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literatura

la muerte de alexander solyenitsin


Cronista de Rusia durante el régimen comunista. Murió a principios de agosto, a los 89.
[Carol J. Williams] Moscú, Rusia. Este domingo pasado [3 de agosto] murió el Premio Nobel Alexander I. Solynitsin, el solitario icono de la inteligencia rusa y cronista de la represión comunista. Tenía 89 años.
Su hijo Stephan informó a la Associated Press que murió en Moscú producto de una deficiencia cardiaca.
El entrañable escritor y padre espiritual del movimiento nacionalista ruso vivió lo suficiente como para retornar a su tierra natal después de dos décadas de exilio, sólo para lamentar el daño que había causado el comunismo al carácter ruso.
Solyenitsin volvió en 1994, desde su refugio en Vermont, a una Rusia dramáticamente cambiada, a la que consideró moralmente en ruinas después de una odisea de varios meses durante la cual intentó de reconciliarse con el país que, veinte años antes, lo había denunciado como traidor, despojado de su ciudadanía y expulsado.
Sus escritos, pasiones y posición política reflejaron la tumultuosa historia de su país durante el siglo pasado.
"Es el dolor de la historia, el dolor de nuestra época, el que porto como si fuese un anatema", escribió Solyenitsin sobre su vida.
Que perseverara durante casi nueve décadas fue, para muchos, un milagro; el barbudo y tímido escritor de penetrantes ojos azules había sobrevivido el cáncer, la prisión, los campos de trabajos forzados, la controversia y la condena.
Saludado como el más grande escritor ruso en vida, el autor de más de dos docenas de libros -además de comentarios, poemas, piezas de teatro y guiones de cine- recuperó su ciudadanía y el respeto de sus compatriotas después del derrumbe de la Unión Soviética. Aunque sus libros fueron éxitos de venta en Occidente, sólo ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’ fue publicado inicialmente en su país.
Entre sus otros libros importantes destacan el de memorias, ‘El roble y la ternera’ [The Oak and the Calf] y la novela ‘Agosto 1914’ [August 1914], el primer tomo de una monumental historia de Rusia en el siglo veinte.
Con su obra maestra ‘El archipiélago Gulag’ [The Gulag Archipelago], bautizó a la brutal red de campos de trabajos forzados en la Unión Soviética durante la frenética campaña de José Stalin para industrializar el país. En esa campaña, murieron decenas de millones de hombres, mujeres y niños.
Solyenitsin pasó la última década de su vida enfermo y recluido en su propiedad en las afueras de Moscú, dedicado a la obra de su vida: una antología de treinta tomos que predijo que no vería completada. Cuando terminó los primeros tres tomos en 2006, observó que la publicación continuaría hasta 2010, y "seguirá después de mi muerte".
El proyecto antológico coronaba una búsqueda de toda la vida marcada por la divergencia y la reconciliación en su país políticamente turbulento.
Pese a sus amargas experiencias y sombría visión del mundo, Solyenitsin era, según su biógrafo Michael Scammel, un "optimista... que creía firmemente en el poder de la voluntad" con "una insaciable sed de vida e increíble poder de concentración". Sin embargo, se sentía al mismo tiempo "positivamente incómodo sin una camisa de crin de algún tipo".
Veía a la Unión Soviética como cruel y agobiante "bajo la malévola e implacable naturaleza del comunismo". Incluso atacó al venerado dios de la Unión Soviética, a su fundador Vladimir I. Lenin.

Crítico Declarado
Solyenitisin podía ser, a veces, amable y atento, con un efusivo buen humor. Pero también era testarudo y hosco, y adquirió un consumado odio por el comunismo que incomodaba incluso a los que en Occidente admiraban su obra e integridad.
Denunció como una farsa la entente Este-Occidente de los años setenta y dijo que los Acuerdos de Helsinki de 1975 -el acta de la Conferencia de Seguridad y Cooperación en Europa- era la capitulación de Occidente ante el sometimiento soviético de Europa del Este.
Durante sus veinte años de exilio en Estados Unidos, nunca dudó en criticar a su país adoptivo; consideraba a Estados Unidos y a Occidente en general como fláccidos, moralmente débiles, ansiosamente materialistas y víctimas de "la impotencia espiritual que produce una vida fácil".
Aunque en general adhería a sus objetivos, despreciaba al movimiento disidente soviético por considerarlo una traición al alma rusa y sus antiguas tradiciones. Se peleaba frecuentemente con sus colegas opositores al sistema soviético.
Solyenitsin llamó a un renacimiento moral y espiritual en su patria y en Occidente -un renacimiento basado en valores cristianos fundamentales, y el rechazo del materialismo, el hedonismo y el egoísmo que insistía estaban corrompiendo la civilización. Esas opiniones llevaron a un crítico a denunciarlo como "el ayatola ruso".
Su imagen como la conciencia de una Rusia gobernada por los comunistas se amortiguó después de su repatriación y sus diatribas sobre la denigración de su país que, a veces, estaban teñidas por la paranoia, el antisemitismo y la hipocresía.
Enormemente popular desde su llegada y participación en intentos de recrear el antiguo sistema prerrevolucionario de los zemstvo -un sistema de gobierno basado en las comunidades rurales-, Solyenitsin rechazó los llamados a presentarse como candidato a la presidencia en 1996 y finalmente se retiró a una vida de relativa oscuridad.

Infancia Difícil
Alexander Isayevich Solyenitsin nació el 11 de diciembre de 1918 en Kislovodsk, un elegante balneario en el sur de Rusia. Descendiente de campesinos ricos, nació seis meses después de que su padre, Isaaki, muriera en un accidente de caza.
Como hijo único, Solyenitsin fue criado por su dedicada y tímida madre, Taissia, y otros familiares en medio del caos y carnicería de la guerra civil que siguió a la toma del poder por los soviéticos en 1917. Su madre era hija de un terrateniente rico cuya familia había empobrecido durante el período pos-revolucionario.
Los primeros años de Solyenitsin estuvieron marcados por las privaciones y el temor a una muerte violenta a manos de las bandas itinerantes de comunistas y rusos blancos zaristas que luchaban por el control del país. Solyenitsin definió este período como "una especie de digna pobreza". Tras la derrota de los rusos blancos, la familia de Solyenitsin fue repetidas veces perseguida por las autoridades soviéticas debido a su condición anterior como miembros de la clase rica.
Sanya, sin embargo, como llamaban al niño, se convirtió en un entusiasta miembro de organizaciones comunistas juveniles. De joven fue un dedicado marxista-leninista, aunque nunca se incorporó al partido. Su entusiasmo finalmente languideció y se convirtió en un exacerbado odio.
Había escrito cuentos, poemas y piezas de teatro desde que tenía nueve años y asistía a la escuela secundaria en la ciudad industrial de Rostov, donde su madre trabajaba como mecanógrafa.
Solyenitsin egresó de la universidad de la ciudad con un diploma en matemáticas y física en 1941, el año en que la Alemania nazi invadió la Unión Soviética. Ese miso año, se casó con Natalia Reshtovskaya, una compañera de estudios.
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, Solyenitsin se presentó voluntariamente para el servicio militar, pero fue rechazado debido a un achaque genético menor. Cuando la Unión Soviética se vio en necesidad de hombres para frenar los avances alemanes, fue llamado a filas.
En 1941 fue nombrado comandante de una batallón de artillería y peleó en las primeras líneas prácticamente hasta el fin de la guerra. Saboreaba la vida militar tanto por la aventura como por ser una fuente de materiales para sus escritos.
Tres meses antes del fin de la guerra en 1945, Solyenitsin fue detenido por comentarios que había hecho en cartas a un amigo que los censores entregaron a la policía secreta. Solyenitsin había criticado al "bigotudo" -Stalin- y propuso, medio en broma, la creación de un partido que empujaría a la Unión Soviética hacia el verdadero sendero del marxismo-leninismo del que se había desviado con Stalin.
Enviado a la infame cárcel de Lubyancka de Moscú, Solyenitsin fue condenado en ausencia por una comisión de tres miembros por conductas anti-soviéticas y sentenciado a ocho años de cárcel.
Cumplió parte de su sentencia en Kazajstán, entonces una república soviética, en un campo de trabajos forzados conocido por sus duras condiciones. Después de que se le diagnosticara un cáncer en 1952, fue operado en el hospital del campo y fue declarado curado, una experiencia que plasmó en ‘Pabellón de cancerosos’ [Cander Ward], publicada en Occidente en 1968.
Tras cumplir con su sentencia el 9 de febrero de 1953, fue condenado al exilio "a perpetuidad". Fue enviado al desolado pueblo de Kok Terek en el sur de Kazajstán, donde la mayoría de sus cuatro mil habitantes también eran exiliados. Llegó dos días antes de la muerte de Stalin.
En Kazajstán le diagnosticaron nuevamente cáncer y obtuvo permiso para ser tratado a mil seiscientos kilómetros de distancia, en Tashkent. En el hospital fue dado de alta en 1954.
Poco antes de que saliera de la cárcel, se divorció de Reshtovskaya. Se dice que se divorció de ella sacrificándose para proteger su carrera como química y concertista de piano aficionada que habría sido destruida si las autoridades descubrían que estaba casada con un preso político.
En 1956, Solyenitsin fue informado de que su sentencia había sido anulada. Había sido rehabilitado bajo ‘el deshielo’ que empezó con la muerte de Stalin, y pronto empezó a enseñar en Ryazan, al sudeste de Moscú.
Durante la primera parte de los años sesenta, la Unión Soviética vivió un breve período de liberalización durante el régimen del sucesor de Stalin, Nikita S. Kruschev. Solyenitsin -lenta y vacilantemente- empezó a revelar su vida secreta como escritor.
En 1961, presentó a la revista literaria Novy Mir, con un seudónimo, ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’ [A Day in the Life of Ivan Denisovich], basado en sus experiencias en los campos de trabajos forzados.
La breve historia describía un día en un campo de trabajados forzados visto con los ojos un recluso simple y bueno, Iván Denisovich Shukhov. Llena de subentendidos que aumentaron su impacto, ‘Un día en la vida de Iván Denisovich’ fue descrita como el "retrato universal del sufrimiento y la opresión", durante la era de Stalin.
Solyenitsin fue elogiado unánimemente por arrojar luz sobre uno de los capítulos más tenebrosos de la historia rusa y fue comparado con Tolstoi y Dostoievski por su contribución al rico legado literario del país.
Pero entre bastidores se libraba una intensa lucha entre los liberales del régimen y los conservadores que temían que Solyenitsin hubiera abierto una caja de Pandora desde la que escaparían los males del sistema soviético y lo harían desaparecer.
Kruschev perdería esa guerra. En 1964 fue sucedido por Leonid I. Brezhnev, que frenó el movimiento de liberalización.
Solyenitsin se volvió a casar con Reshtovskaya a fines de los años cincuenta, sólo para volver a divorciarse de ella en 1973. Para entonces se había enamorado de Natalia Svetlova, con la que había tenido tres hijos: Yermolai, nacido en 1970; Ignat, nacido en 1972; y Stephan, nacido en 1973, el año en que Solyenitsin se casó con Svetlova.
Entretanto, Solyenitstin sufría el creciente acoso del régimen que obstaculizaba sus intentos de publicar sus otros escritos. Frustrado, los hizo llegar clandestinamente a Estados Unidos y otros países occidentales -‘El archipiélago Gulag’ fue sacado en microfilm y publicado en París en diciembre de 1973.
Protegido en parte por su inmensa popularidad, Solyenitsin combatió con el régimen, retándolo a que lo volviera a encarcelar -un guante que las autoridades no recogieron.
En 1970 obtuvo el Premio Novel de literatura por "el valor moral con el que ha defendido tradiciones fundamentales de la literatura rusa". Temiendo que no se le dejaría volver a su país si viajaba a Estocolmo a recibir el premio, Solyenitsin no lo aceptó sino en 1974, después de su expulsión de la Unión Soviética.

Acusado de Traición
Solyenitsin fue arrestado el 12 de febrero de 1974, por el Artículo 64 -traición- y deportado "por la comisión sistemática de actos incompatibles con la ciudadanía soviética y perjudiciales para la Unión de Repúblicas Soviéticas".
Subido a un avión de pasajeros de Aeroflot con siete agentes de la KGB, Solyenitsin llegó a Frankfurt, Alemania occidental, y fue llevado a las cercanías de Bonn a la casa de un ex soldado de infantería alemán que había peleado en el Frente Oriental: el novelista Heinrich Boell, un colega que también había recibido el Premio Nobel.
Un mes después, según habían prometido las autoridades soviéticas, la esposa, suegra y tres hijos se unieron a él en ese lugar.
En 1987 se asentó en Vermont -cuyo paisaje adoraba por su parecido con el ruso- y compró un terreno de veinte hectáreas cerca de Cavendish.
Para proteger su privacidad, Solyenitsin cercó la propiedad con una valla con alambre de púa e instaló un sistema de televisión de circuito cerrado. Estaba determinado a no permitir interferencias externas con su trabajo. Una vez dijo que durante su retiro de veinte años, sólo hizo cinco llamadas telefónicas.
"Creo -estoy seguro- de que volveré a Rusia y todavía tengo la posibilidad de vivir allá", dijo en 1980. Sin embargo, el colapso del comunismo y su retorno a Rusia no le consoló.
Después de una eufórica bienvenida en 1994 en la ciudad del gulag siberiano de Magadan, Solyenitsin se embarcó durante dos meses en un recorrido de los casi diez mil kilómetros de su país para evaluar la profundidad del daño causado por el comunismo a su país.
"Llegué con una imagen muy triste y tenebrosa del país", dijo en una reunión municipal en Yaroslavl cuando se acercaba al fin de su viaje en Moscú, a 240 kilómetros de distancia. "La he confirmado".
Aunque desesperado por el abuso del alcohol y aparente ausencia de sentimientos patrióticos de sus compatriotas rusos, Solyenitsin compró una hacienda en las afueras de la capital rusa, el antiguo retiro de un matón estalinista -Lazar Kaganovich- en el pueblo de Troitse-Lykovo, y reanudó el modo de vida recluido que había adoptado en sus años en Vermont.
Le sobreviven su esposa y tres hijos.

carol.williams@latimes.com

13 de agosto de 2008
4 de agosto de 2008
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murió stuart w. little


Dramaturgo. A los 86.
[Bruce Weber] Murió en Canaan, Connecticut, el domingo pasado, Stuart W. Little, cuyos numerosos artículos y libros hicieron la crónica de los desarrollos en el teatro entre los años cincuenta y los setenta. Tenía 86 años.
La causa de su muerte fue una deficiencia cardiaca congestiva, informó su hijo, Christopher Litlle.
Un incansable aficionado y ferviente entusiasta de la dramaturgia, Little escribió una columna sobre teatro para el New York Herald Tribune de 1958 a 1966, cuando el diario cerró, y luego escribió en formatos más extensos. A principio de los años setenta escribió dos libros que fueron bien recibidos por la crítica. ‘The Playmakers’ (W.W. Norton, 1970), que escribió con Arthur Cantor, productor de teatro, fue una completa explicación de cómo se producen, montan y gestionan las piezas en Broadway, y un lamento por la pérdida de la influencia cultural del teatro, que cedió su primacía al mundo de los espectáculos, la televisión y el cine.
"Esta es la fabulosa historia del inválido, contada con abundantes detalles por dos comprensivos amigos", escribió el New York Times Book Review.
En 1972, Little publicó ‘Off Broadway: The Prophetic Theater’ (Coward, McCann & Geoghegan), que llevó el mismo enfoque al variado universo de los pequeños teatros experimentales que habían emergido y se habían multiplicado en Nueva York en las dos décadas previas.
Para su libro de 1974, ‘Enter Joseph Papp: In Search of a New American Theater’ (Coward, McCann & Geoghegan), acompañó a Papp, empresario y presidente del Festival de Shakespeare de Nueva York, durante un vertiginoso año de furiosa recaudación de fondos y producción. No fue bien recibido porque los críticos pensaron que Little se había dejado seducir por el encanto de Papp y había dejado de ser un observador para convertirse en un acólito.

Stuart West Little nació en Hartford el 12 de diciembre de 1921. Su padre era un próspero industrial.
Little egresó de Yale en 1944 y sirvió en la Oficina de Servicios Estratégicos, la precursora de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) durante la Segunda Guerra Mundial. Una de sus tareas fue escribir retratos psicológicos de nazis de alto rango. Empezó su carrera periodística en 1946 en el Herald Tribune, donde ascendió a asistente del editor antes de su columna de teatro. Trabajó durante un tiempo para el telediario del canal NBC. De 1986 a 2001 editó el boletín trimestral del Fondo para el Desarrollo del Teatro, una organización de fomento del teatro. A principios de año publicó ‘Home in Fenwick: Memoir of a Place’ (iUniverse).
Aparte de su hijo, que vive en Norfolk, Connecticut, le sobreviven su esposa durante 62 años, Anastazia Lillie Marie Raben-Levetzau; un hermano, Edward H. Little, de East Haddam, Connecticut; una hermana, Virginia L. Miller, de Bloomsfield, Connecticut; dos hijas, Caroline Larken, de Pewsey, Inglaterra, y Suzanne Little, de Nueva York; tres nietos; y cuatro biznietos.
"Lo que más le enorgullecía era que nunca que convirtió en un crítico", dijo Christopher Little. "Quería caer bien a la gente".

10 de agosto de 2008
3 de agosto de 2008
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murió pierre berès


Tenaz coleccionista de libros. A los 95.
[William Grimes] Cuando el manuscrito de Louis-Ferdinand Céline, ‘Viaje al fin de la noche’, se ofreció a la venta en 2001, nadie en el mundo de los libreros anticuarios tuvo que preguntar quién había descubierto esta rareza, que estuvo desaparecida durante décadas. Sólo podía ser Pierre Berès, el rey de los libreros franceses, amigo de Picasso y Éluard, editor de Barthes y Aragon, un hombre renombrado por buen gusto y conocimiento, sus descomunales recursos económicos y su implacabilidad en la búsqueda de lo raro y lo bello.
Berès murió el lunes a los 95 años, informaron a la prensa francesa sus familiares el miércoles.
"Hemos perdido a una figura legendaria en el mundo del arte, del coleccionismo y de las editoriales", dijo la ministro de Cultura francesa, Christine Albanel.
Berès ya había montado una memorable despedida del mundo de los libros en 2005. Al cerrar la tienda que había administrado desde fines de los años treinta en la Avenida de Friedland, cerca del Arco de Triunfo, ofreció a la venta su colección de doce mil libros. En una serie de seis ventas en Drouet, la casa subastadora, espaciadas a lo largo de dos años, se marcaron récords cuando los pujadores hicieron cola para la primera edición de ‘Una temporada en el infierno’, de Rimbaud, dedicada por el autor a Verlaine.
La venta recaudó más de 35 millones de euros. Berès se encaminó hacia su retiro en su moderna mansión en St. Tropez, pero no sin hacer antes un grandioso gesto. Inesperadamente, retiró de la oferta, y donó a Francia, una edición de ‘La cartuja de Parma’, con las revisiones que introdujo Stendhal después de leer las críticas de Balzac a las páginas iniciales de la novela.
Berès se distinguía por la creación de una mística personal. "Yo no busco, sino encuentro", proclamó una vez crípticamente sobre su raro don para encontrar ediciones raras. Su propio pasado, que mantenía deliberadamente vago, sólo contribuía a su encanto.
Nacido en Estocolmo en 1913, llevaba el apellido Berestov, aunque durante su vida guardó silencio sobre sus padres. Creció en la Ribera Izquierda, estudió en el Liceo Louis-le-Grand y, cuando era adolescente, empezó a coleccionar autógrafos y a recorrer las librerías de París a la búsqueda de publicaciones con dedicatorias de los autores.
Desde el principio exhibió arrojo y encanto, dos cualidades que lo llevarían lejos. A los 13 golpeó a la puerta de Georges Clemenceau, el ex primer ministro de Francia, y le pidió un autógrafo para su libreta. Cautivado, el político accedió, sin saber que el solicitante en la puerta de su casa se había acercado a todos los otros miembros de la Academia Francesa para reunir una colección completa de autógrafos.
Cuando era estudiante, Berès se instaló como distribuidor de libros, comprando primeras ediciones y revendiéndolas más tarde por una pequeña ganancia. André Gide, que vivía a metros de su casa en la Rue Vaneau, le confió la venta de tres de sus manuscritos.
Cómo exactamente convirtió Berès sus primeras ventas en una tienda propia, ‘Incidences’, en la Rue Lafitte, sigue siendo un enigma. En un retrato de Berès de 2004 en Le Temps, se lee que después de haber recibido unos libros robados, tomó contacto con su propietario, un aristócrata venido a menos. Se encargó luego de la venta de su biblioteca y aprovechó los numerosos contactos del aristócrata.
De cualquier modo, navegó las turbulentas aguas económicas de los años treinta con una asombrosa facilidad, mostrando una insaciable atracción por las decaídas haciendas de millonarios estadounidenses. Un breve viaje a Estados Unios en 1938 le permitió hacerse con las colecciones de Mortimer Schiff y Cortland F. Bishop.

Berès volvió a Francia con primeras ediciones de Cervantes y un alijo de libros del Renacimiento francés que habían sido propiedad de François I. Vendió algunos ejemplares para cubrir los costes de su viaje y almacenó el resto durante varias décadas, tiempo durante el cual su valor aumentó exponencialmente. Esta estrategia le sirvió durante toda su carrera.
Sus rivales lo consideraban inescrupuloso. En un célebre ejemplo anunció en su propio catálogo ejemplares que pertenecían a un competidor. Cuando un cliente mostró interés, Berès le pidió que lo esperara mientras recogía los libros de su bodega. En lugar de eso, corrió a la tienda de su rival, compró los libros y los revendió.
Esos hábitos son difíciles de extirpar. En 1941 se acercó al escritor Paul Léautaud con una primera edición de su novela ‘Petit ami’, anteriormente en posesión del poeta Henri de Régnier. ¿Podría el escritor, quizás, dedicarle el libro? Léautaud se quedó pasmado. "Escríbala usted mismo", le gritó, cerrándole la puerta.
En 1937, después de confiar a su ayudante Lucien Goldschmidt la tarea de abrir una sucursal de su librería en Nueva York, Berès se mudó a un nuevo local en la Avenida de Friedland en 1939. La guerra la sobrevivió incólume. El escritor alemán Ernst Jünger, en su diario sobre sus tiempos de guerra en París, contó haber comprado varios libros en la librería de Berès, y sin descuento.
Fue durante esta época que Berès, acompañado a menudo por el escritor Raymond Queneau y el fotógrafo Brassaï, se dejaba caer por el taller de Picasso. Después de la guerra, Matisse escogió la librería de Berès para la exposición de ‘Jazz’, su colección de grabados basados en recortables.
El círculo de amigos artistas y escritores de Berès se amplió después de que adquiriera, en 1956, Éditions Hermann, una editorial de libros científicos. Con los años desarrolló un distinguido catálogo de libros sobre matemáticas, física, filosofía y crítica literaria, con un grupo de escritores entre los que se encontraban Aragon, Barthes y Queneau. También empezó a publicar ediciones limitadas de libros de arte y a coleccionar arte. En las paredes de su casa en París los visitantes podían admirar piezas de Seurat, Balthus y Matisse.
Esos fueron los inicios de los años de gloria de Berès, que duraron más de medio siglo. Revisando las necrológicas de los diarios franceses buscando vínculos ocultos que pudieran conducir a grandes hallazgos, cortejaba a grandes y pequeños. Con lisonjas logró obtener un Stendhal anotado de una criada de Proust. Envuelto en un chal rojo, a menudo con un gato siamés encaramado en un hombro, se aparecía por magníficos castillos, conseguía entrar y salía con algún tesoro.
Sus rivales le conocían, envidiosamente, como ‘la máquina de seducción’. Las mujeres lo encontraban encantador. Se casó tres veces, y tuvo ocho hijos, de los cuales sobreviven siete: Pervenche, Anémone, Angélique, Platane, Achille, Jacques y Anne-Isabelle Montanari.
Nunca tuvo un socio, superaba habitualmente a sus rivales a la hora de hacerse con libros de primera calidad, no mostraba ninguna deferencia hacia los grandes clientes y operaba en general como si fuera el sol de su propio sistema solar.
Al mismo tiempo, su librería era mucho más abierta y más acogedora que la típica tienda de anticuario francesa, en las que sólo clientes seleccionados pueden hojear libros de gran calidad escondidos en un cuarto trasero o en el ático.
"Simplemente compraba grandes libros y, si le gustabas, te los vendía", dijo William Wyler, un socio en Ursus Books and Prints en Manhattan.
Con los años, la colección de Berès llegó a incluir una edición de ‘Los pensamientos’ de Pascal de 1670, una edición de veinte tomos de ‘La comedia humana’, de Balzac, dedicada "a mi querida mamá, de su devoto hijo Honoré", y una primera edición de ‘Madame Bovary’, enviada por el autor a Alexandre Dumas, con una nota que decía: "El homenaje de un desconocido, Gve. Flaubert".
Compraba, pero también daba. Donó los archivos de Pierre y Paul Curie a la Biblioteca Nacional, y después de donar los archivos del compositor Paul Dukas a la biblioteca en 1959, le otorgaron la Legión de Honor.
Por otro lado, en el 2000 la biblioteca tuvo que organizar una campaña de subscripción para comprar lo que Berès vendía por un "precio de amigos", el manuscrito en nueve tomos de ‘Memorias de Ultratumba’, de Chateaubriand.
Un año después la biblioteca pagó 1.8 millones de euros por el misterioso manuscrito de Céline. Cuando le preguntaron cómo había llegado el manuscrito a sus manos, Berès respondió: "Después de pasar por la puerta".
Definiendo a Berès, Wyler dijo: "Una mente excepcional, un gusto excepcional, un conocimiento excepcional".
La subasta de despedida de Berès ofreció numerosos ejemplos de ese gusto, como su primera edición de ‘Paraísos artificiales’. Era el ejemplar de Baudelaire mismo, con los apuntes del autor en los márgenes.
"Esa era precisamente el tipo de cosas que poseía Pierre Berès", dijo John Bidwell, curador de libros impresos de la Morgan Library & Museum. "El ejemplar más codiciado de un libro importante".

8 de agosto de 2008
3 de agosto de 2008
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murió thomas m. dish


Prolífico escritor de ciencia ficción. También escribió libros documentales y poesía, así como ‘The Brave Little Toaster’, que fue llevado al cine por Disney. A los 68.
[Jocelyn Y. Stewart] Incluso en el género de la ciencia ficción, el escritor Thomas M. Dish era considerado poco convencional.
Los extraños nuevos mundos que creaba eran una estrafalaria mezcla de lo oscuro y lo terrorífico y el humor y lo lúdico. Su trabajo superaba las expectativas de los lectores, dijo un crítico, y convirtió su presentación en un problema de sus editores.
Pero estar fuera del palco era algo típico de Dish.
"Tom Dish es una de las pocas personas que conozco que considero que es un genio", dijo Dana Goia, presidente de la National Endowment for the Arts. "Era como un niño brillante en la riqueza de su imaginación, aunque, ciertamente, ningún niño tuvo una imaginación tan oscura y tan torcida como la de Tom".
Disch, 68, que ha sido llamado uno de los escritores de ciencia ficción más importantes de su generación, se disparó un tiro en la cabeza el 5 de julio, según el médico forense de Nueva York. Sus amigos dijeron que fue encontrado muerto en su apartamento de Nueva York.
Disch también escribió poesía, crítica de teatro, reseñas bibliográficas, libretos de ópera, piezas de teatro, libros infantiles y una novela interactiva.
El crítico John Clute escribió una vez que Disch era "quizá el más respetado, más envidiado y menos leído de los mejores escritores de ciencia ficción modernos".
Aunque nunca gozó de fama entre el público general, Disch estaba muy bien considerado en el mundo de la ciencia ficción.
Tres de sus novelas, ‘Campo de Concentración’ [Camp Concentration], ‘334’ y ‘En alas de la canción’ [On Wings of Song], fueron incluidas en ‘Ciencia ficción: Las cien mejores novelas de ciencia ficción’ [Science Fiction: The 100 Best Novels], un estudio del crítico David Pringle.
El trabajo documental de Disch, ‘Los sueños de que están hechas nuestras cosas: cómo la ciencia ficción conquistó al mundo’ [The Dreams Our Stuff is Made Of: How Science Fiction Conquered the World], recibió el Hugo Award de 1999.
Disch era mucho mejor conocido en Inglaterra, donde vivió durante un tiempo, que en Estados Unidos, dijo Goia. En los años sesenta fue parte del movimiento de la Nueva Ola en el que los escritores introdujeron a la ciencia ficción técnicas modernistas y surrealistas. El trabajo de Disch estaba lleno de sátira e ironía política y social.
‘334’, publicada en 1974, está ambientada en un proyecto habitacional en una congestionada y controlada Nueva York en los años veinte del siglo 21. Un personaje, Birdie Ludd, debe convencer a los funcionarios que está en buenas condiciones para procrear. Otro, la señora Hanson, debe convencerlos de que ella no tiene nada por lo que vivir.
El libro un "un grito de ayuda, una voz desde un futuro no demasiado lejano, o, si lo preferís, de un presente que quizá nunca dejemos atrás", escribió John Harrison en la introducción de ‘334’.
‘En alas en la canción’, publicado en 1979, cuenta la historia de una represiva Amesville, Iowa, en el siglo 21. El personaje principal, Daniel Weinreb, trata de dominar el arte de la canción y el vuelo", orientado por el conocimiento de que algunos han alcanzado a volar, con sus espíritus separados de sus cuerpos físicos y propulsados por las ondas de sus propias voces cantoras -literalmente nacido en alas de la canción".
Por sus esfuerzos, Daniel es enviado a una prisión sin barrotes. Los presos llevan en sus estómagos un explosivo controlado electrónicamente que puede ser detonado desde el cuartel general.
Que sus libros fueran descritos a menudo como oscuros, no le causaba problemas. Su trabajo, dijo, tenía la misma proporción de tragedia y alegría que Shakespeare.
"En términos de espectáculo, desde la época del teatro griego que el mal ha sido buena taquilla", dijo Disch en un artículo de 1999 en el Minneapolis Star Tribune. "Mientras más te acercas a la genuina, alta tragedia, más dispuesto estás a que a gente buena le pasen cosas terribles, y más engancharás al lector. El mal es una fuente inexhaustible cuando se trata de la naturaleza del ser humano".

Nacido en Des Moines, Iowa, Estados Unidos, el 2 de febrero de 1940, Disch pasó su infancia en ciudades de Minnesota, trasladándose con su padre, que era vendedor. Era hogareño, torpe y tímido, y se sentía diferente porque era un intelectual.
Al salir de secundaria trabajó en una serie de oficios diversos y asistió a la universidad en Nueva York.
Pero en 1962, después de que la revista ‘Fantastic Stories’ publicara uno de sus cuentos, Disch dejó los estudios para poder escribir.
Su primera novela, ‘Los genocidas’ [The Genocides], se publicó en 1965. La historia giraba sobre los últimos días de la existencia humana y de alienígenas que exterminan a los humanos del mismo modo que los humanos matan insectos en un jardín.
Prolífico y diverso en su producción literaria, Dish fue también el autor de ‘The Brave Little Toaster’, un libro para niños que fue llevado por Disney al cine animado, y ‘Amnesia’, una novela interactiva. A principios de mes se relanzó su sátira ‘The Word of God: Or, Holy Writ Rewritten’.
Como poeta, Disch escribió en estructuras convencionales: sonetos, villanelles, epigramas, "siempre inteligente y lleno de juegos de palabra", dijo Thomas Heacox, que enseña inglés en el College of William and Mary, donde Disch fue su escritor residente en los años noventa.
Sus libros de poesía incluyen ‘Yes, Let’s: New and Selected Poetry’, publicado en 1989.
La casa que compartió durante años con su amigo Charles Naylor, permitió ver a sus amigos su lado humorístico y caprichoso. Disch era "un genio terriblemente creativo, infinitamente divertido y a menudo desgraciado", dijo Goia, que también es poeta y conoció a Disch durante años.
En los últimos años Disch sufrió una serie de problemas: Naylor murió, y le siguieron problemas económicos y de salud, y Disch luchó por seguir en su apartamento.
En su vida personal era tan formal como en su poesía, dijo Heacox. "Y era un hombre alto: grande, alto, y robusto. Pero había algo extremadamente delicado en sus modos y en su alma".

jocelyn.stewart@latimes.com

25 de julio de 2008
8 de julio de 2008
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mickey cumplió ochenta


Instituto Chileno Norteamericano adelanta festejos del icono de Walt Disney. No siempre fue el más popular, pero su rol en ‘Fantasía’ y la asociación de su rostro con Disney lo convirtió en uno de los personajes más famosos del mundo.
[Rodrigo Alvarado] Conocido como Mickey Maus en Alemania, Topolino en Italia, o Ratón Miguelito en algunos países de Latinoamérica, Mickey Mouse puede que no siempre haya sido la animación más popular de los dibujos de Disney, pero hasta el día de hoy sus orejas son la marca de la compañía fundada por Walt Disney en 1923.
En noviembre se cumplirán ochenta años de su creación y los homenajes se multiplican. Hasta hace una semana, estaba abierta la exposición de una colección de muñecas Minnie Mouse, que fueron vestidas con pilchas de 80 creadores de alta costura y prêt porter, entre ellos Ruiz de la Prada y Paco Rabanne, para celebrar a su compañero. Y en Chile, el Instituto Chileno Norteamericano proyectará sus primeros cortos, sus conocidas películas y documentales sobre su creador.
Sin embargo el ratón más famoso del mundo y la cara amable de Estados Unidos, no necesita bombo para recordarnos que existe hace 80 años. Mal que mal, sigue siendo la figura más relevante de Disney, pero también la punta de lanza de disputas económicas, leyes de derecho de autor, polémicas imitaciones y extrañas adoraciones, desde el ex Presidente de EEUU, Franklin D. Roosevelt, hasta el líder fascista Benito Mussolini.
Mickey Mouse fue creado por Walt Disney en 1928. Fue la segunda producción de los estudios y vivió su época dorada en sus primeros años con cortos como ‘Plane crazy’, ‘Steamboat Willie’, ‘The Galoping’, ‘Gaucho’ y un año después ‘The Opry House’, donde estrenó sus clásicos guantes blancos.
En 1935 Disney lanzó su primer corto del ratón en technicolor: ‘The band concert’. Sin embargo su popularidad empezó a caer con la inclusión de personajes como el Pato Donald y la preferencia del público por los largometrajes. Así llega ‘Fantasía’ (1940), la película más conocida del hijo pródigo de Disney, cuya figura no estaba incluida en el ‘reparto’. Sólo el amor de su creador, quien además prestaba su voz, pudo más.
Y a pesar de que comercialmente, la cinta fue un fracaso (debido a su alto costo), su Mickey con traje de brujo fue durante décadas la cara de Walt Disney. Con tal nivel de imbricación, a nadie sorprendió que en 1994 obtuviera el tercer puesto en ‘Los 50 mejores dibujos animados de la historia’, y que en 1989, la compañía demandará a tres guarderías de Florida, por tener en sus paredes dibujos del roedor.
Tampoco que Disney lanzara una ofensiva para extender legalmente sus derechos sobre el personaje en 1998, y así evitar que pasara a dominio público. De hecho la Copyright Term Extension Act que concedió 20 años más a los 70 estipulados antes de las presiones de la compañía de animación, es conocida popularmente como la Mickey Mouse Protection Act.
De quien ya no tienen que preocuparse sus abogados, es de la versión islámica de Mickey que la televisión satelital de Hamas en Palestina bautizó como ‘Farfour’: en junio de 2007 terminó sus días en pantalla martirizado, al ser ultimado por un actor disfrazado de soldado israelí".

Sus Primeros Pasos
Aunque oficialmente Disney celebrará a su emblema el 18 de noviembre, el Instituto Chileno Norteamericano de Cultura (Moneda 1467) adelantará los honores para la próxima semana, a las 16 horas, con un ciclo gratuito de cine, donde se presentarán desde el nacimiento del famoso ratón hasta conocidas películas, además de una exhibición de revistas, afiches, libros y figuras originales de colección.
El ciclo se iniciará el lunes 21 con los primeros cortos en blanco y negro de Mickey: ‘Steamboat Willie’, ‘The Galoping’, ‘Gaucho’, ‘Plane crazy’, y continúa al día siguiente con el filme ‘Walt, el hombre detrás del mito’, documental con imágenes inéditas de su familia, que han sido recogidas en más de cincuenta horas de entrevistas. El miércoles, se proyectará la época de oro de Mickey (‘The band concert’, ‘On ice’), el jueves, los mediometrajes ‘El príncipe y el mendigo’, ‘Mickey y las habichuelas mágicas’ y ‘Un cuento en navidad’, para cerrar el viernes con la clásica película ‘Fantasía’.

17 de julio de 2008
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entrevista con tom wolfe


Tom Wolfe: "El noventa y cinco por ciento de las noticias que vemos por televisión surge de los diarios".
[Paula Varsavsky] Buenos Aires, Argentina. En los últimos quince años el Cono Sur ha entrado en el mapa de los norteamericanos. La visita del periodista y escritor Tom Wolfe a Buenos Aires, en su segundo viaje a la Argentina, confirma esta tendencia. Perteneciente a una generación de intelectuales que solamente salía de Estados Unidos para ir a Europa o Centroamérica y que los únicos escritores extranjeros que leían eran algunos ingleses o franceses, Tom Wolfe (Virginia, 1931) no es una excepción. Varias veces ha mencionado el hecho de que Charles Dickens, Thackory y Emile Zola son sus escritores favoritos.
Autor de más de diez volúmenes de no-ficción, entre ellos ‘Ponche de ácido lisérgico’ y ‘Lo que hay que tener’, y de cuatro novelas, fue uno de los fundadores del Nuevo Periodismo junto con Norman Mailer y Truman Capote, en las décadas del sesenta y setenta. En 1987 publicó su primera novela ‘La hoguera de las vanidades’, que se convirtió instantáneamente en un best seller. Se mantuvo más de un año en la lista de los libros más vendidos del New York Times y se tradujo a más de cuarenta idiomas, incluido el castellano. En 1991 el estreno de la exitosa película basada en la novela dirigida por Brian de Palma y protagonizada por Tom Hanks, Melanie Griffith y Bruce Willis elevó aún más su fama.
En 2007, al cumplirse veinte años de la publicación de aquel libro, incluso se publicó un extenso ensayo acerca de los cambios acaecidos en Nueva York durante las dos últimas décadas. Algunos eran: la disminución del crimen, la enorme inmigración desde distintos lugares del mundo, a raíz de lo cual lo cual las tensiones entre blancos y negros dejaron de estar en el centro de la escena y, cierto aprendizaje de modestia, por parte de los tan vanidosos personajes de Wall Street.
Proveniente de una familia acomodada del sur de Estados Unidos, Wolfe realizó estudios en las Universidades de Washington y Lee. Luego de doctorarse en estudios norteamericanos, decidió tomar un puesto en el periódico The Washington Post en vez de seguir una carrera académica.
Vestido con su legendario traje blanco, camisa negra y corbata negra con dibujos geométricos blancos, el escritor y periodista Tom Wolfe, recorría los salones de un lujoso hotel de Buenos Aires a medida que iba siendo entrevistado. Sentado en un sillón tapizado en cuero blanco respondió amablemente con voz apenas audible todas las preguntas que se le formularon.

Con Bush y los Simpsons
Usted hizo público su voto a George W. Bush en la última elección. ¿A quién votará esta vez?
Los periodistas nunca deben revelar a quién han votado, fue un enorme error. Creo que hubo otros cuatro casos, entre escritores y periodistas, que votaron a George W. Bush. En mi defensa digo que ciento sesenta y dos millones de personas también lo votaron. Inmediatamente después de que salió la noticia de mi voto en el New York Times —en la página uno, artículo principal, como vivo entre periodistas y escritores— al entrar en algún restaurante o recinto para una cena la gente me miraba de una forma extraña. No expresaban ni desprecio ni ira. Me miraban como si acabara de levantar la mano y les hubiera dicho: "¡Ah! Me olvidé de contar que soy abusador de niños". A mí hasta se me tornó divertido. Mis queridos colegas tienen tal espíritu gregario que ojalá pudiera votarlo otra vez.

¿Qué significado le da al hecho de haber aparecido en dos capítulos de Los Simpsons?
Me sentí importante. Me hizo sentir que no me estoy construyendo solamente en mi propia mente. Cierta vez, encontré algo que me impactó aún más. Estaba en San Francisco y tenía que matar el tiempo; entonces, comencé a hojear unas revistas de historietas en un kiosko. Encontré una copia de Dr. Strange, no sé si existe esa publicación en la Argentina. Dr. Strange está generalmente vestido con un disfraz, pero en esta ocasión estaba de incógnito. Tenía una novia que era de otro planeta. De pronto, se veía a este tipo que le decía ‘Doctor Strange’ y ahí estaba yo, él respondía ‘Tom Wolfe, no te veía desde que eras un tierno bebé’. Yo aparecía en tres de los cuadros de la historieta. Entonces pensé ‘soy famoso’. No había nadie que quisiera quedar bien conmigo en esa revista. Me resultó muy halagador.

¿Muerte de la Novela?
¿Por qué afirma que la novela está muerta?
Hay un solo tipo de novela que permanece viva. Me sonroja decir que son las del tipo que yo escribo. Sucedió algo extraño respecto a la novela norteamericana; es típico de la vida intelectual. Entre 1900 y 1939 fue la época de la novela realista. Por primera vez en doscientos años, en Estados Unidos, la literatura fue conocida. Comenzó con Theodor Dreiser, continuó con Ernest Hemingway, Sinclair Lewis, William Faulkner, Scott Fitzgerald y John Steinbeck. De pronto, en toda Europa la gente comenzó a leer la novela norteamericana. Jean Paul Sartre escribió tres novelas profundamente influenciado por John Dos Passos. Hubo, entonces, un triunfo cultural.
Sin embargo, luego de la Segunda Guerra mundial empezó a circular la noticia de que la novela realista había muerto. Siendo sujetos colonizados obedientes, solamente en este área, creímos que debíamos hacer lo mismo que los franceses, escribir novelas no realistas que entraran en categorías que terminan con ‘ismo’ minimalismo, deconstructivismo, realismo mágico… Todas eran aplaudidas por lo que denomino la amable aristocracia que determina el gusto. Pero el público en general no se interesó demasiado. ¿Y qué somos nosotros, unos pocos, contra tantos?

¿Y qué pasa hoy?
La no-ficción literaria y la no-ficción me parecen los géneros más interesantes. Las autobiografías y las memorias son increíblemente populares, pero hay que asumir que solamente partes de estos textos son ciertas. George Orwell dijo que la autobiografía era la forma de ficción más espeluznante. Tenía razón, incluyendo su propio trabajo. Su argumento era que en una autobiografía la gente está feliz de contar sus pecados, incluso homicidios o violación. De alguna manera eso hace que la persona sea apasionante. Pero nunca van a contar lo que compone el setenta y cinco por ciento de sus vidas; es decir, la humillación.

¿Cómo ve la situación actual del periodismo? ¿Le parece que también puede quedar en un lugar de aislamiento?
Honestamente, no creo que periodismo muera. A menos que por morir queramos decir que desaparezca la hoja impresa, lo cual podría ser. La semana pasada, el principal diario de Wisconsin, dejó de imprimir sus noticias en papel, se transformó en un diario puramente on-line. De todas formas, sigue siendo periodismo y requiere ser leído. El verdadero problema es cómo generar las noticias. No sé acá, pero en Estados Unidos en la televisión, el noventa y cinco por ciento de las noticias se toman de los diarios, que son quienes buscan la información. Entonces, a medida que se reduce la cantidad de diarios, como sucede actualmente, se cubre una menor cantidad de noticias. Como resultado, hoy en día, hay menos noticias que cuando empecé a trabajar como reportero local en 1956. Además, las noticias por televisión tienen una jerarquía de estatus invertido.
En los periódicos, se empieza como investigador, una criatura solitaria que ni siquiera se denomina cronista. Una vez que a alguien lo ascienden, su ambición es no tener que salir jamás del edificio donde se encuentra la redacción. Y, si es realmente bueno, llegará a un punto donde no tiene que investigar, ni escribir ni pensar. Los llamamos ‘persona ancla’, reemplaza a una maquinaria que convertía a las palabras escritas por un periodista en palabra impresa, en una tipología que el público masivo pudiera leer. Lo que nos preguntamos es: ¿de dónde van a provenir las noticias? Ya hay cronistas que creen que cada conocimiento que vale la pena adquirir se lo puede encontrar en Internet.

El Carnaval Tribal de los Blogs
¿Qué piensa sobre el periodismo ciudadano y de la participación de la gente a través de los blogs?
Me encanta. Marshall McLuhan, un filósofo canadiense, en la década del sesenta, hizo una serie de predicciones que parecían desopilantes. Una de ellas fue que la televisión estaba alterando los cerebros de la gente joven, afectando las fronteras sensoriales- independientemente de lo que esto quiera decir- que los estaba transformando en tribales. Si alguien es miembro de una tribu, desconfía de las noticias impresas, porque obviamente son un truco, es el gobierno el que está diciendo que creas en eso. En la tribu uno solamente cree en lo que alguien le ha dicho verbalmente. Esta es la definición de los rumores. En los blogs, la gente da sus versiones de las noticias, son miembros de una tribu y están operando a nivel de rumores. Muchos de los jóvenes confían más en los blogs que en cualquier organización de noticias. Al leer los blogs me río sin parar, se puede imprimir cualquier cosa sin ningún tipo de repercusión. Vivimos en un fantástico carnaval tribal.

¿Qué le parece el hecho de que tan poca gente maneje la información? ¿Cómo cree que será el periodismo del Siglo XXI?
En la medida en que se tenga una industria de periódicos pujante, los noticieros por televisión estarán bien. Pero esa industria se ha achicado. Lo primero que hacen es deshacerse de los reporteros, entonces quedan esos periodistas que están sentados pensando demasiado y que cobran sueldos. Creo que ya estamos viendo los efectos de este fenómeno, deberíamos asegurarnos de que los jefes de secciones salgan de sus oficinas a buscar información. Lo que quiero decir es que vayan y descubran qué pasa. Este mundo de hoy es bastante bizarro. Y hay mucho dinero por ahí dando vueltas. Esto hace, al menos para mí, que la actividad de cronista sea una de las más apasionantes que existen.

Miami: el Escenario de Su Nueva Novela
La próxima novela de Wolfe se titula ‘Back to Blood’ [Volver a la sangre] y saldrá a la venta en 2009. Según su autor, "el título no tiene que ver con sangre fresca sino que se refiere al linaje. El tema subyacente es la inmigración a los Estados Unidos. Está situada en Miami. Creo que es la única ciudad en el mundo cuya población está conformada mayormente por inmigrantes que se establecieron en los últimos cincuenta años. Políticamente la ciudad está gobernada por gente de otro país, que habla otro idioma, con otra cultura. Me refiero, por supuesto, a los cubanos que ganaron en las elecciones. Creo que es el experimento de inmigración más interesante que hay en el país."

Wolfe en el Cine
‘El último héroe americano’ (1973)’. Por Lamont Johnson, con Jeff Bridges, Valerie Perrine, Geraldine Fitzgerald. Película basada en un reportaje de Tom Wolfe sobre el piloto de automovilismo Junior Johnson.

‘Elegidos para la gloria’ (1983). De Philip Kaufman, con San Shepard, Scott Glenn, Ed harris, entre otros. Adaptación del libro de Tom Wolfe ‘Lo que hay que tener’.

‘La hoguera de las vanidades’ (1990). Por Brian de Palma. Fallida versión cinematográfica de la sátira homónima de Wolfe, protagonizada por Bruce Willis, Melanie Griffith y Tom Hanks, quien encarna a Sherman McCoy, un broker de Wall Street que de la noche a la mañana ve transcurrir su desordenada existencia.

30 de junio de 2008
11 de mayo de 2008
©el mercurio
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shakespeare era católico


El chocante catolicismo de Shakespeare.
[Joseph Pearce] El gran escritor G.K. Chesterton ciertamente pensaba que la evidencia apuntaba al catolicismo de Shakespeare, aduciendo a que el "sentido común convergente" que llevara a pensar en que el vate fuera un católico estaba "apoyado por algunos hechos externos y políticos de nuestro conocimiento" .
Se desprende de esta declaración que Chesterton estaba al tanto de la considerable evidencia textual e histórica, acumulada por el erudito shakesperiano del siglo XIX, Richard Simpson, que apoya la tesis del catolicismo de célebre escritor.
Sin embargo, Simpson no fue el primer erudito en concluir que había suficiente evidencia para aseverar que Shakespeare hubiera sido católico. En 1808, el escritor francés, François René de Chateaubriand, ya declaraba que "de tener alguna religión, la de Shakespeare era la católica".
Thomas Carlyle mismo escribió en su momento que "la era isabelina con su Shakespeare incluido, es el resultado del florecimiento de todo lo que la precediera, que en sí es atribuible al catolicismo de la Edad Media". Carlyle, gran contemporáneo de John Henry Newman, de hecho era más enfático sobre la dimensión católica, agregando que Shakespeare "tiene tan poco de protestante en él, que los católicos han podido, sin extravagancia, proclamarlo como uno de los suyos". A su vez, Hillaire Belloc, haciendo eco de Newman, insistía en que "las obras de Shakespeare habían sido escritas por un hombre con los hábitos mentales indudables de un católico".
Estos grandes escritores de la era victoriana y eduardiana habrían percibido el catolicismo de Shakespeare en la visión moral que emerge de sus obras. Al contrario, ‘eruditos’ modernos, ciegos a esta dimensión moral de las obras de Shakespeare, han malinterpretado las mismas. En vez de ver la evidencia de la tradición moral cristiana, ven en las obras un reflejo de sus propios prejuicios fundamentalistas seculares. Por eso, hay que re-descubrir al verdadero Shakespeare y las creencias que él sostenía, para , de una vez, demostrar el abuso literario que se ha hecho de sus obras. Afortunadamente, un cuerpo sólido de erudición histórica reciente ha contribuido de forma significativa a considerar "los hechos externos y políticos", conocidos por Chesterton y sus contemporáneos. Así, las aseveraciones de Carol Curt Enos en su reciente libro ‘Shakespeare and the Catholic Religion’ contienen una confianza adicional a la de Chesterton en el énfasis de que "cuando las muchas piezas existentes del rompecabezas de la vida de Shakespeare se ensamblan, es muy difícil no ver su catolicismo".

Examinemos la Evidencia
La investigación sobre la vida de Shakespeare comienza con la evidencia innegable del catolicismo desafiante de su familia. Mucha de la erudición histórica en los años recientes se ha centrado en el legado espiritual de John Shakespeare, el padre del poeta, que claramente demuestra su buena fe católica y manifiesta su intenso deseo de morir como católico, en buena fe y en conciencia. El ítem IV es de especial interés al enunciar su deseo de recibir los últimos sacramentos de la iglesia, con la esperanza que este deseo fuera suficiente si no hubiera un sacerdote disponible para ejecutarlos en el momento de su muerte. Hay que recordar que en tiempos de John Shakespeare, de amplia persecución anticatólica, era un crimen, penado con la pena de muerte, proteger o refugiar a un sacerdote. Era, por lo tanto, más que probable que un sacerdote no estuviera disponible para los católicos agonizantes. Es en este contexto oscuro, de persecución, que el desafiante deseo de John Shakespeare de tener la extremaunción debería ser interpretado.
La fuerza de la evidencia que John Shakespeare permaneció como católico desafiante, en medio de una persecución anticatólica muy amplia por el estado isabelino, ha obligado a los eruditos modernos a aceptar que William Shakespeare fue criado como un católico creyente. Esta evidencia es respaldada por el hecho de que John Shakespeare tuviera problemas con la ley debido a su compromiso irrestricto con la resistencia católica, habiendo sido multado en 1592 por su falta de sumisión, al negarse, en conciencia a asistir a los servicios anglicanos.
Si este mar de evidencia ha obligado a la mayoría de los eruditos a aceptar que Shakespeare fue criado y educado en una familia resonadamente católica, por otra parte, hay algunos que insisten que Shakespeare habría perdido su fe después de ir en busca de fortuna a Londres. Esto es altamente conveniente para los eruditos seculares, ya que les permite ver cualquier influencia católica en las obras como un rezago de la fe infantil que el poeta hubiera rechazado más tarde. Desafortunadamente, para estos eruditos, los hechos reales de la vida de Shakespeare sugieren que él se mantuvo fiel a sus creencias católicas durante sus años en Londres y que este apego a la fe influenció sus obras.

Más Evidencias
Antes de llegar a Londres, hay evidencia que Shakespeare pasó un tiempo como profesor en un hogar profundamente católico en Lancashire, y hay evidencia también de que tuvo que escapar de Stratford muy de prisa para evitar ser arrestado por Sir Thomas Lucy, un notorio perseguidor de los católicos.
En Londres, su benefactor, Earl of Southampton, era un devoto, de familia firmemente católica, quien tenía como confesor al jesuita San Robert Southwell. Existe vasta evidencia documental como para demostrar que Shakespeare y Southwell eran amigos desde antes que este último fuera arrestado en 1592. Southwell fue repetidamente torturado durante su prisión en la torre de Londres y fue ahorcado y cuarteado en Tyburn en 1595. Más tarde sería canonizado como uno de los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales. Existe, asimismo, evidencia que demuestra que Shakespeare hubiera conocido a otro mártir jesuita, San Edmund Campion, y es probable que también hubiera conocido al martirizado sacerdote Robert Dibdale, quien fuera más tarde beatificado por la iglesia como uno de los Ochenta y Cinco Mártires de Inglaterra y Gales.
Pues bien, si Shakespeare tenía amigos sacerdotes, sabemos también que tenía enemigos entre aquellos que perseguían a los católicos. Registros de las cortes demuestran que Shakespeare estuvo involucrado en una disputa legal con William Gardiner, un juez de paz, de un carácter particularmente deshonroso, "que habría cometido fraude en contra de la familia de su esposa, en contra de su yerno y de su hijastro; que además persiguiera a sus vecinos y explotara a sus arrendatarios". Gardiner y su igualmente deshonroso hijastro, William Wayte, interpuso un recurso de protección, buscando una orden que garantizara la paz y seguridad. Esta orden nombraba a William Shakespeare, Francis Langley, Dorothy Soer, esposa de John Soer y de Ann Lee, y pedía protección por temor a ser asesinados por estas personas y otras cosas por el estilo". Si bien es cierto que algunas fuentes hablan de que Shakespeare habría sido demandado por asaltar físicamente a William Wayte, esto es poco probable. Shakespeare, que se sepa, no tenía un carácter violento, y el hecho de que dos de los otros acusados eran mujeres casadas, sugiere que cualquier "violencia" aplicada en contra de Wayte hubiera sido efectuada con la lengua o la pluma, pero no con otra parte de la anatomía humana o implemento cualquiera. Sea como fuere, este curioso caso legal nos entrega una visión clara de la clase de personas con quien Shakespeare se relacionaba por amistad y a quienes consideraba sus enemigos.
Muy curioso es el temperamento de su enemigo, William Gardiner. A éste se le habría acusado por sus contemporáneos de ser "poco cristiano", irreligioso", "pagano", e "impío"; y hombre de "opiniones extrañas". Algunos lo consideraban un ateo, mientras que otros creían que era brujo o alquimista. En un pleito legal en 1588, se le acusaba de "magia, brujería….y de tener opiniones irreligiosas". Así y todo, Gardiner podía estar seguro de que nunca sería acusado de ser católico. Que fuera puritano, ateo o brujo, todo el mundo sabía que no era "papista", sobre todo porque tenía reputación de persecutor de la comunidad católica de Londres, a la cual Shakespeare pertenecía.
El virulento anticatolicismo de Gardiner se ha manifestado para la posteridad en un informe que él enviara al consejo privado de Isabel en enero de 1585, en el que documentaba un allanamiento a una morada católica de Londres. En el documento, Gardiner manifiesta vehemente su "antipapismo", y entrega una visión bastante completa de quien Shakespeare considerara un enemigo. Shakespeare se vengaría tanto de Gardiner como de Wayte al insertarlos en ‘The Ferry Wives of Windsor’ (Las felices doncellas de Windsor), y en la segunda parte de ‘Henry IV’ (Enrique IV) como los personajes del juez Shallow y de Slender, respectivamente. Ambas obras fueron estrenadas en 1597, por lo que es probable que el juez Gardiner, quien falleciera en noviembre de ese mismo año, hubiera alcanzado a enterarse de la "dramatización" de la venganza de Shakespeare.

Un Obra sobre Moro
En los estertores del reino de Isabel, Shakespeare se vio envuelto en una obra controversial acerca de Thomas More (Tomás Moro), quien había sido martirizado por su fe católica bajo las órdenes del padre de la reina, Henry VIII (Enrique VIII), más de sesenta años antes. No es sorprendente de que la obra hubiera sido suspendida por Sir Edmund Tilney, jefe de los Calaveras y el censurador oficial de Isabel.
La obra había sido escrita por Anthony Munday, pero Shakespeare se habría involucrado personalmente en el proceso de producción y revisión de la misma. El manuscrito original aun existe y contiene correcciones al original de Munday que se cree fueron hechas por Shakespeare. Al parecer el escritor habría tratado de enmendar el trabajo de Munday, de manera a permitir su paso por la censura. Estas enmiendas claramente ilustran la simpatía de Shakespeare por More así como su convicción de que había lecciones que sacar para su época del santo ejemplo de More.
Evidencia adicional de la admiración del poeta por More es discernible en el Soneto 23, en el que utiliza el mismo juego de vocablos con el nombre de More que utilizara antes en sus correcciones a la obra de Munday. Si la palabra "more" en la duodécima línea del soneto aparece con mayúscula (More than that love which More hath more expressed), el soneto es transfigurado en un homenaje al santo, donde Shakespeare contrasta su propio imperfecto (unperfect) amor, debilitado por el miedo y la ira, con el amor santo "que [M]ore había expresado" ("[M]ore hath more expressed"). También aparece una alusión sublime a la misa como "la perfecta ceremonia del derecho al amor) ("the perfect ceremony of love´s right"), reforzado por el juego de vocablos de "right (derecho)/rite(rito), ilustrando un profundo entendimiento teológico de la misa como la "ceremonia perfecta" y "el rito del amor" (love´s rite"). Abriendo aún más este seductor soneto, vemos que el poeta lamenta de no estar presente en esta "perfecta ceremonia" tan a menudo como quisiera, "por temor (falta) de confianza", quizás como referencia a los espías que acudían a estas misas secretas para desenmascarar y reportar los nombres de los "papistas" y entregar los sacerdotes a las autoridades. Sin tener el heroico amor de autosacrificio, que llevara a la muerte como en el caso de Thomas More, el poeta desea que "sus libros" sean "su elocuencia", los "mudos presagios de su elocuente pecho". Las últimas dos líneas son sin duda dirigidas a sí mismo y al lector, rogándole a este último que "aprenda a leer" en sus obras lo que el amor del poeta, silenciado por el miedo, no se atreve a decir abiertamente.
Recordando la evidente devoción de Shakespeare por Thomas More, no es sorprendente entonces que se le persuadiera de intervenir en el esfuerzo de lograr que la obra de Munday pasara la censura. Después de todo la censura había indicado al margen del texto: "montar esta obra a riesgo propio". A pesar de los esfuerzos de Shakespeare para hacer aceptable la obra de Munday, Tilney se negó a levantar la censura y prohibió su presentación.

Blackfriars Gatehouse
Una de la piezas de evidencia más convincentes del catolicismo de Shakespeare se encuentra en la compra de Blackfriars Gatehouse en marzo del 1613. Esta casa era un "reconocido centro de actividades católicas", "teniendo puertas diversas y salidas de escape escondidas, con cámaras secretas y recovecos" y "tenía una historia de sospechas y de allanamientos en busca de "Papistas""(xi). En 1598, sobre la base de una denuncia de que Gatehouse era una colmena de actividades de insumisos, con "muchos escondites y pasajes secretos", con "salidas secretas al río" (Thames), de donde los sacerdotes podían escaparse; la casa fue allanada por las autoridades. John Fortescue, el propietario católico de la casa, estaba ausente durante el allanamiento, pero sus esposa e hijas fueron interrogadas, admitiendo que eran insumisas pero negándose a admitir que hubieran escondido a sacerdotes en la casa. En 1605 el jesuita John Gerard, el hombre más buscado de Inglaterra, se presentó desesperado en la casa, portando una peluca, barba postiza y un disfraz. Pedía refugio ya que no sabía donde esconderse.
Shakespeare decidió alquilar Gatehouse a John Robinson, un católico activo, cuyo hermano había ingresado al Colegio Inglés (English College) en Roma para prepararse al sacerdocio. Es obvio que Shakespeare sabía que al alquilar Gatehouse a John Robinson, la dejaba en manos de un insumiso católico. Por ende, como conjeturara Ian Wilson en ‘Shakespeare: La Evidencia’, Robinson "no era tanto el arrendatario de Shakespeare, sino su representante y guardián de uno de los mejores lugares de Londres para refugiar sacerdotes católicos". Más aún, John Robinson no era sólo un arrendatario sino también un valioso amigo. Robinson visitó Stratford durante el retiro del poeta y fue, aparentemente, el único de los amigos londinenses del poeta que estuviera presente durante sus últimos días, firmando como testigo en su testamento.
Se necesita más prueba de que Shakespeare había comprado Gatehouse sabiendo que sería usado como refugio para sacerdotes católicos. Esto es algo que un post scriptum podría clarificar de una vez por todas. El 23 de octubre de 1623 una congregación clandestina de católicos se reunió en una buhardilla secreta "en los altos de Gatehouse", para , supuestamente, celebrar la misa dominical. De pronto, una viga del piso cedió por el peso de los ocupantes, muriendo en este evento más de noventa personas. Fue este desastre que las autoridades descubrieron esta ‘iglesia’ secreta, que posiblemente había sido usada como tal durante años.
Si bien Shakespeare había fallecido seis años antes de esta tragedia, el evento sirve para armar el rompecabezas sobre una base de sentido común y probabilidades. El hecho de que John Robinson continuara alquilando la propiedad después de la muerte de Shakespeare sugiere que la propiedad había sido utilizada para actividades católicas clandestinas, incluyendo la celebración de la misa en los años en que Shakespeare fuera el dueño. Esto es reforzado por el hecho de que después de su muerte Gatehouse continuaba siendo usada para celebrar misa.
Resulta,en fin, abundantemente claro que Shakespeare vivió como "papista", un hecho que los ingleses trataron por mucho tiempo de esconder y que críticos literarios modernos tratan de negar hoy.

Joseph Pearce (1961), inglés, es profesor de literatura de la Universidad Ave María en Naples. Escribió ‘Literary converts’ (Harper Collins, 1999). sobrelos llamados autores ‘conversos’, como Wilde y Tolkien. Sobre Chesterton escribió la biografía ‘Wisdom and innocence’.

13 de mayo de 2008
11 de mayo de 2008
©el mercurio
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murió aimé césaire


El escritor nació en Martinica. Fue un vehemente defensor de la herencia africana. Tenía 94 años.
[Juan Manuel Bordón] Martinica. Ayer murió Aimé Césaire, voz del movimiento de la ‘negritud’, poeta nacional de Martinica, dirigente político y ferviente militante anticolonial. Césaire tenía 94 años y estaba internado por problemas cardíacos en un hospital de Fort de France, ciudad de la que fue alcalde entre 1945 y 2001.
Césaire nació el 26 de junio de 1913 en Basse-Pointe, Martinica. Su vida y obra estuvieron marcadas por las tensiones del colonialismo. El padre, funcionario de la colonia, lo inició en la lectura de clásicos franceses como Voltaire o Víctor Hugo. Su abuela, Mamá Nini, le reveló los relatos orales de los esclavos africanos. Tras terminar la secundaria, Césaire recibió una beca para estudiar en Francia. Allí desarrollaría el concepto de ‘negritud’, una vehemente defensa de la herencia cultural africana que se extendió desde Francia a los países colonizados de Africa, el Caribe e incluso Estados Unidos.
Durante su estancia en París, Césaire entró en contacto con Leopold Sédar Senghor, un joven poeta senegalés que sería presidente de su país. Junto al poeta guyanés León Damas, el otro referente del movimiento de la negritud, fundaron L’Etudiant Noir, una revista literaria que difundía la cultura africana. En 1935, Césaire comenzó un ambicioso proyecto que combinaba el retrato de la exuberancia de los paisajes y personajes de su país natal con la denuncia de los abusos del sistema colonial y el doble discurso del humanismo europeo. ‘Cuaderno de un retorno al país natal’, un libro compuesto por un único poema, se publicó en Francia en 1939. "Maneja el idioma francés como ningún blanco podría manejarlo hoy en día", dijo de él André Breton.
Césaire volvió a su país cuando empezaba la Guerra Mundial. A partir de entonces, se intensificó su doble vida como escritor y político. Durante las décadas siguientes, publicó ‘Discurso sobre el colonialismo’ (1953); poemarios como ‘Las armas milagrosas’ (1946) o ‘Yo, Laminaria’ (1982); y obras teatrales como ‘Una temporada en el Congo’ (1966), sobre la vida del líder anticolonialista Patrice Lumumba. La vida política tampoco le dio respiro desde que fue elegido alcalde de Fort de France y representante en la Asamblea Nacional francesa por la lista del Partido Comunista en 1945. Cuando en 1946 aceptó el estatuto que definía a Martinica como un departamento de Francia, recibió duras críticas de los políticos independentistas. En 1956, Césaire se apartó del PC y aseguró que en su país jamás habría comunismo "porque el comunismo francés se encuentra más cómodo imponiéndonos el suyo". Este domingo, tras un cortejo por varios barrios de Fort de France, el poeta de la negritud será despedido en un funeral de Estado del que participará el presidente francés Nicolas Sarkozy.

19 de abril de 2008
©clarín
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