abril de 2004, dicen los oficiales.
"Creemos que la milicia de Moqtada es generalmente marginal, y no tienen mucho que ganar si adoptan una posición militar", dijo el teniente coronel Bob Taylor, jefe de inteligencia de la Tercera División de Infantería, que controla Bagdad. "Pero podría ser un peligro".
Con todo, más allá de Bagdad los iraquíes presencian un nuevo avance de la milicia en ciudades como Nasiriyah, Basra y Amarah, todas al sur de la capital y todas patrulladas por tropas extranjeras aliadas de Estados Unidos.
En Basra, el Ejército Mahdi es ampliamente considerado como una fuerza que puede poner más hombres en la calle que cualquier otra milicia. Amarah sigue siendo su bastión. En Nasiriyah ha cerrado una alianza con el jefe de policía, laico, que ve al grupo como un contrapeso de otras milicias.
"La mayoría silenciosa no lo apoya, pero la mayoría de la gente activa sí", dijo el ayatollah Mohammed Taqi Mudarrassi, clérigo de Karbala, refiriéndose a Sádr. "Si cuentas las urnas con votos, dominan los moderados. Pero si cuentas en la calle, el resultado es el opuesto".
El duradero atractivo de la milicia de Sádr apela a fuerzas que todavía están modelando a Iraq: nacionalismo, religión y armas.
Para la milicia, el eje sobre el que giran esas fuerzas es el culto mesiánico de la personalidad que el movimiento ha construido en torno a Sádr. El movimiento mantiene su presencia en el proceso político respaldado por Estados Unidos -unas dos docenas de simpatizantes forman parte del nuevo parlamento iraquí. Pero fomenta la milicia como una póliza de seguro, un cálculo político basado en una idea más antigua de la política iraquí: Las armas y los hombres que las portan confieren poder y aseguran la supervivencia.
Una y otra vez, después de combates que han causado la muerte de cientos de seguidores de Moqtada, el movimiento ha logrado rescribir la idea de ganar y perder: El mero acto de luchar es una victoria. No existe la derrota.
"Todavía tenemos armas, todavía tenemos el ejército y todavía tenemos a nuestro líder", dijo Sahbi Amari, portavoz de Sádr en Kufa, donde el movimiento alcanzó su mayoría de edad tras la caída de Saddam Hussein en 2003.
Oraciones y Política
Las oraciones de los viernes en la mezquita de Kufa, el santuario a unos kilómetros de Nayaf donde predicaba el padre de Sádr en los años noventa y donde su hijo armó su movimiento después de la invasión norteamericana, se parecen a un teatro callejero. La religión es menos pronunciada que la política, y la política ayuda a concertar a los miles de hombres que se reúnen cada semana en el patio al aire libre.
"¡Larga vida para Sádr!", entonan los hombres mientras pasan en fila india por el arco de la entrada de ladrillos. "¡Moqtada es el puente con el cielo!"
Las oraciones dirigidas por miembros del movimiento Sádr ha reunido algunas de las multitudes más numerosas en el Iraq tras la invasión -en Bagdad y en Kufa. Las cifras han menguado poco, si acaso, desde el año pasado.
Tan contante como el mensaje de protesta, expresado en el sermón de Nasser Saadi, un animado y arrogante clérigo con cuerpo de luchador. Los enemigos de los chiíes no son sus hermanos sunníes, insistió. Los adversarios de Iraq no son otros países árabes.
"Llamo a toda la gente honesta de Iraq a oponerse a la ocupación, a rechazarla y a exigir libertad", gritó, cubierto como otros por un chal funerario. "Hay un solo enemigo, y ese enemigo es el ocupante".
La multitud estalló, los puños en el aire: "¡No a los ocupantes! ¡No al terrorismo! ¡No al demonio!"
"Donde hay presencia americana, hay terrorismo", dijo Saadi. "Cuando les preguntan a los terroristas por qué están aquí, dicen que han llegado a luchar contra Estados Unidos. Si Estados Unidos nos deja, no habrá terrorismo. Con el fin de la ocupación termina también el terrorismo".
En la mezquita y en los mercados que se montan en torno a ellas los viernes, lo que ha cambiado este año pasado es el énfasis en el atractivo del movimiento para los pobres y los jóvenes. Ya no se celebra al padre de Sádr, un reverenciado clérigo asesinado en 1999. En su lugar, el culto se ha construido en torno a su hijo y la glorificación de las armas.
En carteles cubiertos por esteras de plástico, la imagen de Moqtada Sádr planea sobre retratos de milicianos del Ejército Mahdi enarbolando lanzagranadas, ametralladoras pesadas y lanzacohetes.
"Venceremos por la fuerza y la fe, si Dios quiere", dice uno.
Creciente Resistencia
Najah Musawi es la versión del Ejército Mahdi de un sacerdote combatiente.
Nació hace 30 años en Kut y estuvo siete años en el seminario chií, y luchó en las dos batallas de Nayaf el año pasado. Iba armado con un rifle de asalto AK-47; su esposa ayudaba cocinando arroz y lentejas para sus combatientes, que estaban apostados en una famosa calle que conduce al santuario de cúpula dorada Imam Ali, de Nayaf. Para sus hombres era simplemente Sayyid Najah, un título honorífico que se otorga a clérigos que descienden del profeta Mahoma.
"Los clérigos también son combatientes", dijo Musawi, un hombre demacrado con un manojo de barbas. "Defendemos nuestra doctrina y nuestros principios".
Nayaf todavía luce las cicatrices de la batalla del año pasado. Los escombros se desparraman a lo largo de las calles principales. Con el tiempo, han aparecido poco a poco en las desvencijadas construcciones de ladrillo en muchas de las casas de Nayaf. Algunas murallas están todavía carbonizadas, y los agujeros dejados por las balas salpican las fachadas de los edificios y la columnata en la calle donde pelearon Musawi y sus hombres.
Las historias de combates y muerte que encontraron se han hecho célebres entre los milicianos, otro capítulo en lo que piensan que es una insurrección legítima contra los norteamericanos. Musawi recordó cómo se habían enfrentado a los tanques con sus Kalashnikovs, cómo recitaron el Corán durante los tiroteos, cómo lucharon con apenas cuatro horas de sueño, y cómo le ayudaron sus seis hermanos, uno de ellos con metralla en su pierna derecha.
"En esos últimos días, 10 combatientes compartían una botella de agua", dijo.
En estos días, dijo Musawi, él tiene el mando de 500 reclutas nuevos en Nasiriyah. Dirige una de las 18 oficinas de Sádr en la ciudad, todas ellas con sus propias unidades de milicias. No hay jerarquía, dijo; solamente los jefes de pelotón y de compañía. Como en Amarah y Basra abundan los rumores de que la milicia está reuniendo más armas y hombres.
"Hicimos frente a los norteamericanos durante 21 días, día y noche, y el espíritu de resistencia todavía vive", dijo. "Si recibimos orden de resistir ante la ocupación, lo haremos -con más determinación, más milicianos, más experiencia y más capacidades".
Haciendo Alianzas Locales
El jeque Awa Khafaji es el representante de Sádr en Nasiriyah y el jefe de Musawi. Khafaji, 32, entró al seminario en 1996, y luego pasó dos años más en la cárcel. El general Mohammed Hajami es el jefe de la policía provincial. A los 47, es padre de ocho hijos. Sirvió 24 años en las fuerzas armadas iraquíes, alcanzando el grado de coronel. Se considera a sí mismo insistentemente laico.
El 10 de febrero sus caminos empezaron a converger. No pasó mucho tiempo antes de que el Ejército Mahdi y la policía de Nasiriyah se transformaran en aliados incondicionales.
Esa noche de febrero, dijo Hajami, 70 hombres atacaron su oficina, con ametralladoras, armas livianas y granadas. Los atacantes pertenecían a las Brigadas Badr, una milicia leal a uno de los partidos chiíes más grandes de Iraq y rival del Ejército Mahdi; los pistoleros estaban enfadados de que el gobierno hubiese despedido a su jefe y nombrado a Hajami. Más de 30 de sus agentes participaron en lo que llamó un intento de ataque.
Al día siguiente, Khafaji denunció el ataque en el sermón del viernes. Dijo que los pistoleros no eran de las Brigadas Badr, sino que eran ghadr -traición, en árabe.
Esas palabras fueron el comienzo de una bella amistad.
"Es un asunto de equilibrio", dijo Hajami.
"Sin la presencia de la tendencia de Sádr, las fuerzas de Badr ocuparían todos los gobiernos oficiales de la provincia. Desde mi punto de vista, su presencia nos es útil", dijo. "Creemos que las fuerzas de Badr quieren intentarlo nuevamente, así que alguna gente de Sádr les advirtió: Si los volvéis a intentar, arrojaremos vuestros cadáveres a las calles'".
En una pintura del tamaño de una cartelera, el padre de Sádr sobresale a la entrada de la comisaría de policía, protegida por hileras de barricadas de sacos de arena. En la pared de la sala de recepción, en un armario de cristal, había una copia del sermón de Saadi en Kufa, un llamado a la unión para una protesta dirigida por Sádr en Bagdad este sábado y un folleto de la oficina de Sádr titulado La primera carta de Sayyid Moqtada Sádr a la policía iraquí'.
"Usted es del pueblo, y el pueblo suyo mientras rechace a los ocupantes y se oponga al opresor", dice.
Hajami dice que él es firmemente pro-norteamericano, pero que la supervivencia es la supervivencia. Su fuerza de 5.500 hombres necesita 2.500 más para lo que dijo que se necesitaba para garantizar la seguridad. Sospecha que sólo un 30 por ciento le es leal; el resto obedece al puñado de partidos islámicos de la ciudad. Así, en una ciudad donde las alianzas son necesarias, el Ejército Mahdi es su aliado, dijo.
"El movimiento Sádr tiene el mayor apoyo popular en las calles", dijo Hajami. "Las relaciones son buenas, y hay cooperación. Nos mantenemos en contacto. Para cualquier problema que ocurra, yo les llamo para ver si necesitan ayuda, o ellos me llaman a mí".
Un Mensaje Inflexible
Hajami fue invitado a la parada militar esta semana en Gharaf, a unos 19 kilómetros al norte de Nasiriyah. No asistió, pero cuatro de sus coches policiales se encargaron de la escolta de alta velocidad, con sirenas y altavoces, de Khafaji y otros líderes de Sádr. Algunos milicianos con bandoleras y ametralladoras pasaban por detrás, envueltos en el negro característico del Ejército Mahdi.
En la parada, el Ejército Mahdi se encargó de la seguridad. Unos 30 hombres con uniformes nuevos, cinturones con balas y rifles de asalto se apostaron en tejados y en la calle. Otro miliciano al fondo cargaba un lanzagranadas.
Con turbante blanco y túnicas clericales, Khafaji subió al podio.
En privado, puede ser moderado y fanático. En una frase, denunciará la presencia norteamericana, advirtiendo sobre las calamidades que resultarían si las tropas estadounidenses no abandonan el país. En otra, adopta una posición, más normal, más nacionalista -acercarse a los sunníes, cooperar con la policía, incluso la perspectiva de participar formalmente en el proceso político una vez que los norteamericanos hayan dejado el país.
En Gharaf se dirigió a la milicia reunida ante él, pero con palabras destinadas a los norteamericanos.
"En la tierra de Mahdi sólo hay lugar para la gente de Mahdi", gritó. "Aquí no hay lugar para ti. Nuestro pueblo existe para sacarlos de aquí por medios pacíficos primero, y luego con medios militares.
"Somos capaces de hacerlo", dijo. "Con la venia de Dios".
Ann Scott Tyson contribuyó a este reportaje.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Columna tras columna avanzaron por la polvorosa plaza barrida por el viento. Algunos de los milicianos llevaban los chales funerarios de los mártires potenciales. Otros llevaban uniformes de camuflaje, nuevos y recién planchados. Juntos, sus botas golpearon la plaza como un tambor mientras avanzaban a paso de ganso o a paso ligero en el lugar.
Sobre sus cabezas ondeaba la bandera iraquí, estandartes de santos chiíes y un retrato de su líder, Moqtada Sádr -símbolos de su milicia, el Ejército Mahdi, dos veces derrotado por los militares norteamericanos el año pasado, pero ahora mostrando abiertamente su fortaleza en partes del sur.
"¡A tu servicio, Sádr! ¡A tu servicio, Moqtada!", entonan los hombres formados. "¡Oímos la voz que nos llama!"
"Los tanques no nos asustan", dijeron otros. "¡Estamos resistiendo! ¡Estamos resistiendo!"
Esta semana el desfile militar duró una hora, lo suficiente para que 700 hombres enarbolando espadas, machetes y no pocas armas desfilaran frente a un estrado de clérigos con turbantes y gente de la localidad reunidos frente a edificios de ladrillos bajos.
También fue suficiente para que los milicianos entreguen el mensaje que ha distinguido a su organización de otros grupos chiíes de Iraq: una implacable hostilidad hacia la ocupación norteamericana. Lo entregaron más allá del alcance de los militares norteamericanos, en uno de los muchos pueblos y ciudades del sur de Iraq donde el Ejército Mahdi ha emergido como una eminencia gris, y donde las líneas entre la autoridad y el caos todavía son ambiguas
El más importante líder religioso de Iraq, el gran ayatollah Ali Sistania, intervino entre el Ejército Mahdi y los militares norteamericanos en Nayaf en agosto pasado, poniendo fin a un enfrentamiento que destruyó partes de la ciudad chií más sagrada de Iraq. Desde entonces se ha establecido un difícil acuerdo aquí y en Karbala, otra ciudad sagrada, y en el enorme barrio bajo bagdadí conocido como Ciudad Sádr.
Funcionarios militares norteamericanos dicen que creen que las bajas infligidas durante los combates del año pasado han socavado el apoyo del joven clérigo. Aunque sigue siendo una amenaza, la milicia representa mucho menos que cuando tomó las armas por primera vez en abril de 2004, dicen los oficiales.
"Creemos que la milicia de Moqtada es generalmente marginal, y no tienen mucho que ganar si adoptan una posición militar", dijo el teniente coronel Bob Taylor, jefe de inteligencia de la Tercera División de Infantería, que controla Bagdad. "Pero podría ser un peligro".
Con todo, más allá de Bagdad los iraquíes presencian un nuevo avance de la milicia en ciudades como Nasiriyah, Basra y Amarah, todas al sur de la capital y todas patrulladas por tropas extranjeras aliadas de Estados Unidos.
En Basra, el Ejército Mahdi es ampliamente considerado como una fuerza que puede poner más hombres en la calle que cualquier otra milicia. Amarah sigue siendo su bastión. En Nasiriyah ha cerrado una alianza con el jefe de policía, laico, que ve al grupo como un contrapeso de otras milicias.
"La mayoría silenciosa no lo apoya, pero la mayoría de la gente activa sí", dijo el ayatollah Mohammed Taqi Mudarrassi, clérigo de Karbala, refiriéndose a Sádr. "Si cuentas las urnas con votos, dominan los moderados. Pero si cuentas en la calle, el resultado es el opuesto".
El duradero atractivo de la milicia de Sádr apela a fuerzas que todavía están modelando a Iraq: nacionalismo, religión y armas.
Para la milicia, el eje sobre el que giran esas fuerzas es el culto mesiánico de la personalidad que el movimiento ha construido en torno a Sádr. El movimiento mantiene su presencia en el proceso político respaldado por Estados Unidos -unas dos docenas de simpatizantes forman parte del nuevo parlamento iraquí. Pero fomenta la milicia como una póliza de seguro, un cálculo político basado en una idea más antigua de la política iraquí: Las armas y los hombres que las portan confieren poder y aseguran la supervivencia.
Una y otra vez, después de combates que han causado la muerte de cientos de seguidores de Moqtada, el movimiento ha logrado rescribir la idea de ganar y perder: El mero acto de luchar es una victoria. No existe la derrota.
"Todavía tenemos armas, todavía tenemos el ejército y todavía tenemos a nuestro líder", dijo Sahbi Amari, portavoz de Sádr en Kufa, donde el movimiento alcanzó su mayoría de edad tras la caída de Saddam Hussein en 2003.
Oraciones y Política
Las oraciones de los viernes en la mezquita de Kufa, el santuario a unos kilómetros de Nayaf donde predicaba el padre de Sádr en los años noventa y donde su hijo armó su movimiento después de la invasión norteamericana, se parecen a un teatro callejero. La religión es menos pronunciada que la política, y la política ayuda a concertar a los miles de hombres que se reúnen cada semana en el patio al aire libre.
"¡Larga vida para Sádr!", entonan los hombres mientras pasan en fila india por el arco de la entrada de ladrillos. "¡Moqtada es el puente con el cielo!"
Las oraciones dirigidas por miembros del movimiento Sádr ha reunido algunas de las multitudes más numerosas en el Iraq tras la invasión -en Bagdad y en Kufa. Las cifras han menguado poco, si acaso, desde el año pasado.
Tan contante como el mensaje de protesta, expresado en el sermón de Nasser Saadi, un animado y arrogante clérigo con cuerpo de luchador. Los enemigos de los chiíes no son sus hermanos sunníes, insistió. Los adversarios de Iraq no son otros países árabes.
"Llamo a toda la gente honesta de Iraq a oponerse a la ocupación, a rechazarla y a exigir libertad", gritó, cubierto como otros por un chal funerario. "Hay un solo enemigo, y ese enemigo es el ocupante".
La multitud estalló, los puños en el aire: "¡No a los ocupantes! ¡No al terrorismo! ¡No al demonio!"
"Donde hay presencia americana, hay terrorismo", dijo Saadi. "Cuando les preguntan a los terroristas por qué están aquí, dicen que han llegado a luchar contra Estados Unidos. Si Estados Unidos nos deja, no habrá terrorismo. Con el fin de la ocupación termina también el terrorismo".
En la mezquita y en los mercados que se montan en torno a ellas los viernes, lo que ha cambiado este año pasado es el énfasis en el atractivo del movimiento para los pobres y los jóvenes. Ya no se celebra al padre de Sádr, un reverenciado clérigo asesinado en 1999. En su lugar, el culto se ha construido en torno a su hijo y la glorificación de las armas.
En carteles cubiertos por esteras de plástico, la imagen de Moqtada Sádr planea sobre retratos de milicianos del Ejército Mahdi enarbolando lanzagranadas, ametralladoras pesadas y lanzacohetes.
"Venceremos por la fuerza y la fe, si Dios quiere", dice uno.
Creciente Resistencia
Najah Musawi es la versión del Ejército Mahdi de un sacerdote combatiente.
Nació hace 30 años en Kut y estuvo siete años en el seminario chií, y luchó en las dos batallas de Nayaf el año pasado. Iba armado con un rifle de asalto AK-47; su esposa ayudaba cocinando arroz y lentejas para sus combatientes, que estaban apostados en una famosa calle que conduce al santuario de cúpula dorada Imam Ali, de Nayaf. Para sus hombres era simplemente Sayyid Najah, un título honorífico que se otorga a clérigos que descienden del profeta Mahoma.
"Los clérigos también son combatientes", dijo Musawi, un hombre demacrado con un manojo de barbas. "Defendemos nuestra doctrina y nuestros principios".
Nayaf todavía luce las cicatrices de la batalla del año pasado. Los escombros se desparraman a lo largo de las calles principales. Con el tiempo, han aparecido poco a poco en las desvencijadas construcciones de ladrillo en muchas de las casas de Nayaf. Algunas murallas están todavía carbonizadas, y los agujeros dejados por las balas salpican las fachadas de los edificios y la columnata en la calle donde pelearon Musawi y sus hombres.
Las historias de combates y muerte que encontraron se han hecho célebres entre los milicianos, otro capítulo en lo que piensan que es una insurrección legítima contra los norteamericanos. Musawi recordó cómo se habían enfrentado a los tanques con sus Kalashnikovs, cómo recitaron el Corán durante los tiroteos, cómo lucharon con apenas cuatro horas de sueño, y cómo le ayudaron sus seis hermanos, uno de ellos con metralla en su pierna derecha.
"En esos últimos días, 10 combatientes compartían una botella de agua", dijo.
En estos días, dijo Musawi, él tiene el mando de 500 reclutas nuevos en Nasiriyah. Dirige una de las 18 oficinas de Sádr en la ciudad, todas ellas con sus propias unidades de milicias. No hay jerarquía, dijo; solamente los jefes de pelotón y de compañía. Como en Amarah y Basra abundan los rumores de que la milicia está reuniendo más armas y hombres.
"Hicimos frente a los norteamericanos durante 21 días, día y noche, y el espíritu de resistencia todavía vive", dijo. "Si recibimos orden de resistir ante la ocupación, lo haremos -con más determinación, más milicianos, más experiencia y más capacidades".
Haciendo Alianzas Locales
El jeque Awa Khafaji es el representante de Sádr en Nasiriyah y el jefe de Musawi. Khafaji, 32, entró al seminario en 1996, y luego pasó dos años más en la cárcel. El general Mohammed Hajami es el jefe de la policía provincial. A los 47, es padre de ocho hijos. Sirvió 24 años en las fuerzas armadas iraquíes, alcanzando el grado de coronel. Se considera a sí mismo insistentemente laico.
El 10 de febrero sus caminos empezaron a converger. No pasó mucho tiempo antes de que el Ejército Mahdi y la policía de Nasiriyah se transformaran en aliados incondicionales.
Esa noche de febrero, dijo Hajami, 70 hombres atacaron su oficina, con ametralladoras, armas livianas y granadas. Los atacantes pertenecían a las Brigadas Badr, una milicia leal a uno de los partidos chiíes más grandes de Iraq y rival del Ejército Mahdi; los pistoleros estaban enfadados de que el gobierno hubiese despedido a su jefe y nombrado a Hajami. Más de 30 de sus agentes participaron en lo que llamó un intento de ataque.
Al día siguiente, Khafaji denunció el ataque en el sermón del viernes. Dijo que los pistoleros no eran de las Brigadas Badr, sino que eran ghadr -traición, en árabe.
Esas palabras fueron el comienzo de una bella amistad.
"Es un asunto de equilibrio", dijo Hajami.
"Sin la presencia de la tendencia de Sádr, las fuerzas de Badr ocuparían todos los gobiernos oficiales de la provincia. Desde mi punto de vista, su presencia nos es útil", dijo. "Creemos que las fuerzas de Badr quieren intentarlo nuevamente, así que alguna gente de Sádr les advirtió: Si los volvéis a intentar, arrojaremos vuestros cadáveres a las calles'".
En una pintura del tamaño de una cartelera, el padre de Sádr sobresale a la entrada de la comisaría de policía, protegida por hileras de barricadas de sacos de arena. En la pared de la sala de recepción, en un armario de cristal, había una copia del sermón de Saadi en Kufa, un llamado a la unión para una protesta dirigida por Sádr en Bagdad este sábado y un folleto de la oficina de Sádr titulado La primera carta de Sayyid Moqtada Sádr a la policía iraquí'.
"Usted es del pueblo, y el pueblo suyo mientras rechace a los ocupantes y se oponga al opresor", dice.
Hajami dice que él es firmemente pro-norteamericano, pero que la supervivencia es la supervivencia. Su fuerza de 5.500 hombres necesita 2.500 más para lo que dijo que se necesitaba para garantizar la seguridad. Sospecha que sólo un 30 por ciento le es leal; el resto obedece al puñado de partidos islámicos de la ciudad. Así, en una ciudad donde las alianzas son necesarias, el Ejército Mahdi es su aliado, dijo.
"El movimiento Sádr tiene el mayor apoyo popular en las calles", dijo Hajami. "Las relaciones son buenas, y hay cooperación. Nos mantenemos en contacto. Para cualquier problema que ocurra, yo les llamo para ver si necesitan ayuda, o ellos me llaman a mí".
Un Mensaje Inflexible
Hajami fue invitado a la parada militar esta semana en Gharaf, a unos 19 kilómetros al norte de Nasiriyah. No asistió, pero cuatro de sus coches policiales se encargaron de la escolta de alta velocidad, con sirenas y altavoces, de Khafaji y otros líderes de Sádr. Algunos milicianos con bandoleras y ametralladoras pasaban por detrás, envueltos en el negro característico del Ejército Mahdi.
En la parada, el Ejército Mahdi se encargó de la seguridad. Unos 30 hombres con uniformes nuevos, cinturones con balas y rifles de asalto se apostaron en tejados y en la calle. Otro miliciano al fondo cargaba un lanzagranadas.
Con turbante blanco y túnicas clericales, Khafaji subió al podio.
En privado, puede ser moderado y fanático. En una frase, denunciará la presencia norteamericana, advirtiendo sobre las calamidades que resultarían si las tropas estadounidenses no abandonan el país. En otra, adopta una posición, más normal, más nacionalista -acercarse a los sunníes, cooperar con la policía, incluso la perspectiva de participar formalmente en el proceso político una vez que los norteamericanos hayan dejado el país.
En Gharaf se dirigió a la milicia reunida ante él, pero con palabras destinadas a los norteamericanos.
"En la tierra de Mahdi sólo hay lugar para la gente de Mahdi", gritó. "Aquí no hay lugar para ti. Nuestro pueblo existe para sacarlos de aquí por medios pacíficos primero, y luego con medios militares.
"Somos capaces de hacerlo", dijo. "Con la venia de Dios".
Ann Scott Tyson contribuyó a este reportaje.
9 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
talabani ofrece amnistía
[Ellen Knickmeyer] Talabani ofrece amnistía a rebeldes. Nuevo presidente iraquí tiende la mano a sunníes.
Bagdad, Iraq. El nuevo presidente kurdo de Iraq, Jalal Talabani, asumió funciones el jueves y ofreció inmediatamente una amnistía para atraer a los sunníes en la resistencia armada, considerada como cada vez más débil. Dejó abierta la posibilidad de perdonar a los insurgentes que hayan matado a combatientes.
El juramento de Talabani, antiguo líder rebelde kurdo y sunní, proporcionó uno de los más agudos ejemplos hasta el momento de cómo se revertió casi un siglo de dominio sunní en Iraq.
Minutos después de jurar el cargo, Talabani ofreció la posición más importante del nuevo gobierno a Ibrahim Jafari, antiguo líder de la oposición chií. Talabani dio a Jafari dos semanas para formar el gabinete. Con esto se completaron las posiciones más importantes del nuevo gobierno de transición, que fue creado por las elecciones nacionales del 30 de enero y debe redactar una nueva constitución y supervisar una nueva votación para elegir un gobierno definitivo.
"Este es un proceso democrático en el corazón de Oriente Medio", dijo Barham Salih, un kurdo que es vice-primer ministro del gobierno interino saliente. "El mundo exterior debería reconocer el impresionante logro que hemos alcanzado en Iraq".
Talabani, elegido el miércoles por la nueva Asamblea Nacional, llamó durante su discurso inaugural repetidas veces a los sunníes de Iraq, apartados desde el derrocamiento de Saddam Hussein el 9 de abril de 2003, y privados de derechos por el llamado de sus líderes a boicotear las elecciones de enero.
Talabani ofreció amnistía a los que se apartaran de la resistencia sunní armada, diciendo que habían sido engañados por terroristas extranjeros.
"Deberíamos encontrar soluciones políticas y pacíficas con aquellos iraquíes que fueron engañados para unirse a los terroristas y ofrecerles amnistía e invitarles a incorporarse al proceso democrático", dijo Talabani.
Al distinguir entre insurgentes iraquíes y combatientes extranjeros, Talabani no ofreció clemencia para el "terrorismo criminal importado desde el exterior".
El año pasado, el primer ministro interino Ayad Allawi ofreció amnistía a los insurgentes iraquíes que no hubieran violado, secuestrado o matado. Talabani describió una amnistía más amplia y no dijo nada sobre la exclusión de los insurgentes que hubieran matado a combatientes.
Interrogado sobre si la amnistía se ofrecía también a insurgentes responsables de atentados, Talabani dijo a los periodistas: "No a los que han estado atentando contra civiles, los que atacan mezquitas, los que atacan iglesias. Están matando a gente inocente. Son criminlaes".
Además, Jafari dijo que la amnistía no incluía a los insurgentes que hubiesen violado a mujeres.
Hachim Hasani, el portavoz sunní de la asamblea dijo que la amnistía ofrecida por Talabani era general y que tenía que ser formalizada por una orden presidencial.
Políticos chiíes y kurdos dicen que están determinados a incorporar a sunníes en el gobierno y el proceso político, viendo la incorporación como un modo de debilitar la base sunní de la resistencia.
Líderes iraquíes y extranjeros atribuyeron la alta participación electoral en enero para romper el dominio insurgente en algunas áreas. La consternación de la opinión pública por la violencia diaria, así como la represión de las fuerzas de seguridad, han dificultado las operaciones de los insurgentes y su capacidad de recibir armas y dinero, han también contribuido a disminuir la cantidad de los atentados y otros ataques en marzo.
Algunos antiguos opositores de entre los líderes de la comunidad sunní e incluso de entre líderes insurgentes sunníes dicen que participarán en las próximas elecciones si Iraq si las tropas de Estados Unidos han abandonado el país para entonces.
Realizada bajo focos de televisión en una sucia sala custodiada por militares norteamericanos, la inauguración de Talabani y la nominación de Jafari el jueves marcaron el más reciente hito político de Iraq.
En las siguientes dos semanas, las coaliciones políticas deberán nombrar a los ministros de petróleo, seguridad y otros puestos del gabinete. Más de 30 posiciones han sido repartidas delicadamente entre la mayoría chií dominante, los árabes sunníes, los kurdos (que también son sunníes) y los laicos.
Allawi presentó el jueves su renuncia como primer ministro, pero accedió a permanecer en el cargo hasta que se nombre el nuevo gabinete, dijo Hasani.
En otras partes en Iraq, hombres armados volaron un santuario chií cerca de Latifiyah, a 56 kilómetros al sur de Bagdad, dijo a la Associated Press Muthana Khalid, portavoz de la policía provincial.
Los insurgentes también dispararon proyectiles en Faluya, una intranquila ciudad en la provincia de Anbar, dijeron militares norteamericanos.
En la norteña ciudad de Mosul, un ataque con bomba contra una patrulla iraquí matóa tres soldados y dejó heridos a otros 20, dijo el general de división Khalil Ahmed Obeidi, el comandante iraquí de Mosul. Fueron capturados siete rebeldes, dijo.
8 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El nuevo presidente kurdo de Iraq, Jalal Talabani, asumió funciones el jueves y ofreció inmediatamente una amnistía para atraer a los sunníes en la resistencia armada, considerada como cada vez más débil. Dejó abierta la posibilidad de perdonar a los insurgentes que hayan matado a combatientes.El juramento de Talabani, antiguo líder rebelde kurdo y sunní, proporcionó uno de los más agudos ejemplos hasta el momento de cómo se revertió casi un siglo de dominio sunní en Iraq.
Minutos después de jurar el cargo, Talabani ofreció la posición más importante del nuevo gobierno a Ibrahim Jafari, antiguo líder de la oposición chií. Talabani dio a Jafari dos semanas para formar el gabinete. Con esto se completaron las posiciones más importantes del nuevo gobierno de transición, que fue creado por las elecciones nacionales del 30 de enero y debe redactar una nueva constitución y supervisar una nueva votación para elegir un gobierno definitivo.
"Este es un proceso democrático en el corazón de Oriente Medio", dijo Barham Salih, un kurdo que es vice-primer ministro del gobierno interino saliente. "El mundo exterior debería reconocer el impresionante logro que hemos alcanzado en Iraq".
Talabani, elegido el miércoles por la nueva Asamblea Nacional, llamó durante su discurso inaugural repetidas veces a los sunníes de Iraq, apartados desde el derrocamiento de Saddam Hussein el 9 de abril de 2003, y privados de derechos por el llamado de sus líderes a boicotear las elecciones de enero.
Talabani ofreció amnistía a los que se apartaran de la resistencia sunní armada, diciendo que habían sido engañados por terroristas extranjeros.
"Deberíamos encontrar soluciones políticas y pacíficas con aquellos iraquíes que fueron engañados para unirse a los terroristas y ofrecerles amnistía e invitarles a incorporarse al proceso democrático", dijo Talabani.
Al distinguir entre insurgentes iraquíes y combatientes extranjeros, Talabani no ofreció clemencia para el "terrorismo criminal importado desde el exterior".
El año pasado, el primer ministro interino Ayad Allawi ofreció amnistía a los insurgentes iraquíes que no hubieran violado, secuestrado o matado. Talabani describió una amnistía más amplia y no dijo nada sobre la exclusión de los insurgentes que hubieran matado a combatientes.
Interrogado sobre si la amnistía se ofrecía también a insurgentes responsables de atentados, Talabani dijo a los periodistas: "No a los que han estado atentando contra civiles, los que atacan mezquitas, los que atacan iglesias. Están matando a gente inocente. Son criminlaes".
Además, Jafari dijo que la amnistía no incluía a los insurgentes que hubiesen violado a mujeres.
Hachim Hasani, el portavoz sunní de la asamblea dijo que la amnistía ofrecida por Talabani era general y que tenía que ser formalizada por una orden presidencial.
Políticos chiíes y kurdos dicen que están determinados a incorporar a sunníes en el gobierno y el proceso político, viendo la incorporación como un modo de debilitar la base sunní de la resistencia.
Líderes iraquíes y extranjeros atribuyeron la alta participación electoral en enero para romper el dominio insurgente en algunas áreas. La consternación de la opinión pública por la violencia diaria, así como la represión de las fuerzas de seguridad, han dificultado las operaciones de los insurgentes y su capacidad de recibir armas y dinero, han también contribuido a disminuir la cantidad de los atentados y otros ataques en marzo.
Algunos antiguos opositores de entre los líderes de la comunidad sunní e incluso de entre líderes insurgentes sunníes dicen que participarán en las próximas elecciones si Iraq si las tropas de Estados Unidos han abandonado el país para entonces.
Realizada bajo focos de televisión en una sucia sala custodiada por militares norteamericanos, la inauguración de Talabani y la nominación de Jafari el jueves marcaron el más reciente hito político de Iraq.
En las siguientes dos semanas, las coaliciones políticas deberán nombrar a los ministros de petróleo, seguridad y otros puestos del gabinete. Más de 30 posiciones han sido repartidas delicadamente entre la mayoría chií dominante, los árabes sunníes, los kurdos (que también son sunníes) y los laicos.
Allawi presentó el jueves su renuncia como primer ministro, pero accedió a permanecer en el cargo hasta que se nombre el nuevo gabinete, dijo Hasani.
En otras partes en Iraq, hombres armados volaron un santuario chií cerca de Latifiyah, a 56 kilómetros al sur de Bagdad, dijo a la Associated Press Muthana Khalid, portavoz de la policía provincial.
Los insurgentes también dispararon proyectiles en Faluya, una intranquila ciudad en la provincia de Anbar, dijeron militares norteamericanos.
En la norteña ciudad de Mosul, un ataque con bomba contra una patrulla iraquí matóa tres soldados y dejó heridos a otros 20, dijo el general de división Khalil Ahmed Obeidi, el comandante iraquí de Mosul. Fueron capturados siete rebeldes, dijo.
8 de abril de 2005
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usa ignoró a inspectores de la onu
[Dafna Linzer] La agencia de la energía atómica ha desmentido acertadamente acusaciones de Estados Unidos.
De todas las aseveraciones hechas por la inteligencia estadounidense sobre el arsenal de Iraq en el otoño e invierno de 2002, sólo algunas parecían las más significativas: las compras secretas de uranio en África, las armas biológicas que se estaban produciendo en laboratorios móviles y los aeroplanos no-pilotados que podrían dispersar carbunclo o gas sarín en el aire sobre ciudades norteamericanas.
Para cuando el presidente Bush ordenó a las tropas norteamericanas quitar a Saddam Hussein las armas letales que estaba supuestamente tratando de fabricar, todas las pruebas recientes habían sido controladas -y desmentidas- por inspectores de Naciones Unidas, de acuerdo a un informe encargado por el presidente y publicado el jueves.
El trabajo de los inspectores -que tuvieron acceso extraordinario durante tres meses en Iraq entre noviembre de 2002 y marzo de 2003- fue rutinariamente desechado por el gobierno de Bush y la comunidad de inteligencia en los preliminares de la guerra, de acuerdo a la comisión presidida por el antiguo senador Charles S. Robb (demócrata, Virginia) y el juez de la corte de apelaciones jubilado, Laurence H. Silberman.
Pero los hallazgos de la comisión, incluyendo la evaluación clave de que la inteligencia estadounidense sabe "inquietantemente poco" sobre los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, están llevando a llamados a tener mayor confianza en los inspectores de Naciones Unidas para controlar la inteligencia sobre la que Estados Unidos tiene poco o ningún acceso.
"Los inspectores de Naciones Unidas tienen los pies en la tierra", dijo David Albright, un experto en asuntos nucleares que acompañó a la Agencia Internacional de Energía Atómica AIEA en Iraq a mediados de los años noventa. Albright y otros creen que la AIEA debería tener mayor acceso a Irán, y volver a Corea del Norte. La directiva de la agencia, que incluye a Estados Unidos, deberá autorizar mayores atribuciones.
El gobierno de Bush rebatió a los inspectores antes de la guerra de Iraq y mantiene una actitud hostil hacia la AIEA, a cuyo director, Mohamed ElBaradei, Estados Unidos quiere remplazar este año. El gobierno también quiere terminar con el régimen de inspecciones de Naciones Unidas, dirigido por Hans Blix, que fue implementado para investigar los programas biológicos, químicos y de misiles de Iraq.
Durante más de dos años de investigaciones en Irán, la AIEA ha "sido crucial en el descubrimiento de sus actividades secretas, de modo que conocemos el alcance y el estado de los programas nucleares y sus problemas", dijo Albright, que ha revelado sitios nucleares desconocidos en Irán y ha estudiado el trabajo de la AIEA allá. "Hay una enorme cantidad de detalles que la comunidad de inteligencia no tenía antes de que la AIEA fuera al país e intensificara la investigación".
La Casa Blanca no ha presentado públicamente informaciones que apoyen su acusación de que Irán tiene un programa de armas nucleares, como lo hizo con Iraq. En lugar de eso, refiere rutinariamente a la investigación de la AIEA, las enormes reservas de petróleo de Irán y el secreto que envolvió al programa nuclear durante casi dos décadas.
La AIEA no ha encontrado evidencias de que Irán esté usando su programa de energía nuclear como una fachada para hacer una bomba atómica, como afirma el gobierno. Pero esos hallazgos han sido desechados por algunos miembros del gobierno.
John R. Bolton, nominado para asumir como el próximo embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, ha llamado los hallazgos "simplemente imposibles de creer".
Jonathan Tucker, que fue inspector de armas químicas para Naciones Unidas en Iraq durante los años noventa, dijo que los inspectores tienen un acceso limitado y dependen pesadamente de la inteligencia que pueden proporcionar países poderosos como Estados Unidos.
"Lo que ellos pueden dar es verosimilitud y legitimidad. Si quieres convencer a los países que impongan sanciones u otras medidas contra la proliferación, la opinión de los inspectores es valiosa".
Corea del Norte expulsó a los inspectores de la AIEA en diciembre de 2002, una medida que privó a la comunidad de inteligencia un acceso clave a la información en un país cerrado. La falta de acceso a Corea del Norte, que se cree tiene la capacidad para hacer seis a ocho armas nucleares, ha sido una fuente de frustración para la agencia internacional.
Pero cuando la AIEA se retiró de Pyongyang, la atención en Washington y Viena, donde tiene su sede la AIEA, se dirigió en gran parte hacia Iraq.
Meses antes de que tropas norteamericanas atacaran Iraq en marzo de 2003, la AIEA rebatió todas las evidencias que presentó el gobierno de Bush para sustentar sus acusaciones de que Iraq tenía un programa nuclear, de acuerdo a la comisión.
En enero, inspectores de la AIEA descubrieron que los documentos que demostraban que Iraq había tratado de comprar uranio en Nigeria eran falsos. Pero la CIA mantuvo su acusación durante seis meses más.
Dos años antes, la AIEA rebatió las afirmaciones de la CIA de que Iraq estaba tratando de comprar tubos de aluminio en el mercado negro para un programa nuclear. La evaluación de la AIEA, que resultó ser acertada, fue primero compartida con la comunidad de inteligencia norteamericana en julio de 2001, de acuerdo a los autores de un informe de la comisión presidencial.
El grupo de Blix de Naciones Unidas puso a prueba las evidencias proporcionadas por un desertor iraquí con el nombre en clave Curveball' [Bola con Efecto], cuyas historias de laboratorios móviles de armas biológicas resultaron ser invenciones, de acuerdo al informe. Entre las afirmaciones de Curveball estaba la de que una planta iraquí había sido rediseñada, con una pared provisional para permitir que los laboratorios móviles entraran y salieran sin ser detectados.
"Cuando inspectores de la Comisión de Vigilancia, Verificación e Inspección de Naciones Unidas UNMOVIC visitaron el sitio el 9 de febrero de 2003, descubrieron que la pared era una estructura permanente y no pudieron encontrar nada que corroborara los informes de Curveball", escribieron los miembros de la comisión.
"Ofrecimos ojos y oídos", dijo Blix en una entrevista telefónica ayer. "Sabíamos un montón sobre el país, inspeccionamos lugares, recibimos datos secretos sobre dónde ir y realizamos 700 inspecciones en 500 sitios en tres meses".
UNMOVIC también comprobó antes de la guerra que las acusaciones de la CIA sobre una flota de aeroplano iraquíes no tripulados eran incorrectas. Los aeroplanos no-pilotados no tenían capacidad para cargar armas químicas o biológicas y estaban probablemente diseñados como vehículos de reconocimiento.
Desde la invasión, el gobierno de Bush ha impedido que la AIEA vuelva a Iraq. UNMOVIC probablemente será desmantelada a menos que Estados Unidos acceda a transformarla en una fuerza de inspección internacional de los programas de armas y misiles nucleares.
3 de abril de 2005
6 de abril de 2005
©washington post
©traducción mQh
Para cuando el presidente Bush ordenó a las tropas norteamericanas quitar a Saddam Hussein las armas letales que estaba supuestamente tratando de fabricar, todas las pruebas recientes habían sido controladas -y desmentidas- por inspectores de Naciones Unidas, de acuerdo a un informe encargado por el presidente y publicado el jueves.
El trabajo de los inspectores -que tuvieron acceso extraordinario durante tres meses en Iraq entre noviembre de 2002 y marzo de 2003- fue rutinariamente desechado por el gobierno de Bush y la comunidad de inteligencia en los preliminares de la guerra, de acuerdo a la comisión presidida por el antiguo senador Charles S. Robb (demócrata, Virginia) y el juez de la corte de apelaciones jubilado, Laurence H. Silberman.
Pero los hallazgos de la comisión, incluyendo la evaluación clave de que la inteligencia estadounidense sabe "inquietantemente poco" sobre los programas nucleares de Irán y Corea del Norte, están llevando a llamados a tener mayor confianza en los inspectores de Naciones Unidas para controlar la inteligencia sobre la que Estados Unidos tiene poco o ningún acceso.
"Los inspectores de Naciones Unidas tienen los pies en la tierra", dijo David Albright, un experto en asuntos nucleares que acompañó a la Agencia Internacional de Energía Atómica AIEA en Iraq a mediados de los años noventa. Albright y otros creen que la AIEA debería tener mayor acceso a Irán, y volver a Corea del Norte. La directiva de la agencia, que incluye a Estados Unidos, deberá autorizar mayores atribuciones.
El gobierno de Bush rebatió a los inspectores antes de la guerra de Iraq y mantiene una actitud hostil hacia la AIEA, a cuyo director, Mohamed ElBaradei, Estados Unidos quiere remplazar este año. El gobierno también quiere terminar con el régimen de inspecciones de Naciones Unidas, dirigido por Hans Blix, que fue implementado para investigar los programas biológicos, químicos y de misiles de Iraq.
Durante más de dos años de investigaciones en Irán, la AIEA ha "sido crucial en el descubrimiento de sus actividades secretas, de modo que conocemos el alcance y el estado de los programas nucleares y sus problemas", dijo Albright, que ha revelado sitios nucleares desconocidos en Irán y ha estudiado el trabajo de la AIEA allá. "Hay una enorme cantidad de detalles que la comunidad de inteligencia no tenía antes de que la AIEA fuera al país e intensificara la investigación".
La Casa Blanca no ha presentado públicamente informaciones que apoyen su acusación de que Irán tiene un programa de armas nucleares, como lo hizo con Iraq. En lugar de eso, refiere rutinariamente a la investigación de la AIEA, las enormes reservas de petróleo de Irán y el secreto que envolvió al programa nuclear durante casi dos décadas.
La AIEA no ha encontrado evidencias de que Irán esté usando su programa de energía nuclear como una fachada para hacer una bomba atómica, como afirma el gobierno. Pero esos hallazgos han sido desechados por algunos miembros del gobierno.
John R. Bolton, nominado para asumir como el próximo embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas, ha llamado los hallazgos "simplemente imposibles de creer".
Jonathan Tucker, que fue inspector de armas químicas para Naciones Unidas en Iraq durante los años noventa, dijo que los inspectores tienen un acceso limitado y dependen pesadamente de la inteligencia que pueden proporcionar países poderosos como Estados Unidos.
"Lo que ellos pueden dar es verosimilitud y legitimidad. Si quieres convencer a los países que impongan sanciones u otras medidas contra la proliferación, la opinión de los inspectores es valiosa".
Corea del Norte expulsó a los inspectores de la AIEA en diciembre de 2002, una medida que privó a la comunidad de inteligencia un acceso clave a la información en un país cerrado. La falta de acceso a Corea del Norte, que se cree tiene la capacidad para hacer seis a ocho armas nucleares, ha sido una fuente de frustración para la agencia internacional.
Pero cuando la AIEA se retiró de Pyongyang, la atención en Washington y Viena, donde tiene su sede la AIEA, se dirigió en gran parte hacia Iraq.
Meses antes de que tropas norteamericanas atacaran Iraq en marzo de 2003, la AIEA rebatió todas las evidencias que presentó el gobierno de Bush para sustentar sus acusaciones de que Iraq tenía un programa nuclear, de acuerdo a la comisión.
En enero, inspectores de la AIEA descubrieron que los documentos que demostraban que Iraq había tratado de comprar uranio en Nigeria eran falsos. Pero la CIA mantuvo su acusación durante seis meses más.
Dos años antes, la AIEA rebatió las afirmaciones de la CIA de que Iraq estaba tratando de comprar tubos de aluminio en el mercado negro para un programa nuclear. La evaluación de la AIEA, que resultó ser acertada, fue primero compartida con la comunidad de inteligencia norteamericana en julio de 2001, de acuerdo a los autores de un informe de la comisión presidencial.
El grupo de Blix de Naciones Unidas puso a prueba las evidencias proporcionadas por un desertor iraquí con el nombre en clave Curveball' [Bola con Efecto], cuyas historias de laboratorios móviles de armas biológicas resultaron ser invenciones, de acuerdo al informe. Entre las afirmaciones de Curveball estaba la de que una planta iraquí había sido rediseñada, con una pared provisional para permitir que los laboratorios móviles entraran y salieran sin ser detectados.
"Cuando inspectores de la Comisión de Vigilancia, Verificación e Inspección de Naciones Unidas UNMOVIC visitaron el sitio el 9 de febrero de 2003, descubrieron que la pared era una estructura permanente y no pudieron encontrar nada que corroborara los informes de Curveball", escribieron los miembros de la comisión.
"Ofrecimos ojos y oídos", dijo Blix en una entrevista telefónica ayer. "Sabíamos un montón sobre el país, inspeccionamos lugares, recibimos datos secretos sobre dónde ir y realizamos 700 inspecciones en 500 sitios en tres meses".
UNMOVIC también comprobó antes de la guerra que las acusaciones de la CIA sobre una flota de aeroplano iraquíes no tripulados eran incorrectas. Los aeroplanos no-pilotados no tenían capacidad para cargar armas químicas o biológicas y estaban probablemente diseñados como vehículos de reconocimiento.
Desde la invasión, el gobierno de Bush ha impedido que la AIEA vuelva a Iraq. UNMOVIC probablemente será desmantelada a menos que Estados Unidos acceda a transformarla en una fuerza de inspección internacional de los programas de armas y misiles nucleares.
3 de abril de 2005
6 de abril de 2005
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rebeldes torturados en la televisión
[Caryle Murphy y Khalid Saffar] Miembros de la resistencia como estrellas de televisión. Sospechosos de terrorismo son acosados y objetos de mofa en programa iraquí.
Bagdad, Iraq. El más famoso programa de televisión de Iraq hoy es un reality show. Pero los participantes no son voluntarios. Y no se llevan ningún premio en dinero, ni una nueva esposa ni un trabajo ideal.
En lugar de eso, los personajes de El Terrorismo en Manos de la Justicia' son rebeldes capturados. Y durante más de un mes, han estado apasionando a los telespectadores con historias de cómo mataron, secuestraron, violaron o decapitaron a otros iraquíes, usualmente por unos cientos de dólares por víctima.
Sentados ante una bandera iraquí, los abatidos e intimidados prisioneros responden preguntas de un inquisidor fuera de cámara que ridiculiza su conducta. Algunos lucen caras amoratadas y ojos morados. Lejos de aparecer como confiados héroes luchando contra la ocupación norteamericana, se ven como gángsteres.
"Veo el programa todas las noches, y lo espero pacientemente, porque es muy revelador", dijo Abdul Kareem Abdulla, 42, un tendero de Bagdad. "Por primera vez vimos a los que dicen ser yihadistas como simples asesinos a 50 dólares, que harían cualquier cosa en nombre del islam. Nuestra religión es demasiado elevada, noble y humana, como para tener semejantes matones y asesinos. Me gustaría que los colgaran ahora mismo, y en el mismo lugar donde cometieron sus crímenes. No deberían tener piedad con ellos".
Emitido por al-Iraqiya, la red estatal instalada por la autoridad de la ocupación norteamericana en 2003, El Terrorismo en Manos de la Justicia' se ha transformado en una de las flechas más efectivas de la propaganda del gobierno contra la resistencia.
"Le ha mostrado al pueblo iraquí la realidad de esos insurgentes, que son criminales, asesinos, homicidas, ladrones", dijo la semana pasada el ministro Falah Naqib.
Sabah Kadhim, portavoz del ministerio del Interior, agregó: "Las últimas semanas han sido increíbles en términos de datos que nos entrega el público".
Los funcionarios lanzaron el programa, dijo Kadhim, después de darse cuenta que los iraquíes no creían que los insurgentes estuvieran siendo capturados. "Hablando con la gente en la calle, ellos dicen: ¿Es verdad?... ¿Por qué no los muestras?", dijo. "La idea del programa vino de la gente".
Las caras amoratadas y la muerte de al menos un prisionero después de su aparición en el programa han planteado preguntas sobre el tratamiento de los hombres detenidos. Kadhim negó que los prisioneros estuvieran siendo maltratados. "No tenemos ningún motivo para torturarlos", dijo.
En informes recientes, el ministerio de Relaciones Exteriores y Human Rights Watch han criticado el uso de la tortura por parte de la policía.
"A la luz de nuestros recientes hallazgos sobre la práctica de la tortura en las cárceles iraquíes", dijo Joe Stork, portavoz de Human Rights Watch en Washington, "tenemos serias dudas de que esas confesiones no fueran obtenidas por coerción y que las autoridades iraquíes no han proporcionado las protecciones esenciales de un proceso debido".
"Las confesiones televisadas son siempre sospechosas", agregó Stork. "Ejemplos recientes en Irán y Arabia Saudí implicaban claramente un alto nivel de coerción y de tratamiento degradante".
Esas preocupaciones no han disminuido la popularidad del programa.
"No habíamos planeado las cintas, pero repentinamente teníamos lo que llamarías una primicia", dijo Ahmed Yasseri, director de la estación de Bagdad de al-Iraqiya. Como resultado, dijo, "hemos superado a los otros canales. Esas cintas han cautivado a los iraquíes".
El programa empieza usualmente con una toma gráfica de una ensangrentada víctima de un atentado con bomba tirada en la calle, seguida por uno o dos jóvenes sonriendo con un letrero manuscrito en la mano que dice: "No al Terrorismo".
A medida que se interroga a un insurgente, los otros están sentados detrás, con las manos sobre el regazo, como si esperaran pacientemente su turno en la peluquería. A veces se yuxtapone la cabeza de un puma o un león -mascotas de los comandos de la policía anti-insurgente- sobre el fondo de una bandera iraquí.
Muchos de los sospechosos son antiguos policías que dicen que fueron obligados a unirse a la resistencia por amenazas contra sus familias. Aunque muchos dicen haber atacado a las tropas norteamericanas, las entrevistas enfatizan sus atrocidades contra iraquíes y los pagos que supuestamente recibieron de pagadores sirios y saudíes.
En un episodio reciente, Ramzi Hashim Obeidi, un pintor de Mosul que dijo ser miembro del grupo radical islámico Ansar al-Islam, contó su supuesta participación en el asesinato con bomba en 2003 de un importante clérigo musulmán chií, el ayatollah Mohammed Bakir Hakim, en Najaf.
Obeidi dijo que formaba parte de un equipo de seis hombres que debía "interceptar a las tropas norteamericanas". Otros transportaron vehículos cargados de explosivos al sitio del atentado, a unos 195 kilómetros de Bagdad. "Fue muy fácil", dijo. "Era una ambulancia".
Entre los conspiradores que planearon la operación, dijo Obeidi, estaba en extremista islámico más buscado de Iraq, Abu Musab Zarqawi.
"No solamente mataste a Hakim", le gritó a Obeidi el interrogador de la policía. "Mataste a 110 personas, algunas de ellas mujeres y niños... ¿A esto le llamas yihad? ¿Qué clase de yihad es esta? ¿Matar policías, decapitar policías?"
Obeidi, que no intentó defender sus acciones, replicó mansamente: "Hasta ahora no sé qué es la yihad".
En otro segmento, Qahtan Adnan Khalid, un prisionero que dijo que había sido policía en la ciudad de Samarra, tenía los ojos amoratados y parecía tener dificultades para respirar, a menudo haciendo muecas de dolor.
Respondiendo cada preguntas con un respetuoso "Señor", Khalid contó había disparado a la cabeza a dos policías secuestrados y le pagaron 200 dólares por cada asesinato.
"Yo aconsejo a la juventud a apartarse de este sendero", dijo en un momento.
Poco días después de la aparición de Khalid, su cuerpo fue entregado en la casa de su padre en Samarra, dijo su familia. El ministro de Derechos Humanso, Bakhtyar Amin dijo que su despacho estaba investigando la muerte.
A veces los insurgentes parecen repetir respuestas aprendidas y críticos del programa dicen que las historias de los prisioneros corresponden demasiado bien con el retrato que hace el gobierno de la resistencia: que es en gran parte un grupo de criminales codiciosos enloquecidos, que los extranjeros juegan un importante papel y es financiada por Siria y Arabia Saudí.
Se enfatiza menos en el programa que la resistencia predominantemente sunní la provocan también los temores al dominio político chií y al resentimiento contra la ocupación norteamericana. Como resultado, El terrorismo en manos de la justicia', provoca sentimientos encontrados entre algunos árabes sunníes.
"Mi crítica al programa es que a veces es simplista, repetitivo y causa la impresión de que esos hombres han sido instruidos para decir lo que dicen, aunque creo que sí han cometido esos crímenes", dijo Abdul Kareem Janaby, 46, empleado del ministerio del Comercio. "Esas personas no son más que basura, rufianes de clase baja que están siendo usados para tergiversar el verdadero carácter sunní".
Kadhim dijo que los rebeldes capturados serán eventualmente llevados a juicio y que lo que digan en televisión puede ser ignorado por los tribunales debido a que el programa "no una era una corte de justicia".
Los prisioneros sólo pueden esperar que les toque un juez que comparta la opinión de Fuad Awdeh, 27, jornalero chií de Bagdad que dijo que el programa era "fascinante".
"Esos tipos me causan pena y piedad", dijo. "Lo pueden haber hecho por dinero... y probablemente, estando desempleados, fueron fácilmente convencidos".
Sin embargo, dijo Awdeh, piensa que el programa es creíble "porque en un episodio alguien habló sobre un asesinato cometido en el distrito de Wahda, y yo conozco a la familia de la víctima y sé que es verdad".
5 de abril de 2005
©htwashington posttp://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A26402-2005Apr4.html
©traducción mQh
En lugar de eso, los personajes de El Terrorismo en Manos de la Justicia' son rebeldes capturados. Y durante más de un mes, han estado apasionando a los telespectadores con historias de cómo mataron, secuestraron, violaron o decapitaron a otros iraquíes, usualmente por unos cientos de dólares por víctima.
Sentados ante una bandera iraquí, los abatidos e intimidados prisioneros responden preguntas de un inquisidor fuera de cámara que ridiculiza su conducta. Algunos lucen caras amoratadas y ojos morados. Lejos de aparecer como confiados héroes luchando contra la ocupación norteamericana, se ven como gángsteres.
"Veo el programa todas las noches, y lo espero pacientemente, porque es muy revelador", dijo Abdul Kareem Abdulla, 42, un tendero de Bagdad. "Por primera vez vimos a los que dicen ser yihadistas como simples asesinos a 50 dólares, que harían cualquier cosa en nombre del islam. Nuestra religión es demasiado elevada, noble y humana, como para tener semejantes matones y asesinos. Me gustaría que los colgaran ahora mismo, y en el mismo lugar donde cometieron sus crímenes. No deberían tener piedad con ellos".
Emitido por al-Iraqiya, la red estatal instalada por la autoridad de la ocupación norteamericana en 2003, El Terrorismo en Manos de la Justicia' se ha transformado en una de las flechas más efectivas de la propaganda del gobierno contra la resistencia.
"Le ha mostrado al pueblo iraquí la realidad de esos insurgentes, que son criminales, asesinos, homicidas, ladrones", dijo la semana pasada el ministro Falah Naqib.
Sabah Kadhim, portavoz del ministerio del Interior, agregó: "Las últimas semanas han sido increíbles en términos de datos que nos entrega el público".
Los funcionarios lanzaron el programa, dijo Kadhim, después de darse cuenta que los iraquíes no creían que los insurgentes estuvieran siendo capturados. "Hablando con la gente en la calle, ellos dicen: ¿Es verdad?... ¿Por qué no los muestras?", dijo. "La idea del programa vino de la gente".
Las caras amoratadas y la muerte de al menos un prisionero después de su aparición en el programa han planteado preguntas sobre el tratamiento de los hombres detenidos. Kadhim negó que los prisioneros estuvieran siendo maltratados. "No tenemos ningún motivo para torturarlos", dijo.
En informes recientes, el ministerio de Relaciones Exteriores y Human Rights Watch han criticado el uso de la tortura por parte de la policía.
"A la luz de nuestros recientes hallazgos sobre la práctica de la tortura en las cárceles iraquíes", dijo Joe Stork, portavoz de Human Rights Watch en Washington, "tenemos serias dudas de que esas confesiones no fueran obtenidas por coerción y que las autoridades iraquíes no han proporcionado las protecciones esenciales de un proceso debido".
"Las confesiones televisadas son siempre sospechosas", agregó Stork. "Ejemplos recientes en Irán y Arabia Saudí implicaban claramente un alto nivel de coerción y de tratamiento degradante".
Esas preocupaciones no han disminuido la popularidad del programa.
"No habíamos planeado las cintas, pero repentinamente teníamos lo que llamarías una primicia", dijo Ahmed Yasseri, director de la estación de Bagdad de al-Iraqiya. Como resultado, dijo, "hemos superado a los otros canales. Esas cintas han cautivado a los iraquíes".
El programa empieza usualmente con una toma gráfica de una ensangrentada víctima de un atentado con bomba tirada en la calle, seguida por uno o dos jóvenes sonriendo con un letrero manuscrito en la mano que dice: "No al Terrorismo".
A medida que se interroga a un insurgente, los otros están sentados detrás, con las manos sobre el regazo, como si esperaran pacientemente su turno en la peluquería. A veces se yuxtapone la cabeza de un puma o un león -mascotas de los comandos de la policía anti-insurgente- sobre el fondo de una bandera iraquí.
Muchos de los sospechosos son antiguos policías que dicen que fueron obligados a unirse a la resistencia por amenazas contra sus familias. Aunque muchos dicen haber atacado a las tropas norteamericanas, las entrevistas enfatizan sus atrocidades contra iraquíes y los pagos que supuestamente recibieron de pagadores sirios y saudíes.
En un episodio reciente, Ramzi Hashim Obeidi, un pintor de Mosul que dijo ser miembro del grupo radical islámico Ansar al-Islam, contó su supuesta participación en el asesinato con bomba en 2003 de un importante clérigo musulmán chií, el ayatollah Mohammed Bakir Hakim, en Najaf.
Obeidi dijo que formaba parte de un equipo de seis hombres que debía "interceptar a las tropas norteamericanas". Otros transportaron vehículos cargados de explosivos al sitio del atentado, a unos 195 kilómetros de Bagdad. "Fue muy fácil", dijo. "Era una ambulancia".
Entre los conspiradores que planearon la operación, dijo Obeidi, estaba en extremista islámico más buscado de Iraq, Abu Musab Zarqawi.
"No solamente mataste a Hakim", le gritó a Obeidi el interrogador de la policía. "Mataste a 110 personas, algunas de ellas mujeres y niños... ¿A esto le llamas yihad? ¿Qué clase de yihad es esta? ¿Matar policías, decapitar policías?"
Obeidi, que no intentó defender sus acciones, replicó mansamente: "Hasta ahora no sé qué es la yihad".
En otro segmento, Qahtan Adnan Khalid, un prisionero que dijo que había sido policía en la ciudad de Samarra, tenía los ojos amoratados y parecía tener dificultades para respirar, a menudo haciendo muecas de dolor.
Respondiendo cada preguntas con un respetuoso "Señor", Khalid contó había disparado a la cabeza a dos policías secuestrados y le pagaron 200 dólares por cada asesinato.
"Yo aconsejo a la juventud a apartarse de este sendero", dijo en un momento.
Poco días después de la aparición de Khalid, su cuerpo fue entregado en la casa de su padre en Samarra, dijo su familia. El ministro de Derechos Humanso, Bakhtyar Amin dijo que su despacho estaba investigando la muerte.
A veces los insurgentes parecen repetir respuestas aprendidas y críticos del programa dicen que las historias de los prisioneros corresponden demasiado bien con el retrato que hace el gobierno de la resistencia: que es en gran parte un grupo de criminales codiciosos enloquecidos, que los extranjeros juegan un importante papel y es financiada por Siria y Arabia Saudí.
Se enfatiza menos en el programa que la resistencia predominantemente sunní la provocan también los temores al dominio político chií y al resentimiento contra la ocupación norteamericana. Como resultado, El terrorismo en manos de la justicia', provoca sentimientos encontrados entre algunos árabes sunníes.
"Mi crítica al programa es que a veces es simplista, repetitivo y causa la impresión de que esos hombres han sido instruidos para decir lo que dicen, aunque creo que sí han cometido esos crímenes", dijo Abdul Kareem Janaby, 46, empleado del ministerio del Comercio. "Esas personas no son más que basura, rufianes de clase baja que están siendo usados para tergiversar el verdadero carácter sunní".
Kadhim dijo que los rebeldes capturados serán eventualmente llevados a juicio y que lo que digan en televisión puede ser ignorado por los tribunales debido a que el programa "no una era una corte de justicia".
Los prisioneros sólo pueden esperar que les toque un juez que comparta la opinión de Fuad Awdeh, 27, jornalero chií de Bagdad que dijo que el programa era "fascinante".
"Esos tipos me causan pena y piedad", dijo. "Lo pueden haber hecho por dinero... y probablemente, estando desempleados, fueron fácilmente convencidos".
Sin embargo, dijo Awdeh, piensa que el programa es creíble "porque en un episodio alguien habló sobre un asesinato cometido en el distrito de Wahda, y yo conozco a la familia de la víctima y sé que es verdad".
5 de abril de 2005
©htwashington posttp://www.washingtonpost.com/wp-dyn/articles/A26402-2005Apr4.html
©traducción mQh