dudas sobre combate en iraq
[Steve Fainaru] Surgen dudas sobre bajas insurgentes en el ataque en el que habrían muerto 85 rebeldes.
Bagdad, Iraq. Nuevos detalles sobre una intensa batalla entre insurgentes y comandos de la policía iraquí apoyados por tropas norteamericanas, arrojan dudas sobre la aseveración del gobierno iraquí de que 85 rebeldes fueron matados en lo que fue descrito como un campo de adiestramiento clandestino.
Informes sobre la batalla siguen indicando que se produjo el martes un importante enfrentamiento en el que participaron decenas de insurgentes en la ribera oriental del Lago Tartar, a unos 80 kilómetros al noroeste de Bagdad. Sin embargo, dos oficiales norteamericanos dijeron el jueves que cuando llegaron las tropas estadounidenses al lugar del combate no encontraron ningún cadáver. Entretanto un portavoz del ministerio del Interior iraquí dijo que suponía que el número de bajas era correcto, pero minimizó el alcance de la batalla.
"Yo no lo llamaría un incidente importante", dijo el portavoz, Sabah Kadhim. Su importancia, dijo, era que había sido "la primera operación de envergadura" planeada y llevada a cabo por las nacientes fuerzas de seguridad iraquíes con el apoyo de soldados norteamericanos.
El número de bajas reportado transformó la operación en la más mortífera desde noviembre, cuando tropas norteamericanas con apoyo de tropas iraquíes entraron a la ciudad de Faluya, en el oeste del país, y mataron a 1.000 supuestos insurgentes. Esta vez, sin embargo, los iraquíes llevaron la delantera, con sólo un escuadrón de una unidad de enlace norteamericana -el Tercer Batallón, del 69 Regimiento de Blindados de la 42 División de Infantería- involucrado en el asalto inicial.
La derrota reforzó las recientes afirmaciones de comandantes norteamericanos de que las acosadas fuerzas de seguridad iraquíes estaban haciendo progresos. Funcionarios norteamericanos han dicho repetidas veces que las tropas americanas se retirarán de Iraq sólo después de que los iraquíes estén en estado de defender el país.
El mayor Richard L. Goldenberg, portavoz de la 42 División de Infantería, dijo que no podía "confirmar las estimaciones" dados por Iraq sobre el número de insurgentes matados en el ataque. Dijo que para cuando llegaron al lugar tropas de tierra norteamericanas, "las fuerzas insurgentes habían escapado... y fueron capaces de recuperar sus bajas y llevarlas con ellas".
Observando que un grupo militante islámico declaró que habían muerto 11 insurgentes, Goldenberg dijo: "El número correcto se encuentra entre 11 y 80".
Goldenberg dijo que las tripulaciones que prestaron apoyo en dos helicópteros de combate Apache y un helicóptero OH-58D Kiowa Warrior calcularon más tarde que entre 80 a 100 insurgentes habían participado en la batalla. Interrogado sobre cómo los insurgentes se llevaron 85 cadáveres, Goldenberg refirió la pregunta al ministerio del Interior.
Goldenberg dijo que la incertidumbre sobre el número de bajas no debe disminuir el logro de los comandos iraquíes. "Podemos pasar años discutiendo sobre el número de bajas", dijo. "Lo importante es el efecto que tenga sobre la resistencia organizada".
Oficiales de las fuerzas armadas norteamericanas dicen que creen que los rebeldes, incluyendo a los combatientes extranjeros, estaban usando la zona como un campo temporal porque estaba equipado con tiendas, manuales para fabricar bombas, tarjetas de identidad extranjeras, municiones y armas. Un oficial estadounidense de alta jerarquía dijo que la ubicación del campamento cerca de las indóciles ciudades de Faluya, Samarra y Ramadi podría sugerir que los insurgentes ya no buscan refugio en los grandes centros urbanos y que ha sido obligados a desplazarse hacia áreas más remotas.
La agencia de noticias Agence France-Presse informó que uno de sus corresponsales visitó el lugar el miércoles y todavía pudo encontrar a unos 30 o 40 insurgentes. Un hombre que se identificó como Amer' y reclamó ser miembro del militante Ejército Islámico Secreto de Iraq dijo que 11 rebeldes habían muerto en el ataque.
Las fuerzas de seguridad iraquíes han participado en varias violentas batallas esta semana. En la ciudad de Rabia cerca de la frontera siria la policía iraquí confundió el jueves con insurgentes a soldados iraquíes vestidos de paisanos y abrió fuego. En la batalla que siguió, murieron tres soldados y dos agentes de policía, de acuerdo a Ahmed Mohammed Khalaf Jabori, jefe de policía de la cercana ciudad de Mosul.
En Kirkuk, soldados iraquíes rechazaron el martes un ataque por un número desconocido de insurgentes, matando a tres e hiriendo a uno, de acuerdo a un portavoz del Ejército, el teniente coronel Khalil Ismael Zawbaei.
Ellen Knickmeyer en Baghdad y Marwan Ibrahim en Kirkuk y Dlovan Brwari en Mosul contribuyeron a este reportaje.
25 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Informes sobre la batalla siguen indicando que se produjo el martes un importante enfrentamiento en el que participaron decenas de insurgentes en la ribera oriental del Lago Tartar, a unos 80 kilómetros al noroeste de Bagdad. Sin embargo, dos oficiales norteamericanos dijeron el jueves que cuando llegaron las tropas estadounidenses al lugar del combate no encontraron ningún cadáver. Entretanto un portavoz del ministerio del Interior iraquí dijo que suponía que el número de bajas era correcto, pero minimizó el alcance de la batalla.
"Yo no lo llamaría un incidente importante", dijo el portavoz, Sabah Kadhim. Su importancia, dijo, era que había sido "la primera operación de envergadura" planeada y llevada a cabo por las nacientes fuerzas de seguridad iraquíes con el apoyo de soldados norteamericanos.
El número de bajas reportado transformó la operación en la más mortífera desde noviembre, cuando tropas norteamericanas con apoyo de tropas iraquíes entraron a la ciudad de Faluya, en el oeste del país, y mataron a 1.000 supuestos insurgentes. Esta vez, sin embargo, los iraquíes llevaron la delantera, con sólo un escuadrón de una unidad de enlace norteamericana -el Tercer Batallón, del 69 Regimiento de Blindados de la 42 División de Infantería- involucrado en el asalto inicial.
La derrota reforzó las recientes afirmaciones de comandantes norteamericanos de que las acosadas fuerzas de seguridad iraquíes estaban haciendo progresos. Funcionarios norteamericanos han dicho repetidas veces que las tropas americanas se retirarán de Iraq sólo después de que los iraquíes estén en estado de defender el país.
El mayor Richard L. Goldenberg, portavoz de la 42 División de Infantería, dijo que no podía "confirmar las estimaciones" dados por Iraq sobre el número de insurgentes matados en el ataque. Dijo que para cuando llegaron al lugar tropas de tierra norteamericanas, "las fuerzas insurgentes habían escapado... y fueron capaces de recuperar sus bajas y llevarlas con ellas".
Observando que un grupo militante islámico declaró que habían muerto 11 insurgentes, Goldenberg dijo: "El número correcto se encuentra entre 11 y 80".
Goldenberg dijo que las tripulaciones que prestaron apoyo en dos helicópteros de combate Apache y un helicóptero OH-58D Kiowa Warrior calcularon más tarde que entre 80 a 100 insurgentes habían participado en la batalla. Interrogado sobre cómo los insurgentes se llevaron 85 cadáveres, Goldenberg refirió la pregunta al ministerio del Interior.
Goldenberg dijo que la incertidumbre sobre el número de bajas no debe disminuir el logro de los comandos iraquíes. "Podemos pasar años discutiendo sobre el número de bajas", dijo. "Lo importante es el efecto que tenga sobre la resistencia organizada".
Oficiales de las fuerzas armadas norteamericanas dicen que creen que los rebeldes, incluyendo a los combatientes extranjeros, estaban usando la zona como un campo temporal porque estaba equipado con tiendas, manuales para fabricar bombas, tarjetas de identidad extranjeras, municiones y armas. Un oficial estadounidense de alta jerarquía dijo que la ubicación del campamento cerca de las indóciles ciudades de Faluya, Samarra y Ramadi podría sugerir que los insurgentes ya no buscan refugio en los grandes centros urbanos y que ha sido obligados a desplazarse hacia áreas más remotas.
La agencia de noticias Agence France-Presse informó que uno de sus corresponsales visitó el lugar el miércoles y todavía pudo encontrar a unos 30 o 40 insurgentes. Un hombre que se identificó como Amer' y reclamó ser miembro del militante Ejército Islámico Secreto de Iraq dijo que 11 rebeldes habían muerto en el ataque.
Las fuerzas de seguridad iraquíes han participado en varias violentas batallas esta semana. En la ciudad de Rabia cerca de la frontera siria la policía iraquí confundió el jueves con insurgentes a soldados iraquíes vestidos de paisanos y abrió fuego. En la batalla que siguió, murieron tres soldados y dos agentes de policía, de acuerdo a Ahmed Mohammed Khalaf Jabori, jefe de policía de la cercana ciudad de Mosul.
En Kirkuk, soldados iraquíes rechazaron el martes un ataque por un número desconocido de insurgentes, matando a tres e hiriendo a uno, de acuerdo a un portavoz del Ejército, el teniente coronel Khalil Ismael Zawbaei.
Ellen Knickmeyer en Baghdad y Marwan Ibrahim en Kirkuk y Dlovan Brwari en Mosul contribuyeron a este reportaje.
25 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
amenaza para mujeres iraquíes
El papel de la mujer y de la minoría laica en la nueva constitución de Iraq preocupa a liberales estadounidenses.
Han pasado casi tras las elecciones de Iraq, y la gente está comprensiblemente impaciente de ver asumir a un nuevo gobierno. Pero el verdadero problema no es el retraso. Los largos regateos sobre puestos de gabinete y otros temas territoriales eran inevitables entre políticos novatos sin experiencia previa en el toma y daca democrático. Lo que es mucho más inquietante son los importantes sectores de la población iraquí cuyos derechos pueden verse sacrificados cuando los partidos religiosos chiíes y los independentistas líderes kurdos que fueron los grandes ganadores de las elecciones, lleguen a un acuerdo final. Los que más se preocuparán en este momento son las mujeres y los iraquíes sunníes y laicos de ambos sexos.
La sádica y mortífera dictadura de Saddam Hussein no era un paraíso feminista. Pero las mujeres iraquíes tenían todavía acceso a oportunidades educacionales, profesionales y personales que eran negadas a sus hermanas de otros países árabes y musulmanes vecinos. Ahora el futuro de esas libertades está en serio peligro. El bloque dominante de partidos religiosos chiíes, junto con su candidato para primer ministro, Ibrahim al-Jaafari, quiere que la nueva constitución de Iraq se inspire directamente en las conservadoras doctrinas religiosas derivadas del Corán del islam.
Los partidos kurdos laicos cuya aprobación también se necesita para formar una mayoría gobernante tienen la mayor autoridad para oponerse a estas presiones religiosas. Pero los kurdos están concentrados en maximizar la independencia de su propia región. Parecen más interesados en gastar su capital político en agregar la ciudad petrolera de Kirkuk al territorio de un futuro Kurdistán que en proteger los derechos de los iraquíes laicos. Desde ya, los chiíes controlarán el poderoso ministerio del Interior, que dirigirá las principales agencias de gobierno. Si los kurdos les ceden también ministerios como el de educación y de asuntos de la mujer, podrían condenar a las mujeres iraquíes a una vida de opresión y a millones de iraquíes laicos, hombres y mujeres, a un futuro desolado al estilo de Irán.
El otro tema no formulado que ronda en estas negociaciones es la violentamente enajenada minoría sunní. Con muy pocos representantes sunníes ahora a la mesa, encontrar un modo de reconocer una dirigencia sunní legítima en el gobierno requerirá algo de ingenio creativo. Sin embargo, si los líderes kurdos y chiíes no reconocen sus propios intereses vitales en lograr que esto ocurra, no es probable que haya progreso. Con una nueva y permanente constitución que debe ser redactada más tarde este año, el tiempo se está haciendo poco.
Está ahora fuera de lugar que Washington trate de micro-gestionar los desarrollos políticos iraquíes. Sería burlarse de las elecciones y de las reivindicaciones de un gobierno iraquí soberano. Pero con más de 1.500 soldados norteamericanos muertos en Iraq y la clara dependencia del próximo gobierno iraquí de la protección de más de 100.000 tropas estadounidenses, Washington no sólo tiene derecho, sino que está obligado a dejar claro el interés de Estados Unidos en un Iraq libre, democrático y unificado. Este país no puede hacerse cómplice de permitir a los políticos regateadores que supediten estos objetivos a sus propios estrechos programas religiosos o separatistas.
24 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Han pasado casi tras las elecciones de Iraq, y la gente está comprensiblemente impaciente de ver asumir a un nuevo gobierno. Pero el verdadero problema no es el retraso. Los largos regateos sobre puestos de gabinete y otros temas territoriales eran inevitables entre políticos novatos sin experiencia previa en el toma y daca democrático. Lo que es mucho más inquietante son los importantes sectores de la población iraquí cuyos derechos pueden verse sacrificados cuando los partidos religiosos chiíes y los independentistas líderes kurdos que fueron los grandes ganadores de las elecciones, lleguen a un acuerdo final. Los que más se preocuparán en este momento son las mujeres y los iraquíes sunníes y laicos de ambos sexos.La sádica y mortífera dictadura de Saddam Hussein no era un paraíso feminista. Pero las mujeres iraquíes tenían todavía acceso a oportunidades educacionales, profesionales y personales que eran negadas a sus hermanas de otros países árabes y musulmanes vecinos. Ahora el futuro de esas libertades está en serio peligro. El bloque dominante de partidos religiosos chiíes, junto con su candidato para primer ministro, Ibrahim al-Jaafari, quiere que la nueva constitución de Iraq se inspire directamente en las conservadoras doctrinas religiosas derivadas del Corán del islam.
Los partidos kurdos laicos cuya aprobación también se necesita para formar una mayoría gobernante tienen la mayor autoridad para oponerse a estas presiones religiosas. Pero los kurdos están concentrados en maximizar la independencia de su propia región. Parecen más interesados en gastar su capital político en agregar la ciudad petrolera de Kirkuk al territorio de un futuro Kurdistán que en proteger los derechos de los iraquíes laicos. Desde ya, los chiíes controlarán el poderoso ministerio del Interior, que dirigirá las principales agencias de gobierno. Si los kurdos les ceden también ministerios como el de educación y de asuntos de la mujer, podrían condenar a las mujeres iraquíes a una vida de opresión y a millones de iraquíes laicos, hombres y mujeres, a un futuro desolado al estilo de Irán.
El otro tema no formulado que ronda en estas negociaciones es la violentamente enajenada minoría sunní. Con muy pocos representantes sunníes ahora a la mesa, encontrar un modo de reconocer una dirigencia sunní legítima en el gobierno requerirá algo de ingenio creativo. Sin embargo, si los líderes kurdos y chiíes no reconocen sus propios intereses vitales en lograr que esto ocurra, no es probable que haya progreso. Con una nueva y permanente constitución que debe ser redactada más tarde este año, el tiempo se está haciendo poco.
Está ahora fuera de lugar que Washington trate de micro-gestionar los desarrollos políticos iraquíes. Sería burlarse de las elecciones y de las reivindicaciones de un gobierno iraquí soberano. Pero con más de 1.500 soldados norteamericanos muertos en Iraq y la clara dependencia del próximo gobierno iraquí de la protección de más de 100.000 tropas estadounidenses, Washington no sólo tiene derecho, sino que está obligado a dejar claro el interés de Estados Unidos en un Iraq libre, democrático y unificado. Este país no puede hacerse cómplice de permitir a los políticos regateadores que supediten estos objetivos a sus propios estrechos programas religiosos o separatistas.
24 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
civiles contra guerrillas
[Robert F. Worth] Civiles iraquíes responden contra rebeldes.
Bagdad, Iraq. Iraquíes de a pie rara vez responden a los rebeldes que aterrorizan a su país. Pero el martes, justo antes de mediodía, un carpintero llamado Dhia vio a un grupo de hombres enmascarados con granadas que se acercaban a su tienda aquí y decidió que tenía más que suficiente.
Cuando los pistoleros se bajaron de sus coches, Dhia y sus parientes jóvenes se pusieron sus rifles Kalashnikov al hombro y abrieron fuego, dijeron policía y testigos. En la violenta batalla que siguió, murieron tres insurgentes, y el resto huyó cuando llegó la policía. Dos sobrinos de Dhia y un transeúnte resultaron heridos, dijo la policía.
"Les atacamos antes de que nos atacaran", dijo Dhia, 35, con la cara todavía contorsionada de rabia y excitación, parado descalzo frente a su casa pocas horas después de la batalla, con una pistola de 9 milímetros en la mano. No quiso decir su apellido.
"Matamos a tres de esos que se llaman a sí mismos muyahedines",dijo. "Estoy esperando que vengan, les enseñaremos".
Fue la primera vez que particulares han respondido con éxito contra los insurgentes. Han habido informes anecdóticos de residentes disparando contra los atacantes después de un atentado con bomba o un asesinato. Pero la balacera del martes se produjo a plena vista de al menos una docena de testigos, incluyendo a un funcionarios del ministerio de Justicia que vive en las cercanías.
La balacera fue el último signo de que los iraquíes pueden estar dispuestos a hacer frente a los ataques, que dejan aquí casi una docena de muertos cada semana.
Después del atentado suicida en Hilla el mes pasado, en el que murieron 136 personas, incluyendo a varias mujeres y niños, cientos de vecinos se han manifestado frente al ayuntamiento durante casi una semana todos los días, cantando lemas contra el terrorismo. La semana pasada una manifestación similar, pero más pequeña, tomó lugar en la Plaza de Firdos, en el centro de Bagdad. Otra manifestación en la capital está programada para el miércoles.
Como muchos de los ataques aquí, el enfrentamiento del martes tenía un tinte sectario. Dhia y su familia son árabes chiíes, y cocinan para los festivales religiosos de la mezquita chií de Husseiniya, frente a su tienda al otro lado de la calle. Los insurgentes son en gran parte árabes sunníes, y han montado decenas de ataques contra figuras chiíes, celebraciones e incluso funerales.
El conflicto se ha hecho más agudo durante el último año, ahora que los chiíes dominan la nueva fuerza policial iraquí y ejército y con una estrecha mayoría en la recién elegida asamblea nacional.
En el pasado, los líderes religiosos chiíes han desaconsejado la venganza después de los ataques. Pero hay indicios de que algunos ya no están dispuestos a poner la otra mejilla. En otoño pasado, un grupo armado llamado la Brigada de la Indignación se formó después de ataques contra peregrinos chiíes al sur de Bagdad.
En otras partes en Iraq, los insurgentes continuaron su campaña de violencia. En la norteña ciudad de Mosul, murieron el martes 4 civiles y 14 quedaron heridos tras detonar una bomba improvisada al paso de un convoy militar estadounidense, dijeron funcionarios sanitarios. La bomba no dañó al convoy, dijeron testigos, pero destruyó cuatro o cinco coches civiles que pasaban cerca de él en el puente de Sunharib en el centro de la ciudad.
El lunes noche en Mosul 17 insurgentes murieron en una balacera después de que emboscaran un convoy de agentes de seguridad iraquíes, informó la Associated Press AP.
En la provincia de Anbar, un área plagada por la violencia al oeste de Bagdad, pistoleros secuestraron a seis soldados iraquíes el martes cuando se dirigían hacia una parada de autobuses, informó la AP.
La balacera de Dhia el martes ocurrió en Doura, un vecindario obrero en el sur de Bagdad, donde se concentra la mayor parte de la violencia de la capital. Asesinatos y atentados con bomba han tomado lugar en semanas recientes, y la policía reconoce que tienen poco control. Antes del enfrentamiento, un funcionario del ministerio del Interior fue baleado en Doura, cuando se dirigía a su trabajo, dijeron funcionarios.
Los testigos vieron a los pistoleros circular cerca de la mezquita de Husseiniya en tres coches justo antes de que comenzara la violencia, dijo Amjad Hamid, 25, que trabaja en el ministerio de Justicia. Se detuvieron cerca de la tienda de Dhia, al otro lado de la mezquita. Los hombres iban armados de pistolas y rifles, y uno de ellos llevaba un cinturón lleno de granadas de mano, dijo. Viajaban en un Oldsmobile, un Honda gris y un Volkswagen Passat rojo.
Cuando empezó la balacera, dijo Hamid, su madre corrió hacia fuera gritando su nombre y fue impactada herida por balas en una pierna y oreja.
Los insurgentes huyeron sin el Honda, que quedó atrás, dijo el jefe de policía de Doura. Ese pistolero entró a una casa vecina y se ocultó allí, manteniendo a los residentes a punta de pistola hasta que sus amigos llegaron a rescatarle, dijo el jefe de policía.
El dueño de casa, que habló a condición de no ser identificado, dijo que el pistolero había entrado por el garaje hacia la salita. "Oí los gritos de las mujeres", dijo el propietario, "así que fui ver que ocurría, y vi a un hombre con un AK-47".
El dueño dijo que el pistolero gritó entonces: "Me quedaré aquí por poco tiempo hasta que pueda salir, o les mataré. Nadie saldrá de esta habitación".
Obedecieron. El pistolero telefoneó a sus amigos y se quedó aguardando durante una hora, hasta que llegaron a recogerlo. Antes de partir, dijo el dueño de casa, hizo una amenaza final: "Si gritáis o llamáis a la policía, mis amigos os matarán. Ellos saben dónde vivís".
Dos de los sobrinos de Dhia que estaban con él durante el ataque, uno de 13 y otro de 24, resultaron heridos, dijeron miembros de la familia. Después de la llegada de la policía, recuperaron los cuerpos de tres insurgentes muertos, que fueron identificados por los documentos en sus ropas, como Abdul Razzaq Hamid, Abdul Hamid Abed y Zaid Safaa, dijeron funcionarios.
Horas más tarde, Dhia todavía estaba maldiciendo furiosamente a los insurgentes, cuando habló con un reportero en la puerta de su casa, a una breve caminata desde su tienda. Un clérigo chií que estaba cerca le dijo rápidamente que dejara de hablar, y él calló.
Entretanto, un grupo de hombres armados del vecindario hacían guardia en el tejado de la casa.
"Estoy seguro de que volverán", dijo uno de los vigilantes. "Matamos a tres de ellos".
Layla Isitfan contribuyó a este artículo.
23 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Iraquíes de a pie rara vez responden a los rebeldes que aterrorizan a su país. Pero el martes, justo antes de mediodía, un carpintero llamado Dhia vio a un grupo de hombres enmascarados con granadas que se acercaban a su tienda aquí y decidió que tenía más que suficiente.Cuando los pistoleros se bajaron de sus coches, Dhia y sus parientes jóvenes se pusieron sus rifles Kalashnikov al hombro y abrieron fuego, dijeron policía y testigos. En la violenta batalla que siguió, murieron tres insurgentes, y el resto huyó cuando llegó la policía. Dos sobrinos de Dhia y un transeúnte resultaron heridos, dijo la policía.
"Les atacamos antes de que nos atacaran", dijo Dhia, 35, con la cara todavía contorsionada de rabia y excitación, parado descalzo frente a su casa pocas horas después de la batalla, con una pistola de 9 milímetros en la mano. No quiso decir su apellido.
"Matamos a tres de esos que se llaman a sí mismos muyahedines",dijo. "Estoy esperando que vengan, les enseñaremos".
Fue la primera vez que particulares han respondido con éxito contra los insurgentes. Han habido informes anecdóticos de residentes disparando contra los atacantes después de un atentado con bomba o un asesinato. Pero la balacera del martes se produjo a plena vista de al menos una docena de testigos, incluyendo a un funcionarios del ministerio de Justicia que vive en las cercanías.
La balacera fue el último signo de que los iraquíes pueden estar dispuestos a hacer frente a los ataques, que dejan aquí casi una docena de muertos cada semana.
Después del atentado suicida en Hilla el mes pasado, en el que murieron 136 personas, incluyendo a varias mujeres y niños, cientos de vecinos se han manifestado frente al ayuntamiento durante casi una semana todos los días, cantando lemas contra el terrorismo. La semana pasada una manifestación similar, pero más pequeña, tomó lugar en la Plaza de Firdos, en el centro de Bagdad. Otra manifestación en la capital está programada para el miércoles.
Como muchos de los ataques aquí, el enfrentamiento del martes tenía un tinte sectario. Dhia y su familia son árabes chiíes, y cocinan para los festivales religiosos de la mezquita chií de Husseiniya, frente a su tienda al otro lado de la calle. Los insurgentes son en gran parte árabes sunníes, y han montado decenas de ataques contra figuras chiíes, celebraciones e incluso funerales.
El conflicto se ha hecho más agudo durante el último año, ahora que los chiíes dominan la nueva fuerza policial iraquí y ejército y con una estrecha mayoría en la recién elegida asamblea nacional.
En el pasado, los líderes religiosos chiíes han desaconsejado la venganza después de los ataques. Pero hay indicios de que algunos ya no están dispuestos a poner la otra mejilla. En otoño pasado, un grupo armado llamado la Brigada de la Indignación se formó después de ataques contra peregrinos chiíes al sur de Bagdad.
En otras partes en Iraq, los insurgentes continuaron su campaña de violencia. En la norteña ciudad de Mosul, murieron el martes 4 civiles y 14 quedaron heridos tras detonar una bomba improvisada al paso de un convoy militar estadounidense, dijeron funcionarios sanitarios. La bomba no dañó al convoy, dijeron testigos, pero destruyó cuatro o cinco coches civiles que pasaban cerca de él en el puente de Sunharib en el centro de la ciudad.
El lunes noche en Mosul 17 insurgentes murieron en una balacera después de que emboscaran un convoy de agentes de seguridad iraquíes, informó la Associated Press AP.
En la provincia de Anbar, un área plagada por la violencia al oeste de Bagdad, pistoleros secuestraron a seis soldados iraquíes el martes cuando se dirigían hacia una parada de autobuses, informó la AP.
La balacera de Dhia el martes ocurrió en Doura, un vecindario obrero en el sur de Bagdad, donde se concentra la mayor parte de la violencia de la capital. Asesinatos y atentados con bomba han tomado lugar en semanas recientes, y la policía reconoce que tienen poco control. Antes del enfrentamiento, un funcionario del ministerio del Interior fue baleado en Doura, cuando se dirigía a su trabajo, dijeron funcionarios.
Los testigos vieron a los pistoleros circular cerca de la mezquita de Husseiniya en tres coches justo antes de que comenzara la violencia, dijo Amjad Hamid, 25, que trabaja en el ministerio de Justicia. Se detuvieron cerca de la tienda de Dhia, al otro lado de la mezquita. Los hombres iban armados de pistolas y rifles, y uno de ellos llevaba un cinturón lleno de granadas de mano, dijo. Viajaban en un Oldsmobile, un Honda gris y un Volkswagen Passat rojo.
Cuando empezó la balacera, dijo Hamid, su madre corrió hacia fuera gritando su nombre y fue impactada herida por balas en una pierna y oreja.
Los insurgentes huyeron sin el Honda, que quedó atrás, dijo el jefe de policía de Doura. Ese pistolero entró a una casa vecina y se ocultó allí, manteniendo a los residentes a punta de pistola hasta que sus amigos llegaron a rescatarle, dijo el jefe de policía.
El dueño de casa, que habló a condición de no ser identificado, dijo que el pistolero había entrado por el garaje hacia la salita. "Oí los gritos de las mujeres", dijo el propietario, "así que fui ver que ocurría, y vi a un hombre con un AK-47".
El dueño dijo que el pistolero gritó entonces: "Me quedaré aquí por poco tiempo hasta que pueda salir, o les mataré. Nadie saldrá de esta habitación".
Obedecieron. El pistolero telefoneó a sus amigos y se quedó aguardando durante una hora, hasta que llegaron a recogerlo. Antes de partir, dijo el dueño de casa, hizo una amenaza final: "Si gritáis o llamáis a la policía, mis amigos os matarán. Ellos saben dónde vivís".
Dos de los sobrinos de Dhia que estaban con él durante el ataque, uno de 13 y otro de 24, resultaron heridos, dijeron miembros de la familia. Después de la llegada de la policía, recuperaron los cuerpos de tres insurgentes muertos, que fueron identificados por los documentos en sus ropas, como Abdul Razzaq Hamid, Abdul Hamid Abed y Zaid Safaa, dijeron funcionarios.
Horas más tarde, Dhia todavía estaba maldiciendo furiosamente a los insurgentes, cuando habló con un reportero en la puerta de su casa, a una breve caminata desde su tienda. Un clérigo chií que estaba cerca le dijo rápidamente que dejara de hablar, y él calló.
Entretanto, un grupo de hombres armados del vecindario hacían guardia en el tejado de la casa.
"Estoy seguro de que volverán", dijo uno de los vigilantes. "Matamos a tres de ellos".
Layla Isitfan contribuyó a este artículo.
23 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
verdonk encarcela a niños
A fines de la semana pasada se dio a conocer que unos 50 niños, hijos de refugiados, se encuentran encarcelados en prisiones para extranjeros en Holanda.
Hilversum, Holanda. Unos 50 niños, hijos de refugiados que el servicio de inmigración IND quiere deportar, permanecen injustamente encarcelados. Tampoco reciben enseñanza, aunque tienen derecho a ello. Así lo declaró el presidente de Defense for Children, Stan Meuwese, en el programa de televisión Netwerk.
Esta semana el tribunal de Amsterdam determinó que Nasir Nouri, 10, de Afganistán, está encarcelada injustamente en la cárcel fronteriza del aeropuerto de Amsterdam, Schiphol.
18 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©Spits
©traducción mQh
Hilversum, Holanda. Unos 50 niños, hijos de refugiados que el servicio de inmigración IND quiere deportar, permanecen injustamente encarcelados. Tampoco reciben enseñanza, aunque tienen derecho a ello. Así lo declaró el presidente de Defense for Children, Stan Meuwese, en el programa de televisión Netwerk.Esta semana el tribunal de Amsterdam determinó que Nasir Nouri, 10, de Afganistán, está encarcelada injustamente en la cárcel fronteriza del aeropuerto de Amsterdam, Schiphol.
18 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©Spits
©traducción mQh
guerra olvidada de áfrica
[Nancy E. Soderberg] Mientras el mundo se agita sobre la matanza en Darfur, ignora otro mortífero conflicto: el de la República Democrática del Congo.
Unos 30.000 hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada mes en el Congo, debido en gran parte al hambre y a las enfermedades. Desde 1997, los civiles congoleños han sufrido dos guerras, y se calcula que han muerto unos 4 millones. Es hora de que la comunidad internacional presione a todas las partes para que se logre la paz.
A pesar de un acuerdo de paz entre las partes beligerantes y el gobierno de transición, la guerra en el Congo está lejos de haber terminado. En febrero último, la milicia en el este del Congo, en la región de Ituri, emboscó a tropas de la misión de paz de Naciones Unidas, matando a nueve soldados de Bangladesh. Naciones Unidas está ahora respondiendo a los ataques con helicópteros de combate en algunos de los combates más violentos de tropas de Naciones Unidas en los últimos años.
La nueva determinación de los soldados de Naciones Unidas es un cambio bienvenido. Pero la comunidad internacional se equivoca en dejar el proceso en manos de las fuerzas en misión de paz. El problema real es que el proceso de transición política ha sido interrumpido. Cada lado está afilando sus apuestas, inquietos antes la posibilidad de perder su control del poder y de capitales económicos. Las elecciones programadas para junio serán probablemente pospuestas. Entretanto, los congoleños están pagando el precio.
Visité recientemente la ciudad capital de Kinshasa. Es un inmenso caos; en lo esencial, el gobierno no funciona. Los celulares son el único servicio fiable. La electricidad es esporádica, el agua potable escasa, y la delincuencia, galopante. Los gángsteres -al estilo de los años 30, con trajes a rayas de colores llamativos- controlan el comercio ilegal, las drogas y la prostitución. Mientras que una tercera guerra del Congo sigue siendo una posibilidad, la continuada inestabilidad se está cobrando un devastador número de bajas humanas y amenaza con desestabilizar a la región. La comunidad internacional debe actuar urgentemente para conseguir avances en las dos áreas.
Primero, la seguridad sigue siendo un reto clave en el país. Los partidos en guerra firmaron un acuerdo de paz en 1999, y 16.700 tropas en misión de paz de Naciones Unidas se encuentran en el terreno. Sin embargo, se calcula que unos 10.000 rebeldes hutu armados, incluyendo a algunos responsables del genocidio ruandés, siguen en la frontera de Ruanda. Significan una distante amenaza para Ruanda, y una amenaza inmediata para los civiles congoleños y ahora también para las tropas de Naciones Unidas. El gobierno no ha cumplido con promesa de proteger a los civiles. Mientras estos rebeldes no sean desarticulados, el Congo seguirá corriendo el riesgo de un retorno a la guerra. Mientras algunos han pedido una fuerza de intervención para atacar a los rebeldes, ninguna fuerza se ha ofrecido para ello. El trabajo quedará para el naciente ejército congoleño.
Sin embargo, el ejército congoleño está terriblemente retrasado en sus intentos de desmovilización e integración de los soldados en una nueva organización. África del Sur, Bélgica y Angola están adiestrando brigadas integradas, pero estas cuatro brigadas están lejos de ser suficientes para ejercer control sobre un territorio que es casi del tamaño de Europa occidental. Naciones Unidas y los países donantes deben adiestrar a más batallones y proporcionar equipos, inteligencia y logística de comunicaciones. Las fuerzas de Naciones Unidas en el país deben hacer más para ayudar a construir un ejército congoleño que funcione, proteja a los civiles y vigile la frontera. El gobierno congoleño, también, debe ser más agresivo a la hora de hacer frente a esta amenaza.
En segundo lugar, la comunidad internacional debe ejercer presión para obtener un compromiso más firme con la transición entre los líderes locales, no todos de los cuales muestran la voluntad política para terminar el trabajo. Muchos creen que un estado permanente de transición sirve mejor sus intereses que la democracia, en la que ellos perderían influencia -y el correspondiente acceso a los vastos recursos del país basándose, como ahora, en el poderío militar, no en el apoyo popular. Como describió la situación un embajador occidental, "este no es un gobierno coherente; es un grupo de gente que coexiste, profundamente desconfiados unos de otros, cada uno con su ejército propio".
Es tiempo de que la comunidad internacional establezca parámetros claros a los partidos y los presione más fuertemente para avanzar. La comunidad internacional debe también llamar a rendir cuentas en casos de corrupción y lograr una mayor transparencia en el gobierno y en el papel de empresas internacionales. Embajadores claves de África y Europa, así como el de Estados Unidos, forman el Comité Internacional para Acompañar la Transición, de modo que tenemos una clara responsabilidad de llevar esto a cabo.
El hecho de que mueran 30.000 personas al mes no ha llamado la atención del mundo. Es hora de actuar con más decisión para evitar otra crisis en la que el mundo responda demasiado tarde, y hombres, mujeres y niños inocentes paguen la cuenta.
Nancy E. Soderberg es vicepresidente de asuntos multilaterales del Grupos de Crisis Internacional y autora del libro de próxima aparción 'The Superpower Myth: The Use and Misuse of American Might' [El Mito de la Superpotencia: Uso y Mal Uso del Poder Americano].
22 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Unos 30.000 hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada mes en el Congo, debido en gran parte al hambre y a las enfermedades. Desde 1997, los civiles congoleños han sufrido dos guerras, y se calcula que han muerto unos 4 millones. Es hora de que la comunidad internacional presione a todas las partes para que se logre la paz.A pesar de un acuerdo de paz entre las partes beligerantes y el gobierno de transición, la guerra en el Congo está lejos de haber terminado. En febrero último, la milicia en el este del Congo, en la región de Ituri, emboscó a tropas de la misión de paz de Naciones Unidas, matando a nueve soldados de Bangladesh. Naciones Unidas está ahora respondiendo a los ataques con helicópteros de combate en algunos de los combates más violentos de tropas de Naciones Unidas en los últimos años.
La nueva determinación de los soldados de Naciones Unidas es un cambio bienvenido. Pero la comunidad internacional se equivoca en dejar el proceso en manos de las fuerzas en misión de paz. El problema real es que el proceso de transición política ha sido interrumpido. Cada lado está afilando sus apuestas, inquietos antes la posibilidad de perder su control del poder y de capitales económicos. Las elecciones programadas para junio serán probablemente pospuestas. Entretanto, los congoleños están pagando el precio.
Visité recientemente la ciudad capital de Kinshasa. Es un inmenso caos; en lo esencial, el gobierno no funciona. Los celulares son el único servicio fiable. La electricidad es esporádica, el agua potable escasa, y la delincuencia, galopante. Los gángsteres -al estilo de los años 30, con trajes a rayas de colores llamativos- controlan el comercio ilegal, las drogas y la prostitución. Mientras que una tercera guerra del Congo sigue siendo una posibilidad, la continuada inestabilidad se está cobrando un devastador número de bajas humanas y amenaza con desestabilizar a la región. La comunidad internacional debe actuar urgentemente para conseguir avances en las dos áreas.
Primero, la seguridad sigue siendo un reto clave en el país. Los partidos en guerra firmaron un acuerdo de paz en 1999, y 16.700 tropas en misión de paz de Naciones Unidas se encuentran en el terreno. Sin embargo, se calcula que unos 10.000 rebeldes hutu armados, incluyendo a algunos responsables del genocidio ruandés, siguen en la frontera de Ruanda. Significan una distante amenaza para Ruanda, y una amenaza inmediata para los civiles congoleños y ahora también para las tropas de Naciones Unidas. El gobierno no ha cumplido con promesa de proteger a los civiles. Mientras estos rebeldes no sean desarticulados, el Congo seguirá corriendo el riesgo de un retorno a la guerra. Mientras algunos han pedido una fuerza de intervención para atacar a los rebeldes, ninguna fuerza se ha ofrecido para ello. El trabajo quedará para el naciente ejército congoleño.
Sin embargo, el ejército congoleño está terriblemente retrasado en sus intentos de desmovilización e integración de los soldados en una nueva organización. África del Sur, Bélgica y Angola están adiestrando brigadas integradas, pero estas cuatro brigadas están lejos de ser suficientes para ejercer control sobre un territorio que es casi del tamaño de Europa occidental. Naciones Unidas y los países donantes deben adiestrar a más batallones y proporcionar equipos, inteligencia y logística de comunicaciones. Las fuerzas de Naciones Unidas en el país deben hacer más para ayudar a construir un ejército congoleño que funcione, proteja a los civiles y vigile la frontera. El gobierno congoleño, también, debe ser más agresivo a la hora de hacer frente a esta amenaza.
En segundo lugar, la comunidad internacional debe ejercer presión para obtener un compromiso más firme con la transición entre los líderes locales, no todos de los cuales muestran la voluntad política para terminar el trabajo. Muchos creen que un estado permanente de transición sirve mejor sus intereses que la democracia, en la que ellos perderían influencia -y el correspondiente acceso a los vastos recursos del país basándose, como ahora, en el poderío militar, no en el apoyo popular. Como describió la situación un embajador occidental, "este no es un gobierno coherente; es un grupo de gente que coexiste, profundamente desconfiados unos de otros, cada uno con su ejército propio".
Es tiempo de que la comunidad internacional establezca parámetros claros a los partidos y los presione más fuertemente para avanzar. La comunidad internacional debe también llamar a rendir cuentas en casos de corrupción y lograr una mayor transparencia en el gobierno y en el papel de empresas internacionales. Embajadores claves de África y Europa, así como el de Estados Unidos, forman el Comité Internacional para Acompañar la Transición, de modo que tenemos una clara responsabilidad de llevar esto a cabo.
El hecho de que mueran 30.000 personas al mes no ha llamado la atención del mundo. Es hora de actuar con más decisión para evitar otra crisis en la que el mundo responda demasiado tarde, y hombres, mujeres y niños inocentes paguen la cuenta.
Nancy E. Soderberg es vicepresidente de asuntos multilaterales del Grupos de Crisis Internacional y autora del libro de próxima aparción 'The Superpower Myth: The Use and Misuse of American Might' [El Mito de la Superpotencia: Uso y Mal Uso del Poder Americano].
22 de marzo de 2005
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fantasmas de juan rulfo
[Andrés Gómez Bravo] Juan Ascencio, amigo y ex abogado del escritor, publica Un extraño en la Tierra',, una reveladora biografía del narrador mexicano. Hace 50 años aparecía en México Pedro Páramo, una novela de muertos que cambiaría la narrativa latinoamericana. Mientras la obra ganaba resonancia, su autor lidiaba con la depresión, los enemigos literarios y un alcoholismo que combatió con electroshock.
Juan Nepuceno, el hacendado del pueblo, sabía que el vaquero Guadalupe Nava quería matarlo. Años atrás, Juan Nepuceno lo había azotado públicamente por llevar animales a pastar a sus tierras, y el vaquero -entonces un niño- prometió vengarse. Cuando Guadalupe Nava tenía 17 años, el hacendado resolvió que era hora de sacarlo del camino, antes de que concretara la amenaza. El dos de junio de 1923 fue a buscarlo a la taberna donde solía beber y, acompañado de un mozo, lo llevó hasta un lejano arroyo. Pero Guadalupe, envalentonado con el mezcal, fue más rápido y concretó su venganza.
"Han matado a tu padre", le diría luego la viuda a su hijo Juan, de seis años, que sería universalmente conocido como Juan Rulfo.
El sangriento episodio dejará una huella indeleble en el futuro narrador y animará secretamente la escritura de Pedro Páramo', su obra cumbre, una novela de ánimas y muertos que cumple medio siglo. Así lo cuenta Juan Ascencio, ex abogado y amigo del escritor, quien publica Un extraño en la Tierra, biografía no autorizada de Juan Rulfo'.
Fruto de largas conversaciones y de una investigación de 20 años, el libro ilumina los mitos en torno a Rulfo, que él mismo se encargó de divulgar. Este fue uno de los principales obstáculos que enfrentó el autor: los cuentos' que el propio escritor había repartido.
"Fantaseaba mucho, le gustaba modificar la realidad. A cada paso contaba fábulas que no correspondían a la realidad. Hubo datos que me costó años verificar", dice Ascencio desde Ciudad de México.
El libro reconstruye la vida del escritor mexicano más influyente del siglo XX, desde los orígenes de su familia hasta su muerte, en 1986, y explora tanto en su genialidad como en sus zonas oscuras.
¿Y a Ti Quién Te Mató, Madre?
Hijo de Juan Nepuceno Pérez Rulfo y María Vizcaíno Arias, el escritor nació en Sayula, el 16 de mayo de 1917. El asesinato del padre cambió su vida para siempre. De hecho, Rulfo casi no hablaba de ello y, cuando lo hacía, contaba que lo mataron por dos pesos.
Ascencio reconstruye el episodio y subraya la influencia que tendría en su obra: "Fue durísimo. En su cuento Diles que no me maten', el más autobiográfico que escribió, el asesino se llama Juvencio Nava. Le quita el nombre de Guadalupe y se lo pone al asesinado, Guadalupe Terreros. Y después, en Pedro Páramo, la descripción de la muerte de Miguel Páramo (el hijo del cacique), los tiros que recibió, cómo se le salieron los ojos, es la descripción de la muerte de Juan Nepuceno. Y luego cómo quedó la madre de Rulfo, enloquecida, es Susana San Juan pensando en su amor asesinado".
"Han matado a tu padre" es una frase que también aparece en Pedro Páramo'. En la novela, el hijo replica: "¿Y a ti quién te mató, madre?". Para Ascencio, ése es el reclamo de Rulfo a su progenitora.
El Padre Rentería
Ante el duelo permanente de la madre, la abuela decide enviar a los hijos a un orfanato de Guadalajara. Cuatro años después, de visita en su casa, Rulfo se entera de que mamá ha terminado de morir.
Esas pérdidas, más la soledad del orfelinato, dan forma a su personalidad depresiva. De la escuela para huérfanos pasa al seminario y luego a la tutela de su tío, el coronel anticlerical David Pérez Rulfo. "Eso le generó una fuerte contradicción. Venía de 'Viva Cristo Rey' y pasó a 'mueran los curas'. Esa crisis la resuelve en la novela: en el enfrentamiento entre el padre Rentería y Pedro Páramo", dice el biógrafo.
El manuscrito original tenía 350 páginas; Rulfo lo dejó en 180. Cambió el título sucesivamente de Los desiertos de la Tierra' a Los temporales' y Los murmullos', antes de dar con Pedro Páramo'. Publicada el 19 de marzo de 1955, a dos años de su libro de cuentos El llano en llamas', la novela tuvo una fría recepción crítica y vendió mil copias en cuatro años.
El Escritor Alcohólico
El tiempo y la excelente acogida internacional acabarían por situar a Pedro Páramo como "una obra insuperable en la novelística mexivana", según Carlos Fuentes.
Paralelamente al reconocimiento, Rulfo enfrentaba su gran demonio. La adicción al alcohol le creó problemas con sus amigos y particularmente con su esposa, Clara, quien lo encerraba con llave para que no siguiera bebiendo.
Su alcoholismo se volvió intolerable para la familia y a fines de 1962, según revela Juan Ascencio, Rulfo ingresó al Sanatario La Foresta de Guadalajara, donde recibió tratamiento de electroshock.
De esa experiencia saldría el libro de cuentos Días sin Foresta', que destruyó tras corregir por años.
Rivales y Enemigos
Por su carácter, Rulfo tenía facilidad para hacerse enemigos. Uno de ellos era Octavio Paz, el "dictador de la cultura mexicana". Rulfo no toleraba a Paz y viceversa. En la enemistad jugaron factores literarios, políticos y de ego. "Una vez vi a Rulfo muy preocupado por varios días -cuenta Ascencio-. Luego me explicó qué le pasaba: le pidieron sus libros para una exposición en Alemania. También iban a exponer los de Paz. Y él pensó que con sus dos libros iba a quedar muy desmejorado. Entonces decidió mandar sus traducciones, que eran más de 50. 'Ya le gané', me dijo".
Otro de sus enemigos era Camilo José Cela. En 1985, ya enfermo de cáncer, Rulfo era favorito para el Premio Cervantes, pero "Cela se opuso", según él. El premio fue para Gonzalo Torrente Ballester, "que en su casa lo conocen, pero Cela lo maneja", dijo desde su cama. Rulfo partiría al mundo de los muertos el 7 de enero de 1986.
22 de marzo de 2005
©tercera
Juan Nepuceno, el hacendado del pueblo, sabía que el vaquero Guadalupe Nava quería matarlo. Años atrás, Juan Nepuceno lo había azotado públicamente por llevar animales a pastar a sus tierras, y el vaquero -entonces un niño- prometió vengarse. Cuando Guadalupe Nava tenía 17 años, el hacendado resolvió que era hora de sacarlo del camino, antes de que concretara la amenaza. El dos de junio de 1923 fue a buscarlo a la taberna donde solía beber y, acompañado de un mozo, lo llevó hasta un lejano arroyo. Pero Guadalupe, envalentonado con el mezcal, fue más rápido y concretó su venganza."Han matado a tu padre", le diría luego la viuda a su hijo Juan, de seis años, que sería universalmente conocido como Juan Rulfo.
El sangriento episodio dejará una huella indeleble en el futuro narrador y animará secretamente la escritura de Pedro Páramo', su obra cumbre, una novela de ánimas y muertos que cumple medio siglo. Así lo cuenta Juan Ascencio, ex abogado y amigo del escritor, quien publica Un extraño en la Tierra, biografía no autorizada de Juan Rulfo'.
Fruto de largas conversaciones y de una investigación de 20 años, el libro ilumina los mitos en torno a Rulfo, que él mismo se encargó de divulgar. Este fue uno de los principales obstáculos que enfrentó el autor: los cuentos' que el propio escritor había repartido.
"Fantaseaba mucho, le gustaba modificar la realidad. A cada paso contaba fábulas que no correspondían a la realidad. Hubo datos que me costó años verificar", dice Ascencio desde Ciudad de México.
El libro reconstruye la vida del escritor mexicano más influyente del siglo XX, desde los orígenes de su familia hasta su muerte, en 1986, y explora tanto en su genialidad como en sus zonas oscuras.
¿Y a Ti Quién Te Mató, Madre?
Hijo de Juan Nepuceno Pérez Rulfo y María Vizcaíno Arias, el escritor nació en Sayula, el 16 de mayo de 1917. El asesinato del padre cambió su vida para siempre. De hecho, Rulfo casi no hablaba de ello y, cuando lo hacía, contaba que lo mataron por dos pesos.
Ascencio reconstruye el episodio y subraya la influencia que tendría en su obra: "Fue durísimo. En su cuento Diles que no me maten', el más autobiográfico que escribió, el asesino se llama Juvencio Nava. Le quita el nombre de Guadalupe y se lo pone al asesinado, Guadalupe Terreros. Y después, en Pedro Páramo, la descripción de la muerte de Miguel Páramo (el hijo del cacique), los tiros que recibió, cómo se le salieron los ojos, es la descripción de la muerte de Juan Nepuceno. Y luego cómo quedó la madre de Rulfo, enloquecida, es Susana San Juan pensando en su amor asesinado".
"Han matado a tu padre" es una frase que también aparece en Pedro Páramo'. En la novela, el hijo replica: "¿Y a ti quién te mató, madre?". Para Ascencio, ése es el reclamo de Rulfo a su progenitora.
El Padre Rentería
Ante el duelo permanente de la madre, la abuela decide enviar a los hijos a un orfanato de Guadalajara. Cuatro años después, de visita en su casa, Rulfo se entera de que mamá ha terminado de morir.
Esas pérdidas, más la soledad del orfelinato, dan forma a su personalidad depresiva. De la escuela para huérfanos pasa al seminario y luego a la tutela de su tío, el coronel anticlerical David Pérez Rulfo. "Eso le generó una fuerte contradicción. Venía de 'Viva Cristo Rey' y pasó a 'mueran los curas'. Esa crisis la resuelve en la novela: en el enfrentamiento entre el padre Rentería y Pedro Páramo", dice el biógrafo.
El manuscrito original tenía 350 páginas; Rulfo lo dejó en 180. Cambió el título sucesivamente de Los desiertos de la Tierra' a Los temporales' y Los murmullos', antes de dar con Pedro Páramo'. Publicada el 19 de marzo de 1955, a dos años de su libro de cuentos El llano en llamas', la novela tuvo una fría recepción crítica y vendió mil copias en cuatro años.
El Escritor Alcohólico
El tiempo y la excelente acogida internacional acabarían por situar a Pedro Páramo como "una obra insuperable en la novelística mexivana", según Carlos Fuentes.
Paralelamente al reconocimiento, Rulfo enfrentaba su gran demonio. La adicción al alcohol le creó problemas con sus amigos y particularmente con su esposa, Clara, quien lo encerraba con llave para que no siguiera bebiendo.
Su alcoholismo se volvió intolerable para la familia y a fines de 1962, según revela Juan Ascencio, Rulfo ingresó al Sanatario La Foresta de Guadalajara, donde recibió tratamiento de electroshock.
De esa experiencia saldría el libro de cuentos Días sin Foresta', que destruyó tras corregir por años.
Rivales y Enemigos
Por su carácter, Rulfo tenía facilidad para hacerse enemigos. Uno de ellos era Octavio Paz, el "dictador de la cultura mexicana". Rulfo no toleraba a Paz y viceversa. En la enemistad jugaron factores literarios, políticos y de ego. "Una vez vi a Rulfo muy preocupado por varios días -cuenta Ascencio-. Luego me explicó qué le pasaba: le pidieron sus libros para una exposición en Alemania. También iban a exponer los de Paz. Y él pensó que con sus dos libros iba a quedar muy desmejorado. Entonces decidió mandar sus traducciones, que eran más de 50. 'Ya le gané', me dijo".
Otro de sus enemigos era Camilo José Cela. En 1985, ya enfermo de cáncer, Rulfo era favorito para el Premio Cervantes, pero "Cela se opuso", según él. El premio fue para Gonzalo Torrente Ballester, "que en su casa lo conocen, pero Cela lo maneja", dijo desde su cama. Rulfo partiría al mundo de los muertos el 7 de enero de 1986.
22 de marzo de 2005
©tercera
sharia, oscura sombra en iraq
[Susan Jacobyp] Una constitución islámica constituye un enorme peligro.
Uno de los resultados más inquietantes de la intervención de Estados Unidos en Iraq es el reciente estallido de racionalizaciones en todo el espectro político y cultural estadounidense sobre la incorporación del islam en la nueva constitución iraquí.
No hay nada particularmente sorprendente en semejantes racionalizaciones, en la derecha. El vice-presidente Dick Cheney respondió previsiblemente sobre las elecciones de enero en Iraq, que extendió el poder los partidos religiosos chiíes, con una declaración en la que dice que "tenemos una gran confianza en la dirección en que van". ¿Qué otra cosa va a decir uno de los arquitectos de la guerra?
En la derecha cristiana, esas reacciones son incluso más comprensibles; es la misma gente que denigra rutinariamente la propia separación constitucional estadounidense entre la iglesia y el estado. ¿Por qué habrían de preocuparse si el nuevo gobierno iraquí impide que una mujer de divorcie sin el consentimiento de su marido y le reconoce a sus testimonios legales sólo la mitad del valor de las de un hombre? Mientras los iraquíes se mantengan alejados de prohibir al estilo saudí las otras formas de credo (léase cristianismo), una constitución iraquí basada en la religión no planteaba para los fundamentalistas norteamericanos ningún obstáculo lógico.
Pero los halcones neo-conservadores y la derecha religiosa están lejos de estar solos en su optimista visión del islam como base de un gobierno aliado. Algunos en la izquierda, sucumbiendo a un multiculturalismo paternalista -libertad de conciencia para mí pero no para vos-, están también soltando racionalizaciones para hacer la vista gorda si la ley islámica, o sharia, se impone al pueblo iraquí.
Muchos miembros de la nueva comunidad académica de estudios islámicos en las universidades estadounidenses consideran las objeciones contra la unión entre el gobierno y el islam como un ejemplo más del provincialismo americano. "La mera mención del islam en un contexto constitucional no deben provocar reacciones exageradas", dice Frank E. Vogel, director del programa de estudios jurídicos sobre el islam de la Universidad de Harvard.
"Esto podría ser una causa legítima de alarma, o podría ser solamente simbólica", agrega Vogel, cuyo título académico oficial es Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, Profesor Adjunto de Estudios Jurídicos Islámicos'. (El Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas es, además, uno de los títulos oficiales del rey de Arabia Saudí).
Pero si la historia nos enseña algo, es que la aplicación del gobierno de la ley religiosa ha sido siempre el enemigo natural de los derechos individuales y de la minoría. El simbolismo religioso de una persona no debe ser el dolor real de otra.
Uno de los "compromisos" sugeridos por los multiculturalistas es un marco de leyes seculares que sin embargo de a las autoridades religiosas plena jurisdicción sobre materias delicadas, como el matrimonio y el divorcio. Ese fue precisamente el compromiso que el nuevo estado israelí cerró con los rabíes ortodoxos en 1948.
Aunque la mayoría de las leyes israelíes son seculares, las cortes rabínicas ortodoxas tienen una jurisdicción casi total sobre el matrimonio y el divorcio. Una mujer judía (incluso una mujer judía no observante) sólo puede divorciarse si su marido le da permiso bajo la forma de un get, un decreto religioso de divorcio. Este compromiso' ha condenado a miles de infelices mujeres israelíes -conocidas como agunot, que quiere decir literalmente mujeres encadenadas'- a un limbo legal. Sin un get, una mujer judía no se puede volver a casar en Israel y sus hijos de uniones subsecuentes -incluso si se casa en el extranjero- son considerados ilegítimos.
¿Piensa alguien seriamente que la jurisdicción islámica sobre la ley de familia producirán un tratamiento más justo de las mujeres iraquíes, que el que otorga la jurisdicción judía ortodoxa a las mujeres israelíes?
En Afganistán, Estados Unidos cedió a la exigencia musulmana conservadora de que la constitución afgana post-talibán prohibiera la aprobación de cualquier ley "contraria a la sagrada religión del islam". Los defensores de este pacto faustiano se consuelan con que el presidente afgano Hamid Karzai no quiere aplicarlo. Pero ¿qué ocurrirá cuando Karzai sea sucedido por alguien que no comparta sus ideas moderadas? Una constitución que otorga a la religión una condición "sagrada" ofrece a una invitación permanente a políticos y clérigos a definir lo sacro para el resto de la sociedad.Los optimistas sobre el compromiso iglesia-estado en Iraq sugieren ilusionadamente que el nuevo gobierno iraquí, diga lo que diga su constitución sobre la religión, probablemente adoptará el curso moderado de facto de Afganistán en lugar de los modelos represivos de Arabia Saudí e Irán. Esperemos que sea así -no por nuestros propios intereses, sino por los de los iraquíes que anhelan las libertades personales y no quieren que sus vidas sean controladas por fanáticos religiosos.
La triste y desgraciada hebra común de muchas racionalizaciones de la constitución basada en el islam es una negación implícita, y explícita en el caso del gobierno de Bush, de la importancia de los valores laicos de la Ilustración en la historia de Estados Unidos. Sin el constante redoble de tambores del gobierno haciendo equivaler el patriotismo norteamericano con la fe religiosa, sería mucho más difícil argumentar a favor de la teocracia en otras culturas.
Si fracasamos en honrar el lado secular de nuestro legado cívico en casa, ciertamente se deriva que no podremos oponernos a una teocracia impuesta por la mayoría en el extranjero.
Susan Jacoby es la autora de Freethinkers: A History of American Secularism' (Metropolitan Books, 2004) y directora del Centro de Investigación-Metro Nueva York.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Uno de los resultados más inquietantes de la intervención de Estados Unidos en Iraq es el reciente estallido de racionalizaciones en todo el espectro político y cultural estadounidense sobre la incorporación del islam en la nueva constitución iraquí.No hay nada particularmente sorprendente en semejantes racionalizaciones, en la derecha. El vice-presidente Dick Cheney respondió previsiblemente sobre las elecciones de enero en Iraq, que extendió el poder los partidos religiosos chiíes, con una declaración en la que dice que "tenemos una gran confianza en la dirección en que van". ¿Qué otra cosa va a decir uno de los arquitectos de la guerra?
En la derecha cristiana, esas reacciones son incluso más comprensibles; es la misma gente que denigra rutinariamente la propia separación constitucional estadounidense entre la iglesia y el estado. ¿Por qué habrían de preocuparse si el nuevo gobierno iraquí impide que una mujer de divorcie sin el consentimiento de su marido y le reconoce a sus testimonios legales sólo la mitad del valor de las de un hombre? Mientras los iraquíes se mantengan alejados de prohibir al estilo saudí las otras formas de credo (léase cristianismo), una constitución iraquí basada en la religión no planteaba para los fundamentalistas norteamericanos ningún obstáculo lógico.
Pero los halcones neo-conservadores y la derecha religiosa están lejos de estar solos en su optimista visión del islam como base de un gobierno aliado. Algunos en la izquierda, sucumbiendo a un multiculturalismo paternalista -libertad de conciencia para mí pero no para vos-, están también soltando racionalizaciones para hacer la vista gorda si la ley islámica, o sharia, se impone al pueblo iraquí.
Muchos miembros de la nueva comunidad académica de estudios islámicos en las universidades estadounidenses consideran las objeciones contra la unión entre el gobierno y el islam como un ejemplo más del provincialismo americano. "La mera mención del islam en un contexto constitucional no deben provocar reacciones exageradas", dice Frank E. Vogel, director del programa de estudios jurídicos sobre el islam de la Universidad de Harvard.
"Esto podría ser una causa legítima de alarma, o podría ser solamente simbólica", agrega Vogel, cuyo título académico oficial es Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas, Profesor Adjunto de Estudios Jurídicos Islámicos'. (El Custodio de las Dos Mezquitas Sagradas es, además, uno de los títulos oficiales del rey de Arabia Saudí).
Pero si la historia nos enseña algo, es que la aplicación del gobierno de la ley religiosa ha sido siempre el enemigo natural de los derechos individuales y de la minoría. El simbolismo religioso de una persona no debe ser el dolor real de otra.
Uno de los "compromisos" sugeridos por los multiculturalistas es un marco de leyes seculares que sin embargo de a las autoridades religiosas plena jurisdicción sobre materias delicadas, como el matrimonio y el divorcio. Ese fue precisamente el compromiso que el nuevo estado israelí cerró con los rabíes ortodoxos en 1948.
Aunque la mayoría de las leyes israelíes son seculares, las cortes rabínicas ortodoxas tienen una jurisdicción casi total sobre el matrimonio y el divorcio. Una mujer judía (incluso una mujer judía no observante) sólo puede divorciarse si su marido le da permiso bajo la forma de un get, un decreto religioso de divorcio. Este compromiso' ha condenado a miles de infelices mujeres israelíes -conocidas como agunot, que quiere decir literalmente mujeres encadenadas'- a un limbo legal. Sin un get, una mujer judía no se puede volver a casar en Israel y sus hijos de uniones subsecuentes -incluso si se casa en el extranjero- son considerados ilegítimos.
¿Piensa alguien seriamente que la jurisdicción islámica sobre la ley de familia producirán un tratamiento más justo de las mujeres iraquíes, que el que otorga la jurisdicción judía ortodoxa a las mujeres israelíes?
En Afganistán, Estados Unidos cedió a la exigencia musulmana conservadora de que la constitución afgana post-talibán prohibiera la aprobación de cualquier ley "contraria a la sagrada religión del islam". Los defensores de este pacto faustiano se consuelan con que el presidente afgano Hamid Karzai no quiere aplicarlo. Pero ¿qué ocurrirá cuando Karzai sea sucedido por alguien que no comparta sus ideas moderadas? Una constitución que otorga a la religión una condición "sagrada" ofrece a una invitación permanente a políticos y clérigos a definir lo sacro para el resto de la sociedad.Los optimistas sobre el compromiso iglesia-estado en Iraq sugieren ilusionadamente que el nuevo gobierno iraquí, diga lo que diga su constitución sobre la religión, probablemente adoptará el curso moderado de facto de Afganistán en lugar de los modelos represivos de Arabia Saudí e Irán. Esperemos que sea así -no por nuestros propios intereses, sino por los de los iraquíes que anhelan las libertades personales y no quieren que sus vidas sean controladas por fanáticos religiosos.
La triste y desgraciada hebra común de muchas racionalizaciones de la constitución basada en el islam es una negación implícita, y explícita en el caso del gobierno de Bush, de la importancia de los valores laicos de la Ilustración en la historia de Estados Unidos. Sin el constante redoble de tambores del gobierno haciendo equivaler el patriotismo norteamericano con la fe religiosa, sería mucho más difícil argumentar a favor de la teocracia en otras culturas.
Si fracasamos en honrar el lado secular de nuestro legado cívico en casa, ciertamente se deriva que no podremos oponernos a una teocracia impuesta por la mayoría en el extranjero.
Susan Jacoby es la autora de Freethinkers: A History of American Secularism' (Metropolitan Books, 2004) y directora del Centro de Investigación-Metro Nueva York.
22 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
juez de saddam hussein
[Caryle Murphy] Juez de Hussein emerge de las sombras. El secreto para un gobierno exitoso es el éxito de la ley, dice iraquí.
Bagdad, Iraq. Cuando el verano pasado el desdichado pero impenitente viejo se sentó frente a Raid Juhi, el joven juez no sabía qué hacer. Como la mayoría de los iraquíes, conocía al antiguo presidente sólo por la televisión, donde siempre aparecía como un aguerrido, confiado y temible héroe.
Ahora Saddam Hussein aparecía por primera vez como un acusado ante el tribunal especial iraquí que juzgará a funcionarios del derrocado gobierno de Iraq por crímenes contra la humanidad. Petulante y provocador, el demacrado presidente exigió inmunidad de cualquier juicio, despotricó sobre la ilegalidad del tribunal y se negó a firmar un reconocimiento de que estaba al tanto de sus derechos.
Juhi, que dejó que Hussein se desahogara antes de interrumpirlo, recordó haber sentido dos fuertes emociones durante la sesión de 26 minutos. Una era cómo se habían cambiado los papeles. La otra era el deber.
"Yo había trabajado como juez durante el régimen de Saddam. Nunca pensé que llegaría a interrogarlo", dijo Juhi, 34, en una entrevista reciente. "Al mismo tiempo, nuestros estudios y carrera nos enseñan a ser objetivos en nuestro trabajo y a no considerar apellidos ni rango sino sólo las evidencias. Tenemos un dicho en el poder judicial, que es: La evidencia habla".
Juhi es único juez del tribunal que se ha identificado públicamente, a pesar de las amenazas de los insurgentes, muchos de los cuales apoyaban al gobierno de Saddam. Aunque el juicio del antiguo presidente no es inminente -Juhi dijo que no se sabe cuánto tiempo tomarán las pesquisas preliminares-, un juez del tribunal ya ha sido asesinado.
"No es valentía", dijo sobre su decisión el juez nacido en Bagdad al permitir que su nombre fuera publicado. "Es importante que los iraquíes sepan son iraquíes los que llevan el caso y que el poder judicial está asumiendo sus labores".
Como muchos jóvenes iraquíes en la arruinada capital, Juhi se muestra optimista e idealista en sus esperanzas sobre el futuro de su país, un radiante contrapunto a las terribles penurias de la posguerra en las que trabajan: devastación medio-ambiental, una insurgencia despiadada, una agobiante pobreza, caos en el tráfico y políticos regateando. Todavía está lejos de haber certidumbre sobre si Iraq satisfará sus esperanzas. Pero en estos difíciles días de reconstrucción del país, son un ingrediente esencial.
Normalmente vigilado estrechamente para su propia protección, Juhi se apareció sin acompañantes para conversar con el periodista. Llevaba un traje marrón y corbata. Relajado y amable, sonreía a menudo y respondió a preguntas a través de un intérprete, con la lógica y moderación que es esperan de un juez.
Calificando al tribunal de "hito histórico de la democracia legal", Juhi dijo que creía que su trabajo ayudaría a establecer una sociedad respetuosa de las leyes en Iraq porque estamos "llevando a la justicia a la gente que alguna vez pensó que estaba por encima de la ley. También es la primera vez en tierras árabes que un presidente y todo un régimen están siendo procesados legalmente e interrogados y pueden ser juzgados por los crímenes que se sospecha cometieron".
Del proceso, dijo, surgen "dos mensajes". Uno es para que "los gobernantes aquí y en otros países no olviden... La presidencia y las responsabilidades que la acompañan son deberes otorgados por la comunidad". El segundo mensaje es recordar a la gente de a pie "que toda persona, no importa lo que poderosa que sea, debe respetar la ley", dijo.
Juhi siguió una carrera típica durante el antiguo gobierno. Se graduó de la Facultad de Leyes de la Universidad de Bagdad, hizo su servicio militar, trabajó como investigador en el ministerio de Justicia y luego completó un curso de dos años en el Instituto Judicial de Iraq que lo capacitó para ser juez.
Como otros jueces de la era de Hussein, era un miembro inscrito en el gobernante Partido Baaz. Para entrar al Instituto Judicial, observó, necesitabas "ser recomendado por las oficinas del Partido Baaz del barrio donde vivías".
Pero inscribirse como miembro del partido y ser un activista no es lo mismo, dijo Juhi, agregando que muchos iraquíes eran miembros nominales del partido para evitar llamar la atención y ser perseguidos, cosas que podrían transformar tu vida en un "infierno".
Juhi estaba trabajando en la Corte Penal Central de Bagdad cuando se le pidió que se sumara al tribunal, en abril de 2004. "Me sentí honrado", dijo. "Acepté inmediatamente".
Como el principal juez instructor del tribunal de tres niveles, Juhi supervisa los equipos judiciales que investigan las acusaciones y determinan, después de oír a testigos y ver documentos, si hay o no suficientes pruebas para iniciar un juicio. Si eso ocurre, el acusado debe presentarse ante una comisión de cinco jueces para ser juzgado. El tercer nivel del tribunal es una corte de apelaciones de nueve miembros. Cuando Hussein y 11 de sus asociados hicieron su primera aparición ante Juhi en julio, fue para ser formalmente notificados de que estaban bajo investigación. El mes pasado, en otra primera vez para el tribunal, Juhi notificó a cinco antiguos funcionarios de que había encontrado suficientes evidencias sobre su participación en crímenes contra la humanidad para llevar sus casos a juicio.
La acusación contra Hussein, 67, es amplia. En su comparecencia fue acusado de ordenar siete atrocidades: el uso de armas químicas contra el pueblo kurdo de Halabja en 1988; el asesinato en 1983 de miembros del clan kurdo barzani; los asesinatos de activistas de partidos políticos durante un período de 30 años; los asesinatos de líderes religiosos; la brutal campaña de ataques contra los kurdos en los años ochenta; la violenta represión de los kurdos y chiíes tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991; y la invasión de Kuwait en 1990.
Interrogado sobre cuando puede ser llevado a juicio el presidente derrocado, Juhi dijo que casos en los que se trata de crímenes contra la humanidad, genocidio y crímenes de guerra toman tiempo en desarrollarse debido a su complejidad. "Son crímenes sofisticados que no son fáciles de probar... porque esos crímenes tenían la intención de mostrar, o probar políticas de gobierno, y hay que probar que esas medidas eran aplicadas a algunos de sus ciudadanos, que provienen todos de un grupo, quizás político, religioso o étnico", dijo.
"Pero... hemos avanzado bastante", agregó. "Yo diría que antes estábamos excavando en el subterráneo. Ahora estamos en la superficie, trabajando con todo el esqueleto del caso... No creo que haya un juez en el mundo que pueda predecir cuándo terminaremos".
A pesar del saqueo de posguerra de las oficinas del gobierno, el tribunal tiene "impresionantes y concluyentes documentos" que ayudarán a probar las acusaciones contra los antiguos funcionarios, dijo el juez. Y el año pasado, él y su personal han oído el "doloroso" testimonio de testigos, agregó.
"Sabíamos algo de las cosas que se hacían durante la era de Saddam, pero después de las pesquisas que realizamos nos dimos cuenta de que lo que sabíamos no estaba ni cerca de lo que ocurría en realidad", dijo. "Antes, los iraquíes no podían hablar y debían guardarse todo. Ahora, después de la guerra, han empezado a hablar. Los iraquíes no se sorprenderán" de lo que escuchen durante el juicio. "Pero estarán orgullosos del tribunal en el que depositaron su confianza".
Juhi también predijo que "amigos de fuera de Iraq estarán orgullosos de habernos ayudado en este campo. Y los que no nos ayudaron se dirán ahora a sí mismos que hubiera sido mejor ayudarnos". El tribunal fue instalado con 75 millones de dólares de fondos estadounidenses; juristas norteamericanos asesoran el tribunal.
Los peligros del trabajar para el tribunal fueron puestos en agudo relieve el 1 de marzo cuando uno de sus jueces, Barwez Mohammed Mahmoud Merwani, 59, y su hijo, Aryan Barwez Mohammed Merwani, 26, fueron emboscados y asesinados en Bagdad cuando subían a sus coches para marcharse al trabajo. El juez "era miembro del equipo de investigación que dirijo", dijo Juhi, que agregó que continúa la investigación sobre su asesinato.
Inicialmente, Juhi guardaba tan secretamente su trabajo que ni siquiera su familia sabía de su participación en la investigación de Hussein hasta que la televisión iraquí emitió la comparecencia de Hussein ante el juez en julio pasado. Cuando su hijo lo vio en la pantalla, recuerda Juhi, se llevó las manos a la boca y dijo: "¡Ese es mi padre!' Estaba sorprendido".
Juhi dijo que quería enfatizar que se siente "muy optimista sobre el futuro" de su país. "Los errores cometidos antes no serán repetidos. No habrá nuevamente una centralización del poder contra la gente. El presidente servirá al pueblo. No sólo estoy seguro, además creo en ello". Agregó que "el secreto detrás del éxito del gobierno es el éxito de la ley".
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Ahora Saddam Hussein aparecía por primera vez como un acusado ante el tribunal especial iraquí que juzgará a funcionarios del derrocado gobierno de Iraq por crímenes contra la humanidad. Petulante y provocador, el demacrado presidente exigió inmunidad de cualquier juicio, despotricó sobre la ilegalidad del tribunal y se negó a firmar un reconocimiento de que estaba al tanto de sus derechos.
Juhi, que dejó que Hussein se desahogara antes de interrumpirlo, recordó haber sentido dos fuertes emociones durante la sesión de 26 minutos. Una era cómo se habían cambiado los papeles. La otra era el deber.
"Yo había trabajado como juez durante el régimen de Saddam. Nunca pensé que llegaría a interrogarlo", dijo Juhi, 34, en una entrevista reciente. "Al mismo tiempo, nuestros estudios y carrera nos enseñan a ser objetivos en nuestro trabajo y a no considerar apellidos ni rango sino sólo las evidencias. Tenemos un dicho en el poder judicial, que es: La evidencia habla".
Juhi es único juez del tribunal que se ha identificado públicamente, a pesar de las amenazas de los insurgentes, muchos de los cuales apoyaban al gobierno de Saddam. Aunque el juicio del antiguo presidente no es inminente -Juhi dijo que no se sabe cuánto tiempo tomarán las pesquisas preliminares-, un juez del tribunal ya ha sido asesinado.
"No es valentía", dijo sobre su decisión el juez nacido en Bagdad al permitir que su nombre fuera publicado. "Es importante que los iraquíes sepan son iraquíes los que llevan el caso y que el poder judicial está asumiendo sus labores".
Como muchos jóvenes iraquíes en la arruinada capital, Juhi se muestra optimista e idealista en sus esperanzas sobre el futuro de su país, un radiante contrapunto a las terribles penurias de la posguerra en las que trabajan: devastación medio-ambiental, una insurgencia despiadada, una agobiante pobreza, caos en el tráfico y políticos regateando. Todavía está lejos de haber certidumbre sobre si Iraq satisfará sus esperanzas. Pero en estos difíciles días de reconstrucción del país, son un ingrediente esencial.
Normalmente vigilado estrechamente para su propia protección, Juhi se apareció sin acompañantes para conversar con el periodista. Llevaba un traje marrón y corbata. Relajado y amable, sonreía a menudo y respondió a preguntas a través de un intérprete, con la lógica y moderación que es esperan de un juez.
Calificando al tribunal de "hito histórico de la democracia legal", Juhi dijo que creía que su trabajo ayudaría a establecer una sociedad respetuosa de las leyes en Iraq porque estamos "llevando a la justicia a la gente que alguna vez pensó que estaba por encima de la ley. También es la primera vez en tierras árabes que un presidente y todo un régimen están siendo procesados legalmente e interrogados y pueden ser juzgados por los crímenes que se sospecha cometieron".
Del proceso, dijo, surgen "dos mensajes". Uno es para que "los gobernantes aquí y en otros países no olviden... La presidencia y las responsabilidades que la acompañan son deberes otorgados por la comunidad". El segundo mensaje es recordar a la gente de a pie "que toda persona, no importa lo que poderosa que sea, debe respetar la ley", dijo.
Juhi siguió una carrera típica durante el antiguo gobierno. Se graduó de la Facultad de Leyes de la Universidad de Bagdad, hizo su servicio militar, trabajó como investigador en el ministerio de Justicia y luego completó un curso de dos años en el Instituto Judicial de Iraq que lo capacitó para ser juez.
Como otros jueces de la era de Hussein, era un miembro inscrito en el gobernante Partido Baaz. Para entrar al Instituto Judicial, observó, necesitabas "ser recomendado por las oficinas del Partido Baaz del barrio donde vivías".
Pero inscribirse como miembro del partido y ser un activista no es lo mismo, dijo Juhi, agregando que muchos iraquíes eran miembros nominales del partido para evitar llamar la atención y ser perseguidos, cosas que podrían transformar tu vida en un "infierno".
Juhi estaba trabajando en la Corte Penal Central de Bagdad cuando se le pidió que se sumara al tribunal, en abril de 2004. "Me sentí honrado", dijo. "Acepté inmediatamente".
Como el principal juez instructor del tribunal de tres niveles, Juhi supervisa los equipos judiciales que investigan las acusaciones y determinan, después de oír a testigos y ver documentos, si hay o no suficientes pruebas para iniciar un juicio. Si eso ocurre, el acusado debe presentarse ante una comisión de cinco jueces para ser juzgado. El tercer nivel del tribunal es una corte de apelaciones de nueve miembros. Cuando Hussein y 11 de sus asociados hicieron su primera aparición ante Juhi en julio, fue para ser formalmente notificados de que estaban bajo investigación. El mes pasado, en otra primera vez para el tribunal, Juhi notificó a cinco antiguos funcionarios de que había encontrado suficientes evidencias sobre su participación en crímenes contra la humanidad para llevar sus casos a juicio.
La acusación contra Hussein, 67, es amplia. En su comparecencia fue acusado de ordenar siete atrocidades: el uso de armas químicas contra el pueblo kurdo de Halabja en 1988; el asesinato en 1983 de miembros del clan kurdo barzani; los asesinatos de activistas de partidos políticos durante un período de 30 años; los asesinatos de líderes religiosos; la brutal campaña de ataques contra los kurdos en los años ochenta; la violenta represión de los kurdos y chiíes tras la Guerra del Golfo Pérsico en 1991; y la invasión de Kuwait en 1990.
Interrogado sobre cuando puede ser llevado a juicio el presidente derrocado, Juhi dijo que casos en los que se trata de crímenes contra la humanidad, genocidio y crímenes de guerra toman tiempo en desarrollarse debido a su complejidad. "Son crímenes sofisticados que no son fáciles de probar... porque esos crímenes tenían la intención de mostrar, o probar políticas de gobierno, y hay que probar que esas medidas eran aplicadas a algunos de sus ciudadanos, que provienen todos de un grupo, quizás político, religioso o étnico", dijo.
"Pero... hemos avanzado bastante", agregó. "Yo diría que antes estábamos excavando en el subterráneo. Ahora estamos en la superficie, trabajando con todo el esqueleto del caso... No creo que haya un juez en el mundo que pueda predecir cuándo terminaremos".
A pesar del saqueo de posguerra de las oficinas del gobierno, el tribunal tiene "impresionantes y concluyentes documentos" que ayudarán a probar las acusaciones contra los antiguos funcionarios, dijo el juez. Y el año pasado, él y su personal han oído el "doloroso" testimonio de testigos, agregó.
"Sabíamos algo de las cosas que se hacían durante la era de Saddam, pero después de las pesquisas que realizamos nos dimos cuenta de que lo que sabíamos no estaba ni cerca de lo que ocurría en realidad", dijo. "Antes, los iraquíes no podían hablar y debían guardarse todo. Ahora, después de la guerra, han empezado a hablar. Los iraquíes no se sorprenderán" de lo que escuchen durante el juicio. "Pero estarán orgullosos del tribunal en el que depositaron su confianza".
Juhi también predijo que "amigos de fuera de Iraq estarán orgullosos de habernos ayudado en este campo. Y los que no nos ayudaron se dirán ahora a sí mismos que hubiera sido mejor ayudarnos". El tribunal fue instalado con 75 millones de dólares de fondos estadounidenses; juristas norteamericanos asesoran el tribunal.
Los peligros del trabajar para el tribunal fueron puestos en agudo relieve el 1 de marzo cuando uno de sus jueces, Barwez Mohammed Mahmoud Merwani, 59, y su hijo, Aryan Barwez Mohammed Merwani, 26, fueron emboscados y asesinados en Bagdad cuando subían a sus coches para marcharse al trabajo. El juez "era miembro del equipo de investigación que dirijo", dijo Juhi, que agregó que continúa la investigación sobre su asesinato.
Inicialmente, Juhi guardaba tan secretamente su trabajo que ni siquiera su familia sabía de su participación en la investigación de Hussein hasta que la televisión iraquí emitió la comparecencia de Hussein ante el juez en julio pasado. Cuando su hijo lo vio en la pantalla, recuerda Juhi, se llevó las manos a la boca y dijo: "¡Ese es mi padre!' Estaba sorprendido".
Juhi dijo que quería enfatizar que se siente "muy optimista sobre el futuro" de su país. "Los errores cometidos antes no serán repetidos. No habrá nuevamente una centralización del poder contra la gente. El presidente servirá al pueblo. No sólo estoy seguro, además creo en ello". Agregó que "el secreto detrás del éxito del gobierno es el éxito de la ley".
22 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh