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querida familia de puig


[Andrés Gómez Bravo] 15 años de su muerte publican la correspondencia del escritor argentino
Novela inédita de Manuel Puig. En 1956 el autor de ‘El beso de la mujer araña' se embarcaba a Roma.

Cuando la académica Graciela Goldchluck leyó la correspondencia de Manuel Puig con su familia, supo que era lo que todos estaban esperando. Desde la muerte del autor de ‘El beso de la mujer araña', en 1990, lectores y editores soñaban con encontrar una novela inédita. Incluso hubo alguno que presentó un manuscrito apócrifo en una editorial asegurando que era un Puig legítimo. Pero no. "La novela inédita son estas cartas", le dijo Graciela al hermano y albacea del escritor, Carlos Puig.
Una novela de non fiction sobre un joven llamado Manuel Puig que parte a Europa con 23 años a estudiar cine y regresa a Buenos Aires seis años después convertido en escritor. "Es la historia de cómo hacerse artista. Cómo ese chico se transforma en Puig", precisa Graciela Goldchluck desde Argentina.
Esa es la novela que conforman las 172 cartas que Puig envió a los suyos entre 1956 y 1962 y que integran ‘Querida familia', primer volumen de su correspondencia inédita. Publicado en Argentina por el sello Entropía y próximamente en España por Seix-Barral, aparece a 15 años de su muerte, que se conmemora el 22 de julio.
‘Querida familia' fue presentado en la reciente Feria del Libro de Buenos Aires, donde se realizó un homenaje a Puig. No será el único: el próximo martes 22 será objeto de un seminario organizado por la Universidad de Nueva York, donde se estrenará el documental Puig 95% de Humedad (título de un proyecto de novela que no llegó a desarrollar), de Mausi Martínez.
Pero no es todo: en octubre aparecerá su ‘Teatro completo', integrado por las obras ‘El beso de la mujer araña', ‘Bajo un manto de estrellas', ‘Misterio del ramo de rosas' y ‘Triste golondrina macho', y en 2006, el volumen II de su epistolario, ‘Cartas desde Nueva York y Río de Janeiro (1963-1983)'.

El Diálogo
"Después de leer dos libros de Puig sé cómo hablan sus personajes, pero no sé cómo escribe Puig, no conozco su estilo", decía Juan Carlos Onetti. El reproche del escritor uruguayo alude, a su vez, a una de las virtudes de Puig: "Escribe en todos los estilos, trabaja todos los registros y los tonos de la lengua", dice Ricardo Piglia.
En estas cartas puede escucharse la voz de Puig: es un diálogo cautivante en el que asoman sus dotes narrativas. "Es un gran laboratorio de escritura", indica Goldchluck.
Nacido en General Villegas en 1932, Puig se enamoró del cine en su infancia y el 27 de julio de 1956 se embarca a Roma con una beca para estudiar en el Centro Sperimentale di Cinematografia.
En las cartas relata sus andanzas de estudiante, desde el dinero que gasta, las comidas y las impresiones sobre lo que conoce. 'Todos los argentinos que están aquí no hacen más que despotricar contra Roma, comparándola con Buenos Aires. Tienen toda la razón, con el frío es un cementerio, no hay una calle Florida, una Santa Fe (...) Veo que hay que salir de Buenos Aires para apreciarla".
Pero todo apunta a una dirección: el cine. Se ahorra comida -y dinero- para ver películas, que luego comenta por carta. En seis años deja registro de unos 500 filmes. Y con ello, el aprendizaje y el hallazgo de su vocación de escritor.

Su Mejor Guión
A poco de comenzar sus estudios, quedó claro su talento: los diálogos. Una habilidad que refuerza cuando empieza a subtitular películas: las norteamericanas al italiano y las italianas al español.
Describe también a las estrellas que conoce. Como Marlene Dietrich: "Personalmente es un monstruo, para colmo está flaca escuálida (...) Lo que no ha perdido es la voz maravillosa". O Rita Hayworth: "Insegurísima como actriz, se equivoca siempre, nada de memoria".
La correspondencia se reparte desde Roma, París, Londres y Estocolmo. Y en esos trayectos da con su mejor idea: "Empecé a hacer una especie de bosquejo de los personajes antes de empezar el guión propiamente dicho y me sentusiasmé y seguí... y está creciendo día a día... y puede salir una especie de novela ¿? No sé qué pasará, pero la gente que vio los primeros cinco capítulos pegó saltos de entusiasmo", escribe en 1962. "PUNTO DELICADISIMO: espero que no les molesten las alusiones a Uds. como personajes de la novela, ojalá les halague, ojalá les resulte divertido y no molesto. Bueno, ya se verá"
No hay vuelta atrás: había comenzado a escribir ‘La traición de Rita Hayworth', su primera novela y un hito fundamental de la narrativa post boom.

Manuel Puig
Nace en General Villegas, en 1932. Estudia Letras en Buenos Aires y cine en Roma. En 1973 se exilia en México, luego en Nueva York y Río de Janeiro.
Novelas: ‘La traición de Rita Hayworth' (1968), ‘Boquitas pintadas' (1969), ‘The Buenos Aires Affair' (1973), ‘El beso de la mujer araña' (1976, llevada al cine por Héctor Babenco, con Raul Juliá y William Hurt), ‘Pubis angelical' (1979), ‘Maldición eterna a quien lea estas páginas' (1980), ‘Sangre de amor correspondido' (1982) y ‘Cae la noche tropical' (1989).
Obras de teatro: ‘El beso de la mujer araña' (1983), ‘Bajo un manto de estrellas' (1983), ‘Misterio del ramo de rosas' (publicada en 19997) y ‘Triste golondrina macho' (editada en 1998).
En 1982 fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura.
Muere en México, el 22 de julio de 1990.

15 de junio de 2005
©tercera

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nueva obra de kerouac


[Andrés Gómez Bravo] En octubre publican en Estados Unidos una pieza de teatro que nunca logró llevar a escena. Rescatan obra inédita de Jack Kerouac sobre la generación beat. En 1957, tras editar ‘En el camino', el padre del movimiento beat creó un texto basado en sí mismo y sus amigos. Lo envió a numerosos productores, incluido Marlon Brando, y sólo supo de rechazos.
En 1957, el mismo año en que publicaba su novela hit ‘En el camino', Jack Kerouac escribía ‘Beat Generation', una obra de teatro en que se retrata a sí mismo y a sus amigos Allen Ginsberg y Neal Cassidy. Pero a diferencia de su célebre novela, que se convertiría en la Biblia de su generación, la pieza se mantuvo inédita. Medio siglo después, el texto es rescatado, llevado a imprenta y al teatro.
El anuncio lo hizo el agente de Kerouac, Sterling Lord, quien reveló que la obra se mantuvo durante 48 años guardada en un depósito de Nueva Jersey. Lord, que sabía de su existencia, volvió a leerla hace seis meses, después de que Stephen Perrine, redactor jefe de la revista Best Life, le preguntara por el material inédito del padre del movimiento beat.
La revista publicará en julio un adelanto de la obra y ésta será editada en octubre con el sello Thunders Mouth Press. Y en enero se realizará una dramatización del texto en Nueva York.

Espíritu de Época
'Beat Generation' relata un día en la vida de Jack Duluoz, un personaje adicto al alcohol y las drogas, uno de los alter egos de Kerouac. En la obra aparecen personajes basados en Cassidy, Ginsberg y otros de sus compañeros.
Según su biógrafo Gerald Nicosia, Kerouac la escribió en medio de la creciente fama que adquiría gracias a ‘En el camino'. El escritor la envió a numerosos productores, pero recibió portazos y silencios, comenta su agente. "Lillian Hellman (dramaturga y productora estadounidense) la rechazó", dice Lord. "Hasta la enviamos a Marlon Brando", añade.
Kerouac estaba desesperado por trabajar con el protagonista de ‘El salvaje' y en 1957 le escribió para pedirle que participara en una adaptación de ‘En el camino'. Pero Brando nunca contestó su propuesta. Y tres años después, cuando se conocieron -Kerouac entró fugazmente al Actor's Studio- el actor rechazó su invitación a beber.
De acuerdo con el agente, la obra sorprenderá a los admiradores de Kerouac. El texto, agrega, refleja el espíritu de la época y sus personajes están muy bien delineados. "Se lee como una canción de jazz", asegura Betsy Steve, del sello Thunders Mouth Press. "No podría ser lo mejor de Jack, pero definitivamente destaca dentro de su trabajo, forma parte del canon", indica.
Kerouac murió en 1969, a los 47 años, producto de cirrosis y, según su biógrafo, "muchos de sus trabajos mayores nunca fueron publicados en su vida. La sucesión de Kerouac ha estado liberando material de sus archivos durante los últimos 10 años. Todos sabíamos que había una tonelada de material".
Aunque la obra fue rechazada en su momento, hoy podría alcanzar gran precio en una subasta, dicen los expertos. Como ocurrió con el manuscrito de ‘En el camino': en 2001, el rollo de 40 metros fue vendido en US$ 2,5 millones.

Dale Brando, Alza Tus Puños y Escribe
Kerouac era un auténtico fan de Marlon Brando. Soñaba con trabajar a su lado. No sólo le envió el texto de su obra Beat Generation; también le ofreció los derechos de ‘En el camino'. "Estoy rezando para que compres En el Camino para hacer una película. No te preocupes de la estructura, yo sé cómo comprimir y reorganizar la trama para que tenga una estructura totalmente aceptable para el cine (...) Tu harás el papel de Dean y yo el de Sal (los protagonistas)... Lo que quiero es reinventar el teatro y el cine en Estados Unidos, darle un golpe de espontaneidad, y sacar los prejuicios de 'situación' y dejar que la gente delire como lo hace en la vida real... Dale Brando, alza tus puños y escribe".

24 de mayo de 2005
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saga de fernando vallejo


[Andrés Gómez Bravo] Editorial Alfaguara publica en Hispanoamérica su pentalogía ‘El río del tiempo'. ‘Los días azules' y ‘El fuego secreto' son los dos primeros volúmenes del ciclo biográfico del escritor colombiano, premio Rómulo Gallegos 2003. El autor de ‘La virgen de los sicarios' es uno de los narradores más notables y viscerales de América Latina.
'Los días azules', el volumen uno de la saga autobiográfica de Fernando Vallejo, comienza así: "¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! La cabeza del niño, mi cabeza, rebotaba contra el embaldosado duro y frío del patio, contra la vasta tierra, el mundo, inmensa caja de resonancia de mi furia. ¿Tendría tres años? ¿Cuatro? No logro precisarlo". Con el tiempo, el escritor colombiano transformaría esa furia original en una verdadera poética de la ira.
Si algo caracteriza la narrativa de Fernando Vallejo, aparte de su notable calidad, es la fuerza deslumbrante de sus imprecaciones y blasfemias. El colombiano, ganador del Premio Rómulo Gallegos 2003, es hoy el escritor más visceral de América Latina y un referente ineludible del mapa postboom.
‘Los días azules' es el primer tomo de su pentalogía autobiográfica titulada ‘El río del tiempo'. Publicada en 1985 en México, es lanzada ahora -tras el Rómulo Gallegos y el éxito de sus novelas ‘La virgen de los sicarios' y ‘El desbarrancadero'- en toda Hispanoamérica por el sello Alfaguara.
"Vallejo se desgarra al escribir, y nos desgarra y nos alucina", comentó el diario español El Mundo.
"Una prosa inolvidable. El lector aturdido, estupefacto, pero a la vez fascinado, se deja llevar por los coros sombríos de Lucifer", afirmó sobre ‘El fuego secreto' el diario Le Monde, de Francia.

Quería Ser Pirata
Nacido en Colombia y radicado en México, Vallejo ha hecho de Medellín la ciudad de sus demonios: un Macondo donde no vuelan ángeles, sino que caen fulminados por el caos y las balas.
Su proyecto está en las antípodas de la estética garciamarquiana. "Estoy harto de eso que llaman realismo mágico. Y para mí la vida es una desgracia, una pesadilla que no hay por qué perpetuar", dijo a La Tercera.
"Del tipo ese que me preguntas (García Márquez) no sé nada que no digan los periódicos, esto es, que anda arrodillado ante todos los granujas y bellacos con poder".
Con la misma franqueza escribe en su autobiografía literaria. ‘Los días azules' relata su infancia en la finca Santa Anita, entre curas y lecturas, clases de piano y juegos -disfrazarse de mujer- a la hora de la siesta. El encanto de la niñez está permanentemente chocando con los límites de la realidad. "Mi íntima verdad -escribe-, mi verdadera vocación, lo que quise fue ser pirata". Pero se ve a sí mismo, soñando el futuro, como un señor mayor escribiendo sobre una mesa.

La Ruta del Exceso
'El fuego secreto', el volumen dos, es el relato de su adolescencia en Medellín. Con una prosa cargada de dinamita, que brilla por su violenta poesía y atrapa en su ritmo imprecatorio, Vallejo narra su camino de iniciación en la ruta del exceso: el alcohol, las drogas y las relaciones homosexuales. La novela transcurre casi íntegramente en el bar Miami, un garito gay, marginal y peligroso
Esta ruta del exceso desemboca en el palacio de la locura: Fernando, el protagonista, es encerrado en el manicomio después de destrozar a fierrazos un piano, un televisor, una radio. Es el estallido de la furia y el fin de la adolescencia.
"El 'yo' que hice en los libros míos es un loco", explicó Vallejo al diario Clarín. "Resolví hacerlo excesivo, exagerado. Habla con exabruptos, es contradictorio. Decidí darle un toque de locura y de una subjetividad rabiosa, contraria a la objetividad que pretende todo el mundo. Todo el mundo pretende ser bien objetivo. Y últimamente, políticamente correcto. Yo nunca he pretendido ser ni políticamente correcto ni objetivo".
Eso, dice el poeta de la ira, "es sinónimo de hipocresía".

11 de mayo de 2005
17 de mayo de 2005
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crimen a la hora del té


[Cristóbal Peña] Hace 50 años, en abril de 1955, la escritora María Carolina Geel mató en Santiago a su amante de cinco balazos en el Hotel Crillón.
Pudo ser una escritora mediocre, del montón, de las que pasan por incomprendidas y quedan en el olvido. Pero María Carolina Geel, alias de Georgina Silva Jiménez, se las arregló para conseguir un lugar estelar en la historia de la literatura chilena. Para abril de 1955 había publicado varios libros -cinco, exactamente-, pero ninguno de ellos tuvo la publicidad que reclamó el hecho que protagonizó en el Hotel Crillón y que la trasladó de las páginas de cultura a las policiales. Las cosas ocurrieron como sigue.
Eran las cinco y media de la tarde cuando un hombre corpulento, de 35 años, ingresó al salón de té del Crillón. Era la hora en que la alta sociedad capitalina, conservadora y ritual, comenzaba a atiborrar el exclusivo hotel de calle Agustinas. Quince minutos después, confundida entre la multitud, entró ella, de 42 años, menuda, nerviosa, y se encaminó a la mesa del fondo. Pidieron una once para dos y comenzaron a hablar.
Lo primero fue una conversación. Hablaron de un viaje que alguna vez pensaron hacer a Europa, de lo que habían vivido, de lo que pudo haber sido. Después discutieron sobre el presente. Ella alegó abandono, despecho; él le recordó que el asunto fue al revés: fue ella quien se resistió al matrimonio, la que le recomendó buscarse otra. Así lo hizo, y ahora -sentenció él- no había vuelta atrás. Ya eran las seis.
Los ánimos estaban caldeados y ella, como queriendo aplacarlos, le pidió fuego para fumar. Cuando él se lo ofrecía, María Carolina Geel sacó de su cartera una pistola calibre 6.35 y le disparó cinco tiros a quemarropa. La histeria quedó desatada en el Crillón y la mujer, en vez de hacer lo que se hace en esos casos -botar el arma y salir corriendo-, se abalanzó sobre Roberto Pumarino Valenzuela, lo apretó contra su cuerpo y comenzó a besarlo.
Pocos minutos después, cuando llegaron policías y periodistas, ella seguía aferrada al cuerpo ensangrentado. Tras ser conducida ante el titular del Primer Juzgado del Crimen de Santiago, atinó a decir entre sollozos:
-Señor juez, yo quería a Roberto.

Bohemios Asexuados
El hecho ocurrido hace 50 años, el 14 de abril de 1955, fue un escándalo de proporciones. Primero, por su escenario: el Hotel Crillón era uno de los lugares en que la crème capitalina se encontraba consigo misma a mediados de los '50. Segundo, por sus protagonistas: María Carolina Geel provenía de una familia acomodada y comenzaba a ser conocida en círculos literarios. Contaba con las simpatías del principal crítico de la época, Hernán Díaz Arrieta, Alone, quien una vez ocurrido el crimen se convirtió en su más decidido defensor. Roberto Pumarino, la víctima, era un conocido periodista y empleado de la Caja de Empleados Públicos, y para entonces estaba separado y tenía un hijo de nueve años.
Lo tercero fueron las circunstancias. Aunque Pumarino mantenía con Geel una relación de cinco años, la prensa le dio al crimen el carácter de escándalo sexual. Peor aún, como reportó una crónica del diario La Nación, más pareció lío de antisociales, protagonizado por una mujer que frecuentaba un ambiente de "bohemios asexuados" y "jovencitos existencialistas con afanes literarios".
Pero si en un comienzo todo se mantuvo en el plano policial, la misma escritora se encargó de llevar los hechos a la literatura. Tras ser condenada a tres años, y mientras cumplía su sentencia, Geel -animada por Alone- escribió una novela testimonial que tituló ‘Cárcel de Mujeres'. Publicada en 1956 con prólogo de Alone, la novela más conocida de la autora, y de hecho la única reeditada y disponible hoy en librerías, es una obra obligada de la literatura feminista chilena. Y de acuerdo con Diamela Eltit, la primera en que se aborda abiertamente el tema del lesbianismo, "ausente, hasta ese momento, en la literatura chilena".
‘Cárcel de Mujeres' es un crudo y agudo retrato del mundo delictual femenino de aquellos años. Pero también, muy veladamente, es un personal ajuste de cuentas de la autora consigo misma. Hay atisbos de culpa, aunque jamás arrepentimiento; y si bien juzga e intenta analizar el comportamiento de las reclusas, no es capaz de explicar con coherencia los propios.
En su declaración judicial argumentó que en los últimos días había sufrido desilusiones amorosas y literarias. Y que si andaba con un arma a cuestas, era con la idea de quitarse la vida, jamás de asesinar. ¿Por qué lo hizo entonces? El instinto asesino -dejó entrever en Cárcel de Mujeres- escapa a la voluntad: "Cuando él estaba sentado allí, en el último instante frente a mí, lleno de su vida, yo sentía, escuchaba que mi corazón palpitaba dentro de mis sienes, que iba a ocurrir y que ningún poder sobrevendría para evitarlo".

Escritos Inéditos
Dateados por policías, los periodistas se apuraron en acuñar un nuevo término, el "crimen literario", y a partir de éste un móvil de sospechosa veracidad, el "esnobismo". Más riguroso pareció el informe del fiscal Oscar Munizaga, que identificó en la inculpada "un orgullo desmedido por su persona, creyéndose superior en muchos sentidos".
Hasta ahí suena convincente. Pero según Munizaga, quien no hizo más que citar exámenes médicos, el origen de esta egolatría radicaba en la lectura compulsiva.
Con la sola la lectura de ‘Cárcel de Mujeres', Joaquín Edwards Bello llegó a una conclusión similar. "María Carolina es una niña intoxicada de literatura, introvertida, enferma de incomprensión en un clima de indiferencia", escribió el autor de ‘La Chica del Crillón' en 1956.
Ayudado por esta y otras opiniones, el crimen se consolidó en el tiempo como un acto literario. "Como si fuese una cosa romántica, de novela, simpática", protesta el hermano de la víctima, José Pumarino, a 50 años del crimen. "Fue un asesinato, cobarde, premeditado, y esa mujer, que cumplió menos de la mitad de su condena con enormes privilegios, nunca se mostró arrepentida".
Quién sabe qué pensaba ella. El bloqueo, la negación y el silencio fueron una constante por el resto de su vida, que se extendió hasta los 82 años. Nunca más se refirió públicamente al tema y, una vez reducida a la mitad de su condena, gracias a la gestión de Gabriela Mistral, se dedicó a la crítica literaria.
También escribió varios libros que aún permanecen inéditos. Uno de ellos, titulado ‘Ensayos', se guarda en la sección Archivos del Escritor de la Biblioteca Nacional. Hay ahí reflexiones sobre literatura, música y filosofía. "La soprepoblación, enloquecida en su promiscuidad, hará volar el planeta y con él todas sus maravillas, incluida finalmente la muy dudosa de El Hombre", apunta al comienzo del texto, confirmando el carácter nihilista que la acompañó hasta sus últimos días.
Vivió sola en un departamento de la Avenida Santa María. Cada vez más sola. "Mi relación con los seres, aun ciertas excepciones valiosas, seguirá siendo, fatalmente, fallida", apunta hacia los 70. La escritura se va haciendo cada vez más excepcional con los años. "Ahora, 1984", anota en una libreta con letra temblorosa, 12 años antes de su muerte. "No he alcanzado a escribir tres páginas en un año". Sufre sordera, pluritis y Alzheimer. Y sobre todo, sufre más que nunca de ese prurito existencial que nadie pudo clasificar. En la última página de su Ensayo se lamenta, aunque no tanto, del rechazo de dos editoriales. Poco antes, ha volcado una frase aislada: "Yo no creo en mi inocencia, exactamente como no creo en mi culpa".

27 de abril de 2005
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muere roa bastos


El escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989, falleció hoy a los 87 años de edad, por una complicación cardiaca tras haber sido operado de urgencia el pasado viernes en esta capital a causa de una caída.
Los restos de Roa están siendo embalsamados, duraría hasta la medianoche, y al término de esos trabajos se lo traslada al ex Cabildo el lugar donde se realizará el velatorio.
Debido a ese accidente Roa Bastos sufrió un traumatismo craneal y una hemorragia en la zona cerebro-parietal, por lo que fue operado en el sanatorio Santa Clara de Asunción, donde murió a las 15:30 hora local.
Roa Bastos fue uno de los grandes narradores latinoamericanos contemporáneos, testigo de la revolución paraguaya de 1928, y trabajó de voluntario en el servicio de enfermería durante la etapa final de la Guerra del Chaco (1932-1935) contra Bolivia.
Sin afiliarse a partido político alguno, se puso al lado de las clases oprimidas de su país, pero en 1947 tuvo que abandonar Asunción, amenazado por la represión que el gobierno desató a raíz de un intento de golpe de Estado.
El escritor paraguayo se estableció en Buenos Aires (Argentina), donde sobrevivió con trabajos muy diversos y dio a conocer buena parte de su obra.
En los albores de la Operación Cóndor, instaurada por las dictaduras del Cono Sur contra la oposición, la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989) estableció un acuerdo con el régimen militar argentino que obligó a Roa Bastos a partir a Francia en 1976.
El literato enseñó literatura y guaraní en la Universidad de Toulouse le Mirail y en 1982, tras un breve viaje a Asunción, fue privado de la ciudadanía paraguaya, pero obtuvo la española en 1983, y en 1989 recibió el Premio Cervantes.
Su carrera literaria se remonta a 1930, con el estreno de su pieza teatral ‘La carcajada', y escribió después otras piezas, como ‘La residenta' y ‘El niño del rocío', fechadas en 1942, o ‘Mientras llegue el día', estrenada en 1946.
Alternó su actividad literaria con trabajos como administrativo de banca o como periodista para el diario asunceño El País, que le facilitó los primeros viajes a Europa, y en 1937 escribió la novela ‘Fulgencio Miranda', nunca publicada.
En el año 1942 apareció ‘El ruiseñor de la aurora y otros poemas', y en 1944 Roa Bastos formó parte del grupo Vy'a Raity (El nido de la alegría), decisivo para la renovación de la poesía y la plástica en Paraguay.
Con esos antecedentes, en Buenos Aires dio a conocer un nuevo poemario en 1960, ‘El naranjal ardiente (Nocturno paraguayo)', pero primordialmente consolidó su condición de narrador con ‘El trueno entre las hojas' (1953) y ‘El baldío' (1966), de tendencia social.
Esa tendencia acentuó con sus novelas ‘Hijo de hombre' (1960) y ‘Yo el Supremo' (1974), que le permitieron el análisis de episodios decisivos de la historia paraguaya, desde la dictadura inicial de José Gaspar Rodríguez de Francia (1814-1840).
Diversas colecciones de relatos conocidos y nuevos completan la producción del célebre novelista paraguayo, como ‘Los pies sobre el agua' (1967), ‘Madera quemada' (1967), ‘Moriencia' (1969), ‘Cuerpo presente y otros cuentos' (1971), ‘Antología personal' (1980), entre otras obras.

27 de abril de 2005
©viva paraguay

miscelánea de mailer


[Douglas Brinkley] Norman Mailer vende a universidad 25 mil cartas.
Durante más de cinco décadas, Norman Mailer ha estado estudiando, pinchando y atacando a la cultura americana, no sólo en sus abundantes libros, artículos y piezas de teatro, sino también en sus 25.000 cartas, todas ellas guardadas en copias en papel de calco y en discos de ordenador. Y empezando con los primeros años de Mailer como escritor, su madre Fannie almacenó implacablemente sus cuadernos de notas, fotografías de la familia, cheques rechazados, facturas e incluso la correa de identificación de sus perros.
"Cuando se trataba de compilar álbumes de recortes era formidable", dijo en una entrevista telefónica el biógrafo autorizado de Mailer, el doctor Robert Lucid. "Tenía la convicción de que todo lo que emanara de Norman tenía valor".
Confiad siempre en el instinto de una madre: el jueves Mailer visitará Austin, Texas, para anunciar la venta de sus archivos al Harry Ransom Humanities Research Center de la Universidad de Texas por 2.5 millones de dólares. Guardado en casi 500 cajas que pesan más de 10.000 kilos, el hallazgo incluye todo tipo de recuerdos de Mailer que se remontan a su infancia y especialmente a sus primeros días en Harvard (clase del 43) donde estudió ingeniería aeronáutica y escribió la novela inédita ‘No Percentage'.
Interrogado por e-mail sobre cómo se sintió al meter en cajas su vida, Mailer, de 82 y viviendo en Provincetown, Massachusetts, dijo: "Tengo nueve hijos. Me hace recordar cuando los mandé a la universidad".
Glenn Horowitz, vendedor de libros de Nueva York que consiguió la venta, dijo: "El tiempo ha llegado a reconocer los importantes logros de Norman. Sus papeles tienen que ser usados por los estudiosos. Con el natural proceso de envejecimiento, el traspaso era inevitable".
Mailer ha mencionado varias razones por escoger a la Universidad de Texas, entre ellas el fuerte vínculo que forjó con sus colegas soldados, muchos de ellos de Texas, en el Pacífico Sur durante la Segunda Guerra Mundial.
"Viajé a ultramar desde una unidad de adiestramiento en artillería de Ft. Bragg a Leyte, donde fui asignado a la Caballería 112", dijo Mailer en su e-mail. "Les habían quitado los caballos y eran, de hecho, de la infantería. En ese uniforme aprendí un montón sobre Texas y los texanos, de modo que eso puede haber sido un factor al elegir la Universidad de Texas.
"Sin embargo, a pesar de unos pocos lazos sentimentales y culturales con el estado, mi decisión de derivó en gran parte del hecho de que el Ransom Center de la Universidad de Texas posee una de las mejores, sino la mejor colección de archivos literarios norteamericanos".
El centro, fundado en 1957, adquirió recientemente los papeles de varios prominentes escritores, entre ellos James Jones, Don DeLillo, Isaac Bashevis Singer y Leon Uris. Y en 2003 la universidad adquirió en 5 millones los papeles de Watergate de Woodward y Berstein.
"Nuestros objetivos son claros", dijo Thomas F. Staley, director del Ransom Center. "Mientras nos aproximamos a nuestro 50 aniversario seguimos adquiriendo archivos de los escritores más importantes del siglo 20, como Arthur Miller y Tennessee Williams en teatro, y ahora Norman Mailer en todo".
En 1968 la madre de Mailer, que murió en 1985, ayudada por el doctor Lucid, que entonces enseñaba en la Universidad de Pensilvania, alquiló un local en un rascacielos del centro de Manhattan para guardar los archivos cada vez más grandes de su hijo.
"Fue bastante duro", dijo Lucid. "El local era apenas una bombilla con una jaula a su alrededor. Norman escribía como loco y había que correr para mantener el ritmo".
Metidas en cajas de cartón hay más de 100 cartas de combate que Mailer escribió a su primera esposa, Beatrice Silverman, que formaron la espina dorsal de su primera novela publicada, ‘Los desnudos y los muertos'.
Ahí están también las justas intelectuales con Robert Lowell sobre Vietnam, Marshall McLuhan sobre los medios, Joan Didion sobre literatura y James Baldwin sobre derechos civiles.
Pero a Mailer también le gustaba participar en debates públicos, dando batalla a severos críticos y serviles admiradores por igual. "Norman trataba a los fans como VIPs, cuestionando sus presuposiciones o acogiendo sus ideas originales", dijo Lucid. "Se metía con todo el mundo".
Para cuando Mailer escribió ‘La canción del verdugo' (1979), que generó 23 cajas de materiales de investigación sobre el asesino convicto Gary Gilmore, ya había agotado su espacio de almacenamiento en Manhattan. A principio de los años noventa las cajas fueron embarcadas a West Pittston, Pensilvania, donde el doctor Michael Lennon, profesor de inglés en la Universidad de Wilkes en Wilkes-Barre, Pensilvania, empezó a clasificarlos.
"Él y Robert Lucid me convencieron de la necesidad de llevar un archivo", dijo Mailer. "Si no fuera por Mike Lennon y Bob Lucid mis papeles estarían pudriéndose en cajas de cartón en el húmedo piso de un sótano".
Lennon, amigo y albacea del legado de Mailer, dijo de Mailer que guardaba hasta los cordones. De acuerdo a Lennon, el archivo rebosa de rarezas literarias: una docena de piezas de teatro inconclusas, entre ellas una sobre el general de la Guerra Civil, Dan Sickles; álbumes de recortes sobre la aviación francesa; correo que recibió Mailer durante su estadía en el Centro Hospitalario de Bellevue, donde fue internado tras apuñalar a su segunda esposa; observaciones sobre los graffiti en Nueva York; copias de informes de la CIA que usó en la investigación para su novela de 1991, ‘El fantasma de Harlot'.
El archivo también incluye las notas de Mailer sobre las campañas presidenciales de Henry Wallace, John F. Kennedy y George McGovern, entre otros candidatos, y hay cajas con documentos relacionados con su candidatura a alcalde de Nueva York en 1969. Mailer también guardó gruesos documentos sobre iconos como Muhammad Ali, Lee Harvey Oswald y Marilyn Monroe.
"Los estudiosos que escriben sobre la América reciente tendrán que ir de peregrinación a Austin", dijo Horowitz, el vendedor de libros. "Dime el nombre de alguien -Neil Armstrong o Robert Kennedy o Pablo Picasso: Mailer escribió sobre todos ellos".

25 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh
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sabuesos para mujeres


[Janet Malcolm] ‘In the Company of Cheerful Ladies' [En Compañía de Señoras Alegres]: el sexo más débil.
Una de las muchas rarezas de la primera entrega de la serie ‘Nº1 Ladies' Detective Agency' de Alexander McCall Smith es su descarado sexismo. McCall Smith trata al sexo más débil -los hombres- con compasiva condescendencia. "Niños, hombres, son todos lo mismo", dice una catequista cuando se entera de que un niño ha estado mostrándose a sí mismo ante una niña en el asiento a su lado. "Creen que tienen algo especial y están muy orgullosos por ello. No saben lo ridículo que es". Otro personaje femenino observa lacónicamente, en otro contexto: "Todos somos humanos, especialmente los hombres". Ella es la Muy Querida Ramotswe (conocida como Mma Ramotswe), la majestuosamente gorda, brillantemente sensible y sobrenaturalmente buena y amable detective privado en torno a la que gira la serie, contra el trasfondo de la joven república de Botswana. "La Miss Marple de Botswana", dice sobre ella el texto de la sobrecubierta. Pero esto es un error. Mma Ramotswe se parece tan poco al personaje de Christie como sus libros a los misterios de Christie. Los libros del primer número de ‘Nº1Ladies' Detective Agency' no son misterios de ninguna manera. No ocurren asesinatos en ellos y tienen poco suspense. Cuando se le pregunta qué hace la agencia, Mma Makutsi, la ayudante de Mma Ramotswe, replica (como lo haría un psicoanalista): "La mayor parte del tiempo ayudamos a gente a descubrir cosas que ya saben".
La catequista amonesta al niño que exhibió su pene siguiéndolo sigilosamente y golpeándole en la cabeza con una biblia. McCall Smith, de igual modo, usa la Biblia para capturar la atención del lector. Las lacónicas y veloces historias del Viejo Testamento son los textos primordiales para los clarísimos casos de Mma Ramotswe, cuyas soluciones tienen un aire de mítica inexorabilidad. En su clásico estudio ‘El arte de la narrativa bíblica', Robert Alter identifica las ‘escenas típicas' de la Biblia hebrea -especialmente que el compromiso matrimonial ha de hacerse junto a una fuente- y el ‘No. 1 Ladies' Detective Agency' está organizado con un repertorio similar de piezas.
Una de las más cargadas toma lugar en un orfelinato e incluye una torta de frutas. Mma Potokwane, la mandona directora del orfelinato, sirve la torta a gente de la que quiere obtener favores; nadie que coma de la torta la podrá rehusar. En el quinto libro de la serie, ‘The Full Cupboard of Life', McCall Smith explica en detalle la referencia que ha planeado tenebrosamente sobre la escena: "Tal como usó Eva una manzana para atrapar a Adán, usó Mma Potokwane la torta de frutas. Torta de frutas, manzanas; realmente no tenía importancia. ¡Oh, idiotas, débiles hombres!"
Pero para que no parezca que McCall Smith mismo es un autor idiota y débil, escribiendo rebuscadas parábolas, fuerza la escena a un extremo que ilustra la cualidad que es quizás la principal razón del atractivo de estos libros: su alegría. En el sexto y último libro, ‘In the Company of Cheerful Ladies', McCall Smith traslada la escena de la torta a la sala de espera de un famoso cirujano de Johanesburgo al que Mma Potokwane ha llevado -sin cita previa- a un huérfano con un pie deforme. Cuando aparece el cirujano, Mma Potokwane saca la primordial torta de fruta de su bolsa y la coloca en "las sorprendidas manos del hombre" -y él, por supuesto, después de aceptar una segunda rebanada, no puede hacer otra cosa que acceder, desarmado, al huérfano. Y al final del cuento, Mma Potokwane reporta que "él tampoco cambió nada. Dijo que la torta de fruta era suficiente pago".
Las buenas comedias necesitan canallas y McCall Smith entrega su comedia feminista con una especialmente escalofriante en la forma de Note Mokoti, un trompetista sociopático con el que Mma Ramotswe cometió, cuando era una joven mujer, el error de casarse. Este hombre no es idiota ni débil; es fuerte y malo. Le pega a Mma Ramotswe de forma regular, a veces con tanta violencia que tiene que ir al hospital a que le pongan puntos. La abandona después de la muerte del hijo recién nacido y desaparece de su vida -y de la serie. Pero sigue siendo un presencia siniestra, el criterio de prueba de la capacidad que tienen los hombres de reducir a las mujeres a un primitivo temor e indefensión. En el nuevo libro, reaparece y amenaza con destruir la exitosa carrera y feliz segundo matrimonio de Mma Ramotswe.
Por supuesto, al final Note es derrotado (no diré cómo), pero su reaparición profundiza la sensación de la seriedad de estos libros ligeros y fortalece nuestro vínculo con la heroína. No solamente es la hija de Obed Ramotswe, un hombre de exquisita virtud -son los pervertidos de la débil e idiota mayoría tanto en el lado bueno como malo de las cosas- de la que ella hereda su propia postura moral y también los recursos para montar su agencia de detectives. McCall Smith no la representa de manera realista. Aunque menciona repetidas veces su gordura (complexión tradicional, la llama) y la diminuta furgoneta blanca que conduce y el té de hierbas que bebe, vemos más de ella desde la majestuosa distancia con que miramos a los personajes de la Biblia, que desde un primer plano novelístico más íntimo. Sin embargo, en contraste con las más bien sanguinarias heroínas feministas de la Biblia (Judith y Jael, por ejemplo), Mma Ramotswe es un instrumento de la justicia completamente benigno. No se venga de los hombres que yerran (y de las ocasionales mujeres que también lo hacen), sino los atrapa. Su impulso es siempre perdonar al pecador y encontrar algún modo más bondadoso de exigir compensación.
"Es una buena detective y una buena mujer", escribe McCall Smith sobre su heroína en el primer libro, y agrega: "Una buena mujer en un buen país". La bondad de Botsuana es crucial para la empresa de McCall Smith, y la fuente de gran parte de su comicidad. McCall Smith sigue la tradición satírico-literaria en la que se nos señala una cultura ‘primitiva' para mostrar el ridículo primitivismo de la sociedad occidental. Pero, como lo sabe McCall Smith, la bondad de Botsuana, un antiguo protectorado británico que obtuvo su independencia en 1966, tiene un carácter híbrido. La belleza natural intacta del país y los modos amables y tranquilos de su gente son sólo parte de lo que hace de Botsuana el paraíso de África. Después de la independencia, Botsuana se transformó rápidamente en uno de los países más prósperos y avanzados -y occidentalizados- de África. (La prosperidad es en gran parte el resultado del descubrimiento de diamantes).
McCall Smith asume valerosamente la tarea de distinguir entre las cosas buenas y malas que han llegado desde Occidente a Botsuana. Entre las cosas irrefutablemente buenas, por ejemplo, se encuentran los anti-depresivos que salvan a J.L.B. Matekoni, un talentoso mecánico de automóviles y el transcendentemente bueno futuro esposo de Mma Ramotswe, de una demoledora depresión clínica; y entre las cosas irrefutablemente malas está la moda de la delgadez, que dice a señoras de complexión tradicional que una rebanada de la torta de fruta de Mma Potokwane tiene 700 calorías. Para ilustrar la brillante ecuanimidad con la que McCall Smith coloca a una cultura contra la otra, he aquí una conversación entre Mma Potokwane y J.L.B. Matekoni que toma lugar en ‘Tears of the Giraffe', el segundo libro de la serie. Mma Potokwane ha estado hablando por teléfono con un tendero que demora irritantemente en acceder a donar aceite de cocina al orfelinato.
"Alguna gente es lenta en dar", observa, y continúa: "Es algo que tiene que ver con cómo fueron criados por sus madres. He leído sobre este problema en un libro. Hay un doctor llamado Freud que es muy famoso y ha escrito muchos libros sobre esa gente".
"‘¿Está en Johanesburgo?'", preguntó J.L.B. Matekoni.
"‘No lo creo, dijo Mama Potokwane. "Es un libro de Londres. Pero es muy interesante. Dice que todos los niños están enamorados de sus madres".
"‘Eso es natural'", dijo J.L.B. Matekoni. "‘Por supuesto los niños aman a sus madres. ¿No deberían?'
"Mama Potokwane se encogió de hombros. ‘Estoy de acuerdo contigo. No veo dónde está lo malo de que un niño ame a su madre'.
"‘Entonces ¿por qué se preocupa el doctor Freud?', continuó J.L.B. Matekoni. ‘Seguramente se alarmarían si los niños no amaran a sus madres'.
"Mama Potokwane miró pensativa. ‘Sí. Pero él estaba muy preocupado sobre los niños y creo que trató de impedirlo'.
"‘Eso es ridículo', dijo J.L.B. Matekoni. ‘Seguramente tiene mejores cosas que hacer con su tiempo'".
El pasaje es un tour de force de ironía de doble filo. La amable mofa de McCall Smith se aplica por igual a la inocencia africana y a la astucia occidental. "No lo creo", de Mama Potokwane, es digna de Twain.
En su nuevo libro, Arcadia muestra indicios de deterioro. En la escena inicial, Mma Ramotswe está sentada en la terraza de un café en la ciudad capital de Gaborone y presencia, en rápida sucesión, tres ejemplos de flagrante conducta antisocial. Primero ve a una mujer que está aparcando abollar otro coche y escapar. Luego ve a una mujer robar un brazalete a un vendedor callejero mientras este le da la espalda. Y finalmente a ella misma le roban: cuando corre saliendo del café para atrapar al ladrón de sus joyas, la para una camarera que la acusa de tratar de marcharse sin pagar la cuenta y exige dinero de soborno para no llamar a la policía. Gaborone como Gomorra.
Después del incidente del coche abollado, Mma Ramotswe medita que "no era verdad que esas cosas no ocurrieran en la vieja Botsuana -podía- pero sí era indudablemente verdad que era mucho más probable que ocurrieran ahora". Sus meditaciones continúan: "Esto era lo que pasaba cuando las ciudades crecían y la gente se transforma en extraña una de otra; también sabía que era una consecuencia de una creciente prosperidad, la que, curiosamente, parecía extraer de la gente toda la codicia y egoísmo". Unas páginas más tarde, en una escena en una iglesia, se nos recuerda otra amenaza para el paraíso africano. El ministro habla de "esta cruel enfermedad que acecha a África - que, de hecho, acecha a Botsuana más cruelmente que a cualquier otro país: Botsuana tiene una de las tasas de contagio del síndrome de inmunodeficiencia adquirida, casi el 40 por ciento de la población adulta.
No leí esta cifra en la serie de McCall Smith sino de un artículo de Helen Epstein en el número de febrero de 2004 de la revista Discover. La "cruel enfermedad" no es un tema explícito de los libros de ‘No. 1 Ladies' Detective Agency'. McCall Smith ni siquiera nombra el azote. Sin embargo, a un nivel subterráneo, su comedia sexual y la tragedia del sida se yuxtaponen. La actividad sexual a través de la cual se propaga el sida es la misma actividad que sostiene a los libros. El sexo está en ellos en todas partes.
Un gran porcentaje de las clientes de la Agencia de Detectives para Mujeres Nº1 son mujeres que quieren saber si sus maridos las engañan. (Lo hacen invariablemente). Cuando Mma Ramotswe entrevista a una cliente, "entre ellas fluyó una breve corriente de comprensión. Todas las mujeres en Botsuana son víctimas de la irresponsabilidad de los hombres. En esos días prácticamente no había hombres que se casaran con una mujer y se asentaran para criar a los hijos; hombres de ese tipo parecían ser una cosa del pasado". El caso toma un giro característicamente cómico. Después de que Mma Ramotswe atrapa personalmente a al marido y muestra a la cliente la conclusiva prueba de una fotografía en la que él aparece besando a la detective en su sofá, la cliente pierde los estribos. "¡Puta gorda! ¡Te crees detective! ¡No eres más que una ninfómana, como todas esas chicas de los bares!". Pero la comedia sólo subraya la falta de gracia del priapismo que tiene cogida a la Botsuana de McCall Smith.
McCall Smith no conecta los puntos. Nunca habla explícitamente sobre cómo se transmite "la cruel enfermedad". Pero uno tiene sólo que mirar a la Botsuana de verdad (donde ha vivido McCall Smith) para darse cuenta de qué habla. En un segundo artículo sobre el tema en el New York Times Magazine, Epstein escribe fríamente sobre la promiscuidad que es el agente de la epidemia de sida en África. Ella atribuye la alta tasa de HIV en Botsuana a una suerte especial de promiscuidad: las relaciones sexuales prolongadas con más de una pareja, en gran parte iniciadas por hombres, que son un rasgo fijo de la vida en el país. Observa que un programa de "reducción de parejas" o de "aumento de la fidelidad" en Uganda, donde esas relaciones son también comunes, provocaron un marcado cambio en la tasa de contagio del HIV; de momento Botsuana carece de un plan semejante.
Los principales personajes de McCall Smith -Mma Ramotswe, Obed Ramotswe, J.L.B. Matekoni, Mma Makutsi, Mma Potokwane- difícilmente necesitan una reducción de relaciones. McCall Smith escribe tan convincentemente sobre su bondad que no nos damos cuenta de inmediato de su ausencia de sexualidad. Pero hay una especie de castidad que los envuelve que está en conspicuo contraste con la hipersexualidad de la sociedad en general. En el primer libro de la serie, Mma Ramotswe articula lo que se ha hecho implícito. Rechazó la primera propuesta de J.L.B. Matekoni, y teme perderlo como amigo. "¿Por qué el amor -y el sexo- complican tanto la vida? Para nosotros sería mucho más simple no prestarles atención. El sexo no jugaba ningún papel en su vida ahora y eso era un gran alivio... Qué terrible ser hombre, y tener el sexo en la mente todo el tiempo, como se supone que son los hombres. ¡Había leído en una de sus revistas que el hombre promedio piensa en el sexo unas 60 veces al día!" Más tarde Mma Ramotswe acepta la mecánica transcendentalmente amable y finalmente se casa con él, pero no nos quedamos con la impresión de que tenga mucho que ver con el sexo. El magnetismo sexual del trompetista sociópata no le llevó sino sufrimientos. Matekoni, que claramente no es un hombre que piensa 60 veces al día en el sexo, le procura una paternal compañía. Es suficiente para ella.
En una repetición de la escena de la torta, Mma Ramotswe y Mma Potokwane le dan a la alegoría de la transgresión todavía otro giro cómico. Mientras comen en la oficina de Mma Potokwane la mágica confitura, Mma Ramotswe le pregunta a su amiga si come muchas tortas, y Mma Potokwane responde:
"‘No, yo no. Yo no como demasiadas tortas'. Se detiene y mira nostálgicamente su plato ahora vacío. ‘A veces me gustaría comer más tortas. Eso es verdad. A veces me tienta'.
"Mama Ramotswe suspiró. ‘A todas nos tienta, Mma. Cuando se trata de tortas, todas nos tentamos'.
"‘Eso es verdad', dijo Mma Potokwane, triste. ‘Hay muchas tentaciones en esta vida, pero la torta es probablemente una de las mayores'".
La serie ‘No. 1 Ladies' Detective Agency' es una confitura literaria de tal elegante delicia que uno piensa que no puede ser más que bueno. Afortunadamente, ya que los textos no son tortas, el placer que uno puede derivar de estos seis libros no tiene fin.

Los úlitmos libros de Janet Malcolm son ‘Reading Chekhov' y ‘The Crime of Sheila McGough'.

24 de abril de 2005
©new york times
©traducción mQh

el zorro


Fragmento de la novela de Isabel Allende.
Diego cayó de bruces. Con un esfuerzo lento y largo pudo darse vuelta y quedar con la cara al cielo, bajo el sol refulgente de la mañana. Jadeaba, atormentado por una sed súbita, y sudaba cal viva, mientras al mismo tiempo tiritaba con el hielo de la sepultura. Maldijo al Dios cristiano, por abandonarlo, y al Gran Espíritu, quien en vez de premiarlo con una visión, como había sido el trato, se burlaba de él con aquella trastada indigna. Perdió el contacto con la realidad y perdió también el miedo. Empezó a flotar en un caliente vendaval, como si prodigiosas corrientes lo elevaran en espiral hacia la luz. Se sintió súbitamente alborozado ante la posibilidad de la muerte y se abandonó con una inmensa paz. El torbellino ardiente en que flotaba iba alcanzando el cielo, cuando los vientos se invirtieron, lanzándolo como un peñasco al fondo de un abismo. Antes de hundirse en total desvarío, vio en un chispazo de conciencia los ojillos colorados del zorro mirándolo desde la muerte.
En las horas siguientes Diego chapaleó en el alquitrán de sus pesadillas y cuando por fin logró desprenderse y salir a la superficie, sólo recordaba la sed infinita y los ojos inmóviles del zorro. Se encontró envuelto en una manta, alumbrado por las llamas de una hoguera y acompañado por Bernardo y Lechuza Blanca. Tardó un rato en volver al cuerpo, hacer un inventario de sus dolores y llegar a una conclusión.
—Me mató la cascabel —dijo apenas pudo sacar la voz.
—No estás muerto, hijo, pero te faltó poco —sonrió Lechuza Blanca.
—No pasé la prueba, abuela —dijo el muchacho.
Sí la pasaste, Diego —le informó ella.
Bernardo lo había encontrado y llevado hasta allí. El niño indio estaba listo para regresar donde Lechuza Blanca, cuando se le apareció un zorro. No dudó de que se trataba de una señal, porque le pareció insólito que ese animal de hábitos nocturnos se le cruzara entre las piernas a plena luz del sol. En vez de obedecer al instinto de darle caza, se detuvo a observarlo. El zorro no huyó, sino que se instaló a pocas varas de distancia a mirarlo de vuelta con las orejas alertas y el hocico tembloroso. En otra circunstancia, Bernardo se habría limitado a tomar nota de la rara conducta del animal, pero se encontraba en un estado de alucinación, con los sentidos en ascuas y el corazón abierto a los presagios. Sin vacilar, empezó a seguirlo por donde el zorro quiso llevarlo, hasta que un rato más tarde tropezó con el cuerpo inerte de Diego. Vio la pierna de su hermano monstruosamente hinchada y supo de inmediato lo ocurrido. No podía perder ni un instante, se lo echó al hombro como un fardo y emprendió marcha forzada hacia el sitio donde estaba Lechuza Blanca, quien aplicó sus hierbas en la pierna de su nieto y le hizo sudar el veneno hasta que abrió los ojos.
—El zorro te salvó. Es tu animal totémico, tu guía espiritual —le explicó—. Debes cultivar su habilidad, su astucia, su inteligencia. Tu madre es la luna y tu casa son las cuevas. Como el zorro, te tocará descubrir lo que se oculta en la oscuridad, disimular, esconderte de día y actuar por la noche.
De León le hizo ver que no sólo los españoles se decían superiores al resto de la humanidad, todos los pueblos sufrían del mismo espejismo; que en la guerra los españoles cometían exactamente las mismas atrocidades que los franceses o cualquier otro ejército: violaban, robaban, torturaban, asesinaban; que cristianos, moros y judíos sostenían por igual que su Dios era el único verdadero y despreciaban otras religiones. El capitán era partidario de abolir la monarquía e independizar las colonias, dos conceptos revolucionarios para Diego, quien había sido formado en la creencia de que el rey era sagrado y la obligación natural de todo español era conquistar y cristianizar otras tierras. Santiago de León defendía exaltadamente los principios de igualdad, libertad y fraternidad de la Revolución Francesa, sin embargo no aceptaba que los franceses hubieran invadido España. (...)
—Toda tiranía es abominable, joven —concluyó el capitán—. Napoleón es un tirano. ¿De qué sirvió la revolución si el rey fue reemplazado por un emperador? Los países deben ser gobernados por un consejo de hombres ilustrados, responsables de sus acciones ante el pueblo.
—La autoridad de los reyes es de origen divino, capitán —alegó débilmente Diego, repitiendo palabras de su padre, sin entender bien lo que decía.
—¿Quién lo asegura? Que yo sepa, joven De la Vega, Dios no se ha pronunciado al respecto.
—Según las Sagradas Escrituras...
—¿Las ha leído? —lo interrumpió, enfático. Santiago de León. En ninguna parte dicen las Sagradas Escrituras que los Borbones han de reinar en España o Napoleón en Francia. Además, las Sagradas Escrituras nada tienen de sagradas, fueron escritas por hombres y no por Dios.
Era de noche y ellos paseaban sobre el puente. El mar estaba calmo y entre los crujidos eternos de la nave se escuchaba con nitidez alucinante la flauta de Bernardo buscando a Rayo en la Noche y a su madre en las estrellas.
—¿Crees que Dios existe? —le preguntó el capitán.
—¡Por supuesto, capitán!
Santiago de León señaló con un amplio gesto el oscuro firmamento salpicado de constelaciones.
—Si Dios existe, seguramente no se interesa en designar los reyes de cada astro celestial... —dijo.
Diego de la Vega soltó una exclamación de espanto. Dudar de Dios era lo último que se le pasaría por la mente, mil veces más grave que dudar del mandato divino de la monarquía.
Carlos Alcázar se volvió, demudado por la furia, y le lanzó la pistola a la cara, errando por un amplio margen, al tiempo que echaba mano de su espada, que yacía en el suelo a dos pasos de distancia. Apenas alcanzó a erguirse y ya el enmascarado estaba encima de él, mientras la blanca humareda del pasillo empezaba a invadir la sala. Cruzaron los aceros durante varios minutos, enceguecidos por el humo, tosiendo. Alcázar fue retrocediendo hacia su mesa de trabajo y, en el momento en que perdía la espada por segunda vez, sacó del cajón una pistola cargada. No tuvo ocasión de apuntar, porque una patada formidable en el brazo le desarmó y enseguida el Zorro le marcó la mejilla con tres rayas vertiginosas de su acero, formando la letra zeta. Alcázar dio un alarido, cayó de rodillas y se llevó las manos a la cara.
—No es mortal, hombre, es la marca del Zorro, para que no me olvides —dijo el enmascarado.

24 de abril de 2005
©clarín