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terrorismo

matan a monja en somalia


[Sahal Abdulle y Guled Mohamed] Monja italiana asesinada en Somalia en posible conexión con declaraciones del Papa.
Mogadishu, Somalia. El domingo hombres armados asesinaron a una monja italiana en un hospital pediátrico de Mogadishu, en un atentado que provocó inmediatas especulaciones sobre un vínculo con la ira musulmana por las recientes declaraciones del Papa sobre el islam.
El guardia de la monja católica también murió debido a heridas de bala en este último atentado contra extranjeros en la volátil Somalia.
Los asesinatos fueron un golpe para el intento de los nuevos gobernantes musulmanes de Mogadishu de demostrar que han pacificado una de las ciudades más caóticas del mundo desde que, en junio, expulsaran de ella de los señores de la guerra.
El guardaespaldas murió instantáneamente, pero la monja, de la orden de las Misioneras de la Consolación, con sede en Nepi, cerca de Roma, fue trasladada a toda prisa a un hospital militar después de recibir tres o cuatro impactos de bala en el pecho, estómago y espalda.
"Murió en la sala de tratamientos del hospital", dijo el doctor Ali Mohamed Hassan a Reuters. "Fue atacada frente al hospital, cuando cruzaba la puerta en dirección a su casa".
Una monja de la orden de las Misioneras la identificó como la hermana Leonella Sgorbati, nacida en 1940, en Piacenza, al norte de Italia. En Somalia desde 2002, adiestraba a enfermeras en el hospital SOS Kindergarten.
El gobierno italiano dijo que la monja y otras dos monjas italianas que trabajan con ella, fueron aconsejadas repetidas veces que se marcharan de Somalia, que es una antigua colonia italiana.
La muerte el domingo provocó dolorosas escenas en el hospital.
"Estaba en clases cuando oí seis a ocho balazos. Corrí hacia afuera y vi a la hermana desangrándose", dijo a Reuters Fatuman Hassan, 21.
"Estamos muy tristes. Es una terrible pérdida".
Más tarde fueron arrestados dos milicianos musulmanes sospechosos, pero no se entregaron detalles sobre sus identidades.

Vinculo con el Papa

Una importante fuente musulmana dijo a Reuters que era "muy probable" que el atentado estuviera vinculado a la controversia sobre un reciente discurso del Papa Benedicto que causó la ira de los musulmanes que piensan que muestra a su religión como inherentemente violenta.
Un importante clérigo somalí entrevistado por periodistas no pudo entregar otras pistas sobre los motivos detrás del asesinato, pero dijo que los comentarios del Papa pusieron al islam bajo una luz negativa.
"Los sentimientos del Parpa son parte de una interpretación errónea del islam en Estados Unidos, Israel, Gran Bretaña y Rusia", dijo el jeque Nur Barud, un importante clérigo somalí. "Han insultado al islam, matan a musulmanes en Iraq, Afganistán y Palestina, su líder es Bush y el Papa es parte de ellos".
El portavoz del Vaticano, Federico Lombardi, dijo a la agencia de noticias italiana ANSA que esperaba que la muerte de la monja fuera un hecho aislado, pero temía que fuera "el fruto de la violencia e irracionalidad que fluyen de la situación actual en torno al Papa, que no tiene ni motivo ni razón".
Pero en Italia, una monja de la orden de Sgorbati, que pidió no ser identificada, dijo: "No tenemos ninguna razón para creer que exista algún vínculo".
Agregó: "No había amenazas, no teníamos ningún motivo para sospechar algo así, aunque, por supuesto, hay riesgos".
Nacido de los tribunales locales que aplican la estricta ley de la sharia, el movimiento islamita de Somalia se apoderó en junio de Mogadishu tras expulsar a los señores de la guerra que, respaldados por Estados Unidos, habían controlado la ciudad en los últimos quince años.
Aunque los islamitas han logrado sacar las armas de la calle y terminar con los puestos de control instalados por milicianos jóvenes y erráticos leales a los señores de la guerra, Mogadishu sigue estando llena de armas.
La muerte de la monja -y el asesinato en junio de un camarógrafo sueco- perjudica su afirmación de que Mogadishu es ahora un lugar seguro para extranjeros.
Críticos de los islamitas dicen que cobijan a militantes asociados a al-Qaeda. Los islamitas lo niegan, diciendo que Occidente no les entiende y que creen en la propaganda norteamericana.
El portavoz de los islamitas, Bedri Hashi, dijo que el asesinato puede haber sido "orquestado por gente que quiere desprestigiar a los tribunales islámicos".
La monja italiana fue la última de una lista de socorristas extranjeros y otros empleados internacionales que han sido asesinados en Somalia.
Otra socorrista italiana, Annalena Tonelli, fue ultimada a balazos en el autoproclamado enclave de Somalia en 2003.
Los islamitas están comprometidos en un impasse político con el gobierno interino de Somalia respaldado por Occidente, que tiene su sede en Baidoa y no cuenta con fuerzas militares propias.

Andrew Cawthorne en Nairobi, Mike Holden en London, y Massimiliano Di Giorgio en Rome contribuyeron a este reportaje.

18 de septiembre de 2006
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©traducción mQh
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el fbi en una conspiración terrorista


[Walter Pincus] Cuestionan papel del FBI en pesquisa sobre terrorismo.
El 24 de mayo, reunido en un almacén vacío en Miami con un hombre que creía que tenía lazos con Osama bin Laden, un abatido Narseal Batiste hablaba de los reveses de su conspiración terrorista para luego pronunciar las palabras que lo harían terminar en una cárcel federal.
"Quiero pelear en la yihad", dijo, supuestamente. "Es por eso que sigo viviendo".
Lo que Batiste no sabía era que el representante de bin Laden era en realidad un informante del FBI. La bodega en la que estaban reunidos había sido alquilada y equipada para grabar y filmar por agentes de la agencia, que estaban oyendo cada una de sus palabras.
Al cabo de un mes, Batiste, 32, y otros seis compatriotas suyos, fueron arrestados y acusados de conspiración con el fin de colaborar con una organización terrorista y colocar una bomba en un edificio federal. El 23 de junio, el fiscal general Alberto R. Gonzales se presentó en una rueda de prensa para anunciar la destrucción de una célula terrorista en Estados Unidos, proclamando "nuestro compromiso de impedir el terrorismo por medio de una aplicación enérgica de la ley, con el fin de detectar y desbaratar los actos terroristas".
Pero las actas judiciales dadas a conocer desde entonces sugieren que lo que Gonzales describió como una "mortífera conspiración" era en realidad la quimera de unos pocos hombres que no tenían casi ninguna posibilidad de alcanzarla. Los sospechosos han planteado sus sospechas ante el tribunal en cuanto al papel de los informantes en mantener vivo el plan.
La conspiración incluía a auto-proclamados líderes militantes religiosos que se referían a sí mismos como a reyes, hablaban de establecer su propio país dentro de Estados Unidos, llamaban embajada a su sede y discutían planes para adiestrar a sus reclutas en el uso de arco y flechas. Una de sus quijotescas ideas era hacer explotar la Torre Sears de Chicago.
El padre de Batiste, un predicador cristiano y ex contratista que vive en Louisiana, dijo a la prensa después de la presentación de cargos, que su hijo "no estaba en sus cabales" y necesitaba tratamiento psiquiátrico.
Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, separar a los conspiradores terroristas serios de los soñadores dementes ha demostrado ser una de las tareas más difíciles para el FBI. El esfuerzo se complica con el frecuente uso que hace la agencia de informantes, que a veces juegan roles activos como conspiradores.
Funcionarios policiales norteamericanos dicen que no pueden darse el lujo de esperar a que un plan terrorista madure bien antes de intervenir para desbaratarlo. Un retraso, dicen, podría significar que un miembro del grupo que no haya sido identificado pueda ser capaz de llevar a cabo el atentado.
En una rueda de prensa, Gonzales reconoció que Batiste no estuvo nunca cerca de ejecutar un acto terrorista.
"Nuestra filosofía es que tratamos de identificar planes terroristas en las fases más tempranas, porque no sabemos lo que no sabemos sobre un plan terrorista", dijo. Es peligroso evaluar de antemano qué "es realmente un grupo peligroso; este no es un grupo peligroso", agregó.
Pero abogados de los acusados han planteado dudas sobre dónde termina una emboscada del gobierno y dónde empieza una incitación. El gobierno no solamente proporcionó a los informantes dinero y un lugar donde Batiste y sus amigos pudieran reunirse, sino además les facilitó cámaras de video para tareas de vigilancia, y celulares, y les sugirió que su primer objetivo podría ser el cuartel del FBI en Miami, según muestran las actas judiciales.
En la vista, el abogado de Batiste, John Wylie, mostró que la investigación del FBI no encontró evidencias de que su cliente se hubiera reunido con algún terrorista de verdad, recibiera e-mails o giros de dinero desde Oriente Medio, poseyera literatura de al-Qaeda o que tuviera siquiera una fotografía de bin Laden.
Interrogado sobre el asunto, un portavoz del ministerio de Justicia refirió al periodista a los comentarios de Gonzales sobre el caso.
Actas judiciales y declaraciones de testigos en las vistas describen cómo se desarrolló el plan. En octubre pasado, Batiste supuestamente se contactó con un vecino de Miami nacido en Oriente Medio, que estaba a punto a viajar a Yemen. El hombre trabaja en un negocio de productos frescos; Batiste no estaba consciente de que también era un informante pagado del FBI.
El hombre -conocido solamente como CW1 en las actas judiciales- dijo a sus contactos en el FBI que Batiste había hablado de formar un ejército para empezar una guerra santa y derrocar al gobierno federal. Dijo que Batiste estaba "dispuesto a trabajar con al-Qaeda para llevar a cabo su misión y que quería viajar al extranjero [con el informante] para establecer contactos apropiados", de acuerdo a documentos judiciales.
El FBI finalmente pagó al informante, que había sido detenido en el pasado por asalto y posesión de marihuana, 10 mil quinientos dólares por sus servicios en la investigación de Batiste y le rembolsó 8.815 dólares por sus gastos.
Durante las semanas siguientes, el informante se mantuvo en contacto con Batiste y pasó una noche en la ‘embajada' donde el grupo tenía su sede. Informó haber visto armas, practicar carate y ejercicios de lucha con machetes.
Para mediados de noviembre, el FBI decidió adoptar un papel más activo. Los agentes introdujeron a un informante más experimentado nacido en Oriente Medio, CW2, para hacer el papel de financista potencial para impedir que Batiste buscara dinero en otro lugar. CW2, de acuerdo a los documentos judiciales, había trabajado para el FBI durante seis años, y proporcionado informaciones que llevaron a la detención de dos individuos por "cargos relacionados con el terrorismo".
Pero pronto CW2 asumió un papel clave en la trama, sugiriendo blancos y proporcionando equipos de video, de acuerdo a los documentos judiciales. Su recompensa fueron los 17 mil dólares que le pagó el FBI por sus servicios, y la aprobación de su petición de asilo político en Estados Unidos.
En su primer encuentro, el segundo informante dijo que estaba allí para "evaluar" las operaciones de Batiste y preguntó qué tipo de ayudaba necesitaba para llevar a cabo su "misión". Batiste redactó una lista que incluía "uniformes, botas, pistolas automáticas, equipos de comunicaciones como celulares Nextel, una camioneta todoterrenos, de color negro", de acuerdo a las actas judiciales. Dos días después, pidió más equipos, incluyendo un rifle "Bushmaster mini 223" .
Tres días antes de Navidad, Batiste y CW2 volvieron a reunirse, y Batiste habló por primera vez de destruir la Torre Sears de Chicago, un punto de referencia en una ciudad donde trabajó alguna vez en el pasado como conductor de la empresa FedEx y donde todavía tenía conocidos. Batiste dijo que aprovecharía el pánico que provocaría el atentado para liberar a los musulmanes encarcelados en una cárcel cercana. Formarían un ejército suficientemente poderoso como para obligar al gobierno norteamericano a reconocer a los ‘Moros Soberanos' -un retoño de un grupo religioso, el Templo de la Ciencia Mora [Moorish Science Temple], al que Batiste se declaraba leal- como una nación independiente.
Una semana más tarde, cuando se reunió nuevamente con CW2, Batiste pidió más armas de fuego, radios, binoculares, chalecos antibalas, un todoterrenos y cincuenta mil dólares en efectivo. También invitó al informante a unirse a él en un viaje a Chicago para una reunión con "dos de sus generales" y visitar la Torre Sears. Pero el viaje nunca tuvo lugar.
A principios de enero, CW2 había ofrecido a Batiste un almacén gratuito suficientemente grande como para realizar ejercicios de adiestramiento. En realidad, el FBI quería un nuevo lugar de reunión debido a que no podía hacer labores de vigilancia en la ‘embajada', que estaba ubicada en una zona de los bajos fondos donde los agentes podrían ser fácilmente reconocidos. Al mismo tiempo, sin embargo, Batiste empezó a desconfiar de CW2 debido a sus numerosas preguntas y, durante un tiempo, dejo de contactarse directamente con él.
A mediados de enero, el primer informante se puso en contacto con el colega más cercano de Batiste en el grupo para informarle que los operativos de al-Qaeda en Yemen habían aprobado el plan. Cuando bin Laden emitió una declaración pública diciendo que al-Qaeda estaba por atacar pronto dentro de Estados Unidos, el informante le dijo a Batiste que era una referencia a las misiones que estaba planeando él.
Pronto CW2 informó que un experto de explosivos en Europa -en realidad, un agente de Scotland Yard- estaba dispuesto a venir y ayudar.
El 19 de febrero Batiste se reunió con CW2 en una sesión filmada en video en el apartamento del informante en Miami, donde "explicó su plan de hacer la guerra santa en Estados Unidos", de acuerdo a las actas judiciales. Batiste dijo que realizaría una "guerra terrestre total" y "mataría a todos los demonios que pudiera", empezando con "derribar la Torre Sears de Chicago y atacando una cárcel para liberar a miembros de Hermanos Musulmanes que estaban encarcelados".
Cuando Batiste se puso impaciente por el dinero a inicios de marzo, CW2 lo apaciguó tomando formalmente su juramento como miembro de al-Qaeda. En una ceremonia que fue grabada por el FBI, el informante leyó una traducción inglesa del juramento de lealtad de al-Qaeda, "dando la bienvenida a Batiste a al-Qaeda y declarando que al-Qaeda y los Moros estaban oficialmente unidos", de acuerdo a las actas judiciales. El informante y Batiste también escogieron un almacén de dos pisos como su nueva sede y local de adiestramiento.
El 15 de marzo, el FBI instaló equipos de video y sonido en la bodega. A la noche siguiente CW2, ante una cámara secreta, le entregó una traducción al inglés del juramento de al-Qaeda a los seis miembros del grupo de Batiste, cuatro de los cuales se llamaban a sí mismos ‘príncipes' y dos que eran llamados ‘hermanos'.
Los hombres también han sido acusados de conspiración con el objetivo de ayudar a un grupo terrorista.
Actuando por instrucciones del FBI, CW2 dijo al grupo que sus jefes en al-Qaeda estaban planeando atacar edificios del FBI en Washington, Chicago, Los Angeles, Nueva York y Miami. Pidió que Batiste y su grupo le ayudaran a hacer un video el edificio del FBI en Miami, que sería "enviado a al-Qaeda en el extranjero", de acuerdo a las actas judiciales. También le dio a Batiste una cámara de video.
A fines de marzo, conduciendo una furgoneta proporcionada por el informante, Batiste y dos compañeros filmaron en video y fotografiaron el edificio del FBI, tal como había solicitado CW2. También filmaron el tribunal federal y la cárcel, y la sede de la policía en Miami.
CW2 expresó más tarde interés en reunirse con los compañeros de Batiste en Chicago y dijo que al-Qaeda les pagaría para que fueran a Miami. Batiste llamó a Charles James Stewart, conocido también como Sultán Khan Bey, y su mujer en Chicago, donde Stewart dirige su propia rama del Templo de la Ciencia Mora. Con tres mil quinientos dólares de dinero del FBI, Batiste les pagó el viaje a Miami.
Las actas judiciales muestran que Stewart es un violador condenado con una larga hoja de antecedentes por otros delitos graves. El 11 de abril, mientras rodaban las cámaras del FBI, Stewart y Batiste se reunieron en la bodega de Miami y discutieron la apertura de una tienda para vender marihuana y pipas. Fumaron marihuana mientras hablaban, y Stewart reveló su plan de construir una nación mora de diez mil personas.
Stewart quería que su esposa, a la que llamaba Reina Zakiyaah, se convirtiera en embajadora de la nación mora, de modo que no pudiera ser detenida por las autoridades norteamericanas. Dijo que los soldados moros usarían uniformes verdes y llegarían a ser expertos en el arco y flechas. Recibirían adiestramiento nocturno que incluía saltar desde un puente al agua debajo a unos seis metros.
Pero a los pocos días, Stewart y Batiste empezaron a tener diferencias sobre el control de la organización y sobre su misión. El 17 de abril, el conflicto se agudizó y Stewart trató de juzgar a Batiste según las leyes moras por traición e insubordinación. Cuestionó "su relación y asociación con la mafia árabe o nigeriana", una referencia al segundo informante del FBI.
Dos días después, Stewart, ahora controlando lo que quedaba del grupo de Batiste, fue detenido por la policía de Miami después de que disparara un balazo a uno de los partidarios de Batiste.
El 5 de mayo, después de una vista local sobre la balacera, se formalizaron cargos federales por posesión de armas contra Stewart. Los agentes federales le preguntaron si acaso sabía de alguna trama contra Estados Unidos y Stewart empezó a hablar sobre la misión de Batiste como algo que "estaba empezando a ponerse serio", una frase que sería más tarde citada ante el tribunal por la fiscalía. Stewart se convirtió en un testigo contra Batiste y los otros.
Los acusados han dado a conocer que recurrirán las acciones del gobierno. En la audiencia de control de detención del 5 de julio, Nathan Clark, abogado de un miembro del grupo, dijo al juez Ted E. Bandstra, que la ceremonia en la que los acusados hicieron el juramento de al-Qaeda fue "inducida por el gobierno mismo en un intento de atrapar a esta gente".
"Lo que yo veo es que esta organización, según lo reconoce el propio gobierno, se estaba desmoronando... Nadie cree realmente que esta gente sea capaz de hacer algo", dijo.
Al final, Bandstra resolvió que los siete deberán permanecer en prisión debido a que las acusaciones eran "inquietantes". Pero agregó que "los planes parecen estar fuera del alcance de las habilidades actuales de los acusados" y dijo que esperaba que sus abogados impugnaran en el juicio las acciones del gobierno.

Julie Tate y Madonna Lebling contribuyeron a este reportaje.

1 de septiembre de 2006
©washington post
©traducción mQh
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dudas sobre acusación de terrorismo


[John Crewdson] Fiscalía considera acto de terrorismo que un joven musulmán redacte su testamento.
Londres, Gran Bretaña. Tiene 17 años, y es el hijo de una familia musulmana india que emigró hace años a Gran Bretaña. Su abogado lo describe como un "joven fuerte y estable", lo que está bien, porque ahora tiene un montón de problemas.
Según la ley británica no se puede publicar su nombre debido a su edad. Pero documentos públicos atestan que es el más joven de los quince o algo así que han sido acusados hasta el momento en lo que Scotland Yard llama una conspiración para cometer "asesinatos en masa a una escala inimaginable", haciendo explotar aviones de pasajeros en ruta a Estados Unidos.
El adolescente no está acusado de colaborar con el supuesto plan de atentado, sino de "posesión de artículos que podrían ser utilizados en actos terroristas". Entre los artículos habría documentos que la policía describe como "cartas de suicidio" firmadas por otros jóvenes que estaban dispuestos a morir.
"No son cartas suicidas, de ninguna manera", replica su abogado Gareth Peirce, cuya solicitud de fianza fue rechazada el martes por un juez de Londres. "Son sencillamente testamentos. Llamarlos cartas suicidas es muy desafortunado".
Los testamentos, agrega Peirce, "datan todos de 1995" cuando su cliente tenía seis años. Dice que los documentos parecen haber sido redactados por británicos musulmanes que partían a pelear juntos a otros musulmanes en Bosnia hace más de diez años, "lo que no era un delito".
Los cargos contra el joven -junto con la libertad de cinco sospechosos y la incapacidad, hasta el momento, de formular formalmente cargos contra otros cinco de los 25 detenidos hace más de tres semanas- sugiere que la policía británica puede haber cometido errores al arrestar a individuos que sabían poco o nada del presunto plan para hacer explotar aviones de pasajeros.
La supuesta trama han sido retratada como otro atentado potencialmente del tipo del 11 de septiembre de 2001, o peor. Algunos de los que han visto las evidencias de la fiscalía dicen que varios de los acusados parecen haber contemplado la ejecución de atentados con bomba en aviones de pasajeros.

Crece el Escepticismo
Pero sobre algunas de las afirmaciones y acusaciones iniciales de la policía continúa creciendo el escepticismo, lo que hace recordar a algunos británicos otros recientes ejemplos en que la policía inicialmente exageró la seriedad de presuntos planes para cometer atentados terroristas, como la detención hace dos años de ocho hombres acusados de planear un atentado con bomba en un estadio donde juega el famoso equipo de fútbol Manchester United. Los sospechosos fueron dejados en libertad rápidamente y la acusación contra ellos se ha evaporado desde entonces.
En gran parte, el escepticismo ha sido alimentado por la reluctancia de la policía a describir más extensamente las evidencias en que se basan las graves advertencias de que un atentado había sido "altamente probable".
Pero dos abogados de la defensa que han examinado algunas de las evidencias presentadas por los fiscales en vistas cerradas del tribunal dicen que hay sólidas evidencias de que un grupo de los acusados estaba planeando introducir químicos líquidos -con los que se puede fabricar un explosivo relativamente inestable- a bordo de aviones de pasajeros transatlánticos.
Uno de los abogados de la defensa, que habló a condición de conservar el anonimato debido a que podría ser sancionado por desacato al tribunal, calificó las evidencias de "en realidad muy sólidas".
Los dos abogados dijeron que no habían visto evidencias que vinculen a los detenidos con una conspiración terrorista, y un abogado calificó la acción de la policía el 9 y 10 de agosto como "redadas indiscriminadas".
Según Peirce, los documentos en el caso del joven fueron encontrados por la policía en una caja en la casa de la madre del joven, donde fueron aparentemente dejados por su padre, desde entonces divorciado, que en el pasado dirigía una organización de caridad en Londres, que recogía ropas y medicamentos para los musulmanes bosnios.
La caja, dijo Peirce, también contenía otro de los artículos apuntados en la acusación contra su cliente: un burdo mapa de Afganistán -dibujado hace años, dice Peirce, por el hermano menor del niño. "¡Es un mapa de niños!"
Un tercer ítem mencionado por la policía, recuperado de la misma caja, es un libro que los detectives dicen que contiene instrucciones para hacer bombas. Peirce dice que el libro está lleno de dibujos de circuitos eléctricos que podrían contener información útil para hacer una bomba, aunque no el tipo de bomba de los que se sospecha que los acusados trataron de hacer.
"Yo vi un libro que tenía diagramas", dice Peirce. "Él dice que se parecía a los libros de estudio de la escuela. Lo que yo dije ante el tribunal era que esta acusación sólo puede haber sido hecha por personas que lo ven todo bajo el prisma del ‘terrorismo'", dijo Peirce después de la vista sobre la fianza.
La única conexión del joven de 17 años con el presunto plan terrorista, sostiene Peirce, es que algunos de los otros sospechoso en el caso trabajaron en la organización benéfica ahora no existente de su padre, que dijo que se llamaba Islamic Medical Aid.
También se han planteado preguntas sobre los cargos contra Umair y Mehran Hussain, dos hermanos con educación universitaria en sus veinte que vivieron en la zona de Walthamstow, de fuerte presencia musulmana paquistaní el nordeste de Londres, donde se criaron ocho de los acusados.
Su padre, Fazal Hussain, que trabajó en una fábrica de calzados para pagar la educación universitaria de sus hijos, fue descrito por un amigo de la familia como "destrozado" por las detenciones.
Umair y Mehran Hussain han sido los dos acusados de ocultar a la policía información sobre un posible acto terrorista, una acusación mucho menos grave que la de conspiración para asesinar y cometer un acto terrorista, de lo que se ha acusado a once de los otros acusados.

Testamento Supuestamente Ocultado
La información que fue presuntamente ocultada, de acuerdo a una fuente que ha visto las evidencias de la fiscalía, es un testamento musulmán firmado "hace casi un año" por un tercer hermano, Nabeel Hussain, que fue acusado el martes de conspiración para cometer actos terroristas y asesinatos.
Umair y Mehran Hussain no son acusados de participar en el supuesto plan terrorista, y ni siquiera de haber sabido algo sobre él, dijo la fuente, sino simplemente de no haber informado a la policía sobre el testamento de Nabeel.
La tesis de la fiscalía de que el testamento tiene que ver con el terrorismo, dijo esta persona, se basa en una cita del Corán que incluye en el texto. Los abogados de Nabeel dijeron que han acudido a académicos del Corán que testificarán que la cita no tiene nada que ver con el terrorismo.
Los musulmanes dicen que en la redacción de un testamento no hay significados ideológicos.
No es probable que se hagan públicas todas las evidencias en el caso, a menos que se formulen acusaciones y se llegue a un juicio, cosa que según los abogados puede tomar todavía dos años.

jcrewdson@tribune.com

31 de agosto de 2006
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¿terrorista o víctima no tan inocente?


[Tim Golden] Un ex detenido de Guantánamo cuenta su versión.
Cuando el presidente Bush ordenó el año pasado la liberación de Moazzam Begg del campo de prisioneros de Guantánamo, dijeron funcionarios estadounidenses, lo hizo desdeñando las objeciones del Pentágono, la CIA y el FBI -todos los cuales advirtieron que Begg todavía podía ser un peligroso terrorista.
Pero los funcionarios estadounidenses pueden no haber imaginado en qué tipo de adversario se convertiría Begg en la guerra de percepción que es ahora el principal frente en la campaña estadounidense contra el terrorismo.
"El problema aquí es: Aplicad la ley", dijo Begg a una audiencia a principios de la primavera en el Festival Literario de Oxford en Inglaterra, una de las muchas paradas de su extensa gira de charlas. "Si yo he cometido un delito, decimos, es algo que se resuelve en los tribunales. Después de todo eso, si no pueden demostrar nada en tribunales, es que son unos caradura".
Con un nuevo libro sobre su experiencia y una avalancha de atención de la prensa, Begg, 37, británico de origen paquistaní, ha disfrutado en los últimos meses de un poco de fama en su país natal.
Grupos de derechos humanos han saludado su valentía. Estudiantes universitarios lo han invitado a hablar. Los periodistas han aceptado, en general de buenas a primeras sus alegatos de que es inocente, de que fue capturado injustamente y detenido arbitrariamente. Después de los tres suicidios en Guantánamo el sábado pasado, Begg se convirtió instantáneamente en un muy solicitado comentarista de los diarios británicos y de los reporteros de televisión.
La respetuosa recepción de Begg -al que el Pentágono todavía retrata como terrorista- es una de las muchas señales de la menguante credibilidad de la política de secuestros de Washington en el extranjero y especialmente en países europeos que son estrechos aliados de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo.
Un largometraje británico que será lanzado en Estados Unidos el 23 de junio, ‘Camino a Guantánamo', describe a otro grupo de ex detenidos como hombres inocentes y bondadosos que fueron cruelmente maltratados por sus carceleros estadounidenses. El fiscal general británico, Peter Goldsmoth, dijo hace poco que la prisión era "inaceptable" y que debería ser cerrada.
Si Begg es la amenaza potencial que reclama el Pentágono o el hombre inofensivo que profesa ser, no puede ser dilucidado con las evidencias disponibles. Pero el misterio convierte a Begg en uno de los casos de estudio más intrigantes en la división transatlántica sobre las políticas de detención.
Él y otro británico, Feroz Abbasi, pertenecen al primer grupo de seis detenidos de Guantánamo que en 2003 fueron considerados por Bush como aptos para ser juzgados por comisiones militares allá. Funcionarios del Pentágono dicen que Begg siguió cursos de adiestramiento en tres campos terroristas, estuvo "asociado" con toda una gama de operativos de Al Qaeda y estaba dispuesto a pelear contra las fuerzas estadounidenses en Afganistán, pero huyó hacia las montañas de Tora Bora cuando colapsaron las líneas talibanes.
La negativa del gobierno británico a aceptar los tribunales de Guantánamo, en los que los derechos de debido proceso son fuertemente limitados, obligó finalmente a los estadounidenses a dejar de lado el procesamiento de Begg y Abbasi. Funcionarios dijeron que ellos y otros dos británicos fueron finalmente enviados a casa en enero de 2005, después de que Bush desechara la opinión de la mayoría de sus asesores de seguridad nacional como un favor al primer ministro Tony Blair, que estaba entonces siendo criticado duramente por su apoyo a la guerra contra Iraq.
Ahora, el gobierno de Bush se encuentra en la incómoda posición de insistir en el peligro que representa el hombre que acaba de dejar en libertad. "Tiene vínculos fuertes y prolongados con el terrorismo: como simpatizante, como reclutador, como financista y como combatiente", dijo un portavoz del ministerio de Defensa, Bryan Whitman.
En entrevistas en Gran Bretaña y en su tomo de memorias, que será publicado en Estados Unidos el 11 de septiembre como ‘Enemy Combatant: My Imprisonment at Guantánamo, Bagram and Kandahar', Begg negó que hubiese apoyado alguna vez el terrorismo, que se hubiese asociado a sabiendas con miembros de Al Qaeda o que tomara las armas contra Estados Unidos. Más bien, se presenta a sí mismo como evidencia de la ampia red americana que ha atrapado a muchos musulmanes que nunca han amenazado los intereses de Estados Unidos.

Un Aire Profesional
Un hombre pequeño, de voz suave, de aire profesional, Begg se ha destacado entre otros antiguos prisioneros en parte por su tono.

Mientras otros han contado (y en algunos casos, vendido) a la prensa británica escabrosas historias sobre interrogadores norteamericanos que los tentaban con prostitutas y los torturaban para que confesaran, Begg evita la palabra tortura. Dice que fue maltratado, a veces, y sometido a prolongados períodos de aislamiento. Pero no desdeña contar a sus audiencias sobre su amistad con algunos de los gendarmes de la policía militar y muestra una tolerancia que parece incompatible con el odio de los militantes con los que lo vinculan funcionarios americanos.
Un entrevistador británico describió a Begg como "devastadoramente razonable".
De los casi 20 oficiales militares y agentes de inteligencia que fueron entrevistados sobre Begg, ninguno pensaba que hubiera sido capturado injustamente. Pero algunos dijeron que dudaban que pudiera estar vinculado con acciones terroristas. En Bagram, donde fue retenido durante once meses, los interrogadores lo apodaban Hemigway.
"No creo que haya sido el cerebro de los atentados del 11 de septiembre, pero tampoco creo que sea inocente", dijo Christopher Hogan, ex interrogador militar que supervisó las primeras rondas de interrogatorios de Begg, pero aclaró que él no tuvo acceso a informes de inteligencia secretos de Estados Unidos y Gran Bretaña. "Lo comparamos con alguien que fue a España durante la guerra civil -más un romántico que una especie de combatiente ideológicamente inflexible".
Como otros militares y agentes de inteligencia familiarizados con los interrogatorios de Begg, Hogan también lo describió como inusualmente comunicativo. "Nos daba normalmente excelentes informaciones", dijo.
Sin embargo, si Begg es un personaje más ambiguo de lo que quiere hacer creer el Pentágono, la historia de su vida antes de que fuera secuestrado en Pakistán en enero de 2002 es también más complicada que la versión que ha presentado, y está llena de interrogantes.
Como otros muchos en Europa que simpatizaron con los militantes musulmanes en los años noventa, Begg es hijo de inmigrantes que se asentaron en un barrio obrero donde las dificultades económicas nutren los prejuicios raciales.
Durante la escuela secundaria en Birmingham, la capital industrial de las Midlands inglesas, integró una banda de adolescentes predominantemente sudasiáticos que se unieron para hacer frente a los skinheads, punk rockers y otros grupos xenófobos. Begg, de 1.61 metros, era el más chico de la pandilla; dice que rara vez participaba en peleas.
Pero gran parte de su formación no se ajustaba al esquema. Su familia era relativamente acomodada y liberal. Su padre, un musulmán nacido en India, era un gerente de banco que escribía poesía en urdu. Envió a Moazzam y a su hermano a una escuela primaria judía, donde llevaban americanas con la estrella de David.

Inspirado por los Muyahedines
El interés de Moazzam por el islam se despertó durante un viaje que hizo con familiares a Pakistán y Arabia Saudí a fines de su adolescencia.
En una segunda visita a Pakistán a fines de 1993, escribe, cruzó hacia Afganistán con unos jóvenes paquistaníes y visitó un campo donde rebeldes muyahedines se estaban adiestrando para luchar contra el gobierno afgano pro-soviético.
Inspirado por el compromiso de los guerrilleros, se dedicó a ayudar a los musulmanes asediados en Bosnia y Herzegovina. Dice que viajó unas nueve o diez veces a los Balcanes, con una pequeña organización de ayuda, Convoy of Merci. Pero el fundador del grupo, Asad Khan, dice que no recuerda a Begg.
Funcionarios del ministerio de Defensa dijeron que uno de los antiguos asociados de Begg era Omar Saeed Sheikh, que participó como voluntario en un viaje del Convoy en 1993. Sheikh fue condenado más tarde por el secuestro de turistas occidentales en India y puede ser condenado a muerte en Pakistán por el asesinato del corresponsal del Wall Street Journal, Daniel Pearl. Begg insiste en que no conoció a Sheikh.
Hay algunas notorias lagunas en las memorias de Begg. El libro no menciona que cuando estaba trabajando como intérprete en una oficina de la seguridad social del gobierno en 1994, él y un amigo fueron arrestados y acusados del desfalco de la agencia. La policía encontró una mira infrarroja, un chaleco antibalas y lo que los informes de prensa llamaron "literatura extremista" en casa de Begg.
Los cargos en su contra fueron desechados por falta de pruebas, pero su amigo, Shahid A. Butt se declaró culpable y cumplió dieciocho meses en prisión. Butt fue condenado más tarde con otros siete británicos de tramar un atentado terrorista en Yemen, donde está cumpliendo una sentencia de cinco años.
A principios de 1998, Begg, para entonces casado, con dos hijos chicos, se mudó con su familia a Peshawar, Pakistán, en la frontera con Afganistán. Describe este período como idílico, con paseos vespertinos por el parque local y una rápida visita a otro campo de adiestramiento en Afganistán, dirigido este por kurdos iraquíes. Él y su mujer se relacionaban primariamente con miembros de la pequeña comunidad paquistaní de la ciudad, así como con algunos veteranos árabes y afganos de la guerra santa anti-soviética.
Pero el libro no menciona a un amigo paquistaní, Khalil Deek, que también vivía en Peshawar en la época. La comisión estadounidense del 11 de septiembre de 2001 describió a Deek, un americano naturalizado, como un asociado de Abu Zubaydah, teniente de Al Qaeda de origen palestino que estaba también en Peshawar entonces, reclutando nuevos operativos y enviándolos a campos de adiestramiento afganos.
Un funcionario del contraterrorismo norteamericano que empezó a seguir a Begg en 1999, dijo que la CIA y el servicio de inteligencia británico M15, sospechaban que Begg estaba trabajando con Deek para producir una versión en CD-ROM del manual terrorista ‘Enciclopedia de la Yihad', que Deek dio a los palestinos que tramaban, con Zubaydah, cometer atentados con bomba contra sitios turísticos en Jordania.
Funcionarios de la inteligencia americana dijeron también que Deek ayudó a facilitar el transporte a Jordania de algunos operativos de la trama frustrada, pero que después de estar detenido en Jordania durante diecisiete meses, fue dejado en libertad sin cargos.
Begg reconoció en una entrevista que se había reunido con Deek en Bosnia y que más tarde invirtió con él en un pequeño negocio de venta de ropa tradicional paquistaní. Pero dijo que no se había reunido nunca con Abu Zubaydah -algo que los funcionarios del Pentágono dicen que sí admitió ante sus interrogadores estadounidenses.
También negó una afirmación de Whitman, el portavoz del Pentágono, de que a principios de 1998 pasó cinco días en Derunta, un conocido campo de adiestramiento de Al Qaeda en Afganistán, aprendiendo a usar venenos y explosivos.
Dos funcionarios del ministerio de Defensa leyeron a un periodista lo que dijeron que era dos largas declaraciones juradas que hizo Begg al FBI, admitiendo que había ayudado a la yihad en Chechenia y Cachemir, conocía a media docena de figuras de Al Qaeda y había seguido cursos de adiestramiento en Derunta y otros dos campos afganos.
Begg dijo que nunca contó nada semejante al FBI, pero que sí firmó unos documentos durante su detención porque temía por su vida.
Tras volver a Birmingham en el verano de 1998, él y un amigo abrieron una librería musulmana, que describió como un lugar de encuentros de jóvenes musulmanes, incluyendo a algunos que más tarde pelearon en la guerra separatista de Cachemira.
Begg recibió una primera visita de un funcionario del M15 poco después de que abriera la tienda. Un año más tarde, a fines de 1999, decenas de agentes de policía revisaron la librería y casa de Begg. Fueron allanadas nuevamente en febrero de 2000, y Begg fue arrestado bajo la Ley de Prevención del Terrorismo, pero fue dejado rápidamente en libertad sin cargos.

Demasiado Lejos
Whitman, del ministerio de Defensa, dijo que el gobierno británico mencionó "los vínculos probados o sospechados de Begg con personas que han sido arrestadas o condenadas por delitos terroristas en todo el mundo",
incluyendo a Richard C. Reid,
que fue más tarde condenado por tratar de hacer explotar un vuelo transatlántico con una bomba en un zapato. Begg dijo que nunca se reunió con Reid ni con los otros dos hombres, Ibn al-Shekh al-Libi y Abu Qatada, con los cuales lo vinculan funcionarios del Pentágono.
"Hasta este momento había pensado que todo era simplemente un error estúpido", escribió Begg sobre el interés en sus actividades mostrado por los servicios de inteligencia, "pero ahora me daba cuenta que estaban yendo demasiado lejos".
Dijo en una entrevista que antes del 11 de septiembre de 2001 no había oído hablar nunca de Al Qaeda. Dijo que sabía algo sobre Osama bin Laden, pero en general estaba de acuerdo con los que veían el conflicto entre bin Laden y Estados Unidos como contraproducente para los musulmanes. Dijo que se oponía a los atentados contra civiles, aunque justificaba los ataques de los yihadistas contra "objetivos militares" en "tiempos de guerra".
En julio de 2001, poco más de un año después de su breve detención, Begg se mudó con esposa e hijos a Afganistán. A pesar de la reputación de los talibanes como parias internacionales por su tratamiento de las mujeres y su acogida de Al Qaeda, los Begg vieron Afganistán como un magnífico y barato lugar donde formar una familia. Las memorias describen el trabajo de los Begg en proyectos de caridad y su fascinación con Kabul. Pero sin televisión, escribe, no captó la enormidad de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Sólo cuando las bombas y los misiles de crucero empezaron a impactar el 17 de octubre se dio cuenta de que "era tiempo de marcharse".
Pero, dijo, se separó de su familia y volvió a reunirse con ellos sólo después de cruzar la frontera con Pakistán. Llevaban sólo un par de meses en Islamabad cuando, el 31 de enero de 2002, agentes de la inteligencia paquistaní y de la CIA irrumpieron en su casa, pusieron una capucha en su cabeza y se lo llevaron.
Las memorias de Begg cuentan la odisea de tres años desde una casa de seguridad en Pakistán a un campo de prisioneros en Kandahar, Pakistán, a la principal cárcel militar en la Base Aérea de Bagram y finalmente a Guantánamo. Describe interminables y repetitivos interrogatorios, con soldados pidiendo a veces información sobre acontecimientos que tuvieron lugar después de su secuestro.
Incluso hoy, dice, las acusaciones en su contra siguen siendo enervantemente vagas.
"No hay una acusación específica; no hay cargos específicos", dice en una de las entrevistas. "¿A quién recluté? ¿Cuándo los recluté? ¿Quién les dijo todo esto? ¿Dónde está la información que lo corrobora: nombres, fechas, lugares?"
Después de repetidas peticiones sobre Begg de parte del New York Times, funcionarios del Pentágono ofrecieron algunas informaciones que dijeron que había sido desclasificadas de archivos de inteligencia. Whitman dijo que los documentos mostraban que Begg era "un simpatizante, un reclutador y un financista" de los terroristas. Pero los funcionarios no presentaron nada que corroborara esas aserciones, excepto fragmentos que leyeron de declaraciones del FBI.
Sin embargo, Begg no ha sido olvidado por el gobierno. A principios de año, la funcionaria de la diplomacia pública del ministerio de Relaciones Exteriores, Colleen P. Graffy, desafió a sus partidarios diciendo: "Guantánamo no es un balneario, pero tampoco un inhumano campo de torturas". La poco conocida Oficina de Contra-desinformación del ministerio también ha refutado las afirmaciones de Begg.
Pero otros funcionarios estadounidenses dijeron que su secreto sobre los detenidos era en parte responsable de que la aceptara como creíble la versión de Begg de los acontecimientos.
"Tratar de convencer al mundo de la conveniencia de detener a gente en Guantánamo ha sido la historia de nuestras vidas", dijo un funcionario de gobierno en Washington, que pidió no ser mencionado debido a que critica las políticas del gobierno. "Ha sido difícil convencer a las dependencias del gobierno de entregar suficiente información al público que demuestre que individuos como Begg representan una verdadera amenaza".

15 de junio de 2006
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¿existe el fascismo musulmán?


[David E. Sanger] ¿Basta con llamarlo así?
Poco después de que la policía británica anunciara, la semana pasada, que había desbaratado una conspiración para hacer explotar unos aviones sobre el Atlántico, el presidente Bush declaró que el asunto era "un crudo recordatorio de que este país esta en guerra con los fascistas islámicos".
Funcionarios británicos, por otro lado, se refirieron a los hombres detenidos como los "principales actores" y rehusaron comentar sus motivos o ideología, para no poner en peligro "los procedimientos criminales".
La diferencia entre estas caracterizaciones públicas iniciales fue reveladora: El presidente estadounidense recurrió a un lenguaje que reafirma que Estados Unidos está trabado en una guerra global en la que sus enemigos están unidos por una ideología común y un odio compartido de la democracia. De momento, el gobierno británico se ciñó al lenguaje moderado de las agencias policiales.
Un debate crítico en Estados Unidos hoy -entre los candidatos políticos y entre los expertos de seguridad nacional- es si cinco años de declaraciones de guerra y de guerra misma han ayudado a que Estados Unidos sea un país más seguro. O, incluso en ausencia de un atentado de significación en suelo americano después del 11 de septiembre de 2001, si esta estrategia ha creado un peligro mayor proporcionando a los grupos terroristas exactamente lo que ansían: la creencia de que forman un ejército unificado de yihadistas. Y si esta estrategia no ha radicalizado a grandes sectores del mundo musulmán de modos que en 2003 no eran todavía imaginables.
Para la Casa Blanca, la conspiración terrorista de la semana pasada fue la Prueba A en defensa de su estrategia de guerra: los conspiradores atacarían a los estadounidenses, con o sin guerra en Iraq. Pero los críticos dicen que la confusión entre la guerra global contra el terrorismo e Iraq está creando nuevos yihadistas, desde Indonesia hasta Walthamstow, la zona de Londres del Este, donde se incubó la conjura.
Inmediatamente después del 11 de septiembre de 2001, pocos cuestionaron la estrategia de la guerra contra el terrorismo. La guerra en Afganistán restó valor a la capacidad organizativa de Al Qaeda, aunque hubo indicaciones, la semana pasada, de que la red terrorista tiene lazos con los sospechosos del atentado en Londres.
El presidente Bush y el vice-presidente Dick Cheney ridiculizaron lo que ven como el enfoque policial de los años de Clinton. Como dijo hace poco Cheney a un grupo de diplomáticos: "Hubo una guerra en los años noventa, pero no lo supimos".
Recita rutinariamente la historia de los atentados terroristas contra estadounidenses en las últimas dos décadas, desde la destrucción de las barracas de marines en Beirut en 1983 hasta el ataque contra el U.S.S. Cole en 2000 -que fueron todos, dijo, tratados como investigaciones policiales, envalentonando a los conspiradores del 11 de septiembre de 2001.
"Una y otra vez los terroristas atacaron a Estados Unidos o a blancos estadounidenses, y Estados Unidos no respondió con suficiente fuerza", dijo Cheney en un discurso hace poco.
La prueba de fuerza del poder de la voluntad estadounidense, han insistido Cheney y Bush, está en Bagdad, lo que explica por qué se aferran al lenguaje que está en el "frente central" de la guerra contra el terrorismo y es una pieza del dominó que Estados Unidos no puede dejar caer. La derrota allá, advierten, daría una victoria a los yihadistas y les envalentonaría a trasladarse al siguiente país: quizás Pakistán, quizás Arabia Saudí, quizás el Líbano.
La cuestión es si esa aproximación -y el lenguaje que la acompaña- no tiende una trampa al propio gobierno.
"Creo que lo que está pasando es que todo está siendo exagerado", dijo Stepehn Cohen, académico especializado en Oriente medio del Foro de Políticas de Israel [Israel Policy Forum]. "Del mismo modo que toda pequeña crisis en el mundo formaba parte de la Guerra Fría, ahora todos formamos parte de la lucha entre el islam militante y Estados Unidos. Y eso hace que los conflictos individuales sean más difíciles de resolver", y se conviertan en fuente de inspiración para la guerra santa.
Cohen citó la política estadounidense en el conflicto entre Israel y Hezbolah. Si ese conflicto fuera nuevamente considerado simplemente como otro capítulo de una prolongada disputa regional, en Washington se pondría menos en juego, facilitando que Estados Unidos pudiera desempeñar su rol más tradicional como intermediario.
La respuesta del gobierno es que describe el mundo tal como es, antes que ignorar las realidades de Oriente Medio.
Aunque le preocupa que con el término ‘fascismo islámico' se corra el riesgo de alejar a las comunidades musulmanas, Farhaba Ali, analista política de la Corporación RAND, dijo: "No culpo al gobierno por tratar esto como una guerra, porque, de muchos modos, lo es. Es una guerra política".
Menciona el video dado a conocer el mes pasado, exactamente un año después de los atentados en el metro londinense. En él, uno de los conspiradores que murió en los atentados parecía hablar desde la tumba cuando advirtió que las explosiones eran apenas el principio de ataques de más envergadura.
Daniel Benjamin, autor de ‘The Next Attack', un libro sobre el futuro del terrorismo, dijo: "Los terroristas del metro en Gran Bretaña estaban claramente motivados, en gran medida, por Iraq. Estaban obsesionados con ello".
Washington ha tratado, a veces, de ablandar su mensaje. Bush ha iniciado esfuerzos diplomáticos para convencer al mundo musulmán que la guerra es con los terroristas, no con "una gran religión". El gobierno ha prestado ayuda a las víctimas del tsunami en Indonesia, en parte para recordar al país musulmán más grande del mundo que los objetivos de Estados Unidos van más allá de las operaciones de contrainsurgencia.
Pero esas operaciones militares son lo que la mayoría del mundo ve cada noche. Un misterio de la conspiración de Londres es si Al Qaeda lo ha incitado -como si sus jefes sobrevivientes quisieran probar que todavía pueden asestar un buen golpe- y si los sospechosos fueron provocados por la imaginería militar televisada.
Jon B. Wolfsthal, del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, dijo el viernes: "Si yo pudiera hacer una pregunta, como interrogador, a los tipos que detuvieron, me gustaría descubrir quiénes eran y qué pensaban sobre este tipo de atentados antes de Iraq, o después. Me gustaría saber si su rabia con Estados Unidos es de largo tiempo o si nosotros hemos echado leña al fuego y estamos creando nuevos extremistas. No quiero decir que [la invasión de] Iraq sea correcta o un error, sino que cada acción acarrea sus consecuencias".
En el último número de The Atlantic, James Fallows argumenta que la imaginería de la ‘guerra prolongada' -una que de hecho ya ha durado más que la guerra con Corea- es contraproducente. "Una guerra abierta es una invitación abierta a la derrota", escribió. "Alguna vez habrá otros atentados, otros tiroteos, envenenamientos y otros disrupciones en Estados Unidos". Algunos serán obra de extremistas islámicos, otros no. Agregó: "Si ocurren mientras se libra la guerra, serán ‘victorias' del enemigo, no desastres del tipo que sufren las grandes naciones".
Para Bush, sin embargo, olvidarse de la clasificación de ‘guerra prolongada' sería equivalente a enviar el mensaje de que Estados Unidos puede volver a dormir. Así, cada ataque o amenaza terrorista está entretejida en el panorama más grande de una guerra global.
Esto ayuda a explicar el reciente re-despliegue de tropas americanas en las calles de Bagdad: retirarse demasiado pronto sería un retorno al enfoque fracasado de los años noventa. Sería otra Somalia, otro Beirut. El problema es si seguir allá da a los yihadistas otra cosa más: La justificación de un conflicto interminable, en una guerra que se libra en Bagdad, en el Líbano y en la clase turista de un 747.

13 de agosto de 2006
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la muerte de un imán


[David Holley] Las autoridades afirman que el clérigo murió en una balacera entre fuerzas de Kirguistán y militantes musulmanes. Sus partidarios niegan que tuviera lazos con el extremismo.
Moscú, Rusia. La muerte, este mes, de un conocido líder religioso a manos fuerzas de seguridad en Kirguistán, ha aumentado las tensiones en este densamente poblado Valle Fergana en Asia Central, que se encuentra atrapado en una espiral de empeoramiento del conflicto entre musulmanes radicales y las autoridades.
Mohammed Rafik Kamalov, el popular imán de una mezquita de la ciudad de Korasuv, murió, según se dice, el 6 de agosto en un tiroteo entre la policía y los dos pasajeros de su coche, que también perdieron la vida en el incidente. Las autoridades de Kirguistán dicen que los dos hombres eran militantes musulmanes que estaban planeando atentados terroristas.
En la versión oficial inicial del incidente, Kamalov, un declarado opositor de la violencia, estaba trabajando en secreto con los combatientes islámicos. Pero muchos de sus partidarios dicen que las fuerzas de seguridad mataron a un hombre inocente.
Las autoridades se retractaron, diciendo esta vez que no excluían la posibilidad de que Kamalov hubiera sido un rehén.
Ninguna de las versiones presagia buenas noticias para la paz en el Valle Fergana, una fértil región dividida entre el sudoeste de Kirguistán, el este de Uzbekistán y el norte de Tayikistán, que combina una explosiva mezcla de fe, pobreza y rabia. El valle, con una población de unos doce millones de habitantes, ha sido considerado durante largo tiempo como el corazón del radicalismo musulmán en Asia Central.
El viernes varios miles de personas se manifestaron para protestar en Korasuv, exigiendo que las acusaciones de terrorismo contra Kamalov fueran retiradas y que fuera declarado mártir, informó la agencia rusa de noticias Interfax.
"Algunos de sus familiares no creen que Kamalov estuviera en el mismo coche con los terroristas", dijo Alisher Khamidov, analista del Grupo de Investigación Fergana, una organización informal de académicos e investigadores, en una conferencia telefónica desde Osh, una de las ciudades más grandes del valle. "Dicen que él asistió a una boda y que volvía con unos invitados, no con terroristas... La gente de seguridad que mató a Kamalov no ha presentado evidencias verosímiles de que él perteneciera a alguna organización extremista".
El Servicio de Seguridad Nacional Kirguís, en una declaración citada por Interfax, declaró que Kamalov estaba conducía el coche con dos militantes del Movimiento Islámico de Uzbekistán, una organización guerrillera que quiere establecer un estado islámico en Asia Central. Ha sido acusada de una serie de atentados en Uzbekistán desde fines de los años noventa.
La declaración dice que los dos militantes ultimados eran ciudadanos de Tayikistán y se sospechaba que habían atacado en mayo unos puestos de control en la frontera entre Kirguistán y Tayikistán.
Korasuv se encuentra en la frontera entre Kirguistán y Uzbekistán, y Kamalov, un uzbek étnico, contaba con un gran apoyo entre fieles de Uzbekistán, que simplemente atravesaban el angosto río que marca la frontera para asistir a los servicios del viernes.
En entrevistas realizadas en su casa y mezquita en Korasuv pocos días antes de su muerte, Kamalov, 53, dijo que era su debe estimular a la gente a obedecer las leyes islámicas.
"Ahora puedes juzgar a un hombre por lo a menudo que reza en el día", dijo.
El imán criticó fuertemente al presidente de Uzbekistán, Islam Karimov, ex comunista que dirige el país como un estricto estado laico. Ha sido acusado por grupos de derechos humanos de represión política y religiosa.
Korasuv está a unos cincuenta kilómetros al este de Andijon, una ciudad en Uzbekistán que fue escenario de una violenta represión de un levantamiento antigubernamental en mayo del año pasado.
Ese incidente empezó cuando hombres armados montaron una violenta fuga de la cárcel para liberar a líderes empresariales locales que estaban en juicio por acusaciones de ser extremistas musulmanes. La gente se reunió en la plaza mayor de la ciudad para manifestar su apoyo a los reclusos liberados y expresar su indignación con el gobierno. Posteriormente policías y soldados dispararon contra la multitud de manifestantes armados y desarmados. El gobierno declaró que el número de víctimas mortales había sido de 173, pero activistas de derechos humanos y otros dicen que los asesinados fueron varios cientos.
En las entrevistas, Kamalov traza paralelos entre la prohibición de actividades religiosas no oficiales en Uzbekistán y las acciones de Estados Unidos en Iraq, de Israel en el Líbano y de Rusia en su guerra contra los separatistas musulmanes en Chechenia. Expresó su simpatía por los que quieren derrocar al presidente de Uzbekistán, pero dijo que creía que "el gobierno de Karimov no desaparecerá durante mi lapso de vida".
Khamidov, el analista, dijo que la indignación por la muerte de Kamalov y la represión de los sospechosos de ser militantes islámicos, "está galvanizando a la población". Sus detractores han advertido hace tiempo que los intentos de controlar la resurgencia musulmana mediante la represión de sus elementos más radicales puede provocar un contragolpe.
En muchos países post-soviéticos, las autoridades han atacado particularmente a Hizb ut-Tahrir, o Partido de la Liberación, una organización internacional que combina creencias fundamentalistas con el llamado a la fundación de un estado islámico en Asia Central y finalmente en todo el mundo musulmán. El partido profesa la no-violencia, pero las autoridades lo acusan de mantener vínculos con los fanáticos.
"Kamalov ha sido considerado por los servicios de seguridad, durante mucho tiempo, como un imán que permitía que miembros del movimiento extremista clandestino Hizb ut-Tahrir oraran en su mezquita, y creían que era miembro de Hizb ut-Tahrir", dijo Khamidov. "Pero Kamalov era conocido por la gente como un imán con opiniones liberales. Disentía abiertamente con Hizb ut-Tahrir".
Durante años, Kamalov defendió abiertamente el derecho de los miembros de Hizb ut-Tahrir a asistir a los servicios en su mezquita, insistiendo en que esta debía estar abierta para todos los musulmanes, al mismo tiempo que criticaba la ideología del grupo. Hizb ut-Tahrir emitió una declaración en su oficina en Londres describiendo la muerte de Kamalov como un "asesinato extrajudicial".
En las entrevistas, Kamalov dice que su mezquita de Al-Sarakhsi era frecuentemente espiada por el servicio de seguridad de Uzbekistán y citó un reciente intento de filmar con una cámara oculta. Dijo que Uzbekistán llevaba una lista de la gente que asistía a sus servicios, con el objetivo de encarcelarlos o multarlos.
"No es solamente una persecución religiosa, sino también política", dijo.
Alexei Malashenko, un experto en Asia Central en el Centro Carnegie de Moscú, dijo que aunque la situación en el Valle Fergana era "más bien explosiva",, era improbable que los grupos radicales alcanzaran su objetivo de convertir el valle en el núcleo de un estado islámico.
"No creo que sea posible, porque son demasiado débiles", dijo. "Pero son suficientemente fuertes como para organizar algún tipo de revuelta".

12 de agosto de 2006
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al_qaeda no ha muerto


[Peter Bergen] Bin Laden y Zawahiri siguen vivos en algún lugar de la frontera afgano-paquistaní.
En los últimos cuatro años, miembros claves del gobierno de Bush han proclamado que al-Qaeda "está huyendo" (Donald Rumsfeld y Condoleezza Rice), "en desbandada" (George Tenet) o "diezmada" (presidente Bush). Al mismo tiempo, sin embargo, los atentados terroristas de envergadura han aumentado dramáticamente en el mundo desde el 11 de septiembre de 2001, la mayoría de ellos realizados por militantes musulmanes. ¿Cómo se reconcilia esta aparente contradicción?
Ha emergido una nueva explicación que pretende responder a esa pregunta: Sí, al-Qaeda, como organización, ha sido seriamente dañada, pero ha sido reemplazada por un movimiento ideológico más amplio formado por terroristas principiantes y caseros que tienen pocos lazos formales con al-Qaeda pero que están motivados por una doctrina que puede denominarse el ‘binladismo'. Ejemplos recientes incluyen a los militantes que atentaron contra los trenes de cercanías en Madrid en marzo de 2004 y mataron a 192 personas, o los siete candidatos a terroristas que fueron arrestados recientemente en Miami en conexión con una presunta conspiración para hacer volar varios edificios gubernamentales. Habían adoptado la doctrina de destrucción de al-Qaeda y, no obstante, no tenían lazos con el grupo terrorista. Sin embargo, de acuerdo a cinco funcionarios del contraterrorismo estadounidense con los que he hablado recientemente, la organización al-Qaeda sigue siendo una amenaza real. Un experto en terrorismo del gobierno, con una experiencia de toda la vida, señala los cuatro atentados suicidas en Londres el 7 de julio de 2005 que mató a 52 personas como evidencia de la elasticidad de la organización. "Esta fue mínimamente una operación respaldada por al-Qaeda", me dijo el analista. Y los cabecillas de al-Qaeda no parecen sentirse acosados por la ‘guerra contra el terrorismo'. El jueves, Osama bin Laden emitió su tercera cinta grabada en tres meses, mientras que su segundo, Ayman al-Zawahiri, ha aparecido en un número sin precedentes de cintas de video desde la segunda semana de junio -uno por semana, en promedio.
Así que aunque la rápida difusión de la ideología de al-Qaeda en los últimos dos años -en parte alimentada por la guerra de Iraq- debería ser una preocupación importante, sería un error concluir que la organización al-Qaeda debe descontarse. En realidad, si los atentados en Londres son alguna indicación, puede estar preparando su regreso.
Los atentados de Londres de hace un año han sido retratados en general como el trabajo de cuatro jóvenes británicos de origen paquistaní y jamaicano del norte de Inglaterra -sólo destacables por su extrema normalidad- que adoptaron la ideología radical musulmana y trataron de llevar a cabo el atentado terrorista más mortífero en la historia de Gran Bretaña, sin ayuda exterior. El Sunday Times de Londres incluso opinó que "la nueva camada de terroristas sin afiliación es potencialmente mucho más peligrosa que el IRA o incluso al-Qaeda porque es casi imposible de identificar".
Pero mientras más profundizamos en los atentados de Londres, más nos parecen un típico atentado de al-Qaeda. La versión oficial del gobierno británico sobre los atentados -emitida por el ministerio del Interior hace dos meses- proporciona un revelador panorama. Explica que el presunto cabecilla, Mohammed Sidique Khan, visitó Pakistán en 2003 y 2004, y pasó varios meses allá. En uno de esos viajes, quiso "cruzar la frontera y pelear en Afganistán", dice el informe. (Previsiblemente, Khan no proyectaba luchar junto a las tropas estadounidenses en Afganistán, sino más bien unirse a los talibanes o a al-Qaeda para matar norteamericanos).
El informe observa que Khan "tuvo contacto con personajes de al-Qaeda" en Pakistán y "se cree que ha seguido adiestramiento en algún lugar remoto de Pakistán, cerca de la frontera afgana" durante su visita de dos semanas en 2003. El gobierno británico no especificó qué tipo de adiestramiento recibió, pero dado que las bombas utilizadas en Londres fueron hechas con explosivos de gran eficiencia que no pueden ser montados sobre la base de recetas en internet, es probable que el adiestramiento fuera en la fabricación de bombas. De acuerdo al informe, en los cuatro meses previos a los atentados de Londres, Khan tuvo también contactos "sospechosos" con individuos en Pakistán. Considerados juntos, los viajes y contactos de Khan en Pakistán sugieren poderosamente la participación de al-Qaeda en la operación.
Khan también aparece en un video que fue transmitido por al-Jazira dos meses después de los atentados suicidas -un hecho importante al que el informe británico no presta suficiente atención. "Os hablaré en un lenguaje que comprendéis", dice Khan en el video, hablando con el pronunciado acento de su Yorkshire natal. "Nuestras palabras están muertas mientras no las traigamos a la vida con nuestra sangre". Prosigue describiendo a bin Laden y Zawahiri como "héroes del presente". En el mismo video, Zawahiri celebra la responsabilidad de al-Qaeda en los atentados de Londres. Como me dijo un veterano del contraterrorismo estadounidense, "Zawahiri no acepta elogios por cosas que no ha hecho".
En el video, Zawahiri se refiere a la amenaza previa de al-Qaeda para explicar la elección de Londres como blanco, diciendo: "¿No les ofreció el jeque Osama bin Laden... una tregua?", una referencia a la propuesta de un acuerdo de paz del líder de al-Qaeda con los países europeos que estuviesen dispuestos a retirarse de Iraq. Gran Bretaña es el miembro más prominente de esa coalición. Bin Laden ofreció un período de gracia de tres meses antes de que la tregua expirara en julio de 2004. Un año después, los cuatro terroristas se hicieron volar en Londres.
Pero la pieza de evidencia clave que el informe del gobierno británico pasó por alto es que tanto las declaraciones de Khan como las de Zawahiri fueron hechas en una cinta de video con el logo distintivo de al-Sahab (‘las nubes'), que es el brazo de producción de televisión de al-Qaeda. El primer video de al-Sahab, un infomercial de dos horas de al-Qaeda, debutó en internet en el verano de 2001, indicando que un importante ataque anti-norteamericano estaba siendo preparado. Desde entonces, al-Sahab ha continuado lanzando declaraciones claves de los líderes de al-Qaeda. La aparición de Khan en el video sugiere fuertemente que se reunió con miembros del equipo de medios de al-Qaeda en la frontera afgano-paquistaní, probablemente en el área tribal de Waziristán. Hay mucho que todavía no sabemos sobre las actividades de Khan en Pakistán, pero es probable que informaciones adicionales señalen otros contactos con miembros de al-Qaeda en Pakistán.
El rápido deterioro de la situación de seguridad en Afganistán el año pasado es, en parte, responsabilidad de al-Qaeda. El uso de atentados suicidas y de bombas improvisadas y la decapitación de rehenes -todas técnicas que al-Qaeda perfeccionó en Iraq- son métodos que los talibanes usan cada vez más frecuentemente en Afganistán, convirtiendo gran parte del sur del país en una zona prohibida.
Hekmat Karzai, un investigador afgano del terrorismo, asociado al Instituto de Estudios de Defensa y Estratégicos en Singapur, señala que los atentados suicidas eran raros en Afganistán hasta 2005, cuando ocurrieron 21 atentados de ese tipo. Este año ha habido al menos dieciséis. Además, Karzai informa que se ha nombrado a dos de los "más hábiles" comandantes de al-Qaeda -Khalid Habib, un marroquí, y Abd al Hadi, un iraquí- para dirigir las operaciones en el sudeste y sudoeste de Afganistán. Estos desarrollos sugieren que al-Qaeda se está reagrupando y reforzando a lo largo de la frontera afgano-paquistaní.
Y, por supuesto, bin Laden y Zawahiri siguen libres en esa región fronteriza, emitiendo videos destinados a enardecer a sus partidarios en todo el mundo. Zawahiri, por ejemplo, sacó un video la semana pasada llamando a atacar a Estados Unidos y otras fuerzas de la coalición en Afganistán. Entretanto, la persistente influencia de bin Laden sobre los miembros de al-Qaeda fue confirmado después de la muerte el mes pasado de Abu Musab al-Zarqawi, el cabecilla de al-Qaeda en Iraq. Abu Hamza al-Muhajer, el nuevo líder de al-Qaeda en Iraq, publicó rápidamente una declaración en un sitio yihadista en la red jurando lealtad a bin Laden: "Estamos a vuestra disposición, esperando órdenes". Muhajer tiene vínculos muy antiguos con Zawahiri; los dos fueron miembros del ultra-violento Grupo de la Yihad de Egipto durante más de dos décadas. Un agente de la inteligencia estadounidense me dijo que el reconocimiento de la comunidad de inteligencia de la continuada importancia de bin Laden y Zawahiri en las redes terroristas mundiales ha conducido, en los últimos dos meses, a un renovado intento de localizarlos.
Casi cinco años después de los atentados en Washington y Nueva York, al-Qaeda no sólo sigue activo en su tradicional bastión en la frontera afgano-paquistaní, sino que continúa proyectando su ideología y terrorismo en otros lugares. Así que ahora nos enfrentamos a un mundo conducido ideológicamente por terroristas caseros -radicales autónomos sin vínculos formales con ninguna organización-, además de redes formales como al-Qaeda que han logrado sobrevivir a pesar de la tremenda presión a que han sido sometidos después del 11 de septiembre de 2001. E incluso más terriblemente, ahora se nutren y refuerzan unos a otros.

bergenpeter@aol.com

Peter Bergen es investigador de la New America Foundation y autor de ‘The Osama bin Laden I Know: An Oral History of al Qaeda's Leader' (Free Press).

18 de julio de 2006
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mataron a al-zarqawi


Helicóptero estadounidense disparó proyectil contra casa.
Bagdad, Iraq. El primer ministro iraquí anunció hoy en una sorprendente rueda de prensa la muerte de Abu Musab al-Zarqawi. El líder de Al Qaeda en Iraq murió cerca de Baquba después de un ataque conjunto estadounidense-iraquí, dijo el primer ministro Nouri al-Maliki.
Helicópteros americanos dispararon proyectiles contra la casa ocupada por Zarqawi y un grupo de hombres, de acuerdo a funcionarios estadounidenses e iraquíes. Tropas iraquíes en el terreno removieron a Zarqawi de la casa y murió mientras estaba en custodia, dijeron las autoridades.
Se reportaron otras bajas en la casa, incluyendo la muerte del asesor espiritual más cercano a al-Zarqawi.
El general George Casey, el comandante en jefe de las tropas norteamericanas en Iraq, confirmó la muerte de Zarqawi. Dijo que su cuerpo fue identificado por sus huellas digitales.
El jordano Zarqawi estaba acusado por Estados Unidos de la decapitación de rehenes extranjeros y de organizar atentados suicidas que han matado y mutilado a cientos de personas en Iraq.
Observadores y oficiales norteamericanos advirtieron que no esperan que su muerte reduzca de manera dramática la violencia en Iraq. Gran parte del aumento de ataques recientes se atribuyen al conflicto religioso entre sunníes y chiíes.
Esas tensiones aumentaron el lunes tras el secuestro de cincuenta personas en el centro de Bagdad por hombres armados con el uniforme de la policía y el asesinato a tiros, el domingo, de 21 chiíes al norte de la capital, incluyendo a estudiantes sacados de su furgoneta.
La policía dijo ayer que quince de los secuestrados fueron liberados con signos de haber sido torturados, pero no entregaron información sobre sus identidades.
Un coche bomba estalló ayer en un mercadillo al aire libre en un barrio de predominancia chií en Bagdad, matando al menos a dos personas y dejando heridas a otras doce -uno de los varios ataques que, ayer, terminaron con la vida de 21 personas en todo el país.
También ayer cientos de prisioneros iraquíes recién liberados, besaron la tierra después de ser dejados en estaciones de autobuses como parte de la decisión del primer ministro Maliki de liberar a esos reclusos en un intento por apaciguar a los sunníes y fomentar la reconciliación en su fragmentada nación.
Dirigentes políticos sunníes acogieron la iniciativa, aunque algunos expresaron el temor de que la liberación fuera neutralizada por más detenciones. Han habido acusaciones de que los sunníes han sido víctimas de detenciones arbitrarias e incluso de torturas a manos del gobierno chií.
"Queremos una solución real", dijo el diputado sunní Mohammed al-Dayeni, pidiendo la liberación de todos los detenidos. "Queremos que terminen los allanamientos y las detenciones arbitrarias en todas las provincias iraquíes, y sólo de ese modo podremos garantizar un ambiente más seguro".
El gobierno prometió la liberación de un total de dos mil detenidos, cuyos casos han sido revisados, en tandas de unos quinientos por vez. Los primeros 594 fueron liberados ayer de cárceles administradas por estadounidenses e iraquíes en todo el país, incluyendo la de Abu Ghraib.
Maliki ha convertido la seguridad y la reconciliación en una de las prioridades del nuevo gobierno. Pero también prometió reprimir la violencia atribuida a menudo a la resistencia sunní, y dijo que el plan de liberaciones excluye a los partidarios del derrocado presidente Saddam Hussein, así como a "terroristas que tienen las manos manchadas de sangre de iraquíes".
Uno de los reclusos liberados, Mohammed Jassim Hameed, dijo que fue detenido el 19 de diciembre de 2004, y acusado de secuestrar a los empleados de una compañía de teléfonos. Dijo que había estado en varios centros de detención norteamericanos, incluyendo los de Abu Ghraib y Camp Bucca.
"Nos daban la misma comida todos los días. Estábamos hasta la tuza", dijo Hameed, que está en la cincuentena.
Una mujer que se identificó a sí misma como Um Ahmed, dijo que le dijeron en el Partido Musulmán Sunní, que su marido Salih Khalid Salih sería liberado.
"Hace tres meses que estoy esperando", dijo, llorando debido a que no lo pudo encontrar entre los detenidos que llenaban los autobuses, muchos de ellos arrodillándose y besando el suelo.
Representantes del Partido Islámico Iraquí, el grupo sunní más grande en la coalición de gobierno, saludó a los detenidos.
El primer ministro dijo el martes que serían liberados 2.500 prisioneros, pero su despacho cambió esa cifra a dos mil ayer. Funcionarios iraquíes dijeron que existe un acuerdo para liberar a 14 mil detenidos una vez que sus casos sean revisados. Un informe de Naciones Unidas del mes pasado dijo que en Iraq había 28.700 detenidos. Se cree que la mayoría de ellos son sunníes.
Omar al-Jubori, miembro del Partido Islámico Iraquí, dijo que el acuerdo se produjo después de negociaciones con la embajada estadounidense y oficiales, así como después de manifestaciones callejeras. Las liberaciones "darán felicidad y esperanza a los detenidos y a las personas oprimidas en este país", dijo Jubori.
El teniente coronel Kier-Kevin Curry, portavoz de las operaciones de detención militar estadounidense, dijo que la operación de liberación de prisioneros era la más importante en un período de treinta días desde que empezara la guerra en marzo de 2003. Dijo que los hombre que están siendo liberados no eran culpables de delitos graves y habían jurado renunciar a la violencia.

8 de junio de 2006
©boston globe
©traducción mQh
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