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modernas bestias de carga


[Linton Weeks] De la casa a la oficina y a la escuela y al gimnasio, cargamos con demasiadas cosas.
Acarreando una mochila, una libreta de apuntes y una botella de agua, te paras un momento y miras las antiguas fotografías en blanco y negro en el Museo Nacional de Historia Americana. Sabes, esas que muestran a los americanos en su vida cotidiana: gente esperando el trole cerca de 1900, por ejemplo, o gente cruzando la Avenida de Pensilvania en 1905.
¿Te parece que falta algo? Correcto: cosas.
La gente -de todas las edades, todos los sexos- no lleva nada, ni mochilas ni botellas de agua. No llevan celulares, ni acunan tazas de café ni acarrean ordenadores portátiles. No tiene bolsas -de compras, bolsones o de pañales. Aparte una pequeña cartera por aquí o un bastón o paraguas por allá, no llevan nada: van libres de pies y manos.
Ahora vuelve a la calle y mira alrededor. La gente está en las mismas calles de la ciudad, pero cargadas hasta los topes. Van cargadas de libros, diarios, jarras Gatorade, estereos personales, mochilas, maletines y bolsones de tela con zapatos taco alto dentro. Llevan iPods metidos debajo de los brazos, riñoneras abrochadas a las cinturas y las llaves de la casa sujetas con cordones de zapatos.
Quizás sea porque hacemos muchas cosas. O porque nos sentimos inseguros. Quizás nos estamos volviendo más independientes. Cualquiera sea la razón, andamos cada vez más cargados con nuestras cosas.
Veamos por ejemplo el caso de Shey Moye, que viene caminando por Wisconsin Avenue en Bethesda, en dirección a Maurice Villency, el almacén de muebles donde trabaja. Moye, 28, lleva un llamativo bolsón de cuero de cartero lleno de libros y otras cosas colgando de un hombro. Lleva dos enormes libretas de apuntes en su brazo izquierdo y un bocadillo envuelto en papel -su desayuno de salchicha y huevo- y un macchiato con caramelo en su derecha. Se siente cómodo cuando acarrea un montón de cosas. "No puedo evitarlo", dice.
Cheryl Douglas, 59, profesora de educación especial en la Escuela Básica Tuckahoe en Arlington. Terminó la escuela y se dirige a su cocha. Lleva en su mano izquierda una bolsa Lancome negra llena de montones de carpetas rellenas de papeles y, por alguna razón, una bolsa de plástico sin nada. En su derecha: una bolsa Lancome rosada con más carpetas, una libreta, una pelota de tenis, la parafernalia de las lentes de contacto y una bolsa de Jolly Ranchers. En su hombro izquierdo lleva una bolsa de correas largas que se apoya en su cadera derecha. Y también de un hombro izquierdo cuelga hacia la izquierda una raqueta de tenis Dunlop en su funda negra.
Es una sherpa suburbana.
Interrogada sobre por qué la gente en el pasado no acarreaba tantas cosas, dice: "Deben haber llevado vidas segmentadas, trabajaban en el trabajo y no en casa".
Dice que siempre lleva cosas diferentes cuando va al gimnasio: zapatos, chándal, un reproductor de discos compactos para escuchar mientras hace ejercicios. Y cuando era más joven llevaba otro montón de cosas: pañales, botellas, mantas.
La vida contemporánea es muy fluida. El trabajo se funde con el ocio, que se derrama sobre la vida familiar. Nunca sabemos qué vamos a necesitar ni cuándo. Un libro para cuando nos quedemos atrapados en el metro; una caja de jugo por si nos quedamos embotellados en el tráfico; galleticas para los momentos bajos en azúcar; una linterna en caso de que tengamos una pana de neumáticos en la noche.
"Es como una red de seguridad", dice Douglas sobre las cosas que acarreamos.
El historiador cultural Thomas Hine, autor de ‘I Want That! How We All Became Shoppers', dice que ha observado que andamos con más cosas que nunca.
"El fin de semana pasado", dice Hine, que vive en Filadelfia, "ayudé a un amigo a elegir un maletín para un ordenador portátil más bien elaborado que también incluía compartimentos especiales para el celular, el organizador personal, el reproductor de MP3 y otros artefactos sobre los que nadie había oído en años".
La creciente cantidad de cosas que llevamos en nuestro viaje por la vida, dice, refleja "la tendencia de nuestra sociedad de prescindir de fuentes de estabilidad compartida -el trabajo a largo plazo, los vecindarios, los sindicatos, las cenas familiares- y de transformarnos en agentes libres y autónomos".
El walkman, introducido en 1979, dice Hine en un e-mail, "probablemente sentó un precedente: permitió que la gente estuviera físicamente en el mismo espacio, pero mentalmente distantes. La plétora de artefactos de ‘comunicación' que llevamos son también herramientas de aislamiento del ambiente inmediato. Y, en palabras de un anuncio de reclutamiento, cada uno de nosotros se convierte en un ‘ejército de uno', acarreando todas nuestras herramientas de supervivencia a través de un mundo previsiblemente hostil".
Es la postura perfecta para la Era de la Inseguridad. Nos inquietamos por nuestros trabajos, familias, país, masculinidad o feminidad, capacidad de ser un buen padre. Creemos que hay alguien ahí dispuesto a hacernos pedazos. Y a quedarse con nuestras cosas. Y así, como los sin casa, llevamos nuestras cosas con nosotros. Por si acaso pasa algo.
Si la riqueza fuera medida por la libertad y la libertad fuera el estado de estar libre de peso, nosotros seríamos gente pobre y cargada.
"Estamos acarreando más cosas", dice Celeste Niebergall, de JanSport, fabricantes de mochilas, de California. "Especialmente en la escuela". Se han escrito resmas de historias sobre niños que se lesionan debido a las pesadas mochilas. Ahora llevan enormes maletas con ruedas. Parecen pequeñas azafatas de vuelo. O golfistas de fin de semana con sus carritos de golf. ¿Nos falta mucho para la mochila motorizada?
Las mochilas para todas las edades han sido agrandadas, dice Niebergall. "Hemos aumentado la tara".
Tenemos mochilas más grandes, pantalones de cargo con múltiples bolsillos, cabestrillos de nylon, bolsas de viajero, bolsas de todo tipo -de compras, bolsones, carteras. Gap fabrica incluso una bolsa llamada ‘hobo' para el nómada urbano. PurseBrite fue diseñada con una luz dentro para ayudarte a sortear en tu pila de cosas.
"Siempre llevo un montón de cosas conmigo, ando siempre cargada de libros, casetes, bolígrafos y papel, en caso de que me den ganas de sentarme en alguna parte y, eh, no sé, leer algo, o escribir una obra maestra", escribe Elizabeth Wurtzel en ‘Prozac Nation'. "Quiero tener todas mis posesiones importantes, todas mis cosas mundanas, a la mano todo el tiempo. Quiero llevar conmigo siempre lo que me queda de sensación hogareña. Pero me siento todo el rato tan cargada. Esto debe ser un poco como debe sentirse una vagabunda, arrastrando todo a todas partes".
La vagabunda lleva un montón de cosas. Tradicionalmente también lleva un montón de cosas el soldado, la orquesta unipersonal, la Avon Lady. Y ahora todos nosotros hemos aumentado nuestros artículos portátiles, si no nuestra efectividad.
Douglass parece bastante efectiva. Ha estado enseñando durante 25 años. Mientras carga sus cosas en su Honda, que está aparcada en la calle detrás de la escuela, hace el inventario. "Todo el mundo tiene un Palm Pilot", dice, riendo. "Yo todavía uso un calendario".
Pieza por pieza se va sacando bolsas de sus brazos y manos. Las carpetas y el equipo para las lentes de contacto e incluso los Jolly Ranchers, son cosas que entendemos todos. Pero ¿por qué lleva la raqueta de tenis? ¿Va a jugar?
No, dice. No va a jugar. Pero cuando la vida se hace tan agobiante que no aguanta más, saca la raqueta de su funda y la pelota de su bolsa Lancome rosada y la hace rebotar contra una pared. Una y otra vez.
La mecánica actividad sirve dos propósitos. Aclara tus ideas. Y te obliga a dejar en el suelo todas las demás cosas que vas acarreando.

8 de febrero de 2006
©washington post
©traducción mQh
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chicas latinas de cumpleaños


[Lizette Álvarez] Las fiestas de cumpleaños de las quinceañeras latinas se hacen cada vez más extravaganes y se extienden a otros grupos étnicos de Estados Unidos.

Cathy Zuluaga ordenó su vestido de seda rosado sin tirantes, levantó ligeramente su peinado y, siguiendo los sones de un vals grabado, entró deslizándose al salón de baile del local del catering Ricardo's, en Astoria, Queens.
Mientras los aplausos de la multitud de colombianos, portorriqueños y dominicanos se hacían cada vez más sonoros, Cathy, 16, se soltó del brazo de su padre, giró sobre sí misma, hizo una reverencia y sonrió. Se deslizó pasando frente a su corte de honor, ocho niñas con largos vestidos plateados y ocho niños con esmoquin estilo Nehru, y se sentó en el trapecio blanco engalanado con tul, lazos y flores. Luego, tal como manda la tradición, su padre se arrodilló y le sacó a Cathy sus castas zapatillas de ballet, colocándole en su lugar un par de femeninas sandalias de taco alto para bailar chachacha. Su madre le puso suavemente una diadema en su cabeza.
"Está colocando la corona a su guapa princesa", anunció el maestro de ceremonias de la velada. En un instante, Cathy, su novio, y el resto del séquito, algunas con frenillos, empezaron a bailar tímidamente el tradicional vals que es una de las partes importantes de toda quinceañera, la fiesta del cumpleaños número quince de las niñas latinas. En ese momento, Cathy cruzó el umbral que separa la infancia del ser mujer.
"Fue un momento especial", recuerda Cathy una semana después, refiriéndose a su fiesta. "Todo salió de maravillas". Además, dijo, "recibí montones de regalos, dinero y un Lexus".
Algunos dicen que tiene que ver con el boom de la población hispana, mientras otros señala en dirección a la cultura de hoy, loca por las fiestas y el status y el éxito del programa de MTV, ‘My Super Sweet 16". Pero no hay ninguna duda de que la fiesta hispana de los quince años es más popular, más ostentosa y, de modo sutil, más americana que nunca. Imagine un ostentoso baile de sociedad sin los envoltorios de la alta sociedad o un bar mitzvah con una dosis extra de parranda y tendrá un retrato de muchas de las modernas fiestas quinceañeras.
"Las quinceaneras han despegado en serio", dice Will Cain, editor de una nueva elegante revista llena de anuncios, Quince Girl, una parodia de las revistas de novias. "Las quinceañeras son algo único, algo que une a los hispanos".
Hoy muchas niñas se están despojando de algunas populares tradiciones quinceañeras, como la misa que precede normalmente a la fiesta, y agregando nuevas tradiciones, como llegando como Belle en ‘La bella y la bestia' [Beauty and the Beast] y haciendo coreografías nuevas con temas hip-hop. Algunas adolescentes, como Cathy, una chica de décimo de la Escuela Secundaria Sewanhaka, de Long Island, están optando por esperar un año más, para poder zanjar la anticuada etiqueta de ‘quinceañera' por la más chévere, y más aculturada ‘Sweet 16'.
Las fiestas de cumpleaños al estilo de los quince han incluso logrado influir las celebraciones de otros grupos, como las de los jamaicanos, afro-americanos y asiáticos, que se han hechizado con la coreografiada naturaleza de la fiesta y los tributos familiares. Esta tendencia es particularmente evidente en la multicultural Nueva York, donde la tradición de cambiar las zapatillas por zapatos de taco alto, encender las dieciséis candelas y rodear la fiesta de cumpleaños de las niñas con una ‘corte' -parecida a la de las bodas- de amigos está conquistando a las chicas no-hispanas.
"Estoy sorprendida de todas las nacionalidades que quieren celebrar estos ‘Sweet 16': indios, filipinos, chinos", dice Angela Baker-Brown, que administra Tatiana's Bridal, en Queens, que vende vestidos y accesorios para quinceañeras, como el cetro que lleva la chica festejada. "Es una tradición hispana, pero los otros grupos están yendo a esas fiestas y les gusta".
La fiesta de las quinceañeras, largo tiempo venerada por su tendencia a romper las carteras, incluso entre familias de ingresos modestos, es más cara y extravagante que nunca, de acuerdo a fabricantes de ropa y organizadores de eventos. La tendencia también se ha extendido a estados como Georgia y Carolina del Norte, donde los hispanos constituyen ahora una gran parte de la población.
Los hombres de negocios se han fijado en el emergente mercado. Además de la revista Quince Girl, que se publica en inglés y en español, varios fabricantes de vestidos de novia como David's Bridal y House of Wu ahora ofrecen diseños quinceañeros. Organizadores de eventos y coreógrafos están proliferando, forjando especialidades con las fiestas quinceañeras. Y las adolescentes pueden visitar exposiciones quinceañeras, grandes vitrinas de vestidos, accesorios e ideas, en Miami, Houston, Dallas y Los Angeles.
Las niñas celebran sus quince en Disneyland, donde el Príncipe Azul las saludará cuando desciendan de la carroza de Cenicienta. Salen en cruceros con amigos y hacen fiestas a bordo del buque, o reservan viajes de quinceañeras a Europa. Si prefieren quedarse en casa, muchas niñas seguramente descenderán de limusinas, se cambiarán a mitad de la fiesta, mostrarán videos de su viaje desde la infancia hasta la adultez y se permitirán tartas de varias capas.
Las tradiciones varían dependiendo de la cultura. Los cubanos en Miami pueden no conocer necesariamente el cambio de zapatillas a zapato, mientras que los mexicanos en Texas enfatizan la misa, durante la cual las niñas a veces llevan una muñeca (que será abandonada esa noche) y recibirán sus diademas.

Sin embargo, otras tradiciones están siendo adaptadas, un guiño hacia el consumismo de las adolescentes de hoy y las a veces exigentes demandas de las niñas. El vals, un resabio del colonialismo europeo, es todavía popular en muchas fiestas, pero algunas niñas prefieren bailar solas, con sus parejas o padre, antes que con todo su séquito de amigos, un proyecto de exige un montón de ensayos y coordinación. Persuadir a las adolescentes de hoy a bailar el vals ‘El Danubio azul', u otro similar, no es fácil, así que la música latina se está introduciendo en el ritual.
Las novedades más dramáticas han ocurrido en lugares como Miami, donde las fiestas se han convertido en extravagancias. Con etiquetas de precios de diez mil y hasta ochenta mil dólares, las quinceañeras ahora compiten con las bodas en cuanto a costes y, en algunos respectos, las superan.
"Hemos visto un montón más de grandes producciones", dice Isabel Albuerne, que es conocida como Event Lady y cuya compañía, Florida Weddings, tiene sede en Naples, Florida. "La comunidad hispana lo ve de este modo: Tengo una o dos hijas. Ella se puede casar varias veces, pero se tienen quince años sólo una vez en la vida. Es una sola vez en la vida. Y no hay otra mitad opinando. Es la mami, el papi y la niña. Gasta 40 mil dólares en una boda y al año ya estás divorciado".
Muchas familias que realmente no pueden permitirse una fiesta, las hacen de todos modos. Tradicionalmente las fiestas de quinceañeras cortan las líneas de clase. "Ahorran para la fiesta durante años", dice Albuerne. Los mexicano-americanos a menudo comparten los costes con la familia extensa, nombrando a varios padrinos específicamente para participar en el proceso. Las familias cubanas abren cuentas de ahorro especiales. "Conozco a algunos hispanos que han sacado una segunda hipoteca de su casa para esto", dice. "Es importante".
En Miami, hogar de latinos con dinero y cubano-americanos ricachones, los quince son más elegantes que nunca, y algunas fiestas parecen escenografías de Broadway. No es raro que un niña con traje de bailarina de vientre sea llevada en andas en una cama cubierta de joyas al estilo de ‘Las mil y una noches' por cuatro jóvenes o que emerjan de un castillo de Cenicienta construido a la medida. Las niñas festejadas pasean por suelos de arena como si fuesen sirenas, a la ‘Veinte mil leguas de viaje submarino' [Under the Sea], o bailan con trajes victorianos, o muestran rutinas hip-hop. Los bailes de disfraces son popular, y los cambios de traje, como en el teatro, son corrientes. Incluso cuando la fiesta implica el tradicional vals, contratar un coreógrafo es obligatorio.
"Algunas llevan vestidos cortos debajo de los grandes y durante el baile se quitan los grandes", dice Ana Ricolt, dueña de Fantastic Fiestas en Miami, cuya clientela es en un 80 por ciento cubano-americana. En septiembre, Ricolt prepara una fiesta de Cenicienta y la niña "llegará al escenario en una carroza de Cenicienta", dice. "Es una producción. La preparación puede tomar de ocho a doce semanas".
Para criterios de Miami, la fiesta de Natasha Poupariña en octubre pasada fue notable. Inspirada gruesamente en el tema del ‘El fantasma de la Ópera', Natasha llegó al escenario en un caballo blanco. Su escolta era el Fantasma. Natasha y su pareja, un joven vestido como príncipe, bailaron con su corte, con máscaras y largos vestidos de gala, con el tema musical del ‘Fantasma'. Todos los detalles de la fiesta, incluyendo la decoración de la tarta, giraba en torno al tema.
Algunos padres todavía realizan sus fiestas en la sacristía, cocinan su propia comida y hacen los vestidos de sus hijas. Pero eso se ha convertido rápidamente en una ocurrencia rara, especialmente entre niñas que han crecido en Estados Unidos. En Tatiana's Bridal, el coste promedio de un vestido es de 400 dólares. Los coreógrafos cobran al menos dos mil dólares y los fotógrafos más de tres mil dólares.
Milady Chaverra, la madre de Cathy, que nació en Nueva York y es mitad portorriqueña, mitad colombiana, dijo que la fiesta de Cathy costó más de un año de preparación, incluyendo encontrar un salón de baile para los ensayos de vals.
"Es un montón de planificación y de dinero", dice Chaverra, que es dueña de Flushing Express Car Service con su marido, Adolfo. "Es una tradición. Yo no tuve fiesta y Cathy realmente quería celebrarlo. Vale la pena. Te quedas con los recuerdos".

11 de mayo de 2006
©new york times
traducción mQh
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el dinero lo cambia todo


[Jennie Yabroff] A pesar de las tendencias nivelizadoras de las últimas décadas, el dinero sigue dividiendo a la gente.
A Greta Gilbertson la pilló desprevenida su hija de 9 años, que asiste a una escuela privada en el Upper West Side, cuando le pidió un celular.
"Le respondí bruscamente", recuerda la señora Gilberton, profesora asistente en la Universidad Fordham, en el Bronx. "Le dije: ‘No te creas que eres una niña rica, porque no lo eres'". Aunque su hija expresa rara vez envidia de sus amigas más acomodadas, dice Gilbertson, fue un ‘momento espontáneo' que reveló su ansiedad por estar en un mundo donde otros padres tienen más dinero que ella.
Carol Paik, ex abogado que se casó con un colega de un prominente bufete de abogados de Nueva York, se encontró a sí misma al otro lado de la ecuación del dinero. Cuando volvió a la universidad en 2002 para sacar una maestría en escritura creativa en Columbia, su anillo de compromiso de diamante llamó la atención de su nuevo grupo de amigos. "Cuando estaba trabajando", dijo, "nunca pensé en el anillo, y no parecía nada especial".
Pero en la escuela, dijo, "la gente decía cosas como: ‘Es un diamante realmente grande', y no lo decían necesariamente para felicitarme". Así que empezó a sacarse el anillo antes de entrar a clases.
Si, como dice Samuel Butler, las amistades son como el dinero, más fáciles de hacer que de conservar, las diferencias económicas pueden agregar otro obstáculo más a su mantención. Más amigos y conocidos se encuentran ahora en diferentes puntos del espectro económico, dicen estudiosos y sociólogos, gracias a amplios cambios sociales como la educación superior -basada en la meritocracia-, la diversidad en el mercado laboral y la disparidad de ingresos entre las profesiones.
A medida que la gente con cuentas bancarias de diferente tamaño se reúne en lugares comunes, hay amplia causa de torpezas sociales, que pueden tensar las relaciones, a veces hasta el punto de rompimiento. Muchos se descubren luchando con complejos sentimientos sobre el dinero y la autoestima, e improvisando estrategias para hacerles frente.
"El verdadero problema no es el dinero, sino el poder que te da el dinero", dice Dalton Conley, profesor de sociología y director del Centro para Investigaciones Avanzadas en Ciencias Sociales, de la Universidad de Nueva York, que estudia temas en torno a la riqueza y las clases. "El dinero hace explícitas las desigualdades en una relación, así que trabajamos duro para minimizarlo como una forma de tacto".
Para Gilbertson eso significa no invitar a las amigas de su hija a jugar porque, dijo, su apartamento en Washington Heights es pequeño y está en un barrio que algunos padres considerarían marginal. Por la misma razón, organizó una fiesta de pizzas para el cumpleaños de su hija en la Y.M.C.A. local.
Para la señora Paik, eso significaba no invitar a sus compañeras de curso a su departamento de tres dormitorios de la preguerra en el Upper West Side, porque muchas de ellas vivían en residencias estudiantiles y temía que ellas pensaran que estaba alardeando. "No quería introducir esa barrera", dijo.
Los incómodos efectos del dinero son explorados en la película reciente ‘Friends with Money', en la que aparecen cuatro amigas ricas y una que apenas sobrevive. En una temprana escena las amigas se reúnen para cenar cuando Olivia, un ex maestra (Jennifer Aniston), anuncia que ha empezado a trabajar como criada. Momentos después Franny (Joan Cusack) dice que ella y su marido harán una donación de dos millones de dólares a la escuela básica de su niño. Cuando otra amiga pregunta por qué no le da el dinero a Olivia, todo el mundo ríe incómodamente y cambian de tema.
"Se habla de dinero muy difícilmente; es un tema tabú", dice Nicole Holofcener, guionista y directora de ‘Friends With Money'. "Toma trabajo con amigos cercanos; tengo que hacer un esfuerzo consciente para hablar sobre temas relacionados con el dinero que surgen entre nosotros".
Las barreras económicas de la amistad han emergido en parte porque otras barreras están desapareciendo, dicen los sociólogos. La universidad, donde la gente forma algunas de las amistades más intensas de sus vidas, es una olla podrida de las diferencias económicas. Estudiantes de familias con club de campo y estudiantes becarios son puestos a vivir juntos, pertenecen a los mismos clubes de atletismo y van juntos a clases.
"Hay una increíble expansión de la educación superior", dice Conley. "Más gente de orígenes más variados va a la universidad. También hay más admisiones a instituciones de elite en base al mérito".
De acuerdo a datos compilados por Thomas Mortenson, investigador del Pell Institute en Washington, 42 por ciento de los adultos jóvenes (de 18 a 24 años) del grupo inferior de ingresos familiares se matricularon en la universidad en 2003, en comparación con el 28 por ciento en 1970. La matrícula de los estudiantes de ingresos medios también aumentaron. La participación de estudiantes de las familias de más altos ingresos cambió poco, con un 80 por ciento matriculados en universidades en 2003, en comparación con el 74 por ciento en 1970.
Una vez que los amigos de la universidad salen del campus, su status económico puede diferir ampliamente dependiendo de sus carreras. Mientras hace 20 años un joven abogado y un nuevo instructor universitario podrían haberse lamentado sobre sus trabajos mientras bebían café y rosquillas, hoy el abogado sería capaz de invitar al ayudante universitario a cenar a un restaurante con dos camareros de vinos y un experto en quesos.
En la Universidad de Nueva York, por ejemplo, los ayudantes ganan 35.300 dólares por el actual año académico, de 24.500 para el año académico 1985-1986, de acuerdo a Asociación Americana de Profesores Universitarios. Un asociado de primer año en una importante firma de abogados en Nueva York puede ganar hasta 170 mil dólares con un bono de fin de año, en comparación con los 53 mil dólares, incluyendo el bono, que ganaba en 1985.
"En Nueva York estamos en las primeras líneas del aumento de la desigualdad en los ingresos porque está ocurriendo en la mitad superior de la escala de distribución del ingreso", dice Conley. "La diferencia entre el medio y el tope ha crecido de manera increíble".
Aunque los ricos pueden refugiarse en edificios con porteros o en barrios caros, otras tendencias en la sociedad llevan a los ricos a convivir con gente no tan rica. El aburguesamiento, un movimiento urbano que se extiende desde Prospect Heights, Brooklyn, hasta el centro de Los Angeles, lleva a la clase profesional a vivir en barrios obreros. Se mezclan cuando sus hijos asisten a las mismas escuelas y participan en las mismas ligas del atletismo.

Sentirse torpe por las diferencias en valor neto no es solamente un tema para los que están abajo de la ecuación. Algunos ricos -especialmente los jóvenes- tienen problemas en admitir que son diferentes.
"Supuestamente somos una sociedad sin clases,
y eso es obviamente completamente falso, pero la gente no quiere reconocer que esas diferencias existen", dice Jamie Johnson, 26, heredera de la fortuna Johnson & Johnson. Él exploró las opiniones sobre el dinero entre sus compañeros en su documental de 2003, ‘Nacidos ricos' [Born Rich]. Su nuevo documental, ‘The One Percent', que se estrenó en el Festival de Cine de Tribeca este 29 de abril, examina la influencia política de los estadounidenses ricos.
Johnson dice que algunos de sus amigos con dinero actúan como si tuvieran menos recursos de los que tienen, ostentando que toman el metro y diciendo que no pueden pagarse un taxi. "Lo hacen para evitar la desazón que surge cuando se advierten distinciones de clase social", dice.
La presión para ajustarse económicamente puede ser especialmente intensa para los adolescentes y adultos jóvenes. Marisa Gordon, 27, contable de una agencia de publicidad de tamaño medio de Manhattan, recuerda que como estudiante de la Universidad de Siracusa, su compañera de cuarto resentía que Gordon tuviera más dinero que ella. La compañera hizo comentarios cuando Gordon una vez llegó a casa con un par de chándales Diesel y lloraba porque no podía comprar el mismo perfume Issey Miyake.
Aunque ella y su compañera de cuarto son todavía amigas, Gordon dice que los temas sobre el dinero contribuyeron al hecho de que ahora no son tan cercanas como antes. Ahora es su hermana menor, una estudiante de primer año de Siracusa, la que está sintiendo el mismo tipo de presión competitiva que sentía la compañera de Gordon. La hermana pidió a sus padres una bolsa Louis Vuitton porque, dijo Gordon, "todo el mundo en la escuela tiene una bolsa de Louis".
Suze Orman, escritora de asuntos económicos y conferencista cuyo último libro es ‘The Money Book for the Young, Fabulous and Broke' (Riverhead Hardcover), dice que los adultos jóvenes pueden incluso endeudarse para mantenerse a la altura de sus amigos.
"A mí me parecen como palitroques", dice. "Mira a un grupo de amigas que caminan por la calle. A menudo se visten todas iguales: los mismos zapatos, los mismos cinturones, el mismo bolso".
Pero lo que no es fácilmente perceptible, dice Orman, es que una de las mujeres puede haber estado meses ahorrando para comprarse ese bolso caro, o más probablemente, lo está pagando a crédito. Sus amigas vestidas iguales, entretanto, tienen el salario o el dinero de la familia que les permite tener un clóset lleno de bolsos de diseñadores.
"Así es como nos metemos en problemas", dice Orman. "Pensamos que nuestras amigas son como nosotras y si nuestra amiga se puede comprar algo, nos engañamos a nosotras mismas diciéndonos que nosotros también podemos".
Mary Ochsner, una madre y ama de casa de San Clemente, California, terminó una amistad después de que salieran a superficies cuestiones de dinero. Había trabado amistad con una amiga después de la universidad cuando las dos, como dijo ella, "pasaban por períodos de mucha afluencia". Pero sus caminos se separaron cuando Ochsner se casó con un marine y su amiga con un hombre al que Oschner describió como un ejecutivo ambicioso. Dijo que su amiga se había convertido en una persona muy consciente de su status y fanfarroneaba sobre sus renovaciones en casa.
El insulto final vino, contó Ochsner, cuando invitó a la mujer a la fiesta de cumpleaños de su hija. La mujer apenas habló con alguien, pero trató de robarle la niñera ofreciéndole cinco dólares más por hora de lo que pagana Ochsner. Ochsner decidió que la amistad no valía tanto.
"No fue por el dinero", dijo. "El dinero me hizo darme cuenta de que ella tenía ambiciones sociales diferentes".
Quizás el ritual social más fraguada de peligros es cuando se trata de pagar la cuenta del restaurante. "Conozco a gente rica que tienen terribles problemas con la idea de quién va a pagar la cuenta", dice Johnson. "Pasan horas de terror antes de que llegue el momento".
Dijo que se había descubierto discutiendo sobre la cuenta con una amiga que no tenía tanto dinero. "A veces la gente se siente obligada a pagarte la cena porque no quieren que pienses que están esperando que yo pague la cena", dijo. "Realmente no es algo que me guste. Creo que es una desgracia que la gente se sienta insegura".
Ese desasosiego está también presente al otro lado de la división de ingresos. Un editor de 30 años, de Manhattan, que gana menos de 40 mil dólares al año fue recientemente a Miami por el fin de semana con amigos de la secundaria que trabajan ambos para fondos de inversiones.
"Estábamos en el Shore Club, en una suite que habíamos reservado; yo duermo en el sofá-cama y ellos la están pagando, que es terriblemente generoso de su parte", escribió el editor en un e-mail. No ha sido identificado para no herir a sus amigos. "Sin embargo, esta noche han reservado una mesa en Nobu, con Mansion" -un caro club nocturno- "para después. Yo voy gastar como una semana de salario en las próximas dos noches, probablemente más. Creo que vale la pena salir con ellos sin ninguno de los desagradables recordatorios de que nuestras vidas se han apartado seriamente desde la secundaria, pero me va a escocer cuando vuelva".
Mike Seely, 31, periodista en Seattle, organizó hace poco una cita de almuerzo con una amiga más rica que trabaja en política. Dijo que propuso una comida "donde no hay nada más caro que diez dólares, que es mi rango de precios". Pero ella propuso el Dahlia Lounge, un restaurante caro donde la ensalada de espinaca cuesta 14 dólares.
"Dije: ‘Seguro, siempre que sea a tu cuenta'", dijo.
Fue una de las pocas veces que se sintió cómodo de tratar el tema tan directamente, dijo, porque su amiga era la que quería un lugar más caro.
Incluso los que estudian el tópico como parte de su trabajo lo tienen difícil cuando se trata de dividir la cuenta. "Tengo amigos economistas que se sienten cómodos sólo cuando la cuenta se divide hasta el último céntimo", dice Conley. Sin embargo, se siente obligado a quedarse callado cuando se encuentra al otro lado de una mesa con un vaso de agua con un amigo que pide tres vasos de vino y luego propone partir la cuenta en dos.
"Probablemente es porque no quiero aparecer pequeño", explicó. "Estaría luchando contra normas sociales bastante fuertes".

7 de mayo de 2006
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detenido lord buckingham


[Mary Jordan] Impostor encarcelado de nombre aristocrático puede ser el fan de los Beatles perdido en Orlando.
En enero del año pasado un próspero hombre con un pijo acento inglés abordó el ferry en Calais, Francia, para la corta travesía por el canal hacia Dover. Los funcionarios de inmigración chequearon su pasaporte en un ordenador y descubrieron algo sorprendente: Las señas particulares del hombre coincidían con las de un niño muerto en agosto de 1963.
Fue detenido en Dover por sospechas de portar una identidad falsa. Desde ahí su historia se hizo cada vez más misteriosa: Durante casi veinte años se había hecho pasar por Lord Buckingham en altos círculos británicos, se había casado, era padre de dos hijos, y escribía notas en papel y sobres con el escudo de armas de una familia.
En octubre pasado se declaró culpable de haber mentido para obtener un pasaporte con un nombre falso. Pero si no es Lord Buckingham, ¿quién es? Ha estado detenido en cárceles británicas durante cerca de un año, pero se niega a decir quién es.
Ahora las autoridades británicas creen que tienen la respuesta: Es Charlie Stoopford, un estadounidense de Orlando. Familiares de Stopford en Florida han declarado que Charlie desapareció hace 23 años. Lo recuerdan por su enorme colección de discos de los Beatles y su habilidad para imitar a la perfección el acento inglés.
"Estoy cien por cien seguro" sobre la identificación, que se basa en fotografías del hombre en la cárcel, dijo un familiar de Stopford, que fue entrevistado por teléfono desde Florida a condición de que no se revelara su identidad. De momento no hay informaciones independientes que lo confirmen, pero la policía de Kent, un condado al sur de Londres, donde está detenido el hombre, se ha contactado con la familia en un intento de confirmar su identidad a través de análisis de ADN, huellas dactilares y archivos familiares.
El familiar recordó vagamente que Stopford estaba en problemas. El diario londinense Times informó el lunes que escapó de Estados Unidos después de ser condenado por tratar de volar el coche de su supervisor en un restaurante de Burger King en Orlando.
En la celda de su cárcel el misterioso personaje guarda un testarudo silencio sobre sus orígenes. "Continúa llamándose a sí mismo Christopher Buckigham", dijo el portavoz de la policía de Kent, Jon Parker.
De acuerdo a la familia en Florida, Charlie Stopford nació en 1962, el mayor de nueve hermanos. Sirvió por un tiempo en la marina estadounidense y estuve asignado a un centro de adiestramiento en Orlando. Su pasión era la cultura británica. "Tenía todos los discos de los Beatles", dijo el familiar cercano.
La familia vio a Charlie por última vez en 1983, de acuerdo al familiar. Durante un tiempo mantuvo el contacto con su madre, a la que incluso le contó que estaba usando el apodo de Buckinhgam, dijo el familiar.
Las autoridades británicas dicen que se apropió de la identidad de Christopher Edward Buckingham, que murió de niño en agosto de 1963. Aparentemente el preso sacó la información sobre el niño de su propia tumba y lo utilizó para conseguir documentos básicos como ciudadano británico -una técnica criminal hecha famosa en la clásica novela policial ‘El día del chacal', del escritor inglés Frederick Forsyth. Eso llevó a que la gente en Inglaterra lo llamara ‘el Chacal de Sangre Azul' [Real Jackal].
Durante las siguientes dos décadas vivió como Christopher Buckingham aquí y en Alemania. De acuerdo a un documental que será transmitido el domingo en Gran Bretaña en el canal Sky One, se casó con una inglesa, Jody Doe. Tuvieron dos hijos y vivieron una vida en la que él se hacía pasar por aristócrata, ostentando frecuentemente un escudo de armas de Buckingham. Se divorciaron hace algunos años.
En el momento de su detención, según la policía, trabajaba como consultor de seguridad en tecnología de la información en Suiza. Les mostró papel de carta con un escudo de armas.
Se declaró culpable del cargo de falsificación de pasaporte, cumplió una sentencia y fue dejado en libertad, pero detenido inmediatamente por cargos de inmigración porque la policía no sabía su verdadera identidad.
Amplias búsquedas de huellas dactilares y archivos escolares y médicos en Gran Bretaña lo entregaron ninguna pista, dijo la policía. Un estudio de los archivos de inscripción de escudos de armas reveló que el de Buckinham había dejado de usarse legítimamente a principios del siglo 18.
Durante esos años sus familiares en Florida buscaron a su hermano utilizando su verdadero nombre. Pero hace poco uno de ellos lo rastreó en internet usando el apellido Buckingham y llegó a un reportaje en el Times de Londres sobre un hombre encarcelado en Inglaterra que se hacía llamar Lord Buckingham. Se pusieron en contacto con las autoridades británicas.
Viejas fotos de familia se parecen al hombre encarcelado, dijo el familiar, y fueron entregadas a la policía de Kent.
La ex esposa del impostor y sus hijos están abrumados y confundidos por las revelaciones. Las familias británicas y estadounidenses están ahora en contacto y ansiosas de hablar con el hombre encarcelado, que hasta el momento se ha negado a recibir visitas, dijo el familiar.

6 de mayo de 2006
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maquillaje íntimo


[Melissa Healy] En su intento por verse más jóvenes, sentirse más guapas y tener mejor sexo, las mujeres se están volcando hacia la cirugía plástica genital. Y muchas quieren verse como estrellas porno.
Desde el alba de sus días como una especialidad médica, la cirugía plástica ha marchado inexorablemente sobre los cuerpos de las mujeres, estirando, adelgazando, plegando, restaurando la apariencia de juventud a rasgos debilitados por la edad y alisando aquellos marcados por la excentricidad.
La expansión de la cirugía plástica hacia el sur ha entrado ahora en territorios considerados durante mucho tiempo como sagrados. Hoy, la vagina y sus vecinos -los labios mayores, la labia minora y las paredes vaginales- son los últimos retazos de la propiedad inmobiliaria femenina de los que se considera que se deterioran con la edad o que de otro modo necesitan renovación, embellecimiento y rejuvenecimiento.
En todo el país mujeres post-pubescentes y peri-menopáusicas por igual están tensando sus vaginas, lipo-succionando sus mons pubis, recortando sus pliegues labiales y plegando sus paredes vaginales. La mayoría quiere recuperar lo que los cirujanos plásticos llaman un "aspecto más juvenil" de este largo tiempo oculto rincón de la anatomía femenina y a menudo para mejorar sus vidas sexuales en el proceso. (En algunos casos, las mujeres con pocas pretensiones de virginidad están sorprendiendo a sus amantes restaurando quirúrgicamente sus hímenes).
Otras mujeres, abatidas por las imperfectas proporciones de sus genitales, se hacen operar para mejorar la imagen de sí mismas -un estímulo que a menudo paga sus dividendos en la vida sexual.
"Yo era el tipo de mujer que quería siempre tener las luces apagadas" cuando tenía sexo, dice Holly, una asistente médica de 50 años que se operó recientemente para recortar sus labios menores y que pidió que no se mencionase su apellido para proteger su intimidad. "Sentirme cómoda con mi cuerpo, eso era importante para mí. Fui capaz de sentirme segura sexualmente".
Incluso a medida que el pequeño pero creciente grupo de cirujanos plásticos genitales inventa nuevas y mejores técnicas quirúrgicas, estos reconocen que los estándares que las mujeres esperan alcanzar son determinados en gran parte por actrices de cine adulto, stripteaseras y mujeres desnudas en internet.
"Sé lo que quieren las mujeres", dice el doctor David L. Matlock, de Los Angeles, un tocólogo convertido en cirujano plástico que ha sido pionero en la elaboración y popularización de nuevos procedimientos. Lo sabe, dice, porque muchas de sus pacientes llevan las revistas de sus maridos o amantes a su oficina y le señalan fotos tan explícitas como las de antes-y-después que se ven en muchos sitios web de cirujanos.
Cirujanos plásticos y ginecólogos más tradicionales pueden ser reluctantes a aplicar esos métodos, pero la demanda es innegable. La cirugía plástica de la vulva y de la vagina es una de las áreas de más rápido crecimiento en la cirugía plástica, dice algunos en el campo.
Muchas de las técnicas han sido practicadas durante décadas por tocólogos y ginecólogos para reparar lesiones relacionadas con el parto, y por urólogos y cirujanos reconstructivos que curan defectos de nacimiento o realizan cirugía de reasignación sexual. Pero a fines de los años noventa, los cirujanos empezaron a ofrecer esos procedimientos como un medio de mejorar la apariencia estética de los órganos genitales femeninos y, en algunos casos, mejorar la función sexual.
Hoy, en un campo que sigue asiduamente la pista de la demanda de abdominoplastía, levantamientos de glúteos e implantes de senos, no hay datos para medir la escala de la demanda de estas operaciones. Pero hay indicios de que la cirugía plástica genital ha aparecido en las pantallas de los radares de los observadores de tendencias sociales y en la profesión médica misma.
El próximo año la Sociedad Americana de Cirujanos Plásticos espera empezar a reunir datos sobre el número de operaciones de la vulva y vaginales que realizan sus miembros. Varios practicantes de los nuevos métodos, entre ellos una pareja de cirujanos plásticos de Los Angeles, han sido retratados en programas de la televisión por cable dirigidas a telespectadores ávidos de noticias sobre los guapos y famosos. Y miembros del Colegio Americano de Tocólogos y Ginecólogos han empezado a refunfuñar que ese es un tema sobre el cual tienen mucho que decir.
Pero el doctor V. Leroy Young, que preside el Destacamento de Tendencias Emergentes de la Sociedad Americana de Cirugía Plástica Estética, dice que la verdadera medida de la popularidad de las operaciones reside precisamente en el hecho de que, lejos de ambas costas, las mujeres del conservador interior están pagando a médicos como él para que las hagan.
Young hace de dos a tres operaciones de vulva al mes en mujeres que "no se atreverían nunca a hacer la pregunta en una reunión", pero que ahora pueden enterarse de esas operaciones en internet y en la televisión. "Está aquí mismo en el interior de Estados Unidos", dice Young, cuyo consultorio queda en Creve Coeur, un barrio de St. Louis, Missouri.

Estándares de Estrellas Porno
En California del Sur -la sede de la industria de la diversión de adultos- es innegablemente el lugar de nacimiento de este emergente campo de las alteraciones quirúrgicas.

En 2000 muchos americanos se enteraron de una nueva operación llamada labioplastía cuando una estrella porno conocida como Houston se hizo una operación de reducción de sus labios que fue filmada y distribuida a subscriptores, que luego subastaron en internet los trozos extirpados.
Sharon Mitchell, presidente de la Adult Industry Medical Healthcare Foundation [Fundación para los Cuidados Médicos de la Industria Adulta] en Sherman Oaks y Woodland Hills, dice que pocas actrices de películas de adultos se hacen la cirugía porque muchas de ellas son todavía muy jóvenes. Pero Mitchell, una actriz pornográfica durante 25 años antes de que sacara su doctorado en sexualidad humana, dice que el énfasis de la industria cinematográfica pornográfica en la juventud, así como una creciente audiencia entre mujeres interesadas en la belleza, seguramente hará aumentar la demanda de cirugía.
Y muchas mujeres adoptan los estándares fijados por las trabajadoras sexuales al pie de la letra, dicen médicos que hacen esas operaciones.
"Lo oigo una y otra vez", dice el doctor Gary Alter, un urólogo transformado en cirujano plástico que opera en clínicas en Beverly Hills y Nueva York. "La mujer dice: ‘Pensaba que yo era normal hasta que miré esas películas con mi amigo y ahora me siento como un monstruo’. Y piensan que son las únicas en el mundo".
A medida que las operaciones ganan en exposición y popularidad, algunos ginecólogos tradicionales han dado la voz de alarma.
"Básicamente estás corriendo riesgos por nada o por muy poco" con la mayoría de estas operaciones, dice el doctor Thomas G. Stovall, ex presidente de la Sociedad de Cirujanos Ginecólogos. Stovall advierte que con las labioplastías y estiramientos vaginales, las pacientes corren el riesgo de desarrollar infecciones y costras, las que pueden reducir las sensaciones -o peor, causar dolor- en áreas donde se han hecho las incisiones.
En cuanto a la teoría de que el estiramiento vaginal puede aumentar la gratificación sexual, Stovall insiste en que "no hay bases científicas" que lo comprueben. "Podría ser mejor para sus amantes", dice Stovall, pero la paciente corre esos riesgos sin pensar demasiado en los beneficios personales.
También las feministas han criticado la tendencia. Judy Norsigian, co-fundadora y autora del folleto sobre salud feminista ‘Nuestros cuerpos, nuestras vidas’ [Our Bodies, Ourselves], dice que las mujeres que se hacen operar corren riesgos al adoptar criterios de belleza femenina que son efímeros, poco naturales y en última instancia dictados por una sociedad en la que los hombres están obsesionados con niñas apenas pubescentes.
Norsigian y otros se han manifestado contra las ceras brasileñas, una popular tendencia de extirpación del vello que no deja intacto más que un diminuto mechón de vello púbico, como un reflejo de ese fetichismo. A su vez, al hacer más visibles los genitales de las mujeres, la tendencia de la cera ha llevado espontáneamente a más mujeres a dar el arriesgado siguiente paso de alterar genéticamente sus genitales, dice.
"Vivimos en un país donde la gente está siempre ideando cosas nuevas, prácticas nuevas, y nuevos modos de hacer dinero", dice Norsigian. "Y si puedes aprovecharte de la inseguridad, puedes manipular a un montón de gente".
Pero muchas de las pacientes que pagan entre 7 mil y 18 mil dólares por recortar, plegar y rejuvenecer sus genitales no están convencidas de los argumentos de los que las retratan como torpes títeres.
"Yo me considero una feminista y creo que te da mucha confianza", dice Katie Sokey, 36, vecina de Pasadena del Sur a la que Matlock sometió hace poco a un rejuvenecimiento vaginal con láser. "Fue un modo de hacerme cargo de mi propia sexualidad" después de haber dado a luz a tres robustos bebés.

Por Qué Corren Riesgos las Mujeres
Las mujeres que buscan la cirugía plástica en el área genital tienen diferentes motivos, dicen los especialistas. Muchas son motivadas por cuestiones estrictamente estéticas: Son, dice Alter, "mujeres que quieren verse como deben verse".
Pero un número de pacientes, incluyendo a Sokey, recurren a los cirujanos plásticos con quejas ocasionadas por incomodidades físicas, sea debido a labios demasiado grandes, débiles paredes vaginales o clítoris agrandados por los esteroides o desequilibrios hormonales. Y en muchos casos, esas pacientes dicen que sus quejas han sido desechadas, minimizadas o acogidas con un hostil encogimiento de hombros por tocólogos y ginecólogos consultados por ellas en primera instancia.
Sokey tuvo tres hijos en casa con una partera y les dio de mamar hasta que pudieron caminar. Ríe tímidamente ante la idea de que ella se haya convertido en la exponente de la cirugía plástica de la vulva. "Nunca pensé que terminaría en la consulta de un cirujano plástico de Beverly Hills; ese no es mi mundo", dice.
Pero dos años después del nacimiento de su tercer bebé, Sokey dice que consultó con tres médicos sobre síntomas que se hicieron más dramáticos con cada parto. Sus paredes vaginales empezaron a soltarse, sentía una sensación de ‘ahuecamiento’ cuando corría o alzaba al bebé en sus brazos y una presión hacia abajo de sus órganos reproductivos, la vejiga urinaria y el recto habían causado una hinchazón tan grande de sus labios que la ropa interior normal la irritaba y escocía. "El sexo", dice, "ya no era tan bueno", y cuando empezó a temer que su matrimonio estaba en peligro, buscó ayuda.
Una cirujano ginecólogo le dijo que "tenía la vagina de una mujer de cincuenta años" y la envió con instrucciones de hacer más Kegels, un ejercicio de contracciones de la pelvis recomendadas durante largo tiempo para restablecer la elasticidad vaginal después del parto. Otro sugirió cirugía correctiva y la implantación de un pesario, un aparato de soporte que mantendría su útero y otros órganos en su lugar y les impediría penetrar en la vagina. Pero el médico le advirtió que la convalecencia sería larga e insistió en que Katie dejara de dar de mamar a su bebé de modo que la debilitada superficie de su vagina mantuviera las suturas. Un tercer médico recomendó una histerectomía, que pudo haber provocado en Sokey una menopausia anticipada.
Sokey pensó que las opciones que le ofrecían tocólogos y ginecólogos iban de inefectivas a espantosamente radicales. Sus problemas físicos y las demandas de la maternidad estaban cobrándose un precio con su intimidad, y descubrió que incluso su matrimonio se estaba desmoronando.
Sokey dice que se sintió abrumada con "la desesperación de tener que integrarse al mundo de las mujeres solas, sintiéndose rota y usada, y no había nada que yo pudiera hacer sobre eso... Me sentí muy vieja".
Cuando una amiga le sugirió que viera a Matlock, Sokey recobró la esperanza. "Me pareció una opción mucho más amable", dice, y el personal de Matlock le aseguraron que ellos habían enviado a mujeres en su situación completamente curadas y felices a casa. Optó por el tratamiento de Rejuvenecimiento Vaginal por Láser, propiedad de Matlock, de ocho mil dólares, en el que Matlock utiliza láseres y capas de suturas para hacer incisiones a lo largo y atrás de las paredes vaginales, suturar la vejiga urinaria y el recto en su lugar y tensar la apertura vaginal.
Hoy, Sokey dice que se siente simplemente "rejuvenecida". Cuando infló un globo para su hijo hace poco, no tuvo que prepararse para esa sensación de tocar fondo. Sus labios habían vuelto a la normalidad, haciendo que su elección de bragas fuera nuevamente una opción estética. Y mientras da sus primeros pasos tentativos en su vida como mujer sola, dice que "el sexo ha sido fantástico". Matlock dice que sus colegas en las especialidades de obstetricia y ginecología han tratado pobremente a mujeres y pacientes como Sokey. Dice que las está escuchando y dándoles opciones que muchas necesitan desesperadamente.
"Si estos fueran problemas masculinos, la profesión médica habría analizado los síntomas y los habría solucionados hace tiempo", dice Matlock. Sus pacientes, dice, están votando con sus pies -y con sus bolsillos, porque prácticamente ninguno de los servicios que él proporciona son cubiertos por el seguro médico. "Todas tienen ginecólogos, pero todas vienen a mí".
Incluso Stovall, de la Sociedad de Cirujanos Ginecólogos, reconoce que muchos tocólogos y ginecólogos se muestran cautos en cuanto a las funciones vaginales después del parto porque la sexualidad de las mujeres es un asunto muy complejo. "La mayoría de los médicos no tienen preparación para eso", dice, y agrega: "Debido a que no tienen cómo solucionar el problema, prefieren no preguntar".
"Ese puede ser un problema", dice Stovall. "Pero tratar tu vagina con láser no va a solucionar ese problema".
Pero por cada mujer como Sokey, hay probablemente una como Holly, la asistente médica de 50 de California del Sur.
Holly creyó que sus labios no se veían bien cuando era adolescente, justo en momentos en que se convirtió en sexualmente activa. Mirando furtivamente revistas de adultos o a sus amigas, la convenció de que"normal".
Durante casi treinta años la sensación de que sus labios menores eran demasiado grandes "me entristecía constantemente y no me sentía bien conmigo misma". Cuando confesaba la causa de su timidez sexual a los hombres, estos le decían invariablemente que estaba bien, pero nunca la convencieron. Ahora con su labia reducida por Alter, "estoy dando saltitos, porque me siento bien conmigo misma".

La Gama de Lo Normal
Un cirujano plástico debe considerar siempre si la petición de una paciente es razonable o si es un síntoma de una imagen corporal poco sana. Hacerlo requiere una comprensión de lo que es normal y de lo que es bello, según los criterios actuales de la sociedad. Cuando se trata de los genitales femeninos, el criterio de belleza es cuando menos un criterio en constante cambio. Y eso deja a los cirujanos plásticos con pocas bases sólidas para decidir qué pacientes son inestables y debiesen ser rechazadas.
Matlock es quizás más claro en su definición de la belleza genital femenina. Las estrellas porno que sus pacientes consideran como ejemplos, dice Matlock, tienen "una imagen agradable, pulcra", con un capuchón del clítoris liso envolviendo el clítoris como "un pedazo de papel enrollado fuertemente en un lápiz" y labios pequeños, sin arrugas, cubriendo una vagina "como corte" que no parezca haber sufrido nunca las indignidades del parto.
Pero esa es difícilmente una norma entre las mujeres estadounidenses y médicos como Stovall dicen que antes de recurrir a la cirugía plástica las mujeres deberían entender que "hay una multitud de variaciones normales". En la cirugía plástica, sin embargo, eso es a menudo poco convincente -para no decir que tiene baja prioridad. Young dice que él trata a menudo de confortar a las mujeres que lo consultan con que sus genitales "son normales". A menudo, dice, "no quieren oírme. Quieren una solución para su problema".
Young repite una convicción oída a menudo en boca de cirujanos plásticos que ofrecen los nuevos procedimientos: "No quiero oír a una paciente diciéndome que lo están haciendo por otra persona, que ‘mi marido o mi amigo me dijo que no me veo bien’", dice. "Con eso se termina la consulta".
Pero reconoce que hay al menos "sutiles diferencias entre una mujer que busca la cirugía para aumentar su confianza en sí misma y la que lo hace con la esperanza de agradar al hombre u hombres en su vida.
Muchas mujeres que visitan la consulta de Alter están más centradas en mejorar el aspecto de sus genitales que de corregir un defecto en sus funciones, dice. Pero se niega a desechar sus preocupaciones como una forma de "dismorfia corporal" -el tipo de imagen corporal salvajemente distorsionada que afecta, por ejemplo, a las que sufren de trastornos alimentarios como la anorexia nervosa.
Para las mujeres cuya sexualidad está profundamente vinculada a la autoestima, Alter insiste en que mejorar la apariencia mejora la función sexual, y que vale la pena que las mujeres corran los riesgos que acompañan a la cirugía si quieren mejorar la calidad de sus vidas.
"Oigo decir a la gente: ‘¿A quién le importa cómo se ve allá abajo?’", dice Alter, que realiza unas quince operaciones de reducción de labia, una de sus especialidades, al mes. "Mi respuesta es: ‘Tú te miras allá abajo y la otra persona que cuenta, tu novio, mira allá abajo y eso es suficiente. La gente mira allá abajo, y nadie quiere sentirse como si fuera un monstruo".
"Mi opinión es que las operaciones que hago son muy seguras, que los riesgos son desdeñables y que la tasa de satisfacción es increíblemente alta. ¿Cuál es el problema?", dice Alter.
El problema, dice Mitchell, de la Adult Industry Medical Healthcare Foundation, es que las mujeres, se trate de estrellas porno o de mujeres que quieren parecerse a ellas, harían mejor en aceptarse a sí mismas -que "bailen desnudas frente el espejo hasta que les guste lo que ven".
Y aquellas tentadas por la operación después de admirar las proporciones genitales de una estrella porno deberían recordar, dice, que hay más que simplemente juventud y belleza en las películas pornográficas. Hay considerable prestidigitación cinematográfica.
"Es una fantasía, una proyección", dice Mitchell, que observa que las arrugas vaginales o los labios asimétricos pueden ser maquillados del mismo modo que las espinillas. "Sigue siendo cine, independientemente de su precio".

13 de marzo de 2006
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ladrones educados en oxford


[Peter Finn] Grupos de delincuentes rusos recurren a profesionales para sus operaciones. Y a jueces, abogados, burócratas y policías corruptos.

Moscú, Rusia. El director general de la agencia de catering Na Ilyinke estaba muy vivo cuando llegó su ataúd. "En memoria de nuestro querido Alexei Alexeyevich Likhachev", decía el texto de una cinta amarrada a una corona de flores. "Nunca te olvidaremos".
El vacío ataúd de pino, envuelto en una tela roja, fue entregado a la oficina central de la agencia en Moscú por un servicio de mensajería. Pronto empezaron a sonar los teléfonos, a medida que los accionistas, que habían recibido telegramas en que se los invitaba al funeral, comenzaron a llamar para preguntar por el inesperado deceso de Alexei.
Para los propietarios de Na Ilyinke, la macabra broma era un mensaje: Vendan, de acuerdo a Oleg Gubinsky, accionista y director del equipo jurídico de la empresa. "Fue una movida inicial", dijo Gubinsky.
Na Ilyinke es el objetivo de una nueva raza de depredadores financieros rusos, que cazan en zonas poco conocidas de la bullente economía rusa: las compañías pequeñas y medianas. A menudo el objetivo no es la compañía misma, sino la propiedad que ocupa, adquirida durante las privatizaciones de principios de los años noventa.
En esos días, la gente que quería tener una empresa simplemente enviaba a matones armados a ocuparla. Los nuevos invasores emplean algunas de esas intimidaciones de la vieja escuela, pero las cubren con un velo de legalidad formando equipo con abogados, contables, jueces, funcionarios y policías corruptos que explotan las debilidades del naciente sistema jurídico corporativo ruso, dicen legisladores y empresarios rusos.
Normalmente los invasores son urbanistas conectados políticamente y sus aliados en la burocracia. Sus acciones están llamando la atención de los más altos niveles del gobierno, y los funcionarios temen que esté socavando el clima de las inversiones en Rusia e intensifica la sensación de que el imperio de la ley es una farsa en ese país.
"Hay que proteger a la gente de negocios honesta y los derechos de propiedad", dijo en febrero el presidente Vladimir Putin ante una audiencia de fiscales. Agregó que la apropiación criminal de la propiedad estaba desestabilizando al país.
En la época de los soviéticos, Na Ilyinke era una agencia de catering estatal que operaba para el Comité del Ayuntamiento de Moscú del Partido Comunista. Ubicado en el centro de Moscú, era también el centro comercial y social de la elite del partido. En su sótano se encontraba un supermercado donde se vendían productos difíciles de encontrar, como Coca-Cola; altos funcionarios del partido celebraban velatorios y recepciones en sus locales, que en un momento tuvieron un túnel que los conectaba a la sede de la KGB.
Durante los últimos días de la Unión Soviética, Likhachev dirigía el local como empleado de gobierno. Tras el derrumbe del estado comunista, él y un equipo de inversores compraron la agencia y la convirtieron en una empresa privada, un traspaso similar al de otras privatizaciones que tomaron lugar en toda Rusia en los años noventa.
Hoy, su personal de 60 personas continua administrando cafeterías en edificios de gobierno, incluyendo el antiguo edificio del partido comunista al otro lado de la calle que se convirtió en las oficinas de la administración presidencial.
El más importante activo fijo de Na Ilyinke es su local central de 12 mil metros cuadrados. Dada su excelente ubicación, expertos en propiedad inmobiliaria calculan que podría reportar al menos 35 millones de dólares tal como está, y mucho más si fuera amoblado y convertido en un edificio de oficinas o apartamentos de lujo.
Gubinsky dijo que sospecha quiénes son los invasores, pero no tiene pruebas. Cree que es el valor de la propiedad inmobiliaria lo que despertó sus intereses; él y otros propietarios piensan remodelar el edificio, pero esperan una mejor ocasión.
La entrega del ataúd asustó a Likhachev, un hombre mayor. Vendió sus acciones a dos colegas, Gubinsky e Ilya Dyskin, que tuvieron el coraje de resistir las movidas siguientes de los invasores. Una de ellas ocurrió en una firma de depósitos privada donde Na Ilyinke guarda los documentos oficiales con el listado de sus accionistas.
En septiembre pasado, un ciudadano ucraniano llamado Sergei Shevchunk llegó a la empresa y presentó un poder que indicaba que él tenía el derecho legal de administración de las acciones de Gubinsky y Dyskin.
Shevchuk vendió entonce las acciones, un 58 por ciento del total de la empresa, a Tamara Tobiya, otra ucraniana. Tres días más tarde Tobiya volvió a venderlas a un hombre llamado Evgen Halynski, que entregó una dirección en Warwick, Nueva York, como su domicilio oficial.
La dirección de Warwick resultó ser una tintorería. La persona que atendió el teléfono dijo que ahí no vivía ni trabajaba nadie llamado Evgen Halyinski. Y nadie respondió los mensajes dejado en una dirección de Brooklyn, Nueva York, de un hombre con el mismo nombre.
Tanto Shevchuk y Tobiya, que trabajaban en un puesto en un supermercado al aire libre en Moscú, desaparecieron.
Nada de esto era sabido en Na Ilyinke, dijo Gubinsky, hasta que llegó una carta de la firma de depósitos en otoño pasado informándoles sobre la nueva estructura de propiedad de la empresa. "Fue como si cayera un rayo en un cielo despejado", dijo Gubinsky.
Los accionistas legítimos pidieron rápidamente una investigación del Servicio Federal de Mercados Financieros. Un informe emitido en noviembre pasado documentó las ventas fraudulentas y concluyó que el poder que las autorizó era falso. La agencia suspendió las transacciones y, en enero, revocó la licencia de la empresa de depósitos sobre la base de que debió haber certificado que el poder era auténtico.
"No enteramos de unos mil casos al año, pero la escala real de estos ataques se acerca probablemente a los diez mil o quince mil", dice Gennady Gudkov, director de un grupo de trabajo parlamentario que estudia el problema. "Este problema es casi imposible de resolver en un estado corrupto".
"Los grandes negocios normalmente se protegen a sí mismos", dice Yuri Glotser, director de la Federación para la Protección de los Derechos de los Empresarios en Moscú. "Los negocios más pequeños son mucho más vulnerables, y sus propiedades pueden valer un montón de dinero".
En el caso Na Ilyinke, la venta de la participación fraudulenta era sólo uno de los elementos del ataque. El año pasado tuvo que hacer frente a tres órdenes judiciales separadas. Todas seguían el mismo esquema: llegaban documentos jurídicos a la empresa informándola de que el veredicto de un proceso le había sido negativo -documentos de un juicio del que la empresa no sabía nada. La empresa tuvo que responder con sus propios abogados.
Una orden había sido firmada por un tribunal de San Petersburgo, y otra por uno de Moscú, congelando los capitales de la empresa, contó Gubinsky. La tercera se originaba en la ciudad de Tuva, cerca de la frontera con Mongolia. Un tribunal de allá ordenaba a la compañía evacuar su edificio de Moscú, diciendo que había sido alquilada a una compañía de Tuva. La persona mencionada como su director resultó ser un estudiante de la universidad agrícola local.
Gubinsky calcula que la compañía ha gastado 300 mil dólares defendiéndose. Los múltiples ataques en los tribunales son un pretexto para establecer algún tipo de base legal para enviar a guardias de seguridad a requisar el edificio, dijo Gubinsky. Si logran ocupar la propiedad que tienen en mente, la policía dice normalmente a la parte expulsada que recurra a tribunales para recuperarla.
Defendiéndose, el edificio de Na Ilyinje se parece ahora a un campamento armado. Un sistema de alarma en la entrada principal puede cerrar automáticamente sus puertas de acero, que clausuran todas las secciones del edificio. La puerta de atrás tiene un enorme portón de acero y está rodeado de alambre de púa.
"Si pierdes la posesión física de tu propiedad, estás en serios problemas", dijo Gubinsky. "De momento, los hemos mantenido fuera".
Otros propietarios no tomaron esas precauciones.
Cerca de la estación de trenes de Kiev, en Moscú, un grupo de importantes artistas está peleando en los tribunales para recuperar sus iluminados estudios que fueron requisados en abril pasado por guardias de seguridad después de que la propiedad de los estudios fuera re-inscrita en lo que los artistas llaman una transacción fraudulenta. Los estudios reportarían millones de dólares si fueran convertidos en apartamentos.
"Fue monstruoso", dijo Lev Tabenkin, un pintor que fue expulsado después de que los invasores convencieran a un tribunal que emitiera una orden de desalojo. "No entiendo el sistema".
En enero, Rinat Kudashev, director general de un instituto estatal que diseña oleoductos y otras plantas para el transporte de petróleo y gas fue sacado de su oficina por una escolta de unos 30 guardias privados. En noviembre pasado, dijo en una entrevista, uno de los accionistas minoritarios del instituto llamó a una asamblea sin el conocimiento de Kudashev ni de los dos accionistas mayoritarios de la empresa y fusionó la empresa con otra compañía. Luego liquidó las dos compañías originales.
Vitaly Semyonov, director general de una compañía de transportes de Moscú, dijo que su compañía ha sido allanada 31 veces por diferentes agencias de gobierno, el orquestado preludio a una oferta de 10 millones de dólares por un negocio que él evalúa en 25 millones de dólares. Rechazó la oferta, dijo, no solamente porque era baja, sino porque lo que realmente querían los invasores era el terreno donde se encuentra su empresa -y porque pretendían despedir a sus mil trabajadores. Sigue liado en varias acciones judiciales.
"En los años noventa, tu enemigo operaba abiertamente y sabías cómo defenderte", dijo Semyonov. "A mí unos delincuentes que querían quedarse con mi negocio me atacaron a balazos, pero sobreviví. Pero hoy me tengo que defender de delincuentes que son abogados educados en Oxford".

20 de abril de 2006
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huyendo del odio


[Jeffrey Fleishman] En su juventud, Tanja Privenau adoptó la mística del oscuro pasado de Alemania. Ahora busca refugio y teme que los neo-nazis la encuentren.
Dresden, Alemania. Llevaba un tatuaje de un vikingo blandiendo un hacha, gritaba insultos contra los judíos y extranjeros de piel oscura, se deleitaba con el lúgubre y pasado glamour del Tercer Reich y se casó con su segundo marido el día del cumpleaños de Hitler.
Tanja Privenau dice que ya no tiene nada que ver con las botas negras y esa envenenada cólera. Quema sus folletos y borra sus tatuajes, y con ella está traicionando lo que la definió durante veinte años: un inframundo de neo-nazis dirigido por millonarios racistas e ideólogos fanáticos. Ha roto con su marido fanático, cambió su nombre y desapareció con sus cinco hijos en una nueva clandestinidad. Y por eso teme por su vida.
"Tengo miedo de que me agredan", dice, cuando nos encontramos en un restaurante para no tener que revelar su domicilio. "Me he mudado a un apartamento secreto. No llevo a mis niños a la escuela porque no quiero que mi marido los secuestre. Puedo despertar cualquier día y encontrar el coche quemado. No es fácil alejarse de este tipo de gente".
La preocupación por el futuro de sus hijos la alejó poco a poco de sus colgantes cadenas plateadas y alzados puños del extremismo. Lo que de niña la excitaba por peligroso, ahora le parece una furia sin sentido.
Privenau ya no se parece a la ruda chica vestida de cuero de su juventud. Ya no va cargada de aretes o pendientes de peltre; tampoco despotrica ni tiene soliloquios inspirados en las SS. Es una pelirroja madre de 34 de pelo corto, suéter verde y falda larga; una mujer con un celular en su bolso y una demanda de divorcio en el tribunal.
"Algo me hizo cambiar completamente en 2001", dice. "Estaba reunida con otros padres. Vi el mundo más amplio. Creo que cambió mi visión del ser humano. Empiezas a pensar en lo que crees. ¿Por qué tenemos tanto odio contra el estado y contra los extranjeros?"
"No hemos evolucionado. No hemos logrado nada. Yo era una madre y no quería odiar a nadie. Quería que mis hijos se liberaran de todo esto".
Le tomó años forjar el coraje, pero Privenau encontró un santuario hace algunos meses en un programa llamado Exit, que ofrece refugio a los que quieren romper con el mundo tribal de la extrema derecha violenta. Publicitados desertores como Privenau, que en el pasado siguió adiestramiento paramilitar en los bosques y dirigió varios pequeños grupos neo-nazis, desaparecen adoptando nuevas identidades y mudándose de lugar, similar al programa de protección de testigos de Estados Unidos.
"Los que quieren retirarse sienten el vacío emocional. Finalmente se dan cuenta de que esas ideas llenas de odio no son nada", dice Bernd Wagner, agente de policía retirado de Berlín que fundó Exit hace seis años, que ha ayudado a 220 personas a romper con organizaciones extremistas.
"Tienen que reconstruir sus vidas y amistades", dice Wagner. "Muchos de ellos llevan los estigmas del pasado. Un tipo tenía el número 88 tatuado en su cabeza. Ese es un símbolo de Heil Hitler. Se deprimen. Son amenazados. Yo diría que Tanja corre un gran peligro".
El marido de Tanja, Markus Privenau, un importante extremista alemán, dijo en una entrevista por e-mail que él había dejado a Tanja, no al revés, y que ella se acogió a Exit en venganza. Dijo que Tanja no había cambiado sus creencias, sino que estaba reuniendo dinero uniéndose a una campaña de propaganda contra la extrema derecha.
"Quiere convertir su retirada en dinero, y para eso ella incluso se mete con los judíos. Todos los que conocen a Tanja y saben el odio que siente Tanja por los judíos, se restriegan los ojos de incredulidad", escribió, agregando que su esposa había sido insultada recientemente por el principal partido de extrema derecha de Alemania. "Su salida está construida sobre una mentira y está condenada al fracaso".
La ira de juventud de Tanja Privenau encontró salida en el indeleble pecado de la era nazi. El divorcio de sus padres cuando era una niña la dejó como un nudo en una cuerda tensada. Buscando algún significado, escudriñó en un pasado que la mayoría de los alemanes han enterrado profundamente. Los iconos y la mística nazi de los años treinta, consagrada poderosamente en los documentales de Leni Riefenstahl, destellaron en su conciencia, alejándola todavía más de su familia.
El padre de Privenau perdió el contacto con ella hace años. Se volvió a casar y tuvo otros hijos. Se negó a discutir el caso de su hija, diciendo que no quería pensar en problemas del pasado. Su madre, que Privenau dice que vive con un prominente extremista de derechas, no respondió a una petición de entrevista.
Su inspiración tenía una voz seductora. Recuerda haber buscado consuelo en las entusiastas historias de su abuelo, un veterano de la Segunda Guerra Mundial que, como muchos de su época, debió sobrevivir a través del orgullo, la negación y la ira en un país arruinado por los hechos de un hombre con un raro y nervioso bigotito.
"Mi abuelo era mi ídolo", dice Privenau. "Me hablaba de su vida como soldado. Una vez tuve que escribir un ensayo para la escuela sobre las cosas malas del Tercer Reich. Entonces uno no podía poner en duda que el Reich era malo. Eso era lo que nos enseñaban.
"Mi abuelo se sintió atacado personalmente por lo que yo había escrito. Lo discutimos. Él negó haber sabido algo sobre el asesinato de los judíos, pero al mismo tiempo dijo: ‘No sé por qué los judíos no quisieron escuchar. Les dijeron que se marcharan y no lo hicieron. Esa fue su mala suerte’".
Hace una pausa.
"Tu ideología no cambia como si apretaras el interruptor de la luz. Crece en ti poco a poco. Mi abuelo me moldeó. Él usaba palabras como ‘Lebenskampf’, la capacidad de luchar en la vida. Citaba a Hitler, que acostumbraba a decir a los jóvenes alemanes que debían ser tan duros como el acero Krupp, resistentes como el cuero y veloces como un perro de carreras".
Tanja Privenau, de trece años e intelectualmente curiosa, no tenía amigos en la escuela y giró hacia gente en los márgenes. Asistió a una ‘reunión de camaradería’ del Partido Democrático Nacional NPD -restos de la máquina política de Hitler- en Hanover. El NPD estaba buscando respetabilidad política, al mismo tiempo que actuaba como una sombrilla de los neo-nazis, skinheads, racistas blancos y bandas de moteros como los Hells Angels.
"Era super", dice Privenau, que abandonó la escuela secundaria porque uno de sus profesores era judío. "A esa edad tienes ganas de hacer algo rebelde, no de estar sentado hablando en un bar. Los jóvenes tienen energía y vitalidad. Lo podías ver en la estructura de su organización y, con el tiempo, se convirtieron en familia. Te sientes en casa. Yo me sentía eufórica".
Era fogosa y fácil de influir. Los lemas racistas se convirtieron en un iracundo mantra. "Extranjeros fuera". "El Holocausto es una mentira inventada por los judíos". "Los alemanes deben ser puros y orgullosos de la restauración de su estado".
Privenau se unió a la Juventud Nacional-Democrática del NPD. Pero la organización no era suficientemente incendiaria, dice. "Yo andaba buscando el lenguaje de mi abuelo".
Descubrió su eco en el Partido Obrero Alemán Libre, un grupo pequeño y violento que auspiciaba conciertos de skinheads para enganchar a nuevos reclutas, que había intentado sin éxito organizar un movimiento de guerrillas y proclamado una vez su intención de "controlar todos los poderes" en Alemania. Sus manifestaciones callejeras se convirtieron en sangrientas escaramuzas entre ultra-derechistas y anarquistas de extrema izquierda que marchaban en contraprotestas. Privenau marchaba en primera línea, lanzado piedras a través del humo y el gas lacrimógeno.
"Eran tiempos muy violentos", dice. Calcula que fue detenida unos 200 veces en esas manifestaciones. "Había optimismo por la causa de la extrema derecha. Realmente pensaban que podían cambiar la sociedad".
Su compromiso ofrecía a una mujer una rara oportunidad en el movimiento de extrema derecha dominado por los hombres. Su novio encabezaba un pequeño grupo fascista cerca de Hanover. Privenau empezó a salir en los diarios. Organizaba tardes de bolos, charlas y ejercicios de adiestramiento paramilitar que la hacían recordar sus días de infancia cuando su abuelo la llevaba a marchas de supervivencia en los Alpes.
"Yo llevaba en mí la semilla radical", dice. "Pero supongo que era rabiosa como perro de pueblo e incluso a mi abuelo le molestaba mi radicalismo. Pensaba que había ido demasiado lejos y con demasiado odio".
En 1986, cuando tenía 15, su madre la hizo internar en un centro de detención juvenil.
"Escapé a las semanas", dice Privenau. "Con la ayuda de neo-nazis. Estuve dos semanas en Hamburgo y luego viajé a Dinamarca. Me sumergí en ese mundo y viví en la clandestinidad hasta el verano de 1988, cuando salí a superficie y di a luz a mi primer hijo".
El padre era su novio de Hanover. Detenido por actividades de extrema derecha, su compromiso empezó a decaer. Las asistentes sociales trataron de reformarlo, y sus ricos padres finalmente lo alejaron del extremismo con dinero.
"Yo no podía vivir con alguien que no era político", dice Privenau. "Lo dejé de inmediato. El ambiente me acogió. Me dieron dinero. Un tipo que me ayudó un par de veces era millonario. La extrema derecha es más que solo tropas de choque. Hay gente influyente con dinero que se mantienen tras los bastidores".
Privenau y los neo-nazis se encontraban bajo una creciente presión a mediados de los años noventa. Incendios provocados y atentados de extremistas habían causado la muerte de más de treinta inmigrantes. El país se movilizaba para aplastar toda posibilidad de un renacimiento nazi.
Entretanto, ella y otros presenciaban cómo uno de sus líderes más venerados, Michael Kuehen, que había mantenido en secreto su homosexualidad, moría de SIDA. La revelación debilitó la moral de un movimiento que era rabiosamente anti-homosexual. Otros cuestionamientos sobre la ideología de la extrema derecha surgían en la recién reunificada Alemania. Aunque Adolf Hitler, Rudolf Hess y el Tercer Reich eran idealizados, muchos extremistas de derecha creían que el pasado ya no definía las luchas contemporáneas contra la globalización y las supuestas conspiraciones judío-americanas.
Privenau estaba impaciente cuando empezó a salir con Markus Privenau en 1997. Se conocían de varios años -espíritus afines en política, dice ella. Se casaron el 20 de abril de 1999, el 110 cumpleaños de Hitler. Privenau dice que su marido se orientó hacia el NPD menos extremista, mientras ella tenía hijos y se unía a una red de pequeñas células de fanáticos.
"Después de la ilegalización de algunos partidos de extrema derecha, pensé, ¿por qué pertenezco a un partido?", dice. "Los grupos de los que yo era miembro tenían más odio que el NPD. Yo adiestré a un montón de gente y di charlas sobre cómo funcionaba la policía secreta alemana".
Ese mundo estaba ligado por la ideología, pero había un creciente eclecticismo. Privenau dirigía sus charlas a grupos como Sangre y Honor, Martillo, una banda de moteros conocida como Huesos, y un nuevo movimiento ‘gótico’ caracterizado por su fascinación con el satanismo y lo gótico. Algunas de esas facciones tenían su propia música, estilos de baile, arte y moda, pero todas ellas admiraban películas como ‘Corazón valiente’ [Braveheart] en la que los héroes pelean por su patria contra desalentadores peligros.
Su furor y radicalismo empezaron a tener consecuencias para sus hijos. Su hija mayor fue expulsada de una escuela privada por expresar las creencias de su madre en clases. Privenau cambió todavía más cuando estudió para convertirse en una terapeuta física para cuidar mejor de su hijo, que es inválido. Gastó un tiempo alejándose de los círculos neo-nazis, usando otras ropas, ocultando su pasado.
Privenau decidió abandonar el único mundo que había conocido desde que era niña. "Traté de sacar a mi marido", dice, "pero él interpretó mi vuelco como una traición".
Agrega: "Me odian porque yo, como madre alemana, saqué a mis cinco hijos del ambiente de extrema derecha".
En su página web, Markus Privenau compara a su esposa con una espía que tiene que "odiar su propio pasado para ser capaz de mirarse en el espejo. Ahora la traidora ha sido empujada tan lejos que está dispuesta a evacuar el cubo de excrementos sobre sus antiguos camaradas".
Un amigo cercano, que teme represalias de los grupos de extrema derecha y pidió no ser mencionado, dice que Tanja Privenau no podrá nunca escapar de las garras de su pasado neo-nazi.
"Es un sistema cerrado. No puede salirte cuando quieres. Esa gente no es repugnante. Son amables y agradables, educados y cultos, al menos los que yo conozco. Pero me di cuenta de lo paranoicos que son. Si te asocias con ellos, es difícil que mantengas tu independencia. No puedes simplemente decir adiós".
Con sus calles curvas y vecindarios reconstruidos después de la guerra, Dresden es un buen lugar donde desaparecer una tarde. Privenau pide chocolate caliente y escudriña las caras de los que entran al restaurante.
Tiene muchas historias. Cuenta varios años de su vida. Tanja la luchadora callejera, la organizadora, la escritora, la ideóloga, y luego Tanja la esposa, la madre, la desertora con el tatuaje del vikingo oculto por su suéter. Estaba borrando esa imagen, pero se le acabó el dinero y ahora es una desleída mancha.
Suena su celular. Un hombre le dice que el otro escondite ya está listo. El camarero trae la cuenta. Privenau camina hacia la estación de trenes con una nueva dirección en el bolsillo.

Petra Falkenberg y Christian Retzlaff en Berlín contribuyeron a este reportaje.

29 de abril de 2006
©los angeles times
©traducción mQh
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residencia de pájaros parlanchines


[Erik Eckholm] Santuario recoge a pájaros cuyos compañeros humanos ya no pueden cuidar de ellos.
Cascabel, Arizona, Estados Unidos. El Santuario Oasis está lejos de ser la residencia de ancianos más grande del desierto de Arizona, pero es ciertamente la más ruidosa.
Junto con el sol matutino de todos los días, allá se eleva una bulliciosa ópera de chirridos, chillidos y graznidos y ocasionales aullidos de lobos.
Hundido en un remoto valle, separado de Tucson por una enorme cordillera, el santuario es una "planta de cuidados vitales" que alberga a cerca de 450 loros, cacatúas, guacamayos y otros pájaros tropicales.
Con esperanzas de vida que en algunas especies llegan a los ochenta años o más, muchos de los pájaros han sobrevivido a sus dueños. Otros llegaron al final de su productividad en criaderos comerciales. La mayoría fueron considerados demasiado intratables o nerviosos como para que sean adoptados como mascotas y corren el peligro de ser matados.
"Nadie quiere a esos pájaros viejos", dice Sybil Erden, que fundó el santuario en 1998, observando que un loro puede tomar meses o años para recuperarse de la pérdida de un compañero. "La gente llama y dice: ‘Hemos tenido a ese pájaro por dos meses, y no le gustamos’".
El objetivo de Erden, definitivamente, no es preparar a las aves para otro intento de adopción. "Les ayudamos a tener otros pájaros como amigos", dice. "Algunos de ellos la pasan muy mal entendiendo que son pájaros".
Sin embargo, la perdurable huella de dueños del pasado, de décadas de haber pasado en la salita o la cocina de alguien, era copiosamente audible en un recorrido de los terrenos del refugio.
Billy, un loro verde de cabeza amarilla, entregó un extenso monólogo que los miembros del personal llaman una "conversación telefónica unilateral".
"Hola", dijo cuando se acercaba un visitante y luego continuó con razonables pausas entre las frasas: "Uh huh...", "Sí...", "Ok...", y "¿Qué pasó entonces?"
Erden, una artista que tiene loros tatuados en su espalda, abrió el santuario en Phoenix pero se trasladó hace seis años a esta locación más grande y más aislada junto al río San Pedro. Ocupa un viejo patio de pacana, kilómetros adentro por un camino de tierra lleno de baches, a través de un pedregoso paisaje de espinosos cactus y algarrobos.
Pecaríes salvajes entran a la propiedad a plena luz del día, ignorados por la reserva residente de gallos, gansos, cabras, ovejas y vacas, cada uno con una historia que confirma la debilidad de Erden por las criaturas abandonadas.
Unas palomas de carrera que se enfrentaban a su perdición porque no fueron capaces de encontrar el camino a casa, comparten una pajarera. Un periquito dorado de cabeza color cereza llamado Mingus y otros dos refugiados de la bandada asilvestrada que se hizo famosa con el documental de 2003, ‘The Wild Parrots of Telegraph Hill’ también se encuentran aquí. Físicamente disminuidos, los tres necesitaban un nuevo hogar después de que el okupa que los cuidaba en San Francisco fue desalojado de su casa.
Dos bien adiestrados perros protegen a los pájaros de coyotes y linces.
Las aves más grandes son usualmente aparejadas en hileras de grandes jaulas en el porche. Algunas, sobre todo las especies más pequeñas, viven en dos grandes pajareras donde forman bandadas y vuelan, acercándose algo a su estado natural. Erden espera construir diez pajareras más.
Muchos loros son monógamos, y establecen vínculos de toda la vida con otros pájaros y, en casas, con humanos. Una alta prioridad es ayudarles a encontrar una nueva pareja. Escogidas por ellos mismos, las parejas no son necesariamente del sexo opuesto ni de la misma especie.
Milo, un guacamayo de las verdes que mide un metro y medio de cabeza a cola, llegó hace seis años después de ser rescatado del fétido sótano de una persona inestable. Erden ya había estado mirando con quién aparejar a Rah Rah, un guacamayo militar casi tan grande como Milo, así que los dejó solos en una jaula grande.
"Lo primero que hizo Milo fue decir ‘Hola’ con una potente voz", contó. "Rah Rah se cayó literalmente de la percha".
Dos días después, dijo Erden, los pájaros estaban en la percha juntos, y Milo en realidad tenía un ala sobre el lomo de Rah Rah. Ninguno de los dos son amistosos hacia los humanos. Pero Rah Rah, que nunca dijo nada en inglés, empezó a emitir un ocasional ‘Hola’ y "¿Cómo te va?’ Por supuesto, todo con el acento de Milo.
Jasminez, un loro verde de cabeza amarilla de casi diez años, fue entregada por su amo que enfermó después de una serie de derrames. Aquí se aparejó con Tabasco, de la misma especie, de edad desconocida, y ahora los dos se limpian y alimentan mutuamente.
Pero cuidado con los intrusos. Cuando Erden paraba a hablar con Jasmine, Tabasco empezaba a picotear a Jasmine por celos, una conducta que estos loros exhiben en estado natural para impedir que sus parejas flirteen con rivales.
Sus capacidades de imitación son a veces tan acentuadas que es difícil no atribuirles raciocinios humanos. Cuando Erden se acercaba a Stinkerbelle, un pequeño loro monjita verde-gris [Quaker], el pájaro gritaba: "¡No, no, no!", picoteaba el dedo de Erden, y gritaba burlón: "¡Ha, ha, ha, ha!"
Lo último que quiere el santuario es tener descendencia. A veces los pájaros tienen sexo. Pero sin los nidos apropiados, rara vez ponen huevos, y cuando lo hacen, son cambiados por huevos de cerámica, hasta que los padres pierden interés.
Mientras trabaja para ampliar y mejorar el santuario, cuyo presupuesto operacional de 250 mil dólares al año es financiado por donaciones, Erden se preocupa sobre una potencial avalancha de loros no deseados para cuando los de la generación del 68 o baby boomers con mascotas se pongan enfermizos.
"Nos están llamando personas de sesenta y setenta que tienen que dar sus pájaros", dijo. "No vemos el fin del problema".

19 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
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