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¿fue un crimen racista?


[Krystell Lebrun] La madre del joven torturado y asesinado en un suburbio parisino afirma en un diario israelí que los actos cometidos contra su hijo eran de carácter antisemita.
Ruth Halimi, la madre de Ilan Halimi, el joven francés judío torturado hasta su muerte en París por la banda de los ‘Bárbaros’, afirma en una entrevista publicada hoy por el diario israelí Haaretz que su hijo fue víctima de un acto antisemita. Según el diario, acusa a la policía francesa de ignorar los móviles antisemitas del asesinato, para no enajenarse la opinión de los musulmanes de Francia. Reprocha igualmente a las fuerzas de orden de haber cometido errores, que han concluido con el asesinato de su hijo, en la manera en que llevaron las pesquisas.
Ilan Halimi, 23, fue encontrado el lunes pasado, desnudo, cerca de la estación de Sainte-Geneviève-des-Bois, al sur de París. Estaba amordazado, maniatado y con huellas de torturas y quemaduras en un 80 por ciento de su cuerpo. Murió durante su traslado al hospital.
La madre ha indicado que la policía pidió a los miembros de su familia no responder a los intentos de la banda de establecer contacto durante los cinco días críticos que precedieron al hallazgo de su hijo agónico. Los secuestradores habían enviado un e-mail en el que aparece la víctima con una venda en los ojos, y una pistola contra su cabeza con el texto: "450 mil euros; si no, llame a las pompas fúnebres".
En el marco de la investigación, la policía ha detenido a 13 personas, de las que siete deberán comparecer ante un juez. Los detenidos serán acusados de secuestro, asesinato, asociación ilícita e intento de extorsión. Tres personas, dos de las cuales mujeres, han sido sometidas a investigación y encarceladas el sábado en la tarde. Además, se emitió una orden de detención contra Youssef Fofana, 23, presentado ante el tribunal como el supuesto jefe del grupo, y contra dos mujeres.
El tribunal de París no considera, en estos momentos, que el secuestro haya tenido un móvil antisemita, pero el racismo pudo estar presente como telón de fondo. En efecto, los secuestradores raptaron a Ilan Halimi porque suponían que, por ser judío, tendría dinero y que su comunidad le ayudaría económicamente.
Jurídicamente esos elementos no son suficientes para retener la circunstancia agravante de racismo, que supone "dichos, escritos, imágenes o actos".
Los investigadores también imputan al grupo de al menos otras seis tentativas fallidas de secuestros desde fines del año pasado, siempre con la utilización de jóvenes mujeres que seducían a las víctimas y concertaban citas con ellos para tenderles una trampa. Pero Justicia afirma que no todas las víctimas eran judías.
El asunto ha causado conmoción en la comunidad judía de París y una ruidosa manifestación cruzó el sábado las calles del barrio undécimo de la capital. Estuvo marcada por estallidos de violencia que afectaron a un tendero de ultramarinos árabe y un teatro dirigido por amigos del humorista Dieudonné.
Además, la brigada de homicidios cree que hay posiblemente un vínculo entre esos casos y los intentos de extorsión de médicos a principio de 2005 en París, pero aún no se ha demostrado nada.

21 de febrero de 2006

©express

©traducción mQh

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sospechan antisemitismo en crimen en parís


[Sebastian Rotella] Algunos de los detenidos serán acusados por crímenes de odio, además de secuestro y asesinato, en el caso de la muerte de un dependiente judío cerca de París.
París, Francia. En un nuevo caso de conflicto y brutalidad en vecindarios de inmigrantes en Francia, las autoridades dijeron el lunes que el antisemitismo influyó en una pandilla que secuestró al dependiente judío de una tienda, y lo torturó durante más de tres semanas antes de asesinarlo.
Un juez de instrucción determinó el lunes tarde que algunos de los siete sospechosos serían acusados de un crimen de odio, además de los delitos de secuestro y homicidio en la muerte, la semana pasada, de Ilam Halimi, 23, de acuerdo a funcionarios franceses y boletines de prensa. El lunes noche, los acusados, cinco hombres y dos mujeres, todavía estaban siendo interrogados.
La decisión se produjo después de días de furia en la comunidad judía de Francia, que realizó una indignada protesta el domingo y acusó a los políticos de minimizar el crimen para evitar un aumento de las tensiones que persisten desde los disturbios provocados por jóvenes musulmanes a fines del año pasado.
El primer ministro Dominique de Villepin prometió a los líderes judíos, el lunes noche en un banquete comunitario programado anteriormente, que los detectives "aclararán" el "odioso crimen". Ofreció sus condolencias a la familia de Halimi, que vivía con su madre y dos hermanas y trabajaba vendiendo componentes para celulares en una tienda en un barrio de clase media.
"Quiero que todos sus familiares sepan que comparto su dolor", dijo De Villepin.
Los secuestradores, que se llamaban a sí mismos ‘los Bárbaros’, golpearon, quemaron y mutilaron a Halimi durante los 24 días de cautiverio en el sótano de un proyecto de vivienda social en Bagneux, al sudoeste de la capital, de acuerdo a la investigación.
La banda se burló de la familia de Halimi y de un rabí con epítetos antisemitas y recitaron versos del Corán durante llamadas telefónicas y correos electrónicos en los que exigían sumas de dinero salvajemente diferentes que nunca fueron recogidas, dijeron detectives. Los secuestradores también enviaron fotos de la víctima con una pistola contra su cabeza, amarrado y con la vista vendada, aparentemente imitando imágenes de rehenes y de prisioneros maltratados en Iraq.
Esas acciones y otras llevaron a los fiscales a agregar circunstancias agravantes por antisemitismo a los cargos contra algunos de los acusados.
"Cuando la familia dijo que ellos no tenían dinero, les dijeron que fuera a recoger dinero a una sinagoga", dijo Sammy Ghozlan, un líder judío que es un jefe de policía jubilado y ha hecho campañas contra la violencia antisemita aquí en los últimos años. "Esta banda masacró a este joven. Le cortaron las orejas y los dedos. Es como si el joven judío hubiese sido un trofeo para ellos, y todos lo maltrataron".
De acuerdo a la edición del lunes del diario israelí Haaretz, la madre de Halimi criticó a la policía por intervenir demasiado tarde y por ignorar los motivos antisemitas.
"Si Ilan no hubiese sido judío, no habría sido asesinado", dijo al Haaretz, Ruth Halimi.
La policía insistió en que ellos trabajaron en el caso las 24 horas del día, pero que se vieron bloqueados por las enrevesadas y cambiantes exigencias de los secuestradores. Todavía están buscando al cabecilla de la banda, Youssef Fofana, un ex convicto que puede haber huido hacia Costa de Marfil, su país natal, dijo el ministro de Justicia, Pascal Clement.
De momento, la investigación sugiere que la banda elegía a judíos debido a que sus miembros pensaban que los judíos eran ricos, dicen funcionarios. Las víctimas de la banda, en al menos tres intentos de secuestro previos, fueron judíos, aunque varias otras víctimas no lo eran, dijeron funcionarios de la inteligencia francesa.
"Hay un tipo de confusión que puede resultar en terribles crueldades", dijo el oficial de inteligencia. "Comienza con un secuestro por dinero, pero termina concentrándose en la religión porque descubrieron que no era rico. Y entonces todo termina con el asesinato de un judío en horribles circunstancias".
La banda utilizaba a jóvenes atractivas como señuelo. Halimi desapareció el 20 de enero después de contar a su familia que saldría con una mujer que había conocido en la tienda, que había hablado con él y habían terminado haciendo una cita.
El 13 de febrero fue arrojado cerca de unas vías del ferrocarril desnudo y amarrado con el 80 por ciento de su cuerpo quemado y magullado, pero todavía vivo. Murió a consecuencia de sus heridas en una ambulancia en camino al hospital.
La banda pidió primero un rescate de medio millón de dólares, pero cambiaron sus exigencias y terminaron pidiendo 6 mil dólares, dijeron oficiales. El hecho de que los secuestradores no intentaron recoger el dinero fue interpretado por los detectives como que la banda se estaba burlando de la familia, dijeron funcionarios.
Los motivos aparentemente mezclados de los secuestradores son sintomáticos de la violenta mentalidad de los delincuentes de los proyectos sociales de vivienda, donde los disturbios dejaron una ardiente rabia semi-politizada que es, en sus casos más extremos, terriblemente anti occidental y hostil a los judíos, norteamericanos y el gobierno francés, dijeron observadores.
Pero la policía no ha constatado vínculos entre los acusados y las redes islámicas extremistas activas en Francia, dijeron las autoridades.
El lunes noche dos organizaciones de derechos civiles que trabajan fundamentalmente con comunidades musulmanas condenaron el asesinato de Halimi.
El Movimiento contra el Racismo y por la Amistad entre los Pueblos y el grupo SOS Racismo, dijeron que pensaban mostrar su solidaridad con la comunidad judía uniendo fuerzas con la fiscalía como demandantes en el caso.
Durante la última década, la comunidad judía de Francia ha sido golpeada por periódicos brotes de incendios y vandalismo contra sinagogas y escuelas, pero serios incidentes de violencia física no han sido muy frecuentes.
Los perpetradores son generalmente jóvenes musulmanes, dice la policía. Algunos de los alborotadores que participaron en los disturbios nacionales en octubre y noviembre hicieron pintadas antijudías junto a lemas insultando a la policía y gobierno francés.
Si el asesinato de Halimi resultara haber sido motivado por el antisemitismo, sería uno de los peores crímenes de odio de la historia reciente.
"Esta noche hay muchas emociones en la comunidad", dijo Joseph Zehrin, vice-presidente del Consejo Representativo de Instituciones Judías de Francia. "Esperamos que la justicia haga lo que sea necesario, y que estos bárbaros, como se llaman a sí mismos, sean castigados".

21 de febrero de 2006

©los angeles times
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traducción mQh

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guardias matan a joven en reformatorio


[C.M. Miller, M.E. Klas y G. Finout] Guardias en campamento penitenciario matan a golpes a niño de 14, bajo la mirada supervisora de una enfermera.
Cinco hombres vestidos de militares sujetaron a Martin Lee Anderson y uno lo golpeó violentamente en las piernas. Cuando el adolescente se cayó al suelo, un guardia le torció una muñeca y otro lo agarró por el cuello.
Así pasaron los momentos finales de la vida del muchacho: golpeado a puñetazos en los brazos por lo menos 14 veces; aguantando rodillazos y patadas; con esposas en las muñecas; apaleado y apretado contra un poste al menos por 90 segundos y, al parecer, asfixiado.
Durante más de 20 minutos, una enfermera, con las manos en las caderas, contempló toda la paliza, pero se mantuvo al margen del maltrato.
En todo ese tiempo, no parece que el chico de 140 libras haya tratado de resistir la golpiza que le propinaron los guardias. Sus únicos movimientos fueron agitar las piernas mientras los guardias estaban encima de él.
Los instantes finales de Martin en el campamento disciplinario Bay Boot Camp, que aparecen en un video medio borroso de 30 minutos de duración, se pudieron ver ayer en todo el país, luego de que los investigadores estatales dieron a conocer la grabación como parte de un acuerdo tras una demanda legal sobre documentos públicos que presentaron de manera conjunta The Miami Herald y la estación de televisión CNN.
Durante más de un mes, la madre del joven pidió a las autoridades que le mostraran qué le había ocurrido a su hijo. Sin embargo, cuando Gina Jones comenzó ayer a ver el video por primera vez, no pudo soportar seguir viéndolo.
"No pude ver la grabación completa", dijo. "Martin no se merecía en absoluto lo que le hicieron. Yo sabía que mi niño había sufrido, y sólo por ver la grabación yo también estoy sufriendo mucho. No le dieron la menor oportunidad de defenderse".
Por su parte, Robert Anderson, el padre del adolescente, dijo: "¿Por qué tenían que asfixiarlo, golpearlo, darle rodillazos en la espalda? Él estaba tratando de hacer lo que le dijeron que hiciera".
Al igual que sucedió gran parte del mes pasado, funcionarios del Departamento de Policía de la Florida (FDLE), que realizan una exhaustiva investigación estatal del incidente que le causó la muerte al muchacho, no quisieron discutir el caso en detalles. "La pesquisa criminal que realiza el estado continúa", dijo Tim Ring, director regional de la FDLE en Pensacola.
Por su parte, Frank McKeithen, jefe del Departamento de Policía del condado de Bay, bajo cuya jurisdicción está el establecimiento penitenciario, se negó a responder preguntas sobre el video o sobre una polémica autopsia que se dio a conocer el jueves. McKeithen leyó una declaración en la que dijo que el resultado de la autopsia --en la que se señala que Martin había muerto de "causas naturales"- "no cambia para nada la gravedad, la complejidad ni las complicaciones de este desafortunado incidente".
"Como ya dije anteriormente, este video provocará muchas preguntas, preocupaciones y acusaciones", dijo McKeithen. "En ningún momento hemos indicado que creemos que este incidente se manejó de la forma adecuada. Debido a ello, ya han ocurrido varios cambios en los departamentos involucrados".
McKeithen, criticado fuertemente por legisladores negros que dijeron que parece preocuparle más proteger a los guardias de Bay Boot Camp que la tragedia que vive la familia de Anderson, no quiso responder preguntas sobre los cambios que hizo.
Su oficina dio a conocer un memorando, con fecha 6 de enero, en el que se le ordena a los guardias del campamento que "detengan de inmediato el uso de" cápsulas de amoníaco "para cualquier propósito que no sean situaciones de emergencia, como intentar revivir a una persona que evidentemente se desmayó". Al parecer, las cápsulas de amoníaco se utilizaron en el incidente con Martin.
A los guardias del campamento se les permitía utilizar "productos químicos" y "fuerza letal" para controlar a los jóvenes que viven allí. Pero nada más. El Departamento de Policía del condado de Bay también dio a conocer un memorando, escrito una semana después de la muerte de Martin, donde prohíbe el empleo de "rodillazos o puñetazos", refiriéndose a los golpes en los brazos que se ven varias veces en el video, "a menos que sea para defensa propia".
El pasado jueves, Charles F. Siebert Jr., médico forense del condado de Bay, entregó un informe de la autopsia que se le hizo al adolescente donde decía que Martin había fallecido de "causas naturales", el resultado de graves hemorragias internas y serios problemas respiratorios causados por una enfermedad llamada siclemia, un desorden sanguíneo que afecta a uno de cada 12 afroamericanos.
El informe enfureció a los líderes afronorteamericanos en toda la Florida y en el resto del país, quienes afirmaron que sospechan que los funcionarios del condado tratan de encubrir un incidente de carácter racista y acusaron a los funcionarios del Bay Boot Camp de asesinato.
En una carta enviada a la Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Justicia -que el jueves anunció que comenzaría una pesquisa sobre la muerte de Anderson-, la Conferencia de Líderes Cristianos del Sur de la Florida solicitó a las autoridades federales que investigaran si los adolescentes estaban a salvo en este tipo de campamento juvenil.
"Es urgente que el gobierno federal asegure a los ciudadanos de la Florida que nuestras instituciones disciplinarias no son lugares donde hay grandes riesgos y la vida peligra", escribió Sevell C. Brown, presidente del grupo en la Florida.
Los legisladores afroamericanos de la Florida le enviaron una carta al gobernador Jeb Bush donde le pedían que se arrestara a los guardias vinculados al incidente con Martin, el nombramiento de un fiscal especial y un nuevo médico forense para que realizara otra autopsia.
La carta, firmada por el senador Tony Hill, de Jacksonville, Gary Siplin de Orlando, y Frederica Wilson de Miami, todos demócratas, también cuestiona por qué se permitió que el cadáver de Martin se trasladara desde Pensacola --donde murió en un hospital-- de regreso al reformatorio Panama City donde se le efectuó la autopsia. Bush, por su parte, dijo que todas estas peticiones eran prematuras. "No me parece que ahora debamos cerrar todos los campamentos debido a este trágico incidente", expresó el gobernador.
Martin, que fue jugador de baloncesto y estudiante del cuadro de honor, fue sentenciado al campamento penitenciario por violar su libertad condicional en un juicio por robo: Salió con otros parientes a dar una vuelta en el coche de su abuela durante un servicio religioso y lo dejó convertido en chatarra.

Momento a Momento
El video, filmado por una cámara de seguridad del campamento, empieza cuando Martin es empujado contra un poste o árbol por cinco instructores uniformados que lo rodean. Uno de los guardias parece estar apretando con su cuerpo al chico inmóvil.
Repentinamente, uno de los guardias golpea con su rodilla en la parte de atrás de las piernas de Martin, y el adolescente se desploma en el suelo. Uno de los guardias le hace una llave de muñeca; otro le aprieta la garganta con la mano.
En un momento, a un oficial se le cae el sombrero de alas anchas, y otro lo recoge y se lo coloca cuidadosamente en la cabeza.
La llave contra el suelo dura unos 90 segundos. Los guardias tratan de levantar a Martin, pero este cae sobre sus rodillas.
Momentos más tarde, lo colocan contra el suelo, boca abajo. Lo sujetan tres guardias, y otros cuatros se limitan a mirar. Un oficial le pega un puñetazo.
Cuatro guardias levantan el cuerpo fláccido del suelo. Nuevamente vuelve a caer en la tierra. Yace ahí sin moverse durante varios segundos. Tiene contorsiones.
Nuevamente cuatro guardias lo ponen de pie. Nuevamente vuelve a caer. Nuevamente lo ponen de pie, pero sus piernas tiemblan. Un oficial lo agarra de la cara, otro le pega 9 o10 veces en su antebrazo.
En uno de los momentos más violentos, mientras los guardias sujetan de pie a Martin, uno de los ellos lo golpea con la rodilla por la espalda. El cuerpo del chico se sacude hacia arriba y su cabeza se cae a un lado; sus talones no tocan el suelo.
Las técnicas de ‘contención’ de los guardias -así es como las llaman- duran entre 20 y 30 minutos.
Hacia el final, una enfermera de blanco, Kristin Schmidt, finalmente se agacha sobre el adolescente y se saca su estetoscopio del cuelo. Lo atiende durante varios minutos antes de que llegue la ambulancia y retiren al muchacho en una camilla.
El diputado Gus Barreiro, un republicano de Miami Beach, cuya primera visión de la cinta la semana pasada agregó fuego a la polémica, dijo después de verlo el viernes que el video todavía lo hace gritar.
"Grito y grito: ‘¡Paren! ¡No le peguen más! ¡No se está moviendo!"

Eleanor J. Brecher, Marc Caputo y Jacob Goldstein contribuyeron a este reportaje.

18 de febrero de 2006

©miami herald

©traducción nuevo herald & mQh

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inocente tras doce años en prisión


[Corey Kilgannon] Doce en años injustamente en prisión. Corte de apelaciones costata que fiscalía obtuvo declaraciones falsas de testigos a cambio de acuerdos de clemencia.
Un hombre cuya condena por intento de homicidio fue revocada después de pasar 12 años en la cárcel presentará una demanda acusando a la fiscalía de Queens de haber retenido evidencias y haber engañando a los miembros del jurado en lo que constituye repetidos actos de conductas reprochables que condujeron a decenas de condenas injustas.
La demanda, que los abogados esperan que se presente hoy en la corte federal de Brooklyn, detalla 84 ejemplos en que condenas criminales pedidas y obtenidas por la fiscalía de Queeens fueron revocadas por tribunales superiores por vicios de la acusación. La demanda afirma que el fiscal de distrito de Queens, Richard A. Brown, y su predecesor, John J. Santucci, no han castigado a los fiscales por sus faltas.
La demanda acusa a los fiscales de presentar en algunos casos testimonios falsos de testigos que llegaron a acuerdos de clemencia a cambio de cooperar con la fiscalía, de acuerdo a una copia proporcionada por el abogado querellante. Dice que los fiscales retuvieron evidencias que pueden haber estimulado a testigos a prestar testimonios falsos, y acusa a los fiscales de hacer presentaciones engañosas o falsas ante los jurados.
"Estos casos son sólo la punta del iceberg", dijo Joel B. Rudin, un abogado de Manhattan que presenta la demanda a nombre del hombre de Queens. Rudin ganó un acuerdo de cinco millones de dólares en una demanda contra el despacho del fiscal de distrito del Bronx en 2003, por un caso de conducta reprochable de la fiscalía. Dijo que la mayoría de las condenas y acuerdos de clemencia que implican conducta reprochable de parte de la acusación no eran nunca descubiertos.
El demandante, Shih-Wei Su, fue liberado de la prisión en 2003 después de que una corte federal de apelaciones determinara que un fiscal de Queens obtuviera testimonios falsos contra él y engañara al jurado durante su juicio de 1992. Su tenía 18 años cuando fue condenado en conexión con un tiroteo en 1991 en un salón de billar en Bayside. Fue sentenciado a 16 y 50 años de prisión.
Su estudió leyes mientras cumplía su condena en la Penitenciaría de Coxsackie al norte de Nueva York, pero perdió la apelación de su condena y dos recursos adicionales antes de que una abogada de Asesoría Jurídica, Katheryne M. Martone, fuera asignada al caso. Ella obtuvo acceso a una transcripción previamente sellada que documentaba el acuerdo que hicieron los fiscales con un testigo.
La Corte de Apelaciones del Segundo Circuito revocó la condena, diciendo que la conducta de la fiscalía en el juicio de Su violaba los principios fundamentales de la integridad judicial. "Una condena que es obtenida por medio de testimonios que el fiscal sabe que son falsos, es repugnante para la Constitución", declaró la corte de apelaciones.
Kevin Ryan, portavoz de Brown, dijo la noche pasada que su despacho no había leído la demanda y no podía hacer comentarios sobre ella. Interrogado sobre el juicio de Su, señaló que varias cortes de apelaciones del estado habían mantenido la condena en Queens y agregó: "Creo que la demanda será defendida enérgicamente por el abogado del ayuntamiento".
Según los fiscales, en el tiroteo del salón de billar los miembros de una pandilla callejera llamada los Tigres Blancos dispararon contra los Dragones Verdes, una pandilla rival, por órdenes de Su. Los fiscales, basándose en el testimonio de un testigo clave, dijo que Su había ordenado a otros miembros de su pandilla disparar contra los rivales, pero que salió del recinto antes de que empezara el tiroteo. El testigo estaba acusado de robo en un caso separado y accedió a un acuerdo de clemencia, en el que se le ofreció la libertad condicional a cambio de que testificara contra Su.
Pero los fiscales no contaron nunca al jurado sobre el acuerdo, constató la corte de apelaciones. La corte determinó que la fiscal jefe, Linda Rosero, dijo al jurado que "técnicamente no hubo ningún acuerdo" en cuanto a las condiciones del testimonio del testigo. Rosero preguntó al testigo en el juicio si le habían prometido algo en el caso contra él, y él respondió: "Nada en absoluto".
Rosero ya no trabaja en el despacho del fiscal de distrito. Localizada por teléfono la noche de ayer se negó a hacer comentarios.
Su dijo en una entrevista por teléfono la noche pasada que la demanda era la culminación de pasar casi la mitad de su vida tratando de probar su inocencia y de exponer la corrupción del sistema jurídico. "Me robaron 12 de los mejores años de mi vida debido al sistema", dijo Su, que trabaja como consultor financiero en Manhattan.
"Viví como un animal, sin derechos", dijo. "Estuve emocionalmente muerto en una pesadilla sin fin, y lo único que me mantuvo vivo fue que quería que el mundo se enterara de que están metiendo a gente inocente en la cárcel".

16 de febrero de 2006

©new york times
©traducción mQh

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sheriff debe pagar dieciocho millones


[Héctor Becerra y Jack Leonard] Una comisión federal resuelve que un detective retuvo evidencias que probaban que un profesor de Bellflower no había secuestrado y agredido a una chica adolescente.
Una jurado de un tribunal federal condenó el miércoles a la Oficina del Sheriff del condado de Los Angeles a pagar una indemnización de 18 millones de dólares a un profesor de secundaria que dijo que un detective le había acusado falsamente de agredir a un chica adolescente y ocultó evidencias que demostraban su inocencia.
Raúl Ramírez, 29, de Bellflower, fue acusado por los fiscales de agresión y secuestro de una chica de 16, pero declarado inocente. Más tarde un juez determinó que Ramírez era "fácticamente inocente", un raro hallazgo en los anales de la justicia criminal.
Ramírez demandó entonces a la Oficina del Sheriff, alegando que un detective había retenido evidencias claves, incluyendo las transacciones de una máquina contadora automatizada y transmisiones de teléfono celular que demostraban que en el momento de la agresión se encontraba a kilómetros de distancia, y un retrato hablado del sospechoso que no se parecía en nada a Ramírez.
Funcionarios del condado dijeron que el jurado podía ordenar al detective de la oficina del sheriff a pagar a Ramírez más dinero hoy cuando el juicio entre en su etapa punitiva -aunque el juez puede reducir la indemnización. La indemnización del miércoles cubre los daños compensatorios.
El veredicto eclipsa el récord previo en casos civiles contra la oficina. En 1995 un jurado ordenó al condado pagar 15.9 millones de dólares a 36 personas que habían sido arrestadas en una boda en Cerritos seis años antes. El jurado otorgó entre 35 mil y 3.8 millones de dólares a los juerguistas. Para cuando el condado pago la condena, la sentencia había aumentado a 25 millones, incluyendo intereses, gastos de abogado y otros costes.
La última indemnización es más de cuatro veces los 3.9 millones de dólares pagados por la ciudad de Los Angeles a Rodney G. King. La golpiza que propinó la policía de Los Angeles a King en 1991, que fue grabada en video, provocó indignación nacional y contribuyó a desatar los disturbios de 1992.
El condado no tiene seguro, pero paga sus propios acuerdos y fallos. Eso significa que la indemnización, si se mantiene, debe ser pagada por la Oficina del Sheriff en momentos en que el sheriff Lee Baca se está quejando de que carece de fondos para mantener a los reclusos el tiempo necesario en la cárcel para que cumplan sus sentencias o para contar con suficientes ayudantes y celdas para aumentar la seguridad de la cárcel.
El abogado interino del condado, Roger Granbo, dijo que los funcionarios del sheriff creían que deberían haber sido liberados de responsabilidad porque los fiscales habían revisado el caso contra Ramírez y decidido que había suficientes pruebas para presentar cargos criminales contra él.
"Estamos muy decepcionados con el veredicto", dijo. "El fiscal de distrito conocía los problemas y aspectos positivos del caso y tomó su decisión de acusarlo independientemente".
El juicio civil federal se centró en las acusaciones de que un detective del sheriff construyó un caso falso contra Ramírez y que el despacho del sheriff no hizo nada para impedirlo.
El detective, Frank Bravo, "detuvo a Ramírez y básicamente destruyó su vida basándose en identificaciones poco fiables de una chica adolescente que se equivocó", dijo el abogado del demandante, Michael Artan. "Luego ocultó evidencias que podrían haber exonerado a Ramírez"
Pero los funcionarios del sheriff ponen en duda esa versión, diciendo que ellos y los fiscales confiaron en las palabras de la víctima, que identificó consistentemente a Ramírez como su agresor.
"Era una chica de 16 que dijo que fue secuestrada y amordazada por Ramírez", dijo el sheriff Bill McSweeney, que supervisa el litigio en el que está involucrado el despacho. "Dos fiscales de distrito y una víctima de secuestro de 16 años creen en nuestra versión, y también nosotros".
Bravo, que lleva 20 años asignado a la Comisaría Century en Lynwood, no pudo ser alcanzado para pedirle un comentario.
Ramírez no quiere hacer comentarios sino hasta que se haya completado la fase punitiva, dijo Artan.
El supuesto secuestro ocurrió el 16 de mayo de 2002, mientras la chica esperaba el bus escolar cerca de la Escuela Secundadia Charles R. Drew, en Compton.
Las autoridades dijeron que un sospechoso la secuestró a punta de pistola hacia las 5:45 de la mañana, la condujo a otro sitio y le pidió que realizara un acto sexual. La chica logró escapar a pesar de que el sospechoso la roció con gas paralizante.
Meses más tarde, la chica y su madre vieron un coche que pensaron que era el coche del sospechoso, de acuerdo a la demanda de Ramírez. Lo vieron varias veces y finalmente dieron el número de la matrícula a Bravo. La información condujo a Ramírez, profesor de la Escuela Secundaria Drew.
Ramírez fue detenido y se le impuso una fianza de 5 millones de dólares. Pero de acuerdo a su demanda federal, Bravo tenía información que pudo haber aclarado la situación del profesor.
Esta información incluía que la chica había dicho que el hombre que la atacó tenía una cicatriz en su mejilla derecha y una arruga en su barbilla. Ramírez no tiene nada. Bravo retuvo esa información hasta justo antes del juicio, casi un año después.
Los abogados de Ramírez sostuvieron que Bravo también mantuvo oculta la existencia de una mochila que la chica había abandonado, que fue encontrada minutos después en la esquila de 52nd Place y Central Avenue. En la mochila no se encontraron huellas dactilares de Ramírez, dice la demanda.
Artan, que fue también abogado de la defensa de Ramírez, dijo que la defensa fue finalmente capaz de aportar archivos bancarios y del teléfono celular que mostraban que Ramírez estaba lejos del lugar de los hechos. La mochila fue encontrada a 25 kilómetros de distancia del sitio donde Ramírez hizo un giro de dinero en un cajero automático casi a la misma hora, de acuerdo a la demanda.
La chica finalmente escogió la fotografía de Ramírez de un grupo de fotos como "la persona que ella pensaba que más se parecía al hechor", dice la demanda. La demanda dice que el detective le dijo que había "escogido al hombre correcto", pero funcionarios del sheriff dijeron que él en realidad le dijo que había elegido al dueño del coche.
Un prominente abogado de la defensa dijo que ella se sorprendió del monto del veredicto.
"Eso es un resultado terrible", dijo Gigi Gordon, la abogada que representa a las víctimas de la mala conducta policial.

16 de febrero de 2006

©los angeles times

©traducción mQh

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un asesinato, demasiadas pistas


[Kim Murphy] "No sé por qué ha ocurrido esto", dijo el periodista estadounidense mientras agonizaba en el suelo, en Rusia. ¿Era por lo que había escrito, o por lo que pensaba escribir?
Moscú, Rusia. Era tarde cuando salió de su oficina, pero Paul Klebnikov era el tipo de periodista que tiene siempre más historias que tiempo, y trabajaba siempre hasta tarde. Esa noche, alguien le estaba esperando.
Un pequeño coche negro se acercó a la acera cuando Klebnikov salía a la calle. Asomó el cañón de una pistola. Segundos después, el neoyorquino de 41 años yacía muerto.
Dejó pocas claves sobre sus asesinos -mientras yacía desangrándose sobre el pavimento. "¿Has tenido algún contacto o reuniones o visitas, llamadas por teléfono que puedan tener que ver con esto?", le preguntó Alexander Gordeyev, un colega periodista, mientras se agachaba a su lado. "Me dijo: ‘No, no sé porqué ha ocurrido esto’".
"Dijo que era un ruso, y que llevaba ropas negras; tenía el pelo negro. Y entonces me pidió que tomara contacto con su familia, con su esposa y hermano. Creo que no sabía que estaba muriendo".
El miércoles, dos gángsteres chechenos y sus cómplices de una mafia de asesinos a sueldo, serán enjuiciados por un tribunal de Moscú por el homicidio de Klebnikov hace casi dos años. Pero el juicio, que empezó el mes pasado, tuvo que ser aplazado cuando el juez enfermó, ha hecho surgir tantas preguntas como las que ha resuelto sobre quién quería matar al editor de la recién lanzada edición rusa de la revista Forbes.
¿Lo mataron, como cree la fiscalía, por órdenes del señor de la guerra y empresario Khozh-Akhmed Nukhayev, del que se dice que estaba enfurecido por el libro nada elogioso de Klebnikov sobre su vida, ‘Conversaciones con un bárbaro’ [Conversations With a Barbarian’]?
¿O murió por algo que estaba pensando escribir, atacado por alguien desde las tenebrosas sombras del país de los grandes negocios, el crimen organizado y la política en la Rusia post-soviética?
Es un testamento a la energía, curiosidad y tenacidad de Klebnikov que el número de personajes que hubiesen querido silenciarlo sea alto. El editor y escritor había escrito sobre los bandidos capitalistas y los ulemas corruptos; publicó la primera lista de los cien rusos más ricos de la revista Forbes, en un país donde los gordos gatos multimillonarios tienden a correr a esconderse como cucarachas en la cocina cuando se encienden las luces.
Desde su muerte en julio de 2004, algunas fuentes han apuntado a la gama de historias sobre las que Klebnikov estaba reuniendo materiales -incluyendo la corrupción en la industria automotriz, el lavado de dinero, los vínculos entre la política y el dinero, y la desaparición de millones de dólares en Chechenia.
Con 11 periodistas asesinados en Rusia desde 2000 en atentados de tipo contrato, cualquiera de esas historias podría transformar a Klebnikov en el primer periodista ejecutado por asesinos a sueldo aquí.
"Está demasiado claro que se había puesto en el camino de alguna gente, que lo odiaba", dijo Alexander Solyenitsin, el disidente soviético y novelista laureado con el Premio Nobel, poco después de la muerte de Klebnikov. "Dio su vida por la verdad -y por Rusia, a la que quería honestamente".

Klebnikov nació de padres rusos inmigrantes en Estados Unidos y creció como americano, pero viajó por todo el mundo para sus reportajes y estaba fascinado por el país de sus padres. Sacó su doctorado en la London School of Economics escribiendo sobre el Partido Comunista soviético y el desarrollo rural en la Rusia de principios del siglo 20, y viajó a Rusia durante los explosivos años del primitivo capitalismo de los años noventa para preparar la edición estadounidense de Forbes. Fijó residencia en Moscú a principio de 2004, dejando a su familia en Estados Unidos, sabiendo que tendría que trabajar duro para lanzar la nueva revista.
Klebnikov era atractivo al estilo clásico, con una greña de pelo negro e intensos ojos. Sus colegas lo describen tanto como romántico sobre Rusia como implacable en cuanto a sus defectos. Los rusos, que a menudo se muestran estirados con los extranjeros y profundamente cariñosos con los amigos íntimos, parecieron encontrar en Klebnikov a un americano que les gustaba y en el que podían confiar. Era invitado por igual a las cocinas y suites multinacionales, ninguna de las cuales son de fácil acceso para los periodistas norteamericanos.
"Tenía que saber cómo funcionaban las cosas en Rusia. Junto con quizás unos pocos periodistas, y realmente no había más de un puñado, tenía un excelente olfato para lo que estaba pasando", dijo su hermano, Michael Klebnikov, que vive en Nueva York.
"Entendía las intrigas -para usar la frase de Churchill, todas las guerras que se estaban librando debajo de la alfombra", dijo, refiriéndose al comentario de Churchill de que observar la política rusa era "como mirar a dos perros peleando debajo de la alfombra".
"Cuando empezó el proceso de privatización, fue muy rápido en reconocer el inmenso robo que era, al mismo tiempo que se daba cuenta de la lógica que había detrás", dijo.
Los fiscales no han presentado ninguna evidencia sobre por qué creen que Nukhayev, un adinerado hombre de negocios y personaje del crimen organizado cuya simpatía hacia los insurgentes musulmanes que luchan contra Rusia ha aumentado poco a poco, ordenó el asesinato de Klebnikov. Bajo la ley rusa, el gobierno no necesita hacer públicas sus evidencias sino hasta el momento en que Nukhayev sea llevado a juicio. Pero de Nukhayev no se ha sabido nada últimamente y algunos creen que puede haber muerto cuatro meses antes que Klebnikov, en un tiroteo con militantes chechenos.
¿Ordenó el asesinato de Klebnikov antes o después?
"Es una hipótesis demasiado conveniente", dijo Gordeyev, editor interino del Newsweek ruso, sobre la teoría de la fiscalía. "No tengo claro por qué se pondría el tipo tan furioso como para mandar a matarlo. Definitivamente no tiene nada que ver con el libro. Fue publicado hacía ya un año y medio antes de que fuera asesinado. Y creo que Nukhayev andaba buscando a alguien que escribiera un libro en respuesta al de Klebnikov, lo que quiere decir que tenía la intención de resolver sus diferencias de manera literaria, no con un asesinato".
Otra pregunta inmediata que surge en torno al caso del gobierno es que todos los acusados son chechenos, aunque Klebnikov dijo que su agresor era un ruso.
Klebnikov puede haberse equivocado -muchos chechenos se parecen a los rusos étnicos-, pero algunos sostienen que los chechenos son una presa fácil en la Rusia de hoy.
Hay tres hombres acusados -sólo dos de ellos del homicidio de Klebnikov, así como del asesinato, trece días antes, del ex primer ministro de Chechenia, Yan Sergunin.
Los dos acusados, Kazbek Dukuzov y Musa Vakhayev, están también acusados de varios otros delitos de extorsión y chantaje cometidos por una banda originaria de la ciudad chechena de Urus-Martan. El tercer acusado, un notario público de Moscú, Fail Sadretdinov, está acusado de complicidad con la banda. Los tres se han declarado inocentes.
Los fiscales no hay hecho ninguna conexión entre el asesinato de Klebnikov y el de Serguning, excepto para decir que fueron cometidos por los mismos asesinos.
Pero una posible conexión entre las dos víctimas plantea todavía más preguntas sobre por qué acusar a Nukhayev. Dos diarios rusos informaron que Sergunin había actuado como consultor de Klebnikov poco antes de su muerte sobre una historia de lavado de dinero en Chechenia.
"Él no mencionó nunca a Klebnikov, pero después de ser asesinado, al menos dos de mis amigos me dijeron que últimamente, poco antes del asesinato, ellos dos [su marido y Klebnikov] habían hablado sobre algo", dijo en una entrevista la viuda de Sergunin, Kamilla.
El juicio es a puertas cerradas por petición de los fiscales, que han invocado la protección de secretos de estado. Los abogados que han revisado la evidencia dicen que los investigadores tienen un caso convincente.
Los testigos asociaron el arma usada en el asesinato de Dukuzov y Vakhayev, junto con conversaciones por teléfono celular, y el amigo íntimo de uno de los hombres oyó una discusión sobre un "trabajo grande" y el pago de unos 105 mil dólares que venían de Londres, de acuerdo a fuentes familiarizadas con la evidencia.
Un vehículo que puede haber sido usado en el tiroteo tenía una huella dactilar del dedo del corazón de la mano izquierda de Vakhayev, dijeron esas fuentes.
El abogado de Dukuzov, Lyomi Umarov, ha reconocido que su cliente proporcionaba un cierto tipo de "protección" profesional para hombres de negocios en Moscú, pero dijo que nunca cometió ninguno de los crímenes de los que es acusado.
"A veces la palabra de un hombre vale mucho más que cualquier otra cosa, y la gente que rompe su palabra lo paga con su salud o su vida... Él hizo acuerdos con gente de que no los atacaría, que su salud no se vería comprometida", dijo Umarov. "Para poder hacer algo en Moscú, se necesita un cierto grado de audacia".
Pero el abogado dijo que su cliente insistió que en el caso de Klebnikov, él había sido pillado en "una fatídica confluencia de circunstancias, y como abogado no puedo contradecir su posición".
Se negó a discutir el caso en detalle debido a una orden de mordaza. "Sin mencionarlos, puedo decir simplemente que la defensa tienen un gran número de argumentos a favor de la inocencia de los acusados", dijo.
Los acusados han alegado que el caso es una fabricación para encubrir la incapacidad del gobierno, o su falta de voluntad para encontrar a los verdaderos culpables.
En una carta a la familia de Klebnikov, Sadretdinov, el tercer hombre en el juicio, dijo que "cualquier checheno en Rusia es un blanco fácil para los fiscales".
Dijo que los detectives ignoraron a otros personajes vinculados a las investigaciones de Klebnikov, incluyendo al multimillonario exiliado, Boris Berezovsky, sobre el que el periodista había escrito un libro, ‘Padrino del Kremlin’ [Godfather of the Kremlin], y a la multimillonaria esposa del alcalde de Moscú.
Citó un comunicado del FBI contenido en los documentos del caso, diciendo que "aunque Paul era normalmente discreto en sus investigaciones periodísticas, se nos dijo hace poco, sin embargo, que había hablado sobre un proyecto sobre el que habría estado trabajando, que describió como ‘importante y espantoso’, y ‘muy grande’, agregando que tenía ‘materiales comprometedores’ sobre la esposa del alcalde. Sus otros proyectos, en contraste, fueron descritos como ‘asuntos de poca monta’".
Fuentes familiarizadas con el caso dijeron que el FBI había simplemente informado al despacho del fiscal general sobre una especulación sin fundamentos de la familia de Klebnikov. En realidad, dijo una fuente, la familia "no tenía idea" de quién había ordenado el asesinato.
Pero muchos otros han ofrecido otras pistas. Entre ellos se encuentra Karen Nersisyan, una abogada de Moscú que ha pasado años investigando los asesinatos de otros dos periodistas en Togliatti, a unos 800 kilómetros al sudeste de Moscú. Dijo que Klebnikov, que había visitado la ciudad varias veces, había estado indagando sobre los asesinatos poco antes de su muerte.
Togliatti es el Detroit ruso, un centro de la industria automotriz que es la sede de la fábrica, gigantesca y plagada de escándalos, de los coches Lada y Zhiguli, y también el hogar de un red altamente peligrosa formada por la política, el dinero y el crimen organizado.
Valery Ivanov, editor del único diario independiente de Togliatti, había mencionado a los jefes de una prolongada guerra de mafias -originalmente por el control de la fábrica de coches y más tarde por el negocio de repuestos- que ha dejado a la ciudad con enormes pérdidas de dinero y un reguero de más de 500 muertos. Ivanov fue asesinado a balazos en su coche en 2002, el quinto periodista asesinado en Togliatti desde 1995.
Su sucesor y amigo, Alexei Sidorov, estaba determinado a continuar con los reportajes del diario. Dieciocho meses más tarde fue apuñalado a muerte en la calle, con un picahielos. La policía acusó a un hombre del ataque, diciendo que lo hizo borracho, y fue absuelto, en parte gracias a los esfuerzos del abogado de Moscú, Nersisyan, por demostrar que fue asesinado debido a sus investigaciones. La pesquisa policial de paralizada oficialmente.
"Hablé con Klebnikov por teléfono la semana antes de su asesinato", dijo Nersisyan. "Estaba tratando de descubrir algo sobre el caso Togliatti, y me llamó. Hablamos durante 10 o 15 minutos. Le dije que tenía todas las copias de los materiales de los periodistas. Le dije que nos estábamos acercando. Quedamos de acuerdo en que yo iría a Moscú y llevaría las copias del caso".
Nersisyan dijo que era posible que la investigación de Klebnikov del caso provocara a su asesinato.
"Estaba interesado en el fenómeno de que todos los periodistas que murieron allá, murieron después de tratar de indagar más profundamente sobre la economía de la ciudad. Y en realidad ninguno de esos casos había sido resuelto, ninguno", dijo. "Así que, por supuesto, estaba interesado en el papel jugado por las autoridades en todo esto".
"Yo me especializo en los asesinatos de periodistas", agregó. "Y puedo decirte que los periodistas, si son asesinados, no lo son después de haber escrito algo. Normalmente son asesinados porque tienen la intención de escribir algo. He llegado a este conclusión después de diez años de trabajar en casos como estos".
En Nueva York se ha fundado un comité internacional de periodistas, llamado Proyecto Klebnikov, que seguirá las pistas del trabajo de Klebnikov y su muerte para ver hasta dónde lleva.
El juicio por su asesinato es sólo el comienzo, dijo el director del proyecto Richard Behar, un antiguo periodista investigativo para Fortune, Time y Forbes.
La teoría de Nukhayev es "ciertamente posible", dijo. "Pero tiene que haber evidencias. Y no hemos visto ninguna. No sabemos si Nulhayev está vivo, no sabemos si está muerto, y si no lo encuentran, este caso se va a evaporar en el mundo de las tinieblas y nunca volveremos a oír de él otra vez".
14 de febrero de 2006

©los angeles times

©traducción mQh

rss

los munch en paradero desconocido


[Sarah Lyall] Los ladrones están tras las rejas, pero las pinturas aún no han sido recuperadas.
Oslo, Noruega. Los ladrones dieron el golpe la mañana del 22 de agosto de 2004, poco después de que el Museo Munch abriese sus puertas ese día. Unos 80 visitantes se habían agrupado en la planta baja, donde se exhibía la colección de las pinturas más valiosas del museo.
La modorra del domingo de fines de verano fue quebrada repentinamente por dos hombres con pasamontañas que entraron violentamente por la puerta principal. Llegaron tan inesperadamente, tan descaradamente, que al principio era difícil saber qué estaba pasando. Con un arma con la que obligaron a los guardias del museo a echarse al suelo -en Noruega, ni los guardias de seguridad ni los agentes de policía llevan normalmente armas-, los intrusos arrancaron dos pinturas de la pared principal de la galería. Las trataron con tan poco cuidado, golpeándolas repetidas veces contra el suelo para sacarlas de sus marcos, que los testigos dijeron luego que se habían quedado choqueados tanto por la brutalidad del asalto, como por el robo mismo.
La operación tomó menos de cinco minutos, y para cuando llegó la policía, los ladrones habían desaparecido hacía tiempo. También habían desaparecido dos tesoros de la extensa colección del museo de obras del expresionista noruego Edvard Munch. Una era ‘Madonna’, un exuberante, erótico retrato de una mujer con el pecho descubierto, de pelo largo. La otra era ‘El grito’, la clásica personificación de Munch del horror existencialista, la angustia y la desesperación.
El robo, y la facilidad con que fue ejecutado, fue visto en todo el país como un humillante golpe a Noruega, que considera las pinturas de Munch -junto, quizás, con la música de Edvard Grieg y las piezas de teatro de Henrik Ibsen- como sus más preciados patrimonios culturales. La policía se abocó al trabajo de encontrar a los ladrones, y la ciudad de Oslo ofreció 386 mil dólares por el retorno de las pinturas.
Un año y medio después, seis hombres están acusados del delito; su juicio debe comenzar hoy. Pero la laboriosa y compleja investigación ha tropezado de un modo fundamental y profundamente frustrante. La policía puede tener a los ladrones, pero no tiene las pinturas.
"No es un secreto que no sabemos dónde están", reconoció en una entrevista Morten Hojem Ervik, el juez de instrucción que coordina el caso.
Sentado en un banco de madera frente al tribunal en Oslo antes de todavía otra fatigante vista preliminar, Hojem Ervik trató valientemente de ver los aspectos positivos de la situación. Pero el hecho de que las pinturas no sean todavía recuperadas es para los noruegos una fuente de incomodidad similar al robo mismo.
"Esas pinturas son tesoros nacionales, pero también símbolos internacionales", dijo en una entrevista reciente Jorunn Christoffersen, director de comunicaciones del Museo Munch.
Observadores de este tipo de delitos recordarán que ‘El grito’ ya había sido robado una vez, en 1994. Pero esa fue una versión diferente, la poseída por el Museo Nacional de Arte al otro lado de la ciudad (hay cuatro versiones en total, cada una con una ligera variación; una está en manos particulares, y otra fue ejecutada en papel). Y que el robo fue ridículamente obra de aficionados, con una escalera apoyada contra una ventana del segundo piso y un ladrón tan nervioso que se cayó al suelo, casi sobre su cómplice. Ejecutando el robo con un máximo de exposición pública en la mañana del primer día de las Olimpíadas de Invierno en Lillehammer, los ladrones escaparon con ‘El grito’ y dejaron una pequeña nota burlona: "Gracias por la pésima seguridad".
Esa historia tuvo una conclusión más feliz. La policía recobró la pintura cuatro meses después tras una elaborada operación encubierta, y cuelga una vez más en Museo Nacional de Arte (lejos de los ventanales).
Pero el robo de 2004 fue más mañoso y más violento, y la investigación que siguió demostró ser mucho más difícil. Desde el comienzo, todo pareció conspirar contra los detectives, empezando por la deslumbrante falta de seguridad en el Museo Munch, que ni siquiera tenía una cuerda para mantener a la gente alejada de las pinturas en las paredes.
"Tan fácil como robar un kiosco", dijo un agente de policía a periodistas.
La policía tomó demasiado tiempo en llegar, la escena del delito había sido contaminada por visitantes adicionales, y muchos de los testigos, incluyendo a turistas que se aburrieron de esperar, ya se habían marchado. Aunque las cámaras de circuito cerrado frente al museo estaban operando, sólo mostraron unas borrosas figuras encapuchadas moviéndose rápidamente sobre el césped -que no ayudó en nada a la identificación.
La policía sabe algo sobre lo que pasó después. Agarrando las pinturas, rompiendo pedazos de sus marcos (y dejando caer ‘Madonna’ dos veces al salir), los ladrones se metieron en un Audi negro aparcado frente al museo, que era conducido por un cómplice. Abandonaron el coche poco después, después de rociar su interior con un extintor de incendios en un intento de borrar evidencias forenses. La policía lo encontró más tarde ese día.
El Museo Much esperó una petición de rescate. Llegaron decenas de llamadas -una de un psíquico que aseguraba que sentía la presencia de las pinturas en Estados Unidos, otra de un trío de brujas filipinas que dijeron que podían intuir el escondite de las pinturas, aunque sólo si recibían un Munch original primero-, pero ninguna creíble. Y luego, nada en absoluto.
Si los ladrones querían causar revuelo, ciertamente lo lograron. Munch pintó los dos trabajos en los años de 1890, durante un período de enorme y torturada creatividad. ‘Madonna’ (1893-94) es preciosa, pero ‘El grito’ (1893) es parte de la psique nacional. Su llamativa imagen -de fuertes y arremolinadas pinceladas; colores fuertes y vívidos; la esquelética y angustiada figura en el centro, su boca congelada en un rictus de dolor psíquico- la convierte en una de las pinturas más reconocibles del planeta.
Favorita de adolescentes atormentados, de lectores de Dostoievski y Schopenhauer, de cualquiera que se haya sentido superado por los horrores de la existencia, ‘El grito’ ha sido ampliamente apropiado por la cultura popular. Ha sido evocado por Macaulay Culkin en ‘Solo en casa’ [Home Alone], convertido en una exitosa línea de muñecas de plástico inflables y utilizado en chapas anti-Bush (y en papel higiénico) de la campaña de 2004, con la pregunta: "¿Otra vez Bush?"
 
El valor de ‘El grito’ y ‘Madonna’ juntas ha sido calculado entre 40 y 100 millones de dólares. Pero la realidad es que son pinturas tan reconocibles y sus historias tan bien conocidas que es imposible que se vendan abiertamente.
"No aparecerán nunca en el mercado de arte legal", dice Sarah Jackson, directora de investigación histórica y recuperaciones de Art Loss Register, que conserva una base de datos de las 160 mil piezas de artes y antigüedades robadas y saqueadas.
"Pinturas como esas son normalmente vendidas como rescates o como herramientas para reducir tu sentencia si eres detenido por otros delitos", dijo el inspector de policía Vernon Rapley, oficial a cargo de la brigada de arte y antigüedades de Scotland Yard.
Muchas pinturas aparecen años, incluso décadas después, después de haber pasado por docenas de manos. Algunas no vuelven a aparecer nunca.
Las autoridades dicen que al menos saben dónde estuvieron escondidos los Munch durante un mes después de su robo: en un autobús aparcado en una granja al norte de Oslo, perteneciente a Thomas Natass, un hombre del que se dice pertenece al entorno de la comunidad criminal de Oslo.
En una entrevista reciente con Reuters, Nataas, 25, que será enjuiciado por cargos de reducción de objetos robados -los otros acusados hacen frente a otros cargos-, dice que las pinturas fueron guardadas en su autobús, cubiertas con láminas de plástico, sin su permiso. (La policía lo pone en duda, diciendo que permitió que usaran su bus). Cuando los ladrones le dijeron finalmente que estaban ahí, dice Nataas, vio sólo brevemente las pinturas, lo suficiente como para darse cuenta de que ‘Madonna’ tenía un pequeño rasguño y que ‘El grito’ estaba intacto.
Hablando por la televisión noruega, Nataas dijo también que la policía lo había seguido, y había pinchado su teléfono. "No sé por qué no vino la policía a recoger las pinturas", dijo Nataas. "Ellos controlaban todo".
Para cuando la policía llegó a la granja, los ladrones habían retirado su botín y la policía se quedó nuevamente sin pistas.
Hojem Ervik, el fiscal, reconoció que algunos agentes encubiertos habían en realidad estado cerca cuando se trasladaron las pinturas. "Teníamos alguna información de que las pinturas cambiarían de mano, pero no sabíamos dónde ni quiénes estaban implicados", dijo. "Teníamos muy poca información como para intervenir. Cuando la unidad encubierta llegó al lugar, los ladrones ya se habían marchado".
Pasaron ocho meses antes de que la policía detuviera a Peter Rosenvinge, 38, que fue acusado de vender el coche de escape a los ladrones. Él, a su vez, los condujo a los otros acusados en el caso, dicen. Se trata de Bjorn Hoen, 37, que ha sido previamente condenado por robo y fraude y que es acusado de haber organizado toda la operación; Morten Hugo Johansen, 38, acusado de almacenar y entregar el coche usado para escapar; Peter Tharaldsen, 34, que está en prisión por otro robo, y ha sido acusado de conducir el coche de escape; y Stian Skjold, 30, que ha sido acusado del robo mismo. (El otro ladrón está todavía fugitivo, así como otros cómplices).
De acuerdo a la ley noruega, la policía no comenta sobre los individuos acusados ni sobre los cargos antes del juicio. Pero Hojem Ervik está dispuesto a discutir su teoría de cómo lo hicieron: "Creemos que fue realizado por una red organizada de ladrones", dijo.
Los medios de comunicación noruegos han seguido agresivamente las pistas sobre las conexiones de los ladrones con el mundo criminal europeo, particularmente con las violentas bandas albanesas kosovares que se han introducido en la región. Pero Hojem Ervik insistió en que el robo fue un asunto nacional, "planeado por noruegos y ejecutado por noruegos".
De hecho, algunos ven un vínculo con un robo que ocurrió cuatro meses antes, que sigue siendo uno de los robos más espectaculares de la historia de Noruega. Una banda de delincuentes aparcó un camión frente a una comisaría de policía en la ciudad de Stavanger, le encendieron fuego y arrojaron gas lacrimógeno contra los agentes que huían del edificio. Con la policía paralizada de este modo, más de una docena de hombres armados con armas automáticas entraron usando martillos en el cuarto de contabilidad de Nokas, un servicio de transporte de dinero cercana, en el sótano del banco central de Noruega. Dispararon repetidas veces contra los agentes, la mayoría de los cuales estaban desarmados, y tras matar a uno de ellos, escaparon con un botín de 8.5 millones de dólares.
La teoría de que las pinturas de Munch fueron robadas como un modo de desviar la atención de la policía del caso Stavanger -así como para demostrar que el mundo criminal puede hacer lo que quiere- es popular en los medios de comunicación noruegos. Rolf Wideroe, que ha cubierto los dos casos para Verdens Gang, uno de los diarios más importantes de Noruega, dijo en una entrevista que los acusados en el caso Munch estaban conectados a David Toska, que ha sido acusado en el caso Stavanger.
Hojem Ervik se negó a comentar la afirmación.
"Se ha mencionado su nombre", dijo sobre Toska, "pero no queremos hacer comentarios".
Toska y Bjorn Hoen, los acusados en el caso Munch, fueron también asociados a William Ellingsen, una figura muy conocida en el mundo criminal noruego, que fue asesinado a balazos en febrero de 2004 frente a un cabaret de Oslo, dijo Wideroe. En otra serie de la maraña de conexiones, Ellingsen fue uno de los hombres implicados en los robos de Munch de 1994, de acuerdo a las autoridades. (Fue condenado, pero dejado en libertad tras un recurso cuando un tribunal resolvió que la operación para recuperar ‘El grito’ había sido ilegal).
Con seis de los acusados están esperando el juicio, ¿por qué no puede la policía persuadirlos de revelar dónde están los Munch perdidos?
"La principal razón es que tienen miedo de la venganza", dice Charles Hill, un ex detective de la brigada de arte y antigüedades de Scotland Yard, que organizó la recuperación de ‘El grito’ en 1994 y trabaja ahora como un consultor para la recuperación de piezas de arte. "Si alguno de ellos habla, los otros delincuentes atacarán a sus familias".
Con las pinturas todavía en paradero desconocido, las autoridades han sido atacadas en todos los frentes: por la falta de seguridad, por el trabajo policial inepto y, según algunos críticos, por dedicar demasiado dinero y tiempo al caso.
Sin embargo, Hojem Ervik dice que la investigación ha tenido beneficios secundarios; ha reducido el número de robos violentos, en parte debido a que hay más criminales tras las rejas y en parte porque el resto sabe que la policía está vigilándolos. "Los estamos apretando, y creo que lo saben", dijo.
En cuanto al museo, cerró sus puertas tras el robo y volvió a abrirlas diez meses más tarde, después de una puesta a punto de la seguridad de 6 millones de dólares. Las galerías han sido remodeladas para que sea más difícil entrar a ellas. Ahora los visitantes deben pasar por detectores de metales.
Los empleados deben usar tarjetas especiales y códigos numéricos para entrar a oficinas y salas de conferencia.
Durante un tiempo el museo hizo pingües negocios vendiendo el juego de mesa ‘Scream’, en el que los jugadores pueden asumir los roles de ladrones o policías. Pero fue retirado debido a las quejas del público.
Hablando en una cafetería, a unos metros de donde entraron al museo los ladrones en 2004, la señora Christoffersen trató de no criticar a la policía, diciendo que creía que hizo lo mejor que pudo. Pero un museo sin su obra maestra es como un cuerpo al que le falta un miembro.
"Para nosotros, lo más importante es recuperar las pinturas", dijo.

12 de febrero de 2006

©new york times
©
traducción mQh

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asesinato de un vagabundo


[Wanda J. Demarzo, Ashley Fantz, Darran Simon y Nikki Waller] Una trágica noche conmocionó al país transformó para siempre la vida de seis individuos. Uno murió. Otros tres están acusados de su asesinato.
El primer golpe con un bate de béisbol arrancó a Norris Gaynor de su ligero sueño en un banco del parque de Fort Lauderdale justo después de las 2 de la mañana del 12 de enero. No muy lejos de ahí, Jacques Pierre yacía quebrado y ensangrentado frente un campus universitario en el centro de la ciudad. Raymond Pérez estaba todavía durmiendo, envuelto en un delgada sábana, oculto en un jardín al lado de la iglesia local.
La policía y fiscales creen que los tres adolescentes -Billy Ammons, Tom Daugherty y Brian Hook- también estaban en el centro esa noche. Había salido juntos de la casa de Ammons en Fort Lauderdale, en su Chevy Blazer, con la adrenalina alta esa fría noche. Un chico de 16, al que la policía no ha logrado identificar, iba con ellos.
A los tres les gustaba beber y fumar marihuana, tomar Xanax y parrandear. Sin norte, la mayoría de las veces se metían en problemas menores, aunque uno de ellos había sido acusado de robo con violencia.
Los hombres más viejos luchaban con lo imprevisible de la vida, con cómo la estabilidad podía desaparecer y dejarte en la calle.
Esas seis vidas toparon brutalmente esa noche. Un hombre murió. Tres están en cárcel, acusados de su asesinato.

Billy Ammons
Esquelético y chico, con una cara de bebé que oculta sus dieciocho años, Billy Ammons había abandonado la secundaria, dicen sus amigos. Le gustaba disparar su pistola de aire comprimido y pasar por su calle a toda velocidad en una vespa eléctrica.
"Billy no tenía trabajo... No iba a la escuela", dice su amigo Andrew King, 19. "El tío era holgazán y no se interesaba en nada".
Ammons tenía siete cuando sus padres se divorciaron agriamente en 1994. Su madre, Dianne Franklin, acusó a su padre de adulterio y alcoholismo y consumo de drogas, de negarse a trabajar y de ocultarle el dinero. El padre, Bert A. Ammons, fue detenido ese año y acusado por posesión de cocaína y de herramientas para cometer robos.
En las actas del divorcio, acusó que su mujer "grita y critica a los niños sin tomar en cuenta sus sentimientos".
Walter Ammons, abuelo de Billy, dijo que a su nieto le gusta la pesca y el aire libre y tiene talento para arreglar cosas.
Pero también tiene la tendencia a meterse en problemas. En 2004 Ammons fue acusado de robo con violencia después de que la policía dijera que había atacado y arrojado a un niño de su monopatín Go-Ped, para robárselo. El año pasado, la policía fue llamada al barrio de Ammons en Fort Lauderdale casi una docena de veces porque él y otros adolescentes aterrorizaban a un vecino mayor. Ammons y los otros son sospechosos de haber arrojado fuegos artificiales en la casa del hombre, de disparar una pistola de aire comprimido contra su ventana, de poner fuego a su cocina y de frotar sus ojos con grasa de eje.
Jim LaCourse, que vive al lado, dijo que veía a menudo a Daugherty y Hooks en el camino de entrada de los Ammons tarde por la noche, "metiendo bulla y bebiendo y fumando más que cigarrillos".

Brian Hooks
Brian Hooks trataba de verse mayor y más duro que todos los demás. Campión de hockey sobre ruedas que se comportaba como gallito de pelea, con los músculos duros y el pecho hacia fuera, provocaba peleas y trataba de intimidar a otros.
Estudiante promedio, Hooks, 18, recorría a toda velocidad en su lancha los canales de cruzan el proyecto Plantation Isles -a veces a suficiente velocidad como para ver parado por la policía.
Le gustaba patinar en el centro de Fort Lauderdale, donde según sus amigos disparaba a menudo contra los vagabundos con su pistola de aire comprimido. De acuerdo a compañeros de la Escuela Secundaria South Plantation, también provocaba peleas con esos hombres.
"Probablemente Brian pensaba que podía ganar una pelea", dijo Garret Hann, 16, alumno de segundo en la South Plantation. "Hay chicos que se dedican los fines de semana a pegarles a los vagabundos... porque sí".

Tom Daugherty
Tom Daugherty, 17, era el seguidor, el callado. En su fotografía se ve más suave, más vulnerable que ls otros, con su boca en forma de arco rojo y un revoltijo de pelo rizado.
Él fue que lloró en la sala del tribunal después de su detención, el que compartió las chips de patata con Gaynor varias semanas antes de la agresión.
Daugherty tenía cuatro años cuando se divorciaron sus padres, y pasó su infancia rebotando entre la casa de su padre, Thomas Daugherty, en Plantation Isles, y de su madre, Bridget Daughery, cerca de Sparta, Tennessee. Un orientador escolar en Tennessee dijo que estaba faltando a clases. Se estaba mudando siempre, era el niño nuevo perpetuo, buscando un modo de hacerse un hueco.
Seguía a Hooks, dicen sus compañeros de clase, pero no tenía aspecto de matón.
"Es imposible que haya hecho algo así. Andaban con drogas", dijo Helder Gurgel, un egresado de South Plantation que conocía a Hooks y Daugherty. "Toda su amistad... consistía en querer impresionar. Creo que Tom quería impresionar a Brian. Después se dio cuenta de lo que había hecho".
Un chico de 15 que pasaba el tiempo con Daugherty en el parque Quiet Waters en Deerfield Beach, dijo que su antiguo amigo se había apartado hace poco del despreocupado círculo de esquí acuático, acercándose a otro grupo que no parecía ser amistoso.
Los vecinos de South Plantationn dicen que a menudo peleaba con su padre y madrastra. Los archivos policiales muestran que el Departamento de Niños y Familias de Florida -respaldado por la policía- fue llamado dos veces a la casa por denuncias de violencia intrafamiliar.

Jacques Pierre
Jacques Pierre nació en Haití hace 58 años. Se mudó a Fort Lauderdale en 1981 y compró una casa. Su matrimonio de 1986 terminó en divorcio. Pierre ha trabajado en la Docker’s Cafeteria, en Dania Beach, y como operario de mantenimiento de condominios.
Su segundo matrimonio de 1994 empezó a agriarse cuando simplemente dejó de trabajar, dijo su segunda esposa Pearlena Pierre. "No sé cómo salió todo mal", dijo.
Pearlena se marchó de casa. En 2002 el banco ejecutó la hipoteca de la casa de Pierre y él se mudó a la calle. Pierre arrastraba su tristeza consigo; los vecinos del barrio de la casa de Pearlena Pierre en Melrose Park dicen que a menudo lo veían en la acera, mirando hacia su casa.
También mataba el tiempo en una parada de autobuses cerca de la biblioteca en Broward Boulevard, donde regañaba a los que iban en monopatín y se identificaba a sí mismo como el alcalde de Fort Lauderdale.

Raymond Pérez
Raymond Pérez, 49, nacido en República Dominicana, llegó a Florida del Sur a través de Nueva York. Aunque vivía en la calle, llevaba camisa y se recortaba su ordenado mostacho en los baños públicos. Siguió algunos cursos de ingeniería en la Universidad de Nueva York NYU y estuvo en el ejército, con períodos en Hawai, Alabama y Nueva York.
Dejó la NYU para empezar con amigos una tienda de ultramarinos en Queens. Cuando eso fracasó, condujo taxis.
Como muchos otros, Pérez se mudó a Miami Beach en 1987 para escapar del frío. Encontró trabajo como vendedor de zapatos y recepcionistas de hotel, y vivió por un tiempo en un apartamento en Collins Avenue. Trabajó en agencias de empleo para gente sin techo en Kissimmee a principios de los años noventa, y luego volvió a Florida del Sur en 1996.
No está claro cómo empezó Pérez a vivir en la calle, pero nunca perdió su orgullo. Se duchaba todos los días, antes de la salida del sol, en Fort Lauderdale Beach.
"Yo no era el tipo sin casa normal", dice.

Norris Gaynor
Norris Gaynor nació en San Diego, uno de cuatro hermanos, hijo de un oficial de la Marina. La familia se mudó varias veces, instalándose finalmente en Decatur, Georgia, donde jugó fútbol americano en la escuela secundaria. Pero su verdadera pasión era el dibujo, y el orgullo de su padre. Cuando dibujaba un tigre, dice su padre, Samuel Gaynor, "era como si el tigre estuviera vivo".
Tras la escuela secundaria, Gaynor se enroló en un programa de formación en la construcción y luego se alistó en el ejército, mudándose a Carolina del Sur y Arizona. En Arizona fue licenciado y pasó un tiempo en la cárcel, aunque su familia no lo supo.
Una vez en la calle, Gaynor volvió a Georgia y estuvo dando vueltas en el campo, trabajando como techador, decorador de interiores o artista. Llamaba a su familia de vez en vez para decirles que estaba bien. Nunca les dijo que vivía en la calle.
El 11 de enero, Gaynor, 45, hizo la cola en la playa de Fort Lauderdale para la que sería su última cena. Comió bien -un banquete gratuito de asado de cordero y vegetales al vapor, ensalada, pasteles y capuchino en un vaso de espuma de poliestireno. Destacaba con su porte atlético y trenzas despeinadas.
Poco después de las nueve de la noche, Pérez se estaba instalando cerca en un recogido jardín junto a la playa, en Church-by-the-Sea, a apenas unos pasos de la calzada elevada de la calle 17. Un hombre religioso, Pérez encontraba solaz en la iglesia y se había refugiado ahí durante más de un año. Entre azahares y clavelinas, junto al mar, pensó que había encontrado un lugar tranquilo.
Al día siguiente, a la 1:17 de la mañana, Pierre estaba descansando en un banco cerca de la entrada al edificio de la Universidad Atlántica de Florida en Las Olas Boulevard. Escenas del ahora famoso video de vigilancia contaron en diez segundos la horrible historia:
Dos adolescentes armados con bastones de béisbol, blandiéndolo una y otra vez contra una figura acurrucada en el suelo, tratando de golpearla en la cabeza.
El apaleado Pierre encontró la fuerza suficiente como para dar la vuelta al edificio hasta que encontró a un guardia de seguridad.
Mientras el guardia llamaba a la ambulancia para llevar a Pierre al Centro Médico General Broward, una cámara de seguridad en el Centro de Artes de la Representación Broward captó un coche acercándose hacia donde estaba Gaynor.

Declaración de Testigos
Jeff Phoenix, un vecino, dijo a la policía que vio a Daugherty y Hooks acurrucados en el jardín arbolado junto al Esplanade Park, a unos metros de Gaynor, a eso de las 2:15 de la mañana.
Eran casi las dos y media cuando la policía vio a Daugherty avanzar y golpear a Gaynor en la cabeza y torso.
La policía dice que Ammons usó una pistola de aire comprimido para disparar a bocajarro contra Gaynor cuando este yacía desangrándose.
Fue llevado al Centro Médico General Broward, donde murió a eso de las ocho de la mañana.
La cabeza de Gaynor se había hinchado a tres veces el tamaño normal; fue golpeado tan viciosamente que Samuel Gaynor, que fue llamado para identificar el cadáver, no reconoció a su hijo.
La policía cree que los adolescentes llegaron a Church-by-the-Sea a eso de las cuatro de la mañana. La iglesia está cera de The Moorings, una correduría de yates donde un amigo dijo que la madre de Ammons trabajaba como contable.
De acuerdo a los vecinos, Ammons llevaba a veces a su madre al trabajo.
Los adolescentes entraron al jardín, dice la policía, recorriendo el oscuro sendero de piedras hasta que toparon con Pérez, que dormía y se había envuelto en una delgada sábana. Uno llevaba un palo de golf driver.
Pérez despertó con los primeros golpes. Gritó. Los asaltantes se mantenían silenciosos, excepto cuando reían.
Finalmente sus agresores huyeron, pero Pérez describió que uno de ellos, "el tipo con pelo largo" -más tarde identificado como Daugherty-, se dio vuelta y sonrió.
Ensangrentado y débil, Pérez llegó a tropezones hasta la calzada elevada e hizo parar a un camión de Bomberos de Fort Lauderdale. Fue llevado al Centro Médico General Broward, y los agresores desaparecieron en la oscuridad de la madrugada.
Dentro de horas los escalofriantes videos de vigilancia se transmitían en los telediarios locales y nacionales. Entre las 9:30 y 11 de la mañana los vecinos vieron a Hooks y a Daugherty salir con maletas de sus casas, a hurtadillas, de acuerdo a una declaración de la policía.
Dijeron a un vecino más joven que saldrían fuera de la ciudad; Hooks viajaría hacia familiares en Indiana, y Daugherty buscaría refugio con su madre en Tennessee.
Pero los datos no dejaban de llegar a la policía, que identificó rápidamente a Hooks y Daugherty como los agresores en el video. Poco después Hooks y Daugherty volvieron a Fort Lauderdale y se entregaron. Ammons fue detenido al día después.

Cargos
La semana pasada un gran jurado resolvió que los tres sean juzgados como adultos por homicidio en primer grado e intento de homicidio. El fiscal de estado en Broward, Michael Satz, no ha decidido todavía si pedirá la pena de muerte para Hooks y Ammons.
Pierre fue dado de alta del Centro Médico Broward el 25 de enero y reside en algún lugar del condado de Broward.
Pérez se está recuperando de sus lesiones en una residencia asistida. Sueña que unos tipos se tratan de meter debajo de sus mantas, y luego se aparece Jesús e impide el ataque.
La mayoría de los asistentes en el funeral de Gaynor el 17 de enero no lo conocían. La madre de Gaynor, Georgia, agradeció a los que habían cuidado de su hijo caprichoso, finalmente en casa. Fue sepultado en un ataúd blanco.
"Yo no podría pegarle así, con un bate de béisbol, a un animal", dijo Samuel Gaynor. "Supongo que no soy lo suficientemente fuerte, o vicioso, o malo. Ellos no mostraron ningún rasgo de humanidad".

Monika Leal contribuyó a este reportaje.

nwaller@MiamiHerald.com

©miami herald


©traducción mQh

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