¿será chalabi primer ministro?
[Dexter Filkins] El ex exiliado ve revivir sus esperanzas políticas en Iraq.
Bagdad, Iraq. Hace nueve meses, soldados estadounidense se concentraron en la sede de Ahmad Chalabi aquí para ayudar a allanar y saquear el lugar, marcando un dramático rompimiento entre el gobierno de Bush y el exiliado iraquí que, más que nadie fuera del gobierno norteamericano, ayudó a montar la invasión de Iraq.
Antes esta semana, cuando el crepúsculo se ponía en la capital, una caravana de todoterrenos y camiones norteamericanos volvieron al lugar, esta vez transportando al más importante diplomático de la embajada estadounidense, Robert Ford. El propósito de la visita de Ford era indagar qué hará el próximo gobierno iraquí, quizás con Chalabi en una función importante.
Tras dos horas de discusión, Ford y su séquito de guardias armados y coches blindados volvieron a partir. Chalabi apenas podía contener su alegría.
"Al menos hay diálogo", dijo, con una pequeña sonrisa.
Un funcionario estadounidense aquí describió la reunión con Chalabi como "rutina", el último de varios y similar a las muchas que están realizando los norteamericanos con influyentes líderes iraquíes a medida que se dan a conocer los resultados de las elecciones del 30 de enero.
Sin embargo, la conversación destacó un cambio substancial en la relación entre Chalabi y el gobierno estadounidense, que allanó su sede en mayo pasado por sospechas de que había entregado información secreta al gobierno iraní. Chalabi negó los cargos.
Pero más que nada, la visita del diplomático norteamericano demostró el cambio de la fortuna política de Chalabi en su país natal. Vilipendiado en Estados Unidos como el personaje que entregó informes exagerados sobre los arsenales de Saddam a los servicios de inteligencia y a menudo considerado como una de las personas menos populares de Iraq, Chalabi se siente ahora seguro de un escaño en la Asamblea Nacional. En los últimos días ha comenzado a hacer maniobras para transformarse en el primer ministro del país.
Aunque según la mayoría de los informes está muy lejos de ese importante cargo, Chalabi, reuniendo discretamente una improbable coalición de líderes chiíes y otros islamitas, está convencido de que tendrá una posición importante en el nuevo gobierno. Ahora que el conteo de los votos se acerca a su fin, Chalabi dirige uno de los bloques más grandes de la alianza chií, que es seguro que formará el nuevo gobierno.
Las posibilidades de Chalabi se llegar a ser primer ministro dependen de la naturaleza fragmentada de la alianza chií que es probable que forme el gobierno. El grupo, llamado Alianza Unida Chií, obtendrá probablemente 150 de los 275 escaños de la asamblea. Pero la alianza debe todavía ponerse de acuerdo sobre el primer ministro. Aunque Chalabi está lejos de contar con aliados suficientes para asegurarse de la nominación, sus principales rivales Ibrahim Al-Jafaari, del partido Dawa, y Adel Abdul Mahdi, del Consejo Supremo de la Revolución Islámica, tampoco cuentan con ellos.
Como ninguno cuenta con votos suficientes están buscando partidarios dentro de la alianza. Mientras Mahdi y Jafaari -ambos de los más importantes partidos chiíes- son considerados los favoritos, los dos parecen estancados en la lucha por dirigir el gobierno. Eso le ha procurado una apertura a Chalabi, y la está explotando. De acuerdo a una gruesa estimación de los probables resultados electorales, la coalición de Chalabi, llamada el Consejo Chií, terminará con 13 escaños -mientras que Jafaari y Mahdi obtendrán 15 y 18 escaños respectivamente.
Para llegar a ser el candidato al cargo de primer ministro de la alianza chií, uno de los candidatos debe asegurarse una mayoría dentro de la alianza, o con 75 escaños. Tanto los líderes de Dawa como del Consejo Supremo han estado negociando con aliados potenciales.
El empate ha dado a Chalabi un brillo de confianza.
"Ahora somos tres: Jafaari, Adel y yo", dijo Chalabi.
Que Chalabi esté incluso en una posición para maniobrar por el poder señala sin embargo otro de los altibajos de su trayectoria política. Aunque fue el principal aliado iraquí del Pentágono, la posición de Chalabi se ha deterioró firmemente en el gobierno de Bush cuando se hizo claro que gran parte de la inteligencia que proporcionó al gobierno norteamericano, y que fue usada para justificar la invasión, era falsa o exagerada.
Aquí en Iraq también aumentaron sus problemas. La condena de Chalabi en Jordania por acusaciones de desfalco de 30 millones de dólares de un banco jordano es bien conocida. El año pasado, cuando se peleó con el gobierno de Bush, un tribunal iraquí lo acusó de poseer dinero falsificado. Esas acusaciones fueron más tarde dejadas de lado.
Luego surgieron las acusaciones de que Chalabi había informado al gobierno iraní de que espías norteamericanos de la Agencia de Seguridad Nacional habían descifrado los códigos iraníes y estaban leyendo las comunicaciones secretas de Irán.
El FBI inició una investigación para determinar qué norteamericano puede haber revelado los códigos secretos iraníes a Chalabi. Los detectives han entrevistado a algunos funcionarios que tienen acceso a esos códigos secretos y sometieron a algunos a un análisis poligráfico. Pero los detectives han tenido dificultades en determinar quién filtró la información, y se muestran pesimistas sobre la posibilidad de formular cargos criminales, dijeron funcionarios a condición de conservar el anonimato.
Muchos líderes políticos iraquíes, incluso algunos que tienen relaciones amistosas con Chalabi, dicen que su intento de ocupar una función importante serán inútiles; creen poco posible que los líderes chiíes elijan como primer ministro a un hombre tan impopular en Iraq y que ha tenido un efecto tan polarizador en Estados Unidos, el principal aliado del gobierno iraquí.
"No puedo imaginar que nombren a Chalabi como primer ministro", dijo Adnan Pachachi, un líder sunní laico. "Es demasiado impopular".
La resurrección política de Chalabi fue posible tanto por el destino como por su propia determinación. En Washington ya no están sus rivales más encarnizados, el ex director de la CIA, George Tenet, y el ex ministro de Asuntos Exterioires, Colin L. Powell. A medida que políticos islámicos en Iraq se acercan al poder, Chalabi, que se educó en Occidentales, es laico y habla fluidamente el inglés, ha visto ascender nuevamente su utilidad para Washington.
En Iraq, Chalabi reunió una improbable coalición de chiíes descontentos, algunos de los que, a primera vista, parecen tener muy poco en común con el hombre mismo. La fortuna de Chalabi aumentará o descenderá probablemente dependiendo de la fiabilidad de sus nuevos aliados.
Un iraquí que puede tener la clave del futuro de Chalabi es Moqtada al-Sáder, el joven clérigo que encabezó una serie de revueltas armadas contra los militares norteamericanos el año pasado. De acuerdo a ayudantes de ambos, Sáder prometió apoyar a Chalabi en su intento de ser primer ministro. A pesar de su condición de paria -está acusado de asesinato y vive en la clandestinidad desde hace meses-, Sáder presentó varios candidatos en las elecciones. Juntos, sus aliados emergerán probablemente como el bloque más grande de la alianza chií, con 21 escaños.
El respaldo de Sáder daría un substancial empujón a Chalabi hacia su meta. Sin ese apoyo, las posibilidades de Chalabi son escasas.
Sáder, conocido por sus virulentas opiniones anti-norteamericanas e inclinaciones islámicas, parece un aliado poco probable de Chalabi, un moderado pro-occidental que apoya la presencia continuada de las fuerzas norteamericanas en Iraq. Pero en una entrevista la semana pasada en Nayaf, el principal asesor de Sáder dijo que Sáder había decidido apoyar a Chalabi. El asesor, Ali Smesim, dijo que los otros candidatos tenían programas muy limitados.
"Los otros están horneando pan para sí mismos", dijo Smesim sobre los rivales de Chalabi, empleando un proverbio árabe.
Pero los asesores de los principales rivales de Chalabi, Mahdi y Jafaari, dicen que el apoyo de Sáder a Chalabi no es seguro. En realidad, dicen, Sáder ha prometido apoyar a cualquier que emerja como el principal candidato.
"Moqtada nos envió un mensaje ayer", dijo Humam Hamoudi, líder del Consejo Supremo, que apoya a Mahdi.
La opinión dominante entre los rivales de Chalabi es que mientras sabe que tiene pocas posibilidades de ser primer ministro, postularse para el cargo aumenta sus expectativas en el nuevo gobierno. Adnan Ali, un asesor de Jafaari, dijo que habló recientemente con Chalabi.
"Le dije: ¿Realmente piensas que vas a ser primer ministro?'", dijo Ali. "Está solamente tratando de aumentar su poder".
Por su parte, Chalabi no quiere causar la impresión de que está haciendo concesiones. En su casa antes esta semana hablaba con un grupo de políticos iraquíes, que bebían diminutos vasos de té. Algunos de ellos eran candidatos independientes, que no se han identificado con ningún partido, y cuyos votos están disponibles.
"Los independientes están gravitando hacia mí", dijo.
Edward Wong contribuyó a este reportaje desde Nayaf, y Scott Shane y David Johnston desde Washington.
13 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Hace nueve meses, soldados estadounidense se concentraron en la sede de Ahmad Chalabi aquí para ayudar a allanar y saquear el lugar, marcando un dramático rompimiento entre el gobierno de Bush y el exiliado iraquí que, más que nadie fuera del gobierno norteamericano, ayudó a montar la invasión de Iraq.Antes esta semana, cuando el crepúsculo se ponía en la capital, una caravana de todoterrenos y camiones norteamericanos volvieron al lugar, esta vez transportando al más importante diplomático de la embajada estadounidense, Robert Ford. El propósito de la visita de Ford era indagar qué hará el próximo gobierno iraquí, quizás con Chalabi en una función importante.
Tras dos horas de discusión, Ford y su séquito de guardias armados y coches blindados volvieron a partir. Chalabi apenas podía contener su alegría.
"Al menos hay diálogo", dijo, con una pequeña sonrisa.
Un funcionario estadounidense aquí describió la reunión con Chalabi como "rutina", el último de varios y similar a las muchas que están realizando los norteamericanos con influyentes líderes iraquíes a medida que se dan a conocer los resultados de las elecciones del 30 de enero.
Sin embargo, la conversación destacó un cambio substancial en la relación entre Chalabi y el gobierno estadounidense, que allanó su sede en mayo pasado por sospechas de que había entregado información secreta al gobierno iraní. Chalabi negó los cargos.
Pero más que nada, la visita del diplomático norteamericano demostró el cambio de la fortuna política de Chalabi en su país natal. Vilipendiado en Estados Unidos como el personaje que entregó informes exagerados sobre los arsenales de Saddam a los servicios de inteligencia y a menudo considerado como una de las personas menos populares de Iraq, Chalabi se siente ahora seguro de un escaño en la Asamblea Nacional. En los últimos días ha comenzado a hacer maniobras para transformarse en el primer ministro del país.
Aunque según la mayoría de los informes está muy lejos de ese importante cargo, Chalabi, reuniendo discretamente una improbable coalición de líderes chiíes y otros islamitas, está convencido de que tendrá una posición importante en el nuevo gobierno. Ahora que el conteo de los votos se acerca a su fin, Chalabi dirige uno de los bloques más grandes de la alianza chií, que es seguro que formará el nuevo gobierno.
Las posibilidades de Chalabi se llegar a ser primer ministro dependen de la naturaleza fragmentada de la alianza chií que es probable que forme el gobierno. El grupo, llamado Alianza Unida Chií, obtendrá probablemente 150 de los 275 escaños de la asamblea. Pero la alianza debe todavía ponerse de acuerdo sobre el primer ministro. Aunque Chalabi está lejos de contar con aliados suficientes para asegurarse de la nominación, sus principales rivales Ibrahim Al-Jafaari, del partido Dawa, y Adel Abdul Mahdi, del Consejo Supremo de la Revolución Islámica, tampoco cuentan con ellos.
Como ninguno cuenta con votos suficientes están buscando partidarios dentro de la alianza. Mientras Mahdi y Jafaari -ambos de los más importantes partidos chiíes- son considerados los favoritos, los dos parecen estancados en la lucha por dirigir el gobierno. Eso le ha procurado una apertura a Chalabi, y la está explotando. De acuerdo a una gruesa estimación de los probables resultados electorales, la coalición de Chalabi, llamada el Consejo Chií, terminará con 13 escaños -mientras que Jafaari y Mahdi obtendrán 15 y 18 escaños respectivamente.
Para llegar a ser el candidato al cargo de primer ministro de la alianza chií, uno de los candidatos debe asegurarse una mayoría dentro de la alianza, o con 75 escaños. Tanto los líderes de Dawa como del Consejo Supremo han estado negociando con aliados potenciales.
El empate ha dado a Chalabi un brillo de confianza.
"Ahora somos tres: Jafaari, Adel y yo", dijo Chalabi.
Que Chalabi esté incluso en una posición para maniobrar por el poder señala sin embargo otro de los altibajos de su trayectoria política. Aunque fue el principal aliado iraquí del Pentágono, la posición de Chalabi se ha deterioró firmemente en el gobierno de Bush cuando se hizo claro que gran parte de la inteligencia que proporcionó al gobierno norteamericano, y que fue usada para justificar la invasión, era falsa o exagerada.
Aquí en Iraq también aumentaron sus problemas. La condena de Chalabi en Jordania por acusaciones de desfalco de 30 millones de dólares de un banco jordano es bien conocida. El año pasado, cuando se peleó con el gobierno de Bush, un tribunal iraquí lo acusó de poseer dinero falsificado. Esas acusaciones fueron más tarde dejadas de lado.
Luego surgieron las acusaciones de que Chalabi había informado al gobierno iraní de que espías norteamericanos de la Agencia de Seguridad Nacional habían descifrado los códigos iraníes y estaban leyendo las comunicaciones secretas de Irán.
El FBI inició una investigación para determinar qué norteamericano puede haber revelado los códigos secretos iraníes a Chalabi. Los detectives han entrevistado a algunos funcionarios que tienen acceso a esos códigos secretos y sometieron a algunos a un análisis poligráfico. Pero los detectives han tenido dificultades en determinar quién filtró la información, y se muestran pesimistas sobre la posibilidad de formular cargos criminales, dijeron funcionarios a condición de conservar el anonimato.
Muchos líderes políticos iraquíes, incluso algunos que tienen relaciones amistosas con Chalabi, dicen que su intento de ocupar una función importante serán inútiles; creen poco posible que los líderes chiíes elijan como primer ministro a un hombre tan impopular en Iraq y que ha tenido un efecto tan polarizador en Estados Unidos, el principal aliado del gobierno iraquí.
"No puedo imaginar que nombren a Chalabi como primer ministro", dijo Adnan Pachachi, un líder sunní laico. "Es demasiado impopular".
La resurrección política de Chalabi fue posible tanto por el destino como por su propia determinación. En Washington ya no están sus rivales más encarnizados, el ex director de la CIA, George Tenet, y el ex ministro de Asuntos Exterioires, Colin L. Powell. A medida que políticos islámicos en Iraq se acercan al poder, Chalabi, que se educó en Occidentales, es laico y habla fluidamente el inglés, ha visto ascender nuevamente su utilidad para Washington.
En Iraq, Chalabi reunió una improbable coalición de chiíes descontentos, algunos de los que, a primera vista, parecen tener muy poco en común con el hombre mismo. La fortuna de Chalabi aumentará o descenderá probablemente dependiendo de la fiabilidad de sus nuevos aliados.
Un iraquí que puede tener la clave del futuro de Chalabi es Moqtada al-Sáder, el joven clérigo que encabezó una serie de revueltas armadas contra los militares norteamericanos el año pasado. De acuerdo a ayudantes de ambos, Sáder prometió apoyar a Chalabi en su intento de ser primer ministro. A pesar de su condición de paria -está acusado de asesinato y vive en la clandestinidad desde hace meses-, Sáder presentó varios candidatos en las elecciones. Juntos, sus aliados emergerán probablemente como el bloque más grande de la alianza chií, con 21 escaños.
El respaldo de Sáder daría un substancial empujón a Chalabi hacia su meta. Sin ese apoyo, las posibilidades de Chalabi son escasas.
Sáder, conocido por sus virulentas opiniones anti-norteamericanas e inclinaciones islámicas, parece un aliado poco probable de Chalabi, un moderado pro-occidental que apoya la presencia continuada de las fuerzas norteamericanas en Iraq. Pero en una entrevista la semana pasada en Nayaf, el principal asesor de Sáder dijo que Sáder había decidido apoyar a Chalabi. El asesor, Ali Smesim, dijo que los otros candidatos tenían programas muy limitados.
"Los otros están horneando pan para sí mismos", dijo Smesim sobre los rivales de Chalabi, empleando un proverbio árabe.
Pero los asesores de los principales rivales de Chalabi, Mahdi y Jafaari, dicen que el apoyo de Sáder a Chalabi no es seguro. En realidad, dicen, Sáder ha prometido apoyar a cualquier que emerja como el principal candidato.
"Moqtada nos envió un mensaje ayer", dijo Humam Hamoudi, líder del Consejo Supremo, que apoya a Mahdi.
La opinión dominante entre los rivales de Chalabi es que mientras sabe que tiene pocas posibilidades de ser primer ministro, postularse para el cargo aumenta sus expectativas en el nuevo gobierno. Adnan Ali, un asesor de Jafaari, dijo que habló recientemente con Chalabi.
"Le dije: ¿Realmente piensas que vas a ser primer ministro?'", dijo Ali. "Está solamente tratando de aumentar su poder".
Por su parte, Chalabi no quiere causar la impresión de que está haciendo concesiones. En su casa antes esta semana hablaba con un grupo de políticos iraquíes, que bebían diminutos vasos de té. Algunos de ellos eran candidatos independientes, que no se han identificado con ningún partido, y cuyos votos están disponibles.
"Los independientes están gravitando hacia mí", dijo.
Edward Wong contribuyó a este reportaje desde Nayaf, y Scott Shane y David Johnston desde Washington.
13 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
leyes anti-terroristas en holanda
La Cámara Baja aprobó ayer con gran mayoría las medidas anti-terroristas anunciadas por el gabinete. D66, GroenLinks y SP hicieron sin embargo algunas objeciones.
La Haya, Holanda. La Lista Pim Fortuyn LPF y el Grupo Wilders opinaron al contrario que la política del gabinete no iba suficientemente lejos. Así se desprendió ayer durante el debate sobre la carta que los ministros Remkes (Interior, VVD) y Donner (Justicia, CDA) enviaron a la Cámara a fines de enero. En ella anunciaban una larga lista de medidas contra el terrorismo.
La Cámara accedió unánimemente a la ampliación de los servicios de seguridad. El demócrata-cristiano CDA y el derechista VVD elogiaron el empuje del gobierno, pero quieren más rapidez en su implementación.
El Partido Socialista SP, la izquierda verde GroenLinks y el partido de la coalición de gobierno D66 (liberales) se opusieron a la obligación de presentarse de sospechosos, contra la prohibición por ejemplo de entrar al aeropuerto Schiphol o al Parlamento y contra la prohibición de la justificación de delitos cometidos. Opinan que las medidas son inefectivas y desproporcionadas.
Donner cree que la obligación de presentación sí tiene sentido, porque de este modo se mantiene a alguien "bajo vigilancia". Prometió sin embargo que esta medida tendrá garantías judiciales con criterios específicos.
El laborista PvdA se mostró crítico, pero no declaró si apoyaba o no los planes. El jefe de bancada Bos quiere esperar proyectos de ley concretos antes de tomar una decisión definitiva sobre la obligación de presentación y en hacer punible la justificación de actos terroristas.
La ultra-derechista LPF y el populista Grupo Wilders señalaron que todavía no se ha deportado a ningún imán y que no se ha clausurado ninguna mezquita, mientras el año pasado el ministro Remkes había dicho que había 25 mezquitas extremistas. Ahora, según Remkes, hay "menos de diez". El extremismo se desplaza "fuera de las mezquitas", dijo Remkes.
Donner no quiere ceder a los deseos de entre otros Wilders de cerrar mezquitas. "El objetivo no es cerrar las mezquitas, sino impedir la radicalización. Si eso se puede hacer sin cerrar las mezquitas, es mucho mejor", dijo.
El ministro Remkes informará a la comisión especial de la Cámara Baja sobre los servicios de informaciones y seguridad acerca de las medidas contra las mezquitas radicales. Esta comisión es cerrada.
11 de febrero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
La Haya, Holanda. La Lista Pim Fortuyn LPF y el Grupo Wilders opinaron al contrario que la política del gabinete no iba suficientemente lejos. Así se desprendió ayer durante el debate sobre la carta que los ministros Remkes (Interior, VVD) y Donner (Justicia, CDA) enviaron a la Cámara a fines de enero. En ella anunciaban una larga lista de medidas contra el terrorismo.La Cámara accedió unánimemente a la ampliación de los servicios de seguridad. El demócrata-cristiano CDA y el derechista VVD elogiaron el empuje del gobierno, pero quieren más rapidez en su implementación.
El Partido Socialista SP, la izquierda verde GroenLinks y el partido de la coalición de gobierno D66 (liberales) se opusieron a la obligación de presentarse de sospechosos, contra la prohibición por ejemplo de entrar al aeropuerto Schiphol o al Parlamento y contra la prohibición de la justificación de delitos cometidos. Opinan que las medidas son inefectivas y desproporcionadas.
Donner cree que la obligación de presentación sí tiene sentido, porque de este modo se mantiene a alguien "bajo vigilancia". Prometió sin embargo que esta medida tendrá garantías judiciales con criterios específicos.
El laborista PvdA se mostró crítico, pero no declaró si apoyaba o no los planes. El jefe de bancada Bos quiere esperar proyectos de ley concretos antes de tomar una decisión definitiva sobre la obligación de presentación y en hacer punible la justificación de actos terroristas.
La ultra-derechista LPF y el populista Grupo Wilders señalaron que todavía no se ha deportado a ningún imán y que no se ha clausurado ninguna mezquita, mientras el año pasado el ministro Remkes había dicho que había 25 mezquitas extremistas. Ahora, según Remkes, hay "menos de diez". El extremismo se desplaza "fuera de las mezquitas", dijo Remkes.
Donner no quiere ceder a los deseos de entre otros Wilders de cerrar mezquitas. "El objetivo no es cerrar las mezquitas, sino impedir la radicalización. Si eso se puede hacer sin cerrar las mezquitas, es mucho mejor", dijo.
El ministro Remkes informará a la comisión especial de la Cámara Baja sobre los servicios de informaciones y seguridad acerca de las medidas contra las mezquitas radicales. Esta comisión es cerrada.
11 de febrero de 2005
©nrc-handelsblad
©traducción mQh
kennedy mantiene crítica a guerra
[Charlie Savage] Dice que la retirada es necesaria para mostrar a los iraquíes que "son dueños de su país".
Washington, Estados Unidos. El senador Edward Kennedy defendió ayer ante una audiencia por televisión nacional su llamado al gobierno de Bush de fijar un calendario para la retirada de las tropas de Iraq.
En el programa Meet the Press' de la NBC, el demócrata de Massachusetts dijo que la resistencia se deriva de que los iraquíes no creen que "sean dueños de su propio país". La solución, dijo, es fijar un calendario para el adiestramiento de los iraquíes de modo que las tropas estadounidenses puedan marcharse.
"¿Por qué no podemos adiestrar sus tropas en cuatro, ocho, doce o quince meses?", dijo Kennedy. "Debemos fijarnos como meta -no como una exigencia, sino una meta- de que negociaremos un calendario con el nuevo gobierno iraquí, y que la meta es que queremos que nuestras tropas dejen el país en 2006".
El ministro de Defensa Donald Rumsfeld, que apareció separadamente en el mismo programa ayer, dijo que sería "engañoso" fijar una fecha específica de la retirada y dijo que las fuerzas de la coalición habían transformado en una prioridad el adiestramiento de las tropas iraquíes.
Kennedy dio un muy publicitado discurso el 27 de enero llamando a retirar las tropas a partir inmediatamente después de las elecciones iraquíes del 30 de enero, diciendo que la presencia de tropas estadounidenses estaba creando la resistencia y comparando a Iraq con Vietnam.
La oportunidad de su discurso proporcionó forraje a sus críticos cuando, tres días después, se apreció una alta participación y menos violencia de la esperada. Metraje de iraquíes celebrando alegremente la votación contradecía la descripción de Kennedy.
Ayer, Kennedy concedió que las elecciones habían sido un éxito, pero dijo que la solución definitiva sigue siendo para los iraquíes que Estados Unidos no puede ocupar el país permanentemente. Los estadounidenses no tienen por qué seguir muriendo y financiando la seguridad iraquí, agregó.
"El problema ahora es que los iraquíes no creen que sean dueños de su país", dijo. "Las elecciones fueron un importante avance, pero ellos deberían ser capaces de tener el tipo de seguridad que... y deberían ser adiestrados. Tenemos que discutir cómo hacerlo. ¿Por qué no pueden defender su propio país?"
El gobierno de Bush ha rechazado repetidas veces la idea de fijar un calendario para la retirada de las tropas. En su discurso sobre el Estado de la Unión de la semana pasada, el presidente Bush dijo que "fijar un calendario artificial para salir de Iraq... daría fuerzas a los terroristas y les haría creer que pueden esperar a que nos vayamos".
"Me parece que la respuesta sobre cuándo pueden retirarse las tropas depende de las condiciones en el terreno y de si los iraquíes son capaces de controlar su propia situación de seguridad", dijo Rumsfeld en Meet the Press'. "Estamos haciendo todo lo posible para que puedan".
En el programa This Week', de la ABC, Rumsfeld concedió que Iraq necesitará tiempo adicional para crear una fuerza capaz hacer frente a un potencial ataque de sus vecinos, incluyendo a Irán. Sin embargo, dijo que la declaración de Bush en su discurso sobre el Estado de la Unión de que las tropas norteamericanas dejarán Iraq cuando el país "sea capaz de defenderse a sí mismo" se refería sólo a terminar con la resistencia.
"Lo que quiso decir es que las fuerzas de seguridad interior de Iraq deben ser capaces de controlar la situación de seguridad en el país", dijo Rumsfeld.
Ayer Rumsfeld ofreció una parte de la evaluación clasificada de inteligencia sobre el programa de armas nucleares de Irán en una entrevista con la CNN, sugiriendo que es considerado "a años de distancia". Pero también pidió cautela sobre la precisión de la inteligencia.
"Yo no hago evaluaciones: eso es asunto de la comunidad de inteligencia", dijo Rumsfeld. "Están a varios años, pero no sé si la evaluación es correcta".
El gobierno de Bush basó su decisión de atacar a Iraq en parte reclamando que Iraq tenía un programa para la construcción de armas de destrucción masiva, pero esas armas no fueron encontradas durante la ocupación. El gobierno de momento ha empleado medios diplomáticos para convencer a Irán de que abandone su programa nuclear.
En su discurso del 27 de enero sobre Iraq, Kennedy también pidió a Bush que anunciara la retirada de 12.000 soldados norteamericanos inmediatamente después de las elecciones iraquíes para indicar que tenía una "estrategia de retirada genuina". Esa propuesta fue rechazada por otros, incluyendo al senador demócrata de Massachuetts, John F. Kerry, en una entrevista con Meet the Press' una semana antes.
Kennedy observó ayer que funcionarios militares norteamericanos, en declaraciones ante el Congreso la semana pasada, anunciaron que 15.000 soldados cuyo despliegue en Iraq había sido prolongado para proteger las elecciones serían enviados a casa "como yo sugerí".
7 de febrero de 2005
9 de febrero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. El senador Edward Kennedy defendió ayer ante una audiencia por televisión nacional su llamado al gobierno de Bush de fijar un calendario para la retirada de las tropas de Iraq.En el programa Meet the Press' de la NBC, el demócrata de Massachusetts dijo que la resistencia se deriva de que los iraquíes no creen que "sean dueños de su propio país". La solución, dijo, es fijar un calendario para el adiestramiento de los iraquíes de modo que las tropas estadounidenses puedan marcharse.
"¿Por qué no podemos adiestrar sus tropas en cuatro, ocho, doce o quince meses?", dijo Kennedy. "Debemos fijarnos como meta -no como una exigencia, sino una meta- de que negociaremos un calendario con el nuevo gobierno iraquí, y que la meta es que queremos que nuestras tropas dejen el país en 2006".
El ministro de Defensa Donald Rumsfeld, que apareció separadamente en el mismo programa ayer, dijo que sería "engañoso" fijar una fecha específica de la retirada y dijo que las fuerzas de la coalición habían transformado en una prioridad el adiestramiento de las tropas iraquíes.
Kennedy dio un muy publicitado discurso el 27 de enero llamando a retirar las tropas a partir inmediatamente después de las elecciones iraquíes del 30 de enero, diciendo que la presencia de tropas estadounidenses estaba creando la resistencia y comparando a Iraq con Vietnam.
La oportunidad de su discurso proporcionó forraje a sus críticos cuando, tres días después, se apreció una alta participación y menos violencia de la esperada. Metraje de iraquíes celebrando alegremente la votación contradecía la descripción de Kennedy.
Ayer, Kennedy concedió que las elecciones habían sido un éxito, pero dijo que la solución definitiva sigue siendo para los iraquíes que Estados Unidos no puede ocupar el país permanentemente. Los estadounidenses no tienen por qué seguir muriendo y financiando la seguridad iraquí, agregó.
"El problema ahora es que los iraquíes no creen que sean dueños de su país", dijo. "Las elecciones fueron un importante avance, pero ellos deberían ser capaces de tener el tipo de seguridad que... y deberían ser adiestrados. Tenemos que discutir cómo hacerlo. ¿Por qué no pueden defender su propio país?"
El gobierno de Bush ha rechazado repetidas veces la idea de fijar un calendario para la retirada de las tropas. En su discurso sobre el Estado de la Unión de la semana pasada, el presidente Bush dijo que "fijar un calendario artificial para salir de Iraq... daría fuerzas a los terroristas y les haría creer que pueden esperar a que nos vayamos".
"Me parece que la respuesta sobre cuándo pueden retirarse las tropas depende de las condiciones en el terreno y de si los iraquíes son capaces de controlar su propia situación de seguridad", dijo Rumsfeld en Meet the Press'. "Estamos haciendo todo lo posible para que puedan".
En el programa This Week', de la ABC, Rumsfeld concedió que Iraq necesitará tiempo adicional para crear una fuerza capaz hacer frente a un potencial ataque de sus vecinos, incluyendo a Irán. Sin embargo, dijo que la declaración de Bush en su discurso sobre el Estado de la Unión de que las tropas norteamericanas dejarán Iraq cuando el país "sea capaz de defenderse a sí mismo" se refería sólo a terminar con la resistencia.
"Lo que quiso decir es que las fuerzas de seguridad interior de Iraq deben ser capaces de controlar la situación de seguridad en el país", dijo Rumsfeld.
Ayer Rumsfeld ofreció una parte de la evaluación clasificada de inteligencia sobre el programa de armas nucleares de Irán en una entrevista con la CNN, sugiriendo que es considerado "a años de distancia". Pero también pidió cautela sobre la precisión de la inteligencia.
"Yo no hago evaluaciones: eso es asunto de la comunidad de inteligencia", dijo Rumsfeld. "Están a varios años, pero no sé si la evaluación es correcta".
El gobierno de Bush basó su decisión de atacar a Iraq en parte reclamando que Iraq tenía un programa para la construcción de armas de destrucción masiva, pero esas armas no fueron encontradas durante la ocupación. El gobierno de momento ha empleado medios diplomáticos para convencer a Irán de que abandone su programa nuclear.
En su discurso del 27 de enero sobre Iraq, Kennedy también pidió a Bush que anunciara la retirada de 12.000 soldados norteamericanos inmediatamente después de las elecciones iraquíes para indicar que tenía una "estrategia de retirada genuina". Esa propuesta fue rechazada por otros, incluyendo al senador demócrata de Massachuetts, John F. Kerry, en una entrevista con Meet the Press' una semana antes.
Kennedy observó ayer que funcionarios militares norteamericanos, en declaraciones ante el Congreso la semana pasada, anunciaron que 15.000 soldados cuyo despliegue en Iraq había sido prolongado para proteger las elecciones serían enviados a casa "como yo sugerí".
7 de febrero de 2005
9 de febrero de 2005
©boston globe
©traducción mQh
construyendo sobre las elecciones
Convencer a los sunníes de que integren al proceso político sigue siendo un reto para Iraq.
Las históricas elecciones de Iraq dejan al país con un problema que todos vieron venir pero nadie tomó medidas serias para solucionarlo. En lugar de ocuparse del distanciamiento de la comunidad sunní antes de las elecciones, los líderes de la mayoría chií, tanto religiosos como laicos, insistieron en realizar las elecciones primero y tratar de integrar después a la minoría -que en gran parte se mantuvo alejada de las urnas.
Ese después ha llegado. El boicot sunní significa que los partidos chiíes y kurdos estarán fuertemente sobre-representados en el nuevo gobierno. Eso conlleva sus propios peligros. Si alguno de estos grupos exagera su ya fuerte poder, la imagen de su Iraq pacífico, democrático y unificado evocado por las elecciones se romperá rápidamente. Con ello se pagaría mal el coraje y la determinación de los votantes. También haría que las tropas norteamericanas se quedaran luchando en una guerra prolongada, y probablemente imposible de ganar, contra la resistencia en las provincias sunníes. Los partidos victoriosos deben aceptar que recuperar a las provincias sunníes es un reto político que deben superar, no una faena militar que se puede dejar en manos de las tropas estadounidenses.
Hay algunos indicios positivos entre líderes políticos iraquíes de todas las comunidades a medida que proponen al menos medidas tentativas para una posible cooperación para la redacción de la nueva Constitución iraquí. Esas propuestas se derivan en parte de la aritmética de la ratificación constitucional. Una mayoría de dos tercios de los votos contra la Constitución en tres de cualquiera de las 18 provincias de Iraq podría bloquear su aprobación final. Esa disposición fue originalmente designada para proteger a las tres provincias de mayoría kurda. Pero ahora concentra la atención sobre las preocupaciones de las tres provincias de mayoría sunní. Esas provincias seguramente estarán gravemente sub-representadas en la recién elegida asamblea constituyente.
Tomará todavía un tiempo antes de que se sepa quiénes ocuparán los primeros escaños de la Asamblea Nacional. Pero un resultado seguro es que la largo tiempo oprimida mayoría chií obtendrá ahora un decisivo poder político. Esperemos que los líderes chiíes entiendan la diferencia entre liderazgo y dominación, y traten a los otros grupos mejor de lo que fueron tratados ellos durante las largas décadas de la dictadura sunní.
La lista de partidos religiosos chiíes que casi con toda seguridad obtendrá la mayoría de los votos no gobernará probablemente sola, ya que se necesitan dos tercios de la nueva asamblea para elegir a un nuevo gobierno y adoptar la nueva Constitución. Los socios de la coalición disponibles incluirán a la lista chií laica dirigida por el primer ministro interino, Ayad Allawi; el bloque formado por los dos principales partidos kurdos; y una colección de sunníes e independientes. El curso más razonable sería abarcar a la mayor cantidad posible de partidos, dejando a pocos fuera, y resentidos. En un país que vive una experiencia democrática por primera vez, el concepto de una oposición leal no ha tenido tiempo de echar raíces.
Por su parte, los líderes sunníes deben empezar a hacer propuestas concretas sobre cómo agregar sus voces y votos al debate constitucional. Los sunníes -no los chiíes, ni los kurdos ni la embajada norteamericana- deben decidir a qué sunníes incluir y cómo. Una vez que esto ocurra, chiíes y kurdos deben responder con generosidad, reconociendo que cualquier cosa que aleje a los sunníes de la resistencia y los ayude a preservar un Iraq unificado también sirve sus intereses.
8 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Las históricas elecciones de Iraq dejan al país con un problema que todos vieron venir pero nadie tomó medidas serias para solucionarlo. En lugar de ocuparse del distanciamiento de la comunidad sunní antes de las elecciones, los líderes de la mayoría chií, tanto religiosos como laicos, insistieron en realizar las elecciones primero y tratar de integrar después a la minoría -que en gran parte se mantuvo alejada de las urnas.Ese después ha llegado. El boicot sunní significa que los partidos chiíes y kurdos estarán fuertemente sobre-representados en el nuevo gobierno. Eso conlleva sus propios peligros. Si alguno de estos grupos exagera su ya fuerte poder, la imagen de su Iraq pacífico, democrático y unificado evocado por las elecciones se romperá rápidamente. Con ello se pagaría mal el coraje y la determinación de los votantes. También haría que las tropas norteamericanas se quedaran luchando en una guerra prolongada, y probablemente imposible de ganar, contra la resistencia en las provincias sunníes. Los partidos victoriosos deben aceptar que recuperar a las provincias sunníes es un reto político que deben superar, no una faena militar que se puede dejar en manos de las tropas estadounidenses.
Hay algunos indicios positivos entre líderes políticos iraquíes de todas las comunidades a medida que proponen al menos medidas tentativas para una posible cooperación para la redacción de la nueva Constitución iraquí. Esas propuestas se derivan en parte de la aritmética de la ratificación constitucional. Una mayoría de dos tercios de los votos contra la Constitución en tres de cualquiera de las 18 provincias de Iraq podría bloquear su aprobación final. Esa disposición fue originalmente designada para proteger a las tres provincias de mayoría kurda. Pero ahora concentra la atención sobre las preocupaciones de las tres provincias de mayoría sunní. Esas provincias seguramente estarán gravemente sub-representadas en la recién elegida asamblea constituyente.
Tomará todavía un tiempo antes de que se sepa quiénes ocuparán los primeros escaños de la Asamblea Nacional. Pero un resultado seguro es que la largo tiempo oprimida mayoría chií obtendrá ahora un decisivo poder político. Esperemos que los líderes chiíes entiendan la diferencia entre liderazgo y dominación, y traten a los otros grupos mejor de lo que fueron tratados ellos durante las largas décadas de la dictadura sunní.
La lista de partidos religiosos chiíes que casi con toda seguridad obtendrá la mayoría de los votos no gobernará probablemente sola, ya que se necesitan dos tercios de la nueva asamblea para elegir a un nuevo gobierno y adoptar la nueva Constitución. Los socios de la coalición disponibles incluirán a la lista chií laica dirigida por el primer ministro interino, Ayad Allawi; el bloque formado por los dos principales partidos kurdos; y una colección de sunníes e independientes. El curso más razonable sería abarcar a la mayor cantidad posible de partidos, dejando a pocos fuera, y resentidos. En un país que vive una experiencia democrática por primera vez, el concepto de una oposición leal no ha tenido tiempo de echar raíces.
Por su parte, los líderes sunníes deben empezar a hacer propuestas concretas sobre cómo agregar sus voces y votos al debate constitucional. Los sunníes -no los chiíes, ni los kurdos ni la embajada norteamericana- deben decidir a qué sunníes incluir y cómo. Una vez que esto ocurra, chiíes y kurdos deben responder con generosidad, reconociendo que cualquier cosa que aleje a los sunníes de la resistencia y los ayude a preservar un Iraq unificado también sirve sus intereses.
8 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
ahora hay que hacerse a un lado
[Robert Scheer] Después de las excelentes noticias sobre las elecciones, es hora de que Bush piense en retirarse de Iraq.
Las elecciones en Iraq, aunque defectuosas, son muy buenas noticias. Toda vez que la gente se acostumbra a votar en lugar de coger las armas para hacer historia, ellos y el resto del mundo se benefician enormemente.
Que más del 60 por ciento de los votantes inscritos hayan votado a pesar de las espantosas condiciones en un Iraq convulsionado por la guerra, es un testimonio de la enorme valentía de que hacen gala los seres humanos en condiciones de extrema dureza.
También parece que las elecciones son una suerte de reprimenda de los que predicaban una venenosa mezcla de fundamentalismo y violencia nihilista, como fue el caso en las elecciones palestinas del mes pasado. Pero la prueba ahora, en ambas regiones ocupadas, es si se permitirá que la voluntad de los votantes sea algo más que un gesto simbólico.
Es difícil imaginar cómo van los partidos kurdos y chiíes a maquillar el hecho de que la minoría religiosa sunní que gobernó Iraq durante siglos boicoteó en gran parte las elecciones.
Sin embargo, si los líderes recién elegidos pueden usar realmente el poder democrático para el bien común, será un paso importante hacia un Iraq estable y legítimo. Sin embargo, sería increíblemente ingenuo creer que el programa de los elegidos se pueda fundir fácilmente con el de los ocupantes, y que hagan algo para reducir la resistencia.
Informes preliminares indican que la Alianza Unida Iraquí del gran ayatollah Ali Sistani puede haber acumulado una mayoría de los votos. Esto le da poder al líder religioso y político, nacido en Irán y apoyado por Teherán, que se ha mostrado muy firme en su deseo de acelerar el calendario de retirada de las tropas norteamericanas. Y un sondeo de Abu Dhabi TV/Zogby realizado dos días antes de las elecciones dejan claro que en esto representa a la ciudadanía: Un 82 por ciento de los sunníes y 69 por ciento de los chiíes quieren que los militares estadounidenses abandonen el país "inmediatamente o después de que asuma el gobierno elegido".
Uno puede disputar sobre lo rápido que quieren ir, pero no debe haber ninguna duda de que los resultados de las elecciones en Iraq son una victoria histórica para una postura de auto-determinación, más bien de que subordinación. No cometamos errores: Una clara victoria de Sistani no se ajusta al programa neo-conservador de la Casa Blanca de crear un Oriente Medio más flexible.
Claro que el presidente Bush hizo lo correcto en insistir en convocar las elecciones, porque la resistencia sunní no se va a disipar mientras se pueda nutrir de la presencia de la ocupación. Pero este momento positivo le explotará en la cara si se demuestra que no es más una co-optación del fuerte anhelo de la población iraquí de auto-determinación. Para Estados Unidos, actuar de buena fe es esencial en estos momentos. El fin de semana pasado, el país soportó otro embarazoso golpe cuando la BBC informó que los propios auditores de Estados Unidos concluyeron que casi la mitad de todos los ingresos por el petróleo generados desde la invasión no pueden ser encontrados -unos asombrosos 8.8 billones de dólares.
Los votantes iraquíes arriesgaron sus vidas y merecen mucho más que una fachada de democracia o un dictador títere que actúe como el músculo' en la región, como hizo Saddam Hussein durante tantos años. Necesitan que se les entregue un control democrático y transparente de su petróleo, de su economía y de su seguridad. Las elecciones deben ser también la ocasión para empezar la retirada de las tropas norteamericanas y de otros países.
Para ser claro, esto no significa abandonar las responsabilidades que ha tomado Estados Unidos tras aplastar a Iraq durante dos invasiones y una década de sanciones. Deberíamos asegurarnos de se anule la deuda internacional de Iraq y se repare su infraestructura, que costará billones de dólares y tomará muchos años. Pero si se nos pide que nos marchemos, debemos hacerlo, o exponernos a que se diga que la "liberación" no es más que la retórica de una Gran Potencia.
Desgraciadamente, a pesar de nuestras propias tradiciones democráticas, históricamente no hemos sido de gran ayuda cuando países más débiles hacen su historia a través del voto. Aplastamos a los presidentes electos en Vietnam del Sur, Irán, Chile, Nicaragua, Guatemala, Venezuela, Haití y otros países. Sin embargo, si vamos a creer en que la idea fomentada tan elocuentemente por los padres fundadores de este país -y yo creo apasionadamente en ella-, la única esperanza real de la auto-determinación de Iraq es el apoyo de buena fe de la comunidad internacional.
No importa qué pase, va a ser un proceso largo y complicado. Iraq y Oriente Medio han estado congelados políticamente desde hace tiempo. Sin embargo, las cosas se pondrán peor si Estados Unidos no aprenden a salirse del camino.
1 de febrero de 2005
8 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Las elecciones en Iraq, aunque defectuosas, son muy buenas noticias. Toda vez que la gente se acostumbra a votar en lugar de coger las armas para hacer historia, ellos y el resto del mundo se benefician enormemente.Que más del 60 por ciento de los votantes inscritos hayan votado a pesar de las espantosas condiciones en un Iraq convulsionado por la guerra, es un testimonio de la enorme valentía de que hacen gala los seres humanos en condiciones de extrema dureza.
También parece que las elecciones son una suerte de reprimenda de los que predicaban una venenosa mezcla de fundamentalismo y violencia nihilista, como fue el caso en las elecciones palestinas del mes pasado. Pero la prueba ahora, en ambas regiones ocupadas, es si se permitirá que la voluntad de los votantes sea algo más que un gesto simbólico.
Es difícil imaginar cómo van los partidos kurdos y chiíes a maquillar el hecho de que la minoría religiosa sunní que gobernó Iraq durante siglos boicoteó en gran parte las elecciones.
Sin embargo, si los líderes recién elegidos pueden usar realmente el poder democrático para el bien común, será un paso importante hacia un Iraq estable y legítimo. Sin embargo, sería increíblemente ingenuo creer que el programa de los elegidos se pueda fundir fácilmente con el de los ocupantes, y que hagan algo para reducir la resistencia.
Informes preliminares indican que la Alianza Unida Iraquí del gran ayatollah Ali Sistani puede haber acumulado una mayoría de los votos. Esto le da poder al líder religioso y político, nacido en Irán y apoyado por Teherán, que se ha mostrado muy firme en su deseo de acelerar el calendario de retirada de las tropas norteamericanas. Y un sondeo de Abu Dhabi TV/Zogby realizado dos días antes de las elecciones dejan claro que en esto representa a la ciudadanía: Un 82 por ciento de los sunníes y 69 por ciento de los chiíes quieren que los militares estadounidenses abandonen el país "inmediatamente o después de que asuma el gobierno elegido".
Uno puede disputar sobre lo rápido que quieren ir, pero no debe haber ninguna duda de que los resultados de las elecciones en Iraq son una victoria histórica para una postura de auto-determinación, más bien de que subordinación. No cometamos errores: Una clara victoria de Sistani no se ajusta al programa neo-conservador de la Casa Blanca de crear un Oriente Medio más flexible.
Claro que el presidente Bush hizo lo correcto en insistir en convocar las elecciones, porque la resistencia sunní no se va a disipar mientras se pueda nutrir de la presencia de la ocupación. Pero este momento positivo le explotará en la cara si se demuestra que no es más una co-optación del fuerte anhelo de la población iraquí de auto-determinación. Para Estados Unidos, actuar de buena fe es esencial en estos momentos. El fin de semana pasado, el país soportó otro embarazoso golpe cuando la BBC informó que los propios auditores de Estados Unidos concluyeron que casi la mitad de todos los ingresos por el petróleo generados desde la invasión no pueden ser encontrados -unos asombrosos 8.8 billones de dólares.
Los votantes iraquíes arriesgaron sus vidas y merecen mucho más que una fachada de democracia o un dictador títere que actúe como el músculo' en la región, como hizo Saddam Hussein durante tantos años. Necesitan que se les entregue un control democrático y transparente de su petróleo, de su economía y de su seguridad. Las elecciones deben ser también la ocasión para empezar la retirada de las tropas norteamericanas y de otros países.
Para ser claro, esto no significa abandonar las responsabilidades que ha tomado Estados Unidos tras aplastar a Iraq durante dos invasiones y una década de sanciones. Deberíamos asegurarnos de se anule la deuda internacional de Iraq y se repare su infraestructura, que costará billones de dólares y tomará muchos años. Pero si se nos pide que nos marchemos, debemos hacerlo, o exponernos a que se diga que la "liberación" no es más que la retórica de una Gran Potencia.
Desgraciadamente, a pesar de nuestras propias tradiciones democráticas, históricamente no hemos sido de gran ayuda cuando países más débiles hacen su historia a través del voto. Aplastamos a los presidentes electos en Vietnam del Sur, Irán, Chile, Nicaragua, Guatemala, Venezuela, Haití y otros países. Sin embargo, si vamos a creer en que la idea fomentada tan elocuentemente por los padres fundadores de este país -y yo creo apasionadamente en ella-, la única esperanza real de la auto-determinación de Iraq es el apoyo de buena fe de la comunidad internacional.
No importa qué pase, va a ser un proceso largo y complicado. Iraq y Oriente Medio han estado congelados políticamente desde hace tiempo. Sin embargo, las cosas se pondrán peor si Estados Unidos no aprenden a salirse del camino.
1 de febrero de 2005
8 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
adiestrando a los iraquíes
[Joseph R. Biden Jr.] ¿Cómo marcha el adiestramiento de la policía iraquí?
Antes de que podamos empezar a retirarnos de una manera responsable de Iraq, debemos cumplir dos condiciones. Primero, debe emerger un gobierno y Constitución iraquíes que las principales facciones políticas del país consideren legítimos. Segundo, ese gobierno debe desarrollar la capacidad de garantizar la ley y el orden, proporcionar servicios básicos y, lo más importante de todo, derrotar a la resistencia. Las elecciones del domingo pasado fueron un paso importante hacia el primer requisito, pero han hecho poco en la consecución del segundo.
Durante la confirmación de la ministro de Asuntos Exteriores Condoleeza Rice, gran parte del debate fueron las cifras que avanzamos, ella y yo, sobre las fuerzas de seguridad iraquíes. Rice dijo que había unas 125.000 fuerzas iraquíes adiestradas. Yo sostuve que la cifra real variaba entre 4.000 y 18.000. ¿Cómo se explica la discrepancia?
Una de las mediciones del gobierno de Bush es correcta: Hoy hay unos 136.000 iraquíes "adiestrados y equipados". Pero la medición no tiene sentido. En realidad, hace un año, el ministro de Defensa Donald Rumsfeld fanfarroneó que había 210.000 iraquíes en uniforme y lo calificó de "un logro impresionante".
Deberíamos concentrarnos en mediciones reales, no en cifras crudas. La medición real es directa: ¿Puede un soldado o agente de policía iraquí hacer lo que le pedimos que hagan a soldados norteamericanos: proveer ley y orden, proteger la infraestructura, defender las fronteras y, sobre todo, derrotar a la resistencia? No hay en ninguna parte 136.000 iraquíes capaces de lograr estas metas. Aquí están los hechos:
Policía
De acuerdo al gobierno, hay 57.290 policías iraquíes adiestrados. La palabra clave es "adiestrados". Los que ya formaban parte de la vieja policía iraquí reciben un curso de "repaso" de tres semanas. Sin embargo, los restos de la era de Saddam Hussein no poseían ninguna de las habilidades de nuestra policía -desde técnicas de investigación hasta control de multitudes y una comprensión básica de los derechos humanos.
Los nuevos reclutas pasan ocho semanas en la sala de clases, en comparación con las 16 a 24 semanas en los países más desarrollados. Muchos llegan a la academia tras un control mínimo y sin las habilidades básicas de leer y conducir. Después de las clases, los nuevos reclutas deberían recibir un curso de adiestramiento de terreno de 24 semanas, con adiestradores estadounidenses y otros extranjeros, pero no se ha implementado nunca debido a los problemas de seguridad y a una escasez de adiestradores de campo.
Imaginad una ciudad norteamericana dando a un policía primerizo un curso teórico mínimo y luego enviadlo a patrullar un vecindario plagado de traficantes de drogas, pandillas callejeras, criminales violentos y terroristas sin tener siquiera la ventaja de un colega con más experiencia, y mucho menos un vehículo blindado, comisarías de policía seguras y armas adecuadas. ¿Sorprende que casi toda la fuerza policial de Mosul desertó en noviembre ante un violento ataque de los rebeldes?
Guardia Nacional
El 19 de enero el gobierno dijo que había 36.827 guardias nacionales en servicio. Desde entonces los iraquíes han integrado a la guardia en el ejército, que ahora totaliza 56.284 miembros. Se esperaba que la guardia fuera la punta de la lanza contra la insurgencia. Sus miembros reciben seis a siete semanas de adiestramiento, pero apenas si hay énfasis en las habilidades anti-terroristas.
La guardia ha sufrido fuertes bajas, ha estado plagada por un alto absentismo -el resultado de una efectiva campaña de intimidación- y está infiltrada por los rebeldes. En el mejor de los casos, la guardia puede ocuparse de la seguridad de punto fijo -como lo hizo con la policía y el ejército durante las elecciones de la semana pasada- pero sólo si cuenta con un masivo apoyo de combate y logístico de Estados Unidos.
La policía y la guardia constituyen 94.000 de los 136.00 iraquíes "adiestrados y equipados". El ejército, las unidades fronterizas y las fuerzas especializadas conforman el resto. Sin embargo, a pesar de su valentía pocas pueden operar independientemente contra la resistencia. Su habilidad para realizar otras misiones, como garantizar la ley y el orden, no ha sido probada.
Después de más de un año de estar a la deriva, el gobierno dio el crítico paso en la dirección correcta: Puso al general David Petraeus a cargo del adiestramiento de seguridad. Ha agregado la contra-insurgencia al currículum policial, enfatizado las habilidades de liderazgo y la construcción de unidades cohesivas, y ha desarrollado fuerzas especiales con períodos mucho más extensos de adiestramiento. Como resultado, los iraquíes han comenzado a recibir los equipos, adiestramiento y habilidades de mando que necesitan para luchar contra los rebeldes. Entre estos se incluyen comandos de la policía (unos 5.000), fuerzas especiales de intervención (unos 9.000) y unidades especiales y otras fuerzas especializadas (unos 4.000). Estas fuerzas totalizan unos 18.000 hombres.
Pero eso es bastante menos que el cálculo del gobierno de 136.000 hombres. Y de esos 18.000 muchos son primerizos con poca experiencia. En realidad, en los testimonios del jueves ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, funcionarios de alto nivel del gobierno no pudieron decir cuántas fuerzas iraquíes pueden operar independientemente contra la resistencia. Es por eso que creo que la cantidad de fuerzas iraquíes preparadas para enfrentarse a la resistencia es de entre 4.000 y 18.000 hombres.
El gobierno debe seguir construyendo sobre esta base anti-insurgente. Debería integrar a oficiales norteamericanos con unidades iraquíes para desarrollar sus habilidades operacionales. Debe presionarse a otros países para apoyar y abrir academias de formación de policías fuera de Iraq. También debemos acelerar los esfuerzos para adiestrar a la policía en labores que garanticen la ley y el orden público en las partes de Iraq que no están bajo sitio de los rebeldes pero que se ven plagadas por la violencia.
En casa, necesitamos que el gobierno discuta con nosotros sobre los retos en Iraq, incluyendo el tiempo que tomará desarrollar fuerzas de seguridad que puedan operar independientemente. Exagerar el tamaño o la capacidad de esas fuerzas -y creando esa falsa impresión ante los estadounidenses- es una garantía de fracaso.
El escritor es senador de Delaware y miembro demócrata del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense.
7 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Durante la confirmación de la ministro de Asuntos Exteriores Condoleeza Rice, gran parte del debate fueron las cifras que avanzamos, ella y yo, sobre las fuerzas de seguridad iraquíes. Rice dijo que había unas 125.000 fuerzas iraquíes adiestradas. Yo sostuve que la cifra real variaba entre 4.000 y 18.000. ¿Cómo se explica la discrepancia?
Una de las mediciones del gobierno de Bush es correcta: Hoy hay unos 136.000 iraquíes "adiestrados y equipados". Pero la medición no tiene sentido. En realidad, hace un año, el ministro de Defensa Donald Rumsfeld fanfarroneó que había 210.000 iraquíes en uniforme y lo calificó de "un logro impresionante".
Deberíamos concentrarnos en mediciones reales, no en cifras crudas. La medición real es directa: ¿Puede un soldado o agente de policía iraquí hacer lo que le pedimos que hagan a soldados norteamericanos: proveer ley y orden, proteger la infraestructura, defender las fronteras y, sobre todo, derrotar a la resistencia? No hay en ninguna parte 136.000 iraquíes capaces de lograr estas metas. Aquí están los hechos:
Policía
De acuerdo al gobierno, hay 57.290 policías iraquíes adiestrados. La palabra clave es "adiestrados". Los que ya formaban parte de la vieja policía iraquí reciben un curso de "repaso" de tres semanas. Sin embargo, los restos de la era de Saddam Hussein no poseían ninguna de las habilidades de nuestra policía -desde técnicas de investigación hasta control de multitudes y una comprensión básica de los derechos humanos.
Los nuevos reclutas pasan ocho semanas en la sala de clases, en comparación con las 16 a 24 semanas en los países más desarrollados. Muchos llegan a la academia tras un control mínimo y sin las habilidades básicas de leer y conducir. Después de las clases, los nuevos reclutas deberían recibir un curso de adiestramiento de terreno de 24 semanas, con adiestradores estadounidenses y otros extranjeros, pero no se ha implementado nunca debido a los problemas de seguridad y a una escasez de adiestradores de campo.
Imaginad una ciudad norteamericana dando a un policía primerizo un curso teórico mínimo y luego enviadlo a patrullar un vecindario plagado de traficantes de drogas, pandillas callejeras, criminales violentos y terroristas sin tener siquiera la ventaja de un colega con más experiencia, y mucho menos un vehículo blindado, comisarías de policía seguras y armas adecuadas. ¿Sorprende que casi toda la fuerza policial de Mosul desertó en noviembre ante un violento ataque de los rebeldes?
Guardia Nacional
El 19 de enero el gobierno dijo que había 36.827 guardias nacionales en servicio. Desde entonces los iraquíes han integrado a la guardia en el ejército, que ahora totaliza 56.284 miembros. Se esperaba que la guardia fuera la punta de la lanza contra la insurgencia. Sus miembros reciben seis a siete semanas de adiestramiento, pero apenas si hay énfasis en las habilidades anti-terroristas.
La guardia ha sufrido fuertes bajas, ha estado plagada por un alto absentismo -el resultado de una efectiva campaña de intimidación- y está infiltrada por los rebeldes. En el mejor de los casos, la guardia puede ocuparse de la seguridad de punto fijo -como lo hizo con la policía y el ejército durante las elecciones de la semana pasada- pero sólo si cuenta con un masivo apoyo de combate y logístico de Estados Unidos.
La policía y la guardia constituyen 94.000 de los 136.00 iraquíes "adiestrados y equipados". El ejército, las unidades fronterizas y las fuerzas especializadas conforman el resto. Sin embargo, a pesar de su valentía pocas pueden operar independientemente contra la resistencia. Su habilidad para realizar otras misiones, como garantizar la ley y el orden, no ha sido probada.
Después de más de un año de estar a la deriva, el gobierno dio el crítico paso en la dirección correcta: Puso al general David Petraeus a cargo del adiestramiento de seguridad. Ha agregado la contra-insurgencia al currículum policial, enfatizado las habilidades de liderazgo y la construcción de unidades cohesivas, y ha desarrollado fuerzas especiales con períodos mucho más extensos de adiestramiento. Como resultado, los iraquíes han comenzado a recibir los equipos, adiestramiento y habilidades de mando que necesitan para luchar contra los rebeldes. Entre estos se incluyen comandos de la policía (unos 5.000), fuerzas especiales de intervención (unos 9.000) y unidades especiales y otras fuerzas especializadas (unos 4.000). Estas fuerzas totalizan unos 18.000 hombres.
Pero eso es bastante menos que el cálculo del gobierno de 136.000 hombres. Y de esos 18.000 muchos son primerizos con poca experiencia. En realidad, en los testimonios del jueves ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, funcionarios de alto nivel del gobierno no pudieron decir cuántas fuerzas iraquíes pueden operar independientemente contra la resistencia. Es por eso que creo que la cantidad de fuerzas iraquíes preparadas para enfrentarse a la resistencia es de entre 4.000 y 18.000 hombres.
El gobierno debe seguir construyendo sobre esta base anti-insurgente. Debería integrar a oficiales norteamericanos con unidades iraquíes para desarrollar sus habilidades operacionales. Debe presionarse a otros países para apoyar y abrir academias de formación de policías fuera de Iraq. También debemos acelerar los esfuerzos para adiestrar a la policía en labores que garanticen la ley y el orden público en las partes de Iraq que no están bajo sitio de los rebeldes pero que se ven plagadas por la violencia.
En casa, necesitamos que el gobierno discuta con nosotros sobre los retos en Iraq, incluyendo el tiempo que tomará desarrollar fuerzas de seguridad que puedan operar independientemente. Exagerar el tamaño o la capacidad de esas fuerzas -y creando esa falsa impresión ante los estadounidenses- es una garantía de fracaso.
El escritor es senador de Delaware y miembro demócrata del Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense.
7 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
soldados que vuelven a casa
[Steve Fainaru] Los soldados en Iraq se enorgullecen de las elecciones, pero tienen dudas sobre el futuro.
Kirkuk, Iraq. Caminando a través del lodo que rodea su barraca temporal, el sargento primero Ken Agueda llevaba su rifle de asalto M-4 sin sus letales componente esenciales: balas. Antes en el día, Agueda había entregado sus municiones -cartuchos, varias granadas- para prepararse para su viaje a casa después de casi 13 meses en Iraq.
"Es como andar sin pantalones", dijo Agueda, de Bayamón, Puerto Rico, un veterano con 17 años de servicio en el ejército norteamericano.
Con su partida a pocos días, Agueda y su unidad, el Primer Batallón, Regimiento de Infantería Nº14 de la 25 División de Infantería, estaban eufóricos y pensativos. Durante más de una docena de entrevistas en los últimos tres días de esta semana, soldados con experiencia de combate en todos los rincones de Iraq presentaron una contradictoria evaluación final de un conflicto que los ha marcado para siempre. Todos concuerdan en que su resultado final sigue siendo altamente incierto y remoto.
Soldados de todas las jerarquías, desde soldados rasos hasta oficiales de alto rango, describieron las elecciones nacionales del domingo como una vindicación de más de un año de duro servicio. La inesperada fuerte participación, dijeron, cambiaron su percepción sobre la disposición de los iraquíes a aceptar la misión norteamericana aquí y ayudó a proyectar una imagen rara vez positiva de los militares estadounidenses después de manchas como el escándalo de las torturas a prisioneros en Abu Ghraib el año pasado.
"Fue lo opuesto de Abu Ghraib", dijo Agueda. "Creo que se puede decir que es lo más grande que hemos hecho. Quiero decir, ayudamos a hacer historia desde nuestras humildes posiciones. Hicimos algo que puede tener un efecto positivo para todo el mundo".
El especialista Andrew Field, 31, de Tallahassee, describió las elecciones como "el momento culminante de todo nuestro despliegue. Si no hubiesen marchado bien, habría tenido un efecto desmoralizador terrible. Le dio sentido a todo lo que hemos estado haciendo".
Pero los soldados se mostraron reticentes a decir que las elecciones eran un momento crucial en la guerra. "Partir después de las elecciones quedará como algo positivo en nuestros recuerdos, pero no sé si soy optimista o pesimista", dijo el capitán John Hussey, 26, de Uvalde, Tejas. "No me sorprendería si el país se hundiera en el caos. Pero tampoco si prosperara".
Interrogado sobre cuánto tiempo cree que seguirán las tropas estadounidenses en Iraq, Hussey dijo: "Probablemente 10 o 15 años más, si lo queremos hacer bien. No creo que en diez años vaya a haber 135.000 norteamericanos en Bagdad, pero habrá norteamericanos en Iraq durante un largo, largo tiempo".
La unidad, con base en Schofield Barracks, Hawai, llegó a Iraq hace más de un año. El batallón fue desplegada al sur, en Nayaf, donde combatió dos veces a la milicia de Moqtada Sáder, el clérigo chií rebelde, y en el norte, en la ciudad de Mosul, donde ayudó a proporcionar seguridad para las elecciones después de que les extendieran el período de servicio de un año.
Entre los 700 miembros del batallón se repartieron al menos 500 insignias de Combate de Infantería por participación en combates cuerpo a cuerpo. La unidad no sufrió bajas. Ha sino nominada para una Mención Presidencial, que condecora a las unidades que han exhibido "heroísmo extraordinario en acción contra un enemigo armado".
El batallón sufrió de todo, desde nieve hasta calores extremos; un día del verano pasado, el sargento de primera clase Greg Baker dijo que su termómetro portátil marcó una temperatura de 54 grados Celsius. Durante un período de 17 días en Nayaf, en abril, los soldados vivieron en la intemperie en el desierto y subsistieron con solo una botella de agua y una MRE (comida preparada) al día. El especialista Kris Johnson, 22, de Chicago, bromeó diciendo que en Mosul en los días previos a la elección hacía tanto frío y humedad que sus dedos se congelaron apretando su M-4 y que otros soldados tuvieron que apretar el gatillo por él.
La misión final de la unidad reveló mucho sobre los rigores de la vida de los soldados en Iraq. Después de las elecciones el batallón tuvo que volver desde Mosul a la Base de Operaciones de Avanzada de Kirkuk. El convoy consistía de casi 100 vehículos, desde todoterrenos hasta remolques, y el viaje fue tan complicado que los comandantes lo prepararon escribiendo con tiza en un mapa de colores que abarcaba todo el piso de la sala. Los vehículos partieron por fases y viajaron con los focos apagados para evitar delatarse ante los rebeldes armados con lanzagranadas.
Un todoterreno que llevaba al periodista se desvió varias veces de la ruta el martes a medida que el chofer, 22, con las gafas infrarrojas empañándose, se esforzaba por encontrarla en la lluvia y la oscuridad. El viaje tomó seis horas y, hacia el final, el convoy se extravió en el centro de Kirkuk, al tratar de encontrar la ruta de vuelta a la base.
"Aquí no te puedes relajar nunca completamente", dijo el capitán James Everett, 30, de Currituck, Carolina del Norte, que también se encontraba en el vehículo. "Tienes tus descansos, pero estás siempre en guardia".
Al día siguiente, el alivio entre los soldados era palpable. Sin otra cosa que hacer excepto empacar y esperar, miraron películas, leyeron, durmieron, fumaron o pasearon sin objeto en la base. Los soldados duermen en literas en un campamento llamado Ciudad de las Tiendas, un grupo de curtidas tiendas de lona con 20 soldados cada una. Las lluvias han transformado la zona en un pantano. La ducha caliente es rara. A nadie parece importarle.
"Señor, ¿cómo diablos le va?", gritó un soldado, sonriendo y llamando al capitán Chris Loftis, de Honolulu, que habla fluido árabe y trabajó como enlace del batallón con las fuerzas de seguridad iraquíes.
"Muy bien, sargento", gritó Loftis.
"Me cae bien", gritó el soldado antes de desaparecer en uno de los apestosos retretes portátiles del campamento.
En la reunión nocturna con oficiales de alto rango, el comandante de la unidad, el teniente coronel Dave Miller, pidió al médico del batallón, mayor Joel Meyer, una actualización de sus actividades. Esa tarde, Meyer, que es normalmente un médico de cabecera en el Centro Médico del Ejército Tripler en Hawai, había retirado las dos cerraduras de una caja negra que había acarreado desde el año pasado. Sacó metódicamente todo su contenido -frascos de morfina, docenas de botellas de grado farmacéutico Demerol, un analgésico, y Ativan, que reduce la ansiedad- y pasó las siguientes dos horas destruyéndolas. Meyer echó las tabletas en un retrete, donde se disolvieron. Inyectó la morfina en el barro.
"Bien, me deshice de decenas de miles de dólares en substancias controladas", dijo Meyer. "Tuve tres comidas normales. Estoy planeando reportarme temprano".
Todos los soldados estaban siguiendo adiestramiento de reintegración para poder enfrentarse a los que oficiales veteranos predicen que será una transición difícil, especialmente los que tienen familias. "Un año de despliegue no es sano para nadie", dijo Agueda. "Todos aquí en esta compañía han pasado por crisis, te lo aseguro. Ahora mismo, eso tendrá que repararse, y me incluyo yo mismo".
"Todos envejecimos un montón", dijo Hussey.
Los soldados llevan un recuerdo de su propio encuentro con la mortalidad. Compartiendo un cigarro con filtro entre amigos junto a su tienda, Johson, el especialista de Chicago, dijo que su encuentro había ocurrido en octubre pasado durante una ofensiva norteamericana a 104 kilómetros al norte de Bagdad. Estaba frente a una comisaría de policía iraquí ocupada por fuerzas norteamericanas en Samarra cuando vio una granda que había sido lanzada contra él.
"Era como una raya blanca, y se vino gritando mi nombre -¡Johnson! ¡Johnson! ¡Johnson!- por toda la calle", dijo, sus amigos retorciéndose de risa. La granada impactó contra un tanque a unos 15 metros y lo lanzó al suelo, dijo, temblando pero entero.
Baker dijo que su recuerdo más determinante ocurrió durante la misma operación. "Había una familia caminando por la calle y, sabes, es guerra", dijo, mirando al aire. "Había cuerpos partidos en dos y había sangre por todas partes, y este niño descalzo se acerca a mí caminando. Llevaba a su padre de la mano. Yo estaba pensado: ¿Cómo podrá el niño superar todo esto?' Había pedazos de cerebro y de tripas entre sus dedos. Yo le di un caramelo, y sonrió como si no pasara nada malo".
Baker hizo una pausa.
"Sólo quiero volver a casa y ver a mis niñas", dijo.
El capitán Chris Duncan, 28, un licenciado de la Universidad de Johns Hopkins de Kingsland, Arkansas, dijo que él apoyaba fielmente la guerra. Pero cuando se enteraba de que habían matado a un soldado o veía a uno de sus amigos herido, a veces se preguntaba si valía la pena.
El día de las elecciones, dijo Duncan, estaba cerca de un colegio electoral y miraba la ola de iraquíes que se acercaban a votar. "Al principio había uno, luego dos, luego cincuenta", dijo. Luego la cola daba la vuelta del local de votación. Y este era un barrio donde la gente realmente tenía razones para tenernos aversión: antiguos miembros del Partido Baaz, antiguos tipos del régimen militar".
Duncan, que en los últimos tres años ha pasado 20 meses en Iraq, dijo que la imagen había fortalecido su determinación.
"Ahora sé para qué sirvió todo", dijo.
7 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
"Es como andar sin pantalones", dijo Agueda, de Bayamón, Puerto Rico, un veterano con 17 años de servicio en el ejército norteamericano.
Con su partida a pocos días, Agueda y su unidad, el Primer Batallón, Regimiento de Infantería Nº14 de la 25 División de Infantería, estaban eufóricos y pensativos. Durante más de una docena de entrevistas en los últimos tres días de esta semana, soldados con experiencia de combate en todos los rincones de Iraq presentaron una contradictoria evaluación final de un conflicto que los ha marcado para siempre. Todos concuerdan en que su resultado final sigue siendo altamente incierto y remoto.
Soldados de todas las jerarquías, desde soldados rasos hasta oficiales de alto rango, describieron las elecciones nacionales del domingo como una vindicación de más de un año de duro servicio. La inesperada fuerte participación, dijeron, cambiaron su percepción sobre la disposición de los iraquíes a aceptar la misión norteamericana aquí y ayudó a proyectar una imagen rara vez positiva de los militares estadounidenses después de manchas como el escándalo de las torturas a prisioneros en Abu Ghraib el año pasado.
"Fue lo opuesto de Abu Ghraib", dijo Agueda. "Creo que se puede decir que es lo más grande que hemos hecho. Quiero decir, ayudamos a hacer historia desde nuestras humildes posiciones. Hicimos algo que puede tener un efecto positivo para todo el mundo".
El especialista Andrew Field, 31, de Tallahassee, describió las elecciones como "el momento culminante de todo nuestro despliegue. Si no hubiesen marchado bien, habría tenido un efecto desmoralizador terrible. Le dio sentido a todo lo que hemos estado haciendo".
Pero los soldados se mostraron reticentes a decir que las elecciones eran un momento crucial en la guerra. "Partir después de las elecciones quedará como algo positivo en nuestros recuerdos, pero no sé si soy optimista o pesimista", dijo el capitán John Hussey, 26, de Uvalde, Tejas. "No me sorprendería si el país se hundiera en el caos. Pero tampoco si prosperara".
Interrogado sobre cuánto tiempo cree que seguirán las tropas estadounidenses en Iraq, Hussey dijo: "Probablemente 10 o 15 años más, si lo queremos hacer bien. No creo que en diez años vaya a haber 135.000 norteamericanos en Bagdad, pero habrá norteamericanos en Iraq durante un largo, largo tiempo".
La unidad, con base en Schofield Barracks, Hawai, llegó a Iraq hace más de un año. El batallón fue desplegada al sur, en Nayaf, donde combatió dos veces a la milicia de Moqtada Sáder, el clérigo chií rebelde, y en el norte, en la ciudad de Mosul, donde ayudó a proporcionar seguridad para las elecciones después de que les extendieran el período de servicio de un año.
Entre los 700 miembros del batallón se repartieron al menos 500 insignias de Combate de Infantería por participación en combates cuerpo a cuerpo. La unidad no sufrió bajas. Ha sino nominada para una Mención Presidencial, que condecora a las unidades que han exhibido "heroísmo extraordinario en acción contra un enemigo armado".
El batallón sufrió de todo, desde nieve hasta calores extremos; un día del verano pasado, el sargento de primera clase Greg Baker dijo que su termómetro portátil marcó una temperatura de 54 grados Celsius. Durante un período de 17 días en Nayaf, en abril, los soldados vivieron en la intemperie en el desierto y subsistieron con solo una botella de agua y una MRE (comida preparada) al día. El especialista Kris Johnson, 22, de Chicago, bromeó diciendo que en Mosul en los días previos a la elección hacía tanto frío y humedad que sus dedos se congelaron apretando su M-4 y que otros soldados tuvieron que apretar el gatillo por él.
La misión final de la unidad reveló mucho sobre los rigores de la vida de los soldados en Iraq. Después de las elecciones el batallón tuvo que volver desde Mosul a la Base de Operaciones de Avanzada de Kirkuk. El convoy consistía de casi 100 vehículos, desde todoterrenos hasta remolques, y el viaje fue tan complicado que los comandantes lo prepararon escribiendo con tiza en un mapa de colores que abarcaba todo el piso de la sala. Los vehículos partieron por fases y viajaron con los focos apagados para evitar delatarse ante los rebeldes armados con lanzagranadas.
Un todoterreno que llevaba al periodista se desvió varias veces de la ruta el martes a medida que el chofer, 22, con las gafas infrarrojas empañándose, se esforzaba por encontrarla en la lluvia y la oscuridad. El viaje tomó seis horas y, hacia el final, el convoy se extravió en el centro de Kirkuk, al tratar de encontrar la ruta de vuelta a la base.
"Aquí no te puedes relajar nunca completamente", dijo el capitán James Everett, 30, de Currituck, Carolina del Norte, que también se encontraba en el vehículo. "Tienes tus descansos, pero estás siempre en guardia".
Al día siguiente, el alivio entre los soldados era palpable. Sin otra cosa que hacer excepto empacar y esperar, miraron películas, leyeron, durmieron, fumaron o pasearon sin objeto en la base. Los soldados duermen en literas en un campamento llamado Ciudad de las Tiendas, un grupo de curtidas tiendas de lona con 20 soldados cada una. Las lluvias han transformado la zona en un pantano. La ducha caliente es rara. A nadie parece importarle.
"Señor, ¿cómo diablos le va?", gritó un soldado, sonriendo y llamando al capitán Chris Loftis, de Honolulu, que habla fluido árabe y trabajó como enlace del batallón con las fuerzas de seguridad iraquíes.
"Muy bien, sargento", gritó Loftis.
"Me cae bien", gritó el soldado antes de desaparecer en uno de los apestosos retretes portátiles del campamento.
En la reunión nocturna con oficiales de alto rango, el comandante de la unidad, el teniente coronel Dave Miller, pidió al médico del batallón, mayor Joel Meyer, una actualización de sus actividades. Esa tarde, Meyer, que es normalmente un médico de cabecera en el Centro Médico del Ejército Tripler en Hawai, había retirado las dos cerraduras de una caja negra que había acarreado desde el año pasado. Sacó metódicamente todo su contenido -frascos de morfina, docenas de botellas de grado farmacéutico Demerol, un analgésico, y Ativan, que reduce la ansiedad- y pasó las siguientes dos horas destruyéndolas. Meyer echó las tabletas en un retrete, donde se disolvieron. Inyectó la morfina en el barro.
"Bien, me deshice de decenas de miles de dólares en substancias controladas", dijo Meyer. "Tuve tres comidas normales. Estoy planeando reportarme temprano".
Todos los soldados estaban siguiendo adiestramiento de reintegración para poder enfrentarse a los que oficiales veteranos predicen que será una transición difícil, especialmente los que tienen familias. "Un año de despliegue no es sano para nadie", dijo Agueda. "Todos aquí en esta compañía han pasado por crisis, te lo aseguro. Ahora mismo, eso tendrá que repararse, y me incluyo yo mismo".
"Todos envejecimos un montón", dijo Hussey.
Los soldados llevan un recuerdo de su propio encuentro con la mortalidad. Compartiendo un cigarro con filtro entre amigos junto a su tienda, Johson, el especialista de Chicago, dijo que su encuentro había ocurrido en octubre pasado durante una ofensiva norteamericana a 104 kilómetros al norte de Bagdad. Estaba frente a una comisaría de policía iraquí ocupada por fuerzas norteamericanas en Samarra cuando vio una granda que había sido lanzada contra él.
"Era como una raya blanca, y se vino gritando mi nombre -¡Johnson! ¡Johnson! ¡Johnson!- por toda la calle", dijo, sus amigos retorciéndose de risa. La granada impactó contra un tanque a unos 15 metros y lo lanzó al suelo, dijo, temblando pero entero.
Baker dijo que su recuerdo más determinante ocurrió durante la misma operación. "Había una familia caminando por la calle y, sabes, es guerra", dijo, mirando al aire. "Había cuerpos partidos en dos y había sangre por todas partes, y este niño descalzo se acerca a mí caminando. Llevaba a su padre de la mano. Yo estaba pensado: ¿Cómo podrá el niño superar todo esto?' Había pedazos de cerebro y de tripas entre sus dedos. Yo le di un caramelo, y sonrió como si no pasara nada malo".
Baker hizo una pausa.
"Sólo quiero volver a casa y ver a mis niñas", dijo.
El capitán Chris Duncan, 28, un licenciado de la Universidad de Johns Hopkins de Kingsland, Arkansas, dijo que él apoyaba fielmente la guerra. Pero cuando se enteraba de que habían matado a un soldado o veía a uno de sus amigos herido, a veces se preguntaba si valía la pena.
El día de las elecciones, dijo Duncan, estaba cerca de un colegio electoral y miraba la ola de iraquíes que se acercaban a votar. "Al principio había uno, luego dos, luego cincuenta", dijo. Luego la cola daba la vuelta del local de votación. Y este era un barrio donde la gente realmente tenía razones para tenernos aversión: antiguos miembros del Partido Baaz, antiguos tipos del régimen militar".
Duncan, que en los últimos tres años ha pasado 20 meses en Iraq, dijo que la imagen había fortalecido su determinación.
"Ahora sé para qué sirvió todo", dijo.
7 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
perros buscarán desaparecidos
Un escuadrón de perros entrenados por México en la ubicación de fosas comunes entrará a reforzar las tareas de búsqueda de unos 12.000 desaparecidos en Colombia, reveló este viernes a la AFP una fuente de la Fiscalía.
Bogotá, Colombia. El grupo de apoyo estará conformado inicialmente por cinco caninos que serán adiestrados durante seis meses en la detección de una sustancia conocida como seudo-cadaverina, que expele un olor similar al de los restos humanos, explicó el veterinario Carlos Barreto, jefe de la Unidad Canina de la Fiscalía.
"Con estos animales podremos intensificar, a un costo menor y con una alta efectividad, la localización de fosas comunes. Su labor será decisiva para esclarecer los 12.000 casos de desapariciones reportadas hasta febrero", señaló el funcionario.
Según Barreto, la iniciativa surgió a raíz de los inconvenientes que afrontan las autoridades para acceder a lugares inhóspitos, donde se sospecha pueden estar enterrados los cuerpos de "un importante número" de los desaparecidos.
"Esta experiencia ya ha sido desarrollada en Estados Unidos y Europa. Y recién llega a Sudamérica, donde Colombia será pionero y seguramente modelo para otros países como Uruguay interesados en la propuesta", añadió el médico veterinario.
Barreto destacó que el programa cuenta con la cooperación de México, que se encargará de suministrar a los fiscales colombianos la información técnica para la preparación del comando canino.
"Creemos que en unos seis meses estos animales podrán empezar a operar. Por ahora compartiremos información con las autoridades de los países donde existen escuadrones similares", añadió.
El diario El Tiempo de Bogotá dijo que dentro de los beneficios de la propuesta está el del "ahorro en tiempo", pues mientras unos 30 hombres tardan una hora para inspeccionar una hectárea, los caninos lo hacen en cinco minutos".
Además de la ubicación de cadáveres, los perros son utilizados en Colombia para la detección de explosivos, drogas y rescate de heridos.
4 de febrero de 2005
©mi punto
Bogotá, Colombia. El grupo de apoyo estará conformado inicialmente por cinco caninos que serán adiestrados durante seis meses en la detección de una sustancia conocida como seudo-cadaverina, que expele un olor similar al de los restos humanos, explicó el veterinario Carlos Barreto, jefe de la Unidad Canina de la Fiscalía. "Con estos animales podremos intensificar, a un costo menor y con una alta efectividad, la localización de fosas comunes. Su labor será decisiva para esclarecer los 12.000 casos de desapariciones reportadas hasta febrero", señaló el funcionario.
Según Barreto, la iniciativa surgió a raíz de los inconvenientes que afrontan las autoridades para acceder a lugares inhóspitos, donde se sospecha pueden estar enterrados los cuerpos de "un importante número" de los desaparecidos.
"Esta experiencia ya ha sido desarrollada en Estados Unidos y Europa. Y recién llega a Sudamérica, donde Colombia será pionero y seguramente modelo para otros países como Uruguay interesados en la propuesta", añadió el médico veterinario.
Barreto destacó que el programa cuenta con la cooperación de México, que se encargará de suministrar a los fiscales colombianos la información técnica para la preparación del comando canino.
"Creemos que en unos seis meses estos animales podrán empezar a operar. Por ahora compartiremos información con las autoridades de los países donde existen escuadrones similares", añadió.
El diario El Tiempo de Bogotá dijo que dentro de los beneficios de la propuesta está el del "ahorro en tiempo", pues mientras unos 30 hombres tardan una hora para inspeccionar una hectárea, los caninos lo hacen en cinco minutos".
Además de la ubicación de cadáveres, los perros son utilizados en Colombia para la detección de explosivos, drogas y rescate de heridos.
4 de febrero de 2005
©mi punto