el precio de una novia
[John Lancaster] Osadas mujeres indias rechazan cada vez más exigencias de parientes políticos.
Sayin, India. Ella llevaba un sari de seda roja. Él, un traje de hombre de negocios de color granate y un turbante dorado con blanco. Frente a varios cientos de invitados, se colocaron guirlandas de rosas y maravillas, luego sellaron su unión dando vueltas siete veces en torno a una fogata de madera de mango mientras un sacerdote hindú salmodiaba oraciones. Todos concordaron en que la boda fue espléndida.
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Pero casi tan pronto como se apagaron las llamas, el matrimonio entre Keshav Sharma y su esposa, Pooja Pathak, se derrumbó en medio de feas recriminaciones.
Incluso aunque los Pathak habían pagado una importante dote -incluyendo una motocicleta y unos 700 dólares en rupias-, ni el novio ni su padre lo encontraron suficiente. Amar Sharma, el padre, declaró apenas dos horas después de la ceremonia el mes pasado que ellos no aceptarían a la joven en su casa a menos que llegara con una nueva televisión a colores y un reproductor de videos, de acuerdo a testigos y la policía.
Para Pooja, si no para sus padres, la exigencia rompía el compromiso.
"Si tu padre le dijera que tienes que comer estiércol de vaca, ¿lo comerías?", le gritó al avergonzado novio antes de decirle que se fuera al diablo. El padre y el hijo fueron acusados subsecuentemente de violar las leyes indias contra la dote.
Tales actos de desafío son raros en India, donde la dote y su lúgubre corolario -el asesinato de las jóvenes novias cuyas familias no logran reunir el botín necesario- sigue estando profundamente enraizada. Pero están siendo más frecuentes. El caso de Pooja fue el último en una serie de bien publicitados incidentes en los que las novias han rechazado las exigencias de dote, sugiriendo que algunas jóvenes están perdiendo la paciencia con la milenaria tradición hindú.
El más famoso de esos episodios ocurrió en 2003, cuando Nisha Sharma, una estudiante de informática de Nueva Deli, llamó a la policía a su boda después de que la familia del novio hiciera a última hora una petición de 25.000 en rupias, además del coche y los electrodomésticos que se les había prometido. La atrevida acción de Sharma le ganó la atención y el elogio mundial -entre otras cosas, inspiró un reclame de televisión para un popular producto de belleza- y prontos otras siguieron su ejemplo.
"Hay jóvenes educadas que se están levantando, y que quieren que otra gente sepa lo que están haciendo", dijo Brinda Karat, secretario general de la Asociación Democrática de Mujeres de India. "Casos como estos llaman la atención del público y causan un impacto".
Aunque la dote ha sido ilegal en India desde 1961, la lucha para erradicar la práctica ha ido cuesta arriba. A pesar de la publicidad generada por el caso de Sharma y otras como ella, la policía se muestra reticente a la hora de hacer cargos por dote, y las condenas son extremadamente raras, de acuerdo a Karat y otros expertos (el caso de Sharma está todavía en tribunales). Unas 6.000 son matadas al año -a menudo rociadas con queroseno y quemadas en "accidentes" de cocina montados- o acosadas hasta el suicidio por maridos y parientes políticos enfadados por peticiones de dote incumplidas, según datos del gobierno.
Un estudio de 2002 de la asociación de mujeres concluyó que la costumbre del pago de la novia, tradicionalmente de las castas superiores, se ha hecho dominante en India y se está extendiendo "a través de regiones, castas y comunidades", dijo Karat, que atribuye la tendencia al crecimiento del consumismo de la clase media. El estudio se basó en entrevistas con 10.000 personas en 18 de los 28 estados de India.
Excepto por su desenlace, las penurias de Pooja parecen haber seguido un esquema familiar.
Pequeña y delgada, Pooja, que está cursando su último año en la secundaria, se ve más joven que sus 18 años. Es la mayor de tres hermanos y nativa de Sayin, un pueblo agrícola de unas 200 familias justo en las afueras de la ciudad sagrada hindú de Varanasi -también conocida como Banaras-, a unos 580 kilómetros al sudeste de Nueva Deli, la capital. Su padre, Omkar Pathak, posee una pequeña tienda de areca, un estimulante suave.
Como la mayoría de los padres indios, Pathak y su esposa, Renu, consideraban que era su deber encontrar marido para sus hijas. El verano pasado, tras averiguar con amigos y parientes, encontraron un prometedor candidato en Keshav Sharma, un estudiante de ciencias políticas en la Universidad Hindú, donde su padre trabaja como jardinero.
Las familias acordaron reunirse en un templo, donde Pooja y su futuro marido pudieron hablar en privado durante unos tres minutos. "Yo pensé: Es una buena persona'", contó Pooja, que no volvería a ver a Keshav sino el día de su boda, siete meses más tarde. Además, agregó: "Era guapo".
La dote figuró prominentemente en las negociaciones entre las dos familias, de acuerdo Omkar Pathak. Al principio, dijo, los Sharma pidieron unos 1.200 dólares en rupias, así como una motocicleta Honda, un reloj, un anillo de oro, una televisión a color y un reproductor de video. Finalmente las familias acordaron la suma menor de 700 dólares y una marca más barata de motocicleta, y que la televisión a color y el reproductor de video serían entregados algunos meses después de la boda, dijo Pathak.
"El padre de la chica es un inútil", dijo. "Aunque el padre no cree en la dote, tiene que inclinarse, porque tiene que pensar en la felicidad de su hija".
La noche de la boda, las cosas parecían marchar bien. Luces de colores brillaban sobre el patio de tierra fuera de la modesta casa de los Pathak, y una banda de músicos saludaba la llegada de la procesión del novio. Más tarde, unos 500 invitados cenaron estofado de lentejas y salsa de tamarindo mientras los altavoces resonaban con canciones de Bollywood. Algunos invitados se alargaron en el ritual del fuego, que duró hasta las cuatro de la mañana, cuando la novia volvió a su casa y el novio y su familia se dirigieron a un residencia comunitaria cercana.
Dos horas más tarde, Keshav y su padre volvieron a recoger a Pooja y sus pertenencias, que ella empacó en cuatro maletas en preparación de la mudanza a casa de los Sharma al otro lado de la ciudad. Los padres de la novia sirvieron un desayuno ritual de yogur y confite de melaza. Pero los ánimos se agriaron pronto, dijo Renu Pathak, cuando el viejo Sharma y su hijo dejaron claro que esperaban que se les entregara una televisión y un reproductor de video en ese momento mismo.
Los padres de la novia trataron de conciliar, dijeron ellos y testigos. Juntando las manos en el gesto hindú de sumisión, dijeron que habían dado más de lo que podían y prometieron entregar los artículos adicionales tan pronto como pudieran.
Pero los Sharma no se apaciguaron. "El hijo dijo: No hemos pedido nada grande'", dijo Aparna Dwivedi, que dirige un grupo de bienestar social sin ánimos de lucro que emplea a Pooja como voluntario y había parado esa mañana en la aldea para darle los parabienes. "El padre del novio estaba parado ahí y usaba un lenguaje grosero y ofensivo".
Cuando el padre de la novia quiso subrayar su desesperación arrodillándose para tocar los pies del viejo Sharma, este le dio una patada, según el parte policial.
Pooja, que había estado escuchando desde el tejado, dijo que finalmente había decidido tomar el asunto en sus manos. Todavía con su sari matrimonial, corrió abajo a enfrentarse con su nuevo marido, que trató de culpar a su padre de la situación.
Pero Pooja no lo aceptaría. "Váyase de aquí", dijo que había declarado, amenazando con golpear a Keshav con un zapato. "Yo estaba muy enfadada", dijo. "Les habíamos dado tanto, y ellos todavía seguían con la boca abierta".
La rabia de Pooja tuvo un efecto galvanizador sobre sus padres. Incitados por sus parientes, decidieron que su hija y la dote no eran suficientemente buenas para los Sharma, entonces los dos hombres podían igualmente "tomar el aire en la cárcel", como dijo la madre de Pooja. Omkar Pathak llamó a la policía, que arrestó a los Sharma y los detuvo durante siete noches, después de lo cual fueron dejados en libertad bajo fianza.
En una entrevista reciente, Keshav, 22, dijo que los padres de la novia habían dado la motocicleta y el dinero de propia iniciativa, no como condición del matrimonio, y negó que él o su padre hubiesen insistido en los artículos adicionales. Dijo que todavía estaba perplejo sobre la causa de la discusión. "No sabemos qué pasó", dijo. "Mi padre no es un tipo al que demandarías".
El agente de policía V.K. Singh dijo que varios testigos independientes habían corroborado el relato de Pathak. El viejo Sharma, agregó, reconoció haber hecho las peticiones de dote a última hora cuando Sing habló con él la noche en que fue detenido.
A pesar de los cargos criminales que cuelgan sobre la familia, Keshav y su madre dijeron que seguían teniendo la esperanza de que Pooja se mudara a vivir con ellos. Eso parece poco probable. Por su coraje por hacer frente a la familia, ha sido festejada por grupos de mujeres, honrada por una universidad del estado y le han ofrecido un curso gratuito en un instituto de informática.
Además, dijo Pooja, "no quiero casarme ahora. Quiero terminar mis estudios".
Rama Lakshmi contribuyó a este reportaje.
29 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
la industria de los secuestros
[James Glanz] Bandas de secuestradores hacen amenazas más graves y piden rescates más altos.
Bagdad, Iraq. Mientras aquí los occidentales se quedan perplejos ante los ocasionales secuestros de alguno de los suyos, los iraquíes son mucho más vulnerables. Unos 5.000 iraquíes fueron secuestrados el año pasado y medio, de acuerdo a funcionarios de seguridad occidentales e iraquíes.
Algunos de los secuestrados son iraquíes que trabajan con occidentales, dijo el coronel Jabbar Anwar, jefe de la unidad de delitos graves de Bagdad que trabaja estrechamente con grupos de la inteligencia americana en casos de secuestros. Pero la exigencia de rescate, y no la intimidación, es el principal motivo, dijo: la amenaza de muerte por colaborar es usualmente sólo un modo de elevar el precio de la libertad.
"La única razón por la que secuestran gente, es el dinero", dijo el coronel Jabbar.
Las exigencias de rescate, dicen funcionarios de seguridad, varían de algunos cientos a medio millón de dólares. La tasa de mortalidad de los secuestros es desconocida, pero los funcionarios dicen que muchos simplemente desaparecen después de pagado el rescate.
Visto de cierta manera, los secuestros son sólo otra faceta del vacío de seguridad creado por la invasión norteamericana de Iraq que no ha sido realmente superado a pesar de la contratación y adiestramiento de decenas de miles de agentes de policía iraquíes. Pero debido al espantoso efecto que tiene la industria del secuestro en las familias iraquíes, especialmente las familias prósperas y educadas cuyos hijos son objetivos especiales, los detectives ven el secuestro como una cosa en sí misma.
Evidencias anecdóticas dispersas sugieren que la epidemia de secuestros, especialmente de niños, es de una eficacia incomparable para empujar de Iraq a los profesionales educados que se necesitan urgentemente para la reconstrucción del país. Estoicos como son a menudo los iraquíes frente a los peligros que les acechan todos los días, los secuestros contribuyen a la sensación nacional de inestabilidad y alimenta la desconfianza mutua -principalmente debido a que muchos secuestros se basan en gente cercana a las víctimas, la que pasa información sobre el patrimonio, hábitos cotidianos y otras materias de interés para los tomadores de rehenes.
El jefe de la oficina de secuestros de la unidad de delitos graves, el coronel Faisel Ali, calificó los secuestros como "el principal problema de Iraq".
El coronel Jabbar, que es responsable de la lucha contra toda la gama de delitos en Iraq, desde asesinatos hasta desfalcos y extorsiones corrientes y molientes, estuvo de acuerdo. "Es el problema número uno", dijo.
Las familias iraquíes están tan habituadas al nuevo comercio del secuestro que, a pesar del mortal peligro en que se encuentran sus seres queridos, rara vez acceden a la primera exigencia de rescate, debido a que así solamente aumentarán el rescate, dijo Abudl Razzak Hassan, ingeniero. Fue obligado a aprender sobre el tópico cuando fue secuestrado en una carretera al oeste de Bagdad, el 25 de diciembre. Sus capturadores lo mantuvieron durante cinco días con los ojos vendados en un sucio contenedor de acero, y lo torturaron.
Hassan, 45, un hombre viajado que habla inglés pasablemente, dijo que su familia sabía que estaba siendo torturado, pero regatearon por teléfono con los secuestradores durante cinco días antes de pagar los 20 millones de dinares, o unos 15.000 dólares, por su liberación.
Incluso a ese precio, Hassan sabía que sería afortunado si no lo mataban una vez hecho el pago.
"Tienes suerte cuando la gente que te secuestra no son asesinos", dijo Hassan.
Los secuestradores advirtieron a su familia no informar nunca sobre el incidente. Temiendo, como muchos iraquíes, que los departamentos de policía son corruptos y están infiltrados, no lo hicieron.
Tampoco fue reportado el secuestro de una adinerada mujer de 64 años llamada Um Sattar, que fue secuestrada por hombres disfrazados de agentes de policía, que pidieron un colosal rescate de medio millón de dinares. Durante las negociaciones fue mantenida en un cuarto cerrado en una residencia familiar en Bagdad, donde los niños jugaban fuera y los parientes pasaban a tomar el té. Los detectives, informados por un dato de un informante 13 días después de su secuestro, allanaron la casa y la liberaron.
Pero ella pensó que el nuevo conjunto de agentes de policía formaba parte de la banda de secuestradores, recordó el teniente primero Abbas Jassim, de la unidad de delitos graves de Bagdad. Ella les suplicó que la no mataran y juró que su familia pagaría. Los detectives trataron una y otra vez de convencerla de que ellos no eran delincuentes, pero la aterrorizada mujer rechazó repetidas veces su historia. Finalmente, un enfadado detective la hizo callar.
"Sí, somos una banda", le dijo el detective, frustrado.
A pesar de la desconfianza, más de 1.000 casos de secuestros han sido reportados a la administración americana de Iraq en los últimos 18 meses, dijo un asesor de seguridad occidental. Incluso entre esos casos, que se cree que están fuertemente inclinados hacia incidentes que involucran a occidentales, más del 70 por ciento de los implicados en los secuestros son de Iraq o de países árabes vecinos, dijo el asesor, que habló a condición de mantener el anonimato.
Una pequeña proporción de los casos denunciados ante los norteamericanos involucraron a rehenes occidentales muy publicitados, como Nicholas Berg, el ingeniero estadounidense secuestrado y decapitado hace un año, o Giuliana Sgrena, la periodista italiana secuestrada el 4 de febrero y liberada exactamente un mes después.
"Es la primera y más importante crisis iraquí", dijo el asesor de seguridad. "La realidad es que es un negocio".
La oficina de secuestros ha hecho modestos avances en el problema, de acuerdo a las estadísticas que lleva la unidad de delitos graves. Desde enero de 2004 a febrero de 2005, 80 casos de secuestros, con 73 rehenes, fueron referidos a la oficina por comisarías de policía de la jurisdicción de Bagdad oeste de la unidad. (El número de casos y rehenes no coinciden porque algunas denuncias resultaron ser alarmas falsas).
En 28 de esos casos, los detectives liberaron a los rehenes y detuvieron a las bandas de secuestradores, haciendo 171 arrestos en total, muestran las estadísticas. La mayoría de las detenciones fueron hechas en una encerrona conectada con el pago de rescates, dijo el coronel Faisel.
Los orígenes de las bandas son variados, dijo. Algunas son literalmente familias de delincuentes, un grupo de parientes que en algún momento decidieron hacerse de unos dinares extras tomando rehenes. Algunas bandas las forman estudiantes universitarios; otras, gente vinculada a mezquitas específicas; todavía otras bandas las forman criminales endurecidos que fueron liberados con la amnistía general decretada por Saddam Hussein en vísperas de la invasión. Los detectives también sospechan que algunos de los secuestros son realizados específicamente para financiar la resistencia.
Los secuestros no son casi nunca aleatorios, dijo el coronel Faisel; los objetivos son cuidadosamente escogidos, la planificación obviamente es substancial. Algunos casos recuerdan novelas de suspense de la guerra fría, con instrucciones garrapateadas en tachos de basura en callejones sin salida y buzones improvisados.
La profusión de celulares y tarjetas SIM -chips de memoria para los teléfonos- vendidos en todo Iraq desde tiendas pequeñas y a menudo ilegales, hacen que trazar las llamadas de los sofisticados secuestradores sea prácticamente imposible, dijo el coronel Faisel. Y dijo que a pesar de su ayuda, funcionarios militares y de inteligencia estadounidenses han sido lentos en compartir tecnología de vigilancia que podría ayudar a los iraquíes a atrapar a los llamadores.
Los archivos de la unidad de delitos graves están llenos de extraños casos de secuestros. En uno de ellos, Hussein Fathi Mahmood, 6, fue capturado frente a su escuela en el barrio de Kadhimiya, de Bagdad. Los detectives lo liberaron después de seguir una tortuosa pista que empezaba con un conocido de los padres del niño, un hombre parlanchín que pasaba la mayor parte del tiempo con magos y curanderos.
En otro caso, un hombre por el que se pedía un rescate de 350.000 dólares, fue encontrado encadenado en una habitación que la policía allanó en el barrio de Adhamiya, de Bagdad. Según un informe del incidente, la policía lo llevó a la comisaría, donde abruptamente señaló al teniente primero Athier Majid Mustafa, y dijo que era uno de los secuestradores.
Hassan, el ingeniero, dijo que varios coches con hombres armados le cortaron el paso en la carretera al oeste de Bagdad. Los hombres lo bajaron de su coche, lo golpearon y metieron en el portaequipajes. Varios horas después se encontró en lo que parecía ser una especie de "hotel de rehenes" -contenedores de acero donde se mantenía a las víctimas de varios secuestros mientras duraban las negociaciones sobre el rescate. Aunque con la vista vendada, Hassan pudo oír las órdenes que se daban sobre los otros rehenes.
Al menos tres grupos diferentes de empresarios secuestradores estaban implicados en el caso, dijo -el que le secuestró, otro que custodiaba el contenedor y un tercero que lo torturaba periódicamente con brochas de metal. El tercer grupo negoció con el primero para "comprarlo". Se le permitió hablar por teléfono con su familia, de vez en cuando. Las torturas, concluyó Hassan, debían elevar el precio del rescate que la familia estaría dispuesta a pagar, permitiendo al tercer grupo sacar beneficios.
Los secuestradores lo acusaron continuamente de trabajar con los norteamericanos, pero eso también parecía poco más que un modo de aterrorizarlo y estrujar a la familia, cree Hassan. De hecho, estaba trabajando para los iraquíes, y los secuestradores parecían conocer los aspectos principales de su vida. Finalmente, su familia pagó, y fue abandonado en un miserable estado en una oscura carretera cerca de la cárcel de Abu Ghraib, una de las áreas más peligrosas de Iraq.
Debido a que Hassan nunca denunció su caso, la policía no tuvo nunca la posibilidad de trazar a sus secuestradores. Pero una redada en una casa en el barrio Nuevo Bagdad cogió en la red a Um Sattar y la familia que los detectives dicen que la tenían secuestrada. Los detectives dijeron que la familia, que no estaba implicada en el secuestro mismo, recibiría una tarifa plana de 2.500 dólares, independientemente de cómo marcharan las negociaciones.
Visitado en la cárcel, el jefe de familia, Ibrahim Abdul Hussein, que durante la redada estaba frente a su casa fumando tranquilamente un cigarrillo, negó culpabilidad. "No sé nada", dijo. "Porque yo vivo arriba y ella estaba abajo".
28 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Bagdad, Iraq. Mientras aquí los occidentales se quedan perplejos ante los ocasionales secuestros de alguno de los suyos, los iraquíes son mucho más vulnerables. Unos 5.000 iraquíes fueron secuestrados el año pasado y medio, de acuerdo a funcionarios de seguridad occidentales e iraquíes.Algunos de los secuestrados son iraquíes que trabajan con occidentales, dijo el coronel Jabbar Anwar, jefe de la unidad de delitos graves de Bagdad que trabaja estrechamente con grupos de la inteligencia americana en casos de secuestros. Pero la exigencia de rescate, y no la intimidación, es el principal motivo, dijo: la amenaza de muerte por colaborar es usualmente sólo un modo de elevar el precio de la libertad.
"La única razón por la que secuestran gente, es el dinero", dijo el coronel Jabbar.
Las exigencias de rescate, dicen funcionarios de seguridad, varían de algunos cientos a medio millón de dólares. La tasa de mortalidad de los secuestros es desconocida, pero los funcionarios dicen que muchos simplemente desaparecen después de pagado el rescate.
Visto de cierta manera, los secuestros son sólo otra faceta del vacío de seguridad creado por la invasión norteamericana de Iraq que no ha sido realmente superado a pesar de la contratación y adiestramiento de decenas de miles de agentes de policía iraquíes. Pero debido al espantoso efecto que tiene la industria del secuestro en las familias iraquíes, especialmente las familias prósperas y educadas cuyos hijos son objetivos especiales, los detectives ven el secuestro como una cosa en sí misma.
Evidencias anecdóticas dispersas sugieren que la epidemia de secuestros, especialmente de niños, es de una eficacia incomparable para empujar de Iraq a los profesionales educados que se necesitan urgentemente para la reconstrucción del país. Estoicos como son a menudo los iraquíes frente a los peligros que les acechan todos los días, los secuestros contribuyen a la sensación nacional de inestabilidad y alimenta la desconfianza mutua -principalmente debido a que muchos secuestros se basan en gente cercana a las víctimas, la que pasa información sobre el patrimonio, hábitos cotidianos y otras materias de interés para los tomadores de rehenes.
El jefe de la oficina de secuestros de la unidad de delitos graves, el coronel Faisel Ali, calificó los secuestros como "el principal problema de Iraq".
El coronel Jabbar, que es responsable de la lucha contra toda la gama de delitos en Iraq, desde asesinatos hasta desfalcos y extorsiones corrientes y molientes, estuvo de acuerdo. "Es el problema número uno", dijo.
Las familias iraquíes están tan habituadas al nuevo comercio del secuestro que, a pesar del mortal peligro en que se encuentran sus seres queridos, rara vez acceden a la primera exigencia de rescate, debido a que así solamente aumentarán el rescate, dijo Abudl Razzak Hassan, ingeniero. Fue obligado a aprender sobre el tópico cuando fue secuestrado en una carretera al oeste de Bagdad, el 25 de diciembre. Sus capturadores lo mantuvieron durante cinco días con los ojos vendados en un sucio contenedor de acero, y lo torturaron.
Hassan, 45, un hombre viajado que habla inglés pasablemente, dijo que su familia sabía que estaba siendo torturado, pero regatearon por teléfono con los secuestradores durante cinco días antes de pagar los 20 millones de dinares, o unos 15.000 dólares, por su liberación.
Incluso a ese precio, Hassan sabía que sería afortunado si no lo mataban una vez hecho el pago.
"Tienes suerte cuando la gente que te secuestra no son asesinos", dijo Hassan.
Los secuestradores advirtieron a su familia no informar nunca sobre el incidente. Temiendo, como muchos iraquíes, que los departamentos de policía son corruptos y están infiltrados, no lo hicieron.
Tampoco fue reportado el secuestro de una adinerada mujer de 64 años llamada Um Sattar, que fue secuestrada por hombres disfrazados de agentes de policía, que pidieron un colosal rescate de medio millón de dinares. Durante las negociaciones fue mantenida en un cuarto cerrado en una residencia familiar en Bagdad, donde los niños jugaban fuera y los parientes pasaban a tomar el té. Los detectives, informados por un dato de un informante 13 días después de su secuestro, allanaron la casa y la liberaron.
Pero ella pensó que el nuevo conjunto de agentes de policía formaba parte de la banda de secuestradores, recordó el teniente primero Abbas Jassim, de la unidad de delitos graves de Bagdad. Ella les suplicó que la no mataran y juró que su familia pagaría. Los detectives trataron una y otra vez de convencerla de que ellos no eran delincuentes, pero la aterrorizada mujer rechazó repetidas veces su historia. Finalmente, un enfadado detective la hizo callar.
"Sí, somos una banda", le dijo el detective, frustrado.
A pesar de la desconfianza, más de 1.000 casos de secuestros han sido reportados a la administración americana de Iraq en los últimos 18 meses, dijo un asesor de seguridad occidental. Incluso entre esos casos, que se cree que están fuertemente inclinados hacia incidentes que involucran a occidentales, más del 70 por ciento de los implicados en los secuestros son de Iraq o de países árabes vecinos, dijo el asesor, que habló a condición de mantener el anonimato.
Una pequeña proporción de los casos denunciados ante los norteamericanos involucraron a rehenes occidentales muy publicitados, como Nicholas Berg, el ingeniero estadounidense secuestrado y decapitado hace un año, o Giuliana Sgrena, la periodista italiana secuestrada el 4 de febrero y liberada exactamente un mes después.
"Es la primera y más importante crisis iraquí", dijo el asesor de seguridad. "La realidad es que es un negocio".
La oficina de secuestros ha hecho modestos avances en el problema, de acuerdo a las estadísticas que lleva la unidad de delitos graves. Desde enero de 2004 a febrero de 2005, 80 casos de secuestros, con 73 rehenes, fueron referidos a la oficina por comisarías de policía de la jurisdicción de Bagdad oeste de la unidad. (El número de casos y rehenes no coinciden porque algunas denuncias resultaron ser alarmas falsas).
En 28 de esos casos, los detectives liberaron a los rehenes y detuvieron a las bandas de secuestradores, haciendo 171 arrestos en total, muestran las estadísticas. La mayoría de las detenciones fueron hechas en una encerrona conectada con el pago de rescates, dijo el coronel Faisel.
Los orígenes de las bandas son variados, dijo. Algunas son literalmente familias de delincuentes, un grupo de parientes que en algún momento decidieron hacerse de unos dinares extras tomando rehenes. Algunas bandas las forman estudiantes universitarios; otras, gente vinculada a mezquitas específicas; todavía otras bandas las forman criminales endurecidos que fueron liberados con la amnistía general decretada por Saddam Hussein en vísperas de la invasión. Los detectives también sospechan que algunos de los secuestros son realizados específicamente para financiar la resistencia.
Los secuestros no son casi nunca aleatorios, dijo el coronel Faisel; los objetivos son cuidadosamente escogidos, la planificación obviamente es substancial. Algunos casos recuerdan novelas de suspense de la guerra fría, con instrucciones garrapateadas en tachos de basura en callejones sin salida y buzones improvisados.
La profusión de celulares y tarjetas SIM -chips de memoria para los teléfonos- vendidos en todo Iraq desde tiendas pequeñas y a menudo ilegales, hacen que trazar las llamadas de los sofisticados secuestradores sea prácticamente imposible, dijo el coronel Faisel. Y dijo que a pesar de su ayuda, funcionarios militares y de inteligencia estadounidenses han sido lentos en compartir tecnología de vigilancia que podría ayudar a los iraquíes a atrapar a los llamadores.
Los archivos de la unidad de delitos graves están llenos de extraños casos de secuestros. En uno de ellos, Hussein Fathi Mahmood, 6, fue capturado frente a su escuela en el barrio de Kadhimiya, de Bagdad. Los detectives lo liberaron después de seguir una tortuosa pista que empezaba con un conocido de los padres del niño, un hombre parlanchín que pasaba la mayor parte del tiempo con magos y curanderos.
En otro caso, un hombre por el que se pedía un rescate de 350.000 dólares, fue encontrado encadenado en una habitación que la policía allanó en el barrio de Adhamiya, de Bagdad. Según un informe del incidente, la policía lo llevó a la comisaría, donde abruptamente señaló al teniente primero Athier Majid Mustafa, y dijo que era uno de los secuestradores.
Hassan, el ingeniero, dijo que varios coches con hombres armados le cortaron el paso en la carretera al oeste de Bagdad. Los hombres lo bajaron de su coche, lo golpearon y metieron en el portaequipajes. Varios horas después se encontró en lo que parecía ser una especie de "hotel de rehenes" -contenedores de acero donde se mantenía a las víctimas de varios secuestros mientras duraban las negociaciones sobre el rescate. Aunque con la vista vendada, Hassan pudo oír las órdenes que se daban sobre los otros rehenes.
Al menos tres grupos diferentes de empresarios secuestradores estaban implicados en el caso, dijo -el que le secuestró, otro que custodiaba el contenedor y un tercero que lo torturaba periódicamente con brochas de metal. El tercer grupo negoció con el primero para "comprarlo". Se le permitió hablar por teléfono con su familia, de vez en cuando. Las torturas, concluyó Hassan, debían elevar el precio del rescate que la familia estaría dispuesta a pagar, permitiendo al tercer grupo sacar beneficios.
Los secuestradores lo acusaron continuamente de trabajar con los norteamericanos, pero eso también parecía poco más que un modo de aterrorizarlo y estrujar a la familia, cree Hassan. De hecho, estaba trabajando para los iraquíes, y los secuestradores parecían conocer los aspectos principales de su vida. Finalmente, su familia pagó, y fue abandonado en un miserable estado en una oscura carretera cerca de la cárcel de Abu Ghraib, una de las áreas más peligrosas de Iraq.
Debido a que Hassan nunca denunció su caso, la policía no tuvo nunca la posibilidad de trazar a sus secuestradores. Pero una redada en una casa en el barrio Nuevo Bagdad cogió en la red a Um Sattar y la familia que los detectives dicen que la tenían secuestrada. Los detectives dijeron que la familia, que no estaba implicada en el secuestro mismo, recibiría una tarifa plana de 2.500 dólares, independientemente de cómo marcharan las negociaciones.
Visitado en la cárcel, el jefe de familia, Ibrahim Abdul Hussein, que durante la redada estaba frente a su casa fumando tranquilamente un cigarrillo, negó culpabilidad. "No sé nada", dijo. "Porque yo vivo arriba y ella estaba abajo".
28 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
más apariciones de la virgen
[Bernadette Murphy] Internet y la Madonna.
La Virgen María se ha estado apareciendo a los católicos durante siglos. En 1858, mi tocaya Bernadette Soubirous la vio en un gruta en Lourdes, Francia. La aparición le pidió a Bernadette, una niña campesina de 14 años de frágil salud, que excavara en el piso de la gruta; ahí surgió un manantial. Hoy sigue fluyendo, y peregrinos de todo el mundo visitan Lourdes por ese agua, de la que se dice que tienen milagrosas propiedades curativas.
También ha habido otras visiones famosas: Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Fátima y, hace poco, las visiones de Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina, en 1981. La mayoría de las apariciones han ocurrido décadas y miles de kilómetros aparte. Incluso con un ferviente sistema de boca en boca, a menudo tomó años para que el resto del mundo se enterara de estos acontecimientos místicos.
Pero últimamente ha habido un enorme aumento en el número de visiones reportadas, gracias en gran parte a internet, dice el antropólogo italiano Paolo Apolito. Se puede argumentar que el acceso a este poderoso medio de comunicación ha sacado a la superficie sólo el vasto número de visiones que pueden haber estado ocurriendo. O quizás internet, que proporciona a los fieles un tesoro de historias de visiones, está nutriendo ese exponencial aumento. Cualquiera la razón, el movimiento de visiones marianas -escribe Apolito en su erudito libro The Internet y the Madonna'- ha crecido a un ritmo impresionante, atrayendo a cientos de nuevos videntes, miles de testigos de fenómenos maravillosos y milagrosos, y millones de creyentes.
"Este proceso ha alterado profundamente la percepción misma de la religión entre un importante número de católicos... en una dirección completamente inesperada", dice. "En realidad, ha recreado un ambiente pre-Vaticano II, y quizás incluso una elaborada ideología de rechazo y oposición a la modernidad". Irónicamente, este interés en las visiones ha sido impulsado por el sello distintivo de la modernidad misma: internet.
Apolito cree que el penetrante eclecticismo que es un rasgo característico de la cultura visionaria católica, una cultura en la que las visiones religiosas se mezclan con internet, iconos llorones con la televisión, estigmas que rezuman sangre con laboratorios con tecnologías de avanzada, monjas voladoras con cámaras de video digitales, nubes misteriosas con futuristas cámaras acopladas a telescopios, "adivinaciones y fax" -en otras palabras, una ola de creencias religiosas neo-barrocas combinadas con una masiva expansión del uso de equipos y aparatos de alta tecnología".
Apolito visita un enorme número de páginas web, listas de correo electrónico, grupos de noticias y líneas de chat que ofrecen un asombroso volumen de relatos de primera mano, documentos, mensajes, fotografías de milagros, videos, conversaciones y debates sobre la evidencia presentada. Curiosamente, esta ola de visiones religiosas se ha concentrado en países tecnológicamente avanzados, especialmente en Estados Unidos, donde se ha reportado la más extensa proliferación de fenómenos visionarios.
"Si la Virgen María hablara inglés ahora, lo hablaría con acento americano", escribe Apolito.
Desde el principio, el autor dice que no se pronuncia sobre la verosimilitud de estas visiones. Después de todo, es antropólogo y su trabajo es documentar lo que ocurre, no decidir sobre su validez. Sin embargo, es interesante que en la segunda mitad del libro, entrega muchas razones por las que los fieles deben temer a internet. Un devoto visitante de la red corre el riesgo de desviarse de la ruta "en cada momento de la navegación", dice, observando lo fácil que es acceder a una página y terminar en otra, donde "se pueden abrir los portales del infierno erótico o pornográfico" o brincar "a territorios protestantes, o en circuitos que no son religiosos". Más horroroso para el modo de pensar de Apolito es que la iglesia católica no pueda juzgar sobre la legitimidad de internet. "En la web no hay una autoridad en el altar, como en la iglesia, que responda las preguntas de los fieles, ni hay una autoridad que termine una discusión con sus observaciones oficiales".
Se puede avanzar el argumento contrario: que quizás por no haber una autoridad institucional que supervise la web, los lectores tienen acceso a experiencias visionarias más diversas, y que los que han tenido visiones se sienten libres de escribir sobre sus encuentros sin temor de una reprimenda institucional. Pero eso no ayuda a esta perspectiva.
Sin embargo, The Internet and the Madonna' es un libro fascinante, aunque denso, que examina cómo la tecnología moderna se está labrando un lugar entre los más metafísicos, misteriosos y, a veces, dudosos de los fenómenos.
Libro reseñado:
Religious Visionary Experience on the Web
Paolo Apolito
Traducido del italiano al inglés por Antony Shugaar.
University of Chicago Press.
240 pp., $26
27 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
La Virgen María se ha estado apareciendo a los católicos durante siglos. En 1858, mi tocaya Bernadette Soubirous la vio en un gruta en Lourdes, Francia. La aparición le pidió a Bernadette, una niña campesina de 14 años de frágil salud, que excavara en el piso de la gruta; ahí surgió un manantial. Hoy sigue fluyendo, y peregrinos de todo el mundo visitan Lourdes por ese agua, de la que se dice que tienen milagrosas propiedades curativas.También ha habido otras visiones famosas: Nuestra Señora de Guadalupe, Nuestra Señora de Fátima y, hace poco, las visiones de Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina, en 1981. La mayoría de las apariciones han ocurrido décadas y miles de kilómetros aparte. Incluso con un ferviente sistema de boca en boca, a menudo tomó años para que el resto del mundo se enterara de estos acontecimientos místicos.
Pero últimamente ha habido un enorme aumento en el número de visiones reportadas, gracias en gran parte a internet, dice el antropólogo italiano Paolo Apolito. Se puede argumentar que el acceso a este poderoso medio de comunicación ha sacado a la superficie sólo el vasto número de visiones que pueden haber estado ocurriendo. O quizás internet, que proporciona a los fieles un tesoro de historias de visiones, está nutriendo ese exponencial aumento. Cualquiera la razón, el movimiento de visiones marianas -escribe Apolito en su erudito libro The Internet y the Madonna'- ha crecido a un ritmo impresionante, atrayendo a cientos de nuevos videntes, miles de testigos de fenómenos maravillosos y milagrosos, y millones de creyentes.
"Este proceso ha alterado profundamente la percepción misma de la religión entre un importante número de católicos... en una dirección completamente inesperada", dice. "En realidad, ha recreado un ambiente pre-Vaticano II, y quizás incluso una elaborada ideología de rechazo y oposición a la modernidad". Irónicamente, este interés en las visiones ha sido impulsado por el sello distintivo de la modernidad misma: internet.
Apolito cree que el penetrante eclecticismo que es un rasgo característico de la cultura visionaria católica, una cultura en la que las visiones religiosas se mezclan con internet, iconos llorones con la televisión, estigmas que rezuman sangre con laboratorios con tecnologías de avanzada, monjas voladoras con cámaras de video digitales, nubes misteriosas con futuristas cámaras acopladas a telescopios, "adivinaciones y fax" -en otras palabras, una ola de creencias religiosas neo-barrocas combinadas con una masiva expansión del uso de equipos y aparatos de alta tecnología".
Apolito visita un enorme número de páginas web, listas de correo electrónico, grupos de noticias y líneas de chat que ofrecen un asombroso volumen de relatos de primera mano, documentos, mensajes, fotografías de milagros, videos, conversaciones y debates sobre la evidencia presentada. Curiosamente, esta ola de visiones religiosas se ha concentrado en países tecnológicamente avanzados, especialmente en Estados Unidos, donde se ha reportado la más extensa proliferación de fenómenos visionarios.
"Si la Virgen María hablara inglés ahora, lo hablaría con acento americano", escribe Apolito.
Desde el principio, el autor dice que no se pronuncia sobre la verosimilitud de estas visiones. Después de todo, es antropólogo y su trabajo es documentar lo que ocurre, no decidir sobre su validez. Sin embargo, es interesante que en la segunda mitad del libro, entrega muchas razones por las que los fieles deben temer a internet. Un devoto visitante de la red corre el riesgo de desviarse de la ruta "en cada momento de la navegación", dice, observando lo fácil que es acceder a una página y terminar en otra, donde "se pueden abrir los portales del infierno erótico o pornográfico" o brincar "a territorios protestantes, o en circuitos que no son religiosos". Más horroroso para el modo de pensar de Apolito es que la iglesia católica no pueda juzgar sobre la legitimidad de internet. "En la web no hay una autoridad en el altar, como en la iglesia, que responda las preguntas de los fieles, ni hay una autoridad que termine una discusión con sus observaciones oficiales".
Se puede avanzar el argumento contrario: que quizás por no haber una autoridad institucional que supervise la web, los lectores tienen acceso a experiencias visionarias más diversas, y que los que han tenido visiones se sienten libres de escribir sobre sus encuentros sin temor de una reprimenda institucional. Pero eso no ayuda a esta perspectiva.
Sin embargo, The Internet and the Madonna' es un libro fascinante, aunque denso, que examina cómo la tecnología moderna se está labrando un lugar entre los más metafísicos, misteriosos y, a veces, dudosos de los fenómenos.
Libro reseñado:
Religious Visionary Experience on the Web
Paolo Apolito
Traducido del italiano al inglés por Antony Shugaar.
University of Chicago Press.
240 pp., $26
27 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
las muñecas de barbie
[Meredith Goldstein] Para las bailarinas a gogo que animan los clubes de Lansdowne, el trabajo es una fogosidad permanente.
No son striptiseras. Eso es lo primero que hay que saber.
Vanessa Hondromihalis, 20, se lo dice a menudo a los amigos de su padre, que, como mucha gente, cree que "bailar profesionalmente" quiere decir "bailar desnuda".
"Yo digo: No es eso lo que hacemos. Nosotras bailamos'", dijo Hondromihalis, mientras la maquilladora Bre Welch esparce una gruesa sombra sobre sus párpados un reciente sábado noche. "Es más elegante".
Esto es lo que las damas de Lansdowne te dirán sobre sus trabajos del fin de semana, que consiste esencialmente en girar febrilmente, balanceándose en plataformas y llevando trajes diminutos y destellantes. Para los que se atestan en la pista de baile los fines de semanas, ellas son estrellas o, al menos, tienen cuerpos divinos.
Sí, van escasamente vestidas, pero las ropas que llevan no se separan de su piel. Bailar a gogo es sexy, dicen, no sexo.
Es también crear el estado de ánimo para tres clubes de la Calle de Lansdowne -Avalon, Axis e ID- y hacer que la gente abajo se sienta como si hubieran sido transportados a algún otro lugar, un lugar donde los hot pants reinan supremos.
Desde la medianoche hasta las 2 de la mañana de los jueves, viernes y sábados, 10 a 15 bailarinas son dirigidas arriba y fuera del escenario de los clubes por Barbie Gilman, coordinadora de baile y la mujer que supervisa todos los detalles de la velada, desde los tocados hasta las correas. Gilman, cuya llamativa palidez y largo pelo negro son fáciles de distinguir entre sus bailarinas, fue una chica a gogo ella misma. Bailaba en el Palace, en Saugus, y en el Avalon y en el ahora desaparecido Karma Club.
Pero para Gilman, 27, llega un momento en que simplemente tienes que dejar de bailar en plataformas y jaulas.
"Fue la mejor época de mi vida", dijo. "Pero, bueno, tienes que cambiar. Ya no puedo hacerlo".
Gilman hace ahora las veces de madre superiora de su equipo de baile, compuesto por unas 20 chicas. Ella decide quién baila cuándo, cuán a menudo, y cuánto dinero reciben por la noche. Las chicas no están autorizadas a decir cuánto ganan, ni siquiera unas a otras. Gilman dice que ganan lo que hubieran gastado si salieran a bailar por su cuenta una noche -el total de lo que cuesta aparcar, pagar una entrada con derecho a consumición y algunos cócteles.
Es un buen trato para Susan Fitzgerald, 23, que fue "descubierta" por una de las amigas de Gilman en la pista de baile del Palace hace más de dos años.
"Si no estuviera bailando aquí, estaría bailando fuera", dijo, satisfecha de que se le pague por divertirse.
Las bailarinas de los clubes de la Calle de Lansdowne pueden parecer simplemente bombones, pero forman parte de una operación altamente técnica, una que exige la precisión de un cronómetro, experiencia de gestión, y un equipo de profesionales que supervisan todo, desde la máscara hasta la seguridad.
Las bailarinas de Gilman llegan poco después de las 10 las noches con baile, y se ven soñolientas en sus pantalones de chandal y viejas camisetas. Hace poco un sábado, una de las bailarinas más pequeñas del equipo llevaba un top engalonado con las palabras: "Adoro los carbohidratos". Otras llevaban anticuados calcetines a rayas hasta las rodillas debajo de sus altas y negras botas.
Las bailarinas tienen diferentes experiencias y trabajos diurnos. Fitzgerald, de Roslindale, estudia psicología criminal en la Universidad de Massachusetts, en Boston. Hondromihalis, originalmente de Mansfield, se está preparando para mudarse a Los Angeles y empezar una carrera como maquilladora. Melisa Valdéz, 19, trabaja en el restaurante del Hotel Marriott en Milford. Natasha Winslow es una modelo de 24 años de Boston. Hay un bailarín en el equipo, Ricardo Delgado, 24, de Somerville, que baila los viernes y también da una mano como maquillador.
Las bailarinas son amigas, así que cuando llegan se ponen al día mientras Gilman las apura para que se pinten los ojos y labios y encuentren un traje apropiado.
"Muchos de ellos los hago yo misma", dijo Gilman sobre el vestuario de las bailarinas.
Revisó una pila de sujetadores de cuentas y pequeños shorts plateados antes de la reciente fiesta de cumpleaños brasileña en el club Avalon.
"Algunas de estas cosas las hemos arrendado porque esta noche es especial, pero siempre encuentro cosas y las combino para hacer una tenida".
Todo lo tiene Gilman en su pila de ropa conviene a las chicas. Son todas talla cero o, cuando mucho, 2. Las tenidas cambian según el tema de la noche y el público. Esta noche, en Axis, al lado, por ejemplo, las bailarinas se pusieron unas micro minifaldas de mezclilla y blusas descosidas para un público hip-hopero.
Independientemente de lo que lleven, el último paso es siempre el mismo. Las chicas forman fila mientras Gilman saca su jarro de brillo para el cuerpo -el polvo de hadas de las bailarinas profesionales-, con el que polvorea abundantemente, como si estuviera enharinando cacerolas en la cocina.
"Nunca es demasiado", es la regla de Gilman.
Cuando llega la medianoche, empieza su frenética fogosidad. Agarra a unas pocas bailarinas y las empuja a través de laberinto entre bastidores, oscuro como la noche, que lleva al Avalon. Indica a cada chica un espacio de baile y empieza a gritarles que se muevan.
Luego, rápidamente, vuelve al subir al camerino, llama a gritos al segundo grupo de bailarinas, y empuja a ese equipo por otro pasillo entre bastidores que lleva al Axis, donde coloca a cada mujer en una pértiga o en una plataforma enjaulada para que comiencen su turno de 20 minutos.
Si tiene algún tiempo, Gilman mira nerviosamente el reloj, asegurándose de no dejar a ninguna demasiado tiempo. La inquieta audiencia quiere ver caras nuevas, y las bailarinas, a las que no se permite beber agua en el escenario, necesitan descansar. Gilman también se ocupa de las bailarinas que vuelven a reagruparse entre sus turnos, vuelve a sujetarles sus trajes y les da bonos de consumición para bebidas en su mayor parte no-alcohólicas.
A pesar del atractivo sexual y de las invitadoras miradas que lanzan al público, las bailarinas reciben una fría recepción cuando salen al escenario por primera vez, sea en el Avalon, el Axis o el ID. Hay ojos saltones, usualmente de mujeres en la audiencia. Algunos de los jóvenes en la pista están destinados a apuntar. Luego, inevitablemente, alguien acusa a las bailarinas de ser hombres.
"Todos dicen lo mismo", dijo Fitzgerald. "Luego dirán: Es un tipo'".
Las bailarinas tratan de no tomárselo personalmente. Delgado, que a veces actúa con una desgreñada peluca rubia, dice que es de quien se ríen más, especialmente cuando la gente está arrojada. A veces las burlas se ponen peligrosas.
"Una vez alguien me arrojó una cerveza", dijo, sonriendo.
Gilman las instruye a mostrarse alegres, dramáticas, y a mostrar su propio estilo. Verse aburrida es un tabú. En el escenario, Fitzgerald extiende los brazos. Hondromihalis es más contenida, con una voluptuosa sacudida. La flexible Kamaka Clark, 28, usa algunos de los movimientos que aprendió cuando estudiaba ballet y danza moderna.
El fin de la noche es un chasco para las bailarinas, el momento en que deben bajar del escenario y reunirse cerca de la entrada del club a repartir volantes a la gente, una exigencia del trabajo. Tienen que enfrentarse cara a cara con los hombres que las miraban con avidez desde el borde de sus plataformas de baile. Todavía llevan sus tenidas, pero parecen más pequeñas con las luces encendidas.
Se les ve la edad, como niñas vestidas de grandes.
A las 2:30 de la madrugada, las bailarinas vuelven a su camerino y se quitan las blusas de lentejuelas, las extensiones de pelo, y los hot pants. Hace veinte minutos estaban cubiertas de sudor, pero ahora se ve incómodamente frías. Una vez que han encontrado sus pantalones de chandal y camisetas, las mujeres se abrigan y se van directamente a casa a dormir el resto de la noche.
"Es la fatiga total", dijo Fitzgerald.
A la autora se la puede escribir a: mgoldstein@globe.com.
18 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
No son striptiseras. Eso es lo primero que hay que saber. Vanessa Hondromihalis, 20, se lo dice a menudo a los amigos de su padre, que, como mucha gente, cree que "bailar profesionalmente" quiere decir "bailar desnuda".
"Yo digo: No es eso lo que hacemos. Nosotras bailamos'", dijo Hondromihalis, mientras la maquilladora Bre Welch esparce una gruesa sombra sobre sus párpados un reciente sábado noche. "Es más elegante".
Esto es lo que las damas de Lansdowne te dirán sobre sus trabajos del fin de semana, que consiste esencialmente en girar febrilmente, balanceándose en plataformas y llevando trajes diminutos y destellantes. Para los que se atestan en la pista de baile los fines de semanas, ellas son estrellas o, al menos, tienen cuerpos divinos.
Sí, van escasamente vestidas, pero las ropas que llevan no se separan de su piel. Bailar a gogo es sexy, dicen, no sexo.
Es también crear el estado de ánimo para tres clubes de la Calle de Lansdowne -Avalon, Axis e ID- y hacer que la gente abajo se sienta como si hubieran sido transportados a algún otro lugar, un lugar donde los hot pants reinan supremos.
Desde la medianoche hasta las 2 de la mañana de los jueves, viernes y sábados, 10 a 15 bailarinas son dirigidas arriba y fuera del escenario de los clubes por Barbie Gilman, coordinadora de baile y la mujer que supervisa todos los detalles de la velada, desde los tocados hasta las correas. Gilman, cuya llamativa palidez y largo pelo negro son fáciles de distinguir entre sus bailarinas, fue una chica a gogo ella misma. Bailaba en el Palace, en Saugus, y en el Avalon y en el ahora desaparecido Karma Club.
Pero para Gilman, 27, llega un momento en que simplemente tienes que dejar de bailar en plataformas y jaulas.
"Fue la mejor época de mi vida", dijo. "Pero, bueno, tienes que cambiar. Ya no puedo hacerlo".
Gilman hace ahora las veces de madre superiora de su equipo de baile, compuesto por unas 20 chicas. Ella decide quién baila cuándo, cuán a menudo, y cuánto dinero reciben por la noche. Las chicas no están autorizadas a decir cuánto ganan, ni siquiera unas a otras. Gilman dice que ganan lo que hubieran gastado si salieran a bailar por su cuenta una noche -el total de lo que cuesta aparcar, pagar una entrada con derecho a consumición y algunos cócteles.
Es un buen trato para Susan Fitzgerald, 23, que fue "descubierta" por una de las amigas de Gilman en la pista de baile del Palace hace más de dos años.
"Si no estuviera bailando aquí, estaría bailando fuera", dijo, satisfecha de que se le pague por divertirse.
Las bailarinas de los clubes de la Calle de Lansdowne pueden parecer simplemente bombones, pero forman parte de una operación altamente técnica, una que exige la precisión de un cronómetro, experiencia de gestión, y un equipo de profesionales que supervisan todo, desde la máscara hasta la seguridad.
Las bailarinas de Gilman llegan poco después de las 10 las noches con baile, y se ven soñolientas en sus pantalones de chandal y viejas camisetas. Hace poco un sábado, una de las bailarinas más pequeñas del equipo llevaba un top engalonado con las palabras: "Adoro los carbohidratos". Otras llevaban anticuados calcetines a rayas hasta las rodillas debajo de sus altas y negras botas.
Las bailarinas tienen diferentes experiencias y trabajos diurnos. Fitzgerald, de Roslindale, estudia psicología criminal en la Universidad de Massachusetts, en Boston. Hondromihalis, originalmente de Mansfield, se está preparando para mudarse a Los Angeles y empezar una carrera como maquilladora. Melisa Valdéz, 19, trabaja en el restaurante del Hotel Marriott en Milford. Natasha Winslow es una modelo de 24 años de Boston. Hay un bailarín en el equipo, Ricardo Delgado, 24, de Somerville, que baila los viernes y también da una mano como maquillador.
Las bailarinas son amigas, así que cuando llegan se ponen al día mientras Gilman las apura para que se pinten los ojos y labios y encuentren un traje apropiado.
"Muchos de ellos los hago yo misma", dijo Gilman sobre el vestuario de las bailarinas.
Revisó una pila de sujetadores de cuentas y pequeños shorts plateados antes de la reciente fiesta de cumpleaños brasileña en el club Avalon.
"Algunas de estas cosas las hemos arrendado porque esta noche es especial, pero siempre encuentro cosas y las combino para hacer una tenida".
Todo lo tiene Gilman en su pila de ropa conviene a las chicas. Son todas talla cero o, cuando mucho, 2. Las tenidas cambian según el tema de la noche y el público. Esta noche, en Axis, al lado, por ejemplo, las bailarinas se pusieron unas micro minifaldas de mezclilla y blusas descosidas para un público hip-hopero.
Independientemente de lo que lleven, el último paso es siempre el mismo. Las chicas forman fila mientras Gilman saca su jarro de brillo para el cuerpo -el polvo de hadas de las bailarinas profesionales-, con el que polvorea abundantemente, como si estuviera enharinando cacerolas en la cocina.
"Nunca es demasiado", es la regla de Gilman.
Cuando llega la medianoche, empieza su frenética fogosidad. Agarra a unas pocas bailarinas y las empuja a través de laberinto entre bastidores, oscuro como la noche, que lleva al Avalon. Indica a cada chica un espacio de baile y empieza a gritarles que se muevan.
Luego, rápidamente, vuelve al subir al camerino, llama a gritos al segundo grupo de bailarinas, y empuja a ese equipo por otro pasillo entre bastidores que lleva al Axis, donde coloca a cada mujer en una pértiga o en una plataforma enjaulada para que comiencen su turno de 20 minutos.
Si tiene algún tiempo, Gilman mira nerviosamente el reloj, asegurándose de no dejar a ninguna demasiado tiempo. La inquieta audiencia quiere ver caras nuevas, y las bailarinas, a las que no se permite beber agua en el escenario, necesitan descansar. Gilman también se ocupa de las bailarinas que vuelven a reagruparse entre sus turnos, vuelve a sujetarles sus trajes y les da bonos de consumición para bebidas en su mayor parte no-alcohólicas.
A pesar del atractivo sexual y de las invitadoras miradas que lanzan al público, las bailarinas reciben una fría recepción cuando salen al escenario por primera vez, sea en el Avalon, el Axis o el ID. Hay ojos saltones, usualmente de mujeres en la audiencia. Algunos de los jóvenes en la pista están destinados a apuntar. Luego, inevitablemente, alguien acusa a las bailarinas de ser hombres.
"Todos dicen lo mismo", dijo Fitzgerald. "Luego dirán: Es un tipo'".
Las bailarinas tratan de no tomárselo personalmente. Delgado, que a veces actúa con una desgreñada peluca rubia, dice que es de quien se ríen más, especialmente cuando la gente está arrojada. A veces las burlas se ponen peligrosas.
"Una vez alguien me arrojó una cerveza", dijo, sonriendo.
Gilman las instruye a mostrarse alegres, dramáticas, y a mostrar su propio estilo. Verse aburrida es un tabú. En el escenario, Fitzgerald extiende los brazos. Hondromihalis es más contenida, con una voluptuosa sacudida. La flexible Kamaka Clark, 28, usa algunos de los movimientos que aprendió cuando estudiaba ballet y danza moderna.
El fin de la noche es un chasco para las bailarinas, el momento en que deben bajar del escenario y reunirse cerca de la entrada del club a repartir volantes a la gente, una exigencia del trabajo. Tienen que enfrentarse cara a cara con los hombres que las miraban con avidez desde el borde de sus plataformas de baile. Todavía llevan sus tenidas, pero parecen más pequeñas con las luces encendidas.
Se les ve la edad, como niñas vestidas de grandes.
A las 2:30 de la madrugada, las bailarinas vuelven a su camerino y se quitan las blusas de lentejuelas, las extensiones de pelo, y los hot pants. Hace veinte minutos estaban cubiertas de sudor, pero ahora se ve incómodamente frías. Una vez que han encontrado sus pantalones de chandal y camisetas, las mujeres se abrigan y se van directamente a casa a dormir el resto de la noche.
"Es la fatiga total", dijo Fitzgerald.
A la autora se la puede escribir a: mgoldstein@globe.com.
18 de marzo de 2005
22 de marzo de 2005
©boston globe
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guerra olvidada de áfrica
[Nancy E. Soderberg] Mientras el mundo se agita sobre la matanza en Darfur, ignora otro mortífero conflicto: el de la República Democrática del Congo.
Unos 30.000 hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada mes en el Congo, debido en gran parte al hambre y a las enfermedades. Desde 1997, los civiles congoleños han sufrido dos guerras, y se calcula que han muerto unos 4 millones. Es hora de que la comunidad internacional presione a todas las partes para que se logre la paz.
A pesar de un acuerdo de paz entre las partes beligerantes y el gobierno de transición, la guerra en el Congo está lejos de haber terminado. En febrero último, la milicia en el este del Congo, en la región de Ituri, emboscó a tropas de la misión de paz de Naciones Unidas, matando a nueve soldados de Bangladesh. Naciones Unidas está ahora respondiendo a los ataques con helicópteros de combate en algunos de los combates más violentos de tropas de Naciones Unidas en los últimos años.
La nueva determinación de los soldados de Naciones Unidas es un cambio bienvenido. Pero la comunidad internacional se equivoca en dejar el proceso en manos de las fuerzas en misión de paz. El problema real es que el proceso de transición política ha sido interrumpido. Cada lado está afilando sus apuestas, inquietos antes la posibilidad de perder su control del poder y de capitales económicos. Las elecciones programadas para junio serán probablemente pospuestas. Entretanto, los congoleños están pagando el precio.
Visité recientemente la ciudad capital de Kinshasa. Es un inmenso caos; en lo esencial, el gobierno no funciona. Los celulares son el único servicio fiable. La electricidad es esporádica, el agua potable escasa, y la delincuencia, galopante. Los gángsteres -al estilo de los años 30, con trajes a rayas de colores llamativos- controlan el comercio ilegal, las drogas y la prostitución. Mientras que una tercera guerra del Congo sigue siendo una posibilidad, la continuada inestabilidad se está cobrando un devastador número de bajas humanas y amenaza con desestabilizar a la región. La comunidad internacional debe actuar urgentemente para conseguir avances en las dos áreas.
Primero, la seguridad sigue siendo un reto clave en el país. Los partidos en guerra firmaron un acuerdo de paz en 1999, y 16.700 tropas en misión de paz de Naciones Unidas se encuentran en el terreno. Sin embargo, se calcula que unos 10.000 rebeldes hutu armados, incluyendo a algunos responsables del genocidio ruandés, siguen en la frontera de Ruanda. Significan una distante amenaza para Ruanda, y una amenaza inmediata para los civiles congoleños y ahora también para las tropas de Naciones Unidas. El gobierno no ha cumplido con promesa de proteger a los civiles. Mientras estos rebeldes no sean desarticulados, el Congo seguirá corriendo el riesgo de un retorno a la guerra. Mientras algunos han pedido una fuerza de intervención para atacar a los rebeldes, ninguna fuerza se ha ofrecido para ello. El trabajo quedará para el naciente ejército congoleño.
Sin embargo, el ejército congoleño está terriblemente retrasado en sus intentos de desmovilización e integración de los soldados en una nueva organización. África del Sur, Bélgica y Angola están adiestrando brigadas integradas, pero estas cuatro brigadas están lejos de ser suficientes para ejercer control sobre un territorio que es casi del tamaño de Europa occidental. Naciones Unidas y los países donantes deben adiestrar a más batallones y proporcionar equipos, inteligencia y logística de comunicaciones. Las fuerzas de Naciones Unidas en el país deben hacer más para ayudar a construir un ejército congoleño que funcione, proteja a los civiles y vigile la frontera. El gobierno congoleño, también, debe ser más agresivo a la hora de hacer frente a esta amenaza.
En segundo lugar, la comunidad internacional debe ejercer presión para obtener un compromiso más firme con la transición entre los líderes locales, no todos de los cuales muestran la voluntad política para terminar el trabajo. Muchos creen que un estado permanente de transición sirve mejor sus intereses que la democracia, en la que ellos perderían influencia -y el correspondiente acceso a los vastos recursos del país basándose, como ahora, en el poderío militar, no en el apoyo popular. Como describió la situación un embajador occidental, "este no es un gobierno coherente; es un grupo de gente que coexiste, profundamente desconfiados unos de otros, cada uno con su ejército propio".
Es tiempo de que la comunidad internacional establezca parámetros claros a los partidos y los presione más fuertemente para avanzar. La comunidad internacional debe también llamar a rendir cuentas en casos de corrupción y lograr una mayor transparencia en el gobierno y en el papel de empresas internacionales. Embajadores claves de África y Europa, así como el de Estados Unidos, forman el Comité Internacional para Acompañar la Transición, de modo que tenemos una clara responsabilidad de llevar esto a cabo.
El hecho de que mueran 30.000 personas al mes no ha llamado la atención del mundo. Es hora de actuar con más decisión para evitar otra crisis en la que el mundo responda demasiado tarde, y hombres, mujeres y niños inocentes paguen la cuenta.
Nancy E. Soderberg es vicepresidente de asuntos multilaterales del Grupos de Crisis Internacional y autora del libro de próxima aparción 'The Superpower Myth: The Use and Misuse of American Might' [El Mito de la Superpotencia: Uso y Mal Uso del Poder Americano].
22 de marzo de 2005
©boston globe
©traducción mQh
Unos 30.000 hombres, mujeres y niños inocentes mueren cada mes en el Congo, debido en gran parte al hambre y a las enfermedades. Desde 1997, los civiles congoleños han sufrido dos guerras, y se calcula que han muerto unos 4 millones. Es hora de que la comunidad internacional presione a todas las partes para que se logre la paz.A pesar de un acuerdo de paz entre las partes beligerantes y el gobierno de transición, la guerra en el Congo está lejos de haber terminado. En febrero último, la milicia en el este del Congo, en la región de Ituri, emboscó a tropas de la misión de paz de Naciones Unidas, matando a nueve soldados de Bangladesh. Naciones Unidas está ahora respondiendo a los ataques con helicópteros de combate en algunos de los combates más violentos de tropas de Naciones Unidas en los últimos años.
La nueva determinación de los soldados de Naciones Unidas es un cambio bienvenido. Pero la comunidad internacional se equivoca en dejar el proceso en manos de las fuerzas en misión de paz. El problema real es que el proceso de transición política ha sido interrumpido. Cada lado está afilando sus apuestas, inquietos antes la posibilidad de perder su control del poder y de capitales económicos. Las elecciones programadas para junio serán probablemente pospuestas. Entretanto, los congoleños están pagando el precio.
Visité recientemente la ciudad capital de Kinshasa. Es un inmenso caos; en lo esencial, el gobierno no funciona. Los celulares son el único servicio fiable. La electricidad es esporádica, el agua potable escasa, y la delincuencia, galopante. Los gángsteres -al estilo de los años 30, con trajes a rayas de colores llamativos- controlan el comercio ilegal, las drogas y la prostitución. Mientras que una tercera guerra del Congo sigue siendo una posibilidad, la continuada inestabilidad se está cobrando un devastador número de bajas humanas y amenaza con desestabilizar a la región. La comunidad internacional debe actuar urgentemente para conseguir avances en las dos áreas.
Primero, la seguridad sigue siendo un reto clave en el país. Los partidos en guerra firmaron un acuerdo de paz en 1999, y 16.700 tropas en misión de paz de Naciones Unidas se encuentran en el terreno. Sin embargo, se calcula que unos 10.000 rebeldes hutu armados, incluyendo a algunos responsables del genocidio ruandés, siguen en la frontera de Ruanda. Significan una distante amenaza para Ruanda, y una amenaza inmediata para los civiles congoleños y ahora también para las tropas de Naciones Unidas. El gobierno no ha cumplido con promesa de proteger a los civiles. Mientras estos rebeldes no sean desarticulados, el Congo seguirá corriendo el riesgo de un retorno a la guerra. Mientras algunos han pedido una fuerza de intervención para atacar a los rebeldes, ninguna fuerza se ha ofrecido para ello. El trabajo quedará para el naciente ejército congoleño.
Sin embargo, el ejército congoleño está terriblemente retrasado en sus intentos de desmovilización e integración de los soldados en una nueva organización. África del Sur, Bélgica y Angola están adiestrando brigadas integradas, pero estas cuatro brigadas están lejos de ser suficientes para ejercer control sobre un territorio que es casi del tamaño de Europa occidental. Naciones Unidas y los países donantes deben adiestrar a más batallones y proporcionar equipos, inteligencia y logística de comunicaciones. Las fuerzas de Naciones Unidas en el país deben hacer más para ayudar a construir un ejército congoleño que funcione, proteja a los civiles y vigile la frontera. El gobierno congoleño, también, debe ser más agresivo a la hora de hacer frente a esta amenaza.
En segundo lugar, la comunidad internacional debe ejercer presión para obtener un compromiso más firme con la transición entre los líderes locales, no todos de los cuales muestran la voluntad política para terminar el trabajo. Muchos creen que un estado permanente de transición sirve mejor sus intereses que la democracia, en la que ellos perderían influencia -y el correspondiente acceso a los vastos recursos del país basándose, como ahora, en el poderío militar, no en el apoyo popular. Como describió la situación un embajador occidental, "este no es un gobierno coherente; es un grupo de gente que coexiste, profundamente desconfiados unos de otros, cada uno con su ejército propio".
Es tiempo de que la comunidad internacional establezca parámetros claros a los partidos y los presione más fuertemente para avanzar. La comunidad internacional debe también llamar a rendir cuentas en casos de corrupción y lograr una mayor transparencia en el gobierno y en el papel de empresas internacionales. Embajadores claves de África y Europa, así como el de Estados Unidos, forman el Comité Internacional para Acompañar la Transición, de modo que tenemos una clara responsabilidad de llevar esto a cabo.
El hecho de que mueran 30.000 personas al mes no ha llamado la atención del mundo. Es hora de actuar con más decisión para evitar otra crisis en la que el mundo responda demasiado tarde, y hombres, mujeres y niños inocentes paguen la cuenta.
Nancy E. Soderberg es vicepresidente de asuntos multilaterales del Grupos de Crisis Internacional y autora del libro de próxima aparción 'The Superpower Myth: The Use and Misuse of American Might' [El Mito de la Superpotencia: Uso y Mal Uso del Poder Americano].
22 de marzo de 2005
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agenda de los simpson
[Pablo Marín] Sin aspiraciones de coherencia ideológica y despreciando la corrección política, han mantenido una notable vigencia.
Elegida en Gran Bretaña como la mejor serie animada de todos los tiempos, la saga de la familia de Springfield levantó polvareda en su país por un episodio que aborda las uniones homosexuales. Con 16 temporadas y más de 330 capítulos al aire, el show creado por Matt Groening es un fenómeno masivo y transversal, que por distintas razones satisface a públicos diversos, tocando temas candentes con una perspectiva de humor crítico, que dispara sus dardos en múltiples direcciones.
En septiembre de 1990, poco antes de que saliera al aire la segunda temporada de Los Simpson, la primera dama Barbara Bush dio una entrevista a la revista People donde señalaba que los dibujos creados por Matt Groening le parecían "la cosa más tonta" que había visto. Aunque, por otro lado, valoraba que se tratara de un show familiar.
Días después recibía una carta de Marge Simpson, quien se declaraba "dolida" por su crítica. Más todavía cuando, a su juicio, ambas "vivimos para servir a un hombre excepcional". La primera dama retrucó irónicamente en otra misiva, donde pide disculpas y dice que la familia animada da "un ejemplo al resto del país".
El curioso intercambio llegó a su fin, sin embargo, cuando el presidente Bush declaró su intención de fortalecer la familia estadounidense, de modo que haya "más familias como los Walton -una convencional serie de los 70- y menos familias como Los Simpson".
Casi quince años más tarde, Los Simpson siguen provocando respuestas y controversia. Elegida en una reciente encuesta británica como la mejor serie animada de todos los tiempos, acaba de levantar polvareda con un episodio en que el célebre Homero figura casando a una pareja gay, mientras su cuñada Patty sale del clóset y presenta a su novia.
No era la primera vez, en sus 16 temporadas, que el show de la cadena Fox abordaba la homosexualidad. Sin embargo, el señalado episodio dejó en claro: 1) Que en un país con más de 70% de rechazo a las uniones homosexuales, la popular serie no se rige por encuestas y 2) Que Los Simpson son un fenómeno masivo y transversal, que marca pautas, aun si su propia agenda no aspira a la consistencia.
A Cada Quien Lo Suyo
Cuenta la leyenda que en 1987 los realizadores del Show de Tracy Ullman pidieron a Matt Groening -por entonces un izquierdista under- que les presentara un corto animado y que éste, minutos antes de entrevistarse con el productor, garabateó la idea de una familia algo disfuncional.
Allí estaban los pequeños Bart, Lisa y Maggie, junto a sus padres, Marge y Homero. Este último se instaló al centro de todo como un hedonista ignorante y aficionado a la cerveza. Un niño de treintaitantos años, que rehúye responsabilidades y compromisos, siempre apuntando a la satisfacción inmediata.
En torno a este núcleo fue surgiendo un set inagotable de personajes con vida propia -del inspector Skinner al payaso Krusty, del jefe de policía Gorgory al mediocre actor Troy McClure-, base de una serie que legitimó la animación como espacio para un amplísimo rango etário. Su humor visual y argumental, además, se planteó de tal forma que siempre tiene recompensas para el iletrado y el intelectual, para el conservador y el liberal. Cada quien entiende lo que le parece.
Es cierto que, desde la partida, el show destacó por el desenfado de sus críticas al sistema (basta pensar en Homero diciendo que la salud pública de EE.UU. es la segunda del mundo, sólo detrás de Gran Bretaña... y de Suecia y de Francia y de la mayor parte de Europa) o sus mordaces observaciones respecto de la religión, contenidas en episodios como aquél de la cuarta temporada (1992/93) en que Homero decide apartarse de su iglesia, tras una franca conversación con Dios.
Sin embargo, una de sus virtudes ha sido expandir el abanico de las observaciones hasta lo impensable: sexo, drogas, educación, violencia televisiva, farándula, etc. Siempre con alguna dosis de cinismo.
Ha sido objeto de ataques de grupos feministas -por roles como el de Marge Simpson- y del aplauso de los evangélicos, que rescatan la figura de Ned Flanders, un cristiano renacido' que vive al lado de los Simpson. Ha hecho de la incorrección política una herramienta habitual (ya se trate de inmigrantes, homosexuales o grupos étnicos varios), incorporando con agudeza las cuestiones contingentes. Y dado que se trata de monitos' y que el asunto tiene gracia, nadie debería ofenderse más de la cuenta.
Aun si se ha reído de moros y cristianos, ha prevalecido una etiqueta de izquierdismo. Sin embargo, y como destacaba en 2000 un artículo de la conservadora National Review, la serie presenta varios rasgos pro-familia, al tiempo que muestra a los habitantes de Springfield asistiendo periódicamente a misa, mucho más que los de cualquier otra serie de TV. Y esa es parte del chiste.
Es cierto, puede verse a Homero tratando de ladrón al vicepresidente Dick Cheney, pero la contingencia política es apenas un compartimento dentro del total. También es verdad que en temporadas recientes el show parece en ocasiones devorado por la cultura pop.
Pero el cambio que han generado Los Simpsons no admite discusiones. Hoy la animación televisiva ya no es cosa exclusiva de niños, asomado como un espacio para el humor desbocado y los personajes complejos. En esta línea surgen reproches: que se considere a Homero como una especie de modelo, o bien que programas de este tipo contribuyen a la infantilización de los adultos.
El caso es que Fox, que se ha embolsado más de 17 mil millones gracias a Los Simpson, no parece dispuesta a soltar' un espacio que, convertido en el más duradero de la historia, no tiene visos de terminar.
Una Larga Historia con el Problema Homosexual
El capítulo de la controversia fue emitido el 20 de febrero y muestra a la ciudad convertida en un buen lugar para que las parejas del mismo sexo puedan casarse. No es ni con mucho, sin embargo, la primera vez que se abordaba el tema. Waylon Smithers fue el primer personaje claramente gay de la serie, que incluye un episodio donde Homero trata de adiestrar' a Bart en el tema y otro donde él mismo ve amenazada su masculinidad.
Homero Discute con Su Propio Jefe
No es habitual que una serie se mofe del dueño de la estación que la emite, menos si se trata de uno de los mayores magnates de las comunicaciones. La foto muestra el episodio donde Homero y sus amigos entran al palco VIP de Rupert Murdoch -el dueño de Fox- en un estadio de fútbol americano. En otros episiodios se ha satirizado con el carácter marcadamente derechista de la cadena Fox News
6 de marzo de 2005
17 de marzo de 2005
©tercera
Elegida en Gran Bretaña como la mejor serie animada de todos los tiempos, la saga de la familia de Springfield levantó polvareda en su país por un episodio que aborda las uniones homosexuales. Con 16 temporadas y más de 330 capítulos al aire, el show creado por Matt Groening es un fenómeno masivo y transversal, que por distintas razones satisface a públicos diversos, tocando temas candentes con una perspectiva de humor crítico, que dispara sus dardos en múltiples direcciones. En septiembre de 1990, poco antes de que saliera al aire la segunda temporada de Los Simpson, la primera dama Barbara Bush dio una entrevista a la revista People donde señalaba que los dibujos creados por Matt Groening le parecían "la cosa más tonta" que había visto. Aunque, por otro lado, valoraba que se tratara de un show familiar.
Días después recibía una carta de Marge Simpson, quien se declaraba "dolida" por su crítica. Más todavía cuando, a su juicio, ambas "vivimos para servir a un hombre excepcional". La primera dama retrucó irónicamente en otra misiva, donde pide disculpas y dice que la familia animada da "un ejemplo al resto del país".
El curioso intercambio llegó a su fin, sin embargo, cuando el presidente Bush declaró su intención de fortalecer la familia estadounidense, de modo que haya "más familias como los Walton -una convencional serie de los 70- y menos familias como Los Simpson".
Casi quince años más tarde, Los Simpson siguen provocando respuestas y controversia. Elegida en una reciente encuesta británica como la mejor serie animada de todos los tiempos, acaba de levantar polvareda con un episodio en que el célebre Homero figura casando a una pareja gay, mientras su cuñada Patty sale del clóset y presenta a su novia.
No era la primera vez, en sus 16 temporadas, que el show de la cadena Fox abordaba la homosexualidad. Sin embargo, el señalado episodio dejó en claro: 1) Que en un país con más de 70% de rechazo a las uniones homosexuales, la popular serie no se rige por encuestas y 2) Que Los Simpson son un fenómeno masivo y transversal, que marca pautas, aun si su propia agenda no aspira a la consistencia.
A Cada Quien Lo Suyo
Cuenta la leyenda que en 1987 los realizadores del Show de Tracy Ullman pidieron a Matt Groening -por entonces un izquierdista under- que les presentara un corto animado y que éste, minutos antes de entrevistarse con el productor, garabateó la idea de una familia algo disfuncional.
Allí estaban los pequeños Bart, Lisa y Maggie, junto a sus padres, Marge y Homero. Este último se instaló al centro de todo como un hedonista ignorante y aficionado a la cerveza. Un niño de treintaitantos años, que rehúye responsabilidades y compromisos, siempre apuntando a la satisfacción inmediata.
En torno a este núcleo fue surgiendo un set inagotable de personajes con vida propia -del inspector Skinner al payaso Krusty, del jefe de policía Gorgory al mediocre actor Troy McClure-, base de una serie que legitimó la animación como espacio para un amplísimo rango etário. Su humor visual y argumental, además, se planteó de tal forma que siempre tiene recompensas para el iletrado y el intelectual, para el conservador y el liberal. Cada quien entiende lo que le parece.
Es cierto que, desde la partida, el show destacó por el desenfado de sus críticas al sistema (basta pensar en Homero diciendo que la salud pública de EE.UU. es la segunda del mundo, sólo detrás de Gran Bretaña... y de Suecia y de Francia y de la mayor parte de Europa) o sus mordaces observaciones respecto de la religión, contenidas en episodios como aquél de la cuarta temporada (1992/93) en que Homero decide apartarse de su iglesia, tras una franca conversación con Dios.
Sin embargo, una de sus virtudes ha sido expandir el abanico de las observaciones hasta lo impensable: sexo, drogas, educación, violencia televisiva, farándula, etc. Siempre con alguna dosis de cinismo.
Ha sido objeto de ataques de grupos feministas -por roles como el de Marge Simpson- y del aplauso de los evangélicos, que rescatan la figura de Ned Flanders, un cristiano renacido' que vive al lado de los Simpson. Ha hecho de la incorrección política una herramienta habitual (ya se trate de inmigrantes, homosexuales o grupos étnicos varios), incorporando con agudeza las cuestiones contingentes. Y dado que se trata de monitos' y que el asunto tiene gracia, nadie debería ofenderse más de la cuenta.
Aun si se ha reído de moros y cristianos, ha prevalecido una etiqueta de izquierdismo. Sin embargo, y como destacaba en 2000 un artículo de la conservadora National Review, la serie presenta varios rasgos pro-familia, al tiempo que muestra a los habitantes de Springfield asistiendo periódicamente a misa, mucho más que los de cualquier otra serie de TV. Y esa es parte del chiste.
Es cierto, puede verse a Homero tratando de ladrón al vicepresidente Dick Cheney, pero la contingencia política es apenas un compartimento dentro del total. También es verdad que en temporadas recientes el show parece en ocasiones devorado por la cultura pop.
Pero el cambio que han generado Los Simpsons no admite discusiones. Hoy la animación televisiva ya no es cosa exclusiva de niños, asomado como un espacio para el humor desbocado y los personajes complejos. En esta línea surgen reproches: que se considere a Homero como una especie de modelo, o bien que programas de este tipo contribuyen a la infantilización de los adultos.
El caso es que Fox, que se ha embolsado más de 17 mil millones gracias a Los Simpson, no parece dispuesta a soltar' un espacio que, convertido en el más duradero de la historia, no tiene visos de terminar.
Una Larga Historia con el Problema Homosexual
El capítulo de la controversia fue emitido el 20 de febrero y muestra a la ciudad convertida en un buen lugar para que las parejas del mismo sexo puedan casarse. No es ni con mucho, sin embargo, la primera vez que se abordaba el tema. Waylon Smithers fue el primer personaje claramente gay de la serie, que incluye un episodio donde Homero trata de adiestrar' a Bart en el tema y otro donde él mismo ve amenazada su masculinidad.
Homero Discute con Su Propio Jefe
No es habitual que una serie se mofe del dueño de la estación que la emite, menos si se trata de uno de los mayores magnates de las comunicaciones. La foto muestra el episodio donde Homero y sus amigos entran al palco VIP de Rupert Murdoch -el dueño de Fox- en un estadio de fútbol americano. En otros episiodios se ha satirizado con el carácter marcadamente derechista de la cadena Fox News
6 de marzo de 2005
17 de marzo de 2005
©tercera
un poco de suerte irlandesa
[Mary Jordan] Trébol de cuatro hojas con caché global.
Ciudad de México, México. Todas las tardes, Gustavo Hernández cuelga un letrero de su vieja furgoneta, se aparca en una ajetreada esquina y espera a los clientes que buscan "un poco de suerte irlandesa".
Hernández no tiene conexiones con Irlanda, aunque sí pelo rojizo. Sin embargo, vende miles de tréboles de cuatro hojas, en pequeñas macetas, a los mexicanos que hacen sus apuestas en el amor, que buscan trabajo o simplemente esperan un pequeño cambio de fortuna.
"Todo el mundo necesita buena suerte", dijo Hernández, que también se refiere a su mercadería como "la flor de San Patricio".
Cada 17 de marzo es una vitrina para el trébol de tres hojas, un tradicional símbolo de Irlanda. Los irlandeses y aquellos de ascendencia irlandesa en todo el mundo adornan sus casas y vestidos con tréboles, como un orgulloso signo de su origen.
Pero incluso en países donde el trébol tiene poco significado, su primo de cuatro hojas, una anomalía en la horticultura, se está transformando en símbolo de la buena suerte y en una creciente industria. Desde la venta en el portón trasero de Hernández a vendedores en la red que llegan a todo el mundo, el comercio en el trébol de cuatro hojas está en auge, y no solamente en marzo.
"La gente los ve y piensa en su interior: Me haría bien un poco de buena suerte'", dice Robert Harris, dueño de Luck Factory, un negocio online con sede en Nueva York que embarca llaveros, gemelos y otros artículos decorados con tréboles de cuatro hojas. Hace poco, dijo, los clientes han estado pidiendo tréboles de cuatro hojas para enviar a soldados norteamericanos en Iraq.
Candy Smith, que gestiona un negocio online en Scranto, Pensilvania, vende miles de paquetes de semillas de trébol de Irlanda, así como joyas y otros artículos decorados con tréboles de cuatro hojas. Dijo que los agentes inmobiliarios los compran con la esperanza de aumentar las ventas, las agencias de viaje los piden a granel y las novias claman por ellos.
La mística del trébol, dijo Smith, proviene de su rareza. Calcula que de cada 10.000 tréboles de tres hojas, debe haber un trébol de la variedad de cuatro hojas.
Ed Martin, un jubilado en Alaska, espera transformarse pronto en el titular del récord en colecciones de tréboles de cuatro hojas de verdad. Martin, 73, que operaba maquinaria pesada, dijo que trabajó en Estados Unidos en una caravana y recogía tréboles para regalar.
"Siempre conseguí una sonrisa", dijo en una conferencia telefónica. Hace varios años, Martin decidió ponerse serio sobre la colección y dijo que ahora tiene 80.000 hojas presionadas en carpetas de plástico. Funcionarios en su pequeño pueblo de Soldotna, Alaska, están preparando los documentos para nominarlo al libro de récords de Guinness.
El actual titular del récord es un recluso de Pensilvania, George Kaminski. Durante el cumplimiento en prisión de su sentencia por secuestro en los últimos 25 años, Kaminski ha reunido 72.927 hojas de tréboles de cuatro hojas. Las ha encontrado, de una en una, en el césped de los patios de la cárcel.
Kaminski no pudo ser entrevistado, pero un asistente social en la cárcel de mínima seguridad en Mercer, Pensilvania, retransmitió algunas preguntas y respuestas por teléfono. Kaminski dijo que empezó a coleccionar tréboles para mostrar a un joven recluso que estaba deprimido que "puedes hacer lo que quieres si te lo propones".
Martin dijo que sigue encontrando tréboles en Alaska, a pesar de la abundante nieve, divisándolos incluso cuando "gente que está a mi lado" no los puede distinguir. Después de sobrevivir el servicio militar en un submarino de la Marina norteamericana y la vida como colono de zonas agrestes, "viviendo con osos y alces", dijo, "sé que los tréboles me han traído buena suerte".
La palabra shamrock', trébol, proviene de la palabra gala seamrog', cuya probable significación es "trébol chico". De acuerdo a la leyenda católica, San Patricio utilizaba la planta para ilustrar el concepto de la Sagrada Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Desde entonces se ha transformado en un símbolo de Irlanda, donde los hombres a menudo llevan una rama de trébol en sus solapas el día de San Patricio.
Esta semana, como en años pasados, tréboles frescos son transportados desde Irlanda para ser ofrecidos al presidente Bush.
Art Agnew, embajador de Irlanda en México, dijo que había considerable confusión fuera de Irlanda sobre la diferencia entre los tréboles irlandeses y los tréboles de cuatro hojas. Dijo que unos grandes almacenes mexicanos montaron una celebración de Irlanda y la decoraron con tréboles de cuatro hojas. Se mantuvo diplomáticamente callado sobre la confusión, pero dijo que cualquiera que luciera en Irlanda un trébol de cuatro hojas el día de San Patricio sería "ciertamente objeto de burla".
Joan McCabe, miembro de la Sociedad Hortícola del Condado de Dublin del Sur, dijo que el trébol de cuatro hojas es un "error", una mutación de la variedad más común de tres hojas.
Hernández, impertérrito, espera tener una buena semana de ventas en Ciudad de México de sus "flores de San Patricio". Ingeniero de profesión, empezó a cultivar tréboles como pasatiempo hace 10 años. Ahora, su jardín revienta de tréboles. En una buena semana vende quizás unas 20 plantas de trébol en su coche, a precios de van de 5 a 70 dólares, dependiendo del tamaño.
Y a veces, dijo, parecen llevar suerte a la gente. Un cliente le contó que un ladrón abrió su coche, pero en lugar de llevarse el vehículo, se llevó solamente los tréboles. Otro cliente compró una planta, se animó para cortejar a una mujer, y volvió a comprar una maceta más grande cuando ella accedió a salir con él.
Hernández reconoció que ha tenido su propia cuota de mala fortuna, pasando por un divorcio y perdiendo su casa en una hipoteca. Pero observó que a los 46, tiene buena salud y cuatro hijos. "Quizás", dijo, "mi suerte esté por venir".
17 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
Hernández no tiene conexiones con Irlanda, aunque sí pelo rojizo. Sin embargo, vende miles de tréboles de cuatro hojas, en pequeñas macetas, a los mexicanos que hacen sus apuestas en el amor, que buscan trabajo o simplemente esperan un pequeño cambio de fortuna.
"Todo el mundo necesita buena suerte", dijo Hernández, que también se refiere a su mercadería como "la flor de San Patricio".
Cada 17 de marzo es una vitrina para el trébol de tres hojas, un tradicional símbolo de Irlanda. Los irlandeses y aquellos de ascendencia irlandesa en todo el mundo adornan sus casas y vestidos con tréboles, como un orgulloso signo de su origen.
Pero incluso en países donde el trébol tiene poco significado, su primo de cuatro hojas, una anomalía en la horticultura, se está transformando en símbolo de la buena suerte y en una creciente industria. Desde la venta en el portón trasero de Hernández a vendedores en la red que llegan a todo el mundo, el comercio en el trébol de cuatro hojas está en auge, y no solamente en marzo.
"La gente los ve y piensa en su interior: Me haría bien un poco de buena suerte'", dice Robert Harris, dueño de Luck Factory, un negocio online con sede en Nueva York que embarca llaveros, gemelos y otros artículos decorados con tréboles de cuatro hojas. Hace poco, dijo, los clientes han estado pidiendo tréboles de cuatro hojas para enviar a soldados norteamericanos en Iraq.
Candy Smith, que gestiona un negocio online en Scranto, Pensilvania, vende miles de paquetes de semillas de trébol de Irlanda, así como joyas y otros artículos decorados con tréboles de cuatro hojas. Dijo que los agentes inmobiliarios los compran con la esperanza de aumentar las ventas, las agencias de viaje los piden a granel y las novias claman por ellos.
La mística del trébol, dijo Smith, proviene de su rareza. Calcula que de cada 10.000 tréboles de tres hojas, debe haber un trébol de la variedad de cuatro hojas.
Ed Martin, un jubilado en Alaska, espera transformarse pronto en el titular del récord en colecciones de tréboles de cuatro hojas de verdad. Martin, 73, que operaba maquinaria pesada, dijo que trabajó en Estados Unidos en una caravana y recogía tréboles para regalar.
"Siempre conseguí una sonrisa", dijo en una conferencia telefónica. Hace varios años, Martin decidió ponerse serio sobre la colección y dijo que ahora tiene 80.000 hojas presionadas en carpetas de plástico. Funcionarios en su pequeño pueblo de Soldotna, Alaska, están preparando los documentos para nominarlo al libro de récords de Guinness.
El actual titular del récord es un recluso de Pensilvania, George Kaminski. Durante el cumplimiento en prisión de su sentencia por secuestro en los últimos 25 años, Kaminski ha reunido 72.927 hojas de tréboles de cuatro hojas. Las ha encontrado, de una en una, en el césped de los patios de la cárcel.
Kaminski no pudo ser entrevistado, pero un asistente social en la cárcel de mínima seguridad en Mercer, Pensilvania, retransmitió algunas preguntas y respuestas por teléfono. Kaminski dijo que empezó a coleccionar tréboles para mostrar a un joven recluso que estaba deprimido que "puedes hacer lo que quieres si te lo propones".
Martin dijo que sigue encontrando tréboles en Alaska, a pesar de la abundante nieve, divisándolos incluso cuando "gente que está a mi lado" no los puede distinguir. Después de sobrevivir el servicio militar en un submarino de la Marina norteamericana y la vida como colono de zonas agrestes, "viviendo con osos y alces", dijo, "sé que los tréboles me han traído buena suerte".
La palabra shamrock', trébol, proviene de la palabra gala seamrog', cuya probable significación es "trébol chico". De acuerdo a la leyenda católica, San Patricio utilizaba la planta para ilustrar el concepto de la Sagrada Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Desde entonces se ha transformado en un símbolo de Irlanda, donde los hombres a menudo llevan una rama de trébol en sus solapas el día de San Patricio.
Esta semana, como en años pasados, tréboles frescos son transportados desde Irlanda para ser ofrecidos al presidente Bush.
Art Agnew, embajador de Irlanda en México, dijo que había considerable confusión fuera de Irlanda sobre la diferencia entre los tréboles irlandeses y los tréboles de cuatro hojas. Dijo que unos grandes almacenes mexicanos montaron una celebración de Irlanda y la decoraron con tréboles de cuatro hojas. Se mantuvo diplomáticamente callado sobre la confusión, pero dijo que cualquiera que luciera en Irlanda un trébol de cuatro hojas el día de San Patricio sería "ciertamente objeto de burla".
Joan McCabe, miembro de la Sociedad Hortícola del Condado de Dublin del Sur, dijo que el trébol de cuatro hojas es un "error", una mutación de la variedad más común de tres hojas.
Hernández, impertérrito, espera tener una buena semana de ventas en Ciudad de México de sus "flores de San Patricio". Ingeniero de profesión, empezó a cultivar tréboles como pasatiempo hace 10 años. Ahora, su jardín revienta de tréboles. En una buena semana vende quizás unas 20 plantas de trébol en su coche, a precios de van de 5 a 70 dólares, dependiendo del tamaño.
Y a veces, dijo, parecen llevar suerte a la gente. Un cliente le contó que un ladrón abrió su coche, pero en lugar de llevarse el vehículo, se llevó solamente los tréboles. Otro cliente compró una planta, se animó para cortejar a una mujer, y volvió a comprar una maceta más grande cuando ella accedió a salir con él.
Hernández reconoció que ha tenido su propia cuota de mala fortuna, pasando por un divorcio y perdiendo su casa en una hipoteca. Pero observó que a los 46, tiene buena salud y cuatro hijos. "Quizás", dijo, "mi suerte esté por venir".
17 de marzo de 2005
©washington post
©traducción mQh
hijos de la demencia de hitler
[Doug Mellgren] Los nazis intentaron crear una raza perfecta. Los niños que nacieron en su programa de mejoramiento de la raza todavía sufren las consecuencias de ser hijos de padres nazis.
Oslo, Suecia. Reunidos en el Hotel Royal Christiania con vistas a un Oslo azotado por la lluvia, los hombres y mujeres con sus tarjetas de identificación y cortavientos podrían pasar como un grupo corriente de gente de más de 60 en una salida.
Pero estos 30 o más noruegos, a punto de empezar un crucero de un día, son cualquier cosa menos corrientes.
Entre ellos está Paul Hansen, que creció en una clínica psiquiátrica aun cuando no había nada malo con él. Y Tove Laila Strand, bebiendo un refresco a sorbos y tan frágil como la solitaria zinnia de su mesa. Su madre y padrastro le pegaban con una percha.
Abajo en el vestíbulo, Hugo Frebel, un alto y jovial hombre de 62 años, empieza a contar su historia, luego baja la voz y mira hacia los lados. "La gente está escuchando", dice, y lleva a sus invitados hacia arriba a la compañía de gente que sí puede entender por lo que ha pasado: miembros de la Liga Lebensborn de los Niños de la Guerra Noruegos.
Víctimas de la Segunda Guerra Mundial, son los niños nacidos del sueño de Hitler de crear una raza superior apareando a soldados alemanes con mujeres norte-europeas de las que se pensaba que satisfacían el ideal ario de que fueran rubias y de piel blanca.
Su linaje condenó a muchos de ellos a los márgenes de la sociedad. Se les negó educación o les costó sus matrimonios. Sólo ahora, cuando se acerca el 60 aniversario del fin de la guerra, el gobierno les está ofreciendo compensación.
"Yo fui un bebé alemán. Peor que ser insecto", dice Frebel. "Nos tiraban piedras".
Durante la ocupación de cinco años, nacieron decenas de miles de niños en toda Europa de relaciones entre soldados alemanes y mujeres locales. Pero en Noruega, Dinamarca, Holanda y Bélgica, había un aspecto más siniestro en esas relaciones. Fue llamado Lebensborn, que significa fuente de vida.
Engendrado por Himmler
El programa fue iniciado por el jefe de las SS alemanas, Heinrich Himmler, en 1935, para procrear niños arios. Después de que los nazis aplastaran a los estados vecinos de Alemania en 1940, los soldados de la ocupación alemana fueron alentados a encontrar parejas locales. Una vez embarazadas, las mujeres podían dirigirse a una de diez residencias, que inscribirían finalmente 8.000 niños de Lebensborn. La primera fue abierta en marzo de 1941.
Una residencia Lebensborn no era una planta de crianza, como han creído algunos, "sino más bien un centro de cuidados", dijo Stein Larsen, del proyecto de investigación Niños de la Guerra en el occidente de la ciudad noruega de Bergen.
Las madres Lebensborn eran cuidadas y daban a luz en las residencias. Podían entonces escoger entre conservar el bebé o darlo en adopción a alguna familia nazi en Noruega o Alemania. Pero sólo los que satisfacían los criterios raciales nazis eran aceptados.
Después de la guerra, Paul Hansen fue uno de los muchos niños Lebensborn que fueron internados en instituciones psiquiátricas, aunque su única anormalidad era tener un padre alemán.
Hansen tiene ahora 62 años, y los recuerdos lo ponen al borde las lágrimas.
¿Por qué nos enviaron allí?", pregunta. "¿Qué hicimos de malo?"
La sociedad noruega ha preferido durante largo tiempo esquivar el problema.
Cuando los niños del Lebensborn finalmente empezaron a organizarse hace unos años, el gobierno dijo que era demasiado tarde para investigar su tratamiento de posguerra, y los tribunales rechazaron su demanda colectiva, invocando el estatuto de prescripción.
Sin embargo, en 2002 el parlamento ordenó al estado a pagar reparaciones y en julio pasado el gobierno hizo una propuesta: hasta 31.750 dólares, dependiendo de los sufrimientos que pudieran documentar las víctimas.
Frebel estaba furioso.
"La oferta de compensación fue una bofetada en la cara", dijo. "Que me condenen si voy a sentarme delante de una comisión del gobierno y dejarles decidir cuánto he sufrido".
Noruega es hasta el momento el único país afectado por el Lebensborn en hacer una oferta de compensación. En Dinamarca nacieron al menos 5.000 personas en ese programa.
En Holanda, Albert van Aldijk nació en mayo de 1942 en Haarlem, cerca de Amsterdam, de una madre holandesa y un oficial de la Marina alemana. Dijo que había al menos otros 15.000 casos similares en Holanda.
Fuera de Alemania, Noruega fue la niña del ojo del programa Lebensborn, y donde en la posguerra más se odió a sus hijos.
Fuentes de Odio
Cientos de combatientes de la resistencia noruega fueron matados en misiones o torturados y ejecutados. Los noruegos se sintieron traicionados por el gobernante títere nombrado por los alemanes, Vidkum Quisling, cuyo nombre se ha hecho sinónimo de traidor. Todo lo alemán era considerado contaminado.
"Para la mitad de la población, los alemanes eran unos canallas. Para la otra mitad, la mitad religiosa, éramos los inmorales hijos del amor", dijo Bjoern Drivdal, secretario de la Liga Lebensborn.
Cuando los hijos de Lebensborn cuentan sus historias, es obvio que el dolor sigue.
"Mi tía me dijo hace una semana: No te daré tu parte de mi herencia porque tu padre era alemán'. Yo dije: No lo decidí yo. Yo no elegí a mis padres", dijo Frebel.
16 de marzo de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh
Oslo, Suecia. Reunidos en el Hotel Royal Christiania con vistas a un Oslo azotado por la lluvia, los hombres y mujeres con sus tarjetas de identificación y cortavientos podrían pasar como un grupo corriente de gente de más de 60 en una salida.Pero estos 30 o más noruegos, a punto de empezar un crucero de un día, son cualquier cosa menos corrientes.
Entre ellos está Paul Hansen, que creció en una clínica psiquiátrica aun cuando no había nada malo con él. Y Tove Laila Strand, bebiendo un refresco a sorbos y tan frágil como la solitaria zinnia de su mesa. Su madre y padrastro le pegaban con una percha.
Abajo en el vestíbulo, Hugo Frebel, un alto y jovial hombre de 62 años, empieza a contar su historia, luego baja la voz y mira hacia los lados. "La gente está escuchando", dice, y lleva a sus invitados hacia arriba a la compañía de gente que sí puede entender por lo que ha pasado: miembros de la Liga Lebensborn de los Niños de la Guerra Noruegos.
Víctimas de la Segunda Guerra Mundial, son los niños nacidos del sueño de Hitler de crear una raza superior apareando a soldados alemanes con mujeres norte-europeas de las que se pensaba que satisfacían el ideal ario de que fueran rubias y de piel blanca.
Su linaje condenó a muchos de ellos a los márgenes de la sociedad. Se les negó educación o les costó sus matrimonios. Sólo ahora, cuando se acerca el 60 aniversario del fin de la guerra, el gobierno les está ofreciendo compensación.
"Yo fui un bebé alemán. Peor que ser insecto", dice Frebel. "Nos tiraban piedras".
Durante la ocupación de cinco años, nacieron decenas de miles de niños en toda Europa de relaciones entre soldados alemanes y mujeres locales. Pero en Noruega, Dinamarca, Holanda y Bélgica, había un aspecto más siniestro en esas relaciones. Fue llamado Lebensborn, que significa fuente de vida.
Engendrado por Himmler
El programa fue iniciado por el jefe de las SS alemanas, Heinrich Himmler, en 1935, para procrear niños arios. Después de que los nazis aplastaran a los estados vecinos de Alemania en 1940, los soldados de la ocupación alemana fueron alentados a encontrar parejas locales. Una vez embarazadas, las mujeres podían dirigirse a una de diez residencias, que inscribirían finalmente 8.000 niños de Lebensborn. La primera fue abierta en marzo de 1941.
Una residencia Lebensborn no era una planta de crianza, como han creído algunos, "sino más bien un centro de cuidados", dijo Stein Larsen, del proyecto de investigación Niños de la Guerra en el occidente de la ciudad noruega de Bergen.
Las madres Lebensborn eran cuidadas y daban a luz en las residencias. Podían entonces escoger entre conservar el bebé o darlo en adopción a alguna familia nazi en Noruega o Alemania. Pero sólo los que satisfacían los criterios raciales nazis eran aceptados.
Después de la guerra, Paul Hansen fue uno de los muchos niños Lebensborn que fueron internados en instituciones psiquiátricas, aunque su única anormalidad era tener un padre alemán.
Hansen tiene ahora 62 años, y los recuerdos lo ponen al borde las lágrimas.
¿Por qué nos enviaron allí?", pregunta. "¿Qué hicimos de malo?"
La sociedad noruega ha preferido durante largo tiempo esquivar el problema.
Cuando los niños del Lebensborn finalmente empezaron a organizarse hace unos años, el gobierno dijo que era demasiado tarde para investigar su tratamiento de posguerra, y los tribunales rechazaron su demanda colectiva, invocando el estatuto de prescripción.
Sin embargo, en 2002 el parlamento ordenó al estado a pagar reparaciones y en julio pasado el gobierno hizo una propuesta: hasta 31.750 dólares, dependiendo de los sufrimientos que pudieran documentar las víctimas.
Frebel estaba furioso.
"La oferta de compensación fue una bofetada en la cara", dijo. "Que me condenen si voy a sentarme delante de una comisión del gobierno y dejarles decidir cuánto he sufrido".
Noruega es hasta el momento el único país afectado por el Lebensborn en hacer una oferta de compensación. En Dinamarca nacieron al menos 5.000 personas en ese programa.
En Holanda, Albert van Aldijk nació en mayo de 1942 en Haarlem, cerca de Amsterdam, de una madre holandesa y un oficial de la Marina alemana. Dijo que había al menos otros 15.000 casos similares en Holanda.
Fuera de Alemania, Noruega fue la niña del ojo del programa Lebensborn, y donde en la posguerra más se odió a sus hijos.
Fuentes de Odio
Cientos de combatientes de la resistencia noruega fueron matados en misiones o torturados y ejecutados. Los noruegos se sintieron traicionados por el gobernante títere nombrado por los alemanes, Vidkum Quisling, cuyo nombre se ha hecho sinónimo de traidor. Todo lo alemán era considerado contaminado.
"Para la mitad de la población, los alemanes eran unos canallas. Para la otra mitad, la mitad religiosa, éramos los inmorales hijos del amor", dijo Bjoern Drivdal, secretario de la Liga Lebensborn.
Cuando los hijos de Lebensborn cuentan sus historias, es obvio que el dolor sigue.
"Mi tía me dijo hace una semana: No te daré tu parte de mi herencia porque tu padre era alemán'. Yo dije: No lo decidí yo. Yo no elegí a mis padres", dijo Frebel.
16 de marzo de 2005
©chicago tribune
©traducción mQh