Blogia
mQh

opinión

prevención de la tortura


Implementación del mecanismo de prevención de la tortura
[Lilian Echegoy y Carmen Maidagan] Argentina. Desde el año 2004, 24 organizaciones de derechos humanos de todo el país con trabajo en lugares de encierro nos reunimos, debatimos y consensuamos un proyecto de ley para la implementación del Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura, a fin de cumplir el compromiso asumido por la Argentina al suscribir el Protocolo Facultativo a la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. Dicho proyecto se aprobó por unanimidad en la Cámara en Diputados de la Nación. Contando con el apoyo del Subcomité contra la Tortura (organismo creado por el mencionado Protocolo), encontrándose presentes, en el recinto de la Cámara de Diputados de la Nación al momento de la discusión, los integrantes del Comité Dres. Coriolano y Gines.
El punto central del proyecto, es la creación de un Comité independiente de los poderes ejecutivo, judicial y legislativo y garantizar que todos los organismos no gubernamentales como estatales puedan actuar en los lugares de encierro para la prevención de la tortura. Por último se establece estándares de intervención.
En la provincia de Santa Fe, si bien existían proyectos anteriores presentados, el debate se inició el año pasado, en el ámbito de la Universidad del Litoral. Allí se debatieron tres anteproyectos, uno presentado por la diputada Saldaña, otro de la diputada Gutiérrez, y el tercero, presentado por la CTC y la pasantía de Ejecución Penal del Colegio de Abogados de Rosario, este último, básicamente, adaptaba a nivel provincial el proyecto redactado, por las organizaciones de todo el país para el nivel nacional.
El debate se trasladó a la Cámara de Diputados de la Legislatura Provincial, donde la diputada Gutiérrez presentó su proyecto y el de las organizaciones de la sociedad civil, ingresó con el apoyo y la suscripción por parte de todos los presidentes de bloques.
Si bien ambos proyectos ingresaron juntos para su tratamiento, salió con dictamen favorable de la Comisión de Derechos y Garantías, el proyecto de la diputada Gutiérrez, sin que se nos brindara la posibilidad de discutirlo, pese a que solicitamos ser convocados.
Nuestra principal crítica al proyecto de la diputada Gutiérrez, y que entendíamos una cuestión medular, era la integración del comité, ya que el proyecto de la diputada, establecía un comité, con participación del poder ejecutivo, el judicial y en minoría la sociedad civil y una cláusula que permitía que el Ministerio de Seguridad prohibiera el ingreso del comité en determinadas circunstancias
Tomamos conocimiento (no precisamente por Gutiérrez) de que el proyecto iba a salir de la Comisión de Constitucionales con dictamen para su tratamiento ese mismo día. Concurrimos a la reunión de la Comisión una delegación del Colegio de abogados de Rosario, de las pasantías de ejecución, del CELS y de la CTC. Si bien la postura de la comisión parecía cerrada, y corríamos el riesgo que se aprobara un comité, que carecía de independencia para el cumplimiento de sus funciones, se concretaron una serie de reuniones donde es destacar la actuación del presidente de Cámara de diputados, Eduardo Di Pollina, para que sea tenido en cuenta el proyecto que habían firmado todos los jefes de bloque, incluso él y consensuado por las ONG. En esas reuniones se consiguió modificar el proyecto de Gutiérrez, no sin dificultades.
El jueves 3 de noviembre la Cámara de Diputados de la provincia aprueba el proyecto, con algunas de las modificaciones propuestas por nuestra parte, entre ella, una fundamental, como lo es la integración del comité, que consta de 7 miembros, 2 legisladores y los otros 5, independientes a propuestas o con el apoyo de las sociedad civil y con la facultad del Ejecutivo de proponer candidatos, todos los cuales van a ser sometidos a un proceso transparente de selección por ante la legislatura. Si bien, el proyecto aprobado no contiene todos los puntos planteados en nuestro proyecto original es muy superador del pergeñado por la dip. Gutiérrez, al crear un organismo independiente. Y ello es así gracias al trabajo denodado de las organizaciones de la sociedad civil y de algunos diputados que confiando en nuestro trabajo defendieron nuestra propuesta.
Por ello celebramos la media sanción del Mecanismo Provincial de Prevención de la Tortura, fruto del consenso y no de la autoría de una sola persona, y agradecemos nuevamente al diputado Di Pollina y a todos aquellos que entendieron la importancia de las modificaciones introducidas, y lograron su aprobación. La lucha contra la tortura, en todo lugar de encierro, cárceles, comisarías, pero también hogares, geriátricos y clínicas psiquiátricas, se logrará, con una actitud comprometida y adulta de todos los actores involucrados evitando personalismos, mezquindades y la soberbia de creerse dueños de la cuestión.
[* Por la Coordinadora de Trabajo Carcelario.]
7 de noviembre de 2011
©página 12

por qué mataron a gadafi


Los intereses económicos detrás del asesinato de Khadafi. ¿Quiénes se beneficiarán con el derrocamiento del líder libio? ¿Por qué se decidió avanzar ahora y no antes? ¿Los regímenes de Arabia Saudita, Bahrein y Siria son más democráticos que la Libia de Khadafi?
[Guillermo Levy] Muchas cosas malas seguramente hay para decir de Khadafi, como las había para denunciar de Saddam y del ya olvidado tirano de los Balcanes, Milosevic. Se agolpan plumas liberales y progresistas para hablar del dictador caído. Algunos festejan sin más. Otros, que se considerarán más críticos, se hacen preguntas sobre las intenciones de la OTAN y sobre quiénes son los distintos grupos de rebeldes.
En el marco del tremendo poder que muestra estos años el capital financiero que tiene arrodillados a presidentes tan aparentemente poderosos como Obama o los líderes europeos --que no pueden moverse más allá de ahogar a los países en crisis para salvar a sus bancos--, éstos se dan el lujo de viajar al tercer mundo para ayudar a terminar con la vida política y física de algunos tiranos. Es importante aclarar que la guerra no es contra todos los regímenes oprobiosos: la memoria selectiva y frívola a la que nos acostumbramos nos impide preguntarnos por qué no hay hostigamiento a la monarquía de Bahrein, o qué pasa con la monarquía saudita en la que las mujeres casi no pueden salir de la casa, o mismo que intereses geopolíticos hacen que sostengan al régimen sirio que ya asesinó a miles de ciudadanos estos meses.
El asesinato de Khadafi, que los medios llaman muerte, seguramente no traerá grandes beneficios al pueblo de Libia como nada bueno trajeron a los de Irak o Afganistán las invasiones siempre contra grupos o gobiernos previamente demonizados. Qué fácil es hoy sumarse a la enunciación de las calamidades de su régimen o posicionarse por gritar en sintonía con la OTAN --como hizo nuestro fiscal argentino en el tribunal penal internacional que ya en los primeros días de conflicto pidió el juzgamiento de Khadafi por un tribunal internacional--. Fácil acordarse de calamidades del régimen libio que Occidente silenció estos años por su alianza con él. Alianza que entre otras cosas le garantizaba el cierre de esta parte de la frontera entre la "barbarie" africana y la "civilización" europea para que no entren miles de inmigrantes del Africa árabe y subsahariana.
Quizás hoy es el momento para decir que en Libia las mujeres tenían plenos derechos, que era el país de Africa con menos mortalidad infantil, con más alto alfabetismo y que sostuvo durante décadas la articulación entre las distintas tribus que seguramente ahora disputarán el poder. Seguramente estos índices sociales no se sostendrán con el advenimiento de la democracia neoliberal de los colonizadores. Los gobiernos del Africa subsahariana serviles a sus ex colonizadores no reciben invasiones pero tampoco inversiones. Tienen esperanzas de vida del orden de los 40 años, ningún desarrollo y los índices de sida más altos del mundo.
Sus dirigentes son ignotos para nosotros porque en su mayoría son serviles como los dirigentes de Europa y EE.UU. son serviles a los dueños de sus bancos que están mostrando que Estados que manejan grandes ejércitos para bombardear distintos países del mundo "salvaje" no pueden, y quizás ni quieren, decirles a sus jefes del poder financiero que no van a ajustar a sus poblaciones, que no los van a salvar, que no van a ahogar a Grecia o a España o al que venga. Cayó la dictadura de Khadafi, algunos respirarán y dirán que el mundo hoy es un poco más libre.
La dictadura del poder financiero y sus consultoras, estas últimas ahora con un inmenso y ridículo poder indicando qué país está en el infierno y cuál en el purgatorio, está llevando al mundo al desastre. Estos no parecen temerosos de bombardeos, ni siquiera temerosos de que sepamos quiénes son. Sigamos celebrando invasiones, asesinatos y fijándonos en el currículum de cada dictador asesinado o régimen liquidado, mientras los bancos provocan las crisis, provocan que las paguemos y que los dirigentes electos, poderosos para bombardear, se tengan que arrodillar frente a ellos. De banqueros y consultores individualmente sabemos muy poco pero podemos saber con certeza que seguramente no tendrán la dignidad de morir resistiendo en un bunker.
[El autor es docente de la carrera de Sociología-UBA e Investigador del Centro de Estudios sobre Genocidio (Untref).]
7 de noviembre de 2011
©página 12

dónde juzgar a los terroristas


Las cortes civiles deberían ser el lugar donde juzgar a los terroristas. El Congreso quiere prohibir que los tribunales civiles tengan algo que ver con esos procesos. Y el gobierno de Obama quiere decidir caso por caso. Ninguno de los dos tiene toda la razón. Editorial LAT.
Se está gestando un conflicto -es de esperar- entre el gobierno de Obama y el Congreso sobre la competencia del Ministerio de Justicia para juzgar a personas acusadas de actividades terroristas en el sistema de justicia penal. Algunos en el Congreso están tratando de prohibir que se juzgue a terroristas en tribunales civiles; el gobierno quiere tener el derecho a elegir entre la justicia militar y la civil según sea el caso.
En nuestra opinión, el Congreso está equivocado y el gobierno no tiene toda la razón. Creemos que todos los sospechosos de actividades terroristas retenidos en Guantánamo y aquellos detenidos en Estados Unidos deberían ser juzgados en tribunales civiles. Pero incluso el enfoque selectivo del gobierno sería difícil de defender bajo las disposiciones de la Ley de Atribuciones de Defensa de 2012 aprobada por la Comisión de las Fuerzas Armadas del Senado y la Cámara de Representantes.
La versión de la Cámara conservaría la exigencia en la ley actual de que no se usarán fondos del Ministerio de Defensa para trasladar a los detenidos desde Guantánamo a Estados Unidos, impidiendo de hecho los juicios civiles. La ley aprobada por la comisión del Senado dice que las fuerzas armadas están autorizadas para detener a personas capturadas según las leyes aprobadas por el Congreso después del 11 de septiembre de 2001 relativas al uso de la fuerza. No está claro si los acusados que fueron capturados en territorio estadounidense serán entregados a los militares para ser juzgados. Pero esa es claramente la preferencia de muchos en el Congreso.
La idea de que la justicia penal civil no puede encargarse de los casos de terrorismo es un rumor falso. Los defensores de la justicia civil recuerdan las declaraciones de culpabilidad de Umar Farouk Abdulmutallab, el "terrorista de los calzoncillos", y el conspirador del 11 de septiembre, Zacarías Moussaoui, dos de los numerosos sospechosos juzgados exitosamente en un tribunal civil.
Desgraciadamente, el presidente Obama no se ha mostrado tan decidido como el fiscal general Eric H. Holder Jr. a la hora de defender el compromiso del gobierno con los juicios civiles. Cediendo ante la oposición en el Congreso, el presidente abandonó los planes de juzgar al conspirador del 11 de septiembre, Khalid Shaikh Mohammed y sus cuatro cómplices en un tribunal civil, optando en su lugar por una comisión militar.
Pero los argumentos a favor de juicios civiles son fuertes. Garantizan más que las comisiones militares el debido proceso. En la medida en que la guerra contra el terrorismo es una guerra de opiniones y emociones, muestran al mundo que Estados Unidos está dispuesto a otorgar incluso a sus enemigos toda la gama de derechos garantizados por la Constitución. Lo más importante, finalmente, es que a través de uno y otro juicio, la justicia civil penal ha resistido demostrablemente los retos planteados por los casos de terrorismo, cualquiera sea su fuente, mientras que las comisiones militares no han conseguido nada parecido. Mientras el Congreso continúa elaborando el proyecto de Ley de Atribuciones de Defensa, el presidente debería defender lo que alguna vez fue su prioridad.
[La foto viene de The Boston Globe y muestra el juicio de Umar Farouk Abdulmutallab].
6 de noviembre de 2011
23 de octubre de 2011
©los angeles times
cc traducción c. lísperguer

castigando la pobreza


Ser pobre y necesitar ayuda pública no es un delito. Sin embargo, algunos estados y ciudades, incluyendo a Nueva York, están tomando medidas punitivas injustificadas contra los ciudadanos que solicitan ayuda del gobierno. Editorial NYT.
El gobernador Rick Scott, de Florida, promulgó en mayo una nueva ley que exige que los solicitantes del programa de Asistencia Temporal a Familias en Necesidad entreguen una muestra de orina y den negativo en un test de drogas. La semana pasada, un juez federal de Orlando prohibió provisionalmente la implementación de esa política intrusiva argumentando que viola la prohibición de la Cuarta Enmienda contra registros irrazonables.
La juez Mary Scriven, nombrada por George W. Bush, falló correctamente que el estado no había demostrado tener una "necesidad especial" para hacer una excepción a la Cuarta Enmienda a fin de permitir que se someta a un test de drogas a los solicitantes de ayuda sin ninguna base para sustentar la sospecha. Observó que la legislatura de Florida, al aprobar la ley, ignoró su propio estudio que constató una tasa más baja de uso de drogas entre los solicitantes de ayuda que entre la población de Florida como un todo. También indicó que el estado no había logrado demostrar, dado los costes de administración del programa, que el test de drogas ahorrara dinero, y expresó su preocupación de que el test fuera una invasión importante de la privacidad, porque los resultados serían puestos a disposición de otras reparticiones del gobierno, incluyendo la policía.
El Ayuntamiento de de Nueva York también estigmatiza a los que solicitan cupones de alimentación. El gobierno de Bloomberg sigue insistiendo en la huella digital electrónica de todos los solicitantes de cupones de alimentación, pese a que el resto del estado de Nueva York dejó de hacerlo para la mayoría de los solicitantes en 2007. Aunque el valor de la huella digital en prevenir el fraude y ahorrar dinero es dudoso, no cabe ninguna duda de que disuade a los neoyorquinos en necesidad y respetuosos de la ley a la hora de solicitar la ayuda y priva al ayuntamiento de millones de dólares en ayuda alimentaria federal.
Hace poco California y Tejas suspendieron la exigencia de la huella digital, dejando a Nueva York y Arizona como las únicas jurisdicciones del país que continúan la práctica para todos los solicitantes. Christine Quinn, presidente del Concejo Municipal de Nueva York, que quiere poner fin a esa política, tiene razón en definirla como "innecesaria, costosa y punitiva".
5 de noviembre de 2011
1 de noviembre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

la inversión privada no sirve


La inversión privada no contribuye al desarrollo. Lo que es más, produce todo lo contrario de lo que afirman sus defensores.
[James Livington] Como un historiador de la economía que ha estudiado el capitalismo estadounidense durante los últimos treinta y cinco años, voy a contarles el secreto mejor guardado del último siglo: la inversión privada -es decir, el uso de los beneficios empresariales para aumentar la productividad y el rendimiento- en realidad no produce crecimiento económico. Los que sí lo hacen son el gasto público y el gasto del consumidor. La inversión privada ni siquiera es necesaria para fomentar el desarrollo.
Esto es, dicho suavemente, una afirmación polémica. Los economistas te dirán que la inversión privada impulsa el crecimiento porque financia alguna nueva planta o tecnologías que crean empleo, mejoran la productividad laboral y aumenta los ingresos de los trabajadores. Como resultado, oirás a los políticos insistiendo en que si se entregan más incentivos a los inversionistas privados -menos impuestos sobre los beneficios de las empresas- tendremos un crecimiento más rápido y mejor balanceado.
El público general parece estar de acuerdo. De acuerdo a una encuesta de New York Times/CBS News en mayo pasado, la mayoría de los estadounidenses creen que si se aumentan los impuestos a las empresas, "las compañías estadounidenses no se verán estimuladas para crear más empleos".
Pero la historia nos enseña que eso es un error.
Entre 1900 y 2000, el producto interior bruto real per cápita (la producción de bienes y servicios por persona) creció en más de seiscientos por ciento. Entretanto, la inversión privada neta bajó en setenta por ciento como componente del producto interno bruto. Lo que es más, en 1900 casi todas las inversiones fueron del sector privado -de compañías, no del gobierno- mientras que en 2000 la mayor parte de la inversión provino sea del gasto público (de los ingresos fiscales) o "inversión residencial", que implica el gasto del consumidor en vivienda, antes que gastos de las empresas en plantas, equipos y trabajo.
En otras palabras, en el curso de los últimos cien años, la inversión neta de las empresas se atrofió, mientras que el producto interno bruto per cápita aumentó de manera espectacular. ¿Y cuál fue la fuente del crecimiento? El aumento del gasto del consumidor, aparejado con y amplificado por el gasto público.
Los arquitectos de la revolución de Reagan trataron de revertir estas tendencias como una cura para el estancamiento de los años setenta, pero no lo lograron. De hecho, la inversión privada o empresarial siguió bajando en los ochenta y en los años siguientes. Peter G. Peterson, ex ministro de comercio, se quejó de que el crecimiento real después de 1982 -después de que el presidente Reagan redujera la tasa de impuestos a las empresas- coincidió con "de lejos, la inversión neta más débil de los años de posguerra".
Entre 2001 y 2007, la reducción de impuestos del presidente George W. Bush tuvo efectos similares: crecimiento real en ausencia de nuevas inversiones. De acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, los beneficios corporativos retenidos que no se invierten, se acercan al ocho por ciento del producto interno bruto, un asombroso porcentaje en vistas de la crisis de desempleo que estamos viviendo.
Así que los beneficios de las empresas no impulsan el crecimiento económico -son simplemente inquietas cifras de capital excedente listo para inundar los mercados especulativos en casa y en el extranjero. En los años veinte, inflaron la crisis del mercado de valores, y luego causaron la Gran Depresión. Desde la revolución de Reagan, estos beneficios superfluos han alimentado las fusiones corporativas y las absorciones, impulsado el frenesí del punto com, financiado el "sistema bancario paralelo" de los fondos de alto riesgo y titularizado los instrumentos de inversión, fomentado las crisis monetarias en los dos hemisferios y exacerbado el problema de la vivienda.
¿Por qué, entonces, tantos estadounidenses apoyan la reducción de impuestos sobre los beneficios de las empresas, mientras insisten al mismo tiempo que el ahorro es la cura de todo lo que nos aqueja al resto, individualmente y como país? ¿Por qué se preocupa el 99 por ciento de la gente por la elite del uno por ciento cuando se trata de nuestro futuro económico?
Una parte importante del problema es que dudamos del valor moral de la cultura consumista. Como la hormiga abstemia que insulta al irresponsable saltamontes cuando se acerca el invierno, creemos que lo que hay que hacer es ahorrar. Incluso cuando hacemos las compras despreocupadamente, sentimos que si pudiéramos controlar nuestros turbulentos deseos, podríamos asegurarnos un futuro mejor. Pero estamos equivocados.
El gasto del consumidor es no sólo la clave de la recuperación económica en el corto plazo; también es necesario para un crecimiento balanceado en el largo. Si nuestro objetivo es reparar nuestra economía dañada, lo que deberíamos hacer es confiar en la cultura del consumidor -y eso implica una redistribución del ingreso desde los beneficios a los salarios, facilitados por una política fiscal y reforzados por el gasto público. (El aumento del déficit fiscal que podría resultar no debería disuadirnos, ya que una gran parte de las importaciones manufacturadas provienen de corporaciones multinacionales de propiedad estadounidense que operan en el extranjero.)
No necesitamos que comerciantes, directores ejecutivos y analistas -ese uno por ciento- recojan y administren nuestros ahorros. Lo que debemos hacer los consumidores es ahorrar menos y gastar más en nombre de un mejor futuro. No tenemos porqué silenciar a la hormiga, pero haríamos bien en escuchar al saltamontes.
[El autor es profesor de historia en Rutgers y autor de ‘Against Thrift: Why Consumer Culture Is Good for the Economy, the Environment and Your Soul.]
3 de noviembre de 2011
26 de octubre de 2011
©new york times
cc traducción c. lísperguer

kenia invade somalia


La invasión keniata de Somalia es quizás un riesgo inevitable. Pero va aparejado de ataques franceses y estadounidenses contra territorio que se considera está en manos de organizaciones terroristas.
Nairobi, Kenia. Desde que Kenia se hiciera independiente en 1963, su política exterior ha sido decididamente no-intervencionista. Sus fuerzas armadas no han tenido mucho que hacer en casa y todavía menos en el extranjero. Eso cambió esta semana cuando varios miles de soldados keniatas invadieron la vecina Somalia.
Los estadounidenses dicen que la ofensiva les tomó por sorpresa. Eso es difícil de creer, especialmente debido a que varios de los misiles lanzados contra los combatientes yihadistas ocultos en los manglares del lado somalí de la frontera fueron disparados aparentemente desde aviones no tripulados o submarinos estadounidenses. También se informó que Francia bombardeó campamentos cerca del puerto somalí de Kismayo, una de las bases de la milicia Shabab que está asociada con al Qaeda. Los franceses estaban indignados por el reciente secuestro en Kenia de una francesa minusválida y su posterior muerte en Somalia, presumiblemente a manos de la organización Shabab, así como por la captura de uno de sus espías en Somalia hace dos años.
Kenia es franca sobre sus objetivos militares. Dice que quiere avanzar desde sus posiciones en las ciudades somalíes de Afmadow y Ras Kamboni para atacar Kismayo desde el oeste y el sur. Espera intimidad e "infligir daños" a Shabab.
¿Y luego qué? La respuesta es confusa. ¿Debería Kenia apoderarse de Kismayo o debería atacarla y luego marcharse rápidamente con la esperanza de que otros grupos somalíes eliminen a los militantes Shabab? Nadie sabe lo disciplinados que son los keniatas, ni cómo reaccionarán los somalíes ante su presencia. El ejército keniata ha sido acusado de violaciones a los derechos humanos en su país. Algunos piensan que es blando y corrupto.
Incluso si se demuestra que los escépticos están equivocados, tendrá entre manos una sangrienta guerra. Las lluvias recientes han dejado intransitables muchas rutas en el sur de Somalia. Pese a la amenaza de ataques aéreos, los insurgentes Shabab cortarían las líneas keniatas. Si los keniatas humillan a Shabab dentro de Somalia, los yihadistas podrían realizar -en venganza- una serie de atentados con bomba en Kenia y otros países.
Esa campaña puede haber empezado. El 24 de octubre se lanzaron dos ataques con granadas en la capital keniata, Nairobi, matando a una persona e hiriendo a decenas más. Los keniatas están asustados. Los somalíes étnicos -unos dos millones de ciudadanos, han empezado a sufrir controles y hostigamiento. De momento, el secuestro y asesinato de turistas extranjeros ha terminado con el turismo keniata. Un flujo de refugiados de Somalia, especialmente del campamento Dadaab, ha empezado a representar un riesgo para Kenia. Durante algunos meses, soldados y ciudadanos keniata han sido atacados y secuestrados a lo largo de la frontera. Se necesitaba claramente una zona neutral. La decisión del gobierno de iniciar acciones contra Shabab al otro lado de la frontera puede haber sido irresistible.
Oxfam y otras organizaciones internacionales dicen que 750 mil somalíes corren un riesgo inmediato de morir de hambre. Esas cifras pueden ser disputadas. Pero un incremento del conflicto hará que más gente sufra hambre en el sur de Somalia. Muchos somalíes, no solamente los islamitas, sospechan que las autoridades keniatas quieren un estado semi-autónomo en el sur: una "iniciativa de Jubaland".
El temor somalí de que Somalia se resquebraje en más fragmentos ya ha provocado que el presidente de su gobierno de transición, Sharif Ahmed, denunciara la presencia de tropas keniatas en territorio somalí, aunque los keniatas dicen que cruzaron la frontera por invitación del gobierno. Después de todo, Somaliland en el norte ya se ha separado y Puntland, en el nordeste, está tenazmente conectado con el sur de Somalia. El gobierno provisional mantiene la capital, Mogadishu, mientras que el grupo Shabab todavía controla el territorio a su alrededor.
Ciertamente la invasión afectará al comercio. Kenia exporta a un buen precio una planta llamada qat -un estimulante que mastican los somalíes- a Jubaland. Funcionarios keniatas sacan provecho de ese comercio y haciendo la vista gorda sobre la importación de ganado somalí para su sacrificio en Nairobi. De cualquier modo, el asalto keniata contra Shabab es una apuesta en la que se juega mucho.
2 de noviembre de 2011
29 de octubre de 2011
©the economist
cc traducción c. lísperguer

ahora áfrica


Estados Unidos y Francia ponen la mira en Uganda y sus recursos. ¿Por qué no?
[Juan Gelman] No terminaba de apagarse el estruendo de la última bomba que la OTAN arrojó en Libia cuando el presidente Obama anunció la decisión de intervenir militarmente en otro país africano: Uganda. "Esto es necesario –dijo– porque el Ejército de Resistencia del Señor (ERS) representa una amenaza para a la seguridad regional" (www.whitehouse.gov, 14-10-11). En cierto sentido, el argumento es novedoso: hasta el presente, la Casa Blanca invadía países "en defensa de la seguridad nacional", la de EE.UU. Esta explicación del operativo Uganda –al que ya se destinaron 40 millones de dólares– pone de manifiesto la capacidad de cambio que caracteriza al mandatario estadounidense y la amplitud de su preocupación por el mundo entero.
Washington enviará un centenar de "asesores militares" para contribuir al aniquilamiento del ERS, una miniguerrilla de vaga orientación cristiana sin base social alguna que ha cometido atentados terroristas en la zona. Opera desde hace 20 años, pero el Departamento de Estado le presta ahora una repentina atención. Ese cuerpo de élite "permanecerá en el país todo el tiempo que sea necesario", precisó Obama y la historia se conoce: la intervención de EE.UU. en Afganistán comenzó con personal militar escaso y hoy asciende a 100.000 el número de sus efectivos en el país asiático. La generosidad del jefe de la Casa Blanca asomó en otro ofrecimiento: está dispuesto a intervenir en el Congo y en la República Centroafricana "si esos estados lo solicitan".
El 16 de octubre, dos días después del anuncio de Obama, tropas de Kenya invadieron el sur de la vecina Somalia por tierra, mar y aire con el propósito declarado de impedir que presuntos miembros de la organización islamita al Shabaab siguieran violando la frontera. La Casa Blanca manifestó su sorpresa por el hecho y negó que estuviera involucrada, pero los misiles que causaron la muerte de centenares de civiles somalíes "parecen haber sido disparados desde aviones no tripulados o submarinos estadounidenses", según The Economist (www.economist.com, 29-10-11).
Francia negó asimismo su participación en el operativo y fue desmentida por un vocero militar de Kenia, el mayor Emmanuel Chirchir, quien manifestó que la marina de guerra francesa había bombardeado poblaciones somalíes (The New York Times, 23-12-11). Libia quedó atrás, pero la OTAN es incesante.
Todo parece indicar que, en realidad, avanza la aplicación de la estrategia del comando de EE.UU. para África (Africom, por sus siglas en inglés): EE.UU. persigue el control militar de las zonas estratégicas del continente negro: Libia, en el cruce del Mediterráneo que baña a Medio Oriente y África; el Cuerno de África y la región central africana, que facilitan el control del Océano Indico y del Atlántico. Se puede pensar que la razón de este designio es apoderarse de las riquezas de la región, el petróleo libio, por ejemplo, y las reservas de oro negro de Somalia, al parecer cuantiosas. No deja de ser así, pero el juego es más amplio: se trata del sueño imperial de colonizar al mundo entero.
El Pentágono entrena febrilmente a los militares de Mali, Chad, Níger, Benin, Botswana, Camerún, la República Centroafricana, Etiopía, Gabón, Zambia, Uganda, Senegal, Mozambique, Ghana, Malawi y Mauritania y realiza con frecuencia maniobras conjuntas con las fuerzas armadas de esos países (www.blackagendareport.com, 18-10-11). Ejerce así una notoria influencia en los mandos militares de la región y, en consecuencia, en sus gobiernos. EE.UU. ha convertido en "socios" a Etiopía y a los cinco estados de la Comunidad del África Oriental. Cualquier nación africana que, como Eritrea, no mantiene una relación con el Pentágono, es blanco de un cambio de régimen.
La Casa Blanca justifica actualmente la invasión keniata de Somalia como parte necesaria de la llamada guerra antiterrorista en razón de la insurgencia de la organización islamita al-Shabaab, que se alzó contra el gobierno federal de transición de Mogadiscio impuesto en 2009 con el apoyo de EE.UU. y otros países de Europa para combatirla. Washington acusa a los insurgentes de mantener lazos con al-Qaida, pero "la mayoría de los analistas considera que esos lazos son débiles", según el Council on Foreign Relations, el think-tank no partidista con sede en Nueva York (www.cfr.org, 10-8-11). El CFR estima que el número de combatientes islamitas ideológicamente convencidos de su lucha oscila entre 300 y 800 individuos. No obstante, al-Shabaab controla buena parte del sur de Somalia y obstaculiza así el dominio geopolítico estadounidense del estratégico territorio marítimo de África oriental.
Hay unos 12 millones de seres con hambre en la región, castigada por la sequía más dura de las últimas seis décadas. Decenas de miles han muerto y en los próximos meses centenares de miles conocerían el mismo destino en Somalia, advirtió la ONU. La invasión militar de Kenia ahonda, y mucho, la gravedad de esta situación humanitaria.
30 de octubre de 2011
©página 12

dónde encontrarlos


Parecía como si se los hubiese tragado la tierra. Pero no era así. Eran las Fuerzas de Seguridad las que secuestraban, torturaban y asesinaban.
[Ana María Careaga] Argentina. La desaparición. Ese mal indecible que nos asoló pretendiendo dejarnos inermes, atrapados por el abismo de lo insondable para siempre. Sin tumba para siempre. Sin nombre, sin edad, sin paradero, sin historia, para siempre. ¿Qué se podía hacer frente a una perversidad atroz que hacía de la incertidumbre lo único pasible de hallar en los años de la oscuridad más cerrada que vivió nuestro país?
Nadie sabía. No había respuestas. ¿Qué hacer frente a tamaña ignominia, frente a aquello que de tan siniestro no tenía ni nombre?
Ellas hicieron. Salieron a buscar. Primero a sus hijos, vivos. Los querían con vida. "Hasta que aparezcan todos." Si la esperanza es un propósito activo, dice el poeta "el mejor modo de esperar es ir al encuentro". Y ellas no esperaron, salieron a buscar. No esperaron ni aquellas que desaparecieron buscando a sus hijos, "las de la Santa Cruz"; ni las otras, sus compañeras de camino que hoy todavía giran en torno de una Pirámide que las transportó en su búsqueda más allá de cualquier frontera. Que hizo de esa búsqueda un hallazgo.
Luego la conciencia de la tragedia empezó a embargar esos miles de hogares. La posibilidad de esa realidad negada, de la última, de la que uno nada quería saber, empezó a vislumbrarse como el lugar de la desaparición. Como un destino ineluctable. Pero nunca cejaron. Fue un movimiento que las tuvo y las tiene como símbolos pero que encarnó muchas luchas, otras, innumerables luchas que a veces debieron invisibilizarse, pero que sobrevivieron a la desaparición.
Y cada uno de los logros en esa misión de una posición ética a toda prueba fue derribando trabas, corriendo columnas, atravesando sinsabores y deshaciendo obstáculos. Memoria, verdad y justicia. Justicia pedían. Pero dicen "nunca creímos que iba a llegar...", y "seguimos porque falta mucho, pero mucho también hemos logrado".
Decía en un escrito en abril de 2005, dando cuenta de esa búsqueda que genera la desaparición, sobre aquellas diferentes instancias adonde se vuelve recurrentemente para encontrar a los desaparecidos: "Te buscamos, como había que buscar entonces, como se buscaba en esa época funesta de nuestra historia, como ustedes nos buscaban a nosotros. Golpeando puertas, recorriendo, denunciando. Todo era inútil. Fueron cartas, presentaciones, viajes, hábeas corpus. Un gran interrogante sin respuestas. Todo era inútil. Eso era la desaparición. Parecía como si se los hubiese tragado la tierra. Pero no era así. Eran las Fuerzas de Seguridad las que secuestraban, torturaban y asesinaban. Por eso ustedes pasaron a ser, también ustedes, detenidas-desaparecidas, como los hijos que buscaban. Las madres buscaban a sus hijos y los hijos buscaban a sus madres, en el país de lo indecible. Después buscamos la justicia. Tampoco llegó. También estaba desaparecida.
Buscamos como había que buscar, y buscamos también de otras maneras: ¿Cómo? ¿Dónde? (...) En las miradas de otras madres, en sus abrazos.
(...) Te buscamos en una plaza con tu nombre, en un árbol plantado en la avenida San Juan. Te buscamos en el río cuando, en un acto simbólico –la pucha, tan bien intencionado– esparcimos las cenizas de papá, para juntarte, simbólicamente, con él. Y vos ya no estabas. Desencuentro trágico que da cuenta, una vez más, de la desaparición. Un equívoco permanente, un no lugar. El problema no es si la cita es en una plaza, en un árbol, en el río, el problema es cuando uno de los dos no puede asistir a esa cita. El problema no es si la tumba o el epitafio.
El problema es la tumba sin epitafio o el epitafio sin tumba.
Y así estuviste vos recluida en los confines de lo siniestro, de lo innombrable durante 28 años, mientras nosotros te buscábamos a ciegas.
Y así tuvimos que aprender, duramente, muy duramente, a encontrarte.
En abrazos ajenos. En las miradas de nuestros hijos. En sus sonrisas. En las imágenes en las que los hijos que ustedes buscaban, madres de todos, las abrazan con sus miradas eternas".
Con la esperanza intacta y la voluntad irrompible. La desaparición podía ser una madre, un hijo, un hermano, un sobrino, un tío, un primo, un abuelo, un esposo, una esposa, un amigo. Alguien cuya ausencia se tornaba insoportable, alguien a quien urgía encontrar.
Y se fueron construyendo lugares donde encontrarlos. Espacios tangibles e intangibles en donde pudiera aliviarse el alma.
El 26 de octubre de 2011 tuvo lugar un hecho histórico. Fueron condenados un grupo de integrantes del GT332 que funcionó en la Escuela de Mecánica de la Armada en esa larga noche de tinieblas.
En una audiencia colmada de presencias, miles de ausencias se encontraron en la búsqueda de cada uno de los presentes. Y entonces los encontramos. Sí, de nuevo los encontramos. En los aplausos, en las fotos enarboladas como escudos que defienden del olvido y de la desmemoria, en las voces pronunciadas entre todos, en sus ojos que miran desde los nuestros.
Y se convirtió, entonces, ese recinto que a esa sociedad le queda chico, en otro lugar, en un nuevo lugar donde encontrarlos. No hace falta que la sociedad asista a las audiencias para hacerse cargo de un hecho que, a todas luces, la involucra, la atraviesa de punta a punta, la invade por todos los poros.
Allí en ese recinto, con el eco de sus nombres, con la verdad que fue eclipsando sin vuelta atrás la impunidad, la Justicia se convirtió, también ella, en un lugar donde encontrarlos.
[La autora es directora del Instituto Espacio para la Memoria. Sobreviviente del CCD El Atlético. Hija de Esther Ballestrino de Careaga, Madre de Plaza de Mayo secuestrada en la Iglesia de la Santa Cruz el 8 de diciembre de 1977.]
30 de octubre de 2011
©página 12