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judas no fue traidor


[John Noble Wilford y Laurie Goodstein] El hallazgo de un antiguo manuscrito gnóstico arroja nuevas luces sobre el papel de Judas.
Un antiguo manuscrito cristiano, incluyendo el único texto conocido del Evangelio de Judas, ha emergido a la superficie después de 1.700 años, y retrata a Judas Iscariote no como un traidor de Jesús, sino como su discípulo preferido y servicial colaborador.
En el texto, informaron ayer historiadores, el relato de los sucesos que llevaron a la Crucifixión difiere marcadamente de los cuatro evangelios del Nuevo Testamento. Aquí se dice que Jesús confió a Judas con conocimientos especiales y le pidió que lo traicionara a las autoridades romanas. Al hacer así, le dice a Judas, "te destacarás por sobre" los otros discípulos.
"Las generaciones venideras te maldecirán y reinarás sobre ellos", le anuncia Jesús a Judas en el documento, que fue hecho público en una rueda de prensa de la Sociedad Geográfica Nacional [National Geographic Society] de Washington.
Aunque algunos teólogos han propuesto a un ‘Judas bueno’ antes, los historiadores que han traducido y estudiado el texto dijeron que esta era la primera vez que un documento antiguo daba pie específicamente a la revisión de la imagen del hombre cuyo nombre en la historia ha sido sinónimo de traición.
Los investigadores dicen que la publicación del documento provocará años de estudios y debates. El debate no es si el manuscrito es auténtico -sobre este punto los investigadores están de acuerdo. En lugar de eso, la controversia gira sobre su relevancia.
Desde ya algunos investigadores dicen que este evangelio arroja nuevas luces sobre la relación histórica entre Jesús y Judas. Encuentran hebras de un misticismo judío clandestino que se advierte en las creencias expresadas por algunas variantes del cristianismo primitivo.
Pero otros dicen que el texto es apenas una escritura más producida por un culto marginal de cristianos gnósticos, que vivieron tantos años después de la época de Jesús que no podrían haber dicho nada preciso sobre su vida. Por estas razones, se espera que los hallazgos causen la curiosidad de los teólogos e historiadores de la religión y quizás sean profundamente inquietantes para algunas autoridades eclesiásticas y laicos.
"Hablarán durante generaciones sobre este evangelio", dijo Marvin Meyer, profesor de religión de la Universidad de Chapman en Orange, California.
El hallazgo en el desierto de Egipto del manuscrito de papiro envuelto en cuero, sus paseos por Europa y Long Island, y ahora su traducción, fueron anunciados por investigadores reunidos por la Sociedad Nacional de Geografía. Se cree que el texto de Judas de 26 páginas es una copia en cóptico, hecha alrededor del 300 después de Cristo, sobre la base del evangelio original de Judas, escrito en Grecia un siglo antes.
Terry García, vice-presidente ejecutivo de la sociedad, dijo que el manuscrito, o códice, era considerado por los historiadores como el texto no-bíblico antiguo más importante encontrado en los últimos sesenta años. Hallazgos anteriores incluyen los Pergaminos del Mar Muerto, que fueron descubiertos a fines de los años cuarenta, y la colección de escritos gnósticos del monasterio de Nag Hammadi, encontrados en Egipto en 1945.
Estos últimos, incluyendo los evangelios de Tomás y María Magdalena, han inspirado los recientes estudios académicos gnósticos y sacudido la erudición bíblica tradicional al revelar la diversidad de creencias entre los primeros seguidores de Jesús. Los gnósticos creían en un conocimiento secreto sobre cómo podía la gente escapar a la prisión de sus cuerpos materiales y retornar al reino espiritual del que provenían.
"Estos hallazgos están haciendo explotar el mito de una religión monolítica y demostrando lo diverso y fascinante que era el movimiento de los cristianos primitivos", dijo Elaine Pagels, profesora de religión de Princeton, que se especializa en estudios de los gnósticos.
García dijo que "el códice ha sido autentificado como una obra genuina de la antigua literatura cristiana apócrifa", mencionando las extensas pruebas de datación por radiocarbono, análisis de tinta y topografía multiespectral y estudios de la escritura y del estilo lingüístico. La tinta, por ejemplo, era consistente con la tinta de esa época y no hubo evidencias de que haya sido rescrito.
"Es completamente típico de los antiguos manuscritos cópticos" dijo Stephen Emmel, profesor de estudios cópticos de la Universidad de Münster en Alemania. "Estoy completamente convencido de ello".
Los expertos dijeron que el manuscrito parecía ser producto de un solo escriba profesional. Es anónimo, como también el autor original del texto en griego.
La palabra ‘evangelio’ significa ‘buenas nuevas’ y se refiere en general a relatos sobre la vida de Jesús. Aunque se les da un nombre, los títulos no son necesariamente los de sus autores. El consenso de los eruditos es que los cuatro evangelios canónicos -Mateo, Marcos, Lucas y Juan- no fueron probablemente escritos por ninguno de los discípulos originales o testigos directos de la vida de Jesús, aunque fueron probablemente escritos durante el siglo uno.
Los investigadores han estado buscando durante largo tiempo el Evangelio de Judas debido a una referencia a lo que fue probablemente una primera versión de un tratado escrito por Ireneo, el obispo de Lyons, en 180. Era un cazador de heréticos y enemigo de los gnósticos, cuyos escritos proliferaron en los siglos dos a cuatro.
"Escribieron una historia ficticia, que llaman el Evangelio de Judas", escribió Ireneo.
A diferencia de los cuatro evangelios comunes, el documento de Judas retrata a Judas Iscariote como el único de los doce discípulos que entendía las enseñanzas de Jesús.
Karen L. King, profesora de historia del cristianismo primitivo en la Escuela de Teología de Harvard, que no estuvo involucrada en el proyecto de Judas, dijo que este evangelio podría reflejar los debates que surgieron en los primeros siglos.
"Se puede ver cómo los cristianos primitivos podían decir que si la muerte de Jesús era parte del plan de Dios, entonces la traición de Judas era parte del plan de Dios también", dijo la doctora King. Los evangelios comunes no dan un motivo para la traición de Judas o lo atribuyen a las monedas de plata o a la influencia de Satanás.
Al menos un investigador, James M. Robinson, dice que el nuevo manuscrito no contiene nada que sea probable que cambie la interpretación tradicional de la Biblia. El doctor Robinson, un profesor jubilado de estudios cópticos de la Universidad de Graduados de Claremont, California, fue el editor general de la edición inglesa de la colección de Nag Hammedi. "Entendido correctamente, no hay nada subversivo en el evangelio de Judas", dijo.
Robinson observó que los evangelios de Juan y Marcos contenían ambos pasajes que sugieren que Jesús no solamente escogió a Jesús para que lo traicionara, sino en realidad alentó a Judas a entregarlo a aquellos que sabía que lo crucificarían.
En un pasaje clave en el evangelio encontrado, Jesús habla con Judas "tres días antes de Pascuas". Es cuando se supone que Jesús se refirió a sus otros discípulos y le dijo a Judas: "Pero tú los superarás a todos, porque tú sacrificarás al hombre que me cubra".
Con ello, dicen los investigadores, Jesús parece haber querido decir que ayudándole a desprenderse de su envoltura física, Judas lo ayudará a liberar su verdadera identidad espiritual o ser divino dentro de Jesús.
Rodolphe Kasser, un estudioso suizo de estudios cópticos, dirigió el equipo que reconstruyó y tradujo el escrito, que fue escrito en trece hojas de papiro, por los dos lados. El manuscrito es un revoltijo de más de mil frágiles fragmentos.
La iniciativa, organizada por la Sociedad Nacional de Geografía, fue respaldada por la Fundación Mecenas para el Arte Antiguo, en Basilea, Suiza, y el Instituto Waitt de Hallazgos Históricos [Institute for Historical Discovery], una fundación estadounidense.
El códice de 66 páginas también contiene un texto titulado James, una carta de Pedro y páginas llamadas provisionalmente Libro de Extranjeros.
Descubierto en los años setenta en una caverna en las cercanía de El Minya, Egipto, el documento circuló durante años entre anticuarios en Egipto, luego Europa y finalmente en Estados Unidos. Robinson, de Claremont, dijo que un anticuario egipcio le ofreció el códice por tres millones de dólares en 1983, pero que no pudo reunir el dinero.
El manuscrito terminó en una caja de seguridad en un banco de Hicksville, Nueva York, durante 16 años antes de ser comprado en 2000 por una anticuario suiza, Frieda Nussberger-Tchacos. El manuscrito recibió entonces el nombre de Códice Tchacos.
Cuando fracasaron los intentos de revender el códice, Nussberger-Tchacos lo entregó a la Fundación Mecenas para su conservación y traducción. Ted Waitt, fundador y antiguo presidente de Gateway, dijo que el Instituto Waitt dio a la sociedad geográfica una subvención de más de un millón de dólares para su restauración.
Funcionarios del proyecto anunciaron que el códice sería finalmente devuelto a Egipto y depositado en el Museo Cóptico de El Cairo. De momento, el Evangelio de Judas será el centro de atención de un programa de televisión, un artículo para una revista, dos libros y una exposición de National Geographic.

7 de abril de 2006
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¿es verídica la historia de judas?


[Laurie Goodstein] Lo que se discute es su relevancia.
En 1959, cuando se publicó por primera vez en inglés el Evangelio de Tomás, muchos cristianos se sorprendieron al enterarse de que existían otros evangelios, aparte de los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Fue también la primera vez que la mayoría de los cristianos oían hablar de los gnósticos -comunidades cristianas de los siglos dos a cuatro cuyas escrituras y creencias espirituales apenas se parecían a lo que se conoce hoy como el cristianismo tradicional.
Pero el Evangelio de Judas, otra pieza de escritura gnóstica, se da a conocer en una época muy diferente. Es una época en que muchos cristianos se han visto bombardeados por teorías concurrentes sobre sus creencias y su historia, y algunos se están debatiendo sobre cómo absorber las nuevas informaciones.
El gnosticismo se ha convertido prácticamente en una palabra casera, en gran parte gracias a la novela ‘El Código Da Vinci’, así como a historiadores del cristianismo primitivo como Elaine Pagels, que escribe para el público general.
Se han traducido y distribuido muchos más evangelios gnósticos: el de María Magdalena, de Felipe, de Tomás e incluso ‘El Evangelio de la Verdad’. Algunas iglesias organizan grupos de estudio para analizar libros sobre el ‘Jesus histórico’.
El Evangelio de Judas es sólo el último estropeado pergamino en emerger de las arenas de Egipto como una antigua cápsula de tiempo. Incluso antes de su introducción formal en la rueda de prensa de la Sociedad Nacional de Geografía ayer, los historiadores han participado en un debate que pronto se repetirá en iglesias, en la web y en publicaciones cristianas.
El verdadero debate es si el texto dice algo históricamente legítimo sobre Jesús y Judas.
Algunos de los historiadores del comité asesor de la Sociedad Nacional de Geografía dijeron que el texto haría posible una revaluación de Judas. En el texto Jesús habla en privado con Judas, diciéndole que compartirá solamente con él "los misterios del reino". Jesús le pide a Judas que lo entregue a las autoridades romanas de modo que puedan sacrificar su cuerpo.
Craig Evans, profesor sobre el Nuevo Testamento en el Colegio de Teología Acadia, de Wolfville, Nueva Escocia, y un historiador de la comisión de la Sociedad Nacional, conjeturaron que partes del diálogo entre Jesús y Judas puede haber sido privado y por eso no fue incorporado en los evangelios del Nuevo Testamento, que tratan más probablemente las declaraciones públicas de Jesús.
"Es posible que el Evangelio de Judas conserve el antiguo recuerdo de que Jesús en realidad instruyó a Judas en privado y que los otros discípulos no sabían nada de esto", dijo el doctr Evans.
Pagels, profesora de religión en Princeton, dijo que los hallazgos del Evangelio de Judas y otros textos gnósticos estaban "haciendo explotar el mito de un cristianismo monolítico".
La reacción de otros historiadores es que el Evangelio de Judas es interesante pero no una negación del Nuevo Testamento.
"El manuscrito no nos dice nada sobre el Jesús histórico ni sobre el Judas histórico", dice Ben Witherington III, profesor de interpretación del Nuevo Testamento en el Seminario Teológico de Asbury, en Wilmore, Kentucky. "Nos dice un montón sobre un grupo que era considerado herético en su época".
Historiadores de todas las tendencias están de acuerdo en que el texto fue probablemente producido por un escriba de la comunidad gnóstica de los cainitas -cristianos primitivos que consideraban héroes a los canallas tradicionales de la Biblia, como Caín y Judas.
"No hay evidencias de que algunos de estos documentos representaran al cristianismo corriente", dijo el profesor Witherington. "Los cainitas estuvieron siempre en los márgenes de su propio movimiento".
Dijo que a diferencia de los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, que fueron escritos en el primer siglo del cristianismo, las obras gnósticas fueron producidas en el siglo dos y después. Decir que el Evangelio de Judas revela algo sobre Judas, dice Witherington, "es como decir que un documento escrito 150 años después de la muerte de George Washington nos contara la verdad sobre George Washington".
Otro miembro de la comisión de historiadores de la Sociedad Nacional, el reverendo Donald Senior, dijo que los evangelios gnósticos podrían socavar al cristianismo sólo si muchos cristianos adoptaran el tipo de ideas paranoicas en que sustenta ‘El Código Da Vinci’: que una ‘elite ortodoxa’ de las primeras autoridades eclesiásticas suprimieron a los liberales y espirituales gnósticos "en función de la uniformidad y conformidad".
El Padre Senior, presidente de la Unión Católica Teológica de Chicago y miembro de la Pontificia Comisión Bíblica, que asesora al Papa, dijo que no era probable que el Vaticano considerara como amenaza al Evangelio de Judas. Dijo que la respuesta probable de la iglesia católica sería "afirmar los textos canónicos" del Nuevo Testamento, antes que refutar todos los nuevos hallazgos.
"Si el Evangelio de Judas se convirtiera repentinamente en algo que cientos de miles de cristianos declararan como su revelación y texto sagrado, quizás la iglesia haría algún tipo de declaración", dijo el Padre Senior en una entrevista. "Pero en general creo que ni siquiera aparece en el radar".
Agregó: "Me siento aliviado de que no lo encontraran en una bóveda bancaria en el Vaticano".

7 de abril de 2006
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dosis de risotadas medicinales


[John Lancaster] En Bangalore, al alba. Sus practicantes le atribuyen propiedades curativas.

Bangalore, India. En la granulosa penumbra de poco antes de las seis de la mañana, una media docena de hombres y mujeres se reúnen en un pequeño parque, saludándose unos a otros debajo de los árboles en flor. De edades que van de los cuarenta a los ochenta, aplauden, forman un círculo -y desatan un vendaval de tumultuosas carcajadas.
"Jo, jo. Ja, ja, ja. Jo, jo", ríen a carcajadas, sacudiéndose hacia los lados y echando la cabeza hacia atrás. "Jo, jo. Ja, ja, ja. Jo, jo".
Un jogger no les presta la menor atención. ¿Por qué debería hacerlo? Ellos son visitantes regulares del Club de la Risa del Mini Bosque, que empiezan su diario ritual de risas, risitas tontas, risas ahogadas y risas hilarantes -en combinación con ejercicios de estiramiento y de respiración- que componen la disciplina profundamente india del ‘yoga de la risa’.
Llamado así por el parque donde se reúnen 365 veces al año, incluso durante la húmeda temporada del monzón del verano, el Club de la Risa del Mini Bosque está compuesto por jubilados de clase media, amas de casas y hombres de negocios, entre otros. Es uno de los cientos de clubes semejantes de esta caótica y moderna ciudad donde los vagabundos y los gamines de la calle coexisten con importantes científicos y nuevos multimillonarios de las florecientes industrias del software y de las subcontrataciones.
Inventado por un médico de Bombay, Madan Kataria, en 1996, el yoga de la risa predica que "el reír sin motivo" puede fomentar el bienestar espiritual y ser beneficioso para la salud -entre otras cosas disminuye la presión sanguínea. El concepto ha dado origen a clubes de la risa en India y en varios otros países, incluyendo Estados Unidos, e inspiró en 1999 un documental del célebre director indio Mira Nair (que también dirigió ‘La boda del monzón’ [Monsoon Wedding]).
"En serio, están locos", dijo sobre los entusiastas de la risa, Basava Raju, el agente jubilado de un banco estatal que fundó el club del Mini Bosque.
"Están terriblemente enganchados", agregó Raju, un saludable hombre de 68 años cuyas tarjetas de visita lo identifican como terapeuta de yoga y "estudioso de la risa". "No se pierden ni un solo día".
La sesión matutina se desarrolla de acuerdo a un ritual bien establecido.
Después de la ronda introductoria de "risa ejecutiva", el grupo hace ejercicios de calentamiento según métodos de yoga más tradicionales. Dirigidos primero por K.R.L. Narayanan, un químico de 59 con pantalones caqui y zapatillas, se frotan el estómago con movimientos circulares mientras repiten "Om", el mantra hindú sagrado, luego sacan sus lenguas y resuellan como perros.
Luego los reidores aceleran el ritmo, corren unos hacia otros y se dan palmadas con los dedos extendidos, aplaudiendo y marchando en círculo, como soldados en formación. "¡Ahora el footing móvil!", ordena Narayanan, instando al grupo a un suave trotecito.
Las risotadas comienzan seriamente uno o dos minutos después de la "risa de estiramiento’, que consiste en reír mientras se hace la mímica de disparar con arco una flecha hacia el cielo, seguido por un purificador estallido de "risa hilarante".
"¡Inhalad, estallad en risas!", ordena Raju, el ex banquero y estudioso de la risa residente, provocando una explosión de sonoras carcajadas.
Durante la sesión de 45 minutos, el grupo comparte un "helado de la risa" (una ahogada risita que se saborea suavemente), "café de la risa" (que se hace mientras se pretende que se sirve café) y una "risa móvil" (iniciada con gritos de "¡Hola! ¡Hola!" contra un celular imaginario). La hilaridad es contagiosa, especialmente cuando los miembros imitan a un ridículo león -abriendo sus bocas ampliamente y moviendo sus lenguas- en el ejercicio conocido como "la risa del león".
Algunos ejercicios son más sutiles. "La risa meditativa, por favor", ordena Madhav Pai, 64, jubilado, que lleva bermudas de excursionista y una camiseta del Grand Canyon. Entre las risas se intercalan varios estiramientos, así como ejercicios faciales para fortalecer los músculos de los ojos y la lengua.
A medida que se desarrolla la sesión, empieza a adquirir una dimensión más espiritual. Después de ordenar a los miembros que levanten la mano izquierda y bajen la derecha, Raju les dice que deben "sentirse como si fueran antenas" para permitir que la "energía cósmica" entre a sus cuerpos a través de la mano izquierda y la "energía negativa" salga por la derecha.
"Shanti, shanti", dice, repitiendo la palabra hindú para paz. "Observad el silencio interior que habéis creado".
La sesión termina con una "risa de apreciación" -los miembros ríen mientras se hacen unos a otros el signo okey- y una "risa de guirnalda", durante la que se adornan unos a otros con imaginarias guirnaldas de flores.
Todavía no son las siete de la mañana. Cuando los participantes emprenden sus caminos separados, Nitya Murthy, 64, ama de casa casada con un ejecutivo de tecnología jubilado, confirma el poder curativo de la risa.
"Hace doce años tuvo un fuerte ataque al corazón", dice. "He estado hospitalizada cinco veces. He tenido dos angioplastias". Pero ahora, gracias al club de la risa, dice, "me siento tan afinada como un violín".

4 de abril de 2006
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auge y ocaso de narcotraficante india


[Sarah Kershaw][Véase la primera parte, Paraíso de Traficantes en Reservas Indias]. Tras salir de la cárcel apenas puede alimentar malamente a sus hijas, pero juró que no volvería a vender drogas.
Reserva India Lummi, Washington, Estados Unidos. Durante un tiempo, la habitación 246 del Motel Scottish Lodge, a veinte kilómetros al sur de la frontera canadiense, fue el paraíso de Eugenia Phair.
Con sus manchadas alfombras, el hedor a vómito y al humo rancio de cigarrillos, el lavamanos de su cuarto de baño emborronados de marcas de quemaduras de los cocineros de crack que habían alojado antes en el cuarto, la habitación 246 era donde empezó a tomar vuelo su negocio de tráfico de drogas, dijo, la primera sede de lo que se convertiría en una bien organizada y lucrativa banda de narcotraficantes en la reserva y alrededores.
En los años siguientes, Phair, 26, una india lummi, y su familia, hicieron tanto dinero como para marearse, mientras escalaba como un cohete hacia la cima en el ansioso y despiadado mundo del narcotráfico indio, vendiendo analgésicos, dijo, a todo el mundo, entre ellos agentes tribales y drogadictos desempleados.
"Fue como una respuesta a nuestras oraciones", dijo Phair, que fue dejada en libertad el 6 de febrero después de cumplir una sentencia de veinte meses en una penitenciaría del estado. "Si naciste en la miseria y luego tuvieras la oportunidad de hacerte rico, ¿no optarías por ser rico? Si has vivido toda tu vida en la miseria y tuvieras la oportunidad de ser rico, ¿qué harías tú? Es casi imposible. Yo nunca tuve nada, nunca tuve ropas nuevas, nunca tuve ropa de escuela, nunca tuve nada. Y luego puedes enviar a tus niños a una buena escuela y verte bien y adaptarte. Yo nunca me adapté".
Phair es una de los cientos de traficantes que florecieron en el estallido del narcotráfico en territorios indios. Se están haciendo ricos con la adicción de sus vecinos, sacando provecho de la agobiante pobreza y de los nuevos ricos de los casinos y de las debilidades de la ley en tierras indias, de acuerdo a funcionarios tribales y otros y a Phair, que describió su vida como cabecilla de una banda de narcotraficantes en llamadas telefónicas, cartas y entrevistas durante el año pasado.
Desde el principio -ella vivía con su novio en un cuarto del motel Scottish Lodge, mientras sus tres hijas vivían con su padre, Eugene, en otro- Phair aprendió lo fácil que era introducir contrabando para un grupo de mujeres indias que trabajaban para ella como camellos.
Las mujeres cruzaban las fronteras a Canadá y compraban pastillas OxyContin en las calles de Vancouver. Ocultaban las pastillas en condones en sus vaginas, volvían a cruzar la frontera y se las entregaban a Phair, que las vendía en la reserva y alrededores al doble del precio de compra.

La nación lummi, de cuatro mil personas, es una inhóspita tierra de comedores de cangrejos, recolectores de almejas y pescadores de salmón en las costas de la bahía de Bellingham en Washington del Noroeste. Aquí creció Phair, orgullosa de ser lummi, dijo, aunque los niños blancos en la escuela la llamaban lummi dummy [boba]. Creció en medio de drogadictos, muerte y delincuentes, y cuando se hizo mayor quebró la ley varias veces, y fue condenada por robo, allanamiento de morada y posesión de mercaderías robadas.
En sus días de apogeo como narcotraficante, la adicción a la OxyContin ya se había convertido en una plaga en todo el país, y las drogas estaban empezando a rivalizar con el alcohol como el principal vicio en muchas reservas. Cuando Phair estaba vendiendo píldoras, el comercio en OxyContin estaba explotando aquí, por un valor de 1.5 millones de dólares en 2003, dicen funcionarios tribales, duplicando ese año los beneficios del Silver Reef Casino de la tribu y muchas más veces los de la abatida industria del salmón, que fue en el pasado el pilar de la economía de la tribu.
Admitió repetidas veces que su decisión de convertirse en vendedora de drogas perjudicó a su familia, ya que debió abandonar a sus hijas cuando fue enviada a la cárcel, y a numerosas otras personas de su frágil tribu.
"He hecho más víctimas que nadie aquí", dijo en una entrevista desde la cárcel. "Mis víctimas son los niños cuyos padres usaron las drogas que yo vendía".
En el apogeo de su negocio, Phair llegó a controlar de 12 a 15 mujeres lummi que se movilizaban entre Canadá y Estados Unidos todos los días, cada una volviendo con 60 a 80 píldoras en sus cuerpos. En la frontera los agentes hacían pocas preguntas, dijo Phair. Las revisiones de las cavidades corporales son raras, reconocen las autoridades, y Phair dijo que varias de sus camellos se libraban de los controles diciendo que habían sido violadas o que estaban embarazadas y que un examen sería demasiado traumático.
Los viajes al otro lado de la frontera eran tan exitosos, dijo Phair, que cuando fue detenida en junio de 2004, estaba vendiendo 30 mil dólares de píldoras al día, de los que recogía más del cincuenta por ciento en beneficios.
Phair, que tiene un tatuaje de un par de garras de oso, un símbolo de fortaleza en la cultura lummi, en su torso, se alimentaba de palomitas y carne enlatada. Su único recuerdo de Navidad de su infancia era haber encontrado un vestido -dos tallas menos que la suya- y un viejo camión de madera abandonado rápidamente debajo de un esquelético árbol de Navidad por su madre borracha.
Pero para cuando fue detenida, dos años después de que los detectives empezaran a interceptar sus teléfonos en el motel Scottish Lodge, sus niñas llevaban ropa de 200 dólares y jugaban con caras muñecas -incluyendo una que tenía su propia limusina en miniatura de cien dólares. A su hijita de cuatro, Janyha, le hacían la manicura y pedicura en un salón de belleza. Para ella misma se compró un Ford Expedition y ropas caras y utilizó el dinero de las drogas pagar su adicción a las apuestas.
"Era reconfortante decir que querías dejarlo, pero en realidad tenías que seguir haciéndolo para sostener un estilo de vida al que te habías acostumbrado", dijo en una llamada desde un teléfono público en la Cárcel de Mujeres del Estado de Washington en Gig Harbor. "Te pasas un montón de películas".
Phair dijo que ella era una de las pocas en su banda de narcotraficantes, de la que era miembro su padre Eugene, que se puso desaliñada y codiciosa con las drogas. Ella no usaba las pastillas, y sus familiares dijeron que era verdad. Ella estaba enganchada al dinero.
Su padre y abuela, que ambos de beneficiaron abundantemente de la empresa, dijeron en entrevistas que Phair estaba siempre al tanto de todo. Ella dijo que practicaba sus "instintos de narcotraficante".
"No te vuelves ricas enganchada a tu propia mercadería", dijo Phair. "No puedes usar las drogas que estás vendiendo. Eso te hará fracasar".

Como Cualquier Mamá
Para ella, un día típico como narcotraficantes, escribió Phair en una carta, se veía como el día de "cualquier mamá".
"Saludaría a mis bebés en la cocina", dijo. "Janyha ya habría puesto los tazones. Ella elegirían los cereales. Janyha serviría la leche, porque es la niña grande y eso es lo que hacen las niñas grandes".
Phair rizaría el cabello de Janyha, o le haría una coleta. Su padre se ocupaba del más bebito, Payton, y de los gemelos, Kayani, niña, y Keonday, niño. Phair llevaba a Janyha al jardín infantil o al preescolar.
Después de dejarla allá, encendía el celular y empezaba el frenesí del negocio, dijo, "respondiendo llamada tras llamada", conduciendo en su Expedition o citándose frente al casino lummi, donde el caos y el ruido facilitaban pasar desapercibido.
Phair dijo que su decisión de convertirse en narcotraficante fue instantánea, aunque había considerado esa posibilidad antes.
Había estado trabajando en la caja del casino en el turno de la tarde, por 9.50 dólares la hora. Pero después de que nacieran los gemelos, a los seis meses, se reportó a menudo enferma y perdió el trabajo. Empezó a recibir su seguridad social.
Pero veía que toda la gente a su alrededor, la gente en la reserva, estaba ganando dinero, rápidamente, contrabandeando analgésicos desde Canadá. Una amiga cercana lo estaba haciendo, y esta amiga tenía una furgoneta nueva, un televisor de pantalla grande y una nevera llena.
"Yo quería esas cosas", dijo. "Quería que mi hija tuviera el camión de Barbie de quinientos dólares, quería que los gemelos tuvieran cosas que los ayudaran a aprender a gatear".

Un día del verano de 2001, Phair reunió trescientos dólares y convenció a una amiga que la llevara a Canadá y la dejara en un barrio infestado de drogas en el centro de Vancouver. Allá vio a narcotraficantes en BMW y todo el mundo estaba vendiendo. Todo lo que tenía que hacer era preguntarle a cualquiera que pasara. "¿Conoces a alguien que tenga 50 ochentas?", refiriéndose a las tabletas de OxyContin [oxicodona] de 80 miligramos, conocidas como green monsters en el negocio ilegal de las drogas. Siempre había alguien.
Ese primer día en Canadá, dijo Phair, compró 25 pastillas y las llevó a hurtadillas a la reserva en su andrajoso sujetador, en los calcetines de segunda mano y zapatos baratos de la Family Bargain Store. En una tarde vendió todas las tabletas en la reserva, y se ganó 750 dólares, más que duplicando su dinero.

Las Camellos
Cuando empezó en el motel Scottish Lodge en el otoño de 2002, Phair pagaba a su camellos cien dólares por viaje, de acuerdo a las actas judiciales. Pero dijo que a medida que crecieron sus negocios, empezó a pagarles más a las mujeres, todas ellas de la reserva con una tasa de desempleo cercana al 60 por ciento en esa época, hasta llegar a los 600 dólares por viaje. Por unas pocas horas de trabajo, estaban ganando el doble de lo que recibía Phair en sus cheques mensuales de la seguridad social.
Pero cuando las autoridades empezaron a oler la operación -agentes fronterizos dijeron que las mujeres pasaban cojeando, andando como patos- las camellos de Phair propusieron ocultar las drogas en objetos religiosos, la parafernalia sagrada, espiritual, que los indios llevan consigo para reuniones internacionales al otro lado de la frontera.
Otros contrabandistas usaron a menudo esa estrategia, dijo Phair, sabiendo que los agentes fronterizos habían sido instruidos de tratar los objetos religiosos con delicadeza.
Pero Phair dijo que ella trazó una línea en cuanto a ocultar las drogas en esos objetos. Era estricta con su pequeño ejército de contrabandistas, diciéndoles que ella se negaba a insultar a su Creador ocultando drogas en la parafernalia sagrada. "Eso sería como liar porretes con páginas de la Biblia", dijo.
La competencia entre las organizaciones indias que introducen drogas desde Canadá hacia la reserva lummi era febril, dijo Phair. Otras bandas de traficantes de drogas, dijo, trataban de seducir a sus camellos ofreciéndoles más dinero o amenazándolas con delatarlas a las autoridades aduaneras. Algunas tenían conexiones con el gobierno tribal, dijo, y recibían datos de la policía lummi sobre allanamientos inminentes.
Así que controlaba estrechamente a sus camellos.
"Tienes que ser capaz de estar en un cuarto lleno de desconocidos y analizar a todo el mundo", dijo. "No puedes perder las drogas. No puedes estar aquí para una venta de drogas frente a cien personas y cometer errores".
Cuando su negocio despegó, usó el dinero de las drogas para enviar a sus tres hijos mayores a escuelas privadas, clases de karate y peluqueros. Llenó las neveras de sus parientes y les compró leña para el invierno.
"Janyja iba siempre muy de punta en blanco", dijo el padre de Phair.
En la reserva, Phair era un traficante bien conocida, de acuerdo a ella misma, sus familiares y las actas del tribunal. El presidente de la Nación Lummim Darrel Hillaire, dijo que aunque OxyContin y otras drogas destrozaron a su pueblo, él dudaba de Phair hubiera vendido drogas a funcionarios tribales de alto nivel. Reconoció, sin embargo, que Phair puede haber vendido drogas a algunos de los cientos de personas que trabajan para la tribu.
Sus compradores, dijo Phair, incluían a una pareja cuyo niño de dos años murió después de comerse una píldoras de OxyContin que encontró debajo de la alfombra, una muerte sobre la que se habló mucho en la reserva que sembró la alarma en el gobierno tribal. Juró desterrar a los traficantes de drogas de la tribu.
La pareja, dijo Phair, trató más tarde de trocar las ropas del bebé muerto -una diminuta chaqueta de plumón, calcetines que todavía estaban en sus colgadores de plásticos Kmart, y un lote de pañales nuevos en una caja abierta, todo metido en una bolsa negra de basura- por OxyContin. Phair dijo que los había rechazado.
"Eso afectó mis creencias espirituales", dijo. "Es como matar a tu niño. Nadie debería tener esas ropas. Yo casi vomité cuando me lo propusieron". Agregó: "Fue entonces que quise dejarlo todo. Eso me enfermó físicamente. Eso es enfermizo. Le dije: ‘Tu bebé acaba de morir’, y no les importaba. Creo que ni siquiera se daban cuenta; no pensaban que estuvieran haciendo nada malo".
Se negó a vender OxyContin a la pareja, dijo, pero siguió vendiendo la droga a otros. Y dejaba que su padre, un cangrejero al que le gustaba la cerveza y su brazo derecho, vendiera green monsters por ochenta dólares cada uno, veinte dólares más que su precio, para que pagara su hábito.
"Era la gran vida", dijo el señor Phair, 50, en una entrevista en la pequeña y atestada casa de su madre en la reserva, donde estaba viviendo después de pasar un año en la cárcel del condado por su participación en la banda de traficantes de su hija. "El dinero -los chicos siempre tenían todo lo que querían, todos eran felices, nadie pasaba hambre. No salíamos a quedar hechos polvo en el agua".
Phair también daba píldoras a su abuela, Mavis Revey, 69, que también tuvo que cumplir una pena de prisión por vender OxyContin, aunque no trabajaba con su nieta.
Recuerda que creció comiendo ‘alimentos básicos’ -fideos y queso, cacahuetes, melocotones y fruta de cóctel enlatada-, alimentos proporcionados por el gobierno. Pero a veces ni siquiera tenían comida, dijo Phair, y cuando tenía siete años, "para que no me quejara de que no había nada que comer, mi madre me emborrachaba".
Sus recuerdos más tempranos incluyen haber presenciado una discusión de borrachos entre sus padres, una de las muchas que llevaron finalmente a su separación. Recuerda haber estado dando vueltas en una furgoneta durante esa discusión; en su memoria se quedó grabada la imagen de una lata de cerveza Ranier, una de las varias docenas desparramadas en el coche, con su enorme y curvilíneo logo rojo "R".
Su madre trataba de aplacarla con regalos, dijo, incluso con un gatito.
"Yo quería a ese gatito", escribió en una carta llena de errores ortográficos y gramaticales que no volvería a cometer después de sacar su diploma de la secundaria en la cárcel. "Pero un día me arañó y lo maté. Yo era apenas una niña. Y recuerdo que yo importaba tan poco que nadie me prestó atención, y lo envolví y durante cuatro días nadie se enteró de que estaba muerto".
De adolescente tuvo montones de problemas. A los 13 pasó dos años en el reformatorio cuando tenía 13, por varios delitos, entre otros por apuñalar a un hombre que estaba tratando de violar a un familiar, dijo, y se llevó su coche. A los 24 Phair fue arrestada por su negocio de OxyContin después de vender los analgésicos a un detective encubierto.

Red de Dolor
Phair se dijo a sí misma muchas veces que su negocio de drogas era como un pulpo cuyos tentáculos estrechaban a un montón de gente: las camellos estaban dispuestas a hacer cualquier cosa por el dinero; sus desafortunados padre y abuela, los adictos de su tribu, la madre adoptiva lummi que cuidó a las tres hijas más grandes de Phair mientras estuvo en prisión -todos ellos víctimas de la epidemia de drogas en territorio indio.
El marido de Phair, Joel DeRuscha, 26, con el que se casó en 2003, está cumpliendo los últimos dos años de una condena de prisión por cuatro años por posesión de cocaína y marihuana, asuntos no relacionados por su banda de drogas. Su hermano y su cuñada están cuidando a Payton, que vive como Phair dijo que quería, con una madre hogareña, una familia que va a Disneyland de vacaciones. Payton, el bebé que tuvo con DeRuscha, llama "Mami" a su tía.
"Lo llamo dominó", dijo la cuñada, Carole Foldenhauer. "Una persona sale en una dirección, y ¿cuántas piezas se caen a raíz de eso?"
Payton tenía sólo unos meses cuando su madre fue enviada a prisión. Recién ha empezado a verla de nuevo en las últimas semanas. Foldenhauer dijo que cuando pasa con Payton frente a un McDonald’s, donde estuvo hace poco con su madre, Payton grita o canta: "¡Gena, Gena, Gena!"
El padre de Phair y su abuela dijeron que creían que Phair podría caer de nuevo fácilmente en el negocio de las drogas.
"Cuando estás en la cárcel", dijo su padre, "es como estar en un sueño. Estás debajo de una nube rosada. Cambias todas las cosas que quieres cambiar, y luego sales", pero "creo que es probable que ella tenga que volver a vender drogas".
Y las tentaciones y dificultades ya han surgido.
Una semana antes de su libertad, el marido de Phair llamó desde la cárcel y le preguntó si podía "ayudar a un amigo", que saldría pronto de la cárcel, tomando contacto con sus viejos contactos en el mundo de las drogas.
"Se supone que está en mi campo", dijo después de la conversación, jurando que se divorciaría de él por ello. "Este es el último lugar que esperaba que ocurriera esto. Ahora no puedo perder la concentración".
Después de eso, Phair cortó los contactos tanto con su marido como con su suegra, a la que llamó "Mamá" y que alguna vez simbolizó el mundo de la clase media blanca que creyó que la rescataría de su pasado.
DeRusha dijo que sólo propuso que hiciera unas llamadas telefónicas para ayudarla, porque parecía "preocupada" por el dinero. Phair dijo que la implicación era que ella probablemente se quedaría por una pequeña parte de los negocios de drogas que hiciera el amigo.
DeRusha dijo que su reacción lo asombraba. También se asombró su madre, Margaret, que visitó a Phair en la cárcel durante más de un año, enviándole ropa, gel de baño y cosméticos para un programa de trabajo en el que pasó los últimos dos meses de su sentencia y pensaba comprar una nueva cama para que Phair viviera con ella.
"Gena pasó de la dulzura a la frialdad de una serpiente", dijo la señora DeRusha. "No he hecho más que ayudarla. ¿Por qué me trata así?"

Posible Destierro
Phair tomó un trabajo temporal con Lummi Nation. Pero debido a que es una traficante convicta, corre el riesgo de ser desterrada, lo que le impediría trabajar para la tribu, vivir en la reserva o recibir asistencia económica de los lummi. Se le ha asignado una lúgubre pero sagrada tarea para la tribu: excavar los huesos de los ancestros, esqueletos de varios siglos de antigüedad que fueron descubiertos hace varios años durante la construcción de una planta depuradora.
Cuando descubrió de que sus tres hijas mayores dejarían sus hogares adoptivos cuatro meses antes de lo esperado y que empezarían a vivir con ella, pidió cupones de alimentos, pero fue rechazada porque su salario de 10 dólares la hora, además de las pagas por incapacidad de su enfermiza hija menor, no le permitían pedirlos. De momento, está viviendo con sus tres hijas en casa de su hermana Misty, en Bellingham, mientras está en la lista de espera para una vivienda social.
Payton seguirá viviendo con su tía y tío, lo que es un alivio para Phair, dijo. Sin embargo, está en lo esencial de vuelta en donde empezó: gana sólo cincuenta centavos más de lo que ganaba en el casino justo antes de convertirse en una traficante de drogas. Está viviendo en una casa estrecha con sus tres hijas, con tan poco dinero que ni siquiera puede pensar en vestirlas, para no decir nada de comprarles ropa de moda, dijo.
Pero insiste en que dejó para siempre el mundo del tráfico de drogas.
"Aprendí lo que es la felicidad y ahora estoy un poco confundida con las cosas materiales", escribió en su última carta desde la cárcel. "No tengo miedo de volver a vender drogas, porque sé que nunca volverá a ocurrir".
A principios de enero, Phair volvió a ver a su padre por primera vez desde que cayó en prisión. Con Misty, que la acompaña en su día con permiso de trabajo, lo visitó en casa de su abuela, donde todavía estaba viviendo, todavía recogiendo cangrejos y sobreviviendo, todavía bebiendo.
Ella y su padre no se abrazaron, y ella dijo que eso era normal.
Charlaron durante un rato. Ella le preguntó si acaso se veía gorda y él le dijo que él sí había engordado la última vez que estuvo en la cárcel. Encontró una fotografía de Janyha en su cuarto, casi de tamaño natural, una foto tridimensional que Phair compró por 150 dólares cuando estaba traficando, y se la regaló. Sus ojos se encendieron, tuvo un destello de su vieja vida ante ella, y la apretó firmemente, ansiosa de llevársela a su vacío cuarto en Billingham. Fumaron un cigarrillo en el porche de atrás; él se estaba ocultando de las autoridades tribales, y no quería ser visto desde la calle, dijo.
Cuando partió, su padre le dijo: "Llámame más tarde, Gena, como a las seis".
"No puedo, papá", dijo ella. "No me quedan monedas".

20 de febrero de 2006
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sobre los obituarios


[Marilyn Johnson] Los muertos cuentan historias, en obituarios que están a menudo llenos de vida.
Las mejores historias de supervivencia se encuentran en las páginas de atrás de los diarios: en los obituarios. Puede sonar extraño, porque nadie llega vivo a esas páginas. Pero mucha gente que finalmente llega allá ha tenido encontronazos en el pasado, encuentros que pudieron significar un obituario si no se hubiesen agachado a tiempo.
Yo colecciono esos recuerdos, historias como esta sobre el decorador de interiores que salió arrastrándose del más mortífero de los accidentes de aviación de la historia, en las Islas Canarias, viviendo 24 años más. Murió a los 95 "después de una breve enfermedad". ¿No es una buena noticia cuando conoces su historia?
También está la historia de Shelagh Lea, que murió este invierno, una dulce viuda de un pastor inglés, a la que le encantaba cantar. Su muerte no habría llamado la atención, excepto por sus diarios de vida, que llevó durante su cautiverio en la Segunda Guerra Mundial, y que son tesoros para el Museo Imperial de Guerra, de Londres. Son "considerados por algunos como los archivos más importantes de esa época", de acuerdo al Daily Telegraph.
Las garabateadas páginas de Lea elaboran "con sobrios, pero meticulosos detalles" sobre sus experiencias cuando ella y su madre trataron de huir de Singapur durante un bombardeo de los japoneses. Tras caer en el mar, se aferraron a una balsa durante dieciocho horas, fueron capturadas por el enemigo y arreadas por una serie de campos de prisioneros. Los malestares, escribió, incluían "chinches, ratas, los trotes -la vida no es divertida. Cuando vamos al retrete, los zancudos nos muerden el trasero. Es espantoso".
Pasó tres años y medio en campos de prisioneros y enterró a su madre en uno de ellos, usando sus manos desnudas para echar tierra sobre su tumba. Al cabo de un mes de su retorno a Inglaterra en 1945 accedió a casarse con un pastor y se instaló con él para iniciar una larga, feliz y apacible vida. Murió plácidamente a los 89, después de escuchar una oración de vísperas en la radio.
Nuestro país ha estado en guerra durante tres años ahora, pero todavía despierto con el canto de los pájaros, la fruta fresca y las sinfonías en la radio. Ningún zancudos, ni nada, me muerde el trasero cuando voy al retrete. ¿Es por eso que encuentro estas historias tan convincentes? Sé que la vida puede cambiar en un instante -lo recuerdo toda vez que me abrocho el cinturón en un coche o leo noticias sobre Iraq. Necesito estas historias de supervivencia para dar sentido a la vida.
Encontré a dos abuelos, que vivieron los dos hasta una edad avanzada y llevaron vidas tan plácidas como la mía, aparentemente. Frank J. Wesner era vendedor de ordenadores; murió a los 83 después de caerse en su porche. Medio siglo antes, según parece, sobrevivió el infame campo de prisioneros de guerra Stalag 17, comiendo sopa llena de gusanos y pan hecho de serrín.
William Herskovic llevaba una tienda de cámaras en Los Angeles Oeste y murió de cáncer a los 91. Más de sesenta años antes engañó a la muerte cuando excavó una par de cortaalambres de la nieve y los usó para abrirse camino a tijeretazos a través de una valla en Auschwitz. Él y otros dos compañeros huyeron "armados con la memoria de un mapa dibujado en la nieve" y en algún lugar en dirección a una vida tranquila, Herskovic colocó ladrillos en los rieles de un tren y liberó a un vagón lleno de desgraciados judíos.
Noventa y nueve me suena como una larga vida, pero he observado que los sujetos de obituarios se están volviendo más viejos. Hace poco una pareja llegó a los 108 años.
La escritora Susan Lydon, sin embargo, murió el año pasado de cáncer a los 61 -ahora pensamos que es demasiado joven, una vida cercenada. Y sin embargo vivió un montón de vidas en ese tiempo. Las atiborró. Ayudó a fundar la revista Rolling Stone y escribió el ensayo profundamente feminista, ‘The Politics of Orgasm’, algo valiente de hacer en un bunker de la contracultura. Incluso para exponer la historia ante un cuarto lleno de hombres de pelo largo en la revista Ramparts necesitaba coraje: "Se rieron hasta que se echó llorar", observó el obituario de Los Angeles Times.
Poco después de esto Lydon se zambulló profundamente en las drogas y la prostitución, y fue citada describiendo sus contactos, sin licencia, "en el coche de mi madre, con mi pipa de crack en la boca y la aguja en mi mano, tratando de encontrar una vena mientras el coche avanzaba. Yo estaba totalmente loca".
Más tarde, después de que se hubiera desenganchado, cayó por una escalera mientras observaba pájaros, se rompió un brazo y se destrozó un hombro. Se puso a tejer como terapia física y se convirtió en "un gurú del tejido como una actividad espiritual" y, en el proceso, en una artista. Sí, fue una pena que se muriera. Pero veo las cosas a largo plazo: Mirad todas las vidas que vivió.

Marilyn Johnson es la autora de ‘The Dead Beat: Lost Souls, Lucky Stiffs and the Perverse Pleasures of Obituaries’.

5 de abril de 2006
©los angeles times
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vivir sin casa, con coche


[Ian Urbina] Manteniendo el secreto en la familia.
Fairfax, Virginia. Después de ser desalojado de su apartamento el año pasado, Larry Chaney vivió en su coche durante cinco meses en Erie, Pensilvania. Como pasaba el tiempo en los cafés locales, siempre colocaba un llavero y varios sobres de cuentas sobre la mesa para crear la impresión de que tenía una casa como todo el mundo.
Cuando Michelle Kennedy estaba viviendo en su coche con sus tres hijos en Belfast, Minnesota, aparcaba todas las noches en diferentes lugares de modo que nadie se diera cuenta, e instruyó a sus hijos para que dijeran a todos los que preguntaran que estaban "alojando con amigos".
El año pasado, William R. Alford empezó a colocar una funda de coche sobre la furgoneta donde duerme. "Originalmente usaba cortinas, pero la condensación en el interior de las ventanas me delataba", dijo Afford, que ha vivido sin casa aquí en Fairfax desde mayo de 2005.
Como para la demás gente sin casa, encontrar comida, calor y un lugar que limpiar es una lucha constante. Pero para los que viven en sus coches, pasar inadvertido tiene sus propias dificultades y aunque vivir así es ilegal en la mayoría de los lugares, expertos y defensores creen que es una tendencia creciente.
"Generalmente se trata de gente pobre que trabaja la que se encuentran en esta situación, balanceándose en la frontera entre los ricos y los desposeídos", dice Kim Hopper, que investiga a la gente sin casa para el Instituto de Investigaciones Psiquiátricas Nathan S. Kline, con sede en Nueva York.
El número de "gente sin casa, con coche" tiende a subir cuando el coste de la vivienda supera el salario, dijo Hopper. El año pasado fue el primer año del que se tenga memoria, de acuerdo a un estudio anual realizado por la Coalición Nacional de la Vivienda y los Bajos Ingresos [National Low Income Housing Coalition] que un trabajador de tiempo completo con un salario mínimo no pudo pagar un apartamento de un dormitorio en ninguna parte en el país según las tasas promedio del mercado.
En 2001 funcionarios de Lynnwood, Washington, un suburbio de Seattle, aprobaron una ordenanza que impone penalidades de 90 días en la cárcel o multas de hasta mil dólares contra la gente sorprendida viviendo en sus coches.
Peter Van Giesen, agente de policía encargado de las buenas costumbres, dijo que han descubierto hasta 20 coches en una noche, con gente que había aparcado cerca de un parque, cuando algunas personas de quejaron de que estaban usando los matorrales como servicios. "La mayoría de esa gente estaba tratando de encontrar trabajo", dijo Van Giesen.
Viviendo dentro de su última posesión, la gente sin casa pero con coche a menudo es gente que atraviesa por una mala racha, dicen defensores y asistentes sociales, y ya que es más probable que vean su situación como temporal, también son los más inclinados a guardar el secreto.
Aunque la duración promedio de vivir sin casa es de cuatro meses, tiende a ser más corta para la gente sin casa con auto, dicen los expertos.
"Gastas un montón de tiempo simplemente tratando de que no te vean", dice Kennedy, ex botones del Senado que escribió un libro, ‘Without a Net: Middle Class and Homeless (With Kids) in America’ [Sin una Red: Clase Media y Vivir Sin Casa y Con Hijos] (Viking Adult, 2005), sobre sus experiencias como sin casa durante varios meses de 1997 después de que se derrumbara su matrimonio. Pero residir -y ocultarse- a plena vista requiere astucia, y eso empieza cuando se decide dónde aparcar.
En las ciudades, calles empinadas sin aceras, sin ventanas que den a la calle y con bosques adyacentes son ideales porque tienen poco tráfico peatonal y ofrecen la mejor situación para entrar y salir del coche sin ser visto, de acuerdo a muchos que han pasado por la experiencia.
La mejor ubicación es una de vegetación escasa para evitar a espectadores ruidosos, pero suficientemente ocupada como para que el coche no despierte sospechas, dicen, suficientemente cerca de servicios pero bastante lejos como para evitar a los transeúntes. Los estacionamientos de grandes almacenes son una opción popular. Si tienen espacio libre, los estacionamientos de hospital son también una buena opción. Los guardias a menudo se compadecen cuando se les dice que el ocupante de un coche está esperando para visitar a su esposa enferma, dicen muchos.
Encontrar un lugar donde tomar una ducha requiere ingenio.
"La clave es cuándo entrar y salir del edificio", dice Randy Brown, que en los últimos tres meses que ha estado viviendo en su coche ha entrado a hurtadillas en un campus universitario cerca de donde trabaja como mesero en Fredericksburg, Virginia, para usar una ducha que los guardias no saben que tiene otra entrada.
Como varios otros entrevistados, Chaney dijo que cuando perdió su negocio de camiones después del huracán Katrina y fue desalojado de su casa, tuvo la suerte de tener pagada su subscripción de un año al gimnasio.
"Eso fue probablemente lo que más me ayudó a mantener las apariencias", dijo Chaney, que se mudó a Pensilvania para estar cerca de su hijo, que estudia en la universidad aquí.
Chaney dijo que mientras buscaba trabajo, no reveló su situación a su hijo que estaba estudiando con una beca de baloncesto, porque no quería distraerlo.
Aunque normalmente el orgullo es el motivo para no contárselo a los amigos o a la familia, preocupaciones sobre la ley y el agobio es más a menudo la razón que da la gente para mantener oculta su situación. La seguridad también es una preocupación, dicen los expertos, ya que la gente sin casa es frecuentemente blanco de agresiones físicas y delincuentes.
"Un montón de cosas que hace la gente para mantener el secreto, suena paranoico, y en parte lo es", dijo Michele Wakin, que escribió su tesis doctoral sobre la gente que vive en sus vehículos en California y que ahora es profesora de sociología en el Bridgewater State College de Massachusetts. "Pero cuando estás tratando de ser discreto y gastas un montón de tiempo en una zona, algunas cosas no se pueden evitar".
La gente a menudo desarrolla serios problemas con su espalda porque no reclinan el asiento cuando duermen, dijo Wakin; si se les pregunta, quieren estar en estado de poder decir a la policía que se estaban echando una pestañada. La gente también construye elaborados compartimentos en sus coches para ocultar la ropa de cama, dijo.
Alford dijo que había aprendido a moverse lentamente para evitar que el coche se balanceara y llamara la atención cuando estaba dentro. Cuando tiene demasiadas cosas que llevar desde el coche a la biblioteca donde pasa gran parte del tiempo, hace varios viajes antes que cargar todo en sus brazos, como una vieja vagabunda, dijo.
"Puede parecer absurdo, pero en los suburbios lo que uno se juega es demasiado cuando se trata de ser invisible, porque se supone que no puedes hacer eso", dice Alford, que trabaja ocasionalmente como un diseñador de sitios web. "La gente llama al 911 en la ciudad para decir que han visto a una persona sin casa, y los polis se ríen. Aquí fuera, los polis llegan en seguida".
Los expertos dicen que hay entre 2.1 millones a 3.5 millones de gente sin casa en todo el país. Wakin dice que las precauciones requeridas para vivir en un coche era una razón de porqué había menos drogadictos o enfermos mentales viviendo en sus coches, en comparación con los que vivían en las calles.
"Mantener el coche funcionando, con la matrícula, la inscripción al día, con una dirección donde las instituciones puedan enviar cosas, y todo eso mientras se trata de no ser detectado por la policía y los vecinos se convierte en un trabajo de jornada completa", dice Wakin.
Para algunos, la clandestinidad puede ser un obstáculo para obtener los servicios que se necesitan.
Richard Pyne, que fue desalojado de su casa después de perder su trabajo en una fábrica en Filadelfia del Norte, dijo que no buscó ayuda porque temía perder la tutoría de su hija de 17, Kristinlyn, que estaba viviendo en el coche con su mujer, Suzanne, y él.
En abril pasado, una asistente social descubrió a la familia durmiendo en el parque, y después de explicarles sus derechos, la asistente les convenció de mudarse a un refugio.
La tensión de buscar constantemente un lugar donde asearse y la estrés de evitar ser detectado se hacen insoportables, dijo Pyne, y agregó: "No tienes ni idea de lo agotador que es sobrevivir de esta manera".

2 de abril de 2006
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el fantasma del museo de bagdad


[Roger Cohen] Los primeros informes sobre su saqueo durante la invasión estadounidense fueron salvajemente exagerados, pero desaparecieron varios miles de piezas.
Bagdad, Iraq. Para el director de una museo destrozado en un país en guerra, lo imaginario puede ser un grato refugio. Condenado a contemplar su propio destino, y el de su país, en los largos y desiertos corredores, Donny George pasa frente a vitrinas llenas de vasos y tinajas antiguas, y tablillas de barro, y sueña.
En su imaginación el director del museo ve la gran inauguración: el patio hasta los topes con mil invitados, sabrosos corderos y finos dátiles sobre las mesas debajo de las palmeras, acompañados por un cuarteto de cámara bagdadí, la animada conversación de la gente civilizada en un país donde, hace varios miles de años, la invención de la escritura permitió por primera vez la deliberada transmisión de ideas de una época en otra.
George sonríe. Es un alivio soñar cuando el amanecer empieza con explosiones. Sus cordiales ojos marrones expresan la esperanza y las penurias de la vida en Iraq. Bajo Saddam Hussein aprendió a llevar una vida doble: elogiando al dictador en público, preocupado en privado. Era miembro del ahora disuelto Partido Baaz de Hussein. No serlo, dice, habría significado su despido y el abandono de las excavaciones arqueológicas, su gran pasión. El compromiso está entretejido en la textura de su vida.
Ahora, como director general de los museos iraquíes, su nuevo título, vive en un laberinto. El ministerio del Interior le ha estado presionando para que vuelva a abrir el Museo Nacional, diciendo que le asignará mil guardias si necesario. "Pero entonces dejaría de ser un museo", dice George. "Sería un cuartel".
Han pasado tres años desde el caos que acompañó la entrada de las tropas estadounidenses en Bagdad desencadenara el saqueo del museo. George huyó por la puerta de atrás, dice, cuando milicianos iraquíes empezaron a lanzar granadas contra el edificio. El saqueo causó indignación internacional, acusaciones y un frenesí de confusiones políticas.
Los informes iniciales de que se habían robado 170 mil objetos fueron exagerados, como también las salvajes comparaciones con el saqueo de Constantinopla. Pero la cifra real, unos 15 mil, sigue siendo una terrible pérdida. La recuperación ha sido difícil.
En gran parte gracias a la ayuda estadounidense, pública y privada, el museo ha sido restaurado y modernizado. George, un cristiano iraquí que habla excelente inglés, se ha mostrado apto a la hora de cosechar esta ayuda, forjando buenas relaciones con varios oficiales americanos, al mismo tiempo que cultiva una irreducible ira por el modo en que, en su opinión, Estados Unidos "desmanteló todo el sistema anterior sólo para dejar un hueco".
A pesar de la pérdida de miles de piezas, el museo alberga una extraordinaria colección. Lo que falta es la paz que necesita para abrir sus puertas al público.
"Cuando se vuelve a abrir un museo, es que ha llegado la paz", dice George. De momento, es un lugar vacío, desprovisto de vida, sin ruidos. Este museo lleno de ecos en el corazón de Bagdad, es decir en el corazón del proyecto estadounidense en Ira, es una imagen de esperanzas frustradas.
"Todos, en el fondo de nuestros corazones, estamos agradecidos de que Estados Unidos nos haya ayudado a deshacernos de este régimen", dice George. "Pero esta situación incontrolable es otra cosa. ¿Por qué no se puede controlar?"

En el Bagdad de hoy, donde se multiplican las barreras de concreto antiexplosión, el control parece casi inimaginable. Desde 2003 han sido asesinados tres empleados del museo: un arqueólogo, un contable y un chofer.
"Es difícil saber qué puedes hacer con la seguridad según está ahora", dice John Russell, un experto en arqueología iraquí del Instituto del Arte de Massachusetts, que pasó varios meses en Bagdad coordinando la reconstrucción cultural para el departamento de Estado. "El museo abrirá algún día, pero de momento mantiene un perfil bajo. Nadie quiere ser responsable de un desastre".
George menos que nadie, que a los 55 se ve a sí mismo haciendo guardia a la historia de su país. La predilección por la vida al aire libre lo marcó desde niño, cuando salía a pescar con su padre, a cazar con su abuelo y dirigía expediciones de boy scouts. Se matriculó para estudiar literatura inglesa en la Universidad de Bagdad, pero se cambió a las clases de literatura francesa que en realidad no le interesaban. Fue a ver al ayudante del decano, que le dijo que la única otra posibilidad en la universidad era la arqueología. "Le pregunté si eso significa vivir en tiendas y en sitios de excavación y cuando me dijo que sí, me aferré a la oportunidad", recuerda George.
Lo que encontró fue una pasión intelectual que ha durado hasta el día de hoy, una pasión que le permite mirar las cosas en perspectiva. "Hay fases como estas, y hay fases de calma", piensa George. "Cada una puede durar hasta cien años, pero pasa. Un famoso escritor sumerio describió la situación aquí en el 2000 antes de Cristo diciendo que la gente estaba saqueando y matando y que nadie sabía quién era el rey. Ya ves, no hay nada nuevo".
Bueno, algunas cosas sí lo son: George estaba en una cómoda oficina con celulares, un ordenador, internet, dinero americano y expertos estadounidenses que producían resultados.
Más de dos millones del dólares del ministerio de Relaciones Exteriores, el Instituto de Humanidades Packard, de Los Altos, California, y el ministerio iraquí de la Cultura, han reparado el tejado, cambiado el sistema telefónico, renovado las vallas, construido casetas para los guardias, reparado las tuberías, lavado las ventanas, coordinado los cerrojos, renovado el aire acondicionado, instalado cámaras de vigilancia y activado un sistema electrónico de seguridad.
Después de años de un lento deterioro durante el régimen de Hussein, el museo ha sido remozado.
"La ayuda que pedimos vino del departamento de Estado, y estamos agradecidos", dijo George. Preguntado si pensaba que la largueza estadounidense era producto de un sentimiento de culpa, bromeó: "Me gustaría que lo fuera".
Pero la restauración es una cosa, la recuperación es otra. De las 15 mil piezas robadas, muchas de ellas de las bodegas del museo, se han recuperado cinco mil. La identificación se ha visto complicada por el saqueo de sitios arqueológicos iraquíes desde 2003, que ha inundado el mercado internacional con objetos que se confunden fácilmente con piezas de museo.
La mayoría de los aproximadamente diez mil artefactos todavía no recuperados, son objetos pequeños: gemas, joyería, figurinas de terracota y sellos cilíndricos. Desaparecieron más de cuarenta piezas grandes, como una máscara de 5.200 años de la ciudad sumeria de Warka, pero la mayoría han sido recuperadas.
Russell dijo que los artefactos más pequeños "eran suficientemente fáciles de vender si uno les borraba los números de adquisición". Sin embargo, con el tiempo, podrían ser identificados y recuperados si los funcionarios de aduanas y policiales hacían más esfuerzos.
George se muestra optimista. "Siempre tengo esperanzas", dice. "Este edificio contiene la historia de la humanidad; sus lecciones no pueden olvidarse".
Todavía siente indignación por el hecho de que las tropas americanas no protegieron al museo en el período del 10 al 12 de abril de 2003, en los primeros días tras la caída de Bagdad. "Culpo a las fuerzas estadounidenses", dice. "Había un tanque cercano a la puerta principal. Uno de nosotros fue hasta allá y les rogó que protegieran el museo, pero le dijeron que no tenían órdenes de hacerlo".
Por qué no se protegió al museo puede no ser aclarado nunca. Oficiales norteamericanos han sugerido que en el museo había partidarios de Hussein y armas y que el caos impidió la acción. El museo está en una posición de alta exposición. Lo que está claro es que no hubo órdenes de parar el saqueo.
La confusión en la época del saqueo se agravó todavía más. La mujer que mencionó primero la exagerada cifra de 170 mil artefactos que fue inicialmente identificada como la subdirectora del museo era en realidad una antigua empleada. La cifra se extendió como pólvora.
"Es una acusación injusta", dijo el ministro de Defensa Donald H. Rumsfeld sobre las críticas hacia los militares. George fue acusado por algunos editoriales en la prensa estadounidense por exagerar las pérdidas, aunque desde el principio su posición fue que determinar las pérdidas tomaría tiempo.
El director aprendió a capear el mal tiempo hace bastante tiempo. Durante el régimen de Hussein tenía una ocupación secundaria como baterista de una banda de rock llamada 99 Percent -"de perfección", dice- que se especializaba en canciones de Deep Purple con lo que ganaba el dinero que necesitaba. Ese es un capítulo no escrito todavía sobre la vida en una dictadura. Otro es cómo George utilizaba su trabajo en los miles de sitios arqueológicos de Iraq para eludir las reuniones del Partido Baaz.
George dirige el camino a través del fantasmagórico museo, haciendo comentarios sobre hachas de 500 mil años y tablillas de arcilla con caracteres cuneiformes y objetos sagrados de mezquitas. Algunas vitrinas están llenas, algunas vacías; paquetes con nuevos equipos (incluyendo gavetas especiales para las tablillas de arcilla enviadas por el Instituto Arqueológico Alemán) todavía no son desempacadas; en el patio se están plantando palmas de dátiles. George dice que el museo, que fue cerrado repetidas veces y abandonado mientras Hussein se ocupaba de sus guerras, emergerá más fuerte, algún día.
Un sitio que ya está en perfectas condiciones es el Vestíbulo Asirio, que sobrevivió el saqueo y está lleno de monumentales relieves que representan la cumbre del arte mesopotámico. Una prominente presencia es el toro alado, a un espíritu protector de los palacios y ciudades asirias.
El cuerpo del toro transmite fortaleza; las alas, la magnificencia del vuelo; la cabeza de hombre, la sabiduría. Creada ocho siglos antes del alba de la era cristiana, catorce siglos antes del principio del islam, fue una llamativa representación de un poder aparentemente invencible.
Su época, por supuesto, terminaría. Los babilonios desplazarían a los asirios tan definitivamente como los estadounidenses, unos 26 siglos después, desplazarían a Hussein. Inclusive un museo cerrado puede enseñar que todo pasa y que nada es lo que parece.
Así que le preguntamos a George si acaso pensaba que los estadounidenses eran los nuevos babilonios. "No", dijo. "Los babilonios eran los iraquíes".

2 de abril de 2006
©new york times
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muertes en ruleta de la asfixia


[Fredrick Kunkle] Muerte de niño por ‘juego de la asfixia’ llama la atención sobre peligrosa práctica.
El ‘juego de la asfixia’ ha estado aquí durante años, y resurge en cada generación, expandiéndose por el boca a boca entre niños que quieren vivir emociones fuertes.
Ahora, la muerte de un adolescente del condado de Frederick ha aumentado los temores de que la práctica, avivada por internet, se haya convertido en más común y más peligrosa.
William C. Bowen Jr., un alumno de secundaria entendido en computación que participaba en su iglesia y estaba trabajando para su insignia de Eagle Scout murió accidentalmente de asfixia el 14 de marzo después de amarrarse una tira de tela de toalla alrededor de su cuello, confirmaron agentes de policía la semana pasada.
Bowen, 15, parece haber estado practicando una variante del juego de la asfixia, dijeron autoridades. Esa variante, conocida como asfixia autoerótica, implica masturbarse mientras se interrumpe el flujo de aire al cerebro. Él había inventado un mecanismo de seguridad para soltar la ligadura alrededor de su cuello, pero no funcionó, dijo el capitán Jennifer Bailey, portavoz del despacho del sheriff del condado de Frederick.
Bowen era un estudiante de bachillerato de la Escuela Secundaria Urbana del condado de Frederick y su muerte ha resonado en toda la comunidad.
La escuela envió un folleto a los padres con un listado de los signos reveladores del juego de la asfixia, observando que lo practican incluso estudiantes sin problemas, y que algunos creen que es un modo más seguro que las drogas o el alcohol para experimentar con sensaciones de alteración de la conciencia. Sus padres, Carol y William C. Bowen, han nombrado a su pastor para que hable por ellos y han instado a otros padres a que presten atención.
"La cosa importante que esta familia está enfatizando es que ellos no quieren que otra familia pase por lo mismo", dijo el reverendo Matt Poole, de la Iglesia Metodista Unida de FaithPoint.
Apenas hay investigaciones sobre la práctica, pero expertos médicos y forenses calculan que en Estados Unidos mueren entre 250 y mil jóvenes al año debido a alguna variante del juego de la asfixia. Muchos casos son considerados suicidios. Un investigador universitario ha calculado que casi un tercio de los ahorcamientos de adolescentes pueden ser atribuidos a alguna forma de la práctica.
"Lo diferente en el juego es que los chicos lo están jugando solos, y está siendo jugado con amarras", dijo Julie Rosenbluth, directora de proyectos en el Consejo Americano de Educación sobre las Drogas, en Nueva York. "Pero como las drogas, lo están descubriendo por otros niños y por internet".
También conocido como apagón [blackout], sofocón [gasper], mono espacial [space monkey] y ruleta de la asfixia, la práctica está más extendida entre adolescentes y jóvenes adultos. Referencias a la práctica -y su supuesta capacidad para intensificar la experiencia sexual- se remontan al siglo 17. El objetivo es interrumpir el suministro de sangre al cerebro, creando una exaltada sensación de mareo.
Habitualmente el juego se juega en grupos en fiestas, eventos deportivos o incluso en clases de gimnasia. En su forma más común la gente joven se agacha o acuclilla mientras respiran rápidamente, se levantan y mantienen la respiración mientras otros presionan sobre su tórax hasta que pierden la conciencia.
Menos frecuentemente se usa una amarra de algún tipo -un cinturón, una corbata o una cuerda- para cortar el suministro de aire. Todavía más raro es que alguna gente experimente con amarras mientras están solos, a veces en combinación con la masturbación.
"Es muy difícil formarse una idea sobre la extensión del problema porque la gente es muy reluctante, tanto de parte de médicos como de familiares, a reconocer que esa práctica tiene lugar", dice el reverendo Carl Westerfield, antiguo decano de educación en la Universidad de Lamar, en Beaumont, Texas. "Está en el armario".
Desde marzo de 2005 han muerto jugando el juego de la asfixia una niña de nueve en Dakota del Norte, un niño de 13 en Paradise, California, y un niño de 13 en Appleton, Wisconsin. El 7 de febrero murió un niño de 11, de White House, Tennessee, después de jugar en su cama con un pañuelo de Cub Scout, y se cree que un niño de 13 murió tras jugar el mismo juego en un suburbio de Akron, Ohio. El viernes una portavoz de la Universidad de West Virginia dijo que un estudiante jugando al juego de la asfixia se había aparentemente colgado por accidente en su dormitorio en el internado.
Después de la muerte de un niño de 14 en Whitefield, New Hampshire, el forense jefe del estado, Thomas A. Andrew, emitió un comunicado de alerta sanitaria a la opinión pública. Sitios web como http://www.deadlygameschildrenplay.com y http://www.stop-the-choking-game.com han colocado memoriales a las víctimas y consejos para los padres.
Algunos padres que han perdido a sus hijos, como la madre de Kyle McCarthy, 13, también han abierto la boca.
"Kyle era un niñito maravilloso. Era como Beaver Cleaver", dijo Susan McCarthy, 45, empleada médico-administrativa.
McCarthy, de Appleton, estaba volviendo a casa después de recoger manzanas con su madre y dos de sus hijos el 9 de octubre cuando vio luces rojas destellantes en su calle. Entonces, dijo, se dio cuenta de que era su casa. Esa tarde, después de salir a cazar venados con su padre, Kyle McCarthy se había colgado accidentalmente en el sótano. Más tarde la familia encontró cinturones, diademas hawaianas y cuerdas con elaborados nudos con los que había estado experimentando desde que un niño mayor se los hubiera mostrado ese verano, dijo McCarthy.
"Ayer noche estuvimos mirando los álbumes de fotos y películas para verlo vivo de nuevo", dijo McCarthy en una entrevista telefónica el jueves. "Todavía creo, de algún modo, que es un sueño, que no ha ocurrido. Pero, por supuesto, no es un sueño".
Westerfield, que es co-autor de una encuesta de la investigación sobre la asfixia autoerótica, dijo que la experimentación con la asfixia forma parte de un continuum de conductas arriesgadas que van desde el simple desmayo hasta el uso de ligaduras mientras se masturban. Pero hay escasas investigaciones sobre la práctica, especialmente cuando incluye prácticas sexuales, dijo.
Andrew P. Jenkins, profesor en la Universidad de Washington Central en Ellensburg, Washington, estima que el fenómeno puede dar cuenta de hasta un 31 por ciento de todos los ahorcamientos adolescentes. Sin embargo, dada su impactante naturaleza las muertes son probablemente clasificadas como suicidios, y se sabe que familias, policías y trabajadores de la asistencia médica han ‘desinfectado’, a propósito o inadvertidamente, la escena, dice Jenkins.
Bill Bowen, adolescente del condado de Frederick nació en Wheaton y era conocido como un brillante joven que pertenecía a varios clubes en la escuela y le gustaba conducir un todoterrrenos, dijeron el pastor y amigos.
"Cuando lo conocí me contó sobre un cohete que estaba construyendo", dijo Sean Cummings,16, de décimo, de Monrovia.
Jack Fagan, 15, de noveno, dijo que acostumbraba a pasar el rato con Bowen cuando estaban en el sexto. "Tenía su propio club, y el tema era básicamente ‘Star Trek’. Tenían esas pequeñas chapas, y tu posición en el grupo la podías leer en la cantidad de chapas que tuvieras", dijo, agregando que había dejado de salir con Bowen, pero que todavía lo veía de vez en vez. "No parecía el tipo de chico que hiciera eso".
Pero varios estudiantes de la secundaria Urbana dijeron que el juego de la asfixia, especialmente en su forma menos extrema sin ligaduras, era común.
Melissa Pritchard, 17, de la secundaria de Urbana, dijo que el año pasado asistió a una fiesta en la que chicos y chicas se filmaron unos a otros mientras se desmayaban.
"Lo hicimos porque nos pareció divertido", dijo Pritchard, de Monrovia. "Pero, retrospectivamente, no es divertido".

2 de abril de 2006
©washington post
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rubias de nueva york


[Jill Gerston] Se requiere mucho dinero y disciplina para ser rubia en Nueva York.
Mary Castellano, una transplantada de Miami cuyos cabellos de color de caramelo cae sobre sus hombros, no se ha hecho nunca sus propios reflejos. Pero el año pasado, la idea se le pasó por la mente cuando Castellano, 26, se dio cuenta de lo prohibitivamente caro que se había convertido teñir sus bellos cabellos.
"No puedes trabajar en moda en esta ciudad y no verte bien", explicó Castellano, que es una ejecutiva de contabilidad de Ogan Dallal Associates, una firma de relaciones públicas de Manhattan que asesora a clientes de la industria de la moda. "La gente te controla, y si tienes raíces negras y el pelo frito, no les importará que tu bolso sea un Bottega.
"Cuando llegué aquí después de la universidad", agregó, "no sabía que junto con el alquiler, el teléfono y los servicios, tendría que gastar tanto dinero en el pelo".
Durante un tiempo visitó una serie de salones en el East Side y gastó unos 500 dólares al mes por reflejos y retoques de su largo y grueso pelo. Pero, confesó Castellano, que vive en un pequeño apartamento de un cuarto en Lower Manhattan y caza las gangas en Scoop, no en Chanel, "era demasiado". Finalmente, a través de la amiga de una amiga, encontró un salón de barrio que le cobra 275 dólares, una suma que calificó de "razonable, tratándose de Nueva York".
Aunque es una dura labor para una joven trabajadora, la señorita Castellano es una Rubia de Nueva York.
Esta fina y elegante criatura puede ser vista normalmente en su hábitat natural en el Upper East Side cuando pasa a dejar a sus hijos a la Escuela Episcopal, examina sábanas de hilo bordadas de Pratesi y bebe en La Goulue.
Algunos días se traslada hacia el sur, de la calle 57 al SoHo, o al barrio del matadero o al único bastión chic de Times Square, el edificio Condé Nast. Si fuera un miembro especialmente liberal de este rebaño, podría vivir en Greenwich Village, o en el Upper West Side, pero esto es raro, aunque no tan raro como los que hacen sus nidos al otro lado del estanque de Brooklyn Heights o -uh- Park Slope.
La Rubia de Nueva York puede trabajar en una revista de modas, en una firma de relaciones públicas o en una galería de arte, lugares donde pasar una mañana retocándose las raíces no es considerado un motivo de despido. O puede ser una importante ejecutiva en Wall Street o en Madison Avenue, lugares donde el pelo rubio con reflejos es precisamente un accesorio de poder tan potente como un traje hecho a la medida o un reloj Audemars Piguet.
Puede haber hecho carrera simplemente saliendo de compras, colocándose faciales de oxígeno y siguiendo clases para escribir guiones. Pero sin ninguna duda tendrá debilidad por los diamantes talla cojín y el espresso macchiato en Sant Ambroeus en Madison Avenue.
Aunque el número de Rubias de Nueva York es comprensiblemente elusivo, dos veces al año se congregan cientos de ellas en Bryant Park para una semana de presentaciones de moda. Allá, observan subrepticiamente a sus cuidadas compañeras, sopesando detalles como el impecable pelo corto castaño de Anna Wintour [editora de Vogue] resplandeciendo con los reflejos del color del perfume Shalimar. Si te lo perdiste en febrero, en septiembre tienes otra oportunidad.
En los círculos de la alta costura de Nueva York hay quizás un consenso de que la codiciada pinta es el elegante pelo rubio-platino de la difunta Carolyn Bessette Kennedy. "Ella es la icono, el pelo que hay que adorar", escribe Plum Sykes, una editora de Vogue, en la primera página de su desenfadado éxito de ventas, ‘Bergdorf Blondes’, un bombón literario tachonado de PAPs (Princesas de Park Avenue), ATMs (Novios Ricos), una sesión de estrategia para una muestra de Chanel y citas con el salón de belleza para reflejos rubios de 450 dólares.
Pero Kennedy no el único icono de la Rubia de Nueva York. Una breve lista incluiría también a Gwyneth Paltrow, Ivanka Trump, Diane Sawyer, la actriz Stephanie March, la modelo Karolina Kurkova, Candice Bergen, la conocidísima Kinsley Mortimer, la editora de Vogue, Meredith Melling Burke y la diseñadora Tory Burch, que tienen todas cabellos exquisitamente arreglados que personifican a las Rubias de Nueva York.

Rubias de Muchas Caras
No hay que confundir a las Rubias de Nueva York (con mayúscula) con las rubias de Nueva York (con minúsculas), una raza más ubicua que está demasiado ocupada yendo al trabajo, haciendo las compras, logrando que le reparen el fregadero y mirando ‘Anatomía de Grey’ para preocuparse de si sus reflejos se han vuelto de color latón o si sus raíces negras se verán en las fotos en el NewYorkSocialDiary.com, una bitácora que hace la crónica de la alta sociedad. Las rubias de Nueva York se tiñen el pelo en el lavamanos del cuarto de baño o se colocan reflejos en un salón de belleza que no sirve cappuccino ni te pasa cuentas que son sólo ligeramente más modestas que un billete de avión a París.
Tampoco deben ser confundidas, las Rubias de Nueva York, con sus contrapartes notoriamente más decoloradas de la Costa Oeste. Sus cabellos claros brillan como un faro en un ambiente de granito, tizne y cielos grises y reducidos vestidos negros.
"El pelo rubio contrasta tanto con el ambiente de la ciudad en Nueva York", dice Leatrice Eiseman, una especialista en color que es directora del Pantone Color Institute, una organización que sigue las tendencias del color. "No tienes esa yuxtaposición en un clima de sol y arena".
Si piensas en el mundo como una versión de mayor escala que tu cafetería de la secundaria, las Rubias de Nueva York son las ‘chicas buenas’ y las Rubias de Hollywood, las ‘malas’.
"Las Rubias de Nueva York tiene sex appeal, pero de un tipo con más clase", dice Robert Verdi, un estilista de famosos que es anfitrión del canal de televisión por cable ‘Fashion Police’. "Las rubias de Hollywood son más obvias, más va-va-va-vum. No hacen ningún esfuerzo por verse naturales".
O, como lo dijo Sykes: "Es la diferencia entre Scarlett Johansson y Carolyn Bessette. En Nueva York, la pinta es rubia y elegante sin busto, y en Los Angeles es rubia y con pechos y bomba sexual. Aquí el elemento sexual es considerado un poco hortera".

El Precio Que Pagan
El pedigrí de la Rubia de Nueva York se remonta al menos a 40 años, a los días en que un pequeño grupo de celebridades bien vestidas y bien peinadas como C.Z. Guest y Nan Kempner eran las decanas reinantes de la moda. Esas mujeres se pasarían por algún delicado salón del East Side para cardarse el pelo (el equivalente de los años sesenta del alisado con secadora) antes del almuerzo en abrevaderos ahora cerrados como La Caravelle y La Côte Basque. En sus chandales, guantes y zapatillas de piel de caimán, eran en su época las que fijaban la moda, y sus peinados perfectos y lacados tenían a menudo sombras de colores como la ceniza o el platino.
Hoy, ya casi no es escucha la palabra platino asociada con el cabello. Pero la obsesión de la Rubia de Nueva York con el pelo es más intensa que nunca. Aunque el corte puede ser un sencillo estilo clásico -nada de capas desordenadas hechas con navajas, nada de horteras imitaciones de Mischa Barton-, el pelo mismo debe verse como lo hubiera hecho Botticelli si hubiese trabajado en un elegante salón de belleza de Manhattan y cobrara 300 dólares por los reflejos. Se entrelazan delicados lazos de lino con mechas de color vainilla y hebras doradas colocadas estratégicamente sobre una base de color de miel para crear unos cabellos sedosos y brillantes, mejor que naturales, que envían los silenciosos mensajes de ‘caro’, ‘clase alta’, y, sobre todo, ‘altos costes de mantención’.
"Creedme, se necesita un montón de dinero y de trabajo para que el pelo parezca tan sencillamente bello", dice Kathleen Flynn-Hui, una coloreadora en el Salon AKS en la Quinta Avenida y autora de ‘Beyond the Blonde’, una chismosa novela alegórica ambientada en un salón de Madison Avenue. En su opinión, el pelo de la Rubia de Nueva York es su mejor accesorio. "Se ve caro y definitivamente hace que la gente se vuelva a mirarte", dice.
En los salones elegantes de Manhattan, los reflejos empiezan generalmente en 200 dólares y pueden subir hasta la estratosfera por sobre los 500 dólares, sin propina, dependiendo de factores como el largo de los cabellos, su color (aclarar un rubio sucio es menos caro que teñir un castaño), los procesos requeridos y el prestigio de la peluquera. En contraste, de acuerdo con un estudio publicado en American Salon, una revista del género, en 2004 el promedio nacional que pagaron las mujeres estadounidenses para reflejos normales estuvo entre 61 y 71 dólares.
A veces la Rubia de Nueva York hace que su peluquero se ocupe de sus cabellos en la privacidad de su casa, un servicio que puede doblar o triplicar los costes de una visita al salón de belleza. También puede pedir una aplicación de emergencia de Clairol cuando visita lugares remotos como Apsen o Roma.
"Ser una Rubia de Nueva York es parte de un modo de vida", dice Rita Hazan, la peluquera que es propietaria de Rita Hazan Salon en la Calle 65 Este y cuyo libro de reservas está lleno de nombres de clientes de las dos cosas, incluyendo a Jennifer López y Jessica Simpson.
"Mis clientes me hacen viajar a sus casas cuando quieren hacer sus colores", agregó Hazan, que pide 500 dólares y más por los reflejos. "Me llaman y me dicen: ‘Rita, estoy en Canadá’ o ‘Estoy en Italia’, o ‘Estoy en Utah. ¿Puedes venir?’ Empaco mis cosas y vuelo con el próximo avión" -primera clase y alojamiento de lujo.

Esclava En Su Salón
El precio de ser una Rubia de Nueva York también se mide en tiempo.
"Creo que las que son realmente elegantes vienen al salón cada dos semanas, debido a que tus raíces empiezan a crecer apenas pones un pie fuera del salón", dice Sykes. "Las chicas que se ven bien vienen cada cuatro semanas, y las que no se ven tan bien, cada dos meses".
Pero incluso si la cita con el salón es cada seis semanas, el esfuerzo que se requiere para verse constantemente guapa puede ser agotador.
"Puede sonar divertido para las mujeres corrientes, pero se requiere una enorme disciplina y dedicación para acercarse a la perfección del modo en que lo hacen las Rubias de Nueva York", dice Natalia Ilyn, crítica cultural, haciéndose eco del título de su último libro, ‘Chasing the Perfect: Thoughts on Modernist Design in Our Time’ [Buscando la Perfección: Reflexiones sobre el Diseño Modernista en Nuestra Época]. Ilyn, que es también co-autora de ‘Blonde Like Me: The Roots of the Blonde Myth in Our Culture’ [Rubia Como Yo: Las Raíces del Mito de las Rubias en Nuestra Cultura], agregó: "Ir al salón es algo que haces de vez en vez y no es divertido. Es parte de una identidad que quieres mantener".
Incluso en una cisne como Tinsley Mortimer, cuyos preciosos y largos mechones rubios seducen las cámaras de los fotógrafos en las presentaciones de moda y funciones benéficas de etiqueta reconoció que era difícil mantener el codiciado y pálido ‘rubio de bebé’.
"Me gusta tener el pelo rubio claro, pero la mantención era realmente cara", dijo. "Ahora lo llevo un poco más oscuro, que es más fácil de cuidar".
Una Rubia de Nueva York consciente del color y que distinga entre un reflejo chardonnay y un reflejo champagne es muy melindrosa a la hora de definir exactamente la sombra que quiere. No es raro que entre a un salón con velones de seda del color del maíz o con una hijita con rizos color mantequilla y pida el mismo tinte.
Una alquimista que pueda proporcionar la sombra a la medida será recompensada con una cliente agradecida que no cambia de peluquera cada seis meses, una cliente, quizás, como Mona de Sayve, socia de la firma de decoración interior de su madre, Ann Downey Interiors, que ha sido cliente de Flynn-Hui durante 18 años. De Sayve siguió siendo cliente incluso durante los años que vivió en París.
"Ya traté con Alexandre y Carita", dijo de Sayve, mencionando a dos de los salones más chic de la ciudad, "y en ninguno lo pudieron hacer bien. En París simplemente no entienden los reflejos rubios. Son demasiado anticuados. Los dejo hacer los retoques -con la fórmula de Kathleen-, pero viajo a Nueva York a ver a Kathleen cada seis u ocho semanas".
Aunque de Sayve vive ahora en Palm Beach, viene a Manhattan todos los meses para que su pelo sea teñido por Flynn-Hui, que pide 275 dólares y más por hacer los reflejos.
A los ojos de muchas Rubias de Nueva York, este tipo de esfuerzo vale la pena.
"No sólo vale la pena. Es necesario", dice Toni Haber, una corredora de propiedades de Prudential Douglas Elliman cuyo uniforme de trabajo de todos los días es un traje de Armani y zapatos de Prada y cuyo pelo dorado es hecho por Jennifer Costa, del John Barrett Salon, en Bergdorf Goodman. "En mi carrera y entre la gente con la que hago negocios y hago vida social, verse chic es importante porque te miran las uñas, el pelo, los zapatos, tu anillo. También hace que te sientas mejor".
En una ciudad que vive de símbolos, hay otra razón por la que tantas mujeres están dispuestas a vivir cautivas de su peluquera: el deslumbrante pelo rubio, asociado con el oro, lo raro y la posición social, es un símbolo de poder. "La Rubia de Nueva York personifica un montón de valores de nuestra sociedad materialista", dice Ilyn, la crítica social y rubia natural, ex neoyorquina que vive cerca de Seattle. "Es más delgada, más rubia, más rica que el resto de nosotras, y tiene mejores zapatos. Su pelo estupendo es difícil de alcanzar. Crea en quien la mira una sensación de carencia, un mensaje que dice: ‘Tengo más que tú’. Eso es poder".
Quizás esa sensación de poder explica por qué, para las Rubias de Nueva York, la búsqueda de la perfección empieza tan pronto, como queda en evidencia por las Rapunzel adolescentes que están fijando citas para mejorar su pelo químicamente.
"Créelo o no, he tenido a niñas muy jóvenes aquí -de diez, once o doce años", dijo Costa, del John Barrett Salon. "Pero es poco común. Más a menudo son niñas en la secundaria".

¿Existe la Vida Más Allá De las Rubias?
Es rara la Rubia de Nueva York que cambie sus mechones.
"Una vez que has invertido el tiempo, dinero y esfuerzo en ser una guapa rubia", dice Steven Améndola, un peluquero del Kevin Mancuso Salon en Park Avenue, que calculó que el 75 por ciento de sus clientes eran rubias, "no vas a volver a ser una castaña. La castaña es la cliente menos habitual".
A Sykes, la autora de ‘Bergdorf Blondes’, hay que contarla entre las felices Blancanieves que no tienen intenciones de transformarse en Cenicientas.
"Si tienes el pelo realmente negro, y las cejas negras, como yo, la mantención es simplemente terrible", dice Sykes, una sílfide de 1 metro 55 con largos cabellos castaños. "Traté de ser algo más rubia, y no funciona para mí. Con mi complexión inglesa, me veía verde".
Sykes ha incluso abandonado a las Rubias de Bergdorf y se pasó al lado oscuro en su nueva novela ‘The Debutante Divorcée’, que será publicada el 18 de abril. Las castañas llenan las páginas. O, como lo dice la autora deliciosamente: "Mi protagonista tiene el pelo del color de los granos de café".
Quizás las castañas son las nuevas rubias.

2 de abril de 2006
©new york times
©traducción mQh
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