pepita cumple años
Blondie, una de las tiras cómicas más exitosas, cumple 75 años.
Cuesta creer que han pasado casi 75 años desde que la muchachita pizpireta Blondie Boopadoop se enamoró del torpe pero encantador Dagwood Bumstead, en un romance hecho a la medida de las tiras cómicas.
En esos días, Dagwood era un rico playboy cuyos estirados padres se oponían a la unión. Cuando él y Blondie se casaron en 1933, J. Boling Bumstead desheredó a su hijo relegándolo a una modesta vida suburbana y librándolo a la crianza de sus hijos y sus desopilantes encuentros con su obstinado jefe, el señor Dithers.
Hoy, uno de los matrimonios más famosos del mundo y protagonistas de una de las tiras cómicas más leídas de la historia, Blondie y Dagwood celebra el aniversario en una serie que introducirá a otros famosos personajes de historietas, cuyos creadores también rendirán tributo a Blondie invitando a la pareja a sus propias tiras.
Garfield, Beetle Bailey, Hagar, Daniel el Terrible y muchos otros se harán presentes en la fiesta de aniversario en las tiras del domingo 4 de septiembre.
Presentada por el dibujante Murat Chic' Young el 8 de septiembre de 1930, Blondie es escrita ahora siete días por semana por su hijo Dean, quien tomó la posta de su padre cuando éste falleció en 1973, y es dibujada por el artista Denis Lebrun.
La tira, que llega a unos 250 millones de lectores en más de dos mil diarios de 55 países, está entre las cinco más leídas.
29 de julio de 2005
©tercera
Cuesta creer que han pasado casi 75 años desde que la muchachita pizpireta Blondie Boopadoop se enamoró del torpe pero encantador Dagwood Bumstead, en un romance hecho a la medida de las tiras cómicas.En esos días, Dagwood era un rico playboy cuyos estirados padres se oponían a la unión. Cuando él y Blondie se casaron en 1933, J. Boling Bumstead desheredó a su hijo relegándolo a una modesta vida suburbana y librándolo a la crianza de sus hijos y sus desopilantes encuentros con su obstinado jefe, el señor Dithers.
Hoy, uno de los matrimonios más famosos del mundo y protagonistas de una de las tiras cómicas más leídas de la historia, Blondie y Dagwood celebra el aniversario en una serie que introducirá a otros famosos personajes de historietas, cuyos creadores también rendirán tributo a Blondie invitando a la pareja a sus propias tiras.
Garfield, Beetle Bailey, Hagar, Daniel el Terrible y muchos otros se harán presentes en la fiesta de aniversario en las tiras del domingo 4 de septiembre.
Presentada por el dibujante Murat Chic' Young el 8 de septiembre de 1930, Blondie es escrita ahora siete días por semana por su hijo Dean, quien tomó la posta de su padre cuando éste falleció en 1973, y es dibujada por el artista Denis Lebrun.
La tira, que llega a unos 250 millones de lectores en más de dos mil diarios de 55 países, está entre las cinco más leídas.
29 de julio de 2005
©tercera
esperando a parra
[Andrés Gómez Bravo] Con 90 años, el autor de Poemas & Antipoemas' continúa trabajando. A la espera del primer volumen de sus Obras Completas', anunciado para septiembre en España, prepara su primer libro en 20 años y se apronta a debutar en un spot publicitario.
Antipoeta cachurero: Nicanor Parra va a su cabaña de Isla Negra -donde guarda parte de su biblioteca- y regresa a Las Cruces -donde vive- con una rareza bibliográfica, el Diccionario filosófico', de Rosental y Judin, más conocido como el Diccionario filosófico soviético'. "Es lectura para la depresión", dice Parra y se larga a reír. Leído hoy, el libro es toda una curiosidad: en una de sus entradas, por ejemplo, define al existencialismo como "un reflejo de la degeneración espiritual de la burguesía moderna". Ni más ni menos. "Ah", masculla Nicanor. "Es una joya".
Parra quiere el libro a mano: puede servirle para algún artefacto. En su casa de Las Cruces acumula innumerables textos inéditos. Cuadernos de versos, monos y garabatos. Desde Hojas de Parra', editado en 1985, Nicanor ha sido reticente a publicar. "Los viejos pierden la autocrítica; creen que todos sus chistes son geniales. Los viejos son un lata, dice Hamlet", recuerda.
Pero la frase no es aplicable en su caso: Parra es un cerebro en permanente estado de ebullición. A la espera del primer volumen de sus Obras Completas', anunciado para septiembre en España, y pese a las reticencias, accedió a romper su silencio editorial y publicar un nuevo libro con el sello Copa Rota, formado por Patricio Fernández y Pablo Dittborn. La obra aún está en fase proyecto, pero su autor ya se preocupa: "Habría que escribir algo mejor que Poemas y Antipoemas', ah. ¿Se podrá?".
Car'e Palo
El día está nublado, la temperatura es baja en el litoral central y Parra capea el frío con un caldillo de congrio. El lugar elegido es el restaurante Entre Poetas. Un sitio ubicado entre Las Cruces e Isla Negra y hasta donde el propio Nicanor conduce su escarabajo gris. En las paredes cuelgan cuadros de Pablo Neruda y Vicente Huidobro. A la observación de que evidentemente en esa galería falta el tercer poeta de la costa central, responde socarrón: "Algunos dicen que falta el primero, ah... jajajá".
Nicanor está animado. Dice que está desarrollando un nuevo sujeto poético, distinto de las voces del energúmeno o el neurótico que construyó antes. Un sujeto que dice cosas como "Libro más aburrido que el Quijote no hay/ Para tonteras basta con la Biblia". O: "SAGRADA FAMILIA/ San José/ La Virgen/ ¿& quién era el otro?".
"¡Uh!", exclama Parra. "Es un un car'e palo. Habla como si no le importara nada, como si fuera un comentario de pasillo".
La actualidad, desde luego, también se cuela en sus cuadernos. Por ahí aparece Diego Portales con el título de "dictador ad honorem" y declarando "Nunca cobré el sueldo de ministro". Eso, anota Parra, "a prósito de los pinocheques/ quiero decir de los sobresueldos".
Tras apoyar a Fernando Flores, dice que hoy no tiene candidato. "Tengo afinidades erótico-políticas con la Michelle", confiesa, pero advierte que ha creado su propia vía: el Movimiento Buena Onda, cuyo eslogan es "Corrupción sustentable ¡Venceremos!". Aunque Flores rechazó la idea, Parra no afloja: "Yo estoy por la corrupción sustentable. Ese es el camino".
Nicanor es lo más parecido a un rock star dentro de la literatura chilena. Y a los 90 años grabará su primer comercial: un spot de 30 segundos que lo mostrará tomando un vaso de leche. "Algunos dicen que yo inventé la farándula. Los antipoemas son pura farándula, decía alguien por ahí", recuerda.
Eran otros tiempos, claro. Cuando el diccionario soviético era libro de cabecera y el antipoeta ofuscaba a la policía literaria. "Esas eran peleas -subraya-. Ahí yo me entretenía mucho. Lo pasaba bomba".
28 de julio de 2005
©tercera
Antipoeta cachurero: Nicanor Parra va a su cabaña de Isla Negra -donde guarda parte de su biblioteca- y regresa a Las Cruces -donde vive- con una rareza bibliográfica, el Diccionario filosófico', de Rosental y Judin, más conocido como el Diccionario filosófico soviético'. "Es lectura para la depresión", dice Parra y se larga a reír. Leído hoy, el libro es toda una curiosidad: en una de sus entradas, por ejemplo, define al existencialismo como "un reflejo de la degeneración espiritual de la burguesía moderna". Ni más ni menos. "Ah", masculla Nicanor. "Es una joya".Parra quiere el libro a mano: puede servirle para algún artefacto. En su casa de Las Cruces acumula innumerables textos inéditos. Cuadernos de versos, monos y garabatos. Desde Hojas de Parra', editado en 1985, Nicanor ha sido reticente a publicar. "Los viejos pierden la autocrítica; creen que todos sus chistes son geniales. Los viejos son un lata, dice Hamlet", recuerda.
Pero la frase no es aplicable en su caso: Parra es un cerebro en permanente estado de ebullición. A la espera del primer volumen de sus Obras Completas', anunciado para septiembre en España, y pese a las reticencias, accedió a romper su silencio editorial y publicar un nuevo libro con el sello Copa Rota, formado por Patricio Fernández y Pablo Dittborn. La obra aún está en fase proyecto, pero su autor ya se preocupa: "Habría que escribir algo mejor que Poemas y Antipoemas', ah. ¿Se podrá?".
Car'e Palo
El día está nublado, la temperatura es baja en el litoral central y Parra capea el frío con un caldillo de congrio. El lugar elegido es el restaurante Entre Poetas. Un sitio ubicado entre Las Cruces e Isla Negra y hasta donde el propio Nicanor conduce su escarabajo gris. En las paredes cuelgan cuadros de Pablo Neruda y Vicente Huidobro. A la observación de que evidentemente en esa galería falta el tercer poeta de la costa central, responde socarrón: "Algunos dicen que falta el primero, ah... jajajá".
Nicanor está animado. Dice que está desarrollando un nuevo sujeto poético, distinto de las voces del energúmeno o el neurótico que construyó antes. Un sujeto que dice cosas como "Libro más aburrido que el Quijote no hay/ Para tonteras basta con la Biblia". O: "SAGRADA FAMILIA/ San José/ La Virgen/ ¿& quién era el otro?".
"¡Uh!", exclama Parra. "Es un un car'e palo. Habla como si no le importara nada, como si fuera un comentario de pasillo".
La actualidad, desde luego, también se cuela en sus cuadernos. Por ahí aparece Diego Portales con el título de "dictador ad honorem" y declarando "Nunca cobré el sueldo de ministro". Eso, anota Parra, "a prósito de los pinocheques/ quiero decir de los sobresueldos".
Tras apoyar a Fernando Flores, dice que hoy no tiene candidato. "Tengo afinidades erótico-políticas con la Michelle", confiesa, pero advierte que ha creado su propia vía: el Movimiento Buena Onda, cuyo eslogan es "Corrupción sustentable ¡Venceremos!". Aunque Flores rechazó la idea, Parra no afloja: "Yo estoy por la corrupción sustentable. Ese es el camino".
Nicanor es lo más parecido a un rock star dentro de la literatura chilena. Y a los 90 años grabará su primer comercial: un spot de 30 segundos que lo mostrará tomando un vaso de leche. "Algunos dicen que yo inventé la farándula. Los antipoemas son pura farándula, decía alguien por ahí", recuerda.
Eran otros tiempos, claro. Cuando el diccionario soviético era libro de cabecera y el antipoeta ofuscaba a la policía literaria. "Esas eran peleas -subraya-. Ahí yo me entretenía mucho. Lo pasaba bomba".
28 de julio de 2005
©tercera
el capitán alatriste
[Janet Maslin] Se alquila héroe español.
El agitado Madrid del siglo 17 del Captain Alatriste' [Capitán Alatriste] es "un lugar donde los hombres peleaban por su vida en una esquina iluminada por el brillo de dos espadas". Es un lugar adecuado para héroes de capa y espada e intrépidas hazañas, y también para la ocasional celebración poética del brío de sus habitantes más audaces. O sus más desafortunados: "Aquí yace el Señor Pérez, el cerdo / cuya vida fue un aperitivo de Satanás". Uno al que le sonríe la fortuna es Diego Alatriste, un valiente soldado convertido en mercenario. El Capitán Alatriste, llamado así por su experiencia en el campo de batalla en la Guerra de los Treinta Años, es "uno de esos hombres pequeños, duros, inflexibles, que en España han abundado siempre". Es un héroe nato. Y es un personaje de ficción que goza de gran renombre entre lectores españoles. Alatriste está siendo introducido a lectores en inglés con esta vivaz traducción (de Margaret Sayers Peden), la primera de una serie de novelas de aventuras neo-dumasianas.
Arturo Pérez-Reverte, cuyos libros anteriores incluyen La reina del sur', ha creado a Alatriste con evidente cariño. El autor comparte una dinámica elegancia con el espadachín que celebra. Captain Alatriste' -que será seguida por una segunda entrega, Purity of Blood' [Limpieza de Sangre], en enero- está escrita como cortesano brío y contagioso entusiasmo por el género que revive.
Está es la entrada al mundo de capas y canallas, de armas de fuego como el arcabuz y tácticas nacidas de la práctica. Los nobles personajes de los libros saben que "pelear limpiamente cuando está en peligro el propio pellejo, contribuye a la salvación del alma para la vida eterna". También saben que jugar según las reglas es "el camino más corto para entregar el alma y verse ridículo con un mango de acero de sartén clavado en el hígado".
El Capitán Alatriste' se desenvuelve en el lenguaje de las bravuconadas. El Príncipe de Gales, que llega subrepticiamente a España el curso de esta historia, se conocido no sólo como el heredero al trono británico, sino también como el "cachorro de un león inglés". El ambiente del libro es "ese maravilloso y trágico escenario que llamamos España". Y la bella rubia de ojos azules que será en la serie la personificación de la maldad es más que una amenaza. Cuando el narrador de la novela la conoce por primera vez, dice que estaba "inconsciente del hecho de que había conocido a mi enemigo mortal más dulce y peligroso". Ese narrador es Íñigo Balboa, cuyo padre era amigo de Alatriste y murió en una batalla. Ahora el niño ha sido reclutado como compinche de Alatriste, "un rango entre criado y paje". A pesar de la juventud de Íñigo al principio de Capitán Alatriste', en un momento la novela se adelante 30 años y sugiere que el Íñigo que cuenta la historia está mucho más cansado del mundo de lo que estaba en la adolescencia. Así el libro también sugiere que Pérez-Reverte tiene en la manga un buen montón de aventuras con Alatriste.
Pero Capitán Alatriste' es la novela que define los principales conflictos y personajes de la serie. Empieza a hacerlo cuando Alatriste debe emboscar a dos viajeros ingleses en España. A los dos se les conoce como el Señor Smith, pero serán los hombres que cambiarán el destino de Inglaterra. Que Alatriste les perdone la vida lo mantendrá en un buen lugar durante un largo tiempo.
Por supuesto, el rango de los conocidos de Alatriste abarca más nobles que plebeyos. "Una de las virtudes de Diego Alatriste era que tenía amigos hasta en el infierno", observa Íñigo, y el libro sostiene esa opinión. Un aliado, un hombre conocido modestamente como Álvaro Luis Gonzaga de la Marca y Álvarez di Sidonia, Conde de Guadalmedina, tiene una lista de atributos que corresponden a sus nombres. ("Soltero, mujeriego, cortesano, sofisticado, algo poeta, galante y seductor").
En cuanto a los matones, también ellos son meritorios del colorido mundo de Alatriste. El más notable es el silencioso asesino italiano Gualterio Malatesta, "un hombre tan acostumbrado a matar a sus víctimas por detrás que cuando de casualidad los veía de frente, se hundía en profundas depresiones, por imaginar que estaba perdiendo su habilidad". En las recurrentes capacidades de Malatesta en la serie, él seguirá aparentemente "como uno de esos tipos escurridizos, dobles, de esos que se van donde caliente el sol, con una bolsa de trucos sucios".
Los acontecimientos históricos que enmarcan Capitán Alatriste' son las derrotas de la supuestamente invencible Armada española y los primeros revuelos de la Inquisición. Así que un siniestro clérigo, el Fraile Emilio Bocanegra, parte del Santo Tribunal de la Inquisición, acechará la historia y agregará más tensión a la serie. Intrigas adicionales involucran la perspectiva de un matrimonio real uniendo a España con Inglaterra. Entre los consejeros españoles del Rey Felipe IV, la idea "de que la infanta de Castilla pudiera casarse con un príncipe anglicano llevaba el olor del azufre a sus narices".
Equipados con un héroe listillo y carismático, y mucho con que provocarlo y aguijonearlo, Pérez-Reverte tiene los planos de una serie extravagantemente entretenida. Captain Alatriste' termina con un perverso floreo, un demoníaca carcajada y la fuerte probabilidad de que lo mejor está todavía por llegar.
Libro reseñado:
Captain Alatriste
Arturo Pérez-Reverte
Traducido del español por Margaret Sayers Peden
253 pp.
G.P. Putnam's Sons
$23.95
21 de julio de 2005
28 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
El agitado Madrid del siglo 17 del Captain Alatriste' [Capitán Alatriste] es "un lugar donde los hombres peleaban por su vida en una esquina iluminada por el brillo de dos espadas". Es un lugar adecuado para héroes de capa y espada e intrépidas hazañas, y también para la ocasional celebración poética del brío de sus habitantes más audaces. O sus más desafortunados: "Aquí yace el Señor Pérez, el cerdo / cuya vida fue un aperitivo de Satanás". Uno al que le sonríe la fortuna es Diego Alatriste, un valiente soldado convertido en mercenario. El Capitán Alatriste, llamado así por su experiencia en el campo de batalla en la Guerra de los Treinta Años, es "uno de esos hombres pequeños, duros, inflexibles, que en España han abundado siempre". Es un héroe nato. Y es un personaje de ficción que goza de gran renombre entre lectores españoles. Alatriste está siendo introducido a lectores en inglés con esta vivaz traducción (de Margaret Sayers Peden), la primera de una serie de novelas de aventuras neo-dumasianas.Arturo Pérez-Reverte, cuyos libros anteriores incluyen La reina del sur', ha creado a Alatriste con evidente cariño. El autor comparte una dinámica elegancia con el espadachín que celebra. Captain Alatriste' -que será seguida por una segunda entrega, Purity of Blood' [Limpieza de Sangre], en enero- está escrita como cortesano brío y contagioso entusiasmo por el género que revive.
Está es la entrada al mundo de capas y canallas, de armas de fuego como el arcabuz y tácticas nacidas de la práctica. Los nobles personajes de los libros saben que "pelear limpiamente cuando está en peligro el propio pellejo, contribuye a la salvación del alma para la vida eterna". También saben que jugar según las reglas es "el camino más corto para entregar el alma y verse ridículo con un mango de acero de sartén clavado en el hígado".
El Capitán Alatriste' se desenvuelve en el lenguaje de las bravuconadas. El Príncipe de Gales, que llega subrepticiamente a España el curso de esta historia, se conocido no sólo como el heredero al trono británico, sino también como el "cachorro de un león inglés". El ambiente del libro es "ese maravilloso y trágico escenario que llamamos España". Y la bella rubia de ojos azules que será en la serie la personificación de la maldad es más que una amenaza. Cuando el narrador de la novela la conoce por primera vez, dice que estaba "inconsciente del hecho de que había conocido a mi enemigo mortal más dulce y peligroso". Ese narrador es Íñigo Balboa, cuyo padre era amigo de Alatriste y murió en una batalla. Ahora el niño ha sido reclutado como compinche de Alatriste, "un rango entre criado y paje". A pesar de la juventud de Íñigo al principio de Capitán Alatriste', en un momento la novela se adelante 30 años y sugiere que el Íñigo que cuenta la historia está mucho más cansado del mundo de lo que estaba en la adolescencia. Así el libro también sugiere que Pérez-Reverte tiene en la manga un buen montón de aventuras con Alatriste.
Pero Capitán Alatriste' es la novela que define los principales conflictos y personajes de la serie. Empieza a hacerlo cuando Alatriste debe emboscar a dos viajeros ingleses en España. A los dos se les conoce como el Señor Smith, pero serán los hombres que cambiarán el destino de Inglaterra. Que Alatriste les perdone la vida lo mantendrá en un buen lugar durante un largo tiempo.
Por supuesto, el rango de los conocidos de Alatriste abarca más nobles que plebeyos. "Una de las virtudes de Diego Alatriste era que tenía amigos hasta en el infierno", observa Íñigo, y el libro sostiene esa opinión. Un aliado, un hombre conocido modestamente como Álvaro Luis Gonzaga de la Marca y Álvarez di Sidonia, Conde de Guadalmedina, tiene una lista de atributos que corresponden a sus nombres. ("Soltero, mujeriego, cortesano, sofisticado, algo poeta, galante y seductor").
En cuanto a los matones, también ellos son meritorios del colorido mundo de Alatriste. El más notable es el silencioso asesino italiano Gualterio Malatesta, "un hombre tan acostumbrado a matar a sus víctimas por detrás que cuando de casualidad los veía de frente, se hundía en profundas depresiones, por imaginar que estaba perdiendo su habilidad". En las recurrentes capacidades de Malatesta en la serie, él seguirá aparentemente "como uno de esos tipos escurridizos, dobles, de esos que se van donde caliente el sol, con una bolsa de trucos sucios".
Los acontecimientos históricos que enmarcan Capitán Alatriste' son las derrotas de la supuestamente invencible Armada española y los primeros revuelos de la Inquisición. Así que un siniestro clérigo, el Fraile Emilio Bocanegra, parte del Santo Tribunal de la Inquisición, acechará la historia y agregará más tensión a la serie. Intrigas adicionales involucran la perspectiva de un matrimonio real uniendo a España con Inglaterra. Entre los consejeros españoles del Rey Felipe IV, la idea "de que la infanta de Castilla pudiera casarse con un príncipe anglicano llevaba el olor del azufre a sus narices".
Equipados con un héroe listillo y carismático, y mucho con que provocarlo y aguijonearlo, Pérez-Reverte tiene los planos de una serie extravagantemente entretenida. Captain Alatriste' termina con un perverso floreo, un demoníaca carcajada y la fuerte probabilidad de que lo mejor está todavía por llegar.
Libro reseñado:
Captain Alatriste
Arturo Pérez-Reverte
Traducido del español por Margaret Sayers Peden
253 pp.
G.P. Putnam's Sons
$23.95
21 de julio de 2005
28 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
retorno de rushdie
[Andrés Gómez Bravo] El escritor británico de origen indio lanza en Brasil, Shalimar, el Equilibrista'. Rushdie vuelve a la novela con historia sobre terrorismo islámico. A seis años del fin de la fatwa en su contra, el autor de Los versos satánicos', publica un libro que se mueve entre Estados Unidos, Europa e India y que trata de amor, venganza y fundamentalismo religioso.
Salman Rushdie sabe lo que es ser -literalmente- el hombre más buscado de la Tierra. Por obra y gracia del ayatola Jomeini, quien lo condenó a muerte en 1989 por supuestas ofensas al Islam contenidas en su novela Los versos satánicos', el escritor británico de origen indio vivió 10 años escondiéndose, cambiando de domicilio hasta 13 veces en 20 días. Con su vida custodiada por el servicio secreto británico, Rushdie también conoció de cerca la famosa escuela de espías.
"No hay muchos escritores de izquierda que sepan tanto sobre esta agencia como yo", le dijo un día Rushdie a una de sus custodias. "Creo que no hay escritores de ninguna inclinación política con ese tipo de conocimiento", le respondió ella.
Con esa información y su experiencia de la fatwa (cancelada en 1999), escribió Shalimar, El Equilibrista, su última novela. A cuatro años de Furia', el primer libro que escribió en EE.UU., publica un relato de amor, venganza y terrorismo islámico, que transcurre durante los últimos 50 años entre California, Europa y Cachemira (India).
El lanzamiento mundial de Shalimar, el Equilibrista', ocurrió en Brasil, donde Rushdie llegó ayer para participar en el Festival Literario de Paratí. Publicada en portugués por el sello Companhia de Letras, la novela llegará a librerías norteamericanas en septiembre.
La historia arranca en California, con el asesinato del ex embajador de Estados Unidos en India, Max Ophuls, un veterano héroe de la resistencia anti-nazi en Estrasburgo y ex jefe en la lucha antiterrorista. El autor del homicidio es su chofer, el indio Shalimar.
El motivo del asesinato se encuentra varios años atrás, en Cachemira, con la historia de Shalimar y su amada Boonyi. Ambos nacen en la región disputada por Pakistán e India, se casan y viven felices hasta que ella conoce al embajador Ophuls y se enamora.
Pero la relación entre ambos fracasa. Boonyi queda embarazada y es separada de su hija por el embajador. En venganza, Shalimar se une a los grupos terroristas que comienzan a proliferar en Cachemira y se convierte en asesino.
Lo que sigue es la historia de la venganza, del embajador y su hija, quien se enfrentará con Shalimar.
"El terrorismo es el tema de nuestro tiempo. Lo más interesante es entrar en ese mundo no a través del lenguaje político, sino de la habilidad del novelista para que veamos lo que ocurre en él", dice Rushdie. En la novela, por cierto, están las reflexiones que acumuló durante la fatwa y varias descripciones de los servicios de seguridad. "Tal vez un día escriba una novela de espionaje", bromea.
12 de julio de 2005
7 de julio de 2005
©tercera
Salman Rushdie sabe lo que es ser -literalmente- el hombre más buscado de la Tierra. Por obra y gracia del ayatola Jomeini, quien lo condenó a muerte en 1989 por supuestas ofensas al Islam contenidas en su novela Los versos satánicos', el escritor británico de origen indio vivió 10 años escondiéndose, cambiando de domicilio hasta 13 veces en 20 días. Con su vida custodiada por el servicio secreto británico, Rushdie también conoció de cerca la famosa escuela de espías."No hay muchos escritores de izquierda que sepan tanto sobre esta agencia como yo", le dijo un día Rushdie a una de sus custodias. "Creo que no hay escritores de ninguna inclinación política con ese tipo de conocimiento", le respondió ella.
Con esa información y su experiencia de la fatwa (cancelada en 1999), escribió Shalimar, El Equilibrista, su última novela. A cuatro años de Furia', el primer libro que escribió en EE.UU., publica un relato de amor, venganza y terrorismo islámico, que transcurre durante los últimos 50 años entre California, Europa y Cachemira (India).
El lanzamiento mundial de Shalimar, el Equilibrista', ocurrió en Brasil, donde Rushdie llegó ayer para participar en el Festival Literario de Paratí. Publicada en portugués por el sello Companhia de Letras, la novela llegará a librerías norteamericanas en septiembre.
La historia arranca en California, con el asesinato del ex embajador de Estados Unidos en India, Max Ophuls, un veterano héroe de la resistencia anti-nazi en Estrasburgo y ex jefe en la lucha antiterrorista. El autor del homicidio es su chofer, el indio Shalimar.
El motivo del asesinato se encuentra varios años atrás, en Cachemira, con la historia de Shalimar y su amada Boonyi. Ambos nacen en la región disputada por Pakistán e India, se casan y viven felices hasta que ella conoce al embajador Ophuls y se enamora.
Pero la relación entre ambos fracasa. Boonyi queda embarazada y es separada de su hija por el embajador. En venganza, Shalimar se une a los grupos terroristas que comienzan a proliferar en Cachemira y se convierte en asesino.
Lo que sigue es la historia de la venganza, del embajador y su hija, quien se enfrentará con Shalimar.
"El terrorismo es el tema de nuestro tiempo. Lo más interesante es entrar en ese mundo no a través del lenguaje político, sino de la habilidad del novelista para que veamos lo que ocurre en él", dice Rushdie. En la novela, por cierto, están las reflexiones que acumuló durante la fatwa y varias descripciones de los servicios de seguridad. "Tal vez un día escriba una novela de espionaje", bromea.
12 de julio de 2005
7 de julio de 2005
©tercera
escritora que no calla
[Alan Riding] Escritora vietnamita acosada por su gobierno.
París, Francia. Con una elegante chaqueta de tweed y sorbiendo un jugo de frutas en un café aquí de la Orilla Izquierda, la escritora Duong Thu Huong difícilmente parece una persona peligrosa. Pero Huong, 58, evidentemente lo es en su Vietnam nativo, donde ha pasado tiempo en la cárcel, sus libros han sido prohibidos y durante 11 años las autoridades le han negado un pasaporte para viajar al exterior.
Aparentemente tiene muchos pecados. Sus novelas, donde diseca la vida en uno de los últimos regímenes comunistas, se publican y son bien recibidas en Occidente. Es una antigua miembro del Partido Comunista, expulsada por traición. Y, sobre todo, es una disidente -una "puta disidente", dijo un dirigente del partido- que se negó a callar, incluso después de pasar ocho meses en prisión en 1991.
Ahora, por segunda vez, se le ha permitido viajar a Europa. Pero en cierto sentido Vietnam ha viajado con ella. Está dispuesta a hablar sobre su vida y a discutir sus cinco novelas, incluyendo la última, No Man's Land' [Tierra de Nadie], publicada en abril en Estados Unidos. Pero su prioridad es denunciar al gobierno de Hanoi como irremediablemente corrupto y prepotente.
""Es mi misión en nombre de todos de todos los que han muerto en este vergonzoso régimen", dijo, hablando fluidamente, pero con un fuerte acento francés. "Debido a que me conocen algo en el extranjero, tengo que decir estas cosas. Tengo que sacar lo que llevo dentro para que tener mi conciencia tranquila. La gente ha perdido la capacidad de reaccionar, de reflexionar, de pensar. Quizás les de yo coraje".
Cree que su mensaje es más urgente que nunca. Treinta años después de la Guerra de Vietnam, el régimen está ganando aceptación en el extranjero abriendo su economía a extranjeros bajo una estrategia de comunismo-con-capitalismo. También observó alarmada que el primer ministro de Vietnam, Phan Van Khai, fue recibido por el presidente Bush en la Casa Blanca el mes pasado.
"Es un régimen brutal e ignoble que hace un montón de cosas para engañar a los extranjeros", dijo durante una larga conversación. "Si Bush apoya a este régimen, lo empujará a otra guerra que volverá a hundir a la gente. Esta vez en lugar de usar bombarderos B-52, usará las manos de tránsfugas nativos'.
Hasta ahora, dijo, la Guerra de Vietnam ha servido para justificar el control del gobierno.
"Toda su propaganda tiene como fin nutrir el mito de la guerra, adular y amenazar a la gente", dijo. "Les dice: Sois un pueblo heroico. Deberíais estar orgullosos de vuestra historia. Pero no olvidéis nunca que fue el partido el que condujo al pueblo a la victoria'. Engaña a la gente recurriendo a un ciego orgullo".
También la vida de Huong ha sido inevitablemente moldeada por la guerra.
De niña, dijo, no pudo disfrutar de una buena educación porque no pertenecía ni al campesinado ni a la clase proletaria: su abuela era una hacendada que se mudó a Vietnam del Sur a mediados de los años de 1950. Pero, a los 16, Duong Thu Huong, se unió a una troupe de teatro itinerante y, por su talento, fue enviada a un instituto donde se prepara a actores, bailarines y cantantes para actuar en diversiones populares.
Lo hizo bien y en 1968 le ofrecieron la posibilidad de estudiar en la Unión Soviética, Alemania del Este o Bulgaria. "Pero yo elegí ir al frente porque nuestro país estaba en guerra y mis ancestros han peleado siempre por su país", dijo. "Me uní a un grupo de jóvenes artistas que actuaban para las tropas y las víctimas de la guerra. El eslogan era: Nuestras canciones son más fuertes de las bombas'. Silenciaríamos los gritos con canciones".
Pero incluso entonces, recordó, observó que los miembros del partido gozaban de privilegios especiales. Hubo conmoción cuando llegaron a su zona soldados sudvietnamitas prisioneros. "Descubrí la verdad de que también estábamos peleando contra vietnamitas", dijo. "Sí, los americanos nos estaban bombardeando todo el tiempo, pero volaban muy arriba en el cielo y nunca los veíamos. Sólo veíamos a los vietnamitas".
Se quedó callada, como hizo después de la guerra cuando encontró a parientes en Ciudad de Ho Chi Minh (la antigua Saigón) y se dio cuenta de que los derrotados estaban mejor que los victoriosos. Para entonces, estaba organizando eventos artísticos en la ciudad de Hue. Cuando cumplió los 30, volvió a Hanoi a trabajar en la industria cinematográfica del gobierno. "Escribí cinco guiones, con los que hicieron malas películas", dijo, "pero yo podía vivir con mi salario".
Un trabajo como free-lance le abrió los ojos. Trabajando para un grupo de generales del ejército, escribió por encargo una historia de la guerra de Vietnam. "Los generales discutían entre ellos cómo corregir mi texto para que se ajustara a sus intereses", dijo. "Querían subir el número de vietnamitas que murieron en la guerra para demostrar que ningún sacrificio era demasiado grande para el pueblo".
Huong dijo que fue invitada a integrar el Partido Comunista en 1979 y lo hizo reluctantemente en 1985 a instancias de amigos que esperaban que ella pudiera ayudarles. Ese fue también el año que vio su primera novela, Beyond Illusions' [Más Allá de las Ilusiones], que fue publicada en Vietnam con gran aclamación pública, vendiendo 100.000 ejemplares. Pero dos años después, dijo, sus problemas empezaron con la publicación de Paradise of the Blind' [Paraíso de los Ciegos], otro éxito de ventas.
"El secretario general del partido, Nguyen Van Linh, me ofreció una casa del tipo de las que son reservadas para los ministros, a cambio de que me callara", dijo. "Le dije: Yo lucho por la democracia, estoy del lado del pueblo y nunca viviría como un ministro'. Mi principio es que tú puedes perder todo, incluso tu vida, pero nunca tu honor".
Poco después, dijo, escapó a dos intentos de asesinato. Escribió un discurso para el Congreso de Escritores Vietnamitas en 1989, llamado El partido debería agradecer al pueblo' y fue debidamente expulsada del partido. En 1991 fue encarcelada por vender documentos secretos a extranjeros -los secretos' eran sus propios manuscritos. No sorprende que sus siguientes tres libros -Novel Without a Name' [Novela Sin Nombre], Memories of a Pure Spring' [Memorias de una Primavera Pura] y No Man's Land'- no fueron publicados en Vietnam.
Pero todas sus novelas han sido publicadas en varios idiomas extranjeros. Y gracias a Will Schwalbe, entonces en William Morrow y ahora editor jefe en Hyperion, también aparecieron en inglés. "Oí hablar de ella cuando ella estaba en la cárcel", dijo Schwalbe en una conferencia telefónica desde Nueva York. "He leído 30 o 40 páginas de Paradise of the Blind' y me cautivó. Era la primera novela vietnamita publicada en Estados Unidos, en inglés".
Las novelas de Huong no son abiertamente políticas, pero su motivo central es la desilusión de la gente atrapada por un destino fuera de su control. Al reseñar Memories of a Pure Spring' en New York Times en 2000, Richard Bernstein escribió: "Uno la lee por la política, pero incluso más por la complejidad y profundidad de sus personajes, que luchan por definirse a sí mismos en un mundo que todavía coloca todo y a todos en una u otra categoría de ideología y aspiración nacional".
En 1994, gracias a la intervención de Danielle Mitterrand, la primera dama francesa en ese momento, se le permitió a Huong viajar a Francia a recibir un premio. Se le ofreció asilo político. "Yo dije: Gracias, pero en mi país el miedo aplasta todo, los valientes soldados se han convertido en civiles cobardes'", recordó. "Es por eso que tengo que volver. Yo vuelvo a una cosa: a escupir en la cara del régimen'".
Esta vez, la embajada italiana en Vietnam obtuvo su pasaporte, pero después de unas semanas en Italia y Francia, tiene la intención de volver a Hanoi, donde viven sus dos hijos y cuatro nietos. (Huong se divorció en 1982). Y una vez allá, si el gobierno no tiene otros planes, dice que continuará escribiendo. "Soy una idealista", dijo, antes de agregar con una sonrisa pícara, "y también imbécil".
12 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
París, Francia. Con una elegante chaqueta de tweed y sorbiendo un jugo de frutas en un café aquí de la Orilla Izquierda, la escritora Duong Thu Huong difícilmente parece una persona peligrosa. Pero Huong, 58, evidentemente lo es en su Vietnam nativo, donde ha pasado tiempo en la cárcel, sus libros han sido prohibidos y durante 11 años las autoridades le han negado un pasaporte para viajar al exterior.Aparentemente tiene muchos pecados. Sus novelas, donde diseca la vida en uno de los últimos regímenes comunistas, se publican y son bien recibidas en Occidente. Es una antigua miembro del Partido Comunista, expulsada por traición. Y, sobre todo, es una disidente -una "puta disidente", dijo un dirigente del partido- que se negó a callar, incluso después de pasar ocho meses en prisión en 1991.
Ahora, por segunda vez, se le ha permitido viajar a Europa. Pero en cierto sentido Vietnam ha viajado con ella. Está dispuesta a hablar sobre su vida y a discutir sus cinco novelas, incluyendo la última, No Man's Land' [Tierra de Nadie], publicada en abril en Estados Unidos. Pero su prioridad es denunciar al gobierno de Hanoi como irremediablemente corrupto y prepotente.
""Es mi misión en nombre de todos de todos los que han muerto en este vergonzoso régimen", dijo, hablando fluidamente, pero con un fuerte acento francés. "Debido a que me conocen algo en el extranjero, tengo que decir estas cosas. Tengo que sacar lo que llevo dentro para que tener mi conciencia tranquila. La gente ha perdido la capacidad de reaccionar, de reflexionar, de pensar. Quizás les de yo coraje".
Cree que su mensaje es más urgente que nunca. Treinta años después de la Guerra de Vietnam, el régimen está ganando aceptación en el extranjero abriendo su economía a extranjeros bajo una estrategia de comunismo-con-capitalismo. También observó alarmada que el primer ministro de Vietnam, Phan Van Khai, fue recibido por el presidente Bush en la Casa Blanca el mes pasado.
"Es un régimen brutal e ignoble que hace un montón de cosas para engañar a los extranjeros", dijo durante una larga conversación. "Si Bush apoya a este régimen, lo empujará a otra guerra que volverá a hundir a la gente. Esta vez en lugar de usar bombarderos B-52, usará las manos de tránsfugas nativos'.
Hasta ahora, dijo, la Guerra de Vietnam ha servido para justificar el control del gobierno.
"Toda su propaganda tiene como fin nutrir el mito de la guerra, adular y amenazar a la gente", dijo. "Les dice: Sois un pueblo heroico. Deberíais estar orgullosos de vuestra historia. Pero no olvidéis nunca que fue el partido el que condujo al pueblo a la victoria'. Engaña a la gente recurriendo a un ciego orgullo".
También la vida de Huong ha sido inevitablemente moldeada por la guerra.
De niña, dijo, no pudo disfrutar de una buena educación porque no pertenecía ni al campesinado ni a la clase proletaria: su abuela era una hacendada que se mudó a Vietnam del Sur a mediados de los años de 1950. Pero, a los 16, Duong Thu Huong, se unió a una troupe de teatro itinerante y, por su talento, fue enviada a un instituto donde se prepara a actores, bailarines y cantantes para actuar en diversiones populares.
Lo hizo bien y en 1968 le ofrecieron la posibilidad de estudiar en la Unión Soviética, Alemania del Este o Bulgaria. "Pero yo elegí ir al frente porque nuestro país estaba en guerra y mis ancestros han peleado siempre por su país", dijo. "Me uní a un grupo de jóvenes artistas que actuaban para las tropas y las víctimas de la guerra. El eslogan era: Nuestras canciones son más fuertes de las bombas'. Silenciaríamos los gritos con canciones".
Pero incluso entonces, recordó, observó que los miembros del partido gozaban de privilegios especiales. Hubo conmoción cuando llegaron a su zona soldados sudvietnamitas prisioneros. "Descubrí la verdad de que también estábamos peleando contra vietnamitas", dijo. "Sí, los americanos nos estaban bombardeando todo el tiempo, pero volaban muy arriba en el cielo y nunca los veíamos. Sólo veíamos a los vietnamitas".
Se quedó callada, como hizo después de la guerra cuando encontró a parientes en Ciudad de Ho Chi Minh (la antigua Saigón) y se dio cuenta de que los derrotados estaban mejor que los victoriosos. Para entonces, estaba organizando eventos artísticos en la ciudad de Hue. Cuando cumplió los 30, volvió a Hanoi a trabajar en la industria cinematográfica del gobierno. "Escribí cinco guiones, con los que hicieron malas películas", dijo, "pero yo podía vivir con mi salario".
Un trabajo como free-lance le abrió los ojos. Trabajando para un grupo de generales del ejército, escribió por encargo una historia de la guerra de Vietnam. "Los generales discutían entre ellos cómo corregir mi texto para que se ajustara a sus intereses", dijo. "Querían subir el número de vietnamitas que murieron en la guerra para demostrar que ningún sacrificio era demasiado grande para el pueblo".
Huong dijo que fue invitada a integrar el Partido Comunista en 1979 y lo hizo reluctantemente en 1985 a instancias de amigos que esperaban que ella pudiera ayudarles. Ese fue también el año que vio su primera novela, Beyond Illusions' [Más Allá de las Ilusiones], que fue publicada en Vietnam con gran aclamación pública, vendiendo 100.000 ejemplares. Pero dos años después, dijo, sus problemas empezaron con la publicación de Paradise of the Blind' [Paraíso de los Ciegos], otro éxito de ventas.
"El secretario general del partido, Nguyen Van Linh, me ofreció una casa del tipo de las que son reservadas para los ministros, a cambio de que me callara", dijo. "Le dije: Yo lucho por la democracia, estoy del lado del pueblo y nunca viviría como un ministro'. Mi principio es que tú puedes perder todo, incluso tu vida, pero nunca tu honor".
Poco después, dijo, escapó a dos intentos de asesinato. Escribió un discurso para el Congreso de Escritores Vietnamitas en 1989, llamado El partido debería agradecer al pueblo' y fue debidamente expulsada del partido. En 1991 fue encarcelada por vender documentos secretos a extranjeros -los secretos' eran sus propios manuscritos. No sorprende que sus siguientes tres libros -Novel Without a Name' [Novela Sin Nombre], Memories of a Pure Spring' [Memorias de una Primavera Pura] y No Man's Land'- no fueron publicados en Vietnam.
Pero todas sus novelas han sido publicadas en varios idiomas extranjeros. Y gracias a Will Schwalbe, entonces en William Morrow y ahora editor jefe en Hyperion, también aparecieron en inglés. "Oí hablar de ella cuando ella estaba en la cárcel", dijo Schwalbe en una conferencia telefónica desde Nueva York. "He leído 30 o 40 páginas de Paradise of the Blind' y me cautivó. Era la primera novela vietnamita publicada en Estados Unidos, en inglés".
Las novelas de Huong no son abiertamente políticas, pero su motivo central es la desilusión de la gente atrapada por un destino fuera de su control. Al reseñar Memories of a Pure Spring' en New York Times en 2000, Richard Bernstein escribió: "Uno la lee por la política, pero incluso más por la complejidad y profundidad de sus personajes, que luchan por definirse a sí mismos en un mundo que todavía coloca todo y a todos en una u otra categoría de ideología y aspiración nacional".
En 1994, gracias a la intervención de Danielle Mitterrand, la primera dama francesa en ese momento, se le permitió a Huong viajar a Francia a recibir un premio. Se le ofreció asilo político. "Yo dije: Gracias, pero en mi país el miedo aplasta todo, los valientes soldados se han convertido en civiles cobardes'", recordó. "Es por eso que tengo que volver. Yo vuelvo a una cosa: a escupir en la cara del régimen'".
Esta vez, la embajada italiana en Vietnam obtuvo su pasaporte, pero después de unas semanas en Italia y Francia, tiene la intención de volver a Hanoi, donde viven sus dos hijos y cuatro nietos. (Huong se divorció en 1982). Y una vez allá, si el gobierno no tiene otros planes, dice que continuará escribiendo. "Soy una idealista", dijo, antes de agregar con una sonrisa pícara, "y también imbécil".
12 de julio de 2005
©new york times
©traducción mQh
casa de muchos espíritus
[Reed Johnson] Unidos por su trabajo con Frida Kahlo y Diego Rivera, un par de artistas cuidan el legado cultural de una casa histórica.
Empinándose por encima de la estrecha acera, la Casa de la Malinche se parece a una fortaleza del siglo 16, y, con los años, este sólido edificio ha tenido su parte de invasiones y reformas, no todas acogedoras. Se cree que sus secciones más antiguas se remontan a 500 años. La leyenda dice que el conquistador español Hernán Cortés utilizó una primera versión de la casa como un retiro mientras él y sus soldados asolaban el imperio azteca. En una de sus varias vidas previas, la estructura hizo las veces de cárcel municipal. Más tarde, fue un monasterio.
En otra etapa, parte de su planta baja fue cortada en pedazos y convertida en una farmacia. "Ha tenido muchos usos en su historia", dice Rina Lazo, que ha vivido en la Casa de la Malinche con su marido y colega artista Arturo García Bustos durante las últimas cuatro décadas.
Incluso hoy, dice la pareja, la vieja casa funciona como una especie de inexpugnable ciudadela en esta ruidosa, agresiva y contaminada metrópolis de 20 millones de habitantes. Situada estratégicamente al borde un apacible parque en el histórico distrito de Coyoacán de la ciudad, la Casa de la Malinche es un tranquilo y civilizado amortiguador contra las embestidas del exorbitante tráfico en la calle, chillones vendedores callejeros y los miles de visitantes y turistas que marchan por el barrio los fines de semana.
La casa tiene un complejo pedigrí simbólico. Su tocaya, la Malinche, era una mujer india de habla náhuatl que fue la intérprete de Cortés y también compartió la cama del conquistador (la malinche' se traduce como la mujer del capitán'). Debido a que ayudó a los españoles a derrotar y someter a los pueblos indígenas de México, ha sido considerada como una traidora nacional, una femme fatale, en contraste con la adorada heroína nacional, la Virgen de Guadalupe.
Hoy, la casa de caliza, ladrillos y adobe es no sólo un oasis para sus dueños: es también un bastión de los valores culturales tradicionales mexicanos, que Lazo y García creen que están actualmente bajo sitio. Está repleta de arriba a abajo, de arte: esculturas precolombinas, muebles antiguos y una impresionante colección de pinturas, dibujos e impresiones, incluyendo obras de los tres padrinos fundadores del modernismo mexicano: Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros.
Para Lazo y García, la relación con este legendario patrimonio artístico es a la vez palpable y personal. Lazo pasó 10 años trabajando como asistente de Rivera, cuyos monumentales murales contribuyeron a definir la identidad post-revolucionaria del país y cuyo peso icónico se inclina sobre el arte mexicano del siglo 20 como el volcán Popocatépetl en los márgenes sur de la ciudad.
García fue estudiante y discípulo de Kahlo, la esposa intermitente de Rivera. Desde los años de su muerte en 1954, la cicatrizada vida de Kahlo, sus coloridos trajes y excéntrico e introspectivo arte -tan diferente del de su marido- la han convertido en una mártir feminista internacional y una diva póstuma. También la han transformado en estrella de cine, en la persona de la actriz Salma Hayek, la que retrató a Kahlo en la película de Miramax de 2002, Frida'.
Pero no nos adelantemos.
Eh, es demasiado tarde. Lazo y García guían al visitante a través de su salón atiborrado de arte, una casual mención de la película sobre la primera pareja de arte mexicano lanza a Lazo en un animado monólogo. "Es triste, porque es una buena película que pudo haber sido mejor", dice. Sí, reconoce Lazo, hubo montones de escenas de fiestas nocturnas y montones de alcohol en los viejos días, pero no las bacanales libidinosas que pretende la película. Lazo y García deberían saberlo, pues eran huéspedes regulares en la antigua casa de Kahlo, la Casa Azul, ahora un museo a menos de una docena de manzanas de Coyoacán.
La pareja también cree que la película minimizó el ardiente compromiso de Kahlo y Rivera con las causas políticas de izquierdas. "Y el lesbianismo no hacía parte de eso", dice Lazo, negando la tradicional percepción de la bisexualidad de Kahlo. "Es un invento". O más bien, dice, esta imagen de Kahlo puede haber sido fomentada por el malicioso marido, Rivera, al que le encantaba dejar caer bombas sociales, incluso inventados. "Frida era una enamorada, pero de los hombres, no de las mujeres", dice Lazo con la determinación de un caso cerrado.
Una extensa matriz de varios pisos que ocupa hasta la cuarta parte de una manzana, la Casa de la Malinche fue concebida a una escala dramática que se ajusta a sus dueños actuales. El dormitorio principal, con su banco de piel de jaguar y elevado catre, podría ser un plató para la producción de Las mil y una noches'. La biblioteca, atiborrada hasta las vigas de libros de arte, da a un patio enmarcado de buganvillas.
Cuando llegas al descanso de la escalera principal, te encuentras con una enorme lechuza de aires doctorales llamada Tecolotzin, en honor a un gobernante azteca. "Tiene cara inteligente, pero quién sabe si es verdad", dice García divertido, mirando a la bestia en su gigantesca jaula. "No escribió Don Quijote' ni nada por el estilo".
La Casa de la Malinche es una obra maestra, pero no un museo. Antes de que Lazo y García lo compraran a principio de los años sesenta, la casa de casi 930 metros cuadrados ha soportado décadas, sino siglos, de lento deterioro. La mantención es cara, y sus dueños de ocupan de su decorado y mantención con los ojos expertos del artista.
Pero la casa, felizmente, no tiene el pavoneo, la obsesión de estar listo-para-la-foto de muchas casas de diseñadores'. Se puede ver un pedazo de peladuras de pintura en el techo, materiales para artistas en alguna esquina. Como sus dueños, la Casa de la Malinche es cálida y acogedora.
El segundo piso del salón, donde Lazo y García hacen gran parte de sus labores de anfitriones, rinde homenaje a sus famosos mentores -el maestro Rivera y la maestra Kahlo, como se refiere la pareja a ellos. Dotada de un techo alto y la luz natural filtrándose a través de las altas ventanas, la habitación está ordenada en torno a dos sofás y un largo banco de madera y cuero. Una alfombra de motivos geométricos de Estambul y un stand de libros antiguo agregan marcados acentos.
Pero al entrar a la habitación, tus ojos instantáneamente se tornan hacia las paredes. Hay una naturaleza muerta de Lazo, con un montón de cocos, a la manera cubista, como Cézanne. Y más allá, su retrato de la hija única de la pareja, Rina García Lazo, una arquitecto que vive abajo con sus dos hijitos.
A unos metros, planeando como una aparición, está el retrato de tamaño natural de una escultural mujer con un vestido azul. Lazo la identifica como una amante de Henry Ford, el autocrático magnate de los coches cuyo hijo Edsel llevó a Rivera a Michigan a principio de los años treinta, para realizar los murales de Detroit Industry' en el Instituto de las Artes de Detroit. Junto a ella, cuelga el dibujo de Kahlo titulado La Copa', de fines de los años treinta, o cuarentas, que muestra una embarcación hecha con las cabezas de gente que representa a diferentes razas o grupos étnicos.
Pequeño. Críptico. Vagamente horripilante. Muy Frida.
En otra pared hay un dibujo inconcluso de Rivera, que llama la atención por su inscripción del maestro a su entonces joven aprendiz: "Para Rina Lazo, que me ayuda a pintar y a vivir".
"Tuvimos la suerte de estar cerca de esos grandes maestros, José Clemente Orozco, Rivera, Siqueiros y Frida", dice García, entre cuyas piezas mejor conocidas se encuentran los murales del palacio del gobierno municipal en el sureño estado de Oaxaca. "Sí, fue una época maravillosa", dice Lazo. A menudo, dice Lazo, quisiera que más de su tiempo en la Tierra se hubiera yuxtapuesto con el de esa extraordinaria era.
En sus años mozos, García y Lazo estuvieron inmersos en una embriagadora mezcla de acción política y apasionada devoción al arte que giraba en torno a Kahlo, Rivera y sus colegas. La pareja los conoció cuando el maestro ordenó a Lazo, su asistente, que ayudara a García a hacer carteles para una manifestación política. "Eso nos unía mucho: el interés artístico, y la política, y las preocupaciones, todo", dice García.
En realidad, después de tantas décadas de ajuste mutuo de las rutinas y contornos, Lazo y García afinan tan ajustadamente como las vigas del suelo. Lazo, una sorprendente mujer con un chal de cremoso color hueso y una cascada de joyas de oro, originaria de Guatemala, tiene una personalidad más histriónica y lleva la palabra. Su marido más circunspecto, que creció en Ciudad de México, escucha y habla cuidadosamente, mirando con cariño a su esposa y metiéndose en la conversación cuando ella se equivoca con un nombre u olvida una fecha. A pesar de su todavía incendiario idealismo político, se las arreglan para mantener a distancia los problemas del mundo con un dulce e irónico humor.
De crucial importancia en este matrimonio, y creativa asociación, es la creencia compartida en el valor perdurable de métodos artísticos de siglos de antigüedad, la preferencia por lo hecho a mano, no generado en un ordenador. La pareja tiene poco interés en el arte prefabricado, casas insulsas, vecindarios sin vida, vidas monótonas.
Al entrar en la Casa de la Malinche, a través de una pesada puerta de madera que da directamente a la acera pública, es como retroceder a una era de ritmo más calmo, más contemplativa. Inmediatamente a la izquierda, un pasillo de piedra conduce al taller de grabados de la pareja, llena de maquinarias de grabado antiguas. "Esta técnica está en desuso", concede García, "pero es maravillosa. La usó Rembrandt, la usó Goya".
García confiesa que está todavía aprendiendo a trabajar en diseño en ordenadores. "Me siento desafiada cuando estoy frente al tablero". Como artista, dice, le parece más fácil expresar sus sentimientos y emociones cuando modela con barro. Su esposa está de acuerdo, y lamenta la pérdida gradual de las habilidades tradicionales de la pintura con pincel. "La pintura a mano va a desaparecer, y con ella el corazón", dice Lazo. "Yo digo que no volverá a nacer otra Frida Kahlo en el futuro".
Pero la devoción a métodos y creencias sancionadas por el tiempo no significa necesariamente vivir en el pasado. De entre pilas dispersas de dibujos, grabados, frescos y acuarelas, García saca uno de sus últimos trabajos, una pequeña imagen blanco-y-negro de un hombre de aire desanimado sentado al borde de una gran ciudad. Detrás de él asoman dos torres de edificios y un avión a reacción.
"El 11 de Septiembre", dice García, "y un artista muy preocupado por el mundo, por el futuro del mundo".
A veces el artista trata de abrazar al mundo y consolarlo. Otra, él o ella debe mantenerlo a un brazo de distancia, o te vuelves loco, lo pueden asegurar Lazo y García.
En Coyoacán, como en otros barrios históricos de Ciudad de México, se libra una batalla para preservar las cualidades únicas e irremplazables que hacen tan atractiva el área, no sólo para los residentes, sino también para extranjeros. Junto con muchos de sus vecinos, Lazo y García han estado peleando contra una propuesta para construir un teatro al aire libre de 900 asientos, que estaría ubicado en la pequeño y encantador parque al otro lado de su casa.
Aunque sus proponentes han dicho que el teatro será usado para conciertos de música clásica y cosas similares, la pareja sospecha que abrirá la puerta a diversiones más agresivas. Creen que el parque debería ser un sitio para pasear, encontrarse con amigos y un pensativo descanso, y no, en palabras de Lazo, un lugar donde "uno viene a divertirse y bailar cumbia".
Poco a poco, teme la pareja, el fino carácter del barrio está siendo engullido por el tráfico comercial y urbanistas que huelen una tendencia lucrativa cuando la hay. En los últimos años, varios de los amigos de la pareja se han marchado de Coyoacán a la búsqueda de prados más tranquilos.
"Aquí, los vecinos, que quieren conservar este lugar, como debe ser, como un centro histórico, por su historia, por sus monumentos", dice Lazo. Ella y su marido se alegran de que las murallas de los viejos fundamentos de la Casa de la Malinche sean de unos 90 centímetros. "¡Mira lo anchas que son las murallas!", dice Lazo, pasando su mano por su granosa superficie."Nos ayudan a protegernos de los ruidos de la calle, de los coches".
La pareja cree que las paredes más gruesas de la casa corresponden a las de la estructura original de un piso donde Cortés y La Malinche vivieron durante un año, probablemente hacia 1521 o 1522. De acuerdo a García, Cortés eligió establecerse en Coyoacán porque la gran capital azteca de Tenochtitlán (hoy el centro de Ciudad de México) , tras ser saqueada por los españoles, estaba llena de cuerpos descompuestos.
En los siglos posteriores, la casa asumió otros aspectos, incluyendo su fase como monasterio. Luego, en los años de 1860, el presidente liberal Benito Juárez implementó sus famosas reformas agrarias y el monasterio y sus terrenos cayeron en manos de una familia campesina que había hecho las tortillas de los monjes. Lazo dice que parte de los terrenos todavía eran usados para cultivar maíz cuando ella y su marido se mudaron aquí hace 40 años.
En los años treinta, la casa llamó la atención de José Vasconcelos, el poderoso ministro de educación mexicano que encargó a Rivera, Siqueiros y otros artistas a pintar los grandes murales públicos que debían articular una visión de la identidad mexicana después del levantamiento revolucionario de 1910-1920.
Consciente del valor histórico de la Casa de la Malinche, Vasconcelos compró la casa. Aunque nunca vivió en ella, dice Lazos, Vasconcelos reconstruyó sus tejados y restauró o remplazó sus vigas derrumbadas.
Finalmente la casa pasó a manos de la hija de Vasconcelos, doña Carmen Vasconcelos. En esa época, a principio de los años sesenta, Lazo y García estaban viviendo en un apartamento y buscando un lugar más grande con suficiente espacio como para instalar un taller artístico y su hija recién nacida. Convencieron a doña Carmen de les alquilara la casa, que más tarde fue puesta a la venta. La pareja vio su oportunidad.
"Nadie quería la casa, porque era vieja, y era de una época en que todo el mundo estaba dejando de lado sus viejas casas y mudándose a unas más modernas", dice Lazo.
Ella y García habían justo recibido un dinero por unos murales que habían pintado para el deslumbrante nuevo Museo de Antropología de la ciudad. Reuniendo su dinero, pudieron comprar la casa. "El hecho es que doña Carmen estaba muy contenta", dice Lazo. "Nos dijo: Ah, ningún mexicano quería comprar esta casa, eran siempre extranjeros, y yo no la quería vender a extranjeros'. Es por eso que le alegró y nos la vendió a nosotros".
Reconstruir la casa, y tratar de restaurarla en algo aproximado a su diseño original fue, para la pareja, un proyecto de 10 años de la pareja. Gradualmente lograron reconstruir muchas de las antiguas habitaciones y encontrar puertas y ventanas antiguas, y enrejados para remplazar los antiguos. Volvieron a abrir ventanas tapiadas en la cocina y excavaron tabiques antiguos, ocultos. Hoy, la Casa de la Malinche goza de la condición de monumento colonial registrado, y "no se ha hecho ni un solo cambio" sin la aprobación oficial, dice Lazo.
El atardecer se está escabullendo, y nos traen una botella de fina tequila y unos sabrosos quesos de Oaxaca. Afuera, es la hora pique. Pero apenas penetran sonidos a través de las firmes murallas de piedra mientras la pareja obsequia a su huésped con más historias y opiniones sobre arte, política, todo.
Sí, acceden Lazo y García, el futuro político y económico de México es incierto. Sí, la inmigración y la globalización plantean inquietantes preguntas en todo el hemisferio.
Y sí, dice la pareja, tienen pensado quedarse en su vecindario y seguir peleando, por México y por Coyoacán. En los días de apogeo de Rivera y Kahlo, dice García, los mexicanos querían cambiar su sociedad "apasionadamente". Ahora, cree, el país hace frente a un reto comparable.
"Nos movía la idea de construir un mundo nuevo", dice de los viejos días. "Fue retrasado. Pero tenía que volver a brotar, aunque muchos años después, y debe adoptar nuevas formas".
Como la Casa de la Malinche.
10 de julio de 2005
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Empinándose por encima de la estrecha acera, la Casa de la Malinche se parece a una fortaleza del siglo 16, y, con los años, este sólido edificio ha tenido su parte de invasiones y reformas, no todas acogedoras. Se cree que sus secciones más antiguas se remontan a 500 años. La leyenda dice que el conquistador español Hernán Cortés utilizó una primera versión de la casa como un retiro mientras él y sus soldados asolaban el imperio azteca. En una de sus varias vidas previas, la estructura hizo las veces de cárcel municipal. Más tarde, fue un monasterio.En otra etapa, parte de su planta baja fue cortada en pedazos y convertida en una farmacia. "Ha tenido muchos usos en su historia", dice Rina Lazo, que ha vivido en la Casa de la Malinche con su marido y colega artista Arturo García Bustos durante las últimas cuatro décadas.
Incluso hoy, dice la pareja, la vieja casa funciona como una especie de inexpugnable ciudadela en esta ruidosa, agresiva y contaminada metrópolis de 20 millones de habitantes. Situada estratégicamente al borde un apacible parque en el histórico distrito de Coyoacán de la ciudad, la Casa de la Malinche es un tranquilo y civilizado amortiguador contra las embestidas del exorbitante tráfico en la calle, chillones vendedores callejeros y los miles de visitantes y turistas que marchan por el barrio los fines de semana.
La casa tiene un complejo pedigrí simbólico. Su tocaya, la Malinche, era una mujer india de habla náhuatl que fue la intérprete de Cortés y también compartió la cama del conquistador (la malinche' se traduce como la mujer del capitán'). Debido a que ayudó a los españoles a derrotar y someter a los pueblos indígenas de México, ha sido considerada como una traidora nacional, una femme fatale, en contraste con la adorada heroína nacional, la Virgen de Guadalupe.
Hoy, la casa de caliza, ladrillos y adobe es no sólo un oasis para sus dueños: es también un bastión de los valores culturales tradicionales mexicanos, que Lazo y García creen que están actualmente bajo sitio. Está repleta de arriba a abajo, de arte: esculturas precolombinas, muebles antiguos y una impresionante colección de pinturas, dibujos e impresiones, incluyendo obras de los tres padrinos fundadores del modernismo mexicano: Diego Rivera, Frida Kahlo y David Alfaro Siqueiros.
Para Lazo y García, la relación con este legendario patrimonio artístico es a la vez palpable y personal. Lazo pasó 10 años trabajando como asistente de Rivera, cuyos monumentales murales contribuyeron a definir la identidad post-revolucionaria del país y cuyo peso icónico se inclina sobre el arte mexicano del siglo 20 como el volcán Popocatépetl en los márgenes sur de la ciudad.
García fue estudiante y discípulo de Kahlo, la esposa intermitente de Rivera. Desde los años de su muerte en 1954, la cicatrizada vida de Kahlo, sus coloridos trajes y excéntrico e introspectivo arte -tan diferente del de su marido- la han convertido en una mártir feminista internacional y una diva póstuma. También la han transformado en estrella de cine, en la persona de la actriz Salma Hayek, la que retrató a Kahlo en la película de Miramax de 2002, Frida'.
Pero no nos adelantemos.
Eh, es demasiado tarde. Lazo y García guían al visitante a través de su salón atiborrado de arte, una casual mención de la película sobre la primera pareja de arte mexicano lanza a Lazo en un animado monólogo. "Es triste, porque es una buena película que pudo haber sido mejor", dice. Sí, reconoce Lazo, hubo montones de escenas de fiestas nocturnas y montones de alcohol en los viejos días, pero no las bacanales libidinosas que pretende la película. Lazo y García deberían saberlo, pues eran huéspedes regulares en la antigua casa de Kahlo, la Casa Azul, ahora un museo a menos de una docena de manzanas de Coyoacán.
La pareja también cree que la película minimizó el ardiente compromiso de Kahlo y Rivera con las causas políticas de izquierdas. "Y el lesbianismo no hacía parte de eso", dice Lazo, negando la tradicional percepción de la bisexualidad de Kahlo. "Es un invento". O más bien, dice, esta imagen de Kahlo puede haber sido fomentada por el malicioso marido, Rivera, al que le encantaba dejar caer bombas sociales, incluso inventados. "Frida era una enamorada, pero de los hombres, no de las mujeres", dice Lazo con la determinación de un caso cerrado.
Una extensa matriz de varios pisos que ocupa hasta la cuarta parte de una manzana, la Casa de la Malinche fue concebida a una escala dramática que se ajusta a sus dueños actuales. El dormitorio principal, con su banco de piel de jaguar y elevado catre, podría ser un plató para la producción de Las mil y una noches'. La biblioteca, atiborrada hasta las vigas de libros de arte, da a un patio enmarcado de buganvillas.
Cuando llegas al descanso de la escalera principal, te encuentras con una enorme lechuza de aires doctorales llamada Tecolotzin, en honor a un gobernante azteca. "Tiene cara inteligente, pero quién sabe si es verdad", dice García divertido, mirando a la bestia en su gigantesca jaula. "No escribió Don Quijote' ni nada por el estilo".
La Casa de la Malinche es una obra maestra, pero no un museo. Antes de que Lazo y García lo compraran a principio de los años sesenta, la casa de casi 930 metros cuadrados ha soportado décadas, sino siglos, de lento deterioro. La mantención es cara, y sus dueños de ocupan de su decorado y mantención con los ojos expertos del artista.
Pero la casa, felizmente, no tiene el pavoneo, la obsesión de estar listo-para-la-foto de muchas casas de diseñadores'. Se puede ver un pedazo de peladuras de pintura en el techo, materiales para artistas en alguna esquina. Como sus dueños, la Casa de la Malinche es cálida y acogedora.
El segundo piso del salón, donde Lazo y García hacen gran parte de sus labores de anfitriones, rinde homenaje a sus famosos mentores -el maestro Rivera y la maestra Kahlo, como se refiere la pareja a ellos. Dotada de un techo alto y la luz natural filtrándose a través de las altas ventanas, la habitación está ordenada en torno a dos sofás y un largo banco de madera y cuero. Una alfombra de motivos geométricos de Estambul y un stand de libros antiguo agregan marcados acentos.
Pero al entrar a la habitación, tus ojos instantáneamente se tornan hacia las paredes. Hay una naturaleza muerta de Lazo, con un montón de cocos, a la manera cubista, como Cézanne. Y más allá, su retrato de la hija única de la pareja, Rina García Lazo, una arquitecto que vive abajo con sus dos hijitos.
A unos metros, planeando como una aparición, está el retrato de tamaño natural de una escultural mujer con un vestido azul. Lazo la identifica como una amante de Henry Ford, el autocrático magnate de los coches cuyo hijo Edsel llevó a Rivera a Michigan a principio de los años treinta, para realizar los murales de Detroit Industry' en el Instituto de las Artes de Detroit. Junto a ella, cuelga el dibujo de Kahlo titulado La Copa', de fines de los años treinta, o cuarentas, que muestra una embarcación hecha con las cabezas de gente que representa a diferentes razas o grupos étnicos.
Pequeño. Críptico. Vagamente horripilante. Muy Frida.
En otra pared hay un dibujo inconcluso de Rivera, que llama la atención por su inscripción del maestro a su entonces joven aprendiz: "Para Rina Lazo, que me ayuda a pintar y a vivir".
"Tuvimos la suerte de estar cerca de esos grandes maestros, José Clemente Orozco, Rivera, Siqueiros y Frida", dice García, entre cuyas piezas mejor conocidas se encuentran los murales del palacio del gobierno municipal en el sureño estado de Oaxaca. "Sí, fue una época maravillosa", dice Lazo. A menudo, dice Lazo, quisiera que más de su tiempo en la Tierra se hubiera yuxtapuesto con el de esa extraordinaria era.
En sus años mozos, García y Lazo estuvieron inmersos en una embriagadora mezcla de acción política y apasionada devoción al arte que giraba en torno a Kahlo, Rivera y sus colegas. La pareja los conoció cuando el maestro ordenó a Lazo, su asistente, que ayudara a García a hacer carteles para una manifestación política. "Eso nos unía mucho: el interés artístico, y la política, y las preocupaciones, todo", dice García.
En realidad, después de tantas décadas de ajuste mutuo de las rutinas y contornos, Lazo y García afinan tan ajustadamente como las vigas del suelo. Lazo, una sorprendente mujer con un chal de cremoso color hueso y una cascada de joyas de oro, originaria de Guatemala, tiene una personalidad más histriónica y lleva la palabra. Su marido más circunspecto, que creció en Ciudad de México, escucha y habla cuidadosamente, mirando con cariño a su esposa y metiéndose en la conversación cuando ella se equivoca con un nombre u olvida una fecha. A pesar de su todavía incendiario idealismo político, se las arreglan para mantener a distancia los problemas del mundo con un dulce e irónico humor.
De crucial importancia en este matrimonio, y creativa asociación, es la creencia compartida en el valor perdurable de métodos artísticos de siglos de antigüedad, la preferencia por lo hecho a mano, no generado en un ordenador. La pareja tiene poco interés en el arte prefabricado, casas insulsas, vecindarios sin vida, vidas monótonas.
Al entrar en la Casa de la Malinche, a través de una pesada puerta de madera que da directamente a la acera pública, es como retroceder a una era de ritmo más calmo, más contemplativa. Inmediatamente a la izquierda, un pasillo de piedra conduce al taller de grabados de la pareja, llena de maquinarias de grabado antiguas. "Esta técnica está en desuso", concede García, "pero es maravillosa. La usó Rembrandt, la usó Goya".
García confiesa que está todavía aprendiendo a trabajar en diseño en ordenadores. "Me siento desafiada cuando estoy frente al tablero". Como artista, dice, le parece más fácil expresar sus sentimientos y emociones cuando modela con barro. Su esposa está de acuerdo, y lamenta la pérdida gradual de las habilidades tradicionales de la pintura con pincel. "La pintura a mano va a desaparecer, y con ella el corazón", dice Lazo. "Yo digo que no volverá a nacer otra Frida Kahlo en el futuro".
Pero la devoción a métodos y creencias sancionadas por el tiempo no significa necesariamente vivir en el pasado. De entre pilas dispersas de dibujos, grabados, frescos y acuarelas, García saca uno de sus últimos trabajos, una pequeña imagen blanco-y-negro de un hombre de aire desanimado sentado al borde de una gran ciudad. Detrás de él asoman dos torres de edificios y un avión a reacción.
"El 11 de Septiembre", dice García, "y un artista muy preocupado por el mundo, por el futuro del mundo".
A veces el artista trata de abrazar al mundo y consolarlo. Otra, él o ella debe mantenerlo a un brazo de distancia, o te vuelves loco, lo pueden asegurar Lazo y García.
En Coyoacán, como en otros barrios históricos de Ciudad de México, se libra una batalla para preservar las cualidades únicas e irremplazables que hacen tan atractiva el área, no sólo para los residentes, sino también para extranjeros. Junto con muchos de sus vecinos, Lazo y García han estado peleando contra una propuesta para construir un teatro al aire libre de 900 asientos, que estaría ubicado en la pequeño y encantador parque al otro lado de su casa.
Aunque sus proponentes han dicho que el teatro será usado para conciertos de música clásica y cosas similares, la pareja sospecha que abrirá la puerta a diversiones más agresivas. Creen que el parque debería ser un sitio para pasear, encontrarse con amigos y un pensativo descanso, y no, en palabras de Lazo, un lugar donde "uno viene a divertirse y bailar cumbia".
Poco a poco, teme la pareja, el fino carácter del barrio está siendo engullido por el tráfico comercial y urbanistas que huelen una tendencia lucrativa cuando la hay. En los últimos años, varios de los amigos de la pareja se han marchado de Coyoacán a la búsqueda de prados más tranquilos.
"Aquí, los vecinos, que quieren conservar este lugar, como debe ser, como un centro histórico, por su historia, por sus monumentos", dice Lazo. Ella y su marido se alegran de que las murallas de los viejos fundamentos de la Casa de la Malinche sean de unos 90 centímetros. "¡Mira lo anchas que son las murallas!", dice Lazo, pasando su mano por su granosa superficie."Nos ayudan a protegernos de los ruidos de la calle, de los coches".
La pareja cree que las paredes más gruesas de la casa corresponden a las de la estructura original de un piso donde Cortés y La Malinche vivieron durante un año, probablemente hacia 1521 o 1522. De acuerdo a García, Cortés eligió establecerse en Coyoacán porque la gran capital azteca de Tenochtitlán (hoy el centro de Ciudad de México) , tras ser saqueada por los españoles, estaba llena de cuerpos descompuestos.
En los siglos posteriores, la casa asumió otros aspectos, incluyendo su fase como monasterio. Luego, en los años de 1860, el presidente liberal Benito Juárez implementó sus famosas reformas agrarias y el monasterio y sus terrenos cayeron en manos de una familia campesina que había hecho las tortillas de los monjes. Lazo dice que parte de los terrenos todavía eran usados para cultivar maíz cuando ella y su marido se mudaron aquí hace 40 años.
En los años treinta, la casa llamó la atención de José Vasconcelos, el poderoso ministro de educación mexicano que encargó a Rivera, Siqueiros y otros artistas a pintar los grandes murales públicos que debían articular una visión de la identidad mexicana después del levantamiento revolucionario de 1910-1920.
Consciente del valor histórico de la Casa de la Malinche, Vasconcelos compró la casa. Aunque nunca vivió en ella, dice Lazos, Vasconcelos reconstruyó sus tejados y restauró o remplazó sus vigas derrumbadas.
Finalmente la casa pasó a manos de la hija de Vasconcelos, doña Carmen Vasconcelos. En esa época, a principio de los años sesenta, Lazo y García estaban viviendo en un apartamento y buscando un lugar más grande con suficiente espacio como para instalar un taller artístico y su hija recién nacida. Convencieron a doña Carmen de les alquilara la casa, que más tarde fue puesta a la venta. La pareja vio su oportunidad.
"Nadie quería la casa, porque era vieja, y era de una época en que todo el mundo estaba dejando de lado sus viejas casas y mudándose a unas más modernas", dice Lazo.
Ella y García habían justo recibido un dinero por unos murales que habían pintado para el deslumbrante nuevo Museo de Antropología de la ciudad. Reuniendo su dinero, pudieron comprar la casa. "El hecho es que doña Carmen estaba muy contenta", dice Lazo. "Nos dijo: Ah, ningún mexicano quería comprar esta casa, eran siempre extranjeros, y yo no la quería vender a extranjeros'. Es por eso que le alegró y nos la vendió a nosotros".
Reconstruir la casa, y tratar de restaurarla en algo aproximado a su diseño original fue, para la pareja, un proyecto de 10 años de la pareja. Gradualmente lograron reconstruir muchas de las antiguas habitaciones y encontrar puertas y ventanas antiguas, y enrejados para remplazar los antiguos. Volvieron a abrir ventanas tapiadas en la cocina y excavaron tabiques antiguos, ocultos. Hoy, la Casa de la Malinche goza de la condición de monumento colonial registrado, y "no se ha hecho ni un solo cambio" sin la aprobación oficial, dice Lazo.
El atardecer se está escabullendo, y nos traen una botella de fina tequila y unos sabrosos quesos de Oaxaca. Afuera, es la hora pique. Pero apenas penetran sonidos a través de las firmes murallas de piedra mientras la pareja obsequia a su huésped con más historias y opiniones sobre arte, política, todo.
Sí, acceden Lazo y García, el futuro político y económico de México es incierto. Sí, la inmigración y la globalización plantean inquietantes preguntas en todo el hemisferio.
Y sí, dice la pareja, tienen pensado quedarse en su vecindario y seguir peleando, por México y por Coyoacán. En los días de apogeo de Rivera y Kahlo, dice García, los mexicanos querían cambiar su sociedad "apasionadamente". Ahora, cree, el país hace frente a un reto comparable.
"Nos movía la idea de construir un mundo nuevo", dice de los viejos días. "Fue retrasado. Pero tenía que volver a brotar, aunque muchos años después, y debe adoptar nuevas formas".
Como la Casa de la Malinche.
10 de julio de 2005
19 de mayo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
del hombre de oro
Phillip K. Dick, el renombrado autor de ciencia ficción muerto en 1982, escribió un extraordinario texto sobre su carrera: la introducción a su libro El hombre de oro'.
Cuando veo estas historias mías, escritas a lo largo de tres décadas, pienso en un local llamado Lucky Dog Pet Store (Tienda de Mascotas El Perro Suertudo'). Hay una buena razón para esto. Tiene que ver no sólo con mi vida, sino con las vidas de la mayoría de los escritores que trabajan por cuenta propia. Se llama pobreza.
Me río de esto ahora, y siento además una pequeña nostalgia, debido a que, en algunos aspectos, ésos fueron los mejores benditos días de mi vida, especialmente allá en los principios de los cincuenta, cuando empezó mi vida como escritor profesional. Pero éramos pobres; en efecto mi esposa Kleo y yo éramos pobres pobres. No lo disfrutábamos para nada. La pobreza no fortalece el carácter. Eso es un mito. Pero sí te convierte en un buen contable; uno cuenta y cuenta con exactitud su dinero, su poco dinero, una y otra vez. Antes de salir de casa para ir al almacén tú sabes con exactitud cuánto puedes gastar, y sabes también con exactitud cuánto puedes comprar, debido a que si te pasas no vas a comer el día siguiente y tal vez tampoco el que le sigue.
Por lo tanto, ahí estaba yo en el Lucky Dog Pet Store en la Avenida San Pablo, en Berkeley, California, en los años cincuenta, comprando una libra de carne picada de caballo. La razón por la que soy escritor por cuenta propia y viví en la pobreza es (y admití esto desde el principio) que estaba aterrorizado por figuras autoritarias como jefes, policías y maestros; quería ser escritor por cuenta propia porque sería mi propio jefe. Tiene sentido. Yo había renunciado a mi trabajo de dependiente de discos en un comercio de música; cada noche, durante toda la noche, escribía cuentos de ciencia ficción y literatura general... y vendía ciencia ficción. No disfrutaba, de verdad, de saborear la carne de caballo; es muy dulce... pero en cambio disfrutaba de no tener que estar tras un mostrador exactamente a las nueve de la mañana, de traje y corbata y diciendo "Sí, señora, ¿puedo ayudarla en algo?, etcétera... disfrutaba de haber sido echado repentinamente de la Universidad de Berkeley debido a que no quería tomar el ROTC (Reserve Officers Training Corps: cuerpo de entrenamiento de oficiales de reserva) muchacho, una figura autoritaria de uniforme ¡es la figura autoritaria!, cuando al entregar mis 35 centavos al dependiente del Lucky Dog Pet Store me encontré una vez más frente a mi Némesis personal: inesperadamente, me encontraba de nuevo frente a la figura autoritaria.
No puedes escapar de tu Némesis; yo lo había olvidado.
El hombre dijo: Usted compra carne de caballo para comerla usted.
Ahora él medía un metro ochenta y pesaba ciento cuarenta kilos. Me estaba mirando fijo. Yo tenía, en mi mente, de nuevo cinco años, y había tirado goma de pegar en el piso del jardín de infantes.
Sí, señor admití.
Quería decirle: Mire, estoy toda la noche escribiendo historias de CF y soy pobre, pero sé que las cosas van a mejorar y tengo una esposa que amo, un gato llamado Magnificat y una pequeña y vieja casa alquilada por 25 dólares al mes, que es todo lo que puedo pagar. Pero el hombre estaba interesado en un único aspecto de mi desesperada (pero llena de esperanzas) vida. Sabía lo que me estaba por decir. La carne de caballo que vendemos es para consumo animal. Pero Kleo y yo la estábamos comiendo, y ahora estábamos siendo juzgados; el Gran Juicio había llegado; había sido atrapado en otro Acto Incorrecto.
Esperé que el hombre dijera "Tiene usted una mala actitud".
Éste era mi problema y es mi problema ahora: tengo una mala actitud. En pocas palabras, temo la autoridad pero al mismo tiempo me siento resentido de la autoridad y de mi propio miedo, por lo tanto me rebelo. Y escribir historias de CF es una forma de rebelarse. Me rebelé contra el ROTC y la Universidad de Berkeley y terminé fuera; me propuse no volver nunca. Un día me fui de mi trabajo en el comercio de discos y nunca volví. Más tarde me opuse a la guerra de Vietnam y encontré mis archivos volados y mis papeles desparramados por ahí o robados, como fue descrito en la revista Rolling Stone. Todo lo que hago es generado por mi mala actitud, desde correr el ómnibus a pelear por mi país. También tengo una mala actitud con respecto a los editores; estoy siempre atrasado y fuera de término (estoy atrasado en este trabajo, por ejemplo).
Con todo, la CF es una forma rebelde de arte y necesita escritores y lectores y malas actitudes, una actitud expresada por un ¿Por qué? o ¿Cómo fue? o ¿Quién lo dice? Esto viene sublimado en los temas que aparecen en mis textos como "¿Es real el universo?". O "¿Somos todos humanos reales o alguno de nosotros seremos máquinas basadas en reflejos?" Tengo un gran enojo en mi interior. Siempre lo tuve. La última semana mi doctor me dijo que mi presión sanguínea está alta de nuevo, lo cual puede traer una complicación cardíaca. Me puse loco. La muerte me pone loco. Ver humanos y animales sufriendo me pone loco; cuando uno de mis gatos murió maldije a Dios expresamente: estaba furioso con él. Me gustaría tenerlo aquí para interrogarlo y para decirle que yo pienso que el mundo es retorcido, que el hombre no tuvo pecado ni falla sino que fue empujado lo cual es bastante malo, para después vender la mentira de que su naturaleza es básicamente pecadora, lo cual sé que no es así.
He conocido toda clase de personas (cumplí cincuenta hace poco y estoy molesto por ello; ya he vivido un largo tiempo) y eran buena gente en todos los sentidos. He modelado los personajes de mi novelas en base a ellos. De vez en cuando una de estas personas muere y esto me pone loco, realmente loco. "Te llevaste a mi gato", quisiera decirle a Dios, "y después a mi novia. ¿Qué estás haciendo? Escúchame, ¡escúchame!, lo que estás haciendo está mal".
Básicamente, no soy tranquilo. Me crié en Berkeley y heredé la conciencia social que se esparció desde allí hacia el país en los sesenta, sacándonos de encima a Nixon y terminando la guerra de Vietnam, más una cantidad de otras cosas buenas: el movimiento mismo por los derechos civiles. Todo el mundo en Berkeley se volvía loco enseguida. Yo acostumbraba a poner locos a los agentes del FBI que caían de visita cada semana (el Sr. George Smith y el Sr. George Scruggs de la Red Squad), y puse locos a mis amigos miembros del partido comunista, logrando que me echaran de la única reunión del PC de EE.UU a la que fui porque me puse a argumentar con vigor (léase enojado) en contra de lo que estaban diciendo.
Esto era al principio de los cincuenta y ahora me encuentro bien al final de los setenta y sigo loco. Ahora mismo estoy furioso a causa de lo que le pasa a mi mejor amiga, una chica llamada Doris, de veinticuatro años de edad. Ella tiene cáncer. Estoy enamorado de alguien que puede morir en cualquier momento y esto me pone furioso contra Dios y la raza humana, elevando mi presión sanguínea y acelerando el ritmo de los latidos de mi corazón. Y además escribo. Quiero escribir sobre la gente que amo y ponerla en un mundo de ficción sacado de mi mente, no el mundo que tienen en la realidad, debido a que el mundo en el que viven realmente no cumple con mis normas. De acuerdo, tal vez debería revisar mis normas; estoy desencaminado. Debería aceptar la realidad. Yo nunca he aceptado la realidad. Es sobre lo que trata toda la CF. Si usted quiere aceptar la realidad, lea a Philip Roth, lea a los escritores de la corriente principal del establishment literario de Nueva York. Pero ustedes están leyendo CF y yo escribo para ustedes. Quiero mostrarles, en mis textos, que amo a mis amigos y que aborrezco salvajemente lo que les ocurre.
He visto a Doris sufrir de un modo inexpresable, aguantar tormentos en su lucha contra el cáncer en un grado que no puedo creer. Una vez corrí fuera de mi departamento hasta la casa de un amigo, corrí literalmente. Mi doctor me ha dicho que Doris no vivirá mucho más y que yo debería decirle adiós y decirle que eso se debe a que ella está muriéndose. Lo intenté y no pude hacerlo, sentí pánico y corrí. En la casa de mi amigo hablamos del tema y escuchamos grabaciones fantásticas y misteriosas (gusto de la música de este tipo, clásica y de rock; es vivificante). Él también es escritor, un joven escritor de CF llamado K. W. Jeter; uno bueno. Hablamos y yo dije, levantado la voz, con una voz verdaderamente alta: "La peor parte de esto es que estoy empezando a perder mi sentido del humor con respecto al cáncer". Luego comprendí lo que había dicho, y él también lo entendió, y ambos reímos.
Me puse a reír. Nuestra situación, la situación humana, es, en el análisis final, ni horrible ni significativa, sino divertida. ¿De qué otro modo se la puede llamar? La gente más sabia son los payasos, como Harpo Marx, que no hablaba. Si yo pudiera obtener lo que quisiera, me gustaría ser Dios para poder escuchar lo que Harpo no ha dicho, y entender por qué no quería hablar. Recuerden, Harpo podía hablar. Él simplemente no quería hacerlo. O tal vez, si hubiese hablado, tendría que habernos dicho algo terrible, algo que no conocemos. No lo sé. Tal vez ustedes me lo puedan decir.
Escribiendo se vive una vida solitaria. Uno se encierra en su estudio y trabaja y trabaja. Por ejemplo, he tenido el mismo agente durante 27 años y nunca me he reunido con él debido a que él está en Nueva York y yo en California. (Lo vi una vez en TV, en el Show de Tom Snyder, y es un pobre hombre que sigue la moda. Él realmente juega duro, que es lo que se supone que debe hacer un agente.) Me he encontrado con otros escritores de CF y empecé a hacer amistad con algunos. Por ejemplo, conozco a Harlan Ellison desde 1954. Harlan me retuerce las tripas. Cuando estábamos en el segundo Festival Anual de CF de Metz el año pasado, en Francia, vean, Harlan me rompió por dentro. Estábamos en el bar del hotel, con todo tipo de personas rodeándonos, la mayor parte franceses. Harlan me destrozó. Fue fino; lo amé. Fue una especie de mal viaje de droga; uno tiene que patear traseros y disfrutar; no hay alternativa.
Pero amo a ese pequeño bastardo. Es una persona que existe de verdad. Lo mismo que Van Vogt y Ted Sturgeon y Roger Zelazny y, más que nadie, Norman Spinrad y Tom Disch, mis dos preferidos en todo el mundo. La soledad del escritor es desplazada per se por la fraternidad entre colegas. El último año se me cumplió un sueño de por lo menos 40 años: me encontré con Robert Heinlein. Fueron sus escritos, junto a los de A. E. Van Vogt, los que me habían hecho interesar en la CF, y consideraba a Heinlein mi padre espiritual, aunque nuestras ideas políticas sean opuestas del todo. Varios años atrás, cuando yo estaba mal, Heinlein ofreció su ayuda, cualquier cosa que pudiera hacer, y nunca nos encontramos. Él llamó para preguntarme y ver cómo estaba. Quería comprarme una máquina de escribir eléctrica, Dios lo bendiga; uno de los pocos caballeros verdaderos en este mundo. No me agrada ninguna de las ideas que él puso en sus textos, pero esto no tiene importancia. Una vez, cuando debía un montón de dinero y no me alcanzaba para pagarlo, Heinlein me prestó lo que necesitaba. Yo pienso mucho en él y su esposa; les dediqué un libro. Robert Heinlein es un hombre de aspecto fino, muy impresionante y muy militar en su estampa; uno diría que tiene una formación militar, incluso en el corte de pelo. Él sabía que yo era una rareza y aún así nos seguía ayudando a mí y a mi esposa cuando estábamos en problemas. Esto es lo más grande en la humanidad, es lo que amo de ella.
Mi amiga que tiene cáncer, Doris, fue novia de Norman Spinrad. Norman y yo hemos andado juntos por años; tenemos hechas un montón de cosas insanas en común. Norman y yo nos poníamos histéricos y empezábamos a delirar. Norman tiene el peor temperamento que se pueda encontrar en un humano vivo. Él lo sabe. Beethoven era igual. Yo no tengo ningún temperamento, probablemente a causa de que mi presión sanguínea es tan alta; tengo que dejar parte de mi cólera fuera de mí. Realmente no sé, luego del análisis final, quién ha enloquecido a quien. Envidio de verdad la habilidad de Norman para sacar eso para afuera. Él es un escritor excelente y un excelente amigo. He obtenido, al ser un escritor de CF, no fama y fortuna, sino buenos amigos. Es lo que lo hace importante para mí. Las esposas vienen y van, las novias vienen y van, pero nosotros, los escritores de CF, seguimos juntos hasta que, literalmente, morimos... que es lo que haré en cualquier momento (probablemente en un alivio propio y secreto). Mientras estoy escribiendo esta introducción, releyendo historias que abarcan un período de treinta años de trabajo, volviendo mi pensamiento hacia atrás, recordando el Lucky Dog Pet Shop, mis días en Berkeley, mi compromiso político y cómo la Humanidad trepó en mi trasero a causa de él... sigo teniendo un miedo residual, aunque creo que el reino de la intriga policial y el terror se ha terminado en este país (por un tiempo, en todo caso). Ahora duermo bien. Pero hubo una época en la que pasaba toda la noche sentado y con miedo, esperando que golpearan la puerta. Finalmente me llamaron a "ir de paseo", como le decían ellos, y la policía me interrogó por horas. Fui llamado también por la OSI (Inteligencia de la Fuerza Aérea) e interrogado por ellos; tenía que ver con las actividades terroristas en el condado de Marin (en esa época no eran actividades de terroristas' para las autoridades, sino de ex-convictos negros de San Quintín). Me enteré de que la casa de al lado de la mía había sido comprada por un grupo de ellos. La policía pensaba que yo estaba relacionado con ellos; estuvieron mostrándome fotos de muchachos negros y preguntándome ¿Los conoce? A esa altura ya no podía hablar. Fue un día realmente de miedo para el pequeño Phil.
Por lo tanto, si ustedes piensan que los escritores viven una vida de enclaustramiento entre libros, están equivocados, por lo menos en mi caso. Estuve, además, un par de años en la calle, en el mundo de la droga. Parte de esta escena fue divertida e increíble, y otras partes fueron espantosas. Yo escribí sobre eso en Una mirada a la oscuridad', por lo tanto no voy a escribir sobre eso aquí. Una cosa buena sobre mi paso por la calle era que la gente no sabía que yo era un escritor de CF conocido, o si lo sabían no les importaba. Al fin de los dos años había perdido, literalmente, todo lo que tenía, incluyendo mi casa. Volé a Canadá como invitado de honor de la Convención de CF de Vancouver, celebrada en la Universidad de British Caledonia, y decidí quedarme. Al infierno con el mundo de la droga. Había parado temporalmente de escribir; fue un mal tiempo para mí. Me había enamorado de varias inescrupulosas chicas de la calle... Manejé un viejo convertible Pontiac modificado con un carburador cuádruple y cubiertas anchas, sin frenos, y estábamos siempre en peligro, siempre encarando problemas que no podíamos manejar. Luego que dejé Canadá y volé hacia el condado de Orange tuve mi cabeza en claro y volví a escribir. Conocí una chica muy correcta y me casé con ella, y tuvimos un bebé llamado Christopher. Tiene cinco años ahora. Me dejaron hace un par de años. Bien, como dice Vonnegut, todo termina. ¿Qué puedes contestar? Es como todo en la realidad, tú ríes o pienso te dejas vencer y mueres.
Una cosa que he notado que puedo hacer con placer es releer mis propios textos, en especial las primeras historias y novelas. Esto induce un viaje mental a través del tiempo, lo mismo que producen algunas canciones que se escuchan en la radio (por ejemplo, escuchando cantar Vincent' a Don McLean, veo una chica llamada Linda que viste un minishort y maneja su Camaro amarillo; vamos hacia a un restorán caro y yo estoy preocupado pensando en si podré pagar la cuenta y Linda me cuenta que está enamorada de un viejo autor de CF y yo imagino ¡oh tonta vanidad! que se refiere a mí, pero la cosa cambia y resulta que se está refiriendo a Norman Spinrad, a quien yo presenté a la chica). Todo retorna, una sensación misteriosa que, estoy seguro, ustedes habrán experimentado alguna vez. Me han dicho que he expuesto todo sobre mí en mis escritos, cada faceta de mi vida, psique, experiencias, sueños y miedos, que puedo ser inferido absoluta y precisamente a partir del conjunto de mi obra. Esto es verdad. Por eso, cuando leo mi obra, como en el caso de las historias de esta colección, hago un viaje a través de mi mente y mi vida, sólo que son mi mente y mi vida de hace tiempo. Aquí está el mundo de la droga. Aquí el tema filosófico, especialmente la gran duda epistemológica que empieza cuando estoy asistiendo a la Universidad de Berkeley. Mis amigos muertos están en mis cuentos y novelas. ¡Nombres de calles! Hasta usé la dirección de mi agente para un personaje (Harlan una vez puso su teléfono en un cuento, cosa que luego tuvo que lamentar). Y, por supuesto, ahí está un tema constante: la música, el amor a la música y la preocupación por la música. La música es el hilo que hace coherente mi vida.
Vean, hasta que me hice escritor estuve en algún lugar de la industria de la música, más exactamente en la industria de la grabación. Recuerdo allá por la mitad de los sesenta, cuando escuché por primera vez a Linda Ronstadt; ella estaba invitada al show de Glen Campbell en la TV, y yo no había escuchado nada de ella. Me puse chiflado al verla y escucharla. Había sido vendedor de discos y mi trabajo era encontrar nuevos talentos que tuviesen calidez y, escuchando y viendo a Ronstadt, supe que estaba oyendo a uno de los grandes; pude ver el futuro a través del túnel del tiempo. Luego, cuando ella ya había grabado algún tema, ninguno de sus grandes éxitos, los cuales compré puntualmente, yo calculaba el mes exacto en que se haría famosa. Incluso escribí a Capitol y se los dije; les dije que la próxima grabación de Ronstadt sería el comienzo de una carrera sin paralelo en la industria de los discos. Su siguiente grabación fue Heart Like a Wheel'. Capitol no contestó mi carta, pero infierno, yo había acertado, y estaba feliz de haber acertado. Pero, vean, esto es lo que quisiera hacer ahora, en lugar de escribir CF. La fantasía número uno que discurre en mi cabeza es: Descubro a Linda Ronstadt y soy recordado como el joven de Capitol que le hizo firmar. Me gustaría que en mi lápida diga:
DESCUBRIÓ A LINDA RONSTADT
¡Y LE HIZO FIRMAR CONTRATO!
Mis amigos se divierten y son cáusticos y despreciativos con mi fantasía de descubrir a Ronstadt y a Grace Slick y a Streisand y otros. Tengo un buen estéreo (por lo menos los parlantes y el sistema de cinta son buenos) y una enorme colección de grabaciones, y cada noche, de las once de la noche a las 5 de la mañana, escribo con mis auriculares electrostáticos Stax puestos. Mi vicio y mi trabajo juntos. No pueden esperar algo mejor que esto: el trabajo y el pecado unidos. Aquí estoy, escribiendo, y de mis auriculares brota Bonnie Koloc, y nadie más que yo puede escucharle. La broma es, sin embargo, que no hay nadie más aquí, todas mis esposas y novias se han ido hace tiempo. Es otra de las cosas malas de escribir; debido a que es una ocupación solitaria, que requiere una gran atención y concentración, tiende a alejar a tus esposas y novias, sea quien sea quien está viviendo contigo. Este es, probablemente, el precio más doloroso que paga el escritor. Toda la compañía que tengo son dos gatos. Como mis amigos drogadictos (ex-amigos drogadictos, ya que la mayoría de ellos están muertos ahora) mis gatos no saben que soy un escritor reconocido y, al igual que aquellos, lo prefieren así. Cuando estuve en Francia, tuve la interesante experiencia de ser famoso. Allá soy el escritor de CF que más gusta, el mejor de todos en el mundo entero (les digo esto porque tiene importancia). Fui Invitado de Honor en el festival de Metz que ya he mencionado y di unas charlas que, típicamente, no tenían gran significado. Sin embargo los franceses no pudieron entenderlo, a pesar de la traducción. Algunas cosas se desarreglan en mi cerebro cuando escribo discursos; creo que imagino que soy una reencarnación de Zoroastro trayendo noticias de Dios. Por eso trato de dar la menor cantidad posible de discursos. Llámenme, ofrézcanme un montón de dinero para dar una conferencia, y les daré un hilvanado pretexto para no hacerlo; diré cualquier cosa, una mentira palpable. Pero era fantástico (en el sentido de irreal) estar en Francia y ver todos mis libros en magníficas y caras ediciones en lugar de los libros de bolsillo del tipo que Spinrad llama tapas "a ojo pelado". Los dueños de las librerías venían a estrechar mi mano. La Municipalidad de la Ciudad de Metz hizo una cena y una recepción para nosotros, los escritores. Estaba Harlan, como ya dije, y también Roger Zelazny y John Brunner y Harry Harrison y Robert Sheckley. No había conocido a Sheckley antes; él es un caballero. Brunner, como yo, es corpulento. Hacíamos interminables comidas juntos, Brunner se aseguró de que todos supiésemos que hablaba francés. Harry Harrison cantó el Himno Nacional Fascista en italiano en voz alta, mostrando lo que piensa del prestigio (Harry es el iconoclasta del universo conocido). Los editores acechaban en todos lados, lo mismo que el periodismo. Fui entrevistado desde las ocho de la mañana hasta las 3:30 de la mañana siguiente y, como siempre, dije cosas con las que volverán a perseguirme. Fue la mejor semana de mi vida. Pienso que allá en Metz fui realmente feliz por primera vez; no debido a sentirme famoso sino porque había mucha excitación en aquella gente. Los franceses se excitaban salvajemente al decidir qué ordenar de un menú, tal como pasaba en las viejas discusiones políticas que solía tener en Berkeley, sólo que aquí se hablaba de simple comida. Decidir por qué calle se va a caminar implica diez franceses gesticulando y vociferando y luego saliendo en direcciones diferentes. El francés, como Spinrad y yo, ve la posibilidad más improbable en cada situación, lo cual es, con certeza, la razón de que yo sea tan popular allá. Tomen un número de posibilidades y el francés seleccionará la más descabellada. De modo que he vuelto a casa. Podría haberme vuelto histérico entre gente predispuesta a la histeria, gente incapaz de tomar decisiones o actuar debido a lo dramático del mismo proceso de decisión. Así soy yo: paralizado por la imaginación. Para mí una cubierta pinchada en mi auto es (a) El Fin del Mundo y (b) Una Indicación de lo Monstruoso (aunque olvidé por qué).
Esto es lo que amo de la CF. Amo leerla; amo escribirla. El escritor de CF no ve posibilidades sino descabelladas posibilidades. No es "que tal si..." sino "Oh Dios, que tal si..." en forma frenética e histérica. Los marcianos están siempre por llegar. El Señor Spock es el único calmo. Esto es porque Spock se ha convertido para nosotros en el dios de un culto; calma nuestra normal histeria. Equilibra la proclividad de la gente de CF a imaginar lo imposible.
KIRK (frenéticamente): ¡Spock, el Enterprise está por estallar!
SPOCK (con calma): Negativo, Capitán; es sólo un fusible fallado.
Spock tiene razón siempre, aún cuando está equivocado. Es el tono de la voz, su razonabilidad sobrenatural; no es un hombre como nosotros; es un dios. Dios habla de esta forma; todos lo sentimos instintivamente. Por eso ponen a Leonard Nimoy a dirigir programas pseudo científicos de TV. Nimoy puede hacer que cualquier cosa suene plausible. Ellos pueden estar a la búsqueda de un botón perdido o del cementerio de elefantes, y Nimoy calmará nuestras dudas y miedos. Me gustaría como psicoterapeuta; podría irrumpir frenéticamente, lleno de mis miedos histéricos usuales, y él los ahuyentaría.
PHIL (histéricamente): ¡Leonard, el cielo está cayendo!
NIMOY (con calma): Negativo, Phil; es sólo un fusible fallado.
Y yo me sentiría bien y mi presión sanguínea bajaría y podría continuar con la novela en la que estoy trabajando desde hace tres años, al borde de mis límites.
Al leer los cuentos incluidos en este volumen, ustedes deberán tener en mente que la mayoría fueron escritos cuando la CF era tan despreciada que virtualmente no existía a los ojos de todos los EE.UU. El desprecio hacia los escritores de CF no era divertido. Hacía miserables nuestras vidas. Hasta en Berkeley o especialmente en Berkeley la gente decía: "Pero, ¿estás escribiendo algo serio?". No ganábamos dinero; pocas editoriales publicaban CF (Ace Books era la única que publicaba libros de CF con regularidad); y se abusaban cruelmente de nosotros. Elegir como carrera ser escritor de CF era un acto de autodestrucción; en efecto, la mayoría de los escritores ni siquiera podían concebir que alguien lo tomara en consideración. El único escritor que no era de CF que me trató con cortesía fue Herbert Gold, a quien conocí en una fiesta literaria en San Francisco. Me autografió una tarjeta de esta forma: "A un colega, Philip K. Dick". Guardé la tarjeta hasta que la tinta se desvaneció y le sigo agradecido por su caridad. (Sí, esto es lo que significaba, entonces, tratar a un escritor de CF con cortesía.) Para tener una copia de mi primer novela publicada, Lotería solar', tuve que pedirla especialmente a la librería City Lights de San Francisco, que se especializaba en rarezas. Así que tengo que confrontar en mi cabeza la experiencia de 1977, en la cual el intendente de Metz me estrecha la mano en una recepción oficial; y la ordalía de los cincuenta, cuando Kleo y yo vivíamos con noventa dólares por mes; cuando ni siquiera podíamos pagarnos el lujo de un libro usado; cuando yo, si quería leer una revista tenía que ir a la librería porque no sabía si me iba a alcanzar para comprarla; cuando estábamos viviendo, literalmente, de comida para perros. Yo pienso que ustedes deben saber esto; específicamente en el caso de que sean, digo, veinteañeros y algo pobres, y tal vez estén empezando a llenarse de desesperación, sean escritores de CF o no, sea lo que sea lo que quieran hacer de sus vidas. Pueden tener un montón de miedo, y a menudo es un miedo justificado. La gente se muere de hambre en los EE.UU. Mi odisea financiera no terminó en los cincuenta; en mitad de los setenta yo seguía sin poder pagar la renta, no tenía recursos para llevar a Christopher al médico, no tenía auto ni teléfono. El mes que Christopher y su madre me dejaron gané nueve dólares y eso fue hace tres años. Sólo la bondad de mi agente, Scott Meredith, al prestarme dinero cuando estaba quebrado, me permitió salir de aquello. En 1971 tenía que pedir comida a mis amigos. Ahora vean, no busco simpatía, lo que intento hacer es decirles que la crisis de ustedes mismos, su odisea, asumiendo que tienen una, no es algo que va a durar para siempre, y quiero que sepan que ustedes sobrevivirán gracias a su coraje, ingenio y un cambio de vida. He visto chicas de la calle sin educación sobreviviendo horrores imposibles de describir. He visto la cara de hombres cuyos cerebros habían sido quemados por la droga, hombres que todavía podían pensar lo suficiente como para darse cuenta de lo que había pasado con ellos; vi sus desmañados intentos por aguantar y salir de un temporal del que no hay salida. Como en el poema Atlas' de Heine: "Arrastro lo que no puede ser arrastrado". Y luego "¡Y en mi cuerpo mi corazón quisiera romperse!". Pero este no es el único ingrediente de la vida, y no es el único tema en la ficción, mía o de cualquier otro, excepto, tal vez, en el caso de los nihilistas y existencialistas franceses. Kabir, el poeta sufí del siglo dieciséis, escribió: "Si no has vivido por algo, eso no existe." Así que vivan por algo; quiero decir, vayan todo el camino hasta el fin. Ahí es donde se entiende todo, y no a lo largo del camino.
Si tengo que seguir adelante con el análisis del enojo que hay dentro de mí, que se ha expresado por sí mismo en tantas sublimaciones, podría suponer que lo que despierta mi indignación, probablemente, es la insensatez. La insensatez es el desorden, la fuerza de la entropía; en cuanto a mí, no hay valor de redención en algo que no se puede comprender. Mi escritura, en resumen, es un intento de mi parte de tomar mi vida y todo lo que he visto y hecho y adaptarla dentro de un trabajo que tenga sentido. No estoy seguro de haberlo hecho con éxito. Primero, no puedo desmentir lo que he visto. He visto desorden y pesar, y entonces he escrito sobre ellos; también he visto valentía y humor, y la he puesto en mis trabajos. ¿Pero qué hace que todo esto se sume? ¿Cuál es la vasta visión que irá a darle sentido dentro de la totalidad?
Lo que me ayuda si es que hay ayuda posible es encontrar la semilla de mostaza de lo cómico en el corazón de lo horrible y fútil. He estado indagando en voluminosos y solemnes asuntos teológicos durante cinco años para la novela que estoy escribiendo, y mucha de la Sabiduría del Mundo ha pasado de la página impresa a mi cerebro, donde fue procesada y guardada en forma de más palabras: palabras que entran, palabras que salen, y un cerebro en el medio intentando determinar, fatigosamente, el significado de todo. De cualquier modo, la otra noche empecé el artículo de Filosofía de la India de la Enciclopedia de Filosofía', una erudita colección de referencia de ocho tomos a la que estimo mucho. Eran las cuatro de la mañana y estaba extenuado (he estado trabajando de este modo en esta novela, haciendo este tipo de investigación, sin parar). Y ahí, en el corazón de este solemne artículo, estaba esto:
"Los idealistas budistas usan varios argumentos para mostrar que la percepción no produce un conocimiento de los objetos externos que sea característico de quien los percibe... El mundo externo consiste supuestamente de un número de objetos diferentes, pero se los puede reconocer como diferentes sólo a causa de que hay diferentes tipos de experiencias 'de' ellos. Pero si las experiencias son distinguibles por esa razón, no hay necesidad de mantener la hipótesis superflua de que hay objetos externos..."
En otras palabras, aplicando la navaja de Occam a la pregunta espistemológica de "¿Qué es la realidad?", los budistas idealistas llegan a la conclusión de que creer en un mundo externo es una hipótesis superflua', lo cual viola el Principio de Parsimonia', que el principio que sostiene a la ciencia occidental. Por lo tanto, el mundo externo es abolido, y nosotros podemos ir a atender asuntos más importantes; sea lo que sea lo que puedan ser.
Aquella noche me fui a la cama riendo. Reí por una hora. Todavía sigo riendo. Empujen a la filosofía y a la teología a lo esencial (y el budismo idealista es probablemente la esencia de ambas) y ¿qué conclusión sacas? Nada. Nada existe (ellos han dado prueba, además, de que el yo tampoco existe). Como decía al principio, hay un solo camino: ver todo esto como una broma final. Kabir, a quien ya he mencionado, también veía a la danza y la diversión y el amor como caminos de salida; y escribió sobre el sonido de "los tobillos de los pies de los insectos cuando caminan". Me gustaría escuchar ese sonido; si pudiera hacerlo, tal vez mi enojo y mi miedo y mi presión alta desaparecerían.
Publicado originalmente en Axxón 30, marzo de 1992
9 de julio de 2005
©axxon
"
Cuando veo estas historias mías, escritas a lo largo de tres décadas, pienso en un local llamado Lucky Dog Pet Store (Tienda de Mascotas El Perro Suertudo'). Hay una buena razón para esto. Tiene que ver no sólo con mi vida, sino con las vidas de la mayoría de los escritores que trabajan por cuenta propia. Se llama pobreza.Me río de esto ahora, y siento además una pequeña nostalgia, debido a que, en algunos aspectos, ésos fueron los mejores benditos días de mi vida, especialmente allá en los principios de los cincuenta, cuando empezó mi vida como escritor profesional. Pero éramos pobres; en efecto mi esposa Kleo y yo éramos pobres pobres. No lo disfrutábamos para nada. La pobreza no fortalece el carácter. Eso es un mito. Pero sí te convierte en un buen contable; uno cuenta y cuenta con exactitud su dinero, su poco dinero, una y otra vez. Antes de salir de casa para ir al almacén tú sabes con exactitud cuánto puedes gastar, y sabes también con exactitud cuánto puedes comprar, debido a que si te pasas no vas a comer el día siguiente y tal vez tampoco el que le sigue.
Por lo tanto, ahí estaba yo en el Lucky Dog Pet Store en la Avenida San Pablo, en Berkeley, California, en los años cincuenta, comprando una libra de carne picada de caballo. La razón por la que soy escritor por cuenta propia y viví en la pobreza es (y admití esto desde el principio) que estaba aterrorizado por figuras autoritarias como jefes, policías y maestros; quería ser escritor por cuenta propia porque sería mi propio jefe. Tiene sentido. Yo había renunciado a mi trabajo de dependiente de discos en un comercio de música; cada noche, durante toda la noche, escribía cuentos de ciencia ficción y literatura general... y vendía ciencia ficción. No disfrutaba, de verdad, de saborear la carne de caballo; es muy dulce... pero en cambio disfrutaba de no tener que estar tras un mostrador exactamente a las nueve de la mañana, de traje y corbata y diciendo "Sí, señora, ¿puedo ayudarla en algo?, etcétera... disfrutaba de haber sido echado repentinamente de la Universidad de Berkeley debido a que no quería tomar el ROTC (Reserve Officers Training Corps: cuerpo de entrenamiento de oficiales de reserva) muchacho, una figura autoritaria de uniforme ¡es la figura autoritaria!, cuando al entregar mis 35 centavos al dependiente del Lucky Dog Pet Store me encontré una vez más frente a mi Némesis personal: inesperadamente, me encontraba de nuevo frente a la figura autoritaria.
No puedes escapar de tu Némesis; yo lo había olvidado.
El hombre dijo: Usted compra carne de caballo para comerla usted.
Ahora él medía un metro ochenta y pesaba ciento cuarenta kilos. Me estaba mirando fijo. Yo tenía, en mi mente, de nuevo cinco años, y había tirado goma de pegar en el piso del jardín de infantes.
Sí, señor admití.
Quería decirle: Mire, estoy toda la noche escribiendo historias de CF y soy pobre, pero sé que las cosas van a mejorar y tengo una esposa que amo, un gato llamado Magnificat y una pequeña y vieja casa alquilada por 25 dólares al mes, que es todo lo que puedo pagar. Pero el hombre estaba interesado en un único aspecto de mi desesperada (pero llena de esperanzas) vida. Sabía lo que me estaba por decir. La carne de caballo que vendemos es para consumo animal. Pero Kleo y yo la estábamos comiendo, y ahora estábamos siendo juzgados; el Gran Juicio había llegado; había sido atrapado en otro Acto Incorrecto.
Esperé que el hombre dijera "Tiene usted una mala actitud".
Éste era mi problema y es mi problema ahora: tengo una mala actitud. En pocas palabras, temo la autoridad pero al mismo tiempo me siento resentido de la autoridad y de mi propio miedo, por lo tanto me rebelo. Y escribir historias de CF es una forma de rebelarse. Me rebelé contra el ROTC y la Universidad de Berkeley y terminé fuera; me propuse no volver nunca. Un día me fui de mi trabajo en el comercio de discos y nunca volví. Más tarde me opuse a la guerra de Vietnam y encontré mis archivos volados y mis papeles desparramados por ahí o robados, como fue descrito en la revista Rolling Stone. Todo lo que hago es generado por mi mala actitud, desde correr el ómnibus a pelear por mi país. También tengo una mala actitud con respecto a los editores; estoy siempre atrasado y fuera de término (estoy atrasado en este trabajo, por ejemplo).
Con todo, la CF es una forma rebelde de arte y necesita escritores y lectores y malas actitudes, una actitud expresada por un ¿Por qué? o ¿Cómo fue? o ¿Quién lo dice? Esto viene sublimado en los temas que aparecen en mis textos como "¿Es real el universo?". O "¿Somos todos humanos reales o alguno de nosotros seremos máquinas basadas en reflejos?" Tengo un gran enojo en mi interior. Siempre lo tuve. La última semana mi doctor me dijo que mi presión sanguínea está alta de nuevo, lo cual puede traer una complicación cardíaca. Me puse loco. La muerte me pone loco. Ver humanos y animales sufriendo me pone loco; cuando uno de mis gatos murió maldije a Dios expresamente: estaba furioso con él. Me gustaría tenerlo aquí para interrogarlo y para decirle que yo pienso que el mundo es retorcido, que el hombre no tuvo pecado ni falla sino que fue empujado lo cual es bastante malo, para después vender la mentira de que su naturaleza es básicamente pecadora, lo cual sé que no es así.
He conocido toda clase de personas (cumplí cincuenta hace poco y estoy molesto por ello; ya he vivido un largo tiempo) y eran buena gente en todos los sentidos. He modelado los personajes de mi novelas en base a ellos. De vez en cuando una de estas personas muere y esto me pone loco, realmente loco. "Te llevaste a mi gato", quisiera decirle a Dios, "y después a mi novia. ¿Qué estás haciendo? Escúchame, ¡escúchame!, lo que estás haciendo está mal".
Básicamente, no soy tranquilo. Me crié en Berkeley y heredé la conciencia social que se esparció desde allí hacia el país en los sesenta, sacándonos de encima a Nixon y terminando la guerra de Vietnam, más una cantidad de otras cosas buenas: el movimiento mismo por los derechos civiles. Todo el mundo en Berkeley se volvía loco enseguida. Yo acostumbraba a poner locos a los agentes del FBI que caían de visita cada semana (el Sr. George Smith y el Sr. George Scruggs de la Red Squad), y puse locos a mis amigos miembros del partido comunista, logrando que me echaran de la única reunión del PC de EE.UU a la que fui porque me puse a argumentar con vigor (léase enojado) en contra de lo que estaban diciendo.
Esto era al principio de los cincuenta y ahora me encuentro bien al final de los setenta y sigo loco. Ahora mismo estoy furioso a causa de lo que le pasa a mi mejor amiga, una chica llamada Doris, de veinticuatro años de edad. Ella tiene cáncer. Estoy enamorado de alguien que puede morir en cualquier momento y esto me pone furioso contra Dios y la raza humana, elevando mi presión sanguínea y acelerando el ritmo de los latidos de mi corazón. Y además escribo. Quiero escribir sobre la gente que amo y ponerla en un mundo de ficción sacado de mi mente, no el mundo que tienen en la realidad, debido a que el mundo en el que viven realmente no cumple con mis normas. De acuerdo, tal vez debería revisar mis normas; estoy desencaminado. Debería aceptar la realidad. Yo nunca he aceptado la realidad. Es sobre lo que trata toda la CF. Si usted quiere aceptar la realidad, lea a Philip Roth, lea a los escritores de la corriente principal del establishment literario de Nueva York. Pero ustedes están leyendo CF y yo escribo para ustedes. Quiero mostrarles, en mis textos, que amo a mis amigos y que aborrezco salvajemente lo que les ocurre.
He visto a Doris sufrir de un modo inexpresable, aguantar tormentos en su lucha contra el cáncer en un grado que no puedo creer. Una vez corrí fuera de mi departamento hasta la casa de un amigo, corrí literalmente. Mi doctor me ha dicho que Doris no vivirá mucho más y que yo debería decirle adiós y decirle que eso se debe a que ella está muriéndose. Lo intenté y no pude hacerlo, sentí pánico y corrí. En la casa de mi amigo hablamos del tema y escuchamos grabaciones fantásticas y misteriosas (gusto de la música de este tipo, clásica y de rock; es vivificante). Él también es escritor, un joven escritor de CF llamado K. W. Jeter; uno bueno. Hablamos y yo dije, levantado la voz, con una voz verdaderamente alta: "La peor parte de esto es que estoy empezando a perder mi sentido del humor con respecto al cáncer". Luego comprendí lo que había dicho, y él también lo entendió, y ambos reímos.
Me puse a reír. Nuestra situación, la situación humana, es, en el análisis final, ni horrible ni significativa, sino divertida. ¿De qué otro modo se la puede llamar? La gente más sabia son los payasos, como Harpo Marx, que no hablaba. Si yo pudiera obtener lo que quisiera, me gustaría ser Dios para poder escuchar lo que Harpo no ha dicho, y entender por qué no quería hablar. Recuerden, Harpo podía hablar. Él simplemente no quería hacerlo. O tal vez, si hubiese hablado, tendría que habernos dicho algo terrible, algo que no conocemos. No lo sé. Tal vez ustedes me lo puedan decir.
Escribiendo se vive una vida solitaria. Uno se encierra en su estudio y trabaja y trabaja. Por ejemplo, he tenido el mismo agente durante 27 años y nunca me he reunido con él debido a que él está en Nueva York y yo en California. (Lo vi una vez en TV, en el Show de Tom Snyder, y es un pobre hombre que sigue la moda. Él realmente juega duro, que es lo que se supone que debe hacer un agente.) Me he encontrado con otros escritores de CF y empecé a hacer amistad con algunos. Por ejemplo, conozco a Harlan Ellison desde 1954. Harlan me retuerce las tripas. Cuando estábamos en el segundo Festival Anual de CF de Metz el año pasado, en Francia, vean, Harlan me rompió por dentro. Estábamos en el bar del hotel, con todo tipo de personas rodeándonos, la mayor parte franceses. Harlan me destrozó. Fue fino; lo amé. Fue una especie de mal viaje de droga; uno tiene que patear traseros y disfrutar; no hay alternativa.
Pero amo a ese pequeño bastardo. Es una persona que existe de verdad. Lo mismo que Van Vogt y Ted Sturgeon y Roger Zelazny y, más que nadie, Norman Spinrad y Tom Disch, mis dos preferidos en todo el mundo. La soledad del escritor es desplazada per se por la fraternidad entre colegas. El último año se me cumplió un sueño de por lo menos 40 años: me encontré con Robert Heinlein. Fueron sus escritos, junto a los de A. E. Van Vogt, los que me habían hecho interesar en la CF, y consideraba a Heinlein mi padre espiritual, aunque nuestras ideas políticas sean opuestas del todo. Varios años atrás, cuando yo estaba mal, Heinlein ofreció su ayuda, cualquier cosa que pudiera hacer, y nunca nos encontramos. Él llamó para preguntarme y ver cómo estaba. Quería comprarme una máquina de escribir eléctrica, Dios lo bendiga; uno de los pocos caballeros verdaderos en este mundo. No me agrada ninguna de las ideas que él puso en sus textos, pero esto no tiene importancia. Una vez, cuando debía un montón de dinero y no me alcanzaba para pagarlo, Heinlein me prestó lo que necesitaba. Yo pienso mucho en él y su esposa; les dediqué un libro. Robert Heinlein es un hombre de aspecto fino, muy impresionante y muy militar en su estampa; uno diría que tiene una formación militar, incluso en el corte de pelo. Él sabía que yo era una rareza y aún así nos seguía ayudando a mí y a mi esposa cuando estábamos en problemas. Esto es lo más grande en la humanidad, es lo que amo de ella.
Mi amiga que tiene cáncer, Doris, fue novia de Norman Spinrad. Norman y yo hemos andado juntos por años; tenemos hechas un montón de cosas insanas en común. Norman y yo nos poníamos histéricos y empezábamos a delirar. Norman tiene el peor temperamento que se pueda encontrar en un humano vivo. Él lo sabe. Beethoven era igual. Yo no tengo ningún temperamento, probablemente a causa de que mi presión sanguínea es tan alta; tengo que dejar parte de mi cólera fuera de mí. Realmente no sé, luego del análisis final, quién ha enloquecido a quien. Envidio de verdad la habilidad de Norman para sacar eso para afuera. Él es un escritor excelente y un excelente amigo. He obtenido, al ser un escritor de CF, no fama y fortuna, sino buenos amigos. Es lo que lo hace importante para mí. Las esposas vienen y van, las novias vienen y van, pero nosotros, los escritores de CF, seguimos juntos hasta que, literalmente, morimos... que es lo que haré en cualquier momento (probablemente en un alivio propio y secreto). Mientras estoy escribiendo esta introducción, releyendo historias que abarcan un período de treinta años de trabajo, volviendo mi pensamiento hacia atrás, recordando el Lucky Dog Pet Shop, mis días en Berkeley, mi compromiso político y cómo la Humanidad trepó en mi trasero a causa de él... sigo teniendo un miedo residual, aunque creo que el reino de la intriga policial y el terror se ha terminado en este país (por un tiempo, en todo caso). Ahora duermo bien. Pero hubo una época en la que pasaba toda la noche sentado y con miedo, esperando que golpearan la puerta. Finalmente me llamaron a "ir de paseo", como le decían ellos, y la policía me interrogó por horas. Fui llamado también por la OSI (Inteligencia de la Fuerza Aérea) e interrogado por ellos; tenía que ver con las actividades terroristas en el condado de Marin (en esa época no eran actividades de terroristas' para las autoridades, sino de ex-convictos negros de San Quintín). Me enteré de que la casa de al lado de la mía había sido comprada por un grupo de ellos. La policía pensaba que yo estaba relacionado con ellos; estuvieron mostrándome fotos de muchachos negros y preguntándome ¿Los conoce? A esa altura ya no podía hablar. Fue un día realmente de miedo para el pequeño Phil.
Por lo tanto, si ustedes piensan que los escritores viven una vida de enclaustramiento entre libros, están equivocados, por lo menos en mi caso. Estuve, además, un par de años en la calle, en el mundo de la droga. Parte de esta escena fue divertida e increíble, y otras partes fueron espantosas. Yo escribí sobre eso en Una mirada a la oscuridad', por lo tanto no voy a escribir sobre eso aquí. Una cosa buena sobre mi paso por la calle era que la gente no sabía que yo era un escritor de CF conocido, o si lo sabían no les importaba. Al fin de los dos años había perdido, literalmente, todo lo que tenía, incluyendo mi casa. Volé a Canadá como invitado de honor de la Convención de CF de Vancouver, celebrada en la Universidad de British Caledonia, y decidí quedarme. Al infierno con el mundo de la droga. Había parado temporalmente de escribir; fue un mal tiempo para mí. Me había enamorado de varias inescrupulosas chicas de la calle... Manejé un viejo convertible Pontiac modificado con un carburador cuádruple y cubiertas anchas, sin frenos, y estábamos siempre en peligro, siempre encarando problemas que no podíamos manejar. Luego que dejé Canadá y volé hacia el condado de Orange tuve mi cabeza en claro y volví a escribir. Conocí una chica muy correcta y me casé con ella, y tuvimos un bebé llamado Christopher. Tiene cinco años ahora. Me dejaron hace un par de años. Bien, como dice Vonnegut, todo termina. ¿Qué puedes contestar? Es como todo en la realidad, tú ríes o pienso te dejas vencer y mueres.
Una cosa que he notado que puedo hacer con placer es releer mis propios textos, en especial las primeras historias y novelas. Esto induce un viaje mental a través del tiempo, lo mismo que producen algunas canciones que se escuchan en la radio (por ejemplo, escuchando cantar Vincent' a Don McLean, veo una chica llamada Linda que viste un minishort y maneja su Camaro amarillo; vamos hacia a un restorán caro y yo estoy preocupado pensando en si podré pagar la cuenta y Linda me cuenta que está enamorada de un viejo autor de CF y yo imagino ¡oh tonta vanidad! que se refiere a mí, pero la cosa cambia y resulta que se está refiriendo a Norman Spinrad, a quien yo presenté a la chica). Todo retorna, una sensación misteriosa que, estoy seguro, ustedes habrán experimentado alguna vez. Me han dicho que he expuesto todo sobre mí en mis escritos, cada faceta de mi vida, psique, experiencias, sueños y miedos, que puedo ser inferido absoluta y precisamente a partir del conjunto de mi obra. Esto es verdad. Por eso, cuando leo mi obra, como en el caso de las historias de esta colección, hago un viaje a través de mi mente y mi vida, sólo que son mi mente y mi vida de hace tiempo. Aquí está el mundo de la droga. Aquí el tema filosófico, especialmente la gran duda epistemológica que empieza cuando estoy asistiendo a la Universidad de Berkeley. Mis amigos muertos están en mis cuentos y novelas. ¡Nombres de calles! Hasta usé la dirección de mi agente para un personaje (Harlan una vez puso su teléfono en un cuento, cosa que luego tuvo que lamentar). Y, por supuesto, ahí está un tema constante: la música, el amor a la música y la preocupación por la música. La música es el hilo que hace coherente mi vida.
Vean, hasta que me hice escritor estuve en algún lugar de la industria de la música, más exactamente en la industria de la grabación. Recuerdo allá por la mitad de los sesenta, cuando escuché por primera vez a Linda Ronstadt; ella estaba invitada al show de Glen Campbell en la TV, y yo no había escuchado nada de ella. Me puse chiflado al verla y escucharla. Había sido vendedor de discos y mi trabajo era encontrar nuevos talentos que tuviesen calidez y, escuchando y viendo a Ronstadt, supe que estaba oyendo a uno de los grandes; pude ver el futuro a través del túnel del tiempo. Luego, cuando ella ya había grabado algún tema, ninguno de sus grandes éxitos, los cuales compré puntualmente, yo calculaba el mes exacto en que se haría famosa. Incluso escribí a Capitol y se los dije; les dije que la próxima grabación de Ronstadt sería el comienzo de una carrera sin paralelo en la industria de los discos. Su siguiente grabación fue Heart Like a Wheel'. Capitol no contestó mi carta, pero infierno, yo había acertado, y estaba feliz de haber acertado. Pero, vean, esto es lo que quisiera hacer ahora, en lugar de escribir CF. La fantasía número uno que discurre en mi cabeza es: Descubro a Linda Ronstadt y soy recordado como el joven de Capitol que le hizo firmar. Me gustaría que en mi lápida diga:
DESCUBRIÓ A LINDA RONSTADT
¡Y LE HIZO FIRMAR CONTRATO!
Mis amigos se divierten y son cáusticos y despreciativos con mi fantasía de descubrir a Ronstadt y a Grace Slick y a Streisand y otros. Tengo un buen estéreo (por lo menos los parlantes y el sistema de cinta son buenos) y una enorme colección de grabaciones, y cada noche, de las once de la noche a las 5 de la mañana, escribo con mis auriculares electrostáticos Stax puestos. Mi vicio y mi trabajo juntos. No pueden esperar algo mejor que esto: el trabajo y el pecado unidos. Aquí estoy, escribiendo, y de mis auriculares brota Bonnie Koloc, y nadie más que yo puede escucharle. La broma es, sin embargo, que no hay nadie más aquí, todas mis esposas y novias se han ido hace tiempo. Es otra de las cosas malas de escribir; debido a que es una ocupación solitaria, que requiere una gran atención y concentración, tiende a alejar a tus esposas y novias, sea quien sea quien está viviendo contigo. Este es, probablemente, el precio más doloroso que paga el escritor. Toda la compañía que tengo son dos gatos. Como mis amigos drogadictos (ex-amigos drogadictos, ya que la mayoría de ellos están muertos ahora) mis gatos no saben que soy un escritor reconocido y, al igual que aquellos, lo prefieren así. Cuando estuve en Francia, tuve la interesante experiencia de ser famoso. Allá soy el escritor de CF que más gusta, el mejor de todos en el mundo entero (les digo esto porque tiene importancia). Fui Invitado de Honor en el festival de Metz que ya he mencionado y di unas charlas que, típicamente, no tenían gran significado. Sin embargo los franceses no pudieron entenderlo, a pesar de la traducción. Algunas cosas se desarreglan en mi cerebro cuando escribo discursos; creo que imagino que soy una reencarnación de Zoroastro trayendo noticias de Dios. Por eso trato de dar la menor cantidad posible de discursos. Llámenme, ofrézcanme un montón de dinero para dar una conferencia, y les daré un hilvanado pretexto para no hacerlo; diré cualquier cosa, una mentira palpable. Pero era fantástico (en el sentido de irreal) estar en Francia y ver todos mis libros en magníficas y caras ediciones en lugar de los libros de bolsillo del tipo que Spinrad llama tapas "a ojo pelado". Los dueños de las librerías venían a estrechar mi mano. La Municipalidad de la Ciudad de Metz hizo una cena y una recepción para nosotros, los escritores. Estaba Harlan, como ya dije, y también Roger Zelazny y John Brunner y Harry Harrison y Robert Sheckley. No había conocido a Sheckley antes; él es un caballero. Brunner, como yo, es corpulento. Hacíamos interminables comidas juntos, Brunner se aseguró de que todos supiésemos que hablaba francés. Harry Harrison cantó el Himno Nacional Fascista en italiano en voz alta, mostrando lo que piensa del prestigio (Harry es el iconoclasta del universo conocido). Los editores acechaban en todos lados, lo mismo que el periodismo. Fui entrevistado desde las ocho de la mañana hasta las 3:30 de la mañana siguiente y, como siempre, dije cosas con las que volverán a perseguirme. Fue la mejor semana de mi vida. Pienso que allá en Metz fui realmente feliz por primera vez; no debido a sentirme famoso sino porque había mucha excitación en aquella gente. Los franceses se excitaban salvajemente al decidir qué ordenar de un menú, tal como pasaba en las viejas discusiones políticas que solía tener en Berkeley, sólo que aquí se hablaba de simple comida. Decidir por qué calle se va a caminar implica diez franceses gesticulando y vociferando y luego saliendo en direcciones diferentes. El francés, como Spinrad y yo, ve la posibilidad más improbable en cada situación, lo cual es, con certeza, la razón de que yo sea tan popular allá. Tomen un número de posibilidades y el francés seleccionará la más descabellada. De modo que he vuelto a casa. Podría haberme vuelto histérico entre gente predispuesta a la histeria, gente incapaz de tomar decisiones o actuar debido a lo dramático del mismo proceso de decisión. Así soy yo: paralizado por la imaginación. Para mí una cubierta pinchada en mi auto es (a) El Fin del Mundo y (b) Una Indicación de lo Monstruoso (aunque olvidé por qué).
Esto es lo que amo de la CF. Amo leerla; amo escribirla. El escritor de CF no ve posibilidades sino descabelladas posibilidades. No es "que tal si..." sino "Oh Dios, que tal si..." en forma frenética e histérica. Los marcianos están siempre por llegar. El Señor Spock es el único calmo. Esto es porque Spock se ha convertido para nosotros en el dios de un culto; calma nuestra normal histeria. Equilibra la proclividad de la gente de CF a imaginar lo imposible.
KIRK (frenéticamente): ¡Spock, el Enterprise está por estallar!
SPOCK (con calma): Negativo, Capitán; es sólo un fusible fallado.
Spock tiene razón siempre, aún cuando está equivocado. Es el tono de la voz, su razonabilidad sobrenatural; no es un hombre como nosotros; es un dios. Dios habla de esta forma; todos lo sentimos instintivamente. Por eso ponen a Leonard Nimoy a dirigir programas pseudo científicos de TV. Nimoy puede hacer que cualquier cosa suene plausible. Ellos pueden estar a la búsqueda de un botón perdido o del cementerio de elefantes, y Nimoy calmará nuestras dudas y miedos. Me gustaría como psicoterapeuta; podría irrumpir frenéticamente, lleno de mis miedos histéricos usuales, y él los ahuyentaría.
PHIL (histéricamente): ¡Leonard, el cielo está cayendo!
NIMOY (con calma): Negativo, Phil; es sólo un fusible fallado.
Y yo me sentiría bien y mi presión sanguínea bajaría y podría continuar con la novela en la que estoy trabajando desde hace tres años, al borde de mis límites.
Al leer los cuentos incluidos en este volumen, ustedes deberán tener en mente que la mayoría fueron escritos cuando la CF era tan despreciada que virtualmente no existía a los ojos de todos los EE.UU. El desprecio hacia los escritores de CF no era divertido. Hacía miserables nuestras vidas. Hasta en Berkeley o especialmente en Berkeley la gente decía: "Pero, ¿estás escribiendo algo serio?". No ganábamos dinero; pocas editoriales publicaban CF (Ace Books era la única que publicaba libros de CF con regularidad); y se abusaban cruelmente de nosotros. Elegir como carrera ser escritor de CF era un acto de autodestrucción; en efecto, la mayoría de los escritores ni siquiera podían concebir que alguien lo tomara en consideración. El único escritor que no era de CF que me trató con cortesía fue Herbert Gold, a quien conocí en una fiesta literaria en San Francisco. Me autografió una tarjeta de esta forma: "A un colega, Philip K. Dick". Guardé la tarjeta hasta que la tinta se desvaneció y le sigo agradecido por su caridad. (Sí, esto es lo que significaba, entonces, tratar a un escritor de CF con cortesía.) Para tener una copia de mi primer novela publicada, Lotería solar', tuve que pedirla especialmente a la librería City Lights de San Francisco, que se especializaba en rarezas. Así que tengo que confrontar en mi cabeza la experiencia de 1977, en la cual el intendente de Metz me estrecha la mano en una recepción oficial; y la ordalía de los cincuenta, cuando Kleo y yo vivíamos con noventa dólares por mes; cuando ni siquiera podíamos pagarnos el lujo de un libro usado; cuando yo, si quería leer una revista tenía que ir a la librería porque no sabía si me iba a alcanzar para comprarla; cuando estábamos viviendo, literalmente, de comida para perros. Yo pienso que ustedes deben saber esto; específicamente en el caso de que sean, digo, veinteañeros y algo pobres, y tal vez estén empezando a llenarse de desesperación, sean escritores de CF o no, sea lo que sea lo que quieran hacer de sus vidas. Pueden tener un montón de miedo, y a menudo es un miedo justificado. La gente se muere de hambre en los EE.UU. Mi odisea financiera no terminó en los cincuenta; en mitad de los setenta yo seguía sin poder pagar la renta, no tenía recursos para llevar a Christopher al médico, no tenía auto ni teléfono. El mes que Christopher y su madre me dejaron gané nueve dólares y eso fue hace tres años. Sólo la bondad de mi agente, Scott Meredith, al prestarme dinero cuando estaba quebrado, me permitió salir de aquello. En 1971 tenía que pedir comida a mis amigos. Ahora vean, no busco simpatía, lo que intento hacer es decirles que la crisis de ustedes mismos, su odisea, asumiendo que tienen una, no es algo que va a durar para siempre, y quiero que sepan que ustedes sobrevivirán gracias a su coraje, ingenio y un cambio de vida. He visto chicas de la calle sin educación sobreviviendo horrores imposibles de describir. He visto la cara de hombres cuyos cerebros habían sido quemados por la droga, hombres que todavía podían pensar lo suficiente como para darse cuenta de lo que había pasado con ellos; vi sus desmañados intentos por aguantar y salir de un temporal del que no hay salida. Como en el poema Atlas' de Heine: "Arrastro lo que no puede ser arrastrado". Y luego "¡Y en mi cuerpo mi corazón quisiera romperse!". Pero este no es el único ingrediente de la vida, y no es el único tema en la ficción, mía o de cualquier otro, excepto, tal vez, en el caso de los nihilistas y existencialistas franceses. Kabir, el poeta sufí del siglo dieciséis, escribió: "Si no has vivido por algo, eso no existe." Así que vivan por algo; quiero decir, vayan todo el camino hasta el fin. Ahí es donde se entiende todo, y no a lo largo del camino.
Si tengo que seguir adelante con el análisis del enojo que hay dentro de mí, que se ha expresado por sí mismo en tantas sublimaciones, podría suponer que lo que despierta mi indignación, probablemente, es la insensatez. La insensatez es el desorden, la fuerza de la entropía; en cuanto a mí, no hay valor de redención en algo que no se puede comprender. Mi escritura, en resumen, es un intento de mi parte de tomar mi vida y todo lo que he visto y hecho y adaptarla dentro de un trabajo que tenga sentido. No estoy seguro de haberlo hecho con éxito. Primero, no puedo desmentir lo que he visto. He visto desorden y pesar, y entonces he escrito sobre ellos; también he visto valentía y humor, y la he puesto en mis trabajos. ¿Pero qué hace que todo esto se sume? ¿Cuál es la vasta visión que irá a darle sentido dentro de la totalidad?
Lo que me ayuda si es que hay ayuda posible es encontrar la semilla de mostaza de lo cómico en el corazón de lo horrible y fútil. He estado indagando en voluminosos y solemnes asuntos teológicos durante cinco años para la novela que estoy escribiendo, y mucha de la Sabiduría del Mundo ha pasado de la página impresa a mi cerebro, donde fue procesada y guardada en forma de más palabras: palabras que entran, palabras que salen, y un cerebro en el medio intentando determinar, fatigosamente, el significado de todo. De cualquier modo, la otra noche empecé el artículo de Filosofía de la India de la Enciclopedia de Filosofía', una erudita colección de referencia de ocho tomos a la que estimo mucho. Eran las cuatro de la mañana y estaba extenuado (he estado trabajando de este modo en esta novela, haciendo este tipo de investigación, sin parar). Y ahí, en el corazón de este solemne artículo, estaba esto:
"Los idealistas budistas usan varios argumentos para mostrar que la percepción no produce un conocimiento de los objetos externos que sea característico de quien los percibe... El mundo externo consiste supuestamente de un número de objetos diferentes, pero se los puede reconocer como diferentes sólo a causa de que hay diferentes tipos de experiencias 'de' ellos. Pero si las experiencias son distinguibles por esa razón, no hay necesidad de mantener la hipótesis superflua de que hay objetos externos..."
En otras palabras, aplicando la navaja de Occam a la pregunta espistemológica de "¿Qué es la realidad?", los budistas idealistas llegan a la conclusión de que creer en un mundo externo es una hipótesis superflua', lo cual viola el Principio de Parsimonia', que el principio que sostiene a la ciencia occidental. Por lo tanto, el mundo externo es abolido, y nosotros podemos ir a atender asuntos más importantes; sea lo que sea lo que puedan ser.
Aquella noche me fui a la cama riendo. Reí por una hora. Todavía sigo riendo. Empujen a la filosofía y a la teología a lo esencial (y el budismo idealista es probablemente la esencia de ambas) y ¿qué conclusión sacas? Nada. Nada existe (ellos han dado prueba, además, de que el yo tampoco existe). Como decía al principio, hay un solo camino: ver todo esto como una broma final. Kabir, a quien ya he mencionado, también veía a la danza y la diversión y el amor como caminos de salida; y escribió sobre el sonido de "los tobillos de los pies de los insectos cuando caminan". Me gustaría escuchar ese sonido; si pudiera hacerlo, tal vez mi enojo y mi miedo y mi presión alta desaparecerían.
Publicado originalmente en Axxón 30, marzo de 1992
9 de julio de 2005
©axxon
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novela de saddam
[Shafika Mattar] Será publicada pronto.
Amman, Jordania. La próxima semana, la familia de Saddam Hussein publicará una novela escrita antes de la invasión norteamericana por el derrocado presidente iraquí, dijo su hija el viernes.
Lárgate, maldito' cuenta la historia de un hombre llamado Ezekiel que conspira para derrocar al jeque de un pueblo pero es derrotado en su intento por la hija del jeque y un guerrero árabe.
La historia, aparentemente, es una metáfora de una conspiración sionista-cristiana contra los árabes y los musulmanes. Ezekiel simboliza a los judíos.
Raghad Saddam Hussein dijo que su padre terminó la novela el 18 de marzo de 2003 -un día antes de que Estados Unidos declarara la guerra a Iraq- y había expresado su deseo de publicar el libro con su propio nombre. Las tres o cuatro novelas que ha escrito fueron firmadas, simplemente, por "Su autor".
"Mi padre quería publicar este libro", dijo Raghad a la Associated Press en una conferencia telefónica.
Un artista iraquí diseñó la cubierta, dijo, y una compañía jordana será la primera en publicar el libro, en árabe, seguido de ediciones en inglés y en francés.
Raghad también escribió una dedicatoria a su padre en la contraportada del libro.
"Al pulso del corazón, al ojo y al padre de los iraquíes... al creador de hombres y héroes... al que nos ha enseñado todos nuestros grandes valores", escribió.
"Tú, que nos has hecho llevar la cabeza en alto, la cabeza de los iraquíes, de los árabes y de los musulmanes... te presentamos nuestras almas... al padre de héroes, a mi querido y adorado padre, con todo mi respeto y la gloria para ti".
El año pasado, algunos diarios árabes publicaron sin permiso fragmentos de la novela, apareciendo el primero en un diario árabe de Londres, Asharq al-Awsat.
Ali Abdel Amir, escritor y crítico literario iraquí que ha leído el manuscrito, dijo que la novela era parecida a las otras tres atribuidas a Saddam.
Abdel Amir dijo Lárgate, Maldito' describe a un importante árabe que dirige un ejército que invade la tierra del enemigo y derriba una de sus monumentales torres, una aparente referencia a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York realizados por militantes islámicos de la red terrorista de Osama bin Laden.
Asharq al-Awsat, que el año pasado publicó toda la obra durante varios días, dijo que el manuscrito fue encontrado en el ministerio de Cultura tras la caída de Bagdad. Dijo que había recibido una copia del médico de Saddam, Alla Bashir, que huyó de Iraq tras la guerra y se creía que residía en Qatar.
La novela empieza con un narrador, que se parece al patriarca judío, cristiano y musulmán Abraham, diciéndole a sus primos Ezekiel, Youssef y Mahmoud que Satanás vive entre las ruinas de Babilonia, destruida por persas y judíos.
Ezekiel es retratado como codicioso, ambicioso y destructivo. Youssef, que simboliza a los cristianos, es retratado como generoso y tolerante -al menos en los primeros pasajes.
"Incluso si te haces con la riqueza de todos los demás, vas a tener una vida llena de dolor", le dice el narrador.
Saddam también ha escrito otros tres libros: Zabibah y el rey', La ciudadela fortificada' y Hombres y una ciudad'.
Zabibah y el rey' cuenta la historia de un jefe de estado que renuncia a una vida de lujo en beneficio de su pueblo.
La ciudadela fortificada' describe el ascenso al poder del Partido Baaz, de Saddam.
Hombres y una ciudad' es considerada ampliamente como una autobiografía velada, donde aparece como poderoso y heroico.
Saddam, 68, fue encarcelado en un centro de detención militar controlado por los norteamericanos cerca del aeropuerto de Bagdad desde su captura en diciembre de 2003 cerca de su ciudad natal, Tikrit, al norte de Bagdad.
Ha sido acusado por el tribunal especial de crímenes de guerra por cargos que incluyen el asesinato de políticos rivales durante 30 años, el bombardeo con gas de los kurdos en la norteña ciudad de Halabja en 1988, la invasión de Kuwait en 1990, y la represión de las rebeliones kurdas y chiíes de 1991. Aún no se fija la fecha del juicio. Si es declarado culpable, podría ser condenado a la pena de muerte.
25 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh
Amman, Jordania. La próxima semana, la familia de Saddam Hussein publicará una novela escrita antes de la invasión norteamericana por el derrocado presidente iraquí, dijo su hija el viernes.Lárgate, maldito' cuenta la historia de un hombre llamado Ezekiel que conspira para derrocar al jeque de un pueblo pero es derrotado en su intento por la hija del jeque y un guerrero árabe.
La historia, aparentemente, es una metáfora de una conspiración sionista-cristiana contra los árabes y los musulmanes. Ezekiel simboliza a los judíos.
Raghad Saddam Hussein dijo que su padre terminó la novela el 18 de marzo de 2003 -un día antes de que Estados Unidos declarara la guerra a Iraq- y había expresado su deseo de publicar el libro con su propio nombre. Las tres o cuatro novelas que ha escrito fueron firmadas, simplemente, por "Su autor".
"Mi padre quería publicar este libro", dijo Raghad a la Associated Press en una conferencia telefónica.
Un artista iraquí diseñó la cubierta, dijo, y una compañía jordana será la primera en publicar el libro, en árabe, seguido de ediciones en inglés y en francés.
Raghad también escribió una dedicatoria a su padre en la contraportada del libro.
"Al pulso del corazón, al ojo y al padre de los iraquíes... al creador de hombres y héroes... al que nos ha enseñado todos nuestros grandes valores", escribió.
"Tú, que nos has hecho llevar la cabeza en alto, la cabeza de los iraquíes, de los árabes y de los musulmanes... te presentamos nuestras almas... al padre de héroes, a mi querido y adorado padre, con todo mi respeto y la gloria para ti".
El año pasado, algunos diarios árabes publicaron sin permiso fragmentos de la novela, apareciendo el primero en un diario árabe de Londres, Asharq al-Awsat.
Ali Abdel Amir, escritor y crítico literario iraquí que ha leído el manuscrito, dijo que la novela era parecida a las otras tres atribuidas a Saddam.
Abdel Amir dijo Lárgate, Maldito' describe a un importante árabe que dirige un ejército que invade la tierra del enemigo y derriba una de sus monumentales torres, una aparente referencia a los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center de Nueva York realizados por militantes islámicos de la red terrorista de Osama bin Laden.
Asharq al-Awsat, que el año pasado publicó toda la obra durante varios días, dijo que el manuscrito fue encontrado en el ministerio de Cultura tras la caída de Bagdad. Dijo que había recibido una copia del médico de Saddam, Alla Bashir, que huyó de Iraq tras la guerra y se creía que residía en Qatar.
La novela empieza con un narrador, que se parece al patriarca judío, cristiano y musulmán Abraham, diciéndole a sus primos Ezekiel, Youssef y Mahmoud que Satanás vive entre las ruinas de Babilonia, destruida por persas y judíos.
Ezekiel es retratado como codicioso, ambicioso y destructivo. Youssef, que simboliza a los cristianos, es retratado como generoso y tolerante -al menos en los primeros pasajes.
"Incluso si te haces con la riqueza de todos los demás, vas a tener una vida llena de dolor", le dice el narrador.
Saddam también ha escrito otros tres libros: Zabibah y el rey', La ciudadela fortificada' y Hombres y una ciudad'.
Zabibah y el rey' cuenta la historia de un jefe de estado que renuncia a una vida de lujo en beneficio de su pueblo.
La ciudadela fortificada' describe el ascenso al poder del Partido Baaz, de Saddam.
Hombres y una ciudad' es considerada ampliamente como una autobiografía velada, donde aparece como poderoso y heroico.
Saddam, 68, fue encarcelado en un centro de detención militar controlado por los norteamericanos cerca del aeropuerto de Bagdad desde su captura en diciembre de 2003 cerca de su ciudad natal, Tikrit, al norte de Bagdad.
Ha sido acusado por el tribunal especial de crímenes de guerra por cargos que incluyen el asesinato de políticos rivales durante 30 años, el bombardeo con gas de los kurdos en la norteña ciudad de Halabja en 1988, la invasión de Kuwait en 1990, y la represión de las rebeliones kurdas y chiíes de 1991. Aún no se fija la fecha del juicio. Si es declarado culpable, podría ser condenado a la pena de muerte.
25 de junio de 2005
©washington post
©traducción mQh