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la otra cara de la prohibición


La titular de AMMAR dice que perjudica a "las compañeras que trabajan por su cuenta". Elena Reynaga, titular del gremio de mujeres meretrices, propone la regulación de los avisos de oferta sexual en lugar de su prohibición. "Las que trabajan puertas adentro tendrán que volver a ser explotadas en prostíbulos", dijo.
[Pedro Lipcovich] Argentina. "La prohibición de la publicidad en medios perjudicará a las compañeras que, tras liberarse de los proxenetas, trabajan por su cuenta puertas adentro; ellas no tienen otro recurso y, así, tendrán que volver a ser explotadas en los prostíbulos, cuyos dueños, por contar con ‘tarjeteros’ y otras formas de promoción, pueden prescindir de poner avisos": así se resume el argumento que expuso Elena Reynaga –titular de la Asociación de Mujeres Meretrices Argentinas (Ammar)– en relación con el decreto que prohíbe la publicación de avisos que promuevan la oferta sexual. La entidad –adherida a la CTA– propone, en cambio, que esos avisos estén sujetos a una regulación mediante protocolos que respeten a las mujeres que trabajan por su cuenta, diferenciándolas de los explotadores, y que faciliten la detección de situaciones de trata. Según una investigación en curso (Ammar participa habitualmente en estudios conjuntos con el Ministerio de Salud y la universidad), en las cinco provincias argentinas más pobladas hay por lo menos 80.000 meretrices.
"‘¿Ahora cómo voy a comprar la leche y el yogur para mis hijos?’, me decía una compañera. Han venido un montón de chicas a quejarse: ‘¿Ahora qué vamos a hacer, cómo vamos a publicar, cómo vamos a trabajar?’. Una siempre les habla de las buenas cosas que hizo este gobierno, y hoy no tengo respuesta para darles. Son en general chicas que trabajaban en ‘saunas’, explotadas, y nos escucharon: aprendieron que el trabajo sexual ejercido libremente no es ilegal en la Argentina, que no es obligatoria la ‘protección’ del proxeneta, y muchas optaron por juntarse, alquilar un departamento y trabajar sin un explotador que las robe. Son muchas, en la ciudad de Buenos Aires y en provincias. Ellas aprendieron que la policía no tiene derecho a hacer ningún procedimiento puertas adentro de su casa, donde pagan el alquiler y pueden hacer lo que quieran sin dañar a nadie. Pero la manera de publicitar su trabajo es en los medios, y ahora no lo van a poder hacer."
Sin embargo, si los proxenetas tampoco van a poder poner avisos: ¿no será posible así erradicar la prostitución? "No –sostiene la titular de Ammar–. Los ‘saunas’ no van a cerrar porque tienen otros métodos para publicitarse: por ejemplo, contratan ‘tarjeteros’ y saben a dónde mandarlos. A ellos les iba muy bien antes de que existieran estas publicidades en los medios. Las compañeras van a tener que volver a esos lugares, y las van a explotar más, porque van a tener menos recursos para defenderse. Es lo que siempre decimos: la clandestinidad va en beneficio de los sinvergüenzas."
Entonces, ¿la publicidad de trabajo sexual en medios debería continuar como hasta ahora? "No –contesta la representante de las meretrices–: Nosotras hemos propuesto crear un protocolo que establezca cómo se puede y cómo no se puede hacer publicidad; un monitoreo que les dé garantías a las compañeras que publicitan y que detecte a los proxenetas que quieran publicitar. No queremos dejarles a los grandes medios toda la decisión; el diario donde está el Rubro 59 también se aprovecha de nosotras al cobrarnos más que lo que cobra en los demás rubros. Pero es posible armar un protocolo para protegerse de los proxenetas y para detectar la trata. Nosotros ya habíamos empezado a elaborar esta idea, llegamos a volcarla por escrito, y lo que pedimos es que se discuta en una mesa donde podamos participar."
La dirigente advirtió que "en las cinco provincias más importantes del país se estima una población de por lo menos 80.000 trabajadoras sexuales, de las que el 60 por ciento trabajan puertas adentro. Los datos vienen de una investigación en la que participamos, con el Ministerio de Salud (de la Nación), Onusida y OPS. El año pasado, Ammar obtuvo el premio Lazo Rojo, otorgado por Onusida, por sus "extraordinarios esfuerzos en innovación, impacto, sensibilidad de género e inclusión social" en la respuesta al sida.
"Llevamos mucho tiempo pidiendo que en la Argentina se nos escuche, que nos tengan en cuenta –dijo Reynaga–. La experiencia nos dice que cada prohibición nos expone a nosotras, no a los proxenetas, y que la posibilidad de erradicar la trata va por el mismo camino que nos saque a nosotras de la clandestinidad, que nos dé un marco legal. Hace ya 17 años nos organizamos en Ammar. Pero no nos han preguntado, no nos escucharon, y de la noche a la mañana se está tomando una decisión política muy fuerte. Por eso estamos muy dolidas. La Presidenta ha tenido una buena intención, pero esta medida, tan drástica, afecta a demasiadas compañeras. Me vienen a ver, me dicen: ‘Andá y decile a la Presidenta...’, como si yo la pudiera ver. Ojalá pudiéramos hablar con ella y que sepa de nuestras propuestas. Yo la escucho en los discursos diciendo que quiere gobernar para todos y todas. ¿Y nosotras qué somos? ¿En qué lugar estamos nosotras?"
11 de julio de 2011
©página 12

murió elaine stewart


Sensual actriz de los años cincuenta.
[Dennis Hevesi] Murió el lunes en su casa en Beverly Hills, California, la sensual actriz de Hollywood, Elaine Stewart, que era publicitada como la ‘Marilyn Monroe morena’ en sus papeles en películas de los años cincuenta como ‘Cautivos del mal’ [The Bad and the Beautiful] y ‘Los amantes persas’ [The Adventures of Hajji Baba; Amazonas negras.] Tenía 81 años.
Según informó su representante Fred Wostbrock, falleció después de una larga enfermedad.
Stewart, que sería más tarde presentadora de un juego de televisión, trabajó en dieciocho películas en los años cincuenta, inspirando reseñas que la describieron como "provocadora", "voluptuosa" y "tentadora."
En una escena de un minuto en ‘Cautivos del mal,’ Stewart pasa de la cama a una escalera, descalza y con un martini en la mano, en un ceñidísimo camisón, "ofreciendo a Lana Turner pruebas convincentes de que Kirk Douglas estaba en realidad jugueteando con otra señora", escribió la revista Cue en 1953.
"Fue suficiente para envolver en un aluvión de cartas a los ejecutivos de MGM, preguntando quién era la chica, cuál era su próxima película y dónde había estado escondiéndose", continuaba el artículo.
Al año siguiente, con John Dereck, Stewart fue la Princesa Fawzia en ‘Los amantes persas’, una fábula sobre un joven cazador de dotes que apuesta que puede seducir a la hija del califa, que se opone a las restricciones y quiere elegir a su propio marido. Con sus duelos de espadachines, persecuciones en el desierto y besos a la luz de la luna, la película se ha convertido en algo parecido a un clásico del cine de culto.
Cuando fue Charleen, la esposa adúltera en ‘El vestido de jirones’ [The Tattered Dress] -un drama policial de 1957 sobre un abogado cínico que cree que puede influir en el jurado con artimañas jurídicas-, escribió A. H. Weiler en el New York Times, "Elaine Stewart se ve suficientemente provocadora en ese ‘vestido de jirones’ como para distraer a un misógino confeso."

Elsy Steinberg nació en Montclair, Nueva Jersey, el 31 de mayo de 1930. Era adolescente cuando firmó contrato con la agencia de modelos Conover y cambió su nombre. Poco después, el productor de cine, Hal Wallis, le ofreció doscientos dólares a la semana para ser una enfermera en la comedia de Dean Martin-Jerry Lewis, ‘Vaya par de marinos’ [Sailor Beware]. También trabajó en ‘La reina virgen’ [Young Bess] (1953), ‘Hombres de infantería’ [Take the High Ground!] (1953), ‘Brigadoon’ (1954) y ‘La última bala’ [Night Passage] (1957). En los años sesenta, trabajó en varias series de televisión, entre ellas ‘Bat Masterson’ y ‘Perry Mason.’
Stewart se casó con el creador de programas de juego, Merrill Heatter, en 1964, que fuera galardonado con un Emmy. En 1972 se convirtió en la anfitriona del programa de juegos ‘Gambit’, de Heatter-Quigley, con Wink Martindale como M.C. Más tarde fue la presentadora de la producción nocturna de la compañía, ‘High Rollers,’ con Alex Trebek.
Le sobreviven su marido; un hijo -Stewart; y una hija -Gabrielle.
Un momento importante en la carrera de Stewart fue cuando, en 1953, reclinándose, con una mirada arrasadora, llenó la portada del número 23 de la revista Life, de marzo. El titular decía: "Nueva Estrella Visita a la Gente en Jersey."
10 de julio de 2011
28 de junio de 2011
©new york times
cc traducción mQh

autorretrato moral de un paramilitar


columna de mérici
Hay dos cosas en las ideologías autoritarias que son difíciles de entender. O no en absoluto. En un caso en Colombia militares y paramilitares1 se pusieron de acuerdo para expulsar a la guerrilla de cierta zona, lo que quiso decir que los ejércitos privados cometieron espantosas masacres mientras los soldados llamados a proteger a la población civil hacían la vista gorda. Para el ejército, había que exterminar a los guerrilleros y a los civiles que pudiesen llegar a apoyarlos. Las violaciones, robos, asesinatos arbitrarios -que fueron la gran mayoría- son todavía vistas como conductas de tiempos de guerra casi legítimas. La definición de botín de guerra incluía esos privilegios. A muchos campesinos los mataron para quedarse con sus tierras.
En el caso de los paramilitares y la brigada 17 del ejército en Urabá, entre 1996 y 2004, junto a lo que veían como una gesta heroica -la lucha contra las guerrillas comunistas-, cometieron aberrantes crímenes que ellos mismos no veían contradictorio con la lucha antisubversiva. Para pagarse a sí mismos, mataron a campesinos inocentes -los engañaron ofreciéndoles trabajo y asesinaron a sangre fría después de obligarlos a disfrazarse de milicianos- para cobrar las recompensas (unos 2.500 dólares por cabeza). ¿Se puede entender?
Los jefes de las autodefensas, los que podían tener alguna ideología consistente sobre lo que hacían, decían que luchaban por defender sus intereses contra los ataques de la guerrilla, que era lo mismo que defender su modelo de sociedad tradicional contra el comunismo -que incluye el despojo de lo que consideran propio y justo. Pero ¿cómo se justifica el asesinato de inocentes?

Pese a todo, estos criminales iban por la vida creyéndose héroes. Uno de los implicados, alias Pedro Bonito, decía que se sentía "orgulloso de pertenecer a la organización. Era una necesidad por la falta de operación del Estado. Éramos bien vistos, yo me consideraba un héroe." ¿Suena monstruoso? Supongo que nadie se puede sentir realmente orgulloso de asesinar a campesinos inocentes para presentarlos como bajas enemigas y cobrar las recompensas. Tampoco puede un país sentirse orgulloso de ofrecer dinero a asesinos a sueldo para asesinar a presuntos rebeldes de izquierda, si llevan como pruebas la cabeza o las manos de las víctimas.
Quizás algún fascista -una persona con ideas autoritarias- pudiera argumentar, como lo he oído muchas veces, que en realidad el asesinato de ciertas categorías de personas no es estrictamente algo malo. Por ejemplo, matar a ladronzuelos, a homosexuales o a indigentes no es visto como delito. No sólo son personas vistas como no importantes, o indefensas, sino además son como inadaptadas e indeseables. Ese criterio se puede extender incluso a los campesinos pobres, que comparten con los demás su indefensión ante la violencia fascista. O se puede aplicar también a personas con alguna discapacidad física. En un campamento de las autodefensas, los candidatos que fracasaban en el cursillo de adiestramiento o que eran considerados débiles, eran asesinados y presentados como bajas enemigas -por la recompensa. Y en algún caso extremo, algunos oficiales hicieron matar a reclutas de sus propias unidades, ante la escasez de guerrilleros o civiles. O, como en este enlace, unos soldados mataron a familiares de sus propios compañeros para conseguir a cambio de la baja enemiga, un permiso de salida. Así que un fascista podría decir que en realidad al matar a esos campesinos esos mercenarios no hicieron nada malo y que está incluso bien que se les pague por ello.

Atormenta que muchas personas aparentemente razonables justifiquen estas violencias y no sean capaces de considerar el respeto de los derechos humanos y de la vida como valores éticos superiores. Eso hiere nuestra sensibilidad moral. Porque son estas mismas personas las que los veían como héroes y no creían que pudiesen ser autores de esos crímenes horrendos. El horror, la crueldad y la inhumanidad de sus conductas, junto a la condición de héroes de que disfrutaban, según dicen, debía hacer imposible que pudiesen contar lo que hacían, o que dejasen testigos, porque tenían que proteger una fama terriblemente inmerecida. Eso creeríamos, erróneamente. Cuando un ser humano mata a otro desvalido, indefenso, inocente, probablemente lo lamentamos todos, menos el fascista. Para este, el asesinato de un débil es algo justificado, porque en su ideología los débiles no sirven para nada y no han de tener lugar en la sociedad. (De modo similar, un conocido defendía que los niños pudieran acosar, capturar, torturar y matar a animales porque los humanos tendrían un derecho natural a experimentar con seres inferiores.)
Por eso se puede incluso entender que criminales embrutecidos hayan sido convencidos de que matar a indigentes o jóvenes desempleados o vendedores ambulantes es algo bueno o necesario, que se consideren por ello héroes, y que, al mismo tiempo, oculten sus crímenes y los nieguen y traten de hacer desaparecer a sus víctimas. En otra perspectiva, la mayoría de nosotros cuando hacemos que creemos bueno, nos sentimos orgullosos y lo publicamos. El fascista, en cambio se siente orgulloso, pero lo oculta. Las justificaciones, la exaltación a la violencia, el elogio de la barbarie, son cosas que se dicen sólo entre ellos, en sus círculos íntimos. No se supone que el resto de los mortales debamos saber qué pasa por lo que en sus casos tiene la función de la cabeza. El fascista celebra sus victorias en secreto.

En resumen: los paramilitares fascistas no encuentran aberrante robar y matar a inocentes para apoderarse de sus tierras, mujeres u otros bienes, porque considera que es un botín de guerra justo. Sus víctimas son culpables de antemano, por pertenecer a ciertas categorías de personas que no tienen garantizado su derecho a la vida: indigentes, homosexuales, retrasados mentales, gente pobre en general. Así que no es necesario que las víctimas en concreto hayan cometido algún delito: es suficiente con el oficio que hayan tenido, y en muchos casos basta con el apellido o el aspecto para convertirse en enemigo. Y dos, el fascista se considera héroe por los violentos crímenes que comete y por todo lo que hace contra los demás. En su mente, si no te resistes, eres débil, y como tal como tienes derecho ni siquiera a la vida. Pero si resistes, te ejecutará con el mayor salvajismo, porque no debías resistir. Para el fascista, el dominio de la fuerza bruta, la superioridad física o militar son fuentes normales de legitimidad. No los argumentos, no la sensatez, ningún derecho ni alegato en defensa de ningún derecho. Sólo y simplemente la violencia y la brutalidad, con un rechazo absoluto de los valores que consideramos normales.

(Decía un fascista argentino que para hacerse hombre, había que matar a uno. Tampoco importaba que el asesinado fuese del mismo grupo, otro fascista. En Colombia, algunos paramilitares celebraban su inclusión en la milicia asesinado a los compañeros menos fuertes, que pensaban igual o no que ellos. En Chile, el dictador Pinochet mandó torturar a detenidos durante el toque de queda, independientemente de si eran o no partidarios de su régimen. Para él, todos los chilenos eran posibles subversivos y posibles terroristas, porque asumía que todos sabían lo que había hecho y que eso sólo se podía castigar con la muerte. Para evitarlo, había que mantener a la población entera sometida por el terror.)

Ejem, mi pregunta sobre cómo explicar que un fascista se considere héroe por acciones que los humanos consideramos aberrantes, crueles, estúpidas, inhumanas o bárbaras la respondería un fascista así: la atrocidades, crueldades, estupideces, inhumanidades y actos bárbaros son y serán siempre prerrogativa y privilegio de vencedores, que no deben explicaciones a nadie por sus actos y que mientras más absurdas las justificaciones, más coherencia tienen en la mente fascista. El terror fascista no es nunca justificado. Se justifica por y en sí mismo. Y mientras más injustificado parezca, más disfrutará el fascista, porque el absurdo y la barbarie son la medida de su poder.2


Notas
1
Los grupos paramilitares son en general conformados por jóvenes delincuentes pagados. Son mercenarios. En realidad, sin el uniforme, ellos mismos podrían ser víctimas de sus propios compañeros. El recluta no tiene pues ninguna idea política de nada. Sólo acepta órdenes a cambio de una paga e impunidad. Sus jefes son otra cosa. En general, son hacendados, comerciantes o traficantes; algunos son ideólogos. Los hacendados formaron esas milicias para defenderse de la guerrilla y para imponer su orden y modelo de sociedad, lo que implicó que fueron usadas, como en el caso de la banda paramilitar de la familia Uribe, para expropiar a los campesinos aledaños, asesinándolos y quedándose con sus tierras. En otros muchos casos, los paramilitares impusieron modelos sociales aberrantes, incluyendo la esclavitud laboral, la esclavitud sexual y otros abusos.

2 Mientras más absurdo el motivo aducido públicamente como justificación de un crimen, más poder muestra e irradia el autor. Es tan poderoso que puede reprimir y matar sin motivo alguno. Como el general Poto Pelao, que mataba y comía a los hijos de sus propios colaboradores. A algunos presidentes europeos, y al presidente Obama, les ha dado por bombardear objetivos civiles en Libia diciendo que lo hacen para protegerlos.

[La imagen viene de este blog.]

cc mérici

comuneros recurrirán a cidh


Héctor Llaitul y otros 3 comuneros mapuche quieren dejar en evidencia presunta violación a los derechos humanos.
Chile. Analizando qué medidas llevar adelante, a nivel nacional, con el fin de dejar en evidencia una presunta violación a los derechos humanos, se encuentran los cuatro comuneros mapuches, entre los que se cuenta el osornino Héctor Llaitul, sentenciados a 14 y 8 años de cárcel y que protagonizaron una huelga de hambre de 86 días.
Así lo aseguró Natividad Llanquileo, vocera del pueblo indígena, quien informó que de no habilitarse alguna instancia a nivel local para poner en evidencia su denuncia, recurrirán al Comité Interamericano de Derechos Humanos.
Cabe recordar que los comuneros en cuestión fueron condenados en primera instancia a penas de 20 a 25 años de cárcel por atentar contra el fiscal regional Mario Elgueta, en noviembre de 2008, y robo con intimidación ese mismo año. Finalmente, la Corte Suprema rebajó sus penas a 14 y 8 años de presidio.
Los 4 implicados en este caso sostuvieron una reunión hace pocos días con representantes de la Federación Internacional de Derechos Humanos, a quienes le plantearon sus intenciones de derogar la Ley Antiterrorista, además de entregarles un balance de lo que se está viviendo en las comunidades mapuches a lo largo del territorio nacional.
El organismo se comprometió además a realizar un seguimiento a todo lo que pueda acontecer en materia indígena dentro del país.
Por otra parte, la madre de Héctor Llaitul, Florinda Carrillanca, expresó su conformismo ante la mejoría del estado de salud de su hijo y el resto de los comuneros. No obstante, también hizo ver su profunda molestia por el modo en que se ha llevado adelante la justicia sobre el pueblo indígena y, particularmente, en el caso de los dirigentes apresados en Angol.
Florinda Carrillanca puntualizó que se seguirán realizando todas las acciones necesarias, a fin de que se haga ver a la comunidad internacional la violación a los Derechos Humanos que tendría lugar en el caso de los cuatro comuneros mapuches.
10 de julio de 2011
©radio bío-bío

esta olla podrida debe estallar pronto


columna de lísperguer
Comuneros mapuches recurrirán a Corte Interamericana de Derechos Humanos.

Entre catorce y ocho años deberán pasar en prisión cuatro comuneros mapuches cuyos delitos, lejos de estar comprobados, parecen en realidad haber sido producto de un montaje: atentado frustrado contra un fiscal, y robo con intimidación, según testigos anónimos y pagados por la propia fiscalía. Es tan infame la ley antiterrorista, como infames son los que se lavan las manos y no hacen nada por su derogación. Hace unos días, cuatro ex militares pinochetistas fueron condenados en Talca a penas de prisión ridículas (entre 2 y 4 años) de libertad vigilada por el asesinato premeditado y alevoso de 3 civiles chilenos. En total, estas ratas alcanzaron a estar exactamente 6 días presos, en 2004. Para juzgar a esos criminales no hay jueces tan vociferantemente partidarios de la mano dura como en La Araucanía. Y esos fallos, tan diferentes a los que se dictan contra los mapuches, demuestran que militares pinochetistas, jueces, gobierno y clase política son todos una sola y misma cosa que todos esperamos que reviente alguna vez, ojalá pronto.
lísperguer

el cabo alfredo molinari


El suboficial castigado por Giachino. "Un librito de Carlos Marx".
[Gustavo Veiga] Argentina. La historia de Alfredo Molinari, vecino de la ciudad de Santiago del Estero, de 53 años, es la de un cabo segundo que comenzó su carrera en la ESMA entre siete y ocho mil aspirantes, y que eligió formarse en la Infantería de Marina. Por eso, con apenas 18 años, pasó a la base naval de Punta Mogotes en Mar del Plata donde funcionaba la Escuela de Suboficiales y llegó apenas un par de meses antes del 24 de marzo de 1976. Mientras cursaba el segundo año y todo marchaba de acuerdo con sus expectativas (así lo señaló en su declaración ante la Justicia Federal), el golpe de Estado lo sorprendió en la costa. Empezó a salir a la calle en operativos de patrullaje, pero enseguida descubrió que lo que más le llamaba su atención eran los quejidos y el llanto de gente que se escuchaban desde la zona del faro, vecino a la base.
Egresado de la escuela que dirigía el represor y capitán de navío Mario José Forbice, a Molinari lo destinaron a la Compañía Alfa del Batallón de Tiradores de Punta Alta. Allí volvió a coincidir su destino con el de Giachino y empezaron sus tribulaciones por lo que el ex marino definió como "un librito de Carlos Marx". No tenía la menor idea de quién era el fundador del socialismo científico. Fue así como una tarde, mientras estaba de franco y luego de almorzar en un restaurante de Bahía Blanca, se encontraba en una plaza y observó el texto sobre un banco. Lo tomó y encontró en su interior una fotografía de Perón.
Como no sabía a quién le pertenecía, se acercó a un grupo de jóvenes que negaron ser sus dueños. Molinari no tuvo mejor idea que llevarse el libro a la base. Su ignorancia e ingenuidad provocaron que se dirigiera a desayunar en compañía del autor prohibido al comedor de la marina. Dice en su declaración de febrero del 2010 que "cuando se dirige a su recámara a uniformarse para la formación de la mañana, guarda el libro en el interior de su taquilla (cofres donde colocaban la ropa) y se dirige a la formación. Luego de terminada, el teniente Giachino lo llama y le pide que lo acompañe a su recámara, le da la orden de que abra la puerta de su armario y extrae de su interior el libro de Marx que el declarante había encontrado en la plaza. Luego lo lleva a su oficina y comienza a indagarlo sobre de dónde había sacado el libro".
Su superior nunca creyó en la versión del texto perdido en un banco de la plaza. Cuenta Molinari en su declaración que "a partir de ese momento comenzó a aislarse de sus camaradas en general porque alguien le había llevado el dato a Giachino de que en su poder estaba un libro de Carlos Marx". También comenzó a notar que el jefe de la Compañía Alfa lo ignoraba, acaso porque "tenía alguna ideología extraña". Su unidad fue alistada a mediados de mayo de 1977 y en tren se trasladó desde Punta Alta hacia Zárate, donde le asignaron una camioneta para patrullar el puente que une a Buenos Aires con Entre Ríos. Lo que sobrevino después (ver cuerpo de nota) hasta su salida de la Armada en febrero de 1979, sería el destino que le tenían reservado a los traidores que no respetaban un pacto de sangre: todos debían participar de la represión ilegal.
Enfermo, débil y después de bajar demasiado peso, el cabo segundo se instaló en Santiago del Estero, donde encontró refugio por un tiempo. Una partida de dos militares lo fue a buscar hasta su provincia, le pateó la puerta de la casa a su padre e intentó llevárselo. Molinari cuenta todo este rosario de infortunios en el expediente judicial que ahora cobra relevancia para analizar en detalle la trayectoria represiva de Giachino. Una situación que no traerá consecuencias jurídicas ya que murió en combate cuando intentaba capturar al gobernador británico de las Malvinas. Su subordinado, considerado desertor y degradado a marinero de segunda, sí quiere ser rehabilitado. Es el cabo segundo que declaró cómo se negó a matar a un detenido esposado y encapuchado en las mazmorras de la dictadura.
10 de julio de 2011
©página 12

héroe era represor


Como el capitán Pedro Eduardo Giachino ordenó matar en 1977 a un detenido encapuchado, esposado y de rodillas. Escuelas, calles, plazas recuerdan a Giachino como el primer caído en la Guerra de Malvinas. Alfredo Molinari contó que lo castigó por no cumplir la orden de ejecutar a un secuestrado.
[Gustavo Veiga] Argentina. La historiografía oficial trata como a un héroe al capitán de fragata Pedro Edgardo Giachino desde que cayó en combate en Puerto Argentino el 2 de abril de 1982. Esa aureola de protagonista insoslayable en la Guerra de Malvinas hace cortocircuito con su pasado como represor de la dictadura. Un pasado elusivo, no demasiado difundido, a no ser porque el Concejo Deliberante de Mar del Plata decidió retirar en junio su imagen del recinto de sesiones por pedido de los organismos de derechos humanos que conforman la Comisión Permanente por la Memoria, la Verdad y la Justicia. Los motivos esgrimidos para solicitar que su fotografía no compartiera el mismo espacio con otros ex combatientes y los rostros de 436 desaparecidos marplatenses, se robustecen con la denuncia judicial de un ex subordinado suyo, Alfredo Molinari. Ante un juez federal de Santiago del Estero declaró que el marino le ordenó matar en 1977 a un detenido encapuchado, esposado y de rodillas, acto al cual se negó. "Basura, usted no se merece ser un infante de Marina, mándese a mudar de aquí", dijo que lo reprendió su superior.
En agosto del ’78, Molinari fue degradado a marinero de segunda, arrestado y enviado al frente durante el conflicto limítrofe con Chile, hasta que solicitó la baja en febrero de 1979. Familiares de las víctimas del terrorismo de Estado acaban de solicitar que se le tome declaración testimonial en la causa Campo de Mayo, donde se investigan delitos de lesa humanidad cometidos en el área 400, como se conocía al eje Zárate-Campana. En esa zona, el por entonces teniente de navío Giachino le exigió dispararle a aquel prisionero inerme, según consta en un expediente judicial al que accedió.
"Una noche, cuando el declarante se encontraba recorriendo el lugar asignado, alrededor de la 1.30 o 2 de la mañana, suena un equipo de comunicaciones, ordenándole Giachino que regrese a la base. Cuando llega al lugar (...) en una pieza que la ocupaban para interrogatorio, yacía en el piso un hombre, no le vio la cara ni puede calcular su edad, estaba encapuchado, atado de pies y manos, con su cabeza apoyada sobre una bolsa de equipo. Cuando el declarante ingresó, el hombre estaba de rodillas, esposado. Giachino le ordenó al declarante que saque su arma, que la cargue y que mate al detenido. Al declarante se le erizaron los pelos de su cuerpo, pues todo esto lo tomó de sorpresa. Nunca se imaginó que llegaría a estar en una situación como ésa. Recuerda que sacó su arma y volvió el martillo, negándose a cumplir la orden de matar al detenido. Entonces Giachino lo empezó a tratar de cobarde, diciéndole "‘basura’, usted no se merece ser un infante de marina, mándese a mudar de aquí". También le dijo "‘bípedo, yo me voy a encargar de usted’, entre muchos insultos". Este párrafo de la declaración testimonial de Molinari data del 24 de febrero de 2010. Se la tomaron el juez federal de Santiago del Estero, Guillermo Daniel Molinari y su secretario, Federico Bothamley. Cuando compareció dijo que lo hacía para denunciar los delitos aberrantes que presenció en las Fuerzas Armadas mientras tuvo grado militar, entre enero de 1975 y febrero de 1979.
El ex cabo segundo de la Infantería de Marina recordó que al día siguiente de negarse a ejecutar al detenido, lo excluyeron de sus funciones de patrullaje sobre el puente Zárate-Brazo Largo (en esa época todavía no estaba habilitado) y lo mandaron de retén a la guardia durante veinte horas al día. Molinari describe otra represalia que sufrió. Una noche le ordenaron nuevamente que se presentara en la zona restringida. Nunca supo si por indicación de Giachino. "Al llegar a ese lugar –cuenta– fue recibido por gente encapuchada que se llamaban entre sí por sus nombres de guerra. Allí le dieron un balde y un trapo para que limpie la pieza donde ellos hacían sus interrogatorios, una tarea denigrante para un militar de carrera como lo era el declarante. Al efectuar la limpieza, advirtió la presencia de orina y encontró un diente. Había un olor muy penetrante. Se escuchaban llantos y clamor de gente que el declarante presume se encontraba detenida en ese lugar, pero a la que no podía ver." Molinari también detalla en su declaración que Giachino se presentó otra noche en la guardia para que estuvieran atentos a la inminente llegada del almirante Emilio Massera. Señala que el genocida se reunió con quien en ese momento era teniente de corbeta, y que ambos "se dirigieron a la zona de detenidos y luego de treinta o cuarenta minutos" el almirante y su comitiva, que habían arribado en dos Ford Falcon, se retiraron. Declara que a Massera lo vio en el área 400 en un par de oportunidades y que, tras permanecer casi dos meses en Zárate-Brazo Largo, retornó en tren con sus demás compañeros a la base de Punta Alta.
En su testimonio ante el juez federal, Molinari –quien vive en Santiago del Estero– pide "perdón a todas las madres que perdieron a sus hijos y a todos aquellos familiares que lloran con dolor la ausencia de sus seres queridos". Además sostiene que "se siente avergonzado de haber integrado las Fuerzas Armadas y, como personal subalterno, se siente avergonzado de sus superiores que lo dirigieron, poniéndose a entera disposición de la Justicia para el momento que lo requieran, pidiéndoles a los señores jueces que revean su situación, por la que fue humillado y despojado de sus derechos adquiridos".
Por esta declaración, el abogado Pablo Llonto le solicitó al Juzgado Federal y Correccional Número 2 de San Martín a cargo de Juan Manuel Yalj, que se cite a Molinari a declarar para ampliar su testimonio en la causa Campo de Mayo, caso 296, relacionado con el sistema represivo en el área 400 de Zárate-Campana.
Giachino y Mar del Plata
El primer militar argentino muerto en el conflicto del Atlántico Sur pasó por diferentes destinos antes de pelear en Malvinas. Uno de ellos fue la Base Naval de Mar del Plata. Según el abogado César Sivo, quien patrocina a víctimas del terrorismo de Estado en esa ciudad, "hay testigos que hacen referencia a Giachino desde los primeros juicios, como el de Rosa Ana Frigerio. Se lo menciona nuevamente en el Juicio por la Verdad que comenzó en febrero de 2001, pero no existía una investigación direccionada hacia él porque había caído en Malvinas. Los testimonios recogidos señalan que era el encargado de la seguridad en todo el perímetro de la base, lo declaran oficiales médicos, conscriptos. Nunca se pidió su legajo porque estaba muerto. Es significativo que todos los integrantes de los grupos de tareas, los más duros, pelearon en Malvinas. No es un dato menor".
La figura del capitán de fragata nacido el 28 de mayo de 1947 en Mendoza genera sentimientos encontrados en la principal ciudad balnearia del país. La Comisión Permanente por la Memoria, la Verdad y la Justicia local pidió dos veces la remoción de un cuadro con la imagen de Giachino que colgaba en el recinto de sesiones del Concejo Deliberante. La medida fue apoyada por algunas agrupaciones de ex combatientes de Malvinas, como el Cecim de La Plata o la red Compromiso Social con Malvinas. Carmen Ledda Barreiro, de Abuelas de Plaza de Mayo, valoró que "se haya quitado la imagen de un genocida" y Carlos Díaz, presidente de Familiares de Detenidos y Desaparecidos, se sumó también a la iniciativa: "Este hombre no puede tener un cuadro en un cuerpo deliberativo de la democracia". Asimismo recordó que en la causa 4447 quedó comprobado que "buzos tácticos Mar del Plata formaban parte del centro clandestino de detención y tortura que funcionó en la Base Naval local, y el conscripto Juan José María Parietti relató con mucha claridad cómo eran las instalaciones y cuál era el funcionamiento del proyecto del pelotón de vigilancia y seguridad del cual Giachino era responsable en 1976".
En Mar del Plata hay sectores que piensan muy distinto del marino; son los que anteponen al combatiente de Malvinas sobre el represor. Ya se movilizaron hacia la Municipalidad cuando se enteraron de que el presidente del Concejo Deliberante, Marcelo Artime, de Acción Marplatense –el partido en el gobierno–, había quitado el cuadro de Giachino. La ONG Crux, que preside el ex concejal Julio Lobato, difundió su posición a mediados de junio abrevando en nuestra historia emancipadora: "Ya lo dijo el sargento Cabral. ‘¡Viva la patria aunque yo perezca!’ el 3 de febrero de 1813. Esa misma actitud la tuvo el capitán de fragata Giachino el 2 de abril de 1982. Respetemos su ejemplo y su memoria. No dejemos que la politiquería barata avance contra nuestros héroes".
Una de sus hijas, Karina, se mostró consternada: "No sé qué hacer, ni con quién hablar. Estoy desconcertada, no parece que esto esté sucediendo, pero no va a quedar así. Voy a mover cielo y tierra para que esta locura se termine", les dijo a medios locales. La madre del militar le envió una carta abierta a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner: "Resulta no sólo doloroso, sino insultante, que se denigre en esa forma la memoria de un héroe nacional que con su sangre devolviera a la patria su íntegra soberanía, mancillada desde 1833 por el usurpador inglés", escribió en uno de sus párrafos María Delicia Rearte de Giachino.
El legajo del oficial naval ascendido posmortem habla por él. Mientras revistaba en la Escuela de Oficiales de la Armada, dejó asentados dos deseos: "Ocupar un puesto que me permita intervenir activamente en la lucha contra la subversión" y "efectuar el Curso de Guerra Subversiva en la Escuela de las Américas de Panamá". El capitán de fragata Juan Carlos Moeremans, quien evaluaba sus antecedentes, le sugirió a la superioridad el destino más adecuado para su perfil: "Debe ser destinado a una unidad operativa".
10 de julio de 2011
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ejecuciones extrajudiciales en toluviejo


El caso de los llamados falsos positivos de Soacha es solo uno de los muchos que hay en el país. El de los once jóvenes desaparecidos en Sucre recuerda a otras familias que también llevan años esperando a que se haga justicia.
Colombia. Los casos de jóvenes que desaparecieron y después fueron reportados como muertos en combate en los últimos años en el país son muchos (más de 2.000). Así como también son muchos los papás y las mamás que siguen esperando a que se haga justicia. El país ha conocido muy bien el caso de Soacha.
Dicisiete mujeres se han encargado de mostrarle al mundo que sus hijos fueron víctimas de uno de los peores capítulos que ha vivido Colombia y han liderado las más duras batallas para hacer que el crimen que se cometió contra sus hijos no quede en la impunidad.
Pero ellas, aunque tal vez sean las más conocidas, no son las únicas que esperan que la justicia obre y que los responsables de la desaparición y la muerte de sus hijos paguen. El caso de los 11 muchachos de Toluviejo (Sucre) pone sobre la mesa cómo, a pesar de que han pasado casi cuatro años, son pocos los avances que se han visto en materia de investigación. Por eso los familiares de las víctimas piden celeridad.
A través de una carta, conocida por Semana.com, dirigida al juez penal del Circuito Especializado de Sincelejo (Sucre), los papás y las mamás de los jóvenes manifiestan su indignación porque después de dos años, cuando las diligencias de juicio terminaron, no ha salido ninguna sentencia.
"No hemos visto cumplido nuestro derecho de justicia, el cual implica, no solo una investigación imparcial, sino el que haya juicio y castigo a los responsables. No entendemos la demora para proferir estas decisiones, después de cuatro años del dolor que hemos sufrido por la pérdida de nuestros seres queridos en manos de la fuerza pública, lo que nos queda es exigir verdad, memoria y justicia sobre los crímenes cometidos en contra de nuestros familiares. No renunciaremos a este derecho, por ello solicitamos se profieran ya las decisiones que están pendientes", señalan en la misiva.
Jessica Hoyos, abogada de las víctimas, hace un recuento de la situación. "En este caso, en el que son 11 las víctimas, entre ellas varias menores de edad, se han llevado a cabo tres juicios. El primero fue contra Róbinson Barbosa Almaza, uno de los reclutadores de los jóvenes. Sobre él, aunque está detenido, no se ha definido su situación jurídica. Él se acogió a sentencia anticipada, pero por el delito de concierto para delinquir. No fue reconocido el de desaparición forzada ni ejecución extrajudicial. Su juicio terminó en el 2009. Y hasta la fecha no ha salido sentencia", cuenta la abogada.
El segundo juicio fue el de otro reclutador. Andrés Gregorio Pacheco. La última audiencia pública fue en noviembre del 2008. Hasta ahora tampoco ha habido sentencia. El tercero -cuenta Hoyos- fue contra Luís Miguel Sierra, Iván Contreras (militares) y Andrés Corrales (reclutador). Ese juicio culminó en el primero semestre del 2010. Tampoco hay sentencia.
"Las únicas sentencias que se han conocido son a las que se han acogido por sentencia anticipada por concierto para delinquir, pero no por los otros delitos", cuenta la abogada, para quien esta situación -como para las familias- es bastante desalentadora.
Pero eso no es lo único. Hace cerca de un mes sucedió algo que tiene a la defensa de las víctimas y a sus familiares inquietos. Desde que el proceso empezó, el caso lo tenía la unidad de derechos humanos de la Fiscalía de Medellín, pero, sin saber por qué, decidieron trasladarlo al despacho seis de derechos humanos en Bogotá. La incertidumbre con el caso surge porque "ese mismo despacho es el que llevaba el caso (que ya prescribió) del periodista Julio Chaparro y del fotógrafo Jorge Torres, ambos de El Espectador, asesinados en Segovia, Antioquia, y el de la periodista Jineth Bedoya, quien recientemente pidió cambio de despacho, por el poco avance que se ha dado en su caso".
"El Fiscal de Medellín, que llevaba el caso, estaba haciendo muy buen trabajo. A las familias el cambio les dejó, sin duda, un sinsabor, sobre todo porque el caso de Toluviejo es muy grande y hay muchas personas involucradas", asegura la abogada.
La triste historia de las ejecuciones extrajudiciales en Toluviejo, Sucre
En junio del 2008, SEMANA publicó este triste caso. En ese entonces apenas había pasado un año desde el momento en que ocurrieron los hechos. Ahora, cuatro años después, las familias recuerdan con dolor cómo sus hijos desaparecieron y después fueron presentados como muertos en combate.
La historia empezó cuando del municipio de Toluviejo salieron a trabajar a mediados de junio de 2007, los 11 jóvenes, algunos menores de edad, y seis meses después sus familiares se enteraron a través del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía de Sincelejo, en Sucre, y Chinú, en Córdoba, que algunos de ellos habían muerto en combates con tropas de la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre, unidad militar  conformada en 2003 por hombres del Ejército y de la Infantería de Marina.
"Solo en enero supe de él cuando una hermana me dijo que lo habían encontrado muerto", dijo, en el 2008, la compañera sentimental de Juan Patrón Viloria, quien fue muerto al día siguiente de haberse ido en busca de un trabajo con el cual pudiera mantener a sus tres hijos.
Algunos familiares de las víctimas creían que los jóvenes habían sido reclutados para hacer parte de las nuevas bandas emergentes. Pero otros estaban convencidos de que habían sido asesinados por miembros de la fuerza pública para mostrar resultados en la lucha contra la delincuencia. No se equivocaban.
Según los boletines de prensa de la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre que se conocieron en esa época, los jóvenes murieron en enfrentamientos con sus tropas en zonas rurales de los municipios de Galeras, Sincé y San Benito.
"Para mí eso es un montaje porque él no era ni guerrillero, ni de las Águilas Negras, ni delincuente", dijo la compañera de Viloria, una mujer oriunda de La Guajira. "La gente dice que eso se presentó un positivo para el gobierno de entonces y ellos se lo dan a costa de los hijos del pueblo, eso está pasando en todo el país. Se lo llevaron para una finca dizque para pagarle 600.000 pesos y lo mataron", manifestó al conocer la noticia.
Hoy, cuando el tema de ejecuciones extrajudiciales o ‘falsos positivos’, como algunos insisten en llamarlo, no es nuevo y todos saben de qué se trata, los familiares de las víctimas de Soacha, de Toluviejo y del resto de lugares del país de donde fueron sacados miles de jóvenes con falsas promesas y después terminaron muertos, esperan a que la justicia actúe. No quieren que los crímenes de sus hijos queden en la impunidad.
10 de julio de 2011
9 de julio de 2011
©semana