reparaciones para viudas en iraq
[David Zucchino] Estados Unidos repara pérdidas iraquíes con limosnas. Las reparaciones monetarias por muertes, heridas o daños son gestos de buena voluntad y no implican culpabilidad, dicen oficiales.
Bakuba, Iraq. Todos los miércoles y jueves se forma una larga cola de deudos y afectados en el polvoriento camino junto al fortificado recinto militar estadounidense aquí.
Hombres y mujeres iraquíes, y ocasionalmente niños, esperan bajo la cegadora luz del sol o bajo la lúgubre lluvia para pedir reparaciones a los militares estadounidenses. Sus casos van de lo trágico a lo mundano:
Una esposa dice que su marido murió durante una operación de combate norteamericana. Un padre informa que su hijo perdió un brazo en un tiroteo estadounidense. Mataron a las vacas de un granjero, una casa fue devastada, un coche convertido en ruinas, ventanas quebradas.
Un solicitante con suficiente perseverancia puede esperar varias horas para ser checado y luego escoltado al otro lado del alambre de púas y barreras antiexplosivas para hablar con un agente jurídico militar. En más de la mitad de los casos en todo el país, dicen los agentes jurídicos, se otorga un pago en dinero -hasta 2.500 dólares por una muerte, 1.500 dólares por lesiones y 500 dólares por daños a la propiedad.
Bajo el informal programa de desembolsos de condolencia' lanzado a mediados de 2003, los militares estadounidense no pretenden compensar a los iraquíes por sus pérdidas. No reconoce culpabilidad ni reconocen responsabilidad ni negligencia. Solamente dice, en efecto: "Comprendemos su dolor", como lo puso un agente juez abogado y agente.
Muchos agentes jurídicos dicen que un pago de condolencia es un gesto que expresa simpatía en términos concretos.
"El objetivo del programa no es indemnizar por algo, sino reconocer que ha habido una tragedia o algún tipo de daño", dijo el capitán Emily Schiffer, jefe de ley administrativa para la Primera División de Caballería del Ejército. "Es una expresión de simpatía y condolencia a la familia. Obviamente, es una buena cosa construir puentes que acorten la distancia entre las dos partes".
Por su propia naturaleza, el programa es arbitrario y desigual. Muchos iraquíes no están conscientes de esto, y no todos tienen los medios de llegar al área de procesamiento de solicitudes norteamericana o reunir las evidencias necesarias. El peso de la prueba recae en los iraquíes, la decisión final la toma un comandante norteamericano, y no hay apelación.
Los daños causados a civiles ha sido un tema delicado y volátil en Estados Unidos en sus operaciones en Afganistán e Iraq. El Pentágono se ha negado a recoger datos sobre las bajas civiles, aunque algunos grupos de derechos humanos calculan el número combinado de muertos y heridos en los dos países en algunas decenas de miles.
Cientos de iraquíes han sido matados o heridos en puestos de control militares o mientras compartían camino con convoyes militares. Debido a la frecuencia de los atentados con coches-bomba y a las explosiones de bombas improvisadas en la calle, los soldados estadounidenses se muestran cautelosos de vehículos que se acercan. En muchos casos, los civiles han sido atacados después de no obedecer los gritos y disparos de advertencia que exigen las reglas militares de combate. En algunos casos, los civiles se han asustado y arrancado a toda velocidad al oír los disparos.
El resentimiento anti-norteamericano es alto entre muchos iraquíes, especialmente en las áreas sunníes. Hafiz Abdullah, 40, se quejó de la "histérica" reacción norteamericana ante coches y transeúntes en Muqdadiya, una plaza fuerte de la resistencia.
"Nos tratan muy mal, y no parece que esos soldados sean de algún país civilizado", dijo.
Pero Ibrahim Makoter, 43, que dijo que su coche se había volcado y estaba muy dañado cuando fue chocado por un vehículo blindado norteamericano en Bagdad en agosto, dijo que estaba complacido de la respuesta americana. Dijo que un policía militar norteamericano enderezó el coche, pidió excusas y le dijo que presentara una solicitud. Un mes después de eso, le pagaron en dinero contante.
"Es algo a lo que no estamos habituados", dijo Makoter.
Los pagos de condolencias llegan sólo a una parte de las familias que han tenido pérdidas desde que los militares norteamericanos invadieran Iraq en marzo de 2003. Con todo, el programa rinde tributo a la tradición tribal de compensación' por las pérdidas de vida o propiedad.
"La vemos como un instrumentos de relaciones públicas -una especie de tipo de pagos para que no nos guarden rencor", dijo el mayor John Moore, un agente jurídico del Ejército norteamericano a cargo del procesamiento de solicitudes en la Base Operativa de Avanzada Warhorse [Caballo de Guerra] en las afueras de Bakuba, a unos 50 kilómetros al norte de Bagdad. "No se trata de volver a que sean como antes, sino de aliviar en algo sus penurias".
El programa es tan informal y descentralizado que es difícil obtener las cifras totales pagadas. Un portavoz del Ejército dijo que de mediados de 2003 a mediados de 2004 se habían pagado unos 2.2 millones de dólares, pero no pudo encontrar cifras actuales -o el número de demandas presentadas o aprobadas. Un oficial del despacho del controlador del Ejército en Bagdad dijo que desde junio se han pagado en el gran Bagdad unos 450.000 dólares.
El programa no fue iniciado por los militares, que guarda cuidado de no sentar ningún precedente que pudiera ser interpretado como un reconocimiento de responsabilidad por las bajas civiles. Los pagos empezaron como respuesta a leyes introducidas en abril de 2003 por el senador Patrick J. Leahy (demócrata, Vermont) y aprobadas como parte de un paquete de ayuda humanitaria a Iraq de 2.5 billones de dólares.
La legislación especifica que los pagos no son ni compensación ni reparación. Las solicitudes presentadas por ciudadanos extranjeros contra los militares norteamericanos son normalmente procesadas bajo la Ley de Demandas Extranjeras. Pero esa ley, que permite pagos en casos de negligencia, excluye toda demanda que se derive del combate.
Los pagos de condolencia ofrecen un modo de eludir la ley, dijo el capitán Darren Pohlmann, un abogado contratado con la Tercera División de Infantería.
"No se trata de responsabilidad o negligencia", dijo. "Esta es una situación de combate, hay una guerra ahí fuera, y desafortunadamente a veces la gente queda entre fuegos cruzados".
No todos los reembolsos fueron hechos por pérdidas provocadas por acciones norteamericanas. Schiffer dijo que se había pagado a la viuda de un empleado iraquí de una base norteamericana que fue asesinado por los insurgentes. Y en Muqdadiya, al centro norte de Iraq, el teniente coronel Roger Cloutier, dijo que pagaría a la viuda de un sargento mayor del ejército iraquí asesinado.
Los desembolsos fueron aprobados por comandantes locales después de ser revisados por agentes jurídicos. El dinero proviene del Programa de Respuesta a Emergencia del comandante, que los oficiales usan para financiar proyectos locales.
Dhia Mohammed, un estudiante universitario, llegó el 16 de febrero al Campo Caballo de Guerra a quejarse de que su Hyundia de 1993 había sido estropeado por un todoterrenos Humvee norteamericano en Navida. Mohammed entregó una impresionante cantidad de detalles -más que la mayoría de los solicitantes, dijo Moore, y más incluso que en algunos casos de muerte.
Mohammed tenía un informe policial iraquí con bosquejos. Tenía seis fotos en color del parachoques abollado y la ventana trasera rota. Y una estimación de los daños de un mecánico local por un valor de 893 dólares -con copias en árabe y en una barroca letra inglesa.
Los documentos explicaban que "enviamos a su excelencia al testigo Ali Mamduah, mecánico, esperando que se aprueben sus dichos judicialmente y se emita una decisión adecuada".
Como todas las peticiones, dijo Moore, la de Mohammed sería contrastada con archivos militares para verificar si tropas norteamericanas habían realizado operaciones en ese lugar y tiempo específico. Los soldados deben reportar todos los casos de bajas civiles, lesiones o pérdidas de propiedad.
La investigación no se acerca al rigor de las demandas por daños en tribunales norteamericanos, dijo Moore, que era abogado penal antes de unirse a los militares.
"Estas son condiciones en tiempos de guerra", dijo. "No podemos ir al garaje de Abdullah a chequear que su estimación no esté exageradamente inflada".
Sábado por medio, dijo Moore, su personal realiza un peligroso viaje desde la base a una oficina en el centro de Bakuba para hacer los pagos -entre 10.000 y 25.000 dólares en un día típico. En algunos casos, usualmente involucrando muertes, los desembolsos son hechos en la casa del solicitante para mostrar simpatía y respeto, dijo Schiffer.
En el caso del destrozado Hyundia de Dhia Mohammed, Moore dijo que el desembolso sería probablemente aprobado cuando se verificara el incidente.
"Pero no recibirá 893 dólares", dijo Moore. "Recibirá 200 o 300 dólares".
11 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bakuba, Iraq. Todos los miércoles y jueves se forma una larga cola de deudos y afectados en el polvoriento camino junto al fortificado recinto militar estadounidense aquí.Hombres y mujeres iraquíes, y ocasionalmente niños, esperan bajo la cegadora luz del sol o bajo la lúgubre lluvia para pedir reparaciones a los militares estadounidenses. Sus casos van de lo trágico a lo mundano:
Una esposa dice que su marido murió durante una operación de combate norteamericana. Un padre informa que su hijo perdió un brazo en un tiroteo estadounidense. Mataron a las vacas de un granjero, una casa fue devastada, un coche convertido en ruinas, ventanas quebradas.
Un solicitante con suficiente perseverancia puede esperar varias horas para ser checado y luego escoltado al otro lado del alambre de púas y barreras antiexplosivas para hablar con un agente jurídico militar. En más de la mitad de los casos en todo el país, dicen los agentes jurídicos, se otorga un pago en dinero -hasta 2.500 dólares por una muerte, 1.500 dólares por lesiones y 500 dólares por daños a la propiedad.
Bajo el informal programa de desembolsos de condolencia' lanzado a mediados de 2003, los militares estadounidense no pretenden compensar a los iraquíes por sus pérdidas. No reconoce culpabilidad ni reconocen responsabilidad ni negligencia. Solamente dice, en efecto: "Comprendemos su dolor", como lo puso un agente juez abogado y agente.
Muchos agentes jurídicos dicen que un pago de condolencia es un gesto que expresa simpatía en términos concretos.
"El objetivo del programa no es indemnizar por algo, sino reconocer que ha habido una tragedia o algún tipo de daño", dijo el capitán Emily Schiffer, jefe de ley administrativa para la Primera División de Caballería del Ejército. "Es una expresión de simpatía y condolencia a la familia. Obviamente, es una buena cosa construir puentes que acorten la distancia entre las dos partes".
Por su propia naturaleza, el programa es arbitrario y desigual. Muchos iraquíes no están conscientes de esto, y no todos tienen los medios de llegar al área de procesamiento de solicitudes norteamericana o reunir las evidencias necesarias. El peso de la prueba recae en los iraquíes, la decisión final la toma un comandante norteamericano, y no hay apelación.
Los daños causados a civiles ha sido un tema delicado y volátil en Estados Unidos en sus operaciones en Afganistán e Iraq. El Pentágono se ha negado a recoger datos sobre las bajas civiles, aunque algunos grupos de derechos humanos calculan el número combinado de muertos y heridos en los dos países en algunas decenas de miles.
Cientos de iraquíes han sido matados o heridos en puestos de control militares o mientras compartían camino con convoyes militares. Debido a la frecuencia de los atentados con coches-bomba y a las explosiones de bombas improvisadas en la calle, los soldados estadounidenses se muestran cautelosos de vehículos que se acercan. En muchos casos, los civiles han sido atacados después de no obedecer los gritos y disparos de advertencia que exigen las reglas militares de combate. En algunos casos, los civiles se han asustado y arrancado a toda velocidad al oír los disparos.
El resentimiento anti-norteamericano es alto entre muchos iraquíes, especialmente en las áreas sunníes. Hafiz Abdullah, 40, se quejó de la "histérica" reacción norteamericana ante coches y transeúntes en Muqdadiya, una plaza fuerte de la resistencia.
"Nos tratan muy mal, y no parece que esos soldados sean de algún país civilizado", dijo.
Pero Ibrahim Makoter, 43, que dijo que su coche se había volcado y estaba muy dañado cuando fue chocado por un vehículo blindado norteamericano en Bagdad en agosto, dijo que estaba complacido de la respuesta americana. Dijo que un policía militar norteamericano enderezó el coche, pidió excusas y le dijo que presentara una solicitud. Un mes después de eso, le pagaron en dinero contante.
"Es algo a lo que no estamos habituados", dijo Makoter.
Los pagos de condolencias llegan sólo a una parte de las familias que han tenido pérdidas desde que los militares norteamericanos invadieran Iraq en marzo de 2003. Con todo, el programa rinde tributo a la tradición tribal de compensación' por las pérdidas de vida o propiedad.
"La vemos como un instrumentos de relaciones públicas -una especie de tipo de pagos para que no nos guarden rencor", dijo el mayor John Moore, un agente jurídico del Ejército norteamericano a cargo del procesamiento de solicitudes en la Base Operativa de Avanzada Warhorse [Caballo de Guerra] en las afueras de Bakuba, a unos 50 kilómetros al norte de Bagdad. "No se trata de volver a que sean como antes, sino de aliviar en algo sus penurias".
El programa es tan informal y descentralizado que es difícil obtener las cifras totales pagadas. Un portavoz del Ejército dijo que de mediados de 2003 a mediados de 2004 se habían pagado unos 2.2 millones de dólares, pero no pudo encontrar cifras actuales -o el número de demandas presentadas o aprobadas. Un oficial del despacho del controlador del Ejército en Bagdad dijo que desde junio se han pagado en el gran Bagdad unos 450.000 dólares.
El programa no fue iniciado por los militares, que guarda cuidado de no sentar ningún precedente que pudiera ser interpretado como un reconocimiento de responsabilidad por las bajas civiles. Los pagos empezaron como respuesta a leyes introducidas en abril de 2003 por el senador Patrick J. Leahy (demócrata, Vermont) y aprobadas como parte de un paquete de ayuda humanitaria a Iraq de 2.5 billones de dólares.
La legislación especifica que los pagos no son ni compensación ni reparación. Las solicitudes presentadas por ciudadanos extranjeros contra los militares norteamericanos son normalmente procesadas bajo la Ley de Demandas Extranjeras. Pero esa ley, que permite pagos en casos de negligencia, excluye toda demanda que se derive del combate.
Los pagos de condolencia ofrecen un modo de eludir la ley, dijo el capitán Darren Pohlmann, un abogado contratado con la Tercera División de Infantería.
"No se trata de responsabilidad o negligencia", dijo. "Esta es una situación de combate, hay una guerra ahí fuera, y desafortunadamente a veces la gente queda entre fuegos cruzados".
No todos los reembolsos fueron hechos por pérdidas provocadas por acciones norteamericanas. Schiffer dijo que se había pagado a la viuda de un empleado iraquí de una base norteamericana que fue asesinado por los insurgentes. Y en Muqdadiya, al centro norte de Iraq, el teniente coronel Roger Cloutier, dijo que pagaría a la viuda de un sargento mayor del ejército iraquí asesinado.
Los desembolsos fueron aprobados por comandantes locales después de ser revisados por agentes jurídicos. El dinero proviene del Programa de Respuesta a Emergencia del comandante, que los oficiales usan para financiar proyectos locales.
Dhia Mohammed, un estudiante universitario, llegó el 16 de febrero al Campo Caballo de Guerra a quejarse de que su Hyundia de 1993 había sido estropeado por un todoterrenos Humvee norteamericano en Navida. Mohammed entregó una impresionante cantidad de detalles -más que la mayoría de los solicitantes, dijo Moore, y más incluso que en algunos casos de muerte.
Mohammed tenía un informe policial iraquí con bosquejos. Tenía seis fotos en color del parachoques abollado y la ventana trasera rota. Y una estimación de los daños de un mecánico local por un valor de 893 dólares -con copias en árabe y en una barroca letra inglesa.
Los documentos explicaban que "enviamos a su excelencia al testigo Ali Mamduah, mecánico, esperando que se aprueben sus dichos judicialmente y se emita una decisión adecuada".
Como todas las peticiones, dijo Moore, la de Mohammed sería contrastada con archivos militares para verificar si tropas norteamericanas habían realizado operaciones en ese lugar y tiempo específico. Los soldados deben reportar todos los casos de bajas civiles, lesiones o pérdidas de propiedad.
La investigación no se acerca al rigor de las demandas por daños en tribunales norteamericanos, dijo Moore, que era abogado penal antes de unirse a los militares.
"Estas son condiciones en tiempos de guerra", dijo. "No podemos ir al garaje de Abdullah a chequear que su estimación no esté exageradamente inflada".
Sábado por medio, dijo Moore, su personal realiza un peligroso viaje desde la base a una oficina en el centro de Bakuba para hacer los pagos -entre 10.000 y 25.000 dólares en un día típico. En algunos casos, usualmente involucrando muertes, los desembolsos son hechos en la casa del solicitante para mostrar simpatía y respeto, dijo Schiffer.
En el caso del destrozado Hyundia de Dhia Mohammed, Moore dijo que el desembolso sería probablemente aprobado cuando se verificara el incidente.
"Pero no recibirá 893 dólares", dijo Moore. "Recibirá 200 o 300 dólares".
11 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
juicio de secuaces de hussein
[John Daniszewski] El tribunal instalado para juzgar a Saddam Hussein y sus lugartenientes se prepara para el primer juicio. Está siendo criticado y sometido a un intenso escrutinio.
Bagdad, Iraq. Catorce meses después de Saddam Hussein fuera encontrado ocultándose en un nido de arañas, el tribunal iraquí instalado para juzgarlo, y a otros 11 de sus colegas, por asesinatos masivos y cargos de genocidio, se está preparando para realizar su primer juicio.
Para la opinión pública del mundo, también el tribunal irá a juicio.
Pocos ponen en duda el papel de Hussein y sus cohortes en la muerte de decenas de miles de kurdos y chiíes iraquíes. Pero muchos han puesto en duda que el tribunal instalado durante la ocupación extranjera y mantenido en Iraq en medio de una insurrección esté en condiciones de dictar un veredicto justo y universalmente aceptado.
Expertos internacionales en derechos humanos insisten en que quieren que el tribunal tenga éxito, pero cuestionan si el tribunal, tal como está constituido, esté a la altura de la tarea. Algunos alegan que todavía es tiempo de trasladar los juicios a otro país y realizarlos bajo un mandato internacional.
"Creo que será todo un reto, realmente", dijo Richard Dicker, director de justicia internacional de Human Rights Watch, un grupo de derechos humanos de Nueva York.
Dicker y otros expertos en derechos humanos están preocupados por la decisión de aplicar la pena de muerte, reglas poco claras para presentar evidencias y lo que ve como un acceso insuficiente del acusado a abogados. También observan un patrón general de falta de transparencia en los procedimientos y ponen en duda que los jueces iraquíes tengan la experiencia suficiente para tratar casos de tanta transcendencia.
"Durante 30 años no hubo un poder judicial independiente en Iraq, y estos son algunos de los retos jurídicos más difíciles para jueces y abogados en cualquier parte", dijo Dicker.
Los peligros a los que hacen frente los funcionarios de la corte se hicieron sentir el martes, cuando pistoleros atacaron y mataron al juez instructor Barwez Merwani y su hijo Aryan frente a su casa de Bagdad. Merwani fue el primer miembro del tribunal en ser asesinado, pero un jurista occidental dijo que los funcionarios del tribunal hacen frente a numerosas amenazas.
"Si los jueces van a ser matados si se quedan en Iraq, entonces tendrán que hacerlo en otro lugar", dijo Geoffrey Roberton, un consejero de la reina británica y experto en justicia internacional que encabezó el primer juicio por crímenes de guerra de Naciones Unidas en el país africano de Sierra Leona. "No se puede hacer justicia en una región en guerra".
Hablando después del asesinato, dijo que ahora estaba claro que el nuevo gobierno, cuando asuma, deberá acceder a trasladar los juicios a otro país y reconstituir el tribunal como un tribunal internacional aprobado por Naciones Unidas. "Hay una pequeña posibilidad", dijo.
El Tribunal Especial iraquí comprende unos 35 jueces iraquíes nombrados especialmente y un personal de 400 personas que incluye a abogados, investigadores, detectives y guardaespaldas. Asesorados en todo momento por abogados norteamericanos, británicos y de otros países, los miembros del tribunal deben trabajar a puertas cerradas, y revisar toneladas de documentos y miles de testigos potenciales para tratar los crímenes del régimen baazista que tuvieron lugar durante cuatro décadas.
Los jueces y el personal siguen en gran parte siendo anónimos. No se ha dado a conocer el sitio de los juicios, aunque funcionarios han dicho en privado que se está construyendo un tribunal especial en una de las zonas de alta seguridad de Bagdad.
El lunes, los primeros cargos preparados por los jueces instructores del tribunal fueron entregados a jueces del juicio. Implicaban a cinco de los antiguos lugartenientes de Hussein, incluyendo a su hermanastro Barzan y el antiguo vice-presidente Taha Yassin Ramadan. Fueron acusados de una serie de asesinatos en masa en 1982 en una aldea iraquí en Iraq central, donde hubo un intento de asesinato de Hussein.
Otros acusados que se cree que serán enjuiciados dentro de poco son el primo de Hussein, Ali Hassan Majid, mejor conocido como el Químico Ali, por su papel en los ataques con gas contra la minoría kurda de Iraq, y el antiguo ministro de Defensa, el general Sultan Hashim Ahmad Jabburi Tai. Ambos fueron llamados a presentarse en las vistas preliminares en diciembre. Sus declaraciones pueden ser usadas en la acusación contra Hussein, cuyo primer juicio podría demorar todavía un año.
Los militares norteamericanos entregaron a los 12 acusados a la custodia formal iraquí el 28 de junio, el día en que se devolvió la soberanía al gobierno interino iraquí, pero permanecen fuertemente custodiados por tropas estadounidenses en una cárcel cercana al aeropuerto de Bagdad.
A diferencia de los juicios de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial o de los tribunales especiales para crímenes de guerra en Bosnia y en Ruanda, el tribunal iraquí no será internacional; operará bajo leyes iraquíes.
Los abogados de la defensa alegan que el tribunal, establecido en diciembre de 2003 por la Autoridad Provisional de la Coalición y el nombrado Consejo de Gobierno Iraquí, viola las reglas de la Convención de Ginebra que ponen límites a lo que las potencias ocupantes pueden hacer.
"El tribunal es ilegítimo, ilegal e inconstitucional, porque fue establecido por Paul Bremer", dijo uno de los abogados de Hussein, Khaleel Duleimi, refiriéndose al antiguo administrador de Iraq.
Hablando por teléfono con el Times la semana pasada desde un escondite, Duleimi dijo que había recibido amenazas anónimas de muerte por su decisión de defender a Hussein y tuvo que dejar su casa por razones de seguridad. Dijo que el equipo de la defensa, con base en Jordania, intentaría llevar al banquillo de los acusados a los fiscales y también cuestionan la legalidad de la guerra que derrocó a Hussein.
Los defensores del tribunal dicen que la corte ha sido asesorada pero no es controlada por Estados Unidos y que esas preocupaciones serán despejadas cuando el tribunal sea reconfirmado por el nuevo gobierno iraquí.
El antiguo fiscal general norteamericano Ramsey Clark dijo que el tribunal iraquí carece de reglas básicas de imparcialidad, declarando que su "concepto, personal, financiamiento y funciones... eran escogidas y todavía controladas por Estados Unidos, dependiendo de su voluntad y obedeciendo sólo a sus deseos".
Clark es un opositor a la guerra que abraza frecuentemente causas impopulares y se ha ofrecido voluntariamente para ayudar con la defensa de Hussein. Pero el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, también ha expresado otras reservas. Como no quiere que el organismo mundial sea asociado a los juicios que podrían terminar en pena de muerte, Annan prohibió toda participación directa del tribunal de crímenes de guerra de Naciones Unidas en La Haya en ayudar a adiestrar a abogados y jueces iraquíes.
En un país visto por muchos como al borde de la guerra civil, los juicios -y las penas de muerte para los acusados- podrían provocar más violencia si la comunidad sunní antiguamente dominante ve al tribunal como ilegítimo o si las declaraciones sirven para unir a antiguos miembros descontentos del Partido Baaz.
Con elementos del Partido Baaz dirigiendo la resistencia, el juicio es también visto como una necesidad política del todavía frágil gobierno respaldado por Estados Unidos.
Veteranos opositores de Hussein, como Ahmad Chalabi, el líder del Congreso Nacional Iraquí, dicen que el nuevo gobierno iraquí será capaz de establecer su autoridad y avanzar después de que los crímenes de Hussein sean discutidos en un juicio público y se permita que la ley dicte un castigo justo.
"Quiero que empiece el juicio. Es algo que nos unirá", dijo Chalabi en una entrevista reciente. Responsabilizó de los retrasos a miembros del partido de Hussein, que dijo habían infiltrado el tribunal.
Muchos iraquíes de a pie se muestran impacientes de que el comience el juicio de Hussein.
"Si fuera por mí, lo cortaría en rodajas y lo comería", dijo Hamdi Ali, 26, un vendedor de telas sobre el veredicto final. "No debería matársele de inmediato, porque eso sería demasiado fácil. Debería pasar años en la cárcel, probar la humillación, y luego su castigo sería cortarlo en pedazos".
El abogado de Hussein, Duleimi, dijo que se había reunido una vez con su cliente, durante 4 horas y media, el 16 de diciembre y dijo que el antiguo presidente no sabía nada de lo que pasaba en el mundo pero estaba bien de salud y ansioso de enfrentar al tribunal. Hussein pasa el tiempo leyendo libros y poesía, el Corán y rezando, dijo el abogado. "Está optimista. Los americanos no le molestan. El alimento está bien. La bebida está bien. Sus ropas son normales".
Duleimi dijo que durante las acusaciones de preguerra Hussein ya había demostrado ser inocente de poseer las armas de destrucción masiva que provocaron la invasión norteamericana, y por eso otros cargos que se derivan de esa acción "ilegal" no deberían ser permitidos.
"Las acusaciones basadas en la injusticia carecen de valor", dijo.Michael P. Scharf, profesor de derecho internacional en la Case Western University en Cleveland, dijo que al principio era muy escéptico del tribunal, convencido "de que sería percibido como un tribunal títere". Pero después de colaborar en el adiestramiento de jueces en octubre en Londres, dijo, había quedado impresionado por la determinación mostrada para realizar un juicio justo acorde con normas internacionales.
"Todo lo que oí me convenció más y más de que están haciendo lo mejor que pueden en una situación difícil", dijo.
Scharf dijo que no había sido posible organizar un tribunal internacional porque los crímenes que vería el tribunal tomaron lugar entre 1968 y 2003 y la mayoría de ese período caía fuera del mandato del Tribunal Penal Internacional de Naciones Unidas. La oposición de algunos miembros del Consejo de Seguridad habría bloqueado la formación de un tribunal ad hoc como los tribunales de Ruanda y Bosnia, dijo.
Sin embargo, dijo que el tribunal ha estado estudiando el trabajo de tribunales internacionales y está recibiendo "un buen montón de ayuda internacional", incluyendo el adiestramiento a manos de juristas internacionales en Londres y ensayos de tribunal en Italia y Holanda. También están modificando las reglas y normas iraquíes para excluir evidencias obtenidas por coacción, dijo.
Scharf dijo que los iraquíes, no los norteamericanos, insistieron en mantener la pena de muerte, aunque sabían que sería algo polémico para muchos países. Los jueces también han insistido en que no se cubrirán las caras durante los juicios, a pesar del peligro personal para sí mismos.
"Los quieren televisar, lo que es interesante", dijo sobre los jueces del tribunal. "Creen realmente que la justicia debe aplicarse de manera imparcial, y quieren que el pueblo iraquí vea cómo se hace justicia".
Dicker, de Human Rights Watch, dijo que un tema controvertido era cuántas evidencias podrían los acusados presentar para impugnar las acusaciones.
Por ejemplo, "cuántas evidencias podrán ser presentadas sobre la implicación y conocimiento del gobierno norteamericano del uso de gas por Saddam Hussein en 1987 y 1988 contra la población kurda... o la población iraní", dijo.
Lo peor, dijo, sería "un tipo de juicio de fantasía política".
"Al enviar la señal de que con el régimen baazista no habrá negocios como siempre, esos juicios son símbolos, y es por eso que queremos que tengan éxito", dijo. "Pero para tener éxito, necesitan adherirse a normas internacionales de un juicio justo".
Zaynab Hussain contribuyó a este reportaje.
7 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Para la opinión pública del mundo, también el tribunal irá a juicio.
Pocos ponen en duda el papel de Hussein y sus cohortes en la muerte de decenas de miles de kurdos y chiíes iraquíes. Pero muchos han puesto en duda que el tribunal instalado durante la ocupación extranjera y mantenido en Iraq en medio de una insurrección esté en condiciones de dictar un veredicto justo y universalmente aceptado.
Expertos internacionales en derechos humanos insisten en que quieren que el tribunal tenga éxito, pero cuestionan si el tribunal, tal como está constituido, esté a la altura de la tarea. Algunos alegan que todavía es tiempo de trasladar los juicios a otro país y realizarlos bajo un mandato internacional.
"Creo que será todo un reto, realmente", dijo Richard Dicker, director de justicia internacional de Human Rights Watch, un grupo de derechos humanos de Nueva York.
Dicker y otros expertos en derechos humanos están preocupados por la decisión de aplicar la pena de muerte, reglas poco claras para presentar evidencias y lo que ve como un acceso insuficiente del acusado a abogados. También observan un patrón general de falta de transparencia en los procedimientos y ponen en duda que los jueces iraquíes tengan la experiencia suficiente para tratar casos de tanta transcendencia.
"Durante 30 años no hubo un poder judicial independiente en Iraq, y estos son algunos de los retos jurídicos más difíciles para jueces y abogados en cualquier parte", dijo Dicker.
Los peligros a los que hacen frente los funcionarios de la corte se hicieron sentir el martes, cuando pistoleros atacaron y mataron al juez instructor Barwez Merwani y su hijo Aryan frente a su casa de Bagdad. Merwani fue el primer miembro del tribunal en ser asesinado, pero un jurista occidental dijo que los funcionarios del tribunal hacen frente a numerosas amenazas.
"Si los jueces van a ser matados si se quedan en Iraq, entonces tendrán que hacerlo en otro lugar", dijo Geoffrey Roberton, un consejero de la reina británica y experto en justicia internacional que encabezó el primer juicio por crímenes de guerra de Naciones Unidas en el país africano de Sierra Leona. "No se puede hacer justicia en una región en guerra".
Hablando después del asesinato, dijo que ahora estaba claro que el nuevo gobierno, cuando asuma, deberá acceder a trasladar los juicios a otro país y reconstituir el tribunal como un tribunal internacional aprobado por Naciones Unidas. "Hay una pequeña posibilidad", dijo.
El Tribunal Especial iraquí comprende unos 35 jueces iraquíes nombrados especialmente y un personal de 400 personas que incluye a abogados, investigadores, detectives y guardaespaldas. Asesorados en todo momento por abogados norteamericanos, británicos y de otros países, los miembros del tribunal deben trabajar a puertas cerradas, y revisar toneladas de documentos y miles de testigos potenciales para tratar los crímenes del régimen baazista que tuvieron lugar durante cuatro décadas.
Los jueces y el personal siguen en gran parte siendo anónimos. No se ha dado a conocer el sitio de los juicios, aunque funcionarios han dicho en privado que se está construyendo un tribunal especial en una de las zonas de alta seguridad de Bagdad.
El lunes, los primeros cargos preparados por los jueces instructores del tribunal fueron entregados a jueces del juicio. Implicaban a cinco de los antiguos lugartenientes de Hussein, incluyendo a su hermanastro Barzan y el antiguo vice-presidente Taha Yassin Ramadan. Fueron acusados de una serie de asesinatos en masa en 1982 en una aldea iraquí en Iraq central, donde hubo un intento de asesinato de Hussein.
Otros acusados que se cree que serán enjuiciados dentro de poco son el primo de Hussein, Ali Hassan Majid, mejor conocido como el Químico Ali, por su papel en los ataques con gas contra la minoría kurda de Iraq, y el antiguo ministro de Defensa, el general Sultan Hashim Ahmad Jabburi Tai. Ambos fueron llamados a presentarse en las vistas preliminares en diciembre. Sus declaraciones pueden ser usadas en la acusación contra Hussein, cuyo primer juicio podría demorar todavía un año.
Los militares norteamericanos entregaron a los 12 acusados a la custodia formal iraquí el 28 de junio, el día en que se devolvió la soberanía al gobierno interino iraquí, pero permanecen fuertemente custodiados por tropas estadounidenses en una cárcel cercana al aeropuerto de Bagdad.
A diferencia de los juicios de Nuremberg después de la Segunda Guerra Mundial o de los tribunales especiales para crímenes de guerra en Bosnia y en Ruanda, el tribunal iraquí no será internacional; operará bajo leyes iraquíes.
Los abogados de la defensa alegan que el tribunal, establecido en diciembre de 2003 por la Autoridad Provisional de la Coalición y el nombrado Consejo de Gobierno Iraquí, viola las reglas de la Convención de Ginebra que ponen límites a lo que las potencias ocupantes pueden hacer.
"El tribunal es ilegítimo, ilegal e inconstitucional, porque fue establecido por Paul Bremer", dijo uno de los abogados de Hussein, Khaleel Duleimi, refiriéndose al antiguo administrador de Iraq.
Hablando por teléfono con el Times la semana pasada desde un escondite, Duleimi dijo que había recibido amenazas anónimas de muerte por su decisión de defender a Hussein y tuvo que dejar su casa por razones de seguridad. Dijo que el equipo de la defensa, con base en Jordania, intentaría llevar al banquillo de los acusados a los fiscales y también cuestionan la legalidad de la guerra que derrocó a Hussein.
Los defensores del tribunal dicen que la corte ha sido asesorada pero no es controlada por Estados Unidos y que esas preocupaciones serán despejadas cuando el tribunal sea reconfirmado por el nuevo gobierno iraquí.
El antiguo fiscal general norteamericano Ramsey Clark dijo que el tribunal iraquí carece de reglas básicas de imparcialidad, declarando que su "concepto, personal, financiamiento y funciones... eran escogidas y todavía controladas por Estados Unidos, dependiendo de su voluntad y obedeciendo sólo a sus deseos".
Clark es un opositor a la guerra que abraza frecuentemente causas impopulares y se ha ofrecido voluntariamente para ayudar con la defensa de Hussein. Pero el secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, también ha expresado otras reservas. Como no quiere que el organismo mundial sea asociado a los juicios que podrían terminar en pena de muerte, Annan prohibió toda participación directa del tribunal de crímenes de guerra de Naciones Unidas en La Haya en ayudar a adiestrar a abogados y jueces iraquíes.
En un país visto por muchos como al borde de la guerra civil, los juicios -y las penas de muerte para los acusados- podrían provocar más violencia si la comunidad sunní antiguamente dominante ve al tribunal como ilegítimo o si las declaraciones sirven para unir a antiguos miembros descontentos del Partido Baaz.
Con elementos del Partido Baaz dirigiendo la resistencia, el juicio es también visto como una necesidad política del todavía frágil gobierno respaldado por Estados Unidos.
Veteranos opositores de Hussein, como Ahmad Chalabi, el líder del Congreso Nacional Iraquí, dicen que el nuevo gobierno iraquí será capaz de establecer su autoridad y avanzar después de que los crímenes de Hussein sean discutidos en un juicio público y se permita que la ley dicte un castigo justo.
"Quiero que empiece el juicio. Es algo que nos unirá", dijo Chalabi en una entrevista reciente. Responsabilizó de los retrasos a miembros del partido de Hussein, que dijo habían infiltrado el tribunal.
Muchos iraquíes de a pie se muestran impacientes de que el comience el juicio de Hussein.
"Si fuera por mí, lo cortaría en rodajas y lo comería", dijo Hamdi Ali, 26, un vendedor de telas sobre el veredicto final. "No debería matársele de inmediato, porque eso sería demasiado fácil. Debería pasar años en la cárcel, probar la humillación, y luego su castigo sería cortarlo en pedazos".
El abogado de Hussein, Duleimi, dijo que se había reunido una vez con su cliente, durante 4 horas y media, el 16 de diciembre y dijo que el antiguo presidente no sabía nada de lo que pasaba en el mundo pero estaba bien de salud y ansioso de enfrentar al tribunal. Hussein pasa el tiempo leyendo libros y poesía, el Corán y rezando, dijo el abogado. "Está optimista. Los americanos no le molestan. El alimento está bien. La bebida está bien. Sus ropas son normales".
Duleimi dijo que durante las acusaciones de preguerra Hussein ya había demostrado ser inocente de poseer las armas de destrucción masiva que provocaron la invasión norteamericana, y por eso otros cargos que se derivan de esa acción "ilegal" no deberían ser permitidos.
"Las acusaciones basadas en la injusticia carecen de valor", dijo.Michael P. Scharf, profesor de derecho internacional en la Case Western University en Cleveland, dijo que al principio era muy escéptico del tribunal, convencido "de que sería percibido como un tribunal títere". Pero después de colaborar en el adiestramiento de jueces en octubre en Londres, dijo, había quedado impresionado por la determinación mostrada para realizar un juicio justo acorde con normas internacionales.
"Todo lo que oí me convenció más y más de que están haciendo lo mejor que pueden en una situación difícil", dijo.
Scharf dijo que no había sido posible organizar un tribunal internacional porque los crímenes que vería el tribunal tomaron lugar entre 1968 y 2003 y la mayoría de ese período caía fuera del mandato del Tribunal Penal Internacional de Naciones Unidas. La oposición de algunos miembros del Consejo de Seguridad habría bloqueado la formación de un tribunal ad hoc como los tribunales de Ruanda y Bosnia, dijo.
Sin embargo, dijo que el tribunal ha estado estudiando el trabajo de tribunales internacionales y está recibiendo "un buen montón de ayuda internacional", incluyendo el adiestramiento a manos de juristas internacionales en Londres y ensayos de tribunal en Italia y Holanda. También están modificando las reglas y normas iraquíes para excluir evidencias obtenidas por coacción, dijo.
Scharf dijo que los iraquíes, no los norteamericanos, insistieron en mantener la pena de muerte, aunque sabían que sería algo polémico para muchos países. Los jueces también han insistido en que no se cubrirán las caras durante los juicios, a pesar del peligro personal para sí mismos.
"Los quieren televisar, lo que es interesante", dijo sobre los jueces del tribunal. "Creen realmente que la justicia debe aplicarse de manera imparcial, y quieren que el pueblo iraquí vea cómo se hace justicia".
Dicker, de Human Rights Watch, dijo que un tema controvertido era cuántas evidencias podrían los acusados presentar para impugnar las acusaciones.
Por ejemplo, "cuántas evidencias podrán ser presentadas sobre la implicación y conocimiento del gobierno norteamericano del uso de gas por Saddam Hussein en 1987 y 1988 contra la población kurda... o la población iraní", dijo.
Lo peor, dijo, sería "un tipo de juicio de fantasía política".
"Al enviar la señal de que con el régimen baazista no habrá negocios como siempre, esos juicios son símbolos, y es por eso que queremos que tengan éxito", dijo. "Pero para tener éxito, necesitan adherirse a normas internacionales de un juicio justo".
Zaynab Hussain contribuyó a este reportaje.
7 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
muerte en el batallón
[David Zucchino] La pérdida de un cabo en Iraq cambió el modo en que una unidad del Ejército continuó su misión. Al final, se cumplió la promesa y se detuvo a los sospechosos.
Muqdadiya, Iraq. Cuando su batallón quedó aquí a cargo a mediados de febrero, el teniente coronel Roger Cloutier se juró a sí mismo, y ante los soldados, que si alguno de ellos era atacado, todo el batallón respondería rápida y violentamente.
"Perseguiremos al enemigo, si nos ataca", dijo el coronel a los militares. "No le daremos ni reposo ni refugio. Quiero que lo cacemos hasta en sus sueños".
Una semana más tarde, el cabo Jacob Palmatier, un oficinista de 29 años, pidió ser relevado de su trabajo de oficina para manejar un lanzagranadas en un convoy hacia el sur. Estaba en la torrecilla de un camión de 5 toneladas cuando dos astillas de metralla de una bomba improvisada se incrustaron en su cuerpo.
A minutos de una de sus primeras misiones de combate, Palmatier se desangró hasta la muerte al lado de la calle, el soldado estadounidense número 1.481 que encontraba la muerte en Iraq.
Para el Primer Batallón de los Osos de la Guerra del Regimiento de Infantería Nº30 de la Tercera División de Infantería del Ejército, fue la primera muerte en combate, y puso en movimiento una serie de sucesos que transformaron la presencia del batallón en la región.
Desencadenó una persecución que penetró una célula insurgente, conduciendo a la captura de ocho sospechosos de ser jefes de células. Precipitó un enfrentamiento que redefinió la relación entre Cloutier y jeques y alcaldes de la localidad. Forjó lazos más estrechos entre los Osos de la Guerra y el batallón local del ejército iraquí, dando vida a una investigación sobre la infiltración de esa unidad por los insurgentes.
Pero más que nada, las repercusiones de esa muerte de un soldado norteamericano cumplieron la promesa del comandante de un modo que dio a sus soldados algún grado de lúgubre satisfacción y la sensación de que estaban de algún modo más seguros.
"Fue un catalizador", dijo Cloutier, los ojos rojos y fatigado después de dos días de 24 horas de redadas y balaceras después de la muerte de Palmatier. "Fue como sacar un tronco de un atasco. Todo empezó a fluir nuevamente".
El coronel se enfrentó a la clase política local, amenazando invadir las aldeas con tanques y vehículos de combate Bradley.
"Esto no lo toleramos", dijo a los jeques tribales y alcaldes de los pueblos, exigiendo que le entregaran los nombres de los insurgentes que eran culpables del atentado con bomba.
El jefe de Palmatier, el teniente primero David Suttles, un oficial de cara lisa cuatro días más joven que el cabo, estaba con él cuando murió. Suttles cree que la muerte de Palmatier fue una muerte significativa, una tragedia de la que salió algo bueno.
"Debido a la respuesta ante el ataque, y a lo que aprendimos y a lo que hicimos después, todos en el batallón nos sentimos más seguros debido a su muerte", dijo Suttles, fumando un cigarrillo en su catre al final del pasillo donde estaba la litera de Palmatier.
A las 7:17 de la mañana del 24 de febrero, un soleado jueves, alguien que estaba escondido en un campo usó un celular para detonar una carga explosiva amarrada a dos vainas de artillería de 130 milímetros cuando pasaba el camión de Palmatier. Minutos después Palmatier moría desangrado y sus compañeros en la cabina del camión, los soldados Stephen Fuller y Marcus Riles, estaban heridos y tratando de salir de los escombros.
En la Base de Operaciones de Avanzada Normandía, un campo fortificado en el área, Cloutier se estaba afeitando. Estaba de buen humor; recién le habían dicho que dos insurgentes habían volado por los aires y muerto mientras trataban de colocar una bomba improvisada. Minutos más tarde, le dijeron que había un hombre muerto del convoy logístico de combate de la mañana, que llevaba correo y suministros.
Cloutier envió un destacamento de reacción rápida a la búsqueda de sospechosos. Rodeó el sitio con tanques y vehículos de combate. Su contraparte del ejército iraquí, el coronel Thear Ismael Abid Tamimi, levantó ocho puestos de control itinerantes en los alrededores de Muqdadiya, una ciudad comercial en las llanas zonas agrícolas al borde del Triángulo Sunní a unos 100 kilómetros al nordeste de Bagdad.En un puesto de control los soldados iraquíes pararon a un Opel gris. Un coche similar había sido usado en el asesinato el 20 de febrero de un sargento mayor iraquí y de un concejal del ayuntamiento dos días después. Dentro, de acuerdo a oficiales, se encontraban los Blancos de Alto Valor números 6 y 8 en la lista del batallón de los diez insurgentes más buscados en su sector de la provincia de Diyala.
Esas detenciones ayudaron a romper una célula insurgente sunní con lazos con Siria y Chechenia, dijeron Cloutier y sus oficiales de inteligencia. Los dos hombres -hermanos en un grupo insurgente formado por lazos tribales y familiares- habían ordenado los asesinatos, dijeron.
En el sitio del atentado, Cloutier convocó al alcalde y al jefe de policía de la ciudad. Los obligó a mirar la sangre y los destrozos. Les advirtió: "Esto no lo vamos a tolerar".
El coronel trasladó el mismo mensaje a los jeques tribales y alcaldes de las aldeas adyacentes. "Les dije que sabía que ellos sabían quiénes lo habían hecho", dijo Cloutier. El coronel ordenó a los funcionarios locales a presentarse en su despacho a las cinco de la tarde de ese día con una lista de nombres de sospechosos".
Cloutier también quería enviar un mensaje a sus soldados. Los hizo recoger hasta el más pequeño trozo de metal y papel y escombros del sitio del atentado.
Limpiaron hasta la última gota de sangre. No quería dejar que los insurgentes pudieran usar como trofeo.
Más tarde ese día, jeques, alcaldes y funcionarios de policía entraron a la oficina apenas amoblada de Cloutier en un antiguo recinto militar iraquí, justo pasando la cabeza embalsamada de un oso instalada en el centro de operaciones. El coronel había compartido el té con la mayoría de ellos durante sus visitas de introducción en este país donde los jefes militares norteamericanos son como virreyes, repartiendo dinero y organizando proyectos cívicos. Había sido amable y recatado.
Ahora, diez horas después de la muerte de Palmatier, Cloutier estaba furioso. No saludó a los hombres. No les ofreció té. No se levantó.
Cloutier es como un delantero de fútbol americano, de hombros y cuello gruesos. Su rasgo dominante es su enorme cráneo: pelado al rape, rosado y brillante. En su uniforme de combate y botas, enroscado de rabia, es una visión impresionante.
Durante casi una hora, denostó contra los iraquíes. "Les dije que tenía dinero en una mano y tanques en la otra", dijo. "Les pregunté qué querían: el dinero o los tanques".
Cuando terminó, el coronel hizo una pausa y dijo: "Ahora quiero los nombres".
Los iraquíes le entregaron 13 nombres de supuestos insurgentes, dijo. Uno por uno pidió a los funcionarios que prometieran que lo ayudarían a él y al nuevo gobierno electo iraquí en la lucha contra la resistencia. Todos accedieron, dijo.
La información entregada por los funcionarios, junto con inteligencia obtenida con el interrogatorio de los dos sospechosos detenidos en el puesto de control, ayudaron a Abid y Cloutier a capturar al Blanco de Alto Valor número 2. El sospechoso, que había sido buscado durante un año por el batallón anterior en Muqdadiya, fue conectado a un par de casas prefabricadas junto al Lago Hamrin cerca de la frontera iraní, dijo Cloutier.
La noche siguiente un convoy a todoterrenos blindados Humveed y vehículos de combate Bradley salieron del Normandía, acompañado por soldados del batallón Nº205 del ejército iraquí. Al borde del lago, los vehículos rodearon las dos casas.
Soldados iraquíes echaron abajo la puerta de entrada de la primera casa. En un dormitorio se encontraba el Blanco Nº2 con su esposa; sus hijos dormían en otra habitación. (Los comandantes, mencionando medidas de seguridad, no revelaron los nombres de los detenidos).
Los soldados encontraron armas, municiones y materiales para hacer bombas en las dos casas, dijeron oficiales de inteligencia. También recuperaron, dijeron, documentos que vinculaban al detenido con las guerrillas de la asolada república rusa de Chechenia y una fotografía del sospechosos con otros insurgentes en Siria.
Al día siguiente, los soldados volvieron a las casas, usando palos para pinchar la espuma de los azulejos del techo. De arriba de una cuna cayeron una ametralladora, un lanzagranadas y una bolsa de municiones. Los soldados también encontraron folletos titulados La yihad en Iraq' y dos carnés de identidad, ambos con la foto del Blanco Nº2 y las palabras en inglés: "Sindicato de Personas Honorables de Iraq".
Bajo interrogatorio, el Blanco Nº2 proporcionó los nombres de siete hombres de la localidad que dijo que eran los financistas y organizadores de la célula, dijeron oficiales de inteligencia. A la noche siguiente, en tres redadas en el centro de Muqdadiya, soldados iraquíes apoyados por tropas americanas allanaron varias casas y detuvieron a cinco de los siete.
Menos de 72 horas después de la muerte de Palmatier, tres de los 10 hombres más buscados por el batallón habían sido capturados, junto con cinco otros miembros claves de la célula.
Cloutier dijo que los sospechosos habían ordenado el atentado que mató a Palmatier. Los oficiales también obtuvieron el nombre del hombre que puso la bomba, dijo él y otros oficial de inteligencia.
Después de los allanamientos, Cloutier pensó en todas las veces que había conversado con Palmatier en el pasillo. Se sentía bien de haberse tomado el tiempo para conocerlo, dijo, porque su temor más grande era mirar en un body bag de uno de sus soldados y no reconocer la cara.
"Yo conocía a ese chico. Era un buen chico", dijo el coronel sobre Palmatier, que deja una viuda, Bridget.
Su voz se quebró, y se limpió los ojos con su puño. "Hay que machacar a esos bastardos. Los cazaré uno por uno. A Palmatier lo mató un cobarde".
En una gaveta de su escritorio el coronel colocó una foto de Palmatier manejando un lanzagranadas. Junto a ella hay un trozo de la metralla de la fatal bomba improvisada.
Al otro lado del recinto, en el cuarto de barraca de Palmatier, había un hueco donde había estado su litera. En una pared había un clavo donde colgaba sus cosas. Arriba estaba escrito su apodo: "P. Diddy", que se le otorgó en honor a sus atormentados intentos de hacer rap.
Su compañero el soldado Kenneth Berry, en la oscuridad, miraba un DVD en su portátil. Mencionó que Palmatier había sido universitario, que tenía un diploma de historia por la Universidad de Illinois. Le enseñó a Berry a "trabajar inteligentemente", dijo.
Justo dos días antes de su muerte, Palmatier había sido entrevistado para un video del batallón que sería enviado a Ft. Benning, Georgia. El video muestra a un joven sonriente, con la cabeza rapada y gafas de marcos oscuros discutiendo la cultura e historia iraquíes.
Más abajo en el pasillo, Fuller, que fue herido en el atentado, recordó que el cuerpo de Palmatier había chocado contra él, que estaba al volante, tratando de controlar el camión inclinado hacia un lado. Se había dañado la rodilla, pero los efectos psicológicos eran peores. La noche anterior se había reunido con los psicólogos del equipo de estrés de combate del batallón.
"Me ayudaron a hablar sobre lo ocurrido", dijo Fuller casi susurrando.
El teniente Suttles estaba fumando en su cuarto al otro lado del pasillo, revisando en su mente los detalles del atentado, cómo había corrido hacia el camión impactado desde su todoterrenos, tratando en el caos de calmar a sus soldados y mirando a un médico tratar frenéticamente de salvar al cabo agonizante. Palmatier no volvió en sí.
Dos cosas le ayudaron a dormir esa noche, dijo el teniente.
"Una, todos en el terreno hicieron exactamente lo que se supone que tienen que hacer en caso de ataque", dijo. "Y dos, el cabo Palmatier no sufrió".
El domingo el batallón se reunió en uniforme de combate completo para el funeral del cabo, rodeado de decenas de soldados iraquíes con boinas escarlatas. El rifle, botas, casco y su placa de identificación de Palmatier fueron colocados en un pedestal, junto con sus medallas Purple Heart y Bronze Star. También había un medallón con la inscripción: "Nuestro País, No Nosotros".
El sargento Terriance Hamilton, un amigo íntimo, cantó un himno llamado No me quejaré'.
"No tenía que ir en esa misión", dijo Hamilton. "Él pensaba que debía estar ahí".
Cloutier y Suttles lucharon por contener las lágrimas mientras hablaban. El teniente dijo que Palmatier hacía su trabajo a la perfección, revisando la zona con su lanzagranadas, cuando la explosión lo mató.
El coronel dijo: "Si mides la riqueza de un hombre por la cantidad de gente que lo quiere, entonces Jacob Palmatier era en realidad un hombre rico".
Se tocaron cintas. Los fusileros dispararon salvos. El sargento primero pasó lista, repitiendo el nombre de Palmatier tres veces, a lo que nadie respondió.
Esa noche, las fotos de los últimos detenidos se exhibían en una pizarra en el atiborrado despacho de inteligencia del batallón. Debajo de las palabras "El Hall de la Infamia Presenta Orgullosamente una Galería de Rufianes", emergían los rostros de los Blancos de Alto Valor números 2, 6 y 8.
Un día de estos, juraron muchos en el batallón, la exhibición incluirá otra foto: la del hombre que colocó la bomba que terminó con la promisoria vida del cabo Jacob Palmatier.
5 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
"Perseguiremos al enemigo, si nos ataca", dijo el coronel a los militares. "No le daremos ni reposo ni refugio. Quiero que lo cacemos hasta en sus sueños".
Una semana más tarde, el cabo Jacob Palmatier, un oficinista de 29 años, pidió ser relevado de su trabajo de oficina para manejar un lanzagranadas en un convoy hacia el sur. Estaba en la torrecilla de un camión de 5 toneladas cuando dos astillas de metralla de una bomba improvisada se incrustaron en su cuerpo.
A minutos de una de sus primeras misiones de combate, Palmatier se desangró hasta la muerte al lado de la calle, el soldado estadounidense número 1.481 que encontraba la muerte en Iraq.
Para el Primer Batallón de los Osos de la Guerra del Regimiento de Infantería Nº30 de la Tercera División de Infantería del Ejército, fue la primera muerte en combate, y puso en movimiento una serie de sucesos que transformaron la presencia del batallón en la región.
Desencadenó una persecución que penetró una célula insurgente, conduciendo a la captura de ocho sospechosos de ser jefes de células. Precipitó un enfrentamiento que redefinió la relación entre Cloutier y jeques y alcaldes de la localidad. Forjó lazos más estrechos entre los Osos de la Guerra y el batallón local del ejército iraquí, dando vida a una investigación sobre la infiltración de esa unidad por los insurgentes.
Pero más que nada, las repercusiones de esa muerte de un soldado norteamericano cumplieron la promesa del comandante de un modo que dio a sus soldados algún grado de lúgubre satisfacción y la sensación de que estaban de algún modo más seguros.
"Fue un catalizador", dijo Cloutier, los ojos rojos y fatigado después de dos días de 24 horas de redadas y balaceras después de la muerte de Palmatier. "Fue como sacar un tronco de un atasco. Todo empezó a fluir nuevamente".
El coronel se enfrentó a la clase política local, amenazando invadir las aldeas con tanques y vehículos de combate Bradley.
"Esto no lo toleramos", dijo a los jeques tribales y alcaldes de los pueblos, exigiendo que le entregaran los nombres de los insurgentes que eran culpables del atentado con bomba.
El jefe de Palmatier, el teniente primero David Suttles, un oficial de cara lisa cuatro días más joven que el cabo, estaba con él cuando murió. Suttles cree que la muerte de Palmatier fue una muerte significativa, una tragedia de la que salió algo bueno.
"Debido a la respuesta ante el ataque, y a lo que aprendimos y a lo que hicimos después, todos en el batallón nos sentimos más seguros debido a su muerte", dijo Suttles, fumando un cigarrillo en su catre al final del pasillo donde estaba la litera de Palmatier.
A las 7:17 de la mañana del 24 de febrero, un soleado jueves, alguien que estaba escondido en un campo usó un celular para detonar una carga explosiva amarrada a dos vainas de artillería de 130 milímetros cuando pasaba el camión de Palmatier. Minutos después Palmatier moría desangrado y sus compañeros en la cabina del camión, los soldados Stephen Fuller y Marcus Riles, estaban heridos y tratando de salir de los escombros.
En la Base de Operaciones de Avanzada Normandía, un campo fortificado en el área, Cloutier se estaba afeitando. Estaba de buen humor; recién le habían dicho que dos insurgentes habían volado por los aires y muerto mientras trataban de colocar una bomba improvisada. Minutos más tarde, le dijeron que había un hombre muerto del convoy logístico de combate de la mañana, que llevaba correo y suministros.
Cloutier envió un destacamento de reacción rápida a la búsqueda de sospechosos. Rodeó el sitio con tanques y vehículos de combate. Su contraparte del ejército iraquí, el coronel Thear Ismael Abid Tamimi, levantó ocho puestos de control itinerantes en los alrededores de Muqdadiya, una ciudad comercial en las llanas zonas agrícolas al borde del Triángulo Sunní a unos 100 kilómetros al nordeste de Bagdad.En un puesto de control los soldados iraquíes pararon a un Opel gris. Un coche similar había sido usado en el asesinato el 20 de febrero de un sargento mayor iraquí y de un concejal del ayuntamiento dos días después. Dentro, de acuerdo a oficiales, se encontraban los Blancos de Alto Valor números 6 y 8 en la lista del batallón de los diez insurgentes más buscados en su sector de la provincia de Diyala.
Esas detenciones ayudaron a romper una célula insurgente sunní con lazos con Siria y Chechenia, dijeron Cloutier y sus oficiales de inteligencia. Los dos hombres -hermanos en un grupo insurgente formado por lazos tribales y familiares- habían ordenado los asesinatos, dijeron.
En el sitio del atentado, Cloutier convocó al alcalde y al jefe de policía de la ciudad. Los obligó a mirar la sangre y los destrozos. Les advirtió: "Esto no lo vamos a tolerar".
El coronel trasladó el mismo mensaje a los jeques tribales y alcaldes de las aldeas adyacentes. "Les dije que sabía que ellos sabían quiénes lo habían hecho", dijo Cloutier. El coronel ordenó a los funcionarios locales a presentarse en su despacho a las cinco de la tarde de ese día con una lista de nombres de sospechosos".
Cloutier también quería enviar un mensaje a sus soldados. Los hizo recoger hasta el más pequeño trozo de metal y papel y escombros del sitio del atentado.
Limpiaron hasta la última gota de sangre. No quería dejar que los insurgentes pudieran usar como trofeo.
Más tarde ese día, jeques, alcaldes y funcionarios de policía entraron a la oficina apenas amoblada de Cloutier en un antiguo recinto militar iraquí, justo pasando la cabeza embalsamada de un oso instalada en el centro de operaciones. El coronel había compartido el té con la mayoría de ellos durante sus visitas de introducción en este país donde los jefes militares norteamericanos son como virreyes, repartiendo dinero y organizando proyectos cívicos. Había sido amable y recatado.
Ahora, diez horas después de la muerte de Palmatier, Cloutier estaba furioso. No saludó a los hombres. No les ofreció té. No se levantó.
Cloutier es como un delantero de fútbol americano, de hombros y cuello gruesos. Su rasgo dominante es su enorme cráneo: pelado al rape, rosado y brillante. En su uniforme de combate y botas, enroscado de rabia, es una visión impresionante.
Durante casi una hora, denostó contra los iraquíes. "Les dije que tenía dinero en una mano y tanques en la otra", dijo. "Les pregunté qué querían: el dinero o los tanques".
Cuando terminó, el coronel hizo una pausa y dijo: "Ahora quiero los nombres".
Los iraquíes le entregaron 13 nombres de supuestos insurgentes, dijo. Uno por uno pidió a los funcionarios que prometieran que lo ayudarían a él y al nuevo gobierno electo iraquí en la lucha contra la resistencia. Todos accedieron, dijo.
La información entregada por los funcionarios, junto con inteligencia obtenida con el interrogatorio de los dos sospechosos detenidos en el puesto de control, ayudaron a Abid y Cloutier a capturar al Blanco de Alto Valor número 2. El sospechoso, que había sido buscado durante un año por el batallón anterior en Muqdadiya, fue conectado a un par de casas prefabricadas junto al Lago Hamrin cerca de la frontera iraní, dijo Cloutier.
La noche siguiente un convoy a todoterrenos blindados Humveed y vehículos de combate Bradley salieron del Normandía, acompañado por soldados del batallón Nº205 del ejército iraquí. Al borde del lago, los vehículos rodearon las dos casas.
Soldados iraquíes echaron abajo la puerta de entrada de la primera casa. En un dormitorio se encontraba el Blanco Nº2 con su esposa; sus hijos dormían en otra habitación. (Los comandantes, mencionando medidas de seguridad, no revelaron los nombres de los detenidos).
Los soldados encontraron armas, municiones y materiales para hacer bombas en las dos casas, dijeron oficiales de inteligencia. También recuperaron, dijeron, documentos que vinculaban al detenido con las guerrillas de la asolada república rusa de Chechenia y una fotografía del sospechosos con otros insurgentes en Siria.
Al día siguiente, los soldados volvieron a las casas, usando palos para pinchar la espuma de los azulejos del techo. De arriba de una cuna cayeron una ametralladora, un lanzagranadas y una bolsa de municiones. Los soldados también encontraron folletos titulados La yihad en Iraq' y dos carnés de identidad, ambos con la foto del Blanco Nº2 y las palabras en inglés: "Sindicato de Personas Honorables de Iraq".
Bajo interrogatorio, el Blanco Nº2 proporcionó los nombres de siete hombres de la localidad que dijo que eran los financistas y organizadores de la célula, dijeron oficiales de inteligencia. A la noche siguiente, en tres redadas en el centro de Muqdadiya, soldados iraquíes apoyados por tropas americanas allanaron varias casas y detuvieron a cinco de los siete.
Menos de 72 horas después de la muerte de Palmatier, tres de los 10 hombres más buscados por el batallón habían sido capturados, junto con cinco otros miembros claves de la célula.
Cloutier dijo que los sospechosos habían ordenado el atentado que mató a Palmatier. Los oficiales también obtuvieron el nombre del hombre que puso la bomba, dijo él y otros oficial de inteligencia.
Después de los allanamientos, Cloutier pensó en todas las veces que había conversado con Palmatier en el pasillo. Se sentía bien de haberse tomado el tiempo para conocerlo, dijo, porque su temor más grande era mirar en un body bag de uno de sus soldados y no reconocer la cara.
"Yo conocía a ese chico. Era un buen chico", dijo el coronel sobre Palmatier, que deja una viuda, Bridget.
Su voz se quebró, y se limpió los ojos con su puño. "Hay que machacar a esos bastardos. Los cazaré uno por uno. A Palmatier lo mató un cobarde".
En una gaveta de su escritorio el coronel colocó una foto de Palmatier manejando un lanzagranadas. Junto a ella hay un trozo de la metralla de la fatal bomba improvisada.
Al otro lado del recinto, en el cuarto de barraca de Palmatier, había un hueco donde había estado su litera. En una pared había un clavo donde colgaba sus cosas. Arriba estaba escrito su apodo: "P. Diddy", que se le otorgó en honor a sus atormentados intentos de hacer rap.
Su compañero el soldado Kenneth Berry, en la oscuridad, miraba un DVD en su portátil. Mencionó que Palmatier había sido universitario, que tenía un diploma de historia por la Universidad de Illinois. Le enseñó a Berry a "trabajar inteligentemente", dijo.
Justo dos días antes de su muerte, Palmatier había sido entrevistado para un video del batallón que sería enviado a Ft. Benning, Georgia. El video muestra a un joven sonriente, con la cabeza rapada y gafas de marcos oscuros discutiendo la cultura e historia iraquíes.
Más abajo en el pasillo, Fuller, que fue herido en el atentado, recordó que el cuerpo de Palmatier había chocado contra él, que estaba al volante, tratando de controlar el camión inclinado hacia un lado. Se había dañado la rodilla, pero los efectos psicológicos eran peores. La noche anterior se había reunido con los psicólogos del equipo de estrés de combate del batallón.
"Me ayudaron a hablar sobre lo ocurrido", dijo Fuller casi susurrando.
El teniente Suttles estaba fumando en su cuarto al otro lado del pasillo, revisando en su mente los detalles del atentado, cómo había corrido hacia el camión impactado desde su todoterrenos, tratando en el caos de calmar a sus soldados y mirando a un médico tratar frenéticamente de salvar al cabo agonizante. Palmatier no volvió en sí.
Dos cosas le ayudaron a dormir esa noche, dijo el teniente.
"Una, todos en el terreno hicieron exactamente lo que se supone que tienen que hacer en caso de ataque", dijo. "Y dos, el cabo Palmatier no sufrió".
El domingo el batallón se reunió en uniforme de combate completo para el funeral del cabo, rodeado de decenas de soldados iraquíes con boinas escarlatas. El rifle, botas, casco y su placa de identificación de Palmatier fueron colocados en un pedestal, junto con sus medallas Purple Heart y Bronze Star. También había un medallón con la inscripción: "Nuestro País, No Nosotros".
El sargento Terriance Hamilton, un amigo íntimo, cantó un himno llamado No me quejaré'.
"No tenía que ir en esa misión", dijo Hamilton. "Él pensaba que debía estar ahí".
Cloutier y Suttles lucharon por contener las lágrimas mientras hablaban. El teniente dijo que Palmatier hacía su trabajo a la perfección, revisando la zona con su lanzagranadas, cuando la explosión lo mató.
El coronel dijo: "Si mides la riqueza de un hombre por la cantidad de gente que lo quiere, entonces Jacob Palmatier era en realidad un hombre rico".
Se tocaron cintas. Los fusileros dispararon salvos. El sargento primero pasó lista, repitiendo el nombre de Palmatier tres veces, a lo que nadie respondió.
Esa noche, las fotos de los últimos detenidos se exhibían en una pizarra en el atiborrado despacho de inteligencia del batallón. Debajo de las palabras "El Hall de la Infamia Presenta Orgullosamente una Galería de Rufianes", emergían los rostros de los Blancos de Alto Valor números 2, 6 y 8.
Un día de estos, juraron muchos en el batallón, la exhibición incluirá otra foto: la del hombre que colocó la bomba que terminó con la promisoria vida del cabo Jacob Palmatier.
5 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
ataques de precisión en bagdad
[James Glanz] Ataques de los insurgentes para interrumpir el suministro de petróleo, gasolina, crudo, agua y electricidad han alcanzado un grado de coordinación y sofisticación no visto antes, dijeron funcionarios iraquíes y estadounidenses.
Bagdad, Iraq. El nuevo esquema, dice, muestra que los insurgentes poseen un profundo conocimiento de la compleja red de oleoductos, cables de potencia y embalses que nutren a Bagdad, la capital iraquí.
La oscura insurgencia es un movimiento fraccionado compuesto de distintos grupos de combatientes sunníes, chiíes y extranjeros, algunos de ellos coordinados y otros no. Pero el cambio en el esquema de ataques sugiere que una rama de la resistencia está llevando a cabo un plan sistemático para destruir la capacidad de Bagdad de proporcionar servicios básicos para sus seis millones de habitantes e impedir que el nuevo gobierno pueda operar.
Un nuevo análisis de algunos de esos funcionarios muestra que la elección de objetivos y la coordinación de los ataques de sabotaje ha evolucionado en los últimos meses, cambiando de objetivos económicos a lo que es prácticamente un asedio de la capital.
En una clara ilustración del cambio, de los más de 30 ataques de sabotaje contra la infraestructura petrolera este año, no se reportó ningún incidente que afecte los oleoductos de crudo en el sur que son la principal fuente de ingresos de Iraq. En lugar de eso, los ataques se han dirigido contra oleoductos y gaseoductos que alimentan a las centrales eléctricas y refinerías y proporcionan combustible para el transporte en Bagdad y el norte.
En una indicación de lo cuidadosamente elegidos que son los objetivos y del conocimiento de la resistencia sobre el funcionamiento de la infraestructura, el sabotaje a menudo interrumpe la vida de los iraquíes, haciéndoles dependientes de generadores callejeros para paliar la oscuridad y hacer funcionar televisores y radios, dejándoles sin combustible para cocinillas y calentadores, e incluso impidiendo que beban agua.
Este patrón general del sabotaje y su conocimiento técnico sugiere la intervención de los mismos funcionarios que se ocupaban de la infraestructura del país durante el largo régimen de Saddam Hussein, dicen actuales funcionarios iraquíes.
La única conclusión razonable, dijo Aiham Alsammarae, el ministro iraquí de la electricidad, es que las operaciones de sabotaje están siendo dirigidas por antiguos miembros de los ministerios mismos, posiblemente ayudados por simpatizantes remanentes.
"Saben lo que están haciendo", dijo Alsammarae. "Sigo diciendo al gobierno que su servicio de inteligencia es mucho mejor que el del gobierno".
Sabah Kadhim, un importante funcionario del ministerio iraquí del Interior, dijo que creía que los sabotajes son parte de un plan mayor, de dos fases, que incluye las operaciones terroristas que han matado a tantos iraquíes en los últimos dos años.
El nuevo patrón de sabotajes, dijo, sienta los fundamentos del caos -una población profundamente resentida, la apariencia de un gobierno inefectivo, la paralización de importantes negocios y actividades industriales. El segundo lado -los atentados kamikaze y los secuestros-, dijo, se dirigen en gran medida a sembrar la discordia entre grupos étnicos y religiosos.
"Y creo que ellos, honestamente, tienen más posibilidades con los primeros que con los segundos", dijo Kadhim.
Cualquiera sea la fuente del plan, muestra claros signos de estar controlado centralmente, dicen funcionarios iraquíes y estadounidenses.
"Hay una organización, una especie de sala de comando de operaciones", dijo el martes en una entrevista Thamir Ghadhban, el ministro iraquí del petróleo. En su área de responsabilidad, Ghadhban dijo: "El plan de los saboteadores es aislar Bagdad de las fuentes de crudo y productos del petróleo".
"Y, en gran medida, lo han logrado", dijo.
Ghadhban apoyó sus afirmaciones con un mapa que mostraba que en noviembre, diciembre y enero, en ataques ampliamente dispersos, los insurgentes atacaron simultáneamente los tres oleoductos de crudo que llegan a la refinería de Doura en Bagdad. La refinería es el mayor productor del país de gasolina, queroseno y otros productos refinados del petróleo.
Durante ese período, se hicieron más de 20 ataques contra un conjunto de grandes oleoductos que llevan cosas como petróleo, queroseno, gasolina y otros combustibles a Bagdad desde los campos de petróleos y refinerías del norte.
En contraste, en la misma región, el mapa muestra que un oleoducto de crudo de crucial importancia económica -el que lleva el petróleo para la exportación- no fue atacado ni una sola vez.
El mapa fue preparado por su ministerio catalogando las coordinadas exactas, fechas y naturaleza de los ataques y combinando esa información con un detallado esquema de la red de oleoductos, depósitos de combustible, carreteras y refinerías en y en torno a Bagdad.
Esos ataques causaron serias interrupciones, incluyendo severos cortes de gasolina. Y Ghadhban dijo que cuando él trató de suplir los cortes transportando el combustible en camiones cisternas, los saboteadores atacaron los convoyes y los puentes por los que tenían que pasar para llegar a Bagdad.
Después de permitir que un periodista mirara en la pantalla de un ordenador el mapa y otros gráficos y cifras describiendo el patrón de sabotajes, Ghadhban se negó a proporcionar una copia, pero el análisis de su ministerio ha circulado entre otros funcionarios en Iraq, y uno de ellos accedió a entregar al New York Times una copia del mapa.
El petróleo y el transporte están lejos de ser las únicas infraestructuras atacadas por los insurgentes con el objetivo de aislar Bagdad y hacer sufrir privaciones a sus habitantes.
A mediados de enero, una bomba impactó las tuberías de agua de una planta de tratamiento que proporciona el 65 al 70 por ciento del agua potable de la ciudad. Impactó justo en el lugar donde provocaría un colapso de la presión del agua en casi todo el sistema. La mayoría de los habitantes de Bagdad se quedaron con poco o nada de agua corriente durante más de una semana.
Ataques contra objetivos cuidadosamente escogidos son también la principal razón de que el rendimiento del tendido nacional de electricidad de Iraq bajara recientemente hasta la cantidad que producía antes de la invasión norteamericana de abril de 2003, a pesar de los billones de dólares gastados en proyectos con el objetivo de reparar las centrales eléctricas y los tendidos, y agregando enormes generadores nuevos.
Y aunque el rendimiento general ha alcanzado recientemente los niveles de preguerra, ese limitado éxito ha sido puntuado por repetidos cortes causados por averías, sabotaje y otros problemas.
Con todo su conocimiento y aparentemente insaciable odio de la gente que lleva ahora el gobierno, los insurgentes han transformado su versión inicialmente genérica del sabotaje en una ciencia más refinada, dijo Gal Luft, director ejecutivo del Instituto para el Análisis de la Seguridad Global en Washington, que sigue estrechamente la infraestructura petrolera de Iraq.
Los ataques persiguen ahora "prolongar la destrucción", dijo Luft. Los insurgentes alcanzan ese objetivo atacando puntos críticos del sistema de oleoductos y centrándose en instalaciones que son difíciles de reparar o hacer -incluso tomando en cuenta los repuestos que ahora escasean en las bodegas iraquíes, dijo.
Los insurgentes han explotado hábilmente lo que Luft llama la "relación de pollos y huevos" entre el combustibles y la electricidad: sin petróleo no hay electricidad, y sin electricidad, el petróleo no puede ser extraído ni refinado. Así que un ataque en un área de la infraestructura puede estropear otras áreas.
Con todas esas posibilidades a su disposición, los insurgentes han abandonado el objetivo de volar los oleoductos que transportan el petróleo para la exportación, dijo.
"Creo que es un enfoque muy diferente", dijo Luft. "Lo principal es aislar el área de Bagdad y asegurarse de que no llegue suficiente petróleo a las refinerías".
Ese esquema no ha pasado desapercibido a los funcionarios militares norteamericanos y del gobierno. "Creo que hay un plan regional para Bagdad", dijo el teniente coronel Joseph P. Schweitzer, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, el que antes de iniciar una nueva misión esta semana pasó siete meses como director del Centro de Actividades de Reconstrucción, una organización paraguas para obras en la infraestructura militar y civil de Iraq.
"Es una partida de ajedrez", dijo el coronel Scheweitzer. "Este es un enemigo listo, y flexible".
Dijo que dudaba de que el plan fuera unificado en todo el país, pero que había observado esquemas que proporcionaban claves para combatir a la resistencia. "Es algo que estamos estudiando intensamente", dijo. "Hemos llegado a algunas conclusiones, y estamos tomando medidas".
Pero un portavoz de la fuerzas dirigidas por los norteamericanos en Iraq, el coronel Robert A. Potter de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dijo en una declaración enviada por correo electrónico: "Sería especulativo aceptar o negar que esos ataques sean aleatorios o específicamente planeados para provocar efectos específicos".
Cualquiera sea el guión que estén siguiendo los insurgentes, sus ataques han sido prolíficos, dijo Ghadhban, el ministro del petróleo. Su ministerio registró 264 actos de sabotajes contra la infraestructura petrolera en 2004 y más de 30 este año hasta la fecha, dijo.
Ninguna táctica específica puede impedir lo que es de hecho un sitio del importante sistema de circulación del país, dijo Ghadhban. Pero ya ha pedido contratos para un enorme sistema de protección que incluirá vallas a ambos lados de los oleoductos a lo largo de miles de kilómetros en el desierto, con cámaras de vigilancia infrarrojas, sensores, vigilancia aérea y una ágil fuerza de seguridad.
Que Ghadhban tenga alguna posibilidad de llevar a cabo su plan es otro asunto. Aunque obtuvo un escaño en la nueva asamblea nacional, la escasez de gasolina, justa o injustamente, han dañado su imagen pública en esta temporada política.
"Si soy elegido, continuaré, claro que sí", dijo Ghadhban. "Y creo que lo haremos mejor".
22 de febrero de 2005
26 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El nuevo esquema, dice, muestra que los insurgentes poseen un profundo conocimiento de la compleja red de oleoductos, cables de potencia y embalses que nutren a Bagdad, la capital iraquí.La oscura insurgencia es un movimiento fraccionado compuesto de distintos grupos de combatientes sunníes, chiíes y extranjeros, algunos de ellos coordinados y otros no. Pero el cambio en el esquema de ataques sugiere que una rama de la resistencia está llevando a cabo un plan sistemático para destruir la capacidad de Bagdad de proporcionar servicios básicos para sus seis millones de habitantes e impedir que el nuevo gobierno pueda operar.
Un nuevo análisis de algunos de esos funcionarios muestra que la elección de objetivos y la coordinación de los ataques de sabotaje ha evolucionado en los últimos meses, cambiando de objetivos económicos a lo que es prácticamente un asedio de la capital.
En una clara ilustración del cambio, de los más de 30 ataques de sabotaje contra la infraestructura petrolera este año, no se reportó ningún incidente que afecte los oleoductos de crudo en el sur que son la principal fuente de ingresos de Iraq. En lugar de eso, los ataques se han dirigido contra oleoductos y gaseoductos que alimentan a las centrales eléctricas y refinerías y proporcionan combustible para el transporte en Bagdad y el norte.
En una indicación de lo cuidadosamente elegidos que son los objetivos y del conocimiento de la resistencia sobre el funcionamiento de la infraestructura, el sabotaje a menudo interrumpe la vida de los iraquíes, haciéndoles dependientes de generadores callejeros para paliar la oscuridad y hacer funcionar televisores y radios, dejándoles sin combustible para cocinillas y calentadores, e incluso impidiendo que beban agua.
Este patrón general del sabotaje y su conocimiento técnico sugiere la intervención de los mismos funcionarios que se ocupaban de la infraestructura del país durante el largo régimen de Saddam Hussein, dicen actuales funcionarios iraquíes.
La única conclusión razonable, dijo Aiham Alsammarae, el ministro iraquí de la electricidad, es que las operaciones de sabotaje están siendo dirigidas por antiguos miembros de los ministerios mismos, posiblemente ayudados por simpatizantes remanentes.
"Saben lo que están haciendo", dijo Alsammarae. "Sigo diciendo al gobierno que su servicio de inteligencia es mucho mejor que el del gobierno".
Sabah Kadhim, un importante funcionario del ministerio iraquí del Interior, dijo que creía que los sabotajes son parte de un plan mayor, de dos fases, que incluye las operaciones terroristas que han matado a tantos iraquíes en los últimos dos años.
El nuevo patrón de sabotajes, dijo, sienta los fundamentos del caos -una población profundamente resentida, la apariencia de un gobierno inefectivo, la paralización de importantes negocios y actividades industriales. El segundo lado -los atentados kamikaze y los secuestros-, dijo, se dirigen en gran medida a sembrar la discordia entre grupos étnicos y religiosos.
"Y creo que ellos, honestamente, tienen más posibilidades con los primeros que con los segundos", dijo Kadhim.
Cualquiera sea la fuente del plan, muestra claros signos de estar controlado centralmente, dicen funcionarios iraquíes y estadounidenses.
"Hay una organización, una especie de sala de comando de operaciones", dijo el martes en una entrevista Thamir Ghadhban, el ministro iraquí del petróleo. En su área de responsabilidad, Ghadhban dijo: "El plan de los saboteadores es aislar Bagdad de las fuentes de crudo y productos del petróleo".
"Y, en gran medida, lo han logrado", dijo.
Ghadhban apoyó sus afirmaciones con un mapa que mostraba que en noviembre, diciembre y enero, en ataques ampliamente dispersos, los insurgentes atacaron simultáneamente los tres oleoductos de crudo que llegan a la refinería de Doura en Bagdad. La refinería es el mayor productor del país de gasolina, queroseno y otros productos refinados del petróleo.
Durante ese período, se hicieron más de 20 ataques contra un conjunto de grandes oleoductos que llevan cosas como petróleo, queroseno, gasolina y otros combustibles a Bagdad desde los campos de petróleos y refinerías del norte.
En contraste, en la misma región, el mapa muestra que un oleoducto de crudo de crucial importancia económica -el que lleva el petróleo para la exportación- no fue atacado ni una sola vez.
El mapa fue preparado por su ministerio catalogando las coordinadas exactas, fechas y naturaleza de los ataques y combinando esa información con un detallado esquema de la red de oleoductos, depósitos de combustible, carreteras y refinerías en y en torno a Bagdad.
Esos ataques causaron serias interrupciones, incluyendo severos cortes de gasolina. Y Ghadhban dijo que cuando él trató de suplir los cortes transportando el combustible en camiones cisternas, los saboteadores atacaron los convoyes y los puentes por los que tenían que pasar para llegar a Bagdad.
Después de permitir que un periodista mirara en la pantalla de un ordenador el mapa y otros gráficos y cifras describiendo el patrón de sabotajes, Ghadhban se negó a proporcionar una copia, pero el análisis de su ministerio ha circulado entre otros funcionarios en Iraq, y uno de ellos accedió a entregar al New York Times una copia del mapa.
El petróleo y el transporte están lejos de ser las únicas infraestructuras atacadas por los insurgentes con el objetivo de aislar Bagdad y hacer sufrir privaciones a sus habitantes.
A mediados de enero, una bomba impactó las tuberías de agua de una planta de tratamiento que proporciona el 65 al 70 por ciento del agua potable de la ciudad. Impactó justo en el lugar donde provocaría un colapso de la presión del agua en casi todo el sistema. La mayoría de los habitantes de Bagdad se quedaron con poco o nada de agua corriente durante más de una semana.
Ataques contra objetivos cuidadosamente escogidos son también la principal razón de que el rendimiento del tendido nacional de electricidad de Iraq bajara recientemente hasta la cantidad que producía antes de la invasión norteamericana de abril de 2003, a pesar de los billones de dólares gastados en proyectos con el objetivo de reparar las centrales eléctricas y los tendidos, y agregando enormes generadores nuevos.
Y aunque el rendimiento general ha alcanzado recientemente los niveles de preguerra, ese limitado éxito ha sido puntuado por repetidos cortes causados por averías, sabotaje y otros problemas.
Con todo su conocimiento y aparentemente insaciable odio de la gente que lleva ahora el gobierno, los insurgentes han transformado su versión inicialmente genérica del sabotaje en una ciencia más refinada, dijo Gal Luft, director ejecutivo del Instituto para el Análisis de la Seguridad Global en Washington, que sigue estrechamente la infraestructura petrolera de Iraq.
Los ataques persiguen ahora "prolongar la destrucción", dijo Luft. Los insurgentes alcanzan ese objetivo atacando puntos críticos del sistema de oleoductos y centrándose en instalaciones que son difíciles de reparar o hacer -incluso tomando en cuenta los repuestos que ahora escasean en las bodegas iraquíes, dijo.
Los insurgentes han explotado hábilmente lo que Luft llama la "relación de pollos y huevos" entre el combustibles y la electricidad: sin petróleo no hay electricidad, y sin electricidad, el petróleo no puede ser extraído ni refinado. Así que un ataque en un área de la infraestructura puede estropear otras áreas.
Con todas esas posibilidades a su disposición, los insurgentes han abandonado el objetivo de volar los oleoductos que transportan el petróleo para la exportación, dijo.
"Creo que es un enfoque muy diferente", dijo Luft. "Lo principal es aislar el área de Bagdad y asegurarse de que no llegue suficiente petróleo a las refinerías".
Ese esquema no ha pasado desapercibido a los funcionarios militares norteamericanos y del gobierno. "Creo que hay un plan regional para Bagdad", dijo el teniente coronel Joseph P. Schweitzer, del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de Estados Unidos, el que antes de iniciar una nueva misión esta semana pasó siete meses como director del Centro de Actividades de Reconstrucción, una organización paraguas para obras en la infraestructura militar y civil de Iraq.
"Es una partida de ajedrez", dijo el coronel Scheweitzer. "Este es un enemigo listo, y flexible".
Dijo que dudaba de que el plan fuera unificado en todo el país, pero que había observado esquemas que proporcionaban claves para combatir a la resistencia. "Es algo que estamos estudiando intensamente", dijo. "Hemos llegado a algunas conclusiones, y estamos tomando medidas".
Pero un portavoz de la fuerzas dirigidas por los norteamericanos en Iraq, el coronel Robert A. Potter de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, dijo en una declaración enviada por correo electrónico: "Sería especulativo aceptar o negar que esos ataques sean aleatorios o específicamente planeados para provocar efectos específicos".
Cualquiera sea el guión que estén siguiendo los insurgentes, sus ataques han sido prolíficos, dijo Ghadhban, el ministro del petróleo. Su ministerio registró 264 actos de sabotajes contra la infraestructura petrolera en 2004 y más de 30 este año hasta la fecha, dijo.
Ninguna táctica específica puede impedir lo que es de hecho un sitio del importante sistema de circulación del país, dijo Ghadhban. Pero ya ha pedido contratos para un enorme sistema de protección que incluirá vallas a ambos lados de los oleoductos a lo largo de miles de kilómetros en el desierto, con cámaras de vigilancia infrarrojas, sensores, vigilancia aérea y una ágil fuerza de seguridad.
Que Ghadhban tenga alguna posibilidad de llevar a cabo su plan es otro asunto. Aunque obtuvo un escaño en la nueva asamblea nacional, la escasez de gasolina, justa o injustamente, han dañado su imagen pública en esta temporada política.
"Si soy elegido, continuaré, claro que sí", dijo Ghadhban. "Y creo que lo haremos mejor".
22 de febrero de 2005
26 de febrero de 2005
©new york times
©traducción mQh
soldados de hierro
[Sandro Pozzi] El gobierno de George W. Bush, preocupado por las casi 1.500 bajas de soldados norteamericanos en Iraq, ha decidido enviar un retén de guerreros muy especiales. En abril entrarán en acción 18 robots SWORDS, dotados de la última tecnología para enfrentarse y machacar al enemigo.
Special Weapons Observation Reconnaissance Detection Systems (o SWORDS). Así se conoce al nuevo soldado cibernético que el Pentágono enviará esta primavera a Iraq para luchar contra los insurgentes y reducir el número de bajas entre sus soldados, mientras en Washington se preguntan si los iraquíes podrán hacerse cargo de la seguridad del país. Se trata de un robot como los que desde hace cinco años utilizan la policía y los militares para desactivar bombas a distancia, pero con capacidad para observar, reconocer y detectar al enemigo, al que después neutraliza con una poderosa ametralladora.
Es la ciencia ficción hecha realidad. Aunque aún no se llega al extremo de las películas de Terminator, en las que las fuerzas rebeldes de carne y hueso se enfrentan a sofisticadas máquinas de matar autónomas. En los tres episodios del filme de acción que protagoniza Arnold Schwarzenegger, el humano gana. En la vida real, en el mundo de hoy, la administración que preside George W. Bush quiere imponerse a los insurgentes en el campo de batalla iraquí para frenar la escalada de bajas entre sus soldados y marines.
La operación militar Iraqi Freedom ha costado la vida de 1.448 estadounidenses, sobre un total de 1.619 muertes entre las conocidas como tropas de la coalición, según datos oficiales del 7 de febrero. A esta cifra hay que sumar los 10.770 heridos entre las fuerzas norteamericanas desde que comenzó la campaña militar contra el régimen de Sadam Husein, en marzo de 2003. A estas bajas se les podrían sumar también las 156 muertes estadounidenses en la Operación Libertad Duradera, lanzada en Afganistán contra el régimen talibán y la red terrorista Al Qaeda tras los atentados suicidas del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
En ambos frentes, la mayor parte de las bajas se están registrando en el proceso de transición política, con la campaña militar concluida desde hace casi dos años en el caso de Iraq. La respuesta de las guerrillas, sobre todo en el caso iraquí, es especialmente intensa y sangrienta contra unas tropas que consideran de ocupación. Por eso, el Pentágono quiere enviar en abril al frente de batalla iraquí 18 robots armados SWORDS para proteger a sus tropas.
Foster-Miller, con sede en Waltham (Massachusetts), es la empresa estadounidense que desarrolla esta nueva máquina de guerra. William Ribich, presidente ejecutivo, explica que su compañía "tiene un firme compromiso para proveer a las tropas estadounidenses el mejor material posible y con rapidez". El grupo fabricante del robot guerrero cuenta en la actualidad con un equipo formado por 350 ingenieros y científicos, especializados en robótica, en el desarrollo de nuevos materiales de alta tecnología e instrumental médico.
Entre la nutrida lista de clientes de Foster-Miller se encuentran General Electric, Boeing, Daimler Chrysler, Lockheed Martin o Westinghouse, además de los departamentos de Defensa, Energía y Transportes, la NASA, la policía de Nueva York (NYPD), las Fuerzas Armadas (Army), Aérea (Air Force) y Naval (Navy). La compañía fue adquirida en agosto pasado por el grupo anglo-estadounidense QinetiQ, de la que el ex presidente George Bush es consejero a través del holding Carlyle.
Foster-Miller es una de las pequeñas compañías que tienen acceso al colosal presupuesto militar de Estados Unidos, que este año superará los 400.000 millones de dólares. Es más, el proyecto de presupuesto para 2006 presentado por la Casa Blanca el 7 de febrero prevé el gasto de 1.700 millones de dólares hasta 2011 en vehículos sin tripulante que pueden realizar "trabajos peligrosos sin poner en riesgo la vida de los soldados".
Lockheed Martin y General Dinamics son las otras compañías que están desarrollando vehículos similares al SWORDS para sacar tajada al incremento del gasto militar, del que se beneficiarán especialmente las compañías especializadas en el desarrollo de armamento. Además, el Departamento de Defensa está apoyando otros proyectos para poder desplegar robots en zonas de combate, lanzados desde un avión.
Pero el robot de Foster-Miller se convertirá en primavera en el primer dispositivo electrónico armado por control remoto que entre en acción en misiones de combate. El SWORDS, de un metro de altura, fue ya la estrella en la 24ª conferencia Ciencia Militar, celebrada a finales de noviembre en Orlando (Florida). La revista Time, en su edición del pasado 29 de noviembre, calificó al robot armado como una de las invenciones más increíbles de 2004. "Insurgentes iraquíes, ya podéis preocuparos", afirmaba el artículo de la prestigiosa revista. Y es que, como dicen los militares de la brigada Stryker, que ya lo han utilizado en Kuwait antes de mandarlo al campo de batalla, "no es algo con lo que uno pueda jugar".
"Es un guerrero rápido y preciso", señalan los expertos del Departamento de Defensa estadounidense. El SWORDS es una versión guerrera del robot Talon que fabrica Foster-Miller, y que es utilizado ya por los artificieros de la Armada estadounidense en Iraq y Afganistán, donde tienen desplegados más de un centenar de unidades. Los Talon son usados por el Pentágono desde 2000, cuando cumplieron su misión con éxito en Bosnia. Los robots fueron de gran utilidad también en los trabajos de rescate en la zona cero, el vacío de escombros que dejaron las Torres Gemelas tras el 11-S y en las acciones militares en Afganistán.
Los primeros Talon llegaron a Iraq en marzo de 2003, donde han participado en más de 20.000 misiones. Lo que hace diferente al nuevo modelo es que va armado con fusiles y rifles automáticos M249, M240 o Barrett del calibre 50, dispone de cuatro cámaras de precisión, visión nocturna, sensores térmicos y lentes para observar desde la distancia. Su autonomía es de cuatro horas, durante las que puede desplazarse a una velocidad de 6,5 kilómetros por hora, subir escaleras, superar obstáculos o permanecer oculto en completo silencio hasta que abre fuego contra el enemigo.
Para poder funcionar, la máquina sigue necesitando de un operador humano, que es el que se encarga de analizar las imágenes y la información que le llega del frente a 1,5 kilómetros de distancia antes de poner el dedo en el gatillo y abrir fuego con su poderosa ametralladora. Además se han hecho pruebas con misiles de 66 milímetros puede llevar hasta cuatro y dos lanzagranadas (Milkor Mk-1S). Los expertos dicen que podría ser equipado incluso con armamento antitanques o el nuevo sistema de misiles DREAD.
Los militares que han hecho pruebas con el robot aseguran que su disparo es más certero que el de un soldado, "porque el arma está montada sobre una plataforma más estable", a lo que se le añade la ayuda precisa de la electrónica. Hasta tal punto es preciso que mientras un soldado puede hacer un tiro certero a un balón de baloncesto a 300 metros, el robot lo hace con una moneda, como explica el sargento Santiago Tordillos.
Sus creadores van más allá y explican que el SWORDS es un soldado que no se cansa, no se asusta, no necesita comer ni vestirse ni ser entrenado y que, con sus precisos sensores y cámaras, es capaz de rastrear el terreno sin ningún riesgo para los militares que van con el fusil echado al hombro. Y el tiempo tampoco parece ser un impedimento mayor. El coste de cada una de las unidades que irán a Iraq esta primavera se estima en 230.000 dólares, aunque su vicepresidente Arnis Mangolds dijo durante la convención celebrada en Florida que la intención de la compañía es rebajar el precio del modelo básico hasta los 180.000 dólares cuando entre en producción.
Además, la versatilidad de estos robots armados les permite adaptarse con facilidad a la misión original de desactivar explosivos. En cualquier caso, ocupan poco espacio en sus cajas a la espera de volver al combate.
La brigada Stryker, que participó en la puesta a punto de los robots, recibirá las primeras unidades en las próximas semanas. "Los soldados con los que he hablado quieren tenerlos ya", comenta Tordillos.
David Crane, experto en cuestiones militares, asegura que la tecnología es "viable" para lo que denomina "ambiente de combate urbano", y explica que se trata "de una evolución natural" de los medios que hasta ahora utilizaba Defensa y las agencias de seguridad en sus misiones robotizadas Talon y Ferret. "No se trata de una nueva invención, lo que hemos hecho es poner juntos los sistemas existentes", explica Tordillos. La compañía Foster-Miller ya está trabajando en una nueva versión más sencilla de manejar, que dotaría al operador de una consola de mandos similar a la de un videojuego y de unas gafas de realidad virtual que permitirá mejorar la precisión.
No es un secreto para nadie que la Armada y la Administración presidida por George W. Bush tienen un problema frente a la opinión pública estadounidense ante las constantes bajas en el frente iraquí. El SWORDS es la respuesta además a lo que Crane califica como una "guerra contra los medios de comunicación". "Al robot no pueden matarlo", señala. Y en este clima, el nuevo robot de Foster-Miller salta al campo de batalla. La compañía ha dedicado seis meses y dos millones de dólares al desarrollo de esta nueva versión del Talon, sometiéndolo a todo tipo de pruebas para evitar fallos de funcionamiento durante la campaña.
Los expertos en defensa se hacen la siguiente pregunta: ¿por qué poner en riesgo la vida de un soldado cuando en su lugar puedes poner un robot? La respuesta de William Ribich es rotunda en ese sentido. "Cada uno de estos robots permite proteger a un soldado", afirma, a la vez que deja claro que los SWORDS "no son máquinas autónomas asesinas como las que aparecen en las películas de ficción", a pesar de que puede realizar hasta 350 disparos por minuto sin necesidad de ser recargado.
Además se ha dotado a los robots de un dispositivo para evitar que las fuerzas enemigas puedan piratear o interferir la señal de radio que les comunica directamente con el operador que los maneja y toma las decisiones antes de poner el dedo en el gatillo.
La lógica que sigue este nuevo proyecto es la misma de los aviones de reconocimiento y combate sin tripulante, conocidos en la jerga militar como UAV o UCAV. "Mientras nuestra infantería siga inmersa en la batalla urbana y continúen las operaciones militares en Iraq contra los insurgentes, la necesidad de los robots SWORDS es mayor que nunca", remacha David Crane.
¿Pero llegará el día en el que los robots armados sustituyan al hombre en el campo de batalla? La respuesta del sargento Tordillos es contundente: "No, nunca se eliminará al soldado de las misiones sobre el terreno. Habrá una mezcla, pero el soldado siempre estará ahí".
23 de febrero de 2005
©el país
Special Weapons Observation Reconnaissance Detection Systems (o SWORDS). Así se conoce al nuevo soldado cibernético que el Pentágono enviará esta primavera a Iraq para luchar contra los insurgentes y reducir el número de bajas entre sus soldados, mientras en Washington se preguntan si los iraquíes podrán hacerse cargo de la seguridad del país. Se trata de un robot como los que desde hace cinco años utilizan la policía y los militares para desactivar bombas a distancia, pero con capacidad para observar, reconocer y detectar al enemigo, al que después neutraliza con una poderosa ametralladora. Es la ciencia ficción hecha realidad. Aunque aún no se llega al extremo de las películas de Terminator, en las que las fuerzas rebeldes de carne y hueso se enfrentan a sofisticadas máquinas de matar autónomas. En los tres episodios del filme de acción que protagoniza Arnold Schwarzenegger, el humano gana. En la vida real, en el mundo de hoy, la administración que preside George W. Bush quiere imponerse a los insurgentes en el campo de batalla iraquí para frenar la escalada de bajas entre sus soldados y marines.
La operación militar Iraqi Freedom ha costado la vida de 1.448 estadounidenses, sobre un total de 1.619 muertes entre las conocidas como tropas de la coalición, según datos oficiales del 7 de febrero. A esta cifra hay que sumar los 10.770 heridos entre las fuerzas norteamericanas desde que comenzó la campaña militar contra el régimen de Sadam Husein, en marzo de 2003. A estas bajas se les podrían sumar también las 156 muertes estadounidenses en la Operación Libertad Duradera, lanzada en Afganistán contra el régimen talibán y la red terrorista Al Qaeda tras los atentados suicidas del 11-S contra las Torres Gemelas y el Pentágono.
En ambos frentes, la mayor parte de las bajas se están registrando en el proceso de transición política, con la campaña militar concluida desde hace casi dos años en el caso de Iraq. La respuesta de las guerrillas, sobre todo en el caso iraquí, es especialmente intensa y sangrienta contra unas tropas que consideran de ocupación. Por eso, el Pentágono quiere enviar en abril al frente de batalla iraquí 18 robots armados SWORDS para proteger a sus tropas.
Foster-Miller, con sede en Waltham (Massachusetts), es la empresa estadounidense que desarrolla esta nueva máquina de guerra. William Ribich, presidente ejecutivo, explica que su compañía "tiene un firme compromiso para proveer a las tropas estadounidenses el mejor material posible y con rapidez". El grupo fabricante del robot guerrero cuenta en la actualidad con un equipo formado por 350 ingenieros y científicos, especializados en robótica, en el desarrollo de nuevos materiales de alta tecnología e instrumental médico.
Entre la nutrida lista de clientes de Foster-Miller se encuentran General Electric, Boeing, Daimler Chrysler, Lockheed Martin o Westinghouse, además de los departamentos de Defensa, Energía y Transportes, la NASA, la policía de Nueva York (NYPD), las Fuerzas Armadas (Army), Aérea (Air Force) y Naval (Navy). La compañía fue adquirida en agosto pasado por el grupo anglo-estadounidense QinetiQ, de la que el ex presidente George Bush es consejero a través del holding Carlyle.
Foster-Miller es una de las pequeñas compañías que tienen acceso al colosal presupuesto militar de Estados Unidos, que este año superará los 400.000 millones de dólares. Es más, el proyecto de presupuesto para 2006 presentado por la Casa Blanca el 7 de febrero prevé el gasto de 1.700 millones de dólares hasta 2011 en vehículos sin tripulante que pueden realizar "trabajos peligrosos sin poner en riesgo la vida de los soldados".
Lockheed Martin y General Dinamics son las otras compañías que están desarrollando vehículos similares al SWORDS para sacar tajada al incremento del gasto militar, del que se beneficiarán especialmente las compañías especializadas en el desarrollo de armamento. Además, el Departamento de Defensa está apoyando otros proyectos para poder desplegar robots en zonas de combate, lanzados desde un avión.
Pero el robot de Foster-Miller se convertirá en primavera en el primer dispositivo electrónico armado por control remoto que entre en acción en misiones de combate. El SWORDS, de un metro de altura, fue ya la estrella en la 24ª conferencia Ciencia Militar, celebrada a finales de noviembre en Orlando (Florida). La revista Time, en su edición del pasado 29 de noviembre, calificó al robot armado como una de las invenciones más increíbles de 2004. "Insurgentes iraquíes, ya podéis preocuparos", afirmaba el artículo de la prestigiosa revista. Y es que, como dicen los militares de la brigada Stryker, que ya lo han utilizado en Kuwait antes de mandarlo al campo de batalla, "no es algo con lo que uno pueda jugar".
"Es un guerrero rápido y preciso", señalan los expertos del Departamento de Defensa estadounidense. El SWORDS es una versión guerrera del robot Talon que fabrica Foster-Miller, y que es utilizado ya por los artificieros de la Armada estadounidense en Iraq y Afganistán, donde tienen desplegados más de un centenar de unidades. Los Talon son usados por el Pentágono desde 2000, cuando cumplieron su misión con éxito en Bosnia. Los robots fueron de gran utilidad también en los trabajos de rescate en la zona cero, el vacío de escombros que dejaron las Torres Gemelas tras el 11-S y en las acciones militares en Afganistán.
Los primeros Talon llegaron a Iraq en marzo de 2003, donde han participado en más de 20.000 misiones. Lo que hace diferente al nuevo modelo es que va armado con fusiles y rifles automáticos M249, M240 o Barrett del calibre 50, dispone de cuatro cámaras de precisión, visión nocturna, sensores térmicos y lentes para observar desde la distancia. Su autonomía es de cuatro horas, durante las que puede desplazarse a una velocidad de 6,5 kilómetros por hora, subir escaleras, superar obstáculos o permanecer oculto en completo silencio hasta que abre fuego contra el enemigo.
Para poder funcionar, la máquina sigue necesitando de un operador humano, que es el que se encarga de analizar las imágenes y la información que le llega del frente a 1,5 kilómetros de distancia antes de poner el dedo en el gatillo y abrir fuego con su poderosa ametralladora. Además se han hecho pruebas con misiles de 66 milímetros puede llevar hasta cuatro y dos lanzagranadas (Milkor Mk-1S). Los expertos dicen que podría ser equipado incluso con armamento antitanques o el nuevo sistema de misiles DREAD.
Los militares que han hecho pruebas con el robot aseguran que su disparo es más certero que el de un soldado, "porque el arma está montada sobre una plataforma más estable", a lo que se le añade la ayuda precisa de la electrónica. Hasta tal punto es preciso que mientras un soldado puede hacer un tiro certero a un balón de baloncesto a 300 metros, el robot lo hace con una moneda, como explica el sargento Santiago Tordillos.
Sus creadores van más allá y explican que el SWORDS es un soldado que no se cansa, no se asusta, no necesita comer ni vestirse ni ser entrenado y que, con sus precisos sensores y cámaras, es capaz de rastrear el terreno sin ningún riesgo para los militares que van con el fusil echado al hombro. Y el tiempo tampoco parece ser un impedimento mayor. El coste de cada una de las unidades que irán a Iraq esta primavera se estima en 230.000 dólares, aunque su vicepresidente Arnis Mangolds dijo durante la convención celebrada en Florida que la intención de la compañía es rebajar el precio del modelo básico hasta los 180.000 dólares cuando entre en producción.
Además, la versatilidad de estos robots armados les permite adaptarse con facilidad a la misión original de desactivar explosivos. En cualquier caso, ocupan poco espacio en sus cajas a la espera de volver al combate.
La brigada Stryker, que participó en la puesta a punto de los robots, recibirá las primeras unidades en las próximas semanas. "Los soldados con los que he hablado quieren tenerlos ya", comenta Tordillos.
David Crane, experto en cuestiones militares, asegura que la tecnología es "viable" para lo que denomina "ambiente de combate urbano", y explica que se trata "de una evolución natural" de los medios que hasta ahora utilizaba Defensa y las agencias de seguridad en sus misiones robotizadas Talon y Ferret. "No se trata de una nueva invención, lo que hemos hecho es poner juntos los sistemas existentes", explica Tordillos. La compañía Foster-Miller ya está trabajando en una nueva versión más sencilla de manejar, que dotaría al operador de una consola de mandos similar a la de un videojuego y de unas gafas de realidad virtual que permitirá mejorar la precisión.
No es un secreto para nadie que la Armada y la Administración presidida por George W. Bush tienen un problema frente a la opinión pública estadounidense ante las constantes bajas en el frente iraquí. El SWORDS es la respuesta además a lo que Crane califica como una "guerra contra los medios de comunicación". "Al robot no pueden matarlo", señala. Y en este clima, el nuevo robot de Foster-Miller salta al campo de batalla. La compañía ha dedicado seis meses y dos millones de dólares al desarrollo de esta nueva versión del Talon, sometiéndolo a todo tipo de pruebas para evitar fallos de funcionamiento durante la campaña.
Los expertos en defensa se hacen la siguiente pregunta: ¿por qué poner en riesgo la vida de un soldado cuando en su lugar puedes poner un robot? La respuesta de William Ribich es rotunda en ese sentido. "Cada uno de estos robots permite proteger a un soldado", afirma, a la vez que deja claro que los SWORDS "no son máquinas autónomas asesinas como las que aparecen en las películas de ficción", a pesar de que puede realizar hasta 350 disparos por minuto sin necesidad de ser recargado.
Además se ha dotado a los robots de un dispositivo para evitar que las fuerzas enemigas puedan piratear o interferir la señal de radio que les comunica directamente con el operador que los maneja y toma las decisiones antes de poner el dedo en el gatillo.
La lógica que sigue este nuevo proyecto es la misma de los aviones de reconocimiento y combate sin tripulante, conocidos en la jerga militar como UAV o UCAV. "Mientras nuestra infantería siga inmersa en la batalla urbana y continúen las operaciones militares en Iraq contra los insurgentes, la necesidad de los robots SWORDS es mayor que nunca", remacha David Crane.
¿Pero llegará el día en el que los robots armados sustituyan al hombre en el campo de batalla? La respuesta del sargento Tordillos es contundente: "No, nunca se eliminará al soldado de las misiones sobre el terreno. Habrá una mezcla, pero el soldado siempre estará ahí".
23 de febrero de 2005
©el país
peligroso oficio de barberos
[Monte Morin] En Iraq, ser peluquero es arriesgar la vida.
Bagdad, Iraq. Una bomba es lanzada a un salón de belleza, rompiendo los espejos que cubren las paredes y haciendo trizas carteles de peinados.
En otro barrio, unos pistoleros disparan desaforadamente contra una concurrida barbería, matando al propietario y a tres adolescentes que estaban esperando.
En todavía otra barbería, un visitante enmascarado aprieta una nota contra la palma de la mano de un horrorizado peluquero. El mensaje: "Nuestras espadas están ansiosas por un cuello de barbero".
La insurgencia en Iraq ha escogido como blanco a la policía local, a los políticos de gobierno y a los guardias nacionales como un modo de desestabilizar la naciente democracia, pero ahora las guerrillas han apuntado a un blanco mucho menos probable.
En lo que algunos describen como un intento similar al de los talibanes de imponer una estética islámica militante, los extremistas han estado amenazando a los barberos iraquíes no violar la estricta doctrina islámica recortando o rasurando las barbas de los hombres. Hacer cortes de pelo al estilo occidental o cortando de manera "afeminada", dicen, son delitos punibles con la muerte.
"Todos fueron a la barbería", dijo uno de los peluqueros amenazados, Ali Mahmud, 28. "Les dijeron que no se quitaran las barbas. Les dijeron que se quitaran las patillas. Nada de estilos americanos. Les dijeron que no hicieran nada de esto si no querían morir".
Desde que comenzaran las amenazas hace poco más de un mes, al menos ocho barberos han sido asesinados, y una docena de barberías han sido destruidas con bombas, dicen colegas y policías.
Los ataques subrayan el debate religioso que está enturbiando Iraq en la violenta era post-Saddam Hussein. Aunque las elecciones del mes pasado fueron ideadas para formar un nuevo gobierno de transición, la pregunta de si Iraq será un estado secular -como lo era durante Hussein- o una república islámica sigue sin responder. La dirección que tome el país es un tema central para los redactores de la nueva Constitución de la nación.
Pero a medida que la insurgencia continúa, el fundamentalismo religioso se ha entrelazado con la oposición a la presencia estadounidense. Las mezquitas se han transformado en lugares de reunión, depósitos de armas y terrenos de reclutamiento para las guerrillas.
A los nuevos reclutas se les dice a menudo que están defendiendo al islam de los infieles, dicen jefes militares norteamericanos. Historias de soldados estadounidenses rompiendo Coranes y profanando mezquitas han encendido los sentimientos anti-norteamericanos. El número de terroristas suicidas que se ofrecen voluntariamente para transformarse en mártires demuestra la efectividad del llamado religioso a la guerra.
Los barberos no fueron los primeros en la mira cuando el fundamentalismo islámico, reprimido durante el régimen de Hussein, extendió su poder. Los militantes han colocado bombas en muchas tiendas de licores de propiedad de cristianos y asesinado a sus propietarios. En otros casos, mujeres que no llevaban pañuelos u otras ropas consideradas propias bajo las estrictas leyes islámicas han sido amenazadas y atacadas físicamente.
Entre los primeros barberos atacados estaba Abu Ahmed, 42, propietario de la Barbería Jeque al sudoeste de Bagdad. Hace cerca de un mes, dos desconocidos entraron a su tienda con las caras cubiertas por pañuelos y reprendieron al peluquero por cortar barbas. También le reprocharon por practicar un método relativamente indoloro para retirar pelos, llamado khite', en el cual se usa una hebra torcida para agarrar pelos de las mejillas o de las cejas y sacarlas de raíz.
Ahmed no hizo caso de las amenazas y siguió cortando barbas y sacando pelos con el método de khite, dijeron colegas. Eso fue hasta antes este mes, cuando fue encontrado echado sobre su bicicleta, con balas en su cabeza y cuello. Está agonizando en un hospital de Bagdad.
Rumores del ataque y repetidas amenazas han causado pánico entre los barberos y estilistas. Muchos están dejando sus trabajos, o cortan el pelo sólo a clientes selectos en el anonimato de sus casas. Algunos han colgado letreros en los ventanales de sus barberías anunciando: "Estimados clientes, lo lamentamos, pero no podemos cortarle la barba con cuchillas".
Las amenazas de los extremistas son entregadas a menudo en octavillas de papel, o garrapateadas en el reverso de billetes de 250 dinares. El corte de 250 dinares representa el precio de una bala, dicen barberos.
Un Omar, una estilista de 40 años en el vecindario Jihad predominantemente sunní, dejó el negocio el mes pasado cuando una bomba estalló en su salón de belleza Al Shahad y mató a dos vecinos. Afortunadamente para Omar, ella estaba en casa cuando ocurrió el atentado.
"Yo acostumbraba a decirme que estos sabotajes no llegarían al vecindario de Jihad, y puedes ver lo irónico que era: mi salón fue el primero en ser volado", dijo.
La violencia ha estallado fundamentalmente en los suburbios al sur y sudoeste de Bagdad, adonde huyeron muchos de los combatientes de Faluya durante la campaña de las tropas norteamericanas en otoño para recuperar la ciudad, una fortaleza rebelde.
El año pasado, cuando los insurgentes controlaban Faluya, impusieron la dura versión talibana de la ley islámica. Se cerraron los salones de belleza, se ordenó a los hombres que se dejaran crecer barbas y se prohibió que los barberos las cortaran. Tenderos que vendían licor fueron azotados en público.
Aunque muchos barberos y clientes responsabilizan de las amenazas y violencia a los extremistas islámicos, algunas autoridades ponen en duda las intenciones reales de los agresores.
"No creo que estos incidentes tengan algo que ver con el extremismo", dijo el teniente coronel Asaad Mohammed de la policía iraquí. "Es más un intento para crear desestabilidad".
Para los hombres iraquíes, un corte de pelo de cabeza muy corto es una marca de masculinidad, como un bien cuidado mostacho, y un barbero afanoso puede hacer un buen dinero. Ahora algunos dicen que es demasiado arriesgado.
"Me dan un pedazo de papel diciéndome que me decapitarán si rasuro el cuello de los clientes con una cuchilla o si saco pelo con hebras", se lamentó el barbero Karam Mowafaq, 27. "Me sentía más seguro durante el régimen de Saddam que ahora. La gente me amenaza con la muerte sólo por hacer mi trabajo. Antes ganaba más de 50.000 dinares al día [unos 40 dólares], pero ahora gano menos de 10.000 dinares".
Mahmud, el barbero de 28 años amenazado, dejó de cortar el pelo después de ocho años de práctica y ahora trabaja como guardaespaldas armado para clientes occidentales. Considera su nuevo trabajo menos peligroso que cortar el pelo.
"Es poco seguro porque los clientes te piden que hagas cosas por las que nos amenazan", dijo Mahmud. "Es un trabajo que no paga. Es inseguro y es peligroso".
Caesar Ahmed, Zainab Hussein y Said Rifai en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
22 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
En otro barrio, unos pistoleros disparan desaforadamente contra una concurrida barbería, matando al propietario y a tres adolescentes que estaban esperando.
En todavía otra barbería, un visitante enmascarado aprieta una nota contra la palma de la mano de un horrorizado peluquero. El mensaje: "Nuestras espadas están ansiosas por un cuello de barbero".
La insurgencia en Iraq ha escogido como blanco a la policía local, a los políticos de gobierno y a los guardias nacionales como un modo de desestabilizar la naciente democracia, pero ahora las guerrillas han apuntado a un blanco mucho menos probable.
En lo que algunos describen como un intento similar al de los talibanes de imponer una estética islámica militante, los extremistas han estado amenazando a los barberos iraquíes no violar la estricta doctrina islámica recortando o rasurando las barbas de los hombres. Hacer cortes de pelo al estilo occidental o cortando de manera "afeminada", dicen, son delitos punibles con la muerte.
"Todos fueron a la barbería", dijo uno de los peluqueros amenazados, Ali Mahmud, 28. "Les dijeron que no se quitaran las barbas. Les dijeron que se quitaran las patillas. Nada de estilos americanos. Les dijeron que no hicieran nada de esto si no querían morir".
Desde que comenzaran las amenazas hace poco más de un mes, al menos ocho barberos han sido asesinados, y una docena de barberías han sido destruidas con bombas, dicen colegas y policías.
Los ataques subrayan el debate religioso que está enturbiando Iraq en la violenta era post-Saddam Hussein. Aunque las elecciones del mes pasado fueron ideadas para formar un nuevo gobierno de transición, la pregunta de si Iraq será un estado secular -como lo era durante Hussein- o una república islámica sigue sin responder. La dirección que tome el país es un tema central para los redactores de la nueva Constitución de la nación.
Pero a medida que la insurgencia continúa, el fundamentalismo religioso se ha entrelazado con la oposición a la presencia estadounidense. Las mezquitas se han transformado en lugares de reunión, depósitos de armas y terrenos de reclutamiento para las guerrillas.
A los nuevos reclutas se les dice a menudo que están defendiendo al islam de los infieles, dicen jefes militares norteamericanos. Historias de soldados estadounidenses rompiendo Coranes y profanando mezquitas han encendido los sentimientos anti-norteamericanos. El número de terroristas suicidas que se ofrecen voluntariamente para transformarse en mártires demuestra la efectividad del llamado religioso a la guerra.
Los barberos no fueron los primeros en la mira cuando el fundamentalismo islámico, reprimido durante el régimen de Hussein, extendió su poder. Los militantes han colocado bombas en muchas tiendas de licores de propiedad de cristianos y asesinado a sus propietarios. En otros casos, mujeres que no llevaban pañuelos u otras ropas consideradas propias bajo las estrictas leyes islámicas han sido amenazadas y atacadas físicamente.
Entre los primeros barberos atacados estaba Abu Ahmed, 42, propietario de la Barbería Jeque al sudoeste de Bagdad. Hace cerca de un mes, dos desconocidos entraron a su tienda con las caras cubiertas por pañuelos y reprendieron al peluquero por cortar barbas. También le reprocharon por practicar un método relativamente indoloro para retirar pelos, llamado khite', en el cual se usa una hebra torcida para agarrar pelos de las mejillas o de las cejas y sacarlas de raíz.
Ahmed no hizo caso de las amenazas y siguió cortando barbas y sacando pelos con el método de khite, dijeron colegas. Eso fue hasta antes este mes, cuando fue encontrado echado sobre su bicicleta, con balas en su cabeza y cuello. Está agonizando en un hospital de Bagdad.
Rumores del ataque y repetidas amenazas han causado pánico entre los barberos y estilistas. Muchos están dejando sus trabajos, o cortan el pelo sólo a clientes selectos en el anonimato de sus casas. Algunos han colgado letreros en los ventanales de sus barberías anunciando: "Estimados clientes, lo lamentamos, pero no podemos cortarle la barba con cuchillas".
Las amenazas de los extremistas son entregadas a menudo en octavillas de papel, o garrapateadas en el reverso de billetes de 250 dinares. El corte de 250 dinares representa el precio de una bala, dicen barberos.
Un Omar, una estilista de 40 años en el vecindario Jihad predominantemente sunní, dejó el negocio el mes pasado cuando una bomba estalló en su salón de belleza Al Shahad y mató a dos vecinos. Afortunadamente para Omar, ella estaba en casa cuando ocurrió el atentado.
"Yo acostumbraba a decirme que estos sabotajes no llegarían al vecindario de Jihad, y puedes ver lo irónico que era: mi salón fue el primero en ser volado", dijo.
La violencia ha estallado fundamentalmente en los suburbios al sur y sudoeste de Bagdad, adonde huyeron muchos de los combatientes de Faluya durante la campaña de las tropas norteamericanas en otoño para recuperar la ciudad, una fortaleza rebelde.
El año pasado, cuando los insurgentes controlaban Faluya, impusieron la dura versión talibana de la ley islámica. Se cerraron los salones de belleza, se ordenó a los hombres que se dejaran crecer barbas y se prohibió que los barberos las cortaran. Tenderos que vendían licor fueron azotados en público.
Aunque muchos barberos y clientes responsabilizan de las amenazas y violencia a los extremistas islámicos, algunas autoridades ponen en duda las intenciones reales de los agresores.
"No creo que estos incidentes tengan algo que ver con el extremismo", dijo el teniente coronel Asaad Mohammed de la policía iraquí. "Es más un intento para crear desestabilidad".
Para los hombres iraquíes, un corte de pelo de cabeza muy corto es una marca de masculinidad, como un bien cuidado mostacho, y un barbero afanoso puede hacer un buen dinero. Ahora algunos dicen que es demasiado arriesgado.
"Me dan un pedazo de papel diciéndome que me decapitarán si rasuro el cuello de los clientes con una cuchilla o si saco pelo con hebras", se lamentó el barbero Karam Mowafaq, 27. "Me sentía más seguro durante el régimen de Saddam que ahora. La gente me amenaza con la muerte sólo por hacer mi trabajo. Antes ganaba más de 50.000 dinares al día [unos 40 dólares], pero ahora gano menos de 10.000 dinares".
Mahmud, el barbero de 28 años amenazado, dejó de cortar el pelo después de ocho años de práctica y ahora trabaja como guardaespaldas armado para clientes occidentales. Considera su nuevo trabajo menos peligroso que cortar el pelo.
"Es poco seguro porque los clientes te piden que hagas cosas por las que nos amenazan", dijo Mahmud. "Es un trabajo que no paga. Es inseguro y es peligroso".
Caesar Ahmed, Zainab Hussein y Said Rifai en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
22 de febrero de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
motines en cárceles iraquíes
[Bradley Graham] Motín de presos en Iraq expone nuevos riesgos para Estados Unidos. Armas no letales fueron inefectivas en medio del caos.
Campamento Bucca, Iraq. Un sangriento motín de reclusos hace tres semanas en uno de los centros de detención norteamericanos más grande de Iraq ha dejado al descubierto una población carcelaria cada vez más endurecida que se opone a las tropas estadounidenses con crecientes riesgos de violencia carcelaria, de acuerdo a militares.
Las tropas estadounidenses que participaron en el conflicto dicen que la situación era caótica y peligrosa. Dicen que el nivel de la violencia les sorprendió. También dicen que las armas no letales de control de disturbios que tenían a su disposición en ese momento fueron en gran parte inefectivas.
"Lo que pasó aquí el 31 de enero ha cambiado la dinámica" de control de esas situaciones, dijo el general de división William Brandenburg, que supervisa las operaciones de detención de los militares norteamericanos en Iraq e hizo una gira de inspección en la planta la semana pasada. "Mostró que los presos podían arrojar piedras más lejos que nuestras armas no letales. También mostró que tenemos que entender mejor a los detenidos".
Cuatro reclusos murieron y seis quedaron heridos en el motín la mañana del 31 de enero, la mayor cantidad de muertes en conflictos carcelarios desde que las tropas norteamericanas invadieran Iraq hace dos años. Los asustados guardias, algunos de los cuales habían llegado a Iraq apenas un mes antes, trataron en vano de aplacar el motín, rociando con gas de pimienta y disparando balas de goma contra grupos de reclusos, de acuerdo a los informes de las tropas.
Los choques se esparcieron a través de cinco de ocho recintos en el enorme centro de detención en el desierto del sur de Iraq cerca de la frontera de Kuwait. Los reclusos apedrearon a los guardias con grandes rocas y armas improvisadas, levantando desechos por sobre las vallas de metas de cinco metros y contra las torres de vigilancia de diez metros de altura que rodean el recinto.
Sólo después de que dos guardias del Ejército en torres separadas abrieron fuego con rifles M-16, matando a reclusos, descendió la violencia. Oficiales norteamericanos dicen que los guardias actuaron por cuenta propia, sin tener orden de disparar. Las reglas permiten el uso de fuerza letal si los soldados se sienten amenazados.
Por primera vez desde el incidente las autoridades norteamericanas permitieron a un periodista visitar las instalaciones la semana pasada y hablar con algunos de los implicados. El episodio sigue bajo una investigación penal de los militares, pero las entrevistas entregaron muchos detalles previamente desconocidos e información sobre problemas internos.
Las operaciones de detención en Iraq han demostrado ser un problema persistente para los militares estadounidenses que fueron sorprendidos sin preparación para una lucha contra lo que se ha transformado en una implacable resistencia y hacer frente a miles de sospechosos capturados. Las fotos que documentaron los maltratos y humillaciones de detenidos en la cárcel de Abu Ghraib al oeste de Bagdad en 2003 emergieron a superficie la primavera pasada, desencadenando un escándalo público y gatillando una serie de investigaciones.
Desde entonces, los jefes militares han estrechado los controles de los custodios de las cárceles militares norteamericanas y mejorado las condiciones de detención. Los planes de ese proyecto sobre los centros de detención en Iraq se concentraron en el Campamento Bucca, una facilidad de 40 hectáreas desarrollada de la nada para transformarse en una vitrina de los métodos de detención corregidos del Ejército. Pero un incremento de las operaciones militares en los últimos meses, y la decisión de cancelar la liberación de detenidos hasta después de las elecciones iraquíes el 30 de enero, han mantenido alto el número de prisioneros.
Unos 3.180 prisioneros se encuentran ahora en la cárcel de Abu Ghraib, que sigue siendo el principal centro de interrogatorios de los militares norteamericanos. El Campamento Bucca, que tiene una capacidad máxima de 6.000 detenidos, tiene unos 5.150 reclusos. El Campamento Cropper, cerca del aeropuerto de Bagdad, alberga a unos 100 detenidos de "alto valor". Otros 1.300 sospechosos de ser insurgentes son retenidos para chequeos iniciales a nivel de división y brigada militares, de acuerdo a cifras de los militares.
La Theater Internment Facility del Campamento Bucca se divide en ocho recintos, cada uno designado para albergar a 800 reclusos. Las tiendas en las que viven los reclusos se han transformado en muchos casos en cabañas climatizadas de madera y tejado de metal corrugado. Pequeños espacios sirven para jugar fútbol o voleibol. Los prisioneros reciben comidas calientes como arroz, sopa y guisos.
Ya antes ha habido problemas en Campamento Bucca. A mediados de octubre estalló una riña entre reclusos sunníes y chiíes que se disputaban sobre la observancia del Ramadán, el mes de ayuno de los musulmanes. Más tarde los chiíes fueron trasladados a un recinto separado.
A principios de diciembre estalló una protesta después de que dos prisioneros fueron castigados en celdas de aislamiento tras un intento de fuga. Reclusos gritando, armados con estacas de las tiendas desarmadas y protegiéndose con colchones, amenazaron con tomar por asalto la prisión. Los guardias evitaron disparar y dispersaron a los reclusos utilizando tropas adicionales, perros guardianes y camiones de bomberos en una demostración de fuerza.
Problemas de otra naturaleza también pusieron al Campamento Bucca en el centro de la atención recientemente cuando el New York Daily News publicara fotos mostrando a varias mujeres soldados en ropa interior luchando en una piscina de plástico llena de lodo mientras un pequeño grupo de hombres las animaba a seguir. El incidente ocurrió el 30 de octubre en el campamento y la mayoría de los participantes eran del Batallón 160 de Policía Militar, un unidad de reserva del Ejército que debía partir al día siguiente. El Ejército está investigando el incidente.
La revuelta del 31 de enero empezó cuando soldados norteamericanos entraron al reciento Nº5 para revisarlo a la búsqueda de contrabando. Un clérigo musulmán se quejó de que los soldados dañaran varios libros del Corán. Pronto masas de prisioneros se habían formado y empezaron a empujar contra la valla principal, cantando y gritando.
"La preocupación inicial era que echaran abajo la valla y escaparan", dijo el sargento de la Fuerza Aérea Keith Gray, que corrió a la escena con una unidad de emergencia de 15 soldados. "Empezamos a rociarlos con gas de pimienta, que hizo retroceder a las primeras dos líneas. Pero entonces empezaron a tirar cosas".
Usando tirachinas improvisadas, los reclusos tiraron rocas y pedazos de cemento sacado de los pisos de sus cabañas. Arrojaron palos y botellas de plástico de agua rellenas de arena. Encendieron bolsas de plástico con ambientadores inflamables.
Los reclusos de otros cuatro recintos se unieron a la revuelta.
El veterano de la Fuerza Aérea Tony Miles, que tenía turno en una torre de vigilancia en el recinto Nº1 se vio paralizado por los escombros. "Fue caótico", recordó. "Me tiraban cosas de todas partes".
En otra torre, el soldado de la Fuerza Aérea Eric Coggswell pidió a los reclusos repetidas veces en árabe que dejaran de protestar. "Pero no me escuchaban", dijo. "Disparé ocho rondas de balas de goma no letales y pequeños proyectiles de goma. Pero un montón de los prisioneros usaban sacos de dormir como escudos".
Otros guardias dijeron que los reclusos parecían saber el alcance limitado de las armas no letales y del gas de pimienta y se alejaban para volver a acercarse al perímetro. Las piedras rompieron los cristales dobles de las ventanas de algunas de cabinas de las torres.
"Fue como una fuente de agua al revés, con los proyectiles volando hacia arriba", dijo el capitán del Ejército Jerry Baird, que supervisa el centro de detención.
El soldado del Ejército, Christopher Cole describió a los reclusos como moviéndose en oleadas en torno al perímetro de su recinto, atacando torre tras torre.
"Cuando estuvieron enfrente de mi torre, me tiraron tantas piedras que lo único que pude hacer fue agacharme atrás y esperar a que pasaran", dijo. "Pero mis disparos no letales no les alcanzaban".
La revuelta duró alrededor de una hora, y terminó pronto después de que se extendiera el rumor de que varios reclusos habían sido atacados con balas mortíferas en el recinto Nº5.
Jefes militares norteamericanos sospechan ahora que el motín fue planificado, aunque el propósito sigue siendo oscuro. Algunos aquí sospechan que la intención era protestar contra las elecciones, que se habían realizado el día anterior. Otros dicen que creen que tenía por intención poner a prueba la reacción de los custodios.
Debido a las reglas militares norteamericanos ningún prisionero pudo ser entrevistado para este reportaje. Oficiales de alto rango aquí defendieron la decisión de los dos policías militares -ambos sargentos- de hacer uso de armas mortíferas.
"Esa es una situación en que los policías militares deben decidir", dijo el teniente coronel Tim House, comandante del Batallón de Policía Militar Nº105, que está a cargo del Campamento Bucca. "Pensaron que había peligro de muerte o de lesión física grave".
Brandenburg, comandante de las operaciones de detención en Iraq, dijo que no ve la necesidad de revisar las reglas que controlan el uso de la fuerza por guardias militares norteamericanos. Pero ha instruido a los oficiales aquí de que se aseguren de que todos los guardias comprenden las reglas.
Casi la mitad de los guardias pertenecen al Batallón Houser de la Guardia Nacional del Ejército y han estado de servicio en Iraq durante casi cuatro meses. Los otros pertenecen a una unidad de seguridad de la Fuerza Aérea, el Escuadrón Expedicionario de Seguridad, que llegó en enero.
Los jefes militares también han proporcionado a los guardias de nuevas armas no letales que disparan proyectiles de plástico a más distancia. Además, el campamento ha recibido un camión de bomberos nuevo de 4.500 litros, cuyas mangueras se pueden usar contra los reclusos.
Brandenburg ha ordenado instalar más cámaras en todos los recintos para intensificar la vigilancia, y ha instruido a los oficiales aquí que reúnan más información de inteligencia sobre la población carcelaria.
"No se puede hacer demasiado para identificar a los tipos malos", dijo al staff en una reunión la semana pasada. "Tenemos detenidos a gente dura, así que el enfoque debe ser más parecido al de una cárcel. Tenemos que ponernos a la cabeza de esto".
Una nueva cárcel de máxima seguridad con celdas de metal separadas se está construyendo en el campamento. Brandenburg dijo que ayudaría a mantener separados a los revoltosos.
Los guardias aquí dijeron que el motín del 31 de enero los había puesto más alertas.
"Aprendí que las cosas se pueden poner mal en un instante, así que no hay que ser complaciente", dijo Coggswell.
El especialista Kevin Plemmons, un guardia del recinto Nº4, agregó: "Realmente, no se puede confiar en esos tipos. Hay que estar constantemente alerta".
21 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
Las tropas estadounidenses que participaron en el conflicto dicen que la situación era caótica y peligrosa. Dicen que el nivel de la violencia les sorprendió. También dicen que las armas no letales de control de disturbios que tenían a su disposición en ese momento fueron en gran parte inefectivas.
"Lo que pasó aquí el 31 de enero ha cambiado la dinámica" de control de esas situaciones, dijo el general de división William Brandenburg, que supervisa las operaciones de detención de los militares norteamericanos en Iraq e hizo una gira de inspección en la planta la semana pasada. "Mostró que los presos podían arrojar piedras más lejos que nuestras armas no letales. También mostró que tenemos que entender mejor a los detenidos".
Cuatro reclusos murieron y seis quedaron heridos en el motín la mañana del 31 de enero, la mayor cantidad de muertes en conflictos carcelarios desde que las tropas norteamericanas invadieran Iraq hace dos años. Los asustados guardias, algunos de los cuales habían llegado a Iraq apenas un mes antes, trataron en vano de aplacar el motín, rociando con gas de pimienta y disparando balas de goma contra grupos de reclusos, de acuerdo a los informes de las tropas.
Los choques se esparcieron a través de cinco de ocho recintos en el enorme centro de detención en el desierto del sur de Iraq cerca de la frontera de Kuwait. Los reclusos apedrearon a los guardias con grandes rocas y armas improvisadas, levantando desechos por sobre las vallas de metas de cinco metros y contra las torres de vigilancia de diez metros de altura que rodean el recinto.
Sólo después de que dos guardias del Ejército en torres separadas abrieron fuego con rifles M-16, matando a reclusos, descendió la violencia. Oficiales norteamericanos dicen que los guardias actuaron por cuenta propia, sin tener orden de disparar. Las reglas permiten el uso de fuerza letal si los soldados se sienten amenazados.
Por primera vez desde el incidente las autoridades norteamericanas permitieron a un periodista visitar las instalaciones la semana pasada y hablar con algunos de los implicados. El episodio sigue bajo una investigación penal de los militares, pero las entrevistas entregaron muchos detalles previamente desconocidos e información sobre problemas internos.
Las operaciones de detención en Iraq han demostrado ser un problema persistente para los militares estadounidenses que fueron sorprendidos sin preparación para una lucha contra lo que se ha transformado en una implacable resistencia y hacer frente a miles de sospechosos capturados. Las fotos que documentaron los maltratos y humillaciones de detenidos en la cárcel de Abu Ghraib al oeste de Bagdad en 2003 emergieron a superficie la primavera pasada, desencadenando un escándalo público y gatillando una serie de investigaciones.
Desde entonces, los jefes militares han estrechado los controles de los custodios de las cárceles militares norteamericanas y mejorado las condiciones de detención. Los planes de ese proyecto sobre los centros de detención en Iraq se concentraron en el Campamento Bucca, una facilidad de 40 hectáreas desarrollada de la nada para transformarse en una vitrina de los métodos de detención corregidos del Ejército. Pero un incremento de las operaciones militares en los últimos meses, y la decisión de cancelar la liberación de detenidos hasta después de las elecciones iraquíes el 30 de enero, han mantenido alto el número de prisioneros.
Unos 3.180 prisioneros se encuentran ahora en la cárcel de Abu Ghraib, que sigue siendo el principal centro de interrogatorios de los militares norteamericanos. El Campamento Bucca, que tiene una capacidad máxima de 6.000 detenidos, tiene unos 5.150 reclusos. El Campamento Cropper, cerca del aeropuerto de Bagdad, alberga a unos 100 detenidos de "alto valor". Otros 1.300 sospechosos de ser insurgentes son retenidos para chequeos iniciales a nivel de división y brigada militares, de acuerdo a cifras de los militares.
La Theater Internment Facility del Campamento Bucca se divide en ocho recintos, cada uno designado para albergar a 800 reclusos. Las tiendas en las que viven los reclusos se han transformado en muchos casos en cabañas climatizadas de madera y tejado de metal corrugado. Pequeños espacios sirven para jugar fútbol o voleibol. Los prisioneros reciben comidas calientes como arroz, sopa y guisos.
Ya antes ha habido problemas en Campamento Bucca. A mediados de octubre estalló una riña entre reclusos sunníes y chiíes que se disputaban sobre la observancia del Ramadán, el mes de ayuno de los musulmanes. Más tarde los chiíes fueron trasladados a un recinto separado.
A principios de diciembre estalló una protesta después de que dos prisioneros fueron castigados en celdas de aislamiento tras un intento de fuga. Reclusos gritando, armados con estacas de las tiendas desarmadas y protegiéndose con colchones, amenazaron con tomar por asalto la prisión. Los guardias evitaron disparar y dispersaron a los reclusos utilizando tropas adicionales, perros guardianes y camiones de bomberos en una demostración de fuerza.
Problemas de otra naturaleza también pusieron al Campamento Bucca en el centro de la atención recientemente cuando el New York Daily News publicara fotos mostrando a varias mujeres soldados en ropa interior luchando en una piscina de plástico llena de lodo mientras un pequeño grupo de hombres las animaba a seguir. El incidente ocurrió el 30 de octubre en el campamento y la mayoría de los participantes eran del Batallón 160 de Policía Militar, un unidad de reserva del Ejército que debía partir al día siguiente. El Ejército está investigando el incidente.
La revuelta del 31 de enero empezó cuando soldados norteamericanos entraron al reciento Nº5 para revisarlo a la búsqueda de contrabando. Un clérigo musulmán se quejó de que los soldados dañaran varios libros del Corán. Pronto masas de prisioneros se habían formado y empezaron a empujar contra la valla principal, cantando y gritando.
"La preocupación inicial era que echaran abajo la valla y escaparan", dijo el sargento de la Fuerza Aérea Keith Gray, que corrió a la escena con una unidad de emergencia de 15 soldados. "Empezamos a rociarlos con gas de pimienta, que hizo retroceder a las primeras dos líneas. Pero entonces empezaron a tirar cosas".
Usando tirachinas improvisadas, los reclusos tiraron rocas y pedazos de cemento sacado de los pisos de sus cabañas. Arrojaron palos y botellas de plástico de agua rellenas de arena. Encendieron bolsas de plástico con ambientadores inflamables.
Los reclusos de otros cuatro recintos se unieron a la revuelta.
El veterano de la Fuerza Aérea Tony Miles, que tenía turno en una torre de vigilancia en el recinto Nº1 se vio paralizado por los escombros. "Fue caótico", recordó. "Me tiraban cosas de todas partes".
En otra torre, el soldado de la Fuerza Aérea Eric Coggswell pidió a los reclusos repetidas veces en árabe que dejaran de protestar. "Pero no me escuchaban", dijo. "Disparé ocho rondas de balas de goma no letales y pequeños proyectiles de goma. Pero un montón de los prisioneros usaban sacos de dormir como escudos".
Otros guardias dijeron que los reclusos parecían saber el alcance limitado de las armas no letales y del gas de pimienta y se alejaban para volver a acercarse al perímetro. Las piedras rompieron los cristales dobles de las ventanas de algunas de cabinas de las torres.
"Fue como una fuente de agua al revés, con los proyectiles volando hacia arriba", dijo el capitán del Ejército Jerry Baird, que supervisa el centro de detención.
El soldado del Ejército, Christopher Cole describió a los reclusos como moviéndose en oleadas en torno al perímetro de su recinto, atacando torre tras torre.
"Cuando estuvieron enfrente de mi torre, me tiraron tantas piedras que lo único que pude hacer fue agacharme atrás y esperar a que pasaran", dijo. "Pero mis disparos no letales no les alcanzaban".
La revuelta duró alrededor de una hora, y terminó pronto después de que se extendiera el rumor de que varios reclusos habían sido atacados con balas mortíferas en el recinto Nº5.
Jefes militares norteamericanos sospechan ahora que el motín fue planificado, aunque el propósito sigue siendo oscuro. Algunos aquí sospechan que la intención era protestar contra las elecciones, que se habían realizado el día anterior. Otros dicen que creen que tenía por intención poner a prueba la reacción de los custodios.
Debido a las reglas militares norteamericanos ningún prisionero pudo ser entrevistado para este reportaje. Oficiales de alto rango aquí defendieron la decisión de los dos policías militares -ambos sargentos- de hacer uso de armas mortíferas.
"Esa es una situación en que los policías militares deben decidir", dijo el teniente coronel Tim House, comandante del Batallón de Policía Militar Nº105, que está a cargo del Campamento Bucca. "Pensaron que había peligro de muerte o de lesión física grave".
Brandenburg, comandante de las operaciones de detención en Iraq, dijo que no ve la necesidad de revisar las reglas que controlan el uso de la fuerza por guardias militares norteamericanos. Pero ha instruido a los oficiales aquí de que se aseguren de que todos los guardias comprenden las reglas.
Casi la mitad de los guardias pertenecen al Batallón Houser de la Guardia Nacional del Ejército y han estado de servicio en Iraq durante casi cuatro meses. Los otros pertenecen a una unidad de seguridad de la Fuerza Aérea, el Escuadrón Expedicionario de Seguridad, que llegó en enero.
Los jefes militares también han proporcionado a los guardias de nuevas armas no letales que disparan proyectiles de plástico a más distancia. Además, el campamento ha recibido un camión de bomberos nuevo de 4.500 litros, cuyas mangueras se pueden usar contra los reclusos.
Brandenburg ha ordenado instalar más cámaras en todos los recintos para intensificar la vigilancia, y ha instruido a los oficiales aquí que reúnan más información de inteligencia sobre la población carcelaria.
"No se puede hacer demasiado para identificar a los tipos malos", dijo al staff en una reunión la semana pasada. "Tenemos detenidos a gente dura, así que el enfoque debe ser más parecido al de una cárcel. Tenemos que ponernos a la cabeza de esto".
Una nueva cárcel de máxima seguridad con celdas de metal separadas se está construyendo en el campamento. Brandenburg dijo que ayudaría a mantener separados a los revoltosos.
Los guardias aquí dijeron que el motín del 31 de enero los había puesto más alertas.
"Aprendí que las cosas se pueden poner mal en un instante, así que no hay que ser complaciente", dijo Coggswell.
El especialista Kevin Plemmons, un guardia del recinto Nº4, agregó: "Realmente, no se puede confiar en esos tipos. Hay que estar constantemente alerta".
21 de febrero de 2005
©washington post
©traducción mQh
calendario para salir de iraq
[Michael O'Hanlon y James Steinberg] Más analistas estadounidenses piden que Estados Unidos proponga un calendario serio de retirada de las tropas.
En un editorial del 25 de enero, Henry A. Kissinger y George P. Shultz argumentaron contra la idea de fijar un calendario de retirada de Estados Unidos. Este es un argumento que el gobierno de Bush mismo ha endorsado, al menos de momento. La lógica de Kissinger y Shultz puede ser correcta en los Balcanes, o en Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial, o en cualquier empresa de construcción de un país no amenazado por una fuerte resistencia. Pero esa lógica no se aplica en Iraq, donde la resistencia parece estar ganando la mayor parte de su creciente fuerza de la hostilidad de los nativos a la presencia militar extranjera.
Una estrategia de salida de la coalición norteamericana en Iraq no debería ser ni abrupta ni radical. No deberíamos planificar la retirada total de nuestras fuerzas ni a fechas determinadas. Y deberíamos anunciar un calendario para una retirada parcial sólo en conjunción con el nuevo gobierno iraquí. Pero la posición a favor de una importante y pronta reducción de fuerzas extranjeras, anunciada públicamente y con un calendario, se presenta cada vez más como el mejor modo de ayudar a producir un Iraq estable con un gobierno aceptado como legítimo por la mayoría de su pueblo.
Obviamente, las fuerzas militares extranjeras son todavía una parte necesaria de la solución en Iraq. Sin ellas, el país terminaría probablemente en una guerra civil. Los resultados probable serían una limpieza étnica, un santuario para los terroristas y un chiste de la afirmación norteamericana de que derrocó al régimen de Saddam Hussein en parte para liberar al pueblo iraquí.
Pero las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos son también parte del problema. Ahora están proveyendo de combustible a la resistencia. Mientras que medir el tamaño de un movimiento de guerrillas es siempre difícil, los mejores cálculos estima que la resistencia ha crecido el último año de un núcleo de 5.000 encarnizados combatientes, a uno de 20.000, a pesar de que las tropas norteamericanas han detenido o matado a 15.000 combatientes enemigos.
Obviamente, parte de ese refuerzo de la resistencia proviene de los pan-arabistas que continuarán oponiéndose a cualquier gobierno iraquí representativo incluso si la mayoría de las tropas estadounidenses se retiraran. Pero es difícil creer que la cantidad de fanáticos haya crecido demasiado. Y, sí, hay yihadistas extranjeros. Pero este último grupo no parece ser superior a entre 1.000 a 3.000 hombres.
Parece que gran parte del crecimiento de la resistencia proviene de un tercer grupo: los árabes iraquíes sunníes que en los primeros meses tras la caída de Hussein miraban la ocupación con indiferencia. Ahora parecen estar motivados fundamentalmente por indignación con las tropas extranjeras, a las que perciben como ocupantes a quienes poco importa el bienestar de los iraquíes, en realidad sólo desean explotar el petróleo iraquí o usar su territorio como un trampolín para otras actividades hegemónicas. Además de los que están tomando las armas, grandes porcentajes de iraquíes están lo suficientemente indignados con Estados Unidos como para no proporcionar el tipo de inteligencia humana que se necesita para derrotar a los violentistas.
Las históricas elecciones, a pesar de sus muchas virtudes, no cambiarán probablemente esta dinámica entre la población árabe sunní. Incluso muchos chiíes celebraron las elecciones como un paso adelante en la recuperación de su país. De esta manera, elaborar un calendario de retirada no sería contrario al mensaje de las elecciones sino que se apoyaría en ese mensaje positivo. También recordaría a los chiíes, así como a los kurdos, de la necesidad de integrar a los sunníes en el gobierno y en las fuerzas de seguridad.
La percepción de las fuerzas de la coalición como imperialistas de nuevo cuño es, por supuesto, fundamentalmente injusta y equivocada. Pero es extendida. Con un desempleo iraquí de entre el 30 a 40 por ciento, la mayor parte de la infraestructura no funciona mejor que durante Hussein y la tasa de criminalidad es varias veces lo que era durante los últimos años de su régimen, muchos realidades iraquíes están luchando contra nosotros.
El análisis aquí sugiere que Washington y Bagdad podrían mejorar las expectativas de derrotar a la insurgencia y de estabilizar al país anunciando públicamente un plan para una retirada gradual, pero substancial, de las tropas de la coalición. Deberíamos redefinir el mandato de la misión de las tropas extranjeras, reducir su rol todo lo posible después de que una nueva Constitución iraquí sea ratificada y se elija un gobierno más permanente a fines de 2005. Y deberíamos proponernos haber retirado dos a tres cuartos de nuestras fuerzas en Iraq para mediados de 2005.
Este calendario daría también a las fuerzas de seguridad iraquíes suficiente tiempo para completar su adiestramiento y experiencia de terreno. Después de la retirada, las fuerzas restantes de la coalición podrían llegar a 30.000 o 50.000 hombres, proporcionando adiestramiento y una capacidad de respuesta rápida para reforzar a las fuerzas de seguridad iraquíes. Esto sería suficiente para evitar una situación del peor de los casos, como el retorno al poder de los baazistas o de otros extremistas, o una situación caótica en la que encontrase refugio Al Qaeda.
Claramente hay riesgos en esta estrategia. Pero un factor central en el Iraq de hoy es que ninguna estrategia no los tiene. Incluso si podemos aguantar las bajas y los costes, no hay garantía de que una continuación indefinida de la misión presente conduzca a la victoria. Más bien que reforzar el fracaso, deberíamos buscar un nuevo enfoque.
Michael O'Hanlon trabaja para la Brookings Institution. James Steinberg, que fue asesor de seguridad nacional durante el gobierno de Clinton, es vice-presidente y director de estudios de política exterior en la misma institución.
2 de febrero de 2005
16 de febrero de 2005
©Washington Post
©traducción mQh
En un editorial del 25 de enero, Henry A. Kissinger y George P. Shultz argumentaron contra la idea de fijar un calendario de retirada de Estados Unidos. Este es un argumento que el gobierno de Bush mismo ha endorsado, al menos de momento. La lógica de Kissinger y Shultz puede ser correcta en los Balcanes, o en Alemania y Japón después de la Segunda Guerra Mundial, o en cualquier empresa de construcción de un país no amenazado por una fuerte resistencia. Pero esa lógica no se aplica en Iraq, donde la resistencia parece estar ganando la mayor parte de su creciente fuerza de la hostilidad de los nativos a la presencia militar extranjera.Una estrategia de salida de la coalición norteamericana en Iraq no debería ser ni abrupta ni radical. No deberíamos planificar la retirada total de nuestras fuerzas ni a fechas determinadas. Y deberíamos anunciar un calendario para una retirada parcial sólo en conjunción con el nuevo gobierno iraquí. Pero la posición a favor de una importante y pronta reducción de fuerzas extranjeras, anunciada públicamente y con un calendario, se presenta cada vez más como el mejor modo de ayudar a producir un Iraq estable con un gobierno aceptado como legítimo por la mayoría de su pueblo.
Obviamente, las fuerzas militares extranjeras son todavía una parte necesaria de la solución en Iraq. Sin ellas, el país terminaría probablemente en una guerra civil. Los resultados probable serían una limpieza étnica, un santuario para los terroristas y un chiste de la afirmación norteamericana de que derrocó al régimen de Saddam Hussein en parte para liberar al pueblo iraquí.
Pero las fuerzas de la coalición encabezada por Estados Unidos son también parte del problema. Ahora están proveyendo de combustible a la resistencia. Mientras que medir el tamaño de un movimiento de guerrillas es siempre difícil, los mejores cálculos estima que la resistencia ha crecido el último año de un núcleo de 5.000 encarnizados combatientes, a uno de 20.000, a pesar de que las tropas norteamericanas han detenido o matado a 15.000 combatientes enemigos.
Obviamente, parte de ese refuerzo de la resistencia proviene de los pan-arabistas que continuarán oponiéndose a cualquier gobierno iraquí representativo incluso si la mayoría de las tropas estadounidenses se retiraran. Pero es difícil creer que la cantidad de fanáticos haya crecido demasiado. Y, sí, hay yihadistas extranjeros. Pero este último grupo no parece ser superior a entre 1.000 a 3.000 hombres.
Parece que gran parte del crecimiento de la resistencia proviene de un tercer grupo: los árabes iraquíes sunníes que en los primeros meses tras la caída de Hussein miraban la ocupación con indiferencia. Ahora parecen estar motivados fundamentalmente por indignación con las tropas extranjeras, a las que perciben como ocupantes a quienes poco importa el bienestar de los iraquíes, en realidad sólo desean explotar el petróleo iraquí o usar su territorio como un trampolín para otras actividades hegemónicas. Además de los que están tomando las armas, grandes porcentajes de iraquíes están lo suficientemente indignados con Estados Unidos como para no proporcionar el tipo de inteligencia humana que se necesita para derrotar a los violentistas.
Las históricas elecciones, a pesar de sus muchas virtudes, no cambiarán probablemente esta dinámica entre la población árabe sunní. Incluso muchos chiíes celebraron las elecciones como un paso adelante en la recuperación de su país. De esta manera, elaborar un calendario de retirada no sería contrario al mensaje de las elecciones sino que se apoyaría en ese mensaje positivo. También recordaría a los chiíes, así como a los kurdos, de la necesidad de integrar a los sunníes en el gobierno y en las fuerzas de seguridad.
La percepción de las fuerzas de la coalición como imperialistas de nuevo cuño es, por supuesto, fundamentalmente injusta y equivocada. Pero es extendida. Con un desempleo iraquí de entre el 30 a 40 por ciento, la mayor parte de la infraestructura no funciona mejor que durante Hussein y la tasa de criminalidad es varias veces lo que era durante los últimos años de su régimen, muchos realidades iraquíes están luchando contra nosotros.
El análisis aquí sugiere que Washington y Bagdad podrían mejorar las expectativas de derrotar a la insurgencia y de estabilizar al país anunciando públicamente un plan para una retirada gradual, pero substancial, de las tropas de la coalición. Deberíamos redefinir el mandato de la misión de las tropas extranjeras, reducir su rol todo lo posible después de que una nueva Constitución iraquí sea ratificada y se elija un gobierno más permanente a fines de 2005. Y deberíamos proponernos haber retirado dos a tres cuartos de nuestras fuerzas en Iraq para mediados de 2005.
Este calendario daría también a las fuerzas de seguridad iraquíes suficiente tiempo para completar su adiestramiento y experiencia de terreno. Después de la retirada, las fuerzas restantes de la coalición podrían llegar a 30.000 o 50.000 hombres, proporcionando adiestramiento y una capacidad de respuesta rápida para reforzar a las fuerzas de seguridad iraquíes. Esto sería suficiente para evitar una situación del peor de los casos, como el retorno al poder de los baazistas o de otros extremistas, o una situación caótica en la que encontrase refugio Al Qaeda.
Claramente hay riesgos en esta estrategia. Pero un factor central en el Iraq de hoy es que ninguna estrategia no los tiene. Incluso si podemos aguantar las bajas y los costes, no hay garantía de que una continuación indefinida de la misión presente conduzca a la victoria. Más bien que reforzar el fracaso, deberíamos buscar un nuevo enfoque.
Michael O'Hanlon trabaja para la Brookings Institution. James Steinberg, que fue asesor de seguridad nacional durante el gobierno de Clinton, es vice-presidente y director de estudios de política exterior en la misma institución.
2 de febrero de 2005
16 de febrero de 2005
©Washington Post
©traducción mQh