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terrorismo

matar a blair es legítimo


Declaraciones del diputado George Galloway.
Londres, Gran Bretaña. El político disidente británico, George Galloway, dijo que estaría "moralmente justificado" si un asesino atentara contra el primer ministro Tony Blair, aunque agregó que no estaba pidiendo que se ejecutase, de acuerdo a una entrevista en una revista.
En comentarios a la revista GQ que salió el viernes, Galloway es citado diciendo que un atentado contra Blair que no causara otras víctimas sería una respuesta justificable a la guerra en Iraq.
"Sería enteramente lógico y comprensible, y moralmente equivalente a la orden de matar a miles de personas inocentes en Iraq, como hizo Blair", cita la revista a Galloway.
Pero si supiera que alguien conspira para un atentado semejante, dijo Galloway, él lo denunciaría a la policía.
"Creo que lo mejor es no decir nada. Pero que no digamos nada, no significa que no pensemos", dijo por teléfono desde Washington, donde Blair se reúne con el presidente Bush, un portavoz oficial de Blair, a condición de que no se mencionase su nombre.
Galloway fue expulsado del Partido Laborista de Blair por llamar a los soldados británicos a no pelear en Iraq. Luego ganó un nuevo escaño en la Cámara de los Comunes el año pasado como fundador del Partido del Respeto.
Galloway se encuentra en Cuba y no estaba disponible para confirmar los comentarios atribuidos a él en la revista.

26 de mayo de 2006
©chicago tribune
©traducción mQh
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espía suizo fugitivo


[Sebastian Rotella] Un ex informante que se convirtió al islam dice que sus contactos le pidieron que implicara en una conspiración a un clérigo musulmán. Funcionarios dicen que se trata de una venganza personal.
Ginebra, Suiza. Aparte bancos y chocolates, esta apacible ciudad lacustre tiene otro motivo para ser famosa: Está llena de espías.
Claude Covassi, un experto en artes marciales de anchas espaldas y ojos pardos, era uno de ellos. Empezó como informante de la inteligencia suiza a principios de 2004, se convirtió al islam e infiltró círculos fundamentalistas en su ciudad natal. Siguió hasta las mezquitas de Siria, donde se prepara a los aspirantes a mártir extranjeros para entrar a Iraq, la ruta de los yihadistas.
Pero en febrero, intempestivamente, el agente secreto buscó la publicidad. Reveló su misión con respecto a su principal objetivo, un clérigo musulmán que ha sido periódicamente acusado de extremismo, y dio entrevistas a la prensa acusando a sus contactos en el servicio secreto de querer implicar falsamente al clérigo. Desde entonces, Covassi ha revelado todo, desde documentos confidenciales hasta detalles de operaciones clandestinas.
El ex espía insiste en que abandonó su mascarada porque descubrió la fe.
"No me convencieron los grandes discursos, sino el poder de las oraciones y la comprensión del Corán", dijo Covassi, 36, en una entrevista hace poco por e-mail desde su refugio en Egipto. "El islam ha transformado mi vida".
Pero funcionarios suizos antiterroristas rechazan sus acusaciones y lo acusan de llevar a cabo una venganza personal. No está claro quién está manipulando a quién.
La historia de Covassi proporciona una poco común visión a nivel de calle de la lucha contra el extremismo musulmán. En todas las comunidades musulmanas de Europa las fuerzas de seguridad están realizando una agresiva vigilancia de las mezquitas, lugares de oración, librerías, carnicerías, cafés cibernéticos y otros locales donde las actividades legales de los fundamentalistas convergen con el terrorismo.
El caso del informante renegado también revela los riesgos implicados para las agencias de espionaje -y para una desaliñada legión de soldados secretos en las primeras líneas.
Covassi dice que era un peón en una guerra de territorio entre servicios secretos nacionales y extranjeros en Suiza que se parece a los conflictos entre las agencias antiterroristas de otros países.
"Creo que la situación no se habría deteriorado tan seriamente si nuestros diferentes servicios de inteligencia colaboraran un poco", dijo. "En realidad, he podido observar que están rivalizando constantemente, tratando incluso de causarse daño unos a otros".
Su guerra de palabras ha sacudido a las fuerzas antiterroristas de un pequeño país con un submundo militante asombrosamente activo. Abundan las preguntas sobre los motivos de Covassi. ¿Se está vengando por un problema de dinero o por rencor? ¿Se ha asociado con los extremistas? Aumentando la incertidumbre sobre su credibilidad, el mes pasado un tribunal lo sentenció en ausencia a ocho meses de cárcel por comerciar en esteroides anabólicos cuando enseñaba box tailandés en un gimnasio en 2002.
Algunos funcionarios creen que está tratando de presionar al gobierno para eludir la pena de cárcel.
"A veces utilizas una fuente y todo sale mal", dijo un funcionario de seguridad suizo, que pidió permanecer anónimo. "No sé cuánto de lo que dice son disparates que utiliza para evitar el caso judicial".
Los Angeles Times confirmó partes fundamentales de la historia de Covassi en entrevistas con funcionarios de seguridad y legislativos suizos, agentes antiterroristas europeos y otros involucrados o familiarizados con los acontecimientos. Y Covassi respalda su historia proporcionando nombres y números de teléfono de sus contactos y conversaciones confidenciales por e-mail con esos contactos.
La comisión de supervisión de la inteligencia del Congreso suizo está investigando el caso. Pero las dudas persisten, especialmente en relación con la acusación de Covassi de que los jefes del espionaje conspiraron para desprestigiar al controvertido clérigo musulmán Hani Ramadan, vinculándolo con militantes relacionados con Iraq. El hermano de Ramadan, Tariq, es un intelectual musulmán internacionalmente conocido.
Sin comentar sobre detalles, el jefe de la policía federal Jean-Luc Vez dijo que no sabía que se hubiese cometido algún delito.
"El servicio de inteligencia respeta la ley", dijo Vez. "No conocemos ningún caso como para acusarlos de alguna actividad ilegal".
Pero Vez dijo que la historia y prestigio de Ramadan eran motivos para su investigación. "Sus escritos son ambiguos", dijo. "Es normal que se les preste atención".
Hani Ramadan dice que podría querellarse contra el gobierno, pero que esperará los resultados de la pesquisa parlamentaria. Se ha negado a hacer más comentarios.
"Siempre he dicho que el Centro Islámico de Ginebra no tiene nada que ocultar", dijo Ramadan en una declaración escrita. "Lo prueban los dos años de investigaciones secretas realizadas por un agente..., porque no se han traducido en ninguna investigación ni sanción oficial".
Ramadan y Covassi son personajes ambiguos en una ciudad de sombras.
Ginebra ha sido durante largo tiempo un cruce de intrigas porque es una base de instituciones internacionales, incluyendo a Naciones Unidas, un refugio de disidentes y un depósito de fortunas colosales y de origen dudoso de todo el planeta. Agentes soviéticos y occidentales se fastidiaron mutuamente aquí durante la Guerra Fría, en este territorio nominalmente neutral.
"Es un lugar plagado de espías", dijo el ex diputado y autor Jean Ziegler, amigo de la familia Ramadan.
Desde el 11 de septiembre de 2001, el juego de capa y espada tiene un nuevo foco. Las autoridades han congelado millones de dólares de sospechosos de ser financistas del terrorismo e investigado grupos locales presuntamente vinculados a Al Qaeda.
Los musulmanes constituyen un cuatro por ciento de la población suiza de 7.5 millones, la mayoría de ellos inmigrantes de los Balcanes que son considerados moderados. Pero Ginebra atrae a ideólogos musulmanes extremistas y yihadistas, que se han convertido en prioridades de las agencias policiales.

Un Recluta Inverosímil
De acuerdo a quienes le conocen y según él mismo, Covassi es un operador dedicado, atlético, infatigable y hábil.
Hijo de una jornalero italiano, creció aquí y se marchó a París a estudiar filosofía. Pero también acumuló dos condenas por fraude en Suiza. Rebotando por toda Europa, trabó amistad con activistas de extrema izquierda en Italia y vendedores de cocaína en la parrandera isla española de Ibiza entre 2001 y 2003, de acuerdo a su propia versión. Esos contactos lo ayudaron a desempeñarse como informante de la policía antinarcóticos en su ciudad natal, dijeron Covassi y funcionarios suizos.
Un amigo de infancia en la policía de inteligencia lo introdujo a agentes del servicio nacional de inteligencia, el Servicio de Análisis y Prevención, SAP. Los agentes lo ayudaron a salir de la cárcel después de ser detenido por cargos de fraude con tarjeta de crédito en febrero de 2004, dijo, y lo reclutaron para una misión apodada Operación Menfis.
"El SAP parecía estar preocupado del peligro terrorista en Suiza", dijo Covassi. "Yo no sabía nada sobre el islam. La Operación Menfis parecía útil. Yo no tenía salario. Se me pagaban los gastos más algunos ‘regalos'. En total me pagaron 12.200 dólares".
Covassi empezó a asistir al Centro Islámico de Ginebra, una mezquita administrada por Ramadan, 47. Ramadan y su telegénico hermano Tariq han sido espiados por los servicios secretos del mundo durante décadas.
Su abuelo materno fue Hassan Banna, un egipcio que fundó en 1928 la Hermandad Musulmana, un grupo radical a veces violento que busca el renacimiento del islam y rechaza la occidentalización. Las filosofías del grupo han inspirado a movimientos musulmanes en todo el mundo, incluyendo a los que engendraron a Al Qaeda.
Después del asesinato de Banna en 1949, su padre, Said Ramadan, ayudó a difundir la influencia del grupo en todo el mundo musulmán, pero huyó pronto de Egipto para evitar la represión del gobierno.
Los hermanos Ramadan son nacidos y criados en Ginebra, donde su padre obtuvo asilo político en los años cincuenta. Los dos clérigos dicen que han renunciado a los aspectos intolerantes de su legado.
Pero varios importantes funcionarios antiterroristas y académicos europeos los ven como ideólogos siniestros. Estados Unidos revocó un visado para Tariq Ramadan en 2004 cuando debía empezar una docencia en la Universidad de Notre Dame.
"Hemos estado interesados en los Ramadan durante un largo tiempo", dijo el funcionario de seguridad suizo. "Pero no hemos encontrado nada para acusarles judicialmente. Son compañeros de ruta... Son predicadores. Están difundiendo el radicalismo".
En 2002 el gobierno local despidió a Hani Ramadan de su trabajo como profesor de francés en una escuela pública debido a un artículo que escribió sobre la ley islámica en el que defendía la lapidación de las mujeres adúlteras. Un tribunal resolvió más tarde que el despido fue excesivo.
Los Ramadan también tienen defensores. El gobierno británico nombró a Tariq Ramadan, ahora profesor en Oxford, en una comisión asesora sobre el islam. Ziegler, el antiguo diputado, dice que los hermanos son moderados que han sido calumniados.
"Hay una campaña de difamación permanente de los hermanos Ramadan", dijo Ziegler. "Hani es un organizador, un pedagogo, menos brillante que su hermano. Pero hay una dimensión social en su trabajo en el Centro Islámico, donde ayudan a familias... Si quieres que los inmigrantes musulmanes se conviertan en europeos, tienes que apoyar a los Ramadan".
Para infiltrar el círculo íntimo de Hani Radaman, Covassi utilizó su nombre verdadero y una clásica historia de pantalla: Se presentó como un atormentado ex convicto que buscaba solaz espiritual. A los dos meses, Ramadan lo alentó a convertirse, dijo Covassi.
"Con otros musulmanes empecé un boletín de noticias, Al Qalam, y una asociación para defender los derechos de los musulmanes", dijo. "Por eso estaba en estrecho contacto con Ramadan y pasé muchas tardes con él en su oficina".
El SAP tuvo que recurrir a un informante debido a que las leyes nacionales sobre espionaje prohíben que sus agentes hagan trabajo encubierto e interceptaciones. Las severas restricciones colocan incluso a los agentes que controlan a los informantes en riesgo de quebrantar la ley.
Además de tratar de saber todo sobre los Ramadan, Covassi investigó las redes musulmanas que hacían reclutamiento para Iraq, un nuevo imán para los yihadistas. La radicalización es difícil de combatir incluso en países con estrictas leyes antiterroristas. Los discursos y actividades de muchos ideólogos no son ilegales, incluso si al final empujan a los jóvenes a la violencia.
"¿Qué es ilegal?", pregunta el funcionario de seguridad. "¿Decir a los ‘hermanos' que la invasión de Iraq fue ilegal y que hay que resistirla? ¿Dar a alguien la dirección de un amigo en Jordania?"
Covassi dijo que él no encontró nada que vinculara a Ramadan con el terrorismo.
"No te diré que todos los musulmanes que frecuentan el centro son santos, pero... los únicos hombres que estaban en contacto con grupos terroristas pertenecían a servicios de inteligencia de países extranjeros", dijo.
Mientras Covassi pasaba el tiempo en el Centro Islámico de Ramadan y en la mezquita de Ginebra, más grande y administrada por saudíes, dice que se dio cuenta de que sus organizaciones pululaban con colegas agentes de agencias de espionaje europeas y árabes. Informó a sus contactos sobre un ardiente extremista en la gran mezquita; le dijeron que era un espía sirio reclutando militantes para la guerra en Iraq, dijo.
Investigando la conexión siria, dice Covassi, acompañó hasta Damasco, la capital siria, a militantes que iban a Iraq en enero del año pasado. Allá pasó un tiempo en la mezquita de Fateh y en la escuela del Corán de Abu Nour, que han sido clasificadas en otras investigaciones europeas como centros de distribución internacionales que sostienen a la resistencia iraquí. Allá los militantes exigían 600 dólares para el pasaje a Iraq y 4000 dólares para armas, dijo.
En ambos lugares, dijo Covassi, "los servicios secretos sirios reclutaban para Iraq".
Si es verdad, sus hallazgos refuerzan las acusaciones de que Siria ayuda a la resistencia iraquí, una acusación que Damasco niega. Investigadores europeos dicen que los espías sirios probablemente permiten las actividades militantes en Damasco, pero que probar su participación directa era otra cosa.

Cambio de Opinión
Al volver, Covassi peleó con sus contactos. Los acusó de obligarlo a introducir nombres de militantes sospechosos de marcharse a Iraq en ordenadores del Centro Islámico para comprometer a Ramadan en la red de reclutamiento.
Covassi dijo que para entonces él había empezado a admirar al clérigo "por sus cualidades humanas y la ayuda que me dio en mi conocimiento del islam".
Como resultado, Covassi se distanció del SAP, pero no del espionaje. Empezó a trabajar para el servicio de contraespionaje suizo, conocido por sus iniciales francesas de SRS, e infiltró redes terroristas en Europa y en Oriente Medio.
El nuevo trabajo lo involucró en una dura rivalidad entre el SAP y su nueva agencia, dijo. Covassi proporcionó al Times con fragmentos de conversaciones por e-mail con su contacto en la agencia de contraespionaje. Utilizando nombres secretos, analizan fotos de vigilancia, una cita clandestina en una estación de trenes, una presunta conspiración para atacar un avión de pasajeros israelí con un lanzagranadas en el aeropuerto de Ginebra a fines del año pasado.
Covassi y su contacto se burlan de agentes del SAP, a los que llaman "los Osos".
En un e-mail fechado al 3 de diciembre, un excitado Covassi se queja de que sus antiguos jefes habían renovado sus presiones sobre él para que espiara a Ramadan, al que llama ‘el Gurú'. Se refiere a un apartamento utilizado para operaciones de vigilancia en el Centro Islámico. Y amenaza con revelarlo todo.
"[El agente] me habla todos los días sobre el apartamento frente [al Centro Islámico] y me ha confirmado que los Osos lo quieren usar para espiar al Gurú", escribe Covassi. "Quiero enfatizar unos puntos: 1) Está completamente excluido que yo vaya a participar en este plan y por tanto colocar nombres en las fotos que me muestra [el agente]. 2) Tal como te dije durante nuestra reunión en las montañas, si la situación empeora para el Gurú no dudaré ni un instante en exponer mi colaboración con los Osos y la información que poseo".
Pronto Covassi estaba al borde del abismo. Tuvo dos airadas reuniones con sus antiguos contactos. Dio una entrevista al diario Tribune, de Ginebra, denunciando lo que llamó la persecución de Ramadan.
En los días siguientes, dice, recibió amenazas, su apartamento fue allanado y fue atacado por dos árabes en la calle que lo golpearon salvajemente.
Decidió escapar.
A pesar de su tirada pública, dice Covassi, el 19 de febrero sus contactos en el servicio de contraespionaje lo ayudaron en su fuga. Un agente lo llevó al aeropuerto, le pagaron un billete a España y le dieron unos ocho mil dólares en contante. El SRS ya le había pagado unos 33 mil dólares por sus servicios, dijo.
Interrogado sobre el aparente conflicto entre agencias de espionaje, los funcionarios suizos dijeron que estaban trabajando para mejorar la colaboración.
"Siempre hay competencia entre las agencias", dice Vez, el jefe de policía. "Es algo endémico. Creo que la función de un jefe es asegurarse de que la competencia no sea contraproductiva".
Covassi dijo que viajó de las Islas Canarias a Mauritania, eludió apenas su detención, y luego viajó a Egipto, donde tenía amigos. Dice que ha estado allá desde marzo.
Desde su escondite envía e-mails a periodistas y políticos. Amenaza con revelar secretos bien documentados si la comisión parlamentaria no lo lleva de regreso a Suiza a prestar declaración. A pesar de la familia de Ramadan y de sus vínculos ideológicos con Egipto, Covassi insiste en que la Hermandad Musulmana no le ha dado cobijo.
El espía fugitivo suena lastimero, perdido en su laberinto.
"No tengo dinero", dice Covassi. "He hecho esfuerzos para evitar que me ayuden grupos musulmanes, para que nadie pueda decir que estoy siendo manipulado. Estoy absolutamente solo".

21 de mayo de 2006
©los angeles times

©traducción mQh
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terroristas jordanos en iraq


[Nir Rosen] Tras una eventual retirada de Estados Unidos de Iraq y Oriente Medio, los fanáticos continuarán sus guerras contra los ‘infieles’ y ‘herejes’ de sus sociedades.
Jordania es considerado desde hace tiempo como el país tranquilo de Oriente Medio. La gente lo llamaba el Reino Hachemita del Aburrimiento y lo visitaban para descansar. El Rey Hussein y su hijo, el Rey Abdullah II, que subió al trono en febrero de 1999, eran suficientemente amables con Estados Unidos, respetuosos de Israel y moderados partidarios de la modernización. En cuanto a las revueltas que han enturbiado a la región desde la revolución iraní de 1979, se creía ampliamente que el servicio de seguridad del rey, la policía secreta Mukhabarat, había infiltrado a todos los grupos que pudiesen pensar en provocar líos. Pero la verdad es que Jordania no ha estado tan aislada del radicalismo que ha engullido a Oriente Medio en nuestros días: en 1970 y 1971, los palestinos de Jordania, que entonces como ahora constituyen la mayoría del país (hoy de 5.6 millones de habitantes), se levantaron en armas y su insurrección fue brutalmente reprimida. Y en el curso de la búsqueda de métodos para mantener su dominio político, la monarquía hachemita entregó a la Hermandad Musulmana -la variante local del movimiento islámico que empezó en Egipto en los años veinte- el control de la política educacional, lo que tuvo oscuras implicaciones.
Abu Musab al-Zarqawi es el yihadista jordano más violento que hay en Iraq, y no está solo.
Ahora sabemos que el sereno reino estaba produciendo al hombre del que se piensa que encabeza el sector más mortífero de la resistencia iraquí -y el que llevó el conflicto de vuelta a Jordania con tres atentados con bomba en diciembre pasado: Ahmed Fadeel Nazal al-Khalayleh, mejor conocido como Abu Musab al-Zarqawi por haber nacido en Zarqa, una pobre ciudad a una hora de camino al norte de Amán. Cómo el tranquilo reino de Jordania pudo producir un hombre que se ha hecho conocido como el Jeque de los Asesinos, es una pregunta que ocupa el centro en la guerra santa contemporánea.
Jordania es el hogar de muchos yihadistas, en gran parte jóvenes del mismo ambiente que produjo a Zarqawi, y especialmente desde que Estados Unidos invadiera Iraq hace casi tres años, Jordania se ha convertido cada vez más en un lugar ya no tan tranquilo, un lugar donde los musulmanes locales van y vienen fácilmente entre Iraq y Jordania, un lugar donde la clandestinidad yihadista parece ser una parte casi normal de la vida del país. Y si ese movimiento clandestino puede ser normal en la tranquila Jordania, ¿cómo se podrá impedir que sea también normal en los demás países musulmanes?

"Se sentaba allá, donde estás sentado tú", dijo Muhammad Wasfi, señalando el cojín donde reposaba yo. Wasfi es un ex yihadista de 42 años que dice que ahora se dedica a la enseñanza. Estamos hablando en su fría salita -el invierno jordano es frío- en la ciudad de Rusaifa, justo al sur de Amán, mientras sus hijos mayores nos sirven un azucarado té. Wasfi acaricia a un gato que entró tras nosotros. Sus hijos pequeños gritan y pelean en el cuarto contiguo. Su hijo menor, Mudhafer, entra para pedirle dinero. "Abu Musab ha oído hablar de mí", dijo Wasfi, continuando, mientras recuerda su primer encuentro con Zarqawi en el verano de 1993. "Era un musulmán sencillo que quería servir al islam. No se quedó por mucho tiempo y al día siguiente se apareció con otro tipo. Nos sentamos a hablar sobre nuestras esperanzas y sueños y ambiciones sobre la fundación del califato y sobre cómo izar la bandera de la guerra santa contra los enemigos del islam en todas partes. Yo estaba en desacuerdo con él en algunas cuestiones estratégicas, como su visión de Israel y Palestina. Él no pensaba en hacer una guerra santa contra los judíos e Israel. Abu Musab quería cambiar los regímenes árabes".
En los años noventa, el deseo de Zarqawi de hacer la guerra santa contra los ‘enemigos cercanos’, los llamados musulmanes herejes, se extendía por el mundo árabe. Allá había muchos hombres que pensaban como él en Amán, y todavía más en las ciudades de mayoría palestina de Jordania, como Zarqa e Irbid. Algunos habían logrado regresar de Afganistán, donde lucharon con éxito contra los soviéticos, y estaban esperando la siguiente yihad; otros venían de Kuwait, parte de un masivo éxodo de palestinos de ese país durante la invasión iraquí de 1990 y después de la retirada de las tropas iraquíes en 1991. (El apoyo brindado por algunos palestinos a la invasión de Saddam Hussein llevó a Kuwait a expulsar en masa a sus palestinos una vez que se retiraron las tropas iraquíes). Dentro de este último grupo había algunos dedicados radicales que habían sido influidos profundamente por clérigos egipcios -fanáticos del Grupo Islámico, un radical retoño carcelario de la Hermandad Musulmana de Egipto, que habían sido expulsados de Egipto a Kuwait.
Muchos de estos desarraigados e indeseables creyentes encontraron un hogar espiritual y político en un tipo de islam llamado salafismo. No es sorprendente, quizás, que el salafismo enfatice el desarraigo de la fe. Desprecian a los santos y prácticas místicas locales (como las del sufismo) y toda otra desviación del rígido sunnismo. Desprecian a los chiíes. Normalmente desprecian a todas las otras sectas y prácticas que los salafistas consideran ‘bida’, o ‘innovaciones’. Dada su intensa preocupación con la pureza, los salafistas están constantemente tratando de identificar y expulsar a los impuros. Esto se llama ‘takfir’, que a menudo se traduce como ‘excomunión’: un viejo término caído en desuso que ha recobrado vida en el salafismo y que permite, incluso estimula el asesinato de musulmanes a los que los salafistas han expulsado mediante la excomunión ‘takfir’. Quizás la personificación más feroz del salafismo hoy sea Abu Musab al-Zarqawi.
La mayoría de los visitantes occidentales de la capital de Jordania no se alejan demasiado del rico vecindario al oeste de Amán. Una vez que sales de ahí y te diriges al este o al sur, las casas tienden a ser bloques de concreto sin pintar, con barras de acero asomándose encima de tejados sin terminar, y casas cuadradas dispersas azarosamente en las colinas, con empinadas calles sombreadas por la ropa colgada. Los terrenos baldíos se han convertido en vertederos. Delgadas torres de metal, coronadas con altavoces para el llamado a la oración, sobresalen desde las sobrias mezquitas -sencillos bloques de concreto cuadrados, como las casas. En Rusaifa, en un laberinto de estrechas calles sin árboles, los tenderos cubren las cabezas de sus maniquíes femeninos en las vitrinas y en las calles algunas mujeres van completamente cubiertas. Las amarillas y rojas colinas y dunas del desierto se ven inhóspitas contra el gris cielo de invierno. Fue en una colina como esas que Muhammad Wasfi construyó su casa, que es donde me reuní con él en diciembre. La casa no parecía haber sido terminada, y se veía sin embargo vieja, el patio cubierto de basura y juguetes de niños, incluyendo una pistola de juguete.

Conocí a Wasfi por medio de un palestino llamado Abu Saad, que conoce bien a los yihadistas salafistas de Jordania. Abu Saad es un hombre inquieto con una nerviosa sonrisa y una voz aguda; sueña con convertirse en periodista. También es un salafista. Cuando Abu Saad me paseaba en coche por Amán y sus barrios pobres, le gustaba tocar casetes con canciones de Al Qaeda. Eran cantos a cappella, porque los salafistas no creen en la música; giran sobre aventuras de los yihadistas en la lucha contra los infieles. En su ordenador guarda una colección de videos de ataques yihadistas contra estadounidenses, los que mira orgullosa y regularmente.
Mientras Wasfi y yo conversábamos -en árabe-, Abu Saad nos dejaba hacerlo en su coche, que en el camino a Rusaifa había perdido algunas partes. Wasfi llevaba un pantalón de chándal y una sudadera azul que combinaba. Tiene un cuerpo grueso y fuerte, con una barriga que demostraba que no está tan activo como antes. Su gruesa barba estaba descuidada, pero llevaba su bigote corto, al estilo salafista, y su pelo muy corto.
Nació, me dijo, en Cisjordania en 1963. "Todavía recuerdo el día en que dejé Palestina", dijo. Su familia se trasladó primero a Amán y luego a Zarqa, al norte de la capital, donde viven muchas familias militares. Su padre se enlistó en el ejército jordano. Wasfi mismo sirvió dos años antes de sacar un diploma en gerencia comercial y trabajó como funcionario público. "En esa época yo empecé a aprender filosofía musulmana", me dijo. Llegó a admirar al radical Grupo Islámico, de Egipto, y esperaba fundar un movimiento jordano similar. "Como palestinos queremos una solución para nuestros problemas", me dijo. "Aunque yo era joven, no veía otra solución para esos problemas que el islam. Así que no me atraía ningún movimiento palestino laico. Yo quería hacer algo por el islam y los musulmanes y ayudar a fundar un estado musulmán y hacer de Palestina la capital del nuevo califato".
Le pregunté si acaso todavía pensaba que eso era posible.
"Sin ninguna duda", me dijo. "Lo ha dicho el profeta Mahoma".
Como muchos salafistas, Wasfi es un autodidacta que lee los trabajos de Abdullah Azzam (una figura clave en la guerra santa moderna y mentor, en el pasado, de Osama bin Laden) y del egipcio Omar Abdel Rahman (el clérigo ciego actualmente encarcelado en Estados Unidos por su fracasado intento de volar monumentos históricos de la Ciudad de Nueva York). Leyó sus libros y escuchó los casetes con sus sermones. Los admiraba por haber ido a Afganistán y en 1989 fue él mismo, "para ver la realidad de los musulmanes y sus movimientos, la nación musulmana y la guerra santa". Soñaba con empezar una yihad en el territorio de Sham -las tierras de Siria, Jordania, el Líbano y Palestina- y liberar a su patria.
Zarqawi, Wasfi y otro yihadista -el cerebral y autodidacta clérigo palestino Abu Mohammed al-Maqdisi, que estuvo entre los primeros que partieron para Kuwait en 1991- fundaron y dirigieron juntos un grupo en Jordania llamado Bayaat al Imam (Lealtad al Imam). "No teníamos la capacidad para hacer la guerra santa", confesó Wasfi. "Pero a pesar de nuestra incapacidad, seguimos adelante". De acuerdo a Wasfi, Maqdisi trajo siete granadas con él desde Kuwait. "Maqdisi dio las granadas a unos hermanos para que hicieran operaciones en Palestina para matar israelíes", me dijo Wasfi. Su historia era consistente con informes de la prensa jordana que he leído. "Los hermanos fueron detenidos y los jordanos descubrieron la organización y arrestaron a los jefes, pero antes de eso estuvieron fugitivos durante cuatro meses. Nos detuvieron y torturaron". Wasfi reclama haber sido sometido a "privación de sueño, golpizas, rasuramiento de su barba". Como resultado, dice, ahora sufre de reumatismo y a menudo le duelen las rodillas.
Pero las cárceles de Jordania no fueron exactamente una barrera de contención de la guerra santa, sino más bien un invernadero. Los prisioneros yihadistas se organizaron jerárquicamente y con lealtades típicas de cualquier banda de cárcel. Al mismo tiempo, de acuerdo a esos periodistas jordanos que informan regularmente sobre los yihadistas en diarios como Al Ghad, los presos ejercieron atracción sobre los menos devotos. Criminales se convertían a un islam estricto y enseñaban a sus nuevos camaradas habilidades que serían útiles para la guerra. "La cárcel fue una buena cosa para el movimiento", me dijo Wasfi. "La cárcel fortaleció la personalidad de los presos y les hizo ver lo grande que era la causa en la que creían. La cárcel es un buen ambiente para reclutar y hacer propaganda". Wasfi admitió que él y sus camaradas hicieron reclutamiento entre delincuentes. "Cuando hablas con ellos sobre el islam", me dijo, "ellos ven la diferencia entre un sistema de castigos hecho por los hombres y un sistema hecho por Dios. Eso los hizo defensores de la ‘dawa’ -el ‘llamado’ de islam- y enemigos de la opresión".
Zarqawi fue primero delincuente antes que yihadista. Era un joven desenfrenado, de acuerdo a los que lo conocieron y han contado su historia en la prensa árabe. No se interesaba en la religión. Abandonó la escuela secundaria y era conocido porque le gustaban los tatuajes, el alcohol y las riñas, y en los años ochenta terminó en la cárcel. Tras salir en libertad se marchó a Afganistán en 1989, donde la guerra santa contra los soviéticos se había convertido en una guerra de facciones afganas.
"Abu Musab era mi amigo", me dijo un ex yihadista llamado Sheik Jawad al Faqih, recordando a Zarqawi. Conocí a Jawad en casa de Abu Saad. Es un hombre de aspecto temible con una espesa barba y bigote recortado, manos inmensas y voz ronca. "Venía a mi casa. Fuimos juntos a Afganistán". Jawad, que es palestino, dijo que sus tíos habían peleado contra la ocupación británica de Palestina y que él había sido inicialmente influido por el nacionalismo laico. En 1982, sin embargo, encontró "el camino correcto" y abandonó sus posturas nacionalistas. "Abu Musab era un hombre normal, temeroso de Dios, muy sencillo", dijo Jawad, pensativo. "No tenía mucha formación religiosa".
Jawad me dijo que Zarqawi casó a dos de sus hermanas con afganos para fortalecer su relación con sus anfitriones. "Los afganos lo cuidaban, y él ganó experiencia", dijo.

Jawad volvió a Jordania y como Zarqawi y muchos otros que volvieron de Afganistán, empezó a participar en acciones menores en Jordania. Admitió haber realizado operaciones contra ‘infieles’ en Jordania: atacó un blanco británico, trató de atacar a marines estadounidenses. Dijo que había "matado a un sacerdote" y "hecho explotar a un judío". Me dijo que había fundado células de combatientes que llamaba "familias". Cada familia estaba formada por cinco combatientes que no conocían la identidad de los miembros de otras familias. Jawad dijo que en unos años de existencia, su Ejército de Muhammad llegó a fundar células en todo el mundo árabe. La mayoría eran veteranos de la guerra santa afgana. Pero en 1991, dice, un miembro descontento del ejército de Jawad dio los nombres de los jefes de la organización al servicio de inteligencia jordano. Este tipo de cosas no era inusual y todavía no lo es. Jawad dijo que de sus 13 detenciones, nueve podían ser atribuidas al hecho de que fue delatado por jordanos, lo que lo llevó a despreciarlos.
Jawad abandonó la guerra santa. Hoy es un vendedor de coches en Zarqa. Recuerda la yihad afgana como la mejor experiencia que ha vivido.
Zarqawi había vuelto desde Afganistán a Jordania pero fue detenido a poco de llegar y estuvo en la cárcel desde 1993 hasta la amnistía general de 1999. Su camarada de esos años, Wasfi, me dijo que incluso en la cárcel Zarqawi y el ideólogo del grupo, Maqdisi, llegaban a gente afuera, influyendo en individuos en las varias ciudades donde estuvieron presos. Antes de ir a la cárcel en 1994, Maqdisi atravesó Jordania enseñando su libro ‘El credo de Abraham’, la fuente más importante de instrucción religiosa para los yihadistas salafistas de Jordania. En él habla de los infieles y de los tiranos, utilizando las extensas definiciones que prefieren los salafistas. ‘Tiranos’, en mi lectura del libro, podría incluir ídolos hechos de piedra, el sol, la luna, los árboles. También podrían incluir tumbas, una referencia a la práctica sufí y chií de visitar las sepulturas de santos e imanes. Y ‘tiranos’ también podría incluir las leyes hechas por los hombres. Era el deber de los fieles denunciar la herejía de todas esas formas de culto e idolatría y expresar su odio hacia ellas.
De acuerdo a Maqdisi, la democracia es una religión hereje y constituye un rechazo de Alá, el monoteísmo y el islam. (Montó un ataque contra ella a toda escala en su libro ‘La democracia es una religión’). La democracia es una innovación que se coloca por encima de Dios e ignora las leyes del islam. Coloca a la gente (o al tirano) por encima del islam, pero en la ideología salafista sólo Dios puede dictar leyes. Maqdisi sostenía que los regímenes que gobernaban a los musulmanes no eran islámicos. Por eso, los musulmanes no les debían obediencia y deben luchar para fundar un verdadero estado musulmán.
Inicialmente Zarqawi estaba subordinado a Maqdisi. Pero en la cárcel el torpe y solemne Zarqawi empezó a florecer -y a eclipsar a Maqdisi. "Zarqawi era carismático", recordó Wasfi cuando hablamos, mientras "Maqdisi era tranquilo y pasivo. Estábamos tratando con las autoridades de la prisión de un modo muy agresivo y Zarqawi era tribal", miembro de la importante tribu de Bani Hassan y, a diferencia de Maqdisi y Wasfi, no era palestino -"así que su posición tribal le daba más poder que a un palestino. Si tus raíces son jordanas y tienes una tribu grande, tienes más poder. A los presos les gustaba un representante fuerte como Zarqawi, y él peleaba con los gendarmes. Era muy rudo y fuerte cuando trataba con miembros de la organización. Les impedía que les mezclaran con otras organizaciones de modo que no fueran influidos por otras ideas, y les impedía moverse libremente en la cárcel, incluso a mí. Pero yo me rebelé contra él".
Zarqawi organizó un golpe, obligando a Maqdisi a entregar el control de su grupo, Bayaat al Imam, y a aceptar una posición de asesoramiento teológico. La agresiva personalidad de Zarqawi atraía a los jóvenes rudos en la cárcel. Como los salafistas fuera de la cárcel, los yihadistas salafistas en la cárcel se liaban acusándose unos a otros de ser herejes. "En la cárcel, un desacuerdo en ideas provocaba problemas", me dijo Wasfi, negándose a entrar en detalles, pero agregando que "Abu Musab tomó muchas decisiones equivocadas que yo no acepté, como la posición de hostilidad hacia otros grupos". Cinco meses antes de su liberación, Wasfi abandonó el movimiento para concentrarse en una "dawa personal". (Oficialmente no puede enseñar, así que lo hace en secreto). "Después de que Zarqawi fuera dejado en libertad, me pidió que trabajara con él, pero me negué", dijo Wasfi.
Su tiempo en la prisión fue tan importante para el movimiento como sus experiencias en Afganistán, uniendo a hombres que sufrieron juntos y dándoles tiempo para formular sus ideas. Para algunos también fue una experiencia educativa. Un experimentado yihadista que conoció a Zarqawi en Afganistán me dijo: "Cuando lo oí hablar, no podía creer que fuera el mismo Zarqawi. Pero seis años en la cárcel le dio la oportunidad de estudiar".
Tras su liberación en 1999, Zarqawi partió para Pakistán, donde fue arrestado y detenido brevemente antes de emprender su viaje hacia Afganistán junto a sus seguidores más importantes. Para él tanto Al Qaeda como los talibanes no eran lo suficientemente extremistas, de acuerdo a Mohammed Abu Rumman, periodista de Al Ghad. Una importante discusión giró sobre a quién atacar: Zarqawi criticó a Osama bin Laden por no calificar de herejes a los gobiernos árabes para poder atacarlos.
Para Zarqawi el ‘enemigo cercano’ era una prioridad, mientras que para bin Laden era el ‘enemigo lejano’. Esta ha sido quizás la disputa más ácida dentro del violento y fanático islam sunní. Al Qaeda, al menos en términos relativos, ha estado siempre preocupado de establecer lazos entre los grupos que pudieran de otro modo consumirse a sí mismos luchando unos con otros. Concentrándose en el enemigo lejano -Estados Unidos, Israel, los países europeos y Rusia; en sus propios territorios o contra sus nacionales, embajadas o intereses en países musulmanes-, Al Qaeda podría reclamar cierto liderazgo carismático sobre un ‘movimiento’ bastante diverso y fraccionado. Y no metiéndose con los numerosos enemigos cercanos (o formando alianzas con ellos), Al Qaeda podría hacerse con un pequeño espacio vital.
El celo por la pureza ha llevado a Zarqawi y a los salafistas a concentrarse en sus ambientes más próximos. Este impulso podría, por supuesto, conducir a la retirada; en los años setenta, un grupo salafista egipcio trató de aislarse física y psicológicamente de la sociedad, formando algo parecido a una comuna. Pero la impaciencia por cambiar el mundo y quizás, en algunos, un apetito por la violencia ha llevado a muchos salafistas a un vigoroso compromiso con los enemigos más cercanos que pudieron encontrar, incluso cuando esos enemigos eran extremistas con ideas similares a las suyas.
Zarqawi era uno de esos salafistas estrictos que criticaba a los talibanes -por no imponer cabalmente la sharia, por un lado, y por reconocer a Naciones Unidas, una organización hereje, por otro. Y así criticó a Al Qaeda por asociarse con los talibanes. Zarqawi instaló su propio campamento cerca de la occidental ciudad afgana de Herat, cercana a la frontera con Irán. Cuando Estados Unidos atacó Afganistán, funcionarios de la inteligencia estadounidense dijeron que Zarqawi cruzó Irán hacia el autónomo Kurdistán en el norte de Iraq, donde puede haber tomado contacto con el grupo terrorista Ansar al-Islam en una región fuera del alcance de Saddam Hussein. Cuando Hussein fue derrocado en abril de 2003, Zarqawi tenía un nuevo estado fracasado donde operar. Y la invasión de Iraq y la subsecuente ocupación estadounidense ofreció la oportunidad perfecta para superar las desavenencias al interior del extremismo musulmán: el enemigo lejano se había convertido también en un enemigo cercano.

Poca gente está en mejor posición que Huthaifa Azzam para comprender cómo tomó forma la tendencia yihadista de la resistencia iraquí, porque él, un jordano, ayudó a empezarla. Es el hijo de Abdullah Azzam, que nació cerca de Jenin, Palestina, en 1941, se trasladó a Jordania después de la Guerra de Seis Días en 1967 y se convirtió en algo parecido al padre de la guerra santa en Jordania. Abdullah Azzam dirigió la rama jordana de la Hermandad Musulmana que fue más influida por el escritor egipcio Sayyid Qutb -el personaje central de la filosofía yihadista del siglo 20.
Después de la invasión rusa de Afganistán, Abdullah Azzam se mudó a Pakistán, donde fundó la Oficina de Servicios del Mujahedín, el principal centro de enlace para los árabes que llegaban. Los libros y sermones de Abdullah Azzam presentaban sus ideas sobre la yihad, y fue mentor de bin Laden hasta 1987, cuando, de acuerdo a Huthaifa Azzam, bin Laden decidió formar su propio campamento para los árabes. Abdullah Azzam no era suficientemente radical para él -consideraba que la yihad era solamente defensiva- y Ayman al-Zawahiri, el doctor egipcio que se convertiría en la mano derecha e ideólogo de bin Laden lo hizo a un lado.
Dos años después, en noviembre e 1989, un coche-bomba mató a Abdullah Azzam y a dos de sus hijos en Peshawar, Pakistán. En el coche que los seguía se encontraba Huthaifa, entonces de 18 años, que había estado en la guerra santa durante más de cinco años y que había empezado su adiestramiento a los 12. Lo conocí en la cafetería del Hotel Royal en Amán occidental. Con vaqueros celestes, una chaqueta de cuero y una polera roja, en buen estado y agradable, de sonrisa fácil y con un excelente inglés, no parecía un yihadista. Como su padre, Azzam tenía la piel clara; llevaba la barba recortada. Pidió un chocolate caliente y contó su historia.
Azzam dijo que él había seguido adiestramiento por primera vez en el campamento Sada en las afueras de Peshawar y luego, en 1984, en los campamentos de Khaldan y Yaqubi en Afganistán. En su primera batalla en Jaji ese año peleó junto a su padre y hermanos. Era una unidad completamente árabe, incluyendo a saudíes, marroquíes y argelinos. Cuando no estaba peleando, Azzam estudiaba en una escuela que había fundado su padre para los hijos de los mujahedines árabes. Conoció a Ahmed Shah Massoud en 1985 y peleó junto al afamado héroe afgano, entrando a Kabul con él en 1992. Luego Azzam siguió un curso en la Universidad Musulmana Internacional en Islamabad, pero durante los siguientes seis años también se unió a unos compañeros árabes en un intento por unir a las facciones contenciosas en Afganistán, moviéndose entre la Alianza del Norte de Massoud, y los talibanes del ulema Omar. "Éramos los mujahedines árabes que eran respetados por todo el mundo", me dijo y responsabilizó del fracaso de llegar a un acuerdo a la intervención del servicio secreto paquistaní.
En 1994 y 1995, dice Azzam, estuvo en Bosnia trabajando para canalizar dinero y suministros a los musulmanes sitiados del país. Luego trató de entrar a Chechenia, pero fue obligado a devolverse. En 1996, cuando volvía a Jordania, Azzam fue detenido en el aeropuerto y encarcelado brevemente. En 2000 Jordania le devolvió su pasaporte y le permitieron vivir libremente; se dedicó a vender coches y nueces, importando y exportando y obteniendo un permiso para vender celulares. (Ese día en la cafetería me mostró en su propio celular videos que había bajado de la red con ataques de la resistencia iraquí contra militares norteamericanos). Sacó su licenciatura en estudios islámicos y árabe y ahora está trabajando en su doctorado, estudiando literatura árabe de la España musulmana clásica.
De acuerdo a Azzam, sus estudios no le impidieron hacer esporádicas incursiones en actividades yihadistas. Tres días después de que empezara la invasión estadounidense de Iraq, Azzam y otros partidarios de su difunto padre cruzaron de Jordania a Iraq y establecieron una base para sí mismos en Faluya. La única fuente de esta historia es Azzam mismo, pero que contara la historia implicaba algo de riesgo para él, y su dominio de los detalles y personajes implicados le otorga credibilidad; también se ajustaba con la información que yo había reunido en viajes anteriores a Faluya y Bagdad. "Estábamos tratando de convencer a los clérigos musulmanes de que empezaran a resistir", dijo. "Ellos no tenían ningún plan. Estaba durmiendo. Estuvimos discutiendo durante un mes. Me decían que me volviera a mi país".
Para Azzam, dejar Iraq solo para descubrir tu propio destino no era una opción. Dijo que creía que la resistencia empezaría y quería darle forma al proceso, así como acelerarlo. "Éramos más de 30 o 40 árabes, sin armas", dijo. "Fuimos de mezquita en mezquita, de escuela en escuela. La gente decía: ‘¡Estados Unidos nos trajo democracia!’ Creían en las mentiras de Bush de que traería democracia y libertad".
Todo cambió, dijo, el 28 de abril de 2003, cuando soldados americanos mataron a quince manifestantes en Faluya y luego mataron a dos más en una manifestación subsecuente. (Los iraquíes dijeron que la primera manifestación había sido para protestar contra el hecho de que los estadounidenses estaban usando una escuela básica como base militar). Después de eso, se extendieron rumores de que cuatro soldados estadounidenses habían violado a una chica de 17, incluyendo fotos en internet. (Las fotografías pueden haber sido montadas). "Esa historia fue la principal causa que empezó la resistencia en Faluya", dijo Azzam. Los "hizo reconsiderar el asunto, pero todavía no hacían nada. Yo estaba mirando desde una distancia -sonriendo. Al principio habían dicho: ‘Vete a hacer la guerra santa a tu propio país’. Después de la historia de la violación, dijeron: ‘Está bien, ahora queremos empezar, sino mañana violarán a nuestras madres o hijas o hermanas’. Esta historia provocó la resistencia en Faluya. Nos llamaron a una reunión y dijeron: ‘Teníais razón’. Desde el primer día les habíamos contado que el ejército iraquí había abandonado las armas y que ellos deberían tomarlas, pero dijeron que eso era robar, haram, saqueo. En esos días podías comprar un lanzagranadas por tres dólares".
Azzam dice que pasó cuatro meses en Iraq impartiendo su conocimiento sobre guerra de guerrillas a la resistencia local. Sus antecedentes, me dijo, le dieron importancia inmediata. "Soy el hijo de Abdullah Azzam", dijo, "así que todos querían escucharme. Y tengo experiencia en tres o cuatro yihads en países diferentes, y un montón de gente de la resistencia iraquí no tenían planes. Les dimos nuestra experiencia de modo que pudieran empezar desde donde nosotros habíamos parado, de modo que no empezaran de cero. La guerra santa es una obligación para los musulmanes. Si no puedes apoyar la yihad peleando, la puedes apoyar con ideas o enseñando. Así que tratamos, y todavía estamos tratando. Los seguidores de Abdullah Azzam ayudaron a organizar la resistencia en todo Iraq, y habíamos esperado formar una resistencia unida con los chiíes. Queríamos lograr la unidad entre sunníes y chiíes con la resistencia de los dos lados, pero los jefes chiíes estaban contra nosotros, y Zarqawi lo echó a perder, provocó su fracaso".
Azzam se oponía furiosamente a Zarqawi y gente como él, los que, dijo, daban mal nombre a la yihad. "Le decimos a la gente que da dinero: ‘No le deis dinero a Zarqawi. Dadlo a los iraquíes, dadlo a la Asociación de Clérigos Musulmanes. Ellos están en el camino correcto; nuestra escuela los apoya". La asociación fue fundada en el verano de 2003 en Bagdad para unir a los sunníes de Iraq y aumentar su influencia política. Fue dirigida por el jeque Harith al-Dari, cuyo abuelo había sido uno de los jefes de la rebelión contra los británicos y cuyo hijo, de acuerdo a rebeldes con los que hablé, organiza la resistencia armada. La asociación, de acuerdo a miembros a los que entrevisté, está afiliada a varias unidades de la resistencia nacional iraquí, la más importante de las cuales son las Brigadas de la Revolución y el Ejército Islámico Iraquí. Ocasionalmente también ayudó a los chiíes que se oponían a los estadounidenses y las fuerzas aliadas.
Azzam veía su apoyo de la resistencia iraquí como consistente con su respaldo de otros movimientos musulmanes nacionales que luchaban en lo que los yihadistas consideran defensa propia. "En Iraq hay una yihad defensiva", insistió Azzam. "Tropas extranjeras ocupan un país musulmán". Dijo que las cosas marchaban muy bien con la guerra santa iraquí. "Loado sea Dios, lo logramos", me dijo. "Todo está saliendo mejor. Mucho mejor de lo que habíamos esperado. No durará tanto como en Afganistán, nueve años, para sacar a Estados Unidos. Será mucho más rápido. Pero debemos saber cuáles son nuestros objetivos y metas. Con sólo hacer explotar coches-bomba no es suficiente. Necesitamos un plan para el futuro. Cuando se marchen los americanos, veremos dónde marcharnos".
Cuando se marchen a ese nuevo lugar, ¿habrá estadounidenses allá? La forma específicamente salafista de la yihad no exige un enemigo lejano como Estados Unidos. Dada la rigidez del salafismo, tendrá siempre toda una gama de enemigos cercanos entre los que elegir. Al Qaeda es diferente: el tipo de misiones de fuerza y proyección que ha preferido, llevando la guerra al enemigo lejano, probablemente ocurrirá mientras exista Al Qaeda. Pero ¿qué pasará con la ‘yihad defensiva’ de gente como Huthaifa Azzam?
Azzam y otros a lo largo del espectro de la ideología yihadista parece esperar que Estados Unidos continúe de alguna manera siendo un enemigo cercano, ahora que ha desplegado tropas tan profundamente en Iraq. Los americanos en la región serán sometidos a la crónica violencia de baja intensidad de hombres que, durante años, colocan unas bombas aquí, cruzan la frontera y hacen incursiones allá, y todo esto mientras pasan el resto del tiempo vendiendo coches y celulares.
El motivo para una continua yihad defensiva puede ser Iraq, o la lucha palestina contra Israel, o incluso Siria, o una combinación de todas ellas. En algunos círculos radicales jordanos, existe la expectativa de que el objetivo de los enemigos del islam es controlar todo el Sham: Siria, Jordania, el Líbano y Palestina. Las presiones que Estados Unidos ejerce sobre Siria son a veces vistas por los extremistas como parte de un plan mayor de los ‘herejes’ para atacar a Sham, el tipo de predicción paranoica que casi puede convertirse en verdad. Muhammad Wasfi, amigo y ex compañero de Zarqawi, espera que Estados Unidos continúe siendo un enemigo cercano. "Lo que me preocupa ahora es continuar el llamado islámico y establecer el modo de vida musulmán mientras esperamos la yihad correcta", me dijo. "El próximo campo de batalla será el Sham, y debemos preparar a la gente del Sham para esto. Lo que pasó en Iraq y antes en Afganistán se extenderá. Estados Unidos quiere entrar a la capital del islam, que es el Sham. Esta entrada será a través de Siria. Siria será el matadero de los norteamericanos y sus partidarios, de modo que les invitamos a que entren en Siria para que los masacren".
Lo que está claro es que el islam radical no ha sido derrotado por los militares estadounidenses y que la política americana en Iraq ha tenido la imprevisible consecuencia de fortalecerlo. Para muchos jordanos más jóvenes y fanáticos, y esos jordanos no están solos, la idea de una yihad es vista como parte natural de las cosas, una guerra permanente que no será derrotada con más democracia, ni una mayor presencia militar estadounidense.

La corte militar de Marja sita en un blanco y achaparrado edificio en la cumbre de una colina al este de Amán y al otro lado de la carretera frente a un base aérea militar. Aparte de juzgar a soldados desobedientes, la corte trata casos de seguridad y terrorismo. Los familiares de presos se reúnen en el bordillo fuera, la mayoría de ellos con las tradicionales batas, esperando que los cacheen para entrar. El viento invernal sopla fuerte en las colinas y apaga las sirenas de un sedán policial que se acerca, seguido por una furgoneta azul, sin ventanas excepto una con barrotes en la parte de atrás. La furgoneta es seguida por una camioneta, con dos agentes antiterroristas enmascarados manejando una ametralladora pesada en la carrocería.
Un miércoles de fines de diciembre la furgoneta entró a Marka por el portón principal y luego giró hacia la parte de atrás de la corte. Diez presos con grilletes descendieron el vehículo y fueron llevados a una jaula en la sala del tribunal. Sus abogados, conversando jovialmente en una sala de espera llena de humo, pasaron frente a numerosos agentes de policía, agentes de seguridad y soldados -todos ellos buscando bulliciosamente algo que hacer- y entraron a la pequeña sala de la corte, con sus brillantes luces fluorescentes y viejas bancas de madera llenas de agentes con los azules uniformes de la Seguridad General.
Las edades de los presos fluctúan entre 21 y 35 años. Estaban conversando animadamente, sonriendo y saludando con la mano a sus familiares sentados en el fondo de la sala del tribunal. Los diez presos llevaban los uniformes azul oscuro de tela de vaqueros de los presos, gorras de lana y zapatillas. Sus barbas se veían desgreñadas, como su pelo, que se escapaba de las gorras y avanzaba hacia las orejas y la nuca. Algunos tenían una mancha oscura en la frente, encima de las cejas. Es el signo de una intensa devoción, que se adquiere arrodillándose y agachándose hacia adelante, colocando la frente en el suelo cuando se reza.
El mes antes Zarqawi había enviado terroristas suicidas iraquíes a Amán, tres de los cuales lograron detonar sus chalecos en tres hoteles diferentes, matando a más de sesenta personas e hiriendo a más de cien, incluyendo a muchos que asistían a una boda. Fue el tercer atentado exitoso de Zarqawi en Jordania. En todos los casos ha utilizado a no-jordanos para eludir la infiltración del servicio secreto. En 2005, la Mukhabarat dijo que había capturado a los miembros de trece células terroristas; el año anterior, fueron once, una de ellas en contacto directo con Zarqawi.
Todos los presos eran de Irbid, en la frontera con Siria. Seis eran de origen palestino; sus padres o abuelos habían huido o habían sido expulsados de sus hogares al oeste de la frontera en 1948, cuando se fundó Israel, o como resultado de la Guerra de Seis Días. En documentos judiciales, los cargos contra los diez (más cinco que hasta la fecha han eludido su detención) describen que se habían reunido en la mezquita de Qaqa, en el barrio de Hnina, de Irbid. Querían pelear contra los norteamericanos en Iraq y planeaban reclutar a otros y reunir dinero para ir a Iraq a través de Siria. A fines de julio del año pasado, dicen los documentos judiciales, reunieron el dinero para comprar un rifle Kalashnikov y algunas balas. En diferentes momentos cruzaron clandestinamente la frontera siria, a veces llevados allá por un amigo que poseía un bus escolar. En Siria uno de ellos se reunió con un tunecino que lo llevó a un apartamento donde alojaban un libio y un saudí. Hablaron sobre las operaciones que harían y le instaron a conducir un coche-bomba, pero según las actas judiciales él se negó a convertirse en ‘suicida’. Se cansó de esperar en Siria y volvió a Jordania, donde sus amigos le reprocharon agriamente que hubiese vuelto.
Más tarde también otros entraron a Siria y hablaron sobre la posibilidad de unirse a los combatientes en Iraq. Los documentos mencionan que ellos también participaron en debates teológicos sobre cuándo y cómo aplicar el término de ‘hereje’ a la gente común, gobernantes y académicos. (Sus planes incluían atacar a chiíes en Iraq y probablemente a otros, como policías y soldados iraquíes que podrían ser sunníes. Así que la discusión sobre a quién excomulgar tenía un interés práctico inmediato). Otro de los acusados fue también invitado a ‘suicidarse’, pero se negó y volvió a Jordania. Otros más entraron a Siria con Kalashnikov y cuatro recámaras llenas de balas sólo para terminar discutiendo, después de lo cual volvieron a Jordania, donde fueron detenidos.
En la sala del tribunal de Marka, tres jueces militares con uniformes verde oliva estaban sentados detrás de largos escritorios de madera. Detrás de ellos había fotografías enmarcadas del difunto Rey Hussein y del Rey Abdullah. Cuando el juez presidente se preparaba para leer los cargos, uno de los presos gritó: ""¡Say Allahu Akbar!" (Dios es Grande). Los presos estallaron al unísono, gritando furiosamente: "¡Allahu Akbar, el camino de Dios es la yihad!" El juez esperó que terminaran y leyó los cuatro cargos, que eran posesión de un arma automática con la intención de usarla en una actividad ilegal, iniciación de actividades ilegales que podrían perjudicar las relaciones de Jordania con un país extranjero, viajes ilícitos de entrada y salida de Jordania con un arma automática y colaboración en viajes ilegales a Jordania.
Cuando el juez llegó a la parte sobre "un país extranjero", fue interrumpido por un preso que gritó: "¡No son países extranjeros, son países herejes!" El juez parecía aburrido y tamborileó con su bolígrafo sobre la mesa exigiendo silencio y pidiendo al hombre que se callara. El juez leyó los nombres de los preso, preguntándoles si se consideraban culpables o inocentes.
Fue nuevamente interrumpido, por el mismo preso, que gritó: "Esto es teatro. ¿Cuándo va a terminar? ¡Sabemos que ya habéis decidido el veredicto y habéis escrito las sentencias!" El juez tamborileó con su bolígrafo, impaciente. "Yo no soy culpable. ¡Usted es el culpable!", gritó un preso. "La yihad no puede ser culpable", gritó otro. "¿La yihad de Alá es culpable? ¿Así que pelear contra los norteamericanos y los judíos y los herejes es un delito? Estamos defendiendo el honor de nuestras hermanas en Iraq. ¿Eso es un delito? Dios es nuestro guía, y vosotros no tenéis ninguno. Vuestro gobierno es corrupto, y apesta. Usted y su régimen y sus hombres, ¡sois vosotros los culpables!"
El juez dio golpecitos con su bolígrafo y dijo a los presos que respondieran sin hacer comentarios. "¡Los culpables son los que abren bares con bebidas alcohólicas!", chilló un preso. El juez perdió la paciencia y ordenó agriamente a los guardias que retiraran de la jaula al preso más bullicioso, que fue llevado a la furgoneta. El preso se calmó. El juez ordenó a las familias que abandonaran la sala del tribunal, como castigo por la testarudez del preso. El fiscal militar, también con uniforme, informó al juez que él no tenía testigos y el juicio fue pospuesto por una semana. "¡Alá es nuestro guía y vosotros no tenéis ninguno!", gritaron los presos al unísono. "Él es nuestro guía y nuestro sostén. El guía vuestro es Estados Unidos y tenéis el peor que puede haber".
El viernes siguiente me dirigí hacia el barrio de Hnina, de Irbid, y a la mezquita de Qaqa, con la esperanza de saber más sobre los motivos de los jóvenes presos en su fracasado intento de unirse a la guerra santa en Iraq. Mi chofer contó cómo su propio primo había empacado repentinamente y se había marchado a Iraq en marzo de 2003. Muchos jóvenes de su propia ciudad de Zarqa, dijo, incluyendo algunos que no eran religiosos, se lanzaron hacia la frontera para pelear contra los norteamericanos.

Irbid se extiende sobre onduladas colinas y la altura explica que el aire sea más puro que en Amán. Como era viernes, las calles estaban prácticamente vacías. En el barrio de Hnina dos niños estaban sentados en el bordillo compartiendo una bolsa de patatas fritas. Una corta cola de hombres y mujeres se formaba frente a la panadería Jowharat al Zein, para comprar pilas de grandes panes achatados para el almuerzo del viernes. Los niños jugaban en las calles, y algunas mujeres que pasaron no vestían demasiado conservadoramente.
Arriba en la mezquita había unos 600 hombres. Unos niños pequeños jugaban en la puerta o rezaban con sus padres. La mezquita no había sido terminada y en las paredes se veían los bloques de concreto y yeso todavía sin pintar. La luz del sol entraba por la cúpula. Mientras los hombres terminaban sus oraciones murmurando quedamente, el jeque Jihad Mahdi se levantó y empezó una breve oración. "Gracias Alá, sostén del islam", entonó, "por la victoria y por humillar con Tu poder a los infieles y ordenando todo con Tus órdenes y engañando a los infieles con Tu astucia, que calculáis los días de la justicia. Oración y paz para Aquel que eleva la bandera del islam con Tu espada". No era una oración común; era la misma que utiliza el Al Qaeda de Zarqawi en Mesopotamia en todos sus mensajes.
Después de un sermón sobre el tema de la peregrinación a la Meca (era la temporada de las peregrinaciones), Jihad ofreció otra oración. "Dios apoya a los musulmanes y les da la victoria en todas partes", dijo, mientras la multitud respondía con un ‘Amén’.
"Dios apoya a los muyahedines y les da la victoria en todas partes, en Iraq y en Palestina".
"Amén".
"Dios nos da el poder de romper los cuernos de los judíos y de los norteamericanos y de los cruzados".
"Amén".
"Dios no da la oportunidad de hacerles frente".
"Amén".
"Bendícenos y muéstranos el camino hacia la yihad en el camino hacia Dios".
"Amén".
Jihad repitió la última oración tres veces. Dejó de lado la oración tradicional por la buena salud del rey.
¿Adónde conduce toda esta tranquila pero constante movilización yihadista? Si la invasión americana exigió una respuesta yihadista, la retirada estadounidense puede igualmente llevar a muchos hombres a deshacerse de sus rifles y volver a la venta de coches, nueces y celulares. Al mismo tiempo, la retirada del enemigo lejano puede dejar a los yihadistas con la sensación de que deben volver a sus guerras contra los enemigos cercanos: sus propios gobiernos y una plétora de otros infieles, incluyendo a los herejes chiíes. También puede ocurrir que algunos gobiernos de la región prefieran que sus yihadistas encuentren otra cosa que hacer que dedicarse a su derrocamiento -como hacer una guerra santa contra los chiíes. El camarada de Zarqawi intensamente anti-chií, Abu Anas al-Shami -otro palestino que se trasladó a Jordania desde Kuwait después de la Guerra del Golfo de 1991 y el líder espiritual de Al Qaeda en Mesopotamia hasta su muerte en 2004- se decepcionó cuando la Asociación de Clérigos Musulmanes en Iraq llamó a colaborar con los nacionalistas iraquíes y los chiíes moderados. Como salafista, Abu Anas consideraba ‘viciosos’ y enemigos del islam a los chiíes. Los sentimientos anti-chiíes son fuertes entre los yihadistas en Iraq, y han aumentado los asesinatos de civiles chiíes a manos de militantes sunníes.
La perspectiva de un gobierno chií en Iraq también preocupa a los vecinos sunníes de Iraq, incluyendo a Arabia Saudí (que tiene una descontenta minoría chií) y Jordania. Esos países son a menudo considerados como la principal fuente, junto con Siria, de combatientes extranjeros en Iraq. Los chiíes de Iraq se han manifestado contra Jordania en el pasado precisamente por este motivo. El Rey Abdullah advirtió en diciembre de 2004 contra una emergente "luna creciente chií" desde el Líbano hasta Iraq e Irán que podría desestabilizar la región. En septiembre del año pasado, el ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudí, Saud al-Faisal, advirtió sobre una posible guerra civil en Iraq debido al dominio chií.
Nuevamente la política de los conflictos entre chiíes y sunníes no es nada nuevo (y muchos yihadistas sunníes, incluyendo a Huthaifa Azzam, así como la Asociación de Clérigos Musulmanes, han condenado los ataques contra los chiíes, e incluso Maqdisi rompió con la política de Zarqawi de matar a civiles chiíes). Lo que es nuevo es una población de yihadistas experimentados y dedicados reclutas que están dispuestos a viajar de país en país buscando dónde combatir. La yihad radical puede no apelar nunca a la mayoría de los musulmanes, pero para suficientes jóvenes sunníes, con su secta galvanizada por Iraq, se ha convertido en un modo de vida.
Abu Saad me llamó una noche y me recogió en su coche. En el asiento de pasajero estaba Abu Muhammed, un verdadero gigante, de 37 años, que hablaba un tosco árabe. Poco después de la caída de Bagdad, Abu Muhammed se trasladó a Baquba, una ciudad al este de Bagdad cerca de la frontera iraní. "Estaba sediento de yihad", dijo. "Sentía que era mi deber ir a Iraq. Es un deber de todo musulmán". Él había vivido previamente en Iraq durante cinco años, y tenía relaciones, me dijo, con "gente en el lado correcto". Él y sus amigos se reunieron pronto con combatientes de Iraq occidental y participaron más intensamente en la resistencia.
Abu Muhammed apoyaba los ataques contra los chiíes civiles de Iraq. "Las sectas de infieles son una sola cosa, sean de judíos o de chiíes". Citando a Ibn Taimiya, un filósofo del siglo 13 venerado por los salafistas, dijo que los chiíes "son peores que los judíos y los cristianos". Abu Muhammed ansiaba volver a Iraq. "Soy un adicto de Iraq, un adicto de la yihad", dijo. "Iraq sabe diferente, su agua, sus dátiles, su yogur saben diferente. Es el país del califato".

Nir Rosen es el autor de ‘In the Belly of the Green Bird: The Triumph of the Martyrs in Iraq’, que sale en mayo.

19 de febrero de 2006
©new york times
©new american foundation
©traducción mQh
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senado aprueba leyes antiterroristas


[Laurie Kellman] Senado renueva ley patriótica.
Washington, Estados Unidos. El jueves el Senado aprobó la renovación de la Ley Patriótica estadounidense después de agregar nuevas garantías de protección de la privacidad destinadas a producir un mejor balance entre las libertades civiles y el poder del gobierno para erradicar a los terroristas.
La votación de 89-10 marcó un brillante momento para el atribulado segundo término del presidente Bush en momentos en que su puntaje de aprobación cae en picado por la guerra de Iraq y la respuesta de su gobierno ante el huracán Katrina. Renovar la ley, dijeron Bush y los republicanos en el Congreso, era clave para impedir más atentados terroristas en Estados Unidos.
Bush aplaudió al Senado por superar "los intentos partidistas de bloquear su aprobación". Se espera que la Cámara apruebe el paquete de dos proyectos de ley la semana próxima y lo envíe al presidente, que deberá firmarlo antes de que expiren sus disposiciones el 10 de marzo.
"Este proyecto de ley permitirá que nuestros policías continúen usando las mismas herramientas contra los terroristas que las que ya usamos contra los traficantes de drogas y otros delincuentes, al mismo tiempo que garantiza al pueblo americano las libertades civiles", dijo Bush en una declaración desde India.
Los críticos mantuvieron sus posiciones. Una maniobra obstruccionista en diciembre, dirigida por el senador Russel Feingold, demócrata de Wisconsin, y apoyada por varios republicanos defensores de las libertades civiles obligó al gobierno de Bush a aceptar modestas limitaciones al poder del gobierno para investigar archivos bancarios, de bibliotecas y otros.
Feingold insistió en que esas nuevas garantías eran cosméticas.
"Los americanos quieren derrotar al terrorismo y quieren que las características elementales del país sobrevivan y prosperen", dijo. "Quieren seguridad y libertad, y si no reciben las dos -y podemos, si tratamos-, habremos fracasado".
Algunos legisladores que votaron por los proyectos reconocieron tener profundas reservas sobre el poder que estaban otorgando al presidente.
"Nuestro respaldo a la Ley Patriótica no significa un cheque en blanco para el presidente", dijo el líder de los demócratas, Harry Reid, de Nevada, que votó por el paquete de proyectos de ley. "Lo que tratamos de hace sobre una base bipartidista es tener un mejor proyecto de ley. Ha sido mejorado".
Pero no fue suficiente ni siquiera para el principal patrocinador del proyecto de ley en el Senado, el presidente de Comité de la Magistratura del Senado, Arlen Specter, republicano de Pensilvania. Tras prologadas negociaciones se llegó a un compromiso entre el Senado y la Cámara, y Specter instó a sus colegas a aprobarlo aunque tuviera que prometer la introducción de una nueva medida y realizar audiencias para ver cómo solucionarlo.
De momento, Bush y sus aliados republicanos saborearon una importante victoria. Durante meses su imagen de ser duros contra el terrorismo se ha visto empañada por la revelación de que el presidente autorizó un programa secreto de interceptaciones de ciudadanos estadounidenses. El informe de diciembre dio municiones a los demócratas para su acusación de que el gobierno de Bush se ha vuelto loco en su celo por terminar con los terroristas.
Con la ayuda de algunos republicanos, pudieron bloquear una votación sobre si renovar o no la ley antes de que 16 de sus disposiciones expiraran el 31 de diciembre.
Los líderes republicanos fueron incapaces de salir del atasco, de modo que el Congreso optó por extender la fecha límite dos veces mientras continuaban las negociaciones. Al final, la Casa Blanca y los republicanos rompieron el impasse redactando una segunda moción que limitaría algunos poderes de los funcionarios policiales en su recolección de información. Las dos serán enviadas a Bush en un solo paquete.
El segundo proyecto -en realidad una enmienda de la moción para renovar las 16 disposiciones- agregaría nuevas garantías en las tres áreas de la ley antiterrorista de 2001.
-Daría a los recipientes de emplazamientos de información aprobadas por tribunales en investigaciones terroristas, el derecho a rechazar la exigencia de que no lo cuenten a otros.
-Eliminaría la exigencia de que un individuo proporcione al FBI el nombre de un abogado consultado sobre la Carta de Seguridad Nacional, que es una exigencia de archivos impuesta por los investigadores.
-Dejaría en claro que la mayoría de las bibliotecas no están sujetas a las exigencias de esas cartas de información sobre sospechosos de actividades terroristas.
Aprobada en las semanas posteriores al 11 de septiembre de 2001, el día de los atentados terroristas, la Ley Patriótica original expandía las atribuciones de vigilancia y procesales del gobierno contra sospechosos de terrorismo, sus asociados y financistas.
El paquete renovado convertirá a 14 de las 16 disposiciones provisionales en permanente, y fijaría un término de expiración de cuatro años para las otras.
La renovación incluye varias medidas no relacionadas directamente con el terrorismo. Una de ellas haría difícil que laboratorios clandestinos obtengan los ingredientes de la metanfetamina exigiendo que las farmacias vendan medicinas sin receta médica sólo desde detrás del mesón.
Otra se concentra en la seguridad portuaria, imponiendo nuevas sanciones criminales y sentencia de muerte en algunas circunstancias por colocar aparatos o substancias en aguas estadounidenses, que pudieran dañar embarcaciones o cargo.
El principal aliado de Feingold, el senador Robert C. Byrd, demócrata de Virginia del Oeste, dijo que el paquete no era suficiente para controlar lo que describió como la tendencia presidencial a través de la historia de "hacerse cada vez más con más poder".
"La erosión de la libertad la causa rara vez un ataque frontal declarado", advirtió Byrd. "Más bien, el ataque es gradual, nocivo, envuelto en secreto y encubierto por el consuelo de una mayor seguridad".
Los votos en contra provienieron de Jim Jeffords, independiente de Vermont, y Feingold, Byrd y otros siete demócratas del Senado: Daniel Akaka, de Hawai; Jeff Bingaman, de Nuevo México; Tom Harkin, de Iowa; Patrick Leahy, de Vermont; Carl Levin, de Michigan; Patty Murray, de Washington y Ron Wyden, de Oregon.
El senador Daniel Inouye, demócrata de Hawai, no votó.

2 de marzo de 2006

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las cuevas de osama bin laden


[Richard Leiby] Agente de la CIA dice que estaba allí. Pero sus ex jefes lo contradicen.
New York, Estados Unidos. Gary Berntsen era conocido en los cuarteles de la CIA como un operativo de terreno agresivo, el tipo inclinado a actuar primero y pedir permiso después. Pero tenía la combinación justa de fuerza física y cerebro para misiones difíciles. Cuando en octubre de 2001 lo llamaron a la dirección en el Centro Contraterrorista, recuerda Berntsen, las órdenes de su jefe fueron simples: "Gary, quiero que empieces a matar enemigos de inmediato".
Partió para Afganistán al día siguiente determinado a eliminar a un hombre en particular. Según Berntsen, pudo haber capturado a Osama bin Laden -si le hubieran dado los hombres y el tiempo para hacerlo.
Ahora, cada vez que ve al cabecilla de al Qaeda amenazando con ataques contra los estadounidenses, se "horroriza", dice Berntsen. "Me siento angustiado por el hecho de que no lo hicimos. Yo hice todo lo que había que hacer".
¿Qué hacer ahora? Escribir un libro. Parece ser una popular carrera de ultratumba para un creciente número de espías. La contribución de Berntsen al género es ‘Jawbreaker’, su versión y ajuste de cuentas sobre cómo eludió bin Laden su captura en Tora Bora ese diciembre. Su cubierta lo anuncia como "El Libro Que la CIA No Quiere Que Usted Lea".
El terrorista más notorio del mundo ha estado en la mira de Berntsen desde 1998, de cuando investigaba los lazos de al Qaeda con los atentados con bomba contra dos embajadas estadounidenses al este de África. En su libro, Berntsen relata su carrera de 23 años en el contraterrorismo, pero lo principal es esto: bin Laden escapó hacia Pakistán por los pasos montañeses cubiertos de nieve, afirma el ex espía, porque los generales norteamericanos no le proporcionaron los 800 hombres que pidió.
La versión de Berntsen se contradice con la del general de ejército Tommy Franks, ex director del Comando Central, que ha escrito que bin Laden "nunca estuvo a nuestro alcance". Con todo el debido respeto para Franks, dice Berntsen, pero "yo era el tipo que estaba en el terreno" que dirigió la más grande operación paramilitar de la CIA contra los talibanes y bin Laden.
"Lo pudimos haber terminado allá".

Berntsen, 48, que se retiró de la agencia en junio pasado, se llama a sí mismo un "adicto a la adrenalina" y parece un tío de acción: 1 metro 82 de altura, 101, penetrantes ojos verdes, pelo corto y una cara elástica que refleja una permanente intensidad que llega ocasionalmente a ebullición completa. Durante un almuerzo en un tranquilo restaurante francés en Manhattan, me contó su historia con sonrisas y muecas y grandes porciones de bravuconería.
Su línea de trabajo encubierto era simple: Localizar y neutralizar a terroristas. Ahora su misión abierta es la auto-promoción: Se disputa con periodistas y anfitriones de programas de entrevistas por televisión (entre ellos, los anfitriones Greaseman y Mancow), apareciendo en entrevistas selectas en CNN, y haciendo todo lo que puede para estimular las ventas de ‘Jawbreaker: The Attack on bin Laden and al-Qaeda: A Personal Account by the CIA’s Key Field Commander’, escrito con un escritor llamado Ralph Pezzullo.
El libro toma su título del nombre de la CIA para las unidades que operaban en Afganistán incluso antes de la guerra, entonces operadas lado a lado con tropas de las Fuerzas Especiales y de Operaciones Especiales y preparadas para misiones de combate. Aunque ‘Jawbreaker’ [Quebrantahuesos] parece retratar a Berntsen como un tío duro, dice que era simplemente el nombre secreto que eligió un ordenador.
"Estoy agradecido de que me dio un buen nombre que puedo usar para la cubierta de mi libro". Se ríe entre dientes. "Pudo haber sido ‘Tope de Puerta’ o algo similar".
El lanzamiento del libro fue retrasado durante más de cuatro meses por la comisión de revisión de publicaciones de la CIA, que investiga los manuscritos de empleados activos y retirados.
Berntsen llevó a la CIA dos veces a tribunales para que liberara el manuscrito. "¿No leyeron mi perfil psicológico?", se pregunta, y luego deletrea lo que debería decir: "A este tipo le gusta correr riesgos. Y si cree que tiene la razón, no va a abandonar. Y ellos querían que yo simplemente me alejara".
El libro cayó el 27 de diciembre, justo en el agujero negro que hay entre Navidad y Noche Vieja, que irritó todavía más al autor. Pero Bernsten encontró alguna ventaja en la censura: ‘Jawbraker’ está lleno de pasajes tachonados, algunos de ellos con sarcásticas notas para sus lectores. Como: "Los censores de la CIA redactaron esta sección con una prohibición burocrática del cuartel general, que puso en peligro toda nuestra operación".
Un portavoz de la CIA, Tom Crispell, dijo que "como norma", el proceso de revisión se hace dentro de 30 días. "Pero un manuscrito complicado puede tomar más tiempo" y las negociaciones entre el autor y la agencia sobre la redacción puede extender todavía más el proceso, agregó. "Estamos obligados legalmente a proteger informaciones de inteligencia delicadas e impedir que sean divulgadas".

Esquivando el Lazo
‘Jawbreaker’ es el último de una estantería cada vez más grande de libros escritos por expertos de contraterrorismo que acusan a los políticos y a los burócratas de la CIA por no reconocer cabalmente la amenaza que representaba al Qaeda antes del 11 de septiembre de 2001. El amigo de Berntsen, Michael Scheuer, que encabezó la brigada sobre bin Laden de la agencia y escribió ‘Arrogancia imperial’ [Imperial Hubris], le escribió una asombrosa nota publicitaria: "Lea este conmovedor libro, guárdelo en un lugar seguro y vuelva a leerlo después de que al Qaeda haga detonar una bomba nuclear en Estados Unidos. Entonces sabrá quién firmó la sentencia de muerte de decenas de miles de sus compatriotas".
Es el segundo libro de un jefe de equipo Jawbreaker. El año pasado el veterano de la agencia, Gary C. Schroen, que precedió a Berntsen en la batalla, publicó: ‘First In: An Insider’s Account of How the CIA Spearheaded the War on Terror in Afghanistan’.
La memoria de Schroen relata las instrucciones que recibió de Cofer Black, entonces director del Centro Contraterrorista de la CIA: "Quiero que me envíes la cabeza de bin Laden en una caja con hielo seco. Quiero mostrar al presidente la cabeza de bin Laden".
Berntsen recibió el mismo tipo de perorata. Si el cuero cabelludo del saudí lo ha evitado, no fue por falta de gritos y maldiciones contra las líneas de comunicación que le impidieron formar el pequeño equipo que apoyo militar que necesitaba para capturar a bin Laden.
Berntsen dice que sabía exactamente dónde se había apertrechado la fuerza yihadista de mil hombres en la región montañosa cerca de la frontera con Pakistán. Un miembro del equipo Jawbreaker que hablaba árabe informó que había oído a bin Laden por un radio recuperado de un combatiente de al Qaeda muerto. El jefe terrorista exhortó a sus partidarios a seguir peleando y, en un momento, pidió disculpas por "estar atrapados... y machados por los bombardeos americanos", escribe Berntsen.
Según sus cálculos, había apenas 40 soldados de Operaciones Especiales y una docena de otros de las Fuerzas Especiales para impedir la fuga potencial de bin Laden "a través de los cientos de kilómetros de cuevas y pasos en la montaña". Los puntos de exclamación no tardan en aparecer furiosamente en el libro cuando Berntsen se descarga: "¡Necesitábamos soldados americanos en el terreno! Yo había enviado mi petición de 800 policías montados del ejército y todavía estoy esperando la respuesta. Lo repetí en el cuartel general a todos los que querían escucharme: ¡Los necesitamos ahora! ¡Estamos perdiendo la oportunidad de capturar a bin Laden y sus hombres!"
Recuerda haberle gritado a un general de ejército en Kabul que había dejado en claro que no enviarían tropas terrestres "por miedo a molestar a nuestros aliados afganos". "¡Váyase al carajo!", gritó Berntsen.
En opinión de Berntsen, la milicia afgana de la que dependía Franks no era "fiable" y "fue improvisada a última hora" -ciertamente no era el ejército al que confiar la captura del hombre que ordenó los atentados del 11 de septiembre de 2001. "En mis informes dejé en claro que nuestros aliados afganos no tenían ninguna prisa en capturar a al Qaeda en Tora Bora", escribe. Pero sus superiores en Langley le dijeron que no era lo que haría la CIA.
Esta versión concuerda con la acusación del senador John Kerry durante la campaña de 2004, de que el presidente Bush había "encargado" erróneamente el trabajo de capturar a bin Laden a señores de la guerra afganos. Franks, en un artículo de opinión del New York Times en octubre de 2004, defendió a Bush diciendo: "Le puedo asegurar que la interpretación de los acontecimientos por parte del senador no se coincide con la realidad... Hasta hoy no sabemos si bin Laden estaba o no en Tora Bora en diciembre de 2001".
Berntsen escribe que Franks "estaba o mal informado por su propia gente o enceguecido por la niebla de la guerra", y ahí termina su reproche.
"Yo soy republicano", dice, y apoya incondicionalmente al presidente y su enfoque de la guerra contra el terrorismo. "No ayuda para nada aporrear a George Bush. Yo podría estar diciendo un montón de cosas salvajes sobre un montón de gente, pero con eso no logramos nada. No quiero reducir la capacidad de presidente de ganar esta guerra".
Berntsen prefiere llamar la campaña afgana una "obra maestra fallida" -el fallo es que bin Laden escapó.

Aprendiendo a Volar en Línea Recta
Hijo de un ingeniero aeroespacial, Berntsen malgastó su juventud en las tierras baldías de la adolescencia en Long Island a mediados de los años setenta. "Las drogas no me interesaban", escribe, "pero bebía paquetes de cerveza de seis latas desde que tenía 13". Egresó del fondo de su clase de 300 de la escuela secundaria -un "analfabeto funcional con un promedio de 65.6 puntos".
Se enderezó uniéndose a la Fuerza Aérea, donde fue bombero durante cuatro años. Emergencias, explosiones, gente muriendo a su lado: "Aprendí a funcionar bajo altos niveles de tensión. En realidad, me gusta".
Saltaba en paracaídas para divertirse. Estaba estudiando ciencias políticas y ruso en la Universidad de Nuevo México cuando lo reclutó la CIA.
Cuando llegó en 1983, la división de Oriente Medio de la agencia estaba de duelo. Terroristas de Hezbollah respaldados por Irán habían hecho volar la embajada norteamericana en Beirut, matando a 17 estadounidenses, varios empleados de la CIA entre ellos. "Eliminaron casi a toda la estación", dice Berntsen.
El jefe de estación, William Buckley -al que Berntsen había conocido en Washington- fue más tarde secuestrado, torturado y asesinado por un grupo de yihadistas de Hezbollah. "No había modo de que yo me ofreciera de voluntario para ir a Oriente Medio", dice. "Pero sentía una obligación personal. Pensé que si no lo hacía yo, ¿quién lo iba a hacer?"
Finalmente aprendió a hablar farsi, dirigió operaciones contra Hezbolla y gastó tres años con la unidad Irán en Europa, "desplegada en todo el mundo contra los asesinos", dice.
También sirvió en Sri Lanka, Nepal, los Balcanes y América del Sur. No quiere entrar en detalles, pero dice: "Cada vez que había algo difícil que hacer, me enviaban a mí". En general, Berntsen describe estar en medio de balaceras y dirigiendo el combate y los bombardeos, pero dice que nunca tuvo que matar a nadie personalmente.
"Es un hombre muy bien informado", recuerda a Bernsten, Sandy Vogelgesang, ex embajadora ante Nepal. "Muy sólido -el tipo de persona que te da plena confianza".
Desde la perspectiva de Berntsen, la CIA perdió su norte en los años de Clinton, especialmente durante la dirección de John Deutch y su subdirector, George Tenet. En el papel que cubre la mesa de almuerzo, dibuja un gráfico circular para ilustrar cómo Tenet "encogió" la misiones encubiertas de la agencia. Como en libro de 2002, ‘No ver el mal’ [See No Evil], de Robert Bauer, otro antiguo operativo de contraterrorismo, la memoria de Berntsen describe un servicio de espionaje esclerótico asfixiado por una burocracia inerte de después de la Guerra Fría, mal preparada para infiltrar los grupos terroristas.
"En la CIA de George Tenet la dirección de las operaciones era menos importante que la vida política de Washington y las redes del séptimos piso [del edificio de la CIA en Langley]", escribe Berntsen. "Observé con frustración cómo los agentes que ocupaban seguros trabajos de oficina eran ascendidos más rápidamente que los agentes de operaciones que arriesgaban sus vidas en el terreno".
No tengo comentarios, dijo Bill Harlow, ex portavoz de la CIA que ayudó a Tenet a escribir una memoria. "El director Tenet no hará ningún comentario sobre ningún libro, bueno o malo".
(Quizás se ablande cuando tenga que vender su propio libro).

Vamos a Romper la Porcelana
Existe la establecida tradición, entre los que trabajan en las trincheras de cualquier organización, de echar chispas sobre los estúpidos y desconfiados en la cima y en los cuartos traseros. Los tipos en la calle son llamados "personalidades difíciles". A veces, impulsivos. Berntsen dice que toda crítica que se le haga "puede ser válida", pero se pregunta pertinentemente: "¿Por qué era que siempre enviaban a Gary Berntsen?"
Black, que aprobó el nombramiento de Berntsen en Afganistán, da una respuesta: "Cuando vas al campo de batalla, no vas con tus hermanitas. Él es exactamente el tipo que quieres que vaya contigo".
Black y otros señalan que no había una guía moderna para los agentes de inteligencia que hacen la guerra en Afganistán -no lo habían hecho desde la Segunda Guerra Mundial. "Marchó a una batalla cuyo resultado era completamente incierto", dice Black, "y estuvo a la altura de la más alta tradición de la OSS, de lanzar espías en la Alemania nazi".
"Gary hizo un trabajo increíble", accede Billy Waugh, un legendario veterano de las Fuerzas Especiales que sirvió con Berntsen y aparece en el libro. Waugh tenía 72 en la época en que viajó a Afganistán como subcontratista de la CIA. Concede a Bernsten un gran honor: "Yo le llamaba el viejo... Él era el jefe".
Las mismas cualidades que ponen a Berntsen aparte son en última instancia las que socavaron su carrera. Quería quedarse unos meses más en Afganistán, pero fue enviado de vuelta a América Latina (donde se encontraba para el 11 de septiembre de 2001). "No se trataba de nada político", es como lo definió vagamente.
"Matan tres mil personas en tu país, y simplemente dices: ‘¡Lo voy a hacer! ¡Alguien tiene que romper la porcelana, y yo voy a ser ese que lo haga".
Cree que los "ataques catastróficos adicionales" contra Estados Unidos están en camino y que la última gran esperanza reside en el servicio secreto de la CIA -pero debe cultivar una nueva generación de operativos como él. Como los que tienen perfiles psicológicos como tipos que "aceptan correr riesgos".
Dice cosas como se debieran ser grabadas en mármol debajo de la insignia de CIA en Langley. Como: "No se trata de conectar los datos. Se trata de recogerlos".
Y: "El terreno dirige, no el cuartel general. Lo lamento".
"Déjame explicarte algo", dice. "Cuando estás en terreno, lo ves, lo hueles, lo oyes, estás escribiendo como él, estás enviando mensajes a Washington. Pero Washington siempre tiene dificultades a la hora de entenderlos. ¿Sabes qué quiero decir? Pasan la tarde en la cancha de fútbol con sus niños... Están involucrados, pero no viven como tú".
En Afganistán "yo tenía una pequeña libreta verde. Yo apunto todo lo que hago de improviso -sin personal...
"¿Cuántos empleados crees que tenía el general Franks? ¡Y yo, sin nada!"
Sorbe su café. Ríe tranquilo. "Simplemente estoy colgando en un extremo de una rama muy larga".
Puedes apostar a que es un lugar donde le gusta estar, un hombre solo pisando un suelo inestable. No le da miedo caerse, pero hablar con él unas horas revela una cierta ansiedad, la sensación de que está buscando qué hacer. Un guerrero que necesita saber su próxima misión.
De mediana edad, Bernsten está reconfigurando su carrera y algo más. Separado de la esposa con la que vivió más de 20 años, ha vuelto a su barrio de Nueva York. Su hija, una oficial de la inteligencia de la marina, se acaba de casar. Su hijo está en la universidad.
Berntsen ya está escribiendo su siguiente libro, que girará sobre políticas contraterroristas. Está armando un documental de tele y una película. Está pensando en volver a la administración pública. Está tomando contacto con políticos republicanos. Algún día quiere ser candidato.
La guerra no terminará cuando se aparezca alguien con la cabeza de bin Laden en una caja. "La guerra durará las siguientes dos décadas, y tengo intenciones de participar en ella", dice.
Pero hay una cosa que aprendió desde que dejó el campo de batalla: "Tengo que reducir mi rabia a un punto en que se siga cocinando, pero que no llegue a hervir".

16 de febrero de 2006

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traducción mQh

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nuevas funciones de interpol


[Rebecca Ulam Weiner] Largo tiempo relegada a cazar ladrones de piezas de arte y falsificadores, Interpol ha encontrado una nueva relevancia -y obtenido un sorprendente éxito- en la conducción de la policía global para cazar terroristas.
El 3 de febrero, 23 prisioneros, incluyendo uno de los cerebros del atentado con bomba contra el destructor 2000 USS Cole, así como otros 12 miembros de al Qaeda condenados, escaparon de un centro de detención de la inteligencia militar en Yemen, haciendo un túnel de 14 metros hacia la libertad. Poco después de la fuga, Ronald Noble, secretario general de la organización policiaca internacional, anunció que los escapados "no pueden ser considerados un problema interno de Yemen". Como señaló Noble, los terroristas representan un claro y presente peligro para todos los países.
Interpol -la única organización global contra el crimen y la segunda institución internacional después de Naciones Unidas- movilizó de inmediato a sus agentes en los 184 países miembros para localizar y detener a los hombres donde quiera que se encuentren en el mundo.
Que la cacería esté siendo dirigida por Interpol, una organización más apta para el laborioso trabajo de perseguir a ladrones de piezas de arte y falsificadores, que localizar a terroristas, puede inspirar poca confianza. Durante la mayor parte de su historia -existe desde 1923- Interpol ha sido una burocracia europea ridículamente letárgica, quizás tan famosa por su rol cazando a la imaginaria superbandida Carmen Sandiego, que por su acciones en la vida real. Pero con el crecimiento de amenazas que sobrepasan las fronteras, como el terrorismo y el tráfico ilegal de drogas, armas y seres humanos, Interpol ha adquirido nueva relevancia. Y gracias a un cambio en la dirección y a las ventajas de las nuevas tecnologías, también ha mejorado haciendo su trabajo: conectando unos con otros a sus agentes a través del planeta y con las enormes cantidades de datos relacionados con la delincuencia que ha reunido.
Interpol llega rara vez a primera plana, pero en los últimos cinco años ha sido frecuentemente el cerebro de algunas sensacionales proezas de la policía internacional. Solamente el año pasado, los esfuerzos de la Interpol condujeron a 3.500 detenciones, incluyendo la captura de uno de los criminales de guerra más buscados del mundo, los atacantes de los atentados contra los trenes de Madrid y de los ataques contra el metro de Londres.
Esos esfuerzos le han ganado a Interpol una improbable coalición de partidarios, desde libertarios cívicos hasta halcones conservadores y liberales internacionalistas. El objetivo de Interpol de luchar contra el crimen internacional es por supuesto un concepto relativamente poco controvertido, pero dado que los medios con que lo hace pueden implicar que se deba compartir información sensible entre países como Estados Unidos y Siria, Colombia o Irán -todos ellos miembros de Interpol-, ese extendido entusiasmo es sorprendente. Incluso el gobierno de Bush, difícilmente conocido por su adhesión al multilateralismo o al derecho internacional, ha apoyado a Interpol. El presidente Bush la mencionó en dos discursos oficiales; John Ashcroft fue el primer fiscal general estadounidense en visitar su sede en Lyon, Francia; y Estados Unidos respaldó el aumento de un 50 por ciento del presupuesto de Interpol para los pasados cinco años.
En esos cinco años, la organización se ha convertido en un participante clave en la guerra global contra el terrorismo y ha entregado un modelo de un modo diferente de pensar sobre las leyes internacionales y su implementación.
Creada después de la Primera Guerra Mundial, Interpol ha estado históricamente ocultada por la oscuridad y la intriga. Después de una breve absorción por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, Interpol pasó las siguientes décadas en las líneas laterales de la Guerra Fría, debido a su torpe metabolismo institucional y su estricta evitación de delitos que pudieran ser considerados políticos (el terrorismo, por ejemplo). Ronald Noble llegó a Lyon para encontrar a una organización policiaca global que sólo abría durante la semana, de 8 a 6. Las órdenes de captura, el equivalente global de All Points Bulletins de los criminales más buscados, eran enviadas por correo de tercera clase, y a menudo tardaban meses en llegar. Eso era en 2000.
Noble, un ex fiscal federal estadounidense que sirvió en posiciones de alto nivel en el ministerio de Justicia y de Hacienda y que está acostumbrando a trabajar 16 horas diarias, es el primer secretario general estadounidense. En gran medida, es él quien ha dirigido la transformación de Interpol de ser "una colonia de retiro para agentes de policía" a lo que es hoy.
Ya en 2000 Noble reconoció que Interpol se volvería obsoleta a menos que hiciera del terrorismo parte de sus tareas. Creía que la vieja política de la agencia, de eludir el terrorismo, estaba fundada en un malentendido en cuanto a qué es el terrorismo. "Nadie va a negar que el terrorismo tiene aspectos políticos", dice. "Pero el terrorismo es en primerísimo lugar un delito. ¿Cómo puede la policía, y por tanto Interpol, no estar involucrada, y en realidad dirigir la lucha contra el terrorismo?" Si habían todavía algunas dudas residuales, la destrucción del World Trade Center terminó con ellas. Desde el 11 de septiembre de 2001, dice Noble, "en Interpol no se han apagado nunca las luces".
Resultó que Interpol estaba bien preparada para el trabajo antiterrorista. La agencia no tiene agentes secretos y no puede efectuar detenciones -y ha sido siempre una red de investigación de apoyo, que recoge, analiza y difunde información a agentes de policía de sus países miembros. Interpol se especializa en coleccionar datos -que, como observó la Comisión del 11-9, son claves en la lucha contra el terrorismo.
La agencia ha mejorado en su recolección de datos, y ha aprendido a utilizar los recientes avances de la información tecnológica. En 2002, Interpol introdujo un sistema policial global de comunicaciones, electrónico y moderno, llamado I-24/7. El nuevo sistema permite que los países miembros envíen alertas sobre terroristas, fugitivos, personas desaparecidas, o amenazas con armas en todo el mundo y proporciona acceso a bases de datos que contienen millones de archivos criminales, perfiles de ADN, huellas dactilares e informes de inteligencia.
Por supuesto, la tecnología es tan útil como la gente que la usa, pero el nuevo sistema ya ha demostrado su valor. En diciembre, ayudó a llevar a su conclusión una persecución de casi cuatro años de uno de los criminales de guerra más buscados del planeta, el general del ejército croata Ante Gotovina, en un lujoso balneario en las Islas Canarias. Gotovina se inscribió en su hotel con un pasaporte croata falso que apareció en la nueva base de datos internacional de Interpol, de documentos de viaje robados. Según la estimación más reciente, hay más de 10 millones de documentos de viaje en la base de datos, así como perfiles de más de 9300 sospechosos de terrorismo, 250 mil fotografías de pedófilos y pornógrafos, y más de 30 mil fotografías de piezas de arte robadas.
El I-24/7 permite a los agentes de policía a cientos de kilómetros de distancia coordinar prohibiciones internacionales. "Cuando tienes un adversario hábil y astuto, que se adapta a usar tecnología comercial normal, tener un sistema que permite el movimiento de información 24/7 puede ayudar a adaptarse al gobierno", dice Glen Ware, director de la consultora de riesgos Diligence LLC.
Las órdenes de captura toman ahora horas, en lugar de meses, en ser distribuidas. La detención de Gotovina en diciembre fue solicitada por una orden de captura, y de acuerdo al FBI, una orden de captura ayudó recientemente a la captura de Aswat Haroon Rashid -el terrorista británico del que se sospecha que fue el cerebro de los atentados de Londres- y de Qussama Kassir, el terrorista sueco que se llama a sí mismo un sicario de Osama bin Laden. Desde 2000, el número general de detenciones realizadas sobre la base de las alertas y órdenes de captura de Interpol ha aumentando en un 600 por ciento.
Mientras que el poder y utilidad de un sistema como este parece innegable, hay preocupaciones sobre su abuso. Douglas McNabb, un abogado del bufete de defensa criminal internacional McNabb Associates, cuestiona la conveniencia de enviar información clasificada a Lyon. "Algunos de los países miembros son precisamente los países que tú no quieres que vean esa información", dice. Dependiendo de en qué manos caiga, la información puede ser fácilmente usada tanto para filtrarla hacia los criminales como para llevarlos a justicia. Tampoco está nada de claro si los agentes de policía de Cuba o Irán interpretan de la misma manera las normas en torno a las evidencias -o, en primer lugar, sobre lo que constituye un delito- que los agentes en Estados Unidos.
Sin embargo, a través del espectro político, los expertos parecen estar relativamente despreocupados sobre los abusos potenciales. "La gente que está involucrada en las actividades de Interpol saben de qué se trata y hay un montón de cosas que no dirán a Interpol", dice James Carafano, de la Heritage Foundation, un laboratorio ideológico. "Pero si estás tratando de obtener información sobre delincuentes específicos y distribuirla a otros países, funciona perfectamente bien". Ware está de acuerdo. "Interpol ha sido conocida siempre como muy conservadora en este terreno", dice. "Son medidos en sus juicios".
Pues por más que enfatice el acceso y la inclusión, Interpol deja intencionadamente en manos de sus países miembros la toma de decisiones y la adopción de medidas. Cada país ‘posee’ la información que hace disponible para el sistema, y puede decidir quién puede consultarla. Noble señala que "Estados Unidos envía regularmente información a Interpol de la que está excluida Irán, por ejemplo, e Irán puede enviar información de la que está excluida Estados Unidos". Esa selectividad, dice, es igual para todas las agencias de policía: "¿Comparte el FBI todas sus informaciones con Interpol? No. ¿La comparte con otras agencias policiales nacionales y locales? Claro que no".
Los países miembros confían que Interpol custodie la información que le envían. Lo que es más, han habido algunos sorprendentes actos de administración que sugieren líneas políticas de demarcación que no siempre se aplican en el contexto policial. A Noble le agrada señalar que "Libia fue el primer país en el mundo en emitir una orden de captura de Osama bin Laden" -en conexión con atentados terroristas que había ayudado a organizar allá- "en una época en que Libia era el archienemigo de Estados Unidos". ¿Cuál fue el primer país que emitir una orden de captura para el miembro de al Qaeda, Abu Musab al-Zarqawi? Argelia.
Interpol parece ser la organización internacional que todo el mundo quiere. Los liberales aprecian su enfoque multilateral, los conservadores la respetan por su autonomía. "Interpol no determina políticas; no dice a la gente lo que deben o pueden hacer", dice Carafano. "No trata de suplantar la soberanía de los estados; eleva la soberanía haciendo más fuerte a los estados fuertes".
Sobre todo, dice Noble, "Interpol es una organización que fue creada por la policía y su objetivo es servir al público". Peter Andreas, co-autor del libro de próxima aparición ‘Policing the Globe: Criminalization and Crime Control in International Relations’, está de acuerdo. "Se subestima el grado en que hay una subcultura policial de la ley internacional", dice. "Un poli es un poli es un poli". Puede no recibir demasiada atención de la prensa o de los políticos, pero Andreas cree que hay un grado considerable de cooperación internacional de las policías".
De este modo, Interpol es un excelente ejemplo de lo que Anne-Marie Slaughter, decano de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales Woodrow Wilson de la Universidad de Princeton, describe como "una red trans-gubernamental", en la que funcionarios de gobierno que comparten una orientación profesional común colaboran unos con otros por sobre las fronteras sobre bases voluntarias e informales.
Lo que hace de esta red transgubernamental distinta un modelo de policía internacional, dice, es que es "más flexible, más rápida de establecer y desarrollar, y de reformar, y mucho menos burocrática" que instituciones como Naciones Unidas o la Organización Mundial de la Salud. Al reunir a funcionarios cuya lealtad a su profesión puede ser mayor que su lealtad a una nacionalidad o partido político particulares, Interpol fomenta lo multilateral. Pero al proveerlos con las herramientas para colaborar sin exigirles que se adapten, Interpol respeta su soberanía. O como lo dijo el policía del estado de Massachusetts, Frank Saunders, "nosotros usamos Interpol cuando la necesitamos; y ellos nos usan a nosotros cuando nos necesitan".

Rebecca Ulam Weiner es profesora de la Escuela de Administración John F. Kennedy.

12 de febrero de 2006

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siguen maltratos y torturas en guantánamo


[Maggie Farley] Una investigación de Naciones Unidas dice que el tratamiento de los detenidos en Bahía Guantánamo puede ser definido como tortura y viola el derecho internacional.
Nueva York, Estados Unidos. Un borrador de un informe de Naciones Unidas sobre los detenidos en Bahía Guantánamo concluye que el tratamiento que les da Estados Unidos viola sus derechos a la salud física y mental y, en algunos casos, constituye tortura.
También llama a Estados Unidos a cerrar la prisión militar en Cuba y trasladar a los prisioneros para ser juzgados en territorio estadounidense, sosteniendo que la justificación de Washington para su continuada detención es una distorsión del derecho internacional.
El informe, compilado por cinco enviados de Naciones Unidas que entrevistaron a ex prisioneros, abogados de los detenidos y familiares, y funcionarios estadounidenses, es el producto de una investigación de dieciocho meses encargada por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas. El equipo no tuvo acceso a los prisioneros de Bahía Guantánamo.
Sin embargo, sus conclusiones -especialmente la conclusión de que la alimentación forzada de los huelguistas de hambre, los incidentes de uso excesivo de violencia durante el transporte de prisioneros y una combinación de técnicas de interrogatorio "deben ser consideradas como torturas" probablemente avivarán las críticas contra la prisión en Estados Unidos y en el resto del planeta.
En Bahía Guantánamo se encuentran recluidos casi 500 prisioneros capturados en el extranjero desde 2002, en Afganistán y en otros lugares, y descritos por Estados Unidos como "combatientes enemigos".
"Consideramos muy, muy cuidadosamente todos los argumentos esgrimidos por el gobierno estadounidense", dijo Manfred Nowal, el informador especial sobre la tortura, de Naciones Unidas, y uno de los enviados. "No son conclusiones a las que hayamos llegado fácilmente. Pero concluimos que en varias áreas la situación viola el derecho internacional y las convenciones sobre derechos humanos y la tortura".
El borrador del informe, consultado por Los Angeles Times, no ha sido publicado oficialmente. Funcionarios de Naciones Unidas están incorporando comentarios y aclaraciones del gobierno estadounidense.
En noviembre el gobierno de Bush ofreció al equipo de Naciones Unidas la misma visita de la prisión que ofrece a periodistas y miembros del Congreso, pero negó a los enviados el acceso a los prisioneros. Debido a eso, el grupo de Naciones Unidas se negó a visitar la prisión.
Nowak dijo que no esperaba cambios importantes en las conclusiones y recomendaciones del informe como resultado de la respuesta del gobierno estadounidense, aunque podría haber correcciones sobre temas menores.
El capitán de corbeta de la Marina, J.D. Gordon, portavoz del Pentágono, dijo que el ministerio de Defensa no comenta asuntos de Naciones Unidas.
El informe no es legalmente vinculante. Pero defensores de los derechos humanos y jurídicos esperan que las conclusiones de Naciones Unidas se sumen a conclusiones similares de grupos de derechos humanos y el Parlamento Europeo.
"Creo que el efecto de esto será el de reavivar la preocupación sobre el maltrato de los prisioneros por parte del gobierno, y obligará a revisar sus bases jurídicas", dijo Kenneth Roth, presidente de Human Rights Watch. "Todavía persisten un montón de preguntas sobre cómo justificas la retención de esta gente".
El informe se concentra en las bases jurídicas de las detenciones del gobierno estadounidense tal como las describe en su respuesta formal a la investigación de Naciones Unidas: "Las leyes de la guerra permiten que Estados Unidos -y cualquier otro país implicado en una- mantenga retenidos a combatientes enemigos sin formular cargos y sin acceso a abogados durante la duración de las hostilidades. La detención no es un castigo, sino una necesidad de seguridad y militar. Sirve los propósitos de impedir que los combatientes vuelvan a tomar las armas contra Estados Unidos".
Pero el equipo de Naciones Unidas concluyó que no ha habido un debido proceso para determinar si los más de 750 hombres detenidos en Bahía Guantánamo desde enero de 2002 eran "combatientes enemigos" y determinó que el objetivo principal de su confinamiento eran los interrogatorios, y no para impedir que vuelvan a tomar las armas. Estados Unidos ha liberado o transferido a más de 260 detenidos de Bahía Guantánamo.
También rechazó la premisa de que "la guerra contra el terrorismo" eximía a Estados de acatar las convenciones internacionales sobre la tortura y los derechos civiles y políticos.
El informe dice que parte de los maltratos a los detenidos satisface la definición de tortura según la Convención Contra la Tortura de Naciones Unidas: Los actos fueron cometidos por funcionarios estadounidenses con el claro propósito de infligir severos dolores o sufrimientos a sus víctimas que se encuentran en una posición de indefensión.
Las conclusiones también señalan que el uso simultáneo de varias técnicas de interrogatorio -confinamiento solitario prolongado, exposición a temperaturas extremas, ruidos y luz; obligarlos a afeitarse y otras técnicas que explotan sus creencias religiosas o les intimidan y humillan- constituyen tratamientos inhumanos y, en algunos casos, cruzan el umbral de la tortura.
Nowak dijo que el equipo de Naciones Unidas estaba "particularmente preocupado" sobre la alimentación forzosa de los prisioneros en huelga de hambre por medio de tubos nasales que los detenidos dijeron que les fueron insertados y removidos violentamente, causándoles fuertes dolores, perdidas de sangre y vómitos.
"Sigue siendo un fenómeno actual", dijo Nowak.
Las instrucciones de la Cruz Roja Internacional establecen que "los doctores no deben nunca participar en la alimentación coercitiva. Tales acciones pueden ser consideradas como una forma de tortura y bajo ninguna circunstancia deben los doctores participar en ellas bajo el pretexto de salvar la vida de un detenido en huelga de hambre".
Un prisionero, un kuwaiti llamado Fawsi Al Odah, dijo a su abogado este mes que abandonó su huelga de hambre de cinco meses por amenazas de violencias físicas.
Thomas B. Wilner, abogado de Shearman & Sterling en Washington, que ha representado a 12 kuwaitis detenidos en Bahía Guantánamo, dijo que Odah le dijo, en diciembre, que los guardias empezaron a retirar la ropa, zapatos y mantas de los 85 prisioneros en huelga.
Wilner dijo que Odah contó que los guardias pusieron laxantes en una fórmula líquida que administraron a cerca de 40 prisioneros a través de tubos nasales, provocando que se defecaran en sus cuerpos.
Según Wilner, Odah le dijo que el 9 de enero, un agente leyó lo que dijo que era una orden del comandante de Bahía Guantánamo, el general de división Jay W. Hood, que decía que los prisioneros en huelga de hambre serían amarrados a una silla y obligados a alimentarse a través de tubos nasales que serían insertados y removidos dos veces al día. Después de escuchar los gritos de dolor de un prisionero y amenazas de que no continuara, Odah cesó reluctantemente su huelga de hambre, dijo Wilner.
"Paré porque me obligaron a parar", citó Wilner a Odah. "Me hicieron parar torturándome".
Funcionarios del Pentágono dijeron que el número de prisioneros en huelga había descendido a cuatro.
Los funcionarios han estado alimentando forzosamente desde agosto a los detenidos, pero empezaron a dejar en su lugar los tubos nasales en septiembre, después de que los prisioneros se quejaran de que el hecho de que se los metieran a través de la nariz hasta el estómago y luego se los removieran dos veces al día les causaba intensos dolores, hemorragias, vómitos y desmayos, dijo Wilner.
En enero, dijo, después de que se iniciara el severo tratamiento y los prisioneros en huelga fueran amarrados a sillas donde se habían defecado, la mayoría de ellos dejó la huelga.
"Está claro que el gobierno utilizó la fuerza para terminar con la huelga", dijo Wilner. "Fue aplicada brutalmente con el propósito de hacerlos desistir".
El portavoz de la Casa Blanca, Scott McClellan desdeñó las acusaciones de Odah el jueves.
"Bueno, sí, sabemos que Al Qaeda los ha preparado para hacer las acusaciones más estrambóticas", dijo McClellan en respuesta a una pregunta sobre Odah. "Pero el presidente ha dejado en claro cuál es su política, y nosotros esperamos que esa política sea acatada. Y ha dejado en claro que no aprobamos la tortura, y que no practicamos la tortura".
Wilner dijo que Odah no había sido acusado de ser miembro de Al Qaeda.
La Cruz Roja Internacional es la única instancia admitida por el gobierno estadounidense para que tenga acceso a los prisioneros y controlar su salud física y mental, pero prohíbe a la organización hacer públicos sus hallazgos.
Los cinco enviados de Naciones Unidas son expertos independientes nombrados por la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas para examinar las detenciones arbitrarias, las torturas, la independencia de jueces y abogados, la libertad de credo, y el derecho a la salud física y mental.
Los cinco han estado estudiando la situación en Bahía Guantánamo desde que se abrió en enero de 2002.
En junio de 2004 decidieron informar conjuntamente y pidieron al gobierno estadounidense que les permitiera acceder a todos los centros de detención.
"Este informe no tiene por objetivo criticar", dijo Nowak. "Sólo analiza lo que tiene que decir el derecho internacional en cuanto a derechos humanos sobre la situación en Guantánamo. Esperamos que este informe refuerce el diálogo".

Richard Serrano en Washington contribuyó a este reportaje.

13 de febrero de 2006

©chicago tribune
©traducción mQh

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pentágono afila estrategia antiterrorista


[Thom Shanker] Como la anterior, la nueva estrategia antiterrorista es clasificada. Advierte que operaciones militares mal concebidas pueden favorecer al terrorismo.
Washington, Estados Unidos. El jefe del Estado Mayor Conjunto ha completado una nueva estrategia antiterrorista clasificada que, por primera vez, ordena a los militares que se concentren en nueve áreas identificadas como necesarias para que operen redes terroristas, dijeron funcionarios de alto nivel del Pentágono, y advierte que operaciones militares mal concebidas pueden favorecer el reclutamiento de los grupos terroristas.
El documento de estrategia, datado al 1 de febrero y firmado por el general Peter Pace, jefe del Estado Mayor Conjunto, y endorsado por el ministro de Defensa, Donald H. Rumsfeld, ordena al ministerio de Defensa emprender una amplia campaña para localizar y atacar o neutralizar a líderes terroristas, sus refugios, redes financieras, métodos de comunicación y capacidad de desplazarse por el planeta. También ordena a los militares que se concentren en los sistemas de recolección de información, personal e ideología de los terroristas.
El documento ordena a los militares derrotar a los terroristas, especificando que hacerlo requiere "operaciones militares continuadas para desarrollar la situación y generar la recolección de datos de inteligencia que nos permitirán un ataque global contra las organizaciones terroristas".
La estrategia completa será distribuida entre los militares en los próximos días, dijeron funcionarios del Pentágono. Una versión no clasificada, de la que se han removido una serie de apéndices ultra-secretos detallando actividades de inteligencia y operaciones militares, fue proporcionada a New York Times por un importante funcionario del Pentágono. Funcionarios militares hablaron sobre el documento sólo a condición de conservar el anonimato.
Un oficial militar dijo que entre las partes clasificadas estaban las redes terroristas específicas que debían ser atacadas, y fechas posibles para esas misiones. El éxito se logrará, afirma el documento, cuando "la ideología extremista violenta y los ataques terroristas" sean "eliminados como una amenaza al modo de vida de las sociedades libres y abiertas", y con "el establecimiento de un ambiente global que sea hostil al extremismo violento, donde los países tengan la capacidad de gobernar sus propios territorios" y "cuenten con leyes, información y otras capacidades que les permiten derrotar a los terroristas en el momento en que emergen".
El nuevo documento ocupa el lugar de una estrategia clasificada antiterrorista escrita hace dos años por el jefe del Estado Mayor Conjunto, que no fue nunca dada a conocer públicamente. Establece un sistema para medir las campañas antiterroristas de las fuerzas armadas, con una revisión del progreso en las nueve áreas cada seis meses. Las revisiones deben determinar si se ha capturado, matado o persuadido a más terroristas a abandonar la lucha violenta que han iniciado.
Un funcionario del Pentágono involucrado en la redacción de la estrategia dijo que el ministerio de Defensa había identificado más de 30 nuevas organizaciones terroristas afiliadas a al Qaeda que habían emergido desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
La inusual admisión sobre el documento del impacto negativo de las campañas militares puede no haber proporcionado ejemplos, pero dice: "El modo en que realizamos las operaciones -escogiendo si, cuándo, dónde y cómo- puede redundar en apoyo ideológico para el terrorismo. El conocimiento de las sensibilidades culturales y religiosas de las poblaciones nativas y la comprensión de cómo utiliza el enemigo las acciones de los militares estadounidenses contra nosotros, deben ser parte del modo de operar en campañas militares".
Esto ha quedado en claro en situaciones que van desde el descrédito sufrido por Estados Unidos después de las revelaciones de los maltratos a detenidos en Abu Ghraib, a casos en que los medios de comunicación árabes enfatizaron fotografías de cruces o rosarios colgando de cañones de armas de soldados estadounidenses. Esas fotografías fueron utilizadas para argumentar que la campaña antiterrorista era una guerra contra el islam. Funcionarios del Pentágono involucrados en la redacción de la estrategia señalan que los intentos de los militares estadounidenses de ayudar a las víctimas del tsunami en el sudeste asiático y de asistir a las víctimas del terremoto en Pakistán hicieron más para contrarrestar la ideología terrorista que cualquier misión de ataque.
El alto funcionario del Pentágono dijo que un importante reto al que se enfrentan los militares era encontrar modos de luchar contra las redes terroristas que operan en países con los que Estados Unidos no está en guerra. Ese trabajo, afirma el documento, requiere que los militares americanos ayuden a otros países a mejorar sus propias capacidades antiterroristas.
El documento también ordena a los militares frenar la proliferación de armas no convencionales y recuperar o eliminar materiales químicos, biológicos o nucleares no controlados, lo que incluye campañas para detectar y supervisar la adquisición y desarrollo de armas no convencionales.
Una parte central del plan, dice el documento, es el concepto de "apoyar a campañas de rechazo del extremismo violento". Esas campañas requieren que se aliente a esos sectores del mundo musulmán que apoyan la inclusión la moderación y la tolerancia.
También llama a los miembros de las fuerzas armadas a "tomar conciencia de la cultura, costumbres, lengua y filosofía de las poblaciones afectadas y del enemigo, para contrarrestar más efectivamente el extremismo y fomentar la democracia, la libertad y la prosperidad económica en el extranjero". Entre otras partes clasificadas del documento hay descripciones de operaciones de inteligencia en curso, así como tareas y tácticas específicas. La versión clasificada incluye también metas, u "objetivos de eliminación".
El funcionario del Pentágono dijo que el documento fue encargado "para integrar varias opiniones contradictorias y puntos de vista sobre cuál debería ser la estrategia militar". El trabajo de redactar lo específico de las campañas militares antiterroristas es responsabilidad del Comando de Operaciones Especiales, de Tampa, Florida.
Se espera para las próximas semanas un "plan global de guerra contra el terrrorismo" más detallado de manos del generla Bryan D. Brown, el comandante del Comando de Operaciones Especiales.

5 de febrero de 2006

©new york times


©traducción mQh

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