las lolitas góticas
[Laura M. Holson] La moda hace furor en Japón, aunque se inspira en la era victoriana.
No pasó mucho tiempo antes de que Twinkle Lam se diera cuenta de que tenía un problema. En los últimos 10 meses, Lam, 23, ha coordinado a un grupo de discusión online sobre la moda de la lolita gótica, un estilo de vestir importado de Japón, que utiliza faldas hasta la pantorrilla como en la era victoriana, calzones bombachos, delantales, lazos de puntilla y enaguas plegadas y ha atraído a niñas de la secundaria y universitarias en Estados Unidos.
En su mayor parte, las discusiones en las bitácoras en la web (www.livejournal.com/community/egl), un foro de unos 2.500 fervientes adherentes de la moda de la lolita gótica que gestiona Lam desde su casa en Dallas, giran sobre cuestiones como dónde comprar rechonchos escarpines Mary Jane de tacón alto o cómo hacer collares Bo Peep. Pero en el invierno los intercambios normalmente amables, dan lugar a declamaciones enfadadas, a menudo profanas.
Se discutía el traje de Alicia-en-el-País-de-las-Maravillas de Gwen Stefani en What You Waiting For'. Alicia, con su estirado collar blanco, barrocas mangas y faldas acampanadas, es la musa informal de muchas G.L., como se llaman a sí mismas, y la sensación de que Stefani había envilecido la pinta al mostrar bragas azules con volantes y tacos altos acordonados, mostrando en la imagen más aspecto de dominatrix que de niña recatada.
"Ese traje no se parece en nada a Lolita", dijo uno de los mensajes más discretos. "Ni siquiera es original, se parece a lo que llevaba Britney cuando besó a Madonna".
Aunque difícilmente puedes entrar a un centro comercial con enaguas y sombrillas, Lam dijo que el video era una señal de que la estética de la lolita gótica, en el pasado objeto de fetichismo de unos pocos, puede estar transformándose en algo normal, donde podía ser co-optada y corrompida por las masas. Justo en los últimos seis meses, dijo Lam, las bitácoras de las lolitas góticas han sido infiltradas por hombres que buscan fotos de lolitas góticas en tenidas eróticas. "Eso no había pasado antes", dice Lam. "Está saliendo a luz y se hace cada vez más popular".
No que Stefani haya sido la primera celebridad en llamar la atención sobre la moda de la lolita gótica; Amy Lee, la vocalista de Evanescence, usa vestidos negros de encaje preferidos por algunas lolitas góticas, y el año pasado Courtney Love co-escribió un cómic de estilo japonés sobre la Princesa Ai, un personaje basado libremente en vestidos al estilo de las lolitas góticas. Ni Lee ni Love, sin embargo, han provocado tanta ira como Stefani. Ha incorporado el estilo en su acto, viajando con la troupe de las niñas de Harajuku, llamada así por un elegante barrio en Tokio donde muchas niñas que se visten a esa moda se reúnen los fines de semana.
La lolita gótica empezó a mediados de los años noventa entre colegiales japonesas inspiradas por la banda Malice Mizer y en particular por Mana, el afeminado guitarrista de la banda, que llevaba trajes de encaje negros y blancos, elaborados lazos, pestañas postizas y pesado maquillaje blanco.
La pinta prendió como parte de la cultura del traje de Japón, en la que la gente joven se viste como figuras simbólicas del pop, muchas de ellas populares personajes de las caricaturas. Algunas niñas adolescentes en Tokio estaban cosiendo a mano algunas recreaciones de los trajes Mana. Modistos locales fueron los siguientes y finalmente Mana creó su propia línea, Moi-Même-Moitié, que se vende en los grandes almacenes japoneses.
En 2000 los editores de la revista de moda japonesa Kera empezó a publicar la Biblia de la Lolita Gótica, que tiene ahora una circulación de 80.000 ejemplares. Parte catálogo, parte revista de moda, tiene moldes para hacer trajes así como recetas para tartas de chocolate del tamaño de un ñasco con cruces de azúcar en polvo que las lolitas góticas (o Goth-Lolis, como se las conoce en Japón) sirven en las fiestas de té.
A medida que se extendió la moda, inspiró diferentes interpretaciones, de modo que además del tradicional aspecto de la lolita gótica, que es fuertemente gótica con sus vestidos negros o blancos, zapatos negros de claqué y maquillaje oscuro, también está la Lolita Dulce, rebosando de volantes y pasteles; la Lolita Gótica Elegante, con encorsetado estilo victoriano; y la Lolita Colegiala, que prefiere las faldas plegadas y los calcetines hasta la rodilla.
Jodi Bryson, editora consultante en desarrollo para Tokyopop, un importante productor de historietas japonesas en Estados Unidos, que ha estudiado la tendencia, dijo que ella empezó a darse cuenta del interés en la lolita gótica en Estados Unidos hace unos tres años cuando las americanas visitaron Tokio o se enteraron de la lolita gótica en internet. "Fue entonces que empezamos a ver a niñas vestidas así, desde adolescentes hasta chicas universitarias y más", dijo. "La atracción era mutua: había un lado creativo, hacer vestidos, y escapar del juego de roles. Fue matadora para las niñas que pudieron expresarse a sí mismas".
Además de gastar cientos si no miles de dólares en la moda de la lolita gótica, las seguidoras estadounidenses de la tendencia se unen a comunidades virtuales, recorren librerías japonesas y subastas en internet de la Biblia de la Lolita Gótica (en una librería pueden comprarla por 20 dólares, y en internet por unos 50 dólares), y se reúnen en fiestas de té, a las que asisten trajeadas y comer tartas. Muchas, dijo, asisten a animar congresos, donde la gente celebra las cosas japonesas.
Michelle Nguyen, 22, vivió en Japón durante 5 meses en 2003 y se transformó en una lectora regular de la Biblia de la Lolita Gótica. Ahora estudiando inglés, publicidad y japonés en la Universidad de Penn State, compra faldas y vestidos hechos en Japón en subastas virtuales y se ha dedicado a la costura para coser sus propios trajes. Tiene cuatro sombrillas, varias faldas color pastel con volantes y un montón de flojos lazos de encaje. Ella y sus amigas organizan salidas para las que se visten y van a los tés o al cine a ver películas como Series of Unfortunate Events', de Lemony Snicket, en la que los trajes evocan el estilo de la lolita gótica.
Dijo que a veces los estudiantes la miran en la ciudad universitaria. "Yo usaba grandes faldas con volantes para ir a clases, pero es difícil", dijo. "Tienes que funcionar sentada a un escritorio, y en una falda con volantes no se puede hacer eso".
Lam, que estudia en la universidad y trabaja para una compañía de petróleo y gasolina de Dallas, tiene más de diez trajes completos de lolita gótica, en los que ha gastado miles de dólares. Dijo que ir con ellos al trabajo ni lo pensaría. "A la mitad le daría un ataque al corazón, y no sé qué le pasaría a la otra mitad", dijo de sus colegas. "Mi mamá, cuando me vio vestida la primera vez, me dijo: ¿Por qué no te guardamos la ropa de bebita?'"
Sobre su novio, dijo: "A él le gusta verme en la ropa dulce, toda blanca. Y yo le digo: ¿No me puedo poner algo más práctico?'"
Lam predice que el alboroto sobre Stefani se esfumará, aunque ha cambiado para siempre la naturaleza de la conversación entre los fans de la lolita gótica. Un signo esperanzador, dijo, es que algunas fans se están acostumbrando a la idea de que la moda ya no es solamente suya.
"Deberíamos estar halagadas de que el estilo esté llegando a todas partes", decía un mensaje reciente en internet. "La moda es un derecho".
También, dijo Lam, mientras más normal se haga la moda, más disponibles se harán las ropas, y más pagables.
13 de marzo de 2005
15 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
No pasó mucho tiempo antes de que Twinkle Lam se diera cuenta de que tenía un problema. En los últimos 10 meses, Lam, 23, ha coordinado a un grupo de discusión online sobre la moda de la lolita gótica, un estilo de vestir importado de Japón, que utiliza faldas hasta la pantorrilla como en la era victoriana, calzones bombachos, delantales, lazos de puntilla y enaguas plegadas y ha atraído a niñas de la secundaria y universitarias en Estados Unidos.En su mayor parte, las discusiones en las bitácoras en la web (www.livejournal.com/community/egl), un foro de unos 2.500 fervientes adherentes de la moda de la lolita gótica que gestiona Lam desde su casa en Dallas, giran sobre cuestiones como dónde comprar rechonchos escarpines Mary Jane de tacón alto o cómo hacer collares Bo Peep. Pero en el invierno los intercambios normalmente amables, dan lugar a declamaciones enfadadas, a menudo profanas.
Se discutía el traje de Alicia-en-el-País-de-las-Maravillas de Gwen Stefani en What You Waiting For'. Alicia, con su estirado collar blanco, barrocas mangas y faldas acampanadas, es la musa informal de muchas G.L., como se llaman a sí mismas, y la sensación de que Stefani había envilecido la pinta al mostrar bragas azules con volantes y tacos altos acordonados, mostrando en la imagen más aspecto de dominatrix que de niña recatada.
"Ese traje no se parece en nada a Lolita", dijo uno de los mensajes más discretos. "Ni siquiera es original, se parece a lo que llevaba Britney cuando besó a Madonna".
Aunque difícilmente puedes entrar a un centro comercial con enaguas y sombrillas, Lam dijo que el video era una señal de que la estética de la lolita gótica, en el pasado objeto de fetichismo de unos pocos, puede estar transformándose en algo normal, donde podía ser co-optada y corrompida por las masas. Justo en los últimos seis meses, dijo Lam, las bitácoras de las lolitas góticas han sido infiltradas por hombres que buscan fotos de lolitas góticas en tenidas eróticas. "Eso no había pasado antes", dice Lam. "Está saliendo a luz y se hace cada vez más popular".
No que Stefani haya sido la primera celebridad en llamar la atención sobre la moda de la lolita gótica; Amy Lee, la vocalista de Evanescence, usa vestidos negros de encaje preferidos por algunas lolitas góticas, y el año pasado Courtney Love co-escribió un cómic de estilo japonés sobre la Princesa Ai, un personaje basado libremente en vestidos al estilo de las lolitas góticas. Ni Lee ni Love, sin embargo, han provocado tanta ira como Stefani. Ha incorporado el estilo en su acto, viajando con la troupe de las niñas de Harajuku, llamada así por un elegante barrio en Tokio donde muchas niñas que se visten a esa moda se reúnen los fines de semana.
La lolita gótica empezó a mediados de los años noventa entre colegiales japonesas inspiradas por la banda Malice Mizer y en particular por Mana, el afeminado guitarrista de la banda, que llevaba trajes de encaje negros y blancos, elaborados lazos, pestañas postizas y pesado maquillaje blanco.
La pinta prendió como parte de la cultura del traje de Japón, en la que la gente joven se viste como figuras simbólicas del pop, muchas de ellas populares personajes de las caricaturas. Algunas niñas adolescentes en Tokio estaban cosiendo a mano algunas recreaciones de los trajes Mana. Modistos locales fueron los siguientes y finalmente Mana creó su propia línea, Moi-Même-Moitié, que se vende en los grandes almacenes japoneses.
En 2000 los editores de la revista de moda japonesa Kera empezó a publicar la Biblia de la Lolita Gótica, que tiene ahora una circulación de 80.000 ejemplares. Parte catálogo, parte revista de moda, tiene moldes para hacer trajes así como recetas para tartas de chocolate del tamaño de un ñasco con cruces de azúcar en polvo que las lolitas góticas (o Goth-Lolis, como se las conoce en Japón) sirven en las fiestas de té.
A medida que se extendió la moda, inspiró diferentes interpretaciones, de modo que además del tradicional aspecto de la lolita gótica, que es fuertemente gótica con sus vestidos negros o blancos, zapatos negros de claqué y maquillaje oscuro, también está la Lolita Dulce, rebosando de volantes y pasteles; la Lolita Gótica Elegante, con encorsetado estilo victoriano; y la Lolita Colegiala, que prefiere las faldas plegadas y los calcetines hasta la rodilla.
Jodi Bryson, editora consultante en desarrollo para Tokyopop, un importante productor de historietas japonesas en Estados Unidos, que ha estudiado la tendencia, dijo que ella empezó a darse cuenta del interés en la lolita gótica en Estados Unidos hace unos tres años cuando las americanas visitaron Tokio o se enteraron de la lolita gótica en internet. "Fue entonces que empezamos a ver a niñas vestidas así, desde adolescentes hasta chicas universitarias y más", dijo. "La atracción era mutua: había un lado creativo, hacer vestidos, y escapar del juego de roles. Fue matadora para las niñas que pudieron expresarse a sí mismas".
Además de gastar cientos si no miles de dólares en la moda de la lolita gótica, las seguidoras estadounidenses de la tendencia se unen a comunidades virtuales, recorren librerías japonesas y subastas en internet de la Biblia de la Lolita Gótica (en una librería pueden comprarla por 20 dólares, y en internet por unos 50 dólares), y se reúnen en fiestas de té, a las que asisten trajeadas y comer tartas. Muchas, dijo, asisten a animar congresos, donde la gente celebra las cosas japonesas.
Michelle Nguyen, 22, vivió en Japón durante 5 meses en 2003 y se transformó en una lectora regular de la Biblia de la Lolita Gótica. Ahora estudiando inglés, publicidad y japonés en la Universidad de Penn State, compra faldas y vestidos hechos en Japón en subastas virtuales y se ha dedicado a la costura para coser sus propios trajes. Tiene cuatro sombrillas, varias faldas color pastel con volantes y un montón de flojos lazos de encaje. Ella y sus amigas organizan salidas para las que se visten y van a los tés o al cine a ver películas como Series of Unfortunate Events', de Lemony Snicket, en la que los trajes evocan el estilo de la lolita gótica.
Dijo que a veces los estudiantes la miran en la ciudad universitaria. "Yo usaba grandes faldas con volantes para ir a clases, pero es difícil", dijo. "Tienes que funcionar sentada a un escritorio, y en una falda con volantes no se puede hacer eso".
Lam, que estudia en la universidad y trabaja para una compañía de petróleo y gasolina de Dallas, tiene más de diez trajes completos de lolita gótica, en los que ha gastado miles de dólares. Dijo que ir con ellos al trabajo ni lo pensaría. "A la mitad le daría un ataque al corazón, y no sé qué le pasaría a la otra mitad", dijo de sus colegas. "Mi mamá, cuando me vio vestida la primera vez, me dijo: ¿Por qué no te guardamos la ropa de bebita?'"
Sobre su novio, dijo: "A él le gusta verme en la ropa dulce, toda blanca. Y yo le digo: ¿No me puedo poner algo más práctico?'"
Lam predice que el alboroto sobre Stefani se esfumará, aunque ha cambiado para siempre la naturaleza de la conversación entre los fans de la lolita gótica. Un signo esperanzador, dijo, es que algunas fans se están acostumbrando a la idea de que la moda ya no es solamente suya.
"Deberíamos estar halagadas de que el estilo esté llegando a todas partes", decía un mensaje reciente en internet. "La moda es un derecho".
También, dijo Lam, mientras más normal se haga la moda, más disponibles se harán las ropas, y más pagables.
13 de marzo de 2005
15 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
fin de un profeta sexual
[Nita Lelyveld, Paul Pringle y Larry B. Stammer] Asesinatos y suicidio. Criado en un grupo licencioso aunque fuertemente controlado, un joven que quería ayudar a otros encuentra una fatal salida.
Un domingo por la mañana temprano en enero, un empleado del Distrito de Irrigación de Palo Verde en Blythe llegó al edificio de oficinas y vieron algo espeluznante: un cuerpo ensangrentado sentado al volante de un Chevy Cavalier aparcado ala entrada.
El conductor, un joven, tenía una herida de bala en la cabeza. Había una pistola Glock calibre .40 a su lado.
Para el detective que acudió parecía claramente un suicidio.
Entonces en el asiento de pasajeros se oyó sonar un celular.
Era la esposa del muerto.
Dijo que su marido había llamado la noche anterior para decir que iba a matarse.
Dirigió a la policía hacia un apartamento a más de 320 kilómetros de distancia en Tucson, Arizona, donde encontraron el cuerpo de una mujer de edad mediana. Tenía la garganta cortada. Y media docena de puñaladas.
Pronto las autoridades dieron a conocer los datos básicos de la historia: Antes de cruzar el desierto y matarse, Ricky Rodríguez, 29, había matado a Angela Smith, 51. Los dos se conocían. Smith había ayudado a criar a Rodríguez.
Los nombres no dijeron mucho a la mayoría de la gente. Pero la noticia fue catastrófica para la secreta sociedad religiosa a la que ambos pertenecieron.
Durante más de tres décadas, los Niños de Dios, ahora llamados La Familia, habían sido un mundo por sí solos. En ese mundo, Rodríguez era noble.
Era el hijo de los autoproclamados profetas del grupo, que dirigían un ferviente rebaño disperso en comunas en todo el planeta. Cuando tenía 2, lo declararon profeta también a él, anunciando a sus seguidores que el niño algún día los "liberaría de un grandes pesares y de la servidumbre".
No ocurriría.
Adoctrinamiento Infantil
Más de cuatro años antes de su muerte, Rodríguez abandonó los estrechos confines del grupo, aventurándose en el mundo con pocas nociones sobre cómo funcionaba. Casi todo lo que había aprendido de la vida provenía de una sola persona, David Berg, que fundó el grupo y mantenía a sus miembros aislados, adoctrinados en sus ideas.
Nacido en 1919 en Oakland de padres evangelistas, Berg había estado dando brincos antes de descubrir su vocación. Dirigió durante un breve período una iglesia en Arizona, fue maestro y promovió la Iglesia en el Hogar', el programa de radio y televisión de Los Angeles del evangelista Fred Jordan.
Tenía casi 50 cuando llegó a Huntington Beach y empezó a ministrar a los hippies, con la ayuda de sus propios hijos adolescentes.
En 1968 Huntington Beach tenía una abundancia de drogadictos y jóvenes que habían abandonado los estudios, durmiendo en la arena, sin mucho que hacer. No pasó mucho tiempo antes de que la música de guitarra y bocadillos de mantequilla de cacahuete gratuitos los atrajera al Club de la Luz, una cafetería cristiana donde los Berg pusieron negocio como Adolescentes por Cristo.
El Tío Dave', como empezó Berg a llamarse a sí mismo, invitaba a sus seguidores a unirse a su "revolución por Jesús". Berg dijo a sus conversos que se despojaran de sus vidas pasadas, incluyendo sus nombres, y entregar sus capitales a la causa. Ellos advertirían a los que estaban en el sistema' de que se aproximaba el apocalipsis.
Los miembros del grupo se abrieron en abanico en todo el país, reuniéndose en el Capitolio, y en Time Square para lamentar la inminente muerte de Estados Unidos. Vestían túnicas rojas de tela de arpillera, se echaron cenizas en sus frentes y sacudían ominosamente largos bastones de madera.
Mientras más conversos coleccionaba, más extraño se hacía el mensaje de Berg. Asegurando que Dios hablaba con él directamente, se declaró a sí mismo Profeta de Dios del Fin de los Tiempos'. Dios le había ordenado, le dijo, que dejara a su esposa de toda la vida por su novieta, una guapa conversa veinteañera de Tucson. Karen Zerby, explicó Berg, representaba la nueva y pura "iglesia infante".
Haciéndose llamar Moisés -o Mo- por el profeta bíblico, Berg dijo a sus seguidores que él ya no viviría entre ellos. Se enclaustraría a sí mismo y dedicaría su vida a la profecía. Dio a conocer las noticias en una carta de 1970, la que llamó: "¡Tengo que retirarme!" Fue la primera de las casi 3.000 "cartas de Mo" que enviaría por correo a su rebaño en los años siguientes.
La salida de Berg estuvo bien calculada. En 1971, un grupo de padres se había organizado contra los Niños de Dios, a la que llamaban culto'.
Cuando los activistas contra el culto empezaron sus programas de "deprogramación" y lograron cobertura periodística y represiones oficiales, Berg se marchó a Londres y pronto instó a sus seguidores a extender sus "colonias" a Europa.
Y los cambios en el grupo eran más que geográficos. Berg empezó a predicar un nuevo y potencialmente lucrativo evangelio sexual, que estaba demostrando ser una excelente manera de reclutar conversos -y su dinero. Instó a sus seguidoras a emplear una "pesca con coquetería", a seducir a hombres solitarios. Decía que era lo que había hecho Jesús cuando llamó a sus discípulos a ser "pescadores de hombres".
Zerby, que entonces era conocida también como María, fue una de las primeras pescadoras seductoras. En una carta de Mo' de 1974, Berg habló con su rebaño sobre su sermón sobre el nuevo proyecto. "¡Ayúdala, Oh Señor, a atrapar hombres, a ser intrépidas y descaradas, a usar todo lo que tiene, Oh Señor, para captar a hombres para ti..! ¡Oh, Señor, ayúdala, Oh Jesús, ayúdala a estar dispuesta a ser la carnada!"
"Papá... Compartía a Mamá"
Ricky Rodríguez nació en la isla de Tenerife en las Islas Canarias el 25 de enero de 1975. Su madre, la consorte de Berg, Karen Zerby, había quedado embarazada de un camarero de hotel llamado Carlos, al que atrapó con la "pesca con coquetería".
Berg y Zerby llamaron originalmente al bebé David Moses Zerby, como ellos. Pero celebraban abiertamente su origen.
"Su vida era amor, y todo porque Papá amaba a Mamá y compartía a Mamá para amar a otros", dice una actualización sobre el feliz acontecimiento.
¿Y por qué no compartir?
Compartir' el sexo estaba en el centro del ministerio de Berg en esa época. En ningún lugar se practicaba más fervientemente que en casa de Berg. La gente tenía sexo frente a Rodríguez. Las niñeras tenían sexo con sus amigos. Berg tenía sexo con quien se le ocurriera. Todos tuvieron sexo en una orgía que organizó Berg. En esa época, el niño tenía 3 años. Iba de grupo en grupo, viéndolo todo.
Rodríguez -apodado Davidito- fue criado por un grupo de jóvenes miembros, que hicieron de niñera. No solamente se limitaban a cambiarle los pañales. Yacían en cama desnudos con el niño desnudo, acariciándolo e instándolo a que los acariciara.
Su principal niñera, Sara, describió esos actos en informes regulares a los seguidores del grupo, que para entonces eran varios miles, en más de 100 comunas en todo el planeta. Más tarde las actualizaciones fueron reunidas en un libro titulado The Story of Davidito', que, con su cubierta marrón parecida al cuero y el título estampado en letras doradas, parecía a todo el mundo una biblia.
De hecho, se transformó en la biblia del grupo para criar a los niños.
En sus páginas se daban consejos sobre el cuidado de los bebés: "Usar demasiado el jabón no es bueno para la piel" y "Los niños no deben beber nunca leche desnatada".
También había abundantes fotos del guapo niño con grandes ojos castaños y corte de pelo fraile.
En una foto, el bebé yace en una cama con la cara de Sara entre sus piernas. "Es una maravillosa relajación, una satisfacción creada por el Señor", dice la leyenda.
En otra foto, Angela Smith, la mujer a la que mataría 25 años después, está junto al niño y aparentemente le está bajando los pantalones.
"Desnudándose... para Sue", dice la leyenda. Sue era el nombre con el que era conocida Smith en esa época.
Cuando el niño tuvo 2 años, Berg escribió el siguiente pasaje, que fue incluido en la obra de consulta sobre crianza de los hijos:
"Dios quiso que los niños sean capaces de disfrutar del sexo, así que debe haber querido que lo hicieran. Yo lo hice. Toda mi vida. Loado sea Dios. Me gusta. No le hice daño a nadie. En todo caso, casi todos los niños lo hacen, a pesar de las prohibiciones. Y la única razón por la que el sistema frunce el ceño es que en las iglesias les han enseñado que el sexo es malo. Que es contrario a la Biblia. ¿Cómo puede el placer sexual creado por Dios ser un pecado? El sistema está loco. Que Dios nos ayude. Ellos son los anormales".
Suspensión del Escepticismo
Arrojad a una rana en una cacerola de agua hirviendo y se saldrá de un salto. Pero llena la cacerola con agua fría y sube poco a poco el fuego, y la rana se quedará ahí hasta que esté cocinada.
Esta es la analogía usada por una antiguo miembro para explicar por qué los seguidores de Berg aceptaron sus ideas sexuales.
Se unieron al grupo con tanto idealismo, dijo el antiguo miembro, que usa el nombre de James Penn para proteger su identidad. Aceptaron que Berg fuera profeta de Dios. Creían que Jesús hablaba a través de él, actualizando la Biblia para su provecho. Con esa fe, y después de haber cortado los lazos con todo las fuentes externas de escepticismo, siguieron creyendo, incluso cuando el agua empezó a hervir.
Los textos de Berg sobre la pesca de la coquetería se hizo más y más descarada. Pronto las seguidoras recibieron instrucciones explícitas sobre qué hacer exactamente con los desconocidos que enganchaban. Su lenguaje ya no era bíblico. Era simplemente vulgar, incluso blasfemos.
Pero los seguidores de Berg habían aceptado sus palabras como si fueran las escrituras. Los folletos que enviaba eran provistos de títulos, y los párrafos numerados como los versos de la Biblia. Lovemaking 259:70, por ejemplo, refiere al folleto de Berg, Amor revolucionario' y en particular al pasaje: "Pues la Biblia lo dice con todas sus letras: ¡Disfrutad de sus pechos en todo momento!'"
Una de las hijas de Berg de su matrimonio anterior, Linda, que ahora es conocida como Deborah Davis, dijo que su padre estaba obsesionado por el sexo, incluyendo el incesto y pedofilia. Contó que la había molestado cuando era niña, pero cuando llegó a la adultez lo pudo rechazar.
"Él había comenzado el grupo y podía hacer lo que le viniera en gana", dijo Davis, que abandonó el grupo a fines de los años setenta y publicó en 1984 el libro The Children of God: The Inside Story' [Los Niños de Dios: la Visión desde Dentro]. "Nadie le pedía cuentas. Él era el profeta y recibía sus órdenes de Dios".
Fugitivo
Rodríguez creció como fugitivo, con sus padres moviéndose por el planeta justo antes que las autoridades. Los miembros del grupo cambiaban sus nombres frecuentemente -incluyendo al joven Davidito, cuyo nombre fue cambiado en el camino a Ricky Rodríguez.
Las frecuentes mudanzas, dicen los que le conocieron, fueron muy difíciles para el niño. Creció dolorosamente tímido y lerdo, especialmente en presencia de otros miembros del grupo, que lo veían como a una superestrella y sabían todo sobre él, incluso detalles personales que él consideraba humillantes.
De niño, Rodríguez observaría a Berg haciendo el amor con diferentes jóvenes, que estaban en el programa de compartir' para satisfacer las necesidades del profeta. Como parte de su "adiestramiento de adolescentes", a Rodríguez le asignaban todas las noches a una chica adolescente mayor diferente para que tuviera sexo. Se dio cuenta de que eso hacía que algunas niñas se sintieran incómodas, y le molestaba, escribió más tarde. Eso era sexo por decreto, no por elección.
Poco a poco Rodríguez empezó a cuestionarse la vida que llevaban sus padres. Sabía que eran idolatrados. Le habían enseñado a adorarlos. Pero también sabía cómo vivían. Berg se emborrachaba a menudo, y era errático y posesivo. Los que se negaban a obedecer sus órdenes eran castigados expeditamente. Los niños eran golpeados y a veces enviados a duras sesiones de adiestramiento. Para cuando Rodríguez alcanzó la adolescencia, consideró a menudo la idea de suicidarse.
Cambiando las Ideas Sexuales
Hacia mediados de los años ochenta, las enfermedades transmitidas sexualmente se habían transformado en un serio problema dentro del grupo. También la publicidad negativa, especialmente sobre la actitud de La Familia sobre los niños y el sexo.
Para entonces Berg no marchaba bien, y su papel de liderazgo estaba decayendo. Zerby estaba empezando a ocupar su lugar y había comenzado al menos públicamente a cambiar algunas de las ideas del grupo sobre el sexo.
En 1986 la dirigencia impuso oficialmente la prohibición del sexo entre niños y adultos. En 1987, puso fin a la práctica de la pesca con coquetería, prohibiendo el sexo con desconocidos.
Al mismo tiempo, el grupo empezó a purgar su literatura, destruyendo los videos con temas sexuales -incluyendo algunos en que niñas pre-escolares bailaban desnudas en homenaje a Berg- y cortando partes de libros y folletos. Los ejemplares de La historia de Davidito' perdió de repente todas las referencias sobre el sexo.
Pero los intentos de limpieza llegaron demasiado tarde para que el grupo evitara las consecuencias legales. A principios de los años noventa, las autoridades en España, Argentina, Francia y Australia organizaron redadas contra las comunas de La Familia, rescatando a cientos de niños y, en algunos casos, arrestando a los adultos. Las redadas fueron inesperadas y espantosas, especialmente para los niños que habían sido criados pensando en el mundo exterior como algo malo y tenebroso. Al final, en parte debido a las tácticas de las autoridades y en parte porque La Familia había cambiado algunas de sus prácticas más escandalosas, todos los niños del grupo volvieron a sus casas y se recusaron todos los cargos.
Un tribunal británico resultó ser más problemático. En 1992, una mujer pidió a las autoridades británicas que le retiraran su nieto recién nacido a su hija, que era miembro de La Familia. El juez Alan Ward empezó una investigación.
En 1995 resolvió que el bebe debía seguir con su madre, observando que creía que La Familia había cambiado sus costumbres en los últimos años. Pero la mayor parte de su resolución de 300 páginas tiene por objetivo describir la conducta pasada del grupo.
"Estoy convencido de que hubo un extendido abuso sexual de niños y adolescentes por miembros adultos de La Familia", escribió Ward.
Ward responsabilizó en gran parte a Berg, que había muerto el año anterior, a los 75. Dijo que La Familia debía denunciar a su profeta fundador.
Claire Borowik, la actual portavoz de La Familia, dijo que el grupo se había apartado de algunas de las enseñanzas de Berg hace tiempo. Pero no denunciará al fundador, que hasta el día de hoy los miembros del grupo aceptan como el Profeta de Dios de los Últimos Días'.
"Renunciamos a ciertas partes de sus escritos que no deberían haber sido escritas", dijo sobre Berg.
En 1994, dijo, la dirigencia de La Familia había pedido disculpas a los niños que habían sufrido años. El grupo les ofreció una posibilidad de "salir adelante y hablar con sus padres, buscar ayuda". La Familia ofreció los servicios de un psicólogo, pero nadie lo consultó, dijo.
"Tratamos este asunto a principios de los años noventa", dijo. "No es un tema nuevo y nadie se ha hecho responsable nunca".
Amor en Budapest
Tomó a Rodríguez un largo tiempo encontrar el modo de dejar a La Familia. Le tomó amor, que llegó a él en una residencia gestionada por La Familia en Budapest. Rodríguez se mudó allá hace nueve años, para distanciarse un poco de Zerby. Al principio fue tratado como siempre. La gente armó un lío.
"Era el ídolo, la imagen de lo que todo el mundo quería ser. Era nuestra visión de una celebridad de Hollywood", dijo Elixcia Munumel, que vivió en la residencia de Budapest.
Pronto se dio cuenta de que a él no le gustaba ese tipo de atención.
Él trabajaba como manitas, dijo. Ella trabajaba en la cocina y lo miraba silenciosamente.
"Yo soy una persona muy, muy tímida, y él también era muy tímido", recordó. Un día, reunió la fuerza necesaria para decirle que el almuerzo estaba listo.
Una noche poco después, la mayoría de los otros habían salido para un baile organizado por La Familia. Rodríguez y Munumel, que se habían quedado en casa, empezaron a hablar. Él la invitó a su cuarto. Le enseñó a jugar a las cartas. Hablaron toda la noche, dijo. Al día siguiente, él le dejó una rosa en su almohada.
Mientras más se acercaban, más se abría Rodríguez. Le dijo que había estado estudiando la Biblia en secreto para ver que significaba realmente, aunque su madre quería que leyera sólo las interpretaciones de Berg.
"Dijo que era una contradicción de lo que habíamos aprendido", dijo Munumel.
La pareja se mudó con Zerby a su casa en Oporto, Portugal, donde comenzaron a hacer planes para retirarse.
Rodríguez confesó a Munumel su creciente menosprecio por el grupo y dijo que sus prácticas sexuales le habían incomodado siempre.
Eso era algo común. Munumel estaba a punto de cumplir 21, momento en que, de acuerdo a las modificadas políticas de La Familia, ya no estaría sexualmente a salvo de los adultos. "Dos adultos, hombres, me estaban esperando", dijo.
A principios de 1999 le dijeron a Zerby que se dirigían hacia el recinto de La Familia, en México. En lugar de eso, Munumel se marchó al Reino Unido y Rodríguez a Estados Unidos.
Cuando llegaron a San Diego, Rodríguez convenció a Zerby de que le comprara un coche para marcharse a México. En lugar de eso, vendió el coche y usó el dinero para financiar su escape con Munumel.
Ella había ido a Venezuela a ver a su madre. Rodríguez consiguió su primer trabajo de verdad en una lancha pesquera en Alaska.
Cuando se reunieron en Tacoma, Washington, se casaron en la casa de un pastor.
La vida era una lucha. A pesar de sus años de educación en casa, la pareja no sabía nada de chequeras o entrevistas para el trabajo. Cuando se enteraron de qué era un curriculum vitae, no tenían nada que mencionar. Alquilaron el primer apartamento que pudieron pagar. Estaban choqueados, dijo Munumel, cuando se enteraron de que estaba en la peor parte de la ciudad. También les sorprendió encontrar el espacio vacío, ya que habían asumido que estaría amoblado, como eran las casas comunales en las que vivieron ellos.
Rodríguez trató de proteger a Munumel.
"Él era el fuerte de entre nosotros", dijo.
Pero todavía no sabía cómo vivir en el mundo. No sabía cómo hablar sobre su pasado. Cuando lo presionaban, le decía a la gente que sus padres habían sido misioneros.
Buscando Comprensión
Es un problema común, dicen otros criados en La Familia. ¿Cómo explicar nuestra historia a gente de fuera? ¿Dónde empezar?
"Debido al estigma asociado con ser o haber sido miembro, la gente abandona estos grupos y no sabe dónde dirigirse. Hay poca comprensión en sus familias", dijo Janja Lalich, profesor de sociología en la Universidad Estatal de Chico, y co-autor de dos libros sobre cultos. "La gente los considera chiflados".
A menudo miembros de grupos semejantes terminan buscándose unos a otros, que es lo que hizo finalmente Rodríguez. Empezó a escribir mensajes en el hiperespacio de www.movingon.org, un centro de información para antiguos miembros que pasaron su infancia en La Familia.
Pero incluso en esa página, Rodríguez estaba fuera de la masa. No podía evitar ser el famoso Davidito.
En junio de 2002, escribió sobre la presión de ser miembro de la familia real de La Familia: "¡Se daba por sentado que éramos superniños, encargados de ocuparnos de La Familia cuando muriera Berg, y conduciendo el Ejército del Señor del Fin de los Tiempos a través de la Gran Tribulación!"
Los recuerdos le causan agitación.
"¡Rick, tu carta era magnífica! Y tienes todas las credenciales necesarias (por ser el único hijo de Zerby) para algo que la detenga", escribió alguien llamado hombre amarillo'.
"Ricky, me dolió ver por todo lo que pasabas, pero debes saber dónde están o encontrar la manera de denunciarlos. Alguien tiene que parar esto", escribió patijo.
De regreso en Tacoma, Rodríguez empezó a concentrarse justamente en ese plan, dijo Munumel. No sabía dónde estaba su madre; ella se cuidaba muy bien de ocultar su paradero. Pero él estaba determinado a encontrarla.
"Ricky tenía una misión", dijo su esposa.
Él siguió un curso indonesio en artes marciales en las que se utilizan cuchillos. Estaba muy apasionado, dijo su maestro, Kevin Schmitt, que daba lecciones en el estudio de su casa en Puyallup, Washington.
"Recuerdo una conversación que tuve con él: No te quiero enseñar esto si quieres causarle daño a alguien'", dijo Schmitt, 43.
Rodríguez le dijo que no tenía esas intenciones, pero que había pensado en el pasado en matar a los líderes de La Familia.
"Me contó historias sobre haber tenido sexo cuando tenía 7 años", dijo Schmitt. "Se sentía mal por las niñas que habían tenido que hacer eso... Estaba más preocupado de lo que le pasaba a otra gente de lo que le pasaba a él".
Sarah Martin, 31, def San Diego, que dejó a La Familia a los 18, se hizo amiga íntima de Rodríguez después de que los dos intercambiaran mensajes en movingon.org.
También ella se sentía responsable. Era como si no hubiera superado nunca la profecía de que sacaría a su pueblo "de grandes pesares y de la servidumbre".
"Llevaba un enorme peso a sus espaldas", dijo. "A menudo pensaba que este era quizás su propósito, ayudar a miles de otros que habían sido abusados, a poner fin a los abusos de su madre".
Espiando a Smith
El verano pasado, Rodríguez dejó a Munumel en Tacoma y condujo hasta San Diego.
Allá, alojó con Martin y otros ex miembros de La Familia. También encontró trabajo con ex miembros de La Familia. Pero sus rutinas diarias eran una artimaña. Había ido a California a espiar a la Family Care Foundation, una organización de beneficencia con lazos con La Familia. Quería información sobre el paradero de su madre.
Incluso si debía usar la fuerza, encontraría a alguien que se lo dijera. Era persona, decidió pronto, podía ser Angela Smith, que había sido secretaria tanto de Berg como de Zerby. Había sido miembro del directorio de la Family Care Foundation y de Elderhaven, la residencia que llevaban sus abuelos en la ciudad natal de su madre, Tucson. Le dijo a Martin que Smith había sido durante largo tiempo los "ojos y oídos" de su madre.
A principios del otoño, se marchó a Tucson en la suposición de que Smith terminaría apareciéndose por ahí.
En Tucson, encontró trabajo rápidamente con el contratista de trabajos de electricidad Mark Flynn, que con su esposa Denise, trabaron amistad con Rodríguez. Era trabajador, dijo Flynn. "Si yo tuviera diez trabajadores como Ricky, me haría millonario en un mes".
Pero aunque Ricky aceptaba las invitaciones a cenar de su patrón y parecía gustar de la pareja, nunca les confió nada sobre su pasado, diciéndoles solamente que había recorrido el mundo con sus padres misioneros.
También conoció a los parientes de su madre, que sentían su desesperación. Durante el primer mes alojó con la hermana de Zerby, Rosemary Kanspedos, su marido, Tom, y sus hijos. Esos simples contactos parecían emocionarlo, como el día que pasó un rato con su tío y tía, instalándoles un nuevo ventilador en la cocina.
"Levantó la vista y me dijo: Nunca supe que una familia podía ser como esto'", dijo Rosemary Kanspedos.
Cuando Rodríguez no estaba trabajando o con su familia, pasaba el tiempo en un campo de tiro, disparando rondas y siguiendo un curso para sacar un permiso para portar armas. También estaba esperando que Smith se cruzara en su camino.
Hijo de la Revolución de las Flores
Si Smith no hubiera llevado un celular, si su cuaderno de direcciones no hubiese incluido a Mamá, la familia Kauten de Winchester, Virginia, podría haber esperado más tiempo para enterarse de su destino. Entretanto, ella se había cambiado legalmente el nombre. Encontrar a sus primos hermanos no habría sido fácil.
John Kauten Jr., dijo su hermana, Susan Joy Kauten, abandonó su casa a los 18.
"Era como cualquier otro niño de la revolución de las flores. Creo que ella se enganchó con alguien que parecía preocuparse", dijo su hermano.
Pasaron años sin saber nada de ella. Entonces ella empezó a aparecerse esporádicamente. El año pasado, Smith había vuelto a casa a cuidar de su padre agonizante. Le contó historias sobre su trabajo: ayudar a los pobres, enseñar higiene a los niños. Le habló de sus viajes -Italia, España, Portugal, Rusia, Japón, Argentina. También le anunció su decisión: alejarse por un tiempo de La Familia.
Al visitar Elderhaven en Tucson, conoció a un anciano residente y luego conoció a su hijo y se enamoró de él, dijo su hermano. En noviembre, tras la muerte de su padre, se mudaron a un apartamento en Palo Alto, donde ella encontró trabajo en una tienda de la Restoration Hardware.
Kauten dijo que su hermana había sido siempre muy bondadosa. Si alguna vez hizo daño a Rodríguez, lo hizo sin quererlo: "Algo puede haber pasado en algún lugar que quizás fue inapropiado, no sé. Pero si hizo algo como eso, estoy seguro que pensaba que estaba haciendo algo bueno".
Ese sentimiento se hace eco de algo que Rodríguez le contó a Munumel cuando ella lo llamó a su celular para saludar, cuando él cruzaba el desierto tras asesinar a Smith.
Cuando Smith estaba agonizando, le dijo a su esposa, "todavía no entendía qué había hecho de mal".
"Me Quedé Estancado"
La noche antes de matar a Smith y luego suicidarse, Rodríguez filmó en video un mensaje de despedida en el que trata de explicar lo que iba a hacer.Afectó una bravuconadas a lo Rambo, mirando directamente a la cámara, alzando el cuchillo de caza con el que tramaba apuñalar a Smith y la Glock que usaría contra sí mismo. Maldijo constantemente, cargando balas brillantes en el tambor y mostrando un taladro cuyos lados había cubierto con cojines para ahogar el ruido si la usaba para torturarla.
Dijo que se había esforzado por ajustarse al mundo.
"Pero me quedé estancado en esto. Me quedé estancado. Porque tengo esta necesidad", dijo, "de venganza, necesidad de justicia, porque no puedo seguir así".
Varias veces mencionó su plan de matar a Smith como primer paso de su plan mayor de matar a su madre. Pero su lógica parecía haberse enturbiado y, igual de frecuentemente, decía que no era probable que cumpliera su acto de venganza más importante.
A veces, dijo, tenía ganas de cancelar todo el plan y solamente matarse a sí mismo. Dijo que tenía fantasías muy elaboradas sobre esto. Reservaría una habitación elegante en un hotel, "pasaría la noche con una guapa, guapa prostituta", y luego se mataría gentilmente, cortándose las muñecas en una bañera grande.
Pero al final el niño que se suponía que debía liberar a la secta de la "servidumbre" todavía parecía estar buscando una manera de cumplir con la profecía.
Quería hacer algo para su pueblo, dijo, para las otras víctimas como él. "Estoy tratando de hacer algo duradero", dijo, y agregó que esperaba que la gente lo volviera a analizar y comprendiera.
Esperaba que vieran que "bueno, quizás lo que hice no está bien técnicamente, pero traté de hacer algo para ayudar", dijo.
"No me esfumé".
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
El conductor, un joven, tenía una herida de bala en la cabeza. Había una pistola Glock calibre .40 a su lado.
Para el detective que acudió parecía claramente un suicidio.
Entonces en el asiento de pasajeros se oyó sonar un celular.
Era la esposa del muerto.
Dijo que su marido había llamado la noche anterior para decir que iba a matarse.
Dirigió a la policía hacia un apartamento a más de 320 kilómetros de distancia en Tucson, Arizona, donde encontraron el cuerpo de una mujer de edad mediana. Tenía la garganta cortada. Y media docena de puñaladas.
Pronto las autoridades dieron a conocer los datos básicos de la historia: Antes de cruzar el desierto y matarse, Ricky Rodríguez, 29, había matado a Angela Smith, 51. Los dos se conocían. Smith había ayudado a criar a Rodríguez.
Los nombres no dijeron mucho a la mayoría de la gente. Pero la noticia fue catastrófica para la secreta sociedad religiosa a la que ambos pertenecieron.
Durante más de tres décadas, los Niños de Dios, ahora llamados La Familia, habían sido un mundo por sí solos. En ese mundo, Rodríguez era noble.
Era el hijo de los autoproclamados profetas del grupo, que dirigían un ferviente rebaño disperso en comunas en todo el planeta. Cuando tenía 2, lo declararon profeta también a él, anunciando a sus seguidores que el niño algún día los "liberaría de un grandes pesares y de la servidumbre".
No ocurriría.
Adoctrinamiento Infantil
Más de cuatro años antes de su muerte, Rodríguez abandonó los estrechos confines del grupo, aventurándose en el mundo con pocas nociones sobre cómo funcionaba. Casi todo lo que había aprendido de la vida provenía de una sola persona, David Berg, que fundó el grupo y mantenía a sus miembros aislados, adoctrinados en sus ideas.
Nacido en 1919 en Oakland de padres evangelistas, Berg había estado dando brincos antes de descubrir su vocación. Dirigió durante un breve período una iglesia en Arizona, fue maestro y promovió la Iglesia en el Hogar', el programa de radio y televisión de Los Angeles del evangelista Fred Jordan.
Tenía casi 50 cuando llegó a Huntington Beach y empezó a ministrar a los hippies, con la ayuda de sus propios hijos adolescentes.
En 1968 Huntington Beach tenía una abundancia de drogadictos y jóvenes que habían abandonado los estudios, durmiendo en la arena, sin mucho que hacer. No pasó mucho tiempo antes de que la música de guitarra y bocadillos de mantequilla de cacahuete gratuitos los atrajera al Club de la Luz, una cafetería cristiana donde los Berg pusieron negocio como Adolescentes por Cristo.
El Tío Dave', como empezó Berg a llamarse a sí mismo, invitaba a sus seguidores a unirse a su "revolución por Jesús". Berg dijo a sus conversos que se despojaran de sus vidas pasadas, incluyendo sus nombres, y entregar sus capitales a la causa. Ellos advertirían a los que estaban en el sistema' de que se aproximaba el apocalipsis.
Los miembros del grupo se abrieron en abanico en todo el país, reuniéndose en el Capitolio, y en Time Square para lamentar la inminente muerte de Estados Unidos. Vestían túnicas rojas de tela de arpillera, se echaron cenizas en sus frentes y sacudían ominosamente largos bastones de madera.
Mientras más conversos coleccionaba, más extraño se hacía el mensaje de Berg. Asegurando que Dios hablaba con él directamente, se declaró a sí mismo Profeta de Dios del Fin de los Tiempos'. Dios le había ordenado, le dijo, que dejara a su esposa de toda la vida por su novieta, una guapa conversa veinteañera de Tucson. Karen Zerby, explicó Berg, representaba la nueva y pura "iglesia infante".
Haciéndose llamar Moisés -o Mo- por el profeta bíblico, Berg dijo a sus seguidores que él ya no viviría entre ellos. Se enclaustraría a sí mismo y dedicaría su vida a la profecía. Dio a conocer las noticias en una carta de 1970, la que llamó: "¡Tengo que retirarme!" Fue la primera de las casi 3.000 "cartas de Mo" que enviaría por correo a su rebaño en los años siguientes.
La salida de Berg estuvo bien calculada. En 1971, un grupo de padres se había organizado contra los Niños de Dios, a la que llamaban culto'.
Cuando los activistas contra el culto empezaron sus programas de "deprogramación" y lograron cobertura periodística y represiones oficiales, Berg se marchó a Londres y pronto instó a sus seguidores a extender sus "colonias" a Europa.
Y los cambios en el grupo eran más que geográficos. Berg empezó a predicar un nuevo y potencialmente lucrativo evangelio sexual, que estaba demostrando ser una excelente manera de reclutar conversos -y su dinero. Instó a sus seguidoras a emplear una "pesca con coquetería", a seducir a hombres solitarios. Decía que era lo que había hecho Jesús cuando llamó a sus discípulos a ser "pescadores de hombres".
Zerby, que entonces era conocida también como María, fue una de las primeras pescadoras seductoras. En una carta de Mo' de 1974, Berg habló con su rebaño sobre su sermón sobre el nuevo proyecto. "¡Ayúdala, Oh Señor, a atrapar hombres, a ser intrépidas y descaradas, a usar todo lo que tiene, Oh Señor, para captar a hombres para ti..! ¡Oh, Señor, ayúdala, Oh Jesús, ayúdala a estar dispuesta a ser la carnada!"
"Papá... Compartía a Mamá"
Ricky Rodríguez nació en la isla de Tenerife en las Islas Canarias el 25 de enero de 1975. Su madre, la consorte de Berg, Karen Zerby, había quedado embarazada de un camarero de hotel llamado Carlos, al que atrapó con la "pesca con coquetería".
Berg y Zerby llamaron originalmente al bebé David Moses Zerby, como ellos. Pero celebraban abiertamente su origen.
"Su vida era amor, y todo porque Papá amaba a Mamá y compartía a Mamá para amar a otros", dice una actualización sobre el feliz acontecimiento.
¿Y por qué no compartir?
Compartir' el sexo estaba en el centro del ministerio de Berg en esa época. En ningún lugar se practicaba más fervientemente que en casa de Berg. La gente tenía sexo frente a Rodríguez. Las niñeras tenían sexo con sus amigos. Berg tenía sexo con quien se le ocurriera. Todos tuvieron sexo en una orgía que organizó Berg. En esa época, el niño tenía 3 años. Iba de grupo en grupo, viéndolo todo.
Rodríguez -apodado Davidito- fue criado por un grupo de jóvenes miembros, que hicieron de niñera. No solamente se limitaban a cambiarle los pañales. Yacían en cama desnudos con el niño desnudo, acariciándolo e instándolo a que los acariciara.
Su principal niñera, Sara, describió esos actos en informes regulares a los seguidores del grupo, que para entonces eran varios miles, en más de 100 comunas en todo el planeta. Más tarde las actualizaciones fueron reunidas en un libro titulado The Story of Davidito', que, con su cubierta marrón parecida al cuero y el título estampado en letras doradas, parecía a todo el mundo una biblia.
De hecho, se transformó en la biblia del grupo para criar a los niños.
En sus páginas se daban consejos sobre el cuidado de los bebés: "Usar demasiado el jabón no es bueno para la piel" y "Los niños no deben beber nunca leche desnatada".
También había abundantes fotos del guapo niño con grandes ojos castaños y corte de pelo fraile.
En una foto, el bebé yace en una cama con la cara de Sara entre sus piernas. "Es una maravillosa relajación, una satisfacción creada por el Señor", dice la leyenda.
En otra foto, Angela Smith, la mujer a la que mataría 25 años después, está junto al niño y aparentemente le está bajando los pantalones.
"Desnudándose... para Sue", dice la leyenda. Sue era el nombre con el que era conocida Smith en esa época.
Cuando el niño tuvo 2 años, Berg escribió el siguiente pasaje, que fue incluido en la obra de consulta sobre crianza de los hijos:
"Dios quiso que los niños sean capaces de disfrutar del sexo, así que debe haber querido que lo hicieran. Yo lo hice. Toda mi vida. Loado sea Dios. Me gusta. No le hice daño a nadie. En todo caso, casi todos los niños lo hacen, a pesar de las prohibiciones. Y la única razón por la que el sistema frunce el ceño es que en las iglesias les han enseñado que el sexo es malo. Que es contrario a la Biblia. ¿Cómo puede el placer sexual creado por Dios ser un pecado? El sistema está loco. Que Dios nos ayude. Ellos son los anormales".
Suspensión del Escepticismo
Arrojad a una rana en una cacerola de agua hirviendo y se saldrá de un salto. Pero llena la cacerola con agua fría y sube poco a poco el fuego, y la rana se quedará ahí hasta que esté cocinada.
Esta es la analogía usada por una antiguo miembro para explicar por qué los seguidores de Berg aceptaron sus ideas sexuales.
Se unieron al grupo con tanto idealismo, dijo el antiguo miembro, que usa el nombre de James Penn para proteger su identidad. Aceptaron que Berg fuera profeta de Dios. Creían que Jesús hablaba a través de él, actualizando la Biblia para su provecho. Con esa fe, y después de haber cortado los lazos con todo las fuentes externas de escepticismo, siguieron creyendo, incluso cuando el agua empezó a hervir.
Los textos de Berg sobre la pesca de la coquetería se hizo más y más descarada. Pronto las seguidoras recibieron instrucciones explícitas sobre qué hacer exactamente con los desconocidos que enganchaban. Su lenguaje ya no era bíblico. Era simplemente vulgar, incluso blasfemos.
Pero los seguidores de Berg habían aceptado sus palabras como si fueran las escrituras. Los folletos que enviaba eran provistos de títulos, y los párrafos numerados como los versos de la Biblia. Lovemaking 259:70, por ejemplo, refiere al folleto de Berg, Amor revolucionario' y en particular al pasaje: "Pues la Biblia lo dice con todas sus letras: ¡Disfrutad de sus pechos en todo momento!'"
Una de las hijas de Berg de su matrimonio anterior, Linda, que ahora es conocida como Deborah Davis, dijo que su padre estaba obsesionado por el sexo, incluyendo el incesto y pedofilia. Contó que la había molestado cuando era niña, pero cuando llegó a la adultez lo pudo rechazar.
"Él había comenzado el grupo y podía hacer lo que le viniera en gana", dijo Davis, que abandonó el grupo a fines de los años setenta y publicó en 1984 el libro The Children of God: The Inside Story' [Los Niños de Dios: la Visión desde Dentro]. "Nadie le pedía cuentas. Él era el profeta y recibía sus órdenes de Dios".
Fugitivo
Rodríguez creció como fugitivo, con sus padres moviéndose por el planeta justo antes que las autoridades. Los miembros del grupo cambiaban sus nombres frecuentemente -incluyendo al joven Davidito, cuyo nombre fue cambiado en el camino a Ricky Rodríguez.
Las frecuentes mudanzas, dicen los que le conocieron, fueron muy difíciles para el niño. Creció dolorosamente tímido y lerdo, especialmente en presencia de otros miembros del grupo, que lo veían como a una superestrella y sabían todo sobre él, incluso detalles personales que él consideraba humillantes.
De niño, Rodríguez observaría a Berg haciendo el amor con diferentes jóvenes, que estaban en el programa de compartir' para satisfacer las necesidades del profeta. Como parte de su "adiestramiento de adolescentes", a Rodríguez le asignaban todas las noches a una chica adolescente mayor diferente para que tuviera sexo. Se dio cuenta de que eso hacía que algunas niñas se sintieran incómodas, y le molestaba, escribió más tarde. Eso era sexo por decreto, no por elección.
Poco a poco Rodríguez empezó a cuestionarse la vida que llevaban sus padres. Sabía que eran idolatrados. Le habían enseñado a adorarlos. Pero también sabía cómo vivían. Berg se emborrachaba a menudo, y era errático y posesivo. Los que se negaban a obedecer sus órdenes eran castigados expeditamente. Los niños eran golpeados y a veces enviados a duras sesiones de adiestramiento. Para cuando Rodríguez alcanzó la adolescencia, consideró a menudo la idea de suicidarse.
Cambiando las Ideas Sexuales
Hacia mediados de los años ochenta, las enfermedades transmitidas sexualmente se habían transformado en un serio problema dentro del grupo. También la publicidad negativa, especialmente sobre la actitud de La Familia sobre los niños y el sexo.
Para entonces Berg no marchaba bien, y su papel de liderazgo estaba decayendo. Zerby estaba empezando a ocupar su lugar y había comenzado al menos públicamente a cambiar algunas de las ideas del grupo sobre el sexo.
En 1986 la dirigencia impuso oficialmente la prohibición del sexo entre niños y adultos. En 1987, puso fin a la práctica de la pesca con coquetería, prohibiendo el sexo con desconocidos.
Al mismo tiempo, el grupo empezó a purgar su literatura, destruyendo los videos con temas sexuales -incluyendo algunos en que niñas pre-escolares bailaban desnudas en homenaje a Berg- y cortando partes de libros y folletos. Los ejemplares de La historia de Davidito' perdió de repente todas las referencias sobre el sexo.
Pero los intentos de limpieza llegaron demasiado tarde para que el grupo evitara las consecuencias legales. A principios de los años noventa, las autoridades en España, Argentina, Francia y Australia organizaron redadas contra las comunas de La Familia, rescatando a cientos de niños y, en algunos casos, arrestando a los adultos. Las redadas fueron inesperadas y espantosas, especialmente para los niños que habían sido criados pensando en el mundo exterior como algo malo y tenebroso. Al final, en parte debido a las tácticas de las autoridades y en parte porque La Familia había cambiado algunas de sus prácticas más escandalosas, todos los niños del grupo volvieron a sus casas y se recusaron todos los cargos.
Un tribunal británico resultó ser más problemático. En 1992, una mujer pidió a las autoridades británicas que le retiraran su nieto recién nacido a su hija, que era miembro de La Familia. El juez Alan Ward empezó una investigación.
En 1995 resolvió que el bebe debía seguir con su madre, observando que creía que La Familia había cambiado sus costumbres en los últimos años. Pero la mayor parte de su resolución de 300 páginas tiene por objetivo describir la conducta pasada del grupo.
"Estoy convencido de que hubo un extendido abuso sexual de niños y adolescentes por miembros adultos de La Familia", escribió Ward.
Ward responsabilizó en gran parte a Berg, que había muerto el año anterior, a los 75. Dijo que La Familia debía denunciar a su profeta fundador.
Claire Borowik, la actual portavoz de La Familia, dijo que el grupo se había apartado de algunas de las enseñanzas de Berg hace tiempo. Pero no denunciará al fundador, que hasta el día de hoy los miembros del grupo aceptan como el Profeta de Dios de los Últimos Días'.
"Renunciamos a ciertas partes de sus escritos que no deberían haber sido escritas", dijo sobre Berg.
En 1994, dijo, la dirigencia de La Familia había pedido disculpas a los niños que habían sufrido años. El grupo les ofreció una posibilidad de "salir adelante y hablar con sus padres, buscar ayuda". La Familia ofreció los servicios de un psicólogo, pero nadie lo consultó, dijo.
"Tratamos este asunto a principios de los años noventa", dijo. "No es un tema nuevo y nadie se ha hecho responsable nunca".
Amor en Budapest
Tomó a Rodríguez un largo tiempo encontrar el modo de dejar a La Familia. Le tomó amor, que llegó a él en una residencia gestionada por La Familia en Budapest. Rodríguez se mudó allá hace nueve años, para distanciarse un poco de Zerby. Al principio fue tratado como siempre. La gente armó un lío.
"Era el ídolo, la imagen de lo que todo el mundo quería ser. Era nuestra visión de una celebridad de Hollywood", dijo Elixcia Munumel, que vivió en la residencia de Budapest.
Pronto se dio cuenta de que a él no le gustaba ese tipo de atención.
Él trabajaba como manitas, dijo. Ella trabajaba en la cocina y lo miraba silenciosamente.
"Yo soy una persona muy, muy tímida, y él también era muy tímido", recordó. Un día, reunió la fuerza necesaria para decirle que el almuerzo estaba listo.
Una noche poco después, la mayoría de los otros habían salido para un baile organizado por La Familia. Rodríguez y Munumel, que se habían quedado en casa, empezaron a hablar. Él la invitó a su cuarto. Le enseñó a jugar a las cartas. Hablaron toda la noche, dijo. Al día siguiente, él le dejó una rosa en su almohada.
Mientras más se acercaban, más se abría Rodríguez. Le dijo que había estado estudiando la Biblia en secreto para ver que significaba realmente, aunque su madre quería que leyera sólo las interpretaciones de Berg.
"Dijo que era una contradicción de lo que habíamos aprendido", dijo Munumel.
La pareja se mudó con Zerby a su casa en Oporto, Portugal, donde comenzaron a hacer planes para retirarse.
Rodríguez confesó a Munumel su creciente menosprecio por el grupo y dijo que sus prácticas sexuales le habían incomodado siempre.
Eso era algo común. Munumel estaba a punto de cumplir 21, momento en que, de acuerdo a las modificadas políticas de La Familia, ya no estaría sexualmente a salvo de los adultos. "Dos adultos, hombres, me estaban esperando", dijo.
A principios de 1999 le dijeron a Zerby que se dirigían hacia el recinto de La Familia, en México. En lugar de eso, Munumel se marchó al Reino Unido y Rodríguez a Estados Unidos.
Cuando llegaron a San Diego, Rodríguez convenció a Zerby de que le comprara un coche para marcharse a México. En lugar de eso, vendió el coche y usó el dinero para financiar su escape con Munumel.
Ella había ido a Venezuela a ver a su madre. Rodríguez consiguió su primer trabajo de verdad en una lancha pesquera en Alaska.
Cuando se reunieron en Tacoma, Washington, se casaron en la casa de un pastor.
La vida era una lucha. A pesar de sus años de educación en casa, la pareja no sabía nada de chequeras o entrevistas para el trabajo. Cuando se enteraron de qué era un curriculum vitae, no tenían nada que mencionar. Alquilaron el primer apartamento que pudieron pagar. Estaban choqueados, dijo Munumel, cuando se enteraron de que estaba en la peor parte de la ciudad. También les sorprendió encontrar el espacio vacío, ya que habían asumido que estaría amoblado, como eran las casas comunales en las que vivieron ellos.
Rodríguez trató de proteger a Munumel.
"Él era el fuerte de entre nosotros", dijo.
Pero todavía no sabía cómo vivir en el mundo. No sabía cómo hablar sobre su pasado. Cuando lo presionaban, le decía a la gente que sus padres habían sido misioneros.
Buscando Comprensión
Es un problema común, dicen otros criados en La Familia. ¿Cómo explicar nuestra historia a gente de fuera? ¿Dónde empezar?
"Debido al estigma asociado con ser o haber sido miembro, la gente abandona estos grupos y no sabe dónde dirigirse. Hay poca comprensión en sus familias", dijo Janja Lalich, profesor de sociología en la Universidad Estatal de Chico, y co-autor de dos libros sobre cultos. "La gente los considera chiflados".
A menudo miembros de grupos semejantes terminan buscándose unos a otros, que es lo que hizo finalmente Rodríguez. Empezó a escribir mensajes en el hiperespacio de www.movingon.org, un centro de información para antiguos miembros que pasaron su infancia en La Familia.
Pero incluso en esa página, Rodríguez estaba fuera de la masa. No podía evitar ser el famoso Davidito.
En junio de 2002, escribió sobre la presión de ser miembro de la familia real de La Familia: "¡Se daba por sentado que éramos superniños, encargados de ocuparnos de La Familia cuando muriera Berg, y conduciendo el Ejército del Señor del Fin de los Tiempos a través de la Gran Tribulación!"
Los recuerdos le causan agitación.
"¡Rick, tu carta era magnífica! Y tienes todas las credenciales necesarias (por ser el único hijo de Zerby) para algo que la detenga", escribió alguien llamado hombre amarillo'.
"Ricky, me dolió ver por todo lo que pasabas, pero debes saber dónde están o encontrar la manera de denunciarlos. Alguien tiene que parar esto", escribió patijo.
De regreso en Tacoma, Rodríguez empezó a concentrarse justamente en ese plan, dijo Munumel. No sabía dónde estaba su madre; ella se cuidaba muy bien de ocultar su paradero. Pero él estaba determinado a encontrarla.
"Ricky tenía una misión", dijo su esposa.
Él siguió un curso indonesio en artes marciales en las que se utilizan cuchillos. Estaba muy apasionado, dijo su maestro, Kevin Schmitt, que daba lecciones en el estudio de su casa en Puyallup, Washington.
"Recuerdo una conversación que tuve con él: No te quiero enseñar esto si quieres causarle daño a alguien'", dijo Schmitt, 43.
Rodríguez le dijo que no tenía esas intenciones, pero que había pensado en el pasado en matar a los líderes de La Familia.
"Me contó historias sobre haber tenido sexo cuando tenía 7 años", dijo Schmitt. "Se sentía mal por las niñas que habían tenido que hacer eso... Estaba más preocupado de lo que le pasaba a otra gente de lo que le pasaba a él".
Sarah Martin, 31, def San Diego, que dejó a La Familia a los 18, se hizo amiga íntima de Rodríguez después de que los dos intercambiaran mensajes en movingon.org.
También ella se sentía responsable. Era como si no hubiera superado nunca la profecía de que sacaría a su pueblo "de grandes pesares y de la servidumbre".
"Llevaba un enorme peso a sus espaldas", dijo. "A menudo pensaba que este era quizás su propósito, ayudar a miles de otros que habían sido abusados, a poner fin a los abusos de su madre".
Espiando a Smith
El verano pasado, Rodríguez dejó a Munumel en Tacoma y condujo hasta San Diego.
Allá, alojó con Martin y otros ex miembros de La Familia. También encontró trabajo con ex miembros de La Familia. Pero sus rutinas diarias eran una artimaña. Había ido a California a espiar a la Family Care Foundation, una organización de beneficencia con lazos con La Familia. Quería información sobre el paradero de su madre.
Incluso si debía usar la fuerza, encontraría a alguien que se lo dijera. Era persona, decidió pronto, podía ser Angela Smith, que había sido secretaria tanto de Berg como de Zerby. Había sido miembro del directorio de la Family Care Foundation y de Elderhaven, la residencia que llevaban sus abuelos en la ciudad natal de su madre, Tucson. Le dijo a Martin que Smith había sido durante largo tiempo los "ojos y oídos" de su madre.
A principios del otoño, se marchó a Tucson en la suposición de que Smith terminaría apareciéndose por ahí.
En Tucson, encontró trabajo rápidamente con el contratista de trabajos de electricidad Mark Flynn, que con su esposa Denise, trabaron amistad con Rodríguez. Era trabajador, dijo Flynn. "Si yo tuviera diez trabajadores como Ricky, me haría millonario en un mes".
Pero aunque Ricky aceptaba las invitaciones a cenar de su patrón y parecía gustar de la pareja, nunca les confió nada sobre su pasado, diciéndoles solamente que había recorrido el mundo con sus padres misioneros.
También conoció a los parientes de su madre, que sentían su desesperación. Durante el primer mes alojó con la hermana de Zerby, Rosemary Kanspedos, su marido, Tom, y sus hijos. Esos simples contactos parecían emocionarlo, como el día que pasó un rato con su tío y tía, instalándoles un nuevo ventilador en la cocina.
"Levantó la vista y me dijo: Nunca supe que una familia podía ser como esto'", dijo Rosemary Kanspedos.
Cuando Rodríguez no estaba trabajando o con su familia, pasaba el tiempo en un campo de tiro, disparando rondas y siguiendo un curso para sacar un permiso para portar armas. También estaba esperando que Smith se cruzara en su camino.
Hijo de la Revolución de las Flores
Si Smith no hubiera llevado un celular, si su cuaderno de direcciones no hubiese incluido a Mamá, la familia Kauten de Winchester, Virginia, podría haber esperado más tiempo para enterarse de su destino. Entretanto, ella se había cambiado legalmente el nombre. Encontrar a sus primos hermanos no habría sido fácil.
John Kauten Jr., dijo su hermana, Susan Joy Kauten, abandonó su casa a los 18.
"Era como cualquier otro niño de la revolución de las flores. Creo que ella se enganchó con alguien que parecía preocuparse", dijo su hermano.
Pasaron años sin saber nada de ella. Entonces ella empezó a aparecerse esporádicamente. El año pasado, Smith había vuelto a casa a cuidar de su padre agonizante. Le contó historias sobre su trabajo: ayudar a los pobres, enseñar higiene a los niños. Le habló de sus viajes -Italia, España, Portugal, Rusia, Japón, Argentina. También le anunció su decisión: alejarse por un tiempo de La Familia.
Al visitar Elderhaven en Tucson, conoció a un anciano residente y luego conoció a su hijo y se enamoró de él, dijo su hermano. En noviembre, tras la muerte de su padre, se mudaron a un apartamento en Palo Alto, donde ella encontró trabajo en una tienda de la Restoration Hardware.
Kauten dijo que su hermana había sido siempre muy bondadosa. Si alguna vez hizo daño a Rodríguez, lo hizo sin quererlo: "Algo puede haber pasado en algún lugar que quizás fue inapropiado, no sé. Pero si hizo algo como eso, estoy seguro que pensaba que estaba haciendo algo bueno".
Ese sentimiento se hace eco de algo que Rodríguez le contó a Munumel cuando ella lo llamó a su celular para saludar, cuando él cruzaba el desierto tras asesinar a Smith.
Cuando Smith estaba agonizando, le dijo a su esposa, "todavía no entendía qué había hecho de mal".
"Me Quedé Estancado"
La noche antes de matar a Smith y luego suicidarse, Rodríguez filmó en video un mensaje de despedida en el que trata de explicar lo que iba a hacer.Afectó una bravuconadas a lo Rambo, mirando directamente a la cámara, alzando el cuchillo de caza con el que tramaba apuñalar a Smith y la Glock que usaría contra sí mismo. Maldijo constantemente, cargando balas brillantes en el tambor y mostrando un taladro cuyos lados había cubierto con cojines para ahogar el ruido si la usaba para torturarla.
Dijo que se había esforzado por ajustarse al mundo.
"Pero me quedé estancado en esto. Me quedé estancado. Porque tengo esta necesidad", dijo, "de venganza, necesidad de justicia, porque no puedo seguir así".
Varias veces mencionó su plan de matar a Smith como primer paso de su plan mayor de matar a su madre. Pero su lógica parecía haberse enturbiado y, igual de frecuentemente, decía que no era probable que cumpliera su acto de venganza más importante.
A veces, dijo, tenía ganas de cancelar todo el plan y solamente matarse a sí mismo. Dijo que tenía fantasías muy elaboradas sobre esto. Reservaría una habitación elegante en un hotel, "pasaría la noche con una guapa, guapa prostituta", y luego se mataría gentilmente, cortándose las muñecas en una bañera grande.
Pero al final el niño que se suponía que debía liberar a la secta de la "servidumbre" todavía parecía estar buscando una manera de cumplir con la profecía.
Quería hacer algo para su pueblo, dijo, para las otras víctimas como él. "Estoy tratando de hacer algo duradero", dijo, y agregó que esperaba que la gente lo volviera a analizar y comprendiera.
Esperaba que vieran que "bueno, quizás lo que hice no está bien técnicamente, pero traté de hacer algo para ayudar", dijo.
"No me esfumé".
15 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
la mujer detrás de playboy
[Amy Wallace] Durante cuarenta años, Marilyn Grabowski ha definido qué es sexy para las páginas de Playboy.
Marilyn Grabowski, editora de fotografía, está en un brillante estudio en Santa Mónica, tomando las medidas de Miss Septiembre.
La joven mujer, una delgada pelirroja, está balanceándose sobre una angosta silla, apenas cubierta con una crinolina chartreuse, medias negras y zapatos de taco stiletto verde lima. Grabowski lleva leggings, botas de esquimal Ugg y una ajustada chaqueta deportiva Armani, todo negro, y cuando pasa por encima de un lío de cables eléctricos que alimentan de energía 10 enormes focos (cada uno tan estrechamente ajustada que el equipo se refiere a ellos como "la bombilla del trasero", "la bombilla de la cara" y "la bombilla de los muslos"), se ve ágil y alerta, como una juez en un torneo de perros.
La pantorrilla de la modelo del poster está demasiado baja, observa Grabowski, inspirando a un ayudante a apuntalarla con un saco de arena.
"¡Abre esos ojos!", ordena Grabowsky alegremente, y Miss Septiembre obedece. Sin embargo, falta algo.
"Algunas chicas tienen una viveza natural. Con otras, no sabes qué va a pasar", explica Grabowski, mandando a un estilista de vestuario a una cocina cercana. El estilista vuelve con dos heladas latas de Coca-Cola, que la Playmate aprieta obedientemente contra su pecho, creando una reacción instantánea.
"Ah, eso está mucho mejor", dice Grabowski, volviéndose hacia el fotógrafo. "Anda. Tómala".
En mayo pasado, Grabowski, que sólo dice que tiene "más de 60", celebró su 40 aniversario en Playboy, que él mismo recién llegó a los 50. Eso significa que ella, como cualquier otra mujer, ha ayudado a definir lo que generaciones de americanos verán como sexi.
Con los años, Grabowski ha convencido a estrellas de cine como Sharon Stone y Kim Basinger a posar para la revista -y al hacer así telegrafiar su opinión de que en la escala de Eros, lo clásico definitivamente triunfa sobre lo ordinario. Ha celebrado la musculatura, acentuando los rasgos de Amazona de atletas como Gabrielle Reece. Mirar el torso de Reece -bronceado, como un trofeo- es entender por qué lo fuerte es sexi.
Sin embargo, Grabowki no es una snob. Fue ella quien primero descubrió a Pamela Anderson y presionó a Hugh Hefner, el empijamado fundador de Playboy, para que la colocara en la portada. "Le dije: Pam, puedes ser una gran celebridad. Todo lo que tienes que hacer es hacerlo'", recuerda. "Los hombres han mantenido a Pam oprimida durante un largo tiempo".
Hefner dice que él se dio cuenta hace años atrás que Mo', como él la llama, era su arma secreta. "Cuando empecé Playboy, yo estaba más interesado en la conexión romántica entre los sexos que entre amigotes en un vestuario", dice Hefner, explicando que aun cuando los "libros para damas" como Maxim, Stuff y FHM traten de birlarle a sus lectores más jóvenes, Grabowski colocó a Playboy en otro nivel. En manos de un hombre, lo sexi sería una fórmula más descarada. Grabowski llevó sentido del humor -incluso un poco de malicia. "La participación de la mujer es clave", dice Hefner. "Si no tienes eso en mente, vas a pasar un buen rato en el vestuario. Solo".
El papel de Grabowski como árbitro de lo que es sexi es incluso más notable si se considera la incómoda relación que tiene con su propia apariencia. Gracias a un descuidado cirujano plástico, dice, una operación para corregir una lesión facial casi la deja sin nariz. Cuarenta operaciones e injertos de piel después, Grabowski se ve ahora asombrosamente parecida a Joni Mitchell, pero cuando apunta a la mitad de su cara, y dice: "No es una nariz perfecta, pero es una nariz", es fácil ver qué quiere decir.
Grabowski cree que su timidez la hace trabajar mejor. "El lado positivo es que yo me identifico con estas chicas", dice, y no solamente con las muchas que se han sometido a cirugía plástica ellas mismas. Algunas tratan de llegar a ser Playmate una y otra vez cuando no lo logran a la primera. "Esto es Miss América para un montón de chicas", dice Grabowski. "Las entiendo. Ellas saben que estoy a cargo y saben que soy la jefa, pero también saben que yo me identifico con ellas".
Además, Grabowski sabe lo que es el negocio al otro lado de la cámara. Con los años, muchos fotógrafos han insistido en hacer su retrato. El difunto Helmut Newton, un amigo íntimo, incluso la incluyó en uno de sus libros, junto a una foto de Sofía Loren.
No todo lo que Grabo cree que es sexy aparece en Playboy. Le gustaría, por ejemplo, fotografiar a una Playmate saliendo de los servicios para hombres y zambulléndose en una piscina completamente vestida. Pero eso no le gusta a Hef. "A él le gusta la chica elegante fundamental", dice. "A Hef le gustan las copas de coñac. A veces le digo: Bueno, es tu revista'. Y él me dice: Así es'".
Hefner prefiere las fotografías con tramas fáciles de leer. En un número reciente, por ejemplo, aparecía una mujer repantigada sobre lo que parecía ser un escritorio, con una corbata sobre sus hombros, y con una libreta de citas abierta en una página que dice, con una femenina y rizada letra manuscrita: "¡Cócteles de oficina!" Menos exitosa fue otra toma de una mujer posando frente a lo que parecía ser la puerta de su casa, en la noche, con una pila de cartas y postales desparramadas a sus pies.
"La idea era que volvía a casa después de una fiesta y se paró a leer el correo", dice Grabowski, haciendo una mueca. "Incluso contándolo suena flojo". La modelo fue reposicionada en un lugar donde la historia es más fácil de seguir: un tocador.
Durante sus primeros años en Playboy (recuerda la época de antes del advenimiento de la radical raya del bikini -una moda que encuentra fea e insiste en que Playboy no la comenzó)-, no se atrevió a decirle a su católica madre dónde trabajaba. Finalmente le envió una subscripción -después de trabajar allí ya veinte años. Ahora que ha cumplido sus segundos 20 años, dice, "amenazo con jubilarme todas las semanas". Pero no es lo que quiere. El equipo de Playboy es su familia.
"Nunca me casé, nunca tuve hijos", dice, hojeando una pila de fotografías de ella con George Plimpton, George Hamilton, Jacqueline Bisset, Dudley Moore y Steve Martin. Ríe. "Estas son fotos muy antiguas. ¡Aquí hay una foto que en aparezco con vaqueros planchados!"
Hace dos años, cuando los gerentes de Playboy propusieron cerrar el estudio de Santa Mónica donde trabaja Grabowski, pensó que todo había terminado. "Le dije: Hef, me voy el Día de Acción de Gracias. Te adoro, pero me voy'", recuerda Graboswki, que vive a menos de un kilómetro de la oficina y empieza cada día con una caminata de dos horas en la Mansión Playboy. Su respuesta: "No termina hasta que no termina". El estudio sigue abierto.
Arny Fraytag, un fotógrafo de Playboy se reunió hace poco con ella para hablar sobre dónde fotografiar a una rubia de la Universidad de Houston que era una candidata a poster.
"¿Qué te parece la ducha?", preguntó Freytag.
"No creo que se vea bien con el pelo mojado", replicó Grabowski. "Me gustaría hacerlas en el hipódromo, con un caballo corriendo de un lado a otro detrás de ella".
"¿Qué te parece un Ferrari?", propuso Freytag.
Grabowski sacudió su cabeza, mirando las pruebas. "Se ve como el tipo de chica que juega muy mal al tenis, pero a nadie le importa".
14 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
La joven mujer, una delgada pelirroja, está balanceándose sobre una angosta silla, apenas cubierta con una crinolina chartreuse, medias negras y zapatos de taco stiletto verde lima. Grabowski lleva leggings, botas de esquimal Ugg y una ajustada chaqueta deportiva Armani, todo negro, y cuando pasa por encima de un lío de cables eléctricos que alimentan de energía 10 enormes focos (cada uno tan estrechamente ajustada que el equipo se refiere a ellos como "la bombilla del trasero", "la bombilla de la cara" y "la bombilla de los muslos"), se ve ágil y alerta, como una juez en un torneo de perros.
La pantorrilla de la modelo del poster está demasiado baja, observa Grabowski, inspirando a un ayudante a apuntalarla con un saco de arena.
"¡Abre esos ojos!", ordena Grabowsky alegremente, y Miss Septiembre obedece. Sin embargo, falta algo.
"Algunas chicas tienen una viveza natural. Con otras, no sabes qué va a pasar", explica Grabowski, mandando a un estilista de vestuario a una cocina cercana. El estilista vuelve con dos heladas latas de Coca-Cola, que la Playmate aprieta obedientemente contra su pecho, creando una reacción instantánea.
"Ah, eso está mucho mejor", dice Grabowski, volviéndose hacia el fotógrafo. "Anda. Tómala".
En mayo pasado, Grabowski, que sólo dice que tiene "más de 60", celebró su 40 aniversario en Playboy, que él mismo recién llegó a los 50. Eso significa que ella, como cualquier otra mujer, ha ayudado a definir lo que generaciones de americanos verán como sexi.
Con los años, Grabowski ha convencido a estrellas de cine como Sharon Stone y Kim Basinger a posar para la revista -y al hacer así telegrafiar su opinión de que en la escala de Eros, lo clásico definitivamente triunfa sobre lo ordinario. Ha celebrado la musculatura, acentuando los rasgos de Amazona de atletas como Gabrielle Reece. Mirar el torso de Reece -bronceado, como un trofeo- es entender por qué lo fuerte es sexi.
Sin embargo, Grabowki no es una snob. Fue ella quien primero descubrió a Pamela Anderson y presionó a Hugh Hefner, el empijamado fundador de Playboy, para que la colocara en la portada. "Le dije: Pam, puedes ser una gran celebridad. Todo lo que tienes que hacer es hacerlo'", recuerda. "Los hombres han mantenido a Pam oprimida durante un largo tiempo".
Hefner dice que él se dio cuenta hace años atrás que Mo', como él la llama, era su arma secreta. "Cuando empecé Playboy, yo estaba más interesado en la conexión romántica entre los sexos que entre amigotes en un vestuario", dice Hefner, explicando que aun cuando los "libros para damas" como Maxim, Stuff y FHM traten de birlarle a sus lectores más jóvenes, Grabowski colocó a Playboy en otro nivel. En manos de un hombre, lo sexi sería una fórmula más descarada. Grabowski llevó sentido del humor -incluso un poco de malicia. "La participación de la mujer es clave", dice Hefner. "Si no tienes eso en mente, vas a pasar un buen rato en el vestuario. Solo".
El papel de Grabowski como árbitro de lo que es sexi es incluso más notable si se considera la incómoda relación que tiene con su propia apariencia. Gracias a un descuidado cirujano plástico, dice, una operación para corregir una lesión facial casi la deja sin nariz. Cuarenta operaciones e injertos de piel después, Grabowski se ve ahora asombrosamente parecida a Joni Mitchell, pero cuando apunta a la mitad de su cara, y dice: "No es una nariz perfecta, pero es una nariz", es fácil ver qué quiere decir.
Grabowski cree que su timidez la hace trabajar mejor. "El lado positivo es que yo me identifico con estas chicas", dice, y no solamente con las muchas que se han sometido a cirugía plástica ellas mismas. Algunas tratan de llegar a ser Playmate una y otra vez cuando no lo logran a la primera. "Esto es Miss América para un montón de chicas", dice Grabowski. "Las entiendo. Ellas saben que estoy a cargo y saben que soy la jefa, pero también saben que yo me identifico con ellas".
Además, Grabowski sabe lo que es el negocio al otro lado de la cámara. Con los años, muchos fotógrafos han insistido en hacer su retrato. El difunto Helmut Newton, un amigo íntimo, incluso la incluyó en uno de sus libros, junto a una foto de Sofía Loren.
No todo lo que Grabo cree que es sexy aparece en Playboy. Le gustaría, por ejemplo, fotografiar a una Playmate saliendo de los servicios para hombres y zambulléndose en una piscina completamente vestida. Pero eso no le gusta a Hef. "A él le gusta la chica elegante fundamental", dice. "A Hef le gustan las copas de coñac. A veces le digo: Bueno, es tu revista'. Y él me dice: Así es'".
Hefner prefiere las fotografías con tramas fáciles de leer. En un número reciente, por ejemplo, aparecía una mujer repantigada sobre lo que parecía ser un escritorio, con una corbata sobre sus hombros, y con una libreta de citas abierta en una página que dice, con una femenina y rizada letra manuscrita: "¡Cócteles de oficina!" Menos exitosa fue otra toma de una mujer posando frente a lo que parecía ser la puerta de su casa, en la noche, con una pila de cartas y postales desparramadas a sus pies.
"La idea era que volvía a casa después de una fiesta y se paró a leer el correo", dice Grabowski, haciendo una mueca. "Incluso contándolo suena flojo". La modelo fue reposicionada en un lugar donde la historia es más fácil de seguir: un tocador.
Durante sus primeros años en Playboy (recuerda la época de antes del advenimiento de la radical raya del bikini -una moda que encuentra fea e insiste en que Playboy no la comenzó)-, no se atrevió a decirle a su católica madre dónde trabajaba. Finalmente le envió una subscripción -después de trabajar allí ya veinte años. Ahora que ha cumplido sus segundos 20 años, dice, "amenazo con jubilarme todas las semanas". Pero no es lo que quiere. El equipo de Playboy es su familia.
"Nunca me casé, nunca tuve hijos", dice, hojeando una pila de fotografías de ella con George Plimpton, George Hamilton, Jacqueline Bisset, Dudley Moore y Steve Martin. Ríe. "Estas son fotos muy antiguas. ¡Aquí hay una foto que en aparezco con vaqueros planchados!"
Hace dos años, cuando los gerentes de Playboy propusieron cerrar el estudio de Santa Mónica donde trabaja Grabowski, pensó que todo había terminado. "Le dije: Hef, me voy el Día de Acción de Gracias. Te adoro, pero me voy'", recuerda Graboswki, que vive a menos de un kilómetro de la oficina y empieza cada día con una caminata de dos horas en la Mansión Playboy. Su respuesta: "No termina hasta que no termina". El estudio sigue abierto.
Arny Fraytag, un fotógrafo de Playboy se reunió hace poco con ella para hablar sobre dónde fotografiar a una rubia de la Universidad de Houston que era una candidata a poster.
"¿Qué te parece la ducha?", preguntó Freytag.
"No creo que se vea bien con el pelo mojado", replicó Grabowski. "Me gustaría hacerlas en el hipódromo, con un caballo corriendo de un lado a otro detrás de ella".
"¿Qué te parece un Ferrari?", propuso Freytag.
Grabowski sacudió su cabeza, mirando las pruebas. "Se ve como el tipo de chica que juega muy mal al tenis, pero a nadie le importa".
14 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
otra vida a cambio de una receta
[Ginia Bellafante] Algunos reclusos pueden aprender a cocinar para tener una segunda oportunidad en la sociedad.
En 1991 Corey Ford, ahora un alegre hombre de 34 de aspecto de enorme panda, llegó a la Penitenciaría de Downstate en Fishkill, Nueva York, para pasar ahí 14 meses por cargos de tráfico de drogas y posesión de armas de fuego. Doce años más tarde las circunstancias lo enviaron brevemente a la Isla de Ricker, dejando a su esposa, temía, con renovados motivos para re-evaluar su compromiso.
Para su sorpresa, la esposa de Ford siguió con él, y si no hubiera sido por su dedicación y toda la gratitud que engendró, el destino habría encontrado pocos motivos para ponerlo frente de los ingredientes para hacer una pasta de aglio e olio.
"Cada vez que tengo problemas, está ella ahí, y me emociona, me emociona todos los días", dijo Ford sobre la mujer con la que ha estado casado durante 15 años. "Es trabajadora, está casi siempre cansada", dijo, "y todo lo que hago yo es sacar la carne del congelador".
Su ambición de llevar más a su cocina que un asado derretido no le otorgará de inmediato la paridad marital, pero de momento lo ha llevado al Curso de Cocina Práctica y Nutrición de la Señorita Betty. El curso de ocho semanas para jóvenes padres que han estado en prisión es ofrecido por la Fortune Society, un grupo de derechos civiles de Chelsea que trata de rehabilitar a ex convictos y condenados a penas de prisión.
La Señorita Betty es Betty Wilson, una mujer de 62 años que no tiene antecedentes penales. Antigua operadora de cámaras de televisión y peluquera de moda, Wilson es una cocinera de casa que divide su tiempo entre el Upper West Side y Washington, donde trabaja su marido para la Rand Corporation.
Fundada hace 38 años, la Fortune Society ha durante largo tiempo ofrecido cursos en educación de párvulos, control de la agresividad y salud, entre otros. "Cuando me enteré de lo de las clases de cocina", dijo María Pérez, consultante de la organización, "pensé: ¿Así que ahora van a aprender a cocinar, eh? ¿Para qué sirve?'"
"Pero construye la estima propia. La mayoría de estos tíos viven en la ciudad, han crecido con Kool-Aid y una bolsa de chips. Esto les está dando estructura. Han llegado a un punto en qué realmente están logrando algo".
"Tú pensarías que una mujer blanca se integraría, pero la dinámica es pasmosa. "Señorita Betty", esto, "Señorita Betty", lo otro... Están aprendiendo maneras. Realmente son cosas que se pueden cambiar".
Wilson organiza el curso en torno a la preparación de un gran almuerzo. Sureña de nacimiento, favorece la enunciación formal, y da sus instrucciones -para rallar el queso o lavar la lechuga- como si estuviera supervisando una producción de escuela secundaria de Our Town' [Nuestra Ciudad]. Antes de que se sirva la comida, exige que sus estudiantes se saquen los gorros, sacando algunos ella misma. "¿Te conté lo que era sentarse a la mesa de la abuela los domingos?"
El jueves pasado, el primer día de Ford en clases, le tocó picar el perejil para el aglio e olio, el primer plato de un menú que incluía un bisté de flanco asado a la plancha, alcachofas asadas y torta de vainilla. Ford, cuya voz retumba como si un juguete a motor estuviera zumbando en su garganta, movió el cuchillo de cocinero como un abanico -como se exige- sobre un montículo de hierbas, dejando ver que él no había cocinado nunca antes otra cosa que huevos y hamburguesas.
Ford, que tiene cuatro hijos entre las edades de 6 a 19, dijo que en 1998 él abrió una floristería en la Avenida de Utica en Brooklyn y tuvo problemas con los traficantes de drogas que se apostaban fuera. "Les mostré una pistola, les hice saber que no lo toleraría", dijo. "Ellos dijeron que ellos habían llegado primero, pero igual yo no los iba a tolerar. Mis hijos estaban ahí siempre y eso no lo iba a tolerar". Después de siete meses, Ford, derrotado, decidió cerrar la tienda y finalmente, dijo, volvió a vender drogas. "Estaba tratando de llegar a fin de mes, pagar algunas cuentas, hacer algo por mis hijos", dijo. Ford fue dejado en libertad bajo fianza más tarde el año pasado después de cumplir una sentencia de 32 días por otro cargo relacionado con las drogas.
De momento, Ford había picado una torre de perejil y Wilson le dijo que lo había hecho bien.
"Espera, no me salió bonito", dijo. "Gracias por pararme. Estaba perdiendo el control, piqué demasiado".
"No, no, el perejil no está nunca demás", le aseguró Wilson.
"Ya veremos, pero eso es algo que puedo contar en casa", respondió Ford, como si le hubieran entregado el secreto de Stonhenge. "El perejil no está nunca demás".
Las alcachofas provocaron menos entusiasmo. La alcachofa, se enteró rápidamente Wilson cuando contó las manos, era una verdura no conoció nadie en la clase. "Sea lo que sea, no la voy a comer; es una especie de piña que te pincha, y no la volveré a tocar", dijo un alumno de 20 años que dio su nombre sólo cuando lo anunció Wayne. La semana anterior, cuando Wilson pidió a sus alumnos que dibujaran una comida nutritiva balanceada, Wayne dibujó un pequeño muslo, unas seis arvejas, un vaso de leche y un montón de patatas machacadas que parecía el mapa de Rusia.
Ese mismo día, cuando ella preguntó si alguien podía decir cuál era el propósito del agua acidulada -había llevado alguna para impedir que se afeara la ensalada de frutas-, Wayne dijo que te podía ayudar a bajar de peso.
La mayoría de los estudiantes del curso de cocina vienen el programa Alternativas a la Cárcel, de la Fortune Society, que trabaja con los tribunales para reducir o eliminar la estadía en prisión de procesados que participan en los programas sociales y educacionales de la sociedad. De vez en vez Wilson, que ha enseñado a decenas de estos jóvenes a freír bagre, componer un almuerzo de picnic, identificar la albahaca y hacer la tarta de piña volteada, por un tiempo pierde de vista a su demografía, como la semana pasada, y envía a sus alumnos a buscar porcelana y vajillas de plata en las ventas de patio. La sugerencia impulsó a uno a preguntar a Wilson si ella había estado en Bushwick.
"Los tipos se resisten contra las verduras y contra cualquier cambio en su modo de comer", dijo Wilson sobre los desafíos a los que hace frente en su trabajo. "Hay un montó de resistencia contra el cerdo. Creo que un montón de los que han estado en prisión han oído a negros musulmanes a hablar sobre el asunto, y el cerdo es una de esas cosas que no puede solucionar".
Wilson lleva un diario, escribiendo apuntes sobre sus alumnos más entusiastas. Uno de ellos, Kalween Rodríguez, cuyo nombre fue inspirado por nacer en Halloween, se graduó de la Fortune Society hace unos meses después de recibir una sentencia de cinco meses por un cargo de robo con intimidación. A los 20, tiene un hijo de 3 y una hija de 1. Desde enero ha estado cocinando, basándose en una resma de notas que tomó en las clases de Wilson.
El plato que más le gusta preparar es el lomito saltado. "Lleva arroz blanco, cualquier tipo de arroz, patatas fritas, lonjas de bisté, todo combinado con tomates", explicó Rodríguez. "Las patatas fritas absorben el sabor del bisté. Hay que echar las patatas cuando el bisté esté cociéndose, y es delicioso, fabuloso. Lo comería incluso la gente poco imaginativa que nunca sale a comer".
Y sin embargo hay muchas cosas de la vida de cocina que encuentra pesadas. "Hay un montón de cosas que no me gustan, las partes difíciles, congelar, trocear un pollo", dijo Rodríguez. "Tengo estas tijeras especiales que pueden cortar incluso una moneda y todo, pero no las aguanto".
Para Rodríguez, que pasó sus años juveniles en Covenant House, cocinar le ha abierto el mundo de la vida de familia.
"He vivido en instituciones la mayor parte de mi vida", dijo. "Nunca tuve una cena de familia.
"Ahora saco a mis niños. Tenemos una mesa de pingpong, y le arrimamos sillas y comemos. Eso es lo que yo echaba de menos y nadie debería perdérselo, es precioso".
12 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
"
En 1991 Corey Ford, ahora un alegre hombre de 34 de aspecto de enorme panda, llegó a la Penitenciaría de Downstate en Fishkill, Nueva York, para pasar ahí 14 meses por cargos de tráfico de drogas y posesión de armas de fuego. Doce años más tarde las circunstancias lo enviaron brevemente a la Isla de Ricker, dejando a su esposa, temía, con renovados motivos para re-evaluar su compromiso.Para su sorpresa, la esposa de Ford siguió con él, y si no hubiera sido por su dedicación y toda la gratitud que engendró, el destino habría encontrado pocos motivos para ponerlo frente de los ingredientes para hacer una pasta de aglio e olio.
"Cada vez que tengo problemas, está ella ahí, y me emociona, me emociona todos los días", dijo Ford sobre la mujer con la que ha estado casado durante 15 años. "Es trabajadora, está casi siempre cansada", dijo, "y todo lo que hago yo es sacar la carne del congelador".
Su ambición de llevar más a su cocina que un asado derretido no le otorgará de inmediato la paridad marital, pero de momento lo ha llevado al Curso de Cocina Práctica y Nutrición de la Señorita Betty. El curso de ocho semanas para jóvenes padres que han estado en prisión es ofrecido por la Fortune Society, un grupo de derechos civiles de Chelsea que trata de rehabilitar a ex convictos y condenados a penas de prisión.
La Señorita Betty es Betty Wilson, una mujer de 62 años que no tiene antecedentes penales. Antigua operadora de cámaras de televisión y peluquera de moda, Wilson es una cocinera de casa que divide su tiempo entre el Upper West Side y Washington, donde trabaja su marido para la Rand Corporation.
Fundada hace 38 años, la Fortune Society ha durante largo tiempo ofrecido cursos en educación de párvulos, control de la agresividad y salud, entre otros. "Cuando me enteré de lo de las clases de cocina", dijo María Pérez, consultante de la organización, "pensé: ¿Así que ahora van a aprender a cocinar, eh? ¿Para qué sirve?'"
"Pero construye la estima propia. La mayoría de estos tíos viven en la ciudad, han crecido con Kool-Aid y una bolsa de chips. Esto les está dando estructura. Han llegado a un punto en qué realmente están logrando algo".
"Tú pensarías que una mujer blanca se integraría, pero la dinámica es pasmosa. "Señorita Betty", esto, "Señorita Betty", lo otro... Están aprendiendo maneras. Realmente son cosas que se pueden cambiar".
Wilson organiza el curso en torno a la preparación de un gran almuerzo. Sureña de nacimiento, favorece la enunciación formal, y da sus instrucciones -para rallar el queso o lavar la lechuga- como si estuviera supervisando una producción de escuela secundaria de Our Town' [Nuestra Ciudad]. Antes de que se sirva la comida, exige que sus estudiantes se saquen los gorros, sacando algunos ella misma. "¿Te conté lo que era sentarse a la mesa de la abuela los domingos?"
El jueves pasado, el primer día de Ford en clases, le tocó picar el perejil para el aglio e olio, el primer plato de un menú que incluía un bisté de flanco asado a la plancha, alcachofas asadas y torta de vainilla. Ford, cuya voz retumba como si un juguete a motor estuviera zumbando en su garganta, movió el cuchillo de cocinero como un abanico -como se exige- sobre un montículo de hierbas, dejando ver que él no había cocinado nunca antes otra cosa que huevos y hamburguesas.
Ford, que tiene cuatro hijos entre las edades de 6 a 19, dijo que en 1998 él abrió una floristería en la Avenida de Utica en Brooklyn y tuvo problemas con los traficantes de drogas que se apostaban fuera. "Les mostré una pistola, les hice saber que no lo toleraría", dijo. "Ellos dijeron que ellos habían llegado primero, pero igual yo no los iba a tolerar. Mis hijos estaban ahí siempre y eso no lo iba a tolerar". Después de siete meses, Ford, derrotado, decidió cerrar la tienda y finalmente, dijo, volvió a vender drogas. "Estaba tratando de llegar a fin de mes, pagar algunas cuentas, hacer algo por mis hijos", dijo. Ford fue dejado en libertad bajo fianza más tarde el año pasado después de cumplir una sentencia de 32 días por otro cargo relacionado con las drogas.
De momento, Ford había picado una torre de perejil y Wilson le dijo que lo había hecho bien.
"Espera, no me salió bonito", dijo. "Gracias por pararme. Estaba perdiendo el control, piqué demasiado".
"No, no, el perejil no está nunca demás", le aseguró Wilson.
"Ya veremos, pero eso es algo que puedo contar en casa", respondió Ford, como si le hubieran entregado el secreto de Stonhenge. "El perejil no está nunca demás".
Las alcachofas provocaron menos entusiasmo. La alcachofa, se enteró rápidamente Wilson cuando contó las manos, era una verdura no conoció nadie en la clase. "Sea lo que sea, no la voy a comer; es una especie de piña que te pincha, y no la volveré a tocar", dijo un alumno de 20 años que dio su nombre sólo cuando lo anunció Wayne. La semana anterior, cuando Wilson pidió a sus alumnos que dibujaran una comida nutritiva balanceada, Wayne dibujó un pequeño muslo, unas seis arvejas, un vaso de leche y un montón de patatas machacadas que parecía el mapa de Rusia.
Ese mismo día, cuando ella preguntó si alguien podía decir cuál era el propósito del agua acidulada -había llevado alguna para impedir que se afeara la ensalada de frutas-, Wayne dijo que te podía ayudar a bajar de peso.
La mayoría de los estudiantes del curso de cocina vienen el programa Alternativas a la Cárcel, de la Fortune Society, que trabaja con los tribunales para reducir o eliminar la estadía en prisión de procesados que participan en los programas sociales y educacionales de la sociedad. De vez en vez Wilson, que ha enseñado a decenas de estos jóvenes a freír bagre, componer un almuerzo de picnic, identificar la albahaca y hacer la tarta de piña volteada, por un tiempo pierde de vista a su demografía, como la semana pasada, y envía a sus alumnos a buscar porcelana y vajillas de plata en las ventas de patio. La sugerencia impulsó a uno a preguntar a Wilson si ella había estado en Bushwick.
"Los tipos se resisten contra las verduras y contra cualquier cambio en su modo de comer", dijo Wilson sobre los desafíos a los que hace frente en su trabajo. "Hay un montó de resistencia contra el cerdo. Creo que un montón de los que han estado en prisión han oído a negros musulmanes a hablar sobre el asunto, y el cerdo es una de esas cosas que no puede solucionar".
Wilson lleva un diario, escribiendo apuntes sobre sus alumnos más entusiastas. Uno de ellos, Kalween Rodríguez, cuyo nombre fue inspirado por nacer en Halloween, se graduó de la Fortune Society hace unos meses después de recibir una sentencia de cinco meses por un cargo de robo con intimidación. A los 20, tiene un hijo de 3 y una hija de 1. Desde enero ha estado cocinando, basándose en una resma de notas que tomó en las clases de Wilson.
El plato que más le gusta preparar es el lomito saltado. "Lleva arroz blanco, cualquier tipo de arroz, patatas fritas, lonjas de bisté, todo combinado con tomates", explicó Rodríguez. "Las patatas fritas absorben el sabor del bisté. Hay que echar las patatas cuando el bisté esté cociéndose, y es delicioso, fabuloso. Lo comería incluso la gente poco imaginativa que nunca sale a comer".
Y sin embargo hay muchas cosas de la vida de cocina que encuentra pesadas. "Hay un montón de cosas que no me gustan, las partes difíciles, congelar, trocear un pollo", dijo Rodríguez. "Tengo estas tijeras especiales que pueden cortar incluso una moneda y todo, pero no las aguanto".
Para Rodríguez, que pasó sus años juveniles en Covenant House, cocinar le ha abierto el mundo de la vida de familia.
"He vivido en instituciones la mayor parte de mi vida", dijo. "Nunca tuve una cena de familia.
"Ahora saco a mis niños. Tenemos una mesa de pingpong, y le arrimamos sillas y comemos. Eso es lo que yo echaba de menos y nadie debería perdérselo, es precioso".
12 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
"
detectives mataban para mafia
[William K. Rasgbaum] Según la acusación, los detectives usaban sus placas para matar por encargo de la mafia.
Dos detectives jubilados de la policía de Nueva York, colegas de los que se sospechaba hacía tiempo de vínculos con el crimen organizado, fueron acusados ayer por fiscales federales de participar en ocho asesinatos encargados por la mafia mientras uno o los dos de ellos eran todavía miembros activos del cuerpo de policía.
Estas acusaciones, detalladas en una acusación abierta en el Tribunal de Distrito Federal de Brooklyn, son algunas de las más asombrosas alegaciones de corrupción policial hasta la fecha. En un caso, de 1990, los fiscales dijeron que los detectives, conduciendo un coche policial sin matrícula, pararon a un capitán de la mafia en el Belt Parkway de Brooklyn y lo mataron a balazos por encargo de un mafioso rival. En otro, de 1986, enseñaron sus placas y secuestraron a un mafioso, lo arrojaron en el maletero del coche y lo entregaron a un rival, que lo torturó y mató.
"En una sorprendente traición a sus placas, colegas y ciudadanos a los que habían jurado proteger, Louis Eppolito y Stephen Caracappa trabajaron en secreto para la mafia cuando eran miembros del Departamento de Policía de Nueva York NYPD", dijo la fiscal en Brooklyn, Roslynn R. Mauskopf, en una rueda de prensa para anunciar el proceso.
Mauskopf dijo que durante años los hombres habían sido pagados generosamente por su papel en los asesinatos y por filtrar rutinariamente información secreta sobre investigaciones criminales de otros miembros del crimen organizado. En la mayoría de los asesinatos, dijo, ellos no apretaron el gatillo pero sí ayudaron a otros sicarios a ubicar a las víctimas, llegando en cierto momento a ser tan útiles que fueron colocados en la planilla de pago de la mafia, recibiendo 4.000 dólares al mes.
Eppolito, 56, que en el pasado co-escribió un libro sobre su vida como agente de policía cuyos parientes eran de la mafia, y Caracappa, 63, que trabajó en una unidad policial que era responsable de investigar los asesinatos de la mafia, fueron detenidos el miércoles noche en un restaurante italiano de Las Vegas, dijo Mauskopf. Eppolito se retiró en 1990, Caracappa dos años después.
Durante más de una década, los hombres, mientras recibían sus pensiones policiales, fueron vecinos en la misma calle en un afluente condominio de Las Vegas, Caracappa trabajando como detective privado y Eppolito haciendo papeles secundarios en casi una docena de populares películas, incluyendo Uno de los nuestros' [Goodfellas] -representando a gángsteres, matones y traficantes de drogas. Se presentaron ante el Tribunal de Distrito Federal de Las Vegas la noche pasada, donde la magistrado suplente, Jennifer Togliatti, pospuso las vistas sobre la extradición hasta hoy.
Las acusaciones, dramáticas como son, no son enteramente sorprendentes: el par fue investigado por el FBI y el Departamento de Policía de Nueva York en 1994 después de que un informante de la mafia proporcionara a los agentes abundantes detalles sobre los asesinatos. Pero el informante, del que los fiscales dijeron que había encargado muchos de los asesinatos, fue más tarde desacreditado y las autoridades federales de la época fueron incapaces de construir un caso procesable, dijeron funcionarios ayer.
Pero ahora, con un nuevo informante, cuyo nombre no fue revelado, y un equipo de lo que Mauskopf llamó detectives tenaces, varios de los cuales son detectives jubilados de la policía de la ciudad, las autoridades pudieron reunir suficientes evidencias sobre varios años para convencer a un jurado de que los procesara.
Los antiguos detectives fueron acusados de asociación ilícita, que incluye su participación en los asesinatos, dos intentos de asesinato, obstrucción a la justicia, lavado de dinero y otros crímenes. Se les acusa de trabajar como miembros secretos de la familia criminal Luchese. Son acusados de revelar la identidad de seis testigos -tres de los cuales fueron asesinados- y pusieron en peligro varios investigaciones federales y del estado.
Ninguno de los ocho asesinatos mencionados en el caso -todos excepto uno implicando a víctimas que eran miembros del crimen organizado- ocurrió después del primer intento fallido de procesar a los hombres.
El abogado de Eppolito, Richard A. Schonfeld, dijo que su cliente "niega rotundamente los cargos" y mencionó lo que llamó una carrera policial ejemplar de 21 años, con 107 medallas, incluyendo varias al valor, alegando que debía ser dejado en libertad.
Edward Hayes, abogado de Nueva York que representó a Caracappa cuando fue investigado hace más de una década, dijo que estaba asombrado de la acusación. Dijo que el personaje de la mafia que hizo las acusaciones entonces, Anthony Casso, era "un maníaco homicida" y un "lunático desatado". Dijo que su cliente, un veterano de la guerra de Vietnam que se retiró como detective primero, había negado antes las acusaciones.
Los cargos contra los dos, que pueden ser condenados a prisión perpetua si son encontrados culpables, se resolverán en los próximos meses, o quizás años, en el Tribunal de Distrito Federal en Brooklyn. Pero las acusaciones mismas son un bizarro y emocionante capítulo en la historia de agentes de policía corruptos, gángsteres y asesinato.
Ambos se unieron al cuerpo en 1969, año en el que la ciudad, con chequeos de antecedentes abreviados, contrató a un inusual número de agentes que fueron más tarde detenidos o despedidos. Eppolito tenía parientes en el crimen organizado -su padre, Ralph, era llamado Fat the Gangster' y su tío James era conocido como Jimmy the Clam'. Pero Eppolito no reveló nada de eso cuando solicitó en la policía.
Sirvió como agente patrullero y detective, y trabajó en la Brigada de Robos de Brooklyn y en Brooklyn del Sur. Y después de jubilarse, escribió, con Bob Drury, Mafia Cop: The Story of an Honest Cop Whose Family Was the Mob', en el que hace la crónica de lo que dijo eran acusaciones injustas presentadas por el Departamento de Policía de que vendía información a la mafia. Eppolito fue liberado de los cargos presentados contra él por el departamento en ese caso en 1985.
Caracappa, que fue colega de Eppolito en la unidad anti-robos, se unió a la prestigiosa Brigada de Homicidios del departamento, donde ayudó a formar la Unidad de Homicidios del Crimen Organizado. Allí se especializó en la familia Luchese y trabajó reuniendo información sobre investigaciones policiales y del FBI en los asesinatos de la mafia. Era información que, dicen ahora los fiscales, vendió a miembros de la mafia -revelando la identidad de informantes confidenciales, interceptaciones y casos pendientes. En un caso, la información permitió que Casso y el jefe de la familia Luchese huyeran antes de ser acusados.
Uno de los asesinatos fue un caso de confusión de identidades. Casso, ansioso de vengarse de un atentado contra su propia vida en 1986, pidió a los dos detectives identificar a un recluta de la familia Gambino llamado Nicholas Guido, de acuerdo a los fiscales. Pero cuando Caracappa usó la base de datos del Departamento de Policía para encontrar la dirección del hombre, sacó la dirección de otro Nicholas Guido, de acuerdo a los fiscales, y entregó la dirección de un hombre inocente, del que los funcionarios dijeron que era ligeramente retardado.
Los asesinos de la mafia encontraron al Guido equivocado frente a su casa en la navidad de 1986. Lo mataron a balazos.
Joe Schoenmann en Las Vegas contribuyó a este reportaje.
11 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Dos detectives jubilados de la policía de Nueva York, colegas de los que se sospechaba hacía tiempo de vínculos con el crimen organizado, fueron acusados ayer por fiscales federales de participar en ocho asesinatos encargados por la mafia mientras uno o los dos de ellos eran todavía miembros activos del cuerpo de policía.Estas acusaciones, detalladas en una acusación abierta en el Tribunal de Distrito Federal de Brooklyn, son algunas de las más asombrosas alegaciones de corrupción policial hasta la fecha. En un caso, de 1990, los fiscales dijeron que los detectives, conduciendo un coche policial sin matrícula, pararon a un capitán de la mafia en el Belt Parkway de Brooklyn y lo mataron a balazos por encargo de un mafioso rival. En otro, de 1986, enseñaron sus placas y secuestraron a un mafioso, lo arrojaron en el maletero del coche y lo entregaron a un rival, que lo torturó y mató.
"En una sorprendente traición a sus placas, colegas y ciudadanos a los que habían jurado proteger, Louis Eppolito y Stephen Caracappa trabajaron en secreto para la mafia cuando eran miembros del Departamento de Policía de Nueva York NYPD", dijo la fiscal en Brooklyn, Roslynn R. Mauskopf, en una rueda de prensa para anunciar el proceso.
Mauskopf dijo que durante años los hombres habían sido pagados generosamente por su papel en los asesinatos y por filtrar rutinariamente información secreta sobre investigaciones criminales de otros miembros del crimen organizado. En la mayoría de los asesinatos, dijo, ellos no apretaron el gatillo pero sí ayudaron a otros sicarios a ubicar a las víctimas, llegando en cierto momento a ser tan útiles que fueron colocados en la planilla de pago de la mafia, recibiendo 4.000 dólares al mes.
Eppolito, 56, que en el pasado co-escribió un libro sobre su vida como agente de policía cuyos parientes eran de la mafia, y Caracappa, 63, que trabajó en una unidad policial que era responsable de investigar los asesinatos de la mafia, fueron detenidos el miércoles noche en un restaurante italiano de Las Vegas, dijo Mauskopf. Eppolito se retiró en 1990, Caracappa dos años después.
Durante más de una década, los hombres, mientras recibían sus pensiones policiales, fueron vecinos en la misma calle en un afluente condominio de Las Vegas, Caracappa trabajando como detective privado y Eppolito haciendo papeles secundarios en casi una docena de populares películas, incluyendo Uno de los nuestros' [Goodfellas] -representando a gángsteres, matones y traficantes de drogas. Se presentaron ante el Tribunal de Distrito Federal de Las Vegas la noche pasada, donde la magistrado suplente, Jennifer Togliatti, pospuso las vistas sobre la extradición hasta hoy.
Las acusaciones, dramáticas como son, no son enteramente sorprendentes: el par fue investigado por el FBI y el Departamento de Policía de Nueva York en 1994 después de que un informante de la mafia proporcionara a los agentes abundantes detalles sobre los asesinatos. Pero el informante, del que los fiscales dijeron que había encargado muchos de los asesinatos, fue más tarde desacreditado y las autoridades federales de la época fueron incapaces de construir un caso procesable, dijeron funcionarios ayer.
Pero ahora, con un nuevo informante, cuyo nombre no fue revelado, y un equipo de lo que Mauskopf llamó detectives tenaces, varios de los cuales son detectives jubilados de la policía de la ciudad, las autoridades pudieron reunir suficientes evidencias sobre varios años para convencer a un jurado de que los procesara.
Los antiguos detectives fueron acusados de asociación ilícita, que incluye su participación en los asesinatos, dos intentos de asesinato, obstrucción a la justicia, lavado de dinero y otros crímenes. Se les acusa de trabajar como miembros secretos de la familia criminal Luchese. Son acusados de revelar la identidad de seis testigos -tres de los cuales fueron asesinados- y pusieron en peligro varios investigaciones federales y del estado.
Ninguno de los ocho asesinatos mencionados en el caso -todos excepto uno implicando a víctimas que eran miembros del crimen organizado- ocurrió después del primer intento fallido de procesar a los hombres.
El abogado de Eppolito, Richard A. Schonfeld, dijo que su cliente "niega rotundamente los cargos" y mencionó lo que llamó una carrera policial ejemplar de 21 años, con 107 medallas, incluyendo varias al valor, alegando que debía ser dejado en libertad.
Edward Hayes, abogado de Nueva York que representó a Caracappa cuando fue investigado hace más de una década, dijo que estaba asombrado de la acusación. Dijo que el personaje de la mafia que hizo las acusaciones entonces, Anthony Casso, era "un maníaco homicida" y un "lunático desatado". Dijo que su cliente, un veterano de la guerra de Vietnam que se retiró como detective primero, había negado antes las acusaciones.
Los cargos contra los dos, que pueden ser condenados a prisión perpetua si son encontrados culpables, se resolverán en los próximos meses, o quizás años, en el Tribunal de Distrito Federal en Brooklyn. Pero las acusaciones mismas son un bizarro y emocionante capítulo en la historia de agentes de policía corruptos, gángsteres y asesinato.
Ambos se unieron al cuerpo en 1969, año en el que la ciudad, con chequeos de antecedentes abreviados, contrató a un inusual número de agentes que fueron más tarde detenidos o despedidos. Eppolito tenía parientes en el crimen organizado -su padre, Ralph, era llamado Fat the Gangster' y su tío James era conocido como Jimmy the Clam'. Pero Eppolito no reveló nada de eso cuando solicitó en la policía.
Sirvió como agente patrullero y detective, y trabajó en la Brigada de Robos de Brooklyn y en Brooklyn del Sur. Y después de jubilarse, escribió, con Bob Drury, Mafia Cop: The Story of an Honest Cop Whose Family Was the Mob', en el que hace la crónica de lo que dijo eran acusaciones injustas presentadas por el Departamento de Policía de que vendía información a la mafia. Eppolito fue liberado de los cargos presentados contra él por el departamento en ese caso en 1985.
Caracappa, que fue colega de Eppolito en la unidad anti-robos, se unió a la prestigiosa Brigada de Homicidios del departamento, donde ayudó a formar la Unidad de Homicidios del Crimen Organizado. Allí se especializó en la familia Luchese y trabajó reuniendo información sobre investigaciones policiales y del FBI en los asesinatos de la mafia. Era información que, dicen ahora los fiscales, vendió a miembros de la mafia -revelando la identidad de informantes confidenciales, interceptaciones y casos pendientes. En un caso, la información permitió que Casso y el jefe de la familia Luchese huyeran antes de ser acusados.
Uno de los asesinatos fue un caso de confusión de identidades. Casso, ansioso de vengarse de un atentado contra su propia vida en 1986, pidió a los dos detectives identificar a un recluta de la familia Gambino llamado Nicholas Guido, de acuerdo a los fiscales. Pero cuando Caracappa usó la base de datos del Departamento de Policía para encontrar la dirección del hombre, sacó la dirección de otro Nicholas Guido, de acuerdo a los fiscales, y entregó la dirección de un hombre inocente, del que los funcionarios dijeron que era ligeramente retardado.
Los asesinos de la mafia encontraron al Guido equivocado frente a su casa en la navidad de 1986. Lo mataron a balazos.
Joe Schoenmann en Las Vegas contribuyó a este reportaje.
11 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
familia de juez asesinada en chicago
[John Beckham y Stephen Braun] El asesinato del marido y madre de una juez hace una semana causó conmoción en Estados Unidos. Se sospecha del asesinato a racistas blancos.
Chicago, Estados Unidos. Un destacamento especial de agentes federales y detectives de Chicago barrió un vecindario aquí buscando indicios de la muerte a balazos del marido y de la madre de una juez federal que había sido condenada a muerte por un grupo de supremacistas blancos.
Las autoridades proporcionaron a la juez de distrito Joan Humphrey Lefkow protección policial de 24 horas, después de que al volver el lunes a casa encontrara los cuerpos de Michael F. Lefkow, 64, y de Donna Humphrey, 89.
Las víctimas fueron aparentemente asesinadas en el sótano, donde los detectives, según se informó, encontraron dos casquetes calibre 22. James Molloy, jefe de homicidios de Chicago dijo que los asesinatos ocurrieron entre las 10:30 de la mañana y las 4 de la tarde, cuando una de las hijas de Lefkow fue a la casa pero no vio a nadie dentro.
Las autopsias realizadas el martes por los médicos forenses del condado de Cook confirmaron que las víctimas murieron de múltiples heridas de bala. Los funcionarios dijeron que algunas evidencias habían sido retiradas de casa de los Lefkow para ser llevadas al laboratorio forense del FBI en Quantico, Virginia, para ser analizadas.
Los detectives dijeron que no excluían ninguna posibilidad, pero estaban estudiando la posible implicación de grupos extremistas del país.
"No hay nada que señale en esa dirección", dijo David Bayless, portavoz del Departamento de Policía de Chicago. "Sin embargo, lo estamos investigando activamente".
La policía dijo que los allanamientos de morada homicidas no se ajustan al perfil de la comunidad en Edgewater -un barrio en el lado norte de Chicago de elegantes casas de ladrillo y madera donde los Lefkows vivieron durante casi 20 años. "Desde el punto de vista del crimen violento, este tipo de casos es muy raro en el lado norte", dijo Bayless.
El FBI fue involucrado en el caso porque el asesinato de familiares de un juez federal es considerado un delito federal, punible con pena de muerte o prisión perpetua. Pero la ley sólo puede ser invocada si el asesinato fue un intento de obstaculizar o vengarse del juez.
"El crimen debe tener por objetivo afectar el funcionamiento normal de un juez", dijo Scott Mendeloff, que ayudó a dirigir un equipo de fiscales federales en la condena de Timothy J. McVeigh en el caso del atentado de 1995 en Oklahoma City.
Un funcionario del ministerio de Justicia en Washington confirmó el martes que agentes del FBI estaban "examinando toda conexión posible relacionada con casos llevados por la juez. Aquí hay una historia clara. Pero no hemos excluido ninguna teoría".
El líder de los supremacistas blancos, Matthew Hale, 33, fue declarado culpable de encargar el asesinato de la juez Lefkow en abril de 2004. Será sentenciado el próximo mes.
Lefkow, 61, fue marcada por Hale y sus partidarios después de que ella presidiera un caso civil en el que el grupo -la Iglesia Mundial del Creador- fuera demandada por un grupo de nombre similar por violación del derecho de autor.
Inicialmente Lefkow decidió que el grupo de Hale podía seguir usando el nombre. Pero una corte de apelaciones federal revocó su sentencia, y en noviembre de 2002 le dijo a Hale que no tenía otra opción que ordenarle que dejara de usar el nombre Iglesia Mundial del Creador en su página web y en todas sus publicaciones.
Los partidarios de Hale despotricaron contra la juez y su familia en mensajes en internet, incluso publicando sus fotografías y dirección.
"Ella y su familia fueron marcados para ser demonizados. La policía tiene claramente mucho que investigar aquí", dijo Devin Burghart, que estudia a los grupos supremacistas blancos para el Centro para una Nueva Comunidad, una organización de activistas de Chicago.
Amigos de los Lefkow dijeron que la juez y su marido, un veterano abogado laboral, fueron protegidos con cámaras de seguridad y equipos de agentes federales encubiertos durante el juicio de Hale por el encargo de asesinato.
"Los dos se enfrentaron a eso con valentía", dijo Thomas F. Geraghty, decano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Northwestern y amigo cercano.
En la cúspide del juicio, los Lefkow ignoraron de buena gana las cámaras durante sus cenas y se negaron a reducir sus paseos nocturnos en el barrio, recordó Michael Miner, editor jefe del diario Chicago Reader. Un funcionario del servicio de policías norteamericano dijo el martes que las cámaras fueron retiradas al cabo de unas semanas, con la aprobación de la juez.
Miner recordó a Michael Lefkow como un "activo e idealista" abogado que extendió sus actividades en un centro de ayuda jurídica hacia casos de empleo y mediación en los últimos años. Fue dos veces candidato a juez en el condado de Cook, pero sin éxito.
La juez Lefkow fue una entrante tardía en la saga de Hale y su Iglesia Mundial del Creador -el grupo extremista que fundó para llevar a cabo su doctrina de "guerra racial sagrada".
En 1999, Benjamin Smith, un seguidor del grupo, se echó a la calle a disparar en el lado norte de Chicago, matando a dos personas e hiriendo a nueve.
Hale no fue relacionado con esos atentados.
Pero después de que la juez ordenara a la Iglesia Mundial del Creador que cambiara su nombre y le impusiera sanciones por 200.000 dólares, Hale, según se sabe, se acercó a uno de sus ayudantes y le instó a matar a la juez. El ayudante era un informante de la CIA, y sus conversaciones con Hale fueron grabadas secretamente.
El grupo de Hale, llamado ahora Creatividad, "está bastante fragmentado ahora", dijo Burghart. Pero advirtió que los "lobos solitarios" entre los supremacistas blancos eran capaces de actuar violentamente sin ninguna dirección.
Adam Schupack, director asociado de la Liga Anti-Difamación, dijo que hubo llamados a agredir a los Lefkow en la página web y en radios de los supremacistas blancos.
En Stormfront.org -un foro de internet frecuentado por adherentes de la ideología de la supremacía blanca-, un participante en un chat room instó en una publicación de diciembre de 2002: "Publiquen fotos de su familia para que las veamos todos". Un segundo participante reaccionó prontamente publicando fotos de la juez, de Michael Lefkow y sus hijos, agregando datos personales sacados de la página web de su iglesia.
Dos semanas antes, Lefkow había enviado un escrito a la página web del programa de radio A Prairie Home Companion'. Era un breve y cariñoso tributo a su marido. "Michael Lefkow", decía la carta. "Feliz cumpleaños para Michael, el único tipo de State Street que usa fedora. Joan, tu novia durante 27 años".
Beckham informó desde Chicago y Braun desde Washington. Lianne Hart en Houston contribuyó a este reportaje.
2 de marzo de 2005
10 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Las autoridades proporcionaron a la juez de distrito Joan Humphrey Lefkow protección policial de 24 horas, después de que al volver el lunes a casa encontrara los cuerpos de Michael F. Lefkow, 64, y de Donna Humphrey, 89.
Las víctimas fueron aparentemente asesinadas en el sótano, donde los detectives, según se informó, encontraron dos casquetes calibre 22. James Molloy, jefe de homicidios de Chicago dijo que los asesinatos ocurrieron entre las 10:30 de la mañana y las 4 de la tarde, cuando una de las hijas de Lefkow fue a la casa pero no vio a nadie dentro.
Las autopsias realizadas el martes por los médicos forenses del condado de Cook confirmaron que las víctimas murieron de múltiples heridas de bala. Los funcionarios dijeron que algunas evidencias habían sido retiradas de casa de los Lefkow para ser llevadas al laboratorio forense del FBI en Quantico, Virginia, para ser analizadas.
Los detectives dijeron que no excluían ninguna posibilidad, pero estaban estudiando la posible implicación de grupos extremistas del país.
"No hay nada que señale en esa dirección", dijo David Bayless, portavoz del Departamento de Policía de Chicago. "Sin embargo, lo estamos investigando activamente".
La policía dijo que los allanamientos de morada homicidas no se ajustan al perfil de la comunidad en Edgewater -un barrio en el lado norte de Chicago de elegantes casas de ladrillo y madera donde los Lefkows vivieron durante casi 20 años. "Desde el punto de vista del crimen violento, este tipo de casos es muy raro en el lado norte", dijo Bayless.
El FBI fue involucrado en el caso porque el asesinato de familiares de un juez federal es considerado un delito federal, punible con pena de muerte o prisión perpetua. Pero la ley sólo puede ser invocada si el asesinato fue un intento de obstaculizar o vengarse del juez.
"El crimen debe tener por objetivo afectar el funcionamiento normal de un juez", dijo Scott Mendeloff, que ayudó a dirigir un equipo de fiscales federales en la condena de Timothy J. McVeigh en el caso del atentado de 1995 en Oklahoma City.
Un funcionario del ministerio de Justicia en Washington confirmó el martes que agentes del FBI estaban "examinando toda conexión posible relacionada con casos llevados por la juez. Aquí hay una historia clara. Pero no hemos excluido ninguna teoría".
El líder de los supremacistas blancos, Matthew Hale, 33, fue declarado culpable de encargar el asesinato de la juez Lefkow en abril de 2004. Será sentenciado el próximo mes.
Lefkow, 61, fue marcada por Hale y sus partidarios después de que ella presidiera un caso civil en el que el grupo -la Iglesia Mundial del Creador- fuera demandada por un grupo de nombre similar por violación del derecho de autor.
Inicialmente Lefkow decidió que el grupo de Hale podía seguir usando el nombre. Pero una corte de apelaciones federal revocó su sentencia, y en noviembre de 2002 le dijo a Hale que no tenía otra opción que ordenarle que dejara de usar el nombre Iglesia Mundial del Creador en su página web y en todas sus publicaciones.
Los partidarios de Hale despotricaron contra la juez y su familia en mensajes en internet, incluso publicando sus fotografías y dirección.
"Ella y su familia fueron marcados para ser demonizados. La policía tiene claramente mucho que investigar aquí", dijo Devin Burghart, que estudia a los grupos supremacistas blancos para el Centro para una Nueva Comunidad, una organización de activistas de Chicago.
Amigos de los Lefkow dijeron que la juez y su marido, un veterano abogado laboral, fueron protegidos con cámaras de seguridad y equipos de agentes federales encubiertos durante el juicio de Hale por el encargo de asesinato.
"Los dos se enfrentaron a eso con valentía", dijo Thomas F. Geraghty, decano de la Facultad de Leyes de la Universidad de Northwestern y amigo cercano.
En la cúspide del juicio, los Lefkow ignoraron de buena gana las cámaras durante sus cenas y se negaron a reducir sus paseos nocturnos en el barrio, recordó Michael Miner, editor jefe del diario Chicago Reader. Un funcionario del servicio de policías norteamericano dijo el martes que las cámaras fueron retiradas al cabo de unas semanas, con la aprobación de la juez.
Miner recordó a Michael Lefkow como un "activo e idealista" abogado que extendió sus actividades en un centro de ayuda jurídica hacia casos de empleo y mediación en los últimos años. Fue dos veces candidato a juez en el condado de Cook, pero sin éxito.
La juez Lefkow fue una entrante tardía en la saga de Hale y su Iglesia Mundial del Creador -el grupo extremista que fundó para llevar a cabo su doctrina de "guerra racial sagrada".
En 1999, Benjamin Smith, un seguidor del grupo, se echó a la calle a disparar en el lado norte de Chicago, matando a dos personas e hiriendo a nueve.
Hale no fue relacionado con esos atentados.
Pero después de que la juez ordenara a la Iglesia Mundial del Creador que cambiara su nombre y le impusiera sanciones por 200.000 dólares, Hale, según se sabe, se acercó a uno de sus ayudantes y le instó a matar a la juez. El ayudante era un informante de la CIA, y sus conversaciones con Hale fueron grabadas secretamente.
El grupo de Hale, llamado ahora Creatividad, "está bastante fragmentado ahora", dijo Burghart. Pero advirtió que los "lobos solitarios" entre los supremacistas blancos eran capaces de actuar violentamente sin ninguna dirección.
Adam Schupack, director asociado de la Liga Anti-Difamación, dijo que hubo llamados a agredir a los Lefkow en la página web y en radios de los supremacistas blancos.
En Stormfront.org -un foro de internet frecuentado por adherentes de la ideología de la supremacía blanca-, un participante en un chat room instó en una publicación de diciembre de 2002: "Publiquen fotos de su familia para que las veamos todos". Un segundo participante reaccionó prontamente publicando fotos de la juez, de Michael Lefkow y sus hijos, agregando datos personales sacados de la página web de su iglesia.
Dos semanas antes, Lefkow había enviado un escrito a la página web del programa de radio A Prairie Home Companion'. Era un breve y cariñoso tributo a su marido. "Michael Lefkow", decía la carta. "Feliz cumpleaños para Michael, el único tipo de State Street que usa fedora. Joan, tu novia durante 27 años".
Beckham informó desde Chicago y Braun desde Washington. Lianne Hart en Houston contribuyó a este reportaje.
2 de marzo de 2005
10 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
intrigas de una condenada a muerte
[Gina Piccalo] Angelina Rodríguez es muchas cosas. Esposa, madre, hermana, hija. Y también una asesina convicta.
Chowchilla, California, Estados Unidos. Angelina Rodríguez frunció sus negras cejas y se puso las manos sobre los ojos, corriéndose el maquillaje y la raya del ojo que se había aplicado tan cuidadosamente. Ha estado hablando durante horas, el drama de sus historias escalando con cada narración, sobre su papel en cada uno de ellos -como víctima. Se describe a sí misma como una "mujer del pueblo", "protectora", presa fácil de hombres posesivos e infieles. "No soy una persona violenta", dice. "No es lo que soy".
Sin embargo, Rodríguez vive en el pabellón de la muerte aquí en la Cárcel de Mujeres de California Central, condenada por matar a Frank Rodríguez, su marido durante cuatro meses, en septiembre de 2000, sirviéndose de una sopa de adelfa y tanto Gatorade mezclado con anticongelantes que, como observó el médico forense, el químico le salía por los ojos. Siete años antes, dicen los detectives, mató a su hijita que empezaba a andar metiéndole un chupete en la garganta y demandando exitosamente luego al fabricante por vender un producto "defectuoso". En ambos casos, el motivo fue el dinero. En sus 20 años de experiencia, el juez William R. Pounders, del Tribunal Superior del condado de Los Angeles, que sentenció a Rodríguez, dijo que él no había conocido "nunca antes a una persona tan cruel".
Fue un crimen sensacional, materia prima de literatura barata. Hace poco Court TV lo recordó en una caprichosa re-emisión titulada La esposa persistente'. Y Rodríguez espera que el potencial cinematográfico de la historia despierte justo lo suficiente el interés de Hollywood para ayudar a su apelación, que está todavía a algunos años. Para los detectives, fue un "caso que se da una vez en tu carrera". La policía no contaba con evidencias materiales que relacionaran a Rodríguez con el asesinato. En lugar de eso, fue su extravagante conducta la que los convenció -y al jurado- de su culpabilidad, lo que finalmente condujo a su sentencia de muerte.
Rodríguez es una de las 15 mujeres en el pabellón de la muerte de California, el número más alto del país. Representan una fracción de los 637 reclusos en el pabellón de la muerte del estado, y la mayoría de ellos espera morir de causas naturales, no por una inyección letal. Desde 1962 que no se ejecuta a una mujer; el 19 de enero se ejecutó a un hombre. A pesar de la preocupación de Estados Unidos con los asesinos en serie y asesinatos al azar, la mayoría de las mujeres en el pabellón son como Rodríguez, condenadas por el asesinato de hijos y maridos. Sin embargo, la verdadera intriga de esta historia gótica reside en el retrato de la mujer, no del crimen.
Logró tan bien fundirse en la vida suburbana que incluso sus parientes más cercanos la recuerdan como una madre cariñosa y tímida. Era romántica, dicen, a pesar de haber tenido una infancia profundamente problemática y una serie de matrimonios mal avenidos. Lloraba cuando se enfermaba su perro. Era también muy devota y lloraba a menudo cuando rezaba. Era una chica guapa cuya única falta, parece, era una insaciable sed de atención.
Con un IQ de promedio alto' de 112, Rodríguez es inteligente. Pero sus doctores dicen que durante la mayor parte de su vida vivió en medio de un caos emocional, abrumada por el odio de sí misma y vergüenza, como resultado de repetidos incestos y acosos durante la infancia. Sin embargo, era raro que Rodríguez estuviera sin trabajo y nunca estuvo sin novio. Se unió a la Fuerza Aérea a los 20 y más tarde a la Guardia Nacional del Ejército, fue encargada de un restaurante de comidas rápidas, vendió seguros puerta a puerta y sacó una licencia de cosmetología. Se casó cuatro veces, y estuvo comprometida dos -cada hombre, dice, todavía más exigente que el anterior.
Luego llegaron los pleitos. En seis años ganó cerca de 286.000 dólares en indemnizaciones. Acusó al restaurante de comida rápida de acoso sexual, de negligencia tras resbalar y caer en un camerino a Target, y de responsabilidad por producto a Gerber Co. después de la muerte de su hija. Cuando fue detenida en febrero de 2001, dicen los detectives, Rodríguez se estaba preparando para demandar al propietario de su casa por envenenamiento por asbesto.
Incluso para sus más cercanos ha sido difícil desentrañar la ficción de la realidad de la vida de Rodríguez -y para Rodríguez misma. "Quería una buena vida", dice la hermana de Rodríguez, Gigi Colaiacovo. "Pero yo creo que ella pensaba que el mundo le debía algo".
Rodríguez dice que todo lo que quería era una familia cariñosa. Sin embargo, cada vez que se acercaba a su sueño, ocurría alguna catástrofe."Cuando tratas de desentrañar todo esto", dice la antigua vecina de Rodríguez, Betty Hailey, "simplemente te cansas de tratar de encontrar la verdad".
Era una Soñadora
La infancia que recuerda Rodríguez es una época oscura y confusa. Creció en el barrio obrero de Rockaway Beach, en Queens, Nueva York, la menor y difícil de dos hijas. Su padre nació en Puerto Rico, chofer de camión y taxista, y abandonó a la familia. Su madre era una enfermera que trabajaba día y noche para enviar a sus hijas a escuelas católicas y pagarles cursos de ballet, barra deportiva y baloncesto.
"Mi hermana era siempre la romántica ilusionada", dice Colaiacovo, ahora controladora de propiedades inmobiliarias en West Babylon, en Long Island. "Era definitivamente la más soñadora de las dos".
Las niñas estaban siempre rodeadas de parientes. Cuando las cuidaba su abuelo, dicen Rodríguez y su hermana, él la molestaba. La relación empezó cuando ella tenía 2 años y duró hasta la secundaria, resultó en aborto y la creación de un alter ego a la que llamó Victoria'. Le contó los abusos a varios familiares, dice, pero nada cambió.
"Ella lo permitía", dice Colaiacovo. "Estaba siempre tratando de ser aceptada y tratando de ser la preferida del papá". El abuelo también abusaba de las otras niñas de la familia, dice Colaiacovo, pero "lo paramos cuando pensamos que había que pararlo".
Rodríguez dice que ella intentó primero suicidarse a los 8 con analgésicos legales. A los 16, según muestran archivos de hospital, se dio una sobredosis de barbitúricos y fue hospitalizada por depresión. A los 19, se casó y divorció de un vecino llamado Héctor González. Después de eso, dice, empezó a "correr... buscando mi lugar".
Se mudó a Florida y se alistó en la Fuerza Aérea. Se enamoró de Tom Fuller, el pretendiente correcto', apuesto y atlético, mientras residían en Colorado. Dentro de tres meses quedó embarazada. Se casaron y se mudaron a la Base de la Fuerza Aérea Vandenberg cerca de Lompoc. Dos años más tarde, Rodríguez estaba criando a su hija Autumn y su hija prematura, Alicia. Los primeros cuatro meses del bebé los pasaron entrando y saliendo del hospital con graves problemas de salud, incluyendo bradicardia, un pulso cardíaco anormalmente lento. Sin embargo, Rodríguez recuerda esta época como la más feliz de su vida.
"Nunca pareció estar más asentada que entonces", dice Colaiacovo. "Si hubiera un trabajo que le convenía a la perfección, era el de madre".
En el matrimonio, sin embargo, la relación se estaba desintegrando. Rodríguez se mostraba especialmente protectora de las niñas. En una entrevista Fuller dice que ella empezó a preocuparse del más allá. "Debían ser bautizadas", dice. "Justo en caso de que pasara algo'".
La mañana del 18 de septiembre de 1993, cuando Fuller estaba fuera de la ciudad en un viaje de negocios, Alicia murió atorada con un chupete de plástico. Rodríguez dijo a la policía que encontró a la bebita muerta en su cuna, con la pezonera en el suelo. "Van a pagar por esto", dijo ella sobre el fabricante del chupete, Gerber, de acuerdo a informes policiales.
Semanas más tarde Fuller se enteró de que Rodríguez había comprado un seguro de vida de 50.000 dólares para su hija. Pero no fue sino hasta la investigación del asesinato de Frank Rodríguez que Fuller recordó la advertencia de una enfermera meses antes de que Alicia muriera, de que el chupete había sido retirado del mercado porque a veces la pezonera se separaba del chupete. Ese recuerdo todavía lo atormenta.
"Hay veces en que todo lo que quiero es verla muerta", dice Fuller de su ex esposa. "Hay veces en que no estoy totalmente convencido. Y luego quizás me niego a creer que pudiera casarme con una persona capaz de hacer lo que hizo".
Colaiacovo todavía no puede creer que su hermana matara a Alicia. El mero recuerdo de esas acusaciones la hace llorar. "De ningún modo", dice. "Eso es ridículo. Pondría mi vida en juego". Colaiacovo asistió a todo el juicio y sentencia, oyó una grabación interceptada de su hermana tramando asesinar a un testigo, oyó al juez llamarla una persona cruel.
"Realmente es una buena persona", dice. "Sé que suena irónico. Ella no haría nada que causara daño a alguien. Si de hecho lo hizo, ¿quién sabe lo que estaba pensando? Ella no lo habría hecho nunca. No es suficientemente inteligente. No puedo imaginar qué puede haberle pasado por la cabeza".
Durante una entrevista en agosto, Rodríguez no lloró cuando recordó la muerte de su hija. "Si hubiese querido matar a mi hija", dijo, "la habría dejado morir de bradicardia".Sin embargo, en una carta de octubre para este artículo, su tono era más cariñoso. "Yo quiero a mis hijas más que a nada", escribió. "Son mi aliento, mi corazón, mi vida. Nunca me sentí tan viva como con ellas. Al final tenía el amor que quería". Sobre la pena, escribió: "No es que no sienta pena. Diablos, a veces me duele tanto que enfermo".
Decepción como un Modo de Vida
Después de la muerte de Alicia en 1993, el mundo de Rodríguez se modificó radicalmente. Ella y Fuller se divorciaron. Firmaron un acuerdo con Gerber por 750.000 dólares; de esos, Rodríguez recibió unos 250.000 dólares, de acuerdo a documentos judiciales. Se compró una casa, un coche y un bote.
Mentir se transformó en un modo de vida, de acuerdo a amigos, parientes y detectives. Sus amigos dicen que Rodríguez empezó a contar mentiras a la gente, diciendo que estaba embarazada de mellizos, aunque la mayoría de ellos sabía que después de una operación había quedado infértil. Como el parto no llegaba, les decía que se había caído por la escalera y había abortado. Cuando destrozó su coche, dijo que un novio la había llevado a un precipicio.
Sacó un diploma de cosmetología, se casó con un camionero llamado Don Combs y luego se divorció de él a los meses, dice, porque era muy posesivo. Se alistó en la Guardia Nacional del Ejército, se enamoró de otro hombre, del que dice que la abandonó después de que ella le prestara 20.000 dólares.
"Se puso nuevamente frívola", dice Colaiacovo. A pesar de la indemnización, Rodríguez siempre tenía una historia de mala suerte que contar a su familia, dice. Siempre necesitaba dinero. "Era Pedro gritando que viene el lobo", dice Colaiacovo. "Yo perdí la confianza en ella".
Betty Hailey conoció a Rodríguez en 1997 en una parada del bus escolar. Rodríguez había puesto recién su bien decorada casa de cuatro dormitorios en Paso Robles a la venta, una casa que había comprado con el dinero de la indemnización por la muerte de Alicia. Hailey compró la casa, y pronto las dos mujeres se hicieron amigas. Ella estaba impresionada por el estilo de vida de Rodríguez -los coches, los trajes, los muebles. "Compraba todo lo que quería", dice Hailey. Rezaban juntas. Cuidaban mutuamente a sus hijos. Rodríguez llevó a Hailey en un crucero a México. Y cuando Rodríguez se casó con Frank, Hailey fue su madrina de la boda.
Sin embargo, Hailey dice que ella nunca confió realmente en su impulsiva amiga. No dejaba a su marido a solas con Rodríguez porque sospechaba que su vecina pudiera tratar de seducirlo. Cuando Rodríguez se enteró de que el hijo de Hailey era soltero, se invitó a sí misma a su casa en Washington, D.C. para el Día de Acción de Gracias. "Yo rezaba con ella y me confesaba con ella, pero para decirle la verdad, no sabía mucho sobre ella", dice Hailey.
A Rodríguez le diagnosticaron depresión y desórdenes de ansiedad varias veces desde la infancia. Después de su detención, los doctores concluyeron que también sufría de síntomas de manía y de trastorno límite de personalidad, aunque estaba en condiciones de seguir su juicio. Durante entrevistas en la cárcel con el psiquiatra forense William Vicary, las transcripciones muestran lo que le dijo Rodríguez: "Tengo remordimiento en mi corazón... Lamento lo que le pasó a Frank". Pero no reconoció ninguna culpabilidad.
"Si admito responsabilidad, entonces perderé todo. Perderé toda esperanza", le dijo a Vicary.
"Perdería la esperanza de volver a llevar algún tipo de vida en libertad", dijo Vicary en septiembre en una entrevista. "Y no puede tolerar que puede perder lo poco de afecto y apoyo que recibe de su propia familia... Es todo lo que tiene".
Bromeando sobre el Asesinato
El romance entre Angelina y Frank Rodríguez fue tan breve que causó el estupor de amigos y familiares. Se conocieron en febrero de 2000 en la Angel Gate Academy en San Luis Obispo, un campamento para jóvenes con problemas gestionado por la Guardia Nacional de California y el Los Angeles Unified School District. Eran sargentos del pelotón cuando Angelina acusó a otro empleado de mala conducta sexual hacia un estudiante. Nadie le creyó, excepto Frank. Pronto empezaron a salir.
Frank era un devoto cristiano que insistió en dejar el sexo para el matrimonio; Angelina dice que pasaban un buen tiempo rezando juntos. Ella no estaba enamorada, pero Frank era inteligente, tranquilo y quería a Autumn.
Aparentemente tenían un montón de cosas en común. El mayor de seis hijos, Frank también creció en una familia caótica, mudándose de Connecticut a Texas y finalmente estableciéndose en el centro de Illinois en los años setenta. Su padre, José Francisco Rodríguez, era médico y, dicen los familiares, un hombre celoso y abusador con problemas de alcohol y drogas, que más tarde abandonó a la familia. Su madre, Janet Baker, era una técnica de laboratorio que crió a sus hijos sola.
Los familiares dicen que Frank era un hombre tranquilo y confiado que se hizo responsable de sus hermanos. Dejó su casa para alistarse en la Marina, se casó con una chica de la ciudad, sacó un diploma de maestro de la Universidad de Illinois del Sur y trató de terminar sus estudios de derecho. Finalmente se hizo maestro con afinidad con niños con problemas.
Su matrimonio con Judy Adams terminó al cabo de 14 años, dejando a Frank devastado. Baker dice que el divorcio lo dejó en la calle, pero ansioso por empezar de nuevo y tener una familia propia. Se unió a la iglesia evangélica y dejó de fumar y beber. Se transformó en un asesor telefónico sobre violaciones, dice ella, incluso invitando a una víctima a su casa, la que trató finalmente de apuñalarlo. Más tarde, Frank se mudó a San Luis Obispo y se comprometió con otra maestra en Angel Gate, pero, dice Baker, ella se enamoró de otro y lo dejó.
Entonces él conoció a Angelina. "Él buscaba a una mujer", dice Baker. "A alguien que lo quisiera por lo que era".
Frank y Angelina se comprometieron en abril de 2000 en una ceremonia en la pequeña iglesia de Paso Robles. A los días se mudaron a Montebello a una casa que apenas podían pagar, dado el nuevo empleo de Frank en una escuela secundaria de la localidad. Durante un tiempo la relación fue estable. Pero Angelina dice que Frank se puso intolerablemente posesivo y exageradamente estricto con Autumn. Insistió en ser el único sostén de la familia. "Él era todo", dice ella. "Yo no era nada... Me quería separar".
La familia de Frank dice que los problemas los provocó Angelina. "Él era muy paciente", dice la hermana de Frank, Carmen Pipitone. "Habría hecho cualquier cosa por ella".
En julio, a insistencia de Angelina, Frank compró un seguro de vida de 250.000 dólares y la nombró su única heredera. Y, como declararían sus amigos más tarde en el juicio, Angelina empezó a hablar de matar a Frank. "Bueno, tiene un seguro de vida", le dijo a un amigo, de acuerdo a la declaración inicial del fiscal Doug Sortino. "Debería matarlo y terminar con el asunto". Todos pensaban que estaba bromeando. Bromearon sobre el modo de asesinarlo y contaron la historia de una mujer detenida por usar adelfa para envenenar a su marido, muestran los testimonios. "Hagas lo que hagas", dijo un amigo, de acuerdo a transcripciones del juicio, "no uses adelfa". Hablaron sobre los agresivos perros de un vecino que merecían morir con perritos calientes empapados de anticongelante.
"¿Por qué comería alguien algo con anticongelante?", preguntó Angelina, de acuerdo a los fiscales. "¿No lo sabes?", dijo un amigo. "Sabe dulce. Lo dice en la etiqueta".
En agosto, dice Angelina, empezó un romance con Matt Morones, un ex presidiario y viejo amigo de Paso Robles. Dice que ella le robó a Frank un cheque de pago, ocultó el dinero e hizo planes de mudarse a vivir con la familia Morones. Hacia la misma época, muestran los testimonios, Frank descubrió una filtración de gas natural de su secador durante un fin de semana en que Angelina no estaba en casa.
El miércoles 6 de septiembre de 2000, Frank Rodríguez despertó de una siesta sintiéndose enfermo -nuevamente. Angelina dijo más tarde a la policía que hacía tiempo que no se sentía bien. Tenía dolores de cabeza y no podía comer. De hecho, les dijo, había llegado a casa con síntomas similares hacía dos meses, y sospechaba que alguien en la escuela estaba tratando de envenenarlo, y había corrido hacia el hospital.
Esta vez, Angelina lo arrastró hacia la sala de emergencias. De acuerdo a la policía, ella le dijo al doctor: "No sé qué pasa. He tratado de todo. Mi madre era enfermera. He tratado, pero nada resultó". Intoxicación alimenticia, dijo el doctor. Vuelva a casa, descanse y beba montones de líquidos, especialmente Gatorade.
Así, dice Angelina, puso a su marido en la cama y durante los siguientes dos días ella y su hija Autumn cuidaron a Frank con Gatorade y sopa, cada cuatro horas. A eso de las 3 de la mañana, dice Angelina, despertó y encontró a Frank boca abajo en el piso del dormitorio, muerto.
Días más tarde, ella le contó a la madre de Frank que estaba embarazada de mellizos -una historia que había contado a sus amigas después de la muerte de su hija. "Quería saber si yo la ayudaría con la maternidad, hablando de dinero", dice Baker. "Yo le dije: Angelina, tráeme un documento que diga que estás realmente embarazada y un análisis de DNA que diga que es mi nieto y entonces hablaremos'".
En el funeral, amigos y parientes observaron que Angelina se veía relajada, incluso contenta. Le estaba contando a la gente que ella sospechaba que Frank había sido envenenado por un colega vengativo en Angel Gate. En la limusina hacia el cementerio, la hermana de Frank, Shirley Coers, preguntó: "¿Cómo puede alguien envenenar a otro?" "Hay montones de cosas que puedes hacer para envenenar a gente", le dijo Angelina, de acuerdo al testimonio de Coer. "Cosas botánicas. Adelfa, por ejemplo".
Los detectives dicen que si no hubiese sido por la persistencia y codicia de Angelina, no habrían descubierto qué había matado a Frank. Toxicólogos del condado analizaron la sangre de Frank buscando trazos de todos los venenos conocidos -PCP, heroína, metanfetamina, arsénico, cianuro-, pero sin encontrar nada. La policía le dijo a Angelina que sin una causa de muerte, la compañía de seguros no le pagaría nada.
Casi inmediatamente después de la muerte de Frank, de acuerdo a las transcripciones de los detectives, ella empezó a referirse a la adelfa y a los anticongelantes. "Pudo ser cualquier cosa", dijo a los detectives. "Pudieron ser flores en el camino... ¿Cómo se llaman? ¿Sabes, las que crecen en medio de la carretera?"
Dijo que había recibido varias llamadas anónimas a su celular de alguien que sabía cómo había muerto Frank. "Todo lo que oí, fue, hum, Pregunta sobre los anticongelantes'", les dijo. "¿Crees que se puede hacer así? Si examinan a Frank y dicen: Sí, está ahí, entonces eso será suficiente para que ellos digan que esa fue la causa de su muerte'".
Los toxicólogos aceptaron su recomendación. Determinaron que Frank había recibido una masiva dosis de anticongelantes entre cuatro y seis horas antes de su muerte. Angelina fue detenida semanas más tarde.
Los detectives nunca determinaron cómo puso Angelina los venenos en Frank. Había muerto hacía dos días cuando ellos allanaron la casa. Encontraron plantas de adelfa al alcance de la mano en el patio trasero, pero no anticongelantes.
"Por el modo en que enfrentamos el caso, tuvimos que mentirle", dice el detective Brian Steinwand, de la policía del condado de Los Angeles. "No teníamos testigos. Nuestro único testigo era ella... Ella nos dio los venenos. Los toxicólogos del condado analizan los venenos comunes, pero no la adelfa y ni los anticongelantes. Sabíamos que ella era la única que sabía qué venenos se habían usado".
Lágrimas y Excusas
Ahora cuando Angelina recuerda los últimos días de Frank, no expresa ninguna pena. Dice que él se suicidó porque ella quería divorciarse. El matrimonio tan marchaba mal, dice, que empezó a mezclar analgésicos con alcohol, pasando sola largas noches, llorando. Todo eso, dice, subraya su inocencia.
"¿Cómo habría convencido a ese hombre inteligente de que se tragara toda esa cosa verde?", pregunta. "Yo estaba algo deprimida. Puedo haber estado triste. Pero no soy idiota".
Pero si pensaba que Frank se había suicidado, ¿por qué dijo a la policía que había sido envenenado por un colega vengativo? Su respuesta: Era sólo retrospectivamente que ella se dio cuenta de lo desesperado que estaba Frank.
Si ella era inocente, ¿por qué trató de tramar el asesinato de un testigo en su caso, proponiendo que el asesino usara "los anticongelantes... que usé para matar a mi marido"? Su respuesta: Estaba sobremedicada, incoherente, no sabía lo que decía.
¿Qué dice sobre las declaraciones de sus amigos diciendo que ella habló de matar a Frank? Su respuesta: Mentiras.
¿Y por qué sacó una póliza de vida de 50.000 dólares para un bebé de 13 meses apenas días antes de su muerte? El dinero del seguro era dinero para la universidad, dice.
Cuando las preguntas se acercan incómodamente hacia su incriminación, deja de hablar y se pone a mirar la pared. Se refriega las sienes y suspira ruidosamente. Pone las dos manos sobre la mesa y dice: "Yo no maté a mi marido. Yo no maté a mi hija. Estoy muy cansada de sentirme culpable".
Casi todos los que conocieron a Rodríguez en el pasado han cortado vínculos con ella. Sólo el padrastro de Rodríguez, José Rivera, que ha pagado sus estudios jurídicos, mantiene contacto con ella. Sin embargo, para este artículo ella entregó una larga lista de viejos amigos y parientes con la esperanza de que ellos declaren sobre su carácter. "Quizás", dice, "si se enteran que no estoy tratando de demostrar mi inocencia, se relajen un poco".
Hoy Rodríguez tiene todo el tiempo. No puede pagar un abogado. Pero aunque pudiera, no hay mucho que hacer por ella. La Corte Suprema de California no considerará la apelación automática en su caso -algo que exige la ley cuando se dicta sentencia de muerte- sino hasta 2009.
La condena de Rodríguez ha abrumado a todo el mundo a su alrededor. Su madre, Anita Rivera, murió de enfisema y una afección pulmonar poco después de que Rodríguez fuera condenada a muerte. Fuller dice que a su hija, Autumn, que tiene ahora 13 años, la tortura la posibilidad de que ella haya ayudado a su madre, sin saberlo, en el asesinato de Frank. Hace poco le dijo a Rodríguez que no quería volverla a ver.
Colaiacovo dice que ella rompió relaciones con su hermana después de que Rodríguez le pidiera unos caros encargos: una televisión, un VCR y perfumes caros. Esto, dice, después de que la familia agotara sus ahorros para financiar su defensa. Sin embargo, Colaiacovo se debate con sentimientos de culpa por no rescatar a su hermana menor de las garras de su abuelo. Rodríguez no estuvo nunca equipada para enfrentar las duras verdades del mundo, dice.
"No creo que entienda la realidad", dijo Colaiacovo. "Creo que ella vivía en un mundo de fantasía. Inventaba historias en las que llegaba a creer. A creerlas verdaderamente".
9 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
Sin embargo, Rodríguez vive en el pabellón de la muerte aquí en la Cárcel de Mujeres de California Central, condenada por matar a Frank Rodríguez, su marido durante cuatro meses, en septiembre de 2000, sirviéndose de una sopa de adelfa y tanto Gatorade mezclado con anticongelantes que, como observó el médico forense, el químico le salía por los ojos. Siete años antes, dicen los detectives, mató a su hijita que empezaba a andar metiéndole un chupete en la garganta y demandando exitosamente luego al fabricante por vender un producto "defectuoso". En ambos casos, el motivo fue el dinero. En sus 20 años de experiencia, el juez William R. Pounders, del Tribunal Superior del condado de Los Angeles, que sentenció a Rodríguez, dijo que él no había conocido "nunca antes a una persona tan cruel".
Fue un crimen sensacional, materia prima de literatura barata. Hace poco Court TV lo recordó en una caprichosa re-emisión titulada La esposa persistente'. Y Rodríguez espera que el potencial cinematográfico de la historia despierte justo lo suficiente el interés de Hollywood para ayudar a su apelación, que está todavía a algunos años. Para los detectives, fue un "caso que se da una vez en tu carrera". La policía no contaba con evidencias materiales que relacionaran a Rodríguez con el asesinato. En lugar de eso, fue su extravagante conducta la que los convenció -y al jurado- de su culpabilidad, lo que finalmente condujo a su sentencia de muerte.
Rodríguez es una de las 15 mujeres en el pabellón de la muerte de California, el número más alto del país. Representan una fracción de los 637 reclusos en el pabellón de la muerte del estado, y la mayoría de ellos espera morir de causas naturales, no por una inyección letal. Desde 1962 que no se ejecuta a una mujer; el 19 de enero se ejecutó a un hombre. A pesar de la preocupación de Estados Unidos con los asesinos en serie y asesinatos al azar, la mayoría de las mujeres en el pabellón son como Rodríguez, condenadas por el asesinato de hijos y maridos. Sin embargo, la verdadera intriga de esta historia gótica reside en el retrato de la mujer, no del crimen.
Logró tan bien fundirse en la vida suburbana que incluso sus parientes más cercanos la recuerdan como una madre cariñosa y tímida. Era romántica, dicen, a pesar de haber tenido una infancia profundamente problemática y una serie de matrimonios mal avenidos. Lloraba cuando se enfermaba su perro. Era también muy devota y lloraba a menudo cuando rezaba. Era una chica guapa cuya única falta, parece, era una insaciable sed de atención.
Con un IQ de promedio alto' de 112, Rodríguez es inteligente. Pero sus doctores dicen que durante la mayor parte de su vida vivió en medio de un caos emocional, abrumada por el odio de sí misma y vergüenza, como resultado de repetidos incestos y acosos durante la infancia. Sin embargo, era raro que Rodríguez estuviera sin trabajo y nunca estuvo sin novio. Se unió a la Fuerza Aérea a los 20 y más tarde a la Guardia Nacional del Ejército, fue encargada de un restaurante de comidas rápidas, vendió seguros puerta a puerta y sacó una licencia de cosmetología. Se casó cuatro veces, y estuvo comprometida dos -cada hombre, dice, todavía más exigente que el anterior.
Luego llegaron los pleitos. En seis años ganó cerca de 286.000 dólares en indemnizaciones. Acusó al restaurante de comida rápida de acoso sexual, de negligencia tras resbalar y caer en un camerino a Target, y de responsabilidad por producto a Gerber Co. después de la muerte de su hija. Cuando fue detenida en febrero de 2001, dicen los detectives, Rodríguez se estaba preparando para demandar al propietario de su casa por envenenamiento por asbesto.
Incluso para sus más cercanos ha sido difícil desentrañar la ficción de la realidad de la vida de Rodríguez -y para Rodríguez misma. "Quería una buena vida", dice la hermana de Rodríguez, Gigi Colaiacovo. "Pero yo creo que ella pensaba que el mundo le debía algo".
Rodríguez dice que todo lo que quería era una familia cariñosa. Sin embargo, cada vez que se acercaba a su sueño, ocurría alguna catástrofe."Cuando tratas de desentrañar todo esto", dice la antigua vecina de Rodríguez, Betty Hailey, "simplemente te cansas de tratar de encontrar la verdad".
Era una Soñadora
La infancia que recuerda Rodríguez es una época oscura y confusa. Creció en el barrio obrero de Rockaway Beach, en Queens, Nueva York, la menor y difícil de dos hijas. Su padre nació en Puerto Rico, chofer de camión y taxista, y abandonó a la familia. Su madre era una enfermera que trabajaba día y noche para enviar a sus hijas a escuelas católicas y pagarles cursos de ballet, barra deportiva y baloncesto.
"Mi hermana era siempre la romántica ilusionada", dice Colaiacovo, ahora controladora de propiedades inmobiliarias en West Babylon, en Long Island. "Era definitivamente la más soñadora de las dos".
Las niñas estaban siempre rodeadas de parientes. Cuando las cuidaba su abuelo, dicen Rodríguez y su hermana, él la molestaba. La relación empezó cuando ella tenía 2 años y duró hasta la secundaria, resultó en aborto y la creación de un alter ego a la que llamó Victoria'. Le contó los abusos a varios familiares, dice, pero nada cambió.
"Ella lo permitía", dice Colaiacovo. "Estaba siempre tratando de ser aceptada y tratando de ser la preferida del papá". El abuelo también abusaba de las otras niñas de la familia, dice Colaiacovo, pero "lo paramos cuando pensamos que había que pararlo".
Rodríguez dice que ella intentó primero suicidarse a los 8 con analgésicos legales. A los 16, según muestran archivos de hospital, se dio una sobredosis de barbitúricos y fue hospitalizada por depresión. A los 19, se casó y divorció de un vecino llamado Héctor González. Después de eso, dice, empezó a "correr... buscando mi lugar".
Se mudó a Florida y se alistó en la Fuerza Aérea. Se enamoró de Tom Fuller, el pretendiente correcto', apuesto y atlético, mientras residían en Colorado. Dentro de tres meses quedó embarazada. Se casaron y se mudaron a la Base de la Fuerza Aérea Vandenberg cerca de Lompoc. Dos años más tarde, Rodríguez estaba criando a su hija Autumn y su hija prematura, Alicia. Los primeros cuatro meses del bebé los pasaron entrando y saliendo del hospital con graves problemas de salud, incluyendo bradicardia, un pulso cardíaco anormalmente lento. Sin embargo, Rodríguez recuerda esta época como la más feliz de su vida.
"Nunca pareció estar más asentada que entonces", dice Colaiacovo. "Si hubiera un trabajo que le convenía a la perfección, era el de madre".
En el matrimonio, sin embargo, la relación se estaba desintegrando. Rodríguez se mostraba especialmente protectora de las niñas. En una entrevista Fuller dice que ella empezó a preocuparse del más allá. "Debían ser bautizadas", dice. "Justo en caso de que pasara algo'".
La mañana del 18 de septiembre de 1993, cuando Fuller estaba fuera de la ciudad en un viaje de negocios, Alicia murió atorada con un chupete de plástico. Rodríguez dijo a la policía que encontró a la bebita muerta en su cuna, con la pezonera en el suelo. "Van a pagar por esto", dijo ella sobre el fabricante del chupete, Gerber, de acuerdo a informes policiales.
Semanas más tarde Fuller se enteró de que Rodríguez había comprado un seguro de vida de 50.000 dólares para su hija. Pero no fue sino hasta la investigación del asesinato de Frank Rodríguez que Fuller recordó la advertencia de una enfermera meses antes de que Alicia muriera, de que el chupete había sido retirado del mercado porque a veces la pezonera se separaba del chupete. Ese recuerdo todavía lo atormenta.
"Hay veces en que todo lo que quiero es verla muerta", dice Fuller de su ex esposa. "Hay veces en que no estoy totalmente convencido. Y luego quizás me niego a creer que pudiera casarme con una persona capaz de hacer lo que hizo".
Colaiacovo todavía no puede creer que su hermana matara a Alicia. El mero recuerdo de esas acusaciones la hace llorar. "De ningún modo", dice. "Eso es ridículo. Pondría mi vida en juego". Colaiacovo asistió a todo el juicio y sentencia, oyó una grabación interceptada de su hermana tramando asesinar a un testigo, oyó al juez llamarla una persona cruel.
"Realmente es una buena persona", dice. "Sé que suena irónico. Ella no haría nada que causara daño a alguien. Si de hecho lo hizo, ¿quién sabe lo que estaba pensando? Ella no lo habría hecho nunca. No es suficientemente inteligente. No puedo imaginar qué puede haberle pasado por la cabeza".
Durante una entrevista en agosto, Rodríguez no lloró cuando recordó la muerte de su hija. "Si hubiese querido matar a mi hija", dijo, "la habría dejado morir de bradicardia".Sin embargo, en una carta de octubre para este artículo, su tono era más cariñoso. "Yo quiero a mis hijas más que a nada", escribió. "Son mi aliento, mi corazón, mi vida. Nunca me sentí tan viva como con ellas. Al final tenía el amor que quería". Sobre la pena, escribió: "No es que no sienta pena. Diablos, a veces me duele tanto que enfermo".
Decepción como un Modo de Vida
Después de la muerte de Alicia en 1993, el mundo de Rodríguez se modificó radicalmente. Ella y Fuller se divorciaron. Firmaron un acuerdo con Gerber por 750.000 dólares; de esos, Rodríguez recibió unos 250.000 dólares, de acuerdo a documentos judiciales. Se compró una casa, un coche y un bote.
Mentir se transformó en un modo de vida, de acuerdo a amigos, parientes y detectives. Sus amigos dicen que Rodríguez empezó a contar mentiras a la gente, diciendo que estaba embarazada de mellizos, aunque la mayoría de ellos sabía que después de una operación había quedado infértil. Como el parto no llegaba, les decía que se había caído por la escalera y había abortado. Cuando destrozó su coche, dijo que un novio la había llevado a un precipicio.
Sacó un diploma de cosmetología, se casó con un camionero llamado Don Combs y luego se divorció de él a los meses, dice, porque era muy posesivo. Se alistó en la Guardia Nacional del Ejército, se enamoró de otro hombre, del que dice que la abandonó después de que ella le prestara 20.000 dólares.
"Se puso nuevamente frívola", dice Colaiacovo. A pesar de la indemnización, Rodríguez siempre tenía una historia de mala suerte que contar a su familia, dice. Siempre necesitaba dinero. "Era Pedro gritando que viene el lobo", dice Colaiacovo. "Yo perdí la confianza en ella".
Betty Hailey conoció a Rodríguez en 1997 en una parada del bus escolar. Rodríguez había puesto recién su bien decorada casa de cuatro dormitorios en Paso Robles a la venta, una casa que había comprado con el dinero de la indemnización por la muerte de Alicia. Hailey compró la casa, y pronto las dos mujeres se hicieron amigas. Ella estaba impresionada por el estilo de vida de Rodríguez -los coches, los trajes, los muebles. "Compraba todo lo que quería", dice Hailey. Rezaban juntas. Cuidaban mutuamente a sus hijos. Rodríguez llevó a Hailey en un crucero a México. Y cuando Rodríguez se casó con Frank, Hailey fue su madrina de la boda.
Sin embargo, Hailey dice que ella nunca confió realmente en su impulsiva amiga. No dejaba a su marido a solas con Rodríguez porque sospechaba que su vecina pudiera tratar de seducirlo. Cuando Rodríguez se enteró de que el hijo de Hailey era soltero, se invitó a sí misma a su casa en Washington, D.C. para el Día de Acción de Gracias. "Yo rezaba con ella y me confesaba con ella, pero para decirle la verdad, no sabía mucho sobre ella", dice Hailey.
A Rodríguez le diagnosticaron depresión y desórdenes de ansiedad varias veces desde la infancia. Después de su detención, los doctores concluyeron que también sufría de síntomas de manía y de trastorno límite de personalidad, aunque estaba en condiciones de seguir su juicio. Durante entrevistas en la cárcel con el psiquiatra forense William Vicary, las transcripciones muestran lo que le dijo Rodríguez: "Tengo remordimiento en mi corazón... Lamento lo que le pasó a Frank". Pero no reconoció ninguna culpabilidad.
"Si admito responsabilidad, entonces perderé todo. Perderé toda esperanza", le dijo a Vicary.
"Perdería la esperanza de volver a llevar algún tipo de vida en libertad", dijo Vicary en septiembre en una entrevista. "Y no puede tolerar que puede perder lo poco de afecto y apoyo que recibe de su propia familia... Es todo lo que tiene".
Bromeando sobre el Asesinato
El romance entre Angelina y Frank Rodríguez fue tan breve que causó el estupor de amigos y familiares. Se conocieron en febrero de 2000 en la Angel Gate Academy en San Luis Obispo, un campamento para jóvenes con problemas gestionado por la Guardia Nacional de California y el Los Angeles Unified School District. Eran sargentos del pelotón cuando Angelina acusó a otro empleado de mala conducta sexual hacia un estudiante. Nadie le creyó, excepto Frank. Pronto empezaron a salir.
Frank era un devoto cristiano que insistió en dejar el sexo para el matrimonio; Angelina dice que pasaban un buen tiempo rezando juntos. Ella no estaba enamorada, pero Frank era inteligente, tranquilo y quería a Autumn.
Aparentemente tenían un montón de cosas en común. El mayor de seis hijos, Frank también creció en una familia caótica, mudándose de Connecticut a Texas y finalmente estableciéndose en el centro de Illinois en los años setenta. Su padre, José Francisco Rodríguez, era médico y, dicen los familiares, un hombre celoso y abusador con problemas de alcohol y drogas, que más tarde abandonó a la familia. Su madre, Janet Baker, era una técnica de laboratorio que crió a sus hijos sola.
Los familiares dicen que Frank era un hombre tranquilo y confiado que se hizo responsable de sus hermanos. Dejó su casa para alistarse en la Marina, se casó con una chica de la ciudad, sacó un diploma de maestro de la Universidad de Illinois del Sur y trató de terminar sus estudios de derecho. Finalmente se hizo maestro con afinidad con niños con problemas.
Su matrimonio con Judy Adams terminó al cabo de 14 años, dejando a Frank devastado. Baker dice que el divorcio lo dejó en la calle, pero ansioso por empezar de nuevo y tener una familia propia. Se unió a la iglesia evangélica y dejó de fumar y beber. Se transformó en un asesor telefónico sobre violaciones, dice ella, incluso invitando a una víctima a su casa, la que trató finalmente de apuñalarlo. Más tarde, Frank se mudó a San Luis Obispo y se comprometió con otra maestra en Angel Gate, pero, dice Baker, ella se enamoró de otro y lo dejó.
Entonces él conoció a Angelina. "Él buscaba a una mujer", dice Baker. "A alguien que lo quisiera por lo que era".
Frank y Angelina se comprometieron en abril de 2000 en una ceremonia en la pequeña iglesia de Paso Robles. A los días se mudaron a Montebello a una casa que apenas podían pagar, dado el nuevo empleo de Frank en una escuela secundaria de la localidad. Durante un tiempo la relación fue estable. Pero Angelina dice que Frank se puso intolerablemente posesivo y exageradamente estricto con Autumn. Insistió en ser el único sostén de la familia. "Él era todo", dice ella. "Yo no era nada... Me quería separar".
La familia de Frank dice que los problemas los provocó Angelina. "Él era muy paciente", dice la hermana de Frank, Carmen Pipitone. "Habría hecho cualquier cosa por ella".
En julio, a insistencia de Angelina, Frank compró un seguro de vida de 250.000 dólares y la nombró su única heredera. Y, como declararían sus amigos más tarde en el juicio, Angelina empezó a hablar de matar a Frank. "Bueno, tiene un seguro de vida", le dijo a un amigo, de acuerdo a la declaración inicial del fiscal Doug Sortino. "Debería matarlo y terminar con el asunto". Todos pensaban que estaba bromeando. Bromearon sobre el modo de asesinarlo y contaron la historia de una mujer detenida por usar adelfa para envenenar a su marido, muestran los testimonios. "Hagas lo que hagas", dijo un amigo, de acuerdo a transcripciones del juicio, "no uses adelfa". Hablaron sobre los agresivos perros de un vecino que merecían morir con perritos calientes empapados de anticongelante.
"¿Por qué comería alguien algo con anticongelante?", preguntó Angelina, de acuerdo a los fiscales. "¿No lo sabes?", dijo un amigo. "Sabe dulce. Lo dice en la etiqueta".
En agosto, dice Angelina, empezó un romance con Matt Morones, un ex presidiario y viejo amigo de Paso Robles. Dice que ella le robó a Frank un cheque de pago, ocultó el dinero e hizo planes de mudarse a vivir con la familia Morones. Hacia la misma época, muestran los testimonios, Frank descubrió una filtración de gas natural de su secador durante un fin de semana en que Angelina no estaba en casa.
El miércoles 6 de septiembre de 2000, Frank Rodríguez despertó de una siesta sintiéndose enfermo -nuevamente. Angelina dijo más tarde a la policía que hacía tiempo que no se sentía bien. Tenía dolores de cabeza y no podía comer. De hecho, les dijo, había llegado a casa con síntomas similares hacía dos meses, y sospechaba que alguien en la escuela estaba tratando de envenenarlo, y había corrido hacia el hospital.
Esta vez, Angelina lo arrastró hacia la sala de emergencias. De acuerdo a la policía, ella le dijo al doctor: "No sé qué pasa. He tratado de todo. Mi madre era enfermera. He tratado, pero nada resultó". Intoxicación alimenticia, dijo el doctor. Vuelva a casa, descanse y beba montones de líquidos, especialmente Gatorade.
Así, dice Angelina, puso a su marido en la cama y durante los siguientes dos días ella y su hija Autumn cuidaron a Frank con Gatorade y sopa, cada cuatro horas. A eso de las 3 de la mañana, dice Angelina, despertó y encontró a Frank boca abajo en el piso del dormitorio, muerto.
Días más tarde, ella le contó a la madre de Frank que estaba embarazada de mellizos -una historia que había contado a sus amigas después de la muerte de su hija. "Quería saber si yo la ayudaría con la maternidad, hablando de dinero", dice Baker. "Yo le dije: Angelina, tráeme un documento que diga que estás realmente embarazada y un análisis de DNA que diga que es mi nieto y entonces hablaremos'".
En el funeral, amigos y parientes observaron que Angelina se veía relajada, incluso contenta. Le estaba contando a la gente que ella sospechaba que Frank había sido envenenado por un colega vengativo en Angel Gate. En la limusina hacia el cementerio, la hermana de Frank, Shirley Coers, preguntó: "¿Cómo puede alguien envenenar a otro?" "Hay montones de cosas que puedes hacer para envenenar a gente", le dijo Angelina, de acuerdo al testimonio de Coer. "Cosas botánicas. Adelfa, por ejemplo".
Los detectives dicen que si no hubiese sido por la persistencia y codicia de Angelina, no habrían descubierto qué había matado a Frank. Toxicólogos del condado analizaron la sangre de Frank buscando trazos de todos los venenos conocidos -PCP, heroína, metanfetamina, arsénico, cianuro-, pero sin encontrar nada. La policía le dijo a Angelina que sin una causa de muerte, la compañía de seguros no le pagaría nada.
Casi inmediatamente después de la muerte de Frank, de acuerdo a las transcripciones de los detectives, ella empezó a referirse a la adelfa y a los anticongelantes. "Pudo ser cualquier cosa", dijo a los detectives. "Pudieron ser flores en el camino... ¿Cómo se llaman? ¿Sabes, las que crecen en medio de la carretera?"
Dijo que había recibido varias llamadas anónimas a su celular de alguien que sabía cómo había muerto Frank. "Todo lo que oí, fue, hum, Pregunta sobre los anticongelantes'", les dijo. "¿Crees que se puede hacer así? Si examinan a Frank y dicen: Sí, está ahí, entonces eso será suficiente para que ellos digan que esa fue la causa de su muerte'".
Los toxicólogos aceptaron su recomendación. Determinaron que Frank había recibido una masiva dosis de anticongelantes entre cuatro y seis horas antes de su muerte. Angelina fue detenida semanas más tarde.
Los detectives nunca determinaron cómo puso Angelina los venenos en Frank. Había muerto hacía dos días cuando ellos allanaron la casa. Encontraron plantas de adelfa al alcance de la mano en el patio trasero, pero no anticongelantes.
"Por el modo en que enfrentamos el caso, tuvimos que mentirle", dice el detective Brian Steinwand, de la policía del condado de Los Angeles. "No teníamos testigos. Nuestro único testigo era ella... Ella nos dio los venenos. Los toxicólogos del condado analizan los venenos comunes, pero no la adelfa y ni los anticongelantes. Sabíamos que ella era la única que sabía qué venenos se habían usado".
Lágrimas y Excusas
Ahora cuando Angelina recuerda los últimos días de Frank, no expresa ninguna pena. Dice que él se suicidó porque ella quería divorciarse. El matrimonio tan marchaba mal, dice, que empezó a mezclar analgésicos con alcohol, pasando sola largas noches, llorando. Todo eso, dice, subraya su inocencia.
"¿Cómo habría convencido a ese hombre inteligente de que se tragara toda esa cosa verde?", pregunta. "Yo estaba algo deprimida. Puedo haber estado triste. Pero no soy idiota".
Pero si pensaba que Frank se había suicidado, ¿por qué dijo a la policía que había sido envenenado por un colega vengativo? Su respuesta: Era sólo retrospectivamente que ella se dio cuenta de lo desesperado que estaba Frank.
Si ella era inocente, ¿por qué trató de tramar el asesinato de un testigo en su caso, proponiendo que el asesino usara "los anticongelantes... que usé para matar a mi marido"? Su respuesta: Estaba sobremedicada, incoherente, no sabía lo que decía.
¿Qué dice sobre las declaraciones de sus amigos diciendo que ella habló de matar a Frank? Su respuesta: Mentiras.
¿Y por qué sacó una póliza de vida de 50.000 dólares para un bebé de 13 meses apenas días antes de su muerte? El dinero del seguro era dinero para la universidad, dice.
Cuando las preguntas se acercan incómodamente hacia su incriminación, deja de hablar y se pone a mirar la pared. Se refriega las sienes y suspira ruidosamente. Pone las dos manos sobre la mesa y dice: "Yo no maté a mi marido. Yo no maté a mi hija. Estoy muy cansada de sentirme culpable".
Casi todos los que conocieron a Rodríguez en el pasado han cortado vínculos con ella. Sólo el padrastro de Rodríguez, José Rivera, que ha pagado sus estudios jurídicos, mantiene contacto con ella. Sin embargo, para este artículo ella entregó una larga lista de viejos amigos y parientes con la esperanza de que ellos declaren sobre su carácter. "Quizás", dice, "si se enteran que no estoy tratando de demostrar mi inocencia, se relajen un poco".
Hoy Rodríguez tiene todo el tiempo. No puede pagar un abogado. Pero aunque pudiera, no hay mucho que hacer por ella. La Corte Suprema de California no considerará la apelación automática en su caso -algo que exige la ley cuando se dicta sentencia de muerte- sino hasta 2009.
La condena de Rodríguez ha abrumado a todo el mundo a su alrededor. Su madre, Anita Rivera, murió de enfisema y una afección pulmonar poco después de que Rodríguez fuera condenada a muerte. Fuller dice que a su hija, Autumn, que tiene ahora 13 años, la tortura la posibilidad de que ella haya ayudado a su madre, sin saberlo, en el asesinato de Frank. Hace poco le dijo a Rodríguez que no quería volverla a ver.
Colaiacovo dice que ella rompió relaciones con su hermana después de que Rodríguez le pidiera unos caros encargos: una televisión, un VCR y perfumes caros. Esto, dice, después de que la familia agotara sus ahorros para financiar su defensa. Sin embargo, Colaiacovo se debate con sentimientos de culpa por no rescatar a su hermana menor de las garras de su abuelo. Rodríguez no estuvo nunca equipada para enfrentar las duras verdades del mundo, dice.
"No creo que entienda la realidad", dijo Colaiacovo. "Creo que ella vivía en un mundo de fantasía. Inventaba historias en las que llegaba a creer. A creerlas verdaderamente".
9 de marzo de 2005
©los angeles times
©traducción mQh
asesino respetuoso de las reglas
[Monica Davey] Acusado de diez asesinatos respetaba rigurosamente las reglas.
Ark City, Kansas. En su fresco uniforme beige, gorra e insignia, Dennis L. Rader había transformado su trabajo aplicar las leyes más mundanas de la ciudad con una inusual seriedad.
Se lo veía a menudo en su camión blanco, con las palabras Oficial de Vigilancia, Park City' pintadas en un costado, recorriendo las calles a 16 kilómetros por hora, a la búsqueda de jardines de césped crecido, o tachos de basura demasiado repletos o perros sueltos frente a sus verjas.
"Lo observaba todo, y debe haber aplicado todas las reglas existentes -porque podía, supongo", dijo Barbara Walters, 69, una auditora jubilada del Servicio de Impuestos Internos, que recusó una multa de 25 dólares impuesta por Rader en 1998, diciendo que su perro, Shadow, estaba suelto.
El abogado de Walters dijo que Rader llegó al tribunal más preparado que algunos abogados de juicios penales, llevando un extenso historial sobre Shadow, un video del perro y un complicado sistema de anotaciones relacionando las acusaciones con las pruebas. Rader, y su pila de papeles, ganaron.
Pero la policía que dice que el hombre era muy estricto cuando se trataba de la más pequeña infracción en su modesto suburbio de Wichita, había para entonces asesinado a diez personas, como el asesino conocido por las siglas B.T.K. [Bind, Torture, Kill].
Los detectives dicen que Rader, que cumplirá 60 el miércoles, casi ciertamente en confinamiento solitario en el que ha estado desde que fuera acusado la semana pasada de diez cargos de asesinato, es uno de los más notorios y elusivos criminales en serie del país, el estrangulador que jugó con Wichita durante tres décadas en cartas y poemas y paquetes y que durante largo tiempo insistió en que el público le llamara B.T.K. por su método preferido: atar, torturar, matar. Los abogados de Rader, que todavía deben presentar una petición ante la corte, no respondieron las llamadas.
Lo más asombroso para el área de Wichita, donde ha pasado su vida Rader, no es solamente que fuera visto como una persona normal, alguien que hacía vida social en el Taco Bell, sino que vivía meticulosa y constantemente de acuerdo a las normas sociales más estrictas -mucho más, a veces, que muchos otros vecinos.
Rader y su esposa de 34 iban a la iglesia todos los domingos. A veces cuando él dejaba una visita al bar de después-del-trabajo para volver apresurado a casa, sus colegas suspiraban aliviados; ahora que no estaba podían seguir bebiendo y contándose chistes picantes. Ya en octavo, Rader fue escogido para la prestigiosa patrulla de la escuela, que llevaba los grandes letreros Pare rojos y dirigía a compañeros de escuela y conductores para cruzar la calle.
"Lo que recuerdo es que al final siempre pensábamos que B.T.K. tenía que ser alguien de aquí, que incluso era probablemente un miembro activo de la comunidad", dijo Richard LaMunyon, que dirigió al Departamento de Policía de Wichita en el punto álgido de la investigación hace años. "Pero supongo que nunca pensamos que iba a ser un miembro activo de esta manera -un líder de la iglesia, jefe de Boy Scout, alguien tan conocido, tan público".
Muchos asesinos en serie han llevado vidas relativamente exitosas, con trabajos y relaciones estables, en contraste con la imagen popular de que son solitarios y vagabundos. Pero expertos en asesinatos en serie dicen que el retrato de Rader lleva la noción de estabilidad, autoridad y prominencia en la comunidad a un nivel rara vez visto.
En Wichita, donde una generación de agentes de policía pasaron sus carreras buscando a B.T.K. -interpretando sus embrollados y espantosos escritos, estudiando decenas de retratos psicológicos y sacando DNA de las mejillas de 4.000 residentes-, los detectives más viejos se acercaron a LaMunyon preguntándose si no deberían haber identificado a Rader, que no se ocultaba, décadas antes. Después de todo, su nombre debió haber aparecido en al menos dos largas listas de sospechosos en los años setenta, dijo LaMunyon, y Rader tenía lazos tenues con tres de las víctimas.
Nacido el 9 de marzo de 1945, Dennis Lynn Rader era el mayor de cuatro niños que crecieron en un barrio obrero de Wichita, una ciudad de menos de 170.000 habitantes. Su padre, Bill, que murió en 1996 después de jubilar como operador de planta en una estación generadora de una compañía de servicios, era estricto, pero no cruel, recordaron amigos de infancia de Rader.
"Rader era un poco testarudo, pero no era vicioso", dijo Lee Rader, 73, que era primo de Bill Rader y vive en Springfield, Missouri. Como muchas familias extensas en tenaces pueblos en todo el Midwest, Lee Rader dijo que no recordaba ni una vez en que la familia de Bill Rader hubiera hecho algo que pudiera llamar la atención, mucho menos violar la ley. "El divorcio, supongo que es lo peor que está pasando", dijo.
La vida de joven de Dennis Rader era simple y felizmente corriente para Roger Farthing, que creció con él. Rader se enfrascaba en novelitas baratas e historietas. Jugaba a los policías y ladrones hasta la noche. Y le hizo una pregunta al maestro el primer día de primero, una pregunta que nadie puede olvidar: ¿A qué hora es el almuerzo?
Años más tarde, Rader recordó esos tiempos más sencillos. En el Riverview Round-Up', un cuestionario para la reunión de la escuela primaria, hizo una lista de sus recuerdos favoritos en grandes letras de bloque: recreo, el cuento antes de dormir, los últimos días de la escuela, una pelea con bolas de nieve que fue parada por el director, las clases de arte, una tienda de caramelos cercana, un viejo tiovivo y, por supuesto, el almuerzo. Interrogado por alguna "gema de sabiduría", Rader escribió: "Hazlo ahora. La vida es complicada y breve, así que hay que ser joven de corazón todo lo posible: Era tan fácil en el 59".
Después de la secundaria, Rader o intentó varios semestres en dos universidades, pero se unió pronto a la Fuerza Aérea, aprendiendo a reparar sistemas de cables y antenas, y dejando Wichita durante cuatro años, lo más prolongado que estaría fuera. Volvió en 1970 y se instaló con Paula Dietz, que ha crecido también aquí, iba a la misma secundaria y vivía a la vuelta de la esquina de una casa ocupada ilegalmente en Park City, donde pronto tendrían un bebé, Brian, y una niña, Kerri.
Cuando asistía a una universidad estatal, Rader trabajó durante un año en una línea de montaje en la Coleman Company, haciendo unidades de calefacción y enfriamiento. De 1973 a 1979 asistió a clases en la Universidad Estatal de Wichita, sacando un diploma de bachiller. Su asignatura era la justicia penal.
Comienzan los Asesinatos
El 15 de enero de 1974, B.T.K. golpeó en Wichita por primera vez, aunque la mayoría de los residentes no se enterarían de las iniciales, o incluso de que había un asesino en serie suelto, durante varios años.
La escena era atroz, algo nunca visto antes en esta ciudad. Cuatro miembros de la familia Otero -Joseph, 38, un oficial retirado de la Fuerza Aérea; Julie, 34, que había trabajado en la Coleman Company hacía un mes; y dos de sus hijos, Josephine, 11, y Joseph II, 9- fueron estrangulados en su casa a mediodía con la cuerda de las persianas venecianas.
Atrás quedó una escena horrorosa, y cuyas detalles se repetirían en futuros asesinatos. El cable del teléfono había sido cortado. Los Otero habían sido amarrados, y la policía observó que los nudos eran particularmente refinados. El asesino se había llevado al menos un recuerdo: un reloj pulsera.
Ninguno de los Otero fue atacado sexualmente, aunque el cuerpo de Josephine fue encontrado parcialmente vestido, colgando del tubo de la alcantarilla en el sótano. No lejos de la niña, allá en el sótano, había semen, y se volvería a encontrar en los asesinatos posteriores. Los detectives se convencieron rápidamente de que tenían que vérselas con un perverso sexual, alguien que se divertía atando a la gente, observarles tratando de respirar y morir lentamente. Algunas de las caras de las víctimas estaban hinchadas, dijeron los detectives, sugiriendo que el asesino las estranguló de a poco, dejándolas respirar antes de volver a estrangularlas.
El caso Otero fue el primero y el último conocido en que B.T.K. matara a un hombre y a un niño: las otras víctimas fueron todas mujeres, aparentemente elegidas al azar, y en edades de 21 a 62. Nueve meses más tarde, después de que la policía anunciara una posible confesión en el caso Otero, apareció la primera carta del asesino. En ella se responsabilizaba de las muertes de los Otero, mencionando detalles que, dijo la policía, sólo el asesino podía saber, y expresó frustración de que otro se llevara el crédito de sus asesinatos. La carta estaba llena de errores tipográficos y ortográficos.
"No puedo pararlo, así que el monstruo seguirá atacando, y me herirá a mí tanto como a la sociedad", decía la carta. Observó que él estaría "esperando en la oscuridad, esperando, esperando", y concluía con una posdata: "Las palabras claves para mí son: atarlos, torturarlos, matarlos B.T.K., ya veis que ha recomenzado. Habrá otra víctima".
Pero para entonces el asesino había vuelto a golpear. Kathryn Bright, que también trabajaba en Coleman, fue matada a puñaladas en su casa en abril. Los cables del teléfono habían sido cortados, y ella fue atada con una cuerda anudada.
En el Negocio de la Seguridad
Poco después Rader empezó a trabajar a fines de 1974 en la ADT, una compañía de seguridad, donde era ampliamente rechazado -especialmente por aquellos debajo de él después de que se transformara en supervisor de los instaladores de alarmas.
"Era completamente competente, organizado y era bueno en lo que hacía, pero era un capataz exigente", dijo Rick Carr, 68, que vendía sistemas para ADT. "Llegó aquí con la actitud de alguien que viene a terminar un trabajo, no a hacerse amigos de nadie".
En su camisa gris del uniforme de la ADT, con el nombre Dennis' sobre el bolsillo, Rader trabajó durante 14 años en lo que otros llamaban "la mazmorra", una sección de la oficina sin ventanas, paredes grises y un puerta de acero. Pero su trabajo también lo sacaba a la calle durante el día, para revisar instalaciones.
En las fiestas junto a la piscina de la compañía en casa de los Carr, en Wichita, Martha Carr, la ex esposa de Carr, dijo que Rader llegaba siempre alegre con su esposa y niños, miraba a los ojos y decía las cosas correctas: que la fiesta estaba espléndida, la comida ordenada con tanto gusto.
Entretanto, Paula Rader era una fabulosa cocinera, y una mujer tranquila y suave que parecía disfrutar de un matrimonio cariñoso y feliz, dijo Carr. "Parecía inocente", dijo Carr, "nada de mundana, ¿entiendes?"
Un tema normal de discusión en ADT, no sorprendentemente, era B.T.K.
"Era el tema de toda la ciudad, pero esta era una compañía de seguridad, y, francamente, B.T.K. aumentó los negocios", dijo Denise Mattocks, 46, que trabajó con Rader durante años.
Mattocks, que entonces era soltera, tenía miedo de B.T.K., dijo, y se lo había contado varias veces a Rader. Como muchos otros en Wichita cuando cundió el pánico, ella habló de chequear su teléfono para ver si tenía tono cada vez que volvía a casa. Rader, recordó ella, no dijo mucho. Cuando se animaba a hablar, se inclinaba hacia su vida en su casa: su esposa, los tomates de su jardín, sus excursiones de Boy Scout.
Rader se hizo un líder Scout cuando su hijo Brian tenía 8 años y pudo unirse a la Tropa 491. Rader impuso a los niños normas estrictas, no dejándoles pasar nada, como hacían algunos padres, y perfeccionando sus habilidades para una insignia, dijo George J. Martin, 70, que ayudaba a dirigir la tropa. Rader era muy capaz, dijo Martin, cuando se trataba de enseñar a los niños a hacer nudos.
"El nudo margarita, el bulín, la vuelta de cabo, el barrilete", recordó. "Dennis los conocía todos".
No Hay Más Cartas
Para fines de los años setenta, B.T.K. había matado a siete personas, dice la policía, y las espeluznantes e hirientes cartas habían empezado a llegar. Una carta fue trazada hasta un fotocopiador de la Universidad Estatal de Wichita. Y en 1979, aparentemente después de que B.T.K. entrara a la casa de una viuda rompiendo la ventana y esperara -en vano- que ella volviera, le envió un poema a la mujer que nunca llegó: "Oh, Anna, Por Qué No Has Venido".
En parte, el poema dice: "Otra vez recorro de paso memorias de espejos y me pregunto por qué no estaba el número ocho". Y entonces las cartas dejaron abruptamente de llegar. La policía dice que B.T.K. mató a tres mujeres más en 1985, 1986 y 1991 -incluyendo dos casos, uno en Park City y otro cercano, que no fueron relacionados públicamente con B.T.K. sino el fin de semana pasado.
Alguna gente, como Al Thimmesch, un agente de policía retirado de Wichita, se pregunta si se encontrarán más víctimas de B.T.K. Pero si la policía tiene razón, los asesinatos en serie terminaron el 19 de enero de 1991, con la muerte de Dolores Davis, cuya casa estaba cerca de Park City.
En mayo de 1999, Rader fue contratado como oficial de vigilancia de Park City, un período que un habitante de este suburbio al norte de Wichita llama el principio de un "reino de terror" para los vecinos de aquí. Los críticos de Rader aquí dicen que se sentaba en el camión esperando que pasara algo malo en sus casas. Hacía numerosas fotos de las casas, dijeron, buscando algo fuera de lugar. Alguna gente insiste que a veces soltaba a los perros él mismo, y luego citaba a declarar a los propietarios.
Rhonda Reno dijo que un día vio a Rader recorrer el jardín de un vecino que estaba enfermo y no podía cortar el césped. Caminando sobre el pasto con una vara de medir, dijo, había medido las infracciones. "Nunca confié en él", dijo Jim Reno, su marido. "Había dos personas a las que yo echaba el ojo aquí en este bloque y una de ellas era él".
Sin embargo, otros sentían simpatía por Rader y encontraban encantador su exagerado entusiasmo por su trabajo.
Ayudaba a los vecinos viejos a atrapar mofetas, y ayudaba a su vecina, una mujer sola, cortando el césped de su jardín y reparado sus grifos estropeados, dijo el vecino. E incluso manipulaba las reglas. Otra mujer, Virginia Jackson, 53, dijo que cuando su boxer se soltó y Rader lo persiguió y, después de una lucha, logró llevarlo de vuelta a casa. Jackson no recibió ninguna notificación.
"Era muy profesional", dijo. "Hacía su trabajo".
Rompiendo el Silencio
En enero pasado, el Wichita Eagle publicó un artículo sobre B.T.K. para marcar el 30 aniversario del asesinato de los Otero y el comienzo del pánico. Para entonces, el caso había sido olvidado por muchos. El artículo sugería que B.T.K. podría haberse mudado o incluso muerto.
Dos meses más tarde, B.T.K. escribió una carta, la primera en un cuarto de siglo. Desde ahí inició un frenesí comunicativo -diez cartas o paquetes enviados a diarios y medios de comunicación, o simplemente dejados en parques. Los llenaba de chucherías, algunas aparentemente de los asesinatos: fotografías, un crucigrama, una muñeca con una bolsa de plástico en la cabeza, un collar, un CD-ROM y el carné de conducir de una víctima.
Para el fin de semana pasado, con la ayuda del CD y evidencias de DNA, la policía detuvo a Rader y anunció con gran fanfarria que B.T.K. había sido capturado.
Retrospectivamente alguna gente se pregunta si no debió la policía de Wichita detenerlo antes. LaMunyon, el ex jefe de policía, responde a los que preguntan que no cree que fuera posible una detención en esos años; el envío postal más reciente de B.T.K., muchos de los cuales tenían un tono más maduro y conciliatorio que años antes, originó toda una nueva sala rellena de evidencias que deberán investigar los detectives.
Sin embargo, reconoció que el nombre de Rader fue probablemente incluido en dos largas listas compuestas por la policía hace años. La policía apuntó los nombres de los empleados de Coleman en algún momento porque las dos primeras mujeres asesinadas habían trabajado ahí y, como se descubrió, Rader mismo. También habían apuntado los nombres de hombres blancos en el estado de Wichita en los años setenta porque una de las cartas había sido copiada en la universidad y que un poema de B.T.K. se parecía a una canción enseñada en un popular seminario de un profesor sobre folklore en la Universidad Estatal.
También había otro vínculo. Aunque la policía no había conectado públicamente la muerte de Marine Hedge, la octava víctima, con B.T.K. hasta el fin de semana pasado, para la época de su muerte, Hedge vivía a seis casas más abajo en la calle de Rader en Park City.
"Creo que la policía cometió errores en esos años", dijo Robert Beattie, un abogado de Wichita que escribe un libro sobre B.T.K. "Estaban buscando a un tipo como Charles Manson".
Charles Liles, un antiguo agente de policía de Wichita, dijo que la policía se concentró muy estrechamente en agresores sexuales convictos más que en alguien que pudiera ser justo uno de ellos.
El reverendo Michael G. Clark, pastor de Rader, lo visitó en la cárcel el miércoles, con una pared de cristal entre el pastor y el presidente de su consejo parroquial. Rader "se encuentra tan bien como era de esperar", dijo Clark. Su propio escepticismo, sin embargo, no ha disminuido. Mientras más lo piensa, dijo Clark, sólo recuerda conservaciones normales con Rader, conversaciones sobre la pesca y la salud de su madre.
"Me di cuenta", dijo Clark, "de que no hay nada que recordar, nada que haga sentido de todo esto".
Entretanto, Park City despidió discretamente a Rader la semana pasada, diciendo solamente que no se había aparecido a trabajar.
Ariel Hart contribuyó a este reportaje desde Atlanta, Michael McElroy desde Wichita y Gretchen Ruethling desde Chicago.
6 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh
Se lo veía a menudo en su camión blanco, con las palabras Oficial de Vigilancia, Park City' pintadas en un costado, recorriendo las calles a 16 kilómetros por hora, a la búsqueda de jardines de césped crecido, o tachos de basura demasiado repletos o perros sueltos frente a sus verjas.
"Lo observaba todo, y debe haber aplicado todas las reglas existentes -porque podía, supongo", dijo Barbara Walters, 69, una auditora jubilada del Servicio de Impuestos Internos, que recusó una multa de 25 dólares impuesta por Rader en 1998, diciendo que su perro, Shadow, estaba suelto.
El abogado de Walters dijo que Rader llegó al tribunal más preparado que algunos abogados de juicios penales, llevando un extenso historial sobre Shadow, un video del perro y un complicado sistema de anotaciones relacionando las acusaciones con las pruebas. Rader, y su pila de papeles, ganaron.
Pero la policía que dice que el hombre era muy estricto cuando se trataba de la más pequeña infracción en su modesto suburbio de Wichita, había para entonces asesinado a diez personas, como el asesino conocido por las siglas B.T.K. [Bind, Torture, Kill].
Los detectives dicen que Rader, que cumplirá 60 el miércoles, casi ciertamente en confinamiento solitario en el que ha estado desde que fuera acusado la semana pasada de diez cargos de asesinato, es uno de los más notorios y elusivos criminales en serie del país, el estrangulador que jugó con Wichita durante tres décadas en cartas y poemas y paquetes y que durante largo tiempo insistió en que el público le llamara B.T.K. por su método preferido: atar, torturar, matar. Los abogados de Rader, que todavía deben presentar una petición ante la corte, no respondieron las llamadas.
Lo más asombroso para el área de Wichita, donde ha pasado su vida Rader, no es solamente que fuera visto como una persona normal, alguien que hacía vida social en el Taco Bell, sino que vivía meticulosa y constantemente de acuerdo a las normas sociales más estrictas -mucho más, a veces, que muchos otros vecinos.
Rader y su esposa de 34 iban a la iglesia todos los domingos. A veces cuando él dejaba una visita al bar de después-del-trabajo para volver apresurado a casa, sus colegas suspiraban aliviados; ahora que no estaba podían seguir bebiendo y contándose chistes picantes. Ya en octavo, Rader fue escogido para la prestigiosa patrulla de la escuela, que llevaba los grandes letreros Pare rojos y dirigía a compañeros de escuela y conductores para cruzar la calle.
"Lo que recuerdo es que al final siempre pensábamos que B.T.K. tenía que ser alguien de aquí, que incluso era probablemente un miembro activo de la comunidad", dijo Richard LaMunyon, que dirigió al Departamento de Policía de Wichita en el punto álgido de la investigación hace años. "Pero supongo que nunca pensamos que iba a ser un miembro activo de esta manera -un líder de la iglesia, jefe de Boy Scout, alguien tan conocido, tan público".
Muchos asesinos en serie han llevado vidas relativamente exitosas, con trabajos y relaciones estables, en contraste con la imagen popular de que son solitarios y vagabundos. Pero expertos en asesinatos en serie dicen que el retrato de Rader lleva la noción de estabilidad, autoridad y prominencia en la comunidad a un nivel rara vez visto.
En Wichita, donde una generación de agentes de policía pasaron sus carreras buscando a B.T.K. -interpretando sus embrollados y espantosos escritos, estudiando decenas de retratos psicológicos y sacando DNA de las mejillas de 4.000 residentes-, los detectives más viejos se acercaron a LaMunyon preguntándose si no deberían haber identificado a Rader, que no se ocultaba, décadas antes. Después de todo, su nombre debió haber aparecido en al menos dos largas listas de sospechosos en los años setenta, dijo LaMunyon, y Rader tenía lazos tenues con tres de las víctimas.
Nacido el 9 de marzo de 1945, Dennis Lynn Rader era el mayor de cuatro niños que crecieron en un barrio obrero de Wichita, una ciudad de menos de 170.000 habitantes. Su padre, Bill, que murió en 1996 después de jubilar como operador de planta en una estación generadora de una compañía de servicios, era estricto, pero no cruel, recordaron amigos de infancia de Rader.
"Rader era un poco testarudo, pero no era vicioso", dijo Lee Rader, 73, que era primo de Bill Rader y vive en Springfield, Missouri. Como muchas familias extensas en tenaces pueblos en todo el Midwest, Lee Rader dijo que no recordaba ni una vez en que la familia de Bill Rader hubiera hecho algo que pudiera llamar la atención, mucho menos violar la ley. "El divorcio, supongo que es lo peor que está pasando", dijo.
La vida de joven de Dennis Rader era simple y felizmente corriente para Roger Farthing, que creció con él. Rader se enfrascaba en novelitas baratas e historietas. Jugaba a los policías y ladrones hasta la noche. Y le hizo una pregunta al maestro el primer día de primero, una pregunta que nadie puede olvidar: ¿A qué hora es el almuerzo?
Años más tarde, Rader recordó esos tiempos más sencillos. En el Riverview Round-Up', un cuestionario para la reunión de la escuela primaria, hizo una lista de sus recuerdos favoritos en grandes letras de bloque: recreo, el cuento antes de dormir, los últimos días de la escuela, una pelea con bolas de nieve que fue parada por el director, las clases de arte, una tienda de caramelos cercana, un viejo tiovivo y, por supuesto, el almuerzo. Interrogado por alguna "gema de sabiduría", Rader escribió: "Hazlo ahora. La vida es complicada y breve, así que hay que ser joven de corazón todo lo posible: Era tan fácil en el 59".
Después de la secundaria, Rader o intentó varios semestres en dos universidades, pero se unió pronto a la Fuerza Aérea, aprendiendo a reparar sistemas de cables y antenas, y dejando Wichita durante cuatro años, lo más prolongado que estaría fuera. Volvió en 1970 y se instaló con Paula Dietz, que ha crecido también aquí, iba a la misma secundaria y vivía a la vuelta de la esquina de una casa ocupada ilegalmente en Park City, donde pronto tendrían un bebé, Brian, y una niña, Kerri.
Cuando asistía a una universidad estatal, Rader trabajó durante un año en una línea de montaje en la Coleman Company, haciendo unidades de calefacción y enfriamiento. De 1973 a 1979 asistió a clases en la Universidad Estatal de Wichita, sacando un diploma de bachiller. Su asignatura era la justicia penal.
Comienzan los Asesinatos
El 15 de enero de 1974, B.T.K. golpeó en Wichita por primera vez, aunque la mayoría de los residentes no se enterarían de las iniciales, o incluso de que había un asesino en serie suelto, durante varios años.
La escena era atroz, algo nunca visto antes en esta ciudad. Cuatro miembros de la familia Otero -Joseph, 38, un oficial retirado de la Fuerza Aérea; Julie, 34, que había trabajado en la Coleman Company hacía un mes; y dos de sus hijos, Josephine, 11, y Joseph II, 9- fueron estrangulados en su casa a mediodía con la cuerda de las persianas venecianas.
Atrás quedó una escena horrorosa, y cuyas detalles se repetirían en futuros asesinatos. El cable del teléfono había sido cortado. Los Otero habían sido amarrados, y la policía observó que los nudos eran particularmente refinados. El asesino se había llevado al menos un recuerdo: un reloj pulsera.
Ninguno de los Otero fue atacado sexualmente, aunque el cuerpo de Josephine fue encontrado parcialmente vestido, colgando del tubo de la alcantarilla en el sótano. No lejos de la niña, allá en el sótano, había semen, y se volvería a encontrar en los asesinatos posteriores. Los detectives se convencieron rápidamente de que tenían que vérselas con un perverso sexual, alguien que se divertía atando a la gente, observarles tratando de respirar y morir lentamente. Algunas de las caras de las víctimas estaban hinchadas, dijeron los detectives, sugiriendo que el asesino las estranguló de a poco, dejándolas respirar antes de volver a estrangularlas.
El caso Otero fue el primero y el último conocido en que B.T.K. matara a un hombre y a un niño: las otras víctimas fueron todas mujeres, aparentemente elegidas al azar, y en edades de 21 a 62. Nueve meses más tarde, después de que la policía anunciara una posible confesión en el caso Otero, apareció la primera carta del asesino. En ella se responsabilizaba de las muertes de los Otero, mencionando detalles que, dijo la policía, sólo el asesino podía saber, y expresó frustración de que otro se llevara el crédito de sus asesinatos. La carta estaba llena de errores tipográficos y ortográficos.
"No puedo pararlo, así que el monstruo seguirá atacando, y me herirá a mí tanto como a la sociedad", decía la carta. Observó que él estaría "esperando en la oscuridad, esperando, esperando", y concluía con una posdata: "Las palabras claves para mí son: atarlos, torturarlos, matarlos B.T.K., ya veis que ha recomenzado. Habrá otra víctima".
Pero para entonces el asesino había vuelto a golpear. Kathryn Bright, que también trabajaba en Coleman, fue matada a puñaladas en su casa en abril. Los cables del teléfono habían sido cortados, y ella fue atada con una cuerda anudada.
En el Negocio de la Seguridad
Poco después Rader empezó a trabajar a fines de 1974 en la ADT, una compañía de seguridad, donde era ampliamente rechazado -especialmente por aquellos debajo de él después de que se transformara en supervisor de los instaladores de alarmas.
"Era completamente competente, organizado y era bueno en lo que hacía, pero era un capataz exigente", dijo Rick Carr, 68, que vendía sistemas para ADT. "Llegó aquí con la actitud de alguien que viene a terminar un trabajo, no a hacerse amigos de nadie".
En su camisa gris del uniforme de la ADT, con el nombre Dennis' sobre el bolsillo, Rader trabajó durante 14 años en lo que otros llamaban "la mazmorra", una sección de la oficina sin ventanas, paredes grises y un puerta de acero. Pero su trabajo también lo sacaba a la calle durante el día, para revisar instalaciones.
En las fiestas junto a la piscina de la compañía en casa de los Carr, en Wichita, Martha Carr, la ex esposa de Carr, dijo que Rader llegaba siempre alegre con su esposa y niños, miraba a los ojos y decía las cosas correctas: que la fiesta estaba espléndida, la comida ordenada con tanto gusto.
Entretanto, Paula Rader era una fabulosa cocinera, y una mujer tranquila y suave que parecía disfrutar de un matrimonio cariñoso y feliz, dijo Carr. "Parecía inocente", dijo Carr, "nada de mundana, ¿entiendes?"
Un tema normal de discusión en ADT, no sorprendentemente, era B.T.K.
"Era el tema de toda la ciudad, pero esta era una compañía de seguridad, y, francamente, B.T.K. aumentó los negocios", dijo Denise Mattocks, 46, que trabajó con Rader durante años.
Mattocks, que entonces era soltera, tenía miedo de B.T.K., dijo, y se lo había contado varias veces a Rader. Como muchos otros en Wichita cuando cundió el pánico, ella habló de chequear su teléfono para ver si tenía tono cada vez que volvía a casa. Rader, recordó ella, no dijo mucho. Cuando se animaba a hablar, se inclinaba hacia su vida en su casa: su esposa, los tomates de su jardín, sus excursiones de Boy Scout.
Rader se hizo un líder Scout cuando su hijo Brian tenía 8 años y pudo unirse a la Tropa 491. Rader impuso a los niños normas estrictas, no dejándoles pasar nada, como hacían algunos padres, y perfeccionando sus habilidades para una insignia, dijo George J. Martin, 70, que ayudaba a dirigir la tropa. Rader era muy capaz, dijo Martin, cuando se trataba de enseñar a los niños a hacer nudos.
"El nudo margarita, el bulín, la vuelta de cabo, el barrilete", recordó. "Dennis los conocía todos".
No Hay Más Cartas
Para fines de los años setenta, B.T.K. había matado a siete personas, dice la policía, y las espeluznantes e hirientes cartas habían empezado a llegar. Una carta fue trazada hasta un fotocopiador de la Universidad Estatal de Wichita. Y en 1979, aparentemente después de que B.T.K. entrara a la casa de una viuda rompiendo la ventana y esperara -en vano- que ella volviera, le envió un poema a la mujer que nunca llegó: "Oh, Anna, Por Qué No Has Venido".
En parte, el poema dice: "Otra vez recorro de paso memorias de espejos y me pregunto por qué no estaba el número ocho". Y entonces las cartas dejaron abruptamente de llegar. La policía dice que B.T.K. mató a tres mujeres más en 1985, 1986 y 1991 -incluyendo dos casos, uno en Park City y otro cercano, que no fueron relacionados públicamente con B.T.K. sino el fin de semana pasado.
Alguna gente, como Al Thimmesch, un agente de policía retirado de Wichita, se pregunta si se encontrarán más víctimas de B.T.K. Pero si la policía tiene razón, los asesinatos en serie terminaron el 19 de enero de 1991, con la muerte de Dolores Davis, cuya casa estaba cerca de Park City.
En mayo de 1999, Rader fue contratado como oficial de vigilancia de Park City, un período que un habitante de este suburbio al norte de Wichita llama el principio de un "reino de terror" para los vecinos de aquí. Los críticos de Rader aquí dicen que se sentaba en el camión esperando que pasara algo malo en sus casas. Hacía numerosas fotos de las casas, dijeron, buscando algo fuera de lugar. Alguna gente insiste que a veces soltaba a los perros él mismo, y luego citaba a declarar a los propietarios.
Rhonda Reno dijo que un día vio a Rader recorrer el jardín de un vecino que estaba enfermo y no podía cortar el césped. Caminando sobre el pasto con una vara de medir, dijo, había medido las infracciones. "Nunca confié en él", dijo Jim Reno, su marido. "Había dos personas a las que yo echaba el ojo aquí en este bloque y una de ellas era él".
Sin embargo, otros sentían simpatía por Rader y encontraban encantador su exagerado entusiasmo por su trabajo.
Ayudaba a los vecinos viejos a atrapar mofetas, y ayudaba a su vecina, una mujer sola, cortando el césped de su jardín y reparado sus grifos estropeados, dijo el vecino. E incluso manipulaba las reglas. Otra mujer, Virginia Jackson, 53, dijo que cuando su boxer se soltó y Rader lo persiguió y, después de una lucha, logró llevarlo de vuelta a casa. Jackson no recibió ninguna notificación.
"Era muy profesional", dijo. "Hacía su trabajo".
Rompiendo el Silencio
En enero pasado, el Wichita Eagle publicó un artículo sobre B.T.K. para marcar el 30 aniversario del asesinato de los Otero y el comienzo del pánico. Para entonces, el caso había sido olvidado por muchos. El artículo sugería que B.T.K. podría haberse mudado o incluso muerto.
Dos meses más tarde, B.T.K. escribió una carta, la primera en un cuarto de siglo. Desde ahí inició un frenesí comunicativo -diez cartas o paquetes enviados a diarios y medios de comunicación, o simplemente dejados en parques. Los llenaba de chucherías, algunas aparentemente de los asesinatos: fotografías, un crucigrama, una muñeca con una bolsa de plástico en la cabeza, un collar, un CD-ROM y el carné de conducir de una víctima.
Para el fin de semana pasado, con la ayuda del CD y evidencias de DNA, la policía detuvo a Rader y anunció con gran fanfarria que B.T.K. había sido capturado.
Retrospectivamente alguna gente se pregunta si no debió la policía de Wichita detenerlo antes. LaMunyon, el ex jefe de policía, responde a los que preguntan que no cree que fuera posible una detención en esos años; el envío postal más reciente de B.T.K., muchos de los cuales tenían un tono más maduro y conciliatorio que años antes, originó toda una nueva sala rellena de evidencias que deberán investigar los detectives.
Sin embargo, reconoció que el nombre de Rader fue probablemente incluido en dos largas listas compuestas por la policía hace años. La policía apuntó los nombres de los empleados de Coleman en algún momento porque las dos primeras mujeres asesinadas habían trabajado ahí y, como se descubrió, Rader mismo. También habían apuntado los nombres de hombres blancos en el estado de Wichita en los años setenta porque una de las cartas había sido copiada en la universidad y que un poema de B.T.K. se parecía a una canción enseñada en un popular seminario de un profesor sobre folklore en la Universidad Estatal.
También había otro vínculo. Aunque la policía no había conectado públicamente la muerte de Marine Hedge, la octava víctima, con B.T.K. hasta el fin de semana pasado, para la época de su muerte, Hedge vivía a seis casas más abajo en la calle de Rader en Park City.
"Creo que la policía cometió errores en esos años", dijo Robert Beattie, un abogado de Wichita que escribe un libro sobre B.T.K. "Estaban buscando a un tipo como Charles Manson".
Charles Liles, un antiguo agente de policía de Wichita, dijo que la policía se concentró muy estrechamente en agresores sexuales convictos más que en alguien que pudiera ser justo uno de ellos.
El reverendo Michael G. Clark, pastor de Rader, lo visitó en la cárcel el miércoles, con una pared de cristal entre el pastor y el presidente de su consejo parroquial. Rader "se encuentra tan bien como era de esperar", dijo Clark. Su propio escepticismo, sin embargo, no ha disminuido. Mientras más lo piensa, dijo Clark, sólo recuerda conservaciones normales con Rader, conversaciones sobre la pesca y la salud de su madre.
"Me di cuenta", dijo Clark, "de que no hay nada que recordar, nada que haga sentido de todo esto".
Entretanto, Park City despidió discretamente a Rader la semana pasada, diciendo solamente que no se había aparecido a trabajar.
Ariel Hart contribuyó a este reportaje desde Atlanta, Michael McElroy desde Wichita y Gretchen Ruethling desde Chicago.
6 de marzo de 2005
©new york times
©traducción mQh