enemigos construyen ejército
[David Zucchino] Viejos enemigos de Estados Unidos construyen nuevo ejército iraquí.
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein.
"No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein."No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
muerte del callejón de la seda
[Peter S. Goodman] Vendedores chinos pierden mercado que habían construido. El Callejón de la Seda de Pekín ha desaparecido; vendedores denuncian juego sucio.
Pekín, China. En una fría mañana de diciembre pasado, Zhu Dingya se reunió con otros comerciantes frente al mercado del Callejón de la Seda, una de las atracciones más importantes de la ciudad, y leyeron un aviso clavado en la entrada. Sus temores se vieron confirmados: El gobierno local desmantelaría el lugar.
Zhu ardía de cólera por lo que no se decía. El aviso decía que los puestos constituían un riesgo de incendio. No decía que el edificio con fachada de cristal vecino albergaría a un nuevo mercado del Callejón de la Seda, con alquileres mucho más altos y cobrados por una empresa comercial entre cuyos accionistas originales se encontraban funcionarios del Partido Comunista local. No decía que los urbanizadores habían conseguido del gobierno el terreno para el nuevo edificio, con un alto descuento.
Durante más de dos décadas, a medida que el comunismo dejaba lugar a un capitalismo cada vez más desbocado en China, Zhu vendió ropas en el popular mercado descubierto a unas pocas manzanas de la Plaza de Tiananmen. Su negocio era un arquetipo del espíritu emprendedor que se suponía debía alentar las reformas en el país: Había dejado su trabajo en la construcción en una empresa estatal y renunciado a la pensión del gobierno para ganarse la vida por sí mismo. Ahora había sido desplazado de los negocios, no por el mercado libre, sino por un rasgo inalterado del pasado de China: jefes del partido que conservan el control sobre la tierra y capitales, y que a menudo lo usan para beneficio personal.
"Es completamente injusto", dijo Zhu. "Antes creíamos que el gobierno quería ayudarnos. Todos hemos sido traicionados por esos funcionarios".
Desde granjeros que venden verduras en todas las ciudades chinas o agentes comerciales que venden áticos en paisajes urbanos con luces de neón, la empresa libre ha penetrado en la vida china. Pero el cierre del mercado del Callejón de la Seda, uno de los primeros experimentos en el capitalismo moderno de China, muestra cómo ganadores y perdedores son ha menudo determinados no por la oferta y la demanda, sino por los dictados de funcionarios del partido.
"Es bastante típico", dijo Jiang Zezhong, economista de la Universidad Capital de Económicas y Negocios de Pekín. "El gobierno tiene el poder y los inversores, el dinero. Se unen y juntos acaparan todos los beneficios".
El mercado del Callejón de la Seda nació a principios de los años ochenta, cuando las dogmáticas políticas de Mao Zedong dieron camino a las reformas mercantilistas de Deng Xiaoping. Mientras antes se consideraba que los beneficios eran contrarrevolucionarios, ahora se permitía operar abiertamente a los mercados comerciales.
Zhu, 50, era un pionero. Creció en Pekín central, donde su padre trabajaba en los altos hornos del estado y su madre repartía raciones de vinagre. Él y sus padres, su hermano y hermana vivían apiñados en dos habitaciones asignadas por el estado. La calefacción era un bracero de carbón que llenaba el aire con un cáustico humo. Cocinaban en un pasillo junto a varias otras familias, y usaban unos servicios públicos.
Después de terminar la escuela secundaria en 1971, Zhu fue asignado a un trabajo como obrero de la construcción, ganando unos 5 dólares al mes. Comprar cualquier cosa que estuviera más allá de las raciones normales, exigía ahorros diligentes. Hacia 1983, se había casado y tenía un hijo de dos años. Los discursos del partido sobre la alabada lucha revolucionaria estaba dando lugar a conversaciones sobre el mejoramiento de las condiciones de vida. Él se arriesgó, dejó su trabajo y se transformó en un vendedor callejero.
"Mi familia estaba muy en desacuerdo", dijo Zhu. "Me dijeron que no sería una vida segura".
Se acercó a unos hombres a los que había visto vendiendo relojes. Lo presentaron a un distribuidor que se los ofreció a 65 centavos cada uno. Compró 10. Los vendió todos en una semana.
Se veía a sí mismo como un empresario; su familia lo veía a través de la lente de los ideales comunistas. "Ellos pensaban que yo estaba engañando a la gente", dijo. Compró 50 relojes más y los vendió en algunas semanas. Al año siguiente, empezó a vender verduras, recorriendo el campo en bicicleta durante tres horas para volver con sacos de cebollas.
Ese mismo año, empezó a vender sus productos en una calle metida en el vecindario de las embajadas, a sólo unas cuadras de donde un gigantesco retrato del Presidente Mao miraba hacia la Plaza de Tiananmen: el Callejón de la Seda. Al principio, fue ilegal. Cuando se acercaba la policía, los comerciantes escapaban. En 1985, el ayuntamiento empezó a entregar certificados y a construir pequeños tenderetes, alquilándolos a los comerciantes por unos 2 dólares al mes.
Con los años, Zhu comenzó a vender ropa, y el Callejón de la Seda floreció hasta convertirse en algo característico de Pekín, un bullente ensamblaje de 400 puestos que era una visita obligada de los todos los turistas. Los lugareños compraban abrigos para el invierno y maletas, muchas de las cuales eran imitaciones ilegales de versiones de marcas importantes. Los extranjeros se llevaban chucherías y vestidos de seda, y cambiaban dólares en el mercado negro. En los últimos años, el Callejón de la Seda hizo pingües negocios con películas de Hollywood pirateadas.
Pero a mediados de los años noventa, Zhu llevaba a casa hasta unos 600 dólares al mes. En 1989 se compró un televisor, y un teléfono dos años después. En 1995 agregó aire acondicionado, y un sedán Volkswagen. En 1998 se mudó a un apartamento con cocina privada y retrete con cisterna.
Para entonces, el gobierno de Pekín estaba hablando abiertamente de desmantelar los mercados descubiertos de la ciudad. La capital china estaba en medio de un impulso modernizador. Los cerdos sacrificados colgando de ganchos y vendedores gritando precios no se ajustaban con la elegancia de la nueva imagen. Cuando los gobiernos occidentales ejercieron presión sobre Pekín para reprimir la venta de artículos de contrabando, los mercados descubiertos fueron los blancos más obvios.
El ayuntamiento empezó a cerrar algunos de ellos en 1998. Los funcionarios dijeron a los comerciantes del Callejón de la Seda que se prepararan para partir a otra parte. Pero los economistas organizaron conferencias y escribieron artículos de opinión criticando el plan como injusto para los comerciantes. El Callejón de la Seda continuó.
"Esta gente vive de sus ventas", dijo Jiang, el economista de la Universidad Capital. "Si cierras el mercado, los dejas sin trabajo".
Pero la presión continuó, en parte porque el Callejón de la Seda se ubicaba en propiedad inmobiliaria de primera clase en el centro de la ciudad y los urbanizadores presionaron al gobierno para desalojarlos, dijo Jiang.
En octubre de 2002, Jiang vio un documento declarando que el consejo del barrio de Chaoyang había presentado una petición ante la Comisión Municipal de Planificación Urbana de Pekín pidiendo permiso para remplazar el mercado por un nuevo edificio, dijo.
"En China, si hay un documento formal, es que el trato ya ha sido cerrado", dijo Jiang.
Los primeros signos públicos se produjeron el 29 de julio de 2003, con un aviso claveteado a la entrada del Callejón de la Seda. Un agente urbano llamado Xinya anunció que pronto demolería las casas adyacentes, sin decir si las obras afectarían o no al mercado.
Zhu y varios otros comerciantes se dirigieron al distrito de Chaoyang para investigar. Les dijeron que el proyecto no tenía nada que ver con el gobierno, dijo Zhu.
Pero los funcionarios locales estaban íntimamente vinculados al proyecto y pronto tomarían intereses indirectos en él, de acuerdo a los documentos examinados por el Washington Post.
En junio de 2004 se creó una compañía para gestionar el mercado del Callejón de la Seda. De acuerdo a la inscripción presentada al gobierno municipal, la nueva compañía tenía dos accionistas: el agente de urbanización, Xinya Shuntianfu Commercial Franchise Corp., y Guo Liwen, secretario del partido. También aparecía como la nueva directora general de la compañía. Guo y otros funcionarios no respondieron repetidas peticiones para que comentaran sobre el reportaje.
La nueva firma, la Compañía del Mercado de Ropas Xiushui Haoseng de Pekín, recibió las pagas que los comerciantes habían pagado previamente al ayuntamiento, dijo Zhang Yongping, presidente de Xinya. Las antiguas tarifas habían sido pagadas por unos 400 comerciantes y llegaban a unos 500 dólares al mes. Cuando a mediados de marzo se inaugure el nuevo edificio de cuatro pisos, unos 1.500 comerciantes deberán pagar cada uno unos 1.500 dólares al mes. Zhang justificó el aumento observando que el nuevo edificio tenía calefacción y aire acondicionado.
Cuando empezaron las obras del nuevo edificio en el otoño de 2003, los comerciantes visitaron repetidas veces al agente urbano y a funcionarios locales. Se les dijo cada vez que la nueva estructura no tenía relación con el Callejón de la Seda, dijo Zhu.
"Pensábamos que era un absurdo", dijo. Zhu y varios otros comerciantes contrataron a un abogado para que investigara el asunto. La primavera pasada descubrió documentos que mostraban la creación de Haoseng y sus vínculos con funcionarios locales.
Pero mientras los funcionarios transfirieron más tarde sus acciones en Tianwei a una mujer llamada Zhang Donghong, eso no ocurrió sino tres meses más tarde, el 18 de noviembre de 2004, de acuerdo a un documento presentado al gobierno local. Zhang Donghong no respondió nuestros mensajes telefónicos.
Dos semanas después de la reunión, Zhu leyó en el diario chino Youth Daily que el agente urbano, Xinya, había comprado los derechos del terreno del nuevo edificio -unas 2.5 hectáreas- por 6.2 millones de dólares, menos de un tercio del precio de un sitio similar en el área.
Zhang, el presidente de Xinya, confirmó la compra pero rechazó la sugerencia de que era impropio. Dijo que el descuento se justificaba por la enorme inversión de la compañía en la creación de un servicio para la ciudad. "Adquirimos el terreno de acuerdo a la ley", dijo.
La mañana del 20 de diciembre de 2004, cuatro coches de policía aparcaron en el Callejón de la Seda llevando a más de una docena de agentes y a un funcionario de gobierno del subdistrito que colocó la noticia: El mercado sería demolido.
"Si no os vais de propia cuenta, nuestra agencia se verá obligada a desalojarles de acuerdo a la ley", decía el aviso. "Todo aquel que interfiera con nuestra acción será castigado". Estaba firmado por la Unidad de Regulación y Supervisión Urbana del Distrito de Chaoyang.
El 6 de enero aparecieron las excavadoras y destruyeron los puestos.
En estos días, Zhu y otros comerciantes están buscando nuevos lugares donde vender sus mercaderías, mientras exploran opciones legales para pedir compensación -una perspectiva sobre la que su abogado, Chen Xiaobing, no se muestra optimista.
"Los comerciantes son débiles", dijo Chen. "El gobierno es demasiado fuerte".
9 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Zhu ardía de cólera por lo que no se decía. El aviso decía que los puestos constituían un riesgo de incendio. No decía que el edificio con fachada de cristal vecino albergaría a un nuevo mercado del Callejón de la Seda, con alquileres mucho más altos y cobrados por una empresa comercial entre cuyos accionistas originales se encontraban funcionarios del Partido Comunista local. No decía que los urbanizadores habían conseguido del gobierno el terreno para el nuevo edificio, con un alto descuento.
Durante más de dos décadas, a medida que el comunismo dejaba lugar a un capitalismo cada vez más desbocado en China, Zhu vendió ropas en el popular mercado descubierto a unas pocas manzanas de la Plaza de Tiananmen. Su negocio era un arquetipo del espíritu emprendedor que se suponía debía alentar las reformas en el país: Había dejado su trabajo en la construcción en una empresa estatal y renunciado a la pensión del gobierno para ganarse la vida por sí mismo. Ahora había sido desplazado de los negocios, no por el mercado libre, sino por un rasgo inalterado del pasado de China: jefes del partido que conservan el control sobre la tierra y capitales, y que a menudo lo usan para beneficio personal.
"Es completamente injusto", dijo Zhu. "Antes creíamos que el gobierno quería ayudarnos. Todos hemos sido traicionados por esos funcionarios".
Desde granjeros que venden verduras en todas las ciudades chinas o agentes comerciales que venden áticos en paisajes urbanos con luces de neón, la empresa libre ha penetrado en la vida china. Pero el cierre del mercado del Callejón de la Seda, uno de los primeros experimentos en el capitalismo moderno de China, muestra cómo ganadores y perdedores son ha menudo determinados no por la oferta y la demanda, sino por los dictados de funcionarios del partido.
"Es bastante típico", dijo Jiang Zezhong, economista de la Universidad Capital de Económicas y Negocios de Pekín. "El gobierno tiene el poder y los inversores, el dinero. Se unen y juntos acaparan todos los beneficios".
El mercado del Callejón de la Seda nació a principios de los años ochenta, cuando las dogmáticas políticas de Mao Zedong dieron camino a las reformas mercantilistas de Deng Xiaoping. Mientras antes se consideraba que los beneficios eran contrarrevolucionarios, ahora se permitía operar abiertamente a los mercados comerciales.
Zhu, 50, era un pionero. Creció en Pekín central, donde su padre trabajaba en los altos hornos del estado y su madre repartía raciones de vinagre. Él y sus padres, su hermano y hermana vivían apiñados en dos habitaciones asignadas por el estado. La calefacción era un bracero de carbón que llenaba el aire con un cáustico humo. Cocinaban en un pasillo junto a varias otras familias, y usaban unos servicios públicos.
Después de terminar la escuela secundaria en 1971, Zhu fue asignado a un trabajo como obrero de la construcción, ganando unos 5 dólares al mes. Comprar cualquier cosa que estuviera más allá de las raciones normales, exigía ahorros diligentes. Hacia 1983, se había casado y tenía un hijo de dos años. Los discursos del partido sobre la alabada lucha revolucionaria estaba dando lugar a conversaciones sobre el mejoramiento de las condiciones de vida. Él se arriesgó, dejó su trabajo y se transformó en un vendedor callejero.
"Mi familia estaba muy en desacuerdo", dijo Zhu. "Me dijeron que no sería una vida segura".
Se acercó a unos hombres a los que había visto vendiendo relojes. Lo presentaron a un distribuidor que se los ofreció a 65 centavos cada uno. Compró 10. Los vendió todos en una semana.
Se veía a sí mismo como un empresario; su familia lo veía a través de la lente de los ideales comunistas. "Ellos pensaban que yo estaba engañando a la gente", dijo. Compró 50 relojes más y los vendió en algunas semanas. Al año siguiente, empezó a vender verduras, recorriendo el campo en bicicleta durante tres horas para volver con sacos de cebollas.
Ese mismo año, empezó a vender sus productos en una calle metida en el vecindario de las embajadas, a sólo unas cuadras de donde un gigantesco retrato del Presidente Mao miraba hacia la Plaza de Tiananmen: el Callejón de la Seda. Al principio, fue ilegal. Cuando se acercaba la policía, los comerciantes escapaban. En 1985, el ayuntamiento empezó a entregar certificados y a construir pequeños tenderetes, alquilándolos a los comerciantes por unos 2 dólares al mes.
Con los años, Zhu comenzó a vender ropa, y el Callejón de la Seda floreció hasta convertirse en algo característico de Pekín, un bullente ensamblaje de 400 puestos que era una visita obligada de los todos los turistas. Los lugareños compraban abrigos para el invierno y maletas, muchas de las cuales eran imitaciones ilegales de versiones de marcas importantes. Los extranjeros se llevaban chucherías y vestidos de seda, y cambiaban dólares en el mercado negro. En los últimos años, el Callejón de la Seda hizo pingües negocios con películas de Hollywood pirateadas.
Pero a mediados de los años noventa, Zhu llevaba a casa hasta unos 600 dólares al mes. En 1989 se compró un televisor, y un teléfono dos años después. En 1995 agregó aire acondicionado, y un sedán Volkswagen. En 1998 se mudó a un apartamento con cocina privada y retrete con cisterna.
Para entonces, el gobierno de Pekín estaba hablando abiertamente de desmantelar los mercados descubiertos de la ciudad. La capital china estaba en medio de un impulso modernizador. Los cerdos sacrificados colgando de ganchos y vendedores gritando precios no se ajustaban con la elegancia de la nueva imagen. Cuando los gobiernos occidentales ejercieron presión sobre Pekín para reprimir la venta de artículos de contrabando, los mercados descubiertos fueron los blancos más obvios.
El ayuntamiento empezó a cerrar algunos de ellos en 1998. Los funcionarios dijeron a los comerciantes del Callejón de la Seda que se prepararan para partir a otra parte. Pero los economistas organizaron conferencias y escribieron artículos de opinión criticando el plan como injusto para los comerciantes. El Callejón de la Seda continuó.
"Esta gente vive de sus ventas", dijo Jiang, el economista de la Universidad Capital. "Si cierras el mercado, los dejas sin trabajo".
Pero la presión continuó, en parte porque el Callejón de la Seda se ubicaba en propiedad inmobiliaria de primera clase en el centro de la ciudad y los urbanizadores presionaron al gobierno para desalojarlos, dijo Jiang.
En octubre de 2002, Jiang vio un documento declarando que el consejo del barrio de Chaoyang había presentado una petición ante la Comisión Municipal de Planificación Urbana de Pekín pidiendo permiso para remplazar el mercado por un nuevo edificio, dijo.
"En China, si hay un documento formal, es que el trato ya ha sido cerrado", dijo Jiang.
Los primeros signos públicos se produjeron el 29 de julio de 2003, con un aviso claveteado a la entrada del Callejón de la Seda. Un agente urbano llamado Xinya anunció que pronto demolería las casas adyacentes, sin decir si las obras afectarían o no al mercado.
Zhu y varios otros comerciantes se dirigieron al distrito de Chaoyang para investigar. Les dijeron que el proyecto no tenía nada que ver con el gobierno, dijo Zhu.
Pero los funcionarios locales estaban íntimamente vinculados al proyecto y pronto tomarían intereses indirectos en él, de acuerdo a los documentos examinados por el Washington Post.
En junio de 2004 se creó una compañía para gestionar el mercado del Callejón de la Seda. De acuerdo a la inscripción presentada al gobierno municipal, la nueva compañía tenía dos accionistas: el agente de urbanización, Xinya Shuntianfu Commercial Franchise Corp., y Guo Liwen, secretario del partido. También aparecía como la nueva directora general de la compañía. Guo y otros funcionarios no respondieron repetidas peticiones para que comentaran sobre el reportaje.
La nueva firma, la Compañía del Mercado de Ropas Xiushui Haoseng de Pekín, recibió las pagas que los comerciantes habían pagado previamente al ayuntamiento, dijo Zhang Yongping, presidente de Xinya. Las antiguas tarifas habían sido pagadas por unos 400 comerciantes y llegaban a unos 500 dólares al mes. Cuando a mediados de marzo se inaugure el nuevo edificio de cuatro pisos, unos 1.500 comerciantes deberán pagar cada uno unos 1.500 dólares al mes. Zhang justificó el aumento observando que el nuevo edificio tenía calefacción y aire acondicionado.
Cuando empezaron las obras del nuevo edificio en el otoño de 2003, los comerciantes visitaron repetidas veces al agente urbano y a funcionarios locales. Se les dijo cada vez que la nueva estructura no tenía relación con el Callejón de la Seda, dijo Zhu.
"Pensábamos que era un absurdo", dijo. Zhu y varios otros comerciantes contrataron a un abogado para que investigara el asunto. La primavera pasada descubrió documentos que mostraban la creación de Haoseng y sus vínculos con funcionarios locales.
Pero mientras los funcionarios transfirieron más tarde sus acciones en Tianwei a una mujer llamada Zhang Donghong, eso no ocurrió sino tres meses más tarde, el 18 de noviembre de 2004, de acuerdo a un documento presentado al gobierno local. Zhang Donghong no respondió nuestros mensajes telefónicos.
Dos semanas después de la reunión, Zhu leyó en el diario chino Youth Daily que el agente urbano, Xinya, había comprado los derechos del terreno del nuevo edificio -unas 2.5 hectáreas- por 6.2 millones de dólares, menos de un tercio del precio de un sitio similar en el área.
Zhang, el presidente de Xinya, confirmó la compra pero rechazó la sugerencia de que era impropio. Dijo que el descuento se justificaba por la enorme inversión de la compañía en la creación de un servicio para la ciudad. "Adquirimos el terreno de acuerdo a la ley", dijo.
La mañana del 20 de diciembre de 2004, cuatro coches de policía aparcaron en el Callejón de la Seda llevando a más de una docena de agentes y a un funcionario de gobierno del subdistrito que colocó la noticia: El mercado sería demolido.
"Si no os vais de propia cuenta, nuestra agencia se verá obligada a desalojarles de acuerdo a la ley", decía el aviso. "Todo aquel que interfiera con nuestra acción será castigado". Estaba firmado por la Unidad de Regulación y Supervisión Urbana del Distrito de Chaoyang.
El 6 de enero aparecieron las excavadoras y destruyeron los puestos.
En estos días, Zhu y otros comerciantes están buscando nuevos lugares donde vender sus mercaderías, mientras exploran opciones legales para pedir compensación -una perspectiva sobre la que su abogado, Chen Xiaobing, no se muestra optimista.
"Los comerciantes son débiles", dijo Chen. "El gobierno es demasiado fuerte".
9 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
enemigos construyen ejército
[David Zucchino] Viejos enemigos de Estados Unidos construyen nuevo ejército iraquí.
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein.
"No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein."No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
enemigos construyen ejército
[David Zucchino] Viejos enemigos de Estados Unidos construyen nuevo ejército iraquí.
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein.
"No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Cuando el general de brigada Karl Horst participaba durante la invasión de Iraq hace dos años, no se preocupó de aprender los nombres de los generales de Saddam Hussein."No me importaba quiénes fueran: los íbamos a matar", dijo.
La semana pasada, durante una ceremonia en el campo de desfiles en el aeropuerto de Bagdad, Horst besó las bigotudas mejillas de un general iraquí que alguna vez en el pasado recibió de Hussein los más altos honores militares.
La escena en el aeropuerto, donde comandantes norteamericanos de alta jerarquía compartieron pollo asado con arroz con varios antiguos oficiales del ejército del dictador depuesto, llevó al centro de la atención la nueva realidad militar aquí tras dos años de invasión. Generales estadounidenses están literalmente abrazando a los antiguos líderes enemigos, muchos de los cuales habían sido expulsados del nuevo ejército iraquí por las autoridades norteamericanas, que son ahora cortejados como socios para la construcción de una fuerza iraquí de combate efectiva.
Hoy, la principal prioridad de los comandantes norteamericanos es adiestrar al ejército y policía iraquíes para que puedan combatir algún día por sus propios medios a los rebeldes del país. Como dicen oficiales americanos frecuentemente a los periodistas: "Nuestro trabajo es adiestrarnos para dejar de hacerlo".
"En dos años han cambiado muchas cosas", dijo Horst. "En lugar de intercambiar fuego letal, estamos intercambiando e-mails. Y de muchas maneras, este trabajo es más difícil y complicado del que teníamos hace dos años".
Incluso mientras las unidades norteamericanas luchan por contener la insurgencia, miles de instructores norteamericanos están siendo retirados del combate en un abrumador esfuerzo para transformar el rígido, corrupto y caótico ejército de Hussein en una fuerza eficiente y ágil.
La última vez que los instructores norteamericanos trataron de reconstruir un ejército árabe en medio de guerras sectarias y ataques terroristas -en el Líbano, a principio de los años ochenta-, el intento fracasó.
Los obstáculos en Iraq son enormes. Hussein, paranoico sobre los golpes de estado, mantenía a las unidades de su ejército aisladas y sin posibilidad de comunicarse. Los instructores norteamericanos dicen que los soldados iraquíes tienen pocas nociones de responsabilidad jerárquica y el cuerpo de suboficiales carece de autoridad efectiva y liderazgo. Muchos se han negado a obedecer órdenes de combate, y cuando pelean, lo hacen de manera indisciplinada.
Tanto comandantes estadounidenses como iraquíes están tan preocupados de las rivalidades étnicas que se niegan a proporcionar datos sobre la composición étnica del nuevo ejército. El ejército de Hussein estaba dominando por los sunníes y fue utilizado para aplastar las insurrecciones chiíes y kurdas. El nuevo ejército tiene más chiíes y kurdos que sunníes, despertando en los últimos el temor de que los primeros trataran de vengarse.
Los soldados en algunas unidades iraquíes han robado equipos, dicen los instructores. Otros han arruinado los equipos por no mantenerlos adecuadamente. Muchas unidades han sido infiltradas por los insurgentes, dicen los comandantes, a pesar de rigurosos intentos de checar y vigilar a los reclutas.
"Sí, hay montones de problemas", dijo el capitán del Ejército Darrel Gayle, que empezó el adiestramiento de un batallón iraquí el verano pasado y lo está traspasando a nuevos instructores norteamericanos. "Pero estoy entregando a una unidad que está mucho mejor que cuando empezamos, y en otro año, será todavía mejor. No se puede hacer esto de un día para otro".
Para comandantes estadounidenses habituados a enfrentarse al enemigo, el ambicioso programa es una desviación del énfasis tradicional en el combate. El adiestramiento de ejércitos extranjeros es normalmente dejado en manos de las Fuerzas Especiales norteamericanas, que ahora colaboran con el programa iraquí.
En su primera sesión formal con los comandantes y personal de su batallón el mes pasado, el coronel del Ejéricto Steven Salazar gastó más de cuatro horas revisando la misión de su brigada para el próximo año, destinada en gran parte al adiestramiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. La Tercera Brigada de la Tercera División de Infantería, de Salazar, acaba de tomar el control de una sección del centro-norte de Iraq.
"Esta es la lista de mandados del infierno", bromeó Salazar después de una larga presentación con diagramas y gráficos sobre el adiestramiento. "Pero al final, la meta es: Tenemos que lograr que los iraquíes se defiendan a sí mismos".
Como parte de la presentación, el coronel citó un pasaje de 1917 del aventurero y escritor británico, T.E. Lawrence, conocido comúnmente como Lawrence de Arabia: "Es mejor que los árabes lo hagan tolerablemente bien a que lo hagas tú perfectamente. Es su guerra, y estás aquí para ayudarles, no para ganarla por ellos".
El 21 de febrero, justo cuando nuevas unidades estadounidenses estaban remplazando a las tropas salientes en la tercera rotación desde la invasión, una brigada del Ejército iraquí fue dejada por primera vez a cargo de su propio "espacio de batalla". Unos 1.500 soldados de la 40 Brigada se hizo responsable de un sector del centro de Bagdad que incluye los bastiones rebeldes de la Calle de Haifa y el barrio de Adhamiya.
La brigada realiza sus propias operaciones, dijeron comandantes norteamericanos, aunque está todavía bajo el mando general de un general estadounidense. Los instructores norteamericanos siguen en el batallón como asesores, pero no dirigen operaciones, dijeron oficiales norteamericanos. Las fuerzas norteamericanas están listas para prestar asistencia si la brigada pide ayuda.
"Este es un suceso muy significativo: representa un giro fundamental hacia la auto-suficiencia iraquí", dijo Horst, subcomandante de la Tercera División de Infantería, que tomó control a fines de febrero de Bagdad central de manos de la Primera División de Caballería.
"Es una misión difícil. La Calle de Haifa es como una escena de bar de La guerra de las galaxias'", dijo. "Hay un montón de gente espantosa por aquí".
En otros lugares, soldados iraquíes patrullan regularmente con unidades norteamericanas. Muchos llevan capuchas o máscaras debido a las amenazas de muerte de los insurgentes. En los últimos meses la resistencia ha desviado sus ataques contra unidades norteamericanas y comenzado a atacar blancos del ejército y policías iraquíes, especialmente a los nuevos reclutas. Miles han sido asesinados o quedado gravemente heridos.
Sin embargo, los comandantes iraquíes dicen que los reclutas siguen inscribiéndose para funciones que pagan excelentes salarios para normas iraquíes: entre 300 y 400 dólares al mes los hombres alistados y 400 a 500 dólares al mes los oficiales.
Casi 60.000 soldados del ejército iraquí y 82.000 policías iraquíes han recibido adiestramiento y equipos, dijo el coronel Robert Potter, portavoz de las fuerzas armadas norteamericanas. En julio pasado, dijo, había sólo un batallón del ejército iraquí "utilizables ", capaz de participar en operaciones de combate. Hoy, dijo, hay 40 de esos batallones, con otros 53 en varias fases de adiestramiento y preparación. Cada batallón tiene en general entre 700 a 800 soldados.
El gobierno iraquí dice que quiere 100.000 soldados adiestrados para mediados de año, y 150.000 para fines de año. Comandantes estadounidenses se negaron a decir si están en camino de lograr esas metas. La Oficina de Contraloría del gobierno norteamericano dijo la semana pasada que los comandantes estaban exagerando el número de fuerzas de seguridad iraquíes en servicio.
Los instructores militares norteamericanos usan el método de "adiestrar-luchar-adiestrar", combinando sesiones de adiestramiento con misiones de combate junto a tropas norteamericanas.
Los resultados han sido desiguales. El año pasado, muchas unidades iraquíes se negaron a luchar en dos violentas batallas, en Faluya y en el barrio de Ciudad Sáder, de Bagdad. Desde entonces no se han probado en batallas similares, aunque unidades del ejército y de la policía se desempeñaron bien en la protección de los colegios electorales durante las elecciones de enero. A pesar de predicciones de ataques masivos, las bajas del día de las elecciones fueron relativamente pocas, con 33 iraquíes asesinados.
Algunos soldados siguen poco motivados y con disciplina pobre, dicen los instructores.
"La higiene es espantosa, hay basura en todas partes. Los soldados roban mercaderías. El trabajo de mantención es mínimo", dijo el sargento Jason Yurek, el nuevo instructor militar, cuando se paseaba por el recinto del ejército iraquí en una base norteamericana frente a Ciudad Sáder. Sacudió su cabeza cuando vio a un soldado iraquí limpiar su rifle AK-47 con jabón de lavar y queroseno.
Varios soldados iraquíes en el recinto se quejaron de los cuarteles, pobre alojamiento y alimentación, y ausencia de permisos de salida para visitar a sus familias.
"Estamos dispuestos a luchar, no tenemos miedo de los terroristas", dijo el sargento primero Yahya Sharid. "Pero tenemos miedo por nuestras familias, y necesitamos poder visitarlas más a menudo".A pesar de las quejas y las condiciones, dijo Yurek, instructores norteamericanos anteriores han mejorado el funcionamiento de la unidad. "Se transformarán en una buena unidad, pero va a tomar su tiempo".
En las afueras de la ciudad del norte-centro de Iraq, Muqdadiya, la Brigada 205 del Ejército Iraquí es considerada la mejor unidad del país por muchos instructores norteamericanos. La brigada ha tomado la delantera en la colección de inteligencia sobre los rebeldes y en el interrogatorio de sospechosos detenidos. Los soldados iraquíes rompen puertas y se enfrentan a los sospechosos, respaldados por soldados y la potencia de fuego estadounidenses.
"Nuestros chicos conocen a la gente de los pueblos. Nuestro hermanos americanos no", dijo el comandante de la brigada, el coronel Thear Ismail Abid, 34, un antiguo agente de inteligencia en el ejército de Hussein que ha sobrevivido tres intentos de asesinato de los insurgentes. "La gente de la localidad confía en ellos".
Sin embargo, la destacada brigada de Abid ha sido infiltrada. Agentes de inteligencia norteamericanos dijeron que Abid y sus comandantes cooperaron en una pesquisa el mes pasado que condujo a la detención de un importante comandante, un chofer y un clérigo, acusados de espiar para los rebeldes. Los sospechosos fueron aprehendidos con artefactos nuevos de posicionamiento global y un ordenador portátil que contenía las coordenadas físicas de la base norteamericana y del recinto iraquí.
En la ceremonia del aeropuerto de Bagdad, los generales americanos e iraquíes celebraron la formación de la Brigada 41. Instructores norteamericanos están trabajando con 215 iraquíes en el cuartel general de la compañía, y los primeros 5.000 soldados de la brigada serán adiestrados para patrullar el este de Bagdad.
Debido a preocupaciones sobre posibles venganzas de la insurgencia, se pidió a los reporteros gráficos que no sacaran fotos de caras de soldados. El comandante de brigada, el general de brigada Jawad Roumy Diyney, se negó a ser entrevistado o fotografiado. Los soldados se ponen ropas de paisano antes de marcharse a casa por la noche.
"Estos son algunos de los soldados más valientes del planeta, con lo que tienen que pasar solamente para ir y volver de casa", dijo el teniente coronel del Ejército, Ed Tennent, instructor jefe de la brigada.
"Si alguna gente viera mi cara, querrían matarme", dijo el sargento mayor Abdul Rassad, un soldado de las fuerzas especiales en el ejército de Hussein. "Pero no tengo miedo. Soy un hombre fuerte".
Cuando iraquíes y norteamericanos terminaban su cena, hubo un repentino recordatorio de contra qué tienen que luchar: Un proyectil y dos rondas de mortero impactaron en las cercanías, sin causar bajas, pero provocando la desbandada de los nuevos soldados, y sus instructores, que buscaban refugio.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
juez de saddam hussein
[Caryle Murphy] Juez de Hussein emerge de las sombras. El secreto para un gobierno exitoso es el éxito de la ley, dice iraquí.
Bagdad, Iraq. Cuando el verano pasado el desdichado pero impenitente viejo se sentó frente a Raid Juhi, el joven juez no sabía qué hacer. Como la mayoría de los iraquíes, conocía al antiguo presidente sólo por la televisión, donde siempre aparecía como un aguerrido, confiado y temible héroe.
Ahora Saddam Hussein aparecía por primera vez como un acusado ante el tribunal especial iraquí que juzgará a funcionarios del derrocado gobierno de Iraq por crímenes contra la humanidad. Petulante y provocador, el demacrado presidente exigió inmunidad de cualquier juicio, despotricó sobre la ilegalidad del tribunal y se negó a firmar un reconocimiento de que estaba al tanto de sus derechos.
Juhi, que dejó que Hussein se desahogara antes de interrumpirlo, recordó haber sentido dos fuertes emociones durante la sesión de 26 minutos. Una era cómo se habían cambiado los papeles. La otra era el deber.
"Yo había trabajado como juez durante el régimen de Saddam. Nunca pensé que llegaría a interrogarlo", dijo Juhi, 34, en una entrevista reciente. "Al mismo tiempo, nuestros estudios y carrera nos enseñan a ser objetivos en nuestro trabajo y a no considerar apellidos ni rango sino sólo las evidencias. Tenemos un dicho en el poder judicial, que es: La evidencia habla".
Juhi es único juez del tribunal que se ha identificado públicamente, a pesar de las amenazas de los insurgentes, muchos de los cuales apoyaban al gobierno de Saddam. Aunque el juicio del antiguo presidente no es inminente -Juhi dijo que no se sabe cuánto tiempo tomarán las pesquisas preliminares-, un juez del tribunal ya ha sido asesinado.
"No es valentía", dijo sobre su decisión el juez nacido en Bagdad al permitir que su nombre fuera publicado. "Es importante que los iraquíes sepan son iraquíes los que llevan el caso y que el poder judicial está asumiendo sus labores".
Como muchos jóvenes iraquíes en la arruinada capital, Juhi se muestra optimista e idealista en sus esperanzas sobre el futuro de su país, un radiante contrapunto a las terribles penurias de la posguerra en las que trabajan: devastación medio-ambiental, una insurgencia despiadada, una agobiante pobreza, caos en el tráfico y políticos regateando. Todavía está lejos de haber certidumbre sobre si Iraq satisfará sus esperanzas. Pero en estos difíciles días de reconstrucción del país, son un ingrediente esencial.
Normalmente vigilado estrechamente para su propia protección, Juhi se apareció sin acompañantes para conversar con el periodista. Llevaba un traje marrón y corbata. Relajado y amable, sonreía a menudo y respondió a preguntas a través de un intérprete, con la lógica y moderación que es esperan de un juez.
Calificando al tribunal de "hito histórico de la democracia legal", Juhi dijo que creía que su trabajo ayudaría a establecer una sociedad respetuosa de las leyes en Iraq porque estamos "llevando a la justicia a la gente que alguna vez pensó que estaba por encima de la ley. También es la primera vez en tierras árabes que un presidente y todo un régimen están siendo procesados legalmente e interrogados y pueden ser juzgados por los crímenes que se sospecha cometieron".
Del proceso, dijo, surgen "dos mensajes". Uno es para que "los gobernantes aquí y en otros países no olviden... La presidencia y las responsabilidades que la acompañan son deberes otorgados por la comunidad". El segundo mensaje es recordar a la gente de a pie "que toda persona, no importa lo que poderosa que sea, debe respetar la ley", dijo.
Juhi siguió una carrera típica durante el antiguo gobierno. Se graduó de la Facultad de Leyes de la Universidad de Bagdad, hizo su servicio militar, trabajó como investigador en el ministerio de Justicia y luego completó un curso de dos años en el Instituto Judicial de Iraq que lo capacitó para ser juez.
Como otros jueces de la era de Hussein, era un miembro inscrito en el gobernante Partido Baaz. Para entrar al Instituto Judicial, observó, necesitabas "ser recomendado por las oficinas del Partido Baaz del barrio donde vivías".
Pero inscribirse como miembro del partido y ser un activista no es lo mismo, dijo Juhi, agregando que muchos iraquíes eran miembros nominales del partido para evitar llamar la atención y ser perseguidos, cosas que podrían transformar tu vida en un "infierno".
Juhi estaba trabajando en la Corte Penal Central de Bagdad cuando se le pidió que se sumara al tribunal, en abril de 2004. "Me sentí honrado", dijo. "Acepté inmediatamente".
Como el principal juez instructor del tribunal de tres niveles, Juhi supervisa los equipos judiciales que investigan las acusaciones y determinan, después de oír a testigos y ver documentos, si hay o no suficientes pruebas para iniciar un juicio. Si eso ocurre, el acusado debe presentarse ante una comisión de cinco jueces para ser juzgado. El tercer nivel del tribunal es una corte de apelaciones de nueve miembros. Cuando Hussein y 11 de sus asociados hicieron su primera aparición ante Juhi en julio, fue para ser formalmente notificados de que estaban bajo investigación. El mes pasado, en otra primera vez para el tribunal, Juhi notificó a cinco antiguos funcionarios de que había encontrado suficientes evidencias sobre su participación en crímenes contra la humanidad para llevar sus casos a juicio.
La acusación contra Hussein, 67, es amplia. En su comparecencia fue acusado de ordenar siete atrocidades: el uso de armas químicas contra el pueblo kurdo de Halabja en 1988; el asesinato en 1983 de miembros del clan kurdo barzani; los asesinatos de activistas de partidos políticos durante un período de 30 años; los asesinatos de líderes religiosos; la brutal campaña de ataques contra los kurdos en los años ochenta; la violenta represión de los kurdos y chiíes tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991; y la invasión de Kuwait en 1990.
Interrogado sobre cuando puede ser llevado a juicio el presidente derrocado, Juhi dijo que casos en los que se trata de crímenes contra la humanidad, genocidio y crímenes de guerra toman tiempo en desarrollarse debido a su complejidad. "Son crímenes sofisticados que no son fáciles de probar... porque esos crímenes tenían la intención de mostrar, o probar políticas de gobierno, y hay que probar que esas medidas eran aplicadas a algunos de sus ciudadanos, que provienen todos de un grupo, quizás político, religioso o étnico", dijo.
"Pero... hemos avanzado bastante", agregó. "Yo diría que antes estábamos excavando en el subterráneo. Ahora estamos en la superficie, trabajando con todo el esqueleto del caso... No creo que haya un juez en el mundo que pueda predecir cuándo terminaremos".
A pesar del saqueo de posguerra de las oficinas del gobierno, el tribunal tiene "impresionantes y concluyentes documentos" que ayudarán a probar las acusaciones contra los antiguos funcionarios, dijo el juez. Y el año pasado, él y su personal han oído el "doloroso" testimonio de testigos, agregó.
"Sabíamos algo de las cosas que se hacían durante la era de Saddam, pero después de las pesquisas que realizamos nos dimos cuenta de que lo que sabíamos no estaba ni cerca de lo que ocurría en realidad", dijo. "Antes, los iraquíes no podían hablar y debían guardarse todo. Ahora, después de la guerra, han empezado a hablar. Los iraquíes no se sorprenderán" de lo que escuchen durante el juicio. "Pero estarán orgullosos del tribunal en el que depositaron su confianza".
Juhi también predijo que "amigos de fuera de Iraq estarán orgullosos de habernos ayudado en este campo. Y los que no nos ayudaron se dirán ahora a sí mismos que hubiera sido mejor ayudarnos". El tribunal fue instalado con 75 millones de dólares de fondos estadounidenses; juristas norteamericanos asesoran el tribunal.
Los peligros del trabajar para el tribunal fueron puestos en agudo relieve el 1 de marzo cuando uno de sus jueces, Barwez Mohammed Mahmoud Merwani, 59, y su hijo, Aryan Barwez Mohammed Merwani, 26, fueron emboscados y asesinados en Bagdad cuando subían a sus coches para marcharse al trabajo. El juez "era miembro del equipo de investigación que dirijo", dijo Juhi, que agregó que continúa la investigación sobre su asesinato.
Inicialmente, Juhi guardaba tan secretamente su trabajo que ni siquiera su familia sabía de su participación en la investigación de Hussein hasta que la televisión iraquí emitió la comparecencia de Hussein ante el juez en julio pasado. Cuando su hijo lo vio en la pantalla, recuerda Juhi, se llevó las manos a la boca y dijo: "¡Ese es mi padre!' Estaba sorprendido".
Juhi dijo que quería enfatizar que se siente "muy optimista sobre el futuro" de su país. "Los errores cometidos antes no serán repetidos. No habrá nuevamente una centralización del poder contra la gente. El presidente servirá al pueblo. No sólo estoy seguro, además creo en ello". Agregó que "el secreto detrás del éxito del gobierno es el éxito de la ley".
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ahora Saddam Hussein aparecía por primera vez como un acusado ante el tribunal especial iraquí que juzgará a funcionarios del derrocado gobierno de Iraq por crímenes contra la humanidad. Petulante y provocador, el demacrado presidente exigió inmunidad de cualquier juicio, despotricó sobre la ilegalidad del tribunal y se negó a firmar un reconocimiento de que estaba al tanto de sus derechos.
Juhi, que dejó que Hussein se desahogara antes de interrumpirlo, recordó haber sentido dos fuertes emociones durante la sesión de 26 minutos. Una era cómo se habían cambiado los papeles. La otra era el deber.
"Yo había trabajado como juez durante el régimen de Saddam. Nunca pensé que llegaría a interrogarlo", dijo Juhi, 34, en una entrevista reciente. "Al mismo tiempo, nuestros estudios y carrera nos enseñan a ser objetivos en nuestro trabajo y a no considerar apellidos ni rango sino sólo las evidencias. Tenemos un dicho en el poder judicial, que es: La evidencia habla".
Juhi es único juez del tribunal que se ha identificado públicamente, a pesar de las amenazas de los insurgentes, muchos de los cuales apoyaban al gobierno de Saddam. Aunque el juicio del antiguo presidente no es inminente -Juhi dijo que no se sabe cuánto tiempo tomarán las pesquisas preliminares-, un juez del tribunal ya ha sido asesinado.
"No es valentía", dijo sobre su decisión el juez nacido en Bagdad al permitir que su nombre fuera publicado. "Es importante que los iraquíes sepan son iraquíes los que llevan el caso y que el poder judicial está asumiendo sus labores".
Como muchos jóvenes iraquíes en la arruinada capital, Juhi se muestra optimista e idealista en sus esperanzas sobre el futuro de su país, un radiante contrapunto a las terribles penurias de la posguerra en las que trabajan: devastación medio-ambiental, una insurgencia despiadada, una agobiante pobreza, caos en el tráfico y políticos regateando. Todavía está lejos de haber certidumbre sobre si Iraq satisfará sus esperanzas. Pero en estos difíciles días de reconstrucción del país, son un ingrediente esencial.
Normalmente vigilado estrechamente para su propia protección, Juhi se apareció sin acompañantes para conversar con el periodista. Llevaba un traje marrón y corbata. Relajado y amable, sonreía a menudo y respondió a preguntas a través de un intérprete, con la lógica y moderación que es esperan de un juez.
Calificando al tribunal de "hito histórico de la democracia legal", Juhi dijo que creía que su trabajo ayudaría a establecer una sociedad respetuosa de las leyes en Iraq porque estamos "llevando a la justicia a la gente que alguna vez pensó que estaba por encima de la ley. También es la primera vez en tierras árabes que un presidente y todo un régimen están siendo procesados legalmente e interrogados y pueden ser juzgados por los crímenes que se sospecha cometieron".
Del proceso, dijo, surgen "dos mensajes". Uno es para que "los gobernantes aquí y en otros países no olviden... La presidencia y las responsabilidades que la acompañan son deberes otorgados por la comunidad". El segundo mensaje es recordar a la gente de a pie "que toda persona, no importa lo que poderosa que sea, debe respetar la ley", dijo.
Juhi siguió una carrera típica durante el antiguo gobierno. Se graduó de la Facultad de Leyes de la Universidad de Bagdad, hizo su servicio militar, trabajó como investigador en el ministerio de Justicia y luego completó un curso de dos años en el Instituto Judicial de Iraq que lo capacitó para ser juez.
Como otros jueces de la era de Hussein, era un miembro inscrito en el gobernante Partido Baaz. Para entrar al Instituto Judicial, observó, necesitabas "ser recomendado por las oficinas del Partido Baaz del barrio donde vivías".
Pero inscribirse como miembro del partido y ser un activista no es lo mismo, dijo Juhi, agregando que muchos iraquíes eran miembros nominales del partido para evitar llamar la atención y ser perseguidos, cosas que podrían transformar tu vida en un "infierno".
Juhi estaba trabajando en la Corte Penal Central de Bagdad cuando se le pidió que se sumara al tribunal, en abril de 2004. "Me sentí honrado", dijo. "Acepté inmediatamente".
Como el principal juez instructor del tribunal de tres niveles, Juhi supervisa los equipos judiciales que investigan las acusaciones y determinan, después de oír a testigos y ver documentos, si hay o no suficientes pruebas para iniciar un juicio. Si eso ocurre, el acusado debe presentarse ante una comisión de cinco jueces para ser juzgado. El tercer nivel del tribunal es una corte de apelaciones de nueve miembros. Cuando Hussein y 11 de sus asociados hicieron su primera aparición ante Juhi en julio, fue para ser formalmente notificados de que estaban bajo investigación. El mes pasado, en otra primera vez para el tribunal, Juhi notificó a cinco antiguos funcionarios de que había encontrado suficientes evidencias sobre su participación en crímenes contra la humanidad para llevar sus casos a juicio.
La acusación contra Hussein, 67, es amplia. En su comparecencia fue acusado de ordenar siete atrocidades: el uso de armas químicas contra el pueblo kurdo de Halabja en 1988; el asesinato en 1983 de miembros del clan kurdo barzani; los asesinatos de activistas de partidos políticos durante un período de 30 años; los asesinatos de líderes religiosos; la brutal campaña de ataques contra los kurdos en los años ochenta; la violenta represión de los kurdos y chiíes tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991; y la invasión de Kuwait en 1990.
Interrogado sobre cuando puede ser llevado a juicio el presidente derrocado, Juhi dijo que casos en los que se trata de crímenes contra la humanidad, genocidio y crímenes de guerra toman tiempo en desarrollarse debido a su complejidad. "Son crímenes sofisticados que no son fáciles de probar... porque esos crímenes tenían la intención de mostrar, o probar políticas de gobierno, y hay que probar que esas medidas eran aplicadas a algunos de sus ciudadanos, que provienen todos de un grupo, quizás político, religioso o étnico", dijo.
"Pero... hemos avanzado bastante", agregó. "Yo diría que antes estábamos excavando en el subterráneo. Ahora estamos en la superficie, trabajando con todo el esqueleto del caso... No creo que haya un juez en el mundo que pueda predecir cuándo terminaremos".
A pesar del saqueo de posguerra de las oficinas del gobierno, el tribunal tiene "impresionantes y concluyentes documentos" que ayudarán a probar las acusaciones contra los antiguos funcionarios, dijo el juez. Y el año pasado, él y su personal han oído el "doloroso" testimonio de testigos, agregó.
"Sabíamos algo de las cosas que se hacían durante la era de Saddam, pero después de las pesquisas que realizamos nos dimos cuenta de que lo que sabíamos no estaba ni cerca de lo que ocurría en realidad", dijo. "Antes, los iraquíes no podían hablar y debían guardarse todo. Ahora, después de la guerra, han empezado a hablar. Los iraquíes no se sorprenderán" de lo que escuchen durante el juicio. "Pero estarán orgullosos del tribunal en el que depositaron su confianza".
Juhi también predijo que "amigos de fuera de Iraq estarán orgullosos de habernos ayudado en este campo. Y los que no nos ayudaron se dirán ahora a sí mismos que hubiera sido mejor ayudarnos". El tribunal fue instalado con 75 millones de dólares de fondos estadounidenses; juristas norteamericanos asesoran el tribunal.
Los peligros del trabajar para el tribunal fueron puestos en agudo relieve el 1 de marzo cuando uno de sus jueces, Barwez Mohammed Mahmoud Merwani, 59, y su hijo, Aryan Barwez Mohammed Merwani, 26, fueron emboscados y asesinados en Bagdad cuando subían a sus coches para marcharse al trabajo. El juez "era miembro del equipo de investigación que dirijo", dijo Juhi, que agregó que continúa la investigación sobre su asesinato.
Inicialmente, Juhi guardaba tan secretamente su trabajo que ni siquiera su familia sabía de su participación en la investigación de Hussein hasta que la televisión iraquí emitió la comparecencia de Hussein ante el juez en julio pasado. Cuando su hijo lo vio en la pantalla, recuerda Juhi, se llevó las manos a la boca y dijo: "¡Ese es mi padre!' Estaba sorprendido".
Juhi dijo que quería enfatizar que se siente "muy optimista sobre el futuro" de su país. "Los errores cometidos antes no serán repetidos. No habrá nuevamente una centralización del poder contra la gente. El presidente servirá al pueblo. No sólo estoy seguro, además creo en ello". Agregó que "el secreto detrás del éxito del gobierno es el éxito de la ley".
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
sharia, oscura sombra en iraq
[Susan Jacobyp] Una constitución islámica constituye un enorme peligro.
Uno de los resultados más inquietantes de la intervención de Estados Unidos en Iraq es el reciente estallido de racionalizaciones en todo el espectro político y cultural estadounidense sobre la incorporación del islam en la nueva constitución iraquí.
No hay nada particularmente sorprendente en semejantes racionalizaciones, en la derecha. El vice-presidente Dick Cheney respondió previsiblemente sobre las elecciones de enero en Iraq, que extendió el poder los partidos religiosos chiíes, con una declaración en la que dice que "tenemos una gran confianza en la dirección en que van". ¿Qué otra cosa va a decir uno de los arquitectos de la guerra?
En la derecha cristiana, esas reacciones son incluso más comprensibles; es la misma gente que denigra rutinariamente la propia separación constitucional estadounidense entre la iglesia y el estado. ¿Por qué habrían de preocuparse si el nuevo gobierno iraquí impide que una mujer de divorcie sin el consentimiento de su marido y le reconoce a sus testimonios legales sólo la mitad del valor de las de un hombre? Mientras los iraquíes se mantengan alejados de prohibir al estilo saudí las otras formas de credo (léase cristianismo), una constitución iraquí basada en la religión no planteaba para los fundamentalistas norteamericanos ningún obstáculo lógico.
Pero los halcones neo-conservadores y la derecha religiosa están lejos de estar solos en su optimista visión del islam como base de un gobierno aliado. Algunos en la izquierda, sucumbiendo a un multiculturalismo paternalista -libertad de conciencia para mí pero no para vos-, están también soltando racionalizaciones para hacer la vista gorda si la ley islámica, o sharia, se impone al pueblo iraquí.
Muchos miembros de la nueva comunidad académica de estudios islámicos en las universidades estadounidenses consideran las objeciones contra la unión entre el gobierno y el islam como un ejemplo más del provincialismo americano. "La mera mención del islam en un contexto constitucional no deben provocar reacciones exageradas", dice Frank E. Vogel, director del programa de estudios jurídicos sobre el islam de la Universidad de Harvard.
"Esto podría ser una causa legítima de alarma, o podría ser solamente simbólica", agrega Vogel, cuyo título académico oficial es Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, Profesor Adjunto de Estudios Jurídicos Islámicos'. (El Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas es, además, uno de los títulos oficiales del rey de Arabia Saudí).
Pero si la historia nos enseña algo, es que la aplicación del gobierno de la ley religiosa ha sido siempre el enemigo natural de los derechos individuales y de la minoría. El simbolismo religioso de una persona no debe ser el dolor real de otra.
Uno de los "compromisos" sugeridos por los multiculturalistas es un marco de leyes seculares que sin embargo de a las autoridades religiosas plena jurisdicción sobre materias delicadas, como el matrimonio y el divorcio. Ese fue precisamente el compromiso que el nuevo estado israelí cerró con los rabíes ortodoxos en 1948.
Aunque la mayoría de las leyes israelíes son seculares, las cortes rabínicas ortodoxas tienen una jurisdicción casi total sobre el matrimonio y el divorcio. Una mujer judía (incluso una mujer judía no observante) sólo puede divorciarse si su marido le da permiso bajo la forma de un get, un decreto religioso de divorcio. Este compromiso' ha condenado a miles de infelices mujeres israelíes -conocidas como agunot, que quiere decir literalmente mujeres encadenadas'- a un limbo legal. Sin un get, una mujer judía no se puede volver a casar en Israel y sus hijos de uniones subsecuentes -incluso si se casa en el extranjero- son considerados ilegítimos.
¿Piensa alguien seriamente que la jurisdicción islámica sobre la ley de familia producirán un tratamiento más justo de las mujeres iraquíes, que el que otorga la jurisdicción judía ortodoxa a las mujeres israelíes?
En Afganistán, Estados Unidos cedió a la exigencia musulmana conservadora de que la constitución afgana post-talibán prohibiera la aprobación de cualquier ley "contraria a la sagrada religión del islam". Los defensores de este pacto faustiano se consuelan con que el presidente afgano Hamid Karzai no quiere aplicarlo. Pero ¿qué ocurrirá cuando Karzai sea sucedido por alguien que no comparta sus ideas moderadas? Una constitución que otorga a la religión una condición "sagrada" ofrece a una invitación permanente a políticos y clérigos a definir lo sacro para el resto de la sociedad.Los optimistas sobre el compromiso iglesia-estado en Iraq sugieren ilusionadamente que el nuevo gobierno iraquí, diga lo que diga su constitución sobre la religión, probablemente adoptará el curso moderado de facto de Afganistán en lugar de los modelos represivos de Arabia Saudí e Irán. Esperemos que sea así -no por nuestros propios intereses, sino por los de los iraquíes que anhelan las libertades personales y no quieren que sus vidas sean controladas por fanáticos religiosos.
La triste y desgraciada hebra común de muchas racionalizaciones de la constitución basada en el islam es una negación implícita, y explícita en el caso del gobierno de Bush, de la importancia de los valores laicos de la Ilustración en la historia de Estados Unidos. Sin el constante redoble de tambores del gobierno haciendo equivaler el patriotismo norteamericano con la fe religiosa, sería mucho más difícil argumentar a favor de la teocracia en otras culturas.
Si fracasamos en honrar el lado secular de nuestro legado cívico en casa, ciertamente se deriva que no podremos oponernos a una teocracia impuesta por la mayoría en el extranjero.
Susan Jacoby es la autora de Freethinkers: A History of American Secularism' (Metropolitan Books, 2004) y directora del Centro de Investigación-Metro Nueva York.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Uno de los resultados más inquietantes de la intervención de Estados Unidos en Iraq es el reciente estallido de racionalizaciones en todo el espectro político y cultural estadounidense sobre la incorporación del islam en la nueva constitución iraquí.No hay nada particularmente sorprendente en semejantes racionalizaciones, en la derecha. El vice-presidente Dick Cheney respondió previsiblemente sobre las elecciones de enero en Iraq, que extendió el poder los partidos religiosos chiíes, con una declaración en la que dice que "tenemos una gran confianza en la dirección en que van". ¿Qué otra cosa va a decir uno de los arquitectos de la guerra?
En la derecha cristiana, esas reacciones son incluso más comprensibles; es la misma gente que denigra rutinariamente la propia separación constitucional estadounidense entre la iglesia y el estado. ¿Por qué habrían de preocuparse si el nuevo gobierno iraquí impide que una mujer de divorcie sin el consentimiento de su marido y le reconoce a sus testimonios legales sólo la mitad del valor de las de un hombre? Mientras los iraquíes se mantengan alejados de prohibir al estilo saudí las otras formas de credo (léase cristianismo), una constitución iraquí basada en la religión no planteaba para los fundamentalistas norteamericanos ningún obstáculo lógico.
Pero los halcones neo-conservadores y la derecha religiosa están lejos de estar solos en su optimista visión del islam como base de un gobierno aliado. Algunos en la izquierda, sucumbiendo a un multiculturalismo paternalista -libertad de conciencia para mí pero no para vos-, están también soltando racionalizaciones para hacer la vista gorda si la ley islámica, o sharia, se impone al pueblo iraquí.
Muchos miembros de la nueva comunidad académica de estudios islámicos en las universidades estadounidenses consideran las objeciones contra la unión entre el gobierno y el islam como un ejemplo más del provincialismo americano. "La mera mención del islam en un contexto constitucional no deben provocar reacciones exageradas", dice Frank E. Vogel, director del programa de estudios jurídicos sobre el islam de la Universidad de Harvard.
"Esto podría ser una causa legítima de alarma, o podría ser solamente simbólica", agrega Vogel, cuyo título académico oficial es Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, Profesor Adjunto de Estudios Jurídicos Islámicos'. (El Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas es, además, uno de los títulos oficiales del rey de Arabia Saudí).
Pero si la historia nos enseña algo, es que la aplicación del gobierno de la ley religiosa ha sido siempre el enemigo natural de los derechos individuales y de la minoría. El simbolismo religioso de una persona no debe ser el dolor real de otra.
Uno de los "compromisos" sugeridos por los multiculturalistas es un marco de leyes seculares que sin embargo de a las autoridades religiosas plena jurisdicción sobre materias delicadas, como el matrimonio y el divorcio. Ese fue precisamente el compromiso que el nuevo estado israelí cerró con los rabíes ortodoxos en 1948.
Aunque la mayoría de las leyes israelíes son seculares, las cortes rabínicas ortodoxas tienen una jurisdicción casi total sobre el matrimonio y el divorcio. Una mujer judía (incluso una mujer judía no observante) sólo puede divorciarse si su marido le da permiso bajo la forma de un get, un decreto religioso de divorcio. Este compromiso' ha condenado a miles de infelices mujeres israelíes -conocidas como agunot, que quiere decir literalmente mujeres encadenadas'- a un limbo legal. Sin un get, una mujer judía no se puede volver a casar en Israel y sus hijos de uniones subsecuentes -incluso si se casa en el extranjero- son considerados ilegítimos.
¿Piensa alguien seriamente que la jurisdicción islámica sobre la ley de familia producirán un tratamiento más justo de las mujeres iraquíes, que el que otorga la jurisdicción judía ortodoxa a las mujeres israelíes?
En Afganistán, Estados Unidos cedió a la exigencia musulmana conservadora de que la constitución afgana post-talibán prohibiera la aprobación de cualquier ley "contraria a la sagrada religión del islam". Los defensores de este pacto faustiano se consuelan con que el presidente afgano Hamid Karzai no quiere aplicarlo. Pero ¿qué ocurrirá cuando Karzai sea sucedido por alguien que no comparta sus ideas moderadas? Una constitución que otorga a la religión una condición "sagrada" ofrece a una invitación permanente a políticos y clérigos a definir lo sacro para el resto de la sociedad.Los optimistas sobre el compromiso iglesia-estado en Iraq sugieren ilusionadamente que el nuevo gobierno iraquí, diga lo que diga su constitución sobre la religión, probablemente adoptará el curso moderado de facto de Afganistán en lugar de los modelos represivos de Arabia Saudí e Irán. Esperemos que sea así -no por nuestros propios intereses, sino por los de los iraquíes que anhelan las libertades personales y no quieren que sus vidas sean controladas por fanáticos religiosos.
La triste y desgraciada hebra común de muchas racionalizaciones de la constitución basada en el islam es una negación implícita, y explícita en el caso del gobierno de Bush, de la importancia de los valores laicos de la Ilustración en la historia de Estados Unidos. Sin el constante redoble de tambores del gobierno haciendo equivaler el patriotismo norteamericano con la fe religiosa, sería mucho más difícil argumentar a favor de la teocracia en otras culturas.
Si fracasamos en honrar el lado secular de nuestro legado cívico en casa, ciertamente se deriva que no podremos oponernos a una teocracia impuesta por la mayoría en el extranjero.
Susan Jacoby es la autora de Freethinkers: A History of American Secularism' (Metropolitan Books, 2004) y directora del Centro de Investigación-Metro Nueva York.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
resistencia debilitada en iraq
[Eric Schmitt] La insurgencia está desapareciendo rápidamente, dicen marines en Iraq.
Washington, Estados Unidos. Un importante oficial de los marines en Iraq dijo el viernes que el número de ataques contra las tropas norteamericanas en el oeste de Iraq -una zona dominada por los sunníes- y el número de bajas, han disminuido acusadamente en los últimos cuatro meses, un desarrollo que calificó de evidencia de que la resistencia se está debilitando en una de las áreas más violentas del país.
El oficial, el teniente general John F. Sattler, jefe de la Primera Fuerza Expedicionaria de la Marina, dijo que los rebeldes efectúan un promedio de 10 ataques al día, y menos de dos de esos ataques han matado o herido a soldados norteamericanos o dañado los equipos. Eso, comparado con los 25 ataques diarios, cinco de ellos con bajas o daños, en las semanas anteriores a la vital batalla de Faluya en noviembre, dijo.
En una variada entrevista telefónica de 45 minutos desde su cuartel general justo en las afueras de Faluya, el general Sattler dijo que los puestos de control provisionales instalados por las patrullas de marines habían desbaratado las actividades de los insurgentes.
Dijo que varios cientos de yihadistas intransigentes y antiguos miembros del gobierno y servicios de seguridad de Saddam Hussein todavía estaba operando en la provincia de Anbar, pero que la caída en la frecuencia de los ataques indicaba que la influencia de los rebeldes se estaba evaporando.
"Están muy atrás en sus intentos, y son poco efectivos", dijo el general Sattler.
Varios importantes oficiales militares han observado, sin embargo, que muchos insurgentes huyeron antes o durante la batalla de Faluya para seguir peleando en otros lugares de Iraq. Y aunque hay menos ataques letales al oeste de Iraq, dicen los comandantes, bombas a control remoto utilizadas contra las fuerzas norteamericanas e iraquíes en otras partes del país se han vuelto más mortíferas. Muchas bombas, por ejemplo, son obuses de artillería amarrados juntos y enterrados debajo de las calles.
El general Richard B. Myers, presidente del Mando Conjunto del Estado Mayor, dijo durante una visita de inspección en Iraq y otros países del Golfo Pérsico esta semana, que el número de ataques en el país había descendido de 50 a 40 por día -muchos menos que en las semanas previas a las elecciones del 30 de enero, pero en general es el mismo número que el año pasado.
El vice-almirante Lowell E. Jacoby, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa AID, dijo el jueves al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado que en Iraq operaban entre 12.000 y 20.000 rebeldes intransigentes. Es más o menos el mismo rango sobre el que informaron agentes de la inteligencia estadounidense en octubre pasado.
"Todavía hay un montón que hacer", reconoció el general Sattler, que termina el 27 de marzo una excursión de siete meses y pasará su dirección a general de división Stephen T. Johnson, de la Segunda Fuerza Expedicionaria de la Marina.
El general Sattler, que dijo el 18 de noviembre que la ofensiva en Faluya había "roto la espina dorsal de la insurgencia" allá, dijo el viernes que los rebeldes que restaban en la provincia de Anbar, una región del tamaño de Rhode Island, eran varios cientos, y estaban perdiendo rápidamente el apoyo de la opinión pública. Dijo que cerca de un tercio de los 250.000 habitantes de Faluya, la mayoría de los cuales habían huido de la violencia, había retornado a la ciudad.
Una táctica que los marines están usando con creciente efectividad es instalar puestos de control al azar. Las patrullas de los marines levantan entre 20 a 40 cada día en la provincia, actúan como agentes disuasivos de los insurgentes y como un modo de capturar a potenciales terroristas, que son parados y en cuyos coches se encuentran explosivos.
Hace un año, justo antes de la aborda ofensiva de abril en Faluya, el general Sattler dijo que en la región prácticamente no había fuerzas de seguridad iraquíes competentes. Hoy, dijo, hay 5.000 soldados iraquíes y comandos policiales en Faluya y alrededores y en Ramadi. "Desplegando fuerzas iraquíes en la calle, les ha ganado la confianza de la gente", dijo el general Sattler.
Sin embargo, funcionarios iraquíes y estadounidenses han "cerrado" Ramadi debido a la situación de seguridad, pidiendo a habitantes y visitantes que pasen a través de una serie de puestos de control, dijo.
En Faluya, continuó, seis batallones del Ejército iraquí y dos batallones de seguridad que llegaron después de la batalla de noviembre, están funcionando tan bien que los marines han sido capaces de reducir su presencia a dos batallones, de cuatro, y pasar más tareas de seguridad a los iraquíes.
En la ciudad, un enorme trabajo de reconstrucción queda por delante. Entre 75.000 y 90.000 residentes han vuelto, pero sólo un 25 por ciento tiene electricidad, dijo el general. Funcionarios iraquíes esperan restablecer la energía eléctrica para fines de abril, dijo.
Las estaciones de agua potable de la ciudad están operando, pero los equipos todavía trabajan en la reparación de tuberías hacia domicilios individuales, dijo el general Sattler. Funcionarios estadounidenses e iraquíes estiman que quedan para adelante unos 400 millones de dólares para obras de reconstrucción; hasta el momento, 100 millones de dólares han sido apartados para esas obras. En los últimos días, el gobierno iraquí ha firmado cheques para los primeros diez propietarios iraquíes elegibles para pagos de compensación por edificios dañados, dijo.
18 de marzo de 2005
21 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Washington, Estados Unidos. Un importante oficial de los marines en Iraq dijo el viernes que el número de ataques contra las tropas norteamericanas en el oeste de Iraq -una zona dominada por los sunníes- y el número de bajas, han disminuido acusadamente en los últimos cuatro meses, un desarrollo que calificó de evidencia de que la resistencia se está debilitando en una de las áreas más violentas del país.El oficial, el teniente general John F. Sattler, jefe de la Primera Fuerza Expedicionaria de la Marina, dijo que los rebeldes efectúan un promedio de 10 ataques al día, y menos de dos de esos ataques han matado o herido a soldados norteamericanos o dañado los equipos. Eso, comparado con los 25 ataques diarios, cinco de ellos con bajas o daños, en las semanas anteriores a la vital batalla de Faluya en noviembre, dijo.
En una variada entrevista telefónica de 45 minutos desde su cuartel general justo en las afueras de Faluya, el general Sattler dijo que los puestos de control provisionales instalados por las patrullas de marines habían desbaratado las actividades de los insurgentes.
Dijo que varios cientos de yihadistas intransigentes y antiguos miembros del gobierno y servicios de seguridad de Saddam Hussein todavía estaba operando en la provincia de Anbar, pero que la caída en la frecuencia de los ataques indicaba que la influencia de los rebeldes se estaba evaporando.
"Están muy atrás en sus intentos, y son poco efectivos", dijo el general Sattler.
Varios importantes oficiales militares han observado, sin embargo, que muchos insurgentes huyeron antes o durante la batalla de Faluya para seguir peleando en otros lugares de Iraq. Y aunque hay menos ataques letales al oeste de Iraq, dicen los comandantes, bombas a control remoto utilizadas contra las fuerzas norteamericanas e iraquíes en otras partes del país se han vuelto más mortíferas. Muchas bombas, por ejemplo, son obuses de artillería amarrados juntos y enterrados debajo de las calles.
El general Richard B. Myers, presidente del Mando Conjunto del Estado Mayor, dijo durante una visita de inspección en Iraq y otros países del Golfo Pérsico esta semana, que el número de ataques en el país había descendido de 50 a 40 por día -muchos menos que en las semanas previas a las elecciones del 30 de enero, pero en general es el mismo número que el año pasado.
El vice-almirante Lowell E. Jacoby, director de la Agencia de Inteligencia de Defensa AID, dijo el jueves al Comité de las Fuerzas Armadas del Senado que en Iraq operaban entre 12.000 y 20.000 rebeldes intransigentes. Es más o menos el mismo rango sobre el que informaron agentes de la inteligencia estadounidense en octubre pasado.
"Todavía hay un montón que hacer", reconoció el general Sattler, que termina el 27 de marzo una excursión de siete meses y pasará su dirección a general de división Stephen T. Johnson, de la Segunda Fuerza Expedicionaria de la Marina.
El general Sattler, que dijo el 18 de noviembre que la ofensiva en Faluya había "roto la espina dorsal de la insurgencia" allá, dijo el viernes que los rebeldes que restaban en la provincia de Anbar, una región del tamaño de Rhode Island, eran varios cientos, y estaban perdiendo rápidamente el apoyo de la opinión pública. Dijo que cerca de un tercio de los 250.000 habitantes de Faluya, la mayoría de los cuales habían huido de la violencia, había retornado a la ciudad.
Una táctica que los marines están usando con creciente efectividad es instalar puestos de control al azar. Las patrullas de los marines levantan entre 20 a 40 cada día en la provincia, actúan como agentes disuasivos de los insurgentes y como un modo de capturar a potenciales terroristas, que son parados y en cuyos coches se encuentran explosivos.
Hace un año, justo antes de la aborda ofensiva de abril en Faluya, el general Sattler dijo que en la región prácticamente no había fuerzas de seguridad iraquíes competentes. Hoy, dijo, hay 5.000 soldados iraquíes y comandos policiales en Faluya y alrededores y en Ramadi. "Desplegando fuerzas iraquíes en la calle, les ha ganado la confianza de la gente", dijo el general Sattler.
Sin embargo, funcionarios iraquíes y estadounidenses han "cerrado" Ramadi debido a la situación de seguridad, pidiendo a habitantes y visitantes que pasen a través de una serie de puestos de control, dijo.
En Faluya, continuó, seis batallones del Ejército iraquí y dos batallones de seguridad que llegaron después de la batalla de noviembre, están funcionando tan bien que los marines han sido capaces de reducir su presencia a dos batallones, de cuatro, y pasar más tareas de seguridad a los iraquíes.
En la ciudad, un enorme trabajo de reconstrucción queda por delante. Entre 75.000 y 90.000 residentes han vuelto, pero sólo un 25 por ciento tiene electricidad, dijo el general. Funcionarios iraquíes esperan restablecer la energía eléctrica para fines de abril, dijo.
Las estaciones de agua potable de la ciudad están operando, pero los equipos todavía trabajan en la reparación de tuberías hacia domicilios individuales, dijo el general Sattler. Funcionarios estadounidenses e iraquíes estiman que quedan para adelante unos 400 millones de dólares para obras de reconstrucción; hasta el momento, 100 millones de dólares han sido apartados para esas obras. En los últimos días, el gobierno iraquí ha firmado cheques para los primeros diez propietarios iraquíes elegibles para pagos de compensación por edificios dañados, dijo.
18 de marzo de 2005
21 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
anarquía en calles de iraq
[Monte Morin] Epidemia de asesinatos en las calles de Iraq.
Bagdad, Iraq. Ha pasado más de un mes desde que Hassan Hadi viera cómo sus compañeros de trabajo fueran ejecutados uno por uno por la Panadería Felicidad, y no puede dejar de recordar el momento en que el destino le perdonó su vida.
En un pequeño apartamento a apenas una cuadra de la escena del crimen, un familiar de una de las víctimas pone una pistola en su cinturón y desliza una granada de apagado verde en el bolsillo de su chaqueta mientras él piensa en cómo vengarse.
Y en la oscura sala de autopsias de la morgue central de Bagdad, un doctor que examina a las víctimas de la panadería sonríe débilmente para sí mismo a medida que más y más cuerpos llegan a la apiñada instalación.
"Los casos son cada vez más increíbles", dice el doctor Taha Qassim. "Montones de crímenes, asesinatos, decapitaciones. Sólo hoy hice la autopsia de tres cuerpos decapitados. Probablemente romperemos el récord de cadáveres decapitados en los departamentos forenses del mundo".
Cuando los recién elegidos líderes de Iraq allanan la formación de una novata democracia, una epidemia de crímenes se ha apoderado de este conflictivo país. Las estadísticas del ministerio de Sanidad muestras cifras nunca vista antes de civiles iraquíes que mueren violentamente, sobre todo aquí en la capital.
Los asesinatos y atentados con bomba han llamado la atención del mundo. Pero funcionarios iraquíes dicen que la violencia no relacionada con la resistencia está aumentando, y es más probable que los iraquíes mueran a manos -o en el fuego cruzado- de secuestradores, ladrones de coches y vecinos furiosos que en atentados con coches-bomba.
En algunos casos, dicen las autoridades, los motivos son tan oscuros que no pueden decidir si están investigando un crimen disfrazado de acto de guerra o de un asesinato político encubierto como una violenta riña de negocios.
Solamente en Bagdad los funcionarios de la morgue central contaron en 2004, 8.035 muertes por causas no naturales, de 6.012 el año pasado, cuando Estados Unidos invadió Iraq. En 2002, el último año del régimen de Saddam Hussein, la morgue realizó 1.800 autopsias.
De las muertes que ocurren ahora, un 60 por ciento son causadas por heridas de bala, dicen los funcionarios, y la mayoría no están relacionadas con la resistencia. Llegan cada día a la morgue entre 20 y 30 cadáveres, y las víctimas en su gran mayoría hombres.
Gran parte de la violencia, dicen los funcionarios, se inspira en rivalidades étnicas, tribales y religiosas, que eran mantenidas a raya por el brutal régimen de Hussein, y es facilitada por la abundancia de armas de fuego. Esa mortífera combinación ha desatado una ola de asesinatos por venganza, venganzas tribales, secuestros mercenarios y robos.
"La única virtud del antiguo régimen es que Iraq gozaba de estabilidad", dijo el teniente Faris Jubrail, de la policía de Bagdad. "Era una reacción ante los severos castigos que imponía el régimen. Esto no habría ocurrido nunca entonces".
Los policías dicen que están cada vez más preocupados por la reciente llegada de grupos delictivos organizados que comercian en armas, drogas y coches robados y someten a chantaje a la gente. En algunos casos, dice la policía, los insurgentes han pagado a bandas de matones para secuestrar a doctores e ingenieros o matar a barberos por realizar cortes de pelo al estilo occidental.
El general de la Fuerza Aérea, Richard B. Myers, presidente del Mando Conjunto del Estado Mayor, se hizo eco de la policía, diciendo el martes en Bagdad que los criminales a sueldo jugaban un papel cada vez mayor en la resistencia.
La policía dice que las bandas no son motivadas por el deseo de poner fin a la ocupación; están simplemente tratando de ganar dinero.
"Hay muchas maneras diferentes de alcanzar el martirio ahora", dijo secamente un portavoz de la policía iraquí. "En los viejos días, estas cosas eran controladas por el régimen, pero ahora no hay modo de pararlas".
Uno de esos incidentes, dijo el agente, fue el descarado asesinato de 11 trabajadores y clientes de la Panadería Felicidad en Nuevo Bagdad el 11 de febrero, un suburbio de clase obrera chií en el lado este de la capital.
Los detectives sospecharon primero de insurgentes sunníes -las panaderías tenían retratos de clérigos chiíes y carteles llamando a los clientes a votar en las elecciones del 30 de enero, y el ataque tomó lugar justo antes de Ashura, un importante festivo chií.
La policía cambió de opinión cuando los testigos reconocieron a varios asesinos que eran chiíes. Las autoridades sospechan ahora que se trató de una vendetta tribal. Especulan que puede tratarse de una banda contratada para cometer los asesinatos y hacerlos aparecer como si los hubieran cometido los rebeldes.
Hadi, 30, dijo que una multitud de hambrientos clientes estaba pidiendo pan caliente para el desayuno samoon la mañana de un viernes en la popular panadería de la Calle de los Mártires. Hadi estaba atareado amasando enormes cantidades de harina, que el panadero Ali Salim metía en el horno con una ancha paleta de madera.
Hacían bromas mientras trabajaban. "Nos estábamos riendo de nuestro trabajador más joven, Mustafa", recordó Hadi. "Nos estábamos riendo de su enorme nariz".
La risa cesó abruptamente cuando oyeron ráfagas de bala justo afuera de la panadería. Sin que Hadi pudiera verlo, hombres armados que venían en tres coches se echaron a la calle y corrieron hacia las tiendas. "¡Dios es grande!", gritó un pistolero. "¡Dios es sólo uno!"
La alarma se convirtió en terror en la Panadería Felicidad cuando una segunda ráfaga hizo trizas el ventanal central y perforó al encargado de la caja, matándolo.
Hadi se deslizó detrás de un enorme mezcladora de pan y atisbó hacia la puerta de entrada. Vio entrar a la panadería a un hombre en camiseta y con una máscara negra. Llevaba un rifle Kalashnikov.
"Me dio terror cuando vi qué tipo de arma llevaba", dijo Hadi. "Luego llegó el momento más terrible: La balacera era dentro de la tienda y me sentía como si las balas nos estuvieran matando uno por uno".
Salim, el panadero, murió frente a su horno. El empleado Abdul Rehman fue matado cuando saltaba sobre la mezcladora de harina. Hadi sintió cómo una bala se incrustaba en su cadera.
Mientras se preparaba para recibir el golpe de gracia, Hadi oyó a alguien gritar repentinamente al pistolero: "¡Vamos, mátalos! ¡Nos están atacando! ¡Vámonos!" Los pistoleros desaparecieron en cuestión de segundos, dejando 11 personas muertas o agonizando.
El hermano de Hadi, Farooq, 23, también trabaja en la panadería. Él y Mustafa, el chico del que se reían, se había encerrado en los servicios durante el ataque. Mientras las balas se incrustaban en la puerta y en los listones de la ventana, contuvieron el aliento, sin atreverse a hacer un ruido.
Cuando terminó, Farooq Hadi trasladó a su hermano y a Rehman, que tenía varias heridas, al hospital.
"Incluso cuando íbamos hacia el hospital, sólo repetía: Oh, Ali'", dijo Farooq Hadi, refiriéndose a una expresión que utilizan los chiíes a menudo en momentos de dolor o de problemas. Ali era primo y yerno del profeta Mahoma.
"Luego, a medida que nos acercábamos, su voz se fue haciendo más y más débil, y cuando llegamos al hospital ya no se oía su voz. Había muerto".
La documentación de muertes semejantes en Iraq es extremadamente irregular. Ni los militares norteamericanos ni su embajada siguen la cuenta de las muertes civiles en Iraq.
Aparte de las estadísticas de la morgue, que sólo cubren Bagdad, el ministerio de Sanidad ha informado que 5.158 civiles iraquíes han muerto como resultado de actividades militares y de la resistencia en todo el país durante los últimos seis meses de 2004.
Esa cifra, como otras entregadas por el ministerio, son desechadas como inverosímilmente bajas por los grupos de derechos humanos y como altamente improbables por funcionarios de la coalición norteamericana en Iraq.
"No consideramos que sus estadísticas sobre muertes civiles sean fiables, pero son las únicas disponibles", dijo un funcionario occidental que habló anónimamente. "Es casi imposible determinar con algún grado de precisión cuántos iraquíes han muerto, especialmente por la violencia. Hay guerra, terrorismo, vendettas, delincuencia común, secuestros... En otras palabras, es simplemente imposible saber".
Algunos grupos insisten en que los iraquíes matados por las tropas norteamericanas superan de lejos las víctimas de la delincuencia.
La organización independiente Iraq Body Count lleva la cuenta de muertes de las que informa la prensa local.
Calculan que han muerto unos 18.670 civiles iraquíes desde la invasión norteamericana hace dos años.
Un estudio publicado en la revista médica británica Lancet calculó que más de 100.000 civiles iraquíes han sido asesinados desde la invasión y atribuyeron la mayoría de esas muertes a tropas de la coalición, en particular a los bombardeos aéreos.
El estudio fue único en el sentido de que se trataba de una extrapolación de sondeos realizados en casi 1.000 familias en todo Iraq.
Sus conclusiones fueron consideradas polémicas en los últimos días de la elección presidencial norteamericana del año pasado, pero el principal autor del informe, Les Roberts, las defiende.
En la pared agujereada por las balas de la Panadería Felicidad, banderas negras de defunción llevan los nombres de los muertos y condenan los "actos cobardes y traicioneros" de los atacantes. Muchas banderas semejantes cuelgan en el barrio; los tiroteos no son raros aquí. Las armas son fáciles de obtener, y los vecinos dicen que están más que preparados para responder a los ataques con sus propios arsenales.
Un vecino, Abu Ali, 37, habla con orgullo de su solitario contraataque durante el asalto de la panadería. El informe proporciona un vívido ejemplo de cómo la violencia ha impregnado la sociedad iraquí.
Ali, un primo del dueño de la panadería, se alarmó cuando oyó prolongados tiroteos ese día. El ex soldado agarró su Kalashnikov y corrió hacia la escena. Dijo que vio a un hombre enmascarado con un rifle automático parado en la calle y dio por sentado que estaba atacando la panadería. Ali dijo que disparó contra el hombre, descerrajándole tres ráfagas.
Cuando otro pistolero empezó a disparar contra Ali, dijo, corrió de vuelta a su casa, donde tenía una colección de granadas. Agarró dos de ellas, se subió al tejado de su casa y arrojó una a la calle, donde explotó.
Ali dijo que los atacantes empezaron a disparar contra él y él lanzó la segunda granada, pero esta chocó contra una pared y rebotó hacia él. Se las arregló para volver dentro antes de que detonara.
Ali dijo que se puso más que contento cuando vio a los atacantes arrastrar los cuerpos de dos de sus compañeros hacia los coches antes de huir.
Ali metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una pequeña granada verde pálido.
"Después del incidente nunca salgo sin llevar una de estas en mi bolsillo", dijo con una sonrisa.
Frente a las puertas de la morgue central de Bagdad, parientes de los muertos se lamentan y lloran. Una constante procesión de endebles ataúdes de madera amarrados a los capós de coches o metidos en los portaequipajes avanza por la entrada de la morgue hacia el agente en servicio, que firmará los documentos.
Embargados por la emoción, los parientes a veces son dominados por la rabia cuando se reúnen con el personal médico.
"Ha cambiado tanto. Parece que la tasa de crímenes aumenta cada día", dijo el doctor Abed Razaq, el director suplente de la morgue. "Incluso la gente con la que tenemos que ver, es diferente. La mayoría de la gente en una situación crítica tiende a actuar de manera anormal o vulgar. Siendo las circunstancias lo que son, sin seguridad y sin leyes, la gente entristecida se las trae con nosotros, nos intimidan y a veces hasta nos amenazan".
El doctor dijo que él y su personal se han transformado en expertos para vérselas con su rabia y han aprendido a absorberla "como una esponja que absorbe agua".
"Tenemos que hacerlo para poder hacer nuestro trabajo", dijo Razaq. "En Iraq ha cambiado todo. Sólo las leyes de la medicina forense siguen siendo las mismas".
Caesar Ahmed y Suhail Ahmad en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
20 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Ha pasado más de un mes desde que Hassan Hadi viera cómo sus compañeros de trabajo fueran ejecutados uno por uno por la Panadería Felicidad, y no puede dejar de recordar el momento en que el destino le perdonó su vida.En un pequeño apartamento a apenas una cuadra de la escena del crimen, un familiar de una de las víctimas pone una pistola en su cinturón y desliza una granada de apagado verde en el bolsillo de su chaqueta mientras él piensa en cómo vengarse.
Y en la oscura sala de autopsias de la morgue central de Bagdad, un doctor que examina a las víctimas de la panadería sonríe débilmente para sí mismo a medida que más y más cuerpos llegan a la apiñada instalación.
"Los casos son cada vez más increíbles", dice el doctor Taha Qassim. "Montones de crímenes, asesinatos, decapitaciones. Sólo hoy hice la autopsia de tres cuerpos decapitados. Probablemente romperemos el récord de cadáveres decapitados en los departamentos forenses del mundo".
Cuando los recién elegidos líderes de Iraq allanan la formación de una novata democracia, una epidemia de crímenes se ha apoderado de este conflictivo país. Las estadísticas del ministerio de Sanidad muestras cifras nunca vista antes de civiles iraquíes que mueren violentamente, sobre todo aquí en la capital.
Los asesinatos y atentados con bomba han llamado la atención del mundo. Pero funcionarios iraquíes dicen que la violencia no relacionada con la resistencia está aumentando, y es más probable que los iraquíes mueran a manos -o en el fuego cruzado- de secuestradores, ladrones de coches y vecinos furiosos que en atentados con coches-bomba.
En algunos casos, dicen las autoridades, los motivos son tan oscuros que no pueden decidir si están investigando un crimen disfrazado de acto de guerra o de un asesinato político encubierto como una violenta riña de negocios.
Solamente en Bagdad los funcionarios de la morgue central contaron en 2004, 8.035 muertes por causas no naturales, de 6.012 el año pasado, cuando Estados Unidos invadió Iraq. En 2002, el último año del régimen de Saddam Hussein, la morgue realizó 1.800 autopsias.
De las muertes que ocurren ahora, un 60 por ciento son causadas por heridas de bala, dicen los funcionarios, y la mayoría no están relacionadas con la resistencia. Llegan cada día a la morgue entre 20 y 30 cadáveres, y las víctimas en su gran mayoría hombres.
Gran parte de la violencia, dicen los funcionarios, se inspira en rivalidades étnicas, tribales y religiosas, que eran mantenidas a raya por el brutal régimen de Hussein, y es facilitada por la abundancia de armas de fuego. Esa mortífera combinación ha desatado una ola de asesinatos por venganza, venganzas tribales, secuestros mercenarios y robos.
"La única virtud del antiguo régimen es que Iraq gozaba de estabilidad", dijo el teniente Faris Jubrail, de la policía de Bagdad. "Era una reacción ante los severos castigos que imponía el régimen. Esto no habría ocurrido nunca entonces".
Los policías dicen que están cada vez más preocupados por la reciente llegada de grupos delictivos organizados que comercian en armas, drogas y coches robados y someten a chantaje a la gente. En algunos casos, dice la policía, los insurgentes han pagado a bandas de matones para secuestrar a doctores e ingenieros o matar a barberos por realizar cortes de pelo al estilo occidental.
El general de la Fuerza Aérea, Richard B. Myers, presidente del Mando Conjunto del Estado Mayor, se hizo eco de la policía, diciendo el martes en Bagdad que los criminales a sueldo jugaban un papel cada vez mayor en la resistencia.
La policía dice que las bandas no son motivadas por el deseo de poner fin a la ocupación; están simplemente tratando de ganar dinero.
"Hay muchas maneras diferentes de alcanzar el martirio ahora", dijo secamente un portavoz de la policía iraquí. "En los viejos días, estas cosas eran controladas por el régimen, pero ahora no hay modo de pararlas".
Uno de esos incidentes, dijo el agente, fue el descarado asesinato de 11 trabajadores y clientes de la Panadería Felicidad en Nuevo Bagdad el 11 de febrero, un suburbio de clase obrera chií en el lado este de la capital.
Los detectives sospecharon primero de insurgentes sunníes -las panaderías tenían retratos de clérigos chiíes y carteles llamando a los clientes a votar en las elecciones del 30 de enero, y el ataque tomó lugar justo antes de Ashura, un importante festivo chií.
La policía cambió de opinión cuando los testigos reconocieron a varios asesinos que eran chiíes. Las autoridades sospechan ahora que se trató de una vendetta tribal. Especulan que puede tratarse de una banda contratada para cometer los asesinatos y hacerlos aparecer como si los hubieran cometido los rebeldes.
Hadi, 30, dijo que una multitud de hambrientos clientes estaba pidiendo pan caliente para el desayuno samoon la mañana de un viernes en la popular panadería de la Calle de los Mártires. Hadi estaba atareado amasando enormes cantidades de harina, que el panadero Ali Salim metía en el horno con una ancha paleta de madera.
Hacían bromas mientras trabajaban. "Nos estábamos riendo de nuestro trabajador más joven, Mustafa", recordó Hadi. "Nos estábamos riendo de su enorme nariz".
La risa cesó abruptamente cuando oyeron ráfagas de bala justo afuera de la panadería. Sin que Hadi pudiera verlo, hombres armados que venían en tres coches se echaron a la calle y corrieron hacia las tiendas. "¡Dios es grande!", gritó un pistolero. "¡Dios es sólo uno!"
La alarma se convirtió en terror en la Panadería Felicidad cuando una segunda ráfaga hizo trizas el ventanal central y perforó al encargado de la caja, matándolo.
Hadi se deslizó detrás de un enorme mezcladora de pan y atisbó hacia la puerta de entrada. Vio entrar a la panadería a un hombre en camiseta y con una máscara negra. Llevaba un rifle Kalashnikov.
"Me dio terror cuando vi qué tipo de arma llevaba", dijo Hadi. "Luego llegó el momento más terrible: La balacera era dentro de la tienda y me sentía como si las balas nos estuvieran matando uno por uno".
Salim, el panadero, murió frente a su horno. El empleado Abdul Rehman fue matado cuando saltaba sobre la mezcladora de harina. Hadi sintió cómo una bala se incrustaba en su cadera.
Mientras se preparaba para recibir el golpe de gracia, Hadi oyó a alguien gritar repentinamente al pistolero: "¡Vamos, mátalos! ¡Nos están atacando! ¡Vámonos!" Los pistoleros desaparecieron en cuestión de segundos, dejando 11 personas muertas o agonizando.
El hermano de Hadi, Farooq, 23, también trabaja en la panadería. Él y Mustafa, el chico del que se reían, se había encerrado en los servicios durante el ataque. Mientras las balas se incrustaban en la puerta y en los listones de la ventana, contuvieron el aliento, sin atreverse a hacer un ruido.
Cuando terminó, Farooq Hadi trasladó a su hermano y a Rehman, que tenía varias heridas, al hospital.
"Incluso cuando íbamos hacia el hospital, sólo repetía: Oh, Ali'", dijo Farooq Hadi, refiriéndose a una expresión que utilizan los chiíes a menudo en momentos de dolor o de problemas. Ali era primo y yerno del profeta Mahoma.
"Luego, a medida que nos acercábamos, su voz se fue haciendo más y más débil, y cuando llegamos al hospital ya no se oía su voz. Había muerto".
La documentación de muertes semejantes en Iraq es extremadamente irregular. Ni los militares norteamericanos ni su embajada siguen la cuenta de las muertes civiles en Iraq.
Aparte de las estadísticas de la morgue, que sólo cubren Bagdad, el ministerio de Sanidad ha informado que 5.158 civiles iraquíes han muerto como resultado de actividades militares y de la resistencia en todo el país durante los últimos seis meses de 2004.
Esa cifra, como otras entregadas por el ministerio, son desechadas como inverosímilmente bajas por los grupos de derechos humanos y como altamente improbables por funcionarios de la coalición norteamericana en Iraq.
"No consideramos que sus estadísticas sobre muertes civiles sean fiables, pero son las únicas disponibles", dijo un funcionario occidental que habló anónimamente. "Es casi imposible determinar con algún grado de precisión cuántos iraquíes han muerto, especialmente por la violencia. Hay guerra, terrorismo, vendettas, delincuencia común, secuestros... En otras palabras, es simplemente imposible saber".
Algunos grupos insisten en que los iraquíes matados por las tropas norteamericanas superan de lejos las víctimas de la delincuencia.
La organización independiente Iraq Body Count lleva la cuenta de muertes de las que informa la prensa local.
Calculan que han muerto unos 18.670 civiles iraquíes desde la invasión norteamericana hace dos años.
Un estudio publicado en la revista médica británica Lancet calculó que más de 100.000 civiles iraquíes han sido asesinados desde la invasión y atribuyeron la mayoría de esas muertes a tropas de la coalición, en particular a los bombardeos aéreos.
El estudio fue único en el sentido de que se trataba de una extrapolación de sondeos realizados en casi 1.000 familias en todo Iraq.
Sus conclusiones fueron consideradas polémicas en los últimos días de la elección presidencial norteamericana del año pasado, pero el principal autor del informe, Les Roberts, las defiende.
En la pared agujereada por las balas de la Panadería Felicidad, banderas negras de defunción llevan los nombres de los muertos y condenan los "actos cobardes y traicioneros" de los atacantes. Muchas banderas semejantes cuelgan en el barrio; los tiroteos no son raros aquí. Las armas son fáciles de obtener, y los vecinos dicen que están más que preparados para responder a los ataques con sus propios arsenales.
Un vecino, Abu Ali, 37, habla con orgullo de su solitario contraataque durante el asalto de la panadería. El informe proporciona un vívido ejemplo de cómo la violencia ha impregnado la sociedad iraquí.
Ali, un primo del dueño de la panadería, se alarmó cuando oyó prolongados tiroteos ese día. El ex soldado agarró su Kalashnikov y corrió hacia la escena. Dijo que vio a un hombre enmascarado con un rifle automático parado en la calle y dio por sentado que estaba atacando la panadería. Ali dijo que disparó contra el hombre, descerrajándole tres ráfagas.
Cuando otro pistolero empezó a disparar contra Ali, dijo, corrió de vuelta a su casa, donde tenía una colección de granadas. Agarró dos de ellas, se subió al tejado de su casa y arrojó una a la calle, donde explotó.
Ali dijo que los atacantes empezaron a disparar contra él y él lanzó la segunda granada, pero esta chocó contra una pared y rebotó hacia él. Se las arregló para volver dentro antes de que detonara.
Ali dijo que se puso más que contento cuando vio a los atacantes arrastrar los cuerpos de dos de sus compañeros hacia los coches antes de huir.
Ali metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó una pequeña granada verde pálido.
"Después del incidente nunca salgo sin llevar una de estas en mi bolsillo", dijo con una sonrisa.
Frente a las puertas de la morgue central de Bagdad, parientes de los muertos se lamentan y lloran. Una constante procesión de endebles ataúdes de madera amarrados a los capós de coches o metidos en los portaequipajes avanza por la entrada de la morgue hacia el agente en servicio, que firmará los documentos.
Embargados por la emoción, los parientes a veces son dominados por la rabia cuando se reúnen con el personal médico.
"Ha cambiado tanto. Parece que la tasa de crímenes aumenta cada día", dijo el doctor Abed Razaq, el director suplente de la morgue. "Incluso la gente con la que tenemos que ver, es diferente. La mayoría de la gente en una situación crítica tiende a actuar de manera anormal o vulgar. Siendo las circunstancias lo que son, sin seguridad y sin leyes, la gente entristecida se las trae con nosotros, nos intimidan y a veces hasta nos amenazan".
El doctor dijo que él y su personal se han transformado en expertos para vérselas con su rabia y han aprendido a absorberla "como una esponja que absorbe agua".
"Tenemos que hacerlo para poder hacer nuestro trabajo", dijo Razaq. "En Iraq ha cambiado todo. Sólo las leyes de la medicina forense siguen siendo las mismas".
Caesar Ahmed y Suhail Ahmad en Baghdad contribuyeron a este reportaje.
20 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh