terroristas asesinan a barberos
[Robert F. Worth] Un corte de pelo en Iraq puede significar la muerte del barbero.
Bagdad, Iraq. Era casi la hora de cierre en la barbería de Sadiq Abdul Hussein cuando entró un hombre con una máscara negra, sacó una pistola, y empezó a hacerla girar en su dedo, como un cowboy.
El pistolero no buscaba a funcionarios de gobierno ni a colaboracionistas. Venía por el modo en que Hussein cortaba el pelo.
Segundos después, el enmascarado abrió fuego, hiriendo fatalmente a Hussein, 23, que vivió lo suficiente como para describir el ataque. El pistolero también mató a su socio y a un cliente.
En el sur de Bagdad, los riesgos de vida se han reducido a esto: bandas de militantes islamitas están advirtiendo a los barberos que está prohibido afeitar las barbas de los hombres o de llevar cortes de pelo occidentales. Unos 12 barberos han sido asesinados, dicen funcionarios iraquíes, incluyendo a cinco en un solo día a fines de enero. Sin grandes esperanzas de contar con protección policial, la mayoría de ellos ahora se niega a realizar los cortes prohibidos, y han colocado grandes letreros en sus ventanales diciendo eso.
Una tarde reciente, un barbero que sólo dijo que se llamaba Ahmad estaba con un cliente, con las tijeras en la mano, mirando nerviosamente por la ventana de su barbería. Una de las dos sillas de cuero del barbero estaba vacía, y en las paredes había espejos y fotografías de apuestos jóvenes con resplandecientes cortes recién hechos, como en cualquier salón occidental.
"Una mañana, hace unos tres meses, llegué a la barbería y encontré una nota escrita a mano, con una bala", dijo.
La nota le advertía que estaba prohibido afeitar las barbas de los hombres o de hacer masajes faciales o de hacer cortes de pelo estilo francés, conocidos como el carré' y el de punta'. La nota también le advertía no ofrecer hiffafa', la práctica iraquí con la que los barberos usan una hebra de hilo para sacar los pelos de la cara para rasurar mejor. Si no obedecía, sería matado, decía la nota.
Los asesinatos y amenazas no son los primeros intentos en Iraq de implementar reglas religiosas al estilo de los talibanes. En Faluya, muyahedines armados controlaron un estado policial islámico durante varios meses antes de la invasión norteamericana el año pasado, castigando a los hombres sin barba y a las mujeres que se atrevían a salir sin cubrirse la cabeza. En el sur de Iraq, militantes chiíes han atacado licorerías y a veces matado a los que ignoraron las amenazas.
En Bagdad, los asesinatos y amenazas se han concentrado en Doura, un barrio obrero dominado por las cuatro altas chimeneas de una central eléctrica. Incluso en la generalmente caótica capital, Doura se destaca como una zona de guerra. Al menos una docena de agentes de policía y funcionarios del gobierno han sido asesinados en las últimas dos semanas, usualmente por pistoleros que pasan en coche y agujerean a sus blancos como armas de fuego automáticas.
Con tanta violencia, la policía de Doura dice que no pueden hacer demasiado para proteger a los barberos. Han investigado algunos casos, y han concluido que algunos de los asesinos son profesionales que reciben unos 200 dólares por asesinato, dijo un agente de policía, que se negó a dar su nombre por temor a transformarse en un objetivo. "Un agente de policía gana unos 140 dólares al mes", dice el agente. "Se necesita dinero para investigar estos casos, y no tenemos".
En la principal comisaría de policía de Doura, hay sólo una línea telefónica, y no es fiable, agregó. Prácticamente la única información que recibe la policía proviene de las familias de las víctimas, que llaman o incluso se acercan a la comisaría a contar sus historias.
El asesinato de Sadiq Abdul Hussein, el 23 de enero, es inusual en que permaneció consciente 24 horas antes de morir, y fue capaz de describir en detalle el ataque a la policía. "Eran cuatro hombres -dos en el coche fuera, uno apostado en la calle, y el asesino- y había testigos. Sin embargo, la policía dice que no han hecho progresos en el caso.
Safa Abdul Hussein pasó sus últimas horas en el hospital con su hijo.
"Me dijo: Papá, ¿me vas a ayudar?'", recordó el padre. "Le dije: Dios te ayudará'". El hijo -que fue siempre devotamente religioso- puso las manos sobre su pecho y rezó, dijo Hussein.
Hussein, 53, soldador, cuya barba está salpicada de canas, rompió a llorar algunas veces cuando contaba la historia de su hijo, ocultando su cara entre las manos. Llevaba un uniforme gris, de soldador, y estaba sentado frente a su esposa e hija en la salita de la familia en Doura, a unas cuadras de donde trabajaba su hijo.
En el hospital, los doctores le dijeron a Hussein que otros tres barberos habían sido asesinados el mismo día que su hijo en otras partes de la ciudad, dijo. Es posible que haya habido más asesinatos, dijeron los agentes de policía, pero nadie tiene recursos para llevar la cuenta.
"Creo que esa gente son terroristas, porque el Corán no dice nada sobre que esté prohibido afeitar las barbas", dijo Hussein. "Esto no es guerra santa. La yihad es para defender tu país, tu honor, tu fe".
Hussein, chií, dijo que creía que el asesinato podría ser parte de una campaña más amplia contra los chiíes. Dijo que estaba especialmente agradecido de que sus vecinos sunníes le hubieran ayudado a organizar la procesión funeral para Sadiq en Doura, algunos de ellos disparando sus rifles AK-47 al aire mientras avanzaban con la calle -una costumbre iraquí. Hussein, ex comandante de tanques en el ejército de Saddam Hussein, había tenido miedo de hacer una celebración pública.
Incluso ahora vive constantemente con miedo. Nadie en Doura se atreve a hablar contra el asesinato de los barberos: "En las mezquitas se guarda silencio", dijo Hussein.
Mientras contaba la historia de la muerte de su hijo, un rifle AK-47 estaba apoyado junto a él contra la pared de la salita.
"¿Cree usted que el hombre que mató a mi hijo dudará en matarme?", preguntó.
Otros barberos en Doura también tienen miedo. En dos viajes recientes en el barrio, muchas barberías se veían vacías, y la mayoría tenía letreros diciendo que no realizaban cortes y afeitadas prohibidas, que son muy populares entre los iraquíes.
Los clientes saben sobre las amenazas y ya no piden que se les afeite la barba ni nada parecido, dijo el barbero que dijo que se llamaba Ahmad. Ha perjudicado el negocio. Sus ganancias mensuales han bajado de 300 a 100 dólares, dijo. Algunos barberos han cerrado sus tiendas.
Pero Safa Abdul Hussein ha jurado vengarse, cuando encuentre al hombre que mató a su hijo. "Me rompió el corazón y yo romperé el de su padre", dijo. "No le dejaré vivir, así se caiga el cielo.
"Esto tiene un precio: el Corán dice ojo por ojo, diente por diente".
Mona Mahmoud y John F. Burns contribuyeron a este reportaje.
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Era casi la hora de cierre en la barbería de Sadiq Abdul Hussein cuando entró un hombre con una máscara negra, sacó una pistola, y empezó a hacerla girar en su dedo, como un cowboy.El pistolero no buscaba a funcionarios de gobierno ni a colaboracionistas. Venía por el modo en que Hussein cortaba el pelo.
Segundos después, el enmascarado abrió fuego, hiriendo fatalmente a Hussein, 23, que vivió lo suficiente como para describir el ataque. El pistolero también mató a su socio y a un cliente.
En el sur de Bagdad, los riesgos de vida se han reducido a esto: bandas de militantes islamitas están advirtiendo a los barberos que está prohibido afeitar las barbas de los hombres o de llevar cortes de pelo occidentales. Unos 12 barberos han sido asesinados, dicen funcionarios iraquíes, incluyendo a cinco en un solo día a fines de enero. Sin grandes esperanzas de contar con protección policial, la mayoría de ellos ahora se niega a realizar los cortes prohibidos, y han colocado grandes letreros en sus ventanales diciendo eso.
Una tarde reciente, un barbero que sólo dijo que se llamaba Ahmad estaba con un cliente, con las tijeras en la mano, mirando nerviosamente por la ventana de su barbería. Una de las dos sillas de cuero del barbero estaba vacía, y en las paredes había espejos y fotografías de apuestos jóvenes con resplandecientes cortes recién hechos, como en cualquier salón occidental.
"Una mañana, hace unos tres meses, llegué a la barbería y encontré una nota escrita a mano, con una bala", dijo.
La nota le advertía que estaba prohibido afeitar las barbas de los hombres o de hacer masajes faciales o de hacer cortes de pelo estilo francés, conocidos como el carré' y el de punta'. La nota también le advertía no ofrecer hiffafa', la práctica iraquí con la que los barberos usan una hebra de hilo para sacar los pelos de la cara para rasurar mejor. Si no obedecía, sería matado, decía la nota.
Los asesinatos y amenazas no son los primeros intentos en Iraq de implementar reglas religiosas al estilo de los talibanes. En Faluya, muyahedines armados controlaron un estado policial islámico durante varios meses antes de la invasión norteamericana el año pasado, castigando a los hombres sin barba y a las mujeres que se atrevían a salir sin cubrirse la cabeza. En el sur de Iraq, militantes chiíes han atacado licorerías y a veces matado a los que ignoraron las amenazas.
En Bagdad, los asesinatos y amenazas se han concentrado en Doura, un barrio obrero dominado por las cuatro altas chimeneas de una central eléctrica. Incluso en la generalmente caótica capital, Doura se destaca como una zona de guerra. Al menos una docena de agentes de policía y funcionarios del gobierno han sido asesinados en las últimas dos semanas, usualmente por pistoleros que pasan en coche y agujerean a sus blancos como armas de fuego automáticas.
Con tanta violencia, la policía de Doura dice que no pueden hacer demasiado para proteger a los barberos. Han investigado algunos casos, y han concluido que algunos de los asesinos son profesionales que reciben unos 200 dólares por asesinato, dijo un agente de policía, que se negó a dar su nombre por temor a transformarse en un objetivo. "Un agente de policía gana unos 140 dólares al mes", dice el agente. "Se necesita dinero para investigar estos casos, y no tenemos".
En la principal comisaría de policía de Doura, hay sólo una línea telefónica, y no es fiable, agregó. Prácticamente la única información que recibe la policía proviene de las familias de las víctimas, que llaman o incluso se acercan a la comisaría a contar sus historias.
El asesinato de Sadiq Abdul Hussein, el 23 de enero, es inusual en que permaneció consciente 24 horas antes de morir, y fue capaz de describir en detalle el ataque a la policía. "Eran cuatro hombres -dos en el coche fuera, uno apostado en la calle, y el asesino- y había testigos. Sin embargo, la policía dice que no han hecho progresos en el caso.
Safa Abdul Hussein pasó sus últimas horas en el hospital con su hijo.
"Me dijo: Papá, ¿me vas a ayudar?'", recordó el padre. "Le dije: Dios te ayudará'". El hijo -que fue siempre devotamente religioso- puso las manos sobre su pecho y rezó, dijo Hussein.
Hussein, 53, soldador, cuya barba está salpicada de canas, rompió a llorar algunas veces cuando contaba la historia de su hijo, ocultando su cara entre las manos. Llevaba un uniforme gris, de soldador, y estaba sentado frente a su esposa e hija en la salita de la familia en Doura, a unas cuadras de donde trabajaba su hijo.
En el hospital, los doctores le dijeron a Hussein que otros tres barberos habían sido asesinados el mismo día que su hijo en otras partes de la ciudad, dijo. Es posible que haya habido más asesinatos, dijeron los agentes de policía, pero nadie tiene recursos para llevar la cuenta.
"Creo que esa gente son terroristas, porque el Corán no dice nada sobre que esté prohibido afeitar las barbas", dijo Hussein. "Esto no es guerra santa. La yihad es para defender tu país, tu honor, tu fe".
Hussein, chií, dijo que creía que el asesinato podría ser parte de una campaña más amplia contra los chiíes. Dijo que estaba especialmente agradecido de que sus vecinos sunníes le hubieran ayudado a organizar la procesión funeral para Sadiq en Doura, algunos de ellos disparando sus rifles AK-47 al aire mientras avanzaban con la calle -una costumbre iraquí. Hussein, ex comandante de tanques en el ejército de Saddam Hussein, había tenido miedo de hacer una celebración pública.
Incluso ahora vive constantemente con miedo. Nadie en Doura se atreve a hablar contra el asesinato de los barberos: "En las mezquitas se guarda silencio", dijo Hussein.
Mientras contaba la historia de la muerte de su hijo, un rifle AK-47 estaba apoyado junto a él contra la pared de la salita.
"¿Cree usted que el hombre que mató a mi hijo dudará en matarme?", preguntó.
Otros barberos en Doura también tienen miedo. En dos viajes recientes en el barrio, muchas barberías se veían vacías, y la mayoría tenía letreros diciendo que no realizaban cortes y afeitadas prohibidas, que son muy populares entre los iraquíes.
Los clientes saben sobre las amenazas y ya no piden que se les afeite la barba ni nada parecido, dijo el barbero que dijo que se llamaba Ahmad. Ha perjudicado el negocio. Sus ganancias mensuales han bajado de 300 a 100 dólares, dijo. Algunos barberos han cerrado sus tiendas.
Pero Safa Abdul Hussein ha jurado vengarse, cuando encuentre al hombre que mató a su hijo. "Me rompió el corazón y yo romperé el de su padre", dijo. "No le dejaré vivir, así se caiga el cielo.
"Esto tiene un precio: el Corán dice ojo por ojo, diente por diente".
Mona Mahmoud y John F. Burns contribuyeron a este reportaje.
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
confesiones cautivan a iraquíes
[Thanassis Cambanis] Lucha por la opinión usa programa de televisión como campo de batalla. Después del show, algunos detenidos son asesinados por policía iraquí.
Bagdad, Iraq. El terriblemente popular nuevo impacto de la televisión presenta un desfile nocturno de hombres, la mayoría con el rostro magullado, que confiesan todo tipo de actos terroristas y criminales.
El Terrorismo en Manos de la Justicia', es la nueva y lograda herramienta de propaganda del gobierno iraquí; las confesiones televisadas, dice la policía, persiguen desacreditar a la resistencia armada y destacar el éxito del gobierno en la represión de las bandas.
Si se trata de mostrar un nuevo, bravo Iraq, el programa de televisión recuerda fuertemente al viejo, podrido Iraq. Parte El Show de Oprah Winfrey' y parte Cops' [Policías] -con un fuerte aroma al represivo régimen de Saddam Hussein-, el programa se emite seis noches a la semana en la red estatal Iraqiya.
Desde su debut hace un mes, Terrorismo' se ha transformado en un tema fijo en cafés y salas de estar iraquíes.
Funcionarios del gobierno iraquí fanfarronean que el programa ha arruinado la imagen de la guerra santa en el país, retratando a la resistencia como un grupo de delincuentes callejeros y matones que atacan por una paga a las fuerzas de seguridad norteamericanas e iraquíes.
También hace surgir un montón de preguntas sobre el tratamiento que da Iraq a los sospechosos y sobre la fiabilidad de sus confesiones.
Las caras magulladas e hinchadas y hundidos hombros de muchos de los sospechosos sugiere que han sido golpeados o torturados. Las claras confesiones de atentados terroristas se ajustan a veces tan precisamente que parecen poco plausibles. Y los sospechosos son presentados al público sin ningún procedimiento jurídico que los proteja, y son considerados culpables, sin decir ni una palabra sobre la ley como un arma en el arsenal contra el terrorismo. Funcionarios norteamericanos han eludido preguntas sobre el programa emitido por Iraqiya, una red todavía gestionada por un contratista estadounidense contratado por funcionarios de la ocupación norteamericana hace casi un año.
Sin embargo, no cabe duda de la popularidad y amplio alcance del programa. Los hombres debaten en los cafés los detalles de algunos miembros de bandas vistos en Terrorismo'. Otros interrumpen los soliloquios sobre familiares recientemente asesinados para declarar: "Espero ver en la televisión a sus asesinos". El programa quiere llegar a los iraquíes que ven a los insurgentes como musulmanes nobles y patrióticos.
Políticos poderosas han condenado el programa: Mohsen Abdul Hamid, director del Partido Islámico Iraquí, un partido sunní que recibe el apoyo de árabes, tribus y la resistencia nacionalistas, llamó a una rueda de prensa hace poco para acusar al programa de emitir mentiras, indignado no porque un miembro de su partido fuera presentado como terrorista, sino porque el hombre hubiera confesado que bebía alcohol y que no rezaba.
El metraje es proporcionado por el ministerio del Interior y montado por Iraqiya. Después de la invasión norteamericana, la Autoridad Provisional de la Coalición reinició la red de televisión estatal iraquí como la Red de Comunicación Iraquí y la rebautizó como el principal canal estatal Iraqiya'.
El coronel Adnan Abdurahman, el funcionario policial iraquí a cargo de la producción de confesiones filmadas para el programa, envía a un equipo toda vez que comandos de la policía hacen detenciones. La semana pasada, su equipo filmó confesiones en Mosul, Bakuba y Bagdad.
"Antes, la gente iraquí veía a la resistencia como luchando contra la ocupación", dijo Abdurahman. "Pero cuando la gente vio el programa, y los detalles de sus acciones, los insurgentes se transformaron en despreciables a los ojos de la sociedad iraquí. No son una resistencia. Ninguno de ellos dice que está luchando contra los norteamericanos. Están matando a miembros de la Guardia Nacional Iraquí y de la policía, todos iraquíes".
En el montaje de presentación del programa, suena la canción de 1492: Conquista del Paraíso', de Vangelis, sobre imágenes de miembros encapuchados de Tawhid y Yihad a punto de ejecutar a un rehén norteamericano con un uniforme naranja, un cadáver lleno de sangre, y finalmente dos niños iraquíes sonriendo, sosteniendo letreros de papel que dicen: "No al terrorismo".
Luego un policía de las fuerzas especiales, con uniforme de camuflaje y una boina roja, alaba el trabajo de "nuestros valientes y nobles hermanos de la policía iraquí".
¿Quiénes son los que cometen atentados y emboscadas día a día que han matado a cientos de civiles, policías iraquíes, y soldados?
De acuerdo a las confesiones filmadas, la respuesta es, en lo fundamental: delincuentes.
Los combatientes mismos no se describen casi nunca como patriotas o guerreros sagrados; dicen que pelean a cambio de una paga. Muchos de ellos confiesan actos homosexuales, algo considerado especialmente vergonzoso en la cultura iraquí. Frecuentemente confiesan violaciones y pedofilia, y los cortos a menudo terminan con un interrogador fuera de pantalla recriminando al detenido por carecer de honor.
En un episodio reciente, supuestos miembros de una célula insurgente de Mahmoudiya -una ciudad al sur de Bagdad en el peligroso Triángulo de la Muerte'-, confesó haber asesinado y violado a varios iraquíes.
Un hombre que se identificó a sí mismo como Azawi Hassan Azawi dijo que el líder de una célula criminal le indujo a secuestrar y matar a un niño, ofreciéndole a Azawi su hermana en matrimonio.
Otro, identificado como Hassan Mahdi Hassan al-Kafaji, dijo que era miembro de la milicia de los fedayines de Saddam. Después de la guerra se unió a la Tawhid y Yihad, el grupo yihadista dirigido por el terrorista jordano Abu Musab al-Zarqawi, como un asesino a sueldo; dijo que ingería anfetaminas antes de cada misión.
"Me pagan 100 o 150 dólares por cada persona que mato", dijo Kafaji.
Talal Ra'ad Ismail al-Abassi fue el siguiente; dijo que dirigía una célula insurgente en Mosul. De acuerdo al interrogador, Abassi había sido imán de una mezquita, pero había sido despedido por las autoridades religiosas durante Hussein por tener sexo con hombres en la mezquita.
Abassi dijo que su grupo había matado a una docena de "colaboracionistas" iraquíes -una vez que un líder puede reivindicar 10 asesinatos, se transforma en "emir" o príncipe- y ganaba 1.500 dólares al mes que eran pagados por financistas saudíes de la resistencia.
"No creo en la guerra santa en Iraq", dijo Abassi ante las cámaras. "Lo importante era que mi grupo matara suficiente gente para que yo me hiciera emir y pudiera ganar 1.500 dólares al mes".
En otro episodio, un grupo de hombres de Samarra se hizo responsable de una serie de ataques en los que murieron policías iraquíes e intérpretes de las fuerzas norteamericanas.
En rápida sucesión, los hombres contaron que se les pagó menos de 200 dólares por matar y mutilar a cinco combatientes peshmerga kurdos.
Qahtan Khalid, el último en aparecer ante las cámaras, estaba flaco y encorvado, su cara más magullada y hundida que el resto.
Dijo que era un agente de policía que había colaborado con los insurgentes en 10 asesinatos. "Me uní a ellos para que no me mataran", dijo.
Ayer, el padre de Khalid dijo al servicio de cable de Agence France-Presse que soldados de la policía del ministerio del Interior le habían entregado el cadáver de su hijo. El ministerio de Derechos Humanos iraquí ha iniciado una investigación.
Funcionarios norteamericanos e iraquíes dijeron que emitir las confesiones por televisión es completamente legal.
El informe sobre Derechos Humanos del ministerio de Relaciones Exteriores de 2004, que fue publicado hace dos semanas, observó que hay pendientes cientos de casos de tortura contra el gobierno iraquí. "Según se dice, confesiones obtenidas por interrogatorios y métodos coercitivos continuaron siendo el método preferido de las investigaciones policiales", dice el informe.
Mishan Jabouri, un político tribal sunní elegido a la nueva asamblea nacional el 31 de enero, dijo que tenía pruebas de que las confesiones eran falsas.
Un votante de Mosul escribió la semana pasada a Jabouri diciéndole que su hermano había aparecido en el programa del 22 de febrero y confesó el asesinato de cuatro personas. Pero los nombres de las víctimas que mencionó eran todos parientes que todavía viven.
"Todos esos muertos están vivos. Y están dispuestos a reunirse con usted, Excelencia", escribió Muthana Abdullah Khalil. "No sé por qué han obligado a mi hermano a confesar falsedades, pero estamos dispuestos a presentarle a los muertos vivos para probar nuestras acusaciones".
Abdurahman, el coronel de policía que proporciona el metraje de las confesiones, desechó las acusaciones. El sistema judicial castigará a todo policía que torture a sospechosos o extraiga confesiones falsas, dijo, eludiendo bruscamente las preguntas sobre el tratamiento de los detenidos.
"Nuestro trabajo es apreciado. Ese es el principal objetivo", dijo. "La gente quiere que se aplique a los que aparecen en el programa de televisión el más cruel de los castigos".
Anne Barnard y Sa'ad al-Izzi contribuyeron a este reportaje.
Se puede escribir a Thanassis Cambanis a: tcambanis@globe.com.
18 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. El terriblemente popular nuevo impacto de la televisión presenta un desfile nocturno de hombres, la mayoría con el rostro magullado, que confiesan todo tipo de actos terroristas y criminales.El Terrorismo en Manos de la Justicia', es la nueva y lograda herramienta de propaganda del gobierno iraquí; las confesiones televisadas, dice la policía, persiguen desacreditar a la resistencia armada y destacar el éxito del gobierno en la represión de las bandas.
Si se trata de mostrar un nuevo, bravo Iraq, el programa de televisión recuerda fuertemente al viejo, podrido Iraq. Parte El Show de Oprah Winfrey' y parte Cops' [Policías] -con un fuerte aroma al represivo régimen de Saddam Hussein-, el programa se emite seis noches a la semana en la red estatal Iraqiya.
Desde su debut hace un mes, Terrorismo' se ha transformado en un tema fijo en cafés y salas de estar iraquíes.
Funcionarios del gobierno iraquí fanfarronean que el programa ha arruinado la imagen de la guerra santa en el país, retratando a la resistencia como un grupo de delincuentes callejeros y matones que atacan por una paga a las fuerzas de seguridad norteamericanas e iraquíes.
También hace surgir un montón de preguntas sobre el tratamiento que da Iraq a los sospechosos y sobre la fiabilidad de sus confesiones.
Las caras magulladas e hinchadas y hundidos hombros de muchos de los sospechosos sugiere que han sido golpeados o torturados. Las claras confesiones de atentados terroristas se ajustan a veces tan precisamente que parecen poco plausibles. Y los sospechosos son presentados al público sin ningún procedimiento jurídico que los proteja, y son considerados culpables, sin decir ni una palabra sobre la ley como un arma en el arsenal contra el terrorismo. Funcionarios norteamericanos han eludido preguntas sobre el programa emitido por Iraqiya, una red todavía gestionada por un contratista estadounidense contratado por funcionarios de la ocupación norteamericana hace casi un año.
Sin embargo, no cabe duda de la popularidad y amplio alcance del programa. Los hombres debaten en los cafés los detalles de algunos miembros de bandas vistos en Terrorismo'. Otros interrumpen los soliloquios sobre familiares recientemente asesinados para declarar: "Espero ver en la televisión a sus asesinos". El programa quiere llegar a los iraquíes que ven a los insurgentes como musulmanes nobles y patrióticos.
Políticos poderosas han condenado el programa: Mohsen Abdul Hamid, director del Partido Islámico Iraquí, un partido sunní que recibe el apoyo de árabes, tribus y la resistencia nacionalistas, llamó a una rueda de prensa hace poco para acusar al programa de emitir mentiras, indignado no porque un miembro de su partido fuera presentado como terrorista, sino porque el hombre hubiera confesado que bebía alcohol y que no rezaba.
El metraje es proporcionado por el ministerio del Interior y montado por Iraqiya. Después de la invasión norteamericana, la Autoridad Provisional de la Coalición reinició la red de televisión estatal iraquí como la Red de Comunicación Iraquí y la rebautizó como el principal canal estatal Iraqiya'.
El coronel Adnan Abdurahman, el funcionario policial iraquí a cargo de la producción de confesiones filmadas para el programa, envía a un equipo toda vez que comandos de la policía hacen detenciones. La semana pasada, su equipo filmó confesiones en Mosul, Bakuba y Bagdad.
"Antes, la gente iraquí veía a la resistencia como luchando contra la ocupación", dijo Abdurahman. "Pero cuando la gente vio el programa, y los detalles de sus acciones, los insurgentes se transformaron en despreciables a los ojos de la sociedad iraquí. No son una resistencia. Ninguno de ellos dice que está luchando contra los norteamericanos. Están matando a miembros de la Guardia Nacional Iraquí y de la policía, todos iraquíes".
En el montaje de presentación del programa, suena la canción de 1492: Conquista del Paraíso', de Vangelis, sobre imágenes de miembros encapuchados de Tawhid y Yihad a punto de ejecutar a un rehén norteamericano con un uniforme naranja, un cadáver lleno de sangre, y finalmente dos niños iraquíes sonriendo, sosteniendo letreros de papel que dicen: "No al terrorismo".
Luego un policía de las fuerzas especiales, con uniforme de camuflaje y una boina roja, alaba el trabajo de "nuestros valientes y nobles hermanos de la policía iraquí".
¿Quiénes son los que cometen atentados y emboscadas día a día que han matado a cientos de civiles, policías iraquíes, y soldados?
De acuerdo a las confesiones filmadas, la respuesta es, en lo fundamental: delincuentes.
Los combatientes mismos no se describen casi nunca como patriotas o guerreros sagrados; dicen que pelean a cambio de una paga. Muchos de ellos confiesan actos homosexuales, algo considerado especialmente vergonzoso en la cultura iraquí. Frecuentemente confiesan violaciones y pedofilia, y los cortos a menudo terminan con un interrogador fuera de pantalla recriminando al detenido por carecer de honor.
En un episodio reciente, supuestos miembros de una célula insurgente de Mahmoudiya -una ciudad al sur de Bagdad en el peligroso Triángulo de la Muerte'-, confesó haber asesinado y violado a varios iraquíes.
Un hombre que se identificó a sí mismo como Azawi Hassan Azawi dijo que el líder de una célula criminal le indujo a secuestrar y matar a un niño, ofreciéndole a Azawi su hermana en matrimonio.
Otro, identificado como Hassan Mahdi Hassan al-Kafaji, dijo que era miembro de la milicia de los fedayines de Saddam. Después de la guerra se unió a la Tawhid y Yihad, el grupo yihadista dirigido por el terrorista jordano Abu Musab al-Zarqawi, como un asesino a sueldo; dijo que ingería anfetaminas antes de cada misión.
"Me pagan 100 o 150 dólares por cada persona que mato", dijo Kafaji.
Talal Ra'ad Ismail al-Abassi fue el siguiente; dijo que dirigía una célula insurgente en Mosul. De acuerdo al interrogador, Abassi había sido imán de una mezquita, pero había sido despedido por las autoridades religiosas durante Hussein por tener sexo con hombres en la mezquita.
Abassi dijo que su grupo había matado a una docena de "colaboracionistas" iraquíes -una vez que un líder puede reivindicar 10 asesinatos, se transforma en "emir" o príncipe- y ganaba 1.500 dólares al mes que eran pagados por financistas saudíes de la resistencia.
"No creo en la guerra santa en Iraq", dijo Abassi ante las cámaras. "Lo importante era que mi grupo matara suficiente gente para que yo me hiciera emir y pudiera ganar 1.500 dólares al mes".
En otro episodio, un grupo de hombres de Samarra se hizo responsable de una serie de ataques en los que murieron policías iraquíes e intérpretes de las fuerzas norteamericanas.
En rápida sucesión, los hombres contaron que se les pagó menos de 200 dólares por matar y mutilar a cinco combatientes peshmerga kurdos.
Qahtan Khalid, el último en aparecer ante las cámaras, estaba flaco y encorvado, su cara más magullada y hundida que el resto.
Dijo que era un agente de policía que había colaborado con los insurgentes en 10 asesinatos. "Me uní a ellos para que no me mataran", dijo.
Ayer, el padre de Khalid dijo al servicio de cable de Agence France-Presse que soldados de la policía del ministerio del Interior le habían entregado el cadáver de su hijo. El ministerio de Derechos Humanos iraquí ha iniciado una investigación.
Funcionarios norteamericanos e iraquíes dijeron que emitir las confesiones por televisión es completamente legal.
El informe sobre Derechos Humanos del ministerio de Relaciones Exteriores de 2004, que fue publicado hace dos semanas, observó que hay pendientes cientos de casos de tortura contra el gobierno iraquí. "Según se dice, confesiones obtenidas por interrogatorios y métodos coercitivos continuaron siendo el método preferido de las investigaciones policiales", dice el informe.
Mishan Jabouri, un político tribal sunní elegido a la nueva asamblea nacional el 31 de enero, dijo que tenía pruebas de que las confesiones eran falsas.
Un votante de Mosul escribió la semana pasada a Jabouri diciéndole que su hermano había aparecido en el programa del 22 de febrero y confesó el asesinato de cuatro personas. Pero los nombres de las víctimas que mencionó eran todos parientes que todavía viven.
"Todos esos muertos están vivos. Y están dispuestos a reunirse con usted, Excelencia", escribió Muthana Abdullah Khalil. "No sé por qué han obligado a mi hermano a confesar falsedades, pero estamos dispuestos a presentarle a los muertos vivos para probar nuestras acusaciones".
Abdurahman, el coronel de policía que proporciona el metraje de las confesiones, desechó las acusaciones. El sistema judicial castigará a todo policía que torture a sospechosos o extraiga confesiones falsas, dijo, eludiendo bruscamente las preguntas sobre el tratamiento de los detenidos.
"Nuestro trabajo es apreciado. Ese es el principal objetivo", dijo. "La gente quiere que se aplique a los que aparecen en el programa de televisión el más cruel de los castigos".
Anne Barnard y Sa'ad al-Izzi contribuyeron a este reportaje.
Se puede escribir a Thanassis Cambanis a: tcambanis@globe.com.
18 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
continúan deserciones por iraq
[Monica Davey] Soldados improvisan modos de escapar de la guerra de Iraq.
La noche anterior al vuelo de su unidad del ejército hacia Iraq, el soldado de primera clase, Brandon Hughey, 19, simplemente escapó. Condujo toda la noche desde Texas a Indiana, y desde allí, con la ayuda de un veterano del Vietnam al que había conocido en internet, desapareció en Canadá.
En Georgia, el sargento Kevin Benderman, 40, cuyos lazos familiares con las fuerzas armadas se remontan a la época de la Revolución Americana, se acogió al estatuto de objetor de conciencia y fue informado que será sometido a una corte marcial en mayo por no reportarse a su unidad cuando esta marchó a Iraq para cumplir su segundo período de servicio.
Uno por uno, un goteo de soldados y marines -algunos de ellos recién de vuelta de Iraq, otros todavía con la perspectiva de viajar allá- está buscando un modo de escapar.
Los soldados, sus partidarios y abogados especializados en derecho militar dicen que han observado a algunos miembros de las fuerzas armadas intentar rutas todavía menos probables y desesperadas: ingerir drogas con la esperanza de que sean dejados en casa cuando los resultados de los análisis den positivo; o buscando razones psicológicas o médicas para ser declarados no-desplegables, incluyendo embarazos de última hora. El especialista J. Roberts está acusado de pedir a un familiar en Filadelfia que le disparara en una pierna de modo que no tuviera que volver a la guerra.
Una bala en la pierna, dijo a la policía el especialista Roberts, de Hinesville, Georgia, le pareció la mejor alternativa. "Tenía miedo", dijo, de acuerdo a un informe de la policía sobre el incidente de diciembre. "No quería volver a Iraq y abandonar a mi familia. Pensé que mi cadena de mando no se preocupaba de la seguridad de las tropas. Sólo sabía que yo no volvería allá".
Funcionarios del ministerio de Defensa dicen que no han visto un aumento en casos de deserción desde que comenzara la guerra de Iraq. Desde octubre de 2002, unos 6.000 soldados han abandonado sus puestos por al menos 30 días y han sido declarados desertores. (Un soldado que retorna eventualmente a su unidad, sigue siendo considerado desertor por el resto del año). El Cuerpo de Marines, que toma una instantánea de cuántos marines no se presentan en un momento dado, informó sobre unos 1.300 desertores en diciembre, algunos de los cuales desaparecieron el año pasado y otros años antes. Las cifras, dijeron funcionarios del Pentágono, sugieren que las filas de los desertores en realidad han disminuido desde los años justo antes del 11 de septiembre de 2001. Por supuesto, muchas cosas han cambiado desde entonces, incluyendo la gravedad de desertar en tiempos de guerra.
También, muchos de los métodos se resisten a ser clasificados en categorías como deserción oficial.
"Hay un montón de gente, mucho más de lo normal, que están tratando de escapar ahora", dijo el sargento de primera clase, Tom Ogden, justo antes de partir para un segundo período con su unidad de aviación del Ejército desde Front Carson, Colorado. Dijo que en los últimos meses había visto a colegas soldados que estaban empecinados en no aprobar los análisis de drogas porque creían que no serían enviados si los resultados eran "calientes", mientras otros pretendían espaldas y cuellos lesionados, con el mismo objetivo.
"Te diré algo", dijo el sargento Ogden. "Están inventando maneras que piensan son creativas para eludir el servicio".
En el otoño de 2003, el sargento de segunda clase, Camilo Mejía, de la Guardia Nacional de Florida, fue uno de los primeros en anunciar que él se negaba a volver a Iraq y se acogió al estatuto de objetor de conciencia. Hace un año, el soldado Jeremy Hinzman, de Dakota del Sur, desapareció de su puesto sólo para reaparecer en Canadá, con su familia.
La noticia de esos casos se difundió entre los soldados. Algunos reaccionaron con indignación, acusando de cobardía a sus colegas: ¿cómo podían abandonar a otros soldados en tiempos de guerra, a diferencia de los conscriptos de la Guerra de Vietnam, que eran todos voluntarios? Otros, sin embargo, dicen que los casos les hicieron pensar más en su propia ambivalencia.
"Lo que he visto es que los soldados tienen más miedo de decir lo que piensan que ir a la guerra", dijo el sargento Mejía, que fue dejado en libertad en febrero después de pasar casi nueve meses confinado en Fort Sill, Oklahoma, por deserción. "Hasta que no tomé una posición, estaba realmente actuando contra mi conciencia. Tenía miedo de que me llamaran cobarde".
En los meses que han pasado desde su caso, han surgido iniciativas más organizadas.
Un grupo de soldados que logró acogerse al estatuto de objeción de conciencia iniciaron una página en la web, www.peace-out.com, mostrando cómo acogerse al estatuto. La página tuvo 3.000 visitas durante el primer día.
En Canadá alguna gente se unió para ayudar a los soldados norteamericanos que llegan allá, proporcionándoles dinero, comida y alojamiento. Michelle Robidoux, una organizadora de la Campaña de Apoyo a los que Rechazan la Guerra, dijo que sus miembros estaban presionando a funcionarios canadienses para otorgar a los soldados la condición de refugiados.
Esos soldados provienen de ciudades muy diferentes, de todo el país, pero sus razones para no querer ser enviados a la guerra se hacen eco unas a otras. Algunos describieron espeluznantes escena de su primer servicio en Iraq. Un soldado dijo que vio a un niño iraquí herido, llorando, al que nadie podía ayudar; otro dijo que vio cómo otro soldado quemaba perros callejeros para matar el tiempo. Otros dijeron que simplemente se habían dado cuenta de que no creían en la guerra, o al menos no en esta guerra.
"No era lo que yo pensaba", dijo el soldado Hughney. Dijo que se había alistado a los 17 años, desde su casa en San Angelo, Texas, debido a que un reclutador le prometió que los militares le pagarían la educación que su padre no podía pagar. Dijo que había tratado de dejar de lado sus dudas, incluso durante el adiestramiento básico, pero cuando su unidad se preparaba para dejar Fort Hood, Texas, para partir hacia Iraq en marzo pasado, se dio cuenta de que él no podía ir.
"Hay gente a la que le gustaría colgarme por esto", dijo en una entrevista telefónica desde Toronto. "La cosa es que, sí, yo firmé voluntariamente. Y cuando lo hice tenía la intención de ser un buen tipo y defender a mi país. Pero matar a gente por algo en lo que no creo solamente para cumplir mi contrato no me pareció que fuera lo correcto".
En una base en Alemania, el especialista Blake Lemoine, 23, que estuvo en Iraq el año pasado, envió este año una carta a su cadena de mando, exponiendo todas las razones que tenía para que le permitieran renunciar: el Ejército contradice sus creencias y ritos religiosos; él y esposa no son monógamos, lo que es contrario al reglamento militar; es bisexual. En febrero, oficiales del Ejército presentaron cargos en una corte marcial, acusándolo de negarse a cumplir sus tareas asignadas.
Oficiales del Ejército han dicho que la cantidad de gente tratando de encontrar una ruta de escape es relativamente pequeña y no muy diferente al pasado.
"Siempre habrá alguna gente que hace este tipo de cosas, pero no he tengo evidencias de que se trate de una tendencia", dijo el teniente coronel Bryan Hilferty, portavoz del Ejército. "Hay más gente que se presenta voluntariamente para ser desplegada, que quieren ir a la guerra. Recuerde, son todos voluntarios".
Aunque los archivos disponibles del Pentágono se remontan a sólo algunos años, muestran un incremento en las peticiones de aplicación del estatuto de objeción de conciencia. En 2002, 31 soldados y marines se acogieron al estatuto, en comparación con 92 en 2003. Para noviembre, el último mes en los archivos disponibles, 75 soldados y marines lo habían solicitado en 2004. De las 75 peticiones, 34 fueron aprobadas, y 41 rechazadas.
Ese camino, sin embargo, puede ser lento y complejo. Las reglas militares exigen que el miembro de las fuerzas armadas demuestre que tiene verdaderamente razones morales, éticas o religiosas para oponerse a la guerra.
El sargento Benderman aplicó en diciembre, días antes de que su unidad se embarcara hacia Iraq, sin él.
Su petición de objeción de conciencia está siendo tramitada, pero de momento un oficial militar ha recomendado no acoger su solicitud, dijo. Puede ser sometido a una corte marcial general bajo cargos de deserción y abandono de su unidad. Puede ser condenado a penas muy severas, de hasta siete años en confinamiento, pérdida de toda remuneración, degradación de rango y licenciamiento deshonroso.
"Todo el mundo te quiere meter en una cajita, y quieren tener alguna epifanía solemne y lienzos en el cielo", dijo hace poco el sargento Benderman. "Pero no es así. Lo que ocurre es que yo pasé seis meses allá, volví y he pensado sobre esto. Lo que sé es que es inhumano, está convirtiendo a hombres y mujeres de 18 años en gente desalmada".
Entre algunos soldados desesperados, el proceso de solicitud del estatuto de objeción de conciencia es una posibilidad tan remota como partir hacia Canadá.
En su entrevista con la policía, el especialista Roberts dijo que su esposa, preocupada por su inminente partida hacia Iraq, había sugerido herirlo de un balazo: "Me dijo: ¿Por qué no haces lo que está haciendo todo el mundo?' Ella estaba tratando de ayudarme a encontrar una salida".
El juicio se celebrará la semana entrante. Entretanto, el resto de su unidad ya se encuentra en Iraq.
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
La noche anterior al vuelo de su unidad del ejército hacia Iraq, el soldado de primera clase, Brandon Hughey, 19, simplemente escapó. Condujo toda la noche desde Texas a Indiana, y desde allí, con la ayuda de un veterano del Vietnam al que había conocido en internet, desapareció en Canadá.En Georgia, el sargento Kevin Benderman, 40, cuyos lazos familiares con las fuerzas armadas se remontan a la época de la Revolución Americana, se acogió al estatuto de objetor de conciencia y fue informado que será sometido a una corte marcial en mayo por no reportarse a su unidad cuando esta marchó a Iraq para cumplir su segundo período de servicio.
Uno por uno, un goteo de soldados y marines -algunos de ellos recién de vuelta de Iraq, otros todavía con la perspectiva de viajar allá- está buscando un modo de escapar.
Los soldados, sus partidarios y abogados especializados en derecho militar dicen que han observado a algunos miembros de las fuerzas armadas intentar rutas todavía menos probables y desesperadas: ingerir drogas con la esperanza de que sean dejados en casa cuando los resultados de los análisis den positivo; o buscando razones psicológicas o médicas para ser declarados no-desplegables, incluyendo embarazos de última hora. El especialista J. Roberts está acusado de pedir a un familiar en Filadelfia que le disparara en una pierna de modo que no tuviera que volver a la guerra.
Una bala en la pierna, dijo a la policía el especialista Roberts, de Hinesville, Georgia, le pareció la mejor alternativa. "Tenía miedo", dijo, de acuerdo a un informe de la policía sobre el incidente de diciembre. "No quería volver a Iraq y abandonar a mi familia. Pensé que mi cadena de mando no se preocupaba de la seguridad de las tropas. Sólo sabía que yo no volvería allá".
Funcionarios del ministerio de Defensa dicen que no han visto un aumento en casos de deserción desde que comenzara la guerra de Iraq. Desde octubre de 2002, unos 6.000 soldados han abandonado sus puestos por al menos 30 días y han sido declarados desertores. (Un soldado que retorna eventualmente a su unidad, sigue siendo considerado desertor por el resto del año). El Cuerpo de Marines, que toma una instantánea de cuántos marines no se presentan en un momento dado, informó sobre unos 1.300 desertores en diciembre, algunos de los cuales desaparecieron el año pasado y otros años antes. Las cifras, dijeron funcionarios del Pentágono, sugieren que las filas de los desertores en realidad han disminuido desde los años justo antes del 11 de septiembre de 2001. Por supuesto, muchas cosas han cambiado desde entonces, incluyendo la gravedad de desertar en tiempos de guerra.
También, muchos de los métodos se resisten a ser clasificados en categorías como deserción oficial.
"Hay un montón de gente, mucho más de lo normal, que están tratando de escapar ahora", dijo el sargento de primera clase, Tom Ogden, justo antes de partir para un segundo período con su unidad de aviación del Ejército desde Front Carson, Colorado. Dijo que en los últimos meses había visto a colegas soldados que estaban empecinados en no aprobar los análisis de drogas porque creían que no serían enviados si los resultados eran "calientes", mientras otros pretendían espaldas y cuellos lesionados, con el mismo objetivo.
"Te diré algo", dijo el sargento Ogden. "Están inventando maneras que piensan son creativas para eludir el servicio".
En el otoño de 2003, el sargento de segunda clase, Camilo Mejía, de la Guardia Nacional de Florida, fue uno de los primeros en anunciar que él se negaba a volver a Iraq y se acogió al estatuto de objetor de conciencia. Hace un año, el soldado Jeremy Hinzman, de Dakota del Sur, desapareció de su puesto sólo para reaparecer en Canadá, con su familia.
La noticia de esos casos se difundió entre los soldados. Algunos reaccionaron con indignación, acusando de cobardía a sus colegas: ¿cómo podían abandonar a otros soldados en tiempos de guerra, a diferencia de los conscriptos de la Guerra de Vietnam, que eran todos voluntarios? Otros, sin embargo, dicen que los casos les hicieron pensar más en su propia ambivalencia.
"Lo que he visto es que los soldados tienen más miedo de decir lo que piensan que ir a la guerra", dijo el sargento Mejía, que fue dejado en libertad en febrero después de pasar casi nueve meses confinado en Fort Sill, Oklahoma, por deserción. "Hasta que no tomé una posición, estaba realmente actuando contra mi conciencia. Tenía miedo de que me llamaran cobarde".
En los meses que han pasado desde su caso, han surgido iniciativas más organizadas.
Un grupo de soldados que logró acogerse al estatuto de objeción de conciencia iniciaron una página en la web, www.peace-out.com, mostrando cómo acogerse al estatuto. La página tuvo 3.000 visitas durante el primer día.
En Canadá alguna gente se unió para ayudar a los soldados norteamericanos que llegan allá, proporcionándoles dinero, comida y alojamiento. Michelle Robidoux, una organizadora de la Campaña de Apoyo a los que Rechazan la Guerra, dijo que sus miembros estaban presionando a funcionarios canadienses para otorgar a los soldados la condición de refugiados.
Esos soldados provienen de ciudades muy diferentes, de todo el país, pero sus razones para no querer ser enviados a la guerra se hacen eco unas a otras. Algunos describieron espeluznantes escena de su primer servicio en Iraq. Un soldado dijo que vio a un niño iraquí herido, llorando, al que nadie podía ayudar; otro dijo que vio cómo otro soldado quemaba perros callejeros para matar el tiempo. Otros dijeron que simplemente se habían dado cuenta de que no creían en la guerra, o al menos no en esta guerra.
"No era lo que yo pensaba", dijo el soldado Hughney. Dijo que se había alistado a los 17 años, desde su casa en San Angelo, Texas, debido a que un reclutador le prometió que los militares le pagarían la educación que su padre no podía pagar. Dijo que había tratado de dejar de lado sus dudas, incluso durante el adiestramiento básico, pero cuando su unidad se preparaba para dejar Fort Hood, Texas, para partir hacia Iraq en marzo pasado, se dio cuenta de que él no podía ir.
"Hay gente a la que le gustaría colgarme por esto", dijo en una entrevista telefónica desde Toronto. "La cosa es que, sí, yo firmé voluntariamente. Y cuando lo hice tenía la intención de ser un buen tipo y defender a mi país. Pero matar a gente por algo en lo que no creo solamente para cumplir mi contrato no me pareció que fuera lo correcto".
En una base en Alemania, el especialista Blake Lemoine, 23, que estuvo en Iraq el año pasado, envió este año una carta a su cadena de mando, exponiendo todas las razones que tenía para que le permitieran renunciar: el Ejército contradice sus creencias y ritos religiosos; él y esposa no son monógamos, lo que es contrario al reglamento militar; es bisexual. En febrero, oficiales del Ejército presentaron cargos en una corte marcial, acusándolo de negarse a cumplir sus tareas asignadas.
Oficiales del Ejército han dicho que la cantidad de gente tratando de encontrar una ruta de escape es relativamente pequeña y no muy diferente al pasado.
"Siempre habrá alguna gente que hace este tipo de cosas, pero no he tengo evidencias de que se trate de una tendencia", dijo el teniente coronel Bryan Hilferty, portavoz del Ejército. "Hay más gente que se presenta voluntariamente para ser desplegada, que quieren ir a la guerra. Recuerde, son todos voluntarios".
Aunque los archivos disponibles del Pentágono se remontan a sólo algunos años, muestran un incremento en las peticiones de aplicación del estatuto de objeción de conciencia. En 2002, 31 soldados y marines se acogieron al estatuto, en comparación con 92 en 2003. Para noviembre, el último mes en los archivos disponibles, 75 soldados y marines lo habían solicitado en 2004. De las 75 peticiones, 34 fueron aprobadas, y 41 rechazadas.
Ese camino, sin embargo, puede ser lento y complejo. Las reglas militares exigen que el miembro de las fuerzas armadas demuestre que tiene verdaderamente razones morales, éticas o religiosas para oponerse a la guerra.
El sargento Benderman aplicó en diciembre, días antes de que su unidad se embarcara hacia Iraq, sin él.
Su petición de objeción de conciencia está siendo tramitada, pero de momento un oficial militar ha recomendado no acoger su solicitud, dijo. Puede ser sometido a una corte marcial general bajo cargos de deserción y abandono de su unidad. Puede ser condenado a penas muy severas, de hasta siete años en confinamiento, pérdida de toda remuneración, degradación de rango y licenciamiento deshonroso.
"Todo el mundo te quiere meter en una cajita, y quieren tener alguna epifanía solemne y lienzos en el cielo", dijo hace poco el sargento Benderman. "Pero no es así. Lo que ocurre es que yo pasé seis meses allá, volví y he pensado sobre esto. Lo que sé es que es inhumano, está convirtiendo a hombres y mujeres de 18 años en gente desalmada".
Entre algunos soldados desesperados, el proceso de solicitud del estatuto de objeción de conciencia es una posibilidad tan remota como partir hacia Canadá.
En su entrevista con la policía, el especialista Roberts dijo que su esposa, preocupada por su inminente partida hacia Iraq, había sugerido herirlo de un balazo: "Me dijo: ¿Por qué no haces lo que está haciendo todo el mundo?' Ella estaba tratando de ayudarme a encontrar una salida".
El juicio se celebrará la semana entrante. Entretanto, el resto de su unidad ya se encuentra en Iraq.
19 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
muertes bajo custodia en iraq
[Douglas Jehl y Eric Schmitt] Fuerzas Armadas norteamericanas dicen que la muerte de 26 reclusos fueron homicidios.
Washington, Estados Unidos. Al menos 26 prisioneros han muerto en custodia norteamericana en Iraq y Afganistán desde 2002 en lo que investigadores del Ejército y la Marina han concluido o sospechan que fueron homicidios voluntarios, de acuerdo a oficiales norteamericanos.
El número de casos confirmados o sospechados es mucho más alto que las cifras dadas a conocer previamente por los militares. Un informe del Pentágono enviado al Congreso la semana pasada mencionó la muerte de sólo seis prisioneros causadas por torturas, pero ese conteo parcial se limitaba a septiembre último a lo que el autor, el vice-almirante Albert T. Church III de la Marina, llamó "casos de abusos concluidos y comprobados".
La nueva cifra de 26 fue proporcionada por el Ejército y la Marina esta semana después de repetidas pesquisas. En 18 casos revisados por el Ejército y la Marina, los investigadores han ahora cerrado sus pesquisas y han recomendado que sean procesados o referidos a otras agencias para que tomen medidas, dijeron oficiales del Ejército y la Marina. Ocho casos están todavía bajo investigación, pero están clasificados por el Ejército como homicidios confirmados o sospechados, dijeron los oficiales.
Sólo una de las muertes ocurrió en la prisión de Abu Ghraib en Iraq, dijeron los oficiales, mostrando el alcance de la extensión de los maltratos más violentos fuera de las murallas de la cárcel y contradiciendo las primeras impresiones de que las malas conductas estaban confinadas a un puñado de miembros de la policía militar durante los turnos nocturnos de la prisión.
Entre los casos hay al menos cuatro que implican a funcionarios de la CIA que están siendo revisados por el ministerio de Justicia para su posible enjuiciamiento. Incluyen un asesinato en Afganistán en junio de 2003 por el que David Passaro, un guardia privado de la CIA, será enjuiciado por un tribunal federal en Carolina del Norte.
Grupos de derechos humanos han expresado consternación por el número de homicidios y renovaron sus llamados a realizar una investigación del tipo de la del 11 de septiembre sobre las operaciones de detención y maltratos en Iraq y Afganistán. "La cifra me parece asombrosa", dijo James D. Ross, asesor jurídico de Human Rights Watch en Nueva York. "Esto refleja un fracaso general en tomar en serio los maltratos ocurridos".
Funcionarios del Pentágono y del Ejército rechazaron esa acusación. Lawrence Di Rita, el principal portavoz del Pentágono, dijo que él no sabía que el ministerio de Defensa hubiera reconocido previamente, públicamente, los homicidios voluntarios entre las muertes de detenidos en Afganistán e Iraq, pero insistió en que las autoridades militares estaban investigando activamente cada caso.
"No he visto las cifras recogidas que usted ha descrito, pero obviamente un homicidio voluntario es ya demasiado", dijo Di Rita, que observó que las fuerzas norteamericanas han mantenido a más de 50.000 detenidos en Iraq y Afganistán en los últimos tres años.
Oficiales de Ejército dijo que los asesinatos ocurrieron tanto dentro como fuera de áreas de detención, incluyendo en el momento de captura en condiciones de campo de batalla a menudo violentas. "El Ejército investigará cada muerte de detenidos, tanto dentro como fuera de centros de detención", dijo el coronel Joseph Cartin, un portavoz del Ejército. "Dicho simplemente, el maltrato a detenidos no es tolerado, y el Ejército hará rendir cuentas a los soldados. Estamos tomando medidas para enjuiciar a los sospechados de abusos y medidas para adiestrar a los soldados sobre cómo evitar esas situaciones en el futuro".
En su informe la semana pasada, el almirante Church concluyó que el abuso de prisioneros en Iraq y Afganistán han sido el resultado sobre todo de un colapso de la disciplina, no de políticas defectuosas o mando incorrecto de comandantes o funcionarios del Pentágono. Pero advirtió que sus conclusiones se basaban "fundamentalmente en la información con que contábamos al 30 de septiembre de 2004", y agregó: "Si se hiciera disponible más informaciones, nuestras conclusiones deberían ser analizadas a la luz de esas informaciones".
Además de los homicidios voluntarios, 11 casos de muertes de prisioneros a manos de tropas norteamericanas son considerados ahora como homicidios justificados que no deberían ser llevados a juicio, dijeron oficiales del Ejército. Esos casos incluyen muertes causadas por soldados al reprimir revueltas de prisioneros en Iraq, dijeron. Otros prisioneros han muerto en cautiverio o de causas naturales, según los militares.
Un conteo del New York Times de mayo de 2004, basado en informes de oficiales militares y una revisión de documentos del Ejército, identificó 16 casos de homicidios confirmados o sospechados de prisioneros bajo custodia norteamericana en Iraq y Afganistán. Sin embargo, en esa época sólo fueron clasificadas como homicidios, y 11 de los casos están todavía siendo investigados.
El Ejército define el homicidio como "una muerte que resulta de la conducta notoriamente imprudente (explícita o implícita) de una o más personas".
"El homicidio no es sinónimo de asesinato (una definición legal) e incluye tanto acciones criminales como incidentes justificables (vale decir, defensa personal, aplicación de la ley, combate)", de acuerdo a una declaración del Ejército.
El nuevo total de 26 casos de muertes de prisioneros que han sido clasificados como homicidios voluntarios confirmados o sospechados incluye 24 casos del Ejército y 2 de la Marina, dijeron portavoces de esos servicios. Dos de los casos del Ejército han sido transferidos a la Marina y uno al ministerio de Justicia. La Marina dijo que cada caso incluía la muerte de un prisionero, aunque el Ejército dijo que era posible que al menos en algunos casos investigados por el servicio se tratara de la muerte de más de un prisionero.
El Cuerpo de Marines dijo que nueve prisioneros habían muerto bajo custodia de la Marina, pero que ninguna de las muertes era homicidio. No está claro si esta cifra incluye la muerte de un prisionero iraquí matado por un marine en una mezquita en Faluya en noviembre pasado, que fue filmada por un equipo de televisión.
Ni la Marina ni el Ejército proporcionaron un informe detallado de todos los casos ahora considerados como homicidios confirmados o sospechados.
Al menos ocho soldados norteamericanos han sido condenados por la muerte de prisioneros bajo custodia norteamericana, incluyendo a un teniente que se declaró este mes culpable en Fort Hood, Texas, de cargos que incluían agresión grave y lesiones, obstrucción a la justicia y abandono de deberes. El cargo de homicidio involuntario fue retirado.
Otros 13 soldados del Ejército están ahora bajo juicio, de acuerdo a oficiales del Ejército. Incluyen al soldado de primera clase Willie V. Brand, que será enjuiciado en Fort Bliss, Texas, la próxima semana por cargos de homicidio y mutilación en la muerte de dos prisioneros en el Bagram Control Point en Afganistán en diciembre de 2002.
Pero en algunos de los casos, incluyendo la muerte de un iraquí, Manadel al-Jamadi, en Abu Ghraib en noviembre de 2003, la mayoría de los fueron acusados de crímenes inicialmente han terminado recibiendo castigos no judiciales, y ninguno de sus nombres ni detalles de las sentencias han sido dados a conocer.
En total, los investigadores criminales del Ejército han realizado 68 investigaciones sobre muertes de detenidos, con 79 víctimas posibles a febrero de 2005, dijo la teniente coronel Pamela Hart, portavoz del Ejército. De esas investigaciones, 53 han sido cerradas y 15 casos siguen pendientes, dijo la coronel Hart.
Además de los 24 casos del Ejército clasificados como homicidios voluntarios y de los 11 casos clasificados como homicidios justificados, 28 casos son clasificados como muertes confirmadas o sospechadas por accidentes o causas naturales. Otros cinco son casos en los que no se ha determinado la causa de la muerte, dijo la coronel Hart.
En total, los investigadores criminales del Ejército han examinado 308 casos sobre acusaciones de maltratos a prisioneros. Incluyen las 68 investigaciones sobre muertes y 240 otras acusaciones de potencial mala conducta, como acusaciones de agresión, agresión sexual y robos, dijo la coronel Hart. De los 308 casos, 201 han sido cerrados y 107 estaban pendientes a mediados de febrero de 2005.
Además del número de muertes de detenidos, otras conclusiones en el informe de Church requieren escrutinio. El informe, por ejemplo, también dice que psiquiatras y psicólogos que asesoran a los interrogadores no tenían acceso a los historiales médicos de los detenidos. Eso contrasta fuertemente con los informes de la Cruz Roja y de interrogadores entrevistados por Times.
El Comité Internacional de la Cruz Roja dijo en un informe confidencial en julio pasado que los historiales médicos de los prisioneros podían ser consultados por cualquiera. El informe dijo que no era ético y que disminuía el cuidado médico prestado a los detenidos, porque les desalentaba a solicitar atención médica si sabían que esa información sería compartida con los interrogadores.
Un interrogador dijo en entrevistas que los historiales estuvieron inicialmente abiertos a todos y que era una práctica normal de los interrogadores simplemente ir al hospital de los detenidos y revisar los historiales. El interrogador dijo que cuando el personal del hospital se mostró reticente a compartir los documentos, los interrogadores descubrieron que podían pedir a psicólogos y psiquiatras que los obtuvieran por ellos.
Neil A. Lewis contribuyó a este reportaje.
17 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Al menos 26 prisioneros han muerto en custodia norteamericana en Iraq y Afganistán desde 2002 en lo que investigadores del Ejército y la Marina han concluido o sospechan que fueron homicidios voluntarios, de acuerdo a oficiales norteamericanos.El número de casos confirmados o sospechados es mucho más alto que las cifras dadas a conocer previamente por los militares. Un informe del Pentágono enviado al Congreso la semana pasada mencionó la muerte de sólo seis prisioneros causadas por torturas, pero ese conteo parcial se limitaba a septiembre último a lo que el autor, el vice-almirante Albert T. Church III de la Marina, llamó "casos de abusos concluidos y comprobados".
La nueva cifra de 26 fue proporcionada por el Ejército y la Marina esta semana después de repetidas pesquisas. En 18 casos revisados por el Ejército y la Marina, los investigadores han ahora cerrado sus pesquisas y han recomendado que sean procesados o referidos a otras agencias para que tomen medidas, dijeron oficiales del Ejército y la Marina. Ocho casos están todavía bajo investigación, pero están clasificados por el Ejército como homicidios confirmados o sospechados, dijeron los oficiales.
Sólo una de las muertes ocurrió en la prisión de Abu Ghraib en Iraq, dijeron los oficiales, mostrando el alcance de la extensión de los maltratos más violentos fuera de las murallas de la cárcel y contradiciendo las primeras impresiones de que las malas conductas estaban confinadas a un puñado de miembros de la policía militar durante los turnos nocturnos de la prisión.
Entre los casos hay al menos cuatro que implican a funcionarios de la CIA que están siendo revisados por el ministerio de Justicia para su posible enjuiciamiento. Incluyen un asesinato en Afganistán en junio de 2003 por el que David Passaro, un guardia privado de la CIA, será enjuiciado por un tribunal federal en Carolina del Norte.
Grupos de derechos humanos han expresado consternación por el número de homicidios y renovaron sus llamados a realizar una investigación del tipo de la del 11 de septiembre sobre las operaciones de detención y maltratos en Iraq y Afganistán. "La cifra me parece asombrosa", dijo James D. Ross, asesor jurídico de Human Rights Watch en Nueva York. "Esto refleja un fracaso general en tomar en serio los maltratos ocurridos".
Funcionarios del Pentágono y del Ejército rechazaron esa acusación. Lawrence Di Rita, el principal portavoz del Pentágono, dijo que él no sabía que el ministerio de Defensa hubiera reconocido previamente, públicamente, los homicidios voluntarios entre las muertes de detenidos en Afganistán e Iraq, pero insistió en que las autoridades militares estaban investigando activamente cada caso.
"No he visto las cifras recogidas que usted ha descrito, pero obviamente un homicidio voluntario es ya demasiado", dijo Di Rita, que observó que las fuerzas norteamericanas han mantenido a más de 50.000 detenidos en Iraq y Afganistán en los últimos tres años.
Oficiales de Ejército dijo que los asesinatos ocurrieron tanto dentro como fuera de áreas de detención, incluyendo en el momento de captura en condiciones de campo de batalla a menudo violentas. "El Ejército investigará cada muerte de detenidos, tanto dentro como fuera de centros de detención", dijo el coronel Joseph Cartin, un portavoz del Ejército. "Dicho simplemente, el maltrato a detenidos no es tolerado, y el Ejército hará rendir cuentas a los soldados. Estamos tomando medidas para enjuiciar a los sospechados de abusos y medidas para adiestrar a los soldados sobre cómo evitar esas situaciones en el futuro".
En su informe la semana pasada, el almirante Church concluyó que el abuso de prisioneros en Iraq y Afganistán han sido el resultado sobre todo de un colapso de la disciplina, no de políticas defectuosas o mando incorrecto de comandantes o funcionarios del Pentágono. Pero advirtió que sus conclusiones se basaban "fundamentalmente en la información con que contábamos al 30 de septiembre de 2004", y agregó: "Si se hiciera disponible más informaciones, nuestras conclusiones deberían ser analizadas a la luz de esas informaciones".
Además de los homicidios voluntarios, 11 casos de muertes de prisioneros a manos de tropas norteamericanas son considerados ahora como homicidios justificados que no deberían ser llevados a juicio, dijeron oficiales del Ejército. Esos casos incluyen muertes causadas por soldados al reprimir revueltas de prisioneros en Iraq, dijeron. Otros prisioneros han muerto en cautiverio o de causas naturales, según los militares.
Un conteo del New York Times de mayo de 2004, basado en informes de oficiales militares y una revisión de documentos del Ejército, identificó 16 casos de homicidios confirmados o sospechados de prisioneros bajo custodia norteamericana en Iraq y Afganistán. Sin embargo, en esa época sólo fueron clasificadas como homicidios, y 11 de los casos están todavía siendo investigados.
El Ejército define el homicidio como "una muerte que resulta de la conducta notoriamente imprudente (explícita o implícita) de una o más personas".
"El homicidio no es sinónimo de asesinato (una definición legal) e incluye tanto acciones criminales como incidentes justificables (vale decir, defensa personal, aplicación de la ley, combate)", de acuerdo a una declaración del Ejército.
El nuevo total de 26 casos de muertes de prisioneros que han sido clasificados como homicidios voluntarios confirmados o sospechados incluye 24 casos del Ejército y 2 de la Marina, dijeron portavoces de esos servicios. Dos de los casos del Ejército han sido transferidos a la Marina y uno al ministerio de Justicia. La Marina dijo que cada caso incluía la muerte de un prisionero, aunque el Ejército dijo que era posible que al menos en algunos casos investigados por el servicio se tratara de la muerte de más de un prisionero.
El Cuerpo de Marines dijo que nueve prisioneros habían muerto bajo custodia de la Marina, pero que ninguna de las muertes era homicidio. No está claro si esta cifra incluye la muerte de un prisionero iraquí matado por un marine en una mezquita en Faluya en noviembre pasado, que fue filmada por un equipo de televisión.
Ni la Marina ni el Ejército proporcionaron un informe detallado de todos los casos ahora considerados como homicidios confirmados o sospechados.
Al menos ocho soldados norteamericanos han sido condenados por la muerte de prisioneros bajo custodia norteamericana, incluyendo a un teniente que se declaró este mes culpable en Fort Hood, Texas, de cargos que incluían agresión grave y lesiones, obstrucción a la justicia y abandono de deberes. El cargo de homicidio involuntario fue retirado.
Otros 13 soldados del Ejército están ahora bajo juicio, de acuerdo a oficiales del Ejército. Incluyen al soldado de primera clase Willie V. Brand, que será enjuiciado en Fort Bliss, Texas, la próxima semana por cargos de homicidio y mutilación en la muerte de dos prisioneros en el Bagram Control Point en Afganistán en diciembre de 2002.
Pero en algunos de los casos, incluyendo la muerte de un iraquí, Manadel al-Jamadi, en Abu Ghraib en noviembre de 2003, la mayoría de los fueron acusados de crímenes inicialmente han terminado recibiendo castigos no judiciales, y ninguno de sus nombres ni detalles de las sentencias han sido dados a conocer.
En total, los investigadores criminales del Ejército han realizado 68 investigaciones sobre muertes de detenidos, con 79 víctimas posibles a febrero de 2005, dijo la teniente coronel Pamela Hart, portavoz del Ejército. De esas investigaciones, 53 han sido cerradas y 15 casos siguen pendientes, dijo la coronel Hart.
Además de los 24 casos del Ejército clasificados como homicidios voluntarios y de los 11 casos clasificados como homicidios justificados, 28 casos son clasificados como muertes confirmadas o sospechadas por accidentes o causas naturales. Otros cinco son casos en los que no se ha determinado la causa de la muerte, dijo la coronel Hart.
En total, los investigadores criminales del Ejército han examinado 308 casos sobre acusaciones de maltratos a prisioneros. Incluyen las 68 investigaciones sobre muertes y 240 otras acusaciones de potencial mala conducta, como acusaciones de agresión, agresión sexual y robos, dijo la coronel Hart. De los 308 casos, 201 han sido cerrados y 107 estaban pendientes a mediados de febrero de 2005.
Además del número de muertes de detenidos, otras conclusiones en el informe de Church requieren escrutinio. El informe, por ejemplo, también dice que psiquiatras y psicólogos que asesoran a los interrogadores no tenían acceso a los historiales médicos de los detenidos. Eso contrasta fuertemente con los informes de la Cruz Roja y de interrogadores entrevistados por Times.
El Comité Internacional de la Cruz Roja dijo en un informe confidencial en julio pasado que los historiales médicos de los prisioneros podían ser consultados por cualquiera. El informe dijo que no era ético y que disminuía el cuidado médico prestado a los detenidos, porque les desalentaba a solicitar atención médica si sabían que esa información sería compartida con los interrogadores.
Un interrogador dijo en entrevistas que los historiales estuvieron inicialmente abiertos a todos y que era una práctica normal de los interrogadores simplemente ir al hospital de los detenidos y revisar los historiales. El interrogador dijo que cuando el personal del hospital se mostró reticente a compartir los documentos, los interrogadores descubrieron que podían pedir a psicólogos y psiquiatras que los obtuvieran por ellos.
Neil A. Lewis contribuyó a este reportaje.
17 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
rebeldes de carretera en mosul
[Monte Morin] Tropas estadounidenses descubren que los coches son escondrijos móviles de armas así como vehículos de combate.
Mosul, Iraq. El artillero el Ejército Brandon Jones erró al apuntar contra el hombre que disparó contra su cabeza el sábado, pero el sargento logró destruir una peligrosa herramienta: el coche de los rebeldes.
Mientras las fuerzas estadounidenses e iraquíes han librado en las últimas semanas batalla contra las guerrillas por el control de la norteña ciudad de Mosul, los rebeldes han puesto a trabajar sus ruedas.
En lugar de atiborrar sus vehículos con explosivos y detonarlos en ataques suicidas, los insurgentes prefieren ahora disparar contra las tropas cuando pasan a toda velocidad junto a las patrullas y avanzadas de combate.
Los soldados dicen que los insurgentes parecen preferir los Opels, porque gozan de la reputación de ser veloces. Los coches se están transformando en el escondrijo de armas favorito de los rebeldes.
"Lo que está pasando es que se han dado cuenta de que nosotros estamos descubriendo las armas que entierran y esconden en bodegas", dijo el teniente coronel Michael E. Kurilla, comandante del Primer Batallón del Regimiento de Infantería 24 de la 25 División de Infantería, una unidad del Ejército responsable del atestado lado oeste de Mosul.
"Lo que están haciendo ahora es esconder todas sus armas en los coches", dijo Kurilla. "De ese modo se mantienen moviéndose constantemente y sin ser vistos".
A veces los soldados estadounidenses persiguen a los atacantes en vehículos blindados Stryker de 21 toneladas, subiendo por los bordillos de las aceras y desplazándose a gran velocidad por surcados caminos de tierra.
Ese fue el caso el sábado, cuando Jones, 23, de Santa Rosa, y el resto de la Compañía Bravo, 2º Pelotón, fueron atacados por rebeldes en al menos dos vehículos.
El día comenzó tranquilo, y el teniente primero David Webb, 23, de Hawai, dirigió a sus hombres en una corta oración antes de trepar a sus vehículos blindados.
Entre otras cosas, Webb pidió protección para su misión.
"Señor, si entramos en contacto, haz que nuestras armas sean mortíferas", dijo Webb en su oración.
La unidad se dirigió entonces a encargarse de un puesto de control de tráfico en el noroeste de Mosul, un área de fuerte actividad insurgente.
Después de unos minutos de inspección de los portaequipajes y de interrogar a los conductores, Webb recibió noticias de que los insurgentes estaban disparando lanzagranadas y morteros contra un edificio oficial cercano. Escapaban en dos coches, blanco y azul, le dijeron.
Webb y el comandante de otro Stryker detectaron rápidamente los vehículos acelerando a través de la conejera de estrechas calles. Aceleraron a fondo y empezaron la cacería.
Cuando el Stryker de Webb trataba de alcanzar a los rebeldes, el segundo Stryker se acercó por detrás y se preparaba para disparar su ametralladora calibre 50. Pero antes de que eso pudiera ocurrir, el segundo Stryker se detuvo repentinamente cuando se rompió su eje.
"Estamos estancados. No podemos movernos", informó el comandante por radio a Webb.
Entretanto, el vehículo blindado de Webb había perdido de vista a los insurgentes. Cuando controlaban el área, Jones y el teniente oyeron chasquidos de balas.
Repentinamente los dos coches de los rebeldes aparecieron acercándose a toda velocidad por un callejón y casi chocaron contra un costado del Stryker de Webb antes de detenerse con un chirrido.
"¡Mata a esos tipos!", gritó Webb desde su posición al frente del vehículo.
Parado en la escotilla trasera, Jones giró para ver a los insurgentes abriendo las puertas y escapando.
Durante un momento, Jones miró a la cara a uno de los hombres y vio sus ojos grandes de temor. Bien afeitado y en sus treinta, el rebelde agarraba un rifle de asalto AK-47 en su mano derecha.
Jones apretó el gatillo de su rifle repetidas veces.
"Le vacié todo un tambor antes de meternos detrás de una muralla y dejé de verle", dijo.
Webb le dijo al conductor que echara marcha atrás, pero cuando Jones volvió a tener una visión clara del callejón, el hombre ya no estaba. Esperando de que en los vehículos se ocultaran todavía los rebeldes, Jones disparó. Uno de los coches estalló en llamas.
Las llamas provocaron una reacción en cadena, haciendo detonar granadas y cientos de cartuchos de municiones en el portaequipaje.
Los soldados de la patrulla de Jones, que habían salido de su Stryker para perseguir a los sospechosos a pie, buscaron refugio en una casa cercana. La puerta en llamas de un coche voló por los aires y cayó en un tejado vecino.
Cuando pasó la confusión, los soldados revisaron el otro coche. Encontraron un rifle de francotirador, una ametralladora pesada, un puñado de grandas, un lanzagranadas, walkie-talkies, baterías y cajas de balas. También recuperaron varios celulares, uno de los cuales empezó a sonar cuando los soldados lo examinaban.
"No respondáis. No queremos que sepan que lo tenemos", dijo un soldado.
El incidente fue la primera experiencia a corta distancia del pelotón con los insurgentes.
"Normalmente, te disparan y nunca ves quién lo hizo", dijo Jones. "O eso o estalla una bomba casera contra la que no podemos reaccionar. Esto fue diferente".
Aunque no encontraron ni mataron a los insurgentes, Jones dijo que él y sus compañeros habían hecho un punto.
"Requisamos dos de sus coches", dijo Jones. "Eso los mantendrá en sus casas por un rato".
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Mosul, Iraq. El artillero el Ejército Brandon Jones erró al apuntar contra el hombre que disparó contra su cabeza el sábado, pero el sargento logró destruir una peligrosa herramienta: el coche de los rebeldes.Mientras las fuerzas estadounidenses e iraquíes han librado en las últimas semanas batalla contra las guerrillas por el control de la norteña ciudad de Mosul, los rebeldes han puesto a trabajar sus ruedas.
En lugar de atiborrar sus vehículos con explosivos y detonarlos en ataques suicidas, los insurgentes prefieren ahora disparar contra las tropas cuando pasan a toda velocidad junto a las patrullas y avanzadas de combate.
Los soldados dicen que los insurgentes parecen preferir los Opels, porque gozan de la reputación de ser veloces. Los coches se están transformando en el escondrijo de armas favorito de los rebeldes.
"Lo que está pasando es que se han dado cuenta de que nosotros estamos descubriendo las armas que entierran y esconden en bodegas", dijo el teniente coronel Michael E. Kurilla, comandante del Primer Batallón del Regimiento de Infantería 24 de la 25 División de Infantería, una unidad del Ejército responsable del atestado lado oeste de Mosul.
"Lo que están haciendo ahora es esconder todas sus armas en los coches", dijo Kurilla. "De ese modo se mantienen moviéndose constantemente y sin ser vistos".
A veces los soldados estadounidenses persiguen a los atacantes en vehículos blindados Stryker de 21 toneladas, subiendo por los bordillos de las aceras y desplazándose a gran velocidad por surcados caminos de tierra.
Ese fue el caso el sábado, cuando Jones, 23, de Santa Rosa, y el resto de la Compañía Bravo, 2º Pelotón, fueron atacados por rebeldes en al menos dos vehículos.
El día comenzó tranquilo, y el teniente primero David Webb, 23, de Hawai, dirigió a sus hombres en una corta oración antes de trepar a sus vehículos blindados.
Entre otras cosas, Webb pidió protección para su misión.
"Señor, si entramos en contacto, haz que nuestras armas sean mortíferas", dijo Webb en su oración.
La unidad se dirigió entonces a encargarse de un puesto de control de tráfico en el noroeste de Mosul, un área de fuerte actividad insurgente.
Después de unos minutos de inspección de los portaequipajes y de interrogar a los conductores, Webb recibió noticias de que los insurgentes estaban disparando lanzagranadas y morteros contra un edificio oficial cercano. Escapaban en dos coches, blanco y azul, le dijeron.
Webb y el comandante de otro Stryker detectaron rápidamente los vehículos acelerando a través de la conejera de estrechas calles. Aceleraron a fondo y empezaron la cacería.
Cuando el Stryker de Webb trataba de alcanzar a los rebeldes, el segundo Stryker se acercó por detrás y se preparaba para disparar su ametralladora calibre 50. Pero antes de que eso pudiera ocurrir, el segundo Stryker se detuvo repentinamente cuando se rompió su eje.
"Estamos estancados. No podemos movernos", informó el comandante por radio a Webb.
Entretanto, el vehículo blindado de Webb había perdido de vista a los insurgentes. Cuando controlaban el área, Jones y el teniente oyeron chasquidos de balas.
Repentinamente los dos coches de los rebeldes aparecieron acercándose a toda velocidad por un callejón y casi chocaron contra un costado del Stryker de Webb antes de detenerse con un chirrido.
"¡Mata a esos tipos!", gritó Webb desde su posición al frente del vehículo.
Parado en la escotilla trasera, Jones giró para ver a los insurgentes abriendo las puertas y escapando.
Durante un momento, Jones miró a la cara a uno de los hombres y vio sus ojos grandes de temor. Bien afeitado y en sus treinta, el rebelde agarraba un rifle de asalto AK-47 en su mano derecha.
Jones apretó el gatillo de su rifle repetidas veces.
"Le vacié todo un tambor antes de meternos detrás de una muralla y dejé de verle", dijo.
Webb le dijo al conductor que echara marcha atrás, pero cuando Jones volvió a tener una visión clara del callejón, el hombre ya no estaba. Esperando de que en los vehículos se ocultaran todavía los rebeldes, Jones disparó. Uno de los coches estalló en llamas.
Las llamas provocaron una reacción en cadena, haciendo detonar granadas y cientos de cartuchos de municiones en el portaequipaje.
Los soldados de la patrulla de Jones, que habían salido de su Stryker para perseguir a los sospechosos a pie, buscaron refugio en una casa cercana. La puerta en llamas de un coche voló por los aires y cayó en un tejado vecino.
Cuando pasó la confusión, los soldados revisaron el otro coche. Encontraron un rifle de francotirador, una ametralladora pesada, un puñado de grandas, un lanzagranadas, walkie-talkies, baterías y cajas de balas. También recuperaron varios celulares, uno de los cuales empezó a sonar cuando los soldados lo examinaban.
"No respondáis. No queremos que sepan que lo tenemos", dijo un soldado.
El incidente fue la primera experiencia a corta distancia del pelotón con los insurgentes.
"Normalmente, te disparan y nunca ves quién lo hizo", dijo Jones. "O eso o estalla una bomba casera contra la que no podemos reaccionar. Esto fue diferente".
Aunque no encontraron ni mataron a los insurgentes, Jones dijo que él y sus compañeros habían hecho un punto.
"Requisamos dos de sus coches", dijo Jones. "Eso los mantendrá en sus casas por un rato".
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
soldados filman asesinatos
[Louise Roug] Cinema verité extremo. Soldados filmaron guerra en Iraq y editaron el metraje con videos musicales llenos de muerte y destrucción. Y exhiben su trabajo como diversión.
Bakuba, Iraq. Cuando el soldado de primera clase Chase McCollough volvió a casa con un permiso en noviembre, llevó una película hecha por sus colegas soldados en Iraq. En su primera noche en casa de sus padres en Texas, mostró el video a su novia, familia y amigos.
Esto es lo que vieron: un puñado de soldados estadounidenses filmados a través de la verde bruma de las lentes infrarrojas. La comunicación por radio entre dos soldados chirria en el fondo antes de ser ahogada por una banda sonora de heavy-metal.
"No necesitamos tu perdón", empieza la canción del grupo Dope cuando se despliegan las imágenes: soldados armados posando frente a vehículos de combate Bradley, dos mujeres cubiertas con negras abayas caminando por una calle de tierra, una mezquita con una cúpula azul, un cartel del clérigo radical Muqtada Sáder. Luego, junto con el rápido y duro ritmo de la música -"Muere, no necesitamos tu resistencia. Muere, no necesitamos tus oraciones"-, cuerpos carbonizados, decapitados y ensangrentados llenan la pantalla.
"Es como un trofeo, algo para conservar", dice McCullough, 20, de vuelta en su incómoda barraca del Campo Caballo de Guerra cerca de Bakuba. "Yo estuve allí. Yo hice eso".
Las cámaras de cine llegaron al frente durante la Segunda Guerra Mundial, pero los soldados no documentaron sus propias experiencias de combate sino hasta la Guerra de Vietnam. (La tecnología no se prestó para las filmaciones amateur sino hasta la llegada de las cámaras Super 8 más pequeñas).
Hoy, las cámaras de video son livianas y la tecnología digital ha eliminado la necesidad de su procesamiento. Después de filmar un tiroteo en video, un soldado puede hacer una película y distribuirla por correo electrónico, sin pasar por la censura de los militares. Con software para editar videos, como Avid, y acceso a internet en las bases militares aquí, los soldados norteamericanos están creando veloces videos al estilo de MTV, usando imágenes de tiroteos y muertes reales.
Las tropas a menudo llevan cámaras personales y equipos de video a la batalla. A veces, equipos de camarógrafos oficiales de las fuerzas armadas, conocidos como unidades de Cámara de Combate', siguen a las tropas en sus redadas y patrullas. Aunque los militares usan el metraje para el adiestramiento y asuntos públicos, también llega a ordenadores personales y páginas comerciales de la web.
El resultado: una abundancia de fotografías y metraje de video mostrando mutilaciones, muerte y destrucción, que los soldados coleccionan y canjean como tarjetas de béisbol.
"Tengo un montón de fotografías de iraquíes muertos -todo el mundo las tiene", dijo el especialistas Jack Benson, 22, también estacionado cerca de Bakuba. Él ha reunido cinco videos de otros soldados y está trabajando en el suyo propio.
Agregando música, los soldados crean su propio cinema verité del conflicto. Aunque muchos videos son humorísticos o patrióticos, otros son sangrientos, como el favorito de McCullough.
"Transmite un mensaje", dijo. "Que esta no es una alegre misión de paz".
Los comandantes tienen la discreción de establecer reglas sobre la fotografía en la base, pero se respetan las normas del sentido común, dijo un portavoz del Ejército. No se permiten las imágenes que amenacen la seguridad operacional -tales como fotos de instalaciones o equipos militares.
Antes de ser desplegados en Iraq, a algunos marines les dijeron que no podían sacar fotografías de iraquíes detenidos, muertos o heridos ni de bajas americanas. Pero las fotografías y videos de iraquíes muertos o mutilados proliferan.
"No incomoda sacarle fotos al tipo que recién te estaba disparando", dijo McCullough. Agregó que no ha visto ninguna foto de soldados norteamericanos muertos. "Es demasiado lúgubre, demasiado cerca".
En las bases donde viven Benson y McCullough, el Ejército revisa regularmente las barracas de los soldados a la búsqueda de drogas, alcohol o pornografía, como parte de lo que se llaman inspecciones sanitarias y de seguridad. Pero revisar los portátiles personales infringiría la privacidad de los soldados, dijo el capitán Douglas Moore, un agente legal general con la Unidad de Combate de la Tercera Brigada en la base Caballo de Guerra. Además, si este tipo de filmaciones rompe las reglas, se trata de otro tipo de reglas.
"Es de mal gusto", dijo Moor, "son enfermizas".
McCullough se sorprendió de que su video favorito fuera encontrado perturbador por sus seres queridos en Texas.
"Te das cuenta de lo bizarro que es cuando los llevas a casa", dijo McCullough, cuyo salvapantallas es mucho más benigno, mostrándole en el día de su boda.
Brandi McCullough, entonces su novia y ahora su esposa, dijo que había entrado cuando él mostraba los videos a unos amigos que estaban "dando vivas y gritando".
La chica de 18 años se impresionó con las imágenes de "partes de cuerpos, bombas estallando y gente siendo atacada".
"Son terribles", dijo por teléfono desde Texas. "Chase nunca habló sobre nada de allá, y yo miro las noticias, aunque no siempre. No sabía que había tanta violencia".
También se preguntó por qué alguien filmaría algo semejante.
"Pensé que era raro -un video casero", dijo. "Unos disparando contra la gente y otro filmándolo todo con una cámara".
McCullough dijo que su padre, un capitán de reserva de la Marina, le dijo: "Sabes, esto no es normal".
"Estaban bastante consternados", dijo. "No sabían que esto es lo que vemos nosotros".
Daniel Nelson, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati, dijo que entendía la desconexión.
"No me sorprende -es un nuevo tipo de conciencia que estamos empezando a ver", dijo, comparando los videos con las fotografías de los prisioneros torturados en Abu Ghraib. "Lo que ocurre en esta situación es que la cultura está endorsando algo que sería prohibido en un contexto estadounidense".
Lo que parece irrespetuoso o banalización es también el modo que tienen los soldados de tomar distancia del trauma, dijo, que dice: "No quiero ver lo que hice o viví como si fuera algo real".
La creación de videos se parece a lo que Nelson ha visto en su trabajo con niños y veteranos de Vietnam traumatizados, dijo.
"¿Cómo hacemos la historia de nuestras vidas?", preguntó. "Parte del proceso curativo para ellos es hacer una narrativa, organizar una historia emocional que les permita procesarla".
Thomas Doherty, presidente del programa de cinematografía de la Universidad de Brandeis y autor de Projections of War: Hollywood, American Culture and World War II' [Proyecciones de la Guerra: Hollywood, Cultura Americana y Segunda Guerra Mundial], calificó los videos de auténticos diarios de guerra.
"Hay siempre una desconexión entre el soldado de vanguardia y el protegido frente en casa", dijo. "Es el ethos de la Segunda Guerra Mundial: No lo traigas a casa".
Después de mirar el video, Doherty dijo: "Por supuesto, te quedas impresionado por lo horrendo de la carnicería, pero hay un amplio rango de imágenes".
Continuó para elogiar "el montaje en contrapunto -el ritmo de la canción y el estallido de imágenes", llamándolo "una pieza de trabajo muy lograda".
"La generación e MTV va a la guerra", dijo. "Deberían inscribirlos en el festival de Sundance".
En otro video, hecho por miembros de la Guardia Nacional de Florida, se ve a soldados pateando en la cara a un prisionero herido y moviendo el brazo de un cadáver como si estuviera saludando. El DVD, titulado La locura de Ramadi', incluye partes con títulos como Esos ingeniosos canallas' y Otro día, otra misión, otros cerdos', salió a luz a principios de marzo después de que la Unión Americana por las Libertades Civiles A obtuviera documentos del Ejército en virtud de la Ley de Libertad de Información.
James Rosse, asesor jurídico de Human Rights Watch, dijo que era "inquietante que los soldados hagan videos como esos". Pero agregó: "No significa necesariamente que sea una violación de la Convención de Ginebra".
La Convención de Ginebra estipula que los restos mortales de los caídos deben ser respetados y no "expuestos a la curiosidad pública", dijo Ross. "No se trata de poner cabezas en estacas y cosas como esas. Argumentar que no se puede fotografiar un cadáver sería excesivo".
Varios sitios en la web venden metraje de la guerra.
"Militantes pelean en las calles de Bagdad, saqueos, caos", es como se anuncian los clips en efootage.com. Una compañía de Las Vegas, Gotfootage.com, ofrece clips por 50 y 100 dólares que incluyen metraje más antiguo de Saddam Hussein, Jessica Lynch, bombardeos aéreos "y muchas bombas". El sitio también anuncia un video de un camión cisterna iraquí destruido por bombas norteamericanas durante la invasión de marzo de 2003.
Otra página en la web anuncia: "GrouchyMedia.com es el lugar donde encontrar esos videos en que se mata a los tipos malos sobre los que habla todo el mundo".
El especialista Scott Schroder, un artillero de la Task Force 2-63, no mostraría a su familia lo que llamó "videos inmorales sobre asesinatos".
"A los tipos les parece bien", dijo. "Pero no creo a mi madre le gustara ver todos esos videos".
Otro especialista, que se negó a dar su nombre, dijo que los siniestros videos le causaban repulsión.
"Yo no los miraría, y tampoco la gente con la que trabajo", dijo el especialista, estacionado en una base cercana a Mosul en el norte de Iraq. "No creo que sea apropiado".
Comparó los violentos videos con esos hechos por los insurgentes mostrando decapitaciones.
"Te rebajas al mismo nivel", dijo. "¿Por qué harías una cosa así?"
Un cartel para el juego de video Grand Theft Auto' está claveteado en la puerta del cuarto de McCullough en el Campo Caballo de Guerra.
Mirar los videos caseros le da una perspectiva diferente sobre la guerra, dijo. En el fragor de la batalla se olvidan los detalles y los militares "podrían usarlos como una herramienta, una especie de video para saber jugar al rugby en la secundaria".
Su compañero de cuarto, el sargento Benjamin Bronkema, 30, de Lafayette, Indiana, dijo que estaba sorprendido de que nadie hubiera tratado de vender las películas.
"Si yo tuviera una copia y llamara MTV, lo vendería", dijo. Los videos no son diferentes a lo que muestran las pantallas en el cine, glorificando la violencia, agregó.
"No son más explícitos que Saving Private Ryan'", dijo. "Para nosotros, es lo mismo que ver una película".
14 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Esto es lo que vieron: un puñado de soldados estadounidenses filmados a través de la verde bruma de las lentes infrarrojas. La comunicación por radio entre dos soldados chirria en el fondo antes de ser ahogada por una banda sonora de heavy-metal.
"No necesitamos tu perdón", empieza la canción del grupo Dope cuando se despliegan las imágenes: soldados armados posando frente a vehículos de combate Bradley, dos mujeres cubiertas con negras abayas caminando por una calle de tierra, una mezquita con una cúpula azul, un cartel del clérigo radical Muqtada Sáder. Luego, junto con el rápido y duro ritmo de la música -"Muere, no necesitamos tu resistencia. Muere, no necesitamos tus oraciones"-, cuerpos carbonizados, decapitados y ensangrentados llenan la pantalla.
"Es como un trofeo, algo para conservar", dice McCullough, 20, de vuelta en su incómoda barraca del Campo Caballo de Guerra cerca de Bakuba. "Yo estuve allí. Yo hice eso".
Las cámaras de cine llegaron al frente durante la Segunda Guerra Mundial, pero los soldados no documentaron sus propias experiencias de combate sino hasta la Guerra de Vietnam. (La tecnología no se prestó para las filmaciones amateur sino hasta la llegada de las cámaras Super 8 más pequeñas).
Hoy, las cámaras de video son livianas y la tecnología digital ha eliminado la necesidad de su procesamiento. Después de filmar un tiroteo en video, un soldado puede hacer una película y distribuirla por correo electrónico, sin pasar por la censura de los militares. Con software para editar videos, como Avid, y acceso a internet en las bases militares aquí, los soldados norteamericanos están creando veloces videos al estilo de MTV, usando imágenes de tiroteos y muertes reales.
Las tropas a menudo llevan cámaras personales y equipos de video a la batalla. A veces, equipos de camarógrafos oficiales de las fuerzas armadas, conocidos como unidades de Cámara de Combate', siguen a las tropas en sus redadas y patrullas. Aunque los militares usan el metraje para el adiestramiento y asuntos públicos, también llega a ordenadores personales y páginas comerciales de la web.
El resultado: una abundancia de fotografías y metraje de video mostrando mutilaciones, muerte y destrucción, que los soldados coleccionan y canjean como tarjetas de béisbol.
"Tengo un montón de fotografías de iraquíes muertos -todo el mundo las tiene", dijo el especialistas Jack Benson, 22, también estacionado cerca de Bakuba. Él ha reunido cinco videos de otros soldados y está trabajando en el suyo propio.
Agregando música, los soldados crean su propio cinema verité del conflicto. Aunque muchos videos son humorísticos o patrióticos, otros son sangrientos, como el favorito de McCullough.
"Transmite un mensaje", dijo. "Que esta no es una alegre misión de paz".
Los comandantes tienen la discreción de establecer reglas sobre la fotografía en la base, pero se respetan las normas del sentido común, dijo un portavoz del Ejército. No se permiten las imágenes que amenacen la seguridad operacional -tales como fotos de instalaciones o equipos militares.
Antes de ser desplegados en Iraq, a algunos marines les dijeron que no podían sacar fotografías de iraquíes detenidos, muertos o heridos ni de bajas americanas. Pero las fotografías y videos de iraquíes muertos o mutilados proliferan.
"No incomoda sacarle fotos al tipo que recién te estaba disparando", dijo McCullough. Agregó que no ha visto ninguna foto de soldados norteamericanos muertos. "Es demasiado lúgubre, demasiado cerca".
En las bases donde viven Benson y McCullough, el Ejército revisa regularmente las barracas de los soldados a la búsqueda de drogas, alcohol o pornografía, como parte de lo que se llaman inspecciones sanitarias y de seguridad. Pero revisar los portátiles personales infringiría la privacidad de los soldados, dijo el capitán Douglas Moore, un agente legal general con la Unidad de Combate de la Tercera Brigada en la base Caballo de Guerra. Además, si este tipo de filmaciones rompe las reglas, se trata de otro tipo de reglas.
"Es de mal gusto", dijo Moor, "son enfermizas".
McCullough se sorprendió de que su video favorito fuera encontrado perturbador por sus seres queridos en Texas.
"Te das cuenta de lo bizarro que es cuando los llevas a casa", dijo McCullough, cuyo salvapantallas es mucho más benigno, mostrándole en el día de su boda.
Brandi McCullough, entonces su novia y ahora su esposa, dijo que había entrado cuando él mostraba los videos a unos amigos que estaban "dando vivas y gritando".
La chica de 18 años se impresionó con las imágenes de "partes de cuerpos, bombas estallando y gente siendo atacada".
"Son terribles", dijo por teléfono desde Texas. "Chase nunca habló sobre nada de allá, y yo miro las noticias, aunque no siempre. No sabía que había tanta violencia".
También se preguntó por qué alguien filmaría algo semejante.
"Pensé que era raro -un video casero", dijo. "Unos disparando contra la gente y otro filmándolo todo con una cámara".
McCullough dijo que su padre, un capitán de reserva de la Marina, le dijo: "Sabes, esto no es normal".
"Estaban bastante consternados", dijo. "No sabían que esto es lo que vemos nosotros".
Daniel Nelson, profesor de psiquiatría en la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati, dijo que entendía la desconexión.
"No me sorprende -es un nuevo tipo de conciencia que estamos empezando a ver", dijo, comparando los videos con las fotografías de los prisioneros torturados en Abu Ghraib. "Lo que ocurre en esta situación es que la cultura está endorsando algo que sería prohibido en un contexto estadounidense".
Lo que parece irrespetuoso o banalización es también el modo que tienen los soldados de tomar distancia del trauma, dijo, que dice: "No quiero ver lo que hice o viví como si fuera algo real".
La creación de videos se parece a lo que Nelson ha visto en su trabajo con niños y veteranos de Vietnam traumatizados, dijo.
"¿Cómo hacemos la historia de nuestras vidas?", preguntó. "Parte del proceso curativo para ellos es hacer una narrativa, organizar una historia emocional que les permita procesarla".
Thomas Doherty, presidente del programa de cinematografía de la Universidad de Brandeis y autor de Projections of War: Hollywood, American Culture and World War II' [Proyecciones de la Guerra: Hollywood, Cultura Americana y Segunda Guerra Mundial], calificó los videos de auténticos diarios de guerra.
"Hay siempre una desconexión entre el soldado de vanguardia y el protegido frente en casa", dijo. "Es el ethos de la Segunda Guerra Mundial: No lo traigas a casa".
Después de mirar el video, Doherty dijo: "Por supuesto, te quedas impresionado por lo horrendo de la carnicería, pero hay un amplio rango de imágenes".
Continuó para elogiar "el montaje en contrapunto -el ritmo de la canción y el estallido de imágenes", llamándolo "una pieza de trabajo muy lograda".
"La generación e MTV va a la guerra", dijo. "Deberían inscribirlos en el festival de Sundance".
En otro video, hecho por miembros de la Guardia Nacional de Florida, se ve a soldados pateando en la cara a un prisionero herido y moviendo el brazo de un cadáver como si estuviera saludando. El DVD, titulado La locura de Ramadi', incluye partes con títulos como Esos ingeniosos canallas' y Otro día, otra misión, otros cerdos', salió a luz a principios de marzo después de que la Unión Americana por las Libertades Civiles A obtuviera documentos del Ejército en virtud de la Ley de Libertad de Información.
James Rosse, asesor jurídico de Human Rights Watch, dijo que era "inquietante que los soldados hagan videos como esos". Pero agregó: "No significa necesariamente que sea una violación de la Convención de Ginebra".
La Convención de Ginebra estipula que los restos mortales de los caídos deben ser respetados y no "expuestos a la curiosidad pública", dijo Ross. "No se trata de poner cabezas en estacas y cosas como esas. Argumentar que no se puede fotografiar un cadáver sería excesivo".
Varios sitios en la web venden metraje de la guerra.
"Militantes pelean en las calles de Bagdad, saqueos, caos", es como se anuncian los clips en efootage.com. Una compañía de Las Vegas, Gotfootage.com, ofrece clips por 50 y 100 dólares que incluyen metraje más antiguo de Saddam Hussein, Jessica Lynch, bombardeos aéreos "y muchas bombas". El sitio también anuncia un video de un camión cisterna iraquí destruido por bombas norteamericanas durante la invasión de marzo de 2003.
Otra página en la web anuncia: "GrouchyMedia.com es el lugar donde encontrar esos videos en que se mata a los tipos malos sobre los que habla todo el mundo".
El especialista Scott Schroder, un artillero de la Task Force 2-63, no mostraría a su familia lo que llamó "videos inmorales sobre asesinatos".
"A los tipos les parece bien", dijo. "Pero no creo a mi madre le gustara ver todos esos videos".
Otro especialista, que se negó a dar su nombre, dijo que los siniestros videos le causaban repulsión.
"Yo no los miraría, y tampoco la gente con la que trabajo", dijo el especialista, estacionado en una base cercana a Mosul en el norte de Iraq. "No creo que sea apropiado".
Comparó los violentos videos con esos hechos por los insurgentes mostrando decapitaciones.
"Te rebajas al mismo nivel", dijo. "¿Por qué harías una cosa así?"
Un cartel para el juego de video Grand Theft Auto' está claveteado en la puerta del cuarto de McCullough en el Campo Caballo de Guerra.
Mirar los videos caseros le da una perspectiva diferente sobre la guerra, dijo. En el fragor de la batalla se olvidan los detalles y los militares "podrían usarlos como una herramienta, una especie de video para saber jugar al rugby en la secundaria".
Su compañero de cuarto, el sargento Benjamin Bronkema, 30, de Lafayette, Indiana, dijo que estaba sorprendido de que nadie hubiera tratado de vender las películas.
"Si yo tuviera una copia y llamara MTV, lo vendería", dijo. Los videos no son diferentes a lo que muestran las pantallas en el cine, glorificando la violencia, agregó.
"No son más explícitos que Saving Private Ryan'", dijo. "Para nosotros, es lo mismo que ver una película".
14 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
iraquíes esperan cambios
[Alissa J. Rubin] Casi seis semanas después de unas históricas elecciones, todavía no se ha formado el nuevo gobierno y la gente que arriesgó su vida para ir a votar se pregunta para qué lo hicieron.
Bagdad, Iraq. Con los iraquíes cada vez más preocupados sobre el vacío de seguridad, el hombre que se espera será el próximo primer ministro defendió el sábado a los bloques ganadores, que todavía no han formado gobierno casi seis semanas después de que millones de personas arriesgaran sus vidas para ir a votar.
En una entrevista, Ibrahim Jafari, el candidato de la lista electoral que obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones del 30 de enero, dijo que podría tomar todavía dos semanas más llegar a un acuerdo.
"No es un experimento sencillo", dijo Jafari, tratando de explicar el retraso en la formación del gobierno. "Es algo complejo".
Tras los bastidores, los dos candidatos con la mayoría de votos, la Alianza Unida Iraquí, de Jafari, dominada por los chiíes y los kurdos, realizan frenéticas negociaciones. Los grupos se reúnen casi día y noche y ha habido constantes maniobras a medida que los dos tratan de llegar a un compromiso mientras responden a sus electorados respectivos.
La semana pasada, algunos políticos anunciaron que el gobierno sería instalado durante la primera sesión de la nueva Asamblea Nacional, programada para el miércoles. Pero ahora parece probable que esa sesión sea ceremonial, mientras continúan las negociaciones.
Eso deja a los iraquíes, alarmados por dos enormes atentados suicidas este mes que mataron a casi 200 personas, preguntándose para qué desafiaron las amenazas de los insurgentes de acercarse a las urnas.
El tendero Mohammed Saddoun estaba la semana pasada frente a su tienda de comestibles con varios amigos, lamentando el retraso.
"No sólo estoy frustrado, estoy a punto de estallar de rabia", dijo Saddoun. "Pusimos nuestras almas en las palmas de nuestras manos y fuimos a los colegios electorales. ¿Recuerda las amenazas que hicieron, de que matarían a la gente que votara?
"Bueno, si no pueden formar un gobierno, entonces creo que no están capacitados para ocuparse de los asuntos del país. Este vacío de poder aumenta el número de atentados terroristas, allana el camino de los terroristas".
Sabah Yusef, 25, estudiante de politología de la Universidad de Bagdad, habló de una abrumadora sensación de desilusión y confusión. Musulmán sunní, él no votó. Ahora, con el gobierno aparentemente a la deriva, dice que no tiene idea de quién está gobernando su país.
"Me entristece ver al gobierno iraquí en esta situación. Me gustaría que se pusieran de acuerdo sobre un gobierno y luego convocaran a elecciones generales a todos los iraquíes... Hasta ahora no sabemos nada sobre cómo se formará el gobierno. No se sabe nada", dijo.
En todo Bagdad, una de las ciudades más mezcladas de Iraq, hay muestras de descontento y cinismo, aunque mucha gente aquí votó por alguna de las tres listas mayoritarias: la Alianza Unida Iraquí, la Lista Iraquí, el primer ministro interino Iyad Allawi, y la coalición de los principales partidos kurdos.
Las dudas son todavía más profundas entre los que no votaron -partidarios de clérigo anti-norteamericano Muqtada Sáder, y muchos sunníes que sienten que han sido dejados de lado de la ecuación política.
Hace poco en Ciudad Sáder se reunieron una tarde varios jeques tribales frente al despacho de Sáder para charlar antes de las oraciones.
"Sabe usted, nunca tuvimos un gobierno de verdad y ahora este tampoco es un gobierno real. Es la misma gente que llegó montada en tanques norteamericanos. No hicieron nada antes y no harán nada en el futuro", dijo Awad Abid Zubaidi, 35, antes de agregar un refrán común: "No sabemos realmente quién está a cargo, ni si se formará un gobierno".
Diplomáticos occidentales dicen que no están preocupados por el retraso en la formación de un gobierno, señalando que esta es la primera experiencia de Iraq en negociaciones democráticas por el poder político.
La Alianza Unida Iraquí se compone de varios partidos religiosos chiíes y de algunos grupos independientes y laicos. Los kurdos, que serán socios minoritarios en el gobierno, están unidos en la mayoría de los temas.Ahmad Chalabi, miembro de la Alianza Unida Iraquí que ahora se está perfilando como intermediario, viajó el viernes al norte kurdo para oír las demandas kurdas. Chalabi residió en Kurdistán durante largos períodos y tiene una estrecha relación con los dos partidos más importantes allá.
Lo que se juega es el poder relativo de las diferentes listas; el control de ministerios claves y otras posiciones importantes en el gobierno; y las políticas a adoptar sobre los temas más contenciosos en Iraq, tales como el control de la región, incluyendo la ciudad rica en petróleo de Kirkuk y el grado de autonomía provincial.
Los últimos dos son de vital importancia para los kurdos, que han conservado una región autónoma relativamente eficiente en el norte de Iraq desde que Estados Unidos y sus aliados declararan el norte como "zona de exclusión aérea" tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991. No quieren interferencias del nuevo gobierno.
Algunos de estos temas deberán esperar hasta la redacción de la Constitución, pero los kurdos están ansiosos de resolverlos ahora.
"Los kurdos están haciendo demandas que nadie puede otorgar sin perder el apoyo del pueblo iraquí", dijo Jaber Habib, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Bagdad.
Un punto clave es la ley administrativa de transición, que hace las veces de una constitución interina del país. Los kurdos quieren tener la seguridad, primero que todo, de que la ley continuaría gobernando el país hasta que se redacte una constitución permanente.
El modo en que los kurdos leen la ley les daría el control de Kirkuk si restablecen la condición mayoritaria de la población allá y reajustando las fronteras regionales kurdas para que incluyan partes de la provincia de Kirkuk. El ex presidente Saddam Hussein rediseñó las fronteras, recortando partes de Kirkuk y entregándolas a las provincias vecinas.
La ley de transición, escrita cuando el país era gobernado por la Autoridad Provisional de la Coalición encabezada por Estados Unidos, esencialmente permite revertir las medidas de Hussein. Establece que en aquellos lugares donde Hussein desplazó a los habitantes originales, como en la región de Kirkuk, deberá iniciarse un programa que restaure las propiedades de los que las perdieron y compense a los que las entreguen.
Segundo, los kurdos quieren el puesto de vice-primer ministro y que se les entreguen puestos de gabinete en dos de los cinco ministerios más importantes. Además del de Relaciones Exteriores, quieren el de Finanzas, dijo Rosh Shawais, uno de los dos vice-presidentes del gobierno interino saliente.
Tercero, los kurdos quieren una disposición en cualquier acuerdo con la alianza que diga que si ellos se retiran del gobierno, que el gobierno entonces se disolverá. Eso les daría, a los socios minoritarios, un veto sobre la política. La Alianza Unida Iraquí ha rechazado categóricamente esta disposición. Los kurdos, que son en su mayoría sunníes, contrarrestan que ellos necesitan garantías de que los chiíes no impondrán un gobierno religioso.
La Alianza Unida Iraquí se muestra preocupada sobre muchas de las demandas kurdas. En la entrevista del sábado, Jafari mencionó que la alianza no se sentía obligada a respetar estrictamente la ley administrativa transicional, conocida como TAL.
"La TAL tiene muchos lados positivos... pero también hay muchos aspectos negativos en ella... o aspectos que faltan", dijo Jafari. "Como nos estamos acercando a la nueva constitución, estamos tratando de acortar esas brechas. Pero podemos usar las partes positivas de ella".
También en Kirkuk Jafari indicó que había serios desacuerdos con los kurdos. "Mi consuelo y mi acuerdo real será lo que quiera mi pueblo en esa parte de Iraq. La demografía de Kirkuk es diferente de las provincias kurdas a Dohuk e Irbil: es multiétnica, con turcomanos y árabes.
"Debemos tener una solución permanente, y eso será a través de la nueva constitución", dijo, rechazando implícitamente la exigencia kurda de que la ley transicional sea la base de la política kurda.
También es difícil imaginar cómo incluir en los cálculos a los sunníes. En la asamblea nacional tienen pocos representantes debido al desproporcionadamente pequeño número de sunníes que votaron, sea por temor a ser atacados o porque no tenían fe en el proceso.
El resultado es que están muy recelosos de unirse al nuevo gobierno, y sin embargo resentidos de no tener ninguna participación en él.
En medio de este torbellino político, en muchos ministerios el trabajo ha disminuido y en algunos casos sido paralizado completamente. Muchos empleados de los ministerios obtuvieron sus trabajos a través de amigos y parientes, y con los jefes que van a cambiar, muchos empleados están preocupados de perder su trabajo. Otros están tratando de caer en gracia de los que ellos creen que dirigirán los ministerios.
La situación es particularmente delicada en los ministerios de Interior y de Defensa, cuyos mandatos afectan a la seguridad nacional.
"Esas agencias, de Interior y Defensa, están cercanas al gobierno, así que cuando el gobierno está impedido, ellos también están impedidos", dijo el profesor Habib, de la Universidad de Bagdad. "En Estados Unidos hay un servicio civil que sigue trabajando no importa lo que pase; en Iraq no hay nada parecido. Así que en este período todos están a la espera y mirando".
El cambio de personal en algunos puestos de seguridad claves es casi seguro. El actual primer ministro, Iyad Allawi, es un posible candidato para el ministerio de Defensa, y se espera ampliamente que el ministerio del Interior recaiga en un miembro de la Alianza Unida Iraquí.
13 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Con los iraquíes cada vez más preocupados sobre el vacío de seguridad, el hombre que se espera será el próximo primer ministro defendió el sábado a los bloques ganadores, que todavía no han formado gobierno casi seis semanas después de que millones de personas arriesgaran sus vidas para ir a votar.En una entrevista, Ibrahim Jafari, el candidato de la lista electoral que obtuvo la mayoría de los votos en las elecciones del 30 de enero, dijo que podría tomar todavía dos semanas más llegar a un acuerdo.
"No es un experimento sencillo", dijo Jafari, tratando de explicar el retraso en la formación del gobierno. "Es algo complejo".
Tras los bastidores, los dos candidatos con la mayoría de votos, la Alianza Unida Iraquí, de Jafari, dominada por los chiíes y los kurdos, realizan frenéticas negociaciones. Los grupos se reúnen casi día y noche y ha habido constantes maniobras a medida que los dos tratan de llegar a un compromiso mientras responden a sus electorados respectivos.
La semana pasada, algunos políticos anunciaron que el gobierno sería instalado durante la primera sesión de la nueva Asamblea Nacional, programada para el miércoles. Pero ahora parece probable que esa sesión sea ceremonial, mientras continúan las negociaciones.
Eso deja a los iraquíes, alarmados por dos enormes atentados suicidas este mes que mataron a casi 200 personas, preguntándose para qué desafiaron las amenazas de los insurgentes de acercarse a las urnas.
El tendero Mohammed Saddoun estaba la semana pasada frente a su tienda de comestibles con varios amigos, lamentando el retraso.
"No sólo estoy frustrado, estoy a punto de estallar de rabia", dijo Saddoun. "Pusimos nuestras almas en las palmas de nuestras manos y fuimos a los colegios electorales. ¿Recuerda las amenazas que hicieron, de que matarían a la gente que votara?
"Bueno, si no pueden formar un gobierno, entonces creo que no están capacitados para ocuparse de los asuntos del país. Este vacío de poder aumenta el número de atentados terroristas, allana el camino de los terroristas".
Sabah Yusef, 25, estudiante de politología de la Universidad de Bagdad, habló de una abrumadora sensación de desilusión y confusión. Musulmán sunní, él no votó. Ahora, con el gobierno aparentemente a la deriva, dice que no tiene idea de quién está gobernando su país.
"Me entristece ver al gobierno iraquí en esta situación. Me gustaría que se pusieran de acuerdo sobre un gobierno y luego convocaran a elecciones generales a todos los iraquíes... Hasta ahora no sabemos nada sobre cómo se formará el gobierno. No se sabe nada", dijo.
En todo Bagdad, una de las ciudades más mezcladas de Iraq, hay muestras de descontento y cinismo, aunque mucha gente aquí votó por alguna de las tres listas mayoritarias: la Alianza Unida Iraquí, la Lista Iraquí, el primer ministro interino Iyad Allawi, y la coalición de los principales partidos kurdos.
Las dudas son todavía más profundas entre los que no votaron -partidarios de clérigo anti-norteamericano Muqtada Sáder, y muchos sunníes que sienten que han sido dejados de lado de la ecuación política.
Hace poco en Ciudad Sáder se reunieron una tarde varios jeques tribales frente al despacho de Sáder para charlar antes de las oraciones.
"Sabe usted, nunca tuvimos un gobierno de verdad y ahora este tampoco es un gobierno real. Es la misma gente que llegó montada en tanques norteamericanos. No hicieron nada antes y no harán nada en el futuro", dijo Awad Abid Zubaidi, 35, antes de agregar un refrán común: "No sabemos realmente quién está a cargo, ni si se formará un gobierno".
Diplomáticos occidentales dicen que no están preocupados por el retraso en la formación de un gobierno, señalando que esta es la primera experiencia de Iraq en negociaciones democráticas por el poder político.
La Alianza Unida Iraquí se compone de varios partidos religiosos chiíes y de algunos grupos independientes y laicos. Los kurdos, que serán socios minoritarios en el gobierno, están unidos en la mayoría de los temas.Ahmad Chalabi, miembro de la Alianza Unida Iraquí que ahora se está perfilando como intermediario, viajó el viernes al norte kurdo para oír las demandas kurdas. Chalabi residió en Kurdistán durante largos períodos y tiene una estrecha relación con los dos partidos más importantes allá.
Lo que se juega es el poder relativo de las diferentes listas; el control de ministerios claves y otras posiciones importantes en el gobierno; y las políticas a adoptar sobre los temas más contenciosos en Iraq, tales como el control de la región, incluyendo la ciudad rica en petróleo de Kirkuk y el grado de autonomía provincial.
Los últimos dos son de vital importancia para los kurdos, que han conservado una región autónoma relativamente eficiente en el norte de Iraq desde que Estados Unidos y sus aliados declararan el norte como "zona de exclusión aérea" tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991. No quieren interferencias del nuevo gobierno.
Algunos de estos temas deberán esperar hasta la redacción de la Constitución, pero los kurdos están ansiosos de resolverlos ahora.
"Los kurdos están haciendo demandas que nadie puede otorgar sin perder el apoyo del pueblo iraquí", dijo Jaber Habib, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Bagdad.
Un punto clave es la ley administrativa de transición, que hace las veces de una constitución interina del país. Los kurdos quieren tener la seguridad, primero que todo, de que la ley continuaría gobernando el país hasta que se redacte una constitución permanente.
El modo en que los kurdos leen la ley les daría el control de Kirkuk si restablecen la condición mayoritaria de la población allá y reajustando las fronteras regionales kurdas para que incluyan partes de la provincia de Kirkuk. El ex presidente Saddam Hussein rediseñó las fronteras, recortando partes de Kirkuk y entregándolas a las provincias vecinas.
La ley de transición, escrita cuando el país era gobernado por la Autoridad Provisional de la Coalición encabezada por Estados Unidos, esencialmente permite revertir las medidas de Hussein. Establece que en aquellos lugares donde Hussein desplazó a los habitantes originales, como en la región de Kirkuk, deberá iniciarse un programa que restaure las propiedades de los que las perdieron y compense a los que las entreguen.
Segundo, los kurdos quieren el puesto de vice-primer ministro y que se les entreguen puestos de gabinete en dos de los cinco ministerios más importantes. Además del de Relaciones Exteriores, quieren el de Finanzas, dijo Rosh Shawais, uno de los dos vice-presidentes del gobierno interino saliente.
Tercero, los kurdos quieren una disposición en cualquier acuerdo con la alianza que diga que si ellos se retiran del gobierno, que el gobierno entonces se disolverá. Eso les daría, a los socios minoritarios, un veto sobre la política. La Alianza Unida Iraquí ha rechazado categóricamente esta disposición. Los kurdos, que son en su mayoría sunníes, contrarrestan que ellos necesitan garantías de que los chiíes no impondrán un gobierno religioso.
La Alianza Unida Iraquí se muestra preocupada sobre muchas de las demandas kurdas. En la entrevista del sábado, Jafari mencionó que la alianza no se sentía obligada a respetar estrictamente la ley administrativa transicional, conocida como TAL.
"La TAL tiene muchos lados positivos... pero también hay muchos aspectos negativos en ella... o aspectos que faltan", dijo Jafari. "Como nos estamos acercando a la nueva constitución, estamos tratando de acortar esas brechas. Pero podemos usar las partes positivas de ella".
También en Kirkuk Jafari indicó que había serios desacuerdos con los kurdos. "Mi consuelo y mi acuerdo real será lo que quiera mi pueblo en esa parte de Iraq. La demografía de Kirkuk es diferente de las provincias kurdas a Dohuk e Irbil: es multiétnica, con turcomanos y árabes.
"Debemos tener una solución permanente, y eso será a través de la nueva constitución", dijo, rechazando implícitamente la exigencia kurda de que la ley transicional sea la base de la política kurda.
También es difícil imaginar cómo incluir en los cálculos a los sunníes. En la asamblea nacional tienen pocos representantes debido al desproporcionadamente pequeño número de sunníes que votaron, sea por temor a ser atacados o porque no tenían fe en el proceso.
El resultado es que están muy recelosos de unirse al nuevo gobierno, y sin embargo resentidos de no tener ninguna participación en él.
En medio de este torbellino político, en muchos ministerios el trabajo ha disminuido y en algunos casos sido paralizado completamente. Muchos empleados de los ministerios obtuvieron sus trabajos a través de amigos y parientes, y con los jefes que van a cambiar, muchos empleados están preocupados de perder su trabajo. Otros están tratando de caer en gracia de los que ellos creen que dirigirán los ministerios.
La situación es particularmente delicada en los ministerios de Interior y de Defensa, cuyos mandatos afectan a la seguridad nacional.
"Esas agencias, de Interior y Defensa, están cercanas al gobierno, así que cuando el gobierno está impedido, ellos también están impedidos", dijo el profesor Habib, de la Universidad de Bagdad. "En Estados Unidos hay un servicio civil que sigue trabajando no importa lo que pase; en Iraq no hay nada parecido. Así que en este período todos están a la espera y mirando".
El cambio de personal en algunos puestos de seguridad claves es casi seguro. El actual primer ministro, Iyad Allawi, es un posible candidato para el ministerio de Defensa, y se espera ampliamente que el ministerio del Interior recaiga en un miembro de la Alianza Unida Iraquí.
13 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
pentágono reconsidera estrategia
[Mark Mazzetti] La guerra en Iraq obliga al Pentágono a reconsiderar su estrategia más amplia.
Washington, Estados Unidos. La guerra en Iraq está obligando a los estrategas del Pentágono a reconsiderar varios presupuestos claves sobre el uso de la fuerza militar y ha puesto en cuestión la idea establecida hace casi cuatro años de que las fuerzas armadas pueden ganar guerras y mantener la paz con pequeños números de tropas rápidas y equipadas con armas livianas.
A medida que el Pentágono empieza una revisión comprehensiva que planificará el futuro de las fuerzas armadas norteamericanas, muchos funcionarios del ministerio de Defensa están reconociendo que la intratable resistencia iraquí que ellos no habían calculado ha socavado la estrategia militar.
En las semanas posteriores a los atentados del 11 de septiembre, el Pentágono reveló una nueva agenda que prometía preparar a los militares para luchar guerras más pequeñas contra redes terroristas y derrotar expeditamente a los estados parias.
Con el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld pidiendo una "fuerza de combate más liviana, más letal y altamente móvil", el Pentágono desechó como anticuada la exigencia de que las fuerzas armadas norteamericanas deben ser suficiente grandes como para llevar a cabo simultáneamente dos guerras a gran escala contra ejércitos enemigos concentrados.
Algo ha ocurrido en el camino hacia las guerras del futuro. El Pentágono se empantanó en una anticuada, costosa y desgastadora guerra de ocupación. Aunque el rápido asalto sobre Bagdad en marzo de 2003 se desarrolló fluidamente, son los dos sangrientos años desde entonces que han desviado el proyecto del Pentágono.
"Cuando la gente estaba pensando sobre el cambio de régimen, no estaban pensando realmente en la estabilización a largo plazo y en las operaciones de pacificación. Existía la idea de que en términos de cifras generales, las operaciones de cambio de régimen no durarían lo que han durado", dijo Andrew Hoehn, de Rand Corp., que dirigió la última revisión importante en 2001.
Cuando el Pentágono empieza su evaluación, tiene 145.000 tropas estacionadas en un país que se suponía que debían haber abandonado hace meses. Y mientras aumentan las tensiones entre Washington y los dos otros países calificados por el presidente Bush como parte de un "eje del mal" -Irán y Corea del Norte-, hay una creencia cada vez más extendida entre las filas militares de que la retórica de la Casa Blanca sobre la guerra preventiva no está sincronizada con los estirados recursos de las fuerzas armadas norteamericanas.
Algunos en el Pentágono criticaron a funcionarios de alto rango del gobierno de Bush por asumir que la guerra de Iraq terminaría cuando las tropas norteamericanas derrocaran el régimen de Saddam Hussein -y por asumir que Estados Unidos podía reducir su presencia en tropas a 30.000 soldados dentro de seis meses tras la caída de Bagdad.
"El gobierno se equivocó redondamente con Iraq porque tenía las anteojeras puestas", dijo un alto oficial del Ejército que trabajó en planificación estratégica en el Pentágono. "Ahora hay una mayor percepción de que necesitamos saber qué es lo que estamos firmando antes de meternos en ello".
Como consecuencia, la importancia de las operaciones de pacificación y la ayuda de aliados militares -ideas que algunos desecharon hace tres años como residuos de la era del presidente Clinton- están nuevamente de moda en el Pentágono.
Aunque nacida de un torrente de complejos gráficos y diagramas de planificación, la evaluación del Pentágono, conocida como la Revista Cuadrenial de Defensa QDR, no es un ejercicio académico.
Realizada primero tras el colapso de la Unión Soviética, la QDR es el manual que emplea el Pentágono para orientar decisiones tales como lo grande que deberían ser las fuerzas armadas y qué armas caras debe adquirir el ministerio de Defensa.
La decisión del Pentágono en 2001 de desechar la doctrina de las dos guerras liberó a los estrategas de la guerra de necesitar suficientes divisiones de artillería pesada para hacer simultáneamente dos guerras a gran escala, y permitió que el Pentágono invirtiera en armamentos más futurísticos, como un sistema de defensa de misiles.
"Siempre tendremos un presupuesto limitado. Así que cuando tomamos decisiones sobre cómo gastaremos el siguiente dólar, queremos que todos tengan claro qué partitura vamos a leer", dijo Michele Flournoy del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales. Flournoy fue uno de los más importantes funcionarios del Pentágono en la revisión de 1997, que apoyaba la doctrina de las dos guerras.
La nueva revista, que viene de comenzar, no se completará sino el próximo año. En otoño pasado, una comisión asesora del Pentágono predijo que las prolongadas operaciones de estabilidad en curso en Iraq y Afganistán fueron un modelo para el futuro de las fuerzas armadas estadounidenses. El Pentágono se ha concentrado muy poco en prepararse para lo que ocurre después de las operaciones de combate importantes, dijo la Comisión Científica de Defensa, que asesora a Rumsfeld.
"Algunos han creído, o esperado, que los avances tecnológicos y conceptuales... podían reducir el tiempo y el personal necesario para la estabilización y reconstrucción", dijo la comisión. "Desafortunadamente, creemos que no es así".
El informe de la Comisión Científica de Defensa fue encargado para orientar los futuros estudios de la Revista Cuadrenial de Defensa, y forma parte de un creciente cuerpo de análisis del Pentágono que indican un giro en las ideas del ministerio de Defensa.
Otro posible cambio tiene que ver con la percepción de los aliados de Estados Unidos. con el Ejército y el Cuerpo de Marina esforzándose por satisfacer las exigencias de tropas del Pentágono para Iraq y Afganistán, la participación de los aliados ha adquirido más importancia. Las tropas extranjeras serían necesarias para cualquiera operación de gran escala que pudieran emprender las fuerzas armadas norteamericanas, dijeron estrategas, aun si sólo para compartir las cargas de posguerra, como a las que hacen frente los militares norteamericanos en Iraq.
"Hay modos más ingeniosos y eficientes para cambiar regímenes y ocupar", dijo un alto funcionario civil en el Pentágono. "Una de esas maneras es descansar mucho más en nuestros amigos y aliados para hacer el trabajo de retaguardia".
En las últimas semanas, funcionarios del gobierno de Bush han adoptado un tono mucho más conciliador con algunos de los aliados más antiguos de Estados Unidos. Aunque Rumsfeld había despreciado los miembros de Europa occidental de la OTAN -refiriéndose a ellos como la "vieja Europa"-, bromeó sobre esos comentarios para ganarse a los ministros europeos durante un viaje al continente el mes pasado.
"Ese era el viejo Rumsfeld", dijo.
El jueves Rumsfeld recibió en el Pentágono al ministro de Defensa francés Michelle Alliot-Marie, elogiando la cooperación entre las fuerzas armadas de los dos países durante largo tiempo.
La guerra de Iraq también ha mostrado la debilidad de la estrategia creada por el Pentágono en 2003 para ayudar a planificar operaciones de mayor envergadura.
El esquema 10-30-30 dijo que las fuerzas armadas norteamericanas planificarían acciones bélicas dentro de diez días del comienzo de una ofensiva, lograr objetivos bélicos limitados dentro de 30 días, y estar preparadas dentro de otros 30 días para trasladar recursos militares a otra área del mundo.
Muchos funcionarios del Pentágono temen que el éxito que han tenido los rebeldes en impedir la reducción de las tropas estadounidenses en Iraq podría ser la nueva norma, en lugar de una excepción.
Como pocos enemigos luchan contra los militares norteamericanos de frente, podrían optar por hacer una guerra prolongada contra la resistencia de retaguardia.
"Creo que el Pentágono se da ahora cuenta de que el 10-30-30 está en gran parte sobrepasado", dijo Frank Hoffman del Centro de Amenazas y Oportunidades Emergentes del Cuerpo de Marina, un contribuidor al estudio de la Comisión Científica de Defensa. "Presupone un modelo de hacer la guerra que nosotros mismos transformamos en obsoleta".
Hoffman dijo que no es probable que haya un adversario que represente para las fuerzas norteamericanas una amenaza convencional que pueda ser derrotada en 30 días.
"La métrica de nuestro enemigo está prolongando los conflictos a tres mil días o más", dijo. "La resistencia prolongada, morir acribillados, es su respuesta a conmoción y pavor'".
13 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. La guerra en Iraq está obligando a los estrategas del Pentágono a reconsiderar varios presupuestos claves sobre el uso de la fuerza militar y ha puesto en cuestión la idea establecida hace casi cuatro años de que las fuerzas armadas pueden ganar guerras y mantener la paz con pequeños números de tropas rápidas y equipadas con armas livianas.A medida que el Pentágono empieza una revisión comprehensiva que planificará el futuro de las fuerzas armadas norteamericanas, muchos funcionarios del ministerio de Defensa están reconociendo que la intratable resistencia iraquí que ellos no habían calculado ha socavado la estrategia militar.
En las semanas posteriores a los atentados del 11 de septiembre, el Pentágono reveló una nueva agenda que prometía preparar a los militares para luchar guerras más pequeñas contra redes terroristas y derrotar expeditamente a los estados parias.
Con el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld pidiendo una "fuerza de combate más liviana, más letal y altamente móvil", el Pentágono desechó como anticuada la exigencia de que las fuerzas armadas norteamericanas deben ser suficiente grandes como para llevar a cabo simultáneamente dos guerras a gran escala contra ejércitos enemigos concentrados.
Algo ha ocurrido en el camino hacia las guerras del futuro. El Pentágono se empantanó en una anticuada, costosa y desgastadora guerra de ocupación. Aunque el rápido asalto sobre Bagdad en marzo de 2003 se desarrolló fluidamente, son los dos sangrientos años desde entonces que han desviado el proyecto del Pentágono.
"Cuando la gente estaba pensando sobre el cambio de régimen, no estaban pensando realmente en la estabilización a largo plazo y en las operaciones de pacificación. Existía la idea de que en términos de cifras generales, las operaciones de cambio de régimen no durarían lo que han durado", dijo Andrew Hoehn, de Rand Corp., que dirigió la última revisión importante en 2001.
Cuando el Pentágono empieza su evaluación, tiene 145.000 tropas estacionadas en un país que se suponía que debían haber abandonado hace meses. Y mientras aumentan las tensiones entre Washington y los dos otros países calificados por el presidente Bush como parte de un "eje del mal" -Irán y Corea del Norte-, hay una creencia cada vez más extendida entre las filas militares de que la retórica de la Casa Blanca sobre la guerra preventiva no está sincronizada con los estirados recursos de las fuerzas armadas norteamericanas.
Algunos en el Pentágono criticaron a funcionarios de alto rango del gobierno de Bush por asumir que la guerra de Iraq terminaría cuando las tropas norteamericanas derrocaran el régimen de Saddam Hussein -y por asumir que Estados Unidos podía reducir su presencia en tropas a 30.000 soldados dentro de seis meses tras la caída de Bagdad.
"El gobierno se equivocó redondamente con Iraq porque tenía las anteojeras puestas", dijo un alto oficial del Ejército que trabajó en planificación estratégica en el Pentágono. "Ahora hay una mayor percepción de que necesitamos saber qué es lo que estamos firmando antes de meternos en ello".
Como consecuencia, la importancia de las operaciones de pacificación y la ayuda de aliados militares -ideas que algunos desecharon hace tres años como residuos de la era del presidente Clinton- están nuevamente de moda en el Pentágono.
Aunque nacida de un torrente de complejos gráficos y diagramas de planificación, la evaluación del Pentágono, conocida como la Revista Cuadrenial de Defensa QDR, no es un ejercicio académico.
Realizada primero tras el colapso de la Unión Soviética, la QDR es el manual que emplea el Pentágono para orientar decisiones tales como lo grande que deberían ser las fuerzas armadas y qué armas caras debe adquirir el ministerio de Defensa.
La decisión del Pentágono en 2001 de desechar la doctrina de las dos guerras liberó a los estrategas de la guerra de necesitar suficientes divisiones de artillería pesada para hacer simultáneamente dos guerras a gran escala, y permitió que el Pentágono invirtiera en armamentos más futurísticos, como un sistema de defensa de misiles.
"Siempre tendremos un presupuesto limitado. Así que cuando tomamos decisiones sobre cómo gastaremos el siguiente dólar, queremos que todos tengan claro qué partitura vamos a leer", dijo Michele Flournoy del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales. Flournoy fue uno de los más importantes funcionarios del Pentágono en la revisión de 1997, que apoyaba la doctrina de las dos guerras.
La nueva revista, que viene de comenzar, no se completará sino el próximo año. En otoño pasado, una comisión asesora del Pentágono predijo que las prolongadas operaciones de estabilidad en curso en Iraq y Afganistán fueron un modelo para el futuro de las fuerzas armadas estadounidenses. El Pentágono se ha concentrado muy poco en prepararse para lo que ocurre después de las operaciones de combate importantes, dijo la Comisión Científica de Defensa, que asesora a Rumsfeld.
"Algunos han creído, o esperado, que los avances tecnológicos y conceptuales... podían reducir el tiempo y el personal necesario para la estabilización y reconstrucción", dijo la comisión. "Desafortunadamente, creemos que no es así".
El informe de la Comisión Científica de Defensa fue encargado para orientar los futuros estudios de la Revista Cuadrenial de Defensa, y forma parte de un creciente cuerpo de análisis del Pentágono que indican un giro en las ideas del ministerio de Defensa.
Otro posible cambio tiene que ver con la percepción de los aliados de Estados Unidos. con el Ejército y el Cuerpo de Marina esforzándose por satisfacer las exigencias de tropas del Pentágono para Iraq y Afganistán, la participación de los aliados ha adquirido más importancia. Las tropas extranjeras serían necesarias para cualquiera operación de gran escala que pudieran emprender las fuerzas armadas norteamericanas, dijeron estrategas, aun si sólo para compartir las cargas de posguerra, como a las que hacen frente los militares norteamericanos en Iraq.
"Hay modos más ingeniosos y eficientes para cambiar regímenes y ocupar", dijo un alto funcionario civil en el Pentágono. "Una de esas maneras es descansar mucho más en nuestros amigos y aliados para hacer el trabajo de retaguardia".
En las últimas semanas, funcionarios del gobierno de Bush han adoptado un tono mucho más conciliador con algunos de los aliados más antiguos de Estados Unidos. Aunque Rumsfeld había despreciado los miembros de Europa occidental de la OTAN -refiriéndose a ellos como la "vieja Europa"-, bromeó sobre esos comentarios para ganarse a los ministros europeos durante un viaje al continente el mes pasado.
"Ese era el viejo Rumsfeld", dijo.
El jueves Rumsfeld recibió en el Pentágono al ministro de Defensa francés Michelle Alliot-Marie, elogiando la cooperación entre las fuerzas armadas de los dos países durante largo tiempo.
La guerra de Iraq también ha mostrado la debilidad de la estrategia creada por el Pentágono en 2003 para ayudar a planificar operaciones de mayor envergadura.
El esquema 10-30-30 dijo que las fuerzas armadas norteamericanas planificarían acciones bélicas dentro de diez días del comienzo de una ofensiva, lograr objetivos bélicos limitados dentro de 30 días, y estar preparadas dentro de otros 30 días para trasladar recursos militares a otra área del mundo.
Muchos funcionarios del Pentágono temen que el éxito que han tenido los rebeldes en impedir la reducción de las tropas estadounidenses en Iraq podría ser la nueva norma, en lugar de una excepción.
Como pocos enemigos luchan contra los militares norteamericanos de frente, podrían optar por hacer una guerra prolongada contra la resistencia de retaguardia.
"Creo que el Pentágono se da ahora cuenta de que el 10-30-30 está en gran parte sobrepasado", dijo Frank Hoffman del Centro de Amenazas y Oportunidades Emergentes del Cuerpo de Marina, un contribuidor al estudio de la Comisión Científica de Defensa. "Presupone un modelo de hacer la guerra que nosotros mismos transformamos en obsoleta".
Hoffman dijo que no es probable que haya un adversario que represente para las fuerzas norteamericanas una amenaza convencional que pueda ser derrotada en 30 días.
"La métrica de nuestro enemigo está prolongando los conflictos a tres mil días o más", dijo. "La resistencia prolongada, morir acribillados, es su respuesta a conmoción y pavor'".
13 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh