Blogia
mQh

reportajes

oficio: redactor pornógrafo


[Charles McGrath] Editando Hustler: un trabajo sucio que Allan MacDonell debía hacer.
Allan MacDonell no suda ni tiembla. No tiene la piel pálida. Aunque lleva gafas oscuras, te mira con sus propios ojos, ojos que según sus propios cálculos examinaban cerca de mil fotografías obscenas al día y unos 20 videos pornográficos a la semana.
Hasta que fue despedido hace tres años, MacDonell, 50, trabajó durante casi 20 años en Larry Flint Publications, un imperio que es conocido en el mundo de las revistas, sin ironía, como una revista para "hombres sofisticados". Ha escrito un libro sobre su carrera, ‘Prisoner of X’, que publica este mes Feral House, en el que explica cómo pasó de ser corrector de pruebas en Hustler, el buque insignia el imperio de Flynt, al mero tope de la empresa como editor ejecutivo, y fue también director de revistas satélites como Barely Legal, Chic, Asian Fever y Busty Beauties.
Entre sus logros cuenta haber preparado para su publicación artículos como ‘You’re Cheating Smart: Getting Away With a Little on the Side’ [Lo Estás Haciendo Bien: Librándote y Con Algo Extra] y una serie sobre violaciones a manos de extraterrestres, entre ellos ‘"Alien Sex Crimes: Inside the Extraterrestrial Breeding Program’ [Crímenes Sexuales de los Alienígenas: Al Interior del Programa de Reproducción de los Extraterrestres].
Durante el período que culminó con la impugnación de Bill Clinton, también encabezó la campaña de Flynt en 1998 para exponer la hipocresía de los parlamentarios republicanos ofreciendo hasta un millón de dólares a mujeres que pudieran declarar sobre encuentros sexuales con ellos. Esta táctica provocó eventualmente la caída de Robert L. Livingston, un diputado republicano de Louisiana y orador de la Cámara de Representantes, que confesó inicialmente relaciones adúlteras y luego, después de un par de días en que trató de aferrarse a su posición, renunció a la Cámara.
De hecho, en Nueva York para promover su libro en el programa de Howard Stern en la radio, MacDonell admitió hace poco que Hustler no tenía demasiadas pruebas contra Livingston, excepto unos pocos datos y rumores. "La mayor parte eran simplemente tretas".
MacDonell (que pronuncia su apellido al modo escocés, con el acento en la última sílaba) dijo que pensaba que era el empleado de Flynt que conservó por más tiempo y de manera continuada su posición, pero dijo que N. Morgan Hagen, que interrumpió su carrera con un año sabático, había probablemente trabajado más años que él.
Hagen era el jefe de correcciones de Hustler, responsables de finuras estilísticas como los decretos de que como substantivo y como adjetivo, la palabra ‘porn’ era preferible a ‘porno’, y que el término vulgar para fellatio [blow job] debía imprimirse como una sola palabra, no dos.
En cuanto a los otros empleados de Hustler, MacDonell dijo que eran en su mayor parte un reparto giratorio del que se encuentra típicamente en todas las redacciones de revistas: jóvenes, talentosos, individuos sin una carrera clara pero ansiosos de probarse como escritores.
"Si puedes escribir sobre este tipo de cosas de un modo interesante, entonces puedes escribir de manera interesante sobre cualquier cosa", dijo, agregando que aparte de unos pocos deslices, como un editor de caricaturas que fue procesado por abusos sexuales de su hija, el personal era de muchos modos mucho más corriente de lo que se podía imaginar.
Leyendo el libro uno concluye que la oficina de Hustler, abundante en política, celos y puñaladas por la espalda, era una oficina como cualquier otra, excepto que al jefe, el mercurial e impetuoso Flynt, le gustaba llevar colgando de una cadenilla al cuello una enjoyada vagina de platino.
"Cuando estábamos contratando, queríamos saber si la gente se sentía cómoda con el material", dijo MacDonell, refiriéndose al carácter explícito de Hustler. "Pero no queríamos que fueran demasiado ávidos".
En el libro, MacDonell escribe que terminó trabajando para Flynt más o menos por accidente. Estaba viviendo en Los Angeles con su primera mujer y un día ella lo sorprendió con un ejemplar de Hustler en el baño y se le ocurrió rápidamente algo parecido a esa frase bendecida por el tiempo que dice que uno puede leer los artículos sin mirar las fotografías. Dijo que no los estaba leyendo, sino que estudiando para aprender a escribir para trabajar en Hustler, y finalmente eso fue lo que hizo.
Fue partida de Hustler fue igualmente un accidente. Durante un tiempo, dijo, se había ido irritando cada vez más sobre algunos aspectos de su trabajo -especialmente mirando videos pornográficos-, y después del 11 de septiembre del 2001 también le frustraba la insistencia de Flynt en insertar a un escritor, al que MacDonell llama Features en el libro, con las tropas en Afganistán.
"Eso ya no era un truco publicitario", dijo MacDonell. "Pensé que el tipo corría realmente peligro".
MacDonell dijo que había empezado a "poner en peligro" su propio trabajo, pero sin ganas de renunciar derechamente. En lugar de eso, en una escena contada con detalles en el libro, dice que en un asado en homenaje a Flynt ""inconscientemente aprovechó un furioso trasfondo de resentimiento" y fue demasiado lejos burlándose de su patrón. Más tarde Flynt lo perdonó, o así lo pareció, pero la reconciliación sólo duró 16 días.
En una entrevista telefónica Flynt dijo que había oído sobre el libro, pero que no lo había leído y negó que se hubiese sentido ofendido durante el asado. "Eso es ridículo", dijo. "Yo soy el Rey del Lodo. ¿Cómo puede decir alguien que eso manchar mi reputación?"
Dijo que despidió a MacDonell porque, como él mismo MacDonell lo admite en el libro, el negocio marchaba mal, y agregó: "Hemos perdido la mitad de nuestros lectores, y en ese momento pensé que no tenía otra alternativa que renovar".
Hoy, dijo MacDonell, sus sentimientos hacia su antiguo empleador son complejos, pero continúa admirando a Flynt como el héroe de la Primera Enmienda, un innovador y un patrón que daba a su personal un montón de libertad creativa.
"No sé lo que piensa Larry sobre mí", dijo, "pero fuimos amigos durante un largo tiempo. Trabajando para él hice cosas que de otro modo no habría hecho nunca. Vi desde dentro cosas de la vida sobre las que sentía curiosidad".
Pero en los tres años que han pasado desde su partida, dijo Macdonell, no ha tenido "síntomas de abstinencia" y sólo ha visto un video pornográfico. Él y su segunda esposa, Theresa McAllen, una modista, tienen un "matrimonio muy convencional", observó.
Se conocieron hace doce años en una cita ciega, y cuando ella se enteró de dónde trabajaba, lo dudó un poco, contó él, pero lo superó rápidamente debido a que tiene "una increíble confianza en sí misma". Flynt asistió a la boda, agregó, y después de la reunión con el famoso pornógrafo, la suegra de MacDonell, una devota católica, dijo que era tan encantador como Ted Kennedy.
MacDonell todavía extraña la revista, dijo, y no le molestaría trabajar en otra algún día, aunque, dado su currículum, no cree que eso vaya a ocurrir dentro de poco. Ahora que ‘Prisoner of X’ ha salido, está trabajando en algunos guiones en tiene el proyecto de escribir un libro sobre la base de un artículo que escribió una vez para Hustler: ‘Tipos Asquerosos: Porqué Nos Quieren las Mujeres’.
"Sé algunas cosas", dice. "Miro al doctor Phil y creo que sé tanto como él sobre las relaciones".

29 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

paraíso homosexual


[John M. Glionna] Padres protectores -heterosexuales y gays- se oponen a las tiendas picantes en el barrio de Castro. Algunos comerciantes se muestran desafiantes.
San Francisco, Estados Unidos. Brody Paul y su hermano chico Zander están haciendo compras después de clases en el barrio Castro de esta ciudad, uno de los vecindarios más abiertamente homosexuales de Estados Unidos.
Brody, 12, anda buscando enjuague bucal y Clearsil. Su hermano quiere lápices Nº2. Veteranos del tolerante San Franscisco, no les llama la atención la aparición de dos mujeres tomadas de la mano y la pintada que hay en la acera: "Nick ama a Olaf".
Pero a lo largo de Castro Street, la principal calle comercial a apenas dos cuadras de su casa, los niños ven imágenes más difíciles de digerir. Una videoteca de donde sacan habitualmente películas de Disney, también ofrece películas pornográficas homosexuales triple X a plena vista. Al otro lado de la calle, junto a su pizzería favorita, el ventanal es una tienda de artículos eróticos para homosexuales llamada Rock Hard, que exhibe un enorme juguete sexual de color morado fluorescente, arneses de cuero y manuales gráficos.
"Da miedo. Te hace temblar", dice Zander, que acaba de cumplir ocho.
"No da miedo", corrige Brody, proponiendo un punto de vista típicamente infantil de las cosas sexuales. "Es simplemente asqueroso".
Aunque el barrio de Castro ha sido llamado siempre un Boys Town, ese apodo ha adquirido una nueva e irónica significación: El bastión gay es ahora una inverosímil ubicación para familias con niños.
Durante más de una década, los padres heterosexuales han sido atraídos por los 0.7 kilómetros cuadrados del barrio de Castro para fundar sus familias en sus pintorescas casas victorianas y ambiente de pueblo chico. En los últimos años las parejas del mismo sexo también han optado por ser padres, una revolución que ha traído todavía más niños al barrio.
En el barrio de Castro los restaurantes orientados hacia los homosexuales solteros ahora ofrecen menús para niños e incluso tronas. Una cafetería ofrece chocolate caliente, el ‘Castro Kids Special’, un popular artículo durante la hora punta de la mañana, que los dueños llaman la "hora del cochecito".
En la tienda Cliff’s Variety, los niños compran unicornios de juguete y masilla con aroma a jazmín junto a travestis que examinan boas de plumas y tiaras de piedras preciosas de imitación. Y en el Desfile del Orgullo Gay de este año, una carroza celebrará a las familias homosexuales, con niños vestidos como obreros de la construcción y cantando canciones de Village People.

Pero este nuevo Castro no ha surgido sin tensiones.
Los picantes escaparates de las tiendas han puesto a los padres protectores de punta con vecinos gay igualmente militantes.
Muchos padres -heterosexuales y gay- dicen que los sugerentes anuncios son inapropiados para los niños. Los activistas gay quieren conservar un ambiente liberado sexualmente que acoge festivos gay como el ‘Día del Cuero’ y -para celebrar a los hombres peludos-, el ‘Día del Oso’.
Algunos se quejan de que la cultura gay misma, que ha celebrado siempre la expresión sexual libre, está bajo ataque -no solamente a manos de los heterosexuales, sino también de homosexuales y lesbianas.
El año pasado, una madre lesbiana de dos niños, de 6 y 2, se quejó sobre un tableau sadomasoquista en la vitrina de una boutique que mostraba un maniquí masculino encadenado a un retrete. "Como adulto lo encuentro desagradable", escribió en un e-mail a funcionarios del ayuntamiento. "Como padre creo que es inconsiderado".
Después de fracasar en sus intentos de convencer a los tenderos de colocar anuncios obscenos por sobre la línea de visión de los niños pequeños, la madre, que pidió no ser mencionada, dijo que tiene planes de mudarse de Castro.
Otro padre se quejó cuando un tienda de antigüedades exhibió una hortera estatua de tamaño natural de un hombre desnudo excitado. El propietario Robert Hedric dijo que él cubrió de mala gana las partes pudendas después de la intervención de la policía.
Hedric, que es homosexual y dijo que se mudó de Alemania al barrio de Castro por su activa cultura homosexual, está preocupado de que las sensibilidades pro-familia puedan aplastar el espíritu del vecindario.
"¿Cuál será la próxima sorpresa? ¿Van a prohibir la Parada del Orgullo Gay?", preguntó. "Esto es Castro, no el Vaticano".
Jeremy Paul, el padre de Brody y Zander, no espera que Castro Street sea la Plaza de San Pedro. Pero los carteles de prevención de la sífilis afichados en todo el vecindario, que mostraba a un dichoso pene de caricatura silbando, lo escandalizaron. Se indignó cuando dejaron una octavilla en la ventanilla de su coche familiar, donde la encontraron sus hijos.
"Me alegra que la gente puede disfrutar de un estilo de vida que no pueden vivir en sus casas en Kansas, pero hay normas razonables de conducta, independientemente de tu orientación sexual", dijo Paul, un consultor de urbanismo.
Mark Welsh, el administrador homosexual de Rock Hard, ha bajado el tono de sus exposiciones -pero ahora está trazando una línea. "Siempre llevo las cosas a un extremo para mostrar lo que puedo hacer, porque si hay un lugar en el planeta donde se hace alarde del sexo, ese lugar es aquí", dijo. "Hay un lugar donde se pueden mostrar esos anuncios. La razón por la que se fundó Castro se llama sexo".
Welsh, 50, que lleva chalecos de cuero y vaqueros ajustados, estuvo casado y tiene una hija de 18 que vivió con él en Castro durante una década. Dijo que nunca le impidió salir a pasear por el vecindario por miedo a que pudiese ver una vitrina escabrosa -incluso la suya propia. "La eduqué en un mundo en que está bien que los hombres se besen y anden de la mano en público", dijo.
Dijo que los padres que exigen un cambio son una minoría, y que "nadie, homosexual o heterosexual, me va a decir qué llevar, qué decir, cómo comportarme en mi propia tienda. La cultura gay sobrevivirá".

En el medio está el supervisor escolar Bevan Dufty, cuyo distrito incluye a Castro. Dufty, que es gay, quiere empezar un centro para familias del gay del barrio. Pero también apoya a los comerciantes que quieren mostrar escaparates picantes. Quiere que Castro siga siendo "sosteniblemente gay".
Dufty, 51 y nativo de Nueva York que a veces trabaja como modelo de ropa interior para promotores gay, ve los dos lados de la disputa.
Durante dos años ha estado tratando de convertirse en un padre; hace poco utilizó la fertilización in-vitro con una amiga lesbiana de toda la vida, que está embarazada. Tras el parto, los dos quieren vivir juntos, pero llevando vidas amorosas separadas. "Creo que traer un niño al mundo es una de las cosas más satisfactorias que puedes hacer en la vida: estoy dispuesto", dijo Dufty. "La nuestra será una de las muchas familias no tradicionales del barrio de Castro".
En una cafetería de Castro fue abordado hace poco por padres que se habían enterado de su odisea para ser padre. "¿Lo estoy haciendo bien?", preguntó mientras sostenía a un bebé que se retorcía. "¿Está bien como sostengo su cabeza?"
Castro ha estado evolucionando siempre. En los años setenta, el ex enclave católico irlandés presenció la llegada de bares de propiedad de homosexuales como Toad Hall y el Missouri Mule. Pronto el vecindario se convirtió en un refugio de homosexuales que se sentían atraídos por una dinámica y nueva contracultura que estaba desafiantemente al margen de la cultura oficial. En los años ochenta Castro vivió la epidemia de SIDA, y luchó para seguir siendo un bastión bohemio de bares, artistas y músicos gay.
Pero los elevados alquileres de los años noventa expulsaron a los trabajadores, dejando sólo a los más ricos. Luego llegaron las familias jóvenes.
Hace doce años, Jeremy Paul y su esposa Lyssa Kaye Paul, eran parte de una ola de padres heterosexuales que colonizaban Castro. Adoptaron el estilo del barrio. Pero a veces no se sentían bienvenidos. Los camareros homosexuales los miraban mal. En la calle, los hombres los miraban con sarcasmo.
La ducha fría se puso considerablemente más caliente hace unos años cuando más parejas gay empezaron a tener sus propios hijos, parte del llamado Gayby Boom.
Ahora más de 250 mil niños en todo el país -47 mil en California- están siendo criados por padres del mismo sexo. "Mucha gente gay llamaba antes ‘criadores’ a las parejas con niños, un término bastante despectivo", dice Thom Lynch, presidente del Centro Comunitario de Homosexuales, Bisexuales, Lesbianas y Transexuales. "Ahora ese término se usa muy rara vez. Ahora muchos homosexuales son ‘criadores’".
Pero el líder cívico homosexual dice que el furor paternal de Castro irrita a algunos. Interrogado sobre si quiere convertirse en padre, Lynch respondió glacial: "He tenido el impulso. Pero duró lo que dura un pedo".
Sande Leigh, directora de la Academia de Derechos Civiles Harvey Milk, una escuela pública llamada así en honor de un conserje de escuela asesinado, recordó que durante su primer año en la escuela, en 1997, ella trazó de nuevo la ruta de la Parada de Halloween: "Tuvimos que mudar a los niños al otro lado de la Castro Street debido a los carteles pornográficos".
A pesar del carácter sexual de Castro, Leigh dice que el vecindario es el lugar perfecto para su escuela, que atrae a muchos voluntarios gay. Welsh, administrador de Rock Hard, reúne dinero para juguetes y mercaderías.
"No vamos a censurar a Castro", dijo Leigh. "Y Castro no nos censurará como lugar para niños".
La editora de una revista dirigida a las madres y padres gay piensa que los padres de Castro deberían adaptarse al vecindario, no al revés. "Esa cultura existía mucho antes de que ellos llegaran", dice Angeline Acain, una neoyorquina que es redactora y editora de Gay Parent, una revista de circulación nacional. "Si ves una vitrina que encuentras ofensiva, no lleves a tu niño por esa calle".
Los padres contrarrestan que el barrio de Castro debería prestar atención a las necesidades de los niños. Dicen que los castillos inflables tienen un lugar, lo mismo que los bares de homosexuales.
"Nuestros niños necesitan un lugar en la comunidad", dijo July Appel, presidente de la organización sin fines de lucro Coalición Nuestra Familia y madre lesbiana de dos niños. "El barrio es suficientemente grande para todo el mundo. El patinaje gay tiene su espacio. Pero también los patios".
Fred Kirkbride, dueño de una tienda de antigüedades en Castro Street, dijo que una comunidad que ha exigido durante años más tolerancia debería ser más acogedora. "¿No es sorprendente todo lo que nos costó ser aceptados por la sociedad tradicional? Ahora queremos sacar a los heterosexuales y sus hijos de aquí", dijo.
Kirkbride dijo que muchas vitrinas de tiendas han ido demasiado lejos. "Yo acostumbraba a mantener a mis padres lejos de esos ventanales", dijo. "No quería que pensaran que todos los homosexuales practicaban el bestialismo".
Poco a poco los dos lados han mostrado ganas de hacer compromisos. Debido a que los niños a menudo acompañan a sus padres al Centro Comunitario de Homosexuales, Bisexuales, Lesbianas y Transexuales, el recinto ahora prohíbe los desnudos en los pasillos -exigiendo que los cursos sobre sadomasoquismo del centro tomen lugar a puerta cerrada. "Hace veinte años no habríamos tenido una regla como esta", dice el director del centro, Lynch. "La gente la habría rechazado".
Nancy Koch, una madre lesbiana, observó que hace poco el gerente de una tienda de ropa le advirtió acerca de llevar a su hija de 12 a un cuarto trasero donde se exhibían trajes de cuero impúdicos. A medida que más familias llegan al barrio, dijo, los negocios que se adapten a las sensibilidades de las familias son los que sobrevivirán, mientras que los que se muestren menos amistosos hacia los niños desaparecerán.
La madre dijo que la exposición a carteles picantes no ha perjudicado a su hija. "No hay mucho que la pueda impresionar", dijo Koch. "El sexo ha estado en su visión periférica durante un largo tiempo".
Los organizadores de un evento de orgullo gay de dos días cerca del Ayuntamiento, la celebración gay más prominente del país, ahora proporcionan un área para niños con una guardería autorizada. También estimulan a las familias a asistir los sábados, que han programado con actividades menos subidas de tono que el domingo. "Es importante que la comunidad gay conserve este lugar para expresarse a sí misma", dijo la organizadora del evento Lindsey Jones. "No queremos colocar demasiadas vallas en torno a eso".
Pero Jeremy Paul dice que el barrio de Castro todavía tiene que aprender. Su hijo menor, Zander, recula cuando ve a hombres con pantalones de cuero con el culo al aire y poco más, en una feria homosexual local: "Me dice: ‘Papá, ¿estoy obligado a mirar esos culos fofos?"
Welsh hace una mueca de dolor cuando oye eso. Dice que los niños de todos modos no tienen nada que hacer en la feria: "Es un evento para adultos. Es para nosotros. Los niños deberían quedarse en casa".
De momento, muchos hombres se molestarán cada vez que vean a otro cochecito invadiendo su idolatrado paraíso homosexual.
"No vamos a castrarnos por nadie", dice Joe Gallagher, un barbero gay que a menudo cuelga anuncios picantes mostrando a hombres musculosos en los diarios gay locales. "No vamos a hacernos a un lado simplemente porque esta gente se queja. El país es bastante grande. ¿No tienen suficiente como para tratar de ocupar Castro también?"
Zander Paul dice que se siente bien con su infancia en Castro. "No me molesta la idea de vivir cerca de gente homosexual. Es natural", dice. "Para mí, la palabra gay tiene dos significados. Uno, es que estás contento. El otro, es que te gustan los chicos".

21 de abril de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
rss

muerte de un inmigrante


[Michael Wilson] La horrible muerte de Milton Rocano.
Pocos vieron a Milton Rocano durante el corto período que vivió en esta ciudad, y nadie lo morir, una muerte horrible por sus circunstancias y su espantosa soledad e invisibilidad. El sábado en la mañana Rocano, empleado de una planta de reciclaje en Greenpoint, Brooklyn, se subió a la parte de atrás de un camión con remolque vacío y fue enterrado vivo en una avalancha de escombros cargados por un colega que no sabía que él se hallaba ahí, declaró la policía. Más tarde el camión echó los escombros y el cuerpo de Rocano, en un vertedero del condado de Suffolk, donde fue encontrado tres días después, después de que la compañía y la policía llegaran hasta allá.
Incluso según las normas de la Ciudad de Nueva York, donde la gente anónima a menudo muere de maneras extraordinarias, esta muerte se destaca por todas las pequeñas cosas que no ocurrieron: el colega que mató a Rocano nunca se dio cuenta. Si Rocano gritó, nadie lo oyó. En las oficinas de la compañía en Anthony Street, una enorme ventana da directamente al área donde había estado el camión. Pero ese sábado por la mañana no había nadie mirando.
Una cámara grabó el incidente, pero las imágenes no fueron vistas sino dos días después. A Rocano, 20, nadie lo echó de menos cuando el cambio de turno. Nadie se dio cuenta de que no había usado su ficha de control para marcar su salida en un polvoriento, bullicioso rincón de Brooklyn, dominado por el zumbido de la autopista Brooklyn-Queens desde arriba y grandes camiones que entran y salen todo el día, un lugar donde es tan difícil respirar como oír.
"Es una parte de la ciudad que la gente no ve", dijo Paul D. Casowitz, un abogado del centro de reciclaje, City Recycling Corporation. "La parte arenosa. Todo el mundo ve los camiones. Nadie se pregunta adónde van".
María Rocano, la hermana de Milton, dijo ayer algo similar, pero sus palabras estaban llenas de rabia: "Es como si él hubiera sido un perro que fue simplemente eliminado".
Rocano era el quinto de seis hermanos nacidos y criados en Ecuador, y el tercero en mudarse a Nueva York para ganar algo de dinero, adonde llegó hace seis meses. Compartía un apartamento en Sunnyside, Queens, y pasaba la mayor parte de su tiempo libre con sus hermanas, María y Ana Rocano, que viven en Brooklyn. Cuando no estaba con ellas, dijeron, estaba probablemente en la iglesia, pues era un hombre tan piadoso que le había escrito cartas a Dios.
"Siempre incluía a Dios en todo lo que hacía", dijo Ana Rocano.
Uno de sus compañeros de apartamento es Miguel Coronel, 34, un conductor de uniforme, de Ecuador. "Oh, era un tipo muy amable", dijo Coronel en una entrevista en su apartamento, ayer. "Nunca bebía, nunca salía. Era un tipo tranquilo y amable".

Rocano no demoró nada en encontrar trabajo en City Recycling, justo al otro lado de Newton Creek, de su casa en Queens. Es una ruidosa planta de selección donde los escombros -en gran parte de sitios de construcción- son descargados, sorteados y nuevamente despachados. No se deposita basura ni químicos en el lugar, y nada permanece mucho tiempo.
Los camiones con remolque esperan formando colas en una de las dos áreas de carga y descarga de la compañía, donde un camión grúa que recoge los escombros de los camiones llenos y los deja caer en una pila. En los días despejados los trabajadores rocían las pilas con agua para aplastar el polvo. Los choferes de los camiones esperan su turno comiendo tranquilamente sus meriendas detrás del volante.
Cuando un camión se descarga, los trabajadores con brillantes chaquetas naranjas y cascos de seguridad suben por los lados y saltan dentro para recoger los restos. Ese era el trabajo de Rocano. Su primera impresión del lugar no fue buena y no mejoró.
"Era agotador y él estaba cansado, y hablaba sobre ello", dijo un amigo, Luis Amon, 24. "Era un trabajo sucio, y no quería hacer eso toda la vida".
Como hacía todos los días que trabajaba, el sábado salió de su apartamento a las cinco de la mañana. Murió seis horas más tarde, dijo Casowitz, basando su cálculo en el sello de tiempo de una de las varias cámaras de vigilancia de la compañía, que marca las 11:07 de la mañana. Casowitz dice que vio el video y lo describe diciendo que Rocano, por razones que Casowitz dijo que desconocía, se encaramó en un camión vacío, algo que no es común. Nadie lo vio meterse al camión.
Se acercó una camión pala. "Empieza la carga y él está debajo de los escombros", dice Casowitz. "Se lo puede ver ahí, entre los escombros. Está cubierto por los escombros". El operador de la grúa, que no podía ver desde la cabina, hizo dos cargas más, y se marchó. La compañía no reveló la identidad del operador de la grúa, pero está "comprensiblemente muy afectado", dijo Casowitz.
Cuando Rocano no volvió a casa, sus hermanas, preocupadas, fueron a la compañía al lunes, dijeron. Ana Rocano dijo que un gerente le dijo: "Espere, espere. Seguro que está bebiendo o con alguna amiga; ya volverá". Casowitz dijo que no podía confirmar ni desmentir esa declaración, pero dijo que el manager claramente no sabía que había ocurrido un accidente.
Las hermanas llamaron a la policía para denunciar la desaparición de Rocano y los detectives visitaron el sitio el lunes por la mañana. Un manager de la oficina de la compañía revisó más tarde el video y cuando quedó claro lo que había pasado llamó de vuelta a la policía, dijo Casowitz. El camión y su carga fueron localizados en un vertedero en Spagnoli Road, en Melville, Nueva York, donde encontraron el cuerpo el martes poco después de mediodía.
No se presentarán cargos criminales, y la compañía no espera ninguno, dijo Casowitz. El Departamento de Salud y Seguridad Laboral está investigando el incidente, dijo un portavoz. El trabajo en la planta continuó ayer.
La familia de Rocano piensa enviar su cuerpo a Ecuador para sus funerales. Casowitz dijo que la compañía contribuirá a los costes del funeral. Pero, dijo, nadie en la compañía sabe cómo ponerse en contacto con las hermanas de Rocano.

Mick Meenan contribuyó a este reportaje.

27 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

ostras con historia


[R.W. Apple Jr.] Dedicado promotor reconstruye habitat de las ostras en la Costa Oeste.

A mediados de los años sesenta, un joven patiperro americano llamado Jon Rowley estaba en un barato cuarto en París leyendo ‘París era una fiesta’, de Ernest Hemingway, sus recuerdos de la vida en esa ciudad publicada póstumamente en los años veinte.
Un pasaje llamaba su atención. Hemingway había escrito: "Comiendo las ostras con su fuerte sabor a mar y su deje metálico que el vino blanco fresco limpiaba, dejando sólo el sabor a mar y la pulpa sabrosa, y bebiendo el frío líquido de cada concha y perdiéndolo en el neto sabor del vino, dejé atrás la sensación de vacío y empecé a ser feliz y a hacer planes".
En ese momento, Rowley vivió una especie de epifanía que dio forma no solamente a su vida, sino eventualmente a la cultura de la ostra en el Pacífico Noroccidental. Decidió, me contó no ha mucho, "comer montones de ostras, tantas como pudiera costearme, y hacer de mi misión saber todo sobre las ostras y cómo se cultivan, distribuyen y consumen". Recorrió los mercados mayoristas de Rungis, cerca del Aeropuerto de Orly, visitó los criaderos de mariscos en Bretaña y La Rochela, escudriñó cocinas de restaurantes, tomó apuntes y fotografías y leyó todo lo que cayó en sus manos.
De pelo plateado, cara redonda y robusto, de voz suave pero de feroz concentración, a sus 62 todavía está en ello. Ha abierto ostras en Le Bernardin, en Manhattan; organizó festines de ostras en Chicago, Washington, D.C., y otros lugares; y comido miles de ostras americanas [Blue Points] y japonesas kumamotos en el Bar de Ostras de Grand Central, en Felix, de Nueva Orleans, en el Swan Oyster Depot, de San Francisco, y en otros lugares en el reino de las ostras.
Rowley se pone poético sobre la caparazón blindada que protege a la ostra, de su parecido con la cota de mallas del guerrero medieval, y sobre el encantador interior nacarado de la concha, y sobre los glicógenos, o carbohidratos acumulados que hacen que la ostra sea gorda y carnosa. Lo podrías llamar el Johnny Appleseed de la ostricultura.
"Las ostras tienen algo", dice, tranquilo, en caso de que su devoción se te haya pasado por alto. "Siempre me fascinan".
Es un fanático de las ostras. Odia las ostras chicas, por ejemplo, condenándolas por ser "apenas unas cucharadas membranosas de agua de mar" a las que no se las ha permitido alcanzar su plena dulzura y complejidad. Pertenecen a la misma categoría gastronómica, insiste, que las zanahorias baby. Le gusta chupar, no tragar. Se pregunta con un aire de incomprensión: "¿Cómo te vas a comer una ostra si no te sacas sus sabores chupando, y chupando bien?"
No sorprende que Rowley sea un promotor de la estatura de Barnum [Phineas T. Barnum, 1810-1891, popularizó el cacahuete, los clownes y los jinetes a pelo]. Fue él quien observó las virtudes extraordinarias del salmón del Río Copper en Alaska y lo trajo fresco al Lower 48 en 1983; antes llegaba enlatado o congelado. Ahora, por supuesto, su llegada anual es esperada ansiosamente por aficionados en todo el país. Ayudó a popularizar los copiosamente jugosos melocotones Frog Hollow de California con su programa Peach-O-Rama, en Seattle.
Su pasión del momento son las ostras virgínicas [Totten Inlet Virginicas],nativas de la Costa Este (Crassostrea virginica), cuyos ancestros fueron traídos aquí desde la Bahía de Chesapeake hace un siglo. Introducida en 2004 son criadas por Taylor Shellfish Farms en una ensenada que desemboca en Puget Sound. Rowley, que se encarga de su comercialización, las considera las "mejores ostras del planeta".
Sería fácil desdeñar ese comentario como publicidad ordinaria, pero sería un error. Las ostras virgínicas son extraordinariamente gordas y suaves, con un pronunciado y memorable bouquet mineral, como podrá descubrir usted mismo en el Oyster Bar, que las tiene a menudo. No muchas ostras dejan esa sensación nítida, blanda -quizás las legendarias ostras belon, de Bretaña, que han bendecido las mejores mesas parisinas durante siglos, y las enormes ostras de Colchester, de la coste este de Inglaterra, renombradas desde tiempos romanos, y pocas más.
La magia, dice Rowley, reside en una mezcla particular de algas y micro-algas en la Cala de Totten [Totten Inlet]. (Las famosas ostras francesas verdes conocidas como marennes son teñidas por microalgas; si alguna vez tiene la oportunidad, pruebe las bellezas que cultiva David Hervé y sirve Gérard Allemandou, en La Cagouille, en París). Como los vinos, las ostras son hijas de su ambiente. ¿Las pruebas? Taylor cultiva las mismas ostras en las cercanas Bahía Samish y Bahía Willapa, informa Rowley, "pero no son ni la mitad de sabrosas que las virgínicas de la Cala de Totten".

Hubo una época en que sólo se encontraba un tipo de ostra en casi todos los menús de las grandes ciudades del Este y Medio Oeste -americanas (Blue Points, que provienen sobre todo de la Bahía de Great South, Long Island). Ah, ciertamente habrá visto las llamadas wellfleets en Boston y las chincoteagues de Baltimore, pero por lo general eran virgínicas.
Ahora se encuentran ostras de todo el país y en todo el país, y el Noroeste Pacífico juega un gran papel en el mercado de mariscos. Shelton, Washington, un pequeño pueblo en Puget Sound, se halla en el centro de los acontecimientos en esta región; skookums, quilcenes, hood canals, hama hamas, snow creeks, sisters points, baywater sweets y muchas otras variedades son todas producidas en los alrededores y embarcadas a restaurantes marítimos de costa a costa.
La mayoría son japonesas (Pacifics, Crassostrea gigas), importadas primero desde Japón a principios del siglo 20 y cultivadas aquí desde entonces. Sus conchas -que van de blancas a marrón oscuro- son cóncavas, con pronunciados surcos. Son suaves cuando están maduras, saladas si son más jóvenes.
El Noroeste también produce otras especies ‘importadas’:

Las ostras europeas planas (Ostrea edulis), parecidas a las belon, tienen una textura rugosa y las conchas como minerales. Las planas de Westcott Bay, que provienen de las Islas de San Juan, al norte de aquí, entran en esta categoría. Son saladas y untuosas, con un fuerte deje a cobre.
Las japonesas (kumamotos, Crassostrea sikamea), cultivadas originalmente en la isla de Kyushu, en Japón, y ahora extintas allá, son del tamaño de un ñasco, rugosas, ricas, onduladas, cóncavas y un fresco y ligero sabor a nueces.
Las vírginicas (Crassostrea virginica), como las de la Cala de Totten.
Y las olympias (Ostrea conchaphila, u Ostrea lurida), las únicas nativas del Noroeste.
Rowley ofreció ejemplos de cada una de ellas en marzo, en Seattle, durante el congreso anual de la Asociación Internacional de Profesionales Culinarios, que incluyó banda de blues, montones de vino blanco seco, abridores campeones y chicas guapas vestidas como ostras.
En un par de horas se consumieron no menos de 250 docenas de bien enfriadas ostras, crudas en una de las mitades de la concha en el caso de este purista de las ostras, por supuesto sin salsa, por supuesto sorbidas al estilo de Seattle en la concha misma, quizás con un chorrito de limón, y no pinchada en el pequeño tenedor de ostras. Hubo 300 docenas de alegres narcisos, los primeros de la temporada, del Valle de Skagit. Duraron más que los moluscos.
Cuando la música no sonaba demasiado alto, casi se podía oír soplar al noroeste, los botes chocando contra los lados de los muelles y el graznido de las gaviotas -las ostras tienen la infinita capacidad de convocar sueños y recuerdos marítimos.

"Estamos en una época comparable a los años de 1880 y 1890", dijo Mark Kurlansky, el autor del reciente ‘The Big Oyster’ (Ballantine Books, $23.95), que participó en el congreso de Seattle. "Es como una segunda Edad Dorada de la ostra".
Durante la primera Edad Dorada, hace un siglo, los restaurantes de Seattle ofrecían una amplia selección de ostras producidas localmente. Un menú del Hotel New Washington, por ejemplo, ofrecía "Olympias, Drayton Harbors, Toke Points y Virginicas".
Pero la abundancia de hoy era inimaginable en el Noroeste hace un cuarto de siglo, dijo Rowley. A fines de los años setenta, en Seattle casi no se servían ostras en sus propias conchas, excepto en el Canlis, entonces, y ahora, uno de los principales restaurantes de la ciudad. En lugar de eso, las ostras se comían en ‘cócteles’, abiertas y cubiertas por una salsa roja con tanto rábano picante que todo sabor a mar era en gran parte conjetura, o sacadas de un frasco, metidas en conchas lavables.
Jon Rowley, que empezó su odisea marisquera en Alaska después de abandonar el Reed College de Portland, no es el único personaje pintoresco producido por el negocio de las ostras en la Costa Oeste.
También está Bill Whitbeck, conocido universalmente como ‘Oyster Bill’, que se ve como un "percebe riéndose", de acuerdo a la mujer de Rowley, Kate. Billy Marinelli es un biólogo marino convertido en pescadero, que conoce Asia tan bien como la salita de su casa. Y Bill Webb, un cascarrabias ex profesor de biología de California del Sur, que empezó las Westcott Bay Sea Farms en 1977, cuando el cultivo de ostras en esta región todavía se centraba completamente en las ostras destinadas al frasco.
Sin embargo, fue Rowley -y no uno de los tres Bill- el que probablemente jugó un papel tan importante como cualquiera en el reciente renacimiento de la olympia. El minúsculo orgullo y goce del Noroeste recibe su nombre de la rocosa, densamente forestada Península Olympic, que yace entre Puget Sound y el Océano Pacífico. Con una concha normalmente no más grande que un dolar de plata y la carne no más grande que medio dólar, tienen sin embargo un sabor salado, fresco, reparador.
Para mí, tienen el reconocible sabor del pepino. Otros hablan de un sabor a cáscara de melón.
El naturalista William Cooper, viajando por el Territorio de Washington en los años de 1850, escribió que tenían "el mismo y peculiar sabor cuprífero que se detecta en el molusco europeo cuando se lo come la primera vez".
Durante siglos fueron cosechadas por cientos de miles a lo largo de la costa del Pacífico, desde la frontera de British Columbia hasta la Bahía de San Francisco. Pero en tiempos modernos casi desaparecieron por la implacable explotación y la polución de las bahías donde florecían en el pasado.
Para 1980, hacia el fin de lo que Rowley llama la Época Oscura de la Ostra Americana, se cogieron en las aguas del estado de Washington apenas unos irrisorios 600 galones de olympias.
Rowley recuerda haber golpeado puertas en Shelton, buscando a cultivadores de ostras. Pero en 1983 había identificado suficientes fuentes como para montar "una recepción en honor de la ostra olympia y los que la cultivan" en la Ray’s Boathouse, un almacén de mariscos en la Bahía de Shishole en Seattle. La fecha era el 12 de febrero, y marcó el comienzo del retorno de una "exquisitez de clase internacional", como llamó Rowley a la ostra olympia en la invitación.
"La salud de la ostra olympia es un indicador de la calidad general de la vida en Puget Sound", dijo Rowley en esa época. "Esperamos crear un clima que conduzca en el futuro a un mejoramiento de ambas".
Una cosa llevó a la otra, y hoy las encantadoras y pequeñas olys, si no exactamente abundantes, están de vuelta en los menús de Seattle y Los Angeles y más allá. La Olympia Oyster Company, una organización de 125 años de antigüedad ubicada en un brazo de la Cala de Totten, las cultiva detrás de diques en llanuras mareales, como hace el cliente de Rowley, Taylor Shellfish, dirigido por Justin Taylor, 84, un ostrero de tercera generación, a unos kilómetros de distancia.
Desde 1999, el Puget Sound Restoration Fund, dirigido por una evangelista y marisquera llamada Betsy Peabody, ha encabezado los proyectos para recrear la población de olympias en todos sus antiguos territorios. Respaldada por los gobiernos estatal y local, la industria del marisco, las tribus de indios americanos y otros, la organización ha plantado hasta el momento más de cinco millones de ostras en más de 80 viveros experimentales en torno a Puget Sound, mayormente donde hay evidencias de lechos naturales antiguos.
La esperanza es que la reconstitución del habitat de la oly no aumentará la población de ostras sino también ayudará a purificar el estrecho, su bahía y calas -cada olympia puede filtrar entre 8 a 10 galones de agua al día- y alentar el crecimiento de las algas que nutren a la fauna marina pequeña, que a su vez sirve de alimento de especies más grandes.
Pero para gente como Rowley (y yo), es difícil concentrarse en otra cosa que en el distintivo aspecto y elegante sabor de las favoritas del pueblo natal.
"Comen plancton y fitoplancton", dijo hace poco Tim McMillin, presidente de Olympia Oyster, en una entrevista con Jeff Cox, de The Press Democrat, de Santa Rosa, California, en un impetuoso intento de explicar lo inexplicable: por qué las olys y otras ostras saben como saben. "La mezcla de esos diminutos animales y plantas afecta su sabor. El contenido mineral del sustrato donde crecen también afecta el sabor".
"El agua mineral Artesian que sale en estas ensenadas tienen un alto contenido en manganeso. Ese mineral es incorporado en las conchas donde crecen las nuevas ostras y eso fortalece su sabor. Las mareas y su efecto en algunos lugares puede cambiar sutilmente el sabor de una ostra, lo mismo que la temperatura del agua".
¡Y usted pensaba que los microclimas de los viñedos eran complicados!

24 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss


chicago prohíbe foie gras


[Gretcehn Ruethling] Es la primera ciudad estadounidense en tomar esta medida.
Chicago, Estados Unidos. El Ayuntamiento votó el miércoles para convertir a Chicago en la primera ciudad del país en prohibir la venta de paté, los gordos hígados de gansos y patos que muchos consideran una exquisitez pero que los defensores de los derechos de animales describen como producto de tratamientos crueles.
La prohibición, aprobada por 48 contra 1, somete a "establecimientos de servicios de alimentación" -restaurantes y tiendas de ultramarinos- a una multa de 500 dólares por la venta de paté. La ordenanza, que se implementará en noventa días, será reforzada por medio de denuncias de los ciudadanos, dijo Joe Moore, el concejal que la propuso.
Muchos en la industria hostelera dicen que la prohibición no afectará los negocios, pero la condenaron como una indeseable intromisión de los funcionarios del ayuntamiento. "El gobierno no debería dedicarse a dictarnos qué debemos comer", dijo Rick Tramonto, director ejecutivo de Tru, un restaurante francés. "No es correcto".
El paté se produce cebando con granos a patos y gansos varias veces al día a través de un tubo insertado en sus gargantas, provocando la hinchazón de sus hígados. En 2004 California aprobó una ley que pondrá fin a la producción y venta de paté en el estado en 2012, y leyes similares se han propuesto en algunos otros estados. Pero Gene Auston, presidente de Farm Sanctuary, un grupo de defensa animal que respalda esas prohibiciones, dijo que Chicago sería el primero en el país en implementar una prohibición.
"Chicago ha tomado hoy una decisión histórica, y creo que sus ramificaciones se sentirán en otras partes del país", dijo Bauston.
El alcalde Richard M. Daley no se mostró entusiasmado.
"Tenemos niños que mueren a manos de pandilleros y traficantes de drogas", dijo Daley, de acuerdo al Chicago Sun-Times. "Aquí tenemos problemas más serios que preocuparnos del paté. Tenemos que fijar prioridades".

27 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

guerra entre hermanos


[Katy Butler] El oculto mundo de la violencia entre hermanos. Más allá de la rivalidad.
Desde la infancia, y hasta que llegó al umbral de la adultez, las golpizas que sufrió Daniel W. Smith a manos de su hermano mayor eran cualitativamente diferentes a la normal rivalidad entre hermanos. Rara vez se empujaban en el asiento trasero del coche familiar peleando sobre quién estaba aplastando a quién, o pelearon por un carro de bombero de juguete.
En lugar de eso, contó Smith en una entrevista, su hermano Sean le aplicaría una llave al cuello y le pegaría repetidas veces.
"Resistirse era peor, así que dejaba que me pegara y se le pasara", dijo Smith, que es 18 meses menor que su hermano. "¿Qué podía hacer? ¿Adónde podía ir? Yo tenía diez años".
Hablar solamente de impotencia e intimidación, sin embargo, es simplificar innecesariamente un complejo vínculo. "Jugábamos a las bases con los niños del vecindario y salíamos juntos a explorar el bosque, como si fuéramos amigos", dice Smith, que tiene ahora 34 años y es profesor de literatura en la Universidad del Estado en San Francisco. (Sean murió de un infarto hace tres años).
"Pero siempre había tensión", dice, "porque las cosas se podían echar a perder en cualquier momento".
Los hermanos han estado dándose de puñetazos desde que Dios se puso a hacer favoritismos con Caín y Abel. Las peleas entre hermanos que casi terminan con muerte -sobre propiedades, privacidad, prerrogativas y el amor de los padres- son parte de muchas historias bíblicas, mitos, cuentos y leyendas familiares.
En el Génesis, los envidiosos hermanos mayores de José lo despojan de su pelliza de colores y lo arrojan a un pozo en el desierto. Brutales escenas de violencia entre hermanos dominan el capítulo inicial de la novela ‘Al este del Edén’ [East of Eden], de John Steinbeck, y en el cuento ‘En terreno vedado’ [Brokeback Mountain], de Annie Proulx, el vaquero Ennis del Mar habla de un hermano mayor que "me pegaba todos los días hasta dejarme atontado".
Esta casual, íntima violencia puede ser tan suave como una sesión de empujones y tan salvaje como un ataque con un bate de béisbol. Es tan común que es casi invisible. Los padres a menudo la ignoran, provisto que no muera nadie; los investigadores la estudian rara vez; y muchos psicoterapeutas consideran sus manifestaciones más suaves como parte normal del proceso de crecimiento.
Pero hay crecientes evidencias de que en algunos casos, la guerra entre hermanos se convierte en abusos que son inescapables, repetidos e emocionalmente desgarradores.
En un estudio publicado el año pasado en la revista Child Maltreatment, un grupo de sociólogos constató que un 35 por ciento de los niños habían sido "golpeados o atacados" por un hermano el año anterior. El estudio se basaba en entrevistas telefónicas con una muestra nacional representativa de 2.030 niños o tutores.
Aunque algunos de los ataques fueron efímeros e inofensivos, más de un tercio inquietaban.
De acuerdo a un análisis preliminar de datos inéditos del estudio, un 14 por ciento de los niños fueron atacados repetidas veces por un hermano; 4.55 por ciento fueron golpeados de tal manera que quedaron con lesiones como rosetones, cortes, dientes astillados y ocasionalmente un hueso roto; y un 2 por ciento fueron golpeados por hermanos o hermanas con piedras, juguetes, el palo de la escoba, palas e incluso cuchillos.
Niños de edades de 2 a 9 que fueron atacados repetidamente tenían dos veces más probabilidad que otros de su edad de mostrar síntomas graves de traumas, ansiedad y depresión, como insomnio, ataques de llanto, ideas de suicidio y miedo a la oscuridad, sugieren datos no publicados del mismo estudio.
"Son formas muy graves de reacción a la violencia entre hermanos", dice David Finkelhor, sociólogo del Laboratorio de Investigación Familiar de la Universidad de New Hampshire, el autor jefe del estudio, que sugiere que a menudo se la minimiza.
"Si yo golpeara a mi esposa, nadie tendría problemas en entender que se trata de una agresión o de un acto criminal", dice el doctor Finkelhor. "Cuando un niño hace lo mismo a un hermano, exactamente el mismo acto será interpretado como una riña, una pelea o un altercado".
En el estudio de Finkelhor, los ataques de hermanos fueron igualmente frecuentes entre niños de todas las razas y grupos socioeconómicos; fueron más frecuentes entre niños de 6 a 12, ligeramente más frecuentes en niños que en niñas y se reducen gradualmente a medida que los niños entran en la adolescencia.

Por violento que sean los conflictos entre hermanos humanos, son rara vez fatales, al contrario de lo que ocurre entre pájaros y un montón de otros animales.
El asesinato de hermanos es común entre pájaros depredadores, entre ellas las águilas rapaces, los pelícanos pardos y las gaviotas. Una ave marina del Océano Pacífico conocida como el alcatraz de patas azules picotea a sus hermanos y los saca del nido, tras lo cual mueren de hambre mientras sus padres miran indiferentes. Una garza nocturna de cresta negra de Minnesota fue vista dos veces tragándose la cabeza entera de un hermano menor hasta que quedó lacia y parecía muerto. Los tiburones toro bacota se comen unos a otros cuando todavía están en el vientre.
Los lechones nacen con un conjunto de dientes afilados temporales para atacar a sus hermanos en la lucha por las tetillas frontales de la madre; los enanos empujados a las tetillas traseras mueren a veces de hambre debido a que producen una leche muy magra.
En la Llanura de Serengeti, en Tanzania, cachorros de hiena manchada, que normalmente nacen en pares, se muerden y tironean unos a otros casi desde el momento en que salen del vientre. Cuando la leche de la madre es magra, las peleas a menudo terminan con la muerte de uno de los cachorros debido a las heridas o a la malnutrición -especialmente, curiosamente, si los cachorros son del mismo sexo.
Los bebés animales, dicen los investigadores, pelean fundamentalmente para establecer dominancia y competir por alimentos escasos. Los niños humanos, por otro lado, luchan no sólo por quedarse con el cuenco de helado más grande sino también sobre quién decide qué juegos jugar, quién controla el mando, quién friega los platos, quién empezó y a quién quieren más.
Pocos expertos concuerdan en cuanto a la dimensión de los maltratos entre hermanos, o dónde termina el conflicto y empiezan los abusos entre hermanos. Se lo estudia rara vez: sólo se han producido en los últimos 25 años dos importantes estudios nacionales, un puñado de artículos académicos y algunos libros especializados. Y es tan fácil de exagerar como de minimizar.
En 1980, cuando el sociólogo Murray Straus, de la Universidad de New Hampshire, publicó su ‘Tras puertas cerradas’ [Behind Closed Doors], un revolucionario estudio nacional sobre la violencia familiar, concluyó que las relaciones entre hermanos constituían el vínculo más violento que conocían los seres humanos. A juzgar estrictamente por los golpes, tenía razón: el doctor Straus y sus colegas encontraron que el 74 por ciento de una muestra representativa de niños habían sido empujados o golpeados en el año y un 42 por ciento había pateado, mordido o pegado a un hermano o hermana. (Sólo un 3 por ciento de los padres había atacado a un niño con ese nivel de violencia, y sólo un 3 por ciento de los maridos habían atacado físicamente a sus mujeres).
John V. Caffaro, psicólogo clínico y terapeuta de familia con un consultorio privado en el suburbio del Mar, de San Diego, define los maltratos entre hermanos como un patrón de repetidos actos de intimidación y violencia.
En una entrevista, el doctor Caffaro, como co-autor de ‘Sibling Abuse Trauma’, dijo que los maltratos eran más a menudo determinados por una combinación de una crianza indiferente de los padres, testosterona y demografía familiar. Ocurre más a menudo en familias grandes compuestas enteramente de niños con poco espacio, y es al menos frecuente entre hermanas, dice.
"Un niño puede golpear una vez a un hermano, y aunque se vea muy feo no es lo que consideramos un abuso", dice. "Estamos hablando de un esquema que se repite, y cuando eso ocurre, los familiares hacen la vista gorda".
El maltrato ocurre más frecuentemente, dice, cuando un padre está emocionalmente ausente como resultado de un divorcio, largas horas de trabajo, largos viajes de negocios, alcoholismo, preocupación con sus propios problemas u otros factores. "Uno o dos padres no están en casa cuando tienen que hacer su trabajo. Es algo casi inevitable", dice Caffaro, agregando que los padres "periféricos" son especialmente problemáticos.
"Las cosas son caóticos, los límites borrosos, y la supervisión mínima", dice, observando que esas familias no siempre se ven caóticas desde fuera.
"A veces el padre está casi siempre en viaje de negocios y la madre no es buena a la hora de poner límites", dijo.
En otros casos, agregó, los padres empeoran los conflictos haciendo favoritismos, ignorando la evidente agresión, interviniendo sólo para encerrar a los niños o culpando a otros sin comprender cómo los niños más pequeños contribuyeron a provocarlos.
Caffaro dice que en su experiencia la violencia entre hermanos puede rara vez ser atribuida simplemente a un niño extraordinariamente agresivo o psicótico.
En casi quince años de trabajo con más de cien familias y sobrevivientes adultos de abusos entre hermanos, dijo que sólo podía recordar un puñado de casos semejantes, uno de ellos de una niña que era golpeada regularmente por su hermano que sufría de esquizofrenia. Aunque algunos niños controlan malamente sus impulsos, dijo, la violencia sólo se convierte en abusos repetidos cuando los padres fallan a la hora de ponerle freno de raíz.
Varios adultos, contactados a través de anuncios clasificados publicados en internet en Craigslit y en sitios de la red para víctimas de violencia entre hermanos, dijeron que sus padres habían ignorado la intimidación de sus hermanos.
"Mis padres tendían a minimizar la importancia de los maltratos, diciéndome que mi hermano en realidad me quería y que era una buena persona", escribió Kasun J., 21, un estudiante universitario de Australia en una actualización en el sitio en la red que empezó bajo el nombre de Mandragora.
Kasun J., que no quiere ser identificado por miedo a las repercusiones familiares, dijo en una entrevista que todavía mantiene su distancia con respecto a un hermano mayor que una vez le arrojó un reloj y un montón de cortauñas a la cabeza.
Daniel Smith dijo que sus padres intervenían rara vez cuando él y su hermanos peleaban, pensando que "los niños son niños".
Cuando estaba en sexto, dijo, una orientadora de la escuela, preocupado sobre un violento cuento que había escrito, le preguntó sobre posibles maltratos en casa, y él se sintió aliviado y esperanzado. Pero tan pronto como le dijo que era su hermano, y no sus padres, quien lo estaba golpeando, la orientadora cambió de tema.
"Recuerdo que pensé que ella era un fraude", dice Smith.
Otras personas entrevistadas dijeron que todavía se sentían agobiadas por los recuerdos de hermanos mayores -en ocasiones una hermana- que las hacían caer del moisés, las golpeaban con el palo de la escoba, se sentaban sobre sus pechos hasta que casi se ahogaban, les daban puñetazos en la boca o les clavaban las manos con un palillo o la punta del compas.
Varias dijeron que eran segundos, y que hacían teorías sobre sus hermanos abusadores pensando que se sentían resentidos por haber sido desplazados. Nadie quiso ser identificado debido a preocupaciones sobre la privacidad familiar.
Mucha gente dice que los efectos de abusos se habían prolongado en la adultez. Smith, por ejemplo, dice que todavía lucha contra su inclinación a evitar los conflictos, especialmente con personas agresivas que le recuerdan a su hermano. Otro, un universitario en la cincuentena que no quiso ser más identificado por cuestiones de privacidad, atribuyó lo que llamó su "permanente cautela" al hecho de que de niño era intimidado físicamente por una hermana mayor.
"Tengo mucha necesidad de soledad cuando trabajo", dijo el profesor, que agregó que los empujones y las peleas empezaron cuando él era un niño de dos años. Tuvieron una influencia definitoria en su temprana vida emocional.
"Estoy muy fijado en el ruido", dice. "Si hay alguien en los alrededores, gran parte de mi atención se concentra en eso: ¿Quién es? ¿Qué está haciendo? ¿Me va a molestar o me va a sabotear de algún modo?"
Varias personas dijeron que los abusos continuaron hasta que llegaron a la adolescencia y eran lo suficientemente fuertes como para defenderse. En la familia de Smith, sin embargo, las peleas se hicieron más violentas cuando estaba terminando su adolescencia, porque entonces tomó clases de tae kwon do, empezó a hacer pesas y finalmente lo golpeó de vuelta.
Una tarde en la cocina de la familia, cuando tenía 19, en el curso de una pelea rutinaria, su hermano le pegó mitad en serio, mitad en broma. Esta vez, por primera vez, fue Daniel quien le hizo una llave al cuello a su hermano, y que le aplastó el antebrazo contra la nariz hasta que su hermano sangró.
Sabiendo que podía dominarlo en esa posición todo el tiempo que quisiera, Smith soltó a su hermano. Cuando Sean trató de reiniciar la pelea, Smith, para su sorpresa, estalló en sollozos.
"Recuerdo que pensé que debía sentirme victorioso y sentí algo de eso, pero también tenía miedo y me sentía confundido", dijo. "Para mí era un rito de pasaje. Había logrado algo y me había convertido en otra persona".
Los hermanos nunca volvieron a pelear, nunca hablaron sobre esos incidentes de violencia y nunca fueron amigos cercanos. Sean Smith tuvo una difícil vida como adulto, y se había liberado sólo recientemente de su adicción al alcohol y a las metaanfetaminas cuando murió hace tres años, dijo Daniel Smith.
Sólo entonces, dijo, se dio cuenta de la secreta profundidad y complejidad de su vínculo. Cuando le pregunté si había perdonado a su hermano, Smith titubeó.
"Cuando murió, me di cuenta de que teníamos un fuerte vínculo que yo no entendía ni sabía que existía", dijo. "Te aseguro que en el funeral lloré más que todo el mundo".

28 de febrero de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

sobrinos de hitler


[Corey Kilgannon] Tres discretos hermanos de Long Islad, y todos ellos relacionados con Hitler.
El paisajista de Long Island se asomó a la puerta. Era otro visitante que llegaba con una libreta de notas, un pase de prensa y la palabra H en los labios, otro periodista preguntando sobre su tío abuelo Adolf.
El visitante preguntó al paisajista sobre su padre, que nació como William Patrick Hitler, hijo de Alois Hitler Jr., que era hermanastro de Adolf Hitler (tenían el mismo padre). Alois llamó Willy a su hijo. El führer llamaba a Willy "mi odioso sobrino".
Willy Hitler nació en 1911 en Liverpool, y en los primeros años trató de aprovechar de vez en vez su apellido, en Inglaterra, Alemania y luego en Estados Unidos, adonde se mudó en 1939. Después de la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, decidió cambiarse el nombre y se mudó a la Ciudad de Nueva York, a Patchogue, en Long Island. Tuvo cuatro hijos: Alexander, Louis, Howard y Brian. Murió en 1987 a los 76.
Howard murió en un accidente de automóvil en 1989. Los otros hermanos continuaron en sus trabajos de bajo perfil, Alexander como asistente social, Louis y Brian con sus negocios de paisajismo. Son tipos normales en Long Island, gente de edad mediana y de clase media, y los dos viven juntos. Son también los últimos miembros de la línea de descendencia paterna de Adolf Hitler.
Se mudaron de la casa de listones de madera de dos pisos donde crecieron en Silver Street, en Patchogue, donde su padre llevaba un laboratorio de análisis de sangre. A ojos de sus antiguos vecinos en Patchogue, eran americanos por donde se los mirase, incluso agresivamente, pero algunos de esos vecinos recuerdan que familia era justo un pelín diferente a las demás, que en casa hablaban alemán y que el jefe de familia tenía un ligero, simplemente ligero parecido a un tenebroso personaje de la historia.
Una nueva pieza de teatro, ‘Little Willy’, basada en la vida de su padre, se presenta este mes en Manhattan, y cuando fui al palco compartido por Louis y Brian a pedirles su opinión, Louis, como los otros hermanos, se negó a ser entrevistado. Dijo que pronto contarían la historia ellos mismos. "¿Para qué hablar si estamos escribiendo nuestro propio libro?", dijo. "Tenemos un abogado y un agente literario".
¿Tratará el libro las misteriosas historias que han circulado sobre ellos durante décadas en esta parte de Long Island? ¿Realmente chantajeó Willy al tío Adolf a propósito de ciertas informaciones que sugerían que el führer era medio judío? ¿Era Adolf el segundo nombre de pila de uno de los hijos de Willy? Y, ya que los cuatro hermanos no tuvieron hijos, ¿fue así debido a un pacto para terminar con la descendencia de Hitler?
Louis no respondió, diciendo que no quería hablar sobre su familia.
La historia de la familia de Willy Hitler en Long Island es fascinante, y se pueden leer fragmentos sobre ella de vez en vez en los diarios. La portada de un libro de 2001, ‘The Last of the Hitlers’, muestra la fotografía de fin de año de la secundaria de todos los hermanos sobre la cara de Hitler y sugiere que los hermanos sellaron un pacto para no dejar descendientes.
El libro y muchos artículos no revelan el último apellido del hermano ni su paradero; este artículo hace lo mismo, respetando su vehemente y repetida petición, porque los hermanos dicen que temen un aluvión mediático y que la gente los considere nazis.
Willy, también conocido entre sus vecinos como Patty, llevó el laboratorio de análisis de sangre en la casa de dos pisos de listones de madera de Patchogue. A los niños de la cuadra les gustaba imitar su elegante inglés con acentos alemanes y británicos, que era llamativo en el barrio obrero del puerto de Long Island. Su esposa Phyllis tocaba música alemana en su casa.
Los niños jugaban en el patio trasero y en la calle. Jugaban béisbol en Falcon Field, bebían refrescos en la Phannemiller’s Pharmacy, nadaban en el East Lake. Terminaron su educación en Escuela Secundaria de Patchogue.
"Eran simplemente cuatro niños inquietos que correteaban en torno a esa casita", recuerda Teresa Ryther, 43, que creció en la cuadra jugando con los hermanos. "Eran como los demás niños de la cuadra, como los otros niños americanos. Era casi como si se estuvieran rebelándose contra su origen alemán y tratando de ser intensamente americanos".
Fotografías de Willy de cuando era joven revelan cierto parecido con Adolf Hitler, pero la mayoría de sus amigos y vecinos de Patchogue desconocían el vínculo hasta que Willy se los reveló poco antes de su muerte. Sin embargo, Ryhter dice que su padre tenía cierto parecido con su tío.
"Mi padre le decía siempre a mi madre: ‘¿No te parece que Patty se parece un montón a Adolf Hitler?’", recordó. "Una vez mi padre le dijo a mi madre: ‘Acabo de ver a Patty cortando el césped y se volvió rápidamente y, Dios mío, era exactamente como Hitler’. Y recuerdo que pensé: ‘Ah, Hitler, ese tipo malo’".
Ryther recuerda que jugaba a los soldados con Brian, cuyas tropas alemanas pelearían contra los americanos. Louis llevaba un corte de pelo cabeza de fregona, como sus queridos Beatles. Howard era extrovertido y divertido; era el tambor mayor de la banda de marchas de la escuela secundaria y era finalista de los torneos de ciencias. El mayor, Alexander, tenía modales distinguidos, dice.
"En la casa eran muy alemanes, muy europeos, y los padres hablaban alemán", dice Ryther. "Recuerdo que los chicos tenían un buque de guerra de juguete al que llamaban Bismarck que hacían flotar en su piscina inflable en el patio trasero. Una vez le encendieron fuego de algún modo y tengo un recuerdo muy vívido de ellos gritando: ‘¡El Bismarck se está hundiendo!"
Gayle y Ronald Perry, que alquilaron la pequeña casa vecina en Patchogue durante cinco años, y Kathy Jenner, que vivía al otro lado de la calle, no tenía ni idea de su historia familiar.
Unos pocos miembros de la comunidad alemana de Patchogue sí lo sabían, dice Gottfried Dulias, un ex piloto de la Luftwaffe que sobrevivió tres años en un campo de trabajos forzados ruso y ha vivido durante 50 años en Patchogue. "No le conocí personalmente, pero sabía que vivía aquí", dijo. "Es simplemente algo de lo que te enterabas si vivías en el barrio".
Marilyn Banaszak, 75, que conocía a la familia debido a que su suegra era vecina de ellos, le pasó su ropa de bebé a la madre de los hermanos cuando nació Brian.
Dijo que se enteró de la identidad de la familia en un artículo en el diario en 2002. "Me impresionó", dice. "Pero, honestamente, respondía a un montón de preguntas que yo tenía, porque la familia era muy secreta. Eran muy reservados, todo era como un secreto. Pat no era demasiado amistoso. Era más bien retraído. Te saludaba, pero mantenía su distancia. Phyllis no contaba nunca nada personal".
"Tú no eliges a tus parientes", dijo. "Piensa en las repercusiones que tendría en los niños si los chicos del vecindario se hubiesen enterado de que los niños estaban relacionados con Hitler. Los habrían torturado".
Otro joven de los niños, Kevin Zegel, dijo que como los otros vecinos, iba a la casa a hacerse sus análisis de sangre.
"Todavía le oigo responder el teléfono: ‘Hola, Brookhaven Laboratories’", dijo, imitando el acento alemán de Willy.
"Phyllis se veía como una fraulein de ‘Sonrisas y lágrimas’ [The Sound of Music]", dijo.
Zefel, ahora un quiropráctico en Massachusetts, dijo sobre sus hermanos: "Me siento mal porque ellos tenían esa cosa colgando de su cuello".
Hoy, la casa de dos pisos de Silver Street es de propiedad de Robert Parlamento, 48, un contratista que se mudó allá en 1999. Antes de él, dijo, "fue una casa donde se vendían drogas y estaba subdividida, y funcionaba como una hacinada pensión" de jornaleros.
Durante el remozamiento, dijo Parlamento, halló cosas de la familia, incluyendo el equipo para hacer análisis de sangre, debajo de las tablas del porche trasero. En el ático había una caja con documentos comerciales, y diarios alemanes detrás de un tabique. Dijo que cuando removieron los paneles afuera para colocar revestimientos de vinilo, encontró el enorme letrero del laboratorio todavía colgando de la fachada, que arrojó a la basura.
"Un director alemán se acercó a mí y me dijo que aquí vivía un Hitler, con su familia", dijo. "Fue como: ‘¿Aquí vivía un Hitler y tenía un laboratorio de sangre? ¿Qué es esto, ‘Los niños del Brasil’? [The Boys From Brazil]"
Parlamento dijo que conoció a la madre de los niños antes de su muerte en 2002 y le pidió que firmara una declaración jurada para que los funcionarios del ayuntamiento le dieran un permiso de construcción.
"Este tipo tenía un laboratorio en una casa residencial, y yo me eché encima al ayuntamiento porque quería ampliar mi porche en 60 centímetros", dijo. Parlamento dejó parte de los listones originales de la fachada, por su encanto.
En cuanto a Louis, antes de cerrar la puerta al visitante, le pregunté si le preocupaba que la nueva pieza de teatro dirigiera los focos sobre ellos, y dijo: "No te preocupes, estamos acostumbrados. La gente golpea a nuestra puerta todas las semanas, haciéndonos las mismas preguntas".

24 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
rss

se alquilan madres


[Henry Chu] Las madres de alquiler en India son baratas para los extranjeros, y las mujeres cosechan una bonanza. Pero algunos observadores dicen que pagan el precio.
Anand, India. A medida que desaparecen los trabajos temporales, Saroj Mehli ha encontrado lo que le parece un estupendo arreglo. Es una pega de nueve meses donde no exigen habilidades especiales, y el único trabajo serio viene al final -cuando da a luz.
Si todo sale bien, Mehli, 32, dará a luz a un saludable bebé a principios del próximo año. Pero no se unirá a sus otros tres hijos, sino que será entregado a una pareja estadounidense que no pueden tener hijos ellos mismos y están pagando a Mehli para que lo haga por ellos.
Le pagarán cinco mil dólares por ser madre de alquiler, una fortuna que, con su salario de maestra en una aldea cerca de aquí, le tomaría más de seis años en ahorrar.
"Podrá renovar la casa, o ampliarla, o gastar el dinero en la educación de mis hijos, o en la boda de mi hija", dice Mehli.
Más allá del dinero, dice, está la recompensa de causar la felicidad de una pareja sin hijos en Estados Unidos, donde un servicio semejante les costaría miles de dólares más, para no mencionar las potenciales trabas legales.
Llevados por muchos de los mismos factores que han impulsado a hombres de negocios occidentales a encargar algunas de sus operaciones a India en los últimos años, un número creciente de parejas infértiles del extranjero están llegando aquí a la búsqueda de mujeres como Mehli que están dispuestas, en efecto, a alquilar sus vientres.
La tendencia es evidente para doctores como Indira Hinduja, quizás la especialista en fertilidad más prominente de India, que recibe una petición del extranjero una semana por medio. También se puede detectar en internet, donde hace poco una joven india publicó un anuncio en un sitio de clasificados ofreciéndose a tener un hijo para una pareja de indios en el extranjero.
Luego está el dramático ejemplo de la familia de Mehli. Dos de sus hermanas han sido madres de alquiler -una de ellas para extranjeros-, lo mismo que su cuñada. Mehli finalmente decidió hacer lo mismo, con el entusiasta consentimiento de su marido, un barbero, y la guía de una doctora de la localidad que se ha convertido en una pequeña celebridad al encargarse de más de una docena de madres de alquiler en los últimos dos años, tanto para parejas indias como extranjeras.
Algunos ven esta práctica como la consecuencia lógica del rápido crecimiento económico de India y la liberalización de los últimos quince años, un perfecto encuentro entre la oferta y la demanda en un mercado globalizado.
"Es un negocio redondo", dice S.K. Nanda, ex secretario de salud aquí en el estado de Gujarat. "Es una iniciativa completamente capitalista. No hay nada poco ético en esto. Si la lanzaras en algún lugar entre Bengala del Oeste y Assam" -dos estados golpeados por la miseria-, "tendrías un montón de interesadas".
Otros no están tan seguros sobre las implicaciones morales, y se muestran preocupados sobre la explotación de mujeres pobres y de los riesgos en un país donde al año mueren cien mil mujeres como resultado del embarazo y el parto. Las parejas ricas de Occidente pagan a las mujeres indias el uso de sus cuerpos, dicen, y eso es en el mejor de los casos de mal gusto, y en el peor, inescrupuloso.
"Estás colocando en peligro la vida de la mujer que será madre de alquiler", dice C.P. Puri, directora del Instituto Nacional de Investigación de la Salud Reproductiva en Mumbai (antiguamente Bombay). "Es por eso que pienso personalmente que es algo no debería convertirse en un negocio".
Ambas partes del debate concuerdan en que el negocio de la fertilidad en India, incluyendo "el turismo reproductivo" de extranjeros, es potencialmente enorme. Las cifras actuales son difíciles de determinar, pero el Consejo Indio de Investigación Médica estima que ayudar a los residentes y visitantes a tener hijos podría prosperar y convertirse en una bullente industria de casi seis mil millones de dólares al año.
"Definitivamente va a aumentar con la educación y la alfabetización, especialmente en un país como India", dijo Gautam Allahbadia, un especialista de la fertilidad en Mumbai que ayudó recientemente a un pareja de Singapur a encontrar a una madre de alquiler. Ha recibido peticiones similares de Estados Unidos, Israel y España.

Pequeño Boom de Bebés
En la vanguardia de la naciente industria se encuentra esta pequeña ciudad, donde la ginecóloga Nayna H. Patel preside un pequeño boom de bebés. Pero ocho de sus recientes e inminentes recién nacidos no se sumarán a la población de cien mil habitantes de Anand: Tres de los bebés están destinados a Estados Unidos, dos a Gran Bretaña y tres a otras partes de India. (Seis otros intentos no tuvieron éxito).
Antes de que la práctica de Patel empezara a llamar la atención nacional e internacional, Anand fue famosa durante décadas como la capital lechera de India, el hogar de la cooperativa lechera más exitosa del país.
Ahora la ciudad también hace alarde de contar con 20 jóvenes mujeres que se han ofrecido voluntariamente para ser implantadas con embriones en la clínica de Patel. Algunas ya han pasado por el proceso y están ansiosas esperando una segunda ronda.
Los clientes potenciales se enteran de Patel informalmente o a través de redes formales online y en sitios en la web que tienen que ver con asuntos de infertilidad. Para cuando la contactan, y gastan el tiempo, la energía y el dinero para llegar aquí, están normalmente desesperados por tener hijos y a menudo emocionalmente destrozados después de años de intentos y fracasos.
Patel ha fijado algunos criterios para los que recibirán su ayuda: solamente parejas sin hijos en las que la esposa sea infértil o físicamente incapaz de portar un feto en su vientre.
Del mismo modo, las potenciales madres de alquiler deben tener entre 18 y 45 años, tener buena salud, y deben ser madres en sí mismas, por razones psicológicas y físicas: físicas, de modo que sepan qué les espera en cuanto a sus cuerpos, y psicológicas, de manera que tengan menos problemas a la hora de entregar un bebé porque ya tienen hijos. El óvulo que contribuye al embrión no será nunca propio, y provendrá de una donante anónima o de la mujer que quiere ser madre, y será fertilizado normalmente in vitro.
Las dos partes firman un contrato según el cual los futuros padres pagan los cuidados médicos y la madre de alquiler renuncia a sus derechos al bebé, una disposición que apacigua los temores de muchas parejas extranjeras. En Estados Unidos, por ejemplo, donde las leyes varían de estado a estado, la madre de alquiler tiene a veces una oportunidad después del nacimiento de reclamar la maternidad del bebé, lo que puede precipitar espeluznantes guerras legales.
En Anand las voluntarias son recordadas repetidas veces por Patel y su personal que los fetos en sus vientres no son suyos. Deben entregar a los recién nacidos dentro de dos días después del parto. De momento no han surgido problemas con que se forme un vínculo demasiado estrecho entre madre de alquiler y bebé, dijo Patel.
"La primera pregunta es: ‘¿Está bien el bebé?’ La segunda es: ‘¿Está contenta la pareja?’ Y luego dicen: ‘Gracias a Dios’", dice Patel. "Y después de eso ya no vuelven a pensar en el asunto".
Reconoció que el dinero era el principal motivo de estas mujeres para ser madres de alquiler; sin el dinero, la lista sería corta, si no inexistente. Las remuneraciones varían normalmente de 2.800 a 5.600 dólares, una fortuna en un país donde el ingreso per cápita anual gira sobre los quinientos dólares.
Pero Patel también mencionó componentes culturales: una empatía con las parejas sin hijos aquí en una sociedad que considera la progenitura casi como una obligación sagrada, y las enseñanzas hindúes que proclaman que serás recompensado en tu próxima vida por las buenas acciones que hagas en esta.
"Esas parejas no tienen hijos propios, y puedo entender cómo se sienten", dijo Smita Pandy, 27, que tiene dos hijos propios y estaba a punto de dar a luz por encargo de una pareja india. "Seré feliz porque ellos podrán tener su hijo".
Su marido, Jagruth, lo ve de este modo: Tal como él y su familia viven en una casa alquilada, el vientre de su esposa también provee de refugio temporal -a cambio de dinero- de un bebé que pertenece a otros.
A pesar de su aspecto liberal, las actitudes tradicionales sobre el sexo y la procreación, que hacen de las madres de alquiler algo incomprensible y tabú para muchos, todavía predominan en el campo de India. Mehli, la mujer que accedió a ser madre de alquiler para una pareja estadounidense, ha inventado una historia para sus vecinos.
"Les diré que estoy embarazada con un bebé de mi marido, y cuando me separe del bebé, les diré que murió", dijo.
No se preocupa sobre los potenciales efectos negativos del embarazo sobre su propia salud física o mental. Pero es una cuestión que preocupa a Puri, la directora del instituto de investigación sobre la salud reproductiva en Mumbai.
"Si examinamos quiénes se convertirán probablemente en madres de alquiler por el beneficio económico, veremos que se trata de mujeres de condición socio-económica baja", dice Puri. "Si examinamos la mortalidad y los índices de enfermedad asociados con el embarazo y el parto, se produce mucho más en esta clase de gente".
India no tiene leyes que regulen la industria de la fertilidad, sólo directrices no vinculantes del consejo nacional de investigaciones médicas. El grupo ha instado al gobierno a implementar leyes que garanticen la protección de todas las partes. Se enfadan cuando se compara a las madres de alquiler con la gente que vende sus órganos, un acto que describen como perverso y completamente diferente del aprovechamiento del ciclo maternal natural.
"No estás perdiendo ningún órgano", dice Patel. "El embarazo y el parto son cosas fisiológicas. Cuando te sacan un riñón, se convierte en patológico".

Colmadas de Regalos
Además, muchas de las madres de alquiler son colmadas con regalos de alimentos y medicinas y supervisadas con una solícita atención por los padres en espera, habitualmente gente educada y sofisticada que quieren asegurarse de que su inversión produzca el fruto deseado.
El estadounidense que contrató a Mehli dijo que él y su esposa habían revisado todas las opciones de tener un hijo a la luz de su histerectomía hace diez años. Las madres de alquiler eran una posibilidad, pero a un mínimo de 20 a 25 dólares en Estados Unidos "los costes involucrados estaban fuera de mi alcance", dijo el hombre, que pidió ser identificado solamente por su apellido, Singh, debido a que es un tema delicado.
Su doctor propuso que Singh y su mujer buscaran una solución en India. Debido a que Singh es de origen indio -como muchos de los extranjeros que buscan aquí a madres de alquiler-, la idea le agradó.
Viajó recientemente a Anand una calurosa tarde para reunirse con Mehli, firmar el contrato y donar el semen, que será unido a un óvulo de una donante anónima.
"Me conforta saber que ella tiene hijos, y que su marido esté hoy aquí y que pueda hablar con él", dijo Singh, que vive en el oeste de Estados Unidos. "Me da más confianza de que yo o alguien de la familia pueda visitarla durante el embarazo".
Los costes de una fertilización in vitro y la madre de alquiler llegarán a unos 7.200 dólares. Incluso considerando los gastos de viaje, los costes generales serán mucho menores que en Estados Unidos, dijo, cuando estaba en la oficina de Patel.
En el vestíbulo, una docena de mujeres descalzas con coloridos saris esperaban pacientemente para ver a la doctora. Sobre sus cabezas, clavadas en la pared, había notas de agradecimiento de padres orgullosos y fotografías de sus bebés sonriendo o durmiendo.
Para esta misma fecha el próximo año, Singh espera estar entre las notas de esa pared.

19 de abril de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
rss